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Texto digital de El pleito de Hernán Cortés con Pánfilo de Narvaez

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Atribución tradicional
José de Cañizares
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José de Cañizares Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pleito de Hernán Cortés con Pánfilo de Narvaez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pleito-de-hernan-cortes-con-panfilo-de-narvaez-el.

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EL PLEITO DE HERNÁN CORTÉS CON PÁNFILO DE NARVAEZ

JORNADA PRIMERA

Dves en mi servirte es ley, a mostrarlo me dirijo. Aunque lo pide el ser hijo, no lo consiente el ser Rey. Honra de tu amor, es dar a mis reverentes lazos, para ascender a tus brazos, los pies por donde empezar. Llega, Felipe el Segundo, a mi pecho solamente. Para que en él se sustente el mayor poder del mundo. Vuestra Majestad, señor, felice llegue a Toledo. Cardenal, con veros, puedo hacer mi dicha mayor. Ya Toledo es la Imperial, pues tanto César hóspeda. Ya no hay ventura que exceda fortuna tan singular. Venis bueno, gran señor? Bueno, si bien fatigado. Cómo la salva ha cesado? Viva nuestro Emperador, viva. Gran señor, tus pies merezca mi amor besar, pues acabo de llegar ahora con Hernan Cortés. Hernan Cortés? qué decís? Hernán Cortés en España? Hernan Cortés? dicha extraña! Es, gran señor, lo que oís: con él vengo, y he logrado adelantar rato breve la noticia, a que me mueve haber sido su criado. Hombre, pídeme mercedes por la nueva que me das. En obligación estás, y bien pagársela puedes. Que a Cadiz había llegado supe, y sé vuestro valor, Don Juan. . Honráis, gran señor, al dueño, honrando al criado. . O aquel rumor nos engaña, o en honor de Cortés sueña. Aplaudale en hora buena, que bien se lo debe España: salgámosle a recibir, aunque lo estorben las leyes, que quien venció tantos Reyes con Reyes ha de venir. A echar a tus plantas lazos llega un Vasallo rendido. . A quién más que Rey ha sido, qué Rey le niega los brazos? Levantad, Cortés, del suelo, que en el suelo no ha de estar quien de un vuelo hizo llegar tantas almas hasta el Cielo. Humilde a esos pies me hallo; no favorezcáis sin ley, que los favores de un Rey desvanecen al Vasallo. Y a vos, Felipe Segundo, rama de tal tronco, hoy, como otro Licurgo os doy las leyes de un Nuevo Mundo. Eres mejor Octaviano, y en Católico interés, la mano de Dios, Cortés, pues Dios venció por tu mano. Sois Moisés que el Mar abrió por donde gentes ningunas; y Hércules, que las Columnas al Nuevo Mundo paso. La tierra te da renombres, siendo tú quien solo armado prendisteis a un Rey guardado de cuatrocientos mil hombres. Cubrios, Cortés. . No es justo, entre tanta Majestad, que se cubra mi humildad. Mas majestad es mi gusto: y pues estoy impaciente, por oír de vuestra gloria algo, contad vuestra historia. Escuchadme atentamente. Yo soy, en cuanto a mi sangre, hijo de Padres Hidalgos; porque mi linaje antiguo tuvo valor Asturiano. Martín Cortes de Monroy, y Catalina Pizarro, vecinos de Medellín, fueron los que me engendraron. Nunca, aunque pobre me vi, me inclinaba a oficios bajos, que en ser pobre imaginaba tener el lustre más alto. Soñaba yo, cuando niño que andaba en Imperios varios: que conquistaba mil Reinos, pero eran Reinos sonados. Mis juegos eran Banderas, Lanzas, Espadas, Caballos; de tal forma, que hubo días, que formando de muchachos un Escuadrón, si faltaban Militares aparatos, las cortinas, y las varas sacaba de casa, dando en que entender a mis padres, y en que admirar los extraños. Mucho tiempo estuve enfermo, pero después quedé sano, por la devoción que tengo a Pedro el Apostol Santo. Fui Estudiante en Salamanca, aunque fueron pocos años; que quiso en letras mi padre dejarme este Mayorazgo: Mas como desde mi infancia me estaba el pecho avisando, que le basta poco estudio a quien no ha de ser Letrado, tomé de ellas lo preciso, para responder acaso; que nunca suelo hablar más de lo que es muy necesario. Dejé en corta edad mi casa, y de Palas inspirado, a Italia pasé sin sueldo, a fuer de Español bizarro, siguiendo los Estandartes del Católico Fernando. Al Gran Capitán serví, cuando en Gaeta, y Taranto, con García de Paredes, escaló los Muros altos: dos Maestros fueron buenos, mal Discípulo sacaron, sino es que fui bueno, en ser de los primeros que ufanos coronaron las murallas, a pesar de los balazos. Era un Cabo de gran brío, General de los contrarios, y por sentir que alabasen mis alientos temerarios, me desafió una tarde, y muerte le di en el Campo. Mas como en cosas de Guerra, se ha de dar el premio a tantos, y es la esperanza penosa, siendo los premios tan largos; quise probar mi fortuna, y con Nícolas de Obando, Gobernador de la Habana, pasé por su Secretario; que en cosas de dar fe, puede ejercerse un hombre honrado. Estuve en Unicaguay, y en las Islas de Guanajos, donde por favor me dieron el Título de Escribano; que por allá, tales plumas tienen un vuelo muy alto. Reñí con Diego Velazquez, cuyo aliento, y cuyo brazo era de los más temidos, ya por valiente o ya acaso por ser General, que allá se llama de los Alzados; y es lo que España conoce por Juez de los Hijos Dalgo. Prendiome, en fin, una noche, y en ella, sin embarazo, como si fueran de cera, quebré llaves y candados, que como tuve razón, y él anduvo muy tirano, fue la razón Abestruz, que deshizo hierro y mármol. Herí dos Guardas, de algunos, que mi salida estorbaron, y los demás fueron como iba mi suerte rodando. Seguido de otros llegué a guarecerme de un Barco, pensando yo hallar amigos, más fueron amigos falsos, porque quisieron matarme; y con el tronco de un árbol quité la vida a uno de ellos, y salí a tierra nadando, donde avisados y fieros los Ministros, y Criados de Diego Velazquez, todos atrevidos me buscaron. Defendime en una Torre de la Iglesia de San Pablo; donde cercado por hambre, me declaran el asalto. Subí a la Torre, y furioso deshaciendo el Campañario, quise que mi muerte, en fin, se celebrase con cantos. Descalabré a muchos; pero viéndome imposibilitado de sustento, abrí la puerta con la defensa de un palo, y con él (no sé si fue mucho descuido, o espanto) no hubo entre tantos, alguno que me impidiese los pasos. Estuve oculto unos días, donde de un Noble ayudado, con Diego Velazquez hice paces, dándole la mano a una Dama, que fue toda la causa de aquestos bandos. Murió presto, y lo sentí, aunque heredé bien fletado un Navio, entre otras cosas: en él descubrí a Tabasco, y a costas de sus fronteras fui Corsario de Corsarios, con tanta fortuna, que de breve tiempo en espacio, de tesoros volví lleno, volví de lauros cargado. En Cuba después, dispuesto a descubrir el extraño ámbito de tierra oculto, formé una Armada, y fui el Cabo. Once Naviós llevaba, cinco Yeguas, diez Caballos, diez Tiros, tres Falconetes, quinientos y ocho Soldados, treinta Ballesteros, trece Escopeteros, y cuanto para estos solo el arte Militar trae necesario. Fui a parar a Cozumel; rindiose luego a mi brazo, puse sitio a Pontonchán: circunstancias no relato, que es breve compendio, porque no os moleste con lo largo. Conquiste las fuertes Islas de Campeche, y de Tabasco: llegué al Puerto de Colva, tomé posesión de tanto adquirido en nombre vuestro. Solo, Invictísimo Carlos, fundé aquí la Villa Rica, que la Vera Cruz llamamos; puse Cabildo, Tenientes, hice Alcaldes Ordinarios. Pasé a Tláscala, y ganela; entré en Méjico triunfando, donde el fuerte Montezuma me aposentó en su Palacio. Era Emperador del Reino, siendo un millón de Soldados los que estaban de su guarda señalados para el cargo: siete Reyes le servían, y setenta mil Esclavos. Amenacele en tu nombre; prendile, murió en mis manos; no porque yo le maté, que fue su muerte un acaso. Conquisté, señor, en fin, un Nuevo Mundo, tan largo, que no le ve el Sol mayor desde su dorado Carro; y con tan corto poder, que a no acudir un milagro, el crédito se aventura, siendo por medios humanos. Siete millones de Hombres te rindo por tus Vasallos: mil leguas de longitud recoge el Imperio Indiano, y de latitud dos mil desde el Oriente al Ocaso. Está Méjico, señor, en cuarenta y siete grados, y en una fresca Laguna tiene su sitio apartado: seis mil Barcas, que a las aves la ligereza robaron, salen y entran cada día en Méjico, estas llevando el sustento, que le vuelven en caudales mejorado. Hay una famosa fruta, a la cual llaman Cacao; y esta sirve de dinero en los tratos y contratos. De cincuenta y siete Ríos, frescos, apacibles, claros, hay tiempo que de ellos cogen oro en sus primeros granos. De los montes más excelsos, penascos más elevados, caen las lágrimas de plata sobre verdes pasamanos. Todas aquestas grandezas, César grande, invicto Carlos, te las arrojo a tus pies; porque habiéndolas postrado, de estar a tus pies consigan tener el mayor aplauso. Vive, triunfa, vence, impera, Fénix en la edad los años, y goza lo que te rindo con glorias, trofeos, lauros: Solo un Valle verde, y fresco dejo para mi apartado; mas ya no le dejo, sin saber tu gusto, y mandato; que si poder a rendirte tuve un Imperio tan largo, no sé si tendré poder (si eres dueño soberano) para llamar mío aquello, que a tu invicto pie consagro. . Tanto premio ha merecido ese valor singular, que no le puede pagar lo mismo que habéis traído: pero porque el mundo halle lo que puedo, y lo que valgo, si ese Valle solo es algo, levantaos, Marqués del Valle. . Tu grandeza se confirma, descubriendo tu valor, si en la plana de mi honor echas, señor, esa firma. Yo os agradezco, Pariente, el presente que me dais; y así, quiero que pongáis, por timbre de vuestra frente un Castillo, en justas leyes, por Armas, y en medio una Ciudad, en esa Laguna, y tantos vencidos Reyes. Si con honra tan extraña me honráis, quién será mi igual? Sois Capitán General de toda la Nueva España. Alejandro calle aquí en dar. . Él lo propio dio, y es menos que os vuelva yo, lo que vos me dais a mí. Yo, que por mi satisfago, Caballerizo Mayor os hago y Comendador con Avito de Santiago. Cuando honores tan profundos consigo en tantos loores, por lograr esos favores, quién no ganará mil mundos? Si el suceso lastimoso, que mi triste fin espera, con mis lágrimas pudiera, César invicto, y piadoso, referir::- . Ese disgusto cese en tal lance, señora; . no mezclar queráis ahora vuestro pesar con mi gusto: yo estoy de alegría lleno, y el pesar, que a mi entender significáis, ha de ser de mi alegría veneno. No me le queráis quitar tan luego; pero advertido, os transferiré al oído, pues no os lo puede negar. Doña Juana, pues alcanza fuerza vuestra pena en mí, contadla al Marqués, que aquí empieza a ser mi privanza. Marqués, escuchadla, pues, y mi privanza empezad. Señor como mi humildad::- Adiós, Hernando Cortés. Marqués, quedaos a entender su pena, y de mi notad, que os digo, que con piedad la oigáis, que es bella, y mujer. Marqués, bien podéis honrar a esa hermosura temprana, que miráis, que es Doña Juana de Zuñiga y Águilar. Marqués, y señor? . Don Juan? Sirviendo al Rey después que os dejé: . Yo os buscaré; ved que los Reyes se van. Ya, señor, los sigo. Infiel . cuidado, cuando podrás vencer tu susto y sabrás de tu ignorada Isabel? Señora, ya vuestra pena con ruego tan soberano puede:: mas Cielos, qué miro? . es mujer esta, o milagro? Hermosa sois. . Qué decís? Absorto (ay de mí!) a sus rayos . me deslumbro mariposa; mejor dijera me abraso. Señora, si el Memorial (no estoy en mí) se ha copiado del sobreescrito del rostro, ya es la súplica mandato, que una Deidad::- . Advertid::- Si pide::- (ay alma, cobraos!) . La fama señor Marqués, ya quien sois me ha declarado; y lisonjas cortesanas en vuestro primor no extraño, si las deidades no piden el no serlo, yo declaro, . cuando con mis ruegos llego a vuestros pies. . Levantaos: no veis, que eso es pretender, que se venga el Cielo abajo? Señor Marqués, yo os hablaba en mi pretensión, dejando de responderos a tales acentos, solo estudiados para la cortesanía; y así, atended. . Ya os aguardo. En la Goleta, y su toma, a la fuerza de un balazo muerto mi padre::- . Mas fuego en vuestro ardor soberano es el que muerto a sus luces deja un corazón incauto. Y qué tiene que ver eso con mi suceso? . Es que hablando de muerto, me pareció, que estaba yo más cercano. Hacedme favor de oír; y a no querer reportaros::- dadme licencia. . Esperad. Mirad, que hacéis un agravio a vos, y a mí. . Ya lo veo pero la enmienda partamos; dejadme vos mi albedrío, y callaré yo mi estrago. Lo que deciros quería es, que sin padre, ni amparo, acudo al Emperador. . El Rey Felipe, obligado de la belleza, que ha visto en Doña Juana, ha ordenado, que la siga hasta saber su casa. . Queda a mi cargo, que el César mire por vos; pues por servirle, faltando vuestro padre, en su lugar su piedad debe ampararos: volved a verme, señora, y ved que sea luego. . Cuándo Esta tarde. . Pues tan presto Aún es tarde. . Qué bizarr es el Marqués! mas qué importa? Ved, que quedo con cuidado. No sé si voy yo con él. . Señora, habéis de tardaros? No señor, que en pretensiones la diligencia es del caso. Vos veréis:- Gente he sentido. Que os sirvo. Eso me persuado: el Cielo quede con vos. Él os guarde muchos anos. Seguirela. Oís, Don Juan Qué mandáis? si querrá acaso detenerme. . Esa mujer seguid, y con gran recato sabed su casa. . Si haré. Lo mismo es que me ha ordenado el Rey; y siendo una acción, fácil es servir a entrambos. Señor mío? a señor mío? estás sordo? Al otro lado: te elevas? Mira que soy Zarambeque tu Lacayo, que me quedé en una Hermita, cuando entrastes, a san trago, consumiendo una de bota ofrenda de a siete cuartos yo, y el Flamenco, que queda un poquitiquí borracho: Haberme desencajado Folías. . Sabes si acaso soy yo Cortés? . Ya no eres, ni Cortés, ni cortesano, sino es un apuñeador. Ay de mí! que por descanso vine a España, y hallo riesgos! Ay Zarámbeque! . Ay Canario! . Señor Pansilo Narváez, qué ha sucedido? . Yo he visto una mujer::- . Y yo cuatro. Que me lleva el corazón. Vistes con pencas el cardo, que si le vieras desnudo echaras el alma de asco. Ay, que son etnas sus ojos! Y más si están chorreando:- Qué, pícaro? . Néctar puro, que son de los ojos zarcos, las purísimas legañas. Debes de estar ya borracho, como sueles. . No señor, aún no me he desayunado; y aunque tiré con los dientes de las costuras del jarro, quedó anoche sin ensanches, y de eso estoy reventando. Ven, Zarambeque. Yo aspiro . a lograr un bien tan alto, hablando al Emperador; pues si consigo la mano de Doña Juana, diré, que mis dichas continuando, si he ganado un Nuevo Mundo, V nuevo Cielo he conquistado. Ven conmigo. Él no va en sí: oh Españolas, hasta cuando habéis de ser la langosta de los bolsillos Indianos! . Tal dicha no creyera, si a la noticia solo la debiera. Vos en España? siempre lo dudara, si oyendo vuestras voces no os mirara. no me oyes? . Qué es esto, Cielos! . Bien podéis conocer del amor fino, que opuesto a los rigores del destino, os adoro constante. las muelas. . Pues Zarámbe que? . Suspended el acento, que ya amante, Narváez generoso, no os necesito, basta que piadoso presteis atento oído al suceso fatal, que me ha traído. Proseguid, que a mi sangre más le llama que su interés el gusto de una Dama. cuyo ilustre nacimiento confirman vuestras hazañas: Doña Isabel de Toledo soy, a quien pusisteis vos en el paraje tremendo de perder vida, y honor; pues con patentes extremos festejasteis mi hermosura en Méjico, al propio tiempo, que a Don Juan de Figueroa admití a mi galanteo; y cuando de los tratados con él, y del casamiento era público el cuidado, neciamente discurriendo, que os alentaba esperanza, que jamás os di su efecto, retiró de mí a Don Juan, dejando mi honor expuesto. Retirado, en fin, Don Juan, por mandado de su dueño Hernan Cortés, pasó a España a dar a su Rey el feudo. De dos impulsos movida, a seguirle me resuelvo, tomé joyas y vestidos, y embarcándome a este efecto, llego donde os hallo a vos, que solo por Caballero debéis ampararme, a vista de que vos solo queriendo (si encontramos a Don Juan) decir la verdad, tendremos, vos el lauro de ser noble, y yo de ser fina, haciendo, con una acción vuestro nombre más ilustre, y más eterno, que con cuantas os aclama la fama valiente, y cuerdo. Mucho me pedís, señora; pues después de ser objeto de vuestras iras, queréis que yo me labre mis celos, e instrumento de la dicha de un enemigo soberbio por ser del bando contrario lidie yo contra mí mismo. Bien sabéis, que a Hernan Cortés vengo a perseguir, pues vengo con el dictamen de cuantos de sus acciones tenemos noticia, a informar al Rey de sus crueldades, y excesos, y la presumida idéa de alzarse con el gran Reino Mejícano, pues el día que a sucederle llego, no solo se resistió de la Audiencia a los Decretos, sino es en cruel batalla, peleando cuerpo a cuerpo, me dio esta herida en un ojo, quedando del campo dueño, y más rebelde que nunca, siendo Don Juan (de ira muero! Alferez de esta jornada; pues como puede mi esfuerzo cuando a todos los persigue, hacer feliz a uno de ellos? Papeles traigo que bastan a que en justicia poniendo mi razón, conozca el César en quien emplea los premios de tanta hazaña; mas ya que la mayor parte os niego, os concedo la menor, que es que busquéis un pretexto con que mi honor puesto a salvo consiga yo obedeceros; y así, no me negaré. De vuestra sangre lo espero, y quiera el Cielo piadoso halle a Don Juan, que teniéndoo de mi parte, lograr juzgo mi dicha. No es mal intento, que ceda yo lo que adoro: tan de otra suerte lo pienso::- pero el tiempo lo dirá; y ya que en Palacio entro, ver al Príncipe discurro. Mucho, Cielos, va creciendo la privanza de Cortés; pero qué mucho si el Cielo de hacer tanto bien a España le eligió por instrumento? . Pero no es este Rui-Gómez? Señor Narváez? qué es esto? Vos tan improvisamente en España? raro encuentro! Señor Rui Gómez a muchos debe causar eso mismo asombro y más si supieren de mi venida el efecto. Cómo? Como a Hernan Cortés vengo a acusar de tan feos delitos, que el de traidor es el menor. . Cómo es eso? traidor Cortés? . Yo lo afirmo A fe, que es arduo el empeño. Al Príncipe vengo a hablar. Entrad conmigo, que al tiempo que se vista, le hablaréis: más decid, con que en efecto contra Hernan Cortés venís? No lo escucháis? Mucho temo, que salgáis bien de la empresa. A las probanzas, y al tiemp me remito. . Ea, venid; pero a muchos fundamentos basta en Cortés ser cortés. Eso fuera, no sabiendo, que Narváez es Narváez. Verémoslo. . Si veremos. A venir por la respuesta te resuelves? . Tan atento le he encontrado (tan hermoso . dijera mejor) que creo, que saldré bien despachada. Ello, nosotras seremos, y él cernícalo de seda, nuestros agentes, que a eso están expuestas mujeres solas y de este pergeño no despreciable. Dejadme. bribones, quebranta huesos: Jesús! tanto pretendiente. Yo hablaré al Marqués, si cierto. Señor::- . El Rey lo verá, si estuviere para ello: vuelvan acá los vergantes. Ya sale allí un Caballero. Él nos dirá del Marqués, cual es el cuarto. . Hay camuesos semejantes! . Usiria::- Quién es? mas ay qué buen gesto! . Usia quiere decirme cual es el cuarto, entre estos, del privado? . Niña mía, vuestros ojos considero, que son los de la privada. Qué decís? Que son muy buenos, y muy cucos y muy cacos, por ladroncillos de afectos. Respóndame con más forma. Si es vuestra cara argumento, la forma es haberos visto, y la materia, quereros. Inés, ese hombre es busón; déjale, que este sospecho, que es el cuarto del Marqués. Adiós, ya me conocieron: . que no sepa yo espetarme, hablar poco y andar tieso! Entra conmigo. Veré lo que decís: mas qué advierto? Señora? . Yo nunca: cuando: Cobrad cobrad el aliento. Busco del Marqués del Valle el Despacho. . Y a qué efecto? A que de una pretensión::- Despejad. , .. Malo va esto. Me dé respuesta; y así, errando el sitio a que vengo, dadme licencia, señor. Cuando encontráis con el dueño, ir en busca del criado, no miráis, que es desconcierto? Es que le di el Memorial::- Qué importa, si en los luceros de vuestros ojos guardáis el original más bello, de quien se pueden copiar suplicas, que son preceptos? Qué pedís? . Nada, señor, que ya sin méritos llego. Estando con hermosura, no puede ser. . Por lo mismo mis méritos se acabaron; pues siendo los que presento los de un Padre con honor, por vuestro servicio muerto en África peleando, no dais señas de atenderlos, y acudir a otros motivos, que ni yo expongo, ni alego; con que sin méritos ya de la pretensión me alejo. Esperad, que no merece tanto castigo un acierto. Acierto, señor? . Había de llamar señora, yerro, el dejar llevarse un alma de influjos de todo un Cielo? Permitid::- . Ya yo he cesado en todo lo que ofenderos debiera, y por vuestro padre (no ya por vos) os concedo lo que pedís. . Vuestra mano me dad. . Su contacto acepto. Qué hacéis? Qué he de hacer? no ves, que son de nieve tus dedos? De mármol en todo caso, por::- . Bien dices y por eso los tomo. Gracias os doy de tanto bien, mas qué veo? . Para que temple la llama::- El Príncipe en un exceso semejante! El César llega. Bien. . Así lo desvanezco. Filipo? . Yo, señor:: nunca::- A su Alteza agradeciendo estaba::- . Estaos de esa suerte, Príncipe, que la deis quiero la mano segunda vez; pues todos honrar debemos a Hernan Cortés de Monroy. Señor, pues yo en qué a ser vengo interesada en extrañas dichas? . Cóbrese mi pecho, . que ello fue casualidad. Soislo en saber, que os concedo al Marqués, que os ha pedido, y a tan igual casamiento será el Príncipe el padrino. Qué escucho, Divinos Cielos! . Señor:: yo::- Jesús, qué boda tan repentina, es buñuelo? Que, no os merece el Marqués? su calidad y sus hechos son grandes; y a fe, que os doy lo mejor que hay en mi R Así, señor, lo conozco. Tendréis un esclavo eterno, y cumpliré mi palabra, pues os ofrecí atenderos; y no os puedo conceder mas, que es a todo yo mismo. Perdonadme, que mi gozo se disfrace en mi silencio. Boda, y cena hay, Reina mía Qué queréis? No embodaremos? A la tercera Jornada. Mil enhorabuenas debo daros, pues en vuestras dichas con gran causa me intereso. Ya cumplí con vuestro encargo. Acompañad, Caballeros, a Hernan Cortés, y a su esposa. Fortuna, en qué auje me has puesto Venid. , . El César lo manda, y a obedecerle atendemos. Qué es lo que intenta el bufete? Iros de chapín sirviendo. . Vos no vais, Príncipe? . Yo no honro con tales extremos a un hombre, de cuya fama está el lustre padeciendo. Qué decís? de Hernan Cortés no puede caber defecto en el honor. . Al Sol mismo le empaña eclipse grosero. Si he casado a Doña Juana con él, es porque perdiendo su padre en servicio mío, cuyas hazañas se hicieron tanto lugar, quise hacerla feliz con tan alto empleo. Pues tan al revés obrasteis, que desdichada habéis hecho la más cabal hermosura. Con qué es hermosa? yo creo, que en eso el reparo estriba. No señor, no estriba en eso; y por aclarar la duda, hola, Narváez. Atiendo vuestra voz. . Qué es lo que miro! Aspiro a los pies excelsos del árbitro de dos Mundos. . Narváez, pues qué hay de nuevo, que os trae a España con tanta prisa, y con tanto secreto? Estos:: cuando::- No os turbéis. Cobraos, y hablad. Es que pienso, que si mi verdad se duda::- Yo ahora, ni dudo, ni creo. No saldréis de un grave engaño. La lealtad os agradezco, aunque decir desengaños a un Monarca, tiene riesgo. Acabad de declararos. Señor, me turba el respeto. Decid. Contra Hernan Cortés traigo formado proceso, con infinitos testigos, con que la traición le pruebo de quererse con las Indias alzar; y para este efecto los tesoros escondidos tiene, que quitó su esfuerzo al Monarca Montezuma. Estos papeles:- . A verlos? Confirman esta verdad. . Filipo, quienes hubieron más razón de ser creídos, las palabras, o los hechos? Las acciones acreditan mas que las voces. . Me huelgo que lo conozcáis. las obras de Cortés, ya las sabemos; las palabras ignoramos de sus contrarios, y a ellos se les debe por oído dar este solo desprecio. . Señor: . Idos de mi presencia, que solamente atendiendo vuestros servicios no os hago llevar a una Torre preso. Sabe el Cielo: . Qué es mentira cuantos dicen lisonjeros envidiosos contra el que es la columna de mi Imperio: y vive Dios: . Jamás vi la cara, señor, al miedo, sino es hoy. . Ay esperanza, . ya eres alhaja del viento! Pues, Narváez, no os acobarde el ver a mi padre puesto de parte de Hernan Cortés. Con que si prosigo el Pleito, favoreceréis mi causa? Si es justicia podré hacerlo. Y si el César otra vez::- Qué medroso sois! . Si tiemblo, es la deidad enojada:- Pues otra os oye sin ceño; proseguid. Así lo haré, para que sirva de ejemplo el Pleito de Hernan Cortés a los siglos venideros. era te ta to ttal

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No quisiera embarazar. Miren qué majadería; no le dijeran a usted, que entrara habiendo visita. Señora, sagunda vez me dé los pies Usiria; pues ellos de mis desgracias el puerto son. . No, querida, no ha de ser; sentaos conmigo: Inés? . Señora? No digas a las demás, que conmigo hay nadie; y tú te retira. Qué demonios de misterio trae esta carifruncida, recatándose? mas que es de Zarambeque la Ninfa, que viene a pedirle, cuando es el mozo cosas mías? Si tal fuera, y la emprendiera mi coraje uñas arriba, bien sé yo::- . En qué te detiene? Ya me voy: hay mayor prisa? . Quedasteis en que a Don Juan, que de vos su amor retira, le buscasteis en Toledo, donde con su amparo os brinda Narváez. . Desde aí prosigo. Con traidora alevosía me hizo Narváez la oferta; yo viéndome perseguida de un engañoso, y dejada de quien siguen mis caricias, sin senda, amparo, ni norte, acudo a la peregrina piedad vuestra, a que de amparo vuestra clemencia me sirva, mientras parece Don Juan: si logro ser recibida entre las criadas vuestras, tendréis esclava que os sirva. No he de apartarme, señora, de vuestros pies, que aunque indigna de tocarlos con mi labio, el ser quien sois me confía: y más, si a vista del Pleito habiendo estado yo en Indias de Narváez contra el Marqués, testigo he sido de vista de sucesos, que algo pueden conducir a la justicia de vuestro esposo: y si acaso nada, señora os obliga, confusa, y desesperada, me iré donde tumba fría, el Mar sepulte mi llanto, creciendo en lo que destila otro Occeano en que puedan anegarse mis desdichas. Bien dicen, Doña Isabel, que no hay desgracia ninguna, que no alivie otra fortuna más tirana y más cruel; con que cuando hoy se encadena con mi daño, el que contáis, es fuerza mi mal oigas, consolaréis vuestra pena. Ya sabéis, que nos casamos el Marqués, y yo, y apenas se celebraron las bodas, declaró Jornada el César contra Argel, y que mi esposo irle sirviendo fue fuerza. Seguirle quise, guiada de mi amor (que no hay empresa ardua para quien adora) y después que sus riberas divisamos y las gentes tomar pretendieron tierra, airados los elementos, con tan horrible tormenta envistieron a la Armada, que perdiendo once Galeras el valeroso Andrea Doria, se hubiera anegado en ellas el Marqués, si abandonando sus caudales y su hacienda, no se arrojase a las aguas, a que yo le recibiera, que ya a tierra había salido, a causa de estar muy cerca del parto, en que di a luz en Martín Cortés, la prenda que más adora mi alma, pues es un pedazo de ella; y en tres lustros que ha cumplido, da de su sangre hartas señas. Salvose el Marqués perdiendo cuanta adquirida riqueza trajo de América, que como el agua se la presta, la quiso cobrar el agua vengativa, y avarienta. Acabose la Jornada; dimos a Méjico vuelta, que hallamos para Cortés tirana Patria extranjera. Era Nuño de Guzmán Presidente de la Audiencia, ante quien puso Narvaez el Pleito al Marqués, con pruebas falsas, de que había encubierto la innumerable riqueza, que ganó de Montezuma, con que en pública almoneda se vendieron, y arrendaron sus Casas, Pueblos, y Rentas: aún una Casa no tuvo para albergarse siquiera; y hubo de valerse solo del Sagrado de una Iglesia. Desde allí, con el caudal que recobró de unas deudas, hizo catorce Navios para descubrir más tierras: pero estaba la fortuna declarada por adversa, y esta Armada se perdió, con que el Cielo nos enseña, que todo debe perderlo quien mucho no le contenta. Cansado, en fin, de sufrir tanto género de ofensas, volvió a España, donde sigue contra Narvaez en Audiencia sus Pleitos pero Felipe (que por ausencia gobierna del César, que en Alemanía está empleado en las Guerras) ni le atiende, ni le escucha, con que en desprecio y miseria, quien conquistó tantos Reinos, quien ganó tantas Diademas, su fatal estrago llora, y su mal premio lamenta. Ya le oprime la vejez, los cuidados y las penas, y sus venerables canas lo que es mundo manifiestan. Hasta Don Juan, que al Marqués le ha debido una Encomienda, y un Avito de Santiago, que con el Rey le granjea, de su trato se retira, de mi casa se desdeña, mas qué mucho, contra un pobre los más fieles se revelan. No sé si estará olvidado Don Juan de vuestra belleza: solo sé, que andaba ansioso por hallaros; y aunque en esta fatalidad todo falta, no del Marqués en las venas, ni en las mías, faltar puede la sangre que las somenta. En mi casa os quedaréis, donde seréis compañera mía, en lugar de criada, hasta que los Cielos quieran abriros, para el alivio de su compasión, las puertas. Qué voces cabrán en mí, para dar gracias atenta, por tanto bien; pues contenta, y honrada, lograré aquí, que vuestro esposo en rigor, quien soy ignore y me vea, hasta que yo misma sea, en cobrando mi explendor. A vuestro gusto será, cuando:- . , . 1. Por amor de Dios::- Téngase el bribón. 2. Con dos hijos ciegos: . Arre allá. Qué es esto? El Marqués, colijo, que es, que para que comprenda lo que debe hacer, su hacienda manda partir a su hijo con los pobres::- . Qué piedad! Y el criado obra impaciente. Esta infamia se consiente Tú no tienes caridad. Martín, da limosna a pobres, da cuanto adquirido has; porque lo que ahora das, en mejor lugar lo cobres. Nunca como avaro obres, da limosna, y su consuelo sea tu mayor anhelo; que el que en amorosa calma diere a los pobres el alma, será el más rico del Cielo. Dales limosna. Qué es dar? que un cuarto no me ha quedado, y hoy un belón se ha empeñado por solo limosnear. Mi capa habrá de pagar lo que darles no dispones. Pues me he de hacer yo doblones? La capa no se la des, que ya tengo que dar. . Qué es? En vez de capa, capones. Don Martín, hijo en quien fundo mi bien, esos pobres bellos abraza, parte con ellos la capa, Martín segundo; para que te alabe el mundo dales la capa, si más no tienes, que cuando estás dando con fe verdadera tú la capa toda entera, mas que San Martín harás. Tomad, hijos. 1. A mí. 2. A mí. Para los dos es. . Allá partiremos. . Cuanto va, que los reparto yo aquí veinte coces? . Cómo? Así: dejen la capa. . Qué intentos son los tuyos? . Lindos cuentos; esto es hacerles favores, no ves que por salteadores les pueden pegar doscientos? Vayan. . Ay piedad mayor! Señora, aquí? perdonad, que con pobres, en verdad, que se me olvida otro amor. Con pediros un favor os lo perdono rendida: esta mujer afligida, y pobre, halla su interés en servirte. . Pobre es? Sí. . Pues ya está recibida. Martín por mi respondió; y pues inclinado al bien me copia, bien haya, amén, la madre que te parió. Quién más bella cara vio? . Oyes, Martín, vete apriesa, y si hay algún pobre en esa antesala::- . Qué he de hacer. señor? . Llévale a comer, y sientátele a tu mesa: no te desvanezca infiel la pompa, que no te aplico; que ayer era yo harto rico, y ya soy pobre como él. Ya yo te obedezco fiel: Ay hermosura! a vivir empiezo mas no, a morir dire mejor en tu abismo. No vas? . Si señor: yo mismo al pobre voy a servir. . Señora, a hablar al Rey voy luego y reparo en mí, que no estoy decente entrad, me ayudaréis a vestir. Yo, señor, lo haré, que com os empiezo hoy a servir, en mí es esta obligación: me quitaré el manto? . Sí. Yo finjo. Venid. . Señora los viejos se han de lucir; solo los pone galanes quien mozos los vio. . Decido tan viejo, señor, os veis? Ea, qué queréis decir, que estos son trabajos solos, y no canas? pues sea así; que en verdad, que cuando el alma, bella Dona Juana, os di, era yo mozo, y galán, y así obligué a un Serafín; pero quince años de penas, quién no los cuenta por mil? Sujeté los elementos en sus discordias, rendí mas de tres millones de hombres pero la envidia civil, y la edad, amotinados me sujetaron a mí. Ah, señora, solo a Dios es a quien se ha de servir: muchas almas le gané de su Evángelio Adalid; como él me quiera premiar, cuando le llegue a pedir misericordia, qué importa, que el mundo me trate así? Vamos mi bien. Mi bien, vamos: Isabel, quédate aquí; asiste, si acaso fuere menester, a Don Martín: perdonad, que esto es fingido. . Seré en hacerlo feliz: Ay ingrato Don Juan, cuando me vengará Amor de ti! . . De mi padre la piedad no pude lograr, que en fin, ningún pobre:: mas, señora? No debéis tratarme así, que yo soy vuestra criada. Pues llegaré a presumir, que para servirme, el Sol se desprendió del Cenit. . A responder al Marqués vengo, aunque lo ha de sentir, como el Rey no quiere oírle: mas, Cielos, qué es lo que vi? es ilusión del deseo, o es la que con Don Martín advierto, Doña Isabel? Si la voz no reprimis, en déjaros::- . Esperad: pues solo ha sido mi fin explícaros, que en el punto que cegué, puesto que os vi, del sol de tanta hermosura soy idólatra gentil. Qué escucho, pesares míos? Hoy que el placer conseguí de hallar a Doña Isabel, hubo de ser (ay de mí! para que borren mis celos mi gozo, mas quiero oír. Vos me habéis de responder. Cielos! válgame un ardid; . pues ruido en aquella puerta siento, y sin duda es salir el Marqués. . Quedasteis muda? Responda a lo que decís, quién: pero, Cielos, qué miro? Caiga el Cielo sobre mí. Animada estatua soy. Quién podrá contradecir:- De qué te has helado, ingrata? Mi intento? pues: . Proseguid, rapaz inconsiderado, que si os oigo, por ceñir mi respeto de esta casa el venerado confín, lo debéis, y agradeced al Dueño que habita aquí. De rapaz me habéis tratado, Don Juan, mas sin advertir, que con honra como vos, y con más valor nací: Y si vos tenéis motivo para entrar hablando así en casa donde debierais hacer planta la cerviz; yo la tengo, y tengo brío, . que no sepa consentir tanto atrevimiento. . Esto es castigar, no reñir. Muerta estoy! Hola, qué es esto? Don Juan, tened: a Martín? Quita, señor. . Ah muchacho? De enojo pienso morir. . Respeto me dan sus canas. . Isabel, qué es esto? . Oíd. Ah rapaz? pues tú has de hablar en mi presencia? decid, Don Juan, pues qué causa:- . Yo:- Digo, que calles, Martín. Haré pedazos mi labio, y arrojaré (pesie a mí! acero, que no me dejas contra un cobarde esgrimir. Ah visto tal, qué arriscado . es el rapaz? pero si lo era yo cuando mozuelo, cómo le he de reprimir? Recelos, esto ha de ser; . sino es fácil conseguir mi intento, callar importa. A lo que yo vine aquí, es a deciros, que el Rey, ni os quiere escuchar, ni oír; pues la Audiencia os ha negado: y os juro una vez, y mil, por la Cruz que traigo al pecho, que no queriendo admitir el mensaje, me forzaron a traerosle. . Y decid, sacar la espada en mi casa, por qué razón? . Don Martín os puede informar, que yo no tengo más que decir. Deja, señor seguirele. Tú no, muchacho. . Infeliz soy! Hijo, tente. . Tenedle, que yo le voy a seguir: Cómo qué, el señor Cruzado tan grave ya (ha siglo vil! jurando la Cruz del pecho (quiero hacerme de reír y ayer me estaba sirviendo; quién creerá, que esto es así? Mira, Martín, esto es mundo, a este hice rico y feliz, ayer era tu criado, y hoy hace escarnio de ti: Vive Dios, que si me acuerdo de quien soy::- 3. No has de salir. Esposo::- . Señor::- Ea, vaya; por las tres le dejo ir, que sino, al señor Don Juan yo le supiera advertir, que si tiene al pecho Cruz, es, porque yo se la di; y que es hoy Cortés aún, y Cortés sabe reñir, que aunque viejo, en tales casos se remoza y es un Cid; pero si aprenden de un Rey a agradecer, con huir el rostro a quien le dio un mundo, no es mucho tratarme así. Ven acá, Niño. . Yo Niño? reparad lo que decís. Oigan, él también se enfada: pues Gigante en cuerpo tuin, qué ha sido esto? . Bien hacéis en burlaros, cuando fui tan infame, que a un villano le dejé vivo salir, habiendo: pero la causa no la habéis de descubrir, hasta que yo quede airoso, que es lo que me toca a mí. En verdad, que él obra bien yo hiciera lo propio, y fui necio en preguntar, lo que turbada vos me decís. Yo, señor? . Vos sois hermosa y ellos son mozos, en fin. Eso, señor, a mí sola me toca el hecho inquirir. Bien decís, a hablar al Rey voy que en efecto ha de oír mi razón, aunque no quiera; y pues vos os preferis a sacarme de esta duda, vuestra palabra cumplid. Doña Isabel, a informarme vendréis de todo. . Nací sin estrella y hartordice, quien dice que es infeliz. Ya me parece que es hora de que el Rey salga a la Audiendo Pues el ser busón, es cienti que tuta la vita honora; al Rey pretendo esperar, que al fin si le hago reír, mucho más he de adquirir, que por servir por busar. Ausente el Emperador, el proceso he conducido nuevamente concluido, en que se prueba mejor: mas ya sale. Una, y mil veces dame, Rui Gómez de Silva, los brazos por esa nueva. Ganar quise las albricias. Carlos Quinto mi señor, hoy llegará en todo el día, a la Corte. . En hora buena merezca yo tanta dicha. España al Imperio le hurta el Sol, que ya la ilumina. Gran señor::- . Al Cardenal. Ahora encajo yo la mía. . Señor, yo soy Zarambeque, hermano de las Folias, y mi padre Don Canario me engendro junto a Sevilla en mi madre la Pabana: la Españoleta es mi tía, el Piegibado es mi primo. Me acomodé allá en las Indias con Hernan Cortés. . Extraña es vuestra genealogía. Si señor, legia fue la que me echó en la cocina mi madre al ir a nacer. Cómo? Es que trataba en tripas, y yo naci amorconado, con que fue estrella precisa servir al asco del mundo, el desprecio, y la desdicha. A quién? Al Marqués del Valle, que ya es todo una morriña; pues escupido de todos es más que amo, porquería. Narvaez, señor invicto, en este pide::- . Y suplica le veáis. . Pues leed vos, tomad, RuiGómez de Silva. Suplícase a V. Magi mediante es- tar aprobada la acusación contra el Marqués del Valle, se proceda a su prisión, por cuanto es necesario pre- ceda orden de V. Mag, que así parece al Consejo. Es esto así? . Si señor: el Consejo le condena. Pues prendedle en hora buena. Yo probaré que es traidor, y que ocultó la gran suma de aquel inmenso tesoro, que en piedras, en plata, y oro, juntó el César Montezuma. Digno es de tratarle así. Señor, no os ciegue ese anhelo, que así parezca yo al Cielo, como él me parece a mí. Ya que no atendéis la fama de mi amo, aquí os parad, como ha de decir verdad el que Pansilo se llama? Nombre tan extraordinario, tan sucio, tan asqueroso, que puede ser mentiroso, pues no está en el Calendario: y en fin, señor, como no echas de ver cuando te lo advierto, que un hombre Panfilo, y tuerto, no ha de hacer cosa a derechas? capite primo, quimera, ita, que en Latín Inglés, Panfilo, tortorumes, tortagana de tortera. Callad; y qué dice aí del Marqués el pundonor? Lo que él alega, señor:: . Yo solo hablaré por mí. Que no me hablaseis mandé. Al Marqués, si lo reparas, no hay duda que lo mandaras, a Fernan Cortés, no sé. Yo sí. . Te enojé tan presto? ya conozco en tus senales, que la estrella de mis males en triste signo se ha puesto: tu Caballerizo soy, y como a tal me has de oír. Ese puesto ha de servir solo RuiGómez desde hoy. Beso tus pies. . Lo que es tuyo recibe como hombre sabio, que nunca el Rey hace agravio en recobrar lo que es suyo: a mí me queda harto honor. No sé yo que eso suceda en Vasallo que se queda con la nota de traidor. Cómo traidor? pese a mí? . Pásame el pecho mil veces para ajar mis altiveces, y no me trates así. Ese llanto no es disculpa; yo sé si hay motivo, o no. Así tengo culpa yo, . como el Marqués tiene culpa. Traidor él? (llegó la mía) más traidor es (linda cosa!) Panfilo, porque Barbosa lo tray en la Pansilia. Rui Gómez? . Gran señor. Preso a la Cárcel le llevad. Señor::- . Es en vano. Mirad::- Bien está. . Triste suceso! . Señor::- . Ambición, bien vas. . A obedecerte me obligo. Llevadle a la Cárcel digo, y no me repliquéis más: pague allí sus ambiciones: quitadle luego de aí, y antes que salga de aquí ponedle gruesas prisiones. Mirad::- . Mi palabra dada, cómo se ha de quebrantar? como ley se ha de guardar. Sí; mas es ley enojada. Reyes gobiernan las leyes; pero de mi parte hallo, que es ley honrar a un Vasallo, que dio a su Rey tantos Reyes. Humilde estoy a tus pies; borra en tu enojo el exceso. Marqués, idos ahora preso que ya me hablaréis después. . Después te veré la cara? pues cuando fui a conquistar, nada pudiera lograr, si tu después aguardara. No tuvieras tanta suma de Reinos, que te he ganado, si hubiera al después dejado la prisión de un Montezuma. Tened paciencia, señor. Esto es mundo, Hernan Cortés. Y esto hacer ultraje es a los hombres de valor. Véngate, infame, de mí, aunque no estoy muerto ingrato; mas si estoy, pues no te mato. Agradece a estar aquí:: Pues tú::- No empuñes la espada, déjame, que si a él me voy, verás, que a Pansilo doy la mayor panfitolada. Qué haces, vil? Dadme, Marqués, la espada, que el Rey lo ordena hola, traed la cadena. justo obedecerle es: cadenas, grillos, prisiones, han de atormentar mis dichas; porque siempre las desdichas se enlazan como eslabones. Ya está la cadena aquí. Echádsela vos al pie. Eso, señor, no lo haré, porque no me toca a mí. Pues vos::- . Mil obligación confieso atento al Marqués, e ingratitud grande es pagárselas con prisiones. . Echadla vos. . Cosa tan indigna había de hacer? señor yo no he de prender a quien me ha dado su pan. No habrá quien la ponga? Sí, que servir al Rey es ley, y esto lo ha mandado el Rey. Tú me aprisionas a mí? mas si eres del Rey la mano, cedo en tu diestra a su ley; y el que grillos echó a un Rey, los admite de un tirano. Favor dar cadena es de un Rey: ya me paga en ello que ya que no ha sido al cuello me la hace echar en los pies. Adiós, que el veros queja de mi propio me enajena. ̱ Mucho pesa la cadena. Yo os la ayudaré a llevar. Confieso, que cruel soy; mas no he de ceder jamás. Harto bien premiado vas, Hernan Cortés de Monroy. A Madrid vuelvo ufano, triunfante del Caudillo Lutherano; y extraño, que ya el Rey no me reciba. Ya, señor, llega. Carlos Quinto viva. La salva de la gente, que le acompaña, suena. España cuente dichas, cuando el amor que la profeso duplicado en mi hijo: mas qué es eso? qué tristeza vecina , . nos anuncia la voz de esa sordina? No sé, señor, solo sé, que una numerosa escuadra de gente viene de luto; y de ellos, llega a tus plantas uno, que es Martín Cortés. Novedad es bien extraña: qué es esto? . Es buscar, señor, tu clemencia soberana, seguido de mis parientes, pues es de todos la causa. Desde que a España trocaste, gran señor por Alemania, desatendido mi padre, al Rey no ha visto la cara, sino es hoy; y ahora he sabido, cuando a recibirte en marcha me pongo, que a una prisión públicamente llevaban al que te ha dado el Imperio mayor, que ha visto Monarca. Bien pude salir, señor, a librarle a cuchilladas, que tengo de Hernan Cortés la sangre y eso sobraba; mas tu respeto::- . El Rey llega, y a que satisfecho vayas os aguardad. . . Viva el César, vivan nuestros dos Monarcas. Dadme, señor, vuestros pies. No era mucho os los negara, cuando en mi ausencia no usais de mi poder con templanza. Pues en qué he errado, señor? En escuchar lenguas falsas. El Marqués del Valle preso? pues las Naciones contrarias, qué dirán de mí, y de vos? Aquel, por cuyas hazañas el mundo debe llamarle el Decimo de la Fama: Aquel, que os dio más dominios, que heredaréis de mis canas, en una pública cárcel? Señor, se ha visto su causa. Si señor, más cuantos dicen en ella, sino le ensalzan, mienten, y yo lo sustento. Martín, tienes sangre hidalga, hijo eres mío, Cortés que es tu padre, en las Batallas te dio el ser, que para mí, y a mi renombre consagra. Si vos::- . Príncipe a tener otro Rey hombre de tanta resolución, no sé yo si corona nos quedara. Arzobispo? . Señor. . Id a prevenir en la Sala de justicia, que a la Audiencia va en persona su Monarca. Admire el mundo esta acción. . Yo tolerar esta infamia? Señor, si erré::- . Andad, Filipo, que sois mozo, y os engañan. Basta eso para mi triunfo. No he visto cólera tanta . en el César en mi vida. Vamos pues que tú lo mandas. A ese hombre, que le acusa, antes que muerto se caiga de verme, le asegurad. Vamos, y digan las salvas:- Vivan Carlos, y Filipo. . Por tu gusto me acompañas en la prisión, Zarambeque. Si señor, y la guitarra ser para cumbé quisiera, solo porque te alegraras. Ay, hijo, como ha llevado tan gran golpe Doña Juana? Señor, como llevar suele un perro tras si una maza: muerta está. . Hay prenda querida! Y Martín? . Vuelto loco anda, y asegura que ha de hacer de Panfilo con la panza la Batalla de Pansilia. Han visto, qué libre habla? Qué gana se me pasó de darle una gaznatada, con que le quitara el nombre? Pero, señor, si se casa, a un Panfilo le es preciso casarse con Doña Narría. Deja locuras. . El nombre de este Panfilo, me enfada; porque se pronuncia, como cuando un gargajo se arranca; como ha de hacer cosa buena el que Pansilo se llama? La merced os agradezco. No me mandaron negara la entrada a nadie. Señora? vos en esta vil posada? Señor, donde vos estáis, qué más suntuoso Alcázar? como queréis que no venga, dónde tengo presa el alma? Quién viene con vos? Quién debe sentir por bastantes causas vuestro dolor. . Y quien ya con llanto los platos lava, desde que en casa no estáis. Qué zalamera borracha! Pícaro, tenga respeto. Averiguasteis la causa de aquel encuentro? . Señor, no fue cosa. . . Plaza, plaza. Señor, el Emperador::- Qué es lo que escuchan mis ansia en Alemania no está? Señor Marqués, a esta Sala, que es la de la Audiencia, en donde mandaron os preparara la prisión, el César entra. Idos, idos, Doña Juana. 3. Señor::- . Idos. esta dich no es verdadera, es soñada? en España el César? Sí, que yo estoy donde os agravian, para volver por los hombres, que son honra de su patria. Señor: yo:: si:cuando: no encuentra con las palabras. Ahora el Pansilo verá quien se lleva el gato al agua. Mucho debéis a mi Padre. Ah más tiempo que me trata, que vos. los Soldados viejos nos entendemos el habla. Hola, sillas, y leed esa causa fulminada contra Hernan Cortés. El Cielo premie piedad tan hidalga. Rui Gómez, leedla vos. Leed, que no le acobarda nada, al que dice verdad. Ah, sí, que no me acordaba de que soy Grande Porteros, hola, un asiento que falta. Para quién es? . Para mí; pues qué queréis, que dudara, que puede en cualquier Consejo sentarse un Grande de España? Qué osadía! . Qué valor! Filipo, ha tenido gracia. Cortés, mirad que sois Reo. Es verdad; mientras se aclara mi justicia estaré en pie, . sino es la leyenda larga. Hijo? . Señor? aquí estoy, yo mi brazo, y esta espada, Ay, que echa chusas el mono. Ahora se sufre, y se calla. Primer cargo: Que encubrió . las riquezas agregadas por Montezuma. Es ment:: . Loco, calla, o vete de la Sala. Este es grave delito. . Al que un gran tesoro se halla, qué toca? . La tercia parte. Pues, Filipo, aunque guardara mucho oro, hemos de volverle muchísima ajorbitancia: no descubrió todo un mundo? Sí, gran señor. . Pues de tantas Provincias, la tercer parte es menester renunciarlas, o callar porque con menos, a fe que no se le paga. Confieso, que me enseñáis. Segundo: Qué lanza, a lanza . con Panfilo de Narváez, que Ordenes Reales llevaba de succederle en el cargo, peleando en la campaña le sacó un ojo. . Así hubiera sacadole las entrañas. Esta herida, gran señor, lo pública, aún no vengada. Si le buscasteis de guerra, os habéis de dar de chanza? No señor, yo no os mandé despojarle con las armas; y si él un ojo os sacó, y estabades cara a cara; hubieraisle vos sacado los dos, y así os despicaráis. Adelante. . Que intentó . la Corona Mejicana ceñirse. . Ese es un bocado, que mi pundonor no pasa. Yo lo probaré del modo que gusteis. . Sois un canalla, y a tan indigna propuesta, se responde a cuchilladas. . No ha de ser aquí. . Tened. Esperad. . Ah de la guardía. Ah Martinillo, ha muchacho: Jesus, y qué rapazada! Espera. Te he de matar. Hijo mío de mi alma! ha pícaro. . Hola prendedles. Si señor, si acaso bastan cuantos Soldados traéis, que el muchacho es mucha alhaja. Pero delante del César? El vio que a su padre agravian, y lo mismo hubiera hecho, aunque el César fuera el Papa. Déjale que le Panfile a Panfilo la garganta. Salgamos, señor. Salgamos. Y cómo queda mi Causa? Eso decís? ya estáis libre, que yo os fío. Pues abanza, Martinillo, aprieta bien los puños y haz cuenta te hallas entre las bárbaras Tropas de los Valles de Tlascala; que si te llamas Cortés, no volverás a la vaina la espada, sin la victoria. Ay de mí, si me le matan! no; él escapará y a fe, que si yo le pillo en casa, he de darle::- qué he de darle? un abrazo, y muchas gracias. ea tat alt

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cúmplele a Dios la palabra, que en vano seguir intentas la propia sombra, que pisas. . Escucha, detente, espera, condensado horror del aire, del viento cuajada niebla; . . pues ya aquí: pero qué es esto? por donde por ligereza nunca vista, aquella Sombra, aquella ilusión, aquella fantasma, a cuya amenaza late el pecho, el alma tiembla, para cobrarla el abismo se la ha tragado la tierra? Extraño pavor! Rui Gómez? Cardenal? no hay al fuera quién me responda? Señor? Qué tienes? . De qué te alteras? Qué mandas? Qué te se ofrece? se dispondrá la materia. Qué es esto, gran señor? Nada: y bien digo; pues si era aquella Sombra retrato de la muerte, que se acerca; nada es, y mucho, el aviso de que ya el ser nada llega. Rui. Gómez, haced luego mis carrozas se prevengan: venid acá; aquellas pobres despreciables alhajuelas, que mandé que se llevasen de Yuste a la nueva Celda, están ya allá? . Sí señor. Estimo la diligencia. Ah Cortés, ahora veremos quien mayor triunfo granjea. Señor, ya yo en vez de glorias, temo que alcance miserias. Venid acá, habéis estado en la Vega de Plasencia? Si senor y muchas veces. Me dicen que es brava tierra, para dar una batalla. Si señor, es descubierta, muy abundante y florida: pero vos habláis de veras? Sí, Cortés, de u la deseo hacer palestra. Pues, señor, mandad hacer los enemigos de cera, pues gracias a Dios, España hoy está apacible, y quieta; veréis en qué breve tiempo vamos hendiendo cabezas. No sé qué deba inferir . de las palabras del César. Con la chochez, los dos viejos a se han vuelto niños de teta. Don Juan? . Señor? Arzobispo? Qué mandáis? Ya el caso llega de despedirme de todos; y así del primero sea de Filipo, id, y decidle, que Carlos Quinto le deja, que su Maestro se aparta, y su Padre se le ausenta. Hay compasión, no en mi llanto, a se desaire mi entereza! Señor::- Haced lo que os mando: decidle, que si desea darme un abrazo, no tarde, que puede ser, que no pueda después porque ya en el mundo no hay cosa que me detenga. Posible es, César Augusto, que queráis que tales nuevas le llevemos? . Tan amargas noticias, y tan funestas nos encargáis? . Cómo es esto ya me empezáis la obediencia a negar? Hijos, mirad, que vuestra lealtad se arriesga. Solo tan fuerte conjuro, obedeceros me hiciera. Vamos, pues vos lo mandáis. Qué resolución tan cuerda! El César se mete Fraile? pues yo desde hoy busco hortera, y alforjas, y dejo el mundo, que tan mal Zarambequea. Qué es esto? lloráis, Cortés? vos ahora mostráis flaqueza? aquese brazo, instrumento de la muerte, titubea? qué es esto, valor del mundo? Señor, que no soy de piedra, que os ausentáis, y me falta muralla, amparo, y defensa: mis pleitos no concluidos, salí en la fianza vuestra; y si el fiador se retira el principal luego queda. Yo os debí, que perdonaseis a Martín la inadvertencia, que en vuestra presencia obró; pero Narvaez no cesa de infamarme con su voz; y otro modo no me queda de probarle su mentira, sino en sacarle la lengua en público desafío; y a fe, que es ardua la empresa, que es Narváez Caballero, y hay valor donde hay Nobleza. Ya le he retado, señor, ya él el desafío acepta, y solo para el combate nos falta vuestra licencia: quisiera fueseis testigo de ver en mi mano hierta, como se blande la lanza, como se ajusta la rienda, como se ajusta el estribo, como el escudo se estrecha, y como al terrible choque la tierra, y el aire tiemblan; porque aunque estoy tan cansado, sin brazos casi, y sin piernas, el corazón no envejece, y ese suple por la fuerza. Como sé que solo vos entendéis esta materia, os quisiera enamorar, y sé que lo consiguiera; pues estando a vuestros ojos, me bastara su influencia para hacer pasmos yo sé, que una buena tarde os diera; mas si me faltáis, señor, aunque maravillas sepa ejecutar, ni ha de haber quien las celebre, ni entienda: esto lloro; más Cortés, tú eres infeliz, paciencia. Hernando, ya no soy yo quien a Castilla gobierna; pedid el campo a Filipo, si se ajusta a su conciencia con permitir esos duelos: ya no mando yo que él reina. Pues ya murió Hernan Cortés. Dios en el Cielo le tenga. Señor, qué es esto? . Filipo, es lo que es justo que sea; hoy a Yuste me retiro. Pues, señor, cómo me dejas con el excesivo peso de una carga tan inmensa? Para ayudarte a llevarla, voy yo a pedir en su Iglesia fuerzas a Dios. . Padre mío, mi Rey mi Señor, mi César, reinando tú soy yo Rey; mira que tantas Diademas, sin Atlante tan robusto, no caben en mi cabeza; compadézcate mi ahogo. . Filipo, no me enternezcas; sabe, que he visto la imagen de mi muerte y cuando llega la sombra de su guadaña, ha de estar su cuerpo cerca. Qué hago yo con los Dominios, que en poco tiempo se dejan, si aventuro los que duran, sin que nunca descaezcan? El mayor Señor te dejo del Mundo, do el Sol da vuelta, y cuantas regiones dora, tu triunfante planta besan; gracias, Filipo, a Vasallos como este, ellos son las prendas del corazón, que te dejo; trátalos con gran clemencia, particularmente al pobre, como acreedor de tu hacienda, que eres padre universal, y si a socorrerle anhelas, no haces más que adelantarle una porción de su herencia. Hijo, si quieres Corona, ten gran respeto a la Iglesia, mira que es Dios muy celoso, y siendo su esposa ella, siente que se la maltraten, y luego al punto la venga. En la mitad de tus triunfos, tus glorias, y tus grandezas, piensa que te has de morir, y que son perecederas; que no hay mejor consejero, que el de la propia conciencia, y esto y el temor de Dios, todas las cosas aciertan: mas te quisiera decir; pero el dolor no me deja, y el deseo de salir de una vez de aquesta regía vana pompa, que a los hombres los hechiza y embelesa: a Diós, hijo: las carrozas. Padre (ay de mí!) yo quisiera acompañaros. . No, hijo, con que el Arzobispo venga, y Don Juan, tengo bastante; a Hernan Cortés te encomienda mi amor mira que merece que le honres mucho, y le quieras. Señor: yo no acierto a hablar. . Hasta a mí el moco me cuela. . Tierno lance! Ilustre acción! Padre, no así te entristezcas. Ay, hijo, no sabes tú, qué trabajos nos esperan! El César ya retirado, la esperanza a vivir vuelva de conseguir mi intención. Partió mi padre? . Ya vuelan las carrozas. . Pues ya no es de la Majestad decencia mostrar que nada le inmuta. Hoy que a vuestro cargo queda mi amparo::- . Ya me queréis reconvenir con la oferta, que mi padre os hizo? . Vos debéis atender a ella; pues os toca más que a mí. No he menester advertencias. Ves, hijo, como te digo yo bien? . Qué esto se consienta Lo que pedirá Cortés es, que puesto que hoy me reta, el campo nos concedáis. Yo lo veré; pero sea prosiguiéndose en justicia la causa, hasta la sentencia; pues aunque en la lid, su honor quede libre, a mí me resta quedar satisfecho. Vos RuiGómez, si la palestra les concedo, habéis de ser quien cuidar de todo deba de la función. . Ved, señor, que conmigo es la pelea, que mi padre está ya viejo. Ya el pulguillas cosquillea. . Quién os mete en eso a vos, niño? pues en mi presencia habéis de hablar? . Por eso hablo con tanta modestia, que sino a un infame::- . Tente, Martín; pues qué desvergüenza: Dejadle hablar, que en rapaces todo es gracia. . Ya está cerca el tiempo de ver la gracia, con que os quito la cabeza. Un arrojo consentido da a tanto yerro licencia. Cortés, reprimid locuras de vuestro hijo. . Si no hay senda de reportarle, señor? Es que cuando a mí se atreva, le sabré yo castigar. Señor Narváez, con flema: castigarle? soy su padre yo, y me hace andar a las vueltas Si vos no podéis::- Narváez, mucho habláis, y no quisiera que se os fuese por la boca con el enojo la fuerza. Pongamos el hombro al peso, . cuidados, que es toda nuestra la carga. Hernan Cortés, hasta que el todo fenezca de la Causa, no volváis a Palacio. Así me echa vuestra Majestad? así cumple el encargo del César? Vuestras cosas van muy mal, Cortés, sabe Dios me pesa. . Qué hemos de hacer? Dios lo quiere. Hoy podrá ser que se vea, que no siempre la fortuna ha de estar de parte vuestra. . Ya nos veremos, Narváez. Vive Dios, que quien tólera tanto, ni es mi padre, ni tiene sangre de mis venas. No valdrá más ir, y a este perro: . Martinillo, espera, qué tienes? . Qué he de tener? deja que vaya, y el etna de mi coraje en cenizas a un mal nacido resuelva: vive Dios: . Habrase visto la colerilla, que muestra el mozuelo? no se tratan de esa suerte esas materias. Tiene el seor arranca pinos mucha razón qué se atreva un hombre solo a un mil hombres? es una grande insolencia. Pícaro, pues si me irritas::- Ya no chisto, seor pateta. Martín, declarada está la fortuna por adversa. Báculo de mi vejez, espejo de mis proezas, aquí de la sangre ilustre de Cortés, que no nos venzan los pesares, no, hijo mío. Era fácil que eso fuera? Arrímate a mí. . Señor, pondré mi boca en tu huella; mas concédeme un favor. Cuál? . Salir a la pelea. Calla, niño, no seas terco; ven y a tu madre consuela, que esotro me toca a mí. Si yo matadole hubiera, no anduvieramos en esto. No imagines, que me pesa verte guapo; pero, hijo, no hay valor, sino hay prudencia. Sobre que es un entremés ver al viejo vuelto vieja dando consejos, y al mono andar echando pendencias: si él fuera mío, a azorazos le quitara la soberbia. Mucho debe vuestro esposo, señora, al Emperador; pues en medio del favor, con que camina al reposo de Yuste, me hizo venir al señor Marqués a hablar de su parte. . Ya tardar no puede, y yo que decir mientras tanto os tengo Inés? Señora? . Llama al instante a Doña Isabel. . Qué amante fue tan infelice, pues cuando conserva la llama de amor, se anega en sus celos! Qué me mandáis? más ay Cielos! Conocéis a aquesta Dama? Dadme para responder tiempo, porque asegurar que la he sabido estimar, no es saberla conocer. Confiesoos, que bien sabia en Nueva España quien era; pero mudando de esfera, mudó de fisonomia. Dos veces de su rigor me ultrajaron los desvelos, y entre dos nieblas de celos, mal se descubre un amor. Yo vine a lo que sabéis; si otra plática mezcláis, dadme licencia. . Calláis? no veis que se va? qué hacéis? Atender solo al respeto vuestro más habiendo sido vos quien mi amparo ha admitido, no he de dejar en efecto::- Buena alhaja en casa había. . Mi crédito en opiniones. Ojalá encontréis razones, que desvanezcan la mía. Narváez me sirvió tirano, yo en España a Cortés sigo; luego estar con su enemigo, no es querer darle la mano. jamás le pude sufrir, de él lo podréis escuchar, que yo le sabré matar, o se lo haré referir; que soy mujer, vive Dios, que solo si se perdiera, fuera por su honor y fuera::- Por quién, señora? Por vos; pero fuera dándoos muerte. No está muy mal el embozo, . y revienta por el mozo. De Doña Isabel la suerte, a mi casa la ha traído buscándoos, sin más cuidado: lo que en ella haya pasado (pues yo sé que ha sucedido con Martín no sé qué lance rapazada vino a ser; y en fin, yo a vuestra mujer os la guardo a todo trance. Alcahuética es mi ama! . No sé qué gracias, señora, serán bastantes:: Mi amo. Dame los brazos, esposa. Mi bien, seas bienvenido. Señor Don Juan, tanta honra en mi casa? a ver venís tan despreciable persona? Señor, hombres como yo::- Sacudete de esa roncha. . Jamás las obligaciones, que les asisten, ignoran: sé que fui vuestro criado. Eso era allá entre mis pompas, mis triunfos y mis grandezas; que ya es otro tiempo ahora, y un Caballero Cruzado no ha de ajar su vanagloria. Este hombre da en enfadarme, y no ha de sacar la costa. . El Emperador me envía desde el camino::- . Hola, ola, una silla. . Qué intentáis? Que usté el sombrero se ponga, y se siente, y yo le escuche en pie y quitada la gorra, que los mensajes de un Rey no se escuchan de otra forma. Señor::- Qué queréis, que ignore circunstancias tan forzosas? Vaya, pues vos lo mandáis. El viejo todo es candongas. . El César dice, que siente que han de ir malas vuestras cosas; que no lleva otro dolor, que el faltaros, cuando os sobran enemigos: y que si el Rey, a lo que le toca no atendiese, a él acudáis; pues de cuanto le propongan se ha apartado y solo a vos su amparo, y oído otorga. No dice más? . No señor. Pues levantaos ahora, que ahora hablo yo y no hay que observar la ceremonia. Decidle al Emperador, que de tan crecidas honras, no caben las dignas gracias, en la que es ajena boca; y así, a ponerla en su planta yo mismo voy. Martín, postas. , . Señor::- No tiene remedio: cuando el César me remoza con sus favores, había de faltar yo? linda historia! aunque me costara haber de correr toda la Europa. Ved, que vuestra edad peligra con tal exceso. . Señora, aunque estoy viejo, soy mozo para lo que a mí me importa. Zarambeque, postas digo. Postas? y si te se antojan de perdigones, y balas, te traeré catorce alforjas. . Vos me habéis de perdonar si el otro día ocasiona Don Martín, que en vuestra casa::- Que no hablemos de esas cosas. Sabed, que Doña Isabel es de Don Juan digna esposa. Qué oigo, penas! Una esclava soy vuestra, que por vos logra muchas dichas, que hoy consigue. Esto tenemos ahora? venid, y me informaréis mientras me calzo las botas. Yo os iré a servir, señor. Que un Caballero proponga con Avito esa indecencia? Jesús, qué acción tan impropia! Qué es esto, madre? Martín, que esta Dama la enamora Don Juan, y que de Méjico le vino buscando ansiosa, porque Narváez la quería::- No digas más, que me sobra, para no acordarme de ella: qué en ella los ojos ponga este traidor! de lo que él ha estimado, ni aún la sombra. . Padre Fray Pedro, en cuanto me ha contado Fray Francisco, no advierte mi cuidado cosa que tocar deba a Emperador, ni la atención me lleva mas que la vida, que seguir prometo, que en discursos de Celda no me meto. Válgame Dios! . . Qué siente vuestra Cesarea Majestad? . Que intente a caballo montar, sin resistillo, y me caigo de un pobre jumentillo: hoy queriendo ir en él he dado en tierra. Pues a fe que en la guerra no ha tenido caballo más ligero. Ni pístola mejor de Caballero: pero, Fray Pedro, todo al fin se pasa. A qué tocan? . . Señal hacen en Casa a Vísperas; pero eso no me obliga, pues me mandan, señor que a vos os siga. Harto yerran el modo; pues ignoran, que es Dios antes que todo: obedeced aquella lengua muda, pues manda Dios por ella se le acuda. Señor, pues vos::- No repliquéis, amigo; Dios os espera, y Dios queda conmigo; no temáis, que en la fe, que nos iguala, a vos, ni a mi suceda cosa mala. Al Coro voy del Templo. Id en paz. Qué virtud! qué amor! qué ejemplo! . A fe, que he corrido bien; y me dirán que soy viejo? aún tengo brío. Buscando el cuarto del César entro por los Claustros; pero allí un hombre, que en los arreos pobres da de ser algún criado indicios, advierto: preguntarele por él. Quién no envidia este sosiego! ha Señor! qué haya perdido tanta edad sin conocerlo! Ah buen hombre? Quién:: mas no es Cortés? callar intento, que según habla, sin duda no me conoció. . Ah escudero? Disimulando la voz, y embozado con el lienzo el rostro, le he de tener por algún rato suspenso. Del Emperador el cuarto dónde está? . No lo sé cierto, que el Emperador no tiene nada propio en el Convento. Pues habitará en lo extraño. Todo para él es ajeno. Con buen Filósofo he dado. . Lo que yo amigo, deseo, es saber donde está el César. En ninguna parte, puesto, que ya murió para el mundo. Téngale Dios en el Cielo: pero a fe, que si murió, es buen entretenimiento divertirse en enviarme recados después de muerto. Bueno ha estado. Aquesta voz, que yo la conozco creo. Amigo, si no queréis que todo a rodar lo echemos enfadándome, tratad de no apurarme, diciendo cual es su Palacio. . Amigo, Palacio? no hay nada de eso, una Celda tiene, y esa le sobra lo más del tiempo. No hay aquí ya Emperador; que vos buscáis, según pienso, a Carlos de Austria. Este hombre apura mi sufrimiento: qué más tiene eso, que esotro? Mucho, Cortés; no es lo mesmo mi persona, que mi cargo. Señor, a esas plantas puesto, de no haberos conocido perdón os pido. . Qué bueno! antes el no conocerme, es lo que yo os agradezco: a disfigurarme aspiro de aquello que fui primero; y me lisonjea más el que me conoce menos. Si señor, a fe que vais por el camino derecho. A qué venís? . A rendiros las gracias por lo que os debo. Para qué quiero yo gracias? Decís muy bien: a qué efecto es dar gracias a quien viene a hartarse de subileos Vuestras cosas cómo van? En aquel instante mismo, que os ausentasteis, el Rey volvió a su enojo primero: duda concederme el Campo, y manda seguir el Pleito. Esperaos, amigo mío, un instante, que ya vuelvo. . Válgame Dios! un Monarca tan poderoso, y excelso, reducido a esta miseria Hernan Cortés, tus desprecios extrañas? a fe, que tienes para verte buen espejo. Tomad, Vasallo querido, del que algún día fue vuestro Señor, este billetico; y en viendo de mala el cuento, dádsele al Rey: y a Dios, hijo, que hacen señal a silencio; soy súbdito, y es preciso obedecer. . El consuelo de besaros los pies, no me neguéis. Adiós, no puedo detenerme; a Dios, adiós. Si en lágrimas no me anego, de mármol soy: César mío, . mi señor, mi Rey, mi dueño, pisa el mundo, que te he dado, pues tienes en dos Imperios dos Orbes, que te obedezcan. Mas ay, que no oye mis ecos! mucho has dejado por Dios, no te dejará sin premio. Voy a montar a caballo, pues a Don Juan no consiento traer la respuesta; y voy rota el alma, herido el pecho, de un santo ejemplar que avisa, que gloria mundana es viento. . Pues de aquel parche, gran señor, herido al duro encuentro llama::- Pues el clarín, el aire que le inflama, conmueve él corazón, hiere el oído::- Vuestra licencia pido, para el reto que tengo ya aplazado. Consiga mi cuidado la lid, que es conseguir el vencimiento, que tengo gana de salir del cuento. Cómo vos en presencia del Rey, osáis hablar con indecencia? Como en cualquiera parte estoy yo, donde de la forma que se habla se responde. Agradeced al sitio. . Al sitio miro, que sino, dónde fuerais de un suspiro? Basta, Cortés. . Y sobra; pero no me tengáis con la zozobra de lo mucho, señor, que a tardar yerro en asistir::- . A dónde? A vuestro entierro. Habéis visto rapaz más arrojado? . Tal sangre de los suyos ha heredado. . El demonio del chico es una ardilla; . el mayor Licenciado almondiguilla hablador, que se ha visto. Ya está hecho lo que mandasteis. Un prudente pecho de todo se recela. Don Juan, yo pretendo con cautela de Narváez inquirir lo que le mueve a más pasión que la que mostrar debe. Cortés, Narváez, engañados . en presumir estuvisteis, que ese clarín, y esa caja, a la batalla os inciten: que después que el postrer duelo en Valladolid permite el Emperador mi Padre, tan bárbara ley prohibe, y esto me ha representado mi Consejo, en esto insiste; y así, este medio cesó, de que el caso se averigue. Señor::- Qué Cristiano Rey, costumbres de los Gentiles ha de autorizar? . Me alegro, para que chisgaravises no nos marcen, mas solo lo que aquí debe sentirse, el que a Pansilo, no haya quien el alma le Pansile. Pues, señor, ya que las armas nos niegas, seguir permite el juicio contra Cortés. Yo ayudaré a los que escriben; que pues que tengo en la cinta pluma, que en sangre se tiñe, yo dejaré al primer rasgo mi honor claro, puro y firme. La causa proseguirá, mientras las salvas publiquen, que a Aragón hago jornada. Señor? Qué hay? qué traes? prosigue. Sobre un lance casual, con escándalo indecible, de Narváez al Secretario ahora a la cárcel remiten. Qué escucho, Cielos! . Qué exceso! contra quien tan bien me sirve? También los papeles llevan, cuantos por si propios dicen, que son de Narváez. . Señor: Cielos divinos perdime para siempre. . Oigan, que can ha puesto de parce miquí! Qué es esto, Narvaez? Señor::- yo: sí:: es verdad cuanto dije. no dudéis::- . Qué he de dudar Que aquellos que me persiguen Quién os persigue, Narvaez? cuando sois vos quien nacisteis a perseguirlos a todos? Hay suceso más terrible! . Narváez, mucho lo siento. Oh sabio Monarca insigne! Salomón eres segundo. La fama así lo publique. Idos a vuestra posada, y no temáis, que peligre vuestro Secretario. . Ireme donde de afrentado y triste, mi confusión me sepulte, pues mi conciencia me oprime. . Oíd antes. . Dónde vais? Tengo, señor, que decirle. Estaos quedo: mi Jornada, Arzobispo, se publique para mañana. . Qué escucho! el Rey se va sin oírme! . Señor Hernan Cortés entra. Qué es esto? pues no le dije, que no me viese la cara? Es verdad, mas no permiten mis lealtades, que padezca el Sol, que adora ese eclipse. Bien está. . Mirad, señor::- Sois necio. . Soy infelice. No os he de oír. . Aún porfía! Es que la razón le asiste. Idos, pues. . Qué es, que me vaya? hasta aquí pudo sufrirse tanta sinrazón ya el resto echó mi suerte, y que aspire a deteneros me obliga. Qué ha sido aquello? . Es asirle de la liga y detenerle. Fuerte arrojo! Oh viejo insigne! Vuestra Majestad, señor, atienda a Cortés, y mire, que con la capa que cubre, y con la espada que ciñe, le ha ganado más Imperios, que por si gobierna y rige. No me vuelva las espaldas, aunque contra mí se irrite, que nunca las volví yo (con más trabajos que Ulises) a millares de escuadrones, que a un mismo tiempo me envisten. juzgue piadoso mi causa, deme Campo donde lidie, no dé lugar a que digan antiguos adagios tristes::- En la Corte anda Cortés del Católico Felipe, viejo y cargado de Pleitos, que así medra quien bien sirve. Enojado el Rey le mira. Temo la vida le prive. Ahora manda prenderle. Padre, vos solo supisteis detener al Sol el curso, porque a su Cielo os sublime: la mucha razón os hace obrar recto y hablar libre: no me espanto; están ya hechos esos brazos invencibles a aprisionar los Monarcas, y echarme grillos quisisteis de lágrimas, que detienen, y de brazos, que comprimen: haced llamar a los vuestros, que antes que el Sol agonice se habrá visto vuestra causa. De ver hoy al César vine: él fue de hallaros piadoso el vaticinio felice. Padre, a Dios, dame un abrazo. Por vos este blanco Cisne, Fénix será, que renazca de las cenizas que abrigue. Hablarle el Rey tan templado! No enojarse el Rey de oírle! El Rey tan trocado! . Vamos. Señor, qué es esto? . Sí dice el corazón lo que siente, él se apasionó, temile; y solo tan gran varón, al ánimo que me asiste pudo alterar, que es el rostro de la razón muy temible. Ea, Martín, ya esto va de otra suerte. . No te dije yo, señor, que no servía de nada el ser uno humilde? Pues ves? aún no me aseguro; mas pues el Rey lo permite, Zarambeque, a Doña Juana ve a llamar oyes, y diles me vengan a armar mis Escuderos, que decirme el Rey, que hoy se ve mi causa, es que quiere que hoy se lidie. Volando voy y volando vendrán ellos. Que aún porfíes en querer salir, señor, cuando el Campo, que se pide, el Rey a mí me le niega? Luego tú algo le dijiste? Yo, señor::- . Hablad, rapaz. Dijele::- . No te retires. Que yo quería pelear:- Vive Dios: . No te amoines. Que si levanto el bastón::- Harás que yo me arrodille: mas si no fueras mi padre::- Qué habías de hacer? Reducirte a más pedazos, que estrellas tienen los once viriles; que no ha nacido en la tierra hombre que vivir confíe, después de que me amenace. Ven acá: qué bien hiciste en querer salvar la vida de tu padre; pero a pique de perder la tuya tú, también eso era morirme: abrázame. . Para qué, si me halagas, y me rines? Vamos, no seas soberbio. . Señor, qué hay que nos alivie, que a llamarme me envíáis? Tenemos nuevas felices? Amo mío, hay en Palacio prevenido algún convite, que a él nos traen? . Señora::- mas qué es aquello? Clarines? sin duda el duelo señalan: dadme las Armas vestidme. Que son para mí. . Señor, albricias vengo a pedirte. Si es de que salgo al combate, presto sabré prevenirme: las Armas. . No hay para qué, que lo que ese bando dice, es que por calles y plazas, manda pregonar Felipe::- Yo lo diré, que no tuvo Rey, en cuanto el Orbe ciñe, mejor Vasallo, que vos; que estáis ya dado por libre de la nota, que Narváez os puso, siendo sus fines (según se vio en los papeles, y en la confesión, que hice tomar a su Secretario) destruir el más insigne Campeón, que tuvo España; y él porque no le castigue, huyendo va, y por no oír lo que esa salva publique. Viva, viva Hernan Cortés; mueran los que le persiguen. Qué queréis más? . Que porque mas en tu opinión te afirmes, hagas leer este billete del César. Por si se le exime algún testigo en la Causa de Cortés, de no decirte la verdad, y si un César es buen testigo que acredite; Hernan Cortés es leal, y basta que yo lo afirme. Carlos de Austria. . Abrazadme, Hector nuevo invicto Aquiles, Virrey de la Nueva España. Si es, señor, para servirte, yo lo acepto. . Que se escape, sin que la vida le quite, aquel traidor! . Gran señor, en día que es tan felice, a la mano de esta Dama anhelo. . Si tú lo pides, solo falta el que conceda. Tuya soy constante, y firme. Acabáronse mis penas. Inés, esos alfiniques. Allá van esas alcorzas. Mil norabuenas recibe, Hernan Cortés. . Mis trabajos dieron fin, si es que consigue:- El Pleito de Hernan Cortés perdonéis al que lo escribe.