Texto digital

Texto digital de Nadie pierda la esperanza

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Lemus
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nadie pierda la esperanza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nadie-pierda-la-esperanza.

Logo BICUVE

NADIE PIERDA LA ESPERANZA

JORNADA PRIMERA

Aunque al logro de mis dichas la oposición de una ausencia, entre tormentos del alma iba alimentando penas. Aunque entre mil imposibles, casi la esperanza muerta, me negaya mi desdicha volver a tus luces bellas. Ni tormentos, ni imposibles pudieron en mi firmeza la menor demostración, que fuera en mi amor ofensa. Qué de cuidados me debes! que de desvelos me cuestas! qué de suspiros al aire sin tener de ellos respuesta! Tan en ti siempre el sentido, que mil veces en Escuelas, al escribir la lección, ponia las letras mismas de tu nombre; y otras veces la lengua llave maestra del corazón, publicaba que eras tú la mejor prenda que estaba en él: mas qué mucho, si el Cielo te hizo tan bella, que envidiaron mi cuidado todos cuantos lo supieran? En menos adulaciones quisiera que me ofrecieras el premió a mi voluntad, y a mi amor correspondencia, sin llegar a encarecer con tanto extremo finezas; que pocas veces las hace el que sabe encarecerlas. Yo solo sabré decir, pero no sabré mi pena, porque solo supo el alma en tu ausencia padecerla. Y aunque deseo creerte, hace a mi deseo fuerza ver que tuyo no la tuvo para escribirme una letra. Que si a mí, el ser de mujer licencia me concediera de buscarte, no aguardara tan largos siglos de ausencia. Acción es de mi desgracia el pagar, prima con quejas mi voluntad, si no es que quieres negar la deudas Ignoras, que yo por ti cerré a mi aumento la puerta, dando de mano al estudio, no prosiguiendo la guerra? Pues Don Martín de Aragón, sabido es, que su bandera me dio en Nápoles favor con que otro honrarse pudiera. Y cuando no por mi aliento, por mi valor, por mi fuerza, por el favor de mi tío era cierta una gineta. Mas de esto no hago caso, pero el dejar la belleza de Doña Violante que es hermosa como discreta, con cuarenta mil cruzados, no es hazaña tan pequeña para que la desestimes. Ni menos para que sienta ver con cuanto entendimiento, con cuanto amor, y terneza, de discreta, y de hermosa la alabes en mi presencia. Vete, vete con Violante, yo soy necia, yo soy fea. Erré, prima de mis ojos; y quien confiesa que hyerra perdón merece. . Churriego, no me dirás lo que dejas por mí? . Pues si yo comienzo, en diez manos, en diez resmás, en mil eños, en cien siglos, en ferecientas milleras no acabaré de decirlo, porque he perdido la cuenta, Estas preñado, por dicha? Y se me arroja. . Pues mueve ya que lo que dejas callas, razón será que refieras lo que me traes de Castilla, Eso muy en horabuena. Traigote de Salamanca, para con que te entretengas, bizarra sarna perruna. Ay mis dedos. . Ya te quemás pues de Nápoles te traigo dos excelentes muñecas, que saben jugar de manos. Para cortadas son buenas. Tus orejas. . Qué decías? Pido a Dios, que yo te vea como el Santo de tu nombre; Lleno el pecho de saetas? No digo yo de sayones, sino de amorosas flechas. Yo digo, que sobre ti venga lo que me deseas, que si es bueno, no te agravio, si malo, no te hago ofensa. Rechazome la pelota, pagó en la misma moneda. Ya estarás desenojada, pues te tengo satisfecha. Poco duran los enojos, donde voluntades reinan: tuya soy. . Yo soy tu esclavo, permíteme, que siquiera firme en tu mano mi labio esta verdad que confiesa. Como negaré una mano, quien el alma no te niega, ves aquí, y la libertad, y palabra doy en ella de ser tuya mien Es el iris, que serena los nublados que el temor de no merecerte engendra. Ya doy por bien padecido el Invierno de tormentas de ausencia, pues llego a ver hoy en ti mi Primavera, el Abril en esos ojos, en tu mano el azucena, los claveles en tus labios, celaje hermoso a tus perlas. Somos tejidos nosotros en telar de menos cuenta? si allí se besan las manos, a hacer lo mismo enseñan; dame, besaré las tuyas. No puedo, que tengo en ellas la sarna que me trajiste; que a no tenerlas en ellas; y ocupadas con regalos, al instante te las diera. Mientras que se desocupan, dame un pie. . No soy Poeta. Una uñita. . A un Escribano. Un carcañal. . A una hyegua. Una planta. . A un Arquitecto. Un escarpín. . No soy negra. Un zapato. . Soy descalza. Un chapín. . Traigo el de Eva. Dame. . No me pidas más, que el pedir es cosa necia. Concedo aquesa mayor, y saco por consecuencia, si el pedir es necedad, que no hay hoy mujer discreta. Ay triste, mi señor viene. No te apartes, qué te alteras? hacemos moneda falsa? No, más estar las doncellas hablando así con los hombres, es fuerza que mal parezca, Jesús el testimoniazo que a dicho esta mala embra, doncella? yo me hago cruces, la vejez con que recuerda, no hay árbol hoy con tal fruta. Qué haya dado en esta tema la locura de los hombres! Qué haya mujeres tan necias, que lo que no puede, ser quieren que por fuerza sea! No crees que yo lo soy? Ni si videro, non credam. Quiere decir en Romance, Antes ciegues, que tal veas. Lo que de mi parte os ruego en tan discreta elección es, que sin más dilación procuréis se hagan luego los casamientos tratados. Siempre en todo he de hacer vuestro gusto, y parecer. Aquí están los desposados. Los desposados dijeron al encuentro, bravo azar, ellos me quieren casar, mi conversación oyeron. Sobrino. . Hija. . Señor, En este instante a los dos hemos casado. De vos no esperé menos favor: como a padre os obedezco, ya no hay más que desear, hoy he venido alcanzar la gloria que no merezco. Ya vuelvo en mí del desmayo, tragado tuve el veneno, mas fue aquí el eco del trueno, y allí el efecto del rayo. Yo con mi prima casado? Yo casada con primo? a quién adoro, y estimo? parece que es bien sonado. No hay sentido ni potencia, que no celebre este gusto. Qué respondes? . que me ajusto a tu gusto; y obediencia. No puedo yo replicar, cuando conozco señor, que tú has de elegir mejor que yo sabré desear. Don Sebastian, mi elección solamente ha merecido. Un rayo tu voz ha sido, . que ha pasado el corazón. Quién vido en tanbreve instante gusto tan feliz trocado? bien dije que era sonado. Tu esposa es Doña Violante, bien debes agradecer, que lo que por ti escogí, estimara para mí. Mortal estoy, que he de hacer? . un monte de nieve, encima del alma cayó, qué haré? la verdad le contaré, mas no, que ofendo a mi prima. Fingiré, que de este modo mi amor se viene a ocultar, y aunque le vengo a engañar, el tiempo lo acaba todo. No sé como encarecer cuan agradecido estoy, no sobrino, hijo soy, y más si más puede haber en el linaje de amor: jamás tuve tan buen día. Con el gusto, y alegría, . que ha respondido! a traidor, tan presto tanta mudanza? Brava trocatinta ha habido, pues los que anego Cupido levanta en mayor bonanza, Aunque de este casamiento mil notabuenas nos dé, es cierto que quedaré corto según lo que siento. Lo que dejo de decir, ya de vuestro ingenio infiero, que de lo mucho que os quiero lo sepa bien colegir. Al fin doy la norabuena del casamiento que es justo, y os juro que fue mi gusto, respecto del vuestro pena. Del que vos habéis mostrado tan gran parte me ha cabido, que explicarla no ha podido, ni mi amor ni mi cuidado. Y así estaréis satisfecho, que con vuestro nuevo estado tanto placer me habéis dado, que no me cabe en el pecho. Es enamorarse esto? o viene a ser ensayarse? que tan tierno requebrarse, entre primos es exceso. Y haberos oído; es llano, que en los dos no conociera, que darles celos pudiera a Violante, y a su hermano. Hora es ya de recoger: Don Antonio guardeos Dios. Vaya el mismo con los dos. Y conmigo el padecer. Adiós Princesa. . De qué? De la fregatiz cuadrilla. Adiós basto. . Adiós malilla Algún día arrastraré. Desvértehe quedado (ay triste!) en tan ciega confusión, que ni hay lugar al discurso, ni cendal en el valor. Si permito a mi deseo su amorosa inclinación, vengo a perder el respeto al mismo que me engendró. Pero qué fuerza resiste las fuerzas de una afición? que quien principal me hizo, de mujer no me libró. Perdonen obligaciones, que primera obligación es la que se debe al gusto; y no se ofende el honor. Y aunque el responder miprimo con el gusto que mostró, fue hacer a mi voluntad una especie de traición; quien más quiere sufre más, mas hace quien más amó, pagarle quiero en finezas; dame de aquel contador recado para escribir, verá en mi resolución, que yo sola sé querer, y que otra ninguna no. Aquí está lo que pediste. Dame aquesta pluma (ay Dios!) no diga que tuvo penas, quien no supo que es amor. Qué estafeta se despacha? mas si viviese a ser yo el correo de estas cartas, y por dicha mi señor lo supiese, y me librase en Palermo el galardón. Qué breve ha sido el despacho! paréceme que cerró el pliego. . Oyes volando. Digo, que profeta soy. Este papel has de dar a Don Sebastian. . Ya voy Mira que nadie lo vea. No lo verán los que son ciegos. Si ha errado la pluma, discúlpela la pasión con que escribo, que quien ama es como el que mucho habló. y. La obligación que debéis a quí en sois vuestra cordura, y discreción me asegura. Don Sebastian, que haréis lo que a suplícaros vengo. Seguro podéis estar, que estimaré aventurar por vos la vida que tengo. La mía pongo a esos pies; y en lo que os suplico es llano, que a estar viene en vuestra mano mi gusto, honor, he interés: y aún mucho más de vos fío, Aquesta seguridad es premio de mi amistad. Digo, amigo que mi tío, como si mi padre fuera, y aún con mucho más cuidado, desde niño me ha criado darle pesar no quisiera, porque sé que no es razón: y demás de aquesto, espero que me ha de hacer su heredero, y temo su condición. Ha concertado casarme con vuestra hermana. Es así, Y aunque confieso, que a mí no hay cosa que pueda honrarme, como nuestro parentesco, ni tan dichoso himeneo, si con Violante le empleo; a quien servir no merezco. Y aún ese conocimiento me conduce a la razón, me fuerza una obligación a que prosiga mi intento. Y es imposible mudar, aunque quiera mi cuidado, porque en secreto casado, amigo me vengo a hallar: Y no es bien que a rompimiento se llegue de esta verdad, pues vos podéis, procurad impedir el casamiento. Como prudente advertí, que esta mejor (cosa es llana) que quede por vuestra hermana, que no que que de por mí. Que a no tener el empeño en que mi disculpa fundo, otra ninguna en el mundo admitiera por mi dueño. El aviso que me dais estimo, como es razón, y sin haber dilación haré lo que me mandáis. Don Manuel está allí, si acaso al entrar me vio? ay Dios, si me conoció? taparme quiero, y así llamaré a Don Sebastian, sin que pueda conocerme, pues tapada no ha de vermes ce, caballero, a galán. A quién llamáis de los dos? Llamo al que está a vuestro lado; Yo creí ser el llamado, y el escogido sois vos. No será bien estorbar conversación tan gustosa; adiós. Si no es engañosa la vista, la que a hablar ha llegado es Sebastiana; pero de aqueste cuidado me librará mí o Para vos me dio Doña Ana, señor, aqueste papel. Papel para mí? no creo que es verdad, aunque lo veo. Mirad lo que viene en él; mi embajada ha sido aquesta, y Violante viene allí, no es bien que me halle aquí, pues no he de llevar respuesta. Mi hermano está divertido, y en las manos un papel, una mujer, que con él estaba, como me vido se fue; qué enigma será? Extraña resolución. Señales da de pasión; válgame Dios, que tendrá? Que una mujer principal escriba de aqueste modo, y aventurar su honor todo, cosa que le está tan mal! Cómo estáis hermano así? que os causa esa suspensión? Tiéneme una confusión, hermana fuera de mí. Es cosa que puedo yo, oh saberla, o remediarla? Fácil es de revelarla; mas el remediarla no. No hallo cosa sin remedio, si se le sabe aplicar. Yo sé que no se ha de hallar para aqueste caso medio. Sépalo yo, y puede ser que le halle. . No lo creo, Cuidado me da el deseo de saberlo, soy mujer. Dispuesta a servirte estoy, acábalo de decir, que de mí no has de encubrir cosa alguna, tu hermana soy. Fiado en que eres mi hermana, en tu valor, y amistad, confesaré la verdad; yo quiero bien a Doña Ana, No te sabré encarecer los cuidados, los desvelos, los temores, los recelos que me ha hecho padecer. Y ahora, que concertada conmigo está de casar, de nuevo empieza mi azar, que en su nombre una criada; me ha dado aqueste papel, en él (extraño rigor!) sin reparar en su honor, es conmigo tan cruel, que pide, como verás, . que estorbe este casamiento, porque está mal, si lo intento, a su honor, y al mío más, antes que le recibiera, acaso vino a hablarme Don Manuel, y a rogarme con extremo, que impidieran el casamiento tratado contigo, que convenía, porque otra Dama tenía, con quien estaba casado, Esto me dijo en efeto; que dar pesar recelaba a su tío, y que fiaba solo de mí este secreto. Bien claramente se entiende, que a quien adora; y estima, es a Doña Ana su prima, y que Doña Ana pretende en lo que me escribe aquí, que yo llegue a conocer lo mismo que puedo hacer, si mi libertad la di. Y si ella tiene otro dueño, sin remedio está mi mal; que una mujer principal escriba así; es gran empeños Y cuando no le tuviera, bastaba el haberme escrito esto, para ser delito, y que yo no prosiguiera. Pues querer, y no poder, mira si es grave el pesar, y si es forzoso librar mi remedio en padecer. Yo presuadirme no puedo que Doña Ana haya enviado este papel que me has dado, sino que todo es enredo de su primo, que envidioso de tu dicha, ha pretendido con este papel fingido, con su modo cauteloso, estorbar tu casamiento, déjame, que yo veré hoy a Doña Ana, y sabré la verdad con fundamento, En hacer la diligencia premiaras mi voluntad; aclararse esta verdad, sepase con la experiencia. Que si el pensamiento es cierto; no tengo que recelar, pues por ti vendrá a llegar mi dicha a seguro puerto. La brevedad te encomiendo. . Al punto la voy a ver: no sé como encarecer lo que el alma está sintiendo. Que así Don Manuel grosero, desvanecido, y ufano venga a hacer a mi hermano en mi desprecio tercero! Qué llegue a desestimarse! vive Dios, que estoy corrida, y aunque me cueste la vida, he de procurar vengarme. Yo le haré conocer, y en su daño confesar cuan curo viene a costar despreciar una mujer, en este papel fingido. mi traza ha de consistir, porque le tengo de herir- con las armas que me ha herido. Encargome mi señor, que con descuido supiera esta tapada quien era, y con descuido es mejor. Ce, qué digo? reina mía, corra a la deidad el velo, y dejenos ver el Cielo, quitada esa celosía. No eclipse en esta ocasión el Sol, pues en signo está de Virgo. . Engañado va, porque está en Escorpión. Acabe, quite la nube. Temo que se ha de asombrar. Claro está que ha de espantar la hermosura de un Querube. No me ensalce por su vida tanto que es fuerza temer, que cuando me llegue a ver sea mayor mi caida. Cómo, si eres Serafín? que si aquese talle viera, por ti al punto se perdiera el gran Miramámolín. Eres deidad soberana, y más si más puede haber. Y si lo llega a saber eso cierta Sebastiana, cómo le irá de rencilla? porque yo sé que la quiere, pena gime, llora, y muere. Oiga, yo a Sebastianilla? por cierto donosa cosa, a que dama tan perfecta, una pícara alcahueta, zarposa, necia, golosa. Oiga, dícelo de verás? Tiene, a fe de Caballero; diez berrugas, y un uñero en las dos asentaderas. Ya son notorios agravios, sin duda alguna que mientes. Tiene nubes en los dientes, y almorranas en los labios: y aún otra falta peor se me quedó por decir. Qué es por mi vida? . Pedir, que es el defecto mayor. Que aunque más hermosa sea, en pidiendo una mujer, al instante viene a ser vieja, floja, tonta; y fea. Pues cesará mi desdén, si aquí se atreve a jurar; que no la ha de ver, ni hablar, y que no la quiere bien. Si con eso solo entablo la dicha que no merezco, vive Dios que la aborrezco dos mil veces más que al diablo, Descubrome, vesme aquí; llega a hablarme, no te asombres: señoras; no crean los hombres, porque todos son así. Yo cumplo lo prometido, cumpla lo que prometió. . Mal haya quien me parió, en la trampa me ha cogido. Conociste la tapada? Nunca yo la conociera. Acaba, dime quien era. Una vívora pisada, una sierpe embravecida, un áspid Libio, un León. Di quién era . En confusión, una mujer ofendida. Acaba de descubrilla, di su nombre. Puede ser, áspid, vivora, y mujer, otra que Sebastianilla? Cómo es eso? Sebastiana, y haberse de mi tapado? sin duda que era el recado que traía de Doña Ana. Válgame Dios, que recelo tuve desde que la vi! conocístela bien? di. Como conocí a mi abuelo: estuve hablando con ella con la cara descubierta. Ya mi sospecha está cierta, impórtame el ir a verla, y saber a lo que fue, y si hay agravio, vengarme. Yo te sigo a disculparme, aunque la verdad hablé. . Mi primo Don Manuel en la casa de Violante? Digo, que estaba del inte. Y viote dar el papel? No me lo pudo ver dar, porque muy tapada entré, y a solas se le entregué. Presto la fue a visitar. No puedo encubrir su intento, que bien se le conoció en el gusto que mostró al tratarle el casamiento, Es hombre, no hay que fiar, que mujer que en ellos fía; veneno en el pecho cría, y joyas guarda en el mar. Amor siembra en el arena la que los llega a querer, donde es forzoso coger desdenes, celos, y pena. En mí tienen buen testigo, para jurar en su abono. Cuando a mi honor no perdono usa tal traición conmigo! Que así se atreve a hacer de mi sufrimiento prueba! juzgaréis a cosa nueva veniros Doña Ana a ver. No es nuevo, amiga; y señora, en vos el favorecerme. Yo de vos vengo a valerme. Solo me faltaba ahora, que esta (según lo sospecho) venga a hacerme su tercera. Qué hablasedes quisiera a vuestroprimo. . Esto es hecho. Y le digáis de mi parte. Lo mismo que dije intenta . de celos, rabia, y afrenta el corazón se me parte. Que conozco su valor, y lo mucho que merece: que prueba acibar parece, . sin duda le tiene amor; pero que yo me he inclinado a no casarme, y quisiera que desde hoy desistiera del casamiento tratado: que le pido en cortesía, no trate de visitarme, porque es cansarse, y cansarmen, y es en vano su porfía. no que le suplico es justo, no quiera mujer forzada, porque es naranja apretada, que da hieles entre el gusto. Y aqueste le habéis de dar. en que lo mismo le ruego. Agua ha arrojado en el fuego con que me empezó a abrasar. A tan justa petición, qué puedo yo responder? serviros, y obedeceros os promete mi afición. Ya con aqueste testigo duda no puede quedar de cuan falso viene a andar mi ingrato primo conmigo. Que quepa en un pecho noble tan tirana alevosía, y que la voluntad mía la ferle en un trato doble! Él viene; no ha de poder disimular lo que siento. Logrando se va mi intento. . Sin duda la viene a ver. . Doña Violante está aquí, prestele el valor aliento, si es que puede, al sufrimiento, o si es que hay valor en mí. Yo llego a buena ocasión, sino es que vengo a estorbar; pesárame senazar de vuestra conversación. De qué se estaba tratando? Antes si bien lo advertís, a tan buen tiempo venís, que os estaba yo esperando. En lo que us sirvo, decid. En ver aqueste papel, . y en hacer lo que ya en él, sin acordaros de mí. No deis crédito al concierto, fiado en vuestra ventura, porque no hay nave segura, aunque esté dentro del Puerto; No queráis mujer por fuerza; que en diciendo una mujer una vez no no hay poder que de su intento la tuerza. No forméis de aquesto culpa, porque muy sin ella estoy, y en este papel que os doy va cifrada mi disculpa. Testigo de esta verdad son Sebastiana, y Violante, no me deja que adelante pase el dolor, perdonad; el Cielo os dé la ventura que puede. . Quedad con Dios. Vaya el mismo con los dos, hay confusión más extraña? No deis crédito al concierto; fiado en vuestra ventura, porque no hay Nave segura, aunque esté dentro del Puerto. Qué enigma es esta? Ay de mí! leed aqueste papel, y haced lo que viene en él: qué puede venir aquí? Ya mi paciencia condeno; quiero abrirlo; pero paso, mejor es romper el vaso adonde viene el veneno. Mas qué tengo que perder; ya mi esperanza perdida, pues sin mi prima no hay vida; quiero el veneno beber? Hoy se halla mi opinión en un peligroso empeño, con que impide mi desgracia la dicha de mereceros. Yo me holgara poder ser vuestra, pero no puedo, porque esta mal a mi honor, y mucho peor al Estimad aqueste aviso, y haced como caballero: no tratéis de ser mi esposo, y guardadme este secreto. Ya extrañaba mi fortuna no hacerle oposición la desgracia en esta dicha, clima que siempre siguió; promesas en la mujer, flores en el almendro son, y maravilla que mueve al instante que nació. Nave asegura en el mar quien pone en ellas su amor, viento sigue quien las sigue, huellas procura del Sol. Torre fundada en arena tiene firmeza mayor; que en mujeril edificio no puede haber duración. Al principio, sus deseos parecen rayo veloz, mas lo que rayo parece, no es después exhalación. Su voluntad es espejo, que cualquiera que llegó a mirarse; halla en él viva representación de su imagen; mas apenas llegó a tocar lo que vio, cuando halla un fácil vidrio quebradizo, y sin valor. Lo mismo me ha sucedido, pues cuando miraba yo gigantes de fe en Doña Ana, de mi amor transformación, en el toque de experiencia el espejo descubrió, que lo que juzgué gigante, era una vana ilusión. A fiera ingrata tirana, que poco me aprovechó el ser siempre a tu obediencia un concertado reloj! Sujeto a tu voluntad, como la Nave al timón, como la flecha a la cuerda, y como a su curso el Sol; como el acero al imán, como el necio a su pasión, como el cautivo a su amo, y el corderillo al pastor; como el amante a su dama, que es la sujeción mayor? Goza el logro de tus dichas mientras que padezco yo, lanzando el fuego del pecho, que me arrojó tu rigor Cásate, y quieran los Cielos, que con larga sucesión lleguen a colmó tus gustos, como mi pesar llegó. Churriego luego al momento las sillas al punto pon al nevado, y al tordillo. Dónde quieres ir señor? A Faro parto a ordenarme, porque sin orden estoy. Clerigo quieres hacerte? es dispárate por Dios. No quiero que Doña Ana, ya que mi fe no pagó, halle en casarme disculpa del yerro que cometió. Demás de que es imposible que pueda entrar otro amor de otra persona en el mundo a donde el suyo llegó. No me queda otro camino de que hacer elección; ni es justo aguardar aquí a que me acabe el rigor de verla casar con otro; ya determinado estoy. Esto solo me conviene, ello la ocasión me dio, mi tío Obispo de Faro, mil veces me prometió, que si signiera la Iglesia, me había de hacer favor. Ya es tiempo de recibirlo, pues desesperado estoy de casarme con Doña Ana, que ha sido el fin de mi amor. Haz lo que digo almomento, que esta es mi resolución. . Yo lo haré, y te seguiré, porque también quiero yo ordenarme de Maitines, porque se sepa que soy de este Clerigo Sacristan, y pesas de este reloj, las plumas de aquesta flecha; caballero de este sol, grúmete de aquesta nave, de este cordero pastor, tercero de aqueste amante; de aqueste necio pasión: Porque después de ordenaros cantemos re mifa sol en tono que digan todos, que a ser venimos los dos los muérganos de la Iglesia, él la flauta, y fuelles yo.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Aunque no fui el escogido, porque soy llamado vengo, que a la ley de cortesía perder no puede el respeto, aunque sé que las heridas qué está padeciendo el pecho, por ser en quien me las diste; han de borrar sangre luego, no rehusé la venida; que yo me juzgo tan muerto, que ni reparo en desdichas, ni agravios, ni riesgos temo. Bien sé que en viendo tus ojos es fuerza que vuelva el fuego a encenderse, y que me incite a venganzas que no espero. Que aunque tu tirano trato las merece, no me vengo; porque es la mayor venganza no hacer caso de tus hechos: porque cuando es un delito tan atroz, disforme, y seo como el tuyo, la venganza se cifra en el hecho mismo, Demás de que su castigo no ejecuto, porque dejo librado mayor rigor, en tu engaño, y en él el tiempo. Pero, si como otras veces, me llamas para de nuevo con nuevas trazas de hechizo darme ponzoña, y veneno; adviértote que ha de ser el añadir yerro a yerro, y el ocasionar agravios, pues sobre los que padezco, causa para que castigue tu tirano atrevimiento. Tampoco vengo a excusarte disculpas que no las quiero; que en delitos conocidos no hay descargos para e reo. Bien sé que de tus traiciones yo solo el daño padezco, y que tú estarás alegre, al paso que yo me quejo. Bien sé que de mi desdicha es imposible el remedio, siendo tú la culpada; soy quien padece el tormento. Bien sé que en el precipicio de mi estado anduve ciego; pero qué desesperado en sus acciones fue cuerdo? porque siempre a desdichados niega la forruna a ciertos; y yo, que siempre lo he sido, es imposible tenerlos. Ya sucedió, que en el campo, descuidado el ganadero, pasa el rigor de la siesta a una sombra en manso sueño; y cuando despierta de él, halla abrigada en el seno una vivora entoscada; a quien hospedaje ha hecho. Divertidos los sentidos, la memoria sin acuerdo, y a la amistad recibida le ha pagado con morderlo. Y como siente en las venas la fuerza de su veneno, con las ansias que padece a la venganza resuelto, alza el brazo, y con el puño cuando ejecuta severo el golpe, se le desliza, y al llegar la mano al suelo, cuando vívora buscaba, y creyo haberla deshecho, hasta que dio en una piedra, y defrustrando el deseo, sin calpa el brazo castiga, sin causa quiebra los dedos. Lo mismo me ha sucedido, pues tu vivora que al pecho divertido te hospedaba, si dormido en tus enredos, desperté, cuando picado, movido de tu desprecio, precipíteme al castigo colérico, no advirtiendo, que erraba el golpe la mano, porque le daba en mi cuello. En medio de estos agravios, de estas ofensas enmedio, llamado por ti he venido, di lo que quieres; excepto lo que te tengo avisado; porque si excedes resuelto a no escucharre me hallo, y aún a mayores excesos. Nunca yo de mi desdicha pude proponerme menos, que decir quien más me ofende; que soy de su culpa objecto. No para satisfacerte te he llamado, porque no tengo de que dar satisfacción, y sin causa no hay efecto. Porque de mi proceder, y de mi lealtad, ejemplo Lucrecia, y Porcia tomaran, si hubieran sido primero. En encarecerlo tanto, no te parezca que intento reducirte a que me quieras, que ya no tiene remedio. Mas como en cualquiera cargo, tacito consentimiento es confesión del delito, para responderte esfuerzo, ya mendigando al valor, porque falta el sufrimiento, Y por el último don que de tu favor espero, solo pido que me escuches seré breve, estame atento. La causa porque te llamo; para después la reservo, que doy el primer lugar a los cargos que me has hec Dices que vivora soy, es verdad, no te lo niego, ni menos puedo negar que fui huéspeda en tu pecho. Y como solo hay en él traición cautela, y veneno, de estas cosas solamente pudiste darme alimento. Recíbiale ignorante, sin sentido, y sin acuerdo, porque el hechizo de amor embelesa más que el sueño. De tu ausencia, y falso trato desperté con el estruendo, mas fue tarde, porque ya estaba el efecto hecho de la ponzoña en el alma, y aunque aquesto fue lo menos, que el edificio de honor, derribado por el suelo le dejaron sus traiciones, y a mí con rabia me muerdo. Yo te refiero verdades, tú por disculpas, enredos, aquí falta la paciencia; aquí, si acaso la tengo, me viene a faltar el juicio, y aquí es locura tenerlo. Bien puedo decir que he sido, cual mísero pasajero, a quien en medio el viaje con disfraz salió al encuentro un caminante, y con él amistad trabó fingiendo seguir el mismo camino, juntos los dos prosiguieron su jornada en amistad, y obligado el uno de ellos a la que el otro le hace, procura con gran respeto satisfacerle en agrados, y así le va previniendo, lo mejor en la posada, pagando la costa de ello. Cuando el otro cauteloso escudriña sus secretos, ingrato a los beneficios, y obligaciones mintiendo. Cuando más reconocido le juzgaba, al mismo tiempo se apartaba de él con decir, que va sintiendo en extremo el dejar su compañía; pero que reconociendo las muchas obligaciones en que su amistad le ha puesto. Con esto otro rumbo sigue, pero de allí a poco trecho, al mísero caminante de una emboscada salieron con pistolas en las manos cuatro ladrones, diciendo: Ladrón; daca lo que llevas; mas él turbado, y suspenso, por Capitán de los otros reconoce al compañero que ha traído en el camino, y aunque el sobresalto, y miedo confuso, y acobardado le tienen, le presta aliento la razón, para decirle: Sabe el Cielo; que no siento que me quites lo que traigo, que liberal te la ofrezco, ni que me hayas sido ingrato a la amistad que te tengo: desmintiendo las promesas que en el camino me has hecho. Solo he llegado a sentir me des un nombre tan feo, como es llamarme ladrón, tanto, que no lo consiento. Hete hurtado yo algo? y él obstinado, y soberbio ejecuta sus rigores, sin dar lugar a los ruegos. Yo, que desde que nací te hice del alma dueño, y que al paso de los años iba mi amor en aumentos, siempre a costa del honor de mis padres, prefiriendo tu voluntad, y tu gusto, sin mirar otros respetos. Y cuando yo atropellaba obligaciones que debo a quien soy, cuando creía que mis mayores aciertos era agradarte, y servirte: ay de mí, hablar no puedo, que la voz en la garganta nudo se hace de hielo, y la rabia al corazón etnas arroja de fuego. Cuando juzgaba engañada gozar el dichoso empleo de tu mano, tan en vano mis pensamientos salieron, que sin decirme la causa, sin dar lugar a mis ruegos, te apartaste del camino que los dos fuimos siguiendo, y me dejaste burlada, sin honor, vida, y aliento; porque faltándome tú, es imposible tenerlo. A Faro fuiste a ordenarte, sin dar causa para ello; y tras de tantos agravios como sin culpa padezco, dices, que soy yo el ladrón, Y que yo la culpa tengo. Eres tú quien me decía, que en Nápoles sos aumentos, y en Salamanca dejó, no más de por mi respeto? A Don Manuel, Don Manuel, que poca amistad te debol dime que ha sido la causa de tan riguroso exceso? Qué liviandades me has visto? Dime, qué ofensas te he hecho? habla, yo te doy licencia; pero no hables, no quiero que al fuego que abrasa el alma arrojes saña de nuevo. Aunque sí, vuelve a hablar, que en tal extremo me veo; que quisiera aún con engaño hallar a mi mal remedio; pero no, que a mi valor ofende este sentimiento. Ni me hables, ni me veas; de hoy más seré pregonero de tu falso proceder, de tus aleves intentos. Adónde están tus promesas? como, siendo Caballero, tan mal lo hiciste conmigo? pero no debes de serlo, que si tu sangre lo afirma, hoy lo desmienten tus hechos, Es tan grave tu delico, que con razón decir puedo, que te acogiste ha sagrado, por no hallar seguro puerto. Para mí no puede haberle, porque sopla en popa el viento de mi desgracia; y de mí, que peno, padezco, y muero. No con lágrimas fingidas, no con falsos sentimientos pienses borrar mis agravios. Yo no lloro. . Pues qué es eso? Es como cuando del mar se éxala un vapor pequeño, congelado en densa nube, que a la región de los Cielos se sube, y allí deshecha en agua, vuelve a su centro, y al pasar por la región donde perdómina el viento, si acaso es viento el que corre, con la fuerza de su yerro, lo que es agua vuelve en piedra, y siendo del agua efecto fertilizar a los campos, ello lo contrario de esto hace; porque los destruye: yo, pues, que en el alma tengo reliquias de que te quise, viendo mi mal sin remedio, el dolos del corazón sacó nubes, que subieron a la región de los ojos, y aunque en su agua sevolviero, las memorias de mi agravio, de tus desprecios el Cierzo en piedra las conjeló, y así en el rostro cayeron, solo para destruir, y borrar del pensamiento fruto a locas esperanzas, no los agravios que hay dentro, que ni aún venganzas podrán, ni aún la muerte deshacerlos, que si la vida es mortal, los agravios son eternos; que soy mujer ofendida, y en las mujeres no hay medio. Escucha ahora la causa de llamarte, es porque temo que fiado en la amistad que te tuve, atrevimiento. tendrás para proseguir; por esto avisarte quiero, no trates de verme más, que si alcanzo que tu intento es de verme, es de hablarme, de entrar en mi casa, luego le daré cuenta a mi padre, para que ponga remedio. Excusado es el aviso, porque lo que yo pretendo, es no ver quien me ofendió. Pues por darte gusto en eso me voy, jamás me verás. Cien mil veces lo concedo, por castigar tu altivez ponerte en la frente quiero con este papel ceniza, pues la letra que va dentro no puedes negar que es tuya, y que me la diste, menos. Y acuérdate que dijiste, con mil merecidos ruegos, que hiciera lo que iba en él; concluyo con esto el pleito, sentencia lo que quisieres. Lo que te ne dicho sentecio. . No tienes qué responder? rabiando quedo de celos. Oigan con la suspensión que está el recién ordenado: es Astronomo el cuidado? es amor? es devoción? A señor; a esotra puerta: a señor; si ha ensordecido? hola hao; si está dormido? vuelve en ti, acaba, despierta, Qué hay Churriego? Qué ha de haber? hay mucho embelesamiento en necios, que su contento fundan en el padecer. Hy tontos, como tú sabes, que fingen de noche, y día profunda melancolía, solo por hacerse graves. Ay mil bravos impacientes, a quien hizo el ser maridos, sermansos, y ser sufridos, sin dejar de ser valientes. Ay mil taberneros curas, que bautizan el licor, hay corredoras de amor, que dejan la bolsa a escuras. Ay alguno que es compadre, y el tal padrino imagino, que es más padre que padrino, y más que compadre, padre. Ay mil torres de cabello en mal cimiento fundadas: hay mil doncellas felladas, y otras que no lo son, sin sello. Hay perpetuo murmurar del gobierno, y lo que pasa, por mil negocios, que aún su casa no han sabido gobernar. No hables, mas, majadero. Soy tu esposo por ventura? Todo eres chanza, y locura. Tú eres cuerdo caballero. Ya estoy cansado de oírte. Es porque tú estás cansado: no sabes que he imaginado? que entremos, por divertirte en esta huerta. . Esta bien. En ella vive Lisardo. Llámele, que aquí le aguardo. Hola, camarada. . . Quién es el que a voces olea? muérese algún hombre aquí? Hola, Lisardo. Es a mí? A vos es. . También vocea? es posible que ha venido a honrar mi huerta; señor? premio fiado, que mi amor le tiene bien merecido. Estimo la voluntad, Bien merece estimación. Creed que a vuestra afición satisface mi amistad. Hacia estos sances me llego a divertir un cuidado. . El sitio es acomodado para eso: buen Churriego, cómo va? . Muy mal, amigo, después que nos ordenamos, jamás del coro faltamos, rezando. . Dios sea conmigo. Pues dígame, se ordenó también Churriego? . que bueno, no es Cicerón, ni Galeno más Sacerdote que yo. Gradueme en Confesor. Pues en esta está un criado, que desde el año pasado no ha confesado el traidor. Enfermo está en el pajar. Yo iré; y le confesaré. Dos gallinas le daré, si le hace Confesar. Las aves le he de coger . de aquesta vez a este payo. Burlarme quiere el lacayo, . mas él burlado ha de ser. Dos damas he visto entrar, Violante, y Doña Ana son: lograr quiero esta ocasión, de aquí las he de escuchar. Aumento de mi dolor ha sido el verlas aquí; no creí que hiciera en mí tan grande efecto el amor. Violante, a esta soledad te he traído con cuidado; porque a mí me le ha causado el saber una verdad. No te acuerdas que un papel para mi primo me diste, y que al dármelo, dijiste, que le pedras en él, que no te viera ni hablara, y que cuerdo, y avilado, el casamiento tratado contigo no efectuara? Pues con tu amirtad me obligas. Cielos; qué es lo que escucho? La verdad te contaré del suceso, no prosigas. Mi hermano te quiere bien, y tú un papel le enviaste, como en él le despreciaste, picado de tu desdén, sentido de tu rigor, del desprecio, y disfavor precuró certificarse. Ta primo también de mí con mi hermano hizo desprecio, yo malicié que era aprecio, que amante hacía de ti. Casi corridos los dos, después de varias quimeras, trazamos que tú le dieras tú mismo papel. . Ay Dios! Y así, a tu primo le diste de mi parte tu papel. Ya no culpo a Don Manuel. . Esta es la verdad. . Aitriste! de nuevo el alma lástima aquesta verdad hallada, que es cuando no procurada más cierta, y demás estima. Pues te he hablado tan llano, y somos las dos amigas, estimaré que me digas, porque dejas a mi hermano. Tan mal te está el casamiento? pues yo puedo asegurarte de la mía, y de su parte, que adora tu pensamiento, Ento es cierto, y sin lisonja: No dudo de esa verdad, y el no pagar su amistad, es porque siempre a ser monja me he inclinado. Vive Dios, que de una torre cáí, tres costillas me sumí: vuelvo a contar, ya son dos. Quién ha usado tal rigor contigos llégate acá: Jesús qué asqueroso está! Vuelva padre confesor, que está el enfermo aguardando, Burlarme más imaginas? Piensa comer las gallinas que le promenti noigando? Un layón vienes a ser, pues tu tirano rigor creyó que era confesor, y martir me quiso hacer. Cómo estás de aquesa suerte Churriego? qué ha sucedido? A confesar a venido un mozo, que está a la muerte en el pajar, do subió, y antes que arriba subiera; por ser mala la escalera, en el suelo se halló, y según lo que imagino, lo que trae en las costillas son olorosas pastillas del algalia del pollino. Pues eres tu confesor? Ya confiesa sus pecados. Qué diferentes cuidados hóspeda en mi pecho amor? Desvíate allá, y perdona; la burla ha sido extremada. Hay más de echarme en colad antes de echarme en tizona? a fe lisardo. . Amenazas? qué hace? me determinas? si te prometi gallinas, ya te he dado gallinazas. . Paciencia habrás menester. Oh qué mal hueles, Churriego. Di a mi primo, que le ruego me vaya esta noche a ver. . Ya llegó el desengaño muy tarde, pues el daño no es capaz de remedio; (dio, porque al mal que me aflige no hallo me- que soy tan desdichado, que el desengaño aumenta mi cuidado. Nunca el papel leyera, aunque siempre en mis ojos nochefuera, pues todo vino lleno para mí de ponzoña, y de veneno, Griego Sinon ha sido, que mis dichas en fuego ha convertido turbando mi bonanza, (ranza, sin dejarme del bien, ni aún la espe- Tu desengaño; tú, que ayer pudiste hacerme rico, hoy pobre me hiciste: pero de qué me quejo? fortuna, a tu elecció mis penas dejo, que aunque aumentes rigores; no serán mis tormentos no mayores que el fuego en que me quemo, hoy ha llegado a su mayor extremo. Quién nace para penar, de qué sirve buscar gloria? Pero quien de mi memoria el amor podrá borrar? Mas entre penar, y amar, hecho un Téntalo el deseo, en tal confusión me veo, que el bien que voy procurando, yo misma le estoy negando los aciertos de empleo. La voluntad impaciente dice al honor: padeced, que no he de de morir de sed con los labios en la fuente; pero el honor no consiente tan falsa proposición: dale fuerzas la razón, y mientras luchando están, heridas al alma dan, si golpes al corazón. Pentar que pudo olvidar a mi primo, es imposible, y también es infalible, que mi honor he de guardar: qué fiero desesperar! qué terrible padecer! que aunque llego a conocer la obligación en que estoy por lo que debo a quien soy, quiero bien, y soy mujer. Los pasos tras el deseo, siendo norte la afición, lisonja a mi inclinación hacen en aqueste empleo: si aborrecido me veo, no por eso he de dejar de navegar este mar, aunque peligre la nave; porque del amor no sabe quien huye el rostro al penar. Un hombre en la calle esta, mi primo debe de ser. Al balcón una mujer está puesta, quién será? Llegarme quiero hacia allá. Él es, a hablarme llega. Atrevimiento me niega el miedo, venza el amor: no siempre ha de haber rigor con quien ama, sirve, y ruega. Mucho deseaba verte, y estimo que hayas venido. Bien sabes que yo he nacido solo para obedecerte. Perdón quisiera pedirte del disgusto recibido. Ya en gusto se ha convertido, pues he merecido oírte. Un hombre a la teja está: ay Dios, si será Doña Ana la que desde la ventana habla con él? no será. Mas cerca quiero llegarme, pues la noche da lugar de poderlos escuchar, para más certificarme. Ya sé que sin culpa estás de todo, primo, querido, y quien la culpa ha tenido, es Don Sebastian. . No más. Si por tu primo me tienes, vienes a estar engañada, no quiero dicha hurtada, ni logro de ajenos bienes. Don Sebastian soy, señora, que como de aquestas rejas vivo idólatra, mis quejas vengo a referirte ahora. Huélgome que haya venido la ocasión en que me veo, para lograr un deseo que de hablarte he tenido. Como un Caballero noble se precia de ser traidor? es blasón de tu valor el hacer un trato doble? El papel que te embíe, fiando en ti mi opinión, con alevosa traición, tan infame como fue la que hiciste, en procurar que yo a mi primo le diera, porque de mis dichas fuera, como lo ha sido el azar. Solo por aqueste hecho, cuando acaso te quisiera, muy sobrada causa fuera para arrojarme del pecho, Tienesme tan ofendida en el alma, que si fuera posible, mil vidas diera, porquitarte a ti una vida. Cruel, desleal, traidor, falso, aleve, fementido, di, qué causa te ha movido a tan tirano rigor? No me pongas tanta culpa, pues cuando fuera mayor mi delito, es poco amor, y esto basta por disculpa. Mal pagar mi voluntad, y el no estimar mi afición, viene a ser en conclusión, mayor rigor, y crueldad. Mira que te soy fiel, y en la esperanza verás, que no te ha querido más, ni es mejor Don Manuel. Tú con mi primo te igualas? a tal se atreve tu labios para vengar este agravio quisiera pedir sus hafas al viento para arrojarme de este balcón. . Aquí está quien a ti te vengará, pues tu deseas vengarme. Don Sebastian, la ocasión estimo que se ha ofrecido; de lo mal que has procedido tomaré satisfacción. Muy al contrario has de ver. Primo del alma, qué es esto? Echar un perdido el resto, y acabarse de perder. Saca la espada, y verás con ella muy presto quien sabe proceder más bien, y quiere a Doña Ana más. Muestra has dado de cobarde; retirate: tienes miedo? Dejar de ayudar no puedo a mi primo, mas ya es tarde. Quién supiera dónde están! quién a su lado estuviera? quien ayudarla pudiera, y quien a Don Sebastian quitara la infame vidal Hacia que parte a buscarlo irés remedio no hallo, mi desgracia es conocidas Oh qué infelice es mi suerte! cualquiera golpe que sueña, a padecer me condena mayor rigor que la muerte. Ay de mí, si aquel traidor a mi primo le tiró? hacia allí el golpe sonó, norte sería su rumor. Sigo el eco de aquel trueno, porque sues muerto mi primo; ni vida, ni honor estimo, y a más rigon me condeno. Primo, señor, no respondes? A Don Manuel Quién me llama? Quién te estima, quien te ama. Bien a mi fe correspondes. Quién de un traidor ofendida, y de tu amor obligada, con un brazo, y una espada viene a defender tu vida. Quién la venganza procura de agravios contra su honor, quien imita tu valor, quien su opinión aventura. Quién si viene conjurado todo el mundo contra ti, y rayos lluevan aquí, jamás dejará tu lado. Ten brío, que aquí estoy yo: adónde está aquel traidor? Ya temiendo tu rigor, libre el campo me dejó. Ay primo, vienes herido? Ninguna herida traigo, antes dejo en mi enemigo vengados ya mis agravios. Qué dices? . qué muerto queda, porque al punto que eché mano, con cautela alevemente se fue el traidor retirando; y al volver de aquesta esquina salieron cuatro embozados, que en retaguardía traía: yo temiendo el falso trato, me valí de esta pistola, y en breve el gatillo alzando, hirió el acero a la piedra, ella sangre bomitando de sus entrañas, en fuego veloz abrasó los granos del diabólico instrumento, haciendo escupir dos rayos a la boca del cañón, que hallando paso franco en el pecho del ave, de la otra parte pasaran. El cuerpo cayó en su centro; parece que deseando salir estaba la vida de pecho que era tan falso: Los demás de verle muerto; o ya porque imaginaron que yo instrumento traía. para hacer otro tanto con ellos huyeron luego, y tan solo me dejaron, que llegué a reconocer el acierto de mi brazo. Tuve envidia a mi enemigo, que me halló en tal estado, que fuera para mi dicha la desgracia del contrario. Mas huye de mí la muerte, porque sin duda me guardo. para archivo de tormentos, y ejemplo de desdichados. El padeció de una vez su castigo, y yo penando en cada instante de vidas. mil siglos de muerte paso. En aquesta diversión el acento de tus labios. me condoce a que te busque; pero soy, tan desdichado, que hoy que te hallo de nuevo en manos del desengaño, de nuevo vuelvo a perderte, y más perdido me hallo. No bastó con mi fortuna el acogerme ha sagrado, que en cualquier estado un triste: lleva consigo sus astros. Ya se acabó Don Manuel, ya Doña Ana se acabaron mis dichas, ya no he de verte, ya es fuerza que desterrado, bárbaramente en un monte pase el resto de mis años, agonizando rigores, espíritus anhelando, para entretener ahogos, que les estrechan el paso, Bien así como la vela suele cuando llega al cabo, lobregando parasismos, obstentar de luz más rayos. Mas resistencias no sirven, violencias no hacen al caso, que desmiente oposiciones la fuerza de los contrarios, Dispuesto a que la razón ciega al discurso engañado, acabado el sufrimiento, el valor desesperado, en una gentilidad busque el fin de mis trabajos. Basta, basta, no me aflijas, basta, basta; paso, paso, que no es bronce mi sentido, ni yo soy echa de mármol. No trates de darme pena; porque es rigor inhumano dar disgusto una mujer; que tu sombra está adorando. Si tú al desierto te vas, aunque yo quedo en poblado, ni me excederás en penas, ni en los tormentos que paso. Tuya soy, tuya he de ser mientras viva, reservando la obligación del honor, que en lo demás no reparo. Con esperanzas de esposo te quise, y sin ellas te amo, tanto, que a nadie en el mundo de esposa daré la mano. A ti la doy, y palabra, que en un Monasterio santo lo que de vida me queda, he de gastar profesando los tres religiosos votos, añadiendo a estos, por cuatro, que estarán siempre mis ojos hechos dos mares de llanto. Vete, vete, que el valor, y el allento va faltando, y temo demostraciones que al honor le cuesten caro. Por última despedida déjame besar tu mano. No primo, ya te he advertido que yo te estimo, guardando mi honor en primer lugar; y si has juzgado al contrario, te engañas, que si salí de mi casa atropellando inconvenientes, fue solo porque la fuerza de agravios, la obligación de la sangre en mi valor confiados, sin dar lugar al discurso, a y enganzas me llamaron. No me olvido, que otra vez sacílmente te la he dado; mas fue yerro, que creí, con ser tu esposa soldarlo. Ya no puedes ser mi esposo; cualquier favor será agravio, que no a pedirlo, a impedirlo estás por deudo obligado. Prorque amor es atrevido, yi si licencia le damos, ni tú podrás resistirte, ni yo podré remediarlo. Mis favores, mis finezas todas, primo, se han cifrado en entrarme en un Convento, donde pasaré abrazando la confusión de mis penas, a quien daré por esclavos el gusto, y el albedrío, esernamente negando la claridad a mis ojos, las palabras a mis labios, hasta que me persuada a mí misma, que fue engaño crees, que te hablé algún tiempo; si con esto satisfago, sino, no me pidas más: Dios reguarde; ponte en salvo. . Mejor es que entre mis penas acabe desesperado, pero no me acabarán, que es su rigor tan tirano, que no me quiere dar muerte, por negarme este descanso. JORN TERCERA

JORNADA TERCERA

No sé como mis pesares ya del vivir no me privan; mas la ponzoña no mata a quien con ella se cría. Tan propio estoy a las penas, que peligrara mi vida, a permitirme por yerro, la fortuna alguna dicha, o como extraño alimento, el pecho le arrojaría fuera porque no hay lugar en mi donde el gusto asista. Ninguno hay tan desgraviado, a quien no se le permita un desahogo siquiera, una esperanza fingida, sino a mí, que en todas partes la fortuna precipita nubes de dificultades, aguaceros de desdichas. Todo un invierno de penas, sin hallar sereno el día, que la oscuridad de azares le hace noche continua. Y aunque mis humildes fuerzas, sobornan las penas mías, primer lugar en el alma se toman las de mi prima. Cielos, qué tengo de hacer? no sé que rumbo me elija, ni sé que altura me tome, que norte admita porguía. No sé que camino escoja, no sé que derrota siga, porque el mar en que me anego, ni Astrolabios determinan grados de altura, ni hay fondo que lo profundo le mida. Todo es rocas, todo escollos, y entre Caribdis, y Scila, jamás de romper se acaba nave que siempre peligra. Todo es penas cuanto toco, disgustos cuanto imagina el discurso, todos hierros a cuanto el alma se inclina. En sus mismas confusiones anda la razón perdida, y en mortales parasismos agonizando, delira. Solo vive la memoria en mí, porque más me aflijan recuerdos del bien pasado, que matan dichas perdidas, La voluntad siempre firme, es contigo tan esquiva, que sin bastar desengaños, imposibles facilita. Pero todo cuanto alienta a que sus engaños siga, viene a ser el despeñarme, para dar mayor caida. Seis meses ha que mi amigo Don Rodrigo, de esta Villa salió para mi lugar, y me admiro que no escriba: mas pues no me escribe, es cierto que mis desdichas caminan sin remedio, como siempre. Bien merezco las albricias Seas, Churriego bienvenido, Dierasme la bien venida con más gusto, si supieras novedades infinitas que traigo que referirte. Dímelas por vida mía. Traes cartas de Don Rodrigo? entrose Monja mi prima? mi tío quedaba bueno? Doña Violante ofendida de la muerte de su hermano, o su padre solicita seguir por pleito el negoció? Tomaste la tarabilla? vete a espacio en preguntar, porque echarla una geringa de preguntas de repente a un Cristiano es heregia. Jesús, que siempre eres loco! Traigo tu librea misma, como tu criado en fin Deja, deja niñerias, dime todo lo que pasa. Pésase lo que se brinda, a ti te mandan llamar, tu partida determina con brevedad, porque importa. Ya quisiera ver mi prima; vamos. Pues en el camino vengaré la melecina de preguntas que me echó, de paciencia se aperciba. Mucho Don Rodrigo estimo la merced que me hacéis, y el cuidado que ponéis en libertad a mi primo. Si bien es hija esa acción de ese pecho generoso, y de ese valor piadoso: con todo la obligación reconozco en que me veo, por ser causa de mi primo, a quien de verás estimo, y holgara que mi deseo con obra satisfaciera lo que os debo en esta parte. Soy en el caso tan parte, que os juro que me corriera de que otro se aventájara en suceso semejante. ̱. Dícenme que con Violante. os casáis, yo me holgara tuviera el negocio efecto, que Violante es peregrina, sola su hermosura digna de emplearse en tal sujeto. Yo os confieso que he estimado, y estimo a Doña Violante, y el no pasar adelante el casamiento tratado, y acabarse, solo ha sido el ver que su obstinación reparte en darme el perdón que de la muerte he pedido. Que ese es el primer intento, porque casarme apetezco, si bien sé que no merezco tan dichoso casamiento. Señora, mi señor viene, ya del caballo se apea, ya entra en casa. . que no os vea mi padre, a mi honor conviene. A este escritorio, señor, os ruego que os retiréis. Agravio en eso os hacéis; mirad que os está mejor, señora el estarme aquí. No me deis este disgusto, pues lo que pido es tan justo, hacedlo esta vez por mí. Fuera necia grosería volveros a replicar, solo os desea agradar, y servir el alma mía. La cortesía, y valor en vos tienen igualdad. Los deseos estimad. . Ya sube acá mi señor. Suba muy en hora buena. Pues Ana, qué hacéis aquí? A aquesta cuadra salí ahora. . Vengo con pena. Qué ocasión te la ha causado me di, si saberla puedo. No sé si diga un enredo que Don Felipe ha trazado, bien contra toda razón, según lo que yo imagino, por ver libre a su sobrino, diciéndome, que el perdón Don Duarte le ha ofrecido, como llegue a conseguir que le quieras admitir para tu esposo, y marido, y casi me dio a entender, que en la desgracia pasada eras tú también culpada; y aunque quería proceder Don Duarte contra ti, cosa con que me he enfadado, y sin hablar, de su lado al instante me partí. Qué semejante vejez respuesta no merecía; porque bien se conocía que era todo cadúquez. Ese es muy gran disparate, que ni yo culpada he sido, ni sé como ha sucedido; y siento mucho que trate Don Felipe mi opinión de ese modo. . Bien está; todo se remediará a nuestra satisfacción, el recado de escribir no está en aqueste escritorio? Qué se ha de ver es notorio; quién tal pudo prevenir? Qué es aquesto? Caballero, qué buscáis; qué pretendéis? Suplicoos que os reportéis. Bien repertado os espero. No hay honra que esté segura, . cuando estriba en la mujer; consulta es menester con el honor la cordura. Si ha aqueste quiero matar, es cosa muy declarada, que en viendo sacar la espada, aquestas dos han de dar voces, y es fuerza acudir al ruido mucha gente, hago mi agravio patente, y no puedo conseguir la venganza, mejor es hacerme desentendido, y el agravio recibido tendrá castigo después. Don Rodrigo, en conclusión, el haberos escondido, agavio notorio ha sido contra la satisfacción que yo de Doña Ana tengo, y de vuestra lealtad, a cuya seguridad nuevos abonos prevengo. Pues pudiendo estar presente, esconderse, es querer dar a la sospecha lugar, y hacerse del anocente. Que cuando un noble se esconde, en la frente lleva escrito: Yo he cometido delito, y a quien es no corresponde. No tengo que responder, verdad es cuanto decís. Ay honor, cuanto sufrís! . yo os he de haber menester con vuestra capa, y espada esta noche, así os espero en el Soto del Gomero. De mi padre no me agrada aqueste disimular, hallando un hombre en su casa; porque del viento que pasa suele reñir, y celar. Ié donde me mandáis, como es razón a serviros. Abortando está suspiros el corazón, si me dais licencia; os ire si viendo a vuestra casa. . Es exceso, señor Don Antonio eso. Antes, segun do que entiendo, me debe de convenir, pues quien solo os vido entrar, no tendrá que maliciar, si conmigo os ve salir. Esto ha de ser, que es razón, no tenéis que replicar. Ay Dios, en qué ha de parar esta disimulación? No hay duda que está enojado, y ha de procurar venganza, yo vivo sin esperanza, mi primo está desterrado, Don Rodrigo, en conclusión; del casamiento desiste, en casarme yo consiste darle a mi primo el perdón. Yo he propuesto de ser Monja, y sin dejarlo de ser, hoy mi amor le ha de hacer a mi primo una lisonja. Y ha de ser; que he de casarme, y en otorgando el perdón me entraré en la Religión; antes que llegue a gozarme. Pues es caso averiguado, que el matrimonio divide, la Religión; y lo impide, cuando no está consumado. Logrando este pensamiento, de mi padre huyo el disgusto, a mi primo le doy gusto, y se consigue mi intento. No aprovechar la ocasión será necio desvarío, pues Don Felipe mi tío me ayudará en esta acción. . Aunque es la noche oscura, s Churriego tan corta mi ventura, que entrar no me he atrevido, por temer ser de alguno conocido; y así he determinado, que entres en el lugar, y con cuidado digas a Don Rodrigo, que le espero escondido en el soto del Gomero; que con esto procuro entrar acompañando más seguro. Parto luego a hacer lo que memandas como dicen los niños; en volandas. . La noche me parece que se viste de nubes, y oscurece; y apenas determino si es hobre el que hacia mí sigue el cami- sospecha cierta ha sido, (no, bien será que me halle prevenido. Aunque he llegado presto, hallo que mi contrario está en el puesto, pésame que me aguarde, porque ofende a su honor quiénllega tar- no tienes que embozarte, (de, yo soy, solo vengo aquí a buscarte, y a que el valor corrija el honor que por ti perdió mi hija; que si he disimulado, es porque esta ocasión he procurado en que el honor intenta, por no hacer más pública su afrenta, mejorarse, de suerte, sepultando la ofensa con tu muerte. Repórtate primero, la cólera no rija el blanco acero, que vienes engañado, (do que a tu honor, ya tu casa le heguarda- el debido decoro. (ro. Cuató pasa he sabido, nada igno- Don Antonio es aqueste, él ha sabido el amor que a mi prima le hetenido; y aunque el alma está llena de tormento, y dolor, de rabia, y pena, a este nuevo cuidado el principal lugar todas le han dado. Repara, mira, advierte. No hay aquí más reparo que tu muer- (te El trance es riguroso. Oh la mano has de dar de esposo a Doña Ana mi hija; de estas dos cosas tu discurso elija. Lo segundo eligiera, si el empeño en que estoino lo impidie No admite esa disculpa (ra. la gravedad del caso, y de tu culpa; con ella has de casarte, (te. o tú me has de matar; o he de matar- Cómo me he de casar siendo ordenado. Desconozco esta voz, yo me he engañado; notable hyetro ha sido; rígiome la pasión, y no el sentido, ya importa en este paso que advierta la razón lo que hace alcaso, Darle a aqueste la muerte, que en nada esta culpado, es triste suer- irme de aquí, y dejarlo, será darle ocasión de publicarlo, y si el suceso cuenta, añade ejecutorias a mi afrenta, aunque culpa no tiene, darle la muerte ahora me conviene: resuelto ya a matarte saco la espada, para no excusarte. Pues tratas de ofenderme, saco la mía para defenderme. Digo que le dejé aquí, y no sé dónde se ha ido; mas si no engaña el sentido, cuchilladas ay allí. Aquí tienes a tu lado a tu amigo Don Manuel. Y aquí un criado fiel. El socorro es excusado, deteneos. . Cómo así volvéis contra mí el acero? Estimo a aquel Caballero, Don Rodrigo, en más que a mí. El que conmigo reñía es sin duda Don Mandel. Pures yo os vi reñir con él. No reñí, me defendía. En ser él se ha mejorado . de mi cuidado el efecto, que como deudo, el secreto; me guardari. Aquí apartado os ruego que dos razones solo escuchéis, Caballero Vive Dios que desespero con aquestas confusiones, no lo entiendo, no lo entiendo, Él no haberte conocido fue causa de haber reñido: el secreto te encomiendo; bien ves que importa a los dos: tu amigo no ha de saber que soy yo. . No es menester, queme lo encargues. . Adiós. . De un abismo en otro abismo precipitándome voy, tan ciego, y confuso estoy, que no me entiendo a mí mismo. Mitio me ha dicha aquí, que halló un hombre en su casa; por quien en el mundo pasa lo que me sucede a mí? Rendido el entendimiento a este laberinto esta; mas a quién no readirá? Ya no puede el sufrimiente déjaros de preguntar la causa de esta pendencia. Tened amigo paciencia, que no os lo puedo contar, porque la palabra he dado del secreto. . Bien hacéis, que es justo que le guardéis. No es negocio de coidado. Don Autonio es este, si, . y con mi amigo riñó, porque engañado creyó que era yo el que estaba aquí. Bien lo declara el suceso, pues él se volvió al lugar; quedarme yo aquí a aguardar viniera a ser necio exceso, Después buscaré ocasión, o el tiempo la ofrecera, y del engaño en que está le daré satisfacción. Mucho tengo que decir, vamos amigo al lugar. Yo lo deseo hallar; para hartarme de dormir. Don Felipe, yo he venido a buscaros con cuidado. Dícenme, que en vuestra casa está mi hija Doña Ana; también, que como liviana, con Don Duarte se casa? qué respondéis? . Qué es así; a mi casa vino ayer con aqueste parecer; y aunque yo la persuadí que no siguiese ese error, temiendo que si se fuera acaso no sucediera algún exceso mayor, hice que aquí se que dase; por dar con esto lugar de poderos avisar. Que así una hija se casel que no hay freno que corrija la furia de una mujer! desdichado viene a ser el hombre que tiene hija. Don Felipe, primo, amigo, fuerza es que en esta ocasión puedan cólera, y pasión mas que el discurso, conmigo. Y así aunque quiera valerme de la razón, ha de darme lugar para gobernarme la pena, y he de perderme. Mi deudo sois, cosa es llana, que toca a vuestro decoro, cubrir con matices de oro estos hierros de Doña Ana. Como discreto podéis disponer esto de modo, que si ella se echó en el lodo, vos las manchas le quitéis, No procorando estorbar su intento, que es la mujer Ángel en aprender, demonio en ejecuter. Si no haciendo como sabio, que en esta infamia que intenta parezca honor el afrenta, no dando puerto al agravio. Y así a vuestra elección dejo el caso pues vengo a hallarme, tal, que fuera despeñarme, guiarme por mi consejo. Disponen en esta parte aquello que más convenga. Vamos, que he de hacer que vengo a habloros Don Duarte. Todo en bien se ha de acabar, todo con gusto ha de ser. Es honor en la mujer Nave sin jeme en el mar. . Qué dices? estas en ti? Pues en quién tengo de estar? puedo en otro alguno andar? o andar alguno por mí; Digo que a casa llegué, hallé mucho regocijo, y una criada me dijo, a quien yo la pregunté, que se casaba Vielante con tu amigo, y. Dilo, acaba. Y tu prima se casaba. No pases más adelante. Penas, rigores, qué es esto? cuando os habéis de cansar? cuando me habéis de acabar de una vez? . Malo va esto, María bendita eres. e Ausentarmo es lo mejor, y no ver este dolor: no hay que fiar en mujeres, aunque no puedo creen que este suceso así pase, ni que Doña Ana se case; resuélvome en irlo a ver. . Linda ha estado la oración, Pues así el mal se remedia; lacaltos de comedia, pagadme la bendición. . Todo está tan prevenido, que solo al Cura aguardamos. Muy triste, señora estamos, porque habemos conocido. en vos algún sentimiento, no es razón darle lugar al disgusto; y al pesar, que se le debe al contento. Si supieras mis cuidados, . menos culpa me pusieras. Por aquesas escaleras. suben muchos embozados. Entren, entren, que hoy es día de agradecer, y estimar que vengan a celebrar nuestro gusto, y alegría. No dan a los embozados colación en esta casa? Quieres una caja? . Sí, que se me antojó no ha nada. Ella la arrojó sin duda, fineza ha sido el guardarla, siempre me ha querido bien, es muy donosa, es honrada. Ya te quito los antojos, y cumplo con dar la caja, maldito aquello que veo. Pegómela la picaña, No me satisfagas más, ya sé todo lo que pasa, y el hallar a Don Rodrigo, tu padre dentro en tu casa; pero con aqueste viejo es el coraje, y la rabia, No te pierdas, no des voces. Para qué ocasión se guarda la muerte mejor que aquesta? verdad es del pecho salgan, antes que impidan el paso los nudos, que a la garganta entre mortales candados resistencias amenazan. Aquí Don Manuel. . todos mis contrarios salgan a tomar sin mi defensa de sus agravios venganza. Cómo, como se permite, sin que arroje el Cielo valas, en rayos abrasadores, qué ingratitudes deshagan? Como se permite, digo, que se despose Doña Ana, y que en nieve se sepulte la maravilla del Alba? Qué fruto esperar se puede de una vid, cuando se enlaza de un inútil seco tronco, que se ha de acabar mañana? Qué unión? qué conformidad es juntar una lazada, oposición de sujetos en calidades contrarias? Y tú, monstruo en deslealtad, tanto apretaron las ansias de casarte, que apeteces un hombre en la semejanza, una vida en el sepulcro, en el otro mundo un alma, un cuadro de la vejez, de senectud una estampa, sombra de lo que ya fue, reflejo de lo que pasa, y si un monte, no de nieve, una región de la escarcha; un pésame de tus años, y un pláceme a la venganza? Turbado de mi sosiego. Pregónero de mi infamia. Loco, necio; sin sentido. Bueno está, señores, basta, conmigo ha hablado mi primo, yo sola soy la culpada. Voto a Dios, que si me enojo, que en cuatrocientas gargantas no habrá para un remón. Eso es miedoto es brabata? Dadme licencia, señores, para volver por mi causa, porque soy el ofendido, y en muy gran tormento, y rabia Don Manuel me ocasiona en correspondencia ingrata a beneficios que debe, que entiramas me paga: estadme atentos, veréis si tengo razón sobrada. Casi en días de parir su madre, vino a mi casa a ver a Doña Isabel mi mujer, que el Cielo guarda. Y apenas en el estrado, del chapín puso la planta, cuando perdido el color, lleno de mortales ansias, perdiendo el aire suspiros, cuyos ecos lastimaran de una piedra la dureza, de un diamante las entrañas. Llegó del parto la hora, y sin comadre, en la sala nació este ingrato en mis brazos, dos vueltas a la garganta con la vid, casi ahogado; y yo, que desesperaya de su vida, en un instante procuré remedio al alma, cogiendo de un contador un pomo de agua rosada, con ella le vauticé, hice que al Doctor llamaran, para aplicarle remedios; diligencia, que a dejarla yo de hacer, no viviera, porque todos le olvidaban; por acudir a su madre: desuerte, que vida, y alma me debe, y en premio de esto un hijo que tengo mata, un casamiento me impide, y con palabras me infama. Ya no temo a la fortuna, si me bautizó con agua rosada, no estoy Cristiano, ni las Ordenes Sagradas el caracter imprimieron, porque el Bautismo es la entrada de los demás Sacramentos, y nuestra Iglesia Romana declara, que el Sacramento del Bantismo sea con agua natural, y no con otra; supuesta verdad tan clara, no vengo a estar ordenado: mi mujer eres, Doña Ana, aunque pese a todo el mundo. Nuestras voluntades bastan, y la mía siempre es tuya. Pues si las Ordenes faltan; yo estoy aquí, que haré que te cortén la garganta por la muerte de mi hijo públicamente en la plaza: Voy a llamar la justicia. Poco importa que la traigas, cáseme yo con mi prima, y lluevan luego desgracias. Ya, señor, diste el perdón, no puedes seguir la causa; demás, de que yo lo pido, Doña Violante, y Doña Ana. Digo que yo los perdono. Yo digo, que averiguada del Bautismo la verdad, se casaron una Pascua, Esta historia verdadera, y pues vemos que esto pasa, en el Mayor Imposible Nadie Pierda la Esperanza. Y Don Agustín Moreto no la pierde, que a esas plantas, quien humilde el perdón pide, con facilidad lo alcanza.