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Texto digital de Por oír misa y dar cebada nunca se perdió jornada

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Atribución tradicional
Antonio de Zamora
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Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Por oír misa y dar cebada nunca se perdió jornada. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/por-oir-misa-y-dar-cebada-nunca-se-perdio-jornada.

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POR OÍR MISA Y DAR CEBADA NUNCA SE PERDIÓ JORNADA

JORNADA PRIMERA

a, Generoso Hiscen, Monarca Augusto del Cordovés Imperio, cuya tierra causando a todas las Naciones susto es aplaudida Escuela de la Guerra:: Ya altivo Joven, cuyo brazo justo, ruinas amaga, y cóleras encierra, extrañando, que quepa tu ardimiento en tan pecuaña edad, tan mucho aliento. A vista está tu Ejército valiente, pisando al Río la fecunda orilla, del Ejército, que hoy rige impaciente Garcí. Fernandez Conde de Castilla. De San Esteban de Gormaz enfrente, se ve tu Campo, y la amagada Villa teme ver duplicado el golpe fiero en las undosas láminas del Duero. Y pues Don Vela, Marte Castellano, de ti se ampara, a fin de que tu brío disponga, que recobre por tu mano de Alaba el usurpado Senorio. Y pues Mahomad, Alcides Africano, Generaltuyo, quiere en lauro mío, que a tomar vuelva en su montuosa raya, posesión de las tierras de Vizaya. Sienta Castilla de tu ardiente amago el duro golpe, que su frente oprima. Su última ruina en brazos del estrago, Garcí. Fernandez ultrajado gima. Y pues yo tus venganzas satisfago Y pues tu enojo mi furor anima:: En igual lid::: En la marcial demanda:: Batalla. ance. Triunfa. Reuna. Y manda. n Vela. Alajib Mahomad, Conde Do a quien debe mi edad en igual gloria, la sabia educación de aquella escuela, y el anuncio feliz de esta victoria; si encendido volcán mi fama vuela, de un Regio Padre en la marcial memoria, no dudéis, no, que en repetido abono, le heredé el ardimiento, como el Trono; Y pues fui preferido por sentencia del Mirámolín a siete hermanos, y aunque menor, dejó la competencia, Vence. Triunfa. ̱a o de oro en mis valientes manos creed, que no con pequeña providencia dispuso el Cielo medios tan arcanos, que desde mi tierna edad primera e, triunfe, reine, y:: Muera. Tened, Moros, que no soy lo que discurrís. Matadle, si se resiste. Así elbrío os dirá, que no es tan fácil. Qué acaso es este? Aquí un hombre defendiéndose arrogante de alguna de nuestra gente. llegó tropezando. Ampare mi vida el Cielo: Con ella el atrevimiento pague. Tened el furor, Soldados; y pues a mis plantas cae, quien mal defendido llega a mi sagrado dejadle, que en ellas cobre el aliento, para que pueda informarme de su despecho. Fortuna, hasta cuando tu coraje ha de perseguir mi amor? Si no me engaña el sem- blante. Aldérico es: qué motivo le habrá traido a este paraje? Ay Argelina! quién duda, que la vida ha de costarme tu amor? Tarif Avencier; qué es esto? pues como se hace a mis armas tal ofensa, a mi famatal ultraje, que en un rendido se manchen los aceros? Acabadme, penas, pues morir esfuerza, sin ver la adorada imagen, que busco: Disimular quiero, hasta que él se declare. De la Guardía, que aban zada teniamos por la parte de Osma, recatado vimos ir costeando al Río el margen ese hombre, y mirando en él, como lo acredita el traje, señas de espía, quisieron conocerle, y apresarle las centinelas; mas él osado, cuanto arrogante, defendiéndose de todos, les obligó a que intentasen su muerte, en justo castigo de despecho semejante; en cuyo arrestado empeño, precisado a retirarse, llego hasta aquí: esto es, Señ lo que a este sitio nos en debida ejecución de vuestras ordenes. Aunque su desesperado arrojo es testimonio bastante de su malicia, es preciso oírle, para castigarle; y más siendo tan posible, ganar alguna importante noticia del enemigo. Mal podrá, el que apenas sab de sí, informaros de nada, que no sean penas, males, ansias, fatigas, y ceños de una fortuna inconstante, un hado adverso; y en fin:: pero para que no os cansen las quejas de un infeliz, que hoy a vuestras plantas yace, teñid, teñid en su vida las cóleras de ese Alfanje piadosamente cruel, pues porque mi aliento acabe, deseoso de morirme, aún no quiero disculparme. No desesperadamente vuestra fatiga os arrastre, que quizá habrá quien os sea de algún alivio. Pesares, el Conde Don Vela es este; y pues ya es distinto el lance, alentemos, esperanzas. Pues ya logre, que repare en mí su turbación, veamos, que resulta del examen a favor de tus fortunas. Cómo dentro de los Reales entrasteis, sin advertir, cuanto el pasar adelante era imposible? Porque solo ese intento me trae. A quién en ellos buscáis? A quién para que declare mi intención, permitiréis, que en vuestra presencia abrace. En la vecindad del pecho porque vuestro afán descanse, os colocará mi afecto. Solo en esto favorable mi estrella ha sido. Qué es esto, Conde? Querer que se enlace, Señor, en el nudo estrecho de dosfinas amistades, a impulso del tiempo, el noble dividido maridaje. Y porque nada dudéis, el Monsiur, que está delante, es Aldérico de Nimes, de conocido linaje en Francia; en Paris logré conocerle, y visitarle, cuando a pedirle socorro fui, contra Fernan Gonzalez, muerto Conde de Castilla, cuyas cenizas renacen a nuevo ardor, en su hijo el Conde Garcí. Fernandez. Y pues esto es cuanto puedo, valiente Hiscen informarte, en razón a que no sea sospechoso su viaje, traidora su resistencia, ni engañoso su dictamen; él os dirá lo demás. Si haré; que no es bien recate el pecho a heroe, a quien ha pues (t la suerte tan de mi parte, que hace a un infeliz dichoso, No adelante pase vuestro informe, pues ya sobra teniendo quien afiance vuestra verdad, en el Conde, un apoyo semejante. Y pues dándome están prisa las fatigas Militares, con él os quedad, creyendo, (pues solo a desempeñarle, desde el Betis hasta el Duero; se estienden mis Estandartes,) que al que él favorezca, ayude, y al que él patrocine, ampare: Ven Mahomar. Una, y mil veces beso vuestras plantas Reales. Ambición, no desconfíes, de que mis sienes esmalte la Corona Cordovesa; pues no es razón, que nos mande un Rapaz. Decid, Soldados, porque la palabra pase: Hiscen viva. Viva Hiscen. Viva, porque yo le mate. . Ya se fueron, y ya es bien, sin embozos, ni disfraces, revelarme vuestro intento. Ay, Cónde! que apenas sabe mi dolor por donde empiece a referirle. Dejadme, al miraros en Castilla, que malicie, que a ella os trae Argelina su Condesa. Qué presto, Conde acertasteis mis penas; pero qué mucho, si al revelaros mis males, en Paris saber pudisteis la causa de donde nacen. Sé, que de su perfección, siendo declarado amante, la perdisteis; pues haciendo la fortuna, que pasase a tratar, no sé que pactos, para confirmar las paces Garcí. Fernandez el Conde, (a quien hoy Castilla aplaude,) a Francia, casó con ella, trayéndola a que mandase su Cetro, en fe, de que siendo hijo del Conde de Nantes, igual era el explendor de una sangre, y otra sangre. Pues ya que sabéis, (ay Cónde!) cuanto, a quien ama constante, dura un obstinado afecto, leed, (o mi dolor me mate!) al cabo de cinco años, la causa de mi viaje. Si haré, mas quien os la escribe? Una Dama, que fue antes tercera de mis amores; y estando a su lado, sabe los secretos de su pecho. Aunque tanto arrojo extrañe, leer quiero. Ah memoria! cómo me asistes, sin que me acabes? Aldérico, quien conserva en todo tiempo constante el deseo de serviros, no fuera razón, que os calle, como mi Ama la Condesa, sin que pudiese excusarse a la violencia de un Rey y a la persuasión de un Padre, está violenta en Castilla; y ya que por no fiarle al papel, callo el motivo de que su disgusto nace; deciros, para cumplir con mi confianza, baste, que quien quiso una vez bien, olvidó mal, nunca, o tarde. La Guerra, pues, es motivo, de que a Santístevan pase de Gormaz con su marido; lo puede ser, de que alcance vuestro afecto recobrar lo que perdió: Dios os guarde. Qué decís de mis desdichas? De vuestras felicidades dijeráis mejor, aunque es fuerza creer, que os engañe este aviso; pues no puede ser mujer de las que saben hacer, que un amor se premie con que una fama se aje. En qué queréis, qué os ayude? En que si acaso lograre mi despecho lo que, si no me mienten las señales, es posible que consiga, en vuestro Campo me ampare el valor de vuestra diestra. Si cuando de mí se vale un amigo, antes procuro servirle, que aconsejarle. Yo esa palabra os empeño, en fe; de que de mi parte está de Hiscen el favor. Oh! quiera el Cielo, que pague tal fineza; y mientras yo busco medio, que me allane el entrar en San Esteban, donde tanta duda aclare, haced vos, que::: Centinela, Castellanos, por la parte del bosque. A reconocerlos la primera Guardía avance. Arma, y pase la palabra. Arma, y la palabra pase. Pues este estruendo pública, que hay novedad en los Real es, ir a averiguarla importa. Siguiéndoos voy: amor dame, o para volar tus flechas, o para herir, tus carcajes. Déjame Elvira sentir mi mal. Cómo puede ser, si el que es en ti padecer, ha de ser en mi morir. En fin, mi dicha murió? De qué lo arguyes? Lo arguyo, de que si a ser dueño tuyo Tello Manrique llegó; pues tu padre le ha ofrecido tu mano, y él la desea, fuerza es, que tu mano sea de quien más la ha merecido: Y así, deja que mi muerte consuele mi desventura, cuando pierdo tu hermosura. Lo que propones, advierte, mi bien, contra mi opinión; (ta pues aunque es verdad que inten mi padre, sin darme cuenta de su empeño, o su intención, que sea mi esposo Tello, que a ti solo te amo, digo. Cuerpo de Cristo conmigo, acabáramos con ello, que está mi pobre señor temiendo, que venga el gato, y arranque del garabato la asadura de su amor. Qué no ha de perder las mañas de meter, venga, o no venga, su cucharada de arenga Casilda de mis entrañas, por quien sin duda el refrán, el estrivillo canto, de Casildí, Casildó; qué te ha hecho este Perillan, que así le tiras? No chiste adonde hablare su amo. Oh cuánto, Elvira, te amo! pero temo (ay de mi triste!) aunque tengo confianza de tu afecto, y mi razón, que acierte tu corazón a saber lo que es mudanza. No responder es razón a tan necio desvarío. Note enojes, dueño mío, que es desconfiado amor. Bueno, no se ha de enojar si crees, que no puede haber mujer, que no sea mujer? Bien pudiera usted callar también, sin que en este juego, que hacer Cupidillo traza, quiera levantar su baza. Si tanto a merecer llego, ay Elvira! que mi fe pague tu afecto constante, no habrá riesgo, que me espante mas por qué, mi bien, por qué tanto de mí te retiras? no adviertes, que en mis disma si hay vida para tus rayos, no hay valor para tus iras? Ame ofendido el pensar, puede mi amor mentir. Pues ya es hora de venir los Condes, no con estar aquí, demos a quien pasa, que maliciar. Dices bien, aunque no hay reparo, en quien dentro de una misma casa, (por haberse aposentado aquí sus Altezas hoy) viere que a su cuarto voy. Tanto a tu padre ha estimado el Conde, que no ha querido tener otro alojamiento. Y tanto al cortejo atento de la Condesa he debido, que en el empleo de Dama, servirse quiere de mí, todo el tiempo que esté aquí. Eso, y más debe a tu fama su estimación, mas porque se asegure mi temor; hazme mi bien un favor: templando el ceño. Si haré y el color del lazo acuerde así tu desconfianza, que aún vives con esperanza. Oh nunca su pompa verde marchite el tiempo traidor, ni con rayos, ni con celos. Estáis contentos recelos? Estamos buenos honor? Elvira, cuya luz sigo, de otro amor se compadece? Mi hija, o ingrata! favorece a Fernando mi enemigo? Envidia vengarte intenta. Honra embarazarlo traza. Felice amor! Plaza, Plaza. Ya los Condes, según cuenta, llegan. Pues esto es servir, a diós Fernando, a más ver. Perillan a Dios. Mujer, no me darás, por cumplir, a mi otra cinta. Mi amor siguiendo va tu influencia. Si te maltrata mi ausencia, consuélete mi favor. Ya se fue, salir es justo a castigar su esadía. Solo quedó, saña mía, direle, que a mi disgusto esta empresa solicita. Sabes lo que he reparado! Qué? necio. Que Paladeado del dulce de la visita de ir a Misa te olvidaste, y ya es tarde. No lo es tanto, que en su sacrificio Santo, no quede tiempo bastante, porque mal de otra manera, aunque la vida importara a esta devoción faltara. Dices bien, porque eso fuera perder, no considerando otra cosa buena en ti, la que tienes. Por aquí podremos salir. Qué miro! que a tan maltiem- Don Tello Manrique llegue! (po Qué Nuño Bermudez venga cuando estorbe, que me vengue? Disimular es preciso. Caballeros, qué se ofrece en qué os sirva? Aunque tenía que hablaros precisamente, por no embarazar a Nuño, lo dejaré hasta que encuentre otra ocasión. Vuestra atenta cortesanía me mueve, pues me sucede lo propio, a que hasta otro día deje mi diligencia. Supuesto, que no es, según parece, caso de mucha importancia, y que ya los Condes vienen, a ocasión, que en este puesto no es posible detenerme; yo os buscaré a cada uno. Bien está. El Viejo, me huele a impedimento; y el Tello, tiene una cara de Viernes, pues es de color de acelga: qué será esto? qué será esto? Infeliz suerte, poco a poco: Dios os guarde. El Cielo con bien os lleve. Hasta que mi enojo brote. Hasta que mi ira reviente. Plaza, plaza. Celos:: Honra:: Oh la venganza, o la muerte. Ya que en el belico afán de recorrer los Cuarteles, que a vista de San Esteban, con mi Castellana gente, portátil Ciudad fabrican, instable Población tejen, fingiendo los pabellones, almenas, y capiteles; gastamos, amada esposa, aquellas horas alegres, en que Alba, y Sol desperdician, o perlas, o rosicleres? Bien será, que a esta fatiga dichoso afán de los Reyes, suceda el descanso. Cómo, quien la fortuna merece, noble Conde de Castilla, de ser vuestra esposa, puede cansarse de ser dichosa, pues a vuestra sombra tiene alojada su fortuna? Semblante, no me reveles el disgusto con que vivo? Ya, Señor, el pobre albergue de tan humilde hospedaje se quejaba, al ver ausentes dos Soles, que le iluminan, de que solo para él fuese noche el día. Vuestro afecto, Nuño Bermudez, conviene con vuestra lealtad. Elvira? Dejad, que los pies os bese, Señora, fe que se humilla, solo para que se eleve. Tello Manrique? Señor? Para que el trueno comience a dar indicios del rayo, a Hiscen, cuya saña ardiente, en demanda de Don Vela, talar mis Campos pretende. Para una salida haced, que de mis Tropas se apresten con la mayor brevedad, hasta ducientos Ginetes Navarros, que a la gurupa para igual empresa lleven otros ducientos Infantes Navarros, y Aragoneses, cuyos cuerpos mandaréis, para que el Moro escarmiente, Vos, y Fernan Antonilez, Capitán de quien aprende lecciones Marte, pues ambos estáis de sobresalientes; a cuyo destacamento, porque no el triunfo se arriesgue, segundaré con mis Guardías Voy, Señor, a obedecerte; y ojalá Amor con mi pecho la primer saeta encuentre del contrario, pues con celos será lisonja la muerte. Por sí, como yo vio Tello cuanto Elvira favorece a Fernando, diré al Conde el pesar que me sucede, para que el empeño ataje. Oyes, señora, no adviertes los ojos de gato en celo, con que así a sonsomanete te mira tu Padre? En vano me amaga, si es que pretende, que desista de mi amor. Eso sí, fuerte, que fuerte, y ruede la vola. En tanto, que a ver voy unos papeles, bien es, divina Argelina, (en cuyos ojos ardientes, tantos incendios el alma con hidrópica sed bebe) que os retiréis al descanso. Cómo, ay de mí! puede haberle para quien confusa en tantas imaginadas especies, a morir de lo que anima, vive de lo que fallece? Aparte, señor, quisiera, que hablarle me permitiese vuestra Alteza. Entrad conmigo Bermudez, pues igualmente maneja mi authoridad, para que lidie, y gobierne la blandura con que escucha, al enojo con que vence. Si el Conde cobra la cinta, así estorbo, que se empeñe Manrique, y si Elvira acaso al ver mi ceño no cede, morirá antes que se case. . Quieres para que se temple la tristeza, gran señora, que os aflige, que desde ese mirador distante, para que a media voz lisonjee cante la Música? Qué le faltara al inclemente influjo que me persigue? hay Elvira! si cupiese, a remedios de la industria, oh templarse, o suspenderse? Qué es vuestro mal? Que sé yo, y déjame no me fuerces, a que del volcán que oculto; alguna ceniza vuele. Llegad, que aquí está, Al mirarla, viva estatua soy de nieve. En eso para el arrojo, Aldérico, de atreverte a llegar aquí? No ves, que implicados igualmente, cuanto el afecto me arrastra, el respeto me detiene? Yo avisando a la Condesa romperé el inconveniente: mas no, mejor es que tú; llamando a otra Dama, llegues, no al vernos juntos malicie, que en fe de mi Carta vienes, Dices bien. Adiós. Yo llego: Madama, queréis hacerme favor de oírme dos palabras. Decid. No sé, qué setiene? mi pena; hoy más, que otros días, que avivando nuevamente los amagos de otro susto le ve, como que sucede. Voy a serviros. Fineza, para qué cuando amas, temes? Un Paisano Peregrino, que hacer viaje pretende a Santiago de Galicia, te quiere hablar. Di que llegue, quizá hablando de mi Patria, conseguiré, que se temple un rato mi mal, si acaso tantas penas se divierten. Bien podéis llegar Monsiur. Si de la Deidad fue siempre; (muerto estoy!) noble atributo la piedad:: Cielos, valedme. que es Alderico. a esas plantas, a buscar su amparo viene un infeliz, que sí:: cuando: El primer pobre es aqueste, que para pedir se turba. Qué decís? Honor advierte, que eres mío. Turbación, no mis designios reveles! . Que si de lo soberano es crédito lo clemente, . os compadezcáis, Señora, de quien de una adversa suerte, huyendo en extraña patria, espera hallar solamente el colmo de su fortuna. Decoro, fingir conviene, que no le conozco. . Has visto Peregrino de más dengues? Ve, y calla. De dónde sois? A unque mi infeliz Oriente fue Nantes, en Mompeller, Señora, he vivido siempre, a causa de que mi Padre pasó desde mis niñeces, a ser criado del Duque. Bien está: haz, Nise, que a ese Extranjero Peregrino, para que su viaje abrevie, se le dé alguna limosna Aunque por tantas mercedes, os beso otra vez las plantas, otra, mi humildad espere de Vos. Decid: confusión, . qué me quieres, qué me quieres? Por si no me ha conocido; pues no está el Conde presente de esta manera la avise quien soy. Pues qué se os ofrece en Castilla, en qué os ayude? Este memorial contiene mi pretensión, y pues de él toda mi fortuna pende, despachadle favorable. (die Creed, que haré cuanto a favor de vuestros males. y encontra de vuestros bienes ve, Nise, a que le despachen, Seguidme. Fortuna aleve, pues mi osadía me anima, no tu ceño me escarmiente. Qué incluirá, Cielos injustos! Qué incluirá, Estrellas crueles! este papel, que en mis manos:::: El Conde mi Señor, vuelve. Y tu Padre de reata. (ces, Ay de mí! una, y muchas ve- que sin saber lo que incluye, no es bien, que conmigo quede; pero así he de remediarlo. Al cuarto del Cónde vienes? Por si en él encuentro a Elvira me he atrevido de esta suerte, a entrar dentro de él. A bien, que por lo que sucediere, traemos oída Misa. (peñe Pues no es razón, que me em- con el Conde, hasta saber lo que este Monsiur pretende; y si le halla en mi poder, es fuerza, que quiera leerle. Este Memorial, Elvira, guarda, en tanto que se ofrece ocasión de verle a solas. Bien de mi fiar se puede tu cariño Menos mal es, que si le lee, recele algo ella, que no, que el Conde cuando en mi poder le encuentre alguna malicia avise. algún recelo despierte. Os vais? Salir quiero al paso a mi esposo, o cuanto tienes qué discurrir, susto! al ver como Aldérico se arreste a venir donde a sus ansias responda con mis desdenes. Ve, y en tanto, que yo a El- busco, por si consiguiese (vira, quemar mi vista en sus ojos, para dar envidia al Pénix, junto a la Puerta del Río te doy orden, que me esperes con Caballo, Escudo, y Lanza. Si haré; mas, Señor, advierte, que también yo a Casildilla, estropajoso juguete de la cocina del gusto, quisiera decir adrede mas de mil bachillerias. No seas loco, y obedece cuidando de no hacer falta. Eso se dice a un sirviente como yo? Estaré más fijo, que el Cobrador de un Vejete, que a una casa, en que vivía, iba por los alquileres. Pues ya mi Padre, y el Conde como en el camino encuentren a Argelina, (cuyosusto he extrañado, el pasotuercen:: Alma, albricias, que aquí está. Mientras de Fernando ausente, o su memoria me adula, o su riesgo me entristece; acía mi cuarto: mas ruido hay detrás de los Canceles, guardar el papel importa: quién, quién está aquí? Quién puede ser quien tus reflejos siga, ser quien tus luces aceche, que no sea quien respira, en fe de que tú le alientes? Bien de tu fineza creo esa fineza; mas vete, que no es ocasión ahora de pararme a responderte. Qué de prisa estás, aguarda. El motivo, que me mueve, resulta en provecho tuyo; pues si mi Padre me viese, que anda en esa galería con el Conde, era exponerme a que su sospecha aclare. Pluguiera amor, que eso fuese. Pues qué discurres? Discurro al verte, ay Cielos! al verte guardar un papel, que ocultas, que Tello Manrique intente hurtarme una dicha, y tú:: No prosigas, cesen, cesen el lavio que lo pronuncia, y el delirio que lo cree; primero, un rayo:: No jures, pues puedes satisfacerme. Cómo? Dándome el papel. Si hiciera, si no tuviese confianza, que lo estorbe. Fingidos inconvenientes, nunca faltan, que autoricen la cautela de quien miente. Y pues otro medio, Elvira, no ay, que o mostrarle, o perder me; quédate con él, que a mí, para ver cuan falsa eres, mebasta ver, cuan avara de mis alivios procedes, negándome un desengaño. Fernando, oye. Qué me quieres? Que aunque a una obediencia falte; que aunque una obediencia arriesgue, leveas; este es, qué aguardas? Ay de mí! que al ir a leerle, está el recelo cobarde, cuanto está el temor valiente. Quién en su suerte importuna murió a manos de una ausencia hoy vuelve en vuestra presencia a recobrar su fortuna. Pues ya habrás sabido de él, que no viene para mí, asegurándote así: dame el papel. No es papel, Áspid es, cuyos enojos introducen inhumanos la mordedura en las manos, y la ponzoña en los ojos. Qué dices? que en nueva lucl vácila el alma. Ah cruel! quieres, que te informe él de mi mal? Sí. Pues escucha. Quién en su suerte importur murió a manos de una ausencia hoy vuelve en vuestra presencia a recobrar su fortuna. Si en vos hay piedad alguna, empleadla en mis desvelos, viendo entre los desconsuelos de mal pagados ardores; como estará con favores, quien está firme con celos. Ves en mi infelicidad, cuanto es cierta tu traición? No, Fernando, una ilusión pase plaza de verdad: un Peregrino, que ahora de aquesta cuadra salió, a Argelina se le dio, y ella a mí. No ves, traidora, cuan mal medio has elegido de acallar a mi cuidado; pero, por qué te he escuchado aleve, si te he perdido? Y pues no hay razón, ay Dios! que a tan hidalga fineza, no responda tu belleza: toma el papel, que yo en dos acciones indiferente, huyendo de ti, haré alarde, de que es ser amor cobarde, ser el pundonor valiente. Si del suelo le recibo, . es, porque mi fe interesa, volvérsele a la Condesa; no porque dar apercibo respuesta a la confusión de ese papel en mi daño. Bien es querer, que un en- gaño ser pueda satisfacción. Te vas? Sí, tirana. Mira, que maltratas mi inocencia. Mentir puede esta evidencia? Sí, Fernando. Cómo? Elvira? Disimula, ansia cruel! Qué viniese Nise ahora. Argelina, mi Señora, me envía por un papel, que en vuestro poder dejó. Este es, que en mi mano está, dádsele, y decid, que ya iba a llevársele yo. Bien está. Quién, Santos Cielos, igual dicha vio jamás! adónde, mi Elvira vas? A no escuchar vuestros celos, Tu saña el rigor mitigue. porque mi perdón abone. Qué es eso? de qué os perdone? No basta que no os castigue? . Fuese airada, y con razón; más disculpa mi amor tiene; pues fineza en amor viene siempre a ser la sinrazón, y ahora que puedo conmigo discurrirtan nuevo acaso; qué será? más paso, paso; que aunque soy Juez, y testigo, habiendo visto un papel amorofor, cuanto ciego, y que la Condesa luego envía a Nise por él, sin que a descitrar acuda un enigma tan extraño, entre duda, y desengaño, menos mal será la duda y así:: Buscándoos Fernando; hasta aquesta galería he entrado. Qué me mandáis? No es para la intención mía este buen sitio: Pues vamos donde gustaréis; malicia, p ya discurro su intención. Aunque aventure mil vidas cobrare el lazo. La marcha ya de que ha llegado, avisa la hora de salir la gente; y si mi Amo se descuida, se quedará por las costas; que va, que está oyendo Misa, que este hombre, que cabiztuetro roye Santos todo el día, ande con Elvira en tantas andantes Caballerias: Mas si ser su esposo intenta, como lo dice una firma, que tiene de ella, y Manrique a requiebros se la guizga, no me espanto, que se enfade, porque yo soy un gallina, y sobre esto de mi dama, me matare con mi tía; pero él viene con Don Tello; arrimome aquesta esquina, que él llamara. Aunque las armas ya nos están dando prisa, y somos los dos los Cayos, que han de mandar la salida: qué se os ofrece? Yo quiero cobrar de vos una cinta, que os dio una Dama. Es engaño; pues no tan favorecida se halló jamás mi esperanza, que esos favores consiga. Aunque pretendáis cumplí con su honor, con la hidalguía de negármelo, no hagáis, que en desaire mío os diga que os la vi dar. Vos lo visteis? Sí. Pues no será mentira: Perillan? Señor. La Lanza que tenías prevenida, llega. Qué tiene qué ver, con que yo la cinta os pida, que él la Lanza llegue? Tiene, que al ponerla por divisa en su rémate, os demuestro cuanto mi afecto la estima; pues de la Deidad que adoro, siendo culto, y siendo cifra, en su nombre vence elbrazo, que en obsequio suyo lidia. Y pues marchando la gente, a castigar la osadía del Moro, no deja tiempo a otra respuesta, seguidla, y veréis, que en la Campaña, al que en cobrarla porfía, a lanzadas solamente, doy los favores de Elvira. Cayose la Cinta acuestas. Bien está, y la acción os dig cuan poco susto me ha dado, esa arrogante noticia; pues para seguiros, tengo tanto valor como envidia. Fabio? Señor. Dónde está el Caballo? De la Brida, atado a una reja, espera junto al muro. Pues camina que hoy hijo de Marte, Amor verá, que muestran mis iras, como Marte satisface quejas, que Amor origina. Esto va de mala dara, y si de mi Astrología no miente el juicio, ha de haber estupenda chamusquina, entre Manrique, y mi Amo: mas quien le mete a un gallina, en ser testigo de duelos: y pues está aquella Ermira brindándome a dos enjuagos de miel rosada de Esquivías: Vaya un trago mientras ellos, pues a media rienda pican, dan sobré el Moro, que luego que se acabe la paliza, podré seguirlos. Mahomad, si no miente la tupida niebla, que el Pueblo conjela; no es la que acía nuestras líneas a toda marcha se acerca gente Castellana? El día, que en nuestros ojos deslumbra; lo que en sus pavesas brilla, estorba reconocerla. Ya como la arena pisan del Río, y la vaga nuve se deshace, o se retira, distintamente se ven los pendones de Castilla. Pues a cortarlos el paso, Conde, y por senda distinta, vos Tarif, con los valientes Flecheros de Andalucia, escarmentad su ardimiento. Presto de su saña altiva veréis, gran Señor, que triunfan los filos de mi cuchilla. . Lo mismo te ofrezco yo, hasta que el Duero se tiña de Cristiana sangre. Arma, arma. Ven Mahomad, que mi osadía no permite estar ociosa, teniendo el riesgo a la vista. . Tras ti voy ojalá tengan tan de su parte la dicha, que no quede Moro vivo; pues nada me importaria mas, que quedando sin tropas Hiscén, conseguir, que ciña la Clorona Cordovesa, en fe de las prevenidas cautelas de mi asechanza el ansia de mi codicia; mas porque de mi tardanza mis traiciones no colija, es bien, que a su lado me hall r Arma, arma. Castilla viva. 1. Viva, África. Un rayo es cada enarbolada pica del contrario. A retirar toca, no aventure un día el logro de tanta empresa, pues nuestra gente perdida, no es posible defendernos: La fragosa estancia umbría del Bosque nos haga espaldas, para llegar defendida la poca gente, que queda. Pues el Moro se retira a la maleza, piea tierra. Ninguno quede con vida. Pues mi valor:: Pues mi esfuerzo:: Mas, qué mis enojos miran? Buena ocasión se me ofrece, de que mi valor prosiga, lo que ha empezado Fernando. No prosigáis, que entendida ya la intención, solo intento complacerla, y no argüirla, Qué hacéis? Poner este lazo, donde de padrino sirva, al desafío de entrambos. Teñido en sangre Morisca pudierades conocerle, a no avisarme mi envidia, que es él, pues me mata a celos No es si no implicado enigma, que ha añadido a mi esperanza los matices de mi ira; quien quede vivo le lleve. Está bien. Qué valentía! Qué esfuerzo! Allí los aceros con el ruido nos avisa, que aún dura la lid. Lleguemos todos. Qué Aún porfía tu resistencia. Fernando, Tello, pues como atrevidas vuestras cóleras me enojan de esta suerte? Lanza mía, vuelve a casa, quien te ha heo lanza de aquesta sortija? No respondéis? Señor, yo:: Basta, pues, si mi malicia no me miente, ya discurro el empeño que os desvía a singular lid, teniendo pecho contra quien se esgriman tan vencedoras espadas: y por vida de Argelina, que si encuentro resultare de este duelo, y se duplica el arrojo, escarmiente el brazo de mi justicia. Preciso es, que os obedezca. Su amigo soy. Asinillas. Grave pena! De todo esto tiene la culpa mi hija; pero yo pondré remedio. Y puesto que fugitivas las Escuadras Moras, no hay Enemigo, que resista: a Santistevan, Soldados, que del ardor, que me anima, para avisarlos su estrago, esta no es más que una chispa. Toca a marchar Trompetero. Calle el busón. Por San Dimas, que me gusta. Majadero, no quieres callar? pues hincha. Ya, Elvira, vuelvo at Y:: (oj Viva el Conde de Castilla. Viva, y beba, pues no hay nadie que como no beba, viv

JORNADA SEGUNDA

segunda jornada ese Con que en señor Alferez novicio, la Condesa pidió a mi Amo, por daros algún alivio, para Vos ese Venablo? Tan gran favor he debido a su piedad. Pues por cierto, que en no abanderarme el brío, se me ha hecho gran injusticia; porque ha tres meses que sirvo, y hasta ahora no he hecho una guardia. Sois el criado querido del Capitán, y excusaros de esa pensión es preciso. Lo que digo es, que si el Conde no da en premiar los servicios de hombres como yo, no habrá quien De vos lo creo Ahora bien, pues justo es mudar de estilo, sepa usted, señor Alferez, según el Sargento dijo, que esta noche entra de guardía; en la Puerta; que entre el río, y el Jardín de la Condesa es aventurado sitio, mas que todos. . Mi valor sabrá atropellar peligros. No obstante; pero Argelina a estos Jardines floridos, sale. De los Instrumentos, bien claro lo dice el ruido. No venís? Quedarme intento, or si la suerte consigo de besar su mano. Alón, que yo pues mi amo se ha ido a cierta han lante aventura, y hay aquí algunos realillos de la sisa; voy a ver si tienen los dados cincos. . En la puerta del Jardín, según el Soldado dijo, no entró de Guardía: Argelina en su apacible distrito todas las noches no templa las cóleras del Estío? El Duero no facilita, que a su murado postigo llegue un Barco? de Don Vela no tengo pronto el auxilio? y en fin, para máquinar tan arrojado delirio, no tengo celos? Si: pues:: pero, pensamiento mío, no tan aprisa en el lienzo de aparentes silogismos, pintes posible mi dicha, corriendo tan mal conmigo a consejos de mi estrella, las sañas de mi destino. Y pues la Condesa viene, a esta parte me retiro, hasta llegar a sus plantas, para dar a un tiempo mismo quejas de una sinrazón, y gracias de un beneficio. Quién infelizmente llora los rigores de un desvío, mal hace, si a su escarmiento no le encamina su olvido. Albricias pedir pudiera, gran Señora, a mi cariño mi lealtad, al ver, que hoy vuestro dolor más remiso, a la diversión acorde de la Música, ha querido no negarse, como siempre. De qué me sirve ese arbitrio, Elvira, si los remedios, sirven, como poco activos, de crecer el accidente? Señora, allí está Alderico. Ya le he visto, y quizá dice la letra, porque le he visto, haciendo eco a los desdenes con que trato sus gemidos. , . Quién infelizmente llora los rigores, Ingrato fuera, Señora, quien habiendo merecido por vos, que adorne a un humilde Extranjero peregrino esta militar insignia, a la Deidad por quien vivo, no la postrara por feudo, aún más que por sacrificio: en cuyo agradecimiento, rendidamente os suplico, me deis a besar la mano. Habiendo tantos testigos; negársela, es despertar . (pues atropello el estilo) algún recelo; y dejar, que discurra inadvertido, que es favor; si se la doy: con que en iguales peligros, parta distancias el guante. Si esta novedad se hizo, Señora, para advertirme, cuan siempre imposible ha sido la dicha de un desdichado, superfivo ha sido el aviso, pues mal ignorar podía, que nunca se ha permitido venturas tan soberanas, a méritos tan indignos; pero ya que mudar traje, no es variar color, rendido, toda es nieve la que toco, todo es fuego el que respiro. . Discretillo es el Alferez. otro vislumbre, otro viso me dio mi sospecha; pero callemos lo que malicio. Creed, Monsiur, cuando no fuera motivo lo que os estimo, para que habiéndoos quedado en San Esteban conmigo, consigáis algún ascenso, que sobra para motivo el ser de una misma Patria. En esa razón confío, que ha de crecer mi fortuna, hasta que a lo que he venido consiga. Hasta aquí llegar mi intercesión ha podido con el Conde, en adelante vos veréis a vuestro brío lo que toca hacer. Señora? Qué hay Tello? Habiendo venido a estos Jardines el Conde, por divertir los prolijos afanes de la campañas que pongan las mesas quiso en aquesta galería, con cuyo aviso he venido, porque le esperéis en ella. Si es ley para mí su arbitrio, como el que es precepto suyo puede no ser gusto mío? está bien. Si hallar pensara aquí a Elvira, cuyo hechizo, si me animaba milagro, ya me mata basilisco; excusado hubiera el verla. Cierto, que quedó lucido el tal Tello en el empeño de la cinta. Si advertido le tomó sobre si el Conde, mandándoles ser amigos, qué puede hacer? Ya su Alteza llega, Señora, a este sitio. En buen hora venga: oh cuánto me venzo, cuando le miro! No os olvidéis, gran Señor, de lo que os tengo pedido, recobrando aquella cinta. De que eso digáis, me admiro, cuando yo, Nuño Bermudez, de lo que ofrezco me olvido? Que esto hayan de ver mis celos? Bien, bellísimo prodigio de amor, avisó el murmúreo de las hojas, el bullicio de las fuentes, y entre tantos lisonjeros atractivos de las flores, y las Aves, los aromas, y los picos, que estaba cerca la Aurora; pues a fin de divertiros, alternaban consonancias, fugas, fragrancias, y trinos, rama a rama, vuelo, a vuelo, rono a tono, y hilo a hilo. Cuando de vuestra fineza, noble esposo, mi cariño, por no decir adulado, se halló menos aplaudido? La deuda, nunca es aplauso; y pues, que ya en su equilibrio parte el Cielo el Sol, y el viento templa lo que él ha encendido: Sacad las mesas. Paciencia, corazón. Dónde habrá ido, Fernando, que no parece? Él se entenderá consigo; pero si a la noche tengo de tenértele escondido en tu cuarto, qué echas menos? No verle, es poco martirió? Qué gracia! lo que me gusta una niña con deliquios. Mudad el tono, y la letra, porque esté más divertido su Alteza. Estando con vos, eenada es pena, todo alivio. Canten, que de celos lloro. Canten, que con celos gimo. De los rigores de Agosto se queja el campo marchito, y en voz de un arroyo el tiempo, dice con lengua de vidrio; Paciencia, Campañas; Esperanza, Riscos, que habrá Primavera, pues ha habido Estío. Tened, parad: qué clarín, haciendo el horror bien quisto, deseando, que le hieran, se queja de haberle herido? Un Embajador, Señor, del Moro. Qué eslo que he oído? Aguardando está a la puerta, a que permita el Rastrillo entrar, a hablar a tu Alteza. Clotaldo? Señor Invicto:: Id, y con la Salvaguardía, que en la Milicia es estilo, conducidle a mi presencia; que escuchar al Enemigo, siempre es util. Mi obediencia os dirá, cuan pronto os sirvo: o si fuera a quien pudiese . decirle lo que máquino! Mal hace en fiarse de él, mas si ignora sus designios, qué hay que admirar, que se e gañe. Cuál huele, pléguete, Cristo, Adónde Soldado vas? A comer con los ocicos. Volveda atrás. Un Soldado? quién tal dice? Pues salios. Qué es salir? Por no salir, no salí yo a un desafío. Pues yo os echaré: Qué es eso? Un Criado antojadizo, que hambriento se entró al olor de las lonjas de tocino; porque es Fámulo de muestra. A quién servís? Buen principio; a Don Fernando Antolinez. Dónde, pues no ha parecido, está vuestro Amo? Y eso, qué tiene que ver, Rey mío, con darme algo, que divierta el ocio de mis colmillos? Tomad esa polla. Ahora, que pues la he entrado, la tiro, os diré lo que sucede. Y es? Que habiéndose vestido, después de hartarse en la Iglesia, de oír Misas a dos carrillos, como yo de esta pechuga, verbi gratia: Ay tal maldito? Me mandó poner el tordo, y sin haberse querido armar, al Campo contrario, se fue pásito a pasito, según dice el que le vio salir del Lugar: mas digo, aquestas pollas, las compra, Señor, el Caballerizo, o el Mayordomo? Por qué lo decís? Porque en mi juicio, según lo duro, se han vuelto los cacáreos, relinchos: más volvamos al suceso, que no está lejos. No os dijo algo, antes de qué saliese? Atascose en el galillo un hueso de la cadera; Señor, si no me dan vino, no puedo acabar el cuento. A hombres de vuestro capricho no se niega nada. Hola, de beber, y que sea tinto, que tengo el higado ardiente? Mal provecho. Venga, y brindo a vuestra salud; ahora es otra cosa; prosigo: lo que me dijo al salir, fue, que del Campo enemigo, para que comieseis hoy algún manjar exquisito, iba a traeros los postres. Los postres? No, que son sigos: supongo yo, queso fresco, aceitunas, y palillos. Ay de mí! que algún arrojo, tan como siempre atrevido, ha intentado:: Aquí está el Conde; pues ya os he dicho, amigo, lo que discurren mis celos, hasta que pueda advertiros de lo demás, por ahora disimular es preciso. Vuestro soy, y bien lo muestra el disfraz de mi vestido, pues por saber de vos vengo. Despejad, que llegar miro al Embajador. Aspacio, que aún faltan unos poquitos de huevos hilados, para desensevar de lo frito. Alá, Conde, te prospere. Seas, Moro, bienvenido: y pues por no detenerte, s de esta suerte te recibo; di a lo que vienes. Si haré; e pues de este desaire fío tomar venganza en campaña. Arriscado es el Morillo. Hiscen, de Cordoba ex- celso jurado Monarca invicto: Fernan Antonilez viva. No prosigas, que este ruido fuerza es saber, quien le causa. Mi amo podrá decirlo, pues entra hasta aquí. Ay amor, de que gran susto he salido. Generoso G a quien la Castellana Monarquía su heroico Conde aclama, siendo aún mayor tu esfuerzo, que tu fama, esto es haber salido en nueva gloria, por no tener un día sin victoria, a ejercitar el brazo en la batalla, y pues rendido a vuestros pies se halla ese Estandarte, que he ganado al Moro, aumentando decoro a su decoro, pues aún más vanidades le promete, que allá ser nube, ser aquí tapete. Perdonad, hermosísima Condesa, si por los postres fui de vuestra mesa, que sobre ella mi espíritu sañudo, las saetas arroje, que en mi Escudo, clavó en la escaramuza, que he tenido, arco Africano de márfil bruñido: Bien, que si las consagro a tan mucha Deidad, poco milagro, no del Ara desdice el Sacrificio, pues a Palas, qué culto más propicio, adulada de Cajas, y Trompetas, que consagrarla dardos, y saetas? Pues saetas, y Dardos, porque animos gallardos se engolosinen a una, y otra hazaña, siempre la fruta son de la campaña. Fernando, cuando vos menos airoso a mi vista volvéis? Y pues gozoso admito por vianda apetecida los postres, quetraéis a mi comida, suplid a mi cariño, que no intente por ahora págaros el presente con los brazos, si bien hacerlo espera. Si mil Vasallos, como vos tuviera Antonilez, el Conde mi marido, que era pequeña empresa he discurrido a sus Armas el mundo. Ay de mí triste, que sus dichas envidio? Viste, viste igual valor? Mas qué ahora decir tratas? Qué? Que un Demonio es para las ratas: mas que presto atisbando de medio ojo del duelo del papel cesó el enojo. Quiérole bien: qué extraña tu locura? Que estes tan tierna hoy, y ayer tan dura, Arrogante Cristiano, no sé si tan valiente, como vano, bien se conoce, si en la lid de Marte has traido ganado ese Estandarte; que no estaba en el Campo mi denuedo, pues te hubiera, al mirarme, muerto el mied Antes, si allá estuvieras, el triunfo, osado Moro, me añadieras, de traerte a la estancia en que me hallo, asido de la cola del caballo. A tanto arrojo.: A tanto atrevimiento: Pues como en mi presencia vuestro aliento la espada empuña: qué es aquesto? Nada. Ea, proseguid, Moro, la embajada, y agradeced, que sepa mi coraje, no castigar tan demasiado ultraje. Atajose el empeño, pues fuerza era a su lado morir. De esta manera os obedezco, que en campaña alarde haré del brío. Para luego es tarde. ud Par Hiscen, el siempre aplaudido, jurado, Augusto Monarca de Cordoba, Estepa, Lora, Andujar, Ecija, y Palma, y otras diversas Provincias, que con vanidad de Plazas, la Sierra Morena ciñe, y el Guadalquivir engasta: Salud te envía, y dejando aparte las circunstancias, con que heredado el enojo, es Patrimonio la saña, te hace presente esta vez, que solo viene en demanda, (talando de tus Dominios las infelices campañas) de hacer, que al Conde Don Vela, que desposeído se halla de Alaba, le restituya tu jactanciosa arrogancia el mando de sus Dominios, en fe de que cuando no haya el abono de venir en su socorro sus Armas, hay la razón de haber sido injustas las asechanzas, con que le arrojaron de ellos, o la violencia, o la maña del Conde Fernan Gonzalez tu padre, cuya jactancia no hubiera sido tan suya, a no vivir Doña Sancha su esposa, que le granjeó los fomentos de Navarra. Y pues teniendo a la vista, para cumplir su palabra mi Rey, en ofensa tuya, tan numerosas Escuadras, que cada vez que en el Duero entregan la sed al agua, en fe, de que beben tantos, si no la agotan, la gastan; y Bermudo tu pariente, Rey de León, a quien llama el mundo el Gotoso, apenas por lo apurado que se halla, puede con corta Recluta alentar tu confianza; mira, qué respondes? antes, que de ver, que la malgastas, irritada su piedad, si restituir no tratas el ajeno señorio, órdene tocar al arma, sin dejar en Santistevan una Almena, que no caiga, o a porfías del Ariete, o al uso de las Escalas; si ya no es, que arrepentido de tu yerro:: Moro, calla, si no quieres, que se rompan las leyes de la embajada; y porque respuesta lleves de una vez, cuando entre tantas razones como propones, a una sola satisfaga: dile, que si tan seguro el triunfo tiene, a qué aguarda? pues parece, que le duda el tiempo que le dilata: Vamos, Argelina. Viva sombra soy de vuestra planta: más añadid de mi parte, Embajador, que si asalta a San Esteban, verá, que en los pechos que le guardan para duplicar defensas, son vivientes las murallas. . Señas te ha hecho Casildilla. Decir quiere cuando calla, que esta noche a los jardines acuda. Mucho se tarda el Conde, en quitarme un susto, y cumplirme una palabra: pero lo que su respeto no hiciere, hará mi venganza; pues ya tengo prevenido el modo de ejecutarla. A darle la enhorabuena, se asoma a la vista el alma, Celos, huyamos, por no ver ajenas esperanzas. Elado se quedó el Moro. (bía? Qué es esto, que es esto, ra- de esta suerte se desprecia mi razón? Ah Camarada? Qué se ofrece? Quiere usted, ya que no le cuesta nada, ser mi amigo? Por que desde que vi servarle en la caba, le he tomado una afición, que esún pasmo. Busonada, no quiero, porque no quiero. Razón de Cabo de Escuadra; pero oiga usted. Pues ya es hora, de que salgáis de la Plaza, Moro, seguidme, porque con la misma Salvaguardía os ponga fuera del muro. Guiad; qué en fin está franca la entrada de los Jardines? Sí; pues entro yo de Guardía esta noche. Y qué discurre, Aldérico, vuestra saña? Que si con alguna gente, previniendo alguna Barca, que con disfraz de Villanos haga menos reparada la acción, pudiesen llegar a la puerta, en que os aguarda mi valor, sería posible, pues todas las noches baja Argelina a divertirse con la Música, robarla del poder de quien la logra. Siendo de tanta importancia la facción; pues una vez ella presa, se páctará a medida del deseo, discurrirla, es dilatarla: Y así en lo que con vos quedo, es, en que a tres horas largas de la noche, me tendréis con gente de confianza en favor de vuestros celos. Si logro empresa tan alta, acallaré a mi fortuna. Quién poco arriesga, poco ama. Venid, pues; no esos Sol- dados reparen en la tardanza. Decís bien. Del negro manto (oscura tiniebla vaga,) antes con antes descoge la tenebrosa mortaja. . Fiero hombre, pues para ser amigos no nos bastara, haber comido en un plato? Ahora se viene con chanzas, habiendo comido él solo? Es verdad, no me acordaba; pero entre dos que se quieren, el uno que coma, basta. Vaya para muy truan, treinta veces nor amala, y no me provoque. Voyme, solo porque usted lo manda, y no se hable más en ello. A esta pieza retirada de mi cuarto os he traido, Fernando, no sin gran causa Ya desea mi obediencia saberla Me dais palabra, de decirme una verdad? En los hombres de mi fama es obligación decirla. Pues en esa confianza, dadme, como Caballero, fe, y mano, porque yo salga airoso de cierto empeño, mas de hombre, que de Monarca de hacer por mí una fineza, Si doy; sacadme de tantas confusiones. . Una cinta verde, que tenéis, y guarda vuestro disímulo, es fuerza, que me deis. Ya me espantaba, fortuna, de que olvidase tu ojeriza mi desgracia. Qué respondéis? Pues aquí el Conde, y Fernando, se hallan; escuchemos, si en lo que le tengo pedido, hablan. Qué haré? qué dársela, es obrar mal contra una Dama, y obrar, no bien (contra un Rey, que la ha pedido) negarla: demás, de que para esto el homenaje me ataja, que hice; mas valga la industria, ya que el despecho no valga. Qué decís? Que no la tengo Eso es faltar, cara a cara, a la verdad que ofrecisteis; pues sé bien, que con vos anda, Yo no tengo cinta verde en mi poder, y os engaña quien lo contrario aseguta. De cobrar el lazo trata el Conde: albricias, honor. Al salir de la Campaña, no la teníáis ayer? Es verdad. Sobre cobrarla, no fue el empeño? También. Al ponerla en vuestra Lanza, la perdisteis en la lid? No la perdí en la batalla. Habeisla vuelto a su dueño? No señor, que fuera infamia, habiendo quien la procura cobrar. Ay quien os la guarda, para poder afirmar, que no la tenéis? Tan altas prendas, solo se confían del mismo, que las alcanza. Pues cómo, si la teníáis, y vuestra voz lo declara, no se perdió, no se ha vuelto, ni se ha dado en confianza, decís, que no la tenéis? Cómo decirlo yo, basta. Eso es querer, que en la duda de confusiones tan raras, vacile el discurso. Ay Osadía tan extraña! Hablemos sin embozos, Fernando, que en tan sagradas materias, quizá ofenderlas, suele ser disimularlas: Una cinta, que os dio Elvira, en fe, de que ser aguarda vuestra esposa; y de Manrique, intento cobrar la rabia: no la tenéis? . Sí señor, si tengo, que ya trocada la especie, no es bien negarlo. Adonde una duda acaba, otra comienza; pues como decid, cuando os preguntaba por un lazo verde; vos afirmáis, que no se halla en vuestro poder, y cuando olvido la circunstancia del color, decís que sí? Dad la razón. Escuchadla, y no, Señor, os admire, que busque mi repugnancia, medios, de que no se pierda ventura, que se idolatra. Esta cinta, gran Señor, prenda fue de una belleza, y prenda, que en su fineza, crédito fue de mi amor: Ya su primero verdor, ni aún acuerdo ser alcanza de lo que fue en la mudanza, que el ajeno matiz dice; pero cuando a un infelice, le duró más la esperanza? Verde a mis manos llegó con el debido decoro, con la sangre del Moro, la volví purpúrea yo; si de tantos defendió mi denuedo alhaja igual, ved, que no es de pecho Real, el precisar a que quien os sirvió con ella bien, pueda por vos quedar mal. El que verde la guardaba, negándoosla, no mentía; y el que purpúrea os la envía, ya os rinde lo que os negaba; medid (pues de dar acaba, mi brazo en honra de Dios, un lauro) el fiel de los dos: y en fin, si os obligo así, Gran Señor, haced por mí, lo que hicierais vos, por vos. Ya siento, honor, (y testigo hago de ello al Cielo Santo) de haber apurado tanto a un Vasallo, y a un amigo; mas si a cobrarle me obligo, como a Nuño le ofrecí; como, como podré aquí, en empeño tan cruel, dejarle bien puesto a él, sin que yo me falte a mí? Mas si fue:: Señor? Elvira? La Condesa mi Señora, en el jardín, en que ahora del concurso se retira, pues llegar la noche mira, espera a tu Alteza. Amor, dispon algo en mi favor. Decid, que ya voy. Si haré. Discurso, ya el medio hallé, entre piedad, y rigor: volved, Elvira, no os vais; pues tengo a vuestro respeto, que encomendar un secreto. Ved, señor, que me mandáis? Que dos palabras me oigáis, y valga yo más que yo, al ver cuan bien me sirvió, pues fue lo que yo ofrecí quitarla a Fernando, sí; más volverla a Nuño, no. Este lazo ensangrentado, que de su color distante, fue lisonja de un amante, y crédito de un poldado, me guardad congran cuidado, El que di a Fernando es; yo os doy la palabra. Pues:: Qué viniese esta traidora! Marad, que os le entrego ahora, para cobrarle después. Porque quedéis satisfecho, de que obraré con fineza, por favor de vuestra Alteza, he de encomendarle al pecho: Pretendéis más? Esto es hecho, el Conde está apadrinando . su amor. Suerte, desde cuando tan mudado tu desvío? Ay, mi bien! Ay, dueño mío! Cuando, amor:: Vamos, Fernando. (de Qué enigma es este que escon- lazo, tú no visto empeño, pues a poder de tu dueño vuelves por mano del Conde? Qué enigma es este? responde? Pero, qué hay ya que me aflija, si en confusión tan prolija, me basta solo saber, que ya estás en mi poder; porque otra vez pueda::: Hija? Señor? No reveles, susto, mi alegría? Ven conmigo. go! Qué intentará? hado enemi- Tu sobresalto es injusto, que te asusta? No me asusto de otra cosa, que de verte alterado de esa suerte. Allá sabrás mi tormento: o ha de ceder de su intento, o tengo de darla muerte. Sin mí voy. Oscura noche, que denegrido bosquejo de mi ventura, aún no dejas, que pestanee un Lucero; estate así, hasta que el Alba desalojando tus ceños, traiga al día: y tú pues sabes cuanto importa a mis intentos: nublado, no desenvoces el denso capote negro que al semblante de la Luna, echo la piedad del Cielo. Y a encargada de la puerta, queda mi gente, y ya es tiempo, de que aquel nunca de mí bien idolatrado objeto, en los jardines alivie sus tristezas; pues qué espero, que no me acerco al peligro? ha, Don Vela, si tu arresto me ganase esta ventura, qué feliz fuera un deseo a quien están tus temores, a todas horas, diciendo: Guárdate del engaño Zagala libre, que para las traiciones no hay imposibles. Nise es la que canta, o como me parece, que anteviendo su armonía mi traición, la avisa el peligro; pero en qué, esperanza tetardas, que no vas a dar al viento suspiros, porque a sus soplos, navegue el barco más presto? Amor, piedad da a mis ansias, si te obligan. Pisad quedo. Tan quedo piso, que es zumba aquello depisar huevos. Dónde nos llevas? Adónde te tires cuatro requiebros con mi ama. Oyes? ruido siento acía esta parte del cuarto. Ay Dios! buena la hemos hecho Qué dices? No ves a mi Amo, venir acía este aposento, con pasos de Fraile grave? Y lo peor es, que ello es cierto. A Elvira trae de la mano. Parece novio moderno, que va a andar las Estaciones. Ahora chancitas? Qué haremos? Salir por esotra puerta; que va al jardín. Me convengo. Eso no, que hasta saber, qué es lo que puede ser esto, no me he de apartar de aquí. Pues nosotros nos iremos. Detrás de este cancel, puedes ocultarte. . Por San Peco, que llega ya. Ven conmigo, para que cierte en saliendo. Ah, Señor, has oído Misa? Por qué lo preguntas, necio? Porque saldrás bien detodo, si traes la Misa en el cuerpo. Hay más sustos, corazón! Entra, y calla. Callo, y entro: mala venta te dé Dios, Ven, ingrata. En qué te ofendo, Señor, que de esta manera; el semblante descompuesto, la voz turbada, la acción torpe, y vivo el desaliento, me amagas? Y a lo sabrás. La puerta cierras? Intento quitar a tu vida el paso. Y dar a mi vida el riesgo; qué mal hice en no quedarme; pero qué tarde lo advierto, con la llave; pues arguyo de esta prevención su intento. Todo está seguro. Qué es, Padre, y señor (ea esfuerzo, disimula mi fatiga) lo que intentas? Lo primero, traidora, alevosa, injusta, es arrancar de tu pecho ese purpúreo testigo de mi ofensa, ese instrumento de mi deshonor, y en fin:: mas para qué me detengo, si a consejos de mi enojo, me está dando prisa el tiempo? Y pues todo se reduce, a que, aunquelo sienta el ceño, lo disuada la porfía; o lo resista el afecto, has de olvidar a Fernando, y ser Esposa de Tello. Resuélvete de una vez, en lo que has de hacer, sabiendo, gar injurias, y hay venenos. Estos son, míralos bien: míralos, que hay te los dejo, a fin de que si obstinada, como hasta aquí haces desprecio de mis amenazas, mueras al enojo de uno de ellos. Tú, traidora, contra ti, si no cedes de tu empeño, has de brindar la ponzoña, has de esgrimir el acero, porque eso te tenga más, que estimar el alagüeño, cauteloso amor, de quien tú adoras, y yo aborrezco. Y pues solo te permito un breve plazo pequeño, hija traidora, hija aleve, mira bien, y mira presto, cualte está mejor, en tanto, que yo a tu presencia vuelvo, o fallecer a esas iras, o ceder a estos preceptos. No te entiendo; o casarte con Manrique, o morir. Valedme, Cielos! que a tanto golpe no hay, ni valor, ni sufrimiento. Cómo vivo, si esto escucho! Pero como me suspendo; o estremecida al amago, o sobresaltada al riesgo? Yo esposa de otro, que no fuese Fernando? primero supiera volar el Monte, supiera pararse el viento; pues como puede mudarse, fineza de tanto tiempo? Qué intentará hacer? Y como, si no espera mi tormento otro alivio, que mi muerte, siendo al femenilesfuerzo, más propicio, que la herida, el tosigo, no le bebo, porque acaben mis desdichas? Suspende, Elvira, el des Quién está aquí? Mas, Fernando, tú:: cómo?: No nos paremos en reparos, pues un siglo, nos valecada momento. Has oído mis desgracias? Si en ti vivo, como puedo ignorarlas? Pues si sabes, ay infeliz! que te pierdo deja, que muera por ti. Qué intentas? Triunfar muriendo de un hado, que me persigu No hay remedio? No hay reme- Pues a qué aguardas? apura, si está tu valor resuelto, el tosigo; pero advierte, que en los dos será lo mismo, llegar tú el veneno al labio, que dar yo el puñal alpecho. Qué haces? Partir entre ambos los traidores instrumentos de la venganza de Nuño. Y qué remediáis con eso? Evitar, que cuente el mundo, que fue tu muerte el remedio, y no la mía. Eso fuera, a no haber sido primero mi fineza. Para hacer lo que debo, siempre es tiempo, Yo solo sé, que leal, pues a morir me condeno, he de beber el veneno. Mira, que esgrimo el puñal. Ya me suspendo (ay de mí!) mas de ese acero inhumano, detén el golpe tirano. Cómo, quedando sin ti, puedo en desdichas tan fieras, ser a tu fineza ingrato? Y es, al ver que yo me mató, consuelo, el que tú te mueras? Solo sé, si te enajeno, que debo halagando el mal, fallecer a este puñal. Mira, que tomo el veneno. No le tomes, hay mi bien! sino quieres, sin mi herida, hacer infeliz mi vida. Quién, airados Astros:: Quién, injustos Cielos:: Tan fuerte dolor padeció jamás! Estuvo temiendo más, a su vida, que a su muerte. Mas ya parece que sueña la llave en la puerta (ay Dios!) En qué quedamos los dos? En que no hagas más mi pena, vuélvete a esconder. Si intentas, que no pudiendo salir, no te embarace el morir; mal piensas, pues mis atentas ansias ven, que aún escondido, remedio ay, que a mi mal cuadre dando la muerte a tu Padre. Qué dices? Lo que has oído. No harás, que vivo por él. Si haré, que muero sin ti. Qué aguardas? que entra, ay de mí! Aborrecida, cruel, hija aleve, qué has resuelto? mas de verte libre arguyo, que cedió el enojo tuyo. Tan presto, señor, has vuelto, que aún no le has dado lugar a mi susto de elegir. Pues qué hay ahí, que discurrir entre morir, u olvidar. Ay, que aunque como mandó tu ira, el veneno elegí, te importa la vida a ti el que aquí no muera yo. A mí me importa la vida no tomarle? loca estás. Ya vivo este rato más. Y pues con la paz convida mi voz, ten de mi piedad. No esperes de mi clemencia. Pues tampoco tu violencia ha de lograr su crueldad. Qué has hecho? Arrojar el vaso: Qué importa, aleve, si queda puñal, que suplirle pueda. Mas dónde está? A cada paso crece el mal. Pero pues no cede mi venganza airada, muere al filo de esta espada, No hará, que la amparo yo. La luz han muerto, ah tirana! sin duda estaba encubierto, quien dio osadía a tus voces. Cuando miro igual empeño entre un Padre, y un amante, de cualquier suerte me pierdo. Ya te hallé; muere a mis iras. Solo defenderme intento. Esta es la puerta. En el cuarto de Nuño es el ruido. Entremos. Muerto soy. Hay desdichada, que si no me engaña el eco, esta es la voz de mi Padre. Él se metió por mi acero. qué infeliz soy! Entra, p oyes el ruido. No quiero. Gallina, acude a tu amo. Quién va? Luego lo veremos en trayendo luz. Fernando? Sí. Ven conmigo: Me huelgo. Aunque a la vista me quede salvemos ahora él recelo de hallarme aquí. Hechanos fuera, Casilda, de los infiernos. Venid. Deturbada, apenas. puedo moverme. Qué es esto? Quién queréis, Señor, que os diga, lo que ha sido, si viniendo delante de vos::: Llegad esa hacha; pero qué veo! herido Nuño, y turbada su hija, mucho mal sospecho! Albricias, alma, que aún vive. Llevadle a su cuarto presto, en tanto que se averigua, quien fue de arrojo tan fiero el agresor. Si en mi pena haber puede algún consuelo, sealo ver, que en mi amparo: No hay quien me socorra, Cielos? Esta voz es de Argelina. Señor? Qué ay, Favio? Qué habiendo desamparado el jardín, por acudir a este estruendo su Alteza, las Centinelas osadamente te ha muerto la breve Tropa, de quien apadrinado su arresto, robada lleva a tu esposa. Calla, suspende el acento, que al oírte; pero que aguardo, que no hago en su seguimiento, que alas se vista el cariño? Seguidme todos. A un riesgo se enlazan muchos; mas como si soy toda de mi miedo, me paro aquí, cuando dice en varias partes el eco:: Moros dentro de la Plaza. Traición, traición. Aunque el hielo de un impensado desmayo vista de ceniza el fuego, al Barco con ella. Al Barco, mientras nosotros, haciendo frente al empeño:: Eso no, que conseguido el empeño, mas que arriesgarle peleando, importa salvarle huyendo. Es verdad nuestra cautela; tome por sagrado al Duero. Traición, traición. Arma, arma. Pues ya Argelina te tengo en mi poder, esta dicha, no has de quitarme a lo menos. Por dónde van los traidores? Mal, Señor, puede el esfuerzo, escuchando en todas partes confuisas voces, saberlo. Quién quieres, que te lo diga, si aún de la queja el lamento no se escucha? A la murrarla. Al Foso. Al rastrillo. Bueno no hay quien diga, al Bodegón iré yo a echarme un refresco? Moros, pues en Argelina, me lleva vuestro despecho; la beldad por quien respiro, la vida porquien aliento, volved, y dadme la muerte. Hoy en el servicio vuestro hará prodigios mi espada. Síguelos volando, Tello. Por o parte, señor, ir en su alcance prometo. Qué habrá sido, amor tirano, de Elvira, que no la veo? . Para ahora es, Antolinez, el valor, que por en medio de ambos iré yo hasta ver, si cobro a mi esposa, o muero. Traición, traición, guerra, guerra. Toma, cual anda allá dentro la bulla, más Perillan a no arriesgar el coleto.

JORNADA TERCERA

tercera jornada No prosigas, que en tan sagrada materia, como es, o Cange, o Rescate, de Argelina la Condesa, no he de escucharte palabra; hasta que su Alteza venga. Es, Señor, esa atención, bizarría, como vuestra. Gran hombre fuera el Morillo, si cumpliera con la Iglesia. Pero ya las dulces voces de Cajas, y de Trompetas, con que mandé hacer la Salva, dicen, que su Alteza llega a mi vista. Hoy es el día en que consigue mi diestra, lo que tanto he deseado; pues dará el Conde por ella cuanto le pidan. no reparas; que es Don Vela, el Embajador fingido? Eso quieres, que no advierta? Cómo ahora estarás pensando, en si hallarás, cuando vuelvas, Misa pronta, discurrí, que reparado no hubieras en él. Calla, que Argelina está ya aquí. Vaya, y venga. En hora buena, Señora, venga a iluminar mi Tienda, el Sol de vuestra hermosura, Mal, Señor, en hora buena ser puede, para quien gime, . infelice prisionera, los ceños de su fortuna; los rigores de su estrella. Que no la haya merecido, ni un disfavor por respuesta; qué hará con las esperanzas quién los disfavores niega? También esta acá el Alferez? oigan y como gallea entre los Moros: Clotaldo fue sin duda quien en prueba de que no hay riesgo, que amague donde hay deseo, que alienta, dispuso el robo, o papel, y qué de cosas me acuerdas! Pues ya está tu dueño aquí, llega Cristiano, a qué esperas? A vuestras plantas:: Fernando sube a mis brazos. No de ellas me quitaré, hasta lograr que a la hermosa nieve tersa de vuestra mano, mi labio, o la manche, o la oscurezca. A Vasallos como vos, ningún favor se le niega. Para otro se quitó el guante, que para mí, suerte fiera, se ponero cuanto va, Cielos, de su ventura a mi pena! Y para mi gran Señora sino venís muy de priesa no habrá de vuestras estampas algún celeminde arena, qué ir besando? Perillan? No sabéis cuanto me pesa de veros hechada a perros, Necio, aparta, Usted se tenga, que todos somos personas. Qué ignorancia! Qué friolera! Y ya que en presencia tuya es tiempo de que refieras la intención de tu embajada, no la dilates. Si intenta Hiscen, que se restituya mirando a su combeniencia, mas que a mi premio, será nueva desdicha. Suspenda, hasta ver lo que responde, la estimación a la queja. Garcifernandez el Conde de Castilla, a quien celebran de la Historia los Anales, y de la fama las lenguas; dejando a parte los justos sentimientos con que queda, al ver, que para robarle al alma su mejor prenda use el valor de traiciones, con nombre de estratagemas; (pues no es una Dama, y Damas de tan superior esfera, objeto contra quien se arman los ardides de la guerra.) Por mí, generoso Hiscen, dos cosas te representa; la una es, que pues Argelina en campo contrario expuesta vive, a que la enemistad se roce con la indecencia, para servirla en Campaña, que le permitáis espera pasar unas Damas suyas, cuya escuadra de bellezas escoltada de sus guardías si las concedes licencia para llegar, solo aguardan, que las avise untrompeta. La otra, que pues el motivo con que la fecunda vega del Duero con tus turbantes, a vista de Santistevan, de hiladas garzotas, rizas; de volantes gasas nievas, es, que se le restituya a la ambición de Don Vela, de Alava el Dominio, en cuanto depende del Conde, sepas, que están, desde luego las Capitulaciones, hechas; pues la ausencia de su esposa no es tan tolerable ausencia, que pueda llevarla una alma; ni el interés es materia, que, o su cange dificulte, o su rescate suspenda: Y así:: No adelante pases, que para que no se pierda tiempo; quiero que la acción sobstituya a la respuesta, Tarif Avencier! Señor. Pues desde aquí ver se deja la armada escolta, con que volante tropa ligera a las Damas de Argelina, comvoya a su vista, llega y haciendo llamada, di al Cabo, que la gobierna, que con mi seguro, pueden venir, donde las espera quien quitando a mi atención, al ver cuan benigna sea, la vanidad de servirla, me da la de obedecerla. Voy a servirte. Y pues por lo que mira a la primera propuesta de tu menaje, te ha respondido la atenta urbanidad de quien lidia tan noble como demuestra esta acción; en cuanto toca a la segunda propuesta, es bien, que resuelva el Conde, pues cuando solo en defensa dé su razón en Castilla se trémelan mis banderas, no fuera justo, que yo obre, sin ser él el que resuelva. Oh palabras de los Reyes! Guarde Dios a vuestra Alteza Id en paz. Agradecido me confieso a su fineza. Volveré, en quedando solo, el Cristiano, porque vea el mundo, que siempre lidian cautelas contra cautelas. Si a segundo Tribunal hoy mi libertad apela, o! quiera el hado, que salga en mi favor la sentencia. Pendiente estoy de su voz. Aunque la respuesta deja fiada Hiscen a mi arbitrio, en fe de que cuando llega a restituirme el Conde la tiranizada prenda, siendo la vanidad suya, es mía la conveniencia. Solo sé, que en cuanto al punto de que la Condesa vuelva a Santistevan, no soy (oh amistad, cuanto me cuestas!) tan parte, como discurre. Y pues hay a quien se deba el logro, al ver cuan osado, por conseguirle, se arriesga, razón será, que en tal caso, cuando yo mi acción le ceda, sea árbitro de la duda, quien fue dueño de la empresa. Oíd, aguardad: cómo es eso de que en mi libertad tenga arbitrio, quien no sea Hiscen, o vos? y aún vos no debierais tenerle, si se repara aquella distancia inmensa, que hay del polvo de esa cuna, al Trono de esta grandeza. La Condesa de Castilla no es mujer, con quien se en- tiendan esos ocultos motivos, cuyas traidoras ideas hieren, aún cuando se callan; ved, qué harán, cuando se sepan? Y pues en vano queréis, que otro albedrío intervenga en resolución, que os toca, arbitrad, como os convenga, vos solo. Señora, yo no he de dar otra respuesta. . Pues yo la daré, Fernando. Que esto sufra mi paciencia! Que esto escuchen mis pesares! Volveos a San Esteban, sin que un punto se interponga de dilación, y en presencia de todos decid al Conde, cuanto agravia mi soberbia, en tratar mi libertad, por cáminos, que no sean la marcha de sus Escuadras, y la voz de sus Trompetas. A Guapa. Pues además de que traidoras sorpresas, que una aleve fe máquina, que un ciego delirio inventa, sin que a pactos se reduzcan, con el acero se vengan; no quiero, que diga el mundo, que el verme libre, le cuesta, el que desgaste su fama. las puntas de su diadema. Idos, qué esperáis? Echola: estas si que son Princesas. No os vais? Primero es preciso, el que os deje, como ordena el Conde: por ver a Elvira me detengo. Quién creyera, que aquel antiguo cariño fuese aumentando mis penas, presente odio: pero cuando no has hecho lo mismo ausencia? Ya la tropa de Meninas, calzada bota, y espuela, con el Moro guarda Damas, llega hasta aquí. Con bien venga, sino a minorar mis males, a consolar mis tristezas. ristiar Los pies nos da. No de esa manera estéis, Nise, Clori, Elvira. Feliz mil veces, quien llega, Señora, a verte, aunque haga de la fortuna la rueda, al vuelco de sus mudanzas, mal vistas las contingencias. Guárdete el Cielo mil años. Que me olvidase el Poeta a mí? Si tú te llamarás Floripes, Pantasilea, u otro nombre retumbante de figura de novela, tenías razón de quejarte: mas quien quieres, que entre en cuenta a una Casilda, con nombre de muchacha de Taberna. No sea busón, que no estoy para chanzas. Valga flema; y si no estás para chanzas, está para chanzonetas. Ya, Antonilez, puedes irte, pues con mis Damas me dejas. Obedeciendo, respondo. Pues cada instante se aumen- tan los ceños con que me mira, no estemos, donde la ofenda, amante delirio mío. Allá vayas, y no vuelvas. Mucho siento, que se ausente, sin que del rayo, que espera, le dé noticias el trueno de mi amago Hasta la Tienda os ire yo acompañando, Paciencia, males, paciencia, pues aunque no es mía, al fin, ya para el Conde es ajena. . Vuelva la salva, Soldados; y esperad vos a que vuelva. Lo dicho dicho, Fernando. Id segura, de que en muestra del amor que la estímula, de la lealtad, que la alienta, o se ha de perder Castilla, o cobrar a su Condesa. Con esta esperanza vivo: quiera Dios, que así suceda. Detente, Divina Elvira, y ya que la suerte quiera, que te ausentes de mis ojos, no haga injusta, cuanto bella, tu sinrazón, que enojada te pierda, ya que te pierda. Hombre, que la vida puso de mi padre en contingencia, temerariamente osado, no es bien, que piedad merezca de mis ceños; y así vete, y déjame. No es mala esta, por vida mía; quería darle el viejo para peras, y le riñe, porque estotro le dio a él para camuesas. Pude yo, al ver que tu vida amenazo su violencia, excusarme del empeño? Claro está? De qué manera? Dejándome a mi morir antes que en él te pusiera su porfía. Más razón, para que su enojo ceda, era, que muriase yo, y no quisiste tú. Ea, para cuando son los rayos. Mas ya, que la Providencia del Cielo dispuso, que no tan de cuidado sea la herida, que te embarace, cumpliendo con tu fineza, el asistir a Argelina, ten piedad, hermosa fiera, si sabes lo que es cariño, de quien adora, y se ausenta. Déjame, Fernando, y no hagas que despierte otra sospecha el llanto a que me precisas. Guarda las hermosas perlas, que derramas, no la Aurora se quiera adornar con ellas. Y tú no lloras, al ver que me voy? Yo bien quisiera; pero no puedo, porque no tengo lágrimas hechas, Rara finecilla, hija! no hay cosa que no te deba. Adiós. Adiós. Vamo andando. Pero aguarda. Qué me ordenas? Que para que no se quejen, ni cariño, ni obediencia de mí, le des a mi Padre, aunque ofendido le tenga, este abrazo de mi parte. Miren la pataratera. Aay dicha cómo la mía? A ti te lo digo, hijuela. Qué dices? Que aunque tu mandes no es fácil, que yo obedezca! Cómo? Cómo nadie ha dado a otro lo que desea para sí. No abrazas tú? A quién a él? poca manteca? Y pues aunque voluntaria, Al fin quedo prisionera; veamos como tu valor sabe limar la cadena. Si verás; que para eso, aunque mil vidas perdieras sabrá mi esfuerzo:: Fernando. Quién hay que mi nombre sepa aquí? Quién de tanta fama le supo lograr por señas; Alajib: Mahomad te habla. Bien está; pero qué intentas? Qué asegurado de que va desnuda de cautela mi intención, al Conde des este papel, pues no fuera razón, mirándonos tantos, que fiase de la lengua lo que revela la pluma: y haced: pero Jarif llega? Yo le saldré al paso, a fin de que no juntos nos vea a los dos. Alá, Cristiano los progresos favorezca de tus armas. Este embuste no me huele a cosa buena. Ayuda mi industria, suerte. Ampara mi amor, estrella. Él se olvida de la Misa, bueno va, si no se enreda. Cómo está Nuño? Señor, no fue cosa de cuidado la herida. Quién el osado, injusto, aleve, traidor sería, que desatento al decoro de su espacio, se atrevió a herirle en Palacio? Noche, en que atezado el viento cegó el Cielo, y noche, en quien logró del Moro el enojo tan soberano despojo, está acreditado bien, que alguno de los aleves, cómplices de la traición le hirió. Mi imaginación, aunque tú haces lo que debes (disculpando la osadía) descoge otro nuevo viso. Y aún yo, mas esto es preciso. Pero qué discurro el día, que mi Esposa prisionera en poder del Moro está; que no es en reventar ya los ímpetus de una hoguera, que reprimida ha despecho de las lágrimas, que lloro, mientras no cónsume al Moro, se está cebando en mi pecho. Si flemática ha de ser, señor, la saña marcial, nada, en desventura igual, va la cólera a perder, en aguardar la respuesta de Hiscen: Ya con ella tarda Fernando. Siempre al que aguarda ha parecido molesta la más breve dilación. Qué Clotaldo, a quien premie, faltando a lealtad, y fe hacer pudo tal traición! que dentro de mi jardín, se atreviese el Moro a entrar, consiguiendo:: más pesar, si no has de llegar al fin con mi muerte, y mi cuidado, porque en tan trágica historia, no te llevas la memoria? Ved, Señor:: Sea Dios loado. Quién está aquí? Un Perillan; de los que entran en Palacio, sin saberse a lo que entran, De Fernando es el criado. Llegad, y decid. El Conde:: Adónde queda Fernando? Ahora acabo de llegar de su Embajada, y dejando a la puerta de su casa la tropa de los Soldados, se entró allá, a que sé yo qué, y vendrá, qué sé yo cuando. Id a llamarle; pues como, cuando colérico aguardo respuesta, que tanto importa, se detiene así? O! con cuanto susto le espero. . Señor, si no es que se haya pasado a oír Misa, no discurro qué pueda hacer. Un criado, aunque es virtud asistir a un Sacrificio tan Santo, antes debe obedecer los preceptos de su amo. Que antes es la obligación, dice un adagió bien claro, que la devoción, pero él entiende poco de adagios, en llegando a esta materia; y hace bien, porque ha notado, que como él oyendo Misa hace en otro Ralendario todos los días de Fiesta, no le hay para él de trabajo. Delirios son, como tuyos. No eschanza. Castellanos, seguidme para lograr fama inmortal. Tras ti vamos. Qué alboroto es este? . Yo os lo diré, pues le causo. Esto es, invicto García, cuyos triunfos, por ser tantos, al abultarse, encarecen al jaspe, y al alabastro; demostrar de mi embajada, cuan mala respuesta traigo, en cuanto a la libertad de Argelina, pues armado quiero, que suplan las iras el oficio de los labios. Y pues no es trazón, que ha- viendo nuestro valor desairado, el arrojo de Don Vela, y la traición de Clotaldo, cobremos a nuestro Dueño, interviniendo los pactos de enajenar un Dominio para vengar un agravio: Arriésguese todo, y vea el denbedo del contrario, que a cuchilladas se explica la razón de los Soldados. A este fin, antes de veros, quise, que para su estrago ciñese a la gola el peto, rizase al ielmo el penacho. Y pues todos, gran Señor, como leales Vasallos, están de este parecer, qué hacemos? en qué pensa. mos? Que no sea en embestir nobles, como temerarios, a los Cuarteles de Hiscen demostrándole en su daño; que para un millar de Moros basta el dedo de un Cristiano. Todos decimos lo mismo. Y aún yo, no obstante que traigo el miedo en la fraltriquera, y el valor en los zancajos, No esperaba de tu orgullo, valiente campeón bizarro, resolución menos noble; y para, que veas, cuanto muriendo vivo, pues vivo sin la beldad que idolatro: Tello, abre de la Ciudad las puertas, y en bien formados Cuerpos, a sus dos Cuarteles con los Tercios Veteranos de Castilla, socorridos de Flecheros, y Caballos, embestid los dos, que yo cubriendo la marcha, salgo con todo el resto, que queda. Gozoso, alegre, y ufano voy, de que se llegue el día de que en campal lid podamos escarmentar su denuedo. Sois Manrique? El hombre es guapo Siguiéndole vamos. Hijos, sin que intervenga el descanso, recobrad vuestra Condesa, aumentad vuestros aplausos; y lo que es antes que todo, llenad de inmortales lauros los dinteles de la Iglesia, repitiendo, pues os llamo a ensalzar la Fe que adoro, en ruina de los paganos; Santiago, y viva Castilla. Viva Castilla, y Santiago. : Esperad, Señor. Qué quieres? Que ya que solos estamos (retírate tú) te informes de este papel, que cerrado me dio un Moro, por si puede serviros su aviso de algo. Te dijo el nombre? Alajib Mahomad. Sus hechos le han dada bastante fama a este, y es quien de mi Padre el amparo solicitó, a fin de que favoreciese su bando, en razón a coronarse Rey, cuando los siete hermanos pleitearon la Corona. Veamos qué dice. Ya le abro. El papel del Moro es, el que con tanto recato van a leer; y para esta friólera me despojaron! Quién lleva este, gran Señor os dirá, por no fiarlo al papel, quien soy; y pues nadie es más interesado que yo, en que de Hiscen las Tro- pas perezcan a vuestras manos, recobrando a la Condesa: Sabed, que el Cuartel que mando? es el de la ala derecha; y que si fíáis a Cabo Principal el que la ataque, no disputando yo el paso, podrá llegar a su tienda. Alá os guarde. Vuestro esclavo. Qué dices de esto? Que el Cielo, tal vez, por cáminos raros, facilita los alivios, y aunque no es acuerdo sabio, fiarse del enemigo, teniendo tan de antemano granjeada su confianza, es ya menos el reparo, Dices bien; y tú has de ser el que tomes a tu cargo embestir aquel Cuartel. Perdóneme tu mandato, que eso no haré yo. Por qué? Porque medio que yo traigo, siendo el de menos peligro, no se ha de decir, que abrazo en desaire de mi esfuerzo; pues no estoy acostumbrado a embestir por donde está el enemigo más flaco. El reparo es como tuyo; y pues del medio tratado está ignorante Don Tello, fiar intento a su brazo esta acción. Para más riesgos basta él solo. Qué aguardamos, (po? si ya las trompas avisan, que empieza a marchar el Cam- Dios, nuestra razón ayude, Aunque los Moros son tantos, de su piedad, me prometo la victoria. adiós, Fernando. En la batalla, señor, nos veremos. Si restauro a Argelina, encontraré segunda vida en sus rayos. . Es hora ya, de que pueda dar a su Amo, un Lacayo, un aviso degran gusto? Aunque no es razón pararnos a vista de tal empeño: dime, te dio algúnrecado para mí, Elvira? Clavose, no, porque pica más alto. Pues qué es? No has oído Misa. Ay de mí!, todo soy mármol. Qué ha sido eso? Qué ha de ser? caer sobre mí un peñasco, a cuyo peso flaquea el ansia de mi desmayo. Ay es decir, que no están los Clerigos almorzados a esta hora. Pues Dios, que ve los corazones humanos; y que un olvido, no es culpa, ni una obligación es cargo; con la intención substituya la falta del holocausto. Y pues sabe, que no ha sido descuido mío, entre tantos de mi obligación, no pocos succesivos embarazos; reciba el favor, con que diera, a poder remediarlo, la vida. Que me esté yo sin oír Misa todo un año, y este sienta no oírla un día? Pero, como yo me tardo en acudir a mi puesto? Llevaré el Caballo blanco? Sí, Perillan. Pues a ellos. Qué me quieres, sobresalto? para con Dios, ya he cumplido; Es verdad, pero no tanto, que no reste nuevo examen; en que más acrisolado tu devoto afecto, encuentre vencidos los embarazos, mostrando, que siempre Dios; si quiere el deseo humano, salirle al encuentro, sabe facilitarle los pasos; a cuyo efecto disponen sus Altos Juicios Arcanos, que Extranjero Sacerdote, que pasa peregrinando, en esa Ermita resuelva celebrar el Sacrosanto Sacrificio de la Misa, no sin gran misterio, cuando, si tu devocionte vence, abandonando reparos del Mundo, a oírla te espera el más venturoso lauro, que han de celebrar los siglos. Ya las Escuadras marchando en ordenadas hileras se acercan a sus contrarios, repitiendo, porque crezca el valor de los Cristianos: Valientes Soldados míos, o triunfemos, o muramos. Y ya acía la pobre Ermita, que milagroso teatro ha de ser del mayor triunfo, van las Escuadras llegando de Antolivez, cuya voz dice al viento. Hagamos alto, Soldados en este sirio, mientras el bronce callando, no nos avisa la seña de embestir. Arre, Caballo. Qué es eso? Que como hoy no ha comido, y trabajado, no hay forma de que se mueva; y si estuvieras despacio, pues no está el lugar muy lejos, me llegara yo de un salto para que él tome un refresco, por alguna orchata en grano; pues allí vale barata la cebada. Mentecato, ahora has de pararte a eso, estando esperando el Campo, la seña de acometer? No le ves más cabizbajo, que ingenio en Comedia suya, cuando está sin gente el Patio? Atale a ese tronco, necio, mientras no se llega el plazo del esperado combate. Ya es tiempo, de que el acaso habrá camino al misterio, Imaginado presagio, déjame, no me persigas; pues si a mi devoción falto, no ha sido la culpa mía! Pero, qué es lo que heescuchado? Qué ha de ser? la Campañilla, que con la voz del badajo toca a Misa en esa Ermita. Ay de mí! que equivocado el gozo con el recelo, están batallando entrambos, qué puedo hacer, Cielos? Luego has de ser tan desgraciado, que a media Misa te coja, cómo la hora el rebato? entra, y ohyela. Bien dices; pero mal dices; pues cuando entrar a oírla resuelvo, me aconseja lo contrario aquella seña. Hoy es día valerosos Castellanos de hacer vuestra fama eterna. Tómate esa: esto va malo. Allí belico me llama el Clarín, que me provoca, cuando el Conde al arma toca. Solo la virtud es fama. Allí, entre el gusto, y placer, del afecto que me eleva, ota vez el alma lleva. Orar, también es vencer. Si oír puedes mañana dos, no pierdas, oyendo hoy una, el crédito, y la fortuna. No hay más fortuna, que Dios. Entre la duda indecisa de la honra, y la elevación, cual vale más, corazón? La devoción de la Misa. Bien dices, oculto acento: ya sigo tu dulce imán. Esta es otra. 1. Capitán, como el antiguo ardimiento nuestro, sufre en su desdoro, que estrenen otros Soldados romper entrambos costados al Ejército del Moro? Es verdad, venga mi lanza, y id vosotros; que ya os sigo, marchando acía el enemigo. monta, monta. Abanza, abanza: No vayas, que mayor gloria logras así. Date prisa, porque entre victoria, y Misa no pierdas Misa, y victoria. Decidme, Oráculo vos, qué haré, pues en vos me fundo? Fernando, entre Dios, y él mundo, obrar bien, que Dios es Dios. Pues a qué espero? hay de mí aunque al verlo los demás pierda la honra! No harás, que yo pelearé por ti. . Vive Dios, que se ha colado en la hermita de Antubión, y según la colación anda por estotro lado, es imposible, que él salga a tiempo de pelear. Si le faltare lugar. no le faltará laurel. Por oír Misa, y dar cebada, no dice, salvo el lugar, el refrancillo vulgar, que no se perdió jornada? sí; pues caballito no te apartes de mi reclamo, cumpla con la Misa mi amo, y con la cebada yo. Ya, travada la batalla, pues han dejado sus Tropas, a tiempo en belicas sañas arde la marcial discordia. Y para que el mundo vea, en la voz de las Historias, cuan agradable es a Dios, posponiendo humanas pompas, la devoción de la Misa. Yo en su nombre con sus propias Armas, Caballo, y Escudo, haré que el Conde conozca, que al imperio de su brazo se ha debido la victoria; a cuyo fin, tu feliz bruto las esferas corta, atropellando distancias. Arma, arma, y viva Mahoma. Guerra, guerra, Santiago. Tened, divina Amazona el paso, no vuestras iras osadamente se opongan a tan conocido riesgo. Por ser vos quien me lo estorba, atropellara el peligro, cuando no fuera en mi heroica saña, obligación hacer, que albesubio de esta hoja arda el campo. Si tu miras, los demás incendios sobran. Cómo quieres, cuando vemos mezcladas unas con otras las Castellanas adargas, y las Jecerinas cotas, tener el valor ocioso? Lo mismo decimos todas. También entro yo en la cuenta A qué aguardas? ven Señora. Oh! como me adula Elvira El verte tan valerosa. Arma, arma. En qué me detengo? pues si cobran su persona, cuanto he conseguido pierdo. Hijos, a morir con honra Moros, aguardar las li- neas. Pues en esta espada sola el brazo de Dios pelea; quién habrá que se le oponga? , s De este Soldado la espada iras vibra, y rayos forja. Hombre, que mí Lu eclipsas:: Hombre, que mi orgullo postras: Quién eres? Si no lo ha dicho mi cuchilla vencedora, quien en nombre de Dios lidia. Huyamos de él, que nos cortan. Piérdase, Moros, la vida, mas la honra no, Pues importa en otra parte mi auxilio, para que el mundo conozca lo que vale el oír Misa; pues porque Fernando la oiga, pelea su Ángel de Guarda: segundo vuelo remonta cándido hipogrifo. Antes, que logres cobrar la joya, que buscas, me harás pedazos. La experiencia te responda, aleve. Aquel es mi esposo. Cómo, si tanto blasonas de valiente, te retiras? Cómo ya, que sea forzosa mi muerte, pues se derrama mi sangre por muchas bocas, no quiero que tú la logres. Pues empeñado se arroja el Conde al mayor peligro, sigamosle. Ya que es toda confusiones la Campaña, pordonde pudiere, rompa el valor. Aquí está, quien una vez, que hallaros logra, haciendo Escudo su pecho, os librara, aunque se opongan Montes de dificultades. Y quién el día, que toma venganza de una traición, os seguirá. Cónde? Esposa? Mas no es tiempo de pararnos, sino es en hacer, que corra sangre el Duero; pero, qué Soldado es aquel, que a costa de su riesgo, atropellando va Almaizares, y Marlotas? Fernando Antolinez es, como la empresa denota, de sus Armas. No le veis teñido de sangre Mora, ir derramando más vidas, que al Ábrego, que le azota, despide el tronco cortezas, sacude el Octubre ojas? Ah valiente Castellano! a ti te debo la gloria del día, si la fortuna, lo que empezó perfecciona. A darle socorro vamos. Como el verle me alboroza tan osado, como fino! Con esto a la tal señora, se le cae la baba. Arma, arma. (tra Dejad, pues, que tan en con, está la suerte, me arroje a morir. Si tu Persona salvamos, queda esperanza, de que reaciendo las Tropas este desaire se enmiende. Ah Cielos! que de esta forma, cuantro míseros Cristianos triunfen, para mi deshonra, de más de veinte mil Moros? Qué muerto Aldérico, pongan en libertad a su dueño? Qué aguardáis? Trompeta, toca a retirar. Quién pudiere, se salve, antes de que oiga decir:: Victoria, Castilla. Siente, sufre, gime, y llora; (pues cumpliendo mi palabra, he logrado tu derrota) los peligros, que te esperan, y mil veces en buen hora, adulando mis oídos digan: Victoria. Victoria. no dicen las voces? Sí, y las Vanderas famosas de Castilla, pregonando, que ellas son las vencedoras, para avisármelo, al viento se mecen, o se trémolan. Ay infelice de mí! que aplauso perdiendo, y honra, me ha de baldonar el mundo, al ver, que en tan peligrosa ocasión falté del riesgo, siendo añadida congoja, haber de perder a Elvira, pues con tan infame nota; cuanto me adoraba fina, me ha de despreciar heroica. Quién creyera, que en el plazo de una Misa, aunque no corta, se perfeccionase el triunfo: pero cuando el Cielo toma por su cuenta los castigos, aún los instantes son horas. Tomar mi Caballo quiero, y ir donde no me conozcan, a morir de mis afrentas; mas donde iré, si me estorba, aún la fuga mi desdicha, pues haciéndola notoria, aún un bruto se retira de dueño, que le desdora: qué haré, fortuna? Allí está; y pues hace, que se esconda su modestia, vamos todos a darle de igual victoria las gracias, pues a él se debe. Ya el Cónde, ay de mí! cón toda la nobleza de Castilla, trayendo libre a su esposa, aquí se acerca, y pues fuerza es, que mi omisión conozca, pues con una acción borré tantas adquiridas glorias, de él, y todos huya. Adónde, si por una parte, y otra te vienen buscando todos? , s, ve sé yo, donde me roja el ceño de mi fortuna, F logra, la primera hallarte. Elvira, no en suerte tan rigurosa vengas a crecer mis penas. Valiente asombro de Europa, dónde vas? A que no crezca vuestra vista, y mi congoja. Llega a mis brazos, Fernando. Señor, sí, cuando:: Qué propia es del valor, que le esmalta la modestia, que te adorna; por ti vencieron mis armas. Cielos, hay más rigurosa. confusión! Por ti de Hiscen ya las medias Lunas rotas, en mortal eclipse yacen. Por ti de la esquiva pompa del laurel, segunda vez nuestro Escudo se corona. Qué es esto, que me sucede? Oiga el diablo, y cual se em- boba. Y bien lo prueba el mirar, que de alarbes manchas rojas, se tiñen los dos espejos. de Coraza, y Borgonota. Y, a los repetidos golpes de las Cimitarras coroas el bruñido peto tuyo la blanca dureza abolla. Verdad es cuante refieren. Cielos, o ellos se equivocan, o yo estoy loco! Qué dices? Que del favor con qué me honras, no soy digno, pues merezco, antes iras, que lisonjas. Cómo? Como solo sé, que en el temor, que me asom- bra, el susto, que me retira, y el espanto, que me postra. S a - arcebada, y oír Misa, son diligencias, que no pierden jornada, ni aún de Comedia: mas qué es esto, aquí mi amo? Tú, Perillan, nos informa, de lo que confunde aturamo. Buena es esa: pues ignoran, que así que empezó la gresca, se entro, haciendo la temblona, a oír Misa, por excusarse. de andar a moja la olla? Calla, no digas mi afrenta! Señor mío, en estas cosas, no la hagas, y no la temas. Como tu ignorancia loca, que no ha peleado asegura, si entre las Escuadras Moras le vimos todos? Sabiendo, que así el Cielo galardona la devoción de la Misa, Ven ustedes, cómo es droga? Qué prodigio! Qué portento! Pues este milagro apoya tus méritos, si a ellos hay paga, que no venga corta, pide tú la recompensa, pues ahora es, Fernando, ahora, cuando más te estimo. Solo para mayor vanagloria pido la mano de Elvira: Pues la victoria prego nan las comunes alegrías, a vuestras plantas, Señora, mal convalecido llega, quien en dicha tan notoria este parabién aumenta. Nuño, vengas en buen hora, pues vienes a ser a un tiempo, parte, y testigo en la boda, Qué boda? La de tu hija, con cuya mano dichosa premio a Fernando. Advertid:: Cualquier advertencia sobra. Ya moristeis, esperanzas. Y ya que la noche estorba seguir el alcance al Moro, hasta que nazca el Aurora, a San Esteban, Soldados. Hay suerte más venturosa! Aún lo que está viendo, duda mi imaginación absorta. Cara te costó, Alderico, tu porfía. Oyes, fregona, acá conmigo. Y aquí, si vuestros aplausos logra? quedará vano el resumen de esta verdadera historia,