Texto digital

Texto digital de El qué dirán y donaires de Pedro Corchuelo

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Matías de los Reyes
Atribución estilometría
Matías de los Reyes Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El qué dirán y donaires de Pedro Corchuelo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/que-diran-y-donaires-de-pedro-corchuelo-el.

Logo BICUVE

EL QUÉ DIRÁN Y DONAIRES DE PEDRO CORCHUELO

JORNADA PRIMERA

Monstruo cruel! Extraña es su figura! Ya llega a la espesura, ya por lo más fragoso se ha metido tenebroso. La Reina sola con ligera planta, cual veloz atalanta le sigue, caso extraño seguilda, que recelo un grave daño! Aquí me tienes rendido, que sigues a un desdichado de su suerte perseguido Mayor espanto me ha dado tu lenguaje, que el vestido, eres por ventura humano? No tengas miedo a mi mano, pues no he temido las tuyas, no te receles, no huyas, habla prodigioso anciano. Respóndeme, di quién eres? quién te muda en ese traje? en que vives? o en qué mueres? que al más robusto salvaje en ferocidad perfieres? Yo era un hombre, y ya sin nombre vivo, y esto no os asombre, pues es caso averiguado, que en el día que su estado le pierde también el hombre. Qué triste acontecimiento, de lado esquivo y violento te obliga a vivir así, dime tu pena, que en mí ya como propia la siento. De este Reino la corona mis tiernas sienes corona, Reina de Escocia sois? Sí, mira si podrá de mí confiarse tu persona. De gozo el alma se inquieta. pues sois vos hija de Anarda, y del Rey Cobredo nieta? Hija soy del Rey, aguarda. Extraña infelicidad. Qué te suspende mi vista? Cielos paciencia me dad con que mi pecho resista, tras una otra adversidad, que de Cobredo sois hija, y que no lo sois de Anarda? De ver que su cetro rija lo infiere, Ven muerte, tarda tu pereza no me aflija. Cual vivo frezno al nacer la muerte prenda querida disteis al que os dio el ser, cuyo daño con la vida quisisteis satisfacer. Qué discurres entre ti, no acabas de declararte, Qué he de decir! ay de mí, que el corazón se me parte señora después que os vi. Una nueva me habéis dado que darme muerte ha podido, mas después que os he mirado de esta muerte he conocido que me habéis resucitado. Copia del original del sujeto celestial, que amor retrató en mi pecho: ay Dios, si lo que sospecho diese fin a tanto mal. Cuando con curso ligero el elemento tercero con alas leves sulcaras, tras ti siempre me llevaras, que al viento sutil prefiero. Que con tanta ligereza suya, el uno, y otro siga, Mucho me espanta en su alteza lo que la caza le obliga que no tema a su fiereza. Ya por este monte abaja, Corre, corre, ataja, ataja, diera el Reino por cazalle mas no es posible alcanzarle, que me ganó gran ventaja. . Bella segunda Atalanta vuestro curso refrenad, que la primera le espanta viendo que en tan tierna edad la excedéis con veloz planta. Advertid, que vuestra vida nos importa, no atrevida la aventuréis do peligre entre los brazos de un tigre, o de otra fiera homicida. Advertisteis en la fiera que seguí, de la manera que a las garzas el neblí; Bien lo vimos, Y decí, no conocisteis quién era? Como de lejos le vimos, un oso le imaginamos en dos pies, aunque corrimos. Como nunca le alcanzamos, más discernir no podimos. Aunque pareció imposible el correr tan invrisible un animal en dos pies, No amigos, racional es, hombre es humano, aunque horrible. No se que en su rostro vi, que el corazón me ha robado, todo el Reino que adquirí diera por haberle dado el alcance, que entendí. Si entre vosotros hubiere alguno que le prendiere; juro por mi Real corona de aventajar su persona, como su calidad fuere. Oh amor tus flechas me presta en aquesta coyuntura, tus milagros manifiesta los pasos de mi ventura guía por esta floresta. Qué haciéndome este favor colgare en tus aras fieles grande (aunque niño) señor sus antiparas de pieles por el milagro mayor. . Repartamos de este monte todo el redondo Horizonte entre nosotros, de modo que lo rodeemos todo, antes que se nos trasmonte. Sígale mi montería, y quede Valerio aquí, quel basta en mi compañía, Mucho levantáis ansí señora la humildad mía. Hacia esta parte el calor yeré con menos rigor. El sitio es acomodado, quel bosque es grande y copado, y su frescura mayor. Tornando pues al suceso de mi venerable anciano, que estoy confusa confieso, porque su lenguaje humano me aficionó con exceso. Mi corazón se ha alterado, y no es sin algún misterio esta sospecha en que he dado. Di lo que sientes Valerio. Ay Reina, bien sabe Dios, que yo os lo dijera a vos; pero vedolo por ley vuestro padre. Quién? El Rey; No estamos solos los dos? Demás, que si estableció en contrario de esto ley, puedo derogarlo yo, que soy Reina, si fue Rey: y mando ya, si mandó; Di lo que sabes. Quisiera decíroslo, si no fuera; Mayor deseo me pones, con tus confusas razones Temo, Qué temes? espera. Por vuestra palabra Real jurad de tener secreto en lo que os diré, Ay tal! Valerio te lo prometo, que en mí ha de ser mortal. Pues con esa confianza lo diré, Con la tardanza das riendas a mi deseo. Santo Dios ques lo que veo! que del río se abalanza. Socorro cielo piadoso, no te muestres contra mí en todo tan riguroso; pero pues mi bien perdí, que yome pierda es forzoso. Qués lo que mirando estoy! es encantamiento a caso aquesta caza de hoy; Hombres hallo a cada paso extraños por donde voy, mira si es muerto, o respira, No lo está, más casi espira, Que notable compasión, Cuál le salta el corazón, Suceso extraño, Y que admira. Ay de mil, Ya torna en sí, poco a poco aliento cobra, Tenel de Valerio así, que del cielo es esta obra: ponel de bien. Ay de mí! Ay de mí! Sosiega el pecho, y está cierto y satisfecho, quel naufragio que has corrido todos habemos sentido. Quién tan grande bien me ha hecho? a quien las gracias daré de este bien que estoy gozando, como corresponderé a tan sumo bien? Contando quien eres, Yo lo diré: pero al provido favor que distes al mi dolor; Contad, decidme primero quién sois señora, que quiero evitar algún error. Con la Reina estás hablando de Escocía, Su Majestad me ha favorecido, cuando la inclemencia y tempestad del mar me esta vomitando. Los pies, aunque humil de os beso, y por mi Reina os confieso; porque tras de la borrasca en que Neptuno me enfrasca, me anuncia alegre suceso. Que mal me puede venir cuando Santelmo tan bello he llegado a descubrir. (. Que bien sabe encarecerlo, si ansi lo sabe sentir, que buen talle, a compasión me ha movido, y con razón mejor de mí la tendría, pues pena que no solía inquieta mi corazón. O es este monstruo encantado, o en la fantástica idea señora representado: o ya que todo no sea, será que soy desgraciado, porque en sierra, monte, y llano no deje sitio (aunque en vano) que no volví, y revolví; pero ni al salvaje vi, ni aún pisada de hombre humano. Bastó que mi gusto fuese para que así lo escondiese, Vuestra Alteza se persuada, que de la empresa pasada era nuestro el interese. Pues ya que no hallastes uno, otro el cielo me ha ofrecido, que a pesar del importuno ado le he favorecido de la furia de Neptuno. Quién es? De su lengua espero saberlo, puesto que infiero, aunque esté en esta bajeza, que no le falta no bleza, di quién eres forastero? Mandas Reina que renueve el dolor que al alma aflige, y de mi vida relate los varios sucesos tristes. Y puesto que el renovarlos mas que el mar ha de afligirme, obligado de tu gusto venceré mil imposibles. No me dio por patria el cielo solar en Cortes sublime, una selva oculta diome, y en ella una cueva humilde. Puesta en el monte que vista a quien ya el feudo insigne reinando de Ingalaterra su ilustre Reino divide. Un Dios, o bruto por padre, que así llamar se permite, quien despreciando el comercio humano, entre fieras vive. Del cual no pude saber mi nacimiento y origen, porque este enigma dudoso siempre procura encubrirme. En aquel áspero monte gasté mis años pueriles de animales sujetando los indomables cervices. Tal vez a brazos venía con el más robusto tigre, en cuyas luchas ganaba sus pieles para vestirme. Veinte vueltas había dado Apolo, de Aries a Piscis a mi parecer en tanto, que vida tan bruta hice. Al cabo de cuyo tiempo quiso mi suerte infelice trocar en cívico traje mis antiparas humildes. Dejé mi avitanza un día, la selva adentro metime, siguiendo a una herida corza que volaba por herirme. Cuando entrando por un bosque verde, ameno, y apacible, tras un viejo venerable vi venir un oso horrible. Comoviome su afición, cerré con la bestia, abrile los colmillados quijares, dejándole de ella libre. Quiso rendirme las gracias, pero yo descabullime, mas que su amor y caricias quisiera, mas fue imposible. Porque a voz de una corneta llamó a su gente, que Áquiles era Rey de los Ingleses, señor de aquellos Paises. No entendía su lenguaje, ni con el mío decirle pude cosa que entendiese por diligencias que hice. Por lo cual dar de mi padre noticia me fue imposible; y cuando ya supe darla, fue tarde, y al fin perdile. A su Corte me llevó, como a prodigio increible, como a causa de su vida, y fue de mi muerte, hay triste! Instruyome en letras, y armas, y en todo a los más sutiles maestros, mis argumentos parecían invisibles. Era fábula del vulgo, y tanto en el Reino vine a valer, que en breve espacio vine a mandarle, y regirle. Gané al Rey la voluntad, causé envidia en pechos viles, que a la privanca la envidia forzosamente se sigue. Toda esta bonanza fue para el daño que se sigue, porque nunca la fortuna en un mismo estado asiste. No me mandes que prosiga, que tanto el alma se aflige con la siguiente memoria que no puede resistirse. Repórtate, no te aflijas, y con tu historia prosigue, porque el mal comunicado suele a veces divertirse. Tenía una hija el Rey, que se llamaba Matilde; de quien la belleza callo, pues pintarla no es posible. Vi él sol de su rostro hermoso, alcé el vuelo, y atrevime; hallela dispuesta a amarme, oyó bien lo que le dije. No reparó en humildad, puesto que si la previne, que cuando quiere el amor facilita lo difícel. Este crecio en nuestras almas, y como es tan insufrible la dilación en los gustos, se determinó a decirme. Cámilo del alma mía (ques mi nombre) pues coliges el sumo amor quen mi tengo, hoy las obras lo confirmen. Bien ves la desigualdad con que el vulgo solo mide lo superficial del hombre, sin que a lo divino aspire. Pues yo (aunque tu apasionada) muy larga esperiencia hice en tu alma, y con la mía las dos podrían unirse. Porque la pítima puede en vasos de barro viles estar, y en los de oro a veces suele el veneno encubrirse. Prosupuesto que mi padre por pasiones que le obliguen a tan buen conocimiento, no ha de querer reducirse. Porque a nuestra pretensión no quiera impedir los fines, llévame donde quisieres, questoy dispuesta a seguirte. No supe que responder, porque vine a persuadirme, que a mujer determinada nunca asombran imposibles. Robela una noche escura, llegué al mar, donde un esquise aguardaba aquella Eseña, y a este Paris infelice. Conociendo que mi lengua era Escocesa, previne al Patrón, que nos guiase a Escocia, que persuadirme. Pudieron mis pensamientos, que a los más altos compiten, que soy noble en esta tierra a donde tengo mi origen. Al cabo pues de seis días quel esposo de Anfitrite nos dio paso por su Reino, llegamos, ado divide. El solver con sus cristales del gran Neptuno el salitre, entrámonos por su boca, y en una roca invencible. Sin poderlo remediar llego nuestro barco a pique, donde haciéndose pedazos, perdí a mi bella Matilde. Y con las ondas luchando a vuestra ribera vine, poniendo fin a mi historia, y principio al llanto triste. Sin duda ques prodigiosa, con razón quedo admirada, solo te falta una cosa, y esta tienes granjeada, (. ques mi afición amorosa. Lastimado me ha tu cuento, mas despide la pasión que ofende tu pensamiento, pues has llegado a ocasión que honrar tu persona intento. Ven conmigo a la ciudad, a donde tu calidad inmortalizar espero. Por tal merce besar quiero los pies a tu Majestad. Estimo favor tan alto, vivas mil años amén, por él tu grandeza exalto, puesto que para tal bien estoy de méritos alto. De esto gusto, Qué imagina hacer aquesta mujer? Alguna estrella divina sobre mí debes tener, que tanto a tu bien me inclina. Háganle luego una cama, Es sin duda que le ama no hay otra si no la tuya, Esa tiene de ser suya. ( aunque aventure mi fama. Hagánsela en mi litera, y vaya hasta Belflorida reposando en la manera, que más importe a su vida, Que determina esta fiera. Vive los cielos que rabio de celos, hay tal agravio a un hombre de baja suerte? a quien despreció la muerte, Vamos de aquí presto O tabio. Que tengo mucho temor no le mate la humedad del agua. Tanto favor hace vuestra Majestad a tal hombre? Tengo amor. La caridad Filiberto me condenáis; bueno cierto sed vos más caritativo, A padecer me apercivo, que gran mal he descubierto! Vaya ques caso muy justo tener caridad tan alta, y aún llevarle si es tu gusto sobre mis hombros a falta de lítera Reina gusto. Cuando lítera no hubiera, sabe Dios que lo hiciera. pero vaya satisfecho, que va tu alma en mi pecho, ya que el cuerpo en la lítera. . Tu enamorado de mí, y tienes atrevimiento para que tu pensamiento alcance a saber de ti. A mi padre lo diré, sino tratas de enmendarte, Pues dime, por adorarte Galatea en que pequé? Si me desdeñas a caso porque mis gracias no has visto, y por gracias te conquisto: salgan mis gracias a raso. Lo primero Galatea, si te agrado corredor, ninguno corte mejor de cuantos hay en la aldea. Al que en ella salta más, cuatro pasadas les doy: si a bailar al corro voy, quién mejor bailó jamás? Y aún otra gracia secreta tengo, que haberla sabido, se que me hubieras querido: porque soy, Qué eres? Poeta. Poeta, vete al momento; que será tan perniciosa, no me faltaba otra cosa sino un amante de viento. Oye, oye, que te implica en mi gracia semejante, pues dicen que no es amante aquel que no versifica. Pero ya yo se el intento porque te ofende esta ciencia, Y es? Por la gran competencia que hay entre veleta y viento. Las mujeres sois veletas en los gustos que tenéis, y por esto aborrecéis el viento, hasta en los Poetas. Bien mujeres amartelas, tosco has andado Batilo, Como tu mudes de estilo a todas ensalzarelas. Pero di, porque razón aborreces la poesía, trató mal tu lozanía por dicha alguna canción? Que mucha razón me sobra: sabrás que tanto me aprietas, Y cuál es? Que los Poetas nacéis con estrella pobre: nunca vi rico a se mía. Hombre que tratase en versos, y más cuando son perversos, ques cruel mercadería, y entre estos te pongo a ti. Viendo tu mucha locura, Todo consiste en ventura, dame Galatea a mí; que dé el vulgo en celebrarme, que yo me eternizaré, Y errando a entender daré, que ha sido acierto el errarme. Perdido estás por tu vida: bien te llamé viento a fe. Todo está como ordene, o mi Galatea querida, Padre y señor en buena hora os vean mis ojos, Hija; pues viene, te regocija la Reina nuestra señora. Porque aquí su Alteza traza en aquestas alquerías estarse dos, o tres días mientras durare la caza. Y así pues haced de modo que no eche menos su Alteza de la Corte la grandeza en parte, ya que no en todo. Alto amigos prisa, prisa, que de su gente el ruido, sino me engaña el ohido de que llega cerca avisa. Galatea, y en memoria del punto en que allí quedamos, Mi Poeta amante vamos, ques muy larga aquesta historia. La causa de vuestro llanto confieso ques lastimosa, aunque siendo ya forzosa, no es justo la lloréis tanto. Consolaos que habéis hallado con quien tomaréis consuelo, pues soy en aqueste suelo el hombre más desgraciado. Mas decid, porque razón esta derrota tomasteis, y en que puerto os embarcasteis? Oíd señor la ocasión, amor ciego y burlador, falso en palabras y trato, aleve, perjuro, ingrato. Basta que digas amor. No os quiero más preguntar, que ya se por esperiencia de vuestro mal la violencia. imposible de curar. Dejáreos en el camino, que va de aquí a Belflorida, ques difícil su salida, y perdida os imagino. Y mirad no se os olvide el recaudo que os he dado para el Labrador honrado que en el castillo reside. En fin se llama Valerio? Sí, Y direle, Es importante que le deis este diamante, que en cierra cierto misterio. Y decid, que el que os le dio vive en esta soledad, martirizando su edad por lo que sabe, y se yo. Que venga luego a buscarme, y me hallará en este puesto que me hallastes, y sea presto, si vivo pretende hallarme. Qué torre es la que se ve por detrás de aquel collado? La de un Duque desdichado, que un tiempo dichoso fue. De Belflorida el casar es, y la torre el castillo; ya en bajando a ese pradillo no tenéis a donde errar. Y d con Dios, que ya no puedo caminar más adelante, Por merced tan importante en obligación os quedo. Dios os guarde, Y con vos quede, Dadme un abrazo, Y aún dos, tanto bien os pague Dios, él os guarde como puede. e la belleza os pague Dios que de mi Anarda perdí cuando podía a la luz de su alteza nacer en mi humildad un claro día, que puedes ya quitarme quen más desdicha pueda eternizarme. Después que triste lloro de Camilo la ausencia, cuyo trato la que difunta adoro viva me figuraba en su retrato; ya no temo fortuna, de tus mudanzas desuentura alguna. Solo un temor quedaba con que siempre he vivido en esta ausencia. que me representaba lo mismo que me avisa tu inclemencia, que era, saber si había parido a luz la dulce prenda mía. Mas hallo triste suerte esto al reves, según dijo la Reina; pues ella por su muerte en Escocia señora, rige, y reina, pues en pena tan alta solo la vida que me quites falta. En esta selva oculta lo poco pasaré que de ella queda, y con su fruta inculta procuraré guardarla hasta que pueda saber del buen Valerio todo lo sucedido en este imperio. Caduco amor, dios de engaños, ídolo de mi albedrío, pues en aras de mi honor te rindo mil sacrificios. Y pues nada se te esconde, ya que a mi mal das principio, consuélame con decirme que sangre le dio a Camilo. Mira ques caso violento pretender en daño mío, si es humil de levantarle hasta la esfera que piso. Y si lo es, como el pública, ata a mi afición el hilo para que acierte a salir de este oscuro laberinto. Mas engañote el amor, que aunque desengaño pido, con engaño y desengaño engañarme solicito. Si la enfermedad del alma a los lavios me ha salido, como la podré encubrir después que todos la han visto. Pero puedo consolarme en daño tan excesivo con queste contagio fiero tiene mil pechos heridos. Sin duda que voy perdida, que sentirá el Reino mío cuando llegue a su noticia el sujeto a que me inclino? Notáranme de ligera, procuraran impedirlo, remitiendo a su consejo lo que al mío no remito. Mas Reina nací en Escocia, nadie reine en mi albedrío, que pues Dios no me le fuerza, de nadie ha de ser cautivo. Venza amor, victoria viva, que si el reinar es motivo para cautivar el gusto, de la corona desisto. No me faltara un cayado a trueco del cetro mío, no quiero pesar con nadie, vista mi gusto pellico. Que por mi cuenta hallo, que tuvimos i gual la calidad en el principio. Dadma los pies, . Oh Camilo, no por tan humil de estado procedáis, alzad del suelo, Dete Reina el justo cielo más vidas que le dio a Erico. Dícenme que porfíáis en iros, si es que os halláis aquí poco regalado, prometo os que he desado Camilo que lo seáis. Quiza la culpa aura sido el haveros detenido en aldea tan humilde: mas si os falta aquí Matilde, para que otra causa os pido? Puesto que Matilde hermosa todo mi consuelo, sea con la merced tan copiosa que recibo en esta aldea me olvidare de mi esposa. Mas como el amor en mí el primer sello imprimio cuando mi Mátil de vi, aunque de cerca me halló, diamante me convertí. Y así borrar no podrá próspera, o infeliz suerte el sello que en mi alma está: Es posible que es tan fuerte la guerra que el amor da. Ya me pesa de que nombre de aquesta mujer el nombre: ay Dios que se abrasa el pecho ver y escuchar a este hombre. Ya está el Reino a su albedrío, que nadie en el gusto mío pues soy Reina ha de reinar; yo me detérmino a amar, lo demás es desuarío. No os pretendo reducir a que tan triste suceso os excuséis de sentir donde el consejo confieso ques difícil de admitir. Muy obligado tenéis mi pecho a favoreceros, que aunque vos no conocéis Camilo, hace conoceros lo bien que correspondéis. En mi Corte, y en mi casa en tanto quel dolor pasa de perdida tan crecida tendréis honrada acogida, ya que de regalo escasa. Desuerte significáis gusto que me quede aquí, que me agradezco que en mí, hay algo de que os sirváis? Y pues así lo queréis, disponed como gusteis, vuestro soy, que no soy mío con tanto que mi albedrío a nuevo amor ofrecéis. Vuestro siervo soy humilde, Venid conmigo, decildle ojos míos que le adoro, Tu ausencia forzosa lloro, hay mi divina Matilde!

JORNADA SEGUNDA

acto segundo No hay cosa que alegre el campo y aldea, como ver su Reina, no las flores varias. Que vierte a Maltea, ni rubios montones limpios en las eras, ni el ópimo fruto pendiente en las cepas, Ni de los ganados las blancas guedejas da tanta alegría al campo y al dea. Fresca y hermosa mañana, No es maravilla señora que esté risueña y lozana, pues hoy más fresca la aurora ha salido en forma humana. Y matizándose el prado desde la vega al collado, con esta, y aquella flor es publicar el favor de ser de esos pies pisado. Basta, no paséis delante Príncipe, pobre de mí, no os mostréis tan elegante, que en poetizando ansí creerán que sois mi amante. Y hasta que al lugar volvamos, a sombras de este arrayan la mañana entretengamos, pues convidando me están con sombra sus frescos ramos. Y pues del trato aldeano, mas que no del cortesano me agradan los vanos modos, asentaos junto a mí todos, que por un rato me hallano. Toma Camilo este puesto, En levantarme y honrarme echa vuestra Alteza el resto, sin advertir quel alzarme, es derrivarme más presto. No me honréis de esa manera, porque entre mí y vuestra esfera se interpone mi humildad, ques dicha la autoridad, que darme esa mano espera. Conde de Morra cubríos, Duque de Albania sentaos, Si los pensamientos míos honráis hasta en los saraos, es darme en las verás bríos. Pues me obligáis de esa suerte yo me asiento. Punto fuerte. Príncipe sentaos! Ay cielos, si esto no es causa de celos, por lo menos es de muerte. Oh cuanto aquesta llaneza el corazón satisface mucho a la naturaleza debe el dichoso, que nace desnudo de mi grandeza. Buenos habemos quedado, como nos hemos sentado para jugar algún juego, vaya pues trácese luego, porque con burlas me agrado. Diga nos Valerio alguno, como más viejo a su usanza; Solo se de la labranza señora, el trato importuno: A los mozos, y no al viejo, que en efecto es de su edad el gusto, y ociosidad, y de la nuestra el consejo. Los propósitos han sido en cualquier conversación juego de recreación; No os quiero tan atrevido. Diga otro. Él de las letras, es agradable. Camilo decid el vuestro. Corta el hilo, porque el alma me penetras. Ansí te diviertes? Dime, o mi Matilde! Ay de mí. Por Dios, que no estaba aquí culpa tuve divertirme, que me mandáis Reina bella (. Por más que encubra quien ama, para descubrir su llama, nunca falta una centella. Ay de mí, y en que sujeto puse mi primero amor di tu juego aunque en rigor ya le he visto te prometo. ( No es muy bueno el del soldado? Bueno, y vistamoste a ti Puesto que del mar salí Príncipe tan mal parado. Te advierto pues, que me humillas presumiendo que me excedes, que se más de hacer mercedes mucho que de recibillas. No cual pensáis el vestido puede darme calidad, yo si a ti con mi humildad está de aquesto advertido. A no estar la Reina aquí y a ignorar tu nacimiento procurara hacer descuento de lo que escucho de ti. Basta Príncipe qué es esto? esto pasa en mi presencia Camilo vuestra prudencia habéis de perder tan presto. Dalde al Príncipe la mano, y el Príncipe os de la suya. Basta ser voluntad tuya. Qués esto? cielo inhumano. Decid Galatea. Yo, no es muy nuevo donde pica la pájara pinta, y rica. Diga Bátilo que no? Por diez juego, no le se: pero si os queréis holgar de oír un rato glosar, dadme pies, y glosare. Que en cualquier conversación, sales bien con tu polfía. No puedo más a fe mía, que queréis tengo lisión. proceden de esta manera, los que en esta sera nacen, aunque hay muchos que lo hacen por parecerlo si quiera. Gracia ha tenido Filardo diga su juego. Par diez, que para decir mi vez, con grande deseo aguardo, Y es que fy a la Corte un día, y un escolar me vendió un libro en que halle yo el título que decía. Proverbios entretenidos para los ratos perdidos, Y luego se sigue aquí una tabla en que se ponen las más comunes preguntas, todas ellas así juntas de esta suerte se disponen. Ah de cumplirse mi gusto, he de gozar la que adoro, he de hallar algún tesoro, esto que pretendo es justo. Mi sospecha es verdadera hallaré mi bien perdido, quien ha de ser mi marido, y hay otras de esta manera. Fíjense en otra coluna escritos en esta parte, Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, y Luna. De estos uno ha de escoger, quien entrare en este juego, el cual le remite luego a la casa del placer. Donde siete nimfas bellas señalan siete Ciudades, y en estas siete deidades con siete nombres de Estrellas. De las cuales cada una da la pedida respuesta la forma del juego es esta, perdonad si es importuna. No puede dejar de dar notable entretenimiento jugar ese juego intento, comiénzale a gobernar. Pues la pregunta elegid, Ah de cumplirse mi gusto. Que elijáis Planeta es justo. Aqueste elijo. Advertid, . Que al Sol habéis eligido, quede el placer en la casa muestra a la nimfa Circasa, la cual nos ha remitido A Babilonia Ciudad, en cuyo aspero se mira a la Estrella de Yanira, ques la tercera deidad. Su oráculo dice así: del que aborreces mujer, sin pensar vendrás a ser, Qué mala suerte! ay de mí. Por mí la suerte ha salido, pues que tengo más acción, que nadie, a la posesión, por ser más aborrecido. Ya mi esperanza mejoro vitoria en sin sacaré, venga el libro eligiré, he de gozar la que adoro. Qué planeta? Venus quiero; por ver si a su hijo obligo, proseguid pues. Ya prosigo dichosa respuesta espero. Surca el mar proceloso el navegante, con esperanzas de llegar al puerto por senda estrecha de camino incierto, no le falta al perdido caminante. Tiénela el condenado, aunque delante mira para su cuello el lazo abierto, y en sue deseos fin dichoso y cierto, también la tiene el desdeñado amante. En cautiverio esquivo, he importuno el desdichado, y mísero cautivo este consuelo en su desdicha alcanza. Mísera yo, que fin consuelo alguno de hallar mi bien eternamente vivo, sin género ninguno de esperanza. Dice el oráculo advierte por tu enemigo mayor le vendrá a alegrar tu amor; No ha sido mala mi suerte. Tanto una burla os agrada Ah ser verdad, ved que hiciera Venga el libro. Elegid pues. Hallare mi bien perdido. Qué planeta? Aqueste pido. Advertid Júpiter es. Gente a esta puerta he sentido, y cortesana parece, el cielo en ellos me ofrece el remedio que le pido. Quiero llegar, mas ay Dios! o es engaño del deseo, o a mi amado esposo veo, no es el uno de los dos? Que en los lados de la Dama ocupa el diestro, ay de mí! sin duda alguna que sí, que el alma en placer se inflama. Y el oráculo responde, hallarás tu bien en traje muy contrario a su linaje; Ya estaréis contento Conde El rostro se os ha alegrado, mal disimuláis un gusto: Gracias te doy cielo justo, no es él, Conde le ha llamado. Lo que es entretenimiento, por verás no respetéis? Bien es que disimuléis, aunque burlando el contento. Hasta en hablar le parece en todo imita su estilo; Ya yo se Conde Camilo, quel que ama tarde aborrece. Ay de mí! Camilo dijo; esto solo me faltaba, ya la paciencia se acaba, no sin ocasión me aflijo. Con fuertes contrarios lucho, por fuerza aure de morir, ya no lo puedo sufrir, que el está mirando mucho. Quiero pues miento en el traje el ser de mi calidad, para mayor propiedad mentir también el linaje. No pase adelante el juego, dejade que me ha enfadado antes de haberte mirado libro te abrasara el fuego. Los dimuños enfondidos, y deben destar en su piel, pues no cuido rastro deel en todos estos exidos. Pese al novillo traidor, si aunque parido le hubiera de mis entrañas podiera perguéñale más amor. O que bueno que habría sido si tras tanto cerro, o valle viniese ahora a hallarle, mas que primero perdido. Mantenga los Dios señores; Que donoso zagalillo. Han vido a caso un novillo, por en de aquestos alcores? Digo, ques bello el rapaz para criado en desierto, Pues mejor es lo encubierto, por buena he que la haz. Miren que de priesa esto, digan si el novillo han vido, y dejen tiempo perdido; Dónde, o cómo se perdió? Tras una vaca perdida quido que anda, y pardiobre, que no se ha entendido el pobre, en ser tan desconocido, Y pesarame a fe mía, quen tal quillotre haya dado, que haya otra vaca olvidado a quien resquiciar solía. Y pues que os importa a vos, que a otra quiera, y agasaje? Impórtale a mi linaje, que no hagan casta los dos. Pues que mi padre otra tien de su misma casta; y cría, con quien juntarse podría presumo yo que más bien. Qué señas tiene? Es garrido unas manchas en el pecho, aún questas manchas sospecho, son por quien él se ha perdido. No te entiendo zagalejo. Uno veo en este exido al mío muy parecido son, que a mudado el pellejo. Gracia tiene el rapazuelo a todos vende afición. Y es tu nombre? Con perdón me llamo Pedro Corchuelo. Quieres dejar tu ganado, y ser mi paje? Oste puto, no voto al sol. Resoluto es el rapaz y extremado, No te pondrás tu galán, y dejando el tosco traje levantaras tu linaje? Harto érguidos creo están. Yo había de levantarlos, verá el diabro del enredo, antes si a serviros quedo sospecho ques derribarlos. Quen mi linaje no ha habido hombre que sirva por díos, ved como os serviré a vos, aunque Reina hayáis nacido. Dejadme ir ya a buscar a mi perdido novillo, No tengo de consentillo, digo, que te has de quedar. Yo te daré otro mejor, Casi de oiros me río, tenéis vos por dicha el mío? que a ese solo tengo amor. Por mi palabra te juro si vas conmigo a la Corte, de dar en buscarle corte, está de aquesto seguro. ( Buena ocasión me parece esta para mi intención, quiero esforzar la invención, y aceptar lo que me ofrece. Como cumpla su merce con herme aqueje servicio, aunque Corte no codicio en ella me quedaré. Fiarte puedes de mí, No sabe lo que he notado, que cual novio está pasmado aquel señor que está allí. Allá va cuerpo de san, tan remilgado no este, quel solo me debe a fe mas que cuantos aquí están. Pardiez si es el que ha de ser que tengo de ser su amigo, pues por su gusto me obrigo a lo que no se entender. Y aún tú me agradas de suerte, que solo en esta ocasión alivia a mi corazón bello rapacillo el verte. (. Que traslado tan al vivo, el cielo me ofrece en ti del bello sol que perdí a fuerza del ado esquivo. Ya calienta mucho el sol, porque en su ligero coche va desterrando la noche del hemisferio Español. Guiad hacia Belflorida repitiendo la canción, Oh suerte a mi pretensión de este nuevo esfuerzo y vida. Ven Periquito a mi lado, Tras este señor me iré, que le quiero bien a fe. Quién del amor el arco riguroso a sus pies ha tenido, no se alabe, hasta quel curso de la vida acabe, torioso. juzgándose en tal triunfo vicorio. Porque el pecho más libre, y desdeñoso, mas honesto, mas tímido, y más grave a los suyos postrar, y rendir sabe, ques en todos estados cauteloso. De mis propios efetos he sacado aquesta conclusión en solo un punto, de todos mis sentidos nueva palma. Por los ojos al pecho se me ha entrado el nuevo zagalejo todo junto, de modo que si vivo es con su alma. Aqueste anillo me dio, y el recado, que os he dado lo demás quéis pescudado no sabre deciros yo. El parece hombre de bien, y aunque de pieles vestido, pardiobre ques resabido, y que buen caletre tien. No se con que recompensa a tanto bien satisfaga, que cualquiera es corta paga, porque la deuda es inmensa. Mas también te certifico, que si el dueño de esta piedra llega aver el rostro a Fedra, que eres de ventura rico. Mas tardaréis vos en ir, quelen venirse tras vos, que os quiere mucho por Dios: esto se al menos decir. Nunca engaña el corazón, que bien me avisaba ayer, quien el monstruo podría ser cierta salió mi opinión. Porque cuando el Duque Albano, mi señor, de mi partió solemnemente juró huir del comercio humano. Y así con el sentimiento del bien, que le quitó el ado, en pieles aura trocado el Cortesano ornamento, En la fuente del laurel me dijo, que os esperaba; Y di Periquito estaba otra persona con el? A el solamente vi; Si murio Camilo, ay cielo! Con tal nombre me consuelo, quién es Camilo decí? Una prenda de aquel hombre, ques dueño de aqueste anillo; Voto al sol, que mi novillo tenía ese mismo nombre. Era por dicha hijo suyo? Ay Pedro no es para ti esta historia; Si es ansí de pescudaros concruyo. Mas dejar de sospechar lo que ahora en este punto de todo el caso barrunto, no me podréis vos quitar. Oh Duque Albano señor a tiempó el cielo te trujo, que a toda historia redujo de la desdicha mayor. Un fin venturoso espero de esta historia si es así, mas como me estoy aquí ir a ver al Duque quiero. Quédate Pedro, que voy a buscar el bien de Escocia. . Ansí el mío se negocia, si es cual pensando lo estoy. Duque al salvaje ha llamado, y bien de Escocia después, que me maten, si no es padre de mi esposo amado. Que en las señas, que me dio tratándome de su padre, ninguno que en ellas cuadre mas, que aqueste he visto yo. Y si aquesta calidad Camilo tiene mi culpa, queda con harta disculpa para con mi autoridad. Que con un Duque de Albanía no será muy gran de exceso casarse por tal suceso la Princesa de Bretania. Mas si mi suerte quisiese, pues va favorable así, quel Camilo que está aquí, el que voy buscando fuese. Que más favor puede darme por más que esforzar se quiera, y siendo de esta manera, bueno será declararme. Mas por lo que puede ser, es mejor que este encubierta, hasta que de ello más cierta la ocasión me pueda hacer. Que por lómenos sabré, si por ventura la Reina dentro de su pecho reina, y se olvida de mi fe. . O el rigor de mi fortuna, hasta en engaños se estiende, oponer el fin pretende a mi desdicha importuna. Porque si no me engañado Matilde es el pastorcillo, que en achaque del novillo, hoy de la aldea ha llegado. Aquí está quiero le hablar, Pedro en hora buena estéis, cómo estáis? Pues no lo veis, pardiez gentil pescudar. En mis pies, y muy de espacio; De gusto pregunto Pedro? De lo mal, porque mal medro, con las cosas de Palacio. Presto Palacio os enfada, en que os ofende su trato? En tenerle tan ingrato, en no ver verdad guardada. Quién mi Pedro os ha mentido? Vos y la Reina pardíos; Pues de qué modo los dos? Yo lo sé; Decid, qué ha sido? Pardiez questo por decirlo; Dilo pues. Tienen conciencia, teniéndome su esquinencia, y la Reina mi novillo, decirme, que no le han visto. Tu novillo? Si pardiez, más guélgome ques joez de estas cosas Jesucristo. A el de mi agravio apelo, que en el mundo no hay josticia; Esa metafora indicia la verdad de mi recelo. Ya falta la resistencia, en llegando el desengaño, ques impaciente, y extraño el amor en la experiencia. Ya estáis mi bien conocida, dejad el tosco lenguaje conmigo, puesto quel traje queráis, que os tenga escondida Dadme los brazos: Pardiez señor Conde, que da indicio de tener poco juicio, han vido que sopítez. Tírese dende está loco? De contento se podría, y aún según es la alegría es el exceso muy poco. Camilo soy un esclavo en serlo vuestro deseoso, que ese traje milagroso, por ser en tal tiempo alabo. Como os librastes bien mío del furioso mal airado? Él es loco rematado, lástima tengo, aunque río. Quién de un hombre presumiera siendo tan galán, tal cosa; Mi Matilde ha dulce esposa, Camilo soy; Tirte agüera. Yo su esposa, no alae, o que bueno estaba yo, téngase, digo que so hombre como su merce. Solos estamos aquí, no hay de quien os recelar; Él ha dado en porfiar, Que ansi os esquibéis de mí. Si por ventura el hallarme, en tal mudanza de estado, algún motivo os ha dado pordo vengáis a culparme. Del sagrado milagroso de la piel valerme puedo, que como mi centro espero hallare en ella reposo. Voto a san que se desnuda, no cuida que le vera la Reina, y se enojara, loco está, no tiene duda? Si en tiempo tan oportuno bella Matilde viviera a las dos, y al mundo diera tres desengaños en uno. Pues vieran la fe mayor, que en pecho humano se a visto; Harto haré si resisto (. la grande fuerza de amor. Favor pido a la paciencia, para gobernarme aquí, hay vistase pesía a mí de presto su indulugencia. Que sale a zaguera gente; Que confusión tan extraña, si el deseo es quien me engaña, mi peligro es evidente. Es posible que si fuera Matilde con tal rigor a tales muestras de amor de esta suerte resistiera. No se a que me persuada, ella es confusión terrible; Bien del pasado imposible he que dado asegurada. La Reina a vuestra Excelencia en su retrete aguardaba; Esto solo me faltaba (. para apurar la paciencia. Aunque es notable ocasión, para poder inferir de lo que quiero fingir si es cierta mi presunción. Que siendo como es posible no la desuelen recelos, porque amar sin tener celos, lo tengo por imposible. Que en el retrete me aguarda la Reina nuestra señora? Aura señor más de un hora, y ya Vueselencia tarda. Posible es que tan dichoso la fortuna pudo hacerme, que haya venido a ponerme en puesto tan venturoso. Si ya Matil de murió, Princesa, que amé algún día Reina la ventura mía nuevamente conquistó. Quedaos Pedro, y no digáis nada de lo que los dos hemos tratado; Pardiós bien a erlo me obligáis. Ahora si pesia tal, que estáis en vueso juicio, el cuidar deje amoricio, os está bien, y que tal? Nunca con armas parejas salgáis con nadie a reñir; Posible es que esto es fingir (. en vano amor me aconsejas. Ningún sentimiento ha hecho de mi fingida alegría; toda la sospecha mía, casi del todo ha deshecho. . Oh es mi valor más humano, o siento poco de amor, o me adormece el dolor, que es sin duda lo más llano. Cielos, que ha pasado aquí! De qué te pones suspenso? ay mi Pedro, y como pienso, que aqueste enfado es por mí. Que tan riguroso estés, que tu boca no se abra, de quien sola una palabra, aunque burlando me des. Mucho te quiero ofrecer; pero pues a ti me ajusto harto te doy; Oh que al justo viene tu enfado mujer. Nunca yo hubiera apurado serreto tan peregrino; No estés Pedro tan moino, hablame, Bien lo he trazado. Yo estórbaré la ocasión de que en secreto la hable. hasta que el remedio entable; que evite su pretensión. . Ansí te vas, y me dejas, sin responderme si quiera, ansí permites que muera, rompiendo el aire con quejas. Tras ti voy porque el quererte, es accídente ya en mí, y han de proceder de ti, o mi remedio, o mi muerte. . Extraordinaria privanza. Por momentos le engrandece, viento en popa, y con bonanza camina; Pues no carece de misterio su privanza. Hoy se llama señoría, quien a penas se atrevía a decir, quien era ayer, quiera Dios no venga ha ser Majestad esotro día. Culpa tendré en consentir en mi ofensa tal agravio; Pues procuraldo impedir; Vive el Cielo Conde Otabio, que esta noche ha de morir. Yo me quiero declarar, puesto que a mi pensamiento el vuestro viene a parar, que con ese mismo intento salí esta noche a rondar. En fin yo tengo trazado, porque el Reino se liberte de daño tan declarado, darte aquesta noche muerte con solo aqueste criado. Pues lleguemos a la puerta del jardín, que ya está abierta, y el sale sin duda, Advierte, que es venturosa la suerte, Todo el cielo lo concierta. Muere traidor, Ese nombre dar quiere, quien a traición quiere dar la muerte aún hombre: teneos, que en tal ocasión haré que el mundo se asombre. Contra uno venís tres: pues mirad queste uno es, tres mil si se encoleriza Su valor atemoriza, la vida me den los pies. Solo me dejáis villanos: pero de que temo, rabio, pues que con mi diestra mano daré muerte por mi agravio a este bárbaro villano. En darme ese nombre mientes, que soy Noble, Que me afrentes no es posible pues careces de valor, Mas qué mereces tengo, aunque ser Rey intentes. Y te de satisfacción mi brazo, Desdicha fuerte, acaba tu pretensión: dame Camilo la muerte, goza tan diestra ocasión. Mátame, con gusto muero, Pretendo saber primero quien mi fortuna contrasta, Mátame Camilo, basta decirte, que morir quiero. Quién eres? Un desdichado, En qué te ofendo? No sé, Has por ventura envidiado la privanza que daré por el más humil de estado? No envidio el sumo favor, los Estados, ni el honor que en un día has alcanzado, que solamente he envidiado tu mucha dicha en amor. Préciate, que has preferido a un Príncipe en el valor, Príncipe de mi ofendido, la disculpa de mi error que consideréis os pido. Decid la causa forzosa que ha darme muerte os convida; perder mil veces la vida siendo a la vuestra enojosa: estáis herido? No, advierte, ques tu proceder de suerte, que sin haber merecido a tu amistad me has rendido. Con lazo amigable y fuerte por muerte del Rey Cobredo felicísimo de Escocia sucedio en estos Estados. La que hoy tiene su corona, que aunque no era hija suya, es nieta, aunque ella lo ignora, por un suceso harto grave. Que no referir importa el día que celebró con grave y costosa pompa. Su coronación vinieron mil Príncipes de la Europa, entre los cuales me hallé, no digo, en hora dichosa. Porque aquella en que la vi fue de mi muerte la hora: todos los Príncipes luego a sus Estados se tornan. Solo yo quedé aquí, amando de aquesta forma: díjele un día a mi prima, respondiome rigurosa. Dando muerte a mi esperanza entre marchitas lisonjas, he venido a presumir por conjecturas notorias. Que al paso que me aborrece, a ti te estima y adora, estimulado de celos, que no hay más recia ponzoña. Con aquellos dos criados te salí a matar ahora, sujetome tu valor, y tengo a suerte dichosa. Que mi brazo haya vencido, quien me vence el alma propia, toma Camilo esta mano de amigo firme, y perdona El exceso de mis celos, que al más discreto provocan, goza por años felices Reino, ventura, y esposa. Que pues te lo ha dado el cielo, a los efetos no ignora: solo aconsejarte quiero, que mires como los gozas, Que tienes más enemigos, que no amigos en Escocía: No quiero decirte más que pues es ya tan notoria, tu amistad y de la Reina: quiero volverme a Sajonia . Qué notable pensamiento! en mi idea he concibido, con que el amoroso intento que en la Reina he conocido, tengo premio aunque violento. Digo que vuestra pasión confieso que está fundada sobre muy fuerte razón estando certificada con plena satisfacción: Mas que diréis, si el que tiene vuestro corazón celoso, a ser el tercero viene de vuestro amor? Qué dichoso seré, en que el amor lo ordene! Pues sabed, que esa os adora; y si me ha favorecido para el ministerio, ha sido, en que ya la sirva ahora. Di que la privanza puede dejar de criar envidia, di que el cobre al oro excede, que la lisonja fastidia al que adular se concede. Di que no da calidad en aquesta vanidad del mundo la hacienda y oro, di que guardara decoro el que no tuvo lealtad. Di que es sabio el que se fía de quien le engaña una vez; no recibiendo por juez lo que el litigante envía. Di Camilo en conclusión para más contradicción de tu entendimiento agudo, que hyedra ablandarse pudo, y tenerme a mi afición? Es que ame lo que emprende, que tanto su amor se estiende! pero quieró lo callar, pues habéis dado en burlar de quien serviros pretende. Porque mi vida rescates, de proseguir no dilates el intento de mi piedra, que será se ruir de hiedra al marco cual Policrates. Esta noche en cierta parte quiere hablaros: Es burlarte, Podréis verlo en la ocasión: Oh amigo en satisfacción alma y vida quiero darte: Burlas te? Digo que pasa de esta suerte, y que en amor aunque lo encubre, se abrasa, Que no te quiere? Es error, Qué contigo no se casa? Ya la suerte se ha cumplido, que es mi enemigo mayor: de mi más aborrecido, para lograrse mi amor, dichoso instrumento ha sido. Bastan exageraciones, pues servirte es mi interes; Ay Camilo que me pones grillos en manos y pies de cien mil obligaciones. Vámonos a reposar, que de mi podéis fiar, que cumpliré lo que digo, otra vez Camilo amigo quiero volverte a abrázar. Esa palabra me das, Y digo que será ansí: Dónde mañana estarás? para que te halle, . Aquí, Pues voyme, Engañado vas. Que en nada he dicho verdad, porque Fedra te aborrece al paso que favorece, mi conocida humildad. La traza que he comenzado, al cabo pienso llevar, que así podré asegurar vida, gusto, honor, y estado. A buen oficio me llama, oh amor! tu extraño embeleco, pues nombre de amante trueco en tercero de mi dama.

JORNADA TERCERA

acto tercero Si entre cuantas ha criado naturaleza en el suelo en dar mi pecho de hielo mas que en otras se ha mostrado. Bien de mi grave pasión, que me ha de acabar sospecho, pues ha hecho tal mudanza en mi opinión, esto que me abrasa el pecho. Mas ay! que me dirá el mundo si público mi dolor, que en rigor no es amor en quien me fundo, sino rabioso furor. Yo se lo confesaré: pero es tal mi obligación, que no merece perdón, pues no me arrepentiré, tan malo es de resistir? El daño que está en mi pecho, que sospecho, que he de venir a morir del mal que el amor me ha hecho. Huego de Dios en la casa, y en quien más en ella esté: a la Reina lo diré porque sepa lo que pasa. Quién mi Pedro te ha enojado? cómo vienes de esa suerte? Ediós, que es negocio huerte sofrir tal un hombre honrado. Qué te han dicho? Un tistimuño Bátilo me ha levantado, que dice, so namorado, dijera más el dimuño? Tu enamorado? y de quién? De Galatea y pardiós, que lo estó como de vos; ved si lo encarezco bien. Has le dado ocasión tú? dijístele algún requiebro? Con lo que más la celebro, es con darla a bercebú. Y no tan solo a Batilo tengo de celos rabioso, son que diz, que es mi esposo el señor Conde Camilo. Qué jura, que Dios es Dios, que no le quito una tilde, a una Matolda, o Matilde que es su esposa, mirad vos. Si son géntiles desuelos, o como se compadece, que el que a una dama parece cause semejantes celos. voto al sol, que si hombre fuera, que alguno me lo pagara, pese al mundo en esta cara barba el cielo no pusiera? Luego no eres hombre? No, pues estando por mi cuenta la una y la otra afrenta ninguna he vengado yo. Tanto tu rostro compara el de Matilde? Es de modo, que diz, que en todo y por todo la mía es su propia cara. Díjote muchas ternezas? mas que dudo si diría, que de abrazos te daría! o qué haría de finezas! Pensara que es como quiera, a querer yo ser mujer, voto al sol que había ser Matilde, aunque no quisiera. Tanto porfió? Que mucho, si le tiene voluntad, eso un niño lo dirá, Cielos qué es lo que escucho? pero en fin desengañado Le dejaste? Si y par dios. que lo quedo cómo vos? Mas sabéis lo que he pensado? Qué, mi Pedro? Que sois necia, Por qué me das ese nombre? Porque os morís por un hombre que os aborrece y desprecia. Anda, dalde al enemigo: dejade, ame a quien quisiere, no os matéis porque no os quiere: esto os digo como amigo. Tiene prendas por ventura este hombre de vueso honor? Rapaz con mucho rigor su sutileza me apura. Que te va en averiguar lo secreto de mi pecho? quien tan bachiller te ha hecho, he de mándarte azotar Sin duda que por tu boca ha pretendido el honor, reducirme de este error como a quien la ofensa toca. Público debe de ser mi afrenta, pues un rapaz, de discurso no capaz me viene a reprender. Pero en un resuelto pecho, siempre la reprensión cría más estimación; y así en mí no es de provecho. Lo que importa es el remedio, este conviene buscar, y pues por fuerza he de amar, no buscar remedio, es medio. Solo me viene a faltar el modo de efetuarlo, porque no tengo vasallo de quien poderme fiar. Pero si lo considero, mi pretensión facilito con hacer a Periquito de mis amores tercero. Lo uno, porque el secreto guardara con el temor de conservar mi favor, que el rapacillo es discreto. Lo otro, porque el engaño de Camilo se deshace, puesto que se satisface con tan claro desengaño. Como a ver, quel que ha juzgado por su dama es el tercero: de nuestro amor verdadero, lindamente lo he trazado. Sabrás tener, ven acá secreto cuando importase, que yo a tu pecho fiase uno que en el mío está? Sabrás bien dar un recaudo, y sabrás significar a quien le fueres a dar del dueño tuyo el cuidado? Sabrás llevar un billete, y del respuesta traer? Eso al cabo viene a ser en buen romance alcaguete, no pardiez, Pues por qué? Porque en mi vida lo vi tan soldamente por mí, a otra persona abré. En toda mi vida pude ser tabrilla de mesón, cadascuno en concusión su ventura, y Dios le ayude. Mira que pagarte puedo aqueste servicio bien, Vos pagarme a mí está bien? de eso solo tengo miedo. No quiero fiar de vos, que palabra no cumplís de todas cuantas decís; Yo te miento? Si par díos. pues con que en vueso rebaño al mi novillo tenéis, que me le den no queréis. Tu novillo, caso extraño! Yo le tengo, cómo? a dónde? Que bien lo disimuláis: pues por más que lo encubráis, en vuesa casa se esconde. Pues siendo eso Pedro así, supuesto que no lo sé, que te le den mandare, Pues si vos lo hacéis así. Algo conmigo podréis, mandádmele luego dar, donde no os lo he de robar cuanto menos os catéis. Si ves al Conde Camilo di que le espero en mi cuarto. . Con eso dijiste harto, o amor notable es tu estilo! A la pildora de celos por más que dore el amor, nunca, falta el mal sabor con que se sientan sus duelos. . Este es el fin de mi historia, y si de mi vida fuera, usará el cielo conmigo de mayor magnificencia. Ahora que tu prosigas solo mi Valerio resta, con lo que en aqueste Reino ha sucedido en mi ausencia. Ya sabéis que aquella noche que partistes de esta aldea, quedó vuestra esposa Anarda ya en el fin último puesta. Tanto el parto la apretó, que dando una Infanta bella al mundo, el más bello cuerpo que vio el sol le dio la tierra. Cobredo su padre entonces incitado de la ofensa, mando matasen al ángel, que el mundo había visto a penas. Y si primero a la muerte la desdichada Princesa no hubiera pagado el censo, su ejecutor el Rey fuera. Pero los Grandes mirando, que de semejante deuda vuestra hija estaba libre, y el Reino sin heredera. Redujeron su pasión con razones tan discretas, que se determinó a dalle vida, y de este Reino herencia. Pero fue con tal gratamen, que había de estar secreta de su infeliz nacimiento la desdichada traje día. Dejó secreta la Infanta: porque aún ignora su Alteza quien fue verdaderamente quien la parió, porque piensa. Ques del Rey Cobredo hija, avida de Madre, y Reina; y este secreto ha podido dilatarse por las penas. Que sobre esto impuso el Rey, que quiso de esta manera poner en eterno olvido, será posible su ofensa. Echó bandos por Escocia, diciendo: que al que os prendiera, daba después de su gracia vuestros estados y rentas. Que fue tanto el sentimiento que hizo, cuando vio muerta de parto a la que juzgaba por más casta que Lucrecia. Que decía, hija cruel, quien reengendrarte pudiera para labrar con tu sangre la mancha de tus ofensas. Mas toda esta tempestad Duque con su muerte cesa; pues ya tendrá vuestra hija y de Anarda por el Reina. Esta es la misma que viste; y la que os habló es la misma que encontrastes en el bosque: albricias merezco buenas. Tenme Valerio en tus brazos, ques tan alegre esta nueva, que de Chilón el suceso hoy en mí se representa. Que si por ver coronados un hijo tanto se alegra, que entre parabién y abrazos de albricias el alma entrega. El hallar yo coronada después de tantas tragedias una hija, no es menor la causa para que muera. Oh qué mal hace Valerio! quien de fortuna se queja, ni la tiene por piadosa en tanto que vida tenga. Pues aquel que más pregunte con alas de favor vuela; mientres vive no la alabe, que hay mar que al soberbio anega. Ni por triste, ni abatido que el miserable se vea, se desconsuele, que hay cielo, que al mejor punto remedia. Solo me faltaba aquí que mi Camilo viviera, para ser el más dichoso que crió naturaleza. Del proceso de la historia una dichosa sospecha, De qué suerte? no decís? Señor, que en Ingalaterra le perdiste. Sí, Venid, que mi sospecha es ya cierta. Camilo está en Belflorida, A dónde? en aquesta aldea? Y del bien enamorado. su hermana propia. La Reina? La Reina, apresura el paso, que según está resuelta podrá ser que esté casada con él. Pues de qué manera? Desde aquí allá lo sabréis, Dame de todo ello cuenta, Y de como ociosa vino: Estadme atento, Comienza. Por vida de mi corona, que he de saber como pasa, y del modo que en mi casa respetan vuestra corona. Vos la ocasión dado habéis para otro mayor suceso con el demasiado exceso de la merced que me hacéis, No quiere desengañarse ese Príncipe atrevido, que no ha de ser mi marido, de que le sirve cansarse? Ama os como el alma propia, vos por mí lo aborrecéis: pues siendo así no juzguéis su pasión por tan impropia, Obligada estáis a amallo, correspondiendo a su amor: demás, que os está mejor un Príncipe, que un vasallo. Callad Camilo por díos, que la muerte que trazaba para ese Príncipe, estaba por mandar, que os den a vos. Vos habéis jamás amado? vos conocéis del amor el implacable furor? bien mi afición he empleado. Lo que os importa señora os digo, No hay que decir, vive dios que ha de morir el Príncipe antes de un hora. Esto ha de ser, Reina hermosa reprimid vuestra pasión, y advertid con discreción que es cosa dificultosa. Mirad que Sajonia puede sentir semejante ausencia, Cuando la culpa es inmensa el castigo nunca excede. El matar un Rey de Escocia es delito cómo quiera? Oh que mal de esta manera mi pretensión se negocia. Mal cumplire de este modo lo que al Príncipe ofrecí: más remediarelo así, bien a fingir me acomodo. Desde hoy he de publicar al mundo mi pensamiento, que está el fuego en mi violento, y quiere ya reventar. Reina, Y aún porque lo soy he de usar de mi poder, Perdida está esta mujer: en mucho peligro estoy. No dejo de conocer Reina en esto mi ganancia; presupuesta la distancia que hay del mío a vuestro ser. Pero quiero suplicaros, si es que valgo ya con vos, que por el bien de los dos procuréis, mas reportaros. Y negocio ques tan grave no atropellemos ansi, que será perderme a mí si antes el Reino lo sabe. Pues qué se ha de hacer? Conviene que vuestra Majestad hable al Príncipe, porque entable un engaño muy solene. Dando a su desconfianza muerte con algún favor: aquí podré más mejor dar más bien a mi esperanza. Questando así divertido, todo el Reino lo estara, y en tanto se dispondra sin escándalo y ruido. El fin de mi buena suerte; porque esperar de otro modo hacerlo, es violento todo, y ha de acabar con mi muerte. Aunque lo que habéis perdido es difícil para mí: en pago he de hacerlo así de veros ya reducido. Qué hablar a quien aborrezco amorosamente, es cosa terrible y dificultosa; a mucho por vos me ofrezco. Vaya con tal condición, que cuando hablemos los dos estaréis presente vos a nuestra conversación. Y si algún favor le hiciere, por vuestro le contaréis, y aquellas cosas haréis que yo al Príncipe pidiere. Todo es obligarme más, puesto que os he de servir, mandad que no he de salir de vuestro gusto jamás. Y dad ahora licencia, para que yo os pueda hablar, Pues de ello gustáis paciencia. Ante vuestra Majestad no hay Alteza, es humildad Reina la mayor grandeza. Ciñan mis sienes la fama a quien el ser dio Peneo, porque con mayor trofeo no se contenta mi fama. Pero dadme vuestros pies, que cuando a ellos se reduzga mi premio el alma le juzga por de mayor interes. Vuestra Alteza se levante, levántese, o no prosigo, ( que no es justo hacer conmigo un exceso semejante. Cuanto hubiere prometido Camilo de mi afición es verdad, y si ocasión mi honestidad no ha ofendido. En que de mi pensamiento cuenta estrecha no haya dado mi amor no ha sido culpado, culpad a mi atrevimiento. Y basta si servís esto, que un papel mío os dirá lo más que en el alma está, Y cuándo será? Muy presto. De hoy más mi desdicha cese, pues soy ya favo recido tú que el instrumento has sido deja, que los pies te bese. Príncipe advertid por Dios, que en esto el que gana he sido, pues más premio he conseguido, sin comparación que vos. En ocasión si yo vivo solo tenéis de reinar, que a mi bástame gozar del sumo bien que recibo. . Ce señor Conde, O mi Pedro, o mi estrella, o mi alegría; Téngase su señoria el dimuño bararedro. Aún no se ha desengañado, que toda via le dura ese quillotre, o locura oiga, que traigo un recado. A mi recado, de quién? De la Reina. Ay tal rigor! Rigor llamáis al favor, he Dios, que lo sentís bien. Hay por dicha en amor fuerza, Pedro, qué quiere de mí? Yo que se el recado ohí, que a responder nadie os fuerza, Dice, que por la ocasión, que su Reina va tomando, de que puede irse enredando alguna conjuración. Os manda, que luego al punto os partáis de aquesta aldea, adónde jamás os vea, si ya no fuera difunto. Porque albricias no has pidido de nueva tan venturosa, siendo para mí una cosa, que tanto al justo havenido. Que me destierra en efecto, que es tanta la dicha mía; Dentro de hoy en todo el día, eis de salir; Y lo acepto. Eso os puede aprovechar, porque está tan inhumana, que si estáis aquí mañana os ha de mandar matar. Mirad, que no la veáis, sino partios al momento; Ese era mi pensamento; Ni aún de ella no os despidáis. Ansí lo haré, vuelve, y dile cuan agradecido parto; Y que más. . No digo harto, di que cuando me aniquile: Y cuanto me dio me quite, dejándome la memoria de aquella mi antigua gloria toda mi fe lo permite. Pues más quiero yo contaros, sabé, que os tengo afición, y quiero en esta ocasión serviros, y acompañaros. Que a fe, que no es para mí esta vida pala ciega; Tu cuello a mis brazos llega cumpliraslo Pedro ansí. No, no quiero que me toque crea, que en este viaje, no solo seré su paje, sino el perro de san Roque. Vaya y apercibete con brevedad señor Conde, y mire lo que responde a la Reina, Considerando dulce dueño. i proveido remedio, para qu irremediable conceda elR esta nor mío mi alb pe con ma Reino en mi g noche entréis en mi retrete a tomarla, anto deseo, el modo os dará Periquito, poro tido. que diré? Dile, que su Majestad pudiera con la esperiencia calificar mi innocencia, y no con temeridad. Que cuando fuera muy cierto, cual dice haber la gozado, para haberme yo alabado el labio no hubiera abierto. Demás, que ella es buen testigo, como sabe el alto Dios, que nunca hubo entre los dos cosa más de lo que digo. Y esto basta, que le digas, que no queda más en mí; Todo se lo diré ansí; Por todas partes me obligas. Pues yo aguardo en mi posada, para que partamos luego. . Celoso desasosiego, cuando dejar no le agrada. Varias máquinas emprendo, no se cual saldrá mejor nadie pase tal dolor como yo estoy padeciendo. Fedra me dio este papel, para que a Camilo diese, ay Dios! y si yo le abriese, para ver que dice en él. Ya la nema he levantado, y sin haberla rompido, que hasta el sello enternecido de mi desdicha ha quedado. pedrío, que el gozarnos es s facilidad, viendo que es gusto, detérmino que posesión de la que que está en el ad- Válgame Dios, que paciencia ahora me dan los cielos, que tal ímpetu de celos se puede hacer resistencia. Aa no haberme prevenido, con el pasado suceso de mi flaqueza confieso, que aquí me hubiera perdido! Oh que extraño pensamiento me ofrece en esta ocasión la fuerza de mi pasión para derribar su intento. La Reina me ha descubierto, como de mí se ha fiado el engaño, que ha trazado al Príncipe Filiberto. Pero yo sabré trazar de tal suerte un embeleco, que de un engañoso trueco mi bien venga a resultar. Dare al Príncipe el papel el engaño somentando, diciéndole, que abrasando la Reina se está por él. Y para que efecto tenga, sin que pueda conocerse llegando esta noche a verse, es bien la traza prevenga. Será aquel retrete abierto, esté sin luz, porque yo diré que así lo pidio Camilo, y a Filiberto. Diré, que trueque vestido con Camilo, porque así la Reina lo advirtio aquí, que es un engaño escogido. Y que en cuanto esté con ella, para sola una palabra el labio un punto no abra, porque importa al honor de ella. Y a ella persuadiré, que le suplica Camilo guarde aqueste mismo estilo, y así los engañare. Vamos a la ejecución, oh amor! pues la triaca dais saldré con mi pretensión. . soñando. Bien como aquel, que recordo loñando, que el fin de sus deseos alcanzaba por volver a la gloria, que gozaba al sueño dulce está solicitando. Oh como aquel, que algún ausente amando de su muerte las nuevas escuchaba, y con la fuerza del amor no acaba de creer lo que está certificando. Yo que soñaba, que Matilde hermosa se burlaba de mí con traje extraño a mi engañoso sueño solicito. Es temiendo su muerte lastimosa por ilusión nacida de mi engaño, este procuro; y la verdad no admito. quién va? es el Condo Qué gente? quee vares Es el Príncipe. Es posible! de? oh amigo! si es invisible? donde os escondéis, adonde Pues que hay de nuevo de ti? Grande bien notable suerte, Con de amigo, Conde advierte, ya a la fortuna vencí. Por este papel me manda, que aquesta noche la vea; Como ansi Príncipe sea, en dichoso punto anda. Aún más dicha me promete; Cómo ansí? La posesión última en mi pretensión me da por este billete. Y quién os le trujo? Pedro, el seráno. Bien por Dios, celos tengo de los dos, después que priva no medro. Y es posible, que es capaz para poder del fiarse; Puede por Dios graduarse por suficiencia el rapaz. Relátome de manera de mi señora el intento, como si en su pensamiento por transformación viviera. Adviérteme, que conviene troquemos los dos vestido, para no ser conocido, De quién? Su misterio tiene. Porque como vos entráis cuando queréis la sospecha de quien soy, queda dehecha; Sin duda en el blanco dais. Para este efecto he buscado vuestra persona: Por Dios, que me pesa que los dos no nos ayamos hallado. Tomad mi capa, y sombrero, y dadme la vuestra acá, pues hemos llegado ya, como miráis al terrero. . Ce, Paréceme que han hecho una seña. A mí también. Sois el Príncipe? Pues quién? Ya estaréis satisfecho, De que os dije la verdad; Tercero del alma mía de mi indignidad nacía aquella incredulidad. Es hora? Llega al postigo, que abrir voy: Válgame Dios, conformes están los dos; Conde a Dios: Adiós amigo. Vive Dios, que si el pastor de algún enredo no es dueño, que cuanto me pasa es sueño considerado en rigor. La sentencia del destierro cumpliré en llegando el día, que ansi a la desdicha mía mejor la puerta le cierro. . Decia ansi la orden de su Alteza, partí a la Corte Fabio en un instante, y en llegando poned luego por obra lo siguiente, que importa a mi servicio. Un humilde jumento enjaezadme, con el mejor jaez, que en mi recamara pudieredes hallar todo bordado de perlas, de diamantes, y topacios. Y un bozal de oro a quien adornen diversas campanillas de lo mismo, lo segundo al caballo de más precio, más brioso, más ajil, y gallardo De los que hubiere en mi caballeriza, sobre una humil de albarda haced ponerle una carga de leña muy pesada, y haced que los paseen de esta forma. Por la Corte seis días ordinarios, con trompetas, y atabales asistiendo a su acompañamiento alguna copia de la gente lucida de mi casa. Pasado aqueste término, que digo, volved a aquesta aldea a darme cuenta del efeto que tuvo aqueste intento, de quien sabréis después el pensamiento. Esto contiene, y es lo que os he dicho, que en la Corte ha pasado estos seis días, aquesta novedad notable espanto. Algún misterio tiene La causa ignoro. al tiempo lo remito, ahora decidme, cómo va por acá del forastero? hay novedad alguna desde el día, que salí de esta aldea? . No hay ninguna, porque el darle favor, es ya tan viejo, que ya no se repara en sus favores. Yo temo, que de Escocia la Corona veremos en sus sienes. . No se nada, solo se, que ha mandado, que se junten los Grandes de su Reino en esta Aldea, Y no hay quien de la causa de su intento, por vos ha preguntado, y según dice, no quiere proponer lo que pretende, hasta verse con vos. Ansí me dijo, al tiempo que la mano entré a besalle. Ya os ha visto? Y mandado, que delante los Príncipes, y Grandes le haga relación de este suceso. Ya la música anuncia su venida. Famosa gente sale. Y muy lucida. No sin ocasión muy grande Escoceses Caballeros os he mandado juntar en aqueste humilde pueblo. Y antes que nada proponga; que haga relación quiero Fabio mi caballerizo de su jornada, y suceso. Digo, que como mandaste si a la Corte donde luego el orden puse por obra sin exceder punto de ello. Lo cual tanta admiración puso al vulgo novelero, que se despoblaba a ver dos tan contrarios extremos? Como era ver adornado un miserable jumento, con jaece solo digno del juez de polo del Griego. Y luego un caballo hermoso, galán, bizarro, soberbio de tosca leña cargado sobre humildes aderezos. Seguiales mucha gente? Digo, que fue con exceso, tan grande que les seguía, y no es encarecimiento desde el más grave al humilde, y desde el niño hasta el viejo: Y eso fue todos los días? Mas que ninguno el primero, El segundo no fue tanta, y el tercero mucho menos, ya el cuarto no reparaba a penas persona en ello: porque es muy propio del vulgo tener aquestos extremos. Ya me parece, que estáis todos con grandes deseos de saber de aquesta enigma el escondido misterio. Quiero declararme pues, habéis de saber, que tengo hecha elección de marido, y no sin divino acuerdo. Pero porque ser podría, que sin mirar lo de adentro por lo ques superficial me redarguyese el pueblo, Le procuré prevenir con el pasado suceso, dando a entender, que se acaba lo difícil con el tiempo. Él no estimar tantos Reyes, que piden mi casamiento, signifiqué en el caballo con semejante desprecio. Porque para que me lleve me está mejor un jumento, que no sea ha despeñarme algún caballo soberbio. Ni os pido en esta ocasión, que me prevengáis consejo, que el, y determinación nunca a una mesa comieron. Para lo que os he llamado, es porque en forma de Reino todos le beséis la mano. Qué tanta dicha merezco! Con quién os habéis casado? Con Camilo. Cómo es eso? qué nueva invención es esta? Santo Dios! ya hay otro enredo, quién reina? Camilo digo. Camilo? Cómo? Oh qué bueno! Quién es Camilo? Ya he dicho, ques vuestro Rey, ques aquesto? Es ilusión del sentido estoy velando, o es sueño! Reina mirad qué decís? En tal parecer no vengo. Nuestras armas lo averiguen, Quedo Caballeros, quedo nadie pena de la vida se levante de este asiento. Caballeros Escoceses no desnudéis los aceros; oíd las razones mías; Santo Dios! que es lo que veo, Este no es el salvaje, que se me escapó huyendo? Ese mismo, pero ahora de contar mi historia es tiempo, El Duque de Albania soy, aquel que dichoso un tiempo era el Polo de la Corte; Apolo de su Emisferio. No tengo que referir la privanza, que en Cobredo nuestro Rey, halló mi dicha, que a todos es manifiesto. Y por la misma razón no diré el favor inmenso, que hallé en la Princesa Anarda heredera de este Reino. Solo diré que llegó nuestro amor a tal extremo, que de la unión de las almas resultó la de los cuerpos. En ella tuvo a Camilo, que es el que presente veo, el cual en aquesta aldea le di a criar a Valerio. El tornarse hacer preñada, fue cuchillo del secreto, y de su vida también; que en pensarlo me enternezco. Pario (según informado estoy) a vos angel bello, del original traslado, que a un difunto reverencio. Yo con el temor del Rey vine a esta Aldea, y cogiendo a Camilo, que aún a penas tendría como año y medio. Escogí de Ingalaterra para vivir un desierto, en que estuvé veinte años a mil desdichas sujeto. Al cabo de ellos en fin, como el movedor Eterno inclina los corazones a más altos pensamientos. Guió a mi hijo Camilo adonde, porque ya creo, que todos sabéis la historia de nuevo no lo refiero. Yo viendo, que no volvía a mi habitación, temiendo alguna grave desgracia hija de su atrevimiento. Le busqué por todo el mundo, no le hallé tuvé por cierto, que algún animal voraz me le ocultaba en su seno. Partime desconsolado, para Escocia, con intento de presentarme ante el Rey, porque véngase su pecho. Mas hallo que la fortuna su rueda de suerte ha vuelto, que me entregó a mis dos hijos en vez de juez severo. Que todo esto sea verdad bien lo sabéis Caballeros? El Duque dice muy bien; Él es, bien le conocemos. Esta señora es la historia, que en la vega de Gan veo, nos interrumpio Camilo con su impensado suceso. Pues dadme todos los brazos! Padre, y señor doy al cielo mil gracias, pues que me ha dado tal desengaño en tal tiempo. Qué confusión tan extraña (. pluviera a los altos cielos, que nunca me diera el ser, quién tanto daño me ha hecho? Pues como ha de remediarse la desdicha en que me veo? que Camilo es mi marido; Vuestro marido? Es lo cierto. No advertís en vio engaño? Yo engaño! Dígalo Pedro? El Príncipe os gozó Reina? El Príncipe! Cómo os cuento. Cómo? Porque me importaba. Ay de mí! cómo? Direlo, para cobrar de esta suerte mi novillo. Ay tal enredo? Aguardad no sois la Dama, que yo saqué del mar fiero? Esa misma, pero soy aún más de lo que parezco: Que soy señores Matilde Princesa del Ingles Reino, a quien Camilo robó, como sabéis. Santo cielo! Este novilio buscaba dádmele pues doy en trueco un Príncipe de Sajonía. Digo Pedro, que lo acepto, y confieso aunque burla da la gran desdicha a que vengo. Reconózcola por mía; y así como tal lo precio. Esposa del alma mía decidme, porque merezco la pena que me habéis dado con tan injustos recelos. Dadme los brazos, Y mano, que confirme desde luego nuestra boda. Y la de Fedra tome también Filiberto, y denme mil parabienes los que mis desdichas vieron: Y me ven ya con tal dicha, con tales hijos, y hyernos, y pues puedo como padre de tales Reyes hacerlo de al bricias mando de renta dos mil doblas a Valerio. Por merced tan señalada humil de los pies te beso. Yo confirmo esa merced vuestra persona engrandezco. Pues que tantos desengaños Princesa excelente vemos, bien me atrevire a pediros, que deis disculpa a mis celos. Antes bien considerado merecéis por ellos premio, por ser amante constante; y así dártele pretendo. Y pues el que más codicias es Galatea, yo quiero con dote de cuatro Villas, hacer vuestro casamiento. Bienvenido, de esas manos, sin duda tendrá suceso próspero, en todo, por el beso tus pies, y le acepto. A vuestro padre Matildle hacer Embajador quiero del modo que se han juntado dos corazones a un tiempo. Y pues que dio tan buen fin mi amado Pedro Corchuelo, a el engaño venturoso, dad perdón a nuestros hierros.