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Texto digital de Quien ama no haga fieros

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Quien ama no haga fieros. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/quien-ama-no-haga-fieros.

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QUIEN AMA NO HAGA FIEROS

JORNADA PRIMERA

llen don criado. Cuánto me has de dar por el? Fel. Pesarle a plata es lo más. Buenas albricias me das si es un pliego de papel. Fel. Yo te doy lo que se lleva desde Italia a qui Gastón, si tantas las leguas son; que quieres más que te deba De traer este papel de cuatro calles de aquí! Luego no cuentas que fui con tal peligro por él: Si la estafeta trujera: sola una carta tomara, lo que de plata pesara, o mayor porte quisiera Y cuando hay un sepan cuantos, por quien piden tanta suma, está el valor en la pluma, peso que ha pesado a tantos, cia al otro que le firmó! Pues heme obligado yo? Quién ama, a todo se obliga. Dos cosas oí decir a un Cortesano hablador que ha de hacer un amador. l. Y son? . Gastar y sufrir. Todo es malo, pero yo, de buena gana gastara, sufrir no. Ga. Sufrir, repara, que agravios y celos no. Pues qué? . Las impertinencias de una madre, y de una tía, que enfadando noche y día acaban dos mil paciencias. Has alguna vez tenido dama con cuñado? . No. Dichoso tú, porque yo desdichadísimo he sido En materia de cuñados, Fl. Amor es siempre importuno, y querría que ninguno, se metiese en sus cuidados. Todo estorba a los que, quieren padres, hermanos, sobrinos, hasta vecinos. Gal vecidos! esos son los que refieren Toda una historia de amor, que no atendiendo a su casa, ven lo que en las otras pasa, Eso es general error. No se acostará un vecino hasta ver al otro entrar, si allí se pensase clar. De cualquier desgracia es dino. Yo conozco una mujer adonde un galán hablaba, que toda la noche estaba a una ventana, por ver, Y por escuchar los toques, y obligole descompuesta a traer una ballesta, y dispararle bodoques. Mas ella con la flaqueza; de escuchar, o la porfía; cada noche se ponía un caldero en la cabeza. Con que el galán que tiraba hacia, tanto ruido, que despertana al marido, y a la señora llamaba. Yo por ver caza tan nueva con arcabuz la tirara. Qué importa, también buscara algún morrión a prueba. el. Ahora bién dame el papel. Mucho debes a doña Ana. Fel. Ponte el vestido mañana que me dio el Conde. Gas. Por él te beso mil y quinientas veces, como apelación, manos que tan francas son. Y boca y alma contentas. Este papel donde puso las suyas. . Vuelveste loco con el favor. Fe Oye un poco que hasta verle estoy confuso. Lea. Mi bien. Galo que linda entrada. Fe. Mi señor. Ga. otro favor. Lea. Fe. Mi madre es mujer de honor, yo en extremo recatada. no aura remedio de hablar, sino es con una invención. Ga De oro es buena. Fien ocasión, que aquí no tiene lugar. A Garcí Sanchez pedía un sacristan que le hallase una invención que sacase su manga de Cruz un día, Pero viéndole el calzón roto, y en pedir prolijo, saca unas calzas le dijo, y será buena invención. Y si tú la has de sacar regalo, o vestido sea, que a su madre, aunque áspid sea podrá templar, y abiandar. Lea. Y la invención me parece que te pongas de camino, y te finjas su sobrino. Oh cuanto amor enflaquece. Lea. Di que eres de la Montaña, que padres y señas van en esa memoria. Ga. Haran los diablos esta maraña? pero cierta vieja un día dicen que los engañó. Fe. Ponte de camino. Ga. Yo? Tienes botas? . Si tenía, Mas viendo que es el beber camino más pasajero, trocando cuero, por cuero de ellas me deshice ayer. Y sieltro? Ga. Tan gran señor te sueñas, que has de llevar lacayo con sieltro? Fe. Es dar a mi persona valor. G. No hay donaire para mí como un la cayó en verano con fieltro. . Tu blanca mano estuvo señora aquí! mil veces beso el papel. Ga. El papel, y los dichosos se parecen. e. Que enfadosos donaires, ya estás cruel. Ga. Sonle en todo muy parejos los pobres, que ya son graves, que el papel, si no lo sabes se hace de trapos viejos. Bésale, que podrá ser que haya estado en hospitales. Los tiempos no son iguales, ya no es oillo que era ayer. Mas antes siempre es loquera, porque todos locos son. Qué linda fue la invención del papel. Ga. Nunca lo fuera. Ahora bien cesa de hablar, pongámonos de camino. Tú qué has de ser? . Yo sobrino Y yo no he de emparentar: Si gustan con majaderos pues los hay de tu librea. Huérfano quieres que sea, pero tuviera dineros, O estuviera en gran lugar, de la fortuna accidentes, que me salieran parientes, mas que tiene arena el mar. Vanse, y salen doña Ana dama, y Flo ra su madre, quitándose los mantos, y Inés criada. l Flo. Toma esos mantos Inés. Ana. De qué vienes tan mohína? Flo. Con el dedo se adivina lo que con los ojos ves. In. Enfádanla parlatorios. An. Pues eso no es culpa mía. Flo. Para doncellas serabía de dar licencia a Oratorios. An. Es por aquellos corrillos de galanes! n. Claro está. Flo. Basta que eres blanco ya de estos locos mozalvillos. An. Espantaste de que miren una mujer por casar! Flo. Mirar no, más remirar. An. Pues qué importa que remiren: si yo no miro a quien mira: Flo. Yo no te vi con el manto hacer caireles. An. Que tanto me aprietes madre, me admira. Flo. Una mujer ha de estar en Misa como una imagen, porque con esto se atajen los que la quieren mirar. Ana. Madre, de mi parte es tal la ofensa, que me la quita el tomar agua bendita. Fíngete muy venial. Pues a fe que al bachiller que agua contigo tomó que quiza le diera yo su necedad a entender. En el agua santa hay hombre que toque otra mano? An. Espanta, señora el verte tan santa. Flo. No quieres tú que me asombre De que te dijese allí, si esta agua ponzoña fuera, tal unicornio la hiciera epítima para mí. Unicornio. An. Eso te enfada In. Díjolo por la blancura. Flo. Blancura, necedad pura. An. Antes necedad aguada. Flo. Extraña cosa es un necio. Ana. Antes cosa natural. Flo. Nombre tan universal me espanta y pone en desprecio. Mil cosas son necesarias, y a su tiempo las hallamos, y aún a veces las buscamos, y faltan en partes varias. Pero un necio, adonde quiera le hallaréis a todas horas. An. Mucho tu opinión desdoras, en condición tan severa. Si en la calle, allí le halláis, si en la Iglesia, allí también, si en la Comedia. An. Oh que bien su centro madre les dais, Que como de ingenio son las cosas que allí han de ver, cualquiera quiere tener de que le tiene opinión. Flo. Adónde un necio no está? en que ocasión, en qué fiesta! An. Tanto un necio te molesta! Fío. Notable pena me da. Que en cuanto se dice y trata haya tanta cantidad. An. Que quiere, la necedad, anda ahora muy barata. Sale Fineo. i. Paz en esta casa sea. Flo. Bien venga el señor Fíneo, qué tenemos de los novios? An. Este no dirá que es necio. En verdad que con cuidado diligencias voy haciendo para que este serafín tenga un rico casamiento. Flo. Ya le acaban las camisas. Fi. Corrome que trate de eso, hágase nuestro negocio, que después hay harto, tiempo. Flo. Anda esta niña estos días, sabe Dios cuanto lo siento, con báguidos de cabeza. An. Del corazón por lo menos. Flo. No se aplica a la lavor. An. Mas me aplico a los deseos. Flo. Y no come por un pollo. No la riñe? . No hay remedio, Oiga lo que he negociado, Ya le escucho. Fi. Lo primero: un mancebo de Granada cierto amigo me ha propuesto es hijo de un Venticuatro. Flo. Bueno, lindo. Fi. Y como bueno pero tiene un defetillo. Flo. En el pero, vi el defeto. Es sordo. An Hay madre Jesús sordo? Flo. No te admires de eso, que antes dicen que el marido fuera dichoso en extremo siendo sordo, por no oír tantas voces, tantos celos. No dicen que es mucho. . Cómo Que bien entiende, en poniendo una trompeta de plata al oído. An. Lindo cuento. Fi, otro me habló por un hombre extranjero. An. Ay, no extranjero Flo. Porque! An. Porque pasa mal la voluntad a otro Reino. Fi. Por un famoso letrado me habló anteayer Filiberto. An. Tiene muy larga la barba: Ti mucho. A, pues váyase a un yermo Es hombre tan gran letrado, que entre sus libros suspenso, por entender una ley tomó un orinal, y enmedio del verso, hallando el sentido, dio con el sobre un Digesto, y haciéndole mil pedazos, dijo: Sic intelligendus. An. Dios me libre de esa gente, no quiero libros, que quiero hombre para mí con alma, y con libre entendimiento. Un moceron es mejor, oh mocetonto! An. A lo menos conmigo hablará en Romance que es lengua con que me entiendo piensas tú que los que saben letras, todos son discretos, pues cree que hay en Latín muy géntiles majaderos. Flo. Eso sí, venga el perfil de uno de aquestos mozuelos que rizan los aladares con molde a fuego. Fi. y que fuego, ya dan muñecas también. Flo. Si lo son, no será nuevo. Si va a decir la verdad, que otra vez te traté de esto, Lisardo me agrada mucho que es honrado caballero, y de razonable hacienda. Flo. Verle y hablarle deseo. F. Yo le traeré cuando gustes, y voyme. . Guárdete el cielo. A señor Fíneo. Fi. Oh Inés. Tan coja soy, que no tengo de hallar un marido yo: Tengo un honrado mancebo. Oficial? . No es oficial. In. Pues arrímole. . Tan presto. In. No quiero gente de lleva que se remita al paseo, y esto de andar a la droga, sino marido de asiento. Calle que yo la daré para asiento un zapatero, que de estar en la banqueta se le pega a los grigescos. Vase. Flo. En fin doña Ana, Lisardo me agrada, y verle pretendo. An. No lo miras con los ojos, Flo. No, pues con qué? Alcon los dedos. Mira quien llama. . Ya suben. Y quién son! In. Dos forasteros, criado y amo parecen. An. Entráreme en mí a posento. Flo. De forasteros no importa. Salen de camino don Felix galán, y Gastón graciosamente. Guarde vuestra vida el cielo, Sois Flora a caso! . Yo soy. Los brazos. . Pues a qué efecto. Yo soy don Juan. El. que don Juan? e. Señora un sobrino vuestro hijo de Albaro Belarde, y de doña Juana Tello. El Ya el alma me lo decía y con golpes en el pecho el corazón. An. Bien cayó. Abrácense. In famosamente lo han hecho. An. Qué bizarro está don Felix. In. Y Gastón es barrosFe. Vengo con un disgusto notable. Flo Disgusto? . Pasando el puesto se le cayó una maleta a este mozo, que es un necio donde traía las cartas de mis padres. Flo. Mal suceso venía otra cosa allí? Fe. no hará falta, aunque era lienzo. Flo. Porque vos sois carta viva, porque retratada veo a mi hermana en vuestro rostro. Cuando era yo más pequeño la parecí mucho más, con la barba, más parezco a mi padre. Flo. Así es verdad. An. No ves Inés el efecto qué hace la imaginación? In. Aquel socarrón contemplo en forma de Montañes. Flo. Ahora bien, don Juan, ya es tiempo que conozcáis vuestra prima. Fel. Jesús, y qué ángel tan bello! dadme señora los brazos. An. Y cómo Félix que quiero dártelos mil veces. Fe. Calla. A, qué calle! . Importa. An. No puedo Y yo a quien he de abrázar no tengo aquí parentesco con nadie? n. Diga no viene de su tierra más discreto! Ga. Por eso vengo a la Corte, por eso a la Corte vengo a darme un filo rabioso en tantos entendimientos: porque dicen que hay aquí unos ciertos discreteros que hablan en gerigonza. Flo. Mi don Juan entremos dentro, que quiero que descanséis, que en descansando hablaremos de nuestras cosas un rato. Fe. Tía y señora, no vengo tan aprisa, que en la Corte acomodarme pretendo si hubiese algún dueño tal. Flo. Ay aquí famosos dueños, ahora bien, yo tengo amigos, tu buena gracia, yo espero acomodarte, entre tanto aquí tendrás aposento. Quién viene contigo! . un mozo que saqué del campo. l. Haremos diligencia para entrambos. Yo señora también vengo a ser acá Cortesano, que diz caca son discretos. Flo. La simplicidad del hombre! a Montaña, adios le ruego que no me muera sin verte. Ga. Vivirá siglos eternos. Al entrarse la madre, detiene Felix a doña Ana. Aguarda. An, tengo temor Ya no ay de que, porque creo que tengo lisonjeada la fortuna, y grato el cielo. A. Qué bien has disimulado Fe. En tu casa por lo menos, estoy, y soy primo tuyo, An. Haz cuenta querido dueño, que has hecho un engaño a Circe, a Medea, a Ulises Griego. Y ella cómo esta conmigo? In. Con nunca visto contento de tenerte tan presente, Importa tanto, que creo qué en no estando un hombre así un signo que anda paciendo se le pondrá en la cabeza. Luego no hay fe? . De tinteros. que había de estar quien ama, siempre a la vista del pleito, como mano de reloj, sobre las letras del cerco, dijo un sabio, y dijo bien, pues de hora en hora acudiendo, había de dar mil vueltas, desde los ojos al pecho. In. Mejor como el reloj mismo hubiera dicho. . A qué efecto? In. Porque con dar y dar siempre, asegurará sus celos. Vanse, y salen Finco y Lisardo. Fin. Hablela en vos, y estuvo agradecida, que ya tenéis buena opinión con ella. No tuve amor, Fíneo, ni en mi vida pensé querer forzándome mi estrella, pero ver a doña Ana bien nacida, virtuosa y rica, y como veis, doncella de tanta gracia y hermosura, ha hecho un incendio la nieve de mi pecho. No lo dudéis, tal gracia y hermosura no ha menester más dote. n. Así lo creo, pero en aquesta edad será cordura llevar el dote en ancas del deseo, pásose el tiempo, y la inocencia pura, cuando nunca se vio mejor manteo, que de vayeta, o frisa, y que la grana era la mayor gala Cortesana. i Mal año, ahora en solas guarniciones, un dote de otro tiempo va cifrado, y aquestas son las ciertas ocasiones del honor mal perdido, y peor guardado, Lisardo, antojos son las aficiones, amor a muchos se perdió casado, venga el dinero luego, que en el mundo, sino es lo principal, es lo segundo. Amor, que solo estima el bien que espera, a la imaginación desnudo asiste. Fin. Eso de amor, es bárbara quimera, si se resfría el trato, amor le viste. Doña Ana al fin, es única heredera. Fin. En eso no presumo que consiste, porque es tan moza, y tan gallarda Flor. P que se puede casar, si quiere, ahora, Pues que bueno será que el día primero que riña con su yerno, os amenace, Cásese, para como el bien que espero un día, un hora, un cuarto, un punto abrace, Fin. Quéréisla ver? . La vida menos quiero Fin. Pues hoy serán las vistas, y amor trace, que se concluya, pues os viene al justo. No hay más riqueza que casar con gusto. Vanse, y salen doña Juana dama, y Márcelo. Ju. Dile al Cónde en señor, que yo estoy desocupada. La carroza está parada aguardando ese favor. Ju. Pues pídele albricias de él, si te parece que es grande. Y aún haré que me las mande, antes que le advierta de él. Sale el Conde. Con. Ya es tarde, que ya he subido? Ma. Ya las albricias perdí. Con. No harás, aunque al bien que vi; por mi hallazgo se las pido. Ju. Tan perdido os presumís? Con. Pues no es encarecimiento, que sola en mi entendimiento por luz del alma vivís. Ju. No tiene locura amor, como es el encarecer. Con. Siendo locura el querer, será el decirlo mayor. Ju. Cómo habéis hasta hoy estado? Con. Con esperanzas de veros, que no hay vivir sin teneros, con esto engaño el cuidado. Pero vos no hauréis tenido esa memoria de mí. u. No, porque no la perdí. Sa le un escudero. c. Aquí, señora, ha venido Flora, con su hija bella. Con. Estorbo yo? Ju. No señor, antes nos haréis favor, y holgaréis de hablarla y bella, que tiene, aunque en tierna edad un gallardo entendimiento. Salen Flora y doña Ana. Flo. Volved el coche al momento! Ju. Jesús, tanta brevedad! Flo. No estáis sola? Con. No seré visita pesada yo. Ju. Eso aseguro. Flo. Yo no: mas quién es? Ju. Yo os lo diré, el Conde Otavio, si habéis oído su gran valor. Flo. Que me perdonéis señor os ruego. Con. No merecéis perdón, pues no habéis errado; por muy vuestro me tened. Flo. Haceisme, tanta merced, que me habéis puesto en cuidado Jú. Jesús niña, llega acá verate su senoria. An. Vergüenza, señor, tenía. Con. Bien de vuestra parte está, pues que de rosas tan bellas a esas mejillas hermosas, quien pensara que sus rosas nacieran en las estrellas: Enverdad, señora Flora, que es muy linda aquesta dama; qué nombre? . Ana se llama. Con. A nadie perdona ahora. M. Jugó el Conde mi señor del vocablo, triste caso. Con. Si el amor se topa acaso, acaso ha topado a amor, Ferias con vuestra licencia la quiero dar. Flo. Bien podéis, mas no las que vos queréis, que en estas hay diferencia. Con. Pues tenéis que me pedir? Sí señor. Co. Dicha notable. Flo. Daisme licencia que hable? Con. Dádmela vos para oír. Flo. De la Montaña ha venido hoy un sobrino que tengo, y pues a tal tiempo vengo, que le recibáis os pido En vuestra casa, señor. Con. Cómo se llama? Flo. Don Juan de Belarde, y tan galán, que merece este favor. An. Yo también os lo suplico. Con. Para terceros tan buenos, o el había de ser menos, o yo más noble y más rico. An. Vos no podéis ser mejor, él lo será a vuestro lado. Con. Yo quiero ser su criado, don Juan será mi señor. No me agrada esta humildad, amor anda por aquí, sino es que lo hace por mí, sabiendo nuestra amistad. Flo. Si vue señoria quiere yerle, afuera le dejé. Con. Mucho de verle holgaré. Ju. Llamalde, pues no hay que espere. Mejor ocasión que ahora, celos, tened el rigor, que no tengo tanto amor, para tenerlos de Flora. Siempre al Conde le he mirado con ojos de desigual. Con. De un sera fin celestial, doña Ana es propio traslado. Sale don Felix y Gastón. Fel. Deme vuestra señoria los pies. Con. Buen talle por Dios, no se yo cual de los dos servir al otro podía. Alzaos del suelo, don Juan, que en mi tendréis un amigo. Fel. Afuera he sido testigo de esta merced. Con. Qué galán, Qué gentilhombre y bien hecho, buen primo tenéis, doña Ana. An. Pareceos bien? Ju. Cosa es llana. Con. Doña Ana me ha satisfecho. Jú. Don Juan es mozo galán, si el Conde mira a doña Ana, por vida de doña Juana, que he de mirar a don Juan. Con. Flora me ha dicho las partes que tenéis. l. Flora es mi tía, y aún decir madre podía. Ju. Oh que bien flechas repartes. Amor en toda ocasión, dale de doña Ana al Conde, dejarasme las que esconde don Juan en mi corazón. Con. De hoy más me podéis servir. Fel. Dichoso en extremo soy. Con. Venid conmigo. el. Yo voy, adonde podré decir, Qué recibo nuevo ser. Con. Quién es este gentilhombre? Fel. Ya no ha de tener mi nombre, solo el vuestro ha de tener. Con. Quiero a los dos recibiros. el. Téngolo a mucha ventura. Gast. Soy, señor, añadidura de don Juan, para serviros. Con. Hombre parecéis muy sano. Gast. Albricias os diera yo, que un albeitar que me vio, me halló manco de una mano. Con. Qué erades en vuestra tierra? Hidalgo no más. Co. No más? Y es poco? Con. Bueno serás para la guerra? . Qué guerra? Con. La del servir. . Qué mayor? C. Tu nombre? Ga. Gaston me llamo, muy bueno para mi amo, si es bueno ser gastador. Ju. Vamos al jardín primero que os vais. . Tenemos que hacer. Ju. Cuándo nos hemos de ver? Flo. Yo por momentos lo espero. Vanse, y quede doña Juana a. Ju. Si en un carcaj dorado están metidas amor, tus flechas, bien se ve que a tiento, ciego las sacas, con diverso intento del que después se mira en las heridas. Quitas sin vista diferentes vidas, y como las esparces por el viento, y el blanco no se ve del pensamiento, por eso quieres, y por eso olvidas. Tirando así, no hay alma que resista las duras puntas de tus flechas fieras, porque el mundo contigo se resista. O si con vista dulce, amor, nacieras, y acertaras las almas con la vista, mas no fueras amor, si la tuvieras. Vase, y salen Lisardo, Fines Inés, y criados. Fin. Aún no han venido de fuera? In. No señor, mas ya vendrán: es novio aqueste galán, que a mis señoras espera? Fin. No se ve qué novio es? In. Parécelo en el olor. Huelen los novios? n. Mejor los suelen oler después. No tiene mala persona: son aquestos sus criados? Fi. Los mismos. In. Bien adornados, cosa que no poco abona, Que los criados, Fíneo, son portada del señor. Fin. Del coche es este rumor. In. Que vienen mis amas creo. Salen Flora; y doña Ana. Flo. Cansada vengo. Ana. Yo pues, pero a gran ventura tenga la comodidad del premio. Flo. Qué gallardo caballero, es muchacho el Conde Otavio. A ouos te agravad, creo, que has tenido quietos ojos. Flo. Qué llamas ojos quietos? An. Honestos quise decir. Flo. Pues en que no son honestos? es vengarte del sermón: An. Malicias? Flo. Yo las confieso. Aquí está el señor Lisardo. Flo. Por todo extremo me huelgo. Pues holgaos con esa dama, y será por todo extremo. In. Espantosa necedad. Vive Dios que es buen agüero, el casamiento se hará, que ya el desposado es necio. Flo. Siéntese vuesa merced. Sabe Dios lo que me siento. In. Mas que le mata el albarda! Mas que no para hasta ciento! Flo. Mira que buen talle tiene. An. Hombre parece. . No entiendo. An. No importa. . Pues no te agra An. Ahora, señora, es presto, (da: no nos miran a nosotras hasta el mismo pensamiento: pues también tenemos alma. Flo. Las hijas los ojos ciegos, han de querer lo que quieren sus madres. An. Lindo consuelo, para quien ha de dormir con un hombre tanto tiempo. Turbado estoy, mas no es mucho, tan cerca del Sol me veo, que bien puede por los ojos cegarme el entendimiento: Señora Flora, estas cosas trató conmigo Fineo, 18 parte. aquí no hay que tratarmas de firmar nuestros conciertos, no quiero dore, que bastan los grandes merecimientos de doña Ana mi señor- Flo. Mucho ese amor agradezco, In. Mi señor don Juan Belarde ha venido, y mi contento. astón. Sale don Felix Qué caballero es aqueste! Quién es este caballero? Flo. Este es don Juan mi sobrino: este es sobrino mi yerno. mo Téngame vuesa merced por cuñado. . Qué es aquestos An. Quiere mi madre casarme, que viene este majadero a las vistas tan vistoso, como allá dicen los ciegos. Esto tenemos ahora! señor Lisardo, tratemos de esto, a solas vos yivo. sala De buena pana, Fineo. Qué dices? . que no me agrada aquesto del parentesco. Con celos entras, no aciertas, que las mujeres que vemos con mal de madre preñadas, hasta parir no hay remedio: así tú, si tescasases con celos, era muy cierto, que para toda la vida fueras casado con celos. Vanse todos, queden doña Ana, don Félix, Gastón, y Inés. F. A buen tiempo pordios, Ana, este parentesco has hecho, bien quedaré con ser primo, si este gallardo mancebo con ser tu marido sale. An. Mejor de mi amor lo pienso, porque primero vendrá todo el Firmamento al suelo, tendrá la envidia quietud, paz la soberbia, honra el miedo, Sol la noche, amor templanza, pena el bien, gloria el infierno, que deje yo de ser tuya. Así de tu amor lo creo, mas no temo tu firmeza, sola mi desdicha temo, y cuando esto desconciertes, como es forzoso, no tengo para que vivir, que piensas, que hay por segundo suceso? An. Qué puede haber? . Este Conde; que las dos me dais por dueño desde que entré en su carroza, privanza en criado nuevo, hasta que llegó a su casa no cesó solo un momento de alabarme tu hermosura, desde la planta al cabello, y decirme que si gasta su estado, y el de sus deudos has de ser suya. An. Qué dices? Que vengo perdiendo el seso. An. Igual puedo yo perderle, pues que de celos le pierdo de doña Juana. . De quién? An. De quien al Conde tu dueño se pareció en la mudanza, pues él la olvidó tan presto, y ella por quererte a ti. el. Con eso estaremos buenos. An. Yo lo que no fuere tú por todo extremo aborrezco. Fel. Y yo lo que tú no fueres. An. Ven al jardín y hablaremos, mientras mi madre y Lisardo hacen tan necio concierto. Si él sale con lo que intenta, yo le tendré por discreto. Vanse. Cómo estamos ella y yo? In. Y como le va de juego a el? Gast. Jugando a la argolla, dijo que estaba Cisneros, cuando le llamó su amo, y el respondió: Yo voy luego, que poco me falta ya, va a doce, y dosbocas tengo: Quién duda que los criados del desposado monderno, tendrán a bisa merced llena la testa de viento. Qué paje barbón la mira? en que lacayo Gallego ha puesto los ogidiablos? In. Cáígale un cesto de peros, tengan dineros los sanos, tengan salud los enfermos, sepa bien el beber frío, pasen mis años de ciento, cuando yo no fuere tuya. Gast. Pues voy contento con eso, que como nunca decís verdad en los juramentos, al reves te vendrá todo. In. Adiós Durago! . Adiós Due In. Leandro quise decir. (ro. Gast. Yo Ero, mas ya no acierto, que como no se nadar, siempre a la orilla me quedo. Salen el Conde, Lisardo, y Márcelo.

JORNADA SEGUNDA

Con. Vos haréis como noble caballero, en dejar de casaros con doña Ana. Después que vi las sombras que os refiero, propuse el fin a mi esperanza vana. Con. Yo la quise, Lisardo, y yo la quiero, ya sabéis que el poder todo lo allana, si bien guardando siempre su decoro. Ya se la fuerza del valor del oro. Es el oro, señor, la quinta esencia s del poder de la tierra donde el toca, no queda honor, edad, fuerza, y prudencia, uno vence, otro priva, otro provoca: allá tuve también otra advertencia, con que mi voluntad, o mucha, o poca, quedó si no resuelta, al fin templada. Con. Pues es más que de mi doña Ana amada? De aquel Osorio auréis la historia oído, que vio caer el hombre cuarto a cuarto, lo mismo a mi temor le ha sucedido, con que de amor el pensamiento aparto: ha se formado un hombre repartido a mis ojos, de suerte que me parto para siempre de en casa de doña Ana, que no será temor ni sombra vana. Con. No me diréis, quien hay que más la quiera? Satisfacer mis celos solo puedo, los vuestros no, pues basta que os refiera, que dividido de este intento quedo, querelda Conde, o quien mi ausencia espera, que de casarme sosegado el miedo, no me importa saber el más dichoso, que no lo veréis vos, si estáis celoso. Vase. Salen don Felixy Gastón. Fel. Era Lisardo este? Con. El mismo era. Pues Lisardo contigo? Con. Hele quitado su gusto de casarse. Fel Aunque el quisiera, no pienso que quedara efetuado, a Flora le pedí que deshiciera lo que entre ellos estaba concertado, por dar vida a tu amor. Co. Ya estaba muerto a manos de ese bárbaro concierto. Esto se que me debes, y que hago todo lo que es posible por tu parte, y que con mil quimeras satisfago esta objeción de no poder casarte. Con. Yo se, don Juan, que con mi amor te pago, y esperó en obras, que es razón pagarte, el quitar a doña Ana el pensamiento, de este mal prevenido casamiento. Y pues has comencado en mi servicio con tal felicidad para obligarme, hoy has de hacer también un nuevo oficio. Ya la dificultad está en mandarme. Con. Yo amaba a doña Juana. Fel. Tuve indicio bastante de ese amor. Con. Enamorarme pudo doña Ana, y olvidarme de ella. No fue acidente, si no ser más bella. Con. Para que doña Juana me dejase, querría que tratases de servilla; porque ocupado en ti se le olvidase. el. Pues cómo sabes qué podré rendilla? Con. Si casarse contigo imaginase, presumo que era fácil reducilla, por lo menos oyendo casamiento, no hay mujer que no aplique el pensamiento. Si te quieres casar, yo te prometo dote, que te enriquezca: si engañarla, no siendo de tu gusto, hasta su efecto podrás de mil promesas sustentarla, ya me entiendes, don Juan, tú eres discreto, si doña Juana ha dado en visitarla, por ventura dé celos a doña Ana, será mi pretensión incierta y vana. Mas de tu amor fingido entretenida, o que fuese, pues puede, verdadero, no habrá esperanza que mi gusto impida. Fel. Ello no es fácil, más servirte espero. Con. Yo se que en esto me darás la vida, Márcelo, ver aquella ingrata quiero. M. Ya tienes a la puerta la carroza. Con. Lo que amor teme, la esperanza goza. Vanse el Conde y Márcelo. Qué te parece de esto? . Qué es forzoso dar gusto al Conde. . Pues querrá doña Ana, después de ser tercero cauteloso, que quiera, aunque lo finja a doña Juana? No hay discurso, señor, tan amoroso, tan frágil es la condición humana, que no importe tal vez darle a cautela celos, que son de amor famosa espuela. No siempre se ha de amar como tú quieres. Cuando guardan lealtad, amor lo manda. Yo conozco, señor, a las mujeres, la que se queda atrás con celos anda: sosiégala diciendo que te mueres, si nunca amor sin celos se desmanda, inquiétala, y obliga a mil desuelos, que amor se hace gigante con los celos. Vanse, y salen doña Ana, Juana. Esta ha sido la ocasión doña Ana, de visitarte. An. En fin, ya por esa parte salgo de la obligación. Toda la tiene don Juan tu primo, a mi grande amor. An. Pues no es el Conde mejor, más discreto, y más galán? No me lo parece a mí. An. En fin le obligaste? Ju. Ya tan fuera del alma está, como yo lo estoy de mí. Hazme tan grande placer, placer dije, bien dijera mejor, de hacer que me quiera, pues tú lo podrás hacer. Que como tu sangre, en fin solicitarás mejor ne el principio de mi amor, y de mi esperanza el fin. An. Esta ha venido a matarme, ay celos, que me queréis? no basta que me los deis, amor, con desconfiarme, Si no que yo misma sea quien me mate, y solicite mi muerte. Ju. Bien se permite, que en nuestra amistad se vea Esta fineza de amor. An. Digo que yo le hablaré, para que estime tu fe, y conozca tu valor. Ju. Conoceré tu amistad. An. Segurísima estar puedes. Ju. Harasme dos mil mercedes. An. Y él sabe tu voluntad? Ju. Mis ojos, que lenguas son del alma, dicho le han muchas veces a don Juan la fuerza de mi afición. Ana. Pues va a tu casa! Jú. Acompaña al Conde. Ana. Será por verte: declaradoseha mi muerte, falso amor, traición extraña. A don Felix, cuantas veces esto de tu amor temí, y el nunca te dijo a ti, lo mucho que tu mereces. Ju. Hasta ahora me requiebra con palabras generales. An. Pues ya con principios tales, haz cuenta que se celebra Tu dichoso casamiento. Ju. Ese es el fin a que aspiro, por lo imposible suspiro. An. Llevó mi esperanza el viento. Ju. Él viene, ay Ana, remedia Salen don Felix, y Gastón. mi mal. Fel. Mi prima y señora! An. Que podré callar ahora, que amor no acaba en tragedia? Mira, primo, que está aquí mi señora doña Juana. Fe. Con los rayos de doña Ana, que me deslumbran, no os vi. Ju. Disculpado estáis, don Juan. Fel. Prima, aquí tengo que hablaros? An. Que sirve buscar reparos, si tantos celos me dan? Fel. Prima, el Conde mi señor, que nunca mi señor fuera, quiere que a su dama quiera, para proseguir tu amor. Qué dice que doña Juana no estorbará, entretenida su deseo, y que la vida, daré a su esperanza vana. Paréceme obedecer, como tu gustes, su gusto, pues no te dará disgusto lo que por burla ha de ser. Que pues de mí estás segura, que con el alma te adoro, y de guardarte el decoro nuevamente amor te jura. No importará que la diga dos fingidos disparates. An. Qué de esta suerte me trates? Qué causa tu enojo obliga: An. Pues tú, don Felix, a mí hacer tercera me quieres de tu gusto? Fel. Las mujeres luego os alteráis así. Yo sirvo al Conde, aunque soy quien sabes, tú lo trazaste, y aunque en esto me obligaste, por ti sin descanso estoy. Ya es fuerza, no hay que enmendar, porque se suele decir, que cuando servir, servir, y cuando mandar, mandar. Esto el Conde me ha mandado, si paso porque te quiera, por conservar la quimera de la invención que has buscado. Pasa tú, porque le diga dos necedades ahora a esta engañada señora, arosiga. y que esta buria pe- Que todo ha de resultar en tenerte más amor. An. Antes será lo mejor, pues yo te daré lugar, Que muy de verás la quieras, que aunque dices que te burlas, tal vez se comienzan burlas, que acaban en muchas verás. Anda, Felix, vesla allí, dile amores, haz tu gusto, que no me dará disgusto lo que te da gusto a ti. Para que es bueno engañarme, si no tratarme verdad, si la tienes voluntad, de qué sirve atormentarme? Hame de faltar a mí algún gusto despreciado, donde poner el cuidado, que no halla lugar en ti! Gracia tienes, y que tal, chillarte, Felix, quisiera, si esta dama no entendiera, que ya te quiero tan mal. Qué me miras! Fel. que extrañeza, que bárbara condición, con que extraña imperfección os hizo naturaleza! No ves tú, que es conservar nuestro amor, este cuidado: An. Lindo azucar has buscado, pero no me has de engañar, Que está debajo el veneno, El Conde. Ana. A buena ocasión. Sale el Conde. Con. Tales mis venturas son, aunque de ellas vine ajeno. Señora! An. Aquí, gran señor, tenéis vuestra esclava: quiero vengarme. l. De celos muero, que son cuartanas de amor, Que la piedad de los cielos, viendo que era amor león, emolar su condición, loS por teí le dio cuartanas de- Con. Deseoso me tenía vuestra ausencia. An. No se ve, porque nunca donde hay fe, la presencia se desvía. Fel. Esta se quiere vengar, y al Conde favorecer, pues el reñir suele ser recibir, doña Ana, y dar. Demos todos, y el amor ayude al que más pudiere, que si yo vencido fuere, al fin saldré del temor. Qué soledad es aquesta? Ju. Faltar vuestra compañía. l. A llegar me detenía la duda de esa respuesta. u. Quién puede estar tan seguro de lo mucho que merece, que teme? Fe. Amor me enloquece, sola mi muerte procuro. Ana. Advierta que señoría, que doña Juana está allí, y murmurará de mí. Con. Ya prevenido tenía a don Juan que la enamore. An. Con todo llegalda a hablar: muerome por estorbar que hablen. ol. Por más que dore Doña Ana, el favor que ha hecho al Conde, no ha de poder en muchos tiempos volver, como la tuve, a mi pecho. Con. Pues señora doña Juana, ya tan olvidada? Ju. Creo que os debe mayor deseo, la hermosura de doña Ana. Con esto no os espantéis, si me retiro de vos. Con. En este jardín los dos hablemos, si voe- queréis, a orque tengo que contaros un casamiento. Ju. Si fuese con don Juan, y amor me diese tanto bien. Con. Quiero obligaros. Habla entre tanto don Juan con doña Ana en mi favor. Ya voy a hablarla, señor, pues tanta ocasión me dan. Vanse el Conde y doña Juana. An. Pensarás que estoy ya muerta, porque hablaste a doña Juana? l. Y tú porque hablaste al Conde, qué debo de estar sin alma? An. Si le hablé, señal sería que tengo lengua. . No habla quien no la tiene, y a mí no pienso yo que me falta. An. Qué le dirías de amores? quede engañosas palabras! quede mentiras de hombres? Fel. La mentira, cosa es clara, que nombre de mujer tiene. An. La verdad es cosa llana, que también tiene ese mismo. Estás contenta?! An. Y pagada. En fin gustas de perderme, pero tú dirás que ganas. Ana. Qué pierdo, si te he perdido! Tienes razón, poco o nada. An. Cómo sufres que al jardín lleve un galán a tu dama: Cómo es tan grande mi amor, no he sentido que se vaya. Pero tú como dejas: si como, pienso le amas, que al jardín vaya con ella, no ves on amor quiere guardas, a que de las ocasiones resultan cosas extrañas. An. Cómo es tan grande mi amor, no he sentido que se vaya. Sale Flora quedo. Qué mal término tuviste! An. Pues tú en mi término hablas villano vil Flo. Qué es aquesto? Tu madre, voime. Flienque andas, Vase. piensas que ya no lo entiendo? An. Ven a matarme. Flo. Tu tratas de villano a don Juan? An. Sí, Flo. Sí dices? An. De que te espantas? Flo. No me he de espantar de ver, que le quieras bien, ingrata a Lisardo, al Conde, a todos cuantos te quieren? An. Acaba, que todo es quimera tuya. Flo. Quimera al quererle llamas? en tanto pesar me huelgo, que has descubierto la hilaza. An. Hilarasme tu mejor? Flo. Basta necia, necia basta. An. Tan mal te parece a ti que yo estuviera casada con mi primo: no es mi primo don Juan, hijo de tu hermana? pierde por su padre acaso! no es Belarde! no es Sarabia? No le dieron como a ti su principio las montañas, y de la dispensación, si ese disparate entablas. Dos mil ducados es barro, plega a Dios. An. Tente no hagas disparates. Flo. Morderé? An. No muerdas, puesto que rabias; Que porque salgas de pena, si estas cosas te la causan, yo quiero querer. . A quién? An. A mi primo. Fl. oh fiera, o falsa. An. A Lisardo decir quise, más vase tal vez el alma tras la lengua, porque amor en cualquier cosa resuala. Flo. Qué tú a Lisardo querrás? An. Señora, a Lisardo llama, que hoy me casaré con él. Cumplirás esa palabra? An. Tú lo verás. . Y tú en mí tanto amor, y afición tanta, que hoy, hoy quiero que a la puerta de Guadalájara vayas, y saques por cuenta mía dos joyas, y cuatro galas. Ana. Ya he sacado yo una joya. Flo. Qué joya? An. Cierta venganza. Vanse, y salen el Conde y do- na Juana. Ju. Eso me parece, bien. Con. Cuando un hombre se declara adonde debe respeto por obligaciones tantas, grande amor, o gran flaqueza. Ju. Pues Conde, ya que a la cara de la verdad, el rebozo le quita tu amor, descansa de mi temor y respeto, sirve, y pretende a doña Ana, que yo también quiero bien. Con. Ahora sí, que me tratas como amigo, ahora sí, que la verdad se levanta de la opresión en que estuvo, pero sabré yo a quien amas. Ju. A quién para casamiento me propones? Con. Cosa extraña! a don Juan. Ju. A don Juan quiero, que a un mismo tiempo tu alma y la mía concertó un amor, y una mudanza: porque yo quise a don Juan, y tú quisiste a doña Ana. Co. Gran bien me has hecho, en albri- te mando una joya rara, (cias que de Italia me trujeron, donde verás las tres Parcas por cien diamantes más duras, que por las vidas que acaban. Ju. Ya sabe don Juan mi amor, y yo le he dado esperanza. Con. Luego bien podré valerme de ti para con doña Ana? Ju. Tú verás, si con don Juan me ayudas, para que salga mi casamiento a luz presto, lo que mi cuidado alcanza. Con. Puedome ya prometer algún bien? Ju. Sirve y aguarda, que hay ocasiones de amor, que es buena la confianza. lora, doña Ana, y Inés. Vanse, y salen Lisardo, Flo. Mucho, Lisardo, estimo tu venida. Agradeces mi amor injustamente, una gran voluntad, aunque ofendida, vuelve con poca fuerza fácilmente. Flo. Siempre fue la hermosura perseguida, la justicia es mi hija claramente, quiérenla todos, si igualmente pasa, y ninguno la quiere por su casa. El Conde nos promete mil quimeras, y da como esperanza de casarse, y esperanza aún entera, y mil enteras, pocas veces se ven ejecutarse, otros así, mas tú lo consideras, y ella pues es razón debe excusarse, si nacio para ti, que nos cansamos, cuando en un parecer los tres estamos. El Conde me llamó, díjome el Conde mil invenciones, y temores vanos, Flo. Que mal a su nobleza corresponde, mas tiene amor, sin ojos, y aún sin manos. Sin ojos Flora, ceguedad responde, así le pintan Griegos y Romanos, pero sin manos no, que han de ser largas, para que pueda darle el oro a cargas. Flo. Ahora vamos a hacer las escrituras, y ruin sea esta vez por quien quedare. Vamos, que de esta vez serán seguras, como en el juramento se repare. Vanse los dos, y sale don Felixy Gastón. An. Qué fin han de tener mis desuenturas? pero que desuentura habrá que pare, sino es en mí! . Qué es esto Inés? . qué quieres? el tiempo el son, mudanzas las mujeres. Fel. Lisardo aquí otra vez? In. Pues no lo miras. Gast. Háblala por tu vida cuerdamente. Ana. Eres don Félix tú? de qué te admiras? pues ocasión me has dado suficiente, si tú a casarte en otra parte aspiras, es milagro que yo lo mismo intente: no sabes que no hay gustos ni placeres, que olviden la venganza en las mujeres? Fel. Prima, pero ya no prima, y si prima falsa, y tal, que en mis bienes sueña mal, pues a dejarme se anima, que pecho habrá que reprima la fuerza de tu mudanza, que al honor, y al alma alcanza: a como se echa de ver, que pasas como mujer, del amor a la venganza. Si te dije que quería de burlas a dona Juana, porque eras mi luz doña Ana, como lo es el Sol al día, que ofensa hacerte quería, pues antes era defensa del Conde, cuyo amor piensa, tu ingrato pecho pagar, pero quien quiere olvidar, bien sabe fingir la ofensa. Que buena paga de amor, tarde y mal, más nunca el mal llegó tarde, que mortal veneno! qué vil temor? yo ser a tu fe traidor! yo mudarme! mas que digo, si tu esposo y mi enemigo me han de vengar hoy aquí, pues yo quedo muerto en ti, y el queda vivo contigo. Ana. Poco a poco, que es locura pensar, que nadie ha de ser tan suyo, que pueda hacer desprecios a la ventura, la voluntad más segura, si es discreta, y fue dichosa, ha de estar más sospechosa, que quien ama, no ha de amar de burlas, para matar un alma, siempre celosa. Qué querías que yo hiciera, si dices que has de querer, puedote yo el alma ver? es tu pecho vedriera? no hay burla más verdadera, que llegarse amor burlando, que el amor lisonjeando, entra mejor sin recelo, porque el trato es como ancuelo, que pesca el alma callando. Había yo de aguardar a lo que pudiera ser, y que hablando de querer, te supieras tu guardar, la ocasión ha hecho errar muchos, que no lo creyeron, que más santos que tu fueron: luego, Felix, no presumas, que te serviran las plumas, donde los otros cayeron. Fel. Disculpas tu liviandad. con lo que está por venir. An. Nunca ha sido el prevenir alomenos necedad. El mudar tu voluntad, bien se ve que no es honor. An. El casarme, qué mayor? Fel. Tal dices, plega a los cielos, que nunca te falten celos, y siempre te sobre amor. Hay tan grande libertad, esto se sufre a mis ojos. An. Felix, con menos enojos, que es esa mucha amistad. Fel. Fiaste de mi lealtad: An. Ni aún de mí pienso fiarme. No has acertado en dejarme, que en llegando a no querer, que piensas que puedo hacer, sino vengarme, o matarme? Señor, ten por Dios cordura. In. Señora, ten más acuerdo. An. Déjame necia. . Señor, advierte. l. Déjame necio. Sale Flora. Flo. Qué es esto, otra vez pendencia? Fel. Hago al cielo juramento, y a cuantas luces sagradas son guarnición de sus velos, a la patria en que nací, a mis padres, y a mis deudos, a mis amigos. Flo. Detente. el. No me detengas. Flo. Si quiero. Ana. De que historia de Zamora, señor primo, sacó el reto? No importan burlas, doña Ana, en verdaderos sucesos, lo que juro cumpliré, si el mar, la tierra, y el fuego, y todos los vientos juntos, se me pusiesen enmedio. An. Todos los vientos? Fel. Y todo cuanto es poder, y no es cielo, de no verte eternamente, mientras en tu casa. Flo. Pienso don Juan, que te has vuelto loco. Fel. Pon, Gastón, mi ropa presto, esos papeles recoge, saca esas maletas luego, hoy me parto a la Montaña, deme el valle de Carriedo en sus seles sepultura, lloren mis padres. Fío. qué es esto? adónde vas de ese modo? es justo que su remedio, quieras quitar a tu prima? Fel. Tía, ya no más, ya es hecho, yo he llegado a declararme, no te espantes que estoy muerto, cúlpate a ti, que formaste la ingrata, por quien me pierdo, para esto vine a la Corte? y a tu casa para esto? para esto me diste en ella con tanto amor aposento? doña Ana se ha de casar? otra vez le ruego al cielo, que si volviere a tu casa me pase. Ga. Calla. . No quiero. Gast. Voy a poner las maletas? Pues eso dudas! Gast. Harelo con lágrimas de mis ojos. Vase. An. Él se fue. . qué es esto? Ga. Celos, dame tus pies y perdona los pesares que te he hecho. Yo te perdono, Gasión. Sábeslos todos? Flo. Sospecho, que no serán de importancia. Gast. Cómo me voy, me confieso primeramente una noche de tu despensa, ya tiemblo, descolgue cuatro chorizos, y una pierna de carnero, las tres azumbres de vino, porque azotaron al negro, yo me las bebí también. Flo. Camina, déjate de eso. Gast. Échame tu bendición, que espero, Flora, en el cielo, que has de obispar algún día. Qué dices? Ga. que siempre es bueno recibir la bendición de los que lo son por cierto, aunque no sean Obispos, porque después pueden serlo: A mi señora doña Ana no hablo, porque la veo con las manos en los ojos, tu Inés, pues bien los merezco, dame tus abiertos brazos. In. En fin te vas? Gst. Cómo puedo no irme. In. Dios te encamine. Gast. Ya ti te libre de perros. Flo. Alza los ojos, doña Ana, alza los ojos del suelo, lágrimas tú? Ana. Pues que quieres, pues ya se va cuanto quiero, y cuando no fuera así, a ser tu sangre no debo estas lágrimas? Flo. Yo digo que no llores, que aún yo tengo como cera el corazón, pero que tengas consuelo, que en haciéndose la boda con la bendición del cielo, querrás bien a tu marido, como otras muchas lo han hecho. An. Desconfío, madre mía. Flo. La cosa de más contento en la mujer, son las galas, de estas, dos mil te prometo. An. Madre, las galas y joyas no bastan, porque es lo menos, para pasar tanta vida al lado de un hombre necio. Vanse, y salen el Conde y Márcelo. Con. Dos cosas son bien notables. La boda se vuelve a hacer, y se va don Juan. Con. No hables jamás en loor de mujer, porque todas son mudables. Todas no, que hablas con ira, que es lo más que dicen de ellas, engaño, burla, y mentira. Con. Quién pone esperanza en ellas, que piensa, de que se admira? Que bien dijo Sanazaro, que sembraba en el arena, y que araba el viento claro. 16parte. M. Mas vale sola una buena que el mundo. Con. Es ejemplo raro. Ma. Raro? sin comparación, mas las que son buenas son. Con. Creolo, estoy enojado, terrible ocasión me han dado, y háceme hablar la ocasión. Bien se yo que una mujer, virtuosa puede ser corona de una ciudad, en muchas hay variedad. M. Es que les falta el poder, Mas que varió un hombre sea Sale don Felix de camino, y Gastón. no es fealdad. . Vue señoría me dé los pies, porque vea, que viene el mal en un día, y que el bien siempre rodea. Señor, mi padre me escribe, que queda para morir. Con. Sola esa carta prohibe el detenerte y sufrir, el alma, el mal que recibe. el. Yo lo quisiera excusar, pero mi pobre hacendilla mal se podrá gobernar, que costó mucho adquirilla, y es un honrado solar. Con. Haz que le den mil ducados, vente conmigo don Juan. Vanse el Conde y Márcelo. Vivas los años doblados de Nestor. Gast. Por Dios que van los duelos con pan dorados. el. No hay, Gastón, si no partir. No te alegra este dinero? Fel. Ya no estoy para sentir, porque gozarlos no espero, como el que quiere morir. Mil ducados, no estás loco? pese al alma de un Judio. Ya todo lo estimo en poco, pero partamos con brío, celos, yo mismo os provoco, que todo aqueste acidente, es hasta pasar la puente. La puente de amor son celos, paga el portazgo en consuelos, y pasarás fácilmente. Cómo tengo de poder olvidar hoy, si amé ayer. Gast. Tuviera yo mil ducados, y una higa a los cuidados de la más linda mujer. Vanse, y salen doña Ar Aña. No tienes que cansarme; que ya estoy con intento diferente, ya no quiero casarme. Ni yo tengo paciencia suficiente, para tanta locura, ni hay palabra en mujer, ni fe segura. An. Quién dice que la tengas, vete con Dios, Lisardo, vete luego, y eternamente vengas a esta casa. . Qué honor, que amor, o fuego en quien pone esperanza en la esfera mayor de la mudanza. Para que me llamanas? yo no estaba de ti tan descuidado, como de mí lo estabas! para tanta deshonra me has llamado! de que estás ofendida, mas débeslo de estar de ser querida! Basta que soy el coco, a cualquiera desdén de tus amantes, teniéndome en tan poco; como se ve por burlas semejantes, venga, Lisardo, a cielos, y a todos cause con casarse celos. Concertemos doña Ana, que esto pase por burla y no de veras, que yo vendré mañana, y otras mil veces que casarte quieras, a hacer el fingimiento de aqueste mal logrado casamiento. An. Déjame que estoy loca. De que lo estás, consuélate conmigo? An. Con el agua a la boca me pides que hable! . Que te dejo digo por loca y por ingrata, mal haya, amor, quien con verdad te trata. Vase, y sale Flora. Flo. Qué voces son aquestas? An. Que he despedido, madre, el desposado en medio de las fiestas, y que se va de aquí desesperado. Flo. Porque? An. Porque no veo el bien que adoro, el dueño que deseo. Hay madre, hay madre mía, cuanto estará de aquí? quién fuera un abe? que leguas en un día anda una posta? pero bien lo sabe mi loco pensamiento, que va tras el acompañando el viento. Aura mi bien parado? en que venta estará? si corre ahora? Flo. Que con vida he quedado viéndote loca ya! An. Mire, señora, don Juan es su sobrino, que culpa tuve yo, si a verla vino? Flo. Acabose, esto es hecho, vente a acostar muchacha, que estás loca. An. Lleno de fuego el pecho, ya ni dormir, ni descansar me toca. Flo. Perdiendo estoy el seso, hay desdicha tan brava ay tal suceso? e Inés. In. Apenas puedo de risa darte un recado, señora. Flo. Viene el Cónde por ventura? buscaré dónde me esconda! In. Que no es el Conde. . Pues quién: In. Dos hidalgos en dos postas. Quién! In. Don Juan y su criado. An. Toda el alma me alborotas. Flo. Por el siglo de mi padre, que nos han de volver locas. An. Burlaste Inés! In que es burlarme. Salen don Felix y Gastón en cuerpo. ya entran. Gast. de qué te enojas? Fel. Jesús, Jesús, qué descuido! los papeles que me importan honra y vida, y por lo menos, donde está mi ejecutoria. Flo. Qué es esto, señor sobrino? Fel. Este demonio, que acorta mi vida con sus descuidos. An. Temblando me tiene toda. el. La ejecutoria olvidada? que es todo mi amparo y honra me deja en el aposento: vive Dios. Gast. Tenle señora. Estaba en Villacastín, y con la ocasión forzosa de ser el lugar vetría, que noble o no, tanto monta, de mi ejecutoria trato, con tres, o cuatro personas que estaban en la posada, y dice con linda forna el pícaro, el ganapan, que se le olvidó. Gst. Reporta la cólera. . Pues picaño, no se os olvida la bota, ni para vuestros regalos la bien prevenida alforja, y mi ejecutoria sí? Flo. Ten la espada rigurosa. Llega tú, pues eres Ángel, si te acuerdas de la historia del sacrificio. An. No se si me conoce? . Y te adora. An. Viniendo de tanta ausencia, puede ser que no conozca, los que le habemos servido. Gast. Ausencia llamas seis horas? Flo. Repórtate ya, sobrino, que es ya tarde, y si alguien ronda, pensara lo que el quisiere, y es la vecindad de forma, que daremos que decir: en fin tú vienes a posta, digo por la posta en busca de tu carta ejecutoria. Ay sobrino, como entiendo, que la causa de esto es otra, pero sea la que fuere, achaque quieren las cosas. Yo, plega a Dios! . No lo jures. el. Tú verás si un ave torna con más presteza que yo por más que los aires rompa, si la ejecutoria veo. En noche escura, y lloviosa, no corras postas, sobrino, sobrino, duerme y no corras, vente a descansar, que en fin, achaque quieren las cosas. Vase. No me hablas? A. qué he de hablar? soy tu ejecutoria ahora? Fel. Eres alma por quien vivo, eres mi bien y mi gloria: casástete ya? An. No sé. Si te llamabas mi esposa, cómo te has casado? Ay cielo! venga el dichoso que goza tus manos, deme la muerte, si bien el gozarte sobra. An. Y todo aqueso que dice, lo dice la ejecutoria? Si mi bien. Ana. Válgame Dios, que hidalguía tan famosa, entra, Gastón, por la carta. Qué carta? An. De la memoria, se te olvida a lo que vienes, achaque quieren las cosas, Va Brava vaya nos van dando. Voy a ver si la apasionan unos deseos rendidos, por unos ojos que lloran. Vase. In. Y a el que se le ha olvidado? es escarpín? st. Una moza que estaba en aquesta casa, a manera de pelota. In. No es el hidalgo también? no viene a buscar la joya de su ejecutoria? st. Sí, pero eres tú, y está rota. Hagamos las amistades, así en estrado y alhombra te sientes, y a la ventana tengas papagayo y mona. In. Digo que yo te perdono. Dame aquesa mano. . Toca, que cuando hay vergüenza en ellas, achaque quieren las cosas. Salen Lisardo y doña Juana.

JORNADA TERCERA

Ju. En fin que se fue don Juan? Celos de mi casamiento, aunque todo ha sido viento, notable pena le dan. Ju. Y que era primo, y galán de doña Ana! . De esta suerte don Juan al Conde divierte, que cuanto trató contigo fue engaño de falso amigo, áspid arsenico y muerte. El áspid entre las flores mata al villano inocente, como en cristal el ardiente arsenico a los señores: la muerte con sus rigores asalta con pies de lana, nuestra flaca vida humana, tal vino a quitar la vida, en su hermosura escondida, la variedad de doña Ana. Yo señora arrepentido 16. Par. de mi amor, y su rigor, quise conducir mi amor a las aguas del olvido: del tiempo que la he querido, pido a tu gracia perdón, dando por satisfacción, sus engaños tan mal hechos, que todos los nobles pechos de engañar fáciles son. Ju. Antes te quiero creer que quererte. . La venganza en amor todo lo alcanza. Ju. Venganza debe de ser. Quise esta ingrata mujer, que a don Juan tanto ha querido, pero el engaño entendido, pago, señora, tu amor, que la venganza mayor es pasar de amor a olvido. Yo la amaba con lealtad, en tanto que me engañaba, que como verdad trataba, juzgué su amor por verdad: mas viendo su falsedad, y de los dos el concierto, quedó todo descubierto, y como loco mi amor, que los celos son dolor, que hará dar voces a un muerto. Ju. Con celos nunca se olvida, no es posible que lo estés. Si es agravio, tú no ves, que no hay cosa que más pida venganza tan merecida. Ju. Si no van tus pensamientos mas que a la venganza atentos, ni cases, ni hagas mudanza, que nunca por la venganza, son buenos los casamientos. No tienes ya que temer, que son comenzar a amar, señora, en otro lugar, principios de aborrecer: y en siendo tú mi mujer, porque ha de faltarme el trato, que a nadie ha salido ingrato. Ju. Porque aunque en mis brazos sea, quien los que amaba desea, tendrá en el alma el retrato. Tras esto palabra di de casarme con don Juan al Conde. . Las que se dan, bella doña Juana así, muy pocas veces las vi llegar hasta el cumplimiento, que basta ser casamiento, para empezar a mentir, pues el eco ha de decir, tras el casamiento, miento. Ju. Ahora bien, yo he de informarme de esta ausencia, y de este enredo, donde verás lo que puedo, en pudiendo asegurarme. Mucho quisiera emplearme, en quien vengarme pudiera. Ju. En casa de Flora espera. Celos a muchos casáis, pero no me arrepintáis, pues es menos mal que muera. Vanse, y salen don Felix, doña Ana, Gastón y Inés. el. No es de noble el castigar, ni la venganza hidalguía. An. Es mucha la ofensa mía. l. Quién no sabe perdonar, No diga que es bien nacido, y yo cuando te agravié? An. Cuando se atrevió tu fe a solicitar mi olvido. Fel. Celos en gente discreta, siempre fueron disculpados. An. Cuando son celos honrados, de que el alma se inquieta. Ay celos sin honra? An. Sí. Fel. Cuáles? An. Los que piensan mal de una persona leal. Fel. Engañaste. An. Cómo así? Fel. Porque no puede haber celos, que piensen bien, porque son temor. An. La satisfacción ha de quitar los recelos. Y los celos han de ser tales, que callarlos pueda el que los tiene, y no exceda del crédito que ha de haber De las prendas del honor. el. Cómo no los has tenido culpas mi error. An. Nunca ha sido grande, sin celos amor. Fel. Pequeño el tuyo sería, por esa misma razón. An. Celos tuve, pero son como en causa tuya y mía. Y bien te acuerdas que fueron principio de nuestro daño. Fel. Ya mi bien el desengaño de mis verdades te dieron. A que puede tu belleza, ni mi grande amor llegar, que a obligarme a confesar, que tuve en volver flaqueza. Al puerto mi bien llegué, pero no pase del puerto, porque de tu olvido cierto en su nieve me abrasé. Apenas a Guadarrama vi la cumbre, cuando vi mi cierta muerte, si allí no hallaba paso mi llama. Busqué el achaque que ves, y el rostro vuelto a la Torre, dije a Gastón, pica, corre, hasta que en Madrid estes. Que me dejo el alma allá, ejecutoria del cielo, y aún olvidada recelo, pues en tu pecho lo está. Ya vine, ya he confesado, que no ha de vivir sin ti, Gastón, no es aquesto así? An. Que buen testigo. n. Abonado. Gst. Hay tachas que me poner? An. Mas qué cabellos. Gast. Señora, cuanto don Félix te adora, ha confirmado el volver. Desenójate por Dios, que ya bastan cuatro días de vuestras melancolías, ea, que os miráis los dos. Si os morís por abrázaros, acerca a doña Ana Inés, y tú mueve ya los pies. I. Acabad de concertaros, Que don Félix dirá al Conde, que se volvió del camino, porque un hombre pronio vino, en que su madre responde? Que ya está su padre bueno. An. Pobre de cualquier mujer, que siempre habemos de ser vasos de vuestro veneno, Blanco de vuestros enojos, y centro de vuestros celos. Fel. Por eso os dieron los cielos posesión de nuestros ojos, Llave de nuestros sentidos, imperio de nuestros pechos, dudosos, o satisfechos, amados, o aborrecidos. An. Yo te abrazo, y lo deseo. A no ser tan pertinaz. Gst. Oh gracias a Dios, que en paz, como gente honrada os veo. Deme su merced a mí los brazos. . También le abrazo. Sale doña Juana. Ju. No me desagrada el lazo. An. Es la tal? Fel. Pienso que sí. Ju. Dícenme que estás ausente, y ya tan presente estás, que nunca te ausentarás del bien que tienes presente. Fel. Dijeronte la verdad, yo llego ahora a Madrid. An. Si os estorbo me advertid, mas quiéroos dejar, hablad. Ju. Antes yo debo de ser la que estorbo. Ana. No lo creas. Vase. Ju. Don Juan bienvenido seas. Gast. Esta nos echa a perder. Fel. No se si soy bienvenido, ya me quisiera tornar. Ju. Cómo lo puede dudar, quién es tan bien recibido? Es malicia? . No lo sé, si pueden mentir los ojos. No es bien, señora, que enojos aquel abrazo te dé. Porque cual recién venido no le merece! Ju. Es así, pero al partirte de aquí, ni al venir le he merecido. Al partir por no saber, que de Madrid te partías, y al volver, porque tenías los brazos que vengo a ver. De suerte que ni venido, ni partido te he gozado, que a pecho tan apartado nunca le hicieron partido. Yo soy lo que prometí, y tú sin causa celosa, mi prima es deuda forzosa, y cuando yo me partí, No me daban más lugar, ni me pude detener. Jú. Disculpas de aborrecer nunca las admite amar. Mas ya, don Juan, que ha venido asegura mis temores, pues las obras son amores, y la palabra te pido. En hablando al Conde haré con su licencia, que es justo, señora mía, tu gusto, porque su gusto no sé. Que no querría que hubiese reliquias de aquel amor que te tuvo. Ju. Qué temor tan sin propósito es ese! Adora el Conde en doña Ana, casarse quiere con ella. Qué dices? Ju. Que ya atropella aquella arrogancia vana, Con que fue Luzbel de sí, y de sí mismo cayó. Fel. Casarse el Conde? Ju. Pues no? Fel. Sabeslo. . Digo que sí. Fe. Gastó? . Señor. . Cómo había doña Ana de recibirme, o que mal hice en venirme, no en balde se resistia. Con el Conde está casada. Gast. El que quiere y se resiste, en otro gusto consiste. Qué hallara, Gastón, mudada Una mujer en ausencia de un año, y aún de un mes, vaya, mas que mudado se haya en seis horas, no hay paciencia. Gast. Seis dices, de eso te espantas? pues tu ingenio no adivina, que son casas de la China, compuestas de piezas tantas. Que en un hora un caballero muda a otro barrio su casa, pues así esta gente pasa su casa al barrio primero. Preguntaron a un Letrado, como firmeza tendría una mujer, y aquel día, después de haberlo estudiado, Dijo, mil libros leidos, y advirtiendo en sus antojos, como naciera sin ojos, y tapados los oídos. F. Ahora bien, hasta saber, si esto es así, o no es así, disimulemos aquí. Gast. Y aún mulos podemos ser. Fel. Doña Juana, si casada doña Ana está con el Conde, la misma razón responde. que está muy bien empleada. Ello ha sido su ventura, la mía contigo sea, que es lo que el alma desea, y lo que mi honor procura. Ju. Ahora sí, que procedes, como hidalgo Montañes, y así quiero que me des los brazos que me concedes. Ya por ser recien venido, ya porque mi dueño eres. Por todo pues tú los quieres. Abrácela, y sale doña Ana. An. Bien a fe! . Yo soy perdido. An. Muchos años os gocéis. Ju. Para servirte serán, que ya es mi dueño don Juan, y pues que ya lo sabéis, Voy a visitar a Flora. Vase. An. Tienes vergüenza en la cara! Gast. Que viene el Conde repara. An. Esto me faltaba ahora. Salen el Conde y Márcelo. Con. Tan presto vino don Juan! Fel. Para serviros, señor. Con. Oh amigo, todo es amor. Y más que juntos están. Con. Si estarán. . Disimulando harás aquesto mejor. Cómo te has vuelto! Fe. Señor. No ves, qué se está turbando? Una carta recibí con un propio; en que ya estaba mi padre bueno. Con. Pensaba no verte tan presto aquí. Los deseos de servirte me han vuelto. Co. Bien se parece. Que lo agradezcas merece. Con. Tengo, don Juan, que decirte Una grande novedad, que me caso con doña Ana. M. Bien dicho. . Esperanca vana, que aguardáis! desesperad. Huélgome yo de tener tal señora. Con. Yo pudiera buscar mi igual, mas no hubiera en todo el mundo mujer De su virtud y valor, por señora la tened. An. Por tal favor y merced belo vuestros pies, señor. Fel. Dadme, señora, las manos. An. Alzaos don Juan. Ga. qué es aquesto? F. A cielos! An. Véngueme presto. No eran mis rece los vanos. Con. Vamos un poco al jardín. An. Aquesta mano os aguarda. Dele la mano, y vayanse. Qué respeto me acobarda, de no procurar mi fin? Como no digo, Gastón, mis desuenturas a voces? Gst. Ya lo que es poder conoces, y juntamente que son Las mujeres, si hay revuelta de celos de su galán, baile de a cuatro, que están con otro hombre a cada vuelta. el. Que no me digas consuelos, que nunca los hombres sabios los dan para los agravios, que en los agravios no hay celos. Daré voces. Gst. Oye un poco. Fel. Detenerme es desuarío. Sale Flora. Flo. Qué es esto sobrino mío: Ya no lo ves, estoy loco. Flo. Loco, sobrino, de qué? Quiéres escucharme? F. Sí. Fel. Oye por tu vida. Flo. Di. Qué quieres hacer? . No sé Yo soy generosa, Flora, caballero de Granada, has de escucharme hasta el fin, sin responderme palabra. Don Felix es mi apellido de Cordona, y de la casa de los Marqueses de Priego, que no menos que su hermana Fue mi madre, si bien era natural, que no bastarda, pero ser Cordoba Flora, por cualquiera parte basta, Para tener honra un hombre, grandeza, opinión, y fama, son los Cordobas, Cardonas, y Aragones, sangre clara. Donde hubo un hombre que el Grande por excelencia le llaman, no quedé con mucha hacienda, ser moderada fue causa De venir a la ligera a Madrid, centro de España, un hábito pretendía, de mis aumentos trataba, Cuando amor en la Merced, oyendo Misa una Pascua, me la hizo de que viese la hermosura de doña Ana. Vila, perdí los estrivos del sentido, llegué a hablarla, túrbeme, que si hay estrellas, en un instante se ama. Déviole de suceder lo mismo, porque turbada cogieron sus ojos rosas de su bellísima cara. Pregunté quien era, y fui siguiéndola hasta su casa, donde como flor del Sol, hizo Oriente sus ventanas. Merecí que recibiese mis suspiros, sin palabras después escritas, después dichas, y después juradas. Tras tanto después, que en fin, para más después guardaba amor las penas de entonces, me escribió, por darme entrada En tu casa, que fingiese el venir de la Montaña, y llamarme don Juan, Flora, de Belarde, y de Sarabia. Dije, que era tu sobrino, fingiendo que de tu hermana las cartas se me perdieron al pasar por Guadarrama. Acomodásteme, Flora, para mayor abundancia de la propuesta invención, y de la fingida traza, Con el Conde otabio, a quien sirvo, como ella lo manda, al cabo de mil sucesos, comienzan, Flora, mis ansias. Que no hay fortuna de amor, sin principio de bonanza, ni bonanza, que no tenga la tormenta a las espaldas, Que no las tiene seguras aún de sí mismo quien ama: quiérese el Conde casar con ella, y ventura tanta No quiera Dios que la pierda, porque yo venga a inquietarla: casese doña Ana, es justo, que no es mucho que sus gracias Suban a ser señorías, pues que son señoras de almas, yo he puesto en razón mi amor, y con algo de venganza, Que un pensamiento ofendido, todo es trazas y amenazas, quiero casarme contigo, porque tus prendas son tantas, Tan claro tu entendimiento, y tu nobleza tan clara, que no habrá quien no me estime por prudente, que mi casa Ha menester tu gobierno, y la del Conde te aguarda, porque siendo suegros suyos, haz cuenta, Flora, que mandas Su estado, y que el favorece mis pretensiones honradas, esto te digo en secreto, allá contigo lo trata, Que yo se que es tu remedio. Ga. qué has hecho? . Buscar venganza de una mujer que me ha muerto con obras y con palabras. Vanse. Flo. Ay suceso, ni le ha habido, que tenga comparación con tan extraña invención; notable venganza ha sido. Sale doña Ana. Flo. Hay mujer de tal ventura, si llega a efeto mi bien. An. Qué hay señora? Flo. En tu desdén mi dicha estuvo segura. Bien haya el primero día que amaste a don Felij. An. Qué? Flo. Ya se quién es, ya lo sé, y se que no soy su tía. Ya me ha dicho la invención, celos son grandes parleros, que son valientes de fieros, puesto que cobardes son. Ya se que don Felijes de Cordova y de Cardona. An. Luego el ser quien es abona, madre, la historia que ves? Flo. Por mi bien le aborreciste Ana, y al Conde miraste, pues para ti padre hallaste, y a mi marido me diste. Ya estamos los dos casados, que él me tiene voluntad, y no es, hija, liviandad, sino partir los cuidados Del gobierno de la casa, y que asista un hombre en ella, porque sin él la atropella cualquiera viento que pasa. Qué pícaro no se atreve a una viuda, al fin sola; pues por más que se acrisola, no cumple con lo que debe. Tengo plcitos, es forzoso un hombre que entienda en ellos. An. Saldrás fácilmente de ellos, si los gobierna tu esposo! Flo. Son cosas muy fastidiosas estas deudas de tu padre, (dre, hombre importa. . Hay madre, ma achaque quieren las cosas. Flo. Sin esto mi soledad. y el verme de noche aquí con esclavos, es en mí, mas que honor temeridad. Si quisiese algún ladrón tomar esa poca plata, de aquesta gente que trata de escalar cualquier balcón. Y dar garrote a una reja, que remedio nos quedaba, hija, la mujer más brava, es en fin humilde oveja. No hemos de estar temerosas, que un bellaco nos taladre las puertas. . Hay madre, madre, achaque quieren las cosas. Flo. Con esto si viene aquí, anímale al casamiento. Vase. An. Buenas noches pensamiento, que ya no hay luz para mí. Mas como pueden ser buenas, en las camas regaladas, que no hay blandas almohadas, cuando son duras las penas. Ay desatino cómo este! yo celosa, al fin pensé venganza que honrosa fue, aunque la vida me cueste. Pero don Felix que intenta, si con mi madre se casa, mas es por tenerme en casa, que es potro en que me atormenta. Quérrame dar mala vida, padrastro me querra ser. Sale doña Juana. Ju. Bien puede un hombre temer una mujer ofendida, Y esté muy cierto don Juan, que entendida su invención, me ha de dar más ocasión, que sus recelos me dan. An. Esta es mi fiera enemiga, aunque mi madre lo es más, no pienso verla jamás, que hasta el verla me fatiga. De ella comenzó mi daño, ella causó mi dolor, por ella entró con rigor en mi alma el desengaño. Dejad engaños mi pecho, que ya la desconfianza, en mi perdida esperanza tan grande escarmiento ha hecho. Bien me pudiera casar con Felix, más temerosa, de vivir siempre celosa, su placer llamo pesar. Ya no se atreve mi pecho, a dar lugar a su amor, porque es tanto mi temor, que huyó de mi provecho. Decir pudiera mi engaño, y dar mi amor a entender pero no quiero querer, con el miedo de mi daño. Vase. Ju. Doña Ana está recelosa, ya no me habla, y de mí se guarda, porque entendí toda la historia amorosa. Pues presto los dos verán, que puede el agravio mío: el Conde es este, en quien fío la venganza de don Juan. Salen el Conde y Márcelo. Con. Es medio acertadísimo, Márcelo, el fingir que me caso con doña Ana. Es en mujeres el mejor anzuelo, ninguna deja de picar en vana. Ju. Oh Conde mi señor, guárdete el cielo. Con. Adónde bueno, hermosa doña Juana? Ju. A daros parabién del casamiento, que el pésame os viniera más a cuento. Con. Es por la calidad? Ju. Ninguna os debe una mujer hidalga y bien nacida, y que por lo que tiene de ser rosa, vino bien que naciese en Espinosa: Mas si esta rosa, aunque tan linda fuese, cogida al Alba de extranjera mano, sería bien, que ya marchita y seca, a las vuestras viniese? Con. Extraño caso! doña Juana, que dices si son celos míos, o de don Juan, porque me matas? y mi desdicha sin razón dilatas? Ju. Don Juan su primo es su galán, de suerte que casas con mujer, que en tu criado ha puesto hasta en las obras su cuidado. Con. De qué lo sabes tú? Ju. De lo que he visto. pues fuera de señales evidentes, le vi darle sus brazos. Con. Vive el cielo, que no hay de quien fiar: qué haré Márcelo? M. Quién te ha de aconsejar? Con. Vete, señora, que yo sabré tomar venganza ahora del criado traidor que me ha ofendido. Ahora, señor, pienso que escondido estaría en su casa aquestos días, y que fingió el camino para eso. Ju. Así porque decir verdad profeso, como por lo que debo a tu persona, quise desengañarte. Con. Agradecido de no te haber amado perdón pido. Vase. M. Siempre tuve, señor, este recelo. Con. Morir tiene este bárbaro, Márcelo. Sale Flora. Flo. Bueno será darle parte ahora que solo está. Su madre viene. Con. No habrá quien de matarle me aparte. Flo. A hablar a uue señoría vengo con mucho contento. Con. Ese me falta, aunque intento tener contento algún día. Flo. Quiero decirle un secreto, como a mi yerno y señor. Con. Como a tu amigo es mejor, cuya lealtad te prometo, Que eso de yernos es cosa por celestial influencia, mal quista con la paciencia, y con el gusto enfadosa. Lo que es suegros y cuñados, es república insufrible. Flo. Luego ya será imposible, que vivamos concertados. Con. Pues si tú me quieres dar esa tu márchita rosa, los Monteros de Espinosa, cómo la podrán guardar? No la guardaste, o quisiste no la guardar de su primo, y a mi honor que tanto estimo, su deshonor ofreciste. Pues vive Dios. . Qué engañado de algunos celos estás. Con. Yo engañado? Flo. Aquí verás la presunción que te han dado: Porque este no es mi sobrino. Con. Y eso no es mucho peor? Flo. No Conde, si no mejor, este caballero vino De Granada a pretender un hábito. Con. Qué amistad me haces en dar calidad, a quién has dado mujer? No he dado tal. Cor. Luego en él no has a doña Ana empleado? Flo. No, pues tengo concertado de casarme yo con él. Con. Tú con el? Flo. Pues porque no! Con. Engañasme? . Del concierto como a mi señor te advierto. Con. Pues daré esta noche yo, Porque se case contigo, seis mil ducados de albricias. Flo. Pues Otabio, si codicias ser tan liberal conmigo, yo me contento con dos. Con. No puede haber desengaño que satisfaga mi daño, como casaros los dos: Márcelo, puedo creer lo que dice Flora? . Sí, y el acierta en cuanto a mí; en tan prudente mujer. Con. Cuál era de todo el mundo el más discreto, quería saber un Rey, y aquel día Dante en las letras profundo, Le dijo, que el más discreto fue Demócrito, aquel sabio, sin hacer a nadie agravio, más prudente y más perfecto. Y era porque se reía de todo cuanto pasaba, que si Eráclito lloraba, fue necia Filosofía. Ciento y veinte años vivío Demócrito, con su risa, el lloron se dio más prisa, que a sesenta no llegó. M. Pues qué quieres ser ahora? Con. Un Demócrito, de ver que busque don Juan mujer, y que se le antoje Flora. Esto de los casamientos, es cosa para reír, y así se ven dividir, como dicen, por momentos. Esto te ha estado muy bien, casese Flora en buen hora. Con. Entra a componerte, Flora, y avisa a don Juan también, que esta noche quedarán firmadas las escrituras. Flo. Pues tanto honrarme procuras iré a avisar a don Juan, y guarde el cielo tu vida. Vase. Con. Ya estoy, Márcelo, contento, pues aqueste casamiento toda mi sospecha olvida. Sale Gastón y don Félix. st. Perdiste el seso? . No sé, pero lo cierto sería, que entonces no le tenía. Desdicha notable fue. No has visto luz desde lejos, que los ojos encandila, porque parece que afila en la vista los reflejos! Pues viendo lejos Gastón la luz de doña Ana bella, de de lombrado con ella me puse en tal confusión. Gast. El Cónde está aquí? el. Señor. Con. Don Juan, si es este tu nombre, yo he sabido que eres hombre de prendas y de valor. Ya no hay de que recatarte, que Flora me ha dicho aquí quien eres. el. Porque temí, aunque inocente enojarte, Le dije que era sobrino del Marqués de Priego. . Aguar: Ya sin razón me acobarda (da. la fuerza de mi destino. Don Félix, es gran señor de Cordova y de Cardona, mi nombre. Con. Bien, tu persona concierta con tu valor. Eso me encubrió pensando, que el decir tu calidad, torciera mi voluntad, como ya se va trazando. Dame esos brazos, que soy primo tuyo. Fel. Tus pies beso, que más honrado con eso, que de mis padres estoy. Y pues que la fuerza es mucha, y el parentesco no es poco, oye a un hombre de amor loco. Cr. Bien puedes hablar. Fe. Escucha. Dos años ha, Conde Otabio, que sirvo a doña Ana hermosa, y otros tantos que ella dice, que mi pensamiento adora. El recato de su madre nos dío, guardando su honra, la invención para engañarla, que ya te ha sido notoria. El servirte fue invención, para desuelar a Flora, y el ausentarme fue celos, por las concertadas bodas. Tenarlos de doña Juana, tanto a doña Ana alborota, que por ellos ha fingido que te quiere bien; perdona, Que no se agravia el valor, porque en otro su amor ponga una mujer, que esas causas, o gusto, o cielo las obra. Creyendo tu casamiento, fue tal mi llama celosa, que por tenerla a los ojos, y atormentar su memoria, Con Flora quise casarme. Con. Das licencia que responda? Fel. Di, señor, lo que quisieres. Con. No es decente a tu persona el casamiento que dices, aunque la palabra rompas. Que bien se que lo fingías primo don Felir con Flora, como con doña Ana yo, aunque en el valor me sobra. Pero estoy casado ya, y espero presto la novia más bella que ha visto el Sol, desde que baña la Aurora. Liberal seré contigo, porque quiero que dispongas tú con el tuyo mi gusto; haz que nos las llamen, hola Esas damas, tú don Felix, finge ser el novio ahora. Ya vienen todas, señor. Flora ha dejado las tocas, Y viene con lechuguillas, no dudes que a venir sola, tengo para mí que fuera la más hermosa de todas. Salen Lisardo, y Fíneo acompañan- do a doña Ana, y doña Juana, con vestidos enteros, y de la mano de Fíneo Flora con lechuguillas y galas, y Inés detrás. Por padrino me traían de esta boda, pero ignoran, que estabades vas aquí, y en ocasión tan dichosa. Con. Serelo de buena gana, y vendrán a ser tres cosas, casamentero y padrino, y velado en una sola. Comienzo por la primera. Gast. Bravos pares de palomas, mas las unas son torcaces, y palóminos las otras. Co Haced cuenta que echó suertes. A doña Juana le toca Lisardo, no hay replicar. Ju. Yo soy, señor, venturosa. Qué dicha como la mía Con. Doña Ana será mi esposa, sino hay nadie que lo impida. Fel. Yo lo impido, y que antepongas mi amor al tuyo. C. Ay testigos? Ya llegan tres por la posta, pero todos con mil tachas. Con. Qué sabe Gastó? . que a solas los he visto hablar mil veces. Co. Y Inés? . Qué doña Ana adora a don Felix, que don Juan es nombre que no le toca. Cr. Es verdad; porque es mi primo Cordoba, Aragón, Cardona, Priego, Águilar. . Y Montilla, pesia al alma de la loca! Con. Diga su dicho Fíneo. Fin. Direle solo en la loa de las partes de don Felix, que se que son generosas. Con. Qué sabe Lisardo? . Se, que si celos apasionan, yo me vi muerto por él. Con. La información va famosa, mas tomemos juramento a doña Ana. An. Dónde ahora pondré la mano? . En aquesta que la vuestra esposa os toma. Flo. Eso no, que has de ser mío. Fel. Tuyo soy, discreta Flora, pues soy de tu bella hija. Con. Flora, esto es hecho, reporta el pensamiento. Flo. Tú has hecho esta invención. An. Yo señora: Vuesa merced se desnude las lechuguillas de novia, pues ya no se hace el partido, como juego de pelota, y denme por novia a Inés. In. Inés se te rinde. Gst. Toca, Y sepa el señor Senado, que aquí se acaba la historia de quien ama, no haga fieros, que a más venganza provocan.