Texto digital de Las prisiones de Adán
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Auto
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las prisiones de Adán. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prisiones-de-adan-las.

LAS PRISIONES DE ADÁN
Ese padre de diamante; cuya inmensa pesadumbre, si al Cielo llega, Amaltea con flores su falda luce: Ese que por lo eminente, tan érguido al Cielo sube, que escala de las estrellas atrevido se presume: ese, que gigante altivo tanta campaña descubre, que a toda Mesopotamia desde sus lejos conduce: Ese occeano de tronco ejército de acebuches, adonde en líquida plata Polifemo el campo cubre de los rigores del Cierzo, Parque de flores azules. Aquí la tórtola triste, en su más ergido fuste, lamenta la soledad del muerto esposo lugubre. Allí en aquellos laureles canta el Ruiseñor con dulces suaves gorjeos acordes, que entona, y allí descubre que a su esposa Aquí, pues, exam cuanto estas selvas incluyen, hagan alto mis deseos al rigor que me conduce. Yo que arrojado a el abismo, que mi soberbia desluce, en un Mongíbelo horrible vivo de mil pesadumbres, de no poder trastornar ese cuaderno de luces, de aqueste incendio horroroso salgo almundo, a que procure mis engaños encubrir, lo que Miqueas arguye. Furias, de mis calabozos, haced que la muerte busque en el ansia, en el dolor, en el fuego, aunque es inútil, Ese, que ha cinco mil años desobediente volumen, las maldades que le afligen, veamos, pues, si hoy le consumen, Al arma infernales Furias, muera aqueste, antes que ocupo con avisos Soberanos, remedos del Sol, que en nubes de deidad yace encubierto, Dios Trino de quien pronuncio su alegre venida al Mundo. Bárbaro, como conduces escuadrón de horrendas fieras de la caberna legubre? cómo, sin poder las llamas? pues apenas de la ilustre Majestad permisión tienes de mirar al hombre? huye a las infernales llamas, donde ardientes inquietudes, aumenten más tu soberbia, que antes que Febo dibuje, con su carro luminoso este obelisco de luces, otro más radiante Sol en rosicleres de nubes, desterrará las tinieblas del pecado. Qué esto escuche! por imposible lo tengo, que un Dios tan glorioso busque, siendo Dios, tanta pobreza, no doy crédito, aunque duden. Pues dime, quién como Dios? Esa oposición arguye. Calla, blasfemo atrevido. No lo dudes espíritu, pues por mi osada belleza de los celestes cherubes, mas de la tercera parte a mi valor los reduje; y tu opuesto a mis ventajas, impiden que en fuego inúnde todo el azul pabellón; mas yo desaré su ilustre arquitectura mostrando mi valor, pues en la cumbre del Aquisón animoso, a todo el Cielo me opuse. Baja, blasfemo al Abismo, y en ti su rabia ejecuten esas venenosas fieras. Lz Todo el infierno se pulte mi envidia, al Abismo vaya. Huye de mi vista huye. otra vez, Miguel, venciste; cómo esto mi envidia sufre? Guerra, guerra, al arma, al arma. Él ha de ser Escriben, no tenéis que porfiar. Misa el Niño ha de cantar, que esto mos esta más bien. Escriben ha de ser, si se revolviera la Aldea. Escriben, es cosa fea, eso déjámelo a mí. Escriben ha deser, Bato; y así, tratad de dejarle. Vos queréis examinarle a que deprenda a ser gato, Escriben, en el Aldea? mojer, es cosa fatal, que aunque sea Santo, y cabal, no hay nenguno que lo crea. Escriben cosa de risa: si un preito tiene un cuitado, le deja tan espulgado, que le quita la camisa. Luego, si el tal Ecriben es preitista; y ambicioso, todos, es caso forzoso, que le han de besar la mano; ninguno los puede ver, hasta los diablos no gustan de ellos, pues nadie los quiere: y si acaso alguno muere, en el infierno se asustan los diablos, y al recibille juntos, para haber de abrille entran en ayuntamiento, diciendo unos: No convienes otros, lo alborotará; otros, diablos hay acá: Ve diablo cojo, mantiene la demanda, y jura años, que se vuelve el alma luego adonde al Señor la plugo, que es una, y parece dos. Un diablo con gran pesuña; dice: Aquí no ha de parar gente que trate de hurtar la numerata pecuña. otro diablo con antojos, Procurador general, dice. No habéis dicho mal, no se busquen más enojos. veis si la verdad entablo. en que Escriben no sea, osto vuestra duda crea, que aún huye de ellos el diablo Él ha de ser Escriben, no andéis con más chanzonetas. Qué mujer? son tijeretas? mirad que no nos conviene. Páralo yo, y lo veremos como vuestro gusto hacéis. Aunque más coces tiréis. Escriben, o reñiremos; Cura mi hijo? ay peor gente qué Cregos? zanganos todos, los que por diversos modos son orugas soldemente. Dejad aquesas locuras. Escriben, o mala fiesta. La primer mujer es esta, que quiere mal a los Curas. En siendo grande el Chiquete le he de enseñar a escribir. Así como os le vea parir, he de encajarle el bonete. Callad, Bato, no os canséis, ve ha de ser lo que yo os digo. Pues si yo empuño el quejigo veréis como lo emprendéis. Más parte vengo a tener en mi hijo, que no vos. Mas, pues, que yo? voto años que a palos os he de hender, pues replicáis lo que os digo. Ay que me mata Bato, socorro aquí Arcindo, y Ribato; Piedad. . Hacer lo que os digo Qué es aquesto, Bato amigo? En qué ha de parar aquesto? siempre habéis de andar riñendo, estáis dado a Barrabas? Por San Bras que esta mujer sin duda lo debe estar, pues de cuanto mando; y digo no se le da un barrabas. Ea, sea riña de por San Juan, dense las manos de amigos. No es si no de Todos Santos, pues cada día tenemos las tortas, y pan pintado. Bato amigo, no haya más. Digo que paso por todo. Vamos, pues, todos a cara. A cazar lobos no iréis? Yo os llevaré a mi lado. Yo acompañaros a vos? mal llovo os muerda de atrás, Ofrezcoos a Barrabas, seamos amigos los dos. No me podéis ver, no quiero; no me canséis más enojos. Ea hija de mis ojos, mira que hago un puchero. yo la alabo porque vaya, . y en el monte ha de ser Cura el niño, a patada pura, o a coz que pase de raya. Pues cese ya la querella, que os quiero en extremo tal, que no hay fruta garrafal que a mis ojos sea tan bella; no hay pastora como vos. Dejad esa bobería. Vos sois toda el alma mía, y esto para lo de Dios, lo sois mujer diligente, cuerda, alindada, y lindosa, como el clavel, limpia, hermosa, sabia, discreta, prudente, cada diente una azucena, y toda la risa un alba, cada mejilla una luna, cada vista una advertencia, cada dicha una sentencia, y en todas, y en cada una, las gracias en dos en dos, como Frailes de Convento: si en cuanto he dicho no miento mala Pascuate dé Dios. Qué todo eso hay en mí? Y otras cosas muchas veo. Todos lo dicen así, y yo también me lo creo: hemos de matar los lobos? Quién lo duda. Pues vamos. . Vamos. Ansi engañan a los bobos. . Ah del oscuro Palacio, donde en voz caliginosa se niega toda piedad, se aumenta toda discordia! A vosotros mis secuaces, que por las seiscientas bocas, incendios de llamas negras, vuestra quietud las arroja. Qué te suspende, Luzbel? di, Príncipe, de qué te enojas? Un sueño, una ilusión, una fantástica sombra, pues estando esta mañana; cuando más alegre flora entre carreras de luces, hace aplausos a la Aurora: rendido de mis pesares, cansado de mis congojas, quise ofrecerme al descanso, que aunque en mí es cosa notoria; que el sosiego que se halla, hoy en mi alivio, es ponzoña: cuando suelta la atención de una nube tenebrosa; que puesta en el aquilón cubierta, con negras hojas se opuso a la luz del día alborotando esa roca, que obeliscos de peñascos, miembro de tronco, y hojas; tan pegado al Cielo vive, que esa buena luz se nota: Es escala de los Cielos, por su soberbia corona, que se ve lo azul celeste, sino le rompe, le abolla. Cuando entre miedos, y horrores alborotándose toda la región, donde se tejen los que al mundo asombran; relámpago repentino vi en la nube tenebrosa. A esta, pues, horrenda nube, sucedió tanta agua, rotas las cataratas del Cielo, que aquí con verdad más propia! se dice que llueve lanzas, y que el Cielo las arroja contra mi rabia, pues era un venablo cada gota; A quí entonces temeroso, toda la atención absorta, casi me temí a mí mismo; por ver los rayos que arroja. Vi, pues, que desde esos Cielos de improviso se deshoja, donde yo estaba esta nuve, con la niebla tenebrosa, que pareció caos confuso, o monjibelo conolas. Llegó a esta región primera, y pareció como bola de humo; y sobre su misma escuridad, redonda súbitamente con aire se desemboza, de aquel velo de tinieblas esta Mujer Milagrosa. Viste la corteza dura de las más, y más estrechas, que felizmente sedienta beben el llanto a la Aurora, y entre aquella rediculta de la superficie torre, guardará el interior seno la Margarira preciosa. Vi, que dentro de esta nuve, rasgando el Cielo de sombra, se apareció una Deidad, sobre Deidades de Gloria, que entre los rayos del Sol, se ve tan bella, y hermosa, si espinas fingen los rayos, como entre espinas la rosa, Sobre la madeja de oro, por Majestad Imperiosa, doce diamantes, o Estrellas, que por Reina la coronan a el argentado coturno la nube estaba redonda, por ser siempre Luna llena, a plantas tan generosas. Debajo, pues, de la Luna; aquí el discurso me ahoga, aquí la voz en mudece, aquí el aliento se postra, mi imagen puesta a sus pies, toda la cabeza rota, hecho venenosa sierpe, y apenas miré mi forma, cuando una voz en los aires oí por entre nubes hermosas; Aquesta ha de ser, me dijo, quien a tu soberbia loca le romperá la cabeza; A questa es, Madre Gloriosa del Verbo que ha de encarnar en su Virginal Custodia: Será remedio del hombre, que así Isáis lo nota en su Baticinio Santo, y tirando millares de Querubies de aquel círculo, que en forma de Carro Triunfal corría, me cercó una niebla umbrosa, sino fue polvo del aire, que al correr tan presurosa, debieron de ir levantando, las ruedas de su carroza, No entendí bien esta enigma, mas vi que entre dos mil glorias se desvaneció en el aire esta visión portentosa, rompiendo celestes nubes, a quien entonces la rabiosa ira de mi pecho éxala rayos, incendios, y ponzoñas. Esta ilusión, y fuerte fiera es la que mi pecho ignora, toda la Mesopotamia, ingénuamente mañosa a el ingenio que me animo, llorara muerte afrentosa. Yo te deseo servir con ansias afectuosas. Micheas el Gran Profeta dice, que de una Doncella nacerá la Majestad a desterrar tenebrosas nubes, densas de la culpa, y presumo ser la Esposa de Joseph; que en humildad, y Santidad milagrosa, aquesos globos de luz a su peana se postran; pues toda su Santidad envidia al mundo, no ignora mi malicia, que esta puede ser la celestial Aurora, que en globos de rosicleres dicen que el Verbo atesora: Esto, pues, inquiriré, y si es cierto qe la propia Nave del Mana precioso, que clamando el mundo nota; ha de venir a nacer en Galilea dichosa. Digo, que obediente estoy con malicia licenciosa a perturbar esa dicha con la parca rigurosa, estorbando con la muerte desvelos que te aprisionan. Hijo eres de mi rigor, toda aquesa senda humbrosa discurre; al arma infierno, toca al arma, al arma toca. Ataja, Ribato, por el Valle abajo. Bato sale al encuentro con enojo. Muera la fiera, echad por el atajo. Aunque es bárbaro despojo, que mis mieses roba, estos sances con su parda sombra le amparen: muera luego. Norabuena, es acaso este lobo brejenas hacia mí se ha venido, socorro, socorred a un afligido; ay que me mata, ay que me ha mordido, Socarro a mi marido, ay Baro amad Pastores, compañeros, (do. muerto está Bato. Si porsocorreros el lobo me ha mordi- curadme luego, pues, que estó muy mal herido. Dónde la herida está? Buscadla vosotros, que a raiz está de los quillotros, yo estó muy mal tratado, hasta la madre estó desgobernado. Qué tenéis Bato mío? Mucho mal, Gila, el llovo me ha hecho, y el lio de la merienda me ha desecho, ya, Gila, no está Bato de provecho, ya vuestro juramento se ha cumplido, de la zaguera el llobo me ha mordido, llamad a la comadre, que imagino que tengo mal de madre. Adónde os mordió el llobo riguroso? No digo, Gila, que del obilloso? Hacia dónde está la herida? No estó para tomallo la medida. Por Dios que estamos buenos. Curarme media vara más, o menos. Una plasta al instante os prevengo. Para qué, ya yo la tengo: Ay, Gila, que me muero, la sangre se me ha bajado hacia el zagüero. Vuestra desdicha siento. . Quijera. Qué queréis? . Er testamento. Llamen al Escribano. Por acá no hace falta Cabacano. Pues quién ha de otorgarle? Vos, que sois el Letrado de este Valle. No he de sentarlo. Pues basta el palabriarlo, que andáis aquí con chismes, y embelecos; digo, pues, si acaso mi mujer Gila pariese, y el hijo macho fuere, siendo Cura, el Gabado con cencerros, zurrón, y mi cayado le mando, tres cachorros, un chibato, y la perra preñada de Ribato: Mas mando a Arcindo tres cachorras nuevas, que se las den al punto sin más pruebas. Pues a vuestra mujer gran majadero, qué le habéis de mandar? decid. El mortero, seis pratos, y dos sonajas Son muy buenas alhajas. Un bádil, dos sartenes: Iten más, de mi hato, y de mis bienes, una obeja modorra, un pellejo también le doy de zorra, que maté en el exido ha pedradas, para que traiga las manos arropadas: Si pare, como digo, y quiere que sea Escriben en el Aldea, la deseredo al punto, y al instante, y mando toda la hacienda al Estudiante hijo de Antón Bragado, porque saque mi alma de pecado. Qué alma tenéis vos toda malvada, en el infierno está ya endemoniada. Deja, Gila, esas razones, que tengo más de treinta devociones, de bulas, y obras pías, de peregrinaciones, Cofradías, colgadas de mi cama en mi aposento; bien sabe Gila, y todos que no miento, que ante Dios, cuando a verse mis pecados, saldrán mis devociones decontado, y así me los poned por vida vuestra en la mortaja, cuando ya en la huesa me en tierren mis amigos, que de esta petición serán testigos. A más linda partida! pues para qué os la lleváis a la otra vida? Jesús los disparates que en sartas! Ante Dios, callen barbas, y hablé cartas. Acabad con la chanza, y con la risa, que ya el alba, y las flores se divisa. dando aviso a los montes, que siendo antorcha de esos orizontes alumbra, y alienta, donde ya de su nido, el ave se levanta, siendo encanora suma, metro con alma, si clarín de pluma; ya la fuente risueña entre aquestos peñascos se despeña, y naciendo río en su corriente, en el valle presume hacerse fuente; y entre sauces, y pobos de espuma dos montes. de cristales globos. Vamos a la cabaña, y al ganado, que andará entre esos montes despeñado. El monte registremos. A nuestra cabaña vamos. Vamos. . Vamos. Y me dejáis aquí? bueno por cierto, ya me imagina, Gila, que estó muerto, Llevémosle entre todos. Ah buen Ribato! no reparéis amigos en el olfato, que mis calzones sienten guituperio. Oh qué malo es este saumerio! Tan cansado del rigor, de esta soberbia espelunca, donde sus oscuros senos, horror, y espanto pronuncia: de aquese, pues, que oprimido, tantos años ha que ocupa mi vejez en sus mazmorras, entre amargas desventuras: de ella, pues, vengo huyendo, a ver si acaso procuran mis ansias hallar alivio en tanto tropel de angustias. Señor, ya se cumplió el tiempo, que por una aleve fruta, desterrado de la gracia, vivo entre penas confasas. Ya el aliento no se atreve; ya el valor postrado anuncia, aquel amigo postrero de vuestra sentencia justa. La parca en rigor sangriento sigue esta vida caduca, venga, pues, para que acabe, muera este monte de culpas, Cinco millares, y más ha que mis ojos no se enjugan entre dos perenes fuentes, que jamás se han visto enjutas. Tanto, que anegado a veces, casi mi planta se juzga, que es elemento el que pasa de aquella región Neptuna: Y no solo esto, Señor, no es esto lo que me apura; sino el castigo de aquellos, que con venganzas, injurias, unos acabarme intentan, y otros a vivir me ayudan, para que vuelva a morir a manos de aquestas furias. A quí el aliento me falta, aquí mi cuerpo tributa, en vez de descanso alguno, golpes, trabajos, y injurias. Como, Señor, si una vez dijisteis, vuestra hechura que fabricó vuestra mano en aquesta arquitectura, consentís tantos agravios, tantos trabajos me buscan; no fui a vuestra semejanza criado? pues como anuncian mis pesares tanta pena, mi vejez tanta amargura? Huyendo voy de mí mismo de la prisión, cuya ausencia acabe mi vida entre estas ramas incultas: aquí en este espeso monte, cuya dilatada hechura es escala de los Cielos, o es asiento de la Luna. Desde lo más eminente me he de arrojar a la espuma de ese páramo de hondas, dando a mi cuerpo esa urna de monimentos de vidrio, y de estas aguas ceruleas. Ya la paciencia me falta, ya no espero cosa alguna, ya me olvidó de su gracia Dios, por ser tantas, y tan justas mis ofensas: Aquí, pues, acaben mis desventuras. Dónde vas tan despeñado, no tan afligido huyas. Una voz formó la idea tan del Cielo, que a su dulce suavidad, aquesos riscos, sino se ablandan, se turban. Ya camina hacia Belén al Doncella Pura, de quien nacerá el remedio de la humana criatura. Qué decís? dónde es Belén? respóndeme a esas confusas razones, que en voz celeste tan de lejos me artículas. Nacerá para morir. Pues si muere grandes dudas se me ofrecen. Puede muerto sacarnos de aquesta gruta? Conviene que muera Dios, por librarte de la culpa. Pues cómo morir? No puede hacer la Suma Deidad que se remedie este daño, y no en sangrienta lucha padecer ansias mortales? Declárame aquesta duda? Declarárátelo el tiempo. Aguarda, espera, no huyas voz, que asombrado me dejas, voz, que a estas selvas oscuras a el orfeo de tu luz, todo aqueste campo ocupas. Tiempo, que el curso veloz, con alas de viento corres, aquesta voz que me abuneias me declara: Mas qué miro! nube densa le circunda la cabeza a este obelisco: y ya de su érguida punta, que es escala de los Cielos, o mal formada coluna, baja a el Valle donde estoy, con violencia, se apresuran sus pasos: Válgame el Cielo! toda el alma se atribula, cercado el corazón, todo vacilar mortales luchas, todos los sentidos ciegos, todas las potencias mudas, la viste al verlo se niega, la imaginación se frustra, el ánimo se entorpece, y la vital vida duda. Este es el feliz Retrato, el que por tantas angustias en esta cruel palestra, el remedio te asegura. Cómo ha de ser mi remedio si ya falto no artícula el Ángelito hermoso de tanta deidad que ilustra? Quién fue hermosísimo Joven; quien con acciones injustas. en desatado coral abrió esas fuentes purpúreas? Quien a ese hermoso matiz, que vuestro cuerpo dibuja con tanta riguridad, aleve azote pronuncia? Quien de esa hermosa mejilla, aleve mano perjura descargó el golpe inhumano a esa del Cielo hermosura? Quién esa Corona os puso en esa cabeza augusta, como el bárbaro ver dugo, tanta copia que os inunda de el Rostro sacó de sangre con esas crueles puntas? Quién fue, Señor, el aleve? El descuido de una fruta. Luego yo soy quien desnuda contra vos tantos rigores; esto causaron mis culpas, broten mis ojos dos mares, trágueme la tierre dura, venid Furias infernales, y castigad en mi juntas, los tormentos, y castigos que todo el infierno oculta. En Belén nace Dios Niño. En Belén, grande ventural mas ya de mí se dilata, y en esa de nubes turba, pasmado de verle el Sol, su resplandor arrebuja. Ministros de aqueste horror; salid todos en la busca de ese Esclavo que atrevido quebrantó esta clausura. Cielos, ya llegó mi muerte, ya de la caberna oscura me echan menos sus secuaces: adonde plantas caducas os moveré que me libre de esté inmenso mar de culpas. Huye, huye. A la espesura de esta maleza; salid, y buscadle aleves Furias. Por aquí, por aquí. Por acá entre las menudas ramas, mirad atentos. Ya mi vejez se atribula; Niño, que esta noche naces, librame, para que huya de aquestos que con anelos contra mí el paso apresuran: Por aquí, por aquí. Guerra, guerra. La gloria ya es tuya. Muera, muera. Viva, viva. Ya se escuchan en mi favor suaves voces, ya mi corazón no pulsa entre confusos temores, el delito que me ocusa: a Belén voy a buscar mi remedio, pues me ayudan a caminar mis alientos entre estas plantas confusas. . Seguidle, heridle, matadle; seré escándalo, y estrago de todo el mundo: montes que de robles coronados, para la prisionera esfera hacéis por las nubes paso, no me ocultéis lo que busco. En ojas, plantas, y llanos, tengo de vengar mis iras de altivo fuego poblado, vuestros confines de suerte, que volcanes exhalando, en cenizas reducidos piense quien llegue a miraros, que de la región del fuego sois despojos temerarios, o que os ha abrasado el Sol por haber subido tanto: Aguarda caduco aguarda, aleve, engañoso, vil esclavo, que va contra ti en mi pecho una inundación de rayos, un abismo de furores contra tu rabia exhalando; y he de dar error al mundo, haciéndote mil pedazos entre mis manos feroces. Estorbarátelo el Cielo. No estorbará, que a mis brazos segura no astá la antorchaluciente, aunque más rayos de su exhalación tronante se prevengan temerarios: aguarda vil, y verás como mi aliento bizarro, con rabia, enojo, y con ira, y con valor, despedazo a las plantas, a los montes, a los hombres, a los campos, a las fieras, a las aves, al viento, al fuego, y a cuantos fueren confusos, testigos de la venganza que aguardo. Bárbaro, de ten el curso, yo lo estorbo, yo lo mando. A mí tu valor se opone? si de luces adornado te presumes yo de valor, y de bríos, y por los aires volando le alcanzaré, auque le esconda tu valor, fuerza, y amparo. Lengua infernal, basilisco ponzoñoso, cierta el labio, ya estará en Belén, adonde hallará su fiel resguardo, que esta venturosa noche; antes que el dorado carro de Faeton dé vuelta almundo, que coronado de rayos, otro es cual mismo Sol, presta luz saldrá quitando al mundo aquestos temores, y dando al infierno espanto; hoy nace de Madre Virgen, donde en su Virginal parto le obra el poder de Dios por el Espíritu Santo, cumpliéndose el baticinio que Isalas ha anunciado. Cómo puede ser que Dios, siendo Dios baje humanado, deponiendo su grandeza? Ese es el amor perfecto que Dios al hombre ha mostrado, pues por librarle del mal que le estás amenazando, por sacarle de la culpa se hace hombre, restaurando con morir aquesta ofensa, que aunque un tiempo le fue ingrato, quebrantando su precepto en recíprocos halagos le dará su Sangre, y Cuerpo. Esa es hazaña de mi brazo: yo en aquella fértil huerta, catre de jazmines blancos veneno fui entre las flores, áspid fui, disimulando si de ese riesgo le libra, yo dispondré mis engaños, yo verteré mis envidias, yo revolveré los Astros, y mi valor la otra parte, hecho venenosa sierpe, todo el Cielo alborotando. Blasfemo, aún poder no tienes de moverte, queda atado a este tranco a la impiedad de este monte, parque estrago seas de aves, y fieras. Luego desde ese peñasco, cuya inmensa pesadumbre esta amenarando el prado, te despeñaré al Abismo, y allí entre llamas rabiando triunfarás de tus locuras. Venció Dios, fuegos exalo, aquí demonios, aquí, aquí infierno, que me abraso. Llevados de la obediencia como Señor poderoso, de augusto César, quemanda que en Belén asistan todos al Edicto que promulga, profesión justa a su solio, vendréis, Esposa, cansada del camino, y con ahogos como venís tan preñada, a la orilla de este arroyo, cuyos hermosos cristales están publicando gozos a las flores que vos honráis, pues si a buena luz lo noto, cada vez que las pisáis con vuestro coturno hermoso, está envidiando la Luna allá en su celeste trono; aunque inclemente el Diciembre las abrasa riguroso, al ver vuestra planta augusta brotan alegres pimpollos, cada cogollo una rosa, y un clavel en cada tronco. Al pie de este obelisco, que escolta te hace animoso a los muros de Belén, o ya altivo, o ya quejoso de mirar en sas murallas tanto chápitel suntuoso; aquí descansar podremos, en tanto que el carro de oro se ausenta, y a rondar sale la noche en su oscuro trono; para que después entremos en la Ciudad, que es forzoso que la turba de la gente, que del circulto copioso ha ocurrido, os moleste, hermosa prenda: y porque no vean que solos, pobres, y a pie venimos, que la pobreza a los ojos del mundo, es aborrecible, no nos faltará un piadoso varón que quiera hospedarnos, sabe Dios que vergonzoso me hallo de tener tanta pobreza y para mi abono salga el afecto magnánimo, las riquezas, y tesoros del mundo, que estos quisiera rendiros, y como Esposo regalaros, y serviros, Mi Joseph, ya yo conozco lo que os debo, quiera el Cielo darnos en tantos ahogos lugar donde descansemos, que esta noche cuando el oro del Sol, que está sepultado en su Carro luminoso, el esperado Mesías saldrá a dar luces glorioso al mundo, según Micheas, y en los Sibilinos Tronos de la Síbila Eritea, en el Capítulo nono; dice: Jesuchisto Salvador nacerá en Belén dichoso, para salvar a los hombres, no os dé cuidado lo ansioso del camino, que Dios da fuerzas en mí, y es de modo, que en mi nunca hube cansancio; a cuyo ser milagroso hace este prodigio el Cielo. Ya con júbilo gozoso el alma os está escuchando, y no menos el prodigioso suceso de aquesta noche, me tiene mudo, y absorto, pues en veinte y nueve leguas de camino tan fragoso que hay desde Nazaret a Belén, estoy dudoso que no os fatigue el camino; oh inmenso Dios poderoso! Vamos, señora, que ya el Indiano coche, en globos de luz camina a el ocaso, a dar vuelta al otro polo; muchas señales se ven, que se cumple ya el dichoso, y feliz día, en que Dios rescata al Hombre de el odio de la culpa cometida, diciendo versos heroicos. Los Síbiles gobernando de Egipto el Romano Solio, nacerá entre los mortales el Señor más poderoso, el Santo Rey de los Reyes, la muerte de Marco Antonio; y Cleopatra, Reina suya, lo aprueba, que era el estorbo de que el Imperio Romano diese a sus Laureles logro. Pues si esto es así, Señor, como de su excelso solio, César Augusto, no viene a dar de ello testimonio. Vamos, querido Joseph, de aquí, que los poderosos parientes que en Belén viven, nos hospedarán gozosos. Oh gran casa de David, con que temores dispongo el búscaros, pues por pobre fuerza es me tengan por otro! No quede rama, ni planta, no quede arruinado tronco, que no se busque a ese aleve Esclavo engañoso. Adonde caducas plantas os destina este alboroto, ya el aliento no me ayuda, ya la vejez me hace oprobios, adonde iré que me libren de estos ministros furiosos de culpa senda um brosa. Muera ese vil alevoso. Si acaso la piedad puede moveros mi pecho ansioso, justo Varón, así el Cielo en regalados coloquios, con esa Divina prenda gocéis mil siglos dichosos. Esa del Cielo traslado, de quien Febo era invidioso; y que me libres os pido de una escuadra de alevosos, que usurpar quieren mi vida. Deponed lo temeroso, Anciano Padre, y decidnos, que es la causa, y alboroto que vuestro pecho afligido cerca tanto mar de ahogos. Ya que a buestro amparo noble cesó mi temor, y asombro, escuchad mis desventuras, que con justa causa lloro. En la Imperial, y deleitosa huerta está mi memoria, y mi virtud despierta, allí, pues, fui criado a semejanza de Dios, que airado, porque ingrato a sus leyes (que castiguen así es justo los Reyes) pasé adelante sin decir mi pena, por aleve mi vista se enajena de aquel jardín florido; a quien nunca el Abril echó en olvido en una gruta oscura, cuya admirable horrenda arquitectura, al Sol, que examina el más secreto aquesta cueva le negó el respeto; después huyendo del mundo; su asiento hizo poner en lo profundo. Aquí, pues, con mis daños penando vivo ha cinco mil años, y que mis ojos enjutos, a la tierra le dan tristes tributos, pues por cada mejilla, era importuno raudal de plata; que ignoró Neptuno, diciendo a mi letargo, y mi zozobra aquí, pues; he vivido entre mortales luchas sumergide, cuanto aquesta montaña alborotada. la prisión huye, el pecho destinada, y caminando por un monte arriva frondoso, a la tierra tan esquiva, que si a buena luz se nota, era pirámide inmortal, del Sol garzota, pues esta selva, sombra de alamos su falda a quien el humo sirve de esmeralda de todo el Horizonte, de sombra el risco, de peñasco el monte. Los pies apenas puse, cuando la luz con las tinieblas barallando, de repente trocó los tornasoles, en pardos, y en rápidos arreboles. Vistiéronse de luto las montañas, desabrochó una nube las entrañas, corrieron los arroyos de agua llenos, cruzáronse los rayos, y los truenos, huyó el pájaro a su nido, buscó la cueva el bruto prevenido, ajáronse las flores, y las mieses, temblaron las torres, los cipreses; cubriose el aire de un oscuro velo, apagose el blandón del cuarto Cielo, y a diligencia de una nube fría, se introdujó la noche con el día: suspéndome mirando el nuevo modo, juntose en una parte el horror todo, mató la luz, hácese cárbunco hermoso, y tanto, que temí en lo fragoso, que a mi osada vida, le quitasen a tempes- tades esta viva, que oprimida en temores, y en amagos mortales, a este aliento te mi estragos, cuando sereno el Cielo, a claraboyas descubriendo el hielo, nube blanca camina, y tanto, donde está se avecina, que otro peligro mi temor infiere, o que esta nube arrebatarme quiere; y dudoso un rato estuve, cuando se abre el círculo la nube; yo, que huyendo iba diligente a despeñarme desde lo eminente, de ese pardo obelisco, a trecho monte, y a pedazos risco, voz en le nube siento, que me dejó sin vida, y sin aliento, diciendo, donde vas tan despeñado, ya de los Cielos tienes decretado tú libertad, alienta tu esperanza, cobró brío el lago en tal bonanza: Ya Dios bajó del Cielo, aunque cubierto en humanado hielo, que una Divina Aurora, que a sus entrañas puras atesora, por ti ha de morir de aquesta suerte; aqueste es su retrato, esta es su muerte, ayudadme a sentir lágrimas tristes, si acaso puedo contar lo qu De un madero Cruzado un Joven vi enclavado, cuya rara hermosura, el Sol, no el Sol, ni del Cielo la grandeza competidores son de su belleza. Aqueste, pues, que vi con temerosos accidentes sangriento; con qué desdicha, y qué pesar lo cuento! lleno de cardenales; a ponderar me pongo acciones tales como el Cielo le plugo, de consentir al bárbaro verdugo, que con ira violenta; en esta lid tan fin razón sangrienta, el litirio cardenos aquel jazmín florido; a azotes le dejase destruido: Todo el Costado abierto señalaba, que en agua, y sangre inundaba, de tres clavos clavado, donde pende coral, a el prado seguido desciende, y tan grandes raudales, que lo que antes fue fuentes, ya son mares, y esto tan excesibo, que estaba el prado en púrpura tiñido. Como a Cid Coronado; no de aquel Árbol no privilegiado, a quien río violento nunca ofendió su brío; su elemento; sino poco benignos, si de juncos, ejércitos marinos; cuyo hermoso Cabello divididos entrenzas sobre el cuello, que mundaba a los hombres, calores de oro son, de el Sol asombros, Su Barba poco menos parecía, conquien sus privilegios partió el día. Todo un Robí la beca. que tan callando a su enemigo invoca, y entre el Rubi vimos entraba por instantes, ejército menodo de diamantes, Dos Carbuncos los ojos, que al rigor más sañudo quita en ojos; mezclado de suerte estaba, entre celajes confusos, con lo sangriento, lo hermoso, lo vivo con lo difunto, que hasta que formó el rubí, en una voz tan suave, si es muerto, o vivo, la atención no lo sabe: Yo soy dijo severo, Mesías Soberano, así me ha puesto el delito aleve, tanto a mis ojos el raudal se atreve, que privó la vista de tal modo, que todo es ansias, lástimas es todo. Camina hacia Belén, la voz me dijo; que allímacerá el Verbo, Dios Hijo; moví las plantas en júbilos deseos, cuando aquellos ministros rigurosos me siguens lance fuerte! para pagar su rabia con mi muerte. Lloráis, Señor, cese vuestro llanto; vuestra tristeza al mundo canse espanto; y vos, Señora, lloráis? Qué desconsuelo! llore el Sol, y la Luna, llore el Cielo. Ay hijo de mi vida! ay ansias mías! qué evidentes son ya las profecias. No habláis? No respondéis? Ya os entiendo. Un alivio de piedad, Señor, os pido. Camina con nosotros, Padre Anciano; donde te guía el Cielo Soberano. Como, no llora el mundo este desvelo, sin alma me ha dejado el desconsuelo, alegrías me muestra mi osadía, muera la sombra. Por Dios que vengo atordido. Sucede como os lo cuento, a Belen abemos de ir; que Agustó César ha puesto Edicto, que todos vamos he registrar al momento. Hay más bravo disparate; pues somos aquí jomentos? Ello habemos de ir. Yo no he de ir por Sa Anselmo; Viene ansi en la comisión. Qué procesión, o qué enred vaya mi mojer por mí, que con procesiones tengo mal concepto voto años. Vuestra mojer majadero, si está preñada, como ha de ir una jornada tan lejos? Que preñada, ni que acá, que fue todo un embeleco, pues para mí; y para ella se volvió el sueño de el perro. Pues qué hubo? Qué se yo, con aquel bulto tremendo, imáginela preñada, ello fue cosa de viento, pues parió por la zaguera el preñado en aire envuelto. No digáis tal disparate. Era como vos lo cuento. Para vos sería gran fiesta. En parte, Ribato, siento no tener para mi alivio, y vejez un hijo Crego. Dispárate es, Bato amigo. No son disparates estos, no son par nos disparates. Los son, y lo son muy necios; vamos a hacer lumbre, porque hielos echan las estrellas. Si parños, luego el hermano cierzo bien con su once de ovejas nos refresca las orejas, aliñemos de cenar, y el estomago aforremos, que después nos abendremos. Es hora ya compañeros qué vamos a la Cabaña? Vamos. Pues qué tenemos? Vuestra Gila aderezando un excelente borrego con su mondongo, que puede el Pontífice comello, Tan presto lo habéis probado? Pues si yo le ayudé a hacer. y le desollé, sabré si esta malo, o bueno. Grande cocinero sois, está gordo? Gordo, y tierno. Pues cómo le trajisteis? Preguntáis más majadero, porque un lobo le mordió al ir por esos cerros. Mas si será el lobo que a mí me mordió de los gregüescos, no hay duda si no que él guese? Arcindo, sabéis de cierto donde le mordió. De atrás. Por S. Pito que es el mismo, aqueste lobo es traidor; si guera Alcalde, al momento había de juntar mil llanzas, cien hombres, doscientos perros, y en busca de este traidor, le había de traer preso. Deja disparates Bato, vamos al ganado luego, que está sola nuestra choza. Pues Gila no está con ella, y los perros, Esta la cesta con su mondongo; y caldera, y todo matalorajo, Parece que los Luceros están publicando glorias, noche hermosa. Si por cierto, para artarme de dormir, bien comido; y bien repleto. Aunque rigurosa noche, que apacible que está el Cielo. Qué bueno que estará el caldo que tiene el mondongo dentro. Vestido de exhalaciones está todo el firmamento. Con un ajo, y buenas ganas, estará que sea contento. Asombros está anunciando. prodigios está infundiendos Solos, y un buen cangilón, yo me atreviera con ello. Entre globos de zafir la luna está presidiendo, Un mondongo bien cocido, no hay más comida en el Reino. En el aire en suave voz se escuchan celestes ecos. Yo sé que se le mamaran mas de dos que están oyendo, pues solo de imaginarlo se hacen guéspedes los dedos. Vamos, Ribato, a cenar. . Vamo, Arcindo. Qué bueno, si la cena les espulgo, les doy un chasco tremendo. . A dónde se me ha ocultado este de culpas portento: adonde, montes, decidme, le ocultáis en vuestros senos? Donde fieras está aquel, que ha quebrantado los hierros de mi prisión, y mi cárcel, decidme dónde está? Huecos de esos empinados riscos, que guardáis tantos secretos; le ocultan, si es que piadosos mudos le guardáis: mi aliento en volcanes reducidos le trasformará rabioso, y aunque todo el firmamento le guarde no está seguro de mis bríos. Todos innobles me escuchen, todos se quedan absortos, el infierno en triste calma suspende su incendio todo, la tierra inmóvil se admira, aquese estrellado Cielo de luces yace brillante, exhalando tantos, y tan luminosos rayos, que adcitan los de aquel Planeta her- las aves pagan tributo (moso, en sus dulces soliloquios, al fatigado desvelo de la noche, los aires se suavizan, en tranquila paz le asisten todos los cuatro Elementos, las flores tan frescas yacen, mofando al Rigor del hielo, que parece Primavera, o que es el Abril el Invierno estos animados troncos; o ya desnudos, o secos, burlándose del Diciembre, hacen gala de los hielos, con esperanzas de Abril, para adornarse soberbios. Todo alegre se divisa, y mudos muestran diciendo lo que ignoro, y lo que busco en ese neptuno crespo, en ondas, y en caracoles, de cristal se están riyendo, quizá de ver mi desgracia con jubilosos festejos, y bulliciosos halagos, se alegran, cuando yo rabiando muero. Qué poco debo, que poco al alcance de mi aliento, en furia, en rabia, en coraje, me trasformo, y me convierto vibren los ojos centellas, déspida el semblante fuego, sea mi pecho un volcán, y escupa con cada aliento en este centro abrasado, donde yo mismo me quemo, rayos despida el amago, cada acción un monjibelo, que he de hacer si determino volver a ese oscuro centro; qué dirá de mi Carón? qué dirá de mi Nerón, y todas las demás furias? qué dirán? si de mi valor, y esfuerzo fiaron aquesta empresa. Amagos, pues, centinela, cuidado mío velemos, no ha de cogerme el descuido, hasta que en mis brazos preso tenga este Cisne atrevido, tenga este caduco viejo, que es mengua de mi valor no salir con el trofeo. Artífice Divino, Templo vivo del Hig eternamente, causa primera que en su concepto activo el no engendrado Padre omnipotente, en la fecundidad ser permitido, de cuyo Padre hijo esencialmente: por vínculo de Amor el admirable, procede que el espíritu grande, cándida to farol, o luz canviante, (mante; porrquien de si abrasado. patrio cielo de lo Divino, Soberano a- que de ser inmortal, de mortal velo vistió su luz amor fil observante, y a lo mutable del terrestre suelo, bajó de el eterno, de el inmenso coro; uniendo en cobre los cristales de oro, las celestes regiones, gloria nueva! en vos esperan fin de su destierro, los tristes, y afligidos hijos de Eva: cautivas presos de la culpa, yerro costoso feudo de la infeliz prueba, por vos han de exhibir de torpe yerro, exentos de mortifero tributo con el de ciento, duplicado fruto, a quien alfombras de esas plantas bellas han de servir de el regió infeliz día, con gozo igual, seráficas estrellas, como a Señora llenas de alegría, y de la tierra en flébiles quererlas, continuos clamaran, Virgen María, volved Reina a nosotros esos ojos, que el mismo Dios, nos dio en Dios despojos Vuestra aflicción entrañable, vuestras discretas razones. Esposo, dentro del alma hallaron lugar conforme, qué peregrino lenguaje! que alma habrá que no enamore; y más que tal pensamiento a las obras coresponde: mucho os amo, estimo, y quiero; esta obligación me corre, que en fe de mejor galán brotó vuestra vara flores, cuando para esposo mío el Padre de los dos Orbes os escogió, fue por ser vos el mejor de los hombres, y en los venideros siglos, los Reyes, y Emperadores, han de honrar vuestras virtudes, con más que humanos renombres, Padre de Dios os dirán, y yo misma, porque importe al testimonio, he de ser quien dé principio al nombre. Esposa, no digáis más, que estos Divinos favores pueden abrasar el alma, y corazón más de bronce: ya de Belén se divisan los muros, puertas, y torres, donde tenemos parientes de esa mujer los mejores; aquí vive un deudo nuestro, que es honrado, rico, y Noble, Mejor tuviera duelo, Joseph, cuando fuera pobre Ya junto a la puerta estamos, yo llamor ha de casa, . Quién llama con tanto brío? Amigos. Amigos, bueno; a media noche, y amigos, más enemigos parecen, pues cuando estamos dormidos nos vienen a despertar; váyanse con Dios les digo, Escuchad por vida vuestra, que apenas ha anochecido, y no es ley de cortesía negar a un hombre el oído. La cabeza me ha quebrado con golpes, quejas, y gritos, diciendo que no le oigo: más descortesía ha sido quebrarme a mí la cabeza, que haberos yo despedido. Qué buscáis? Eleázar está en casa? Qué le queréis? Es mi pariente, y amigo, besar su mano. Bésar su mano. Es preciso. Quién sois? Joseph de María, que aquí veis, Esposo indigno. Soy Eleazar, y juro en mi vida haberos visto; qué, se ofrece? Que esta noche deis albergue a dos Peregrinos, que por decreto del César venimos a aqueste Edicto, mi Esposa viene preñada, y cansada del camino, y temo que aquesta noche moleste su blanco armiño. Oh pensiones del tener! el ojo les ha crecido a cuantos ay, porque tengo fama de ser hombre rico: No hay posada, andad con Dios. Paciencia, querida Esposa; que el Cielo así lo dispone. Vamos a ver un primo, que no dudo que se goce de vernos, recién casado está con una noble señora. Esta es la casa, llamo, pues. . Aa primo, ha señor. Quién llama con tanta furia? Joseph soy, no me conocéis? María, y yo, Primo, venimos compelidos, y concordes a los Edictos del César, que esta obligación nos corre; somos de aquí originados, y quieren que los padrones de esta Ciudad, como tales se describan nuestros nombres, y acá primo, acá venimos a posar, Primos, perdonad, que está la casa ocupada, y no habrá lugar que importe, Por esta vez; primo mío, en cualquier parte estaremos, que es mucha la necesidad en que está mi Esposa amada, pues en los meses mayores ha caminado preñada, y temen ya mis amores no para en estos rigores . Ni se cansen, ni me cansen, en otra ocasión pueden venir más propicia, y en tiempo, en fin más conforme. Que para Dios no hay posada, que en las entrañas se esconde de la que Reina ha de ser de Seráficas legiones? Que mis amigos se extrañen, mi sangre la desconocen, como entraje humilde estamos niegan las obligaciones: Por un rico hará otro ricos por finezas, tratos dobles, y por un pobre no habrá la acción de mayor renombre. Inútil trabajo es este, y será presto las doce horas de la noche oscura; no basta ya dilaciones: parir quiero, amado Esposo, el Señor de los Señores de su favor. Un portal está aquí, mi bien; pero muy pobre. Entremos querido Esposo, que escrito está, y el Cielo así lo dispone, que han de adorarle al mesías en un Portal los Pastores. . Ay Cristo que me quemo, padre mío, que me abraso por San Pito. Bravamente lo he dispuesto, qué olor arroja tan lindo, el alma alegra, qué bien la cena les he cogido, pongo la holla en el suelo, y aquí a la cesta me arrimo, que dijo un hombre perito, que el vino con el bondongo, que eran muy grandes amigos: Saco una presa, gran cosa para escopenzar; o pesea mi alma, qué sabroso, y qué cocido; salga a huera seor compadre. Ya estoy salido, responde con la cabeza; bien haya amén quien te hizo; es mi Gila la mejor mondonguera de estos siglos. Lo que le sazona, es un poco de pimentillo. Vaya un trago mientras se enfría el seor Obispo. Hombre soy de grundes huerzas, pues con mi aliento, y mi brío un Obispo me zangullo, como si huera un pepino. Parños que los compañeros han llevado grande chasco, con qué frío a callentar se vendrán de agüijar los corderillos, yo abrazo aquesta moza, que en los brazos he trahido: Vos nacisteis para mí, vos sois mi dueño querido, pues ellambre que trairán, Gila, Ribato, y Arcindo? de lo demás que no pude traer estó arrepentido. Cómo, Cielos, permitís tal linaje de destinos a mi inadvertencia, pues tanta gente ha concurrido; en el tumulto copioso, perdí mi vida, y mi alivio, mirando aquella Señora, casi a inferir me he atrevido, que en sus Divinas entrañas oculta el Verbo Divino. Oh qué de ansias me cercan! Montes, acaso habéis visto; Selvas, sabéis en qué parte esta Belén? Si compasivos de ver mis tristes anhelos a piedad os he movido, decidme, adonde los Cielos aquel Divino rocío arroja, para remedio de este de llantos prodigio, Yo estó de posiontente, señora bota, quédito, quedito la lengua, que la hinchazón yo os la desaré a tragitos. Si no me engañan los ojos, hacia allí un Pastor diviso; ya parece que los Cielos me socorren con su alivio. Pastor, Pastor; ah Pastor. . Quién me llama? Sabéis acaso donde es Belén? Qué sé yo. Qué dices? No me lo han dicho. Ya se volvieron mis ansias, Vaya de caldo un sórbito, o qué barriga que tengo! Mira bien por el exido, Ah Bato, deja la holla. Boto a san que me han cogido, aquí me muelen a coces. Ladróncito sois, marido. Cómo, Bato, desatento robar la cena has querido? Yo, no tal. Pues la bora, y cesta no dan indicios de que ha sido verdad? Bato, hermano, llevaréis por golosito. Matémosle luego al punto; pague luego su delito. Padre, anciano, esa cadena me dad, que por San Pito, que primero a mi mojer la desaga los colmillos. Dejad, amigos, el pleito, y decidmes habéis oído donde es Belén? Adónde cae este dichoso sitio? mirad que me importa, que piadosos como benignos me digáis adonde cae, en extremo os lo suplico. Gloria in excelsís Deo, bone voluntatís, interra paj hominibus. Todo en exhalados rayos se enciende este campo frío. Válgame el Santo Almírez, ciego esto, y estó atordido. Pastores de estas montañas, sabed que el Verbo Divino, para rescate del Hombre, aquesta noche ha nacido. Allí en humilde Teatro menosprecia a los más ricos Palacios, que quiere nacer Dios en humilde sitio. El que en lechos de esmeraldas le tuvieron los Espíritus Angéelicos unas pajas, goza por catre mullido, id a Belen a buscarle, que la inclemencia del frío perlas por lágrimas llora con animosos suspiros; id a adorarle Pastores, prevenid luego el camino con recíprocos afectos os llama de amor perdido. . Aguarda el curso, detente hermoso Paraninfo, Embajador Soberano de aquese Palacio Empíreo: Ya se cumplió mi esperanza, vamos a Belén amigos, vamos a ver este Dios, que es todo el rescate mío. Ea, vamos Gila, y Ribato. No llevaremos, Arcindo, regalos a la parida? Llevemos en hora buena. Yo detérmino de ir a buscar a mi choza algo que llevar al Niño. Qué habéis de llevar vos, Ribato? De reciente leche alganos tepresados, y un pellico blanco, que guardado tengo. Yo un cordérito gracioso que mi Gila ha sustentado cinco años fuera del ganado, que estará tierno, y sabroso, y también un pellegito de Zorra, que en casa tengo con borra, que maté en el exido a pedradas. para que traiga las manos arropadas, Yo para envolverle pañales, y mantillas le ofreceré hincada de rodillas, Arcindo, qué lleváis vos? Llevaré lo que pudiere. Dichosos Pastores míos, acabad de disponeros, y caminemos gozosos a ver esta maravilla, a adorar este prodigio, que para nuestro rescate, del Cielo la tierra vino, . Vámonos, pues, compañeros, Vamos, sin parar un punto. Buen ánimo Gililla que habéis de ser ha trechos mi mulilla. Virtudes celestiales, bendecid al Señor a instancia mía, pues sin que a los cristales causase detrimento de María; dejándola tan bella, tan pura, tan doncella, parió el Árbol Cordero, que es Dios Divino, y Hombre verdaderos Y a mi Divina Esposa dad dulce parabién, al rico oriente de la luz porten Grato; y reverente, aquel que el Orbe aclama, y la ignorancia adora, criatura, y Dios, siendo como tanto se humilla, el bello Infante que la mano toca, me arroba, y maravilla tan raro prodigio: Pero de qué me aflijo en darle el parabién yo por mí mismo, si es de mi Esposa Hijo; quiero dársele Soberano abismo, parabién sin segundo, a edificar el mundo vengáis, dueño del alma, a honrarlo todo, y a ganar la palma, y a vos pensil de flores, por todos, y por mí, pobres, y por señores, por largos años por eternidades aqueste indigno Esposo, por serlo el más dichoso, el parabién consagro, de el infinito a su mayor milagro; Vuestros justos deseos hace el gusto sabroso, el alma gusta felices empleos, y impone gloria a la Deidad augusta, sin la que por esencia tiene su omnipotencia, que del justo la victoria, que Dios accidental le cause Gloria. De mi feliz Parto, confieso que tenéis igual consuelo yo que de vos no aparto mi pensamiento, bien lo sabe el Cielo, con vuestra compañía gozo en nueva alegría, después del Niño Dios, Joseph Amado, sois mi gloria vos. Sin duda es aquí, que las voces santas, y la luz me avisa, que esta pobre Casa el Niño aposenta, que del Cielo baja. Yo me he quedado atordido de ver tal suma de rayos como hay en aqueste establo. Incad todos las rodillas, humillad, besad el Cielo, que pues aquí abita Dios, sin duda la Tierra es Cielo. Niño Sol recién nacido, en brazos de tal Aurora, que con tu Divina voz, mis culpas, y yerros borras: Seáis mi bien, bienvenido, que aunque tan mala acogida os doy, mi Dios, y mi bien, sé que nacéis en Belén a remediar mi caída. Pequé, Señor, no lo niego, llegué al Árbol vedado, comí de la fruta altivo, mas vos, Señor, compasivo, a remediar me has bajado. A desatar has venido, Señor, mis duras prisiones, y a sacar los corazones en tantas penas metidos: por mí, Señor, has nacidos y por mí has de morir, y con eso redimir, la gracia que yo he perdido; Perdón os pido, Señor, gracias doy por tal favor de sacarnos de prisiones, y pues coméis corazones, este mío recibid, que aunque os ha sido traidor a vuestro precepto amado con el yerro cometido, ya, Señor, soy abatido, con una Say un Clavo. Pastor tierno; que elegí a Dios, por boca de Ezequiel, que aunque sois la leche, y miel, que Adan enfermo pedía, estos de leche presados, os doy con suma alegría. Y a vos Sacro amparo, por quien el mundo goza bienes tantos, os traigo también un pellico blanco. Arcindo os da este sayal, y estos zamarros, Dios mío, si os los ponéis por el frío, será cosa celestial; y aunque es un presente extraño, por tosco suplidle vos, que bien sé que sois, mi Dios, Pastor de mejor rebaño. Yo so Bato, un hombre honrado, que de vuestro amor llevado he venido trompicando, otro cordero os ofrezco con su cencerro, y su lana, para que vos con la gente al morcéis por la mañana. Y a vos Viejo honrado, puesto que Ribato ha dado a moesa ama un pellico, yo os ofrezco este pardito, que es de una famosa zorra, para que hagáis una gorra, y al Niño, y vos os pido con lágrimas en mis ojos, que me libréis de lobones, que muerden de los calzones. Yo os doy con suma afición este lienzo sin cautelas, y quisiera que las telas, fueran de mi corazón. Sin que está negro repara, ponédselo Virgen Pura, que si el lienzo al Sol se cura, que es Sol como el de su cara. También recibid, Señora, pues eres Madre escogida, aqueste paño Serrano, para el Autor de la Vida. Seáis bien venidos Pastores, de vuestra montaña, y sierra, y el que humanado en la tierra pague vuestra voluntad, y vuestros humildes Dones, que Dios quiere corazones ajenos de voluntad. Y de vos Anciano Viejo, reciba vuestros anhelos, que con ansias, y desvelos tanto le habéis deseado. Yo, Señora, estoy pagado con el felice rescate. Oh quién, Señor, fuera Rey para postrar su Corona a los pies de tal persona. El que ha querido nacer tan humilde, y encogido siendo Rey de lo criado, hoy la humildad ha ensalzado; y la soberbia abatido. Y pues sabéis, Niño Dios, que por celebrarte ha sido el hacer aqueste Auto, de los yerros perdón pido. Y así Senado, . Tente Arcindo, que creo que vas perdido: A caso también querías decir, bustedes señores míos nos perdonen nuestras faltas: Sobre que cae; qué han perdido mientras han estado aquí? Diera por entrar un hijo, o presos, di por ventura aquí los hemos tenido? cada uno por su gusto no ha estado lo que ha querido? pues si no fueren contentos, y a todos dieren un victor, salgan pléguete a ti mi Dios, todos de aquí enronquecidos, y con buen dolor de muelas, sabañones, garrotillo, lepra, sarna, sarampeones, suegras, bubas, tabardillo, inchazones, y almorranas; y por postre lobanillos, y el que no dijere amén, nos convide a lechoncillos.
