Texto digital

Texto digital de No hay vida como la honra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay vida como la honra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-vida-como-la-honra.

Logo BICUVE

NO HAY VIDA COMO LA HONRA

JORNADA PRIMERA

Qué dices de mi fortuna. Que aún así estás muy galan. Esto es ser pobre Tristán, desde mi primera cuna nací con aquesta estrella. No es muy mala, pues Leonor te muestra tener amor. Pues si no fuera por ella, que hubiera sido de mí! Y esos grillos? l de reducillos a y entretanto estaré así, pues no me quiere escuchar el Virrey. Es un. Detente, no te arrojes locamente, que en todo caso el honrar a la justicia, es justicia. Dices bien, pero no cuando trae la justicia arrastrando la pasión, y la malicia, que quien justicia no hace, no es justicia para un hombre. Basta tener solo el nombre, aunque tal vez se disfrace, no has visto un hombre mirar con risa alguna pintura, tan grosera, y tan oscura, que le obliga a murmurar mas, si el mismo que le ofende por las letras, que a los pies tiene, ve que imagen es aunque el pincel reprende humilde, y con el sombrero quitado, le reverencia. Su retrato, es evidencia pues de la justicia infiero lo mismo, bien puede ser, que esté tan mal retratada que no se parezca en nada a quien debe parecer. Mas la vara es un rengión que dice, yo soy justicia, y no obstante su malicia se le debe adoración. Que aunque sea siendo ingrata, a su nombre soberano, pintura de mala mano en efeto a Dios retrata. Y no es justo que los dos intentemos ofender, a quien puede responder que es un trasado de Dios. l, - Ay tan extraño suceso. Teodoro, lo por venir quien lo puede prevenir. Tú de esta suerte, tu preso? Trató mi padre casiarme con Doña Leonor de Lara, mi prima, mujer bizarra, y que pudo enamorarme antes de bella, pues que es según dicen, buena moza llegó aquí, de Zaragoza, y antes de entrar, como ves sobre salpicar un hombre a caso, y sin culpa mía, me dijo tal demasía, hombre al fin de bajo nombre, que apearme me obligo, y a dalle de cinterazos, sin esperar otros plazos. Llegó la justicia, y dio en que el hombre estaba herido, costumbre o codicia antigua, y así mientras se averigua a donde ves me han traido. Y a donde yo por no hacer con mi tío, y con mi esposa, mi cordura sospechosa, no me he querido valer en esto de ese favor, pues que con veinte escudos que harán hablar a los mudos, me dice el Procurador que de aquí me sacará. Eso es negociar callando. Este es aquel Don Fernando qué te dije? Hola allí está, y aún mirando con cuidado aquel hidaigo, de quien dijéronnos tanto bien. Qué brioso, que alentado. Hablarle quiero. Acá viene. Ya se miran, ya se llegan, ya se abrazan, y se ruegan. Toda esta licencia tiene la cárcel gentil presencia. Vos me honráis. Quién tal pensara por un ojo de la cara, no harán una reverencia, cuales estaban los dos para danzar un torneo. Si por hacer el granjeo un amigo como vos, en deuda estoy a los grillos pues han sido los terceros. Qué haremos. Entretenernos, naipes ay, y mis librillos, sentaos. Mejor fuera pues tiempo nos sobrará hablar en algo que sea de más gusto, y así os ruego porque os he cobrado amor desde que os vi que el valor rinde, y aficiona luego. Vuestra prisión me digáis que por esas escaleras la cuentan de mil maneras. Puesto que tanto me honráis, diré si os hago servicio. Ya están asidos los dos. Pues entrémonos yo y vos a rezar en este oficio. Ya os habrá dicho esa gente que soy Don Carlos Hsorio, Caballero de Valencia, más Noble, que venturoso. Nací Hidalgo, como el Rey, mas tan pobre, que me corro vive Dios, de haber nacido para ser blanco afrentoso, de los buenos, y los malos, de los unos, y los otros, que es la pobreza un lunar tan feo, que a cualquier rostro sirve de escalón oscuro a donde tropiezan todos. Viéndome al fin desualido de la fortuna, y el oro, patrimonio que da el cielo al formar el alma a soplos. Estudie de humanidad, que es lo que llaman los doctos buenas letras, lo que basta a un cortesano curioso. Danzo también, corro, esgrimo, y cuando se ofrece, toco sin melindre, una viguela en la metro numeroso. Y sobre todo hago versos sin decir mal de los otros, que para el siglo que corre os prometo que no es poco. Determíneme a no amar porque fuera alcance impropio, siendo pobre divertirme en empleos amorosos. Que amar sin tener que dar, o es preciarse de muy loco, o tener hecha la cara al desaire de andar corto. Mas viendo a Casandra un día, no es este su nombre propio, más callolo por modestia, que dé mudo, quedé absorto, y quedé más pobre que antes pues liberal a mi modo. Hasta sin alma quedé porque la ofrecí a sus ojos, amábanla Feliciano, Floro, Alberto, y Lucidoro. y el Conde Astolfo, si bien con más licencia que todos, el dicho Conde por ser más Noble, o más poderoso. Antójosele que dicha bajar una tarde al coso, o a enamorar a sus ninfas, o a dar nieve a sus arroyos. Y viniendo por el río en su coche, y también Floro, el dicho Conde, y Lisardo, y yo también que hiua solo. Como carta, que en el juego donde el amor pide oros, es figura, y no es ganancia, y así la descartan todos. Sucedio, que los caballos atentos a un alboroco, que más adelante hacía el placer de algunos mozos. Se alteraron de manera, que sin atender fogosos, a los preceptos del freno rompiendo el cristal sonoro. Se abalanzaron al río con tal fuerza, que el Piloto de aquella encerrada barca provo el agua, y midio el golfo. Ya lo veis, Casandra entonces sacando el turbado rostro por el cancel del estrivo con acentos lastimosos. Piedad al cielo pidia, y a sus amantes socorro, mas ellos, quien tal pensara, como peñas, como troncos, inmovibles al remedio, y a su voz estaban sordos. Llego yo entonces, y ciego de ver su tibieza arrojo la capa, aunque ella era tal que me hiciera poco estorbo. Salto al agua, el brazo esgrimo, yero el aire, el cristal rompo, y al coche voy, que parado parecía verde escollo, Cercado de plata falsa, y de sucesivo plomo, dentro, dentro, y ella ansiada con el susto, y el asombro. Al cuelí me echa los brazos, yo en los míos, la acomodo sin aliño, que la prisa dio licencia a tan forzosos favores, que aún el recato hasta allí fue melindroso, Dicen que enseño al cristal por no decir a mis ojos, de la columna de seda, no se que seda, con oro. Yva Casandra sin pulsos, y caya sobre el hombro izquierdo mío su cara, y como el golpe furioso del agua, con mil vayuenes me combatia, ella y todo. Mudaba sitio a la cara, tanto, que sus labios rojos, vi tal vez, como de paso con los míos venturosos, encontrarse sin querer, porque entre su cielo hermoso, y entre mi rostro, no había mas tabique que su rostro. en esto, ya sus amantes, o corridos, o envidiosos, se habían escondido, en fin Casandra de aquel asombro, cobrada con un suspiro que el aire guardó con otros, corriendo las dos pestañas fue sumiller su rostro. Y apenas holvió en su acuerdo cuando salpicando a trocos, con viva sangre la nieve señor Don Carlos Osorio me dijo, para quereros bastaba solo el abono, de ser quien sois, y saber que os debo, no, no lo ignoro, dos años de voluntad, pero ahora que conozco que os debo también la vida, creed, que a mi cuenta tomo la paga, y crreed también esto, cubriéndose el rostro, que os tengo amor, y algo más, Con esto quede tan loco, Fernando, que aún no crey, por ser mío tanto gozo, que es en un hobre abatido el favor tan sospechoso, que volví a mirar al campo por ver si hablaba con otro. Estaba cerca un molino, y para con más decoro poder limpiarme, y vestirme, a su sagrado me arojo. Allí estuve hasta la noche, y al volver entre unos olmos, me pareció que había gente, y con más atención oigo hablar tres hombres tan cerca, que casi con ellos topo. Saco la espada, y al brazo, la ligera capa doblo, y con la luz, que la Luna daba prodiga, conozco, que es el Conde, y sus criados, que como a una fiera un toro, me acosan, y me retiran. Mas yo diestro, y orgulloso al primero que encontre que fue a caso el Conde Astolfo, en la mano de la espada alcancé un mandoble, y roto de una vena, el primer velo hañó de púrpura el pomo. Llegó entonces la justicia de la hermandad, que el contorno de aquel campo visitaba, y sin oir en mi abono mis disculpas, al Virrey me llevan, que riguroso, solo conmigo, quiza porque vio que estaba roto. Maniatado hizo traerme a este oscuro calabozo, donde a pesar de la envidia vivo el hombre más dichoso que tiene el mundo, aquí estoy, de aquella deidad, que invoco regalado cada día. Aquí me escribe, y respondo lo menos de lo que siento, y lo más de lo que ignoro, esta Fernando, es mi historia, esta la luz, que enamoro, esta la aurora, que sigo, esta la dicha, que gozo, está la vida, que paso, esta la suerte, que logro, esta la gloria, que espero, y está la dama, que adoro, Notable historia porcierto, y digna de eterna fama, con razón Casandra os ama. Pues de camino os advierto que es lo mejor de Valencia, Rica, hermosa, y celebrada. Vye. Escucha. Una embajada, a lo que en la diferencia, de color alegre, y triste, magra, gorda, mala, buena, parte, gusto, parte, pena, ansia, gloria, susto, y chiste, te traigo. Pues di primero la buena. Pues no es mejor saber antes la peor, porque el bocado postrero te cure de aquella bala. No Tristán, que puede ser si entrambas se han de saber, que la mala, sea tan mala, y de tanto rigor llena, que no me deje en el pecho, a la vida de provecho para que sepa la buena, y la buena puede ser tan dulce en el regalar, que no le deje al pesar rastro para acometer, y así diestro maestresala la buena es bien que me des, que harto tiempo habrá después para trincharme la mala, empieza, acaba, di presto. Pues digo que libre estás. No más. No más, pues es barro esto, Levantose el Conde. Sí y el Virrey está informado de el, caso, y orden ha dado para que salgas de aquí. Di ahora la mala. Digo, que el siervo de Don Fernando. Ya escucha el alma temblando. Ah estado hablando conmigo, y dice que su señor es de Leonor. Qué? Pariente, y que supe. Detente. Viendo en Estado a Leonor, ya me entiendes, moza, y bella, le envía a casar. Pues bien. No conmigo. Pues con quién. Dice el siervo, que con ella. Con Leonor? Si con Leonor. Decisto de veras. Sí. Todo el cielo sobre mí se ha caido, o triste amor, ya no puede la fortuna, ni dar más, ni quitar más. En efecto libre estás, y sin dilación alguna. El oro negocia presto. Y viene a ser lo peor, que la historia de Leonor, aunque con nombre, supuesto le he contado. Pues amigo, no me das el parabién, libre estoy. Y yo también. Vos también Hay enemigo, si Fernando. Iréis ahora a ver a vuestra Casandra. Aunque ciega Salamandra soy, de su fuego, y la adora toda el alma, hasta las dos de la noche, no podré, Tristán, que diré, que haré. Disimular. Pues de vos, puesto que os sobra lugar me he de amprar. No seáis corto, aquí estoy, si acaso importo. Yo soy nuevo en el lugar, no se las calles, y quiero que a una casa me llevéis. que a caso conoceréis. Y esto más, cielos que espero. y es. De Don Pedro de Guebara. Es muy grande señor mío, hay tal suceso. Es mi tío. Una hija muy bizarra, si a caso yo no me engaño ha de tener, hay amor. Llámase Doña Leonor? Por mi mal, y por mi daño. Discreto sois, y pues vos el alma me habéis fiado, sabed que vengo casado con ella. Mal te haga Dios. . Qué dices. Ay triste digo, que es muy hermosa mujer, esto es, morir, o querer. Mirad que venís conmigo hasta ponerme en su casa. Esto en que fábula cabe. Medianamente lo sabe. Lo que ahora por mi pasa, tal estoy, que aún no lo creo. Venid, porque bella pueda. Muerto voy, todo os suceda. Cómo? Cómo yo deseo. s. Vueseñoria, de aquí no ha de pasar. Quién se abrasa. por todo pasa. Mi casa. no es la Iglesia? Para mí siempre cruel. Soy quien fui. Pues tomar agua bendita de un hombre que da, ni quita, No da, ni quita señor, más tengo al agua temor, aunque sea agua bendita, aquella pila, aunque breve tanto puede el temor mío, la imagino un grande río que a sus márgenes se mueve, y vuelta la grana en nieve temo su furia cruel, porque si tropiezo en él, es fuerza señor llámaros, y no quiero aventuraros a que os arrojéis a él. Ya os entiendo, más responde: mi amor, que la voluntad, en una publicidad tal vez su valor esconde. Es engaño señor Conde, que el hombre que ve a su dama a peligro, en vida, o fama, y la suya no aventura; o revienta de cordura, o es muy poco lo que ama. Mandadme señor en cosa que pueda serviros yo, mas en cosa de agua no, que es para mi peligrosa; Y si es ocasión forzosa gusto, tema, o interes, yo entraré al agua cortes, mas con condición. Decí. Que esté Don Carlos allí por si peligro después, aunque no, no quiero tal, porque si al agua se atreve, y hollando la riza nieve me socorre liberal, podrá ser que le esté mal, y saliendo azar la suerte, a la noche se concierte en disimulado alarde, algún nadador cobarde, que salga a darle la muerte. A tan necio responder la mejor satisfacción, será quitar la ocasión, y déjaros por mujer, que después yo sabré hacer. Qué ha de hacer Vueseñoria. Vengar esta grosería. Cómo. Matando pues puedo. A quién. A Don Carlos. Quedo, ay Carlos del alma mía. Vos veréis. Es rigor fiero. A quién mereció esos brazos. Cómo conde. Hecho pedazos. Pues digo yo que le quiero? No, mas tengo por agüero, que compitamos los dos. Señor Conde, hasta eso hay Dios. Qué has hecho! Voy a trazar la muerte, que le he de dar para vengarme de vos. Matar a Carlos, mi enemigo quiere, para que yo le quiera agradecida, muerta debe de ser, muerta, o herida, pues en Carlos, me yere, si le yere, que viva yo, sin Carlos, no lo espere, porque tengo a su vida, el alma asida, y es descomedimiento de la vida, que viva el cuerpo, cuando el alma muere. Conde cruel, si por mirarme esquiva, solicitas de Carlos la venganza, así te está mejor, que Carlos viva, que aunque por él, mi desamor te alcanza, si vive, vivo yo, y estando viva, tal vez podrá engañarte la esperanza. istan. Llegamos ya? Ya llegamos. Vive Dios, que está una legua de la cárcel esta casa, válgate Dios por Valencia, hecho pedazos estoy. Señor, donde vas, que intentas. No se, Ta. Yo lo creo, pues dime, con que conciencia traes, este hombre arrastrando por calles, y callejuelas dos horas ha, sin parar, dando vueltas, y más vueltas. mira en pensar que le llevo, ay Tristán, a que le vea, a que la adore, y quiza, a que se case con ella. Me pierdo, tanto que tuve la mano, en la espada puesta para dalle de estocadas. Y eso diceso de verás! Jesús! reza, porque Dios te guarde el juicio. Menos tendré cuando veas que doy voces como amante, Y aún como loco pudieras. Tristán, tu señor, que tiene, que ya tirando las cejas, ya los ojos en el cielo, y ya el semblante en la tierra va hablando consigo mismo. Señor, mi amo es Poeta, y los tales cuando escriben, mudan, mas de cuatrocientas caras, en una hora sola. Porque si es de cosa tierna se retozan ellos mismos, se mirlan, y se gorjean, si es de guerra, se ensayonan, se encolerizan, y emperran. Demanera, que tal vez llevados de aquella idea, encasquetando el sombrero con el primero encuentran, como si fuera de Holanda, de Flandes, o Ingalaterra, Diciendo, Santiago; a ellos, cierra españa, todos mueran, le dan dos otres puñadas, o le quiebran la cabeza. Ahora que abrio los brazos, y dando al sesgo una vuelta, se puso de orate fratres, escribe sin duda quejas: Este loco, siempre está, aunque el mundo se revuelva de gracias, lo cierto es, que bien la color lo muestra, que al volver con esta esquina encontre al Conde, y la fuerza del enojo, y de los celos, me han puesto de esta manera, ello ha de ser, pues que aguardo, denme los cielos paciencia. Está Fernando? es la casa? llama Tristán a esa puerta, mas tente, que desde aquí con mediana diligencia, puedes verla antes de hablarla, porque ella, y su prima Estela, cantando a las almoadillas para entretener la fiesta, han hecho jardín el patio. Y Estela vive con ella? No vive, pero el amor que le tiene, es demanera, que se juntan cada día. Si chirimias hubiera fuera tramoya a pie quedo, pero escucha, que ya sueñan. De su querido Vireno la bella Olimpa se queja, mas porque le lleva el alma, que porque el honor le lleva, ay dice triste, y quejosa. No trates Laura de quejas, que parece que es ponerme miedo, y estoy muy resuelta, hay presa del alma mía. La de la mano drecha. Acábalo de decir, Es Leonor. Buena cabeza bien tocada estás, Ay prima, si de un deseo dijeras, no pienso que te engañaras. La otra es su prima Estela, que para estrella, le falta quiza por yerro una letra, y la sobran para sol que alumbra las once esferas, mira, di, que te parece. Que me parece, que es flecha del mismo amor, que es un rayo del sol, que es el sol, que de ella, para aprender a lucir pueden bajar las estrellas desde su cielo. No pueden. que están de aquí muchas leguas, y bajarán despeadas, hay tal cosa. Qué consienta esto un hombre, vive Dios. Carlos, que cólera es esa. Ahora escribe batallas. En viendo que alguno llega a gozar con libertad lo que quiere, lo que intenta, me acuerdo de aquel tirano, que así mi ventura inquieta, y sin poder resistirme como si aquí le tuviera me alboroto. Es muy sanguino, mas que da con todo en tierra. Digo que es aquel Don Carlos. Dices bien, hay prima, deja, deja la almoadilla ahora, y pues mi padre está fuera, dile que entre, y de camino echa la aldaba a la puerta, vosotras desde el balcón, ya me entendéis, tened cuenta. Ya nos han visto, yo llego. Primero con tu licencia he de ganar las albricias, por que Leonor por las nuevas hable a casandra mañana. Muy en hora buena sea, tu amigo soy, aquí aguardo. Mi bien. Señora. Así llegas. después de tanta prisión, a quien miras, en quien piensas. No se señora. Qué dices, de que calle me haces señas. Tente por Dios que te pier y está la causa muy cerca. Habla claro. Aquel Hidalgo es Don Fernando centellas, viene a casarse contigo es muy galán, tú su deuda. Tu padre Juez de esta causa, yo el que espero la sentencia, mi verdugo el desengaño, este patio la escalera, ya me quieron arrojar, harro he dicho, a Dios te queda. Mi bien, esposo, señor, oye, advierte, escucha, espera. Que quieres. Que te reportes, que lástima, y que vergüenza, cierto que cuando te vi llegar con turbada lengua, remordiéndote los labios, ya desquiciando sin cuenta de su lugar las palabras, y ya escupiendo centellas Por los ojos, que pense que el cielo, sobre la tierra se caya, y que el Virrey con ocasión, o sin ella, te desterraba de el Reino, o que por vengar su ofensa el Conde andaba pagando a quien la muerte te diera, que ya las muertes le pagan como el pan en una tienda. Y confiésote, que estuve escuchándote, más muerta, que viva, mas ya que se, que es la ocasión tan diversa. Vuelvo en mí, Jesús qué es esto! no te perdono la pena que me has dado. Ahora burlas viéndome morir de veras. Carlos, si que nada importa, que mi primo, vaya, o venga, nadie se casa dos veces en la primitiva Iglesia antes de haber en viudado, yo conforme a mi conciencia, a días que me casé, tú estás vivo, yo contenta. Soy Cristiana, temo a Dios, harto he dicho, el mundo venga, llama ahora a Don Fernando, quieres más. Si lo quisiera poder besarte los pies. Las manos están más cerca, y he de abrazar al tal primo. Eso es fuerza. Pues si es fuerza, ponte de tras, y al descuido, te daré la mano izquierda, llámale. Vencio el amor. Esto es prima, estar resuelta. En fin negociaste bien. Está loca de contenta. Mucho me huelgo. Tragola el señor nobio. Ya llegan. Ya os abra dicho Don Carlos. Los bracos son la respuesta de lo que Carlos me ha dicho. vengáis muy en hora buena. De Misacantano está aguardando, llega, y besa. Este abrazo fue por prima. Y este por esclava vuestra. No aguarda que se lo rueguen. Mirad que mi prima espera para besaros las manos. Perdonad señora Estela que Leonor tuvo la culpa. Y mi tío, como queda. Con salud, aunque la gota algunas veces le aprieta. No es muy galán nuestro primo? Parece que le requiebras, quieres que diga que sí? que lo haré, porque tú quieras, mas no porque le he mirado. Dame el pulso, estás enferma, sientes algo en ese pecho? duélete ya la cabeza? Jesús que calenturón, Por tu vida que estás buena, que no me ha muerto, Leonor, tan apriesa como piensas. Con la cabeza te dice, que te vayas, y que vuelvas. Pues voyme Fernando, a diós, dadme hasta después licencia. Carlos, esta es vuestra casa, mandad, disponed en ella. Debo yo mucho a Don Carlos. Tristán si ahora le cuenta lo del río, es acabado, si es, porque mi padre era tan servidor de esta casa, ay Tristán, si me entendiera. Aún no me acordaba de eso. Si es, porque estando en la Iglesia esto otro día, a un hidalgo que habló mal, en vuestra ausencia, le dije lo que sentía, fue respeto a vuestras prendas. No entiende más que una burra. Qué propio es, de la nobleza disimular, veis Fernando, que se está, haciendo de nuevas, porque si por él no fuera, ya no tuvierades prima. . Carlos se turba, y Leonor dice, que debe tanto a Carlos, mas que fuera, que Leonor fuera Casandra. Dejado por vida mía. Pues no es mejor, que mi primo sepa, y conozca la deuda, en que mi vida os esta. Si prima, porque agradezca, un beneficio tan grande. Vive el cielo que revienta, como si fuera una mina, que vuela una fortaleza. Digo pues. Decid, decid. Que por la verde ribera iva del río una tarde en mi coche bien ajena, del daño. Ya se la historia. Metio los dedos, y es fuerza echar, hasta las entrañas. Y se, que el coche sin riendas, se entró por el agua, y luego ( Ay desdicha cómo aquesta! que no le avísase antes! En los brazos casi muerta al prado os restituyo. Sin color la primavera, todo lo se, que las cosas que tocan a gentileza, antes de hacerse, se saben. y así por tan gran fineza, dadme los brazos, no os vais, de cólera el ama tiembla, . porque he menester mataros? Matarme! Sí. No lo creas, porque vive mucho un pobre, cuando de vivir le pesa. Venid prima a descansar, no se que me sienta Estela, de este abrazo. Que, no es bueno. Pues échate esa antipuerta, que quiero ver desde aquí, si fue cierta mi sospecha. Bien me ha parecido el primo, ruego a Dios, que por bien sea. Fuéronse ya? Ya se fueron. Con los hombres de mis prendas. no se usan en las honras tan viles estratagemas. Yo soy Don Carlos Olorio. Yo Don Fernando Centellas. Este patio no es campaña, ni esa calle es alameda. Pues por eso, quiero yo ir, a parte donde pueda, hablar con menos testigos. Pues seguidme. Ahora entra mi papel: adónde bueno? Como soy nuevo en Valencia, a Don Carlos le rogaba, me llevara, donde viera alguna cosa. Es temprano, porque aún estas con espuelas. Fáciles son de quitar. Es tarde, mi padre cierra, en anocheciendo Dios. Pues después. Qué después? al punto habéis de acostaros Carlos, aquella es la puerta de la calle, y por aquí se va, a vuestro cuarto, ea idos vos, y quedaos vos en mi casa: estáis Paciencia? Mañana. Ya entiendo. Adiós, es por aquí la escalera? Si primo. Pues vos delante. Yo tras vos, a, Carlos llega! Fuese? Sí, después te aguardó. Aténgome a esta pendencia. Ahora no puedo más, Dios te guarde. Noche, vuela.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Ines déjame conmigo de mí misma murmurar, déjame a solas llorar, pues lo que no alcanzo sigo. Ay Ines! , Pues, en que estado tienes, señora tu amor. En qué Carlos con Leonor, de palabra esta casado. Mi primo, aunque receloso, como este secreto ignora a Leonor sirve y adora, mi tío más riguroso. Sin prudencia ni razón la quiere casar con él, Leonor cásase cruel por su fuerte condición. Carlos duda se la den, aunque a su padre la pida, que es la pobreza encogida, y más en hombres de bien Y yo hay triste por no hablar con peligro de Leonor, muerta de envidia y amor de celos y de pesaar. Amo, adoro, busco, quiero, solícito, llamo, sigo, a un traidor, a un enemigo, por quien vivo, y por quien muero. Pues di, sabiendo Fernando todo el suceso del río, pretender, no es desvarío, lo que esta Carlos gozando. Él no sabe que lo goza, y ya sobre eso riñeron, y hallá se satisficieron, nunca (ay Dios) de Zaragoza viniera aqueste traidor. Sí, pero si mi señora a Carlos adora y quiere. Por fuerza su honesto amor ha de venir a lograrse. Qué importa, si Don Fernando, En Leonor está adorando! Todo cesa con casarse, ay Ines, pluguiera al cielo, aunque después me costase la vida, pero repara, en que en aquel entresuelo siento ruido. Muerta soy! Valga me Dios, que será. Dos hombres vienen acá. Tan desalumbrado voy,, que pienso que hemos errado. Qué? La escalera, Ya eso, fuera haber perdido el seso. Carlos es, y su criado. Mas no, que estela está aquí. Di, que nos escon dan presto. Qué es lo que he visto, qué es esto! No lo se, ni se de mí, solo se, que estando hablando con mi esposa, ay Dios, llegué, Supose, viose. No vio, porque corriendo, volando a otro cuarto, me pase, y una escalera que vi, de dos saltos la subí, y la mayor suerte fue, llegar aquí, mas por Dios, que no estoy seguro aquí, que los dos vienen allí, Pues entraos aquí los dos. Aparte quiero hablarte. Muerta vengo, color apenas en el rostro tengo. Si vio mi padre a Carlos, quedo quiero, ay esposo, hay amor, hay tristeza, si estará ya en la calle! Prima. Estela. Retírate allí un poco. Soy tu esclava. Mi turbación, con mi peligro lucha, Ay quien lo oyera. Ya yo estoy cansado, colérico, moino, y enfadado, Leonor, de vuestras cosas, Si te han dicho señor. Que han menester decirme, si esta puerta así mismo Leonor se desconcierta, hay espadas? Ay sangre? y hay heridas? quizá por vuestra causa recibidas. Que aunque entonces estéis vos en la cama, espadas a la puerta de una dama, son como tiro de arcabuz valiente, que el efecto que hace, no se siente donde se oye, si no donde para. Ya me entendéis, la consecuencia es clara, y he venido a entender, o me lo han dicho; quizá fue presunción, o fue capricho, que Carlos os festeja para esposa. Señor. No lo crey, porque es cosa que no lleva camino, y a ser cierta, no digo enparedada, si no muerta, os había de haber ese mozuelo antes, que se lograra su desuelo, con un pobre por Dios, gentil marido, Qué os dijo señor? No lo he creído, no me satisfagáis, pero quien duda, que pensaréis Leonor, que estas razones se encaminan a hacer, que con Fernando se concluya, el tratado casamiento, pues no Leonor? qué más dichoso aumento! el cielo os ha buscado. De qué tratan? Quién duda, que será de nuestra muerte. Mas nada puede oírse. Ay triste suerte! Reconciliando están. Y yo estoy loco. Tú no lo oiste? No. Ni yo tampoco. Haja, mirad Astolfo, a Estolfo digo, el Conde de Belflor. Y mi enemigo. Esta mañana me llamó, ara. A efecto de casarse. Es muy discreto. Y con quién quiere el Conde? Con vos quiere. Aquí del todo, mi esperanza muere, así lo dijo. y vos que respondistes. hay trágica ventura, ay ojos tristes. Que había de responder, si no que estaba llano, así de su gusto, y que ganaba mi calidad en ello, pues quería pasarla de merced; a Señoría. Verdad es, que Fernando ha de sentirse agraviarse, correrse, y desularse, pero no importa no, que mi provecho es primero que todo. Aquesto es hecho. Qué dices, querespondes, que mormuras, Señor, confusa estoy, si aquí confieso o dulce bien, que pierdo por ti el seso, mas que obligarte vengo, a perderte siendo instrumento de tu triste muerte. Pues consentir en la palabra dada, es tomar contra mí también la espada, mejor es, mejor es, yo me resuelvo a decir, aunque mienta, que a mi primo quiero, adoro, amo, respeto, y estimo, y así podré excusarme sin perderme, y más honestamente defenderme. digo señor. Qué dices? Que no puedo, aunque a sus amenazas tengo miedo dejarme de ofender de sus razones, pues ami costa tus palabras pones. Segura habla Leonor. Y de manera, que oirla no podemos. Ya me ha escrito. la respuesta? Pues hoy, la disculpa, verás, que mi amor no tiene culpa, en cuanto a lo de Carlos. Carlos dice. Me corro que pienses que mi brío ya mi gala, mi valor, y mi albedrío a un hombre se rindiese, que no vale, aunque su ser con su pobreza iguale para ser escudero de su casa. Oís aquello? El alma se me abrasa, perdona Carlos mío estos agravios, que aunque a la posta salen a los labios el amor que en escrúpulos repara, que miento, está diciéndome en la cara. En cuanto al casamiento que me dices, no es bien que del señor te escandalices! de que a mi primo quiera bien, que el trato siempre con el amor comio en un plato. Tú me dijiste, que a Fernando amase, porque un lazo de amor no enlazase, mirele bien, y consentí en el lazo. Por halla viene ahora el ramalazo. Yo le adoro en efecto, yo le adoro, perdona, si a tu ser pierdo el decoro, porque el amor cuando en la boca toca, es calentura, y salese a la boca. Cielos, yo soy la muerta, la agraviada. Y mi amo quédose en la posada? En fin Leonor, que a Don Fernando quires? Tú lo mandaste. Qué obediente que heres. Soy hechura tuya, en fin valiome el arte. Pues no Leonor, no tengo de forzarte! y pues dices, que a Fernando adoras, puesto, que nada con tu amor mejoras. luego te has de casar. Pues porque luego. Porque me cansan tantas dilaciones, fuera de eso Leonor, viendo os casada, cumplo también con la palabra dada, pues con decir, que a mi pesar se ha hecho, queda el Conde seguro y satisfecho, contento mi sobrino, y yo sin gusto, y vos quizá casada a vuestro gusto. Tal tenga la salud, quien mal me quiere, ya no hay remedio, que en mi mal espere, Carlos, difunta estoy. Y yo sin vida. Por Don Fernando voy. Tercio mi vida. Parece que os turbáis? Has te engañado, porque solo el respeto me ha turbado. Ven sobrina, porque quiero informarme de ti. Cielos, hoy muero. Sin alma vos, y Carlos prima mía, En mi alma se está, como solía, Y Fernando? En mi vida le he querido. Mira que dos mujeres Ya te he oído, ya un Carlos. Como Carlos. De esta suerte. Si escucho la sentencia de su muerte. Como escuchar, el alma se le abrasa. Ya rabio por salir de aquesta casa. Carlos, adiós. No vienes? . Ya te sigo. nes? Ciérrate de camino, ese postigo, y tu ponte a la puerta, Ines es hora? Ya pienso que se fue, salud ahora. Muerto salgo. Pues señor. No hay señor, viendo entre mí. Claro está, que hauréis oído mis locuras, mas también sabréis, el fin que me mueve. Si Leonor, todo lo sé, fuese ya el señor Don Pedro? Si Carlos, que ya se fue. Pues perdona, porque tengo cierto negocio que hacer, y no puedo detenerme; ven Tristán. Aparta Ines. Tan de priesa es el negocio? Importa hablar al Virrey sobre pretensiones mías. Bien está, consuelo halléis, pero no yendo os así. Pues cómo? cómo ha de ser? Diciéndome, dueño mío, Leonor, esposa, mujer, y aquellas cosas, que amando los hombres decir sabéis. Yo tengo, una ocupación luego, luego volveré, pero no tan mesurado con los ojos en los pies, El rostro descolorido, necio de puro cortés, cortes de puro enojado, y de enojado cruel. Pues en que, Tristán en que. En nada, vamos de aquí. No harás tal, que he de saber primero, porque te vas. Porque me voy, por querer, Eso no, que si culpando mi voluntad, y mi fe, por aborrecer será, pero yo sabré el porque aunque me cueste dar voces. Pues para que no las des por vida, No jures más. Tú ya Leonor, que esta vez no he de ser tan ignorante, que mi infamia, y tu desdén llegue a contarte yo mismo. Pues aparta, aparta Ines, ahora prueba a salir! Aunque te pese saldré, Pues por vida de los dos, que por aquí no ha de ser. Deja, déjame salir. Desenojado si haré. No ves, que jure tu vida. No ves, que las dos juré. No ves que juré primero, Y eso qué importa? Tened, que yo quiero concertaros, qué es lo que juraste? Qué? de no decírselo a ella. Pues vuélvete a la pared, y cuéntalo a esos damascos, así mismo amí, o a Ines, como si fuera a Leonor, y tú en oyendo el papel danos pany cabezuela, y así no vendrá a romper el juramento. No, dijo, pues óyeme tu cruel, traidora fácil mudable, que en efeto te adoré. Mucho fue con esta cara. Y si sabes que después. Esto guele a camusquina, De tu hermosura goce. Sería lampiño entonces. Cómo ingrata. Ines, Ines, ponte aquí, que juro a Dios, que aunque esto de burlas es, estoy rabiando por verme arrimado a esa pared, porque temo que mi amo según está Portugues, se engañe con mil demonios. Puesto que claros estén en los cerros de la venta, y me requiebre sin ver, que soy Sivila con barbas, y tan macho como él. Pues ponte tú en mi lugar Y cómo. Pasa Carlos adelante. Esto si por halla de el rayo. Ya yo te escucho, Digo pues, fácil mujer. Sabe Dios que no es verdad. Cómo no, si lo escuché decir de mí mil afrentas. Amor fue, que no desdén. Y decir, que a mi enemigo amabas, que puede ser. Entretener a mi padre. Y esperar a que con él por su parecer te case. Resolución suya fue. Y decirle tú que sí. Fue sí, pero no querer. Y querer que aguarde yo a que vuelva, y tu después, entre obediente y turbada, ya azucena, ya clavel. Des la mano a Don Fernando, que eso de darla, si bien consuelo es, del agraviado, pero en fin agravio es. Llegará tu padre airado, y Don Fernando con él; aquí está vuestro marido, tedirá con altivez. Y tu torciendo la manos vuelto en nieve el rosicler, muda torpe y encogida aunque adorando me estés. Por habelle dicho ya, que a tu primo quieres bien, ni responderás turbada, ni tendrás que responder. Quedándote como arrojo a quien el hielo tal vez embargó todo el aljófar, haciendo a medio correr, Que fuese plata labrada, y de teñido papel, lo que fue vidrio con voz, y carámbano con pies. Yo por fuerza, o por álagos, claro está, vendré a vencer tu padre, que es padre en fin, y yo desde aquel cancel, Muerto, celoso, y confuso, la sentencia escucharé de mi muerte, pues mi muerte estará llegando él. Y sin apelar, ay Dios, de esta rigurosa ley, de este que es inexcusable de esta pena, ire después A tribunal más piadoso a más favorable Juez, que mi propio corazón como el que abrasar se ve en las manos de tu afecto a mi corazón diré, arded corazón arded, que yo no os puedo valer. Ahora escucha. Gran mal, Cómo! Cómo viene! Quién! Nuestro fuego. estas contenta? Pues yo que he podido hacer. Ya traviesa el corredor. Vuelve, vuélvete a esconder. Que es esconder, vive el cielo. Eso es echarme a perder, y aún perderme para siempre. Ya pasa como un lebrel a estotro cuarto. Bien mío. Ya el sombrero se le ve, a priesa cuerpo de Cristo. No me harás esta merced? No Leonor. Ya se apropincua, tu temor te ha de perder. Que viene. Por dónde viene? Pero no, su primo y él, están hablando. Es verdad, Pero ya a mi parecer, o al parecer de mi miedo, llega como un Lucifer, ya nos ve, vamos deguella, que buen pulso de un reves, Ya pedimos confesión, ya llaman a Fray Miguel, a Fray Juan, a Fray Jerundio, ya doy el postrer vaiven, Ya me llevan entre dos, y de camino también, me espulgan las faldriqueras por si hay algo que barrer. Ya me desnuda una vieja, y con estopa y con pez galáfatea el postigo, que nunca el Sol quiso ver. Ya me llevan con antojos, y me tiran de los pies, ya me encajan como un galgo en la tumba de alquiler. Ya la Cruz de la parroquia, viene protestado, que no ha de esperar un instante, aunque lo mándase el Rey. Ya los clerigos empiezan, él no me le recordéis, yame levantan en hombros, ya encienden si hay que encender. Ya dan conmigo en la Iglesia, ya deslían el fardel, ya me bajan a lo fresco, ya me machucan la sien. Ya los amigos se van, porque es hora de comer, ya no hay Tristán en el mundo, y así por guardar la piel, y no andar en tales pasos, no dar que llorar Ines dejándola en mi lugar, y posteando al reves, me zambullo de cazapo por siempre jamás amén. Señora, ya se despiden amo del demonio ven. Carlos, por amor de mí. Por ti Leonor, que no haré. No ves ya que te lo pago con el alma. Yo entraré, pues quieres ir a morir, a callar, a agradecer, a sufrir, a reventar, y a decir Leonor también a los ojos que lo saben, y al corazón que lo ve, arded corazón, arded, que yo no os puedo valer. Hija. Señor, Ya tu primo se viste. Pues para qué? Para que le des la mano. Ya estoy de otro parecer. Qué dices. No te alborotes, dulce amor, ayudame. ya yo he pensado mejor, y aunque paresca mujer, esto de las señorias, tiene, tiene un no se que, que me ha brindado el deseo. Por ser tu gusto, y por ser aumento de nuestra casa, así como quiera es, veinte mil ducados tiene de renta. Luego ago bien? Cómo de ti se esperaba, loco estoy, abrazame, abrázame muchas veces. Que presto cayó en la red. Cómo niño le han pescado con figuras de papel. Deja, yo le voy hablar. Sí, pero aquesto ha de ser con prudencia, y con espacio, no piense que el interes nos obliga solamente, Ya te entiendo, dices bien, cueste, cuestele cuidado, yo se que ha de responder a tu gusto. Dios te guarde. Y a vuestra Señoria de la salud que se desea. Señoría, presto es. En profecia te llamo lo que después has de ser, loco de contento voy. Oh codiciosa vejez. Y dime, por ser tu padre, no me han de llamar también Señoría? Claro esta. Pues, ya pasé el Corredor De eso va, que menos pues, que ya estoy abochornado, dadme Señoría los pies. Estas ahora contento? Estoy como quien se ve resucitar de la muerte. No hay saber como querer. No hay querer como obligar. Pues esta en mi mano, ve, ve de presto, y traime aquí licencia, para poder desposarnos de secreto, que antes de una hora has de ser, Que Leonor. Que, mi marido. Pues pobre quieres quererme. pudiendo ser. Carlos ven, y no pases adelante. Solo esto has de agradecer. Con voluntad todo sobra porque es muy rico el placer. Y sin ella. Todo falta. Vivas mil años amén. (. Así Dios te guarde Estela, que no pude más conmigo. No salí. Y el Sol contigo. Pero ha salido muy tarde. Todo en amor es pusible, yo te quisiera querer, pero ya no puede ser, que es mi pasión invencible. Fernando, yo no te pido que me quieras. Pues que quieres. Qué procures si pudieres, porque te importa, te pido; el olvido de Leonor. Cómo puedo? Imaginando imperfecciones, que cuando llegó a pensar el amor, fealdades, ya está ahino, a no ser amor, y así por agradarte de mí, puedes también de camino pensar, que soy la mujer más bella del mundo, mira alaba, encarece, admira, aunque sea sin querer. La hermosura de mi boca; piensa, que en distancia breve. es cinta de grana y nieve la fuente cristal de roca. Ramilletes las mejillas, y de blanco azar mezclados, las cejas, arcos pintados, y las manos maravillas. Los ojos claros espejos donde el amor se retrata, la garganta tersa plata de cuyos blancos reflejos. Tiene envidia el Sol, así podrá Fernando, tu amor, lo que quitará Leonor darme de barato amí. Así, pues yo quiero hacerlo, desde aquí doy en amarte, mírote parte por parte. Qué dices de este cabello. Bueno esta; pero Leonor, cuando hace trenzas del pelo, no se toca para el cielo. Y eso es olvidar traidor! Así yo me enmendaré, de buena mano está el rizo, es postizo? Que es postizo. Perdona, que yo pensé, que eran trenzas levadizas, que aunque muchas las excusan, sabido que se usan hasta las barbas postizas. Lindas manos, Es jabón? y el pan de almendras lo hacen. Ellas hermosas se nacen, pues la hechura. Manos son, el guante los arrebola, y las conserva el calor. Prométote, que Leonor, aunque esté con agua sola, tiene las mejores manos. Basta ya, que ya me has muerto, no quiero más, de con cierto, mis pensamientos son vanos. Mas viven los santos cielos, que pues en celos me abraso que has de pasar lo que paso, y has de abrasarte de celos. Vive Dios, que has de saber, Leonor, perdone, y tu amor, que Carlos goza a Leonor. No es gonzar de una mujer hacer de su amor empleo, y amar, lo que todos aman cortesmente, que esto llaman en la Corte, galanteo. Yo no se la propiedad de ese vocablo discreto, pero solo te prometo, y esto con toda verdad, que Carlos. Di lo demás. Suele hablar, escucha atento con Leonor en su aposento, y de noche. Dónde vas? A preguntar a Leonor, porque sabe tu deseo, si es aquesto galanteo. No es sino infamia y rigor. Pues mira con más nobleza, Fernando como te casas, porque hay casos en las casas, que salen a la cabeza. sea Mírase herido un hombre, y porque la herida más oculta diligente, un paño blanco pone a la corriente para que en él se empape, y no se vea, pero la sangre que salir desea la viene a descubrir más claramente, porque el calor secreto no consiente, y la sangre lo blanco señorea viendo que estoy herido de esta suerte para tapar Estela tanto daño, desengaños les pone a mis recelos, pero decid, a cielo, que es engaño, que si es la herida amor, y el paño es celos, mas se ha de ver la sangre con el paño. Muy presto habemos venido. De tu amor tu priesa nace. No importa, que escuro hace. Ya estarás arrepentido de haber dado a Leonor aquel disgusto. Tristán, licencia los celos dan, que es colérico el amor, mas ya cesó mi sospecha, pues el estar desposados me evita de los cuidados, has la seña. Ya esta hecha, y en la ventana está Ines. Pues pregunta si hay lugar, de entrar. Voilo a preguntar. Es Tristán? El mismo es. Y tu señor? Allí aguarda, y tu señora? Ya viene, que cuidadoso lo tiene. La voluntad nunca tarda, dile a tu señor que venga, que ya está su esposa aquí. Es mi esposa? Carlos sí, que es bien, que este nombre tenga, quien a tanto se atrevido. Es hora? Temprano es, mas no importa, ve tú Ines, y mira, si esta adormido mi padre. Yo lo sabré. Tu señor espera abajo, que ya bajo, Ese trabajo, pondré a cuenta de mi fe, como si fuera tristan aquesta la vez primera que sus brazos merecí. Estoy loco por galán, y marido, a rondar tengo, a Leonor digo, a mi esposa, ella es noble, y es hermosa, bastante disculpa tengo, fuera de aquesto ha sido mas mi amoroso cuidado, pues basta haberlo intentado. para haberlo conseguido. Qué dices? Que siento gente. Válgame Dios, que será, si es la justicia que va buscando algún delincuente, si es Fernando, que por dicha, no se había recogido. Hacia aquella parte hay ruido, ello ha sido mi desdicha. Apartémonos, pues vienen, que no nos topen aquí. Pues qué haremos. Ven tras mí, hasta esotra calleven, daremos lugar con esto. para que adelante pase, quien fuere. Y si Qué? Voy presto. Por Dios que lo han hecho bien. Cómo sí! Como si fueron; braba gallina comieron. Bien podéis entrar mi bien que ya esta la cala escura. Oyes aquello? Por Dios, que esperaban a los dos, linda ocasión, gran ventura, que yo soy, quiero fingir, Ella llama, bien harás y así el misterio sabrás, Pues mientras vuelvo a salir, retírate de esa gente, y desde luego podrás esperarme. Bueno vas. La ocasión me hace valiente. Buenas nuevas. Cómo así? O se fueron, o pasaron. Por que la calle dejaron? bien hice en irme de aquí. A la puerta hay ruido, llamo, que digo moza, hola Ines. Diga su nombre, quién es. ̱ Tristán soy. d Pues con tu amo, no pudiste entrar ahora! No pude, que mi señor aún no ha entrado, Buen humor gastas, si con mi señora va Carlos por la escalera. Engaño, o desdicha fue, mujer, qué dices! No sé. Qué te alborota y altera? Señor, gran mal, ay de mí, un hombre. Acaba. Llegó, cuando mi señora abrio, Y adentro entró? Señor sí. Pues qué aguardo, muerto voy. Advierte. Nadie me hable. Brava desdicha. Notable. Muerto voy, sin alma vos. Ya Carlos mío podréis descansar, y descubriros, ya no es posible sentiros, mi padre, como sabéis, quedó acostado, mi primo también, en su cuarto esta, nadie ofender os podrá, y fuera de esto, yo estimo tanto, señor vuestra vida, que la mirara, y guardara con los ojos de mi cara, antes que verla ofendida. No habéis hablado señor, pues porque tanto rigor siendo yo la que debiera estar quejosa, mis ojos ( no tratéis, no de agraviarme o por mi fe de enojarme. . mas son antojos, ay de mí! o siento ruido a la puerta. . Detén el paso veloz. Abre Leonor, Esta voz es de Carlos, yo estoy muerta, hombre, quién heres? que has hechor Carlos soy, tu esposo soy. Qué aguardas? difunta estoy. Abre, o pasareme el pecho, que te detienes. Qué haré? Abre, o en tantos enojos con el fuego de mis ojos la madera abrasaré. Hombre déjame. Eso no. Carlos, no puedo, aunque quiera Pues será de esta manera. , , l El postigo derribó, en gran peligro me veo. Señor. . Quién es aquel hombre? Escúchame, y no te asombre. Yo lo creo. Baje señor, baje querido esposo, si bien con pie medroso, y con alma turbada, llevándome la luz esa criada guiaba hacia la puerta, antes pluguiera Dios me hallara muerta, llegue al lumbral, y con silencio grave al hueco de la llave buscaba cada mano por la posta, y en la priesa se ofusca, en fin halla la mano lo que busca, la llave aplicó entre las sombras pardas, tuerzo el muelle, y las guardas, tiró hacía mí la puerta, para ti mi señor, para ti habierta, y aque hombre embozado, que atreviéndóseme, se pone al lado, y yo con noble amor, con fe inocente, con alma diligente, con afecto vencido, con una viva fe, y atento oído, y con silencio atento, blanda le alago, tímida le siento, el con engaño, falsamente mudo, hecha la capa escudo, el sombrero en la frente, y arrojada la vista al occidente, callando, me acaricia, que le quitó la lengua otra codicia, con ambas manos las basquiñas prendo por no hacer tanto estruendo, que el ruido de las sayas, aunque blando, cuando van sin chapines arrastrando, parece que al crujir la vordadura o pública el delito, o le murmura, llegó a mi cuarto tropezando, y luego dejó el fingido fuego; la luz apartó a un lado, que no busca la luz amor hurtado, y segura del hecho, a sus brazos me arrimo, y no a su pecho: milagro fue señor, yo lo confieso no hacer algún exceso, pasando como loca si quiera de los brazos a la boca, que no habiendo embarazos nunca el amor se contentó con brazos, pero viéndole, ay cielos (en mi mengua) no despegar la lengua, presumiendo cobarde, que aún duraban los celos de esta tarde, culpando tus enojos guardé los brazos, y riñí los ojos, estando pues mis inculpables labios feriando desagravios, por amorosos truecos escucho de tu voz los tiernos ecos, tan tiernos, que los bronces vestir pudieran de dolor entonces, en tanta confusión, en pena tanta un ñudo a la garganta, el fracaso me puso que toda me turbé, y no está en uso, en tales ocasiones permitir a los miembros las acciones, los pies turbados, a la tierra asidos, los brazos descaidos, fatigado el aliento cuajado el nácar, fallecido el siento, a mi misma pregunta plaza pase conmigo de difunta, como suele la oveja, a quien el lobo por trato doble robo, prendió en sangrienta lucha cuando los silbos del pastor escucha, así yo que te hoía lloraba por seguirte, y no podía, asido de mis manos temerosas rigurosas esposas con las tuyas me pone tanto su ciego error le descompone, hasta que tu resuelto la puerta arrancas en su polvo envuelto. Esto es señor lo que hasta aquí ha pasado asomos de pecado, si escrúpulos de culpa si rastros de delicto en mi disculpa hallas, rompeme el pecho si ya con el dolor no está deshecho, baña señor de púrpura caliente este pecho inocente, y esta vida que espira, rompe, acómete, pasa, yere, tira, a mi marivo eres, o me castiga, o haz lo que quifieres. le castiga, o hazl Llevanta Leonor del suelo, y tu cualquiera que seas) que en mi deshonor te empleas, tente de ese fereruelo. Pide al cielo, que del cielo bajen al lados querubes, que te lleven por las nubes hasta el undecimo muro que de mí no estas seguro, si a los cielos no te subes, habla, o si no sin saber tu calidad, de tu vida será bárbaro homicida. Ya es forzoso el responder, mas con industria ha de ser, no es carlos tener honor aventurar el amor de la dama, Así lo entiendo, mas que pretendes. Pretendo, que no le pierda Leonor con cualquier suceso así es cierto que le aveotura, no siendo aquí está segura. Este es el Conde, ay de mí. Dices bien. Pues ven tras mí, que mis criados están allá fuera, y te darán la muerte. Carlos advierte, que está mi vida, o mi muerte, en tus manos. Tu Tristán, con Leonor puedes quedarte. Yo no he de quedar aquí, morir tengo junto a ti, El triunfo salio de Marte. Vienes. Ya voy a matarte. Espera señor amigo. Tu defiendes mi enemigo? No sino a tu vida, ay cielos! No temas, porque mis celos son muchos, y van conmigo. o

JORNADA TERCERA

jornada tercera Vuelvo otra vez a abrazarte, pues Tristán, cómo te aído? Muy bien, aunque mal comido. Solo tu amor fuera parte para darme tan buen día. Bien malos los tuve allá. Dime, dime, como está mi Leonor, el alma mía, mi esposa, y todo mi bien? Con salud, aunque muy triste. Que la hablaste, que la viste? Con los ojos. Que más bien, véndeme Tristán los ojos. pues con ellos la miraste dame la luz que gozaste. Fanores me dio, no a manojos, así de comer me diera, que vengo medio difunto, Cuéntame punto, por punto, como llegaste a su esfera. Pues escucha, yo llegué a Valencia. Qué valor. Cuál tu criado señor, y al momento me informé de tu pleito, y de su estado, y supe como el Virrey muy preciado de la ley a pregones te hallamado, y seis mil escudos de oro promete, que disparate, a quien te prenda, o te mate. Porque. Porque sin decoro, con ventaja, y a traición mataste al Conde. Es mentira, que más, que mi propia ira, le mató su sin razón, mas dime, como se sabe tan cierto, que le maté, si nadie lo vio. No sé, pero como es hombre grave, hay testigos, yo lo vi, que en favor del muerto Conde, dice, el como, cuando, y donde, y lo vio, como el Sosí. Dime su hermano Ruger, aprieta. Linda recera, quien hereda, nunca aprieta, sino es por bien parecer, pero volviendo a tu esposa que es materia de más gusto, va de cuento, y va de gusto. Ya escucha el alma gozosa. Llegué de noches, llamé. Y dime (sospecha fuerte) abrieron sin conocerte. Media hora porfíe apique de algún desastre, y al cabo no merecí si quiera; aún quien está hay, que suele decirse a un sastre. Pues qué de sastre temías? Ciertos mozos cascabeles, que sonando los broqueles mirando a las celogías, daban vueltas a la puerta con músicas, y rumor. Y asomábase Leonor. Como si estuviera muerta. Dios te lo pague Tristán que me has vuelto al cuerpo el alma, Los dos merecéis la palma de la firme, y lo galán, en fin tantos golpes di que Ines un postigo abrio y en la voz me conocío, bajó, abriome, entre, y la vi. Y Leonor alborotada arrojando la lavor bajó al postrer corredor, preguntándome turbada por tu salud, a quien yo respondí, y en esto calló, suspiró, lloró, y contome que había muerto su padre. Desdicha ha sido que en ausencia del marido, a donde el daño es tan cierto sirve de marido un padre. Leonor, que aunque es mujer, no es mujer, sino cara la comadre. Está pobre. Aquesto dices sabiendo que pleitos tiene. y que quien los tiene viene, a vender muebles, raices, plata, hacienda, opa, y trastos, para gastos de justicia, que aunque es virtud, su malicia siempre llega a tener gastos, no le ha quedado una joya y en lo que yo confirmé su grande pobreza fue, que con aquesto se apoya en que saliéndome grato aquella noche acostar, Ines me salió a alumbrer con candil de garabato, que es una alaja tan vil en una casa de honor, que no se cuál es peor una suegra, o un cantil, pues en lo que toca a dientes, sin duda que debe haber, precepto de no comer en aquella casa esqueta, porque a na sie vi tratar de pidir manducación, y tanto, que un sabañón que me solía abrasar, tan cortes, y honrado fue en ayunar, como yo, que aún de burlas, no comio mientras allá tuve el pie. No es burla, un frisón grosero solo de estar por su mal dos horas en el portal salió caballo ligero. Y un mastín entró, esto es más, más pesado, que un hidalgo, y otro día salió galgo. Siempre de burlas estás. En fin, yo me despidí, y este medio en que te avisa que te vayas muy aprisa a Castilla, porque así mientras el pleito se enfría seguro puedas estar, y mañana he de llevar la respuesta. Hay honra mía mucho tenéis que argüir sobre mis dañosos celos, mis dudas, y desconsuelos, pues como yo he de partir sin ver primero a Leonor, y examinar con los ojos mis celos, o mis antojos, eso no civil temor, casta Leonor, y mujer sola, hermosa, y celebrada, querida, y necesitada, bien puede, bien puede ser, mas yo he de verla, aunque sea mi fiscal, y mi omicida, Qué dices. Que está mi vida en que con Leonor me vea? antes que otra cosa intente. Señor. Aquesto es amor, yo he de verme con Leonor, por ver si tu lengua miente en lo que de ella asegura. Advierte. Tú no digiste qué fuiste? pues si tu fuiste por hacer la noche oscura, también yo podré. No puedes, porque te buscan a ti, y no a mí. Yo iré sin mí. Lengua tienen las paredes. Luego han de topar conmigo vive Dios, que la he de ver, luego me han de conocer. Sí, que es fuerte tu enemigo. Vamos, que todos son pocos. Pues donde, de esta manera. A mi casa. Mejor fuera a la casa de los locos. Vuelve a esperar a Tristán, que yo entretanto a estas flores, a quien del sol los rigores la luz usurpando van. Quiero reñir su locura pues tanto se me parecen en las mudanzas que ofrecen. Dios te guarde, que hermosura. De que sirve, decid hacer alarde, flores de vuestros vanos resplandores, si cuando el sol recuerda nacen flores, y no son a la sombra de la tarde. Ayer aquella flor me noscobarde, en copa de rubies, bebió albores, y lasón de vergüenza sus colores, caida presto, aunque nacida tarde. Hoy muere al fin, aún antes de nacida, y ayer del campo fue purpúrea estrella, en sus nácares mismos encendida. Ayer se veneró, ya se atropella, flor es la dicha, flor, y flor le vida, miradme a mí, y escarmentad en ella. Si no lo tienes por pena, Estela, y Fernando, advierte entran ya. Qué mayor suerte; vengan muy en hora buena, que les debo mil favores en ocasión tan urgente. Luego ya Fernando, Tente; tente Ines, si no es que ignores, que ya para mí ha trocado la voluntad, en desdén, y que a Estela quiere bien de su hermosura obligado, y dé verme con marido, que es la más fuerte razón. El cumplio su obligación, Y Estela lo ha merecido, Solo ha merecido Estela que paguéis su grande amor, Primo Fernando. Leonor. Algo tiene de cautela, cogerme mal prevenida. Yo perdono la merienda. Cómo te va con la prenda. Cómo quien la halló perdida, que hay dé Carlos. Salud tiene. Y de pleitos. Tiene amigos, aunque hay algunos testigos, que Don Rugero previene, que juran lo que no vieron, porque sola yo, lo vi, A no renovar en ti desdichas que sucedieron de aquella noche infelice, te rogara las contaras. Mandándómelo me honráis, que aunque el dolor que se dice renueva, ofenda, y altere la llaga, también se yo que mueve a quien te escuchó, ello fue d esta manera. e ho el dolor que se dice Como celoso toro, que en el prado, verde palestra, de coral teñida, al advertido silbo enamorado, peinando el suelo con la mano herida, y en viéndole parece que herizado, le vuelve la más parte de la vida, metiendo mano cada cual valiente, a las dos medias lunas de la frente. Carlos así de su valor vestido, Carlos así de furor armado, Carlos así de su nobleza asido, Carlos así de su pasión buscado, Carlos así celoso, y ofendido, contra el Conde se vuelve tan airado, que le pronosticó su eterno sueño, antes que con la espada con el ceño. Saca el Conde las uñas, Carlos fuerte, tanto con el intrépido se junta, que por el pecho le escondio la muerte, y por la espalda le sacó la punta: el alma, luego que el succeso advierte, desamparó la forma ya difunta, que como al tiempo de mudar de puesto, halló dos puertas más, salió más presto. Allegan los criados, y cual rayo de las nuves aborto mal parido, encubierto los sigue, y a un lacayo quita el caballo al Conde prevenido en el fuerte animal de color bayo, y de manos y pies tan sacudido, que cuando con la cólera relincha, mide lo que hay del suelo hasta la cincha. Sube gallardo en él, y a mí se viene, diciendo, mi Leonor, mi luz mi vida, hoy mi adveria fortuna (porque tiene tanto de adversa) ay Dios como demía, loca, mudable, bárbara perenne, me aparta de tu dulce compañía, y a Dios Leonor, mil veces repitiendo, flecha de plumas, pareció corriendo. Con dos remos por banda la galera, desfogoso animal, tan alta sube, que pareció codicia de otra asfera, o antojo de beber de alguna nube, porque la tierra, olvida de manera, o me lo pareció, según estuve, que a ser visible el aire, mas de un clavo se viera, impreso en el cenitoctabo. Como suele quedar la flor doncella, hija de Adonis, cuando el viento airado con Diáfano, acero la deguella por la garganta, de su pie delgado, o cual mustió clavel, que se querelía del Sol, que las entrañas le abrasado, y agonizando con la fiebre loco, viene a morir quizá, de verme poco. Así quedé llorando lo que ahora, con lágrimas repito desatadas, no como alguna, que el melindre llora, aún enjutas primero, que lloradas, a la noche, a la tarde, y al aurora, aquellas glorias, por mi mal pasadas, lloran mis ojos con eterno llanto, que tanto ha de llorar, quien pierde tanto. Porque en llegando (ay Dios a mi despecho) a imaginar cuando la noche calma, que ha de sobrarme la mitad del lecho, y ha de faltarme la mitad del alma a no acordarme de que Dios lo ha hecho, y no temer la perdición del alma, yo misma para ejemplo de las gentes, me hubiera hecho pedazos con los dientes, Mas esperando que mi suerte esquiva, saqué una vez en mi favor la espada, sola, necesitada, muerta, viva, melancólica, triste, y desdichada, afligida, llorosa, compasiva, pobre, constante, guerfana, y honrada, guardó la vida, porque Carlos tenga con quien partir la suya cuando venga. Vivas Leonor muchos años, que con la vida se alcanza do. Sola esa esperanza es alivio de mis daños, mas ya el sereno nos dice que a la sala nos entremos. Todos tu luz seguiremos. Fuera de eso, aunque infelice aguardo cierto galán. Galán. Si por vida mía. Es Carlos. Cómo podría. Pues quién, por mi amor? Tristán, que como él no es conocido la hotra noche estuvo aquí. Esperales ahora. Sí. Huélgome de haber venido en tan gustosa ocasión: Pues entrad, y cenaréis, con tal, que me perdonéis. Buenos tus cuidados son. Antes no os convido a nada, que os doy lo que me imbiáis, vosotros sois quien me honráis, y yo soy la convidada. Qué discreta. Qué cortés. No hay Fernando dicha hermosa. Ser hermosa, es ser dichosa. Adelántate tú Ines. Advierte. Ya es por demás. La soga llevas tras ti. A verla, he de ir así. Mira que a tu muerte vas, a quien te mate, o te prenda, da el Virrey seis mil ducados, con que infinitos soldados de estos que toda su hacienda llevará una hormiga empeso, andan locos a buscarte por prenderte, o por matarte. Yo confieso, que es exceso, pero yo tengo de ver si hace un milagro el amor. Milagros, pides, que error. Porque. Porque puede ser que pare en tu detrimento. Mi mal no puede aunque quiera ser más. Si puede. Es quimera. Oye a propósito un cuento, enfermo un hombre de un ojo, y tanto su mal crecio que de aquel ojo cegó. sino lo has por enojo con el ojo, que de nones, le vino a quedar, pasaba y via lo que bastaba, sin curas, aguas, ni unciones. Mas como uno le dijese que si su vista desea al Cristo de Zalamea, devoto, y cóntrito fuese, donde por diversos modos, el cojo, el ciego, el mezquino con el aceite divino de todo mal sanan todos. Él al punto se partió con fin de desentuertar alsoberano lugar y a penas en el entró, cuando a la lámpara parte, y tanto el aceite agota que entrambos ojos se frota por una, y por otra parte, El ojo que bueno estaba con el contrario licor, sintió tan fuerte dolor que del casco se saltaba. Y en fin sin remedio alguno hubo de venir a estado, que de allí a un rato el cuitado ya no via de ninguno. Al Cristo entonces se fue arentando como pudo, y a sus pies muy amenudo con más cólera, que Fe, a grandes voces decía, Señor, a quien me consagro ya no pido yo milagro sino el que me tenía. cesó el dolor, y al momento contento de hallar su ojo, se volvió sin más antojo del milagro aplica el cuenro. Qué importa, si me traspasa el alma, aún con más dolor que la muerte. Qué, señor? Que las cosas de mi casa. Mi señora es tan honrada que más no lo puede ser. Sí, pero en fin es mujer, y mujer necesitada. Muchas en el mundo ha habido a quien nombre el tiempo da de firmes. Eso será siendo dichoso el marido. La que es buena, por si es buena, sin otra solicitud, porque la propia virtud no está en la dicha ajena. Estando en el arco asida porque una cuerda se parte. Porque tirada sin arte si pasan de la medida, a donde llegó la cuerda por fuerza se ha de romper. Eso vendrá a suceder con Leonor, Leonor es cuerda, pero viéndose apretada de tanto necio galán, y sobre todo Tristán, estando necesitada rendida a injustos abrazos, podrá decir, cuerda fui, tiraron mucho, y así fue fuerza hacerme pedazos. Y cuando fuese verdad, tú, que has de hacer? Que, matarle, consumilla, y abrasarla. No estando tú en la Ciudad y siendo Leonor discreta, como has de poder saber si te pudo, o no ofender. No hay cosa Tristán secreta. Quién ama, y honrada fue aún no se fía de sí, No tiene vecinos? Sí. Pues yo se que lo sabré, que hay hombre que se entretiene en ser perpetuo veedor, y para hacerlo mejor su libro de casa tiene, donde el que quiere saber si el vecino entró, o falio, si la música se dio, si se asomó la mujer lo verá tan puntual, como fue la presunción, y con su cuenta, y razón. hojas tantas, noche tal. Ven. si lo quieres saber del vecí no coronista. , h, En fin el galán no vino, Por llevarte más presente he consentido Leonor que pases del corredor. Esta es la calle, mas tente, que hay dos achas a la puerta. Dos achas, agüero ha sido. Que. Estar ya mi honra muerta de enfermedad de algún yerro, y enterrarla en oro, o cobre, porque a la puerta de un pobre, nunca hay hachas sin entierro. Que entierro, o que frenesí, no ves a Estela, y Fernando estar con Leonor hablando. Pues escucha desde aqí. Carlos ha sido dichoso en topar con tal mujer. Como no venga a caer, porque aunque adore a su Esposo como son los pareceres vanos, puede su belleza cansarle de su probreca, que hay Claudió muchas mujeres, que son a más no poder, haciendo una liviandad, malas por necesidad, y no por quererlo ser. Oyes esto? Muerto estoy. Advierte señor, que es tarde. Pues adiós. El cielo os guarde. Hola el coche, Qué te parece Tristán. Que ha sido, tu flema mucha. Di mi pasión, más escucha que allí una música dan. Pues qué importa que la den, no será mejor llamar, ver a Leonor, y cenar? No es mejor, ni aún me está bien hay necesidad infame . a cuantos honrados fuerzas a que por amor de ti hagan mil cosas mal hechas. Ay honor y como creo que habéis de volverme loco, cuanto escucho, cuanto veo, parece que en profecia como si me conociera, me anuncia con voz severa la triste deshonra mía, y por mi mujer infame, o mal haya el inventor de este género de amor, si honor es bien que se llame, cosa que no está en mi mano y estriva en ajena culpa lo que en el marido culpa, algún político humano que como por Sacramento son el hombre y la mujer una cama, una alma, un ser, una vida, y un aliento, el agravio se reparte según a la calidad, y como por vecindad le alcanza al hombre su parte pues como mi honor manchado pudiéndolo impedir no Leonor, yo he de morir, y he de morir por honrado, vive Dios Leonor hermosa que no has de ofender tu honor por ser pobre, y que mi amor ha de hacer por ti una cosa, que a poner venga en olvido cuantos triunfos generosos para afectos amorosos hayan los hombres tenido, a Dios Tristán. A dónde vas. Esto en el amor es ley, a verme con el Virrey. Jesús que perdido estás, al Virrey, escupe luego. Quédate, y dise a Leonor, que voy a morir de amor como fénix en el fuego, y en mi nombre le darás este abrazo. Escucha, espera. No soy hombre, que soy fiera. Pues dime ya que te vas, a que vas, para que entienda el exceso de tu amor. A dejar ricaja Leonor porque después no me ofenda. Esta que firmaste ahora es para su Majestad. Pues luego la trasadas. Está errada. Quién ignora que vida con y, se escriba, no secretario conb. Yerro de la pluma fue, que no mío. Quién recibe una carta mal escrita, no sabe si fue ignorancia, y aunque al fin no es de importancia ni al dueño desacredita, es Celio cosa tan justa hablar siempre con verdad en todo a su Majestad, que aún el alma se disgusta de esa breve niñería, y así volvedla a escribir porque aún no se ha de mentir, al Rey en la ortografía Para el Marqués tu sobrino es esta. Hay más qué firmar? Bien te puedes acostar. Ay, tan grande desatino, sin duda que loco viene. Qué es eso. Un hombre que ha dado, en que aunque estes acostado te ha de hablar. Qué traza tiene. A un no le he visto la cara. Pues decidle que entre. Entrad. Ello es gran temeridad, pero el honor no repara en nada. Decidle que hable pues está ya en mi presencia. Solo quiero a Vueselenco Solo, succeso notable, mas un hombre como yo que jamás conoció el miedo de que dudo, solo quedo, id os todos. Ya cerró? Ya está cerrada la puerta a solas estás conmigo, que dices ahora. Digo, bien mi muerte se concierta, que me has de dar gran señor palabra sin agraviarme sea quien fuere de escucharme. Si doy, habla. Qué valor, yo soy Don Carlos Osorio. Qué dices. Escucha ahora supremo señor, la acción más nueva, más prodigiosa, que en los añales del tiempo han escrito sus historias. Yo maté al Conde, es verdad, mas fue porque con mi esposa. lo hallé una, noche fingiendo. en la voz, y en la persona. que era yo, para gozar, fiado en sus negras sombras, sino en todo, alguna parte del aliento de su boca, y cuando fuera mi dama. viéndole con ella sola, hiciera también lo mismo, que en mi opinión no se forma; el duelo de aqueste agravio, porque la mujer se nombra propia, si no porque siendo dueño suyo el que la goza, atreverse a enamorarla es despreciar su persona, y no tenerle respecto, sea, o no la mujer propia, que las ofensas del duelo también al alma le tocan, temeroso de las baras que en cualquiera parte sobran deje animoso a Valencia, y huyendo de mil pistolas me fui a un monte tan preñado de los pinares que aborta, que sus torcidas raices que por la tierra se asoman, riñendo sobre el lugar se pisaban unas, a otras. Allí entre piadosos riscos de cantuesos, y amapolas, tan cerca habitan del cielo que los llantos de la aurora, en brazos de nácar son primero que el mundo un hora. Por este verde edificio. discurriendo en mis congojas, entre dos peñas hallé formada una parda alcoba, que a mi parecer sería. si el desaliño, se nota, o, de algún satiro albergue, o, de algunos brutos choza. Entramos yo, y un criado que en mis aflicciones todas, me ha acompañado leal, y mirando a la redonda aquel hospedaje oscuro mil aberturas, y bocas descubrimos tan confusas, que en su fábrica arenosa, aún yo no me hallaba allí muchas veces sin antorcha, con esto me aseguré de la molestia enojosa, que mis temores me daban, y puesto que es celda angosta en uno de aquellos tanchos. de árboles, pellejos, y ojas. hice cama, a donde estuve. cercado de peñas toscas. diez meses, y más tres días con el fuego, y con la honda, matando para comer, ya la llebre corredora, y ya el tímido gazapo que entre las matas se embosca. Y estando mirando un día recrearse una paloma, que su consorte marido cuando el sol los campos borda, con mil géneros de arullos el pico daba amorosa. Vi que un gabilan hambriento con agudas alas corta el aire, desde una encina, y estando más cerca, roba, de los dos, el triste esposo, llevándole entre las corbas unas, al árbol primero, donde con furia rabiosa se le comio sin trinchante llena de plumas la boca. Y volviendo a la viuda vi, que afligida, y llorosa, dando vueltas, y escarbando con los pies la verde alfombra, parece que a su fortuna se quejaba afectuosa, que en el más torpe animal tiene el amor ceremonias. Era entre todas señor si bien de una especie todas, esta, más blanca de plumas, y más Jarifa de pompa, por la cual otros amantes contentos de verla sola, en vez de pésame y luto la cercan, y la enamoran: cual una pluma le quita, cual la alaga, y la retoza, cual galán, la cantonea, cual la arrulla, y cual la ronda, y cual los granos de trigo la lleva para que coma, que hay también aves discretas, y saben, que dar importa, en fin aunque se defiende, y aunque la pena le ahoga, la necesidad le oblga tanto este monstro ocasiona, a que el tálamo de plumas pise de otro amante novia, esto vi señor un día, y revolviendo en mis cosas confuso, y turbado dije a mi conarde memoria, Leonor es mujer, y pobre, muy querida, y muy hermosa, el mundo, fuerte enemigo, auiente yo, y ella sola, pues que se yo, si Leonor hace como la paloma, y da lugar en el nido a quien el grano le arroja, con aquestos pensamientos, el alma truje tan loca, que tirar piedras podía a los sentidos que informa. Despaché luego un criado a Valencia por la posta, el cual me refiere, a cielos de mi Leonor, de mi esposa. Necesidades tan grandes y finezas tan honrosas, que al paso que me regalan el corazón me apasionan, y después de mil discursos, viendo que la tenebrosa noche, me ayuda en el traje, que miráis? entro a deshora, resuelto a satisfacer, aunque a morir me disponga, de mis dudas, y recelos, la conciencia escrupulosa. y estando en mi calle un rato por ver si alguno alborota mi casa, cuanto escuché fue anunciarme mi deshonra, y encareer a Leonor, añadiendo, que aunque ahora es una peña, un diamante, un riscó, un monte, una roca, la vencera andando el tiempo según de fuerte blasona la necesidad infame, que no hay virtud que no rompa, y así viendo que mi vida, ni me sirve, ni me importa, pues no es vida, bien mirando vida con tantas zozobras. Y acordándome que tú a quien me mate, o me coja, ofreces seis mil ducados, intento hoy, notable cosa, entregarme yo a mí mismo para ganar de esta forma, a costa de una garganta lo que Valencia pregona, y porque Leonor si quiera con esta ayuda de costa, se libre de los peligros que en profecias le acosan. Mira señor, si el honor que me anima, y me provoca, es bien nacido, y merece bronce, y mármol, pues se arroja, como Gentil, a la muerte que ya me espera por horas. Yo me prendo, yo me mato, yo me sirvo de ponzoña, yo me traigo al sacrificio, yo doy la leña, y a aroma. Yo me vendo como esclavo, yo pongo al cuello la loga, yo soy mi verdugo, yo, que cuando el honor se enoja, contra sí mismo se vuelve como irritada pelota, cúbrame los pies de yerro, la cárcel sus lanzas rompa la justicia, que enojada contra mí se muestra sorda, brote Fiscales el lloro que mi inocencia proponga. Salga de madre el poder, de voces la envidia ronca, escríbanse contra mí más delictos, y más hojas, que tiene este maar salado, de arenas, peces y conchas, que aunque se, que de esta suerte voy muriendo por la posta, y ha de matar a Leonor tragedia tan lastimosa, mas quiero morir, que oir su pobreza, y mi deshonra, su riesgo, y mis amenazas, su desdicha, y mis congojas, que para un hombre de bien, que hace estimación heroica de la honra que profesa, no hay vida como la honra, Envidioso me ha dejado, porque en fábulas, ni historias, no he visto resolución tan honrada, y tan briosa. Qué responde vuestra Alteza, Que soy Sandobal, y Rojas, y se estimar la Nobleza, esperá un poco, hola, hola, Señor. Qué es aquesto. Daré voces cómo loca? Mi Leonor, Pues cómo ingrato es posible, que mal logras una vida, que es tan mía por una acción, que es impropia del ser humano, que tigre manchado a trechos, que onza pintada de moscas negras, o de color parda, y roja, hubiera sido consiigo tan fiera, y tan rigurosa. Que me importa la riqueza que can tu muerte me compras, sino puede aprovecharme, porque apenas en las losas tu cabeza destroncada verá el alma que te adora. Cuando con el mismo acero porque parezca lisonja, me abrire el pecho, yo misma, y de su esfera amorosa, tan vivo te sacaré en brazos de mi memoria, que pueda otra vez prenderte la justicia cabilosa, es puble que me matas. Ay Leonor, hay dulce esposa con esto muero contento, llega, admite, pide, y cobra, en mis brazos la disculpa. Hoy, aunque en palabras pocas verá el mundo, que compite con la afición amorosa de Carlos, mi gran piedad, eszuchad todos ahora. Leonor, oye. Trance fuerte. Corlos, por ser tan notoria la muerte del Conde Astolfo, porque le halló con su esposa confiesa que le mató. Es así. Notable cosa. Mas supuesto que el que mata sin odio, ni vanagloria, solo por guardar la vida, o la hacienda siendo propia, aún para con Dios no peca, y la honra es una joya, mas que la vida estimada, y que la hacien la preciosa, porque como Carlos dice, no hay vida como la honra. Digo que a Carlos perdono, y que en acción tan heroica, no ha de enojarse el Virrey de lo que Dios no se enoja, y porque yo prometí seis mil ducados, sin otras mercedes, al que trujera muerta, o presa su persona, pues el mismo se ha traido sin grillos, y sin esposas, el prometido le doblo. Cómo Dios haces ahora, siendo nada el ser me has dado. A tus plantas generosas ofrezco lo que me das que es la vida. Aquí hay tres bodas, aquesto por abreviar cumplimientos y tramoyas, estos señores, se casan, estos otros, se desposan, yo me arrugo con Ines. Ya aquí tenga fin la historia del marido más honrado. No se llama de esa forma. Pues cómo. Yo lo diré, No hay vida como la honra.