Texto digital de La portuguesa y dicha del forastero
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Lope de Vega Carpio Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La portuguesa y dicha del forastero. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/portuguesa-y-dicha-del-forastero-la.

LA PORTUGUESA Y DICHA DEL FORASTERO
JORNADA PRIMERA
Esto mi hermana responde. Sabe quien soy? Pienso yo, que lo sabe. Y respondió Señor Conde, en voluntad de mujer, no hay más razón que su gusto: sea justo, o no sea justo, solo su gusto ha de ser; a Celia dio nacimiento la India de Portugal, el bárbaro natural imprimio su pensamiento: si bien vino niña a España, y en la Corte se crío, donde mi padre murio sin premio de alguna hazaña; pero con bastante hacienda, por quien, o por la hermosura, desvanecida procura, que el mismo Sol la pretenda; y pues que siendo su hermano, que es tan vana, y loca os digo, no queráis mayor testigo. Conquiste su gusto en vano; más ciego de su hermosura don Juan, que de su interés, que mi calidad no es lo que su interés procura; porque la mayor riqueza para mí, y era razón, con su mucha discreción calificó su belleza: pensé llevar de Madrid, mujer a Napoles. Fuera vuestra, como yo pudiera, mi buen intento advertid: y para satisfacción de que no ha sido en mi mano, no me he de llamar su fermano, quien pierde tal ocasión: mas ya os digo que esto ha sido loco desvanecimiento, pues no ha sido casamiento jamás de Celia admitido, ni hay orden para estimar muchos que fuera razón. Es muy justa pretensión, no quiero yo porfiar, fino solo supíicaros, que me tengáis por muy vuestro De la voluntad que os muestro, podéis Conde aseguraros, si se ofrece en que serviros. Corrido el Napolitano, dejó de ser Cortesano, en cánsaros persuadiros, y daros más relación de su valor. Bien pudiera Celia, cuando le admitiera, disculpar su presunción: caso extraño! que no fuese, (cómo pensé que sería) el llamarse señoria ocasión, que le admitiese? Que por la misma razón de su desvanecimiento, era aqueste casamiento la más honrada ocasión; más siendo Napositano: digo yo que no querría aperecer señoria, traducida en Castellano: no se que tengo de hacer, no hay sujeto en que emplearla; pues casarme hasta casalla, ya veis que no puede ser. Gran dote, y grande hermosura, tantos pretendientes hace; que el no resolverse nace, de estar de los dos segura: bien piensa Laurencia ser vuestra mujer. Si lo fuera, si Celia pensar, quisiera, en ser de alguno mujer, más mientras no se casare, no hay que disponer de mí Fuese ya? Señora, sí. Mientras mi hermano pensare, que por su gusto ha de ser el estado, que ha de darme, será cansarle, y cansarme. Bien pued es agradecer el novio, que hoy te traía. Ay Fabia, que ya le vi, y solo mi gusto en mí, es la mayor señoria. Tengo por cuerda mujer, la que muy despacio mira, que estado toma, y me admira elligero proceder de muchas, que sin mirar más, de que marido sea, a quien menos las desea; dan este nombre, y lugar, de que resulta después tanto disgusto. Yo creo, que tiene culpa el deseo, que en muchas tan fácil ves; no se si es prudencia en mí, o presunción Portuguesa, aunque presumo, que cesa de haberme criado aquí; pues ya se me acuerda a penas la patria, y Madrid lo es mía: mas no pienso que podría, si viese estás plazas llenas (como de frutas lo están) de maridos a vender, comprar uno. A qué mujer un casamiento dirán, que no la perturbe el seso? Mi hacienda Fabia ha causado, pensar despacio mi estado; este temor te confieso, que no pienso que por mí, andan estos pretensores. fingiendo celos, y amores. La mayor riqueza en ti, es señora tu belleza, No debes de saber Fabia, cuanto a la virtud agravia, tal vez la naturaleza, la doncella más hermosa, y demás virtud sin dote, no hayas miedo que alborote, la juventud codiciosa; pues por Dios que he de ser yo; esta vez quien ha de dar en escoger, y en dejar, Que nadie te agrada. No; porque como yo pensara, lo que los hombres también, lo mirara menos bien, y después mal lo mirara, hay divina libertad, de un hombre si se caso; no por eso se obligó a sola una voluntad. Para una triste mujer son las muertes, las espadas: ellas son las obligadas a no queridas querer. Pues si por dar alma, y oro, me espera Argel tan tirano; déjeme mi necio hermano, buscar a mi gusto el Moro. Bien dices; pero no es bien, que de todos digas mal. Fabia yo nodigo tal. Dicen ya que tu desdén, se ha vuelto descortesía; pues por quitarte el sombrero, el más galán caballero, le das con la celosia, déjate servir, y ver, que nadie quiere obligarte, a quererle por mirarte; De ni hayas de ser su mujer. Toda una Corte de España no tiene un hombre aquien mires con más gusto? No te admires de vermenecia, y extraña, con tanta hacienda, que quiero emplearla en buena parte. Si tu gusto ha de casarte, que serás dichosa espero. No está en casa? Con Octavio dicen que salio. O Riselo, buscáis a don Juan? El cielo guarde para eterno agravio de la envidia, esa hermosura. Ya no hay veros. El temor Celia de vuestro rigor vanas defensas procura; más en sin la de no ver obliga a no desear. Quien ama no ha de excusar el sufrir, ni el padecer Parecer por vos señora era justo pensamiento, si hubiera agradecimiento. Mucho el amor se desdora con pedir satisfacción. Pues que ha de hacer el que quiere? Morir. Qué crueldad! Quién muere, no querrá más galardón. Muriendo por vos es justo; pero siendo tan esquivia, dadme licencia que viva, aunque muerto en vuestro gusto, que es fuerte caso (si alguno las edades monstro esperan) querer que todos os quieran, y no querer a ninguno. Pues os habéis retirado otra será la ocasión, que nunca los hombres son tan firmes en un cuidado. Por mi vida adonde amáis? como os va? qué pretendéis? Donaire Celia tenéis, hasta en las burlas matáis: yo querer, guárdeme el cielo. Pues en qué os entretenéis? Los días ya lo sabéis. Qué, por vida de Riselo? Alguna conversación, juego, o prado, o la Comedia, que de dos horas y media, es notable suspensión. De noche? Aquesta pasada a ver unas damas fui. Y miento yo? No por mí, que era de un galán posada, aquien tengo obligación; pero fue tan desdichado, que hallo otro galán sentado en baja conversación. Qué es baja? Las almohadas; pero quiero os le pintar, porque las pueda excusar de estar también empieadas. El era un mozo en edad, que dicen que tiene el medio; y el medio también señora en la proporción del cuerpo: el rostro modesto, y grave, limpio sin cuidado el pelo, que hurtar galas a mujeres, hace los hermosos feos. Un calzón de espolín de oro, verde mar, harto bien hecho, con botones de diamantes. Muy finos? No los entiendo, porque he tenido muy pocos, y porque hay pocos, que de ellos sepan la verdad, mas sé, que tocándose en el cielo, la naturaleza un día, se le quebró el grande espejo, y que todos los pedazos, que por el suelo cayeron, son agora los diamantes que tienen en tanto precio. Curiosa imaginación. Medias, y ligas, no pienso que es pintarlas de importancia; pero bien las merecieron gentiles, piernas, y pies. Mas que traía coleto, pues hablas del calzón solo? Ambar, y oro, no quisieron dar lugar al cordovan, como suelen muchos necios, estar con oro, y con ambar cubierto el entendimiento: esto sobre tela rica del jubón, el ferrervelo, de los que invento la envidia de vuestros ricos manteos, con catorce guarniciones: en las plumas del sombrero una rosa de diamantes. Eran también del espejo de la gran natutaleza? No sé por Dios, más sospecho, que los llamaron brillantes nuestros Poetas modernos, espada, daga, y cadena. No más que saber deseo si ese cuerpo está con alma? Cada parte de su cuerpo más de mil almas tenía, que era gracioso, y discreto. Quién es en este lugar tan divino Caballero: En este lugar no es nadie, que tiene el suyo más lejos. Fabia. Señora. Sin duda, que es aqueste el forastero que nos conto Feliciana. Ni aún el pudiera sin serlo parecer también a todos. Lo muy visto siempre es menos. Caso extraño! que no voy a visitar donde luego del forastero no hablen? pues en la Corte no creo, que se echan de ver los hombres; porque es un mar tan soberbio que mil Príncipes anega: si voy a Mista, allí tengo mil nuevas de su persona, tanto, que casi confieso deseo de verle Fabia. Milagro de tus desprecios. Perdona si te he causado con tan necia relación, pues te di satisfacción de tu gusto, y mi cuidado: y mira cuando tendré ma parecer licencia. en presencia, si en ausencia piensas que me faltale. Cuando quisieres, Riselo mucho te quiere don Juan. Qué bien con su amortendrán mis esperanzas consuelo. . Enfado, y gusto me ha dado la relación. No se yo, como señora te dio a un tiempo gusto, y enfado. Enfado, porque este necio me venga ahora alabar lo que podría causar en mi amor, y en el desprecio; y gusto, porque me ha dado deseo de verle ya: y así verás que me da a un tiempo gusto, y enfado. ho puede en el mundo la hermosura. Breve tirano la llamaron. Quiero pensar Octabio que es mayor ventura el oro, en que dotara Celia espero: Ves esta juventud que la procura? pues más tienen los ojos al dinero. Advierte que está aquí. Celia. Que vienes tratando con Octabio? Celos tienes? Tenerlos de tu amor pudiera el mío: que has hecho esta mañana. Con enfado de tantos novios. Ya de ti me río. Consultaba los alamos del prado, y admirando surtir del centro frío, roto cristal en perlas dilatado: ya viéndole volver haciendo esferas, para exceder las margertes primeras, cuando veo subir un mozo airoso, tan bien puesto a caballo. Ya te aguardo pintándole acaballo en un famoso vayo andaluz sino alazan gallardo. En qué opinión me tienes! De celoso. Pues si sabes que a todo me acobardo cuando te encareciere alguna cosa, has de pensar que es por extremo hermosa. Más qué quieres decir que unforastero que anda en este lugar a la carrera, subio en ese castaño, o ese Overo, por dar envidia a la del Sol ligera? Quién te lo ha dicho? Luego es esto? Hoy quiero, siendo en mi condición la vez primera, alabarte sus partes, admirado que de su nombre te hayan informado, Madrid, aunque es un mar, también se advierte cualquiera novedad algunos días. Si le has visto, no quiero entretenerte en los pinceles de aficiones mías. No le he visto por Dios. Pues de esa suerte, si de mi gusto lo que sabes fías, bien te podré decir, que ningún hombre he visto más galán, y gentil hombre, en un overo como tu dijiste. Hay cosa igual? Luego hacerte el overo? Siempre te burlas. Tú la culpa fuiste. Salio Celia galán. El forastero. El forastero pues. Prosigue, y viste con novedad caballo, y Caballero: que tu cuando te agrada alguna cosa, vano presumes, de Poeta en prosa. Deja las burlas, con que siempre tienes armado del arco del desprecio injusto, con mil flechas de bárbaros desdenes: que ya para pintarle estoy sin gusto. Pues quieres tú, si enamorado vienes, y yo estoy de otra cosa con disgusto: que contigo don Juan no me entretenga? Dejad el forastero, vaya, o venga. No le quiero dejar, que me he corrido, tráígole a caso yo porque me agrada? digo pues enojado, que vestido al uio de Madrid, la bien formada persona con gracioso movimiento, le dio al caballo, y el caballo al viento. La carrera veloz, juzgando poca el fuerte obero de arrogancia lleno, el breve mar de la fogosa boca, vano de espuma la ribera al freno: bien pensé yo, que las arenas toca el pie veloz, imitador del trueno, pero no que pudieran verle apenas, si fueran tantos ojos, como arenas. Pasó con aire más que halló en el prado, porque llevó tras si todo el que había, pues el olmo más alto ya copado; más de piedra, que de hojas parecía. El overo Andaluz, que ya parado sobre los pies apenas se movía, parece que decía con busido espumoso: yo soy el que ha corrido. Llegué contento, y dije al Caballero: lo que supe mejor, y a su posada le acompañe, y hablando del overo, me le ofreció con voluntad pagada: en fin me hizo apear, entre primero, supe quién era, y que su casa honrada tenía en Zaragoza, con blasones del timbre de los nobles Aragones; hablamos en espadas, trujo un paje dos negras, que tomamos los dos luego; y aunque de punto mi arrogancia baje, y me digas que de afición me ciego, solo permitiré que le aventaje don Luis Pacheco, o ya sefunde el juego en práctica, o theórica, pues puede decir; que al arte en la destreza excede. Vinieron unas damas, que ha rendido su talle en el lugar tantas, que intento contarle los instantes, que ha tenido al tiempo en tantos anos, si las cuento; sacaron ciertas rifas, yo he perdido, y con haber perdido, estoy contento, solo en pensar que me ha ganado un hombre tan discreto, galán, y gentilhombre. Que si él vive en Madrid, seré su amigo afec de Portugues, con mucho gusto, y no para tratar bodas contigo, que ya conozco que te doy disgusto: mi voluntad le casara conmigo en amistad con lazo eterno, y justo, esta es la historia Celia del Overo en que bajaba al prado el forastero. Buen enojo. Con rezón. Fuiste tú con el Octavio. Cuando cesara el agravio de tu esquiva condición? que yo fuy, Celia con él, y aún no es encarecimiento lo que dice. Ya su intento conozco. Que entiendes de él? Que viéndome tan extraña, que a ninguno de estos quiero, ya se mete a ser tercero, y con palabras me engaña donde vive el forastero? Vive en la calle del prado, donde hay un balcón dorado, y debajo aquel letrero, que dice casa. De quién? De posadas. Pues no tiene casa? Si a la Corte viene, solo a ver quieres que estén para un mes, o dos mejor, que donde hay comodidad? A Un mes. No lo se en verdad, más pienso que tiene amor allá en su tierra, y que aquí no tiene que pretender, que solo ha venido a ver. Pues hoy ha de verme a mí. . Qué dices? Que si supiste, como es su nombre? Recelo, que era don Felij el cielo te guarde. . ro. O que mal hiciste! Haz poner el coche luego. Para qué? Ya lo sabrás. im Hierras, si es que a verle vas. Ni lo afirmo, ni lo niego, curiosidad que en mujer tiene la fuerza que sabes, ha obligado a muchas graves, no digo a amor, sino a ver. Cuando disculpas se dan, ya es principio. No lo creas, olla no- ni que amar hombre me veas l de estos, que vienen y van. Aquí hay hartos Caballeros. Ya se, que son generosos, más suelen ser más dichosos. Quién Fabia? Los forasteros, Pues qué razón puede haber? Pienso, que es porque se van: que los que en Madrid están, siempre se pueden querer. Mis desprecios pagar quiero con ser curiosa este día. Guárdate señora mía del gabilan forastero . noartes upazonor Están todos prevenidos? Bien puedes partir si quieres, que no es poco que lo estén. Sienten partirse? No sienten, sino el rigor con que mandas, que a la partida, se apresten. estando tan descuidados. No será mucho, que piense. que eres quien lo siente más, porque este lugar contiene todo cuanto tu deseas, juego, amigos, y mujeres. En verdad que no te hallabas tan mal, que no me dijeses mas de una vez su alabanza: y que donde viven Reyes, allí han de vivir los hombres. No pocos pienso que mueren, a todos la Corte agrada, pues de varias partes vienen a poblar su confusión con intentos diferentes: con esto se labran casas, como que un arca previenen a los diluvios del mundo. Así a muchos les parece, que se han de acabar los montes, pues no es posible que lleguen con los pinos que se cortan, más que a seis años o fiere. Lucida cosa es Madrid, como en su ceniza el Fénix, él se renueva en sus casas. Sí pero no se le niegue a Zaragoza tu Patria, una grandeza eminente lioo de Ciudadilustre, y noble, Conozco que la engradecen muros, edificios, río, Templos, armas, letras, leyes; linajes! y antiguedades: pero no sé que se tienen esté lugar, este mar, A donde cantando suspenden tantas sirenas las almas. Por cierto que en excelente su manera de vivir, a no ser vista tan bieve; apenas por la añana los carros que llevar suelen, las reliquias de la noche persuman el aire alegres: cuando a dos vueltas quedáis, ya vuelve el Sol aponerse, y toda su confusión en mudo silencio vuelve. Pues ver mil coches de día, del prado armados bajeles, mil oficios, mil ociosos pleitos, voces mercaderes, todo a las diez recogido, es cosa que me enloquece, no se a donde hay para tantos, ni camas donde se acuesten, ni brazos, que los recojan, todos en efecto duermen, y vuelven a levantarse. Gallardamente parece esa vanidad Beltran; yo te digo, que quien puede vivirla, nacio dichoso. No me espanto, que le muestres amor a tu edad conforme: de mí sí, que no te aleje de sus peligros, primero que entre sus hondas te anegues acá vinieron tres damas a buscarte. Que me quieren. Saber si tienes dineros. Sienten mi partida. Sienten, que no tienes que las dar Bravamente se defienden del tiempo en Madrid las damas. Las galas las favorecen visten bien, hablan mejor, sy con melindres, y afeites, van y vienen al lordanovo no Tarde es ya, como no vienen estos hombres, que no hay cosa que más Beltran desespere, que detener al que parte. Voy a ver quien los detiene. . Hermosa valiedad, centro de España, casa del Sol que la gobierna, y dora, up de tanta tierra, y mar legisladora, cuan en sus pies en oro, y perla baña. Dulce veneno, que la edad engaña, y el Occidente junta con la Aurora, tanto siento de vos partirme agora, que parece que voy a tierra extraña. Pero si la razón os considera, en tanta confusión llena de engaños, tendrá por dicha, que dejaros quiera. Yo vuelvo a prevenir mayores danos, que no era bien que vuestro Argel tuviera, cautivo el tiempo de mis verdes años. O que cuento tan gracioso Viene esa gente Beltran? Dos, no se que diga están en traje bizarro, airoso, limpio, y con notable olor a la puerta preguntando, por ti i ciolt Por mí. Y en llegando la demás talle, Señor, se quedó muerta de ver que te partes. Muerta. Sí. Entran. Pienso que así te podrás entretener mientras los muleros vienen. Di que entren. Ya se han entrado. Gentil tallazo. Extremado, no sé por Dios que se tienen las mujeres de Madrid. No hablas. Estoy turbada. Agradate el hombre. Agrada. Mis señoras advertid, que sin razón os tapáis. de un hombre que ya se parte. Si no piensas de esta parte, vamonos. a eaa langaarie Porque calláis, es desconfianza vuestra, o provocar mi osadía. No nace la cobardía, que mi encogimiento os muestra de esas solpechas que creo que supieramos los dos, hablar yo, responder vos. Pues hablemos. No que os veo muy de camino, que ha sido (puesto que en mi vida os vi) cosa, aunque tan nueva en mí, que en el alma la he sentido. Sin haberme visto, estáis con sentimiento. No sé? si os vi cuando imagine; que sois tan bueno, que os vais; siempre se está lo que ofende, siempre se va lo que agrada. Quién gusta de hablar tapada, matar a traición pretende. Corre la negra cortina al Sol, que es cosa tirana, que una débil sombra humana cubra una luz tan divina. La Estrella que resplandece por esa nuve me abrasa, que como sus sombras pasa, parece Sol que amanece. No penséis que os lisonjeo, que sin veros (caso extraño!) con que os he visto me engaño, y como vista os deseo. No se yo quien deseara, cosa que visto no hubiera: pero vos sois de manera, que imagínaros bastara. Traslúcense por aquí del alma dulces engaños, linda cara, y pocos años: no es así? decid que sí. Si ser vuestras partes bellas, por una estrella recelo, no es mucho, antes bien, que el cielo se aceche por las Estrellas. Un arco solo mostráis, indicios de un solo amor: sacad los dos, que es mejor que dos amores tengáis. Que dos se pagan en fin, y uno solo causa pena, por mi vida que eres buena: descubrete Serafin. Y si vienes por tu gusto, mira en esta voluntad, lo que en tanta brevedad te pareciere más justo. Yo me voy, mira que quieres: habla, o mándame callar. Conmigo no habéis de hablar, como con otras mujeres. Que lo soy muy principal, y sois el hombre primero; no quiero decir que quiero, pero que no quiero mal: porque os vais? Porque me llama un padre, que desatina, porque quiere a una sobrina suya, rica, y bella dama, a que no me áplico bien, solo por ser casamiento: escríbeme este sentimiento, y no ha querido también enviarme que gastar, con que me voy más apriesa: que me ha dejado en camisa este bendito lugar, entre con dos mil ducados, que he gastado en solo un mes, más liberal y cortés, que fueron bien empleados: mirad como cuenta os doy sin saber quien sois. Yo os quiero pedir como a Caballero, de quien satisfecha estoy, que os quedéis aquí por mí. Cómo puedo obedeceros, ya con tan pocos diveros, que ellos me sacan de aquí? Concertemos ocho días, cuanto por ellos queréis. Presumo que burla hacéis de estas necedades mías. Esta joya es de valor de seis mil reales: tomad. Vuestra liberalidad hoy vuelve por el honor de todo aqueste lugar, donde se suele decir, que está de asiento el pedir, y en relaciones el dar, no lo tomo, aunque bien creo, que de verás la ofrecéis Suplicoos que la toméis, y no agraviéis mi deseo. Con ella quiero quedarme por serviros, descubrid el rostró. Eso no, advertid, que podéis verme, y hablarme esta noche en un jardín de mi casa con secreto. qué os sirvo en esto os prometo, pues por vos me quedo en fin, sin saber a que me quedo, ni quien sois. Aquí vendrán por vos. Síguelas Beltran. Eso no. Pues cómo puedo estar seguro de vos? Digo que por vos vendrán: a Dios don Felix galán. Hermosa tapada a Dios. Descubra vuesa merced tántico la faz. Allá esta noche me verá, y entonces le haré merced. Déspide esa gente luego. Que graciosa necedad, luego esto ha de ser verdad. No hay Beltran secreto fuego? no hay minas: no hay basiliscos? Luego me das a entender, que quieres esta mujer? Si los más ásperos riscos, si el mar más fiero, y cruel, pasar por ella pensara. Cómo se te ve en la cara que eres lindo moscatel. Cual hombre mozo Beltran, no probara esta aventura. A cosa que no es segura, nunca los discretos van. Plegue a Dios que no haya allá, quien nos pague de contado, haber en su casa entrado. Ya lo dije. Bien está. Déspide luego esa gente. Siempre mira el que es discreto el fin de cualquiera efecto antes que el principio intente: si esta mujer es doncella, que bien se puede seguir de verla; o que has de decir si te cogiesen con ella, si es (cómo pienso casada) a qué peligro te pones? si es viuda, que ocasiones de un galán, y de una espada; que como en efeto cría la soledad mal humor, hallanse mucho mejor con alguna compañía. Pues ser libre, no lo creo; porque como libre fuera, se descubriera, y viniera a ejecutar su deseo: y que te puede importar, de botas, y plumas llenos, una mujer más, o menos. Beltran, servir, y callar. Yo digo que es justa cosa, y la obediencia virtud; pero tenga yo salud, como es necedad famosa. . Fue el escudero? Ya fue, y aunque es tanta su inocencia no le faltó su malicia, admirado de que quieras hablar un hombre de noche: mas dijele que Florela había de estar acá; y que era su amada prenda, y cosas de matrimonio. Sabe el cielo que me tiembla el corazón, de pensar el peligro que me espera, si no me sucede bien. Ha señora, que flaqueza tan grande, para venganza de los nombres que despre,cías. Vuelve en ti, Pienso que estoy arrepentida, o soberbia presunción, a que has traído mi ignorancia, y mi venganza? que locura fue la mía? que vi en un hombre, que apenas puedo decir que le vi? que conformidad de Estrellas, pudo ser la de los dos? que el fin verme aquí se queda; y yo de verle una vez me parto a buscar mi afrenta? como podremos hacer Fabia para que no venga? Decirle, que te han sentido, y que se vaya a su tierra, porque le quieren matar. Bien dices porque se vuelva; pero haz cuenta que ya es ido, no es lastima que este sea de otra mujer en el mundo? ni que otros brazos le tengan: has visto más lindo tarle, may blandura, y dulce lengua en cuantos hombres has visto: más bizarría, y limpieza? más gracia, mas aire, y brío? No sé Celle como pueda pensar, que eres tú la misma, que arrogante de tus prendas, tales crueldades has hecho. Qué es esto? Será que llegan. No sé que tengo de hacer, que el arrojarme resuelta, fue solo saber que seiba: tanto puede la tristeza de un imposible en mujer. Yo le diré que se vuelva. En dejándome el criado, perdí el tiento. Las tinieblas con miserere, y azors suele celebrar la Iglesia. Yo no sé por dónde voy: esta es sala, o cuadra? Espera, por aquí siento. Qué sientes? Cente que a los dos se acerca, o si fuera la cocina. Háblale, no te detengas. Es don Felije Si mi bien. No soy yo quien os desea, sino quien viene a deciros, que os volváis porque no os vean, que está nuestra casa en arma. Gentil necedad es esa, habiéndome detenido vuestro dueño, o vuentra dueña. No podré hablarla? No sé. Señora hablarte te llega, que se ha enojado de ver lo que le di por respuesta. No ves que tiene razón, dejámele hablar siquiera, que algó se ha de hacer por él. Don Felix. Hermosa estrella de la noche, en que me veo; que resolución es esta? Con lo poco que habéis visto, veréis que honor se profesa. en esta casa, y quien soy. No sé quien sois, más pudiera saberlo de este recato, cuando no de su grandeza. La novedad se ha sentido, sino os vais, mi muerte es cierta. Para eso hicisteis que hiciese una cosa tan mal hecha, como dejar mi jornada. Pues bien, un día os altera que perdéis por una dama: de que gigante, que fuerza las doncellas me libraltéis? que guante, de la leonera habéis sacado por mí? que Moro muerto en la guerra? si hoy perdisteis la jornada, mañana podréis hacerla. No me pesa, de perder lajornada, aunque me fuera la vida; de qué digáis, partios mañana me pesa: pero pues soy desdichado, no por lo menos lo sea, en que no me deis la mano, merezca yo merecerla por el día que he perdido. No sé, tomad, que me tiembla de vos el alma. Es posible, mano hermosa (aunque no pueda de cir blanca, que no os veo) que vuestro dueño me deja partir con tanta crueldad, pues mi boca os enternezca. Jesús, besastela? No, él la asimisma se besa, pues es traidora a mi boca. Qué oscuridad es estas hola, no hay aquí una luz Hay triste! Quién fuere sea, No saquéis señor la espada, Si sacan luz será fuerza, o sea marido, o padre. Yo no lo dije. Que esperas, ya no hay remedio, si no es, que en tu aposento le meta. Ponle detras de mi cama. No es mejor que me defiendas No señor esto es mi honor. (ra. Pues si es vuestro honor, yo mue Y amí adonde han de llevarme? Venid conmigo a la celda de un cierto galán Sardezco. No hay bodega? No hay bodega. A No ha sido nuestro descuido. Don Juan, norabuena vengas, ya salía yo a tus voces. Sin luz una casa Celia? Yo te juro que mañana, estos necios, y estas necias sepan como han de servir. Yo sabré reñirlos, entra, que traigo que te contar de otro novio que nos ruega con más de cien mil ducados, hombre de oficio, y nobleza, y no mal talle. Los años? El treintay nueve confiesa. Añadele diez. Tendrá punto menos de cincuenta. Fabia en gran peligro estás, Dios sabe lo que me pesa, más bien le puedes echar No sé, del alma quisiera.
JORNADA SEGUNDA
Detente blanca Aurora, vientras que salgo de esta casa vivo. Ya parece que dora su plata el Sol. De mi suceso escribo la tabla por milagro. Ya no pensaba verte, y cuando me llamaron, donde estaba escondido, a mi muerte dispuse el corazón que me animaba, la tuya presumiendo. Lo que he pensado yo te iré diciendo; que son cosas notables; postas a Zaragoza tomo luego. Camina pues. No hables Beltran palabra hasta A ragón, te ruego. Pues dejas esta dama. Huyendo voy de lastimar sufama. Quién es? No lo he sabido, ni señas de su rostro puedo darte. Oscura dicha ha sido, postas señor y a Zaragoza parte. Hay no vista belleza, la que habéis de tener me da tristeza. . Mucho habéis madrugado. No mucho, pues que vos estáis vestido; pero tuve cuidado, y sospeche que fuerades partido. Dos leguas son, no importa. No hay con ardiente Sol jornada corta. Mal gusto Octabio fuera, casándole dos Príncipes de España, no ver el Pardo, esfera, que el Sol Felipe de sus rayos vaña, y más que allá tenemos, donde una noche, o dos nos alojemos. Mi hermana levantada tan demañana, Celia mía que es esto? El saber tu jornada, el sueño, y la salud me ha descompuesto. No es ausencia dos días. Mayor ausencia en tanto amor querías? Tu cuidado he sentido, y aún a saberle quise levantarme. a, Llamar a Fabia ha sido causa de despertarte, y desvelarme. Tampoco yo dormía, como inquietud adonde estás sentía; Octabio, y yo nos vamos: mira que mandas? Que te guarde el Cielo. Lo, que a noche tratamos, causa debe de ser de tu desvelo; pues aunque un siglo aguarde, no ferá sin tu gusto. Dios te guarde, aquien ha sucedido la desdicha que amí? mas no me espanto, justo castigo ha sido; pero porque razón me aflijo tanto, Félix si amarme vienes, que es ofender los méritos que tienes; no quiero yo más dicha, que tenerte por dueño señor mío; que llamarla desdicha; fue de mi honor disculpa; y desvarío, que no se llama culpa, la que ese talle, y discreción disculpa. Mas quiero yo quererte, que el remedio mayor para mi estado; bien se vee que mi suerte a tus brazos llevo mi honor forzado; pues yo te despedía, y ella en mi propia cama te escondía. Amor trujo a mi hermano, para que te pusiese en mi aposento; vengado se ha el tirano de mi loco arrogante pensamiento; mas si yo te merezco. gozar, mi bien, el daño te agradezco: tarda Fabia, que ha ido. a saber como estás; pero no tarda, ya siento que ha venido. Qué tristeza es aquesta respera, aguarda, no hablas? qué has hallado? Antes Celia no hallé si no cuidado. Qué dices, que no hallaste. De qué sirve que en tanta desventura tiempo, y palabras gaste. Estaba otra mujer con más ventura, aguardando por dicha aquel hermoso autor de mi desdicha. Señora, a suposada llegue con tu papel, y me dijeron. Ya estoy toda turbada. Que Beltrán, y don Felixse partían a Zaragoza Hy triste! Esto es sin duda. Por mi muerte fuiste. En postas por más priesa dicen que van. El bien en postas vuela, por más que nos avila vuestra maldad, traición, arte, y cautela, (ay hombres desleales) no nos pueden mover ejemplos tales, que haré? Temo tu vida. Ya no la temas, que temer no es justo, es vida tan perdida, ni deshonra, ni muerte, ni disgusto: cierta será la mía; mal haya la mujer que en hombres fía; esto ha sido nobleza? traidor don Felix, tu Aragón naciste? Reprime la tristeza, que esta Riselo aquí. Pues vete, hay triste! que hablar quiero a Riselo. Tú juicio, y tu vida guarde el cielo . Viendo pasar de camino a tu hermano con Octabio, mi amor perdido, y no sabio a verte, y cansarte vino. Perdona mi atrevimiento. Ay Riselo, a que ocasión te trujo en tanta pasión mi cuidado, y pensamiento: donde te dijo que iba? Al casamiento (oh me engaña) de los Príncipes de España, del Sol, que mil siglos viva con la Luna, que ha de dar de su luz tales estrellas, que pueden la menor de ellas nuestro emisfe río alumbrar. Podré fiarme de ti Siempre me has desestimado. Pues sabe que te ha engañado. Don Juan engañado amí? Don Juan es ido a Aragón. A que va a Aragón don Juans Mis desdichas te dirán la ocasión; porque lo son: a noche mató a mi puerta un hombre don Juan pormí, no porque ocasión le di, que de todo estaba incierta, y tu de experiencia sabes mi desdén. Válgame el cielo! Esto ha pasado, Riselo, porque de cosas tan graves, solo a ti se puede dar parte; y valerse de ti. Para servirte nací, segura puedes estar, que no hay hacienda; ni vida que no aventure. Al partir, me comenzó a persuadir por verme tan afligida, que me partiese Aragón, donde estaría segura, excusando por ventura alguna injusta prisión: y porque vivir sin él; muerto mi padre, en la Corte;; y con fortuna cruel: querría partirme luego, más sin decir que me voy; mujer soy, sin dueño estoy, que me acompañes te ruego, que el premio (si puede ser) yo seré siendo Riselo, tu mujer, pues quiere el cielo, que venga a ser tu mujer. Es tan justa obligación el servirte Celia hermosa, que como cosa forzosa no pide satisfacción: y cuando alguna pidiera, que mayor que acompañarte? porque el verte, y el hablarte, la mayor del mundo fuera: cuando quieres partir: Luego. Cómo? Disfrazada iré, que de esta suerte podré caminar con más sosiego; se la lengua Portuguesa, que en el Oriente aprendí, donde sabes que nací. De que me adviertas me pesar que no pudiera nacer el Sol, si no en el Oriente, cuya luz, y rayo ardiente me pudo el alma encender. En forma de Portuguesa. no darán señas de mí: entra, que fío de ti esta bien nacida empresa: sacaré joyas, y plata, la que fuere menester. En fin, serás mi mujer? Siempre el tiempo verdad trata; el te dirá la verdad. Nadie la dirá mejor. 1N Disculpad honra, y amor . tan ciega temeridad, no pie alabarse el forastero; que le mataré prim y será mayor desdicha. Deja sobrina la tristeza, y mira, que no puede tardar Felix, si acaso no se perdió la carta, en que le escribo, que venga a ser testigo del recibo; fuera de que en la Corte, y sin dinero, como puede vivir un Caballero: es el dinero él alma de la Corte, sin ella viven los que no le tienen; y más aquellos que de fuera vienen: tú serás su mujer, Felijte adora. Dicen, que es una Circe encantadora, la vida de la Corte, y ya lo creo, pues don Felix ingrato a mi deseo, sin ocasión en ella se entretiene: Pues no escribe, no dudes de que viene. Antes debe de estar bien descuidado, de amigos, y de damas regalado; que todos son firenas del oído, en que debe de estar entre tenido; yo conozco a mi primo, no me digas que viene a Zaragoza, que es la cosa que debe de tener más olvidada. Antes no quiero yo sobrina amada, que pienses que te engaño, y entretengo, un hombre propio haré, si hoy no viene. Si quieres tú que consolada espere, hazme tanto favor. Espera un poco, que ya yo se que amor, o cuerdo, o loco, cuanto más tiene de esperar contento, tanto tiene de menos sentimiento. Amé desde el principio de mi vida, Felix tus altos méritos guiana. de aquella luz que el alma enamorada, a tu dulce prisión llevó rendida, contigo el Sol me amanecio, vestida de esta verde esperanza dilatada, contigo hasta bajar la noche helada, para volverte a ver entretenida: ya con tu ausencia, todo me acobarda, ningún remedio de tus manos viene, a contar la esperanza que te aguarda: morir; y no tenerla me conviene; que más mata esperar el bien que tarda, que padecer el mal que ya se tiene. Detente un poco por Dios, mientras albricias te pido. Seas Beltran bien venido. Qué miras, si somos dos. Cómo niño busco en vano, por quien el alma suspira, que el espejo en que se mira tienta detras con la mano, no viene mi bien? Ya viene, que yo he querido ganar las albricias por hurtar las esperanzas que tiene. No me puedo persuadir a que no viene mi bien. Digo que viene también. Pues irele a recibir. De que tal sospecha tienes ya viene afede Español. De que se queja mi Sol, y tu como sombra vienes, la noche sucede ar día. Este mismo le verás. env ibia HAay prima, que sufrir más parece descortefía. Despacio me has de abrazar, que también mata el placer, si el lugar que ha de tener tiene ocupado el pesar: y aunque el amor siempre loco quiere a tus brazos llevarme; ya viene el alma a avisarme que me vaya poco a poco. Yo por lo menos no puedo sufrir tanto; y en mis brazos confirmo esperados lazos contra la opisión del mundo: y aún pienso que este con tento a tu rostro me obligara, si el respeto no templara la fuerza el entendimiento. Que olor traes de Madrid, no se cómo te abrazé, A esa gente que dejé lo que os he dicho advertid. No me respondéis? mal indicio. Estoy prima con cuidado. Las postas se han despachado, ir, y venir es su oficio. Que tengo que responder si ya celosa te veo en agravio del deseo con que te he venido a ver. Ver la Corte un Caballero, es fuerza en cualquiera parte de España, aprendiendo el arte de serlo el más verdadero. Esto en un mes aprendí, esto he visto, y esto sé; vi su estilo, aunque no fue gran novedad para mí: y pienso que en mis acciones se verá, si es de importancia. Por lo menos la elegancia de tus discretas razones, gastar en Madrid un hombre en un mes dos mil ducados, son indecistos extremos, que aprendió el arte, y el nombre bravos maestros tuviste, alguno sería mujer presto se ha echado de ver lo que en la Corte aprendiste, que bien se pagan tambión. No fueron mal empleados: con amigos, y criados. se luce en la Corte bien, y heme admirado de ti, que porculpa se me de: porque mientras más gasté, más presto a verte volví, porque mientras más durara el divero; claro está, que más estuviera allá. y más en volver tardara. Qué linda traza de amores, que bien tu ausencia me pintas. con razones tan distintas de regalados favores: desuerte, que en el dinero estuvo el volverme a ver, si aquesto fuiste aprender, tú vienes gran Caballero. Si yo te abrazo, y te doy nuevas Lisarda de mí, y tu desdeñosa aquí, no ves que muriendo estoy? que tengo de hacer? llorar? dormir en la calle? hacer locuras? Como a mujer me comienzas a tratar, que basta haberlo tratado, para haverme aborrecido, pues es antes de haber sido, como si hubiera pasado. Si tales muestras me das: eso di que es ser mujer, y que ocasión puede ser para no serlo jamás, una sista quiero darte del dinero que gaste, porque sepas como fue a quien le di, y en qué parte. No primo, esas bizarrias, cosas de la Corte son: no pido tanta razón, aprendas que no son mías, ni os quiero yo dar aquí por recién venido enojos. Las manos lleva en los ojos, como la dejas ansí? V Pues que la tengo de hacer? no ves que da me ha tratado, como si hubiera llegado a ser mi propia mujer? o Madrid, qué libertad? que gusto: aquí nunca fui mas de un hombre que nací en esta insigne Ciudad; allá con ser forastero, fui mirado, y admirado, mas que he querido, he gozado. Traslado a nuestro dinero, pesiatal, con los dos mil, que no pensabas hacer? Y quién te ha dado a entender, que allá no es precio muy vil? No lo creas, que también falta por allá dinero, dime tú; que un forastero obliga a quererle bien, porque no se ha de alabar, y se ha de partir mañana: que esta es la razón mas llana, de lo que puede gozar: y fuera de aquella triste, que aquella noche burlaste, dime tú; en Madrid que hallaste? o que sin pagar comiste. Muchos se me aficionaron, de esa lo estuviera yo, y el peligro me ausentó. Que la decís, que llegaron. Aquí están. Señor. Señor. Todos sean bien hallados, cómo estáis? Por tus criados, viéndote responde amor. Danos los brazos Beltran. Vengo ya gran Cortelano. De un mes. Es negocio llano: así vuelven los que van. Qué traes de allá. No sé, interés, poca verdad, y en hablar más libertad. Medrado vienes a fe, eso se vende en Castilla. No ves que me estoy burlando y más de la Corte hablando, y de aquella insigue Villa. A la fe quien va de acá Beltran mal acostumbrado, no traerá más que ha llevado. Tan malo fui. Claro está. Señor viene. En fin yo he sido el postrero que ha gozado tus brazos. Aún no he llegado. Mejor dirás, no he partido, según te hallabas allá, que has hecho a tu prima di; que está llorando. De mí quejosa, o celosa está. Tuno ves, que es todo amor, cuando te quieres casar? Dame un poco de lugar, para prevenir, señor, las cosas que he menester. Respuesta doncella ha sido? pues tu para ser marido, que prevención has de hacer. Galas no puedo excusar, casa, y libreas. Yo quiero salir a todo. Primero querría desenojar a Lisarda. Y es razón, ven conmigo. Si me pide celos, la boda déspide, porque muy cansados son. Ha señor Beltran. Qué manda? Que esperado me recibe. Así por allá se vive, así se negocia, y anda. No trae rizos de allá, ni vocablos exquisitos. Esos son cuatro mocitos, que a cinco no llegan ya. pero en el mundo no creo, que haya más valor que allí: que graves personas vi, en cuanto pide el deseo: que en tendimientos tan claros, que amistades, que lealtades. Lealtades enemistades, gran cosa, milagros raros: ese bien basta que tenga. Aunque no falta castigo; quien escoge infame amigo tomese el mal que le venga. Dejando pueblos en Francia, tienes al cualquier ropa? porque es llegar viento en popa. Aura notable fragrancia: veraste en agua de azar, que ya está puesta a cocer; que todo es bien menester viniendo de ese lugar. Pagarete en cien mil cosas. Los ausentes sois ingratos. Ven, y dárete caparos, cintas, y tocas famosas. , Porque te volviste? Fue forzoso el volverme luego. Perdiste Octabio de ver los Reales casamientos de los Príncipes de España. De mis negocios me quejo, que no me dieron lugar. Recibiome bien don Diego, y pude esperar dos días, si bien en todos no tengo nuevas de mi casa, Octario. Ya mi descuido confieso, que no he visitado a Celia. ̱. No gasteis en cumplimientos conmigo Octabio palabras. Hubo algún nuevo suceso? Por no mover como era justo a España, con este regocijo, al Príncipe su hijo, (que fue de su modestia heroica hazaña) casó Felipe, Octabio donde sabes, huyendo al monte las siniestras aves: no la voz infeliz, se oyó ninguna: Salió Venus hermosa, vañada en pura rosa, llevando de la mano a la fortuna: amor a la esperanza, y al deseo, vestido de Frances el Himíreo, dábase priesa a derribar el día de su dorado coche, la venturosa noche, que escurecer al mismo Sol quería, porque con Isabel imaginaba, que se paraba el Sol que la envidiaba. Pintarte los vestidos no me atrevo; que haciendo esfera el Pardo, en Felipe gallardo se vio cifrado el resplandor de Fevo; y a su hermosura es bien que le anticipe, pues se deja mirar la de Felipe. La divina Isabel, no solo rama, más todo el Lirio de oro, de aquel Frances Tesoro. que gastó los diamantes a la fama, bordada de sus mismas luces bellas, fue campo celestial de sus Estrellas. Las damas, que quisiera referirte, suspenden mi memoria; ni puedo a tanta gloria con relación tan rústica subirte, que podía su Sol, por atrevidos, mi lengua castigar, y tus oídos. Allí se descogio la Primavera, allí todas las flores realzaron sus colores; si no con luces de la Octava esfera; y como el Pardo fue cielo en el suelo, hubo más Sol estando pardo el cielo. Corrida Venus; que lo fuesen todas, envidiosa asistía, y el niño amor hacía varios conciertos de felices bodas: y en los casados por mayores palmas, casabales los ojos, y las almas, Andaban por el aire Cupidillos, jugando con espadas en tarjetas doradas, pintadas de Leones, y Castillos, y las del otro bando en Real decoro, tendido en sus arenas Manzanares, esforzó sus corrientes, y con varios presentes, Himnos, Epitalamios, y Cantares, sus Ninfas celebraron este día, y el monte en dulces ecos respondía. Una casa de luces, y cristales, entre jardines puerta. Era el Pardo floresta de Dioses, y de Estrellas celestiales, diciendo, de Isabel mil años goces, la paz, y la esperanza en altas voces. Bajó la noche, Octavio finalmente, donde tuvo el deseo, con lazos de Himineo, un bien que se esperaba como ausente: plegue al cielo que España presto vea, el dulce fruto que a los dos desea, No me pudieras decir cosa de mayor contento. Qué es esto, Octabio a mi casa después de esta ausencia llego; y no me recibe nadie? hola, criados, qué es esto? decid que aquí estoy a Celia. Cielos, qué es esto que veo; pues salís, y no me habláis? que novedad, que suceso, con descoloridos rostros, en mi presencia os ha puesto? esta mi hermana indispuesta? quien en mi casa se ha muerto? hablad, que me ha sucedido? porque me tenéis suspenso? Señor, Cella mi señora no está en casa. Cómo es esto? Ni en Madrid está señor. Ni en Madrid, que es esto cielos! con esta daga os haré, que digáis la verdad perros. Señor no sabemos más, de que aquí vino Riselo, y que los dos en un coche, salieron con gran silencio, y que le hicieron volver, adme luego Aquí viene. Pues Bernal, esta lealtad te merezco? Si me dice mi señora, que vaya Atocha: yo puedo adivinar lo que intenta? Pues fue Atocha? Fue, más luego que en la reja se apearon, que me volviese dijeron; porque habían de volver con las hijas doón Pedro, y tomándola la mano Riselo, se entraron dentro. Cerca sin duda tenían, con lo que los dos se fueron Traidor Riselo tú a mí? y tu ingrata, como has hecho desprecio de todo el mundo, para dar en tal desprecio? yo te casara con él. aunque era pobre. No acierto a daros en tanto mal consuelo alguno. Consuelo, adonde le puede haber, si no es en partir tras ellos, en las postas de mi honor, y de mi agravio en el viento? Señor, Dedio me contó, que con el coche vinieron a Madrid, en un caballo conoció al traidor Riselo, camino de Zaragoza, y una dama que solpecho, que sería mi señora, un blanco rebozo puesto, con un sombrero de plumas. Elos son, Octabio hoy quiero hacer prueba de tu amor. No te dejaré, si entiendo perder mil veces la vida. Salid todos de aquí presto, perros que quiero poner a la casa infame fuego, donde para mi deshonra, se hicieron estos conciertos. n Juan no es tiempo de, voces, de solo remedio es tiempo. Zelia ingrata, al sin mujer, advierta el homble discreto, que de su sombra se fía, que ara el mar, y siembra el viento Solamente una mujer, engañara a un hombre así, para que se viese en mí, lo que más podéis hacer. Que de querera creer, hay diferencia tan poca, que luego a querer provoca; pero tenéis condición; que aún no sabe el corazón, las mentiras de la boca. A Zaragoza he venido, de mi amor tan engañado; cuanto estuve confiado, de que no hubieras mentido: traidor a don Juan he sido; pues no está don Juan aquí, del crédito que te di, tan arrepentido estoy, que no te dejo, y me voy; porque ya le obligó así. Estás en un Reino extraño, adonde te has de perder, que siendo sola, y mujer, que más claro desengaño? Ya no puede ser el daño, de lo que ha sido mayor, que no fui amigo traidor, necio sí, decir podrán; y aunque me mate don Juan, quiero defender su honor. l. Riselo para tener, un hombre de su afición, la justa satisfacción, hay poco que agradecer, amar es obedecer, y padecer, y sufrir: esto se llama servir, esto amar, esto obligar, que amor no se ha de quejar, aunque seviese morir, Advertida la razón; porque vine a esta ciudad, ni la mía es libertad, ni la tuya fue traición: cumple con la obligación, que tienes de caballero, como en tu nobleza espero, que cuando sepas mi historia, te dará mi amor memoria, de amigo el más verdadero. La casa que ves aquí, es en aquesta ciudad de notable calidad, su blasón lo dice así: de lo que has de hacer por mí no te arrepientas Riselo, que fuera de que tu celo presto se ha de conocer, Celia será tu mujer si quieren don Juan, y el cielo, Vuelves de nuevo a engañarme mucho fías de mi amor, más yo quiero por tu honor a perderme aventurarme. Finje Riselo matarme en este portal; y en viendo que desciende gente, huyendo a la posada te iras, que después de mí sabrás lo que fuere sucediendo. Locura es obedecerte, saco la daga. Yo agora me quejaré. Aquí traidora. aquí te daré la muerte. Jesú, nome de Jesú, que me mata este vilaón. Muere infame. Compasión. Ya vienen. Pues huye tú. Hola, criados. Señor. Que matan una mujer. Aquí deb Rey. Hay qué hacer otra cosa? Huir. O amor. Qué es aquesto: Aquí deu Rey. Una mujer es señor. Oh como corre el traidor. Estáis herida? Naón sey, olihay por oderradeiro, Que la miren por detrás. Quién eres? y adónde vas? Jesú, contar vos lo quiero. Qué linda cara, y persona. Cuando mujer no obligra Lisarda, la buena cara cualquiera desgracia abona. Ya que vine a vosas maos por mi sorte, sinor bello, e de vos fermosa dama, de quien cuyo obeín, que espero, despois de tan varios casos, tantos acontecimentos, que naón sey se vivo, o morro. taes saudades padezo: Sabéis, que en son Portuguesa de Coimbra, son beín creo que lo dice mina fala, miña ventura a lo menos. Naón sey falar Castillano, perdóaime, que bein vejo, que naón serey entendida entre tantos desconcertos. En vivía en miña terra, miño pay (que vos prometo, que era home muito grave por fidalgo, e Cristaón bello) foise apelejar coos Monros, morren, eficon entre elos, choray ollos, chorad tanto, que descanséis miño peito, Eu triste, que fiz en taón? cuidar dafacenda presto, e vivir con más recato deos homes de engaños cheos, menina sen Pay, nen may, máis amor, amor, que afeito mayores males no mundo, que tudos cuatro elementos; fiz, que este home que de aquí fugiendo se fay tan cedo con dos mil feiticerias vencese meus pensamentos: a vountade rendida, tudo soy a omar correndo, siso, razón, honra, e vida, que naón soo entendimento: deume a entender que en Italia vivir seguros podemos do os parentes de meupay muito honrados Cabaleiros, que collese as minas joyas, e que en chegando a otro Reino. conmigo se casaria, naón lo fizo el canjudeo, que hoy en aquesta ciudad, (o fose arrepentimento, que siempre consigo trae aquelo que soy mal feito) miñas joyas me pedía para déjalme; que intento de home fidalgo: esacón dabaina o cobarde ferro: en que oví, espollando voces, e quijelmes aos Ceos, porque has pedras que me ovieran ajudasen meos desejos: soy socorrida de tudos os que excutáis men tormento, que sinaon, ficara morta, edefinorlos vospezo amparéis vamoller, pois ya remedio naon teño. si naón chorar emorrer pidiendo mía morte a Deus. Extraña lástima, Extraña, y que a grande compasión, me ha movido el corazón. Tú Lisarda la acompaña, tú la ampara, tú la anima, no se pierda, que es piedad justa en tanta soledad, que hasta las piedras lástima: ea Ines, ea Fíneo, todos la habéis de alegrar, Beltran, aquí has de mostrar tu buen humor. Que deseo, no tiene ya granjeado, estad cierta que seréis tan regalada, que estéis sin género de cuidado: y que si el hombre parece solo un día en la ciudad, tendrá de tan gran maldad el castigo que merece. Cómo es Portuguesa amiga el nombre. Miña señora, Constanza, que es bien que agora constante en todo me diga. Venid conmigo Constanza. Sois casada? Aún no lo estoy; pero ya tan cerca estoy, que es posesión la esperanza. Sois sillado sinor bello. Es don Pedro mi señor mi tío. Voiso valor tendrá o bello por espello. Con su hijo está tratado. mi casamiento. Ay de mí! Naón está feito? No, y sí. A ver mi muerte he llegado. Que nome teín voso esposo? Don Felix. Vállame Deus, esaon os méritos seus dignos para serlo voso? Presto amiga le verás, ven conmigo. En el veré mi muerte; triste que haré, . morir me falta no más. No he visto en toda mi vida más bella mujer, que cara, nunca troya se abrasara, ni fuera España perdida, por la celebrada Elena, y por la bella Florinda, si vieran cosa tan linda, y de tantas gracias llena. O Portuguesa del cielo, pegado me ha el Dios machin con el medio celemin: Celazos de lues recelo; pero que se me da a mí, ellas si quieren también no nos dan perros, pues bien. O Beltran, qué haces aquí? Aa sucedido una cosa, que no hay encarecimiento con que pueda exagerarla. Si es de Lisarda, son celos, si es de mi padre, son voces. Del blanco has dado muy lejos, en este portal un hombre con villano atrevimiento quiso matar, por robarla ciertas joyas, y dineros, a una bella Portuguesa como un Ángel, y acudiendo tu padre, Lisarda, y todos; el se huyó, y ella sin miedo les ha contado su hisoria, que es un gracioso suceso, y la han recibido en casa. Justa piedad. Yo me huelgo, porque después que nací no vi unos ojos tan bellos, tal gracia, donaire, y brío. Puesto me has Beltran deseos de ver esa Portuguesa con tan to encarecimiento. Pues no le tengas, que ya en el corazón la tengo, y la acoto para mí. Ve por tu vida allá dentro, y haz que con algún achaque la pueda ver. Ire cierto, que no me la ovitarás. Yo Beltran, no eres más necio; memorias de Madrid, pues no pudisteis conservar en el bien que me quitastes, que me quieres, pues solo me dejastes la pena del cuidado que me distes. Paso los días, y las noches tristes con tanta soledad: que si culpasteis mi breve ausencia, ya de mí os vengastes, en que conmigo a mi pesar venistes. Yo vengo de Madrid enamorado, pensando que Aragón me diera puerto de un gusto oculto, y de un hablar turbado. No sé lo que gocé; pero sé cierto, que si es mayor el bien imaginando, mas me pudo matar, que descubierto. Que mujer se ha visto amor en el trance que me veo? este es don Felix, que aguardo? ya estoy en el mar, que temo, aquí solo hay cielo y agua, o morir, o ver el puerto; que quien se embarcó, ya supo a que peligro se ha puesto. Si es esta aquella mujer, claro está, notable aseo, en tal traje la hermosura, donde quiere tiene imperio: sois vos aquien os quería matar un hombre, por cierto, que él lo merecio mejor, pues no lo estaba de veros: llegaos más, de que os teméis; llegaos más. Sinor non temo, que en perdendo obein mayor, tudos os males saon menos. O que gracia, o que donaire: sabéis quien soy? Praza a Deus que naón lo overa sabido. Por qué razón? Por que veño desde miña terra aquí. Alzad los ojos del suelo: Tan mal coeles eston, que en ochao quisiera verlos. Harto mejor estuvieran por Estrellas en el cielo. Re quiebrinos, o que voo, en reño tan mal concero do os homes, que ovirfaltar de amores, me day tormento. Cómo ese hombre os engañó pensáis que todos tenemos una misma condición. Iso non cuidáis que es cierto, tudos soois uno soomente, uno tudos y así creo, que ahora falando con vos salo a aquel de quien me quejo. Yo no os hubiera ofendido si a tanto merecimiento me trujera mi ventura. O mismo overades feito. Ahora bien, dejaos servir, y veréis cuan verdadero me hallaréis, y cuan diferente del que os hizo tal desprecio: que os juro que he visto en vos tanta belleza, que creo, que tomáis en mi venganza de los delitos ajenos. Alleos saón os delitos, ficay en bora, non queiro que me volváis a matar. Aunque no queráis soy vuestro. dad me una mano. Va mao, que vos cortara prometo la bosa ater vafaca. Bravo rigor, que os han hecho mis manos para cortarlas? Tiraila. Yo iré siguiendo vuestra luz. Aquí deu Rey. La Portuguesa me ha muerto.
JORNADA TERCERA
Bien parece esta ciudad de Augusto Cesar grandeza. Si venciera mi tristeza con su pompa, y majestad, fuera más notable indicio de su valor, y más cierto, cuanto es más, dar alma aún muer que labrar un edificio. (to. Ay Zaragoza si en ti hal lase puerto a mi honor, como le tuvo el traidor, que viene huyendo de mí, daría eterna alabanza a los fueros de Aragón, que tomar satisfacción, no se ha de llamar venganza. Acuerdaste por ventura, de aquel galanforastero, el que corriendo el Ouero, que en bronce, o en plata pura esculpirse merecio: te agradó de tal manera? Bien me acuerdo. Pues no era de esta Ciudad. Pienso yo, que Zaragoza decía: más del nombre me acuerdo, que galán, que noble, y cuerdo, y que ilustre parecía. Pues don Felij de Aragón nos dijo que se llamaba. No poco nos importaba su amparo en esta ocasión, bien arrepentido estoy de no haberle dado Octabio mi casa. Para este agravio de que yo testigo soy, no basta ser Caballero? Quien le hubiera aposentado para tenerle obligado. Que hará lo que es justo espero si te vales deél don Juan. Preguntaremos por él. Que se pierde en tal crueldad fortuna. Aqui nos dirán por ser armas de Aragones. las de esta famosa cosa, donde vive. Gente pasa, pregunta, y no te apasiones, que el cielo te ha de ayudar. Esta dama ilustre, y bella presumo que viene a ella. Y te comienza a mirar. No es culpa la cortesía. Mandáis algo Caballero? Mi señora, a un escudero vuestro preguntar quería pordón Félix de Aragón. Esta es su casa, aquí vive. Ya toda el alma apercibe indicios de obligación. No soy su mujer, que soy su prima. De cualquier modo me toca ser vuestro todo, que tan obligado estoy. Beltran donde está mi primo? Allá en el Aseo quedó. Queréis que le diga yo alguna cosa? Lo estimo como es razón. Qué diré! Que vino a buscarle agora don Juan de Silva, señora. De todo le advertiré, guárdeos el cielo. Ya vos os haga tan venturosa, como sois cortés, y hermosa. No me conocen? Por Dios, que pienso que os vi en Castilla, Allá fui con mi señor, linda tierra. La mejor del mundo. La ilustre Villa de Madrid es paraíso, Merced del Sol que le da, con que son las flores ya gala, hermosura, y aviso: voy a dejar la almohada, y a buscar a mi señor. Brava prima. La mejor de Aragón, si está templada. Vive con don Felix? Sí, que están ya me dio casados, porque hay gentiles ducados, que el viejo le tiene aquí: más cánsase en porfiar; don Felix no la apetece. Pues a fe que lo merece. Sangre no es buena de amar, que es querer una sangría, ríome de los casados que veo siempre emprimados, primo mío, prima mía, y luego tíos los suegros; o lo hacen de avisados, por no parecer casados, o son de casta de negros: o bien haya un labrador, pues palabra no ha de haber sin mujer, hola mujer, mujer. No le falta humor. Desde la boda están fijos en marido, y en mujer; y así se viene a saber que fueron suyos los hijos. . Si no fuera mi tristeza tan cruel, Octanio amigo, mucho acábara conmigo de esta mujer la belleza; pero como la aspereza de mi mal dará lugar, para ver, ni para hablar, que asentar no puede ser la guarnición del placer en la tela del pesar: no he visto cosa en mi vida, que por los ojos se entrase al alma, ni la obligase tan presto aquerer rendida: mas como aquel hornicida. de mi honor, la tiene lleva de venganzas, el ordena que no quepa en mi memoria cosa que parezca gloria, ni pueda faltarme pena. Vamos a ver si por dicha le hallamos por la ciudad, porque será novedad que ayude el cielo su dicha. Dicha será tu desdicha, cobrar lo perdido sobra. qué importa ponerlo en obra, que cuando dicha haya sido, que se cobre lo perdido, nunca la opinión se cobra. . Pues dime en que te ofendí, para que de mí te quejes? Ya te digo que me dejes, que saben que estás aquí Cómo hablas nuestra lengua tan bien en tan pocos días Porque en las desdichas mías fuera temeraria mengua faltarme ingenio, Constanza, yo te adoro. Ya te entiendo. Pues advierte, que me ofendo de tu desprecio, y venganza. Pues qué culpa tengo yo? No más de haber parecido a una mujer que he querido. Esa es culpa? Luego no. En qué puedo parecerla: En el hablar, que en la cara no lo sé. Quien tal pensara; pero hay más de enronquecerla, hoy quiero artarme de nieve. Nieve a nieve que ha de hacer. Dejasteis vos la mujer, dichoso en tiempo tan breve, como ya me habéis contado, y quereisme agora amí, por lo que la parezco. Sí; que de allá vine hechizado, la dicha de aquel favor tan grande la imaginé, como a oscuras la gocé, que vine muerto de amor, como ciego, que escuchando el ruido de una fiesta, de lo que estará compuesta, está dentro imaginando de su mismo sentimiento; y dice, esto es oro, y plata, y en las colores dilata la vista al entendimiento; que si entonces la cobrase, a lo que no vio diría. esto fue lo que yo via, y su opinión confirmase: así yo, que ciego vi de noche tanta ventura, imagine la hermosura que ahora descubro en ti; y digo, estos son los ojos, que entonces imaginé, esta aquella boca fue, y estos los demás despojos: tanto, que aunque estás aquí, allá debiste de estar, pues no pude imaginar más gloria que miro en ti. Desuerte, que yo he de ser lo que vos imaginas? pues en verdad que os cansáis que no me habéis de coger, cuando por Madrid pasaba estaba todo alterado, de que un hombre había gozado una mujer que le amaba, y que por irfe el cruel se había muerto. Ay Dios, si fui el que la ocasión le di: era honrada: Y mejor que él, y aún decían, que señora, y que su hermano tenía un Abito. Ella sería. Lloráis? La memoria llora, vete, pero no, detente: mal consejo me engaño, Consuélame. También yo: vos lo sentis tiernamente. Sí, dame esos brazos luego. Qué lindas impertinencias, estas son las penitencias que hacéis los hombres, o fuego: fiaos señoras mujeres. Si es muerta, que puedo hacer? Morir. Morir? O perder el seso. Si haré si quieres; pero por ti vida mía. Harto bien. Tiraibusla, ollay seño raque fa con aquesta cumberia. Quedo, quedo, ya es en vano, que no quiero que me des disculpas en Portugues, y celos en Castellano; pues que le sabéis hablar, hablale siempre. Non sey si va consiña faleye: iso non era falar. Consiña, es tener aquí a Félij conversación: Notable es tu condición, mayormente contra mí. No importa, yo quitaré la causa. Si la quitares, yo te haré tantos pesares, que en los ojos te los dé. Ea non breguéis por mí. Tú me riñes? Yo te riño. E Lisarda un Angeliño, en moller, que vine así, daica as maos, que sabe Deus cuanto osiento. Por tomar tu mano, la quiero dar. Suelta. Naón máis, ollos meus, que naón ye la culpa sua: fácele mimos señora. Para eso estoy agora. Jesúque moller tan crua, Yo le diré lo que pasa. a mi tío. Bien harás: tente, espera, donde vas? A las facendas de casa, que as lembranzas de aquel bein que me da tantas saudades, faz que bosas amistades tiernas lágrimas me den. . Lisarda, mejor sería, pues que te soy importuno, hacer elección de alguno de los muchos que aporfía te sirven en Zaragoza; yo llevo mal tu rigor Qué extranjero embajador tantas libertades goza, como un hombre que no quiere. Vete con Dios, que yo soy mujer, que pondré desde hoy el remedio que pudiere. Los celos anticipados al casamiento, no son indicios de condición pacifica entre casados, sufrirlos, no me lo mandes: cuando mi padre me dé pesadumbre, yo sabré pasarme a Italia, o a Flandes. Qué aguarda va mi locura entre tantos desengaños. Que has hecho a don Felije Yo. El va tan desesperado, que no quiso responderme. Tendrá por notable agravio, que no le dejen gozar de Constanza. Yo me espantó, que creas Que he de creer, sino lo que estoy mirando? Quieres que te dé un consejo? Ya le tengo imaginado: saldrá Constanza de aquí, si lo estorba el mundo. Paso, que más fácilmente puedes poner remedio a tu daño. Cómo? Yo pierdo el juicio por Constanza, y he pensado que casándola conmigo no hay más fuerte desengaño: yo la pondré donde Felij no pueda verla. Si trato el casamiento, y lo sabe. Tratarlo, y ejecutarlo. Hablarela? Bien podrás. Yo la daré mil ducados; pero has de guardarla del Tú verás como la guardo, ni el Sol ha de entrar a verla. Mirad que hay signos tan malos que entra el Sol a sus cabezas. Debe de ser en Verano, mas yo tengo un guarda sol, aprueba del Sol de ogaño, que ni el oro ni el poder se atreverán a pasarlo. Agravio me habéis hecho. En vuestra casa os he buscado: así mi amor estima vuestro valor. Que se mostrase escasa, fue no saber quien sois. Que hermosa prima tenéis en ella. Esta ciudad abrasa, y solo para mi parece egnima; porque como a casarme no me animo, a veces soy marido, a veces pr a mi casa venid, honradla agora. Si os hubiera servido con la mía. Agravio es ese de quien tanto adora, el valor, la amistad, y cortesía. No viene para fiestas, el que llora casos de honor, y traigo compañía. Veros en Aragón me ha dado pena. Que está la honra en voluntad ajena, Ha cielo! Ha ley del mundo! qué ignorante puso el honor en la mujer, yo vengo buscando una mujer. Causa bastante para perder el seso. No lo tengo, persido corazón, alma diamante, en este pecho mísero sustengo, pues me dura la vida. Mucho alcanza con vivir la paciencia, y la esperanza. Que deje una mujer para casarse, títulos, Caballeros, gente noble, y que venga en un bárbaro a emplearse, con más distancia que de un pino a un roble, Ya de quien puede un hombre confiarse, si toda la amistad es trato doble. Oh terrible pensión de la hermosura, que aún del amigo no has de estar segura. Entra el amigo en una casa, y mira, no el caballo, la joya, ni la espada, no la pintura que la vista admira, ni la cama riquísima bordada; que mira la mujer, luego suspira, esta quiere tener, esta le agrada, y sin respeto de que es prenda ajena, quire hacer mala la que nace buena: miseria extraña! bárbaro apetito! en fin mi amigo la llevó robada, y dicen, que a Aragón: aquí permito licencia a mi defensa en vuestra espada. Si el agreslor de tan cruel delito esta en esta Ciudad; por la sagrada Imagen del Piramide que adoro, que ha de morir, como en la plaza el toro: ya conocéis Aragoneses, creo que me podéis fiar estas verdades. No le disteis lugar a mi deseo de proseguir las hechas amistades. Fue causa de venirme un necio empleo, (aún no puedo decir de voluntades) por la posta a Aragón, cuyo suceso, traigo en el alma en mi pesar impreso. Las botas puestas, una hermosa dama, (que tapada no he visto mujer fea) partir impide, y a su casa llama; porque de noche quiere que la vea: cual pajarillo voy de rama en rama al blanco cevo, que picar desea, métenme a escuras, y atravedo, y ciego, de cuadra en cuadra a su aposento llego. Háblame arrepentida (extraño caso!) y que me vaya dice yo sin bella, su mano beso, y al mover el paso, a voces oigo preguntar por ella: túrbanse todos, yo delante paso, saco la espada por morir con ella; pero por más secreto a su aposento, una criada me conduce atiento. Apenas yo detras estaba puesto, de las cortinas de una cama, cuando entra con ella un hombre: aquí protesto, que fue milagro el esperar callando: siéntate dice, y no te enojes de esto, y así sentados en la cama hablando, que era testigo fabrique en mi idea, de lo que no es razón que nadie vea. En fin yo me engañé, que un casamiento de un hombre rico, y viejo le propone: ella le niega, el deja el aposento, y acostarse en el suyo se dispone: vienen criadas con igual contento, con ellas se destoca, y descompone, sin que pudiese yo de ningún modo, ver una parte, aunque esperaba el todo. Acuestase en efecto, sacan luego solicitas criadas las bujias: yo viéndola ya sola, hablarla llego, mas ella impide las razones mías: con lágrimas intenta mi sosiego, que pudieran mover las piedras frías, pido licencia, y dice, que no hay llave, hasta que el curso de la noche acabe. Yo entonces se la pido, de que pueda con una mano sola entretenerme, y que el hablar si quiera me conceda, en fin la mano vino a concederme: el pájaro en la liga más se enreda, y de suerte don Juan vine aperderme, que sin saber quien era, o ser podía, su marido juraba que sería Oh terrible ocasión! nadie se ponga en confianza de su honor en ella, que no hay cosa que tanto descomponga, las mayores virtudes atropella: mas ya para que Febo se componga, le daba espejo la primera estrella, cuando a fuerza de tantos juramentos, se canso de sufrir sus pensamientos. Apenas que salí, siéndome guía una criada, cuando en postas salgo, yo de Madrid, y del Oriente el día, y como reo de Aragón me valgo: no quise dicha, en que perder podía, siendo la casa de hombre tan hidalgo, que en lo poco que vi con luz prestada, no, estoy aquí seguro de su espada. Extraño caso por Dios! y de manera suspenso me habéis tenido, que estoy perdiendo de pena el seso, viendo el peligro en que os visteis. Decidme, ese caballero, que os ha hecho tanto agravio, que señas tiene, que creo que aquí he visto un Castellano, galán, airoso, y mancebo, que vi en Madrid muchas veces. Esas señas, que no puedo daros las mayores yo. Aguárdame aquí, qué presto sabré su vida, y milagros. En vos está mi remedio, y como que está; desdichas que me queréis? qué es aquesto? a quien aurá sucedido caso tan extraño? ay cielos! Esta es mi hermana, y yo fui quien la dijo en su aposento, sentado sobre su cama, de aquel amante el deseo, si la enamoré? si tuve culpa, cuando fui tan necio, que alabé su talle, y brío; que nunca el hombre discreto alabó gracias de nade; donde hay peligro tan cierto: mas como si este la goza luego se va con Riselo, si estaba ya sin honor: que me queréis pensamientos; Que en tanta confusión el alma tengo, Que a no perder la vida, pierdo el seso. Ya os he dicho que soy hombre que lo que he dicho sustento. A no habernos puesto en paz, mátaros fuera lo menos; que vive Dios que os llevara a don Juan de Silva muerto. cuando estuviera en Madrid. Poco a poco. Qué es aquestó? Es Riselo, no le ves, porque yo ajenas le veo, que junto a la Cruz del coso hablaba con un Sargento; cuando a un mismo tiemposaco infamias, voces, y aceros, y cierto con él no pudé matarle, que no quisieron algunos Aragoneses. No si no es yo, que no tengo gana de morir agora por lo que apenas entiendo, que antes pienso que he servido a don Juan. Si me detengo traidor Riselo en matarte es, porque humilde te veo. Donde tienes a mi hermana? Quieres escucharme. Quiero. Ella me envío a llamar, y dijo, que tú habías muerto un hombre, y que la partida al Pardo era fingimiento; porque te ibas a Aragón, y le dijiste partiendo, que luego fuese tras ti, con joyas, y con dineros: que la acompañase yo, ser mi mujer prometiendo, en teniendo libertad; creilo, y con ella vengo. donde como Portuguesa, haciendo dos mil enredos, se entro, y me dejo burlado en casa de un Caballero por quien debió de venir. Quedo, dime el nombre presto. Un don Felix de Aragaón. Todo cuanto dice es cierto, don Felixle va de aquí, y sin saber que me ha hecho esta afrenta, me ha contado lo que sepultó en silencio, hasta que tome venganza. Don Felix. Cómo podremos matarle en su misma casa? Don Juan, cuando me resuelvo a lo que importa a mi honor, nunca pienso en lo que pienso. vamos a matarle. Vamos. Vida, y espada os ofrezco. Yo voy a vengar mi honor. Yo tu amistad. Yo mis celos. Está atenta, que te importa a lo que te voy diciendo. Yo vos ojo enos entendo. Soy en las palabras corta, Beltran te quiere, y te pide por mujer: yo quiero dar te mil ducados de mi parte. Hay lo que se descomide la fortuna con men mal. De qué suerte: En son muller que Beltran ha de tener. No será Beltran tu igual, siendo muy hidalgo. Quién? hora en queiro falaros verdade, e desengañaros de miño valor también: en son por miña ventura silla de Vasco Coutiño, Marqués da Fror, e Paimiño, de que vos tanto asegura a riqueza de os diamantes que me furtaba aquel home. Qué dices. Este es meunome, ollay si son semellantes os Marqueses, eos vilaóns, voyme a chorar miña sorte, e apedir que veña amorte, acabar tantas paisaóns. Oye, escucha. Perdoayme, que tn boco estos enollos, a facer fontes meus ollos, matayme penas, mataime. . Ya se van cada día aumentando mis males, y mis 2 elos, que la fortuna mía, ha dado en darme penas por consuelos, pues donde alguno intento, todo resulta en mi mayor tormento; sin duda Felixsabe la calidad de esta mujer, que espero. Yo haré que no se alabe don Felix, por la fe de Caballero, de la burla que intenta, así de un padre la palabra afrenta; que es esto que ha pasado, contigo aqueste loco. No quisiera que en esto hubieras dado: pues casarme pudieras donde fuera estimada, si es justo quien es tu sangre. Que mayor disgusto, dícenme, que te dijo muchas malas palabras. Pues qué importa. No es don Felix mi hijo, y tú verás. La cólera reporta, y la hermosura culpa, que de esta Portuguesa le disculpa, aquí la hablaba agora, para casalla con Beltran. Y quiere? Desespérase, y llora, diciendo, que ya no hay más mal, que espere, en fin se ha declarado, con que mis celos pone en más cuidado. Cómo? Dice que es hija del Marqués de la Flor. Válgame el cielo. De ver tanta sortija, y tanta joya como traer recelo que es todo verdad pura. Mejor lo dice el talle, y la hermosura, hoy tomaré venganza de mi hilo cruel: aquí la envía. Yo voy con esperanza, que te ha de lastimar la pena mía: ya sabes lo que pasa, con solo echarla quietaras tu casa. Cierto que la belleza, la gravedad, y el claro entendimiento, eran de su nobleza, y de su cálidad cierto argumento: más que falta a su prima; que inobediente Felix desestima? lo que estaba tratado, fue causa de perder mil ocasiones, sin lo que me ha costado, tanto solicitar dispensaciones: más tengo confianza, que te ha de dar castigo mi venganza. Dónde vive a ver mi gloria, hallé tan pesado infierno; que ya no me queda en él, esperanza de remedio, solo un bien he negociado, (esto a mi fortuna debo,) que es quererme Felix bien, sin saber nuestro suceso: más los celos de Lisarda; pero dejemos los celos. Don Pedro está aquí. Constanza, bienvenida. Siñormen. Menos reverencias ya. Vos me quitáis ochapeo, Jesú quieisto? He sabido tu fidalgo nacimiento: mi hija me lo ha contado, y aún me ha puesto en un deseo, justo del remedio tuyo. Falay que bien vos entiendo, Yo tengo necesidad, en mi casa de gobierno, mi hijo no me obedece, mi hacienda va destruyendo; estoy en edad bastante, si es verdad (corno lo creo,) que eres tan noble señora, con que los dos nos casemos, queda todo remediado, Tantos acontecimientos, ya me vienen a sácar del alma lo más secreto, de que cnfora ditosa, craro está; mas vos, y en, naón nos podemos casar; porque hay cierto parentesco. Parentesco? Quí siñor, vanolte, que en silencio tuda a casa estaba, entron (soy amor naón lo condeno) por vu ginela acama, apenas buliendo o vento, donde dormendo me achon, o voso fillo. Qué es esto? Naón valeron pregazaóns, naón lágrimas que choren: tuda a noite pelejamos, era más forte, vencen ocampo finco por ele, pero soy con juramento. que en sería maller sua. Hay más extraño suceso? porque no te defendiste, o morir? Si Hay siñor men, que vhome en tales facendas, pelejara con los demos, faramimos aos diabos. Ahora bien, yo soy más cuerdo de lo que te he parecido, tratando este casamiento, (si es verdad que eres tan noble) yo intentare tu remedio; pero para que mejor venga don Felijen ello, y que yo pueda vengarme de la burla que me ha hecho: finje que eres mi mujer, y que es de los concierto, hasta llegar la ocasión. Tenfarci siñor men, con desejo de agradarbos, que la verdad de meu preito, Deus lo sabe, y otro naón. Pues discreción, y silencio. . No va sucediendo mal, ayúdame agora cielos, que en tanto amor son los celos, un infierno celestial. Que bien al viejo engañé! más ay Dios, que hará mi hermano, buscando por dicha en vano, el honor que le quité? que se aura dicho de mí? P a Constanza creo que sabe ya mi deseo. Mi pretensor viene aquí. Hate dicho mi señora Constanza mi pensamiento; acuenta del casamiento? podemos tomar agora cual que abrazo. Tente maón. A mi boferon mujer. Moller en. Y lo has de ser. Falhay con siso vilaón, que en sonmorler desinor, El mozo. Cel, Naón. Quién? Oh vello. La hermosura puede hacello, que seso de hombre mayor; pero que puede tener mujer que enámora a todos, sin amor de varios modos: pues causa debe de haber. Hermosura? Claro está que enamora la hermosura; pero lo que el seso apura por otro camino va, bien haya un gallardo brío. Dónde me llevas deseo, ya que perdido te veo, hay del pensamiento mío, hay dulce amor Portugues, si tan tierno dicen que eres, que a cuantos amas prefierer de cuantas naciones ves, como me olvidas amí? como tratas con rigor, si eres amor, al amor? Pues Beltrán, que haces aquí? Cómo podré decirte el más extraño suceso que se ha visto, ni se ha oído? Quién me dará para tan alto engaño, lengua veloz, y espíritu atrevido? Quien fuera embajador, no de tu daño, sino del Rey del alma, y del sentido? (Ya sabes que es amor) y quien pudiera decirte el mal, sin que el dolor sintiera? don Pedro de Aragón, don Pedro digo: aquel que te engañó Félix tu padre, Felix tu padre dije, tu enemigo te ha dado madre, si madastra es madre. Qué dices? Lo que vi, yo soy testigo. Que cosa quieres tú que más me cuadre, que si él se casa, morira más presto, y aunque es mal dicho me resuelvo en esto Sabes con quien, que estás tan atrevido. Yo no Beltrán. Pues es la Portuguesa. Constanza? Que te admiras. Pues que ha sido causa en sus años de tan loca empresa? Hay cosa que más haya persuadido. que la hermosura, dice que es Marquesa en Portugal. Hay loco padre mío aún fuera injusto en mi tu desatino; si fuese esa mujer, quien has pensado, no fuera para mi mejor sujeto; pero no seré yo tan desdichado, que cosa tan mal hecha tenga efecto; de Castilla he venido aficionado, no sé cual hombre noble, cual discreto en su Corte no vive; mas paciencia, que yo me vengaré con larga ausencia; ponte Beltran al punto de camino. Aún no quieres saber en lo que para. En que puede parar un desatino. Yo remedios más fáciles buscara. Goce el donaire Portugues divino, don Pedro mi señor, mas no en mi cara, que no quiero yo ver madre enojada, la que pensé llamar querida esposa, Constanza bella, cuya boca vierte perlas del mar de amor, perlas tan bellas a la margen de rosa, que por suerte hoy goza, quien será de nieve en ellas: a Castilla me voy para no verte; que lo que no conciertan las Estrellas, en vano piensa el pensamiento vano, que deje de salir incierto, y vano: a Dios hermosos Portugueses ojos, que mal gozados lloraréis mi ausencia. De esa manera sientes tus enojos? Pruevo, y no puedo hacerles resistencia, dulce victoria en bárbaros despojos, con desigual injusta competencia, le dan a tu hermosura mis desdichas. Vuelve a Madrid que allí te ruegan dichas Aunque tu mucha hermosura es de ti misma ornamento, el vestido Castellano no ha sido de poco efecto: Un Ángel me has parecido. Os Ángos fincan a os Ceos. Tú mi señora también parece que bajas de ellos. Aquí está Félix sobrina. Muerto soy Beltran, que es esto. Aquí está el ingrato mío, como tengo sufrimiento. Felix. Señor. Has sabido que me he casado? No creo que quepa tal liviandad en tan cuerdo entendimiento; pero porque en la ciudad. no me molesten tus deudos, para partirme a Madrid, me dad licencia, y dineros; y goza de mi señora muchos anos. Aún hay tiempo para disponer de ti; que has de cumplir el concierto yo te doy justo castigo de la burla que me has hecho, que tales desobediencias no me han de obligar a menos: llega y besala la mano. De buena gana por cierto, que no quiero yo que digas que en esto no te obedezco: dadme vuestra blanca mano; Lo blanco excusa. Yo os beso por ver si con esta nieve pudiese templar mi fuego. Eu men sillo, vos vendigo, e por vesa may me teño de oje para diante. Cielos, como soy tan necio, que no tomo de este agravio hoy la venganca que puedo: sepa esta Ciudad, y sepan nuestros amigos, y deudos, que si un viejo fue tan loco, yo tan mozo soy tan cuerdo: dame la mano Lisarda, casarme contigo quiero; ya soy tu marido. Y yo quien por mi amor te merezco. Eso no, suelta la mano traidor don Felix. Qué es esto. Pues tú de esa suerte hablas? Ce Hablar, y quejarme puedo; hasta aquí pudo tener mi loco amor sufrimiento. Yo Constanza, que te debo? La vida, el honor, y el alma. Alguna desdicha temo. Aunque me cueste mil vidas. Entra sin temor. Ya entro. , , , m- En mi casa este ruido, hay mayor atrevimiento. Don Felix, no me conoces? Don Juan de Silva que es esto? Tú lo sabes, que en Madrid, en casa de un Caballero como yo, entraste una noche con tan loco atrevimiento, para quitarme el honor. Yo, qué dices? Pues en esto puede haber duda si tú me lo has dicho? Yo confieso que te conté, que esa noche tuve aquella dicha, y creo que era en casa principal; pero no fue conociendo quien eras. Dame a mi hermana, que esto ha de ser lo primero, que luego verás don Félix, aquien este agravio has hecho. Si yo vi más a tu hermana el cielo permita. Quedo, que yo la truje a tu casa. Tú amí casa? Caballeros, yo estoy confuso de ver tan espantosos sucesos: la razón con que venís en esta modestia ha puesto la que tengo de quejarme: tu don Felix, dales luego lo que piden. Señor. No hay que replicar en esto, que todos os acordáis, que en este portar fingiendo querer matarla una tarde, (traza de su raro ingenio) la defendisteis de mí. Esa dama yo no niego que la tenemos aquí: pero es Portuguesa, y pienso que no será quien buscáis. Antes sí, porque la dieron las Indias de Portugal esa lengua, y nacimiento. Habla Constanza. No soy Constanza. Ni Celia quiero que seas. Tened la daga, yo soy su marido, haciendo cuanto a escuras prometí verdad a la luz del cielo. Sí, pero estas amistades se han de confirmar primero, con que habéis de ser cuñado de dos maneras. Ya entiendo, y me tendré por dichoso si cobrando mi honor, llego a merecer de Lisarda la mano. Si yo merezco la vuestra pondré en paz esta casa, y mis deseos. El dote de mi sobrina señor don Juan, que os ofrezco, es cincuenta mil ducados. El de Celia llega aciento. Y que le dan a Beltran por un año de requiebros. Mil ducados con ines. Nonfaláis. Hay feiticero. Aquí se acaba Senado la dicha del forastero.
