Texto digital de Teágenes y Clariquea
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Pérez de Montalbán
- Atribución estilometría
- Juan Pérez de Montalbán Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Teágenes y Clariquea. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/teagenes-y-clariquea.

TEÁGENES Y CLARIQUEA
JORNADA PRIMERA
Mía ha de ser la hermosa Clariquea. Yo solo he de gozar de su hermosura. Los Dioses gustan, que mi esposa sea. Para mi guarda el cielo esta ventura. Qué atrevimiento! . Qué imposib Qué necio amor! . Qué bárbara locu El brazo. . El golpe. El brío. . Los aceros. Tened, tened, amigos, Caballeros. Solo vuestro valor me ha reportado. Vuestra presencia solo me ha rendido. Vuestra voz solamente me ha turbado. Solo el veros, señor, me ha detenido. Pues yo, que la ocasión he penetrado, tengo de reduciros a partido, como atención me deis a una extrañeza. Dila. . Abrevia. . Prosigue. Acaba. . Empieza. Tres lustros hace la primera! Luna, que hallé en el mar a Clariquea un día, siendo sus aguas su primera cuna, y aquestos brazos su postrera guía: pues sin saber su patria, ni fortuna, por Diosa la adoré sin culpa mía, que una mujer perfetamente hermosa, tiene lo más andado para Diosa. Trújela a Egitpo, encomendelal a una ama, crecio, llévela al Templo, dila al culto, y ya por Profetisa, o ya por dama, siestas Egipto consagró a su bulto: dilátase por todos esta fama, llegó su nombre al clima más inculto, y estáticos mirándola quedasteis; pero que mucho fue; si la mirasteis? Viendo pues su elección indiferente, consulté del Oráculo la Diosa, y así me respondió publicamente delante de la Infanta Sinforosa; P un Príncipe del Orbe, el más valiente, hoy ha de ver aquesta Ninfa hermosa, y suspensos los dos en dulce calma, el uno al otro ha de beberse el alma. Calló el nombre la Diosa: mas yo digo; (aún que también callarle me han mandado,) que uno de los que ahora están conmigo, ha de ser quien merezca su cuidado: de esta verdad yo solo soy testigo, el cielo solo a mí lo ha revelado, presente está, quien ha de ser su esposo, y el uno de los cinco es el dichoso. Supuesto en fin que es superior decreto, reducid a los méritos la espada, quered, solicitad tan alto objeto, sufrid, venced deidad tan adorada, pretended, conseguid tan dulce efecto, amad, servid belleza tan sagrada, y solo aquel, que elija Clariquea, la festeje, la goce, y la posea. Si Príncipe ha de ser, y el más valiente; quién con Anaximandro ha competido? Si en el valor estriba solamente; por Tíamis la suerte haurá salido. Si ha de elegir marido competente; quién duda, que Nemón es su marido? Yo soy el grande Rey de los Persianos. Yo de los Chinos. . Yo de los Besanos. Todo es verdad: mas yo conozco alguno, que ha de vencer callando aquesta guerra, pues me conozco a mi más que a ninguno: soy Rey de Egipto, y téngola en mi tierra. Pues ya que habéis hablado cada uno; (si bien hablando con pasión se hyerra,) escuchad a Teágenes, qué os llama con poca voz; pero con mucha fama. Yo hasta ahora, ni sé que padres tengo, ni sé quién es la Ninfa, ni la he visto, ni sé el motivo, conque a verla vengo, ni sé que aguardo, cuando al Templo asisto, ni sé porque en Egipto me detengo, ni menos sé lo propio, que conquisto: y solo sé que Clariquea es mía, si la fortuna al mérito se fía. Mas porque no parezca arrojamiento, presunción, osadía, confianza, temeridad, locura, o fingimiento, que fábrica en mi idea mi esperanza; escuchad, advertid, (aún que violento esté mi pundonor en mi alabanza,) las señas vivas de un heroico brío: ya de pincel, ya de retrato mío. El cuerpo ya le veis proporcionado, el rostro ya le veis majestuoso, el talle ya le veis desenfadado, el movimiento ya le veis airoso: aquesto todo ya lo habéis mirado, todo visto lo habéis, solo lo hermoso no habéis visto del alma, a quien asisto, pues ved ahora lo que no habéis visto. De una tigre a lanzadas me defiendo, un espín con las manos despedazo, un toro rindo, si su testa prendo, un oso postro, si con él me abrazo, un elefante por la trompa hiendo, un unicornio humillo de un flechazo, y de un león la clín, y la melena, a cuchilladas peino por la arena. Si con alguno en la palestra lucho, y a los primeros impetus no rueda; crujir los huesos entre si le escucho, como si fueran de engomada seda: pues sin molerme, ni cansarme mucho, tanto le hago sudar; tan lleno queda del agua propia, que vertio cansado; que ha menester después salir a nado. Quien me mira correr se desuanece, porque ya exhalación, o ya centella con tal violencia parto; que parece que la carrera corro sin corrella: pues como tan aprisa se me ofrece llegar al fin desde el principio de ella; piensan los que lo ven desde lo alto, que no ha sido carrera si no salto. Cuando tiro la barra, un monte muevo un elemento cuando salto oprimo, cuando a campaña voy, un Etna llevo,: cuando he de batallar, un rayo esgrimo, y cuando pruebo algún caballo nuevo, de manera su cólera reprimo; que corrido de ver que así le dome, los alacranes que tascó, se come. Tengo alguna noticia de las ciencias, doyme a la natural Filosefía, las cláusulas profeso, y diferencias de la música, y docta Poesía: hablo de todos bien en sus ausencias, acompaño el valor de cortesía, soy Griego, tengo honor, procuro fama, trato verdad, y guardo fe a mi dama. Estas mis señas son, y este mi intento, este mi voto, y está mi protesta, este mi orgullo, y este mi ardimiento, está mi sangre, y está mi respuesta, este mi estudio, y este mi talento, este mi amor, y mi venida esta, ya vencedor, o ya vencido quede: mirad, si alguno competirme puede. Yo, que nací el Monarca más temido. Yo, que el Príncipe soy más estimado. Yo, que Reyes por padres he tenido. Y yo, que hijo del Sol me han aclamado: pero si no me engaño, ya han venío, mi hermana, y Clariquea del Senado, a dar los premios de carrera, y lucha: la música lo dice, que se escucha. Cesen vuestras disensiones, o Príncipes soberanos, porque no han de hacer las manos, lo que pueden las razones; y así al Tribunal sagrado remitiendo vuestro amor; (que: es un punto superior a los; Dioses reservado,) digo cuanto al otro punto; que Teágenes ha sido, qua en a todos ha vencido en todo el certamen junto de la lucha, y la palestra: por lo cual siguiendo en todo la ley, la costumbre, el modo de la cerernoma nuestra; mando, que suba al Altar, donde por lid tan gloriosa Clariquea, y Sinforosa su valor han han de premiar. Pues tra quieres que así sea; ya los prees turbados muevo. Este es sin duda el mancebo, que ha de ser de Clariquea. Qué joven tan soberano! Qué deidad tan superior! Decirle quiero mi amor. . Besarla quiero la mano. Quién poniendo esa Corona sobre tus sienes esta, la de Egipto te dará, si estimares su persona. Quién eres? La Infanta soy. Cielos, Sinforosa es bella: mas no me inclino a quererla. Humilde a tus pies estoy. Y que dices de la fe; con que te adoro constante? Ahora paso a delante. después te respondere. Descubra tu blanca Aurora los dos Soles, que oculto. Yo soy Clariquea. . Y yo, mas ya no soy desde ahora. No vi más galán mancebo. No vi hermosura mayor. Flecha parece de amor. Rayo parece de Febo. No sé que nuevo accidente; No sé qué llama secreta; No sé que pasión inquieta; No sé que espíritu ardiente; Los sentidos me ha turbado. Las potencias me ha rendido, El alma me ha suspendido. La libertad me ha quitado. Irme quisiera, y quedarme. Quedarme quisiera, y irme. Mas ya es flaqueza rendirme, Mas ya es traicio declararme. Deciarar quiero mi mengua. Callar quiero mis enojos. Sirvan de lengua los ojos. Sirva el corazón de lengua. Esta luz, o esta centella. te doy en señal, que fuiste tú solo, quien mereciste lucir, y arder como ella: y así si a tu tierra vas. Qué estáis hablando los dos? Dígole que; mas adiós, que no puedo decir más. Detén el acento blando, y dime, Ninfa adorada; pero no me digas nada, que harto me dices callando. Irme quiero sin hablarle. . Todo soy de nieve, y fuego. Envidia he tenido al Griego. Celos me ha dado su talle. sufre, si quieres vencer, porque tú solo has de ser de Clariquea marido. Huélgome; que mi valor hayáis visto manifiesto, pues por lo menos en esto ya he salido vencedor. En la lucha verdad es, como antes lo dije yo; pero en los méritos no, como tú verás después. No es el eco del clarín señal siempre de victoria, que al fin se canta la gloria, y aún no has llegado hasta el fin las penas dentro del pecho, Correr, luchar, y saltar, por lo civil del trabajo, son gracias de un hombre bajo, no de un varón singular. De estos no tengas temor: mas tenle de aquí a delante de mí, porque soy su amante. Vete a la mano, señor, porque si yo no me engaño, no has de salir con tu intento. Qué dices? Que así lo siento. Pues, Neusieles, nunca en daño de tu Rey hagas jamás pronósticos, que no es ley: porque puede hacer un Rey, que no pronostiques más. Pues aún que me des la miuerte he de decir la verdad. Qué sientes de esta crueldad? Ya el pronóstico es cumplido. . Que es la competencia fuerte, mas que a ti te quiere solo. Pues yo no nací cobarde. El cielo tu vida guar de. Tu vida próspere Apollo. Si no quieres que mue pierda, si no quieres que me nnate, si no quieres que dé yoces, y que diga disparates; déjame llorar, Marfirsa, porque llorando dese anse: que quitar el llanto a un triste, es encerrarle con llavre porque más presto les acaben: que una ponzoña sufrida en esto es fuerza que acabe. Ay de mí. . Yo no te pido; que no sientas tus pesares, si no que los sepa yo, por si pueden remediarse con el ingenio, o la maña, con la industria, o con el arte? Pues si eso quieres; escucha, sin cansarte, ni cansarme. Hoy estuve con un hombre, vine a verle, pude hablarle, soy mujer, nací con ojos, es Griego, tiene buen talle, entré libre, salí presa, crecio el mal, mudé el semblante, sentí mucho, y dije poco, sufri cuerda, y callé grave, ausentose, entristecime, quiero verle, estoy cobarde, no sé quién es, tengo honor, finjo agüeros, miento azares, huyo de mí, y en efecto, padezco sin declararme, que es la desdicha mayor, y el mayor mal de los males. Estas mis tristezas son, y estas mis penalidades bien sentidas, y mal dichas, por ser muchas, y ser grandes. consulta ahora tu ingenio, y si algún remedio sabes; dámele, y dame la vida, pues esta mi vida en darle. Es Teágenes por dicha, ese joven arrogante, que tan perdida te tiene? El alma me adivinaste: mas de que lo has colegido? De que siendo Griego, nadie pudiera ser si no él quien tus ojos agradase. Y conocesle? Un criado, de quen el suele fiarse, ha dado en mirarme bien, y podré con este achaque introducirle contigo. Mas dime; así Dios te guarde, como si hasta ahora fuiste un risco, un monte, un diamante en condición, y aspereza, a penas al primer lance ves a un hombre; cuando lloras, gimes, suspiras, y ardes? No has visto en sereno día, tal vez el cielo turbarse con sombras que le oscurecen, y nieblas que le combaten? y que luego de una nube, casi a un mismo tiempo salen el rayo ardiendo en las torres, el trueno hiriendo en los valles, el aire dando en las casas, y el agua entrando en los mares? pues esto mismo ha pasado en mi pecho en un istante. Estaba serena el alma, llegó una voz a inquietarme, quise atenderla curiosa, quité del rostro el volante, puse a peligro el decoro: y en fin sin poder librarme mi amor se pasó a ser rayo, mis ojos dieron cristales, mis voces fueron los truenos, y mis suspiros los aires: con lo cuala un tiempo mismo, entre angustias, y pesares ardo, (Bimo, lloro, y muero, triste, Téágenes, triste, loco, ciego, y fácil, porque soy nube de amor, y en habiendo tempestades; se miran juntos en mí rayo, trueno, llunia, y aire. Ya estoy al cabo de todo, y si la industria me vale, has de ver; mas aquí viene del tal Caballero andante su escudero, y si con él a solas quieres dejarme; empezaré. . No, Marfisa, mejor es que yo le hable, para acabar de perderme, o empezar a remediarme. Cómo se llama? . Frisón, y aún lo parece en el traje. Pues déjame hablar con él. Oh amor, qué milagros haces! Que un amo que Dios me dio, (no se le dé Dios anadie: que un amo sin juicio, solo es bueno para dejarle,) sea tan loco, tan vano, tan tronera, tan orate, y tan cascabel; que sin conocer padre, ni madre, (señal que fue concibido a escote entre muchos padres,) enamore a Clariquea? y que con estos mensajes quiere que yo vaya, y venga a Marfisa, porque trace con su ama; mas hay triste, que he dado con todo al atraste: quiero provar a escurrirme. Hola. . Válganme seis sastres, pero no, que no son Santos, Júpiter me valga, y Marte. Quién eres? responde. . Aquí es un embuste importante. De nación soy Chuchumeco, y es malo de pronunciarse mi nombre, porque me llamo Trangolipicominate. Pues cómo te atreves, di; siendo quien soy, a engañarme? Yo engañarte? en que lo fundas? En que se dé buena parte que eres Griego, y que te llamas Frisón. . Apretado lance! . No hay tal: y si no Marfisa lo diga, que está delante, y lo sabe de raiz. Pues Marfisa que lo sabe, me lo ha dicho. . así es verdad Ves como tú me engañaste? y que Marfisa lo dice? Escucha sin enojarte. Tenía un lindo borrico para sus necesidades cierto Alcalde: y como un día, un su compadre llegase a pedírsele prestado; él por librarse de dalle, dijo que estaba en el monte: pero como rebuznase el bórrico a esta sazón; dijo el otro; veis, compadre, como el bórrico está en casa, y que vos os engañasteis? 1N A lo cual muy enojado el Alcalde, sin turbarse le respondíó; no está tal, y miente quien lo pensare: que aún que el bórrico lo dice con suspiros desiguales; yo digo aquí lo contrario: y es muy mal hecho, que nadie más crédito quiera dar a un bórrico, que a un Alcalde, siendo yo un hombre de bien, y el burro un pecora campí. Esto mismo te respondo. De esa suerte a mí me cabe el papel de rebuznar. Tú dijistí. . Pues infame, a la noche nos veremos. Yo quiero hacer estas paces, perdonándote el engaño por el gusto del donaire. La tierra que pisas beso, y cuanto fuere besable de la cabeza a los pies, del terrado a los portales. Al fin sirves a aquel Griego, que en los juegos militares vencio a todos? . Sí señora. Es muy valiente? . es un Marte. Es muy galán? . Bien se huella. p1 Bien tira. No hay quien le iguale. Fuerza tiene. Con los hombres. Y con las damas? No hay guante después de muy estregado tan tierno, blando; y suave. Esto más? perdida estoy. Si no mienten las señales, perdigada está esta Ninfa, bien puede poner a asarse. Con mi escudero está hablando allí Clariquea, y casi puedo oirlos desde aquí: Amor, acaba de darme victoria, y haré tus flechas con mis himnos inmortales. De esa suerte tendrá dama, a quien festeje galante. Es humilde, y no se atreve. Pues dile, cuando le hablares; que solicite imposibles, que emprenda temeridades, y al Sol le cuente sus luces. que habiendo de arder mas valo morir pavesa de un Fénix, que vivir llama de un sauce, que aquel nace cuando muere, y este muere cuando nace. Ya no tengo que aguardar. Qué ay, Frisó? a cosas notables como una manteca está, porque dice . No te canses, que ya lo he escuchado todo. No es posible reportarme. . Pues mira, Frisón, que vuelvas con la respuesta al instante. Ya te la vengo a dar yo, solo porque no la aguardes. Pues cómo; si ahora cuando; el querer con el turbarse que juntos andan! parece que no me ha quedado sangre en el rostro, ni en las venas. Como un difunto cadaver he quedado, sin poder de donde estoy apartarme. Mas, amor, vosved en vos, que amar mucho, y ser cobarde, dicen que ya no se usa. Mas de que sirve extrañarme: si tengo el alma en los labios? Enefeto me escuchaste. Sí, pues que me atrevo al Sol, aún que sus rayos me abrasen. Luego tienes dama? Sí. Y es muy hermosa? Es un Ángel. Nacio en Egito? No, pienso. Hácete favor? Si Hace. Hasa hablado? Pocas veces. Cuántas? Ahora, y denantes Y ya la quieres? La adoro. Tan presto? Tan presto es tarde. Y quién es? Tú lo sabrás. Mucho en él, tú, te tardaste. Es que lo demás sobraba. Luego soy yo? Ya lo sabes. Qué dicha! La dicha es mía. Yo también; Pasa a delante. Quisiera; No te detengas. Quererte. No lo dilates. Pero temo. No me afrentes. Que me olvides. No me agravies. Eres hombre. Soy leal. Quién lo asegura? Mi sangre. Quién lo ha anunciado? La Diosa. Y quién lo ha dicho? Tu padre. Pues si es así; tuya soy. Y yo tu esclavo, y amante. Ahora vengan trabajos. Vengan ahora pesares. Qué lazos de amor tan firmes! Qué afectos de amor tagrandes! Idos, apartaos de presto, si así no queréis que os hallen el Rey, la Infanta, Neusicles, Termutís, Nemón, Cleante, Tíamís, y Anaximandro, que vienen a que señales, a cual quieres por esposo. Y es uno de los amantes tú mismo Rey, con que es fuerza, si quiera por vasallaje; No digas más. Gran desdicha! Fuerte ocasión! Duro trance! Mas que digo, si soy tuya? Pues qué has de hacer? Declararme, y a voces decir mi amor, pues que gustan que te ame, los Dioses en su decreto, y mis ojos en su examen. Y el Rey? Primero es mi gusto, Eres noble. Soy constante. Tus años próspere el cielo. Júpiter tu vida guarde. Para quererte, y servirte. Para verte, y adorarte. Y para callar también, cuando importa que se calle. Pues vamos a entrar con ellos A prisa. . Presto que salen. Amor mi vida te ofrezco. Soy víctima en tus altares. i, , , , , , , . . Porque si aquí te declaras, Tanto favor? honra tanta, con quién vuestra esclava es? De todos es interés: hable por todos la Infanta. Tanto tu hermosura encanta. . Si diré: Las alabanzas reporta, que ya sé, que nunca es corta . No lo escucháis? conmigo tu voluntad. Pues supuesta esa verdad, voy a lo que más importa. Tu padre ha de darte esposo: mueltos lo han solicitado, el Reimo está alborotado, y el amor es belicoso: y así el ige el más dichososo, y quedar han como antes contentos los circunstantes, el peligro desmentido, el oráculo cumplido, y sin quiejas tus amantes. Si en eso el remedio estriba; presto me verás casada. Si al Griego eline engañada; . Esta es la causa, señor. Si al Griego prefiere altiva; Si es por él conmigo esquiva Si a mi costa quiere amarle; Vive Dios, que he de matarle. Muerto a mis pies he de verle. Mil pedazos he de hacerle. Mil vidas he de quitarle. Ahora me elige a mí. La mano ahora le entrego. Si te has inclinado al Griego, no te declares aquí. Porque; si el alma le di? y en mi aviso no reparas; celosos estos que ves, te le han de matar después. Ay amor! hay prendas caras! Cobarde, y confusa espero. Porque viva, callaré. Diga quien quieres. digo, que a ninguno quiero. Sí, pues muero. Pues con quién te has de casar? Con ninguno, por no errar: que si puedo errar con uno; casándome con ninguno, con todos vendré a acertar. Luego a ninguno has querido? Perdona, famoso Griego. . No señor: por ti lo niego. . Pues di, si amor no has tenido; como de ti ha procedido mi amor? y como este amor en ti es hielo, y en mi ardor, y de ti se pasa a mí; sin quedar calor en ti? Tal vez herido, o quebrado un pedernal, lumbre da, mas tocándole; verá vuestra Alteza; que está helado: yo bien puedo haber causado su pasión enamorada, mas no adolecer de nada, porque hablada y vista, soy pedernal, que el fuego doy, y después me quedo helada. Pues tantos Príncipes, di; que han de hacer? Aún que es injusto; esperar que tenga gusto, pues no depende de mí. No ves, que ofendes así, lo que el cielo en profecia hoy de terminado había? Eso también es error, pues para morir de amor aún no se ha pasado el día. Y así voyme a consultar, a quien quiere amor que quiera: o a trazar de la manera que a mi dueño he de librar. No es un Rey para dejar. Ojos, id a padecer: ya te entiendo. Esto ha de ser. Míralos, dulce enemigo, si me quieres entender. Dulcísima prenda mía. Dueño hermoso de mi amor. . Primero yo que le adoro Luz del mayor resplandor. Aurora del mejor día. Ya te sigue mi porfía. Ya mi deseo te alcanza. Ya espera mi confianza? Y ya más resuelto voy, porque no he de ser quien soy, o he de lograr mi esperanza. obono Triste estás. Tengo razón, pues a morir me resuelvo. A ver a mi esposo vuelvo, por decirle la ocasión de dilatar mi intención: mas qué es esto, que he mirado? Pues advierte reportado, ya que tan resuelto estás, que soy más que las demás, y que ya me he declarado. Ay de mí! . Teniendo amor, no es groseria el desdén. Quiérela mi hermano bien, y es Majestad superior. Para el gusto no hay mayor. En fin lo que fuere sea: mi amor en tu amor se emplea, ya lo he dicho, y soy mujer, y mujer que puedo hacer. que harto con ellos te digo, . . Qué? . Matar a lariquea; A Clariquea? a mi esposa? primero. . Mortal estoy. por decreto superior me mataré, porque ya que ella muera, muera yo, Mas que es morir Clariquea o pesia a quien pronunció tal palabra, sígueme, a Dios Corte, Egipto a Dios? Pues dónde vas? . A perder esperanza, gusto, honor, vida, fortuna, salud, nombre, fama, y opinión, por no aventurar un Ángel, y digo al fin que me voy a no ver. . Dirás a mí. Qué divino resplandor! ahora no lo diré. Pues ahora porqué no? Porque hay grande diferencia para una resolución de no ver, a ver la dama: pues no viéndola; el dolor hace su efecto, más vista; lo que el dolor sentenció, revoca el gusto: que nadie amando tuvo valor, para decir a su dama, que se quedase con Dios, Pues qué dolor te afligia? Ay Clariquea, el mayor: hablome la Infanta aquí. Ya vi, señor, que te habló. Y dijome. También sé, que mi vida amenazó Sentilo, mas ya lo viste. Pues yo no. Por qué razón? Porque la muerte de celos, es la muerte más atroz para un alma, que bien siente: y como cuando trató de matarme; ya te había comunicado su amor sentí de suerte esta pena; que cuando estotra llegó, no me dipor entendida: porque fuera indigna acción, tener celos que sentir, y atender a otro dolor. Luego algún amor me tienes? Amor no, porque pasó de los términos comunes, y se llama adoración. No dijiste eso denantes, cuando la ocasión llegó. Y que sabes tú; si entonces fue fineza el disfavor? De qué suerte? Escucha a parte, disculparás mi temor: y vosotros tened cuenta. . Ya yo estoy como un reloj. Ya yo como un Escribano, cuando acecha algún ratón, para darle manotada. Gato has de decir, Frisón. Para con Dios todo es uno: más volviendo a nuestra flor, que determinas? . Quererte, mas esto con condición que tu amor. . No digas más; quérrete con tal fervor; y el corazón te daré proque tan dado en la ejecución; que si me ves por la boca la asadura, desde hoy la has de hallar descabalada. Notable exageración! y cuando nos casaremos? Ay. . Qué dices? Que no estoy para recibir disgustos. Pues mira: los hombres sois (adiós gracias,) ya tan ruines; que eso nos está mejor, para poder enviaros, en dándonos ocasión, muy mucho de nora mala. Eso mismo digo yo: y así provemos un año, a vivir a lo moscon R sin coyunda. . Soy contenta: la mano en falso te doy. Sobre sano me cautivo, Dama soy de quita, y pon. A medio mógate peno. Horra con el yugo voy. De sobre peine es mi Argel. Y al quitar mi sujeción. Pues cuidado, y andar lista. Cuidado, y ojo a vizor. Qué apicarada es la Ninfal Qué tacaño es el garzón! De suerte que Sinforosa intenta tu perdición; y la mía tus amantes con envidia, y con rencor. Sí, mi bien. Por ti me pesa, y así (mi vida acabó,) a Dios, que no quiero ver tu amor en diminución, porque con tantos trabajos es forzoso ser menor. Antes es mayor con ellos: oye una sutil razón. El fuego quema las pajas, porque en su materia halló fragilidad: pero al oro aumenta la estimación, porque con propia virtud a sus llamas resistió. Para el amor los trabajos lo mismo que el fuego son, si es pequeño; le consumen, si es grande; le dan valor, y si firme; le eternizan: luego mi constante amor, (que cuando más apretado, muestra mayor perfección,) se aumentará en los peligros, como el oro en el crisol. Y qué importa, Clariquea, que a la vista del rigor se afine en los dos el alma, crezca el afecto en los dos; si tantos inconvinientes de duda, y de confusión nos cercan por todas partes? Yo ignoro mi antecesor, la Diosa no lo declara, en duda el poder venció, cuatro Príncipes te sirven, Eúmenes es tu señor, eligir marido es fuerza, de ti no hay apelación, y el plazo ha de ser muy breve, que así el cielo lo ordenó. Si tú me quieres; te matan, si yo la mano te doy; me matan a mí, y si entrambos decimos nuestra pasión; a entrambos quita la vida un puñal, y un pasador. De suerte que no hay remedio contra tal conjuración, contra enemigos tan fuertes, y tanto competidor; si no morir, y decir con el llanto, y sin la voz; (amor imposible es, piedad, clemencia, que para tanto mal no hay corazón, Has dicho? . Sí. Pues escucha, lo que mi amor resolvio. Habiendo de morir uno, y quedando a su elección su muerte; es fuerza elegir la de menos deshonor: porque hasta la muerte tiene con ser ceniza, y carbón,) su modo de vanidad, y su cierto pundonor. Supuesto al fin que ha de ser tierta nuestra muerte hoy; elijamos la más dulce, procuremos la menor. Si nos quedamos aquí; el poder la detracción, la envidia, la repugnancia, la violencia, y el furor nos han de hacer mil pedazos: y así tengo por mejor, que de Mensis nos salgamos a mudar constelación. Que un pajarillo lo hace, si entre las ramas notó la asechanza de la liga, o el ruido del cazador. Pájaros somos amantes, que cantamos al albor, yo canciones a tu brío, tu endechas a mi afición. Huyamos, mi bien, huyamos. de la muerte, y la prisión, que no es valor arriesgarse, cuando ha de ajarse el valor. Yo mudaré de vestido por ir con menos rumor, que es escandaloso el oro, y habla mucho aún que sin voz. Y cuando ya las estrellas, (que en el jardín superior clabellinas son de luz, y jazmines de candor) estén acechando al mundo, por uno, y otro farol; saldremos al campo, la ser yo tu Aurora, y tú mi Sol. Dq En la mar aura navios, en que su salado humor podremos atravesar, hasta ver otra región. Tú librarás tu persona ez de Montalban. de Tiamís, y Nemón, de Eúmenes, y Anajimandro, cada cual tu opositor. Yo aseguraré los celos, que me dan la obstinación de la Infanta, que pretende mi vida cortar en flor. la Diosa hará verdadero de su oráculo el blasón de nuestro amor: y en efeto Nensicles, que me crio; sabrá de mí por escrito esta determinación, porque nos siga, y tengamos en él padre, y defensor. Pues cuando todo suceda, no como se imaginó, si no como quiera el hado. que tiene esta comisión; por lo menos servirá de mitigar el dolor, de hacer menos la violencia, e de escuchar la desazón, de desmentir el peligro, de endulzar el amargor, y de que decir podamos con verdad ambos a dos, cuando la muerte divida de nuestro lazo la unión; (Dios, Adiós mi bien, querida prenda a que hasta la muerte te he tenido a Solo poniendo la boca (mor, en la tierra, que tocó tu Sandalía, responder puedo a tal demostración. Dame los pies a besar. Mi esposo, mi bien, señor, mira que estás mal así, y que en aquesta ocasión nos nos puede faltar el tiempo, que corre siempre veloz. Pues yo voy a disponer mis cosas, y con Frisón te esperaré. . Con qué seña? Descanso diré. . Yo amor, que amor, y descanso aquí una misma cosa son. Quiera el cielo, que así sea. Clariquea. Si hará, pues nos inclinó. Pues adiós, hasta después. Vete hasta después con Dios. Presto tendremos descanso. Presto diremos amor. Vamos Frisón . ve, Marfisa. Ya te obedezco. . Ya voy, Lo dicho dicho, Tarasca. Lo dicho dicho, Dragón,
JORNADA SEGUNDA
JORNADA segunda Si el oro os habéis llevado; si la hacienda habéis cogido; si la nave habéis tomado; y todo lo habéis rendido; qué queréis a un desdichado? Si tanto escudo, y florín, y tanta comida en fin, con lo demás que sabéis, agarrado nos habéis; qué queréis a un Malandrín? Solo saber, quien venía en la nave. Qué dolor! Eso es mucha golloria. Yo solo vengo, señor, y sin otra compañía. Este (ay cielos soberanos,) es el Rey de los Besanos: y si encuentra a Clariquea, no es posible, que se vea libre jamás de sus manos. Este es Neusicles, y es cierto que a Clariquea ha encubierto: porque ella salió con él de Mensis. . Si este cruel . me conoce, yo soy muerto. De suerte que en esta nave los dos venís solamente sin Patrón, humilde, o grave, sin pilotos, y sin gente? Todo en la partida cabe. Según eso tu saliste de tu tierra huyendo? Ay triste! huyendo, señor, salí; y por eso vengo así. Pues qué culpa cometiste? Saber bien la Astrología, y pronosticar curioso lo que alguno no quería: enfadose un poderoso, y mandó prenderme un día. Y temiendo su crueldad, me salí de su ciudad, y de todo su distrito, por no estar, donde es delito tener una habilidad. Y tú? Yo? por ser valiente. atrevido, y arriscado, ve- reñir con cierto inocente, el cual me dio por un lado de palos públicamente. Y viendo, que el caso estaba muy enconado, y que andaba mi contrario por matarme; fue forzoso el ausentarme, mientras que se averiguaba, Ahora bien los dos sabéis, que en lo que decís mentís, porque piadoso me veis: y así lo que aquí encubrís, en un potro lo diréis. Potri que? señor, piedad. Señor, aquesto es verdad. Ya el potro me da modorra. Llevaldos a una mazmorra, Ay de mí. Mas escuchad, que ya he descubierto gente. Ah fortuna rigurosa! Y un joven allí doliente, en los brazos de su esposa se lástima tiernamente. Y todo el valle cubierto está de uno, y otro muerto: bien temí, bien recelé, más escuchad, y sabré si lo que presumo es cierto. Cómo os sentís? cómo estáis de vuestra herida, señor? obtiuano que a la fe pues os quejáis, o es muy gran de su dolor, o no veis, que me matáis. Porque en llegándose a ver dos amantes padecer, si a ser tanto su amor viene; no siente el mal, quien le tiene, si no quien le ve tener. Bueno señora me siento: que si el cuerpo peligró por herido, o por sangrientos yo no, por que vivo yo a cuenta de vuestro aliento, Y como de vos recibo este ser vegetativo, que es la vida de los dos; bueno estoy, pues vivís vos, y vos buena, pues yo vivo. Mas ya, hermosa Clariquea, de la fortuna el poder dichosa haceros desea, si dichosa puede ser, la que no puede ser fea. Ya los peligros cesaron, ya los riesgos se acabaron, ya los sustos fenecieron, los enemigos murieron, y los amigos quedaron. El cielo se templa ya, su rigor es menos grave, Marfisa con tigo va, Nevsicles queda en la nave, y Frisón con él está. Ya mi salud se mejora, su luz descubre el Aurora, los pesares son placeres, tú por Teágenes mueres, y Teágenes te adora. Y así a la nave volvamos, y6 y el viaje prosigamos, pues conforme lo que vemos, ya no hay azar que lloremos, ni peligro que temamos. Nada recelo con tigo. Sacad ahora el acero. Ven tú también. Ya te sigo. Eso será, si yo quiero No doy por mi vida un higo. Ay Dios! Qué es esto que vio Conocesme? . Señor, sí. Y tú también? Yo también. Pues daos a prisión. A quién? Pues que yo lo digo; a mí. A mí, y a diez mil Infantes, que van marchando con migo. Pues mi muerte has de ver an- Esposo; señor, amigo, tes) (ay desdichas semejantes!) . ahora la resistencia es dar fuerza a la violencia. Pues qué he de hacer? Triste suerte! rendirte por no perderte. Aún que es civil conveniencia; por ti me doy a partido. Qué dices? Digo; . Acabad. Que ya nos hemos rendido, con tal que tu Majestad me dé un rato atento oído: para que ya que me prende; o mi fortuna se enmiende, o mi disculpa se apoye. Pasa a delante. . Pues oye. Ya te escucho. Pues atiende Negar la verdada un Rey, cuando es la verdad notoria, es repetir la traición: esto ninguno lo ignora. tr Y decirle la verdad, cuando la verdad le enoja, es no temer su castigo: esto cualquiera lo nota. Dos cosas aquí precisas, y entrambas dificultosas. Pues buen remedio, señor, diga la verdad la boca, descubra el labio la enigma, y cuente el alma su historia: mas ya que haya de contarla; sea con tan lastimosas ansias, con tales afectos, y tan tristes ceremonias; que el dolor de las palabras supla el desmán de las obras. Y si después no bastare para la misericordia. en mis labios la ternura, y en mis ojos el aljófar; aquí estoy, sacad la espada, que aún que el ser mujer me estorba, para el rigor tendré aliento, pecho para la ponzoña, para el cuchillo garganta, y cuello para la soga. Esto es prologo no más, vaya lo demás ahora. Vinieron Príncipes varios. de las partes más remotas. a verme a Menfís: mas esto, ni me toca, ni os importa, paso a delante. Predijo en su Oráculo la Diosa, que había de amar al uno: esto esto os importa, y me toca. Vi a Teágenes, y amele, viome, y parecile hermosa, que es jugar con naipes hechos confrontarse dos personas. Díjome su amor, oíle, hablele en mi fe, creyola: que como picaba el gusto, iba el amor por la posta. Yo en fin mujer, él galán, la fe viva, el alma pronta, fuego amor, seca la leña, él resuelto, ella animosa; colegid vos lo demás, y ahorrareisme la congoja, de confesar claramente, que tuve amor como todas. Por huir las amenazas de tanta envidia enojosa; en una nave merchanta, que pasaba a la Natolía, nos embarcamos: si bien fue diligencia costosa. Porque apenas veinte millas por las verdinegras obas habíamos caminado; cuando (ay triste,) se alborota el mar de suerte, que el vaso impelido de las olas, ya en el cielo era cometa, ya en el agua era carroza; ya en la esfera era penacho, y ya en el mar era concha. Al cabo pues de seis días, que se cansaron las ondas de jugar con la tartana, como si fuera pelota; descubrimos, (gran desdicha!) hallamos, (triste memoria!) sentimos, (suceso infausto!) y vimos; (suerte penosa!) qué de bárbaros Piratas armada una galeota furiosa nos embestia, desdicha, (aunque rigurosa,) que ni la tuve por nueva; ni la extrañé por impropia: porque sabia que nunca las desdichas vienen solas, y que siempre son las unas el señuelo de las otras. Amainaron los Pilotos, previnieron se las pocas armas, que juntar pudieron; y en la cámara de popa puesto Teágenes, hizo cosas, que la envidia propia admiró por imposibles, y celebró por heroicas. Porque; pero necia soy, no hizo cosa, no hizo cosa, yo mentí, señor, y así me desdigo temerosa: que alabar vuestro contrario es daros celos, y ahora no es tiempo de hacer pesares, si no de decir lisonjas. Finalmente el enemigo envistiendo por la proa, después de tomar la hacienda, la plata, el oro, y las joyas; cual milano pardo oscuro, que descasa las palomas, y el tálamo de cantuelo rompe con las uñas corbas; así a mi esposo, y a mí con libertad imperiosa nos, dividió el Capitán de la más dulce concordia, Aquí fueron los clamores, aquí fueron las zozobras, aquí fue el torcer las manos, aquí fue el ajar las rosas, aquí fue el verter diluvios, y de la rubia garzota aquí el arrancar las trenzas, que afianzaba una colonia, Viome llorar el cosario, y de verme tan llorosa, dicen que se enamoró: porque aún que el llanto en nosotras la hermosura nos estraga; tal vez nos la perficciona: porque no hay agua de rostro para una mujer, (si es moza,) como el llorar tiernamente, cuando con aliño llora. Sentí de nuevo esta pena: porque eran casi forzosas, teniéndome en su poder, o mi muerte, o mi deshonra. Pero como sucediese, que la segunda persona del Capitán, (que era un joven de condición belicosa) también se me aficionase; entre los dos la discordia por entonces, dilatar pudo su intención traidoras que no matan dos venenos, si uno con otro se topan. Por más festejarme entrambos, descubriendo por la costa tierra, saltaron en tierra, y en esa selva frondosa, que fue Corte de jazmines, y ya es yulgo de amapolas, se pusieron a cenar, sirviendo la verde alfombra para la cena, y el sueño de sobre mesa, y de colcha. Yo entonces del ser mujer valiéndome cautelosa, para trazar un engaño, y fingir una tramoya; (que ser mujer, y fingir, son dos cosas, y una cosa,) al nuevo amante que digo, con palabras, y con obras favorezco tan risueña, y álago tan cariñosa; que el Capitán convocando a los demás de su tropa, y arrojando por el suelo fuentes, vidrios, luces, copas, manteles, comida, y mesa, con lo demás que la adorna; entre todos se travó una tan confusa tropa, que dentro de breve rato, sin haber quien los socorra, (como fieros Trogloditas, que con carné humana engorda) se habían hecho pedazos. dejando a la tierra bronca por pira de de sus alientos, y heredera de sus formas. Ya contentos y seguros, (o que pocas horas gozan los desdichados un gusto, y los tristes una gloria!) nos ivamos a embarcar, después de haberle yo propia curado a mi esposo una, (aún que no muy peligrosa,) herida en el brazo izquierdo: cuando vos con una escolta de Soldados me prendéis, quizá porque desdeñosa en Egipto no admití vuestra suprema Corona. Es verdad, yo lo confieso, y confieso que fui loca en no escoger lo mejor, culpa en que tropiezan todas: que como el amor es ciego, no repara en lo que compra. Mas si quisieron los Dioses, que naciese para esposa de Teágenes; que culpa tiene el alma que le adora? que culpa tiene mi amor, si todo el cielo le abona? que culpa tiene mi vida? que culpa tiene mi honra? y que culpa el dueño mío; si los Astros se conforman, en que yo le entregue el alma, y él a mi fe corresponda? Y así con lágrimas tiernas, regando las generosas plantas vuestras, os suplico por mujer, y mujer sola, me dejéis ir con mi amante, a quien rondo mariposa, a quien sigo Salamandra, y a quien arrullo paloma. Pero si rebelde siempre vuestra Majestad heroica perseverare en su tema contra mi gusto; suponga que si es torre, que soy rayo, que si es Sol, que soy Aurora, que si es fuego, que soy nieve, que si es león, que soy onza, que si es risco que soy nube, y que si es mar, que soy roca. Porque en estado cualquiera que la fortuna me coja, ciega, amante, presa, libre, noble, humilde, fea, hermosa, rica, pobre, muerta, viva, triste, alegre, cuerda, loca, afligida, o consolada, desdichada, o venturosa; a mi esposo he de entregar, entendimiento, memoria, sentidos, potencias, alma, vida, aliento, gusto, y honra: porque así lo quiere el cielo, así lo dice la Diosa, así lo pide la vida, y así el amor se lo otorga. Él sin duda se apiada. Oh galante nos perdona. O de lástima nos deja. O nos pone en la picota. No hará, que en efecto hay cielo Si hará, que en efecto hay horca. Loco de celos estoy, más disimular importa, dando a entender lo contrario, mientras mi intento se logra. Si intentaste Clariquea, despicarme afectuosa, ya lo tienes conseguido? que siempre de senamoran los celos, cuando son muchos. Porque de la misma forma que la sal en la comida la da sabor, cuando es poca; y cuando es mucha, la apura, la estraga, y la desazona; así en el amor los celos sien? Q siendo pocos le acrisolan, y siendo muchos le dañan: porque si en agravios tocan; lo que era primero sal, viene a ser después ponzoña. Sírvate de ejemplo vivo mi voluntad, que hasta ahora ha sido firme en quererte: más contándome tu historia, tanta sal me echaste en ella de tus penas, y tus glorias, de tus gustos, y mis celos; que ha venido a quedar toda perdida por muy salada, y amarga por muy gustosa. Que siendo una cosa extremo, aún que sea la sal propia; como ofende cuando falta, daña también cuando sobra. La mano, señor, te beso por tanto favor, pues toma aliento así mi esperanza. Y Teágenes se postra a tus pies, porque así espera; que a quien erés correspondas. Todos tendréis libertad, (bien mis designios se apoyan) . mas con una condición. Ninguna haurá tan dudosa, que mi voluntad no admita con esa ayuda de costa: Pues ahora escuchad todos. (Yo haré ingrata, que conozcas . mi rigor) luego que os fuistes, y que salieron ociosas las prolijas diligencias de seguir vuestra derrota; trato Eúmenes Rey de Egipto, que su hermana Sinforosa. Clariquea. fuese mi mujer: mas yo con desprecio, burla, y mosa a Nemón le respondí, (que fue quien trató la boda,) que no quería casarme, ni con ella, ni con otra. Era su deudo, y sintio esta sequedad de forma, que de una en otra palabra; que la cólera eslabona, a las espadas venimos, y de ellas, a que furiosa una estocada le pase, brazo, escudo, peto, y cota. Yo entonces, viendo el suceso, y viendo que si me topa Eúmenes, no era muy fácil volver a Constantinopla; robando del Templo a Tisbe; (por quien Termutis solloza, y para lograr su amor; se valió de mi persona,) dejé a Mensís: pero a penas llego a pisar la Nicosía, de mi Reino la primera ciudad, y más populosa; cuando supe, que juntando Eúmenes, y Sinforosa la más gente que pudieron de Egipto, y de Babilonia, mis campos talando vienen, cuyas cajas, cuyas trompas estan ya de aquí tan cerca; que con las nuestras se rozan! Y así pues en mi poder (porque plugo a las antorchas, celestes,) os tengo; y tú hijo de Marte, y Belona en el valor, y en el brío, no tienes quien se te oponga; desnuda el luciente acero, la cuchilla esgrime corba en mi favor: que si osado me alcanzas esta victoria; a tu esposa te daré, pues que con darte a tu esposa, te doy cuanto darte puedo. Dices bien, porque ella monta mas, que entero todo un mundo: y así toca al arma, toca, y escrita verás en esta, pantada de rayo, soja dentro de un hora más muertes, que en el aire cruzan motas, cuando derepente el Sol divide luces, y sombras. Pues mira: porque es posible, que la fortuna disponga, que la batalla perdamos; para que Eúmenes, que adora a Clariquea, no pueda hallarla; en aquesta hoya hay una cueva escondida, en cuya fábrica tosca, cuando hay guerra, nuestros Dioses ponemos como en custodia, porque aún que el contrario venza, ni los halle, ni los coja, por ser (como tengo dicho,) tan oculta, y misteriosa, que Termutis solo, y yo penetramos sus alcobas. Aquí entrará Clariquea, aún que las leyes se rompan, que prohiben, que no entre en ella humana persona. Y con cualquiera suceso podrás después a deshora venir por ella. . Bien dice: manda que luego me escondan, porque ya de Éúmenes tiemblo la resolución briosa. Tus plantas segunda vez beso por tan grandes honras. Pues quédese aquí Termutis; Mi obediencia te responda. Hasta dejarla en la cueva. Así consigo dos cosas, la victoria lo primero, y después de la victoria el cobrar a Clariquea, que aún que ajena, me enamoras Pues cuando de la batalla, que le aguarda peligrosa, salga con vida este Griego; yo lo trazaré de forma, que antes que torne a la cueva, le haya muerto una pistola. Ven, Marfisa, y desde un cerro veremos la tabahola. Ya te sigo, que las cajas me marean, y congojan. Oh bien haya él que inventó esto de escurrir la bola. Y yo a rogar voy al cielo, con sacrificios, y aromas libre a los dos de un peligro, que les amenaza ahora, si Apolo no los socorre con su mano poderosa. Entra a prisa, porque abierta esta ya la boca angosta Qu de de la gruta: y el amor que tengo a Tisbe, me exhorta, a que la busque, y la libre de Eúmenes, y Sinforosa, como a ti te libra el Rey; aún que a su enojo me exponga, . Qué te vas? y los Dioses lo murmuren: que todo el amor lo abona, y de algo me ha de servir ser valido, cuando importa. Ven, Teágenes, que ya dicen que el contrario asoma. Mi bien, Termutis me espera. . Adiós, adorada esposa. El Rey me aguarda, señora. Vuélvate Marte con vida. Venus conserve tu pompa. Mis ruegos el cielo escuche. El cielo mis voces oiga. Qué has de quedarte? Advertid, que a marchar tocan. Adiós, esposo querido. Hoy, Egipcios valientes, es el día, en que habéis de vengar la alevosía mayor, (según el duelo, contra mi cometida, y contra el cielo; y ahora averiguada de repente,) que ha visto el Sol desde su claro Oriente. Puede ser más; que ser este alevoso Tíamís, quién no quiso ser mi esposo? puede ser más, qué haberme despreciado? puede ser más, que haber la muerte dado a Nemón; por haberme defendido? y en fin puede ser más, que haber sabido, que Termutis gozaba de secreto (como se vio después en el efecto,) a Tisbe Ninfa de la gran Diana? y en lugar de impedirlo; una mañana a aisbe hablar liviana como hermosa, y del Templo robarla de la Diosa? Mas puede ser, si lo que pienso es cierto. Cómo puede ser más; si no te ha muerto? Y si yo hubiera visto por mis ojos, lDoctor Juan Perez de Montalban. (si ya no fueron de mi amor antojos,) en poder de este bárbaro arrogante a Clariquea, y a su loco amante; no fuera más ofensa? . Fuera tanta; (un nudo se me ha puesto en la garganta,) . que ella bastaba en la ocasión presente a introducir la guerra solamente, por tomar de los dos venganza fiera. Mas de que suerte di, de que manera pudiste verlos? hay traidor ingrato! Si lo quieres saber; escucha un rato. De gente, y voces un pequeño ruido, de grita, y llanto un lóbrego alarido, de quejas, y armas un clamor tremendo, de espadas, y hombres un confuso estruendo, y emulando la luz del claro día una de pajas trémula bujia; la quietud me embargaron y el reposo: vístome apriesa, atiéndolo curioso, crece el rumor, empieza la contienda, tomo mis armas, salgo de la tienda, recorro el monte, guíame un suspiro, deciendo al valle, y lo siguiente miro. Sobre la verde hierba, que fue verde, y ya el color con tanta sangre pierde, estaban mal heridos palpitando jóvenes muchos, que de cuando en cuando asomaban con lástima no poca el alma a los umbrales de la boca. Viste un vulgo de luces, cuando el viento las turba con prolijo movimiento, y a una parte, y a otra las menea, hasta que cada una titubea, y rendida en efecto a su porfía, pébete humea, la que lumbre ardía? Pues así rigurosa, altiva, y fuerte con las vidas andaba allí la muerte: ella era el viento, y las antorchas ellas, sopló furioso, comenzó a moverlas, des- desmayose el calor, crecio el tormento, y apagáronse todas con el viento. En medio de esta trágica pintura estaba de una Ninfa la hermosura, y un mancebo a sus pies algo sangriento, a quien ella animaba con su aliento, y a quien él, aún que vivo respiraba, parece que advertido lo negaba: que como mientras muerto se fingía; el ámbar, y el espíritu bebía de su boca; temiendo que cesara este favor, si vivo le mirara, por dilatar con el desmayo el gusto, se dejaba morir más de lo justo. Mirábale llorando, y como era toda Soles su hermosa primavera, y él de copos de nieve se formaba, y era nieve también lo que lloraba; cada vez que lloraba, parecía que a su misma calor se derretía. Mas lastimado él de sus enojos, abrió los ojos, para ver sus ojos, a quien ella enojada dulcemente, la plata encarrujada de la frente, con capote miró, no por enfado, sino por más fineza del cuidado, Porque del modo, sí, que suele un niño de regalo llorar con el cariño, cuando le dan lo mismo que desea; gustosa así la hermosa Clariquea de ver la mejoría de su dueño, le oyó con gusto, y le miró con ceños Estando pues tendido en su regazo; una pequeña herida, que en el brazo tenía, le curó tan tiernamente, que aún que loco, atrevido, y impaciente por darle otra mayor mi amor anduvo; el mismo amor, mi cólera de tuvo: no por piedad, que yo no la tenía, l Doctor Juan Perez de Montalban. si no porque era fuerza si le hería, que ella a curarle a mi pesar volviera, y yo de rabia, y de dolor muriera: y así quise pasar por su ventura, por no sufrir los celos de otra cura. Ya yo para prenderlos consultando el como, y la ocasión estaba, cuando del monte descendiendo mi enemigo, (con que pesar! con qué dolor lo digo!) cual cazador, que la materia entiende, los busca, acecha, solicita, y prende. Yo entonces, porque acaso no me viera; y vil despojo de la muerte fuera; ciego, amante, celoso, lastimado; colérico, mohíno, y despechado, a convocar mi gente parto, y luego a comenzar la guerra a sangre, y fuego, para ofender a quien tu pecho irrita; para matar a quien el bien me quita; para rendir a quien tu nombre infama; para prender a quien prendió mi dama, Sil y para hacer eterna mi memoria lo i con tal amor, y con tan gran victoria. Solo con el silencio te respondo, o3 porque decir lo que en el alma escondo de agravios, y pesares, fuera ahora contarle al Alba el rosicler, que llora: m y así toca a embestir sin detenerte, siendo tu esposa un rayo de la muerte, ono hasta ver, y gozar de Clariquea: porque yo con Teágenes me vea, y aún que le pese, sea dueño mío. Solo el nombre me infunde nuevo brío, Muerta voy. . Loco voy. Al arma. . Cierra. olo conbral Contra Tíamis guerra. Guerra. . Guerra. snoo lo mable! Aguarda, detente, espera. Tu muerte he de ver primero. Eso fuera, si mi acero de por medio no estuviera. Huye, pues la muerte esquiva hoy sepulta tu memoria. Por Babilonia victoria. Viva el Rey de Egipto. Viva. No siento en mi adversa suerte tanto mi gloria perddía, no siento tanto mi herida, no siento tanto mi muerte; como que despojo sea, (oh amor, que rigores tienes!) de Teágenes, y Eúmenes la divina Clariquea, y que yo no haya quitado la vida a su loco amante: mas pues la fortuna errante me tiene en tan triste estado; mi contrario es vencedor, la herida en mi aumento va, aquí Clariquea está, el mundo sabe mi amor, su galán ha de buscarla, en él idolatra ella. Eúmenes ha de prenderla, o Teágenes gozarla. Buen remedio, muera, acabe Clariquea, y pues Apolo solo la merece; él solo goce de su amor suave, Muera Clariquea, y yo bañe, y tiña este puñal en el más noble cristal, que el mar Siciliano vio: para que mi tiranía triunfe así de Clariquea, y de otro ninguno sea, ya que no puede ser mía, La peña aparto, ya abrí: Y aunque el amor me lo impida; a quitar entro una vida, que he querido más que a mí. Muere, hermosa Clariquea, y los Dioses que te asisten, solo tu beldad conquisten, porque en todo inmortal sea. Ya queda muerta, y yo quiero a su amante dar lugar, porque la venga a buscar, y muera como yo muero. Mársisa. . Qué? Estás ahí? Del Doctor Juan Per Aquí estoy. Pues háblame, que dicen que es contra el miedo el hablar, y responder remedio muy eficaz. Tienes mucho miedo a fe? Tengo el miedo, que me basta, para no haber menester pedir ninguno prestado. Eso creo yo muy bien. Mas volviendo a nuestro cuento que te parece del Rey? No bien, si digo verdad, que ir hacia la cueva, y ser él mozo, y la noche oscura, muy maldita señales. Cualquiera bellaquería creeré fácilmente de él, porque es chico sobre rojo, que no hay más que encarecer. Malo es ser rojo? Tan malo, que sabiendo que el primer hombre del mundo, formado de tierra bermeja fue, lo he tenido por agüero. oo Con migo Nensicles, ven; para que ya que perdimos de la victoria el laurel, cobremos a Clariquea. Mas ay Dios! retírate, que guiados de una antorcha bajan dos hombres, o tres, o tres mil por aquel lado. Dicha los cielos te den. Pues vuélvome a acurrucar, Calla. Una piedra seré. Ya hemos descendido al valle, y está la cueva ha de ser, donde quedó Clariquea: o que gozo, o que placer siente el alma con su nombre! yo entro dentro, aguardame. En tanto que; mas ay triste! qué es lo que mis ojos ven? Neusieles, amigo, padre. De qué das voces? No sé, que pues lo sé; y estoy vivo; no lo debo de saber. Mi esposa es muerta. Qué dices? Yo la vi, yo la toqué bañada en su hermosa sangre: llega, llégala tú aver. Pues a dónde está la luz? Con el susto que tomé, se me cayó de las manos, y se me murió a los pies: y así ve por otra luego, que a la cenefa de aquel de chopos bello Gigante, que al cielo le besa el pie, una choza se descubre, y allí podrás encender. Si no me mata el dolor; presto, presto volveré: hay hija del alma mía! al hay desdichada vejez! Quién sabe lo que es sentir, quien sabe lo que es querer, quien sabe lo que es penar, y quien sabe lo que es ver, (sin saber como lo sabe,) muerto lo que quiso bien; déjeme decir locuras, sin atar, ni componer las razones, para dar así mi pena a entender: porque en semejantes casos el desaliño tal vez de las palabras, el hielo de las acciones, y aquel no saber lo que se dice un hombre afligido, es la retórica más viva para una pena, porque quien menos decirla sabe, la sabe mejor tener. Clariquea, dueño mío, señora, esposa, mi bien, jazmín teñido de sangre, y desojado clavel; yo soy tu esposo, yo soy Teágenes, hablame: y si el humor derramado, si el vertido rosicler te hace falta; buen remedio, yo me desabrocharé las venas, y los vacios que en tu alabastro se ven Pelícano racional, de mi sangre llenaré; porque suplida la falta, vuelva tu ser a su ser. Y si tan poco bastare aquesto; yo me pondré al pecho mi propio estoque, para que le veas romper: porque me quieres de modo; que presumo, que aún que estés muerta, te has de alborotar, y a vivir has de volver, solo por tenerme el brazo, y no verme herir con él. Mas ay que nada aprovecha! ojos, derramad, verted en reiterado lamento, y en repetido tropel pedazos del corazón, llorad, mas no, no lloréis, porque suele ser ardid del sentimiento envolver en las lágrimas las penas, para no las padecer por entero, porque en fin la que salió ya se fue: y así no quiero perderlas, si no tenerlas en ser, para que hallando cerrada aquella sutil pared, que hay desde el pecho a los ojos; se vuelvan segunda vez hacia el corazón, y allí como en depósito fiel me atormenten sin faltar, y me aflijan sin correr. Y tu (cualquiera que fuiste,) bárbaro, homicida, infiel, y profanador aleve de la mayor candidez, que fue estudio de los cielos; advierte que soy yo a quien has ofendido, yo soy, yo soy el muerto cruel, mi pecho fue el que partiste, y mi corazón el que furioso despedazaste: y así guarda, guardate, que aún que la tierra te esconda en su vaga redondez, el aire en su centro frío, el mar en su azul cuartel, y el cielo en su riza plata; en cualquier parte que estés te he de buscar, y cual perro cuando llega al mar con sed, y lame el agua que bebe; de tu sangre he de beber, después de sacarte el alma a estocadas, y después; mas que digo, si primero yo la muerte me daré con mi dolor? que en llegando a pensar lo que esto es; lo que no fuere morir hazañería ha de ser, porque solo siente el mal, el que sabe morir de él. Loco estoy, cielos piedad. Desde el último cancel de la cueva, donde estaba aguardando el para bien, o el pésame de la guerra, me parece que escuché la dulce voz de mi esposo: y aunque recibi placer; me templó este regocijo, (si acaso no me engañé,) parecerme que decía amores a otra mujer. Y tienen los celos tanta fuerza; que sin atender al peligro de mi vida, la clausura quebranté, donde me dejó Termutis, por mandado de su Rey, y salgo a satisfacerme. Difunto Sol, al primer albor de tu claro día, y marchita rosa, en quien convertibles epitectos son el morir; y el nacer; si acabaste, si moriste, yo acabaré, y moriré, que es enfermedad tu muerte, para quien te quiere bien Cielos, qué es esto que escucho contra mi amorosa fe? Su voz parece que oí, o me lo han hecho creer de mi loca fantasía, si no el sueño la embriagüez. Pero si acaso, señora, por soberana merced te ha quedado algún calor, como suele acontecer a la vela, cuando torpe al dar el postrer vaiuen redobla las llamaradas; recibe de mi cortés antes que en el campo Elisio de estrellas ciñas la sien, aquestos suspiros, este morir, este padecer, este dolor, este aprieto, esta fineza, esta ley, esta pena, esta congoja, y estos abrazos también, que por últimos te doy. Tan muerta estoy; que los pies pegados como raíces, a penas puedo mover de la tierra: ay alevoso! Perdona, perdóname, Teágenes, que Termutis, y el Rey, con quien encontré al volver, me han detenido; y de Termutis, y el Rey he sabido grandes cosas, que después te contaré. Ya está aquí la luz. Pues llega si quieres enternecer tu corazón: mas qué es esto? Qué ha de ser? Ya no lo ves? estar tú con otra dama, a quien debes de querer, y estarlo escuchando yo. Hija. Señora. . Tened, que antes de hablar, de una duda me habéis de satisfacer. Tienes celos? di que no, porque es hecharme a perder el rato de mayor gusto, y el bien de más interes, que tuve en toda mi vida. Pues quién es esta mujer? Ni lo sé, ni la conozco. Pues cómo? No os alteréis, que yo que lo supe ahora, brevemente lo diré. Esta es Tisbe, a quien Termutis trujo a esta cueva también, para librarla de Eúmenes. Tíamis viendo perder la victoria; porque nadie (o sacrílega altivez!) gozase de Clariquea, quiso matarla cruel: y viniendo a ejecutarlo, como no pudo saber que Tisbe estaba en la cueva, hizo lo que visto habéis. Vino según el concierto tu esposo a verte después, y encontró con Tisbe muerta a puñaladas, con quien (presumiendo que eras tú,) cosas hizo, que pense que se le arráncara el alma: hasta que haciendo traer una luz; . No digas más, porque ya no es menester. Dame los brazos, bien mío. Y con ellos te daré el alma, vuelve a abrazarme, que aún no acabo de creer, que te escucho, y que te veo, Piedad de los cielos fue. Ellos son, no hay que dudas yo lo he visto. Vamos pues. Señor. . Amigo. Marsisa. Todo ha sucedido bien. Gran ventura! Pues amigos, lo que aquí resta de hacer es, que con todo secreto, y toda y toda prisa también, antes que Eúmenes nos hable, que nos anda por prender, nos alarguemos al mar. Yo que sé la la tierra, iré delante. Pues qué aguardamos; que no echamos a correr? Mi bien, aquesto es amar. Aquesto es querer, mi bien. Ya es toda la pena gloria. Ya el dolor regalo es. Qué estás viva? Qué eres mío? Qué te hablo? Qué me ves? Qué alegría! Qué contento! Qué ventura! Qué placer! Ah si yo te viera Reina? Ah si yo te viera Rey? Todo es posible viviendo. El cielo lo puede hacer. Entonces verás mi amor. Entonces verás mi fe. Ahora verás, que escurro por siempre jamás, Amen.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Oígame tu Majestad, o máteme. . Ya te he dicho que mientras a Clariquea, y a su amante fementido, no me entregares, pues es cierto, que en una del Nilo roca, que cristal vosteza, te vi con ellos, yo mismo, no has de tener libertad. Ya te tengo respondido: que es verdad que los prendí, que el fue entonces mi Caudillo, que ella quedó en una cueva, que yo pelee contigo, que los Dioses te ayudaron, que herido salí, y vencido, que no quise verla ajena, que entré a matarla atrevido, que por muerta la dejé, que proseguí mi camino, que se lo conté a Termutis, que me respondió aflijido, que volvimos a la cueva, que hallamos roto el postigo, que vimos difunta a Tisbe, que a Clariquea no vimos, que maté a Termutis luego; que me escondí entre unos risco que me siguieron los tuyos, que me dejaron los míos, que me prendiste tu propio, que quedé por tu cautivo, que te seguí como preso, que te hallé como rendido, por siempre jamás, Amen. que a tu hermana te pedí, que tu hermana no me quiso, que di cuenta a mis vasallos, que sintieron mi peligro, que se valieron de Hidaspes, que los escuchó propicio, que te escribió cortesano, que le respondiste esquivo, que te entraste por su tierra, que con su gente ha venido, R que que te tiene puesto cerco, que es poderoso enemigo, que te ruega con la paz, que te está bien el partido, y en fin que testigo hago al gran Júpiter Olimpo, que no sé de Clariquea, ni desde entonces la he visto. porque. Tenel de Soldados. Ya estoy tenido, y asido, Pero qué ruido es aqueste? Albricias señor invicto, que Clariquea, y su amante. Qué dices? Que han parecido presos por mano de Arnaldo, y este que miras. . Quedito, que eso, y lo demás que falta a mí me toca el decirlo: D9 por colérico; por loco, por criado, por sanguino, por chismoso, por gallina, por cómplice, por testigo. Y lo que más es; porque si aquí quisiera encubrirlo su Majestad se enojara, tu Alteza diera unos gritos, que los pusiera en los cielos, vuestros deudos, y válidos me dieran dos mil patadas, campáranme en un castillo, echaranme una cadena, tomárame el Juez mi dicho, mintieran los Escribanos, acusaran los ministros, sentenciárase la causa, Clariquea, juzgaran según lo escrito, condenáranme a tormento, viniera un verdugo bizco, azón aparejárame el potro, desnudárame el vestido, quitárame la camisa, tendiérame como un lío, sacara el cordel mojado, a. tirara el Sayón maldito, murmuráranlo los huesos, resistiérame al principio, doliérame tanto cuanto. y en habiéndome dolido: no es esto por alabarme, que no soy desvanecido; mis delitos, los ajenos, los hechos, los presumidos, dijera públicamente a los grandes, y a los chicos. Y así supuesto que al cabo tengo de hacer lo que digo, porque tengo miedo infuso, para no seros prolijo, luego, al instante, a la hora; confieso, protesto, afirmo, que diré, que contaré, en este, y en otro estilo, sin potros; sin amenazas, sin Sayones, sin castigos, sin córdeles, sin verdugos, sin terceros, ni padrinos, cuanto ay, cuanto escuché, cuanto supe, y cuanto he visto, y cuanto puedo saber por los siglos de los siglos, de Marfisa, de Neusicles, de su amor, de sus designios, de mi amo, de mi ama, y del padre que me hizo: queréis otra cosa? . No. Pues oíd, que así prosigo. por merced última pido , , tus generosos oídos, Para que si estoy yo aquí. ya severo, o ya benigno, Pues hay más de no decirlo. o las aumentes airado, Vive el cielo que son ellos! o las temples vengativo. Mira ahora si te he dicho verdad siempre en este caso. Solo siento tu peligro. Eso mismo digo yo. Ay caros, y amados hijos! . Yo gozaré la ocasión, El mayor pantano es este. Yo le quitaré los bríos, por curiosidad las oigo. Aún que sé que amorir vengo sin haberlo merecido, que no es el delito culpa; cuando es mérito el delito, . Pues oíd atentos todos. a tu Majestad heroica Mis tragedias, mis ansias, mis historias, merezcan hoy mis desdichas, , .porque después de escuchadas, Los ojos tras si me lleva, . con saber que me ha ofendido. Más valiera haberla muerto, si ha de ser de mi enemigo. pues a las manos me vino: Y yo por fuerza las digo. Cómo del altar me quitan un romance con su estribo. Empieza, que ya te oímos, ado mis desdichas, mis penas, y mis glorias, de Termutis el cuento, el fin de Tisbe, trájico, y sangriento, np sin otras muchas cosas, que nos acontecieron prodigiosas, desde que en busca de los dos saliste hasta que al bravo Tíamis venciste, ya lo sabrás, pues tienes a tu lado quien por mayor te las haura contado: y así para no ser en nada de esto, ni loco, ni prolijó, ni molesto, contigo, con los otros, y conmigo, aquello dejo, y lo demás prosigo. Luego, pues que la noche en su rápido coche el manto de humo, (que quizás tenía arrebujado por temor del día) desplegaba por todo el mar profundo, dejando a escuras la mitad del mundo. Nos embarcamos, sin llevar camino fijo en nuestro destino, ni saber a que puerto nos conducia aquel bajel incierto, que quien huye temiendo su ruina, solo camina a huir cuando camina. Y al cabo ya de un mes, como una tarde nuestra vista cobarde descubrisse una Isleta, que por sola, por verde, por escueta, y por cercarla tanta espuma fría, lunar en rostro blanco parecía. Ignorantes pensando que ibamos de fortuna mejorando sin recelo, ni pena, tierra tomamos en la selva amena; y apenas por su margen discurrimos, cuando cercados (qué dolor) nos vimos, de unos fieros Gigantes, tan altos, tan soberbios, y arrogantes, que a crecer con los pinos apostaban, y la apuesta midiendo se ganaban. Y en una verde choza, (que con fresnos, y juncos se arreboza, porque del Sol los cándidos carbuncos, no penetren sus fresnos, y sus juncos,) nos metieron con otros diez cautivos, que más muertos que vivos non dijeron; que aquellos fieros hombres (por si acaso ignorábamos sus nombres) eran los Lotafagos, que después de otros bárbaros estragos, came humana comían; y que para comernos nos traían presos allí, con cuya triste nueva, desde la oscura cueva con suspiros, y afectos reíterados, del cielo las armellas, y candados, que el rigor puesto había, descerrajar mi corazón quería: y más lDoctor Juan Perez de Montalban. y más viendo a mi esposa que mirando que el plazo de mi vida iba llegando, aún no pestaneaba vigilante, por no dejar de verme aquel instante, que la antepuerta de azabache, y nieve, hurta de luz cuando sus cielos mueve, y como al verme con afecto tanto se duplicaba el llanto, y a sus ojos las lágrimas salían, y las pestañas no se sacudían, porque no se cerraban, y en ellas embebidas se quedaban, y luego se juntaban en saliendo, y las iba el dolor endureciendo, y al fin sin violentarlas, ni cogerlas, del evano colgaban hechas perlas, desde lejos miradas parecían dos blancas arracadas de aljófar descompuesto, que las niñas de adentro se habían puesto. Así los dos estábamos muriendo, cuando llegaron en confuso estruendo seis de aquellos atroces Polifemos, diciendo a grandes voces, que a cenar se venían con nosotros, y arrojando los unos, y los otros seis fresnos que por váculos traían, a donde sustenian seis torres de médulas, y de venas, sobre las espadañas, y verbenas, dejándose caer como Faetontes en la mitad, quedaron los seis montes. Y en sentándose todos, entró uno Émulo del gran hijo de Neptuno, y a los presos llegándose furioso, o por más infelizo más hermoso hechó la mano a un joven, y a un peñasco, apretándole el puño con el casco en su dureza impresos, con los cabellos le dejó los sesos Y arr R Teágenes, y Clariquea. Y arrebatando al cuerpo en un instante, sirviéndole los dedos de trinchante, le dividio las piernas, y los brazos, arrojando los trozos a pedazos, sobre la vil, y lotofaga mesa, para que asi ese cada cual su presa, por señas, sí, que tan caliente estaba; que dentro de la boca palpitaba, y el golpe al diente huía, cuya caliente sangre les caía al apretar las muelas rigurosas, por las barbas espesas, y cerdosas. Despidiéronse todos en cenando, de la carne arrojando los huesos en los bárbaros manteles, ataron nos las manos con cordeles, dejaron unas teas encendidas, fuéronse a recojer a sus guaridas, pusieron a la puerta un risco entero, quédose un lotofago por portero, hizo del heno una mullida cama, durmiose, vilo yo, llegué a la llama, y atrevido, valiente, amante, y ciego, puse las manos sobre el vivo fuego, hasta que a vueltas de la carne herida vino a humear la soga retorcida, ayudé con los dientes lo restante, cayó a mis pies el cáñamo flamante, desaté a los demás, llegué a la boca de la cueva sangrienta, que una roca tenía por mordaza, pusele el hombro, conseguí la traza; rompimos la prisión, al mar huimos, la lancha apercibimos pasamos con secreto sopló feliz un aire, y enefecto desamarrando la ligera nave, (que fue la mitad pez; la mitad abe) las velas dimos a la selva fría, y libres nos hallamos con el días el Doctor Juan Perez de Montalban. y con esto pensamos que la suerte templara el rigor fuerte, con que hasta entonces nos había tratado; mas no sucedió así, que el cielo airado para la vez postrera reservó la desdicha más sebera. Es pues el caso: que este mar undoso se suele helar, por ser tan riguroso el frío, que sus piélagos condensa, con general ofensa de aquellos tristes que con el batallan, y en sus páramos líquidos encallan. Bien a mi costa supe este accidente, pues vi una tarde que el cristal corriente se iba entumeciendo, agua al principio siendo; al fin liga jugosa; luego masa; después helada rosa; vidrio de allí a un instante; y al cabo piedra, mármol, y diamante, pareciendo su espejo detenido plata sin pies; carámbano dormido; cuajado nateron; difunta pluma, lodo de nieve; y macizada espuma, en cuyos alabastros empedrada, y de aljófares cándidos murada, sobre el torpe elemento calmó la nave sin faltar el viento. Bien estuvimos más de veinte Auroras, esperando por horas, que Apolo desleyera la superficie de la blanda cera, que fue zurciendo el hielo, mas viendo pocas señas en el cielo de desenmarañar la riza estambre, y viendo que la hambre llegaba horrible, y fea, hasta roer las jarcias, y la brea, el mar dejamos todos, y mi esposa me fue siguiendo, como al Sol la rosa R4 tediendo al aire las doradas crines, y jazmines pisando dos jazmines. Así anduvimos más de cuatro días, hasta que ayer por diligencias mías esta hermosa Provincia discurrimos donde salimos, y a los Dioses dimos gracias de habernos hasta allí librado, y estando (ay triste!) sobre el verde prado, cual tiernos ruiseñores, mi esposa, y yo, diciéndonos amores, a la cenefa de una clara fuente encontré con los tuyos de repente, viéronme, conociéronme, llegaron, con migo se abrazaron, a mi esposa prendieron, y de esta suerte a todos nos trujeron, hasta esta gran ciudad, de Chipre copia que al Reino has usurpado de Etiopia, donde a tus pies postrado amante, y ciego te suplico, y te ruego me hieras, me castigues, me maltrates, me atropelles, me injuries, y me mates, por reo, por traidor, por fugitivo, por loco, por soberbio, por altivo, como perdones luego a Clariquea, que como mire yo, como yo vea sin peligro su vida, la fiereza rendida, depuesto el noble brío, tus pies bañando con el llanto mío, y de ellos abrazándome amoroso, esperaré la muerte muy gozoso, que no extraña la muerte un desdichado, que sabe que es perder lo que ha adorado. Qué dices? . que es justa cosa, No querrá mi loco amor. . si en eso tu gusto estriba, que tú mueras, y ella viva; para ser después mi esposa. . Ahora si que te invoco mi dueño, y mi protector. Ni mi voluntad tampoco. . Y así de aquesta inhumana sentencia (qué desconsuelo!) a ti Sinforosa apelo, para que pues de Diana el laurel gozas dichoso, y te toca el sentenciarme, mandes prenderme, y matarme, como libres a mi esposo, qué dices? . Qué justo es, pues así tu amor lo espera, que tú mueras, y el no muera; porque me quiera después. . que has dicho mi bien que has hecho? Lo que debo a mi verdad. No querrá mi voluntad. Ni lo sufrirá mi pecho. Eso es crueldad Sinforosa. Y esotro hermano es rigor. Teágenes fue traidor. Y Clariquea alevosa. El mismo lo ha confesado. Ella misma lo ha esparcido. A mi gusto se ha atrevido. Mi Palacio ha profanado. El dio causa al mal ejemplo. Ella la causa ayudó. Él del Templo la robó. Y ella se salió del Templo. El vino primero a bella. Y ella lo trató con él. Yo le quiero mal a él. Y yo la aborrezco a ella. La culpa de él, es muy fuerte. Y la de ella muy sabida. Yo he de quitarle la vida. Y yo he de dalla la muerte. Yo reprueno su delito. Y yo su traición repruebo. Yo hago en esto lo que debo. Y yo lo que haces imito. Y si yo le perdonara? Yo la perdonara y todo. Y a tratarle de otro modo? De otro modo la tratara, Pues porque ella quede viva que el viva es fuerza que quiera, Pues solo porque el no muera permitiré que ella viva. Pues tú quieres, así sea. Así sea, pues tú quieres. Ya Téágenes no mueres. Ya no mueres Clariquea. Tuya de hoy más me confieso. porque a mi esposo has librado. Porque la vida la has dado, los pies mil veces te beso. Preso quedas, aunque digo que la muerte no te doy. Aún que tan piadosa soy, presa has de quedar conmigo. Sí, más primero has de hacer voto de no la injuriar. Y tú al cielo has de jurar de que no le has de ofender. Por todos los Dioses juro, que no seré su homicida. Ellos me quiten la vida si quitársela procuro. Que no es ofenderle hacerle, que salga luego de aquí, porque ella me quiera a mí viendo que no puede verle. que no es matarla obligarla, . a que salga del lugar, porque él me venga a rogar, viendo que no ha de gozarla, Arnaldo. Polidamante. Quié mandas? Que saques luego de la ciudad este Griego. Digo que al punto, al instante, me saques de la ciudad con secreto esta mujer. Yo te voy a obedecer. Luego haré tu voluntad. Y adviértele que si vuelve después no podrá salir. Y dila que ha de morir, si a volverse se resuelve. Ya la Infanta, qué diré? Y a el Rey que le diré yo? Que la prisión quebrantó. Que de la prisión se fue. Sígueme. . Vente conmigo Adiós esposa querida. Adiós dueño de mi vida. Ya voy tras ti. . Ya te sigo. Qué te ausentas? qué te vas? Vuelves? . Míras le cruel. Mas presto estarás sin él. . Mas presto no le verás. . Ya no quiero darte enojos. Solo servirte querría Ay lumbre del alma mía! Ay regalo de mis ojos! Piadosos habéis andado con los dos, si se han partido. No mucho si se han querido. . No mucho si se han amado, . y porque después de haber encontrado a Clariquea; no haya cosa que no sea gusto, contento, y placer. Libre estás. . Eternos jaspes celebren tu nombre augusto. Ya no hay guerra, ni disgusto, y así vete, y dile, ha Hidaspes que ya su ciudad le doy sin tratar de defenderla, que entre triunfante por ella, porque ya su amigo soy, y me confieso rendido al Imperio de Etiopia, que fuera la guerra impropia cuando tal dicha he tenido, que a penas cabe en la idea. Yo tu mano señor, beso, por lo que en ello intereso, aún que pierda a Clariquea. Hoy cesó todo mi afán. Hoy volvió a nacer mi fama. Hoy será mía mi dama. Hoy cobraré mi galán. Lo que me han mandado es esto, y que te advierta piadoso, no vuelvas a la ciudad en este traje, ni en otro, porque quien te da la vida, sabrá quitártela y todo. Sí; pero escucha. . No puedo que esto me mandaron solo. Eúmenes te deja libre, para cumplir con el voto que tiene a los Dioses hecho; pero pena de su enojo manda que luego te vayas de su presencia. . Pues cómo dices que me das la vida, si me quita el bien, que adoro? Eso no me toca a mí, y por eso no respondo. . Cielos aquesta es cautela del Rey, que viendo que estorbo con mi presencia su amor me aparta de mi celoso; hay más linajes de penas? hay más géneros de oprobios? hay más modos de pesares! y hay más especies de ahogos? no, que cuanto puede haber, hay en lo que sufro y lloro, pues hay celos, y en los celos se incluyen los males todos. Muerto soy! ya lo he entendido la Infanta quiere a mi esposo, y viendo que yo embarazo su intento con mis sollozos, de Teágenes me aparta, por quedarse con él solo, y con el trato, y el tiempo, obligarle poco a poco, que el tiempo todo lo rinde, y el trato lo puede todo, de cuya verdad nos da una piedra testimonio, pues que la imán con ser piedra; y ser el hierro tan bronco le lleva tras si; porque es el trato tan poderoso, que aún comunicado un hierro; hace hierros amorosos. Mas si he de morir ausente, en que pienso que no torno a la ciudad, y del Rey en la presencia me pongo, porque ofendido me mate? Mas si peno, rabio, y lloro, celosa, amante, y ausente, que dudo que no me arrojo a volver donde la Infanta vengue en mi vida su enojo? Yo voy; pero pasos siento. Yo voy; pero voces oigo. Quién va? . Quién es? Mas ay cielos! es ilusión lo que toco? Mas ay cielos! lo que miro, es sueño, sombra, o antojo? No eres tú quérida esposa? No eres tu querido esposo? No me miras? . No me ves? pues cómo mi bien? . pues cómo? mas no gastemos el tiempo, que es embarazar el gozo, si no dame mil abrazos. Los brazos, señora, es poco, el corazón, y la vida, con ellos te doy y todo. El gusto me tiene muda. El placer me tiene absorto. Y así al alma me remito. Y yo señora, a los ojos. Ella dirá que soy tuya. Y ellos que tuyo me nombro. Por está parte vinieron Mas de qué es este alboroto? No te tienes que alterar, señor, que nosotros somos, que vuestros pasos segnimos, aún que distantes un poco, y de ver este suceso para todos tan dichoso, como locos de contento venimos . Pues no tan locos, que falta por desollar, ecetera. . Cómo? . Cómo? Cómo, Hidaspes de Etiopia, Monarca el más poderoso, conciento y veinte mil Negros, que parecen un arroyo de carbón, un mar de tinta, y un piélago de abalorio, despeñado de las nubes, para anochecer el soto, viene a la ciudad marchando, al son de aduses sonoros, y en en ellos uso antiguo, cuando llegan victoriosos, que los Cautivos primeros, que encuentran en el contorno a sus Dioses sacrifiquen, y si os cogen es notorio el peligro. . Pues huyamos. Yo te llevaré en mis hombros. Esto se llama apeldarlas. No, si no ponerse en cobro. Bien está; pero primero ay allí un Templo de Apolo, y os importa consultarle compasivos, y devotos, porque si yo no me engaño, y no miente mi alborozo; en esta ocasión los Dioses, según lo que de ellos oigo, cuando de vuestras desdichas con lágrimas les informo, han de deciros quien sois: llegad, y veréis el modo. En todo sigo tu gusto. Tu consejo sigo en todo, Anda Oráculo divino. Anda Sacerdote heroico. pues quedaos los dos que importa que los tres lleguemos solos, y aguardad junto a estas peñas, entre tanto. . Me conformo. Solo quisiera ser más, por rendirte más despojos. Solo por dar te más triunfos ser quisiera lo que ignoro. Hazlo amor, pues eres Dios. Haclo amor, pues lo eres todo. Buenos habemos quedado, entre Negros Monicongos, yo que he quedado a tu sombra a mis temores me opongo. Pues no te fíes en eso; que de cualquier gallo corro, que si cuando estoy en casa de mis hazanas te informo, es porque no temo entonces lo que a temer me dispongo, que quien ha habido en el mundo, que cuando se mira solo en un corro de mujeres, no blasone de si propio contando lo que no ha hecho, ni ha de intentarlo! tan poco? y así procura Marfisa de escapar tu vida, el como, sin valerte de mis fuerzas, pues el faltarte es forzoso, que soy gallina mojada, y estoy temblando de modo, que yo trocara mi miedo, con el que tuviera otro. Don Florisel, y Niquea se afufaron, y yo cojo las calzas de Villadiego, y a sus pisadas me acojo. Seguírete yo también, y diré a voces, a todos la falsedad de tu trato. Será de mi dicha el logro, porque ya en el mundo valen los engaños, los oprobios, los gallinas, los infames, y los que tienen mal modo, las mujeres favorecen a quien las estima en poco, a quien las muele a patadas, porque a más de dos conozco, que favorecidas fueron, mudables como los Notos, y tra- y tratadas con desprecios, firmes fueron como troncos: y así los baldones tuyos serán para Otías abonos. No te has de escapar por eso de mis garras, que ya cobro mas miedo, y con él más fuerzas: pero qué es esto que oigo? Qué ha de ser? que haurán cogido según sueña el alboroto a nuestros amos los Negros, y nos buscan a nosotros. Lo que dices es verdad, que ya se descubren todos, y Florisel, y Niquea, vienen ya puestos de lodo, porque vienen prisioneros, y las caras con rebozos. Pues aún que pierda la vida he de ver el fin, curioso. Hermoso hijo de la gran Latona, único Emperador de las Estrellas, cuya ardiente, y flamigera Corona, crisolitos esmaltan, y centellas: yo Hidaspes Rey de la abrasada Zona, consagro al fuego de tus aras bellas, al son de los adufes, y metales estos dos holocaustos racionales. Ahora es tiempo de decir osado, lo que a los tres ha rebelado el cielo. Yo tomo por mi cuenta ese cuidado. Y yo le fío de tu amor, y celo. El corazón parece que alterado siento, señor, de ver su desconsuelo. Y yo también, pues si posible fuera, ninguno ahora de los dos muriera. Mas ya no puede ser, ida la llama, donde os espera en repetida aroma, el verde enebro, la olorosa llama, y del incienso la amarilla goma. Primero me has de oír. . Hermosa dama Téágenes, y Clariquea? habla, y esta palabra de mi toma, que me holgara, que hubiera causa mucha para libraros. . Pues atento escucha. Este que ves Hidaspes generoso, O hijo es de Orontes, de la Grecia dueño, cuya madre en su parto lastimoso víctima fue, para el eterno sueño. Murio Ariadna, y su libiano esposo, solicitó en Clarinda nuevo empeño, porque en habiendo de por medio muerte, ni hay marido leal, ni amante fuerte. Viendo Clarinda, que por fuerza era Téágenes de Orontes heredero, mandó matarle, porque no lo fuera, a Telamón su primo, y consejero, el cual del Jonio mar en la ribera, le dejó sin teñir en él su acero, donde los Semidioses le albergaron, defendieron, vistieron, y criaron. Esto es decir que es Rey, y pues las leyes reservan de morir sacrificados, a Satrapas, Bísires, Belerbeyes, a Príncipes, y a Reyes Coronados, Teágenes que tuvo padres Reyes, y que es Rey natural en sus estados, libre viene a quedar a tu despecho por uso, por costumbre, y por derecho. Viste señor, una leona huyendo con el cachorro que en la boca lleva, hasta dejarle, (su peligro viendo) en lo más retirado de la cueva, y pararse después como diciendo al cazador que su paciencia prueba, ya dejo en cobro mis queridos bienes, mátame ahora, si a matarme vienes? Pues de ese modo, de esa misma suerte, lo primero, señor, que al verte hice; fue librar a mi esposo de la muerte, porque es en mí la muerte más felice: mas ya que exento está del golpe fuerte, la lengua detendré, como quien dice: Del Doctor Juan Perez de Montalban. seguro el bien; que el alma mía adora, venid, y si queréis matadme ahora. Mas porque es la defensa permitida, o con pluma, o con lengua, o con espada, digo que yo también quedo excluida, y que no puedo ser sacrificada, la causa; aún que de pocos entendida, es tan grande, tan digna de admirada, que hasta los Dioses con nacer inmensos la escuchan mudos, y la ven suspensos. Yo soy, o gran Monarca de Etiopia, la lengua (ay triste!) aún no se determina, mas ya es en mí la cobardía impropia, hija soy tuya, y de la gran Persina: dirás que niega el natural la copia, dirás que la color es peregrina, y que miente dirás todo el retrato: así debe de ser, mas oye un rato. Estaba al concibirse mi hermosura, Persina entonces (oh prodigio raro!) de Andrómeda mirando una pintura, que estaba de la alcoba en lo más claro, cuya singularísima blancura hizo en su fantasía tal reparo, que las especies que hubo percibido, llevó al celebro, el interior sentido. Las especies, así como salieron, en la imaginación se conservaron, luego con los espíritus se unieron, y aquestos con la sangre se mezclaron, y como de alimento me sirvieron, y aquella primer forma no mudaron la color hasta entonces heredada se tiñó con la nieve imaginada. Nací cumplido el término forzoso, y la Reina confusa, y afligida, mirando mi color blanco, y lustroso; temió ser de adulterio convencida, y así por no tenerte sospechoso, otra prenda busco recién nacida; y a Celasiris, que me escucha ahora, fio la vida de mi tierna Aurora. El cual porque jamás se descubriera lo que él imaginó torpe delito a una chalupa me entrego ligero con este anillo, y un papel escrito: y si una información tan verdadera, por alivio no basta en mi conflito, consultad el Oráculo de Apolo, que él lo dirá, pues él lo sabe solo. Yo padre, yo señor, yo Rey supremo, yo madre, yo Persina, yo señora, aún que sea pasar de extremo a extremo, de vuestra noche he parecido Aurora: y así nada recelo, nada temo, porque si vuestra sangre tengo ahora, ninguna ley haurá que constituya, que sacrifique un Rey la sangre suya. Esta forma, esta vida, y este aliento, primero fue tu aliento, forma, y vida, este ser, esta unión, este elemento, sangre fue de tu sangre procedida: excusa pues en mí tu detrimento, pues mi herida también, en ti es herida, y acabarán en fiestas, y cantares, tantos sustos, trabajos, y pesares. Generoso Rey Hidaspes, querido y amado esposo, lo que ha dicho Clariquea, ya el confesallo es forzoso; tu hija es la que miras, y pues el Planeta rojo ha declarado la enigma, humilde a tus pies me postro de haber temido tu ira, cuando te esperé celoso. Con dar a todos los brazos, a vuestras dudas respondo, daré libertad a Eúmenes, que en medio de este alborozo, no ha de quedar prisionero cuando quedáis libres todos; y pues lo quieren los hados, y a obedecerlos me pongo, Teágenes de Clariquea, pues se quieren, será esposo? Tíamis de Sinforosa, con que daré fin dichoso a sus trabajos, y penas, y hallará Montano el colmo de sus dichas, si lográis con vitores, y alborozos el deseo de serviros, que es de su premio el abono. DES FN.
