Texto digital

Texto digital de La toquera vizcaína

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido modernizado por Álvaro Luis Rodríguez Sanz, Diego Gutiérrez y Adrián Velasco Sainz a partir de TESO.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Luis Rodríguez Sanz, Álvaro, Diego Gutiérrez y Adrián Velasco Sainz. Texto digital de La toquera vizcaína. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/toquera-vizcaina-la.

Logo BICUVE

LA TOQUERA VIZCAÍNA

JORNADA PRIMERA

¿Hemos de pasar de aquí? Por señas decís que no, que me quede solo yo. Apártate, Fabio, allí. Ya estamos solos los dos, y en el campo me tenéis, decid qué es lo que queréis. Toda soy de hielo, ¡ay Dios! El recato que mostráis, el temor con que venís, el silencio que fingís, y los suspiros que dais, son testigos verdaderos de que venís afligida, y si es que puede mi vida en algo favoreceros, sin salir de la ciudad fuerais servida en todo por el talle, y por el modo. Ea, descubrid, tirad aquél oscuro nublado, que ya sin paciencia estoy. Pues tenedla, porque soy doña Elena de Alvarado. Señora, mi bien. Oid. Di. Tanto favor? No es favor sino miedo a vuestro amor. La causa ignoro, decid. El salir de la ciudad, y venir yo como vengo, es respeto que me tengo no, don Diego, voluntad. Vos me queréis, es verdad, mas supuesto que el quererme es solo para ofenderme, que no me queráis es justo, pues quererme sin mi gusto mas parece aborrecerme. Sin atender a mi fama me rondáis tan atrevido, que aun yo misma me he tenido a veces por vuestra dama, y esto, señor, no se llama galanteo, ni afición, sino necia obstinación, que el honor abrasa y quema, que hay hombres que por tema, como otros por elección. Si voy a la Iglesia, os hallo junto a mi, si hablo de noche lo mismo, y si salgo en coche me vais siguiendo a caballo, y aunque disimulo y callo, es cosa fuerte por Dios, que sin querernos los dos, ni vos importarme nada, haya de estar encerrada para ver de estar sin vos, Huélgase cualquiera dama de ser querida, mas esto ha de ser con presupuesto, que no se ofenda su fama, ni su gusto, que si ama, y acaso es mujer de bien, no hay disgusto que la den de mas pena y mas dolor, que tratarla de otro amor cuando está queriendo bien. Esto es decir, que estorbáis, que para un discreto sobra, porque me hacéis mala obra, y pena lumbre me dais. viendo pues que porfiáis, y que no aprovecha nada lo que os dijo esa criada, os lo vengo a pedir yo, si por vuestra dama no, por muy vuestra aficionada. Vos me mandáis una cosa muy fácil al parecer, y que cuanto a mi ha de ser. ¿Qué ha de ser? Dificultosa Pues ¿por qué, si desdeñosa con claridad os confieso que a otro quiero bien? ¿Por eso? Porque dar gusto no es bien a quien con tanto desdén me quiere quitar el seso. Esos celos bella Elena solo sirven de incitarme, que es errar la cura, darme para curarme mas pena. Pues decid, ¿qué ley ordena que haya por fuerza de veros, de admitiros, y quereros? ¿Y qué ley manda tan poco, que vos me tengáis en poco, y haya yo de obedeceros? Yo pido lo que es muy justo. ¿Qué mas justo que mi amor? Eso es quitarme el honor. Y eso otro quitarme el gusto. Tiene mi galán disgusto. Yo también, que estoy celoso. El pretende ser mi esposo. Yo también lo he pretendido. Por eso el otro ha vencido. Por eso estoy envidioso. Pues si soy suya, en efecto ¿qué es lo que pensáis hacer? Solamente conocer quien es el galán tan secreto, porque, ya que mi respeto con vos me tiene encogido, quiero vengarme, atrevido, en quien mi dicha interrumpe, como quien los naipes rompe con que ha jugado y perdido. Don Juan, y Luquete por una puerta. El es hombre que sabrá, pero ya no sabrá nada. ¿Qué tienes? Estoy turbada, porque allí don Juan está Gente viene, y no será razón que os hallen aquí. ¿No es aquel don Diego? Sí. Bien nos dijo don Fernando. Con una dama está hablando. Haced aquesto por mi. Yo me iré, mas advirtiendo aunque sea descortés que he de conocer quien es vuestro amante. Ya os entiende Finalmente yo pretendo decirle que Elena es mía, y castigar su osadía. Ya se despiden los dos, Entra don Diego por la otra puerta. Pues adiós Elena. Adiós, Muerta estoy. Ya se desvía, mas espera que se aparte de estas ninfas algún trecho. Tápate. Muy bien se ha hecho Y ven por esa otra parte, Quieren irse por la puerta de en medio. ¡Mas ay! No hay que recelarte. Sí, ay Beatriz, porque en la acción de don Juan, ¡qué turbación! parece que va tras él. Ya yo estoy como un papel. Ahora es buena ocasión, ven Luquete. Una mujer tiene un negocio con vos. Va a matar aquellos dos, y ahora no puede ser, Estad cierta, que a poder tuviera a dicha el mandarme. Al irse don Juan vuelva a salir Elena, y lo detiene. Ahora habéis de escucharme por vida. No, no juréis. De la dama ¿qué queréis? Hay tal modo de forzarme. Mirad que importa a su honor... Antes con esto la obligo, pues matando a su enemigo será venganza, y amor. No será sino rigor, porque en iguales balanzas su amor, sus desconfianzas, y sus penas estarán, que con riesgo del galán ninguna quiere venganzas. Dejadme. Ya estáis cruel. Y usted, porque no viene... ¿me reporta, y me detiene? ¿Por qué se detiene él? Luquete ve tú tras él, y dile. Tenle Beatriz. Beatriz. ¡Oh, suerte feliz! Luego ¿vos? La lengua erró, soy esclava vuestra. Y yo el hombre mas infeliz. ¡Cielos, qué es lo que estoy viendo! Una mujer, que tu vida asegura enternecida, y está tu riesgo temiendo. No está sino previniendo para más presto acabarme la muerte, que intenta darme; porque en tan ciertos desvelos de tenerme y darme celos, es lo mismo que matarme. ¿Tú hablando con mi enemigo? ¿Tú, en el campo? ¿Tú tapada? Tente, no me digas nada basta lo que yo me digo, pues cuando mi amor contigo mas piadoso quiere ser, es fuerza haber de creer según lo que viendo estoy que lo que es hablarse hoy fue diligencia de ayer. Mal haya yo que creí lagrimas que perlas fueron, pero falsas me salieron, porque ya se usan así, mil veces llorar te vi, mas esto no te acredita, pues de suerte se ejercita el llorar entre vosotras, que de ver llorar a otras lloráis en una visita. Viendo tanto suspirar di crédito a tu desdén, que siempre un hombre de bien fue muy fácil de engañar: mas de aquí vengo a sacar, pues con ofensas tan claras dama de dos te declaras, que si el mudarse es deleite, la condición, no el afeite os hace tener dos caras. Que no vence la porfía, claro está, tú te rendiste, mujer como todas fuiste pues le hablaste siendo mía; dirás que fue en cortesía, mas yo lo entiendo al revés, porque ya en las damas es razón de estado admirable para encubrir lo mudable valerse de lo cortés. Mas yo la culpa he tenido pues solo atento a tu honor he consentido su amor, y mi agravio he consentido: mil locuras he sufrido solo por no hacer alarde de mi amor, mas ya, aunque tarde, conozco por lo que peno que aun cuando importa, no es bueno andar un hombre cobarde: Mas yo volveré por mi. ¿Puedo hablar ahora yo? Querrás detenerme. No. ¿Querrás disculparte? Sí. No hay disculpa a lo que vi. Hartas el amor me ofrece. ¿Quién escucha no aborrece? Si, mas ¿quién oye y no escucha? ¿Pues hay diferencia? Mucha aunque no te lo parece: oír es una pasión en que todos convenimos sin tener en lo que oímos, ni albedrío, ni elección: mas escuchar dice acción en gusto propio, y así yo que vine aquí sin mí, aunque con don Diego hable, le oí, mas no le escuché, porque sin gusto le oí. Con eso te condenaste, porque si a verle saliste, no fue que acaso le oíste, sino que tú le buscaste. Sí, pero el fin ignoraste, que si a buscarle salí, fue para pedirle aquí, que me dejase, de suerte, que aun lo que pudo ofenderte vino a ser fineza en mí Elena cierra los labios, que es reventar de mujer el quererme hacer creer por finezas los agravios. Y así los medios mas sabios para vengarme, han de ser dejarte sin atender, ni a mi amor, ni a tu mudanza, porque no hay mayor venganza que dejar una mujer que a don Diego ¿Dónde vas? A matarle. Oye primero. ¿Qué he de oír? Lo que te quiero. Ya lo he visto. Necio estás. Dejame. No puedo más. ¿Qué quieres? Satisfacerte. ¿Cómo puede ser? Advierte. Suelta la capa. Es en vano. Ah, desleal. Ah, tirano. Esto es matarme. Es quererte. No me has de engañar. Ni quiero. No me has de ver. Eso sí. Adiós. Iréme tras ti. ¿Dónde? Donde vivo y muero ¿Y Don Diego? ¿Qué esto espero? Tú le hablaste No fue amor. ¿Quién lo dice? Mi dolor. Dejame, pues yo lo vi. Amor vuelve tú por mí. Quitame la vida honor. Entran, y sale Lisardo Caballero, y Octavio su amigo. ¿A mí me encubres el pecho? Gasto, Octavio, mal humor. Pues mi lealtad ¿qué os ha hecho? ¿qué os ha debido mi amor? Tengo el pecho muy estrecho, ¡ay Flora, ay mujer, ay fiera! placiera al cielo, placiera a Dios que cuando te vi muriera, para que así conmigo mi amor muriera. Notable melancolía. Antes casi a pensar vengo, según crece cada día, que es tristeza la que tengo causada de culpa mía: el melancólico ignora puesto que suspira y llora la causa porque suspira, mas no el triste que la mira como yo la miro ahora. Pues ¿qué sentís? Un dolor, un ansia, una voluntad, y un melancólico amor, que cuando es enfermedad, es la enfermedad mayor. La mas fuerte calentura con su contrario se cura, y tiene principio y medio, mas ay de aquel que el remedio en su mismo mal procura, pues que sintiéndome arder de haber visto a una mujer, para haberme de templar, o me tengo de matar, o la he de hablar, o ver. Todo el dinero lo acaba. Antes el alma sospecha, que no aprovecha esa aljaba En Madrid, y no aprovecha el dinero, cosa brava. Pues escuchad, y veréis, para que no lo extrañéis, lo que me pasa en Madrid después que vine. Decid. Avisad cuando os canséis. Luego que por Madrid dejé a Zamora, pasando acaso por su plaza, en ella al salir el aurora vi una Aurora. con quien el Sol aun era poca Estrella, porque iba entonces tan gallarda Flora. que solo ella competía con ella, y si por dicha no se aventajaba era porque respeto se guardaba. Amanece en Provincia cada día puesto un jardín de diferentes flores a quien los coches hacen armonía, que son de este jardín los Ruiseñores: tiene una fuente, que sonora y fría de las flores murmura y sus colores, y tal vez de otras cosas en su modo, que bien tiene de que si lo ve todo. Aquí llegó esta dama, y yo gozoso llegué también por verla y conocerla, porque iba tan de Sol su rostro hermoso, que hubo pimpollo que se abrió sin verla: escogió el ramillete mas curioso, que fue en suma no como nieve en perla, y entonces murmuró la fuente fría de ver comprar lo mismo que tenia. Seguí hasta su casa con prudencia, y de su estado me informé en secreto, que no es fineza no la diligencia cuando pasa las leyes del respeto: un año y más sufrí su resistencia, que es mucho en este tiempo, y en efecto cansada, o lastimada de mi muerte una noche me dijo, de esta suerte. Escarmientos, señor de amigas mías, que del amor se quejan mal pagadas, y de los hombres lloran tiranías, mas en mudanza, que en razón fundadas: tan cobarde me tienen estos días temiendo ser ay Dios de las burladas, que me he resuelto, aunque mi edad se asombre a no querer jamas a ningún hombre. Mas porque no penséis que soy ingrata a tanto amor como mostráis tenerme, mi honor dispensa, determina, y trata, que dentro de mi casa podáis verme: pero porque mi pecho se recata de querer aunque lleguen a quererme, ha de ser condición para obligarme, que en materia de amor no habéis de hablarme. Yo tengo por verdad acreditada bien puede ser engaño que ay hombre que trate a una mujer verdad en nada, porque para mentir les basta el nombre: y mientras yo no estoy desengañada, cosa no he de escuchar que amor se nombre, y si de esta manera pensáis verme lo mismo será verme, que perderme. Yo entonces viendo lo que puede el trato, consiento en el partido, en fin la veo, si bien con tal silencio y tal recato, que parece que ya no la deseo: mudo a mi pena, y a mi amor ingrato por no enojarla con mi amor peleo, y callo amando, si hay galán que pueda, teniendo amor, tener la lengua queda. Las razones tal vez articuladas retiro atrás, y su sentido trueco, aunque salen algunas tan formadas, que casi entre los dientes se oye el eco: mas como en aire quedan transformadas, y el aire viene a ser húmedo, y seco, a su esfera se va, que son los ojos, y las que voces fueron, son enojos. Mira si es harta causa de tristeza amar a un mármol, a una nieve, a un hielo, a un peñasco, a un diamante, a una belleza, que nació para bien y mal del suelo: penando está en su cielo mi firmeza, que aunque implica penar y ver el cielo, bien fácil esta ánima se declara con probar su rigor, y ver su cara. Por Dios que es mujer notable. Y más para quien la adora, siendo una fiera intratable, pues me abrasa y me enamora sin permitirme que hable. Mas ella sale, a este lado podéis estar retirado, que yo sé que si la veis mi voluntad disculpéis. Apartanse a un lado, y salen Isabel y juana criadas, y detrás Flora muy bizarra. Sin causa te has enojado. No me tenéis que pedir, Laura no me ha de servir, que no quiero yo criada que haya estado enamorada, hoy de casa ha de salir. Por eso ya no lo está después que está en tu poder. Mira, quien amó amará, y basta poder querer para que me canse ya. Quien ha de vivir conmigo a los hombres yo lo digo ha de tratar tan severa como si cualquiera fuera su capital enemigo. Eso se debe entender solo con algunos hombres que hay de tan ruin proceder, que murmuran nuestros nombres y deshacen nuestro ser. Y con todos, porque está tan mal con ellos mi pecho, que a todos castigara, al malo porque lo ha hecho, y al bueno porque lo hará. Por cierto bizarra dama. Sí, mas su rigor le infama. ¿Tú estabas aquí Lisardo? Solo en verte me acobardo, que teme mucho quien ama, y ¿cómo te va de amor? quiero decir de olvidar a los que te quieren bien. Siempre es uno mi desdén. Y uno también mi pesar, . no se si tienes razón. ¿Por qué no, si todos mienten? Eso es solo presunción. Si lo que dicen no sienten, ¿qué mejor información? Hoy he hallado en estas rejas seis papeles arrojados llenos de amores y quejas, que ya que no mis criados, tienen mis rejas orejas, y mas por curiosidad, que por tener voluntad los seis papeles pasé, y en todos ellos no hallé. ¿Qué no hallaste? Una verdad. y sino vedlos aquí, que ellos hablaran por mi. Dáselos. Con ellos vencerte espero: este es el papel primero. Ya le escucho. Dice así. Lea Después que vi tu hermosura, después que fui sus despojos, después que ansie sin ventura, y después que de tus ojos adoré la lumbre pura, estoy tan muerto. Detente, y no pases adelante, porque ya ese amante miente, porque a estar muerto ese amante no sintiera como siente. Dicese, Flora, morirse aquel penar, y afligirse un hombre dentro de si. Dicese, mas no es asi; luego es mentira decirse: pasa al segundo Ah, tirana. Lea. Yo os vi ayer a una ventana, y hoy por vos me siento arder. Ya no le queda que hacer a ese tal para la mañana ¿Luego no suelen juntarse las Estrellas, y mirarse de trino en galán, y dama? Eso inclinarse se llama, no, Lisardo, enamorarse: basta el ver para tener solamente inclinación, mas para haber de querer con fundamento y razón, más es menester que ver: porque el trato, la cordura, la condición, la blandura, el donaire, y el hablar suele a un hombre enamorar mas que la misma hermosura. Y supuesto que ha faltado trato, gusto, amor, y agrado, también aqueste ha mentido pues dice que me ha querido antes de haberme tratado. Aquesto no es ser cruel, sino querer acertar, y serme a mi mismo fiel. Es condición singular. Vaya el tercero papel. Si de vuestro sol divino matan los rayos. ¿Tan presto con el Sol a topar vino? También es mentira aquesto Es muy grande desatino. ¿Por qué? Porque es cosa clara que si yo como el Sol fuera, pues el al Sol me compara, no hubiera quien me quisiera, ni a la cara me mirara, fuera de ser un favor tan común como el amor, dime que tiene que ver con el Sol una mujer. Ser la alabanza mayor. No hay tal. Pues di, cuanto vemos ¿a su luz no lo debemos? ¿no nos calienta? Eso es llano, mas en llegando al verano, de ese calor ¿qué diremos? No habrá cosa que no sea, si con tal rigor se mira, mentira para tu idea. Pues si para mi es mentira, porque quieres que lo crea? Buena es la ocasión que veo . para decirle mi pena, sin que culpe mi deseo. Vaya el cuarto. Bien se ordena, . quiero fingir que le leo. Lea. Dos años ha que os obligo tan humilde, y tan contento, que aun lo que siento no digo: porque todo lo que siento se queda siempre conmigo, ni por muerto me juzgué, ni os amé luego que os vi, ni Sol tampoco os llamé, y pues que nunca os mentí, ya se ve lo que querré. O la memoria he perdido, o ese papel no he leído, pero ya la firma aguardo. La firma dice: Lisardo. Y Lisardo el atrevido. ¿Tanto atrevimiento es para quien muere callando, leer un papel tan cortés, cuando estoy muriendo, y cuando has escuchado otros tres? Los otros no están aquí, y así tienen mas disculpa, que tú para hablarme así: porque consiste la culpa en ser delante de mí. El escribir en quien ama respeto, y temor se llama, que aunque un papel se recibe, no todo lo que se escribe puede decirse a la dama: mas para que no te alteres, ni culpes en tu fortuna nuestros varios pareceres, que siempre lo que hace una pagan todas las mujeres. Respondo, que tu también estás, Lisardo, mintiendo, porque no es quererme bien hablarme en lo que me ofendo, conociendo mi desdén. Y pues pasas del concierto, aunque tengo por muy cierto, que ni al Sol me has comparado, ni en un día me has amado, ni te has tenido por muerto: no quiero que mas me veas, porque tan libre no seas cuando a hablarme te dispongas, que a mis preceptos te opongas, y tus papeles me leas. Entrase. Oye, mira, escucha, advierte, tenla Isabel, tenla Juana. ¡Que desdeñosa! ¡Qué fuerte! Entran. ¿Qué dices? Que esta tirana busca sin duda mi muerte. Y en fin ¿qué piensas hacer? Sufrir, callar, y querer hasta que el amor la inspire que en el espejo se mire, y conozca que es mujer. Porque la fiera mas fiera al cabo de la jornada, se rinde aunque nunca quiera, ya que no de enamorada, de agradecida siquiera. Entran Lisardo, y Octavio, y salen doña Elena, y Beatriz. ¿Qué hora será? Son las diez. Las diez, y Don Juan no viene, las diez y falta don Juan ¿más ahora que otras veces? No sé qué me dice el alma. No te apasiones, ni alteres, que hacer estos ferriones un hombre que celos tiene, es la cartilla de amor hasta que el enojo cese, entren buenos de por medio, vayan y vengan papeles, llueva Dios satisfacciones, haya pliegues y mas pliegues, y al cabo de cuatro días alguna amiga os concierte, que es la postrera estación de todos los penitentes. Este don Diego ha de ser mi destrucción, él pretende darme la muerte sin duda a titulo de quererme: yo le he escrito, yo le he hablado yo he avisado a sus parientes, yo le he llevado por mal, y yo he hecho finalmente todas cuantas diligencias pueden en el mundo hacerse, y no aprovechan con él ruegos, lagrimas, desdenes, persuasiones ni amenazas, y luego dirá la gente, que si porfían los hombres, es porque dan las mujeres ocasión a que porfíen. Conforme los hombres fueren, que hay amantes espantajos que se estarán erre erre mareando las esquinas, y gastando las paredes, todo el día en una calle sin mas fruto que molerse, y moler a cuantos pasan: mas tente, que me parece que siento ruido aquí fuera. Ay Dios si mi dueño fuese. @ Luquete solo. Sudando vengo por Dios. No es Don Juan, mas es Luquete Señora. Pues ¿cómo solo? Como hay gran mal. ¿De qué suerte? Ya viste que mi señor… Ya vi que estuvo impaciente aquesta tarde. Pues luego que el Sol empezó a envolverse en mantillas de oro y grana, y el mismo que fue a las nueve Barbarroja de las flores, a las de la noche siete empezó con poca luz a barbar castañamente, que vuelto en nuestra vulgata todo aquesto decir quiere, que al anochecer se fue. Acaba no me atormentes con dilaciones tan frías, ni con pausas tan crueles. Luego pues que llegó a casa, mirando al cielo unas veces, y otras mirando a la tierra, como jugador que pierde una trocada, después de perder cuarenta suertes derechas, tomó recado de escribir sobre un bufete, y escribió cuatro renglones que fue milagro leerse, pues Caballero, y turbado con este nuevo accidente, ya se ve que letra haría, y cerrado el tal villete me mandó darle a don Diego, sin que nadie lo entendiese: dile, y diome la respuesta, que fue compendiosa, y breve, leyòla, y más indignado que cuarenta Luciferes, el rostro descolorido, y el sombrero hasta la frente, en una mano el broquel, y en otra la de me fecit, yo voy a reñir me dijo con don Diego de Maneses, no digas palabra de esto a nadie, porque si fueses tan necio que lo dijeras aunque piedad te moviese las piernas te cortaría, y sin bastar a tenerle el ponerle por delante, que era forzoso perderte mas resuelto que un cochero que es cuanto decir se puede, echó por la calle abajo. Ay Beatriz, cierta es mi muerte. bien mi triste corazón, bien aunque confusamente parece que me decía todo lo que me sucede, mas tú, di, porque no fuiste con él. Ha de suponerse, que también don Diego irá, a reñir unicamente. Y si en el campo le esperan con don Diego seis o siete, desgracia que ha sucedido en el mundo muchas veces, fuera bueno, di, cobarde, que, ¿su vida defendieses? ¿No ves que hay excomunión contra el hombre que saliere al campo desafiado? Mi Luquete aunque es valiente: es temeroso de Dios. Ahora bien, cuando se pierde la vida, el honor, y el gusto, no hay respetos que aprovechen, mi tío queda durmiendo, y cuando a caso despierte, no he de ser tan desgraciada aunque en todo lo soy siempre que me busque, ven Beatriz. Adonde? A ver si parecen por el campo, o por las calles, y si los hallo, a meterme yo misma por las espadas, para que de mi se venguen, pues yo que la culpa he sido soy quien la pena merece. Ya yo dejo los chapines. Así vamos bien. Advierte que si sabe mi señor, que yo lo he dicho, ya entiendes. Ve tu delante. Ya voy. @ Don Juan alborotado. Pues ¿adonde, de esta suerte? Ahora a ninguna parte. Pues que no me ves, a verte, por no acostarme sin ti, mas tu ay Dios ¿de dónde vienes? ¿Qué has hecho? ¿Dónde has estado? Pues estando aquí Luquete ¿no lo sabes? No lo sabe, porque no soy hombre. Tente, que no vengo para gracias. Antes está tan rebelde, que nada quiere decirme, porque mas me desespere: parece que estás turbado. Bien la ocasión lo merece. ¿Acaso vienes herido? En el alma solamente. ¿Desengañote don Diego? ¿hablástele claramente? ¿salió solo al desafío? ¿dio palabra de no verme? ¿qué dices? ¿no me respondes? Conmigo la tema tienes. ¿Y es esto no saber nada? Por mí sí, que las mujeres en llegando a enamorarse, para saberlo que quieren. menean muy bien las habas. El alma, señor, a veces adivina los peligros, y las desdichas previene. Pues ¿cómo no sabe el alma, que aunque ahora vengo a verte para siempre me has perdido? ¿Qué es perderte para siempre? No verme, Elena, en tu vida: escucha en palabras breves; yo sufrí de mi enemigo las porfías descorteses, rogasteme que callase, callé por obedecerte, pensé que se rendiría su porfía a tus desdenes, mas no debieron de ser los desdenes muy crueles, que esto de veros queridas de manera os desvanece, que aun a los hombres mas viles agradecéis que os festejen. Finalmente aquesta tarde: ¡o quién en lance tan fuerte, como el triste Belisario de sangre pura dos fuentes en lugar de ojos tuviera, para cegar de repente! te hallé con el en el campo, la causa el cielo la puede solamente averiguar, lo que yo vi claramente es, que don Diego te amaba, que tu muy hermosa eres, que el era mozo y galán, que saliste a hablarle y verle, que estabas con el a solas, que la ocasión era fuerte, si es agravio no lo se, solo se que lo parece. Celoso pues, y ofendido, le supliqué que se viese conmigo ahora en el campo, salio, conocile, hablele, dile cuenta de mi amor, respondiome secamente, desnudamos las espadas, y quiso, Elena mi suerte que le alcanzase una punta, y que la vida perdiese, que uno cosa es tener dicha, y otra ser uno valiente. Esto es todo lo que pasa, y antes que llegue a saberse que yo he sido el homicida, vengo a decir que te quedes sin mi para muchos años, y a que conozcas que tienes la culpa de esta desgracia. Y con esto a Dios, que puede costarme, Elena, la vida, vn instante detenerme. Y a mi que me ha de costar cuando te pierdo, y me pierdes sin mas culpa que adorarte. Mal caso Beatriz es este Y mas para quien te amaba. Vete por Dios, vete, vete, porque aún palabras no tengo para poder responderte. Tú, Luquete. Ya te escucho. Ve a casa, y sin detenerte, traeme aquí dos caballos. Partiré como un cohete. Hoy pierdo a Valladolid. Hoy quedo a morir ausente. Hoy comeré sin Beatriz. Hoy beberé sin Luquete. @ Don Juan, y Luquete.

JORNADA SEGUNDA

Lindo lugar. Extremado, aunque gozado de noche, y eso a caballo, o en coche. Eso la vida me ha dado, en Valladolid mate, de amor y de celos ciego lance forzoso a don Diego, ya lo sabes. Ya lo se. @ de Valladolid temiendo mayores males, y en dos días no cabales nos pusimos en Madrid, donde encontré con Lisardo, que es el amigo mayor, de mas brío, y mas valor, mas discreto, y mas gallardo que tuve en toda mi vida, y contele lo que pasa. Bien se ve pues en su casa nos hizo tal acogida. Pensé por Madrid andar sin ser de nadie notado, mas hemonos informado que hay en aqueste lugar muchos parientes, y amigos de don Diego de Meneses: y ansi va para tres meses, por escusar enemigos, que de este cuarto no salgo, si no es de noche, o en coche. En fin tu día es la noche. De su obscuridad me valgo, si bien en faltando el gusto no hay cosa que bien parezca, ni fiesta que se apetezca, Ese pesar es muy justo si es por Elena, señor. Pues ¿por quién pudiera ser, hay en el mundo mujer como Elena? Bravo amor. Si tu la vieras en tanto que por los caballos fuiste aquella hay Dios noche triste que ella y yo perdimos tanto, dijome, mi bien espera, respondí, mi mal no quiero, y descompuesto y grosero, a tomar fui la escalera, mas ella con la congoja llorosa de mi desdén, porque hay lagrimas también que el coraje las arroja, dando suspiros al aire, y cargada de razón, un pesia mi corazón dijo con tanto donaire, que a verla volví, y le dije, mirando hacia la pared, ¿qué quiere vuestra merced. que así me mata, y le aflije?, y como los niños suelen cuando su enojo señalan llorar mas si los regalan, y de sus ansias se duelen, ansi sus divinos ojos, que ya estaban reventando, en mirandome mas blando declararon sus enojos, y por sendas de coral, que eran del amor vergeles, empezó a regar claveles con racimos de cristal: Elena en fin de mi pena no tuvo culpa ninguna. Pues ¿quién? Mi triste fortuna Pues yo aseguro que Elena aun más que tú lo ha sentido. Más que yo no puede ser. Sí puede, porque es mujer, y de ellas tengo entendido aunque las desmienta el nombre que en llegando a querer quiere cualquiera mujer muchísimo mas que un hombre, porque en fin el mas amante ronda, visita, pasea, juega, mira, y aun desea divertido y inconstante: mas uno pobre señora, que no sale por la villa, y asida de una almohadilla, cose lo mismo que llora, claro está que querrá más, y que guardará mas leí: ¿no has visto comer a un buey, y que después a compás así la vida conserva con un curso repetido vuelve a rumiar lo comido hasta topar otra yerba? así las mujeres son con amor, porque en amando siempre están dando y tomando en su amorosa pasión, hasta que llegan a ver lo que pudieran amar, y cesando de rumiar vuelve el amor a comer. Elena en un Monasterio, de su tío despreciada, y sus deudos olvidada, sin humano refrigerio desde aquel suceso está: ¿pues cómo quieres que esté quien encerrada no ve mas que tu retrato allá, y las cartas que le escribes? Y ¿hago yo más que leer las suyas? Ella es mujer, y tu por lo menos vives en Madrid, que basta el nombre, donde solo el ver la gente es consuelo suficiente; juegas tu poquito de hombre, y aun te entretienes con damas. ¿Yo con damas? Tú con Flora, que hay quien dice que te adora. Sin razón su nombre infamas, porque es mujer que al amor no rinde el pecho gallardo, fuera de amarla Lisardo, que es la respuesta mejor. Por lo menos a tu ruego aquesto es cierto permite que Lisardo la visite. Meter paz no es estar ciego, mas aquí Lisardo viene. @ Lisardo, y Fineo criado. Don Juan. Amigo y señor, pues bien, ¿cómo va de amor? Don Juan, como quien le tiene a quien no puede pagar: porque no sabe querer, ¿y vos qué pensáis hacer? O leer en algo, o jugar. Antes quisiera llevaros a alguna parte esta tarde. Tieneme el riesgo cobarde. No tenéis que recelaros yendo en el coche, y conmigo. Vuestro soy, tu con Fineo ve por cartas al correo. En casa de Flora digo que estaremos, si os parece. Yo no tengo voluntad, guiad, elegid, mandad. Al paso que me aborrece adoro en esta mujer. Pues venceréis porfiando. Porfiando y obligando, vamos ¿Y la vas a ver? No voy sino a acompañar a quien es galán de Flora, porque a Elena el alma adora. Si por mí te he de juzgar, Elena será infeliz, y a Flora querrás mañana, porque después que vi a Juana no me acuerdo de Beatriz. No es una nuestra fortuna. ¿Por qué, si es uno el trabajo? Porque tu eres hombre bajo, y yo soy don Juan de Luna. @, y salen doña Elena, Beatriz, y Madalena, de Toqueras Vizcainas, y Feliciano viejo. No hay sino tener cuidado con los precios de las tocas. Mujeres en fin, y locas. No habrá casa, no habrá estrado, dama, rincón, calle, o plaza, que no registres y veas, sin que de ninguno seas notada. Discreta traza para lo que yo deseo, que es solo ver a don Juan. Buenas tus fortunas van, aun te veo y no lo creo. El amor me tiene así. Tú en Madrid siendo ¿quién eres? Si erramos como mujeres, ya no hay remedio. Ay de mi, ay de mi pues yo lo erré en venirte a acompañar. De ti me quise fiar. Eso mi desdicha fue. Como juzgas Feliciano solo por el apariencia, culpas mi poca prudencia, y pensamiento liviano: pero si yo te dijera, que aunque me ves en Madrid no sabe Valladolid que estoy de aquesta manera, ni que he salido de allá, aunque falto tantos días, ¿qué dirías? ¿qué dirías? Eso imposible será. Pues para que no te admires puesto que discreto eres, y disculpes las mujeres cuando con amor las mires oye, y verás que mi amor ha juntado en un sujeto la voluntad, y el respeto, la osadía y el honor: porque aunque mi amor es mucho siempre he sido lo que soy. Confuso y atento estoy. Escucha pues. Ya te escucho Yo tuve amor, bien empiezo para contar mis tragedias, porque si en tener amor todas las penas se encierran, echar por el atajo para decirte mis penas, decirte que quise bien a don Iuan de Luna y Leyva. No nos hablábamos, no, por balcones, ni por rejas: porque esto de hacer terrero fuera buena, sino hubiera mal fines que lo notasen, vecinos, y malas lenguas: y así, en tratando de amor, para quitar la sospecha, mas vale que entre el galán, que no que se esté a la puerta: porque dentro no le ven, y le ven estando fuera, y a veces deshonra mas una vulgar apariencia, que una culpa cometida, como con secreto sea. Por las tapias de un jardín, que a otra calle da la vuelta, entraba don Juan a verme, sin tomarse mas licencia de la que mi honor quería, y le daba mi verguenza: si bien tal vez amoroso, que con amor no hay ofensa, dejando las del jardín por comunes azucenas, apeló para otras flores, y puso la boca en ellas. Dio don Diego en este tiempo en amarme de manera, que apasionado don Juan, sin cordura, y sin prudencia, que no hay cordura que valga cuando los celos aprietan, le sacó una noche al campo, y le mató, ¡gran tragedia, para quien quedó llorando con muchos ojos su ausencia! Por el amor de don Diego tan publico en todos era, y la ausencia de don Juan, se tuvo por cosa cierta ser don Juan el homicida, y ser también mi belleza, por quererme bien entrambos la causa de la pendencia, que somos tan desgraciadas, y mas en esta materia, que aun la cólera de un hombre, que por su gusto se arriesga, quiere el vulgo licencioso que corra por nuestra cuenta. De aquesta injusta opinión, cuanto a mi honor tan incierta hizo tal duelo mi tío, ansi la pasión le ciega, que empezó sin otra causa a tratarme de manera, que cansada de pasar por mil géneros de afrentas, de su casa me salí, y estuve en la de una deuda seis días, sin resolverme a nada, por estar llena de opuestas dificultades la resolución mas cuerda: Porque volver con mi tío era doblarme las penas, que enemigos y parientes es casi una cosa mesma, estarme con una amiga no teniendo yo mi hacienda, suena bueno para un mes, aunque mas amiga fuera, ponerle pleito a mi tío, porque réditos me diera de cincuenta mil ducados, que son mi dote, y mi hacienda, no era cosa competente a mi estado, y mi nobleza: meterme en un Monasterio hasta que don Juan volviera con libertad a mis ojos, fuera la acción mas honesta que pudiera hacer entonces una mujer de mis prendas: mas que don Juan en Madrid se holgara, y entretuviera, quizá en fe de que yo estaba encerrada en una celda, era también fuerte caso, y que en Madrid era cierta, pues irme públicamente dijeran, lo que dijeran con él como con mi esposo, aunque sé que lo desea, era ponerme a peligro de que me le pareciera, y se le entibiara el gusto solo en verme tan resuelta: porque no se que se tiene esto de rendir las fuerzas, que a todos en general, aunque mas amantes sean, las alas del corazón se les ven cuando les ruegan, de suerte, que indiferentes entre la duda, y la pena, entre la muerte, y la vida, entre el honor, y la ofensa, estaba como arroyuelo cuando al bajar por las peñas siendo cítora de aljófar, y Filomena de perlas, topó al hielo en el camino, y parando la carrera el que era pájaro vivo saltando de sierra en sierra, queda difunto marfil, y clavicordio sin cuerdas. Lo que don Juan me escribía en todas las cartas, era encarecerme su amor, su firmeza, y su tristeza, que como por el mentir a nadie le sacan prendas, en dejándose a la pluma, a trueque de que los crean, dicen locuras los hombres, y mienten a rienda suelta. En efecto, Feliciano, después de muchas quimeras, trazas, desvelos, engaños, invenciones, y cautelas, intento ven a don Juan en Madrid, sin que me vea, y sin que en Valladolid se presuma, ni se entienda, dos cosas casi imposibles: mas oye porque las creas. Tiene Beatriz una hermana, la cual trocando en Elena el nombre de Estefania se fue, y entrambas con ella a un Convento desde donde escribí, dándole cuenta a don Juan de mi clausura, si bien clausura supuesta, y luego avise a mi tío, solo para que supiera que estaba en parte segura, y no hiciese diligencia de buscarme, y advirtiendo por si alguien a verme fuera a la tal Estefania, que se fingiese indispuesta, nos salimos una tarde, y buscando una litera, y una mula para ti, sin que nadie lo entendiera nos venimos, y de cuanto allá sucede en mi ausencia me da parte Estefania, con una sobre cubierta, que dice a ti por si acaso alguien la lista leyera, que conociera mi nombre, y el secreto descubriera, y las cartas que don Juan me escribe por la estafeta, me las envía también, y yo respondiendo a ellas, a uno que escribe la lista llevo luego la respuesta, que el oro todo lo vence, y con su numero y señas. entre las otras la pone, con que parece por fuerza escrita en Valladolid, por el tiempo, y por la fecha, de suerte, que es imposible que nadie en Madrid lo sepa, ni en Valladolid tampoco, pues Estefania queda con mi nombre en el convento sin que aya quien la desmienta. Mas viendo que he estado una sin que ver a don Juan pueda, ni en prado, plaza, ni calle, fiesta, rio, ni comedia, he llegado a imagina quiera al cielo que no sea, que alguna dama en su casa por mas secreto le hospeda. y estando ayer platicando, de aquesto con Magdalena, que vive en ese aposento, y a titulo de Toquera, no hay dama que no visita, ni hay casa donde no entra, me he determinado a andar de esta suerte, halla que venga a encontrar mi dulce dueño, mas esto con advertencia, de que soy citando en casa doña Antonia de la Cerda, y Luisa de Nicoalde, vendiendo tocas de seda, porque casi aun mismo tiempo he de ser dama y toquera. Esto ha sabido la industria, esto los celos intentan, esto solicita el alma, esto quiere la sospecha, esto pretende la duda, esto alcanza la agudeza, y esto ha podido el amor, que cuanto quiere atropella, porque con amor no hay cosa, que no se allane y se venza. Solo pudiera tu ingenio, que es igual a tu belleza concertar tales engaños. El amor en todo acierta. Consolado me has en parte, aunque en el alma se queda siempre un temor. no hay temor. andando de esta manera, y con Magdalena al lado. Siempre será Magdalena amiga y esclava tuya. No hayas miedo que lo pierdas conmigo Pues que aguardamos, que esta obra no se empieza. Que Magdalena nos guíe. Pues mirad que tengáis cuenta, que en llamándome algún paje, lacayo, escudero, o dueña, porque no vamos tres juntas se ha de quedar a la puerta una de las tres. Bien dice. Eres en todo discreta. Santiguémonos primero. Vaya en Dios, y en hora buena por esta calle del prado, que es donde está la belleza, como en su centro. Caminar y tu Feliciano espera, que antes que se ponga el Sol habremos dado la vuelta. Dios te de buena fortuna, Dice Magdalena en voz alta. Quien quiere tocas de seda, compran tocas, quieren tocas. Bueno va sino se enreda. Anda Luisa. Ya te sigo, dulce amor haz que yo vea si puede ser a don Juan, como con otra no sea. ¿Y si le vieras con otra? Ay Dios, quedárame muerta. Entran, y sale Flora sola. Corazón, ¿qué novedad es la que conmigo hacéis, en que pensáis, que tenéis, decid decid la verdad? Mas no la digáis callad, que si no soy la que fui, y después que me rendí tengo otro ser, y otra cara, como si con otra hablara tengo verguenza de mí. Venció amor. suya es la palma, porque vivir sin amor, aunque parece valor es desaliño del alma, estaba mi pecho en calma, sin bien, sin gusto, y sin medra, y buscó muro a la yedra para que no se derribe, que aun se cae, sino se vive, un edificio de piedra. Está don Juan en Madrid, y en Valladolid Elena, y parece que la pena le tiene en Valladolid, y como todo mi ardid en no creer consistía, que amante perfecto había, y tanto don Juan lo fue, casi a un mismo tiempo amé lo mismo que aborrecía, Procedía mi tibieza de temor, no de rigor, mas quiero me este temor ver de don Juan la firmeza, que aunque adora mi belleza Lisardo, solo se llama amante el que ausente ama, en tiempo que es novedad que aun guarde un hombre lealtad en los brazos de su dama. Mas ,hay Dios, ya me acobardo en tanta dificultad, don Juan tiene voluntad a Elena, y a mi Lisardo, yo peno, suspiro, y ardo, pues la garganta al cuchillo pongo por no descubrirlo, que una principal mujer puede llegar a querer, mas no llegar a decirlo. @ Isabel, y Juana. Lisardo, aquel que te adora. Lisardo, aquel que porfía Decid que venga otro día, que estoy indispuesta ahora: ¿vendrá solo, quien le ignora? y querrame marcar con hablar, y mas hablar. Un don Juan viene con él. Pues ya estoy buena, Isabel, di que bien pueden entrar. A ignorar tu condición pensara que ese contento. Esto es solo cumplimiento, no amigas, inclinación, porque no fuera razón, cuando por galantería me viene a ver algún día, no dejarme hablar, ni ver, que una cosa es no querer, y otra tener cortesía. Bien podéis entrar. @ don Juan y Lisardo. Señora. En sentándoos hablaremos, amor, toda soy extremos. ¡Qué discreta! Ahora, ahora a entrambos preguntaré como estáis. Yo muy contento, solo en veros, esto siento. ¿Y vos don Juan? No lo sé. que como de mi cuidado es Elena el alma y vida, y esta ausencia desabrida sin Elena me ha dejado, aunque por horas la escribo, y aunque tengo el alma allá. hasta saber como está no se si muero, o si vivo: y así pues que solo sé que no sé, bien respondí, porque nunca se de mi mientras de Elena no sé. ¿Un hombre que cada instante habla, y ve tantas mujeres de tan lindos pareceres puede ser tan firme amante? No hay quien me parezca bien. Buen consuelo, por mi vida, . para quien está perdida: cuanto al ser mujer de bien, de mas virtud, y decoro, de mas recato, y mas fama, bien creeré, si, que esa dama merezca más, no lo ignoro: pero cuanto a la belleza, el talle el brío, el andar, no, porque estáis en lugar que el garbo la gentileza, lo prendido y lo brillante, tiene principio de aquí. Yo confieso que es así, y que errare como amante: mas si la hermosura es cosa que la da quien la encarece, la que a un hombre le parece mejor, es la mas hermosa, y así, aunque menos bella, tendrá Elena esta fortuna, porque no puede ninguna parecerme como ella. Seréis un necio. Parece . que esta Flora con cuidado, y que casi se ha enfadado porque don Juan encarece a Elena pues ¿qué sera? vanidad debe de ser, que amor fuera ser mujer, y es un mármol, claro está. @ Luquete con unas cartas. Albricias. ¿Hay cartas? Sí, de Elena es aqueste pliego. Que me perdonéis os ruego. Esto es peor, ay de mi. Abre el pliego don juan, y se pone a leer, y hablan Flora y Lisardo, y Flora esté mirando a don Juan. ¡Jesús, que de garabatos! cada renglón de estas planas es una sarta de ranas: No han de ser todos ingratos. Yo por lo menos no puedo serlo contigo. ¿Por qué? Porque no tengo de que. Lea. Aquí dice: Sin ti quedo. ¿qué dices? No habla contigo Amor no bastaba, cielos, . sino amor, envidia, y celos. Estad en esto que os digo. Flor. Para quien ve lo que ve . es este lindo remedio. Se pone entre las dos mozas Luquete La virtud consiste en medio. ¿Y es la virtud su merced? Para lo que la cumpliere. ¿Es casado? Soy muy cuerdo. ¿Sabe de amores? Me pierdo ¿Querrame? Si me quisiere... Pareceme gran figura. Grande no, figura si. ¿Sabes dar? Soldado fui. ¿Regalas? He sido Cura. Pues toca. Buena señal, tuyo soy, pesia mis males. Yo gano catorce reales. Yo ración de pan y real: a las once te veré. Ya me habré lavado entonces. ¿Hay esconce? Y aun escocés Yo en una cuna cabré, porque soy un bon ami Ya yo me fino y desalmo. Esto es amar por ensalmo, aprended flores de mí. ¡Que te precies de tirana! Mas con eso me provocas. Dentro Magdalena. Compran tocas, ¿quiere tocas? Llama a esa toquera, Juana. ¿Para qué? Para excusarme de responder a este necio, que a pesar de mi desprecio da en quererme y en cansarme, cuando está mi voluntad adorando a un enemigo. Hola toquera ¿qué digo? Dentro. Luisa ¿qué llaman? Entrad por esa puerta. @ Elena y Beatriz. ¿Quién llama? Mi señora. ¡Gentil talle! Es por demás es buscarle. Linda casa. Y linda dama, Dios guarde a su Señoría, su merced, o lo que fuere: ¿sois vos quien las tocas quiere? Yo soy. Bien por vida mía. Pues ya sacamos la tienda. Y yo con gusto te escucho. No hay sino comprarme mucho, porque traigo linda hacienda, y mucha: porque hallareis tocas de Reina, y beatillas, gasas, velos, espumillas, y otras muchas, cual queréis? ¿Traes algún descanso? No, porque si yo le trajera para mí me le quisiera, que también lo busco yo. ¿Cómo siendo vizcaína hablas tan bien nuestra lengua? Porque es en Vizcaya mengua y entre los nobles mohína, hablar vascuence jamás, sino fino castellano. Bien predicas con la mano. Si yo predico, tú estás haciendo oficio de Preste revestida entre los dos. Acaba don Juan de leer, y vuelve la cara, y vele doña Elena. Yo he leído. Mas, ay Dios, Beatriz, ¿no es don Juan aqueste? Diréis que grosero fui. Disculpa tiene quien ama. Largo os escribe esa dama. No me lo parece a mí. Ay Beatriz, apenas puedo respirar, porque el dolor, la pesadumbre, el amor, el sobre salto, y el miedo, como con llave han cerrado todas las puertas al pecho, ha don Juan, que mal lo has hecho. Pues un traidor de un criado, que esta en oración mental con la otra picarona. El amo al criado abona. Bien dices, tal para cual. Rompe una toca. Mal haya el oficio, amén. Que vienes loca recelo. De las tocas tienes duelo cuando tal mis ojos ven Van recogiendo las tocas. Mas esto ha de ser así, vamos presto, y tu allí enfrente espera secretamente a ver si sale de aquí, y si sale ve tras el mientras yo me voy a casa, y vuelvo a ver lo que pasa con Magdalena, ah cruel, bien pagas mi amor honesto. ¿Compráis tocas? Ya no hay tocas Voyme volando. Se va, y se levanta. ¿Estais locas? Descolorida se ha puesto ¿Qué ha sido? No se de mí. Pues ¿qué sientes? harto siento, aquí importa el fingimiento. Luquete, llegate aquí. Ya penetro lo que quieres. ¿No es Elena esta mujer? No, mas debieralo ser. No te apasiones. ¿Qué quieres? si en una casa que entré me hurtaron, infame casa, la mejor pieza de gasa, Mirando a don Juan. y ahora menos la eché. y voy a cobrarla ay triste por justicia, o por concierto. Si no tuviera por cierto que este pliego me trajiste, que ha tres días que está escrito, y que Elena está encerrada, dijera. No digas nada, que aun el pensarlo es delito. Que hasta en la voz pueda ser que se parezcan las dos. Parecense juro a Dios mas que el freír y el llover. Pues si se parece a Elena solo por eso he de amarla, servirla y solicitarla. Era la pieza muy buena. Pues decid lo que valía, que yo pagarosla quiero. No siento tanto el dinero como la bellaquería: ya en mi los dos repararon: . y vive Dios que aunque entienda arriesgar toda mi hacienda, puesto que me la robaron, y aunque pensara por ella perder, pues ya estoy perdida, con el hacienda la vida, que es echar a todo el sello, he de vengarme de un hombre que estaba junto a un estrado, y con capa de hombre honrado que también engaña el nombre apenas volví los ojos cuando me engañó el traidor, porque en no viendo, el mejor sabe hacer estos enojos: pero yo me vengare si lo llego a averiguar. Amor no ay de quien fiar, . también don Juan hombre fue. Se va. Como es de Elena traslado, y colérica la vi, vive Dios que la temí. ¡Gran sentimiento ha mostrado! Cuando es el caudal tan poco, siéntese cualquiera cosa. La Vizcaína es hermosa, vamos tras ella. ¿Estás loco? Adiós Lisardo, adiós Flora, que tengo un negocio. Adiós ¿Queréis que vaya con vos? Importa el ir solo ahora. Se va. Solo se va, pues decid, ¿si fuese alguna pendencia? Pendencia no, diligencia será de Valladolid. Este miedo solo nace de ser don Juan vuestro amigo. Yo también lo mismo digo, mas mirad, quien satisface parece que está dudando el mismo de la verdad. Esta es justa voluntad. Vos propia os vais despeñado, pues quien dice que no es justa; mas yo señora me obligo pues de don Juan por mi amigo dice vuestro amor que gusta a venir tan prevenido, que traiga por mas galán siempre conmigo a don Juan, para ser bien recibido. Lisardo aunque se reporta : ha entendido mi afición. Celoso voy con razón, : mas es de don Juan, no importa. Se van, y sale don Juan, y Luquete. En aquesta casa entraron. Válgate Dios por mujer, ¡hay cosa tan parecida! Luquete, tan ella es que Elena propia a si propia no se puede parecer tanto como esta Toquera Oh, milagro del pincel soberano, mas ahora que es lo que habemos de hacer? Aguardarla, pero no, porque aquí sin duda fue donde la hurtaron las tocas esta tarde, y puede ser que la pierdan el respeto si me detengo. Pues bien, ¿qué determinas? Entrar, y aun hacerselas volver. Eso es tener treinta y nueve para loco. Llama pues. ¿Qué es llamar, estás en ti? Pues aparta, apartate, que yo llamaré. Repara en que es echarte a perder, y echarme a correr a mí. Llama, y sale Feliciano. ¿No hay quien responda? ¿Quién es? Un hombre. Pues ¿qué mandáis? Aquí ha entrado una mujer que pienso que vende tocas, y aun rayos puede vender a cobrar no se que pieza, y aunque es poco el interés, para una mujer es mucho, y recibiré merced en que hagáis que se le vuelva porque sino, puede ser Que nos volvamos a casa, que es mi señor muy cortes. Toquera aquí Vizcaína, no os han informado bien. Yo mismo la he visto entrar, mirad si me engañaré. Aquí señor hay dos puertas, y si acaso entró creed que se salió por la otra, que aquesta casa no es casa donde se pudiera semejante engaño hacer, No señor. Porque aquí vive habrá dos años, o tres, doña Antonia de la Cerda mujer muy noble, y mujer que es de don Pedro de Vargas, caballero de Jerez. Aquí no hay que replicar. Cuanto me decís creeré, mas la toquera está dentro, y yo lo tengo de ver. Advertid que si don Pedro viniese... Que en esto des... Mas ya sale mi señora. @ Elena de dama, y con vestido diferente. ¿Quién da voces, qué queréis? ¿qué descompostura es esta? Reparan los dos en ella. Yo buscaba una mujer: mas ya, Luquete ¿qué es esto? Que ha de ser, sino querer volvernos a entrambos locos sin porque, ni para que. Tenme aparejado el manto, porque tengo de ir tras el por si Beatriz se descuida. @ Feliciano. En fin ¿que es vuesa merced mi señora doña Antonia. de la Cerda? ¿No lo veis? Y con don Pedro de Vargas ¿casada también? También. También. y eso ¿ha mucho? Hará como nueve años, o diez. Diez años, que esto se diga. Si, porque yo me casé, válgame Dios, ¿qué año era? Así, Dios me acuerde en bien, el año de diez y nueve: mas decidme, ¿para qué es tan larga información? Para qué, para perder el juicio. Y cuarenta juicios si los pudiera tener: este es encanto, o es como. Alto, ello debe de ser así pues lo dicen todos, perdonad si os enoje, que yo he venido engañado. Mas valiera ser cortes, y usar de mejor estilo: porque si amor me tenéis como he pensado, si a caso sois vos, no lo dudo, quien ronda de noche esta calle, conquistando mi desdén. Yo señora. Esto es mejor. Aunque es hacedme merced, no es cordura aventuraros habiendo pluma y papel, a quererme hablar por fuerza, donde se puede temer el peligro de un marido, discreto sois, ya entendéis, mas voime que estoy turbada, y puede ser, puede ser que venga don Pedro, a Dios. Y a vos larga vida os de. Mamaronla los señores, . lindamente lo tracé. Se va. Jesús ochenta mil veces. Tal estoy, que apenas se lo que me está sucediendo, aunque lo acabo de ver. Alguna vieja anda aquí de estas, que al anochecer burlan por las chimeneas. No sé Luquete, no sé: pero lo que yo he sacado de aquestos enigmas, es, que Elena está en un Convento, que mis cartas van a él, que ella me responde a todas, que es suya aquesta que ves, que la toquera de hoy es doña Elena también, y lo mismo doña Antonia. De esa suerte, ya son tres. Tres son, y serán trescientas. Pues ¿qué remedio ha de haber? Pues perdimos la toquera, y lo mismo viene a ser pretender a doña Antonia, pues que de su boca se que hay un galán que la mira, y a mi me tiene por el, y con esto por lo menos mis penas entretendré hasta salir de este encanto. Dios nos alumbre con bien. @ doña Elena, y Beatriz de damas, Magdalena y Feliciano.

JORNADA TERCERA

En fin con el has estado. Y tan loco está por ti, que porque yo me ofrecí solo a darte este recado después de mil bendiciones y besamanos al uso brava fineza, me puso en la mano seis doblones, que en aqueste tiempo es una de las señales del juicio. No es muy diablo el tal oficio, mas tiene buena fortuna. En fin hablar prometí, en su voluntad contigo, porque si verdad te digo, aunque dello me reí, fueron sus extremos tantos, que me lastimo don Juan. Luego los hombres dirán, que son todos unos santos. ¿Qué es santos? Herejes son, del mejor de ellos reniego. Que estaba don Juan tan ciego. Digo que era compasión. Pues que mujer ha de haber tan loca y desatinada que les de crédito en nada viendo lo que llego a ver; don Juan es cuerdo, y galán, cortés, gallardo, entendido, puntual, y bién nacido, y con todo eso don Juan a un mismo tiempo enamora a cuatro sin lo encubierto a mi como a mi eso es cierto, y luego a Luisa, y a Flora, y a doña Antonia también, a Luisa, pues que te avisa que hables de su parte a Luisa señal que la quiere bien: a Flora, porque aquel día que con ella, ay Dios, le vi en sus ojos conocí las ofensas que me hacía: a doña Antonia no hay duda, pues la busca, ronda, y mira, escribe, ruega, y suspira de suerte, que el que se muda menos, y es el mas galán, tres damas tiene sin mi, pues si el mejor es ansi, los otros ¿cómo serán? Como, teniendo hasta ciento porque dicen que un topón no ofende la inclinación, no siendo cosa de asiento. Pues si esa es ley general consientan nuestros errores. Luego acotan los señores, que una mujer principal, si yerra yerra a su costa, y ansi han de amar sin errar. Pues bien, ¿qué ha de hacer? Es como soldado de posta sufriendo noches y días solo con decir el nombre las sequedades de un hombre, tramoyas, y picardías: mas consuélese tu pena con que la que a mi me dan es mayor, que a ti don Juan si te ofende, es porque a Elena en Luisa y Antonia ve: mas ¿veme Luquete a mí en Juana?¿tengo yo allí talle, facción? ¿mano o pie, que imite a lo que pintó el Autor de las Beatrices? ¿tengo yo aquellas narices? ¿soy Angel trompeta yo? ella es blanda, y yo cruel, ella gruesa, yo sucinta, ella lentejas y tinta, y yo requesón y miel: pues ¿cómo este desalmado me ofende con Juana ahora? ¿Y parézcome yo a Flora? Eso no está averiguado. Pues yo lo he de averiguar, y más, si mas puede ser. Pues ¿qué has de hacer? Que he de hacer. Primeramente estorbar cuanto intentare en mi daño, y pues me tiene en tan poco, vengarme en traerle loco mientras durare el engaño, hoy tengo de estar con Flora, y he de saber, vive Dios, si se quieren bien los dos: y porque me han dicho ahora, que es en Flora vanidad no querer a nadie bien, porque dice que no hay quien traiga a una mujer verdad, mudando el nombre en Leonor tan fácil he de pintalle, que la obligue a desprecialle cuando le tuviese amor: tu has de llevarle un papel de otra letra, en que le avisa Luisa, que le quiere Luisa, y que hoy se verá con él, hoy llega el correo a Madrid, y respondiendo a su carta le rogare que se parta al punto a Valladolid, porque importa: tu después que se haya puesto la lista, y esté ya mi carta vista, has de darle muy cortes de doña Antonia un recado, diciendo que mi marido a Granada se ha partido, y que a mí se me ha antojado irme al Pardo a entretener unos días, y podrá si quisiere, verme allá: que es empezarle a querer. Con esto tres cosas hago, examino su verdad, conozco su voluntad, y también me satisfago de la mohína, y la pena que me da aqueste enemigo, ofendiéndome conmigo, pues viendo que soy de Elena ya Vizcaína, ya dama, un original tan vivo, admirado y pensativo, sin conocer a quien ama, todo se le va en mirarme haciendo discursos vanos ya a la boca, ya a las manos: con lo cual vengo a vengarme del con el, teniendo en el el agravio, y el castigo, pues el me ofende conmigo, y yo me vengo con el. Vive Dios que en enredar Cátedra puedes leer a un moatrero. Una mujer, Beatriz, en llegando a amar, tiene ingenio peregrino. Bien en el tuyo se vé. Hoy le verás cuando esté con Flora. El mejor camino para saber de raíz tus agravios ha de ser. Pues no me ha de anochecer sin saberlo, ven Beatriz, y tu, para que te de el papel de la tal Luisa. Aquesto es perderse aprisa. Yo sé que por el tendré buenos guantes, y buen porte. Y aun una mitra tendrás. En bravas cautelas das. Esto se aprende en la Corte. Se van. @ don Juan, y Luquete. Ni se, Luquete, de mí, ni se lo que he de creer. Válgate Dios por mujer, o el diablo, para que así nos dejen Antonia y Luisa, pues son y no son Elena: ¿y ha de venir Magdalena? Pues no. Yo lo tengo a risa, porque después de agarrar los seis doblones, no es cierto. Ella cumplirá el concierto. O el perro habrá de ladrar: pero aquí viene Lisardo. @ Lisardo. Don Juan Amigo. No entráis. He aguardado a que vengáis. ¿Por qué? Porque me acobarda el entrar sin vos, adonde solamente entro por vos. Mil años os guarde Dios, pero mi amor os responde, que están las cosas de modo, que aunque yo el primero fuera que viniera, ser pudiera que os aguardara yo y todo; porque aunque soy de los dos quien mas parte tiene aquí, mejor podéis vos sin mí, que yo puedo entrar sin vos. Enigmas son que no entiendo. Pues yo me declararé, Flora os quiere, y yo lo se. Pues a Dios. ¿Qué hacéis? Pretendo con no volver mas aquí, daros Lisardo a entender, que siempre tengo de ser lo que soy, y lo que fui: soy y he sido vuestro amigo, soy y he sido principal, dar celos es tratar mal, tratar mal es de enemigo, ser enemigo es injusto de quien mi remedio fue; y así no es razón que os de Flora conmigo disgusto, y ya que os le haya de dar no ha de ser no con mi nombre, sino con vos, o con hombre con quien me pueda matar. Yo agradezco cuanto a mí, don Juan, esa gentileza, hija de vuestra nobleza: pero no ha de ser así, vos habéis de entrar aquí, si quiera porque no entienda Flora, aunque en amor se enciende, que elegí tan mal amigo, que no le traigo conmigo por temor de que me ofenda. Si en Flora es cierto el quereros, y sin vos me viese ahora, es cosa cierta, que Flora deseara don Juan veros: y entre tormentos tan fieros mas quiero don Juan que os vea, porque quien ve no desea, mas quien no ve su cuidado, por ver lo que ha deseado hará cualquier cosa fea. De veros tan firme amante, aunque era la dama Elena su amor procedió, y su pena: mas es mujer, no os espante: y ansi para en adelante sabed de su ciego error, que tratarlas de otro amor dándoles envidia en él espantarles el papel para que escriban mejor. En fin, de verla inclinada, me huelgo, aunque no sea a mí, pues por lo menos ansi sabrá amar, y ser amada, y en viéndose despreciada, de celos, y agravios llena, puede ser que mas serena, aunque de quererme huya, por lo que siente la suya se lastime de mi pena. @ Flora, y Juana. Doña Elena de Peralta. Ella el recado me dio. No conozco tal mujer , ni a mi noticia llegó, ¿y parece principal? Eso, brava ostentación, trae su poco de escudero, y detrás, como timón, una dueña remilgada mas tiesa que un asador. Digo que no la conozco, mas pues ella me buscó ella me conocerá, di que entre. A decirlo voy. Se va Capitulo de otra cosa, que está aquí Flora. Señor don Juan Luquete. A mí y todo tanto honor, tanto favor. No os suplico que os sentéis, porque no es buena ocasión, ¿Cómo? Tengo una visita. Pues si estorbamos, adiós. No es visita de galán, que eso no fuera razón, sino de dama, mas ella entra, y lo dirá mejor. @ doña Elena, y Beatriz de damas. Volved Otañez por mí dentro de una hora, y de dos. ¿Hasle visto? Ya le he visto, ciertas mis sospechas son. Disimula. Bien se huella, no hiciera mas un frisón, parece que entra a danzar. No es muy malo lo exterior. Lindo brío. Gentil dama. Mirala don Juan muy atento. Anda tan ciego mi amor, que ninguna mujer veo, aunque tan distintas son, que a Elena no se me antoje. Yo soy tan buen amador que aunque he visto mil mujeres ninguna me pareció Mira a Beatriz. a Beatriz mas ¿qué es aquesto? oye, que pienso por Dios que tu mal se me ha pegado como si fuera dolor: mira señor esta dueña. No vas fuera de razón, algo tiene de Beatriz. Menos la contemplación, cortada la cara es ella. La tuya por sí o por no. ¿Qué dices? Estoy rezando por mis difuntos. Chitón, y mire que estoy aquí. ¡Oh que Romano valor! ¿No os descubrís? sola os quiero Luquete, las cuatro son. Querrás que vaya por cartas. idos pues. Adiós. Adiós Se van los dos. Válgate el diablo por dueña, puesto me has en confusión. Se van Luquete. ¿Fueronse ya? Ya se fueron Ahora os diré quien soy: mas porque es el cuento largo, y traigo alguna pasión, me sentare si gustáis. Toma una silla. Muy desenfadada sois. Asomanse acechando don Juan y Lisardo. Pues entre tanto que viene, desde aqueste corredor las podremos escuchar. Por mi Lisardo, aquí estoy. Soy muy servidora vuestra, y esto sin adulación: ¿qué miráis? Que me parece o la idea se engañó que os he visto en otra parte. Disimulemos amor. . Podrá ser: mas va de cuento, escuchad con atención. Erase, señora Flora, cierta mujer de opinión, que por pleitos, y trabajos, con años diez veces dos, y una cara razonable, en Valladolid paró. Erase también un hombre cuanto al talle, y al valor, galán, discreto, valiente. noble, y limpio como el Sol: pero mirado hacia dentro de tan civil condición, de gusto tan salpicado, y tan repartido amor, que solo por el se pudo decir con mucha razón aquello de cuantas veo: porque es aqueste señor amante tan prevenido, y galán tan Galalón, que por si alguna le deje otra le hace disfavor, otra se casa, o se muere de achaque que Dios la dio, tiene siempre de resguardo hasta una docena, o dos. A este Turco de Castilla, que mal hizo se inclinó tanto la dama que digo, bien lo paga, y lo pagó, que a pesar de su verguenza le hizo dueño de su honor, que fue para su desprecio subir mas un escalón. Acudía el dicho amante después de la posesión a verla, y a regalarla cual y cual vez, digo yo que de lastima seria, no de gusto, ni afición, que cuando los hombres dicen que por ser ellos quien son visitan a las mujeres, ya la voluntad cesó: porque ser hombres de bien es interés de su honor; ver, y hablar, es cortesía; tener lastima es dolor: y así no quieren entonces, porque aunque tengan amor es modo de aborrecer amar por obligación. En este tiempo, ay ingrato, a otra señora miró tan hermosa, que saliendo una tarde al Espolón, dicen que al ameno campo puso en dulce confusión de saber a quien debía aquel día el resplandor, o al Sol que estaba en el cielo, v de aquesta dama al Sol. Por ella en fin mató un hombre, y temiendo su prisión salió de Valladolid, y con el también salió como trasto manual que cabe en cualquier rincón aquella primera dama de quien hicimos mención. Luego que vino a Madrid estad conmigo por Dios, porque importa mucho al caso con otra dama encontró de su valor muy preciada, si es que el desdén es valor: pero dicen malas lenguas que este valor se rindió, y sin echarlo de ver poco a poco obró el calor, que es el amor en nosotras como mano de reloj, que solo se vio que anduvo puesto que la vuelta dio; pero no se ve cuando anda, porque corre tan veloz, que no le alcanza la vista, aunque le alcanza el dolor. Después de haber conquistado esta hermosa presunción, este remedo de un risco, y este amago de Faetón, con una mujer casada estuvo en conversación, no será ya menester, conociéndole el humor, decir que la quiso bien, baste decir que la habló. Item más, porque una tarde a una mujercilla vio vender tocas vizcaínas, la buscó, y enamoró, y hoy está loco por ella: porque es aqueste amador la parca de las mujeres, que a ninguna perdonó. Ciñéndome finalmente a fuer de Predicador, y de camino también epilogando el sermón, digo que el dicho galán de quien Cronista soy, es don Juan de Luna y Leiva, la dama que le siguió doña Leonor de Peralta, y la tal doña Leonor yo, que en casa de Lisardo que es su amigo, y el mayor he estado con tal secreto que apenas me ha visto el Sol. La que amó después de mi y por quien tan bien mató a don Diego de Meneses, que era su competidor doña Elena de Alvarado. La casada que encentró, doña Antonia de la Cerda mujer de un Procurador. La toquera vizcaína que vio, que siguió y habló, es Luisilla una mozuela de chinela con listón, que vende, no se que vende, ella lo sabrá mejor. La desdeñosa, la esquiva, y la brillante sois vos, de quien el mismo se alaba que goza la estimación: Este es don Juan, ved ahora siendo señora quien sois si queréis aventuraros a entrar en un corazón donde es forzoso que estéis, no desenfadada, no, sino todo lo posible de encogida, porque son cinco las que estamos dentro, y apenas cabemos dos. Levantanse. Jesús mil veces, Jesús. Que tal es la información Don Juan es de esta manera, . corrida de amarle estoy, fiad en hombres, Jesús. El mejor es el peor. Dejadme por Dios Lisardo. Si se ve que es invención ¿para qué queréis salir? Para saberlo mejor, y averiguar que mujer es esta doña Leonor, que aun sabe lo que no he hecho. Señora perdida soy, porque don Juan viene allí, y si acaso me escuchó hará cualquier demasía conmigo, que es un Nerón si se enoja. Estad segura. Llegan. Aquí estabais los dos. Si señora, porque quiero. Quedo don Juan, eso no, esta dama está en sagrado pues que de mí se amparó: fuera que decir verdades. ¿Qué verdades, vive Dios? que es engaño cuanto ha dicho. Ya la da satisfacción, . entablado estaba el juego. Don Juan, aquí se acabó vuestro crédito conmigo, y buena reputación, no entréis más en esta casa. Si, pero ¿por qué ocasión? Porque no os alabéis más de que Flora os tiene amor, pues dado caso que fuera eso verdad, desde hoy por vuestro amor inconstante, por vuestra falsa intención, y mecánico deseo, si no por mi pundonor, os aborreciera el alma. Eso es lo que quiero yo. Con mosca está la señora. El cuento la remató. Don Juan, si el aborreceros . conforme a la condición de Flora solo consiste en que tengáis opinión de fácil, y aquesta dama no es cosa que os importó, confesad que es verdad todo, y podrá ser que mi amor alguna esperanza tenga. Alto, si lo queréis vos desde ahora soy ingrato, fácil, mudable, y traidor. Hareisme mucha merced. Que merced, ni que favor, si aquesto fuera delante de Elena, a quien adoró el alma, aun estando ausente, fuera acción de estimación, mas aquí no os sirvo en nada. En fin, ¿qué decís los dos? Que cuanto esa dama ha dicho es así como pasó. Luego es verdad que estos días habéis requebrado a dos, la casada y la toquera. Si señora. Firme sois. No soy yo mujer de engaños, ni de enredos, eso no. ¿Y Elena? Elena es del alma. Y esta dama que tras vos se vino, y con vos está como en una Religión, es del alma, o es del cuerpo. Eso es mentira por Dios, así, digo que es mentira cuanto al llamarse Leonor la dama que está conmigo, mas cuanto al vivir los dos juntos, es mucha verdad. Ya es mi desdicha mayor, . válgame Dios, ¿cómo es esto? Volved en vos corazón, . don Juan también es mudable, salga pues por donde entró. Ya estoy al cabo de todo, Beatriz en lo cierto doy: porque el estar este ingrato desde que a Madrid llegó tan encerrado, y secreto, no hay duda, no, procedió de tener su dama en casa. No lo creas. ¿Cómo no, cuando lo confiesa él mismo, que es la mas fuerte razón?: mas yo lo tengo de ver, señora, quedaos con Dios, y no le dejéis salir tan presto, y si os enojó mi dilación, perdonad. Antes la vida me dio. El cielo os haga dichosa, celos y dicha, que error? ingrato don Juan, si acaso . como amante engañador con obras, o con palabras, que pasan de la intención, me ofendes, viven los cielos que sin mirar a quien soy he de hacerte mil pedazos. Atiende. No hay atención. Advierte No hay advertir. Oye. Sorda, y ciega estoy. Mira. No me digas nada. Escucha Detén la voz. Repara. Cierra los labios, otra con él, muerta voy. Ya se va Pues voy tras ella. Flor ¿Dónde con tanto rigor? Pues es mi dama a seguirla. Tenéis por cierto razón, mas es ahora temprano. No ves que no es discreción quitarle el gusto. ¿Estás loco? que lindo Procurador, pues porque ha de tener gusto con ninguna un embaucador, que dice que a doña Elena, como él mismo me contó Elena de ti me valgo . para encubrir mi pasión. Es verdad. Pues si es verdad, y ahora en mi casa estoy, entraos los dos allá dentro; un áspid, un escorpión llevo en el alma. ya entramos, esto es seguirla el humor. Lleno voy de confusiones. Rabiando de celos voy. @ todos. @ Luquete con cartas, y Octavio. ¿Ha venido mi amo? No ha venido. Estrujado, molido, y remolido vengo de la estafeta. Mucha gente. Es hablar de la mar, no hay quien lo cuente: porque según la trulla, y brava entrada, mañana se podrá poner con grada: a besugos helando, a pan lloviendo, y a nieve cuando el mundo se está ardiendo, no hubiera tanta prisa, llanto, y risa. En aqueste lugar a todo hay prisa. Menos a cuatro cosas, bien has dicho. ¿Y cuales son? Conforme mi capricho, a las mujeres en llegando a viejas, a fuelles, a bragueros, y a lentejas. A las lentejas, y a las viejas vaya, porque en verlas el alma se desmaya, mas a los fuelles. A los fuelles menos, porque en cualquiera casa por lo menos hay dos fuelles eternos y continuos. ¿Y cuales son? Octavio, los vecinos, que siendo aventadores de una casa, soplan cuanto les pasa, y no les pasa, y como desto ay tanta muchedumbre, nadie busca mas fuelles a su lumbre. Y a bragueros ¿por qué no ha de haber prisa, siendo como es enfermedad precisa? Porque en efecto es falta, y nadie quiere dar e entender las suyas sea quien fuere. Pues di, ¿qué hace quien con ella nace? El mismo se los corta, y se los hace: y si acaso los compra de la tienda, porque nadie lo vea, ni lo entienda, y después lo murmure a troche moche, llega embozado a oscuras, y de noche. @, y salen don Iuan y Lisardo. Que Flora no quisiese que la viese, para que yo si quiera no estuviese desvanecido ahora, imaginando en que ocasión, adónde, cómo, y cuando me ha visto esta mujer , que entre mil cosas que refiere supuestas y engañosas, dice muchas verdades, que aun apenas porque pueden tocar honras ajenas a mis propios deseos he fiado. Con alguna mujer habrás hablado. Si he hablado, si, mas no con quien pudiese, sino es que del demonio se valiese, saber por tan extenso mis deseos, obras, palabras, vida, y galanteos: lo que yo he sospechado solamente, si la vista, Lisardo, no me miente, es que Elena me habla disfrazada, con nombre, o apariencia de casada, que es la dama que os digo que festejo; porque si con los ojos me aconsejo, en voz y en cara, pues la escucho y toco, doña Antonia es Elena, o yo estoy loco: y si es ella, ella fue la de esta tarde, en estar tan tapada, y tan cobarde, y en saber mis fortunas, y mis celos, ausencia, travesuras, y desvelos: y si acaso no fue, fue la toquera, que también es su estampa verdadera: y si esta no, porque esta vende tocas, aunque en la Corte la aventajan pocas en lo hermoso, lo crespo, y lo prendido, juro a Dios que no sé quien haya sido. Si a esas mujeres se parece tanto como vos afirmáis. Es un encanto. una de ellas será. Y es infalible, porque otra cosa no fuera posible, una de las dos es mi Elena bella. @ Luquete. Señor. ¿Hay cartas? Sí. pues ya no es ella ¿Por qué don Juan? Porque si ahora escribe, y en al Convento donde está recibe mis cartas, respondiéndome al momento, mal puede estar aquí, y en el Convento. Si ella os responde a todas, no hay respuesta. De don Alonso mi señor es esta. Todo mi pensamiento salio vano. Mirad lo que os escribe vuestro hermano. Lea don Juan Dos novedades me deberéis en este correo. La primera, que el padre de don / Diego, persuadido de la verdad del caso, quiere reducir la venganza a / concierto. La segunda, que el tío de doña Elena aunque no la habla, si / la visita trata de casarla con un deudo suyo que ha venido de Panamá / porque no salga la hacienda fuera de su casa, y de su linaje. Mirad ahora / lo que determináis, que a todo me hallareis como vuestro hermano. / Don Antonio de Luna. / Ahora ¿qué dirás? Que loco estaba cuando de doña Elena tal pensaba. Miren que traza para estar Elena disfrazada, Jesús, y en tierra ajena, cuando la está casando allá su tío. ¡Qué locura! ¡qué error! ¿qué desvario? yo soy en fin discreto a lo machucho: porque aunque Elena se parezca mucho a esas dos picaronas que hemos visto nunca pude creerlo vive Cristo, y haber pensado tal desenvoltura de su honor, su recato, y su clausura, ha sido vive Dios, muy mal pensado: esta es su carta. Yo me habré engañado. Lea. Mis desdichas han llegado a extremo, que después de tratarme mi tío como / mo si no lo fuera quiere casarme con un hombre que no conozco. Y así / os suplico, que vista esta os partáis al punto con todo secreto, para que / tratemos de desposarnos antes que la fuerza haga lo que después no / pueda remediarse. Dios os guarde, y traiga con bien a mis ojos. Desde el / Convento de las Huelgas/ Vuestra esposa. / Con esto se remató, aquí no hay que hablar palabra sino acudir al remedio, y buscar para mañana con toda prisa dos postas, que antes que amanezca el Alud de esa otra parte ha de verme la sierra de Guadarrama. En efecto estáis resuelto. Eso decís a quien ama, la vida me va en partirme. Pues, Octavio. ¿Qué me mandás? Encargate de estas postas . porque a su tierra se vaya, y se llene de camino los celos con que me mata. Voy a obedecerte, adiós. Se va, y salen de toqueras Elena, Magdalena, y Beatriz. Ya el papel no es de importancia, que hay muchas cosas de nuevo. ¿Cómo? Como tiene en casa una dama. ¿Qué me dices? Esto es cierto. Pues aguarda porque llegue yo primero. Saliendo de aquí mañana estáis allá ese otro día. Con dos docenas de llagas, molidos brazos, y piernas, y las tripas enjuagadas. Señor don Juan. Magdalena. Vengo a cumplir mi palabra. Y dime ¿cómo está Luisa? Muy buena. Y muy su criada, todos estamos acá Tanto favor, merced tanta. Yo no vengo aquí por vos. Tendrelo a mucha desgracia. Me ha dicho Magdalena que vivís en una casa tan compuesta, tan jarifa, y tan bien aderezada, que vengo solo por verla. Magdalena no se engaña, que es Lisardo muy curioso. Ni se altera ni recata. Casa de un recién venido ¿qué ha de ser? Será extremada, allá entro si gustáis. Id, Lisardo, a acompañarlas. Por guiaros voy delante, Entra. ¿Y si encontramos la dama? Matárela con mis celos. Entra. No hay celos como las varas. Yo me quedo con don Juan. Aquí descubro la cara para dejarle aturdido. Jesús. ¿Qué has visto? No es nada, perdido esta este lugar de hechizos, y cosas malas, cuantas mujeres encuentro tienen la misma fachada que Beatriz, Dios sea conmigo. ¿No es muy donosa muchacha Luisica? Es un Serafín, no hay en la Corte tal cara. Pues yo os aseguro, que es de lo mejor de Vizcaya, un hombre la tiene ansi que la gozó con palabra de ser su esposo, y después el traidor se pasó a Francia, y ha parado en vender tocas. ¡Cómo los ojos se engaña!. ¿Y la hermana compañera, que según es rubia y blanca pudiera servir de aloja a los Reyes, y a los Papas, es también de allá? También. Y dime, ¿cómo se llama? Andrea de la Gotera. Solar es que hacía mi cama ha caído muchas veces, porque duermo a teja vara. Vuelven los tres a salir. Lisardo no nos cansemos, una mujer hay en casa, yo lo sé de quién lo sabe. Es verdad, mas es el ama que nos guisa de comer. No es sino ama que ama. ¿Qué es eso? que ha dado Luisa en que tenéis encerrada una dama, y no ha dejado hasta hacerme abrir las arcas cosa en la casa por ver. Y aun no estoy desengañada, que antes se llegó a mi una mujer tapada, y me lo dijo. Y sería doña Leonor de Peralta si viene a mano. La misma. Vive Dios si la encontrara. ¿Qué hicieras? un disparate Pues ¿por qué? Porque se anda informando en todas partes de mi vida buena, o mala, sin haberla jamas visto, ni aun hablado una palabra. Es muy gran bellaquería. @ Octavio. Postas hay para mañana. Lindamente se hace todo, pues ¿quién se va de esta casa? Don Juan, Don Juan, no lo creas Es forzosa lo jornada, mas pienso que sera breve. Aquí veré si me ama: aparte. por tu vida, y por la mía, si es que mi vida te agrada, que no salgas de Madrid, y dado caso que salgas advierte que has de perderme. No sé que siento en el alma, que sin querer me enternezco, y me pesa de dejarla mas que dudas, loco amor, si doña Elena te aguarda. Luisa yo he de hablarte claro, yo quise bien en mi patria, y quiero a cierta señora, de quien por una desgracia he estado ausente, hame escrito una carta, en que me manda que me parta, y así es fuerza que te deje, y que me parte, sabe el cielo hermosa Luisa el ansia que me acompaña solo en pensar que te pierdo. Pues ¿de qué es, traidor el ansi si vas a ver a quien quieres? ¿De qué eres tan viva estampa? de su rostro que imagino que me falta si me faltas. Ansi que ya estaba muerta, animo dulce esperanza. @ Fineo. Fin. un hombre te quiere hablar, y de parte de una dama. Dama. Yo no se quien sea. Di que entre. Ya está en la sala @ Feliciano. Mi señora doña Antonia. Adelante. Va mañana al Pardo. Pues ¿qué tenemos con que vaya, o que no vaya? Tenemos, que si don Juan gusta de verla, y hablarla, podrá, porque su marido va camino de Granada. Cosas son estas que apenas puede un hombre imaginarlas, decid a esa mi señora, que yo fuera a regalarla. Si no estuviera conmigo, y hubiera de irse mañana a ver cierta dama ausente, cuyos ojos idolatra, ¿no es ansi? pues si es ansi, esto por respuesta basta. Perdonad que soy mandado. Vaya con Dios buenas barbas ¿Se le parece también a la otra aquesta dama? Pues juro a Dios, y a esta Cruz, que es también su semejanza, y tuya. Y mía, si acaso importara a la maraña Flora ha entrado por la puerta. Ya el corazón se acobarda. Otra mujer . Es mujer a quien Lisardo regala. Y tú no, que eres un santo. Presto lo veras si callas, @ Flora, y Juana. Acá está la Vizcaína, todo ha sido verdad, Juana, mas yo volveré por mí. Que novedad tan extraña pues ¿vos aquí? Si Lisardo, escuchad todos la causa; yo en materia de querer tan loca he sido, y tan vana, que a nadie quise jamas, temerosa de que tratan engaño todos los hombres, no pienso que me engañaba, vino don Juan a la Corte en acciones y palabras fingiendo tanta firmeza con una dama que amaba, que me incliné, no a su talle, si no a su mucha constancia, porque en lo demás, cualquiera pienso yo que le aventajaba, mas hoy sabiendo que tiene no menos que cuatro damas; y condición juntamente de que no desecha nada, le he aborrecido de suerte, que hasta su nombre me cansa: y así, pues solo Lisardo es en Madrid quien alcanza el nombre de firme amante, que es lo que yo deseaba digo que a Lisardo adoro. Cuanto me debes, me pagas. Ya hay un enemigo menos. Ha sido cuerda venganza, mas advierte que yo y todo, aunque tengo mala fama sé amar como se ha de amar, pues hoy con sola esta carta dejo a Madrid. Pues ¿qué dice ésta carta? Que me aguarda. ¿Quién? Elena ¿Para qué? Para verla, y para hablarla. ¿Y después? Para casarme. Pues creeme, y no te vayas, porque no está en el Convento, sino en Madrid, y en tu casa. ¿Cómo? Como soy Elena, como que no. Luisa basta, que si para detenerme quieres usar de esta traza, ya no aprovecha. ¿Qué dudas? Elena soy, ¿qué te apartas? Elena tú, no es posible, aunque lo dice la cara: porque me escribe mi hermano, y es publica voz y fama, que está Elena en un Convento. La pública voz se engaña. Y esta carta que hoy me ha escrito. Bien dices,¿y aquesta carta que hoy he recibido tuya? Don Juan para todo hay traza, yo me he venido tras de ti, y encubierta, y disfrazada, casi a un mismo tiempo he sido doña Elena de Peralta, la toquera vizcaína, doña Antonia la casada, y ahora soy doña Elena. Bien el alma imaginaba. Luego lo dije por Dios. Pues si ausente te adoraba, presente ya lo verás. Tuya es la mano, y el alma. Y yo también. Tararira. Y aquí, señores, acaba la toquera vizcaína, decid vitor si os agrada, para que Antonia de nuevo empiece a ser vuestra esclava.