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Texto digital de No se pierden las finezas

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Atribución tradicional
Andrés de Baeza
Atribución estilometría
Andrés de Baeza Probable
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XI de Nuevas escogidas (1659).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No se pierden las finezas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-se-pierden-las-finezas.

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NO SE PIERDEN LAS FINEZAS

JORNADA PRIMERA

, n- piéndele. Qué haces? Esto. Sabes, Justa, que es de Enrique mi señor para tu ama? Su amor sé que la ofende, y disgusta, Sé que hago en tal desengaño lo que hiciera mi señora, porque adora A quien adora? Al Marqués de Mariñano. Son afectos los rasgados dulces? tiernos? si será. Dulces serán (claro está) cariños empapelados, mal haya quien os escribe, S. mal haya quien os pretende, quien por vosotras se vende, quien en su pecho os recibe, mal haya quien no se acerca a daros a Belcebú, y mal haya yo si tú no eres grandísima puerca. Esa desvergüenza. Mas está música previene. Qué? Que la Princesa viene, escóndete, excusarás. Qué? Que te maten a palos, y una pesadumbre a mí, por dejarte entrar aquí; acaba Espinaca. Malos lances hecha mi señor, con quien así le aborrece. Su necedad lo merece. Me escondo? Presto hablador. Digo, a Justa. Así me aplacas. Es ya carnal? Si animal, te escondes? Solo en carnal se esconden las espínacas. Contra los rigores de tus asperezas, silencios de mis finezas dirán que obras son amores. Qué letra es esa? Señora; olvido fue. Qué os he dicho? Que esta letrano se cante. Bien pues ya que hacéis olvido. Este es el Marqués. lo que debe ser precepto en vuestra memoria; digo otra vez (o porque el dueño de los versos, o el motivo, o la fineza) me cansan, que (porque más vuestro arbitrio, u elección, no se equivoque pagados, o persuadidos) que ni esa, ni otra ninguna cantéis más; que es desvarío hacer ofensas de un alma de lisonjas de un sentido. Del Español no aprovechan . finezas, ni gastos. . Idos. Ya queda plazas caponas, músicos sin ejercicio: de mi amo son los versos, Hoy, señora, que has salido con el pleito; hoy que el derecho se le ha quitado a tu primo; hoy que te ves de Salerno Princesa, admites indicios de tristeza? de tu gusto que pesar tirano ha sido? Mi Estrella, que poderosa gobierna los precipicios de mi desdicha. . Confieso tu sentimiento preciso, pues de dos sujetos, uno amado, otro aporrecido, al que aborreces te sigue amante, constante, y fino, y al que quieres, cuanto hallas en su amor, todo es fingido: que mayor desdicha, habiendo de ser tu esposo; quien hizo tales conciertos, reviente. No que le adoro, y le estimo. Pero aunque extraño, señora, de su venida el estilo: Aún no sé si he de saber fingirlo. Fiera ocasión de mis ansias, falso bien, tirano hechizo, eran estas tus finezas? eran estos tus cariños? tus afectos? ya en mi ofensa traidores como fingidos. Dígalo Enrique, ese Español, que a pesar mío ostenta en pretensión tu ya vanidades, artificios, caballos, fiestas, carreras, plumas mascaras, vestidos, galas, libreas, grandezas, músicas, y desvaríos, y sobre todo (aquí llega el último precipicio de mis celos) hoy porque con el Estado has salido de Salerno (después de hacer gastos exquisitos de albricias) una fortija mantiene: di que no ha sido alentado de favores tuyos: di que no. Si digo, porque solo mis favores son tuyos con mi albedrío, luego como podré darlos a nadie, si aún no son míos; y aunque pudiera ofenderme tu imaginado delito en mi amor, siendo quien soy, no me ofendo, antes me obligo, porque tus celos me han dado la vidas pues siempre he sido la misma desconfianza: y ahora solo (señor mío) pareciéndome celoso, mi amante me has parecido. En cuanto a satisfacerme de tú fe, el premio debido a mi amor es esto: en cuanto a asegurar que es delirio falso tu sospecha contra mi fineza, lo averiguo así. Si el Españo! (necio, pues pretende aborrecido) pública de la sortija mantener el desafío, entra tu en la plaza, lleva públicos favores míos, muestra que sales por mí, mis esperanzas te cifro en esta banda; de banda tuya llevas mi albedrío, pontela, y dame esa pluma ázul, déjate conmigo los celos. Mas aborrezco, en viéndome más querido. Estás satisfecho? Ha, ha papel, si así podré encubrillo, . celos, y satisfacciones, y esto, y estotro escondido? Por ti juego la sortija, y gano el alma. Eso admito. No hablóis bella en cuanto siento, miento Isbella en cuanto digo: A Dios. Contigo me llevas. Donde? En los deseos míos. Qué es eso? Que, que, señor, nada. No? ello ha de decirlo, que trairá lengua de tinta. Será negra, plegue a Cristo, que venga en lengua Guínea. Justa, pues qué es esto? Oidlo, que ya junta mi sospecha los tormentos divididos. Contra los rigores de tus asperezas, silencios de mis finezas, dicen que obras son amores. Son en Napoles, señora, estos versos conocidos, desde que fueron divisa en un festin, u artificio de amor, que vuestro Español en aplauso vuestro hizo, que aún la duda a mi desdicha concederle no ha querido. Qué es esto villana? Yo, señora. Mejor camino no es decir, que este papel, salteador de amor, vino a vuestras manos, y que vuestro desdén vengativo, Alcalde de la Hermandad, le hizo cuartos? Y yo digo, que a Justa la quemen luego, porque ella esos cuartos hizo, que fue hacer monada falsa. Quien si no tú habrá tenido. la culpa traidora? . Yo, yo, señora, plegue a Cristo mal rayo me parta. Bueno. El diablo me lleve. Lindo. Pues di, que papel es este? Un papel muy entendido, galán, y de muchas partes, y galán, eso lo afirmo, porque es primer papel. Habla. Cayó por ese postigo de ese balcón, y yo como te obedezco, hice tu oficio, y hecho pedazos, le di al viento. Justo castigo, donde vas? Desesperado. Carlos, dueño, esposo mío; yo no niego los extremos de ese Español atrevido, pero a las aleves sombras de sus locos desvaríos, lucen más, amaneciendo del sol de mi amor los visos. No entiendo de sol, ni sombras. Yo sí que mi amor público. No quiero satisfacerme. Importa al decoro mío. Manana te escucharé. Primero. Quién es? Pordido va todo. No son mis piernas esas. De quién. De un amigo. Sabré más? De colgadura; que estoy pendiente de un hilo. De quién sabrás más, de mí? Que, de esta evidencia? Digo; que vale más mi verdad, que mil traidores indicios. Pues que ha de ver más ingrata Leonarda mi desvarío, tú me burlas, tú me ofendes, a mi engaños, a mi hechizos, tirana, enemiga aleve. Dime más. Que me has vendido, que me has muerto. Dime más. Que soy bronce, que soy risco, pues tantas ofensas llevo, pues tantas ansias resisto. Dime más, Qué más? Pues oye. Ya ese villano me ha dicho mi agravio. No he dicho tal. . Dia No sé lo que me digo; digo, señor, que yo entre ahora aquí por un poquito de lumbre. Harto fuego hay en mí, por eso has venido? Iten más. No, no prosigas. Vive Dios que ya no finjo. . lo que siento, estos son celos? Escúchame: Conocido es que sus disculpas no dan, ni quitan al altivo ser de mi verdad, y así, ni hace, ni deshace oírlo, que a mi honor solo le hace la autoridad de sí mismo. Aquesto es contra la necia duda de como ha podido entrar aquí, porque, o cuando; mas para lo que consigo yo es esto: No sabes Carlos, que este hombre sirve a Enrico. Ese es mi mal. Pues delante dél (aunque mi afecto vivo parezca libiandad) oye el punto más alto, y fino de la satisfacción: tú solo eres el dueño mío, tuya he de ser, para ser tu esposa solo he nacido. Esto me hiela. Y tu diles a ese hombre, que sus disignios me ofende, que le aborrezco, que a sus extremos me írtito, que se cansa, que en mí son sus finezas basiliscos; que al Marqués de Mariñan adoro, que solo estimo en ti los enojos como favores, que te público mi amante, que en posesiones mis esperanzas confirmo. Y tu di a tu dueño, que: Mas dile lo que has oído. Yo le diré la merced, que usted le hace. Convencido quedo, pero sin amor, esto es condición; mas digo, si esto se pública, pierdo a Isbella, eso no amor mío, que la adoro, porque no me quiere. Yo no averiguo mis sospechas, que son muchas para no dudar peligros. Mi amor se abrasa de celos, y es liviano precipicio dar a una satisfacción más crédito que a un destino, Disculperne mi tormento, que no puedo resistirlo. Las Estrellas hacer quieren dichoso a Enrique, admitildo, salga por vos a la plaza, amante, favorecido, vistase vuestras colores, y está porque yo he perdido la esperanza. Ansias, agravios, desprecios, que es lo que miro? aguárdese Vueselencia, que falta lo que no ha oído: Qué falta? Satisfacer a cuantos son hoy testigos del delito de mi amor, si siendo ciego es delito. Quién viere que una mujer de mis prendas (qué martirio! ruega mal correspondida, que dirá? (sin alma vivo!) pero acerca de este punto la satisfacción prosigo. Señor Marqués, ya mi padre, y el suyo allá por motivos de sus razones, trataron de casarnos desde niños, Estas capitulaciones se publicarod al mismo tiempo en Nápoles, y a un tiempo inclinaron mi albedrío a estimar a Vueselencia, cómo para esposo mío; bien así como árbol tierno, que desde recien nacido, mano oficiosa aplicando a su débil tronco arrimos, le enseña a producir fértil, le inclina a crecer altivo. De tan poca edad, señor, yo como mi amor crecimos, llevando en mí mi amor, hacía mi obligación su cariño. Que le he querido no niego, pero que el rogarle ha sido precepto de mi decoro, no ley del amor, es fijo; porque cuantos (suponiendo asentado este principio de nuestros conciertos) viere en Vueselencia desvíos, ingratitudes, desprecios, desconfianzas, y olvidos, quien duda que lo atribuyan, señor, a d efectos míos, solo de mi obligación nacio el ruego; pero visto su rigor, su desconfianza, su engaño, su desvarío, téngase por avisado, y dese por advertido, que si obligación u amor en el alma le han escrito, que le borraré del alma, si envuelto en lo que respiro, le arrancaré de la estampa del corazón; y he cumplido en esto con Vueselencia, con Napoles, y conmigo. . Y esto le hiela? Tu infame hablas, que la causa has sido. Qué es esto engaños? apenas sé lo que me ha sucedido. Decid dama a la Princesa, que yo en sus favores libro mi vida, que los prosiga, que la adoro, que la sirvo, que por ella a la sortija voy, que sus colores visto, que soy suyo, y que en su enojo poca razón ha tenido. . Ha lleve el diablo la vida que te creyere, Córito. Eres tú un infame. Dime más. Eres un coco chino. Dime más. Eres un zambo. Dime más. Eres un gimio, y todos unos bergantes. Sí, mas yo valgo por cinco, y por ti salgo a la plaza, y por ti la lanza enristro, y por ti gasto mi hacienda, y por ti almuerzo cominos, y por ti sorbo sorbete, y por ti leo en Ovidio, y por ti escribo entremeses, y por ti arrugo chorizos, y por ti doblo melones, y por ti siembro pepinos. Y que cojes? Calabazas. Harto con eso me has dicho; lleva mis colores. Cuáles son? Amusco, y colunbino. Qué significan? Lo amusco significa tabardillo. Y lo colunbino? Sarna. Pues llevatelos contigo. A Dios, y que yo te vea de mis colores vestido. . A Dios, y que tu revientes antes, plegue a Jesucristo. . c , - A la margen del río los caballos ocultos quedan. Aquí es bien dejarlos; prosigue, di Ricardo; que aunque vengo a cuidados de amor, ya le prevengo mayor en tu lealtad, y en tu advertencia: que en Leonarda hay traición? Es evidencia: (den voz a mis pasiones de mi rencor envidias, y ambiciones.) Con el Conde de Ancur se comúnica. Es deuda suya, y mi enemigo el Conde? Mas su traición en eso califica, pues la facción Francesa corresponde, a tiempo que su ejército previene contra tus armas Francia, a Italia viene el Conde poderoso, y si alebosa Leonarda por Salerno le da entrada, de Nápoles el riesgo es cierta cosa; tu Corona aventuras. Y en tu honrada diligencia (Ricardo) la aseguro, tu fe, y valor de mi Corona es muro; mi comisión te doy, usa discreto de la autoridad mía, y de secreto saca a luz su traición, toda su casa visita, y esas cartas que me ofreces traeme del de Ancur, que a Italia pasa, en que consiste la traición, mil veces lealtades favorezco, si eso pruebas Ricardo, Príncipe de Salerno verte aguardo, y Estado al fin que te quitó el derecho, vuélvate la lealtad. . Fiel mi pecho de Leonarda verá la tiranía, solo siento que tenga sangre mía: Mas la dama, señor, cuya belleza pondera apasionado vuestra Alteza, la verá agora, esta es su quinta, Isbella mi hermana la acompaña. Buena Estrella. Que estos dos hermosísimos recatos faltaron esta tarde de la fiesta de la sortija. Por no ser ingratos a los rayos del Sol, en cuya apuesta los afrentaran. Es (para más vana) de don Enrique de Abalos hermana Sirena, y tal, que se compite sola. Será otro hechizo, mas ser Española. Desde estas ramas escondido ahora aceche vuestra Alteza lo que adora. Espere quien menos cuidó de su ardor, a riesgos de celos; milagros de amor. Es engaño, a amor. Sirena mía, despedirme con música? armonía es propia de Sirena, y haces de sus acentos la cadena, que me prendan, a engañen (no traidores) porque vuelva a morir de tus favores. Poder quisiera acompañarte, Isbella, hasta Nápoles; sea, pues mi Estrella más términos no goza, hasta donde te espera tu carroza: yo pretendiera a siglos tus visitas. Empeñarme en tu casa solicitas, y cuando acabas de obligarme empiezas, todo ha sido festejos, y finezas. Espere quien menos cuidó de su ardor, milagros de amor. La Española ha salido acompañando a mi hermana, que a Nápoles se vuelve. A resistir mi anhelo se resuelve, lo que está deseando, mas quien viene Ricardo? . Yo imagino que es Enrique, volvamos al camino de Nápoles (señor) porque no as justo, que aquí te encuentre, a no importarte el gusto. Dices bien, los caballos nos aguardan, no olvides tus intentos. . No, no tardan; la traición de Leonarda es mi cuidado. Ay Sirena, sin alma me has dejado, . Ánimo ambición mía. Piedad Cielo. A una carta fingida (industria) apelo. , n loco, atroz, desesperado, Afuera plumas, y galas, en vano contra fierezas, volad perdidas finezas, que mi amor os da sus alas, dejadme afuera. Terribles fugas. Yo me abraso, amor yo muero. De amor das las alas, pero te quedas con las pechugas: desde Nápoles aquí me has corrido, en que pensaste? seis sortijas te llevaste, diez premios ganar te vi, fenij la Corte repinta, en gala, y valor distinto, pues porque causa hecho un quinto, vuelves señor a la quinta, corriendo por el camino. Espinaca, mi destino, me ha reducido a este estado, plegue a Dios, si amare más a Leonarda, si la viere, si más fino la sirviere, si la nombrare jamás, que me dé el acero ardiente de un cobarde muerte infame. Desde hoy ninguno me llame de Leonarda pretendiente, nadie a Leonarda me nombre, que ni Leonarda es mi dama, ni a Leonarda mi amor llama, y ya de Leonarda el nombre, abrasar mi pecho aguarda, sin Leonarda pasaré, Leonarda mi muerte fue, ni Leonarda, ni Leonarda. Arda, arda, Leonarda, y tú, y tu alma, y tú, y Leonarda, y tú, y Leonarda, arda, arda, y que ardáis con Bercebú; bien cumples de esa manera, lo que acabas de jurar. Esto fue por arrojar todas las Leonardas fuera. Ea pues, púrgate, que aguardas si ese humor Leonarda te viga, come rosa, que es gran purga, para purgar las Leonardas. Y por imitarte, plegue, que si mas yo a justa amare. si a Justa más me ajustare, que nunca a ser justo llegue. Si a Justa diere un justillo, justamente por librea, que injustamente me vea, justar con mal tabardillo. Y si Justa ya me gusta, que la vea sin un real a Justa, justa, y cabal, reventar de puro justa. Mas volviendo a tu homicida, en su servicio has gastado cuanta hacienda has heredado. La hacienda, el alma, y la vida, por Leonarda todo es poco, ojalá que más tuviera, porque más por ella hiciera. Pues la quieres? Estoy loco. Pero tu hermana ha salido. Sácame sombrero, y capa. Dispense amor sin ser Papa, los botos que no has cumplido. Enrique, mantenedor, y antes de acabar el día en casa? El amor me envía, a la noche del rigor: ay Sirena! . Di. Sentirlo ré. Di tu pena. . Es prolija, aunque llevó lafortija, se quedó amante de anillo, Por muerte de Federico el Príncipe de Salerno, Leonarda (a ingrata) y Ricardo, hija, y sobrino del muerto, competidores quedaron, diole a Leonarda el derecho, a Salerno, de justicia, (así su gracia en el pleito de mi amor lo hiciera) y como si yo fuera el heredero, di albricias, bestidos, joyas, galas, libreas; mas esto, en quien dio el alma, que mucho: nada es encarecimiento. Como amante hice finezas, y como loco hice extremos, dándome los parabienes, a gastos compré el contento, porque siendo todo mío, no hubiera ninguno ajeno. Remito al valor mi gusto, y llamo a los Caballeros a una sortija, delante de las puertas de mi dueño. Era de damas la plaza, cuarta esfera, reduciendo en un Sol, que fue Leonarda, partido en luces el Cielo. Mantenedor, a la seña de un clarín, entre en un negro bruto, abreviada Etiopia, de los bulgos de su fuego. Negro el caballo, juzgué, que iba en mi esperanza puesto, que de ambos la ligereza, no alcanzaban mis deseos, o porque es negra también mi esperanza; que la tengo, (si la tengo) de morir, y es mi desdicha, muriendo de amor, mi heredera yace, sin ser de color diverso, luto de mis esperanzas: que en un desdichado es cierto, que las esperanzas son del color de los sucesos. Lucí más que todos; digo, según las lenguas del pueblo, no los ojos de Leonarda, que si acá ganaba un premio, en su gusto le perdía. Viéndome en ambos empleos pobrísimo de favores, como rico de desprecios, todo plumas en la plaza, entró Mariñano (a Cielos!) aquí si fue mi desdicha, (mortal estoy, pues corriendo, al pasar por el balcón de Leonarda, despidieron de él un Monte de claveles, o favores, que cayendo deshojados, por ser suyos, aún no se los llevó el viento. Corrió la primera lanza conmigo, y por más agüero de mi amor, que contra él resultaban los incendios) por tropezar el caballo, cayó el Marqués, y haciendo extremos Leonarda, todos de amorosos sentimientos, dejó el balcón, faltó el Sol a mi valor, no a el aliento de Carlos, pues él entonces favorecido, y yo muerto, amaneció en su ventura, y anocheció en mi tormento. Carlos al fin, los favores consigue, y yo los anhelos, el correspondido vive, yo desesperado muero, el con dichas, yo con ansias, el con glorias, yo con celos. Pues qué importan mis finezas, mis quejas, mis rendimientos, si a las luces de un dichoso, todo lo demás es menos. Ponte el sombrero, y la capa, y ven a ver a tu Cielo, a la Princesa a Leonarda, que con ocho, a diez luceros, (si es que hay luceros doncellas, el cristalino elemento del mar pasa en un esquife, los músicos instrumentos, y clarines te lo digan. Desde el mirador podemos verla, hermano. Yo Sirena ver a esa ingrata? los Cielos me falten si más la viere, plegue a Dios, aunque el soberbio mar, buelque el varco, y la anegue, que de sus peces sustento sea yo, si me moviere a piedad; esto la debo, el Marqués Carlos la adora, sígala; yo la aborrezco, esto ha de ser. Y hasta cuando durará ese juramento? Siglos. Sí, mas son instantes los siglos de tus deseos. A ver voya la Princesa, ven ven. bienes? para qué es eso? yo sé que me has de seguir. Yo? Mas que un tramposo un pleito. Aunque digo que a Leonarda, solo a ver a Isbella vengo, que faltando de la fiesta, vino a esta quinta, teniendo por mejor pasar el día con Sirena, a Isbella quiero, porque no me ruega, como Leonarda; pero qué es esto? El señor mantenedor. Vuelvo por mi amo, pero. Amor, cuando busco amores, competidores encuentro: mas ciego he entrado en la quinta, y ya no es posible menos. Esto a mi pesar faltaba. . Señor Don Enrique, acierto hallaros tan presto ha sido, cuando os busco. Solo espero la causa. Esa es consecuencia muy fácil. Pues no la entiendo. Mi amo no ha estudiado la consecuencia, y el ergo es esta; y esta, y en darí, ponemos los argumentos: es Bróculi Vueseria? Es vuece Espinaca. Ego. Bollo fare. Yo haré tortas. Quita loco. Aparta necio. Lo que me ha traído Enrique, . Sí que soy es ha deciros, que es tiempo mal gastado el que ocupáis, en ociosos galánteos, y veis que me favorece publicamente el afecto de Leonarda, no es vergüenza vuestra, si sois Caballero? si sentís? . Y tanto, que no sabéis vos lo que siento; pero a mí no me avergüenzan de las damas los desprecios, mucho más me avergonzaran, favores sin merecerlos. Soy quien soy, no habláis conmigo. Que se os ha olvidado pienso, que soy yo del Condestable Ruilopez de Abalos nieto, heroico más que dichoso. Nacido, y criado a sus pechos, desde el vientre de su madre. Ya sé quién sois, lo que quiero es, que excuséis hacer nombre de mi competidor, puesto que nunca lo podéis ser. Marqués id con Dios, que temo enojarme, porque os quiere Leonarda, y yo la venero detal suerte, que aún en vos, llegarla a ofenderla siento; vivan, vivan los dichosos. Y no tiñeráis por eso? que linda sosisteria. Ya son agravios, no celos, y por lo que satisfago, perdone lo que venero. Quién contra la Italiana? Blas de Rueda, y cien coletos! Quítame estás. la premática, mostrenco. Premática eres? por que? . Por qué? gentil majadero, no ves que quito las puntas. No quita puntas de acero. Favor Cielos! El esquise se rompió. Al mar. . Que me auego, favor, favor. . Que se ahoga la Princesa de Salemo Enrique, hermano, infeliz es de la Princesa el riesgo. Marqués, aquesto me toca al alma. A mi Justa al cuerpo, y al charco de los atunes me arrojo; afuera greguescos; que yo jamás estas truchas, a bragas enjutas pesco. El riesgo de vuestra dama; pagáis con ese soslego? Quién os ha dicho, señora, que yo a la Princesa quiero? a Isbella busco, que dicen que acompaña vuestro Cielo, a Isbella sigo, y adoro, y cuando esta ocasiontengo, adorándola, no es bien que me culpéis que la pierdo. Para que se empeñe por una dama, un Caballero, no ha menester de querida la circunstancia, que es cierto, que como herencia, el que es noble, nace con ese precepto. Mas ya Enrique, despreciando crespos peligros de hielo, saca a la Princesa en brazos, saca de la nieve el fuego. Con mil vidas no comprara tan alta dicha. Esto es hecho, Justa bienes cabal? No. Qué falta? Sin mí vengo. Y yo en una portería, ser manjar de pobres puedo. Desmayada el alma mía, hermana en tus brazos dejo, trasládela tu fineza, del halago de tu lecho. Saca de tu blanca ropa, lo mejor, suavice el hielo, de dos nieves el cambray, el inanimado aliento. Del ambar en fuego, y humo, goce lo que no merezco, gastese toda mi hacienda en el regalo, y festejo de mi dueño, que como esta otra ocasión, ya no espero. La vida te dejo, el alma, a Dios, a Dios, que no quiero, que volviendo del desmayo me halle aquí, que solo atiendo a su gusto, y yo sé que no se le doy si me quedo. . Ven mojadisima niña. Yo he de obrar obedeciendo. Voy aguado amante mío. Es Bróculí el puro? Pruevo. Ha Castellana al rebes. Ha Italiano al derecho. Que me quitase esta suerte el Español, cuando hecho pedazos el barco, pude lograr mi intención, muriendo Leonarda en brazos del mar. Si la carta has contrahecho ya, si la pribanza gozas del Rey, quien duda, que efecto tendrá lo que le prometes, y que goces a Salerno, visita su casa, pues. tienes provisión. . Arnesto, duran poco las traiciones, más seguridad pretendo, muera, Leonarda, que a tanta, costa, dispone el beneno que me abrasa mi venganza; y pues hace este suceso, que esta noche en esta quinta se quede, lo que no hicieron las hondas, hagan: Mas oye, lo que disponer intento, pues de ti solo me fío. Siempre a tu gusto te aliento, yo te acompañaré a todo. El Rey ha venir dispuesto También esta noche al mar, con clarines, y instrumentos músicos, en un esquife, a deshoras pretendiendo, que a oír la música salga cierta dama, con intento de ver, si aquesta ocasión, disfrazado le da medios de hablarla, o verla, y así, se cautela lo que intento, más viniendo con el Rey. Yo en la ribera te espero dispuesto a todo. Verás la cura de mis incendios, Digo que escuché la seña de Carlos, y ya que el riesgo, por accidente dispuso, que aquí me quedase, puedo dejar de satisfacer a mi esposo? No lo niego, pero está quinta es de Enrique y a la puede echarte menos Sirena, que ella te sirve, cuando él te sacó del riesgo. No he dejado de sentir, que Leonarda del suceso de un acaso ocasionada, quedase esta noche dentro de esta quinta. Pues qué mucho, si es tu enemigo su dueño. Yo llego, porque a mí seña una ventana han abierto. Es el Marqués mi señor? Y Broculí. Venga de eso. Marqués, primo, esposo, Carlos, porque quedes sin recelos, salgo a tu seña, contigo está el alma. Considero las dichas del Español, que parece que los Cielos le ofrecen las ocasiones de hacer finezas, y extremos por ti, cuando yo infeliz me quedo con los deseos. Pues tenga él las ocasiones, y tú los merecimientos. Apenas amanecido aura (porque satisfecho estés más) cuando esta quinta deje, a Napoles volviendo a ver salir el Sol. Fiesta de media noche, mas oyé, en el mar se oye. Qué es esto? Hechas barca las alas, de amor navego, y no basta la nieve, para mi fuego. Quién duda que Enrique hace por servirte este festejo. Como el mar baña la quinta. sueñan tan cerca los ecos. Qué temes cuando soy tuya? Ay Isbella! mucho temo. . Busco mi amor, a un lado del mar Sirenas, mas no busca la concha, sino la perla. Fuego, fuego. Que se abrasa nuestra quinta. Fuego, fuego. Favor, socorro. Y del mar crece las llamas el viento, Cielos favor. Carlos mío, si sacarme de este riesgo es posible. Dificulto el entrar. Valedme Cielos. Fuego, socorro. Las puertas coge. A buscar el remedio. . Que me abraso Carlos, Carlos. Favor; a es te echo ta a Dios, y a ventura. Dónde vas? A salvar a mi dueño. Está el peligro mayor en su cuarto. Pues por eso. Quién vio fineza tan grande, al fuego se arroja; pero de los que el mar paseaban dando música, unos de ellos al socorro de la quinta, hidalgamente acudieron. Librame Espinaca mío de las llamas. Fuego, fuego. Segura estás junto a mí de quemarte. . Por qué? Qué bueno, porque soy Familiar. Aquesta prenda me llevo de Sirena, que mi dicha me ofreció: aquí está sin riesgo, aunque sin aliento el susto la dejó mas agradezco a mi estrella esta ocasión de servirla, que mi Reino. . A pesar de llamas saco mi vida en brazos, que fuego el de mi pecho compite; si te sirvo lluevan riesgos. . No sé a quien debo la vida. Bien sé a quien la vida debo. Requiescat inpace casa. y hacienda, y que comeremos? Espínacas ̱. Eso basta. y cómo ha de ser? Comiendo. Que mada te veas, tú, y tu alma. Y tú, y tu cuerpo. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Deme los pies vuestra Alteza. Alzad Príncipe; el valor el cuidado, y la lealtad vuestra, hoy a Salerno os dio en la firma de esta carta, por bien servido me doy, descubierta a tiempo ha sido, de Leonarda la traición, pues cuando más confiado contra mí el Frances ardor, a Italia parta; burlado quedará en mi prevención: de mi Reino salga luego Leonarda. . Como mandó vuestra Alteza, secrestar su haciendahice, cuya acción la dejó tan muerta, que su desmayo, y turbación, publicaron su delito, él misno la convenció. Salga pues desposeida? de Salerno, que mayor muerte, fue siempre en el Noble la deshonra, su ambición pague así, notificadla, qué nueve días la doy de término, en que saldrá del Reino, y aunque es mayor que mi rigor, mi clemencia, esparmiente mi rigor Carlos, quien contra mi fácil presuma la alteración de mi corona. En mi siempre la lealtad firme os sirvió. Yo no lo dudo. . Parece que V. Alteza en mí. . No prosigáis, que es sospechoso, quien excusas intentó sin hacerle cargos; sé de vuestra sangre el blasón, pero el amor, cuantas veces la voluntad arrastró? Que a Leonarda quise bien os confieso, mas señor, en el Noble, antes que el gusto, fue siempre la obligación: en el tiempo que la amé, no conocí contra vos cosa alguna, pero ahora que lo sé, de mi valor, y mi lealtad, dando muestras, la olvido, y para mayor prueba de cuanto deseo serviros, os pido hoy gran señor, que intercedáis, en meloras de mi amor. Isbella, que es de Ricardo hermana, es adoración de mis deseos su mano os pido, en satisfacción de mi lealtad. Siendo Isbella tan discreta, no sé yo, que niegue agradecimientos, a tanta veneración. Está mi hermana sujeta, a vuestro gusto, señor. Si el suyo el mío dispone, ya Carlos, esposo sois de Isbella; pero qué es eso? Confuso, y turbado estoy. Leonarda, y Justa, arrastrando luengos lutos, grave horror, que viniendo una tras otra, la noche con cola son. A tus pies Fernando invicto, no a que me perdones, no, porque donde no hay delitos, como puede haber perdón. Vengo a que me escuches sí, porque en mi afecto, en mi voz, en mis lágrimas ardientes, y en mi poca turbación, consideres mi inocencia, porque si el buen Rey es Dios, a vista de su verdad, cuando no se declaró la culpa? bien como en varios colores de su temor, cuando osó mirar la cara de los Reyes la traición? cuando el delito se pone junto a los rayos del Sol? No que el Estado me quites, y la hacienda siento, no, que la fortuna restaura todo esto, pero el honor, por un papel solamente me condenas, gran señor. Cuando el Juez más enemigo, hijo injusto del rigor, con solamente un testigo, y de papel, condenó? Pero si es lisonja tuya, que muera yo, muera yo, pierda el Estado, la hacienda, la vida, el ser, el honor. Solo te advierto, que sí contra una mujer fingió falsas firmas, sabrá hacer falsos Reyes un traidor. La fe que alego en mi abono, y contrasta tu traición, respondiera, a no estar. Basta, salid de mis Reinos vos. Pide justicia al Cielo. Carlos, señor, Príncipe, de las finezas vuestras, esta es ocasión. De sus Reinos me destierra el Rey, de mi Estado voy desposeida, mi hacienda me han embargado, ha rigor? alajas, joyas, vestidos, adorno, y ostentación de mi persona, y mi casa, me usurpa aleve ambición, que hay lealtad califica, hallarme sin prevención. Pobre quedo, muerta quedo, sin hacienda, y sin honor: no os pido Carlos, no os pido, que de la conjuración cristalina de las ondas del mar, busco de mi amor, mesaquéis, siendo la perla quien; mi fineza, no yo. No os pido que del pasado bulgo de incendios atroz, en quien pudo el amor mío, acendrarse en el crisol de sí mismo, de una vida artifice, o valedor, me rescatéis, siendo el oro quien; mi fineza, no yo. No os pido me deis la mane de esposo, que ya señor, lo que lisonja otro tiempo, fuera desestimación. Aunque en todo tiempo, a cuenta de constancias de mi amor, se tiene el merecimiento, quien, mi fineza, no yo, que me socorráis os pido, de esterrada Carlos voy, fáltame el posible, para salir de Napoles, con el ser de honrada, y mujer, cuando no como quien soy. (cho, Dadme; mas harto os he dio Carlos, Príncipe, señor, por lo que fuisteis un tiempo, un tiempo dije; no a dos días, mas no soy quien fui, y es mudar el día de hoy, un instante en la fortuna, un siglo en la estimación, para valerme os valed, Príncipe de ser quien sois, y merezca vuestro amparo, quien ámaros mereció. . Sabe el Cielo, cuanto siento, de vuestra suerte el rigor, señora, y cuanto me holgara el poder serviros hoy con mi hacienda, y con mi vida, pero en tocando en traición, el delito que os imputan, o sea verdad, o no: el que traidores ampara, incurre en el mismo error; no puedo más perdonadme, basta que esté mi opinión indiciada por vos, que esto me ha dejado vuestro amor. Tu Broculi, una limosna dame por amor de Dios. Quita, quita no me toques, que de los reales soy el bidriera, y me quiebran, amagos de la traición. Así ingrato dueño mío te vas? No me toqués, no, que me desiemplas más. Eres mi clavicordio de amor, por tabillla, o córbatana dame un socorro. Ay, hay, yo te enviaré por el correo, la mitad de mi ración, y una holla de espínacas. Mas quiero Broculí. Arroz. No te pido que no llores, que no es capaz tu dolor de consuelo. Basta que saque mi desdicha hoy esta experiencias, ha Carlos aleve! A bribón Broculí, epilono de queso, y bretones, traído. Yo voy a ser desdichada. Yo a ser ermitaña voy. , s. Leonarda, Leonarda. El hueco del monte te oye. Me abrasa. No basta que arda la casa, y la hacienda, si no el eco, como si amor peste fuera, todo lo quemó su llama, solo te dejó sin cama, un colchón, una estera, un arcón, un arcabuz, una espada, y un broquel, una Imagen de papel, dos monteras, y una Cruz, una guarnición sin vivos, una carpa de baqueta, una silla de gineta, y yo perdí los estrivos. Mas nos dejó. Yo presumo, que mi mal: cuando quemó la quinta, en ella dejó, ocho, o diez piezas de humo, con que a las mil maravillas, no faltará que comer, pues la podemos vender para mantos, y toquillas. Vuelve en ti, ya el Cielo así lo quiso, si te dio pena, verá tu hermana Sirena, tan pobre, y triste por ti, que la estima, y la venera, Isbella en su casa, advierte, no ha sido esta poca suerte. Como Ricardo no fuera hermano suyo, y contrario de Leonarda. Eso te quema, cada loco con su tema, sin duda es tu cuerpo almario de Leonardas. Claro está, que Leonarda es mi sustento, de Leonarda me alimento, ella es mi vida. Echa acá, que rabio de hambre; que aguardas? señor, dame en recompensa, si tienes esa despensa, cuatro libras de Leonardas, o permíteme que eche para comer a la larga, en barriles una carga de Leonarda en escabeche. Pero deja esa mujer, olvidala. Infame calla. Pues o tratar de olvidarla, o tratemos de comer. Leonarda la causa es de tu perdición, la vida te debe, y todo lo olvida, socorrate. . Qué interés tan villano. El desatina, yo le quiero divertir, porque se me ha de morir de jaqueca Leonardina, ea no andemos en gangas, y sustentenos señor la caza, No es cazador mi pensamiento. De gangas, echemos por este valle, si en figura de gorrión, topara yo un bodegón, Para qué? . Para tirarle: señor, Elena fue casta. Leonarda el alma me cuesta. Aquesto es responder cesta, si le pregunto canasta. Brava zorra; aunque más corra; fuese; o zorrilla Gallega, más que a tiro de bodega, que no se me iya la zorta: demos por estos retiros en Poetas. A qué? Son tretas de cazar, que los Poetas hacen grandísimos tiros. ̱. No son muchos mis extremos, si es a quien mi pecho guarda. Qué has muerto, señor? Leonarda. Pues con eso cenaremos, no te aflijas. . Morir quiero, Que yo a Napoles iré a venderflores. Y qué? Trairé florido dinero, y que comer, importuno es fuerza que te parezca, quien fue el Cid? Qué me aborrezca Leonarda así? . Todo es uno! Piadosos Cielos. Pero qué voz fría? Esto faltaba a la desdicha mía. Entre las breñas se oye, en lo escondido nos habemos metido del monte; o caza simple, y ignorante, no escuchas esas voces de gigante, Antes me han alterado el alma las congojas de un cuidado. Con pretejto de hacienda, y hermosura, a Ricardo asegura la muerte de Leonarda, pero el mismo delito me acobarda, terrible estás, y en vano defendida. Como la hacienda, quítame la vida, no profanes mi honor. . Peñascos, fieras, Rayos, y Cielos. . A que esperas? A mí que falto. . Y que te trujo el cielo: hombre eres Ángel. . Toda soy de hielo. Oh cazador más bobo que un Poeta, que traiga yo sin balas la escopeta; pero mi amo ya los acomoda, como se le quemó la casa toda, por tener sus ardores en que vivir, los hace corredores: yo quiero hacer, pues que me sobra el ocio, con estos corredores mi negocio. Donde vas? . A matar. Deja el viaje. Reventaré si guardo este coraje, despícareme así viven los cielos. . De qué picado estás? . De que, de celos, Conozca yo señoras a quien debo tan dichosa ocasión Apenas pruebo la verdad con la vista. Quién? Leonarda, y Justa; Justa? pues mi honor que aguarda, tú por el monte, y fuera de camino, dándote de las hastas con Tarquino? Ablorto, ciego, le agradezco al hado, hacerme el más dichoso desdichado, sacadme ya, señora, de tanta confusión que el alma ignora. Aquesto. Enrique, es ir desposeida de mi Estado, y hacienda, y de la vida, pues lo voy del honor, desamparada de deudos, y de amigos, deesterrada del Reino, quien ignora, que solo una traición me hace traidora. No ignoro que Ricardo os aborrece, que mármol su hermosura no enternece. Ricardo al Rey engaña, su traición de mi patria me hace extraña, Desamparadas pues con el posible corto que nos dejó la más terrible tiranía, de Nápoles salimos, y caminando en ese bosque, dimos con esos bandoleros, que después de poquísimos dineros, a mejor prenda apelan que la hacienda, trujo os el Cielo, y fueron sin la prenda. Pues dónde ibáis así? . Mila pudiera amparar mi desdicha, cuando fuera en la infelicidad tanta mi suerte, que no llegara antes que yo mi muerte. Que es vuestro primo el de Milan prevengo, avisémosle antes. . Solo tengo nueve días de término. Ha señora, la constancia el valor, es para ahora, hoy os habéis de estar en compañía de la estimación mía, en tanto que dispongo, que mi hacienda, que en un solar de Cifra hoy se venda, para que lo que dieren por él, os lleve hasta Milan: Amigo, ya mis ansias se infieren, tu industria busco, escucha. Voy contigo. Tienes algo que vender con que régale a Leonarda? Al, señor, está una albarda. pero la habrás menester. Habla quedo, hay más? Socorra Dios mi hambre. . Di de verás. Vendamos las dos monteras, para sustentar la gorra. Mire amigo tu atención, que es la Princesa. Por esas, yo no puedo ver Princesas, que se entran de mogollón: Calla, vonde este gaban, trae que coma la Princela algún regalo. Sin mesa? pero al hambre no hay mal pan, sustentala como un Cid; en el campo, aqueso vaya, pero en la villa, o bien haya Periquillo el de Madrid: ahora bien, palillos tengo, flores, cúcharas también que vender. . Volando ven. Entre tenlas mientras vengo, que si topo buena venta, no faltará que cenar. Con que te podré pagar. Después haremos la quenta. No ha mucho tiempo señora, que otra vez os hóspedé, y aunque pobre, no podré lo que entonces hice, ahora. De vuestro Estado, y sosiego, el Rey os ha despojado, mi hacienda el fuego ha quemado, casi es uno, el Rey, y el fuego. Perdonad señora mía, mi pobreza, y cortedad. Maldigo mi ceguedad, y alabo vuestra hidalguía. Solamente pido a Dios, con que os sirva. Esto me mata. (grata. Quien no hubiera sido in- Quién hiciera más por vos. Ha noble trato, que sacas lágrimas del corazón, ha Bróculi borrachón, yo me hartaré de espínacas. . Las mercedes que recibo en tu casa. No me afrentes. Siendo tu Noble, que sea yo agradecida no quieres. Ajeno agradecimiento, ser ofensa propia suele en mi opinión, yo presumo, que aquel que me le agradece, me deshace el beneficio. Y es así que agradecerle es pagarle, luego si me pagan lo que me deben, me dejan el beneficio, sin la vanidad de hacerle. Pagar con palabras obras. no es pagar, es evidente. Qué es? Reconocer la deuda. Yo no he de dejar vencerme, dejemos el argumento, que yo solo sé que eres muy discreta, y yo muy fina. Harto vencida me tiene tu fineza. Volveremos a tu duda. No, que haberme rescatado del incendio, un hombre osado, y valiente, y quitarme una lazada de diamantes, como quieres que no dude. Dos acciones son, que no se compadecen, dar vida, y quitar diamantes, beneficio, y hurto, y puede ser. . Qué? Que alguno que adoro tu beldad, con eso intente, que por la prenda conozcas, a quien la fineza debes. No puede ser. No; pues vamos a mi cuidado. Qué dejes eso quiero. Qué has sabido de tu hermano? Que padece, mas amante, y más constante, en el estado presente de su pobreza. Leonarda, mal le pazó (ni quisiese, a. mi suerte que la olvidase, él viera cuanto merece conmigo, lloras?) Fortunas de mi hermano, me enternecen. Enrique tiene la culpa. De lo que el Cielo previene tiene culpa? Por Leonarda. no es su mal? y aún le pretende mayor. Ya Leonarda sale de Napoles, y no puede ser mayor por ella. . Así, y sabes tú si la quiere toda via? Con extremo. Mal pagado? Eso encarece. mas su fineza. Y tú sabes si estando Leonarda ausente la olvidará? Eso le importa. I. Y sabes tú si él pretende olvidarla. . Sé. Quién? Ramilletes. Quién es? El primer encuentro azar, pero volvereme. Así os entráis? Yo soy de los de entrome acá que llueve, Espínacas. Con garbanzos, señora mía tú eres. . Quién. De mi hermano es criado. No te vi, andamos de suerte en negocios, que no vemos una carreta de bueyes, tu hermano, y yo, desde aquella desgracia. Cómo así vienes? Aquí es forzoso mentir. . porque no llegue a saber, que vengo a vender cucharas, palillos y ramilletes, para comer yo, y mi amo. Seño, mi amo agradece tanto la merced que hacéis a mi ama, que este presente os envía de cucharas, y palillos. . Que así afrentes a mi hermano, estás en ti? Que he de decir, que perece de hambre, y me envía a vender cucharas, para poderle llevar algo que comamos. Has perdido el juicio? Mete su cucharada, señora la necesidad, y viene a valerse de sus flores, que la hambre es fullera siempre. Estás loco? Por no andar vagamundos, y insolentes, hemos aprendido oficio mi amo, y yo. Sin juicio vienes. Pues de que hemos de comer, si esta fruta no se vende, si antes con antes llegó, por nuestra hacienda, y bienes, el Miercoles de Ceniza, si el Inquisidor celeste que nó nuestra hacienda, como si la hacienda fuera hereje. Calla. Qué es callar, rabiando de hambre, si por presente las cúcharas no queréis, yo voy donde me aprovechen por futuro, aguricucharas, y palillos. . Espera, vuelve, que a esto obligue a un Caballero la necesidad; ya tienes vendido aquí cuanto traes, que yo quiero que se quede en mi poder, toma esta cadena. Y que me hagas siempre alma en pena con cadenas. A Enrique dársela puedes, no de mi parte, pues es pagarle lo que me vende, (así feriar a su amor) de estos doblones valerte puedes tú. Doblones? daca, doblones? con mil dobleces, doblada se vea tu alma en el Cielo doblemente, al doble más que ninguna, pues doblado más mereces, que la Princesa doblada; que trato doble hace a Reyes. Mas larga eres que ella al doble, las puertas del Cielo te echen la doble, por que no salgas para jamás cuando entres, no doblen por mí: Espínacas cena doble llevaredes. Tu noble, y liberal pecho, no sé como agradecerte. El amor lo ha hecho, quiero a Enrique, tanto me debe, y no sé porque; mas quien entra en mi casa. El Rey viene. Sirena, en mi casa el Rey? Tanto tu hermano merece. No será la vez primera esta, labella, que un Rey entre en casa de su válido, y más cuando se promete recibimiento de tanta hermosura. Señor, deme sus Reales pies vuestra Alteza, pues entra haciendo mercedes. En la tierra no está el Sol, basta que sus rayos lleguen: tomad asientos. I. Señor, Tendrcisme así. El que obedece, sirve más, merece más. Quién es esta dama? hacerme desentendido i es amarla. Es mi amiga, y es quien tiene mejor parte en mi albedrío, Sirena es su nombre, y puede encantar con su hermosura. Bueno es que me la pondere. . Hermana es de Enrique de Abalos. Es tan valiente; como ilustre; una firmeza he sabido que le tiene pobre. No está, señor; pobre, quien tus memorias merece. Tan rica estáis segúneso, vos que podéis socorrerle: que honestidad, que hermosura. Ya es mucho cuidado este. Mi hermano, señor, no está en casa. Qué inconveniente es ese, yos me traéis. ̱. En que mi nobleza puede serviros? Tercero me hace el Marqués Carlos, que os quiere espora contra el Frances General intento hacerle, y antes quisiera premiarle con vuestra mano, que siempre quien amafavorecido, vencido de su amor, vence. Bueno es para mis deseos esto. El alma (respondedme) me lleva. . Señor. Sirena. . Señor. Digo Isbella. . Tiene mi hermano en mi voluntad el primer voto, darele cuenta, Ya yo tengo el si de Ricardo. I. Hoy amor mueren . mis esperanzas. . Sirena, me abraso, puedes valerme? . (no estoy en mí) de un incendio te saqué, sácame de este, prendas tuyas tengo, pues hoy sus méritos alegue mi esperanza. I. Carlos, yo, el Reya matarme viene. Mas tus recatos me abrasan, . o ya porque no me que ien dos soles, bajar los ojos es piedad, yo he de valerme de una industria; Isbella, hay agua? donde hay tanto fuego. . Deben de obrar hoy en favor mío naturales accidentes, porque tenga en que serviros, agua Laura, Celia, Irene, para su Alteza. A mí el Rey, qué es esto que me sucede? Puedaos dar el parabién de Marquesa, Isbella. I. Suerte cruel. Decid. Vuestra Alteza. . Sirena. En mí ser dispense. No me oís? dichoso amante será el que de vos merece pensamientos, es galán? es fino? . Sé solamente, que no sé que es amor. Sois agradecida. Tengo ese por el más noble atributo del alma; si bien es este primero, porque es serviros, Hay belleza igual! No beve vuestra Alteza: Para tanto incendio es muy poca nieve; en este infierno de amor sin duda soy quien padece, con el cristal a los labios, sin alcanzar a beberle, pues. No beve vuestra Alteza? Te cansas de darme muerte? Que mal se encubre este mal, Muerta estoy. Quién tanto siente, porque a la voz no remite algo de lo que le ofende; Sirena, que dulce hechizo, que me abrasa, que me hiere: en tus ojos, que me obliga a rendirte el alma, puede matarme, porque te adoro. venciome un afecto leve. . Todo esto ignoraba yo. . De dos causas diferentes nacio un efecto en Sirena de turbación (que culdente seña del mejor decoro) que segunda vez me prende, y de elevación en mí. Justo es, señora, que premie el Rey quien tan bien le sirve; Sirena, este lazo, atrueque de vuestro agradecimiento, pues quien es noble le tiene, de diamantes recibid, y aunque dadiva parece, mirad si es restitución de lo que mi dicha os debe. Para blanco de mi casa, venerada eternamente vivirá por prenda vuestra: Válgame el cielo! no es este . lazo mío, al Rey le debo la vida. Pedid mercedes, Isbella. Mercedes (vivan . mis esperanzas; valdreme de la ocasión: las que pido a vuestra Alteza, es, que niegue mi mano al de Mariñano, y porque Sirena ferie mi amistad a parentesco, disponga que Enrique llegue a ser mi esposo, que es quien un honesto amor me debe. Y contra el Frances el cargo de Genéral os concede para Enrique el favor mío. Y vos Sirena (si pueden responder lazos que atan acentos por quien pretende) preguntad a esos diamantes. si y quién peligros desprecie. . Sirena, prendas te deja el Rey. Y prendas que advierten mi confusión. Es tu lazo? . Yo. Muestra, no me lo niegues. No tengo parte (ay Isbella!) en lo que el Rey hace. Y ese es sentimiento, Sirena? yo espero en Dios que he de verte con las glorias, con las dichas, que dudas, y que mereces, y a ver lo que yo intereso, pues porque tu hermano entre en la Corte, como quien es, y a ser mi dueño viene, galas, dineros, y joyas voy a prevenirle. . Suerte dichosa en mí es el empleo de mi hermano. El logro eres de mis dichas, vamos. Vamos. Enrique olvida a quien quieres. . Andanecio. Más confusa voy que antes. Y paga lo que me debes. Espínaca. . Nada. Traes. . Nada. Algo? . Nada. Nada? . Nada. No vendiste aquello? Ya no comen con cucharas en la Corte, ni se mondan los dientes. Hay tal desgracia, si llevarás el gaban. En tanto que allá llegara, no se usaran los gabanes. Qué hemos de hacer? Que, mal haya la madre que me engendró. Pierdo el juicio, pues Leonarda? Que ayune. Me mataré. Es cosa de comer? mata el hambre, seis pollas traigo, dos torras, cuatro empañadas, un pabo, y una mujer del pabo, como una paba, diez perdices, dos capones, que con pasos de garganta, músicos serán de leche por la solfa de la panza; veinte maneras de vinos, y de dulces veinte y tantas. De verás. Mayor que tú mira una bestia cargada. Quién te socorrio tan presto? Si te dijera, la hermana de Ricardo, que a la tuya hóspeda, estima, y regala, que dijeras? Si en fe que te adora. Calla. Me trocara por doblones los palillos, y cucharas, y el alma te diera, porque a la Princesa olvidaras, que hicieras digo otra vez? A ser verdad lo que hablas, te abrasara a ti, y a ella. Y después con que cenaras? Ya esas son pesadas burlas, que me ofenden, y me matan; si lo que traes dío Isbella, y es así, no quiero nada, vete con ello, y no vuelvas a verme jamás la cara, que no se corre cortes, quien interesable agravia; yo olvidar a la Princesa, fálteme primero el alma; no quiero ya tus regalos. Sirena es quien te regala, que todo esto es chilindrina, de cenar voy a dar traza. . Enrique? ̱. Si él me estorbo quitar la vida a Leonarda, dar fin a tus recelos. Susténtase de la caza, asiste el monte Allí está. Desde hoy cesan sus desgracias; dame Don Enrique albricias, el Rey mi señor os llama, para honrar vuestro valor. Porque su Alteza me manda? Quiere haceros General en la empresa contra Francia: que va Leonarda sabréis de Napoles desterrada, porque contra su lealtad hallaron no sé que carras, en que convida al Frances con su Estado hacienda, y armas, para que en Nápoles reine. Miente cualquiera que agravia la lealtad de la Princela. Y aún por esa misma causa. Como su Alteza ha sabido las muestras trafordinarías, que acosta de vuestra hacienda lo que la queréis neclaran. junque conoce el valor, que invencible os acompaña, y que en la ocasión presente, si su ejército os encarga, ha de salir con victoria, rezola que vuestra dama tras si la lealtad os lleve del modo que os lleva el alma. Para asegurarse de esto con mi hermana Isbella os casa, dándoos título de Conde, y en su Consejo os aguarda. de guerra, y aunque merecen mas que esto vuestras hazañas, la merced que os hace el Rey pienso que ha sido a mi instancia También Iabella os espera, no como Leonarda ingrata, sino juzgando por sigios las horas que en veros tarda, y previniéndoos vestidos, joyas, preseas, y galas. No me da lugar mi prisa para que aguarde las gracias que queréis darme por esto, por mandarme el Rey que parta tras Leonarda, y que la pienda, que los deudos que en Italia tiene, si la ven así, han de procurar vengarla. la Don Enrique a la Corte, donde la dicha os aguarda, que vuestro valor merece, y a Dios. Leonarda, Leonarda, ahora que todo el mundo ingrato te desampara, estimo más el servirte, que ser el mayor Monarca. Enrique, a mis enemigos escuche, que el Reyos llama, que os hace su General, que vuestra fortuna ensalza, que os datítulo de Conde, y que con Isbella os casa; no es mucho que lo acertéis, viendo os pobre por mi causa, mal pagado vuestro amor, sin premio vuestra constancia. Qué es acetar, vos veréis. quien soy señora; Espinaca. Hay hambre, qué mandas? Cierra la puerta. Echaré la tranca, que bien haces, que es cordura cenar a puerta cerrada. Que cabalgadura es esa, que trujiste ahora cargada con la cena de la Corte? Al es de un camarada. Aparejala. Qué intentas? Y aquel repostero saca, que nos quedó. Para qué? Ponle de suerte que vaya la Princesa mi señora en él más acomodada, caminando cenaremos, que no ha de cogerme en casa el presente con que Isbella piensa vencer mi constancias vamos señora. . Finezas de ingratitudes son paga, Y para llevar la cena haré alforjas de mi capa, que no ha de quedarse acá, ni aún el mozo de la bana. Ea pues, demonos prisa. En sin hemos de ira pata. Tiene amor alas, y vuela. Yamor, señor, sufre ancas? tú mi Justa en el borrico de la noria irás, aunque anda. Mucho? . En cien años, Que más borrico que tú, mi alma, Darasme en las mataduras, si de esa suerte me tratas. Me enmielen si no te adoro. Qué dulcísima jornada. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Del jardín de Isbellasón estas verdes rejas, donde en músicas, desengaños solo mis finezas oyen; puede ser que la ocasión aquí vuestra Alteza logre de idolatrar a Sirena. Carlos, o supla, o perdone la Majestad, yo me abraso; pero su honor? ses temores? sus recatos? su hermosura? su sangre? que la corone no merecen? no merecen que la siga? que la adore? Y cuando no, vuestro gusto para que el mérito goce, gran señor, la califica: Mas ya las templadas voces sueñan. Y aún juzgo que abren una ventana, la noche me dé una dicha, si valen sombras esperando soles. Cantad. Al fin por Leonarda me dejó Enrique? No ignores. que te engañas, con su primo el de Rojano hay razones ciertas de que está Leonarda; pero no habrá quien abone, que con ella vio a mi hermano. Huir fue de los favores del Rey despreciar finezas mías. De no hallarle entonces tu presente, y tus criados tiene culpa? . Se supone, ue le supo, y que le huyó; más busquele yo, y es hombre. Lo que pierde con el Rey siento; pero intercesores tendrá con su Alteza en ti. Cómo así? Bueno es que ignores, Sirena, que el Rey te adora. Dejemos eso, y: Mas oye, del de Mariñano no es la música, a quien responde la tuya? . Divertirme es quizá de otras sinrazones. ente. Tus resistencias ignoro, o porque no las ignore, el huir de que te adore, es solo porque te adoro. Yo no sé si me entiendes, o si me entiendo, mas que no quiero solo Sé, porque quiero Cuanto escucho es desengaños, pero aquestos son mayores que envueltos en celos vienen; la música me responde, que no quiere porque quiere. Porfía mientras conoce mi cuidado en los acentos de Sirena las pasiones, que está hablando con Isbella. Proseguid, mi amor pregone su fineza. . Si prosigue, responderán mis rigores. Que mal de mi amor infieres, siendo el rigor de mi parte, porque mas he de adorarte, mientras más me aborrecieres. Cansar con la porfía quien ama, y ruega, es labrar sus desprecios con sus finezas. Esto es entenderse a coplas. Ah ingrata! desengañome. Nunca si se canta mal se ha de porfiar. Pasiones, sus resistencias me queman. Qué importa que el Rey te adore, Mucho importará, mas no importa, porque supones un engaño, el Rey ignora ese cuidado. . Conoces amal su cuidado. Conozco bien mis méritos. Conformes. son los tuyos a su amor. No vale tu voto donde es tu deseo el juez. Tendrás si le correspondes su corona. . Isbella mía; no quiero que tanto me honres. Esto es verdad. Quién lo sabe? Yo. . De quién? De sus acciones. Y quién lo asegura? Yo. Quién es? Señor. Confirmose mi partido. . No os turbéis hermosa Sirena, porque en vos solo mi amor quiere creditos no jurbaciones. Gran señor, yo; muerta estoy. Hablad (qué hermosos temores) . Y tú le aseguras (oye) verdad es cuanto defiende Isbella. . Ya que lo apoye, vuestra Alteza, de mi empeño. . Olvidose. son vanidades mayores. Algo valdrán mis finezas. con vuestras intercesiones, Isbella. Diga Sirena, si deben vuestros favores servidos (señor) algún desvelo a mis persuasiones. Decidlo Sirena. Elado tengo el corazón. . Responde. Gran señor, mi honor, si acaso hoy vuestra Alteza dispone para su divertimiento. No, no prosigáis (venciome . su temor honroso; amor, que nuevas flechas compones) Sirena. . Señor, mi corto valor. . Dejad los temores, porque yo: Mas por la calle viene gente, y que os importe esto es preciso, señora, Cuanto da el Rey es honores. Al de Rojano has de dar Arnesto esta carsa, donde de parte del Rey le ofrezco a la Infanta, porque logre quitar la vida a Leonarda, y asegurar mis temores. Al vivo ya contrahecha la firma del Rey; ea ponte a caballo al punto muera, muera mi enemigo, y goce yo a Salerno sinzozobras. la promesa al de Rojano en esta carta? Arnesto esa circunstancia, mas no es nuevo que me importen tus advertencias, espera mientras en pocos renglones ese punto satisfago, que excusar que entres, es porque no te detenga mi hermana como suele, y detenciones tales casos no consienten . Pues aquí espero. Volviose el uno, y otro en la calle se ha quedado. Que me estorbe esta suerte. Poco estorbo. Eso fuera a faltar hombres. Sácale dos, o tres calles de aquí Broculí. San lorje, yo? . De tu valor lo fío, Si el miedo me reconocen, pierdo mi opinión, ganada a tercios de macarrones; esto es fuerza; digo, traza tiene de llover jurgones este racional nublado, hala, no te vas? si me oyes, allá van estas, no huyes? mira que te mato hombre. Qué haces? Dos dedos le faltan para pedir canelones. Qué es canelones? Cónsites. Anda cobarde. Hombre corre, que vatras ti un par. De Francia? No señor, si no de nones. . g . . Señor, mi hermano está en casa, dadnos licencia. No aguardo, que sepa mi amor Ricardo, solo atento a quien se abrasa, licencia Sirena os pido de veros aquí desde hoy. Una esclava vuestra soy. Y yo soy el más rendido. Aruesto, mi dicha estriva en sola tu diligencia, no vuelvas a mi presencia, si a Leonarda dejas viva. En esta carta del Rey, aunque falsa, está el sosiego de mi Estado, parte luego, si a mi amistad guardas ley, que pues otra falsa firma le quitó Estado, y honor, quitándome está el temor a Salerno me confirma. Dile al Duque de Rojano la suerte que se le ofrece, y de la Infanta encarece la hermosura, que su mano le espera, que el Rey le hará el todo de su pribanza, la lealtad que en su alabanza consigue, si muerte da a quien contra su señor conspira. Cielos, qué es esto! . Muera mi enemiga, Arnesto, postas tienes, y valor, no hablas, que recelas? . Digo, que es mejor obrar callando, porque no nos sientan. Cuando no te debo el ser, amigo, un alma somos los dos. Esto, y más haré por ti. Tomaste la carta? Sí. . Vete. Voyme. . A Dios. A Dios. Vio suceso femejante el mundo? ha Ricardo aleve? esto a mi amor se le debe, pues a no ser yo hoy amante, no supiera el trato falso de este traidor, hoy verá Napoles, que el pago da a un traidor un cadahallo. Ha barbero de las calles del valor vuelto al rebes. Huyó? . Si huyó. Con los pies va focando pasacarles, y en sus fugitivas tretas, yo os aseguro también, que va haciendo el saltaren, mas no hará las paradetas. Y las damas? Mas despacio te diré cuanto favor por ellas me hizo el amor. Cerca de aquí está Palacio, al Capitán de mi guarda Pues qué ha avido? Milagros me han sucedido, el cielo libra a Leonarda. Señor, decid. Yo lo haré, después de esta diligencia; Leonarda, vuestra inocencia vuestro Ángel de guarda fue. Señor, grandísimos simples somos. El ser desdichado es mi gloria como sea sirviendo a Leonarda. Andallo, tú por amar te haces rajas, y yo sin amar, andrajos, hoy no tuve en mí vestido adonde atar un ochabo. Ya fuimos a pie, y volvimos a pata, porque a caballo fuera tu Princesa inmensa; ya la dejaste en Rojano, que aún el macho en que fue, no pudo volver de cansado, pues reventó de valiente, como nosotros de machos. Ya gastamos los dineros, ya los dineros gastamos, ya gastamos los dineros, que esto es cinco, y dos son cuatro. Ya, señor, que como harrieros al de Rojano entregamos los dos tercios de mujeres, bien lo dijo lo pesado, no hubieras cobrado el porte, ya que tu capricho extraño darse a conocer no quiso. Puse a la Princesa en salvo? Sí. . Pues qué más paga? Pues basta para que comamos? con eso echaré un remiendo a mi panza u a mi sayo, ya no hay más remedio, si no que a nuestra troya volvamos, y yo darle hacer palillos; y usaste cazar gazapos: por el siglo de mis nietos, que Dios haya, que a lo largo me he de enburir la reserva, que de puro escarmentado de hambres, y ayunos, en esta media alforjilla he guardado. Tiremos en tanto que anochece, que eso aguardo, para ver lo que me manda el Rey. Al cabo de cuatro días, que ha que te envió a llamar, lindo despacho. No he podido más, amigo, en besando al Rey la mano, cumpliendo con mi lealtad, borraré recelos vanos de que acompañé a Leonarda. Ea pues, vamos hojeando el libro de esta arboleda, en el capítulo cuarto de aquellas ramas hay grullas. No está aqueste prado malo. Bueno, más para cogerlas al vuelo (señor) no hay prado como él de Madrid; y más que nunca las han cazado con escopetas. . Pues con qué? Con limas. . Anda. Ando, tire usted, mientras que yo le tiro. Qué haces? Cargando la escopeta, y el baul. Carga, y sígueme. Ya cargo. Leonarda, que dulce nombre. Más dulce es este retazo . de morcilla. Con saber, que estás tu libre descanso. Yo descanso con saber lo que sabe lo que masco. Espinaca. Mi señor. Qué es eso? Estaba mascando las balas, para que hagan en los gorriones más daño. Balas para gorriones? Es este sitio vedado, y como los dejan criar, hay gorriones como pabos. Al arroyo a beber bajan. Bajen ellos, que yo alzo. Espinaca; mas que hacias ahora? . Le estaba echando un buen taco a la escopeta. Pisa quedo, que en los ramos hemos de lograr un tiro. Válgate cuatro mil diablos, que no me deje comer con sosiego aqueste amo. Oyes, a que te detienes ahora? . A echar otro taco, y ahora falta la baqueta. Pólvora, y tacos, no tanto, que reventará el cañón. Pienso que está reventando; mas si no me engaño, un ciervo he visto entre aquellos ramo hacia el camino Real, tira; mas detente, a espacio, porque es un sierno de Dios. Como mandó le avisaron al Rey, que llega Leonarda, para recibirla, honrando así su destierro injusto; y puesto que la encontramos en el camino, esta nueva al Marqués de Mariñano le hemos de dar. Harán tiempo en aquesta quinta, en tanto que lo sepa el Rey, y salga. Podremos saber Albano donde vais con tanta prisa? O Enrique, Español bizarro que albricias de vos espero: sabed que por un extraño caso, el Rey Fernando supo las traiciones de Ricardo, y de la Princesa, obieto de vuestras penas, y daños, la lealtad, y la inocencia. Envió al de Mariñano, y a otros muchos Caballeros, por ella, porque su Estado goce, y su fama invencible. Hoy la Princesa ha llegado, porque a Nápoles volvía con el Duque de Rojano, ejemplo de la lealtad, que luego que supo el caso de su desterrada prima, quiso averiguar su agravio. Perdonad Albano amigo, si como os debo no os pago, en esta escopeta sola cuanto tengo se ha cifrado. Cómo de tal Caballero la estimo, venero, y guardo, ya Dios, que llega Leonarda. . Qué dices de gusto tanto? Que estamos sin arcabuz, y seguros los gazapos, porque mi escopeta es adhonorem juvilarum. Bueno es que en eso repares, cuando ves mi dicha, y cuando por tan venturosas nuevas liberal diera a pedazos el corazón: ya Leonarda está libre, cielos? cuanto es mi contento explicad, que yo lo siento, y lo callo, porque aún no cabe en el alma, soy la voz es corto espacio. Libre el Sol en festejar mis dichas todos sus rayos, pídale luces prestadas mas la Luna, Estrellas, Astros, solo en glorias mías guarden los influjos para aplausos. Hagan fiestas a Leonarda los elementos, brillando ponga el fuego luminarias, ambares del aire ufano. Bierta agua rosada el apua, nuevas flores vista el capo, denla el parabién las aves, rompan los peces su claustro. Cielos, Sol, Luna, elementos, Luceros, Estrellas, Astros, peces, aves, mares, montes, flores, ríos, brutos, campos, (mo, celebrad todos lo que adoro, y a- si es que puede igualar al bien que ga- Justa, viene? Justa; viene? (no. Justa, viene? ajusticiado me vea yo, si no tiene una cara de un enano. Montes, ríos, mares, peces, ranas, truchas, bacallaos, cangrejos, langostas, tejas, cazuela, excudillas, platos, sastres, capateros, tuertos, cojos, zurdos, simples, mancos, mozas, viejas, tías, suegras, mosqueteros, gradas, bancos, (to, celebrad todos a mi Justa un ra- que si la puedo ver, me lleve el día. Pero señor, (blo. no es la Princesa aquella, que acompañada de una, y otra estrella, y otro, y un lucero (qué luceros son esos Caballeros) llega a esta parte? Sí, Leonarda es esta. Pues llegar, y besar es lo que resta. Del Duque de Rojano él accidente, aunque no peligroso, de repente pudo turbar, señora; parte alguna de mi gloria, mi dicha, y mi fortuna, pues el cielo ha querido sacar a luz vuestra lealtad! yo he sido el más inte esado, mi fe sabe, y mi amor, que no han bastado los rigores del Rey, la adversa suerte de la desgracia vuestra u de mi muerte, a que dejase de quereros. . Tengo en la memoria vuestra fe, y prevengo paga igual a palabras, y a promesas. Cobra tú, si es que pagan las Princesas, llega. . Estoy muerto. Llega. . No me atrevo. Yo he sido siempre firme. Mucho os debo. En las felicidades de Leonarda, su aplauso, o mi pobreza me acobarda. Si pagáis deudas firme, seréis mía. Biensé vuestra firmeza. . En la porfía de aquese mentecato, la horma halla amor de su zapato; que aguardas tú? . Mis celos. Linda salsa, mas que el de Mariñano se la calza. A recibiros sale el Rey, señora, a la quinta lleguemos. Llega ahora, por ella mueres de hambre, cobra, hela. Porque no lo presuma, amor me hiela. Cielos, que es esto la hablarme no ha llegado Enrique. . Eres un eres, y un menguado. Gran señora, rendido a vuestros pies estoy agradecido, y mi amo importuno a vuestra nada esté, que todo es uno. No llega a hablarme Enrique? Gran señora, tendrá vergüenza. Cómo? . Quién lo ignora, entre él, y su vestido hubo un ruido, y llevó el pleito a Rota su vestido, y le sentencian a vergüenza en vista. Hay corazón que tal dolor resista! . a tanto extremo por mi causa llega Enrique, estuve ciega; aquí de mi entereza, a poder tanto, para no deshacer el alma en llanto. Mas que se ha enternecido la belleza . En vos se reconoce su pobreza. En mí, pues yo a él le presto. . En vos. Para mí es fiesta todo aquesto, que desde aquel fatal astro amarillo, en mí, señora, es día del trapillo. Pues señor Don Enrique. . El cielo sabe, señora, el regocijo, que aún no cabe en mi pecho, con nuevas tan felices, dígalo mi silencio. . Harto dices. Ya yo sé la verdad, y la fineza, y el valor que en vos caben: hoy su Alteza el Rey Fernando invicto por mi envía, para honrar la lealtad, y la fe mía, y en pruena cierta del honor que gano, pretende darme esposo de su mano, mas sin vos, Don Eurique, a desposarme no me atrevo, ni sin que vais a honrarme puedo pájaros lo que os debo, y quiero pagar Enrique: en Nápoles espero. A casaros? qué es esto? . Qué te aprieta las balas son, señor, de la escopeta. Amigos; y sabéis con quien se casa la Princesa? a rigor que me abrasa! Con Carlos el Marqués de Mariñano, Mientes Broculifrio, y en Verano. Dígalo yo, que por quien me quiere me voy a broculiar mientras viviere. Mas que te macarrones, y te queses, te bretones, te bodríes, y enjaeces, que yo sin tus embustes, ni marmanzos voy a ser espínacas con garbanzos. Cielos, que es lo que escucho, y lo que he visto? Cielos! . Agora si cuerpo de Cristo, esferas, ríos, montes, rayos, truenos, ha Princesa caballo de dos frenos! ha Justilla borrachal entre mujeres tarasca, a mí con esas? tú lo eres, espanta niños, corte ve, salvaje; el habla se me quita de coraje. Pues vive Dios ingrata, ya que tu injusto proceder me mata, que sin que mi desdicha me reporte ha de ver hoy la Corte, a costa de mi vida, y mi fineza, tu ingratitud tirana, y mi firmeza, y hemos de ser seguidos de una suerte, tu ingrata, y yo leal hasta la muerte. Y hemos de ser tu Justa vara, y sesma, y yo Espínaca hasta la Cuaresma. . La desgracia de tu hermano. a toda el alma me llega, y a ser lo que tu presumes, hará mi amor cuanto pueda por ti; ya el Rey ha llegado. Tuya es mi vida, Sirena. Pues del Duque de Rojano. el accidente, no deja que lleguea verme, yo quiero . Cielos, cómo. irle a ver, que tantas muestras han merecido conmigo vuestras lealtades, Princesa, y de vuestro primo el Duque. Gran señor, de V. Alteza son honras cuanto recibo. Toda mi Corte se alegra de que hayáis vuelto, a pesar de deslealtades soberbias. Ciego, y sin sentido vengo. Dios ponga tiento en tu lengua, Princesa, el Conde de Ancur . La que es rigurosa, sí. poderoso sé que llega contra mí, y es necesario salir luego a la defensa. El Marqués de Mariñano ha dé ser en esta guerra mi Capitán General; y si como firme espera le deis la mano, quien duda que consiga en esta empresa triunfos de favorecido, si amor esperanzas premia: servidme Princesa en esto. Corriendo por vuestra quenta, gran señor, mi ser, mi honor, es forzosa mi obediencia. Aquí fue troya. Pero ya que vuestra Alteza servirle en esto me manda, primero, pues cuanto premia es justificado acierto, ha de ajustar unas cuentas, que está muy enmarañadas. Decidme, qué enigma es esa? Es un pleito de acreedores; juzgue, señor, vuestra Alteza, la satisfacción no manda pagar en la especie mesma? Luego fuerza es, que quien deba palabras, pague en palabras, y obras en obras? Es fuerza. Pues Ma, qués de Mariñano, yo que soy deudora vuestra de promesas malogradas, de desdenes, y ribiezas, razón es que en ellas pague para salir de la deuda. Ahora satisfacer falta obras que mi amor empeñan, porque al fin se desengañe quien de mi olvido se queja. Enrique es (gran señor) quien llega en vuestra presencia a hacer en mi ejecución; y si tirana le niega mi voluntad las verdades, los extremos, las finezas, que me dio sin intereses de agradecidas; es necia intención, si por justicia de amor puede sacar prendas. Tres años ha que me sirve, siendo ejemplo de firmezas; tres veces debo la vida a su valor, dueño de ella es, la posesión aguarda, y es justo que a su nobleza atento, y a su valor, y a que yo pague, y no deba, en su favor sentenciéis a que yo su esposa sea. Princesa, quien tan bien sabe pagar, es justo que tenga crédito en mi voluntad, porque goce, porque adquiera don Enrique lo que es suyo de derecho. Vuestra Alteza gran señor me dé los pies, y en venir de esta manera eche la culpa a mi amor. Y yo en cuanto a galas frescas mondo nesperos? señor, por el siglo de tu avuela sácame del purgatorio de estos trapos que me cuelgan, y lleva mi cuerpo al cielo de algún vestido de selpa, que deseches el verano. Dad la mano a la Princesa, Enrique. El alma me has dado. Y pues hoy se pagan deudas, y en los Reyes las palabras de obrasfirmes tienen fuerza, la que le ha dado mi afecto a vuestra hermana Sirena quiero yo también pagar; mi esposa es, y vuestra Reina. No viene sola una dicha. Mas que se queme la hacienda. más que vendamos cucharas, mas que hagamos ratoneras. Gran señor, pues hoy mi suerte de vuestra Real mano llega a la esfera de gozarla, sin el ser de mereceria; de vuestro sol párticipe mi estrella para otra estrella luces de mercedes: yo debo ser, y vida a Isbella, no sea yo sola ingrata, perdón por ella merezca Ricardo. Yo os le concedo, mas saliendo de mi tierra. Y si hoy el de Mariñano, Carlos, esposo es de Isbella, por vos, y lo que la debo de Valdeflor es Marquesa. De vuestra mano es honor, Y yo casado con esta, aunque a Broculile pese, para acabar la Comedia os ofrezco mis palillos, advirtiendo que el Poeta. os sirve fino, porque no se pierden las finezas.