Texto digital de La necedad del discreto (otra versión)
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La necedad del discreto (otra versión). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/necedad-del-discreto-la-otra-version.

LA NECEDAD DEL DISCRETO (OTRA VERSIÓN)
JORNADA PRIMERA
Hoy Princesa, y Infanta mi dicha en alto trono se levanta pues depósita el Cielo de homenajes de luz tan alto vuelo en la belleza pura, que eternidad de siglos asegura, de dos hijas tan bellas, que envidia dan al Sol cifrado en ellas. Sois con gallardo brío Padre, galán, señor, y dueño mío, y en todo vigilante, seguro amparo, y verdadero amante Cómo sois mi heredera, robáis mi aliento en dulce Primavera: Infanta. . Señor mío. El mismo amor que os rinde mi albedrío porque en belleza tanta no se cual de las dos más se adelanta. Jamás de ellas se olvida, alivio son de su cansada vida. Mas alentado trato fuera darles dos novios de barato, que al gozo de los nietos reserva amor en la vejez secretos. Mi suerte vigilante su amor retrata en tu valor triunfante, que a menores edades cuerdos padres reservan voluntades. Yo publiqué unas justas, pues de alegrarbe, y de casarte gustas. Princesa Catalina, para elección a tu belleza digna, viene el Ingles Esteban, en quien de Marte la arrogancia prueban, y de Nápoles Carlos, que solo con valor puede imitarlos, Roselió de Alemania, tenido de la Frisia a Transsilvanía, de estos el que a la fama diere más rayos de encendida llama, ha de ser tu marido. Mala elección, señor, has prevenido: los antiguos Tebaños rindieron elecciones a las manos, los Indios a la fuerza, que el tiempo gasta, y vanidades tuerza, los torpes Trogioditas, a alivios fieros de obras inauditas: de modo que si un bruto de fuerzas rinde universal tributo, ese ha de ser mi esposo? excusada elección, gusto dudoso. Yo, señor, me he incliñado a un cuerdo discurrir, a un dulce agrado, de un Príncipe perfecto, airoso en talle, en discurrir discreto. Yo he leido cual sabes, profundos libros, y elegancias graves, y a saber inclinada: del son de Marte la inquietud me enfada. Advertencia discreta de ingenio peregrino. La elección perfeta de marido el gusto igualo, y al ingenio mido, que un Rey con ser prudente le sobran causas para ser valiente, porque él solo hace guerra con el aliento que su ingenio encierra, que a un Príncipe arrogante ya le mueven especies de ignorante, y así con tu licencia esposo he de elegir, con advertencia, que por su ingenio, y arte le respete fortuna, y tiemble Marte, galán, afable, y cuerdo. Tienes noble elección, diicreto acuerdo. El sabio, el advertido, su esfuerzo militar no ha conducido, el arte con destreza le da lo que negó naturaleza, y al torpé, aunque alentado, suele negar tal vez lo que le ha dado. Toda tu Corte espera verte empleada bien. Brava quimera a mi hermana divierte, danle a escoger, y plega a Dios que acierte, que en ferias de marido suele ser el peor el escogido. Yo. Liberales, y arrogantes, con intrépida armonía, opuestos a la osadía del sol con rayos triunfantes, el de Alemania, señor. A2 y él y el de Ingalaterra llegan, cuyos aparatos ciegan su encendido resplandor. Y excusando cortesías de tus Grandes, ya han entrado en tu Palacio. . Y cifrado mil aumentos de alegría a mi deseo. . Advertencia fuera discreta excusar que aquí nos llegues a hablar. Antes liberal prudencia: A tus pies, ínclito Rey, se rinde de Inglaterra la urbanidad de su Reino, que cifra el Príncipe Esteban. Y aunque se por un retrato de la señora Princesa que es inferior luz, esconde a su lado las estrellas. Ciego de belleza tanta, y medroso en su presencia, mis acciones se reprimen, y se entorpece mi lengua, viendo iguales dos luceros. Admirado estoy de verlas. Yo, señor, aunque mi hermana iguales méritos tenga, soy la Princesa, y soy quien siempre serviros desea. Las dos de su insigne acuerdo estimamos la advertencia. Aunque pudiera inquietarme de Esteban la competencia, a sus razones rendido digo lo que cifra en ellas. Pidiendo a su Majestad que los méritos advierta de dos Alemanias ricas con que sirva a la Princesa. Su Alteza mil siglos viva. La prevención de las fiestas está a punto, solo falta que el Príncipe Carlos venga. Dejando las cortesías, mapa donde el pecho enseña en dos razones mil almas, por el compás de la lengua. Digo que a mi Reino insigne, flor del mundo Ingalaterra, de la militante Roma emulación contrapuesta. Llegó la voz con la fama, o cual rayo, o cual cometa de la Princesa de Ungría, Juana en nombre, cielo en muestras. De que públicaba el Rey, que la edad en estos tenga ejemplos, con que la envidia sepulte en tristes obsequias unas justas, donde ocupan Príncipes que la merezcan, porque el de más gallardía su vida traslade en ella. Yo animado de un amor, que la inclinación engendra. en la imagen del deseo, para ser del alma esfera. Recogido en mis acciones, aunque fabricando en ellas, si al deseo ejecución, a la ventura sospecha. Consejo pedí a mí mismo, mal haya quien lisonjea, pues si amor lisonjas brota, lisonjas hierros engendran. Que emprender gozar deidades, y engañarse en merecerlas, es por tener con engaños C. el camino de la afienta. Entré dudoso en mis dichas, adorde el tesoro encierra mi padre, del Sol celoso, a divertir mi tristeza. Montes de plata encrespada, que como nieve en las sierras, debaña en robles de aire, y vi roscas entre peñas. Oro rodando en montones, que como el trigo en los eras, encumbran cual pez de escamas, cuando entre las olas trepan. Montes de perlas, que el Sol en brazos del Alba engendra, tan arrogantes de blancas, que unas con otras se entedan. Diamantes en tanta copia, que si al Sol no obedeciera en la prisión del engaste, los días fueran tinieblas. En asientos de esmeraldas, crisolitos en cadenas, porque al záfiro del Sol quieren hacer competencia. Diré pendientes de un Reino, para servir la Princesa, y vi que rayos del Sol, no obligan lo que el engendra. Castigome su desdén, que tuvo el alma sin verla antojos de larga vista, cuando se juzgaba ciega. Contemplarme aborrecido, quiero que se me agradezca, que ofrendas de indignidades, son joyas de la belleza. A este desdén engendro en la región de mi idea a la del mar proceloso, C. fui a dar rigurosa cuenta. Y como a soberbias de olas hacían rocas con petencias al mar de mis esperanzas consultaron su firmeza. Eché de ver que en el golfo, que airado el amor navega, el que no sufrgere embates, no será amante de veras. Previne una gruesa armada, al viento entregué las velas, que hinchadas de mil suspiros corrieron fiera tormenta. Neptuno opuesto a mis dichas, cuando sierras de agua engendra, Pomita montes de espumas, porque yo tropiece en ellas. Rompí sus dificultades, y hasta tocar tus riberas, el ancho campo que ocupa. me pareció siendo estrecha. Llegué con el aparato que pude, que el que quisiera fuera enojar a los cielos, despoblando los de estrellas. Donde ya empeñada el alma, por el precio de una prenda, que no la quitara el tiempo, aunque haga el mundo almoneda. Sustento, que la hermosura de la señora Princesa es la mayor que las dichas con esperanzas calienta. Esto mantendré en las justas, en torneos, saraos, y fiestas, con la lanza, y con la espada, en las burlas, y en las verás. Y que si méritos son calidades de firmezas, a todos hago ventaja A3 en servirla, y merecerla, en celebrar sus donaires, en pintar sus excelencias, en quererla, en estimarla, adorarla, obedecerla, y verá quien se engañare, haciéndome competencia, que ella es el Alba de Ungría, y yo el Sol de Ingalaterra. Y pues el Alba, y el Sol con un alma se gobiernan, que impedimentos humanos no es bien que al cielo se atrevan. Gallardo estilo. . Discreto. Gracia tiene, valor muestra. Poco aprovechan lisonjas si no hay consultas de estrellas. Mucho, Príncipe, agradezco de su inclinación las muestras, y el valor. A mis deseos vuestra Majestad advierta. Llegó a Alemania de la fama el vuelo de mi señora la Princesa, dando horror al aire, y confusión al cielo, de estrépidos tronidos retumbando, cometa, y rayo es poco, tembló el suelo, y la trompa del juicio acreditando, todos cuantos la oyeron, asombrados en luz de horror quedaron deslumbrados. Cuando en el alma de temores llena sentí temblar potencias, y sentidos, como cuando la gruesa pieza sueña, y silba el eco, roncos los oídos puso la tempestad, y cual sirena, que suspende del mar fieros bramidos, la razón me mostró camino abierto a donde hallase mi esperanza puerto. Consulté con mi padre la osadía de reducirme a tan dudosa empresa, más infundió al peligro valentía, aunque su objecto indignidad confiesa; convídome el Aurora un claro día del ancho campo a la espaciosa mesa, a donde al medio curso el Sol se alienta a juzgar si la tierra está contenta. De bellos Jerifaltes rodeado, midió la vega a un espacioso río, para cazar aliento a mi cuidado, que reducir no puedo el albedrío, hallé hallé una garza, que si al Sol dorado su vuelo no llego desvanecido, sin duda que a pesar de la fortuna el nido fábricó en la blanca Luna. Los espíritus de aire conducidos a su región escuadras de saetas parecen tras la garza sacudidos, si no escuadrón volantes de cometas, en átomos sutiles convertidos, tuvieron tan vecinos ya del cielo, vuelo. que en luz de estrellas se cifró su Pero como a región tan reservada sacrílega opinión no es admitida. la garza con su sangre matizada a espíritu mortal bajó impedida, viendo que quien estrella fue animada, en pedazo de noche conducida, plumas le dio al deseo, al alma vuelo, para atreverme a este divino cielo. De quinientas carrozas la armonía al camino arrojó confuso estruendo, a quien tiran de Frisia la osadía, el Andaluz linaje escureciendo, cuyas clines al aire parecían, que a su mismo regalo obedeciendo, formaba quítasoles en los cuellos, porque corrido el Sol no triunfe de ellos. Una selva parece el Mayo hermoso, que cual monte se mueve su aparato, el ejército horrendo, y numeroso, con que a mi adorno la inquietud retrato, trepando sobre el viento el sonoroso eco de trompas a la fama ingrato, parece que se viene abajo el cielo, más buscábale yo, y excusó el vuelo. Llegué a tu Corte, no sé si he llegado, viendo de la Princesa la hermosura, si incrédulo mi amor, y deslumbrado el alma tiene en funeral clausura, donde si opuesto un mundo a mi cuidado A 4 yg ua- igualarse a mi firmé amor procura, que he de rendirle en méritos sustento, no con armas, con solo el pensamiento, y que si es cielo hermoso su belleza, yo traigo comisión del mismo Marte, para que nadie iguale a mi firmeza, tremolando en mi mano su estandarte, y pues llega a la cumbre de su alteza, solo el valor que mi opinión reparte, ni el Sol la mire, aunque oro rubio peina, pues solo Marte en su nobleza reina. Tan perfetas voluntades yo de mi parte agradezco, ya llevo la gallardía de Príncipes tan discretos. La Princesa de las justas ha suspendido el efeto, y aunque es razón celebrarlas por la prevención que han hecho Príncipes tan valerosos, a su advertencia ocurriendo reduce ya su elección al Príncipe más discreto, y más galán causa justa, porque amor no es juramento, que con rigor se ejecuta, como leyes del derecho, sino un apacible agrado de un sonoroso instrumento, que el entendimiento toca, regalando el alma el eco, y es parecer acertado. Al talle iguala el ingenio. La prevención de las justas, en literales las trueco, pues a las armas, y letras da luz el entendimiento. Gallardo es el Aleman. El Ingles cuerdo, y discreto. Cuál te parece mejor? Jesús Infanta, es muy presto para reducir mi agrado al discurso de su acuerdo. Fuera de que no ha llegado Carlos, de quien nueva tengo, que en gala, y en discreción, talle airoso, y raro ingenio. Nadie le iguala en el mundo. Paréceme que con eso dices que ya estás casada. Si el alma anuncia secretos, muchos avisos me ha dado de esa certeza. Los cielos te dejen gozar sus dichas; doite el parabién. . Tan presto? cuando le vea podrás, que amor, y el peligro a un tiempo nacen para desvelar el más prevenido acuerdo. Vuestras Altezas descansen de su jornada, que el tiempo dará claridad gloriosa al triunfo de sus deseos, venid Princesa. En peligro nuestra amistad hemos puesto, que en competencias de honor no valen comedimientos. Aquí no le puede haber, que ha de nacer de otro acuerdo el premio de esta discordia. Pues como conservaremos en competencia amistad. Comer juntos; y ande el pleito. En dichoso punto pones los pies, señor, en Ungría, viste mayor bizarría, parece que en los balcones del Alba, asombros de estrellas, estaba el Sol esmaltando los pasos que venías dando, sembrados de luces bellas. Viste a la Princesa bien, pues toda aquella hermosura gloria a tu amor asegura, haciendo el mundo desdén. Parece que te enmudece la demasiada alegría, Un Reino quieres dejar cuando ves que toda Ungría Princesa, y Reino te ofrece. Estás triste, vive el cielo. que vaya, y diga que estás arrepentido? . Y dirás lo que del alma recelo: viste a la Infanta su hermana de la Princesa? . Si vi. Con cuidado? . Y advertí su belleza soberana. Pues necio desalumbrado, de torpe elección, y aviso, viste un bello Paraiso del mismo cielo traslado, y dejas de celebrar tantos abismos de gloria, mas no alcanzó tu memoria a tan supremo lugar. No has visto la flor del Sol en un jardín floreciendo, que siempre le va siguiendo inclinada a su arrebol? No has visto en la noche oscura un perdido caminante, que viendo la luz distante, solo alcanzarla procura. Lo mismo me ha sucedido, que en viendo a la Infanta bella, su luz de encendida estrella, mi Norte, y mi esfera ha sido. No me he dado a conocer, aunque a verlas he llegado, y estoy bien asegurado de que a nadie ha de querer la Princesa, sino a mí, pues si la Infanta ha encendido potencias, alma, y sentido, desde el punto que la vi, como me puedo excusar, sime aguarda la Princesa para triunfo de esta empresa. Un Reino quieres dejar de tan supremo valor, y una Princesa divina en belleza. . Al que se inclina aconsejarle es error, que es un Reino comparado. a tan superior belleza? puede haber mayor alteza, que tener al Sol al lado? Reinos sobran, cuando amor. goza triunfantes despojos, si lo son sus bellos ojos donde hay riqueza mayor. Desde la frente a la mano. cándida nieve bertía, pero el cuello se reía. de escurecérsela ufano. Mira- Miraba con dos saetas, o dos aljabas de amor, heridas de tal rigor, como han de sanar secretas. Solo su nácar cortina de perlas ensarta iguales, pueden para heridas tales aplicar la medicina. Tú estás de buena sazón, mas quiero darte un consejo de amigo, no amigo viejo que ese ya fuera sermón. La Princesa te ha elejido por galán, y por discreto, que es de su mente el conceto que tiene ya prevenido. Pues dejar de ser galán, que es lo que las almas roba, no es posible, una corcoba quiero hacerte. . Ganapan, yo tengo de limitar la merced que me hizo el cielo? Mejor remedio, direlo, que este no te ha de enfadar, Fínjete que eres muy necio; que si tu talle la obliga la necedad tu enemiga será de su amor desprecio. Necio dices eso solo, si con la razón se mide, basta para que me olvide desde el uno al otro Polo. Aborrecérame el Rey la Infanta, amigos, criados, que necios acreditados son como nación sin ley. Un necio puede en un día dar garrote a una ciudad. Yo se con autoridad donde hay una cofradía de necios tan presumidos, con capas de maldicientes, que matan sin ser valientes por la lisonja admitidos. Mas yo buscaré la cayo, o lacaya de mi porte, que a la bella Infanta exhorte nuestro prevenido ensayo. Con ella será discreto, y necio con los demás, y si este medio no das es fuerza quedes sujeto al gusto de la Princesa, porque haberte ella escogido, cuando el Ingles ha venido, y el Alemán, fuera expresa causa de tu perdición. Ya empiezo a ser necio, En qué? En escucharte. . Yo sé que estimarás mi opinión. Y si lo dice la Infanta a su hermana? . Viendo que es de su Reino el interes, el premio, y su dicha tanta, ella callará. . Muy pocas guardan secreto jamás. Dudoso en tu acuerdo estás. Alto pues que me provocas quiero estimar tu consejo, siendo necio artificial, y si me hallare mal, volvéreme a ser discreto sino se me olvida. . Quedo, que sale la Infanta aquí como un Sol. . Mi muerte di. Pues comienza por el Credo. Ya llegó el Napolitano. En la gala, y parecer juzgo que este debe ser. Qué satisfecho. . Qué ufano. Por mi vida que es galán, qué talle! qué perfección! Qué notable perfección. Tus dichas lo causarán, puedo darte el parabién. Estoy por decir que sí. Luego en el rostro te vi el alma. Ay hermana quien podrá resistir viviendo lo que muriendo procura, cifrado en él mi ventura, me parece que le ofendo, si la discreción; y el talle hacen en el competencia, quien podrá tener paciencia para velle, y no adorarle. Esto ya está en buen estado, según las muestras veo. Embajador, y correo en un sujeto cifrado, gaceta per cacho, y todo, cuanto embajador redunda, en mi señora se funda por extraordinario modo, el Príncipe mi señor, jaula de la cortesía, que canta por celosía como dulce Ruiseñor, no llega a besar sus pies, sin licencia de su boca, porque el ser cortés le toca, y es cuatro veces cortés. Llegará si se la dan. que es hombre de pelo en pecho a ser de tanto provecho, como agua de por san Juan. Liberal embajador. Pronóstico de alegría. Qué satisfecho. . Qué ufano. Graciosa mentecatía, ruin sujeto; y buen humor. De todo es su Alteza dueño, nada su gusto dilate. El llegará por rescate, que tiene el alma en empeño, bien puedes llegar señor, que ya te habían conocido. Hoy contrastan mi sentido las inclemencias de amor. Beso, y rebeso las manos de vuestras altas personas, dignas de ser Amazonas en los Imperios Romanos. Y por hablar más curioso, sin tocar historias, digo que a merecerías me obligo si me quieren por esposo. Y porque se en mi conciencia que estiman la discreción, en esta breve oración he echado toda mi ciencia. Aunque si me han de estimar por discretos pundonores, diré otras cosas mejores si me las dejan pensar. Princesa qué es esto? . El cielo, que mi inclinación castiga. A risa, y lástima obliga. Qué es loco, o tonto recelo. No sé, Infanta, que te diga, rendile mi libertad, y sorda a su necedad casi no me desobliga. Que tiene tanto valor su talle, y su bizarría, que aunque olvidarle quería no lo consiente mi amor, bien Quién de avisos previniera su gallardia, amorosa para esmaltar rosa a rosa de mi amor la Primavera. Si se turbó. . Puede ser. Ya tratan de aborrecerte. Y tú de darme la muerte. Carlos para merecer cualquier supremo sujeto bastale su airoso talle, tan digno de celebrarle. Eso yo se lo prometo, donde yo soy Rey decían, que en el talle, y el aviso era un hermoso Narciso, y yo sé que no mintieron, que los que zagales son, sin admitir más consejo, o se lo dice el espejo, o les da en el corazón. Y si a merecer llegara de la Princesa los dones, yo le dijera razones que nunca las olvidara. Y que cierto, fuego en el como desdora el buen talle el no saber gobernarle. Viose rigor más cruel, que viendo tales desaires, resuelta a su amor conciba una elección tan esquiva, que me parecen donaires. Bien saldré con mi intención, si de discreta me precio, amor celebrado, y necio, contrarios sujetos son. Infanta que has colegido de este desaire? . Que dés nombre de tuyo al Ingles, por más discreto admitido. No puedo, que a este me inclina mi natural. . Linda cosa, hay suerte más rigurosa, y en tu oposición indigna, que tener un necio al lado? Amor no es sabio, y enseña? Eso es labrar una peña con un buril. . Yo he llegado con algún desasosiego, y así pueden perdonar, porque me voy a acostar, parece cosa de juego el lance en quer me has metido. En él tienes de ganar, yo le voy a descalzar, porque está medio dormido que estudiando con cuidado el estilo, y agudeza con que hablaría a su Alteza, dos noches se ha desvelado, trabajo bien importante, pues le ha lucido también, que merece que le den el grado de firme amante, Cómo a el de grande hablador. Remóquete bien está, yo volveré por acá a embañastarle un favor, que me importa consultar cosas que le han de agradar. La novedad le asegura. Qué ha llegado Carlos? . Viene con prevenido silencio, por excusar ceremonias de tantos recibimientos. Excusar ostentaciones es cordura, mas no a tiempo de pretensiones tan altas. Tus pies, señor, reverencio. Dadme, Príncipe, los brazos. Gran señor todos son vuestros pero si alguno sobrare, con vuestra licencia quiero, que sea de la Princesa, a quien obligada tengo, para que sea mi esposa con sútiles argumentos. Aunque méritos os sobran, pide más fundado acuerdo. Príncipes denme sus manos, que por sus retratos tengo noticia de su valor. Y los dos también del vuestro. Cómo venís? . Tan cansado, que casi estuve resuelto a volverme, qué implorar clausuras del casamiento, quien tiene de ser rogado, es muy deslumbrado acuerdo. Rogado decís? . Jesús, o este es muy loco, o muy cuerdo. Por Dios que el Napolitano que es precioso majadero. De discreto, y de galán no es este a quien nombre dieron, por asunto de la fama, y veneración del tiempo, como tan necio ha venido! De su mudanza sospecho, que de alguna enfermedad le turbó su entendimiento. Yo, señores, no soy hombre que a cualquier viento me muevo, y llegar aquí me cuesta gran cantidad de dineros. No el Sol refulcera en toldos, por cuyos, de espuma envueltos, rayos dispara en follajes, a remunerar incendios. No precipita alternados remisiones de misterios. ni articulando colosos, ni acrisolitando alientos, sobre más ricos Ediomas, sobre celajes más Reinos que los que yo en precipicios a mi deidad manifiesto. Escollos troncados piso, cadaveres tan funestos, que recamando Horizontes, forman triunfal estupendió. Ni yo se lo que me digo ni ellos sabrán entenderlo, que ser necio, y hablar culto es como serzurdo, y tuerto. Necio con bachillerias viene a ser dos veces necio. Aunque ofenden sus razones, Infanta, por él me muero. Mas al Aleman me inclino. Si al Napolitano veo por tan necio aborrecido, con la Infanta me contento, si la Princesa oscurece la luz de mis pensamientos. Este ya está descartado por mentecato, yo quedo a merecer la Princesa, por muchas causas dispuesto. Dareisle al Napolitano en Palacio alojamiento. Mejor dijera en mi alma. que a cualquier viento me muevo, Con temor miro a Roselio. Temiendo estoy la elección, que si ha de ser de discretos en duda está el elejirlos, y cierto el aborrecerlos. Que si amor, y discreción han de ocurrir a un sujeto, corresanos desvaríos no admiten gloriosos pre- míos. De esta bolta eres patrón si volite far acuesto, quien pillara las madonas por más galante fratelo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA míos. han Notables justas han sido, bravos golpes, lanzas bellas, rayos en fieras centellas, sus golpes aseguraban. Tales encuentros se dieron, que en rayos de horror midieron los tru enos que disparaban. No me viste, Aldonza, al lado del Napolitano Marte suspender, y asegurarte el alma que me has robado? Qué te parecí? . Muy bien: una runfla de lacayos, pueden suplir tus ensayos, mirabarme con desdén, como de galán te precias, y de tan valiente. . Yo no me desvanezco, no, con Porcias, ni con Lucrecias, pan por pan, vino por vino, quiéresme? sí, cuándo iré? esta noche, brava fe, zampuzón, y aoñar camino. Si hay firmeza, que la imite, si hay dobladura, afufón, que dos caras, a un doblón solamente se permite. Elegante estás, y airoso, como tu señor ha sido quien ha triunfado; y vencido mas que un Marte valeroso. Cuantos Príncipes salieron en las justas. . Claro está, no hay gracia en el que no da envidia a cuantos nacieron, Sí, pero sus necedades de esas excelencias son un absoluto borrón, que aumenta desigualdades. Necedades, algún día verás a lo que se ofrecen. Hoy en efeto escurecen la luz de su monarquía, por eso no está casado con la Princesa. No ha sido, aunque necio, aborrecido. Dices bien. . Pues de ese enfado has de ser tú el instrumento que ha de ponerle en razón; cuya divina elección será de tu dicha aumento, Condesa has de ser si das el medio que de ti espero. Y tú si te estimo, y quiero? Yo seré otro Conde más. Cuanto pueda haré por ti. Suela soy de tus chapines, pues me anuncias tales fines. Salen los Príncipes? . Sí, oigamos lo que blasonan, que es fuerza estar ofendidos, como han sido los vencidos. Que este mentecato abonan, que los premios le hayan dado reve reverenciando su nombre, a un roble en figura de hombre, peña dura en tosco prado, que quien ser bestia prosesa a nuestro furor se atreve! Aunque los premios se lleve no le tendrá en la Princesa, que su curiosa advertencia remite a más calidad de ingeniosa autoridad. Grande ha sido su prudencia, pues si el más diestro, y furioso de las justas la llevara, bien empleada quedara con un mentecato esposo. A todos nos está bien, pues tanta dicha ha tenido, que le den por premio olvido. Si es venturoso, también tendrá de su parte amor, que como de calidades no costituye igualdades, suele escoger lo peor dicen que desvanecido nuestro vituperio aumenta. No hagáis de ese loco cuenta. Antes estoy tan corrido de sus bravatas, y fieros, que en el campo mano a mano he de ver si le hace afano él si lo de sus aceros, como de su presunción la opulenta gallardía. Pues alto, traslade el día a la Noruega Faetón, y el primero que le alcance ha ver saquele a reñir: pero quieroos advertir, por ser tan costoso lance, que si le sacaréis vos, que he de quedar yo obligado al peligro, o al enfado, pues correrá por los dos, y que de la misma suerte si yo le saco ha de ser. Por ambos ha de correr el peligro en vida, o muerte. Con pleito homenaje así lo prometéis? . Si prometo. Amo mío grande aprieto. Quién habla? quién está al? llega acá, quién sois? . Señor, soy nonada entre dos platos, soy la moza de Pilatos, que puso a Pedro temor. Soy un hombre a quien le dan por cortés el galanteo las madonas del bureo, en las Cortes de Bilan. Soy Pedagogo de brujos, soy fundador de refranes, soy zahorí de ademanes, soy retrato de dibujos. Soy nieto de la Capona, asombro de esta ciudad, y para decir verdad, yo soy la mosca de Aijona. A que venís a la Corten Venía a correr ciertas lanzas, y como mis esperanzas llegaron sin pasaporte, los cabellos me faltaron, que libreas muy lucidas. ya las tenía prevenidas. Harto en eso os agraviaron, que donde el Napolitano salió, también podíáis vos salir. . Páguéselo Dios. De dónde sois? Mauritano, que que opuesto a los Trogloditas, los Caramantos espanto con mi Maúrita no canto. Malas tierras son. Malditas, mal en ellas me sucede. Vos venís de lindo humor. No habré menester dotor. Si vuestro voto se puede tomar, que os han parecido las justas? . Muy apretadas, lucidas, y celebradas. Quién el más gallardo ha sido? Al Alemán alabaron, y al Ingles de bravos hombres, Príncipes de cuyos nombres los rayos del Sol temblaron. Conocistelos? Yo no, que llegué tarde a mirarlos. Del Napolitano Carlos qué oístes? . Bien pareció, pero no tuvo que hacer con los bravos que he nombrado. A qué llega vuestro estado? A servir, y a obedecer, ya que va a decir verdades. Tomad esos diez doblones, que vuestro ingenio; y razones cautiva las voluntades. Beso tus pies: a lisonja, bien haya tu atrevimiento, que harás hablar a un jumento, y harás callar a una monja. Las damas salen. . Y viene Carlos a su lado, a quien vendrán dando el parabién. Cómo en ello se contiene. En confusa suspensión tienes la Corte oprimida, a tu voluntad rendida, y al gusto de tu opinión la remisión no es cordura. Ni oprimilla luego justo, que eternidades del gusto quieren prevención segura. Príncipes elegres días les dé de su fama el nombre, y hasta el Antártico asombre la luz de sus Monarquías. Gallardo su esfuerzo ha sido, no vi rigor más prudente, pudiera el menos valiente poner a Marte en olvido. Vuestra Majestad nos mira con buenos ojos. Y veo su celebrado trofeo, que al resto del mundo admira. Yo pondré a tu amo a donde pueda con la Infanta hablar, pero advierte que es lugar por donde se corresponde el cuarto de la Princesa. que también hablar le quiere, y advierte al tiempo que fuere, si la cordura profesa, que dices que la primera la Princesa ha de venir, con ella podrá fingir la resolución que espera, que luego la Infanta, y yo en dejándola acostada, y su elegancia inclinada al alma que la obligó, dará con honesto oído, puerto alegre a su deseo. Ya de Condesa te veo celebrar el apellido: la Pricesa es la primera que verdrá allí. Así será Advierte que en eso está la cifra de estaquimera. Carlos, gallardoanduvistes, daros quiero el panbién. Yo os le quiero darrambién, que muy bien lo merecistes. Si no que yo como aplico tan buen talle, tal pujanza; a cualquier bote de lanza gran fuerza le multiplico. Mi caballo, y yo, mortales golpes dimos cual se vio, porque mi caballo, y yo venimos a ser iguales. Él tiene mucha razón. Estamos hechos a una, y así con igual fortuna es igual con mi intención, porque es consonancia ex presa que tenemos concertada, que como el ala cebada, me va ya yo a la Princesa. Qué imitando Abel tenebros, nuestro apetiro aplicando, si él la pide relinchando, yo la pido con requiebros. Hermana cortida estoy, hablarle a solas quisiera, porque algún medio eligiera a este daño, pues no soy para arrojarle ofendida del pensamiento. Tampoco el Rey querrá que a este loco de tu opinión reducida, Yo, Príncipes valerosos, centro de la cortesía, con licencia de mi padre, que es la esfera de mis dichas. Ya me detérmino infanta; ciega estoy, temor me incita, para que este Reino tenga la quietuda que se inclina. Hice a persuación costosa deslumbrada astrología para anunciar cuidadosa lo que el temor desperdicia. Que la que elije marido, si breve se precipita, largos incendios al alma de desagrados fulmina. Reducirse a los aciertos, principios de amor fabrica, que animar de sigualdades en dudosa dicha estrivan. Quien de los tres no agradece, que el que por mi esposo elija sea con quien tenga amor correspondiente a alegría? Ninguno, que no es el centro de la hermosura la dicha, sino el unir las estrellas, voluntades reducidas. Esto no puede alcanzarse con la escala de la vista, que en sujetos animados suele haber pasiones tibias. Pero alomenos a quien le ha dado el cielo en la cifra de tres Príncipes tan grandes, suerte que a su gusto elija. Si no acierta en escoger, tormenta eterna confirma en el golfo del pesar; donde se anegan las vidas. Y así Y así, pues de lo interior nadie la luz determina, brujuleando excelencias, quiero alentar gallardías. Que alomenos el que tenga con experiencia advertida más grados de discreción, que es quien los daños limita. Con el buen talle animados, parece que pronóstica los secretos de las almas, concertadas armonías. Pues porque nadie se enfade de que mi gusto se inclina al triunfo de sus riquezas, ni a la opinión de sus dichas. Yo daré un papel a todos, a donde hallarán escrita de mi gusto la advertencia en el centro de una cifra. Y el que yo nombrare allí, quiero que el laurel se ciña de dichoso vencedor, y dueño del alma mía. Esa advertencia discreta, su ingeniosa gallardía suspende mi entendimiento. El amor todo es enigmas, no digo que quiero a Carlos vergunzosa, que mis dichas suspenden sus necedades si amarle se determinan. Qué dice Carlos? Que yo cualquier camino que siga he de acertarle, aunque esté cifrado en filosofía, porque la entiendo muy bien, y si quieren que la diga, anme con atención. Casi me provoca a risa; corrido estoy que este loco tan alta empresa consiga Erase un Camaleón, con su cola, y su barriga más pintado que un Antón, y más torpe que bia envidia. Este en las justa de amor también quieredar noticia de que la susenta el viento, pues son deviento las dichas. Vino de solor morado a ver la Princesa invicta, y así como sesentó al lado de su basquiña, lo morado trocó en verde, que en los ojos hay dos niñas, y se inclinó a la mejor, que amor como quiere pinta. Pues como está la menor toda de cielo vestida, estará de azul celeste mientras quiera; mientras viva. Porque si solo de viento su alimento solicita, allí estará sin decir jamás, esta boca es mía. El viento le engendro Marzo, Abril engendra a la niña, y al Camaleón el Mayo, para que pinte alegrías. Si esto no es adivivar, un zahorí lo distingua, que no lo dirá más claro un estudiante de Frisia. Hay locura semijante? Pues yo quiero que me digar que soy un necio; si no se cifrate aquí la cifra. Qué quiso decir, Princesa? Si no viera que se inclina a mi amor, al tuyo, Infanta, pensara que se rendía. Si no que como es tan necio, discurre, como el que tira a bulto, y acierta al blanco que da donde no imagina. Que de hierros hace un padre por el amor que le incita de los hijos, pues tal vez trueca en llanto la alegría. Esto queda así señores, pues que ya está reducida a mi gusto la Princesa. Mil siglos su Alteza viva. De esta vez no se me escapa; oid Carlos. Qué desprecio, no habéis de tirar tan recio, que me romperéis la capa. Importa que me escuchéis. Decid, que ya os he escuchado. Con vos tengo cierto enfado. Bien lo mostráis si tendréis. Dícenme que os alabáis de gallardo, y de atrevido, mas que cuantos han nacido. Si es así que lo dudáis. Sustentaréis con la espada en campaña, que eso es cierto, Mas que queréis verme muerto. Oh veros bravo. No es nada para lo que me convida: pues en que os soy enfadoso? En mostraros jactancioso y descortés. Por mi vida, y que remedio os inclina a que lo deje de ser? Con la espada se ha de ver, Ya eso pasa de mohína; mas que queréis pretender, dirme cuatro, o seis porrazos? Díranlo mis fuertes brazos. Pues no los he menester, que sin ellos me he pasado desde que nací hasta hoy. Necio en no matarle soy. Mas pues tenéis tanto enfado, junto a la puerta Romana de alabastro hay una Cruz que está de noche con luz, saldréis allí. Cosa es llana. Y para qué echéis de ver que las palabras son viento, habéis de hacer juramento en viéndome, de no hacer mas de arrancar de la espada, sin prologos, que estos son principios en mi ovinión de satisfacción cansada, a las diez en punto allí me esperaréis, o os espero. Sois honrado caballero, yo os lo juro. Quede así. Adiós. Brava ceguedad, por necio me tiene en poco; mas el verá siendo loco, que hay discreta necedad. Amo de mi corazón era tiempo ya de verto? Tamayo sí, y de mi muerte B2 que que necios los hombres son. Que de consejos bestiales fácilmente reducidos se consultan divertidos, a elecciones funerales. Pienso que te he de matar sino salgo con mi intento. Y si tu gusto acreciento, que premio me piensas dar. Que más que haber reducido. a tu gusto mi deseo? Pues en esta noche creo le tienes de ver cumplido. De qué suerte? La Princesa, y la Infanta te han de hablar esta noche. Aurá lugar? Y ocasión con causa expresa, la Infanta por grandes ruegos, la Princesa por su gusto, y pues al tuyo me ajusto, porque no ocurramos ciegos. Advierte que la primera que ha de venires la Infanta a las diez en punto. . Tanta. confusión mi dicha espera. Y el otro a las diez me aguarda para matarse conmigo, pero si a morir me obligo por la más bella, y gallarda Infanta que el Alba enoja, como la puedo burlar si me pueden abrasar rayos que su vista arroja. Con una duda me afllijo, si ha de venir la primera la Princesa, que quimera, pero sí, la Infanta dijo, Mira si es tarde, si están, en el puesto, ve a saber donde las hemos de ver porque ya las diez darán, y hacer falta es darme muerte. A una teja has de llegar donde yo te he de llevar, luego vuelvo. Trance fuerte, sino doy satisfacción al Ingles quedo corrido, si de la Infanta me olvido, mal consigo mi intención, alto, por la Infanta muero, tiempo habrá para reñir. Por aquí veo venir solo aqueste majadero con esta demostración veremos su gallardía; es Carlos? Serlo solía. Dícenme que en opinión me ponéis, de que no soy a vuestro valor igual. No pienso en eso muy mal. Dentro de Palacio estoy, y así reduzgo a razones lo que en obras remitiera, si el lugar lo permitiera. Es de muy sabios varones, pagueos Dios la cortesía. Y porque palabras son medios de satisfacción, si es cierta esa bizarría, en el campo pues estamos. solos, y es la noche oscura, tan lóbrega, que asegura. silencio; al fin que intentamos, os quiero dara entender. como como engañado vivís. 2ol Muy colérico venís, pero si no puede ser, digo que a las diez en punto salí a la puerta Romana hy c ardino solo. De muy buena gana Y por si quedáis difunto, junto a una Cruz arrimado de alabastro me hallaréis. Gran satisfacción tenéis. Eso os llevaré ganado, y advertid, pena de tuin caballero el que hablare palabra sin que declare de su pretensión el fin, el acero de su espada. Ja más en el campo hablé. Pues a Dios, que al punto iré. Vuestra tardanza me enfada, al punto voy. Ya yo os sigo. Esto está muy bien trazado; tras el irá mi criado, para que sea testigo de que allí juntos estaban, su venganza previniendo, y que me volví saliendo, que dos hombres me aguardaban. Señor ya la Infanta espera. A dónde? A esta reja ven. En albricias de mi bien darte mil vidas quisiera, Ya pienso que habrá salido, mira que yerra el que tarda. Mi amor es Ángel de guarda. por ser tan recién nacido. De mi ciego amor forzada a mi acelerado objecto, mal reducido el efecto, la observancia mal fundada salgo a esta reja a saber si alabáis tu amor tirano, para mi gusto inhumano de limitar su poder. Carlos ha de estar aquí, un hombre se llega; él es, amor no digas después que estuvo la culpa en m es Carlos? Oh Infanta bella, Carlos que tu cielo adora, pues vecina de la Aurora tu luz pudo escurecerla. Quién Reinos, Infanta hermosa, precipita en desperdicios, dando de arrogante indicios, por cuanta beldad reposa. Por la Infanta me ha tenido, y con lenguaje distinto, a otro nuevo laberinto veo su gusto rendido. Quiero callar, y fingir, que soy la Infanta, o tirano. Oye, da amor inhumano el violento discurrir a las nuevas de tu hermana, inclinando el pensamiento; mas de su belleza absorto, que interesado a su Reino, porque la fama pública con anuncios lisonjeros por divina inspiración la igualdad de los sujetos. B3 y pa- y parece que es pues doy exhaladas de los cielos en las memorias imprime lo que remite a los tiempos bienes con satisfacción, grande fue, yo lo confieso, de que ya era Rey de Ungría, y de la Princesa dueño, iuan tributos de halagos, general ofrecimientos, para aligerar las dichas que fabrican los desvelos, la privación de su sol, pues lenguas sus rayos fueron. Si más joyas para el Alba labró Faetón su maestro, si más perlas ha engendrado, si más oro ha descubierto, si más diamantes su sol ha convertido en luceros que las que previne, dando, más satisfacción al miedo, que esperanzas a las dichas de quedar yo satisfecho. Viniendo ya caminando paré en un claro arroyuelo, que claro, y murmurador desenfadado, y risueño, dejaba de ser corriente, pues fue para mí tan necio. Burlávase de mis dichas limitado, y lisonjero, por donde esmaltadas guijas, cansadas de sus desprecios, del sondo de su caudal descubrían el secreto. Fuy siguiendo de su margen el omenaje opulento, donde por burlarse de él silban los aires traviesas. Entre unas zarzas, que enredan los sauces con los enebros, los unos por presumidos, los otros por avarientos, se me ofreció perezosa, y a sombra de un bulto negro, que lleno de noche el alma, en su noturno silencio, Pareciome que decía con voz baja, y ronco pecho, si a la visto tronco mudo, libre estatua al pensamiento. Donde vas desvanecido, detén los pasos, que opuesto a tu influencia este Marte, por emulación de Venus: No gozarás la Princesa, que sus dos claros luceros, a discreta esfera guían, y a claridad de su Imperio. Yo entonces, si no medroso, desalumbrado alomenos, a la elección de la espada remito el atrevimiento, y a la perezosa vista bajé, alentado, el sombrero, para recoger vislumbres que previenen sus efetos, Saco el acero, gallardo, y sigo a la voz el eco, que en resistirse a mis golpes, o era sombra, o yo era ciego. Mas la rigurosa espada en dura Parca convierto de mal nacidos pimpollos, y de ramos lisonjeros. Los olmos se estremecían, gemían los robles huecos, y las aves con su canto misericordia pidieron, Volví Volví a mi gente, corrido de no llegar satisfecho, que a tibiezas de fortuna no admite el alma consejos. Pártime, llegué a tu Corte con un criado, midiendo al paso de mi alegría los vanos recebimientos. Amor tuve a la Princesa, él me trujo, no lo niego, con todas las esperanzas que alimentan los deseos, a quien pido mi desdicha. Pues cuando la vista dejo a elección de mi albedrío, al camino me salieron de tu belleza los rayos. Que como el Sol en saliendo deja sin luz las estrellas, como de la luz es dueño, así queda en confusión lo que no eran los resejos que tu belleza engendraba en su celestial incendio. Yo dije entonces, si amor si vengo rendido, y preso de la Plincesa, y más grados hoy a la Infanta le ofrezco, donde llegaran mis males, si por ella estuve muerto, como espíritu animado, iré a conquistar su cielo? De la visión me acordé, y perdonela el respeto que me perdió en desperdicios. que hoy me asegura en aciertes. Pues como en mayor amor son mayores los extremos, empecé cual niño el libro a formar letras de nuevo. Y porque me aborreciese tu hermana, a quien su conceto para pintarme su esposo, ya fabricaba el busquejo. Hice la mayor hazaña que a las memorias dio el tiemp en acelerados cursos, que fue hacerme loco, y necio. No ofrecí a tu luz hermosa sacrificios emíneos, si deidad reposas, luz que suspende el firmamento, sino que de amor la fuerza, como yacen mil extremos, pues por tu deidad gloriosa tiempos burla, y Reinos dejo. Sufro engaños, mido harrores, nombre ultrajo, fama pierdo, pues dejo de ser yo mismo, por ser de tu gusto dueño, si mereciere tus glorias, mi locura irá en aumento, y dará triunfo al amor la necedad del discreto, No le quiero respunder, que ofendida le desprecio, y aunque es grosero castigo, yo, y amor nos entendemos; a diós Señora escuchad, oíd señora, qué es esto? como a quien soy me han tratado, necio fui, yo lo confieso, que poco valen, amor, gallardos ofrecimientos, si en las firmezas mayores está el peligro más cierto. Adios que quiso decirme? a dios a solas? confieso B 4 que que de ingratitud tan grande me confunde el sentimiento. Amores Dios si dijera, a Dios amor fuera cierto, que al Dios de amor adorara; respetando al de los cielos. De corrido voy soberbio para matar al de Ungría, y al Ingles, pues ya se el puesto donde me están esperando, rayo seré, seré incendio, para, que firmezas valgan, si no de amor, de mi acero. Esta es la crucide alabastro, y este el señalado puesto, donde he de esperar a Carlos: tan dichoso como diestro. Oscura; y triste es la noche, y con funeral silencio, parece, que de desdichas representa los sucesos. Él viene, ya mi valor y fuerte espada prevengo, Carlos me está ya esperando, con cuidado vino al puesto. La luz se ha muerto, y apenas veo del confuso suelo, a donde los pies estampo, mas pues reduce al silencio la fuerza de mi valor, yo le envisto, Ya mi aliento dichoso fin me asegura, ea valor, que ahora es tiempo. Vive Dios que es alentado. Alentado es vive el cielo. Bien tira. Bien acomete. Tente Carlos, que me has muerto, Carlos tuya es la victoria. Pues no me condce, quiero librarme de este peligro; Esteban es, sute elllego, y entre mis blazos el alí precipita él sin funesto, no hay disculpa que me valga Oh Carlos necio discreto, que bien que nos engañast Muerta se Yo aol nuanos Dejarle quiero, que pues no, me ha conocido, dirán que Carlos le ha muerto, y enviaré gente que acuda a llevarle. overolas Fuese, ay cielos, fuese el riguroso monstruo, muy herido estoy, ya siento gente que al ruido camina. Quién sois noble caballero? El Príncape Esteban soy de Ingalaterra. Qué es esto? Carlos de muerte, me ha herido; y vos quién sois? Quién ha puesto en serviros su cuidado: hoy me distes. No me aquerdo. Diez doblones. Bien decís. Logrado agradecimiento mostraré ahora en serviros vamos, porque os curen luego, pues el valor que mostráis hace al peligro desprecios. Alentado estoy, quien tiña C con libia no funnamento, tema a la razón que siempre guarda las leyes del duelo. De tus razones forzada, mas que de mi gusto, vengo, que a lo que el alma no inclina, mal se animan los deseos. Dices que es discreto; y sabio, y solo por verlo vengo, pues no hay mayor discreción que fingirse loco un cuerdo. No hay Seneca que le iguale, con Ovidio; y con Homero puede emular opiniones, dando a Virgilio concetos; él viene ya. Por cumplir de la Princesa el precepto, opongo al lado de Marte el tierno agrado de Venus! La Princela está en la reja, dírele mi pensamiento, pues la Infanta amor tandoco el desdén de dio por premio. Pero que digo, que fácil destribuye pensamientos, no atesorata firmezas para el cambio del deseo. No llegáis? Señora, estoy con gran temor os confieso, de que habéis de tardanmucho, y como estoy al sereno, estoy algo que medrosa de catarro, y corrimientos, Allá en mi tierra tenía unos amores secretos y una noche, por laita por las paredes de un huerto, se me recalcó un tobillo, y desde entonces confieso, que andar de noche me ensada. Sois delicado, yo os creo. Delicado no, achacoso, que hay estrellas en los cielos, que infunden enfermedades en los más robustos pechos. Una he visto yo no ha mucho, que me anocheció lucero, y amanecerá cometa, pues su influencia me ha muerto. Luego me dio la jaqueca, y vi el catarro tan cierto, que es menester prevenirme de jalea, y caramelos. No saldré de noche más si queréis que entre al a dentro, hablaremos más seguros, y sino a Dios, que me duermo. No es mala esta discreción. Él es muy gran majadero, y muy loco su criado. Quedaos a Dios. caballero, pues los niños, y los locos en igual grado ponemos, compre una cartilla; y vaya a la escuela, que yo pienso que a examinar enfados será letrado muy puesto. En buen estado, por Dios, mi firme esperanza veo, las dos se hurlan de mí. Oye, señor el suceso más peregrino que al mundo la la fortuna ha descubierto. Si tú me escuchas, podré decir, Tamayo, lo mismo. Primero me has de escuchar. Los dos Príncipes salieron al puesto que les dijiste, y con tal furia envistieron sin conocerse, que Esteban está herido, y medio muerto. Y Roselio? . Retirose, viendo el daño manifiesto, y Esteban piensa que tú le has herido. . Bueno quedo, en la Infanta vi el desdén, en la Princesa el desprecio, y de esa muerte el peligro en buena ocasión me has puesto. La Infanta respondió mal? como la polvora al fuego. A cuál la primera hablaste? La Infanta. . Pesia mi abuelo, que había de ser la postrera, y la Princesa primero. Bárbaro, loco, ignorante, ahora sales con eso? la Infanta dijiste infame? Érreme, yo lo confieso, No has visto que va un muchaci por atincar de platero ala tienda, y porque no se le olvide, va diciendo, atincar, atincar siempre, acincar, y encuentra luego otro muchacho su amigo, que divierte el pensamiento con las argollas, o el trompo, y olvidado; va corriendo, y por pedir el atincar, pide tinta, satisfecho de qué lleva buen recado? pues ese mismo suceso, gran señor, me ha sucedido; fui por la calle diciendo, Princesa, Princesa, y vi, siempre Princesa diciendo, más blanca que una paloma, la puerta de un tabernero, eché un cuartillo glorioso, peón del entendimiento, y salí diciendo Infanta, Infanta, notable yerro, pero la sed es demonio. Con mil puñaladas quiero casiigar tu infame culpa; suspender tu infame yerro. Tente señor. Si en el mundo paras villano grosero, mil pedazos he de hacerte, átomo serás del viento, Bércebu espere tu furia, a Diós, que ya nos veremos el día del juicio juntos. cómo, si ya no le tengo? el Príncipo Ingles herido, y yo culpado sin serlo, la Infanta en desdenes míos, ejercitando su acuerdo, enfadada la Princesa, que premio, que vida espero? yo digo que si se juntan a consultar su consejó, un discreto, y una a solas, para acertar contrapuestos, que aunque lució, quiere siempre, y así del de más ingenio, que si alguna vez resbala, presumido, y satisfecho, que es la mayor necedad la necedad del discreto, JOR JORNADA
JORNADA TERCERA
TERCERA Que no me engañó el lacayo. Amiga no te engaño, que aunque las suertes trocó, fue peregrino el ensayo: no el lozano, y fértil Mayo vio dibujar el pincel del sol que se cifra en él, retocando sus colores en las esmaltadas flores del jazmín, rosa; y clavel. Con estilo más lozano que Carlos su amor pintaba, arcos, flechas, venda, aljaba amor remitió a su mano, el eco en su lengua ufano, con sonora cortesía, parece que repetía como entre fuentes sonoras, anuncios de las Auroras, que el Sol para el mundo cubra. No hubo en su boca rayos que no brotase finezas, tan vestidas de agudezas, como de luces Faetón, Imperios de permisiono le daba el alma en desvelos, Libia ostentación de celos, pues por amarle dudosa, entre observante, y medrosa, tuve sus celos por cielos. El Príncipe Esteban dicen que está mejor. Sí señora, su Reino su muerte llora, y en duda a Carlos maldicen, Verán que si contradicen, pues tiene salud. . Ayer le vi levantado. El ver que airado intentó su muerte, la paz, y quietud divierte. Yo lo sabré suspender. Él nos oyó, que aquí viene leyendo un papel. Quejoso estará, y aún vergonzoso. Mas culpa que enojo tiene. Qué oigan ahora convienel este papel que ha enviado mi padre, con causa airado, daré celos, y temor, alas veloces de amor. con que despacha al cuidado, Hijo, si con vida os halla esta que con llanto escribo, por ver en tan poca edad mal logrados vuestros bríos. No tratéis de ser esposo de la Princesa, advertido de que en vez de hálagos tiernos os alimento peligros. Vuestra prima Rosimunda, y su padre, me han escrito, dueño del Pólaco Reino, tan noble, y tan estendido, que si ya no estáis casado, tratéis luego de veniros a ser su esposo, y su Rey, con excelencias de primo. Que juntando nuestro campo co con los de algunos amigos, al disgusto que os han dado yo daré el justo castigo. Señor. Princesa, y señora, perdonad, no os había visto Reciproco amor de padre con causa os ha divertido. Las heridas ya están sanas? Gracias a Dios sin peligro, que como de tales soles los reflejos cristalinos infunden por donde pasan, como olores los jacintos, angelical influencia, aunque olvidada he tenido, la salud que deseaba, y así por mi lagro digo que fue de mi vida aliento de vuestro cielo el auxilio. Gallarda esposa os ofrecen con belleza, un Reino rico, muy bien se puede aceptar. Los enojos son prolijos, eso a gusto de mi padre, pero aunque procura el mío, a mi gusto he de elegir, si hay donde me estimen digo. Jesús, satisfecho estáis. Si el oponerme a peligros fueran primicias de amor, mejor pudieras decirlo. No hay noble que no agradezca. Sois ya de Carlos amigo? Por su Majestad lo soy, mas no por su rudo estilo. Divinas partes tenéis, y Príncipe tan invicto del Imperio de Alejandro es merecedor. Serviros tengo por mayor blasón. Perdón a todos os pido, que ocupaciones me hacen ser grosera. Con serviros animo mis pensamientos. Algo más tierna la he visto, siempre de amor son los celos q claro crisol. Aa salido Carlos? . A la puerta llega. Dile que entre apercibido de disculpas, pues mi amor pone el ingrato en olvido. Llámome una criada; y así a saber lo que me mandas vengo. Si como razón tengo tuviera el brazo libre fiera espada mejor ejercitada airada la esgrimiera, pues más, razón, mayol victoria espera. Estás contento, a donde precipitas diluvios de pesares, dividiendo a millares un amor que a los cielos corresponde, que a tus sombras esconde, por dar con causas locas (cas. cual nave ciega en las tremendas ro- Preveniste aparato de turbulenta máquina de horrores, para endiosar favores, que dichas conduciese en fiel retrato; y ahora al alma ingrato, libre en corresponderte, canonizas con túmulos de muerte. Variable que poco luciera de tu acción la gallardía, si en si en libre idolatria procedes torpe, y precipitas loco, el bien que necia invoco, pues tu voz de firena mudanzas gime, cuando hálagos sueña. Un alma colocada al templo del amor que violar quieres, con parios pareceres, injurias cuando está canonizada, y a la gloria inclinada de tan firme esperanza, que eternidad en su holocausto alcanza. Tú de galán te precias, tú de discreto el nombre comunicas, antes ciego fabricas, traduciendo la dicha a causas necias, que tu valor desprecias, pues con extremidades. firmezas convertiste en vanidades. Los montes, plantas, aves, y las fieras en peñas convertidas, de agrado conducidas, si amor las comúnica son sus aves, y en consonancias graves, con dulzura oprimidas, rinden tributo a la razón rendidas. Pues tú que en tierno halago de amor a mi elección te reduciste, que espíritu impeliste del Eguad fiero, o del Estigio lago, para que en fiero estrago un alma esclarecida, su suerte ataje, y su fortuna impida. Los heroicos sujetos, que oráculos del Alba precipitan, pesares acreditan, haciendo extremidades los efectos, y premiados respetos, que en deidades se alientan tendís procuran, y violar intentan. Pues no Carlos, que alientos de ostentadas, y firmes voluntades, han de ser por deidades. de ofensas libre, y de engaño exentos, mudables pensamientes, desperdicián horrores, y amor no se acredita con rigores. El alma a ser mi esposo, por secreros asuntos animada, te admitió asegurada, como elección del Iris luminoso, si oprimes lo glorioso, y es cielo la belleza, rayos dispara donde no hay firmeza. Dejar Reinos, y esposa es, no solo dejarme, es despreciarme, y desacreditarme, dos veces de gallarda, y venturosa, pues si acción tan costosa. te tiene loco, y ciego, pon el fallo en la causa, y vete luego. Reduciendo al deseo, la voluntad medrosa, en mí tan poderosa, que aún la razón no veo, con mi suerte peleo, y tan inadvertido se ofusca mi sentido, que cuando el pensamiento, busca en el alma asiento, pienso que de él me olvido, que aunque las voluntades, reduce el albedrío, de mi ser desconfío, opuesto a dos deidades; mas como Majestades no son de amor respeto, en dudosu conceto mi elección convertida. se encuentran muerte, y vida, ocurriendo a un sujeto, pensar que un hombre es dueño de sus mismas acciones, ya ignoro seis pasiones, son de su vida empeño, es ilusión de sueño, porque el alma animada de esta pasión forzada, no da lugar medrosa a causa más foreosa, ni a suerte más fundada. Pues si el alma es la vida, y esta vida conforma con la materia, y forma en que está reducida, cierto está que impelida a otra distinta esfera, que es forzar de manera el curso al albedrío, que trueque en seco Estío su dulce Primavera, el querer no consiente en más, o menos grado, de amor comunicado, cuando su furia enviste, que es como el Sol que asiste con su risa a dos flores, y en sus bellas colores, siendo cualquiera hermosa; hace una más copiosa por secretos favores, pues su amor entorpece potencias, y sentidos, a su gusto oprimidos, según la causa ofrece, quien forzado obedece las leyes de su agrado, por ellas disculpado, le da libre elección, que amor sin posesión no es bien que sea forzado. Si toda esa inclinación de fortaleza amorosa; con que animáis generosa vuestra libre oposición es de la Infanta elección. Si para vos mi porfía, con amorosa osadía fuese de tanto poder, cuál es bien satisfacer la causa vuestrazo la mía. Vos hombre forzado a amar, a quien sé que os aborrece. y yo mujer quien merece el premio en primer lugar, si amor ha de sentenciar, cortesano en persuadir, no me lo puede impedir cuantos agrada, que afrenta, Carlos vivid por mi cuenta, y si no dejans morir. Bueno estoy, bueno he salido con mi elegante deseo, pues mis esperanzas veo entre el desdén, y el olvido. Necio de verás he sido, que medios con vil acción son lances de confusión, de apacible agrado ajenos, pues estragan por lo menos en los nobles la opinión. Prendado estoy de la Infanta y pues da mi amor lugar, quiero la causa animar, con que a su amor me levanto. Carlos, de que solo estéis huelgo mucho, guardeos Di r Él nos iguale a los dos. A vuestro tema volvéis; dejad, Carlos, de fingir, pues sois tan cuerdo, y discreto, que redución sin efeto no la alienta el conseguir, pues solo burlaros fue de tantos nobles sujetos. La causa de esos efetos aguardo. Yo la diré. Por lo que mi aliento alcanza digo que estoy ofendido de vuestro intento atrevido, como opuesto a la venganza. También al Príncipe Esteban heristes en la campaña. La razón me desengaña. Estas dos causas se os prueban vos le heristes. Yo le herí, quiero ver su pensamiento. En vos se animó el intento, pero la venganza en mí; y así la pienso tomar de vuestra ciega osadía, que aunque ajena, causa es mía, imposible de excusar. Pues son causas maliciosas, que para el valor seguras, os den a escoger venturas, como para el gusto esposas. Y es mal hecho, vive Dios, que entre dudosos concetos, honren tan nobles sujetos con lo que os sobrare a vos. Entre la lengua, y la espada, que mi opinión engrandece, un parentesís se ofrece para tenerla envainada. Decís que me fingi necio para ostentar mis deseos. haciendo en mis debaneos de vuestra opinión desprecio. Pero como ciego estáis en la pasión que os provoca, advertís la intención loca, y la discreta ignoráis. Si con animado aliento vos, y este bien prevenidos, ocupastes los sentidos, inclinando el pensamiento a que la Princesa altiva vuestra firmeza estimase; y al más discreto premiase, mostrándose al necio esquiva. Y este por daros lugar lo suy yo, con que respeto castigaréis el efecto que era más razón premiar. Si rompiendo la clausura de vuestra desigualdad fue cuerda mi necedad, y necia vuestra cordura. Mal dada os ha parecido la herida, decís muy bien, que recibiéndola, quien dice que bien dada ha sido? Jamás la gallarda espada del que ha reñido igualmente, quien sale herido consiente. que alaben su furia airada. De espada, y capa es verdad que esta luciros prometo, pues fue espada de discreto, con capa de necedad. Mas si Esteban es por quien tomáis la causa atrevido, decid que bien dada ha sido, que a los dos nos está bien. Aunque en el Palacio estamos, pues la soledad me anima, sacad la espada. No oprima la quietud que profesamos sujeto tan desigual, pues no es la ocasión urgente. Roselio ha andado valiente, o amigo noble, y leal. Sacaldao haré el efecto que hicistes vos con mi amigo. Pues no os agrado, ni obligo con término tan discreto, el rayo de mis aceros os obligará mejor. Es de la sangre valor. En Palacio caballeros, ténganse. Vos lo mandáis, ya me detengo rendido a vuestro nombre. Ofendido con ser cortés me obligáis. Vos Roselio imitador de la Imperial Monarquía, a cuya horrenda osadía es vuestro nombre inferior. Suspended acreditado el agradecido efeto, pues dáis de amigo perfecto la suspeñsión al cuidado. Tanto sabéis obligar, y yo tanto agradecer, que no se igulala de ser digno de mejor, lugar, he ofendido, aunque en esto os obrar, que obligaciones de. jamás las pude igualar. obrando el agradecido. Que como primera acción tan gran calidad consigue, que cuando muchas le obligue, queda en más obligación. Y porque con excelencia hoy vuestra amistad conquisto, de la Princesa desisto, por no haceros competencia. Que si es Sol su claridad del campo de mi fortuna, quiero que como la Luna la eclipse vuestra amistad. Si a agradecer enseñois cuando la razón preside, a que yo también la olvide justamente me obligáis. Que nuestra amistad así se constituye obligado. Bueno es estarse rogando con quien se muere por mí. Con las espadas desnudas, y en Palacio. Gran señora. Mucho la opinión desdora de quien sois. En ciertas dudas. Respondéis con lenguas mudas, pues las de acero lo son, pero en tan torpe ocasión relumbran sus visos claros, que en lugar de acreditaros estáis en vuestra opinión. Y si el mujeril ornato no estorbara mi osadía, trocara esa bizarría a menos fiero aparato, que con espada un retrato fuera encumbrando desvelos, de de mi rigor a los cielos, que mujeres enojadas, también tiran cuchilladas, como desdenes, y celos. La mía pongo a tus pies. Satisfuga tu deseo esta, pues tu enojo veo, si en algo fue descortes. Esta que en mis manos ves, por menos acreditada, dejará de ser premiada de tu divino blasón, que si es necia mi opinión, será discreta mi espada, que en ostentación tan alta, incigna de llegar es a donde pones los pies, por el valor que le falta. Esas que de gloria esmalta blasón tan esclarecido, lugar dichoso han tenido, y así fuera en mi opinión igualar su ostentación, dar premia causa al vencido, yo que con menos empleos de autorizada osadía, opuesto a la luz del día, soy noche de sus trofeos. No a triunfantes debaneos claridades acredito, que animar este delito, fuera en cosa tan remota, como quien hierra la nota, y borra lo que está escrito, y porque con más certeza se autorice mi humildad, indigno a la claridad de la luz de su belleza. A quien humillo su alteza a tu observante osadía; pues fundo su gallardía con razón acreditada, rindiendo a tus pies su espada, yo rindo a sus pies lasmia; que lo que de atrevimient tuviera a tus pies rendida, tendrá manos de atrevida, y de más conocimiento. Con esto obligo tu intento, y sirvo al gallardo Ingles, y al Aleman, pues los tres verán en mi asegurada una humildad coronada que está triunfando a sus pies. Alzaldas; que aunque oprimida ejército estremidades, con reclusas voluntades, algo del rigor se olvida; pero en sospecha entendida advierte la indignación, que donde hay satisfacción de su misión tan costosa, que, o la causa es más viciosa. o es dudosa la razón: y así quien la da mayor el más culpado habrá sido, que no por ser comedido se restituye el rigor, quien con noble pundonor a bien acciones áspira, primero la causa mira que tire el golpe arrojado, que no fana si está dado, porque el brazo se reitira, ni enigma ha sido saber; quien a mi opinión rendido era el más bien admitido, Argos fui, no hay más que ver, que a esta razón me remito, que quien comente el delito, hallará con advertencia, que el mismo de su sentencia se conforma con lo escrito. De Esteban las partes bellas defenderá mis murallas. pues sustento en adorarlas horror para defenderlas, pues padezco con centellas al Sol reido airado, sea mi señor, y cuñado, pues a Carlos no merezco, que la adoro, y la obedezco, mal haya amor tan forzado. Al deseo acomodada es, Príncipes, la ocasión, pues los tres con opinión de quietud asegurada, y de truecos esturiosa dará el fin que deseo la ejecución. Aún no creo la redución maliciosa de aqueste trato, a quien pruebo, forzado mi pensamiento, a castigar el intento que a ejecutar no me a atrevo. Un caballero ha llegado, según ha dicho, Albanes, a besar tus reales pies. Qué calidad, o qué estado? Dice que de extraordinaría exbajada prevenido te quiere hablar, el vestido, y prevención ordinaria. no es de mucha calidad. Es merced, o Señoria? A Embajador, cortesía es premiar su autoridad. Dadme, gran señor, los pies Alcese. Ya estoy alzado. Es Embajador? Forzado, como lo verás después, por ver si puedo esforzar de mi amo la intención hago esta transformación. Este loco he de matar. Digo que el Rey de Polonia de tan supremo poder, que no hay su paren el munde aunque entren los del Frances, Viendo que con eficacía inuestigable, y cruel, el Príncipe Carlos, dueño del Napolitano argen, enamorado, y rendido de la Princesa; a quien de el cielo más excelencias que le dio a Melchisedec. A este Reino se ha venido a intentar, y pretender, hecho Jacobde Provincias por la divina Raquel. A que estorbe me ha enviado, como a su legado fiel, resolución tan adusta, y trato tan descortés. Dice, y dice como sabio, que esto se echará de ver en que me envía en su nombre por absoluto juez. Que a la Princesa su hija doña doña Ginesa Jofré le dio palabra de esposo, por poder, y sin poder. Solicita otra Princesa, anteponiendo a su fe el arancel del gravamen; o el bendito san Mames. Y en el capítulo octavo del sabio Zorrobabel, y en el parragrafo nono, a fojas setenta, y seis. Dice que palabra dada con voluntad, viene a ser superintendente modo, como matido; y mujer. De este pongo impedimento una vez, y dos, y tres, y si no se cumple, pido que testimonio me den, que si no me le levantan, noi él verán en mi oroc vo en que hagerras partes de entrambo como Embajador nei Si esto no cumplen con guerras con asaltos, con poder de ejércitos numerosos, será otro Nerón cruel. Hará liga con los Partos, Medos, Citas, Sardos, pues tiene de Sardanapalo la potestad, y el poder. Y yo con mis Capitanes de suerte le ayudaré, que si no temblare el mundo, temblará gran parte de él. Esto soy, a esto he venido, quien quisiere responder, alce ese guante del suelo, que en el campo esperaré. e. Deteneos Embajador. Vuestra Majestad no dé crédito a tales locuras, que yo sabré responder, yo alzo el guante Embajado Necio delante del Rey tan atrevido has andado? Con quién habláis, conocéis el valor de mi prosapia? Porque muerte no le den quiero callar. Rey invicto, este caso dispondré de suerte, que a nadie ofenda. Nuestra inquietud suspendéis, proseguid Príncipe? . Viend de la Princesa el poder, la gallardia, el ingenio, que el de Semíremis sombra de sus atribu lágrima declararé, que a todos ha suspendio con admiración Cortés. Su Alteza solo ha querido que Carlos fuese con quien tuviese su amor efecto, an tuvo buen gusto, mas el de la Infanta enamorado, secreto de estrellas fue, sea fingido necio, siendo de quien pueden aprender los Tatones, y Licurgos, que ciñen verde laurel. Esto está puesto en razón Infanta, y señora, pues tendréis esposo, que a todos nos aventaja. Está bién; pero en hablando mi hermana me tocará el responder. Yo de Roselio obligado aunque hubiera sido a quien la Princesa se inclinara. correspondiente a mi fu de la pretensión desisto. Confieso que merecéis mil coronas, y mil triunfos. Y supuesto que no hay quien a la Princesa merezca, ella puede responder. Digo que yo quise a Carlos, pero pues que su desdén fue tan grande con mi herman se case? . No puede ser, que de Roselio obligada palabra le di de ser su esposa. Y con mucho gusto, gran señor loeré Ahora ti lo ay de mí ya parece que la nuez de mi gazo asa alcáguete. Yo he de sor y Reina de Ingalaterra. Beso mil veces tus pies Buena fue mi necedad. Gran señora, Carlos es digno de tu gran belleza, y pues le has querido bien, y por vengarte me quieres, no es razón que a mí me des lo que le sobra a tu enojo demás de que a obedecer a mi padre, es gran cordura. Dices bien, que aún no llegue a darte Esteban la mano. Y aunque amor sola vez entre Príncipes heroicos reduce al alma su fe estoy. Tuyo soy señora, vencísteme por cortés. Carlos el silencio estimo, discreto correspondéis, Ya se que a Esteban heristes, por obligaros callé, y por veros tan airado no os quise satisface. Cuerdo sois? . Embajador pasa adelante. Quién es? Señor un lacayo mío. Bien nos supo enrraer. Señor mi inter muente, y la porservirte con Aldonza me contento. Doite pues, mas no quiero darte nada, que al Senado enojaré, con dos necedades basta en esta ocasión; pues fue la del discreto tan grande, que de ella perdón me den.
