Texto digital de El nacimiento del alba
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Lope de Vega Carpio Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nacimiento del alba. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nacimiento-del-alba-el.

EL NACIMIENTO DEL ALBA
JORNADA PRIMERA
Nunca vivieras acá. Denme lo que he menester, que a la he, que suelo ser huerte de salir de allá. Quién te ha mandado venir del montermejor no fuera, que Eliseo, o Farés viniera? Reortir, que reortir. Muésamo me lo mandó, y me dijo: Venga Bato de los pastores del hato, que Bato me llamo yo. Linda bestia llevarán los dos a Jerusalén. Por eso vais vos también de las mesas que acá están, a la gana con que vengo añadiréis voluntad, Yo que tengo en la Ciudad? Y en las Encenias que tengo? Si va a la nesta loachín, como antaño, y otros años, con Ana, y p los extraños, y deudos se huelga en fin, Bato solo a trabajar, y a llevar comida acuestas. Si en verdad, que en esas fiestas no se sabe Bato holgar. Si huelgo de ver un Templo, fábrica de Salomón, en quien tanta Religión tantas grandezas contemplo. Mas de andar en la Ciudad antes me causa trifieza, porque es mi naturaleza el silencio, y soledad. Nosotros rudos pastores, Raquela, humildes, y llanos, a los cielos soberanos cantamos Himnos, y loores, Vaya en buen hora loachín a las Encenias, que Bato mejor estará en el haro, que es su natural en fin. Quedo, que viene señor. Pardiez, que yo no le via; Tarde os amanece el día. Entra el claro resplandor del Alba de mala gana, por esquicios de aposentos allá en los montes exentos, es todo el cielo ventana: Asómase todo el Sol de una vez dorando ramos de encinas, y madrugamos a su primero arrebol. Chillan las aves, y en flores del prado alaban su dueño, que son para nuestro sueño relojes despertadores. Corre el agua, y con enojos de la noche resplandece, que parece que se ofrece para labarnos los ojos. Y cayendo el cristal frío por nuestros rostros villanos, sirve de paño de manos el Sol que enjuga el rocío. Así salen al ganado los humildes pastorcillos, que las sabanas son grillos del cortesano acostado. Que su breve condición de suerte se les olvida, que la mitad de la vida vienen a estar en prisión, Bato, así dispone el Cielo las humanas voluntades, los montes, y las Ciudades. Más precio mi duro suelo, que los colchones de pluma del que se come las aves, y que sus doradas naves mi techo, que el fuego ahuma, Manda que me dé Paquela lo que tengo de llevar. Ya lo acabo de juntar, que cuidado te desvela? Mira si mí Ana está al camino apercibida. Ya pienso que está vestida. Mi señora viene ya. Aña mía. . Mi Ioachín; Es hora de qué partamos? Cuando quisieredes vamos, Que cara de Serafín, que no dé el Cielo a mi ama dos, o tres hijos siquiera; pardiez si estéril no fuera, que era matrona de fama. Harto lo ruegan al Cielo. La ofrenda Jeacla junté, pésame que corta fue para nuestro santo celo. De las tres partes que hacemos de nuestra hacendilla poca, al Templo santo le toca esta que hoy le ofreceremos, Y la segunda tendrán los pobres, y peregrinos, que por extraños caminos lejos de su patria van- La tercera se acomoda al susiento de los dos, y así se le ofrece a Dios toda, que de Dios es toda. Ana, corona dichosa de mi cabeza, Ana santa, ramo de tan alta planta, mi dulce, y querida esposa. Al Templo, a Jerusalén vamos los dos a llevar a las Aras de su altar nuestras ofrendas también. Años ha, que nos casamos, y que a Dios le prometemos, que si algún fruto tenemos, desde luego se le damos. Hagamos lo mismo ahora con una santa esperanza, que es la que za altos efetos, señora. Y no vais con desconsuelo, que algún día querrá Dios, Ana, escuchar de los dos el santo, y piadoso celo. Él sabe nuestra intención. Hola, Bato, en la pollina parda, que llano camina, la mejor alfombra pon: Raquela en esotra ira, yo en la hyegua quiero ir. Antes de oírlo decir, todo aderezado está. En el jumento que vino del monte, lleva la ofrenda. Y la comida, y merienda, que es un famoso pollino; que como yo lo acomodo, llevará carga más alta, solo murmurar le falta, para ser bestia del todo. . Deseamos que nos digas, Padre, porqué es esta fiesta cada año en Jerusalén, y porque se llama Encenias. Hijos, Cleosas, y Joseph, pues justamente desea vuestro amor saber el caso, sabed, que la causa es esta. Después que el valiente Judas, que de la nación Hebrea fue el Capitán más famoso, que de aquella edad se cuenta. Con los demás Macabeos venció a Lisias en la guerra, matando cinco mil hombres con tan alta fortaleza, que si no huyera Antioco, aún no supieran las nuevas. Vio la santisicación del Monte Sion desierta, profanado el altar santo, los atrios llenos de hierba, como en los bosques, y montes, donde el ganado apacienta. Ralgándose los vestidos, y cubriendo sus cabezas de ceniza, con gran llanto se postraron en la tierra. Y dando voces al Cielo, resonando las trompetas. Entonces el fuerte Judas ordenó, que combatieran los que el Alcázar tenían, que era de Sion la fuerza. En tanto que Sacerdotes, que para este efeto ordeba, limpiaban el santo altar. Y consumiendo las piedras, hicieron otro de nuevo, nuevos atríos, aras nuevas, luces, inciensos, y valos, el candelero, y la mesa, donde pusieron los panes. Ya veinte y cinco que cuentan dél mes Nono, que se llama Caslen en la lengua Hebrea, ciento y cuarenta y ocho años de la egresión, con gran fiesta, citarás, organos, flantas, la renovación celebran. Duró la dedicación ocho días, y las nuevas aras con el sacrificio dejaron de sangre llenas. Por las cornisas del Templo mii coronas de oro cuelgan, escudos, despojos armas, que desde aquel tiempo quedan por trofeos de victoria, y de este nombre se precian, ni evos pastoforios hacen, Las puertas también renuevan, limplando al Templo de Dios de los Gentiles la afrenta, y ordenaron que cada año en la Israelítica Iglesia aquesta fiesta quedase por obligación perpetua? Cercaron la gran Sion de fuertes muros, y en ella hicieron mil torres altas, que coronaron de almenas, con ejército, y presidio contra la fuerte Idúmea, Esta es la fiesta mis hijos, y esto significa Encenias, que es como renovación, y a quien de tan varias tierras viene la gente que veis, para dar gracias inmensas al gran Dios de esta vitoria, restauración de la Iglesia. Justamente, Padre mío, esta fiesta se ordebó, y el Pueblo gracias le dio a quien mil graciar envío, Y justamente la gente viene con tal devoción. Desde el arroyo Cedrón cubren de Sion la frente. Aquí hay gente de Betel, del Tabor, de Galilea, de los montes de Judea, de Senir, y de Jenel, de la parte del Jordan los de Moab, y de Nevo? Hoy. Padre, he visto un mancebo, que me dijo, que aquí están mis tíos, Joachín, y Ana. Pues ellos faltan jamás? en el Templo los verás, si no esta tarde, mañana. A buscarlos quiero entrar. No perturbes su oración. Voces dan. . Será cuistión. El Sacerdote Isacar, y el que escribe las ofrendas, Ruben pienso que es su nombre, arrojan del Templo un hombre ya viejo, y de buenas prendas, De esta manera sin razón te ciegas, hombre inútil, a hacer tan gran delito, al Altar del Señor a ofrecer llegas tus dones, siendo esteril, y maldito? Porque si de tu carne, y sangre niegas fruto debido a Dios, fruto bendiro, parece que en tus bodas no lo fuiste, ni que sus bendiciones mereciste. Antes parece, que entre el pueblo junto de Iscael puso en ti con ira, y saña sus santos ojos; pues en este punto tu estéril condición nos desengaña, Tú, del inútilalamo trasanto, ingrato alrío que los pies le baña, todo te vistes de menudas ojas, con que sus aguas por Diciembre enojas, No permitiera Dios, si te estimara esta vil ceguedad, que en ti contemplo, que el fruto que tus canas alegrara; fuera de amar tu bendición ejemplo: quien sino tú con los demás entrara, que se le ofrecen en el Santo Templo, pues la vergüenza en ti correr se debe, mas no tiene color entre su nieve. Esperarás por dicha loco, y vano, cuando ya el tiempo te convierte en hielo, que mude estilo el proceder humano; y retroceda por tu curso el Cielo, flores esperas en Invierno cano, coger esperas de arenoso suelo verdes espigas, o ignorante, y loco, esperas mucho, y naces, para poco, No tengas desde hoy atrevimiento de entrar en este Templo Sacrosanto, tu ofrenda no ha de dar a Dios contento, pues con el fruto recibiera tanto: sal fuera de este pórtico al momento, sal fuera, sal de presto. . No levanto los ojos de la tierra de vergüenza, y porque el llanto a responder comienza, Este debiera estar escarmentado, Isacar de mil veces que ha venido; pero es anejo el necio al porfiado, que sin porfía no lo hubiera sido. Si Dios le diera fruto deseado, como él dice, a sus manos ofrecido, entonces venga al Templo, mas no venga, hasta que el fruto que le falta tenga. . Con triste llanto mi dolor celebro, vistase el alma de perpetún luto, las duras peñas que llorando quiebro, me sepulten en sí, si está ofendido. el Cielo santo, a quien remedio pido. Mis parientes me han visto echar del Templo, y mi hermano la cob, aunque de madre está mirando mi lloroso ejemplo, sin ver consuelo, que a mi llanto cuadres con la paciencia las afrentas templo, ay Dios, no merecí llamarme padre, esterí! soy, inútil soy, Dios mío, lágrimas, y no quejas os envío. Que aunque del agua el natural pesado ha de bajar al centro, que es la tierra, la del llanto al contrario, el estrellado Cielo penetra para daros guerras cuando una fuente desde un monte helado, por un conduto al arca, que la tierra baja veloz lo mismo que deciende, ligera sube, y alcanzar pretende. Y así mis ojos en la tierra puestos bajan, Señor, hasta el profundo el llanto, para que puedas hasta vos dispuestos subir el agua a vuestro Cielo santo las afrentas, oprobrios, y denuedos, que aquí me han dicho no me ofenden tanto, como ver la vergüenza de mi esposa, henestísima, santa, y Religiosa. No queráis vos, que yo le dé la culpa, y que por esa causa la aborrezca; el Sacerdote santo a mí me culpa, y así es razón, que yo el dolor padezca: no quiero dar con la mujer disculpa, ni que mi culpa a la de Adan parezca, yo solo soy culpado, y así digo, que merece Joachín todo el castigo. Ana es buena, Señor, yo soy el malo; Ana es santa, Señor, yo quien no tiene, aunque casado, el natural regalo, que por los hijos a los padres viene: con esteriles árboles me igualo, y así vivir enmontes me conviene, no quiero ver la cara de mi esposa, por no la ver llorando, o vergonzosa. Al monte quiero ir, no es bien que vuelva a Nazarer, ni que a mi casa torne; pase mi vida en una inculta selva, como el estéril boj, enebro, y borne: en esto es bien, que mi dolor resuclva, pues Dios no quiere, que su Templo adorne de una imagen bendita que le ofrezco, y que por mis pecadoe no merezco. Allí solo tratando mis pastores, esperaré la muerte con paciencia, pues a la bendición de mis mayores, no dio lugar mi estéril decendencia: las peñas dan cristal, las plantas flores, yo solo a quien de todos diferencia el puro cielo, no doy flor, ni fruto; llorad ojos, llorad mi eterno luto. . indignos. Ay compasión semejante? Porque no hablaste a Joachín? Ay. Joseph, por verle en fin, para ablandar un diamante. No quise sino me vio crecer su vergüenza justa. A quién de trabajos gusta, los míos le ofrezco yo: ojos dad muestras aquí de mi justo sentimiento. Todas mis penas aumento: Ana es aquesta. As de mí! pero no es este Jacoó, y mis sobrinos. . Señora, pedid la paciencia ahora al Cielo del santo lob. Presentes hemos estado a vuestra vergüenza, y pena. De confasión vengo llena, y el rostro en llanto bañado. Vi la vergüenza que había aquí mi Joachín pasado, vile corrido, y turbado, y todo por culpa mía. Donde fue, porque sobrinos no le detuvistes? . Quién tuviera un hombre de baen en sucesos tan indignos. Ni mi Padre quiso tía, ni Cleosas, ni yo en razón, de no darle confusión, a quien con tanta venía, Solo le oímos decir, que en el monte quiere está, que no se atreve a esperar lo que vos podéis sentir. Sin duda con sus pastores hasta el Verano estará. Al Monte Joachín se va, para crecer mis dolores. Triste yo, que haré sin éls que haré sin él, y sin mí: que sé que la causa fui de esta desdicha cruel. No quiso Dios darme fruto de bendición. . Ana ilustre, de tus padres honra ilustre, no des tan rico tributo, de tus ojos a la tierra: vuelve a tu casa, que Dios os consolará a los dos. Si loachín se va a la sierta, a una heredad quiero irme, no he de volver a mi casa, porque si él la vida pasa para no verme, ni oírme, En tan dura soledad, no quiero yo compañía, Pues yo quiero, amada tía, no solo por la Ciudad, mas por el camino todo ir con vos. . Todos iremos, Joseph, pues todos tenemos esa obligación de un modo: ca, señora, consuelo, y buen ánimo. Mi Ana, nunca fue esperanza vana la que se puso en el cielo; venid con nosotros. . Llena de lágrimas voy en fin. Triste llanto. Ay mi Ioachín, solo siento vuestra pena. Él viene con tal tristeza, que no sé en que ha desparar. Con la edad suele mudar el hombre naturaleza. La que él tiene ya sabéis; que está sujeta a sentir. las vísperas del morir, que es la causa porque veis siempre tristes a los viejos. Luego esos son los engaños, porque quitarse los años tiene por buenos consejos. Bato acaba de llegar, no nos oiga tratar de esto. Oh Bato, que es la razón de tan grave confusión en que Ioachín nos ha puesto? No falta amigo Eliud Liseno, y Fares, porque Ioachín santo, triste elté. Diso así tengas salud. Qué queréis? de Nazaren salió con Ana su esposa, para la fiesta famosa de la gran lerusalén. Llegamos, entró en el Templo; y el Sacerdote Isacar, que de piedad suele dar, y modestia santo ejemplo, por esteril le arrojó, con palabras descompuestas; a quien lágrimas honestas no palabras respondió; dejó suesposa, y aquí viene a buscar soledad. Él viene. . Todos llegad? queréis que le hable? . Sí. Alzad los ojos del suelo Patriarca generoso, pues sabéis, que Dios no hizo para la tierra los ojos, si lloráis sobre esas canas, pensarán campos, y sotos, que sois viento de agua, y nieve, y habéis de anegarlos todos. Alegraos, porque piensen, que sois Céfiro, y Favonio, que traéis las varias flores, que espira su blando soplo. Mirad que vuestros ganados ya con los bálidos roncos, se quejan de veros triste, siendo vos su dueño solo. Mirad que las claras fuentes murmuran por los arroyos que les hurtáis el oficio, asiéndosos por el rostro, el eco triste repite vuestras quejas temeroso? y entre las alas del viento, huye lejos de nosotros; qué renéis? qué os falta hablad. Bien dice, alegraos un poco; poned la vista Joachín en estos prados hermosos; mirad como está el ganado con salud alegre, y gordo, que junto parece nieve, sobre renuenos de chopos. Mirad las traviesas cabras trepando entre aquellos pobos, que parece que se cuelgan de aquellos ramos ojosos. Mirad tumiando la hierba, de ese pradillo oloroso, vuestras parideras vacas, y vuestros manchados toros. Ea, señor, no haya más. Oh Patriarca famoso, decendiente del pastor, que dio con la piedra al monstruo a quien cantaban la gala, cuando volvió vitorioso. Mandad algo a estos zagales, puesto que pastores toscos, que para alegraros hagan en todo aqueste contorno, y no estéis triste señor. Ea, señor amoroso, señor bueno, señor santo, señor, que en nobleza os pongo al igual de aquellos Reyes, que del soberano tronco de Jesé, tienen principio, y de aquel divino Apolo, que con el arpa a Saul sacó del pecho al demonio. Dad a este campo alegría, y a vuestros pastores gozo; volved los ojos a ver, montes, prados, y restrojos, cabañas, de hesas, fuentes, huertas, viñas, pagos, pozos, todo os ofrece sus frutos, Los montes altos compiosos, robustos robles, y encinas, castaños, y ficomoros, nogales, anetos, pinos, jarás, enebros, madroños, nísperos, y cornicabras, alcornoques, murtos, olmos, palmas, tejos, acebuches, laureles, y cinámomos, los prados, hierbas, y flores, tomillos, mastranzos, olmos, narcisos, violeras, trebol, lirios azules, y rojos: las huertas frutas famosas, por el Julio caluroso, la manzana envuelta en sangre, y por otra parte en oro el rojo trigo, las eras por la mitad del Agosto; las blancas, y negras ubas a la mitad del otoño, las viñas que en anchas cubas, rebose cociendo el mosto. Mirad que os cantan las Aves, los más celebrados tonos, que vio la solfa del mundo, desde que Juval famoso, puso a la citara cuerdas, mano al organo famoso: y del martillo tomaron las voces, estilo, y modo. Ea, señor, alegraos. Hijos, vosotros sois mozos, bien os está la alegría, que yo la tristeza escojo para mi cansada edad, que es el alivio que tomo: dejadme solo un momento, que renováis mis enojos, con decirme que me alegre. Perdona, que bien conozco la razón de tu dolor. Bien me pesa por vosotros. Vamos zagales, al prado, que está ladrando un cachorro, sin duda el lobo ha sentido, Guarda el lobo. Guarda el lobo? Adonde, claras fuentes, hallará mi dolor consuelo en tanto, que están vuestras corrientes suspensas a la furia de mi llanto? pues no hay cosa que mire, que no me obligue al alma que suspire, si aquella palma veo, con la de enfrente un siglo habrá casada esta para trofeo de racimos de dátiles cargada, que parecen maduros ámbares rojos, y topacios puros, Si miro aquel madroño, cuando el invierno asoma a los umbrales del sazonado Otoño, parecen de esmetaldas, y corales; esmeraldas las hojas, y de puro coral las cuentas rojas, Si miro aquellas parras, que esta cabaña adornan, y que trepan por moradas pizarras, apenas hallan sitio donde quepan racimos tan no escasos, que revienta el licor los verdes vasos. Si miro las espigas; hallo de un grano proceder cien granos, para que sus fatigas alivie el labrador entre las manos la hoz, por cuyos dientes muere la caña, y viven tantas gentes. Quién volverá los ojos a ver los nidos de las libres aves; tan llenos sin despojos, unas con picos dulces, y suaves, ensartando el sustento, por el estrecho suyo al pollo hambrianto: otras sobre los huenos, dando calor, y vida a quien faltaba? otras buscando cebos, pues que si miro a toda fiera brava, que Tigre, que Leona. los tiernos hijos al amor perdona? Yo solo solamente carezco de este bien por mis pecado Ay Dios omnipotente, si os doliesen mis ansias, y cuidados? y si allegase el día, que los tuviese de la prendia mía. Qué haces, Joachín? no fuera mejor volver a vivir con tu mujer, que es tu carne, y sangre en fin. Que no estar en la montaña entre rústicos pastores. Qué divinos resplandores! su luz estos montes baña. Ya generoso mancebo veinte años he vivido con mi mujer, que no ha sido mi desposorio tan nuevo. Diómela Santa Emerencia a Ana mi amada esposa, tan hermosa, y virtuosa, que lloro, y siento su ausencia, Ofrecile a Dios el fruto, que de bendición me diese: mas como no mereciese darle este santo tributo, Del Templo me han arrojado por esteril, y maldito; y así me vine al distrito de mi rústico ganado. Aquí estoy con mis nastores, desde aquí le daré a Dios de las tres partes las dos de mi ganado, y labores. Que no quiero yo volver, pues sé, que su celo es santo, a ver bañados en llanto los ojos de mi mujer. Joachín, no temas, yo soy Gabriel de la Jerarquía de aquellos que Dios envía, y que en su servicio estoy. Él me manda que te diga, que ya vuestras oraciones, vuestras limosnas, y dones, con que Dios tanto se obliga, Han llegado a ser acetas de su sacra Majestad, porque ve vuestra bondad, y las cosas más secretas. Él ha visto el gran dolor, y vergüenza que pasastes, mucho su pecho obligastes, con tal paciencia, y valor. Así sabrás, que de ti concibirá tu mujer una hija, que ha de ser de Dios, que lo quiere así, Esta llamaréis María, y será santisicada en su Concepción sagrada, dando a la tierra alegría su dichoso nacimiento; porque el Espíritu Santo le ha de dar su gracia, y tanto favor, lustre, y ornamento, que será siempre bendita, esta sola, y sin ejemplo vivirá en el santo Templo, y con Dios que en ella habita. No ha de estar entre la gente del pueblo, a parte ha de estar, que la quiere Dios mirar mas alta, y secretamente. La señal de esta verdad es, que a la puerta dorada hallarás tu esposa amada en la sagrada Ciudad. Ve, que yo la avisaré, y al instante la hallarás. Ángel santo, ya te vas? deja que mil belos dé en la simbría celestial de esa ropa soberana, dichoso Joachín, y Ana, que han de verse en gloria igual, Oh bien haya el haber sido esteriles, y el dolor, que me ha dado aquel rigor del Sacerdote ofendido. Yo hija de tal grandeza; que el mundo se ha de alegrar: y en quien Dios quiere mostrar su gracia, y su fortaleza. Yo hija hermosa, y María, y que ha de ser para Dios, cuando merecistes vos, Ioachín, tan alta alegría? Hola, pastores. . Señor, Hoy voy a Jerusalén, Y yo también? Tú también. Siempre le has hecho favor. Estás alegre? Y de forma, que me admiro de que vivo con gozo tan excesivo, que en sí mismo me transforma. Pues no nos dirás lo que es? Estoy de prisa pastores, ea, Bato, a los mejores cabritos ate los pies, pon tres, o cuatro corderos, queso, y fruta, y ven tras mí. . Qué es esto? . Yo no lo vi. Por todos estos senderos, juraré que no ha venido un hombre. Con nadie habló. Queréis que lo diga yo? Sí. Lo que Dios fuere servido. He vuelto a Jerusalén, siempre de extranjeros llena, a negocios que me ordena, mi Padre, amigo Ruben. Y por haberos hallado, doy gracias a Dios, pues creo, que me igualáis en deseo, Serviros he deseado, Joseph, yo vivo en Sion; si mi pluma os hace al caso, la vida en su alcázar paso? que sé que de Salomón sois ilustre decendiente, puesto que ahora os desvela el oficio del azuela, y el cepillo humildemente. Pero también fue David pastor, y después fue Rey, y de la cabra, y el buey fue Capitán, fue adalid. Y nuestro santo Moisén, bien sabéis que fue pastor. La virtudes el honor, que ensalza a los hombres bien, Yo con mi sierra, y cepillo vivo contento en mi aldea; esto quiere Dios que sea, a cuyo gusto me humillo, Id en buen hora, y mirad en lo que os puedo servir. Que no dejéis de venir buen Josepha la Ciudad, y a mi casa, como a vuestra. Guardeos Dios. El mismo os guarde. Arde el Sol, alláta latarde será la partida nuestra. Esta es la puerta dorada: mas, ay Dios, qué es lo que veo? Ya cumplió Dios mi deseo, dulce esposo. Esposa amada. Mi Joachín. . Ana querida, Quién te trujo? Quién a ti? Sabias que estaba aquí? Delmonte fuer mi partida en ran santa confianza. Cuanto puede la oración. Dame esos brazos, que son el puerto de mi esperanza. De este alegre día, de esta junta bella, nacerá María, de Jacobestrella. A daros el parabién, bien puede Josephilegar, Y le puedo yo pagar con estos brazos también. De dónde bueno los dos? Del mante vengo sobrino, que este dichoso camino, es por voluntad de Dios. Yo vengo de mi heredad, y con la misma he venido Dichoso en hallarme he sido, en esta santa amistad, juntos nos iremos hoy. Qué hay Raquela? Ya lo ves. Ballendo me están los pies: por dar un relincho estoy. Traes qué comer? Muy bien. Ea, mi esposa, partamos a nuestra casa, y vivamos con paz santa en Nazaren. Pensando voy en María. No me canso de pensar en María, que ha de dar a todo el mundo alegría, Mas solo en esto me fundo, que queriendo Dios hacer de su mano una mujer, será la mayor del mundo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Decienda Fares al río, poco a poco ese ganado, Goloso del verde prado, anda saltando el cabrio; tira acá por la ladera, verá el manso donde va No le deis priesa, que ya pisa la blanca ribera. Los vaqueros bien pudieran tener las vacas un rato, hasta que bebiera el hato. Jamás a que beba esperan. veraá, pues, donde se queda aquel cordero manchado. Tírale piedra, o cayado. No hay mejor puesto en que pueda beber a gusto, que aquel por bajo del olivar. Ya poco deja el lugar nuésamo, y Bato con él. Después que Dios fue servido de dar milagrosamente fruto a su esposa, no siente si hay ganado, y si hay perdido, Al principio imaginé, que no pasara adelante: pero fruto semejante ya tan adelante fue, que está cerca del parir, A la cuenta si estará, que nueve meses habrá, que Joachíntrató de ir con Bato a Jerusalén, donde en la puerta dorada, halló su mujer amada; que la esperana también. Linda paz de los casados son los hijos. . Ezzos son, que uno, y otro corazón tiene para siempre atados. Donde no hay hijos, no hay gusto, paz, sosiego, ni quietud. Es aquel, Bato, Eliud? Paréceme más robesto. pero voto al Sol, que es él, si el deseo no me engaña: mas que viene a la montaña por cabritos, queso, y mi el. Adónde bueno, perdido? Dios guarde la buena gente, paz, salud, y vida aumente. Bien vengas; a qué has venido? que tenemos por allá, hijo, o hija? Aún no ha llegado aquel parto deseado, que el mundo esperando está, Y puedo decirlo bien, pues a milagro se tiene, y así del contorno viene mucha gente a Nazaren, a vifitar la preñada, que tiene tanta hermosura, que muestra que es la criatura alguna cosa sagrada. Loca está la parentela de pensar, y imaginar, que algo quiere Dios obrar, pues tantas cosas revela. Que como quién quiere hacer unos Palacios Reales, va juntando materiales, que dan su intento a entender; así parece que aquí, aunque Dios no se declara, casa, y Palacios prepara, lo demás no es para mí. Que esto, y otras cosas tales, oí decir a Joachín mirando aquel Serafín con mil rayos celestiales! Él en efecto me manda, que venga alegre al ganado, y para ese deseado parto que en vísperas anda; algunos regalos lleve, que vendrán deudos a casa, y como no es casa escasa, quiere cumplir lo que debe a su justa obligación, y al regocijo del día. Parece que en alegría nos bañas el corazón. No dudes si no que Dios algunos cimientos funda, pues que la estéril fecunda. Siendo tan Santos los dos, claro está que lo ha de ser lo que de ellos procediere. Farés, no es justo que espere, luego me pienso volver. Vengan algunos cabritos, y los más gordos corderos, miel de olorosos romeros, quesos de la encella escritos; y fruta seca, si alguna tenéis en vuestra cabaña. Lo que hubiere en la montaña lleva a aquella blanca luna, y dile Bato a señor, que dé aviso a quien los ama luego que para muesama, si quiere hacernos favor: porque habemos de irlarla a regocijar la fiesta, y cada cual con su cesa de lo que tuviere acá. Que solo en oír decir, que Ana ha de parir, no hay hombre que no se alegre del nombre, sin saber que ha de parir. Ven, y escoge a tu contento cuanto hay bueno en el ganado. De Ipachín es, Dios lo ha dado, y con que notable aumento: Vamos, y estad prevenidos de instrumentos pastoriles, de flautas, y tamboriles, y de salterios polidos. Aderezad castañuelas, y panderos, y sonajas, que nos hemos de hacer rajas, Todo este monte consuela con prometerle ese día, Dichoso el vientre fecundo, que promete a todo el mundo tanta paz, tanta alegría. No me canso de decir requiebros al vientre santo, mas quien puede decir tanto, ni tanto puede sentir, si lo que habéis de parir Ana hermosa es una Estrella; que Dios quiere hacer tan bella cualquiera encarecimiento, dará muestras del contento, mas no de igualar con clla, Bendito el dichoso día, Ana mi mujer amada, que has vien la Puerta Dorada del oro de mi alegría, cuando pienso que María hoy viene dentro de vos; y procede de los dos, querría estar de rodillas, porque tantas maravillas todas van llenas de Dios. A la esfera de la Luna parece ese vientre santo, Luna que ha de crecer tanto, sin tenermengua ninguna, Luna hermosa, que si alguna luz el Sol ha de tener, esta pienso que ha de ser, porque Dios ha prevenido muchos hombres que han nacido, pero ninguna mujer. Y pues Dios mujer previene, no sé si piense que sea esta aquella que desea el mundo, y que el tiempo viene; que la frente quebrar tiene su planta al dragón inmundo, que hace lo estéril fecundo; y no siendo hombre el que nace, sin dada es Arca que hace, para que se salve el mundo. Dalce esposo, el alegría, que comúnica mi pecho esta prenda que le ha hecho un cielo desde aquel día. Esta divina María, que el Ángel nos anunció, mil pensamientos me dio, viendo tanta gloria en ella, si es del claro Sol la Estrella, y el cielo vengo a ser yo. Mas como mi indignidad bate las alas al suelo, dejo mi Joachín al cielo del secreto la verdad. Dónde tanta claridad se muestra, luz hay oculta, la indignidad dificulta nuestros mortales despojos, más luz que abrasa los ojos, si no es Sol, de quién resulta? Oh quien serviros pudiera, igualando mi deseo, que rico, y pobre me veo, rico por lo que quisiera, y pobre, porque no fuera el mundo regalo digno. Aquí ha entrado su sobrino. Cuál de ellos? . Joseph. Pues entre. Que aquí juntos os encuentre quiso Dios, porque el tributo rinda alegre el dulce fruto. de tan casto, y santo vientre. Dios de mi corazón tomad con pecho fincero de este pobre Carpintero, no el presente, la intención. De David, y Salomón deciendo; mas mi humildad no heredó la Majestad, que si su cetro tuviera, del mar de Ofir os rindiera manoro mi voluntad. Cuando supe que sabéis desde aquel dichoso día, que habéis de llamar María al tesoro que tenéis, y que mil siglos gocéis. No sé que me dio en el alma, que me dejó todo en calma: y dijo toda gozosa de quien ha de ser esposa esta soberana palma. Diome aún antes de nacida mi Prima tanta afición, que en medio del corazón la tengo toda esculpida, y así la Niña querida, Niña en los ojos de Dios, por serviros a los dos, quise labrar una cuna, para aposentar la Luna de ese cielo, que sois vos. Busqué luego amada tía unas tablas de Cipres, y hallé luego dos, o tres, y dije por vida mía, que habéis de hacer a María la primer cama que tenga, en tanto que la prevenga otras grandezas el cielo; que no es posible que al suelo, para menos glorias venga. Llega Elí, perdonad tíos, pues sois tan Santos, y llanos, que esto labré con mis manos; porque los deseos míos de los evanos sombríos, y el terso márfil bruñido, quisieran que hubiera sido, o que toda un nácar fuera, porque quien tal perla espera, tal concha hubiera tenido, Quisiera daros cortinas de Estrellas cielo del cielo, que brocado, y terciopelo parecen cosas indignas. Esto ofrezco a sus divinas prendas en que el alma enseño, que si de más fuera dueño, mas le hubiera presentado. pero Sol tan disfrazado ande encarro tan pequeño. Joseph, de vuestra intención estamos bien satiafechos, y vos sabéis nuestros pechos, y en que grado vuestro son: la cena ha sido elección muy vuestra, imitando el Arca de aquel santo Patriarca, en que la paloma viva, que traiga la verde oliva, que Cielos, y tierra abarca. Mal cosas con el contento digo, que apenas las sé, y que decirlas, no fue más causa que el sentimiento; y para agradecimiento os digo Joseph querido, que habéis la barca traído donde la Estrella del mar ha de salir a guiar al navegante perdido. Y añado por más consuelo, y de vuestro amor ventaja, que habéis labrado la caja, para la joya del cielo: y digo con santo celo, movido de Dios por vos, que esta joya de los dos ha de ser tan rica, y bella, que se ha de engastar en ella el mismo diamante Dios. En el nombre de María tantas virtudes se veo, que sus letras dicen bien, que joya, y que piedras cría, Por la Mase podría decir, que esta joya hermosa es Margárita preciosa; por la A, que es Amatiste; que de azul claro se viste del cielo color celosa. Que es Rubí muestra la R, de color subido, y fino; l I, que es laspís divino, que no hay mal que no destierre, y porque el nombre se cierre con la A, será Alectoria, piedra de hoñor, y memoria, mirad si es joy a bastante para engastar el diamante, que la corone de gloria. Joachín, un nuevo accidente me ha dado. Aquí está Raquela. Aunque accidente, consuela; y con templanza se siente. Pues señora prestamente ven conmigo. . Esposo mío, en aquel gran Dios confío de mi esperanza el efeto. El fruto otra vez prometo, y desde aquí se le envío. Joachín, yo voy a avisar a mi casa, porque sé, que a Jacobno le podré mejores nuevas llevar, que os viniera a visitar quisiera, mas no anda bueno. El cumplimiento condeno, y considero el amor. El cielo os dé su favor, aunque estáis de tantos, lleno, Divino se oba principio sin principio, ni fin, Dios de Sien, que trono es este, eterno Salomón, que fundas en la casa de Joachín? Que arca de uno, y otro Cherabín, cubierta con tan alta perfección? que tierna vara del Divino feron? que cedro; monte, o fuente de jardín? Altas sospechas, gran Señor me dan, que de la humilde casa de Belen quieres que venga al mundo el nuevo, Adan. Dichoso yo, dichosa. Nazaren, si cumples la promesa de Abrahan, que si esta es Alba, vendrá el Sol también. Mi señora te ha llamado, entra a hacerle compañía, verás que es escuro el día, y el mismo Sol comparado a la luz del aposento, donde con susurro blando parece que están cantando en algún dulce instrumento. Entra señor que te llama. Ya se acerca mi alegría, ya viene el Alba del día, que el alma en gloria me inflama, Trujiste bastantemente para los huéspedes? Cieo, que he igualado tu deseo, y que aunque venga más gente, para todos ha de haber que comer, y de cenar: pero no dejes de entrar, así Dios te dé placer, verá la casa un jardín llenos colores del cielo, tode resplandece el suelo. Oh venturoso Juachín! Es sin duda, que en la tierra hoy hace Dios maravillas, Dios que soberbios humillas, y cuya espada destierra, a la arrogancia del cielo, Dios que la humildad levantas, que son maravillas tantas en el cielo, y en el suelo todo florece, y respira suave, y divino olor, prodigioso resplandor en esta casa se mira. Pienso que están a racimos los Ángeles por los techos, como de las palmas hechos tal vez por ella los vimos. Qué acordados instrumentos! sin duda que el parto llega; la luz más que el Sol me ciega, ojos no miréis atentos. Ave Regina coelorum, Ave Dómina Angelorum; Salve Rádij. Salve Porta, Ex cua mundí, Lux estorta. Allá puede tener el que quisiere cuenta con el ganado, que este día no digo los pastores, los corderos. vendrán a Nazaren saltando todos: mejor que cuando sentre canceles de agua padaba el Pueblo de Israel seguro el más Bermejo en cristalino muro. Aquí está Bato, y todos sin sentido. Hola, Bato, qué es esto? De que suerte habéis venido a Nazaren vosotros? Con los pies que tenemos, y en las manos unos presentas para la parida. Cómo, o cuando supiste, que lo estaba? Era tanto en el monte el regocijo de cabrás, de cabritos, y corderos, de toros, de becerros, y de cabras, el saltar, el balar, el alegría; eran tantas las flores que nacieron, tanto el olor de casias, cinamomos, cedros, aloes, mitras, y laureles, tantas las fuentes que brotaron agua por los resquicios de las secas peñas, y entre las hierbas de los verdes prados tanta la luz, las voces, y la música, que celebran el nombre de María, que claramente vimos que nacia. Sin esto por los aires resonana su nombre en celestiales instrumentos? Y como se ve el Sol de donde nace, de Nazaren se via que nacía la que llaman los Ángeles María, Guianos Bato, que ofrecer queremos lo que en aquellas cestas recogimo rústicos dones, pero ricos ánimos. Yo traigo cuatro vivos conejuelos, que ojalá que la Niña mayor fuera, porque comer, y retozar los viera, Yo seis pañales de la miel más pura, que en todos estos montes se ha criado, y que solo mirar el artificio de esta sabia, aunque mínima república puede admirar al más sútil ingenio. Pues yo te juro, que los labios bañe de la más pura, y celestial criatura, que ha visto la terrestre compostura. Allí le traigo, Bato, unos pichones, no ingratos a los cebos de sus padres, que por las nuevas mal pobladas plumas descubren la gordura de la carné, Guíanos por tu vida a la parida. Vamos, Parece que manda hacer el cielo este regocijo, y para darlo a entender, como en pregones lo dijo con música desde ayer, El aire que resonaba, parece que nos decía, que la tierra en paz estaba, y que una Estrella nacia, que al divino Sol llamaba, Pues siendo así, no es razón hacer regocijo, y fiesta? 2. Preniniendo una canción, baile, señor, se apresta de los que más diestros son, Pues con ellos quiero ir al Templo, y en él pedir a los cielos, que sería la causa de esta alegría, que hoy nos han hecho sentir, que las cosas que contemplo son peregrinas mercedes. Darás de humildad ejemplo; ya viene la fiesta, y puedes irte con ellos al Templo, Nunca el Sol salió más bello, tunfálale, ni con más lindo cabello, fanfalalan. Nunca fue tan claro el día, runfalale, ni trujo tanta alegría, fansa. Que se alegren manda el cielo, runfálale, todos los hombres del suelo, fanfalalan, Samo tan regocijada de ver lo cielo tan beyo, que nan podemo ablar de eyo, siendo negro, y ellan crara; turo en pracer nos bañamo de esa divina alegría, por fiero la tierra mía grande contenta le damo; por tu vida, que me cuenta lo que ha habido por haya. Tome se lo contará, tengamo un poco de conta. Hoy que del meso Setiembro pensa que tenemos ocho, sando el cielo llovendero, triste, nubrado, y mencon:co, de repente se serena hacia la banda de Congo, y sale el fiñolón Febo, yena de cabeyo rojo, en el mismo punto vimo por montes, vayes, y sotos, florido turo la planta, canela, clivo vloroso, gengibre, nuece noscala; pimentas y cinamomos. Luego elmaltará los prados. de tanta liria vistoso, tanta azule compañiya, tanto trébole, y hinojo, peregila, y hierba buenas, mucha culantriyan posos, y otras flores que podían un Mayo volveyan locos, Luego las parleras Aves abren lo pico sonoros, y entonando dulces tiples, con trabajos los arroyos, cantaba la silgueriya, la cayandría, el ruinseñoro, la perdiz, la cogujadas, la cerdícala, y ciosontos. Y aunque no sabemón quien nave no con tanto gozo, María, María dice. la papanzaya, y llo tordo. Luego de los montes altos bajada el gamo, y el corzo a las aguas de las fuenses, sin tomar del arco asombro, A los pinos encumbralas trepava el ligero monos, y lo piñone sacando, a quien mira hacemo cocos. Mirando tanta alegría lo negió de Monicongo, ropa de algodon se viste, labrara con sade, y oro, ponemo la pagarate mas blanca que miñan de ojo, Cenva cinta cosuntara, que pareremo un madroños, mucho de cancavese aramo turo brioso, Que aunque zambo bien sabemo bailar como un ándimoño, sacamo tamborilico, guitarriya, e lambicordios, e con pandero, he sonajo cantamos he bailamo en corro, si no las quieren que crea, miro como viene toro, véngase tras eya plima, que aunque neglo, gente somo, Husie, huñe, husía, que no sabemo lo que será, purutu, purutu, purutu, si nadie lo sabe, cáyalo tú. Cuando el cielo muestra tanto resplandore, y en la tierra muestra nace tanta flore, algúnagran favore el cielo nos da, husicusie, busía, que no sabemo lo que será, purutu- Por toda Menfis, Lucino, se esparte tanta alegría, que parece que este día con señal del cielo vino, algún provóstaco es de nuestra felicidad. No es aquesta claridad de un Sol, parece de tres, y que todos a porfía dan tal luz a milextraños. Reinos, que el tiempo en sus afíos no vio tan hermoso día. Tantos prodigios, Lucino; de alguna Real persona pronóstica la Corona. Algún Dios del cielo vino a ser en la tierra humano, pues nunca jamás el cielo previno gloria en el suelo de aplauso tan soberano. Mira la fiesta que hace. Egipto al Sol, a la Estrella, al Rey, o la Reina bella, que con tantas fiestas nace, no hay hombre sin regocijo. Pues sigámos los también, y día de tanto bien quede en las memorias fijo; (na, A la dina, daña Reina sobera a la daña, dina, señora divina. Quién quiera que sea la que hoy ha nacido, que el suelo ha vestido de verde librea, Egipto la vea, su bella Gitana. A la dina daña, Quién quiera que tiene tan alto valor, que a sembrar amor a la tierra viene, pues Dios la previene, y el Sol la encamina. A la dañas diva. Pues vienen Baro, y Raquela hoy, habemos de jugar; porque de puro bailar, no hay hueso que no me duela. No ropastes a Isabela, la esposa de Zacarias, la estéril por tantos días? Oh santo Dios de Istael, que das esterilidad para mostrar tu grandeza, poniendo en esta aspereza divina fecundidad. Pienso que Isabel también otro día parirá que por dicha ahora está estetil para más bien. Isabel ha de parir? Ana no parió. . Dejemos para el cielo estos extremos, que él puede hacer, y decir. No hay para Dios imposible, Esto mismo digo yo, y que pues Ana pario, será de Isabel posible. Qué juego se ha de inventar? Uno en que estemos sentados, y que quedando tiznado, nadie se puede alabar. Ya tengo mi asiento aquí. Yo a tu lado. . Yo me asiento adonde esté más atento. Y yo, Eliud, junto a ti. Va de juego. . Cada cual de este nombre de MARIA tome una letra. . La mía es M. . Buena. . A qué tal? Pues yo tomo el A, primera. Yo la Ra. . Yo la 1. Y yo, porque no escogí, me agrado del Apostrera. Cada cual, señores, diga por su letra, comenzando algún nombre, preguntando al que quiere que prosiga. Comienza pues. Ma di que es María. Milagrosa. pues nació tan gloriosa. Pero responda la 1. Insigne entre las mujeres. Mas diga la R. . Digo, que es rica, pero prosigo, A primera, si tú quieres. Digo, que es Arco del cielo. A postreta di, quién es? Arca del diluvio, a tres, quedar sin nombre recelo, M, que es María. Mar, pero diga el A, postrera. Arpa de David. . No fuera mucho aquesta vez errar, Quién es esta Niña? Régalo del mismo Dios. Bien dicho. . Mas decid vos de esta Zarza, Palma, y Viña, señora I, qué sentís? Que es Infante de los cielos, de quien tiene el Ángel celos, que los perdió. . Bien decís? Mas que siente de este Sol la . . Tengo por llano, que es de David soberano la santa Esposa Mícol. Mas que dice el Aprimera? Que es divina Abigais. Respuesta ha sido sutil. Mas la R, que dirá? Que es Rut, que espigando está en los rastrojos de Booz. Cómo tan bien te gobiernes, no perderás. . Quién es I? Judie, que dé muerte aquí al más soberbio Holofernes. Mas Rla quien diréis ya? A Rebeca. Y la A, postrera? Que es Ave, de quien espera hacer el cielo Mava. Pero la primera diga. Que es Árbol de vida hermosa, de los hombres paz dichosa, que sus discordias mitiga, Mas la Re . Diré yo que es bellísima. Raquel, ramo de verde Laurel, y Rosa de Jericó: diré que es Reina, y Rubí, y reparo de los hombres, Por uno dices mil nombres. Sus padres vienen aquí. No paséis de aquí señores, esto por merced os pido, aunque perdemos de ver ese Sol, hermoso, y lindo. Y suplico que me hagáis tal merced amados tíos, que pongáis en estos brazos, puesto, que humildes, y indignos, esa Infanta, ese traslado del Sol, y del cielo Empíreo. Por cierto de buena gana Joseph, amado sobrino, que bien estará en tus brazos esta prenda de los míos; que cuando fuera mayor, eres tú tan casto, y limpio, que puedes tenerla en ellos. Oh mi Niña, oh Paraiso! o más hermosa que el cielo! abrid, abrid los zafiros, de quien toma luz el Sol. Mirad, mirad vuestro primo, yo soy Joseph, loseph soy, de Jacob. Niña; soy hijo: De David también deciendo, Reyes me dieron principio, Niña por gran bien nacida, Niña de los ojos míos, y aún de los ojos de Dios, pues ha tanto que os ha visto, abrid el tubí precioso de aquesos labios benditos, porque se descubra el cielo, sin mirar al cielo mismo. Como os halláis en la Cuna, que de cipreses os hizo este pobre Carpintero, después que os tiene tan rico dormis bien, dichosa quien os aduerme, mas que digo. tomad, que me lleva el alma, y pienso que el cielo os quito. Mucho nos honráis Josepha La honra que he recibido, Dios lo sabe: entraos señores, que baja el sereno frío, para mal a tanto bien. Adiós sobrino querido. Entrad señora, y guardad este tesoro infinito. Que si el amor no es quien causa las Ideas que fábrico, vos seréis Ana dichosa llamada en todos los siglos, cielo donde nazca el Sol, quedando el Sol en vos mismo.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Catorce veces ha escrito en el papel de los cielos, sus ringlones de oro el Sol, ya cortos en los Inviernos, ya largos en los Veranos: y otras tantas se vistieron de flores estas riberas, de espigas estos barbechos. Amiga Raquela, en tanto que de Joachín nuestro dueño llevé el ganado al Jordan con Aminadab Ereo, que le compró como sabes. Ana, y Inachín, reduciendo a más estrecha familia su casa, y sus pensamientos. Al cabo de tanta ausencia; como a propia patria vuelvo, a los montes de Judea. Baro, el fugitivo tiempo, que lleva en su triunfo aradas las vidas, y los Imper todo lo muda, o lo acaba; hallarás en monte, y pueblos los niños, mozos; los mozos, hombres; los hombres ya viejos? y los que viejos dejaste, muertos. Son mis amos muertos? Murieron Joachín, y Ana, murió la virtud con ellos, y la fe de los casados. Bien dices, que no nacieron desde Dan a Bersabe, más peregrinos, sujetos, Qué hay de la Niña María? Ay Bato, pon en el suelo. la bonca en nombrando un nombre que ya le tienen respeto en toda Jerusalén, los Sacerdotes del Templo, Mas porqué viene Josepa? Deespacio hablaremos: y si quisieres estar con mi dueño, te prometo, que es hombre de gran valor, Qué triste viene, y suspenso! Entre las penas de amor no hay pena como los celos, si son celos los agravios. donde falta el sufrimiento: huyendo voy de mí mismo. Pero como puedo huyendo librarme en ningún lugar, de mis propios pensamientos. Qué triste imaginación! Quiero ablarle, y no me atrevo, porque divertir a un triste, un discreto, amigo, y deudo, bien puede, mas yo no soy deudo, amigo, ni discreto. La pobreza de Joseph, con el nuevo casamiento debe de traerle ansí; aunque no puede ser esto, que quien tiene tal Esposa, no pudo pedir al cielo mayor riqueza, mas dicha, más gloria, mayor consuelo: porque acá buena mujer llamaron, cuantos supieron, corona, y gloria del hombre, y lo mejor de su pecho. . Adónde hallare remedio para confusión tan grave? Cuando combatida nave se vio de la mar en medio, como yo sin hallar medio? Oh soberano Señor del cielo, en tanto rigor, que me pueda socorrer; pues es menos mal perder la vida, que el santo honor! De Belen la patria, vine a ver mi amada Esposa, pensando que en paz dichosa hoy nuestra boda sería; de ver a Isabel venía, y reparando, ay de mí! como diré lo que vi? Vi; pero lengua callad, que hasta la misma verdad, se ha de volver contra mí- Mas por aquí lo diré: hay una sombra en la Luna, que sin ser fealdad ninguna, desde la tierra se ve, así de mi Esposa fue sombra que su luz asombra, esto que agravio se nombra; que en su limpia claridad, no fue mi agravio fealdad, sinefigura de sombra Porque mirar la limpieza de su virtud, y su fama, mis propios ojos infama; que no su casta pureza. Tanto puede la firmeza A de su virtud, y bondad, que parece falsedad la verdad cuando la vea, por estar la culpa en quien puede más que la verdad, Entregarla no es razón a las piedras que decreta la Ley, que es cosa indiscreta, y injusta a un noble Varón: o piadosa compasión, como mi honor atropellas! porque si partes tan bellas a la justicia entregara, el cielo en viendo su cara, diera por piedras estrellas, Dejarla será mejor, y ausentarme de secreto; que el agravio en el discreto respeta el publico honor, y llevo tanto dolor de ausentarme, y de déjaros, Esposa por no afrentaros, que me voy culpando a mí, porque con ver lo que vi, aún no me atrevo a culparos, Ninguno piense ganar antes que yo las albricias. Este es Eliud, pastor de mi deudo Zacharías. Buen encuentro, este es Joseph, el Esposo de María: dónde por aquí tan solo? Oh Eliud, buscando iba los que de Belen me traen la pobreza que tenía para vivir con mi Esposa. Yo la traigo de su prima, Joseph, una dulce nueva. Pario por dicha? . Y que dicha. El Niño que dijo el Ángel todo el monte regocija, fiestas hacen los pastores, que dieran a Roma envidia, si hubiera nacido el César. Voy a decir a María tan buenas nuevas. . El cielo Joseph de tan bella Niña os de un Niño como Juan. Flechas al honor me tira. . Las fiestas crecen, los montes volcanes son de Sicilia de las luces que coronan sus frentes de llamas vivas. Los pastores de Isabel bailan, saltan, juegan, brincan; novillos traen del soto, la casa de Zacarias parece un Real Palacio, brava fiesta, brava grita. Guarda el toro Échate Gil. Toros ay, guárdame Bato. Si él viene, echarele el hato, Agarrole el tamboril a Bras por más que corría. El dimoño es el novillo, Vente a mi torillo hosquillo. Él viene. . No lo decía por tanto. . No aguardo más. Sueltos, no hay cosa que espante como un necio por delante, y un novillo por detrás. Gracias os doy eterno Señor mío que con tan claro, y dulze desengaño tanta seguridad al alma envío, luz de mi confusión, fin de mi engaño: de todo punto el corazón desvío de las sospechas del incierto daño, que amenazó mi honor, y lal impieza de aquella más que Angelica pureza Durmiendo estaba, si dormir podía quien de vuestra inocencia se ausentaba, o pura, o limpia, o cándida María, aunque con Dios el corazón velana, cuando de la celeste Jerarquía, que en dulces Himnos vuestro nombre alaba, Paraninfo bajó bañando en oro el aire al discurrir vuelo sonoro. Paró las alas, cuyas plumas bellas pabón le hicieron ojos de diamantes, y compuesta la túnica de Estrella bañó el rubí de acentos semejantes, Gesen Joseph tus ansias; y quererlas. y cuando de este sueño te levantes celebra con aplauso, y alegría las virginales bodas con María, que lo que ahora tiene en sus entrañas es obra del Espíritu Divino, y el siempre Virgen claustro, que acompañas intacto, puro, limpio, y cristalino, para mostrar las ínclitas hazañas con que a la tierra de los cielos vino, el Hijo eterno del eterno, Padre, desde que Dios fue Dios, fue Virgen Madres Jesús se llamará del parto el fruto, el Lirlo de la cándida Azucena, que en las tervices del dragón astuto pondrá la planta de victorias llena, el bellocino de la lluvia enjuto, la Palma incorruptible, la serena Cuna será la celestial María, dijo, y entró por donde sale el día. Atónito le sigo, despertando con los ojos del alma, y vi mi esposa su anhelito al jazmín fragrancia dando, velando Imagen, y durmiendo rosa. Adorela humillado, contemplando al Sol entre su esfera luminosa, cuyos rayos divinos, y sutiles adoré por cristales, y márfiles. Buenos días, Joseph, Y como buenos. Cómo os va ConMARIA vuestra Esposa? Cómo quien ya, Cleofas, en los serenos cielos de su virtud vive, y reposa; los dos estamos de contento llenos de esta unión de las almas amorosa, alternando el imperio, y el precepto, que esta unidad es número perfecto, Aay en qué trabajar? Ya comenzamos, María labra lienzo, y yo madera, con que esta humilde vida sustentamos, sin envidiar la más dorada esfera, decendiendo de Reyes hoy estamos, y siendo nuestra línea verdadera de Abrahán, y David, donde nos pone quien cetros muda, y Reyes descompone. Habéis oído el gran pregón que ha dado Citrino el Presidente de Judea, por el Romano César, que ha mandado que todo el Orbe registrado sea? Algo he sabido, y algo me han contado, y siendo cierto, porque no se vea María en más peligro de ese parto, busco el tributo, y a Belenme parto. Acertaréis Joseph aún que Diciembre ha entrado riguroso. Si es forzoso, aunque los campos de sus nieves siembre, iré obediente, y pagaré animoso, Yo quise por los fines de Noviembre cumplir con el édito cuidadoso, y negocios domésticos han sido causa de inobediencia, no de olvido Ver quiero, hermano, vuestra amada Esposa, y ver como le va con vos. María os dirá como santa, y virtuosa, que ha estimado mi humilde compañía. Veréis Cleosas una purpúrea ror cuando en sus ojos amanece el día y si pudiera ser correr el velo, vierados la mejor que tiene el cielo. Cruel noche. . No la vi más fría en toda mi vida, la nieve traigo vestida, o embestida sobre mí. Cierne el aire plata pura entre cedazos de hielo. Alguien se casa en el cielo, que dan esta confitura. Voto al Sol, mas no lo voto, pues que no le espero ver, que habemos de perecer cuantos ay del monte al soto. Dicen que hay un Sagitario, que aquestas flechas despara. Tal debe de ser su cara. Siempre fue nueso contrario: medio caballo, y medio hombre le pintan de furia armado, si este no las ha tirado, borren los cielos su nombre. Justamente le condena tu maldición, porque hallo, que un hombre medio caballo no puede hacer cosa buena, Si bien también por acá hay infinitos así. Dos bultos diviso allí: Algún pedazo será de la nieve de esa sierra, que de su peso cortado deciende precipitado de peña en peña a la tierra. Buenas noches, gente honrada. Buenas noches, buena gente. Siempre las tengáis así, pues que buenas os parecen, No hay lumbre? Raquela tarda, que me dijo, que la espere con todo aquel aparato, que a las migas pertenece, porque el remedio del frío, dicen los que de él entienden; que es calentar por de dentro lo que por defuera viene, ajo asado, y vino puro es la receta más breve para la gente del campo. De aquellas peñas deciende algún pastor, o animal, porque en las tormentas suelen pedir favor a los, hombres, Voces dan. . Peligro tienen. Perdidas vamos, Lisena. Qué senda habrá que nos lleve a la cabaña de Bato? Ni se oye voz, ni parece lumbre. . Baja poco a poco, Voy temblando. Pues no tiembles, que podría ser que al valle, si caes, mas presto llegues. Gente sueña, o es arroyo. Cuál arroyo, si no puede correr del hielo agarrado, quieres, Raquela, que suene? Hola, ao, pastores, hola. Hola. . Allí responde gente, o es el eco que retumba, Por acá, por allá. Vuelve Raquela por esta parte. O quiera el cielo que acierte, Las voces he conocido. El prado. Lisena, es este, Lisena, y Raquela son. Sois gente? No sino bueyes. Bato, amigo, no te espantes, que el ventisquero nos ciegue, que andan unas moscas blancas, que por los ojos se meten. Ay aderezo de migas? Haced lumbre, que aquí vienen para una buena migada las cosas pertenecientes. Hiere el pedernal, Ruben. Qué importa, si no lo siente la yesca, que con el tiempo hasta es fuego se humedece. Dale, que en efeto es piedra; tu entre tanto que le hieren juara los más secos ramos, tu desuigaja si puedes el pan. . Estoy tiritando, pienso que tiñen los dientes, que se dan unos con otros. No se enciende? No se enciende. Pues hartas centellas saltan. Por el aire resplandecen, pero con el grande hielo pienso que se vuelven nieve. Ya pegaron en la yesca. Aplica, que ya se emprende esos romeros. . El frío pienso que las llamas temen. Están mondados los ajos? Ya les quité los copetes, y eltán calvos. . Echa el pan, eniendo que el agua hierve. Estoy tiritando. . Acaba. Toda persona se siente, y diga un que es cosa, y cosa, mientras las migas se cuecen. Mejor es que alguna historia Raquela, o Bato nos cuenten del buen tiempo de Joachín. Ea, Raquela, no esperes ruegos. . Estoy tiritando. Cómo va a los dos parientes, que ahora un año se casaron? Un año no, nueve meses, a por Joseph, y María lo decís. . Los dos merecen llamarse los Querubines, que están uno de otro enfrente en los extremos del arca. que de oro puro guarnecen. Yo vi nacer a María. Y yo más de cuatro meses la tuve en aquestos brazos, y por los rojos claveles le di sopas abahadas, Es a muy linda. Detente, que te la quiero pintar, si bien con toscos pinceles, o que placer recibi de mecella una mañana nuesama, y su madre Ana no estaba entonces allí. Sentí que estana María despierta, entré, y en la cuna gorjeando hallé a la Luna, como las aves al día. No has visto al amanecer una calandría suave? pues tal estaba aquel Ave; que era escucharla placer. Que aunque no eran más de dos sus años, lo que decía la Santísima María, eran grandezas de Dios. Quítele a la hermosa cara una toca, y vi, que vi, no el Sol, porque el Sol allí sus rayos corrido para. No has visto abrirse una rosa con el aljófar, y perlas del Alba, cuando a cogerlas viene la aveja amorosa? No has visto en cedros enanos blanco azar, o por la puerta. de roja granada abierta, asomándose los granos? No has visto una fuentecilla en un prado con sonoro ruido, entre arenas de oro bullir, y bañar la orilla? No has visto lirios, que están como si cortará el cielo sus hojas de terciopelo, de raso, y de tafetan? Que por donde está peloso es terciópelo, y lo liso raso, y que el reverso quiso hacer tafecan lustrofo? No has visto la guarnición de la cadenilla de oro, que le da tanto decoro, hermosura, y perfección? No has visto blanca azucena, y cinámomo florido: no has visto? Tú vas perdido. Pues pierdame en hora buena, que no hallar comparación para pintar a MARÍn, antes es ganancia mía, y engrandecer mi afición. No se te puede negar; Bato, que la pintas bien. En los montes de Belen solía un tiempo cantar; pero ya cansa mi nombre en tierra extraña apacible: que en la patria es imposible, que tenga credito un hombre. Prueba esas migas, Lisena. Las migas buenas están. Voces en los aires dan, Divina música sueña. Pues le han dado de hombre el nombre, Virgen tus entrañas puras, Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra al hombre. No temáis, Pastores, porque os traigo nuevas de grande alegría, y de gracia inmensa. Hoy os ha nacido, mirad si son buenas, Cristo el Salvador, que esperó la tierra en Belen, Ciudad de David Profeta, ya no la menor por tanta grandeza. El sagrado Infante, con aquestas señas hallaréis envuelto, no en sedas, y telas; sino en pobres tocas de la Reina nuestra, que entre nieve, y hielo le adora, y contempla, un pesebre tiene por cuna en que duerma, Buscadle, Pastores, porque ya me cerca celestial milicia, que a cantar comienza. Apenas moverme puedo; ay Bato, dame la mano, que si hay miedo soberano; tengo soberano miedo. Levántaros podéis ya, Pastores. Fuese el mancebo? Ya se fue. Ni aún ver me atrevo la senda por donde va. Toda la esmalta arrebol. Verás si la vista subes, que penetrando las nubes, baña los aires de Sol. Águila el vuelo dilata. Angélico, y dulce coro, vistio los árboles de oro, y los corderos de plata. Mirad si en vano María era desde niña santa, tal gracia, hermosura tanta, que menos bien prometía. Dios, no hay duda, que es gran Padre, eso dirán tierra, y cielo: pero yo sé que en el suelo no hallará Dios mejor Madre. Quereislo verroy bajó a remediar nuestros daños; después que por muchos años nunca la tierra miro. Mas como nació María para ser de Dios los ojos, vio Dios lo que con enojos de nuestra culpa no via. Pues si sois ojos de Dios, Niña hermosa, el mundo ha visto, que vemos por vos a Cristo, y Cristo nos ve por vos. Ea, aliñemos presentes, alto a Belen. . Ya distilas más ciencia que las Sibilas. Los rayos resplandecientes de aquel Ángel me enseñaron, que llevaras tu Lisena. Raquela, una cesta llena, que estás manos fabricaron de blancas mimbres. . De qué? De pañales, y mantillas. Yo con blanca mantequillas les de miel, que sé, que está así profetizado. Tu Bato no irás? . Pues no y un jumento como yo le pienso llevar cargado, de quesos, y de cabritos; y en una solfa que sé, por todo el camino haré, que vayan cantando a gritos. Tu Ruven? . Llevo un costal de almendras, y de granadas. Tu Eliud? . Ubas colgadas, y un cordero recental. Tu Floro? . De pajaritos dos jaulas llenas verás. Y yo un corazón, que es más, que corderos, y cabritos. Es ofrenda de quien ama. Y con él, mi amor, mi luz, un cayado como Cruz, para cuando llore a mama. No he visto rigor igual, que nadie posada os diese? He sentido que pariese mi esposa en este portal. Como Octabiano Augusto, y el Cónsal Plancio Silvano, por el Imperio Romano, por su tributo, y su gusto. Mandan registrar el Orbe, que oy Roma gobierna en paz, no tuve lugar capaz. Niera bien, que yo os estorbe, con mi pobreza la casa. Si algo fuere menester, llamad. . Harcisme placer. Mientras esta gente pasa, no os puedo dar aposento. Bendito seáis Señor, que un buey os preste calor, con el alma de su aliento. Y falte a un hombre piedad, sin que a una Niña parida le mueva a darle acogida en tanta necesidad. Joseph Esposo del Alba, para que miráis al Cielo, teniendo el Cielo en la tierra? Ángel santo al Padre Eterno, como su Padre adoptivo del sacro humanado Verbo, con piadosa exclamación, estoy pidiendo consuelo. Qué mayor que verle ya? ̱ De mi pobreza me quejo. Pastores vienen, que yo les di la nueva el primero, de la celestial milicia. Alegraos Pastores, hagamos fiestas, que la Corte del Cielo viene a la aldea. Levantaos Pastores, nadie duerma no, que aunque es media nocho ha salido el Sol. Este es en la tierra el cielo, según las señas del Áugel. ̱. Apeate del, jumento, pues ya del Adánsegundo, Batoel Paraiso vemos. Dices Raquela muy bien, ya me apco, porque dentro no han de entrar del Paraiso, ni pollinos, ni hombres necios. Necio fue Adán, y le echaron del Paraiso por serlo. Aquí está el santo Josep Padre de Dios, cuando menos, aunque lo sois en el nombre; porque es Dios el verdadero: el cielo abrid, porque humilde; le ofrezcamos, y adoremos los Pastores más dichosos, que los siglos de oro vieron. Aunque este merece el nombre mucho me alegro de veros; de dónde sois? . De la Torre de Ader, donde nos dijeron sagrados Nuncios, estando con el ganado despiertos, que era nacido el Mesías. Y alegres seguimos luego el camino de Efrata, dejando al lado siniestro la cisterna de David, saludando desde lejos de Belen los sacros muros; donde por la señas vemos la antigua cueva, o palacio, del Hijo del Rey Eterno. Esperad un poco en tanto, que el santo Niño os enseño, y la Madre siempre Virgen. . Prevenid los instrumentos. Oh Sol de luz celestial, bordado de escarcha, y hielo! Oh hermosa; y cándida Luna, de cuyo círculo bello salió para darnos vida! Oh soberano Cordero, en las Aras de la nieve, mientras llegan las del fuego! Oh Príncipe de la Paz! Oh Ángel del gran consejo! No hablas Bato? No sé, que donde enmudece el cielo cómo ha de hablar un villano? Dile si quiera un requiebro, Niño, niño, niño, niño. No le dices más? No acierto; aunque en llamar hombre a Dios cifro cuanto sabe el cielo. Recibid de nuestro monte, no los regalos, el celo; que quien corazones pide, no desechará los nuestros. Como Divino Gigante la carrera que habéis hecho, vino a parar en ser Niño. Qué soberanos pucheros está haciendo con el frío; Virgen allegadle al pecho. Y nosotros que no es justo, que le impidamos el sueño, volvamos a nuestro monte, porque tenga fin, volviendo la Concepción de María, para que naciese el Verbo.
