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Texto digital de El soldado a merced

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Desconocido
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Lope de Vega Carpio Probable
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El texto ha sido preparado por García de la Fuente, Albertos Escudero y De Mata Gutiérrez a partir de una manuscrito de la BNE.

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García de la Fuente, Albertos Escudero y De Mata Gutiérrez. Texto digital de El soldado a merced. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/soldado-a-merced-el.

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EL SOLDADO A MERCED

Que tomes estado es justo. Mirad vos cuál será bien que mis discursos me den que debo deciros gusto. ¿De qué lo puedes tener mayor que el ver que rigor su inclinación? Tú me obligas. Come de quien tengo el ser. En fin, nada, madre mía, lo dejáis a mi elección. Hacerte contradicción ni yo puedo ni querría porque, en efecto, soy nada, puesto que soy tu madre. Corrido por Dios estoy, madre. Aunque sois muy honrada, ¿decir que soy hijo vuestro? Por cuya causa querría verme en lugar algún día que levantase al ser nuestro. Aunque, para cosa honrada, temo, y con mucha razón, que me hagan información y me hallen hecho en nada. Pues, ¿a quién de los mortales otro principio hallarán? Luego, ninguno tendrán las coronas imperiales que fuese de más valor. Sí, de mí principio tienen y a parar en nada vienen. ¿Quién la ha tenido mayor? Cesar y Alejandro, ¿ahora qué son? Nada. Los reyes, los que inventaron las leyes, los que el ciego mundo adora, ¿qué son, fueron y serán? Nada. Pues, ¿qué te fatiga? Madre, la parte me obliga con quien más honra me dan, que es aquella en que convengo con el ángel, no con vos, y en que la imagen de Dios, como ves, impresa tengo. Qué me inspiró en la cara otra diferente vida que de la nada se olvida y que en lo eterno repara. Que bien XXXX deber que por lo que es parte XXXX el que más grandezas muestra, es nada y lo viene a ser. Verdad es que todos niegan que en esto soy desdichado. Ser nada parando en nada. Tonto en algo se vengan, Si un hombre un golpe se dio: no es nada, responde luego. Si está enfermo, es error ciego del que visitarle entró. Esta, que aunque mortal, le dice: no será nada. Que nadie, aunque sois honrada, os confiesa en bien amar. Poco importa que por mí ni las blancas escrituras, como ves, en sepulturas de “Fulano yace aquí”. Vamos a los que has de hacer, mira que el estado te agrada. Yo quisiera, madre amada, ser algo. ¿Qué quieres ser? De muchas cosas pudiera hacer ahora elección, mas oye mi inclinación. ¿A qué te inclinas? Espera, al gran Jacob decir voy, madre, que sobre la tierra la vida del hombre es guerra. Dice bien. Pues, siendo así, yo querría ser soldado de alguna noble conquista, con que se pierda de vista el ser de vos engendrado. Que, en fin, si es guerra mi vida, haré la necesidad virtud. La hermosa ciudad de luz eterna vestida cajas digo. Allí te alista. Yo me parto a la conquista si es guerra la vida humana. Adiós, nada, madre mía. Adiós, hijo. Madre, adiós. Y, ¿verémonos los dos? Sí, madre. ¿Cuándo? Algún día. Cuelga ¿obertencia?, mi alférez, esa bandera gallarda a la puerta de la iglesia. Honre la tierra sus armas. Aquí, ilustre capitán, ley evangélica espanta los enemigos y alegra las cristianas esperanzas. Cuelga, tú, alférez, malicia la del engaño que aguarda alistar los más del mundo. Yo se bien que a nuestras cajas acudirá la más parte. Quebrados cuerpos de guardia ¡Oh! ¡Qué lucidos están, de tantos cuerpos y armas! ¿Cuál de ellos elegiré? ¡Ah, soldado! ¿Quién me llama? Un capitán que hace gente y que honra, paga y regala. ¿Para dónde? Para Indias. Mar en medio. ¿Qué te espanta? Si son Indias del deleite donde todo es oro y plata. Del deleite oí decir que el oro cuando se acaba carbón se le vuelve al dueño en que después arde el alma y que paga dan aquí al soldado que embarca. Eso generosamente, que mi ejército no aguarda. Jamás que venga dinero. Ni se libra ni se alarga la paga que cada día cobra el soldado, su paga. Seguro estáis de motín, ni de decir en voz alta todo, y en oro jamás, pues, antes que sirvan, pagan. Vos tendréis con cuatro escudos de gustos, regalos, damas y vicios de varias formas. Otros cuatro de ventas a vuestro criado, si lo es, el aposento su placa para con otros cuatro. ¿Cómo, señor, se llama el general? El Lucero, con quien el profeta habla en forma de rey de Tiro, aquel a quien Cedro llaman XXXX contra el cielo. ¡Mirad qué valor alcanza! Que luego no escarmiento de la jornada pasada pues en verdad que pudiera y aún se yo que en la campaña de Jerusalén un día cuerpo a cuerpo en estacada, cierto capitán venció su soberbia arrogancia atado de pies y manos. Mas, dígame, ya que aquí tan libremente paga, después, ¿qué premio aguarda? Mientras le dura la vida ha de gozar glorias tantas después. Diga ese después. Quien sirve, ¿para qué trata de examinar tanto al dueño? Para que os ¿enti? en basta ese callar el después en que vuestros gustos paran. A la bandera me inclino, que allí con ilustres armas llama a un hombre la razón. Vos vais a buena posada. Volved acá, gentil hombre, mirad que allí tan mal pagan los soldados que se alistan que ni comen ni descansan. Siempre las armas a cuestas, que son una cruz pesada, pues premio palos y azotes. Dejadme. Dama gallarda, ¿sois vos capitán aquí? Lo soy. Vuestra hermosura pone afición a la guerra. ¿Cómo, mi señora, os llaman? La ley evangélica. El nombre para serviros bastaba. ¿Para dónde hacéis la gente? Para el cielo. Linda patria, ¿quién es general? La Iglesia, que con su ejército marcha de innumerables soldados. De ellos, con las armas blancas. De ellos, de sangre teñidas, mas todos llenos de palmas. Y, ¿hay descanso en la conquista? Aquí nunca se descansa, todo es trabajo hasta el fin. ¿Y qué dan al mes de paga? Aquí no hay paga, soldado, hasta el punto que se acaba la conquista. Brava cosa que un soldado que trabaja no tenga paga, pues, ¿quién le sustenta? La esperanza, ¡qué excelente virtud de quien la fe se acompaña con la claridad divina! ¿Ni para fatigas tantas hay un socorro siquiera? Eso sí. ¿Cuánto? Una blanca. ¿Na? blanca que ¿decio? Para socorro del alma no tiene Dios otra cosa que tanto como ella valga, si no es el mismo, pues Dios se da en aquesta blanca. Es paga que solo pudiera amor tan altamente labrarla. El soldado que se alista a empresa tan soberana sirve a merced y no a sueldo, porque el socorro basta para prendas de la gloria que por su servicio aguarda. Digo que alistarme quiero, y de esta conquista santa seré el soldado a merced. Obediencia. ¿Qué me mandas? Escribe aqueste soldado. Vamos, que gloria más alta que tal blanca de socorro mientras que llega la paga. Con la ley evangélica se parte el hombre que entendimos que siguiera engaño, capitán, nuestro estandarte. Debajo se alistó de su bandera. Pero, ¿qué no podría, sangriento Marte, desde aquel trono de su quinta esfera? Que bien te viene, pues con cinco llagas ganas la gloria con que al hombre pagar. ¿Qué remedio tendremos? El camino de esta milicia de la vida es largo, que aunque breve en el tiempo, le imagino en el trabajo y la ocasión le alargo. Seguirte y perseguirte determino. Pues ánimo, malicia. Yo me encargo de dar con el soldado en tierra. Entonces te harán estatuas de mármoles y bronces. Ea, pensamiento mío, pues que vais por mi criado que hasta las armas os fío. Ese arcabuz que traéis me dieron con munición para cualquiera ocasión. Alta defensa tenéis. ¿No es bellísima la espada que me ciñeron? Creed, que aunque soldado a merced, vais honrado en la jornada. Hoy las armas os han puesto y la loriga de Pablo. Ya como soldado hablo a todo rigor dispuesto. No hay dolor, no hay fatiga que no facilite el premio. Pocos de vuestro premio, supuesto que el premio obliga, que seguir tan pocos buenos la senda que queda atrás, ser los ignorantes más y ser los discretos menos. Áspera es esta milicia, pero todo en fin lo ablanda el hacer lo que el rey manda, que esto es derecho y justicia. Dímela, Ley, sin preceptos, que guardase algunos son difíciles. La ocasión derriba a muchos perfectos, es de ella y verás. ¿Este vivir con pureza no te parece aspereza? Lee al apóstol y verás qué estímulo que se dieron para templar vanas glorias, que no con menos victorias tan altas se merecieron. No solo pienso guardar los preceptos que me dio, pero los consejos. Yo no he de hacer más que pensar, tú elige lo que quisieras. Ahora bien, quiero alojarme y a la conquista animarme. Bien haces. Piensa quién eres y qué presto no serás. ¿A dónde me alojarde? Eso yo te enseñaré y en lo imposible estarás. ¿Quiéres en la tierra? No, que hay gran peligro en la tierra. Parte de eso los que encierra el mundo. ¿Y los pruebo yo? Cosa extraña que no haya un hombre de quien fiar, que, en efecto, han de engañar al que más seguro vaya. Maldición del cielo fue confiar del hombre al hombre. Yo no se seguro nombre a donde el hombre lo esté. Si os prometen hacer bien, los mismos os hacen mal. Para mi bien celestial, favor los cielos me den. De dos momentos me acuerdo. Uno en Joseph, que pidió cuando en la cárcel se vio a un hombre obligado y cuerdo que rogase al rey por él y este jamás se acordó. Y otro es el ladrón que dio salto al cielo y dio en él. Pidió a Cristo se acordase cuando en su reino estuviese y acordose. Que lo hiciese y que el otro se acordase no te espantes. Que era Dios y hombre el otro. No has caído en la razón. ¿Cuál ha sido diferenciarse los dos? En que el Josepo tenía libertad y Cristo estaba en la cruz que le acordaba lo que el ladrón decía. Ahora bien, alojarme donde no haya que temer. ¿Eso cómo puede ser si el mismo apóstol lo teme? Alójate en un palacio. ¡Qué envidia! Y aún podría presumir. ¡Qué idolatría! Habla, soldado, despacio, que muestras ya libertad. Dame un seguro aposento. ¿Quieres en un casamiento? ¿Y si no hay paz ni verdad? Eso será confusión, más sea en casa de un sabio. Si no es humilde hasta el sabio, ¿le XXXX la presunción? ¿De la hacienda? Suele ser. Pues sea en casa de un necio. Súfrale por justo precio quien le hubiese menester. Pues alójate en el cielo. Contigo bien puede ser, porque no es justo tener el pensamiento en el suelo. ¿Y en el infierno? ¿Eso dices? Para tenerle temor. Aquí anda gente y rumor. De nada te escandalices, procede como soldado. Gente he visto en el lugar. ¿Aquí hay a quién preguntar? Oye, hidalgo, sea bien hallado, ¿qué aldea es aquesta? El mundo. ¿El mundo, pues, como aldea? Pues lo que queréis que sea, si en buen discurso me fundo. Respecto del cielo, es cierto que es un punto indivisible, pero honra el más lo visible que hizo Dios con tal concierto, pues por ello imaginamos lo invisible. Mas queréis, como soldados, no veis que el mundo no quepamos. Sois Heráclito el ladrón. Y Demócrito el risueño soy el discurso. Pequeño le hacéis en esta ocasión, pues no veis que soy con quien tantas veces discurrís. Como soldado venís y con hombre tan de bien, por Dios que no os conocía, ¿sois el pensamiento? Sí, que al hombre que veis aquí soldado alojar querría. ¿Qué es lo que conquista? El cielo y en la Iglesia se alistó. La ley preceptos le dio y la esperanza consuelo. Palabra dio de seguir a Cristo, el gran general, que aquel Reino celestial pudo conquistar y abrir con su cruz. Viene tras él, soldado a merced se llama y lo que quiere ser de fama contra el demonio cruel. La Iglesia le ha prometido de socorro solo un pan, mas con este que le dan piensa poner en olvido todo el sustento del mundo, sus regalos y placeres. Qué buen pensamiento que eres. En fe y en verdad me fundo. Hombre, escoge el lugar donde queréis alojaros, que bien podréis regalaros si aquí os queréis regalar. De la otra parte son casas de menos contento y gusto. ¿Quién viene allí? La soberbia. Miraré aquí y sabré si la Ley quiera que pueda alojarme en ella. Humildad dice el papel. Pues no puedo exceder de él. A otra parte XXXX de ella. La ira es esta. No voy a su alojamiento, amigo. Paciencia, dice el papel, la envidia se aloja allí. Aquí la gula reside. Aquí dice la templanza. ¡Qué extraña mudanza! Este con el brindis pide que le responda el amigo del envidioso. Da muerte a la inocencia. A tan fuerte que es el mayor enemigo. Ninguno le cansa tanto al soberano poder. Pecado le basta ser contra el espíritu santo, porque la bondad de Dios si le apropia y es la envidia contra ellas. ¿A quién fastidia el bien que yo tengo a vos? La honra, la autoridad, la hacienda, fama, opinión, la virtud, la estimación y a veces la santidad. ¿Qué se puede fiar de él? ¿Qué castigo no merece? Este aposento parece de la pereza. Y en él sueño del sueño rumor, no es nada la diferencia. ¿Cómo? XXXX entra. No es el cuidado menor a Salomón. Preguntad a quién él hormiga envía. En la soledad esta mía, que fuera infamia, notad que perezoso y soldado implican contradicción. Volver atrás no es razón. ¿Quién pone mano al arado? ¿Que son de aquesta puerta sale bailando y cantando? Los de frente están jugando y tienen la XXXX abierta. Pues, ¿allí quién vele? El juego. ¡Oh, fuego de Dios en él! ¿Cómo? Es blasfemo y cruel. Poco va de juego a fuego. Solo una letra, no más. Pues en el juego el soldado no estará mal alojado. Qué buen consejo das. ¿Son estos músicos? Sí. ¿No ve que esta casa es de la lascivia? ¿Y no ves también lo que dice aquí? ¿Cómo dice? Continencia. Luego, ¿no te alojarás en esta casa? Jamás. Será divina advertencia. Con el sol salía la bella serrana. Dos soles con ella, de quien era el alba y con un revoco de velo de plata. Como el sol al mundo daba luz al alma. Era colmenera y a buscar andaba lo que en ella amor, que sabe con alor, cubrió de revoco. La boca de nácar cortina le puso, y no fue sin causa, que viendo los labios por dicha pensarán las abejas que eran rosas castellanas. ¿A dónde serrana vais tan de mañana? Voy a ver contenta en mis colmenares gustos y pesares que el amor intenta. Lo dulce aposenta donde el dueño pica, que juntos aplica lo que enferma y sana. ¿A dónde, serrana? Parece que te suspendes. A no venir enseñado lo que ha de hacer un soldado y como tú lo pretendes, bien pudiera la embocada divertir mi pensamiento. Bien se conoce su intento, aunque viene disfrazada. Huye del falso gozo no fíes de él tus cuidados, porque todos los pecados vienen siempre con revoco, el que te ha de hacer más daño es este. Adelante, pasa. No me alojaré en su casa, que ya conozco su engaño. Pisaba las flores la bella serrana. Donde pisa una, salen otros tantos. Todos la conocen, aunque revocada, que su nombre dicen. El brío y las galas, plumas del sombrero poco la disfrazan, que también traen plumas las flechas y matan. Disfrazose amor solo por picarla en forma de abeja. Que pequeño abrasa, ella desdeñosa cuanto confiada. Dicen que le dijo, viéndole en campaña, “al campo te desafía la colmenera”. Ven amor, si eres Dios, y vuela. Supuesto que te disfrazas en abeja, niño amor, eres traidor. Yo se bien los daños que nos haces. Este revoco que ves será contra tu fiereza, aunque ocasiones me des que yo te pondré a mis pies como solía. Al campo te desafía la colmenera. Ven amor, si eres Dios, y vuela. Parece que te inclinas a hablarla. Quiere el deseo, pero, aunque las rosas veo, miro también las espinas. ¡Oh, qué bien dijo San Juan el daño que hacen los ojos! A soldado. En tus despojos puerta los ojos le dan. Cuéntase de Octaviano que a Cleopatra habló sin bella, que no se fio con ella de sus ojos el romano, que era soldado del mundo. Pues si tal peligro voy, yo de Cristo lo soy. En Ley muy alta me fundo. ¿Por qué no me respondéis? Porque venís con disfraz y porque pretendo paz aunque en la guerra me veis. Conozco vuestra hermosura, tan peligrosa a un soldado. No ha de ser todo cuidado, que muchas veces procura quien quiere saltar, volver algunos pasos atrás. Serrana, parar no más, a muchos vio perder el verdadero camino. Siempre se ha de ir adelante. Bravo, soldado. Es diamante. Soy general divino, que no quiero que me aloje en vuestra casa. No digo yo que os alojéis conmigo, ni que el general se enoje, mas solo descanséis de las armas que lleváis porque, si no descansáis, ¿cómo llevarlas podréis? Cristo llevaba su cruz y le buscó el pueblo hebreo quien le ayudase. El deseo de su muerte les dio luz, que la justa piedad para que llegase vivo. Ya se tu intento lascivo. ¡Qué famosa honestidad! La de un soldado cristiano. De esta manera ha de ser. El arco en que ha de poner el dueño la diestra mano al tirar, tira la cuerda. Mientras no tira, está floja. ¿Quién sirviendo a Dios afloja? Mucho temo que se pierda. Discípulo tuvo Dios que él se alaba que le amaba. Mirad si de esto se alaba, si será mejor que vos, que en ¿palamos? se entretenía con una perdiz pintada. A perdición disfrazada de cristiana infantería que bien tu engaño es seño. La peor súplica griega es Circe, que a tantos ciega. Y qué bien que se libró tapándose los oídos Ulises de las sirenas. De tantos peligros llenos a los humanos sentidos. En bestia quieres volver con tu alojamiento vano, Circe, a un soldado cristiano. Pues yo me sabré poner cera de consejos santos en los oídos. No puedo vencerte, engaño. Ya quedo libre de peligros tantos. Mejor que Ulises pasé al árbol divino atado de la cruz. Bravo, soldado. Soy soldado de la fe. Sirvo a merced del señor de los cielos y de la tierra. Yo pienso que en esta guerra has de salir vencedor. ¿Qué cajas son estos de en frente? Aquella el ayuno es, en cuyos mármoles ves a Cristo Santo abstinente. En esta de la oración en el huerto está humillado de la suya imitación. Esta es la casa que aloja a la penitencia. En ella está Magdalena bella. Aquella que se despoja y despropia de todo es de la humildad. Ya veo a Francisco, a quien deseo que imitemos de algún modo, porque fue alférez de Cristo y yo su soldado soy. La paciencia es esta. Estoy con la paciencia bien ¿quisto? Job está pintando aquí. Aquí aloja la piedad, Tobías nos dice entrad. Pues, ¿estamos muertos? Sí, que así el Apóstol lo siente si el hombre nuevo te vistes. A la templanza viniste. ¿Quién es esta buena gente? Todos ermitaños son de Tebas y Palestina. Aquí está la fe divina. ¿Y qué tiene por blasón? La hermosa reina del cielo, de quién hay santo que diga. Tanto es ver su fe le obliga. Y aquel soberano celo que es más bien aventurada creyendo que concibiendo no como sarra turbada. Lo que el ángel la decía pues mereció por creer lo que entonces vino a ser. ¡Oh, hermosa Virgen María! Salve paloma que trujo la oliva de nuestra paz, Aquel ángel pertinaz, que sus estrellas retojo a la noche eterna, envía sus ministros contra ti. Pues alojarme aquí porque el manto de María es divino alojamiento. Ningún bien nos hace Dios si no es por su mano. En vos se funda mi pensamiento. Ayudadme. Entra, ¿qué aguardas? Pienso que alojado está. Seguro pienso que va con tan celestiales guardas. Sabranos decir el hidalgo si acaso marchar ha visto cierto soldado de Cristo por esta tierra. Yo salgo de su alojamiento ahora. ¿Y cuál es? Virtudes tantas que no puedo decir cuántas. Y por alta protectora la misma reina del cielo ¿quieren más? No se preguntan tanto. ¡Qué tarde se juntan contra su divino celo! ¿Cómo se llama? Discurso, mas no le ha de conocer con ellos. ¿Fuese? Estoy de los cabellos. Todo el infernal concurso no le podrá contrastar. Pues algo habemos de hacer, que no hay más que perder y se aventura a ganar. Ya se pone el capitán en un puesto peligroso. Ser centinela es forzoso. El hombre tan bien le dan. Vela, vela, centinela, mientras en peligro estás, que si duermes te perderás. Yo tendré mucho cuidado con velar y con el nombre. Malicia, aqueste es el hombre. No he visto mejor soldado. Dios a velar me ha enseñado por no entrar en tentación. Guárdate de la ocasión, que el gusto siempre recela. Vela, vela, centinela, mientras en peligro estás, que si duermes te perderás. Desde la Iglesia te avisan. No hay miedo que me pierda, que yo guardaré mi puesto con todas mis tres potencias. ¿Qué nombre te dio la fe? Fue el Padre eterno que engendra al hijo o el hijo mismo de quien tantos nombres cuentan letras caldeas, hebraicas, griegas y latinas. Letras fue del Espíritu Santo que los corazones quema. Algún ducino atributo fue de la Virgen bella. Áreo, ciprés, palma, oliva, cedro, fuente, huerto, puesta. No fue, pensamiento mío, nombre de esos. Aunque fuera tan alto, fue pan del cielo porque lo que dentro encierra en aquellos accidentes. ¿Qué nombre demos, grandeza? En cuanto a la humanidad, a Cristo la fe no muestra menor que a su eterno padre. Mas, si Dios se considera, es tan grande y es tan bueno. Qué dos qué contrarios llegan. Centinela soy cristiano. Pues echen deber que velar. ¿Podremos pasar, soldado? Que todo el mundo se tenga, responde aqueste arcabuz. Si soy de vuestra bandera, ¿por qué no podré pasar? Venga el nombre si sois de ella. Mirad que cuestión de nombre es cosa infame en escuelas. Aquí no hay letras, sino armas. ¿Pues letras no hay en la Iglesia? ¿Quién os dice a vos que no si por ellas se gobiernan, doctores tiene y también soldados que la defiendan? Mas yo no estoy para daros de tales misterios cuenta, el nombre dárelo luego. Temeraria resistencia, llega malicia. Ya es tarde para que yo le pervierta a soldado. Otro enemigo. Calla y todo el mundo venga. Yo tengo necesidad de entrar en la fortaleza. Con el nombre que me deis, entrad norabuena en ella. ¿No basta decir el mío? El nombre, o doy fuego. Aprieta. Quedo que ya vuelvo atrás y haré que todos se vuelvan. Confesad que vais vencidos. ¡Qué infamia sobre bajeza! Dales vaga, hombre, bien puedo. Ahora más firme vela no venga la vana gloria que sigue a las obras buenas. ¿Quién viene aquí revocada? Si es revoco, habrá cautela. A ver vengo mi soldado y a conocer su firmeza. Al puesto se va acercando ¡Ay de quién es si se acerca! Podremos, señor soldado, entrar de paz en la bella ciudad de Dios que el alma sí bastan aquestas, señor. El nombre y pasad, soldado. Yo soy de parte vuestra. No importa que ese revoco querrá engañar mi flaqueza. ¿Y si soy el capitán? El nombre, aunque el mismo sea. Pan del cielo. A nombre igual, las rodillas por la tierra o capitán generoso. Hombre, mucho me contentas. El cuidado con que estás, el ánimo con que velas. Dame esos brazos. Mil veces, pero en tanto que me premia el Gran General Jesús y la paga inmensa llega, manda la Ley que me socorran. Dame la divina prenda de la gloria que han de dar a quien con valor pelea. ¡Qué socorro! El pan del cielo que a los ángeles sustenta, dame socorro de pan como a quien sirve. En la Iglesia le hallarás depositado y puesta una franca mesa. Pues como le he de pedir al General que me tiembla el alma de verme indigno. Él mismo a pedir le enseña, dile la oración que sabes. Las rodillas por la tierra pues enseño mi ignorancia. La diga de esta manera: Padre que en el cielo estás, tu divino nombre sea santificado y honrado. Tu Reino a nosotros venga, hágase tu voluntad como en el cielo, en la tierra. El pan super sustancial, pan de gloria, guida eterna. Pan virio, pan de los cielos del vino santo que engendra. Vírgenes pide un soldado, que por tu nombre pesca. Hoy me las has de dar, Señor, dame socorro, pues dejar en tu Iglesia este socorro mientras que el alma te vea cara a cara en gozo eterno. De tu soberana esencia perdona como perdono a mis deudores mis deudas y XXXX Gran Señor a tentación mis flaquezas, sino libranos del mal. Al cielo tus voces llegan. Soldado valeroso que legítimamente peleaste, este Lauren Honroso hoy quiere el General que engaste tus vencedoras sienes, mientras el premio que mereces tienes tu digna frente adorne para que cuando haberte laureado el enemigo como envidioso derribado porque su muerte sea en vez que aún mientras vives te Laurea. Yo soy San Miguel, que desto a la Guardia Real de su persona, el que en virtud de Cristo vencí la fiera bestia que blasona de habérsele atrevido. Seas arcano en Santo Bien venido. ¡Oh Capitán famoso! De milicia angélica aquí tienes un soldado animoso que el reino celestial de dónde vienes conquista con la espada. XXXXX Luz me ves la frente armada, la sacra Laureola aceto de su mano soberana No ha de ser esta sola que en la milicia celestial espiaría muchas pedirle puedes. Sirvo a merced, y árame mil mercedes. El socorro que pides te quiere dar y que tú me XXXX. Del suelo me divides, al cielo me levantas. Quién pelea tan legítimamente bien, es que al lado de su Rey se asiente o que en la propia mesa del General has de comer sentado que tanto honrar profesa, al que pelea como buen soldado. A merced he servido mas no tan alto poema he merecido, he les Dios yo soy hombre. Ya viene el General, pasa llevarte donde el cielo se asombre. Las cajas suenan. Llega el estandarte. ¡Qué gallardos soldados! Todos son de su mesa convidados. ¡Oh generoso soldado! ¡Oh General de los cielos tan digno de ser servido humilde la tierra beso a donde pones tus pies. Ya aún sé que no lo merezco. Muy bien habéis peleado daros mi socorro quiero mientras que podáis gozarme en mi Reino descubierto. Venid a comer conmigo. Con vos, General Supremo, tanto favor fui divino tanta merced. Hoy te quiero honrar de aqueste favor. Hoy a mi mesa te siento. Hoy has de quedar armado de cristiano caballero os coge una protectora. Si he de escoger a quién puedo como a vuestra madre misma, que ya a por mí amparo tengo. O la quita al de las armas ya entendéis que digo el peso mientras a mi mesa come. E a soldados llevemos en medio a tal convidado. Estoy mudo, estoy suspenso, pero el soldado a merced da fin con tan alto empleo