Texto digital de Mujer, ángel y milagro
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- Nicolás de Villarroel
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mujer, ángel y milagro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mujer-angel-y-milagro.

MUJER, ÁNGEL Y MILAGRO
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Hombres, o sombras de este caduco animado cuerpo, qué queréis de mí? si acaso sulicitas con arresto (vercer en mi sañudos mas tiranías que el tiempo, (pues en la selva del Mundo soy ya tronco helado, y hierto) dad principio a vuestras iras, que yo, alentando mi esfuerzo sabré renovar la hoguera, de mi envegecido fuego. Oyes, señor; ya te sale a recibir como suegro. No sé como he de llegar, . temple amor el sufrimiento. Si tienes amor, advierte que es niño, no le eches fieros, que huirá de ti como un galgo, si te llega a coger miedo. Qué decís? Que aunque debiera buscaros con ese intento, es tan contrario, el que pudo obligarme a que siguiendo os viniese a vuestra casa, que lo conoceréis presto. Qué miro cómo? . No así des Bernabé, poco atento, ocasión a que mis iras, atropellen máis deseos. Que ha de dar, si Chicharrón desciende de esos cerros, quinta esencia del tocino y el nonplus de Bandoleros, viene contigo. . Pues cómo, (vuelvo a decir) tan resuelto, cuando contra vos está toda Zaragoza ardiendo en venganzas, somentadas de los pasados encuentros, de nuestras familias, hoy con un impulso tan ciego os entregáis al peligro, y os dais a manos del riesgo? Yo os sacaré de esa duda Has de decir, va de cuento. Ya sabéis (y sabe el Mundo, por naraciones del tiempo) que de mi vida, o mi saña, el oroscopo imero ve en Zaragoza, fundada por Tupal, el que fue nieto de Nue; llamáronle Auripa, nombte tomó (según veo en antiguas tradiciones) de los ticos granos bellos de oro, quedan las orillas del rápido undoso Ebro. Llamóse después Cesárea Augusta, por ser empleo del grande Octavio, quien solo a ete rnizarse atento, echó a tan preciosa joya del labrador mármol cerco. Y en fin, a embates de siglos, el vulgo (vario aún en esto) a Zaragoza la llama, de César Augusto Leo. Tumbién sabéis, que nací, heredando, o adquiriendo, los envidiados blasones de Montoya, y Ruiz, renuevos dor su valor, y su sangre de los troncos más añejos; si bien aquestos esmaltes, jamás elevar pudieron mi altivez, porque es tan hija de mis locos pensamientos, que vive Dios, no naciera, a saber nacia menos, que a ser por mi sangre ilustre de los Nobles el primero. Crieme en fin con un modo tan extraño que en mi fueron las venganzas, los arrullos, y las iras. los gorjeos; pues entonces vuestro padre ofendió al mío (aquí tiemblo de furor) sin que pudiese despicar su noble acero esta injuria, por hallarse vuestro padre con sus deudos. Pero a instancias del honor apeló airado el esfuerzo, al tribunal de esos montes, donde después de sangrientos repetidos lances, hizo parentesís a este empeño, dar vuestro padre, y el mío: el postrer vital aliento. Y como la juventud es como la cera, al fuego aplicada, pues le queda estampado cualquier sello; siendo lo aplicado, a mí juvenil ardor, el recio vengativo odio, quedó tan radicalmente impreso en mi infelice memoria; que antes que en el papel terso de mi rostro describiese sus negras líneas el tiempo, me vio el Orbe en ese monte (verde atalaya del Cielo) ser vengativo Pirata de las vidas, con tan nuevo rigor, que encontrando a algunos deudos de Mallada, o vuestros, no solo les daba muerte, mas de su sangre sediento hidrépico, alguna vez apuré su humor; y siendo veneno, se alimentaba mi venganza con veneno. Y en fin, de villa Mayor, vuestra Patria donde dieron de Arilla los adquiridos celebrados timbres vuestros lustres a muchas familias, os hice salir huyendo. Direisme, que era excusado acordar tales sucesos, pues la falsa de las iras en el teatro sangriento del Orbe, los representa: mas no lo ha sido, supuesto, que todo lo referido conduce para mi intento. No hay Ciudad que ignore en Zaragoza, que el Cielo os dio por hija a Martina, que es de belleza portentos, pues al ver la primer luz, rasgando el materno seno, en ella fue vaticinio, lo que en su madre fue agüero, pues murió de sobreparto; bien, como cuando soberbio un árbol el sazonado fruto da a leyes del tiempo, para vivir no le quedan vejetativos alientos. Sea eficaz prueba ver. que creció Martina, siendo, de perfecciones crario, y de virtudes espejo; dándoles a todas hoy, tan común aplauso el Pueblo, que dice ser en Martina la hermesura lo de menos. Estos motivos han sido tan eficaces, que han hecho, que abandonando mis iras, y ultrajando mi denuedo, venga a pedir de Martina la mano, que si merezco esta dicha, juro a cuanto brilla en ese azul cuaderno, que la coyunda que enlace nuestros amantes afectos, ha de enlazar nuestras dos famirias, con tan estrecho lazo, que ni ha deshacerle baste la envidia, ni el tiempo, y en el templo del amor, se coloque por trofeo. Esto, rendido os suplico, esto, como amante os ruego, para que sea Martina en tan varios contra tiempos de esta tempestad el Iris, triaca de este veneno, el norte de esta borrasca, y de estas olas el puerto. Dame Don Ramón los brazos, que aunque ha sido tan perpetuo el odio de estas familias, es de amor, tal el imperio, que vence los imposibles, y así, desde ahora os ofrezco, que ninguno si no vos será de Martina dueño. Sin libertad, desde hoy de vuestro esclavo me precio. Yo me he quedado hecho un simple, al ver tales rendimientos en mi amo, él es peor que el gran diablo de Palermo; sin duda que loco está: pero quién amando es cuerdo? Que esta noche me vería, dijo Chicharon: yo vengo a ver si me trae algo este picaron de huesos? mas él con su amo, y el mío! todo lo gabado pierdo. Aunque Don Jayme Mallada, . a quien Don Ramón opuesto también está, me ha pedido a Martina, considero, que no cúmolo con quien soy, si ya no aplico el remedio a estas discordias; y pues en Don Ramón intereso el Mayorazgo más pingue de Zaragoza, resuelvo desengañar a Don Jayme, porque en fin yo soy primero. Por más que la vista aguzo no descubro a Aldonza. Puesto que aseguráis esa dicha; alegre ufano, y contento, con los que de escolta traigo vuelvo al monte. Ya esto es hecho. Yo vuy a participar, con diligencia a mis deudos. lo tratado. . . Pues se van, hablar a Chicharon quiero; oye? . Quién? Aldonza soy. A la vuelta nos veremos. . Ay desvergüenza cómo esta! ni siquiera algún requiebro de los que ahora se usan con capa de cumplimiento, le he debido, cuando yo esperaba, por lo menos: pero ya vuelven, ahora me he de enojar muy de recio. Camina, señar, que ya Bérnabé la esquina ha vuelto, y Aldonza queda esperando. No cabe, amigo, en el pecho el regocijo: y Martina dónde está, Aldonza? A buen tiempo. Qué, te has enojado? toma cita cadena, y di presto donde está la luz que sigo. La luz no sé que se ha hecho desde que nos dejó a escuras. Bien lo entiende si hablan recio Martina es por quien pregunto. En el Oratorio, creo, que estará rezando, que es su estrado, coche, y paseo; mas si hablarla solicitas, retírate a ese aposento, que no tardará en salir. Lograr este amor espero; que hacer sabe de infelices, felices. . ̱. ngenio, apelo a la cadena, que Aldonza es simple, y caerá muy presto: oyes, Aldonza? . Qué dices? Habrá unos días que pienso; que este Chicharon se está derritiendo a tus ojuelos. Pues por qué os llamáis así? por lo que tenéis de puerco? Por blasón, pues de mi casa no ha habido Cristianos nuevos: miren lo que sufte ahora, . mi enchicharado deseo; mas vive. Dios. . Mi señora viene, retírate presto. No hay necia que no discurra. Y mi padre, Aldonza? . Creo que ahora salió de casa, Solo este breve consuelo logra el alma, pues mi padre, entrega todo el afecto a lo que inclina su frágil natural; porque le veo ya severamente airado, ya tiernamente a hagüeño, que me manda, dé la mano de esposa, a quien su precepto disponga, cuando esto es a mi libertad opuesto; pues no tengo ya albedrío para cumplir el deseo, porque hace tiempo que di palabra, to Si te merezco. hermosa Martina, algún desnudo amigable afecto, mis penas en ti hallarán, ahora el seguro puerto. No es mi hermana, Chicharon? Se le parece a lo menos. Qué tropel de confusiones es este que toco, Cielos! Qué hay amiga Celia? . No hay Aldonza, cosa de nuevo. Qué pudo, bella Diolante, motivar el desconsuelo con que venís a estas horas a mi casa? . Oye el suceso. Ya sabrás que pretendientes son de tu hermosura aún tiempo, mi hermabo, y Don Jayme, y que ambos a tu padre te pidieron, o te han de pedir mañana: pues sabe amiga, que es cierto (con inmensas penas lucho) que Don Jayme tiene dueño. Qué, escucho? a espacio pesares. No doy por su vida un bledo. Pues al ver que era la sombra de mis rejas, y que tierno, (ah falso!) con mil suspiros surcaba la esfera al viento, entrada le di en mi casa, (mas siempre con el respeto a mi decoro debido) siendo el primer presupuesto, que había de ser mi esposo; pues sabiendo por muy cierto, de un criado suyo, que hoy estaba (ay de mí!) resuelto a pedirte por esposa, a instancias de mi honor vengo a suplicirte, rendida, que elija tu fino afecto a Don Ramón por esposo, mirando tu amor atento, si no a lo poco que ganas, a lo mucho que yo pierdo. Hasta restaurar mi honor vivirá. Ahora refiriendo estoy Violante mis males, estos serán au consuelo: Desde mi primera infancia, no solo ofrecí a los Cielos guardar de la callidad el candor nevado, y terso, sino que también voté consagrarle, como a dueño, a Cristo, en uno de tantos esclarecidos Conventos de Santo Domingo, mira, Vinlante, si hacerte puedo oy competencia en tu amor Muy buena compra hemos hecho. El dolor sin mí me tiene. Pues yo, Martina, con eso voy consolada, mas qué oigo! Música es esta, yo creo que es el traidor de Don Jayme. quien sus cláusulas da al viento, porque su criado mismo me lo avisó. . Solo esto, les faltaba a mis desdichas. Si salir a impedir quiero la música, doy lugar a que mi hermana, sabiendo que la escuché, mis rigores huya, y no logre mi acero, quitar con su aleve sangre, de mi honor lunar tan feo. hay hombre más infelice! Pues aún no acabó el enredo. No sé que pueda a Don Jayme obligarle a tal exceso. Amante, Esposo Divino, pues veis el preciso riesgo en que se advierte mi honor, mirad por él como vuestro. 1. El Altísimo Señor. 2. Con su poder sacro inmenso. 1. Nos envía a confundir. 2. Con nuestros ecos sus ecos. No viváis flores. Lucid con primores. No cantéis aves. nad guilguerillos en hamero suave Tri Pues aún cuenta esquiveces mi dueños Pues logra mi esposa vecer con el ceno A no imaginarme indigna de tal dicha, que los Cielos me lisonjeaban creyera con angélicos acentos. Ah alevoso! ah fementido! Todo soy un mongibelo; que solo a la calle tenga una reja este aposento! Así Don Ramón castiga osados atrevimientos. (parcial. Y así castigo yo a quien es su Qué oigo, Cielos! otra música hay ahora; bien tus parciales cumplieron con la obligación de amigos. Todo es nada, pues no vengo mi agravio. . De mármol soy! 1. Ya cumplimos el precepto del Altisimo. . 2. A alabarle vamos en alas del viento. Extraño peligro! . Solo aqueste ríbete al cuento le falta? Favor al Rey. . 1. Huyamos. 2 Seguidlos presto. Fortuna, si un desdichado te merece: mas qué veo! hermosa ingrata Martina, (de mi amor guiado) huyendo del rigor de la justicia vengo buscando por Templo tu propia casa. . No más Don Jayme, que no os entiendo: a Violante eses finezas, que es Noble, y vos Caballero, Quién Diolante sea dudo. Yo, aleve, mudable. Eso a mi valor toca, quien vengará agravios, y celos, haciendo la des la mano, y después, dándote luego a muerte. . Con frases mudas te responderá mi esfuerzo, Don Jayme, ampara mi vida, Muralla será mi pecho. Cómo así en mi casa? Quita. . Aparta. Ya he hallado medio con que todo se haga tablas; Buenas noches, Caballeros. Dónde estás traidor aleve? mas aunque la luz han muerto, norte será en mi venganza, de mis iras el incendio. Yo triunfaré de tu vida, aunque te sepulte el centro tenebroso de la tierra. Que no le halle mi denuedo! Señor, si de e la tuesclava merecen humildes ruegos, ocasionar tus piedades, de tan peligroso riesgo a todos nos libra. . No huyas cobarde. . En sombras tropiezo. Eres Violante? Sí. . Y Celia. Pues venid ambas siguiendo mis pasos (la puerta hallé, y he de excusar este empeño, hasta que quede Diolante asegurada, que luego iré a buscar mi enemigo.) Ea te seguimos. . No encuentro con nadie, y así, obediente sigo del hado el precepto; no te librarás traidor, de mi irritado despecho. . Ah señor! en mi conciencia, que este me parece perro: espera, que Chicharron al trote te va siguiendo. . La puerta hallé, por luz voy. Sagrado, y Divino dueño del arma, qué soberanos son los favores que os debo! yo ver con trémulas luces del sagrado firmamento todo cuanto aquí ha pasadó? pero me diréis, que en esto queréis darme un desengaño del mundo; y pues en empeño de serviros, tantas veces me pusistéis, ya os ofrezco ser áspid sordo, del mundo a los engañosos ecos: o a cuanto obligan sus locos errores, y debancos! Terrible tempestad! 1. Sin duda el Cielo estrellar se pretende con el suelo. 2 La luz a media tarde se ha escondido, y de horrores el aire se ha vestido. Qué tempestad es esta, pálida sombra del honor funesa, cuando por varios modos, los clementos se amotinan todos! 1. Qué horror! . 2. Qué pasmo! Aquella densa nube, en etna aborta lo que en humo sube. Del centro tenebroso, que el Cielo destinó a mi ardor furioso, sulgo, sembrando envidias, y tencores, como el áspid pisado entre las flores, este mentido traje, le vistió a mis cautelas mi coraje, pues con él hoy procuro, destruir el Espíritu más puro de Martina, entiblando la fe ciega del Cardehal Infante. Ya despliega sus luces este bello lunar rojo, de las sombras venciendo el recio enojo; mas quien saber pudiera, cual de estas Quintas logra ser esfera de Martina de Arilla, (en virtudes espejo, y maravilla) pues aunque en el camino. que a esto me obligue mi cruel destino Supe de un pasajero, quedaba de su padre. A más no espero. n la Quinta, cual sea ignoro. Si eso desea V. A saber, esta es. Intento de perfecciones ver este portento, Antes, señor, quisiera (aquí de mis astucias) que me oyera A, y notara, que es fingido cuanto en ecos la fama ha referido de Martina (suspenso se ha quedado) si el veneno a su pecho habrá llegado? Decid, que ya os escucho, (y con inmensidad de dudas lucho. . 1. Qué te parece el Soldado? 2. Que tiene cara de hombre condenado Nació Martina de Atilla en Villamayor, distante dos leguas de Zaragoza, dando tan vivas señales de su rigor, que al nacer, hizo que el tiempo labrase, a su vida alegre cuna, infausta para su madre. Creció, inclinándola el rumbo de sus auras populares, a la lición de los libros devotos (eso es bastante para somentar mi saña) . Mas viendo que sin labrarse, con la aplicación, el tosco bronce, o el bruto diamante del entendimiento humano, es imposible que baste a conocer lo Divino, fin las sobre naturales, infusas sagradas fuerzas, humilde pidió a tu padre. que la enviara a un tío suyo, para que la dotrinase. Diola el permiso, y de edad de cuatro años no cabales, dejó su casa, movida de este deseo; mas antes de llegar a la del Pueyo, en una Hermita, que cae terca de la Villa, a orar se puso, y tan agradable le fue este obsequio a MARIA, (o nunca yo la nombrase! . que descogiendo lucidos sacros Divinos celajes, se le apareció (aquí el pecho diluvios de fuego esparce) . y afiéndola de la mano, con tierno cariño amante, la acompañó hasta su Hermita, habiéndola dado antes algunas liciones, siendo (gran señor) tan eficaces, que al tiempo le usurpa, cuanto tiene el mundo que contarle. Cumplió un lustro, y empezó de suerte a mortificarse, que de noche le servían en vez de mullido catre, dos tablas, y estas sembradas de tejas, y pedernales, siendo la almohada una piedra; (pero quien mi labio errante. . mueve con tan superior Celestial impulso, que hace que yo la consiga aplausos, cuando la procuro ultrajes?) mentí, no acierta la voz a desdecir mis pesares: mas cuando a Luzbel faltaron para sus astucias frases? Todo lo dicho, que ha sido cuanto pudo imaginarse de perfección en Martina, han sido solo sagaces ficciones, nacidas todas de incultas puerilidades: pues hoy, que es cuando debiera mas su virtud celebrarle, siendo la humildad la basa inobediente (callarle quiero el voto) a los preceptos, y suplicas de su padre; no quiso de Don Ramón Ruiz de Montoya, su amante, ser esposa, consiguiendo que su mano así templase de sus familias, los odios, y antiguas enemistades; y aún hay quien diga. . Teneos, que oposiciones tan grandes, en materias de virtud, son indignas de escucharse: yo sé muy bien, y aún vos misme? veis dicho, los quilates sartina de perfección, qu lucen resplandecen, y arden; y así he de verla. . Por ese . tachonado, azul diamante, que han de atruinar este muro, mis astucias infernales. 1. A recibitos, señor, los de esta Alquería salen. Permitid, señor, que bese vuestras plantas, y que extrañe la dicha, de que merezca mi humilde albergue hospedarte. Y a mí vuestros pies me dad. Levantad; el horror grande, de esta tempestad furiosa me hizo que no pasase de este Lugar (así intento de su virtud informarme.) . Dígame hermano Golondro, pies tan deseados, sabe de qué son . Pues claro está; serán pies de algún romance, cuando no encuentra el Poeta ninguno, chico, ni grande, o serán los pies de puerco para un gáznate con hambre. Cómo os llamáis? . Bernabé de Arilla. . Luego sois padre de Martina; cuya heroica virtud; con razón aplaude la fama? . Mi padre, es, señor, aunque yo me halle indigna de ser su hija, pues son los defectos tales, que hay, en mí; que aún io merezco, por ser mis culpas tan graves, hollar la tierra. . Qué ira! esta experiencia que hace de sí, la anade más grados de perfección. . Admirable . humildad! no vi en mi vida, en hermosura tan grande, honestidad tan perfecta, de si parece que esparce fragrancias de virtud: ese criado es vuestro? . De las Madres de Sayta sie es. . No parece un papagayo con guantes, y con calzas atacadas? Sin ponerle, ni quiturle. Y a qué ha venido? . A decirla a mi Martina, que acabe de irse al Convento, que está muy pulida para Madre, y me han hecho hacer las Monjas cuarenta y siete viajes; y piensan que a mí este oficio me vestirá de volante, como si fuera lo mismo ser Mandadero que Sasite. Pues quiere ser Religiosa? Desde tamañita, y antes. Yo el dote os daré. Diváis, señor, eternas edades. Sepa V. A intento, que mi hija Martina case con un Caballero ilustre por su valor, y su sangre; pues logro por este medio, que llegue a reconciliarse el odio en nuestras familias. Notad bien, que marchitarse puede en el siglo una flor de virtudes tan fragrante. La que ha de ser Santa, lo es, (gran señor) en cualquier parte. Notable tropel de penas; que el Cielo mortificarme quiera con tan raro modo! Ya habréis sabido, que el grande Felipo Cuarto, mi hermano, (que siglos reine inmortales) habiéndome dado el cargo de Gobernador de Fiandes, hoy, con la gente que está dispuesta, mande que pase a reclutar sus Presidios, con Católicas, marciales tropas, presumiendo intenta, invadir los arrogante, con escuadras numerosas, vano el Príncipe de Hlanje; y así, a Dios, pedid Martina, que yo esta victoria alcance, ya que de la Iglesia Santa me destina por Atlante. Aún conseguiréis más tri tan cristianamente manda. Atiende, que con ternura te lo piden estas canas; y atiende, que son los hijos pedazos de las entrañas de un padre, a quien son deudores de la racional sunstancia después de Dios; y así mira, que tus discursos te engañan, y que en no dar este asenso hija, la muerte me labras; y si a las más duras piedras ablanda una gota de agua, ablande tu corazón la que mis ojos detraman. . Enternecida, y atenta, señor, ha escuchado el alma vuestras voces; y aunque en mí temeridad, o arrogancia parezca querer lograr, en una lid tan extraña, mas triunfo que el de ponerme, como despojo a tus plantas, sin faltar a eso, al impulso de sobre natural causa me de responder, y así no me acusaréis de ingrata. No ignoráis que voto hice, desde mi primera infancia, de ser Esposa de Cristo, y según eso me falta ya el albedrío, supuesto que a Dios mi fe le consagra: Qué son las pompas del siglo? Blobos del humo, que exhala la vanidad; pues al verse mas elevadas, la parca de un soplo las desvanece, Y en un instante se pasan. Las Coronas de la tierra sion otra cosa que asuás, sayer brillantes, y bellas, de las manos respetadas, hoy (qué miseria! carbones de negridos, y mañana sieves oscuras cenizas, que el viento las desbarata? pues cómo, señor, a vista de estos desengaños. . Basta, que pues al duro diauante de tu corazón. no labra mi llanto, no has de salir del límite de esta cuadra, hasta que obediente sigas mi precepto: aquí cerrada quedas, consuita contigo lo que hacer debes, tirana, que así logrará el rigor, lo que mi piedad no alcanza. Oye, escucha: mas qué digo, si ha tido tan descada esta ocasión, que por dicha. aún le está dudando el alma! Por vos. Esposo Divino, esado mi afecto pasa a no temer el enojo de mi padre, ya empeñada está vuestra Omnipotencia en patrocinar mi causa; y aunque yo soy tan indigna, méritos mi llanto haga. No llores, Martina, no llores, pues siempre la Aurora, mas tíe que llora, al ver que amanece el Sol, que felices anuncios ofrece: No llores, Martina, pues a verte baja el Sol de justicia. Soberanos Paraninfos, advertid que soy esclava del Señor, y no merezco gozar de glorias tan altas. 1. Así el Altísimo premia lo fino de tu constancia. Qué hermosos sois, Paraninfos 2. Si a sus Gerarquías sacras aplaudes con tanto afecto, qué hiciera tu amante ansia si vieras al Criador? Quién con los ojos del alma le viera: mas qué armonía suaviza la región vaga? Martina. . 1. El Criador es. M Bien mi corazón extraña tales dichas. Ofendido estoy. . Confieso que tantas. son mis culpas. . Celos son. por lo que dejé mi A cazar Quién, Señor, los ocasiona? Tú, Martina, pues ingrata empleas todo el afecto en estas cosas criadas. Pues, Señor, puede ofenderte mi amor, con tan Soberanas Angélicas criaturas? Sí, que tu afecto me falta, cuando le empleas en ellas: mas hoy dejaré premiada tu amante fe: toma este anillo, con que selladas nuestras voluntades quedan: pide mercedes, y gracias, esposa mía. . Señor, quien logra dichas tan raras, qué pudo desear ya? hoy, solo en vos confiada, espero facilitéis que cumpla el voto. Distancias. del aire conmigo mide, que luego que tu esperanza fácilite, iré a mi eterna, alta, y Soberana estancia; y cuando otra vez me veas, mira que Rosarios, traigas, que bendiciendo sus cuentas, mi piedad, con mano franca, concederé a tus devotos mil privilegios, y gracias. Qué felicidad! mi pecho en Divino amor se abrasa. Ya como os dije, cumplida veis, Don Ramón, mi palabra; pues esta (a pesar de mí!) . es de Martina la casa: llegad, qué dudáis: ahora tímida está vuestra planta? Mal conocéis Don Fadrique mi osadía temeraría, pues si al abismo, se fuera, aún al abismo bájara. Eso sí. . Pero qué luces; son estas, que con tirana violencia, todo el imperio de sentidos avasallán. Qué miro? ya tenebroso oscuro abismo, frustrada se ve mi segunda empresa. Eso es quemarse la casa, calentémonos a ella. Ya su actividad apaga esa multitud de rayos; pues Martina, en esa estancia no está. . Que, no has viste (así disimulo) que una escuadra de Ángeles, a ese Convento de Santa Fe, por la vaga región del viento la lleva? (para irritar más mi saña) . Qué decís; o pese a mí! yo perdí la vida, y alma; y pues el alma he perdido, no puedo hallar ya esperanza en los auxilios de Dios. Ya blasfema, y ya lograda . su ruina veo; si vos queréis Don Ramón sacarla del Convento, yo os ofrezco facilitaros la entrada, pero reparad, amigo, en que es sacrilegio. . Nada. reparo, cuando así veo mal lograda mi esperanza. Pues venid contra Martina, . tenebroso abismo, al arma. . Mía Martina ha de ser, aunque el Cielo lo estórbara. . Válgate Dios por Martina, parece duende esta dama, pues ya se va, ya se viene, ya se sube, y a se baja: pero no fuera mujer, sino tuviera mudanzas.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA para entrambas Majestades. Cuál seaignore? Muy presto lo sabréis. Qué acreditarse así logre su virtud, sin que mis astucias basten a impedirio! . En esa quinta ha entrado su Alteza. 1. A hablarte llega, señor, un Correo. Sin duda algún orden trae. Deme los pies V.A. y este pliego declararle podrá la resolución de su Majestad. . Notable es el suceso. . Así dice: Habiéndome participado el César, que el tirano de la Religión Católica, Gus- tabo Horren, segunda persona, por su valor, y sangre, del Rey de Gotin, ha he- cho diversas invasiones en el Imperio; y hoy con toda la gense veterana de aquel Reino, ii tenta hacerse dueño de la Eu- topa; y pidiéndome mis armas auxilia- res; para el asedio que emprende de Nor- ling (Plaza capital de la Suevia) me ha parecido ordenaros, paséis con la gente aprestada en esos Puertos para Flandes, a empresa que repara tan grave ruina, como amenaza a la Iglena de Dios, quien or guarde dilatados años. e. Suspenso está. . Ya del todo YO EL REY se malograron mis artes. ̱. Qué en fin vencerá la lglelia? Yos duy palabra de hallarme, Brun señor, en la batalla. ̱. Yo la tomo, y así, marchen es orden los que me siguen, Posque luego han de ponarse de banderas, y ruidosos sustrumentos Militares los vientos, y he de partir con diligencia a enbarcarme, Aremblando de la lglena el siempre Invicto Estandarte: qué vitvuad tan peregrine! . que experiencias tal notables. Eil Cielo os guarde. Mil vuestra vida se dilate. Ya sabéis hija mi intento; y pues te precias de amante de Cristos, nota, y advierte, que es su gusto el de tu padre. Muchos contrarios, Señor, a mi espíritu combaten; a esta Quinta, que del Mayo recibe florido esmalte, me ha traido mi padre hoy. (extraño, y amargo lance!) loo para persuadirme a que con Don Ramón case. Señor, a vos mi pureza está consagrada; y antes me despojad de la vida, que el pensamiento la manche. También del mundo el aplauso va levantando bracanes de vanidad; y pues vos a la cumbre me elevaste, no permitáis que los vicios. infeliz ruina me labren. . Ya que hemos quedado solos; dígame hermano. las Madres le ocupan mucho? Sí, Aldonza. pero todo es regalarme, porque son tantos los dulces que cono, que ya el gaznate de empalagado le cania, porque suelo embarnizarle, los más días, de pastillas, y de bizcochos a pares. Pues si ese oficio me enseña, tengo Golondro que darle una cadena, que es esta. Suelta acá, que me place. Eso no. . Quita. Así haré, que huyan estos ignorantes. Que me abraso. Esta cadena tiene tretas infernales! . Ya es nompo, rencor, ya es tiempo, de que entorpecido el aire, de mis suspiros, la saña, de mi pecho alberga exale: no es Martina un vil gusano? mi propio ser, no es de Ángel? pues como Dios hoy me manda, que le rinda vasallaje cómo esclavo? qué tormento! mas yo he de desagraviarme, despicando el concibido afrentoso vil ultraje; a qué mi furor espera? De Don Ramón, que a Don Jayme buscando está en ese monte, de quien el Sol es turbante, me he de valer para que este, desesperado la saque de su casa: mas él viene, empiecen a fomentarse mis ardides; para esto, la forma aquí me disfrace de un Don Fadrique su amigo, que ha poco que murió en Flandes No hay un rayo irjusto Cielo! no hay sañuda tierra un aspía! yo ofendido, y no vengado! Lo que ha que en alimentarte das de reviegos, cobados en la casa del coraje, estás gordo. . No me irrites, porque la muerte he de darte. No la querré yo tomar, aunque sea de azabache. Don Ramón, amigo, adónde? Si quieres saberlo, a ahorcarse. Adónde he de ir? al infierno. Pues yo no voy, buen vieje. Qué es eso? no conocéis a Don Fadrique de Azagre, vuestro amigor Quién se ignora a sí mismo, no os extrañe que a nadie conozca, pero como tan presto de Fiáande volviste? Pide más tiempo, y así a mi amor no retardes, pues tan gran parte le toca, la ocaión de tus pesares. Solo de mi sé, que estoy celoso, ofendido, amante, y despreciado. . Son cuatro llagas justas, y cabales. No es esta Quinta de Arilla? venís acaso a buscarle? Solo a ver vengo a Martina, por quien mi pecho, en voraces llamas se abrasa. . Si en ti el pasado rencor arde, como no la robas? . No es propio de mi noble sangre el tomar ese despique. A todo amor satisface. Bien decís; pero no hay medio que lo facilite. Baste deciros, que yo os pendré, Don Ramón amigo, en parte donde se logre el intente. Pues Don Fadrique, a vengarme empiezc las tiranías, ya que sobran las crueldades, Seguidm (de todos puedo . así el triunfo asegurarme) tema Martina mis iras aunque el mismo Dios la ampare. Fortuna, en ti fío, pues te logran temeridades. . Digo que de amor hay guerra, pues que de amor hay pillaje. . Hija, Martina, pues solos estamos este la cuadra, quiero decirte la pería con que me tienes el alma; tú no ignoras, hija mía, el odio que nuestra casa con la de Don Ramón tiene, y que esta ha sido la causa de envegecidas discordias, y de enemistades largas: cy se nos ofrece el medio para apajar esta llama, y el fin se logrará bien, si tú con Don Ramón casas; esto te ruego otra vez, mira que es idea vana resistirte a lo que un padre podrá cruel (aunque todas sus airadas tiranías en mí la fortuna emplec) es la bonar más desdichas? Mas tiene por dar, que ha dado; y así, señor no te aflijas. Puede haber otro infortunio? Solo espero ver si pinta. Amigo, aseguremos con su muerte nuestras vidas, Decís bien, muera Cobardes a la saña que respira mi pecho, seréis del viento población hechos ceniza. Mira si tar o en cumplirte la señora forturtilla el deseo . Don Fadrique, adónde estáis? Las de Holías, y Juan danzante tomo Hh vil año. Cobardía nuestra es, que aún viva. El acero me falta (ay de mí!) Martina, de esta is filz en defensa tus virtudes acredita. Muere aleve, No es posible, que el Cielo ampara su vida. Esto sí, cuerpo de Dios. Superior impulso lidia por este Joven. . Huyamos, pues no hay poder que resista de su acero los rigores. Oh qué malograda dicha! Esperad, no los sigáis. Pues si tan presto no avisa, hecho un Hector, al vermejo le tiro la zambullida, Pues a tu esfuerzo he debido el aliento de mi vida quien sois; Don Ramón, tus culpas son la sombra envejecida, con que a los ojos del alma se les niegan tantas dichas. Abrelos, pues, y desata esos lazos, que oprimida tan tiernamente atada la tiene, por hacer liga con tus pasiones los vicios; y advierta tu tiranía, que quien te libró del riesgo, es el favor de Martina. Aguarda; pero en el viento desaparec. o en su misma pura luz. . Temando vuelo es todo una maravilla. Es esto clemencia, Cielos, oh rigor? mas si se mira, es piedad, que del rigor trágicos umbra es pisa: pues aunque ampare su impulso esta tan infeilz vida; qué importa, si así el morir civilmente me duplica? Publicamente no está mi noble fama ofendida de Diolante; y de Don Jayme? Pues habrá ley (aunque impía) que juzgue en mi crueldad tan bien alentadas iras? Cuando padece mi honor arrentas tan repetidas, qué dirá el mundo de mí, si ve que el valor se entibia? Ea señados prodigios; ea ilusiones mentidas, a todo el hunor prefiero; impaciente mi osadía esta ya, y pues Don Fadrique, villano, desacredita con la fuga, aquella noble fe que dé, mi afecto hacía, también le he de dar la muerte; veré si a todos los libra el Cielo, pues contraellos mis furores más se encitan. Lo mismo es echarle a mi amo milagritos, que a mi guindas Que está loca considero. Cierto, Madre, que el ayuno, es algo más que importuno; después de Dios el puchero. C . No ve que es un desafuero de incontinencia nacido? ̱. Mande, que se dé ha partido el estomago; y así me conformo, que por mí yo lo daré por comido. Su locura extraña es: dígame, qué mereciera el hombre, si en todo diera a su cuerpo gusto? pues son en él ya el interés la malicia, y la ambición (ciego de la sinrazón) los Dioses, a quien impío, a instancias de su albedrío les tributa adoración Y en fin, aquel que obadece, a su cuerpo pierde el nombre, y aún el ser pierde de hombre, y a los brutos se parece, supuesto que así envilece la razón. . Estoy en eso; y aunque también juzgo exceso comer poco en ocasiones, hoy con algunas razones dos mil dudas la confieso. Cuáles son? Pues omitida la gravedad: dime, acaso un vivir, que es tan escaso, le podremos llamar vida? pues si tú, más advertida, con tu padre te estrivieras, hoy dichosa no tuvieras más fortuna? . Cesa, cea porque son ideas locas, las que propones, y así, poco a mi discurso informan. No es dolo la tiquezoa? a quien ciegamente adora, quien solícito la busca, y el que ambicioso la goza? pues como feliz será, quien a su costa las logra. El humano honor, no es palpable bastarda sombra, que continnamente pasas y aún por agilidad prompta en desvanecerse, luego es trasunto de las olas del mar, pues no bien las pinta, cuando intrépido las borra: y en fin, es prolijo peso, que incesantemente agobía, pues con anhelo se adquiere, y con afanes se goza. Mas de tus nacios discursos, confiesa no es esto: a solas un breve rato me deja: ve con Dios. . Adiós, señora desnuda, porque otro vista, . y ayuna, porque otro coma; cierto, que no la imagino obra de misericordia Ya, señor, que me ofreciste ser humilde, Fundadora de ese Sagrado Convento de Benabarre (dichosa Villa, pues de ti merece señalarse para juya, que de engaste sirva a tanta cándida Azucena hermosa) no permitas, dulce Esposo, se malogre tan heroica, y solicitada empresa, pues tuya ha de ser la gloria: s por mí. Martina. . Pero quien, con funesta voz ronca, mi nombre artícula? Yo. Quién eres, pálida sombra? (qué pasmo!) quién eres, di, que horrorosamente entonas cuando éxalas tanto incendio, y fulminas tanta copia. de volcanes, que sin duda, un Mongíbelo te informa? Embajatriz soy de aquellas Almas, que en las pavorosas cabernas del Purgatorio yacen, y en nombre de todas vengo a pedirte que des. El entrar en Zaragoza, señora, de aquesta suerte, es locura. . Celía, advierte, que aunque mi hermano procura ser mi tirano homicida, en nada aprecio mi vida, viviendo en tal desventura: dígalo el ser (qué dolor!) de esos montes cortesana, en poder de la tirana osadía de un amor. y así, pues que ya he sabido, que en Santa Fe está Martina; y que la piedad Divina tanto la ha favorecido. Vengo a pedirla que medie, para que admita mi hermano, que a Don Jay me dé la mano de esposa, y así remedie los bandos, y enemistades, logrando el triunfo mi honor, dándole el premio a mi amor, cesando estas crueldades, Bien dices, mas Don Ramón; primero se irá a la China, que deje el monte hasta dar satisfacción muy cumplida al que él imagina agravio, Pues solo le facilita este medio; pero aquí viene Golondro. . Mólida traigo toda la asadura; digo que es cosa prolija. ir un hombre reventando, calle abajo, calle arriba, contemplando los humores de estas Monjas cada día: unas me piden carnero, otras piden alquitira, caído, esquerola, manzanas, estuerzo con rabanizas, alguna vez pedirán requesones de las Indias? pero en mi sotuna entra del ciego amor la polilla, quiero sacar mi Rosario, por si algún diablo se arrima; A nosotras, Celia, llega, Sienedicite, hermanitas, Ado de Golondro va? A seguir las golondrinas. Mire lo que dice, hermano. Pues no me hagas tu cosquillas, y callaré como un muerto; pero tanto me repican esos ojuelos el alma, que bayía, brinca, y rebrinca. Deje esas necias locuras; y dígame, en qué Martina se emplea? . Yo lo diré. Asine en la Enfermeria, y tiene tales recetas, que si a alguna enferma aplica dos cuartos de Oración, hace las curas muy repetidas; y sobre todo unas Cuentas tiene, de Cristo benditas, que si el doliente las toca, luego al instante se alivia, pues estas quitan las fiebres, el tabardillo, y la tina, las reumas, y los catarros, la distilación ferina; y al fin son, sanalo todo, con tan rara maravilla, que ya no tienen salario el Doctor, ni la Bútica: y así estamos muy cotrientes. de cuentas, y cuentecillas, porque las cuentas nos pasa. allá en el Cielo Martina. En su virtud, hoy mi honor, toda su esperanza cifra. Mal Don Fadrique cumplís. la palabra. . Esta corrida mi amistad de que presumas, que en dilación tan prolija, con menos peligro, el logro de tu amor no facilita, . (aunque imagina que viene conducido a la porfía de su loco amante intento, para que sea homicida de su hermana, por aquí mirencor sus pasos guía. que así a los mortales yo les precipito en desdichas) Somos acaso de aquellos que esperas venga el Mesías? o es usted deudor tramposo, que toda su pagacifra en esperanzas, pues siempre nos cita para otro día? Al punto a solicatar vamos, Celia, de Martina es favor, a que hoy áspiro. Aunque las Monjas me riñan he de acompañaros. . Cierto, es linda su compañía, porque parece candil, según lo que despavila; y así, váyase con Dios. Adiós Celia de mi vida; . a Dios Cielos. Don Ramón, sino es ficción de la vista, las dos son, Violante, y Celia, (pues tanto fía en Martina, . diga que la ampare.) Ese hombre ve más que veiente. . Desdichas alentad mi justo enojo, porque con mi sangre misma lave mi mancha. . Tu hermano. Martina, ampara mi vida. Así vil. Suspende el brazo, porque tu rigor incita tan bárbaro impulso? . Todo el abismo en mí se cifra. Huye señora. . Aún no creo tan extraordinaria dicha. . Mujer, o idea, animada de mi propia fantasía, no basta ver, que entisón víctima poco atendida las finezas de mi pecho, sin que ahora así me oprimas el furor, cuando naufraga el bajel de mis desdichas? Mis envidiosos furores, . de mi propio rencor idrás, me atormenta; ciego a tanto prodigio, huiré de su vista. . Ignoras tú que esta humana fábrica desvanecida puede del leve, y caduco estambre de nuestra vida? pues como así despeñado en esa propia osadía, suelta la rienda al enojo, írritas de Dios las iras? Porque estas son como el rayo, pues contra quín se fulminan, tanto más su sana muestran, cuanto están más reprimidas, Violante no te ha ofendido; pues como así con tal ira, con tu sangre apargar quieres de su honor la llama activa, que en el pecho de tu hermana aún mucho más que el Sol brilla. Hiz que luego dé a Don Jayme la mano, y en las familias así cesarán los odios, y deja esas fantasías, porque son raras ideas, que te labran la ruina. Y pues ya permitió el Cielo, que yo amparase la vida de Violante, a mi clausura vuelvo al puitto; mas no omita tu pasión estos acuerdos, que mis voces hoy te intiman . Oye, escucha, espera, aguarda. Cierto que es bien peregrina la ligereza; a tenerla yo, me fuera a Filipinas. Qué esto a mi furor suceda! Esta mujer vino en silla volante sin duda, pues dio la vuelta tan de prisa. No balla tiranos Cielos, que se malogren las dichas de mi amor! y que me ofenda mi hermana, cruel enemiga, priblicamente? pues no hay quien ignore (suerte esquiva!) que está en poder de Don Jayme, que es de mi honor homicida, sin que cuando en este lance un acaso facilita mi venganza, os opongáis a que el valor la consiga? alivio a nuestras peno sas sobrenaturales penas, pidiendo a Dios por nosotras. Si humildes, devotos ruegos de tan grande pecadora merecen que la justicia de Dios, en misericordia se convierta, penetrando aquesas celestes hojas, gravadas de astros, y luces, iréis a gozar dichosas de las riquezas perpetuas, que en el Cielo se atesoran. Pues yo, fiada en afecto de caridad tan piadosa, iré a dar felices nuevas a aquel Reino de las sombras. Es engaño, es fantasía, o ilusión, esta que tocan mis sentidos? Sí, pues no hay méritos que correspondan a tan grande empresa en mí: mas como mi fezozobra de tales desconfianzas en las inconstantes holas, cuando en los méritos sumos de mi Esposo, norte logra mi fe? mas qué sacras luces impensadamente adornan aquesta estancia? Martina hoy que mi enejo prevocan los mortales, he de hacer, fulminado vengadoras estas encendidas llamas, que vuelva a ser caos toda esta máquina del Orbe, disuelta en humo su pompa. Pues, Señor, cuando intentaba pediros, que de la ropa cándida de vuestra gracia, vistieseis a cuantas mosan en el tenebroso centro del Purgatorio, y que todas en vuestro Imperio os gozasen, (pues hijas benditas logran er, Señor, de vuestra gracia) así irritáis rigurosa vuestra diestra? Si ya el mundo tantos vicios eslabona, que no hay en todo él mil justos, como la Misericordia suspenderá mi justicia? Pues soy quien más ocasiona con mis culpas vuestro enojo, yo sola, por alevosa, e ingrata, pisar merezco las tinieblas horrorosas del Abismo, aniquilada a vuestras iras; mas obra (Divino Dueño) que ha sido de vuestro Amor tan a costa, no ha de perecer hoy, cuando sola soy yo quien provoca esa espada erecutiva. Mas te quiero yo a ti Esposa, que a todo el Orbe? y porque lo adviertas, ya por ti logra eximirse de este incendio. También suplico otra cosa mi dueño, y es, que piadoso. hoy tu poder Sacro rompa del Purgatorio, las duras diamantinas puertas broncas. No hay cosa que amor te niegue, y pues mi justicia a todas no conviene que perdone, ya las que pidieres logran absolución de la pena. Pues cincuenta mil gozosas a alabaros, Señor, suban. otras tantas más te otorga mi Amor, y pues ves lo mucho que le debes, paga ahora su fineza, eternizando mi memoria en tu memoria. l . Oíd, Soñor, que sonadas se hacen tus Divinas Glorias con vuestra ausencia, mas ya que se aclamó la victoria por vuestras piadades, logre mi ciega fe venturosa, ver tan deseada empresa cumplida, y así, a la heroica ciemencia del Señor, esa pálida estancia horror osa dejad Espíritus puros, y en aladas bellas tropas a gozar eternas dichas. id penetrando esas Zonas. Martina yo soy quien vino, Embajatriz venturosa de las Almas, que ocupaban el Purgatorio, y ahora, por mí, y en nombre de cuantas en el Cielo se colocan por tu amante piedad, vengo a tributarte efectuosa finos reconecimientos, condignos a tanta gloria por ti adquirida. Qué rueguen al Señor, en quien se gozan por mí, les pedid, pues soy tan enorme pecadora El Cielo el debido premio dará a tu vida heroica. Quién, Señor, por tan inmensos favores con que así honras una tan vil criatura, pudiera darte tan propias gracias, que el labio expresase lo que aún el discurso ignora, mas puesto que ha sido siempre la humana expresión tan corta, por mí, en repetidos Himnos gracias os den venturosas los Serafines alados que en aquese Alcázar moran. . Ya de ese ergido monte, de uno, y otro Horizente verde atalaya para el mismo Cielo) ocupamos la falda, y el desvelo que apresura tu planta cuidadosa, la palidez del rostro, y la furiosa ira, que por tus ojos en ceños el furor da por despojos, me obligan, Don Ramón, a que admirado soli quien ha irritado vuestra saña? (así fío, disimular astuto el horror mío.) Ya lo verá, por Dios, cuando colgado Caballero le hagamos estirado. Falso amigo, villano, aunque ya mi furor, mas que inhumano, pudiera haberte hecho, abortando venganzas de mi pecho, pasto vil de las aves, quiero enseñarte, por si no lo sabes, como el acero esgrime. un hombre atrado, porque el tuyo cobarde lo ha ignorado, faltándome a un empeño, en que la suerte sañuda, me brindaba con la muerte: traidora acción villana! No es si no muy prudente, y muy Cristiana. Si yo te he asegurado, Don Ramón la ven anza, disculpa do no quedo Si a las iras del destino, imposible Fadrique. la imagino, viendo que con desvelo, impedirla procura todo el Cielo; como podrá mi labio imaginar despique de mi agravio? Cómo seguí advertido a Violante tu hermana, y he sabido, que ufana, y descuidada, solo en Martina, a mi pesar fiada, detrás de aquese monte (fuerte Arlante. de ese vistoso Globo de diamante) está, y si con presteza te vales de la alada ligereza de uno de esos caballos. No prosigas, que ya que sino a mi valor obligas, si quise ser airado, tu homicida, ya a tus plantas, Fadrique, está mi vida. Luego al punto procura el triudro, pues mi amor hoy te asegura, que yo sin dilación iré siguiendo tus huellas Cuando emprendo mi venganza, he de ir solo, que así espero este despique deber hoy a mi acero: que te quedes, Fadrique, te suplico. Pues es ley tu precepto, no replico. Hoy ha de ser el triunfo de mi saña: ve, Chicharrón, venciendo esa montaña, y avisa a mis parciales de lo visto. Pero advierte, señor, por Jesucristo, que es acción de justicia por San Pablo. enviar a Fadrique con el Diablo. . Si mi ira alcanzara hoy esta palma, la vida os diera. Imaginé que el alma. Tuyo siempre he de ser. Así lo creo, pues que ya de tus vicios eres reo: Mas pues a solas (si puede estarlo a quien no le dejan sus desdichas (me hallo, quiero recopilar de mi idea este tropel de ilusiones, esta confusión de penas. Yo del Abismo dejé las tenebrosas cabernas, templazando mis rencores en esta humana palestra, para triunfar de Martina; y tanto el Cielo se empeña enumpararla, que aún siendo de tan vil naturaleza, no solo el laurel me usurpa de tan repetida empresa; pero a mi pesar el vuelo remonta tan altanera, veloz garza de virtudes, Bitando hermosas Esferas, que al claro Sol de justicia hidrópicamente anhela. Una Corona de hierro de aceradas puntas lleva, y la tiene por penacho para adornar su cabeza; el peto que le defiende, rretendo hacerle guerra, es un rallo de metar con que su cuerpo penetra: Y al fin, todas las pasiones dnde con suma destreza, ligándose todo el cuerpo con una dura cadena; y así, por más que yo intente, multiplicando cautelas, arruivar esta Edincio, es a mis tiros de piedra, con que veo mal logradar mis continuas experiencias. Hoy, pues, el último medio mi ardor belicoso intenta; todo el Convento ha de arder como una encendida hoguera, y publicando mi voz, con eco mentido, que ella es quien el incendio causa. será preciso que pierda de su virtud el aplauso, y mi industria el triunfo adquiera. Y pues que yo, las distancias mido con tal ligereza, ejecutar lo trazado intento: mas qué voz sueña, con que los Ángeles puros suaves ecos alternan? Oh qué furor! oh qué rabia? mi pecho es volcán, es etna. Ay, que en hondas de fuego tiende las velas el bajel del Alma, ay que bate la popa del corazón el viento con sus alas. Surque, surque selice, por rumbos, que el amor hoy la señala la Nave que se mueve, logrando en sus incendios la bonanza Ay que en hondas de fuego, Fuego, fuego. Que me abraso; Martina es quien con violencia causa el incendio. Qué escucho! no solo privarme intentan esas voces de las dichas, sino que unidas alternan. Fuego, fuego. Pues me hacen cómplice de esta tragedia, porque están con rumor falso diciendo? . Martina quema el Convento. . No se turbe tu sosiego; nada temas, que quien pretende efuscar con ardid las luces belles del Señor, es aquel monstruo; tú has de vencer su soberbia, haciéndole esclavo tuyo, porque ya el incendio cesa. No podrá, porque en la fugamefío. Dragón espera, que hoy la cerviz a mi yugo has de poner. Suelta, suelta, sino quieres que a mi saña, desquiciadas las esferas con el fuego de mis iras reduzga el Orbe a pavesas, No te valdrá monstruo horrible esa indomita fiereza, porque tu vana arrogancia, que es humo de tu soberbia, en esa bóveda oscura. presa estará entre cadenas; y pues el Divino impulso con tanto fervor me alienta, no has de salir de esa cárcel, hasta que yo te conceda el permiso. . Cómo así quieres ceñir mi nobleza, cuando pretendo ascender sobre las mismas estrellas. Ea ser piente infernal, obediente al punto entra a tu destinado alberje. Cómo cruel me violentas, Cielo tirano, a que así a una mujer obedezca? Si en mi creación obtuve tan noble naturaleza, que pude con fundamento entrefacciones, opuestas, imaginar que bastaba a hacerle a Dios competencia, como a una humilde mujer, mi aliento abatiste? . Cesa, porque el Imperio Divino es quien así te sujeta, que tu altivo pensamiento infelizmente te acuerda tu ruina. . Ya que en ti, mi enojo emplear no pueda, en Don Ramón, y Diolante le lograré, Porque veas, desde esa pequeña estancia, malogiadas tus ideas, atiende, y luego verás, que te engaña tu soberbia, Indomito fiero bruto, si tu alada ligereza quiere, bracán encendido rozarse con las estrellas, teme? Martina me valga, ahora piadosa sea quien tu cólera tefrene. Qué has visto? Que aunque a la rienda, inobediente el caballo de Don Ramón se despeña, con prodigio se detiene; pero otro triunfo me espera. Es inútil ese amago; y porque también lo adviertas. al suceso atiende. Huye presto, señora que llega. Celía, ni el oculto sitio de esta escondida maleza es bastante a defendernos; más por qué mi valor tiembla? Si Martina. . Tente aleve, que de mi honor las ofensas, ha de vengar hoy mi acero: a donde te huyes, espera. Pero aunque el viento te oculte, no has de encontrar la defensa. Sin duda no nos ve, huyamos. Invisible se hizo; penas. qué tormento es este? . Sigue, que mi gratitud intenta, hacer que el Orbe a Martina aclame con voz perpetua, dándole satisfacción de estas repetidas deudas. . Apriesa pues, no me dé a mí por yerro de cuenta. . Nada descubro; sin duda contra mi tengo a la tierra, pues a entrambas en su seno pro digiosamente hospeda. Si será a caso el prodigio de Martina; pero sea, ay que dudar; cuando permanecen mis ofensas? Y qué importa que a Martina, esta infeliz vida deba segunda vez, si mis iras, que noblemente somenta mi venganza, mas se encienden; pues nuevo delito fuera, comprar mi honor con prodigios, cuando es el precio mi afrenta: a temer vuelva Diolante, porque es justo que me tema; y si el Cielo la defiende, lucharé con sus estrellas. . Bestia infernal, no conoces, que son debres tus fuerzas, pues malogras cada instante tan alevosas empresas? Aunque de tantos sucesos este desengaño tenga, aún de otros mayores triunfos; mi rencor gran parte espera. No pienses que Don Ramón su eterna salud arriesga. Cómo no? si tantas culpas ya por pertinaz le niegan los auxilios; ni Dios puede, aunque arrepentido. . Sella el vil labio; porque Dios tiene tan suma clemencia, que como Pasor amante, busca la perdida oveja, y de su Divina Gracia es eficaz la influencia; y aunque el humano albedrío en su livertad le deja, sabe atraerle hacia sí con suave providencia, y porque tu obllinación viva desde hoy más opresa, sin que en ajenos peligros cebes tus iras sangrientas, ese centro te sepulte. Mongíbelo haré su esfera Oh cuanto debo a mi Esposo, pues con repetidas pruebas así mi humildad ensalza, Aún tu favor esperan los Caballeros de Malta, pues fluctuan sus Galeras en el proceloso mar, a inchadas olas expuestas; y publican sus lamentos, diciendo: Amaina las velas, todo se pierde por puntos; piedad Dios, Cielos, Clemencia. Cómo así, Señor piadoso, sus olas el Mareleva, siendo contrati el estrago, pues tan turbados alternan vuestros hijos? Hiza, amaina al Esquife, que tragedia! Pero qué miro! los Turcos con una Armada muy gruessa, intrepidamente osados, rompen de Malta las velas. No permitáis, Dios amante, que en tanto riesgo perezcan a manos de tu enemigo tantas basas de la Iglesia, valgales vuestra Piedad. Ya la tempestan se templa, ya descubrimos el Norte, y ya cesa la tormenta. Viva el gran Soliman Cristo viva, y el gran Turco muera. Victoria por Malta, viva la Santa Romana Iglesia. Mucho te ha debido Malta en borrasca tan deshecha. Pues solo Dios nos da el triunfo por tan repetidas deudas, vamos a rendirle gracias. Y pues Dios así decreta; que eternamente seamos de tu virtud centinelas; de los Ángeles, Martina, tu feliz renombre sea.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya que el resto de mi gente todo este frondoso espacio asegura, por saber de una espía, que tu hermano, y mi enemigo, resuelve de las sombras, amparado de la noche, acometernos; guardad el fuerte, entre tanto que se oye algún movimiento. Prontos a servirte vamos. Y tu Violante, a mi amor, tan infeliz, como hidalgo, permítele que se queje, no de ti, si de sus hados. Don Jayme, aunque ni altivez siempre a tu voz ha negado la atención, desde el suceso de aquel infeliz acaso, por el cual, con Celia (ay triste!) seguren el monte tus pasos, y aunque pareciese esquiva, porque no quise escucharos; pero fue acuerdo prudente, buscando a mi honor resguardo; porque no habrá quien presuma, aunque necio, y temerario, que lo más te concediese, si lo menos te he negado. Hoy, pues, intento salir Palas montarar al campo, para vengar mis ofensas. con las armas en la mano, ya la pistola encendiendo, o ya el acero vibrando, y así, no puede a tus voces inostrarse mi afecto ingrato. Eso me parece bien, vaya la tizona al lado, porque es peligroso andar, si te mato, o no te mato, y podrá ser que algún día Martina no haga milagros: Desde que te vi, no ignoras, que salamandra me abraso en las luces de tus ojos, encendida con sus rayos. Mi amor envuelto en suspiros te dije, no hiciste caso, sufrí tus desprecios fino, y te obligué cortesano. no para tomar venganza en tu honor; como juzgaron unos cobardes traidores, que un Noble, cuando injuriado se siente, para el despique no elige medios villanos: solo intenté, que el amor volviese a estrechar el lazo que desuñió la discordia; y aunque esuve esperanzado, fueron tan breves mis dichas que unos celos. . Calla ingrato que si me acuerdas mi ofensa, cuando procuras halagos, hallarás solo desprecios para nuevos desengaños. Violante, si esto es así, será menos soberano amor cuando hace dichosos, que cuando hace desdichados? Si es conformidad de afectos la influencia de los Astros, hay ley que mande se vuelvan finezas por desagrados? Cesen, pues, ya tus rigores, no proliga el ceno airado, que no es bien que lo divino, pague la pensión de humano. Don Jayme, si salí almonte, fue por destino tirano, que influye en mis desventuras la oposición de los Astros; pero pues en mí se hace precisión lo que es acaso, tuya seré; pero esto, teniendo fin el estrago que somentó la discordia; y pues así me deciaro, es bien Don Jayme que atiendas, que en suceso tan extraño no he de lograr un Esposo a precio de tanto agravio. Lared se para muy bien, y este pez ya va picando en el anzuelo; y a mí, no hay quien me diga otro tanto. En descusa de tu honor, Violante, contra tu hermano, y contra cuantos le manchen, tienes mi aceto, y mi brazo: Pero qué estruendo se oye? Señor, el monte aban zaron Don Ramón, y sus parciales. Queda en el fuerte entre tanto que este suceso examino. Eso no, porque a tu lado he de merir, pues ya es una hoy la fortuna de entrambos. No ves que arriesgo en tu vida lo que en tu hermosuragano; y así, te ruego Violante te quedes. Precepto extraño! mas por tuyo le obedezco, solo que se vaya aguardo, y le seguiré. . Vosotros, en este fuerte quedaos, por resguardo de Diolante. Pero Jayme, en qué quedamos? En lo dicho; pues mi amor, solo por lograr tu mano, apostará duraciones con el bronce, y con el mármol. . Guárdete el Cielo. Nosotros seguidme. . Y a donde vamos por aquí? No me dirás, señor, si estamos borrachos, pues en noche tan oscura, al tiento vamos andando al cuartel de tu enemigo? Sí sabes, como un Soldado de Don Jayme, me avisó que en el fuerte, descuidado le hallaría con Violante para vengar mis gravios: qué preguntas? si este traje con que ahora me disfrazo, es por no ser conocido, y de este tumor me valgo, porque mi valor seguro halle a la venganza paso. ̱. Quién va allá. Pues no le huele. ̱. Qué dice? . Que ya os han dado a buen soplo mis calzones, o estoy de miedo temblando; ni aún el diablo tiene más de lo que yo voy tentando. Quién nos pregunta? Quién pide dejéis las armas hidalgos, o hará que dejéis las vidas. Bien pedís, mas id llegando. Aquí es ella. . Muera, pues, por loco, o por temerario. Dive Dios, que este será el baile de el zampápalo. Cobardes, aunque suis muchos, sabed que yo solo basto a matar, mas tropecé. El defenderte, es en van Aur que me falte el acero, . con los dientes, con las manos, a todos daré la muerte. Tiradie, muera, Soldados, que es Don Jayme. Qué oigo, Cielos! pues este impensado acaso, impide que yo conozca el arrojo tan extraño de este hombre, cubrid sus rostros, y en un árbol bien atados los dejad, mientras yo libro. . vuentro Caudillo. . Matadlos. Pues qué otro mal les queremos? atarles a un tronco es barro. . Ah señor, ya que se han ido, no te parece que estamos para tirarnos saetas hechos lindo pan de blancos? Calla necio; cuando el Cielo, tan rigoroso, y tirano mi altivo furor sujeta, me ellás de nuevo irritando? qué no pueda yo romper cómo Sansón estos lazos! Con poca razón te quejas, porque bien considerado, habiéndonos conocido, por locos nos han atado; pero si vuelven, qué haremos? Morir. . Cecidos, o esado porque tal odio te tiene, que han de hacer de ti más platos que hay en un festín de Italia, No bastaba esquivos hados, haber perdido el honor, si no que con tal quebranto aumentéis más mis desdichas, cuando así, . Ruido he escuchado, Tened de mi piedad, Cielos, o estad de una vez contrarios. Pues perezosa el Aurora, alfombras de grana pisa, disimulando con risa el líquido humor que llora, y a Don Jayme, que ha reñido en el combre no vi, intento acogerme aquí, porque ignore le he seguido. En que lo seda, señora. qué se arriesga. . Celía, nada: mas si piensa que guinda de amor le he seguido ahora, creerá luego que hatenido algún dominio en mi amor, y no es bien que tal error le tenga desvanecido. Pero dime, no es aquí a donde quedaron presos aquellos hombres. . Lanesos se me hacen astillas . S y aquellos son. Es verdad; hombre será de valor, quien se expuso a tal dolor. Pero una dificultad, que me halcausado un desvelo, así la descabriré. Lo mismo con este haré. Qué mire! válgame el Cielo! si, cuando. . Senta Lucia. Qué veo! esto es ilutrón, sombra, o imaginación? no, porque es desdicha mía. Cierto, que con varios modos, entre pasmos, y desvelos un buen retablo de duelos) componemos aquí todos. Qué dúdas? llega atrevida, emplea en mí tu rigor, que pues murió ya mi honor delito es tener yo vida. Con grandes temores lucho; antes rendida a tus pies, te pido hermano, me des atención. . Pues ya te escucho. O si pudiera yo aquí darle muerte! Aa negro honor, como aumentas mi dolor. De temor estoy sin mí. No niego que di a tus iras ocasión con mis descuidos, elegí a Jayme por dueño; pero esto no fue error mío, que bien pudo ser mi Esposo a quien tu llamaste amigo. Supiste mi amor, y viendo que le juzgabas delito, la seguí al monte; y Don Jayme. núsica a mí me ha merecido mas, que por caricias, ceños, y por finezas, desvíos; y si en cuanto te refiero, ciertas verdades no digo, sangriento puñal me mate o me sepulte aquel risco. Bien comprueban mi inocencia, tan repetidos prodigios. que por defender mi honor obra el Cielo compasivo. Qué importa que de la envidia los vapores denegridos me pretendan ofuscar, si qued an de vanecidos. Y qué importa que mi honor cobre su espiendor antiguo, si aunque estemos yo, y Don Jayme con lazo nuncial cenidos, considerando a mi Esposo, que es tu sangriento enemigo, le ha de tributar mi efecto en vez de arrullos, gemidos. Qué triunto puedes lograr siguiendo ciego el destino, que la deja a tu pasión de tu discurso el arbitrio? La acción más noble, no es vencerto el hombre a sí mismo? pues señor, hermano, y dueño, si Don Jayme te ha ofendido, ya son dos noterios daños, y así, que evites te pido el mayor, con que serás compasivo de ti mismo, Cese el odio, y de mi honor luzcan los canbiates finos, siendo mi Esposo Don Jayme, porque celebren los liglos, en ti el valor generoso, en mí el honor terso, y limpio, en Don Jayme las finezas; esto es lo que te suplico, y puesto que si se mira a un espejo cristalino un furioso, la ira templa; mira el humor derretido de mis ojos, porque temples con mi llanto enternecido esa pasión quie te incita. Ahora consulta contigo, y porque más libremente. seas adverso, o propicio. . los lazos que hice ponerte, yo misma ahora te quite. Sin duda que de esta vez nos metemos Capuchinos, Aunque confieso que casi, mi pecho se ha enternecido, y que sin culpa se halla. Viblante; ya el mundo ha visto que está en poder de Don Jayme; y vengarme yo es preciso, porque publicos agravios, piden públicos castigos. Gracias a Dios que salí de el estado de tullido: válgame el Señor San Pedro, que a su Dignidud, y Oficio teca atar, y desatar, que sino, por Jesucristo, que esta vez ya Sor Martina nos dejaba en el peligro: Ya libre estás. . Tú también. Cran cosa es no ser marido, que siéndolo nedie hay libre detaduras. . Ahora limpio ha de quedar ya mi honor. Cielos, qué es esto que miro! Qué haces, señor? Necio aparta. Oye. . Con este bruñido áspid de metal ardiente estorbaré tus designio: Violante voélvete al monte. Yo luego el partido admito Apenas celaurar puedo el aliento que he perdido: quién vio tal rigor? sin duda, parto es de algún basirisco. Pues ya de mi honor el nombre borró la fama en sus libros, y así me hallo indefenso, quiero triunfar de mí mismo. Espera, detente, aguarda: ̱ltem más, otro delito. Óyeme. . En vano lo intentas, Qué es eno! . Pero qué miro! Notable caso! mas este no es Don Fadrique mi amigo? El mismo es, que siempre llega al Postre de los peligros. Voyme, porque tiene sarna según lo que yo percibo, pues huele a azufre tostado, y es un mal apegadizo. . Qué te admira, no respondes; Me admira, el no haber tenido noticia de vos. . Ramón, ya te diré los motivos. mas vamos a lo que importa, porque saber solicito, qué intentáis con este empeño. Don Jayme, que a Ramón miro indefenso; . O lo que mueve un pundonor ofendido! Pues queréis en vuestro duelo asistir como padrino, y no podéis dar espada a Don Ramón, determino bulcarla yo. . Deteneos, que yo a dársela me obligo, Ya para que libreande, . Martina me dio el permiso, verá que aunque los defienda; van tropezando en sí mismos La vida, y honor me dais! Pero tened advertido, que si dais muerte a Don Jayme, reñiréis después conmigo. El que vive con despecho, hace alarde de el peligro. Bien se logran mis intentos . Qué valor! . Notable brío! Que no pueda darle muerte. Que no haya podío herirlo. Así. . Muerto soy. Teneos. Tiradles mueran, amigos, que llevan presa a Violante. Qué escucho, Cielos Divinos! flecha es para mí esta voz; pero supueso he cumplido. con mi fama acudir debo a remediar su peligro. Oye espera. . Qué dolor! El pecho de muerte herido tiene; y porque muera antes. con la herida de sus vicios, pues él ha sido tan malo; combatirle solicito, Pasando a la Fundación de Benabarre; he sabido. por inspiración Divina este infeliz peligro. Señora a donde me llevas, saltando de risco en risco? con tantas vueltas, que somos volantines de camino, Qué horror, es este! qué pasmo? que mi impulso ha detenido; haciéndome, que con ansia intente huir de mí mismo. En donde estas Don Fadrique, escucha mi voz amigo, porque ya rabiando muero, sepúltenme los abismos. Si harán, porque ya tus hierres. lo tiene muy merecido. No harán, háspid engañoso; porque aún puede arrepentido buscar remedio a sus culpas. Cómo, si esta ya precito? Porque es tan piadoso Dios que da la mano al caído. Si ya con tantos pecados ha borrado el candor limpio de la gracia, ya me dio de el alma todo el dominia: luego en Dios falta justicia, si este no es esclavo mío. Si el Munarca humano a un reo por capitales delitos sentenciase a muerte, y este padeciese algún delito, y al vometerlos probase que le había padecido. el Príncipe generoso, no le excusara el suplicio? Pues si el hombre cuando peca padece en su desvarío delirios, que la ignorancia causa con fatal destino? Dios, que rige el corazón, como Príncipe beniguo, no concedera el perdón, buscándole arrepentido? No; porque hará mi furor; que de él desespere impío: No podrás; que tu poder siempre es vano; humbre perdido, despeñado con ceguera estas su mergido en vicios; busca a tu Dios, con dolor, Quién, Cielos, a mis sentidos; los saca con alto impulso de un oscuro laberinto? donde los que empiezan voces, tienen por fin los gemidos. Qué esto miro! qué esto escucho? De hierros tan excesivos, no puedo alcanzar perdón, Con esto mi aliento animo. Mira que en Dios la piedad, es mayor que tus delitos. Cada acento es un arpón, cada voz un para sismo. Qué respondes? Que al suave golpe del Divino auxilo, despierto del sordo sueño, que me causó precipicios, y a Dios busco con el llanto de mi corazón contrito. Ya el humo de mi arrogancia todo se ha desvanecido. No solo el bien de tu alma pedir a Dios solicito, sino la salud del cuerpo . Y porque veas, maldito, en continuas experiencias malogrados tus designios, vuelve a habitar en la cárcel para ser esclavo mío, Pues de una débil mujer no puede triunfar mi brío, en sepulcro de mi rabia, mi furor gima oprimido. . Ya de la herida el dolor, parece menos prolijo. Ah Madre Martina, espere, que he dado en ser un perdido, Este es Golondro, ya llega. Pues que las plantas animo, te doy rendido las gricias de favor tan repetido. Adiós solo, que es la causa, has de estar agradecido, . Bendita sea mi hambre, y maldito este camino, muchas jornadas hacemos en la Comedia. Masio nos viene ahora Golondro? Ah señora, que es preciso, que no solamente un hombre, fero aunque fuera un borrico, niga jornada sin gana, li cebada no ha comido; y yo estoy, que me derriengo. Qué traes. . En el camino esta carta para ti me dieron; y así he verado echando por eses cerros, ya que no por esos trigos, Leerla excuso, que sollo me dice su contenido, como ya murió mi Padre, en vano el llanto reprimo, Acompaña a Don Ramón a aquel al vergue vecino, donde tendrá su dolencia la curación, y el alivio. Don Ramón, camina en paz, pero está siempre advertido, que aún que es cruel, es muy sabia escuela de los peligros. En ella los desengaños tengo ya tan aprendidos, que serán mis escarmientos la emulación de los siglos. Mas miedo llevo, que tienen a la Tarasca los niños. Madre, ya las Fundadoras, como así te han detenido, pensarán que algún ladrón nos ha salido al camino; y si fuera para atarnos, no mejoramos partido, porque vamos a vivir en clausura, o en martirio, que para una mujer joven, ambas cosas son lo mismo. Esas ignorancias deje, que a quien el Autor Divino hace renunciar el mundo; está más libre, y más rico. Vamos, pues, que los Sagrados Celestiales Paraninfos substituyen nuestra ausencia: Qué gozo tan Peregrino tengo, por ser primer Basa de tan Sagrado Edificio! . t El Gran Gustavoviva, y sus hechos en bronce el tiempoescriba. Hoy, Capitanes, cuyo brazo fuerte, al verse en las Campañas sin segundo, es cuchilla sangrienta de la muerte; asombro del valor, Pasmo del mundo, la gran Nurlingsitiada, ya se advierte, en vuestro esfuerzo su socorro fundo; no extraño; que mi furor turbase, ano a Alejandio, si hoy resucitase. Vuestras sienes se misan ten ceñidas de triunfos, y Pureles vitociosos, que del Orbe, y sus Reinos son temidas, pues de Gótico brío recelosos os rinden el aliento de sus vidas, mirando vuestros brios generosos, cuantos descubre el Mar en su corriente, y el dilatado espacio del Oriente. Vuestra duración siempre igual ha sido con el ardiente esfuerzo que os anima pues siempre a vuestro acero le ha remido el más remoto, el más distante cama; y obligó a Julio César atrevido, a que en solo su Imberio se comprima, y Alejandro con Gotia, en lid ninguna aplausos consiguió de la fortuna. Que mucho, si tal vez que el Sol vesía negro capuz de horrores atezados, y el aire, en cada unbe despedía de su seno los tiros abortados, que los Dioses peleaban se craía, pidiéndonos favor: y así irritados los Godos, con heroico ardiente celo, los arcos disparaban contra el Cielo. Acordar estas gloriis, solo ha sido alentar vuestro espírita esferzado; que el valor por hazañas adquirido, de estímulo le si ve el heredado, Yo soy Gustabo Horren, nueca vencido, del Persa al Espeñol, siempre envidian: y para que mi esfuerzo al mundo asombre de azote de la Fe tengo el renombre. No de Norling el sitio acclerado, hacerme dueño del Imperio ha sido, ni por verme de triunfos coronado, hoy de vuestro valor, aliento pido, si solo para ver anquilado a mísera fortuna reducido el numero infeliz de los Cristianos, por sangriento desporo de mis manos. Y pues el Cardenal, hoy tan severo, quiere salir esado a la Campaña, veréis que con su púrpura, mi acero, aunque le pese al Cielo el campo baña asiendo hoy mi furor, en quien espero, y este hará con asombro de mi seña, que quede victorioso, y muy ufano el Apostita Augusto, el gran Juliano. Qué importa que pretendan hoy osados Españoles, si se mira, que entre delicias en la Corte hallados, entorpecido su valor se admira: tencos por triunfantes ya, Soldados, puesto que vuestra hidalga, y noble ira, nunca puede temer desdicha alguna, pues impone precepto a la fortuna. Luchando con esfuerzo soberano, es Leon sangriento cada Luterano, Este sitio eminente, que ocapa el enemigo con su gente, a tomarle mi Campo en orden matci hiriendo el bronce, y animando el parci Si no engaña el oído, el Católico Campo ha respondido. Empiécese la lid, cruja la tierra- arma Soldados mías. Guerra, guerra. Hoy es el día feliz, nobles Capitanes fuertes, en que a todos la fortuna, os prepara los Laureles: porque el heretico orgo lo de Gastabo, ese revelde, que alimentado de insultos. monstruo es de varias especies, no solo a la Fe Divino, sacrílegamente ofende, si no que hasta los Altares los hace imundos pesebres; y el defender nuestra Iglesia, nos toca a todos los Fieles. El Gran Dios de las Betallas, que los Ejércitos murve, es el que da las victorias, y no las armadas huestes, fiad en él; porque yo seré el primero que vengue sus ofensas, pero el ruido de los contrarios se siente, Señor, la Colina abranzan Gustabo, y toda su gente, y ya asercando se van con los Tercios mis valientes de su Campo. . Pues al pur la Infanteria haga frente, que yo con el grueso todo, le iré tacando de suerte, que malogrado su intento, vencido su orgullo quede. La Sacra Romana Iglesia viva, triunfe, venza, y reine: arma, guerra. Nunca Marte miró golfos más peremnes de sangre, pues cada amago es retrato de la muerte; todo es confusión, y horror, y el humo a la luz pretende enlutar. . . A la eminencia, A la colina. . Valintes Godos, a minar la cumbre, que el rayo en lo atvo hirre. Este es Gustabo, al empeño mi valor acudir debe, porque ya nuestras trincheras quiere romper impaciente, y huyendo van mis Soldado,: hijos, como tan vilmente la gloria de tantos siglos en un instante se pierde? Todo es horrores el Caupo: Oh Señor Omnipatente! sea Martina por vos quien el peligro remedie. Invicto heroico Fernando, tu esfuerzo, y valor se aliente. Cielos, qué voces sol estas, con que mi pecho se enciende! Hayamos, pues nuestro brazo no puede ya defenderse. . Ea, baltrosos Godos. El grande Gustabo vence, Caidrual date a prisión. Primero me daré muerte. Martina, a ese tamerario Heresiares, monstruo aleve, mátale con esta lanos. . No me atrevo, porque pierde hoy el alma este infelice, y quizás conocer puede sus errores algún día. Ya ningún remedio tiene, así mátale. . Tirano, mi brazo en ti se ensangriente, y tus arrojos castigue. de esta lanza el duro temple. Si vencer la Fe quisiste, hoy es la Fe quien te vence. Cielos, no es quien surca el viento Martina, notable suerte! Gustabo es muerto, Soldados a ellos, ninguno quede. España triunfante viva, y Filipo Cuarto reide. Habiendo, Señor, seguido el alcance, fue de suerte la derreta, que murieron mas de nueve mil Hareges, y yo goe este Estandarte entre picas y mosquetes. Digno premio le daré Soldado a acción tan valiente; y porque de la victoria el prodigio se celebre en repetidos acentos, cajas, y bronces resuenen. io Fernando, qu sefiende. G E qu por Señores es grandísimo jumento; si es de paso, lleva palos, si es de avensto, masca hierros. pero en dónde está Martina? Perdida dentro el Convento toda hoy. . Pues a fe de Aldonza; yo no extrañara el suceso. si fueses tú la perdida, cuando yo por ti me pierdo, ella se estará rezando S escondida. . Así lo creo. Dámonos pues a buscarla, que quiero decirla luego, que Don Ramón, y Don Jayme son amigos. . Con su celo les compuso. . Qué dolor! qué prolongado tormento! qué así una mujer me venza, siendo tan frágil su sejo! Aldonza que se sanuma? Porque? . Porque un saumerio de Satanas se percibe, que es holor de los Infiernos. . Doy a buscar a Martina. . No basta tiranos Cielos, que Martina, a pesar mío, tenga tantos incimientos, si no que me imponga hoy Dios un estrecho precepto de que elevada la vea, yo huiré. Tente monstruo fiero, que porque padezcas más, ha de publicar tu aliento, que es Martina, con prodigio, y asombro del Universo, Mujer Ángel, y Milagro. Yo lo haré, pero violento; qué a esto se pueda tendir mi ser altivo, y soberbio; Duice Señor, Amante, si en esta Cruz moriste, y tanto padeciste por salvarme constante, y muerto por mi amor, mi fe os venera. Señor, heridme, porque de amor muera. Abierto os veo el pecho, cuya Sagrada puerta con una lanza abierta al padre ha satisfecho; otro dardo, Señor, porque yo muera de amor mi corazón amante hiera. Surcando la Esfera el Divino Amor, el Arco previene de su corazón. Sagradas inteligencias, qué es esto? . Oye, y lo sabrás, Que el Amor Diuno, batiendo sus alas, piadoso te da causa para morir de amor, pues te abrasa su ardiente volcár Vibrando el arpón, cuyos rigores dora la piedad, viene a disponer, que muera de amor, quien supo asíama Surcando la Esfera, Dulcísimo Esposo mío, quién te puso tal disfraz? Mí mismo afecto, y así me he querido transformar; y pues de seas morir de amor, así morirás; porque esta dorada flecha, tu pecho ha de penetrar, y ese corazón herido con ansia le buscará algún tiempo todo el mundo, por remedio singular; y esa herida, que te doy, médicamento será S Gracias os da mi silencio por favor tan Celestial; ay de mí que el corazón ya se empieza a desmayar, y pues la herida es tan duce repítase el golpe más, porque crenciendo mis ansias, mejor podré respirar. Qué esto sufra mi soberbia! Martina, quédate en paz, Porque así, cuando me muero, me queréis, Señor dejar? Jamás, Esposa querida, mi piedad te faltará, vosorros con dulces Himnos su dolor suavizad: Oh qué dulce pena! qué suave mal que hace al sentir, gustoso penar; y muere de amor quien supo así amar, Ya Amante Dios, se me acaba todo el aliento vital. A tú humilde lecho ven, porque tálamo será donde con tu dulce Esposo las bodas celebrarás. Vamos. . Y repite tú de nuestra voz al compás Oh que dulce pena. que suave mál! que hace al sentir, gustoso penar; y muere de amor, quien supo así amar. Tu ejecuta lo que Dios te manda monstruo infernal. Que pueda una violencia mandarme así hablar sin resistencia para que de Martina diga la virtud rara, y peregrina; y pues así me mandan referirlo, con rabia, y furor he de decirlo. Mujer, Ángel, y milagro es este humano Portento de Martina, que a negarlo, o no acierto ya o no puedo. Mujer es y mujer fuerte, con tan conocido exceso, que es la misma que buscaba Salomón en sus Proverbio: Ángel en puesa via sido, porque ni los pensamientos impuros nunca han manchado los candores de su afecto. Milagro fue pues obro tantos por Martina el Cielo; que los numeros no bastan para hacer computo de ellos; y así, mi labio publica, en rabia, y furor ardiendo; que es Martina prodigiosa, asombro, pasmo; y portento Mujer, Ángel, y Milagro, ya de cólera reviento. Adónde estara Martina, para que verla logremos; Señores, se esta acabando, y ha hecho ya el testamento De qué tenstanmento hizo? De lo que se están debiendo pustedes, uno por uno, de los milagros que ha hecho, porque todos en deberle han sido muy Caballeros Ya mi consuelo se acaba. Hoy todo mi alivio pierdo; Qué ansia! qué pena! qué, susto! Ya, señor, os pago el feudo, que vinculado al nacer cobra de todos el tiempo, muera el cuerpo, Esposo mío, y pues ya casi dese O. este débil edificio desquicia su ser terreno; mi Espíritu, y Alma os doy, si es dar, restirvir al dueño. Te Deun laudamus, te Dominum confitemur. Ahora muere mi Martina, ygime todo el Convento, y como hermosa Paloma sube derechita al Cielo. Te Deume. A mí el Abismo entre llamas n me de sepulcro en su seno . Don Jayme, Violante es tuya, Mi amor ha de ser eterno, a, pues en tantos no hay vingún impedimento, muy bien podemos casarnos. Con mucho gusto lo acepto. Serás siempre Mandadero. y yo siempre Mandadera. Mujer, Ángel, y Milagro da fin, Senado discreto, ya todos pide el Autor perdonéis sus de saciertos Hablando su verso en Monjas, tiene presentes los hierros, y hace poco que el Parnaso le ha incorporado en su gremio, y así, en la Musa es novicio, pero en voluntad profeso,
