Texto digital de El segundo Séneca de España y Príncipe don Carlos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Pérez de Montalbán
- Atribución estilometría
- Juan Pérez de Montalbán Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Claudia Demattè.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El segundo Séneca de España y Príncipe don Carlos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/segundo-seneca-de-espana-y-principe-don-carlos-el.

EL SEGUNDO SÉNECA DE ESPAÑA Y PRÍNCIPE DON CARLOS
JORNADA PRIMERA
s. A Laura, no hay otro medio. En fin le quieres hablar. A sus pies me pienso echar, y este es el mejor remedio, para que el favor que invoco mi defensa venga a ser, que lágrimas de mujer s valen mucho, y cuestan poco. En blanco cristal deshecha haré de mi pena espada, que una pasión bien llorada alguna vez aprovecha. Y el agrado dé mujer también con los Reyes vale, Retírate, que ya sale, Y el alma empieza a temer. Este señor es de Flandes. Qué dicen los conjurados. Que la paz de estos Estados estriba en que solo mandes, o envíes una licencia, para que sin oprensión de la santa Inquisición. den libertad de conciencia. Siéntese de los placartes, y que los Inquisidores, de sus costumbres, y errores conozcan en todas partes. Pues que dicen. Que no gusta nadie de este Tribunal. Santoyo, a quien vive mal cualquiera ley le disgusta. En fin piden por merced su libertad, con que tiene fin la guerra. No conviene, y así a todos responded, que no quiero Monarcías, con tal cargo, y que primero les dejare el Reino entero que sufra sus heregias. Que quien consiente un error tan cerca está de emprenderle, que entre admitille, y hacerle no halla distancia el honor. Añadid, que si mi hijo Hereje fuera, yo fuera quien la leña le pusiera, así su intento corrijo, Santoyo, romped, quemad esa carta. Qué valor, que Cristiandad. Señor, advierta tu Majestad que allí el Cardenal espera descubierto, y por Prelado Gobernador, y Primado de las Españas. Pluguiera a Dios hiciera en España menos falta mi persona al lustre de su corona. Que yo se que en la campaña me viera Flandes armado, mas no importa, en mi lugar irá el de Alba a castigar su osadía. Es gran soldado, ya me doy el parabién de la victoria señor. Descubierto está, que error. No os parece que haré bien? Vuestra Majestad lo acierta. Él no me debió de oír pues no le manda cubrir, por segunda vez, advierta tu Majestad. Quién lo ignora, dadme la gorra. Aquí esta. Cardenal, cubríos ahora, y encomendad muy de veras a Dios aqueste suceso. Mi inadvertencia confieso. Vamos cardenal. Qué esperas. Plaza aquí. Señor. Aparte os la daré. Palo, amigo. Tu deseo en fin. Fuera digo. Qué es eso? Quiso hablarte una mujer, y la guarda la detuvo. Y aún yo vi que la maltrató, Es así. Mal el respeto se guarda a las mujeres soldado, quien sois, mas no me informéis, que ya se que no seréis, ni bien nacido, ni honrado. que con hombres de valor la más humilde mujer, para que estimen su ser lleva cartas de favor. Y pues vos las ofendéis tan grosero, y tan villano, sobre no ser cortesano ya se ve lo que seréis, Mas si tenéis por verdad que de ellas habéis nacido, tratadlas más comedido vos señora levantad, y decid lo que queréis. Aunque me estorba el temor, la necesidad señor me da lengua. No os turbéis. Mi traje señor ya dice por las señas del vestido, que de mi esposo perdido lloro la muerte infelice. Pésame por mi desdicha, que desdicha ha de llamarse, dicha que empieza a turbarse cuando acaba de ser dicha, Tuve de aquesta afición una hija, mas mi esposo sin razón, poco gustoso de que no fuese varón. Se cansó de mí, que un padre a tales extremos llega, que de lo que el cielo niega suele culpar a la madre. Yo entonces con oraciones pidi un hijo al cielo, y el mas qué piadoso cruel por lograr mis peticiones me le otorgó. Adiós pluguiera, que en tan infeliz deseo, para no ver lo que veo vívora en el pecho fuera. Yo pidí, y erré señor, que es achaque del desuelo humano, pidir al cielo lo que le ha de estar peor. Si mil hijas me nacieran puesto que me desuelaran; menos ansias me costarán, menos pesares me dieran. Porque me salió de suerte, que aún en su primera aurora, dio muestras de lo que ahora con la experiencia me advierte. Murió su padre, y sin padre tan señor de sí quedó; que de quince años mató a un hombre, mas soy su madre. Aunque no apruevo el exceso es fuerza que le disculpe, y solo a sus manos culpe pues pienso que ha estado preso. Y hoy en revista ha salido confirmada la sentencia de su muerte, y mi paciencia, y así con lágrimas pido Señor, a tu Majestad estorbes este rigor, por excusar a mi amor alguna temeridad. Guerras tienes en Granada, en Flandes, Francia, y Oran, allí sus brazos podrán morir con valiente espada. Restaurado está el peñón, y presidios tiene el mar, vaya, vaya a pelear, y a templar su inclinación. Y si no pues que yo di la causa en darle la vida, yo vengo a ser mi homicida toma la venganza en mí. De parte del muerto han dado querella, hay parte, o indicio de habella. Señor de oficio la sala le ha condenado. Hizo bien, porque en razón del delito, no es disculpa, no haber parte que la culpa le sirve de acusación. Y la justicia castiga cuando se ajusta a lo escrito, con razón cualquier delito porque haya quien le persiga. Mas porque suele la ley abrir la puerta al favor, y lo fuerte del rigor puede moderar un Rey, no habiendo parte que importe Don Cristobal. Señor. Oíd, y de mi parte decid a los Alcaldes de Corte, que aunque la sentencia está con su prudencia medida, pues que no hay parte que pida, templarse en mucho podrá. Que cuando estoy apretado del Flamenco, hijo del Sol, parece que un Español no parece bien ahorcado. Y así que el preso le den a su madre. Y vos señor los pies por tan gran favor, Bien haya Felipe amen. Llevantad, que aquesto ha sido a quien yo soy acudir, pues algo os ha de servir el haberme detenido. En diciendo que se parte el señor Don Juan, Morata no digas más. Él no trata de ofenderte, ni enojarte el Rey, su hermano es la parte de quien te puedes quejar, él le ha podido obligar, y él a Granada le envía. Amarte fue suerte mía, mas no hay suerte sin azar. No te puedo encarecer como quedo, más bien puedo decir, que si muerta quedo, no me queda más que hacer. Sufrir penas, y querer es de amor valiente prueba, pero en fin todo se lleva solo el llegarse a partir, Dos almas, y sin morir, dice amor, que es cosa nueva, el señor Don Juan irá, quien lo duda, consolado, y si lleva algún cuidado de Illescas no pasara. Hablará, verá, y podrá divertirse fácilmente, que como todo accidente tiene accesorio el valor. Peligra mucho un amor, sino es de cuerpo presente. Si esa regla es general, que diremos de vosotras. Necio el amar en nosotras. digo en la que es principal, es carácter inmortal, porque amando una mujer. Aún los ojos cierra al ver, y si ven sus enojos, y en faltándonos los ojos no hay peligro que temer. Como suele fuente fría al detenerse, o helarse, consigo misma abrasarse cuando se desmaya el día. Oh cual flor que desconfía, y llora el muerto calor, así yo mí sol ausente me encogere como fuente, y lloraré como flor. Dame tú para escribirle recado. Todo está aquí. Quieres responderle, Sí. Paraque, pudiendo oirle. Lo que yo quiero decirle mejor lo dirá un papel, que es como hablar por cancel quien desconfía de sí, pues lo que callo por mí sabrá su Alreza por él. Y boace seo Escudero el de la faz tenebrosa, no me dice cualque cosa? Bien pudiera, mas no quiero. Si son celos del sombreto que pidí con broche, y liga a aquel hombre? No prosiga. Hace mal en presumir. Mas que me quiere decir, que eran cosas de una amiga, treta, que válida está, pues concertadas las dos nos las pegan vive Dios. Ea bobo. Aparte allá. Tizuáranle Claro esta, son manos, o verenjenas. Ello no son azucenas, ni yo miro en esas galas, pero por Dios aunque malas me las suelo dar muy buenas. Una os daré yo pizana para que os enseñe a hablar. Cómo es aqueso de dar, es de verás, o me engaña, mas que son telas de España, tabies del Milanes, y del rico Portugues cajas, y piedras labra las. No son si no bofetadas, no son si no puntapies. Malos años. Mi señor. Mejorome. No hay grandeza, poder, dignidad, alteza, que no la rindas amor en imperio, y en rigor. A la muerte te pareces, para ti, no hay altiveces. defensas, ni prevenciones, pues no hay alma que perdones, ni vida que no tropieces. Del humano Majisterio de que sirve la corona, sino se escapa persona de su deidad, y su imperio. Amor de tu cautiverio no hay Ulises defendido, que el hombre más prevenido muere de amor, que en rigor es enfermedad amor, que nace de haber nacido. Preciábase mi cordura de no amar, mas vi a Leonor, y salió de si el amor a idolatrar su hermosura, como río que apresura el golpe que dilató, y cuanto topa arrastró. Así mi amor reprimido me lleva el mejor sentido con la fuerza que salió, ya sin temor vengo a ver Leonor, lo que muerto vi, porque si el alma le di no me queda que perder, Si me la quieres volver para poderme partir, ya la vengo a recibir, pero a pidírtela no, que lo que una vez se dio no ha de volverse a pidir Morata. Señor. Leonor, donde esta. Qué linda flema, no la ves poner la nema a un papel, que el al color, el papel, y el resplandor de la mano en un nivelo se mira, pues ella, y él parecen virtos de plano el papel de aquella mano, y ella mano de papel. Gracias a Dios que acabe, toma, y dile a tu señor. Si queréis bella Leonor que en mano propia le de, yo a Don Juan le llevare, Pues vos aquí? Vuestro soy, vengo a decir que me voy. Eso excusar se podía, porque ya yo lo sabia. Perdonad, si pena os doy. Aunque se que os ausentáis, y se, que es fuerza el hacerlo, de todos quiero saberlo, mas no que vos lo digáis. Pues de aquesto os enojáis? Quisiera veros señor, no se si con más temor, que un hombre que amando esta, para decir que se va, no es bien que tenga valor. Quien lleva una mala nueva, suele decilla turbado, o alomenos preguntado, porque algún dolor se deba. Mas vuestra Alteza no prueba esta justa cobardía, porque con tanta osadía en mis pesares a hablado, que parece que se ha olgado de su pena, y de la mía. Confieso que anduve ciego, pero ya estoy bien reñido. Perdonad si os he ofendido, y adiós. Que me deis os ruego, ese pliego. Yo que pliego. Ese que escrito me habéis. Yo a vos, que gracia tenéis. Yo le vi escribir por Dios. Sí, pero no para vos. Qué decís. Que no os canséis, Morata me dijo aquí, que cierto galán me amaba, y sin juicio se ausentaba, soy mujer, y lo sentí. A este galán le escribí, mas pues vos tan cuerdo estáis no sois sin duda el que os vais, y pues no sois vos, a Dios, que lo que no es para vos, no es razón que lo veáis. Ese amante que decís, quien si no yo puede ser. Vos bien me podéis querer, pero mucho lo encubrís. Mal pienso que presumís. Yo me olgaré que así sea. Como consiste en la Idea, no se ve mi pensamiento. En todo acontecimiento, bueno es señor que se vea. Morata, si otro Morata, en esta ausencia mirare, si las horas no contaré, aunque te parezca ingrata. Si más cuerda, y mongigata estuviere criatura, si ofendiere mi clausura en pensamiento, o en fama. Cuanto y más, en lo que llama el mundo manifatura, plegue a Dios que en la cocina nada me suceda bien, y que siempre encuentre, a quien me de enfados y mohína. Plegue a Dios que una vecina de estas que están ojo abierta agarradas de la puerta, viva de mi casa en frente, y los bocados me cuente si los galanes no acierta. Plegue a Dios, que pelliroja le parezca a quien me viere, y si visita tuviere, puesta la pasa me coja. Plegue a Dios, que para la hoja tenga galán, que no tenga, y que a lo de veros menga, yo en ayunas, y el galán en lugar de carne y pan, con un soneto me venga. Tente, no pases de ahí, que sola esa maldición basta por satisfacción. Mas yo que diré de mí si me olvidare de ti por tarde noche, o mañana, si mirare a otra ventana, si pasare otros restrojos, y si mirare otros ojos, sacados los tuyos Juana. Plegue a Dios, que cuando baje donde hay carbón de por junto, que me asombre algún difunto de parte de mi linaje. Plegue a Dios, que muera paje de un Conde, que esconde el pan, que me cautive el Soldan, que case con pobre y fea, y por fianzas me vea en el puro cordoban. Plegue a Dios, que en día de toros, por una deuda me prendan, y en esta guerra me vendan donde me coman los Moros. No tiene Ceilan tesoros para pagarte ese amor. Si ofendiere a mi criador, tenga un vecino trompeta y coma de ser poeta, que es la desdicha mayor. Váis enojada. No sé. Pues que di la ocasión yo vengaos en mí. No podré. A la noche volveré a despedirme de vos, pero más sentido a Dios. Si os faltare sentimiento pedilde a mi pensamiento, que el tendrá para los dos. Consulta de esos papeles, Santoyo, mientras yo leo. Todos vienen por su orden. Esta es deuda del Imperio, y obligación a la Iglesia, fecha en Roma a diez de Henero, año de setenta y seis, Pio Quinto, la firma, beso, como insignia de quien es, digno succesor de Pedro. Algo enojado me escribe, pero aunque quiera, no puedo hacer más, pero haré más, si esta de mi parte el tiempo: mi hermano donde quedó. Con Don Pedro de Toledo, y con Ruigómez, tratando de su partida. En sabiendo, los Moros, que va Don Juan, o se darán a concierto, o temeran su valor. Aunque los daños que han hecho en los pueblos de la sierra, ya profanando los Templos, ya virtiendo sangre humana. tan bárbaros, y tan fieros, que los niños de la calle aún no perdonó su hacero. No ha de quedar sin castigo, cuanto soy, y cuanto tengo, diera, porque de esta gente, libres se vieran mis Reinos, Viva vuestra Majestad, que mil años guarde el cielo, que lo menos que ha de ser, pisar con el pie su cuello. Qué hora será. Las once. Tarde es ya, pero no puedo. dejar de escribir a Roma, aunque enojemos el sueño, esto, Santoyo, es ser Rey, lee de esas consultas presto. Obispado de León. Quién viene en lugar primero, Don Alonso Pimentel, que es en entrambos drechos un Ricardo, y un Felino. Bastante noticia tengo, decid, y en lo de Sevilla, quien viene. Viene Fray Pedro de Aro, que en la Teología Escolástica es Maestro, de cuantos hoy la profesan. Pues Santoyo, si el gobierno ha de venir ajustado con la profesión del dueño, la consulta habéis errado, más trocando los sujetos, estara bien, esperad, y veréis como lo acierto. Don Alonso Pimentel es para Sevilla bueno, pues es tan gran Canonista y en esa ciudad sabemos, que por la gente, y los tratos hay inquietudes y pleitos. El Religioso es mejor, para León, que los pueblos de la Monraña, y Galicia, mas ha menester, Maestros de costumbres, y de leyes, que un Teólogo en efecto, tiene más obligación al púlpito, que a los textos trocadas por cuenta mía. Ya señaló los decretos. to Pues adelante. Aquí pide Don Geronimo Sarmien un hábito de Santiago, y también pide lo mismo, Don Juan de Sarabia y Lara. Bien esta, mas yo deseo, porque se que lo merece, dársele a Julian Romero, que me ha servido muy bien, y a mucho que se le debo. Julian Romero señor, no le pide. Y aún por eso, Santoyo en mi Monarcía a quien mereciere el premio yo mismo, se le he de dar cuando lo esperare menos. Porque los hombres que tienen tan altos merecimientos, aunque nunca pidan nada harto piden con tenerlos. Para mi no hay memorial, tan fuerte, y tan verdadero, como callar, y servir. que suele el encogimiento acompañar la virtud y así muchas veces vemos, que los que merecen más son los que procuran menos. Julian Romero es soldado, que merece por sus hechos, la Cruz que digo, y así, haced que la tome luego sin otras informaciones, que artas ha dado su hacero. Y la perfeta nobleza es aquella que sirviendo merece un hombre de bien por su virtud y su esfuerzo, que ser noble por herencia es suerte, no entendimiento, pues antes de haber nacido ninguno merece serlo, que no hay méritos sin alma. Este dice, que Don Diego de Ouiedo y Bargas, que fue hijo de Alonso de Quiedo, pide un gobierno que tuvo su padre en Indias. Ya entiendo, mas reparad, en que el hijo se llama Don. Ya lo veo. Y no el padre. Así es verdad. Pues escribid, que el gobierno le doy, con tal condición, que no tenga Don, supuesto que no le tuvo su padre, y es forzoso, que por serlo fuese mejor que su hijo. Yo mismo borrar le quiero, de mi mano, dad acá la pluma, conozca el necio, que nadie iguala a su padre en el mundo. Un caballero, que esta preso, te suplica, que a los Jueces de su pleito mandes le tomen en cuenta de sus delitos el tiempo, que ha que padece en la cárcel. Porque esta preso. Sospecho, que porque dio un bofeton a un Sacerdote. Teneos, bofetón a Sacerdote. Sí señor. Notable exceso, a un hombre, que es hombre y Ángel y que cuando yo le veo quisiera echarme a tus pies. Hay quien tenga atrevimiento para ofender en la cara, escribid, que mando luego, que le saquen de la cárcel, pues ha tanto que está preso, mas ha de ser para aorcarle. Es principal, no plebeyo. Pues córtenle la cabeza, aunque para mí, no creo, que pueda ser bien nacido, porque si en Cristo, pusieron las manos, mientras vivío, solamente los Hebreos, y le imita un Sacerdote, hombre que perdió el respecto, a quien es Cristo en la tierra, sin duda viene de aquellos, que se atrevieron al rostro, del Sacerdote primero. Y así pudieran aorcarle, que eso de ser caballero, lo tengo por sospechoso, informaos vos de secreto, y veréis como es verdad. Gran valor, notable pecho, consuitas del Obispado de Siguenza. Eso dejemos para mejor ocasión, que ahora es muy tarde, y quiero, responder a Pio Quinto de mi mano a este aposento para escribir, me retiro, esperadme, que ya vuelvo. . Oh Príncipe vigilante, en cuyos hombros el peso de los dos mundos estriba, con que ser, con que gobierno lo mira todo, y en todo, como alma, en fin de este cuerpo, Manda, decreta, y asiste, a su juicio remitiendo, aún las cosas más menudas visto, da respeto, y miedo, más hablando, no hay valor, a quien no turbe, confieso, que tiemblo delante de él, y solo en nombrarle tiemblo. Es de que traten verdad, tan amigo, que sabiendo, que un hombre de quien fiaba gran parte de su remedio, le había mentido, le dijo, tomándole el ferreruelo. Pues como así me mentís, y esto tan grave y severo, que se murió en cinco días de confuso, y de suspenso. Que las palabras de un Rey enojado, y con respeto, son como balas de plomo recién heridas del fuego, que matan sin calentura con el aire que les dieron. Cansado esta, que los años, andan con la vida a pleitos, y al cabo abrán de perderle; porque es su fiscal el tiempo. Cuando escribe de su mano, suele llenar todo un pliego sin cansarse, ni rendirse, y en mis años hay desuelos, esperando ver el fin, corren la posta más presto. En esta almoada pondré la rodilla, por si puedo descansar, si quiera un rato, que el sueño ejecuta luego a quien no quiere pagarle. En mi vida, decir puedo, que escribl cosa más cuerda, que es fortuna del ingenio acabar bien una carta. Sepa el Papa, que mi celo, nace de mi religión, y que si no me resuelvo a entrar en la santa liga, como es justo, desde luego, es por estar empeñado en la expulsión que deseo de los Moros de Grañada, Y en sosegar, los inquietos Príncipes de Ooranje, y Zibu, que con diferentes medios de abusos contra la fe, y de catecismos llenos, perturban la Religión, Sabe Dios con cuanto afecto procuro a su beatitud, como hijo, y como siervo, acudirle, pero en tanto que de este forzoso empeño me desago, ya yo envío a mis Virreyes decretos para amparar a Benecía. Cerrad Santoyo ese pliego, y si os parece pasadle, que esto de tomar consejo nunca hizo daño a los hombres, tomad, no habláis, que es aquesto, durmiose, mas no me espanto, que en fin es hombre, yo quiero despertarle, hola, Santoyo, Santoyo, que digo, el sueño es gran contrario. Cerrad esa carta presto, porque os vais a recoger. Señor la edad. Ya lo veo. De corrido, y de confuso apenas hablar le puedo. Qué hacéis. Doblarla señor. Echadle polvos primero para que no la borréis. Válgame Dios, y que yerro, por tomar la salvadera tomé el tintero. Qué es eso? Borrar señor con los polvos. No es si no borrar sin ellos, acabad de despertar, que si el hombre más discreto comete hierros belando, mal acertará durmiendo. Y sabed de aquí adelante, por si cerráis otro pliego, que aquesta es la salvadera, y este Santoyo, el tintero, venid, que habéis de esperar mientras que a escribirla vuelvo para cerrarla después si estuviere ses despierto.
JORNADA SEGUNDA
Murió Santoyo A todos ha pesado Quísole bien el rey Su amigo era. Solo su Alteza, pienso que se ha holgado. Porque. Porque estorbaba, que a Flandes fuera. Ya sale, y como siempre disgustado. Mil vidas te quitara, si eso hiciera, el Duque de Alba a Flandes, es posible! Señor. Dejadme todos. Qué insufrible. Yo le haré que no vaya. Aunque lo mandes, y el Duque se resuelva a darte gusto, tu padre es Rey. Escusese, que a Flandes, yo solo tengo de ir, pues que yo gusto. No hay excusas señor, en cosas graves. Pues decildle que intente mi disgusto, mas que se guarde, aunque lealtad le ciegue, que puede ser que salga, y que no llegue, y mi padre declárese conmigo. Diga pues, en España me detiene como si fuera a caso su enemigo, de mí en que piensa, en que opinión me tiene, salga la culpa a luz, como el castigo, y como sueña el golpe, la voz sueñe, que en quitarme mi gusto, ya me dijo, o que él es poco padre, o yo mal hijo. Fuy por ventura yo Falaris Fuerte, a quien debió tan poco su decoro, que solo fue ministro de la muerte, enseñando a bramar de bronce un toro, Soy a caso Tiberio, a quien divierte la sangre humana, soy Apolo de oro, no soy nieto de Carlos, cuyos bríos en profecia hablaron de los míos. Pues que quiere mi padre, es maravilla que imite su valor, si lo he heredado, ensangrentando la Real cuchilla, desde la Gola, a la Escárcela armado, Si Flandes se le atreve, y acuchilla, es preciarme de bárbaro, y osado castigar en su orgullo su desuelo, y defender lo que ganó mi abuelo, esto es tema del Duque, que porfía poco discreto, en darme pesadumbres, y aún dicen, que con loca demasía, suele hablar con mi padre en mis costumbres Y si es verdad, y quiere a costa mía dar de prudente, y de leal vislumbres, vive Dios que le mate, que la espada, en todo corta, cuando esta enojada. Cómo el Duque, señor estima en tanto tu persona; procura tu sosiego. Pues yo no quiero que me quiera tanto, y así decildle, que si todo el fuego que el cielo guarda en su celeste manto, se pusiera a estorbarme, estoy tan ciego, que montañas de luz atravesara, y el pabellón azul desadornara, y primero podrá llegar de un salto a la blanca ciudad de las Estrellas, dar al muro del Sol un breve asalto, y coger a puñados las Estrellas, y en el onceno cielo, con ser alto poner el hombre las humanas huellas, que desafirme yo de este capricho, pues para hacerlo, basta haberlo dicho. Conmigo el Duque en competencias vanas a mucho se aventura, mal conoces, la deidad que atropellas y profanas, pues por más que a mi enojo te revoces, sin respetar mis años, y las canas. e señor lo. Temblando vengo a verte. No des voces, porque él viene. Señor. Despejad luego. Aque mal tiempo. Todo soy de fuego, Parece que estás enojado Qué queréis. A que la mano me deis, vengo. Pues adónde vais. Presumo, que a Flandes. Bueno. Que aunque ya mi edad cansada había colgado la espada, en efecto soy ajeno y he de servir, y callar. Y sabréis si yo querre. Se que sois, quien sois, y se, que os toca a vos amparar esta jornada. Venís muy neciamente informado, ya no estáis para servir, porque como vos decís hacen su oficio los años, yo tengo quien vaya a Flandes, que para impresas tan grandes bríos más que desengaños ha menester la ocasión. Desengaños tengo, y bríos. Mas bríos serán los míos, porque ha menos que lo son. Más pelea, que el acero. el consejo, y el cuidado Pues yo ire para soldado, y vos para consejero. Para todo vasto yo, y así aquesa gentileza podrá excusar vuesa Alteza, puesto que así lo mandó vuestro padre, y no será razón que le falte en esto. Decid que estáis indispuesto, y en la Corte os dejará. Si estoy bueno, es mal consejo, porque es no tratar verdad. Pues que más enfermedad, que ser vano sobre viejo. Eso de viejo, es error negarlo, pues en la cara lo digo, si se repara a eso, otro, el Rey mi señor ha respondido por mí. Pues si por cuerdo me da este bastón, claro está. que piensa que no es así. Y no es ser vano estorbar mi gusto, Es obedecer. Pues mirad como ha de ser, porque os habéis de quedar, Acabadlo vos primero con vuestro padre, y veréis como os sirvo. Vos queréis, descomponerme. No quiero, sino ampararme de mí. Será la defensa en vano, soltad, soltadme la mano. Está vuestra Alteza en sí, hay tan fuerte demasía. Vive Dios, presto veréis si competencia me hacéis. Ya es esto bajeza mía. Dejad los brazos. En ellos estuve cuando nacistes, pero mal pago me distes. No me detengáis con ellos. Importaos a vos mi vida, y quiero la defender, Dificultoso ha de ser, o imposible. Pues por vida del Rey mi señor. Qué es esto. Señor, mi desdicha fue. Quiero hacer que no lo he visto, porque se vaya de aquí. Mal logré lo que emprendí, un imposible conquisto, mas pues vino de Granada, mi tío Don Juan, ayer, de su amor me he de valer, de su brío, y de su espada, con el volveré a buscarle, a caduco. Aquesto ha sido, no darme por entendido. Vive Dios, que he de matarle. Fuese el Príncipe? Señor, no lo sé, porque no se si es hijo vuestro, quien fue tan libre, que no es mi honor menos, porque yo caduque, y a no mirar. Basta ya. Qué es mi señor. Bueno está, componed la capa Duque. Han me tratado de modo, que aún no se como la tengo. A saberlo de vos vengo, ea, contádmelo todo. No hay más que saber aquí, sino que el Príncipe intenta, ir a Flandes con mi afrenta, y aún fin gusto vuestro. Ansí, ya se que lo deseó. Díjome, que en todo caso, en ello no diese paso, replíquele, porfió, díjele, que era leal, mas tenéis, dijo, de loco, no me estima amí, en tan poco. Repliqué, casi mortal, vuestro padre, y en efecto, hizo lo que vistes vos. Buenas muestras son por Dios para un Príncipe perfecto, perdido de enojo estoy, Duque, mañana os partid, y al Príncipe le decid, que yo soy el que me voy. Dios guarde a tu Majestad, como si yo hubiera sido, el culpado, le he temido, que valor, que autoridad! No se que fuerza escondida tiene un Rey, que aunque sin habla, como pintura de tabla, a su respecto convida. Ya pienso, que se fue ventura asido, corrido irá, pero de que me espanto, si lo he quedado yo, de haberlo oído, que un hijo, a cielos, me moleste tanto, segundo Absalón, es a quien valiente, temió David, con ser Profeta, y santo. Entre dudas de amor, y en diferente se aoga mi prudencia, y se deshace, imaginando en Carlos solamente, quien hijos solicita, que mal hace, que hay hijo de tan bárbarás costumbres, que solo es bueno, para el día que nace. Desde que baña el Sol las altas cumbres, hasta que deja agonizando el día, mas si de verse en la presencia mía tiemblan los hombres, desde el niño al viejo, tanto, que yo, que justa cobardía, cuando me llego a ver en el espejo, me reverencio como a Rey de España, y a mí mismo me turba mi reflejo. Como un rapaz, a quien Lisardo engaña, no teme mi rigor, y acelerado, se quiere aventurar en la campaña al Duque de Alba, que en cristal bañado, es Alba de la planta de su rostro, sin afrentarla, con color hurtado, quiere matar, mas él verá que postro su altivo pecho, su obstinado brío, Por si a caso su vida le da en rostro, si le hereda el valor, y el señorio, en el engasta, solo me parece, que en lo demás, no tiene nada mío, que me digan amí, que le amanece, llevado de su aliento, o desengaño, donde parece, lo que no parece, mas yo pondré remedio en tanto daño. Que si me desembozo, vive el cielo que más que padre le parezca, extraño era yo, así mientras vivió su abuelo, mas yo le cortaré las verdes alas, porque no llegue a Flandes con su vuelo, como cañión, que al calentar las balas se rompe de cargado, y por el viento, hace para subir por dos escalas, Ansí mi combatido pensamiento romperá su silencio, que apretado, revienta el más discreto sufrimiento, yo he visto, yo he sufrido, y he callado, pero en llegando a confesar, que he visto, seré como celoso declarado mostrando de una vez cuanto resisto con ejemplo, el mayor que se haya visto, Cuando yo vengo resuelto, no quiero que me aconsejen. Vuestra Alteza se reporte, que el Duque de Alba obedece, y obedeciendo, no agravia, Cómo no, si así me ofende. Fuera bueno, que un criado, se queréllase del temple. de la espada, no porcierto, que aunque con ella le hiriese, es movida de la mano; que la esgrime, y la previene, que el brazo como instrumento, no es culpado. Traza excelente para disfrázar el miedo, y huir de favorecerme, es aconsejarme. Advierta vuestra Alteza, que quien viene de matar tantos moriscos, que la muerte muchas veces se cansa de matar tanto, y enojada me parece, que me dijo, bueno está, suspende el brazo; detente, que me traes hecha pedazos, y me ahogan tantas muertes. No puede temer a otro hombre, si bien la traición se teme, mas por el honor que quita, que por el riesgo que emprende. Tío, muy prudente estáis, que es mucho para valientes, ven tu Morata conmigo demos al Duque la muerte, y pasémonos a Flandes. Yo, señor, Jesús mil veces, yo matar, y más al Duque, yo agresor, yo delincuente. Si para matar un pollo, que apenas tiene dos meses, suelo juntar todo un barrio, como vuestra Alteza quiere, que mate un Duque con cresta. Si mandaras, que una liebre te fuera a correr al foso, sirviérate fácilmente, que en fin conozco sus mañas como somos de una especie. Pero a Duques, no me apaño, y así puedo responderte lo que en la primera vista responden todos los Jueces. Pues qué responden, gallina. Sor gallo, a prueba, y estese en su aposento Morata. Pues yo me ire solo. Advierte; que es dar al Rey mi señor pesadumbre, y no merece su amor, que le trates mal, habla, pasea, divierte. en otra cosa la noche. Pues vamos a ver mujeres. Eso sí, cuerpo de Dios aquí la cartilla tienes de toda dama brillante. Eso sabrás fácilmente. Pues a fe, que vuestra Alteza por más que se anacorete, que tampoco las escupe. En estos balcones verdes, quien vive. Cierta Lucrecia. Suele matarse? No suele, porque ninguno la fuerza; que es convencible; y no quiere tener a nadie quejoso, Es firme? Ni aún lo pretende. Pues no dices queis Lucrecia En el nombre solamente, que las damas de Madrid cada momento comenten este lionato en los hombres pues venden lo que no tienen. Allí vive cierta toma de nariz, tan penitente, que su cara por lo llano mesa de trucos parece, porque no hay donde topar. Que en fin es tan roma? Puede, conceder iudulgecia, y dispensar en parientes, Tiene nariz sincopada, y parecen sus caireles cascabel despachurrado, allí hay una gorda. Tente, que me abochorno de caillo. En Madrid hay mucha gente, que la han conocido sapo, mas una flaca hay enfrente, tan flaca, que aunque en el templo infinitas veces entre, no se persigna jamás, porque es su rostro tan débil, que no le cabe la mano para la Cruz de la frente. Juntando una vez los dedos se le enredaron desuerte que fue menester peinarlos. Si vuestra Alteza le cree dírale mil disparates. Cierta Dama, mata siete vive aquí, como un diamante, cristalina, trasparente, natilla con alma en fin, toda azucar, toda nieve, pero tiene una gran falta. Es vana, como acontece en la hermosura. Peor. Fáltanle acaso los dientes? Mucho peor. Tiene rizo? Aún esos males son bienes. Pues que tiene esta mujer. Pidir desolladamente con buleto de sus gracias. Y eso por defecto tienes? hay más de dar, en no darla, aunque pida, llore, y ruegue. Ella bien sabe quitar. Hay conjuros, hay aceites, hay abas, hay oraciones. Si con años diez y fiete tiene una cara de un Ángel, que más echizos, y ingüentes. Es de aquí?? Pienso que no, aunque el brío lo merece. Pero está disciplinada de maestras tan valientes, en el arte de enuestir, que por pidir solamente pidira la extrema unción. Duerme mi padre? No duerme, que aún le falta que escribir, y que revolver papeles, pero Ines quedó de guarda. Si alguno de aquellos fuese el señor Don Juan, mas no, que son tres, y para verme nunca viene acompañado. En aquesta reja hay gente, quien vive aquí. Todo el cielo. Doña Leonor De Meneses. Necio, para que la nombras. Quién hermosura no debe al Planeta cuarto, nada, no hay jazmines, no hay claveles, que en su presencia lo sean, que se corren de ponerse donde está su boca y manos, porque es fuerza que se afrenten Cuando el cielo se acabó pudo romper los pinceles, y decir, ya no se más, cuanto pude, te di. Quieres echarme a perder Morata. Pues aquesto es ofenderte? No necio; porque es matarme Si no la ha visto, que pierdes. De aquesa Leonor, que dices, oigo hablar algunas veces con notables alabanzas, y para ver si conviene la fama con la verdad he de verla, llama. Advierte, señor dos cosas que has hecho, la primera, que no siempre, el vulgo dice verdad. Pues podrá ser que lo oyeses de persona que la amase, porque no hay hombre que piense, que es feo, aquello que ama, que en juntándose al deleite, la parte de la pasión, juzga tan livianamente, que hace hermosuras aparte; porque pintan lo que quieren, Algo tiene de Jarifa Doña Leonor de Meneses, mas no tanto como dicen, yo la he visto, y me parece bonita, no más Leonor, perdóname estos desdenes, que hablar mal, y querer bien, bien puede quien ama, y teme. Lo segundo que te ruego, es sobrino, que no intentes, descomponerte en su casa, que tiene hermano, y parientes. Pues qué importa que los tenga, que gentil inconveniente, para que soy yo señor? Para hacer, como quien eres. Y es dejar de ser quien soy intentar curiosamente, ver una mujer de partes, . (re. mucho Don Juan la defiendes, vive Dios que he sospechado, que la quie Esto merece, quien so sirve de ignorantes. Señor, quien no tiene suerte, en cualquiera cosa hyerra, quien pensara. Nunca pienses. Que este huevo de Auestruz tan necio y curioso fuese, que Leonor se le antojase. Don Juan, en que te detienes, llama a esa puerta, o por Dios que suba por las paredes, o en el suelo la eche a coces. Pues si aquesta mujer duerme ha de bajar en camisa! Bájara como estuviere. Y si con el desabrigo se le madurase el vientre, tanto, que desde la cama sacarla el viejo pudiese, por el rastro de la sangre, fuera bien hecho! No pruenes: mi paciencia, con tus burlas, ( Ya no hay medio que aproveche, él esta resuelto, cielos, y es de condición tan fuerte que ara cualquier disparate. Ay Leonor, lo que me debes, buena visita te llevo, aquí vuestra Alteza espere mientras por la reja llamo. Señora. . Sin duda es este. es mí Don Juan? Es Leonor? . Tu esclava soy. No me afrentes. Mucho has tardado esta noche, pero mis ansias te deben, mil siglos a que te aguardo, que has hecho. Deshacerme. Parece que estas inquieto, es dolor, es accidente, estas indispuesto a caso? No mi bien. Pues di, qué tienes! has te cansado de mí! parézcote mal, no sientes me. bien de mi amor! Eso sí, que es matarme, y ofender Pues declarate. Señora, viniendo esta noche a verte, y estando a caso tratando en bellezas diferentes, con el Príncipe habló en ti, Morata tan neciamente, que le vino a dar deseo de verte, aunque lo impidiese. Padres, hermanos, y deudos, bien pudiera responderte, que yo bastaba a estorbarle, mas porque con el no quede sospechosa tu opinión, le prometí hacer de suerte, que te viese, y que te hablase, para que yo desespere, es terrible, ya lo sabes. Y eso señor te entristece. eso te puede dar pena? Amo, y temo. Pues qué temes, venga su Alteza en buen hora, quiere más de hablarme, y verme, dile mi bien, que aquí estoy, y otra vez, cuando quisieres yr Don Juan, a ver tu dama, no te aconrezca, que lleves amigos, que el más amigo, lo que pasa en un retrete suele contarlo en la plaza. Oh invidioso, o maldiciente, que un amor para ser cuerdo, solamente ha de saberse, Dios el galán, y la dama, que callan cuando se ofrece, llama al Príncipe. Señor, vuestra Alteza llegue, que Leonor esta esperando. No lo dice muy alegre, el alma tiene en los labios, y para mí no hay deleite cómo hacer de estos agravios. El señor bárbiponiente, que tal es, Dios le haga suyo. Qué dices. Que te encomiendes, adiós, porque vas a ver, un galápago, una sierpe, y un mascaron de jardín. Vamos Don Juan. Los dos vienen. Pues señor, tanto favor, vos a verme. Leonor, sí. Esto es burlaros de mí. Esto es ámaros Leonor, han me dicho de vos tanto, que me resolví en efecto a veros. No fue discreto. puesto señor que no espanto, quién tal os dijo de mí! Yo se que lo saben bien. Los que sin pasión me miran dicen, que soy así, así. que es un modo de pintar el necio vulgo una cosa, que ni es fea, ni es hermosa. Pues testigo os puedo dar, y bien cerca, que me dijo locuras de vuestro nombre. Es verdad, pero ese hombre no supo lo que se dijo. Pues por ver quién se engañó he de ver vuestra belleza. Ya no me ve vuestra Alteza? Esta reja lo estorbo. Muy poco debéis de ver. En la oscuridad consiste. Cómo va: Que se resiste, mas ella vendrá a caer. Vive Dios, que la da como. Si allega a descompostura perdonará mi cordura. Eso es matarme, con plomo, Leonor, yo he venido a veros, y no os he visto por Dios. Pues quién lo estorba? Vos, con guardaros, y esconderos. Alto, trae una bugia, porque su Alteza me vea. No me acabáis de entender, digo que quiero entrar dentro. Ay acá dentro un encuentro con que me podéis perder. Pues hay más que barajalle. Así, un padre se baraja? Advertid, que es cosa baja tenerme tanto en la calle. Si no queréis más de amar en cualquier parte podéis. Aunque mil leguas estéis, yo no se platonizar, todo soy manos por Dios. Cuál era, pasa un Sabado. No soy amante pausado, que es todo quererse dos con un amor tan fiambre, que no pasa de querer, es como poder comer, y quedarse muerto de hambre. Si eso dice vuestra Alteza quién habrá, que no se asombre? Preciome yo de muy hombre. Oh que material llaneza. Traza tiene de acostarse a la visita segunda. Que amor en razón se funda. Eso señor es cansarse. Una noche he de venir, y he de daros una gala. Esa noche he de estar mala. Buen modo de despidir. Mas si es eso reventar de honrada, es impertinencia, porque a no darme licencia yo me la sabre tomar. Yo soy mujer más dé bien, no soy yo de las mujeres, que tratan de hacer placeres. Tengo honor, y quiero bien, tengo un Padre, cuya espada dio miedo al Rey Almanzor, y un hermano, que en valor a ninguno debe nada. Y aquí para entre los dos, bien sabe el señor Don Juan, que tengo también galán, que es tan bueno como vos. Cómo yo, mientes villana, porque solo el Rey lo es. A palabra tan cortes respondera la ventana. Fuese. Que es irse, mujer, que has hecho, vuelve atrevida, o costárate la vida. Ya es forzoso responder. Abre loca. Qué es abrir, no ves que se fue a acostar? La casa le he de quemar. Vuestra Alteza ha de advertir que viene ahora conmigo, y no ha de hacer cosa fea aunque más Príncipe sea. Porque no he de ser testigo de travesuras, que van contra su opinión, y Estado, y no es bien. Basta que ha dado en predicarme Don Juan, sois por ventura mi ayo? Nunca vos le habéis tenido. Si he tenido, pero he sido trueno, relámpago, y rayo con quien me enoja, y con quien me enfada. Gracias a Dios, que estoy seguro de vos, porque soy rayo también. Y aunque por los aires pasan dando de calor desmayos. unos, a otros los rayos, ni se ofenden, ni se abrasan. Qué rayos, luces; y truenos, como bajan al profundo, andan al uso del mundo, y ofenden a quien es menos. Yo soy, Carlos, vuestro tío, y así me toca en rigor, asegurar vuestro honor porque no peligre el mío. Y en los delictos, no hay duda que su malicia compete, no solo al que los comete, sino a aquel que los ayuda. Pues muchas veces pasara bien el hombre en la carrera, si hubiera quien le oprimiera, y del freno le tirara. Los dos venimos aquí, y en cosas justas señor, espada, sangre, y honor, como en vos, tenéis en mí. Pero en habiendo sospechas de sin razón, perdonad, que la esfera de amistad, no entra en las cosas mal hechas. Pienso, que estoy divertido, pues quien os pide favor. Eso es deuda de mi honor. Y será haberme querido, consentir, que una mujer me diga, que quiere a un hombre que me iguala en sangre y nombre! Y decid, no puede ser? No Don Juan, que solo yo soy metafora de mí. Pues si ella me amara a mí, no dijera la verdad? No. Vuestra Alteza antes que hable consulte mejor la lengua, que hablar; y hablar en mi mengua, es preciarse de intratable. Vuestro Avuelo y Padre mío fue Carlos, ya lo sabéis, y más ganáis, que perdéis en tenerme vos por Tío. Que a poder mi calidad diferenciarme de vos, de parte vuestra por Dios fuera la desigualdad. Yua a decir, que te engañas. Haces bien de no decillo, pues resaltará en decirlo ocasiones más extrañas, si bien no fueran agravios, porque no lo pueden ser, cuando el que ha de responder tiene con llave los labios. Y la venganza no toca, sino a aquel que sin razón puede cobrar su opinión con la espada, y con la boca. Fuera de que tu aunque quieras como a todos nos excedes, a ninguno ofender puedes, ni en las burlas, ni en las verás. Que la ofensa no se entiende, sino cuando la ocasiona, aventurar su persona, y con su peligro ofende. Y así tú que con resguardo hagas de mi enojo pruebas, aunque liviano te atrevas, y yo me excuse gallardo. No me puedes agraviar, porque no vas a perder, y el valor del ofender es llegar a aventurar. Pues no me pongo también si ofendo a quien es mi igual, a que me responda mal y a que mil muertes me den. Tu honor, dime, no pudiera darte la muerte a traición? A tener tu condición bien presumo que lo hiciera. Nunca te quise matar. Ni yo quisiera tampoco. No hay defensa para un loco. Y no es matar, afrentar a un hombre de mi valor! Pues porque te has de ofender, de que yo llegue a creer, o pensar que soy mejor, supuesto que por mi padre como el sol limpio he nacido, y hasta ahora no he perdido como alguno por su madre. Qué dices. Ahora, tu soberbia humillarseha. Dónde vuestra Alteza va. No veis que baja el aurora, Y que ya en Palacio estáis? Primero me habéis de oír. Pues vos, que podéis decir. Es menester, que sepáis por mi descargo, y en muestra de mi Nobleza inmortal, que tuve una madre tal que lo pudiera ser vuestra. Y cuando no fuera así, sino que tuviera madre, más desigual a mi padre en efecto del nací. Y si el refran Castellano tiene fuerza de verdad, solo aquesta calidad me da el ser más soberano. Que aunque vos sois de los dos quien de una Reina ha nacido, por lo menos yo he tenidó mejor padre que no vos. Qué decís. Lo que escucháis. Sin duda no habéis mirado, que a palacio habéis llegado, y que junto al cuarto estáis del Rey. de es C San Bruno. Pues qué hacéis aquí los dos, Yo señor. Válgame Dios. No me respondéis ninguno, vos Príncipe descompuesto, y vos sin color alguno. Ay de mí, el veros me ha puesto así. Decidme lo que hay en esto, o pensaré, que en los dos procede el estar turbados de que sois todos culpados. Yo señor. Yo. Vos, y vos., que ese miedo trae escrito vuestro error, y vuestra mengua, que no hay concertada lengua delante de su delicto. Y al contrario, la razón; ni se turba, ni previene, porque habla mucho quien tiene en la lengua el corazón. Pues yo que nada recelo, digo. Decid. Que Don Juan con los bríos que le dan. Vos idos. Guárdete el cielo, pero. Después me hablaréis. y vos Carlos, reparad, en que me tratéis verdad pues que ya me conocéis. Digo señor, que me dijo, que tuvo, y que mereció mejor padre, que no yo, y siendo señor tu hijo fue mal dicho. No fue tal. Cómo? No os alborotéis, que ya de mí lo sabréis. Todo me sucede mal. Carlos Quinto mi señor fue padre de vuestro tío, y también fue padre mío, mira si será mejor. Es así de mis deseos triunfo con industria, y gala. Carlos, ningún hijo iguala a su padre, recogeos.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Triste parece que sale. Id os todos, vos hermano. Que me mandas, loco estoy. Quedaos aquí. Soy tu esclavo. Vive el cielo de un rapaz, loco, altivo, temerario. Que tendrá válgame el cielo, que está turbado, y hablando consigo mismo. Don Juan, yo vengo desesperado, yo vengo fuera de mí. Y quién es la causa. Carlos, Carlos un hijo que tengo, que a penas; y a sobresaltos, ha de venir a enterrarme. Señor, si os han informado mal del Príncipe, advertid, que puede se, so ser tanto como dicen, que el que acusa, suele poner por engaño mas de un cero a los delictos. Desde el menor al más alto se me quejan cada día, y como el pueblo Romano llamaba a Claudió nerón. Todo con sangré amasado pienso que dice lo mismo España de este muchacho. Mas yo me declararé, que hace ahora? Está jugando a la pelota. Y decid el día que cumplo años, fuera razón que me viese. Si señor, a no estar malo, mas como saves le aprieta la terciana demasiado, y aún hoy dicen, que es el día, por virla habrá bajado a jugar. Ponme la capa. Dos veces ha preguntado por ti. Qué puede quererme! Yo solo culpo tus años Y también, pero también para ese orgullo bizarro hay remedio. Carlos viene. Pues dejadme vos con Carlos, así ha de ser. Qué es aquesto! mucho me mira. Qué engaños usa el amor, cuando quiere reñir, lo que está adorando, Hijo. Señor. Mal empiezo, que para estar enejado es muy amoroso el nombre. Carlos, menos tierno es, Carlos enojado estoy con vos, enojado estoy, y tanto, que con los ojos lo digo, si con la lengua lo callo. Cuanto hacéis, cuanto decís, o desabrido, o liviano, y un de las puertas adentro de vuestro mismo recato. He sabido, que con esto pienso, que os he dicho harto, yo tengo pocas razones, pero tengo muchas manos. Y al paso que se quereros sabré también castigaros vuestras locas travesuras me sacaran de mi paso. Que a una cuerda torcida si la tiran mucho el arco, parece que se quererla y se vuelve contra el brazo. Entendeisme. Sí señor. Pues procurad enmendaros, que os pesara de no hacerlo, si, por la vida de entrambos. Fuego por los ojos echa, vive Dios, que le he temblado, pero no importa, señor. Qué queréis, A no enojaros el escucharme, yo os diera de mi parte tal descargo, que con vos quedara bien, puesto que estáis enojado. Antes me hacéis un gran gusto por disculparme en amaros. Porque tal vez a los ojos les ando buscando engaños, porque en la razón que tengo, no me riñan lo que hago. Ya estoy sentado, decid. Si en cuanto pongo la mano, no tengo suerte con vos, y severo, y disgustado en todo me atropelláis es maravilla, es milagro. Que lo sienta, y de corrido me quererle de los ados, que me dieron pensamientos sin poder ejecutarlos. Esto hago, mas si alguno dice mal de lo que hago, que hay correos de palabra, que traen, y llevan recados. Por lisonjearos, digo señor, que os han engañado, y otra vez vuelvo a decir. Hablad un poco más bajo. Perdonad, si con la pena algo en la modestia falto, que os debo, y digo, señor que vos también despreciando los deseos de serviros como si fuera un villano me matáis, y yo pretendo de mi pundonor llevarlo, ofendido del Flamenco. Y en vuestro nombre gallardo ir a Flandes, y cortar de Príncipes revelados las fementidas cabezas. Que quiero ensayar el brazo en tanto rebelde fiero, para desde allí de un salto llegar si pudiese ver las rorres, los muros altos de aquella Ciudad, a donde el Cordero inmaculado, fue Pastor, siendo Cordero, y le sirvio de cayado aquel sagrado madero, que fue remedio de tantos. Aunque arrimo doloroso, pues le rasgó pies, y manos, quiero yo poner la vida al antojo de un balazo. Esfera breve de plomo, y vos a este afecto ingrato al Duque de Alba imbíáis, dando a entender, que no valgo para acción, que heroica sea, cosa que agrade a mi agravio. Oh pesia a tal con el frío, o que mal tiempo me ha dado el accidente. Qué es eso? No es nada. Notable caso, la terciana le ha venido. Digo señor, que los años. No digas más, ya lo creo, compasivo me has dejado, esto es ser padre, hijo, hijo parece que estáis temblando, arrimaos a mí, y sino asentaos aquí sentaos, tomad los guantes, cubríos. Oh pensión del ser humano, corrido estoy vive Dios, puesto que no fue en mi mano de que tratando en la guerra haya quedado temblando. Qué valor, abrigaos bien. y tened paciencia en tanto que llamo, ola Don Cristobal, Ruiz Gómez, Don Juan, soldados. Señor. Qué es esto? Llevad. llevad haciendo sillas los brazos a la cama a Carlos, ea. Qué lástima en tales años, Confieso, que con el frío me haenternecido el muchacho. Ya está despachado. El cielo os de. El cielo. Es buena tierra, así me ha puesto la guerra el sol, el agua, y el hielo, y voto a Dios. No juréis. Soy soldado. Los soldados, no juran, si son honrados. Yo lo soy. Si lo seréis, mas ya no son bizarrías el jurar, ni el blasfemar. Pues porque no ha de jurar quien no come en veinte días, voto a Dios, si no comiera vuestra Illustrísima en dos, que también llámara a Dios como le llama cualquiera. Tuviera yo de comer, que no hubiera Capuchino tan soldado a lo divino, pero un triste, que ha de hacer. Si antes que el sol se anticipe ha de estar por mal pagado, o abostezando en el prado, o mintiendo en San Felipe. Hola, dadle veinte escudos, porque pida muy modesto cuando pida. Con esto serán los soldados mudos. Vuestra Illustrísima sea de parte de mi verdad. Yo haré que su Majestad le despache luego, y crea, que hasta ahora, ya lo ve no se ha podido hacer más. Brevedad quiero no más. Señores perdónenme, que sale su Majestad. Cardenal. Señor. Es hora? Sí señor. Decid ahora lo que queréis. Escuchad, dos años ha que la Reina mi señora en feliz sueño pasó de esta, a mejor vida, cuerdo destino del cielo, quedo España acobardada, y más gran señor de veros sin salud, triste, y sin gusto para el cuarro casamiento. Pero ya que la razón os ha vencido el consejo de Estado, es bien afirmar del matrimonio propuesto las condiciones. Son estas? Sí señor. Pasarlas quiero. Las mismas son que sabéis. No firmo lo que no veo. Qué prudencia. Aquesto hago. por no arrepentirme luego. La primera condición es, que como está dispuesto Majimiliano segundo carísimo hermano nuestro, y Emperador de Alemania, para más paz de los Reinos de al Cristianísimo Carlos Cuarto de Francia mi deudo a Doña Isabel mi hija, y Francia como pertrecho de al de Portugal también, mi sobrino en casamiento, a la hermosa Margarita piedra de infinito precio. Esto está bien, que así el lazo del parentesco tendrá en pie las amistades, Decid adelante. Y que luego a Don Felipe segundo hijo de Carlos, y nieto de Don Felipe el hermoso entregue al dulce y míneo, a su muy querida hija Doña María, que el cielo infinitos años guarde con sucesores, y nietos, que traiga, como es estilo, y costumbre de aquel Reino, cien mil escudos de dote; o pagados, o hechos buenos en Amberes, o en Medina del Campo; y que fuera de esto traiga de arras otros tantos, Y ejecutado el concierto tenga obligación, yo el Rey a consignar por lo menos cada un año renta estable para el gasto, y el aumento de casa, y extraordinarios, y si a caso por decreto soberano me alcanzare de días, y en estos Reinos quiere quedarse, le den de mi patrimonio mismo fuera de todo su dote, Villas, lugares, y pueblos donde quiera residir, por cada un año en dinero cuarenta y seis mil ducados añadid, que ha de ser esto, supuesto, que no se case, que en casándose, no quedo en obligación de nada. En esta margen lo asiento, que hasta Genoba su padre la traiga a su costa, y luego desde allí venga a la mía, y doy conforme a drecho mi poder a Luis Vanegas Embajador de aquel Reino, para que en el nombre mío, hombre, que a su sangre debe, se despose con la Infanta, esto dice, y yo lo acepto, ya he firmado, despachad al Archiduque al momento, y dadle para el viaje supuesto que está tan lejos. Cuanto. Hasta cien mil ducados. Es grandeza de tu pecho, das en fin como quien eres. Hacedlo así. Ya te entiendo, mas oye. Falta otra cosa? Solo un escrúpulo tengo. Cuál es? El Embajador de Roma ha escrito este pliego. Y qué dice? Que Pio Quinto. Decid presto. Que sabiendo, que casas con tu sobrina por ser tal el parentesco. duda en la dispensación. Qué decís. Aquesto es cierto. Mas pense que le debía a su Santidad haciendo por la Iglesia lo que sabe, pero ya yo se un remedio. Escribidle de mi parte, que como es justo agradezco el haberme dispensado. Pues como si duda en ello, Cardenal, porque no dude, porque si yo le agradezco eso mismo que no hace como si lo hubiera hecho, le pongo en obligación por no desmentir mi afecto de hacerlo, aunque en su opinión haya intentado el no hacerlo. Y doile a entender también, que cuando le estoy sirviendo con sangre hacienda, y vasallos, y con mi hermano, no puedo dudar de su voluntad, porque se, que la merezco, haced luego lo que os digo. . A escribir voy al momento. Graves cuidados, es hora, que me dejéis descansar, que este modo de Reinar solo la muerte lo adora. Él ave más triste llora, o canta naturalmente. Hombre soy, y hombre que siente, dejadme sentir cuidados, que echar al alma candados ninguna ley lo consiente, Amor, ya llegado a amar a mi esposa en profecia, que el alma en su fantasía puede sin ver, desear. Mucho tiene de vulgar voluntad, que ha menester ver, para amar, que es poner como en feria los antojos. Y no ha de comprar los ojos lo que inmortal ha de ser en las luces de mi idea, amoun sujeto divino, cuya deidad imagino puesto que fingida sea, en su adoración se emplea el alma mientras la espero. Si después el verdadero sale según lo he Pensado, antes de verle le he amado pues antes de ser, le quiero. Ya me parece, que miro a mi esposa, y que elevado, y en sus ojos transformados de mí mismo me retiro. Ya me acerco, ya suspiro, y la huertad perdida, digo con voz, y sin vida suspenso en tanta beldad, sea vuestra Majestad muchas veces bien venida. Válgate Dios por Don Juan, si es aqueste, derrengose mi fortuna con el Rey ha dado, Dios me perdone, quiero encomendarme a él, y rezar mis devociones. Santa Tecla, San Tiburcio, San Nicudemos, San Cosme, parece según está de estirado, que un estoque se ha almorzado esta mañana, lo que mete de asadores. Válgate Dios por Rey Vaco. Decid a Don Juan. San Cosme. Que le llamo. No más? No más. También es de golpe, si haré de muy buena gana, que lo pide en sus razones. Con un término me obliga, téngase en buenos calzones, que el gracejar ha de ser con Reyes preguntadores, Qué haces aquí, vete, vete. Menos vete, y menos voces, que ya pienso que soy ido. Que hay de Carlos. Acostose, y después de haber pasado el accidente, pidiome, que te pidiese señor por divertir las pasiones licencia de ir a Alcala por unos días, adonde con San Diego, y con los aires posible será mejore de salud. Dice muy bien, porque fuera de mi Corte, no hay cielo como Alcala, y así hay menos ocasiones de travesuras de mozos, cosa, que es fuerza que importe. Para su achaque, decidle que vaya, con que reforme el beber con mucha nieve. y salir tanto de noche. Pero esto aparte Don Juan, oíd en breves razones la ocasión porque os llamaba. Mi obediencia te responde, tuyo he nacido. Don Juan, la obligación de los Nobles, y que nacen como vos con tantas obligaciones. Ya sabéis, que es lo primero poner la vida al estoque por la Religión divina. Celín, que se juzga azote de la Cristiandad, procura, y con Mostafa dispone atropellarla, Don Juan esta es ocasión conforme a vuestro valiente brío. Y el Papa que reconoce ser vos quien sois, y respeta vuestros altos pundonores, por General de la Liga, que ha de dar espanto al Orbe, os propone, y os elige. Por vos desde ahora corre la reputación de España en los Cruzados Pendones. El brazo sois de la Iglesia, ponedle, ponedle al golpe, pues es natural precepto aún del animal más torpe. Por respetar la cabeza consentid sus vejaciones, yo mismo quisiera ir Dios lo sabe, y lo conoce. Pero pues no puede ser doy persona, así me goce que me iguala, como vos, que Cárlitos es muy joven. Y aunque le llama la guerra, la de mi amor le interrompe, fuera de que sois mejor, y en cierto modo más Noble que Carlos, como os he dicho, y con ser Carlos su nombre, porque tenéis mejor padre como decís a voces. Señor. No os arrepintáis, ni receléis que me enoje, porque también yo lo digo, pues en virtud, y en blasones, bien se, que el Emperador mi señor, que el cielo goce, fue mejor que yo, y que vos. Dadme los brazos. Acorte vuestra grandeza Real el número a los favores, que podéis desvanecerme. Y así digo, que razones me faltan para decir, cuan humilde, cuan conforme, de su Santidad admito tal merced, tales favores. Y el bastón, venga Celín, y en compuestos escuadrones, sus medias lunas excedan a las luces superiores. Que salen difunto el sol a ser ojos de la noche, cubran el mar naves tantas, que le oculten, o le agoten. Y los que le vieron antes salpicar en su orizonte al sol, arrojando en agua líquidas conspiraciones. Viéndole todo entoldado de lanzas, y morriones, velas, armas, tafetanes, vasos árboles pendones. Bonetes, chulma, vagaje, hombres, fuego, y moniciones, o presuman que se huya, interpreten, y se esconden. Que yo solo en nombre tuyo, y llevando por patrones un devoto Crucifijo que es el más seguro norte. Y a la simperatriz del cielo MARIA, cuyos amores tienen todo el mundo preso, no temo fuerzas mayores. Porque con tales pilotos no aura mares que me estorben, pero que mucho si llevo en mi defensa dos soles, que a Celín maten a rayos antes que en Venecía toque. Sois hijo de Carlos quinto, que todo lo dice el nombre. Con su hermano está. Pompeyo. Díjome ahora Ruiz Gómez, que me llamabas. Don Juan idos, porque deis el orden, que convenga a la jornada, que no sufren dilaciones las fuerzas del enemigo, y no será bien que os note de descuidado la Iglesia. Vuestro soy, Leonor perdone que primero es la opinión. Pompeyo, en toda esta noche no he podido reposar. Pues como señor. Los hombres que pudiendo no consiguen lo que gallardos proponen, algo menos que hombres son, Yo tengo acuestas un monte en pensar que San Loreneo hermoso jardín a donde cipreses de jazpe son. tantas presumidas torres, no esté acabado, ya veis que las figuras de bronce, que han de estar sobre la puerta, ni se hacen, ni se pone mano en ellas. Es verdad, que la falta de escultores nos detiene, que yo solo hago como solo un hombre. Pues escribid vos a Italia, y a Alemania por mi orden, y veréis como nos sobran artifices que las cortén, que allí todos son lisipos, policretos, y misiones. Es así, pues en España, aunque Italia más blasone de maestros en el arte, ay uno, que no conoce ventaja a nadie. Y quién es? Así haré que le perdone Michael Ángelo mi hijo que está ausente de la Corte. Adónde está? En Zaragoza, quiera el cielo que se logre mi intención. Pues qué aguardáis llamadle. Bien se dispone quien de relieve las corte, y anden pidiendo oficiales a las extrañas naciones. Haced que venga al momento. Yo le escribire esta noche, pero será menester, que vuestra Majestad de orden de llamarle por escrito y también que le perdone ciertos delictos que tiene. Pues qué ha hecho? Resistirse a la justicia, y mató en la resistencia a un hombre. Qué medecís? Qué guardéis vuestro hijo no os lo ahorquen. No harán señor, si yo puedo, que aunque desuálido, y pobre sabre esconderle, y guardarle donde el sol aún no le toque con ser el lince del cielo, que registra todo el Orbe. Y pues sois Juez tan severo, que no queréis que se doble la vara de la justicia, aunque vuestro gusto importe. Mi hijo podrá en los Reinos vivir sin ver a la Corte, que hacer pasos de garganta, no es oficio de Escultores. Sosiega el pecho señor. Que esto te ha pasado? Sí, vi a Leonor, al cielo vi, que es lo mismo que a Leonor, fui a su casa como viste a decirle tu recado, si digo verdad turbado, y como turbado triste. Hablé primero con Juana suspirando a media rienda, y ella haciendo al cristal senda lloró en lengua Castellana. Porque sin buscar rodeos, invenciones, ni cautelas, las echó como cirvelas del color de sus deseos. Díjome, Morata ven, y hablarás con mi señora, porque yo no estoy ahora ar en mal, ni en bien, llevome por varias salas adornadas de pinturas, buferes, y colgaduras, que hasta para el yeso hay galas. Y hasta su cama llegué. aquí fue Troya señor, en mi vida vi al amor si acaso el amor se ve. Tan altivo, ella empezaba a despertar, y en sus soles, con dormidos arreboles, un crepúsculo formaba. Yo viendo que eran ensayos de la luz que el velo aparta, como el que espera una carta brujoleaba los rayos. Estaba la blanca frente como cuando en su zafir, el sol a medio vestir se llevanta del Oriente. El velo que la cubría era un cendal tan sutil, que se asomaba el márfil a la blanca celogía. Y la otra más dichosa a la megilla arrimada, el rostro con devoción algo, que descolorido, y el cabello reducido a dos trenzas, y un cordón. Yo porque no se ofendiese su cielo de mi venida, para hablarle en tu partida aguardé que amaneciese. Despertó, y entre dos luces ansias que el temor repara, vi pasear por su cara dos macetas de claveles. Mis palabras eran tiros contra su honesta afición, porque con cada razón se fraguaban dos suspiros. Tal hez ella me apretaba a que díjese tu muerte, pero en irlo a hacer desuerte la color se me mudaba. Que aunque referir quería la traje día de los dos, como por amor de Dios que callase me pidia. En fin, señor a pedazos mal contada, y bien sentida supo tú triste partida, y desmayando los brazos. Apenas me la escuchó cuando trocando en jazmín, las dos ojas de carmín un lienzo en cristal bañó. No has visto llover el cielo sobre alguna flor tan leve, y que las pellas de nieve van desde la flor al suelo. Porque puesto que la mojan y en su cristal se detienen, como tan apriesa vienen unas a otras se arrojan, Pues así en Leonor cayán como en rosa blanca perlas, que los cielos por cogerlas, dejar el suyo podían. Y como al rostro divino bajaban apresuradas, tropezaban encontradas sin pararse en el camino. Esforzose cuanto pudo, y sin hablarme, pidio tinta y pluma, y escribió con un sentimiento mudo este papel. Gran favor, hay mal logrado deseo, papel, sin alma te veo, mucho me debes Leonor. Los sobresaltos que me dais cada día son muchos, y la esperanza de gozar es ninguna, hoy os vais a Italia, y aunque vais llamado, sabed que me obliga a nosacaros mentiroso, así por última merced os suplico estéis mañana en Santa Catalina a las nueve, donde me ve- réis en otro hábito menos galán, pero más seguro, pa- ra acabar mi vida, y encomendaros a Dios, que os guar- de, y os traiga victorioso. Vuestra esclava. y os traiga victorioso. A cual hombre ha sucedido tal género de dolor. Pluguiera al cielo Leonor nunca me hubieras querido, pluguiera a Dios, ay Morata, que me hubiera despreciado. Yo Leonor. . No seas pesado, pluguiera a Dios fuera ingrata, y mi nombre aborreciera con el alma que le di, pues por lo menos así desobligado muriera. Mas Para un hombre de bien no hay tormento más penoso, que haberle de ser forzoso pagar mal, y querer bien. Supuesto que no es remedio sentir llorar, ni plegar, uno te quiero yo dar. Dirás poner tierra en medio. No, si no que pienses que es un satiro, un testimonio, una tarasca, un demonio. Tente, necio, pues no ves, que poco antes, si reparas cuando en su hermosura hablaste, demanera la pintaste, que a una piedra enamoraras. No veéis, que no puede ser, pues el crédito de España estriba en ti. Cosa extraña, el remedio es padecer. Vamos. Hoy Leonor comienza mi laurel, y empiece en mí, toda España contra ti fuerza será que te venza. Del Arzobispo de Sevilla es esta, escríbeme, que entraba ya en Segobia, de Alberto, y Venisao acompañada la Ifanta, y he venido como es justo, a recibilla amor, si puede el gusto matar, como el pesar en siendo extremos, harta ocasión para morir tenemos. buena está la Ciudad. No puede el arte vencido en el deseo en esta parte i gualar su grandeza. Don Cristobal. porque pensáis, que el Rey de España excede a los demás diréis por lo que puede, pues no es esa la causa, porque el oro aún con más desprecio, que decoro sobra en otras Provincias arrogantes, donde la plata, el oro, y los diamantes, desestimados de los hombres fueron, debió de ser, porque nacer los vieron. Que aunque para metales no hay fortuna adonde tienen la primera cuna, tampoco por el mando, que el dar leyes ornamento común es de los Reyes. Mirad, otros vasallos obedecen por su razón de Estado, y cada uno es solo para sí, pero en España todos son para el Rey, todos le adoran. Desuerte, que el menor si se ofreciera, hasta sus hijos por su Rey vendiera, este imperio en las almas nos lo tiene el Bárbaro, el Ingles, el Persa, el Moro, más estimado, que la plata, el oro. Miradlo por Segobia, mas teneos, que si ya no me mienten los deseos, que la dicha adelanta a las manos, la Infanta viene con sus dos hermanos. No te engañas señor. Qué dulce día. La música lo dice. Que alegría. No se ha engañado la idea. . Muy bien cumplio su palabra. Mas halle que imaginaba. Vos seáis también venida como habéis sido esperada, viene vuestra Alteza buena? Viniendo a ser vuestra esclava, que más salud, que más dicha. Morata, no es muy gallarda? Vive Dios, que es un brinquillo toda junta la muchacha. Mira que cintura tiene. Es tal, que he querido preguntarla donde acomoda las tripas, o con que costillas anda. Vuestra Alteza trae salud. Cuando a caso me faltara el gusto señor de veros, y de besar vuestras plantas me la diera. Y vuestra Alreza vendrá cansada? No cansan las dichas, y los favores. Las bendiciones nupciales, que ordena la Iglesia santa me ha de dar el Arzobispo de Sevilla, que la Infanta a acompañado. Es muy justo. Debo este hoñor a su casa, y al venir también señora con vos en esta jornada. Mas porque acción semejante solo toca administrarla, como Parracho, el Obispo, y no puede, si el no falta, dar otros los Sacramentos, a sus feligreses, vayan, y decidle de mi parte Don Luis Manrique Delara, que tenga a bien, que en su Iglesia con su licencia mañana el Arzóbispo me case. Qué prudencia tan extraña. Esto es guardar su decoro a la Iglesia soberana, y vos divina señora recibid en sola un alma las de todos mis vasallos, ante cuyas bellas plantas ellos, y yo nos rendimos. Mirad que soy vuestra esclava, y eso no es tratarme bien. Yo hallé lo que deseaba. Qué gran dicha. Todo es Cielo. Pues vamos a dar las gracias, Reventando estoy de penas por meter mi cucharada, y no he podido en dos horas encajar una palabra. Y así digo por hablar, que a quí la primera acaba, plegue a Dios, que con bien sea del gran Seneca de España.
