Texto digital

Texto digital de Nadie se atreva al honor

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Ambrosio de Cuenca
Atribución estilometría
Ambrosio de Cuenca Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nadie se atreva al honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nadie-se-atreva-al-honor.

Logo BICUVE

NADIE SE ATREVA AL HONOR

JORNADA PRIMERA

No te des Laura querida toda al llanto, esos luceros, hija, no escurezcan lluvias de perlas; ay honor, muerto a manos de quien se ignora, para que falte el remedio, que en los achaques de honor, el agresor es consuelo. Ay Padre, y señor, no impidan a mi llanto tus acentos; deja, pues, que mi dolor así alivie, o nunca el Cielo permitiera que a la luz de este tribunal severo del mundo, hubiera salido para tu afrenta, y mi duelo. Qué culpa tienes, o Laura, si cuando más me desvelo te juzgo inocente, y limpio mi claro honor, y supuesto, que soy yo la parte, y que estoy de ti satisfecho, no te entregues a las penas, da treguas al sentimiento. Bien sé hija, que ha dos años, mal mi deshora comienzo, que un hijo pariste en casa, y que con pecho fincero al instante me llamaste, y dijiste, o trance adverso, que era tuyo, mas que el padre no conocías, y pienso, que dijiste que en tu vida admitiste galanteo de hombre alguno, ni sabias de aquel prodigio el secreto. Yo al principio algo turbado, lleno de horror, y perpiejo, no sé lo que respondí a tus excusas, mas viendo que tu sencillez decía, la inocencia de tu pecho, me reporté, y advert; que quien no encubre su yerro, no es cómplice en el delito; que el que es con malicia hecho, le oculta, que la conciencia, da asuntos al escarmiento. Así te juzgué, y el hijo lo criamos como nuestro, sin saber quien es su padre; hija, no es este el suceso? Sí señor, y aqueste llante dará fin a mis alientos. Dime Laura por tu vida, qué reme liamos con eso? Claudió pregunta por ti. Pues entre, Espineta, luego. qué querrá Claudió en mi casa? retírate, Laura, dentro, y da treguas al dolor; encomiéndaselo al Cielo, que él remediará piadoso nuestra pena. . Ya obedezco. Hoy se pierde Amberes, hoy día fatal es, y adverso para la patria. Pues Claudio, no me diréis, qué es aquesto? que voces pueblan el aire, y que bullicioso acento es el que de confusiones. llena la villa? Un estruendo sedicioso, que la plebe, monstruo terrible, y soberbio, ha levantado una bulla, que sierpe de muchos cuellos, la malicia ha solebado, enemiga del sosiego, y tranquilidad. Contadme lo que pasa. Estadme atento. Correr postas, dar las cartas, poder despachar correos: ya sabéis que es regalía. del Rey, como señor nuestro, y sin su orden, ninguno puede ejecerla en sus Reinos de este eficio, al Conda Taña, Carlos Quinto, que en el Cielo solio de estrellas ocupa, hizo merced como dueño: algunos hoy revoltolos, para ocultar sus intentos depravados, enemigos del común bien de los pueblos, contra el derecho, pues tiene posesión de tanto tiempo el Conde, intentan decir, no ser de este privilegio de Ingalaterra, y Holanda las cartas, y así resueltos las han quitado a la entrada de Amberes, y desmintiendo su obstinación sediciosa. a la casa del Consejo de la villa, o Magutrado las han llevado, haciendo, que de allí se destribuyan por sus mismos mensajeros, apropiándole a la villa por suyo aqueste derecho. En este estado las cosas estaban, cuando sabiendo todo aquesto el Conde Tasís con maña, prudencia, y tiento, sin alborotar la plebe, (acción de vasallo cuerdo;) al Consejo de Bravante se quererla del sucese: los jueces bien informados mandaron despachar luego provisiones, dando parte. de esta quererla, pidiendo, para dar la posesión, que exhibiesen instrumentos; al Conde Tasis bastaba. lo notorio, pero atento sus títulos presenta, dando lugar al precepto: los de Amberes nuestra patria, como ingratos vivoreznos, por vivir ellos intentan de su madre el sin postrero, no solo no ha respondido; pero altivos, y soberbios menos precian la sentencia que ha dado al Conde, el Consejo en su favor, y atrevidos del Magistrado, el respeto han ultrajado, que émula, o imita al Romano, y Griego. Vendo, hoy, pues, apublicar por la voz de un pregonero del pregmática, o placarte los venerados acentos, en la casa de la villa entraron, y descompuestos al Margrave, y los demás trataron mal, poco atentos, obligando al Magistrado, por fuerza a escribir decretos? anulando la sentencia pronunciada en este pleito, diciendo que el Magistrado es superior en gobierno al Consejo de Bravante, locura sin fundamento; pero cuando la pasión no fingió a su gusto el puesto, y quite leyes, y puso al color de su deseo? mas después de esto a la casa del vulgo Maestre fueron Hámale, y la saquearon, herido ya el Tesorero, porque sus vanas locuras, y sus altavos intentos contradijeron; quién via castigar al juez el reo? quién vie a la razón callar? quien vio a la infamia en su puesto sino Amberes, lo vehoy mas su castigo severo conocerá, porque ahora el Magistrado en secreto ha dado de aquesto aviso a ese Castellano Hestor, a ese Criano Ecipión, a ese valiente guerrero, Campión de España, el que toda la fama tiene en sus hechos ocupada, pues apenas hoy se escuchan en sus acentos otra cosa, que no sea lauros, triunfos, vencimientos del Marqués de Caracena, honor de Fromesta excelso, gloria de los Benavides, luz de Carrillo, y Toledo; mas ellos ya temerosos, sus designios previniendo, con las armas en las manos lo esperan, como soberbios, pensando así defenderse. Aquesto es, Paulo Guillermo el rumor que has escuchado, la solebación que vemos, las desdichas que lloramos, y el castigo que tememos. Ya vuelven de nuestra patria señor Claudio, aquellos tiempos, que entre marciales rumores, dieron al mundo escarmiento saqueando nuestras casas. No señor, no digáis eso, que es piadoso el Marqués de Caracena, y los ruegos de los que sin causa estamos, podrán más que muchos hierros. Mas qué rumor es aqueste? Parece que el pueblo a vuelto a alborotarse. En la casa del señor Claudio, un soberbio tropel de Burgeses entra. Acudamos allá presto, que puede nuestra presencia causarles algún respeto. Vamos. Ay Padre mío, ya de tu casa el excelso homenaje, profanado yace de aquesos protervos, y desleales Burgeses: yo de su furia huyendo, aquí me he entrado. Pues vamos, Margárita, mientras vuelvo, aquí con Laura me espera. . Aquí las dos estaremos. Hay más desdichado día! mucho de mi Padre siento el cuidado, hermosa Laura. No lo sientas, que en empeño. no se pondrá, mas pues solas estamos, y ese Dios ciego. de los bélicos rumores, no extraña el cruel acento, porque en los brazos de Marte: se crín, podrás con esto darme cuenta de tu amor: vate bien de galanteo? así pienso divertir el gran dolor que padezco; bien sé que parece impropio, en quien siente lo que siento tratar tan presto de amor, mas como a quien amo; pierdo: por la causa del dolor, aún llorando de él me acuerdo. Ay Laura, dos que pasean, de mis rejas el terrero, mas que me enamoran cansan. Y quién son? Son dos mancebos, que al escándalo fineza llaman, y amor al desvelo, el Barón de Sroz es uno, y el otro Carlos Márcelo, hijo de vulgo Maestre, de Malinas, Caballeros ambos, pero presumidos, que piensan que yo les debo el amor por lo galanes. Yo Margárita confieso, que desde aquesa ventana, tal vez los vi; son dispuestos, es el Barón muy galán. muy bizarro; y muy atento. El Barón me cansa más. Cómo? Porque no hay paseo, ni festin en todo Amberes, donde yo vaya, que necio no me siga. . esa es fineza. Fineza que no agradezco, es para mi pesadumbre; yo estimo al galán, modesto, cauto, muy disimulado, no galanes pregoneros de su amor, que en almoneda traen su gusto; y corre riesgo el crédito de las damas, amiga; entre estos sujetos. Dices bien, tienes razón, Margarita. Aún es más cuerdo el Carlos, mas recatado, y es de mi amor el empleo su modestia; y tú no tienes alguno por pasa tiempo? comunícame tus penas. Yo te confieso, que tengo algún placer en mirar a un Español Caballero, y aún más que placer; mas como no áspiro yo a casamiento, que es el fin de estos cuidados: hay terrible sentimiento de mi memoria! ay dolor de un honor perdido quedo con el gusto de mirarlo, aunque él muy cortés, y atento me corresponde. Y quién es? Don Rodrigo de Acebed en quien de Adonis, y Marte equivocé el alma el Cielo. Y con él no te casarás? No trates amiga de eso: hay tristes memorias mías! Qué? lo sientes? Si lo siento, sábelo Dios, y porque, mas ya con el mío ha vuelto tu padre, y el rumos crece. Yo no hallo más remedio, que salirnos de la villa, porque el tumulto creciendo va cada instante. Pues vamos a mi quinta, a quien en crespos cristales lame la Mosa su planta; y allí podemos a Margarita; y a Laura dejar, y volver a dentro a morir en nuestra patria. Pues si hemos de ir vamos prest Ven Margarita. Ven Laura. Vamos. s Todos los sucesos de mi amor te he de contar, mas no las penas que siento. Hagan alto de Amberes a la vista las huestes que me siguen numerosas, cuyo heroico valor no hay quien resista, si por su Rey se oponen valerosas: fiado en su denuedo, no hay conquista difícil a mis iras belicosas; mas hoy llego, olvidando su malicia piadosa a darle brazo a la justicia. No vengo, no, cruel, y vengativo, como me ha visto armado Italia, y Flandes, benigno sí; y afable, y te apercivo, que tu dureza Amberes luego ablandes, el vasallo es del Rey hijo adoptivo, y al hijo se perdonan hierros grandes: pide perdón, y postra tu garganta del Sol, Filipo; a la temida planta, Pero si piadoso no te obligo, y resistirte pertinaz intentas, la guerra que prometo a tu castigo, hará que de tus culpas te arrepientas? sentiré tu ruina, como amigo, mas mi rigor hará, que tú lo sientas; que soy, cuando a los triuinfos me anticipo, el menor rayo de ese Sol, Filipo. Y porque no me culpes de arrogante, y en tu ruina fiero, y riguroso, el consejo aquí viene de Bravante, cruel castigue, indulte piadoso, suya ha de ser acción tan importante, y de mis hecho hoy el más glorioso, pues doy dichosarente en esta hazaña, decoro a la justicia, gloria a España, pero qué cajas son estas? Un soldado trujo aviso, que con veinte y cuatro tercios de infanteria lucidos, Don Francisco Sanchez Pardo ha llegado. . Bienvenido sea. . Y el Marqués de Vennes, con otro trozo se ha visto. Sin que ellos sepan adonde, confusos los he traído; pero ahora sabrá Amberes lo extraño de mis designios. Qué intentas, señor, hacer? Prevenirme a los peligros, remediar inconvenientes, que es muy fácil al principio; y después de aquesto, hará la justicia aquí su oficio. Raras májimas observa. . él tiene prudencia, y brío. Que aqueste cara de rallo nos traiga por esos trigos, sin saber a dónde vamos! Qué hay Escalín? Buen abio, lindos nos trae Va Excelencia. Qué tienes? Por Dios bendito, que ni aún medio hueso sano, somos Moros? somos Judios? marchar de noche, y de día, sin hacer alto, molidos venimos con ese pardo, ese castaño, o morcillo, mas él viene. . V. Excel. me dé sus pies. ó bien llegado, y vos Marqués de Yennes, bien he sabido vuestro cuidado, a los dos tanta deligencia estimo. Señor, hacer lo que ordena Excelencia. . Haber cumplido sus mandatos. Es razón. Es a quien somos preciso. De Terramunda salí con vuestra orden, y aviso ayer tarde, ansioso siempre de cumplir vuestros designios. Yo con ese trozo estaba, que conduzgo a vuestro arbitrio, entre la sambra, y la Mosa marché, de vos advertido. Está bien. . . Y V. Ejel. me dé sus pies. . Don Rodrigo cómo vienes? . Cómo aquel que viene a su centro mismo. Huélgome de verte bueno, mas decidme Don Francisco, cómo ha llegado la gente? Digo que sí, que la he visto. Dónde? En la casa de Claudió, a quien la Mosa de vidrio, por vesar los pies de Laura. guarnece el margen florido, allí está con Margarita, porque huyendo del ruido, y tumulto de la villa, sus padres las han traido a esa quinta. y al instante ellos se han vuelto al peligro. Luego sola estará Laura? Sí señor, porque se ha ido su padre a la villa. Cielos, Margarita en un abismo de confusiones, y penas! cómo no muero! pues miro, que socorrerla no puedo estando en tantos peligros; entraré a verla esta noche. Huélgome de haber oído, que aunque poca es buena gente. Es Veterana. . Los míos. son rayos. . Pues esta noche, porque conviene al servicio de su majestad, irá con su gente Don Francisco y entrará secretamente de refuerzo en el Castillo, por el río de Malinas en barcos que hay prevenidos. para este efecto, mas sea antes que el alba, en racimos. de perlas borde las flores, y argente al prado en rocio, y el Marqués de Vennes con tres mil caballos, y cinco. tercios de su Infanteria. ocupará el circuito del Burguerante, y así se estarán hasta otro aviso. e. . Pues con tu licencia iremos a disponer lo preciso. Don Francisco, noble Yennes, cuidado, y lo dicho dicho. . Escalín tráeme el caballo. Qué intentas? Si estoy cautivo de Laura hermosa, que quieres? harto con esto te he dicho. Quiéres ir a verla? . Sí. Vamos, pues, que no replico. . Sepulta, o Febo tu carro en monumentos de vidrio. Descoje, o noche tu manto, a. Ya, Margárita, atrevido veré en Amberes. Que quiero, atropellando peligros entrar a ver en Amberes la causa de mis suspiros. Barón, marchará el Marqués? Según a todos ha dicho, marchará, terrible hombre, que cruel, no se ha dolido de aquestos pobres que vienen marchando. . Muy enemigo está el Barón del Marqués. Sin refresco, sin alivio mas que el de Dios. . Puees es poco el del Cielo? . Yo imagino que siempre Carlos burláis. No burlo; mas al antiguo blasón de vuestra alta sangre, no es Barón bien permitido: hablar así? . de la Corte, y de todos despedido vengo, por ver si de Amberes los Bulgeses su refioto han fortificado más; pero aquí hay gente, el retiro de estos árboles me valga. Digo que es soberbio, altivo, ambicioso de victorias, vano, y que el Laurel Divino con nadie quiere partir, él se atribuye a sí mismo. las glorias, es avariento de honores. Cuanto aquí he oído es contra mí, en el Barón aqueste es achaque antiguo, paciencia, tiempo vendrá que confuso, su castigo tenga solo con saber que sé yo cuanto aquí ha dicho contra mí. Y en lo de Amberes tiene la culpa, Ya he dicho que no os he de escuchar más, a diós, él esta perdido. . . No puedo oír del Marqués de Caracena; aplaudidos elogios, en natural esta adversión, mas pues miro, que ya el Sol baja al ocaso, para dar luz a los Indios, iréa ver de Margarita las resplandores divinos, que eclipsados los de Laura de mis rigores lascivos, los de Margarita intento, a su noble honor aspiro. . Ya se fueron, que el Barón hable con tal libertad, que olvide su calidad la fuerza de su pasión! Que un hombre que es bien nacido, así se haya declarado! yo bien puedo haber errado, mas no tanto, como he oído. Hombre soy, bien puedo errar de malicia, o de ignorancia, mas no es segura arrogancia llegarlo así a murmurar. Porque como siempre luchan el respeto, y los enojos, la nusma culpa da ojos, y las paredes escuchan. La más ligera omisión del que gobierna, es pecado; pero es mayor bien mirado, el condenar su intención. Que el que gobierna, procura hacer lo que más conviene, y el que aquesto niega tiene mucho odio, o poca cordura. Mas mormuren los que vieren, que la envidia se desboca, haga yo lo que me toca, y digan lo que quisieren. . Huélgome amiga de oírte discurir:o quien pudiera, como tu lograr su amor! Ya, hermosa Laura, tus penas las siento más que las mías; no me contarás que fuerza, o que estorbo, o embarazo te lo impide, que así pueda obligarte a que presumas ver tus esperanzas muertas? mucho ha que Carlos Márcelo me sirve, y me galantea; pero yo espero por horas dar logro a tanta firmeza. Mucho Margarita estimo a Don Rodrigo, mas esta relación ya te la he hecho, y de sus partes, y prendas te he informado, y los favores que le debo, y las finezas ya lo sabes, lo demás no puedo explicarte: o quieran los Cielos, que estas memorias de mi vida el fin no sean! No te entiendo, Laura mía. Huélgome que no me entiendas. Ganar quiero las albricias, pues a ver a Laura llega mi amo. . No es Escalín el que viene allí? . Desprecia tu sentimiento, pues viene a verte quien te desea. Ese es mi mayor pesar. Qué dices? Que esa es mi pena, adorar un imposible. Hermosa madamucela, dame albricias, que mi amo al si en el zaguán se apea, y viene a verte. . Qué quieres de albricias? . Que la azucena de tu mano me permitas besar, o que de cerbeza me mandes dar una pinta. Laura da a tu dolor treguas, divierte tanto cuidado. Ay amiga quién pudiera! A morir cual mariposa vengo a sus divinos ojos, y el corazón en despojos, víctima será amorosa de mi Laura. . Señor mío? Laura hermosa? dueño amado? Cómo oz habéis apartado tanto de las tropas? . . Fío de un caballo en lo violento venir a verte, y es tal, que es a mi deseo igual, pues excede al pensamiento. De él he fiado el venir a ver esos ojos bellos, aunque a mi costa, pues ellos me ocasionan él morir. Ellos, Laura hermosa, son los que el alma me han robado, y ellos los que me han privado de mi albedrío, y razón. Mira, señora, si tengo justicia en quejarme así, que pues el alma te di a verte a mi costa vengo. Así gloriosa se alaba mi fineza. . En fin Rodrigo, yo os he muerte? . . Buen testigo es mi livertad esclava. Que más muerte que tener el albedrío en prisión? que vivir sin elección, es morir, y padecer. Y perdonadme por Dios lo divertido que he estado, Margárita, y lo que he hablado, a Laura estando aquí vos; pero pues el Cielo os díe tal discreción ya sabéis, Bien Don Rodrigo podéis hablar, que no estorbo yo. Qué decís, dueño que estimo? que decís? . Que aprecie en mucho vuestra voluntad. . Qué escucho? mal mi alegría reprimo. Yendo a Amberes, un Criado de Claudió me dijo ahora, que quedaba su señora en esta quinta, y dejado el camino, vengo a ver su hermosura peregrina, de estos Cielos clavellina, y luz de ese rosicler: mas aquí está. . . Bien venido señor Carlos. Yo me he holgado cuando en esta quinta he entrado de hallaros bien divertido. Por aquí acaso pasé y a refrescar el caballo pues tal comodidad hallo, amigo Carlos entré. Vi estas damas, y ofenderlas no quise esquivo, y así mientras él descansa, aquí pasé por entretenerlas. Qué bien ha disimulado! . De su amor noticias tengo: . yo amigo a lo mismo vengo. Él se venga de contado. . Margarita? . Dueño mío, tanta ausencia? . Es obligado el hombre noble, y soldado a no tener albedrío: seguí al Marqués, fue forzoso esta es la causa, mi bien, de no haberte visto. . Y quién estorbará el ser tu esposo? Un mal, que apartar erdena lo que el alma adora, y siente. Si es tu Padre, ya prudente verá nuestro amor, y pena. No es mi Padre. . Y ese día que logre mis dichas, cuando ha de ser? . Sufrir amande, y vencer a la porfía. Si avisaros lo que pasa me toca a mí por la pinta, vuestros Padres en la quinta se entran como por su casa. Mi Padre? qué gran pesar! Di. Laura, qué hemos de hacer? Qué importa que os llegue a ver, si es uso en Flandes de hablar con las damas, y entre amigos poder también, y es muy sano el cariño de la mano llevarlas por esos trigos; pues quien la hija que adora, o la mujer deja así, que importa que os halle aquí a los dos hablando ahora? Yo no hallo más remedio, señor Claudió, que a los pies del Marqués nos arrojemos. Lo mismo digo también, y si proterba la plebe no quisiere obedecer la sentencia, paguen todos, y Amberes vea esta vez correr púrpara caliente por sus calles, y en clavel vuelto en cristal derretido de esa ribera, que el pie, como a leal le besaba, mas ya viendo su altiven le mormura desleal, y de ella se ríe infiel. Y esos muros, que pensiles más hermosos suelen ser, que los que celebra Siria, pues coronados se ven de robles, que hacen diadema de esmetaldo a su vergel, las Españolas banderas escalarán otra vez, y llorarán como entonces su ruina pues se ve que el Bulguerante ha tomado, y en el Castillo también ha introducido refuerzo. Ay Don Rodrigo! bien sé, que me quieres, y te adoro: esta pena ha de ponear infeliz fin a mis días. Pues si es así, dime quien tanta dicha ha de estorbarme? Mi suerte. . Pena cruel? Señor Carlos por acá? Fuera agraviaros no ver vuestra quinta estando aquí. Señor mío, vos también en esta casa? tal honra llegamos a merecer? Pasé por aquí cansado, y también por verla entre; nunca entrara, ni supiera 2y lo que ya vengo a temer de este enigma, que entristece dudosamente a mi fe! Escalín trae los caballos, y vamos, porque el Marqués no nos eche menos. . Vamos que es ya tarde. . A disponen voy señor Paulo las cosas. Vamos, que es hora. . Ea ve a prevenir los caballos. En ayunas mal podré. . A diós Margarita. Adiós: volverémonos a ver? Pues no? dueño amado mío, como sin ver viviré esos ojos que alimentan, y dan a mi vida el ser? adios Adiós Carlos mío. Qué desdichada mujer! Ello es fuerza, a Dios mi Laura. Te vas? . Qué tengo de hazor? Qué me dejas? Es forzoso. . Volverás? Oh moriré. Qué me quieres? Mas que a mí. . Me olvidarás? No podré. Pues a Dios querido dueño. Adiós mi adorado bien. Qué triste quedo en tu ausencia! Sin ti parto sin placer.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Triste me trae el ausencia de la hermosa Margarita, triste, y penoso, que a noche no pude entrar en la villa, y ahora mis pretenciones me lo estorban, mas el día no dejará el claro Apolo para dar luz a las Indias sin que haya visto su rostro, y ella las finezas mías. Mas el Marqués viene, quiero pues mi valor lo acredita, un terció que hoy ha vacado de Balona Infantería pedirle, que a mis servicios se debe, aunque yo lo diga: darele este memorial en viendo ocasión. Me afirman que está contumaz la plebe, y siento mucho que en iras, y hostilidados acabe lo que yo en finezas quería. Amberes no me conoce? no me ha visto en repetidas ocasiones levantar esta luciente cuchilla? No me ha visto el limpio acero vestido, las enemigas escuadras romper mil veces, oh ponerlas en huida? Ya Flandes no me conoce? no sabe que si la brida pongo al Español caballo, que soy rayo? y que en cenizas desharé de su altivez la intención desvanecida? mal conoce a Caracena. Señor, Va Excelencia digo que nació para defensa, y amparo de la justicia. Podrá ser, que habiendo visto que el ejército se arrima a sus muros, se reduzga. Ella vendrá arrepentida a pedir a Va Excelencia el perdón. Yo me holgaría, que no vengo a castigar: su Majestad, que nos viva mil años, no a castigarlos, a defenderlos me envía como padre; cuando al padre alguno de su familia desobediente le enoja, le muestra ceño, y le mira con mal semblante, hasta ven si arrepentido pública su yerro, y pide postrado, el perdón que necesita, que le concede contento, y en simulada alegría a sí mismo tiernamente se pide de aquesto albricias, Mas si el hijo pertinaz, y protervo, en sus porfías reincide, de su castigo el padre, aunque le lástima, usa piadoso, y del hijo llora la ciega desdicha: Pero en sin vemos, que a costa de su dolor le castiga; que son crueles cariños. piedades mal permitidas, que castigos sin enojo son como enojo sin ira. Así de Amberes yo siento la continuada malicia; y todo su bien deseo, sabe Dios la intención mía. Pero si hijo soberbio, el perdón que le convida. menol precia, aunque a mi costa; pues sentiré su ruina como Padre; haré que corra por sus calles mal vertida. caliente púrpura, y vuelva en clavel las cristalinas. riberas, que eternamente besan su planta florida: haré que el fuego confuma; lamiendo con lengua activa. sus edificios soberbios, que la vista más vecina Troya la crea entre horrores, y Vesubio entre cenizas. Gente parece que ha entrado. Gente ha entrado, y si mi vista no se engaña, Claudio; y Paulo son los que vienen de prisa. Ambos son del Magistrado. Algo pretende la Villa. El Magistrado de Amberes viene a verte. . Y de rodillas. tiene a los pies Va Excelencia. quien su piedad apellida. Sea pues muy bien venidos: que dice Amberes? Qué irrita con su altivez tus piedades, tu favor con su malicia; pero nolotros venimos. a poner hacienda, y vidas a tus pies; prontos estamos. a obedecer cuanto diga el Consejo de Bravante; pero temo que remisas a sus preceptos estén los gremios, y compañías de la plebe: esto sentimos. de su obstinada osadía. Hacéis mal en recelarlo, cuando yo atento lo hacía, porque el ejército ansioso no entrea asolaros la villa. Volved a representarles. mi intento, y antes que el día para dormir entre espumas. corra a su luz las cortinas, la respuesta me traed, y veréis como castiga; sino se ablandan, mi brazo de sobedientes porfías; y el Consejo de Bravante un manifiesto le escriba, que lleven, en que protesto, y hago notorio a la villa, que de acercarme con armas. a sus muros no se indicia hostilidades, ni fuerza contra la atención devida. a sus privilegios, solo las traigo para en precisa necesidad darle brazo, y auxilios a la justicia, y para hacer que ejecuten la sentencia establecida. por el Consejo, y advierto, que los daños, y las ruinas que a los sin culpa vinieren, sus haciendas, y sus vidas han de pagar. . A escribirlo vamos. . Atento examina de los afectos la causa. Vosotros mejor podíáis mirarlo, volved a dentro, y no provoquéis mis iras: mirad que soy vuestro amigo. Vamos Paulo? . Gran desdicha es la que temo, si Amberes viendo el papel no se humilla Ven Escalín, y un billete llevarás hoy a la quinta de mi Laura. . Tanto tiempo ha que no la ves? le envías otro manifiesto tú? está rebelde, está esquiva. que le protestas la fuerza? . Ven que aún es mayor conquista. O si lograra mi intento, y viera a Amberes venir arrepentida a pedir perdón de su atrevimiento! Quien le pudiera aplacar, no como luz, como amigo, que aunque es forzoso el castigo, mas me inclino a perdonar. Acción noble el perdón es, quien reducirlos pudiera, a la quietud verdadera. Pues veo solo al Marqués . darle el memorial intento, pues es ocasión: señor, mis servicios, y valor en aqueste os represento: bien sabéis vos lo que he obrado, y pues todo lo sabéis, os suplico que me honréis con un terció que ha vacado: quien bien sirvia aventurero, mejor compuesto lo hará; que obligaciones le da quien da puesto a un caballero. Que siendo este mi enemigo ay se atreva a pedirme así, trayendo en su contra aquí la conciencia por testigo! más ahora su malicia; la pena habrá, que ha buscado, sabiendo que cuanto ha hablado ha llegado a mi noticia: Veré si alguno me escucha; no hay nadie, aquí quiero ver. Qué intenta el Marqués hacer? con mil sobresaltos lucha . mi temor. . Solos estamos: hoy sabrá el Barón quien soy. Turbado; y confuso estoy. A lo que importa más vamos: Escuchad, Barón. . Señor. Sabéis quién soy? No lo dudo de Fromesta, y Caracena (justo el Marqués. . Pues como in- habláis de mí? Qué es aquesto? toda mi desdicha escucho! Esta ocasión deseaba, sin testigos en lo oculto de este lugar mi modestia, para que sepáis lo mucho, lo ilustre, claro, y antiguo del esplendor que me cupo. Don Luis soy de Benavides Carrillo y Toledo, en cuyos: blasones, ya de Castilla, y ya de León lo augusto, de la sangre de sus Reyes resplandece con lo puro de las Lusitanas Cuñas, que veis por orla en mi escudo. Cuando a los señores Reyes de León, altivo el vulgo, no obedecía, quien era el que en sus solio seguros los colocaba, a pesar de mil caudillos perjuros, sino el Mariscal entonces de Fromesta? cuantos puso en posesión con sus armas lo diga en estilo culto la historia, padrón del tiempo; mas no alabo lo que juzgo obligación, que serví a sus Reyes cada uno, es solo hacer lo que debe un noble que serlo supo, dígolo, porque sepáis los Herdes grandes, que tuvo mi casa, y de quien heredo tantos como envidio triunfos, Por Caracena, Carrillo, y Toledo sabe el mundo los valerosos Campeones, que han dado a la fama asunto, ya nobles Martes togados, ya armados doctos Licurgos. Estos son mis ascendientes, sus hazañas, y atributos dirá la historia, que imita al bronce, y al mármol dura, Esta es mi sangre el valor que nació con migo juzgo que le conocéis; pues ya cuerpo a cuerpo, y uno a uno me habéis visto en la campaña castigar vanos orgullos. Diga el Francés mis servicios, y el Holandés, que tributo de vivo carmín pagaba al prado, solo del susto de verme arbolar el brazo con la cuchilla que empuño, Treinta y tres veces el Sol, examinando coluros del toro que pace estrellas, doró la piel de carbuncios, mientras dejando mi casa, y mi patria, los Augustos estandartes de Falipo sigo, como fiel Alumno: diez y siete primaveras contaba al prado mi orgullo, cuando el acerado peto vestí, y embrazé el escudo la primer vez, dando envidia al guerrero más robusto. En que ocasión me he hallado, donde al riesgo mayor que hubo del combate, o la batalla me visteis ser el segundo? que trabajos he excusado, que incomodidad no sufro, a los hielos de Diciembre, y a los ardores de Julio? cuando vos al dios vendado entre damas dabáis culto, andaba yo, vive Dios, vestido el acero duro, con Franceses abalazos, o asaltando armados muros: mientras las armas gobierno de nuestro Monarca justo, qué victorias no le alcanzo? que laurel no le aseguro? que crueldad me habéis visto hacer, que la vuestra pudo calumniarme, cuando yo las conveniencias procuro del soldado, y en aquesto con lo que debo aún no cumplo? que sas desdichas no sabe, ni las siente, quien no supo acompañarle en la hambre, y verle al frío desnudo. De lo que Amberes padece, decís que soy culpa: el mundo, y Amberes por mi responda, que son testigos seguros. Porque causa tanto mal me atribuis? qué disgusto a vos, ni a otro cualquiera he dado en todo el discurso de mi gobierno? porque dais ala envidia tributo? los nobles no se apasionan ni hablan mal; vos por aflunto me habéis tomado: bien sé lo que con prudencia os sufro; hasta las piedras de vos me vienen a decir muchos delitos que me imputáis, sin haber en mi ninguno. Barón, todas estas faltas, estos arrojos, e insultos enmendad, porque me haréis, que el piadoso atributo olvide, y por las espaldas la lengua os saque que supo morder mi reputación, y atreverse a mi honor puro, hola? . Cielos qué es aquesto? . muerto estoy! Señor. . Al punto este memorial le dad al secretario. . Confuso he quedado. . Y la patente al señor Berón por muchos títulos bien merecida le den del Tercio que tuvo el Conde de Fustambercho. Yo estoy de confusión mudo! . Señor. . Excelencia viva mil años. Sé, que aún no cumplo con esto a vuestro valor. y al esplendor sin segundo de vuestra sangre: Barón, enmendaos, porque es astuto quien disimula un agravio, y de él nunca estáis seguro. Que así honre, a quien tan mal . habla de él! que haya llegado tan sin miedo un declarado enemigo capital! oh cautela mentirosa! El manifiesto está escrito: Ver a Amberes necesito, arrepentida, y llorosa; ya mucho en hacerlo tarda, harto me da que pensar. Que lo vengas a firmar para llevarlo se aguarda. Vamos pues. Señor, yo espero ver a Amberes a tus pies, que el papel que envías es buen remedio. Y el postrero. Estáis Barón confundido con el favor que os ha hecho el Marqués? tenéis el pecho todabía embravecido? mirad con seso maduro como habláis de los ausentes, Ay Carlos! los accidentes mudas los pechos más duros, a no ser vos tan mi amigo creyera que le dijisteis, cuando de mi boca oísteis ayer fin otro testigo: estando solos aquí me ha intimado su razón, cuanto con odio, y pasión ciegamente le ofendí. Lo que conviene, si puedes, es no tocar al honor, y hablar bien, que es lo mejor, porque escuchan las paredes. Ya de la quinta el alcance mi diligencia promete, daré el papel, y en tal lanca nuncio seré en buen romance, y en mal latín alcahuete. Mas, señores, que haya amante tan fino; tan tierno, y fiel, que juzgue ser lo galante el enviar cada instante yn mal escrito papel, sin reparar que a la dama con esta ocasión empeña a que pierda honor, y famo, pues para leerlo llama por interprete a una dueña, y esta tal dueña curiosa. con pico loco, y parlero, lo dice a todos chismosa; y en fin, es la misma cosa, que decirlo al pregonero? cosas de un enamorado no habrá quien las encarezca: hay más que ver a un barbado toda la noche embozado, y pesarle que amanezca? pues hombre si el claro día tu amor lechuzo te niega, sigue pues tu bobería, y vete a ser el Masia, amante de la Noruega: y el otro que piensa que es más galán. Valedme, Cielos! Pero inobediente un bruto de la rienda a los preceptos, desbocado precipita a un hombre ya cayé, el suelo: halló cerca, que si no fuera acaer al infierno. El Barónes por mi vida, muy lindo viaje ha hecho a Amberes: él me conte que iba a ver, o amante necio! a una dama: ven aquí, lo que yo estaba diciendo: entrarlo quiero en la quinta: cómo pesa! plomo, o hierro, no es tal, el hombre parece de vino, o cerbeza un cuero, el golpe que dio fue grande, aquí lo pongo. Qué es eso Escalín? . Ese Barón, o está hembra, que es lo mismo, que yendo por el camino cayó del caballo. . Creo, que un barro de agua será el más eficaz remedio: voy por él Tente señora: barro de agua será yerro, traile un bote de cerbeza, o de vino, que a un Flamenco le da la vida, y con agua morirá si no está muerto. Válgame Dios, dónde estoy? . Parece que el hombre ha vuelto en sí, por no ver el agua, ni aún en el barro lo ha hecho. Desde el día que engañada, . a Laura, sin honor tengo, tierra me falta que pise, todo es azar, nada acierto: no es de Claudio aquesta casa? pues cómo? Digo, algún hueso tienes quebrado? Escalín, qué dices? Trairé un Maestro Algebista, que te zurza desde la planta el cabello? Aquí está el agua, mas ya no es menester. Pero Cielos, qué es lo que miro? no es Laura? Laura aquí? todo es portentos cuando sucede, este aviso no puede ser sin efecto; restituir quiero a Laura el casto honor que la debo, que el Cielo por su venganza me avisa con tantos riesgos. Agua os traía, que dicen, que es el más pronto remedio al desmayo, pero ya de que no sirva, me huelgo: cómo os sentís? Bien, señora, que a vista de aquese Cielo, no hay mal que se atreva, todo es gusto, todo contento. No digo yo que estos hombres enamoran medio muertos. . Buen acto de contrición! Esto ha de ser, ya resuelto, . perdóneme Margarita, que la razón es primero. Yo no sabré encarecer, señor Claudio, el gran contento que traigo, de ver la plebe reducida. Gran acierto ha sido haber enviado a Amberes el manifiesto. Gran gusto espera el Marqués. Lo deseaba en extremo. Es piadoso. . Pauso viene. Y para mí a muy buen tiempo. . Voyme sin dar el papel. . Laura? . Señor? u. Qué es aquesto? A mi casa tal favor! El señor Barón, viniendo por el camino, un caballo lo precipité soberbio cerca de aquí; y Escalín piadoso lo entra acá dentro. Y con el favor, y agrado de Laura me siento bueno. Hija, ve luego, y preven una cama. . En mi aposento podéis entraros. . Estimo tanto agasajo, y supuesto que estoy mejor, por ahora esa prevención no acepto. Señor con vuestra licencia me retiraré, pues veo que aquí no soy menester. . Qué garboso talle honesto! . que discreción! . Señor Paulo, porque lleguemos más presto a la Corte, los caballos voy a prevenir. . Pues luego al instante que queráis, sin dilación partiremos; cómo os sentís? Cómo aquel que para su cura el Cielo un Ángel envío hermoso: como aquel que pasajero por un intrincado volque entre horrores turbulentos un relámpago le alumbra: como el que surca ligero ese piélago salado horrible monstruo, y soberbio, sin aguja, y ve del Norte en triste noche el reflejo: como aquel que caminando por errada senda, el eco de dulce voz le revoca a que siga el rumbo cierto: como a quien la hermosa Laura procuraba dar remedio, Ángel divino, luz pura, Norte fijo, y dulce aliento, Yo estimo señor, que a Laura le atribuyáis tanto bueno. Señor Paulo, ya sabéis mi calidad. . No la niego. Los bienes de la fortuna, que no son escasos pienso, lo que en mi hay, ya es notorio, y de más a más, un tercio de Balones, que el Marqués a mis servicios atento me ha dado, pues todo pongo a vuestros pies, y os ofrezco en mí un esclavo, si digno de la mano que deseo de Laura me hacéis. Qué escucho! hay mayor desdicha, Cielos! . Qué decís? por qué llorais? Lloro porque más no puedo. Queréis darmen Laura, o no? No puedo darla aunque quiero. Si por hallaros lo hacess falto al presento de medios para los gastos, no importa, que yo sobrados los tengo. Hay más apretado lance. . Este llorar ya lo entiendo, . es honrado, y siente ver a su hija sin remedio perdido el honor, no importa: esto ha de ser, resolveos. pues mi calidad sabéis. Yo, señor Barón, bien veo, que no merece mi hija. ser vuestra esclava; mas tongo ocasión para negaros lo que en el alma padezco. Explicadme vuestra pena, declaradme el sentumiento, que tanto dolor os causa: si es cosa de honor, prometo; como noble, sepultarlo en lo profundo del pecho, no lloréis, comunicad vuestra pena. . Pues supuesto que la palabra me dais, como noble, que en sereto tendréis de mi honor la mancha, será fuerza obedeceros, porque no juzguéis soberbia, altivez vana, o desprecio, él no daros a mi hija, cuando yo apenas merezco hablaros; mas con negar lo que me pedís, pretendo obligaros más, pues juzgo, que engañar a un noble pecho, es delito que mereos castigo atroz, y severo; y a mí por desengañaros, debéis agradecimiento, que al paso que se castiga, se debe dar también premio; y este lo quiero cobrar, solo en que guarden secreto de lo que aquí mis palabras dirán por vuestro provecho. Tanta prevención conmigo no es menester; ya lo entiendo, de Laura contarme quiere . el ignorado suceño. Mi hija, señor, qué pena! la prenda de mayor precio hoy le falta, o quien la vida rindiera con este acento! esta es la pena que llora. qué decís? Vertí el veneno, que el corazón maltrataba, lo que oís, mirad si tengo con que obligaros prudente, pues acosta, o duro yerro de mi honor el desengaño, por vuestro bien os ofrezco. Y es noctorio aquese agravio? Laura, y yo solo sabemos lo que nuestro honor le pasa. Si lo que decís es cierto, yo me casaré con Laura, pues paguros así debo el desengaño. Yo estimo las honras que el amor vuestro intenta hacerme, pues sea cuando mandaréis. Yo, luego, que dilaciones no admite mi amor, mejor mi recelo dijera que de mi culpa el justo castigo temo. Claudió previene el partirse, y te espera. A muy buen tiempo vienes Laura da la mano al señor Barón, ya es dueño tuyo, como a tal le estima, y obedece. . Yo prometo ser de Laura humilde esclavo. Qué es esto, que escucho, Cio mi Padre acaso delira? como en tan forzoso empeño se opone, sabiendo que ser su esposa, ay Dios! no puedo? qué dices señor? Qué calles, y obedezcas lo que ordeno. Y el honor? has de engañar al Barón? Laura, no tengo que decirte más, que quiso remediarlo tudo el Cielo: haz lo que te digo, hija, que conviene a tu remedio. Señor Paulo, tanta dicha, y tanto bien agradezco, y vos, señora, desde hoy a mí por esclavo vuestro me recibid, por esposo no, que tanto no merezco. Yo soy, señor la que ofrece a vuestro gusto un afecto; perdona, pues, Don Rodrigo, . que aunque te amaba, mi dueño no podías ser, y aquí ilustrar mi honor espero; nadie en el mundo me culpe de ligera, pues remedio con esto mi honor, y es más que el amor, y demás precio, que el honor es luz divina, y el amor es solo un cierto apasionarse del alma, sin que traiga otro provecho. Paulo, si hemos de ir, ya es hora; Yo solo, señor, espero por acompañarte. . Vamos, Laura da la mano luego al señor Birón. . En todo, como a Padre te obedezco. Dichoso yo ya he pagado la deuda que debí al Cielo. Y aquí tiene fin dichoso la Comedia. . Calla necio. Qué necedad puede haber, si es este lance postrero en cualquior Comedia, y yo le daba aquí fin al cuento. Pues yo os doy la enorabuena señor, de tan justo empleo, y mil siglos os gocéis. Pues con tu esposo te dejo, quédate Laura en buen hora: vamos Claudió. Y yo firviéndoos iré: pobre de mi amo, cuando sepa el casamiento. Ya salí de aquesta pena. Ya yo viviré más quiero, pues he pagado una deuda, de que era acreedor al Cielo: a dios mi querida Laura. Adiós mi adorado dueño Aquí señores esperar conviene al Marqués, porque ya marchando viene a esta vistosa quinta, que imagino, que por estar más cerca del camino de Amberes, su cuidado lo trae a ella. u. Havemos excusado con esto ir a buscarle. Mas no excusamos, no, el ir a encontrarle en el camino. . No, mas yo quisiera, que supieramo os cuando. A la ligo el Marqués ha llegado diligente, ya desmonta asistido de su gente. De Claudio es esta quinta. Es muy vistosa, su sitio, y su campaña es deleitosa. Amberes a tus pies, señor, rendida, pone su honor, su libertad, su vida. Alegres todos quedan esperando. verte entrar por sus calles hoy triunfando. Qué se redujo Amberes? . Y constante al consejo promete de Bravante. obedecer humilde su sentencia. Y en las manos también de Va Excelencia, como a Numa prudente jurar sus privilegios obediente. Gran suceso! Qué dicha! . Qué victoria! De Dios es tanto bien, suya es la gloria. Y a dar también se obliga de contado. satisfacción entera al Magistrado. Entra, señor, que espera el pueblo verte. Vamos pues; donde Rodrigo, de esta suerte. he de obligarlos más. ̱ . Señor. . Al punto. este trozo de ejército que junto traipo, no marche más, luego al proviso, al cuartel se retire, y den aviso de Vennes al Marqués, que con su gente haga lo mismo, y queden solamente mis Guardías, y unos Tercios de Españoles, de mi fortuna, y de mis dichas soles, Así lo haré, señor. Vamos, que es tarde, no hagamos que la villa nos aguarde. Aquí me quedaré, porque primero a Laura, y al Parón hablarles quiero. Todos con él se han ido, y pues amor permite lo atrevido, a Margarite buscaré amoroso, mas ya injuriando al carro luminoso sale. . Señor? . Mi bien. Cómo has quedado, cuando el Marqués, y todos han marchado? Por ver aquesos ojos, dueño mío, que son leyes del alma, y albedrío. Por verme solo a mí? . Si dueño amado, que viéndoos, vivo alegre, y sin cuidado, y sin vuestra presencia no les hallo a mis males resistencia. ̱. Porque es aquese enfado, no es tu hijo? Pluguiese al Cielo airado; (ra. antes que la luz viera. muerta yo, su sepulcro, y tuba fue- Vámonos pues de aquí. Qué te ha movido? Ver al Barón, y a Laura que: han salido. Tan mallo quieres? porque tanto onojo? no es tu hijo? Nunca lo fuera, pues es. de mis afrentas testigo, nunca yo le quise bien, aunque le mostré cariño; pero después que dichosa te adoro por dueño mío, le aborrezco de tal suerte, que cada vez que le miro me representa mi agravio, me acuerda retrato vivo de mi ofensa, y como tú eres solo a quien estimo, a quien adoro, y respeto, y te contemplo ofendido también, de quien vil, y aleve mancha mi casto honor limpio, en él me vengo por ti, y quisiera dividirlo en piezas. . Hay hijo amado! Qué es aquesto Laura? Hh dicho que está, señor, enojada con el Padre de ese niño, que en casa crías, de Laura parto infelice. . Lo mismo diré yo, pues cada vez que lo escucho, o que lo miro, un padrón de mis afrentas veo en él. . Aquí es preciso declararme: llegue pues el fin de tantos delitos: señor; el hijo que Laura dio a luz, sabed que es mío; yo soy Laura, de ese infante. el Padre; no he merecido tanto enojo, pues hedado la satisfacción, yo mismo. Qué decís? Qué estáis hablando? Lo que escucháis os afirmo. Cielos, que es lo que me pasa! . Absorta estoy de este aviso! Bien os acordáis, señor, cuando en Amberes, festinos saraos, paseos vistosos, explendidos, y lucidos vanquetes, la celebraban en muestras de regocijo de haber llegado a Bruselas aquel valiente Narciso, galán Marte, cuya espada, antes que le bozo florido indicios diera en sus labios de tres lustros, ya vencido, la admirá el Besubio ardiente, y la temió el Echna altivo, el que el sacro Monserrate con los cortes de sus filos, libre de apresión ofrece a su gran Padre Filipa: el señor Don Juan, que el Cie guarde piadoso, y propicio, para blasones de España, y de rebeldes castigo. Digo, pues, que en estos días tuve ocasión atrevido de buscar a Laura hermosa, por ser la que a mis suspiros daba causa, y más de un añío adoré, sin que un alivio tuviese en comunicarle la pensión de los sentidos, y como nunca decirle pude mi pena, más fino idolatra veneraba, porque es más fuerte apetito el que la privación causa proverbió cierto, y antiguo, y como a Laura imposible consideraya, rendido de mi afecto en mil festines solicité su cariño; pero a mis suspiros era, como al viento fuerte risco, como áspid engañoso a mis afectos dormido; pero yo un día de aquestos, ya resuelto, y oprimido de mi pasión, y mi rabia, cortesanamente activo saqué al aura de la mano, agasajo permitido, y usanza antigua de Flandes a pasear, dando indicios ella de mucha innocencia, y yo de torpes designios: secretamente en mi casa un vanquete prevenido tema, de los agravios de Laura, tristes principios, y como el amor es guerra, y que es guerra es conocido, siendo todos sobresaltos, y estratagemas su oficio; como traider rue ardides para rendir el presidio, que la voluntad de Laura, constante alcaide, y remiso me defendía: intente en una bebida Egincios, letargos darle crueles, que ajena de sus sentidos la dejasen, mientras yo ejecutaba lascivo, cuanto mi pasión quería, cuanto me incitaba el vicio. En fin, sin que ella supiese lo que había sucedido, logré mi amor, si es amor el que tan raros caminos se apropia para llegar a conseguir su aparito. A vuestra casa la traje antes que de aqueste olvido volviese, dando a entender, que de un mortal parafismo perdió el acuerdo: este fue señor Paulo mi delito, la afrenta de vuestra hija, que tanto llorar prolijo os ha costado: de aquí sin duda nacia ese hijo, que pues es de Laura hermosa, también señor, será mío. Absorto, y mudo he quedado de escuchar este prodigio, ya menos mal me atormenta. Válgame Dios, que haya sido, . el Barón, quien con engaño mi henor burla! ya es preciso amarle, y quererle mucho: hasta ahora lo he querido, porque remedia mi honor; mas ya, pues tantos suspiros confiesa que le costaba, es razón, que en mi albedrío entre reidando. Y qué haremos, pues ya lo habéis conocido, para que como hijo vuestro se estime, sin que el delito lo inhabilite a heredar vuestra casa, y apellido? Legitimarlo, que es fácil, declarando, que es mi hijo, y de Laura ya mi esposa: querida: Laura, delitos de amor tienen gran disculpa. Así lo tengo entendido. Pues vamos todos a Amberes, porque ya el Marqués se ha ido, y podré hacer falta, ̱. V Lleno voy de regocijos. Mi honor convida, y mi amor mas que nunca agradecido; . qué es esto, Cielos piadosos? poco a poco en lo benigno, que soy infeliz, y temo por un gusto mil martirios. Ya Cielos he satisfecho con esto acción mi delito: gustoso estoy; Cielo santo no me enseñéis vengativo, como se venga el honor, que aún temo vuestros cas

JORNADA TERCERA

Amor, muerte a las manos del rigor de mi suerte, si así te malograste, para qué, pues, naciste tan alegre? Moriste en fin, amor, con los tratos crueles de una sierpe tirana; pero quién se asegura de una sierpe? Oh nunca yo amoroso sus promesas aleves creyera, pues más triste el alma llora lo que el alme pierde! Oh quien antes de oír de Laura los desdenes muerto hubiera, que al fin muriera una vaz; pero no siempre, Cada vez que Laura su mudanza me acuerde, muerte será continus, que la vida, y el alma me atormente, Loco estoy, pues no muero, viendo que otro posre lo que juzgué ser mío mas quién fía en palabras de mujeres? Quien de aquestas Esfinges, ongeramen se asagura, viendo lo que a mi afecto le sucede? No habrá, Cielos un rayo, que en ceniza caliente, benigno, y piadoso mi vida acabe, porque no se queje? Que si alivian las quejas, la penalque se siente, morir, o padecer, es lo que mi dolor más apetete. Para que quiero yo la vida, cuando teme ver para más injuria en ajeno poder sus propios bienes? Plegue al Cielo tirana, que cuando menos pienses te olvide, o aberrezca, porque su ingratitud de ti me vengue? Y plegue al Grolo, ingrata, que tus venturas cesen, y la envidia en tu dicha, para venganza mía se alimente. Pero no, Laura hermosa, goza tu esposo alegre, que no has de pagar tú lo que ecasión mi infelice suerte. Gózalo muchos años, viva yo tristemente, pues loco me atreví a aspiraria tu luz sin merecerte. A tanto atrevimiento, que culpa, Laura, tienes? yo si pues soy culpado, a. sin ti paderta, y llore eternamer Aquí está mía rata emorir, según lo siente, istoso es el casarse? eguntelo al Barón de aquí a dos meles escalín señor qué dices que me maravilla el verte en día de tanto gusto: tan ajeno de placeres día que con tanto aplauso esta gran villa de Amberes ha recibido al Marqués estás tú triste? . Que quieres si el alma me falta. . El albía? luego desalmado vienes? Y peor. Pues a qué aguardas? reniega, quebranta, hiende, despedaza, mira zaino, sé traidor, cruel, y aleve, que aquesto es ser desalmado, mas no el estar triste siempre. Ay, Escalín! ya he perdido a Laura, mira si tienen bastante causa mis penas. Solo, señor, te consuele una nueva, y sea alivio de los disgustos que sientes. Qué nueva? De que el Barón no goza por el presente de los favores de Laura: si él no los goza que pierdes? si envidias estar casado; haces mal, que si supieses de la pensión que te escapas estuvieras más alegre. Que no está con Laura? No. . Por qué di? Porque le tienen preso. . Y tú sabes la causa? De lo que parla la gente te informaré, pues lo mandas. Ya te escucho. . Seré breve: dicen, que tuvo el Barón ciertos dimes, y diretes con Laura, y su casto honor, ofendió, engañosamente parió en fin Laura un muchacho. como una rosa. Qué cuentes, porque está preso te digo. Porque queriendo prudente legitimar el tal hijo, para que su casa herede, y suapellido, el suceso hizo notorio a los jueces, y el consejo de Bravante, como hoy se halla en Amberes, ha conocido la causa, y por su erden le tienen en la trena, que sabiendo lo falso, cruel, y aleve, que anduvo con Laura, hacen que no la vea, y te quede este alivio. . Si es su esposo ya el Barón que gusto quieres que tenga, si está casado con que paga lo que debe al honor de Laura. . Calla, que eres un bobo, no puedes por tu consuelo pensar que lo han de ahorcar, sin que quede algún castigo en tu idea, que no le atribuyas? vuelve en ti, señor, que verás el rostro de Laura, y cree que has de gozarla. . Ya no Escalín, que el alma siente otra cosa: yo vengarme del Barón de aquesa suerte! si la libertad pudiera darle, porque más no pene la que fue dueño del alma, se la diera, aunque pusiese a riesgo, vida, y hacienda, que aunque ingrata me aborrece? como del alma fue idea algún tiempo, en las especies todabía mi albedrío gobierna dichosamente: mas ya aquesto se acabé, pase como flor, que suele amanecer, cuando el Sol, y con el morir; mas miente mi voz: Laura es dueño mío, Laura es sola quien posee toda mi alma, a pesar de mis desdichas crueles. Eso sí, pléguete Cristo, ánimo, señor, consuele algo de tus penas ver, que está encerrado el pobrete, y tu suelto, y libre Laura, con que si es mujer, te puedo. desenojar. . Calla loco, calla atrevido, insolente, Laura no es mujer. Por eso. dije yo, que si lo fuese. No es mujer Laura, que así: su casto honor excelente. menosprecia, ni al Barón siendo ya su esposo ofende: mira otravez como hablas. Digo, que veré mil veces como hablo, y treinta mil: quieres más? El Marqués viene: aparta. . Hoy hay gran fiesta: que gran día, si hay vanquete! Señor, viva V. Excelencia, pues tanto daño ha evitado, y esta villa ha sosegado. con su valor, y prudencia. Amberes pública amante, con afecto agradecido. que a V. Excelencia ha debido. la paz que goza constante. Bien vuestro gobierno indicia, la gran prudencia, y valor, pues hacéis dar el honor que merece la justicia. La justicia, en mi opinión, es quien ayuda valiente al gobierno más prudente, usada con discreción. Bien se que soy murmurado. de piadoso, poco importa, si a la larga, o a la corta yo la justicia he vengado. Si la justicia ultrajada. no se venga, es grande error, mas no ha de ser con rigor, ni todo esgrimir la espada. Medios hay menos crueles, que curan con suavidad, rara vez la hostilidad amansó pueblos infieles. Con suavidad, y blandura se conquistan voluntades, que el que temis las crueldades. poco en su constancia dura. La hostilidad, y la guerra. de tanta ruina testigos, no la apruevo entre enemigos, cuanto, y más en nuestra tierra, Lo que ganar yo pudiere, por buena neguciación, es más cierto en mi opinión, que lo que la fuerza adquiere. En Amberes hoy hallamos este ejemplo conocido, y del contrario han nacido. las desdichas que lloramos. Ya está Amberes sosegada, y su Majestad servido, que el ejército temido, vence sin facar la espada. Los intereses Reales. ya quedan asegurados, con valor los Magistrados, y con gusto los leales. Que el desorden atrevido de la plebe, que así gano, se iba tomando más mano de la que le han permitido. Pero ahora averiguados los de la solevación; con justa satisfacción, han de quedar castigados: Ahora si que entra el rigor del poder, y la justicia a castigar la malicia del atrevido, y traidor. Paguen del perdón ajenos los que se hallaren culpados, mas no paguen saqueados, por los culpados los buenos. Qué prudencia! Caso extraño! Con cuánta piedad los trata!! No es más blanda una beata, ni más santo un hermitaño: pero déjenle entablar su juego, que el buen Marqués, aunque tan piadoso es, también se sabe enojar. El castigará su yerro, y atrevida presunción, y en hallando la ocasión él les dará pan de perro. Don Francisco? . . Señer. Hoy la gente marche al cuartel con la de Yennes. . Fiel pronto a obedecerte voy. Voy señor, pues es tu gusto a obedecerte. . Marqués, destruir a Amberes es no hacerlo; y no será justo. Al Páis ocasión da de desdichas el soldado, y teniéndolo alojado, seguro el Páis está, para Amberes prevenido los truje, ya se humilla, vuelvan se al cuartel, que yo remediaré lo perdido: Rodrigo? . Señor? Pues junto está el Magistrado, irás, y de mi parte dirás, que lo espero luego al punto. Ven Escalín. . A qué he deir? acasa me voy volando, que estoy de hambre rabiando. Yo a padecer, y morir. . En el gobierno de Amberes tratemos de poner forma lo primero, y también luego de castigar las personas, que atrevidas han movido en la villa esta discordia. Señor, las causas se escriben con cuidado, estando todas darán parte a Va Excelencia para la sentencia, y otra pendiente también tenemos, tan rara, y escandalosa, que en los añales de Flandes se han de haber hallado pocas. De quién? . Del Barón. Me pesa, y está preso? . Y aún la herca, o el cadahalso ya hecho. La justicia es piadosa, ya se mirará su causa con menos rigor. . Importa señor, castigar delitos, cuando en el decoro tocan de las mujeres, y en Flandes es muy conveniente cosa dar ejemplo, porque es mucha la llaneza, y la concordia con que hombres, y mujeres le tratan. . Causa amorosa tiene disculpa; fue amor? No señor, mayor ponzoña, y delito más atroz. Qué puede ser? Qué engañosa, y vilmente a una doncella burla en su casa. Si es toda la causa aquesa, el remedio es fácil, si es ya su esposa. No Señor, en Flandes no ningún derecho le abona al que aleve quebrantó la fe pública. . Yo ahora. quiero fundar en razón, que no es justicia, y responda quien quiliere al argumento. Pues Vi Excelencia proponga. Un hombre como el Barón hizo lo mismo, es notoria. Ley en aquellos Paises, que el que a la mujer deshonra. tenga pena de la vida. Esa ley es esta propia. Prenden al tal hombre, y luego viéndose preso, él informa que lo hizo, por casarse, prueba con el hecho toda. su justicia, y ya casado la Ley también le perdona: el Barón esta casado, es un soldado que importa. mucho su valor, aquesto haga la Ley más piadosa. Las Leyes Bólgicas mandan, que aunque se case, se ponga en un público suplicio. para ejemplo, y nuestra historia, con un Duque de Bravante la Ley que he citado apoya, que a su sobrino heredero Estado, y su Corona. castigo por otro tanto: este ejemplo bien nos consta. Esta es justicia de Flandes. Sí, más es muy rigurosa, mucho del Barón me pesa, que era valiente. Ya es hora que el Majistrado, señor, venga. Vamos, porque rejas, han de correr las riberas hoy con la sangre traidora. Seáis señora Laura bienvenida, cómo venís tan triste, y afligida? Ay Espineta, siento en el alma tan duro mi tormento, que no sé como vivo. . Esta visita, voy corriendo a avisar a Margarita mi señora, que estaba cuidadosa, y ya veros deseaba. Y yo con vuestra licencia pues hasta aquí he venido: resistencia dolor, y procurad no declararos, por cortelia solo a acompañaros, me volveré, no sé lo que me digo. Ya señor Don Rodrigo. conocí vuestro amor, y aún lo agradezco, estas amargas lágrimas ofrezco en holocausto, y víctima amorosa. a las aras, y estatua rigurosa de mi dolor, por solo que este llanto; borre copioso, y triste afecto tanto, como algún día procuré imprudente con vos lograr, más cierto inconveniente de lascivia traidora, secreto entonces, y notorio ahora, lo estorbaban: ah señor! con que agonía equivoca mi voz os lo decía en tantas ocasiones, cuantas amor formó conversaciones, duplicada esta pena, que ya os dije, es la que me atormenta, y que me aflije con rigor inhumano; pues por ella no os puede dar la mano de esposo, que era todo mi deseo, y por ella también sola me veo, sin el bien que estimaba, que aunque contra mi gusto, ya lo amaba, que a una noble mujer es excelencia amar alguna vez por conveniencia. Esta es mi pena, aqueste mi cuidado, no os merezco, señor, tan enojado, cuanto por vos hacía la fineza que oís: si yo os quería, si os adoraba amante, mi atención lo publique, pues conflante por vuestro honor miraba lo primero, y amor que es tan honrado, es verdadero. Abrid señor los ojos, dad de mano prudente a los enojos, y pues no quilo el Cielo conceder a los dos este consuelo, que en un lazo amoroso fuera yo vuestra esclava, y vos mi esposo; procurad resistencia, venced vuestra pasión con la prudencia, que yo, pues quiere el Cielo, dolor tanto mirigare también con este llanto. Cielos, qué es lo que escucho! con temores, y amor, cobarde lucho. Yo, señora, enojado? la fantasía vuestra os ha engañado: estoy, esto es verdad; casi sin vida de verás tan llorosa, y afligida, que quisiera tener poder, o medio, para dar a ese llanto algún remedio: esperanza, no mueras de cobarde! que aún aquella memoria ilustre arde en su pecho, y al soplo de porfías se han de encender aún las cenizas frías: más Margarita sale, ireme ahora: hacer falta al Marqués temo, señora; dadme licencia. Adiós, yo quedo en calma; que mal se olvida lo que quiso el alma! Tanta dicha en mi casa, y honor tanto, hermosa Laura mía? yo me espanto como tus penas no me han dado muerte, que lo he sentido al paso de no verte: paciencia amiga, todo lo he sabido. Como la he de tener, si hoy han leido la sentencia, y proceso riguroso, Margárita, al Barón mí triste esposo? aqueste amiga mía, es mi tormento. Sabe Dios, Laura, si tus penas siento. Y no tendrá remedio? . Hoy a las plantas: del Marqués me he de echar desdichas tantas tengan aqueste amparo, ello es forzoso. El Marqués es benigno, y piadoso: harás bien. . Yo venía a suplicarte, Margárita mía, que por mi aqueste enfado perdonases, y a ver hoy al Marqués me acompañases. Yo te iré a acompañar. . Vamos señora. Por ver a Carlos voy, que el alma adora. . Perdonaron ya los tres? Si señor. . Basta que mueran los otros cuatro. . Ya estaban de la horca en la escalera, cuando tu Perdón llege. Eran los cuatro cabezas, los Cabos de mayor fuerza, de esos importó la muerte, que es cosa de gran sospecha, y daño en cualquiera pueblo, quien tanto sequito tenga. y, quel alma adora s. Con eso Amberes, señor, queda obediente, y contenta, Y su gobierno también, con el decoro, y grandeza que tenía antiguamente, sin que la sedición pueda volverlo a mudar. . La villa. otra parece en lo quieta. Entremos hija los dos, que a muy buena ocasión llegas? Claudio, pedir al Fiscal, pues es tan vuestro, que sea de vuestra parte. Yo haré lo que me mandáis. . Qué pena! ruego al Cielo, que el Marqués oiga piadoso mis quejas . Margárita, dueño mío? Carlos del alma? Qué buena ocasión para pedirte a tu Padre! . Aqueso deja, que otra vendrá de más gusto. Qué aguardas señora? llega, que el Marqués está diciendo, échenle al instante fuera. Señor, hoy a vuestros pies una mujer. . V. Excelencia tiene a sus pies estas canas. Alzad, qué pedís? Sentencia de muerte han dado al Barón mi esposo, llorosa, y puesta a vuestros pies he de estarme hasta que el perdón. . Qué pena! Me prometáis. . Ya calado del honor la heroica deuda había pagado: espero de vos, señor. . Su nobleza, sus hazañas, y servicios también por él intercedan: mas yo no tengo que ver con eso, harto me pesa, sabelo Dios, al consejo de Bravante aquesas quejas presentad; llegad, pues hoy os halláis en su presencia. Señor, mirad que es amigo Panio. Pues tened paciencia, que no hay remedio. . Mi casa En su antiguo esplendor queda viuda mi hija, y yo lleno de dolor, y afrenta. Mirad señor, que el Barón es noble, y vuestra clemencia está esperando. . Las leyes disponen Laura que muera, para que el mundo, pues sabe el cariño, y la llaneza de Flandes, sepa también, viendo su ejemplo, y tragedia, como se venga al honor, que tan ultrajado piensan, él morirá, si no ha muerte: no hay remedio. A V. Excelencia volvemos, señor. No puedo, cuando la justicia cierra la puerta al perdón oíros, mucho su muerte me pesa. Qué dolor! Qué crueldad! Ay desdicha cómo aquesta! No sé lo que me sucede! Infeliz soy! yo estoy muerta! Bien haya quien las mando quitar. Qué voces son esas, Escalín? Es que doy gracias muy contento a Va Excelencia, porque ha quitado en Amberes de las calles las cadenas. Pues qué te importa? A mi mucho. Yendo una noche de priesa, pasé por junto a un Pilar, y sin verlo, media pierna, un eslabón me rompía de una que allí estaba suelta, y di al diablo quien la puso, y aún más. La más noble fuerza he estorbado con quitarlas, que tenía Amberes. . de muy grande inconveniente. Aunque ganasen las puertas. de la villa con echar cuidadosos sus cadenas; a las bocas de las calles. aseguraban su hacienda: hoy he mandado quitarlas. Y al instante lo que ordenas se va ejecutando. . Intento, que Amberes menos soberbia esté, no le ha de quedar cosa, que sea en defersa de sus calles. . Del Barón la lastimosa tragedia se ha ejecutado. Qué escucho? pues no me mata esta nueva, sin duda no tengo vida. Pobre Laura! Bien deguella el bellaco del Verdugo, vive Dios; que se las pela. Murió con valor? Murió. el Barón; como quien era tierno, como buen Cristiano, como noble en su entereza, y valor, sin que ninguno en su rostro coneciera señal de menos esfuerzo, ni acción de espanto, o flaqueza. Señor Paulo, ya está hecho, no hay si no tener paciencia. Laura; de vuestro disgusto. sabe el Cielo que me pesa; mirad si puedo serviros en otra cosa, muy cierta podéis estar que lo haré. Guarde el Cielo ha Va Excelencia solo llorar es remedio, para el dolor que me espera. No te entregues al dolor, Laura, consuele tu pena el amor de Don Rodrigo, que pues galán te desa, logrará aquesta ocasión. Hermosa Laura; no quieras ajar aquestas mejillas, que injurian la primavera; pues viuda te contemplo, el alma; y la vida entrega, mi voluntad a tu gusto, tu esposo he de ser. . En esta: ocasión, dueño del alma, de tu Padre la respuesta. he de saber. . La dichosa. seré yo; cuando merezca tu mano. . Si vos gustáis, como siempre seré vuestra, hablad con mi Padre, Albricias alma, que otra vez empieza a regirte dulcemente la que dueño tuyo era. Si señor, luego al instante si el Marqués nos da licencia, es vuesta mi hija. . Cielos, consuelo ha hallado mi pena, Laura es vuestra; yo señor, soy el que gano. La vuelta. daremos (pues quiso el Cielo ajustar esto) a Bruselas. Hoy señor puedes partir. Que en fin, amiga Espineta, hemos de casarnos? . Sí, porque es uso en las Comedias. Señor, Don Rodrigo a Lauras quiere por esposa: espera tu licencia . Yo la doy, y me huelgo, que contenta que de Laura. . Y Margarita: serlo de Carlos quisiera. A tus pies, señor, postrado está Carlos. . Mi vergüenza: humilde pide perdón, y estima que le concedas dar logro al más sino amor, que las historias modernas han escrito. Vuestro gusto mi afecto siempre desea: muchos años os gocéis. Pues Laura, mi mano es esta. Y está la mía. . Dichoso yo, que llegué a merecerla. El alma en aquesta mano, Margárita, te presenta todo un afecto. También yo te le ofrezco con ella. Espineta, que se casan? Pues pide al Marqués licencia. Los criados no entendemos de Marqueses, ni Marquesas: daca esa mano. Ya es tuya. Pues vamos a una taberna. . Ora será de partir, a Bruselas. . Ya te esperan las Guardías. Pues vamos todos. Y aquí tiene la Comedia fin, advirtiendo, que el caso es de historia verdadera; porque no se atreva nadie al honor de las doncellas.