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Texto digital de Los palacios de Galiana

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
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Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los palacios de Galiana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/palacios-de-galiana-los.

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LOS PALACIOS DE GALIANA

JORNADA PRIMERA

Esta es la gran Zaragoza, primera Iglesia de España, que el bárbaro infame goza, Hebro sus riberas baña, o Celín sus campos destroza. Aquí la Reina del cielo sobre un pilar, cuyo velo fueron los rayos del Sol, habló al Patrón Español, y dejó sagrado el suelo, lastimoso caso es, que a su gobierno sujeto esté el cielo de sus pies, pisémosla con respeto, y besémosla después. Bien pareces decendiente de Francia, y de agüelos santos. A españa! . El castigo siente justo por pecados tantos de su Rey y de su gente. La que a Roma no temía, hoy es de un alarbe esclava. Acabola toda un día una Caba. Que no acaba una mujer si porfía. Hablad paso de mujer, sino es que el ábito de hombre mi ser convierta en su ser. Pudo el ábito y el nombre, la memoria suspender. Tienes tan poca de mí, porque soy mujer, que vengo, Delfín de Francia, tras ti, que quieres el ser que tengo, y niegas el ser que fui: dichosa yo, que he sabido, solo mudando el vestido, no enfadar tu pensamiento. Estando en él, mucho siento, que no le hayas conocido, bien sabes tú, que te adoro, y que por tu causa dejo mi patria y Real decoro, que de mi padre me alejo, y vengo a servir a un Moro. Verdad es, que me ha tratado tan mal, que harta parte ha sido de haberle este enojo dado, más poco en todo he perdido, pues tu hermosura he ganado. Esta noche, si tú quieres Armelina ser mi esposa: verás, que no me prefieres en amor, ni en otra cosa de cuantas hacer pudieres, que Reino, padre, quietud, descanso, vida, y salud, siempre a tus pies han de estar. Esos quiero yo besar, Esa humildad, no es virtud, que no se ha de agradecer Armelina, al que recibe el bien. . Esa vengo a ser, hoy por ti mi honra vive; de esclava subo a mujer. Esclava, como, si fuiste de mi libertad el dueño. Aquí mi muerte consiste, ojos, despertad del sueño, que os aguarda un llanto triste; pero no asistáis a ver vuestro tormento y castigo, si quiera por no ofender la lealtad de un Rey amigo, deseando a su mujer. Ay de mí, que ya no puedo hacerle más compañía, pues más de quien soy excedo. Si quedo a ver este día, cuan sin esperanza quedo, que bien te mí que en llegando al primer lugar de Moros, se casarán, olvidando Reino, Rey, patria, y tesoros, solo el de amor estimando: Hay cuánto puedes amor! No me dais el parabién, Conde Arnaldo. . Sí señor, aunque a mí de vuestro bien me le podéis darmejor; y pues estáis en España, libre del Rey, con la hermosa prenda, que ya os acompaña, dormid vos con vuestra esposa, yo dormiré en la montaña. Con vuestra licencia iré a Jaca, y luego de allí a Viarne partiré: mirad que mandáis, que en mí jamás se parte la fe. Qué diré al Rey, si de vos me preguntare el intento. qué decís Conde. . Por Dios señor, que en extremo siento, que nos partamos los dos, que bien se, que un corazón solo en los pechos vivía. Estoy con tal confusión, que responderos querría, y apenas hallo razón, que siento tales enojos, de ver que razones tienen de satisfacer antojos, que hechas lágrimas se vienen a responder por los ojos de los que anemos salido de Francia, quien Conde ha sido el que enojo os ha causado. Nadie, señor, me ha enojado, todos me han obedecido, tengo que hacer en Paris, no me voy por otra cosa. Conde, si no me decís de esto la causa forzosa, en mi desgracia os partís. Esto es amor, esto es poner por Carlos la vida: vos sois Arnaldo Frances. La forzosa es mi partida, la justa es darme esos pies. Desviaos, no me pidáis, que en mi vida, Conde, os hable. Señor. . Idos ya, no os vais Bravo amor. Prueba notable. Jesús, señor, vos lloráis. Si Armelina, que un amigo como el Conde es gran resuro. Si así me obligáis me obligo a perderos el decoro: oíd, que a causa os digo. . Decid Bien sabe Armelina, que antes que vos la adoré, y que su beldad divina una vez os enseñé por única y peregrina; no os dige mi pretensión, vos, señor, desde aquel día la conrastes afición, y yo encubriendo la mía os dejé la posesión. Dicen, que allá en el infierno lleva Igión una rueda, Sísifo un peñasco eterno, y que a Tántalo se veda la fruta de un árbol tierno. Que a Prometeo en el pecho hace un águila sunido, y yo de todos sospecho, que las penas he sufrido agraviado y satisfecho. Callando en fin os hablastes, hasta que al Rey enojastes, y él se os mostró tan cruel, quisistes vengaros de él, y a los Moros os pasastes. A sacar os ayudé de en casa del Duque Astolfo su hija entonces, que fue a este mar de amar, el golfo en que mi vida anegué. Con ella vine hasta aquí, ya que veo que os casáis cosa que nunca creí me voy porque vos creáis, que para honrado nací. Que no estoy seguro os digo de mi deseo, aunque siento ver que os dejo, y que no os digo, porque solo el pensamiento no ha de ofender al amigo, Y como el pensar es cosa, que no está en manos del hombre: tengo por cosa afrentosa perder del amigo el nombre, donde es la culpa forzosa. Conde, vos la habéis tenido, y más me habéis agraviado en el mal que habéis sufrido, que si después de casado me hubierades ofendido. Si os vais, porque solamente el pensamiento no intente, mi ofensa estando conmigo, más pensaréis Conde Amigo, si estáis de Armelina ausente. Pero este día murió Armelina, para mí aquí mi amor se acabó: vuestra es Conde desde aquí. Jesús señor, eso no. Conde, no hay que replicar; yo os vuelvo lo que me distes, vos no os habéis de ausentar, lo que pedir no supistes quiero yo saberos dar, Armelina será vuestra, Armelina no será, Muestra esa mano. Qué es muestra. Creo, que conoces ya la inmortal amistad nuestra, dale la mano. . Señor, hacedme por Dios favor de que no le hagáis violencia. No hará, que darme licencia, pienso que será mejor. Porque ansí seré del Conde, como del Moro más vil, que el campo de Oran esconde. A su mujer varonil, y a su sangre corresponde. No porque el bajar de un Rey a un Conde, tengo por cosa, para quien soy, afrentosa, sino por guardar la ley de honrada, y de ser tu esposa. Extraña fue mi subida, llegué a tu cetro y estaba a tan poco amor asida, que en un instante se acaba, y comienza mi caída. Cometa tu amor parece, que se va cuando se ofrece, y está mi ventura ciega parece Sol de Noruega, que amaneciendo anochece. Sueño fue mi pretensión, falso me salió el diamante, mal profeta el corazón, viento la lealtad constante, y el alma camaleón. Y lo que es peor sospecho, que lo que el Delfín ha hecho, ni es amor que al Conde tiene, cansado del suyo viene, y del mío satisfecho. de los dos concierto ha sido para escaparse de mí, el que me ha puesto en olvido, irse el Conde, porque así no sea el Rey mi marido. Todo lo entiendo, señores, cuando el Rey no se casara para secretos amores, si amor tuviera, buscara otros entedos mejores. Pero que me canso en vano, vuélveme a Paris, hay triste! si Rey, a mozo liviano! la mano apenas me diste, cuando ya me das de mano. Vestido mal hecho he sido, que antes de haberme vestido, me das al paje privado; más pierda el Conde cuidado, que su amor rompa mi olvido. Tenelda, partid tras ella. Bayan Gésolso y Namoro, que yo no quiero ofenderla. Por Dios Conde, que la adoro, y que pienso aborrecerla. Gran gente va de camino. Son Cristianos. . Moros son Saber lo que es determino. Tras un armado escuadrón pasa un galán Sarracino. No me espanto, que el Rey mi padre sienta esta partida, siendo sin su gusto mi casamiento, que estorbar intenta. Pero si olvida el odio, y el disgusto que tiene con Galafre el de Toledo, verá como a los dos nos viene al justo. Hermosa Galiana, a quien no puedo nombrar sin un suspiro tan profundo, que en él parece, que sin alma quedo. Quisiera ahora ser dueño del mundo, o para conquistar de Polo a Polo, ser en la dicha Macedón segundo. Hijo soy de Aliatar único y solo, Rey es de Zaragoza, que no mira mejor ciudad en cuanto corre Apolo. Y no pienses, que es fábula o mentira, que aquí le rinden parias, rige, y doma a Denía, oliba, Jatiba, y a Ecija. Es infalible sangre de Mahoma, no como algún Almorabí bastardo, que sin ser de su casa el nombre toma. A ser tu esposo voy, gozarte aguardo, ricas aljubas llevo de colores de plata yoro, naranjado y pardo. Los caballos más lindos y mejores, llevo para servirte, que han pacido del cristalino Betis hierba y flores. De un bayo, que de perlas guarnecido todo el jáez la India tiene en poco, verás su hijar de mi acícate herido. Ya con juego de cañas en Ezoco, ya contra los Cristianos en campaña, y el Rey Fiuela su Asturiano loco. Un escuadrón hermoso me acompaña de pardoy naranjado color tuya, y de gente mejor que tiene España. Aguárdame que voy, y Ala concluya el justo matrimonio concertado, que todo viene de la mano suya. . Gallardo Moro. Y fuerte, a Moro honrado, quien es aqueste Caballero. . Audala, hijo del Rey de Zaragoza Amado. Va a dar por dicha alguna gran batalla. Si es batalla, Cristiano, el casamiento, o la va a recibir, o parte a dalla. Con quien se casa. . Con igual contento le espera el Rey Galafre de Toledo, del Español corona y fundamento. Tiene una hija, que decirte puedo, que se contempla el Sol en su hermosura, y que no la miró mortal sin miedo. Yo soy a quien Audala por ventura ahora fía más sus pensamientos, y me ha dado a guardar esta pintura. Estad Cristianos a su rostro atentos, mirad si aquestos ojos adornaran como estrellas de amor sus firmamentos. Viendo esta boca, los corales paran, ríndense los granates y rubies. Ellos más que tu lengua los declara, que quieres; porque un hora le confíes a un gran pintor, que con nosotres viene. Eso no me lo pidas, ni porfíes, que bien ves, que ni Audala se detiene, ni es justo que le copién a su esposa: guardeos Ala, con el poder que tiene. No vi en mi vida hembra más hermosa, a Celín, a Aliatar servir querría en aquesta ciudad tan populosa, mas por ser cerca de la patria mía, y por ver esta Mora quiero Conde, que a Toledo partamos este día. Si la vista al retrato corresponde, ella es hermosa por divino extremo. Iremos, si Armelina no se esconde. Que se querrá volver a Francia temo. s Habiendo de ser mi esposo deseo Celima amiga, que la fama de él me diga, que es Gentil hombre y hermoso. Mi padre tiene este gusto, y pues el mío ha de ser, querríale obedecer en lo que fuese mi gusto. Sin causa te desvaneces, aunque quiero disculparte, que en materia de casarte mucho a quien eres pareces. En llegando a tratar de esto, no hay mujer que no se pierda por más que parezca cuerda, y de pensamiento honesto. Creeme, que no ha de ser tu esposo Audala, aunque viene, que el cielo ordenado tiene darte a un Frances por mujer, Cosas me decís Celima, que si no te conociera, por fábulas las tuviera. A lo que digo te anima, que un Astrólogo Alfaquí tu nacimiento miró, y este papel me dejó. A veamos. . Dice así? Casárase Galiana con un gallardo Frances, y por quien vendrá después a ser en Francia Cristiana. pasará muchas fortunas, mas será madre de Reyes, que dando Cristianas leyes, vencerán alarbes Lunas. Cosa notable, parece fabulosa, porque ya dicen, que muy cerca está, a quien mi padre me ofrece. Y este es mozo Aragones, y del África deciende. Si el cielo darte pretende a tan gallardo Frances. Él sabrá con dilaciones impedir el de Aragón la cercana posesión. Larga esperanza me pones, pero mira si es posible saber quien es el de Francia. Sola aquesta circunstancia es ahora inteligible; pero por Ala, que ahora del Alcázar el jardín cultiva un hombre, que al fin mil veces por Francia llora, y apostaré que es Frances. Ese ya llega a esta fuente. La soledad de un ausente pena del infierno es, y si otra tienen allá que de este traslado sea, ningún nacido se vea donde tal pena se da. Aquí triste ausente lloro, aquí ha seis años que vivo, donde llorando cultivo estos jardines de un Moro, Las penas con esperanza de salir de ellas un día, no son penas, mas la mía si, porque ninguna alcanza. Oh como me he descuidado. Nizardo. Bella señora, queréis por ventura ahora de vuestro rostro un traslado; queréis algún ramillete. de claveles y azucenas, que ya el Alba a manos llenas las que ha pintado promete. Tú no eres Frances. Si soy: yo soy Frances por la vida. Una apuesta, aunque perdida hice con Zelima hoy, que alabando muchos talles de los Toledanos Moros, qué cubiertos de tesoros cubren las plazas y calles. Celima dice que son más gallardos los Cristianos, mayormente Castellanos. No vio los de mi nación, yo apuesto, que si dijera alguno, que en la distancia, que hay desde. España hasta Francia otra nación los prefiere, perderé un rico vestido, contra una toca no más. Pues señora, perderas, sin duda, y perdón te pido. De Francia vine a Castilla, donde en Madrid cautivé, y hombres en ella noté gallardos a maravilla. Es lo mucho el Rey Frucla, Rey de Asturias, y León, que reina en esta sazón; y en las armas se desvela. Gimen de Estuñiga es hombre, aunque moreno galán, Rui Vela, y don Sancho Illan, tiene justamente nombre. Albaro, Manrique, y Lara, y don Pedro de Mendoza. Y Audala de Zaragoza, no es bizarro en talle y cara. No le he visto. Que más bellos que Mudarra y Ardáín Si hablara en Francia el Delfín puede ser Fénix entre ellos, que aunque es verdad, que es gallardo el Almirante Alárico, el gran Condestable Enrico, el Conde Arnaldo, y Ricardo, el Delfín es alabado, mas por Ángel que por hombre Es ese su nombre. Es nombre que toma del Delfinado, que es de Francia cierta parte, que el hijo mayor del Rey le toca por justa ley. Este es un Adonis Marte, que la hermosura en la paz iguala en fuerza en la guerra, no ha nacido hombre en su tierra de más grandezas capaz. El nombre de su Bautismo es Carlos, Blanca es su madre, y Clodoneo su padre, caudillo del Cristianismo. Ay Celima, si este fuese. A ratos la ociosidad, en aquesta soledad, como principios tuviese, me ha enseñado a ser pintor, y un rasguño de un papel, sacando y mirando en él, quise imitar de color: este naspe se parece a Carlos. Muestra Nizardo. No miente. Qué grave rostro. Excelente, premio el cautivo merece. Unas serías quiero hacer contigo. Ya el naipe es tuyo. Ya mi corazón es suyo, basta que hay amor sin ver: hizo la fama aposento por el oído el recato, y cuando llegó el retrato, quedose el huésped de asiento: estas sortijas te doy. Tú pies beso. Gente viene. Ya el alma Francia me tiene. Tan presto. de Carlos soy. Quédense todos atras, cerrad la puerta al jardín. El Rey te busca. A que fin. Ahora de él lo sabrás. Ansí podré, sin que me turbe hablarla, con el padrino de la gracia tuya: llega señor, y di que traigo joyas, y en el alma los fuegos de mil Troyas. Con Reduan criado de tu esposo nuevas de su salud hija te envía. Tus años guarden el cielo poderoso, en vida de tu alegre compañía. Audala descendiente generoso del gran Profeta, a quien la Monarquía espera de Aragón, en cuanto el rayo del Sol baña las fuerzas de Moncayo: salud te envía, y queda a tu servicio entre los altos montes de Toledo; pide licencia para verte indigno, del grande amor que encarecerte puedo, y en prendas de tan rico beneficio, aunque con humildad, respeto, y miedo, te envía lo que aquí refiero, escucha, corto es el don, la voluntad es mucha. Cien alfombras, cuyo oto al Sol se atreve, los rapacejos con aljófar todos, diez aljubas bordadas, en que lleves sus piedras el despojo de los Godos, docientas alcandoras, que la nieve no excede su blancura, de mil modos, gayadas a colores y matices, tres paláfrenes, sillas, y terlices, los dos de Frisia son, y el otro de Francia, aliñadas las crines y los rizos con sus andillas, cuya tabla y banco es oro, hasta los mástiles macizos, con limpias fundas de encerado blanco; dos pabellones de campaña hechizos de tela azul con mesas de marfiles, y guarniciones de evano sutiles: seis arcas de cipres limpio oloroso, y dos camas bordadas sobre gasa, con muchas joyas de valor precioso, adonde el arte de sí mismo pasa. esto te envía, y queda deseoso, de besar los umbrales de tu casa: mira que le respondes, da licencia que venga y goce tu Real presencia. Decid a Audala noble mensajero, que en todo al Rey mi voluntad remito, ley es su gusto, lo que quiere quiero, solo agradarle estimo como es justo, recibo el don, cuando os iréis? . Primero ver a Toledo, cuyo gran distrito el Tajo baña en forma de erradura, viéndose en él su inexpugnable altura. Veré sus torres, y notables casas, aunque sospecho, que excusarlo puedo, habiendo visto en vos las más hermosas, que el cielo hizo, ni crio Toledo: las estrellas de Audala son dichosas, y de las vuestras tan contento quedo, que le pienso decir, que Galiana mas es Diana, que criatura humana. Con esto, y con besar en nombre vuestro la tierra que enoblecen esas plantas, me voy, guardeos Alá, y el señor nuestro. o Sirena de amor, que hablando encantas! No muestras más placer. Basta el que muestro. Poco en favorecerle te adelantas, pues mira, que es Audala el que se parte que esto fingió por verte y por hablarte. Que este es Audala. . El que ha de ser tu esposo es el que viste y de Aliatar es hijo, tu tristeza me deja receloso, quisiera, que mostraras regocijo. No habiendo visto a un hombre, fue forzoso, después de haberlo oído atenta lo que dijo, estar compuesta y grave, que no es justo mostrar tan presto regocijo y gusto: esté algún tiempo en la ciudad y el trato, me obligará al amor, que no le tengo, que este vence el silencio, y el recato con quien ahora su valor detengo. Solo por darte gusto lo dilato, mas que podré decirle. . Qué prevengo lo que pienso llevar en mi partida. Tú sola puedes aumentar mi vida. Aquí están, gran señor, unos Franceses que vienen, según dicen, a servirte, y porque de besar tus pies les dieses licencia, esto me envían ha decirte. Espántome, que albricias no pidieses. A tiempo estoy ahora de pedirte, que me hagas merced. . Es esta gente de Europa la más noble y excelente. Son hombres principales. . Sonlo tanto, que todos tienen títulos famosos. Ellos serán del Castellano espanto. Que son por tanto extremo belicosos. Si verlos quieres, echa al rostro el manto, Que algunos hay notablemente airosos: di que entren. . Aquí están. . Qué hermosa gente Un no se que, Celima, el alma siente. Próspere tu vida el cielo. Guarde Alá tu Majestad, gran señor, de la ciudad más bella que tiene el suelo. La fama de tus grandezas, la guerra de tus contrarios, que por discursos varios cuenta el mundo entus proezas, y el saber el galardón que a los que te sirvendas, por quien hasta en Francia estás rico de noble opinión: de ella a servirte contento nos trae por varias tierras entre las armas y guerras de tan varios movimientos. Sueldo queremos ganar pero es de tu gracia sola, en tanto que en tu Española tierra nos le quieras dar. Nobles Franceses, estoy tan contento de teneros en mi casa, que de veros en ella a Ala gracias doy. Él debe de haber movido vuestros esforzados pechos, tan dignos de heroicos hechos, por algo en que le he servido. Gozará por esta empresa, en que mi remedio trata, una lampara de plata a la mezquita Cordovesa enviaré, por ver que toma a cargo el mal que en bien trueca; hasta la casa de Meca satisfacción a Mahoma, Preguntar, si habéis nacido nobles excusa el miraros, pero no de preguntaros vuestro Frances apellido. Todos lo somos señor, aunque no todos iguales, pero en el serte leales. Este gallardo es Rugero, y a mí me llaman Ricardo. Bello es Rugero. Gallardo. De todos grande honra espero: con vosotros solamente pienso hacer al Asturiano temblar el cetro en la mano, y la corona en la frente. Dentro de mi casa quiero aposentaros a todos, veréis de los nobles Godos su fuerte asiento primero. Divertido estás. . Estoy Nemoro viendo la Mora. Desde el Ocaso a la Aurora de bella el nombre la doy; razón Audala tenía. Tenía tanta razón, que en viendo su perfección, perdí Nemoro la mía. Ya Jesolfo, se ha cumplido de Carlos el gran deseo. Todo en sus ojos lo veo, dándole al alma el sentido, debe gallarda Armelina de procurar olvidarte. Que ha de ser el Conde parte. La amistad es ley divina, no dudes, de que serás del Conde. . Seré su fin. Está cierta, que el Delfín no quiere quererte mal. Si ya no es, que hace efeto aquí la imaginación, las señas de Carlos son, este es su rostro perfero. Posible es, que este se llame Rugero, y Carlos no sea. Que en este punto me vea, cielos, por el Conde infame: estoy por dar voces. . Calla, y espera un dichoso día. Con justa causa venía tan enamorado Audala: ay Mora, con que donarre quitas y pones el velo, y cortina de ese cielo. Ojalá viniese un aire, que de la cabeza hermosa se le quitase Delfín. Que a Galiana el jardín dejemos, es cosa justa; venid y descansareréis. Vamos señor a servirte, que hay. . Mil cosas que decirte. Hola paje. . Qué queréis. que te ha parecido. . Un cielo Allá hablaremos de espacio. Qué decís? . que es el Palacio de los mejores del suelo. Dime paje, que es sin duda este mancebo Rugero. Este es, Reina, un Caballero, que en lo que quiere se muda, no tiene en cosa firmeza, es por extremo inconstante. No era bueno para amante, pero en fin tiene nobleza. No hay dos hombres en Paris, que tengan nobleza igual, mas no le pidáis leal, que un imposible pedís. Para servir a un extraño mucho importa la lealtad. De que no trata verdad con ninguno, es desengaño; bien puede ser que esto tenga excepción con sus amigos. Pues en tiempo de enemigos no es bueno, que otro nos venga, lástima es que de eso falte a lo que el talle declara. Son del oro de su casa las falsedades esmalte, verdad es, que con mujeres usa de aquestos enredos, y no tiene en mil Toledos para mudar pareceres. Hombre es, que por un amigo dejó una dama tan noble como él, y en lealtad al doble, más Dios le dará el castigo. No muestras comer su pan. Sus carnes comer quisiera. De rabia. . De rabia fiera. Notable paje. . Galán. Qué te ha hecho. Ah me engañado. Cómo. . Quitándome un bien. Mas que está el paje también Galiana enamorado. Concelos debes de hablar. Notables los tengo de él. Privas por dicha con él. Solia un tiempo privar, y déjome por Ricardo. Qué Ricardo? . ese su amigo A todos no da castigo ese tu Frances gallardo: ha me parecido bien. Eso tiene de ventura, pues aunque mi mal procura; me lo parece también. Conocerás un retrato, si te le muestro. . Si haré, si es de Paris, porque fue con lo principal mi trato. (ma. de Paris es. . muestra. . To Carlos es este Delfín de Francia. . En este jardín hoy a estado por Mahoma, quiera o no quiera Rugero, que yo se qué Carlos es. No es este Carlos Frances, pero es tan buen Caballero, y en extremo parecido, tanto, que mil se engañaban, que por el Delfín le hablaban, siendo por Carlos tenido. Que sea Carlos, o no, pues es tan bueno, este sea el que me goce y posea, que el cielo ansi lo ordenó: como es tu nombre. . Armelín. Pues Armelín, tú has de ser hoy mi remedio, hasta ver de esta mi esperanza el fin. Habla a Carlos de mi parte, que la Cristiana que pierdes, porque de ella no te acuerdes, quiero a una Mora trocarte. A Celima te prometo, si le dices mi pasión. Éntrate a ver mi afición del alma a lo más secreto; por tu vida que le adoro a Armelín, si tú a Rugero. Si aquí no me desespero, no es mucho volverme Mord: buenas las galgas están, ved en lo que amor me mete, que una me hace su alcaguete, y la otra su galán. Qué estás pensando Armelín? Que tu amor remedio tenga Dile que esta noche venga a hablarme por el jardín, y podrás venir con él, porque Celima te goce. . qué hora. Venga a las doce, querrás tú. . Muero por él. Adiós Armelín gallardo. Hermoso Cristiano a Dios, Mahoma os guarde a las dos de que gocéis lo que guardo. Que eternamente los cuarenta y nueve Pretendan agotar el lago Hberno, Que Tántalo del agua y árbol tierno, Nunca el cristal ni las manzanas pruebe. Que sufra el curso que los ojos mueve De su rueda Igión por tiempo eterno, Que Sisifo llorando en el infierno El duro canto por el monte lleve. Que pague Prometeo el loco aviso De ser ladrón de la divina llama, En el caucaso que sus miembros liga. Terribles penas son, mas de improviso Ver su amante en los brazos de otra dama, Si son mayores, quién lo vio lo diga? Un mes me manda ahora este Rey bárbaro, que Galiana le pidio de termino, Ramón, que se dilate mi proposito, para que sea mi mujer legitima: hasta que de él lo supe estaba incredulo, que como estuve de mi bien tan progimo, tan larga dilación tuve por fábula. De que sirvio mi caminar solicito, de que el hablarla con tan largo prologo, de que el buscar en los cristales humedos del ancho mar las perlas en sus nacares, la perla y blanca plata, el oro lucido, entre los Indios bárbaros y Etiopes, hasta debajo de la Zona Torrida, cosas más raras que la Fénix unica. Adonde falta del amor el vinculo, no es necesario consultar Oráculos, para ser de su mal un hombre Astrólogo: no ha un hora Rey que a mí me dijo Fátima, que antes esta mujer tomará tosigo, que se entregue a tu amor en lazo intrinseco, porque es juntar un áspid y una torrola, y yo se que es señor testigo autentico. Si esto es verdad, no se si estos Alcázares mas que los muros del Troyano celebres, ueden estar seguros de mi cólera. Ves estas puertas y edificios Góticos, pues haz cuenta que son sus mismas carceles, y que estoy en su pecho como vivora: mas que es la causa de que sea más áspera, que si naciera por los campos Líbicos, siendo criada en las floridas márgenes del claro Tajo por sus campos fértiles. Tenerte de mi pecho en lo más íntimo, me esfuerza a que te diga el duro oposito que contrastó tus esperanzas felices: no has visto este Frances, que del egército del Rey es General. . Se que es un Príncipe según dicen, Cristiano, y muy fantástico. Pues ese pienso, Audala, que fue polvora para tu incendio y de tu daño estímulo, que de este pienso que es Galiana idolatra. Hoy levantado al Sol como otro Dedalo, queriendo hacer sus pensamientos Ícaros, salió picando un Andaluz de Cordoba, haciendo en él mil escarceos, y círculos, dando mil plumas a los vientos fáciles: viendo el bridon los Moros y Genizaros, entre ellos nuevo, con aplauso esplendido le llamaban Cristiano Marte armigero, y Galiana, de los blancos mármoles de su balcón, después de un gran diálago, le echó unas ramas de olorosos trevoles. No digas más, que ya cual de otro Lipano arroja el alma de mi pecho mísero, cometas de suspiros y relámpagos, en él los celos, como duros áspides, ponzoña siembran, y abrasado Arsenico: pero has visto Ramón rota el alcandora, partir el Alcotán para los árboles, y alborotar el escuadrón de pájaros, pues yo con curso más veloz y rápido, pienso matar ese Frances, o Esguizaro, y no como Alcorán, si no como Águila, quien duda, que el terrero muy domestico ronda denoche. . Piensa que es un Hércules y que puede quitar más vidas quo atropos. Ansi. Ramón, pues yo seré su túmulo, porque apenas saldrá la Luna erratica con sus Luceros, y la bella Andromeda, cuando, si no es acaso Nigromántico, vierta sangre a mis pies, en vez del tálamo, y Galiana por su rostro aljófares. Mira que intentas una grande máquina, pero es que estás ahora melancólico. Presto verás el fin de aquesta fabrica. El Rey viene con él. . Vengarme espero. Retírate, señor. . de Celos muero. Del amor que te he cobrado te quiero dar un testigo, Rugero, el más abonado, que en viéndote fuiste amigo, y en tratándote privado. Y en mi guerra General eres conguión Real, y en la paz mi secretario, bien verás, que es necesario el pagarme con ser leal. Hoy sabrás un pensamiento, y de muy pocos le fío, quien duda, que ya tu intento juzga el pensamiento mío conforme a mi entendimiento. Dirás que quiero salir a conquistar a Castilla, dirás que quiero pedir socorro al Rey de Sevilla, y hasta las Asturias ir, dirás, que en aquesta edad, conforme a mi calidad, es tratar cosas tan grandes. No diré, como me mandes, que te diga la verdad, antes es tan diferente, lo que tengo imaginado, que cuando decirlo intente, has de quedar admirado, que tal piense, y que tal cuente. Licencia te doy que digas lo que sientes de mi pecho. Pues ha decirlo me obligas, sabe, señor, que sospecho. Ya te aguardo que prosigas. Que quieres bien. Verdad es, mira si con causa estimo tu ingenio, galán Frances; esto a fiarte me animo, y toda el alma después. Conmigo esta noche irás, dónde a Celima verás, que es alma del pecho mío, es la ley del albentío, y es mi Mahoma que es más: música habemos de dalle. No es dama en Palacio. . Sí Ayer vi su cara y talle. Yo a seis meses que le vi, y tres que intento gozarle: lleva a Ricardo contigo. Ireme a armar. Juntos vamos. . Aslo oído. . Este enemigo viento, soñando estos ramos, no quiso hacerme testigo: pareciome que decía, que con extremo le amaba. Y a mí, que darle quería, su hija, y con él pensaba conquistar la Andalucia. Esto es hecho, yo soy muerto, mísero de mí, que estoy anegándome en el puerto de un peligro en otro voy, adonde el mayor es cierto. Mas ójalá, que la muerte de tanto mal me descanse: mas que es esto pecho fuerte, daño puede haber que amanse el fuego que el alma vierte. Soy yo Ándala, soy aquel que fui por lo menos nieto del valiente Bravonel, soy el que tuvo sujeto al Rey de Alcirá en Terbel. Soy aquel que hizo batalla con Inigo de Mendoza, y me deja solo Audala de mi sangre tan fogosa, y me dio un guante de malla. Soy yo a quien la gente Mora por su caudillo ha tenido: mas qué importa serlo ahora, pues que sor aborrecido de una mujer que a otro adora; más crea Galafre fiero, que he de vengarme. . aquí viene otro Frances Caballero. Salir, como digo, tiene el Rey, señor, al terrero. Habla bajo, que hay aquí gente, que sabrán de ti cosas de tanta importancia. Presto. Ramón, verá Francia otro Rodamonte en mí. Ya se van, da me licencia, que te hable sin el velo, que nadie con tal violencia, como cortina del cielo ese Sol de tu presencia. Conde, diamante es mi oído, si has visto el mar arrevido, haz cuenta que hablas con él, o con un toro cruel, que corre al agua corrido. Haz cuenta que a un áspid ruegas, haz cuenta que a Libia llegas, y entre sus áspides vives, haz cuenta, que a los Caribes por guésped por vida entregas por tu causa estoy perdida, de Carlos aberrecida, y de mí misma también. Justifica tu desdén para quitarme la vida, ay Armelina, no adviertes, que primero me quisiste. Ya se trocaron las suertes. Estando, señor, tan triste, justamente te diviertes. Quién va. Los amigos son. Mira si acaso al balcón del cielo de esa ventana quiere salir mi Diana, para ver a Endimión. Señor, tu hija ha salido. Dile que se vaya presto, que por Celima he venido, pues no es bien que escuche aquesto en víspera de marido. Retírate, pues, allí mientras la habló. Si haré. . Es Rugero. . Señora sí, pero hablarte no podré, que viene tu padre aquí, y que te vayas te manda, que quiere hablar con Celima. Hoy es amor de mi banda, ponte aquí detrás, y arrima los pechos a la baranda, irasme diciendo quedo, lo que a Rugero diré, pues hablar con el Rey puedo. Lo mismo concertaré con el Rey. . Notable enredo, dilo. . Ya se fue de allí tu hija, señor. . Pues llego. Díjome Celima a mí, que los rayos de tu fuego pasen cual vidrio, por mí. Cómo. . Que de tus fatigas le diga lo que tú digas; porque hay damas, que pasean el corredor, y no vean cuanto a servirla te obligas. Bien dices, parte, y detrás de ti, diré lo que quiero, y tú a Celima dirás, ella nos habla primero. Ce, quién es. . El Rey no más Di que la adoro. Señora? yo os adoro. Di, que yo el alma le doy ahora. El alma os doy. . que me dio. El alma. . Tanto me adora: di que desde que la vi estoy perdido. . Perdí la vida cuando os miré. Di, que rendida quedé. Digo, que a vos me rendí. Ahora di que es más bella que una estrella. . Más hermosa sois, señora, que una estrella. Di, que he sido muy dichosa de haber nacido con ella. Con buena estrella he nacido en haberos merecido. Di, que será mi mujer. Mi mujer habéis de ser. Di que será mi marido. Vos mi marido, señor. Ay quiéralo el santo Alá, dile, que a su gran valor rindiendo el mundo se está, y del mundo el Rey mayor. El mundo se rinde a vos, y el mayor Rey. Di Celima que pues lo ha querido Dios lo que le estimo y me estima, paremos aquí los dos. Bien es que este amor juréis. Di, que por Dios lo aseguro que la adoro. . Bien sabéis que os adoro, y por Dios juro que os quiero más queos queréis. Di, que ella jure. . Jurad lo que me queréis a mí. Por su ley y mi verdad, que estoy sin alma le di, y es del alma la mitad. Por vuestra ley, que sois ya la mitad del alma mía. Dile, que en mi alma está. En mi alma estáis el día del cielo saliendo va. El rostro asoma sin duda. Quedaos, que no es menester Moros que me deis ayuda, ya que para amanecer el Horizonte se muda. Cantad algo. Ya queremos. Cantar quieren, (son. comencemos con las armas a hacer Qué es esto. Traición, traición a Rey. . A ese obedemos, perdona, que Audala soy, que con celos de mi esposa tan desatinado voy. Por Ala disculpa hermosa. Señor. . Enojado estoy. Vámonos todos con él. Oye, Armelina. Es forzoso, Conde, que vaya tras él. Quién comienza a ser celoso corre tormenta cruel.

JORNADA SEGUNDA

La disculpa que me das, es por consejos ajenos, y pienso creerte menos, cuanto te disculpes más. Mas ya que amor en tu abono jure que celos han sido, que celos hayas tenido, es lo que no te perdono. Tu estabas en el terrero, tu celos de Galiana, ella honesta en la ventana, y tú en la calle tan fiero. Eso no, y has de saber, que hallaré yo muchos hiernos de tu sangre, y tus gobiernos, y tú no mejor mujer. Y aún de haber imaginado, que puede serlo el Frances, porque no venga después Audala a heredar tu estado. Que él en Francia Reinos tiene, y yo por fuerza querría tu tierra, porque a la mía juntarla en una conviene. Esas alas te han nacido, con que tan alto has volado, que antes de haberme casado me tratas como ha marido. Pues advierte, que aún no soy tu yerno, que si lo fuera, solo por eso perdiera del punto en que ahora estoy. Celos tuve con razón, si la puede haber en celos, que aún hay celos en los cielos, si azules los cielos son. A honra de Galiana, celos engendra mejor, que celos donde hay honor, es proposición muy llana. No porque la vi perdida, quise venir a cobrar; pero quísela criar antes que fuese nacida. Si antes de la posesión tuve tal desconfianza, fue querer, que aún mi esperanza no tenga mala opinión. Pero si ellos la señalan, y la ha de haber en mi bien, ellos la tendrán también, si en el mar de amor me igualan. Y por vida del Frances, que no presumas tan loco, querer estimar tan poco Audala Rey Aragones. Que a no tener más respeto a quien soy, que tengo al Rey, a la usanza de su Ley me atreviera ha hacerle un reto Aún diera de mejor gana la muerte, mas tengo miedo de enriquecer a Toledo con prendas de Galiana. Moro, nunca los Cristianos, mayormente los Franceses, que en efeto son corteses, son tan soberbios y vanos, Si al Rey no tienes respeto, no me espanto, porque es ley de bárbaros, donde el Rey vive al súbdito sujeto. Dices, que al Rey aconsejo lo que te ha reñido aquí, y es cosa, que nunca vi, que aconseje el mozo al viejo. No le he dicho por Dios nada, demás que él se halló presente cuando temerariamente vimos tu cobarde espada. Donde porque conocío, que el Rey en la calle estaba, salió tan furiosa y brava, y tan necia se envainó. Que a estar solo en el terrero una sombra de un Frances, tú le mostraras más pies, que al aire un cierbo ligero. Los celos de Galiana antes que fueseis casado, muextrante necio, y no honrado y de condición libiana. Decir, que el Rey me la da confirma bien tu locura, porque ni el Rey lo procura, ni en mi pensamiento está. Pero cuando me la diera fuera de un Cristiano hontada, que es de diamante su espada, y su condición de cera. No soy Delfín, porque en fin la tierra pienso habitar: mas si alborotas la mar, seré Delfín de tu fin. En la gana de matarme poca ventaja me llevas, aunque por Dios, que si pruebas, que no has de hallar en que dar Y esas perlas, que por mí, dices, que han de enriquecer a Toledo, podrá ser, que te empobrezcan a ti. Pero por resolución de lo que has dicho y pensado, en que me hayas agraviado, y ofendido su opinión. Sin ser esposo ni amante; delante de los presentes, digo mil veces que mientes, y que tomes ese guante. Que haya de estar tan sujeto. Mano metes. . Fuera digo. Prendedme aqueste enemigo O pese a tanto respeto. (poco; Tente Audala. Yo tendré la espada, que no haré pero cumple Frances loco el guante, palabra, y fe, que si sales, vil Cristiano, te pienso matar seroz, no más de con una coz, que no he menester la mano. Qué fuerza. A Alcides imita. No lo tengáis por donaire, que has de pasar por el aire las torres de la Mezquita. Y a las mismas luces bellas has de llegar. . Brazo suerte Tan alto, que pienso hacerte pedazos en las estrellas. Vere luego de mi tierra. Ireme luego a la mís, donde verás a gún día el valor que Audala encierra. Que bien aben los Franceses, que en tiempo de Carlo Magno no fueron a Francia en vano los Moros Aragoneses. Y si allá todos no hicieron con ser tantos resistencia, dos que están en tu presencia, que valor te prometieron. Y tú pues el Rey me niega, que vengue el guante arrojado, ven si te precias de honrado, que aquí te aguardo en la Vega Suplicoos me deis licencia, señor. . Detente Rugero, que aún para holgarte no quiero que faltes de mi presencia. Mucho holgara, que tu hyerno antes que conmigo diera en las estrellas, le hiciera pedazos en el infierno. Yo yo soy tan arrogante Frances, mas diga el Moro, si de Francia algún tesoro a España trujo Agramante. Todos murieron sin fruto, Bravonel, Marsilio, Almonte, Mandricardo, Rodamonte, Maniloro, y Ferraguto. y si allá fueron soldados los Franceses de valor, acá lo serán mejor, que crecen más trasplantados. Que aunque traiga de su casa todo lo mejor del suelo; páseme un rayo del cielo, si él la de Alcántara pasa. Rugero, yo te he cobrado tanta afición y amor tierno, que te quiero hacer mi hyerno en afrenta del pasado. Dame palabra, que ya de España no has de salir, que para en ella vivir, yo te haré Rey de Alcala. Allí mientras que me heredes vivirás con Galiana, cuya beldad soberana, gozar regalado puedes. Cuando el Cristiano Fiuela, con escuadrón Asturiano, hasta el muro Toledano ponga al caballo la espuela, vendrás, pues será razón, a servirme y defenderme. De nuevo quieres ponerme en mayor obligación, por darme las suyas bellas. Beso tus manos, y digo, que mejor que mi enemigo, das conmigo en las estrellas; sobre ellas, señor, me pones. Téngase aquesto secreto, hasta que llegue el efecto en mejores ocasiones, y venid los dos conmigo. . Arnado, que te parece. Que el cielo te favorece a costa de tu enemigo. Si a Galiana deseas, cásate aquí, que después verás, que es grande interes, que Rey de Toledo seas. A que más puede llevarme desdicha tan importuna, ya no podrá la fortuna, dedonde estoy derribarme. Con que rigor tan cruel Carlos se casa, y el Conde tan mal a quien es responde más villano que fiel. Siempre tiene de Maganza, mal me está su flor de Lis, con una hazaña tan sea, no quiera Dios que lo vea, quiero volverme a Paris. Codicia le pone el Conde, de que será Rey de España, por cuanto aquí el Tajo baña, hasta que en el mar se esconde. Y el Delfín desvanecido por la hermosura Africana, a ser medio Moro allana su Católico apellido. Mas no lo verán mis ojos, que no podrán llorar tanto, que me anegue en triste llanto, como mar de mis enojos. Audala es este, hoy me alcanza por la parte de mujer, un gran deseo de hacer en mi enemigo venganza. Que te trató Galafre de esa suerte. Por Mahoma, Ramón, que vengo loco de verque con sus alas el Cristiano me desmintiese y arrojase un guante a pobres muros, que otro tiempo fuisteis corona de la fuerza de los Godos, como os veo temblar, de verme airado, para no resistirme cuando vuelva a claro Tajo, cuan veloz y presto trocarás en coral esos cristales, corriendo sangre en vez de blancas ondas. pésame que la beban mis caballos, más bien será para que estén feroces. Aquí está un Francesillo. . Pues qué haces, que no le das de puñaladas, muera. Detén el brazo Audala, que te importa. Que me importa villano, de que suerte. Yo me vengo a amparar del favor tuyo, y a ponerte en las manos la venganza del Cristiano Frances, que te ha ofendido; pero has me de llevar a Zaragoza, para que desde allí por las montañas me pase a Francia, y a Paris me vuelva. Qué secreto del cielo es este. . Escucha, y verás de que suerte a tu venganza pone espuelas la parte que me alcanza. Yo soy Audala bizarro, por tus hazañas famoso, desde la cuna del Alba, hasta el sepulcro de Apolo, Una mujer desdichada, que en Paris el Duque Astolfo tuvo por hija; y el mundo ahora tiene por monstruo. Servíame el Conde Arnaldo, uno de aquellos furiosos que te querían matar, pienso que por verte solo. Era Arnaldo en nuestra tierra hablador y alabancioso, y de mi favor contento comunícábale a todos. Por arrogancia una tarde, a aquel generoso mozo, que es el Delfín de Paris, me enseñó vanaglorioso. No tengo por hombre cuerdo, quien su dama enseña a otro, que los gustos del amigo, hacen muchos envidiosos. Carlos contento de verme, aunque temblando, le nombro, puso los ojos en mí, y yo puse en él los ojos. Calló el Conde, no queriendo poner a su amor estorbo, y el Delfín siguió su gusto a costa de sus enojos. Las crueldades de su padre dispusieron sus negocios de suerte, que el ausentarse de Paris le fue sorzoso. Trató de llevarme a España, y ayudando el Conde loco, rompió la casa del Duque, y sacome de ella en hombros. Dejamos el Sena y Marne, y concurso presuroso, Por la Angedeo y Tolosa huyendo a la mar el golfo, pasamos los Perineos, viendo el sitio victorioso de la insigne Zaragoza, por los Romanos y Godos. Quiso el Delfín desposarse, y cuando ya me desposo, (do, volvió el rostro al Conde Arnal y viole mudado el rostro. Quiso despedirse de él, y él bañado en tierno lloro le preguntó la ocasión, y él se la dijo celoso. Juró entonces no casarse, disculpando el desposorio, con que si amor no sabia, que le guardara el decoro. Quedamos con esta afrenta de los dos tenida en poco, y el Delfín quiso servir a tu padre generoso. Mas viendo el bello retrato un día en poder de un Moro, de Galiana, y de quien venías a ser su esposo. Vino enamorado de ella, adonde ella a sus tesoros, hoy le promete Galafre, que el llanto apenas reporto. Yo por no ver noble Audala, el bastardo matrimonio, pretendo, que en la venganza todos cantemos a coros. Mujer soy, ilustre Audala, y como mujer me pongo en tus manos, esperando, que pongas mi honor en cobro. Traza es aquesta de Alá, a llevarla me dispongo: que te parece Ramón. Qué es hecha de perlas y oro, y que en llovarla te vengas. Mi honor en llevarla cobro: como es tu nombre. Armelina. Pues Ramón, ponla en el potro con que ayer por Galiana entre gallardo en el Zoco. Y hasta Aragón me parece el ancho camino angosto. A a mí si la has de gozar, el más largo fuera corto, que tengo de oírla y hablar mil amorosos antojos: Vamos hermosa Armelina. Noble rama de aquel tronco famoso en el mundo, vamos. Hoy por lo menos la gozo. Si al Rey has aficionado Carlos, discúlpame a mí, que tengo el alma por ti llena de amor y cuidado. Dos mil abrazos te doy por nueva en que tanto gana esta esclava. . Galiana, mirad que Rugero soy. No me llaméis, mi señora, Carlos, que buscáis mi fin. Si esto me niegas, Del fin, sin duda engañasme ahora. Tú eres Carlos, yo lo sé, si piensas ser mi marido, quien hasta el nombre ha fingido, mejor fingirá la fe. Por ser forzoso a mi vida este secreto callaba, que por vos segura estaba, o alomenos bien perdida: mas pues ya soyvuestro esposo, y por lo que el alma estima, ver que fíáis de Celima nuestro secreto amoroso. A las dos digo que soy Carlos el Delfín de Francia. En qué fundáis la importancia, ya que la palabra os doy de callar el nombre vuestro. Porque mi padre no tenga de mí esta noticia, y venga a impedir el amor nuestro, que si metiese en España los armados escuadrones de sus Franceses leones, sería posible hazaña. Yo por mi parte agradezco al Delfín este favor. Yo por interés mayor, a besar sus pies me ofrezco. Dejad gallarda Africana esa humildad, que yo soy el que en el alma que os doy, tanto bien y gloria gana, y dad prisa al padre vuestro para que se determine. Cuando a mi bion no se incline veréis el amor que os muestro. Robárele sus tesoros, y con vos a Francia iré, donde me deis vuestra fe a despecho de sus Moros. que nací para Cristiana, y para ser de un Frances. Bese mi boca esos pies, generosa Galiana. Ya de oír razones tales, aquestas fuentes serenas vierten sus blancas arenas por sus helados cristales. Parece, que con su risa no murmuran si no dan, gracias a los que se van a Francia con tanta prisa. Inclínanse aquestos ramos a cubrir tus rizos bellos, y el aire que sueña entre ellos dice que a Francia nos vamos. No al flor entre aquestas plantas que ya hasta Paris no quiera, y como a la Primavera se te pongan a tus plantas. No quiero que a Francia lleves mas que tu sey hermosura, Con este solo procura pagarme la que me debes, que hasta heredar te tendré en la Róchela un lugar tan fuerte por tierra y mar, como quisiera tu se. Confía Carlos gallardo, que lo será eternamente. De tu valor excelente no menos señora aguardo. Basta que Audala, que sin duda queda en la Vega aguardándote furioso, con un Alarbe este papel te envía. Has le leido. . No, que por respeto no quise al sello despegar la nema; pero que pueden ser, si no arrogancias hijas del pecho más robusto y bárbaro de que ha criado la Scitia rigurosa. Leerle quiero con licencia vuestra. Cómo me deis palabra, Carlos mío, de no salir a aqueste desafío. . Yo os la doy. Pues leede. . Toma. . Muestra. Para vengarme de ti, Carlos, y del Conde fiero, no de Ricardo y Rugero, a Armelina llevo aquí. A Zaragoza nos vamos, y de que será mi esposa los dos el papel firmamos. Audala dice aquí. . Y aquí Armelina: Jesús, su letra es esta. . De qué suerte Audala se la lleva, o donde estaba. Ese paje señora, que traía consigo el Conde, era mujer. . Ay cielo, que Armelín es mujer. . Mujer y mía, a lo menos pensaba que lo fuera. A que mal empleado amor fue el mío. El mío lo fue más. . Pues qué es la causa porque se va con él. . Ira a despecho, de que el Delfín se casa, que le adora, y él la quiso de suerte, que estuviera con él casada, a no saber mi gusto, no le quiere dejar por causa mía. A Moro, que me llevas honra y alma, mas no la gozarás si vida tengo: no se si tras Adgélica y Medoro pudo partir con más locura obrando, si el anillo encantado no los lleva por el aire invencibles, estos brazos a Audala matarán. . Espera Conde, que esa empresa, aunque es digna de tu esfuerzo ha menester el de tu amigo Carlos. Señor, yo basto solo. . No me afrentes. Detente Carlos, vaya solo el Conde, que pensaré, que el interes es tuyo, y si debe de ser. . Suéltame el brazo. A traidor engañoso, a Frances falso, adoras a Armelina. . Por Dios vivo, que es negocio del Conde; advierte esposa, que soy su amigo. . Mira que me matas de celos de ella, y de temor del Moro. Señora, que dirá, si aquí me quedo un amigo, que ha puesto por la mía, tantas veces su vida. . Vete infame, que ya se, que tu dama es Armelina, y que engañarme querías. . Presto verás como los celos te engañaron. Ay triste, que engañada de un Cristiano me he puesto en tan oscuro laberinto: mira Celima, como no es cordura fiar de amigos de contrarias leyes. En que pensaba yo, cuando di el alma a un extranjero que se va con ella. Darte quiero un remedio. . Dile presto. Quiero esconderme, y tu decirle puedes al Rey, que los Franceses me llevaron: como me quiere bien irá tras ellos, y cuando aquí los vuelva, fácilmente podrás tomar venganza. . Bien has dicho, y a que buena ocasión Alá le ofrece. De quién son estas voces, quien te ha dado tan grande enojo, que te obligue a darlas. No tomo yo tus cosas como hija, que soy alma de tu mismo pecho, y ansí me he descompuesto a tales voces. Los Franceses villanos, los Franceses, y el Conde que a Celima amaba ahora, por el jardín la sacan del Alcázar, y a toda prisa por la puente llevan; In esto se ha de sufrir. . Qué es esto cielos, los Franceses Cristianos me engañaron. Como Rugero no estimó a mi hija, y el Conde de Celima va pagado: no es esto amor, mi afrenta pretendieron, mas no se alabarán de afrenta mía. Apercibid caballos, salgan luego docientos Moros, que la Vega corran, y del Tajo las márgenes ocupen, hasta contar las peñas y los árboles. Favorézcate el cielo. . Alá me guíe. Oh rara industria, ya Celima puedes saber, que van furiosos en tu busca. De esta suerte verás que Carlos vuelve. Que presto me verás vengar de Carlos. Será venganza de mujer rendida. A su Armelina haré quitar la vida. Si le habrán dado el papel? Quién duda, que ya le alcanza la injuria de tu venganza, habiéndola visto en él. Que arrepentido me siento, que trae en toda ocasión breve de ser mi nación cercano arrepentimiento. Posible es, que ver casar a Carlos con tal furor, cegase mi loco amor, que en esto viniese a andar. No fuera mejor matarme, que entregarme a este cruel, que cuchillo ni cordel como en su infierno arrojarme. Que no intenta una mujer cuando pierde lo que quiere. No hay esperanza en que espere, mas que esperar padecer. Muero por esta Cristiana, si Audala gozarla intenta, por venganza o por afrenta de Carlos y Galiana. Ya la pierdo, y pierdo el seso, mas si mis consejos toma, Como leyes de Mahoma, que temo el fin del suceso; yo le pienso hacer entedo con que yo goce a Armelina. Con qué violencia camina Tajo furioso a Toledo, pues yo se que saldrá de él alguna vez tan sangriento, que vayan de ciento en ciento nadando cuerpos en él. Que si de aquellos villanos, con llevar esta mujer me vengo, no vengo a hacer cosas dignas de mis manos. Aquí ha de entrar mi invención. Señor, bien te vengas de ellos, en asir de los cabellos esta primera ocasión. Pero cosas sin grandeza no las debes intentar; porque en fin has de imitar de tus padres la nobleza. En llevar aquesta joya pobre y sola en tierra extraña, que Caba quitas a España, que Elena llevas a Troya. Esta es mujer desechada del Frances, que antes le ahorras de costa en que la socorras, haciéndola a su jornada. Yo apostaré que se están riendo de ti en Toledo; porque furioso das miedo lo que le quitas galán. El volver es lo que importa con tu invencible ooder, que llevar esta mujer mucho de tu fama acorta. Pues Ramón, no me animabas cuando de allá la saqué. Entonces no imagine mas del peligro en que estabas; y porque salieses de él traella te persuadí, por poder sacarte ansí de su furioso tropel. Verdad dices por Ala, que es afrenta de mi ser, llevarme aquesta mujer, pues ella misma se va. Si por fuerza la satara, o por cierto se supiera, que lo que ella dice fuera, justa venganza tomara, que me aconsejas. . Aquí la puedes dejar Audala, o a un árbol de estos atalla para que perezca ansí. Y no vamos como viles con carga que es tan libiana, en cambio de Galiana, siendo tu Pirro, y yo Aquiles. Esperan en Zaragoza la flor de España, y podrás llevar por ella. . No más, mi victoria el Frances goza, más vale solo volver, que no con aquesta ingrata; a un árbol las manos ata. Muestra esas manos mujer. Cómo que muestre las manos. Es porque atártelas quiero. Hecho de bárbaro fiero. Sois muy santos los Cristianos atala presto. . A qué efeto usas conmigo este trato. Por pagar tu pecho ingrato la amistad de aquel secreto. Qué justo castigo es, que tarde mis culpas lloro. Quieres tú que estime un Moro lo que desecha un Frances. Espéranme con mil fiestas en Zaragoza, y querías enturbiar sus alegrías, llevando tu infamia acuestas. Está bien atada? . Sí. pues vamos. . Esto he trazado para volver con cuidado de aquí a un hora por aquí, donde la pienso llevar por camino diferente, dejando a Audala y su gente, que a Oran me pienso pasar. Irme he desde aquí con ella, a Cartajena es mejor, embarcarme, Ala favor, oce yo mujer tan bella. Atada a un risco Andrómeda lloraba, De las ajenas culpas inocente, Y el mar con blanca espuma diligente, Quebrándose en las peñas le ayudaba. Entre sus hondas cuenas voz formaba, Con que los dos al cielo tristemente Favor pedían, cuyo mal presente, Por los ojos del Sol mirando estaba. Bajó Perseo con igual deseo, Batiéndole las alas a Pegaso, Y diola libertad con presto vuelo. Mas yo cuitada no hallaré a Perseo, Que me pueda sacar del mal que paso, Porque enojado amor, y airado el cielo. No es posible que va lejos el fiero Moro Español, que de mi traspuesto Sol dan en el alma reflejos. Ansi de Moros vestidos vamos mejor disfrazados, sin ver que vamos armados, y por no ser conocidos. Quien le diera al pensamiento, pues todo lo alcanza y pasa, este fuego que me abrasa, mayor que el cuarto elemento. Con él, sin llegar a él, Carlos, abrasara al Moro. Qué ufano irá del tesoro, que arrogante y que cruel. A claras aguas de Tajo salid del margen cubriendo las Vegas, que vais vistiendo por esas peñas abajo. Detened este enemigo, que al Conde su gloria lleva. El alma a quejarse prueba, triste que tengo de hacer, cielos lastimaos de mí. No se quién se queja aquí. Parece voz de mujer. Sospecho que me han sentido. Parece, que es voz divina, y es, que yo traigo a Armelina en la vista y el oído. Por Dios Arnaldo, que es ella, y que está a un árbol atada. Hay mujer más desdichada, ni nacida en peor estrella: Moros, dadme aquí la muerte, no me quitéis el honor. Matarte será mejor, pues sin honor vengo a verte. Abrante acaso gozado, y de esta manera puesto. Divinos cielos, qué es esto? Carlos noble, Conde amado. Ahora soy Conde amado, desamado dirás bien, y aún deshonrado también, que ya me habrás deshonrado. Ah te quitado el honor ese bárbaro. . No creas, que para hazañas tan seas me diera el cielo valor. Por fuerza aquí me trajeron contra tu honor y decoro, porque allá de cierto Moro, que era yo mujer supieron. Y si firmé aquel papel que te han dado, fue que en suma una daga y una pluma me pusieron junto a él. Haré como arrepentida. lo que me obliga tu amor. Vuelve amiga por tu honor, y vuelve al Conde la vida. Mira, que no hay Caballero en todo el mundo su igual, y que si le tratas mal, tratas mal cuanto bien quiero. Débesle lo que tú sabes, y sabes que yo no puedo ser tuyo que ya Toledo me está ofreciendo sus llaves; pero de él y de Paris serás Reina como yo, si al Conde. e . No hay gente. . No, como estas voces no oís, mirad, que sin duda es Audala el que vuelve aquí. Hoy pienso morir por ti, a guisa de buen Frances. Aquí sueña alguna gente. Sin duda Conde ellos son. Entre ese armado escuadró, y el otro quede en la puente. Hoy traidores moriréis. A Galafre he conocido. No importa mudar vestido, ni el bosque de que os valéis. Rey escucha. . Si os rendís Por fuerza imposible fuera, que está en esta espada fiera todo el valor de Paris: pero a ti por amistad armas y pechos rendimos, más señor, en que ofendimos tu amor y nuestra lealtad. Es poco, Franceses viles, que a Celima me llevéis, del amor; ya no sabéis, que son sus alas sutiles, y que os alcanzo volando. Si tal engaño te han hecho, ya estoy tu enojo y despecho con mi injuria disculpando; nosotros somos venidos en ábito disfrazado, siguiendo al bárbaro airado en tus ojos desmentido. Porque este paje Frances, es mujer, del Conde dama, que atada en aquesta rama la dejó como la ves. Que pensándose vengar, por hacerme afrenta y daño, la trujo así por envaño, y la ha querido matar. Que no sabéis de Celima? Quién te dijo esa traición. Galana. Celos son por lo que a Rugero estima, que como tiene creído, y es fama en todo el lugar, que has comenzado a tratar de dársele por marido, viendo que sigue al traidor, que se llevaba Armelina, con engañarte imagina poder cobrarle mejor. Pues fácil es de inferir, si Galiana me engaña. No habemos venido a España a engañar, sino a servir, y el sueldo que he pretendido no es dinero, ni es Celima, que a tu hija solo estima mi enamorado sentido. Desde Zaragoza aquí, mas que un retrato, su fama, que otra Angelica la llama, me trujo a servirte aquí. Porque viendo mis sentidos tan ricos de sus despojos, pretendí ver con los ojos lo que vi con los oídos. Vamos Galafre a Toledo, y si no está en él Celima, tu hierro mis pies oprima. Satisfecho amigos quedo, más vamos a la ciudad, que si Celima está en ella, dará el fin de mi quererla principio a vuestra verdad. De ninguna torre puedo descubrir los escuadrones. Es que a mirarlos te pones faltando el Sol de Toledo. Dirás, que si Carlos falta el hemisferio Español, está sin Sol. . Es el Sol que da luz, a España esmalta: míralo por lo que llueven mis ojos cuando se pone. No hallo razón que le abone, todas a su honor se atreven, si era dama de su amigo, porque más que a ti le estima. Déjola por él Celima, y hace lo mismo conmigo; sin duda que es santa cosa la amistad entre Cristianos. Entre los más inhumanos es estimada y preciosa: no hay bárbaro tan cruel, que no estime al buen amigo, ni hay traición más de enemigo, que el hacerla contra él. Prometes no disculpar a Carlos, y no lo haces. Si de esto te satisfaces, deja el temer y el llorar, que sin duda fue razón que a su amigo acompañase. Oh Alá, si el Rey lo alcanzase. No lo dudes, estos son. te oprima, C Lo primero que hallamos es a Celima. Luego ya no es Celima la que falta. Hija. . Señor. . Que ansi el amor que Carlos te haga tanta falta, que ansi en la cera de tu amor se imprima, que ya Carlos te haga tanta falta! el Sol de su valor hazaña es alta, a un padre, a un Rey hacer aqueste engaño por celos de un Frances un hombre extraño, que te parece, si le hubiera muerto. Yo sospecho, que hubieras acertado, que entre los tres han hecho un vil concierto, porque al fin contra ti se han conjurado. Que dices Armelina. . Esto es cierto, y toda la razón de haberme atado en aquel árbol, fue porque callase, y esta fiera traición no te contase. No me ataron Audala, ni sus Moros, Carlos me ató, que es el Delfín de Francia, que llevando tu hija y tus tesoros, quiere hacerte una burla de importancia: vénganse en mí como furiosos toros, porque no quiero parte en la ganancia, sino llegaras, ya me daban muerte, a matar me llevaron de esta suerte. Qué este es Carlos? . Señor, mira que es loca. Quitaldes luego al punto las espadas. Que es furiosa señor. . Cierra la boca, o harétela cerrar a puñaladas. Que a tal maldad la furia te provoca. Galiana y Celima son culpadas, hazlas prender, y dar tormento alguno, verás que no hay lealtad ni se en ninguno. Alcaide, lleven luego a los Palacios de Galiana, en medio de la huerta, las que pensé cubrir de oro y topacios, mujer la una, la otra hija incierta, no serán de su vida los espacios, mas de cuanto su muerte se concierta. Tan helada la voz sale del pecho, que no te puede hablar. . Muy bien has hecho en ábito de Moros disfrazados iban d dar la muerte a la Francesa, y la que yo engendré por mis pecados, cómplice he inventora de esta empresa. Mira que aquestos son celos causados de lo que aquesta vil mujer le pesa, de que me case con tu hija. . Calla. Porque por Dios, que la llevaba Audala. Por la Cruz en que puso sus espaldas el Dios de nuestra ley Galafre noble, que no ha hecho el cielo perlas ni esmeraldas por donde yo te hiciese trato doble. Entre esas alamedas y guirnaldas del claro Tajo, en una oliva, o roble, que no me acuerdo ya la hallamos sola aquesta desleal Circe Española, que no es posible que en Paris naciese cosa tan mala, y cuando tu veniste la dimos vida, porque ansi nos diese la muerte que a los tres nos prometiste. mas cuando de nosotros se creyese la fábula engañosa que la oíste, porque castigas a tu hija. . Digo, que soy en vez de padre su enemigo. No los escuches más. Tira con ellos. Señor, a mí me prendes. . Cosa extraña. Adonde mandas que los lleve a ellos. Al castillo que el Tajo los pies baña, hecha hierro en los suyos, que por ellos los que vinieren a servir a España, ejemplo tomaran de ser leales, mas que mis Reinos, Armelina, vales. Deseote servir. . En tu cabeza pondré de España la leal Corona digna de tu piedad, y tu belleza, honrando y defendiendo mi persona. Famoso Rey, tu singular grandeza, que desde aquesta a la abrazada Zona merece nombre, y tiene tanta fama, que desde los nueve decimo te llama. A lo que ves contra mi patria y gente me obliga por lealtad y haber nacido de linaje tan noble y excelente. Yo se que Alá tu inspiración ha sido, ven donde pueda coronar tu frente. no solo de laurel verde y florido, mas de cuanta riqueza el mundo alcanza. Ea fue de mujer propia venganza

JORNADA TERCERA

Después que a Francia partiste Nemoro, a saber del Rey, amor, a quien no resiste divina ni humana ley, nos trujo a esta do tan triste. Dio la cruel Armelina en esta espantosa hazaña, mas de o m. Est con que ya ser determina segunda Caba de España, y de Roma Mesalina. Que están presos el Delfín y el Conde Arnaldo, Jesolfo. Qué bien dijo en el jardín Audala, que aqueste golfo pronosticaba su fin, de celos de Galiana hizo Armelina este enredo. Es la mayor fuerza humana. Ya la llama de Toledo Reina la gente Africana. En fin Carlos está preso. Por este triste suceso en este castillo está, adonde su llanto ya le ve en las piedras impreso. De mirar me maravillo estos muros. . Son diamantes Cómo llaman el castillo. Los Cristianos Sancerbantes desde la Caba, al portillo, y los Moros Alijar. Que a nadie dejan llegar. Si no es Moro, no hay remedio Y Galiana. . Este medio cerca el Tajo vuelto en mar. El Palacio que se llama de su nombre es su prisión cubierto de hierba y rama, por donde el Tajo a traición dos caños de agua derrama. Allí la tiene conguardas, y si bien a verlo aguardas, donde mil plantas florecen, verás, que árboles parecen las cuchillas y alabardas. Aunque me duele la Mora, respeto de este suceso, mas el alma a Carlos llora; que ahora estuviese preso, que esto sucediese ahora! a fiera mujer vengada, mueras de mala estocada, mal Moro te tire un dardo, o mal villano bastardo, que nunca ha ceñido espada. Siendo como es tan forzoso hablar al Rey me parece un engaño provechoso. Lo que algún provecho ofrece nunca fue dificultoso. Paréceme a mi Nemoro, que tomemos traje Moro, pues la lengua hablamos bien, porque la puerta nos den Tarse, Zaide, y Maniloro; hablarle podrás, y dar un remedio que he pensado, con que se pueda escapar. Ya el Sol del calor cansado deciende a bañarse al mar, ven a vestirte, y verás, que al valor hecho el compás. Bien es morir como buenos. Ni Carlos merece menos, ni tengo que darle más. . No tiene Livia en su arena, como tu pecho. Armelina, áspid de ponzoña lleno, ni tiene el mar de Mecina tan engañosa firena. Menos furioso parece, cuando el mar se ensoberbece, y de sus límites sale, que no hay cosa que se iguale a la mujer que aborrece. No tiene más fuerte y fiero León, la Oriental Albania, ni hurrado el hejo primero mar rabiosa tigre Hircana. Tras el cazador ligero de la orilla que florece Jarama y Tajo guarnece, menos fuerte el toro sale, que no hay cosa que se iguale a la mujer que aborrece. No han hecho tanto disgusto Circe, Medea, y Medusa, ni el tirano en Reino justo. Mas la guerra tan confusa, y el casamiento a disgusto, la envidia que viendo crece el bien que al otro enriquece, menos para ofensas vale, que no hay cosa que le iguale a una mujer que aborrece. Conde. . Señor. . cómo va Ya veis, cual preso entre Moros adonde con vos está mi alma llorando a coros, la pena que el hierro os da. Qué notable atrevimiento fue Conde, el de una mujer. El fue extraño pensamiento, mas digno de agradecer, por ser amoroso intento, que siendo noble Armelina, no es pensamiento traidor el que a tanto amor la inclina, si no gran fuerza de amor, que la rinde y desatina. Es vino amor, que al más cuerdo hace delitar ansí. Arnaldo, vuelve en tu acuerdo porque disculparla aquí, es no sentir lo que pierdo; es amor abonador de los delitos más feos, como la tienes amor, obligante sus deseos a que disculpes su error; quien ama no ha de querer el daño de lo que ama. Luego yo lo debo hacer, ya no miro que es mi dama. Pues que miras. . qué es mujer. Mal en eso te condenas, aunque a los nobles te igualas, que llaman glorias sus penas, porque alabando a las malas haces agravio a las buenas. Y más si este Rey cruel nos detérmina matar. Gente viene de tropel donde nadie suele entrar. Forzado me has que lo crea, dos Moros vienen aquí. Alá en vuestra guarda sea, Para que me habláis ansí, dejad que mi muerte vea; si esta Moros me traéis, suplicoos que os descubráis, y los restros nos mostréis. El Rey manda que hoy muráis y a salir al punto estéis, que pues que no perdonó, con ser hija, a Galiana, que hoy a sus manos murió contra la piedad humana, y la sangre que la dio. Si allí faltó la piedad, que la espere no es razón, los que han hecho tal maldad, Hoy nos sacán de prisión para eterna libertad, Moros, habemos de ir luego. Eso aguardamos no más. que me abracéis Conde os ruego Ay señor, que a morir vas. Ya estoy de lágrimas ciego, no has de morir, ni soy Moro. Señor, deja esa tristeza. Quién eres? Gesolfo, y Nemoro. Alza señor la cabeza, y dame los pies que adoro. Nemoró. . Rey mi señor. Cómo entraste? . de esta suerte vencí de Zaide el rigor. Que hay de Francia. Una gran muerte de la cabeza mejor. Murió mi padre? Ya es muerto, y por tu ausencia Paris está de guerras cubierto, que si luego no os partís, será su sosiego incierto. Tal dice, que muerto eres, tal que al Soldan pasar quieres, tal que de cautivo sales, que son en número iguales cabezas y pareceres. otros afirman también, que vas a Jerusalén, otros que con Armelina quieres pedir en la China, que su corona te den. De tu parte el Almirante guarda el Palacio con gente, a defenderle bastante, y el Condestable valiente, que el pueblo no se levante. Ea señor, de que estás triste, Rey de Francia eres, como a Paris no te vas, que Rey, señor no prefieres, que quieres del tiempo más. Ya tu padre está en el cielo, señor, bien dice Nemoro, si algún remedio en el suelo para engañar a este Moro valiese a tu justo celo. Adiós, quien pájaro fuera, que hoy a ver a Francia entrara. A Conde, de que manera, si el cielo me desampara, saldré de esta cárcel fiera. Buen padre en el Rey perdí, ya es hecho, Francia se pierde, si yo no salgo de aquí. Haz que el valor se te acuerde con que naciste y nací, y veraslo fácil todo. Gesolfo trae escondido para escaparos el modo. Ca al cuerda. G. cuerda he traído cuerda que al cuerpo acomodo, revuelta la traigo. es fuerte. Puede tener un peso excesibo. Y este hierro. . qué cautivo no ha sabido salir de él; pero aquí traigo una lima sorda como un áspid. . Creo, que el cielo a salir me anima. Esta puede aprovechar quitar el hierro de encima. Pues Conde, entremos los dos donde los hierros limemos, vos a mí, yo luego a vos, y del castillo bajemos con el ayuda de Dios: pero advertid, que no tengo de partir sin Galiana. Ya Rey el como prevengo, aunque es esperanza vana. A las doce al muro vengo. Pues Cónde, cumplireisme la palabra? Carlos, yo soy, aunque vasallo vuestro, vuestra sangre, vuestra alma, y vuestro padre, viendo que a Francia no queréis partiros sin Galiana, cuanto importa ahora al servicio de Dios y vuestro Reino, que en breve tiempo entréis señor en Francia: palabra os di, que cumpliré sin duda, de no salir de aquí sin Galiana, y ansi la vuelvo a dar, partid contento con Nemoro, y dejadme aquí a Jesolfo, que yo la sacaré de los Palacios de aquesta huerta, o perderé la vida. Conde amigo, la mía está en cobrarla, fiado en vos me parto a ver mi Reino, lleno de tan confusas divisiones como miembros que viven si cabeza. Si la sacáis, si la traéis Arnaldo, no la mitad del Reino será vuestro, séralo el Rey, la sangre, la honra, el alma; mas que me canso en esto, yo os conozco, dadme esos brazos, y por estas lágrimas, que os acordéis de mí. . Señor, partios antes que el Alba con las suyas tiernas nos traigan cartas de que viene el día, que yo quiero meterme entre los árboles de aquesta huerta con villano traje, hasta que hablando a Galiana pueda sacarla del Palacio. . Adiós. . El cielo os de tan buen viaje como espero. No ha nacido más noble Caballero. . Prósperamente sucede, a quien sin mudanza alguna, se confía en su fortuna, que se esté firme, o que ruede. Que bien nos ha sucedido, lejos de Toledo estamos. La vida, y el Sol, los ramos nos han Tarse defendido. El seguir siempre la orilla del Tajo, fue justo acuerdo. Ya del cámino me acuerdo, cuando entramos en Castilla. Qué bueno, estará aguardando el Rey allá en su jardín, dar a su esperanza fin, cuando le voy comenzando. No le nombres, que enla palma el alma traigo de miedo, pero nombrame a Toledo, que es adonde tengo el alma. Ay de mí, que ejemplo he dado de cruel, hermosos cielos, mas para que hiciste celos sino era amor excusado. Quién duda, que mi traición le cueste a Carlos la vida, del Conde he sido homicida; que buenas hazañas son. Esta viene maginando, si se viene arrepintiendo, o lo que por mí estoy viendo estoy por ella pensando. No me espanto que la duela el Reino y Rey que ha perdido, por un Capitán vencido seis veces del Rey Fiuela. Pues si viene arrepentida, crea que yo lo estoy más, y me vuelve mucho atras tanta privanza perdida. Qué haré, gozarla es mejor, y no pasar adelante, pero vuelta al Rey su amante, le dirá mi loco amor. Ahora bien, matarla luego me parece más cordura, dela el Tajo sepultura, a falta de tierra y fuego. Quiérola hablar. Ya podremos los caballos desatar, que es hora de caminar. Mas antes no caminemos, durmamos la tierra esposa, debajo de aquestos chopos la hierba con verdes copos estienden su alsombra hermosa; Serviranos de almohada los cogollos de estas flores, y el agua y los Ruiseñores de música regalada, mira como aquestas ruedas con ronco son se convidan. Que eso tus palabras pidan, y ansí de mi honor excedas. Pues cómo, sin que primero lleguemos Tarse a Aragón, pones en ejecución tus gustos. . Cumplirle espero yo estoy resuelto. . No pienses que son menos estas manos, que de valientes Romanos, y de pechos Atenienses, antes perderé mil vidas. Favor, ay cielo, favor. Voces son estas señor. Qué importa que favor pidas Un Moro mata a un Cristiano Llega y dale. . Por quién soy que ha de morir. . Ya lo estoy, a traidora. . A vil tirano. Arrójale en ese río. Presto le llevo de aquí. Eres Armelina. . Sí. eres tu Carlos bien mío. Carlos soy, detente allá vil infamia de mujeres. que libre estás. . qué viva eres Señor, la muerte me da, vesme aquí echada a tus pies. Fuiste cruel mi homicida, y dite en cambio la vida, mas mi valor es quien es. En mi fey tu trato doble los dos hicimos tirana, tú como mujer liviana, yo como Príncipe noble. No de mi justo castigo te libra el ser mujer, pero ha lo podido hacer el ser mujer de un amigo. Por el cual aquesta daga deja de pasar tu pecho, que el agravio que me has hecho, solo la muerte le paga. Quiere el Conde tu desdén, y por lo que le parezco al tiempo que te aborrezco, pienso que te quiero bien. No quiero dejarte aquí, que si vuelves a Toledo, harás otro nuevo enredo, para que vengan tras mí. Fuera de que no le pago al Conde lo que le debo, si conmigo no te llevo, y este sacrificio hago. Que no le siento mayor para mi alma, que el verte, que va en tu lengua mi muerte, y en tus enredos mi honor. Señor, si haberte querido, señor, si haberte casado, si haber mi fe despreciado, y mi amor puesto en olvido, no bastan para disculpa, sirva mi arrepentimiento, que más que el matarme siento que me digas tú mi culpa. Si en tantas desdichas pones una mujer que me quieres, piensas que son las mujeres Áquiles o Salomones. Quitásteme tú el sentido, con que entonces te ofendí, y quieres echarme a mí la culpa que tú has tenido. Si tanto a quien fue tu hiedra de tus muros arrojabas, que era mujer ignorabas, o pensabas que era piedra. No se sufre en tanta mengua poner las mujeres, no, porque el cielo no las dio más espada que su lengua. Deja de estar ofendido, pues que vivo y libre estás, que ya al Conde querré más, que tú me has puesto en olvid Si de este arrepentimiento quisiere satisfacción. Bien conoce su afición tirana tu atrevimiento, no es menester que le abone tu arrepentido favor, que bien sabes, que el amor no hay cosa que no perdone. Ven conmigo, y del suceso de los dos sabrás el caso. Dios te me guarde. Habla paso. Está libre, o queda preso. Libre está, que haré Nemoro Que la lleves te conjuro, si quieres estar seguro. Camina. Esos pies adoro. De Galiana son estos Palacios donde el Sol trasponiéndose relumbra. Aquí Gesolfo amigo vive presa la vida por lo menos del Rey Carlos. El cielo quiera que librarla puedas. Ya se cierra la noche presurosa, y va saliendo de su puerta el día, ya se miran sus clavos de diamantes, sirviendo de candado la gran Luna. Fuera mejor, que sus azules puertas, sin cerradura y clavos se mostraran, porque la escuridad es capa y muro de la seguridad de extraños casos. Aquí vienen dos Moros, cabar quiero. Quién va. . Gente de paz, cautivos somos, que trabajamos en aquesta huerta. Cuyos sois. . De Aliatar. No lleguéis tanto al muro de esta torre. . Mas querríamos a la puerta llegar de nuestras casas, para rendir nuestro trabajo al sueño. Mirad que está aquí presa Galiana. Que Galiana. . La que allí se asoma. Es la Infanta por dicha? . Por desdicha es horrelanos nuestra Infanta aquella. Aunque sea, señor, descortesía, que me digáis la causa os pido y ruego. Con Zaide y con Alime dos Cristianos. Sí señora, y parecen hortelanos. Por lo que adoro en ellos me consuelan. Hablando están las guardas, que es milagro, No se recelan de tan pobres hombres; más ay de mí, que el Conde Arnaldo es este. En que le has conocido. . En talle y rostro, aunque la luz del cielo va faltando. Sin duda que a sacarte de aquí viene. Oye lo que le dice. . En sus palabras conocerás la industria. . Moros nobles, holgado me he de oír sucesos tales, que Galiana y esos dos Franceses se conjuraron contra el Rey Galafre. Así se dice . Puede ser mentira, y por eso contaros quiero un cuento, si le queréis oír. . Yo escucho atento. En la tierra que nací, cierto Rey presos tenía a un hijo de su contrario, y a un Conde en prisión esquiva. Y era por un testimonio, como aqueste de Armelina, diciendo, que la robaban, y que al Rey matar querían. Y estando en un gran castillo, como aquese, que en la orilla del claro Tajo los Godos S. Cervantes apellidan, dos criados disfrazados pudieron entrar un día, que escondidos los llevaron dos cordeles y dos limas. Oyes lo que dice el Conde. Todo lo entiendo Celima, Jelolfo y Nemoro son los que al castillo entrarian. Los presos, cuando la noche con negros caballos iba rondando el aire en su carro, que luto negro entapiza. Limanas fuertes prisiones al muro las cuerdas ligan, y en un momento decienden, que es el peligro osadía. Fuese el Rey, porque era muerto su padre. . Al fuerte desdicha no escuchas, que es ido Carlos Y al partir los dos suspiran, encomiéndale que lleve de su contrario la hija, aquel amigo de quien mayores hazañas fía. El disfrazando el vestido, adonde estaba cautiva, que era una cosa como esta. Bien dice, que es ella misma Vino, y por un caño de agua que del Palacio salía, la sacó y llevó a su amigo. De la ventana te quita, que en eso que dice el Conde, quiere que luego atrevida por los caños de agua salga. Podrás. . Amor me anima Llévame contigo. . Vamos Si esa historia no es mentira es la cosa más notable que ha sido vista, ni escrita; pero recogeos Cristianos, que se va el Sol a las Indias, es hora de irnos. . Adiós. Él os guarde. Oh grande dicha! Galiana me ha escuchado, échate a la hierba, y mira cuando por los caños sale. Aquí favor, noche amiga. , , s Toda Francia, señor, te ha recibido como a Rey natural, en cuyo nombre te doy, aunque el menor, el bien venido, puesto que a todos, como es justo, asombre, que reciba Paris a tu grandeza, como a Deidad, y más que mortal hombre, y que muestres señales de tristeza. No vienes bueno? o no te agrada Francia, ni esta ciudad tu patria y su cabeza, si de tu muerto padre la arrogancia con que te desterró, te causa enojos, ya no es el sentimiento de importancia. Si tienes enemigos a los ojos, que en vida de tu padre le sirvieron, ya todos de tus pies somos: no creas, pues no es justo, que lo fueron, porque a tu padre entonces agradaron, porque siempre en el alma te tuvieron. A sospechar nos das, que te obligaron a más amor los Moros de Toledo, pues los Pares de Francia te cansaron: allá estabas cautivo, y con el miedo de la muerte, sirviendo a un vil tirano, sin otros daños, que decirte puedo, y aquí tienes, o Príncipe, en la mano la espada, con que tiembla Francia ahora, y desde el Rubicón al Oceano. Si te entristece aquella hermosa Mora, que te tuvo olvidado como a Ulises, vamos por ella al Tajo donde mora, que ya otra vez las Lunas, y las Lises. la hermana de Reinaldos Bradamante, de más valor que el sucesor de Anquises, junto por aquel bárbaro arrogante, a quien tu agüelo en nuestra mesa puso con título de Duque y Almirante. No estoy, como pensáis, todos confuso, señores Caballeros por su ausencia, que en lo demás mi muerto padre excuso, porque deje la vida en contingencia del Cónde Arnaldo: es este sentimiento? Pues harase en buscarle diligencia, si está preso, señor, rompan el viento tus blancos estandartes con las flores, temor del Moro, y del Frances aliento: publiquen las trompetas y atambores guerra contra Toledo, y tiemble España los Carlos para siempre vencedores. Bien fuera de mi pecho digna hazaña, mas no es razón que Francia se lamente, que ayer llegue, y hoy salgo a la campaña. Al Conde irá a buscar alguna gente, tú en tanto a ver las fiestas te apercibe, como piadoso Príncipe excelente; con que Paris tu Majestad recibe, y a la usanza de Francia que deseo, tiene de ver el alma que en ti veo, entra en alguna por mayor trofeo de tu valor. . Qué fiestas se han trazado? Una justa famosa y un torneo. Saldré al torneo, porque de él me agrado: manténgale Dudón. . Tus manos beso por un aventurero tan honrado; pero para tener mejor suceso le mantendré por honra de tu dama. Harcisme primo gran placer en eso. Pero decid, señor, como se llama Armelina sin deudo, y sangre tuya, no se como la diga, ni la nombre, saben, que te robe la ofensa es suya, descubrirte no puedo sin el Conde, hasta que el casamiento se concluya, y aunque tu padre no pregunte adonde te he dejado, Dios sabe lo que siente, y el odio fiero que en su pecho esconde. Pues si en tanto que el Conde vive ausente, quieres disimular, di el nombre mío, para que nadie ofensa tuya intente. Bien dices, que nombrándote confío, que templaran su enojo imaginando, que eres mi esposa. . Una palabra tío, que está el Rey con su paje fabricando. No hablará de mi hija el Rey perjuro, cuyo perdido honor estoy llorando. De la venganza, Astolfo te aseguro, si él entra, como dice, en el torneo, porque a dalle la muerte me aventuro. Pierde sobrino aquese mal deseo, que aunque a mi hija Carlos me ha robado, y tan sin honra como veis me veo, es mi Rey natural, soy obligado por el derecho humano y ley divina, a mirar por su vida y por su estado. Eso dices? . Qué tarda, que imagina el Rey. . Dime señor, quién es la dama. Ya todos no sabéis que es Armelina? Armelina, señor? . Así se llama. Pues dónde está? Traérala presto el Conde. esta es el centro de mi honesta llama, esta es mi esposa. . A su valor responde. Cómo responde, mira que te engaña, que la ha dejado, y que no sabe adonde. En tanto que Armelina está en España, háganse fiestas por su nombre amigos. Qué mayores, si el Rey nos acompaña. Vamos Dudón. . Entre estos enemigos quiero quedarme a ver como han tomado, venir Carlos sin mí. . Ya no hay testigos: escucha Balduín Escucha Balduino. . Si has pensado lo mismo que imagino; ya deseo o verme de Carlos a morir vengado. Matarle pienso. . Cómo? En el torneo, poniendo gente de secreto armada: si nos han escuchado? . Un paje veo. Matarle será bien. . Detén la espada, que está a lo que parece divertido, y como es Español no entiende nada: hablarle a ver. A paje, habéis venido de España con el Rey? . Habrá dos años que mi padre murio. . No lo ha entendido. Trae a Armelina el Rey, o son engaños? Galiana, señor, está en Toledo labrando para Audala ricos paños. No ha entendido palabra. . Alegre quedo: queréis saber, Español, la fiesta. Ahora acabé de comer, por Dios no puedo. Que le convidan piensa. Ya mejora mi pensamiento de tan mal recelo: Adiós, a diós. . Llegamos a buen hora. No entiende cosa. Ved por donde el cielo quiere que libre a Carlos de la muerte, para satisfacción de mi buen celo: si antes de tiempo de esto se le advierte, ha de decir, que ha sido traición mía, mejor es aguardar al trance fuerte. Armarme quiero del torneo el día, y con mi espada hacer un desengaño, que espante la Francesa valentía, y al Rey defienda del presente engaño. Si desde lejos espanta, de cerca debe de ser un jardín que el alma encanta. Media legua puede haber de aquí a Paris, bella Infanta. Agradecerte no puedo la industria de aqueste traje para salir de Toledo. No hay cosa que más ataje, que en los peligros el miedo, aunque él mismo suele hallar puerta para salir de ellos. Piensas en Paris entrar? Tiéneme por los cabellos lo que he visto murmurar, porque no hay posada adonde no digan que el Rey se casa. Pues que es lo que piensas Conde. Que quien a otras tierras pasa a sus costumbres, responde aquí con el natural, pretenderá como Rey, mujer a su Ley igual; porque mujer de otra ley le dirán que le está mal. Cómo, que consienta fiestas sin ti, señora, y sin mí, grandes mudanzas son estas. Recelos caben en ti, poca amistad manifiestas, haralas Francia en su entrada, y pues Cristiana he de ser, porque le estoy obligada, buena soy para mujer, que no me aventaja en nada. Reyes Cristianos de Asturias sus hijas dieron a Moros, de que te admiras y injurias. Fue codicia en sos tesoros, sino fue miedo en sus furias: mas pues el Rey me mandó sacarte, y en fin se fue, sin duda se arrepintio. Del Rey la nobleza se, segura, Conde, estoy yo. Aquí viene un Caballero, y un escudero con él. Llegar a buen tiempo espero, si ayer se fijó el cartel. Hablarle, señora, quiero a Caballero? . Quién llama? Que fiestas hay en Paris. Qué fiestas? fiestas de fama, que hoy dicen, que en Sa Dionis dio el Rey la mano a una dama y mañana hay un torneo. El Rey está desposado? No lo se cierto, más creo que la palabra la ha dado. Saber su nombre deseo. Armelina dicen que es, la hija del Duque Astolfo. Cielos santos! . Y que después de haber coprido en el golfo de amor, dos años otres, se quiere casar con ella. Será nueva fabulosa. Esto puedo afirmar de ella, ni hay en Paris otra cosa. Es Armelina muy bella, y tiénele obligación: quién mantiene ese torneo? Dicen, que el Marqués Dudón Lo que imaginaba creo, nunca miente el corazón: vos habéis de tornear. Es mi oficio diferente, plumas les voy a llevar. Al Rey. Al Rey, o a su gente. Bien lo podéis excusar. Traigo una caja extremada da plumas de toda ley. Con el Rey es excusada, que todo es plumas el Rey, todo es viento, y todo es nada; traiciones son sus verdades, sus firmezas fingimientos, sus palabras y amistades, sus obras, sus pensamientos, son plumas y libiandades: idos con Dios. . Elos guarde Que te parece. . que estoy aún para hablarte cobarde. Bien paga a se de quien soy el Rey, ya que paga tarde. Que se ha casado, ay de mí! Que mi dama me ha quitado, como que el dejarme allí fue con industria y cuidando, cielos, de engañarme ansí. Sin dú la que ya tenía con Armelina hecho el trato, no lo sufráis honra mía, que un amigo que es ingrato deja la sangre muy fría. Para eso en sus Palacios a Galiana saqué, y truje en cortos espacios donde cubrirme pensé de diamantes y topacios. (za Pluguiera a Dios, pues me alcán tal premio, que por venganza las aguas de sus acequías fueran últimas obsequias de tu muerte y mi esperanza. Sola el alma te responde por los ojos con el llanto. que buen premio tiene el Conde. Anda. No puedo andar tanto. Ya se ve Paris. . Adónde. No le ves en esos llanos. Donde bueno vais villanos. A las fiestas de Paris, que Armelina en Sa Dionis, y el Rey, se han dado las manos quién os lo ha dicho. . un correo que ayer posó en nuestra aldea, y dicen, que hay un torneo. Oh maldito el pueto sea, que en ti puse mi deseo. En mi señor, pues porque? Esta es verdad, esta es se? Salid villanos de aquí, que sale fuego de mí, con que abrasaros podré. Oste puro. . Si está loco. Hoye. . Corre. Que esto escucho. A Gran furia me provoco, que donde el amor es mucho, siemore el sufrimiento es poco. Mi vida importa llegar al paso de mi deseo, para poderme ha lar en este fuego, o torsiro por quien me ves abrasar. Y con quien te señalaré, Galianarte vendrás, y ansí mi se mostraré y a quien no ofendí jamás, aquí no ofende mi fe. Iré al torneo, y en él sin ventura aventurero, y mostraré un pe a un amigo liso por una mur Por no creer importunada. Viene a faltarme en tal despecho. La vida llega a tan estrecho. Que vive el alma encarcelada. Ya está la cuenta rematada. Me tiene amor pagando el pecho. Granyerro ha sido, y sin provecho. Pues he de verme desamada. Tarde el remedio, aunque divino. Pues de mi cárcel la aradura. Y la sentencia que consiento. Porque si busco a un desatino. Y digo que hay en mi locura. Y en mis engaños escarmiento. Cómo agraviado caminas. Mejor dirás como amante. Deja, si entrar imaginas, que ponga al pecho de Atlante Tetis sus negras cortinas. Ya Febo en su carroza la mitad del cielo goza estando en igual distancia. Que poco espantan a Francia los Moros de Zaragoza. Marsilio y sus escuadrones, tantas veces en sus muros tremolaron sus pendones, que nos miran mal seguros de las mismas ocasiones. Pero en fin, cuando otra tierra que fertilidad encierra, no puede estar sin la paz, Francia no es tierra capaz onp ger cruel. de poder estar sin guerra. Brava cosa por Alá, sin ser de tu compañía, a Paris un Moro va. Si es de aquella ingrata mía. Quién duda que lo será. A Moro que Ala mantenga, vienes tú con Galiana. Que te importa cuando venga Que está mi esperanca vana consuelo en tus ojos tenga: Audala soy. . Gran señor, adonde vas de esta suerte. Ciego de mi loco amor voy a verla, o ver mi muerte, que es el remedio mayor. Supe tarde, que la había robado el De fin de Francia por donde el agua salía, y que con justa arrogancia dentro en Paris la tenía, que a saberlo en ocasión, yo le atajara los pasos. Y que es ya tu pretensión? Dar a tan diversos casos algún medio a mi pasión. Con ella vengo, y deseo tu bien, si su amor te inclina al peligro en que te veo. Qué tocan? . Por Armelina sustenta el Rey un torneo, porque sin duda olvidó a Caliana el cobarde. Que albricias te diera yo. Para hablar en esto es tarde. Para mis desdichas no. Paris se alborota a ver el torneo, ya la gente corre donde se ha de hacer. Quieres que una hazaña intente por esta ingrata mujer. . cómo Entrar en el torneo. Pues siendo Moro. No importa, enseñárame el deseo, aunque espada que no corta en vano en el Rey la empleo. Ahora bien, vente conmigo. Armas no te han de faltar, a Carlos fiero enemigo, hoy pienso, que te han de dar los cielos justo castigo. . l t. Mandáronme acompañar cuando me hicieron juez, y quiero que aquesta vez vos me ayudéis a juzgar. Aunque sola sois bastante, que en las armas y la gala vuestro valor solo iguala a Marfisa y Bradamante. Entre tantos Caballeros, escogéis una mujer. Vos doña Alda podéis ser espejo de sus aceros, que basta ser sucesora de aquel famoso Roldán: entrar quieren. . Bien podrán, El Marisca! entra ahora, que es el Maestre del Campo Débele de recorrer. Balla y lanzas quiere ver y asegurarles el Campo. i , El Mariscal de Francia, Maese de Campo de este tor- neo, manda por bando, pena de la vida, que ningún Cana- llero sea osado a traer en estas fiestas lanza suerte, espa- da de filo, ni palabras de encantamento. ̱ , p, l Hola, pública el cartel, para que se entienda en él, de quien mantiene el valor. El Caballero encantado en la peña del deseo, sustenta en este torneo, que nadie está enamorado, sino es él en todo el mundo. Y que una dama extranjera no tiene en valor primera, ni él en las armas segundo: esto en aquesta estacada mantiene, afirma, y pública, solo a tres botes de pica, y cinco golpes de espada. Leer del mantenedor quiero la letra. . Es de amor. Ese más dice que tiene. Si con industria de un hombre las peñas vemos romper, resistirse una mujer, a quien habrá que no asombre. Que géntil aventurero. El Rey es. Letra me han dado de su invención y cuidado. Leelda. . Leerla quiero. Leones pude vencer, y venciome una mujer. Gallardamente lo han hecho; pero no se ha de juzgar hasta el fin. . Haced lugar. que entra tu hermano sospecho. Si un amigo tantas caras mo muestra en su proceder, como le he de conocer. Dónde no me vi me veo, lo que no entiendo egército, lo que nunca he sido imito, y lo imposible deseo. Por celos fui desleal, mas no tuve culpa yo, sino quien celos me dio. Gran copia de aventureros parece que viene entrando. Rey. Caballeres, jneces, oíd. Quién es? . Yo que os hablo: no dejéis que esas cuadrillas entren aquí ni en Palacio, que quieren matar al Rey, y entre los que han torneado está el que lo ordena. . Quién? olivante. . Ay cieso santo! descubrid todos los rostros. Miente el hidalgo, o villano, que dijere, que yo soy. Pues quién es. El Conde Arnaldo. Conde amigo. Aparta Rey, quita los traidores brazos con que gozas de Armelina. Mira que te han engañado, que por cumplir con Astolfo, digo en Francia que me caso, hasta verte, y que él te tenga por yerno. . Suceso extraño! pues señor, que es de mi hija. Yo soy. . Cómo? Pudo tanto el amor del Rey y tuyo, por enmendar lo pasado, que vengo como me veis. Conde, no le des la mano hasta que me des mi esposa. Carlos, donde me contaron que gozabas de Armelina, la dejé. . Dónde. En un campo. Ay mi perdido tesoro! muerto soy. . Detén el paso; Galiana soy. . Qué dices? Y Audala el que está a mi lado, y pues que yo le apadrino, no reciba en Francia daño, que al sin amor le ha traído. Tras este dichoso abrazo perdono a Audala, y le doy de amigo la fey la mano? Amor pudo lo que ves, y aunque la pierdo la gano, en que la goce y posea Rey y Príncipe tan alto, que hasta que vi tu grandeza, Carlos, estuve engañado. Dónde está olivante. Huyose: mas que fue causa un agravio tan grande, templa el castigo. Hoy. Duque, en nada reparo, Armelina tiene direño, qué vuestro honor hace salvo, y Galiana es mi esposa. Que me de Bautismo aguardo Ese pido yo también. Pues si te vuelves Cristiano te daré una hermana mía, y de alta flor el Condado. Vamos a Palacio así. Aquí acaba los Palacios de la bella Galiana. Y los amores de Carlos.