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Texto digital de El serafín humano

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El serafín humano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/serafin-humano-el.

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EL SERAFÍN HUMANO

JORNADA PRIMERA

No son feas. . Ni aún hermosas. Bien cubren con el donaire sus defetos. . Todo es aire en tocando en melindrosas. Melindres pueden pasallos desde diez a deciséis las damas, que donde veis un tigre puede escucharlos. Ya son diosas que los días en su número las cuenta. Las Vísperas de cuarenta hacen las gracias muy frías. Cierto que considerar una mujer que fue hermosa, y ya, como digo, es diosa, puede mover a llorar, Como el más tierno sermón: para que pintan efetos del tiempo libros discretos, y llenos de erudición? Con describir que el Imperio de Roma ya se acabó, y que Troya se abrasó por aquel Griego adulterio. Que sirve tanta elegancia reducida a solo el punto de describir a Sagunto, y los muros de Numancia? De que sirve Belisario, después de tantas victorias? de Marco Claudió las glorias? de Emilio, Pompeyo, y Mario? Que no hay donde esto se vea mejor, que en una mujer, a quien pudo el tiempo hacer de hermosa en extremo fea. Vos tenéis mucha razón, que imperios, trunfos, victorias en más famas y memorias dilatan su duración. Pero que tan corto sea el triunfo de una mujer, que siendo muy bella ayer, hoy no hay hombre que lo crea? Diréis a un mozo: Esta fue hermosa: y respondera, no es posible, y es que ya, ni aún sombra del Sol se ve. Extraño caso! . Yo os juro, que viendo tal vez su ejemplo, muchas mocedades tiemplo, y que ser viejo procuro. Hay caballo desbocado que corra cómo la edad? tiene tal velocidad un ciervo herido en un prado? Parad pues, paré el más fuerte, el tiempo, el Sol, los instantes. Todos somos caminantes a las veinte hasta la muerte, Pero no tratemos de esto, que es mucho en tal mocedad. De estas mujeres la edad en este rigor me ha puesto. No son feas estas tres. Madre, escudero, y doncellas, parecen noche y estrellas. Lleguemos, ya se quién es. Aquí está Francisco, niñas. Quién madre? . Aquel mercader rico. . Mas quisiera ver dos ropas, y dos basquiñas. Pues habladle, que es gallardo, y no suele darlas mal. De verle tan liberal. le pesa a Pedro Bernardo. A quién? . A su honrado padre, que por sus buenas costumbres tiene dos mil pesadumbres con su honesta y noble madre. Que yo un tiempo la serví, y se lo que gasta el mozo, que antes de salirle el bozo por algunas casas fui Con papeles y con sedas. No es mal lance. . Lindo pez. Si le prendes una vez, rica y regalada quedas. Dale cairel al pasar, para que pique en el cebo. Calla, que es pájaro nuevo, que aún él se ayuda a enredar. Sírvense vuesas mercedes de un escudero? . Es razón que los que señores son, no sirvan, hagan mercedes. Besoos mil veces las manos. Por mi madre temo hablar. No os podré yo visitar? Fuera estarán mis hermanos, Y mi madre suele ir a Vísperas a san Juan Lindas manos! . Aquí están, mas no lo quiero decir. Dónde vivís? . Ese viejo os lo dirá, Dios os guarde. En fin os veré? . Esta tarde: picado, Silvia, le dejo. Ce Mascón. . O mi señor, que mandáis? . Que me digáis dónde viven? . Si aguardáis, pasado un poco el calor, Yo vendré a casa en achaque de otra cosa, y serviré de portafrasco. . No sé si tengo, aguardad que saque Estos papeles, o cuentas, tomad. . Eso no por Dios. Tomad. . mas haré por vos que estas dos son mis parientas: Pero ya que me habéis dado para zapatos, señor, y se de vuestro valor, como quien os ha criado, Recorred la faltriquera, que tengo necesidad de calzas. . Decís verdad, no lo advertí, que os las diera. Tomad estos julios. . Voy con las niñas, no son bellas? Cómo dos claras estrellas. A la fe importuno soy. Estan estas martingalas perdidas con la vejez. Pedídmelo de una vez, tomad. . A un César igualas, Yo les diré a las muchachas tú liberal condición; voyme. . Qué vejez! . No son así de burlas mis tachas. La ropilla no hay vestilla, n ya hay botón de mal sana que acierte con su ventana. Tomad para una ropilla. Dios te guarde Alejandrino mas que jarabe de Mayo. Andad, y compiad el sayo. Aquel tu padre cetrino Me prometía un jubón, pero es en extremo escaso, Dios sabe la tos que paso. No tosáis, tenéis razón, Tomad. . A no estar enfermo s de ciertas impertinencias, te hiciera mil reverencias: seis noches ha que no duermo; Por no tener un bonete. Tomad comprade de grana Pues camisas, no hay mañana que no suba al caballete A pagar la infantería. Acabad, andad con Dios. Perdonad, Francisco vos, con vuestra gran cortesía, Voy a las niñas, y a fe, que yo les diga. . Aún no acabal No es bueno que me olvidaba; y entre renglones dejé, Como estoy caduco ya, lo más importante. . Cómo? Si anacardina no tomo mi memoria buena está, O que vegez tan pesada, qué os falta? . Decirlo quiero; la gorrita y él sombrero, como quien no dice nada. Tomad la bolsa, y dejadme. Desde que la vi, señor, le cobré todo este amor, no puedo más, perdonadme. Si sas mozas son así, moy buen recado tenemos. Ellas iran por extremos de amar lo que ven en mí. Que si de esta suerte fueran, no tiene joyas mi madre, ni hacienda mi rico padre para que un hora las dieran, A la fe que le daré, si me volviere a picar: no me quiero yo sangrar, y tanto barbero halle. Dios nos libre de muchachos, temeraria gente son, FE no ponen tanto punizón por espuelas a seis machos. Venid, y a la tarde iremos. Oh Francisco, aquí estáis vos? no os adoro como adios, que en efecto no podemos: Pero como a su traslado, Quítate, amigo, delante; que locura semejante mil veces pena me ha dado. Luego en los pechos te das cuando me topas, qué es esto? Parte 19. La gracia que Dios ha puesto en ese vuestro, no más. No sé que puerta os he visto, Francisco, en ese costado, como la que aquel soldado puso con su lanza a Cristo. No seas tan loco, hermano, déjame ahora pasar. Dadme la mano a besar, así Dios os dé la mano. Dejo el agujero aparte, porque si la palma os beso, pienso que se salga el beso, señor, por esotra parte. No he visto tal desatino. Si no merezco la mano, dadme ese pie soberano de pisar estrellas dino. Como a imagen os haré tener en andas, carillo; pues que ya para el tornillo os han barrenado el pie, Esperad y pasaréis por mi capa, aunque villana, que no faltará un Osana, cuando en la ciudad! entréis. Lo que es ramos ya se ve, mas no os dirán los Cristianos, Osana a los pies y manos, que no están sanos a fe. T ramos tendréis vos tantos de aquese tronco fecundo, que han de cubrir todo! el mundo de Martires y de Santos. Déjame, loco, pasar, que me pones confusión. Vos la pondréis con razón a aquel que quiso trepar Hasta la suprema alteza: pero fue notable error, que están mal a un voltea lor los váguidos de cabeza. De la maroma del cielo hasta el infierno cayó, y hasta su silla subio de un pobre el humilde celo. Parece que estáis turbado? Hame dado un acidente. No estáis bueno? . No lo siente que está bueno, y extremado. Yreme a echar en la cama. Y como os podéis echar, pues os quiere visitar cierto Príncipe que os ama. Hola, que quiere apretarte, Francisquillo, tente fuerte, que es Impresor, y se vierte la tinta que quiere darte. Cla, que es color bastardo el que da el mundo a tu edad, ola que por humildad te quieren teñir de pardo. Ola que ha de hacer tu celo de un cordón paciente Job otra escala de lacob, por donde suban al cielo. Hola, que quiere que hagas a su gran nave una popa, y estes en su guarda ropa, como funda de sus llagas. Hola, que te quiere dar una gracia única y sola, ola que te lleva la hola; ola que te lleva la mar. Yo me iré con Silvia fuera y sola quedar podrás, para que Francisco más se te descubra y te quiera. Mira que es buena ocasión, que un mancebo mercader de liberal proceder, y de fácil condición. Y que pica en Caballero, cosa que suele poner al más rico mercader en el transito postrero, No aura hacienda que no dé, no aura tienda que le baste, no aura seda que no gaste, y en ella segura esté. Prometerte puedes ya hasta la alfombra del Moro, el tabí y el raso de oro, que en más alto precio está, Las telas ricas, los cortes de Milan, gurbiones ricos, guantes de ámbar, abánicos, usos de diversas Cortes. Verdemar, color de malva, Turquies, Chinos, Damascos. Basta, que no aura peñascos, ni helados montes al alba, Que no se rindan, señora, a tanta gala y promesa. Esta es la mejor empresa, que hay en la ciudad ahora. Voyme, que fío de ti, que le sabrás poner liga. Yo se lo que a un mozo obliga cuando presume de sí. El pica en lindo y discreto, yo le daré por lo lindo y lo discreto, y si rindo su pensamiento en efecto, Por corona me darás esos brazos, que a mi cuello sirvan de cadena. . En ello como dicípula harás De quien pudiera escribir, puesto que en lengua vulgar todo el arte del tomar que otras llaman recibir. Quédate, Celia, y advierte, que este pollo descañones hasta los mismos alones para que a volar no acierte. Déjame tú el cargo a mí, ola Mascón? Mi señora. Qué hace mi hermana? . Ahora ante el espejo la vi, Diciendo a su cara amores, y porque me vio, que entré no puso color a fe que le salieron colores. Túrbeme en las maravillas de los cielos generosos, y con los pies ya gotosos derribé las salserillas. Pesole de una redoma, que llaman de la hermosura, y llamome. . Qué locura! Embajador de Mahoma. Dejad esos disparates, y mirad quien llama ahí. Yo soy, aunque vengo aquí sin Éneas, siendo Acates. Jesús, arrastrad la silla, siéntese vuesa merced. Haceisme tanta merced, que me atrevo a recibilla. Cómo habéis venido solo? Tal vez a los bolos juegan por descuido los que llegan suelen derribar un bolo. Es mucho que una redoma, y no siendo a mal hacer? Estáis en vos? . Yo he de ser embajador de Mahoma Por un poco de limón y soliman, qué es veneno? Qué bueno es el hombre. . Bueno pero no en toda ocasión. Los que lo oyeren, dirán que es justo que así se crea, si es bien que Mohoma sea quien derriba a Soliman. En efecto venís solo? Dio a Francisco un acidente de que muy malo se siente. y más de poner el bolo. Cómprese de mi salario otra redoma. . Callad, que ya es eso necedad. Si fuera de letuario, dejaleas, o de almibar, o otra cosa cordial, mas un Turco! . Ay cosa igual? Y más amargo que acibar. Miren pues a que tinaja se le quitaba el vitoque. No hay ira a que no provoque. Es hablador de ventaja. En otras casas de esparto cubren estas redomillas. Salios a fuera, allá hay sillas. El aceite de lagarto, dice, que le derramé. No aura remedio de hablar, buen hombre, queréis callar. Sí señor, yo callaré. Pero es bueno que me cuenten de mi salario estos botes? Quién le diera cien azotes! Y que tras eso me afrenten, Deme algo vuesa merced, para que estos vidros pague. Qué aura que el necio no estrague? Tomad. . Haceisme merced, Para los vidros es esto, pero las cestas? . Tomad. Hay tal maldad! . Qué maldad? Salid norámala presto. Ya se van, pero no fuera mucho darme otra cosilla, por si alguna redomilla topo al salir. Quién le diera Un redomazo al tacaño: digo en fin que se acostó, y que el calor se aumentó pronóstico de mi daño. No sé en lo que ha de parar. Serenos deben de ser, si sirve alguna mujer, y va de noche a rondar. Celos? . No por vida mía, que aún es muy niño el amor. Al suyo debéis favor: dónde está Silvia? . Salía En este punto de casa con señora la mayor. No han salido, eso es rigor, ya se todo lo que pasa. Vámosla a ver, que soy bueno para trailla de amigo. No quiero hacerme contigo lo que en las graves condeno. Tráeme a Francisco a casa, que Silvia te ha de servir. Sus telas has de medir, si hoy a tu tienda las pasa. Vámosla a ver. . No me excuso tan discreto te imagino Seamos dos al mohíno. que yo soy amigo al En la seguridad, Plutarco dice, que el rico diferencia del que es pobre, y aunque esto al ser verdad no contradice, es bueno que lo diga a quien le sobre: cuanto quisiere ensalce y autorice, para que nombre de riqueza cobre a la pobreza la Filosofía, que yo le diera la pobreza mía. Divino, dijo un Sabio, que era el hombre, que de ninguna cosa carecía, y que estaba muy cerca de este nombre aquel que pocas menester había: no hay cosa que me canse, ni me asombre, como ver que Difilides decía, que era seguro estado la pobreza, por no poder caera más bajeza. Nunca, decía, que engendró adulterio la hambre, el gran Diógenes, y es cosa que más honras ha puesto en cautiverio de deslealtad infame y enojosa: no dijo que la noche sin misterio era su fin de la pobreza odiosa Aristoteles único, pues via, que sola su tiniebla la cubría. Bajé de honroso estado al triste estado en que me veo pobre y abatido, fui mercader, fie del mar, que airado mi hacienda y esperanza ha consumido, no viera a la fortuna el rostro osado, si hubiera mis estudios proseguido, ay del que fía de inconstantes ondas donde ni ruegos ay, ni alcanzan sondas! Nobleza tuve un tiempo, hacienda tuve, volviose el dado, y el azar quito me toda la hacienda en que glorioso estuve, que no hay rebelde preso que no dome, deshizose mi vida como nube, para que quien me viere ejemplo tome: no tiene el hombre bien en este suelo, ni el alma centro hasta llegar al cielo. Si con la enfermedad Pablo decía, mi Dios, que la virtud se perfecciona, quien enfermó de vicios, que diría, pues ninguna virtud su pecho abona? Señor, yo os debo a vos la salud mía, o bien haya el Señor que galardona, sin preceder servicios, los deseos, que solo son de Dios tales trofeos. Yo me vi muerto en una cama echado, tomando a mi sepulcro la medida, donde he visto, Señor, el triste estado de nuestra breve y inconstante vida: allí me imaginé desamparado del alma que a la carne estaba asida, y los sentidos, de quien era dueño, durmiendo en inmortal y eterno sueño. Bien que después con Jobimaginaba que yo, no otró por mí, veros tenía: pero no era tan justo, ni pensaba que veros en el cielo merecía: mi vida, gran Señor, me molestaba, que de un bárbaro inculto parecía, que quien como era justo os conociera, quien duda que os amara y que os temiera. Triste de mí, que en vano confiado, o loca edad, que de ocasiones pierdes! siendo sarmiento al fuego condenado, fiaba de mirar pampaños verdes, oh Francisco, dormido y olvidado, ya es tiempo que te acuerdes y recuerdes, acuérdate y recuerda, y no se pierda un hombre, un alma de quien Dios se acuerda. Señor, el otro día me contaron que a dar limosna tras un pobre fuistes, porque algunos negocios estorbaron, que cuando os la pidio no se la distes: mis desdichas a punto me llegaron, o que mal dije; pero ya lo oístes, mis pecados es cierto, al triste punto en que un hombre miráis vivo y difunto. Dadme, si la tenéis alguna cosa, con que esta desnudez encubrir pueda, que espero en vuestra mano generosa. No digáis más, tened la lengua queda, esperad en la mano poderosa, que hizo al Sol y la estrellada rueda, dio escama al pez, al ave pluma, al hombre razón para alabar su santo nombre. Yo tengo otros vestidos, dadme el vuestro, y tomad este mío, amigo aprisa, aprisa que Tobias gran maestro de caridad nos mueve y nos avisa: el alegría que de daros muestro, esta pobre miseria es la divisa del que sigue al que amando la pobreza vistio nuestra mortal naturaleza. Poned bien la ropilla, el ferreruelo os cubrid, dulce hermano de mis ojos, que la piedra mejor de todo el suelo sois vos, pues en vos dejo mis despojos, culebra soy, tomad piedra del cielo, este pellejo que me daba enojos, sierpe fue Cristo, vuestra piel me visto, Adan me desnudó, vistame Cristo. Francisco pagueos Dios caridad tanta, no se que os diga. . Nada, y diréis mucho, Vuestro celo y amor de Dios me espanta. Vence la afrenta, con que a veces lucho, cúbreme de tu luz caridad santa, mas ya tu voz y tu consuelo escucho, qué es esto santo Dios! qué lumbre es esta! y que sala del mismo Sol compuesta, Francisco, estas joyas tengo para quien le desnudare, y me vistiere, que es bien que el beneficio le pague, A quien la pesada Cruz sobre sus hombros tomaré, crea que sus dignas sienes en oro y laurel se engasten, El que me siguiere a mí, y que por mi peleare, haré que le dé su premio la Jerusalén triunfante. Dormía, o con claros ojos he visto manifestarse a los del cuerpo una sala a la del Sol semejante. Armas y joyas tenía, a quien pienso que las aves del cielo prestaron plumas, y sus jardines esmaltes. Las golas, los guardabrazos, los peros, los espaldares, los morriones, las grenas, o eran Sol, o eran diamantes. No puede el arco del cielo a sus bandas compararse, ni a su rica argentería las luces que en él se esparcen. Contento estoy en extremo, pues aquella voz suave me animó para la guerra, mas que guerra, o quién las hace? Cajas sueñan, gente viene. Pasen todos adelante. 2. Ya va llegando la gente. A señores Capitanes, Dónde la gente se alista? a que guerra, y a qué parte? A Jerusalén amigo, adonde cautivo yace El gran sepulcro de Cristo entre los fieros Soldanes de Persíay de Babilonia. Y es razón que le rescaten aquellos que en el tuvieron Del suyo el precio una tarde, hasta que al tercero día; ya libres los santos Padres, salió aquel Jonas divino de la Vallena de jaspe. Esta es la guerra, Rey mío, para que queréis que arme el pecho, y esta la Cruz que por vuestro le señale. Esta la Jerusalén, donde me aliste y me embarque, que allí me distes la vuestra, y allí es bien que os dé mi sangre. Voy por un galán vestido, que los soldados galanes a mayor valor se obligan, Señor divino esperadme. Después que se levantó tiene aqueste frenesí. La enfermedad lo causó. En ocasiones le vi, que mil sospechas me dio, No vistes que se preciaba de las damas que servía, que hablaba, y que regalaba, y que de noche y de día entre nosotros andaba: Pues os juro, que en un fuego me ponga, si alguna dice, que tocó su mano. . Luego. no casarse no desdice de esa opinión? . Cuanto ruego, Cuanto dote han ofrecido. a Francisco, mas no ha sido posible. . La compañía con quien andaba le hacía solo en la lengua atrevido. De las mujeres que habló alguna me dijo ya que nunca a más se atrevió. Para mi Francisco está como en día en que nacio. Su vergüenza era notable en excediendo de hablar cosa honesta, y agradable. Con estos dos suele andar. Pues bien será que los hable: A caso han visto a Francisco vuesas mercedes? . Señor, ya somos su basilisco; mas que el amigo mayor estima una cueva, o risco, En estas se esconde y vive desde aquella enfermedad. Temo de razón le prive la tristeza y soledad, ni trata, cuenta, ni escribe, Pues cierto que es para él, que no para mí, la hacienda, que yo trabajo por él. Hasta que el humor se estienda melancólico y cruel, Que la enfermedad le ha dado, no será posible menos. Si el puede más, anda errado, cuando los hijos son buenos no dando al padre cuidado. Vamos Lucio, a Dios señores. Pienso que en san Damian le hallarás. . Mas en que errores los hombres discretos dan. Son en los cuerdos mayores, Mas no se debe culpar lo que en esto puede errar, si en el el mal predomina. Ya Jerusalén divina te va Francisco a buscar. Ya voy a ser tu soldado, Sepulcro santo, animado de aquellas armas y voces. Quién es este? . No conoces tu amigo? . En soldado ha dado, Pues Francisco, que es aquesto anda tu padre a buscarte, y de camino te has puesto? Ya soy ministro de Marte, ya voy, como veis, dispuesto Amorir por la señal, que aquel padre que está en Roma da con indulgencia tal, que cualquiera que la toma gana laurel celestial. Desde la gola a la espuela me he puesto, y llevo un caballo, que antes de sentirla vuela. Lo mejor será dejarlo, despídete con cautela, Y a su padre llamaremos. Bien dices, Francisco a Dios, que nosotros no podemos ira esta guerra con vos, paz buscamos, paz tenemos. Él os la dé, como puede. Vámosle presto a auiar. Él sabrá hacer que se quede. Bien me podéis envidiar, mi dicha la vuestra excede, Porque he de ser por la guerra un gran Príncipe y señor. . Francisco? . Quién es? . Destierra. la guerra, que otra mayor has de tener en la tierra, No es esta aquella pelea de tanta corona y palma. Gran Señor, saber desea vuestra voluntad mi alma, qué guerra queréis que sea? Que hará Francisco por vos, que ya está de amores loco? yo no os entiendo, mi Dios, y no os espantéis, que ha poco que nos tratamos los dos. Cuando yo os haya tratado mis sentidos estarán con más despierto cuidado, o templo de Damían, a cuya puerta he llegado. Llagado dijera bien, pues sois médico divino, y soldado sois también, que sois Martir, y sois dino de que esta bandera os den A este altar de Cristo santo. quiero ofrecerme, Señor, aquí estoy, no digo cuanto haré yo por vuestro amor, habiendo vos hecho tanto: Pero estoy cierto, que haré con gran voluntad y Fe lo que vos queráis de mí, Francisco . Ya estoy aquí, mas lo que he de hacer no sé. Mi casa se está cayendo, ve, y repárala. . Señor, vuestra voluntad entiendo, presto con vuestro favor que se repare pretendo. Sin duda que se caía No sabia ese principio. . Yo sí. Quiero partirme de aquí, y vender la hacienda mía. Pero juntaré primero algún poco de dinero, con que se empiece el reparo, Dios me lo ha dicho bien claro, reparar su casa espero. La música comenzó en Portugal. . Qué locura! Yo lo diré, señor Cura. Si un Rey de Castilla dio Su principio a Portugal, y es la ciencia tan antigua, que proceder se averigua de principio celestial, Eso cómo puede ser? Si Ulises fundó a Lisboa, desde ese tiempo se loa, de que el arte pudo hacer. Dan este principio a Orfeo, o cual dice Ovidio, a Apolo, Virgilio en la flauta solo describe a Pan Semideo. Mas un hijo de Noc halló el arte que hoy nos dan, desde los que tuvo Adán, donde el principio se ve. Negatur. . Cómo negatur? Cantar pudieron cantar, pero la solfa inventar, eso no. . Cómo? . Probatur. La, quiere decir, allá, en Portugal, y Fa, hacer. Eso qué tiene que ver? Qué tiene? aquí lo verá? Estaba en una azutea en invierno un Portugues, y otro en la calle de pies por falta de chimenea. Pues para decir, si allá hacia Sol, que el frío cesa, en su lengua Portugüesa, dijo al otro: Fa sol la. Sol fa, respondió también, y así el cantar se inventó, y en Portugal se quedó por siempre jamás amén. Con eso músicos son todos cuantos allá nacen. Y muy poco en serlo hacen, su misma lengua es canción. Trae el libro y provaremos aquel cuarto tono. . Voy. Señor, comencemos hoy, yuestra Iglesia reparemos, Señor Cura. . Oh mi Francisco! A mi noticia ha llegado que este templo, aunque fundado en otro más fuerte risco. Por lo que es parte del cielo, amenazando ruina, ya su pesadumbre inclina por lo que es del suelo al suelo. Este dinero tomad, y reparaldle. . Tened, y que conozco, creed vuestra Fe, celo, y piedad. Mas tenéis padre, y no quiero que diga que os engañé. Tomaldo por Dios. . No haré, si él no lo manda primero. Pues yo lo echaré en el suelo. Echad, que se me da a mí. Ya mi padre viene aquí, su injusto enojo recelo, Y así me quiero esconder. Aquí sospecho que entró, aunque no le he visto yo Ya no tiene que perder, Porque perdido el sentido, lo que es hacienda es lo menos, sus obras me dan venenos, mi muerte haurá pretendido. No vino mi hijo aquí? Y este dinero me dio. Cómo, o cuándo lo ganó? Él no me lo ha dado a mí, Que lo arrojó en ese suelo. De la hacienda que ha vendido a desprecio, haurá querido ser liberal para el cielo. Trabaje, y de su sudor dé limosna, que esto es mío. Ni defiendo, ni porfío, vuestro es llevaldo, señor. Si le hallo, le he de hacer pedazos. . Porque dejaste que se lo llevase? . Baste para no lo defender Ser padre, con esto ahorro pesadumbres. . Si yo entrara primero que lo llevara, anduvieramos al morro. , s Guarda el loco, guarda el loco. Oh qué bien hacéis, tirad al loco de la ciudad, muchachos tenerde en poco. Guarda el loco, mercader. Loco, mientras no vendía la libertad, que tenía en la tienda del placer. Tirad, muchachos, tirad al loco, que en libros grandes de Francia, Italia, y de Flandes puso tanta cantidad De pensamientos del suelo, y es lo bueno que ponia siempre que cuenta escribía Jesús, sin tratar del cielo. Libros, quiero os comparar a una casa derribada que tiene linda portada, y allá adentro es muladar. Hola, tírale ese lodo. Linda casa edificáis, que lodo a lodo pegáis, y vendrá a pegarse todo. Mas no lodo, piedras si tirad, muchachos, al loco, que todo ese lodo es poco para el polvo que hay en mí. Sacudid, sacudid bien. Ay dolor qué iguale al mío! Mi padre es este, yo fío que buen recado me den. Perro, deshonra de buenos, traidor, ejemplo de malos, son aquestos los regalos de tantas caricias llenos? Con que te crié, qué es esto? matarte tengo. . Señor, basta, con menos rigor, sangre le has hecho. . Oh que presto. Buen padre que me dejáis, Lucio déjale. . Yo soy el loco, si no le doy la muerte. A Francisco dais? Hay mayor bellaquería! perro soldado de Anás, bofeton a un rostro das más claro que el mismo día? Oh Francisco, ten paciencia, imita bien a quien sabes. Grillos te he de echar tan graves, Señor, señor, ten prudencia. Ya estamos en casa, ya puedo hacer lo que quisiere. Quién aquesta cara hiere, a la Veronica da. Mal año, si en este brazo tengo alfanje san Pedril, no digo una oreja, mil le cortara al jodiazo. Ponede esos grillos bien, remachad bien la chaueta. Mirad como se sujeta a las prisiones también. Ea Joseph, que saldréis, si a la carne echáis el manto, como el otro Virrey santo, de la prisión en que os veis. Corona os aguarda al fin, y por vuestra fe, y firmeza, doce Tribus de pobreza, y un Benjamín Serafín. Grillos tenéis? sufrimiento, Serafín, buen corazón, porque ya vuestra pasión comienza del prendimiento. Pues no falta Judas, no, que el diablo se ha de ahorcar de veros a vos sentar en la silla que perdió. Hola Francisco, ya entramos en la pasión con buen pie, cuando la capa os eché, era Domingo de Ramos. Justituid Sacramento, pues lo es la Religión: cenad, y alto a la oración, que vienen al prendimiento. Hola, que azotes, y cruz os esperan, ojo alerta: hola, Padre, abrid la puerta del cielo, pues que sois luz. Hola, que a crucificar os lleva amor: hola; hola, hola, que me lleva la hola, hola, que me lleva la mar. El queda bien de esta suerte, dejadle. . Causa dolor. Ahora veo, Señor, cual fue vuestra vida, y muerte. Pues si en estas niñerias vuestra cruz se experimenta, cual sería vuestra afrenta en aquellos tristes días? Ay, enseñadme a quereros, para que aprenda, mi Dios, a sentir algo con vos de vuestros tormentos fieros. Como estaríáis, mi bien, preso aquella noche toda: que desposado! y qué boda! que cama, y sueño también! Como no vienen aquí aquellos mismos soldados? (dana esos labios sagrados, y no me han de dar a mí? Denme aquí mil bofetones, mil cañazos, mil azotes. Señora, no te alborotes. Mi Francisco con prisiones! Mas loco estaba su padre. Hlo que Cristo sintiera, si preso en la cárcel viera a su santísima Madre! ̱. Francisco? . Señora mía? Qué es esto? . Ya no lo veis, estoy preso: no lloréis doce horas tiene el día. Hay hijo, acórdeme ahora, que dolores me costaste, ya que punto me llegaste, pues tu condición lo ignora. No te podía parir, lasta que a mi casa vino ppor limosna un peregrino, que así comenzó a decir: No parirás, hasta tanto que en un pesebre te pongas: mis cuando allí te dispongas lerás un remedio santo. Aun pesebre en fin bajé, y en pesebre te parí: quien esto pasó por ti, que dirá, si así te ve? Qúítale, Lucio, los grillos, no vuelva su padre airado, y le mate. O no han cantado la Dios, o el no quiere oíllos. Crillos, no cantastes, no: o es que al cielo no le agrada, cantabades en cebada, y aún en paja, que soy yo. Y no es mucho que me quiebre, pues paja en pesebre fui: mas como lo digo así, si Dios nació en un pesebre. Vete, Francisco, no vuelva tu padre, mas cobra el seso, no des causa otra vez preso, que a matarte se resuelva. Emióndate, no deshonres tus padres, pues nobles son. Que le des tu bendición pide, bien es que le honres. La de Dios te venga, hijo. Él se parte sin hablar. Pienso que se ha de emendar, harto en el silencio dijo. Qué riña tendréis los dos! Si está loco por ventura? Ventura fue, si es locura. De quién? . De amores de Dios. Esto al Prelado conviene, por eso dice Bernardo, que la acepción de personas es injusta en el Prelado. Y si nos llama en la Iglesia lumbres Gerónimo santo, es bien cegarse la lumbre? Castigar es necesario, Mas la prudencia es virtud con que se rige el ganado, que de esta suerte se aumenta; y así Crisóstomo hablando del pastor, llama su gloria la multitud del rebaño. No hay que replicarme en esto. ̱. Aunque huyeras, desdichado, adonde en escura noche v iven la mitad del año, A la más disierta Arabia, al mar jamás navegado, o a los montes no ofendidos de plantas de hombres humanos, Allá de seguirte había. Ya que os habéis concertado, no le trates mal, señor. A Vuseñoria traigo este mozo, que es mi hijo, y por mi mal engendrado: El cual por inobediencias, o por ser loco insensato, es incapaz de heredarme, y viene a que en vuestras manos quiere renunciar su hacienda. Qué lástima! . Extraño caso! Digo, que yo la renuncio, y la doy a mis hermanos: Y no solo aquella parte, que por mayor me ha tocado: pero este mismo vestido que ya me voy desnudando. Tomad, padre, esta ropilla, el jubón también, y cuanto me cubre, que todo es vuestro, y aún como a vestido os trato, Pues también os dejo a vos, y desde este punto llamo padre a Dios, que aqueste ser debo a Dios, Dios me ha criado, Y que mucho que me vea ahora sin padre humano, pues le dijo Cristo al suyo: porque me has desamparado? Tomad, qué miráis, señores? Nunca te engendrara, ingrato, Aquí hay más que se parece: o mozo en Dios abrasado. Dadme algún capote, hola? Este toma . Al fin fue pardo, Visterele, amigo, y vete: porque me has mortificado Desuerte, que lengua y ojos ocupan temor, y llanto. No es mi hijo, esto decid por la ciudad, Lucio, y Fabio. e No importa, que padre tengo, y gano a Dios en el cambio. Mirad si algún mercader en ningún cambio ha ganado lo que yo, pues me danciento por uno tan vil y bajo. Voyme a una cueva a llorar, y si de allí limpio salgo, a un Hospital, que al que es hijo de Dios, el pobre es hermano. Ya no vivo, ya no soy; en mí viva Cristo santo: saco, alegraos, que hay en vos honra, y provecho en un saco.

JORNADA SEGUNDA

Dejadme aquí reposar. scanse, supuesto que no se canse de celar, y de velar, Argos de la Iglesia santa. Cuando el lobo se levanta es el cuidado mayor. Las vigilias son forzosas al divino Arquimandrita. Causa de Dios solicita. Cerró las puertas dichosas con que mira la triunfante Jerusalén. 2. Duerma un poco. Tu poder divino invoco para visión semejante. Señor, que quiere decir, que de san Juan de Letran los muros, siendo san Juan quien los puede resistir, Amenacen tal ruina? y un pobre en un saco pardo tenga con brío gallardo la pesadumbre que inclina Toda su máquina al suelo: que pobre es este, Señor, que hacéis con tanto valor Atlante de vuestro cielo? Si aqueste no la abrazara, aunque quien es no presumo, quien duda que el techo sumo al pavimento igualara? Oh pobre de fuerzas rico, quien eres, que no te vi. otra vez desde que fui pastor del blanco pellico. Si eres Santo, como estas roto? y si estás en el suelo, como es tan grande tu celo, que el hombro a la Iglesia das? Pienso, pobre soberano, que eres de Dios escudero, pues en tal despeñadero das a su Esposa la mano. Duermo, o velo: ola que digo criados . Señor. 2. Señor. Despertado me ha el temor, quién sois? . Galo y Amerigo. No salió nadie de aquí? Nadie. . Cerrad esta sala. Quién en cuidado le iguala? 2. Mal duerme. . Conviene ansí. Podrá nuestro Padre hablar a su Santidad? . No creo. Mal se le cumple el deseo. 2. Bien le podéis esperar. Pretendió hablarle antiyer, y como estaba ocupado, desabrido y con enfado, aún no le mandó volver. Qué nueva confirmación, qué regla es esta que pide? de dónde es? dónde reside? Dadme un momento atención. En Asís nació Francisco, mercader de tan buen trato, que le fía Dios su hacienda, sin escritura ni plazo, Andaba mozo en el mundo su rico padre ayudando a medir varas de seda de terciópelo y brocado, Y como escogió a Moises Dios, porque mató al Gitano para ser su Capitán, viendo el corazón, y el brazo, Así de verle medir a Francisco aficionado la tela azul de los cielos, quiere que mida su mano, Que puesto que es Dios inmenso, puede un alma subir tanto que se mida con Dios mismo. pies con pies, manos con manos. Llamole como a Mateo desde la tabla del cambio a la tabla de su Cruz, porque en tabla transformado con las armas de su huésped pudiese llamar a tantos, como ya le van siguiendo, porque los esta llamando con unas letras que dicen, aquí vive Dios aquí, aquí vive Cristo santo, esta es posada, señores, de Caballeros honrados. No son las camas muy buenas, que son un corcho y un canto: pero la que tuvo Cristo fue más dura, y en tres clavos. La almohada fue un espino de seda roja labrado con sesenta y dos lavores, y puntas de cuatro en cuatro, No se da bien a comer para los cuerpos humanos, mas para el alma, señores, ay infinitos regalos. Porque en un Cordero solo se da un mana soberano, que sabe a cuanto queremos, y aunque al mismo Dios queramo No hizo Francisco luego la conversión de que trato, porque pidiendo limosna vivió entre pobres dos años. Que para su profesión hacia primero ensayos, para no errar la pelea de vencimiento tan raro. Reparó ciertas Ermitas, y pedía a Dios llorando, que le ayudase y mustrase de este camino los pasos. Mas oyendo el Euángelio de los Apostoles santos, que a predicar enviaba el Maestro, a quien el grado Dio su Padre en el Tabor entre los Doctores sabios de la ley Moysen y Elías, que supo celarla tanto, Que oro y plata no llevasen, ni vestido, ni calzado, arrojó la pobre alforja, y quítose los zapatos. Comenzó hablar a los hombre en un estilo tan alto, que como cuentan de Orfeo, y del músico Tebaño, Que las plantas y las piedras se acercaban a escucharlo, le siguieron mil varones, piedras de este templo santo. Y plantas de este jardín que han de dar fruto tan alto: el tiene escogidos doce, que pienso que va imitando Hasta en esto aquel Maestro de estos soldados descalzos, como fue el primer Andres con Chisto: aquí fue Bernardo De Quintabal con Francisco, Rufino el segundo, el cuarto fray León, porque veáis que hasta los leones bravos Oyen la voz de este Orfeo, con el fray Pedro Catanio, fray Siluestre y fray Mafeo, humilde por un milagro. Fray Ángelo, fray Gualtero, fray Ambrosio, y un Letrado del cielo, y siemple en la tierra, fray Juipero llamado, Que por atender a Dios, en quien siempre esta estudiando, no hay niño tan inocente de sus padres en los brazos. Fray Juan, y fray Gil, que yo fray Gil, señores, me llamo, que aunque me nombro el postrero por que lo soy, este saco Tomé el tercero: en efecto este Capitán gallardo, nuevo padre de familias antes de entrar en el campo De la viña del Señor hizo su Regla, mostrando con puras simples palabras su pecho sencillo, y claro. Y porque el santo piloto, que rige de Pedro el barco, la aprueve ha venido a Roma, mas no es posible, ocupado En negocios de la Iglesia, que quiera un rato escucharlo, que como le ve tan pobre con las corrinas del saco no conoce que de Cristo es nuestro Padre retrato. Admirado estoy, detente que ya el Papa le levanta. Parte 1o. Ya no puede lumbre tanta estar cubierta en su Oriente. Tras aquel sueño primero vi que de mis pies nacía una palma, que crecia hasta ser árbol entero. Colgaban de ella racimos para su mayor decoro, unos de sangre, otros de oro, todos fértiles y ópimos. Una voz este silencio rompió, y me puso en vigilia, diciendo: Esta es la familia pobre de Cristo, Inocencio. Mal hice en no hablar a aquel que me ha pretendido hablar, pero yo le haré buscar, y lo trataré con él. Hola? . Señor. . Habéis visto el pobre del saco pardo, (do que ayer me habló? . Aquí le aguar Beatísimo padre en Cristo. Eres suyo? . Suyo soy. Dichoso tú. . Vesle aquí. Este es el mismo que vi. A tus santos pies estoy, Aunque indigno y miserable, dame Vicario del cielo tu bendición. . en el suelo no quiera Dios que te bable. Levántate, pues tú eres el que la Iglesia levanta. Ánima esta tierna planta, si de mi humildad infieres, Que se ha de servir así aquella gran Majestad. Qué dudo de su piedad? este es el mismo que vi. Cómo es tu nombre? . Señor, Francisco. . Oírte deseo, porque en ti, Francisco, yeo muestras de un divino amor. Ruégale a Dios que te inspire, y tu intención favorezca, y que yo también merezca que esto con sus ojos mire. Hablemos los Cardenales, tu Regla haremos que vean, que algunos de ellos desean, que un Pablo, un Antonio iguales, Divinos Anacoretas: si otros con menos piedad pensarán que es novedad, que tantas cosas prometas. Espero en Dios, Padre santo, y en tu favor, que podré dar a su Iglesia, y su Fe estos árboles que planto. Él me inspira, y él lo sabe. Vente, Francisco, conmigo. Señor, pobre soy que sigo de Cristo el yugo suave. Verás que no diferencio de tu celo. . Bien lo sientes, porque Regla de inocentes la confirme un Inocencio. Pues ten en Dios esperanza, que lo veremos los dos. Mi Dios, quien espera en vos todo cuanto pide alcanza. A mi determinación no es necesario consejo. Ya parece obstinación. Yo veo en él un espejo de Cristo; y de su pasión. Los sermones de Francisco en el más helado risco harán impresión. . Qué dejas de casarte? . Las ovejas que va juntando en su aprisco Este divino Pastor, que da silbos celestiales, ser hombre solo es rigor, pues de duros pedernales sacán centellas de amor. Ya tocando en mi sentido, de mi corazón herido salieron claras centellas a ser en su pecho estrellas, que está en cielo convertido. Haya mujeres también que gocen de aqueste bien, denos modo de vivir, porque le puedan seguir a la alta Jerusalén. Cristo no se desdeñó de que fuese Madalena la que sus plantas siguió, pues que de lágrimas llena las lavó, y las enjugó. Julio, mi padre, y mi hermano son Francisco, su instituto quiero seguir, esto es llano, mi esposo es Dios. . Es sin fru Julio, vuestro intento vano. Clara hermosa, que tan raro entendimiento no vea mil cosas en qué reparo? Que no hay Clara que lo sea sin Dios, que es espejo claro. Para no ser Clara escura, Clara mirarse procura en Francisco, que es espejo de Dios, y de su consejo, de su verdad, y hermosura. No hay cosa como aquel saco, es funda del oro puro, de donde estas joyas saco con estas armas procuro dar al cielo asalto y saco. Yo lo he mirado muy bien, Cristo es mi esposo, este quiero, y a mi Francisco también, porque es el casamentero. Clara, los pasos detén. Oye, escucha? . No hay que hablar, no ha de escurecerse Clara, Clara es luz, y ha de alumbrar, y pues Clara se declara, quién la procura enturbiar? Clara vela, y así fundo, que es vela y lucir pretende en la noche del profundo, que si Francisco la enciende no la ha de matar el mundo. Esto es ya resolución. Ay Julio, tiene razón, triste, a Francisco seguí, y por codicia salí de su amparo, y protección. Fray Bernardo habíabendido su hacienda, tomé el dinero, pero ya perdón le pido, pues dejando el verdadero, tomé el cámino fingido. Yo soñé que un dragón via la ciudad de Asís cercando, mas de Francisco salía una Cruz de oro bañando cielo y tierra en alegría. Su frente llegaba al Cielo, sus brazos a los dos Polos: desperté en este desvelo, pero con intentos solos de un vil desprecio del suelo. Buscarele como Clara, porque en aquesta visión Dios en Francisco declara, que de aquel fiero dragón la ciudad, y el mundo ampara. Bien se ve claro, que lo ordena el cielo. Y como fray León si se ve claro en las confirmaciones del Pontifice, viva vocís oráculo, y el gusto, y aplauso de su Conclave, y de Roma: mucho se alegra la ciudad de verle, y de que tenga Regla confirmada por el Papa Inocencio y Cardenales, que juzgan por dichoso en toda Italia este año de docientos y de nueve en quien el yermo antiguo se renueve. Padres, adónde queda vuestro Padre? En sus negocios ocupado ahora con el señor Obispo y sus Canonigos, pidiendo cierta Iglesia en que vivamos, aunque los monjes de Benito santo, con el celo y piedad de Religiosos, quieren darle la Ermita, que se llama nuestra Señora (qué dichoso agüero!) a quien de la Porciúncula apellidan. Conviene me buscarle. . Ya es de noche después podéis venir. . El cielo os guarde. Nuestro Padre no viene, y es muy tarde Pensemos mientras viene en sus virtudes. Notable es su humildad. . Tanta, que sola su pobreza la iguala. . Qué milagros no ha hecho en el discurso de estos tiempos! Aquel ardiente amor, a quien no admira! que tierno llora, con que fe suspira! Crece divina planta, crece, crece con el rocio santo que tenía en la cabeza aquel divino Esposo, cuando esperó toda la noche al alma: hay padres, quien no tiebla, y se confunde de la gran santidad de nuestro padre! a quien no mortifica! a quien no espanta! crece divina y soberana planta. Que bien le ha conocido toda Roma, el Pontifice santo, y Cardenales. Descubre resplandores celestiales. Ay padres, que es aquello que la casa en torno cerca. . Un carro ardiendo en fuego. En él viene Francisco. . Aay nuevo Elías, si te llevan al cielo tus deseos, no dejes estos pobres Eliseos. lla te vas a abrasar Padre, a Padre soberano? deja la capa siquiera, pues que vas en la carrera del Sol la rienda en la mano. Pero si capa no llevas cómo la podrás dejar? s te vas a abrasa tan altamente te elevas? a Padre? a divino auriga del carro del Sol? . No son sus intentos de Faetón, aunque su eclíptica siga. Aquel carro es el de amor, que está en el tercero cielo, donde Pablo en mortal velo vio el divino resplandor. Oh nuevo signo, y planeta influyenos tu virtud, que tu gran solicitud no hay vida que no prometa. A peregrinar te pones al cielo en humano velo, mira que no sufre el cielo peregrinas impresiones. Padre, llévate a fray Gil, siquiera a una rueda atado. Jesús, cuál vengo espantado! hagome una Cruz, y mil. Oh Cruz, y cuanto me ayudas, ya me vuelvo a persinar, también acá se ha de hallar otro Apostol como Judas. Torno a persinarme. . Que hay, fray Junipero? . No sé, pero como callaré, lo que hay, sin deciros hay, Ay, hay, hay. . qué hay? . Qué hubiera gran mal si Dios nos dejara, ay del hombre que el no ampara, ay que presto se perdiera! Fray Juan Capela. . Qué más? De los doce del aprisco de nuestro padre Francisco se le llevó Barrabas. Jesuslbade retro. . Vaya él se ha llevado a fray Juan. Es burla? . Buenos están, que permita Dios que haya Entre dicípulos doce, para que sea más visto, que Francisco imita a Cristo, un Judas que no le goce. Pues cómo? . Fray Juan Capela. No llore. . No puedo yo Partelo. conmigo más, se ahorcó, no quieren que esto me duela? Fray Juan se ahorcó? . Sin vendes a mi padre. . Extraña cosa! De creer dificultosa. Antes, fácil de creer, Pues un Apostol de Cristo de un sahuco se ahorcó. Y el padre? . No lo sé yo. No le han visto? . Si le han visto; Pero en un carro de fuego. Y quémose? . En puro amor. A que me abrase su ardor, y que me deshaga luego, Pardiez. . No jure pardiez. Pardiez que lo he de jurar, aunque habemos de quedar en once de aquesta vez. Mas no, que ya ha recibido a fray Guillermo estos días, que la suerte de Matias lindamente le ha caído. Es este el padre? . Pues no. Padre nuestro. . Ave María, y Credo y Salve podría, pues nos salva, decir yo. Padre, porque es padre, y Ave por que es Ave de María, que como un Ángel nos guía a su devoción suave, Creo, porque creo bien sus consejos, y la Salve, para que por él me salve, por siempre jamás amén. Hijos míos. . Padre amado. Páguete Dios el consuelo. Dicen que ha estado en el cielo que cosas aura topado! hay muchos Serafinitos? Mis hijos velad, y orad. Bien dice, porque en verdad que andan bandas de mosquitos. Estos perros abejones andan mordiendo los sacos, pero son unos bellacos, que por andar en razones Sobre si es Dios, o no es, aquien hombre han de adorar, los hizo Miguel bajar desde el cielo a puntapiés. Sin Miguel estoy muy bien con dos Santos. . Qué gracioso! Del testamento rancioso estoy muy bien con Moisen: Que era de todos sabida su valerosa persona, pues dijo a Dios: Oh perdona, o me borra de la vida. Con otro del Testamento (honrado nuevo. . Quién? . Pedro hombre muy valiente, y muy soldado, porque si en el prendimiento Dios no le ataja los bríos, y envaina, Pedro, dijera, hasta ahora se estuviera desorejando Judios. Hijos, dejadme un instante, que aunque un sigló me dejéis, es un instante, ya veis si es el cuidado importante. Vamos, fray León. . Vamos, fray Bernardo. . Vamos, Gil, que pardiez que es un Abril Fraancisco en lluvias y ramos. Querra llorar su poquito, y enamorarse de Dios. Lo mismo hagamos los dos. Qué es poquito? yo infinito. Hame traído hecho un perro estos días, ya se ablanda. Haga aquello que le manda, porque lo demás es yerro. Aquí me quiero esconder, por ver a mi Padre orar. Señor, quién os ha de hablar, o cómo se ha de atrever? Quién sois vos, y quien soy yo: vos Dios, y yo vil gusano: vos inmortal, y yo humano. Pues este no es hombre? . No. Cómo no? . Porque te mata, Carne, a puras abstinencias, azotes, y penitencias. Ya sé lo que me maltrata, Pero déjame con él. Francisco, tanto rigor? conmigo, dulce señor, tan riguroso y cruel. Qué te hice, vida mía? tu propia carne no soy? porque me azotaste hoy? porque tanta tiranía? Soy yo tu esclava, mi bien? no soy guardapolvo yo del alma que Dios te dio? no he de ver a Dios también? Job no lo dice, Francisco? no es fe que tengo de ver a Dios? pues porque he de ser tu esclava a los pies de un risco? Quiérome yo condenar? no porcierto, que el infierno, y no ver a Dios eterno quién lo puede desear? Bien puede un hombre salvarse con sus hijos y mujer, y con deleite, y placer en blanda cama acostarse Con una mujer al lado bella y discreta, y dos hijas, o hijos; que en paz los rijas de un sacramento sagrado. Dios le instituyó primero que la orden: pues si Dios quiso que estuviesen dos en una carne, no quiero Que te mates de esta suerte, que quiere su condición del hombre la conversión, pero no quiere la muerte. No lo dice Ezequiel, puédese aquesto negar? Ya bien le puedes dejar, que bien te has metido en él. Vamos, que el queda pensando en sus hijos y su esposa. Ay carne, si victoriosa te viese el mundo triunfando De este imitador de Cristo, que su Euangelio renueva. Por cierto muy bien se prueba, lo que he imaginado y visto. Pues Francisco ahora vos tratáis de hijos y esposa? por cierto que es linda cosa para que vamos a dios! Ahora bien, señor asnillo, hijos y mujer queréis? muy bien decís, bien haréis, que yo no me maravillo. Tened hijos norabuena, pues estos que de Dios son no os contentan? . Ay León, qué es esto que el Padre ordena? Ello ha caido gran nieve, la tierra cubierta está; barro para hacer os da ocho personas, o nueve. Ea buen asno, ya quiero contentaros, y ir a hacer de esta nieve una mujer, con que agradaros espero. No suelen allá decir, que es blanca cómo la nieve? pues ya os la daré, que os lleve adonde vos queréis ir. Dos hijos haré también, y dos hijas (asno mío) pues que vos estáis con brío de sustentarlos muy bien. Haré criada y criado: ea comenzad a ir, que a fe que habéis de dormir con vuestra esposa abrazado. Ay ejemplo más extraño de santidad y de celo castol o Capitán del cielo contra la carne y su engaño! Qué fuertemente se azota! cual pone su carne santa! de los pies a la garganta no pierde la nieve gota. Que toda la enbebe en sí, y con que razón la embebe, por convertirse la nieve en tan precioso rubí. Jesús qué es lo que está haciendo? siete bultos son: qué emprende? con uno grande se tiende, y finge que está durmiendo, Cuatro chicos tiene a un lado, y dos grandes a los pies, pero ya entiendo lo que es, la carne le aura tentado. Mas él la castiga ansí, válgame Dios, pudo ser que del pasado placer le diese memoria aquí. Si fue Francisco en el mundo casto en tanta mocedad: Señor, cuya majestad tiembla el cielo y el profundo, Fue casto Francisco, o no? hacedme aquesta merced, y el alma en quietud poned, que esta sospecha le dio. Él andaba con amigos, y con mujeres hablaba rindiose, o no, quien andaba entre tantos enemigos? Jesús, qué es esto que veo! todo de rosa y jazmín está en un monte un jardín: si cumple Dios mi deseo? Ay, que en medio de él está mi padre Francisco lleno de flores manos y seno, qué divino olor que da! Qué guirnalda tan hermosa de azucenas y claveles, entre palmas y laureles ciñe su frente dichosa! Que mayor indicio, ay cielo de su santa castidad! Esta pura honestidad tuvo Francisco en el suelo, Con razón, padre, os han hecho digno de esos resplandores. Cómo lo están estas flores fue casto en alma y en pecho. Venid a ver bienes tantos, padres, acercaos acá. Así en el número está de los Virgines y Santos. Fuese: hay triste voy a ver el lugar donde le vi, por ver si ha quedado allí algo que pueda coger. Deja padre algunas flores, que por el monte deciendan, porque tus hijos se enciendan de castísimos amores. Ese vestido es decente, Clara, a mujer de tus partes? Digo, Julio, que te apartes, y que detengas la gente. Yo voy vestida a mi gusto, este ornato es más hermoso para el gusto de mi Esposo, que el otro le dio disgusto. Tus deudos tratas ansí? que han de decir de ti, y de ellos? Duélete de esos cabellos. Han de cortárselos? . Sí. Que así cuentan que lo dice Francisco, y la Regla ha hecho con este punto? . Mi pecho leyéndola satisfice. Vayan fuera los cabellos, que los pensamientos son, para que como Absalón no quede suspensa de ellos. Esta es la orden segunda que el gran Francisco instituye: de esto; a quien del mundo huye, que grande bien le redunda! No ha de quedar cosa en mí, que huela a ser vanidad, cabellos a Dios atad, va que os desatáis de mí. Id en buen hora, cabellos, a ser prisiones de Cristo, que si cabe ellos han visto seréis cabellos más bellos. Haced una red que enlace aquella paloma bella, que solo vivir con ella mi corazón satisface. Id en buen hora, parientes, yo soy de Dios, qué queréis? Ya es razón que la dejéis, no dobléis sus acidentes, Clara a Dios. . Adiós soy Clara. El seso pierdo. Yo gano el cielo asida a la mano, que con su mano me ampara. de . Francisco es este: a tus pies está Clara, padre mío. Ya, Clara, el pecho te fío, por que los brazos me des. Ahora vienes de boda, o cómo estás bien vestida! que pronósticos de vida ese nombre te acomoda. Entra, que en aqueste altar te dará Francisco el velo. Y el cielo, padre, que el cielo es lo que vengo a buscar. Ténga se hermano. . Que manda su caridad? . Vaya luego, ponga la comida al fuego, no advierte que ocioso anda? Vaya, guise de comer para aquestos padres hoy. Siempre, padre, ocioso estoy, soy malo, que puedo hacer? Ea, Junipero, ya tienes en la casa oficio, ya no te andarás de vicio, ea el Guardían se va. Pardiez que esto del comer, y dos veces cada día estorba lo que podía ocuparse en bien hacer. Por venir al refitorio pierden tiempo a su oración los padres, que es ocasión de daño claro y notorio. Ahora bien, yo quiero hacer que por quince días coman, pues si de una vez lo toman, no tendrán más que comer. Quiero guisar cuanto hubiere, hártense bien, y no andemos, si cenamos, si comemos, que es lo que la gula quiere, Y el bellaco de patillas, o qué holla, o qué contento! ea pobres al Convento con orteras y escudillas. Que hay Junipero? . No sabe que soy cocinero? . No. Pues hoy verá que soy yo quien sabe guisar un ave. Tláseme puesto en la colla un notable pensamiento, hoy no queda en el Convento cosa que no entre en la olla. Escuche. . No hay que escuchar, sino callar y comer, comer a más no poder, y en un mes chite, y rezar. Oh simplicidad dichosa! o sencillez soberana! lejos de la ciencia humana, falsa, astuta, y mentirosa. Envidio tu santo celo. Ya Clara, que al Sol excede, con su luz competir puede, aunque lleva puesto el velo. Justo ha sido que fundases orden segunda a mujeres. Dame tus pies. . Gil tú eres? Cómo, que no te acordases? Qué hacías? . Pensaba aquí, si hauría en el mundo cosa de sufrir dificultosa por un Pater noster? . Sí. y aún por medio. . Cuál? . Lay del demonio, si llegase cuando Dios no te esforzase, no hay fuerza que la resista. Dejadme, solo, que quiero hablar un rato al buen Dios. Vámonos, León, los dos. Camina. . Escondido espera Ver mi Padre en oración, pues fray León se adelanta, porque de oracián tan santa tome ejemplo y devoción. Dulcísima esperanza de mi vida dame a sentir las ansias de tu muerte, aunque de pena el ánima despida, Qué duro pedernal, que bronce fuerte, que rebelde materia a hierro y fuego en cera no se muda, y se convierte? Dulcísimo Jesús, yo estaba ciego, yo estaba ciego, vida de mi vida, pues no te abrí cuando llamaste luego. Oh voluntad sin mi Jesus perdida, que amabas tú, que mi Jesús no fuese, de tinieblas del mundo escurecida? Es posible, mi Dios, que no te oyese Francisco, cuando tú dabas suspiros, porque la puerta a tu hermosura abriese! Vida del alma, yo sentí tus tiros en mi cama acostado alguna noche, y no dije, Señor, ya salgo a abriros. Salia el Sol en su dorado coche, y hallabaos a mi puerta suspirando, Francisco, sufres tú que Dios trasnoche? Tú los inviernos en mi calle helando, tu regalado cuerpo, y yo durmiendo muerto y amortajado en lienzo blando! Qué amores dulces estarías diciendo a una bestia del campo, a un ignorante, abre, Francisco, que me estoy muriendo. Oh corazón más duro que diamante! no amabas a Jesús, qué es lo que hacías? Quién ha visto ternura semejante? Sabias que era Dios, o qué sabias? pero después acá que le conoces, en que pasas las noches y los días? Responde corazón, así le goces, quieres bien a Jesús? cómo le quieres? responde si le quieres, dilo a voces, Voces, voces, Francisco, ingrato eres: loco me tienes dulce vida mía, y hago bien si a tu vida me prefieres. Oh que leche te dio tan dulce el día, que te puso a su pecho, mi Cordero, esa abejita blanca de María! Qué sabroso que estás, mañana espero, perdona que el amor es atrevido, darte mil besos, y comerte entero, Subir quiero a este monte, que subido tú verás de mi sangre matizado el lirio azul en púrpura teñido. Sudabas tú, mi Cordérito amado, sangre en el huerto haciendo a Dios pucheros, por no veber la hiel de mi pecado, Pues yo que haré por ti Ministros fieros, aquí tomad venganza de mi agravio. Oh traidores, pensáis, qué he de temeros? De que te finjas animoso rabio, aquí te he de matar. . Yo os doy licencia, sin que me queje, ni despegue el labio. Para que me azotéis, con advertencia, que me vengáis del cuerpo mi enemigo, y que me ahorráis cansancio y diligencia. No seré tan piadoso yo contigo, echarte tengo de este monte, perro: Jesús, Jesús, mil veces Jesús digo! A la peña te abracas? . Oh que yerro fue no subir con el suéltale infame, del cielo condenado a vil destierro: Que mucho que persiga, y que desame a quien le ha de poner en tanto estrecho, y que en su ayuda los infiernos llame. Pues perro tiembla de su fuerte pecho, que ha de ser de los pobres Patriarca a pesar de tu envidia, a tu despecho. Ya de la peña que su brazo abarca se désase Francisco, ya deciende, ya trujo la paloma oliva al arca. En prueba del amor que el alma enciende las manos deja en el peñasco impresas, que ser de cera a su valor pretende. Quiero disimular, y en las espesas matas del monte rígido esconderme. Nunca, Señor, de remediarme cesas. Con qué puedo pagar favorecerme? quién está aquí? . Yo soy, mi padre amado. Vela el pastor cuando el ganado duerme. Has visto alguna cosa, o escuchado? Sé que te ayuda el cielo, padre mío, dame esos pies, divino enamorado. Si te obedece aquel peñasco frío, y en el dejas impresas las dos palmas, que pecho contra ti se muestra impío? Ayuda las tormentas, o las calmas, padre, de los que siguen tu derrota al puerto ilustre de las santas almas. Porque en un saco, en una manga rota, aunque entre vanagloria, salga presto, pues ves lo que las almas alborota. Vesme aquí, Gil, sobre la tierra puesto, tendido en ella estoy, písame amigo: písame pues. . Padre y señor, qué es esto? En obediencia que me pises, digo, ponme los pies en la mitad del pecho, con la obediencia a lo que ves te obligo. Padre, porque me fuerzas, porque has hecho, que pise al cielo un bárbaro? . No has visto a Pedro disculparse sin provecho? No tendrás parte, le responde Cristo, conmigo, si lavarte no me dejas: y el dijo: Pues, señor, no me resisto. Pues eso mismo digo, si te alejas, que no tendrás, fray Gil, parte conmigo. Haré lo que me mandas, y aconsejas. Los pies pongo en tu pecho. Ahora digo, que está Francisco, Gil, donde merece. Que sobre el cielo estoy, a Dios bendigo. Padre, bueno está ya, si te parece. Pues, Gil amigo, ayuda a levantarme, porque Dios los humildes engrandece. A Roma tengo de ir, que importa hallarme, amigo, en cierta cosa brevemente. Padre, tu bendición, y deja echarme en esos pies. . Tu vida el cielo aumente. Hay humildad tan alta! ay tal ejemplo! que se humille a mis pies! que echarse intento dónde le pise! o cielo, en quien contemplo Tan altas maravillas! la coluna un bárbaro pisó de vustro templo: decidme, que humildad, si pudo alguna, Ah igualado a Francisco? el cielo abierto parece que me dice, que ninguna silla es esta? donde el Sol cubierto D de mayor luz está a sus pies en vano buscan mis ojos en su lumbre puerto. voz. Esta silla perdió Luzbel tirano Por su soberbia, y la ganó Francisco por humildad. . Oh padre sobre rano digno de tan esplendido obelisco: La silla que perdió Luzbel te aguarda, que mucho sí te quiso echar del risco? por ahora decirlo me acobarda Esa misma humildad. Esto ha pasado, apaga el fuego y el sustento guarda. Harele castigar. . Oh padre amado, Con quién es el enojo ypesadumbre? Estoy con fray Junipero enojado. Si es inorancia, es natural costumbre, No es bueno, que de puertas y ventanas ha hecho en la cocina tanta lumbre, que se quemá la casa y las cercanas. Su caridad le hizo cocinero. No habrá cocina para dos mañanas, él ha echado en las ollas un carnero Con su pellejoy vientre, y tres lechones, mas sin pelar ni camuscar el cuero, seis pares de palomas y anadones, Con algunas gallinas con su pluma, que aún no quitó a dos gansos los cañones, las berzas, y los nabos todo en suma, Como Dios lo crió junto, y de modo que no hay tinta más negra que la espuma. Padres ya queda apercibido todo Deo gracias, cómo es aquesto? Diome el fuego algún espanto, y por no quemarme tanto aquesta puerta me he puesto. Vengan hacia el refitorio, que ya está todo guisado, Pues como tanto ha gastado; no ve qué es daño notorio? Por que coman, que es razón, de una vez por treinta días, sin que las panzas vacias los quiten de la oración. Vengan, que es cosa de ver lo que tengo aderezado. Puesto que enojo me ha dado, no le acierto a responder. Vamos a ver si hay remedio, para que el Convento coma. Cómo? ay ganso, y hay paloma, y mucho garbanzo en medio. Hy un cábrito, que es gloria verle con sus cuernecitos, porque de lo que es cabritos hago linda pepitoria. Quesos, rabanos, y nueces hay en la holla tan bellos, que hasta el Rey puede comellos, y doce libras de peces. Peces y carne? . Pues qué? vamos a comer fray Gil. Buena comida! . Gentil! Pues yo solo la guise. Diciplinarle es razón. Fuera ocupaciones vanas, hoy comer por tres semanas, y otras tres en oración. n Sentado el Papa Inocencio en la santísima popa de la nave de san Pedro vine, como digo, a Roma. Trase la confirmación con él, y siendo forzosa mi vuelta, todos mis hijos en el Capítulo votan, Con cuya resolución vuelvo a Roma, y hallo ahora que tiene Honorio la silla. Honorio, padre, la honra, Y suplícoos, pues deseo cuanto a vuestro bien importa, que si fuere en este caso necesaria alguna cosa, Me la mandéis como a hijo. Cuando al gran pastor proponga la resolución que traigo, podréis honrar mi persona. Yo traigo cartas del Rey, de Castilla. . Sé que os nombra su deudo. . Al camino mío alta sangre es prenda ociosa. Virtudes alcanzan palmas, y linajes vanaglorias. Pienso, que ne gociaremos. Padre, tu crédito sobra! Para mucho más que emprendas. Quién es aqueste que asoma, como el Sol en pardas nubes? El que de rayos las borda, Dadme lugar, Padre mío. Padre, y señor, tú te postras al más vil de cuantos viven? Padre las manos me tomas? Padre tú eres Sacerdote, damelas, no las escondas, tu bajas a Dios del cielo. Y tú, Francisco, le tocas dentro de su trono Impíreo, y que abrase el mundo estorbas. Conocesme? . Yo te he visto. Tú a mi Domingo? Dn Y tu nombras a quien no viste jamás? Ved que amistad milagrosa no se han visto y se conocen! No quieres que se conozcan las dos luces de la Iglesia, en quién sus muros apoya? Dónde me has visto, Domingo, que tendré por venturosa la ocasión? . No lo fue poco; oye Francisco la historia. Una de las muchas veces que en oración fervorosa pedí a Dios encaminase los principios de mí obra. Vi, Francisco, esta visión de la diestra poderosa del Padre eterno aquel Hijo, que es resplandor de su gloria, Figura de su sustancia, su Verbo y noticia hermosa se levantó, y en el aire tres lanzas airado toma, Y contra el mundo las vibra, que con pecados le enoja, una para los soberbios, para los carnales otra, Y otra para la codicia que su gobierno trastorna. nadie resistió su ira, María su Madre sola, Que llama la Iglesia, Madre de gracia y misericordia, le decía humildemente: Hijo perdona, perdona: Aquién Cristo respondía: Madre, por que me reportas? como podrá mi justicia dejar de arrojar ahora aquestas lanzas al mundo? Mas blandamente la rosa de Jericó, el Vellocino cubierto de blanco aljófar le dijo: Vos sabéis Hijo, como a quien le son notorias todas las cosas, que ya del mundo la emienda torna. Dos siervos tengo en el mundo que a la gente pecadora han de reducir y ser dos clarísimas antorchas, que alumbren la noche escura, con que el infierno le asombra Muestramelos, dijo Cristo, o piadosa protectora de los hombres: y ella entonces volvió la cara amorosa, que los puros Serafines con santo fuego enamora, Y puso a sus pies dos hombres, el uno con parda ropa, descalzo, roto, y desnudo, que estos para Dios son joyas. Y el otro de blanco y negro, cuya mano victoriosa castísimas azucenas con mil granos de oro adornan Suspendio Cristo el castigo, y dijo: Yo haré, Señora, lo que pedís, pues los dos a la empresa se conforman. Tuve cuenta con las señas de mi compañero, y todas son tuyas, Francisco mío, y así apenas vi tu sombra, cuando dije: Este es mi hermaro Oh Dómingo, luz y honra, protección, amparo y vida de la nación Española, y de todas las del mundo, que parra y vid tan copiosa has de ser con mil racimos, que cubran la Iglesia toda. Bañada en sangre la veo de tus hijos, cuando pongan por su defensa los cuellos. en fuegos, cuchillos y horcas, Abrázame, padre mío, que a mí a tu sombra me sobra, para seguirte en la viña que nuevamente desmonta Este padre de familias. Oh gran mercader que compra con los talentos del cielo la más gloriosa corona. De buena gana te abrazo, pégame esa sangre roja, para que viertan mis hijos que por Cristo toda es poca. Padres, si en aquesto habláis pasáranse muchas horas, venid juntos a mi casa. Plega a Dios, que presto rompas cachorro de Dios ladrando todas las herejes bocas, Que con la estrella en la frente, y aquel hacha vencedora del campo del Euangelio desterrarás las raposas. Y tu Francisco que harás desde el Ocaso al Aurora? Padres que es tarde. . Ya vamos Qué vistas! . Dichosa Roma.

JORNADA TERCERA

Siendo tal el fundador, que te espantas que florezca, y que esta gracia merezca un Sera fin todo amor. No pienso que ha visto el mundo un pecho tan abrasado. Juan fue primero llamado, Francisco es nombre segundo. Juan es gracia que nacio con gracia de amar de forma, que en lo amado se transforma por gracia que Dios le dio. Aquí ha llegado fray Gil. Este dicen que es un santo, y aunque lego, sabe tanto, Parte que es por extremo sutil. Estudia en Dios, libro abierto de pies, manos, y costado. Un efecto me han contado de su amor, no sé si es cierto. Que este nombre Paraiso, tal gusto le suele dar, que en oyéndole nombrar por descuido, o por aviso, Se arroba, y sale de sí en alta contemplación, porque la imaginación se la lleva el cielo a sí. Y dicen que esto es de forma, que cuando sale de casa hasta la gente que pasa, para ver si se transforma. Le da voces, Paraiso, Paraiso, y él se queda, sin que todo el mundo pueda volverle a su propio aviso. Dile que entre, y nombraremos el paraíso. . Eso no, que no es bien que tú ni yo por nuestro gusto intentemos, Que aquí se detenga un Santo, Él viene. Darme los pies hoy, señora, justo es por tal nueva, por bien tanto. Que, vino ya nuestro padre? Y como si vino ya. Qué está en Asís? . Aquí está, deme pues albricias, madre. Yo le mando la mitad de una diciplina. . El cielo, madre, le pague el consuelo: sepa vuestra caridad, Que fue a España y Santiago de Galicia, y que fundó muchos templos, de que yo notablemente me pago. Plegue a los Ángeles bellos, que tantas tierras esmalte nuestro hábito, que falte paño pardo para hacerlos. Pensó Francisco pasar a Marruecos a morir por Cristo, aunque esto es vivir, mas no le dieron lugar. Y después de haber estado en Francia, y Italia fue a Persia, donde la Fe de Cristo santo ha sembrado. El Soldan se ha convertido, y una Mora que penió que era mi padre algún yo, tan miserable y perdido. Le dijo amores, y luego el Santo la convidó a una cama en que se echó, que era una hoguera de fuego. Convirtiose viendo estar a Francisco entre las llamas: mas déjame, si le amas, que le vuelva a ver y hablar. Que ha mucho que estoy sin él. No vendrá mi amado padre a verme, fray Gil? . Si madre, a dios, yo vendré con él. Con la prisa que te ha visto! Dónde hay mujeres jamás con más espacio verás, Flora, los siernos de Cristo. Gran contento he recibido, que mi padre haya llegado. Buenas albricias has dado. Buenas las ha merecido. O si ventura tuviese, que hoy me viese. . Adiós lo pide Si ocupación no lo impide, bien puede ser que viniese. El visitará su aprisco. Pues Clara en eso repara, porque nunca yo soy clara sin darme el sol de Francisco. Ataja, araja al vigardo. Lindamente le corté. Asle, tenle. . No osaré. Ya de guisalle me tardo. Si el cuchillo no tuviera, voto al sol de mi lugar, que habíamos de luchar para ver cual más pudiera. Han mirado el frailejón con la santidad fingida? No pelé pies en mi vida, que muy importunos son. Como tan barbado es, hermano pie? los caminos lo han hecho: o si los cochinos nacieran calvos de pies. Mas cuando trabajo cueste labarle, ya no me dio Cristo ejemplo, pues lavó otro pie más sucio que este. Y como pues en eterno quedó de un árbol colgado para puerco chamuscado de las llamas del infierno. Qué lavase Cristo pies de un peor que este cochino! El amo viene. . Imagino que es él. . Sin duda lo es. Mas ya ha llegado a su puerta el fraile. . Mi amado Dios, ved lo que a pensar en vos mi rudo ingenio despierta. Mirad mi humildad, Señor, que con un pie que he cortado pienso en los que habéis lavado de un hombre que o fue traidor. Zampose en el monasterio: nuesamo, nuesamo? Pues qué tenemos? . Menos pies. Tomé no entiendo el misterio. O si un momento llegaras antes! . Cómo? . Un vigardón de esta nueva Religión entró por nuestras piaras. Y a un cochino cortó el pie, y no el peor escogió, que era casi como yo. Oh traidor, por dónde fue? Ya se entró en el monasterio. Cómo, qué se entró? . Aquí vivís de robar ansí? dignos sois de vituperio, No sois dignos de alabanza, esto hacéis, y predicáis? lo que no hacéis enseñáis? o qué bellaca enseñanza! Ribaldos, si sale alguno, otro pie le he de cortar. a Deo gracias, bien puede hablar sin ofensa de ninguno. Eres tú quien ha cortado, un pie por hacerme mal, con atrevimiento igual a un lechón de mi ganado? Pero no debes de ser, que esa cara me ha templado, Deo gracias, pues tan airado? No le quiero responder. Vamos al ganado, hermanos, que a lo que en este se ve, no es justo que por un pie pongamos en él las manos. Qué notable tentación! o lo que el demonio intenta, con su envidia nos afrenta! trazas de su ingenio son. Mas ya poco más, o menos se yo quien aura intentado lo que dicen del ganado estos hombres, y hombres buenos. Deo gracias portero hermano, llame a Junipero luego, el hombre estaba tan ciego que fue detenerle en vano. Manda vuesa caridad alguna cosa? . León, yo vine en esta ocasión cansado de la ciudad, Y al monte subir querría. Qué tiempo en el estarás? Un día, y si fuere más, que en el monte es poco un día, Llévame no más, León, que un poco de agua y pan. Maitines no se dirán de noche? . Es justa razón. A las doce llegarás, porque Dios se alabe allí, y estando cerca de mí estas palabras dirás: Domine labia mea aperies, Porque si yo no estuviere en mí no hay que porfiar. pero bien podrás llegar cuando yo te respondiere: Et os mevm annutiabit laudem tuam. Has lo entendido? . Muy bien. Que manda su caridad. Fray Junipero en verdad que es menester que le den Una rica diciplina. Pluguiese a Dios, mas porqué? Cortó a cierto puerco el pie? Y le pelé en la cocina. Pues cómo? . Con un cuchillo. Es esa buena razón? Si está enfermo fray Simón flaco, perdido, amarillo, Y que no puede comer, y dijo que comería un pie de puerco: que había fray Junipero de hacer? Cortarse el suyo? en verdad, que aunque lo soy, no lo hicier que el que no le comiera. Ello ha sido caridad. Oh si le viera pelado. padre nuestro, no dijera que era de puerco, mas que era de algún Obispo, o Prelado. Cocido, y con su vinagre, tal lo agradeció después, que por ouisador de pies me han de rotular de almagre, Entrole en tan buen provecho, que se quiere levantar. Tal gracia le dio al guisar, su gran caridad lo ha hecho. Este es gran hombre, León. Gran virtud tiene consigo. Tiémblale el mismo enemigo, Viendo bueno a fray Simón, A un novicio que tenía sucios los pies fray Tomas le dijo: Lávate más, que si le pide otro día Algún enfermo otro pie a Junipero, es tan terco, que pensando que eres puerco te lo cortara. . No ve Que ha venido aquí su dueño, vaya, y échese a sus pies. En buen hora. . Vaya pues, y aún es castigo pequeño. Aplaquele, y sin perdón no me vea. Lo que ha hecho un puerco, mas ya en el pecho se le metió fray Simón. A mí más pluguiese a Dios, que este labrador me diese cien palos, y que no os viese, Francisco, enojado a vos. O hele aquí, que ventura! Rabiando de enojo vengo. Hermano, aunque culpa tengo el tenga mayor cordura. Castígueme. . Pues quién es? El cortapiés de cochinos, heme aquí. . Qué desatinos! Por un pie puesto a sus pies. Estoy. . No esté si no dé. Detiéneme su humildad. Sepa que la caridad me hizo cortar el pie. Soy tonto, y tiénenme en casa como una cosa perdida. No llore más por mi vida. Yo le diré lo que pasa. Un enfermo me pidio un pie de puerco, yo fui, y al puerco se le pedí, sabe Dios que él me le dio. Que yo no se le cortara, si él no se estuviera quedo. Aún enojarme no puedo, viendo su inocente cara. No le dije, puerco hermano deme ese pie para Dios, cuando me puso los dos en la cara y en la mano. Oh puerco caritativo, mas de un limpio no lo es tanto. Este fraile es algún santo. Si del perdón no recibo Parte ro. Mi padre no me ha de hablar. Vaya, y diga, que le abono, por muy bueno, y le perdono. Los pies le quiero besar. Mas no me fíe los pies, que aún tengo el cuchillo aquí, soy un loco. . Para mí, padre, yo sé bien lo que es. Diga a su padre, que al punto mataré con gran contento el lechón para el Convento, y le enviaré todo junto. Luego el menudo ha de hacer mi mujer para esta noche. Merece andar en un coche tan excelente mujer. Guárdelos Dios muchos años. Quédese padre, con Dios. Señor, quien espera en vos nunca le ofenden los daños. Si se traspone el buen hombre de alegría del cochino, bailo y falto, y desatino. No me digáis ese nombre, No hijos. . Este es fray Gil. Que me dejéis os aviso. Paraiso, paraíso. Hijos a un gusano vil! Mi Dios cual será la gloria de los que ven cara a cara esa Majestad! . Repara tus sentidos y memoria. Ninguno dejar me quiso, sabe Dios que me defiendo, todo me abraso y enciendo. Paraiso, paraíso. Echaré con el cordón estos mosquitos de aquí. Yo no lo dije. 2. Huye. . Ansí le dejarán. . a Frailón! a a fray Cucarro. . En verdad, que si vuelvo: qué es aquesto! ya Gil se quedó traspuesto, envidio tu santidad. Hola, Gil, qué ves? por donde vas caminando? qué sientes? ahora, Gil, no hay parientes: él no está aquí, no responde. Deo gracias, mire si allá andan padre, mis deseos? en que campos Eliseos cogiendo flores está? Oh buen provecho te haga, estate allá, buen fray Gil, desde un año hasta cien mil, pues no hay mil que satisfaga. No vuelvas al mundo, hermano, así Dios te dé ventura, que acá no hay cosa segura, todo es inconstante y vano. No hay verdad, no hay amistad, no hay lealtad, no hay cosa buena, todo es ira, enojo, y pena, falta, error, y enfermedad. Adónde hallaré consuelo? Este es de los que allá van, pobres de espíritu están ricos de gloria en el cielo, Dónde bueno hermano mío? A pedir algún socorro. Si del hábito me ahorro, menos pesadumbres crío. Ea, presto, no tardéis señor hábito en salir, el pobre se ha de vestir, aunque más os apeguéis. Toma, y remediete Dios, que si de diamantes fuera con más placer te le diera. Él os haga santo a vos. Cómo eso Dios puede hacer, mas este es el Guardíán, no hay que huir, visto me han, ya no me puedo esconder. Deo gracias, qué danza es esta? Gil está de matachín, y yo estoy de volatín, pero de Dios es la fiesta. Deo gracias, por obediencia, y en su virtu vuelva en sí. Ay, ay Dios, ay, ay de mí! Hoy hay linda penitencia. Ay que poco os conocemos, mi Dios, pues que no os amamos! ay Dios, que ciegos que estamos pues con tanta luz no vemos! Ay mi Dios quien os amase tanto, que por vos muriese! ay mi Dios! ay mi Dios! . Fuese Que esto Júmpero pase? Hasta el hábito ha de dar? mas que hago maravillas, si ha dado las campañillas, que adornaban el altar? Si el sacristan me dejó por irse a comer, qué quiere? Qué dirá quién eso oyere? es bueno que sepa yo, Que los frailes guardan de él cuanto tienen? . Soy ladrón. No es ladrón, mas no es razón ni vive vergüenza en él. Diga ansi le guarde Dios, diga, diga. . Qué humildad! que santa simplicidad! allí hay un hábito u dos, Escoja el que bien le esté, y en pena lleve esta carta al señor Horacio, parta Él no sabe lo del pio. Es el señor del castillo, dónde el otro día fui? El mismo. . Espéreme aquí. Qué corazón tan sencillo! Oye . Que manda . En virtud de la obediencia le mando, que no dé el hábito. . Cuándo? Siempre. . Qué extraña inquietud! ni la capilla? . Tampoco. La túnica? . No hay que hablar. En no dejándome dar, pienso que me vuelva loco. a Dos cosas, fray León, de gran contento son este Jnbileo soberano, y del Orden tercero el fundamento. Grande es el Jubileo. . Es de la mano del mismo Dios, no puede ser pequeño. Favor no concedido a pecho humano. Mas aunque el mismo Dios de todo es dueño, quiere que se respete a su Vicario, esto os predico, padres, esto enseño, Que lo confirme ha sido necesario: al fin ha confirmado el Jubileo. Y tú mi padre el Orden Tercerario. Cuando seglares y casados veo deseosos de vida penitente, tengo de su remedio gran deseo. Tercera Orden es razón que intente, porque aún estando en matrimonio santo viva con penitencia mucha gente. Todos cabrán debajo de tu manto. A culpa venial no los obligo, que no quiero, León, ceñillos tanto. Pedirle quiero a Dios, si en esto sigo su voluntad, me enseñe y encamine. Quieres decir, que no querrás testigo. Vete con Dios, y ruégale que incline su santo oído a mis humildes ruegos, para que el Orden próspero camine. Y gocen del cordón también los legos: Amado mío, Regla institui para los hombres, que primera fue: en Clara la segunda comencé, tan clara estrella a las mujeres di: ahora porque muchos conocí que aunque casados quieren que les dé Re gla para vivir en vuestra fe, a Tercera también los admití, hoy vuestra Trinidad me lo enseñó: en la primera el Padre se verá, y en la segunda el Hijo que engendró, la tercera de Dios procederá, y así que mostraréis espero yo, que el Espíritu santo en ella está. Francisco, tu intento es justo, y tu propósito santo, el Orden agrada a Dios para libres y casados. Confirmarala por Bulas Nicolao Papa Cuarto, después de Honorio, y Gregorio, y de Inocencio Romano. Lo mismo Clemente Quinto, Martino, otro Nicolao, Engenio, Calixto, Pio, Sixto de tu Orden, Paulo, Y otros: y para que veas su gran provecho más claro, aura del Orden tercero Emparadores, Prelados, Reyes, Duques, Condes, Nobles, Canonizados, Beatos, Mártires, y hombres Ilustres. Aura un Rey de Francia fanto, llamado Luis, y san Yvo Clerigo, san Elceario, y santa Isabel de Ungría, aquestos canonizados, Beatificados Luquesio, templos a su nombre alzando, con dos santas Isabeles una del Ungaro estado Reina, y otra en Portugal, de virtud ejemplo raro. Dos Juanas, una de Signa, y otra de aquel soberano apellido a quien se humillan los Serafines más altos Seguíralos en Fulgino Ángela volando tanto. Margárita de Cortona, Clara de Monte Falcano, san Roque, Bartolome, lácobo, y Lucio tan claro, que ha de ser a quien primero des hábito de tu mano. El Arzóbispo León, el de Trebiso y Ricardo Obispo de Alejandría, sin otros muchos Prelados. Doña Juana Emperatriz de Grecia, y de Carlos Cuarto su esposa doña Isabel, el Rey de Sicilia Carlos padre de san Luis Obispo. Roberto Rey Siciliano, su Príncipe don Enrique a sus padres imitando, la Reina doña María: y del Reino Castellano, Blanca madre de Luis Rey de los Lirios dorados. María de Aragón Reina a la de Bosna imitando, doía Catalina ilustre de los pobres Alejandro. Martires Raimundo Lulio; y en Persia Pedro Romano, Duques, Grandes y Varones, sin otros nobles: son tantos, que es proceso en infinito, Francisco, querer nombrarlos, Dios se sirve, bien has hecho: más pasados muchos años, que la envidia del demonio tendrá este nombre olvidado. Celebrándose en Toledo, cabeza del Reino Hispaño, Capítulo general, con particular cuidado le mandará publicar, y serán los Toledanos los primeros que en Castilla vistan el hábito pardo. Gracias te doy inmensas, Jesús mío, por tan altas mercedes y favores, no en vano yo de tu piedad confío. Mas cuanto tus mercedes son mayores mi obligación y amor también lo sean, que ahora te diré muchos amores. Mas porque es justo que también se vean los amores en obras, gloria mía, yo haré que aún estas piedras me lo crean. Tú no ves qué es en vano mi porfía? hame de amar a mí quien a Dios ama? quien le ama de su carne se desvía. Aún se me acuerda la nevada cama, donde sus hijos y mujer le hicieron mayor deleite que la blanda llama. Los que no porfiaron, no vencieron, la victoria consiste en la porfía. Muchos la vida y el honor perdiero. Óyeme, mi Francisco, prenda mía, vuelve esos tiernos ojos a mirarme tu misma carne soy. . Ofiera arpía, Hablo con Dios, y vienes a tentarme con aquella limpieza aquel Cordero. Que aún no quieres, mis ojos, escucharme? Ay Cristo mío! ay dulce y verdadero amor de mis entrañas, yo con vida, y tú por mi clavado en un madero! Dame una mano, amores. . Que me pida un pensamiento a mí, Señor, la mano, estando de tu mismo clavo asida. Que es la hermosura humana viento vano, muladar que ha cubierto blanca nieve. Pues hay cómo el deleite bien humano? Señor, Señor, Señor, mucho se atreve este monstro suplícote, que esparzas esa blanda piedad que de ti llueve. En aquestos ballizos y gamarzas nos sentaremos. . No es mejor desnudo en las espinas de estas verdes zarzas. A las zarzas se arroja. . Ya no dudo que ha de tener la silla que he perdido. Ahora, que me dices? . Estoy mudo. ya está de sangre el bárbaro teñido. De la sangre en la zarza nacen rosas. Mas que a Francisco el pecho me han herido. Divino penitente allí reposas. Está lleno de sangre, y los espinos le han sangrado las venas amorosas. Que de nuevos estilos y caminos busca este mercader en este trato, que tiene con los Ángeles divinos! El mercader que está con más recato para ganar el solo se desvela, no es este así, que para si es ingrato. Porque otros ganen, se fatiga y vela, otra Tercera Orden me ha fundado para que ganen todos. . Qué cautela! No bastan estas plantas que lía criado Pues un fray Gil, un fray León y un tonto, que Licurgo no fue mayor Letrado: Pero verás que ahora le remonto del aprisco descalzo. . De qué suerte? De la suerte que soy ligero, y pronto: vete, que ahora trazaré su muerte. Allá te aguardo. . No me maravillo, sino de ver que cuanto intento advierte: este es Horació el dueño del castillo. Di, que Horacio, Nícolas, los deshonra, y desafía. En Viterbo ya no había, si no temerte no más. Verdad es que andan buscando, como te darán la muerte, y de esta, o de aquella suerte traiciones imaginando. Yo me guardaré de todos. Quién es Nícolas aquí? Yo soy? . Tú? . Digo que sí. Por cuantos diversos modos Te quiere matar Viterbo, fingiendo hablarte de paz muy pobre, porque es disfraz, viene como al agua el ciervo Un valenton que despacha la ciudad, trae por seña una lesna, aunque pequeña, porque no tiene otra tacha: Y un pedernal y eslabón con que piensa encender fuego, que abrase el castillo, luego que dé la noche ocasión. Soy un pobre caminante hoy, que conmigo comió, esto me comunicó, a Dios, que paso adelante. Escucha, toma siquiera el premio de tu cuidado. Él va como el viento airado por esa verde ribera. Retirémonos aquí, para que el hombre esperemos, Desde aquí le tiraremos. Dichoso en saberlo fui. Duélete, padre, de mí. Los Franciscos no llevamos dineros, que profesamos pobreza. . Entiéndolo así. Mas no lleva alguna cosa? El hábito solo llevo, que a dársele no me atrevo por penitencia forzosa Que me mandó la obediencia: yo no me le he de quitar, más podemos concertar una graciosa advertencia: Y es, que él me le quite a mí, y no incurrite en la pena, que nuestro padre me ordena. Pues diga, quiérelo así? Pues si él a mí me desnuda, como puedo incurrir yo en lo que el padre mandó? Tiene razón. . Es sin duda. Ya comienzo a desnudarle. Advierta, que lo permito, pero que yo no me quito el hábito. . Qué es quitarle? Yo se le quito no más. Por eso lo digo yo, él me le quita, yo no, ni se le diera jamás. Páguéselo Dios. . Porque no ve que él me lo ha quitado? pardiez ligero he quedado, ahora si que podré Caminar a mi contento. Tente a Horacio, Nícolas. Tente, pícaro. . Esto más. No está malo el fingimiento. Miralde luego las señas. Aquí trae el eslabón, y la lesna. . Claras son. Y de coser esparteñas. Tú me vienes a matar? Si Dios me hubiera dejado, como eso hiciera. . Oh cuitado! Tormento le puedes dar, Porque confiese de plano quien de Viterbo le envía. Con una lesna quería matarme! . Y fuera muy llano, Porque es arma inremediable, y se cubre fácilmente. Él se ríe, no lo siente. Qué te ríes, miserable? No me tengo de reír? Pues llevante a dar tormento, y muestras ese contento? Pues qué tengo de decir? No venías a matarme? Cómo esos males hiciera, si Dios no me detuviera, con darme luz, y enseñarme. Pues, traidor, hoy morirás, Que lleve contento siento. Pues no he de llevar contento, si merezco mucho más? Quédate, León aquí. Padre, aquí me quedaré. Señor, cómo te hablaré? y tú me hablarás a mí? Es posiblle que te humillas a la miseria que soy? gracias inmensas te doy por tan altas maravillas. Pensar quiero en tu Pasión sobre aquesta peña puesto. Déjame, sueño molesto, velar en esta ocasión. , h Entre esas cinco llagas, o Cristo soberano, y al son de sus corrientes comenzaré mi llanto. Como estáis de esa suerte, decid, Cordero blanco, pues naciendo tan limpio, de sangre estáis manchado? La piel divina afean las sacrílegas manos, no digo de los hombres, pues fueron mis pecados. Aquella blanca niña, tan Virgen en el parto, como antes, y después, mas pura que el Sol claro; Pario vuestra hermosura de solos catorce años, en un pesebre humilde, y en un portal extraño: Y desde el mismo día siempre os está mirando, vertiendo por el hombre la sangre que os da hado. Ay Dios, si los dolores de vuestro pecho santo pasaran este mío, de vos enamorado! Partildos, Jesús mío, con quien os amó tanto: tenga yo los tormentos, y vos tendréis los clavos. Que me muero, mi vida, de veros espirando por una vil criatura, que no puede pagaros. Agua de ese costado, que se abrasa Francisco, hay que me abra- Pienso, Pastor divino (so. que estáis subido en alto, para llamar con silbos tan perdido ganado. Ya os oigo, Pastor mío, ya voy a vuestro pasto, que como vos os dais ningún pastor se ha dado. Pelicano amoroso, con sangre estáis llamando, que corre a toda prisa de pies, costado, y manos, Esclavo vuestro soy, ponedme vuestros clavos, quitaldos, vida mía, descansaréis los brazos. Ay de los que se visten las telas y brocados, estando vos desnudo en un desierto campo. Ay si vuestra corona por este breve rato pasara mi cabeza, y os diera algún descanso. Ay si aquella lancada pasara mi costado, por no volver a heriros, el corazón dejando. Hay clavos de mi vida, en vosotros me clavo, pues no queréis vosotros clavarme pies y manos. Agua de ese costado, (abraso! que se abrasa Francisco, ay que me Francisco? . Señor, quién eres? Un Ángel soy, que te avisa de parte del Verbo eterno, que a paciencia te apercibas, Para que lo que el quisiere haga en tu persona misma. Apercibido estoy yo, esto quiero que le digas, Ángel santo, de mi parte? como quisiere se sirva de Francisco, barro soy, que entre sus manos benditas me tiene, forme, deshaga. No hay resistencia en las mías, Yo parto con tu respuesta. Él la sabe, y que resigna mi alma su voluntad en la suya desde el día que tuve conocimiento de su grandeza infinita, e cisco? . Dulce Señor. Dame alguna cosa. . Mira que ya desprecié por ti las que en el mundo tenía, ya te he dado cuerpo y alma, Busca el pecho. . Ay Dios que fina moneda de oro. . Esa ofrece. Veisla aquí luego ofrecida. Dame más. . No tengo más. otra vez el pecho mira. otra moneda, Señor, y más que el Sol pura y limpia. Ofrécela. . Veisla aquí, dulcísima vida mía, y no os la doy en las manos, porque las tenéis asidas, Traspasaisme el corazón; ay mi hermosura divina, nunca con mayor piedad en vos he puesto la vista! Ofrece más. . No lo tengo. Mira más. . otra tan linda he vuelto a hallar en el pecho. Pues dámela. . Ya quería. Las tres Ordenes, Francisco, que me has dado, significan estas tres monedas de oro. Los Ángeles os bendigan. Quiéres me bien? . Ay señor, muerome por vos. . Aplica tus pies, Francisco, a mis pies, y tus manos a las mías, Tu costado a mi costado, porque mis llagas te imprima, para que en el cuerpo sientas las que en el alma sentías. Ya subo, espera Señor, aunque tú también te humillas, para dar a un hombre pobre soyas de tu amor tan ricas. Ángeles que estáis con él corred, corred la cortina, que la vista no adivina, si es Ciristo, o Francisco aquel Pues acompañando estáis a Francisco en su dolor, y las heridas de amor atentamente miráis. Decid a todos que es él, corred la parda cortina que la vista no adivina si es Cristo, o Francisco aquel, Notable sueño he tenido, gran rato se me ha pasado, mi padre estará ocupado, y en éxtasis divertido. No le veo: apostaré que más alto se subió! será bien llamarle? No, que a la noche volveré. Qué grita es esta, y que gente? un hombre traen asido. Que esté tan endurecido, que aún los tormentos no siente No ha confesado en el tormento nada, aunque descoyuntado en la garrucha. Bravos tratos de cuerda se ha tragado, ata la de su cuello en ese roble, y aprieta la garganta. . Qué es aquesto, así quiáis la vida a un hombre pobre? Padre, si es un ladrón, de qué te espantas? no me conoces? . Porque te conozco me admiro más. . La muerte vino a darme con un arma secreta, y al castillo fuego quiso poner. . Su muerte es justa, mas viene confesado? . Ni el tormento le ha hecho confesar. . Dejadme un poco, que quiero confesalle, pues sin duda Dios me ha traído aquí: Dios te consuele, hermano, en tanto mal. . Qué dice padre? no conoce a Junipero? . Jumpero? Pues no me ve, yo soy en mi conciencia, que trayendo una carta a este buen hombre, me prendió en el camino, y me ha quitado la lesna con que coso las sandalías, y el eslabón con que de noche enciendo. Pues Nícolas tu ahorcas a los frailes. Yo a los frailes, qué dices? . Y aún por dicha al bueno de los que hay más esto basa. Yo no le he conocido, que de un hombre supe como venía a darme muerte. Un hombre se lo dijo? . Esto me dijo. No ve que no era hombre, era patillas, que se quiere vengar con zancadillas. Deo gracias, deme el fraile. . Estoy corrido mas diga, cómo viene de este modo? Di a un pobre el saco. . Todo junto? . Todo. Padre mío; por Dios que me perdone. Dije, que se le di, sepa que miento, por eso no me acuse. . Venga, acabe. Pus si él me lo quitó que culpa tengo? Vamos con él hasta salir del monte, No diga lo del hábito. . Camina. Cuanto va que t Cuanto Esto deseo saber. El demonio os ha engañado, como consiste en creer. No digo que lo he dudado, que Dios bien lo pudo hacer. Si no que entender quisiera alguna cosa sutil, que rastro de esto me diera. Hablad, Liseno, a fray Gil, que entiendo que sale fuera Que es excelente letrado: viendo que este necio ha dado en saber por interes un misterio santo, que es al mismo Dios reservado. Quiero que un hombre inorante le diga lo que el no siente, porque de oirle se espante, que es santo y habla altamente en materia semejante. Padre fray Gil? . Oh señores. Háganos tanto favor. Solo Dios hace favores. Siempre hay un atajador en los cáminos mejores. Dejenos ir. . Oigaiún poco. este estudiante es un loco, que por eso aquí le aparto: hoy han de argüir del parto virginal. . La tierra toco En oyendo el sacramento de ese misterioso día, oiga hermano, esteme atento. Oiga, padre, que querría proponerle un argumento. a. tenemos azotina? Antes del parto, y en él, y después entender quiero. Cómo entender? ni Gabriel, que fue el mismo mensajero, solo Dios que es dueño de él, Pero si entender queréis lo que por bachilleria, y soberbia pretendéis, veis esta cayada mía? Sí. . Pues mirad y sabréis. Antes del parto. Oh qué flor de azucena tan hermosa. En el parto. Oh qué color de otra azucena olorosa. pero es del cielo su olor. Después del parto. r otra sale que no hay nieve que la iguale. Antes, en el y después os mostrarán estas tres, que la humildad con Dios vale Con Dios, hermano, creer, y no por la ciencia humana pensar un hombre entender. Confieso que toda es vana. Si dichoso queréis ser Creed lo que no habéis visto, porque como dijo Cristo, ese es bienaventurado. Vos veréis mi padre amado el hábito que me visto. Voy llorando arrepentido. . Qué haremos, hermano Gil, que ya estos necios se han ido? Dar mil gracias, y cien mil, a quien hoy ha producido Aquestos lirios aquí. Por el Guardían pregunta. Quiéres que los coja? . Sí: las tres azucenas junta. Con respeto las cogí. En el Altar las pondremos de la Virgen. . Dónde está el Guardíán, que le traemos el puerco pelado ya, y ofrecérsele queremos? Qué puerco? . Ya se le olvida? al puerco que el pie cortó. Dios les aumente la vida: que el amo en fin perdonó la quererla de la herida? Quedó con tanto placer, que mandó hacer por más fiesta el menudo a su mujer, y viene en aquesta cesta, que le puede el Rey comer. Para él viene un relleno de huevos, y de tocino, que basta. . Y basta ser bueno: téngase hermano pollino, mire no le ponga un freno. Hoy no había que cenar. traen pan? . Roscas de picos, y vino, que hará bailar un muerto. Qué villáncicos habemos hoy de cantar! Ea, yo los encamino, venga el hermano cochino poco a poco a la despensa. oparte. Gil en tus deleites piensa, mientras los harto de vino. Bendita por mil edades sea, Señor, tu clemencia en aldeas, y en ciudades; pues a un puerco das licencia, que haga unas amistades. Sumoay divina bondad, que en ese trono sentado riges el cielo y la tierra, a cuya derecha mano Está el divino Cordero, muerto por el hombre ingrato, desde el principio del mundo, del Sol, del tiempo y los años. Tú que jamás te envejeces, ni en ti pueden ser menguados: porque siempre eres el mismo, siempre inmortal, siempre santo, Como lo dicen aquellos, que eternamente, cantando, confiesan tu santo nombre en dulce y sonoro canto. Increado, Padre eterno, Hijo abeterno engendrado, Espíritu, que procedes por espiración de entrambos. Un Dios, y personas tres, que solo un Dios confesamos con tres personas distintas, que al Padre, y Hijo, en un lazo Tiene el amoroso Espíritu; dedo de su eterna mano, pues sabéis, Señor, divino, como eternamente sabio, El proceso de las cosas futuras, que estáis mirando desde ese alcázar eterno, que les prometen los años A las tres órdenes santas del cordón, y hábito pardo de nuestro padre Francisco? durarán por siglos largos? Serán de servicio vuestro? ay cielos que extraño caso! o qué soberana vista! tronco, ramas, hojas, y árbol. Desde el tronco de Francisco así se va propagando el árbol fértil que al mundo ha de dar fruto tan alto. Las tres Ordenes son estas, porque a Francisco, Sol claro, sigue Clara, como estrella, desde el Oriente al Ocaso. Luis al Orden tercero da lustre en el Reino Franco: este es Antonio de Padua, claro por tantos milagros. Que el Jesús del corazón ha trasladado a la mano: aquel con tantas heridas es el valiente Bernardo, Por el Miramámolín en Marruecos degollado: aquel es Buenaventura, digno Cardenal Albaño. Este es el santo Rufino, y aquel del Sol, y los rayos san Bernardino, y aquel es el Conde de Arriano, Y su mujer: cuyos nombres son Delfina, y Elceario: aquella Isabel de Ungría, Terceros del Orden sacro De Francisco, y santa Rosa es la que tiene en la mano las flores Mas no presumas que pueden contarse cuantos Procederán de ese tronco. que ha de cubrir siglos largos el Oriente, y el Poniente, el Setentrión, y el Austro, Qué primero contarás la arena del Oceano, y las estrellas del cielo, que de Francisco los ramos. Gracias os den, gran Señor, los Ángeles, pues que tanto engrandecéis los Menores. Aquí devoto Senado se da a la primera parte fin del Serafín humano.