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Texto digital de El pedir con mal intento

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Gaspar de Ávila Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática (corregida con posterioridad) de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55310/29).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pedir con mal intento. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pedir-con-mal-intento-el.

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EL PEDIR CON MAL INTENTO

JORNADA PRIMERA

A lindo tiempo llegamos A lindo para morir cuando quieren embestir los dos campos alabamos el tiempo cuerpo de Dios cuanto mejor tiempo fuera llegar cuando ya no hubiera peligro para los dos Pues a qué vienes aquí Solo a seguir tu valor porque los moros señor que ofensa me han hecho a mí si se quiere condenar por su ley y su gobierno al no tienen tu infierno que no les puede faltar y a mí no me dejan ya mi Ley desembarazada Ignorancia bien fundada Nadie a lo menos podrá decir, que ofender pretendo con malas entrañas, yo, si al que nunca me ofendió, yo soy tal, que no le ofendo. Y los Moros, en verdad, que no son, si lo advertimos, tan malos como decimos, Atentada Cristiandad, Cual dellos se vio entre tantos, que por mohatras se infierne, ni en sus pleitos se gobierne por iren, ni lepan cuantos, Que Moroja más se vio hacer pleito de acreedores, ni que viva con las flores, que el naipe hecho Abril pintó? Ninguno habíá que se vea devoto de Monjas, dar Psus a logros, ni empatar anito que otro desea, Y pues nunca en su gobierno pecan maliciosamente, vive Dios, que es buena gente menos el irse al infierno. Ya no es tiempo ahora aquí de gracias, a pelear venimos, que el ayudar a mi Rey me toca a mí. A doña Mayor Manrique, dama de la Reina adoro, y quiero, a peser del Moro; que sin que el Rey me replique, granjee la aprovación dél sí, y la mano que espero, en la esfera de este acero, una ardiente exalación, Déjame solo advertir que mucho llega a ignorar quien solo piensa en matar, pudiendo también morir Moro hay, que sin remedio, en buen hora sea contado, con un rajo desairado, parte a un Cristiano por medio. Herida de tu temor. Esto es tocar a embestir. Pues a matar, o a morir. Lo primero es lo mejor, embiste, mientras que saco fiscal de los sentidos. que a confusión de alaridos evolución de tabaco. Vine el cielo, que andar ya mezclados unos con otros que llegásemos nosotros en al principio, ya va amo hiriendo, y matando; Motozurdo le tira, y en tirando se retira, a perro, huyendo, y tirando. Vive Dios, que se ha calzado, el Arábigo escuadrón las de Villa Diego y son los vencidos, por un lado embestiré diligente, libre de toda congoja, que no hay, si el contrario afloja, quien no parezca valiente. Cómo se conoce bien, valentísimo escuadrón, la Católica intensión de vuestros pechos, que os den permisión de más aliento, el fuego el viento y la tierra, quiera Dios, por lo que encierra la Fe de un Cristiano intento, cada golpe de su espada lleva un fin determinado A que valiente soldado, el de la banda leona, el movimiento menor de su espíritu valiente, es una cometa ardiente del cielo de su valor. Tan apresurado va matando su brazo suerte, que se confunde la muerte con la priesa que le da Mide a tu gusto. Español el premio, como no pidas arriesgo de muchas vidas rayos de la luz del Sol Porque lo que más despide la aspereza del negar es ver el que ha de premiar los méritos del que pide. Ya los Moros van huyendo, y se declara la gloria del vencimiento, Victoria, Señor, vuestra en pretendo ensalzar, y en mi ardimiento, vos mismo os debéis a vos, por lo justo del ser Dios, el favorecer mi intento. Suelta, que yo le gané Muerto, y a mis pies estaba el Moro que le lleveva, cuando llegaste, y no se que pueda la diligencia merecer más que el valor, Eso fuera a ser menor en aquesta competencia mi resuelta valentía, De mi iba el Moro huyendo, cuando le mirare haciendo tuya la gloria que es mía; que no se ha de reputar por vivo, ni valeroso el que huyendo tameroso no le atreve a pelear, Las almas te respondieran de los que ha muerto mi acero, si a su hospedaja primero de esotra vida volvieran. Difiérase en la grandeza del valor nuestro poder, que el presumir sin hacer toca en actos de bajeza. Sea legítimo dueño del, el que aquí la ganare nuevamente, y le sacare de este detenido empeño. Por acreditar mi honor le suelto Y yo por hacerte, qué es esto? Hacer una muerte testigo de mi valor; don Luis de Godoy decía, que ese estandarte arrojado. habiéndole yo ganado, es suyo, y yo me ofendía, y para más comprobar quien fue el que pudo ganarle, quisimos los dos soltarle para volvelle a ganar, Y tú, qué dices? Qué ha sido culpa, que confieso ya, competir con quien está de ti tan favorecido, que por lo menos, señor, de ventaja ha de llevar el tener mejor lugar en tu gracia, y tu favor. Don Juan de Padilla es quien poderosamente alcanza, a merecer la privanza de tu grandeza, y no es bien, que yo; para darte enojos, compita con su opinión, poniendo tu presunción donde tú pones los ojos. Que en las políticas leyes del mundo, que pueden halló dar métitos al vasallo las privanzas de los Reyes. Y fueran intentos vanos, torpe ignorancia, y locura, querer borrar la pintura de la imagen de tus manos, El que yo vi pelear con superior yalentía, banda leonada traía, y estos sin diferenciar en nada, la traen, que haré para graduar mejor su espíritu, y su valor. con certidumbre no sé; pero discursivamente veré en su naturaleza quien obra con más noble? y ese será el más valienle: que en buena filosofía es asentada opinión, que no hay en un corazón esfuerzo sin hidalguía. Supuesto que has escuchado a don Luis de Godoy; qué dices? Que de él estoy, gran señor, tan obligado, por el honor que me da, por ser tu hechura que a ser ese estandarte el poder del mundo, divera ya, que a su corazón fiel, y valiente, no le excedo en nada, y que le concedo la parte que tuve en él. Que la mayor valentía de un hombre, es hacer, señor; méritos de su valor el vencer en cortesía. Y asía vuestra Majestad le suplico humildemente, que por cortés, y valiente premie su inmensa lealtad. De suerte habéis procedido los dos, que no se de cual sea la gloria, y neutral, al paso que agradecido, me hallo, pero de modo hallará en mi voluntad el premio vuestra amistad, que os haga iguales en tondo, Id los dos a recoger la gente que va siguiendo el alcance, que hoy pretendo conservar solo el veneno que enemigos apurados suelen ser los más dañosos, porque revuelven rabiosos, cuando se ven apretados. Tu hechura soy. Yo tu esclavo. Vasallos de buena ley, es la dicha que un Rey admiro, estimo, y alabo; que sin temer vituperio de la más contraria edad, la obediencis, y la lealtad, son el más seguro imperio, Un estandarte está aquí, y nadie, por Jesucristo, imagino que le ha visto, de molde me viene a mí, para acreditar mejor lo poco que he peleado A quien hubiera llegado. lleno de polvo y sudor bien puede la Trinidad entrara pedirme parte. de este mostrenco estandarte, Está aquí su Majestad? Aquí estoy, qué quieres? Ser coronista de mi honor, este estandarte, señor, que cogí, vengo a traer Y porque el premio me des debido a tal valentía, le ofrezco de parte mía a tus Católicos pies. El Arábigo escuadrón iba huyendo ya rendido, tan ligero, y tan vencido, como garza con halcón. Y aunque volaba huyendo, los seguía yo matando, que seis dotores curando, no hicieran, a lo que entiendo, lo que hizo la receta de mi espada solamente; nací para rayo ardiente, y heme quedado cometa. Donaire tiene, este ha sido el estandarte arrojado de estotros dos, gran soldado, fingiré que lo he creído. Ligeros deben de sar tus intentos temerario si corriendo tus contrarios los alcanzó tu poder cuando nadie te Corro mucho, o me enojo, y demás deesto era cojo el Moro que lo llevaba. Resistiose? No le fue por entonces permitido. Por qué? Porque era tullido, De dónde? De, no lo sé, pero anduve muy cruel. En qué, en quitarle la vida? Ya quise darle una herida, pero no la quiso ol Luego escapose? Y fue justo, que en mi vida he peleado con nadie, que le haya dado pesadumbre, ni disgusto. Preciome de muy cortés, Con un Moro? Señor, sí. que me dijo Alá quiví, la cabeza entre los pies; y no fuera valentía matar un tan gran soldado a un Moro tan encorbado a pura zalamería. Y quién te ha visto ganar en el campo este estandarte? Nunca tuve de mi parte el concurso popular, que antes para darme enojos al tiempo que le gané, sin saber cómo, o por qué, cerraron todos los ojos. Con otra pregunta más será mi estandarticida, que ya pienso que mi vida va sacando pies atrás. otro arrojaron ahí, búscale, y tráeme los dos. Cogido me ha juro a Dios. Qué es lo que busces aquí? Un estandarte. Ese es mío. Qué propia ventura mía, de esta vez mi valentía ha dado el golpe en vacio. Al Rey lo quise ofrecer, pensando que este estandarte era expósito, oye aparte, podré yo echar a correr? Infame dirán que has sido. No dirán, si no prudente, si con correr solamente excuso el quedar corrido. Porque que he decir yo, cuando solo en esta culpa me ha quedado la disculpa del demonio me engañó. El Rey mirándote está. Trasudando estoy, señor; como en esto del valor, Dios lo quita, y Dios lo da, y me llamo Perinola, así soy en la ocasión soldado de quita y pon. Tu Infanteria Española, desasida, de la empresa, como a lebrel, que furioso, ensangrentado, y rabioso, le hacen soltar la presa: obediente, aunque oprimida, está esperando, señor, tus mandatos su valor, Y en esa vega florida, el campo de vencedores ocioso, y ensangrentado, está, señor, recostado entre márgenes de flores, y sedientos en sus famas en esas vecinas fuentes, para coronar sus sientes están desgajando ramas de unos laureles, que están gloriosos de ver, señor, por alma de su verdor la eternidad que les dan. Pues a Sevilla marchemos, Marcha a Sevilla. A Sevilla, Hoy de don Juan de Padilla habéis triunfado, y seremos amigos eternamente, y así afirma lo que soy esta mano. Y yo os la doy de seros siempre obediente, y será el tiempo testigo de la amistad de los dos. Y él también os dirá a vos, que os soy verdadero amigo. Yo me quiero adelantar, y llevar del vencimiento las nuevas, ya que mi intento no se me pudo lograr, que entre mis chanzas, y levas, quizá el cielo me ha librado por desdichas de soldado ventura de porta nuevas, Y si el parto va derecho, vamos estandarte mío, que en otra parte confío que habéis de ser de provecho. No es justo, doña Mayor, ausente su Majestad alegrarme. Así es verdad señora pero en rigor anticiparse a sentir, es también adelantar los términos del penar, donde se pueden medir. Cuando las tristezas son hijas de causa sabida, no tienen en una vida los contentos permisión, Pero si a la confianza se le permite el aliento no es justo que el sentimiento pueda más que la esperanza Su Majestad que Dios guarde, de su Fe, de su podar, y su grandeza, fue a hacer un Cristianísimo alarde contra Hicen Rey de Almeria, causa es de Dios, y ha de estar de su parte al pelear, y al pensarlo de la mía. Y así vuestra Majistad, si es causa de Dios, no es justo que se quite en su disgusto a su fe le autoridad. Qué bien los bien entendidos saben consolar, Mayor, ya es mi cuidado menor, y alentados mis sentidos previenen mayor consuelo, que Alfonso fue apelear, solo a fin de di atar la juridición del cielo. Y el premio justificado de tan Católico intento, ha de ser el vencimiento debido a tan buen soldado. Juan de Zuñiga. Señora. Qué devociones se han hecho por su Majestad? Sospecho, que ya en Sevilla a esta hora no queda ningún Convento, donde con ardiente fe. amor, y virtud, no esté descubierto el Sacramento: y en contemplación divina anoche, en los Capuchinos Recoletos, y Agustinos, hubo una gran diciplina. Mirad, que en la Encarnación, dicen, que una Monja hay santa, y tanto, que se adelanta a todas en perfección. Id y decid de mi parte, que pida a Dios, que le dé victoria a su Rey. Sí haré. Yo he de entrar con mi estandarte Qué es aquello? Dos soldados, porfiando por entrar. Vencio Alfonso, no hay dudar, que venir apresurados soldados con estandarte, queriendo ser el primero cada uno, solo quiero pensar que está de la parte de los Cristianos la gloria; que ningún soldado entró porfiando, si perdío la esperanza, y la victoria. Decid, que sin porfiar entren los dos, y sea presto, que está entre dudas dispuesto el espíritu a penar. Entrad los dos. Qué es hablar, en porfiando otra vez he de apuntar a la nuez. Señora. No hay que tratar, que tengo de hablar primero. Venció Alfonso? Sí señora. Porfiad de espacio ahora, que he sabido cuanto quiero. Mi sí, señora, ha ganado el premio, y el suyo no; que está herido, y pronunció boquí abierto, y estofado. Herístelo? Sí señora, y en palacio. Yo confieso, que lo herí, pero tras eso falta mi descargo ahora. Vuestra Majestad advierta, que él se entró sin reparar, que traía para hablar desde allá la boca abierta. Vinose a mí como un Marte, con arrogancia no poca, y metiose por la boca el palo del estandarte. Rein Juan de Zuñiga, haced luego que curen ese soldado con muchísimo cuidado. De mi paciencia reniego. Cómo te llamas? Yo? Sí. Perinosa. Extraño nombre. Pues para que no se asombre nadie de mi nombre aquí: mi padre fue un torbellino, y daba con más primor mas vueltas al rededor, que una piedra de molino. Y así en la plebe Española, donde ya no tratan todos, sino de gestos, y apodos, me pusieron Perinola. Valiente debes de ser, si ese estandarte has ganado. En no estando yo enojado, poco estrago suelo hacer pero cuando en mi rigor colérico me deshago, muchísimo me nos hago, Yo lo creo. Extraño humor Y qué Moro le llevaba? Un Moro zurdo, y vermejo, pero aunque quebrado, y viejo, era visco, y cojcaba. Muy poco hiciste en ganarle, si el Moro era desa suerte, De brazos era muy fuerte, aunque era muy malo el talle. Murió? Valerosamente lo procuré al embestir, pero en eso del morir, por el quedó solamente, pero al fin dejó el pellejo, que el mismo se desolo. Por qué? Porque se cansó de verse zurdo, y vermejo, y hizo no hoy que dudar, muy bien en desesperarse, pues se hartó de condenarse quien no se pudo salvar. Cuántos los Moros serían? No hay ninguno que no mienta, porque ninguno los cuenta; pero a bulto, que vendrían, me parece, tres millones. Antes pienso que has querido juntar cuanto se ha mentido en todas las relaciones, si no es que en esta jornada loco de contento estás, Siempre yo cayendo de más cuando no me cuesta nada. Y qué pretendes hacer de ese estandarte? En Sevilla le comprará una Capilla, a ser mayor mi poder. Dónde? En un humilladero; extra muros del lugar, por no dar que murmurar. Y que te faltar El dinero. Di, que te den mil ducados por señas de esta cadena. Que mientan en tierra ajena muchas veces los soldados, disculpo, por Jesucristo, porque antes van a ganar. que a pedir con blasonar a donde no los han visto. Ya vienen de la conquista, y me traslado a otra parte que no es bueno mi estantarte para testigos de vista A vuestros ojos vencido vuelvo otra vez vencedor. Y ellos se os muestran señor, gustosamente rendidos que por muy justas razones, serán debidos despojos el triunfar de amantes ojos quien Reina en los corazones. Sea vuestra Majestad muy bien venido leñón Rey Guardeos Dios, doña Mayor, que muy bien de la leatad de vuestra sangre pudiera fiar mis aciertos yo, Que soy solo me advirtió vuestra esclava verdadera. Qué discección Qué belleza. Si el Rey a Mayor me da, mayor el premio será, que el triunfo de su grandeza. Dame en este cielo, amor, la gloria que ven mis ojos, diré, que hacen sus despojos el vencimiento inferior. Que en este dicho suempleo, será el laurel, y la palma en desafíos del alma vencimientos del deseo. A los dos que están presentes debo, señora, la gloria de esta dichosa victoria; porque a sus brazos valientes, o a su menor movimiento, parece que el cielo daba cuanto en rayos desataba del más actiuo el emento. De un Padilla, y un Godoy, que puede España esperar, menos, señor, que ensanchar sus términos, dadles hoy premios por méritos tales; que los Reyes han de hacer generoso su poder con vasallos tan leales. Hazed los dos relación de la victoria. Empezad, mande vuestra Majestad, que empiede, como es razón, don Juan. Quién solo se humilla en la merced, y favor que me hacéis, hiciera error. Decid, don Juan de Padilla. Su Majestad, que Dios guarde, salió de Sevilla un Lunes con siete mil rayos vivos en siete mil Andaluces. Supo que el Rey de Almeria los campos de Jérez cubre con treinta mil Africanos de Mostagan, y de Túnez. Que conspirados con él, por socorro le conducen contra nosotros, que en ellos esta es natural costumbre. Tan imperiosos venían sus estandartes azules, que aún del tremolar parece que formaban pesadumbre. Tantas plumas a colores en su campo se descubren, que muchos Abriles juntos pensó el tiempo que producen. Sobre márlotas de grana, a perfiles, y a pespuntes, tantas Arabigas letras vistosamente relucen. Que entre reflejos de Arabia, como en doradas techumbres, la admiración se deleita, y la vista se confunde. Pero viéndonos tan pocos, sobre cautela presumen, que en mayores emboscadas nuestro campo se introduce. Manda el Rey, que un Beneraje, de quien África presume, sobre no ser feudatarios, la sentencia nos pronunció, Y apenas al Moro ufano fuego ardiente se le infunde, exhumando por los ojos ensangrentadas vislumbres. Cuando al recoger las riendas perdió las postreras luces, y de una lanza arrojada volvió clavado en los fustes. Tantas flechas arrojaba la confusa muchedumbre, entre Alabes alaridos, en ellos armas comunes. Como cuando sobre el aire caliginosas las nubes, azotadas de los vientos helado granizo escupen. Y tantas lanzas rompidas al primer encuentro crujen; que sobre nuves de astillas los rayos del Sol se encubien. Los Reyes Moro, y Cristiano, permite Dios que se busquen, para que el uno castigue las culpas que el otro incurre. Encontaron se los dos, y su Majestad reduce a una herida muchas muertes, que en la del Moro se incluyen. Y viendo disuelta ya el alma en aquel volumen, helado cadáver ya. todos juntos se confunden. Y entre tanta confusión, los ojos, señora, puse en don Luis de Godoy, siempre Godo, y siempre ilustre. No vio huracán desatado. en sus entrañas azules, el mar precursando truenos, relámpagos, y vislumbres. Como el valiente Español, que hiere, mata, y destruye, sin que Arábigos lamentos. lo detengan, ni perturben. Los que seguían sus pasos, por alcanzar los que huyen, deseando Moros vivos, sobre cuerpos muertos suben. Porque tan amontonados los deja, que no hay quien dude, que en sus aceros la muerte su guadaña constituye. Esto es lo que vi, él refiera lo demás, que yo no pude, pues no llegó a lo que hizo lo que vinito que supe, Señora en mis alabanzas ha referido dos hechos don Juan que a su diestra sola se le debe el vencimiento. Cuando supe que salía su Majestad de este Reino contra Hacen Rey de Almerías. estaba en Córdoba enfermo, Si bien ya convalecía de unas tercianas, que hicieron perezosa mi partida, aunque no llegué a mal tiempo, Llegué, cuando ya un clarín. aclamación de los vientos, con labios de bronce duro notificaba el encuentro, Restituyó a mi salud. mi lealtad, cuanto ardimiento debe a un Católico Rey un vasallo verdadero, Mezcláronse los dos campor, a cuyo bélico estruendo. caducó sobre sus quicios, la máquina de los cielos. Y entre tanta confusión, pasmado, absorto, y suspenso, segura don Juan de Padilla, rayo con alma de acero. Tantos inundaba arroyos la sangre que iba vertiendo, que en desatadas corrientes llevaban al mar los muertos. Y tan sin piedad mataba su valentísimo esfuerzo, que se escondía la muerte en los ya difuntos cuerpos. Era cada golpe suyo en la exhalación de un trueno, una centella animada en la esfera de su pecho. Y tan poco nos dejaban que pelcar sus alientos, que sobraramos con él, sino le faltará el tiempo. Porque parece que fuimos contra los Moros soberbios, nosotros para mirarle, y él solo para vencerlos. No el rústico campesino encamina el corbo acero, el espigado escuadrón, que se reclina en los vientos. Como el valiento Español iba condenado dejando solo en el aire las quejas, y los lamentos, Y si cayeran tan juntas las almas como los cuerpos, en su lóbrego hospedaje se confundiera el infierno. Y si allí en las verdes hojas de álamos sauces, y fresnos, sin Fe, y Crismas se infundiera voz, espíritu, y aliento, Fuera resistencia inútil contra el valiente denuedo de pecho tan valeroso, y de brazo tan sangriento. Así le debe Calleja a este, dignamente eterno, la victoria. España el lauro, y su Majestad el premio. Discretamente han sabido los dos pagarse el favor; que les déis falta, señor, el premio que han merecido: que aquel que en servir emplea su vida, ha de granjear, todo lo que no es Reinar, cuando obedece. y pelea. Ya les he dicho, señora, que no limiten su gusto, cuando es el premio tan justo, y lo mismo digo ahora. Pedid sin limitación, pues sin ella habéis servido, no diga el mundo, que ha sido, desigual el galardón. Cuando pienso que igualmente hacen un Reino dichoso las manos del generoso, y los hechos del valiente, Id a descansar ahora, que tiempo queda después para pedir. A tus pies veas la opinión que adora de Alejandro el mundo. dY sea Coronista, gran señor, de tu grandeza, y valor quien tus aumentos desea. Desta vez sin duda es mía Mayor. Albricias, amor, que hoy en mí será Mayor el triunfo de mi alegría.

JORNADA SEGUNDA

Señor don Juan de Padilla, los dos, somos dos Soldados, que no hemos sido pagados, y salimos de Sevilla con el Rey nuestro señor, y en la dichosa jornada de la victoria pasada le servimos con valor, y con lealtad, y sabemos, que hoy dice que quiere dar audiencia, para premiar a quien le sirvió, y queremos suplicar, como es razón, ampare Vue Señoría nuestra causa. Tanto es mía, que mostraré en la ocasión, que se fundan mis cuidados en amparar solamente el espíritu valiente de tan leales soldados. Pero no puedé ser hoy porque en primero lugar trata solo de premiar a don Luis de Godoy, su Majestad, y sería error, a mi parecer, el quererse anteponer tan noble valentía, que a mí también me ha mandado; que le pida, y solo quiero que se prefiera primero le tan valiente soldado lderecho conocido! que todos sabemos bien, que por lo que hice, es quien perece ser preferido. Vile, señor, pelear, no he de contradecir esa verdad, ni pedir, cuando el Rey le quiere dar: otro día volveré. 2. Y yo respondo, señor, mismo. Extraño valor; su Majestad diré cortesana hidalguía en vuestro intento. S Y los dos suplicaremos a Dios, que guarde a Vue. Señoría. Morón, Señor. Parte, y di a don Luis de Godoy, que aquí le espero. Sí voy me he perder. Cómo así? Sí fue, señor, su criado el que en la boca me dio, como he dicho; y me quitó mil ducados que le han dado, no se me ha de revestir una legión infernal, viendo el brazo criminal, que solo por conseguir su intento en aquella parte, donde el caso sucedió, en la boca me metió, el palo del estandarte. Siendo tan gran embustero, que ha publicado en Sevilla, que edifica una Capilla dentro de un Humilladero: y entre salvajes de hiedra, que ha de esculpir como en masa, dice el blasón de su casa con un escudo de piedra, siendo, a lo que yo imagino, las armas de este bellaco dos manoplas del dios Baco con una copa de vino. Luego en satírico das? Cuando es con justa razón, las sátiras, solo son un breve rasgo no más del castigo merecido, No son, sino una bajeza, en que la naturaleza muestra lo que siempre ha sido. No has visto en su exhalación el fuego a brevos centellas comunicarse, y en ellas declarar su introducción? Pues un corazón cruel es así, cuando se enoja, que en las centellas que arroja muestra lo que queda en él. El agraviado; señor, puede, sin ser maldiciente, hablar. Si no le consiente otra cosa su valor, que en una ofensa probada, mayor viene a ser la mengua del que ofende con la lengua, si no mata con la espada, Don Luis. Su Majestad espera tan cuidadoso, tan Rey, y tan generoso en su Real voluntad, que dos veces me ha mandado, que sepa si habéis venido. Qué es lo que le habéis pedido? Ni he pedido, ni me ha dado; que como pude advertir por vuestro el lugar primero al pelear, también quiero que le tengáis al pedir. Mi paivanza viene a ser de mi ventura, y sería especie de tiranía usurparos el poder. Porque la heroica grandeza del valor que habéis tenido, es patrimonio adquirido de vuestra naturaleza. Y no por mejor fortuna tengo de quitaros yo lo que a vos el cielo os dio, sin dependencia ninguna. No sé como engrandecer, ni con qué poder pagar el favor de adelantar a quien podéis excedes. En el haber referido lo que hicistes en la guerra, se declara cuanto enciera vuestro derecho adquirido. Mas como tenéis probada con el Rey vuestra opinión, y conmigo la intención, y no habéis de perder nada en dar, y favorecer, siendo el más digno en los dos, me dais a mí lo que vos llegastes a merecer. Pero yo, que considero lo que os debo confesar, me voy, para dar lugar a que vos pidáis primero. Don Luis, por vida mía, que no me hagáis ese agravio. Sois tan cortés, y tan sabio, que fuera en mi grosería; y si tengo de ofenderos, por haceros ese gusto, perdonadme, pues no es justo el dejar de obedeceros. Perinola. Mi señor. Espérate tú. Si haré. Por él al Rey pediré el premio de su valor en esta hidalga amistad, en que tu amo me obliga, quiero yo, porque consiga su intento, a su Majestad, lo que el quiere recibir, pedirle yo, para darle, por solamente excusarle la vergüenza del pedir, que al que al merecer despide estorbos de la intención, aunque llegue la ocasión mejor obliga que pide. Acaso has sabido de él lo que ha de pedir? Señor, y gran cohecha de amor en su corazón fiel, al desear, y al sentir; y que será caso llano, el merecer Castellano; y Portugués al pedir. Luego vive enamorado? Que es vivir, muriendo está, toda su vida es ya en parasismo abreviado. anotomía de amantes quede ser con su blandura, canto; que pinta en figura en sus intentos constantes. Tales son sus pensamientos, que aún suspirando al desgaire tiene en la región del aire confusos los elementos, a solamente pensar, estos días ha dejado espíritu encerrado, el alma de par en par. Y qué ha de pedir con eso? Está en palació la dama, causa de la ardiente llame, que de su parte confieso, quiere pedir, señor, su grandeza Real la corona conjugal este embelesado amor Para que yo le suplique y al Rey, que se la dé, dime, quién es? Sí diré; es doña Mayor Manrique. Válgame Dios, como ya nlo puede ser estimada, conocida, ni pagada nuestra amistad, quien podrá, voluntad mía, torcer vuestra amante inclinación, cuando vive en mi intención el alma de mi poder. Amor, solo tú has podido romper en mi voluntad las treguas de una amistad, que en dos pechos ha vivido. Al Rey le pienso pedir a doña Mayor, primero que el pida, que ya no quiero su quietud, si he de morir, Que su demanda admitida fuerza será el acabar, y me importa conservar en mi voluntad mi vida. Amigo al fin verdadero; porque no tomáis lición de sus entrañas, Moron? pero es don Juan Caballero, y tú, ni aún caballeriza: pidiérasle para mí mi dama al Rey, como aquí en esta amistad castiza lo va a intentar su valor, pleveyonazo en efecto. No me perdáis el respeto, que por don Juan mi señor no os he hecho el alma astillas, Vendrás a ser de esa suerte carpintero de la muerte, si adelgazas, y acepillas. Y vos, qué pensáis pedir? Lo que el Marqués de Pescara, Piudinarí. Cosa es clara, que así pienso proseguir la guerra de arena, y cal de aquel santo humilladero, Mil ducados son dinero para hacer un hospital, Pues muy poco me adelanto, aunque de envidioso camas, que ha de tener también camas este humilladero tanto. Camas P̱e̱ṟ. Camas, para aquel que se quisiere quedar a la vista del lugar, por solo no entrar en él. Pues no será necedad en invierno, y en verano, el hacer noche un Cristiano tan cerca de la ciudad, por cien pasos? Caminante hay, que en pecado a cansar, un toro no le hará dar un paso más adelante. Y de que se ha de curar en ese hospital que pones? No más que de lamparones, por aquí le he de enterrar. Ese mal es de importancia. Pues el remedio está llano. en trayendo un Cirujano tocado en el Rey de Francia, y porque nadie se queje, habrá sábenas de holanda, y colchones. De celanda, y será hospital hereje. Cómo hereje, vive Cristo, que es Católico. Qué es esto, dale la mano, y sea presto. Yo, señor, no me resisto. Y yo seré en su amistad. un Titolibio en arpón. Por vida. Quedo, Morón, que sale su Majestad. Llamaré a mi amo? Ahora muy bien le puedes llamar, ya que en primero lugar. padí la que el alma adora. Demás de haberte pedido, por ser tan buen Caballero, y por lo que yo le quiero merece ser preferido. Y que tú, Mayor le des la mano a don Juan, es justo, que de tus aumentos gusto, y este pienso que lo es. Muy bien del Rey mi señor y de vuestra Majestad. conozco la voluntad, y considero el amor, Pero si en estas consultas. del alma, también por sí ha de disponer en mí. Ya entiendo, bien dificultas, piénsalo muy bien primero, a tu gusto me remito, que yo tu bien solicito, y bien casada te quiero. Porque en este Sacramento, no incurre la resistencia en culpa, ni hay obediencia, si falta el consentimiento. Todos me llaman el Sabio, y no lo podré mostrar, si yo te obligase a dar la mano, haciéndote agravio, Ya tenéis presentes hoy los dos Polos de la gloria, de la pasada victoria. Pedid don Luis de Godoy. Llegad, pedid, qué esperáis? Que lleguéis. También aquí ha pedido para ti? Ya he pedido, vos faltáis. Que amistad tan verdadera, que de ti se haya informado de lo que me da cuidado para pedirlo quisiera. Pero no es copaz mi vida de poder satisfacer, aunque puedo agradecer amistad tan conocida, Alfonso, Rey poderoso, a quien sin hacer agravio el tiempo, llaman el sabio, y yo el sabio, y el dichoso. De los Alcázares soy en Carmona Alcaide ya, y en mí la Encomienda está de Almodóvar, con que estoy tan premiado, y tan gustoso, que con lo poco que tengo de mi patrimonio, vengo a parecer poderoso: que siempre viven, señor, los que ajustan su poder, sin mentir, y sin deber. Y solo me manda amor, que humilde, y agradecido, pida a vuestra Majestad conceda en mi voluntad lo que don Juan ha pedido. Que como el interesado en esta dichosa suerte, hasta el triunfo de la muerte viviré tan obligado, que se vea en mi lealtad una fe reconocida, No vi, señora, en mi vida tan verdadera amistad, que más pudiera decir, si huviera don Juan querido para él lo que ha pedido. Quién esto ha llegado a oír, que es pera, cielos, si ya un aleve un inconstante, falso, y fementido amante tan claros indicios da de un tirano amor fingido; pues cuando estoy padeciendo, para otro está pidiendo lo mismo que ha pretendido, y que tengo de callar. A Majestad de los Reyes, que poco os deben las leyes de amor, cuando importa nablar. Ya tiene don Juan conmigo conseguida su intención, y tu conjusta razón te precias de ser su amigo el si falta en este empleo de Mayor. Pues claro está, que también él si dará quien admite mi deseo. Tal fineza de amistad en dos amigos leales, merece premios iguales. A manos de tu crueldad te mate una ingratitud, pues truecas por un amigo la injusta fe que conmigo fingió tu solicitud. Temo el segundo reclamo, y os dio con la anticipada. Con eso quedó excusada la vergüenza de mi amo, que eso es saber obligar. Es posible que se fue, sin que mis brazos le dé? quien ha de poder estar en sí, sin poner primero, por tan dichoso interes, la humilde boca a los pies de amigo tan verdadero? Si pudiera enajenar parte de mi vida yo, se la diera a quien pidió lo que a mí me puede dar vida gusto, ser y honor: que se informase de ti de mi pasión? Señor, sí. Sea al mundo tu velor un ejemplo convenido de amistades verdaderas, que también en mi amistad, en mi fe, y en mi lealtad le verás tú, si le esperas. Que va a firmar imagino las cousultas. Pues aquí de paso sabrá de mí, que a besar me determino sus pies. Un poco esperad. Estame el Rey esperando, y no puedo. Si obligado no esperáis que mi lealtad satisfaga, y agradezca. Dad lugar que mis sentidos, se os muestren agradecidos, y yo, don Juan, os ofrezca una voluntad rendida. una atención admirada, una amistad confiada, y un alma reconocida No sé yo de que tengáis que darme gracias a mí. También en decirlo así nuevamente me obligáis, que el que es verdadero amigo: ejecuta la intención sin decir la obligación. Dónde vas, espera. Sigo a quien hoy me ha dado el sor en sacarme de un cuidado, en que hoy don Juan ha empleado su privanza, y su poder. Sigo el corazón leal de un Pilades cortesano, que con favor soberano; y con pecho liberal le pidió al Rey mi quietud el descanso de mi amor, y en el fin de mi temor la causa de mi salud. Luego de pena has salido por lo que ha pedido ahora? Y eternamente, señora, le quedaré agradecido. Infame, mal Caballero, aún ese desprecio más delante de mí, asidas, aleve, injusto, y grosero, respuestas mal merecidas de mis constantes deseos? tan malos son los empleos de una voluntad rendida? para otro pides él sí, que pensaba negar yo? tan presto, di, te cansó. la fe qué pusiste en mí? Salud es tuya el pedirme, descanso el enajenarme, no era mejor no engañarme. que injuriarme, y ofenderme? No te quiero yo argüir, si el quererme es justo, o no, que de ti mismo nació, y ha de ser tuyo el sentir. Ni aquí pretendo culparte en la parte de tu amor, pero de serme traidor, con que podrás disculparte? Señora, mi bien Villano, qué pretendes? dEntenderte, que si he de satisfacerte, y no te entiendo, es en vano. Pediste al Rey, que le diese a don Juan lo que pedía. Si pedí, y eso quería darle a entender, y que vise en dádivas, y en mercedes valer te de cuanto soy: que todo es tuyo hasta aquí, y más no, que no es razón aventurar mi opinión por favorecerte a ti. Bueno he quedado. Señor, para algo te ha de valer tu privanza, y tu poder, cuando le faltó al amor disculpa en sus desaciertos?

JORNADA TERCERA

Aquí de Dios, y del Rey, y de quien castiga insultos, que me han muerto quince bultos, sin razón justicia, y ley. El infame que me dio espere a que mi amo venga, que yo le diré, que tenga el mismo miedo que yo, Muy bien se que la emboscada de delitos tan atroces, tiene misterio, y a voces, digo, que no digo nada. Que me esté yo recociendo de colérico entre mí, y que se vayan así tan a su salvo riyendo. Que no hay en la vecindad, si quiera un alma asumida, de las que no pierden nada de pura curiosidad, Pues den de mí una querella, y habrá quien jure, que vio, que con estas voces yo desfloraba una doncella, Bien haya Guadalquivir, Sígueme hasta el desengaño, que aún tengo contra mi daño muchos caminos abiertos. Que aunque se puede ofender una amistad confirmada, y en dos vidas vinculada, también puedo responder, que en el injusto rigor de mis amantes desvelos, no caben virtud, y celos, ni hay amistad con amor, que os sabe hacer recordar. Qué tienes, di? P Vocear, ya que no puedo reñir: que venías dijo Alberto el paje, y yo liberal, viendo que está este portal tan de hay Jesús, que me han muerto quise bájar a alumbrarte, y hallé treinta enmascarados, repartidos, y arrimados, por una, y por otra parte. Quien va dije, y levanté la luz, y aquel que se halló más cerca, me tanteó dos, de la vela, y todo atontado. Estás herido? Los tantos te, lo dirán, que en mi cabeza estarán, sino es que se me han caído. Sangre tienes. Claro está, pero está que estás mirando, que sale, y me va dejando, mal puede tenerla ya; y este es don Juan, vive Dios. Bárbaro, estás en tu acuerdo, o estás loco? Loco, o cuerdo, la voz del pueblo es de Dios, y a voces dice, y aclama Estoile, señor, diciendo a don Luis, que no entiendo, que al que le falta valor para pedir, le tendría obligando a que le den. Pues no pides, dice bien. No es, señor, la culpa mía, si no de quien ha pedido con cautela anticipado. Algo hay en esto encerrado, parece que habla ofendido: pídeme cuanto deseas, que mi palabra te di, y he de cumplírtela aquí. Así, gran señor, te veas absoluto Rey de España, sin que en ella parte tenga el Moro, ni a darte venga disgustos en la campaña. Y así se vean también tremolar en tantas partes tus vallentes estandartes, que tiemble Jerusalén. Que por esposa me des a doña Mayor Manrique, que como ella replique en el dichoso interes de este venturoso empleos quedaré desengañado de mis servicios premiado, y libre de mi deseo. Aunque ya don Juan pidió lo mismo, en su libertad. he puesto la voluntad de Mayor, y solo yo ser puedo aquí pudoroso, para decir, que dé el sí, a quien quisiere. Ay de mí, que trance tan vergonzoso, Lindamente sabe dar vuestro amo un madrugón, pegónosla de antubión, sin dejarnos resollar. Pero aún nos queda esperanza, que la liebre que saltó, no es del perro que siguió, sino del perro que alcanza. Un privado dejará una mujer tan prudente. A eso, Morón, solamente os digo, que ello dirá. Mire vuestra Majestad a quien se inclina Mayor, y será el poseedor, sin que haya dificultad. Que en méritos tan iguales poco tendrá que dudar, mientras voy a despachar del Reina unos memoriales, se podrá hacer lo que digo. Bien presto sabré, señor, la inclinación, de Mayor. Venid vosotros conmigo. V Señora, mi amo es quien tiene más partes. Señora, el mío no se enamora, sino es cuando quiere bien. En su vida se ha rascado estando en conversación, ni ha sacado excomunión por cosas que le han faltado. Ni se le podrá probar, que haya perdido el respeto a Comedia, que en efecto todas tienen que escuchar. Jamás salió con razón que estorbase a quien hablaba, ni se disculpa, ni alaba ambicioso de opinión. Ni nadie le ha visto escrito en libro de mercader, pedir prestado, ni ser mi justo agradecimiento. Hay tal modo de injuriar, que vuelva a ratificar las penas de mi tormento? luego tú gustoso estás de que se case conmigo. Cón quién? Conmigo, enemigo, como ignoras lo que das, si me pides para él? Engañada estás aquí, que él te pidió para mí. Mientes, amante infiel, que el para si me pidio, y tú por el intercedes, de convencido no puedes hablar. Ni de absorto yo, pegonos, por Jesucristo, con la del Martes, que llaman, no supo con les que aman la que embelecó a Calisto, cual fue su mano derecha, obligó para fingir, anticipose a pedir, y nos dio con la derecha. Tan sin aliento he quedado, que en mi propio pensamiento me niego a mi entendimiento le confuso, y de turbado. Bien en mi color perdida; voz del alma en lengua muda, te digo cuanto ella duda. mis verdades asida. Déjame en tan grave culpa. buenamente respitar, ve aún no puedo arricular las voces de mi disculpa. sus, quien creyera tal de un hombre, en quien yo fundé si confianza, y mi fe, as quien pudo ser leal con amor? que para sí te pidió? No lo sabias? No cobre en mis venas frías mi espíritu aliento aquí. y apague esta luz vital al aliento de mi vida la universal homicida en el soplo occidental; sino imaginé que hacia mis partes pidiendo él sí, que solo ha de ser en mí el alma de mi alegría. Qué dices? de este criado se informó de mi intención, diciéndole, que en la acción del pedir avergonzado, se quería anticipar a excusarme del pedir la vergüenza del sentir, que en todo lo que no es dar, parece que hay sentimiento. No es más verdad vive Cristos ser para un enfermo un pisto particular alimento; A quién puede fácilmente darme la satisfacción que yo quiero, no es razón decirle otra vez, que miente. Si delante de don Juan me pides tú por esposa, creeré que no es maliciosa: tu disculpa, y estarán seguros mis pensamientos, Porque tú no me pidieras, si a don Juan dicho le hubieras, que abonabas sus intentos, Los Reyes salen, y aquí. verás en mi voluntad. la fuerza de mi verdad: Pide tú, y déjame a mí; Qué haces aquí, Mayor? si el cielo no le socorre, al primer cierzo que corre, o se cae, o se marchita. Jamás pienso que se ha visto, aunque se ajuste en sus modos, privado que esté con todos, bien juzgado, ni bien quisto, Y si el pueblo le desama. adquiere en lo que profesa suspiros para la mesa, y cuidados en la cama. Y finalmente señora, si en el menos poderoso es más seguro el reposo, aunque yo confiese ahora, que es mayor su autoridad, no es bien casarme, fiada en dicha que está fundada Luego no te satisface lo firme de su privanza? Si en el tiempo no se alcanza lo que el mismo tiempo hace, que lo que ha de sudeder, no se puede prevenir, cuando hay culpas que incurrir, y mestiras que creer. Y ahora que libre estoy a decir me determino, que solamente me inclino a don Luis de Godoy. Espérate, y dilo así, Sería no sentir yo, en la aspereza del no ni en la vergüenza dél vuestra Majestad podrá conocido ya mi intento, declarar mi pensamiento. Pues vete, que vienen ya. Quién, señora, fue el dichoso? Dónde, señor, ha quedado Godoy? Ah desconfiado, juzgando que el venturoso ha de ser don Juan por mí. pues, señor, mal lo ha advertido, que él solo fue el escogido, decillo a don Juan así, Pues por qué, si mi favor le ampara, desfavorece a un hombre, que la merece. Por eso mismo, señor, dice, que son la privanza bienes libres al quitar, y que no quiere fundar, en ellos su confianza. Porque si ha de padecer, solo el procurar es justo seguridad en el gusto, cuado no es firme el poder. V Qué te parece, don Juan, por estar favorecido de mi fuiste el excluido, y despreciado te dan. Que no te elijan a ti por ser privado de un Rey, no cabe en razón, ni ley, y no has de perder por mí. Pero aquí en el despreciar de quien te pudo excluir, solo debo yo sentir, mas no podré remediar. Que aunque es verdad que tu pena entre los dos se reparte, en mi poder podré darte, mas no en voluntad ajena. Solo el conquistar su gusto es el remedio postrero, que un amigo verdadero seré en cuanto fuere justo. Y tan de tu parte estoy, que seguramente puedes nidal de ningún garito. Solo en una conelusión está mi amo cifrado. Y es la razón? Ser privado, En esa misma razón de privado estás vencido, que hoy es posible privar, y mañana podrá estar. privado de haberlo sido. Qué es eso? Estos dos criados? que cada uno, señora, alaba a su dueño ahora, deseosos, y cansados. Majadero, en Dios espero, Salidos de aquí; acabad. Mire vuestra Majestad, que me ha dicho majadero en palacios! Yo diré aquello del estandarte. Apócrifo. En otra parte, allá os descalabraré. Mayor, en tu mano está darla a quien te inclinares que temas ni repares lo que el pueblo dirá los dos, a mi parecer muy buenos Caballeros, dientes, y verdaderos el decir, y el hacer. cuando en la aprobación dos no se puede errar, parte se ha de estar pide la inclinación. puesto que podrás escrúpulo elegir me puedes decir al apeteces más. Vuestra Majestad me diga de en esto le parece, aunque cualquiera merece, sus partes me obliga, como se ajuste mi intento a su parecer, podrá resolverse, y no tendrá estorbos mi pensamiento. Don Juan de Padilla es quien si esperas mi voto aquí, Mayor me parece a mí, que puede estarte más bien, Que aunque son los dos iguales en hacienda, y calidad, da por si la autoridad de las personas Reales, méritos a la privanza; y así fundado en razón viene a ser la estimación mayor en quien nas la alcanza. Y al fin mujer de un privado, gozarás sin tiranía esa humana idolatria, que el mundo ha reverenciado. Pues solo en eso, señora, que ya vuestra Majestad cuenta por felicidad para mi reparo ahora. La privanza más constante, es un género de bienes fundados en los vaivenes de la fortuna inconstante. Y en empezando a caer de suyo perdida gloria, no hay consuelo en la memoria, y solo de aquel poder le quedá el saber sentir lo que pudiera ignorar, y así es solo administrar las penas que ha de sufrir. El que granjea privando es jazmín vistoso, y tierno a los soplos del invierno opuesto siempre, y temblando. Y aunque se estrecha, y limita, el peligro en que has vivido, pues está favorecido del Rey y tú de su dama. Contra un hombre que llegó a ser tan afortunado, que está de un Rey amparado, que quieres que pueda yo? Quejarte. Dices verdad, pero aquí, amigo, es hacer, el callar, y el padecer, virtud la necesidad. Solo un consejo. Es error querer que te escuche en él, entra, y sácame un broquel, y una capa de color, que después te curarás, que la herida es casi nada. Lo que es para cuchillada, de quince puntos, y más, determinose al desgaire; pero como no tenía firme luz la puntería, torciola el brazo en el aire, y la dejó el antubión; aunque yo quedé aturdido, por virtud de lo torcido entre rasguño, y chichón.̱. Posible es que se trocó tanto en su naturaleza un hombre de tal nobleza? mas de que me espanto yo, si veo su imagen clara en mi propia voluntad: si la Real autoridad. de Alfonso me procurara reducir en mi intención, rebelde en mis pensamientos consagrara a mis intentos mi pertinaz corazón. Y así en mi obrara sin culpa todo cuanto el tuyo intenta, pues lo que a mí me atormenta te sirve a ti de disculpa. Antes de mi parte ofrezco abonar tu amor aquí, pues miro un retrato en ti de lo mismo que padezco. Y no disculpara bien los afectos de mi pena, si en tu causa, aunque es ajena, no lo hiciera yo también. Aquí están capa, y broquel, y por mi cuenta, si vas, ese pistolete más, que por lo menos con él, si llegan, de dale, y muera, dará el primer mascarón en tierra con la invención; y en la de Requien postrers, su cara descubrirá? las demás. Y mi valor en tan infame rigor, con que se disculpará el que atiende a su nobleza? nunca se ha de gobernar por quien llega a aconsejar con baja naturaleza. Quítale allá; pues te olvidas de quien soy, vil consejero, que ahora en ti considero muchas culpas cometidas de parte de los errores, por solo haberse servido de criados, que han tenido inclinación de traidores. Voy contigo? Para qué? Lindo modo de excluir pero al usmo quiero ir, quizá a buito vengaré el trasquilón retorcido, pues sin máscara, ni ensayo, seré un Júpiter lacayo de este rayo despedido. La noche sea conmigo, que en su mucha oscuridad confío de esta maldad el atronado castigo. Que cuando embistan, después ningún peligro hacen llano el apretón de la mano, y el afufón de los pies. Mal haya el que te confía de un hombre sin experiencia, sin valor, y sin prudencia. No es, señor, la culpa mía, que Perinola bajó al portal con una vela, prevenido, y con cautela. Pero de suerte quedó, que si el apócrifo Maste se pretendiere curar en hilas ha de gastar el premio del estandarte. Dios poderoso, y tirano de la quietud de los hombres, que títulos, que renombres, y calidades, en vano no se oponen contra ti, cuando intempestuosamente del corazón más valiente llegas a triunfar, si a mí me culparen esta acción, fulmina imperioso luego rayos de tu ardiente fuego, aprobar mi intención en tu poder, y en tu llama. que solo quien supo amar sabe también disculpar los errores de quien ama. Cada noche viene aquí al terrero, y esta es muy oscura; de los tres, que fueron contigo, di, cual con mayor osadía se llegará cerca de él a dispararle cruel un pistolete? Pernía, porque a mí me ha referido, que ha hecho bravas hazañas. Si él las ha dicho, te engañas en habérselas creído; que el que llega a presumir, y blasona en su poder, lo que le falta al hacer lo suple con el dedir. Pues llamaré a Palomeque. Ve volando, que aquí espero, que el que fue tan verdadero amigo tanto se trueque. Todo es ira, y rabia en mí, después que a penas de amor desde el cielo de Mayor segundo Luzbel En mi vida vi, Teodora, oscuridad tan terrible, que preciada de horrible la universal pecadora. Hora es ya, señora mía, que venga. Pienso que sí; si estaré yo libré aquí de la injusta tiranía de don Juan, con el poder de su privanza, nos pone mil estorbos, y dispone en la fuerza del querer, más viva resolución, para este esperado empleo, porque el alma del deseo se engendra en la privación, Gente habla en la ventana, Mayor, sin duda está allí, que a estas horas habla aquí a don Luis, sombra vana de mi esperanza perdida, por no morir, yo me arrojo al remedio de mi enojo, vida doy si quito vida. Don Luis parece que viene. Si vendrá, que es puntual un amante; si es leal. Matar, o morir conviene: mas qué es esto pensamiento, he de matar, si no es justo darle a mi Rey un disgusto, tan a costa de mi intento? Imagen suya lo veo, y cada vez que lo miro del golpe el brazo retiro contra un pertinaz deseo. Y conozco en mi intención, que un Rey por diversos modos, en los intentos de todos adquiere juridicción. Don Luis? Señora, sí. Qué pregunta tan sobrada, pues ya del alma informada sabía que estáis ahí. Don Luis dijo, esto es hecho, aquí esperaré escondido. Cómo no habéis parecido en el sarao?. Si en el pecho de un tirano poderoso, tanto a sus pasiones dado, celos, envidia, y cuidado, porque no llegue dichoso a veros, me han detenido esta dicha, que he de hacer? Pensar, que tiene poder para haberos impedido el tiempo, y no mi intención, la voluntad ni el deseo; que al paso que estorba, veo más firme mi corazón. En la que llegó a rendirse con valor, y calidad, posible es la voluntad, pero no el arrepentirse. Porque arguye un natural fácilmente desmentido, espíritu destraído, y corazón desleal. Si la humana diligencia de los hombres reducida a tormentos de mi vida, ya toques de mi paciencia se viera, me viera el mundo tan firme, y siempre constante, que fuera un ejemplo amante, sin otro ejemplar segundo. Jamás, señora, ha llegado a dudar mi confianza, ni a faltarme la esperanza; que fuera haber agraviado vuestro valor, he sentido, que solo por darme enojos me aparte de vuestros ojos un poderoso ofendido. Cada vez que determino la venganza en su rigor, persuadido de mi amor hallo que está en el camino tan puesto un Rey de por medio, que cuando me precipito, mis propósitos limito, y me aparto del remedio. Y así sufro en mis enojos, que el acusarle recelo, que será escupir al cielo teniendo abiertos los ojos. A la Reina decir quiero, que don Juan por ser privado, en su gracia confiado, de nuestro amor verdadero nos estorba el fin dichoso. Eso es menester mirar muy bien, si se ha de quedar ofendido, y poderoso. Esperad, mira si está seguro ese mirador. Quién va, eres tú? Sí señor. Quedo, que ha llegado ya, Entre todos me metí; y como es la oscuridad tanta, vengo en su maldad disimulado hasta aquí; a matar dicen que vienen a mi amo. Qué has traido? Todos, señor, han venido, porque por bajeza tienen que darse en esta ocasión; y Pernia está quejoso de ver que no se confía de su alentada osadía en hecho tan valeroso. Sí señor, y voto a Cristo, que si otro fuera el culpado. A este por lo desalmado me parece que le embisto. Treinta muertes tengo hechas, sin las de dos Religiosos, que maté por dos celosos con indicios, y sospechas. Y he llegado a desear, que aunque no me lo pagaran, y otra vez resucitarán, y por volverlos a matar. Que también se envicia un hombre. de ver que otro patalea, y cuando entre bravos desea tener opinión, y nombre. Lindamente le pegó, a Perinola de tajo, cuando rodó boca abajo con la luz que nos sacó. Rayo fuera en la Morisma quien de un tajo volcado dejó desencuadernado todo el desván de la Crisma. Yo quisiera que le iguale, sino se le va por pies, la sangre con un revés. Muy bien hará si le vale, El dice, que le he de dar en oro, o plata cabales, ciento, y cincuenta reales, pero que lo ha de matar. Ciento y cincuenta, es lechón? Menos? Sí, que un desalmado, aún de un hombre bautizado no hace tanta estimación. Si se convirtiera en ciento Perinola ha de morir. Plega a Dios, que al embestir, que no se le trueque el viento; que muchos hay confiados en su diligencia humana, que después al ir por lana han salido trasquilados. Dame el pistolete, y haz, que doblen por él, señor. Ya que estás en tu rigor confiado, y pertinaz, toma y llega, que aquí espero, tira, y huye diligente. Aquí encaja lindamente, madruga, y mata primero. Es un bulto que está allí a la pared arrimado? Él es, tira con cuidado, que si yerras, ay de ti. Muerto soy. No hay que esperar, mátole veníos conmigo. Buen Pernia, a mi enemigo nos falta por despachar. Qué has hecho bárbaro, espera, Ay. Teodora, muerta soy, sin pulsos pienso que estoy, huyamos, que no quisiera, que el Rey que salió de ronda viniese, y me vea a mí. Tan turbada estoy aquí, que no he de poder andar. Mirad que Es, señor, que han muerto un hombre, y está sin habla, y sin pulsos ya. Es posible tal rigor: y quién es? A saberlo iré. Cuando vengo de rondar la ciudad, llego a encontrar, a donde menos pensé, tan notable desventura: hombre muerto en el terrero, quien duda que es Caballero, que este sitio lo asegura. Poco en tus injustas leyes, dios tirano, cuando inquietan tus preceptas, se respetan las coronas de los Reyes. Que tantos son los que a ti te siguen, y te obedecen, que los amantes parecen república de por sí. Y aunque es tan grave la culpa de este imperioso cuidado, son tantos los que han errado, que hacen fácil la disculpa. Su capa será testigo, ya que con veloz carrera no dio indicios de quien era por huir de su castigo. Quién es? Don Luis de Godoy; apenas, señor, oí aquel pistolete aquí disparado donde estoy a ese hombre desdichado, que cayó muerto en el suelo, cuando le seguí, y al vuelo de su medroso cuidado, tan velozmente se dio su ya convencido intento, que en remolinos del viento su misma capa dejó, Y poco le habrá importado su recatada malicia, si de sí deja noticia en la capa que ha dejado. Porque ella, señor, dirá el dueño de esa traición. Que se averigüe es razón: llegad esa luz acá. Qué dices, estás en ti; tu propia capa no es esta? tu detenida respuesta te hace culpado aquí: no es tu capa? Sí señor, mi capa es pero cuando, cómo, o por qué? Confirmando se van tu culpa, y tu error, Dios sin duda te trocó los pasos, y te ha traido a mis manos convencido, porque te castigue yo. Muchos se han visto alejar de la parte donde hicieron delitos, que descubrieron volviendo al mismo lugar. Y en tus castigos los dos debemos estar dispuestos, pues no hay pasos contrapuestos los decretos de Dios. Y a su intento me remito, pues has sido sin disculpa, mariposa de tu culpa en la llama del delito. Solo vuestra Majestad divierta. Que hay que advertir, tú has mostrado al venir convencida tu maldad. o mismo que dicho has, justo que yo te arguya, porque si esta capa es tuya, con qué te disculparás? tienes descargo que darme contra el indicio que has dado? Con solo estar admirado podré, señor, disculparme; se si llega entre los dos si culpa a estar convencida, haciencia, y pague mi vida: de los misterios de Dios, dando quiere su poder vuestras culpas castigar sabemos admirar, pero no comprender. El hombre muerto es, señor, un hombre facineroso, según dicen, alevoso, tan resuelto matador, que si algún hombre tenía enemistades, hallaba, por dineros que le daba, en su injusta tiranía, la venganza fácilmente, A don Luis de Godoy, llevad preso. Preso voy, porque el cielo lo consiente. Qué es esto? Si yo supiera decir lo que es, no culpara mi desdicha, ni esperara a que ella se me atreviera. Os han acusado? No; pero tal indicio he dado, que estoy, sin estar culpado, casi por culparme yo. Esta es mi espada, tomad, que no he de estar ofendido de mi suerte; si han nacido de la inmensa voluntad del cielo aquestos extremos, pues muchas veces pagamos muchas culpas que ignoramos por otras que cometemos, Después que Pernia dio la muerte a don Luis, no sé a donde hallarle podré, porque también quiero yo, que cumpla lo concertado; que esto no ha de quedar bien, si a su criado también no le damos su recado. Y Pernia no ha de estar remiso en la ejecución, que es valiente su opinión; y está muerto por matar. Con qué lindo desenfado fuego al pistolete dio, y a don Luis derribó, un hombre de estos pagado es un rayo vive Dios, muchos admirando están el muerte, y mejor lo harán, cuando sepan que son dos. Quién va? Perinola? Sí. Sin capa? Sin capa estoy, porque tan piadoso soy, que por un muerto la di. Dijeron, que no tenía con que enterrarse el cuitado, y yo de puro turbado la dejé, no siendo mía. Pero apenas la solté, cuando estaba arrepentido, que es de mi amo el vestido, y dirá, que se yo que, Viste el muerto? No he tenido corazón para llegar, por solo no reparar la desdicha del tendido. Rodeado de la plebe está, y de la triste historia está haciendo pepitoria, conforme a lo que se mueve. Que buen gusto que tuviera, si estándole cara a cara mintiendo, se levantara, y a todos los desmintiera. El difunto? Yo no sé cómo ha de poder sufrir tantos modos de mentir, el que sabe como fue. Yo sé que si vos queréis me darán mi capa. A mí me tendrán respeto? Sí. con pagar lo que debéis, y decir, que en este punto anda por aquí don Juan, mi capa me volverán, y enterrarán el difunto. Y qué dirás cuando creas, que en esta vida serviste a ese espectáculo triste. Antes ciegues, que tal veas. Qué traes en las manos? Yo? Tú, que tan medroso estás. Dos pesadillas no más, por si la hora llegó; y no sin causa lo advierto, que podrá ser cosa es llana, que al difunto le dé gana de decir que yo lo he muerto. Que pague yo lo que debo has dicho, que debo yo? En esa que es otra, entró otro capítulo nuevo. Dicen, que en la faltriquera una memoria le hallaron de muchos que le pagaron algunas muertes que hicieron. Y que vos entre los tales tenades concertada una muerte, o cuchillada, en ciento y cincuenta reales. Vive Cristo, que es Pernia. En conciencia le debéis, y en su entierro, lo que habéis concertado, que sería lo demás trato encubierto, que el no faltó por su culpa, porque no hay mejor disculpa para no hacer, que estar muerto. Jesús mil veces, aquí a este me importa matar: amigo. Si habéis de hablar, no os acerquéis tanto a mí, que haré con dos el descarte; David sin honda he de ser, y si os yerro, y he a traer el paso del estandarte. Salado está el animal. Y tanto, que pienso yo, que el estarlo me sobró, pues eché a Pernia en sal: y que hay quedad advertido contra pistolete armado, pistolete anticipado, bien tirado, y mal creído. Si es Pernia, iré volando a decirle lo que pasa a mi amo a suerte escasa, murió con vivir matando. Esto pasa, y esto sé, y es menester remediar culpas que llegan a estas tan sin lealtad, y sin fe. Vuestra Majestad mandó a Mayor, que ella eligiese el esposo que quisiese: pero esto de que importó, si don Juan, porque se ve privado, y favorecido, a don Luis ha ofendido, Yo, señora no lo sé. A don Luis de Godoy, no deja la guarda entrar en palacio, ni llevar lugar, cuando fuera voy. Y como nadia examina, si es orden suya, o fino, nunca he remediado yo las culpas a que se inclina. Que mis damas no han de estar sujetas a la intención de una libre inclinación, donde hay quien pueda mandar. Pues como don Luis a mí no me lo ha dicho? Señor, por la gracia, y el favor que tiene seguro en ti don Juan; lo respeta, hechura de tu poder verdadero, mirando al criador primero por no ofender las criatura. Y de suerte ha respetado tus manos al dar la mía, que parece cobardía lo que ha sufrido, y callado, Y así humildemente pido a tu corazón piadoso, que lo hagas poderoso, señor, pero no atrevido. Que los Reyes estimados por sabios lo han de mostrar en el no disimular las culpas de sus privados. Juan de Zúñiga. Señor. Confía, Mayor, de mí, que hoy has de lograr tu amor. Notablemente entorpece una culpa los intentos, el alma, y los movimientos; en cada paso me ofrece un embargo detenido, la turbación con que vengo, y me confundo, y detengo acusado, y convencido. Lo que se puede pensar de mí quiero desmentir, con solamente decir, que pretendo apadrinar a don Luis, porque luego se case, que de esta suerte, cuando sepa el Rey su muerte, pensará que ignoro el fuego que traigo en el corazón, Y siendo así, claro está, y que doña Mayos hará y de mi persona elección. Que al Rey tengo de llegar, a mucho a su espíritu debe aquel que mata, y se atreve a querer disimular. Don Juan, qué color es esa? Na estoy bueno. Ni yo en mí, que en viéndote malo a ti naturalmente me pesa. De la cama me levanto, para pedirte, señor, una merced, y favor, pues me favoreces tanto. Afligido y pesaroso, de que digan, que por mí no da la mano, y él sí, y doña Mayora su esposo. Porque el pueblo no me culpe, te pido suplico, y ruego, mandes; que se casen luego, para que a mí me disculpe, Y demás de esto quisiera, que el oficio, gran señor, de Camarero mayor, que yo tengo, se le diera. Lindo modo de fingir, cuando sé que es muerto ya. Con esto, quién le podrá culpar? No hay más que decir, quien eso pide por él tan piadoso, claro está, que en nada le estorbará, envidioso, ni cruel. Mayor, tú te has engañado en lo que me has referido, que el que piensas que ha impedido tu voluntad, te la ha dado, Mi Camarero será, pues tú lo quieres, y digo, que eres verdadero amigo, pues por tu causa le está esta honra concedida. Muy mal la podrá gozar, sino es que le va a buscar la merced a la otra vida, Y que no me ha de quitar nada de mi gusto, es cierto, el haberle dado a un muerto lo que no puede guzar. Lo que hizo Perinola le podéis decir el Rey. Juan de Zúñiga, no hay ley como mi paciencia sola, y que vos calléis os pido, porque nunca ha negociado en palacio el desdichado, culpando al favorecido. IDon Luis está aquí, señor. No le debió de acertar, Venisos aquí a turbar, los dos estáis sin color, Señor. Pernia es el muerto. La oscuridad me engañó, y ahora lo quedo yo, siendo el peligro más cierto, perdido todo mi bien, Vive Dios, que se ha quedado de embustero congregado, cuando quiere que le den. Que os suspendéis, y os miráis, por una parte os contemplo de amistad un vivo ejemplo, y por otra me mostráis enemistad, y rencor: de don Juan, yo soy testigo, que es tu verdadero amigo, mi Camarero mayor eres por él y ha pedido, que abrevie tu casamiento, y así no sé yo qué intento puede haber suspendido. Porque no diga su culpa ha guarido cosecharme con casarme, y con honrarme, pues válgale por disculpa. Que tienes más que pedir, todo a tu gusto se allana, calelo luego, y mañana podrá empezar a servir, Quién ha podido igualarme en los modos del penar, pues aún para descansar no tengo de quien quejarme. Yo mismo, ay de mí, esforcé mi desdicha, y mi cuidado, mi propio ofició le ha dado de Camarero, y rogué al Rey, que le sea propicio, por solo disimular, y me he venido a quedar, sin mujer, y sin oficio. De mi mal intento naco la causa del padecer, que las colas que han de ser quien las impide las hace. Y así en mi propio escarmiento, fuerza es a vivir, y callar, pues me vino a castigar es pedir con mal intento. Da la mano en mi presencia. Siempre vuestra Majestad gozará en mi voluntad una perpetua obediencia, Brava dicha. Esto es, Morón, para que otra vez digáis, si mi muerte concertáis, que valga más que un lechón. Y aquí el Autor muy contento de serviros, y obligaros, da fin, para no cansaros, al pedir con mal intento.