Texto digital de El picarillo en España
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El picarillo en España. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/picarillo-en-espana-el.

EL PICARILLO EN ESPAÑA
JORNADA PRIMERA
, y ey. La li pertad viva del Rey y la Patria. Arma. Hombre derrotado, cuyas señas mal declaran ser Hijo dalgo, de tantos como hoy huellan la Campaña, pues tus miseros adornos y tus mal pulidas armas, tu valor desacreditan y deslucen tu arrogancia, quién eres? Y cómo cabe en persona humilde y baja tan temeraria osadía, tan increible pujanza, que después de penetrar el Escuadrón de mis Guardías, a pesar de tantas vidas vencer piensas cara a cara a un Infante de Castilla? Oh cuánto, Enrique, te engañas, parándote en los adornos, y estás viendo las hazañas! Tan noble soy como tú, pues desde mi tierna infancia fue mi padre el Cielo, y fue la fortuna mi madrastra; di con que su aborrecimiento, y la influencia tirana de mi estrella, me formaron monstruo de especies tan varias, que gozo de heroica estirpe allá en los dotes del alma, siendo el desprecio del mundo, el olvido y la venganza. Y pues para ver quien soy esta noticia lejana te sirve, vuelve a la lid: no cuando ardiente y travada tantos generosos pechos compran con sangre su fama, digan que el tiempo gastamos ociosamente en palabras. Tu valor, tu entendimiento me han obligado, y gustara de no ver tu muerte, pues aquella Tropa cercana viene en mi socorro. . Venga; a más triunfos más ganancias. Socorramos al Infante. Amigo vuelve la espalda, mira que a librarte anhelo. No dices bien, si reparas, que no me evita la muerte quien me deja con la infamia. Señor, nuestra es la victoria. El campo de la batalla se ha penetrado, rompiendo el Escuadrón de las lanzas. Y el Rey? . Ya a la hura de esta será prisionero. . En nada, según veo, hombre animoso, puedes fundar tu esperanza, sino en quedar prisionero. Rinde la espada. La espada? tiene antes mucho que hacer, pues a sus filos les falta bruñirse con vuestra sangre. Dadle muerte. 2. Abanza. Abanza. No vi valor semejante! Cómo así se desampara vuestro Rey Ah Castellanos, volved, vol ed a las armas. , l ̱ñl. a s de hacer, Cardena que la suerte declarada por los contrarios está? Gozar, señor, la ventaja que os concede la fortuna; y mientras unos desmayan y otros vencen, retiraos donde, ya que de mis canas no atendisteis los consejos, lamentéis vuestra desgracia. De Don Albaro de Luna siento el riesgo; mientras no haya razón de él, no he de ausentarme. Oh nunca tanto os costara defender del Condestable, contra todos, la privanza! Sé que me sirve leal. Si señor; pero no basta para que el amor de uno por odio de muchos valga. A ellos, que huyen. Gran señor, muera esta infame canalla: yo os grito. Heroico Soldado, hoy a Castilla restauras. Viva el Rey Don Juan: victoria. Veis en qué momento pasan a ser glorias los temores, y triunfos las amenazas? Ese mismo contra quien Castilla está declarada (porque es mi segunda vida) esta victoria me alcanza. Quien no se ha de enamorar de verle blandir la lanza, cubierto el arnés de sangre, y entre las huestes contrarias Hector segundo, romper filas, deshacer Escuadras? Oh insigne varón! . Oh ciega . pasión, con que de él te arrastras! Pues no ves aquel Soldado, que sin más blasón ni gala, que su espada y surodela, rompe, hiende y desbarara los enemigos? . Qué importa, si el Condestable se halla Gran señor, ya estás seguro, descansa. Victoria, Castilla viva. . Ea, señor, pues hoy ganas los Reales al enemigo, y de sus Tiendas armadas y despojos eres dueño, ven donde huellen tus plantas las alistadas Banderas de Aragón y de Navarra. Si señor, pues Don Pilfarro, ropa sucia, mujer rancia, mi amo, os ha dado un gran día. Calla, loco. Quién lograra, sino es vos, ser de Castilla gloria, honor, aplauso y fama? dadme los brazos, Maestre. Hoy al Cielo me levantas. Este Rey está borracho, pues a otro le da las gracias de lo que ambos hemos hecho. Vive Dios, que si no callas::- Señor, no olvidéis, que de ese Soldado:- . Eso le rogaba a su Alteza, pues no he visto resolución más gallarda. Este joven Rey Don Juan, es quien, viendo que arrojadas las armas, al primer choque tus Infantes::- . Para, para: viva la Reina. . Adiós, esto se ha vuelto agua de cerrajas: maldita sea tu fortuna! Contra mí está declarada: qué hemos de hacer? Gran señora, con qué motivo o qué causa, Sin avisarme::- . Señor, antes que el cargo me haga vuestra Alteza, mi razón me dejará disculpada. Soy Portuguesa y os amo; aunque la suerte contraria, según me avisó un Soldado, que al empezar la batalla vio vuestras Huestes vencidas, el laurel os arrebata, no quise perderlo todo, pareciéndome bastaba mi presencia a suspender la vencedora arrogancia de quien, siendo sangre vuestra su propio origen ultraja. De Valladolid salí, a que con vos me llevaran prisionera, pues el cuerpo no puede estar sin el alma: vamos, ya que la fortuna, injustamente tirana, y el teson de defender, de quien no debéis, la causa, . así lo disponen. . Vos estáis, señora, engañada; antes a cantar mi triunfo (mejor dijera la hazaña del Condestable) venís. El santo varón es maza: sobre que ha de ser el otro dueño de la cuchipanda? Qué decís? que es la victoria vuestra? . Ved esas campañas ocupadas de mis gentes. El Condestable os la gana? Si señora. . Solamente . a mi rencor le faltaba, que estableciese la dicha de mi enemigo la gracia con el Rey. Ya está la Villa de Olmedo desocupada; y fugitivo el Infante, con pocos que le acompañan marchando va. Y ya podéis no dar por mal empleada, señora, la acción del Rey. Cuál? La de ver como ampara a quien por servirle bien, está en la común desgracia. Señora, qué hemos de hacer, si así la suerte lo traza? Qué haces callando? Bambute, o es de mi dicha fantasma, o el rostro de aquel retrato el propio es de aquella Dama. Con rara atención te mira el Rey. . Mal empleada será toda su porfía; que aunque de cruel y vana me acredite, siempre, Inés, lo que me cansa me cansa. Antes que entremos, señora, en la Ciudad, deseara no ser ingrato a los que nuestra fortuna restauran. Aquel Soldado abatido que ves, ha sido gran causa de mejorar el suceso. Jesucristo, que te habla! y según son tus adornos, hoy el título te encaja de Conde del Calandrajo. Qué premios, gran señor bastan a tanta acción? . Di, Soldado, quién eres, cual es tu Patria, y qué tiempo ha que me sirves? Pues mi fortuna inhumana, . que encubra quiere mi ser, cumplamos con lo que manda. Señor, hoy por estos campos por casualidad pasaba a solo buscar mi vida; tan oscura es mi prosapia, que ni sé quien soy, ni quien me dio aún el ser que me falta: tan hijo de la fortuna, que por donde ella me arrastra, camino sin elección; que ni es pequeña ventaja para quien lo teme todo, no tener anhelo en nada. Nada me debéis, pues fue capricho el que me mezclara entre los vuestros; y en fin, no sé, señor, que en mí haya más principio, más blasón, mas lustre, más circunstar que ser mozo de fortuna yo, y que la he de hacer mi Patria; tomando nombre desde hoy, Soy el Pícaro en España. Ya estáis informado, pues quiere mi ventura escasa, que no haya sujeto enmí en quien los premios recaigan: guárdalos para quien tenga estrella menos infausta; que no trocara la vida, que tengo, sin asechanzas, sin envidias y sin riesgos, por la del mayor Monarca: a ser un Pícaro aspiro. Notando la extravagancia de vuestras voces y viendo el valor, que os acompaña, no sé que juicio hacer deba de vos; pero si os agrada ser despreciable sujeto; Condestable, en mi Real Cas le ocuparéis en empleo de estimación ordinaria: vos por premio le admitid, que para un Pícaro basta. Vamos. Yo mi norte sigo. Bien haya la ciricata! Que vos tratéis de abatiros no impide a que acción tan alta se os premie y estrme, vedme cuando gustéis. Ya, a Dios gracias, hay pieza nueva en Palacio. Señora, la suerte echada esta. . El Condestable es hoy quien al Rey y al Reino manda: pero, Cardenal:: . Señora? No es lo mismo hoy que mañana. He oído vuestra manía, y mi condición me llama a gustar mucho: . De qué? De gentes extraotdinarias. Pues nadie lo es, señora, Qué libre que habla! L Si señora. habilidades? . No faltan. Cantar, danzar y tañer? La voz hoy señora, es mala; pero muchas malas voces, andando el tiempo, se aclaran. Ya empezáis, como en misterio, a explícaros. . Buena gracia: pues si entro desde hoy a andar en terreros y antesalas, no queréis gaste conceptos, presudios y extravagancias? Jesús! gustaré de vos muchísimo yo. . Pues vaya: (ya no se ha perdado todo) y desde ahora se entabla nuestra gran conversación; más cuidado, que es de chanza. Aún las de veras, en quien fuera persona más alta, las trato de burias, o no las trato. . Linda alhaja debe de ser la chiquilla. Pues haciendo lienzo el alma, desde hoy os retrataré del corazón en la estampa; porque no digáis, señora, que ya que mi suerte escasa no os pudo venerar viva, aún no os pudo ver pintada. Qué es eso? Empezar la zumba. Mirad lo que muchos ganan por ser como vos, sujetos de poquísima importancia. Usted viva muchos años. otro ni aún un noramala mereciera; pero a vos, ya que la Reina se alarga, yo os responderé en Palacio. Yo os seguiré salamandra::- Qué decís? De vuestras luces. Luces yo? Rayos y llamas. Seré Infierno? . Sois el Sol. Algo menos. . Mas que el Alba. Proseguid. Muero por vos. Qué graciosa busonada! Adios cómo es vuestro nombre? El Picarillo en España. Pues a Dios y hablad, que todo a un Pícaro se le pasa. Servidor, Don Peranzules. Reberisco, Doña Urraca. Señor mío, aquí acabó::- El qué? Nuestra concomitancia: usted busque desde hoy amigo, Criado o acá, que yo echo por otro lado. Dime, necio, y por qué causa? Porque usted con ese genio a Gracioso se me encaja, y yo no he de consentir, que se me usurpe mi plaza. Si la estrella infausta quiere, que viva siempre ignorada mi persona, si mi honor y mi vida se afianzan en mi silencio, qué quieres que ejecute? . Que se valga de la ocasión, y se finja un sujeto de importancia; pero un Pícaro ordinario, a qué fin? . A que la extraña historia de mis fortunas así lo trae. . Que lo traiga muy en buen hora: usted sea el Gracioso, y Santas Pascuas; mas no donde yo lo vea, que he de andar a gaznatadas sobre los versos de zumba. Cómo quieres que lograra ser Familiar en Palacio, entre la Reina y las Damas? y más a vista de aquella, de quien, por tan nunca usada senda, el retrato adquirí, cuya beldad me arrebata; sino es siendo una persona de aquellas que no embarazan por inútiles, de quienes, porque en ellas no reparan, ningún aprecio se hace, ninguna acción se recata, Siendo este el medio de estar a la vista, por si halla mi industría ocasión de que se enmiende mi extraordinaria fortuna cruel? . Todo eso es pamplina y es soflama; y después de estar también yo con la misma ignorancia de no saber a quien sirvo, como ese retrato se haya adquirido, y mantenerme de todas formas en babia: si he de servirle ha de ser no hablándome usted palabra, que toque a graciosidad; porque andaré a puñaladas con usted y Apuntador, si en llegando a usted no calla; con el segundo Calán, y con la tercera Dama, y con el: . Calla, ignorante. Echando menos la falta de vuestra persona, a quien tengo obligación tan rara, buscándoos vengo. Señor::- De verás, o habrá puñada. Ya veis, que he de obedecer lo que mi dueño me manda; y para daros empleo, que os corresponda, estimara saber quien sois. . Ya lo he dicho, soy el Pícaro en España. Ya se enmienda. voto a Cristo! Qué haces? Ver como se habla. Ser un Pícaro y tener dos prendas tan elevadas, como entendimiento y brío, no cabe. Yo os doy palabra, si quien sois me reveláis, de pagar la confianza que de mi hiciereis. . Señor, muchos quizás encontraras; porque hay muchos en el mundo, que siendo personas bajas, intentaran desmentir su humildad con su jactancia; pero pierden lo mejor, que es aventurar la fama de saber tratar verdad, que es lo que a un hombre le ensalza: yo quiero ser hombre humilde, y no mentir. . Y eso basta para que viváis contento? Si señor, que es gran ganancia no tener uno envidiosos. Quién los tiene? . La privanza, la dignidad, la riqueza. Pongámonos en balanza vos y yo, veréis quien goza de vida más descansada. Creo, que decís verdad; muchos de ofenderme tratan. Pues a mí, gracias a Dios, ninguno, y esa es ventaja en que va vida y quietud: fueráis vos para alcanzarlas un Pícaro como yo, y ninguno os inquietara. Ahora va bien. . Desde hoy sois Escudero de Maza del Rey, y asistente mío: muchos el cargo tomaran, y he de lograr que os envidien. Ireme a tierras extrañas si eso intentáis. . Y más, cuando si escuderear se le manda todos los mazas que encuentre, no hay pies para una semana. Y cómo os llamáis? . Yo? Juan. Pues Juan, a quien acompañan prendas tales, no es razón que tenga temor a nada. Señor, el temer las dichas, es medio de asegurarlas. Bien dices. . Dejadme ser Pícaro. . No es en mi instancia, el que de serlo dejéis, yendo por tales pisadas: lo que deseo es valerme de vos, con la extravagancia de creer, que ha de salirme mejor en las cosas arduas del que es Pícaro, y lo dice, que fiarme de los que hablan como Caballeros, y obran lo que Pícaros obraran. Y si no salimos bien? espaldas la yo os las guardo. Ahora decidme; y a vos, señor, quién las guarda? La gracia del Rey. . Y el Rey está siempre de una gracia? Conmigo sí. . Será mientras su propia deidad retrata; mas si un día obra como hombre, mucho temo una mudanza. Entendimiento tenéis. Y vos señor, tenéis gana de que desde hoy no le tenga. Venid, os pondréis de gala, y a Palacio iréis. . Con que ya empiezo desde mañana a dormir con sobresalto, comer a horas precisadas, vestir esclavo del uso, sufrir a aquel que se valga de mí, y que todos me envidien una vida tan cansada? No hay otro medio. Pues vamos: dulce prenda idolatrada, a quien dio bulto el matiz, tú eres sola quien me arrastra. . El diablo me deparó este hombre o esta fantasma, que es de veras y es de burlas, es pericón y pendanga: pero como él no me quite mi oficio con patochadas, yo le tengo de seguir, y hemos de ver en qué para. . Casí muere aquel que vive s tan esclavo de un deseo, que su bien y su mal penden de la fortuna y el tiempo. Leonor, buena letra. . Estimo que te agrade su concepto, y que disfrutando a costa de la envidia (a quien no temo) tus favores, sepa hallar motivos de mantenerlos. Cuanto ejecutas me agrada; un alma somos y un cuerpo, y así nada te recato: Leonor mía, plegue al Cielo no me pagues mal. . Señora, segura me juzgo de eso, si la natural costumbre de que el beneficio mismo produce ingratos, no me hace que pierda el entendimiento. Pedro Manrique mi primo::- Ya del Rey la gracia tengo conseguida, y de León tiene el Adelantamiento, y con una circunstancia, que es lo que yo más celebro; pues el Rey, que para todos es áspero y es severo, en llegando a petición de tu gusto y de tu aumento, se muestra afable, milagro del amor con que te aprecio. Si ella lo supiera bien, . y el continuado máreo con que el tal Rey te persigue. Qué importa, si a mi respeto no hay atención que se atreva, que no saque un escarmiento? Señoras, gran novedad! Cardenal, pues qué tenemos? El Infante Don Enrique, habiendo a vista de Olmedo hecho alto con los que pudo, después del pasado encuentro, recoger envió al Rey vuestro esposo mensajero, pidiéndole su seguro para su persona, siendo él propio su Embajador. Y el Rey ha venido en ello? Cómo lo puede excusar, si desordenado el Pueblo, y alborotadas las Tropas, estan a voces diciendo::- Dese al Infante el seguro, y trátese del sosiego Eso decís? de Castilla. . S e iense Busque Castellanos, el honor de vuestro Rey es primero. También se debe cuidar que no se destruya el Reino. Señor, esto no es posible evitarlo. . Ved que el Cielo, señor, os abre las puertas para que la paz gocemos. Cuando a pediros perdón llega su arrepentimiento, debéis oírlo. . Con que a todos os hallo puestos de parte de mi desdoro? No se encuentra otro remedio, A fe, que experamentamos presto todo lo que yo anunciaba. Señor fuerza es resolveros. Qué decís? . Que ni el seguro he de conceder, ni pienso: más Condestable? . Señor? Habéis oído ese estruendo? Cómo queréis que le ignore? Y antes de hablaros ni veros, considerando que en nada de lo que se os pide hay riesgo, vuestro seguro he enviado, usando, señor, del sello vuestro que está en mi poder, al Infante. . Está bien hecho: vos lo habéis pensado bien Puede haber mayor extremo . de sujeción! . Cada día va su dominio creciendo. Este Amo Pícaro mío se arrima a buen compañero. Venga el Infante señora, ya a vuestro dictamen cedo. Si señor; ya veo cuanto al Condestable debemos. Leonor? . Señora, encargad al disimulo el silencio. Plaza, plaza. . Llegad sillas. Oíd lo que os encomiendo. A un Pícaro confianzas? Sí, Don Juan, estadme atento. Oh quiera el Cielo, señor, que algún camino encontremos de apaciguar a Castilla! Por solo ese fin me venzo. Está bien. Entrad conmigo, y vosotros, Caballeros, aquí os quedad. Como no perdamos a nuestro dueño de vista, está bien. . Señor, vuestras Reales plantas beso como señor natural. Alzad. . Con seguro vuestro; cosas de vuestro servicio he venido a proponeros. Proseguid, que siendo así yo os escucharé. . No puedo hablar, señor. . Por qué causa? Porque vuestro primo siendo, e hijo del Rey Don Fernando, y quien obtuvo el gobierno de Castilla, no se me hace el debido tratamiento. No hay más silla en mi Palacio que la mía. . Yo lo creo; y aún si la que os toca es vuestra, no será logro pequeño. Oh volveos, o hablad así. Ni volverme ni hablar puedo de esta suerte: y pues pasando a otra estación mi respeto, hablando con vuestra esposa, será mi más digno asiento . mi rodilla, en fe de que comúnico y reverencio; oídme vos, gran señora. Pero a Leonor allí veo: ay objeto de mi vida! Ya os escucho como debo. Los motivos de los bandos de Castilla no os refiero, pues dé la menor edad ey mi señor nacieron; porque la ambición de muchos, con el mañoso pretexto del bien de la Patria, entrar intentaron al manejo de la Corona, y ninguno consiguió su pensamiento, sino es algunos, de quien el Condestable es el dueño, desde que del Reino el mando tiene quien mayor lo ha hecho en vasallos y dominios, que los que rige su Cetro: a tu sangre ha separado, por gozarle todo entero; y yo y mi hermano el Infante Don Juan somos los objetos de su rencor y del Rey. Si gentes juntado habemos, ha sido por defender honor y vida, queriendo oh ar al Rey la libertad, ve le quita un cautiverio. Para tratar, gran señora, libremente de estos hechos, como a Don Alvaro aparte, todos nos separaremos. Libre el Rey, junte Letrados y leales Consejeros, que desagraviando a todos establezcan un Gobierno. Como vos lo deseáis::- De puro enojo reviento! . Como esté bien a Castilla::- Ya conozco ese gran celo. Vuestro bien, señor propongo. Y para mayor respeto, lo mostráis alborotando las Ciudades y los Pueblos, rebelando los vasallos? Si se confunden los ecos de la razón::- . Que desvíe al Condestable, no es eso lo que pedís? . Si señor. Y que yo me quede en medio de mis enemigos, donde viva al dictamen ajeno? No, sino es libre. . Y de vos libertad aprendo, pues harto libre me habláis; pero es fuerza obedeceros. Don Alvaro? . Gran señor. Malas señales advierto de concordia. . El Rey está . su cólera reprimiendo. Haced lo que os he mandado, que es bien que siendo su deudo esté cercano mi primo a su Rey por quien se ha puesto a tantos peligros vamos. Señor, la cifra no entiendo. Vengo en lo que me pedís, aunque en algo diferencio. Señora? . El Rey mi señor siempre obrará justo y recto; pero habéis pedido mucho, y es lo mismo que deseo. Leonor, dichoso este día, en que de vuestros reflejos al ardor:: . otro demonio? Perdonad, que no me puedo detener vamos, Inés. Aún vuelve a sus debaneos el Infante? Vamos, vamos. La puerta de este aposento habéis de tomar, que fío a vuestro valor este hecho, de forma que no se sienta, mientras a todos divierto; cumplid esta orden del Rey. Señor, mirad: . Aquí es ello. . Hidalgo? pero qué miro! No sois vos aquel sujeto que hoy encontré en la batalla? Si señor; y cuerpo a cuerpo con vos lidié, que este honor por ninguna gloria trueco. Huélgome que el Rey estime Soldado de tal esfuerzo. Yo, señor, no soy Soldado. Pues qué sois? Un Chuchumeco. Soy el Pícaro en España; y antes tomar un consejo vos. Si yo hubiera quiero d recibido aquí un pr que no pareciese justo, debiera andar discurriendo, siendo un Pícaro, en obrar generoso y caballero? No, que a un hombre humilde solo toca obedecer. . Y ciego no reparar circunstancias? No hay duda. . Pues, Escudero, volveos, que el Rey ordena quede el Infante aquí dentro. Loco, qué dices? . Villano, quién te ha dado atrevimiento tal? Escudero del Rey de Maza soy, que es lo mismo que su Mensajero, y a él como señor obedezco. Jesús, y qué desatino! mi amo está dado a perros. Tal puede decir? Sí eres su Faraute, este es el pliego. Yo os confieso la razón; pero os pregunté primero, qué debía hacer? respondisteis: y a la respuesta me atengo. Matadle. . Venid, señor, con nosotros. Nuestros pechos serán tus muros. . No veis que yo la puerta defiendo? Este hombre se ha vuelto loco. A quién es fácil mi acero rendirse? A mí, que del Rey traigo orden de deteneros. Por cuánto no hubierais vos de ser causa de este exceso! El Rey no os manda prender, Solo quiere complaceros con que estéis siempre a su lado. Ya he comprendido el misterio. Vamos donde el Rey ordena: Gómez, Manrique, volveos. Por solo ver de Leonor la luz, mi agravio agradezco. Siempre temí yo este caso. Si el Rey, lo que obra el deseo de servirle, tiene a mal, no hemos de tener buen pleito. Vamos. Vos habéis obrado como quien sois. . Y es lo cierto; como Pícaro, señor, pues cuando un seguro veo del Rey, no le he obedecido. Eso no está a cargo vuestro. . Ah seor Pícaro, usted quiere que le estiren el pescuezo Ruido sintió la Reina en esta cuadra, y a efecto de saber lo que es me envía. Yo bien decírselo puedo; pero no puedo decirlo. Esa implicación no entiendo. Ni yo tampoco, señora, las que para mi reservo. Qué he de decir a la Reina? Que aquí ha pasado un suceso, y a un Pícaro se ha fiado, que sabe guardar secreto. En todo? En todo, señora; y aún hasta en estar sirviendo, por servir sin esperanza. Mucho estar de prisa siento. Por qué? Porque os respondiera, que si sois Pícaro, eso de servir por servir solo, Sin que lo sepa el deseo, lo dejéis para quien sea Pícaro más Caballero Mirad que me habéis picado, que yo también puedo serlo. Aún el misterio prosigue. Él es lo mejor del cuento, . pues con esto pongo en duda la estimación que no tengo. En fin, ya estáis en Palacio? Si señora; ya me acerco a la llama. . Pues mirad, que sepáis tratar el fuego. Bueno fuera que ignorase aquel ni cerca ni lejos, que mantiene las fortunas. En qué forma? En un buen medio. o Y dónde habéis aprendido ese estilo Palaciego? En muchos escarmentados, de los que se hacen los cuerdos. Pícaro sois, bien decís. Pues ya me iréis conociendo, y veréis que es más en mí, que lo Pícaro, lo necio. Tan ignorante os halláis? Tanto, que ya me prometo ser dichoso. . De qué suerte? Idolatrando y sirviendo. A quién? A quién vos gustéis. Pues son mi gusto y el vuestro uno propio? . Si señora. De qué forma? Reduciendo mi elección a vuestro gusto. Veis aquí, que en conociéndoos me canséis. . Pues haced cuenta, que aquel día me aborrezco. Y si gústase de vos? Me querré a mí con extremo. Convenible sois. Y mucho. En fin, de vuestro gracejo detenida, la respuesta tarde a la Reina le llevo. Para no darla ninguna, siempre llegáis a buen tiempo. Decís bien; y ese desaire a vos es a quien le debo. De un Pícaro quién, señora, pudo prometerse menos? Pícaro sois; pero sois muy cortés y muy discreto. Yo os estimo la ironia; perdonad si la penetro. Ya hablaremos. Por qué no? Sois gracioso. Yo lo creo. Yo me he de servir de vos. Eso de servir veremos. Pues no os estará muy bien? Si me pagáis con desprecios, es un Pícaro, señora, de más honra que provecho. Adiós. Él vaya con vos. Qué hay en este hombre encubierto, que dice lo que él recata? mas yo para qué deseo inquirirlo? Adiós. . Dos veces os despedís? . Es que quiero, que sintáis el que me vaya. Pues para quedar muriendo una vez no basta? . Adiós. Ya van tres: guardeos el Cielo. . Y ahora, señora mondonga, los dos que callado habemos, qué hemos de decirnos? . Ponte del Tablado en aquel puesto. Ya estoy, dueña de mis ojos. Qué reconcomio tan puerco! Mi bien. . Cabacanería. Mi amor. . Empalagamiento. Mis entrañas. . Disparate. Mis higados y mis sesos. Porquería. . Mi demonio, vente conmigo al Infierno. Qué más Infierno que tú, cara de Mico extranjero, pies de banco de bigornia, barbas de erizo Tudesco? No te vea yo en mi vida. Ni yo a ti, moño de ajenjos, frente de cola de pabo, nariz de raja de queso, patas de tranca de puerta, manos de tocino añejo: plegue a Dios, si te mirare, que a mí me llamen todo eso. ea can ta ta y0
JORNADA SEGUNDA
Así los tiempos se mudan, señor. . Poco temo el daño, que puede hacerme este Infante, aunque, la paz entablando y amistad del Rey, conozca el poder de mis contrarios. Si no fuera impropio en mí, pues, como os he dicho, me hallo de un hombre humilde en la e saber materias de estado, yo os diera un consejo y bueno; más temo::- Qué? El ordinario castigo del que lo da. Y cuál es? . Él no tomarlo; porque hay muchos, señor, que por no confesar, que ha hallado otro lo que ellos ignoran, no hacen de la razón caso, y apetecen más sus yerros, que los aciertos extraños. Eso es verdad; muchos hombres son hombres porque son machos. Habiendo en vos descubierto agudo talento y claro, no me tengáis por tan necio, que desprecie logro tanto. Pues, señor como yo estoy a Pícaro destinado, pintar veo la fortuna, porque estoy fuera del cuadro: ella usa sombras y lejos, luces y mátices, dando en la plana superficie su imagen a los acasos; pero es torpe como ciega, y al tiempo solo estampando, lo que imprime con la una, lo borra con la otra mano: si algún retrato se escapa, es porque supo apartarlo la industría que es su oficial, o el tiempo que es su contrario. En vos ya pintó la suerte cuanto pudo, pues pasando la línea de cuantos fueron favorecidos vasallos, no tenéis más que ascender no se si fuera acertado apartar el lienzo, antes que ella pudiera tocarlo con la mano con que borras pues dándoles de barato a los que no os puedes ver de lo que apetecen algo, os quedará lo demás, que es honra, vida y estados. Estímoos mucho el aviso; pero no puedo aceptarlo. Eso ya lo dije yo. Porque si del Rey me aparto, en su genio, que es mudable, ver muchos males aguardo. Oh! que perdéis, gran señor, un gran modo de vengaros; pues de vuestros enemigos veis, desde aquel lugar alto de vuestra conservación, lo ansiosos, lo fatigados que andan por llenar el hueco que dejáis; y es gran gustazo verlos después como bajan desde la altura rodando. Rodando? cóno? Si el Rey os tiene cariño, es llano, pues conociendo la falta que le hacéis, ha de llámaros. La fortuna y la mujer, si una vez se enamoraron, al que las hace desdenes le hacen mayores halagos; y esto de saber huir del bien, es un fuerte halago, para que el bien se mantenga. Pensamiento extraordinario! Reconocedlo en el Sol, entonces más deseado, cuando la noche le oculta; Sale, y no se anhela tanto: lo que se aparta se busca; que son los genios humanos tales, que a ser todo día, ni aún del Sol hicieran caso. Tantas veces me confundo de oiros, que estoy pensando, que no sois lo que decís. Si lo que digo y perauado es, que soy Pícaro, en esto lo estoy diciendo bien claro. Señor, si a este botarate, que tengo por medio amo, le dais audiencia dos días, saldréis loco confirmado. No pueden ser tales prendas hijas de un pecho Pues no puede haber, señor, rama hermosa y tronco basto? Habladme claro, Don Juan, que os juro::- La Reina ha rato que ha preguntado por vos, Don Juan. . A su Alteza aguardo en esta pieza. . Habréis deir al jardín, que a él ha bajado con las Damas. Está bien. Mucho me huelgo de cuanto sea vuestra estimación. Dios os pague este trabajo en que me metisteis; cierto, que os puedo estar obligado. Pues que la Reina os estime, que descubriendo y hallando en vos las habilidades, de que ya estoy informado, las disfrute en honor vuestro, qué mal, Don Juan, puede estaros? Ni qué bien? si cuando era sujeto más olvidado, era todo el tiempo mío, y hoy soy un dichoso esclavo: entonces, sin más deseo que vivir; hoy dispertando, con cada aumento un anhelo, y con él un sobresalto. Solo la media tinaja le falta a este estrafalario Diógenes de la legua. Si ha de ser el primer paso desviarle de mí, presto lo veréis ejecutado. Aunque al Condestable estime, . como le estimo, ocultarlo es forzoso, y hacer que sus enemigos complazco, para asegurarme de ellos. Perdón, señor, de mi engaño os pido, pues yo creí, que era desear vengaros el haberme detenido. Ya, Infante a la puerta estamos P de la experiencia venid, Cardenal; en mi Despacho Solo yo, el Infante y vos hemos de entrar. . Cielos santos, qué oigo! . Por tan gran merced os beso, señor, la mano. Puede ser esto verdad? De qué estáis sobresaltado? Ay Don Juan! mis enemigos van sus astucias logrando. Luego bueno es mi consejo? Qué sé yo? callad. . Ya callo. Ni aún volverme a mirar quiere el Rey ya es desaire claro el que advierto la ponzoña tengo de apurar al vaso: Gran señor? . Venid, Infante: venid, Cardenal. . Se han dado las órdenes, para que::- Hablad a mi Secretario. Pues yo cuando de tercera persona he necesitado para informaros? . Ahora (qué mal disimula el labio!) . que es, Condestable, otro tiempo. Luego mi destino . Palo. Pudo::- . No me divirtáis, que no estoy con ese espacio. . Guardeos el Cielo, Maestre. Él os prospere mil años. Leonor divina, a lograr de tu beldad el milagro aspiro o, no se le opongan a mi fortuna los Astros! Adiós, Condestable. Adiós. Ya va el semblante mudando la fortuna. Aún no me basta verlo, para no dudarlo. Hoy toco lo que imagino, que es aparente o soñado. Buenos quedamos, Don Juan. Si señor, buenos quedamos. Qué os parece? . Me parece, que mi dictamen no es malo. Un volcán tengo en el pecho! en mi cólera abrasado estoy sin mí! en no estar con vos, burlándoos de la fortuna y de aquellos que aspiran a vuestro daño. De qué forma? . Con entrar siquiera un pequeño espacio al templo de la cordura, que en pasándose el nublado, amanece la razón, y se camina de pasmo. El dictamen es seguro; mas mi espíritu bizarro y mi constante lealtad no se abaten a observarlo. Vive Dios, que he de apurar lo que al Rey le han informado, y he de vengar cuanto sea mi deshonor y mi agravio. . Rara inquietud! Ves, Bambute, lo que cuesta, aún del más sabio, el ser hombre de importancia? Si cuesta; mas vale algo: pero tú y yo, qué baldremos, pobretones espantajos? Algún día lo sabrás. Amigo, ese cuento es largo: reniego yo de esperanza, que es alcacer de los asnos. Sufrimiento, amigo mío. Sufrimiento y ver yo harto al otro de perdigones, de pichones y de pabos, y estar en ayunas yo? No, hijo, lo que zampo zampo, que esperanza sin tocino, es agua chirle y no caldo. Vamos a ver a la Reina. Vamos. . Pues a ti, borracho, quién te llama? . También yo tengo mi cierto cuidado. Es Inés? . Es Doña Inés; no la quite usté el dictado del Don, que ya empieza a andar entre harneros y estropajos. Qué gran filis tendrás tú para galantear! . Yo no ando en coluros ni en piropos, en memorias ni en retratos, sino a lo que estamos, tuerta. Sí, porque el que siempre traigo conmigo lo dice: este es la aguja, que mostrando el norte al alma, suaviza de mis celos el naufragio. Anda, que tan loco somos el amo como el criado. Si es perlas el llanto, y aljófar la risa, con qué equiv ocadas el Alba se explica; yo que penetro el semblante que adoro, ignoro y venero, que llore o que ría. Ni del Rey ni del Infante aprecia mi vanidad la amorosa necedad; y así, ni aún con el semblante los oigas. . En eso quedo; pero permite, señora, te haga una pregunta ahora: Que no estimes, te concedo, del Rey la fineza, pues Dama que es tan principal, solo admitirá otro igual para casarse, esto es lo que debe ser; mas no imagino, que esto sea solamente. . Pues qué idea juzgas tú que tengo yo? Si no fuera un pobre cero, sin otro número al lado, ese de todos llamado el Pícaro Caballero, según la conversación que le dais yo pensaría, que acaso::- . Mira, Inés mía, yo te he de hablar en razón: Ves ese, que es vituperio de su ser, que él propio dice, que es un Pícaro infelice? pues en ese hombre hay misterio. Ni su reverente hablar, ni su chistoso decir, ni su agudo discurrir son de sujeto vulgar. De su interés no hace y sirve con el primor, que pudiera un gran señor. Yo creo, que al mismo paso caminas tú de tropel, y tu semejante amas. Hasta la Reina y las Damas gustan muchísimo de él: pues por qué me han de culpar lo que en ellas advertí? Luego, señora, que vi rosa, mosqueta y azahar renacer de su verdor, haciendo el prado otra salva, dije. O se repite el Alba, o ha amanecido Leonor. Discreto venís. . Y ufano. Ya vais siendo lisonjero. Quién aprende a Caballero, no es fuerza ser cortesano? Y cuánto os cuestan hasta hoy tan discretas boberías? Ya sabéis que ha muchos días, que aprendiéndolas estoy; que como es valer mi intento, cuanto va en su ceguedad andando mi voluntad, lo cede mi entendimiento: pero si vos me alentáis, solo a vos me quejaré. No es solo ese mal el que a mi medio amo causáis. Yo? . Vos, pues solo de vos los dos habemos de hablar, y de puro Leonorar nos ha de dar asma y tos: os nombra tan de contino, que ayer pidiendo un guisado, d. Que esté Leonorado con pimienta y con tocino. Esto es así? . No creáis rompa el orden, que por Dios, que no me acuerdo de vos, sino es cuando vos mandáis. Está muy bien, porque fuera querer eso y os culpara. No a estimaros acertara, si gusto vuestro no fuera. Así tomáis mi consejo? Vuestro precepto es mi guía. Esto en mi es galantería. Pues estotro en mi es gracejo. Qué os parece las candongas de los dos? No es mi incunvencia. Sí, que fuera irreverencia de aqueste estilo la voz. Pues cual debe ser el ruego para nosotros? . Gallego, donde es concepto una coz. Qué necio materialazo! Un pellizco retorcido requiebro es, que en vez de oído, se le dice: . A quién? Al brazo. Atrévase el animal, y verá::- Porque la envidia le perdone, dejo toda mi autoridad refundida en Don Alvaro, a fin que logre lo que solicita el Infante, y a la junta le he permitido que asista; porque:: mas qué es lo que veo? Hermosa Leonor divina, que nuevo sol por la tarde quiere a esta esfera florida amanecer, que las luces de vuestro cielo anticipa? Qué escucho, penas! Señor, el que siempre me ilumina: la Reina nuestra señora con nosotras, solicita divertirse en los jardines. Escudero, a la venida de esa enmarañada calle, a quien labran celosías vejetables esmeraldas de yedras entretejidas, ponte de escolta, y en viendo que viene la Reina avisa. Buena ocupación le dan a mi dolor: ha enemiga! del Rey escuchas las verás, y a mí tus burlas dédicas Vamos, que ya va creciendo en plaza Vueseñoria, pues le aumentan los empleos. Infame, pues si me irritas::- A qué esperas? Mi obediencia os responde, estoy sin vida! . Inés, vamos. . Esperad. Oiré desde aquí. No, a vista de mi desgracia pretendo convencer tu tiranía, pues sé, que contra tu estrella puede menos quien más lidia: Solo, adorado imposible::- Qué tal oigan mis desdichas! Llegando a veros, a tiempo que este retrato traía . en mi mano, que es la joya, que en fe de las concluidas paces al Rey de Aragón pensé enviar, me motiva el acaso a discurrir, que hallaros, bella homicida, fue acusarme la deidad, de que a su altar no le rinda retórica tabla muda, si pender merece asida del mármol de vuestro pecho, del yerro que Amor fábrica, os acordará:: . Señor, si es porque a quien os dedica su reverencia y su amor, no falta imagen que sirva de simulacro, en ausencia de la deidad en que anima, diligencia será ociosa, a la que el matiz aspira; pues mientras haya memoria, sobran a mi fantasía altares, en que el respeto los incendios os repita: de mi lealtad lo creed, sin que vuestra bizarría me obligue. . Habéis de tomarle. Jesús qué piedras tan ricas! Qué haya quien pierda diamantes, usándose gargantillas! Señor os cansáis en vano. Si la mano por ser mía pierde::- Gran señor, la Reina. Escudero, esta lucida joya ha perdido esta Dama, y pues no es justo resista cobrar lo que es suyo, y solo repara en que yo la sirva; a vos, en quien no concurren respeto o soberanía, . os la doy, para que vos se la deis; ved lo que os fía mi afecto, haced que la tome, que a confiar me motiva de vos vuestro entendimiento, y el saber lo que os estima Don Alvaro si lográis, que esa Dama el don admita, avisándome, os ofrezco toda mi gracia en albricias. . Señores, que en todos tiempos valga la alcahueteria! Ya veis, señora, el empeño en que estoy; deuda es precisa de lo que me honráis, que el Rey por mí este obsequio consiga. Y eso lo decís de veras? Aquí, señora, hay dos líneas, una en mi desgracia, y otra en vuestra elección estriba; y así, el que aceptéis la joya mi rendimiento os suplica, que el sentirio o no sentirlo, cuando corra a cuenta mía, yo haré que el pecho lo explique, aún sin que el labio lo diga. Dejadme que esa entereza la solennice mi risa. Me aconsejáis, que yo tome del Rey, que lo solicita, un retrato? Pues no oís, que os lo ruego? . Y si peligra mi pundonor? En qué forma, si es solo galantería? Con mujeres como yo? Cualquiera puede ac de un Rey, que lo soberano disculpa lo que autoriza. Cómo? Como del respeto viven lejos las malicias. Buen tercero hacéis, no es mucho que él a vos os elija. A quién una empresa encargan, que no procure cumplirla? Parece que habláis de falso. No os tengo a vos por muy fina. Por qué? Porqué un real afecto pagáis con una ojeriza. Por San Lesmes, que es el mozo soberano alcamonista. Mirad, si es interés vuestro que yo la joya reciba, la admitiré. . Corazón, ya de reventar la mina es tiempo; y pues su retrato conmigo traigo él me sirva para explicarme. . Calláis? Guardaré el del Rey, y a vista . de que yo la doy el suyo, sabrá como es más antigua mi pasión de lo::- . Decid. Señora, hasta aquí quería embozar la menor seña de mí, que reviento enigma, en mi propio, de mi propio las señales se complican. Cuantas me habéis permitido cortésanas bizarrías, llegaron hasta lograr, que vuestros ojos admitan el ver en esos matices las verdades coloridas, por una pasión que imprime mejor, que un pincel que pinta. Labrad mi suerte a la costa de solo ver, pues quien mira tanta luz, podrá a mi incendio disculparle las cenizas. Ved el retrato, y sabed, que a ese sirvo, ese me obliga a morir por él, a costa) de padecer vuestras iras. Villano, ya del embozo, que entre señas mal distintas vuestro ser equivocaba, corrió esta acción la cortina; pues pesa del Rey la gracia mas con vos, que la hidalguía, si fueséis noble, de que ni aún las burlas os compitan. Vuestro interés puede más, que vuestro gusto; esa indigna acción tanto noble indicio desluce y desacredita. Decidle al Rey, que mi ceño de cualquier osado pisa la pretensión, pues al aire de esta suerte desperdicia su retrato. Qué retrato? Cayose la casa encima. Señora::- . Alzale tú, Cloris. Hay estrella más impía! . es que::- No os pregunto nada. Señora:: qué he de decirla? . que si le ha visto, al negarlo mayor sospecha motiva. Ese retrato, señora, que como sacra reliquia deben todos adorarle, como de la peregrina Deidad, a quien representa, el Rey mi señor traía. El Rey? mira lo que dices. Ella ordena una bolina del demonio. Qué mis señas no atienda! . Sospechas mías, apuremos el ahogo. Habla, qué te desanima? Pasando su Majestad por esta estancia florida con él, debió de caerse; hallele yo, y le decía a Don Juan. Extraño el ver, que la suerte desperdicia a preno n todos debemos adoraciones rendidas. Todo lo ha echado a perder. Mas que la Reina nos pringa. Que tengas con tu hermosura devoción tan peregrina, que de reliquia la trates, vaya, pues tú de ti misma quieres ser nuevo Narciso; más decir, que conducía el Rey el retrato tuyo, es presunción bien indigna. Pues señora::- mas qué veo Ahora te turbas? Mira, mira tu rostro; es aquesta la deidad encarecida, a quien todos le debemos adoraciones propicias? Cielos, pues cómo la copia, que era del Rey, convertida en mi imagen::- Qué te asombras? La encuentra mi fantasía? sin mi estoy! Yo soy señora::- Una loca, una atrevida, que vestir quiere un delito del disfraz de una mentira. El Rey trae tu retrato? Pues, necia, desvanecida, quién eres tú, y a qué efecto, si disculparte imaginas, mezclas con las del respeto las frases de la osadía? Mi turbación, gran señora (ya sé como esto sería) barajando las especies::- Venid, dejad que prosiga su ignorancia en la locura de su propia idolatria: pues la ama el Infante, presto . la apartaré de mi vista. Nise Cloris qué os parece? . Que hace muy bien, que es muy linda Leonor pero no es muy bueno, que lo sienta y que lo diga. . Muy pagada estás de ti; pero no para que vivas tan Fénix, que no haya alguna, que aunque no iguale, compita. . Todas se burlan de mí: hombre, que mi mal fábricas y mi bien, dime qué es esto? Como el retrato tenías mío en tu poder? No sé, si es que mi estrella benigna no os lo dice. . Ya que niegues como mi copia consigas; por qué, al trocar el retrato, cuando la Reina venía, no me avisaste? . Pues tengo de quien es discreta y viva, de pagar yo los descuidos? Cuáles? No entender de cifras de ojos y acciones. Pues ellas, qué era lo que me decían? Tanto, que a entenderlo todo, no sé si bien me estaría. Por qué? Porque sin mi propio, lo que yo recato explican. Todo tú eres confusiones. Decid temores y envidias, viendo que un Rey::- Estáis loco? Ven, Inés. . Dónde caminas? sé yo. . Os vais? Qué is? No lo ve Y enojada? . Qué atrevida presunción! pues vos, acaso, podéis merecer mis iras? No señora; pero puedo temer me quiten la vida. De qué suerte? Por el hurto; pues cuando el Sol se duplica, me la lleváis en su copia. Inés, este hombre delira. Qué no te dé mil jaquecas escuchar su tarabilla? Pues no era mío el retrato? Ya os queda mejor insignia, que es el del Rey, que es quien puede acía en albricias. daros sug eDios por mujer Valgar tan discreta y a altiva! Válgate el Cielo todo misterios y enigmas! Válgate el diablo por gente, es todo recancanillas! De que os hayáis conformado vos y el Infante, es preciso esté gustosa. El Rey quiso ceder en mí este cuidado. De mi mayor interés vos sois el dueño, señora. Cómo? . Cómo a quien adora mi amor y está a vuestros pies. Pretendo hacer dueño mío, como hoy señora, he propuesto al Condestable, y dispuesto, queda, porque ya confío no neguéis a mi atención, que yo venturoso sea con Doña Leonor de Urréa, con quien, volviendo a Aragón, dejar a Castilla intento. Con mi propio gozo lucho. . No solo os estimo mucho esa elección, sino siento, atendiendo a la no bleza de Leonor, no haber yo sido quien sola haya concurrido al logro de igual fineza. Besoos las manos. . Así la concordia se ha firmado; y con haber recobrado el señor Infante aquí lo que en Castilla perdió or la guerra, el Condestable lo ha dispuesto y no es dudable quiera el Rey. . En mi dejó el arbitrio de ajustar, y al del Infante el pedir; y yo, anhelando a servir, he querido acreditar, que no es tanta la ambición, que no le aconseje al Rey lo que es conforme a la ley. No sabéis lo que esta acción conmigo os ha granjeado. A Leonor avisaré de su dicha, en tanto que sabe el Rey lo que firmado queda en su nombre: salí de mi recelo y mi duda. Que yo a disponerme acuda es fuerza; y creed de mí, que quedo vuestro desde hoy. . Aunque lejana parienta mía Leonor, por mi cuenta quedan las gracias que os doy. Así la guerra y sus daños atajar, señor, anhelo. Claro está: guardeos el Cielo. . Élos prospere mil años. Don Juan, en qué os suspendéis? Los jardines de la Reina dejo ahora, y esperando lo que de la conferencia de vuestros contrarios pudo resultar, hallo unas señas, que como son de amistad, es fuerza que me suspendan. Ahora, Don Juan, veréis cuanto en su dictamen yerra, quien aconseja temores. Cuando los recelos mientan, a quién estará mejor, que a quien es hechura vuestra? Ya estamos conformes todos, Castilla quedará quieta y el Rey satisfecho. Ahora conozco la diferencia, que hay de juicio que discurre, a comprensión que maneja. Muchos, señor, que no tratan por si propios las materias de Estado, culpan lo mismo, que tratándolas hicieran: pero qué ha de saber de eso el que vive en la miseria, como yo, de hombre ordinario? Eso, Don Juan::- El Rey llega. Condestable? . Gran señor? Me puedo prometer nuevas de algún placer? aplacasteis os la envidia ciega? contra v Todo, señor, se lo debo a ese amor, a esa clemencia. Hemos quedado::- . Dejad, para que después lo sepa, y ahora venid a mis brazos. Ellos al solio me elevan de mi dicha. Aquí está el Rey con el Condestable, fuerza es, que en lo dispuesto hablen; yo quiero hacer experiencia de como recibe el que Leonor se casa ha sospecha, qué mal sosiegas! . Y cómo vuestra lealtad y prudencia ha ordenado esa concordia? Al instante se le entregan los Castillos y las Villas, que son de su madre herencia. Está muy puesto en razón. Vos perdonáis las ofensas, como piadoso, de aquellos que siguiendo sus banderas han alterado a Castilla. justo es que a Dios me parezca, que si Dios no perdonara, cual de los hombres viviera? El Infante, señor, casa con Doña Leonor de Urrea, que es Dama de vuestra esposa. Qué decís Qué escucho, penas! Volvedme a referir eso. Doña Leonor y el Infante se desposan. . Lo desean? El Infante lo ha pedido. Y a proposición tan necia habéis atendido vos? Yo con la permisión vuestra, lo he firmado en vuestro nombre. Pues como sin mi licencia, aleve, tal ejecutas? Señor, qué hace vuestra Alteza? Páseme el pecho mil veces, y al Condestable no ofenda. Buenos estamos, agravios! Villano, apártate, y deja que castigue::- . Pues, señor, en qué puede::- . El labio sella, mal vasallo, ingrato amigo: como la causa pudiera encubrir de mi dolor! mas ya he encontrado la senda. Pues cómo, cuando no ignoras lo que mi esposa desea tener a Leonor al lado, de esta suerte la enajenas? dilo pues, qué te suspende? Como lo sabe la Reina; y de la suerte que adquiere Leonor, está satisfecha. Señora:: . Señor yo juzgo, que atendiendo a la nobleza de su casa, y los servicios que me ha hecho Leonor, os deba el mismo favor que a mí. Celos, no hay si no paciencia. . Qué decís? Que estoy conforme, si estáis, señora, contenta. Don Juan, mucho os he debido. Si cuantas en vos son deudas pagáis así, desde luego perdono la recompensa. No os entiendo. Yo me entiendo. Señor, el Infante llega a agradeceros la honra, que le hacéis. Vuestros pies besa, gran señor, mi rendimiento. Qué es lo que manda su Alteza? La Reina te lo dirá. Nos dan alguna merienda? El Condestable:: . Está bien. Me concedió de oren vuestra, con la mano de Leonor, que los Estados adquiera, que me tocan. . Qué es esto, Inés? . Lo que el diablo enreda. Yo, por parte de Leonor, os doy, como mi parienta, las gracias de que la honráis. Qué excusada diligencia! Para que la Reina mire sus Damas y las atienda, para que yo ratifique lo que el Condestable ordena, pues de que ya va mandando mas que yo, caigo en la cuenta, es preciso que haya tiempo, que no quiero tan apriesa, por lo que os estimo, Infante, que faltéis de mi asistencia: venid, venid a mi lado. Qué es esto, fortuna adversa? . honrándome el Rey me agravia? ni aún solo hablar me deja con Leonor? ay dulce objeto, cuántos pesares me cuestas! . Leonor, debéis a los Reyes mucho. . En qué forma? Si llega la suerte a haceros dichosa. Hay confusión más tremenda! Así te han de volver loca. Pensando que el Rey me diera muchas gracias de serviros, se ha ofendido de las muestras de mi afecto vos sabréis de lo que nace su queja. Gran señora, pues qué es esto? Esto es, quiero que sepas, que el Infante te ha pedido por esposa, y que ya es fuerza, porque yo lo quiero así, te cases, aunque no quieras. Tú eres feliz. Dale al Cielo muchas gracias de tu estrella. Qué es esto que me sucede, Don Juan? Vuestra Alteza sea por muchos años dichosa, a costa de que otros mueran. A mí el Infante pedirme? Si señora; y cuando es fuerza, que no os neguéis a esa dicha, haréis por mí una fineza. Cuál? Permitir, que jamás a veros y a hablaros vuelva; que para poder lograrlo, ya el destino me destierra de este Palacio u abismo. Bien decís, pues se violentan en él las inclinaciones. A fe, que anda linda gresca. Lloráis, señora? . Don Juan, como queréis que no sienta, que me fuerzan mi albedrío? Luego en vos nada pudieran del Infante ni del Rey las inclinaciones ciegas, si fuera por vuestro arbitrio? Habláis de burlas o veras? Ay señora! es ahora tiempo de que en burlas me divierta? Pues::- mas qué voy a decir? . que para que yo pudiera explicar lo que imagino::- No vuestra voz se suspenda. Era menester, Don Juan, que fuera lo que no fuera. De qué suerte? Siendo vos, ya que tenéis tales prendas, tan otro: pero qué digo? Escurriosele la lengua. Señora, no me volváis loco con tanta promesa: luego si soy más que yo? Fuera yo siempre una misma. Cómo? Intratable y esquiva. Señora, mi bien, qué os cuesta engañar un infelice? Mucho, pues son mis ideas imposibles para mí y para vos hallar senda de ser tanto como yo, entonces:- . Qué consiguiera? Qué sé yo? tanto, que cuanto pueda ser, os doy licencia. Como el ser Pícaro olvide, pillará la picarbela. Ea, fortuna, ya estamos cuerpo a cuerpo en la palestra del temor y la esperanza; como Leonor no se pierda, pierdase todo; mi vida se aventure, del Rey venga el castigo sobre mí, y toda Castilla sepa quien soy y la más extraña, más exquisita y más nueva idea de una locura, que Amor y celos somentan, para que quede memoria en cuantos, que le hubo entiendan, del Picarillo en España, sus dichas y sus tragedias. JORN
JORNADA TERCERA
Ya del Rey y Condestable penetrados los designios, vengo a conocer, que es arte cuanto ejecutan conmigo. Cuanto propuso en la junta Don Albaro fue artificio para tenernos suspensos; pues con extremos distintos vemos del Rey el enojo equivocado en cariño: pero si es un doble trato en mi contrario permiso, que autoriza la cautela de vencerle con él mismo; apenas llegue la noche, estad los dos prevenidos con doscientas lanzas junto al frondoso laberinto de ese Parque; y de otras ciento, vos Gómez, siendo el Caudillo, tomad y cerrad las puertas del Alcázar, que mi brío quiere acreditar lealtades, con ponerlas en peligro. Pues qué es, señor, lo que intentas en esta facción? Dar arbitrio a la libertad del Rey; pues llevándole al Castillo de Montalvan, donde no oiga de una serpiente los silvos, que halagándole el afecto, le ensordece los sentidos, sin el Condestable al lado, cumpla lo que ha prometido. Puesto a salvo vuestro honor, con no oponerse al servicio de su Alteza, lo que es solo abrir a su bien camino, prontos nos tienes. Del Parque, mientras que llegue tu aviso, ocuparenos la entrada. De ti mis espaldas fío, y mientras me asistes tú, Mantique estará advertido de esperarnos más la Reina viene, que os vais es preciso. Guárdete el ( Cielo. Oh, fenezcan de Castilla los bullicios, que alimentan un Rey dócil, y un ambicioso Ministro! . Ya habéis dado cuenta al Rey de esa carta? No ha creído, que hombre tan expuesto al riesgo viva dentro del peligro; que el bando echado en Canaría y España, que Federico sepa es forzoso, y que expuesta su garganta está al cuchillo; y asegurar este pliego, que pasa a España, es indicio que se opone a la razón. No obstante, es el inquirirlo forzoso. Deme sus pies vuestra Alreza. Ay dulce hechizo . de mi amor! ay Leonor bella! infeliz quien te ha perdido. Infante, mucho me alegro de veros, que ya el retiro vuestro culpaba. . Señora, quien desgraciado ha nacido, aún será feliz, si hallara senda de no estar consigo. Tan presto el ánimo pierden hombres como vos . Si vivo, es en fe de una esperanza; pero volviendo en mí mismo, qué ánimo basta, señora, a lidiar con un destino? Este Infante es Portugués, señora. . Por qué? Es su atisbo de ojos de vela de sebo, llorosos y derretidos. Habla, Leonor, al Infante. Señora, con qué motivo? Él de tu agradecimiento. y Pues cuánl es el beneficio? ̱. El quererte hacer su esposa. R Si yo no lo solicito, como le he de agradecer la merced que no le pido? Bueno es esto! hasta las Reinas van aprendiendo el oficio de discretas. Creed, Infante, que de cualquiera desvío triunfará vuestra atención. Ya que el Cielo me hace digno de una dicha, esa promesa, que venza mi estrella admito. Cómo basten influencias a contrastar albedríos:- Claro está, que es tiranía hacer fuerza el que es arbitrio. Del cargo que os habéis hecho, vos os habéis respondido. Qué desagradable estás! Mucho; pues yo habla creído, que era al revés, y callando no erraré lo que no digo. Dame, señora, licencia, pues tan a mi costa miro, que ni aún todo el favor vuestro, como aquesta Dama ha dicho, puede hacer sea aceptable un rendimiento mal quisto. . Válgate el demonio, el hombre galantea de asesino! Cardenal? Qué me ordenáis? O esta esta mujer sin juicio, o yo no sé qué presuma del genio que es tan altrvo. No quisiera hablar en esto; pues aunque la he persuadido a cuanto ensalza su casa con un esposo tan digno, no la he podido apurar el tesón de su delirio. Y pues de la novedad de este pliego recibido de las Islas de Canarías, fuerza es dar al Rey aviso; el Cielo, señora, os guarde. . Con ojos de basilisco te mira la Reina. . Mire, que yo lo que elijo, elijo Ay Don Juan! si amor se precia . de Dios, y un Dios ha podido vencer imposibles, haga lo que el Cielo hacer no quiso. Cielos, si a Leonor han hecho . fuerza del Rey los cariños? disimulemos, cordura, y en tanto que me reprimo, halle senda en que consiga::- Válgate genio, el capricho de este medio amo! algún diablo le quiso juntar conmigo. Hola, qué es esto? Señora::- El Lacayuelo postizo de tu Don Juan. . Ya le veo. Qué traes? Cómo no ha venido hoy a Palacio Don Juan? Cómo haciendo silogismos esta mañana a sus solas en una pieza metido, ha sálido con un tema el más nuevo y exquisito, que se ha pensado en el mundo, y nos ha de poner ricos a los dos. . Cómo? No tengo, pues yo soy su Lazarillo, de dejarle ver, sin que me den antes el cum quibus los extraños a tres reales. Y los más propios? A cinco. Pues qué sucede a tu amo? R Señora, el estar sin juicio; y es lo mejor, que ha dejado la tema del Picarillo, y dice, que es gran señor, y un Príncipe remitido de nueva fábrica, como la bayeta de cien hilos. Mucho siento su dolencia. Qué dolencia? es un prodigio; y más si sale otro día diciendo, que es Arzobispo, y si confirma la pieza, es un mayorazgo chico. Ay Inés, qué será esto? si yo habré dado motivo de este accidente a Don Juan? Estoy de risa perdido! Dice que tiene criados y vasallos infinitos; y aunque yo le he visto algunos el tiempo que ha que le asisto, tengo yo al doble, si junto la camisa y el justillo. Ea, discurso, en las burlas examinar determino como fuera yo en las veras, siendo quien soy, recibido. Finjamos locos afectos aunque no sepa si finjo; pues aspirando a imposibles temerarios ya acredito, que me mueve Amor, que es cuerda locura del entendido. No es aquel Don Juan? Tu Alteza haga, que gusta infinito de él, y con eso, aunque sea bufón muy necio y muy frío, por aduiación, a Co nos atestará el bossillo. Inés, si será esto cierto? No le ves más aturdido que Poeta, que entre sí anda haciendo un villáncico? Ay de mí! . Señor, la Reina: Quién? La Reina, que me ha dicho que llegues a hablarla. . Cómo? un Príncipe esclarecido como yo::- . Toma, si purga. Ah de llegar de improviso, sin que por mi Embajador dé noticia de mi arribo? Qué linda cosa! bien haya quién parió tan bello pico! Con efecto, me hago de oro. Sin duda el suyo es delirio. Qué dolor! Ya hay pieza nueva. Quieres que yo en este sitio sea Embajador? . Estás de caballos prevenido, de carrozas y criados? No señor; pero un amigo Yesero puede prestarme dos paradas de borricos. Pues llega. . Escucha y verás como en tu nombre me explico: Mi amo el Príncipe Arrapiezo, gran señor de los Coritos, que vendieron el cogote a dos reales y cuartillo, a vuestra Corte ha llegado, señora, y pide rendido le des audiencia, y de ayuda de costa algún desperdicio. Le bastará este diamante? Pondrale en el Epiciclo por nueva Estrella, según le dé el tasador el nicho. Oh, qué presto la codicia de este vil halló el resquicio para una infamia! . Don Juan, qué es esto? qué desvarío os pone en es te pa Señora, el de un peregrino pensamiento, que me tiene tan loco y desvanecido. Cómo? No pudiendo ser lo que soy, con que ya aspiro a ser otro, sin dejar de ser lo que fui al principio. En qué forma? No le entendéis: aquí hay misterio escondido. . Pícaro soy en España, solo porque yo lo afirmo: con que si no hay otra prueba, me bastará a mí el decirlo, para ser un gran señor, como soy, que fugitivo ando encubierto; y a fe, que no sé si somos primos. Primos? graciosa locura! Adiós diola en el garlito; no trueco este amo por un obligado de tocino. Esto ya es delirio claro. Yo creo, que el inquirirlo te ha de volver a ti loca. Y ya que hoy habéis caído en que mi pariente sois, en qué puedo yo asistiros? En defender una vida, que no tiene más delito, que haber nacido. Pues es culpa el nacer? Yo os lo fío, pues hay desgracias, que pasan de los padres a los hijos; y así, dadme una palabra, que de rodillas os pido. . Yo os la doy: lástima causa. Pues mirad que yo la admito, y los Reyes, aún en burlas, han de cumplir lo ofrecido. Decid, qué he de hacer por vos? Que el Rey, que es a quien irrito, no me dé muerte, señora, en fe de que le he servido, mi Reino me restituya. Reino Reino y señorio, y aún alma; porque yo creo, que aún esa anda a su albedrío porquitármela también. Cómo da, Leonor, indicios de tener entendimiento! pues hasta en sus desvaríos parece que habla en razón. Señora, pléguete Cristo, decidle a todo que sí, que si no, somos perdidos. Don Juan, si el soñado Reino que decís, está a mi arbitrio, y vuestra vida también, ya sabéis lo que os estimo: y esto y la gran compasión que me habéis hecho, han movido mi Real ánimo, a que os dé palabra de conseguiros lo que pedís. Pues, señora, ya no seré el Picarillo, sino el Príncipe en España. Y yo su primer Ministro. Venid, que el verle me causa sentimiento. . Y será fijo lo que ofrecéis? Quién lo duda? Pues cuidado con lo dicho. Qué es esto, Don Juan? qué es esto? Pues qué no lo habéis oído? que yo soy igual con vos, y de la palabra digno que me disteis, de que pude pensar, cuanto por bien mío pudiere, que es ser esclavo de vuestros ojos divinos. Llevóselo todo el diablo, que ya empieza a hablar en juicio. Qué juicio, si está en sus trece? Don Juan, pues también conmigo queréis fingir? Ay, señora! fingir con vos cuando aspiro a que verdades del alma me califiquen def Príncipe soy y si logro el imposible que sigo, vos os veréis en el trono besando el jazmín bruñido de vuestra cándida mano más vasallos, que suspiros me costáis. . Volved en vos: qué decís? Que no deliro, que aunque Pícaro de España me veis, en otro recinto soy Príncipe. . Ah teja vana del desván en que vivimos! Qué estés escuchando un loco! Pues lo principal sabido, por qué ocultáis vuestro nombre, vuestra Patria y domicilio? Decís bien, pues no fiarme de vos, ya fuera delito: Yo soy::- Don Juan? . Gente viene, que os retiréis os suplico un solo instante, que luego saldréis de este laberinto. Está bien. Don Juan? Señor? A una empresa solicito me ayudéis. al Rey han dado este pliego, en que le ha escrito una espía, que en España está oculto Federico Bracamonte. . Quién, señor? De Monsienr Rubín el hijo, a quien el Rey concedió la investidura y dominio del Rey de la gran Canaría, que hoy está desposeído por la traición de su padre. Y qué puedo yo en servicio del Rey hacer? . Informaros con cuidado y con sígilo, aunque os valgáis de quien tenga mil excesos cometidos, de donde este hombre se oculta, que yo el indulto le fío del Rey al que nos le entregue. Yo le acepto para el mismo que le descubra. Hay aprietos, . fortuna, más exquisitos! ey le busca? Mas para qué Ya sabéis que es vengativo; será para que su culpa satisfaga en un suplicio. Muy buenos papeles tiene. Habrase en el mundo visto otro hombre en quien se compliquen sucesos tan peregrinos! Ya que pasó el Condestable, Don Juan, proseguid. . Prosigo, diciéndoos, que soy, señora, una irrisión del destino, un monstruo de la fortuna; y en fin, para no mentiros, solo un Pícaro en España. Embócate ese higadillo: si está loco, no hay que hacer. Pues vuestra voz no me dijo aún no ha un instante, que sois gran señor? . Qué desatino! Ahí veréis lo que un momento puede trocar, sin su arbitrio, la suerte de un desdichado. Cómo? . Cómo ya es preciso ser el Pícaro en España. Y antes? Príncipe, y tan rico, que pude poblar los Mares de Vasallos y Naviós. Vos estáis de veras loco, o pretendéis el sentido quitarme, quedaos con Dios. Advertid:: . El abánico. Llegando a tal ocasión, mío es esté desperdicio. Eso fuera a no ser yo . más feliz, por más vecino. Pues cómo osáis vos::- Qué es esto? Un atrevimiento indigno de un villano. . Yo villano? (no sé cómo me reprimo!) En verdad, que os engañáis. Tened, Infante, advertido, que está loco ese hombre. . Y su osadía me lo ha dicho; pues cayéndose a una Dama ese inquieto Cupidillo, Ícaro de oro, que al suelo se abate en perpetuo giro, se me anticipó y le alza: más puesto que ya he sabido, que es loco y hombre común, así he de cobrarle. Amigo, trocadme por esta joya de diamantes y zafiros esa alhaja. . Bien está: Bambute, dame ese anillo. Para qué le quieres? Suelta. Adiós, voló golondrino: hombre, estás endemoniado? Por si es que habéis presumido, que diamantes me hacen falta, ese, que por haber sido de su Alteza, a Reales dueños esta ya hecho, os sacrifico, como no habléis en que ceda, por precio el más excesivo, el buen aire de una Dama, que es este con que respiro. Su respuesta os ha informado de como está. . Yo desisto de empresa que es desairada, pues tan sin contrario lidio, y tomad las joyas vos. Qué desdichado he nacido! mi sortija en otras manos! Seor Bambute, me persigno? Con un puñal. Ven, Leonor. Tiranos hados impíos, sacadme de tantas dudas. Cielos, pues cualquier designio se me frustra, apelar pienso al último precipicio. Amo loco, cuerdo diablo, mi sortija qué te hizo, para hacer galanterías con lo ajeno? . Mal nacido, enseñarte a que no seas ambicioso. . San Longinos! que me ahogan! Tú burlarte con el pesar que resisto, con el dolor en que muero? Me trague el infierno vivo de la Plaza, si desde hoy fuere ya más lazarillo de un Pícaro, que es señor magro, gordo, blanco y tinto. . Buenos estamos, fortuna! fábula soy de los siglos, pues cada instante me cercan accidentes tan impíos: ya no es tiempo de callar, ya diré quien soy a gritos; y ya, pues en el retrato del Rey, que traigo conmigo, me hice copiar con esmalte para otra acción, discursivo pienso ver si es que la suerte quiere abrir para mi alivio alguna senda en que pueda salvar el ingenio mío Dama, honor, hacienda y vida hoy, que todo está a peligro. . Ya le habéis entregado el pliego al Condestable? A su cuidado está ya, gran señor, la diligencia. Federico a buscar de mi clemencia viniéndose a mi Corte! Aún no lo creo. Yo, Cardenal, que me lo avisan veo; y cuando con su padre dio su varia condición, en la venta de Canaría, motivo al Porrugués de que pasase a las Indias, y de ellas se esperase señor hacerse, si mi ceño airado no le hubiera con armas estorbado, merece sea despojo de mi justicia, aún más que de mi enojo. El Francés Almirante descubriendo las Islas, y tu gracia mereciendo, por servicios y sangre generosa del parentesco con tu Real esposa, tus premios mereció, no el atributo de título de Rey, pues absoluto logró hacer a Castilla aquel ultraje, que no hiciera pendiente el vasallaje. Si los hechos pasaran dos veces, de una sola no se erraran: no se hable más en esto, y solo me dejad. Que mal dispuesto reconozco el semblante de su Alteza! Todos efectos son de su tristeza. Nadie, sin que yo le llame, entre aquí. . Está bien. Ah rara condición de la fortuna! quién dirá que tu inconstancia alguna esfera mejora, si a todas clases iguala? A no haber que desear, dichoso fuera un Monarca, pues que del trono que anhela puede ser que no decaiga: Pero ay Amor! solamente cabe en ti pintarle a un alma mayor el triunfo que pierde, que la ventura que gana; porque abultan los deseos los logros en las distancias. Aquí está el Rey; pues conmigo traigo el retrato, o si hallara forma de ver si su enojo puede dejarme esperanza de perdón! . Quién es? Señor, quien casualmente pasaba, no creyendo::- No te turbes, llega; por qué te recatas? que antes la ocasión estimo en que (pues aún me embarazan este alivio) saber pueda, si aquella amable tirana admitió el retrato mío, que cuando contigo estaba en el jardín, te dejé. No señor. Luego se h en tu poder? . No señor. A dos preguntas contrarias una respuesta acomodas? Fácil es cumplir con ambas, si digo, que no pudiendo contrastar la repugnancia de aquella Dama, y creyendo, que una vez desapropiada de vos, era atrevimiento restituiros la alhaja, Siendo vuestra bizarría desaire el no adivinarla, con ella me quedé. En eso me adulas más que me agravias. Pero ya no está conmigo, Siendo preciso feriarla a un delincuente, que afirma, que a vuestra imagen se ampara, bien como en Roma al inmune respeto de las Estatuas de los Césares supremos. Inconsecuencias enlazas tales, que ya me persuado a lo que la Reina acaba de decirme. Qué, señor? Que tu buen juicio te falta. Siendo eso cierto, hace mal quien una empresa me encarga, como la de descubrir donde Federico para de Bracámonte. . Ese sí, que es delincuente que nada puede indultarle. Señor, tanta fue la ofensa? . Tanta, como ser contra mi honor; y si intento perdonarla, llegara a ser mi clemencia cómplice contra mi fama: Mas yo hablo con vos así? despejad. . Estrella infausta, cierra más y más el paso a mi consuelo. Tomadas quedan ya todas las puertas. Cercado el Palacio está. Pero no obstante, mi industría, en ver que me dio la Reina aquella palabra, oculto me he de quedar, por si al cuarto del Rey pasa, de esta cortina. Quién osa::- Señor, quien os acompaña siempre, pues jamás de vos su buena ley le separa. El Infante a qué mal tiempo vino; mas veré si habla en Leonor al Rey. . Pues no mandé, que nadie pasara de esta puerta? Hola. Señor? A la gente de mi guardía llamo, no a vos. Todos cuantos se alistan en mis Escuadras, son de vuestra guardia gente; y antes, si hay alguna extraña, es la que en vez de guardaros os arriesga y os agravia. No entiendo esa nueva frase, y solo de esas palabras algún misterio presumo. Cielos, hay mucha distancia de esto a lo que imaginé. Pues para que a un tiempo salga vuestra Alteza de su duda, y yo inquiera mi desgracia, permítame, que al secreto y a esta puerta eche mi maña llave, que a ambos asegure. . Qué hacéis? como se adelanta vuestra osadía? . Señor, escúcheme con templanza vuestra Alteza. Pretendéis aprisionarme en mi casa? Soldados. Qué nos mandáis? Se ha visto acción tan osada! Cuando cerrar una puerta veo, y que a mis voces vagas solo responden los vuestros, poco hay en tan torpe hazaña que discurrir; mas porque el cargo no se me haga de que añadí con mi enojo a vuestro error eficacia, ya os oigo venenos vierto! . Si saldré y a cuchilladas este desprecio del Rey vengaré? Mas no; en qué para he de ver. . Está tan lejos de ser acción temeraria, indecorosa ni torpe la que ejecuto, que en nada os sirvo más, que en quereros dar la libertad que os falta. De que mi herencia no cobre, de que de la mano blanca de Leonor no me hagáis dueño, ni de otras ofensas varias, no me quejo, gran señor, pues sé que no sois la causa: duélome de que Castilla hoy viva tiranizada por Don Alvaro de Luna; y que vuestra tolerancia, para el trono que le erige, le esté labrando la vasa. Qué hechizo, señor, es este, que a su vista os acobarda tanto, que ofendiendo a todos su separación, ni bastan los ruegos a conseguirla ni vuestro ánimo a intentarla? Y así pues, mientras estéis a sus ojos, que os encantan con la afición, que es especie de más poderosa magía, no sois señor ni sois Rey; pues vuestras ofertas faltan, vuestro decoro se injuria, Siendo una regia fantasma, una sombra, de quien es Don Alvaro cuerpo y alma. No os queda otro remedio, que el que nos da la distancia; vos os habéis de venir conmigo, donde amparada la Majestad de si propia, obre sin violencia extraña. Qué me pronunciáis, Infante? Lo que le importa a la Patria, y a vuestra honra misma. Y es atenderla ultrajarla? Con vos de vos os defiendo. La proposición es falsa: conmigo a mí me ofendéis. Señor, pues a suerte echada, no hay otro medio. Villano, si le hay; y aunque estoy sin armas, defendiendo como pueda mi decoro. Porque no haya luz, y avisando el respeto, la ceguedad nos distraiga, así lograré el que es robo, no traición. Las luces matas? No importa, señor, que tienes quien te dé honor y venganza. Soldados, llevad a ese hombre, que os entrego. Injusto, aparta, que hay valor que lo defiende. Dónde está el que nos encargas? Qué sé yo? qué extraño impulso de mis manos le arrebata? El propio que os escarmienta. Voz, que me libras y amparas, de quién eres? De ese soy, que verás que también trata de que tú le ampares. Muera quien nos estorba. Las armas suspended, y retiraos, porque, la acción malograda, no nos descubran. Qué importa, si en vuestro alcance se abanza quién castigará este insulto? Cielos, o el eco me engaña, o conozco aquella voz. Ruido se sintió de espadas en el cuarto de su Alteza. Muera quien al Rey agravia, Castellanos. El Infante muera. . . Las puertas cerradas están, Soldados, rompedlas. Quién vuestro Rey os resguarda es el que fue Picarillo en España, y el Señor de la gran Canaría. Qué es esto, señor? No sé; porque en confusiones varias, cuando el Infante se arroja a prenderme, me rescata un hombre no conocido, que ni yo sé cómo estaba en mi cuarto. Qué decís? Que con las puertas tomadas con su gente, pretendió el Infante::- Al arma, al arma. . Sacarme de mi Palacio. Hay osadía más rara! Pero pues quién me libró dejó en mi mano esta alhaja, diciendo, que él era este, él nos sacará de tantas dudas: Mas qué es lo que veo? mi imagen veo copiada en él: al reverso (Cielos!) la de aquel hombre, a quien llaman, porque él se puso el dictado, el Picarillo en España. Cielos, qué escucho! Y un mote, que dice. Así se resguarda Federico Bracamonte, pues os fía sus espaldas. Quién vio tan raro suceso! Inés, yo estoy asombrada: Don Juan era Federico. A cuando señor se fingía. Hoy hacemos en la Plaza gestos. . Bien dicen sus prendas, que no es persona ordinaria. Pues aunque de esta invención para su indulto se valga::- Guerra, guerra. A mi presencia le traed. Para qué llamas a quien con una victoria y un temor viene a tus plantas? Y el Infante? Fugitivo él y los que le acompañan, huyen de tus gentes, siendo yo quien con solas tus Guardías le he vencido y te he librado. Glorioso invicto Monarca, Federico Bracamont soy, esclarecida rama de Monsieur de Bracamont, gran Almirante de Francia, y quien por desdicha suya tu deidad tiene irritada. A Canarias descubrió mi padre, nuevo Argonauta del Occeano Español; y viendo que te tocaban aquellas tierras, licencia tuya llevó de ganarlas, con el título de Rey e inbestidura del Papa para sí; y después por sus maravillos as hazañas invictas contra los Moros pretendiendo renunciarlas en el Rey de Portugal; no acudió a tu soberana permisión, y de las guerras entre ambos Reinos fue causa. No tuve, señor, más parte para que me declararas traidor con él, e incapaz de volver a restaurarlas, que firmar en tierna edad lo que mi padre me manda, que habiendo muerto, me deja en herencia su desgracia. Y viéndome pobre y solo, profugo y sin esperanza de otros bienes, que el instable ceño de mi suerte airada, para España me embarqué, donde un Pintor, que feriaba por el interés retratos de las más hermosas Damas de toda Europa, me dio todo el Sol por corta paga: era de Leonor la copia, con que fue el verla el amarla. Con cuidados y sin bienes llegué, donde me disfraza mi pobreza y no pudiendo declarar mi nombre y Patria, el Pícaro me llamé, por si así se equivocaban en mis deshechas fortunas, la mayor con la más baja. Que te he servido no ignoras, y que ese retrato te habla en mi nombre, pues te fía mi vida en él; y ya basta para adquirir tu clemencia empeñar tu confianza. Y para que a todos toque pedir por mí, la palabra me disteis, señora, vos de que sería perdonada mi culpa en burlas o en veras, qué Rey a su oferta falta? Vos, Condestable, el indulto ofrecisteis al que hallara a Federico yo soy, yo me entrego a que recaiga el perdón en mí: Señora, vos, cuando a ser yo pasara mas que yo, me concedisteis esa hermosa mano blanca. Todos estáis empeñados en favorecer la causa de un infeliz porque os deba honra, vida, hacienda y Dama. Rogad a su Alteza vuelva a dar a esta inanimada materia, n un al ser, porque pueda decir, cuando tanto deba a la deidad que me ensalza: Aunque me ve Picarillo en España, soy señor de la gran Canaría. Señor::- . Nada me digáis, pues quiero deba tan alta acción solo a mi cariño: Federico por su fama tiene en si y en Leonor la donación de Canarías; mas con reconocimiento de vasallaje. En mi ganas un esclavo. . De pensar en imposibles te aparta, corazón desengañado. Yo, señor, os doy las gracias vos de q Feder po cumpláis ahora mi palabra os estimo. . Da la mano a Federico a qué aguardas? A creer tanta ventura. Feliz mil veces un alma, que logra lo que desea. Inés, quieres ser casada? Por qué no? Pues daca, tonta. Mandaré seguir la marcha del Infante, y con su fuga Castilla el sosiego alcanza. Dando fin a la extraña historia, como perdonéis las faltas. De aquel que fue Picarillo en España, an Canaría. Siendo señor de la g
