Texto digital de La orden de Redención y Virgen de los Remedios
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- Lope de Vega Carpio
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- Género
- Comedia
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- El texto procede de la edición de Obras de Lope de Vega. RAE. Nueva edición.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La orden de Redención y Virgen de los Remedios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/orden-de-redencion-y-virgen-de-los-remedios-la.

LA ORDEN DE REDENCIÓN Y VIRGEN DE LOS REMEDIOS
Levanta el ferro del barco, y llega el esquife apriesa. Huyamos con esta presa por el proceloso charco. Dejadme Es gran desvarío. Ya soltarte no podrás. Querido padre, ¿onde estás? ¡Favor, aquí, padre mío! Tened el paso, tiranos, que vuestro bien se interesa; que el rescate de esa presa os vienen a dar mis manos. Mas, ¡ay, infelice suerte!, que ya vais dejando el puerto, para que llegue Lamberto al puerto do está mi muerte. Volved, mirad que os presento, por la presa que lleváis, un preso, con que quedáis ricos, y yo muy contento. Hacedme tanto favor, que recibáis el rescate, o vuestra mano me mate, y no me mate el dolor. Mirad que perdéis la palma en hacer lo que habéis hecho; que el cuerpo dejáis deshecho, y solo lleváis el alma. Volved, rompiendo las olas; hacedme tan alto bien, y el cuerpo llevad también, no llevéis el alma a solas. mas ¡ay!, que en balde voceo; que es tanta mi desventura, que el bien que el alma procura se muere con el deseo. El mar me estorba que llegue a gozar de esos despojos, pero yo haré de mis ojos un mar a donde se anegue. Y pues que tales extremos con mi desventura abarco, sírvame el cuerpo de barco, y aquestos brazos de remos, y mis suspiros podrán, vencidos con tal aliento, dar alguna fuerza al viento, (Quiere arrojarse al mar.) v al puerto me llevarán. Y cuando mi mal tan cierto de tanto bien me privare, cuando vivo no llegare al puerto, llegaré muerto. Llegad, ved que en la marina un hombre está voceando. Iré por el mar, buscando esta perla peregrina. Hija, ya parto tras ti Tened, ¿qué queréis hacer? Robador de mi placer, si acaso vienes por mí, forzado de mi pasión de esta in¡ hija, me lleva a donde verás la prueba que hace ni¡ corazón. Pero si de un bien tan alto tu fiero rigor me priva, mátame por que no viva de tan alta gloria falto. Haced llegue a donde estoy. Levanta, amigo, del suelo; que de contemplar tu duelo enterneciéndome voy; mira que el Rey mi señor quiere verte. ¡Oh, vil gentío!: ¡cuán presto al descanso mío diste asalto con rigor! La rienda al llanto detenga tu paciencia, y dime en tanto la causa de él. si mi llanto diese lugar a la lengua, direte, Rey, un suceso, el más triste y desdichado, que te dejará espantado de ver que no pierdo el seso. Salí por esta marina con una hija que el cielo me dio para mi consuelo, prenda del alma divina; y en medio de la alegría que mi corazón gozaba, sentí un rumor que formaba gente en esta cacería. Ruido de armas sentí, y por saber el estruendo dejé a mi hija, y corriendo a ver lo que fuese fui. Y apenas mi desventura de mi hija me apartó, cuando gente mora dio asalto a su hermosura. Robáronme mi tesoro, robáronme mi consuelo, robáronme, Rey, el cielo do vive el alma que adoro. Volví luego dando voces, mas fueron voces en vano, que se fue huyendo el tirano en los barquillos veloces. Esta es la ocasión que tengo; mirad si hay mal semejante, y si es ocasión bastante que venga al dolor que vengo. Dejadme, iré a bu=calla; dejadme, que voy tras ella, que el alma no ha de perderla cuando no pueda alcanzarla. Tira del llanto la rienda y ese vano antojo deja; que no remedia tu queja que el alma, tal hecho, emprenda. Yo seré de ella el rescate, y esta palabra recibe, como sepa dónde vive, por dinero, o por combate. ¡Ah, Rey!, que mi desventura está en un extremo tal, que con uno y otro mal darme la muerte procura; y porque entiendas que es mucha la ocasión de mi lamento, otro desdichado cuento que quiero contarte, escucha, y verás que no me aflijo de aqueste mal con exceso, pues tengo cautivo y preso, antes de esta hija, un hijo. Yendo a Barcelona, un día, de Lérida (¡ah, triste caso!), salió a impedirnos el paso una ingrata compañía de ladrones, y de suerte su infernal furia mostraron, que ,_ ,, mí herido me dejaron, casi cercano a la muerte. Fue cual un ligero rayo este repentino asalto; quedé de mi hijo falto y con un mortal desmayo. Mira si tengo razón. de abrir al llanto la puerta y que por los ojos vierta deshecho mi corazón. lleváronme a mi Armengol y a mi Jironela bella, y estoy sin él y sin ella ausente de luna y sol. ¿Qué tengo, ausente, de hacer de mis dos espejos bellos sino llorar hasta vellos, o hasta dejar de ver? Olvidé un tanto el dolor con la dulce compañía de la Jironela mía, mas sin ella es ya mayor. doble anciano, bien colijo la razón que al fin te sobra, pero algún descanso cobra, pues cobras en mí a tu hijo. Dame esa mano. Abrazarte quiero, pues a verte llego. Dame licencia, te ruego, Rey, para poder hablarte. Vuestra es, Capitán gallardo, la facultad y licencia; levantad, v de Valencia me das las nuevas que aguardo. Ya sabes que ha muchos días que enfadado del bullicio de estos reencuentros del mundo, a Dios mis obras dedico. Los haberes de mi padre (que en efecto fueron ricos) los puse en cambio del cielo, porque el mundo es mal amigo. Entre los de caridad hallo yo, señor invicto, que es una de las mayores el rescate de cautivos, que como es la libertad el bien más raro del siglo, que carecer de ella, es pena que más aflige a los vivos. Yo, pues, sintiendo en el alma la que en este pueblo impío dan a los tristes cristianos los bárbaros enemigos, tomé toda mi hacienda, v como en perlas el Indio toda en almas la empleé, que son de precio infinito. Rescaté ochenta cristianos, y de cien mil fuera alivio, si a todos los rescatara vendiéndome yo a mí mismo. Los más frágiles te Cruje; que el buen médico advertido cura primero la parte donde siente más peligro. Quedan cuatro mil cristianos en las mazmorras metidos, poblando el suelo con agua v los aires con suspiros. Aquí del materno pecho pendiente está el tierno niño, a quien el señor ingrato niega el agua del bautismo. Allí la casta doncella, forzada del dueño impío, que ya Roma ha trasplantado en España sus Tarquinos. Y a la mujer dan de palos; ya echan hierros al marido; ya los dividen a entrambos; ya circuncidan los hijos; ya porque el otro cristiano no quiere guardar sus ritos, con pecho cruel le inventan mil géneros de martirios. Él es un cifrado infierno, de crueldades un abismo, un purgatorio de males, un caos de confusos gritos. Cristianos aprisionados, Dios os dé su santo auxilio, que excede, en rigor, el vuestro, al cautiverio de Egipto. Habéis, Nolasco famoso, movídome a compasión, que es de cera el corazón, y yo en extremo piadoso. Señor. :Tengo de dejar que este bárbaro linaje vuestro santo nombre ultraje y no le he de castigar? Virgen pura, cedro santo, ¿cómo, Señora, os agrada ver la limpieza manchada de que vos os honráis tanto? ¿De afear vuestra excelencia osadía tiene el hombre? Virgen, pues yo en vuestro nombre quiero cercar a Valencia. Amigos, gente se haga; pague el moro su locura. ¿Hay dinero por ventura con que hacer alguna paga? ¿Pues no hay? ¿Dónde lo ha de haber, pues sabes que hoy no has comido porque dinero no ha habido para comprar de comer? Señor, con humilde amor este regalo os ofrezco, que pues me le dais, merezco solamente este favor. Al pueblo se manifieste el deseo a que me aplico, quizá habrá algún hombre rico que algún dinero nos preste. Dudo que en tu tierra Nava quien préstamo hacernos pueda. Mosarle hemos la vereda porque de su burra cava, que muesa linde es mayor que la suya tanto y medio. Él, pardiez, pondrá el remedio. ¿Qué queréis? Sepa, señor, que entre aquel pueblo y el nueso hay dos lindes. , Bien. Ya vó, al causo. Bras Gil llegó que quiere herse más vieso en todo, como si juera su mesté o boticario. Vamos a lo necesario. A eso vó; pues él quijera que a la linde que está en casa de Cartiñán de Quiñones allegaran sus mojones; mire cómo no se asa. Escodriñó de abinicio: siempre a «coche acá cinchado» andaremos. Un letrado no lo entenderá. Es joício vellos andar en quillotros: señor, dé su parecer, que si lo quiere ir a ver, le pondremos somo un potro que es como un oro, ¡pardiós! ¿Sobre el término altercáis? Diole. ¡Juro a mí! Llegáis a no buen tiempo los dos; que hay cosas de más momento. Momentos de nueso cura, que el uno solo, le dura larga hora y media y no miento. Decí, amigo. ¿El pueblo tiene algunos propios caídos? Levantados, y vestidos están ya. Es día solene. si hay dinero del concejo, os pregunto. o, señor, que es un pueblo pecador. Pero aquí, Sancho Cornejo, sé que tiene unas blanquillas, y hartas. Decí, hombres de bien, ¿qué dinero tendréis? Bien Sin la patena y manillas tendré en dineros cien sueldos, que son cincuenta reales. Mire si dije. ¿Y cabales? Cabales. Id. y traedles; prestaréismelos ¿Mi hacienda? Vuestra hacienda. ¿A su mercé? A mí propio. ¿Para qué? No falta. ¿Sobre qué prenda? Sobre mi palabra. ¡Guarda!; no los llevará, ¡pardiós! Pues ¿qué prenda queréis vos? si como mi burra parda tuviera media docena, sobre ella se los prestara. si en prenda solo repara., , dadle alguna prenda buena. No hay que dalle, porque todo está, señor, empeñado. ¡Que un Rey libre, y en su estado, venga a verse de este modo! ¡Un grande servicio os debo! ¡Dios mío! por este ensayo. ¿Queréis por prenda mi sayo? si estuviera algo más nuevo le tomara todavía; mas échelo acá, verelo. Para grande bien el cielo guarda la constancia mía. Virgen, tanto os he querido que viéndome en pobre estado, después que el alma os he dado por vos empeño el vestido. Respetos que son tan buenos de mí no falten jamás, que el que os ha dado lo más, no es mucho que os dé lo menos. Toma, amigo. Ten, Señor; que yo otra prenda traeré. Sobre esa no los daré; traed vos otra mejor. No vais. Advertí, hombre honrado, que esos sueldos se me den, que con el sayo, también hipotecaré el estado. si su mercé aquesto hace, porque yo quede seguro, que también me dé, procuro, un buen fiador. Que me place. Yo haré la fianza. Y yo. Háganla ambos. En buena hora. Ya, esclarecida Señora, mi deseo se cumplió; ya no habrá quien me resista, ,destruir al moro fiero, pues he hallado dinero para empezar la conquista. Tu peregrina humildad tanto conmigo ha podido, que sangre y hijos olvido por dar colmo a tu lealtad. A Rey que solo profesa pelear por vuestro amor, dadle las fuerzas, Señor, necesarias a esta empresa. ¿Hemos de her escritura? Sí. Háganla con concencia. Yo levantaré en Valencia vuestro nombre, Virgen pura. ¿Fortificose la breña? A tu gusto se acomoda. Es inexpugnable toda la punta de aquella peña; que si en sus antiguas lides en esta Caco habitara, por más que se descuidara no le diera muerte Alcides. Triste del que procurare hacerte guerra, Armengol, que si el sol ofende al sol, puedes hacer que se pare. Importa que haya cuidado en la defensa, y la furia que enemigo que a otro injuria no ha de vivir descuidado. Y pues por muerte de Orbante (a quien por padre he tenido), a serle ahora he venido en el cargo semejante, porque no pueda culparle quien de poca edad se ve, ya que el cargo le heredé quiero la industria heredarle. Basta que le has heredado en ser valiente y sagaz. Del oficio eres capaz, un Héctor en ti ha criado. ¿Quieres ir a pretender la corona de Aragón? Honrados tus humos son. Puedes rey del inundo ser. ¿Coronarte no previenes? Más a la piedad te aplica. ¿Pues de qué llora el marica? Razonable presa tienes. ¿Trae ese muchos ducados? A cinco mil llegarán. Bien repartidos están. ¡Ah, principios desdichados! Llorón, cobarde, ¿qué tienes? No le tratéis con deshonra; dejadle toda su honra y aprovechaos de sus bienes. Basta que se vea rendido; no se vea deshonrado. Hablas como buen soldado, pero no como entendido. si robarme solicitas, cuando bien me hagas tratar; ¿qué honra me puedes quitar cuando la hacienda me quitas? ¿A tu noticia no viene que entre la gente de nombre, no tiene más honra el hombre que la hacienda que tiene? Haz que esta a mí se me dé, y en mi honor sé crudo y fiero, que si vuelvo con dinero muy honrado volveré. Pero volviendo robado, ¿qué honra puedo tener? Hablas corno mercader, pero no como soldado. Con tu honra libre escapa, que al amigo se permite, que lo tuyo no se quite mas no que te dé su capa. De pedir lo ajeno huyo esa hacienda mía, me da. En eso el engaño está, que lo que es mío, no es tuyo. ¡Llevadle! Escucha. No quiero. Dame algo, por Dios. Por Dios, le desnudaréis los dos, y los dos contá el dinero. ¡Ea!, ¿qué estáis esperando? Tu resolución me espanta. Paso, que viene en garganta por el monte otro cantando. «Virgen María, y Madre de Dios, no hay en el mundo otra como vos.¢ De soberanos favores es esa Virgen abismo, porque es madre de Dios mismo y madre de pecadores. Hagamos la bolsa franca, seor cantor. Su bien procuro. Bien puede cantar seguro el que camina sin blanca. Acabe. Ningún mal le hagáis. la tu nobleza bendigo. Dejadlo, vení acá, amigo: ¿cuánto dinero llevais? ¿He de decir verdad? Sí. confiado en mi valor si vale verdad, señor, ni un solo maravedí. Pues músico que ha tenido a la Virgen afición, por el camino es razón que vaya bien prevenido. A cuenta de ese buen hombre le dad cincuenta ducados. Déselos Dios mejorados. ¿Dinero das? No te asombre; que tiene una dama mía por grande abogada suya. ¿Abogada, y dama tuya? ¿Quién es? La Virgen María. Este gusto mío os cuadre. ¿Quién vio tal? ¿De qué os reis vos? De que desnuda, por Dios, y que hace bien por su madre. ¡Gentil obra! De mi celo no es justo que a ti te asombre, porque qué será del hombre si quiebra con todo el Cielo. El que al rey traidor le ha sido, para excusa de su mal busca en la casa real quien defienda su partido; y por buena cuenta hallo que este, aunque excede a la ley, suele pecar contra el rey y no contra su vasallo; porque en el rigor más fiero siempre la real persona con facilidad abona, si intercede un buen tercero. Yo soy así, te prometo que en esta vida que elijo, aunque peco contra el Hijo, guardo a la Madre el respeto; que nunca el verbo del Padre de la gloria ha despedido al pecador que se ha asido de las faldas de su :Madre. Y por que su loa aprueba este, y tú no la dijiste, tú dejas lo que perdiste y él lo que no trujo lleva. A este le dad lo que digo, y a ese otro se lo quitad. Oye, mira. Caminad. Tu grande virtud bendigo. ¡Que me despojes, tirano, de la hacienda y honra mía! Valiéraste de María y pasaras libre, hermano. En mi alma, estos extremos, vos, Señora, los causáis. Amigo, si camináis, los dos juntos ir podemos; que en aqueste despoblado se me ha puesto ahora el sol, y témome de Armengol, que es hombre determinado y me podría quitar joyas riquísimas hoy, que a presentárselas voy a la Virgen del Pilar. Yo acompañaros prometo hasta hallar seguro paso, y si Armengol viene, acaso él me tendrá algún respeto. Las joyas os aseguro; vamos en conversación. Ya se hizo la partición. Aquí la vida aventuro. No temas, yo estoy aquí. Armengol, tu parte alcanza. Aquí expiró mi esperanza. Lo que yo te prometí te cumpliré. ¿Es otra presa? Sí; pero guárdola yo y no escota. ¿Cómo no? Armengol, si es que te pesa de nuestro aprovechamiento dilo, y haremos caudillo. A vuestro gusto me humillo; el vuestro ha de ser mi intento. Mas la causa de este es mía, que de mí se valió en fin: y ¡mal haya el hombre ruin que engaita a quien de él se fía! Ya el seguro mío tiene, y para que más lo parta entre vosotros se parta esa parte que me tiene. Que una dama ilustre y clara aquesta hacienda me fía, que la diera yo la mía cuando aquesta le faltara. Hémeste de obedecer, y así no te replicamos. Pasó por entre estos ramos. Presa hay. Pues no es de perder. Yo el primero a asirla salgo. Yo a seguirte me dispongo. Id todos mientras que pongo en seguro a aqueste hidalgo. ¿Quién tu nobleza no adora? Ir muy seguro podréis siempre que joyas llevéis para dar a esa señora. Lo mejor es que te olvides del regalo de tu. tierra. si allí mi gusto se encierra, ¿cómo que la olvide pides? $1 tuyo, por ser real, tendrá infinito valor, pero ninguno hay mejor que el regalo natural. Murió mi esperanza verde, que el bien fundado en el aire cuanto se gana, es donaire si la libertad se pierde. ¿Qué libertad pierde ahora la desdeñosa y esquiva que sube de mi cautiva al trono de mi señora? Mira si tienes, tirana, por tuyo mi real tesoro, pues en el pecho de un moro infundes alma cristiana. No te canses, mándame que te sirva y servirete, y en lo demás... Para y vete. Voime. Vuelve. Que mi fe ¿no ha de alcanzar galardón de tu ingratitud? Sospecho que no ha de ser de provecho en tu vana pretensión. Mira lo que dices. Digo que has de hallarme, señor, siempre con este rigor. Oye, Ardín y Alá es testigo, que si no lo haces por bien que me tengo de enojar. Voy. ¿Piensas perseverar dime, Estela, en tu desdén? De hacerme tuya no trates. si a mi persona te igualo. No me ablando con regalo. Matarete. Aunque me mates. Ya me ofrezcas tu tesoro, ya tu corona me des, ya me pongas a tus pies y ya en el labrado toro; va te acabe mi disgusto, va te alegren mis placeres, tener conmigo no esperes solo un momento de gusto. Recia, por mi vida, estás y no sé si diga necia. Para ti estoy necia y recia. Ea, que te ablandarás. Cordel, cuchillo y veneno es esto que te señalo; aquí hay plata, oro y regalo aquí libro, aquí condeno. Queriéndome gozarás ele una perpetua ventura; pero si te muestras dura, esas muertes probarás. En breve concluye. Advierte Di. Vuelve el rostro. ¿Esto más? ¿Qué me quieres? ¿Que te vas? Sí. ¿Que han de darme muerte? Si, mi gusto se concluya. ¡Oh, para mi duro acero! ¿Oye, oye? Di. Ya quiero. ¿Qué es lo que quieres? Ser tuya. ¿Mía? Sí. ¿Búrlaste? Acaba. La vida tienes muy cierta. Casi me imaginé muerta, y la sangre se me helaba. Con todo, quiero estimar tus favores. si me ablandas, dado, señor, que me mandas, no me mandes renegar. Deja que cristiana esté, y en el mal que me contrasta, que tenga fe muerta basta, sin que me halle sin fe. Que he de enfadarte no creas; pero gustaré yo ahora, va que en la ley no eres mora, que en el vestido lo seas. Mi gusto al tuyo se allana. En ti mi gloria atesoro. Ya voy con corazón moro. Y yo con alma cristiana. A Dios las gracias se le den cumplidas de la victoria que ganado habemos, v la mezquita con solemne fiesta mañana, entre dos luces, consagremos. A la Virgen María, a quien con lágrimas prometí de ensalzar su nombre santo, luego que la ciudad por mía estuviese. Débesle a Dios, señor, un gran servicio, por las grandes mercedes que te ha hecho; que como poderoso, te ha mostrado aquí sus maravillas celestiales para obligarte a que le sirvas siempre. Padre Raimundo, la ciudad explora y mira que no haga algún soldado cosa que pueda ser de Dios ofensa. Haré tu gusto. Y yo, señor invicto, con tu licencia, voy a dar las gracias de esta merced a Dios. Id en buen hora. Lamberto, ¿qué despojo se ha juntado? Hay en moneda ochenta mil cequíes, y de estos has de dar paga a tu gente, que se les deben diez, y está que corre. Pues luego les pagad, y dad sin estas, adelantadas tres o cuatro pagas, y anden contentos todos mis soldados, y ellos gocen la hacienda, pues la ganan. Sacad primero aparte los cien sueldos que aquel buen hombre me prestó, que es justo. Como lo ordenas, de cumplirlo gusto. Acudido han al campo muchos pobres, a la fama que hay de la victoria. ¿Qué limosna habéis dado? Veinte reales. Muy poco es, dadles más, no llegue pobre que se parta de vos desconsolado que los tesoros que nos dan los cielos, de estos mendigos son, para ellos cría la Arabia el oro y el Oriente piedras y el Sur las margaritas estimadas. Ellos son los soldados que pelean aunque sin armas van, que sus plegarias, sus llantos, sus gemidos, sus sollozos, nuestros escudos son y petos fuertes. ¿Dareles otro tanto? Sea doblado; nunca recateéis bien para pobres. ¿Que tengo que comer? Cenar podrías, que ya la noche a más andar se acerca un francolín te tengo, y dos capones que nos costó un real y des dineros, y un dinero de fruta. El tercio de eso me sobra para mí; ahorrad de gasto, que he menester quitar de la comida y añadir en la gente de la. guerra; desde mañana os moderad, hoy pase ese gasto superfluo que está hecho. Id y dejadme un poco aquí solo, que de otros gastos cuentas hacer quiero Fuera, a que salgas a cenar, te espero. Ya que mi alma contenta se halla, Virgen, con vos, hagamos cuentas los dos, que tenemos larga cuenta. Yo os prometí, lo primero, si estábades de mi parte, de daros la cuarta parte del despojo, y del dinero. Cuando a Mallorca gané, por servicios atrasados, repartí entre los soldados el despojo que allí hallé. Fue tan corto, pobre y vil, que de todos sus confines, saqué ocho mil florines, quedé debiéndoos dos mil. En Menorca no hubo tanto, mas aquí con humildad, luego ofrecí la mitad a vuestro altar sacrosanto. Tres rail florines os di, y de la deuda pasada, dejé la mitad pagada; de esta os haré pago aquí. También tenemos Señora, otra cuenta entre yo y ves; yo os he prometido a vos, por lo que mi alma adora, sacar de poder de moros cien cautives cada año; si en el pasado hubo engaño culpa tienen mis tesoros, que aun para comer no tuve. _olas si de estos deudor soy, cuatro mil ahora os doy. Mirad si la cuenta sube. Y aunque ya dineros llevo por mis gastos excesivos, pagaros quiero en cautivos los mil florines que os debo. Y por que dado me habéis favor, en esta revuelta, quiero hoy, Virgen, hacer suelta de los más que me debéis. Rey, postrad por tierra el pecho. ¿Jaime? Virgen, vuestro soy. Agradecida te estoy del presente que me has hecho. Confiado en mis favores una religión harás, a cuyos frailes dará título de Redentores. Y por divino blasón, de que es orden que tú has hecho, traerán un escudo al pecho con las armas de Aragón. Por remate una cruz blanca, en señal que es desde ahora su divina fundadora mi mano divina v_ franca. Pero la piedra primera que en este santo edificio se consagre a mi servicio, por ser firme y duradera, ha de ser tu amado Pedro v mi Nolasco querido, a quien ya tengo escogido para mi oloroso cedro. Amale, que es más que hombre. Virgen, de nuevo me haced esa divina merced. A mi orden da ese nombre. Jaime, ¿qué nueva ventura es la que te ha sucedido? Virgen, ¿cuándo he merecido ver esa rara hermosura? Virgen volvedme a hacer ese divino favor. ¿Fraile un hombre pecador? Virgen ¿qué os merecí ver? Y Virgen, ¿yo cargo vuestro? ¿Cómo le he de administrar? Padres, quiéroos abrazar. Modérate Señor nuestro. De gozo no estoy en mí. ¿A mi favor, mi María? Tu soberana alegría me ha comunicado a mí. ¿Yo de su vista he gozado? Ya desea el corazón fundar esta religión: tú, Nolasco, eres prelado. ¿Yo, un pecador tan indigno? Gusto de la Virgen es. Humilde estoy a tus pies. ¿Qué hábito das? Determino dar, el que vestido trujo la paloma celestial, porque al mismo original semejante sea el dibujo. ¡Cómo tu prudencia muestras! Mostráis tantas alegrías, que colmo las ansias mías con las sombras de las vuestras. Señor, ¿qué contento times? Ven, Lamberto, y lo sabrás, que también te ocuparás tú, en hacer heroicos bienes. Que ya que los moros fieros asolé con esta guerra, quiero limpiar esta tierra de todos sus bandoleros. Desde este punto te hago, contra ellos, general. Aunque es pobre mi caudal, de serlo me satisfago. Seré su cuchillo agudo. Fúndese esta religión. Hoy, Virgen, mi corazón goza de lo más que pudo. Cansado vengo de andar. ¿Quién te forzó a ello? Convino a aquel hombre acompañar. Hubiste largo camine. Conviéneme descansar. Desde lo alto, el llano escombra, y si algo viene me nombra por mi nombre, estaré alerta; y si no, no me despierta, que dormir quiero a esta sombra. ¿Y qué tiempo dormirás? Para quien de paso anda bastan dos horas no más. Proseguirase la tanda mientras descansando estás. Vete, y haz buena atalaya. Temor tu pecho no haya que seré otro Polifemo. ¡Temor dices! ¿Luego temo yo? ¿Deseas que me vaya? Que ya te vayas, deseo. Voime, duerme. Dormiré. De la ciudad gente veo salir. ¿Sabes para qué? Que no es para honrarnos creo que en forma de compañía hacia acá toma la vía. ¿Has recorrido la breña? Defensable está esta peña. Enviemos una espía a saber adónde va esta gente que ha salido. Saliceto lo sabrá. ¿Qué hace Armengol? ° Dormido a sombra de ese olmo está. ° Despiértalo. ° Es excusado; que llegó ahora cansado v ha de guardársele el sueño. ° si hay enemigos... ° Pequeño tumulto te ha alborotado. Vamos a tomar razón de los hombres que salieron, adónde van y quién son. ° Vamos. ° ¿Viste cuántos fueron? Era formado escuadrón; que de aquella torre vi lo que te he contado aquí. No nos ofenderá el sol. Harto has dormido, Armengol: recuerda ya, vuelve en ti Huye del infernal cebo, de ese engañoso regalo y pues tu amistad apruebo, basta lo que has sido malo, date a hacer libro nuevo. La nueva religión soy que mi defensa te doy Dios no quiere la alma muerta más que viva y se convierta ven, que aguardándote estoy. Ven, alumbra este horizonte que tu mal ha obscurecido En torno se cerque el monte Aquí está un hombre dormido. Prendedle y a punto ponte, por si a defenderlo sale gente. Recordó. Pues dale pero no le des, detente. ¡Vendido he sido! ;Qué gente? Quien a tu mal poco vale; date a prisión, bandolero. Villano, ¿darme a prisión? Darete muerte primero. Por saber si eres león, yo solo prenderte quiero. Apartaos. ¡Brazo animoso! ¿En el peligro forzoso desmayáis? ¿Quién me detiene? ¡Tente! ¿Que hay voz que me enfrene? ¿Que ahora estoy temeroso? ¡Muera! Acabe. ¡Tente! ¡Cielo! ¡Quien con tu voz, me acobarda! El pecho siento de hielo. ¿Yo temor? Espera. Aguarda. ¡Tente! Ya temo, y recelo. ¡Oh, engañosa fantasía! Soñé que una hacha ardía, y es que ardo en ira y rabia. ¡Que al que a mi Señor agravia le guarde yo cortesía! Cobarde soy: caso es llano. Armengol, ¡muera el villano! ¡Cielo santo! ¡Armengol dijo! ¿si es este mi infeliz hijo? Lamberto, mueve la mano y quede ese a tus pies muerto. Su enojo es bien que me cuadre por el nombre de Lamberto; que se llama así mi padre y su amor en mí despierto. Baja la espada, buen hombre, y esta vuelta no os asombre, que procede de amistad. Hago vuestra voluntad. ¿Es Lamberto vuestro nombre? Mi nombre es. ¿Sois de Tudela? Dicen que sí. ¿Qué se ha hecho, decid, vuestra hija Estela? Él es, pues sabe mi pecho. Cautiva está. ¿Qué? Dejela holgándose... Es largo el cuento. mas ¿qué es vuestro pensamiento de acordarme ahora de ella? ¿No va Armengol a traerla? Aquí descubro su intento. Murió Armengol, mi hijo amado; mi tristeza, por él es. ¿Conocísteisle, hombre honrado? Vivo está, y de vuestros pies, como hombre indigno, abrazado. Yo soy, padre, vuestro hijo; vos sois mi padre, Lamberto, y que muerto estoy, colijo, que si el gozo a alguno ha muerto, muerto me ha este regocijo. Venerables canas mías, ved estas lágrimas mías que están vuestros pies regando, si con agua no os ablando lloraré sangre mil días. Ojos, llorad sangre al son que desfogue mi pasión. Los pies deja, ten los brazos, y no hagas más pedazos mi afligido corazón. mas aunque de roña lleno con este mortal veneno, le estimo en mucho, mi Dios, que fácil es para vos de este malo hacer un bueno. Desde hoy lo he de ser, y tanto que del mal liaré descuento, deshecho en un mar de llanto; y si un arrepentimiento salva, el mío me hará santo. Amigos, Dios ha querido sacarnos de estos vaivenes que el infierno ha producido: va soy capitán de bienes, como de males be sido. Seguidme. Vete, cobarde. Ese caduco te aguarde. Solo de temor, sospecho que hijo suyo se ha hecho. Para hacer bien, nunca es tarde. Ir con vida no imagines; a echar este viejo empieza de estos temidos confines. Todavía soy cabeza aunque de miembros ruines. A quien he de respetar, ¿de esta tierra lo he de echar? Armengol soy. ¿Vienes loco? ¡Mueran, padre! Tente un poco ¿Quiesnos tan presto matar? Pues de Dios estáis ajenos, guerra eterna os he de hacer. Deja, que ellos serán buenos. Padre, mejor es hacer aquestos infames menos. Al cielo con pecho hidalgo he de mostrar lo que valgo. Huyó la gente villana. Busquemos, padre, a mi hermana. Ven. Ya hecho un David salgo. A los fieles cristianos sea. notorio cómo la Orden santa instituida por nuestro Rey católico Don Jaime a honra de la Virgen sacratísima cuyo título es de las Mercedes de Redención de míseros cautives, con celo de agradar a Dios envía a la ciudad de Argel, a hacer rescate de los cristianos que haya en cautiverio. Por tanto, el que tuviese algún pariente, amigo o conocido, entre infieles hable al padre Fray Pedro de Nolasco, humilde general de apuesta Orden, y acuda a él con las limosnas suyas, que él las recibirá cristianamente y con gran caridad hará el oficio de redentor, con pío y santo celo, a imitación del Redentor del Cielo. Virgen pía, estas obras os ofrezco, vuestro mandado hago, yo quisiera tener en libertad vuestros cristianos como en el alma vuestro nombre tengo, mas, señora, no puedo lo imposible: recibid el ardor de un buen deseo. Ya que, gloriosa Virgen, me habéis hecho humilde general de vuestra Orden, vos las fuerzas me dad para que pueda administrar con rectitud mi oficio. El Señor, que ha querido que se haga esta Orden en el nombre de su madre, tendrá el cuidado de ampararla siempre. ;Que por misterio soberano ha sido fundada aquesta Orden, padre amado? La Virgen pía es la fundadora; pero el Rey está aquí, calla, lleguemos. ¡Olí, buen Lamberto!; ¿cómo va de guerra con estos bandoleros? Muerto he muchos y este solo escogí para traerte, fiado en la clemencia de tu pecho. Suplícote, señor, que le perdones que apueste es Armengol, mi infeliz hijo, por fuerza de su signos arrojado; porque pueda gozar siquiera el uno de los dos hijos que me ha dado el cielo. Por vos las culpas viejas le perdono; de las nuevas se guarde, que si vuelve a pecar, pagarlo ha todo junto; entretenedle en vuestra compañía. Beso tus pies. Tu esclavo soy, ordena de mí a tu voluntad. La mía, es esta. Cautivo tengo un hijo en Argel, padre, tome su reverencia esta memoria y esta pobreza que juntada tengo para ayudar al rescate que le piden. De este hombre se acuerde, padre amado, que es un nieto que solo me dio el cielo! poco rescate tengo, pero supla su caridad apuesta falta mía. Padre, un hermano mío está cautivo en poder de infieles, la memoria de quien es y do está., se cifra en esta. $n amor de la Virgen le rescate. Yo, hijos, daré contento a todos. Tome estos diez ducados para ayuda de los rescates, padre. Lo que tengo doy, sabe Dios, si dalle más quisiera. Esto recibe Dios, cristianos, bienes que para redención de los cautivos ayudáis con limosnas, en el Cielo gozaréis de riquísimos tesoros, sin temor de caer en cautiverio. ¿Falta otra cosa más, padre Nolasco? Señor, buscar ahora un compañero que en aquesta jornada me acompañe. ¡A qué cielo, mi Dios, me habéis traído! Merezca, padre, yo ser escogido. No está el hacerlo en mi mano, sino en el Rey, mi señor. Armengol, pídeslo en vano, que no ha de ir un salteador a servicio tan cristiano. Cuando de tu honrado pecha hayas muchas pruebas hecho, podrás irle acompañando, vete ahora acreditando, que es el camino derecho. si pierdo esta religión porque entre malos asisto, es Paulo mi defensión que de enemigo de Cristo salió vaso de elección. A un salteador bandolero, en el instante postrero que el Redentor morir quiso, le otorgó su paraíso por contrito y verdadero. Un logrero fue Mateo y un trapacista Zaqueo, y su santidad escucho porque con Dios puede mucho la firmeza de un deseo. Con lágrimas de mis ojos, ante ti, puesto de hinojos, estas mercedes te pido. Grande su fervor ha sido. Ofrece (i) a Dios mis despojes. Señor, a este bandolero me da por mi compañero. Vaya. Bésote los pies. Lo mucho que hoy ganas ves. Qué me bendigas espero. Bendición de Dios y mía vayan en tu compañía. Ahora que el alma os doy veréis cuán devoto os soy, Virgen intacta, María. (Sale un SOLDADO.) Ultrajando tus decoros corren con fiestas los moros a vista de nuestro puerto. Salga con cuatro, Lamberto; gaste en esto mis tesoros. Pondré en ellos mortal calina. Hoy granjea eterna palma la creciente de mi celo. Y hoy hace fiesta el cielo por haber ganado esta alma. ¡Ea, canalla, apriesa! Siempre gustas el tratarnos con ásperas palabras. ¡Que a la espalda el rancor no les ajustas; que a palos la cabeza no les abres! Muestra que fuerzas tengo yo robustas y haré... mas con tus iras descalabras. Sosiega, que Francisco va obediente. Humille Dios vuestra soberbia frente. Henchid presto. Ya vamos. Dime, Hamete, ¿en qué punto está el Rey con su cautiva? A veces sus favores le promete, a veces suele estar dura y esquiva. Teniendo la ocasión por el copete, ¿qué desdén de valor al Rey le priva? Cierre con ella, pese a la cristiana. Enojada parece tigre hircana. ¿Se han ido los cautivos? ¿Qué me apuestas que parlándose están? Ven, por tu vida, verás los palos que se traen a cuestas. Es canalla temosa y mal nacida. Ya que el rancor del alma manifiestas haz con él amistad, aunque fingida. ¿Con un perro amistad? Aunque me mate. Tú das en harto necio disparate. Martín, ¿trajiste el pan? Y la cecina. Comamos un bocado. Y diez podremos. ¿Parece gente alguna en la marina? No. Con aqueste lugar nos levantemos. ¿Los tres? LOS tres. ¡Por Dios, que desatina! ¿Qué traza das? Espérate, veremos. Daca la regalada calabaza. En bebiendo, darase gentil traza. Con ocho mil espadas, ¿no podía Hacerse en esta tierra un bravo asalto? Puede arruinarse a media Berbería. ¿Con ocho mil? Con ocho mil Pues alto. Argel es nuestro. ¿Cómo? si ahora envía contra este pueblo, de defensa falto, el Rey Don Jaime veinte mil soldados, sin remedio la junta a sus ducados. La calabaza esconde. Ya la escondo. ¿Trátanse ahora cosas de gobierno? ¿Qué platicas? Responde. Ya respondo. Los tres, ¿qué gobernáis? Al propio infierno. Cual a Ixión, en círculo redondo, pienso que le he de dar tormento eterno a aqueste bellacón. No lo imagines. ¡Ea, perros, a escardar en los jardines! Y vosotros a hacer en pleita presto. Venir tiene la nuestra cualque giorno. Este perro, por ti, nos es molesto; calla, pues dalle pienso su retorno. si el saber que en ti el gusto tengo puesto para el tuyo no sirve de soborno, ¿con qué te obligaré a que seas mía? Que tuya soy, de mi palabra fía. Estos días, señor, que te he pedido que en mi ofensa te vayas a la mano, fueron para llorar el bien perdido, la afrenta viva, el deshonor que gano. Verás mañana tu deseo cumplido; verás un monte de honra a tus pies llano; servirete. ¿Mañana? En aquel día. Mañana de mi bien, tu luz envía. Entre estas cidras, murtas y jazmines, Acandarce mosquetas, retamales, gusto, mi bien, que a reposar te inclines, reposarán en ti mis graves males. Fuego del cielo abrasen los jardines. A las rosas que son marchitas, dales el carmesí de tus mejillas bellas, excederán a las del Chipre bellas. El blanco de esa frente, a las mosquetas; el oro del cabello, a las retamas; tus ojos de su azul, a las violetas; su verde, tus listones, a las ramas; tu voz, a las calandrias más discretas; al cielo tu bondad, a Amor tus llamas, tu corazón a mí; por varios modos maravillas de Alá seremos todos. ¡Ay, Alá, qué regalo es escucharte! Ay, Mallorca, qué malo es abrazarla! ¿Que tuyo me has de hacer? ¿Que he de gozarte? A lo menos aquí no ha de gozarla. REY. La corona de Argel quisiera darte. ¡Por Dios, creo que empieza a destocarla! ¿Venos alguien? No. Amor. ¡Brava eficacia! si callo, aquí ha (le haber una desgracia. Sospecho nos ha visto el jardinero. Eso sí esté compuesto, ¡pese al galgo! ¡Hola! ¿Quién es? Hola, majadero; jardinero del Rey, y muy hidalgo. Papilla le he de dar. Reírme quiero. ¡Hola! ¿Otra vez holea? Pues si salgo allá, no es mucho os quiebre la cabeza. A dar valor a mi jardín empieza. Llégate acá. ¿Quién es? ¡Oh, señor! Basta; buen guardián de mi jardín has hecho. A veces la paciencia se me gasta con gente que al jardín no es de provecho. De varias flores un ramillo engasta para mi Jironela. si en tu pecho hay gusto alguno de que yo le tenga, deja que con mi mano le prevenga. Prevenle. Mostafá glorioso viene con una fusta de cristianes bravos y ya hecha elección entre ellos tiene de los mejores para ti. ¿Que esclavos serán? Ciento cincuenta te previene: todos sargentos; capitanes; cabos. Mientras haciendo estás el ramillete al victorioso Alcaide veré. Vete. Aquí se queda esta cristiana falsa. Belcebú la arrebate. Dime, amigo, ¿qué hierba suele ser la mejor salsa entre la rosa y el jazmín? Un higo. ¿Higo? Pues higo. (Una confusa balsa de quimeras le di.) ¿Burlas conmigo? No burlo, un higo; hembra, hace apariencia. ¿Higa querrás decir? Con su licencia. ¿Para quién es la higa? Mi señora, para vuesa merced. ¡Desvergonzado! Mujer que quiere a un galgo que otro adora, tres higas para ella. Pues yo he dado la causa; pagaré la pena ahora. «Un pastorcillo pobre está sentado.» Escucha, vuelve acá, por vida mía. «Y assí lloraba, aunque cantar quería.» Escucha. «Tiempo bueno; tiempo bueno, ¿quién te me apartó de mí?» ¡Que se deleite con mi mal, este de malicias lleno! ¿Sábela bien el macho con aceite? si no callas, harete dar veneno. ¿Para qué quieres que la lengua afeite? Silencio pon a aquesa voz proterva. ¿Quitarme leas que no hable con la hierba? Con ella hablar podrás hasta mañana. Pues hierba sucia, hierba mal nacida, hierba sin fe, sin Dios, hierba tirana. Tu dañada intención ya es conocida. Con esta hierba estoy hablando, hermana. Verdecica me sois, hierba atrevida; así, hierba ruin, bien me parece, que la hierba bellaca siempre crece. Decir esto a la hierba, ¿qué mal tiene? De tu malicia, a mi pesar, me agrada. ¡Buen lance! «Helo, helo por do viene el moro borceguí por la calzada.» Ese cristiano Rey su orgullo enfrene, que si Valencia a fuego y sangre entrada arrogante la tiene, Argel nos queda que castigar sus tiranías bien pueda. Repartí del despojo entre los míos, híceme liberal con tus soldados: que no hay favor que aumente más sus bríos como verse de bien galardonados. Aunque pequeños, tienes dos navíos sin gente, pero nuevos y enjarciados, y los cautivos que te di. Liste esclavo por lo mejor de tu presente alabo. ¡Qué buen talle! ¿Eres noble? si lo fuera; antes de cautivarme este corsario o le diera la muerte o me la diera, fin, entre noble gente, necesario. Muda lengua no habléis. Vista ligera, pies torpes, fe sin Dios, corazón vario, ¿no es el cautivo que miráis Lamberto? Su rostro y su persona, sí; él es, cierto. Triste estás. ¡Oh, mal haya mi venida! ¡Maldito sea mi inconstante hado! ¡Ay, hija falsa!, ¡ay, hembra mal nacida, espejo mío, por mi mal, quebrado! ¿Quieres que una merced, señor, te pida? Pídeme muchas. Dame este soldado. En tu nombre le traigo. Tus pies beso. ¡Que en este traje está! ¿Y estoy con seso? Pues he hallado traza, como quedes por señor de Valencia, a pocos lances... Sin testigos hablarle, amiga, puedes. Ven por este otro cuarto. ¡Ah, duros trances! ¡Ah, fortuna inconstante, y qué cruel eres! ¿Por qué te huyes? Porque no me alcances. Espera, vuelve, mira. No me agrada quedar con vos, cristiana desdichada. Solo has quedado conmigo, parece que te desvías. Nunca busques hidalguías en tu mayor enemigo. Hazle cariños al Rey, que es gran mate una corona, no los hagas a persona que guarda contraria ley. Yo te aconsejo lo bueno; que quererme regalar, a mí, será como echar ámbar rico entre veneno. ¿De dónde eres natural? Decirte la verdad quiero, de mí. Bien, soy forastero, y pariente de mi mal. ¿Y quién eres? No soy, fui. ¿Pues tu ser? Ya le dejé; que al punto que te gané cuanto ser tuve perdí. Pues fuérate de importancia no verme? Serlo podría, porque la pérdida mía ha estado en esta ganancia. Conocémonos los dos; paréceme que has de ser... No me puede conocer la que no conoce a Dios. ¿Por qué? No tiene remedio, que en el intento que sigo Dios, y yo, para contigo, estamos pared en medio. Esa presunción destierra. Prosigue en ese desdén para que te logres bien cobre la haz de la tierra. ¿Tienes hijos? Un varón, que de saber que aquí viene (aunque confuso) me tiene contento en esta prisión. ¿Y hijas? No, que es mala casta. ¿Por qué nos das ese ultraje? Porque a afrentar un linaje una de vosotras basta. ¿No tuviste hijas? Una; pero esa ya se acabó, que como luna menguó, por sujetarse a una luna. ¿Murió? En mi imaginación, que vida que a la honra ofende es como el oro del duende, que, a la fin, para en carbón. ¿Qué, no gustarás de verla? No. ¿Por qué causa, di? Porque murió para mí, como murió para ella. ' Viva, está, y para ella vos, que vuestra afición la aviva. Pues para mí no está viva la que muere para Dios. Quédate, que me detienes y de manera me ensañas, que... ¡Ay, padre de mis entrañas! Basten ya; no más desdenes. Vuelve, hablemos de veras. La paciencia se me apoca. ¿Yo tu padre? ¿Vienes loca? Has de serlo aunque no quieras. ¿Yo, hija mora? Desvía. Cristiana soy. ¡Suelta, digo! ¡Padre y señor!... Di, enemigo. Oye una disculpa inía. ¡Suelta! ¡Que el que me ha engendrado, con tanto rigor me trate! ¡Vive el cielo que te mate! Mátame, y no estés airado. Ahogarete. Parece que oí voces de mi Estela. Mi amor en ti se desvela, cuanto más tu saña crece. ¡Falsa, acaba! Advierte, espera... ¿En mis cielos soberanos has puesto, traidor, las manos? ¡Mata ese perro! No muera. ¡Matadle! No seas cruel. ¡Perro! Tened, advertí, que el golpe ha de dar en mí, antes que descargue en él. Señor, no le hagas mal. En vano es tu confianza, que en él tomaré venganza por mi corona real. Haz tu gusto, Rey cruel. ¿Ya tus favores me niegas? Y si tú por él me ruegas, te ahorcaré a ti por él. ¿Qué, tan enojado estás? Pues mátame, que yo quiero recibir muerte primero que él padezca. ¿En eso das? No le mates, por tu vida. Échale en una prisión. He de olvidar mi pasión por lo que tu boca pida. Prendedlo. A hombre de hecho nunca le espantan prisiones. A las segundas razones, le haced pedazos el pecho. Hacerle pueden pedazos y así tu fuego desfogas. ¡Quién, en lugar de estas sogas, te diera, padre, los brazos! Tirad con él. Solo os pido, cielos, que ro me matéis sin que venganza me deis de quien mi deshonra ha sido. Dentro de un silo le lanza En mis desdichas mortales sufriré infinitos males al sabor de una venganza. ¡Ay, padre del alma mía! ¿Con lágrimas me haces guerra? Siéntolo, que es de mi tierra. ¿Por qué agraviarte quería? ¿A mí agraviar? No lo creas. Pues vilo, ¿y niegas ahora? Imaginó que soy mora y que en mi gusto te empleas; y siente como cristiano, que en mi ley no es permitido hacer, lo que tú has querido. Ya le pesará al villano de lo hecho. No porfíes; esos rigores olvida. Prospere el cielo tu vida. Con bien vengáis, alfaquíes. Ya sabes, Rey poderoso, que Don Jaime de Aragón; del descanso y redención de los suyos deseoso, ha fundado un orden raro a donde solo se trate la libertad y rescate de los cristianos. Reparo, en que ese traje no he visto, que la vista me campea. Es, señor, una librea de la que es madre de Cristo. Viste es la cautividad, que en humana desventura es la mayor negregura carecer de libertad. Su Majestad se ha servido que de entregarnos se trate los cristianos de rescate dando el precio merecido. Daros ese gusto quiero; pero en la compra que hacéis, ¿qué cautivos compraréis? Los que alcanzare el dinero. ¿Quién los ha de concertar? Yo, señor. Conmigo ven. Tú, hermano, cuidado ten de salir por el lugar, y ver si hay cautivo alguno que de estar desesperado pretenda ser renegado. Buscaré tiempo oportuno. ¿Verasme después, cristiana? Darete gusto. Di, amiga: ¿quién a andar así te obliga? Mi desventura inhumana. ¿Eres cristiana de veras? Cristiana fui, ahora no sé; que han dado mate a mi fe malas obras. ¿Y no esperas salir de aquesta piscina? ¿Puedo? Puédeste salvar; que al que se quiere ayudar da Dios su gracia divina. Y para que te consueles y des la gloria al Señor, doce años fui salteador más cruel que los crueles. Llora tú, que como llores tienes cierto el perdón tuyo; porque es epíteto suyo el perdón a pecadores. Temo... Temores desecha: no haya en tu llanto intervalo, que aquel solamente es malo que del bien no se aprovecha. ¡Ay, que es mi culpa terrible y no admitirá disculpa! Cuéntame, amiga, tu culpa; que a Dios no hay cosa imposible. Yo nací en Tudela, padre; de padres ricos y nobles entre sus rayo, luceros v entre el pueblo común, soles. Diome el cielo hermosura, y con ella levantome los pensamientos más vanos que la voz que forma el monte. Quise tocar las estrellas con humo de presunciones, y como era parte de aire a su elemento volviose. Halló la muerte a mi madre; mi honrado padre llevome a Barcelona la bella de mi mal la piedra toque. Salí un día a la marina; cogiome en ella la noche, que para mi alma cuitada oscura, eterna, volviose. Cautiváronme corsarios; para su amiga pidiome el Rey, de Argel; desdeñelo; mi desdén enamorole. Solicitome con veras, con ellas me hallo de bronce. No me ablandó con regalos; ya habrá un mes, solicitome, y ese tiempo ha que dilato al Rey sus deseos torpes; hoy piensa de mí gozar; los gustos están conformes; mira si es de perdón digna una culpa tan enorme. Calla, hija, que Dios sabe perdonar obras mayores. ¿Obras no ha habido? No; dame orden con que las estorbe. Sí haré; dime, ¿conoces a una mujer de esa tierra, como tú hermosa y noble, que se llama...? El Rey te espera. Disimule, no nos noten. Vamos. ¿Verasme después, para saber esto? ¿Adónde? Yo te daré aviso. Amiga, ven firme. Seré una torre. Mi Dios, mirad por esta alma, que a gran peligro se pone. Cumple antes de anochecer que la prevención hagamos, para que de aquí partamos cuando quiera amanecer; que a lo que el cielo nos muestra y pronostica la mar, las redes nos han de dar grande pesquería por nuestra. Mira esas redes, cristiano, si como conviene van. Buenas y sanas están. Esta noche anda la mano, y no nos es prevenida siquiera una mala cena. Pues tenémesla muy buena. ¿Por tu vida? Por mi vida. Con todo, en este barreño pienso cocer medio atún. No es el regalo común. ¿Atún hay? Quítome el sueño. Daca leña; trae más lumbre. Yo voy por ella; esperad. Ea, amigo, aquí os llegad. Yo tengo poca costumbre de allegarme junto al fuego. Yo, si caliente no estoy, de ningún provecho soy. Llega y caliéntate Llego. A mi ejercicio ordinario quiero acudir, que parece que mi grande alivio crece rezando vuestro rosario. Vuestra divina alegría adore en mi corazón y en esta dura prisión socorredme Ave María. Remisión haya en la pena en cuyos rigores muero; hallar en vos gracia espero, pues sois virgen gratia plena. No me lance Belcebú en su tormento infinito; porque yo no sea maldito siendo benedicta tú. De los eternos placeres me dad a mí parte alguna, pues en méritos ninguna os iguala, inter mulieres. De generosos tributos el alma que os entregué, pues de vos, Señora, fue nacer benedictus fructus. Alúmbreme aquella luz desde ab eterno encendida y con la carne vestida y a ventris tui Jesús. Mostraos valerosa y pía, Virgen, al que en vos se ampara; porque gozar vuestra cara merezca, sancta Maria; pues excediendo la ley que hay en los mortales tristes, solo a vos ser merecisteis escogida maten Dei. Vos, poderosa Señora, que nos dais tantos favores, por mí y por los pecadores abogad, nunc et in ora mortis nostrae, por que estén nuestras almas descansando y a vuestro Hijo alabando eternos siglos. Amén. Leña harta traigo. Echa, harase fuego extremado. ¿Qué palo es ese dorado? Que no es cosa que aprovecha sino solo para el fuego. ¿Cómo, Virgen singular, si un perro os quiere quemar, yo a defenderos no llego? Libraros mi amor ordena, Virgen, porque no permito que estos llagan el delito y vos recibáis la pena. ¿Hay hacha para partir por medio aquesta madera? Pequeña es, échala entera. Ya no lo puedo sufrir. Vo la partas ni la quemes, amigo; haz lo que te ruego, que no ha de aumentar el fuego cuando en quemarla te extremes. Mira que es una figura que en el mundo no hay su igual, y su eterno original hace eterna mi ventura. ¡Quita! ¿Qué es tu pensamiento? En el fuego la echaré. Ten, que yo la compraré por dineros. Soy contento. Dime qué quieres por ella. Cuanto en esa bolsa tienes. Diérate infinitos bienes por librarla y defenderla. Toma. Toma tú ese palo; veré qué monedas son. Con vos siente el corazón, Virgen, eterno regalo. ¿En qué venturosa parte os pondré? ¡Qué alegre estás! ¿Treinta dineros me das? Treinta mil quisiera darte. De este número colijo que sois, Virgen, casi Dios; pues se da el precio por vos que se dio por vuestro Hijo Mi ventura se mejora; pues con el precio que alabo no pude comprar esclavo y yo compro a mi Señora. Grande amor aquí os enseño; que en dinero de contado es el esclavo pagado para que sirva a su dueño. ¿Qué estás hablando entre ti? Un bien que el cielo me ordena. Prevenida está la cena; cenad, y vamos de aquí. Alcancemos un bocado. Venid. Vamos. Ven, que espero. Virgen, más cena no quiero que haberos a vos librado. Como el galán que en la celosa llama que el ciego amor en sus entrañas cría, temeroso pasea noche y día celoso de la puerta de su dama. Pospuestos los receles de mi fama te pasea cristiana el alma mía; resiste, sufre, persevera y fía, que la constancia es propia de quien ama. Olvida aquese amor lascivo y fiero que nace de tu desventura cierta; tu tormento, tu llanto, tu castigo. Mi Dios es el galán más verdadero; él disfrazado en mí, ronda tu puerta; si le hablas, entrará a cenar contigo. Parece que fue concierto llamar tú, padre, al instante que a buscarte iba: constante he estado. Tu bien es cierto. Di, padre, ¿por qué mujer me preguntabas? Ansí, ¿conoces, amiga, di, sí debes de conocer, a una criatura cautiva que se llama...? ¡Ah, duro infierno!; ¡ah, pena; ah, tormento eterno! ¿Quién aquella voz aviva? Mi padre parece; ¡ay, Dios! Y aun el mío pareciera, si en Argel preso estuviera. No me aflijáis más los dos. Dejadme en esta cisterna. Que aquí mueras manda el Rey. ¡Ah injusta y tirana ley! Muera quien mal se gobierna. ¿Por qué te descomediste contra la hermosa cristiana? o nombres a esa villana. ¡Mi nombre aborrece! ¡Ay triste! No me aflijas más, sosiega. Pues si en este mal que adquieres del Rey gracia alcanzar quieres, haz que reniegue, Y reniega. Primero aquí moriré. Pues sufre nuestros castigos. ¡Ay, ay, ay! No más, amigos, que yo ni¡ ley dejaré. Negaré a mi Redentor, v a su Madre sacrosanta, porque yo aquí pena tanta no puedo sufrir, Señor. Sacadme de este tormento. ¡Oh, mal hombre! ¡Oh, mal cristiano! ¿No es mi padre este villano? Por libre ahora: te cuento. ¿Cómo es posible, mi Dios, que un alma aleve y traidora por no padecer un hora os quiera negara vos? De soberana ganancia un cambio entre ambos haced; en mí sus penas poned y a él le dad mi costancia. Ya se acabó mi alegría; ya de mis glorias me alejo, pues que se quebró el espejo en que mirarme solía. Padre mal considerado. Vamos, y al Rey le dirás el parecer en que estás. ¿Qué es aquesto, desdichado? ¿Quién con vanas ilusiones os aflige? ¡Ay, padre mío! ¿Padre dije? Desvarío, que tan infames razones no son de mi padre, no. si teméis y renegáis, ¿de qué, padre, os espantáis que tema y reniegue yo? Publicáis contra mí guerra, porque al traje de Dios falte, y dais al primer asalto con vuestro edificio en tierra. ¿Tal flaqueza en vos se ve que así a quebrarse ha venido la piedra que siempre ha sido fuerte muro de la fe? ¿Sois vos mi padre, Lamberto? ¿Sois quien matarme quería porque los desastres vía de mi loco desconcierto? Vos brotasteis en mi seno el principio de ser buena, y ahora brotáis la pena de que dejéis de ser bueno. ¿Vos renegar? ¡Vive Dios que no ha de pasar así! Como cristianos, aquí hemos de morir los dos. ¿Que lleve el demonio palma de quien tanto ha que le olvida? ¡Ay, Jironela querida! ¡Ay, hermana de mi alma! Muestra, besaré esas plantas, en fe de que tuyas son, pues tienes mi corazón colmado de glorias tantas. mas ¡ay! que me quejo en vano, pues por tan infame modo de mi gloria pierdo el todo cuando aquesta parte gano. Alza el rostro venerable, principio de mis enojos, basta que os hablen las ojos y es bien que la lengua os hable. ¡Padre! ¡Ah, padre! Con suspiros quiero que este nombre es cuadre, pues solo el nombre de padre basta para confundiros. ¿Quién vuestra cordura apoca? Estas que habernos oído no es posible que hayan sido razones de vuestra boca. Contra vos diera mis quejas en este peligro atroz si el acento de mi voz no engañara mis orejas. ¿Vos de nuestra fe desdén? ¿Vos al cielo desleal? Yo debí de entender mal que vos hablaríades bien. Y si vuestro pecho muestra aquel eco, ¡vive Dios!, que mi padre no sois vos o aquella voz no fue vuestra. De tan falso parecer ¿qué disculpa podréis dar? Como sabéis enseñar, ¿por qué no sabéis hacer? ¿Qué tenéis? ¿Qué os eleváis? Aquí es el ser caballero: pasar mil muertes primero que a Dios ofensa le hagáis. De la Iglesia nuestra madre aumentad los regocijos, y pues sabéis tener hijos sabed no perderos, padre. No afrentéis el cristianismo. Ea, volved sobre vos. Pequé, hijos, contra Dios Y pequé contra mí mismo. Hoy echo de ver que es vano el orgullo y ardimiento de los hombres, si un momento les falta Dios de su mano. ¡Buen Señor, piadoso y santo, de mi culpa no te asombres que huyo el rostro a los hombres y a Ti, mi Dios, le levanto! Sea humana tu sentencia; que ya suplico, Señor, del trono de tu rigor al de tu santa clemencia. Y si tal ni¡ culpa fue que ese tu nombre deshonra, compraré con vida y honra lo que por temor gané. ¡Vengan penas; vengan males, padezca yo aquí tormento! Basta ese arrepentimiento; basta esas nobles señales. Ya hizo fin vuestra mengua; ya de vuestro bien no dudo. No sé, hijos, cómo pudo pecar contra Dios mi lengua. Señor, ¿tales hijos gano? Cielos, ¿tal hermana tengo? Señor, ¿posible es que vengo a ver tal padre y hermano? Dame tus pies, Armengol. Los brazos te quiero dar. ¿Y que quiere renegar ese valiente español? Señor, sí. El Rey viene, vete. Y, o también me iré con ella. Pues procura entretenerla. o saldré de este retrete. Contento vengo, por el gran Mahoma, de lo que me decís de ese cristiano, que está de lo que hizo arrepentido. Y de opinión de ser de nuestra secta. Sabe el cielo, mi Dios, lo que yo siento el ver que haya cristiano que se aparté del recelo de vuestro suave yugo. Háganse fiestas, bailes, regocijos; las puertas abriréis de mi palacio y todos entren a pedir mercedes. Quiero ser el primero en pedir una. Cuantas me pidas cumpliré, cristiano. Por el profeta santo en quien adoro y por el Alcorán en que se encierran de Alá y Mahoma los sagrados ritos. Poco te pido, puesto que tú puedes otorgarme infinito; solo quiero que dos personas que hay aquí cautivas me las des por el precio que quisieres. ¿Dos no más? Dos no más. Serán de cuenta, pues con tanta eficacia me las pides. De suerte son. REY. Pues dando mil ducados por cada una, libertad alcancen. Ved el dinero aquí en escudos de oro. Tomada la palabra, ya son tuyos, y el dinero por mío acepto. Espera. ¿Dos mil ducados das por dos personas? Señor, yo contradigo aquesta venta. N o la desharé ya, por mi corona. Mirara ese primero lo que hacía. Sustentad, sustentad vuestras palabras si queréis en el mundo tener crédito. Los dos cautivos que este señalare se le den. Estos son. ¡Oh, cielo injusto! ¡Oh, engañador cristiano! ¡Oh, perro aleve! ¿Con engaño por precio infame compras prendas que valen infinito precio? Tome el dinero; quiébrese la venta; que no he de dar por precio vida y alma. Tu palabra empeñaste, Rey supremo. si las palabras de los reyes valen esta se ha de cumplir. ¡Matadle! Tente. Sabe cumplir, señor, tu real palabra si quieres en el mundo tener crédito. De las mías te vales, mas no importa, que yo me vengaré de todos cuatro. ¿Así, cristiana, tu promesa quiebras? Cuatro cosas me obligan a quebrantarla: Dios, mi ley, y mi padre, y este hermano que por milagro me ha enviado el cielo para que no se pierda el alma mía. ¿Qué preso hay que libertad no quiera? Gran. señor, no te enfade lo que has visto; que padre y hijo son; la sangre acude al valor que han tenido sus mayores, que han sido amparo de la fe de Cristo. Vete, alfaquí en buena hora, y dame pago de doscientos cautivos que me compras, y de esto, pues lo hice, no fine trates. Faltárame, señor, dinero ahora; no me será posible llevar tantos sino los que alcanzaren las limosnas. ¡Cielo, aquí entra el rigor de mi venganza! Los que me concertaste han de ir contigo; si no hay dinero dejarasme prendas, para que del rescate esté seguro. ¿Padre, por prenda quedaré si basto? Por prenda queda tú y estos cautivos, que pues tanto caudal de los tres hacen lo que falta en la cuenta, vendrá presto. ¿No basto yo, señor? Y aun tres sois pocos. Quedara este alfaquí, si no advirtiera que él ha de procurar este dinero. Con gusto quedaremos en rehenes. Ordena de nosotros a tu gusto. ¿Obligaste a traerme este rescate? A traerlo me obligo, con que en tanto que voy y vengo, dejes andar libres a aquestos tres cristianes por tu corte. Mi palabra te doy que libres anden; pero solo te pongo un ices de plazo para que a España vayas, y acá vuelvas, y si en él no me traes el precio todo, juro de dar la muerte a este cristiano y de los dos, hacer cautivos míos. En buena hora. Pues vete. Amado padre, tu bendición me da. Y a mí las manos. Y a mí los pies, que como indigna beso. La bendición de Dios os acompañe y la mía os alcance. Dios te guíe. Vaya contigo el coro de los ángeles. Favorable te sea el agua y viento. Los cautivos embarca, y luego parte. Vos, poderoso Dios, id de mi parte. En el hueco de esta roca podrás, con suave acento, al son de aqueste instrumento, verter perlas por la boca; que, pues este santo día tan bien se nos manifiesta, es bien hagamos la fiesta, entre les tres, a María. Estas flores le pondré alrededor. Bien está. A cantar empieza ya; vaya, y yo perfumaré. Virgen remediadora de la culpa mayor que el hombre tuvo, de nuestra paz aurora; sagrario soberano, donde estuvo el que, sin tener años, a vos tomó por remediar mis daños A nuestro deseo responde este favorable viento. Virgen, ven; este instrumento debajo el costal esconde; que siento en el mar ruido. Perdona, doncella santa, a mi rústica garganta. Extremada pesca ha sido. De provecho habrá de ser. Siempre esta dicha entendí. ¿(qué hacéis vosotros ahí? Algo debemos de hacer. ¿De qué te sirve esa lumbre que entre esas rocas asombra? No es lumbre esta, sino sombra. ¿Hay otra que más alumbre? Tus embustes no nos dores; ¿qué hacíais aquí en el puerto? Vine porque !le descubierto unos divinos amores; y aunque en adquirirlos gano, tan enamorado estoy que cual cuerpo muerto estoy con la candela en la mano. ¡Perro!, ¿pues tú te enamoras? Ese es de amor el misterio, porque en este cautiverio tenga de alivio dos horas. ¿Y tú estás enamorado como este galgo? También. ¡Basta, que ambos quieren bien! Tal dama nos ha mirado. ¿Qué así lo confesáis? Sí; que nos hace mil regalos. El amor les quita a palos. Es fuerte, no saldrá así. Tomad al hombro estas redes y seguidme. Ya te sigo. ¿Virgen, vos no vais conmigo? Pues vos me haréis mercedes. En parte esas redes pon que no se rompan. Harelo. Ahora me puede el cielo envidiar el corazón; que es tan grande la alegría que hoy en mi alma nació que vivo y no vivo yo porque viva en mí María. ¿Que no te respondió bien? Antes viéndome, señor, las puertas cerró a tu amor y abriolas a su desdén. No hay basilisco tan bravo; juzgárasla, si la ves, que ella la señora es y que tú eres el esclavo. Pienso que de tu corona ser la homicida conciertas. Llégate, y llama a esa puerta; veamos esta leona. ¿Entraré? Entra, y haz que salga. a verme. si gritará. Ella me obedecerá, si tiene sangre de hidalga. Ve. Voy. De tu amor me quejo, que me tengas en tan poco, por presunciones de un loco y disparates de un viejo. ¡Y que al rigor puertas abras! ¡Que a mi amor seas desleal! ¡Ali, damas cristianas, mal sabéis sustentar palabras! ¿Conmigo esta tiranía? ¿Qué, tan poco he de poder? Salgo a verte por tener a tus cosas cortesía. ¿Qué es lo que quieres, señor? ¿Pues cómo sales así? Soy mejor de la que fui, y así el hábito es mejor. Tomele con pecho franco, por que al punto de la muerte echando suertes no acierte a salir la mía en blanco. Tu favor te restituyo, que si el pecho que contemplo de Cristo y María es templo, mal podrá ser templo tuyo. Aquella simple paloma su trono le quiere hacer; mira cómo puede ser trono injusto de Mahoma. Deja esas pasiones, Rey, y i más noble gusto aspira. Y tratar al Rey mentira, ¿es disposición de ley? Conforme en todo has venido; que es bien que en mi mortal cale la que ha mudado de alma mude también el vestido. Mas, pues con falso favor tu inconstancia representa, es justo también que sienta las leyes de mi rigor. Haz tu gusto. Mejor es que vuelvas a mi amistad; v advierte. De liviandad" indicios, señor, no des. Vence esa torpe afición que a fuerza de tías rigores no es lícito que desdores prendas que tuyas no son. Que aunque están ahora en empeñe, advierte que son ajenas, y has de volverlas tan buenas como te las dio su dueño. ¡Vete de ahí! No me iré, si primero no te vas. Vete, y no in incites más. Vete tú, que no podré irme yo, si ese ángel bello no le llevare conmigo. Pondré ¡por Alá!, enemigo, mis plantas sobre tu cuello. Haz de mí lo que quisieres, como a mi hermana no ofendas. Gozarela. No pretendas decaer, Rey, de quien eres. Apártate; llega, hermano, abracémonos los dos. ¡Matadle! En morir por Dios, vida perdurable gano. ¿Qué quieres con este hacer? Pues al concierto faltó del plazo que se cumplió el término puesto, ayer. Hoy hace treinta y un días que se partió el alfaquí, y este sin duda está aquí buscando a su Rey espías. Con él y los suyos cierra; usa en ellos tus castigos, que a tus propios enemigos no has de fiarles tu tierra. ¿Que el plazo cumplido está? Desde ayer. Prende a ese perro. El castigo de tu yerro a mi virtud se le da. Pero cuando estés más fuerte en quererme castigar, más firme me has de hallar para padecer la muerte. Rey que de veras porfías en tus rigores tiranos, no atéis las cristianas manos de mi hermano, atad las mías. Tomadlas. Tente, recela mi crueldad. Ese rigor usad conmigo. Valor. hay en la mi Jironela. $n la rigurosa pena del Rey, in¡ bien asesoro, porque no hay cadena de oro que iguale a aquesta cadena. Pena, mis penas, no os den: antes, si tenéis nobleza, aprended de esta firmeza, para tenerla más bien. Llevadle. Deja, la dé estos últimos abrazos. ¿Tú habías de poner los brazos donde yo puse mi fe? ¿Que le detenéis? Primero a mí me verás matar, que le deje de abrazar. ¡Ingrata, vete! No quiero. ¡Tente, quita! Con las palmas le he de ceñir. Tus enojos cesen ya, que por los ojos se dan abrazos las almas. ¿Qué es lo que haces, tirano? ¡Que esta así, mi gloria borre! Ponédmela en una torre, a ver si la habla su hermano. No se detenga, llevadla; quitádmela de delante. Adiós, precioso diamante. Adiós, preciosa esmeralda. ¡Que haya en gente mal nacida contra un rey atrevimiento! Ardín, vete y al momento quita a ese perro la vida. ¿Cómo no te vas? Va voy. Y pues el bien me dilata, puesta en prisión esta ingrata echará de ver quien soy. Llegó el plazo, por mi mal, v el redentor no ha venido. No estés, Lamberto, afligido. Fue a la persona real hecha, amigo, la promesa; Ya sabes cuanto es cruel. Huélgate en este vergel mientras tu disgusto cesa. Verde siempre podrá estar, deleitando mis enojos, pues vierten agua mis ojos para poderle regar. Acaba, señor, no llores. ¿De qué sirve ahora tu llanto? Alégrate, y entretanto coge alguna de estas flores. Mi afrentoso vituperio solo, se aplica a esta flor, que en su amarillo color se cifra mi cautiverio. Esta es de mi voluntad; quédense esas flores bellas, pues falta ahora de entre ellas la flor de mi libertad; que tanta pasión me cuesta.. A más tiempo no aguardemos; tirad, con él acabemos. Amigos, ¿qué grita es esta? Manda el Rey, nuestro señor, que de un árbol empinado, este hombre sea ahorcado, por revoltoso y traidor. Traidor no, sábelo el cielo, y aquella luciente estrella que fue, quedando doncella., madre de nuestro consuelo. Decid, muero por leal a mi Dios. Ojos, ¿qué veis? Rejas, ¿no me dejaréis ser en las penas igual con mi hermano? ¡Hijo querido! ¡Partidme este corazón! ¡Detente! De mi pasión no quedéis, padre, afligido. En vuestra memoria esté soberano regocijo, pues Dios es ha dado un hijo que es diamante de la fe. Esta constancia crecida os sirva de pecho fuerte, para recibir la muerte por el senior que os dio vida. Mirad, qué tierno os contemplo en trabajos, advertí que toméis ejemplo en mí cerro sabéis dar ejemplo. Contigo, hijo, morir quiero No te queremos matar. Pues dejádmele abrazar. Llega. ¡Que mueres!... No muero. Vivo en Dios, que es vida eterna; que esta muerte que desdeño para el alma es breve sueño. A aquella paloma tierna me consolad. ¡Ah, tirano! Rompe esta cárcel cruel y que un lazo y un cordel nos mate a mí y a mi hermano. Abríos, rejas, saldré a acompañar en el mal al que en mi pena mortal causa de mi dicha fue. ¿No os enternecéis? Hermana: haya ese valor en vos siempre, y acompáñeos Dios. Nueva pena mi alma gana. Mal hago si a Job no imito. Vos me los diste, señor, y vuestro es este rigor, sea vuestro nombre bendito. Vaya. En vuestra tiranía granjeo una eterna palma. ¡Ay, hermano de mi alma! ¡Ay, hijo del alma mía! Seguirele hasta el lugar donde ha de morir. Con vos, Virgen y madre de Dios, quiero el alma recreas. Sed con mi alma, Señora, luna clara, sol hermoso, cedro y ciprés oloroso, lucero abierto a la aurora; mirra electa, rosal santo, jardín de eterno consuelo, escala y punta del cielo, de los infiernos espante, bálsamo rico. Tapad la boca a aquese enemigo. ¡Virgen María, id conmigo! ¡A mí esa muerte me dad! Haced en breve la leña, v no sea menester nuevos cautivos traer. Gastarase así una peña. Escoged de esa montaña lo que os parezca mejor. Yo haré aquí mi labor. Y yo la hiciera en España, a poder; más algún. día. ¿Qué gruñes, cristiano perro? Lloro, amigo, mi destierro. Darele muerte, desvía. Humilde a servirte vengo, ¿por qué castigarme quieres? Cristiano, vete v no esperes. Hacer mi cargo prevengo. Entraos en esa espesura y empezad vuestra tarea. ¡Ah, vida!, quien te desea, su misma muerte: procura. No repliques, ven. Va voy. Solo me han dejado aquí. Virgen, ya que merecí sacaros de aquel rigor, también merezca alcanzar de mis desdichas remedio, para que os alabe en medio de este vil desesperar. Soberbias e incultas ramas: a mi golpe os ablandad; halle en vosotras piedad, pues me abraso en vivas llamas en este agravio cruel. Virgen, fuerte me halláis porque sé que me ayudáis a llevar la carga de él; pero ¿qué ha de ser de mí si me falta vuestra ayuda? De temor tu alma desmida; que el cielo sirve por ti. De tu amor agradecida la que es de Dios tierna Madre delante el Eterno Padre es muralla de la vida. Ten en ella confianza; que en esta riguridad, con alegre libertad dará fin a tu esperanza. Pero cuando libre llegues a Cuenca, tu patria amada, a la religión sagrada de la Merced, luego entregues ese retrato divino, que en tu pecho ahora aposentas, pira remate de cuentas de tus prolijos caminos. Allí estará como extraña; mas, por milagroso ardid, se trasladará a Madrid, siendo la corte de España; donde rigiendo la silla suya Felipe Segundo será milagro del mundo, y honra eterna de Castilla; y teniendo en sus comedios una imagen fabricada de esta Orden sea llamada la Virgen de los Remedios. Queda en paz, y en mucho ten que eres de esta gloria autor. Aguarda, mira, señor: oye, escucha, mira, ten. ¿Que te fuiste? ¿Que me dejas? Tu ausencia amarga desdora el contento con que ahora regalaste mis orejas: Vuelve, paraninfo santo; estimaré tu amistad. Con les haces caminad. ¿Con los haces?; bueno, tanta. ¿A qué venimos al monte? Mucho debe haber sin falta, pies veo ahora que falta la luz de aqueste horizonte. ¡Triste!; ¿qué tengo de hacer, que aun no he hecho haces yo? mas ¿quién este me cortó? En mi pena. echo de ver, vuestros favores, Señora; que este haz, aparecido de vos, Virgen, traza ha sido; vos sois de mi auxilio autora. Cargarle he con santo celo; que en vos llevo confiado que ha de ser poco pesado, peso que me ofrece el cielo. Regalo esta carga, da. Caminad. Ya yo os espero. Buen haz es el del postrero. Es que hecho aposta está. Vamos. El cielo os alabe, Virgen y madre de Dios, que carga dada por vos es para el alma suave. Desierta playa de piedras ajena; agua inconstante y líbicos bajeles, infierno de murallas coronado; montes de Jelboé, agostada arena; ministros, a la par, del Rey, crueles; tiempo más que áspid sordo; cielo airado, dadme a mi hijo amado; dadme al mártir constante, en cuyas plantas bellas han hecho las estrellas un divino bordado semejante a un pedazo de cielo, por su virtud, por su obediencia y celo. ¿Adónde está la luz de aquellos ojos, gloria del mundo y de la tierra soles? ¿Dónde está de mi alma la alegría? Murió el sol, y vivieron mis enojos; de luto aderezó sus arreboles, por más aumento de la pena mía. Parece fantasía o algún pesado sueño mi muerto regocijo; que es de Armengol, mi hijo, tesoro incierto que mi sueño es sueño. Quiero a voces llamarte por ver si ellas podrán resucitarte. ¿Ah de abajo? ¿Quién me llama? ¿Quién quiere Dios que me aflija? ¿Qué quieres, amada hija? ¿Es mi padre? Es quien te ama. Sed tengo, dadme a beber. si agua importa te regale, la que de mis ojos sale podrá ese oficio hacer; porque tanta de ellos corre, que si no vengo a acabar, en breve podrá. llegar a las rejas de esa torre. Padre, paciencia tened; que hoy mi vida se remata, que no es hambre quien me mato, mas quien me aflige es la sed. ¡Cielos, si tenéis piedad con las miserables gentes, haced vuestras nubes fuentes y agua que beba le dad.. ¡Oh, fuerte y rabiosa guerra! ¿Cómo mi remedio tarda? Hija, ya la busco; aguarda. ¡Gloria a Dios, que tomé tierra! Volvé acá, noble Lamberto; ¿pues cómo no me abrazáis? ¡Ay, padre! ¿De qué lloráis? Casi a decirlo no acierto. ¡Que muero! ¿Quién voces da entre prisiones metida? Mi Jironela querida ¿Por qué causa presa está? Por buena; porque a Dios ama; porque a este Rey aborrece. ¿Cómo Armengol no parece? Mi Armengol... ¿Qué? Vive en fama. ¿Dónde está? En el cielo. ¿Dónde? En el cielo. ¿Que murió? El Rey matarle mandó. Mal a ser Rey corresponde. ¿Por qué ejecutó el castigo? Diréselo, si entretanto no queso en un mar de llanto deshecho. Dímelo, amigo. Tenía el Rey afición a Jironela, mi hija, que como tierna muchacha se ablandó con sus caricias. mas no pudiendo gozarla, porque en mi Armengol tenía un capital enemigo, y un Argos de larga vista; luego como se cumplieron del plazo los treinta días y del rescate esperado hicieron falta las ditas, prendieron a mis dos hijos, con crueles tiranías, a Jironela por casta, a mi Armengol por espía. Ella en esta torre está, poniendo fin a su vida; él, al Señor rindió el alma en defensa de la crisma. No estuvo dos horas preso cuando con aleve grita, en estas calles de Argel le sacan a la marina, con pregoneros delante, que en voz alta repetían, que moría por traidor y por padre de mentiras. Viérasle entre los sayones, como otro fuerte Bautista, hecho otro Jacob constante, otro celador Elías. Despidiose de su hermana, llevó la bendición mía; la de Dios lleve su alma a su folganza infinita. Turbóse el sol a este tiempo; el mar se convirtió en tinta; el aire alzó remolinos; la tierra tembló en sí misma; todo hizo sentimiento, y en esta confusa grita, todo lo miraba Nero y él de nada se dolía». Al fin, de un árbol bien alto colgó aquella piedra fina del edificio sagrado de la Virgen Sacratísima. ¡Que es muerto mi amado hermano! ¡Que mi claro sol se eclipsa! Ya dio tributo a la muerte. ¿Que el arena de Argel pisa? Señor, sí. Tardose mucho; no cumplió la fe debida. ¡Rey cruel!, ¿por qué borraste de mi alma la alegría? Dame vivo a mi Armengol; dame el alma que me anima. ¡Que quebraste tu palabra! No eres Rey, sino homicida. Redentor, ve poco a poco: yo he cumplido la fe mía; tú no, pues fuera del plazo han pasado ya tres días; no te descomidas tanto; te ahorcaré de otro árbol, como a ese que ahora miras. ¡Oh, cuerpo de aquel, cuya alma entre las santas habita; dejadme que a besar suba aquesas plantas divinas! No llores, padre Nolasco; que en el árbol tengo vida, porque me ampara la sombra de la gloriosa María. Porque mi devoto has sido, y porque de mí confías, la vida, amigo, te he dado: vida justamente habida. Ángeles, bajad el cuerpo a esta tierra infiel e indigna; y estima, gran General, a quien los cielos estiman. ¡Señora, tantas mercedes! ¡Hijo! ¡Padre de mi vida! ¡Padre mío! Hijo tuyo. ¡Por Alá, gran maravilla! ¿Vivo estás? Vivo estoy, Rey; que Dios defiende las vidas de los que por él pelean. Bien esta visión lo afirma. Desde hoy os doy libertad, Lamberto, a ti y a tu hija; no quiero rescate vuestro: Alá vaya en vuestra guía. Y tú, redentor honrado, el dinero que traías gasta en redimir cautivos, licencia tiene, camina. Bajeles te doy, gracioso, en que vuelvas; date prisa: y tú, Armengol, ven conmigo, dame cuenta de tu dicha. Darete gusto, señor. Caminad. ¡Virgen María!: quien se arrima al árbol vuestro buena sombra le cobija. ¿Van bien vestidos los pobres que o encargué? Señor, sí; que si los tratas así fía que en tu corte sobres de miserables mendigos. Hónrolos con afición; porque para el cielo son los más honrados amigos. ¿Llevastes al hospital las gallinas que os mandé? Todo como cosa fue de la persona real. ¿Qué llevastes a los presos? Las raciones ordinarias. Son al gusto necesarias. Como crecen los sucesos crecen también las prisiones, y así ya hay necesidad de alguna más cantidad. Pues multiplicad raciones; que en esta triste cadena basta la prisión por pena sin que amen también hambrientos. Haced que no los aflijan, que de su mal me disgusto. Harase en todo tu gusto. ¡Por Dios, se me regocijan las entrañas acá dentro desde que vi a su mercé! ¿Han vido? Gordo está a fe. Estimo en mucho este encuentro. Seáis bien venido, compadre: ¿qué os habéis tantos días hecho? No he sido a Dios de provecho; porque se enfuntó mi madre y hízome su badea. Decid, «albacea». ¡Mirá! ¿todo no se sale allá? Y heme estado en el aldea, héndole las obras frías. Las «obras pías». Callá, que todo se sale allá. Y, por Dios, que ha buenos días que no sé de él nueva alguna; aunque estos días cercanos le envié unos besamanos con mi suegro Juan Laguna. mas no creo se los dio con su aquellotro de garbo; que según es butrio y barbo sospecho se le olvidó. ¿Cómo estáis? Pardiós, no bueno; que en esta mala ventura de ir y venir por el cura me ha hecho mal el sereno. mas ya, gloria a Dios, vo sano y así a visitarle vengo, porque enojo con él tengo; mire, yo soy claro y llano. Sepa que lo ha hecho mal en no volverme el dinero que le di, que ha un año entero que me tiene sin caudal. Esto es el mundo al revés; mas si en ser tramposo da y no paga, buscará quien se lo preste otra vez. Su sayo le traigo aquí; guárdele allá su mercé y esas blanquillas me dé. ¿Que estáis enojado? Sí; ¡pardiós! No tenéis razón; que aquí tengo con cuidado vuestro dinero guardado. Señor, prenda es de garzón. No más, el sayo os llevad; y por el bien que me hicisteis, cuando el dinero me disteis con hidalga voluntad para descuento del daño, pues cien sueldos son de cuenta, quiero que gocéis de renta tantos escudos cada año. ¿Queréis más? Guárdele Dios; que a fe, que a no me pagar, le tenía de emplazar. Deme el principal. Id vos; y haced que luego le den, a mi amigo, mejorados, cien sueldos y cien ducados. ¿Eislo entendido? Muy bien. Venid. Vamos. Cien, ¿qué dijo? Cien ducados. Debe ser eso, cosa de comer. Sí. Vamos. Con regocijo me ha dejado este buen hombre; mas ya que tengo lugar, Virgen, será justo dar alabanza a vuestro nombre; que en vos, Madre de afligidos, mi sentido se desvela. ¡Amaina, amaina la vela! Puesto que somos perdidos. Cortá la jarcia al timón. Desata esas obras muertas. Las tablas están abiertas. Cierta es nuestra perdición. Voces de gran desconsuelo todo este horizonte encierra. Pues no hay remedio en la tierra, acudamos al del cielo. Pues faltan humanos medios en esta necesidad, vuestro remedio nos dad, Señora de los Remedios. ¡Que perecemos, Señora! ¡Que acabamos, Virgen Santa. Grande rumor se levanta. Mostradnos quién sois ahora, Virgen, ya el bajel camina; ya nuestra ventura empieza; ya con la proa endereza a la cristiana marina. En la gavia ha aparecido. ¿Qué más gloria deseáis? ¡Bendita, Virgen, seáis! Esta merced, vuestra ha sido. ¡Tierra!: mil veces te beso. Mil veces te toco, arena. Aquí hizo fin mi pena. De ventura extraño exceso. Virgen, con esta venida mil regocijos me dais. Mis hijos, con bien vengáis. El cielo aumente tu vida. Abrazadme. ¿Venís buenos? Buenos; gloria sea al Señor. Mi Dios, de vuestro favor he visto los campos llenos. Vamos, con grande alegría, en los ánimos cristianos, a dar loores soberanos a la bendita María. Y yo, a mi imagen sagrada, por fin de mi vencimiento le daré el debido asiento en Cuenca, mi patria amada. Sagrada Virgen, venid; que aunque ahora en Cuenca estéis, para más gloria, seréis abogada de Madrid. Pues para la procesión todo el pueblo se prevenga; y aquí, senado, fin tenga La Orden de Redención.
