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Texto digital de Las sierras de Guadalupe

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
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Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la edición de Obras de Lope de Vega. RAE. Nueva edición.

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Cita sugerida

Velasco, Adrián. Texto digital de Las sierras de Guadalupe. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sierras-de-guadalupe-las.

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LAS SIERRAS DE GUADALUPE

Vos seáis muy bien venido. Para que os pueda servir. Aunque os salgo a recebir, cuando de vos me despido. Primas, mis brazos os den claras muestras de mi amor. Asegurado el temor, se va acrecentando el bien. Muy bien venida seáis. y vos seáis bien hallada. Mi hija aquí es celebrada, y pésame que vengáis a quitarle la opinión de gallarda y de hermosa. Ya la color vergonzosa responde a la adulación. ¡Basta, que afrentarnos quieres! Las manos, señora, os pido, pues en vos he conocido el fénix de las mujeres. A vuestras hermanas, primo, esa alabanza debéis. Aunque gallardas las veis, a vos por sol os estimo, de quien son lucero ellas con menos claro arrebol. ¡Qué poco luciera el sol, a ser tales las estrellas! No vi belleza mayor. ¡ Ánimo, pecho cobarde ! ¡ Volved en vos ! mas ya es tarde, que llegó temprano amor. ¿Pero qué mucho, si vuela, que seguro me alcanzara? Pero venció cara a cara, sin engaño ni cautela. ¿Cómo es esto? ¿Que hoy os vais Es forzoso hacerlo ansí, y es mejor, para que aquí con más cómodo viváis, que esta es casa muy pequeña para todos. ¿Qué caudal tiene un alcázar real, si la voluntad se enseña? Sobrino, mi casa os dejo, que yo a la sierra me voy. (Apenas amante soy y ya de ausencia me quejo.) ¿Pues, con tanta brevedad? Aguardando esta venida me detuve y, por mi vida, que ya el campo y la heredad me dan voces, y es forzoso el partirme. ¡ Cosa extraña ! Es agora la montaña paraíso deleitoso. Yo os enviare a llamar después, y juntos a Guadalupe, y veremos el sol y estrella del mar; que cerca tuvo mi hacienda entre aquellos valles fríos, tan amenos y sombríos, por tener quien lo defienda. Aquesa palabra os pido. Venid, que voy [a] aprestar mi partida. Y yo a quedar en dos partes dividido. Sentaos aquí. ¿Qué? ¿En efeto es forzosa la partida? Está la hacienda perdida, y que me pesa os prometo, por muchas causas. ¡ Paciencia, pues en efeto ha de ser! Consuelo pensé tener con vos para cierta ausencia, y me dejáis sin consuelo. ¿Y yo cómo quedaré? Ausencias hay, bueno a fe, aunque es forzoso desvelo, en tal belleza y edad. La causa ignoras que habido para haber aquí venido. si os he de decir verdad. sólo sé que vuestro hermano un caballero mató en Lisboa, y que buscó el amparo castellano, y a Mérida se ha venido con mi padre, que es su tío. Encubrirte es desvarío todo lo que ha sucedido. Díselo, doña María. Tú, Clara, mejor podrás. que por el nombre serás más clara en la pena mía. Pues oye, y si me dejare Alguna cosa del centro, avisaron. Norabuena. si acaso no me divierto. Casó con vasco de Sosa, cuyo valor no refiero, doña que fe hermana de tu padre, noble y cuerdo: éstos fueron nuestros padres. ¿Ignoro yo el parentesco que tenemos? brevemente este suceso Dos años ha, prima mía, que nuestros padres murieron, y a mi hermano don Luis dejaron por heredero, que su prudencia y valor justamente conocieron. Cuenta su vida y milagros. ¿Hay tan graciosos rodeos? Prima, a mí me pretendía en Lisboa un caballero, título de ilustre sangre galán con grande extremo, valiente como gallardo y cortés como discreto, respetado de los nobles y bienquisto con el pueblo. El descuido de sus galas daba más lustre al aseo: que quien las trae con cuidado, si duran más. lucen menos. y talle proporcionado, y el rostro... Hermana, ¿qué es eso? si culpas mi dilación, ahorra alabanzas. ¡ Bueno ! Dilo. Clara. A mí también dio en pasearme don Pedro Álvarez Pereira un hombre al fin como Dios le ha hecho. Mi hermana sabe escribir, y yo no: estaban secretos entre los cuatro los gustos, los pesares y contentos. Don Carlos de Portugal, que era el celebrado dueño de mi hermana, le escribía con cautelosos terceros, de su letra, Fue el hacerlo correspondencia debida, no liviandad. Yo lo creo. Don Pedro me escribió a mi un papel, que fue lo mesmo que dárselo a una pintura, porque no supe leerlo. Fue forzoso descubrirme a mi hermana, y con qué miedo, pensando que era yo sola quien daba consentimiento. Ella me leyó el papel, y al fin de varios consejos me resolví a responder. ¿Y cómo? Correspondiendo. Mi hermana escribió por mí, y mi amante, poco cuerdo. comunicó con don Carlos, aunque mi nombre encubrí mi papel. Este fue el mal, porque conoció al momento mi letra Carlos, que había con recato y con silencio visto otros papeles míos; juzgó por falso mi pecho, viendo que daba esperanzas a otro amor y a otros deseos. El papel iba sin firma, que ya es estilo muy viejo en papeles amorosos cuando hay honor de por medio. No pudo disimular; mostró el humo de su incendio, y dijo: "La que escribió este papel es mi cielo, es el ídolo que adoro, y ansí desde hoy os advierto que dejéis la pretensión, pues sus favores merezco."' Don Pedro, que es atrevido, respondió también: "No dejo de buscar bienes divinos por los humanos respetos. Quien me escribe este papel: ha de ser mía." ¡Ay qué errados y qué ceguedad de amantes! ¿Cuándo vi los ciclos ¿Y no os nombramos ? Jamás, despacio se miró cl sol en sus valientes aceros. Acudieron de ambas partes amigos, criados, deudos, y entre los demás, mi hermano, ignorante del suceso. Don Pedro, a quien el enojo privó del entendimiento, cuando desnudó la tuya dejó el papel en el suelo Viole mi hermano y Eso fue peor. Por ello; ha sido aquesta desgracia, aunque ha sido dicha el veros. En fin, como ya mi hermano con más honrosos desvelos nos guardase, fue imposible dar al engaño remedio. Prendió el Virrey a los dos de la cuestión, que temieron sus parientes muchos daños, por ser lo mejor del Reino. Habló a un amigo don Carlos, para que me diese luego un papel; uno muy nuevo a dármele satisfecho por una reja; mi hermano (que andaba ya con recelos) llegó entonces a la calle, y de la cólera ciego, sacó la espada y matole. ¡Qué máquinas y embelecos! Huyó, en efeto, a Castilla, y al punto en su seguimiento nos mandó salir. En fin, los dos han quedado presos y engañados, y nosotras con amor y sin remedio. Digo que es caso notable. Dejad que disponga el tiempo las cosas, que es quien aclara los más ocultos secretos. si no te fueras agora, menor fuera el sentimiento. No me voy con mucho gusto, si la verdad os confieso. ¿ Hay también algo de amor ? Algo de agradecimiento hay. Declarémonos, prima, pues te habernos descubierto las dos las almas, y debes más amistad a mi pecho, pues es una nuestra sangre y un mismo nombre tenemos. No encubras nada, María, que en todo servirte intento. María, aunque fuera cosa de mucha importancia, debo ya declararme contigo. El más noble y el más cuerdo caballero de esta tierra pretende mi casamiento; y si te digo verdad, no es amor el que le tengo tan fundado, que me deba quejas ni suspiros tiernos; recibo papeles suyos, respóndole, y con efeto por una reja le hablo de noche. Prima, ¿pues eso no es amor? No, por mi vida; que como son tan honestos sus deseos, correspondo a lo que por noble debo. Sea lo que tú quisieres, que no es bien que argumentemos sobre lo que es ya sabido; y ya que te vas... No puedo avisarle, porque yo no he fiado este secreto de criado ni criada, que es necia quien fía de ellos; y ansí, prima, pues que sabes verdades que se encubrieron a todos, aquesta noche has de hurtar un rato al tiempo por mí, aunque vengas cansada. A cualquier cosa me atrevo por ti. Don Juan de Castilla a las once, por lo menos, vendrá a verme, y pasará la espada por esos hierros de aquella reja; responde por mí. Dile que me ausento a mi hacienda por dos meses; que, si es su amor verdadero, procure verme en la sierra. Ya entenderás. Ya te entiendo Déjalo todo a mi cargo. Con justa causa me quejo, que en fiarte de mi hermana hiciste de mí desprecio. No lo creas, doña Clara. Que no vamos le aconsejo, si no quiere destruirse; que allá no hay puerco con puerco ni cabrito con su madre, y por el curso del tiempo, ya ha mucho que se trocaron los pámpanos en sarmientos. Toribio, yo parto al punto. ¡ Güenas mozas ! Aquí os dejo mi casa, sobrino; en ella sois el ligítimo dueño. ¡Ven, María! Antes nos dad los brazos. Abrace presto nuesa ama, porque nos vamos cada uno despidiendo. También vuestros brazos pido, si es que tocarlos merezco: en esta nieve me abraso. El portugués está tierno; velas pueden hacer de él. ¡ Adiós, sobrinas ! El cielo felices años te guarde. De aquesta vez las requiebro Señoras, en güeña fe que me voy, y no me quedo por sococientas razones; pero si a Mérida vuelvo, a ella le traeré un panal de miel virgen, que al comerlo, aunque se precie de limpia, ha de chuparse los dedos; y a ella una nata tan branca como su frente y su cuello, y aun como sus dientes. Miren, por esta cruz que no miento; quisiera ser un aquél para regalarlas. ¡Bueno! Vuestra voluntad se estima. ¿ No abrazan ? Sí. Pues aprieto. Lo dicho, dicho. si haré. Ya me aguarda mi jumento. Yo os enviaré a llamar. Siglos serán los momentos. Ya el sol se puso, invidioso, prima, de que salga el vuestro. Mucho la mira mi hermano. ¿Dónde hay sol de rayos negros? Hasta el campo iré con vos, que en él a mis pensamientos desafío a una batalla, de que vitoria no espero. Mucho debo a tu cuidado. Sólo servirte deseo. De la prisión me han sacado para el glorioso trofeo las alas que amor me ha dado. Brito, la cárcel rompí, la muerte a una guardia di. porque fue muerto en pensar que él me podía guardar, si yo no me guardo a mí. Preso don Pedro quedó, y ansí no habrá competencia a mi amor, y si alcanzó algún favor esta ausencia, mi ventura aseguró. Dime lo que ha sucedido. En seguimiento he venido siempre de doña María hasta aquí; ya te escribía, cuidadoso y advertido desde cualquiera lugar donde paraba. Era dar descanso a mi pensamiento. Ya en Mérida están de asiento; que se ha querido amparar don Luís de un caballero, su tío, aunque castellano. Andar disfrazado quiero, por respeto de su hermano, a quien aplacar espero. ¿Sabes la casa? Sí sé. El caballo deja aquí, que esta posada tomé cerca de la puerta. Ansí. mi desengaño sabré. La noche te da lugar para llegar adorar las paredes y las rejas. ¡Qué tristes y justas quejas, amigo, le podré dar! Hacia su casa me guía. si acaso hacerlo pudieras, notable dicha sería. Entre dos soles me vieras dividir la luz del día. Aquesta calle ha de ser; proprio es de amar el temer. Dos hombres delante van. Vete a espacio, y pasaran. De noche la vengo a ver, ya que no puedo de día. ¿No estás de cazar cansado? ¿Qué desatino te guía? Por dar alivio al cuidado busqué el monte y selva fría, no para dejar de ver la que espero que ha de ser mi esposa. ¡ Bravo rigor ! ¡ Dondequiera reina amor, absoluto a su poder! ¿Darán las once? Darán brevemente, si no han dado. Déjalos, que ellos se irán. Antes, Brito, se han parado. Y junto a la casa están donde vive la que adoras. Mira si por dicha ignoras la casa. El temor me enseña. Beltrán, quiero hacer la seña, si amor alarida las horas. Brito. En la misma casa ha hecho señas. Temeroso llego; mayores males sospecho. No le desengañes luego. Ya tengo abrasado ti pecho. si es discreto quiero ver. antes de darle a entender que mi prima se ausentó. Ya a la ventana salió. ¿Qué es esto? ¿Qué puede ser? Llega y oye, si pudieres, que ésta es la casa, sin duda. Aquí es justo que me esperes. Habla, hermana, y la voz muda. ¡Ah, inconstancia de mujeres! ¿Es doña María? Sí. Llegad, don Juan. ¡Ay de mí! Entre contentos avaros, los deseos de hablaros, señora, me traen aquí. Dad justo premio a mi fe, pues fue tan grande mi amor desde que a veros llegué, que, a pesar de mi temor, imposibles intenté. La brevedad del amaros, mi bien, no debe admiraros, que en un cuerdo corazón no puede haber dilación del quereros admiraros. Pues dice que se rindió muy presto, sin duda alguna que hoy, por mi daño, la vio; ¡ah, imagen de la fortuna, qué presto a hablarle salió! Bien habla. Sí, por mi vida. De la respuesta está asida el alma. si me escuchara, doña María, quedara mi cautela ofendida. Sólo ha de poder mi muerte darle lugar al olvido. Pues yo os la daré, si puedo. Jamás vi la cara al miedo. ¡Esto es hecho! ¡Loco estoy! Por eso castigo os doy, y en la posesión me quedo. Eso se verá después. Estruendo de espadas es. Acudid presto. ¡Ay de mí! Echa, señor por aquí, pues ya tu peligro ves. Ventura fue no quitar la silla al caballo. Hoy medro, el desengaño y pesar. ¡ Echa por aquí, don Pedro! ¿Oyes nombrar a don Pedro, hermana? Sí. ¿Mi nombre mudas? Aquí, mudándote el nombre, obligo a esta muerte a tu enemigo, y a que no salgan tras ti. Por allí dos hombres van huyendo. Tu amante ha sido el que riñó con don Juan. ¡Mortalmente estoy herido I ¡Muerto soy! ¡ No lo querrán los cielos ! ¿ Dónde venís ? Es muy lejos. si os servís De esta casa, aunque no es mía, entrad. Pediros debía lo mismo que persuadís. Venid en mis brazos. ¡ Cielos, piedad es fuerza que os pida ! ¡ Qué confusión ! ¡Qué desvelos! No sé si siento la herida en el grado que los celos. ¡ Qué descuidada vives ! ¡ Con qué flema regalos apercibes! Date maña, Teresa. Eso sí, ¡ pesia tal !, dalle más priesa; mátame si os agrada, mas que me he de sentar y no her nada. La casa está barrida. Está bien. ¡ Heldo vos, por vuesa vida! Harta esto de pulirlos, migas pueden comer en los ladrillos; y armé también las camas: no falta son que vengan muesas amas. Aunque tanto han tardado, a buen tiempo vendrán, que en ese prado tendió el agosto amigo en sus aristas encerrado el trigo; el septiembre ha venido de frutas rodeado; circuido espero ver que octubre de rubio mosto los lagares cubre, con que todo se ocupe. Fértiles tierras tiene Guadalupe. Adornan estos valles de frutales opimos verdes calles, que entre las ricas fuentes, que despeñan quebradas las corrientes, enseña la granada, por reina de las frutas coronada, el pecho abierto, donde muestra rubíes y cristal absconde; el pesado membrillo, que temiendo caer está amarillo, y entre olorosas yerbas, nísperos pardos y maduras servas, y en sarmientos opimos. de parras desgajados los racimos. Aquí el otoño espera competir con la alegre primavera; flores brota y produce, galán se viste y adornado luce. Razón tenéis, pardiobre: lio hay cosa en esta sierra que no sobre. Toribio viene. ¡ Espera ! Tío, apartad la vaca de la era. que se merienda el trigo. Vengas enhorabuena. ¿Qué hay, amigo? ¿Viene señor? Ya viene, que junto aquella fuente se detiene. Yo voy a recebirlo. Teresa, me miráis y con capillo. ¿Tenéis algún berrinche? ¿ Haréis, pardiobre, que de nuevo cinche la albarda y que me escurra? Que nunca me recibe mal la burra, Quien tanto se ha tardado, ya no tendrá do mí ningún cuidado. Más te quiero, Teresa, que el cochino el salvado di- la artesa; que el burro a la cebada, y más que a la cereza sazonada el tordo cuando chilla y el aire con las alas acuchilla; más que el agua el sediento, y más que a su dinero el avariento; más que al vino el borracho; que, en efeto, eres hembra: yo só macho. ¡Llégate, no seas terca I Siempre va a la ciudad y nunca merca algo con que me pula. ¿No te truje en Cuaresma? ¿Qué? Una Bula. ¿ Esa es gala? Sí, amiga, y provechosa al alma y la barriga. Agora mis cuidados te han traído botines colorados; con el coral se empache gargantilla y sortija de azabache, porque a mi amor te inclines. Pues ya te abrazo. ¿ A mí, o a los botines ? ¡ Qué necio desvarío ! Aunque merezco mucho, desconfío. ¿ Hay en esta montaña zagal de más ingenio ni más maña, de pecho más sincero, más retozón y manso que un cordero? ¿ Cordero he parecido ? Yo creceré, si soy vuestro marido. ¡ Qué malicioso eres ! De llamarte cordero no te alteres, que eres manso y hermoso. Pues no soy sino feo y cosquilloso. Ya estábamos; con cuidado. Fuerza el detenerme ha sido, porque un pariente ha venido, a quien estoy obligado. A muy buen tiempo llegáis. Vos seáis muy bien venida, que, aunque bizarra y pulida, bien nueso traje imitáis. si en la sierra he de vivir, el traje de la ciudad no es bueno en la soledad. Pues cae el sol. quiero ir a ver las viñas. Yo iré con vos. Vení en buen hora. Yo quedo con mi señora. Y yo contigo a la he. María, adiós. El te guarde. Entre alegres horizontes las sombras de aquestos montes hacen más fresca la tarde. Es la sierra deleitosa; viviréis contenta en ella, y agora será más bella con serrana tan hermosa. Aquí todo es alegría. Allí veréis repastando las ovejas y llamando con los balidos el día. Las cabras encaramadas por esas peñas están, que de abajo no dirán son que parecen pintadas. Allá se oyen relinchar las yeguas, correr la cría, mugir en la vaquería y los mastines ladrar. Pónese el sol, y en los cerros que coronan ese prado llama el pastor su ganado y responden los cencerros. que son rústicas campanas; que relox, ¿quién lo inventó?, pues quieren que coma yo por él, y no por mis ganas. Es vida gustosa y bella; mas gente viene. ¡ Callad ! Vendrase acá la ciudad, porque vos os venís de ella. Dos caballos han dejado. ¡ Ay, cielos ! ¿ Quién puede ser '. Echaranlos a pacer; harta yerba tiene el prado. Deja que las flores, que de estos cristales fomentan altivas zafir y granates, entre yerbas verdes, para que descansen, den a los caballos rústico hospedaje; mientras yo, ofendido de aquella mudable, doy llanto a las fuentes, suspiros al aire. Mejor fuera. Conde, que tú la olvidases; si a tres aborrece casi a un mismo instante, no estará su esposo sin celos infames. Casarte con miedo es delito grande contra la nobleza que ilustre heredaste. Por los celos juro que he de ver si valen, contra amor desnudo, armas de diamante. Siempre que me vieres pensativo, tráeme, Brito, a la memoria, su trato inconstante: si presto no olvido, no moriré tarde. Pensemos agora cómo has de librarte. Estas altas sierras, que en piramidales puntas a las nubes rompen los celajes. son de Guadalupe. Aquí he de quedarme por algunos días, hasta que se aplaque del Virrey la ira; que el romper la cárcel, matando una guarda, es negocio grave. Pues parte a Madrid, porque en el alcances el perdón del Rey. No puedo apartarme tanto de esta sierra. Poco a poco sale el mal que entró presto. No es bien replicarte. Nobles son, sin duda, bien lo muestra el talle; nial siguros vienen por algún desastre. Llega aquella quinta, que entre verdes sauces chapiteles muestra que los aventajen. Gente hay a la puerta. Yo quiero llegarme; que amparar los nobles deuda es de mis padres. Señor caballero, que los cielos guarden, si vais a la Virgen, el camino errasteis. Detrás de esa sierra, altivo gigante, que nieve se toca y viste jarales, va el camino. Ninfa, que por estos valles ricos vidrios bebes, libre como amable; a quien los claveles, teñidos en sangre los labios remedan, que vierten corales: no sé que responda, que me dice el traje que sois noble. Yo. digo que acertastes; que también presumo decisme verdades. ¿Quien pudiera a un ángel encubrir, señora, sus bienes o males? Caballero soy de ilustre linaje; tras muchas desdichas, vengo que me amparen estas altas sierras. ¡ Buen amparo hallastes ¡ Yo os prometo serlo; no temáis que os hallen vuestros enemigos, aunque más se cansen. Tengo en esta sierra hacienda muy grande; los ganados míos esas vegas pacen. Decidme quien sois, y no os acobarden temores ningunos. Agora escuchadme lo que más importa. Tras de muchos lances que la fortuna procuró mis males, en Mérida anoche llegué a estar, en parte vi un caballero de los principales hablar con mi dama tan tierno y amante, que los celos míos pudieron cegarme; venció mi razón, déjele en la calle herido de muerte. Por agora baste. Y esta relación sólo es importante mudar el vestido y que estos dos callen. Aunque yo so bobo, quiero aconsejarle que venga conmigo y habré a vueso padre de pastor vestido; que yo acreditarle podré con decir, si a los dos os prace, que sois mi pariente. ¡ Remedio admirable! ¿Y sabéis el nombre del que acuchillastes? Don Juan de Castilla. ¿ Cómo ? No os espante. ¿Vuestra dama quiere? Ved si os engañaste. ¿Cómo mis oídos pudieron burlarme? También fui testigo de aquestas verdades. No hay firmeza en hombres; él quiso engañarme. Venid donde luego a los dos disfrace. si él a vuestra dama pretendió... ¡Mas, baste! Despacio hablaremos. ¡ Belleza admirable ! ¡ si posible fuese que te despicase esta dama! El tiempo maravillas hace. Bien me ha parecido. Y él no ha de quedarse también en la sierra? Porque os sirva y ame. (mas que los botines y los azabaches arroje en el río.) Camine delante. De don Juan traidor estoy por vengarme. ¡Ah, ingrata María! ¡ Ay, don Juan mudable ! No es la herida mortal, aunque forzoso no mudarle de casa algunos días. Doña María de Sosa. Triste pienso que estás. De ti quejoso, puedes decir; pues a tu honor debías más casto proceder y más honroso. Doña María de Sosa. ¿En qué te ofenden las acciones mías? Ya no puedo callar, sino culparte, y ansí de mi disgusto te doy parte. ¿Conoces esta letra? Doña María de Sosa. Sí. Pues mira si esto puede escribir quien en nobleza iguala al mismo sol. Doña María de Sosa. Mucho me admira que mi inocencia juzgues por flaqueza. No des nuevos esfuerzos a la ira; tan mal sabes usar de tu belleza, que, llena de cautelas y mudanzas, dos pechos alimentas de esperanzas. Cuando sólo a don Pedro hubieras dado este papel, no fuera tu imprudencia tan grande; pero ¿no he de estar airado, si de tu falsedad hice experiencia? A don Carlos también has engañado; por esto entre los dos fue la pendencia, que algo de las razones que dijeron, me contaron algunos que lo oyeron. ¿Y agora, necia, quieres que mitigue mi furor, si más ciega y atrevida obligas a don Pedro que te siga, a que don Juan le diese esta herida; nombrole su criado, porque obliga más mi honor. ¿ Qué es aquesto ? ¿ Ayer venida, tuviste a quien hablar por la ventana? Monstruo debes de ser, que no mi hermana. (Aquí sin duda todo lo declara que su honor precia estima.) (Por no infamar también a doña Clara y guardar el secreto de mi prima, será fuerza sufrir mi suerte avara, hasta que el tiempo aclare aquesta enima.) Hermano, no hay razón que me defienda; sólo responda el proponer la enmienda. Yo espero que has de ver que mis errores no son tan grandes como tú imaginas. ¿ Cómo María, pueden ser mayores, si no es que tu deshonra determinas? ¿Qué es esto? No es posible que lo ignores; tú SÍ, que eres mi hermana, pues te inclinas a conservar tu honor. ¡ Qué mal lo entiendes ! Tú no, pues que me infamas y te ofendes. Generoso don Luis de Sosa. Aquesta licencia me ha dado amor, y fiarme de vuestra rara nobleza. Mi atrevimiento conozco; pero mi disculpa es cierta, si del fuego que me abrasa veis las ocultas centellas. (¡Ay. cielos!) (¡Don Pedro es!) ¿Tanto la pasión os ciega, que a tan notorio peligro osáis llegar a mi puerta? Don Pedro, ¿estáis loco? Si, que tan divina belleza como miro en vuestra hermana quitó al alma las potencias. ¡ Escuchad ! ¡ No os alteréis ! ¿Cómo es posible que pueda, si tengo en casa el que tiene también la posesión vuestra? Mirad que os han de matar si os conocen. ¿Tal respuesta dais a mi fe, que ya dais injusto dueño a mi prenda? Ved que don Juan de Castilla está aquí. i Qué importa sepa toda la ciudad que soy don Pedro Álvarez Percira? Mis pensamientos han sido siempre honestos. ¿Qué aprovecha, si ya agora es imposible que dichosos fines tenga? ¿Luego casáis vuestra hermana? Agora no hay cosa cierta, sino ver que está a la muerte un caballero por ella. Idos y negad el nombre. porque todo no se pierda; decid que don Carlos sois, el Conde de Vidigeira, y ansí podréis encubriros. ¡Cielos! ¿Qué enigmas son éstas? si ese caballero muere por su amor, ¿qué importa? Muera y dadme a mí vuestra hermana. Aguardadme en la ribera del río, que yo saldré mañana de aquí dos leguas y hablaremos más de espacio; ved que la casa se altera, y han de mataros. ¡ Ay, celos, ya conozco vuestra fuerza! Ansí queda; yo os aguardo. Yo cumpliré mi promesa; decid que os llamáis don Carlos si alguno a hablaros llega. ¡ Ay, dueño del alma mía. contigo el alma se queda! ¿ Que yo por tu causa sufra tan conocidas ofensas? ¡ Hermano! No me repliques. Ten por mí agora paciencia. Fiadora soy de las dos y me ejecutan por ellas. Tres días os he aguardado. Que tenéis razón os digo, don Pedro; vuestro enemigo tan poco lugar me ha dado. mas ya con un paje mío, que esperaseis avisé. En vos de mi mucha fe el justo premio confío. Deciros mi intento quiero, antes que nada digáis. Ya espero que procedáis como tan gran caballero por casar en mis porfías. están por esposas mías. que me tienen en prisión. Como su padre y marido debo mirar por las dos. Obligación es en vos el guardarlas advertido. Mas, si al fin se han de casar, ¿en qué os ofendo en querer vuestra hermana por mujer? Mi casa podéis honrar, don Pedro, en ser su marido mas no pretende un esposo con término cauteloso sino claro y comedido. Pedírmela a mí era bien mas no escribirla y reñir, dando al pueblo qué decir y qué sospechar también. A quien sois no corresponde este conocido error, ni mostrar ese favor ignorantemente al Conde. Y después de haber venido tras el fuego que os abrasa, entrar tan libre en mi casa después de haber sucedido escándalo semejante. ¡ Notable es vuestro rigor! ¡ Qué poco sabéis de amor, pues culpáis tanto un amante! Don Luís, yo pretendí casarme (esta es la verdad) y saber la voluntad de la que mandaba en mí; porque hablaros no era justo, entre tanta pena mía. hasta ver si ella tenía de que la pidiese gusto. Porque si no me quisiera, tanto amor en mí se halla, que dejara de gozarla porque ella no padeciera. Por esto, al fin, la escribí declarándole mi amor; respondió, y con el favor todo el sentido perdí. Era el pensamiento honrado, y de mi dama también; quise hacer mayor el bien con verle comunicado. Conté a Carlos temeroso la gloria que poseía, que de la ventura mía quedó loco y envidioso. El fue el que dio la ocasión a la pendencia; reñí, y diéronnos desde allí nuestras casas por prisión. Por la muerte desgraciada de aquel hidalgo salistes de Portugal, y trujistes con vos a mi prenda amada. Huyó el Conde, dando muerte a una guarda, y su maldad me dio a mí la libertad para venir de esta suerte. Porque viendo mi obediencia, y que el Conde se escapó violentamente, me dio la libertad Su Excelencia. A buscaros vengo ansí; digno soy dic galardón si vengo a pedir perdón del error que cometí. Don Pedro, vuestra prudencia veo; mas ya habéis sabido el escándalo que ha habido por la pasada pendencia. La cólera me cegó: perdonad, por vida mía. (Pues ya tiene mejoría, no quiero afligirle yo sino excusar mayor mal. dándole a María.) En fin, es justo que se dé fin a un caso tan desigual. Desde aquí soy vuestro amigo. Hoy mi esperanza se allana. Y a casaros con mi hermana, pues gano en ello, me obligo. Pero vos no habéis de estar en Herida. Ya profeso obedecer. El suceso tiene alterado el lugar. En casa estoy de mi tío, y él en la montaña está; su prudencia nos dará el remedio que confío. Ya me ha enviado a llamar, porque la imagen veamos de Guadalupe, y nos vamos brevemente del lugar. Id vos agora y decid que sois en suceso igual don Carlos de Portugal: en este punto advertid. Por la hacienda preguntad de don Álvaro, y en ella Veréis la imagen más bella, a quien di mi libertad. Y pues ya mi amor os muestra esta afición amorosa, procurad que sea mi esposa, mientras yo os llevo la vuestra. Dadme las manos. ¡Teneos! Ya el enojo se ha pasado. Justamente habéis premiado mis amorosos deseos. Al punto quiero partir donde tanto bien se espera; y pienso, para que os quiera, esa dama persuadir hasta verla convencida. si así sus favores medro, en ello me dais, don Pedro, el remedio de mi vida. Ya os aviso que os llaméis don Carlos. Perded cuidado, pues obedezco obligado todo cuanto me mandéis. Mi prima es la que me abrasa el corazón. Confiad de mi industria y amistad. Allí aguardad en su casa. Partid luego. Ya condeno mi temor y su desdén, pues espero propio bien, cuando voy con nombre ajeno. ¿Que en tal oficio tu valor se ocupe? Mandó es dama que a guardar viniera en aquesta ribera, vestida de vistosas esmeraldas, que guarnece las faldas de la sierra feliz de Guadalupe, las vacas que entre flores de corales beben de aqueste arroyo los cristales: porque su padre no entendiese el caso, este oficio me dio. Discreto ha sido; da lugar al olvido. ¡Bella es esta mujer! Cuando la veo, se divierte el deseo, volando entra el amor, y paso a paso sale de los rendidos corazones. Mucho en el noble pueden sinrazones. ¿Qué aguardas? ¿Qué pretendes de María, pues conoces su término inconstante? Nunca el per feto amante, amigo Brito, olvida fácilmente. Es una fácil. ¡Tente! ¡No hables de ella mal, por vida mía! Cuando en noble mujer haya tal mengua, cúlpela el alma, pero no la lengua; que acción tan baja, vil, enorme y fea es decir mal de lo que bien se quiso. Agradezco tu aviso. ¡ Qué bien que manifiestas tu nobleza! La divina belleza De esta mujer los campos hermosea, más que el alba, que en púrpura madruga y a la estrellada noche el manto arruga. Ella ha de ser remedio de los males que padezco. Eso importa, eso conviene. Entre jazmines tiene, emulando allí el cielo sus pinceles; deshojados claveles, y perlas guarda en conchas de corales. mas ¿cómo no le has dicho ya quién eres? No todo ha de decirse a las mujeres; ni aun mi nombre le he dicho. Ya lo veo, y pienso que por eso se ha enojado, y el suyo te ha negado. Ni pregunté que cómo se llamaba. Necio anduviste. Acaba; no seas descortés. Verla deseo. Espantome, por Dios, de ver que ignores, que es justo que pretendas sus favores. Despacio el nombre y calidad sabremos. Has de saber guardar la vaquería. Mientras que dura el día, divertido estaré, viendo que pacen estas yerbas que nacen del bosque y de la sierra en los extremos; pero no sé, si el sol sus hebras moja, cómo las llame o cómo las recoja. Fui a llamar vuestras primas, por mandado de vuestro padre, y vi a don Juan herido en vuestra casa. Ha sido cosa notable. Allá se mormuraba que enamorado estaba de una de vuestras primas. Yo he llegado, viendo su engaño, al desengaño cierto. Pluguiera al cielo que le hubiera muerto. ¿Quién dicen que le hirió? Ya claramente saben que don Pedro Álvarez ha sido, quien ciego y atrevido, ansí trató a don Juan. Aunque ha callado, ya sé que el que he amparado don Pedro Álvarez es, y es cosa clara que es el que quiere bien a doña Clara. si la que habló a don Juan fuera María, bien pudiera pensar que de esta daño era causa un engaño, que yo la dije que por mí le hablara; mas si fue doña Clara la que tierna le oyó, la ofensa mía está muy cierta, mi rigor se anima: ya te olvido, don Juan. Goza a mi prima. ¿ Cuándo vendrá mi primo ? Brevemente; ya previniendo estaba la partida. Dale de su venida cuenta a mi padre. ¡ Guárdente los cielos ! Los declarados celos en pecho noble, aunque al principio siente el alma mil impulsos que desvelan, el fuego que encendieron presto hielan. A don Pedro me inclino, que en él veo partes que me provocan a mudanza; no por tomar venganza de don Juan y mi primea. Verle quiero. ¡ Qué gallardo vaquero ! Valor descubre entre villano aseo. !Mi dueño hermoso mi temor destierra. ¡ Manténgaos Dios, vaquero de esta sierra! ¿ Cómo os halláis, caballero, en estos montes que otubre viste de nieve, que el aire igual en parejas bruñe? ¿Es buena vida escuchar cómo los novillos rugen, porque les quitan sus madres el sustento de sus ubres? ¿Cómo se quejan las fuentes que las márgenes escupen aljófar con que fomentan claveles, que el cierzo pudre? ¿Alívianse las memorias que la esperanza consumen? ¿Vanse templando los celos? ¿ Hay contrarios que disputen ? Comunicad vuestras penas con quien piadosa os escuche, y ya que no os dé remedio, al menos consuelo os busque. ¿Qué más consuelo que el veros, si en vuestros ojos acuden tantos amagos de gloria, porque mis penas anuncie? si porque os ven solamente están altivas, ilustres, compitiendo con los ciclos, las Sierras de Guadalupe; y si más por vuestros ojos que por las celestes luces esmeraldas son sus valles, plata y aljófar sus cumbres; si alegrastis esta vega más que cuando por costumbre lloraba perlas el alba sobre violetas azules; si salen vuestros dos soles con más milagrosas lumbres, encubriendo las estrellas y desterrando las nubes, ¿cómo queréis que no pierda otras memorias comunes y que a solas con la idea en estos montes consulte? Ya para ver vuestro cielo abro los ojos, que tuve cerrados en un engaño, causa de tantos embustes. Bien es que del bien de veros nuevas penas me resulten, porque de memorias necias mis pensamientos descuiden. Con vos estas sierras altas ásperas tengo por dulce habitación, y estos valles que Amaltea esmalta y pule: aquí las sierpes de Lidia, cuando por la sierra crucen, que algunas flores relevan, y otras anegan y hunden, harán que el claro cristal de vuestras fuentes dibuje en la idea, donde amor vuestras fayciones esculpe; y cuando el alba bostece por celajes, que purpure rayos avaros de luz, que al sol dormido le curten, contemplaré vuestros dientes en el aljófar que sude, sin que por cudicia loca montes de salitre surque; y cuando clavos de hielo pendan de estos acebuches, que del Aquilón heridos en vez de quejarse crujen, veré vuestras blancas manos, que, a pesar del sol, presumen conservar contra los rayos azucenas con su lustre. Aquí, sin que los trabajos de esta vivienda rehúse, os serviré siempre alegre, si alcanza más quien más sufre. Cuando los fríos de enero me amenacen o me injurien, por vos sufriré las aguas, que despeñadas se enturbien; y cuando los aires fríos aquestas peñas trabuquen, amenazando las fuentes que apresurándose huyen, yo, sin que sus altiveces mis esperanzas perturben, haré que tanta fineza fines dichosos me anuncien, entre silbos de vaqueros, que por esos cerros suben, aire en los desnudos olmos, las tortolillas que arrullen. Y si no pagáis, señora, este amor, para que ilustren mis penas, diré a las fieras y a su excelsa pesadumbre: si tan bello sol me guía, ¿ya cómo perderme puedo? Por vos mil venturas medro. (Cortés me debo mostrar, y también por excusar que no conozco a don Pedro.) ¿Vase con él? Con él fue. ¡Notable misterio encierra! ¿Qué puede ser? No lo sé. No oíste lo que dijeron? ¿Cómo, si contigo estaba? Apenas un mal se acaba, cuando otros muchos vinieron. ¿Cómo, si sabe quién soy, tan descortés me ha dejado, y a don Pedro ha acompañado? En nuevas sospechas doy. Predomina sobre mí De este don Pedro la estrella. Par Dios, tras muesa doncella se vendrá la corte aquí. ¡Qué de gente palaciega está en la sierra! No hallo dónde dejó su caballo. ¿Bajó a pacer a la vega? Pues, Toribio, ¿dónde vas Por un caballo de aquel que va con muesa ama. En él a la jineta entrarás, en la casa del placer. Y si no le sé llevar, entraré en la del pesar, pues es forzoso el caer. ¿Caer? ¿Eso es maravilla? Justamente se acobarda. Yo so jinete de albarda, siéntome en poco, y no en silla. Medroso voy, a la he. Yo te quiero acompañar, que lo sabré sujetar. Y yo miraros sabré. ¿Has de ir a la quinta? Sí. mas que te han de conocer. ¿Qué importa? Yo quiero ver qué busca don Pedro aquí. Sospechas son excusadas. Lo que te importa es callar. si no se deja agarrar, yo le daré seis pedradas. Eso no, que es desvarío. Con las vacas quedo yo. Vamos a cogerle. ¡ So , caballo de algún judío! Por no daros más pesar, hallándoos tan mal herido, i hasta agora no he querido estas dudas aclarar; ni os he entrado a visitar, porque mi hermano pensó que he sido la causa yo ! de esta desgracia, si fuera ansí, gracias le debiera a la mano que me hirió. Dichosa fuera la herida, después de trance tan fuerte, pues sentir por vos la muerte bastara a darme la vida. Ya: es ofensa conocida la que a mi prima hacéis; y pues tanto la queréis, no tratéis de adulaciones. Conocer sus sinrazones me obligan a lo que veis; y el hallar, señora, aquí en vos amparo y consuelo, convierte en nieve y en hielo el fuego que antes sentí. Yo por mi prima os serví. si mi herida no ignoró y ella mi daño causó, siquiera por cortesía saber cómo estoy debía. ¿Luego no os ha escrito? No. Siempre conocí tibieza "Yo." en su amor, y he conocido que no soy de ella querido como pide mi firmeza. i Qué me importa tu belleza, si es sola para perderme? Vela el mío, su amor duerme: mal a quien soy corresponde. Lo mismo digo del Conde, pues que no ha venido a verme. Más bien don Pedro ha mostrado el amor que a Clara tiene, que en su seguimiento viene, al peligro aventurado. Ya don Carlos me ha olvidado, y divertirme procuro. Jamás he estado seguro de que María me quiso. Contra mi sangre os aviso, si con esto os aseguro. Aquí a mi hermana y a mí nos dijo que no os quería bien, sino que agradecía veros tan rendido ansí. Luego si la olvido aquí. disculpa tengo? No se. si he visto su poca fe y corta correspondencia en pocos días de ausencia, necio en amarla seré. Dejadlo. Vos lo mandáis, aunque causas justas doy. Agora a su hacienda voy, y la hablaré si gustáis. No es bien tercera seáis. Mal penetráis mi intención. si lenguas los ojos son, entendedme con mirar. (Pienso que me ha de obligar a que le tenga afición.) Ya mi hermano ha prevenido, viendo vuestra mejoría, nuestra partida. " La mía en veros ha consistido, y con iros la he perdido. Pues procuradla tener, que ansí nos iréis a ver. Esa esperanza me anima. (A mí, digo, no a mi prima,) (Vuestro soy y lo he de ser.) Hablando está con mi hermana su secreto; i que procure mi disgusto y aventure su nobleza esta tirana! (Mi hermano, ¡suerte inhumana!, que está de mí sospechoso.) El veros tan animoso me da gusto, por mi vida. (Cuando es fuerza mi partida, disimular es forzoso.) (Mi hermano me mira airado; quiero quitarme de aquí.) Ved qué me mandáis. En mí un esclavo habéis comprado. (Parece que le ha llevado los ojos.) (Pues sucedió mejor que se imaginó, quiero saber con verdad el estado y calidad del que valiente me hirió; de don Luis lo he de saber.) Mucho os tengo que decir. (¿mas que me quiere pedir a María por mujer?) Mi intento no es ofender vuestro honor, como el sol bello; vuestra amistad echó el sello, y suplicaros quería... si es que os case con María, no tenéis que tratar de ello. Ya la tengo prometida a quien por ella salió de Lisboa, y me obligó con humildad conocida; y ella, aunque os muestra atrevida alguna correspondencia, le quiere. Dadme licencia, y procurad con valor, si es labirinto el amor. el hilo de oro de ausencia. ¿Hay enigma como aquesta? Mi hermano se va ofendido. ¿Aún no he dicho lo que pido; y oigo tan mala respuesta? ¡ Vive Dios !, que, si me cuesta la vida, he de averiguar quien es don Pedro, y buscar su muerte y vengarme así; que pues la siguió hasta aquí, adonde estén le he de hallar. El me dijo que venía, aunque entonces fui engañado por los nombres, abrasado -tras los celos de María. si de la desdicha mía alguna piedad enseñas, pues pueden mover las peñas y sólo pesares medro, dime, Clara, de don Pedro la calidad y las señas. (Este se quiere vengar, y pues el caso se absconde y no hay peligro del Conde, las señas le quiero dar.) Bien me pudierais mandar en cosas de más cuidado. Don Pedro es rico, estimado por su valor y cordura; tiene en mediana estatura, el cuerpo proporcionado; rubio y rico es el cabello, y es de los ojos airoso; rostro no feo ni hermoso, si es que os importa saberlo; éstas son las señas. De ello pende toda mi ventura. (Esté la vida segura de mi amante, que se absconde, y por ellas busque al Conde, que en Lisboa se asegura.) Ved si otra cosa mandáis. Para serviros nací. Yo le iré a buscar ansí. Bien informado quedáis. Adiós, don Juan. Con el vais. Mi venganza solicito. Ansí el peligro limito, pues que cuando a verle voy, por el alma que le doy, nombre y faiciones le quito. Alegrome de que honréis, Conde, esta pobre heredad. ¿Qué grandeza de ciudad se iguala a la que tenéis? Aquí a esperar he venido» vuestro sobrino, que hoy viene; mensajero soy; tanto honor no he merecido. ¡Notable es el mensajero! Hoy con notable arrebol he visto anunciar al sol la venida del lucero. Camas no han de faltar, según son los convidados Tú sientes estos cuidados. Déjanos, no hemos de habrar. Antón. ¡ Calla, con la maldición! ¡ Mala pepita te dé ! Teresa. So mujer y no podré, con más que tiene un melón. Antón, prevéngase todo con cuidado. El tuyo pierde. Dios de todo me recuerde, pues yo soy quien lo acomodo. Descansad mientras que yo a lo necesario acudo. ¿Por qué temo? ¿Por qué dudo, si ya la ocasión llegó? Esta es la prenda querida de don Luis; ser espero su cuidadoso tercero, pues él ha de darme vida. De la pena más cruel a daros parte porfío. Oye, ¿qué le digo, tío? Ya le he traído su aquél. ¡ Dios os guarde ! Que me corra haréis si habéis de contarlo. Por su vida, ¿aquel caballo nació so mona o so zorra? No sé. Saberlo quisiera, porque es tan desvergonzado, que aún a hablarle no han llegado cuando vuelve la trasera. La presunción es gallarda. Y trasquilole el albarda del primero mojicón; él, que el mal término vio, quiso, derrengado ya, decir: "De fuera vendrá...", mas no pudo y rebuznó. A todos los atropella. Desde agora le condeno. Vueso caballo era bueno... ¿Para qué? Para doncella, que no dejará par ños, a nadie llegar a si. Toribio, vete de aquí. ¿Pues díjelo yo por vos? Y luego dirán que son maliciosos los villanos Solamente. ¡ Cuentos vanos! Válate la maldición por caballo o por rocín. ¡ Basta ya ! ¡ Vete en buen hora ! ¿Habrar quiere la señora a solas? No es a buen fin. Diréselo por san pito, al que es perra cebolloso, que ser un hombre chismoso no es demasiado delito. ¿Qué es lo que quieres decir? Que vuestro primo os adora. ¡ Bien, a fe! Y está, señora, ya condenado a morir, si no le favorecéis. Bien pudiérades buscar más culto modo de hablar. No es razón que me culpéis. i Dejadlo ya, por mi vida! No disgustaros deseo. Nuestra sangre nuestro empleo será forzoso que impida. ¿Pues esa dispensación no es fácil? Toribio. Esto ha pasado: de la sala me han echado. (¡Qué buena conversación! ¡ Qué divertidos están !) En que este amor no se impida, señora, me va la vida. (¡ Buenos mis intentos van !) Hacedme aqueste favor. (Favores está pidiendo.) ¿ Entiéndeslos bien? Entiendo lo que basta a mi temor. Ya mi señor os espera. D. Pedro. Con vuestra licencia voy. (Ya determinada estoy.) (El furor el alma altera.) (En vano engaños intenta encender mi pecho frío en otro fuego amoroso, en otros nuevos peligros; a pesar de otros deseos, me arrojo y me determino en estimar a don Pedro; ya mi libertad le rindo.) (Luego me dio el corazón con sus alas este aviso, que reventando en el pecho me alborotó los sentidos. i Que en todas las partes halle este hombre por enemigo, y que fáciles le adoren dos mujeres que he querido! ¿Es más noble? ¿Es más galán? ¿Más cortesano? ¿Más rico? ¿Qué estrella le favorece contra mí? ¿Qué adverso sino?) (A don Pedro Álvarez sólo mi libertad sacrifico. Gente siento. El es ¡ Ay, cielos !, pesarame si me ha oído, no juzgue por liviandad un amor tan casto y limpio.) (Corrido estoy. Desde agora de sus ojos me despido; no quiero darle a entender mis celos, que es desatino que los pida quien no fue amado y favorecido.) ¿Cómo dejáis el ganado? Alguno menos perdido puede guardarle mejor, pues no me hallo a mí mismo. Parece que venís triste. Y yo poquito a poquito me escurro, que los chismosos siempre temen el castigo. No será justo negarlo, cuando mis ojos lo han dicho. Señora, en ninguna parte hallo descanso ni alivio. Pensé estar en estas sierras por algún tiempo escondido, mas ya conozco que en ellas más me entristezco y aflijo. Quiero pasar a Madrid. que en la piedad de Filipo espero fácil perdón de un amoroso delito. Mirad si me mandáis algo y haced que me dé Toribio el caballo que ha guardado y me vuelva mi vestido; que yo, cuando siglos fueran ocho días que aquí os sirvo, por no esperar mala pr.ga perdonara lo servido. ¿Pues qué tenéis? No es posible que carezca de artificio o enojo aquesta mudanza. ¿Esto es el sufrir de enero los rigores y los fríos? ¿De las despeñadas fuentes las ricas sierpes de vidrio? si yo de vos me fiara... Ved qué presto habéis mentido. si luego os diera favores, cuál quedara el honor mío; nunca he sido tan discreta, nunca tan prudente he sido. ¡Qué presto fuistis mudable! Pero yo, ¿de qué me admiro? ¿No olvidasteis a mi prima? Yo pensé en algo serviros; mas, pues vos os vais, no importa. ¿Toribio? ¿ Señora ? Amigo, dad a aqueste caballero sus galas; que nunca he visto portugués en lo que trata tan inconstante y altivo. Allí están los zaragüelles, y aquel de los abanicos, que tiene, si bien me acuerdo, dos menores por sus hijos, un sayo todo gayado, y otras zarandajas. Digo que lo traigas y se vaya. ¿Qué más evidente indicio de que a don Pedro se rinde, pues mi ausencia no ha sentido" ¡ Adiós, señora! El os guarde. ¿Daréis la espada y cinto? Todo, pues. Todo lo quiero. ¿Hay son dárselo? (Esto hizo el chisme que le conté.) ¡ Loca quedo ! ¡ Pierdo el juicio ! ¿En dos horas tal mudanza? ¿Es loco este hombre? ¿ Qué ha visto? Color trujo de celoso, pálido y descolorido. ¿si por dejarle y venirme con el Conde se ha ofendido? ¡ Ay, si se irá ! ¡ Pero vaya ! ¿ Cómo tan presto, me rindo ? Yo quiero hacer que le hurten el caballo. ¿Hay desvarío semejante? Pero en vano le muestro esfuerzo y me animo. i Oh, quién hallara remedio para detenerle! Ha sido imposible que faltasen: ves, porque yo las estimo. ¿No os vais? ¡Pluguiera a los cielos! ¿Cómo me pondré en camino? si me faltan las espuelas? Las espuelas se han perdido? En el pajar no parecen, y él quiere, a lo que imagino, no ser maldito del Cid. ¿De qué modo? ¿No es maldito quien sin espuelas cabalga? ¡ Qué poco que habéis leído! Sosegad, señor hidalgo, y no estéis tan pensativo. No debe de ser verdad. Dentro. ¡ Para! ¿ Qué es este ruido ? Tus primas llegan señora; Hablando están con su tío. Agora si son mis celos. Ved, hidalgo, que os aviso, Que si miráis a mi prima, Pues sé que la habéis querido, Parecerán las espuelas, Aunque todo el edificio De la casa se trastorne. (¿Hay tan grande laberinto? Celos me pide y adora a don Pedro.) ¿Queréis iros al campo? No, porque tengo Con vos mi fiero enemigo Y quiero ver si le habláis. Tened cuenta si le miro, Que yo la terné con vos. ¡Ah, señor hidalgo,! ¿Ensillo? No tan presto. Pues espero. ¡Todos seáis bien venidos! Primas, dadme vuestros brazos. Y yo los vuestros os pido. Ya la hablé. ¡Guárdete el cielo! Ya de doña Clara envidio La belleza por mis celos En vano el placer resisto De ver aquí a mi don Pedro, Aunque con nombre fingido. Pues ya se ( ) el Conde, Por ver a don juan suspiro. ¿Será mía vuestra hermana? ¿Eso dudáis? Siempre ha sido Rubio el temor del amor. Por cumplir los () he dicho Desprecié al de la pendencia. si a vuestros pies no me humillo, Es por no dar qué notar. Clara, a mirarte me inclino Con más atención. ¿Por qué? Hoy mejor me has parecido Que otras veces. ¿si miró Agora? Mire si ensillo. Después lo veremos. ¡Calla! (por mi prima estoy perdido.) (Clara me tiene sin alma) (Mi dueño será el herido.) Puestas esperan las mesas. La libertad les limito A los ojos, por no ver Aquella esfinge de Edipo. La privación de la mujer suele engendrar apetito: mas no he de mirar a Conde. ¡Ay, don Pedro! ¡Ay, dueño mío! ¡Ven, Clara! ¡Prima, venid! ¡Con qué cuidados asisto! Argos me han hecho los celos. ¿Vase? No. ¿Luego no ensillo? ¡Mala Pascua os dé Dios! ¿Tan grande fue el maleficio? Par Dios, que os quejáis de vicio. Decid: ¿No somos los dos Para el santo matrimoño? Iguales. ¿No soy igual al más ergudo zagal para todo? ¿Soy dimoño ? ¿ Qué importa que a ese rincón, si el dios niño nos provoca, alcanzase de su boca de paso aquel sorbitón? Teresa. Hué sacrilegio. No sé cómo la cólera aplaco. Vos sois un gentil bellaco. Por su vertud lo seré. Y vos... Lo que habéis de hacer, pues servistis de testigo, es que las hayáis conmigo, pero no con mi mujer. ¿Ya eres su mujer? ¡Pues no! Para lo que le cumpliere. ¿Esto sufro? ¡ No os altere! Yo so ella y ella es yo: aquesto es en sorrución. Antonio. Pues, Teresa, si es ansí, no hay que hablarme desde aquí. ¡ Andad con la maldición! Esto es hecho. ¡ Y cómo que es ! Mi padre enojado va. El se desenojará cuando le pongáis después un nietecito en los brazos, branco, rubio y colorado; que para un padre enojado éstos son perfetos lazos. ¿Y de aquí a que esté preñada, Toribio, y después parida, qué ha de ser nuesa vida? ¿De eso estáis desconsolada? ¿No sabréis adelantar? ¿Tan despacio os habéis de ir? Daos priesa vos en parir, que yo lo daré a empañar. ¿No será mejor que habremos a estas damas que han venido, y del error cometido el perdón alcanzaremos por ellas? Tenéis razón: va acabaron de cenar. Presto saldrán a tomar el fresco a aqueste halcón. Hablarlas aquí podemos. Aquesta es doña Maria. Toribio. Hará de la noche día con más lucientes extremos. Más aumenta mi tristeza ver con el gusto que están, mi hermano viendo en mi prima una imagen celestial, don Pedro, fingido Conde, viendo a Clara que le da toda el alma por los ojos con agradable mirar. Yo sola, viendo que Carlos fue inconstante desleal, pues no ha venido a verme, teniendo ya libertad, le olvido, y de nuevo siento esta ausencia de don Juan, que las sinrazones son espuelas para olvidar. Quisiera que con secreto viniera a verme; quizá de todo olvida mi prima, ingrata a su voluntad. Aqueste papel he escrito; ¿quién se le puede llevar, que con la respuesta venga? Llégate, que sabes más, que yo me enturbio de verla Mi señora, perdonad si antes de haberos servido de vos me vengo a amparar. Yo, criada en esta sierra, sin empachos de ciudad, quise bien desde chiquita a este pulido zagal. Yo la conocí en mantillas, y, por más señas, jamás la vi sin mocos; tenía notable gracia en llorar: atronaba aquestos valles; mi burra dirá su edad, que la sabe. ¿Y habla acaso? No le falta sino habrar. Creció el amor en los dos, por ser el estado igual, y al fin esta noche hallonos mi padre. ¿De qué os turbáis? Hallonos ya tan perdidos, que hubimos de confesar que éramos, como se dice en dueñas, tal para cual. Está enojado, y vos sola le podéis desenojar. Eso dejad a mi cargo. Los pies le quiero besar. (No es mala aquesta ocasión.) Pero por esta amistad, otra habéis de hacerme vos. No tiene sino mandar. A Mérida os habéis de ir y dar aqueste a don Juan de Castilla, que conviene el secreto y brevedad. ¿No es el que decís un hombre muy pulido y muy galán, muy rico y emparentado? Ese mismo. ¡Echad acá ! Yo iré a dársele al momento. Pues entretanto que vais, conmigo estará Teresa, que yo la sabré guardar. Yo hablaré a su padre presto; tendrá todo dulce paz. Mirad que me importa mucho ese papel que lleváis: dádsele en su propia mano. Dejadlo, que ello dirá. Vos veréis mi diligencia. ¡Con linda joya topáis! Pues, Teresa, ven conmigo. (Perdone mi calidad; que olvidar a quien olvida es efeto natural.) Pardiez, no voy muy contento, si va a decir la verdad; que aún Teresa no está firme, y es forzoso recelar. Han venido caballeros palaciegos y podrán, con engaños y invenciones, su sencillez engañar. i Oh ! ¡ Lleve el diablo el papel! Aquestos celos me traen sin mí; que aunque no le mira, quizá cautela será; ya sé su nombre, que estando cenando la oí nombrar; doña María se llama, como esotra desleal. Agora que esto casado, debo por ella mirar más que cuando era soltero. Toribio, ¿qué hay por acá? Y vos, ¿qué es lo que queréis? Mirad si voy a ensillar. No. Pues sabed que yo tengo poco bien y mucho mal. Voy a Mérida. ¿Y a qué? ¡ Oh, qué linda necedad! ¿ Queréis que diga que llevo este papel a don Juan, y que es de doña María? Hanme mandado callar, y no he de decirlo a nadie. (¿De cuál de las dos será? mas de cualquiera sea, que le lleve he de estorbar; que en una me obligan celos y en otra curiosidad.) ¿Y de eso estás disgustado? Yo me voy agora allá, y le llevaré por ti. Hareisme mucha amistad; que yo tengo ya mujer y no me pienso apartar de ella un punto. Muestra y calla. ¿Y sabéis para quién va? Sí, que yo soy adivino; a don Juan se le ha de dar de Castilla con secreto, industria y sagacidad. Toribio. Hombre, ¿hablas con el diabro? ¿Hay tan grande adivinar? (Dejar sola mi muchacha, estando aquí gente tal?) ¿Cuándo traeréis la respuesta? Mañana. Hasta que volváis, por doña María, quiero esconderme en el pajar. (Rabio por ver el papel.) ¿mas que ? ¿ A dormir te vas ? Entendiome el pensamiento: él tiene familiar. ¿ Quieres que haga que vueles de aquí a tu cama ? ¡Callad! Aunque cojo, patas tengo. Vaya conmigo San Blas. Cuando con don Juan reñí me pudo el nombre engañar de doña María. ¡ Cielos !, mis celos se aumentan más; de doña María de Sosa, acabada de llegar, ¿ cómo pudo ser querido ? ¡ Qué poca es mi habilidad ! Que no sepa yo escribir, siquiera por no fiar a ninguno mi secreto, que culpe mi liviandad! Está mi hermana enojada, y ansí escribir no querrá, y a don Pedro aquesta noche, si puedo, quisiera hablar, para quitarle los celos que tuvo en Lisboa. ¿Habrá confusión como la mía? Una luz voy a buscar. Buen hombre, ¿sois de esta casa? Sí, señora, ¿Qué mandáis? (Esta es doña Clara; aquí conviene disimular.) Por mí quiero, si es posible, que una diligencia hagáis. Fiad de mí, que soy hombre de bien, y que se de mal. ¿ Conocéis un caballero, que vino de la ciudad ayer, antes que nosotros? Muy bien. Decid. No temáis. Impórtame con extremo ciertas cosas aclarar dañosas para mi honor y contra mi calidad. En el cuarto de mi prima mi hermana y yo hemos de entrar ya yo he entrado en él, y he visto segura comodidad: salen unas rejas bajas guarnecidas de arrayán, entre jazmines, que agora son estrellas de cristal, a una huerta deleitosa, donde muestra su beldad roja la sangre de Venus, a emulación del coral, por cuyas bajas paredes fácilmente puede entrar, donde sepa de mi boca su engaño con mi verdad. Y yo obligada, por mí mis deseos pagarán, deseándote el aumento de tu hacienda y tu caudal. si tienes ovejas, cubran esta amena soledad, nieve en las cumbres parezcan, que derritiéndose va, rica laguna en el valle; si las plantas cultivar quieres, desgaje sus ramas el más humilde frutal. Basta ya, señora mía, las bendiciones dejad. ¿Adonde se fue don Pedro, que no le he podido hallar? ¡ Aquí hay gente ! Vuestros ruegos ¿ qué piedra no ablandarán ? Digo que serviros quiero. Y yo te quiero abrazar mil veces. i Ay, cielo santo! El y doña Clara están abrazados ! ¡ Qué mal hice en no dejarle ausentar! ¿Haraslo? ¿Pues no, señora? ¿ No basta que lo pidáis con tanta terneza? ¡Cielos, estas dudas aclarad! Dadme la mano. Eso es hecho: no puedo disimular. Pues adiós, que suena gente. Con él, mi señora, vais. Voy a leer el papel. No hay para que le leáis; basta lo que habéis sabido, pues os lo dijeron ya: los que firmes se quisieron, tarde olvidan, nunca y mal. Más vale que hablemos claro. ¿Qué más claro habéis de hablar! Id a buscar las espuelas, y si las vuestras no halláis, yo os las prestare, y aun alas, para que podáis volar. ¡ Basta lo que he sido necia ! A su curso natural vuelvan las cosas ; caminen ríos y fuentes al mar. Vos tenéis a quien querer; sus méritos no igualáis. Engañado habéis vivido; no tenéis que sospechar que fuese suyo el papel. si tan claramente habláis, clara la verdad se ha visto. Lleno estáis de claridad. ¿Hay desengaño tan grande? Al fin escribe a don Juan; ella misma lo confiesa. ¿ Qué respetos miro ya? Pues queréis que no le lea, haré vuestra voluntad; que no quiero que por mí un instante la torzáis. Hasta aquí viví engañado, y no quiero estarlo más. Bastan las informaciones con que os puedo condenar. Voyme a buscar en el mundo amor, firmeza, lealtad, ya que viviendo entre peñas tan fácilmente os mudáis. Venció, Clara, tu hermosura, no tu beldad y firmeza. Su alegría y su belleza, dichoso fin me asegura. Que os recojáis es razón. ¿Qué haces aquí, María? Llamar con su luz al día, haciendo oriente el balcón. Turbada estoy. ¿si me oyeron? Ya se aumentan mis cuidados; ¿pero cuándo los culpados no dudaron y temieron? Yo os tengo de acompañar. Carlos, esperadme aquí. (si aquel recado que di se le habrán podido dar?) (¿si habrá Toribio partido con el papel de don Juan? ¿ si será cortés galán al amor quien le ha debido? ¿Qué amor al mío se iguala? Excusada cortesía. Iré así, por vida mía, hasta entrar en esa sala. (Dudosa voy y sin mí; ya mi contento acabó.) ¿Vas muy alegre? ¿Pues no, si cobro lo que perdí ? Ojos, si perdéis el cielo, que en doña Clara adoráis hasta que a verle volváis poned la vista en el suelo. Dad a la confusa idea vuestro poder más fiel. ¿ Cuyo será este papel ? Pero de quien fuere sea. Leerle animoso quiero. Allá fuera os retirad; sobre el bufete dejad esa luz y candelero. ¡ Cerrado y sin sobrescrito ! Ya me da que sospechar; pero el temor y el dudar a la ejecución remito. Aquí tengo el desengaño, que el caso me certifica: esta letra pronostica o mi contento o mi daño. ¿No es de doña Clara? Si. Dichoso mil veces yo, i para mi le escribió y me le ha arrojado aquí Sin duda es lo que sospecho. "Estas finezas dirán lo que en mi alma, don Juan, vuestras palabras han hecho." ¿Como es esto? ¿Don Juan dice? ¿Qué dudo, pues que lo leo? i Qué presto con mi deseo mi esperanza satisfice! Pagad como caballero la fe que habéis conocido, pues por vuestra causa olvido a quien estimé primero. Verdad dije, no mentí; por capítulos le dan: el primero es de don Juan y el segundo para mí. "si os aflige mi cuidado, que es de los sentidos guerra, venid a verme a su Sierra encubierto y disfrazado. Daréis fin a la tristeza, que en la ausencia se confirma; bien conoceréis sin firma, que os escribe mi firmeza." ¿Hay libertad semejante? ¿ Es posible que he venido a ver en su amor mi olvido, ciego, loco y ignorante? ¿No bastaba lo que vi con el Conde? ¿No bastaba ver que a los dos engañaba, para no buscarla ansí? ¿Tan presto halló nuevo amor, y al Conde y a mí desprecia? Sin duda le sobra y precia lo que le falta de honor. ¿Esto vengo a pretender? ¿Esto mi firmeza gana? ¿Una mujer tan liviana pretendo para mujer? En mi dolor inhumano de suerte perdido voy, que Heno de rabia estoy por decírselo a su hermano. mas sin duda no lo ignora, y también es contra mí; lo que entonces no entendí, por mi mal lo entiendo ahora. ¿No me dijo que tenía, ¡cielos, el alma se abrasa!, dentro de su misma casa el que por su amor moría? ¿No me echó de ella alterado? ¿No me dijo que mudara el nombre? ¿Más muestra clara de que he venido engañado? Y la misma ingrata bella dijo que estaba don Juan en casa; aquí me darán ocasión para ofenderla sus livianos pareceres, para más venganza mía. ¡ Oh, mal haya quien se fía en palabras de mujeres! ¿Qué es esto, señor? No sé, ¿Dónde aquestas horas vas? El galardón de mi fe aún más obscuro se ve que estos valles en que estás. Aquestos bosques sombríos vestidos de escarcha están, "buscarle ansí". con sus ojos no podrán numerar los males míos. Ya no me espanta en María la mudanza, ni te asombre que a dos a un tiempo quería, pues la imita en su porfía otra de su mismo nombre. Apenas en su ribera retratara en su cristal la celeste vidriera, cuando huía de mi mal, que aquí no vence el que espera; mas antes de mi partida quitar quisiera la vida a don Pedro y a don Juan, que entrambos muerte me dan cuando mi afición se olvida. ¡Vivo Dios! ¿Esa afición quieres que venga a parar en la desesperación? si has de olvidar tu pasión, el rencor has de olvidar. ¿Cómo te veniste aquí ? De la quinta me salí loco, apresurado y ciego, que jamás descansa el fuego, y vive un volcán en mí. Aquí te vine a buscar para decirte mi pena: todas saben engañar. Aquí te importa callar. Advierte que gente suena. No bien con salud entera, aunque en mi agravio animoso, vengo de aquesta manera; que se consume si espera el que es amante celoso. Noche, en vuestro manto obscuro mi pretensión aseguro; aquí sin duda estará mi enemigo; hoy me dará la venganza que procuro. Mi memoria y fantasía jamás olvidan sus señas, así me ofreciese el día quien me hiciese compañía escondido entre las peñas. ¿si estará don Pedro aquí? Nombrar mi contrario oí. Quién es este hombre he de ver, que por dicha podrá ser que halle mi venganza así. ¿ Quién va allá ? Pastores son. Hao, no espantes el ganado. ¡ Ah, huego de San Antón! A ser su merced ladrón, buen mastín, que no ha ladrado. Amigos, no os alteréis. ¿A estas horas, qué queréis? Huera de camino vais; decimos lo que buscáis. Quería que me enseñéis de don Álvaro la casa. Aquí en este valle está, por donde este río pasa, que cruza esa vega rasa, ¿Pero qué queréis allá? Que si venís a buscar uno que os oí nombrar, yo os le mostraré. Ya medro, saber que está aquí don Pedro, de haberos llegado a hablar. ¿No es don Pedro un portugués caballero el que buscáis? Sí, amigo, el mismo. Pues si vueso enemigo es, a muy buen puerto llegáis. ¡ Voto al sol, que es un tacaño! ¿También os ha hecho daño? ¡ Muera ! si os queréis vengar. ponedme vos en lugar que satisfaga mi engaño; que darle la muerte espero. A daros gusto me aplico. Aunque él sea caballero, en efeto es forastero, y yo natural y rico, y os sabré satisfacer lo que prometéis hacer. No me obliga la ambición. Pues que sé vuestra intención, la mía habréis de saber. Yo estaba determinado a matarle. De esa suerte bien nos habemos juntado. Jamás ayuda ha faltado para agravio, robo o muerte. No quiero que le matéis vos, sino que me ayudéis después. La traza es discreta; alma tiene esta escopeta. con que la suya saquéis. Aunque yo tenía espada ésta será menester; que, pues no es pendencia honrada, sin aventurarse nada es dulce cosa el vencer. Pues vamos luego, que el día destierra la sombra fría. ¿Quedaos a vos dirá? No, que para tirarle yo esa escopeta traía. Esperad, que quiero hablar un poco a mi compañero. ¿ Qué tengo de hacer ? Callar, pues que me puedo Arengar, y culpo a este caballero; tú puedes ir a tener los caballos prevenidos. De criados bien nacidos es callar y obedecer: ruego a Dios que por bien sea. A esto estoy determinado. Pues yo te obedezco. Ea, que ya, pardiobre, desea salir el plomo encerrado. Dichoso he sido en hallaros. Y yo más en ayudaros. ¿La paga es cierta? Sí es. Véngaos ahora, y después Dios sabe quién podrá hablaros. Mi ventura el cielo ordena Ya se divisa la casa. Furioso se desenfrena. Aquí con la mano ajena tengo de sacar la brasa. para en uno, ¿qué queréis? No estéis tan emberrinchado. Teresa y Toribio son amantes; su padre Antón dice que los ha hallado requebrándose; dijeron que estaban casados ya; el viejo enojado está, y a mí a pedirme vinieron que me sirviese de hacer las paces, y hacerlas quiero. Pues tanto habéis madrugado, mucho esta paz os importa. si Antón su enojo reporta, sacarame de cuidado, para que no quiebre yo una palabra que di. Tercero tendréis en mí, si es que a vuestro gusto importa. ¿A sagrado os acogéis? ¿Pues qué es aquesto, sobrina? si veis que Dios nos inclina Para en uno, ¿qué queréis? No estéis tan emberrinchado. Teresa y Toribio son Amantes; su padre Antón Dice que los ha hallado Requebrándose; dijeron Que estaban casados ya; El viejo enojado está. Y a mí a pedirme vinieron Que me sirviese de hacer las paces, y hacerlas quiero. ¿ Pues no ? Por este agujero lo puedo escuchar y ver. Antón, ¿queréis estorbar lo que está de Dios? No es justo. En todo os he de dar gusto; pero habeisme de escuchar. Cuando Teresa escogiese (ya que se quiere casar) quien la supiese estimar y sustentarla supiese, no tuviera que temer. ¿Sustentarla? ¿Quién tal vio? ¿He de herle papas yo? ¿Ella no sabe comer? si es níspero, aun sin estar maduro, al ocio dispuesto, ¿qué le ha de dar? Ya me he puesto entre paja a madurar. Antón. Es tonto, es bruto, y ansí la entrego a un tormento eterno. Ya me trata como a yerno, pues que dice mal de mí. si por ventura tuviera para una dicha tan clara, pues una tan buena cara por yedra del olmo espera, partes para merecer la prenda que miro aquí, ¿qué hiciérades vos por mí en dársela por mujer? Porque es necio y animal os ruego que en paz estén. ¿No pudiera hacerme bien la tonta, sin decir mal? ¡Ea, Antón! Ved que lo ruega mi sobrina, y que yo estoy de por medio: en dote os doy esa huerta de la vega. De sus ignorantes ratos tendréis recompensa ansí. ¡ Ea, por amor de mí! ¡ Enternécete, Pilatos ! ¿Qué os tengo de responder, pues es mi desdicha cierta? Diablo, si te dan la huerta, ¿qué aguardas? Quiéralo hacer, aunque es afrenta notoria. Echadla la bendición. Mucho me obligáis, Antón. Aquí gracia, después gloria. Y Toribio, dónde está? En el pajar. Por mí ha ido fuera de aquí. Yo he dormido; aquel adivino va. Pues venid conmigo, Antón; adiós, sobrina. El te guarde. ¡ mas qué atado, qué cobarde que me echó la bendición! No la echó de buena gana. Mi pecho el dolor confiesa. ¡ Oh, si llegase Teresa cerca de aquesta ventana! El pensamiento afligido penas coge y dudas siembra. ¡ Hao, Teresa; ah, mala hembra! No oís a vuestro marido? Apenas la luz del día vi, cuando el lecho dejé; vestida a mi hermana hallé, y triste a dolía María, y mi pesar aumentaron. Don Juan, mi amor te da priesa. ¡ Ah, Teresilla ! ¡ Ah, Teresa ! ¿ Desde dónde me llamaron ? Yo soy. Vuélveme a mirar. ¿Eres Toribio? Sí soy. ¿Hacia dónde estás? Estoy retraído en el pajar. Sube, pues que ya eres mía. Que te obedezca es forzoso. ¡Oh, pajar el más sabroso que ha habido en la pajería! Por esta escalera atajas. mas que me ringan después. Ven, que aunque entre ellas me \'es, jamás me dormí en las pajas. Vuestras enigmas no entiendo ni vuestros tiernos suspiros, pues cuando quiero serviros os quejáis de que os ofendo. si es que arrepentido estáis de que con mi hermana os case, no hay por qué adelante pase; bien sabéis lo que ganáis, por quien soy, y por tener tanto valor y hermosura. si el alma no se asegura, ¿cómo me puedo atrever? Don Luis, yo estoy perdido toda la noche he pasado consultando mi cuidado, desvelado y sin sentido. Advertid que si son celos, las más veces son engaños. Pluguiera a Dios que mis daños fueran dudosos desvelos. Don Luis, verdades son, por su misma mano escritas. Mal haces si no limitas. esa encubierta pasión. si es que sientes de don Juan la herida, sano quedaba, y aquí venir deseaba. Lejos tus sospechas han de adivinar mis enojos. También tengo yo cuidado; que esta noche no ha llegado el sueño a ocupar mis ojos. El bien que en tu casa hallé aguardaba cuidadosa. Llamarte puedes dichosa. Con tu favor lo seré en descubriendo un engaño. causa de esta confusión. ¡Disimulad, corazón, pues buscasteis vuestro daño! ¿Que don Pedro me engañase De este modo? No se irá; vuestra prenda en casa está. (No hay pena que no me abrase.) Prima, ¿que es lo que has tenido, que tus quejas escuche toda la noche? No sé, "mala noche, y hija ha sido". No quiero ser el padrino, no hay por qué estéis disgustado. Quedando por vos honrado, ya mi contento imagino. Don Pedro, si temeroso de vuestro honor os casáis, advertid que os obligáis, a pesado y malicioso; y si con vuestra opinión estáis desacreditado, jamás viviréis honrado en vuestra imaginación. No os caséis, ni os está bien. Mucho tengo que advertir. ¿A quién tengo de pedir que los caballos me den? No preguntarlo fue error. Esta ignorancia me culpa; mas sírvame de disculpa el morir con mi señor cuando fuere menester. Quiero retirarme aquí. {Todo en corrillos.) Por mandarlo vos, le di a mi hija por mujer. Mucha gente hay a la puerta. Quien determinado viene, como estamos vos y yo, no mira en inconvenientes. ¿No sois caballero? Sí, generoso descendiente de los Reyes de Castilla. Todos venimos de Reyes. Pues en viéndole tendido llegad a favorecerme, mientras tomo mi rocín, que un compañero le tiene prevenido. Eres honrado, que es lo mismo que valiente. ¡ Qué bien dicho ! Y en efeto, si con varios accidentes procedéis en estos casos, vuestra esperanza sintiere, y buscad en Portugal casamiento competente. Eso será lo mejor. El que hacia nosotros viene y del otro se apartó, es el que matar pretendes. ;Cuál dices? Este primero. ¿Don Pedro Álvarez es éste ? Sí, y yo le quiero tirar. Desvíate a un lado. ¡ Tente ! No es posible, ¡ vive Dios !; que las señas no convienen con las que tiene este hombre, hombre de mediano cuerpo, de rubio cabello. ¿Vienes a matarle o a impedirme? ¡ Qué tiempo agora se pierde! Pecoso de cara; ¡cielos!, contradicen claramente las señas con este hombre. Casi en cólera me enciendes. ¡ Hombre, tente, vive el cielo Que agora que llego a verte con cuidado, al que yo busco por las señas me pareces. ¿Quién eres, hombre? ¿Quién soy? Dime primero quién eres. Que no negaré mi nombre Por temor, mientras viviere. Yo soy don Juan de Castilla: De mi apellido se infiere Mi nobleza, y una noche O engañado o impaciente Don Pedro Álvarez me hirió; Pide mi honor que me vengue. Y los celos que me has dado, Que no me encubra y ausente: Yo soy quien riñó contigo, Y el nombre que me ennoblece Don Carlos de Portugal. O te aparta o matarete. ¡Hombre, detente! ¿Qué es esto? ¿Que yo las armas le diese, Con que procura matarme Y atrevido se defiende? ¡Cielos! ¿Qué voces son estas? Este es Carlos. Aquí tienes A tu lado tu criado. Conde, ¿Qué alboroto es este? Ninguno se llegue a mí, Que del primero que llegue Ha de hacer que el alma salga Por donde dos balas entren. Yo soy el conde don Carlos, Que de los soles ardiente De doña María de Sosa Fui Faetón que me encendiese. Ella a don Pedro escribió…. Engañado estás; advierte Que yo adoro a doña Clara. Ese es engaño patente; Este es de doña María, Que amante te favorece. Ella le escribió por mí, Sin que a Carlos ofendiese Porque yo no sé escribir. Por si el negocio se enciende Voy por mi lanzón, que está En el pajar. Hoy florecen mis esperanzas si es Carlos El que adoro tiernamente. Aún hay engaños mayores, Que es bien que sé Aquí el secreto perdono, Que no hay celoso prudente, Álvaro, a mí vuestra hija Me dio esperanzas alegres Queriendo bien a don Pedro. Sospechando que tú fueses, Dije que bien le quería; Que don pedro dijo siempre Que era don Carlos. ¿Pues cómo Escribías, imprudente, Un billete con Toribio A don Juan? ¿Yo? ¿Qué esto niegues? Yo soy la que le escribía. Mirad si por dicha es cierto Sí, que viéndome olvidada, Busqué quien correspondiese. Hijos, todos son engaños, Y es justo que se remedie Antes que adelante pasen Enemistades tan fuertes. ¿Tú no quieres a don Pedro? Tierna y entrañablemente. ¿Y tú? A don Juan que me obliga ver quien mi honor ofendiese el Conde. Yo adoro a Carlos. Pues las bodas se celebren. ¡Ténganse, señores, antes Que riguroso me espete! Padre, por amor de Dios! ¿Antes que a la iglesia os lleven Las bendiciones, tacaños? ¡Tente, Antón” ¡Abraham, detente! ¡Hola, adivino” ¿Trujiste La respuesta? Así proceden De un engaño otros mayores. Ya mi enojo se suspende. Ea, haced las amistades. Porque en salvo te pusieses te mudé el nombre, y ha sido causa de este enredo. Apresten, después de estas amistades, en que todos juntamente nos vamos a Guadalupe, adonde casados queden tan engañados amantes. Y si el perdón se concede, aquí sus Sierras se acaben, como mi esperanza, verde.