Texto digital

Texto digital de Séneca y Nerón

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XVIII de Nuevas escogidas (1662).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Séneca y Nerón. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/seneca-y-neron.

Logo BICUVE

SÉNECA Y NERÓN

JORNADA PRIMERA

Que sientes Irene mía, que entre el temor que se ignora luces encoge el Aurora, y antorchas oculta el día? Qué pena, que fantasía ciuel en la gentileza, es causa de tu tristeza, que en dudas tan desiguales así eclipsas en cristales los rayos de tu belleza? Si es pena, saberla espero Irene, porque la ignoro; que si por tuya la adoro, por tuya sentirla quiero. Dime el pesar de que muero, y muera yo pues lo digo, cuando en el riesgo que sigo, tengo por mayor estrago morir del rayo al amago, que no del rayo al castigo? Amante quiero escuchar lo que me intenta ofender; amante quiero vencer lo que me puedes callar: prosigue, que el esperar tu pena, es por presumir, que yo la puedo sentir. Y pues ya dudo el rigor, declárame tu temor, si yo lo puedo impedir; que cuando más advertido domicio Nerón me abona, cuando estoy en su Corona de lo más noble aplaudido; parece que agradecido a Júpiter soberano, deudor me confieso en vano, pues por estrella oportuna, no estoy bien con mi fortuna, sino merezco tu mano. otón, si sabes (ay cielo) . que desmentidas lisonjas, lo que debo a tus caricias, cuando amante me ocasionas: si adviertes, que cuando no veas mis finezas te provocan, con que cautelas lo digo; . pesares ya es tiempo agora, si recelosa de un riesgo, de un empeño recelosa: hay quien pudiera decirte la ocasión de mis congojas! Ay otón quien te dijera, que cuando a tu sangre heroica debe el valor; mas que digo! . Volved esperanzas locas, volved, volved al silencio, que llegáis muy ambiciosas para nacer tan humildes. dentro de un discurso todas. Si pretendes. . Yo te adoro. Si aspiras. . Fuerte congoja. A matarme. . Yo tu muerte, mucho me temo a mi propia; mal piensas. Bien imagino. Pues porque veas, que todas tus presunciones te engañan. Prosigue. . Muy a mi costa. como injustas se desdoran. será la satisfacción. Qué puedes decirme agora, que yo no lo haya temido? Escúchame pues te importa. Dime lo que el alma siente. Oye, y sabrás lo que ignoras, Aurelio Flabiano, a quien porque mi amor se conozca, en el Imperio de Claudio le libertaron en Roma, fue mi padre; mas yo entonces con arrogancias tan locas, siendo infeliz, nací noble, que claro está, que una cosa es tener poca fortuna, y el ser bien nacido es otra; que esto lo elige la suerte, y aquello la sangre propia. En fin mal haya el primero, mal haya la ceremonía, que a tan servil obediencia. nobles altiveces postra. Quién duda que fue mi padre; aquí la pena me ahoga! aquí el aliento fallece! y aquí el corazón zozobra! Quién duda que en jubeniles. ardores de más Coronas, pensó timbar su nobleza al valor que las apoya. Quién primero en los marciales: encuentros, tuvo más glorias. que esclavitud, en la patria madrastra al sin rigurosa. Mas para que tantos años lo que el silencio pregona, es bueno que disimule una mujer que te adora. Ya otón las finezas tuyas por ser en mi honor impropias, si las merecí por mías. Mas no tanto que no diga, que soy tan vanagloriosa, que soy mala para dama conociéndome a mi propia. Porque me sobra de noble. lo que de infeliz me sobra; y Nerón te lo asegure, porque ciega mariposa. arde de amor a la llama, cuando yo animada roca, no le templo si se abrasa, no le alivio si se postra, que nacieron muy valientes los esfuerzos de la honra: Sabe el cielo que he intentado según el valor me informa el callarte este suceso; mas yo que más animosa, hago examen de tu amor, conozco que fuera impropia bajeza empeñarte amante: otón hablemos agora con más claridad, a tiempo esta pasión amorosa está, que puede dejarse, pues nada a tu amor le estorba; y cuando al galán la dama, si acaso el galán la adora, y dice su pesar, parece que lleva por más lisonja sobornos en el remedio, o alivios en la congoja: fuera de que el referirte mi pena, no fuera cosa, que saber que en tu nobleza se depositaba heroica, aliviada como mía, y callada como propia: Supuesto que soy tu amante, que mi fortuna es tan corta, y que estás a los principios del empeño, mira agora que es error el proseguir empresa tan rigurosa; porque ya como te he dicho, desvanecido en tus glorias, la majestad te sublima, y la deidad te hace escolta: yo gozo inferior estado, yo vivo con menos pompa, yo estoy postrada al abismo; tu mandas la imperiosa máquina de este hemisferio? yo con mayor vana gloria te miro en el obelisco, cuando me humillo a la choza; tu gozas feliz aplauso, yo no recelo envidiosa: tú vives con más fortuna; y así juntando unas, y otras finezas, porque te quise, pues todo a mi amor le importa te adorara el pensamiento, con condición que depongas lo libre de un galanteo, lo ciego dé una lisonja: que para que es estorbar fortuna tan ambiciosa, si yo la huyo por mucha, y tú la pierdes por poca: asegurando a tus dudas, previniendo a tus congojas, refiriendo a mis desdichas, contando a mis penas todas, como amante, como firme, ocasión tan generosa, resolución tan valiente; obligación tan notoria, empeño tan sin remedio, verdades tan a mi costa; porque publiquen mis ansias, no prosiguiendo dichosas, que desengañe prudente, que desobligue amorosa; y si por tuya me admites cuando el remedio se ignora, por amante, y por herencia seré tu esclava, y tu esposa. Ay Irene, si supieras lo que a mi amor le provocas, con sumisión tan rendida, con humildad tan heroica; mas todo ya es imposible, que si Nerón ocasiona mi desdicha con quererte, te he de perder, que mis locas esperanzas, no nacieron a competirle ambiciosas: pb esa es la causa sin duda, que claro está que no es otra? porque como ya refieres tu mal, fuera cosa impropia, el perder por desdichada lo que adquieres por hermosa, Espera Julia. Ya entiendo, Pasquín. Oyes, punto en boca, Qué respondes? Soy tu amante. Qué intentas? Morir, que todas las causas para el remedio, cuando se advierten se ignoran, Vete, que es tarde. Venturas a proseguir animosas. Otón, a olvidar finezas. Amor, a lograr victorias. Tan divertidos se fueron, que nada no nos hablaron. Pienso que no nos miraron, y pienso que bien hicieron. Ven acá, tú eres discreta. Ven acá, tu eres honrado, y has de hablar como criado. Julia, y tú como alcahueta; qué sientes de esto? . Yo infiero, que por esta pretensión, el Emperador Nerón me da muy gentil dinero. Yo como soy tan discreto, mas no lo quiero decir Julia, yo lo he de encubrir, que es de importancia el secreto, Pasquín, eso es groseria; dimelo. . No hay que tratar, es fuerza el disimular, y el callar es boberia, . todo tu industria lo ignora. Muda varios pareceres. Eso queréis las mujeres: es más de que tu señora vive muy favorecida, y tú muy solicitada; que la una es muy honrada, y la otra es muy raida: es más de que lo dispones por tu interes a porfía; y es más de que cada día. Nunca en muchas ocasiones tuve mejor ocasión; mas no soy interesada, te hago juramento en nada? Tienes buena condición, mas yo creo en tu desgarro, porque de terciar no dejes, que en ti chillaran los ejes a no estar untado el carro: o bien haya, aunque liviana, cuando el recelo lo ignora, tantas veces pecadora una dama Cortesana; donde excusando la copia de tan prolijo esperar, un hombre se puede entrar, como por su casa propia; y no servir a una dama, que si el galán la desea, hay quien diga, que no sea tan grosero con su fama: si está en la calle, con talle dispuesto para el amor, hay luego un embajador para echarle de la calle: si entra en su casa, es cuidado, si la sigue, es groseria; si la escribe es demasía, si la visita es enfado; pues voyme más atrevido este desvelo ignorando, donde me digan en entrando, sea vuested muy bien venido; como está, que maravilla es verle en aquesta casa: ola, esta es honra sin tasa, al seor Pasquín una silla: siéntome, voy prosiguiendo la conversación forzosa: y la dama no habla cosa en que no me esté pidiendo; donde hallo con desenfado, sin que lo busque advertido, lo gustoso prevenido, lo amoroso aparejado: y así en aquesta ocasión, siendo salsa el apetito, ni me pongo, ni me quito, que excuso la prevención; y alaba en término injusto estas damas mi cuidado, cuando por lo sazonado son bodegones del gusto, Necio estás. Así lo creo; mas luego Julia sabrás todo el secreto, y aunmas. Eso es lo que yo deseo. . De vuestra felicidad debida a vuestra opinión, me alegro en esta ocasión. Afranio, si el amistad es tan constante en los dos, que dudo en confusa calma, si en dos cuerpos vive un alma, o el grande Júpiter Dios: uniendo las voluntades, quiso con más atención juntar dos almas, que son, una vida en dos mitades: luego si ya soy testigo del bien que llego a alcanzar, tanto os habéis de alegrar, cuanto fueredes mi amigo. Vuestro valor lo merece, y así en aquesta ocasión, pues os ampara Nerón al paso que os favorece. Haciendo cuando se doma aqueste Imperio inconstante, que se corone triunfante, hoy que sois Pretor de Roma. Cuando en las dichas que muestro con providencia acertada, para, que no yerre en nada, siempre os tuvo por maestro. No puede siendo oportuna esta elección que se trata, preciarse de ser ingrata tan venturosa fortuna. Afranio, porque admiréis lo que imposible os parece, pues ya el desengaño crece, es justo que me escuchéis. Cordova es mi patria ilustre, Aneo Seneca mi padre, aquel varón que a la fama sio experiencias más grandes. Con sediciosos motines confusa la Ciudad yace, y Cordova en bandos rompe sus largas enemistades. Tiberio imperando en Roma, dieron noticia los graves empeños de este motivo, y cómo principal parte Rebelada la Ciudad a Roma partió mi padre, por embajador que envío Cordova, para que trate el Imperio de allanar Civiles dificultades: yo entonces seguí sus huellas; bien que en rigores fatales, mi madre Albina pagaba a la muerte el vasallaje: honró a mi padre Tiberio, con no pequeñas señales de amor, pues más generoso para conocerlas antes, le hizo en igual recompensa por méritos de su sangre, del orden que se apellida en las presentes edades, de Caballeros Romanos: a cuya elección afables, vasallos obedecieron lo que desearon constantes: Después de algunos aplausos, que viven hoy inmortales: murio Tiberio, y después que noble entró a coronarse Calígula en el Imperio: rendido al impulso grave, murió mi padre, y en mí quedaron por más señales, como en el alma la pena, el dolor en el semblante. Ya Roma me conocía, por los contimos afanes, de los estudios que tuve en las artes liberales. Como en las mayores ciencias; mas esto en silencio pase, porque nací muy modesto Afranio para alabarme. Ya sucediendo en la dicha, llegué a merecer constante de Claudio el Emperador mercedes particulares. Vivía favorecido, mas como la envidia es áspid, que alaga con las lisonjas, y ofende con los desabres. Duró tan poco esta dicha, que bien pudiera llamarse asimera mi ventura, que muere al tiempo que nace. Ya la próspera fortuna tanto al abismo me abate, y tanto mis disignios postra, mirándola tan de parte De mis desdichas, que pienso que en tantas neutralidades, más presto se indignó airada, que me duró favorable. La envidia en sin asegura con locas temeridades, que yo a Claudio Emperador quiero ofenderle cobarde. Con Julia, a quien por el deudo, y obligación de su sangre, le tocaba la defensa, como a juez, y como aparte, La causa de este motivo por pública ya se sabe, puesto que la Emperatriz Mesalina fue a la parte En mi desdicha, más noble, pagándole en amistades a Claudio mi obligación, a solas quise encargarme Del decoro de mi Rey, y viendo que más cobarde Mesalina, no atendía al respeto de su sangre. Oculto estuno en mi pecho, sin que lo supiera nadie; más Claudio mal informado, trazó imprudente vengarse. Y luego mal cauteloso, porque estás dudas se allanen, cerró el oído a la queja entonces por no escucharme. yo disimulé el rigor pues fuera más irritarle. Sentí dentro de mí mismo que con temores cobardes la fábrica del favor, o se desploma, o se cae. Temí el riesgo, llegó el día, mandó Claudio desterrarme a Corcega, obedecile, hallándome en un instante, Sin los favores del César, dudoso en otros desaires; salí de Roma, y sabiendo las locas temeridades Claudio de la Emperatriz, para que no se dilaten, airado como celoso, y celoso como amante, Mandó matarla, logró su intento, y quiso casarse segunda vez advirtiendo, que queda por más examen Británico en Mesalina, único heredero, y tales las demostraciones fueron de Claudio, por olvidarse; Que casó con Agripina, y Agripina vigilante a tan airada injusticia, y a tan viles impiedades. Pidio que volviese a Roma, en ocasión que entregarme quiso a Domicio Nerón su hijo, para que antes Que gobernara el Imperio primero le dotrinase, como maestro en las ciencias, que ya con ventajas sabe. Seis años ha que le enseño, más Agripina que fácil vio a Nerón, que no tenía apoyos de coronarse. Con el timbre de sus glorias, cuando advirtió más constante, que Británico heredaba el Imperio por su parte. Dispuso con Claudio viendo tan fuertes dificultades, como adoptar a Nerón, y como el vulgo llevase. Ejelvir de la Corona a Británico, que añade competencias al valor; mas ya no las dudanadíe. Porque lo aprovó el Señado, y lo difirió constante, con que Agripina teniendo por cierto, como heredase Domicio Nerón el Reino, dispuso a Claudio matarle; siendo el veneno el verdugo, y siendo el cristal el áspid. Murió Claudio, a quien hereda Nerón, a quien ya triunfante le espera Roma, añadiendo blasones a las edades. Príncipe a quien ama el vulgo, que su piedad es tan grande, que iguala con su grandeza aunque miro afectos tales. Cuando le juzgo piadoso en lo augusto del semblante, que al tiempo que la piedad amenazan las crueldades. Y como estoy indeciso, en fin en fin, hoy que sale en público coronado, a hacer un dichoso alarde De sus triunfos, hoy que admira la fama entre sus piedades, con Otanía haber casado, hija de Claudio, en quien yace Mas advertido el decoro, y el respeto más constante; hoy que Agripina le atiende con los afectos de madre. Hoy que le asisto dichoso, para que crezcan iguales mis glorias con su grandeza aún no me altera el semblante. Lo que soy con lo que he sido, que como no hay dicha estable; ni lo próspero me turba, ni me ofende lo inconstante. Estos fueron los principios de mi vida lamentables: este el estado en que estoy, está mi dicha inconstante, Juzgue ahora la razón, si puedo amigo fiarme de una ilusión que me encumbra, y de un rigor que me abate, Pero todo nada importa para que pueda turbarme, que la dicha es merecerla, y la fortuna es variable. Admirado del suceso, conozco que la ambición de una injusta emulación, fue causa de tanto exceso, Lucio Seneca, ninguna adversidad os altere, ni trágico sin espere también lograda fortuna: mas que aplauso popular altera mi corazón? Será que sale Nerón al Senado, por lograr con la Emperatriz su esposa Otabía, tanta belleza, por quien la naturaleza pública, mas generosa grandeza tan sucesiva. Los vientos hablan veloces. Escuchemos pues las voces. Viva Otanía. Nerón viva. , t - s, Ya son en tantos honores mis aplausos soberanos: ya es hoy patricios Romanos, ya es hoy nobles Senadores el día de mis victorias; el logro de mis proezas, el triunfo de mis grandezas, el trofeo de mis glorias. Que cuando a su cargo toma la pleve tan grande acción agradezco la elección, y debo el aplauso a Roma. En tan heroico trofeo, para mayor vanidad os celebra la Ciudad, y os estima mi deseo. Todos mofiraron aquí las dichas que en ti adelantas. Domicio, dame tus plantas. Maestro no estéis así, que en las grandezas que muestro, si en algo el poder blasona, mucho más que a mi Corona os estimo a vos, maestro. Su Alteza no desvanezca tan debida sumi sion. Mucho estimo que Nerón a. a Seneca favorezca. De tan favorecido honor epar- su dicha puedo inferir, Qué bien hace en advertir, . el César este favor. Yo advierto que Roma empieza a dar muestras de alegría. Tus méritos a porsía ilustran tanta grandeza. Mercedes pretendo hacer, y si en Oarbo mi padre, cuando Agripina mi madre hoy mis glorias puede ver, testigo en mis dichas fuera. por tantas felicidades, pienso que sus crueldades. con esta acción suspendiera: mucho a Británico hoy día . temo, y el riesgo lo abona, pues le usurpo la Corona; más que importa si ya es mía: Oron premiar solicito. tu sangre en esta ocasión. De las venturas de otón se alegra el alma infinito. . A tu valor sin segundo, heroico César valiente se rinda ufano el Oriente por ser Monarca del mundo, Afranio siendo testigo. de lo que os llego a deber, os quiero favorecer por ser de Seneca amigo, Seneca pues el cuidado hoy crecemas advertido, por ser mi maestro os pido que delante del Senado, como ha de ser advirtáis un Rey: pues ya lo sabéis, y porque no os excuséis os mando que lo digáis. Sin duda con este honor . se han de ignorar sus temores. Bien estoy con los favores . que le hace el Emperador, Aunque pudiera temer hoy tan difícil empresa, o gran Domicio, delante del Senado será fuerza obedecer por vasallo, quien por maestro os enseña, Deve un Príncipe mirar como imitar con prudencia de Júpiter soberano la dilatada grandeza. Porque si a él por divino. le tributan obediencias. los mortales, imperando de ese zafir las Estrellas. Haciéndose amable un Rey con prevenciones más cuerdas, si obra como Dios en todo, los vasallos le respetan. Le rinden los albedríos, y aún en las almas impera, porque la piedad señor, es imán de las potencias. En esta ocasión heroica, como maestro quisiera perficionar tus acciones, porque a tus glorias se deban Los aciertos del gobierno: que claro está que si aciertas se atribuirán como a origen, porque las causas primeras, Si atiendes a mis razones. han de obrar por la obediencia, gran señor de las segundas que se refieren a ellas. Hoy en ti bien comprobadas se ven, señor, tus grandezas, porque tu elección fue justa, y porque a tu fama atiendas, Tus méritos generosos al hijo de Claudio intentan escluirle del laurel, puesto que le desheredan. A Británico mirando, que tus virtudes se premian, debes en toda ocasión vigilante centinela. Premiar al digno advirtiendo, que las dignidades sean con méritos, gran señor, al paso que las merezcan. El castigar delincuentes es noble acción, mas no sea en los de pequeña culpa rigurosa la experiencia. Porque no se han de inquirir delitos leves, que puedan disimularse, supuesto que hallamos con enidencia, Que nació defectuosa la frágil naturaleza; luego será más acción, no insistir en que se sepan. Supuesto que con callarse aún más castigados quedan; porque el Príncipe que quiere gobernarse con prudencia, Disimulando el delito puede quitar la sospecha, de que piadoso perdona lo que severo dispensa. Si haciendo que no le sabé sin castigarle le deja; otros avisos Nerón a no suspender la fiesta Tan debida ceremonía advirtiera a vuestra Alteza: esto se debe señor ilustrar en tus proezas: Advertirse en tus memorias, conservarse en tu prudencia; porque te obedezca el mundo, porque Roma te obedezca. Tus vasallos te veneren, porque tú tos sean er iguales a tus virtudes, tu fama se ilustre eterna. Y porque más generoso tantas dichas te conceda Júpiter, cuantas tu acierto inmortalizarte intenta. Porque te juzguen divino, y tus blasones prevengan mas lauros a tus victorias, más triunfos a tus grandezas, Atento al noble ejemplar de más divino valor, os agradezco el favor: Roma yo no puedo errar; Cuando en mis dichas advierto aplauso tan invencible, que aún el errar no es posible a vista de tanto acierto. Y vosotros generosos creceden vuestra osadía, porque ya ha llegado el día en que os he de hacer dichosos. Vamos, que Roma te aguarda. Su grande prudencia admira, A mayor empeño aspira. Nada el temor le acobarda, Riesgos no puedo temer. De tu bien seré testigo. otón yo soy vuestro amigo, Y yo lo procuro ser. Roma dichosa, y festiva celebra aqueste blasón. Todos alaban la acción. Viva Otabía. Nerón viva. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Con este acero he quitado a Británico la vida, y está pasión atrevida en mí fue razón de estado. Tanto que al rigor violento, fue sin obrar el estrago, cadaber con el amago antes que con lo sangriento, Quedando al temor unidas las penas más declaradas, que fueron bien pronunciadas las ansias con las heridas. Porque en tan sangrienta calma la vida se detenía, mirando como saldría por tantas puertas el alma, Y este al parecer pesar dicha le pudo inferir, pues se lo escusó en morir lo que lo tardó en dudar. Decidme en tanto valor, si se puede disculpar este empeño El ponderar lance de tanto rigor agora será excusado, pues por difícil le dejo, Si me pidieráis consejo antes de haber, intentado tan resuelto inconveniente, entonces, señor, yo fuera; quien cuidadoso os dijera, que no andanades prudente, Y muerto, sin excusarle al riesgo debo atender, que debisteis de tener ocasión para matarle. Luego en tanta confusión, en parte cuando os obligo, culpar no puedo el castigo, ni disculparos la acción. En mí pudo ser cautela. el rigor que en mí se advierte. Ya es más culpable la muerte. Por qué razón? Si recela el vulgo, que le has quitado la vida por el temor del Imperio, ha sido error la ilusión de tu cuidado; que a la noticia advertida, si ya comprovarla puedo, dirá Roma que por miedo fuiste sangriento homicida, Y en tan clara presunción todos te pueden culpar; pues que bien te puede estar que se murmure esta acción. Cuando en el vulgo inhumano puede crecer el desvelo, porque es agravio el recelo en un César soberano. Y fuera mejor si arguyo. con evidencia tan clara, que el Imperio me quitara Británico como suyo? fin No, que no pudiera ser habiendo disimulado todo el poder del Senado, no quererte obedecer. Y si quisiera intentar pedirte el Reino, pudiera antes que Claudio muriera; luego se ha de asegurar. Que muerto el Emperador su padre, no pretendía reinar, que no merecía viviendo tú aqueste honor. Con que llegando a excusarlo, sería en él conveniente, el callar como prudente, y el servir como vasallo. Imitando en esta acción con heroica vanidad, el rigor de la Ciudad, de Roma la sedición. Y hallando aunque atrevida por Británico indignada, su violencia conjurada, y toda Roma ofendida. No fuera mejor haber conquistado en la apariencia el rigor con la prudencia, y no que por atender A una pasión irritada, ya tu poder se valdona, peligrando tu persona a tanta pasión airada? No fuera mejor que altivo tu esfuerzo disimulara con Británico, y hallara resuelto, y ejecutivo, Razones para el intento, causas para la templanza; y no que a tanta venganza creciese el atrevimiento. Procura, no valeroso, prudente sí, asegurar el tumulto popular; procura que afectuoso, No te culpen esta acción; que aunque tu orgullo se doma, parecera bien que a Roma le des la satisfacción. Junta después el Senado, para que el vulgo no llegue a irritarse, y se sosiegue a vista de su cuidado. Hoy crece la sedicción, hoy te importa disculpar tu culpa, hoy debes mirar Domicio por tu opinión Sepan las causas primero de novedad tan extraña, y no culpen esta hazaña. si la obraste justiciero. Que yo más debo admirar, si a todo crédito doy, lo que va de ayer a hoy; que ayer te pude juzgar, Recto, sabio, justiciero; hoy airado con lo Augusto, ayer Monarca tan justo; hoy Príncipe tan severo. De donde arguye el valor equivocado el poder, que aún no puedo conocer esta mudanza, señor. Por Júpiter soberano, que crece mi confusión, airada en la turbación de tanto vulgo inhumano. Roma se atreve a irritar, porque a Británico di la muerte: no estoy en mí, . mucho me oprime el pesar. Todos me culpan la acción, y hay quien se pueda atrever hoy. Seneca a mi poder; que bárbara presunción? Mas pues todos se conjuran, si de este rigor se ofenden, no sé yo lo que pretenden, cuando a tanto se aventuran. Dejad que se determinen, que sus esfuerzos se domen; dejad que las armas tomen, dejadlos que se amorinen. Veamos si me han de vencer, veamos que han de conseguir, veamos si lo han de decir, y veamos si lo han de hacer. Que yo sabré castigar ofensas con más furor, yo ejecuto mi rigor, mis iras ejeentar. Y con valor sin segundo, . haré callando el amago, en Roma el mayor estrago que pueda admirar el mundo. Prudente debéis obrar. Resuelto debo atender al que ofende mi poder quien le debe respetar. De ese rigor soy testigo en la verdad que te muestro. En fin, si culpáis maestro, me desengañáis amigo. Cuando mi suerte se inclina varia debe de venir. Yo te voy a prevenir Roma la mayor ruina. . En esta calle pretendo, pues es forzoso el aviso esperar a Nerón, cuando de algún empeño movido; me mandó que le esperase, y obedecerle es preciso. Mucho tarda, y yo me duermo, . Qué escucho! que es media noche por filo, Irene no puedo verte, porque me lleva consigo el César, y este pesar te lo dirán mis suspiros. Que tiene mi amo, que a. . no hay si no mostrar buen brío. . agora está pensativo. y como es corto el distrito del alma para las penas, amante ignoro el alivio. Señor, qué hacemos? Pasquín obedecer los disignios del Emperador. ijos Y quién con recelos más proli- tiene miedo, digo yo, que sé yo lo que me digo: podrá obedecer? . También . Entre tu Alteza, señor. Si es fuerza en tanto peligro . Obedecer es preciso, seguidme sacar fuerzas de flaqueza, podrá digo yo Domicio Nerón, quitar que me rompan . Avisaré a mí señora. la cabeza. . Nencio advitrio, Es otón? Señor, yo soy. Pienso que tarde he venido; que hora será? Son las once. Por esta calle imagino, que podremos dar la vuelta. Dentro del efeto mío, . no sé que sospecha el alma que me enajena el sentido. , . . Lacayos los que rondáis, escarmentad hijos míos, porque de aquesta manera se toman los romadizos; catarro soy confirmado. Si ya el amor no ha mentido esta es la casa, llamad. Me habéis oído? Señor, Qué os détenéis? Disimular es preciso . que esta es la casa de Irene. Muchos vienen mis pesares, , . Es otón? . Julia yo soy. Pues mi señora. Qué has dicho? mira que Nerón te escucha, y mira que soy perdido, si sabe que a Irene adoro por el más oculto indicio. Y mira que me ahorcarán a. si saben que te he querido. Mortal estoy! A buena casa venimos. . Que tan infeliz destino pueda seguir un amante. Que tan dichoso haya sido mi amor, aún no lo aseguro cielos, con haberlo visto. Muy buen gusto tiene el César, si a darnos cómo ha venido. - Que noche tan venturosa. Yo vengo al mayor peligro, y es fuerza disimular un riesgo tan conocido: Señor, cuando mi humildad en nada os ha merecido. tan señalado favor: elado mármol asisto al temor de mis recelos; porque tan ingrato ha sido otón con mi amor, que siendo el dueño de mis suspiros, para desairar mi queja a mi casa le ha traído el César, más vive el cielo que vengarme solicito, favoreciendo a Nerón, y dando a su mal alivio. . . Qué respondéis? otón; no tengo buen gusto? Muy buen gusto habéis tenido: o pesia a mí que lo veo! Julia, pendiente de un hilo estoy con este Nerón: Tu amo la culpa ha tenido. Qué pena! Qué sobresalto, en vano ya le resisto! Irene, yo os vengo a ver como vasallo rendido, no como Rey soberano, no como César invicto, quede amor en el imperio, es mi gusto en mi albedrío. Señor estimo el favor como vuestro, porque estimo que honréis mi casa. Ha, cruel. A falso amante atrevido: pero yo nací tan noble, como infeliz he nacido, y teniendo que perder. , . . ya entiendo vuestros designios, mas yo entre amante quisiera volverme favorecido. Qué pesar! Aqueso es malo. No fue agraviarme, haber sido. mi amante ingrato a mi amor, es cierto; pues determino que sienta también sus celos, pues me hizo sentir los míos siendo tan propia mi dicha. De Irene el rigor no admiro, porque presume indiscreta, que a César yo le he traído. a su casa, donde arguye el temor en sus indicios, que quiere vengarse airada. Es preciso. De qué os turbáis? Cuál le mira la boba de hiro en hito. Yo soy vuestro. Sois mi Rey. Yo os adoro. Yo os estimo. Todo se va disponiendo lo peor que se ha podido. Hay más conocido agravio! . Hay más airado peligro! . Los dos, yo apuesto que no las tienen todas consigo. hablad al reneen mi intento api de mi pensamiento mismo! diciéndola que la estimo, y que hasta lograr mi amor, no han de parar mis altinos pensamientos; y esto sea del modo que si a vos mismo os importara; bien pienso que ya me habéis entendido. Advirtiendo, esto ha de ser, que por un empeño mío la llevéis luego a mi Quinta, porque amante determino Después os diré la causa: haced otón lo que os digo; que pues está junto a Roma como sabéis, es preciso, Que no excuséis el llevarla, pues es tan corto el distrito, donde están para este efeto mis criados prevenidos. Puesto que a Irene conocen, y en esta acción solicito lograr mi amor, y excusarle del más airado peligro; Que está misma noche en Roma se ha de obrar ejecutivo. No entiendo los pensamientos de hablar al César; qué intentas? del César, pero es preciso que yo sea desdichado; aqví estoy para serviros. Ya es tarde, y por excusar el embarazo al peligro del escándalo en la calle, voy solo Irene rendido. A tanto incendio amoroso, cuando galán determino serviros para adoraros, y ámaros para serviros. Permitid, señor, Quedaos, que no voy solo conmigo; hay amor, vuela en las alas Ahora son los temblores, ahora los parasismos, y aquello de escucha ingrata más fiera que un vasilisco. Señora el Rey os estima, y pues vasallo le asisto, a vos que sois tan prudente, pienso que el menor indicio de mis razones, será bastante a haverme entendido, Ahora traidor amante, ingrato a tantos suspiros; aleve a tantas finezas, que airado, y desconocido, has intentado mi muerte con tan locos desvaríos. Ya es otro tiempo el que ves Irene, ya en vano aspiro a tus finezas temiendo; más nada, nada te digo, que es tarde para quererte, y estoy cerca del peligro. Siempre te quise. Es engaño. Si tú la culpa has tenido No fui causa en tus desvíos. Pues yo he fingido los celos, En vano los has fingido. Esta es verdad. No lo creo. Mira que la solicito. No me está bien. Y es empeño de un noble galán preciso, terciar con otro en su amor? Nerón la culpa ha tenido. No te pesa? No me pesa. Si obedecerle es preciso, yo sé que te ha de pesar. Qué importa, si ya te olvido. Por que razón? . Por mudable. Míralo bien. . Ya lo miro. No me estimas? . Tengo celos Supuesto que divertido, ni las finezas te obligan, ni te vencen mis suspiros, dial César que suya soy. No más de aqueso poquito? Calla necio, yo señora, le responderé eso mismo. otra cosa siente el alma, . más proseguir determino mis celos, pues ya me ofende. Antes ingrata, que altivo tu pensamiento pretenda. Eso si mostrarla bríos. Atreverse a mis congojas, lograr tan locos disignios, antes que tú aleve intento. No debes de hablar conmigo, que aspiro a mayor empresa. Qué importa, cuando yo he sido quien merecí tus favores siendo el silencio testigo. Otón muy tarde me informas. Dices bien, que era delito oponerme a las finezas que el César te ha merecido: díjome que te llevase, con que temores lo digo, . a su Quinta, y sé qué es fuerza en tan forzoso peligro faltar a la obligación de mi Rey, porque es preciso, que yo no haya de ser cómplice en este delito. Bien sé que me ha de costar en daño tan repetido, la vida esta acción, y cuando llegue a morir advertido, De que no le obedecí, cumplo con darte el aviso; ya lo sabes, yo no intento llevarte, donde testigo pueda ser de mis ofensas: este es amor, es indicio, si no lo es de quererte, de haverte Irene querido. Y así en tan preciso daño, viendo lo que determino, te dejo en la libertad Irene de tu albedrío. Yo te agradezco el empeño, Este es respeto debido a mi sangre. quioe Vayase ella, y no repare en puntillos. Qué prevención tan forzosa! Qué rigor tan conocido! Que daño tan sin remedio? Qué riesgo tan prevenido! Vamos, puesto que a morir me condena mi destino. Bien se lo dicen mis ansias, Bien con callar lo publico, Llegó la noche fatal en que indignado pretendo, del tanta conjuración castigar atrevimientos. Y a no ser esta la causa, pensando conmigo vengo, que nunca puede ser grande; quien no emprende grades hechos, Memorable en las historias, con este rigor me advierto, o nunca en las amenazas dejen de obrar mis desvelos. Famoso en la eternidad me solicitan los riesgos; así en esta noche airado, quemar a Roma pretendo. Que será ver abaridos sus torreones soberbios? que será quemarse. Roma, aún de pensarlo me alegro? Que será ver en cenizas tantos Romanos resueltos? tanto edificio postrado, y que será vive el cielo, Que ni me muevan las ansias, las lástimas, ni los ruegos? que las piedades me irriten, por ser de mármol mi pecho. El modo de la ruina esta noche se ha dispuesto; y ya empieza a ejecutarse la disposición del fuego. Para ver mejor el daño de este contagio violento, a Tarpeya me retiro, ese Alcázar que soberbio, Tiene para más firmeza en un monte sus cimientos; siendo fatal Coronista de Roma, donde pretendo Ver la ruina mayor, que han de haber visto los tiempos. Roma se abrasa. Esta voz alegra mis pensamientos Ya llega el fuego a Palacio. Eso es lo que yo pretendo. Dentro de la Quinta estamos de Nerón. . Mucho lo temo, pues por huir de un peligro, con otro mayor encuentro. Pues a Tarpeya he llegado subir al muro pretendo. Fuego, que se quema Roma, no salen los carpinteros a echarla geringas de agua. Sin duda es mayor el riesgo pues ya por todas las casas se va repartiendo el fuego. No en vano me lo previno Nerón con tantos recelos; mas con la luz de la Luna parece. . Qué es lo que veo! Irene? . Otón? Tú en la Quinta? Sí, porque he salido huyendo de este rigor, para dar en otro mayor empeño. Pues cuando amante a tu casa, aunque ofendido con celos fui por mirar, si podría librarte Irene del fuego. Cuando en tu casa te busco, celoso a la Quinta vengo, y te hallo en ella ofendido de mi propio pensamiento. Esto es quererme? ay ingrata; mas no porque estoy resuelto a saber que tú has premiado a Neron Tente mi dueño, que una desdicha fue causa de tan infeliz suceso. Pues ya no puedes salir, que de un criado sabiendo que estabas (mortal estoy!) en el sitio previnieron los advitrios de Nerón, (qué aguardan mis sufrimientos!) que los demás te guardasen en la Quinta. Malo es esto. Qué dices, no estoy en mí? Lo que pasa. Aún no lo creo. Prosiga pues tu constancia, cuando imprudente pretendo buscar al Emperador, porque mueran mis deseos. Qué temo, cuando en mis ansias prosiguen ya mis tormentos. vuelven a vivir mis celos. , . Esto permiten los cielos! Ardá Roma a mi furia, en voraces incendios desatada, crezca la ardiente injuria en mi propio valor acreditada. (mo; Cuando si lo presumo, vuela en pavesas lo que empaña en hu- este cruel estrago, ya nació a prevenirse en la vitoria. confusa, y turbada vengo, Que para obrar el riesgo del amago bastó irremeditarse en la memoria; tanto que a mi osadía, se va encendiendo ese farol del día, ha sido el Autor sangriento. De Roma retirado, dando alivio a mis penas, quiero en mi esfuerzo airado, ver postradas al suelo sus almenas, que la he de matar, si airada Cuando con vario modo, desde Tarpeya lo registro todo; o si el mundo tuviera una garganta sola prevenida. A tanta llama fiera, que bastara a mi saña enfurecida, . Qué intentas? porque mi ardor en esto ya lo fudo, . Culparte intento de una vez acábara con el mundo. sus edificios, porque yo pretendo ver, si pueden ahora mis cuidados a tan heroico estruendo. Derribar con engaños, ese antiguo obelisco de los años; aquí la culpa crece en mi osadía; allí las quejas irritadas mueren, Los llantos a porfía solicitan piedades, mas no esperen Asial Senado le premias el alinio, que yo les cierro el paso, de haverte dado el Imperio Piedad Júpiter. Cielos, qué me abraso. Quién vio mayor confusión! Que espero, cuando infelices . Quién vio rigor más sangriento! Esto permiten los dioses! Afranio, y Seneca son, sin duda los que vinieron a murmurar mi osadía, y a deslucir mis intentos. Desamparando el Palacio; porque en Tarpeya he sabido, que está retirado Nerón; cuando de tanta ruina Ha del muro. Esta es mi esposa Otabía, y viven los cielos, reprime mis pensamientos. Señora; como tu Alteza? Qué novedad? Ya te veo tirano, escucha mis voces. tan desalumbrada acción. Caigan, caigan al suelo derribados . Empieza, que ya te atiendo. Cómo, di, airado enemigo, de tu patria injusto dueño, de Roma has ejecutado tan bárbaro pensamiento? Como tan injusta acción, tan inhumano deseo; fiero homicida del mundo han logrado tus intentos? la acción, cuando Roma yace a las iras de un incendio? Cuando por ti riguroso desluces a tu maestro, porque falta a la enseñanza el que obra sin consejo. Distele muerte indignado al principal heredero de la Corona, y después airado tu sufrimiento, Ingrato a los beneficios, desconocido a los riesgos, el primer honor del mundo, la primer gloria del tiempo. Roma digo, que postrada a tus impulsos soberbios; hoy en cenizas pública, lo que ayer venció en trofeos, Qué razón pudo moverte? quien pudo ser instrumento de tan crueles castigos? quien otra vez tan severo Temonio para el estrago, y no para el sentimiento? Mas que mucho que tú seas enemigo de ti mesmo; que tú te ofendas a ti con tan contrarios afectos? Cuando a la primera Aurora de tu vida; que portentos no tuno el Orbe? que asombros trágicos no se advirtieron en tu primera fortuna? en tu infeliz nacimiento? pues en vez de los arrullos, que blandamente alagueños, suele la segunda madre mostrarle al hijo, se vieron, que en la cuna te asistían dos dragones tan sangrientos, que te arrullaban sañudos, y te mecian soberbios: luego un Águila indignada llegó a quitarte el sombrero de la cabeza, y después volvió a ponértele, haciendo más sospechoso el presagio, y más riguroso el riesgo: pues cuando empezaste osado a gobernar el Imperio, el cielo en horribles llamas cubrio sus azules velos: por los aires se mostraron varios abismos de fuego; creció el horror en el mundo, las Estrellas que luceros de la noche, son diamantes en el anillo del cielo: se dejaron ver al día, el Sol se miró suspenso; abrio la puertas Bulcano del etna, a cuyos incendios se abrasó Italia, quemando con más espantoso estruendo en sus domesticos lares, sus antiguos privilegios; y las ofrendas que estaban dedicadas a los Templos, se cayeron de las aras: creció en los montes el fuego, huyó un cometa espantoso, y fue con mayor esfuerzo derribado el gran sepulcro de Duiso, con el imperio de un rayo, que ya le habían rasgado los pardos senos de la nuve, que en sus iras al fulminarle sangriento, porque obre más el estrago, va martillado del trueno: Tu fuiste aquel que a tu patria le has debido los aumentos; yo soy tu infeliz esposa, y soy quien pluguiera al cielo no hubiera sido, por ver los rigores que en ti advierto, Antes el infausto día de mí tálamo primero, a tu vida rigurosa le labrara monumento. Antes mis propios halagos te sirvieran de veneno; antes mi amor te olvidara a vista de tu desprecio. Por ser tu rigor airado escándalo de los tiempos, vil homicida del mundo, injusto Monarca fiero. Príncipe indigno de Roma, que airado, altivo, sangriento, cruel, aleve, traidor, a ti, a tu fama, a tu Imperio, a tu fortuna, a tus glorias, con tan viles desaciertos. Ya todos, todos te llaman en dilatados esfuerzos, el tirano de tu patria, y el verdugo de ti mesmo. Viven los cielos sagrados, que es mucho mi sufrimiento, Porque si es más tu rigor. Oye las voces del pueblo, y mira si tus rigores podrán templarse a los riesgos. Atiende, atiende a su llanto. De nada me compadezco. Venid, señora. . Seguidnos, pues es tan forzoso el riesgo. Llegue ya el día, en que airados Iba creciendo indignado, prosigan mis pensamientos. Nunca permitan los dioses, que se cumplan tus deseos. JORNADA TERCERA , , no se excusaba el segundo

JORNADA TERCERA

Poco sosiega el cuidado, vestidme con toda priesa, que quisiera divertirme en lo ameno de esta Quinta. Son tristezas; o es amor? Son varias melancolías, pues cuando más poderoso amante se determina mi voluntad con Irene, la advierte mi amor esquiva. Albricias muerta esperanza, que es noble vuestra porfía. Cuando conjurada Roma al paso que ya rendida, de algunos que del peligro con más heroica osadía libraron, hoy retirados, toda la pleve conspira Seneca por Cayo Piso; si bien aquesta noticia, hoy no es tan cierta que pueda declararse inadvertida; pero yo haré la experiencia: en fin otón, no te admira Roma? Señor, ya deshecha en esferas de cenizas, es mucho asombro, y el fuego que dilatado en seis días, fue repetido contagio a vista de la ruina. Tan vanamente soberbio por toda Roma crecia, que este edificio que el aire, porque obediencias le rinda, al otro se comúnica de suerte, que no era en unos novedad esta desdicha; Por adelantarse al riesgo, supuesto que en su noticia, por ver que el primero ardía. En fin, qué tanto lo sienten? pues por más que lo resistan, no quiero no que lo culpen, no quiero no que lo digan. Dadme la espada, o que airado al Sol el acero brilla: guárdese Roma otra vez, no le desnuden mis iras. De la muerte de mi esposa Otabia tendréis noticia: hablan mal de aquesta acción? Como a tu madre Agripina, porque te culpó mandaste también quitarla la vida, aún mismo tiempo, señor, refieren que fue injusticia el rigor ejecutado. Bien esta, todos me irritan, triste estoy, llamad a Irene, que a su constante porfía se suspenden mis pesares, y se ignoran mis desdichas. Volved a vivir finezas. . Dónde vais? Acción precisa es obedecer. Dejadlo, que en su presunción altiva, lo mismo que se defiende a mi amor, eso le irrita. Aún no están tristes memorias mis esperanzas perdidas. No la llamáis? Como espero que me lo mandéis, querría saber vuestro gusto. Cielos descifrad aqueste enigma pues yo me admiro de ver, que a las crueldades mías, a vista de mis rigores generosa se resista más la constancia de Irene. otra vez amor albricias. . Más llamadla, que yo espero entretener mis fatigas, como el que yace doliente, que con la sed solicita el cristal, y cautelosa la industria bien advertida, para engañar el ardor junto al lecho le fingia. la fuente, y mirando el daño, como tocar le proviban, el cristal por divertirle se le ponen a la vista. Así mi ardor, no pudiendo lograr lo que determina, sin aliviar lo que siente quiere ver lo que le alivia. Irene venza el valor, y tus intentos prosigan, voy señor a obedeceros. . Bien dice aquel que pública, que un amor desengañado enciende más la porfía: lodo amasado con sangre me llama Roma atrevida; pues correspondan los hechos al nombre que la autorizan; porque todo el atributo se ajuste a la tiranía: poco estás fuentes risueñas en sus raudales dormidas entretienen mi tristeza; pues tanto tanto me inclinan al rigor, que ya sangrientas las juzga la fantasía, purpúreos golfos de grana en su plata fugitiva: ya sea que como estoy tan hecho a mirar desdichas en sus ondas, dilatados mis ojos pienso que miran sangre humana la que vierten, no cristales que salpican esas tapias de esmeralda; que de jazmines vestida, sino lisonjas del Alba fueron aplausos del día: tan vario color presumen después de aquesta ruina, que ya la juzga el rigor en ansias tan prevenidas, adornos no que las cubran, funestos lutos que sirvan al gran cadaber de Roma de funeral en mis iras: ese dilatado estanque, no en venas más cristalinas, se advierte campaña hermosa de plata, aunque suspendida, no, empero, lo que parece crédito tiene en la vista, que es tumba de mis rigores el que primero servia de mirador de cristal, y de diamante a la Quinta. Señor? . Tomal reve asiento, que ya que cruel permitas matarme, estoy bien hallado con tan hermoso homicida. Obedeceros no puedo. Decidme la causa? Oidla. Aquesta resolución divierte las penas mías. . Tres años ha que a mis ojos tú libertad sacríficas, y que ciega mariposa ardes a la llama altiva. Tres años ha que constante con imperiosas porfías, sigues mi amor cauteloso, o le tengas, o le fiujas. En este tiempo ya sabes, que nunca pude rendida sujetarme a tanto esfuerzo, postrarme a una tiranía. Yo resistiendo constante, tu fino con las caricias, amante sigues tu empresa. Irene que determinas decirme, que de este modo previenes ya la noticia? Lo que le importa a mi honor, porque es acció más precisa, . que otón con el desengaño en sus intentos prosiga. Cuidados, estad atentos a tan impensada dicha. Si ella es mentira, muy bien p. va ordenada la mentira. Supuesta, pues, mi nobleza, y que estoy en esta Quinta ocasionando sospechas, que mueren desvanecidas; que eres Rey, que soy tu esclava, y que en mi fama advertida, sabes de mí que soy noble, y que mi arrogancia altiva, es tanta que no se atreve mi valor, o mi osadía, a deslucir amorosa con el nombre, o la noticia de tu dama, y que no puedo, siendo quien eres. Prosiga tu temor. Vuelvo a mi queja: ser tu esposa, que sería siendo tu Emperador de Roma, acción de tu amor indigna? Luego mirando señor con atención más debida; que ser tu esposa no puedo, cuando constante me obligas, y viendo, perdone ahora tanta obligación precisa, que es poco timbre en sus glorias ser tu dama, bien feria que un desengaño, señor; que una experiencia tan hija de mi valor, sea causa bastante, para que altivas tus esperanzas fallezcan a la luz de esta noticia. Y en la misma resistencia, o quiera el cielo que diga . mi amor lo que el alma siente, pues esta verdad me inclina: No es cuerda la prevención que furiosa solicita, con encuentros amorosos persuadir a las fatigas, cuando la burla el recato, y el honor la desestima; Bien como en montes de espuma volante leño camina, por obéliscos de plata, que los entorcha, o los riza: Bien como errante en las ondas, contrastado de las iras, del mar, la roca le bate, y las resiste la quilla. Bien como nautrago al riesgo los encuentros le acreditan, que quien resiste al escollo valdones al mar proija. Luego porque aquí se ofrezca la tormenta enfurecida, porque el bajel la detenga; cuando ya el mar la conspira a su firmeza, no sirve de embarazo su fatiga; antes bien con los embates de sus cristales camina, Burlando rocas a ser del mar que le precipita, desengaño en su constancia, y ejemplo de su ruina. Cielos, que mujer es esta, que resistir solicita mi amor. Vivid, esperanzas, pues ya crecéis atrevidas. Siéntate Irene, que quiero ya que mis ansias me aflijan divertirme de un cuidado. Mostrándome agradecida a tanto favor, pretendo obedecer) Quién sería bastante a callar agora tan nunca esperadas dichas. Decid otón que me canten los músicos, que peligra en la queja el sentimiento, dejadme penas prolijas. Decid, que fuerte rigor decid airada noticia, que canten donde no vean mis penas tanta alegría. Pensando estoy de que modo mataró a Ireve atrevida; mas no, porque con el tiempo he de rendir su osadía. Ya, señor, los instrumentos te celebran en la Quinta. Decid que canten mis glorias, pues tanto me inmortalizan: de este modo podrá ser en competencias prolijas, que viendo mis crueldades Irene, mal advertidas, ya temerosa, ya amante, deje de mostrarse esquiva. Hasta en aquesto sin duda de tirano se acredita. Tan buenas cosas ha hecho que quiere que se las digan. Mira Nerón de Tarpeya a Roma, como se ardía; llor aban niños; y viejos, y el de nada se dolía; que tiranía. Con esta voz se suspenden mis quejas, y mis fatigas; que articulada entretiene, y alegra con la noticia. Qué rigor. Qué airado empeño! . Qué crueldad! Y qué injusticia! Volved a cantar, que pienso que mis pesares se alivian. A los filos de su acero Beitánico se rendía, después que más riguroso mató a su madre Agripina; que tiranía. Detén el rigor molesto a tanto acento inhumano, suspende la voz villano. Vos, señor, tan descopuesto; qué causa particular os pudo así enfurecer? Por qué la queréis saber, si yo os la quiero callar? Señor, no puedo excusallo, permitid en tanto error, que os culpe con el amor de maestro, y de vasalló, Como pudo tu cuidado, para el estrago obediente, ejecutar imprudente, quemar a Roma indignado? Como cuando el vulgo está reprendiéndote la acción, das lugar a la pasión de tus afectos; si ya Con más precisas piedades, y lástimas lisonjeras, con sangre llorar debieras las injustas crueldades? Es bueno ser tú el culpado, y que estés, con más valor en los brazos del amor, ocioso, y enamorado? Es bien en riesgo tan fuerte, que hayas por mayor ruina, muerto a tu madre Agripina, y a Otabía dado la muerte? Es bueno cuando es en vano todo el poder del destino, que faltes a lo divino, y sobres para lo humano? Es razón que te contraste la pasión de tu osadía; y que intente tu porfía agora? Seneca, baste. Cuando la ocasión me llama, no es bien que la estéis culpando, Quién os dijo a vos, que estando retirado con mi dama, cuando tan dichoso soy, con tan libre impertinencia, os podáis tomar licencia para entrar donde yo estoy? Como mucho os he asistido, no es mucho el inconveniente. No os quisiera tan prudente, cuando obráis tan atrevido. Qué suerte tan importuna! O qué desdichada suerte! Por lo que el César advierte mucho temo su fortuna. Sombra que con la luz se desvanece, rayo que con el golpe se deshace, flor que caduca cuando hermosa nace, Sol que se oculta al tiempo que amanece. Noche que airada en su temores crece, fijarse Estrella de pluma día que efectos inconstantes hace, máquina breve que al estrago yace, Cuando el Águila batiendo edificio que al aire se estremece. Vidrio que vive con mayor recelo, por castigar presunciones, bajel que ya en el mar vuela inconstante, rompe esferas de alabastro, luz que al viento se apaga con porfía, Seneca se atreve al riesgo es la dicha por ser en su desvelo: Luz, edificio, vidrio, leño errante, es Garza que remontada sombra, rayo, flor, noche, Sol, y día. vuela del Sol a los rayos. Hice secreta experiencia. de todos los conjurados; y Seneca en sin conspira con cautelosos engaños, la sedicción de la pleve, para que elija el Senado a Cayo Piso, y después de aqueste empeño tirano, áspire al solio de César, dándole la muerte a Cayo: pues primero que lo intente, que lo consiga el cuidado; hoy en su muerte ha dé ver el más cierto desengaño. Señor advertid, cuenunca . Ya es forzoso el desengaño; que tiene muy libres vuelos, y he menester indignado. cortárselos de una vez, para que no vuele tanto. Engaños de su fortuna pueden ser. No son engaños, y yo sabré castigar lo que fuere; porque cuando no fuera el poder tan mío, y tan suyo el desacato, sus atrevidas licencias me tienen ya muy causado. Suele remontada Garza, rompiendo el diafano espacio, . Ayudar a Cayo Piso en la región de los Astros. las alas en curso airado, de impulso tan soberano, Es Águila a mi osadía, y discurriendo en bastardos vuelos la Garza atrevida, saliéndole al libre paso. Mi furia con presunción, de que es notorio su engaño, hará que tribute en plumas, lo que le usurpó en agravios. Seneca espera licencia. Qué decís? Qué quiere hablaros. Como Seneca se atreve habiéndome disgustado a hablarme? decidle otón. de Seneca. . otón dejadlo, señor. . quenecia imprudencia? qué esperáis tan atrevido, si cuando estoy ofendido os ponéis en mi presencia? De vos no puedo quejarme, mas porque no me culpéis, licencia es bien que me deis, señor, para retirarme: haced aquesto que os pido, pues lo previene el cuidado. qué importa, si me he informado, que estoy de vos mal servido, Decidime; por qué razón? Es poca? El riesgo es preciso. en esta conjuración, y luego. Mucho blasona el rigor con este intento. Vuestro libre pensamiento aspirar a la Corona, si queréis salir airado de Palacio, ya pretendó que no salgáis, que me ofendo aún de aberos lo escuchado, Lacausa está conocida, la culpa vos la sabéis; y yo quiero que os quedéis para quítaros la vida. A otón, pues estoy constanté ahora con mi prudencia, es bien que aquesta sentencia la ejecutéis al instante. Notable empeño! Advertir debéis mi mal. Que entereza! Escúcheme vuestra Alteza. Vos qué me podéis decir? Que os engaña el pensamiento, Pues ha de morir, señor, escuchadle. . Fuerte error! Decid, que ya escucho atento, Cuando considero, Sacro Monarca de toda Europa, lo que debo a mi fortuna, la he temido como propia. Con tan pequeños cimientos aquesta máquina toda, desde su primer principio o se yende, o se desplonia. Tú hiciste esta hechura tuya con atención generosa, libre te quedó la acción para deshacerla agora. Dices que yo conspirado contra tu Augusta Corona, por Cayo Piso a la pleve dices, que en mi cautelosa. La industria aspiró tirana a la mayor vanagloria; y respondo, que la envidia con ira más rigurosa. Al más poderoso atiende, que es blanco donde ocasiona sus rigores; yo subia desvanecido en la pompa De mi fortuna, la envidia acechaba cautelosa: es rayo, dío en lo más alto, y mis altiveces postra. De haber subido tú tienes la culpa, tú no la ignoras; que hizo el efeto en la cumbré, y no le hiciera en la choza. Yo traidor contra mi Rey; traidor puede ser quien logra tan bien nacidos desvelos, émulos todos te informan. Tan alevosos intentos, sin que la verdad conozca; ardides con que se ocultan; y engaños con que se ignoran, Ya no es menester maestro, que la enseñanza te estorba, porque ya tus crueldades son en el mundo notorias. Y el sentimiento que tengo, no es no del morir, que ahora solo siento que me culpen tus hazañas rigurosas. Que si obra mal un Monarca, es tan ciega la lisonja, que obra mal por la enseñanza, y no por su causa propia. Mas todo todo es engaño, cuando mi lealtad se ignora; cuando de traidor me culpas, cuando contra mí te enojas. Yo soy aquel que infeliz, así en la paz, como en todas las ocasiones leal, he asistido a tu Corona. Y tanto, que por mi empeño sinducido de mi propia atención, te dio el Senado el Sacro laurel que gozas. Yo soy quien con los aciertos de empresas tan generosas, nunca me desvanecieron los aplausos que me honran. Yo soy tan noble, que el Sol con ser la más pura antorcha del día, si no más clara, de más limpia no blasona, Mi nobleza es conocida en las partes más remotas del mundo, de mis ilustres antecesores ya sobran. Los trofeos de mi padre ya has visto, cuanto le apoyan de Claudio los beneficios, las recompensas heroicas. Pues yo, señor, porque causa, porque desmerezco agora, que de mí pueda decirse, que la plevesediciosa, Se acaudilla a mis ardides, a mis engaños reboca la elección, cuando el Senado ha tanto que te le apoya? Hciende a que te he servido con la lealtad que es notoria, a que es engaño de algunos, a la nobleza que informa Mi sangre; que has de advertir, que en ansia tan peligrosa, morir de traidor, es muerte en obligación impropia. Y si quieres que yo sea el blanco de tus congojas, muera yo de desdichado, será muerte más dichosa. Repará en mis muchos años, y mira si te apasionas, que en tu enseñanza, aún el tiempo con variedad rigurosa, Nevándome copo a copo en cadaber me transforma: qué es de tu antigua clemencia acuérdate de las glorias Pasadas, en que tú mismo de más piadoso blasonas; por qué te olvidas de aquella más noble misericordia? Que no pudiendo en el reo ejecutarse dudosa la muerte, sin que primero por antigua ceremonía, Su Príncipe la firmase; llevándote en una copia los Jueces de cierto reo, la sentencia rigurosa. Dijiste al Senado; o quien firmar no supiera: ahora esto mismo te convenza, que entonces fue piedad sola, Devida al afecto tuyo, y en mi es justicia más propia, que me defiendas del riesgo, que se empeña generosa. Con quien no ha tenido culpa mejor la misericordia, bien que moriré contento con prevenir la memoria. Los bienes que he recibido de tu mano generosa, goza, señor, mis riquezas, y muera yo, que no es poca Dicha en rigor tan airado, ver que tú mismo las gozas; sino te ablandan mis penas, mis ansias no te provocan. Tus iras no se suspenden, no te obligan mis congojas, venga la muerte; que aguarda, porque digan las historias. La crueldad con su maestro, la traición más rigurosa; el castigo más inorme, La ejecución mas impropia, La venganza más cruel, la suerte menos dichosa, y del Príncipe más fiero, que pudo admirar Europa. La injusticia más sangrienta, a sin razón más notoria, ousolándose mis males, niciendo a mis penas todas. Qué hará Nerón sí se irrita? que hará el César si se enhaja? airado contra una vida, pues hizo abrasar a Roma? Todo en Seneca es verdad . cuanto agora dijo aquí; mas los rigores en mí obran con mayor crueldad, Ances porque generoso en tanta resolución, me acredite aquesta acción, con vos quiero andar piadoso, Y así por no dilatarla, sien vos es cruel la suerte, Seneca elija la muerte: vos haced ejecutarla. Así vuestra Majestad respon le a quien le ha debido en le ha servido? el lo así premia la lealtad? otón amigo, el rigor ejecutad, porque es ley, ser obedecido un Rey. Crezca en el alma el dolor. Vamos, y acabe el pesar s me atormenta conmigo. . su grande perdida Roma. Cómplice yo en el castigo; yo le he de solicitar; yo el instrumento he de ser de tanta injuria? (ay de mí!) Yo he de ejecutarla? Sí; que debéis obedecer, o con mayor entereza, no haciendo lo que he mandado, haré que un acero airado os corte a vos la cabeza. Siempre fue infeliz mi suerte; y así en tan grave pesar me dispongo a ejecutar, más que su muerte mi muerte. El caso Irene, es extraño; Seneca. Mi mal advierte. Eligio para su muerte una sangría en un baño, efecto de su valor; tan digno de ponderar en su esfuerzo, que admitar se puede, cuando el temor no altera su bizarría. Oh gran varón, bien parece, que tu prudencia merece la fama, por tu osadía! O quien remediar pudiera con industria generosa, venganza tan rigurosa, y crueldad tan severa! Mucho su altivez se doma a vista de su porfía. Llore con sangre este día Crezca en dolor desatado su noble llanto prolijo. Cordova perdiste el hijo, que más opinión te ha dado. Ya que puedes adquirir, faltándote tanto honor? Para mostrar mi rigor, pretendo verle morir. Con horror de la experiencia, si a nuevo pesar me obligo, se ejecutó ya el castigo de tan injusta sentencia. otón, puesto que he sabido, que Irene has solicitado; que es dueño de tu cuidado, y vives favorecido, en albricias de ese empeño, Que espero. Irene es tu esposa, porque mujer tan famosa, tenga en tal vasallo dueño; y pues mi rigor se advierte a vista de mi cuidado: Decid si está ejecutado; como fue? De aquesta suerte. Cuando en mis daños contemplo tu dictamen riguroso, me juzgo más valeroso; sirva Romanos de ejemplo aqueste holocausto airado donde te ignoro piadoso. Que me juzgue yo dichoso de hacerle tan desdichado. Mortal vivía la esperanza Ya se acobarda ofendida. Qué pena! A hero homicida, denme los cielos venganza; pues ya con el ejercicio de mis propios brazos quiero la sangre arrojar primero diciendo en el sacrificio, que ofrezco aqueste licor, con esfuerzos soberanos en las justicieras manos de Júpiter vengador. Ya todo mi rigor mueltro Y en riesgo tan declarado dio fin ilustre Senado, la crueldad con su maestro,