Texto digital de El príncipe peregrino y prodigio en Dinamarca
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El príncipe peregrino y prodigio en Dinamarca. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/principe-peregrino-y-prodigio-en-dinamarca-el.

EL PRÍNCIPE PEREGRINO Y PRODIGIO EN DINAMARCA
JORNADA PRIMERA
1. e Palas y de Minerva, las ficciones son verdades que en su Reina Margarita hoy admira Copenhague. 2. Las Diosas en competencia les rinden por vasallaje, Minerva sabiduria, Palas valor y coraje. 1. Hable Dinamarca. 2. Noruega la aclame. 1. Por sabia. 2. Por fuerte. 1. Por justa. . 2. Por dulce. Y toda la Europa con ra- zon la llame del Norte la segunda Semíramis. Nobles ilustres Daneses, deudos, amigos, vasallos, de cuyo Consejo pende todo el bien de mis Estados, en cuya prudencia fío, en cuya lealtad descanso, y entre quienes repartidos tengo todos mis cuidados, os he mandado juntar; pues tengo que consultaros sobre el más grave negocio, sobre el asunto más arduo, que solo decidir puede el gran Consejo de Estado. Vosotros le componéis; y antes de comunicaros el cuidado que me aflige tomad asiento los cuatro. . Ya sabéis nobles Señores, como habiendo yo quedado sucesora de este Reino por muerte de mis hermanos, Áquino Rey de Noruega, político consumado, y Príncipe más cabal de su tiempo deseando la paz, y tranquilidad de sus Reinos y Vasallos, una solemne embajada a mi Padre Valdemaro despacho, con los poderes más amplios y necesarios, pidiéndome por Esposa; pues enlazando su mano con la mía, quedarían en perpetuo eterno lazo unidas las dos Coronas, y para siempre quitados motivos de rompimiento entre vecinos Estados. El Rey mi Padre que ya meditaba de antemano tan útiles intereses, vino gustoso en los pactos, y con mi consentimiento se firmaron los tratados. Pasó Áquino a Dinamarca de su Corte acompañado: celebrose el Desposorio con fiesta y real aparato; y de este dulce himeneo cogimos antes de un año. de nuestra fecundidad el fruto tan deseado, de aquel bellísimo Infante: mi hijo el Príncipe Holao. Hay hijo de mis entrañas! Ahl Príncipe mal logrado! No puedo de ti acordarme, ni pronunciarte mi labio, sin que deje el corazón en lágrimas desatado dar indicios de su pena, señales de su cuidado. Los dos Reinos a porfía su gozo manifestaron, su amor y fidelidad para con sus Soberanos en publicar regocijos, con que todos celebraron del Príncipe el nacimiento: mas, o! que siempre en lo humano suelen ser las alegrías presagios de un grande llanto. A pocos meses murió de una fiebre arrebatado mi Esposo Áquino y después pasados casi dos años, siguió tan funesta suerte mi Padre el Rey Valdemaro. Quedé sola, viuda y joven, y en las aguas de mi llanto las hachas del himeneo para siempre se apagaron, atendiendo solamente al gobierno y al cuidado del Príncipe y de los Reinos, cuya sutela y amparo por su última voluntad los dos Reyes me encargaron hasta la mayor edad de mi hijo el Príncipe Holao. Busquele sabios Maestros, asiguándole por Ayo al Conde Ernesto de quien tengo concepto formado ser Caballero de prendas, dignas de empleo tan alto. El Príncipe por su parte fue luego manifestando un talento, y comprensión muy superior a sus años: una índole muy bella, un ánimo sosegado, y a las virtudes reales y cristianas inclinado. Yo me llenaba de gozo mirando también logrados mis desvelos y fatigas en su educación más paso en silencio algunas cosas que entonces se le notaron como defectos no siendo sino unos indicios claros de su piedad religiosa, y su corazón cristiano, llegando en fin a la edad competente, los Estados del Reino juntos pidieron que al joven Príncipe Holao, mayor de edad se declare: S y para que asegurado quede el Trono se le busque digna Esposa de su tálamo. No pudiendo yo negarme a estos tan justificados deseos de los dos Reinos, cuando ya se iban tomando las medidas a este fin, el Príncipe, Ay Dios! Holao se desapareció: Ay de mí! . Gran Señora reparaos: no así quiera Va Alieza a extremos descompasados. de dolor abandonarse, afligiendo a sus vasallos, pues quizá el Príncipe vive. Vive, o Conde, mi hijo Holao? Señora no lo sabemos; mas tempoco cerciorados estamos de que haya muerto; y mientras no lo sepamos con evidencia, no es justo un dolor tan extremado. Qué es peranza, Conde amigo, puedo yo tener de hallarlo, si desde que se ausentó se han pasado ya diez años, por más diligencias que se han hecho para buscarlo? El Conde Ernesto que fue de mi hijo el Príncipe Ayo, ha tres años que salió en busca suya jurando, y haciendo pleito homenaje a fuerza de leal vasallo de no volver a la Corte sin venir asegurado si ha muerto el Príncipe, o vive: y habiéndose ya pasado tanto tiempo, el Conde Ernesto ni parece ni ha avisado haber tenido noticia, ni descubierto algún rastro del Príncipe. Viendo ya ser caso desesperado, y que nombrar Sucesor del Trono será acertado para evitar una guerra civil he determinado adoptar al Duque Érico mi sobrino siendo claro su derecho al Trono Real, por ser el más inmediato de la sangre Real, y neto de mi Padre Valdemaro. De vuestra prudencia espero, de vuestra lealtad aguardo me digáis vuestro dictamen sin adulación ni engaño. Señora vuestra propuesta es punto tan delicado, que resolverse no puede sin mucho acuerdo y despacio. No obstante si a Va Alteza le pareciere acertado, hablarán estos Señores su dictamen expresando, y el último hablaré yo, aunque soy el más anciano. Bien me parece: hable pues el Consejero Cristiano. Yo, Señora, aunque pudiera tenerme por excusado de hablar en esta materia mi corta edad alegando, y aún más teniendo que hablar en presencia del honrado Senescal de la Corona, el más habil y versado en políticas materias haré lo que habéis mandado, mi dictimen proponiendo: y ante todo protestando que sola la ingenuidad será el móvil de mis labios. Digo, pues que no conviene, ni jamás será acertado proclamar al Duque Erico por Príncipe hereditario de estos Reinos hasta que seguramente sepamos que el Real Príncipe ha muerto; pues teniéndole jurado los dos Reinos, será dar motivo a sangrientos bandos. Mas, supongamos al Duque admitido y proclamado Príncipe de Dinamarca por nieto de Valdemaro: a será lo mismo en Noruega? este es el nudo gordiano, que solo podrá romperse con la espada de Alejandro. Si los pueblos de Noruega quietos y subordinados se mantienen hasta aquí; no se espere lo estén cuando sepan que un nuevo heredero en Dinamarca han jurado usarán de su derecho eligiendo un Soberano de la sangre de sus Reyes; Sin que impedirlo podamos: y si V Alteza mienta con las armas sujetarlos, con tantos años de paz el Reino está sin Soldados, el Erario sin dineros, el Ejército sin Cabos, las Plazas sin guarniciones, los Navios desarmados. La Inglaterra y Suecia que nos están observando, romperán luego la tregua, y a la Noruega auxiliando, vendrá a ser la Dinamarca júguete de sus contrarios. Oh que tímido y cobarde se manifiesta Cristiano. No es temor ni cobardía: sino un recelo fundado en políticos principios prodinio por la prudencia dictados, que vos Duque no adbertís: y si el caso no esperado llégase de una campaña, entonces Duque veriamos quien es tímido y cobarde. Basta ya, basta Cristiano: hablad vos Astolfo. Yo, discurro como mi hermano, y soy del mismo dictamen; resueltamente afirmando. que no juraré jamás otro Príncipe que a Holao. Hable el Conde de Oldem- burgo. Teniendo por excusados preámbulos y digresiones que no nos hacen al caso, es mi parecer que luego el Duque sea proclamado Príncipe de Dinamarca. Y en caso que los Estados de Noruega se resistan a obedecer lo mandado, con la espada rompase aqueste nudo gordiano, que tanto pavor infunde al corazón de Cristiano. Hablad ya vos Senescal. Aunque siempre es arriesgado y difícil conciliar pareceres encontrados, como en efecto lo son los que sobre el caso han dado estos Señores es cierto que el parecer de Cristiano da claro indicio de ser político resinado, en la escuela de su Padre Conde Ernesto aleccionado. El dictamen de Oldemburgo no lo apruebo: aunque lo alabo solamente por ser hijo de su corazón bizarro: Dinam. que en ardores militares lo valiente no es extraño; mas no se ha de propase lo valiente a temerario. Dictando, pues, la prudencia que en extremos encontrados es el camino seguro tomar el medio entre ambos, y que el tiempo es el mejor consejero en casos arduos: mi parecer es, Señores, que se dilate a otro año el proyecto de aclamar, por Príncipe herediario al Duque vuestro sobrino; y si al tiempo señalado no húbiese alguna noticia de nuestro Príncipe Olao, entonces llevar a efecio vuestro proyecto entre tanto ordenad que con presteza se apronte lo necesario a la defensa del Reino, nuevas tropas reclutando; equípese nuestra escuadra, adiestrense los Soldados, y en las Plazas de Noruega que más hicieren al caso para contener al Pueblo inquieto y alborotado, competentes guarniciones pónganse por decontado de tropas Dinamarquesas, con Oficiales y Cabos de fidelidad notoria el pretexto aparentando de asegurar las fronteras contra enemigos extraños. Este modo me parece, Señora el más acertado para llevar el proyecto a los fines deseados. Me conformo Senescal, con vuestro dictamen sabio, que en las circunstancias es el más justo y adecuado: y siendo vos a quien toca mis órdenes y mandatos, estender y publicar, os encargo, y aún os mando que luego lo ejecuréis: id con Dios, y retiraos. . SCENA 1 Esta vistosa Ciudad, cuyos altos valuartes, cuyas soberbias murallas baña el mar con sus cristales, Príncipe dueño y Señor, es la bella Copenague, del Reino de Dinamarca, Corte ilustre rica y grande. En traje de Peregrinos disfrazados sin que nadie con tanto tropel de gente, en vos, ni en mi reparase, hemos pasado seguros sus puertas plazas y calles; este Palacio que veis, de mármoles y de jaspes arrogante promontorio dispuesto con traza y arte, es residencia ordinaria de la Reina vuestra Madre Margarita a quien con justa aclamación los leales Dinamarqueses la llaman del Norte la Semíramis. En él nació V. Alteza, en él vio de los mortales la primera luz; y en él con las aguas bautismales reengendrado a nuestra vida Áquino el Rey vuestro Padre con el generoso nombre de Holao, quiso que os llamasen. Murió el Rey, quedando vos de tres años no cabales. Bien me acuerdo, Ernesto ami- que por muerte de mi Padre (go, Áquino, que de Dios goce, heredero me jurastéis de Dinamarca y Noruega: y que en mis sienes reales se unieron las dos Coronas para nunca separarse. Que tú en mi Coronación en tus brazos me llevaste, como mi Ayo y Maestro; y que la Reina mi Madre fue voluntad del difunto mi Padre el Rey gobernase los dos Reinos, hasta que mi edad mayor se declare. Pero Ah! Ernesto no llegó este caso a efectuarse. Mas aunque con brevedad, te contaré las causales que para ello tuve al punta que aquella luz radiante del discurso racional comenzaba a iluminarme, una fuerza superior me inclinaba a que déjase las delicias de esta vida aparentes y falaces, los honores las riquezas, aplausos, comodidades, la posesión lisonjera de las Coronas Reales de Dinamarca y Noruega, y todo cuanto apreciable reputa el mundo, pues todo, según dice el Eclesiastes, es mirarlo a buena luz, vanidad de vanidades. Este modo de pensar tan justo tan razonable en mis años tiernos fue causa que yo me ocupase en devotos ejercicios: esto, Conde, tú lo sabes, y te es notorio también que de mi Reino los Grandes y Cortésanos glosando estas virtudes morales de mi juventud según sus caprichos singulares, a estilo de los mundanos de los bienes y de los males, de las virtudes y vicios trocabamos nombres y trajes: mi humildad la reputaban abatimiento cobarde: mi retiro hipocresía; mi devoción veleidades, y muchos con insolencia como si fuera injuriarme con escarmio me llamaban: Holao, el Príncipe Fraile. En fin, por no disgustar a mis Vasallos, ni darles aún aparente pretexto de mi desprecio, o ultraje, (aunque al vasallo no toca juzgar acciones reales del Soberano) me vi en la dura inexcusable necesidad de ocultar con cautelosos ambajes mis devotos ejercicios, cautelando en adelante la virtud como si fuera el delito más infame. Mas cuando ya se llegaba el tiempo de declararme mayor de edad, los Estados de los Reinos unanimes a mi Madre propusieron, que era forzoso buscarme una Esposa que en el Trono sucesión asegurase, supelo, y en la oración pedí al Señor me ilustrase. Oyó mis humildes ruegos, y con ánimo constante la resolución tomé animosa de ausentarme de mis Reinos, y pasar donde no supiera nadie jamás de mí: y libremente al servicio dedicarme de Dios en la soledad; teniendo por ejemplares de esta determinación a Pablo, a Alejo, y millares de Santos Anacoretas. Salí, pues de Copenhague disfrazado, y con el nombre de Enrique quise ocultarme para frustrar de este modo diligencias eficaces, que para buscarme haría mi Padre por todas partes. Entré en Alemania, y luego pasando veloz por Flandes, llegué a Francia y di con unos Peregrinos Alemanes, que en devota romería caminaban a las partes de Galicia a venerar el Sacrosanto Cadáver del Apostol Santiago. Determíneme, pues juntarme con los devotos Romeros, y vistiéndome su traje de puerta en puerta pedía el pan para alimentarme. Llegamos a Compostela con mil incomodidades: visiramos al Apóstol, y dispuesto ya el viaje para volver a Alemania, yo determiné quedarme oculto en España; pues Siendo el Reino más distante de Dinamarca pensé nunca, pudierais hallarme, y en las ásperas montañas de Cantabría, cuyos valles forman las más silenciosas y devotas soledades, me oculté, y allí: viví en el modo que me hallaste. Yo pues, Conde venerando la providencia suave y fuerte de nuestro Dios, que dispuso me encontrases, viéndote determinado y resuelto a no apartarte de mi lado hasta ponerme en Dinamarca::: . No hable V Alteza más; que veo en aquella boca calle dos embozados, que ya caminan acía esta parte. Esperemos arrimados en esta puerta que pasen. Bella noche! Quieta y fresca, como noche de verano. Pues mientras llega la hora de la cena, y del sarao tomemos Conde lo fresco en la Plaza de Palacio. Bien me parece. Habéis visto con cuanto empeño y descaro los hijos del Conde Ernesío, es pecialmente Crisuiano se han opuesto a que yo sea por sucesor declarado de Dinamarca y Noruega? (do! Que es lo que estoy escuchan- apliquemos el oído. Es insolente el muchacho: a título de que sabe cuatro parrafos de Baldo, quiere con sofisterías a todos aturrullarnos. Su hermano mayor Astolfo es más prudente y callado. Y más valiente también, mas con todo, no temamos de conseguir el designio de sucesor aclámaros del Reino: y si prosiguieren en oponerse arrojados al proyecto de la Reina, los mataremos a entrambos. Conocéis a los que hablan? El uno, si no me engaño; es Érico vuestro primo: y el otro que habla más alto, es el Conde de Oldemburgo, militar acreditado, y Mariscal General de todos vuestros Estados. Hola, Conde, no advertís en el Arco de Palacio dos hombres? ellos sin duda. nos estarán escuchando. No tiene duda: lleguemos. Qué gente sois? declaraos, o moriréis ahora mismo. Señor tened reportaos, que somos dos Peregrinos que en este instante acabamos. de llegar a la Ciudad: y por las calles andamos buscando albergue o posada. Este edificio tan alto nos pareció el Hospital; y por esto aquí llegamos. Buenos hombres, no sabéis que este es el Real Palacio? Vayan de aquí vagamundos, o las artaré de palos. Peregrinos a estas horas? qué bravo par de espantajos. Caballero, no tratéis tan mal a dos hijos dalgo, que quizá serán tan buenos, tan nobles, y tan honrados como vos. Quién se lo niega? id con Dios o con los diablos. Mariscal, el corazón me dice con sobresalto que aquel primero que habló cuando a preguntar llegamos quienes eran, es sin duda el Conde Ernesto. Qué bravo? En la voz me ha parecido, aunque la ha disimulado. V. Alteza está dormido, o el recelo os ha engañado. No había de saber el Conde que este es el Real Palacio? ni a que fin el Conde había de venir transfigurado en traje de Peregrino? Mariscal, lo he sos pechado, y para salir de dudas los Peregrinos sigamos, que aún van por allá, y sabremos . Gente sueña por aquí: en donde toman descanso: apuremos este enigma. Vamos por no disgustaros. Válgame Dios, y que noche tan oscural Valga el diablo la piedra o la tentación: . que por poco me he quebrado una espinilla. No sé, ni me acuerdo si mi amo me dijo que me esperaban en la puerta de Palacio. Según el vulto, este es: y sin duda este es el Arco, ni veo, ni oigo, ni tiento a nadie. Qué bravo chasco que se hayan marchado ya? ay si acaso no han llegado? será preciso esperar: y qué he de hacer entretanto? faligado del camino, el sueño me anda rondando; pero me pondré a rezar por si acaso así lo espanto. Padre nuestro::: Venganos:: El pan nuestro: perdonamos::: peor creo que es rezar? porque es del sueño reclamo; pues tiéndome, porque así dormiré más descansado. . La oscuridad fue la causa que de visia los perdamos. si acaso será mi amo? No hay Señor porque os canséis en hacer discursos vanos: Alteza ha de reinar que venga, o no venga Holao. Tate, que pica en historia la conversación: oigamos; pero apenas la percibo, porque estoy adormiscado. Mal haya el sueño! la caja saco, y un polvo tomando despavilaré el celebro. . Qué valiente es el tabaco! cómo de España Jesús! . Tenemos otro es pantajo? no dejará de llevar este algunos bastonazos. Quién va allá? Ni va ni biene, que aquí se está muy sentado, Qué, no responde el ver- gante? Válgame San Pablo, San Roque y San Rafael, de Peregrinos amparo. Qué hacéis aquí borrachón? Pardiez Señor no he catado el vino tres años ha. Pues quién sois? Soy desgraciado, porque en vuestras manos di; después que peregrinando tres años por esos mundos, no ha quedado Santuario. que no visite pidiendo por los mal intencionados. Sois Peregrino? Algo de eso. Y venís acompañando a otros dos que de este sitio poco ha se retiraron? No, Señor, que yo venía acompañando a mi amo, y de vista le perdí, sin saber, como, ni cuando. Cómo se llama? Aseguro, que nunca me lo ha contado. De dónde es? otra que tal: era Señor un hidalgo de Noruega o Suecia: que también se me ha olvidado, y de buenas a primeras se quiso meter a Santo, como si fuera tan fácil: y para esto se ha empeñado en andar por ese mundo visitando Santuarios. Contadnos vuestro viaje; porque gusto de escucharos. A fe que nunca más cuerdo en toda mi vida he estado. Pues Señor de mi alma, digo que el viaje comenzamos por unas tierras, en donde el lenguaje no entendiamos, porque ahullaban como perros, o mayaban como gatos. Pasando más adelante en otras tierras entramos, donde hablaban con la boca, con los ojos y las manos, como los representantes, y con mucho más garbo. En otras tierras cantaban cuando querían hablarnos. Después de estos habladores, a la Provincia pasamos de los mudos, y por señas con ellos nos entendiamos. Yo Senores, me admiraba de extremos tan encontrados. Esto no obstante, nos era forzoso el acomodarnos a las modas del Páis, haciendo lo que velamos. Entramos luego después al Pais de los Enanos, hombres pequeños, con unas cabezas como canastos. Seguiase después de estos el Páis de los Acefalos, que son hombres sin cabeza, y es por cierto bien estraño; pues lo que aquellos le sobra están estos otros faltos. Al Reino de los Gigantes con mucho miedo llegamos, hombres tales, que tendrán sus treinta varas de alto; y junto a ellos nosotros como ormigas pareciamos. Inmediato al Gigantísimo, en un Reino separado hallamos a los Pigmeos, hombres de un codo de altos; y fue para ellos fortuna el que hubiesemos llegado. Es el caso, que las grullas les destruyen los sembrados, y contra ellas salió un ejército formado de más de cien mil Pigmeos, con sus lanzas en la mano formadas de caña eja: y habían hecho tal estrago las grullas en los Pigmeos, que ya se iban retirando. nosotros con los bordones las espantamos a palos, y les dimos la victoria: en fin, para no cansaros, habiendo ya recorrido el Reino de los Ojancos, Amazonas, Patagones, y el Imperio dilatado del Preste Juan de las Indias, en Tanger nos embarcamos, y pasamos el estrecho de Gibraltar con el ánimo de registrar las columnas del famoso Hércules Tebano. Son muy grandes las columnas? Cómo dos torres de alto y grueso serán, Señor; son de bronce macizado, hechas a marcha y martillo en la fragua de Vulcano. Y no obstante de que son tan grandes como he contado, con su mano cada una el valiente Hércules Tebano las columnas manejaba como si fueran dos váculos. No nos dijiste al principio que tú junto con tu amo habláis ido por el mundo visitando Santuarios? Es verdad, Señor. Pues cómo en tanto como has contado, ni la más leve mención has hecho de un Santuario? La razón ha sido el tener por escusado, y aún superfiuo referir devociones y milagros a Señóritos de Corte, Soldados y Currutacos, que impropiamente se ríen y burlan lo más sagrado, (mejorando los presentes) Malicioso es el villano, vámonos, Señor que ya estoy yo más que apurado de sufrimiento. Tomad esa límosna paisano, y Dios os guarde. Señor, sea por Dios, y por los palos: bravo par de perillanes! a fe que bien me he safado de aquestos dos preguntones; mas ya me parece en vano esperar aquí más tiempo. Mejor será retirarnos no sea que vengan algunos de aquestos que andan al rastro de las damas cortesanas, (que la noche es para el caso) y me den algunos muertos. Seguramente mis amos estarán ya recogidos: voyme a acostar decontado. .
JORNADA SEGUNDA
ACTO SEGUNDO. SCENA I Ra Semíramis de Oriente. 1. Llora muerto su Marido; pero la del Norte llora a su Príncipe perdido. 2. Cuál será mayor dolor? Cuál será mayor martirio? 1. La del Asia llora por solo su niño. 2. La del Norte llora su Esposo y su hijo. Cuál será mayor dolor? Cuál será mayor martirio? Federico? Gran Señora? Quién esa letra compuso? La letra y el tono es obra del Isaliano Juequetí. Pues bien, dadle por ahora de mi bosillo secreto cien doblones, y esta joya::: Los Músicos se retiren, y todos dejadme sola. . Hijo de mi corazón, o si el Cielo se ablandará, y piadoso te avisará de mi pena y aflicción! es cierto que a compasión de tu Madre te movieras, y a mi presencia vinieras, a no ser que endurecido un ánimo empedernido te hayan prestado las fieras. Qué motivo, o hijo mío! tu Madre te pudo dar para hacerme así penar con tu retiro y desvío? en mi loco desvarío será mi muerte tu ausencia; y solo con tu presencia se acabará mi tormento, mas en tanto sufrimiento denme los Cielos paciencia. Pero sino oyes mis quejas se las digo a tu retrato: por qué motivo hijo ingrato, desconsolada me dejas? para qué de mí te alejas, muriendo por ti, mi bien? ven hijo a mis brazos ven, y pues no vivo sin ti, compadécete de mí, o máteme tu desdén. El Mariscal General, y el Duque vuestro sobrino para entrar a veros piden vuestra licencia y permiso. Qué novedad habra, Cielos! diles que entren, Federico. y prodigio A los pies de V. Alteza. Buen día os dé Dios, amigos. Cómo ha pasado la noche Alteza? Bien, sobrino. Pues tan temprano en Palacio? e hay algo de nuevo? dilo. Algo de nuevo hay Señora: mas no os turbéis al oírlo. Anda un rumor en la Corte que anoche dos Peregrinos ya tarde desembarcaron, Sin poder ser conocidos, y entraron en la Ciudad: y que al llegar al registro de las puertas presentaron un pasaporte o escrito firmado del Conde Ernesto. otros dicen que es el mismo Conde el uno dé los dos mencionados Peregrinos, que por el aire del cuerpo y la voz fue conocido. Las Plazas de Copenhague están llenas de corrillos: y añadiendo cada uno un poco a lo que ha oído. ha tomado tanta fuerza la mentira que aún a gritos: no reparan en decir que el Príncipe ya ha venido, y que oculto le tenemos en Palacio, y escondido: si quiere Va Alteza ver el inmeriso gentio que a la plaza de Palacio la novedad ha traído asómese a esta ventana. Bienvenido, bienvenido. Cielos! aquel es el Conde que seguido de sus hijos, y acompañado de muchos amigos y conocidos, a Palacio se encamina. Salid luego a recibirlo. El Conde biene de gala, Sin duda es seguro indicio de que alegres nuevas trae del Príncipe Holao mi hijo. Deme a besar V. Alteza la mano. Seáis. bienvenido: . Conde Ernesto, amigo fiel. Decidme por Dios, es vivo el Príncipe? Sí, Señora. Gracias os rindo, Dios mío, por esta dichosa nueva. El Príncipe vuestro hijo goza perfecta salud. Y en dónde está, Conde amigo? No lejos de Copenhague le he dejado, y he venido yo delante de orden suya, Señora, por preveniros; antes que en vuestra presencia llegue a ponerse: el peligro cautelando que pudiera causar un gozo imprevisto; pues como mata un pesar, mata un gozo repentino. Vendréis, Conde, fatigado. de tan molesto camino: toma asiento y decid como hallarle habéis podido: donde lo habéis encontrado, donde ha estado detenido el Príncipe tanto tiempo? pues todo gustaré oírlo. Después Señora, que del Reino todo las vivas diligencias se frustraron, que para hallar al Príncipe se hicieron, sin perdonar fatigas ni cuidados: con el orden Real de V. Alteza en su busca salí juramentado de no volver sin él a Dinamarca, o morir en la empresa de buscarlo. Del estrecho de Surd las altas olas en un esquife las pasé volando, y en pocas horas con dichosa suerte de Suecia en las costas desembarco. A Copenhague ordeno que se vuelvan los que hasta allí me habían acompañado: para ovviar sospechas de estranjeros, conmigo queda solo un fiel Criado. Tomo de Peregrino humilde traje, y en hábito Romero disfrazado, la esclavina y bordón de pasaporte me sirven para andar Reinos extraños. Seguro ya con esta salva guardia, entro en Suecia, y a Estocolmo paso, en contorno girando todo el Reino, sus Ciudades exploro con cuidado. Doy la vuelta a , región grande habitada de varios Soberanos, que unidos forman el robusto cuerpo del germánico Imperio dilatado. La Franconia, Sajonia y Brandemburgo, la Babiera, y los dos Palatinados, el alto y bajo Rin, con la Suabia, y las dos Austrías corro en casi un año. Paso al Tirol, penetro el Apenino: entro en Italia, llego al Mantuano, visito de Loreto el santo Templo, y las costas del Golfo Veneciano. Luego a la Capital del Cristianismo encamino mis pasos sospechando que solamente en Roma se pudiera ocultar el Príncipe Holao. Un año entero en Roma me deteng admirando sus Templos y Palacios, sus Arcos y soberbios obeliscos, tristes memorias del Poder Romano. Pero viendo frustrados mis intentos, inútiles mis ansias y cuidados, dejando a Roma a Francia me encamino por Génoba, Turin y el Delfinado. Pasando por la Galia Narbonense. entro en España, Reino celebrado por su fe, su piedad, y por su culto en Templos y famosos santuarios. De Barcelona paso a Monserrate, celebre Monasterio, colocado en la áspera montaña de este nombre, que a la Madre de Dios es consagrado. Llego luego a la insigne za. cuyos muros del Ebro son bañados, Capital de Aragón, muy celebrada por sus Templos, sus Martires y Santos. Pero lo que en extremo la ennoblece es el precioso bello simulacro de aquella Virgen siempre inmaculada por la columna, del Pilar llamado. Es tradición constante, que traída por ministerio de Ángeles, Santiago le fabricó la celestial Capilla, primer Templo a María dedicado. De allí a Burgos camino presuroso, Corte antigua del Reino Castellano, Patria del Cid, azote de los Moros; cuna de los Alfonsos y Fernandos. Paso a León, penetro las Asturias, y venciendo sus montes encumbrados, llego a Galicia, y voy a Compostela, a venerar el cuerpo de Santiago. Entro en su Templo, en oración me pongo, y el corazón en lágrimas derramo, pidiendo al Santo Apóstol me encamine en mis dudas, mis ansias y mis pasos. Por tres días mis suplicas repito, al Apóstol devoto visitando, por su intercesión el Señor quiso que en mis penas quédase consolado. Oíd, Señora, como fue: cumplidos. los tres días que llevo mencionados, cuando ya a la partida me prevengo, me reclino a tomar algún descanso. Oprimidos sentidos y potencias, mas que del sueño; de un dolor amargo. sin saber si dormido o si dispierto, me quedo en dulce calma sosegado. Ved aquí que delante se presenta un Personaje en habitos extraños, de aspecto majestuoso y venerable, despidiendo su rostro hermoso rayos. Yo, Conde Ernesto, dice soy Jacobo. Apostol de Jesús, mayor llamado, hermano del amado Evángelisia; Patrón, y Protector del Reino Hispaño. Dios por mi intercesión oyó tus ruegos, y quiere que te vuelvas consolado: tórnate a Dinamarca; porque antes que a España dejes, hallarás a Holao. En los ásperos montes de Cantabría le encontrarás en traje de Ermitaño, dedicado a el obsequio de María, en un. Templo a su nombre consagrado. Esto dicho, el Apostol desaparece, y yo en mi vuelvo todo alborotado huyen las penas, cesan las fatigas, y doy gracias a Dios por favor tanto. Nuevamente visito al Santo Apostol, y en su promesa siempre confiando, sin pasar a Castilla y Lusitania, a la vuelta de Francia me preparo. Desde Burgos pasando montes de Oca, llego a Vitoria Pueblo muy nombrado, y siguiendo el camino de la Francia la tierra paso de los fuertes Cantabros. Esta gente feroz, a quien por fuerza sujetar no pudieron los Romanos; pues por su voluntad tan solamente se rindieron al César Octaviano. Esta gente feroz a decir vuelvo, un Pais habita nunca conquistado de ninguna nación de tantas, como a la feliz España subyugaron. Ni los Godos allí llegar pudieron, ni los Moros en él jamás entraron, ni Suevos ni Celtas, ni Silingos, ni aún los crueles Vándalos y Alanos. Por sus leyes y fueros se gobiernan, los que nunca se vieron alterados; ni tampoco su lengua primitiva, que pura se conserva tantos años. Viven ocultos en profundos valles, rodeados de montes elevados, cubiertos de frondosas arboledas de carrascas, de robles y castaños. No lejos del camino Real de Francia en un áspero monte y escarpado, un Templo suntuoso se descubre a la Virgen María dedicado. En él su bella Imagen se venera por los devotos pueblos comarcanos, con el nombre de Aranzazus llamada, que Espino significa en Castellano. Entre las asperezas de aquel monte ocultos viven muchos Ermitaños, que profugos del mundo y sus placeres, una nueva Tebaida se han formado. De un ceniciente saco andan vestidos; ceñidos de un cordón nudoso y aspero; y aunque Frailes no son de Sa Francisco, son del Orden Tercero de este Santo. Yo con estas noticias que me dieron las gentes del Pais, y confiando ser este monte aquel que el Cielo dijo donde desconocido habita Holao. Presuroso acía el monte me encamino por ásperos senderos y quebrados; pues de aquella montaña lo eminente un precipicio ofrece a cada paso. Después que entre peligros y rodeos dos legnas españolas hube andado, al pie de un alta inacesible roca C descubro aquel devoto Santuario. Entro en el Templo; en oración me pongo, y a la Madre de Dios pido su amparo, el corazón de confianza lleno de mi projima dicha da presagios. Estando así suspenso; una campaña hace señal, y aquellos Ermitaños de sus grutas saliendo cada uno en el Templo se fueron congregando. Para el alto y tremendo sacrificio de la Sagrada Misa preparado estaba un Venerable Sacerdote, la que oír debían aquellos solitarios. Yo recatadamente los observo en un rincón del Templo retirado; admirando sus rostros macilentos, sus barbas y cabellos enmarañados. Cuando ya el Sacerdote se llegaba a principiar el sacrificio santo, advierto que a servirle se levanta un bien dispuesto joven Ermitaño. Mírole atentamente sus facciones, y aunque al rostro desmiente un color pálido por el aire garvoso de su talle a Holao me parece estar mirando. Así, (entre mi discurro) así tenía las facciones mi Príncipe adorado: así tenía la boca, así los ojos: así su talle, así llevaba el paso. De este modo notando sus acciones estuve largo tiempo embelesado, sin atender a más; y el Sacerdote la santa. Misa concluyó entretanto. Al punto los Varones penitentes a sus cuevas se fueron retirando, quedándose en el Templo solamente el joven que sospecho ser Holao. Va del Templo a salir, y yo advertido desde el sirio donde estaba retirado, en la lengua Daresa le saludo, y con su propio nombre allí le llamo. Sin reflexión al punmo el rostro vuelve, y suspenso se queda, reparando acía donde le llaman; me conoce: y del Templo se sale acelerado. Veloz acía su cueva se va huyendo, cual ciervo de los perros espantado: yo le sigo también ligeramente, como fiel Caín en busca de su amo. Llego en fin a la entrada de su gruta a tiempo que la puerta habla cerrado, toco en ella, le llamo no responde; y llorando de gozo así le hablo: Por qué o Príncipe, dueño y Señor mío, así huis de aquel que con trabajo tanto tiempo ha que os busca? qué te ocultas del que la dicha tuvo de encontraros? El Conde Ernesto soy vuestro Maestro, que tantas veces os llevó en sus brazos: si esta tierna memoria no os obliga, apiadaos de mis lágrimas y llanto. Oíd de vuestra Madre los supiros, consolad vuestros Reinos y Vasallos: y si esto no consigo en esta cueva quedará el Conde Ernesto sepultado. Con estas y otras tiernas expresiones. insto, suspiro, y altamente clamo, hasta que con mis ruegos y lamentos del Real Príncipe el corazón ablando. Abre la puerta, y a sus pies me arrojo dejándolos en lágrimas bañados: y entre afable y severo así me habla en acentos Daneses mal formados: Quién, Conde Ernesto, aquí te ha dirigido? quién por estos desiertos te ha guiado? no es posible que humanas diligencias para encontrarme aquí te hayan bastado. No bastaran, Señor, yo le respondo, si por sus altos fines reservados no dispusiera Dios que a Dinamarca volváis a gobernar vuestros Estados. Esta es su voluntad, y yo os la intimo: no queráis resistirla porfiado; porque si voluntad no fuera suya, no dispusiera que os hubiera hallado. Con estas reflejiones convencido, c . y mucho más habiéndole contado, Señora vuestras ansias y suspiros, determina volver a vuestros brazos. e. Peregrino toma luego el traje, dejando el penitente de Ermitaño: y en esta forma salvos y seguros a. Copenhague ayer tarde llegamos. A mi casa directamente fuimos, donde la noche el Príncipe ha pasado, y espera que yo lleve vuestro aviso para venir a veros a Palacio. Cómo podré, Conde amigo, un favor tan estremado recompensar? ni con qué mércedes podré pagaros vuestros servicios leales? las fatigas y trabajos de un tan penoso camino? El premio de haber hallado al Príncipe dignamente no puedo recompensaros. No ostante de diez lugares Señor Soberano os hago, con el mero misto imperio sobre todos los vasallos. Y ahora en acción de gracias por favor tan soberano, Senescal, despachad orden se cante el en la Capilla Real, y también en todos cuantos Templos hay en Copenhague, y demás de mis Estados. llumínese la Corte; gala traiga por espacio de quince días continuos. Y porque regocijados puedan todos celebrar este ventu roso hallazgo, de los tributos que deben pagar todos los vasallos a la Corona Real, se eximiran por un año. Vos Mariscal, prevenid las guardias y los soldados, porque dignamente pase el Príncipe acompañado de casa del Conde Ernesto a este su Real Palacio: en donde le esperaré y recibiré en mis brazos. Id, Conde Ernesto, y decid al Príncipe que le aguardo con tiernas ansias de Madre: y todos los Cortesanos, Títulos y Caballeros os vayan acompañando. A vuestras órdenes todos, Señora, prontos estamos, y con toda brevedad se hará lo que habéis mandado. Guarde Dios a V. Alteza. SCENA1I y Mariscal, o estoy soñando, o no sé lo que me diga. Qué pronto se han agotado mis esperanzas! El Cetro se me ha caído de las manos. (to: No os turbéis, Señor, tan pion- volved en vos, recobraos; y esperemos en que para el suceso no esperado de la venida del Conde, y del Príncipe su ahijado. Acaso será imposible que todo cuanto ha contado sea una mera ficción? Aquel repentino hallazgo del Príncipe en una cueva en el traje de Ermitaño, tiene visos de Novela: yo así me lo persnado, el que Príncipe se llama será acaso muy extraño que sea algún impostor que pretenda con engaños subir al Trono Real, por parecerse algún tanto en las facciones del rostro a nuestro Príncipe Holao. Y que el Conde Ernesto quiera, esta ficción apoyando, levantar a su familia gobernando los Estados? Todo es posible, Señor, pero después más despacio sobre esto discurriremos. (mos Decís bien, Conde ahora va- a practicar como es justo, lo que la Reina ha mandado. . Oh qué confusión de Corte! todo el Pueblo alborotado esta con nuestra venida: y yo buscando a mi amo huyendo que me atropellen me he refugiado en Palacio; y al subir por la escalera al Mariscal me encontrado, y al Duque Brico, ellos son los que me dieron de palos anocho. Yo los perdono; porque al fin es de cristianos amar a los enemigos, y perdonar los agravios. Ellos no me han conocido, y al pasar iban hablando ciertas palabras oscuras contra el Príncipe y mi amo. Yo me temo que estos dos con algunos allegados nos han de dar pan de perro a todos antes de un año. Ello dirá: pero qué es esto que estoy hablando? tene lengua no mormures. que no es lícito al Cristiano hablar de ninguno mal, ni hacer juicios temerarios. Mudemos de pensamiento: iqué bien dice aquel adagio! Ayer con mi amo andaba por esos mundos tunando, y hoy cogiendo como un Duque lo fresco en el Real Palacio. Ayer comido de piojos, y hoy muy limpio y aseado. Ayer sin catar el pan, y hoy torta y pan piniado. Ayer bebiendo agua zupia, y hoy un vino como un bálsamo. Ayer ante ayer y el otro::: Viva el gran Príncipe Holao. Esto es que la comitiva ha llegado ya a Palacio. Voy a ver desde un rincón tan magnifico aparato. SCENA 1II Dichoso, Señor, será, y en los fastos celebrado de Dinamarca este día que al nieto de Valdemaro su legitimo heredero ven sobre el Solio sentado vuestros Reinos: ocupad ese Trono abandonado en vuestra primera edad. Altos juicios reservados a nuestro Dios Senescal, me hacen volver a ocuparlo. Hoy en su nombre me siento. Sea, Señor eternos años: y ahora la Corte espera para besaros la mano: yo el primero la obediencia a nombre de los Estados de los dos Reinos, os doy. Agradezco a mis Vasallos su fidelidad, y pueden cstar siempre asegurados de mi amor y voluntad: los demás vayan llegando. Vuestro primo el Duque Erico. Primo llegad a mis brazos; no es bien que postrado esté un nieto de Valdemaro, joven sois para el empleo a que pienso destinaros. A vuestra obediencia es toy, vivid Señor muchos anos. Señor, mil enhorabuenas os da Ernesto vuestro Ayo. Como a mi Padre os venero, y aún lo que os debo no os pago. El Mariscal General. Debe ser un buen Soldado. Servidor de V. Alteza. Estos jóvenes bizarros que ahora llegan, son los hijos del Conde Ernesto, llamados Cristiano y Astolfo. Yo en mucho debo estimarlos en atención a ser hijos del Vasallo más honrado. De Capitán General, Astolfo tenéis el grado: y vos Cristiano seréis mi Secretario de Estado; así quiero en algún modo los méritos erscumbrados de vuestro Padre premiar. Los tres rendidos os damos, Señor, muy humildes gracias por favor tan Soberano. Al Duque Érico mi primo para Virrey he nombrado de mi Reino de Nornega, por juzgarlo necesario a mi servicio Real, y quietud de aquel Estado. El Mariscal General pasará condecorado a Paris, con el caracter de Embajador Ordinario. Vos Senescal, estended los despachos necesarios a este fin así conviene por motivos reservados que me asisten. Bien, Señor. La brevedad os encargo: así me parece justo dar principio a mi Reinado. La Reina mi Madre espera; a visitarla en su cuarto voy: seguidme vos Ernesto, y los demás retiraos. SCENA IV Qué os parece de esto Duque? buenos habemos quedado con el nuevo Rey los hijos del Conde Ernesto elevados a los supremos empleos, y nosotros desterrados de la Corte, con pretexto de cierta razón de estado, y con palabras preñadas de amenazas y de amagos. Y esto sufrimos? qué bien yo me habla sospechado! Ah, Príncipe fementido! Ah, Conde Ernesto villano! he pretendes que a un impostor extranjero recibamos cómo a legítimo Rey? río será así. Sosegaos, Mariscal, que en este sitio alguno puede escucharos. Esperad que el tiempo aclare o la verdad, o el engaño. Yo como menor de edad, nunca vi al Príncipe Holao. En nada se le parece. Puede haberse demudado: y así para no exponernos a disgustos muy pesados, luego que el Príncipe salga de ver a la Reina, al cuarto pasaremos de su Alteza, a ver qué juicio ha formado del que se llama su hijo. También de los Cortesanos que al Príncipe conocieron o de cerca le trataron el parecer tomaremos, su dictamen escuchando. Y en cuanto a vuestro viaje podéis estar descuidado; pues no marcharéis tan pronto como el Príncipe ha ordenado. Primero que vos ni yo de Copenhague salgamos, ha de ser toda la Corte el más sangriento teatro.
JORNADA TERCERA
ACTO TERCERO. SCENAI. Cuanto pesa una Corona, Cónde Ernesto!; qué arriesgado es subir al Trono Real! si con reflexión miramos los cuidados que a un Monarca rodean por todos lados, no tiene un instante suyo: todos son de los vasallos. Pues qué será si se atiende a lo que nos dice él sabio; que a los que mandan es pera un juicio duro y exacto? Esta infalible verdad. es un torcedor amargo de mi memoni? Si apenas se salvará él Justo? y Santo; acómo vivirá seguro. un Rey que tiene a su cargo el administrar justicia sin pasión y sin engaño? Oh dichosa soledad! en donde el hombre ocupado tan solamente con Dios, vive quieto y sosegado, sin peligros que le asusten, sin riesgos, ni sobresaltos. Deje, Señor, V. Alteza aquesos temores vanos, que los Reyes no nacieron para vivir solitarios compañeros de las fieras. El hacedor Soberano. los puso sobre la tierra en un enente grado superior a los demás, en respectivos estados para gobernar los Pueblos: para que subordinados. los hombres a una cabeza, seguros y sosegados, puedan vivir sin temor bajo de este orden jerárquico. Si en los desiertos, Señor, se han hecho los hombres santos al rigor de austeridades inauditas, los Palacios también Santos hanmienido entre sedas y brocados. r es. Acuérdese a Alteza de Enrique el piadoso y Santo, Duque excelso de Babiera, Emperador de Romanos, en la Corte más brillante de toda Europa educado. Un Luis Nono de Francia aquel Héroe celebrado, que fue del Asia terror, de los Sultanes es panto en sus dos expediciones de las cruzadas aún cuando desgraciado: en ella fuese. Qué diré de aquel Fernando de Castillá: primo suyo? Ázote de Mahometanos, siempre feliz, victorioso, siempre en la campaña armado, y entre dichas y victorias siempre humilde, siemple Santo? ay, qué os podré referir de aquellos dos Eduardos de Inglaterra? Y en fin, e cuanto pudiera contaros de nuestro heroico Canuto? el más perfecio dechado de Príncipes, y de Cristo invicto Martir y Santo? sacrificado al furor de aquel su ambicioso hermano cuyo. Solio Real aún con su sangre salpicado hoy ocupa V. Alteza? Estos Heroes admirados. por sus heroicas virtudes, en Palacio se formaron: no en los asperos desiertos, ni en parajes solitarios. Ernesto, no te lo niego: todo es verdad, más es claro que son los menos: y es dificultoso imitarlos. No lo será si de Dios nuestro Señor imploramos el auxilio, y a su gracia no resistimos ingratos. Señor el gran Senescal me ha entregado los despachos y órdenes de Va Alteza; y solo falta firmarlos: aquí tiene Vi Alteza la estampilla. No Cristiano, que es necesario que vayan firmados de propia mano, y firme también mi Madre para más autorizarlos, por ser la primera vez que yo firmo en los despachos. Este el nombramiento es del Duque en el Virreinato de Noruega: y este otro el orden Real y despacho en que al Mariscal se nombra Embajador Ordinario en la Corte de Paris. Ya los dos están firmados, id al cuarto de mi Madre, y en estando despachados me avisaréis. Bien está. Así Ernesto separamos del lado del Duque Erico al Mariscal, que al incauto joven tiene prevertido con proyectos depravados, tan propios de su ambición, y orgullo desmesurado. Id Conde, y decid al Duque no resista lo mandado; pues es lo que le conviene. Yo al Oratorio entretanto me retiro a la oración como estoy acostumbrado. SCENA1I Con que en fin sin mi noticia, Mariscal, se ha decretado vuestra sálida del Reino? Así lo tiene mandado el que vuestro hijo se llama. Y vos, Duque, al Virreinato de Noruega vais? Es fuerza obedecer, o quedarnos expuestos a los rigores del nuevo gobierno, cuando el Conde Ernesto del Rey es Consejero privado, y sus dos hijos que forman este nuevo triumbirato. Muy pronto se desará según tengo meditado, habéis de saber, amigos, como luego que en mi cuarto se presentó, y a mi vista ese que se finge Holao, sorprendida me quedé al mirarle, y casi helado el corazón y potencias, viendo que me han engañado. No es este el Príncipe, no; él es un hombre ordinario en sus modales, y traza. Y habiéndole preguntado algunas cosas, de que pudiera estar informado, de nada me dio razón: y solo me ha contestado en ciertos particulares, sujeridos o contados por el Conde Ernesto. Yo he de sufrir este engaño? por hijo no le conozco: antes bien por el contrario, por un impostor le tengo, atrevido y temerario. Yo a la verdad me avergüenzo, y de confusión y empacho me lleno al considerar que en este presente caso he procedido imprudente, y con ligereza he obrado, mandando que los honores, de un Príncipe hereditario de Dinamarca se hagan, a un hombre embustero y falso. Qué dirá de mí la Corte? qué juicio harán los Estados de Europa cuando lo sepan? Amigos es necesario sacar esta mancha que yo sobre mi fama he hechado: enmendar este defecto de mi gobierno soldando el yerro de mi imprudencia. Vos Mariscal, tendréis ánimo para hacer lo que os ordene? Yo, Señora, preparado, y pronto estoy para hacer, y ejecutar todo cuanto en vuestro servicio fuere, la tropa tengo a mi cargo y disposición. Pues id: y los Soldados tomando de mayor satisfacción pasad con presteza al cuarto donde el Príncipe fingido reside, y allí arrestado, preso le conduciréis a la torre de Palacio, donde con guardas de vista le pondréis a buen recado. Lo mismo ejecutaréis con el Conde y su Criado, pues los tres en este crimen sin duda están complicados. Resolución arriesgada. No tengáis, Duque, cuidado. Perdonad, Señora, pues sin vuestra licencia entramos. Dios os guarde: qué queréis? Yo, al Duque vengo buscando de parte de vuestro hijo. Está conmigo ocupado. Y tú, Cristiano, a qué vienes? A qué firméis los despachos del Duque y el Mariscal; pues ya el Príncipe ha firmado. Traed. Tome V. Alteza. Tomad, que ya van firmados: idos y jamás volváis en mi cuarto a presentaros. Quién, Señora? Yo, o mi hijo? Los dos. Señora, si acaso a vuestro servicio yo, o mi hijo hemos faltado: Idos Conde; pues ahora yo de nada os hago cargo: y tiempo habrá para todo. Dios os guarde muchos años: de mis leales servicios los desaires son el pago. . SCENA 11I Jamás en mi corazón el miedo entrada ha tenido sino es en esta ocasión. Cielos! qué me haya metido en hacer esta prisión! Un temor me ocupa fiero de maldad el horror es indicio verdadero. Yo cometí un grande error, el Príncipe::: qué severo? mas la Reina, qué dirá si sus órdenes desprecio? y el honor me quitará Pues vaya fuera el temor; que no se debe temer cuando mediare el honor: llego pues ello ha de ser: daos a prisión gran Señor. Con quién habláis, Mariscal? ya quién buscáis? Yo:: sí::: cuando::: a V. Alieza::: Señor::: la Reina me lo ha mandado. Mi Madre? Señor la Reina. manda que os lleve::: arrestado: De qué os turbáis Mariscal? A la torre de Palacio. Pues si mi Madre lo manda, razón es le obedezcamos. Este desaire la Reina! Cielos, cuál será la causa? de donde puede nacer tan repentina mudanza? Mi conciencia no me arguye haberle faltado en nada: sin duda que los favores que hace el Príncipe a mi casa sin consulta de su Alteza la tienen desazonada: o la envidia vil de algunos que procuran irritarla. Mas, como incauta la Reina les da tan fácil entrada a sujestiones indignas de mi lealtad olvidada? algún misterio hay aquí que mi discurso no alcanza. Mi Señor qué hacéis aquí con tanta mesura y pausa? Salid luego de Palacio: huid pronto, Señor que anda buscándoos el Mariscal. Para qué? Brava cachaza! Para prenderos os busca. Rasquil, anda, vete y calla: a mí el Mariscal por qué? Porque la Reina lo manda, que ya el Príncipe voló. Dónde? A la torre más alta de Palacio; y es lo bueno, que voló sin tener alas. Qué escucho! sin juicio estoy. El Mariscal lo llevaba preso como a un mal hechor, entre enmedio de una manga de granaderos: yo mismo que en la puerta os esperaba de la sala de su Alteza, vi como se lo llevaban: mas ya está aquí el Mariscal. Conde, entregadme la espada, y daos a prisión al punto, que así la Reina lo manda. Pues si lo manda la Reina tomad, Mariscal la espada, y vamos donde gustéis: ya yo me lo sos pechaba. Prended también al Criado. 1. Venid Rasquil a la jabía donde estaréis a la sombra. Oh mal haya mi desgracia! que por salvar a mi amo, me hayan cogido en la trampa! za mí por que me prendéis? 1. Por cómplice en esta causa. Lleve el diablo a vuestro amo, y a toda su mala casta. 2. Ande vind. Seor Peregrino, dónde está la calabaza? Permita Dios que los dos muráis de mal de rabia. . SCENA V La acción que al Mariscal ejecutar he mandado, con cuidado ya me tiene y con mucho sobresalto. a si habrán hecho resistencia? mas no, porque en el Palacio no se ha sentido alboroto. En cuanto al Príncipe, hago juicio de que no resista: pero el Conde no es estraño que se haya puesto en defensa, o resista temerario, teniendo tantos amigos que se hayan puesto a su lado. Con toda felicidad, y sin algún embarazo quedan hechas las prisiones que V. Alteza ha mandado. El falso Príncipe, y él Conde Ernesto y su Criado, los tres arrestados quedan en la torre de Palacio. Al Capitán de la guardía, Federico le he entregado las llaves de la prisión, con la guardía de Soldados competente y necesaría, contra cualquier atentado; haciéndole responsable de los presos. Os encargo, Mariscal, ahora otra cosa, que con reserva y cuidado practicaréis. Visitad los Consejeros de Estado, que están a vuestro favor, y son nuestros partidarios: diciéndoles de orden mía que concurran a mi cuarto esta noche, a las diez horas, a la desilada entrando; pues tengo que consultarles sobre un asunto muy arduo, que pide pronto remedio: y que vengan disfrazados para no ser conocidos. El sígilo es necesario. En vuestro obsequio, Señora, soy el más desinteresado. . SCENA VI Qué aparentes y engañosas las glorias del mundo son. todas como sombra pasan, todas son como la flor, que a la manana aparece de la vista admiración, recreo de los sentidos del iprado, gala y honor, y a la tarde se marchita a los rigores del Sol. O son como el humo leve, que exalado de un tizón cuando se apaga la llama, tanto lo deja el dolor, y llanto amargo en los ojos; idígalo a mi costa yo! Conde, amigo, Maestro mío, no veis no veis que lección des avisos y desengaños el mundo nos da a los dos? Guerra es la vida del hombre, nos dice allá el Santo Job; y el campor de la batalla es el mundo: Quién llegó a conseguir la vicioria de la gloria y el honor, sin pelear esforzado cual valiente Campón? El mundo con sus reveses nos ofrece la ocasión de coger a manos llenas las coronas que ofreció el Señor a quien venciere. Siempre Ernesto, lo mejor me aconsejas como sabio; mas no me causa dolor verme preso, y arrojado en esta oscura prisión, ajada mi autoridad, y ultrajado el explendor de mi Corona Real. Mi sentimiento mayor es, Ernesto veros preso por mí causa. Yo, Señor, muy al contrarios discurro; pues gustoso en la prisión estoy, por acompañaros; y mi mayor aflicción es pensar que os he traído a que probéis el rigor de vuestra Madre cruel, que con el más tierno amor, y la voluntad más fina os esperaba: quién vio en tan limitado tiempo semejante mutación? Aprended flores de mí, lo que va de ayer a o. Rasquil, duerme descuidado, y está soñando. Señor, ni duermo ni sueño; pues estoy puesto en oración. Y en qué meditas? De Cristo meditabar en la Pasión. En qué paso? En el de Ramos, cuando Jesucristo entró triunfante en ferusalén con vivas y aclamación de aquel inmenso gentio, que a voces le confesó por su Rey; y a los tres días el mismo pueblo traidor en medio de dos ladrones en una Cruz le colgó, tratándole como a un hombre embustero engañador. Qué recuerdo, Conde Ernesto, Rasquil soñando nos dio. La noche nos favorece con sus sombras. El Palacio está abierto si será descuido? o que desvelado Federico nos espere? Entremos, pues, arriesgados a todo trance y peligro; prueben las armas Cristiano. Sin ser de nadie sentidos a la torre hemos llegado. Esta es la puerta, y las llaves están aquí. Gente ha entrado en la torre. Yo saldré acía la puerta a esperarlos. Pero la espada me falta: mas no obstante, si a ultrájaros osado alguno se atreve, con los dientes, con las manos, como sangriento león he de hacerlo mil pedazos. Deténgase quien entrare. Padre mío, sosegaos, que somos Astolfo y yo. Pues a dónde vais, Cristiano? A poner en libertad a los tres, acompañados del Capitán de la guardía, Federico, fiel vasallo de su Alteza, y nuestro amigo. Dadme a besar vuestra mano, Señor y no os detengáis. Seguros están los pasos, ya en el muelle renemos un Vergantín preparado; y en él con velocidad a remo y vela vagando pasaremos a Noruega donde será proclamado vuestra Alteza. En Dinamarca estoy muy asegurado que peligra vuestra vida. Me deja muy obligado Federico, tu lealtad; como de Astolfo y Cristiano la resolución valiente con que se han aventurado, poniendo en riesgo sus vidas. Mas no es justo que volvamos las espaldas al peligro al primer revés y amago de la fortuna. La fuga sería un indicio claro de algún crimen, y con ella delincuentes declararnos: obrando contra el honor, y la conciencia agravando; firmemente estoy resuelto a la muerte en todo caso, antes que a la fuga, acción, indigna de mi real ánimo. Idos vos, Ernesto, amigo, la ocasión está en las manos: con vuestros hijos pasad a otro Reino. Yo no salgo Sin V. Alteza: y primero que me aparte de su lado; permita el Cielo Divino:: Basta Conde vos Cristiano, vos Astolfo, y Federico, de la estancia retiraos; poneos en salvo luego, antes que vuestros contrarios puedan llegar a saber vuestro arrojo temerario, y os prendan también. Señor, solamente por mandarlo Alteza, obedecemos: Sino, por los cielos santos, esta noche había de ser nueva Troya el Real Palacio. . SCENA VII A dormido Y Alteza? Muy mala noche he pasado en un continuo desvelo: y si por un breve rato vencida del sueño, un poco me quedaba dormitando, oprimido el corazón de un continno sobresalto, mil imágenes funestas, sueños tristes y pesados me asustaban. Ay de mí! Desechad temores vanos, Señora, de vuestro pecho, y de sueños no hagáis caso: efectos de algún humor melancólico y viciado. Resuélvase V. Alteza de una vez, ejecutando la sentencia de los jueces que anoche fueron llamados. Advierta bien Y Alteza que en grande peligro estamos. Los hijos del Conde Ernesto tienen la Ciudad en bandos por libertar a su Padre. A Noruega han avisado de la prisión de este hombre: y es cierto que los Estados de Noruega se armarán para venir a sacarlo de la prisión; pues le tienen por Príncipe hereditario, legítimo hijo de Aquino su Rey; y en aquesto caso Si V. Alteza no tiene tropas con que rechazarlos, tomarán a Copenhague sin duda al primer asalto, y . Alteza será víctima de sus contrarios, perdiendo corona y vida por su proceder pesado. Llamad aquí al Senescal. En que apuro nos hallamos. a Es posible que mi Reino esté tan desmantelado, y tan exhausto de fuerzas, cómo el Cónde a ponderado? mas en dónde están mis bríos? e no he sido yo la que hago a todo el Norte temblar? eno soy yo la que he admirado a Europa con mi prudencia? no soy yo la que mediando entre Reyes poderosos, sus querellas he juzgado en la guerra y en la paz cómo arbitrio Soberano? Pues como en esta ocasión::: El Senescal ha llegado. Que me manda V. Alteza? Senescal, os he llamado a efecto de que veáis el juicio que han pronunciado los jueces, en el proceso que de mi orden se ha formado contra el aleve impostor, que ha fingido ser Holao, mi hijo el Príncipe Real; leedle vos y enteraos para firmarle después. Senes. , El Qué juicio tan mal formado! qué proceso tan iniquo! Santo Dios,; en dónde estamos? Qué sentencia tan cruel! aquí se ven vulnerados la justicia, la equidad, y derechos más sagrados. Se han probado estos delitos? Los tres reos se han cuado? e los términos de defensa en dónde están? los descargos. de los reos no parecen. Pues como se ha pronunciado una sentencia inandita los crímenes no probados? a y quiere ahora V. Alteza que cometa el atentado de firmar esta sentencia contra mi conciencia obrando? Que este feo borrón eche en mis canas y en mis años? qué cóndene al inocente? Permita Dios que mi mano antes se seque que tome la pluma para firmarlo. Alteza me perdone, si acaso me he propasado en honor de la verdad, y de la justicia hablando. Cielos, qué resolución! el Senescal me ha dejado atonita y más confusa. No haga V. Alteza alto porque el Senescal no firme; pues son escrúpulos vanos esas fórmulas, superfivas en casos muy apretados, como el presente lo es. Ni es conveniente perdamos el tiempo en más dilaciones. A qué, Señora, aguardamos? muera ese falso impostor que a todo el Reino ha engañado. Póngase en ejecución la sentencia, y de cuidados salgamos ya de una vez. Muera pues: mas, Ay. que acaso a mi propio hijo condeno! Esta voz ha penetrado mi corazón: Ay de mí! Pues la sentencia en mi mano tengo ya, y está firmada, Duque a ejecutarla paso; cuidad de la Reina vos. . Este Mariscal tirano y ambicioso, ha de acabar con mi casa. Él ha irritado a la Reina a la sangrienta ejecución que es peramos. Mañana practicará con mi persona otro tanto. Su ambición al Trono aspira; por lo que no será extraño quiera acabar con la ilustre sangre real de Valdemaro. Grave tristeza el corazón me oprime; por Dios Ernesto, alguna cosa dime que mitigue mi pena; pues de amargura el alma tengo llena. No quiera V. Alteza abandonarse tanto a la tristeza; porque nunca conviene: y mata dice el Sabio a quien la tiene. Él estado presente no os asombre; porque siempre del hombre en las manos de Dios está la suerte, y es dueño de la vida y de la muerte. Mas porque estéis un poco divertido el sueño os contaré que yo he tenido esta noche pasada: fatigado un instante me quedo transportado. Pareciame que reclinado estaba sobre un monte, de donde registraba un valle muy ameno y delicioso; cuando he aquí, de un monte muy frondoso una Leona advierto que salía buscando a un hijo que perdido había. Registra todo el valle, y no le hallando un gran rugido dando por buscarle el monte estremeció, y aún todo el valle. El cachorro se hallaba oculto entre unas matas donde estaba Ea con la piel de un cordero divertido, después que todo se lo había comido. Ya la arrastra de un lado, y ya del otro la sacude airado: y ya sobre su lomo la cargaba de tal suerte que todo lo tapaba. Asi estaba, cuando a su Madre oyendo, de entre las matas, se salió corriendo, tapado el leoncillo, con la piel de aquel tierno corderillo. Su Madre que le vio, le desconoce, y por su hijo no le reconoce: el cachorro inocente a su Madre se llega simplemente, Sin temer sus rigores, y en lugar de caricias halla errores. La Leona le embiste con coraje, teniéndole por otro en el ropaje: y al rasgarle la piel, y descubrirlo conoce ser su tierno cachorrillo. Y ya desengañada finalmente le lame y acaricia tiernamente. Este mi sueño fue, que he referido: descifre V. Alteza su sentido. Si yo como Josef, o Daniel fuera, y espíritu profético tuviera el sueño descifrara fácilmente. Mas en la torre se ha sentido gente. Ya la hoguera preparada queda, y todos los Soldados tomadas las bocas calles con las armas en la mano: dispuestos y provenidos los Oficiales y Cabos para evitar un morín, que es fácil el populacho para ello: la puerta abramos para intimar la sentencia. a los tres reos de Estado. Conde Ernesto, y los demás que en esta torre arrestados estáis, oíd la sentencia que contra los tres han dado los jueces del gran Consejo, y que la Reina ha firmado. Es posible, Mariscal, que la Reina haya firmado esta sentencia, que solo unos jueces sobornados han podido dar? Pensáis Conde Ernesto que os engaño cómo vos sabéis hacerlo? Si en mi proceder honrado cualquiera pusiere dolo, es un infame villano: y en público desasío le desmiento, No es del caso; pues no tenéis libertad. El Conde Ernesto es honrado, Mariscal, cumplid el orden de que venís encargado, y no os propaséis a más. Yo estoy pronto y preparado a obedecer la sentencia, que contra mí ha fulminado mi propia Madre: dejad me despida de mi Ayo. estos últimos abrazos sean testigos del amor . que siempre os he profesado. Ahl Príncipe y dueño mío! si los cielos Soberanos que se trocaran las suertes dispusieran! Yo al cadahalso iria gustoso por vos; pues que yo soy el culpado, y vos estáis inocente. Estaré siempre llorando lo que me quede de vida por vuestro fin desgraciado, por vuestra funesta suerte; sin dar treguas a mi llanto. Id como obediente Isaac, para ser sacrificado por orden de vuestra Madre. Yo espero que Dios mirando vuestra inocencia, suspenda. el fatal y decretado golpe sobre vuestra vida: que las llamas olvidando su inata velocidad por decreto de lo alto, vuestra inocencia publiquen como en Babilonia, cuando los tres jovenes hebreos fueron a el horno arrojados. Adiós Conde, a dios amigo: voy a ser sacrificado por la verdad y justicia: los instantes no perdamos. Conde Ernesto, Maestro mío, , O adorado Redentor? todo mi bien y esperanza, en vos tengo confianza que me perdonéis, Señor: si vos por solo mi amor quisistéis siendo inocente, morir en la Cruz pendiente, después de tanto penar, como me podré quejar, mi Dios, siendo delincuente? Como a un hombre seductor a la muerte os condenaron; y también os acusaron ser del Reino usurpador. O mi Dios y Salvador! en esto solo os imito: Vos sabéis que este delito yo Señor, no he comerido; y de lo que os he ofendido que me perdonéis repito. Con inmensa caridad, a los que os crucificaron; y en la Pasión blasfemaron ofrecéis vuestra amistad: por este amor, perdonad a los que me han infamado, y a esta muerte sentenciado. Señor por Vos los perdono, y su ignorancia en abono alego de su pecado. Dadime Vos conformidad en mi desastrada, suerte, y en la hora de mi muerte, hágase tu voluntad: mosirad conmigo piedad en vuestro juicio tremendo: esto solo voy temiendo, y así os digo con fervor en vuestras manos, Señor mi es pírituos encomiendo. . Omnipotente Señor, Rey inmortal de los siglos, justo Juez universal, ; compnes que habéis permitido se cóndene al inocente? si yo mismo le hetraído por vuestra disposición, sacándole de aquel sitio donde estaba dedicado a vuestro obsequio y servicio; cómo permitís:: mas, ah! venero vuestros juicios, investigables y rocultos a nosorros escondidos. Rasquil, amigo ay de mí! cuanto, es toy, compadecido de la suerte, desgraciada de nuestro Príncipe invicto! con cuanta serenidad va caminando al suplicio! el corazón se me parte de sentimiento al oírlo. Mas no obstante, quiero ser testigo de su martirio. Quédate aquí! mientras voy al alto de este edificio, desde donde se descubre de la hoguera todo el sitio. Yo, Señor, iré también; pues quedarme aquí metido será morirme de miedo. Ya todo tiemblo y tírito; si vendrán ahora por mí para sacarme al suplicio? ahorcarme será lo menos; pues quizá me quemen vivo. Ah, Príncipe generoso! con cuanto valor, y brío sube a la hoguera! Sentado en el horrendo patibulo sus alhajas más preciosas a los Ministros impíos de su muerte ejecutores va repartiendo. El líbrito del Oficio de la Virgen es lo primero el anillo: un relicario precioso: el rosario: el Crucifijo: despojos de un penitente, mas que de Príncipe rico. Ya ponen fuego a la hoguera: ya en los maderos tenidos de alquitrán pez y resina, por todas partes prendido el elemento voraz, globos arroja encendidos: al Cielo suben las llamas, mas, jo gran Dios! qué prodigio! el fuego al Príncipe hace en resplatideciente giro obsequio, sin ofenderle ni de la ropa en un hilo. Sus llamas son elocuentes lenguas, que dicen a gritos del Príncipe la inocencia. Y como aquellos ires. Niños del hornor de Babilonia, el Príncipe agradecido a favor tan Soberano, al Señor le canta Himnos de honor, gloria y alabanza por los siglos infinitos. Benedicite homnia opera Domini Domino. Laudate super exáltate eum in sácula. Viva el gran Príncipe Holao: él es nuestro Rey benigno, y Dios vuelve por su causa con milagros y prodigios. Agua Señor en la hoguera, y no quede tizón vivo. Muera el Mariscal tirano. Que quemen a ese Judio. Ya en hombros de sus vasallos y más leales amigos desde la hoguera a Palacio el Príncipe es conducido. . sus más preciosos quilates o Gracias al Omnipotente rindamos, amigos míos, que quiso manifestar su gran poder infinito, su amor y misericordia con este su Siervo indigno. Id Cristiano, con Astolfo y el Capitán Federico, y sacad a vuestro Padre de la torre, y aquí mismo traedle sin detención. Inocente dueño mío, estas lágrimas que vierto . son el más seguro indicio de la admiración y gozo que tengo de veros vivo. Oh mártir de la justicia! Oh invicto Príncipe Holao! es verdad que vivo os veo? es verdad que vivo os hallo? o es ilusión del sentido? qué bien se ha manifestado vuestra inocencia! cual oro, que por el fuego probado se demuestran sin engaño. Amado de Dios! dejad que los pies llegue a beraros con temor reverencial. Llegad Ernesto a mis brazos en donde estaréis mejor y pues el Señor ha obrado conmigo misericordia, como Padre Soberano; yo debo usarla también perdonando a mis contrarios, al Mariscal General, al Duque, a mi Madre y cuantos contra mi vida y honor sin saberlo conspiraron. Señor, aquí está Rasquil inseparable Criado de V. Alteza: en la torre he estado siempre rezando, Señor, desde que salistéis a la Virgen de Aranzazu que os librara de las llamas; y la Virgen me ha escuchado, aunque pecador. Dejad que os bese los pies y manos como a mi Rey y Señor, como a Martir como a Santo. Aúnsoléis a chamusquina aunque no estáis chamuscado. Y aquí da fin la Tragedia del Príncipe Enrique Holao, que en la Ciudad de Fulgino murio con fama de Santo, y cuya historia refieren los Anales Franciscanos,
