Texto digital de El remedio en el engaño
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- Atribución tradicional
- Desconocido
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- Lope de Vega Carpio Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Germán Vega a partir de un manuscrito de la BNE.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El remedio en el engaño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/remedio-en-el-engano-el.

EL REMEDIO EN EL ENGAÑO
JORNADA PRIMERA
Esta es Sevilla. Esta es, émula de Apolo y Tetis, a quien el sagrado Betis calza de cristal sus pies. Por ella España se alaba que en sus ciudades y villas a las siete maravillas dio una maravilla octava. Y, con justicia y verdad, nombre le dio tan profundo que en su redondez el mundo no goza de tal ciudad. Hermosa vista, por cierto, agradable y deleitosa. Demás de ser tan famosa, le da grandeza su puerto. Aquí del mar de levante hacen su corriente Fúcar por la barra de Sanlúcar, Cartagena de Alicante. Siempre sus verdes riberas, de Guadalquivir canceles, se coronan de bajeles, barcos, naves y galeras. Aquí cada año desata el nuevo mundo sus venas, bordando aquestas arenas, de perlas de oro y de plata. Esta es la Torre del oro. ¿Hay oro en ella? No sé. Mas dicen que un tiempo fue cofre del mayor tesoro y los rayos que atesoran del sol vistosos reflejos convierte en oro sus lejos, con que sus piedras se doran. Su vista es hermosa y tal, que fuera en Nápoles bella. ¿Qué puerta es aquella? Aquella, la Puerta del Arenal. Este arrabal es Triana, que pudiera ser ciudad, cuya pompa es majestad, dilata en su vega llana. Aquel famoso castillo hoy defiende y con razón a la santa Inquisición, de los herejes cuchillo, y no sin misterio fue, que en Castilla causa espanto, porque es tribunal santo, es castillo de la fe. ¿Y aquellos barcos que acá dan paso franco a la gente de qué sirven? Es la puente que sobre el Betis está. Notables grandezas son las suyas. Si dentro entrases y su máquina mirases, lo dirás con más razón. ¿Para qué tengo de entrar? Hasta saber de tu intento, con qué loco pensamiento me has traído a este lugar, pues pudiera decir yo, si bien dijo aquel villano que a cierto lugar ufano para casar se llegó, que, mirando a su mujer, dijo entrándose a acostar: "Ya estamos en el lugar; ¿qué es lo que habemos de hacer?" No te falta un cuentecillo para encarecer mis daños. Esto he aprendido en los años que me has hecho pajecillo. ¿No has oído la canción de Gazul tan celebrado, que o ser paje de soldado o mozo de bodegón? Pero cesen los donaires de la labor y la aguja. ¿Hasta cuándo como bruja tengo de andar en los aires? ¿Hasta cuándo, ingrato dueño, he de vivir engañada, teniendo la fe prestada y la firmeza en empeño? De Nápoles me sacaste, patria donde me crie. Yo digo que me engañé, no diré que me engañaste. Solo dije que por ti patria y padres y honra dejo, desde el punto que de espejo a tus encantos serví, siendo tu gusto de cera y en mar que me aniquila, ya guardando la mochila, y cargando la bandera, ¿hasta cuándo ha de durar vida tan triste y pérdida? Nunca fue larga la vida que breve se ha de acabar, Julia, de un pobre soldado que pretende más quietud que su descanso y salud. Es un vivir alterado. No me he casado contigo por no tener ocasión, puesto que de mi afición es tu voluntad testigo. Embarqueme en las galeras que ves del adelantado, y hoy a Sevilla he llegado, émulo de sus riberas, pues apenas hallo quien me conozca ni me abone. El mal un día perdone, mientras que buscas el bien. ¿Qué piensas hacer? Buscar al Marqués de Peñafiel, que es gran príncipe, y por él me pretendo acomodar. Traigo las cartas aquí del bravo Conde de Fuentes, de Milán, que los ausentes se corresponden ansí. Y podré con su favor ser capitán de galera. Bien podrás dar la bandera me rendes de tu valor, porque soldado y alférez en Italia es gran blasón. Ya saben mi corazón Mastrique, Cambray y Amberes. Deja, pues, que la fortuna tantas desdichas ataje, que una vez en este traje no pierdes honra ninguna, que si empuño la jineta o una plaza entretenida, tendrás más segura vida y más honrada y más quieta jj ¡Ay, españoles, no sé; hierbas tenéis de Tesalia, que si encantáis en Italia las prendas de mayor fe, seguirte quiero y poner a riesgo el gusto y la vida, porque, ya la honra perdida, no tengo más que perder. Yo he de hablar al marqués, que en la puente de Triana tiene cárcel libre y llana, que apenas prisión es y darle estas cartas Di por qué está preso. Son cosas notables y fabulosas. Alguna de ellas oí en Nápoles. Mocedades son, Julia, si bien lo miras y cuentan de él mil mentiras a vueltas de sus verdades. estuvo preso en Utrera, luego en la Torre del Oro. ¿A quién no guardó el decoro su mocedad libre y fiera? Y agora en esta prisión el gran Filipo le tiene, que de esta suerte conviene sosegar su corazón, porque el duque de Alcalá, su suegro, gusta que esté donde su ejemplo le dé lo que su sangre le da, pero a todo satisface mientras de sus años goce, que el príncipe se conoce en el bien o el mal que hace. Mas hanme dicho por cierto que, en sus cursos variables, hace limosnas notables y que es de los pobres puerto. Bien que la puerta es aquella. De tu aliento voy guiada. ¡Ay, Sevilla, patria amada! ¡Ay, Nápoles, patria bella! Lindamente le acerté. No bulló más pie ni mano. Ya todos los esparteros no tienen perro ni gato. Apenas la sombra asoman por ventanas oteados como cuando moscas quedan. pues no te parezca acaso, Don Lope, lo que me dices, que en el imperio romano, de cierto César se cuenta que se ejercitaba a ratos solamente en matar moscas. ¿Y no le causaban asco? Era por no estar ocioso. Pues acá poco lo estamos. No puedo estar un momento sin ejercitar las manos. Ayer estaba una vieja ciertos buñuelos colando, y a su pesar en su boca lo metí de un bodocazo, cual de pícaro me puso la vejota. No me espanto que en Sevilla con su nombre espantan a los muchachos. Dijéronme que un barbero que un mozo estaba afeitando oyó decir "el Marqués de Peñafiel", y turbado por rapar al miserable, le derribó medio lado. Mira si tu nombre solo hace efectos temerarios. Pues si vieras un dotor que, enfrente en aquellos cuartos, por esta ventana vi hacer visajes y enfados con la orina de un enfermo, yo, que lo estaba atisbando, un lodo que le arrojé. y también le acerté al vaso, y le cayó todo encima. Y él, haciendo extremos tantos, con los guantes defendía lo que llevó de ámbar blanco. ¿Hay gusto que aqueste iguale? Señor, que nos hace daño vueseñoría en matar los podencos que criamos, porque nos guarda las casas, cuando apenas las guardamos de los ladrones que andan por este arrabal robando. ¿Quién sois amigo? Espartero. Iros a majar esparto u os enviaré noramala. Para vos, señor, no es caso de importancia, y para mí es cosa de grande agravio. No permitáis que se diga de un príncipe tan gallardo que anda hecho mataperros. Pues ¿qué se os da a vos, hermano? ¿No habéis oído decir de aquel valiente soldado Federico Barbarroja que, de la guerra enojado, dicen que juró en Milán no dejar perro ni gato? Pues yo he jurado lo mismo. Por vuestro bien lo ha jurado, que si en aqueste arenal dicen que de noche hay tantos que arañan capas y aun vidas, bien hace el Marqués si ha dado en matar gatos. ¿Por eso dejarán de dar gatazos? Id con Dios, que no quisiera con un bodoque apuntaros. ¿Cómo apuntar? Aguardad. Aguárdenle los diablos. Don Lope. Señor. ¿No es risa mirar estos mentecatos? Huélgate que todo es burla. ¿Quién te puede ir a la mano? Príncipe te hizo el cielo, logra tus floridos años antes que el cierzo marchite lo verde de tu verano. ¿De qué te sirven las rentas que valen los mayorazgos, si al fin y al cabo la muerte le da a todo fin y cabo? Aquí tienes a Don Lope con otros cincuenta bravos. Tú serás el Cid entre ellos, yo seré el Conde Lozano. ¿Esto se sufre en Ginebra? ¿Estamos aquí o no estamos? ¿Es esta tierra de Jauja? ¿Qué es esto? Calla, borracho. Harta borra tienen ellos metida en aquesos cascos. "Borracho" empieza con "borra", porque cuando a uno han cargado se le borran los sentidos, y él los tiene tan borrados que quiere borrar conmigo borrón. Calla, borracho. ¿Qué es eso, Galván? No es nada. Aqueste cuero iba dando voces quieren mil diciendo; Yo llegueme por un lado y el cuartillo que traía hice en su cabeza cuartos. Miren de lo que se alaba. Callad, no gritéis, hermano. ¿Vendéis miel? Vendió mi agüelo. No vendo, pues me han quebrado el cuartillo que traía. ¿Cómo? ¿De qué era? De barro, porque cuartillos de hierro no valen, que serán falsos; pues de cobre no los hay; de plata es moneda corta, aunque me dijo un indiano que los hay en el Pirú. Es notable mentecato y el más bravo hablador que vio la puente ni el rastro. ¿Hablo mucho? Más que un necio. Pues nunca he sido soldado ni fui amante ni cautivo. Gracioso humor gasta, hermano. ¿Adónde tenéis el cuero? Conmigo, señor lo traigo. El cuero de miel os digo. Las guardas me lo embargaron, por ser cuero sobre cuero, que es contra lo que han mandado. y traes seda sobre seda. Luego ¿cuero sois? No traigo Malas ganas de beber. Yo tengo de convidaros. Advierta, vueseñoría, que tiene talle el villano de beber una vendimia. Señoría, aguarde. Aguardo. ¿Qué queréis? ¿Qué es señoría, si no es que en Italia estamos, que señorías son todos? ¿No me conocéis? No caigo en vos, con haber caído en bebiendo algunos ratos. ¿El marqués de Peñafiel no conocéis? ¡Santiago, San Hipólito, San Lesmes! ¿Habéis visto los diablos? La vara de la cruzada me valga en aqueste paso, los responsos de mi abuela, que con el cura cantando iba en mi lugar los muertos, por la señal… Reportados, que no estáis en el infierno. ¡Ay, señor, que me han contado que es el Marqués de Villena, según anda por los campos entre brujas y hechiceras, y que lo han visto volando hecho fantasma de noche, unos en hábito largo y otros en hábito corto donde tiene hábitos tantos. Si os doy a beber del bueno ¿seremos amigos? Santo seréis en esta ocasión. Bien he menester un trago, porque a los cuartos traseros se me bajó el sobresalto. No seréis Marqués de Peña, que da riscosos peñascos, sino Marqués de los Cielos, Marqués de los Montes Claros, Marqués de la Mejor Cepa que estos sarmientos han dado, Marqués, si hay Marqués de Vino méteme en tu marquesado, marquesito, marquesote, marbicochuelo letuario. Marqués de Marca Mayor, ya soy marca de tu favor. ¡Vive Dios, que es linda pieza! No he visto amor tan extraño. Galván, aparte escuchad. ¿Qué le dice, sor honrado, hanme de dar pan de perro? Ha de ser carne de gato. Mire que sea mi padrino. Yo gusto de apadrinaros. No tengáis temor, amigo. Y esto se ha de hacer callando, que hemos de reír con él. Será el cuento más gallardo que se haya escrito hasta hoy. Ven amigo. ¿Dónde vamos? A la horca de Tablada. Vos seréis el ahorcado, que yo no he hecho porqué. Vení acá, que voy a daros dos azumbres de lo viejo Pues verame que en un salto, sin decir aquí me duele lo dejo a ti suspiramos. No saldrá de mi casa, si yo puedo. No he visto más gracioso hombre en mi vida. Pensé rendir cuando le vi comiendo el aliento de risa. Aunque te pida a ti y a los demás que le socorras, de sus plegarias y pesar te olvida. Más precia el otro desollar dos zorras que cuantas burlas espantarle pueden. Ni te afrentes ni te turbes ni te corras, si tus heroicos pies se le conceden a un soldado de Italia solo y pobre en mis labios, señor, impresos queden. Levantad. ¿Qué buscáis? Aliento cobre mi humildad, si de acciones diferentes otra vuelve mi dicha, siendo cobre. Esta carta me dio el Conde de Fuentes en Milán para vos. Bien seáis venido. Encomiendas serán de los ausentes. ¿Cómo quedaba el Conde? Pone olvido a Escipión, famoso africano, tal ventura en las armas ha tenido. Llámale Italia el Aníbal romano, desde el Gran Capitán en Lombardía ni se vio tal consejo ni tal mano. "El que esta lleva, primo, es cosa mía. Recibiré merced le favorezca en lo que haya lugar vueseñoría, y para que su pecho le engrandezca a mayores empresas que las cosas en que la mocedad pasa burlesca. Él se ha hallado en facciones peligrosas. Es experto soldado, es hombre astuto, que puede contar las más famosas el pecho noble del Girón altivo. Aquí podrá pasar sus mocedades, que muerto está quien se recela vivo. Aquí podrá adquirir las voluntades que a tierna mocedad llaman exceso, que nunca cuerdas son las mocedades. La merced del alférez Valdivieso estimaré por mía, porque esconde un gran valor en un profundo seso. De Milán y de agosto diez. El Conde." la corrección remito, recibo, estimo, que en todo al fin a su valor responde. Ya a lo que manda acudiré mi primo, y vos, señor alférez, en casa os quedaréis. Y yo a servir me animo, y quien honrarme de esta suerte pasa, y por principio de mi dicha buena, puesto que ya no es mísera y escasa, un paje os quiero dar, en cuya estrena mostrará un valor napolitano de fe constante, de lealtades llena. Al Marqués mi señor besa la mano. ¿Qué volite la vuestra señoría? ¿Cómo se llama? Peto y Campuchano. ¿No habla nuestra lengua? Lindamente Sutil entraba su español marrano. Donaire tiene. Agudo y excelente. Conmigo habéis de estar. ¿Este jiorno? Dice que si este día. Incontinente. No más caldas, no más bastaso y horno y emplumarme también. ¿Soy hechicero? Él anda como mula de retorno. Quién me metió, mal haya, en ser melero, pues vengo como hojuelas enmelado. Temblando estoy cuando freírme espero. ¿Qué es esto? ¿Dónde vais? Hanme emplumado. Bien me dijo en mi tierra mi sobrina, la que casé el invierno con Peinado, que había de morir hecho cecina. Si al de paño fiel. Callad juros topaba Dejad el lamentar y la mohína, contadme quién sois. Qué bien estaba. A picadas de moscas me destierra están despacio, he de tomar la taba. En diciéndome, en fin, tu nombre y fiera te beberás un otra garrafa. Estamos aquí en Fez o Ingalaterra, mi nacimiento quieren por estafa. Dilo a espacio y no sueltes la limeta. ¿Cómo si tengo aquesta mano gafa? Vaya de cuento, vaya. ¿Hay tal receta? y qué buena color que tiene el vino No habrá posta ni más breve estafeta. Yo nací, señores míos, como las demás personas. El cómo y por dónde fue pienso que nadie lo ignora. En Castilleja del Campo tengo mi prosapia propia y en Ojenaza con Guevar dos parientes de la novia que se casó con mi abuelo. Barrabás lleve la mosca y qué picada me dio. y aquí se acabar la historia. Eso no. Contad a espacio, u os quitaré de la sombra y en cueros os pondré al sol. Yo la diré, señor, toda no me desnuden en cueros, que hurté ciertas palomas y traigo los palominos aquí detrás en la bolsa. Pues decid. Llámanme Osuna, porque dicen que una loba con un oso, el colmenero, me llevaron a una hoya donde con miel me criaron, y aquí se acaba la historia. En cueros le desnudad. No, por Dios. Y al fin la osa… Ya no sé lo que me cuento. ¿Hay invención más graciosa? ¿No beberé algún traguillo, que se me seca la boca? Luego lo beberás todo. Este mosquito me estorba Mátemele en el pescuezo. Jesús, parece langosta. Bajad. Es atabalero. Tenga mano más piadosa, que en lo mejor del pescuezo me ha dejado una pelota. ¿Al fin? Señor, como digo de aqueste mi cosicosa el oso me bautizó. ¿El oso? Sí, en una noria, y llamáronme Osunilla, y aquí se acaba la historia. Él está desatinado. Sale de esta candiota un tufo tan regalado que el sentido me trastorna. Ahora llevadle, Galván. Desnúdenle, que ya es hora y lávenle todo el cuerpo. ¿Y he de quedar en pelota? No, que has de ser mi lacayo. denle calza, capa y gorra; y denle a beber muy bien. Esa es la más linda ropa que armiños vieron indianos y ni las martas de Moscovia. Id. Todo le vestiréis. Vaya también Pedro. Sola tu voluntad es la mía, que de sola la persona del alférez Valdivieso. Buena ha estado la chacota. Contadnos cómo os ha ido. Contaré lo que me toca: Llegué, vi, bebí, vencí. Y aquí se acaba la historia. Nací tan aficionado a la guerra, que presumo que esta mocedad es humo del fuego que me ha engendrado. Tengo notable deseo de ver a Italia. Señor, renaciera tu valor, fuera la fama tu Orfeo, cantara con nuevas galas varios compendios y sumas, pues fueran tus hechos plumas que dieran viento a tus alas. Allí tuvo el Yelmo Marte, y Mercurio el caduceo y el romano Coliseo fue de las ciencias el arte. Si por ventura a Milán vieras, vieras el acero que al bravo Julián Romero dio nombre de capitán. Si de Nápoles la bella pudiese hacerte un retrato, fuera en el pincel ingrato si no pintara una estrella, pues el círculo romano todo el orbe no se iguala hoy en el donaire y gala del refrán napolitano: "Génova la rica, Milán la grande y con Roma la santa, la bella Nápoles". ¿Es posible, Valdivieso, que hay quien oiga estas finezas y por ver tantas grandezas no tenga perdido el seso? Pues, ¡vive Dios que algún día en Italia me he de ver. No te quiero encarecer su grandeza y bizarría, porque es toda un paraíso, es un vergel de vergeles y el triunfo de los laureles con que Roma honrarse quiso. Tantas gallardas ciudades con memorias soberanas, tantas damas cortesanas dueños de las voluntades. Allí está siempre el acero palpitando por salir, enseñando a combatir, siendo el bridón lisonjero. No hay parte donde la caja no rimbombe el parche hueco dando en los pechos el eco con que el valor se aventaja. Y finalmente, aunque España al sol con grandezas topa se llama en toda la Europa perla Italia y no se engaña. No me digas más, que muero por salir de esta prisión, que en el pecho el corazón se brilla con el acero. No fuera yo un hombre humilde en lo plebeyo criado que de título ni estado no tuviera ni una tilde para que por todo el mundo me fuerza a buscar la vida. Que este, señor, es perdida en ese valor lo fundo. Vete a Italia, que yo juro de acompañarte. Pues calla. Todo el tiempo lo avasalla, y ni es firme ni seguro. ¿Y cómo te ha de dejar mi señora la marquesa? De que lo pienses me pesa. Yo la sabré asegurar de tal manera que sea llave de mis pensamientos. Dele el cielo a tus intentos lo que mi pecho desea. El barquero está aguardando si has de ir esta noche al río, cuyo cristal limpio y frío te está, señor, convidando. ¿Hay fiesta esta noche? Todas en cuyos espejos sextos hacen las barcas y barcos más caras fiestas y bodas. Convida a aquesto la luna, cuya luz es de manera que mira en la vedriera del río si hay otra alguna. Vámonos a entretener si gustáis, alférez. Vamos, que, pues ociosos estamos, en algo se ha de entender habrá damas y galanes, barqueros y jardineras pícaros y turruneras Maldiles y ganapanes. Aquí está el valiente Osuna. Paso aqueso de valiente, que para lo de la gente no entiendo treta ninguna. Galán vienes. Y galán, que a ser su paje me aplico, si tanta licencia os dan. Alto. Un poco te pasea. ¿Soy caballo del lugar que me mandas pasear? Muy bien te está la librea. Anda tieso, aprieta el pie, mira grave y no te asombres. No nací para entre hombres, que entre bestias me crie. Pues con bestias has de andar. Si yo con vos otros ando, verelas de cuando en cuando. Has de limpiar y pensar los caballos del Marqués. Pensarelo un poco ahora, porque si llego a deshora no me irá bien con sus pies, que el que los caballos piensa ha de pensar y mirar que un caballo sin pensar le pega donde no piensa. Tú has de ir delante, y ansí presto te conocerán. ¿Delante los hombres van de los caballos? En mí no podrá verse jamás, que siempre me ando durmiendo, y de suerte que, en bebiendo, es fuerza quedarme atrás. Vamos al río. Rodela, capa y espada me dad. Yo bebi tal cantidad que el sentido me rebela que caigo, que desvarío. Fuera de que es gran traición beber de vino un pilón y irse luego un hombre al río. ¿No venís, Perico? ¿Yo¿ ¿Para qué, señor, me quiere? Por si acaso me cayere, que me carguéis? Eso no. Venga a cargarlo su abuela, bien a fe. Calla, Perico. ¿Soy, por dicha, algún borrico? Qué lindamente se cuela. ¿No sabéis lo que es colar? Eso a quien lava y jabona. La Colada y la Tizona fueron del Rey Baltasar. Mas toca que hemos de ser amigos los dos. Seamos. Y si juntos merendamos, juntos hemos de beber, y habemos de dormir juntos. Eso cada uno aparte. ¿Pues piensas que he de abrazarte? No reparemos en puntos. ¿Hay barbas en vuestra tierra, Perico? Nadie hay barbado. Mas ¿por qué lo has preguntado? El que pregunta no yerra. Pues en aqueso repara. Desde hoy a saber me aplico por dónde barban, Perico, por no barba por la cara. Vienen de Sanlúcar rompiendo el agua a la Torre del Oro barcos de plata. Salen de Sevilla barquetes nuevos, que de verde haya llevan los remos. Daca la moza, barquero. Quita los ramos del barco. Pues si yo salgo del barco. ¿Qué has de hacernos, majadero? Dareles con una soga de esparto por esa cara. Para el barco, para, para. Caballeros, boga, boga. Si gustáis, señoras mías, de que os sirva, dad licencia a mi amor y a mi ventura. Ventura tenéis. No es esta ventura, si me mandáis algo en que serviros pueda. ¿Sois sevillano, hidalgo? No tuve patria tan bella. Extranjero soy, señoras, de Flandes, donde se hielan los puertos más abrasados. Pues buscad nieve que os quiera. Que hay mucho fuego en Sevilla con quien podéis regalaros. No tenéis mala presencia Seguidnos, sabréis quién somos. a los antípodas fuera con favores semejantes, que el donaire de esta tierra tiene un no sé que encanta las naciones extranjeras. Bella noche. Linda noche. Clara, hermosa, alegre y fresca. Lleno de gente está el río. ¿Quién de mirarlo no tiembla? No hay barco como una pipa ni mar como una bodega. Bien haya Fuente de Cantos y aquella cuba cuentan de Sahagún que es un mar donde tantos vinos entran. Damas hay, alférez. Bueno. ¿Cuándo hubo fiesta sin ellas? Porque fiestas sin mujer no puede ser buena fiesta. Gran tropa viene ¿No os vais? Retírome hasta que vea cómo ha de partirse el campo. Llegad y hablemos con ellas. Dios guarde a vuestras mercedes. Y con él, señores, vengan. son cortesanas o anguillas o es gente de toca y leva. ¡Oh, qué gentil picardía! No somos de las que piensan que hay más fondo y mejor ropa. No es el manto de dos suelas, no hay zapato de ramplón. No hay sino vajilla nueva y aunque de noche y a oscuras. Más de cuatro ojos se llevan: deben de andar con antojos. Quien las mira las pasea. Por vida de aquesas lanas. Y por vida de esas muelas. No me está bien que el alférez tan despacio se entretenga con las damas se entretenga que echaré él mesón en tierra. ¿Qué es lo que dices, Perico? ¿Con quién hablas, en qué piensas? Acá es un ciento de nueces. Pues si las venden por cuenta, apártenlas una a una. No compréis cosa encubierta. Por mi fe que sois picante, aguda tenéis la lengua. ¿Quién sois? Criado soy del Conde de Gelves. Buena ha estado la burla, amigo. Pues sepa, porque lo entienda, que a menos que a esos señores no les abrimos la puerta, que títulos nos visitan. Notable pasión es esa. Bravo desvanecimiento. ¿Cómo os llamáis? Doña Elena. ¿Y vivís? A Cantarranas. ¿Y aquesta señora? Aquesta es doña Guiomar, mi prima. Ya esto pasa de insolencia y llega a descortesía. Hidalgos, sean quien sean dejen las damas y pasen. Él viene con gentil flema. Si nos echara a dormir notable hazaña hiciera. ¿Quién le mete acá, hidalgo? Yo me meto, gente necia Yo os mataré a cuchilladas. Hola, dadle. Muera, muera. Ténganse. ¿Tantos a uno? ¡Confesión! ¿Qué es lo que lleva? ¿Ahora quiere confesarse? ¿No aguardará la cuaresma? ¿Herístele? DDLL No fue nada. ¿Nada y le abrió la cabeza? DDLL Póngase una telaraña. ¿Qué habéis hecho? No os dé pena, que yo os llevaré seguras. Aquí ha sido la pendencia. Deténgase a la justicia. ¿A la justicia? Otra es esta. ¡Vive Dios que hay maza mora! ¿Quién es? ¿Qué gente es esta? El marqués de Peñafiel. Jesús, vueseñoría vea en qué le puedo servir. Basta. A su prisión se vuelva, que da escándalo en Sevilla. Bien decís. Vuélvome a ella. ¿Y aquestas damas quien son? Vos no habéis de conocerlas. Yo las llevaré a su casa. Basta, señor, que así sea. Voy a hacer la información de esta muerte. En hora buena. Adiós, sor tiniente Pardo. Este es Pardo, suerte negra tenía yo si me topara. Venid y iremos con estas señoras hasta su casa. Es la merced como vuestra. Por vida de… ¿Qué juráis, Perico? Cierta promesa. Aun bien que los juramentos no podéis decir por estas. Vive Dios que voy temblando. ¿Pues un hombre de bien tiembla? Que es este el tiniente Pardo. Pobre de mí si me cuelga.
JORNADA SEGUNDA
¿Adónde han de ir a parar, amor, tus transformaciones, cuyas falsas invenciones solo saben de engañar? Ocasión, tiempo y lugar ha perdido mi locura, que en la afición más segura los que quieren no la alaben, si aprovecharse no saben tiempo, lugar y ventura. Ventura tuve en seguir a quien me quitó la vida, mas ay, que la honra perdida se ha de cobrar con morir. Fácil es de convertir castillo flaco y rendido, mas si yo sola no he sido, no quiero hacerme culpada, que esta dicha desdichada muchos hay que la han tenido. Conociendo tu tristeza, Julia hermosa, te he buscado. donde diré que me han dado nueva pena tu terneza. ¿Qué tienes? En mi flaqueza puedes saber lo que he sido. Tu amor conozco fingido, pues muchos fingir y amar lo debieron de intentar pero pocos han sabido. Sabré, y lo menos que es ese tu enojo de celos, pues saben, Julia, los cielos que soy tierra de tus pies, que no tengo otro interés sino sola tu hermosura. Engañar otro procura que sus esperanzas mude, pues yo no supe, aunque pude gozar de la coyuntura. Viste alférez a las damas, arrojástete en sus olas. Eran, al fin, españolas, que presto abrasan sus llamas. ¿Cómo tu vida me llamas si en cualquiera dulce herida tienes alférez la vida? Sola la tengo en tu pecho, de cuyo marfil estrecho está mi ventura asida. No llores, si tanto ganan ni goce el suelo esas perlas, porque llegar a cogerlas la concha del alma ufana. Hermosa napolitana, mira que es sueño y quimera. Pues ¿qué tu valor espera? o si soy entretenido quiero ver si he merecido hacer bastón la bandera, que ya el duque de Alcalá al Marqués le he prometido que decir yo he preferido entre muchos que hay acá palabra, Julia, le da que ha de alcanzar en la corte cuanto para honrarme importe. Con razón le satisfaces, si el imán de tu amor haces que navegue por su norte. No te espantes que se aflija mujer sola en tierra ajena. ¿Dónde hay tan terrible pena que la afición no corrija? No tenga señor que elija tu pecho otro nuevo amor. No eres el primer traidor puesto que tú no lo seas. Serán acciones muy feas contra el español valor. Háceme tales mercedes el Marqués de Peñafiel que es muy justo que por él a España obligada quedes y satisfacerte puedes de mí por su cortesía. Si tan nobles hijos cría, corona es de las naciones, que roba los corazones y va, matando, alegría. Decían que era un Nerón un aleve, un homicida, pero no he visto en mi vida tan principal condición. ¡Qué cortesana afición a todos muestra! ¡Qué agrado! Yo digo que no ha engendrado el mundo príncipe tal. ¡Qué franco, qué liberal, qué Alejandro, qué soldado! Yo le he visto hacer mil cosas que, si como vituperan algunas, estas se oyeran, se contaran por famosas. ¡Qué manos tan generosas, qué piadosas entrañas! Defendiera mil Españas para hacer bien a afligidos. ¡Que bien están socorridos! Son las mayores hazañas. Estoy de su sangre sola con tan grande y calma que solo tengo en el alma la emulación española. Iba a peinarle la cola y dijo "apartaos de ahí y no me andéis por aquí". Alzó la pata violenta y como si fuera afrenta dos coces imprimió en mí. Voy a buscarle, Perico, que algún remedio me dé. Pues ya conoces mi fe y que a servirte me aplico tu favor me vuelva rico. Dame a besar esa mano, gloria de mi alma. Alano. "Gloria de mi alma" dijo, pero perico en buen hijo sin duda fue cuento vano. Tómala y aquesta noche te aguardo. Iré a tu regazo. como suelo. Zapatazo. Un moro se desabroche. Yo he de dormir en el coche Yo he de echar las antepuertas. Solo te pido que adviertas. Este corazón sencillo. Vive dios que a Periquillo que lo han cosido entre puertas. Dame una brazo y adiós, que el Marqués me envía aprisa que visite a la marquesa. Veámonos presto los dos. Barrabás se llegue a vos. Quiero salir de repente. ¿Qué hay, Perico? De un presente que llevé a ciertas señoras, vengo agora. A buena hora estará el caso caliente. Eso de la caso mirad, que en mi tierra es desvergüenza. El que mal habla mal piensa, y advertid que en la ciudad hay chamiza que es locura y que no hay Troya segura. ¿Qué es chamiza, Osuna? Nada. Es una cierta ensalada que suele dar calentura. No te entiendo, Osuna. ¿No? Pues yo me entiendo y os entiendo, y ni saberlo pretendo, ni cuando lo sepa yo ahora sea cierto o no habéis de perder por mí. ¿Has bebido? Algo bebí, pero no cosa que importa. ¿Fue la taza larga o corta? Dánmelo por taza a mí. Ahora bien, adiós, que quiero ir en esta calma quieta a nadar a la barqueta. Yo también bañarme quiero, que hace gran calor, y espero que el agua ha de refrescar. Habeisos de ir a bañar cincuenta leguas de mí. Por la honestidad, ansí cada uno aparte ha de estar. ¿Qué honestidad? Esta vez a hacerle burla me aplico. Ahora guardaos, Perico, de la puerta de veros que hay chamucina y juez. Ved lo que el necio malicia. Yo no le tengo codicia. Mas si os llevan a freír no os ha de valer decir "malos años, no hay justicia". Este sin duda me vio con el alférez hablar y ha venido a sospechar alguna malicia. Yo, sano el cielo me crio. Yo tengo las manos mancas. Entre garrotes y trancas, ser vuestro amigo publico, que aunque riñamos, Perico, no os he de volver las ancas. Es pieza insigne. Es famosa, con ser el ante sencillo. Es hecho a machamartillo. ¿Qué estocada rigurosa le podrá pasar? Don Lope, esta es defensa engañada, que el rigor de una estocada se llevará cuanto tope. ¿Qué pensáis que hace un coleto? Un engaño de la vida. Con una daga buida me atrevo a pasar un peto. y si no, poneoslo vos y aguardadme una estocada, vaya bien dada o mal dada. No aguardaré, ¡voto a Dios! Pues velo, vueseñoría, en otra y le ayudaré pero en mí no aguardaré. Luego es necio quien se fía de embeleco semejante, arma falsa y engañosa. Sí, mas no habiendo otra cosa, bueno es un coleto de ante. Ponedle, don Lope, ahí. ¿Cuánto costó? Cien escudos qué hablaban, aunque eran mudos. Haré cuenta que los di y el que me quiera esperar con aquel estoque fuerte un hurgón, aunque no acierte el coleto he de llevar. No habrá quien quiera el coleto. ¿Qué ha habido de la pendencia desotra noche? Con ciencia fue matar aquel pobrete. Yo le pegué por un lado, pero él tanto lo sintió, que al instante se murió. ¿Quién era? Un hombre honrado, flamencos dicen algunos, y de prendas estimadas. Mas diligencias usadas son trabajos importunos y es que el teniente Pardo anda haciendo información. El estar en la prisión me sirviera de resguardo a no tener desabrida a la majestad real. Pero es señor natural y dueño de nuestra vida, y con el rey no hay burlar aunque el mayor grande sea, y el que su favor desea, ha de ser ver y callar. Yo espero en Dios que algún día, aunque el verle no merezca, y tan perdido parezca, ha de ver la lealtad mía, y si la suerte mejora, el tiempo que queda atrás, yo le pienso servir más que le he deservido agora. Pues a mí con tu favor no se me da una gigota de la horca o la picota. Bueno es vivir con temor. Yo os he de favorecer, mas si de su majestad llegase la potestad, ¿qué podré, don Lope, hacer? Aquí estoy a tu servicio con mi voz y mi instrumento. Ortiz, recibo contento, y dais de servirme indicio. ¿Es alguna letra nueva? ¿Hay algún tono excelente? Uno me han dado valiente que admira, espanta y eleva. ¿Quién escribe agora bien? Señor, muchos hay que hacen con que al gusto satisfacen y hay uno excelente. ¿Quién? Un Lope Félix de Vega, que es natural de Madrid. Ingenio gallardo. Oíd, ya le conozco. Pues llega con su ingenio soberano al más subido interés. Águila la pluma es en el raudal de su mano. Pienso que fue secretario del Marqués de Sarria. Sí. Un libro suyo leí. De pastores, dulce y vario, que llama Arcadia y es bueno. ¿Quién más de los buenos es? Un Góngora cordobés. Está de malicias lleno. Es excelente poeta. A mí me agradan sus cosas. Son picantes y curiosas. Canta una letra discreta. De un mancebo de Sevilla una diré. ¿Habéis templado? Que me dais notable enfado. Oír templar No es maravilla. Ya se fueron, volaron, madre, mis alegrías, que se fueron volando como eran mías. Tené, no paséis de ahí. ¿Qué poeta hubo de cuenta que le dé a su madre cuenta de lo que él siente por sí? En siendo poeta por madre luego al instante me enfada. Madre mía, madre amada: ¿a quién puede haber que cuadre? Decid algo de Lope, y sea cosa de fuerza y valor. Cómo dar gusto a un señor no es posible que se vea. Al peto enlaza la hebilla el gran capitán más grande que las águilas de España dieron a los Aguilares, el más valiente y más cuerdo que siguió el campo de Marte, el de mayor fe a su rey, por quien se llamó Fernández los campos de Italia admira, cuando sobre un frisón yace, al paso que combatía batiéndole los ijares. Tiembla Nápoles su nombre, en cuyos muros constantes dice tremolando el viento el católico estandarte: "al arma, al arma, España, que tu sangre mejor a Italia baña". Y con tales razones, murallas rinde y vence corazones. Ah, qué envidia que me has dado, que notable emulación. Quién de ese noble Escipión fuera un humilde soldado. Aguárdame en el combate que va aumentar tus victorias un émulo de mis glorias y un César que las dilate. Toma, amigo, esta cadena por lo bien que lo has cantado. El alma has aprisionado desde hoy me has puesto en cadena. Ya mi voz se considera por la más rica y mejor, que quien sirve a buen señor, buen galardón de él espera. Bravamente te agradó. No escuché cosa más bella. Si me viera el dueño de ella, tal ingenio Dios le dio, le diera un premio notable. ¡Qué agudeza y valentía! Ingenios España cría que hacen su fama admirable. Vueseñoría me dé sus pies. Vengáis en buen hora. ¿De dónde sois? Habrá un hora que de Alfarache llegué. ¿Qué hacéis en Alfarache? ¿Qué es¿ ¿Un estanque o alberca? Tengo, señor, allí cerca una niña de azabache. Alguna negra, sin duda, le debe de regalar y, al fin, por disimular, en azabache la muda. ¿Qué queréis? Aficionado soy a vuestra señoría, y de un raudal que me envía el parnaso celebrado he hecho una presa tal que no salió más discreta de Virgilio. ¿Sois poeta? Y con grande natural. Yo tengo por gran locura aquese entretenimiento. Al revés, señor, lo siento. Yo lo tengo por cordura que a qué se puede igualar en licencias delicadas las razones separadas el saberlas concertadas. Crio Dios suelto el lenguaje y divididos los nombres, y él permite que a los hombres gracia tan infusa baje, que con modos elegantes se le ponen al no ser, pues no es menos el saber enlazar los consonantes. Pues ¿por qué dicen que es un poeta, si lo es, pobre? No basta, señor, que cobre de su ingenio este interés, aunque los que pobres son debe de ser por ser necios, que solo llevan desprecios de su poca discreción. Pero el que sabe en el mundo es honrado y respetado. ¿Has visto alguno premiado por más sutil y profundo? Muchos pudiera, señor, naturales y extranjeros, decir con honra y dineros, premio, grandeza y valor. Virgilio de César fue tan querido y estimado, que hasta hoy en el senado su estatua en Roma se ve. Y de Alejandro primero cuentan que en una casa halló tan rica que la aplicó para las obras de Homero. Horacio a la cumbre llega y con su alabanza extraña, y mira lo que honra a España Garcilaso de la Vega. Y al sabio Quinto Tiliano el Rey católico dio, porque en las honras habló con ingenio soberano de la gran reina Isabel, honra y renta. Bien está. ¿Y a qué habéis venido acá? Tomando el ejemplo de él, vuestras cosas tengo escritas en verso. ¿Mis cosas? Sí. Las que vos sabéis de mí mejor estarán prescritas. ¿Cuánto habéis escrito? Mil y quinientas hojas tengo y a saber lo demás vengo. El hará un pleito civil que no se pueda cargar. Veamos alguna casa. Diré la más donairosa, que después podré empezar. Estando preso el marqués en cierta casa en Utrera, donde al fin se entretenía como de Séneca cuentan, dándole la mocedad en la hirviente sangre y nueva al tiempo lo que era suyo, fue a visitarle una vieja, enamorada por fama, de sus donaires y prendas y a requebrarle empezó. Corrido el Marqués de verla, la hizo desnudar en cueros quedando la tal como Eva en el puro cordobán, y en unos chapines puesta, la mando coger garbanzos. Espera, no digáis más que si de vuestra inocencia la piedad no me obligara hiciera en vos lo que en ella. ¿Eso os ponéis a escribir? Señor, una parte es esta, que no empieza aquí la historia. Rompedla luego, rompedla, romped eso y lo demás. Y si cosas como aquestas sacáis a luz, ¡Vive Dios!, que tengo de hacer que os muelan dos lacayos de mi casa. ¿No sabéis que no se cuentan de los príncipes jamás cosas humildes y feas? Si yo he hecho mocedades, solo fueron para hechas pero no son para dichas. Señor. No me habláis, que fuera incitarme a más enojo. ¿Quién te metió en esta arenga, poeta de Barrabás? Muy buen ejemplo se diera a los venideros tiempos con cosas de tanta afrenta. Yo haré, si el cielo me ayuda, otras que tan altas sean, que las futuras memorias por nuevo ejemplo las tengan. Id con Dios, y porque sé vuestra humildad y pobreza, y que hicisteis con buen celo en mi servicio esa selva de disparates tan grandes, porque los rompáis y sea escarmiento a los demás que en tales cosas se emplean, dadle doscientos escudos. Azotes entendí que eran. Dadme esos pies Id con Dios. No más versos aunque lluevan historias como granizo. No sé por qué lleváis pena, pues por mal poeta hoy como al más heroico os premian. Sin vida nacen y muriendo viven los que en eterno olvido sepultados no aumentan el valor de sus pasados y a mayores hazañas se aperciben. Otra vez en sus hechos se conciben los que en la fama quedan coronados adquiriendo memorias levantados, aunque envidiosos su valor derriben. Ya será justo o gran horón de España que con justicia el español te nombres, que al Betis honra y a su margen baña. Que aquel que lauros no procura y nombres, dejando por memoria alguna hazaña, no es digno de contarse entre los hombres. Aquí viene afanador, al que llamé el otro día. ¿Qué manda vueseñoría a un humilde labrador? Dícenme que sois valiente. ¿Yo valiente? No, señor. Ese es un necio valor que corre en alguna gente. Yo no trato de tajada ni de otras que a ese arte enseña. Acá me entiendo en mi leña. ¡Qué arrogancia disfrazada! Yo tengo puesta mi estrella en mi humilde granjería, que la mayor valentía es, señor, no tratar de ella. Cuando uno dice he de hacer, y hablando el cielo taladra, que es como el perro que ladra que no se atreve a morder, ni yo me hallo a mirar hombres que rajan y hienden, que la vida a todos venden, y no la saben comprar. Allá, señor con los moros es buena la valentía, que en la paz que es vana cría es todo un juego de toros. Yo os juro que si en campaña algunos que hablan se vieran, que en lo tierno parecieran hoja al viento y débil caña. Yo conozco a más de dos que echaran al toro el yugo. Sí, entra en esos el verdugo, es muy valiente, por Dios. A García de Paredes honre la fama española, que por su braveza sola alcanzó grandes mercedes. El bravo Julián Romero fue valiente, aqueste pues. Y valiente fue Cortés, que conquistó un mundo entero. Estos son de estima y precio, que honran nuestra edad presente. Y también es muy valiente quien puede sufrir a un necio, y el que se atreve a deber y halla al no pagar modos. Y más valiente que todos el que sufre a una mujer. ¿No es esto verdad? Sí, a fe. de oíros me maravillo. Con todo, en el baratillo esta espadilla compré, que si bien de Ortiz no enseña del acero el resplandor, al fin con este asador no me quitarán la leña. ¿Y qué es eso que traéis detrás? Una tapadera que de una colmena era, un corchuelo, ¿no lo veis? Arrímomelo en el pecho y cargo leña con él. ¿O es para reñir con él? Por Dios, que nunca lo he hecho. Galván, aquese coleto, joya de estima, doy dada al que espere una estocada de mi mano. No lo aceto, porque tengo uno muy bueno, y así no le he menester. Loco partió de placer, ligero va como un trueno. Yo tomara al precio un año ser poeta de este modo. Ni se ha negociado todo, don Lope, que hay mayor daño. Aquí viene afanador a retar. Yo soy testigo. A retar, Dios sea conmigo, pues soy yo el Cid Campeador. ¿Hay más de darle al presente la repuesta a pescozadas? Mirad que han de ser bien dadas porque paso no se siente. ¡Vive Dios, que hace donaire! Pues si llego a la primera, desde Sevilla hasta Utrera lo arrojaré por el aire. Vaya también mi borrica, por que no se quede acá. Al fin el coleto da a cualquiera que se aplica a sufrir una estocada. De su mano yo la aceto, y cámpome este coleto. Mira que ha de ser bien dada. En eso repararé. como quisiere. Darme mi estoque. Habéis de esperarme firme, seguro y en pie. Pues tengo de estar sentado, Buen coleto es, a fe mía. Y mire, vueseñoría, que dé bien y por buen lado. Si yo le diera, sin pena quedara el zafio al presente. A lo que habla este valiente, no puede hacer cosa buena. Ea, bien me puede dar. ¿Para qué tomáis la espada? ¿Para qué? Pues la estocada por esta punta ha de entrar, mire cómo se apercibe, Vueseñoría, por Dios, que hemo de saber los do el que da y el que recibe. Oh, villano, muera. Muera. No le matéis. ¿Qué es matar? Lindo modo de hablar. No muero hasta que Dios quiera. Brava riza hace en ellos. Hombre, el infierno te envía. Quédese, vueseñoría, que yo daré cuenta de ellos. Tened, vuestro es el coleto justamente lo ganáis. Oh, pues si vos lo mandáis, ¿quién os perderá el respeto? Barrabás lleve el villano. ¿Qué es, don Lope? Tropecé. ¿La culpa le echáis al pie? No estuvo sino en la mano. ¿Qué esto, Galván? No es nada. Una descalabradura que, al pasar esa estrechura, me dio con mi misma espada. Oh, villano. ¿Estaba estrecho? Advierta, vueseñoría, que no está la valentía en la lengua, está en el pecho. Aquesto de burla ha sido, que cuando de veras fuera, yo el más mal librado fuera, que todo es tiempo perdido. Con todo, en el campo allá verán si este asador corta. Aunque vayan seis, no importa, que para todos habrá. Verán en cualquiera aprieto los hombres que Utrera cría. Dios guarde a vueseñoría, por la merced del coleto. Vive Dios, que es un Bernardo. Que es todo aquesto quimera, si en campaña él le cogiera. Más de vuestro pecho aguardo. Notable es su fortaleza. Curaos, Galván. Quiero ir. Muy bien os puedo decir cuando pegó curaos deza ¿Hay lástima semejante? Ah, Osuna, Dios te perdone. No pudo ahogarse en vino y, al fin, en agua ahogose. ¿Qué es eso, Pedro? Señor, la muerte a quien no se esconde desde al que corona ciñe hasta los que abarcas rompen, esperó a Osuna en el río. Bañarse quiso y llamome; fuímonos a la barqueta y en el terrapleno o torre que con la fuerza del agua todos los años se rompe se desnudó. Pregúntele "¿sabéis nadar?", y riose. "Quien Baco ha sido del vino, sin que una pipa le ahogue, ¿ha de tener miedo al agua?" dijo, y diciendo zampose, se arrojó en lo más profundo, y como si fuera bronce cuando su cuerpo en el centro sin saber cómo o por dónde… ¡Válgame Dios! Esto pasa. ¿No hubo en tantos pescadores uno que le socorriera? Harto hicieron dando entonces al circuloso cristal que a tantos hambriento sorbe. Muerto está como mi abuelo. ¿Hay lástima tal? Yo, pobre, cargué su triste vestido, y como un venado corre a darte vine las nuevas. Por vuestra vida, don Lope, que vais a hacer diligencia por el río entre esos hombres, a ver si acaso su cuerpo porque le entierren. Que tome la puerta uno por sus manos. El cargó del vino el cofre y se fue a templar al río las centellas del haloque. Por Dios, señor, que me pesa. Oíd, ¿qué son estas voces? ¿Hay tan gran bellaquería? ¿Esto consienten los hombres? ¡Vive Dios, que ha de pagarme una burla tan enorme! ¿Qué es esto? Dios sea conmigo. ¿De qué huyen? No se asombren. ¡Ay de mí! Que un ahogado desde el otro mundo torne. ¿Del otro mundo, Perico? ¿No basta hacerme que al trote venga corriendo y en cueros, para que cuantos me topen presumiendo que soy loco me tiren tronchos de coles y me corran los muchachos? Que si un honrado, un buen hombre, tabernero de esa esquina, como otras veces, me pone mantas de cazallas finas no me diera cuenta entonces, no sé qué fuera de mí viniendo en cueros. No llores. La más exquisita burla que Lazarillo de Tormes hizo en las suyas fue aquesta. Así, Perico. Pues oye. ¿Luego volviste a salir cuando te arrojaste? Topes uno que en cueros te dejó, traidor, y nunca te logres. Pero quien no tiene barbas ¿ha de hacer cosas mejores? Quítate esa manta. Guarda, para que quedara al norte como nuestro padre Adán, un traidor, con un birote y dos pelladas de barro, me deshizo las facciones. Éntrate a vestir, Osuna, y vámonos esta noche. a entretener algo de ella. La que quisieres escoge, que todos te seguiremos. Dame mi vestido. Tome. ¿Vos no sois figón, Perico? Pues presto haréis por donde de todo junto me vengue. Cuando quieras, no te enojes, podemos volver al río. Algún ladrón que allá torne basta que por vos, Perico, eche al aire los jamones. ¿Qué invenciones, amor, o qué locuras para engañar mi pensamiento haces si al punto mueres cuando apenas naces viniendo en sombras y engañando a oscuras? Ya están en el teatro las figuras representando lo que, amor, deshaces, pues cuando más con glorias satisfaces, vienen a ser de tu pincel pinturas. Acabe de pasar aquesta historia, que temo que no atajes en tragedia que en tus sucesos sueles ser notoria. Con ver el fin, mi dicha se remedia, que en este fin se ha de cantar mi gloria, si he de casarme al fin de tu comedia. ¿Está aquí el marqués? No está, sino el mar que es de tu pena, donde esta triste sirena desdichas cantando está. ¿A qué aguarda tu tormento si en platos de tus mudanzas estoy comiendo esperanzas que tienen gusto de viento? Empiezas, Julia, a cansarme Espérate, si quisieres, y si no, nunca te esperes. Ya sé que quieres pagarte con moneda de desdenes hasta aqueste tiempo mudos, si son desdenes escudos casa de moneda tienes. ¿Ha habido algún sobresalto? ¿Has visto por maravilla en el cielo de Sevilla algún serafín más alto? ¿Picó en el cebo otra vez? ¿Son milanos o aguiluchos? Qué bien pueden picar muchos adonde ha picado un pez. Extrañas sois las mujeres. En casos justos o injustos siempre tratáis vuestros gustos con vuestras nemas y nombres. Los cuidados de los hombres son diferentes cuidados. Suele el cuidado mayor entretenerse en la espada, y tal vez Venus enfada de que le traten de amor. Pasó cierto caballero, y a Francia pienso que va por embajador, y está en cuyo favor espero con él de Alcalá, y podría honrarme en esta jornada. Pues ¿qué plaza señalada, qué conduta o qué alcaidía te dará un embajador? Tu inocencia, Julia, espanta y de ir a ver a la infanta a Flandes, donde el valor de un soldado como yo ganará premio notable. Tu fortuna variable por varias partes rodó. ¿A Flandes quieres pasar? Si no es que otra cosa mandes, porque no ha de haber más Flandes que verme en Flandes entrar. ¿Y yo dónde tengo de ir? Ven y no tengas recelo. Mujer nací, santo cielo, ¿y hombre tengo de morir? Suelta, figón, las empanadas, suelta. Denme las empanadas o el dinero. Suelta, cuero, no hables, que por vida de Roldán que te mate, mentecato. Pues tras llevarla, ¿he de pagar el pato? ¿Quieres que te suceda una mohína? No es pato ni perdiz, señor gallina, es la que lleva dentro. No equivoques, que te haré ballesta de bodoques. ¿Esto se usa en Sevilla todavía? Qué gentil ladroncillo y villanía. Si yo os cogiera… Calla, figonazo. Don Lope, ¿qué es aquesto? Que hubo gatazo con una empanadilla de ternera, que gallina el borracho dijo que era. Pícaro, por el siglo de mi madre que no me lo penéis en la otra vida. Calla, freidera, en Córdoba reída, ¿para dos ostiones te levantas? Algún mandil, infame, cargamantas, palanquín de la feria o costanilla debe de ser, y se hará en Sevilla hidalgo desde Adán. Calla, freidera, los sábados y viernes mondonguera. Mondongo vendo, mas con mucha honra, que vender el mondongo no es deshonra. Calla, mujer, que fríes ostiones. Vuélvansete en la boca lamparones. Yo echaré que te coja en el garlito. Alguno, como tú la callas, frito. Si en aquesta ciudad justicia hubiera, no hubiera mil bellacos en cuadrilla. Mas lo mesmo es Ginebra que Sevilla. Hermano turronero, punto en boca, que os quebraré con el turrón las muelas. Apelo al cielo. Para allá lo apelas, pues ya estará el turrón en la otra vida. Rejalgar se te vuelva la comida. ¡Qué buena bellacada! Gentil. Buena sea tu vida, señor. ¿Ya no os he dicho que a nadie se haga mal? Calla. ¿Qué importa? En la vaina la espada nunca corta. Si en casa nos estamos, no tendremos en qué pasar la noche. ¿Qué haremos? ¿No iremos donde venden el aloja? Fuego de Dios en ella. A la Alameda podremos ir, pues tocan a la queda. A la Alameda es lejos, ya no es hora. Pues a los baños de la Reina Mora. Eso de baños deja a las mañanas. ¿Qué calle es esta? El calle Cantarranas. Aquí entre lavanderas y estropajos, suenan lechuzas, cantan renacuajos. ¿Quién vive aquí? Un dotor de medicina. Apartémonos luego de la esquina, que arrojará mil muertes diferentes, porque son homicidas de las gentes. Aquí vive un dotor de leyes. Bueno. Y que a Bártulo enseña, excede y pasa. Y no sabrá las leyes de su casa. Aquí vive, señor, una viuda. Esa, como halcón, estará en muda. ¿Picante está, Osunilla? Es sin efeto, pues ya quien no murmura no es discreto. A fe que de la burla de esta tarde que no ha de irse alabando. Dios me guarde, pero aquel Periquillo es gran bellaco, no supo más en las industrias cayó ¿Es el Conde de Gelves? Quedo, espera. Esta es, pues, aquella poltronera. Estas son las del río. Las del coche. Las que hablaste, señor, esotra noche. Son perdidas por títulos y duques. ¿Es el Conde de Gelves? Sí, bien mío. Ya bajo a abrir. Hermoso desvarío. Que a aquestas dos, morteros y almireces, las desvanes condes y marqueses. Burlarlas quiero, y sea de este modo: que Osuna llegue y que lo finja todo, diciendo que es el conde, y embozados nosotros tres seremos sus criados. Por Dios, que ha dicho bien, vueseñoría, y dirá que un regalo les traía del turrón, empanada y ostiones. Grandemente me agradan sus razones. Ponédmelo allá todo, que os prometo que habéis de ver un peregrino efecto. Grave has de hablar, sutil y reportado como en un asador muy emparrado. Entremos, pues. La gravedad te pido. Tendré la gravedad de un malnacido. Tan de repente venida. Esa morilla, Godoy, Méndez Vázquez. Hola, dueñas, echad aquí más olor. Encendé esos pebeteros y poned de dos en dos candelas en esas salas. Llegad sillas… Él llamó. Sentiles hablar en la calle Oh, prima, ¡Válgate Dios, ¿no me hubieras avisado? Estoy descompuesta. No. Antes tienes mil donaires mírame este apretador. Derecho está, y viene gente. No sé, prima, cuántos son. ¡Qué gallardo caballero, qué cortesano señor! ¡Qué discreto esotra noche nos honró y acompañó! La crianza en los señores es linaje de valor. ¿Quién está en aquesta casa? Alabado sea el Señor. Bien venga, vueseñoría. Buenos días les dé Dios. Mira lo que dices, cuero. Buenas noches es mejor. Enviáronme a llamar doña Escarola Godoy, doña Dinguindaina Pueros, doña Torrejas Elba, doña Tifes, doña Tafe, doña Pus, doña Sofo, y no quise visitarlas. ¿Hay tales dones? Y son muy conformes a este tiempo. Sentaos. Eso no. Siéntese, vueseñoría. Sentido y sentado estoy. Sentido de las caderas, de un mal parto y que juró la comadre que tenía en las tripas un varón, sentando con grande enojo, sañudo, fuerte y feroz, contemplaba el Cid Ruidiaz los Condes de Carrión. ¿Cómo está, vueseñoría? Con sabañones estoy. Toda la noche me rasco, aunque al cantarme hoy hallé mi puerta enramada toda de un verde limón. No me la enramó escudero ni hijo de labrador, enramómela don Carlos, hijo del emperador. Doña Guiomar. Doña Elena. ¿Qué es aquesto? Qué sé yo. ¿Es burla o es pasatiempo? No me estoy burlando, no. Mañana vendrán a veros el Conde Sarten Buñol, el Marqués de Bragaciscos y el duque Pierres Bufón, y tendremos un buen rato. Oh, lo que huele a alfajor. Ellas están sin sentido. Justa paga y galardón a su desvanecimiento. Hola, criado. Señor. ¿Trujístime el orinal? Ya sabéis que enfermo soy de piedra desde el disanto. El marqués de Caracol en Madrid del colodriello con un guijarro medio, y estoy enfermo de piedra. Pasen las burlas, si sois tan cortesano y discreto. Pasen por sí las que son burlas muy pesado estoy. Hola, dadme ese turrón. Ponedme aquí ese empanada, que en buena conversación me he de sumir sus relieves. ¿Los ostiones? Mejor. No sabéis vos lo que vale a su tiempo un ostión. Vereisme comer, señoras, que es para alabar a Dios, y no me lleguéis a ello, que por vida de quien soy, que os dé dos mil pescozadas. ¿Qué cosa es comer? No son tan mirerables señoras. Oh, qué picada, oh, traidor. Matadme aqueste piojo, que es como un camaleón. Ya aquesto de burla pasa. Estense quedas las dos, no se levanten. ¿Qué es esto? Que ya enojándome voy, y si me quito un zapato las pondré, no me conocen, donde nunca les dé el sol. Hola, comé esto vosotros, y ved que al primer albor a caza va el rey don Sancho por los montes de León. Vámonos, prima, de aquí. Corridas están las dos. Los señores nunca tratan con tan poca discreción a las demás cortesanas. ¿Conmigo tenéis rigor? Hola, tomadlas aquestas. Bien está. Sepan quién soy, el Marqués de Peñafiel, y estas burlas hago yo a damas desvanecidas. Quédense para quien son, que este es mi lacayo Osuna. Pues ya el papel se acabó. A mis lacayos me vuelvo. Elena, corrida estoy. Yo estoy, Guiomar, abrasada, mas de quien sino de vos saliera tal picardía. ¡Qué nobleza! ¡Qué señor! Perdidas van las señoras. Su desvanecido humor justo castigo ha tenido. Vamos, que es tarde. Ya soy Marqués de la Picardía. Las locuras que ensartó. infundiéronme el ingenio la empanada y el turrón.
JORNADA TERCERA
A lo que mi señora la marquesa para aqueste es bien que acuda pues en servirle tanto interesa, cuanto pusiera en no servirle duda, paso a Madrid mañana y con gran priesa, que vuela el tiempo que los montes muda. Iréis conmigo a Francia, Valdivieso. Por tal merced, tus pies ilustres beso. Voy a París, adonde el Rey de Francia con María de Médicis pretende darle a su reino la mayor ganancia, que por la paz católica se entiende, y ya de su heroico antiguo y arrogancia ni escandaliza el mundo ni se ofende, pues por la nulidad de su divorcio la paz elige con conyugal consorcio. Yo voy a darle el parabién de parte del gran Filipo, mi señor, que quiere que despertando Venus duerma Marte, porque la paz a todos se prefiere. Ya levanta el católico estandarte para que Francia miserable espere volver a su esplendor y antiguo estado. Favoreces un mísero soldado. Mi boca indigna de esas plantas bellas, gran Íñigo de Cárdenas, imprimo en la señal de sus brosaicas huellas. Decid al duque de Alcalá, mi primo, y a mis primas, sus hijas, que por ellas tanto servirlas, Valdivieso, estimo, que honraros gustaré y acomodaros. Con vuestras honras pretendéis honraros. Al Marqués, mi sobrino, hablar pretendo porque a don Juan Girón, Duque de Osuna, veré en Valladolid de paso, entiendo. Tendrá alivio a prisión tan importuna. Mis servicios, señor, os encomiendo. Procuraré alentar vuestra fortuna. Y prevenid, alférez, la partida. Dispuesta a tu servicio está mi vida. Gracias a Dios que he hallado seguridad en mi pecho, pues lo que el tiempo no ha hecho solo un favor lo ha acabado. Ampareme del valor y he vencido a la malicia, que tal vez a la justicia suele vencer el favor. Barrabás lleve a Perico, que a quererle mal provoca. Vive el cielo que esa boca me ha puesto como abanico. Jesús, qué bañado estás en sangre. Escupe. ¿Qué sientes? Si he escupido cuatro dientes, ¿he de escupir los demás? Pues este no es testimonio como el suyo. No te alteres. ¿Dónde os hallasteis, alférez, este Perico u demonio? Porque si en casa ha de estar, no un año ni un mes, un día, tal es su suerte y la mía, que me ha de desesperar. Pues ¿qué ha sido? Que aportamos que en la boca me cogía cuanto por alto venía, y unas manzanas compramos. Yo quise probar primero, que en mi tierra en otra ansí con la boca recogí una mano de mortero. Al fin tiró la primera y como el ganar me toca atisbela y en la boca la zampucé toda entera. Y la segunda mejor. Mas con intención taimada, traía un pomo de espada, y tirándolo el traidor, como una bala bajó, y yo que estaba inocente, ni quedó muela ni diente que el pomo no las quebró. Quedé con un armonía de dolores diferentes, que tal máquina de dientes no sé dónde los tenía. Y lo que cuentan esotros dejad no suceda en mí dientes siembro aquí y allí por ver si me nacen otros. El más peregrino cuento es este que vi en mi vida. Solo una muela podrida tengo en la boca de asiento, que porque me la sacara no sé, alférez, qué le diera. Este la vendrá a echar fuera. Primero le eché en la cara que a igual cosa semejante piensa que soy queromante o mago de Andalucía. Mira, ¿quiéreste vengar? Di que con una española me caso. ¿Con esa sola palabra le he de matar? Di que aquí en la Madalena con cierta dama me viste, y que tú el tercero fuiste. ¿Hay tal género de pena? Pues a un hombre ¿en qué le das pena casándote? ¿En qué? No preguntes el porqué, díselo y lo matarás. Cuerpo de Dios, ¿esto pasa? No es mi sospecha fingida. la estopa viene encendida. Ya de quemarnos la casa, guarda, fuera, fuego, y luego. Mejor vicio es emborracho. Que esto haga este muchacho y esté el alférez tan ciego. Ya la desdicha está dicha, untados están de algalia. Que en estando uno en Italia se le pegue esta desdicha. ¿No es bueno que le da celos este y siendo yo testigo sano estoy? Dios sea conmigo, vaya el perro con sus pelos. No ha de pasar de aquí vueseñoría. Deme licencia que a servirle vaya. Hasta el rio no más. De ningún modo, que aquí está mi carroza y mis criados. Envidia tengo a cargos tan honrados. Y piense de mi amor, señor don Íñigo de Cárdenas, no hay más, vueseñoría, que quisiera servirle hasta Francia. Para honrarme, señor, fuera ganancia. Yo espero en Dios que he de buscar el modo. Llano suele el valor hallarlo todo. Adiós, señor Marqués. Hola, criados, todos acompañad al señor don Íñigo. Aquí estoy yo, señor, si va a caballo, porque es plaza de guía la que tengo, pues si delante voy, delante vengo. Solo por esta puerta de Triana quiero salir ocioso a entretenerme y a estar de aquí podrán mis pensamientos divertirse algún tanto de su curso, siendo razón el natural discurso. Qué hermoso pedazo de muralla se dilata de aqueste a la Almenilla. ¿Qué ciudad tiene el rey como Sevilla? Quiero rezar un rato, que algún hora se le ha de dar a Dios de cuantas lleva el tiempo volador. Un hombre viene y a mí se acerca. Alguna causa tiene. Ah, hidalgo, ¿esa capa tiene dueño? Así es verdad, porque esta capa es mía. y si yo se la dejase bien, decía. Aqueste es capeador, que en estos puestos suelen aquestas horas andar estos. Mire que ha de dejar o capa o vida. Yo doy esa merced por recebida, mas ¿no sabéis que soy el Marqués preso? ¿El de Peñafiel? El mismo. Agora me juzgo sobre todos desgraciado, pues a punto tan trágico he llegado. Perdóneme, señor vueseñoría, que la necesidad, autora infame de tantas invenciones y quimeras, me obliga a tanto. El nombre vituperas de racional criatura, pues pudiendo trabajando buscarlo, aquesto haces. Mas porque así de mí te satisfaces es bien agradecértelo. Esta bolsa cien escudillos de oro lleva. Vete y busca modo de vivir. Yo juro de vivir más compuesto y más seguro. Qué lástima tan grande, pues no es solo que hay mil que de esta suerte tienen trato, y comprando de balde dan barato. la pobreza me obliga a cosas viles para buscar dos cuartos a estas horas. Vengo por estos puestos dando franca mi voluntad por precio de una blanca. Ah, caballero. ¿Qué mandáis, señora? Si por ventura no hay quien acompañe vuestra gallarda gentileza, quiero serviros, quiero si me mandáis en algo. Ni soy hombre de prendas ni hidalgo; soy un pobre oficial. Pues no es posible que os falten cuatro cuartos, que os prometo de daros yo los dos mejores míos. ¿Hay tan necios y locos desvaríos? Tal deshonestidad no vi en mi vida. Pero mayor es no tener comida. Tomad aquesta vuelta de cadena. Oro es fino. Y mirad que os la presento porque a Dios no ofendáis aquesta hora. Más sois, señor, de salva que de coche. Y perdonad mi libertad, que os juro que la pobreza a tanto mal me obliga. Esa remediará vuestra fatiga. Viváis, señor, un siglo, que no sola esta noche en que estamos ni otras muchas pienso ofender a Dios. Con eso basta. ¡Oh, qué pesar el alma me contrasta! ¡Qué lleno que está el mundo de desdichas! Ya por las obras de estas tristes dichas, Marqués de Peñafiel. Jesús, ¿qué es esto? El cabello más frágil se me eriza. Nunca voz escuché tan temerosa. Marqués de Peñafiel. Tremenda cosa. Voces me dan, por Dios, no veo nada. Quiero acercarme donde siento el eco. ¿Qué espíritu incorpóreo, opaco y hueco voces me da? Jesús, qué grande espanto. Marqués de Peñafiel. ¿Es sueño o encanto? De parte de Dios, sombra, te conjuro, y en virtud de su cruz te apremio y pido que me digas quién eres. No es fingido, puesto que es sombra de esta voz el eco. Cuerpo difunto soy, pálido y seco. Tan gran pavor, Jesús, no vi en mi vida. Deja el recelo y el temor olvida. ¿Acordaraste de don Diego, el paje que tú tuviste en Utrera muerto a manos de quien sabes? Pues atento escucha: tu culpa es grande y mi pena es mucha. Yo soy don Diego, y a rogarte vengo de una madre te acuerdes que allí tengo, tan pobre y sola que el dolor terrible y sois su amparo, yo fuera infalible. Harelo así. Mas ¿dónde estás don Diego, que te escucho y no veo cosa alguna? El verme no te importa, no te canses, que no me puedes ver. Solo te advierto que te acompañas con un hombre muerto, que en tu servicio está, y para que creas la causa y la verdad, mira a don Lope por sus delitos ahorcado. ¡Ah, cielo, ya tengo otro fantástico recelo! Deja esa necedad perdida y tuya, que es justo que se acabe y se concluya. ¡Válgame Dios, qué extraña ilusión me atormenta! ¡Qué loco desatino asombra a la memoria! ¡Qué quimera liviana me viene a atormentar en sombra vana. Don Diego muerto dice, y que yo sé la causa de su infelice muerte. Ello es verdad sin duda. Pero don Lope muerto, ¿quién duda que pagó su desconcierto? ¿Solo, vueseñoría, por aquí a tales horas? Pensé Señor, ¿qué miras? ¿Adónde está don Lope? Jugando en casa queda. Que la imaginación vencer se pueda. ¿Te acuerdas de don Diego, el que murió en Utrera? Y cómo, si le tengo escrito en la memoria. A su madre quería darle don Diego alguna hacienda mía. Tú has de partirte a Utrera. Haré lo que me mandas. Mil escudos de oro, don Diego, has de llevarle. Y mira que si puedo hacerle algún favor se le concedo. Al pie de esta muralla, vueseñoría, solo, que pone casi miedo este sitio desierto. Mirad por vos, don Lope, que estáis muy cerca que la muerte os tope. Don Diego, ¿entiendes esto? Aquí me ha dicho cosas que me ha dejado atónito. ¿Por ventura delira? Acuerdo fin de tal principio aspira. Espantado me deja. Yo voy más espantado. Yo quedo más confuso Mas ¿qué dirá en decirme que estáis muy cerca que la muerte os tope? Dime la verdad, Osuna. ¿Que tú lo viste casado, que tú te has te presente? Con estos ojos de gato que han de ser pasto de chinches y cuevas de escarabajos. Mas ¿no sabremos, Perico, para qué lo sentís tanto? Yo presumo que te burlas. A ser yo, vos que burlándoos andáis de mis propios dientes, pues se van saliendo al campo como aquellos sarracintos, tres a tres y cuatro a cuatro. El Marqués me lo mandó, que yo no quise burlaros. Yo lo entiendo de su pecho. Osuna, vamos al caso: ¿que se casa Valdivieso? Con un lobanillo ocancio que de viejo y lobanillo, presumo que son hermanos. Ayer por cal de la muela, venía yo bien descuidado adonde Luis Núñez Pérez fui a hablar al veinticuatro, ya conoces a quien digo, con quien el Marqués, mi amo, se entretiene algunas noches, a la primera jugando. Y entrando por Santolorio, vine a bajar a San Pablo, en frente de don Andrés de Monsalve o más abajo. Me llamó cierta señora, ¡qué donaire tan gallardo! ¡Qué rostro tan limpio y bello! ¡Qué ojos, boca, qué manos! ¡Qué gala, qué bizarría! ¡Qué vestido, qué tocado, qué apretador, qué cadena, qué diamantes, qué topacios qué guantes de ámbar tan ricos, qué chapines valencianos, qué rutilantes virillas! Luego ¿bajaste a mirarlos? Yo de las damas, Perico, me parecen bien los cabos, y así las miro los pies como si fueran diablos, porque un discreto decía que bastaba enamorarlo de una mujer cuatro cosas: boca, dientes, pies y manos. Si fuera limpia de todas y esta serafín humano, entre otras mil excelencias, se extremó en aquestas cuatro. Nunca vi cosa más bella. Quedo, Osuna, que he pensado que eres el novio sin duda, pues que la encareces tanto. Pluguiera a Dios yo lo fuera. Di lo demás. Voy al caso. Llamome, pues, la señora, y dándole mil regalos de dulces, con que las tripas tuvieron un dulce rato en dulce conversación y con dulcísimos pasos, de su casa bien compuesta, me fue enseñando los cuartos. Ya sabes que del zaguán se entra primero en el patio, que de limpios sus ladrillos eran libros venecianos. Por fresca sombra una vela y unos tendales de parto, tan limpios y tan curiosos, que tapetes africanos tuvieran envidia de ellos. Tantos pajes y lacayos… No me canses con arengas. Di lo demás. Voy al caso. Después que las cuadras vide, las colgaduras y estrados, en cuyas sedas y telas tiene a Milán disfrazado, las dueñas de honor en sombras, como hurracas hablando, y hechos los pajecillos jilgueros y papagayos, me dijo: "hijo de mi alma, ahorremos cuentos largos. Cuanto dices del alférez Valdivieso, aquel soldado que vino de Italia agora para mi gusto y regalo…" Yo, haciéndome de nuevas, prosiguió: "… aquel que a vuestro amo, pienso que para servirle, dio un mozuelo desbarbado, a quien le llamáis Perico, al fin, Osuna hoy me caso. Decí al marqué, mi señor, que venga también a honrarnos, y traedme ese Perico, porque quiero regalarlo, que pienso que es un buen hijo. ¡Fuego de Dios! Voy al caso. ¿Y llámase esa señora? Doña Escolástica Alfaro, natural el Salamanca, hermana de un trinitario que estuvo en este lugar agora treinta y dos años, que por su madre desciende de la moza de Pilatos, y por su padre le tocan Nuño Rasura y Laín Calvo. Esta noche se desposan. Adiós, si queréis que vamos. Yo voy a hablar al Marqués. que ha de haber tortada y trago. Maldito del cielo seas Necio posta, necio, falso, portador de malas nuevas. ¡Vive Dios, que está rabiando! Aquí me quiero esconder, porque me han desatinado de aquestos dos las locuras. ¡Que me abraso, que me abraso! En eso vendrá a parar, hijo mío, en chamuscarlo. Cielo, que me abraso en celos y me consumen agravios. Ya no más, cansada vida. Ya no más, perdidos años. Basta tanto sufrimiento a quien ha sufrido tanto. Cayó la torre en que hacían mis sentidos engañados, mis memorias fugitivas, mis pensamientos tiranos. ¿Para esto de Italia, cielos, tanto mar he navegado, y a pisar vine las ondas de Guadalquivir gallardo? ¡Oh, nunca viera a Sevilla ni sus muros levantados, sacras reliquias antiguas fueran sombras de sus campos! Que así se casa el alférez, dándome palabra y mano de ser mío siempre. Ay, triste, ¿quién pensara aqueste engaño? Valedme, que me abraso. Tristes memorias en el mal que paso, y pues un español falso me engaña, castigue amor lo que consiente España. ¿Qué locuras son aquestas? ¡Vive Dios, que andas las barbas por el suelo! Guarda fuera contaré el caso sin falta al Marqués de Peñafiel, porque sin hablar palabra entre los otros los queme y se quede aquesto en casa. Dejé a Nápoles la bella. Perdí mi querida patria. Quien llora en tierra ajena lejos el consuelo halla. Pluguiera a Dios y las olas del sacro cristal de Italia sumergieran mis desdichas, dulce muerte en penas tantas. Que quien nace para ser, como yo, tan desdichada, ¿qué mármol como la nieve, qué sepulcro como el agua? Porque, si bien de su llanto las lágrimas le acompañan, viviendo entre ellas, sin duda, que con las mismas acaba. Ya se acabó justamente mi mal lograda esperanza. Áspid oculto en la hierba la misma vida me mata. Rómpase el necio silencio, salgan las verdades, salgan, y si hubo cuerpo fingido, verdad eras en el alma. Que a quien tan falso paga ¿de qué sirven promesas y palabras? Y siendo aquestas en los hombres viles dirán que juran las mujeres firmes. Parte Ponce, y en Utrera hallarás esa mujer. De lo que intentas hacer más de tu valor espera. Darele con el dinero promesa de tu valor. Vuelva en piedad el rigor, que ya por mi cuenta quiero que corra su bien. Tú haces un generoso hecho, que a la conciencia y al pecho y aun al mundo satisfaces. Voy. En la imaginación tan presente lo que vi qué brava… Hame puesto un freno tal que no sé cómo ni quién me atreveré a hacer bien, pensando que hago mal. ¿Qué tiene vueseñoría, qué le han dicho, qué le han hecho que desde ayer en su pecho reina tal melancolía? ¿Qué mortal tristeza o pena, si bien se ha de resistir a imaginar y a sentir de esta suerte le condena? Solos estamos los dos. Mándeme vueseñoría, suya es mi vida no es mía. Don Lope, mirad por vos. Por mi señor tanto miro, que no tengo que mirar, pues de veros admirar vuestras razones admiro Decidle que, vive Dios, si puede ser parte en ello que al cordel remita el cuello. Don Lope, mirad por vos. Si me dais licencia, quiero a solas un rato hablarte. ¿Vienes, por dicha, a burlarte como siempre? Considero despacio esta confusión y no sé lo que interpreta, el alma tengo inquieta, no sosiega el corazón. Volveré después a ver al Marqués que va perdido. Esto no es burla ni ha sido cosa fácil de creer. Y si no pone remedio con tiempo a este desatino, vive el cielo, que adivino que me ha de coger en medio. Di, acaba. ¿Quién está? No hay nadie. Importa el recato. Y cuando verdades trato, no te has de burlar de mí. Sabrás, Jesús sea conmigo… Que te santigües acaba. Haciendo cruces estaba. Libradme del enemigo por siempre jamás, amén. ¿Hay tan grande desvarío? Perico, de quien confío que no ha de parar en bien, y este alférez en quien fía, sus cosas sábelas Dios. Yo imagino que a los dos les ha dado alferecía. Ya sabes que este Perico Es figura o Italiano, que en su tierra, es caso llano, que el más hermoso es más rico. Yo los he visto, señor, muchas veces con exceso darse mano, abrazo y beso, con que al discreto lector puede quedar lo demás. ¡Jesús! Esto no es locura. En cosa de tanta altura nunca me burle jamás. Yo los vi en cierta ocasión al alférez y al muchacho. ¿Si acaso estabas borracho? Sano estaba del pulmón. No sola una vez ha sido, que en el trance horrible y fuerte muchas veces de esta suerte a solas les he cogido. ¿Hay semejante maldad? Mira cuál está la casa si este contagio pasa. Es terrible enfermedad. Yo por no caer enfermo de aqueste dolor de muelas en medio de dos rodelas a fuer de tortuga duermo. Todo me va en velar, temiendo en tal desvarío no se desfonde el navío que hay bravos golpes de mar. En efecto, Osuna, es cierto. Pluguiera a Dios no lo fuera. Ni es invención ni quimera. De celos quedaban muertos, pero porque fingí que el alférez se casaba. Si vieras cómo lloraba. Hacer extremos le vi que no hiciera una mujer semejantes desatinos. Mira de estos palominos qué es lo que habemos de hacer. Este se quiere vengar de las burlas que le ha hecho Perico y a su despecho. El caso he de averiguar, que puede ser testimonio. Mira si lo has levantado, que estoy escandalizado. Líbreme Dios del demonio. Bonito soy, en verdad, para casos semejantes, mal es de participantes. Dios ampare esta ciudad y del humo de Gomorra la libre, la ampare y guarde. Y a mí, puesto que sea tarde, me lleve de una modorra antes que en eso me vea. Más precio una Juana o Clara, aunque le halle la cara como papel de Aña fea, y ver que jabona y lava las manos con el jabón, de zapato de ramplón, y media de cordellate, que cuanto tiene Sevilla en la lonja y aduana. A tu piedad soberana un huérfano amor se humilla. ¿Qué hay, Pedro? Fuego de Dios, él nos la quiere pegar. Yo me voy arrodillar. A solas, señor, los dos, si das licencia, quedemos. Salte allá. Saldranse, hay más. Oh, qué pesado que estás. Todos ese mal tenemos. Por pesado he de quedar, aunque otro haga el exceso. Mas Perico es de más peso por lo que le ha de pesar. Ya estamos solos. ¿Qué quieres? Poco de verme te agradas. Que en ocasiones harradas favorezcas las mujeres, Marqués generoso, Valiente Girón Peñafiel y peña del monte mejor. Yo, aunque despreciada de vestido y voz soy mujer. ¿Qué decís? La verdad, señor. Italia es mi patria. La ciudad mayor, Nápoles la bella, de la Europa el sol, fue la primavera que a la luz me echó. Hijos naturales extranjeros son. A Flandes pasaba como un Escipión el Conde Fuentes, a cuyo valor soldados galanes daban resplandor al alba hermosa. Nunca tal los vio Milán ni Gaeta, desde aquel blasón de los Aguilares, César español. Yo que fui inclinada, como mi nación, a las armas bellas, Marte me llamó. Sonaba en mi pecho el bélico son, que no hay instrumento como un atambor. Gallarda una tarde, me puse a un balcón a ver el alarde que así me turbó. Las plumas hacían con varia color burla de los aires sobre el morrión, grababan los petos, envidioso el sol, de mirar a Palas con tanto furor. En la retaguardia y en el batallón, pero más lucido, iba lo mejor, entre ellos brillaba un peto feroz, este alférez falso, no en Marte, en amor. Calaba una pica cuando a mí llegó, que se entró sin verla por mi corazón. Y ansí en la manopla el asta empuñó, que el viento y la punta mil veces juntó. Mirome risueño y mírele ¡ay Dios, no sé cómo diga el cómo paso. Al fin de la vista al tanto llegó, que es amar sutil, corzo veloz, mil siglos prolijos. Dice que esperó a que yo le diese tan solo un favor ¡Ay desdichas mías, con cuánto temor fui dándole a espacio onzas de afición. Al fin, abreviando, cierta me sacó con palabras dulces lazos de dolor. Y mudando traje, como ves que estoy, paso de una nave a España. El timón hurguen las galeras que se parten hoy del Adelantado también me embarcó. A Sevilla vine torre de Nembrot, Babilonia en lenguas, Troya en confusión. Hasta aquí engañada mi fe le esperó, y por desatarla sus nudos rompió. Hoy sé que se casa, justicia de Dios, con un ángel bello, Luzbel que cayó. Déjame engañada, que burlada no, pues tengo la culpa de tan gran dolor. A tu amparo vengo heroico Girón. Véngame de un hombre sin fe ni razón. He quedado tan suspenso de tan peregrina historia, que mi ofuscada memoria extrañas quimeras pienso. Y esta prisión se ha tornado en las mocedades mías libro de caballerías o algún castillo encantado o parece que algún sueño o algún profundo letargo me enseña un discurso largo de quien la memoria es dueño. No tengas pena, que en mí tendrás amparo y favor. Eres mi dueño y señor. Mi bien, en viéndote vi. Plega a Dios que de tus años a las futuras memorias queden eternas historias sin emulación y engaños. Tu cabeza coronar con triunfos y lauros veas. Virrey de Nápoles seas, que no hay más que desear. ¿Cómo te llamas? Señor… Noticia larga he tenido de su sangre y su valor. Hola. Señor. Id volando y decidle a la marquesa, mi señora, que una empresa que va mi fama aumentado tengo en las manos, que os dé en los suyos un vestido, el más bizarro. ¿Qué ha sido, qué será, qué es y qué fue? ¿Qué he sido? Que soy mujer. ¿Qué será? Que no soy hombre, y volviéndome a mi nombre, esto es lo que es y ha de ser. ¡Válgame santa Leocadia! ¿Mujer? Mujer, no lo ignores. Parecemos los pastores que cuenta Lope en su Arcadia. Ande la zagala garda, pues a su tiempo lo quiso. Yo seré el pastor Anfriso, tú serás mi Belisarda. Vístete ahí dentro y saldrás cuando yo te llame. Voy, sujeta a tu gusto estoy, y no saldré de él jamás. Perico, ¿que sois mujer? ¿En aquesa duda escarbas? En la venganza y las barbas mil veces lo eché de ver. No sé si lo crea o no, pero ya creo y me aplico ¡Válgate Dios, por Perico hurraca se nos volvió! Como el que durmiendo sueña que por malezas se va, que cuando despierto está se halla en la cama pequeña, y sueña que va a caer tan presto y tan de repente, al fin, como si realmente le hubiera de suceder, ansí yo de esta quimera pienso que soñando estaba despierto, y veo que acaba en mi historia verdadera. Pero el sueño y la inquietud mis pensamientos contrastan. Las penas la vida gastan, los cuidados la salud, mas la memoria dormida se rinde al silencio y sueño. Oh, venturoso mancebo sangre de la mejor sangre de Pelayo valeroso, despierta. ¿Quién eres? Baste. Italia soy, tu prisión. Sal de esa lasciva cárcel, sepulcro de tus grandezas, afrenta de mi linaje. Ven a librar mis provincias de los civiles alardes de la confusión francesa y cisma que Enrico trae, y a mi Nápoles la bella tiende por sus anchos mares los remos de mis galeras, las entenas de mis naves. El poderoso comat, que en Constantinopla yace, por los márgenes de Hungría se viene a entrar en mi margen. Austria y Polonia le tiembla, aunque Alemania arrogante opone las dos cabezas de sus águilas reales. Después del Conde de Lemos, paso mis murallas te abren, y el castillo de San Telmo te humilla sus baluartes. Ea, Aníbal valeroso, despierta. Allá voy. Mas dame la mano, Italia famosa, para poder levantarme de aqueste profundo sueño. Yo te la daré, si valen las fuerzas del Monjibelo, antiguo y moderno atlante. Sicilia soy, combatida de los turcos arrogantes Ya por la Clafodonia, ya por Corfú, por el Dante, después que piso anicitia con tan varios estandartes el segundo hijo de Carlos, con la victoria más grande que vio la mar en sus hombres. Oprimida de sus naves por quien Lepanto afligido corrió con vitoria y sangre. Se acabaron mis grandezas, y para que se levanten, primero que Italia es justo, oh, gran Girón, que te llame en los tiempos de Clemente, aunque Paulo Quinto alcances. Visedo es su teniente, gran pastor y santo padre. Has del pisar mis riveras. Ven, que quiero coronarte con los laureles de César. Yo con venturas más grandes.. Yo te llamo. Yo te ruego. No te admires. No te espantes. Ea, famoso don Pedro Levanta. Acaba. Esperadme. Espera, Italia y Sicilia, que aunque no soy semejante al griego Alejandro fuerte. Quiero en ánimo imitarle. Dadme mis armas soldados, puesto no venís a armarme. que se me escapa finan. Seguidle démosle alcance. ¿Qué es esto, señor? ¿Qué es esto? Dormido está, despertarle. Señor, señor ¿Qué queréis? ¿A quién das voces? A nadie. ¿Yo doy voces? ¿No lo adviertes? Qué sueño tan variable, con qué de quimeras, cielos, la memoria me combate. ¿Habeisos casado, alférez? ¿Yo casado, cuando parte don Íñigo a Francia, y voy dando a su favor alcance? ¿No ves que estoy de partida y vengo en mercedes tales, obligado a tus favores, a pedirte que me mandes? Ahí dentro está cierta dama. Entrad y, sin replicarme, sacadla, alférez. Yoy voy. ¿Hay desatinos más grandes? ¿Dama en tu cámara? Sí. Yo no he visto entrar a nadie. Ha muy poco que nació, y quiero ya que se case. ¿Hay tan grande desvarío? Pero cosas semejantes hemos visto en nuestros tiempos, que se casan cuando nacen. Señor, señor, señor mío, Ay, señor, señor. ¿Qué traes? Más de tres mil alguaciles cercan la casa y la calle. El teniente Pardo viene, espadas, picas, alfanjes, coseletes, arcabuces, soldados y capitanes, broqueles ballestas, garfios, Rodamontes, Sacripantes, quinientos mil hombres vienen. ¿Adónde podré ampararme? Que de miedo a los tubillos se me ha bajado la sangre. Repórtate, necio, espera. Bravo temor me combate. Pardo viene por mi vida, pardas las narices traes, pardos dientes y muelas, pardo tengo de quedarme en viendo a Pardo, ¡ay de mí! Parda las luz se me hace. Quédense todos afuera. Los unos las puertas guarden, los otros cerquen el muro, y otros salgan al alcance. ¿Qué es esto, señor teniente? Señor Marqués, perdonadme, y esta cédula real leed. Que me da calambre. Porque estoy informado de la quietud y escándalo dado que don Pedro Girón, Marqués de peñafiel causa en la prisión de Sevilla, manda damos a vos el teniente Juan Pardo, teniente de la justicia, que luego, vista esta, le saquéis, y de la parte donde está, y le pongáis preso en Zamora, de Medina junto a Valladolid con tan solamente un criado, notificándole que no salga tres leguas a la redonda de la dicha prisión, y si saliere a caza u a campo vaya en mula y no a caballo, so pena de nuestro rigor y de los demás participantes. tas en los delitos de que os de que nos habéis hecho relación, Marqués, justicia conforme a derecho, que así conviene a nuestro real servicio. Yo el su firma obedezco y beso y humilde a cuanto me mande estoy. Prended a don Lope. ¿Prendedme a mí? Date, date, que aquí no hay otro remedio. Llevadle luego, llevadle. Notificad que en un hora se confiese y se descargue, que ha de morir. ¡Ah, fortuna, llegaste al último trance. ¿Qué es de un Ponce? No está aquí Milagro ha sido escaparme. Vueseñoría se ponga de camino al punto, y llame el criado que más quiere. Este escojo. No le engañes, no he sido cojo en mi vida. De todas enfermedades sano estoy y así he vivido. ¿Quién son estos que aquí salen? Esta es la dama, señor. Pues la conoces no hables. Hoy, pues que tanto le debes, razón será que le pagues. Cásate con ella, alférez. Obedecerte es honrarte. Tuyo soy. Yo siempre tuya. Y la marquesa os ampare, que yo os doy dos mil escudos. En día de glorias tales ¿qué es esto, señor? Voy preso. Dadme los brazo,s y antes veré vuestros desposorios. No sé si podrás hallarte tan despacio en él. No importa. Adió, san Juan de Alfarache. Adiós, Sevilla. Adiós, rey, Adiós, fregonas y naves, Adiós, Perico y Perica. Adiós, pescados siciales. Adiós, senado o comido. Hasta la segunda parte.
