Texto digital de El negro más prodigioso
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El negro más prodigioso. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/negro-mas-prodigioso-el.

EL NEGRO MÁS PRODIGIOSO
JORNADA PRIMERA
Gere, y contigo la voz, que ser p ado impedimento de mis designios. . 1. Ay triste! muerto soy! Qué lisonjero es a mi sangriento oído este lastimoso acento! Ah, sí, como tú, nadara todo el Egipcio soberbio campo en el esmalte rojo de que se muestra sediento! Al pabellón de Alejandro llegué y el que está durmiendo es Alejandro, según el informe con que vengo. Muerena mirmano; y tú noche, si aspiras al privilegio le que se llame hijo tuyo este atezado portento, este humo, que te consagra prazón el fuego, con tu silencio apadrina de mi osadía el emp seño. Tu hijo seré si me a a y por mí f será tú Im temido; y si no me ayudas, publicaré, que debieron estas tostadas cortezas al Sol sus esmaltes negros. Eterno sueño sepulte su vida; pero qué veo! qué miro el bello retrato de un soberano portento, que fue a su descanso norte, es rémora a mis intentos? Ángel si debe de ser, porque no pudo en el suelo caber cosa tan divina: y no solo en eso pruebo su divinidad, sino en que me causa respeto: que lo sobrenatural, aunque se ignore su precio, tiene un valor, que le explica con quien le conoce menos. Para matarle, es forzoso quitarle el retrato bello, así por lo que le ampara, como por lo que le temo. Desde el cielo de tus glorias ven, pintura hermosa, al negro tosco engarce de mi mano, y que perdones te ruego, que a lamina tan divina le dé marco tan grosero. Cómo, Alejandro, no gimes? Mas es letargo que sueño el que te sepulta, pues no se da en ningún afecto, que nadie despida al alma sin señas de sentimiento: sin mí voy quedando, cuanto mas le miro. Di, perfecto simulacro, qué respeto por ti me enajena tanto? Qué fuerza tiene tu encanto, que cuando de libre arguyo, tan mal la razón construyo, confundiendo el albedrío, que al querer hacerte mío, me hace tu imperio ser tuyo? Qué haré (ay de mí!) que privado ya de la razón, no encuentro, ni el camino del valor, ni la senda del consuelo? Si mato a Alejandro, cumplo con lo que ofreció mi empeño; pero cómo, si le mato, sabré cuyo es este bello traslado, por quien adoro la imposibilidad del dueño? Si no le mato, me expongo a que los que me eligieron, irritados: pero a mí me para ningún recelo, cuando todo el mundo es leve materia, átomo pequeño, para arder en la más frágil menor parte de mí fuego? Viva Alejandro y con él viva mi esperanza; pero porque no culpe de homiso nadie mi valor, resuelvo yo solo oponerme a todo el Ejército soberbio de los Egipcios, matando, asolando, y destruyendo cuanto a mi brazo se oponga: mueran todos pues, excepto Alejandro, que no debe morir por ningún pretexto, quien queda por mi esperanza perdonado mis celos. Válgame el Cielo, qué rara fantasía! Que dé al sueño poder la naturaleza para fingir debaneos tan aparentes, que estorben a la quietud el sosiego! Que el corazón me arrancaba la veracidad de un cuervo soñaba, y que le decía mi amoroso sentimiento: Déjame, tosco Pirata, a Teodora, porque menos te pese el robo que llevas, y yo muera más contento: sueño en fin, componga hermoso retrato: pero qué es esto? qué se hizo el día? (ay de mí!) Hola, quién entró aquí dentro? Hola. Todos infelices, tendréis sepulcro en el suelo. Arma, Egipcios. Señor mío, si no tomamos muy presto las de Villa. Alejandría, como las de Villa Diego, iremos muy brevemente a ser negro de los Negros. De qué nace este tumulto? De que solo en un podenco se soltó contra nosotros la travilla del Infierno. 1. Señor, si no le socorres, todo tu campo deshecho verás a solo la furia de una mano, y de un acero. Cobardes, como atrevidos así perdéis el respeto a mis oídos, villanos? quien os mata es vuestro miedo. 3. Vuestra infamia quien os rinde. Pues el Sol se ha descubierto, cerquémosle, y muera. Todos sois pocos para mi aliento. Que un solo bárbaro tenga esta osadía! el desprecio que ha hecho de mi valor, castigará mi ardimiento, de la piedad olvidado: Todos al aloja Etiope: Egipcios míos, mueran estos perros. , . Viva Egipto, amigos. Viva Etropia, compañeros. Viva quien quisiere, mientras yo busco por estos cerros parte donde acomodarme, que temo tanto a los Negros, que bebiendo muy bien vino, tengo al vino tanto miedo. Desde aquí estoy lindamente, veamos ahora el suceso: acullá Alejandro hace riza en todo Negro pero acá un Negro, en todo blanco, siega, y allí van huyendo Negros desvaratados; lo y esta es, a lo que entiendo, la vez primera que huben los galgos de los conejos; más cuenta con el alano: bravo es para mondonguero! lo que embasa de morcillas! todos le huyen y un mancebo, poquito más blanco que él, le resiste osado, y diestro; pero ola, que hacia esta parte le viene el mastin siguiendo: alto, pues, señor Grajea, pues no hay aquí otro remedio, hagamos la mortecina. pido tierra: este coleto no le estreno yo, que ha mucho se le ha vestido su miedo. ̱. Cómo, dime, la osadía, que al principio me mostraste, joven extraño, olvidaste? qué se hizo tu bizarría? pues al embestirme fiero, en tal riesgo me pusiste, que más cuidado me diste, que aquel Ejército entero. Como pretendí mostrarte, dando y quitando al furor fuerza, piedad y valor. Para qué? . Para obligarte:- A qué? A que fueses testigo por una, y por otra acción. De qué? . De mi inclinación. Y qué intentas? . Ser tu amigo. Conocesme? . Cómo a mí. Sufre que te contradiga. Y tú sufreme te diga, que algo que está oculto en ti, y no solo algo: Cautela, astucias contra esta sombra, cuyo prodigio me asombra, cuyo estrago me desvela. Y no solo algo a mi ciencia tanto se ha facilitado, que cuanto hayas pronunciado lo sabe mi inteligencia. La natural Majia sé, que hay piedra, planta, ni flor, que a mi estudioso primor su secreto no le dé. De estas altas luces bellas el idioma sé callado, como si fuera criado entre las mismas estrellas. Solo a lo que se imagina inteligencia no doy. Mas que no sabe que estoy haciendo la mortecina. Ya que después de admirarte te crea, qué quieres, di, que te oigo fuera de mí? Advertirte, y ayudarte. Ayudarme? . Cuanto intentes te hará fácil mi poder: y si lo quisieres ver, a no haber inconvenientes, te diera aquí testimonio; pero hay quien oiga, y quien vea. Quién, que cadáver no sea? Algún vivo. Oiga el demonio. Vivo aquí? Este hombre. Tentome. . Pues mátale. Usted se tenga, que tengo parte y habrá quien por mi muerte le prenda. Qué aguardas, cobarde? . Yo le confieso mi flaqueza. Yo no te puedo negar, que mi admiración espera tantos prodigios de ti, que aunque de cierta materia averiguar me importaba la noticia: Ay copia bella, quien supiera de tu dueño! pasmado, a la diligencia falto, que desea el alma. Pues porque decirlo puedas con fundamento, (ea astucias) oye estas t adver le la verdad antes, porque la mentira crea después, que así se acreditan comunmente mis cautelas. Ya, cuanto suspensa el alma, los oídos las esperan. La primera es, que un retrato, cuya celestial belleza avasalló tu albedrío, es de Teodora la bella, hija de Leopoldo, a quien merecieron las finezas de Alejandro. . Merecieron? qué dices? . Que merecieran quise decir. . Toda el alma me costó tu inadvertencia. Cuando lo que da el Demonio, . ignorantes, menos cuesta? Ya creerle es fuerza, pues por una verdad comienza. Lo que sobre esto te digo, es, que para poder verla, y para que yo te ayude a la difícil empresa de tu amor, no te resistas de Alejandro a la violencia, que ya informado de ti, en busca tuya se acerca a este lugar; y aunque es cierto que sin mí, y por ti pudieras, cuanto y más conmigo, hacer a su poder resistencia, si a su esclavitud te excusas, a tu ventura te niegas, Pues yo tengo de rendirme? Amas? . Sí. Pues será fuerza. No hay otro remedio? . No. Examina bien tu ciencia. No le hallo. . No le hay en fin? Ni como posible sea. Pues si rindo mi albedrío, tenga mi valor paciencia, y él no matar a Alejandro, fue acierto de mi fineza. otra advertencia te falta, pues sabe que es la tercera la más importante. . Dila. En cualquier parte que veas a un Isidoro Eremita, que la ignorancia venera por Santo, en quien te amenaza la adversidad de tu estrella una desdicha, has de huir de que te hable, porque sobre este peligro, perderme a mí sera fuerza el día que hables con él, a Teodora, a tu tierna adoración, y a tu vida, porque todo en ello arriesgas. Pues dí, no será mejor matarle cuando le vea? Eso, si te pareciere, podrás hacer. . Así sea. Cercad toda la montaña, que estimaré más su presa, que la victoria de tantos. Ya tu ventura comienza. Cómo? . Como es Alejandro este que en tu busca llega. Que en fin, ser esclavo suyo es mi dicha? . Si granjeas de esa manera a Teodora, no es dicha? . Y la más suprema. Pues yo así te la aseguro; pero dime antes, qué piensas de mi amistad, mi noticia, mi ciencia y naturaleza? No canso el discurso en nada, que mi esperanza no sea: hazme dueño de Teodora, y lo que quisieres sea. Eres mi amigo? . Eso dudas? Para cuanto te acontezca, llámame, y siempre estaré a tu lado. . Porque pueda cuando te haya menester, tu nombre es razón que sepa. Pues Extranjero es mi nombre. Extranjero? . Y con tan cierta propiedad, que en todas partes es forzoso que lo sea. No tienes Patria? Perdila, y no puedo entrar en ella. Cerquémosle, que aquí está. Pues Extranjero ya llegan. Ya sabes lo que has de hacer, que yo porque no me vean, pues para después importa, me aparto de tu presencia. 4. Ríndete, Negro. . Yo? 2. Sí. . A quién? 3. No lo ves? A quién? 3. A Alexandro. 4. Piensa, será a nuestras manos cierta. Bueno será que estos prueben, que el rendirme no es por fuerza de su amenaza, sino de mi amante conveniencia. Ea, blanco, si venís a cautivarme, qué espera vuestra osadía? Aquí está el Negro que os amedrenta. Muera el perro. Pues gallinas, probad a que el perro muera. 1. Muerto soy. 2. Ay. 4. Alexandro. Apartad todos. Qué piensas, desesperado prodigio, si ves tu muerte tan cerca? No le ofendáis. . Pues es fácil? Mira, que a Teodora arriesgas. Esta voz es de Extranjero, y dice bien. . A qué esperas? A rendirme a ti, Alejandro; pero también a que sepas, que no eres tú quien me rinde. Pues quién, si no yo? Mi estrella. Dime, pues tu estrella, cómo? No importa que no lo sepas. Marcha a Alejandria. Vano . de esta victoria me lleva mas este triunfo, que todos cuantos he ganado en ella. Ea, Amor, pues soy tu esclavo, veamos como me premias: dos libertades me debes, pagadme cualquiera de ellas. Muy mal te tratas, señora. Déjame llorar, Rufina. El pesar que se adivina, no se ha de sentir, Teodora bella, que indiscreto excede la razón, pues sentido daño, que no ha sucedido, se entibia cuando sucede: guarda el dolor para el mal, que ofende tu discreción. Pues qué amante corazón no es en desdichas leal? Pero el premio de mi mano só Alejandro a Etiopia, y la generosa copia de sus aplausos, no en vano el de su victoria espero: aguardole vencedor, y esta dicha de mi amor es la pena de que muero. No te entiendo. . Yo sí, pues ignorarse mi pasión, y verse la inclinación de mi hermana, mi mal es. Quiérete Alejandro a ti? El dice que sí. Y Márcela lo sabe? Aunque se desvela, nunca lo supo de mí, pues nuestro amoroso trato de todos le recaté, y solo se le f a mi recato. a él, a ti, y Él no partió en confianza de ser tu esposo? . Eso dijo. Pues de eso el logro colijo de tu segura esperanza, pues aunque tu padre tuerza lo justo, y lo dé a tu hermana, con dos testigos mañana le probaremos la fuerza. Donaire haces de mis males? Pues remedio han de tener. El que ha sabido vencer, viva siglos immortales. Qué es esto? Esto es celebrar al Capitán valeroso, que de Etiopia victorioso la espalda bruma al mar. Esto, hermana, que llegando, para la ventura mía, la playa de Alexandría viene Alejandro tomando. Esto, que el día llegó feliz. . No sino aleve. Esto, el diablo que la lleve. Y esto (ay de mí!) morir yo. Pienso que no has celebrado nada de lo que has oído; de qué te has entristecido? De lo que te has alegrado. Dime, hermana, lo que sientes. Hallome fuera de mí; (un extraño frenes? de penosos accidentes) y así estaba divertida cuando llegaste. . Si yo er tu alivi No, que antes me quitas la vida. Explícale tu querelía. Y cómo la he de explicar, di? hará Márcela por mí lo que yo no haré por ella? No sé qué cuidado siento; mas qué debo recelar, si mi padre ha de lograr, como me ha dicho, mi intento? Hijas, ya Alejandro llega de los Negros victorioso, y ya el premio venturoso le acerca su dicha, ciega de hoy más mi fe será en cuanto justo Isidoro te oyere: a ser testigo veniste de tu pronóstico, alegre las gracias te doy. . No a mí me dés lo que a Dios se debe, ni pienses que me ha traído de mi solitario albergue la razón que presumiste, pues me trae la de ver este prodigio, con quien el Cielo tan raro cuidado tiene, que me ha hecho especularle, primero que conocerle. Ya desembarca Alejandro. Porque mi temor comience. Porque crezca mi esperanza. Y porque mi asombro empiece. Salgamos a recibirle. Ya lo hace, señor, alegre el Pueblo de Alejandría. Pues aguardemos que llegue. El valeroso Alejandro en hora dichosa llegue, donde sus nobles victorias corone Amor de laureles. Llegue en hora venturosa, y los aplausos celebren del Capitán valeroso ecos marciales, y alegres. Quién llega a tus pies, Leopoldo famoso, bien es que llegue feliz. . Porque en mis brazos sus justos premios comiencen. Ay Teodora! . Ay Alejandro! Ay esperanza! . Ay suerte dichosa! ay esclavitud! venturosa tú mil veces, pues a vista de Teodora, no hay libertad que desees. Bella es su copia divina, más tiranos los pinceles, a sus primores hurtaron la perfección descorteses: yo me abraso en su hermosura; mas qué mucho, (ay pena alegre!) si me rindieron sus sombras, que sus luces me encendiesen? Ya, mana Fláncica, acá venimo. . Y qué qué viniese? Que estamo yo acá también a servicio de usancele, siolo Neglo. . Señor blanco, porque después no se queje, le prevengo, que no gusto de bufones de esa suerte: con otros pícaros hable como él, que si se atreve a burlar segunda vez, por vida de, que le estrelle contra la pared del Cielo. Oiga el diablo del perrengue. Habla a Alejandro, Márcela, porque sus dichas aumente en la ventura que aguarda: Márcela, en qué te suspendes? Ya, señor, por mí lo hablaron mis afectos, que enmudecen los labios, cuando se pasan los afectos a elocuentes. Bien Márcela su pasión manifiesta, y bien la debe mi cariño preferir a Teodora. . Qué accidente causará callar Teodora, cobarde, y hablar alegre Márcela al verme? (ay de mí!) no se lo que el alma piense! Cómo, señora, calláis, cuando victorioso vuelve quien por un premio glorioso rasgó del mar las corrientes? A vuestros pies::- . Ay de mí! como agradecer no debe en general, comunes beneficios, quien entiende, que en particular hay quien los logra y los agradece. Qué es esto? . Resuelto ya a que Márcela le premie con su mano, embarazar el afecto es conveniente; qué mal éxplica Teodora, pues que le ha callado siempre! Alejandro, el prometido premio seguro le tienes, y hoy le has de lograr; pero antes, porque apadrinados queden servicios, y galardones, escuchar de ti pretende mi obligación los motivos del premio que se te debe. Qué me mirará aquel hombre, . que de vista no me pierde? Este Negro es el prodigio a que el Cielo me previene. Llegué, por no cansarte, donde viendo, que el triburo negaban atrevidos los Negros, la victoria previniendo, antes que osados, los hallé vencidos: asolando, talando, y destruyendo, convertí sus corajes en gemidos; y en fin vencí fiando a la memoria honor para el Sultán, para ti gloria. De bárbaros trofeos esas Naves traigo cargadas al Soldán glorioso, pactado el feudo de muchos Negros graves, sin el vulgo de aromas oloroso, que ha de pagar cada año en brutos, y aves, que un tributo componen poderoso; y este Negro te traigo, sin segundo, de quien es poco premio todo el Mundo. Prevenga Egipto, y el Mundo premios a tu justa gloria, aunque extraño, que en victoria tan grande, por sin segundo tengas el fácil laurel de un Negro. . Poco alabo, pues veo en el Mundo esclavo, quien puede ser dueño de él. Y aún así no se atreviera a verme, ni lo pensara el Mundo, si imaginara, que sin gusto mío fuera; y a no ser yo quien se dio a la esclavitud gustoso, ni Alejandro victorioso viniera, ni esclavo yo. Pues quién eres? . Un borrón, que señaló la fortuna, un eclipse de la Luna, y sun animado carbón, un Negro en resolución; pero de tanto ardimiento, de tan generoso aliento, que nada de mi dudaras, Leopoldo, si me escucharas. Pues di, que ya estoy atento. Mi padre, pues otro ignoro, fue el Nilo, undosa muralla, que siete bomvas de nieve por siete bocas dispara: Reino de siete Provincias, monstruosa hidra de plata, que de un cuerpo cristalino produce siete gargantas. El primer albor de un día, que amaneció con luz clara, a descubrir un prodigio me enseñó sobre la espalda inconstante de sus olas, que sirviéndome de basas, eran misteriosas cunas, unas firmes, y otras vagas, las unas me suspendían, y las otras me arrullaban. Viome el Sol en transportines de nieve parecer mancha cel cristal, o extraño espejo, con impropiedad tan rara, como ser la Luna negra, y ser la moldura blanca. Parto oscuro de la sombra parecí entre espumas canas, o borrón que con estudio la Naturaleza varia, del tintero de la noche echó en el papel del agua. Así me halló Cosicurbo, sabio Negro, que en la playa del Nilo, por conjeturas, prevenido me esperaba. Trasladome desde el Río a la piadosa morada de sus brazos y desde ellos a la estancia solitaria de un albergue, que bostezo se juró de la montaña, funesta boca por donde luto el aire respiraba: portento fue, que las ondas de mi vida no triunfaran; pero fue poco portento para los que me esperaban, pues en el punto, que abrigo quiso ser de mis borrascas, sin alimento me vieron las alevosas infancias de cuatro Auroras, las iras de cuatro noches tiranas, hasta que a la Quinta (como Cosicurbo me contaba) con roncos silvos, dio asunto a su miedo, y su esperanza una escamada serpiente, que sacudiendo las alas a la boca de su gruta, dio al suelo la tierna carga de dos hijuelos, y haciendo nido de tejidas ramas, donde los dejo albergados, con demostraciones mansas se llego a mí, que ya casi el último aliento daba; y abrigándome amorosa, con venenosa subitancia restituyó a vigor nuevo mi vida desalentada. Que mucho que fuese asombro, quien su primera crianza debió a un asombro? y qué mucho, que horrores ejercitara, quien su alimento horroroso le debió a la desusada piedad de un monstruo, y al jugo de ponzoñosas entrañas? No ya hombre racional, sierpe pasé de la infancia, dando en ella de mi furia demostraciones ingratas: pues la primer sinrazón, la primera leve hazaña de mi crueldad, fue dar muerte a la que me alimentaba, primero en el sentimiento de mirar despedazadas a mis manos las reliquias de su descendencia amada, y después al nudo estrecho de ms brazos su eframada garganta, pues oprimida de las cuerdas animadas de mis nervios, aunque más con bramidos se enroscaba, mas con quejas se estendía, mas con violencias lidiaba, no se soltó de mis brazos, hasta que a su fuerza rara dio el postrer gemido, en muestra de mi victoria tirana. Llegué a joven desde infante, con tanta soberbia, tanta ambición de ser él solo terror de aquellas comarcas, que ajeno de otro dominio, pretendí que me juraran las fieras por Rey del Montes y viendo que se excusaban, o incapaces, o soberbias, a lo que mi voz mandaba, desde el Tigre, que de ruedas negras su color esmalta: desde el León, que primero con la melena encrespada barre el suelo, que le pisa: desde el que escribe en sus astas con naturates guarismos la cuenta de su edad larga: hasta el Armiño ignorante, que por defender la blanca pureza de su vestido, su propia blancura mancha, sin perdonar la sangrienta, ni privilegiar la mansa, triunfos de mi enojo eran fieras humildes, y bravas, cuantas en sangre se ceban, y cuantas en hierba pastan, pues de mi planta seguidas, y de mi valor postradas, ya humildes, o ya soberbias, eran trono de mis plantas, y muertas obedecían, lo que vivas reusaban. Dado yo a los ejercicios crueles, mientras se daba Cosicurbo a los estudios, de dos victorias ufanas nos coronamos a un tiempo, dándonos distintas causas, a mí lo que pretendía, y a él lo que averiguaba: pues guíándome a la cumbre del monte, desde una parda peña, que al Mundo servía de preemnente atalaya, me mostró confusamente, (respecto de la distancia) dos Ejércitos copiosos, que uno hacia otro marchaba, diciéndome: Ya, Filipo, (que así Etiopia me llama) llegó el tiempo en que la vida has de dejar solitaria, con que el ocio te suspende del aplauso que te llama: Esclavo has de ser, Filipo; y viendo que me as prosiguió: Y luego has de ser Capitán de muchas armas, General de muchas huestes, que así el Cielo lo declara: Rey, y más que Rey serás; y este mas no se en que caiga, pues el que llega a ser Rey, no tiene que ser más nada. Parte (me dijo) a librar a Eriopia, que asaltada de los furores de Egipto, en ti su defensa aguarda: a Dios para siempre; y luego vistiéndose de una basta nube, se ocultó, dejando en las penas las palabras. Mucha confusión fuera esta si otro espíritu informara mi valor pues confusiones motivan cosas extrañas; pero fue estímulo noble, y tan noble, que dejada la confusión a una parte, sin más afecto, que hidalga sed de aplausos generosos, volví a los montes la espalda, los anuncios di al olvido, y hallándome en la campaña, de Soldado aventurero serví en la primer Batalla, que dio Egipto en Eriopia, donde fueron mis hazanas tan prodigiosas, tan muchas las vidas de que triunfaba, que parecía en mi brazo fuerte el filo de mi espada, segur de animadas mieses, o portentosa guadaña, que los odios de la muerte contra los hombres vibraban. A cantar fui la victoria, cuando volviendo la cara a tropel de mucha gente, y a rumor de muchas armas, vi en el suelo al bravo Rey de Etiopia, y sin tardanza, porque no la requerían, ni su riesgo, ni mi rabia, rompiendo muros de acero, me eché sobre él, donde garza parecí, que defendiendo de los sangrientos Piratas del aire el tierno polluelo, vibrando una vez la garra, otra ensangrentando el pico, esgrimiendo otra las alas en defensa del hijuelo, herizo de plumas pardas, el cuello encrespa, y sacude, a uno muerde, a otro amenaza: y despidiendo por flechas la cenicienta celada de pluma, que le corona, sin cuidar de sí, a la saña del fiero neblí se ofrece impaciente, y desarmada. Así yo, de mi olvidado, en defensa de mi Patria, y de mi Rey en defensa, hecho viviente muralla de su riesgo y recibiendo las heridas que le daban, del peligro le saque, manchado de sangre tanta, ajena y propia, que todos, al ver mi color, dudaban si era teñido azabache, o si era manchada grana. Dejaron libre a Etiopia los Egipcios, y borrada la cobarde ceremonia del tributo, que pagaba, por mi brazo, que del ocio impaciente ya se hallaba: viendo que enemigas Huestes a mis crueldades faltaban, en los Pardos Avicinos, de la noche hijos, y el Alba, pues su pálido color adulterinos los llama, hice tan sangriento estrago, que dejara despoblada su Provincia, a no volver Alejandro con su Armada a Etiopia, pues las muertes, que hice en ellos, fueron tantas, que si numerar quisiera su multitud, me faltara tiempo en los días de un año, y de un siglo en las semanas. Volvió Alejandro, y matarle fue mi intento, y le lograra, a no librarle de mí una Deidad soberana, que interponiéndose hermosa entre su vida, y mi saña, la dejo por mi obediencia de mi enojo reservada; o no dejo a los suyos, es como can, que la rabia cita, en todo su campo e mi furia tan extraña, e a no suspender mis iras ra zón, que callar me manda, venciera a Alejando, pues del Cielo prevista estaba su victoria, más venciera sin que nadie le ayudara. Su esclavo, en fin, porque viese la advertencia comenzada de casi cuervo, y esclavo, por una divina causa, me vio Etiopia, y me vio Eg pro, llorando ella su desgracia, y cantando él su victoria, porque desde aquí notada mi vida, hasta aquí sabida, pase a ver averiguadas las profecias dichosas, pues ya vio las desgraciadas. El Negro soy Prodigioso, a quien las Estrellas mandan una Corona, y aún más, lo que el discurso no alcanza, el terror del Mundo, el susto del día, el miedo del Alba, el pasmo de los mortales, y el esclavo, que consagra a las leyes de su Dueño las libertades del alma. Este he sido, y este soy, mira si es justo que haga Alejandro de mí solo la estimación que declara, pues yo solo valgo más, que cuantos tributos paga Etiopia a Egipto, mas que cuanto las ondas guardan, mas que cuanto el Sol engendra, mas que cuanto las entrañas de la tierra en venas cría, mas que cuanto el Cielo cuaja, pues solo es comparación de mi valor, mi constancia; mi soberbia, mi ardimiento, yo propio, y una esperanza, que en padecerla se funda la ventura de lograrla. Extraño hombre! . Prodigioso! Mal año para su alma. Bien, Alejandro, dijiste; es que más empeñada mi obligación has dejado con la prodigiosa hazaña de triunfar de ese portento, es razón que mejorada de mi amor la paga veas: pues aunque a Teodora ama mucho mi cariño, y fuera premio de glorias más altas, Márcela ha de ser tu premio, dándote e n ella ventaja, con que mi amor la prefiere al mérito de su hermana. Válgame el Cielo! Ay de mí! Alienten mis esperanzas. Logró mi amor sus desvelos. Si resesto, fuerza es que haga, empeñado ya Leopoldo, duelo, y me niegue a mi amada Teodora; y también desaire de Márcela es, si declara mi voz en presencia suya, que la dejo por su hermana: valga, pues, la industria donde no hay otra cosa que valga. De su respuesta pendiente tengo (ay infeliz!) el alma. Teodora, cuanto me oyeres responder, contigo habla: tu esposo seré esta noche, no dudes de mi constancia, si detérminas ser mía. En serlo ya no hará nada quien ha tanto que lo era. Pues cómo, Alejandro, callas? no celebras tanta dicha? Como el alma embarazada, al ver la gloria que espera, me suspendió las palabras, que es mucha dicha ser hoy dueño de lo que adoraba. Pues hoy lo has de ser. Si haré si una promesa no falta. Y hay quién se fíe en los hombres? Cómo puede ser que haya falta en promesa, donde es Márcela la interesada? yo, por ella lo aseguro. Por si Teodora me habla. Doite las gracias, Teodora, de que excusado me hayas el vergonzoso embarazo, que responder me costara. Cuido, yo mucho de ti. Aquí debe de haber manla. Ven, Alejandro: hijas, vamos, puesto que la noche baja a que mi promesa cumpla, que cuenta daré mañana al Soldán de esta victoria, pues a mis hombros la carga de todo este Reino fía. Filipo. . Qué? Aquí me aguarda, que te he menester. . Si haré. Ay Teodora soberana! Para hablarle aguardaré a que Leopoldo se vaya. Noche, tus sombras esparce. Grajea, adelante pasa. Pasa tú, Rufina, que siendo a Grajea inclinada, te agradará, porque huele a mi nombre el camarada. Di, Negro. . Pregunta, blanco. Por qué razón, o qué causa te nombras Filipo aquí, si en el Bautismo te llamas Moises? . Cómo sabes tú lo que a saber nadie alcanza? Porque me lo dijo a mí quien no puede ignorar nada. Pues quién sabe de mí? . Quién con ciencia no penetrada, antes de verte, me dijo sobre lo que tu relatas, la explicación prodigiosa de aquel más, que tú no alcanzas. Dime, pues, lo que es. . Si haré. Pues con Isidoro hablas, olvidado de que en él está tu muerte cifrada. Este es Isidoro? . Sí. Pues muera. Filipo? . Ah rabia immortal! . De tu valor pende toda mi esperanza. Qué ordenas? Qué te suspendes? Déjame ver lo que manda Alejandro, que hoy me impide lo que no podrá mañana. Pues llegó gente, ocasión me dará, donde lograda vea Dios de mi desvelo la fatiga que me encarga. A Teodora he de robar, en fin. . Qué escuchan mis ansias! Porque sin ella no vivo. Hombre, mira que me matas. Y tú has de asistirme. . Ah Cielo? cómo, Extranjero me engañas? Teodora ha de ser ajena? No te embaraces de nada, que yo te daré a Teodora esta noche sin tardanza, haz lo que Alejandro ordena. La seña con que me aguarda es mi propia voz. . Yo haré, que de ajenos labios salga, porque también en Teodora hay asombro que me pasma. Llega conmigo, veré si, como me ofreció, baja a esta puerta del jardín, pues la noche se declara tan oscura. Voy contigo. Mejor será que no vayas. Por qué? Porque esta es Teodora. Y si desconoce el habla? No hayas miedo. Es Alejandro? Sí, Teodora soberana, yo soy, que de otro remedio falto, llevarte robada es el que elijo, a que seas mi esposa. . Esa confianza, el exceso de mi amor, y los celos que me abrasan, esta osadía me dieron. Sus voces, y sus pisadas sigamos, Grajea. . Vamos: aquí huele a humo de paja. No te detengas. . No haré. Aunque extrañeza me causa, que Alejandro de esta suerte me saque del jardín, nada hay que mi cuidado tema, pues ya mi esposo se llama. Noche, yo eternizaré tus sombras para mi gratas. Sígueme. . Ya yo te sigo de mi fineza obligada. migo, A no traerla co juraria que escuchaba la voz de Teodora. Yo haré que engañado vayas, pues la oscuridad del Cielo mis tropelias allana, y que el desacierto aprisa conozcas de tu ignorancia. Filipo. Yo soy, qué ordenas? Seguidme los dos. El alma va contigo, esposo mío. Ya es posesión mi esperanza, pues va conmigo Teodora. Del temor que amenazaba mi amor, salgo de esta suerte: sienta mi cautela extraña Leopoldo, pues la hermosura de Teodora me quitaba. Y no extrañe el Mundo ver mis transformaciones varias, viendo que las ocasionan dos vidas, qu e me amenazan. JORNA DA
JORNADA SEGUNDA
Quédate, Rusina, tú, porque puedas avisarnos. Si haré, más despacha aprisa, no te eche menos mi amo, que yo llamo así a Filipo por negros de mis pecados. A qué con tanto silencio, Teodora, a este retirado sitio me apartas? De ti pretenden mis desdichados sucesos valerse: bien que recelosos mis labios por la amistad que Filipo, y tú tenéis, han dudado el acierto de explicarse contigo; pero notando que eres noble, según tú públicas, he imaginado, que querrás lucir lo ilustre, venciendo lo apasionado. Yo te aseguro que eliges muy buen valedor: Humanos, esto hacéis los más, y as su intento he conjeturado, y yo mudaré su intento. Habla, Teodora, notando, que en la amistad de Filipo no tienes que hacer reparo: fíate de mí. . Ya rompo a mi silencio el candado, que a falta de otro remedio, del peligroso me valgo. De aquella infelice noche bien te acuerdas, que engañado mi amor, de mi pasión lince, y de mi ciego reparo, dejé mi casa, y creyendo en el lóbrego aparato de la tiniebla, seguir los pisadas de Alejandro, distante de la Ciudad, no sé como, a pocos pasos, pues no pudieron ser muchos los que me dio mi cansancio, nos halló el día en un monte, de mi padre asegurados: día le llamé, y no fue sino triste noche, cuando a enseñarme oscuras sombras envió reflejos claros. Se, pues en Alejandria me quedé con el cuidado de asegurar vuestra fuga, que conociendo Alejandro, que era tu hermana la que robado había su engaño, volvió a Palacio con ella, su pena disimulando, sin que su intento amoroso se notase, donde hallando tu falta, y la de Filipo, seguiros determinaron; más deslumbrados de mí, otro camino tomando contrario del que seguían, los dejé, y en poco espacio, con esta seguridad, de mi fuisteis alcanzado. Aseguró mis temores Filipo cortés, e hidalgo, que le pondero lo bueno, como le culpo lo malo, dándome palabra, y fe de no atreverse al sagrado de mi honor, ni con el ruego, ni con la violencia, en tanto, e atento a atio de su pronóstico extraño, no le hacía una Corona digno dueño de mi mano. De ser suya por temer sus arrojos destemplados, le di palabra, teniendo por tan imposible el caso de verle Rey, como (ay triste!) el de juzgarme en sus brazos horrorosos sin que en ellos sea mi asombro mi estrago; pero como es la fortuna compuesto monstruo de varios aeciventes, y al valor sele permitirse aolausos, e di la mano a Filipo, le valiente y temerario, ciendo de su osadía pie, a valor, que en espacio an mes le aclamó Caudillo entre estos duros peñascos de cuantos incultos hombres, de cuantos toscos Serranos, ya con su doctrina altivos, y ya con su nombre osados, circúnvalan los contornos de esos montes, y esos llanos. El dominio de diez Pueblos le dio arrojo tan extraño, que formando batallones, que por él acaudillados, son muchos los pocos que rige su invencible brazo: Al poderoso Soldán se declaró por contrario: y sitiándole la Roca, Fortaleza que es padrastro de Mensis en tanto aprieto ha puesto sus Ciudadanos, que de nadie socorridos, y de Filipo asaltados, temerosos de la fuerza, dieron principio a los pactos. Aquí, infeliz, es estorbo, con más motivo, o más pasmo, el discurso de mi acento, y del dolor anudado, es duro lazo, que estrecha a mis alientos el paso; pues al presumir no cabe la voz tormento tanto, la voz que ha de explican no halla el idioma, y trocando las palabras en gemidos, todo se convierte en llanto. Quiero apurar su dolor. Temeras, y no con vanos fundamentos, que Filipo, luego que logre el aplauso de la victoria, corone a un tiempo, amante, y osado, de la Corona su frente, y su dicha de tu mano. Eso es lo que yo lloro. Pues dando eso por asentado, di lo que he de hacer por ti. Tan cerca y tan declarado mi peligro el remedio es huir, el como yo no lo alcanzo. Si alcanzo tal. . Sabrás, pues, que mi padre, y Alejandro de todo el suceso mío advertidos, y enterados, matar a Filipo intentan. Muévenios celos y agravios, A cuyo fin, según hoy aviso me dio un criado::- Cierta fue mi conjetura. Se acercan los dos, marchando a la Tebaida, no sé si de Isidoro informados::- Con este hombre cada día se aumentan mis sobresaltos. De que esta sierra, que espalda es de su dístrito santo, es donde tiene Filipo el fuerte muro sitiado de la Roca; y finalmente, yo el delito perdonando del engaño de Filipo, o ya a su amor, o a su trato, la vida dejarle intento, y solo de ti me valgo, para que en poder me pongas, Extranjero, de Alejandro. Esto te piden mis penas, mis ansias, mis sobresaltos: noble eres, y yo infelice, para esto de ti me amparo: no la amistad de Filipo te suspenda, reparando, en que antes verás mi muerte a la violenma de un lazo, a la furia de un acero, a la ponzoña de vas o, que verme en sus brazos torpes, pues serán menos tiranos dolores para mi vida, con mi aliento consultados, ponzoña, cordel, y acero, que sus horrorosos brazos. Nada me estará mejor, que ver tu desesperado intento, y yo vengaré los temores que me has dado. Teodora, de mí te vales, y supuesto que empeñado estoy en valerte, quiero que veas en mis reparos, que conozco los peligros en que tú no has reparado. Ea, astucias: tu pretendes verte en poder de Alejandro, sin reparar, que el honor que conservas puro, y claro, para él, y para todos se ha perdido, y se ha manchado. Pues quien ha de presumir de entendimiento no falto, viéndote estar tanto tiempo con Filipo, enamorado tan justamente de ti, que pueda su cortesano respeto más, que ha podido su apetito despeñado? Yo no te pido consejo, sino favor, que ya alcanzo cuanto es difícil creer la verdad de un desdichado. Mas paso porque mi honor se haya perdido, y no paso a perderle, que hasta aquí, falta de remedio, es llano, que es mi desdicha mi culpa; mas ya que remedio hallo, será culpa, y no desdicha que esté mi honor arriesgado. Pues mira, tú has de fingir, (que fingir no será extraño siendo mujer, pues en todas, o en las más es ordinario) que amas a Filipo. . Yo? Sí, para que descuidado, pues se convierte en descuido el amor desconfiado, no dé lugar de que yo a, y luego en hallando de sin reparar azón que falto lo que me ordenas haré, poniendo tu honor en salvo. Y dime, podré fingir? Basta saber, que intentarlo podrás, y como lo intentes, verás que puedes lograrlo. Yo a un monstruo? Si no se rinden a merced de mis agrados, mueran todos. . Mueran todos. Clemencia. Di, en qué quedamos? Que llega Filipo. En que de ti, infelice, me valgo, y haré, para que me valgas, todo lo que has ordenado Y yo haré que seáis los dos míseros tristes estragos del escarmiento, que así a los que me siguen trato. La Roca por el famoso Filipo. . Corone el Sacro Laurel su frente de honores, que ha conseguido su brazo. Viva el Etiope, Rey de Egipto Ningún aplauso quiero sin Teodora solo de Teodora sois vasallos; y ojalá, como contiene poco Imperio breve espacio de dominio esta Corona, que a tu hermosura consagro, se compusiera del Mundo, para que a tus pies postrado, fuera trofeo, aunque humilde, trono fuera, aunque bastardo, de tus plantas, porque en él el generoso contacto de tu pie le hiciera digno de ser Cetro de tu mano; pero yo haré que se rinda el término dilatado de Egipto a este brazo fuerte: yo haré al Soldán, que postrado, como tapete, te sirva, porque si es discreto vano, esté de servir de alfombra a dueño tan soberano. (cia. Qué aguardas? . Dolor, pacien- 1. Qué soberbio está, y qué vano! rte 2. No sabe que de su mue el ter ado, que es infamia estar sujetos a un Negro vil. . Estos blancos . no están contentos conmigo, mas yo trocaré el agrado en rigor, porque haga el miedo lo que no sabe el halago. 1. Reparo ha hecho en nosotros. 2. Su sospecha desmintamos. Viva Filipo. . Decid, que viva el bello milagro, que adoro. . Teodora viva. Esos sí que son aplausos de mis oídos. Dichosa la que te merece tanto, valiente Filipo. Y yo dichoso, pues con agrado una vez, bella Teodora, mi nombre escucho en tus labios. En hora feliz::- . A ti el parabién comenzado te da, y no a mí, dueño hermoso, pues aunque ha sido mi brazo de mi victoria instrumento, el impulso es tuyo, y cuando es la causa tan divina, no tengo por acertado, que hurte el efecto la gloria, que la causa ha granjeado. Tanto me obligas, (mal finjo) que siento haberte tratado con aspereza. . Bien puedes, si lo sientes, enmendarlo, que ya el plazo de ser mía su cumplió. . Dolor tirano! No te debes ofender, Filipo, de mi recato. Como una mancha del Cielo se puede ofender del claro reflejo que la fulmina, cuando subió a ser su estrago? Como un azabache tosco puede presumir, que el rayo del Sol no le determine siempre oscuro, y atezado? Cómo el borrón, que ocupó del papel el terso espacio, penso no ser él más negro, cuanto fue el papel más blanco? Ni como pensar pudiera el amor que te consagro, no hacerte extrañeza, siendo tu cielo, papel, y rayo, y yo azabache grosero, tosca nube, y borrón basto? Extrañeza es. . Ya! y cuanto en ti disculpado dejó el asombro, le culpo en quien presumiere osado, que no es digno mi valor de sojuzgar los extraños rémotos Climas, de dar leyes a lo inanimado, de hacer obediente a un roble, de hacer sensible a un peñasco, y de arrancar finalmente el traidor centro villano de esta manera rebeldes raices, que hechas pedazos, suban al Sol escarmientos, y bajen a el Mundo estragos. 1. Muerto soy! 2. Válgame el Cielo! Allá se van acercando: más cuidado con la vuelta. Suspende ahora tu enojo. Ya tú los has perdonado: vivan, pues tu gustas de ello. Fingir aquí es necesario temor. . Qué crueldad! Filipo, quién? Noble Extranjero, no hablo contigo pues repartiendo los dos afectos, que igualo, di a tu traición mi castigo, y a tu lealtad doy mis brazos; y porque veas que injustas son las quejas, que tu labio me ha recatado, y yo he visto en tu semblante, dilato, que el premio de mi Corona le dé Teodora a mi mano, hasta que esté satisfecho de que noblemente pago la deuda, que te confieso, dando muerte a este Ermitaño, pues no quiero que te cueste verme hablar con el cuidado, a cuyo fin envié por él y estoy aguardando a que Lidoro le traiga aquí, que es el señalado sitio en que a buscarle vine, creyendo que había llegado; y no solo él, si tu gustas, muera, sino con él cuantos a su imitación habitan llos huecos de esos peñascos, que por te o que te debo pagando, haré un mar de sangre el Mundo, en cuyo bermejo lago, las gargantas de los montes hallarán estrecho lazo. No me pagarás con menos las fortunas, que has logrado por mí. Eso sí, date priesa a pecar, llénese el plazo de tus días de las culpas de tus horribles pecados. No sé (ay de mí!) si acerté en haberme declarado con Extranjero. . Teodora esta recelosa en vano. Dudas de mi obligación? Pues quién dice, que he dudado? Yo lo discurrí, y bien puedes estar segura. . . Habrá acaso alguna alma, que le dé a un principlante de Santo para el sustento de más de cinco mil Ermitaños, huérfanos de padre y madre? Esta voz, si no me engaño, conozco. . Grajea es este. Y qué hace? . Retirado de ti, como él dice, habita la Tebaida, acompañando la falsa congregación de muchos fingidos Santos, para quien sale a pedir. Que no lo haya yo olvidado, siendo flaca de memoria? De mí huyó? . Sí. Aún bien, que ha dado en mis manos. . . Quién socorre con el pan cotidiano a cinco mil y una boca, que también como yo. . Hermano. Temiendo estoy su rigor: No le ofendas. . No gustando tú como le he de ofender? Si te veo templado por Teodora, esperaré, que hagas Filipo, otro tanto con Isidoro. . No haré, que no soy tan bien mandado. Aquí oí hablar: mas San Lino, San Panuncio, San Hilario, que di con el perro, y no es el de San Roque este galgo: pruebo a que no me conozca Qué es lo que pedía, hermano? Para los Anacoretas pedía pan; pero algo pido más ya. . Qué más pide? Pan, y callejuela, alano. Alce del suelo los ojos. Amigo, tengo en entrambos dos niñas, que con extremo son inclinadas a barro, y su inclinación las lleva a estarle siempre mirando. No sea embustero y mire::- Yo, hermano, sin mirar paso. No tengas miedo, Grajea, que por Teodora indultado estás de mi enojo. . Así? Y yo por fiadora salgo de que no te ofenda. . Y quién la fía a usted? . Los dos Astros de su cielo, que de luces se han enriquecido tanto, que no alumbra el Sol al Mundo, sin que ellos le presten rayos. Pues iré dejando el miedo. Déjale, y di de ese estado, que tomaste, la razón. Qué, todabía el malvado diablillo está acá? (atizado: Acá estoy . Pero lo que habrá Dios la bendiga, Teodora: Hola, Filipo, Rey te hallo. Sí, Grajea, y me has de hallar mas, si no miente el presagio. Todo esto está de otro modo: mas ay ojos, que hemos dado en la ratonera: hay Rufinilla. . Qué es, hermano? Una comezón de amor, que me está despedazando. Pues rasquese. . Ay, hermanita, que pica más, si la rasco. Pase a lo que le preguntan. Parece que usted ha tomado pesadumbre: es algo cosa de usted Rufinilla? . Es algo. Creolo, que todas estas suelen ser cosas del diablo; y usted es demonio? . Diga. Y ya digo, pero no hago; y lo que le digo es, que yo nunca fui inclinado a soledad y por eso al desierto me he pasado: soy gran es o se come allá bocado, me hallo muy famosamente, porque de hambre estoy rabiando. Deja disparates. . Pues si tengo de hablar más claro, yo, pensando que este embuste no pudiera durar tanto y que Alejandro te hubiera, Filipo, de tu pan dado, porque a mí no me tuviera por confidente en el saco de Teodora, tomé lías, y di conmigo en sagrado, donde a Indoro asistiendo, voy aprendiendo mi agros, aunque debo de ser rudo, pues hasta ahora no los hago; pero ahora de Isidoro quiérote contar, que es tanto lo que ruega por ti a Dios, y por Teodora, con llantos, y disciplinas, que suele pasarse de claro en claro las noches en rogativas, y en crueles azorazos: mal año, y cual se los pega! no me diera yo así cuatro por toda Guínea junta, si me hicieran mil pedazos. Cuando se sacude, dice: Salid, míseros ingratos a Diós, de la culpa, y ved, que os está Dios esperando. Dicho esto, se da más recio, y yo viéndole empeñado, digo Mire que no le oyen, apriete, Padre, la mano. Calla, loco, y agradece::- Válgame el Infierno. Llanto, Tendora? . Llanto, Filipo, pues al ver cuan declarado está mi mal, que le cuesta a un varón justo cuidado el escandaloso modo de mi vida, sin reparo de que no es mía la culpa, discurro en el temerario juicio: Si esto hace el bueno, qué hará de mi honor el malo? Y supuesto::- No te dije yo, que todos (ea engaño) te tienen por mala? Que es cristal tan delicado el honor, que con la duda ajena se hace pedazos, sin que baste la verdad a defenderle, y quebrado una vez, nunca se suelda. Lo que no alcanza el humano poder, alcanza el Divino. Conmigo su voz ha hablado. Aquí te traigo a Isidoro. Qué tormento! . Para pasmo de mi despecho, que al verle, en hielo se ha transformado. Si al irse a precipitar, Dios le pone este reparo, de que aprovecha la mutil fatiga de mi cansancio? Qué es, Moisés, lo que me quieres? que con tu nombre te llamo. mas no me responderás, que si desprecias imurato las ternezas amorosas con que Dios te esta llamando, quien de Dios hace el desprecio, no puede de mi hacer caso; pero aunque estás tan rebelde, Negro Prodigioso, aguardo tiempo en que seas tan bueno, cuanto eres ahora malo, que este es el más que tiene sobre los sucesos varios de tu fortuna previsto Dios, y yo te lo declaro, como te ofrecí, que son los juicios de Dios extraños, e incomprensibles, de modo, que es delito investigarlos: qué me miras? Isidoro soy. . Estoy consultando, si es esto que me suspende rencor, o respeto, cuando para ejecutar la muerte, que ya las iras te han dado de mi enojo, a un tiempo mismo me mueve, y me ti ne el brazo, A entrambos he de perderlos si le oyen, y así apartarlos importa. Arma, guerra. 2. Guerra. 1. Si no socorres tu campo, presto le verás vencido, Filipo, de los contrarios, ves ya puesto en fu atrevido, quien osado con su vida está tan mal? De Leopoldo, y Alejandro son las Escuadras que miras. Verán mi enojo en su estrago: seguidme, o dejadme todos, que solo vo a mí me basto; tú cuidaras de Teodora. Guerra. Vaya con mil diablos. Lo que aquí perdí, pretendo ver si puedo granjearlo con otra astucia; pues mientras Isidoro está aquí, vanos saldrán todos mis ardides. Mientras andan a porrazos, si te parece, Rufina, mejor será retirarnos. Yo alguna gana tenía de hablar con él; pero, hermano, no gusto de sacrilegios. Pues cada uno por su lado. . Aún no me deja el temor dar hacia la fuga un paso: más donde, si no fue acaso lo que oí, quiere ir mi error? Saber me será mejor de Isidoro, qué ha sentido de mi desdicha; y sabido, su consejo tomaré, y con él volver podré a lo que sin mí he perdido: Varón Santo: pero atento al Cielo mira, y suspira, aunque no está donde mira e su pena el fundamento: te si en el Cielo es contento todo, debo imaginar, que su tierno su pirar a su pena corresponde, enviando el indicio donde no puede el dolor llegar: Isidoro. Adiós, Teodora, le envía tu desconsuelo, apele tu mal al Cielo, que es donde nada se ignora: por una astucia traidora marchitaste tu opinión: pon en Dios tu corazón, que en él tu remedio fundo, si de lo que piensa el Mundo quieres dar satisfacción: n Dios has de buscar lo que Dios te facilita, porque lo que el Mundo quita, no suele volverlo a dar. Con Dios se puede aumentar tu lustre, crecer tu fama: de su amor tu pecho inflama, para que tu mal se olvide, pues el Mundo te despide al tiempo que Dios te llama. Alejandro tiene honor, y es locura imaginar, que ha de querer deslustrar su crédito por su amor: que aunque ve que de este erro? no tienes, Teodora, culpa, y tu desgracia disculpa, no ha de tener tal audacia, que la que en ti fue desgracia, quiera que en él sea culpa. Ya para ti se acabó todo lo que el Mundo da, sin honor tu fama está, porque el Mundo te quitó lo que primero te dio, Labre de tu desconsuelo segundo honor tu desvelo, y a Dios te guiará el segundo, que el primero fue del Mundo, y erró el camino del Cielo. Válgame Dios! que sea tal mi mal, que una sinrazón ajena, que una traición alevosa, y desleal, haya hecho propio mi mal! Pero qué me desvanece, si el juicio humano apetece el estilo descortés de no juzgar por lo que es, sino por lo que parece? Qué remedios podré dar, ya que tu consejo tómo? o cómo, Isidoro, como a Dios me podré entregar, si este tirano, a pesar de mi dolor (ay de mí!) violentar pretende así mi albedrío a su traición? Pon tú la resolución, que Dios mirará por ti. Aunque me han dejado solo mis alevosos parciales, para todo un Mu lo basta mi va Tu muerte infame, de ti me dará venganza. Cercadle todos, cercadle, que en venganza de mi honor he de beber su vil sangre. Llegad todos. Hacia aquí se acerca, Teodora, el trance de la baralla. . Y parece, que victorioso mi padre, y Alejandro, a este prodigio, hasta ahora incontrastable, en tal aprieto le han puesto, que no ha de poder llurarse. Si se librara, que es otro el fin que Dios ha de darle; y así sígueme, adentiendo, que Dios ha de acompañarte en los peligros que temes, como tú quieras llamarle. Que engañada estuve, pues iba va a precipitarme! desde aquí la amparo invoco. Señor, a este formidable monstruo, que oíros no quiere, vuestra clemencia le llame de modo, que vuestras voces su duro corazón labren. Señor, ya a vos se encaminan mis temores, mis afanes: ya me entrego a vos, a vos os toca ahora ampararme. Hice, avivando el rencor, que le tienen sus parciales a este Negro, que en el riesgo su vida desamparasien, para que desesperado muera; pero haciendo alarde de su sobrenatural valor (ay de mí!) se sale del peligro y pues aquí sus desventuras le traen, yo haré que alcance a Teodora, y para lo que durare su vida, escándalo sea, y no pueda su dictamen lograr a Isidoro. Ah pese al Cielo, que satisface sus iras en mis castigos, sus ofensas en mi ultraje! Desamparado de todos mis enemigos secuaces, en medio de mis crueles enemigos, sin que nadie diese auntío a mi furor, me hano el sangriento certamen de la batalla, de donde pude apenas retirarme; pues para que todo a un tiempo pudiese a injurias faltarme, hasta las respiraciones, a las porfías del trance, siendo mías, me faltaron, o cansadas, o cobardes. Dos Ejércitos me siguen, y no siento que me alcancen, porque mi vida persigan, sino (ay triste!) porque hallen a Teodora: Ahora es tiempo en que debes ampararme, si has de estar conmigo cuando necesitado te llame, como dijilte, Extranjero. Qué quieres? . Donde dejaste a Teodora? que el primero es este de mis afanes. Con Judoro esa senda sigue. . Por qué la dejaste? Por asistir a tu riesgo, mas llegó mi valor tarde. Pues ya la he perdido, vuelvo a morir. . Poco distante está de aquí, y si la sigues, no hay duda de que la alcances: parte en seguimiento suyo, pues del riesgo te libraste, que yo guardaré este paso, porque no te siga nadie; y advierte, que este peligro te vino porque faltaste a dar la muerte a Isidoro. Como yo::- Cercad el valle. No te detengas, que llegan: al falso Isidoro alcance. Yo en su poca vida haré teatro de mis crueldades. Fía de mí, que seguido no seas. . Si de cobarde diere indicio mi valor, repartido entre los trances de una Dama, a quien yo busco, y un peligro, que a buscarme viene, tenga mi valor la diso le la ceguedad en que incurre el que sabe ser amante. Por aí a mayor peligro te entrego, pues han de darte la muerte los malcontentos, con quien por temor reinaste, pues cautelosos te esperan; y cuando pueda faltarte por ahora este peligro, la venganza de que alcances a Teodora, y a Isidoro, a mí no puede faltarme. Por aquí huyó. . Por aquí sabrá mi enojo alcanzarle. Escarmiento de mi furia será su vida cobarde. Nueva industria se me ofrece con que irritarlos. De nadie huye Filipo, sino del delito formidable de haberle dado la muerte a Teodora, haciendo alarde en ella de su crueldad, para vengar el desaire de que por ella se viese vencido, Penas, matadme. Qué dices, hombre, a mi hija? qué hacéis? acabadme, males. No puede ser, pues yo vivo. Mira bien si te engañaste. Yo no me puedo engañar, muerte la dio, y por aí parte. Y donde el difunto Sol está? . Qué hizo del cadáver hermoso? El dolor me ahoga! Con dos intentos la imagen finjan de Teodora muerta mis cautelas. Si dudasteis de mi verdad, veis aquí su tragedia lamentable. Cómo a gemidos no turbo el Cielo? . Cómo no sale mi espíritu a dar aviso de mis tormentos mortales? Qué desdicha! Todo el tiempo, que en lamentarla gastaréis, de vengarla perderéis. Bien dices; en dos iguales pasiones, venza la ira. Tú, amigo, no desampares, en tanto que yo la vengo, si a piedad te persuades, a esta infeliz. . Por aí presto podéis alcanzarle. Aunque el centro te sepulte::- Aunque te transforme el aire:: Y aunque el mar te esconda: Presto vengaré en ti mis pesares. Ahora importa que Filipo vuelva, porque no le hallen hasta que mate a Isidoro, para que también se engañe con la muerte de Teodora, pues puedo hacer que le alcance mi voz. Filipo, Filipo. Qué quieres? Decir, que erraste el camino que te dije, y que causo que le errases la muerte de esa infelice hermosura. . Duro examen de mi valor (ay de mí!) Teodora, tú de tu sangre manchado el rostro divino? tu bello sol con celajes pálidos? oscuro el día, con que a la Aurora alumbraste? Bien con tu muerte de mí se vengó tu aleve padre, pues me ha muerto en ti. Filipo, a un error te persuades. Pues quién fue el fiero homicida? Nuevos rencores le abrasen. . De Isidoro es la traición. Guíame donde le halle, pues no se podrá esconder de ti, porque no dilate tantas venganzas. . Si haré. Beberé su aleve sangre, y en su corazón aleve, can rabioso, haré que apaguen mi hidrópica sed las iras de mis dolores amantes. Si muere Isidoro, entrambos me daréis victoria fácil; y si a este Negro horroroso los que le esperan mataren Peod hora desp rendirá a mis combates. Señor, ya Teodora atenta lava la culpa aparente con el llanto penitente, q he derrama, y que frecuenta: fácil fue su conversión a Vos, así fácil fuera la de esta indomita fiera, que hace el pecado blasón; mas qué no es fácil, mi Dios, a vuestro inmenso poder? quien se podrá defender de lo que mandaréis vos? Con imperio soberano abrasad su corazón, encended aquel carbón, oiga su oído inhumano vuestra voz, porque se asombre de vuestro eterno poder, que todo esto ha menester la rebeldía del hombre: este llanto que derramo recibid, mi Dios, a cuenta de tanta culpa violenta, yo Señor, por él os llamo. Padre, para acabar hoy mi tárea, no me faltan mas de cuatro, o cinco azotes, yo los juntaré mañana con los otros, que ahora tengo, si me da licencia, gana de merendar. . Es posible, que siempre de comer habla! Solo cuando como, Padre, no acostumbro a hablar palabra. Y Teodora? Allí la dejo sobre una peña sentada, hartándose de llorar. Debe de venir cansada: vaya, y diga que se anime, y que ya poco nos falta para llegar al Desierto. Pues viene a ser Ermitaña? pero otras Anacoretas hay también en la Tebaida. Y Rufinilla? . Eso a mí me pregunta? . Cómo estaba allí, pensé que también se venía a meter santa, que yo, Padre mío, no yo por cosa mala. no la Voy, Padre mío: Deo a Pues en nuestras manos desde la punta elevada de esa peña le arrojemos, a que hecho pedazos caiga en ese valie. Ah traidores! Qué es esto? 2. El fiero Monarca pague así su tiranía. Extranjero, ahora me faltas? No puedo valerte, que hay poder, que de ti me aparta. Aleves vasallos viles. Así la soberbia acaba de tu tirana Corona. Todo el Infierno me valga. No te valga si no es Dios, y su piedad soberana, hombre infelice, mas sin duda es muerto. Para que el alma no salga hasta que me vengue, anudare la garganta. Mas qué miro! Mas qué miro! Moisés? No soy si no rabia, furia soy, infierno soy. Qué bien, ingrato, le pagas a Dios la misericordia, con que su piedad te guarda! pues cuando hecho mil pedazos aimaginé que bajabas, amorosamente cuida Dios de tu vida, y agravias sus finezas amorosas con blasfemias temerarías? Pues tú, traidor, me predicas? tú, hipócrita? que si atadas no tuviera ahora las manos, diera a Teodora venganza, haciéndote más pedazos, que flores el campo esmaltan, mas que esconde el Cielo Estrellas, y que arenas el mar guarda. Moisés mira lo que dices, corrige tu destemplanza. No diste a Teodora muerte? né ceguedad tan extraña! P desa ̱. Si eso pretendes, aguarda, que yo te desataré. Quién te da esa confianza? Dios, que mira por los dos: Ya las manos desatadas tienes. . Ahora veré como Dios de mí te guarda. De esta suerte, hasta que prodigio a buscarle vayas, guiado de Dios. . Los ojos ciegan a la luz extraña de este resplandor: espera, no de prodigios te valgas, que nada ha de defenderte. Lleguemos aprisa, hermana, que da voces Ilidoro. Varón Santo. Quién le agravia, Padre mío? mas ay! Sueño? El favor de Dios me valga. Fía en Dios, y nada temas. Quién ahora se escapara! Ven acá tú. . Para qué? Para saber lo que extraña mi vista: vive Teodora? Y bebe. Eres sombra vana, o luz verdadera? espera, que examen del tacto haga. Suelta, horroroso prodigio. Esto huele a Tarquinada. Por qué huyes? Porque a Dios tengo ya sacrificada mi vida. . Y mi amor, Teodora? Dios tras si mi afecto arrastra. Pues yo detendré tu afecto. Echemos por acá, hermana. Dios mío, guardadme vos. Ya Dios, Teodora, te guarda. Espera; pero qué asombro! eres forma imaginada, triste espectáculo? eres la horrorosa muerte, estatua e Teodora? Pero no no eres si no imaginaria forma, porque impedirme quieres la ventura de alcanzarla; mi engañada fantasía te da ese ser, que retratas: Teodora vive, no pudo mentirme a un tiempo su habla, su hermosura, su desdén, que esta es la seña más clara de que vive, pues desprecia mis penas enamoradas: déjame pasar, asombro, y advierte, o tú, o quien te manda que me impidas, que si todo el Mundo se transformara en esqueletos horribles, en horrorosas fantasmas, su muche dumbre de sombras como a ti despedazara. Bárbaro Morsés. . Mas quién con tanto imperio me llama, que me roba los oídos la atención de sus palabras? Moisés. Todo herirme siento desde la frente a la planta de un temblor, que apoderado de mí, me hiela, y me abrasa: todo me extremezco, todo mi valor cobarde falta, toda es un susto la vida, toda es una sombra el alma. Moisés. . Nada veo, aunque oigo, que cerca me llama esta extraña voz, que a un tiempo me atemoriza, y me halaga. Prodigio del Mundo. Dónde estás, o tú, que me llamas con mi nombre y con mis señas? Cerca estoy de ti, no hagas admiración de no verme, porque el que está en mi desgracia, como tú, no me ve, oye por auxilios mis palabras, porque mis auxilios son voces, que con todos hablan. Qué cobarde estoy! quién eres? que ya que verte la cara no merezca, conocerte quisie Soy aquel T que busca la oveja ingrata, olvidando las injurias de que le deja, y le agravia. Y qué quieres? Que me sigas, que le canse tu tirana crueldad de ofenderme a cuyo intento, pues que no alcanzas a verme, por tus delitos, te diré la forma amarga, con que a llevarte al rebaño vienen mis amantes ansias: Imagíname pisando abrojos, pues tus ingratas culpas son duras espinas, que hieren mis tiernas plantas: piensa de duros cambrones mi Cabeza coronada, a cuyo dolor se agobía, para explicar que te llama: de un tosco dogal discurre oprimida mi Garganta, que es con el que yo te tengo, y es con el que tú me arrastras: con una pesada Cruz imagina mis espaldas, ayudamela a llevar, y no me será pasada. Cárgala sobre mis hombros, para que una vez, de tantas como la carga te puse, te ayude a llevar la carga. Quiéres ayudarme? Si Señor. Y tendrás constancia? Tú me la darás. . Si haré. Saber el modo me falta de seguirte, pues no veo por donde vas. La Tebaida, y en ella Isidoro, Negro, te han de conseguir la gracia de que me veas: mis voces sigue, porque mis pisadas sigas después, yo seré tu guía. Fineza tanta le debe un Bárbaro a Dios? Moisés. Ya desengañada mi vida, amante Jesús, ya siguiendo tus palabras. JORN
JORNADA TERCERA
Guiado hasta aquí de aquel dince soberano arento, que me arrastro poderoso, o me reprimio alagüeno, llegue sin mi al intrincado bruto laberinto, espeso corazón de esta montaña, donde le perdí; y volviendo al camino que he traído los ojos, le veo lleno de hermosas flores, de dulces frutos, claros arroyuelos, ancho, y deleitoso, cuando miro el que voy prosiguiendo de torcidos pedernales embarazado, y estrecho, todo sembrado de espinas, arido, agostado y seco; pero que necia es mi duda, si a mi extrañeza le acuerdo, que es Dios el que me encamina a que enmiende mis defectos! y puesto enmedio de aquel, y este camino, no veo, viendo uno dincultoso, y otro fácil, que el que dejo es el camino del Mundo, y el que sigo es el del Cielo? O tú, voz, que hasta aquí norte fuiste de mis pasos::- Negro Prodigioso, ese camino difícil has de ir siguiendo, que al fin de él está tu dicha. Pisaré abrojos severos por hacer lo que me mandas, que es en mí tanto tu imperio, que no me hallará cobarde ninguno de tus preceptos. Llama a Isidoro::- Si haré, Que en él está tu remedio. Isidoro. Ah, pese a mí! que si no estorbo este riesgo, va a ser de Dios este asombro, y tantas fatigas pierdo. No basta, que me burlase Teodo ra? Se te qu ado es misericordia, la justicia qué se ha hecho? Pero cómo yo desmayo? yo me rindo? yo flaqueo? No es este el que por hacer mención del Bautismo fiero, ya que no pudo el caracter, borró el nombre que le dieron? No es este entre los humanos prodigios el más soberbio? el más torpe? el más lascivo? Pues por qué engañado pienso, que aunque Dios (rabio de envidia le llama, siga su acento? Aquí, ardides, que me abraso, aquí, astucias, que me anego. Ministros escandalosos, apadrinad mis intentos, dadme esta victoria, y todas las demás por esta dejo. ̱. Isidoro. . A quién llamabas? ̱. A Isidoro. . Y a qué efecto? pero no hago en preguntarlo bien, cuando claro estoy viendo, que será para matarle: que aunque de Teodora el bello sol vive (de que la ha visto, así el peligro remedio) y solo fue un parasismo el que robó sus reflejos, en la intención de Isidoro ya murió; y fuera muy cierto, que si no hubiera cuidado mi ciencia de su remedio, la hubieras perdido tú, y él conseguido su intento: viva es tu Teodora. . Ya que vive Teodora veo, Y amante. Esa es falsedad; aunque no es tal, si me acuerdo de que me dijo, que Dios arrastraba sus afectos. Ay de mi infeliz! si quieres ver que fue recato, presto verás, que lo que te dijo desmiente. El como no entiendo. Pues porque lo entiendas, sabe, que obligada de mi ruego, que aunque tú me pagas mal, yo te sirvo como debo, viene en seguimiento tuyo, y te alcanzará muy presto, de mi informada, que supe, que encaminado al desierto un engaño te traía. Ni te escucho, ni te creo. Válgame yo mismo, Pues engaño llamas al eco de Dios? . Y satisfarate si la ves? . Si hiciera; pero como a Teodora, que en Dios, por lo que ella dijo, creo, tengo de ver en mi busca? De esta manera: Ea, infierno, vuelva su forma fingida a darme este vencimiento. Filipo. Ella es quien te llama. Conozco su voz y temo que la finjas. . Pues tus ojos hagan el examen cierto. Jesús, valedme! Teodora? Quién me nombra? Mas qué veo! Huyo de este asombro. Ya te he conocido, Extranjero, aunque tarde, pues al nombre de Jesus fuiste humo, y viento. Dime, penitente asombro, pues que por el nombre mismo de Teodora respondiste, si eres Teodora? Al Supremo amante Jesus pregunta quien soy, que yo no me acuerdo de mí, y a Dios dedicada, lo que soy a Dios le debo; pero su misericordia es tan suma, tan inmenso su poder que me ha mandado advertirte, que Extranjero es tu mayor enemigo: guárdate de él, pues te ha puesto Dios donde puedas guardarte; y no extrañes de mi acento, que estos avisos publique deberle a Dios, que es muy cierto, que sus más altos pr ligios revela a los más pequeños. Penitencia, penitencia, Moisés. De pasmo no aliento! Cómo podré yo seguir tus huellas? que el grave peso de mis delitos me aparta la resolución que emprendo. Qué llamado estás de Dios se ve, en que tienes suspenso el torpe amor que tuviste: sigue ese camino estrecho, y hallarás a pocos pasos murada de verdes fresnos una mal formada cueva, en cuyo oscuro bostezo el Santo Isidoro habita, Ministro a quien en el Yermo, como Abad, y como Padre, los demás obedecemos: búscale, y con él consulta tu intención, que en su consejo hallarán tus confusiones claridad, y alivio a un tiempo. Lo que me dices haré, y después, para el ejemplo de mi enmienda en mis errores, a verte volveré, puesto, que lo que me manda Dios, y tú dices, es lo mismo. No hagas tal, que el torpe estilo de aquel tu pasado afecto, si no defiendes los ojos con disimulado riesgo, será manoso enemigo, que te labre estrago nuevo. Pues mandas que no te busque, verete sin ti, pues puedo, guardando para reliquia, Teodora, el retrato bello, que fue norte de mi amor: sirva, pues sirvió de objeto a mi culpa tu retrato, a mi devoción de ejemplo: mejor lugar le dará, cuando tu mudanza veo, que el templo de mi malicia, de mi desengaño el templo. En nada el discurso ocupes, y si buscas el acierto, la memoria de la muerte despierte tu entendimiento: considérame, Moisés, como aquel triste esqueleto, que me defendió de ti, presume de ti lo mismo: mira que la vida es flor, cuyo purpúreo trofeo a la brevedad de un soplo reduce todo su imperio, y que los dos tenemos larga cuenta que dar de largo tiempo. . Oh verdad nunca creída! o aviso el más verdadero! soplo es la vida, humo, y nada, y es lo más que poseemos: Que serán las vanidades, las Coronas, y los Cetros? si hay algo menos que nada, vendrán a ser ese menos. Nací prodigio, y creci prodigio, siendo mi esfuerzo mal ocupado blasón de mis humanos trofeos. Goberné huestes, regi escuadrones, y soberbio fui Rey; pero ya no soy mas que un humano escarmiento, En el espejo del mundo, que es el engaño, vi llenos de blasones mis aplausos, de pompas mis debaneos. Llamome Dios a que viese lo que soy, siendo el espejo de su voz mi desengaño, y soy un mísero Negro. Penitencia. Ya, Teodora, me dispongo a tu consejo: a Isidoro iré a buscar. No harás, porque yo primero te embarazaré el camino, turbando los elemento ciegue a una sombra otra sombra, porque no logre su intento el Cielo, pues si a Isidoro hallas, el cansancio pierdo, que tu perdición me cuesta. Ea, habrados comuneros del Abismo, contra el día formad batallones negros. Ay de mí! toda la tierra se oscurece, y todo el Cielo se viste de un caos confuso, todo es pasmo, asombro, y miedo: el poder de Dios me valgal No podrá, porque mi esfuerzo ha de estorbar sus clemencias. Detente, Dragón soberbio, y el camino no embaraces de ese arrepentido Negro: Dios, que a Isidoro le guía, me manda estorbar tu intento. Suspende, ten la amenaza, que ya bajo de ti huyendo a que el Abismo me esconda. Y yo a Dios dichoso vuelvo. Ya la luz se serenó, y ya el impensado riesgo, que puso temor al día, se desvaneció en el viento. Ya llegó el día, y no puede faltar vuestro ofrecimiento: guiad la oveja perdida al rebaño, Pastor bueno. Esta es la voz de Isidoro, que cuando por el acento lo ignorara, conociera, que era suya por el ruego: de esta oscura boca sale, y no sé como me atrevo a ponerme en su presencia cuando ofendido le veo; pero deme confianza Dios, a quien ingrato ofendo, y su piedad me tolera clemente, mas no es lo mismo Dios, que el hombre, porque Dios, como sabe los secretos humanos, conoce cuando le habla el arrepentimiento, y el hombre que los ignora, no está obugado a creerlo: qué haré yo? pero si Dios me ha guiado, por qué temo? No sujetó mi osadía Dios, y no me vio su acento temblarle como a León, sonando cómo Cordero? Pues quien la dificultad venció de darme a mi miedo, todas las puede vencer, y así llamarle resuelvo, que me siento fatigado de mis delitos, y tengo larga cuenta que dar de largo tiempo. O tú, Varón prodigioso, dichoso huésped del centro de esa inhabitable gruta. Quién me llama? Un humilde Negro, a quien manda Dios que acojas. No eres tú Moisés? El mismo soy, mi color te lo dirá, que ya otra sena no tengo de lo que fui, y esta guardo para que sea desprecio de los hombres y los brutos, que aunque borrarla no puedo, a poder, no la borrara; pues cuando me diferencio tanto en las culpas de todos, a mi color le agradezco, que me séñale, porque nadie ignore mis defectos. Gracias a vos, Señor mío, que llegó el día en efecto: tú eres aquel hombre malo? Yo soy el que intentó fiero matarte el rigor fue mío, pero el impulso fue ajeno. Yo mi ofensa te perdono. Yo fui el escándalo, el riesgo de Mensis, y en altos montes, perdiendo oblemado es sus susto delp asagero, siendo pasmo, siendo asombro de robos, y de adulterios, No ha habido crueldad ninguna, venganza, horror ni despecho, hurto, agravio tiranía, muerte, miulto, sacrilegio, que yo no haya cometido bárbaramente violento. Por qué, si tu vida sé, me la cuentas? Porque quiero, que me oigas arrepentido, lo que comoti resuelto, Tu llanto, mas que tu labio, sirve a mis ojos de acento, que tu contrición explica: Oh qué de envidia te tengo! mueho enidado me cuestas, mas ya, hijo, te confieso, que me has pagado: bendito seáis, o Señor Eterno. Dime lo que eres más. Es, Padre, lo que pretendo, a tus plantas arrojado, humilde, rendido, y tierno, fervoroso, a repentido, y en mis lágrimas deshecho, que en esta soledad santa me admiras por compañero, sea el que fuere, y tu esclavo, dándome en un risco de estos corta celda, o sepultura, donde en mísero lamento gima al compás de mi llanto el largo afán de mis hierros. Ves, Moisés, como es ser más que Rey el hacer desprecio de la vanidad del siglo? y ves como ordena el Cielo, que llegues al más, que yo te declaré? Ya lo veo. Y también yo enternecido lo he visto: los dos lloremos, tú, porque el tiempo perdiste, Si eso quien fiem F y la Regla que Soldados, cercad el monte, y muera el tirano fiero, que es escándalo de Egipto. 1. Al valle. 2. Al monte. Qué es esto? que ruido es este? Que a mí me vienen siguiendo. Pues dime, tú temes? Y que me alcancen recelo, por lo que a Dios he ofendido. Oh grande! oh poder immenso! ya por Vos es mansa oveja, quien fue sin Vos tigre fiero. Mis delitos me acobardan. Entrambos nos ocultemos en mi cueva. Ya te sigo, temeroso de mí mismo. En vano de estos montes fatigamos los pardos horizontes, tanto tiempo gastando en buscar a este aleve. Es cierto, cuando debiera creer, que despeñado al valle los que ves le arrojamos desde el risco, señor, que te enseñamos, que imagnar hallarle es desacierto, porque solo podrás hallarle muerto Que tal crueldad usase con Teodora! Yo la dejé, señora, con Isidoro, como te he contado, después acá no sé lo que ha pasado. El esfuerzo postrero hacer con estos de mi astucia quiero, veamos, pues, (ya estoy desesperado) si aprovecha el ardid, que he imagnado: oigan su voz fingida, y persuadidos a que tiene vida, denle airados la muerte, vengando mis desa de esta suerte. Qué hemos de hacer, Leopoldo, si ya es que este traidor ha muerto? (cierto, Qué hemos de hacer? vengar la desventura de Teodora, llorando su hermosura. En mi podéis vengarla, si atrevidos me buscáis en el monte divididos, o juntos, o esperadme, que en el llano veréis que sale vuestro intento vano. No es la voz de Filipo la que escucho? Con la extrañeza, y el asombro lucho; pero yo haré::- . Detente, y asegurarle nuestro enojo intente: engaño fue su muerte, según veo. Oigo su voz, señor, y no la creo. Pues mi dolor la crea: Alejandro, el valor que en ti se emplea ha de ver mi dolor, venga a Teodora; y pues ya nuestra pena se mejora con tener, al perderla, y al llorarla, con quien poder vengarla, quédate tú en el llano, mientras yo subo al monte, porque en vano de los dos el traidor librarse intente, sígame la mitad de nuestra gente, y quédese contigo la otra mitad, no erremos el castigo de este traidor cuya tragedia clama nuestro Rey, nuestra pena, y nuestra fama. Jesús, y qué tentación! mujeres aquí? mal hayan. Hermano Grajea, cuenta, No es Grajea? Cosa es clara. Grajea soy, no lo ves? Tú no seguiste a mi hermana cuando la robó Filipo? Pues esa fue mi desgracia: no he de consentir. Y dime, es cierto que entre estas altas peñas se oculta Filipo? Yo no le he visto la cara muchísimo tiempo ha, y así no sé donde anda: a Teodora si que he visto. Qué dices? De qué se espanta? Qué viste a Teodora? Pues. Hombre, cuándo? Esta mañana. Pues no la mató Filipo? Antes pienso que matara a las niñas de sus ojos: ella no solo está sana, sino buena, y vese bien, en que por los campos anda predicando penitencia, y de verme a mi es tan santa, que ya imitarme pretende; pero tal fue la enseñanza, que hice en ella: ya se arroba, y habrá dos, o tres semanas, que a hacer milagros la he puesto, y los hace con tal maña, que ayer convirtió de un golpe un melón en calabaza. Tú milagros? embustero. Quieres que te haga la cara de trigüeña, blanca, y rubia, y que te haga nacer barbas? A mi padre le llevemos esta nueva. Me embaraza la orden que me dejó. Alejandro, mis pisadas sigue con toda tu gente, y no quede tronco, o rama, que no examinemos todos. Ea, Alejandro, qué aguardas? Ahora si que iré, sepa la dicha; que duda el alma. . Tú mira lo que has de hacer, porque si el viejo te halla, no han de valerte embelecos, que te la tiene jurada. Pues por qué a mí? Porque fuiste instrumento en la desgracia de Teodora, y instrumento en su deshonor. Aguarda: instrumento, Rufinilla? eso es llamarme en substancia alcahuete, y miente el mundo. 1. Al valle. 2. A la cumbre. Ataja. Este es el maldito viejo: por entrambas partes marchan hacia este sitio, qué haré? Aquí un arrobó me valga para escapar del peligro. Examinad la montaña, que no he de dejar el monte hasta lograr mi venganza. 1. Aquí está un santo varón, que informarnos puede. Aguarda, no le inquietes, que está puesto en oración virtud rara! 1. Camaradas, será este el Santo que el mundo aclama? No soy Santo, pero soy quien de bonísima gana te rompiera la cabeza. Sobre el aire se levanta como arrobado. Pluguiera al Cielo, que me arrobara, mas hoy no he bebido gota. Qué vida tan sosegada! 2. Qué estará pidiendo al Cielo? Que os dé a todos cataratas, porque no me conozcáis: ya los brazos se me cansan. 1. Con las manos toma el Cielo. Ser golondrina tomara, para volar treinta leguas. 1. Yo he de ver en qué esto para: él nos ha visto. 2. Es cierto. Así veas tú, y tu alma: He de fingir otro poco, por ver si se van: ya escampa, no sé si pida cuartel: Jesús, qué malditas caras! Yo detérmino picarle con la punta de esta daga, para ver si este hombre vuelve. Ay, qué infernales entranas de hombre! qué te importa a ti, que me vuelva, o que me vaya? 1. Yo voy llegand Qué intentas, maldito sayón? mal haya el padre que te engendró, que me has pasado una nalga. 2. Señor, este es embustero. No sino Santo. . Basta. Vive Cristo, que soy Santo. 1. Cómo volvió a la picada? Porque soy blando de cutis, y era el punzón más de marca. 1. Señor, este es un ladrón. Hermanito, con quién habla? Este es Grajea. Pues yo digo, que soy mermelada? 1. La bota se le ha caído. 2. Miren si es su virtud falsa. 1. Esta traías contigo? Jesús, qué ilusión tan vanal a algún Ángel se caería de los que conmigo estaban. 1. Este es espía secreta de Filipo. Ay, qué malvada lengua de hombre! Pues prendedle, porque de un potro a la instancia, declare donde se oculta el tirano que me agravia: date a prisión. Qué es prisión? llegad, gente excomulgada, a prender al Ermitano. 1. Que todo esto es patarata. 2. Vive Dios, que se defiende. Este Rosario es mi espada, y estos pies son mi coleto. 1. Llegad, que a coces me mata. Amigo, a los que me pican doy las bazas en patadas. 2. Por la espalda le he cogido. 1. Venga el ladrón. Que me arrastran, Padre Isidoro. . Qué es 1. Respeto infunden ste hombre llevamos preso, que así Leopoldo lo manda, porque diga de Filipo. Ya yo sé la justa causa con que su noble designio le conduce a estas montanas: busca en ellas aquel Negro para tomar de él venganza por el robo de Teodora, después que al Soldán las Plazas le ha vuelto con su valor, que el Negro tiranizaba. 1. A esas causas acrecienta la de que el traidor Monarca le dio la muerte a Teodora. En eso, amigo, se engaña, y así le podéis decir, que dejáis en confianza de mi palabra a Grajea, y que se vea manana conmigo en esta espelunca que veis que es mi rudo alcázar: decid que yo le pondré, porque logre su esperanza, con Teodora, y con Filipo, y que le da esta palabra Isidoro. 1. Habiendo oído tu nombre, que el mundo ensalza, conformes te obedecemos: v Co n vosotros ya Cielo. Amigos, adiós, El Hermano sin tardanza vaya a pedir la limosna. Benedio Deo gracias: Besa, esclavo vil, el suelo. . Vil soy como hombre, y esclavo de Dios, de serlo me alabo. Aún hablas? Válgame el Cielo! Al Cielo llamas? Sí, bruto. Por qué le invocas, si airado contra ti, me ha permitido, por sus ocultos arcanos, que te ultraje, y te castigue? Vuelve otra vez arrojado al suelo, y mis plantas besa. No a ti, lucero eclipsado, sino a Dios obedeciendo, pondré en la tierra mis labios, y aún más quisiera abatirme de lo que ahora me abato, que si soy polvo, y la tierra es mi más propio retrato, reduciéndome a mi centro, en nada mi ser ultrajo, pues abrazando la tierra, a mi misma forma abrazo. Mira qué dueño escogiste, pues cuando ya con aplausos, pompas, triunfos, y laureles intenté ganar tu agrado, él contigo riguroso usa de castigos tantos: para qué la amistad quieres de quien te niega su amparo, y te entrega a mis rigores? mira que estás condenado, blasfema de él. Eso no, engañoso áspid tirano, lo que a mí me toca es solo sentir mis culpas llorando, conocer que barro soy, y que él es Dios Soberano, que soy de su mano hechura, que siendo él Dios, y yo barro, él sabrá lo que ha de hacer de la hechura de su mano. Blasón es de su justicia castigar al que es tan malo. También perdonó piadoso las culpas del Publicano. Ah perro! así me respondes? eres de bronce, u de mármol? como el ultraje no sientes de mi rigor? He notad lo, que yo no soy el primero a quien tu por el mandato de Dios castigas. compararte No hallo, que el poder de Dios immenso en nada sea limitado, cuanto quiere, puede siempre, su misericordia aguardo. Ea, infernales Ministros, pues en Dios confía tanto, veamos como tólera la imitación de sus pasos: arrastradle por la selva, tiña con su sangre el campo, curonadle de cambrones, y a esa cumbre desde el llano sea su ejercicio siempre llevar un leño pelado. Aunque mi vida se acaba, mi espíritu confiado se dispone a mis rigores: inventa contra mi cuanto todo el rencor que me tienes te permitiere irritado. Quitadle de mi presencia. Moisés, por Dios padezcamos, vengan ultrajes, Señor, que alegre por vos los paso. . Ah, Señor! qué amor es este, que tenéis a un vil gusano? mas yo apuraré su aliento. Espera, soberbio vano, que ya las últimas senas de su vida va dejando a tu rigor, qué le quieres? como excedes del mandato de Dios? Déjame (ay de mí! pues cuantas ofensas le hago, cuantos castigos le invento, tantas coronagle añado. Eso sí, tu propia envidia sea, infelice, tu estrago. Amigos, seguid la fiera. Pero qué voz::- Tropezando en mi limitado aliento, pues me da tan poco amparo, que apenas las plantas muevo, vengo huyendo, Padre amado, de esta gente que me sigue. No temas, que yo te guardo. Aquí se oculto la fiera. A buen tiempo habéis llegado, porque mi palabra os cumpla. Para eso os vengo buscando, aunque ese asombro seguía; pero es cierto que he extrañado, que a Teodora me entreguéis, cuando mi valor tirano muerta la vio. No lloréis, que fue apariencia, y engaño del enemigo común su muerte: el vivo retrato de Magdalena mirad. Padre, y señor, si mi llanto lavando tus pies, no es digno de que escuches mis descargos, presto te dará mi vida venganza de tus agravios. Teodora, pero por mí mis ojos te están hablando, ya sé que no tienes culpa, mas sé que soy desdichado: donde el aleve traidor está, que causo mis danos? guiadme, Padre Isidoro, a que vengue mis agravios en un monstruo riguroso, que honra, y vida me ha robado. También ha robado el Cielo. Sigue, hija mía, mis pasos. Perdona por Dios. Si hará: seguidme. Teodora vamos. Id sin mi, padre, que el Cielo me llama a mejor descanso. Ya, Señor obedeciendo los secretos soberanos, mi fren e te ciño mis hombros de este pesado madero, y ya subo al monte, aunque de aliento tan falto, donde para triunfo vuestro el espíritu he de daros, pero mi esfuerzo flaquea al leve peso que traigo: Ay dulce Jesús! si un tronco me bruma la espalda tanto, en vuestros hombros qué haría el peso de mis pecados? 1. Aquí tienes quien te ayude. 2. Los dos te iremos guiando. Oh Angelica compañía! Celestiales Cortesanos, ya con vuestro amparo siento, que es leve el yugo pesado: no merezco yo este alivio. 1. Fija en aqueste penasco esta Insignia vencedora, y pues se ha llegado el plazo de tu muerte, en ella triunfa del mundo, y de sus engaños. Oh Soberano Madero! Trono de Dios, dulces Clavos, Harpa de David, adonde se en la el más feliz canto: a Ne adm h milde, que en vuestros gloriosos braz el aliento que le dio vuelve a Dios. 4. Te Deún laudamus, No oís celestiales voces? Ya las oigo, y elevado en una Cruz miro a un hombre, y que es Filipo reparo: válgame el Cielo! . Pues oye, Leopoldo, en estotro lado otra divina armonía. Qué miro! 4. Te Deún laudamus, Hija, Teodora. Qué veo! . Teodora? Inúndeme el llanto. Perdona, padre, a Moisés, que si causó tus agravios, fue ocasión de mis venturas. Yo le perdono. Ay, que es Santo el Negro! Ya yo he cumplido la palabra que os he dado. Y yo viendo este prodigio, doy a Márcela la mano. El Cielo os haga felices. Llega, Alejandro, a mis brazos. Y tenga aquí fin dichoso e gioso caso.
