Texto digital de El ofensor de sí mismo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El ofensor de sí mismo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ofensor-de-si-mismo-el.

EL OFENSOR DE SÍ MISMO
JORNADA PRIMERA
Fuese mi tío? . Señora, en este instante se fue. Y cerraste? . Ya cerré? Pues por si volviere ahora, ve con mi prima al balcón, y de lo que hubiere avisa; y perdona, que es precisa; Beatriz, aquesta ocasión. Ya te obedezco, y las dos vamos. . . Haz que Inés esté con cuidado. . . Si haré. Dios os guarde. Adiós. . . Adiós. . Ya se fueron; di, Leonor, cual ocasión te ha obligado a buscar con tu cuidado sobre saltos a mi amor? Que desde que entre en tu casa estoy confuso, y perdido, dime, qué te ha sucedido? Oye, sabrás lo que pasa. Bien te acordarás, Don Diego, como saliendo una tarde al jaraguí con mi prima, por divertir mis pesares. Cuyas aguas cristalinas, cuyos floridos esmaltes, inundan con blanco aljofar las flores que alienta el aire, te vi (ay Cielos!) y me viste, galanteando arroganto a otra dama, y yo atendiendo al entendimiento, al talle, al aire, a la gentileza, a la gala, y otras partos que en pocos se hallan juntas, aunque en ti juntas se hallen: di permisión a los ojos para más tierna mirarte, porque como son dos niñas, las que en nuestros ojos yacen, y son las niñas amigas de galas, viendo en tu traje tanta gala, y bizarría, no es mucho les agradases, Aunque visto a buena luz, por verte tan fino amante con la dama que hablabas, celosa empece a picarme, y a los celos se siguió la voluntad de adorarte, que no hay celos sin amor; celosa, amante, y cobarde, hurtando el alma al sosiego, C huyendo al rostro la sangre, el alma siguió otro rumbo, el rostro vistió otro traje, trasadando los efectos d. del corazón alsemblante: sin lengua hablaron los ojos, entendiste mis pesares, y desde entonces, don Diego, cuidadoso, y vigilante, de día me galanteas, de noche tondas mi calle. Ya sabes, que correspondo tu voluntad, y ya sabes que te adoro, que te estimo, que te quiero, y esto baste para ponderar mi amor, que llogar a confesarle una mujer como yo de prendas tan principales es mucho, pues no pudieron honrosos disimularle de su opinión el respecto, y el decoro de su sangra. Dos años ha, si no siglos, de nuestras almas constantes en recíprocas finezas gozan favores notables, B Mas como a la Nave airosa, que en los cerúleos cristales prósperamente navega, cortiendo, y volando grave con pies de madera el agua, con alas de lino el aire, y furioso huracan desbarata en un instanae su quietud, y perseguida del mar, que en rigores tales con promontorios de espuma la acomete, y la combate; así a nuestro amor se atreven, rigores que le amenacen, tormentas que le apasionen, y peligros que le acaben, Sabrás, don Diego (ay de mí!) aquí empiezan (duro trance!) mis desdichas (pena extraña!) sabrás, mi bien (qué posares!) que don Enrique (oh rigores!) mi tío, de Beatriz padre, a quien por muerte del mío le toca (ay de mí!) ampararno, está resuelto (qué ahogo!) está resuelto a casarme, con quien, no sabré decirte, que mal pudiera estudiarle el nombre a quien aborrezco, y más cuando. . . Baste, baste, Leonor, buen achaque elijes, ingrata para dejarme. d. . Qué dices? . Pues quie ignora que si de verás me amases, ni rigores de tu tío, ni persuaciones de nadie, na tus deudos la fuerza, pudieran, Leonos, ser parte para estorbar nuestras bodas, con amor nadie es cobarde; y pues tan cobarde estás, ya dejas de ser amante, quédate a Dios. . Oye, escuchas ay don Diego, no me mates, que me atormentas el alma; qué remedio puede darse, cuando mañana mi tío dice que ha de desposarme? Búscale tú, esposo mío, que en vano te persuades contra mi amor, y firmeza, cuando te adoro constanto, Es muy fácil el remedio. Cuál? . . No querer tu casarte. de peligros semejantes. Pues qué inferira mirio, cuando me advierta mudable a su elección, y obediencia? no ves, que sospecha, o sabe que nos queremos los dos, y si le resisto, es fácil el consí mar nuestro amor, y pasar yo mil desaires? Pues si estás tan temerosa, que puedo yo aconsejarte, si no dar voces celoso, decir locuras de amante, y morirme de mis celos, que es la entermedad más grande. Don Diego, porque conozcas mi amor, y no le maltrates, digo, que le estimo más que el pundonor de mi sangre. Ven a mi casa esta noché, donde podrás confirmarle; sosa te espero a las once, y no te acompañe nadie, ni entienda aquesto mi prima, que quiero, aunque a mí me agravie, que no se ofenda mi amor, aunque mi opinión se haje. Aún no creo lo que escucho; déjame, Leonor, besarte los pies, Aquí están mis biazos. quien mereció bien tan grande! C Puedo, Don Diego, hacer más? Eres ejemplo de amantes: así viví he seguro, mientras que los Cielos tracen nuestras bodas: mas qué es esto? Mi señor viene. . . Mi padres Adiós, y lo dicho dicho. Adiós, y el Cielo te guarde; a diós, Beatriz. . . Él os libre s Válgame el Cielo, qué miro! no sé, no sé como caben a tantos generos de ahogos, de celos tantos linajes, en la mina de mi pecho, sin que puedan reventarse. Si amor es fuego, y su humo son los celos que del nacen, donde este humo se esconde, pa cuando tanto el fuego arde? Quiero a solas referir mis ausias, y mis pesares, pero mejor es callarlas, basta que las sufra, y pase. Que repetir una pena, cuando la pena es tan granor, valor añade al disgusto, y añade al dolor quilates, e aunque no salgan del pecio tantos ardientes volcanes, y sus celosos incendios los elementos abrasen Yo quiero, que poco he dicho, yo estimo, anduve cobarde; yo adoro, que corta anduve, yo tengo amor, esto baste, a don Diego, que quien tiene amor, entender es fácil que quiere, estima, y adora, up loca, perdida, y amante. OPEUS A den Diego he dado el alma, idólatra de su imagen, y es tan adversa mi suerte, que la tiene, y no lo sabe. Los íntrepetes del alma, que son los ojos cobardes, no se atreven a explicarla, porque se pone delante la va luntad de mi prima, que me reprime, y combate; quién conce los es prudente? quién con celos callar sabe? Ay de mí! que a todas horas, siento celos, huracanes, de la tormenta de amor, que inquientan el agua, o aire. Y no cabiendo en el pecho aire, y agua, en un initante el agua sale en los ojos, y el aire, en suspiros sale Qué haré, amor; que haré, que no puedo remediarme? don Diego quiere a mi prima, Leonor mi prima, es mi sangre, los dos se están adorando de firmes, tiernos, y leales, no hay remedio, mi amor muera, rinda las armas, y amaine las velas, que la fortuna, y el tiempo al fin inconstante, a quien más ansias apelan, podrán te vocar mis males. No conoces esta calle? Que he de conocer, reniego de quien me hizo, si apenas, una estrella, y un lucero con la oscuridad diviso? Parece que llueve el Cielo mas horrores que cristales, pues ver confuso no puedo por donde voy. . Agua Dios, SI Mis Mo. sabes, señor, lo que temo? Qué notable oscuridad! Que nos han de nacer berros en los pies. . . De ti me espanto, que ignores adonde estemos. Yo ha poco que de las indias vine a Granada, y no es nuevo, el no conocer las calles, pues al fin soy forastero. Sabes, señor, donde estamos. Dónde? En el Limbo, esto es cierto, tú vienes de ver las damas, t a quí en como majadero, E como simple, como tontos diste joyas, y dineros, y como a inocente quiere castigarte ahora el Cielo, y al Limbo nos ha traído. Deja disparates, necio; y ve siguiendo esta calle. Ay! . . Senacho, qué es eso? Me he quebrado las narices en una esquine, yo miento, no es este el Limbo, señor, pues dolor, y pena tengo, y en él no hay pena, ni gloria; hay narices, chato quedo, que como es negra la noche, hacer negras es su intento, por esto he quedado charo, que es poco menos que negro. Senacho el agua se aumenta: y no hay donde guarecernos. Angurría tienen las nubes, buen tiempo de tarbeneros. Sígueme. Aquí está un portal, en el defenderme pienso, a Terrible noche, esta y esta calle es de mi dueño, la seña haré: quién va alíá? No va, porque se esa quedo. Qué aguardáis hidalgo aquí? Que deseñojado el Cielo le ponga freno a las nubes, si tienen las nubes freno Este hombre ha de ser sin duda estorbo de mis intentos; desocupe aquesta puerta en cortesía. . No puedo. Por qué? . Porque yo no sé en aqueste oscuro aprieto que calle es esta, ni donde estoy, y fuera de aquesto, está mi mujer parida, y si yo me enojo, es cierto, que se ha de pasmar, pues son marido, y mujer un cuerpo, repartido en dos mitades. Deje aquesos argumontos, y venga conmigo, que sacarle a otra callo quiero, que va derecila a la plaza; porque desocupe el puesto . sin alboroto lo hago. Digo, señor, que obedezco; quien ha de ir delante . . Yo, C Vamos; los dos parecemos en la cárcel de la noche, yo el córchete, y él el proso. Senacho; solo he quedado, perdí a Senacho, y es cierto que no he de saber sin él a mi casa, no puedo imaginar donde estoy; aquesta puerta han abierto, quiero llegarme a informar. Oh fue ilusión del deneo, AL DE MONROT o engaño de la esperanza, o oí hablar a Don Diego: mas aquí se acerca un hombre, él es; sois vos, dulce dueño: Qué escucho? esta dama aguarda como de su voz lo infiero, algún amante galán que puedo perder en esto, cuando la cautela advierta? e ingirme el galán pretendo; yo soy, mi bien. . . Pues entrad, Yo me detérmino, y entro, pues nada arriesgo en la burla. Ya todos están durmiendo, seguidme, y no hagáis ruido, no rompamos el silencio. Ya dejo al hombre; en la plaza, y a ver a mi dueño vuelvo, esta es la casa, en la reja a, hacer la hona pretendo. A ay, Leonor, lo que me cuer nadie responde de adentro, o no estarán recogidos, o piensa Leonor que puedo dilatar venir a verla, por la inclemencia del tiempo, a y esto es imputar mi amor see aa de cobarde, y de grosero. No hay pena como tener un hombre que está queriendo esperanzas dilatadas, que en amorosos incendios no hay amor sin esperanza, ni hay esperanza sin riesgo. Imposibles hace amor, cuando amor es verdadero, t ni halla en el peligro estorbo, d ni suspensión en el riesgo. t C a asgura lo acredita, a pintáronle niño, y ciego, desnudo con arco, y flechas, e ao lnoparo, y todo opuesto, como es vanente, si es niño? como desnudo, si es tierno, y delicado? el estar desnudo, a un Tártaro, a un Medo C le pertenece, no a un niño en la Aulora de su tiempo. Y apretando más el punto, como trae flechas supuesto que tiene venda en los ojos? como ha de apuntar, si es ciego? y si lo os, por que le ponen venda en los ojos? no es cierto qué es en un ciego excusada? claro está; mas los ingenios, en geroglifico tal manisestar pretendieron, que amor todo es imposibles, porque quien ama resuelto. Mas qué es esto? la puerta abren con recato, y con silencio, cierta es ma dicha, qué dudo? Leonor es esta, que temor Adiós mi bien. El es tú, duice idolatrado dueño: Este es a quien aguardaba, de sus palabras lo infiero, yo engañoso la he gozado, y si ahora a entrarme vuelvo, puede estando aquí el galán declararle aqueste entedo; si me voy me ha de seguir, y es el peligro más ciertos qué puedo hacer?d . No respondes Ya han cerrado, y no hay remedio, pues la oscuridad me vale, como escaparme huyendo. . Un hombre salio de casa de mi Leonor cuando abrieron, y no puede ser su tío, porque me hoía hablar tierno, y no respondía palabra, mudo he quedado, y suspenso, La puerta han vuelto a cerrar, qué haré? terrible aprieto! mas si hubiera otro gozado, a la ocasión que amante espero; pero qué digo! ay de mí! solo de pensarlo tiemblo; yo he de seguir este hombre, que es ocasión de mis celos. Aguarda, y si has profanado i las reliquias de mi pecho, quítame, traidor, la vida, que todo será lo mismo. Oh noche, que a mis ahogos oscura niegas remedio, no lo oculten tus tinieblas, no lo sepulten tus velos! Gracias a Dios que he llegado a a mi casa, cuando el Cielo menos airado permite la luz de ajenos luceros. Don Juan se quedó perdido, que no ha de acertar es cierto en toda esta noche a casa, si no es que tope primero con aquel Ángel de guarda, que me sacó del Infierno, y llevándome a la plaza (oh cuanto se lo agradezco) pude desde ella venirme. Senacho? ̱. Qué es lo que veo? quién te ha traído? . . Mi dicha. ̱. Qué te ha pasado? . . El suceso más peregrino que has visto. ap Topaste con un mancebo que anda enseñando por Dios por las calles? . . Calla necio, mil veces dichosa noche. Qué tienes, señor? qué es esto? dime, qué te ha sucedidos Si estará ahora despierto mi primo? . No, que es temprano, aunque en Oriente soberbios se oyen tascar los caballos de la carroza de Febo. Pues no quiero despertarle, que en vistiéndose Don Pedro sabréis el calo los dos, y no he de ser tan grosero, que para lo que no importa le despierte, cuando vengo de las Indias, y en su casa, como amigo, y como ha deudo, me hóspeda con tanto gusto, y con prudentes acuerdos en Granada me ha buscado un ilustre casamiento. No ignoro yo lo que estimas a tu Pariente Don Pedro, pues fías de él el casarte, y él solo elección ha hecho de la dama. . Ya he sabido que es noble, y bella en extremo, y el dote diez mil ducados, que con mi plata, y conellos no lo pasaremos mal. Ya, señor, viene Don Pedro, a darte los buenos días. Primos . . Primo, deos el Cielo buenos días. . . Él os guarde, y a vos os los de tan buenos como a mí, primo, las noches en Granada, que de intento aquí os estado aguardando, que sepáis un suceso s que De disgusto, o de contentos De lo segundo. . . Decidlo, que me hiorgaro de saberio. d.. Fávula parece el caso, escuchadme, primo, atento, En esta oscura noche, después que Febo en su dorado coche se despeñó a las olas Españolas, bañando su fulgor entre las olas, y con muda porfía, la noche se bebió la luz del día, da y rebozado el Cielo con un manto de negro tercropelo nego su luz astuto, él todo se vistio de luto, cubierto de tinieblas, y capuces, por la muerte del padre de las luces, y porque no faltaran lágrimas que su muerte ponderaran; lloró el Cielo con tristes desconsuelos, siendo las nubes ojos de los Cielos, Huy a casa de unas damas, ue de amor dulces llamas, y previniendo amores, lisonjas dije, y reciór favores, Despecume cortés de su hermosura, fue la noche tan triste, y tan oscura, que yo, y Sancho en sombras semejant perdiamos las calles por instantes, sin saber como, o donde, (esconde, me hallé a una puerta donde el Sol la nuerta al punto abrieron, y con voz temerosa me dijeron Sois vos, mi bien? yo el lance adivinado finjo al galán, la voz disimulando, entro en su casa con la voz incierta, cierra al punto la puerta, y asidos de las manos, a una sala, a que tálamo amoroso la señala, de la esperada boda, la dama me llevo turbada toda, con aliento brioso, nansu con brío temeroso, d con temores lozados, temblando las palabras, y las manos, o ya del sobresalto, o ya del gusto, palpitando el aliento con el susto. Era la sala de Morfeo coche, y cárcel de la sombra de la noche; y así el tacto en tan celebres despojos sustituyo el oficio de los ojos; gocé sobre un tapete recostado, o alfombra que cobría algún estrado prevenidas finezas, dulcísimos favores, y ternezas; mi bien, pues soy tu esposa, me dije, no te espantes, que amorosa el alma, aunque cobarde, del amor que te tiene haga alarde. Disimulo la voz, y en este empeño de achaque me sirvió de casa el sueño, que en lo dicho, ya lo he dicho todo. y todo recatado, y cauteloso, digo que soy su amante, y soy su esposo. ella me guía asiéndome del brazo: Con intentos no vanos, el rostro le examino con las manos, y sin verlas en tales confusiones, me enamoraron todas sus facciones, que como allí no pude yo miralía, bella la imaginé para gozarla, y imaginada hermosa, stra? el alma me abrasó, que extrana cosa! y a anque en tales despojos, (ojos, siempre amor suele entrarse por los en mi entró, sin que el alma se resista por la imaginación, no por la vista, y pues es ciego amor, fue sin sosiego más perfeto mi amor, porque fue ciego de la beldad amante que no miro; llego a tocar su boca, cuando admiro su poca rosistencio, a lo que me tomé mucha licencia, y después alentando mi osadía, favores más costosos prevenía. que examinando amantes su cuidado . Y no tuviste miedo? lo arrullan con exceso, y se cuentan las plumas beso a beso? Viste algún arroyuelo columna de cristal, senda de hielo, que habiendo con ardores a cuchillo pasado al Sol las flores, parece arroyo hecho en tales penas de sangre, de jazmines, y azucenas? Pues como aquestas aves, alternando requiebros tan suav pues como aquestas fuentes, e repitiendo favores diferentes, gocé en dulce desvelo el rosicler oscuro de su cielo. Ya os pinté mi osadía, y que la dama no se resistia; y así al silencio, prime, me acomodo, Despédime cortés con un abrazo, al despedirme de su rostro bello, una bordada banda le eché al cuello, y ella me dio esta joya, que es hermosa, de estos diamantes cárcel rigorosa. Llegamos a la puerta, a la calle salí, después de abierta, y el galán descuidado, que la esperaba ya desesperado, juzga que soy la dama, con requiebros me llama, yo turbado en la empresa, salgo, y vuelvo una calle, tan de priesa que si bien me buscaba, la oscuridad dudosa me ocultaba, y sin veriguar quien le ofendía, se fue a su casa, y yo me fui a la mía. Amorosa ventura. Todo lo dobo a noche tan oscora. Y no sabéis la casa de ese sol, que sin verlo ya os abrasa? Visteis dos Tortolillas en un prado, . . Ni la casa, ni la calle saber puedo. No teme mi valor, ninguna cosa. Y si acaso esa dama no es hermosa? si es necia, viera, o fea? No puede ser, que al fin la galantea algún galán, y pues la ama, o. alguna cosa buena hay en la dama: si es bella, aunque en ingenio limitada por ser hermosa puede ser amada; si es fea, es entendida, y por discreta puede ser querida. Mira quién llama: caso prodigioso! habéis, don Juan, andado venturoso. Don Enrique, señor, quiere hablaros. El tío de Leonor, con quien casaros pretendo, es este, primo: señor. . Guardeos el Cielo. Mucho estimo la merced que me habéis hecho. Soy criado vuestro. En cosas de provecho daros gusto quisiera. Estoy agradecido de manera i en este casamiente, Don Enrique, que no sé como el gusto signifique del alma, que se alegra gananciosa. No merece Leonor ser vuestra el posa. Siga la ejecución a los intentos y excusemos corteses cumplimientos. Yo hablé a mi sobrina, y ella, que ya felice se imagina, tan cuerda corresponde que callando obedece, y me responde. Pues no haya dilación, esta semana se puede efectuar. Yo soy quien gana. Yo la estimo en dicha semejante, sin bella, como esposo, y amante. Es de nobles, y sabios no fiarse del gusto, solo al intentar casarse, que en honrosos despojos, honor ha de elegir, y no los ojos, LDE MONRO No he de ver a mi esposa, hasta darle la mano venturosa. Sois noble, y sois prudente. Prevenirnos podremos breve- mente. Pues por daros lugar me voy. El Cielo os guarde, y ponga límite al desvele. Adiós. Mi dicha el alma me adivina. Voy a avisar de todo a mi sobrina. Hombre, qué intentas? qué dices? Déjame, ingrata Leonor, suelta aleve, y plegue al Cielo, a quien mis suspiros doy, a quien remito mis ansias, y presento mi dolor, que tu falsedad castigue. Don Diego, no es tiempo, no, e de burlas; don Diego? dueño, p esposo: válgame Dios! Como memegas que anoche entraste (sin vida estoy!) m en mi casa? qué pretendes, infamando mi opinión? No te di (ay de mí!)alma la amorola posesión, entre suaves requiebros, no dijiste, tuyo soy? u No te entregué, esposo mía, el castillo de mi honor, cuya fortaleza el alma tanto tiempo defendíó? d ei no me diste aquesta banda, y yo te di otro favor? cómo lo niegas? qué es esto? Déjame, que vive Dios, a que a no ser el darme muerte a loca desesperación, diera esta daga en mi pecho vaina, con ciego furor, por no morir de mi infamia, que es muerte de más rigor. Oh cuanto me pasa es sueño, o he perdido la razón cion el disgusto, o me engañas. O yo sin discurso estoy, o no entiendo lo que escucho, o tú me engañas, Leonor. Vive el Cielo que dé voces pregonando tu traición; tirano el honor me debes. Yo no le debo a tu honor favor, engañoso dueño, que obligue a satisfacer. Yo no entré anoche en tu casa, algún hombre te engañó, que sin conocer tuviste por mí (qué mortal estoy!) aguardando a que me abrieras estaba, cuando salió de tu casa un embozado, con cautelosa traición, y aunque procuré alcanzarle, la noche me lo escondió: la desgracia ha sido mis, quédate, Leonor, con Dios, que yo voy desesperado a sor . Aguarda, el dolor desnudo sirve a la lengua, de entredicho a la razón. Don Diego (ay de mí!) don Diego, él sin duda se cansó, que es ordinario enfadarse quien llega a la posesión; y para dejarme ahora, C esta cautela trazo: don Diego, esposo, qué digos yo con terneza, y amor? ingrato, villano, aleve? Ay señoral mi señor g sube a tu cuarto a hablarto, y ya el corredor pasó Escóndete en esta sala. Quién tuvo tanta pasión: Sobrina. . . Señor. . Yo vengo Mas si ha sabido mi amor, y que está don Diego aquí. Muy enojado por Dios. Cierta mi sospecha fue. Porque me han dicho, Leonor. Claro está que le habrán dicho que aquí don Diego subió. Qué anoche. . . Peores esto: qué susto! qué turbación? Y otras noches antes de esta rondan la calle por vos? Gracias al Cielo (qué ahogo!) vano salió mi temor. Yo os propuse el casamiento con don Juan, hoy se trató de nuevo, y está don Juan aficionado de vos. Dije como os di ya cuenta, y al silencio remirió la cortedad de mujer, pues tan obediente sois. Prevenos por mi vida, que no ha de haber dilación: y si aenso algún galán da nota, casada vos, se estorbarán los decires; no digo por esto yo que vos tenéis culpa alguna, que bien se vuestro valor; qué me respondes, sobrina? Quiero probar el amor de don Diego, pues me escucha, dándole celos: que estoy obediente a vuestro gusto. Siempre, conor, l prometió vuestra cordura, respuesta semejante. . . Ay tal rigor! a casar se está resuelta. Ya don Juan con afición fue a preveniros las galas; quedaos sobrina con Dios, y no estéis triste. El os guarde. Que al fin te casas, Leonor, Dios te guarde con tu esposo, y aumente tu sucesión. Oye. . . No hay remedio ya. Escucha . . Suelta, Leonor. No te vayas que mi tío. Ya se fue tu tío, adiós. . Aguarda, Don Diego, guitda, hay tal desesperación! quién se vido en tal aprieto? quién tal pena padeció? Diré mi mal? es locura: diré mi agravio? es error: v vengáreme? como puedo: qué he de hacia: vive Dios, villano, que aunque se ofenda mi decoro, y mi opinión, si puede ofenderse más, que has de ver en mi valor la más sangrienta venganza, y el castigo más atroz.
JORNADA SEGUNDA
JORNADa segunda Si merece algún saber, señora, mi cortesía, no ocultéis, por vida mía, ese bello resplandor: dadle asuntos al amor, y a vuestros ojos despojos, afrentad los rayos rojos del Sol, que si bien lucidos, es fuenza quedar corridos, si descubrís vuestros ojos. Pues con senas me llamáis, que os permitáis veros ruego, pues cuando llamado llego, de que os mire os recatáis: qué quieres? qué me mandáis? Don Diego? . . Esposa mi bien, vos lois, Beatriz? pero quien si no vos pudiera da placer en tanto pesar? a favor en tanto desdén? Grostero enduve, por Dios, en la duda que tenía, pues quien festejos podía dar al jardín, si no vos? díganlo estás fuentes dos, ̱. Me que en arroyos tralparentes, o forman cursos diferentes; y entre las flores lucidas, salen de veros corridas, si a veros llegan corrientes. Yo, don Diego, os he llamado para hacer estas paces con Leonor. d . Mal satissa bella Dederiz, mi cuidado: ya de Leonor olvidado, a tu padre te pedí por esposa, y me dio el si, considera si es error hacer paces con Leonor, quien te está adorando a li Amante, y agradecida me confieso por dichosa, mereciendo ser tu esposa; pero si miro ofendida d a mi prima, que salida puedes dar a tu mudanza si de ti crte premio alcanza después de un siglo de amor? yo que hoy empiezo, es error amarte con esperanza. Qué ocasión te dio mi prima que de ella estás ofendido? Ni es desprecio, ni es olvido, que a Leonor el alma estima (no sé como me reprima) escribiendo su afición. Beatriz, sobre el corazón echó un borrón (ay de mí!) y lo escrito hasta allí lo borró con el borrón. Ya del alma está olvidada, Leonor, y la causa dio. No sabré, don Diego, yo la causa más clara? No. . . Si la tienes borrada, mi amor, que él tuyo pretende, de mal pagado se ofende; y es cierto que es mal pagado, porque sobre lo borrado ninguna letra se entiende. Y así, qué satisfacciones tendré de tu amante ardor, si laletra de mi amor escribes sobre borrones? Si con dorados arpones, flechaste el alma amorosa, y es negro el borrón, curiosa advierte, cuando te adoro, que sobra lo negro el oro luce más, Beatriz, hermosa. Leonor con don Juan se casa, que la estima sin desdén, y yo contigo, mi bien, no ha sido mi suerte escasa. Temo ocupar esta plaza, señor don Diego, por Dios, que aunque seis tan fino vos, recela el alma importuna, que quien mudable es con una, será mudable con dos. Que no fue mudanza advierte, porque habiendo tú de amarme, quise en Leonor ensayarme, para enseñarme a quererte: y enseñado de esta suerte te vengo, Beatriz, a ver, para empezarte a querer; ̱g porque quise antes de amar, en otra aprendiendo errar, ag y no en tuerrando aprender Ay de mí! yo estoy turbada, gente sueña en el jardín. Pues eres su Serafín, defiende, Beatriz, la entrada. Adiós, y no sepa nada mi prima, que tendrá celos. Olvidad esos recelos. Aqueste papel me han dado Caballero, para vos. Dios os guarde. Guardeos Dios: el papel me da cuidado. Un Caballero, a quien habéis ofen- dido, para satisfacer su agravio, aguarda esta noche en la puertado Elvira. Dudando estoy lo que vi! alguna traición infiero, pues no sé que Caballero, esté ofendido de mí Cautela de algún traidor debe de ser, que me aguarda; pero nada le acobarda al brío de mi valor. De aqueste papel callar, y obedecer es respuesta; la puerta de Elvira es esta, aquí pretendo aguardar, que ya despodado el Sol, en el mar quiere apagarse, per filando al ocultarse las nubes con su árrebol. Luna con desconsuelo de no ver al Sol brillar, para salirle a buscar puebla de antorchas el Cielo. Sin duda don Diego es este. Este es mi competidor. Yo te mataré, traidor, . aunque la vida me cueste; él es muera. . . Detente, aguarda antes de reñir. . . Qué quieres? Saber pretendo quién ere? Qué temes, qué te acobarda? un hombre soy agraviado. No vi furia más cruel, . el infierno todo en él parece que está cifrado. Sin conocerte primero, yo no he de reñir contigo; quién eres? . . Soy tu enemigo. Por qué? . . Decirlo no quiero haz de tu valor alarde, muestra el brío, y cierra el labio, que más que mi propio agravio siento el hallarte cobarde. Dime quien eros, por Dios, que aunque puedo darte muerte, estoy temiendo ofenderte? Solos estamos los dos, proseguir el duelo intento, resiste mi valentía; no llegas? . . Hay tal porfía! Matarete. . . Ay tal aliento! un extraño impulso admiro, y tiene en mi poder tanto, que cuando el brazo levanto, me arrepiento, y le retiro. AL DE MONROT Qué esperas villano, loce, cobarde, vil enemigo, no quieres reñir conmigo? Sí, más aguárdate un poco, no sé que tienen tus labios, pues agraviado me animo a matarte, y luego estimo por lisonjas tus agravios, Mas si te enoja, y enfada este término cortés, aguarda, y sabrás quien es este brazo, y esta espada. Válgame el Cielo, qué miro! Leonor, tú en traje de hombre, qué es esto? . . Vengar, d. Diego, agravios, y sin azones, y no fiar la venganza de otro brazo, y otro estoque. Admirado estoy de verte. Cómo yo de tus traiciones, Sin vida estoy . . Yo sin honra, que es mayor falta en los nobles. No tengo la culpa yo. Si tienes, pues con rigores, menospreciando del alma los cargos que te proponen de cortes, y agradecido, divinos respectos rompes. Pues cuando yo atribuyendo de tus desprecio los golpes, a fuerza de Astros, que bordan a esféricos pabellones, regaba, crecia, peinaba E con mis lágrimas las flores, B con mis suspiros el viento, y los campos con mis voces. Ahora desengañada confirmo el delito inorme, pues por querer a mi prima, a mí no me correspondes, Así promias las finezas; así pegas los favores de dos años que te quise, a los poligros imnóbil, mas que Píramo a su Tisbe, mas que Venus a su Adonis, mas que Hero a su Leandro, y más que conto a Cloris? Mira en los cármenes bellos, con organizadas voces, embajadores del alba los amantes Ruiseñores. Mira al mentido jacinto, que rojas bandas descoge, mira a Narcilo, y Clicie, del amor transformaciones. Y si amantes no te obligan, escarmientos te provoquen; vuelve los ojos a Dafue, vuelve a Siringalos soles. Teme que tu tiranía te transforme en peña, o roble, i bien, no iguala mi prima mansías, y mis amores, premialos, verás, don Diego, que te da aplausos el Orbe, que te colebra la rama, que te veneran los hombres, que te respeta el olvido, que te amarte an las flores, que te observa la memoria, y te aclaman las regiones. Y si amor no te obliga, como, came, siendo noble, quieres sin honor dejarme? no te enternecen mis voces? como has de faltar, don Diego, a tantas obliganiones, Va no ves el risgo en que estoy mi peligro no conoces? escucha, don Diego, espera, dutente, don Diego, oye, DE SI MIMO. don Diego, como me dejas, y a casarte te dispones? en qué te ofendí, don Diego? oye, mi bien, no te enojes: mis lágrimas no te mueven? no te ablandan mis dolores? no te lastiman mis ansias? no te incitan mis pasiones? si no he de ser tuya, o caigan ̱ga las cervices de estos montes sobre mí, rayos despida, aparatosa la noche contra mi vida, y sean lazos mis cabellos, que me ahoguen, y algún acero piadoso mi infeliz cuello corte, y tanta sangre derrame, que equivocadas las flores, a formar el Sol el día, riñan sobre las colores, siendo yo triste despojo de tus orensas inormes. Toda el alma me enterneces, Leonor, pero tus pasiones no pueden hallar remedio que sus ahogos revoquen. Y aunque soy primera causa, de tu dane, no fui el hombre que tianizo tu honor, porque te engañaste entonces. D Por esas luzos del Cielo, que galantes, y conformes sus lecretas influencias le comunican al Orbe. Por la Cruz de aquesta espada, que es la verdad cuanto oyes; tu ahora juzga por ti, siendo honrada, siendo noble, que hicieras en este lance, dilo ya, el silencio rompo? Al fin, que tú estás resuelto, sin que mis penas te estoy ven, a casarte con mi prima? Esto mi fortuna escoge. Y has de ser su esposo? . . Sí. Y ha de ser mi dueño otro hombre? competidor puedes ser Claro está . . Y he de estar viva: del Sol, cuando luminoso Olvidando los rigores de tu estrella, pues adversa en tal estado te pone. Pues don Diego, si no tienon remedio mis males, oye, una palabra has de darme. Y es? . . Que jamás con tus voces olvidarte no podré, has de publicar mi afienta. Ofendes mi sangre noble con presunción tan villana, Leonor. . . Pues qué me respondes? de albricias, y te daré Que lo debo hacer por mí, cuando por ti no lo etorgue. Dime, si tú te casaras, don Diego, amante, y conforme, y hallaras como yo estoy, a tu esposa aquella noche, qué hicieras? . . Con esta daga . Esta mañana en su ca, pasara su pecho entonces. Pues yo me quiero casar: pues si don Juan corresponde a su sangre, ha de matarme, y en desdichas más atroces, qué mayor bien que la muerte, pues se acabarán entonces del honor los sentimientos, y del alma los dolices; adiós, . . El Cielo te guarde. Que al fin te vas? . Leonor, voyme. su boca tan chica, que Y no he de hablarte más. . . No. no se si un garbanzo entero, Y nuestro amor? . . Acabose. La esperanza? . . Ya dio fin. Y te has de casar? . . No lo oyes? y bella, no reparé No sientes que yo me cases g Sí, pero un siglo te logres. Para qué, si un desdichado mientras vive, muere al dobles Qué galán, señor don Juan, que viene vuesa merced, como desposado al fin, borda el celeste dosel. Sol es que se ha de eclipsar aquesta noche, y sol es que no ha de comunicar rayos de su rosicler mas que a la Luna. . . Senacho mucho estimo tu lealtad. Ya se que me quieres bían; mas qué me darás, señor, unas nuevas? . . Cuando yo, nada que pides negue? Si yo hubiera visto acaso a Leonor? . . Qué dines, qué a mi esposa viste: donde, cuando, di, viste a mi bien e. la vi en el jardín coger flores, porque me escondió para que la viera, Inés. Y dime, os hermosa? . Escucho l que yo te la pintaré. Es Leonor blanca, su rostro, naturaleza cortés, para sacarle perfecto, otros mil echó a perder. Sus ojos negros ralgados, t en ella le ha de caber. Su nariz proporcionada, si tenía mocos, su linda, y su barba también, S Los dientes yo no los vide, que era menester romper; la boca para mirarlos. De la garganta la tez, competidorad el rostro, todo lo que puede ser. Olvidóseme el cabello, negro, y bellísimo es, y tan negro, que es bozal, mil lazos teje con él, para prender a las almas, que condena a padecer. Al fin, señor, su cabeza es el infierno, los pres: pero las manos se olvidan; las manos son de papel, pues tienen los corazones de todos cuantos las ven, mas es el papel fellado del primer sello, porque si con las manos se pide, se pueda poner con él demanda de cuanta plata pudiste de Indias traer. Al fuitar de un arroyuelo descubrió, señor, un pie tan breve, y tan compendioso, que el engendrarse a mi ver, a los pies le falto carne, para acabarlos de hacer. Nogro cordoban los ciñe, reventando de placer, y con rosados listones, que es propio de Negros se amigos de colorado; chapines tenía también, y moños en los chapines: grande bobería es poner sobre la cabeza lo que tienen a los pies, Dio los chapines el uso porque no pueden correr, para alcanzarlas de presto, paso a mi pintura, pues, llegó a cortar un y al poner la mano en él, como es tan blanca la mano, jazmines presumió ser, y se quedo entre las ramas asida, hasta después que la quitó la otra mano, y todo fue menester. Un rojo clavel cortó y trasladole cortés q a los labios, y corrido de considerar, de ver que los labios le excedían se murió el triste clavel. Dios te perdone, le dije, y a darte nuevas torné de tu Serafín de alcorza, por siempre jamás amén. Toma un vestido mío el que qui- Alejandro prefieres (sieres. generoso, y lucido pues me das por tu dama este vestido, y Alexandro, aunque goza tanta fama por no dar un vestido dio la dama. (guarde. Don Juan, galán estáis, el Cielo os Como quien se desposa aquesta tarde. Un presente os envía dor Enrique, que es justo que la fama lo publique. De qué? . . De dos caballos, que el Sol para su carro ha de envidiarlos, uno melado, y nogan, tan airoso, que corriendo brioso, sudando por la boca espuma riza, a vuela en tierra, y en el aire piza. Es el caballo un viento, y corriendo en el viento, al verle atento dije cuando su aliento le socorra, n que mucho que en el viento el viento corra, y es tan al vivo la color melada, que vi estar una aveja en el turbada, pues distinguir cónfusa no sabia si era miel verdadera la que via. Hipérbole donoso. Trae un jaez lucido, si precioso de terciópelo azul, de oro bordado, y con perlas a trechos recamado, rayos del Sol los ramos excesivos, tres asquás de oró el freno, y los estribos El otro es un castaño belicoso, arrogante, y furioso, que cuando la carrera ardiente toca nieve espumosa escupe por la boca; y al corier con desvelo, con las manos, y pies enciende el suelo y temiendo se abrase con las centellas que en las guijas hace al ir corriendo, o al ir volando, Fénix parece que se está abrasando, con un juez bordado de plata en terciópelo naranjado, siendo de Poto si despojos vivos, plateado el freno, y los estrivos. Mucho, primo, ogradezco a don Enrique, que con ofertas tales se anticipe. Señor don Juan? Señor don Diego, amigo? Por vuestro me tened. Desde hoy me obligo a serviros, don Diego, como a dueño. Aquesa obligacio es en mi empeño como son nuestras bodas esta tarde, quise de la afición hacer alarde, que os tengo, yendo honrado, y venturoso junto con vos al tálamo dichoso. De todo me ha informado ya mí primo, creed, señor don Diego, que os estimo, y me precio de ser vuestro criado, y que os cueste Beatriz tanto cuidado Quién de los novios dos, con gracia toda, la mayor necedad dirá en la Don Juan, como discreto, y ootendido no dirá necedad, que os advertido. Don Diego, como sabio, y elocuente no dirá necedades, que es prudente. Solo quien tiene amor, dice la fama que se turba en presencia de su dama. Yo me doy por turbado, porque estoy de Leonor enamorado. Cómo, si no habéis visto sus despojos? No siempre amor entra por los ojos, tal vez suele elegir otros sentidos, y en mí el amor entró por los oídos. Vamos? . Si han de turbarse, digan el Credo, y vayan a casarso. pa Temeroso pensamiento, afligida fantasía, que en la noche, y en el día solicitáis mi tormanto. decidme, qué es lo que intento? qué puedo (ay de mí) hacer? pero ya no he de temer g, mayor mal que el sucedido, que es alivio de un caído el no poder ya caer. Como me atrevo a aguarda a mi esposo sin honor? si yo mecaso es error, si no me caso es pesar, delito el disimular, ignorancia el descubrir, ̱aa ̱ gue depo llegar al lance, morir, quién en tal batalla está? donde no hay remedio ya, qué remedio ha de elegir? Quiero decir a don Juan mi afrenta, y mi desatino; mas Cielos que determinos mis bodas se estorbarán, y mis dolores tendrán principio, es acuerdo ciego excusar desasosiego, y echarme toda a perder, que don Juan no ha de querer, lo que no quiso don Diego. Si no me he de descubrir, y don Juan me ha de matar, yo me resuelvo a casar, que es lo mismo que a mora. ayudadme a resistir, flores, mis penas, pues ya sin brío el valor está, llorad, pensando vosotras, que lo que es tálamo en otras, en mi túmulo será. Y a las flores a porfía sienten mi dolor ahora, y cuando Febo las dora en el regazo del día, viendo la tristeza mía, dicen: Hojos, aquí estáis, al Alba el oficio hortáis, sentis celos, o queréis, sin duda honor no tenéis ojos, pues tanto lloráis. Prima, sobre aquel busete te dejaste aquesta banda, yo viéndola presumí, que olvidada la dejabas. Qué lucida, que costosa, qué ricamente bordada! pontela por vida tuya, para adorno de tus galas. Pues te ha parecido bien, ponte tú Beatriz, la banda. Estímola, como es justo, necia anduve en alabarla. Ay, banda! hay ristes memorias? banda tan costosa, y cara, que del honor más altivo luiste precio, fuiste paga, banda, que habanderizaste banderizos contra el alma, formando bandos crueles entre el decoro, y la fama. Leonor, la banda me he puesto; qué te parece? . Extremada, qué mal he hecho (ay de mí!) . en no entregarla a las llamas, pues miro, cuando la miro, un testimonio de infansia. Sobrinas? . . Señor. Beatriz? Padre, y señor. g Qué gallardas! podéis competir las dos e con Venus, y con Diana. Dios os haga tan dichosas para honor de ajuestas cunas, como el alma lo desea, sed cuerdas, como vizarras. g avarrad las obligaciones del estado que os aguarda, estimad vuestros maridos con la vida, y con el alma. Acariciadlos corteses, con obras, y con palabras; porque cuando a los maridos las mujeres desagradan, con poca afición los miran, y con enfado los tratan, suelen buscar en la ajena lo que les falta en su casa. No despreciéis la hacienda en las galas excusadas, inventarlas es lo cura, y usad de las inventadas e con moderación, y prudencia; sed sufridas, recatadas, no muy amigas de fiestas, severas, y cortesanas. Y porque siento ruido, digo, hijas, que eso basta, que en tanta prudencia, no hacen mis consejos falta. Dichoso, Leonor hermosa. Felice. Beatriz gallarda. Quién sin mereceros llega. Quién sin serviros alcanza. A gozar tal alta dicha. A gozar gloria tan alta. Besoos las manos, don Juan, por el favor. . . Qué bizarra! El Cielo, don Diego, os guarde. Miente mil veces la fama, cuando en acentos sonoros vuestra hermosura alaba, pues no dice cuanto en vos admira, conoce, y halla, porque para celebraros es corto aplauso la fama. Tanto favor? . . Todo es poco. Galán, y discreto (y ansias!) . es don Juno, y me atormenta el ver en desdichas tantas, que siendo él quien me adora, soy yo misma quien le engaña. Muy amoroso venís. Locuras de amor no agravian; perdonad, Beatriz hermosa, que mi advertencia turbada hizo una descortonsía, para hacer lisonja al alma. No hay perdón dor de no hay culpa. Vive Dios, que aquella banda . que tiene Beatriz al cuello, es la que le di a la dama a quien engañé, la noche co P que fue de sus males causa, VAL DE MONROT. Señora doña Leonor, tan dichosa el Cielo os haga como deseo. . El os guarde p Al Cura solo se aguarda para desposaros. . Cielos, si Beatriz es la engañada! si yo he gozado a Beatriz, como lo dice la banda, cómo se casa? qué es esto? descubriré la maraña? no, que arriesgo su opinión; yo le debo la palabra, aunque con nombre supuesto. Los señores novios callan, a por no decir necedades, como si no hablar palabra fuera poca necedad. Entrémonos en la sala mientras viene el Cura, vamos, Yo obedezco lo que mandas, Señor don Diego, aguardad, a y escuchad una palabra, entráronse? . . Ya se entraron. El alma tengo turbada; . ado como le diré su afrenta, por estorbar la desgracia C que le puede suceder m a c a Beatriz? no hallo palabras st,y que mi sentimiento expliquen Qué imaginaciones varias, don Juan amigo, os advierten, os alustan, y embarazan en semejante ocasión: Yo confieso, que es biza . Leonor, más Beatriz su prima, es hermosa, y es gallarda No pierdo nada en el trueque, antes aseguro el alma de un escrúpulos don Diego, todo al decirlo me falta. Amigo, a vos os importa, y a mí por secretas cabsas, para desposarnos hoy, hacer trueco de las dames. Vos os habéis de casar con Don Leonor, . . Qué gracia! Y yo con doña Beatriz, que así evito una desgracia, y esto, don Diego, le importa a vuestro honor, y a mi alma. Qué dices, don Juan, estáis sin seso? decid la cabia. Aunque la vida me cueste no tengo de publicarla. Yo tengo, señor don Juan, la satisfacción que basta de doña Beatriz mi esposa, es prudente, es noble, es casta, y es quien es; y vive el Cielo, que quien sus partes agravia, o no tieno seso, o intenta que le de muerte, o se engaña También como voz conozco que es doña Beatriz más ciara que la luz del Sol, que corre o por las coseras doradas; ni yo contra su opinión, don Diego, imagino nada; no me debo de explicar, pues no entendéis mis palabras. S Decís qué importa a mi honor no ser su esposo, y no basta para sufrir lo que digo? Casaos, don Diego, gozadía mil siglos; disimular . pretendo, pues él se engaña, no tendrá de que quejarse, que a mí lo dicho me basta. Dad vos a Leonor la mano, como a esposo, que os aguarda, que muy bien está lo hecho, y mirad que ya nos llaman Oh triste, o den Diego, o triste, infeliz, y desgraciada . Beatriz, si acaso don Diego mira de tu honor la mancha! an Oh desdichado, don Juan, . o Leonor delventurada, si acaso don Juan penoso la mancha de tu honor halla! Qué noche le aguarda al pobre de Diego! . . Qué noche aguarda al engañado don Juan! Matarala, cosa es llana. A Leonor le dará mueno. Qué puede hacer viendo clara su deshonra? Qué ha de hacer si ve patente su infamí. Lástima tengo a don Diego. Sin duda adivina el alma de don Juan su mal, por eso quería trocar las damas. A lo hecho no hay remedio, temiendo estoy su desgracia.
JORNADA TERCERA
jornada tercera En este jardín florido, donde músicas sonoras de galantes pajarillos suelen despertar la Adio. Aquí donde dulcemen isa,, la Primavera hermosa llama a Cortes a las flores, junta a Cabildo las rosas. Pues me convida el suencio, e ̱ quiero averiguar a solas e motivos de mi disgusto, y escrúpulos de mi honía. Quiero a consejarme (ay Cielos, conmigo, si siendo propias las ofensas, hay alguna que aconsejarse disponga. Oh quién pudiera de mí hacer otra parte, otra, otra mitad, otro yo, porque al repetir mis congojas, cuando yo me condenara en estas dudas celosas, yo también me desendiora, dándome de aquesta forma, yo a mi conmigo la culpa, yo a mi conmigo la gloria! Pero no, porque si hubiera otro yo, y yo mi deshonra conociera el otro yo, haciendo una acción heroica a mí me diera la muerte, estando con esta obra el ofensor, y ofendido juntos en una persona. Aunque si el agravio mío P de se yo solo, que importa, no es ocultarlo prudencia a quien de noble blasona? Si yo me vengo, si yo le doy la muerte a mi esposa, en la causa de su muerte es fuerza que se conozca, y se publique mi agravio; luego será justa causa disimularlo prudente, sin que el silencio se rompa? Mas ay de mí! que el honor es una opinión honrosa, un buen concepto, que todos tienen de alguna persona, y para perderle, basta vivir en cualquier memoria agravios que se deslustran, y ofensas que se desdoran. Pues no es forzoso vivir con inquietudes penosas, cuando a mí mismo me falta el concepto de mi honra? Si para conmigo yo no soy honrado, qué importa el serlo para con otro? oh venenosa ponzoña! o martirio de la vida, que así el decoro malogras! que a costa de los peligros, y de tanta sangre a costa; ya atropellando las picas, ya sufriendo las pelotas, quien alcanzarlo pretende, costosamente lo compra. Si antes de calarme yo, ofendió tu honor mi esposa, en qué me agravio, supuesto que solo vengar me tocan agravios que a mí me hizo? el que estoy sintiendo ahora, correra por cuenta mía, si al celebrar nuestras bodas estaba ya cometido, supuesto que la persona de Leonor, hasta tomar la posesión amorosa, en virtud del Matrimonio, no era propia como ahora si el delito ejecutaba casada ya, es cierta cosa, que quedaba yo afrentado. Mas qué es esto dudas locas, siendo tan frágil materia la de honor, dudáis que sobran delitos en profecia, para desdorar sus glorias? No es cierto, si compra alguno de diamantes una joya, e y iaen falsos después, que da engaño, y sospechosa la opinión del mercader queda con el que la compras Pues si la joya de honor he comprado por preciosa, y la experimento falsa, también la injuria es notoria. Y quien antes de cusarse, atrevida, y licenciosa, su pundonor atropella, su recato desadorna, a podrá después de casada librarse de sospechosa? No sé por donde empezar las quejas que me apasionan, los pesares que me afligen, las injurias que me ahogan! Pudiera naturaleza, cuando dio a cada persona dosojos, y dos oídos, e no dar una lengua sola, pues tiene para que el alma informe de sus congojas, Sí, si dos ojos que las muen, dos oído que las oigan, a y para quejarse de ellas, un a lengua, y una boca. Bioigo, y miro como dos, por que con penas rabiosas me he de quejar como uno, cuando mi silencio rompa. Y pues como uno me quejo, no será, no, acción impropia, que como uno solo mire, y como uno solo oiga. i Celoso estoy, y o endido, pues muera Leonor tiaidora, porque con su sangre limpie lo aborrones de mi honra. Muera Leonor, Leonor muera, esta daga rigorosa para hallar mi venganz ole su cándido pecho rompa. Flor es mi honor, flor del alma, a quien Leonor cautelosa, con liviandades marchita, y seca su altiva pompa; pues si está la flor marchita, no cobrará aliento, y forma si con sangre no se riega, pues que con sangre se postra. Fiores, que testigo sois de mis quejas lastimosas; búcaros que recogéis del Aurora el blanco aljófar, para rociar al Sol, cuando desmayado asoma por las puertas del Oriente; que como afligidas lloran las criaturas al nacer, las quiere imitar la Aurora, llorando al nacer del día sobre silvestres alfombras, Fuentes, aves, hoy veréis como dejo a la memoria escarmiento en el exemplo; y pues sois restigos todas de mi agravio, lo seréis de mi venganza penosa. ̱aao Don Juan amigo, qué hacéis? g Aquí divertido ahora en contemplar la belleza de que este jardín se adorna. Imaginativo, y triste, . su afrenta examina a solas, habiendo experimentado la liviandad de su esposa. Qué alegre que está don Diege, tristeza no le ocasiona, si ya no la disimula ds de su esposa la deshonra. Esta tarde en el Jaraguí, por festejo de las bodas, vamos todos a holgarnos, que así lo previno ahora don Enrique. . . Cielos, como puede don Diego, si toca mi afrenta misma gozar, si no tiene el alma loca, u con regocijo esta fierta? no le embarazan, y estorban la ofensa que a mí; pues como no manifiesta congoja? Hijos? . . Señor. . . Esta tarde porque se alegren las novias, hemos de ir al jaraguí, y ya sospecho que es hora: qué decís? . . Que yo obedezco, vamos, si a tu gusto importa. Pues don Pedro, y yo delante, por buscar algunas cosas, tromos luego, y vosotros, después con vuestras esposas; vamos, Dios os guarde, hijos. A prevenir las carrozas me parto, don Juan, adiós. Esta es la ocasión, más propia a mi venganza, matar ahora a Leonor me importa. Don Juan, mi esposo, mi bien, qué tristeza os apasiona, que pensativo, y suspenso, dais en el jardín a solas mucha ocasión de sospecha? qué tenéir? . Leonor hermosa; así divertirla intento, . ̱ro cuando mi favor prevoca. Yo no estoy triste, bajé ̱p a a ver del jardín lisonjas, d y miraba entretenido n. las fiestas de Abril, que ahora casa con la Primavera, de AL DE MONROT y celebrando sus bona málcara hace de florcs, que fragantes, y briosas, a cuadrillas reducidas, unas visten color roja, otras de plata, y azul, de amarillo, y nácar otras. Pues de esta suerte, don Juan, de las flores envidiosa viviré . . Dálgame el Cielo! que una mujer que blasona de noble, de tal belleza, y de sangre tan hero yea, al gusto de su apetito postre el blasón de sus gloria. Desde la nocho primera, el alma turbada toda, bacilando el pensamiento, divertida la memoria, está don Juan (ay de mí! mas qué mucho, si ye propia s e soy la causa de sus penas? Ahora, Cielos, nora es buena ocasión, Leonor muera. Qué hay, prima hermosa? A qué mal tiempo llegó Beatriz! no faltara otra ocasión en que vengarme. Ya don Diego en la carroza a la puerta nos aguarda. Vamo; yo pondré mi honra en el puesto más sublime, v tu si mi venganza se logra Qué alegre el campo afliste! De colores el verde Abril se viste sobre la helada, y cándida camisa, que el Enero le dio de espuma riza, a quien ladrón Oroño, con enojos le roba sus libreas, y despojos; a bello entretenimiento es este jaraguí del pensamiento, los ahogos divierte, y con la plata líquida que vierte, ya en silvestres alfombras olorosas, con el vulgo de flores, y de rosas. Que es ver un arroyuelo, que dilata su curso, y los cristales desbarata, tributos de otras fuentes, entre el murmureo son de sus corrientes. Nace este dulce arroyo en una sierra, y trepando veloz con blanda guerra, al jaraguí desciende, y más aplauso, y majestad pretende, pues viéndose bizarro, y cortesano, aún no se acuerda, que nació Serrano. Aquí un monte, Palacio de Amaltea, las aves lisonjea, minístriles de pluma, su órguilo, y vanidad ostenta en suma, tanto, que piensa, viéndole la gente, que se quiere casar con una fuente. Nace la fuente en cuna de esmeralda de este monte en la falda, y es su puro cristal sudor helado, que suda el monte de subir cansado; si ya no es su sangría, que como cada día vemos que al darle verde a los caballos, suelen después sangrallos, así el Abril, que ayudado del Faetonte le da verde a este monte, como tanta verdura lo pública, la sangría le aplica sutil, y trasparente, y es sangría del monte aquesta fuente. d. Ya vienen, si el ruido no me engaña el sentido, Bizarros Caballeros, damas bellas, resplandecientes de la tierra estrellas, Cansada habréis llegado, Leonor mía. Con vos fuera el cansancio grosería. Beatriz, venís cansada: No hay con vos pena que me aflija nada. Qué gallardos, que nobles, que entendidos, que galanes, qué airosos, qué lucidos! el Cielo, hijos discretos, me de en vosatros mil dichosos nietos. Inós, escucha aparte. Qué me dices? . Yo tengo que hablarte, búscame luego. . Sobre aquestas flores, que os ofrecen lisonjas y favores, podremos merendar. . . La pena mía verdugo de mi tiaste fantasía, no puedo tecntalla, aunque pretendo ya disiimularla; qué terrible tormento! A ponderar no acierto mi contento; vamos, y una Academia tracemos. Después que meren demos. Qué triste está mi esposo! Que alegre está d. Diego, qué amoroso! No acabo de imaginar, por qué causa viene a ser tanto en don Diego el placer, y en míi tan grande el peroa; a los dos quiso igualar fortuna, de ofensas llena, a mí a penas me condena, y a don Diego, en conclusión, le da la misma ocasión, pero no le da mi pena. Pues hoy he de saber yo, con una traza curiosa, si halló honrada a su esposa la noche que la gozó: con la joya que me dio la experiencia he de hacer, si tiene honor de de ver, porque si es noble, y es sabio, y disimula su agravio, d no lo sabe conocer Senacho? . Señor. Yo tengo gran connanza de ti. Bien sabes que te serví. Así mi mal entretengo. Esta joya has de enseñar a doña Beatriz. Qué hermosa, que lucida, qué preciosa! Sin llegar a declarar quien es el que te la dio. A todo estoy obediente. Aquí es fuerz es perimenes a si es ella a quien burlé yo, sabré si a Beatriz gocé e aquella noche inferias, ya la banda me lo dice, aquí lo confirmaré, si conoce los diamantes, y veré como su esposo disimular amoroso puede agravios semejantes. Quédate, Senacho, aquí, se y haz esta diligencia al descuido, y con prudencia. Fiate, señor, de mí. Senacho, joya extremada! rico estás; qué me decías? no respondes? qué querías? Hablar es cosada excusada, teniendo el oro en las manos, sin lengua sabe pedir, Inés hermosa, y decir mil conceptos soberanos. Pida un hablador discreto algún favor a su dama, y abrasándole en la llama de amor, dígala un Soneto. Y oro traiga un mudo rudo, verás que estimados son, el mudo, como Carón, y el discreto, como mudo, Mas dejando aquesto, Inés, no sabes que tu hermosura quitarme el alma procura? ya estoy muerto, no lo ves? No te acuerdes de morir, si no dame aquesta juya, seré tuia. . Aquí fue Troya; dónde hay mujer sin pedir? Hay quién no pida en rigor? Los hombres. . Antes los hombres paden más, y no te asombres, pues si un hombre tiene amor, e siempre de nocue, y de día, quejoso aleves rigores, gṟ pide a su dama favores, y límite a su porfía. Qué hacen, di, de quien ama músicas, y galanteos? sino pedir con paseos n de los favores de su dama. Y si ella su gusto explica, y le pide algún vestido al galán, este partido es solo el que se pública entre amigos, y escuderos. Sí, mas en nuestros amores pídeme tú, Inés, favores, y no me pidas dineros. Yo en pleitos que amor reprueba con peticiones me halago. Pues yo las costas no pago hasta dar la causa a prueba. El pedir sin ocasión las damas, es permitido. Siempre todas han tenido, Inés, esta inclinación. Vese en Eva, mujer rara, pues cuando Adan la miró, lo primero que le hablo: fue pedirle, que pecará. Y así no te de pesar ver que el pedrr me me asombre, que obligarle a dar a un hombre es obligarle a pecar. No me puedo conolar. Prima, qué tristeza es esta? tú sin gusto las acciones? sin nácar las rosas bellas? t De tus mejillas, sin brío los donaires, toda muerta, divertidas las neciones, las palabras desatentas? Qué tienes, Leonor? qué tienes? toncreme a mí tus penas, pues suelen comunicadas desmayar tal vez la fuerza. Beatriz, no has visto a don Juan, que sin hacer resistencia a tan ta melancolía, siempre articulando quejas, imaginando desdichas, en lo triste manifiesta, de su severo semblante, que está padeciendo ofensas; que mucho, viéndose así, ay Beatriz! que yo padezca? pensativo habla a solas, cuando de noche so acuesta, desabrido me responde, cuando se sienta a la mesa. Come mal, y con disgusto, ya levantando las cejas, ya rumiando las palabras, y a veces dice su pena, sin decirla, en un suspiro, al fin suspira, y se queja, no por mí, Beatriz, que yo estoy de don Juan muy cerca, y nadie por lo que goza tantos pesares ostenta. Don Juan vive desvelado, no se prima, que sospechas dan a su inquietud asunto. Determinada, y resuelta, he querido preguntarle la causa: mas no me dejan . mis hierros, y mi delito, mi temor, y mi vergüenza. No has visto un clavel lozano, que rojas puntas despliega? no has visto por la manana una cándida Azucena aromatizando el viento, que el clavel por rojo, y ella por blanca, a la selva uno la arrebola, otro la afeita, y faltándoles el Sol, que los pule, y los alienta, queda abarido el orgullo, y postrada la belleza? Yo con estas flores (quiero tomarme esta liceno VAL DE MONROI alegre, y feliz vivía: pero ya la luz depuesta de don Juan, como flor vivo, sin el Sol, marchita, y seca. Sabe el Cielo lo que siento tus disgustos, y tus penas. Vete, Inés, que es tu señora: fumosa ocasión es esta . para enseñarle la jois. Senacho, así se requiebran las doncellas? . Yo, señora, trataba de otras matorias con Inés, y no de amores, que mi brío, y gentileza se emplea en prendas más altas. Quién son, Senacho, estás prendas? Damas de más vanidad. Cuántas tienes? . Mas de treinta, unas viejas, y otras mozas, tengo blancas, y morenas, altas, gordas, grandes, chicas, músicas, discretas, necias, y todas nobles, y ricas; testigo esta joya sea, que yéndola a visitar me dio, no ha mucho, una de ellas. Ya le ha enseñado la joya, y si la conoce, es cierta mi presunción, escondido he de escuchar la respuesta. Yo conozco aquesta joya, s Senacho. . Ya lo confiesa, ella la engañada fue, s confirmose mi sospecha. Esta joya ha sido mía. Sí, prima, tú joya es esta. Cielos, qué es esto que escucho Mi señor don Diego espera. Averigua aqueste enredo, e Leonor, y con Dios te cueda, a Es ilusión lo que miro? muda Leonor, y suspensa ha quedado. . . Esta es la joya que aquella noche, si, aquella autora de mis engaños le di al autor de mi ofensa. Si fue este villano (ay Cielos!) quien mereció con cautela mis engañados favores? válgame el Cielo! qué fuera, si triunfara de mi honor hombre de tan bajas prendas! Mirándome está mi ama, descolorida, y atenta, si le he parecido bien? que no será la primera aan que se agrade de sus pajes. Yo tengo muy buenas piernas, buen bígote, buenas manos, que estos juanetes apenas se ven como son tan chicos; divertida me contempla. Ay desgracia semejante? denme los Cielos pacincia Bearriz conoció la joya, Leonor le quedó con ella: si la joya es de Leonor sabré ahora; honor alerta. Senacho? . Señora mía, ee Quiero averiguar mis penas, y si es cierta mi desdicha. No hay duda, por mí está muerta, ella me quiere, y me adora. Quién te dio esta joya bella? Si la mueve el interes, y no mi aaable presancia, v que todas quieren el oro, aunque más señoras sean; señora, una de las damas que referí, no te acuerdas: a Y quién es Celos me pide a si me tiene amor, es fuerza que tenga celos, no sé que le diga por respuesta; no la conozco . . Senacho, dime la verdad, no mientas. No conocerla no es mucho, señora, teniendo treinta. Deja las burlas, Senacho. Cómo me quiere de verás, quiere que de verás hable; quién vio dicha cómo esta? La verdad es, que una noche (yo he de decirlo, aunque mienta el suceso de mi amo, como si me sucediera a mí mismo) muy oscura, pasando por una puerta, la sentí abrir, y llamaron. Quién esto escucha, qué espera? Entré sin saber a donde. Detén, infame, la lengua, que con tu espada, villano, te he de dar muerte yo misma, antes que osado pronuncia tu osadía, y mis afrentas, Hy que me mata! Qué es esto? Turbada estoy, y suspensa, Qué causa, Leonor hermosa, que a tanto rigor os mueva os dio Senacho? . Ay de mí! vive el Cielo, que es valiente; volviose el sueño del perro el amor. . . Salte allá fuera. Eso de muy buena gana. . El susto me tiene muerta. Ya es tiempo, Leonor hermosa, que de la prisión estrecha del pecho salgan rompiendo tanto silencio las quejas, Antes de casarme, hice tanta estirnación de orentas, e naturaleza, y sangre o dieron a competencia, que os di, sin haveros visto, la mano heroica nneza: aunque visto a puenama, no se si es acción discreta, que a empresa tal, el honor sin los ojos se resuelva. No porque esté arrepentido diga aquesto, Leonor bella, que si al paso que sois noble, prudente, entendida, cuerda, y hermosa, fueráis honrada, con menos dolor vivieran las sorbechas qua me anigen, o que me atormentan. Lusta, don Juan, que no niego mas culpas, y tus ofensas; máteme, don Juan, tu hadero; más escucha antas que muera la ocasión de mis desdichas, que a tales extremos llega. Respóndate mi atención. Oye. . . Dilo. e Escucha. Enbieza. Salí una tarde (ay Dios!) salí una tarde, a ver de Flora el floreciente alarde, a este laraguí ameno, sobre esmeraldas de diamantes lleno, viome don Diego en el, galánteome, y cortés obrigome, con ruevos, y promevas, do Desdo dronces, don Juan, desdo dederdía, don Dieno me sirvió con tal porfía, que ni de saspe mis entrañas fueran, d no sus nóblea finozas resistieran. Ya de día la case paseaba, g. p Argos de mis balcones lo miraba, de aderte, si, que su cuidado atento, de atención se paso a embelesamiento, Ya de noche las músicas traía, y vistiendo de dulce meodia el viento que alegraba, lo triste de la noche luavizaba, Sepviame en las fiestas amoroso, galan, y festejoso, dando más ocasión a mi delseo lo cortes, el despejo, y galanteo. Mas después (ay de mí!) con más cuidados sono no mis criadas, y craados; sd atrevido me escrabe, fue papeles mi afecto los recibe, donde tierno me dice en dulcos no aquestas colas que el cribís los homores. d, al fin mis orgullos más crueles, mas que a su voluntao, a sus papeles; d porque es para vencernos en efecto, un papel el tercero más discreto; y es en nosotras gala del delito ̱e humanarse a un panel, si es bien escrito, oo este tiempo (ay Cielos!) temerosa, cobarde, y recelosa, supe como mi cío con empeño me buscana, otro esposo, y otro dueño, quise decir mi amor, no me atrevia, a a pretendí dilatarlo, no podía, y tanto padecí, que al pensamiento a y plaza de marta dio mi sufrimiento, hasta que ya confuia, si constante, resuelta, y atrevida, como amante, sin corduia, y sin seso, no a don Diego, cuéntole el suceso. Pesol vimos los dos, que aquella noqne aviente el too coche, a mi casa viniera, donde dueño del alma se hiciera; mas miento, porque el alma no le diera a don Diego el triunfo, y palma con verros semejantes, si no fuera su dueño mucho antes. Fueste el Sol, aguárdele cuidadosa, la seña esoueho, y abro temerosa, cuando un hombre atrevido, para engañarme atento, y prevenido, con falsa voz responde, a. con caricias de amor me corresponde; y yo (y de mí!) sin sosiego, juzgándole don Diego, como la voz fingía, ocasione tu agravio en profecia; diome una bauda, dile yo esta jova, saquele, al fin, de casa de repetirlo, el alma se me abrasa!) viole al salir don Diego, vínome a ver celoso, y sin soní declárase el engaño, conoce su desdicha, y yo mi daño, ofendido se vuelve, a no casarse noble se resuelve, yo a perición de mi valor, y brío, le recto, y desafío, pensando que me engaña, sácole al campo, allí me desengaña, dame palabra de callar mi agravio, yo sin mover el labio, aunque mi mal supongo, a casarme dispongo, doite la mano, como indigna esposa, toda turbada, toda recelosa, conoces mi delito, aunque disimularle solicito, y del grave pesar embarazado, tibio respondes, hablas enfadado; este es mi agravio, y mis ofensas graves, lo demás que ha pasado, tú lo sabes. Enjuga, Leonor, el llanto, pues el Cielo darles quiso a mis recelos sosiego en tan ciegos laberintos. El curso deja al aljósar, no llores cuando yo río; y pues me miras alegre, no desperdiciéis suspiros. Yo fui, Leonor, quien borró el explendor terse, y limpio de tu honor, con la cabsela que sabes, y has referido. Y yo también quien ahora tus agravios satisfizo; ahora estuve agraviado, y ya no estoy ofendido. Yo a ti te quité el honor, y casándome contigo, partácipo de tu injuria, de tu ofensa participo. Mas si cometí la ofonsa, e contra ti, y contra mi altivo, ya satisfago a los dos, a ti, siendo tu marido, y a mí, con ser como soy, el ofensor de mí mismo, pues donde el agravio es propio, mal será ajeno el castigo: vamos a ver a don Diego. Qué escucho, Cielos benignos! Satisfacerle pretendo, como importa al honor mío; o cautela más reliz, que oyó la fuma en los siglos! Aquí están: prima, Leonor. Caballeros, yo he querido, por satisface mi honor, que es fuerza que esté perdido en los dos, daros ahora de que le he cobrado indicios, Y dejando digresiones, por ser excusadas, digo, que dor Diego amo a Leonor con fin de ser su marido, que de lo que aquí propongo, nas dos soss dsade touegos, Leonor, ciego de su amor, dio permisión a delitos contra su honor, y una noche que más atrevida quiso, aguardando estaba amanto a don Diego, cuando al sitio vine un hombre, y la gozó, pensando Leonor (qué hechizo!) que era don Diego su esposo; esto es lo que habréis sabido, pues por saberlo don Diego, casar con Leonor no quiso. Mas que no ignoréis importa, que aquella noche yo mismo fui quien engaño a Leonor, convidado del delito. Después viniendo a casare, una banda al pecho miro de Beatriz, que di a Leonor la misma noche, imaguío que Leonor es la ofendida, a don Diego no la explico, temeroso, la ocasión, aunque troquemos, le digo, dames, para casarnos; t por cicular el peligro. E Mas la joya que Leonor DE SI MISMO me dio con pecho benigno es esta, con que el engaño rudentemente averiguo. Yo fui dueño de mi agravio, yo contra mí, mi delito ocasioné, siendo yo el ofensor de mí mismo. oabedlo, Beatriz hermosa, sabedlo, don Diego amigo, y ved mi honor faoodoo pues le visteis ofendido. Mil parabienes, Leonor, te doy de tu regocio. Yo, don Juan, si en profecia puede ofender un delito de haber querido a Leonor, perdón mil veces os pido. No hay perdón donde no hay cuipa Ya viene mi padre. Laljos, ya es hora de dar la vuelta a Granada. Y dar principio al festejo de mi dicha. Y fin, con humilde estilo, perdón pidiendo el Senado el ofensor de sí mismo.
