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Texto digital de Rayo de Andalucía y genízaro de España (primera parte)

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Álvaro Cubillo de Aragón
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Álvaro Cubillo de Aragón Probable
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Rayo de Andalucía y genízaro de España (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rayo-de-andalucia-y-genizaro-de-espana-primera-parte.

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RAYO DE ANDALUCÍA Y GENÍZARO DE ESPAÑA (PRIMERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Cobardes, viles, que huyendo donde vuestro miedo os llama, el nevado Guadarrama queda de veros riendo. Esperad, veréis, si altivo, o soberbio, os amenazo, que a los golpes de mi brazo no queda Cristiano vivo. Para qué ceñis aceros, a quien propio temor venza, pues se pone de vergüenza roja la nieve de veros? Que aunque veis que tanta copia de sangre el color la ofrece, la vergüenza la enrojece Lmas, que vuestra sangre propia. Atended a esto que os digo: volved con honra a León, y todo vuestro escuadrón pruebe sus fuerzas conmigo. Tente, señor, no maltrates a los que vencidos van, aplica al fuerte alazan los sangrientos acícates; V y pues con victoria igual vuelves, oye la voz mía, que podrá ser que algún día te pese de hacerles mal. Qué dices? Que soy tu esclavo, y que me debes, señor, mucha voluntad, y amor. Tu fe, y mi lealtad alabo. Soy Montañes, y aunque España llora en ti perdidos bienes, te quiero bien, porque tienes pariantes en la Montaña. Yo, Nuño? . Tú. Ser pudiera verdad lo que oyendo estoy, si dijeras que hijo soy de un peñasco, y de una fiera. De mi sabrás algún día A se- 2M secretos que has ignorado. Muchas veces me has dejado con aquesa profecia, Nuño, en mayor confusión pero que voz de trompeta los enemigos inquieta contra mí. . Mujeres son, que resisten peleando varónilmente atrevidas, tu ejército, cuyas vidas con la muerte están feriando; pero entre todas, señor, una aventajar procura a todas en la hermosura, y asimismo en el valor. Esfuerzo notable! Advierte, que ya tu gente vencida, menospreciando, la vida, te conduces a la muerte. Bárbaros, mi honor prefiere a esa verdad, pues no ignoro, que vive en estatuas de oro, quien honrosamente muere. Apartad, retiraos todos, Jeque neciamente os provoca a conquistar (on violencia la luz del Sol generosa. No veis que obligáis al Cielo, que rayos fulmine, y ponga sobre Gigantes soberbios pesadas tumbas de rocas, que a sacrílegos deseos sirvan degrillos, y cormas? Quién os engaña, Africanos? Por qué desluéis las glorias en tantos siglos ganadas de Naciones tan odiosas? No deis lugar a que os culpen, venced las pasiones propias, quien no perdona es cruel, Ccobarde es quien no perdona. Quién eres, valiente Moro? quien eres gallarda pompa del ave, que entre cenizas, Ayuntamiento o inmorta idades, goza? u Quién eres, Selva africana, que tus plamas voladoras, al bello avestruz que imitan, Ltgranamente despojan? Quién eres Moro? quién eres? que con crueldades piadosas, de entre las manos me quitas la mayor palma, y corona? Quién eres? . Mujer insigne, si el saber quien soy te importa, de satisfadeste ha, diciendo, que en esta cuchilla corva el trueno de África asusta, fulmina el rayo de Europa. Yo soy (a pesar de envidias cobardes) el que en la undosa margen del Guadalquivir, soberbio río, mar corta, plata leve, cristal puro, suelta escarcha, libre roca, que de Córdoba el pie besa, quien la Mezquita de Cordoba de mil cristianos trofeos paredes, y techo adorna. Caro descendiente sor de aquellos que en pocas horas, o días, atravesaron de Tarifad a Gobadonga, con más triunfos que Alejandro, con más laureles que Roma, con más victorias que el tiempo, y más dichas que victorias. Yo soy quien ganadas tengo por mi espada vencedora seis batallas de Cristianos, cubriendo de sangre roja en los imontes de Castilla; con mil Andaluces tropas, la esmeralda, que enriquece sus falcarifas, y alfombras. Yo soy el que, si se ofende Alá, o Mahoma se enoja, no tiene rayo en la esfera, que ardientes, y abrasadoras centellas vibra en suimano, como las que impele, y brota este brazo, y esté acero, este s este valor, y esta hoja. Yo soy hijo de la nube, que porque su pecho rompa, a despedazar montanas, me introduce a rayo, y logra el Cielo venganzas tales, más bien que en lluvia espumosa de uracán deshecho, cuando (en mi valor las apoya. Yo soy quien de vuestros Reyes imperiolamente cobra tributo de cien doncellas, vasallaje, feudo, y gloria, que al Imperio de Almanzor aquestas manos le postran. Yo soy quien rompiendo el Mar, por las Españolas Costas, desde Ibiza a Marbella, y de Marbella a Lisboa, en promontorios de espuma, cisnes des abeto trémola, y en alas de blanco lino, campañas de espuma corta. Yo soy Mudarra, yo sor el que tiene las mazmorras con más Cristianos cautivos, (que Burgos, y León gozan. Yo soy, al fin mas no soy, pues a pesar de mis glorias, de una hermosura gentil, y de un fuego mariposa, doy abrasadas cenizas, cuando no suaves aromas, a las aras de esos ojos, al incendio de esa boca. Estatua de mármol frío, sin que otro se reconozca, ni otro movimiento anime, doy atenciones dichosas p a las partes que en ti miro; pues del contorno a la toca, si humanas glorias presumo, venciendo acciones, y glorias, son pasmo de los sentidos, de la voluntad ponzoña, delirio de los sentidos, letargo de la memoria, y al fin:: . No prosigas más, la lengua libre reporta con quien te sabrá decir, sin rumbos de vanagloria, claras descendencias suyas, que a pesar del tiempo borda en sus ltumbres la fortuna, y en sus progresos la historia. Por Dios que tiene despejo, y que es la moza briosa. Yo soy quien, siendo mujer, los agravios siente, y llora, de la opresión Agarena, que públicas, y me toca, y quien del tributo infame que referiste, pregona exclamaciones al Cielo de piedades generosas, que alientan Cristianos bríos contra ilicitas concordias; y viendo muerta en los hombres esta constancia Española, este brío Castellano, y este valor que en mí sobra, con ánimo varonil, dando de cajas, y trompas temblados ecos al viento, sino voces lastimosas; ejército de mujeres, o batallo de Amazonas, mi resolución constante alista, junta, y convoca, para negarte el tributo, o para morir con honra. No pienses aunque has vencido los Leoneses, y aunque tornan oprimidos de tu mano, o de tu estrella ambiciosa, a León desbaratados, que has ganado la victoria, que te falta por vencer la batalla más dudosa, la más sangrienta, y reñida, la más fuerte, y más costosa; pues te buscan ofendidas, y te amenazan rabiosas con obstinación mujeres, y con venganza Leonas. Muchas veces cien doncellas A2 si- siguen mis armadas tropas, cobra el tributo arrogante, la infame gabela cobra, pero llevarás en sangre, en ira, en rabia, en discordia, lo que ofreció Mauregato en pura, y cándida rosa. Los impenetrables antes embraza, y el aire azota con el prolongado fresno, que extremo dorado adorna; verás que al rayo de acero, que en esa mano enárbolas, se oponen razones vivas con resolución heroica. Armada nuoe te enviste, que en las montañas remotas de Asturias, y de León, entre peñascos se forja para marchitar tu orgullo, y para cubrir con sombras de tus tremolantes Lunas la menguante luz que gozan. Toca al arma, toca al arma, y publiquen tus victorias, que veneiste peleando a Cleopatra en Macedonia, a Cenobia en Palmerina, a Pantasilea en Troya, a Tominís en la Scitía, y a Artemisa en Licaonía. Ah invencible montaño esa ha valerosa Española! Vive Dios, que fue una mandria a su respecto Belona, que fue su escudero Marte, y Alcides su enano: o gloria de la nación, y del sejo valiente al paso que hermosa. Huélgome que hayas querido traer de una vez tu propio tributo de muchos años, ocasión de muchas glorias, y aunque tú sola, pudieras satisfacerme por todas; de tu divina belleza, solo ofrezco a mi memoria tu bizarra valentía, tu hermosura prodigiosa, tu resolución gallarda, Q tu discreción heroica; es Coa pero vuélvete, si quieres, sin dar lugar a que rompa la furia de mis caballos el respeto a que provocas; que si como eres Cristiana, tuvieras la ley de Mora, viven los Cielos, que fueras del Andalucia toda, (después del hueso de Meca) la reliquia más preciosa: LEPON REIRRE LIA e af cuanto turbante, y marlo:a desde el sacro Guadalate al dorado Tajo, adornan el campo de ricas granas, el aire de libres tocas: que aunque soy brazo derecho de Almanzor, causas que ignora mi entendimiento, me inclinan a aborrecer la deshonra de vuestra nación hidalga, y de vuestra sangre Goda. Por ti envainaré el acero, cuyo movimiento asombra, o deslumbra, y desafía del Sol la madeja inme pues padeciendo desmayos, fatales eclipses llora. Toca a recoger, trompeta, y las yeguas corredoras vuelvan a pacer ufanas las riberas gramenosas, donde, delviento conciban, Ccuando más ligero sopla: toca a recoger. . Tu orgullo me suspende, y aprisiona, que admiro en ti valor mucho. Y yo en tu ser mucha gloria. Tu hidalgo término alabo. Tu ardimiento me enamora. Tu cortesía me obliga. Tu valor me desenoja. Ah, si nacieras Cristiano! Ah, si te tornarás Mora! Marche el campo hacia León. Marche el ejército a Cordoba. Amigos, y vasallos valerosos, fuertes Godos, illustres Caballeros, de cuyos hechos larduos, y famosos envidiosa la fama llega a veros; si os preciáis de este nombre, si ambiciosos de honor, ceñís los inclitos aceros, oíd mi voz, que a más heroica fama cuerda os provoca, y advertida os llama. Ya sabéis que el injusto Mauregato con el Moro de Cordoba atrevido hizo el bastardo, y vergonzoso trato, que tanto vuestro honor tiene ofendidos: cien doncellas. (qué bárbaro contrato!) le tributó cada año, y consentido fue servicio tan vil con fuerte nudo por Don Alfonso el Casto, y Don Bermudo. De, qué nación incognita se cuenta sevo tan inhumano, y vergonzoso? qué batoato, aunque su especie lo desmienta, tiene en la afrenta bárbaro reposo? vencido el toro, huyendo de la afrenta, busca la soledad, y allí celoso brama ofendido, sin cerrar el labio, el León puje hasta vengar su agravio. Pues si ejemplo nos dan los animales, como en la afrenta descansar podemos? siendo mayor en hombres racionales, cuanto distante juzgo los extremos? Si os acobardan los pasados males, Dios quiere le pidamos, y rogamos; pedidle a Dios favor, que es caso llano, que en tan pinfusa acción pondrá su mano. Traedle de vuestra parté a la memoria el invicto valor, y las hazañas que multiplican una, y otra historia, ya de propias naciones, ya de extrañas; q quiero juntar las humanas glorias, quien ocupó feliz las dos Españas, sino esta sangre Goda, que en las venas avergonzada, la conozco apenas? Volved por vuestro honor, vuestro honor viva, olvidad el temor ignominioso, y sacudid de la cerviz altiva el yugo Alarbe, y feudo vergonzoso; dad ocasión para que el mundo escriba en en bronce duro un hecho tan famoso, y tras, de aquel capítulo de afrenta, sígase la venganza más sangrienta. Todos, o valeroso Don lramiro, las vidas ofrecemos, y con ellas darán a la dedad, por quién suspiro, del antiguo valor vivas centellas: ya me parece que alistado miro en número igualando a las estrellas, para empresa tan ardua, y tan valiente; la Castellana, y Leonesa gente. Ya, señor, que heredaste, y que deseas salir de pesadumbre tan molesta, en la ocasión piadosa en que te empleas, a las armas remito la respuesta: con tu favor los ánimos granjeas, mas que mucho, si vemos que se apresta mujéril escuadrón, y que ha marchado mas que de esfuerzo, de belleza armado! Invicto sucesor del gran Pelayo, si entre la nieve fría de estas canas, de mi primera edad queda algún rayo, que me levante a acciones tan lozanas: a pesar del decrépito desmayo, pondré a tus pies las Lunas Africanas, que ya sabe el de Cordoba, y Toledo, que con mi nombre oscurecerlas puedo. Gónzalo Bustos sol, Bustos de Lara, a quien persiguen males tan prolijos, que si alguna traición no lo estorbara, hoy pudiera serviros con siete hijos; mi cara patria (que bien dije cara! es Castilla, que en vanos regocijos el tiempo gasta, cuando justo fuera librar a España de opresión tan fiera. Ya supisteis, señor con cuanto imperio Ruy Velazquez logró aleves pasiones, trazando mi pesado cautiverio, y llamando Agarenos escuadrones, para que con afrenta, y vituperio, nacido en mi desdicha, y sus traiciones, el soberbio Almanzor hiciese ingrato de mis muertos Infantes triste plato. Diome la libertad, que al fin consigo, enternecido de mi amargo llanto, piadoso anduvo, y liberal conmigo, tanto pudo el dolor, la piedad tanto: volví a Burgos, y hallé tan poco abrigo en en amigos, y deudos, que me espanto como no pudo el grande descuisuelo postrar este edificio por el suelo. Al fin, de Ruy Velazquez perseguido, mi edad cansada vuestro amparo intenta, que no es razón que viva el ofendido adonde el ofensor su pena aumenta; y aunque esto de Castilla me ha traído serviros en León mi se lieva que bien podré, no estoy, señor, tan viejo, que espada ciño, y puedo dar consejo. Y para intento tan piadoso, y justo, esta vida te ofrezco, satisfecho que igualará, a lo flaco lo robusto, sino en la fuerza; en el constante pecho, en la nieve hallaréis ánsmo adusto, y en las canas inútiles provecho, derramando mi sangre, hasta que apenas quede una gota en mis heladas venas. Bustos, vuestra nobleza conocida asegura promesas tan valientes, que, a pesar de los años, tienen vida ánimos generosos, y excelentes; y pues a tiempo fue vuestra venida, mandad mis armas, gobernad mis gentes, seanles vuestras Carmas limpio espejo, que al sardor juvenil vence el consejo. Dadme esos pies, heroica maravilla del invencible Godo, y no os espante, que vasallo del Conde de Castilla, a serviros me anime, y me adelante. No se enbota jamás noble cuchilla, si cortó adarga; o cercenó turbante, contra el Moro el bastón habéis tomado, el Conde es vuestro dueño, y mi cuñado. Todos de la elección somos contentos, nuestro brazo gobierne la experiencia, que en la guerra las cahas dan alientos, pelea con ventaja la prudencia. Logren vuestros heroicos pensamientos su venerable, y singular decencia, pues contra la feroz ira Africana, muralla nos será su barba cana. . Qué cajas son aquestas? . Las que dieron principio a la libertad tan deseada. Si vencedoras, o vencidas fueron, ya la guerra por mí está declarada, y o los Alarbes mis intentos vieron, que que acreditar pretendo con la espada. En un bruto veloz a verte viene. n (Bella mujerí, divinas damas tiene. Famoso Rey de León, que muchos años lo seas, vitorioso de los Moros de Cordoba, y de Valencia. Tú el último que les pagas, y el primero que les niegas el injusto, como enorme tributo de cien doncellas. Oye la acción más heroica, oye la más ardua empresa, que de Griegos, ni Romanos antiguas historias cuentan. Yo soy Doña Elvira Anzures, cuya clara descendencia, a pesar del tiempo, vive en los preceptos que enseña nuestra Religión Cristiana, y nuestra Romana Iglesia. Yo, pues, viendo profanada, nuestra Española pureza, con tan pesado tributo, con servidumbre tan nueva, y que en los hombres faltaba esta natural defensa, y cuando a las fieras mismas permite naturaleza armas, coraje, y valor, que las induce, enseña: Convo qué entre mis iguales, para tan dichosa guerra, este que miras armado ejército de bellezas, este agravio, y confusión de los hombres, esta afrenta de cuantos ciñen espada, y de cuantos barba peinan. Tuvimos nuevas, que ya de la arrogancia Agarena en los montes de Toledo tremolaban las banderas; porque de tu remisión formando individuas quejas, a cobrar el vil tributo daba a Castilla la vuelta. Palamos a Guadarrama, y en los campos de Consuegra dimos vista al enemigo, cuya arrogancia soberbia, despreciando a la fortuna, amenazó a las estrellas. Al fin, los pocos Cristianos, con más valor, que defensa, repitiendo, San Millan, dieron valerosas muestras de aquel pundonor antiguo, cuyas reliquias observan; pero vencido el valor de la muchedumbre inmensa, faltos de aliento, y de sangre, volvieron a rienda suelta, que no hay fuerza que equivalga desigualdades tan ciertas. Gobernaba el campo Alarbe, con valerosa (eperiencia detiena un Moro airoso, y gallardo, que aún a pesar de la opuesta inclinación natural, que odiosos pinceles templa, a su alabanza provoca la más enemiga lengua. Árbitro de la malicia, sobre una alazana yegua, quedando en blanca espuma del freno que la gobierna monstruo del mar parecía, y en su misma ligereza velozmente confiada, parece que el aire huella, cuando la tierra que pisa vanagloriosa desprecia: tan fogosa, que admirado cada elemento quisiera haberla solo engendrado; pero como humo alienta, y de sus cuatro eslabones al aire daba centellas, el fuego dijo: yo solo produje aqueste Cometa, a mi autoridad se debe, solo es parto de mi esfera. Este, pues, joven gallardo, que honrar su nación intenta, hizo retirar su campo, y él solo con descompuestas voces los injuria, y llama: mas a la muerte resueltas, en nuestro valor halló generosa resistencia. Fue ramora de su curso nuestro escuadrón, pues apenas vio de tan honestos fines tan aceleradas muestras, cuando del viento Andaluz se vio la muda obediencia, que arrastrando breve cola, metiendos mucha cadera, preceptos ejecutó del bocado, y de la rienda. Parose, y suspenso dijo: nunca mi acero se emplea en mujériles victorias, que no corta en la belleza el corvo rayo de acero de las fraguas Damascenas. Hijo de la Infanta Arlaja soy, hermana, y heredera del Cordobes Almanzor de quien las Arabias tiemblan; y aunque el fin de esta jornada fácil conseguir pudiera, llevando en vuestra hermosura mayor tributo, y más prendas. Secretas causas que ignoro me inclinan a que aborrezca vuestro agravio, y que desee lo que vuestro amor desea. Libres os podéis volver, que aunque en la paz, y en la guerra del Rey Almanzor, mi tío, soy el brazo, y la defensa, quiero que el rey de León este servicio me deba, las damas esta hidalguía, esta piedad las doncellas. Pero prevéngase el Rey, que si la obediencia niega al Imperio de Almanzor, verá abrasadas sus tierras, sus vasallos oprimidos, y su Corona depuesta. Con esto manda que toque a recoger el trompeta; yo di la vuelta a León, él dio a Cordoba la vuelta, yo vencedora y vencida, él con victoria, y sin ella, yo agradecida, el ufano, él cortés, yo sin ofensa, y ambos por tan nueva acción dignos de alabanza eterna. Si conmigo se hubiera aconsejado tan heroico valor, ser no podía mas al justo cortado de la intención, y la esperanza mía con que yo me prometo de nuestra libertad fijo el efecto. Hijo de Arlaja dijo? ha dulce engaño de la vida del hombre! quien creyera, que aquel pasado tiempo de mi daño por mejor le tuviera? o peregrino encanto! oyendo Arlaja, di lugar al llanto, que en tan dudosa calma, no sé que gustos me revela el alma. En tu tiempo, Ramiro valeroso, saldrá España del feudo vergonzoso en que la puso ingrato el injusto temor de Mauregato. Tal bien por mi reciba la Cristiandad: decid todos que viva e la libertad, y de opresión tan fiera, muera la sujeción, el pacto muera. Viva la libertad, y muera el trato que introdujo el infame Mauregato. Qué Don Ramiro se atreve a negarme la obediencia? al feudo hace residencia, cuando acrecentarle debe? En que se puede fundar, sabiendo que viene a ser, respecto de mi poder, un B n un arroyo junto al mar. Ruy Velazquez, mucho siento que empiece el Rey de León dándome aquesta ocasión, cuando reinar le consiento. Lo que yo sabré decirte, en nuesta amistad confiado, que el Conde le ha aconsejado trate, señor, de servirte, y que gobierne a Castilla, teniendo seguridad, que el conservar tu amistad, será conservar su silla. Yo, señor, soy de opinión, que el tributo no pretendas, sino que cuerdo te ofendas, sin pedir su ejecución, porque el tiempo que ha durado el tributarte doncellas, por lo que tienen de bellas, con los Moros se han juntado tan libremente, que apenas si la pretendes buscar pura, podrás encontrar sangre de Moro en las venas. Pague el tributo debido, pague el feudo concertado, pues tres Reyes le han pagado, que antes de él Reyes han sido. Créeme que hago el oficio de amigo por varios modos, que son mis consejos todos guiados a tu servicio. En cuanto al Rey, no te espantes, que se paga del consejo de aquel decrépito viejo, padre de los siete Infantes, que se ha pasado a León, y con discursos prolijos intenta vengar sus hijos, y estos sus consejos son. Ah traidor, que siempre en ti persevere el rigor cruel! hay corazón más infiel, que vengarse intenta así? Si cuando yo en la prisión le tuve, muerto le hubiera, hoy Consejero no fuera de Ramiro el de León. No saben todos, señor, guardar lealtad al amigo. Mucho te debo Rodrigo. Qué el Cielo sufra a un traidor? Venme siempre a ver, que intento fiarte una prenda mía. De Castilla a Andalucía respete tu nombre el viento; y ahora dame licencia, que a Burgos volverme quiero. Mucho en tu amistad espero. Lo mismo seré en tu ausencia, fía de mis pensamientos, si a quien soy crédito das, no presumiendo jamás en mi contrarios intentos, que pensarlo es agraviarlos, si ahora los autorizas. Toma en mis caballerizas. el mejor de mis caballos. Los pies mil veces te beso, por tan singular favor. Tu amigo soy, y Almanzor. Tu vasallo me confieso. Cansado de este hablador, en la antesala esperaba. Pues por qué, di, te cansaba? A quién no enfada un traidor? vive Alá, que si no fuera por tu respeto, que entrara, y en Guadarquivir le echara por la ventana primera. Y fuera muy bien echado; y sino, cuantos están Coyéndome lo dirán: ay aquí algún hombre honrado de grande, o mediano brío, que, si en su mano estuviera a Ruy Velezquez no hiciera abadejo de este río? Hable todo mosquetero de buena sangre, y buen gusto, todos dicen que era justo, Cy es la voz de un Pueblo entero. Te ha por ventura ofendido? Este me había de efender? pues vivo había de volver, cuando solo hubiera sido en su aleve pensamiento? a mi ofender un traidor? joy tu sobrino, señor, o ignoras mi nacimiento. No es más de una antipatía que tengo con él, por ver que solo viene a vender su Nación entre la mía, y enfádame su traición de suerte, que he sospechado, que ha de morir despeñado por mis manos de un balcón. Parece que este adivina allá dentro de su pecho la ofensa que aquel le ha hecho: o inclinación peregrina! Un dedo, una mano diera porque le hubiera arrojado a ensayarse de pescado, y que el papel no supiera. Para que triunfos deseas, ni victorias solicitas, si el lustre, y valor le quitas si el lustre, y valor le quitas con circunstancias tan feas? Mientras yo el adarga embrazo, dudas triunfar, y vencer? traidores son menester adónde milita mi brazo? Traidores oyes, señor? trató admites cauteloso? qué Príncipe generoso no miró mal al traidor? Toma mi consejo aquí, y de su traición te ofende, porque quien su patria vende, también te venderá a ti. Basta Mudarra, yo sé que me quiere bien Rodrigo. Yo no, que de tal amigo cualquiera traición creeré. No es aqueste el que trazó, con términos inhumanos la muerte de siete hermanos a cuyos padre vendió? Sí señor, y es caso llano. Qué dices? Que así lo siento, quien hizo un cesto hará ciento, dice un refran Castellano. Pues tu juzgas intenciones? No, señor, si no del hecho, porque de aqueste sospecho que hizo un cesto de traiciones. Y por semejante hazaña, ene su igual opinión, Francia an Galalón, Ruy Velazquez en España. Calla Nuño. . Callarán, si la razón callar pudo, mas vive Dios que lo dudo. Basta, que aquestos están armados contra Rodrigo De Ruy Velazquez, señor, es sospechoso el valor, y falso para conmigo. Ahora deja ese argumento, y refiere tu jornada. Perdona si esto te enfada! Ya te escucho. Estame atento. Pasé del tajo la rizada plas, siguiendo el son del pifano, y la ti selvas de plumas, montes de escarlata, que acreditaban la Africana pompa. No has visto cuando al Cielo se arrebata sacre, o neblí, sin aguardar que rompa la pihuela veloz, y en breve suma sel aire escala exhalación de pluma? Pues aún no iguala al leve pensamiento de estos ginetes, que el menor aspira s confiar su gravedad del viento, que a giros vuela, y en escarces gira: su admiración disculpa el más atento, y su atención confiesa el que se admira, ignorando en las alas que campean, si rayo ofenden, o jardín recrean. Modestamente marchan arrogantes la la experiencia del feliz empleo, yy en las adargas de doblados antes, interponer cifrado su deseo: lla variedad copiosa de turbantes, de los aires hermoso devaneo, ldaba a la vista, porque más presuma, (snublados en relámpagos de pluma. Ha- B2 Ayuntamiento de Hallamos tan pequeña resistencia en el mísero campo desvalido, que no se conoció la resistencia entre el acometer, y ser vencido: del proceloso Noto fue violencia, cuando le enviste el fresno embravecido! que estremeciendo el valle un silbo ronco, (za a ti mismo pues perdonas Huyeron, más apenas repitiendo victoria, acreditaron mis verdades, cuando entre las peñas fue saliendo un escuadrón volante de Deidades: luces flechando, rayos esgrimiendo, en abismos de glorias, vi crueldades, prodigio milagroso de belleza, que acaba en pena, lo que en gloria empieza Desnudando el acero fulminante, a quien tuviera el Sol justo decoro, me dijeron con término arrogante: aún no has vencido, valeroso Moro; la yegua, que agitada del diamante, con sangre, del hijar esmalta el oro, ocioso el freno en la espumosa voca, a Deidad tanta se introdujo roca. Prueba nuestro valor, dijo una de ellas, que gobernaba el escuadrón bizarro, la más bella, aunque todas eran bellas, por lo airoso del brío, y del desgarro: yo que del Cielo las juzgaba estrellas, o luces bellas del flamíneo carro, admirando por rayo cada acero, bebí lo terso, que admiré primero. Sordo al rigor, y vano a la clemencia, de tan heroico, y tan felice empleo, hice en mis apetitos resistencia, escolta a su razón, fuerza al deseo: agradecime en esta competencia la vanagloria del mayor trofeo pues el cristal, con ser puesto en sus labios, lloró desprecios, y propuso agravios. No corta, dije, el filo prodigioso de mi cuchilla bríos mujeriles, porque vencer vuestro concurso hermoso, serán en mi valor hazañas viles: perdonar, ser valiente, y generoso supo Alejandro; y enseñar Áquiles, y así libres volved, porque esta gloria haga más admirable mi victoria. Volví la rienda al viento, que pasmado prisión de hielo dio a su ligereza, y el hermoso escuadrón del Sol guiado, pisó del monte la mayor alteza; dos veces vencedor, y aprisionado muchas, me reconozco a su belleza, porque qué libertad habrá segura con tan grande Deidad, tanta hermosura? Oyendo estoy las victorias de que ufano, y loco vuelves, como si hubieras vencido los ejércitos de Jerges. Mucho te debe Almanzor; pero mucho más te debes a a ti mismo pues perdonas con vanidad a quien vences. La victoria es extremada, vas por el tributo, y vuelves diciendo, que perdonaste dos hombres, y tres mujeres. Qué, quiere el de León? qué más el Cristiano quiere, si halla defensa en ti mismo, cuando el tributo me niegue? Qué me importa introducir de Infantes, y de Ginetes la más bella, aunque todas eran bellas, ejércitos tan copiosos, que inumerables exceden a las arenas del mar, y a las estrellas celestes; si ya con mucha malicia cauteloso fue tan fuerte el Cristiano en nuestro intento, armando flacas mujeres? Enfádate Ruy Velazquez, porque en mi servicio viene, y no reparas que tú, con arrogancias corteses, contra mis armas peleas, Ly mi deshonra consientes? Eres tu el que blasonabas que darías a mi frente Corona en Francia, a pesar de Españoles, y Franceses? Cuádate a Dios, que ya sé, Mudarra, de quien proceden esos pundoñores vanos, y esas piedades aleves. Tú Tu propio natural sigues, pero pues que no me entiendes, no me veas, ni me hables, que no he de oírte, ni verte. Aguarda, señor, aguarda, porque mi valor ofendes, cuando doy a tu Corona con el perdón que aborreces, mayor triunfo, mayor gloria de alabanzas que tu entiendes? Fuera razón embotar ignominiosa, y vilmente tus nunca vencidas armas en pechos de blanca nieve, que leve cendal los viste, en vez de fuertes arneses? Qué dijera de esto el mundo? Qué dijeran otros Reyes, si mujériles, flaquezas con tanto poder venciese? Este feudo prometido cobrarle del Rey conviene, obligándole a lanzadas, puesto que a lanzadas puedes allabar las voluntades de los rebeldes Leoneses. Oh fortuna! . Vive Dios, que tienen cara de Herege, como la necesidad, cuando se enojan los Reyes. Este es el premio que aguardo? así las espaldas vuelves? así premias mis victorias, repetidas tantas veces? Esto es servir? mas no importa, yo haré que vuelva a verme con gusto. A marchar Soldados, ningún Ginete se apee, inguno descanso tome, lninguno las armas deje, que he de volver a León, en cuyas murallas fuertes verá Ramiro, que soy rayo que Almanzor impele, castigo de quien le enoja, y azote de quien le ofende.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUND SlDAA Retírese a su tienda V. Alteza, que ya su gente a prevenir empieza soberbio el enemigo, y no querría aveturarlo todo en solo un día. Bustos, agravio hiciera al valor mío. Esto, señor, conviene. Fuerza, y brío me sobra. Quién, señor, podrá ignorarlo, cómo sepa quién sois? Dadme un caballo. (ro. Eso será faltar al Real decoro que a vos mismo os debéis, y honrar alMo V. Alteza a su tienda se retire, pues solo que los mire pretenden sus Soldados, en su obediencia de ambición armados, Soldado vuestro soy, el orden sigo. Con esto al campo obligo que obediencia, señor, en vos aprendar Dios por su causa mire, y la defienda. Hoy, Cielos, han de ver el valor mío los disfavores de Almanzor mi tío; y verá el mundo en ocasión tan grave, que este brazo vencer Leoneses sabe, cuando con diferentes pareceres, valiente sabe perdonar mujeres; (cuando por dar lugar a sus proezas, le niega jerarquía de bellezas al acero valiente, rayo dé Alá, y azote del Oriente. Moro arrogante, y vano, eres tú el General? Yo soy, Cristano. Tan Mozo, di, te atreves, talando escarchas, y pilando nieves, a gobernar valiente el escuadrón copioso de tu gente? Qué te admiras Cristiano: yo nací con las armas en la mano; yo no yo soy el que ha venido a cobrar el tributo prometido, que injustamente niega, hoy vuestro Rei con ira loca, y ciega, si no a llevar en más sangrienta paga tributo, que al agravio satisfaga, cortando en vuestras vidas, que a fuego, y sangre quedarán perdi- mis heroicas proezas por cada diez doncellas mil cabezas. Solo siento, que bárbaros, y locos, para tanto valor, venís tan nocos; y es corta hazaña, en quien pública tantas) . Lástima tengo a tu arrogancia loca. cercenar vuestras míseras gargantas, que mi valor quisiera que Cristianos la tierra produjera, y que al paso que yo matara alguno, volvieran a nacer ciento por uno. Alentado Morillo! vive Dios que me da contento oíllo; Elvira, es este el Moro, De que avuestra can guardó el decoro? Este es. . Y es evidente, que quien fue tan cortés, será valiente. Con si valor mi inclinación porfía, que es digna de estimar su valentía. De tu orgulloso brío, Moro, ya me suspendo, y ya me río, que a tu nación sospecho que os dan las tigres al nacer el pecho, y de aquella substancia, la soberbia sacáis, y la arrogancia, dejando a los Cristianos pocas palabras, pero muchas manos. Mis breves escuadrones todos son de Leoneses, o Leones, que entre sus garras crueles desbaratan marlotas, y alquiceles, (a un enemigo tirano, y esparciendo, arrogantes, rayos, abrasan tocas, y turbantes, dando para ese intento muerte cada Cristiano a Moros ciento pues basta, como es llano, para cada cien Moros un Cristano. En efeto, arroganté me has llamado y en el mismo delito estás culpado, pues si arrogante he sido, parece que en tus canas lo he aprendido. Responderte querría, mas dices que el hablar no es valentía, solo digo que en esta corba espada la inexhorable Parca está cifrada, s ya no la suspende, y la detiene eese Soldado que contigo viene, porque es su hermoso brío divina suspensión del brazo mío. (das, . Palabras excusadas deja, y busca el valor de las espadas; que es en los hombres mengua dejar las armas, y esgrimir la lenga. Toca al arma, tambor. Al arma toca: saunque mucho Cristiano te asegura ese rayo de amor, esa hermosuras Amor, con cuanta violencia hieres los humanos pechos; facilitando imposibles, y allanando impedimentos! Como ha de hallar resistencia lo frágil en tanto fuego? Quién es contra un Dios? un alma contra una Deidad? qué imperio tiene el humano poder, si ya Deidad te confieso? Luego no es mucho que rinda mi libertad, a tus hyerros, a tu voluntad mi vida, y a tus saetas mi pecho; pero dejar de quejarme, no es posible; pues que veo cua ciego a un Moro me inclinas, y bien muestras que eres ciego: sacrílego amor, qué es esto? si Dios, cómo eres injusto? si injusto, como creemos que eres Dios? pero dirás que misteriosos secretos, a tu Deidad reservados, no quieres que los miremos. Vendados los ojos quieres te creamos? solo espero, para creerte, un mila gro, prue- r prueba tu Deidad en esto. Si eres Dios, da vista a un Moro, tía, llegue a su ocaso postrero, para que juzgue a piedad perderla, cuando me pierdo. Ya los dos campos se envisten, ya con valor y ardimiento Gonzalo. Bustos ánima s; los Cristianos Caballeros. Qué bien parece en las canas ga gravazón de limpio acero, cuando jubeniles bríos desmienten caduco aliento! Ya mi enemigo dos veces el hijar vate sangriento del bruto, que reconoce la mano diestra del dueño, y entre la gala, y las plumas desvancido, e inquieto, ave se presume, dando carácoles, y escarceos. Ya acomete, y ya se para, ya le revuelve ligero, ya se cubre, con la adarga, va tercía el valiente fresno. Dios te ayude; mas qué digo? syude Dios a su Pueblo Nayude Dios la razón, layude Dios a los nuestros ay mueran como enemigos, Vimis injustos pensamientos. Jo Ahora verás, Cristiano, si vienen a ser iguales mis palabras con mis obras; ahora verás si sabe reducir a ejecuciones aqueste brazo arrogante teóricas de la lengua, pues más, que ella dice, él hace. Pésame qué a tanta edad a experimentar llegases la no resistida furia de este acero fulminante de este azote de Mahoma, y de este rayo de Marte, pues no siendo ya posible usar corteses piedades, como justamente piden esas canas venerables, a quien respeté hasta aquí, por causas que solo sabe Alá, rendiras la vida siendo tu caliente sangre de la mal peinada plata rojo, si fatal esmalte. Válgame Dios! nunca he visto tan cerca de mí esta imagen, esta copia, este retrato de mi vida en traje Alarbe. Qué te suspende? qué esperas, cuando te llamo al combate? Valiente Moro, el valor que en ti reconozco, es parte, para que con más aliento fuerzas de flaqueza saque. No me jazgues tan vencido, ni tan soberbio me agravies, despreciando la victoria, que pueden los Cielos darme; pues te ha de costar mi vida, cuando mi sangre derrames, más cuidado, que de todo mi ejército lo restante. Bien sé que la retirada de tus ginetes Alarbes en la cumbre, de ese monte, por áspero, inexpuguable, espera ocasión, y tiempo para poder recobrarse; que yo, aunque con mi valor me dispuse a aventurarme, el último fui de todos, lquizá porque me encontrases. Amenazasme soberbio, piadoso llego a mirarte, (muerto a tus manos me juzgo, que es blasón de atrocidades; pos en tanto que este acero este corazón ampare, ni temo soberbias tuyas, ni hay muerte que me acobarde, que que tengo sangre de Lara, y vale mucho esta sangre. . Qué deidad te favorece? quien tantos golpes me abate? que al ejecutarlos todos, cuando penetrando el aire pudieran romper un monte, se rinde al suelo mi alfanje. Moro, qué encantos te ayudan? o de qué hechizos te vales? que parece que a la furia de mi espada penetrante, la punta en la guarnición se transformó por librarte. Gran poder te favorece. De oculto favor te vales. Perdí la espada. No temas, que aunque pudiera matarte, me suspenden, y detienen de tu rostro las señales. Ay Gonzalo de mi vida, si tu sangriento cadaber no viera en la injusta mesa de Almanzor pudiera darme nueva vida aqueste mozo. Qué dices? Qué retrataste de mí más querido hijo difuntos originales; levanta tu espada, y vete. Primero quiero abrazarte, si tu valor do permite, piadoso, y valiente padre, que ese nombre es bien te dé. No me abreces, no meojoces que me enternezco de verte. Déjame, pues, admirarme de tan contrarios afectos, se extremos tan desiguales; si valiente me venciste, piadoso me perdonaste, y con ternezas me avisas, que llegas a lastimarte de verme, qué ves en mí? Una derramada sangre, un hijo, un alma, una vida, vendida por un cobarde, que parece que en ti el Cielo permitió se retratase. No te entiendo, solo sé, si he de confesar verdades, que desde el punto que vi tu rostro sereno, y grave, me obligaste a reverencia, a respeto me obligaste. Si una verdad me dijeras. Cómo yo puedo negarte, debiéndote aquí la vida, cuanto me pidas, y mandes? Conoces? mas ay de mí, qué intento imposibilidades! Si conozco me preguntas? conozco, que en lo que haces conmigo te debo el ser, cuya sangre perdonaste. Pluguiera a Dios. Por lo menos, me has de confesar que sabes que en el secreto que ignoro, tu mucho valor es parte para aficionarme a ti; y también para que calle. Victoria por Almanzor. Ya tu peligro es notable, si más aquí te detienes: vete en paz, yBlo te guarde, que yo buscaré ocasión adonde pueda pagarte lo que debo a la victoria de venterme, y perdonarme. Soñadas son las victorias, de que mis desdichas nacen, pequeñas siempre las dichas, pero las desdichas grandes. Muchó siento que me dejes, Mucho me pesa dejarte. Respeto leo en tus añor t mejone A amor me obliganta es. Yo te buscaré algún día. Dios te labre, pu . Alá te guarde. Qué valor! qué valentía no es posible que me falte digno reconocimiento, que a tanta grandeza iguale. Victoria, Almanzor, victoria. Que así la victoria canten! vive el cielo que me pesa, si el vencer puede pesarme. Cuidadoso de su vida, discurro, por varias partes hasta encontrarte, señor. Milagro ha sido encontrarme, Tarfe. . Cuando victorioso te aclaman los vencerrajes pudo peligrar tu vida? No vive seguro nadie, golpes de sino tu mucha hermosura: Nuño? . En tu vida me hables. Qué es lo que tienes? Muy mal me pagas amor tan grande: que falta has hallado en mí, señor, que mandas atarme cuando se da la batalla? soy lebrel de mal aguaje, que me he de comer la caza? Eso es para asegurarte, Nuño, que te quiero bien. Qué me quieras, y me agravies, no sé como puede ser. Retiráronse cobardes los Cristianos a ese monte, en cuyo fuerte homenaje, para probar la fortuna segunda vez, reforisarse intentan de armas, y gente. No los ofendas, ni agravies, que hablar mal del enemigo, es baja acción, y cobarde. Entre los muchos despojos que ganamos esta tarde, escogí aquesta cautiva, solo digna de tusioje. después de haber peleado con valor inimitable, dijo, que no había de dar la valiente espada a nadie, sino al General Caudillo, de quien digna es de estimarse. Si a mí, valiente mujer, darme la espada has querido, sin duda alguna que ha sido para volver a vencer; pues aunque ya en mi poder e es marciales despojos, no asegura tus enojos la espada que aquí me das, porqué sé que yere más solo un rayo de tus ojos. Poco la espada asegura a quien vencida venció, no temo tus armas yo, en tu afecto, y mi ventura consiste el bien que recelo, corre a tu hermosura el velo, templa en mi daño el rigor, dale licencia a mi amor, o no descubras tu cielo. Gallardo Moro, a ti solo pueden mis armas fiarse, que si valiente peleas, perdonar valiente sabes. Conocesme? . Ya otra vez admiré la luz brillante. del Cielo que adoro en ti, y ya lloré los pesares que en el alma repetían amorosas libertades, que fuera ingrato dos veces a favores tan notables. No como cautiva quedas, pues veniste a cautivarme: desde aquel día primero que vieron tu rostro grave los ojos que ya son tuyos, con imperiosas señales, postré humilde a tu obediencia cuantos libres tafetanes en cortadas medias lunas, son vanagloria del aire. Verme en tu poder dos veces, no es desdicha, ni contarse puede por mala fortuna, pues sé que en tu pecho caben generosas remisiones mas más bien que venganzas graves. Mujer bizarra, y vanente: Nuño, está noche te parte a Cordoba, y con decoro, que a tanta belleza iguale, llevarás esta cautiva que los Alcázares Reales de Almanzor quiero que ocupe, entregarasla a mi madre, que de tu lealtad, y amor se que puedo bien fiarme. Cómo no me atas ahora? vive Dios que es disparate Us largos pasos de garganta. atarme para la guerra, y para el amor soltarme, porque yo soy más goloso, (bien puede ser que me engañe) de mujeres, que de lanzas. No aguardes que te lo mande qab sirvió un plato el Maestresala, otra vez. . Pues por lo menos has de permitir quejarme. Ven a mis tiendas, Cristiana, mis pabellones Alarb. Cierto Cautivo la canta lustra poraete si tal vez tantos almaizares,Anoocesll de las cadenas que arrastra; y a tu contacto se juzguen y por ser el tono airoso, crisolitos, y balajes. To Muerta voy. Rompan los vientos clarín dulce, y ronco parche, que hacerle salva al vencido, milagro es de Amor notable. A Excula ya, bellísima Rosana, el espejo, pues basta el de tus ojos, en cuya luz se mira ufano el día, como en serena mar por la mañana dúplica rayos dulcemonte rojos la flamante del Sol dulce armonía, así la vista mía halla sujeto en el mársil luciente de tu serena frente, de tu resplandor divino, émulo del espejo cristalino, donde llevado de su antojo, quiso así lo puedo decir; perder la vida el infeliz Narciso. Con tan divinos favores, fuerza será que Rosana contenta aspire, y ufana al Imperio de las flores, que aunque tan heroico empeño no es posible que merezca, no es mucho me desvanezca yla alabanza de mi dueño. Templaste? . Sí señor. ̱. Canta, dando la letra a entender, y excusa, si puede ser, Comiendo con Almanzor estaba Bustos de Lara, que bien puede con los Reyes comer un señor de salva. Y después de haber comido, que por costoso, y por nuevo para postre reservaba. Quién te dio esa letra, di? en las mazmorras, al son le aprendí. . Qué consonancia hacen mis pasadas glorias en la armonía del alma! Ay Bustos, cuanto me cuestas, por nacer de ley contraria! ̱. No vuelvas más a cantar esa historia. . Lo que mandas haré. . Esta vez te perdono, atendiendo a tu ignorancia, que a no serlo con la vida el repetirla pagaras. Si más la cantare, un lazo se me anude a la garganta. . Deme Vuestra Majestad a besar sus reales plantas. Nuño, cómo vienes solo? No temas, señor, desgracia, vencedor vuelvo a tus pies, que aunque soy de ley contraria, porque mi lealtad es tanta, que sirvo por devoción, y soy esclavo de gracia de tu valiente sobrino. En la primera batalla vencieron tus escuadrones, porque yo soy de tal raza, que en oyendo la trompeta, o los golpes de la caja, con quien vengo vengo, digo, y sin reparar en galas, doy pasadizo a la muerte por los filos de mi espada. Pues tu peleaste, Nuño? No señor, más peleara, si se ofreciera ocasión. No la hallaste? Es mi desgacia, jamás hallo lo que busco, ni puedo, porque me ata mi amo al primer barrunto de las trompetas, y cajas: dice que me quire mucho. Y con que fue tu embajada? Entre otros se despojos ganamos esta Cristiana, y por ser prenda de estima, la traigo. . Belleza rara! y quién te envía? . Con orden de tu sobrino Mudarra vengo a Cordoba. . A eso solo? No te parece, que basta, ya que venciste, qué triunfo con él suyo se compara, si pudo vencerme a mí? Qué César (dime) en Farsalia, que Alejandro en Macedonia, ni que Anibal junto a Cannas, eternizando sus nombres, dieron materia a la fama, al buril, ni a los pinceles, digna de más alabanzas? En mí ha conquistado el mundo; las invasiones del Asia recopiló heroicamente en la hoja de mi espada, en el valor de mi pecho, en el blasón de mis armas. Basta, Cristiana invencible, divina Española, basta, que a tanto enojado sol, no habrá resistencia humana. No te aflija el cautiverio, que si naciste inclinada al militar ejercicio, sus peligros no te agravian. No hay peligros en el mundo para mí. . El verte enojada pudiera ser interes de los mayores Monarcas. Serena los bellos soles, el arco de luz levanta, porque asegura diluvios, y pronóstica bonanzas. Oh qué ternísima cosa! Piedad me mueve Rosana. Sí señor, pues quién lo duda? piedad digna de estimarla, pues olvidas tu grandeza, por una mísera esclava. Hasta, ahora no se sabe si es cautiva, o tributaria, demás de que a la nobleza ningún estado le mancha. Cómo sabes tú que es noble? no puede mentir la cara? Ay Cristiana de mi vida. . Qué? ya el amor está en casa? celos, y amor están juntos? pues no saben con quien hablan, que vive Dios que es la moza mas dura que una carrasca. Matarasme, si presumes de quien soy cosa liviana. Yo presumir? a qué efecto? Si gustas de que me vaya, harelo por gusto tuyo: Nuño, despacio descansa, para que después me des de la guerra cuenta larga. (̱. En mi es descanso el servirte. Mal se asegura quien ama, voy tras del Rey. Qué celosa! más es superior la causa; bellísima es la cautiva. A ti viene encomendada. la guarda de su belleza. Arduo negocio me encargas, Nuño, que mujer hermosa, de un Rei vista, y galanteada, difícil es a mis fuerzas, si no es imposible, el guardarla. Oyendo, he estado a todos con la paciencia que basta, para que en mí no parezca lo que es virtud arrogancia. Yo nací para ser roca en las ásperas montañas de León, donde aprendí tanto honor, pureza tanta, que es menos puro el cristal en su presunción nevada, puesto que el tacto le ofende Y qué el aliento le empaña. Vuestro general parezca, ya que victoria tan alta le concedió la fortuna, usad de ella con templanza, que es bárbara tiranía dar al poder rienda franca; pero puesto que ya estoy donde quiso mi desgracia, sin que tema cosa alguna de mi nombre, ni mi fama, puedes mandarme, señora, porque te obedezca esclava. Mucho tus Pasete obligan a respeto, que son cartas de favor que escribió el Cielo en el papel de tu cara: como amiga, y compañera podrás estar en mi casa, no como esclava oprimida. El Cielo te guarde, y traiga la prenda que más estimas, y que más me ofende, y mata. Nuño, déjanos un poco. Con gusto haré lo que mandas. Amiga, dime tu nombre, que puesto que mis entrañas he de descubrirte, es bien que sepa yo quien las guarda. Apenas sabré señora; (no te admire esta ignorancia) que quien está tan perdida, no sepa como se llama. Doña Elvira Anzures fue mi nombre antiguo en mi patria; pero ya perdí este nombre con la libertad, y basta el que tú quisieres darme. Elvira, habla, y descansa conmigo, no tengas pena; qué temes? qué te acobarda? tengo mucho que temer en mí misma. . Mal me pagas el amor que te he cobrado, mas pues tanto te recatas, empezaré yo primero, para dejarte obligada: conoces allá en Castilla a un Caballero que llaman (si mal no me acuerdo) Don Gónzalo Bustos de Lara padre de los siete Infantes, que en los campos de Arabiana murieron? . Muy bien, señora. Pienso, que es ilustre casa en Castilla. . Y tan ilustre, que no la hace ventaja en sangre la de su Rey. Cautivo en Cordova estaba cuando murieron sus hijos. Ya tengo noticia larga, y que el traidor Ruy Velazquez le vendió por una carta. Está muy viejo? . No mucho, puesto que aún ciñe la espada, y con valerosos bríos hoy la gobierna, y manda. Por tu vida? . Sí señora, y en esta misma jornada, donde a mí me cautivaron, era Caudillo. . Oye, aguarda, Gónzalo Bustos? . El mismo: qué te admiras? qué te espantas? Válgame el Cielo! por dicha, supiste si en la batalla los Generales se vieron? Supe, y aún vi, que se daban mortales golpes los dos. Padre, y hijo? Quién? . Estaba divertida, ay tal suceso! querme cuentes no me espanta de Bustos valor tan grande. Ni lo extrañes de Mudarra; pues consideré en los dos extremos, y igualdad tanta, que entre el brío, y la prudencia, entre el seso, y la arrogancia, no se advirtió diferencia, ni se conoció ventaja. Si impaciente hería el Moro, reportado peleaba el Cristiano, aunque fogoso; hiere con más templanza. Uno provoca, otro sufre, uno acómete, otro aguarda, siendo tantas las heridas, y siendo la sangre tanta, que el verde adorno del prado con el rojo humor se esmalta. Sin conocerse? . Ninguno de su contrario ignoraba, que era el General. . Elvira, ya no he de negarte nada, oye lo que puede amor, mira lo que el tiempo acaba. De Gónzalo Bustos es hijo natural Mudarra, padre, y hijo son los dos, cuya reñida batalla refiriendo estás. . Qué dices? Que soy quien de aquesta causa es el más cierto testigo. Era bustos cuando estaba en Cordova, no muy mozo; pero en fin, de edad mediana, muy cortés, muy gentilhombre, y discreto, que esto basta para ganar muchas vidas, y conquistar muchas almas. Enamorome llorando por sus hijos: quien pensara, que armas de amor se volvieran lágrimas tan bien lloradas? Rendile mí e, lobe y cuando entendí que estaba segura, por no tenerla mas me rindió su desgracia; y dejándome sin vida, fuese, y dejoe de ese Genizaro insigne; de ese, que con ignorancia muestra el valor de su sangre, cuando su sangre derrama. Esta es, Elvira, mi historia, perdona si ha sido larga, que quien sus desdichas siente, repitiéndolas descansa. Fortuna, ya no me quejo de tus rigores, ya hallan mi amor, y mis pensamientos disculpa en la misma causa. Oh cuanto a mí me agradezco haber querido a Mudarra! oh cuán dichosa me juzgo! Qué dices? Que no te engañas en temer un mal suceso; y si algún consejo aguardas, el más seguro es llamarle, con que a los dos los apartas del peligro en que están puestos. Dices bien, mas su bizarra condición no da lugar a que obedezca mis cartas, contra el Orden de su Rey. Pues finge que el Rey lo manda. Vamos, Elvira, que quiero que seas mi Secretaria, tú lo despondrás amiga, y ruego al Cielo le traiga a mis ojos. Y a los míos, R pues rogaré por mi causa. Bien sé, Leoneles min de cuyas fuerzas, y alentados bríos satisfacciones tengo) que extrañaréis lo que a deciros vengo supuesto que contraria, e importuna se nos ha declarado la fortuna: Chas Dios que lo dispone, para que el hombre su grandeza abone, reconociendo su poder, y gloria suspendió la victoria de la bárbara furia poderosa, hasta que estuvo más dificultosa, para que así se viera claro el milagro, y su favor luciera, Señor, cuando has dudado, que de las pocas vidas que han quedado en tu escuadrón pequeño, nto has sido siempre soberano dueño? Cuando el obedecerte se dudó, por el miedo de la muerte? Habla, señor, qué dudas? Rompan su cárcel mis acciones mudas: Bustos, Favila, Ordoño, estadme atentos, referiré de Dios raros portentos, En mi tienda esta noche, cuando rodaba el tachonado coche con ruedas de diamantes. fijas al bien, y a la desdicha errantes, me habló con ano, y con halago el Apostol Santiago: No temas, ni afligido llores, por ver a tus contrarios vencedores, Ramiro, Dios te ampara, en él confía, que en tu favor me envía, desde el Ampidio donde eterno asiste, para que venzas; si vencido fuiste. Mañana esos millares de enemigos serán de esta verdad ciertos testigos, su poder no te asombre, que invocando mi nombre, me verás acaballo entre tu gente, con roja espada, y peto refulgente) Acómete animoso, no temas el concurso numeroso, que ya el poder divino las armas, gente, y ocasión previno, y a mí para esta hazaña porque me llame su Patrón España: Clodijo, y en luz envuelto, con la madeja del cabello suelto, que en ondas esparcia, siendo la noche emulación del día, giros al Sol ofrece, y a mi vista Isapose desparece. Esto, amigos, me ha dado tanto aliento, que estoy determinado, cuando fuera posible que vuesto pecho, y ánimo invencible dudara en lo que digo) yo solo acometer al enemigo: e Y qué respondéis? . Por todos respondo yo, que con valor de Godos, y con Fe de Cristianos. se envista al escuadrón de los Paganos, no dudando en la gloria de tan divina, y celestial victoria, pues cuando así no fuera, ya estamos oprimidos de manera en la inculta maleza de este monte, que viene a ser bajeza en el valor de España, (can no salir a morir en la campaña. Pues amigos, al arma. . Al arma ton Sea la vez primera que se invoca opor vosotros, rompiendo el aire vago, yoel nombre del Apostol Santiago. Qué es esto? ya del monte se deriba la furia vengativa del escuadrón Cristiano; desesperados bajan a lo llano, donde libres del monte, y la aspereza, la veloz ligereza de nuestras yeguas en su mismo centro, los amenaza con fatal eflano Vonofciodo ofexceno. Cierra España, Santiago) apenas ha quedado en la campaña un enemigo. Milagrosa hazaña. Publíquese esta gloria, del Apostol Santiago es la victoria, yo le vi pelear, yo soy testigo. A sus pies vi postrado al enemigo. De su brazo valiente es el estrago, victoria por España. . Santiago. JOR-

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA s o, Que todo lo vence amor, hoy con experiencia veo, pues sol humilde trofeo, Elvira, de tu valor; del vencido al vencedor pasa el laurel la fortuna con su mudanza importuna, mas solo Amor pudo hacer que una vencida mujer victoria logre en la Luna. Tu vencida, y yo sujeto? tú la esclava, y el rendido? enigma de amor, ha sido muy como suyo el efecto. Pues eres, señor, discreto, vence con igual valor esa estrella, o ese amor; si esto tu valor acaba, seré dos veces esclava, tú dos veces vencedor. Dame una mano, así veas en tu hermosura gentil vinculado el bello Abril, para que tú lo poseas; si la corona deseas, si apeteces el reinar, quien como yo, puede dar colmos a tu pensamiento? pide las aves del viento, pide las perlas del mar. Pide. Pide, Elvira, pide, que es cortedad el no hacerlo, a quien te puede medir con obrar los pensamientos. Pide, de qué te acobardas? pues puedes mandar el Reino; pero qué digo? bien haces, alabo tu entendimiento. Tu pedir? qué disparate! siendo todo tuyo, y siendo quien ha de darnos a todos, quien mercedes ha de hacernos. Acuérdate, pues, de mí, y sea aqueste el primero memorial con que te canso, pues sabes que para hacerlo, y para hallar ocasión de dártele en este puesto, me cuesta graves cuidados, no los digo, porque entiendo que no ignoras mi razón, y por la enmienda que espero, antes que llegue a tu culpa la pena del escarmiento, con el rigor de mi agravio. Basta Rosana, qué es esto? así descompuesta pierdes a tu modestia el respeto? Deja, señor, que castigue mis honestos pensamientos. Qué esta viniese a inquietarme! Que tan poca dicha tengo, que no me dejen gozar de estos Cristianos desprecios de mi amor apetecidos? Yo sol Príncipe? yo reino? Tu General ha llegado, y ofendido del suceso de su contraria fortuna, no quiere verte. . Yo quiero ganarle la voluntad, pues, por lo menos, le debo de este Serafín Cristiano los rigores que apetezco: di que entre. . A tus pies le tienes. Sobrino, amigo, qué es esto? tan poco de mi amor fías? ignoro yo los sucesos de la guerra? tuvo alguno firme la rueda, y al tiempo para vincular victorias, o permanecer eterno? Si atención, señor, me dieras. No tus disculpas espero, ni son menester conmigo. Cuando victorioso llego, me recibe riguroso, porque perdoné venci fiDo, y cuando llego vencido, disculpa mi vencimiento? Mucho hay aquí que pensar, mucho tiene de misterio este favor dé mi tío. Ya sé que el día primero venciste gloriosamente, lo demás saber no quiero. Por qué si el saberlo importa? No hay cosa que importe menos, que después de sucedidos, dar e los sucesos, esnde yo de todas tus accienes soy el le gítimo dueño; y en esto he llegado a estar de tu valor satisfecho, tanto, que por esta sola trocara, a poder hacerlo, todas las victorias tuyas; piensa bien, procede cuerdo, tu quedarás vitorioso, y yo quedaré contento. Qué enigma es esta, fortuna? vitorioso quedar puedo, cuando he venido vencido? Si es el mayor vencimiento vencerse a sí, de qué dudas? dale tu cautiva, haciendo, que ella le quiera, y verás los victoriosos trofeos. que de tu nombre publican, Qué dices? Que quién el fuego trae a su casa; es razón, que en él se abrase primero. . Siempre temí este peligro, y ahora la carta entiendo, que en el campo recibí, en que me manda, que luego deje la guerra, y me parta. Este es, señora, el intento con que mi tío me llama? es más lícito, es más cuerdo rendirse a una mujer sola, que hacer bizarro desprecio de un escuadrón de hermosura? Lo que me dices, no entiendo, solo sé, qué es Almanzor tu tío, y Rey, y que en esto de tu obediencia te aviso, Elvira, guarda el secreto, que te he dicho, pues tan bien la fortuna lo ha dispuesto. Creed de quien soy, señora, que sabré hacer lo que debo. Si a quejarme comienzo, de mí mismo en la queja me haber güenzo, pues yo la causa he sido del hallarme quejoso, y ofendido. Yo, hermosísima Elvira. por quien el mismo amor de amor suspira, a peligro me puse cuando necio a enviarte me dispuse. Yo mismo, Elvira; de escarmientos lleno, a sufrir mis agravios me condeno, pues vengo a estar en caso tan dudoso, de mi ofendido, si del Rey celoso; y si de entrambas culpas hago aprecio, lal paso que discreto, andare necio. Deja, o gallardo joven valeroso, los cuidados de amante, y de celoso, que aunque te quiero amante, los celos sobran a mi fe constante; que no hay en la inferior naturaleza Coronas que perturben mi firmeza; tus partes, tu valor, tu mientia, desde el primero día, que te vi, me obligaron de tal suerte, que si ya no a quererte, la alabarte alentaron mis sentidos; y cuando persuadidos la querer se atrevieron, lasí amor lo ordenaba, que está cerca de amar mujer que alaba Por estas cosas queda persudido que nadie ha querido como yo, pues de todos engañado, ltu propio ser tu sangre te ha negado. Sabes quién eres? . Nadie me aventaja en calidad, pues soy hijo de Arlaja. Por tu padre pregunto. Un valeroso Alcaide, ya difunto, dicen, que fue mi padre, que en nobleza igualaba con mi madre, a quien no conocí. . De qué manera? Murió primero él, que yo naciera. Pues estas engañado, tú tu padre es vivo. . Cielos, ya ha llegado el día que esperaba mi deseo, oyendo estoy el caso, y no lo creo. Tus razones, Elvira, dudosa el alma con razón admira. Aquí mi dicho encajo. Por ventura es mi padre hombre tan bajo, que indigno de memoria, puede impedirme tu amor la gloria? Si lo es, no me lo digas, y advierte, que me obligas a vengar en mi madre el haberme hecho hijo de ruin padre. Repórtate, y advierte, que el nacer en los hombres solo es suerte; ninguno eligió padre, porque fuera culpadlel que a los Reyes no eligiera: mas los tuyos son tales, que al Cetro, y la corona son iguales. Tu padre es noble, y tanto tú lo eres, que te estimo por hijo desquien eres: su valor has probado, con él te has visto ya en el campo armado; y con esto concluyo, que todo tu valor es hijo suyo. Suspenso, absorto, y mudo me tienes sin aliento, a tus razones, y a tu voz atento: yo tengo padre, Elvira? Y tal que puede honrarte: qué te admira? Y se ha visto conmigo? Que mucho, si es tu padre tu enemigo. Tus razones no entiendo. Presto sabrás quien eres, en oyendo. El Reí viene. Ay desdicha semejante! Poco amor tiene quien reposa amante, Señor. A verte vuelvo. En temerosas dudas me resuelvo. Estoy arrepentido de no haber dado a tu razón oído; y porque no atribuyas a rigores los que en mí son favores, quiero (ay Cristiana bella, prenda amada!) que me nigas el fin de la jornada. Nunca hubiera venido: estame atento. Volviome amor. Oh ciego pensamiento! Yace en la fuerte Castilla un valle, cuyo dibujo, si a los pinceles del arte divino imposible juzgo, a los de naturaleza no les costó poco estudio; y así excusare la copia, porque mis pinceles rudos no afrenten dignamente llo que venerar presumo. En este, pues, del Verano albergue, y dulce refugio de las escarchas de Enero y los bochornos de Julio, los cruzados estandartes en numeroso concurso, reconocieron tus Lunas, merecedores del triunfo. Presenteles la batalla; cuando el Alba entre coluros lascivas perlas entrega al dorado amante suyo; pífanos, trompas, y cajas hicieron señas, a cuyo fatal rumor, imprimió la muerte su rostro a muchos. Murallas de picas llevan caladas, todo se opuso a la intolerable furia de nuestras hyeguas, y dudo que pueda explicar la lengua encuentro tan fecundo: sunobeo huermas dando al aire las astas, rompiendo pechos, y muslos, cruel anotomia hicieron de los miembros más ocultos. (Un mar de sangre era el campo, aunque los cuerpos difuntos, de navegarle excusaron, y se pasaba a pie enjuto. Asistionos la fortuna este día (incierto rumbo de su condicione instable, de su proceder injusto) para onmar cruel noceoatrno el supersticioso abuso de que al fin salga perdiendo, cuando entra ganando alguno. Desbaratados, y rotos los Cristianos mal seguros se retiraron al monte, en cuyos hombros robustos libraron contra el poder atrincherados indultos. Clavijo se llama el monte, sagrado fuera más justo, pues a su favor se deben tan divinos atributos. Un día, para ellos día, pues lo fue de tanto gusto, nos emvistieron soberbios, cuando juzgué que confusos arrastraran sus banderas, reconociendo tu yugo. Alegre los recibí, creyendo que era su orgullo parasismo de la muerte, o desesperado impulso; mas, la batalla travada, en su avor se introdujo (de limpias armas armado, sobre un escarchado bruto, que relinchando centellas, era su aliento humo) y un valiente Caballero, un rayo de la luz puro, un aborto de los Cielos, un brazo de Ala desnudo; a cuyos golpes mortales todo su poder redujo, y a nuestras veloces yeguas natural instinto indujo, que con busidos mostrasen de su temor claro anuncio; Y erizanno la crín, y cola, no tanto del filo agudo de su cuchilla se asombran, cuanto del fulgente bulto. Animeles, dando voces, S ycuando la voz pronuncio, y el diestro brazo levanto, arrojado de un trabuco, medi los pies del caballo que huellas al aire puso. Entre enojado, y risueño, vi el rostro hermoso, que pudo prestarle rayos al Sol, y aumentar luces al Mundo: partido el cabello en crencha, ni bien negro, ni bien rubio, daba golpes a suespada, adonde el deseo puso mucho Cielo en poca frente, mucha luz en dos carbunclos, mucha deshojada rosa entre lirios, y ligustros: y en dos porciones de barba, una imagen, un trasunto de aquel Profeta Sagrado, que en el Madero se puso, a quien llaman los Cristianos con viva Fe, Dios difunto. To hermoso con lo enojado, lo tierno con lo robusto, lo piadoso con lo grave, lo dócil con lo sañudo, me causó admiración tanta, tan suspendido me tuvo, que se bebieron los ojos Sél las acciones del discurso. Venció el Cristiano arrogante, con este favor qué mucho? si era su valiente espada de nuestras vidas verdugo. Perdonome, y levantando las herraduras que puso en mi pecho, su caballo, veloz cortó el arire puro. No has visto en noche serena de una exhalación el curso, que con rayos de Cometa, estrella la llama el vulgo, y cortando el Horizonte, desaparecé en un punto? Pues así, habiendo vencido, dejó el campo absorto; y mudo, buscando el alojamiento, I. Confuso oyéndote he estado, pues dejas aunque vencido, mi ánimo persuadido, y tu valor disculpado. Las naciones, persuadidas llegarán a conocer, que fue milagro vencer mis armas nunca vencidas. La fama (a quién me consagro) dirá, que mejor ha sido ser por milagro vencido, que vencedor por milagro. Ven conmigo, y considera lo que debes a mi amor, pues desprecio al vencedor, como si vencido fuera. Tu discreción lo ha pensado mejor que yo lo entendí: quien se quedara, ay de mí! para salir de un cuidado. Con tu licencia, señor, quiero hablar a tu sobrino. Mayor desdicha previno su ingratitud a mi amor; . quédate, pues: qué paciencia podrá asegurarme aquí? yo me voy, y fío de ti los peligros de mi ausencia. . Ya se declaró conmigo, aquí no hay más que esperar; también tú te has de quedar, que tengo que hablar contigo. Así me tratas, qué es esto? Pues ahora no he empezado. Cuando conmigo has andado, Mudarra, tan descompuesto. Solo esta vez porque importa, y aún recelo que impaciente, desesperado, y sin mí, haré un grave exceso aquí. Qué resuelto! Qué veliente! Aunque Elvira empezó a ser a luz de este loco engaño, no quiero testigo extraño, del dueño lo he de saber. Si a tus entrañas piadosas les debo del ser la parte, que que como madre me toca, y puedo llamarte madre, hoy lo he de ver, vive Dios, que no es posible que calle quien es mi madre, secretos que me publican infame. Dime el padre que me diste, sepa yo quien es mi padre, o vive Dios, que esté daga acejo sangrientas palabras saque del pecho que las oculte, o del temor que las guarde. Elvira, tú me has vendido. Yo debo desengañarle, y mirar por su persona. Hijonamigo, no te espantes, Ve este es el secaciograve si hasta aquí negué quien eras, O que tantas veces te dije. callando quien es tu padre; un Caballero Cristiano de antiguo, y noble linaje, tu padre es, Gónzalo Bustos, es su nombre, cuyas pentes, os hone temente peeeron, aunque cautivo, obligarme. Hijo suyo eres, Mudarra, los infelices Infantes de Lara, son tus hermanos, a quien vendió Ruy Velazquez, La Real sangre que te di, no bajo de sus quilates, que los Laras de Castilla con Reinas suelen casarse. Aquesta media sortija acredita mis verdades grandes te ofrece Eldichas, pero desdichas me grandes, porque siempre la fortuna persigue sujetos tales. Dame, madre generosa los brazas, llega a brazarme, pues ya te debo dos veces el ser, de que fui ignorante. Mi padre es Gonzalo Bustos? Cielos, qué dudo? la sangre me lo dijo muchas veces, y él lo mostró en no matarme cuando me tuvo a sus pies, valiente, piadoso, y grave. Oh padre del alma mía! Elvira, aquesto se acabe, (ya con más razón soy tuyo, Cristiano puedes llamarme. Perdone Almanzor mi tío, que por buscar a mi padre, Goo despreciaré la Corona, que el globo esférico abrace; Oh cuantas obligaciones reconozco en un instante! Oh cuantas veces me dijo estas secretas verdades mi inclinación natural, aconsejada en mi sangre! Cristano soy. . Ah señor: Agradézcolo, aunque tarde; y vos, Madre generosa, el último abrazo dadme, y licencia, porque quiero ir a buscar al instante aqueste padre que ignoro: y guárdese Ruy Velazquez de mí, que no está seguro en los antiguos Solares de Burgos, y de León; muera el infame cobarde a mis manos, pues Castilla no ha tenido quien le mate. Primero será mi muerte, pues ya entre tantos pesares, para quitarme la vida, tu ausencia, será bastante. Nunca fui tan hijo tuyo. Dale este abrazo a tu padre, y vete en paz, y tu Elvira, goza lo que me quitaste. Con mi llanto te respondo. Qué dolor! . Suceso grave! Adiós hijo, a dios Elvira. Dios te alemore. . Alá te guarde. Elvira, de ti me fío, ya mi obligación es grande en Castilla. . Muy bien puedes de mi lealtad confiarte. Nuño, caballos apriesa. Un rucio, y dos alazanes te esperan. Por ti soy homre. Dos veces me cautivaste. Un amor firme te ofrezco, Y yo una lealtad constante. Con este triunfo, y victoria por Burgos quiero pasar, porque allí se ha de votar, ( para mayor honra, y gloria, al Apostol. Santiago por Patrón de nuestra España, no quede tan alta hazaña con menos heroico pago. Honra de nuestra nación, y de otras envidias fieras, serán desde hoy las banderas de tan ilustre Patrón. Y haciendo orden Militar, que publique el arduo hecho, con roja espada en el pecho, y manto capitular; quiero que mi amor se muestre agradecido al patrón de esta santa Religión, y ser el primer Maestre; y puesto que a Dios dirijo la honra de esta victoria, vinculando la memoria del suceso de Clavijo; pues de tribuo tan fiero Santiago nos ha librado, en su favor conmutado, ser su tributario quiero. De cada junta de bueyes se le tiene de pagar cierta pensión, que hona es dar tributo a su Dios los Reyes; que pues lo ayuda a ganar, feudo se le debe, y paga. Cómo lo ordenas se haga, bien puede el campo marchar. De aquel monte en la aspereza está de Burgos la silla. Mucho me debe Castilla, pues hoy a ser libre empieza. Ata el caballo a ese roble, Gónzalo, y mientras descansa, dará al rigor de la siesta treguas esta fuente clara, que helado el cristal, se ríe por entre mas de plata, ao Oh belicoso ejercicio! no he visto vuelo de garza tan valiente, entre los rayos del Sol esgrimió las alas: el neblí, roto, y rendido, vino a dar entre las garras de una aguila, que sangrienta, a la garza dio venganza. Murió el pájaro valiente, del día ha sido desgracia, que parece que hor salí con azares de mi casa: mas qué desdicha recelo? el pensamiento me engaña, pues ya no tengo en Castilla sobrinos que me amenazan. Aquí podéis descansar. Hermosa Elvira, descansa, que solo por tu respeto he sentido esta jornada, pero allí está un Caballero. Si la vista no me engaña, parece que es Ruy Velazquez en las senas, y en la traza. Nuño, qué dices? . Señor, que hallaste lo que buscabas en un monte junto a Burgos, al pie de una verde haya, donde descuidos le tienen cansado, de andar a caza. Válgame el Cielo, oye, escucha, que si no me engaño, él habla. Sobrinos los mis sobrinos los siete Infantes de Lara, caro os costó mi discusto, mal os fue en esta batalla; si no tratarades mal a mi mujer Doña Alambra no murierades así en campos de Arabiana. Alabándose está él mismo de la más infame hazaña, que hizo jamás Caballero desde que España es España. No lo echará en saco roto, que a muy buen tiempo se alaba. Y ahora un medio Morillo, que vuestro hermano se llama, dice, que me ha de matar, y tomar de mi venganza. Ya escampa. Traidor, cobarde. Por Dios que si no la atajas, que pienso, que he de decir mucho más de lo que aguardas. Valiente me dicen que es, más nunca perro que ladra, tuvo presas para el lobo. No lo digo? Basta, basta, Ruy Velazquez, Ruy Velazquez ya le ha llegado la paga. Levantose, porque oyó que el caballo relinchaba; y embrazando el fuerte escudo, terció la valiente lanza. Cobarde, traidor, espera, A no huyas, villano, aguarda. Mientes, villano, atrevido, hijo de la renegada, que por cuatro como tú, no volviera las espaldas. Mejor soy que tu mil veces, cabeza soy de los Laras, y tú, si salgo tienes bueno, es ser rama de mi casa. Mi madre es, como tú sabes, del Rey Almanzor hermana, cuya casa tu serviste mendigando sus migajas, y a quien honran mis Coronas, que a ti traiciones te infaman. Mira si en todo te excedo, pues por donde tú me agravias, ni el Rey de León, ni el Conde JRO QE REDO ES RQUE quelmo Cobo velespo ento de Castilla me aventajan. Ahora verás quien es el que muerde, y el que ladra, porque mi sangre vertida repite mortal venganza. Sígueme. El caballo toma, y apercibete a batalla, que va un rayo contra ti, que el mismo Cielo dispara. Si en ti faltare valor, yo sola con esta espada quitaré al traidor la vida. Mírame tú, que eso basta. . Bizarramente pelean, qué bien se buscan, y se hallan! valeroso es Ruy Velazquez, mas es un León Mudarra, que con sangre de Castilla mezcla la suya Africana. Ruy Velazque cayó en tierra herido con una lanzada, y ya mi señor se apea, blandiendo la cimitarra. Cortado le ha la cabeza; o restauración bizarra de aquel linaje ofendido, a quien la envidia maltrata! Poco he tenido que hacer, Elvira, no alabes nada, que como escolta me hacían tus ojos, y como estaba la razón de parte mía, peleaba con ventaja: (triunfa de este vencimiento, pon los pies sobre la cara de esta pura de traiciones en Calidonia, o Tesalia. Genizaro valeroso, nuevo Alejandro de España, que en Arabigo es lo mismo Alejandro, que Mudarra, o- DaccoN obo s como un Criego Escanderbee; a tu valiente venganza dará en vividores, bronces gloriosos triunfos la fama, dando al buril, y la pluma tus hechos materia larga. Pero qué cajas son estas, si de la venganza tratan de Ruy Velazquez, verán el valor que me acompaña, hasta morir a tu lado. Ya no hay banderas, ni cajas, Elvira, que a mí me inquieten; del mundo el poder no basta. para deshacer lo hecho; fortuna en lo demás, haga lo que tuviere por bien, que el que tiene sangre hidalga, para una sola ocasión la sangre, y la vida guarda. Venga el poder de Castilla, que sus valientes escuadras podrán quitarme la vida, pero no podrán la fama. Hágase alto. . Hágase alto. Pase, Bustos, la palabra a la retaguardía, y vos reconoced la campaña, que entre los bosques parece, que miro gente emboscada. Caballeros de Castilla, que al son de trompas, y cajas, guardáis militares fueros, y obedecéis Ley Cristiana: oíd, escuchadme todos, que descubierta la cara, quiero publicar al mundo la más ilustre venganza, porque venga a ser mayor con aquestas circunstancias. Yo soy Mudurra Gonzalez, hijo de la Mora Arlaja, y deel sin causa ofendido Gónzalo Bustos de Lara. Moro he vivido hasta aquí, porque mi padre ignoraba; mas revelado el secreto, ya tengo Cristiana el alma. En busca de Ruy Velazquez pasé a Castilla, y fue tanta mi suerte; que hallé en Castilla la ocasión que deseaba. La muerte de mis hermanos he vengado, esa cortada cabeza es de Ruy Velázquez, cuerpo a cuerpo, y lanza a lanza le maté, viven los Cielos. Si alguna valiente espada de lo que escucha se ofende, de lo que mira se agravia, salga a matarse conmigo; y aunque parezca arrogancía, situno a salir no se atreve, cuantos se ofrecieren salgan, o todo el campo me envista, y sabrá quien es Mudarra. Aquí a tu lado me tienes. Mayor valor te acompaña, defensor del honor mío, que ya la sangre me llama. Padre, y señor. Qué es aquesto? Si más señalas aguardas, toma esa media sortija. El ver lo que has hecho basta, cuando el alma no lo hiciera, tu verdad está bien clara. Señor, Mudarra es mi hijo; y en la pasada batalla fue General de Almanzor, en cuya ocasión el alma me profetizo esta dicha, el resucita mi casa, si en perdonarlo dudáis, aquí tenéis mi garganta: muera yo, y Mudarra viva. Cuando verdades tan claras, y ofensas tan conocidas, no dieran al perdón causa, bastaba el pedirlo vos. Mi boca pondré en la estampa de esos pies. Y yo, señor, en- emplearé desde hoy mis armas en vuestro servicio, siendo azote de las contrarias. Con tan valiente Soldado, ya no hay que temer desgracia. El Santo Bautismo pido. A Burgos el campo marche, donde apadrinaros quiero; y en tanto, si así se pagan servicios de vuestro padre, tomad su bastón. Tus plantas besaré, señor, mil veces; pero otra merced me falta. Pedid. Que en siendo Cristiano, me deis a Elvira. Esa es gracia, que a su voluntad remito. Mi mano es esta. Eso basta, boda, y Bautismo serán a un tiempo. Y con esto acaba Qquí la primera parte e del Genizaro de España, Vrecepo el más vivente arodaluz, y Castellano Mudarta D todde C per