Texto digital

Texto digital de Muchos aciertos de un yerro

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José Figueroa y Córdova
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Muchos aciertos de un yerro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/muchos-aciertos-de-un-yerro.

Logo BICUVE

MUCHOS ACIERTOS DE UN YERRO

JORNADA PRIMERA

Vuestra Alteza puede entrar, que ya le aguarda Leonor. Mucho te debo. . Señor, solo te deseo agradar. Ay Juana! yo estoy perdido; que esto he llegado a mirar! De nadie te puedes quejar. Toda la culpa he tenido. Mas Leonor te ama de suerte, que no tienes que temer, entra pues. . Ya voya ver Juana mi vida, y mi muerte. Oyes Ricardo. . Señor? Qué es lo que Juana decía? Lo que lloraba, y sentía estas visitas Leonor. Pues qué importa que las sienta? Tiene padre, y tiene honor. Con sus desvíos, Leonor, mi amor cada día aumenta Vino ya el Cónde, y Ricardo? Ya los dos están en casa. De lo que hoy en ella pasa alguna desdicha aguardo. Con razón, porque de suerte ea se aman Ricardo, y Leonor, que aún pienso, que de su amor no podrá triunfar la muerte. El Conde está tan perdido por ella, y tan empeñado, que está más enamorado por verse menos querido. De Ricardo satisfecho el Conde fía su amor, y él temiendo su rigor, no le declara su pecho. Y ya ves, si esta traición la llega el Conde a saber, darle la muerte ha de ser piedad de su indignación. Y no hablas del otro amante? Quién? Marcelo? Hoy ha llegado su amor adichoso estado. . Cómo? Está tan adelante el logro de su deseo, que su casamiento ya deseando mi tío está. Y es igual cierto el empleo? Si es, y aunque de Leonor eres criada, me obliga mi dolor, y el ser mi amiga, a que te fie mi amor, como sabes, con exceso, aunque le veo empeñado, querido, y enamorado, pierdo por Ricardo el seso. Ignorando ellos tu amor fian de ti sus desvelos, Yo Juana pierdo de celos la vida, el alma, el honor. Cómo de esa suerte vienes? Qué es lo que ha sucedido? Todo el color has perdido. No me respondes? qué tienes? Que he de tener sin honor, que me cuesta hartos desvelos, muchas penas, muchos celos, poca dicha, y mucho amor? Ay Diana! estoy mortal, bien sabes que amo a Leonor, y que es prodigio mi amor. Ya yo lo sé, por mi mal . Quiérola. . Pasa adelante. Adorola. . Ya lo entiendo. El Conde la está quitiendo, y aunque no ha de ser bastante (quien lo duda) humano medio a contrastar sulealtad, sin temer la enfermedad estoy buscando el remedio. Mas en quien ama el temor? A un amante es consolarle solamente el escucharle; dime, dime tu dolor. Alma, sentid, y callad, de celos estoy perdida. Dime, dime por tu vida, no es rigor, no es impiedad, que haya yo de estar mirando lo que sé, que ha de matarme? y sin poder deciararme, de morir callando? Que con vivos desconsuelos, ap cuando me estoy abrasando, esté yo misma escuchando mis agravios, y mis celos! Y porque sea mi suerte más terrible, este rigor, este agravio, este dolor, no baste a darme la muerte! Ya causa mi sentimiento descrédito a mi verdad, que, o me falta voluntad, o no tengo entendimiento. Diré al Conde mi cuidado, aunque le escuche celoso, no viva de temeroso, muera de determinado. Remedio pienso buscar, y aunque ahora ignoro el modo, aunque lo aventure todo, no más morir, y callar. Prima? . Ricardo? Oye aparte. Ya no hay paciencia, Ricardo. Prima, ya no hay que esperar. Considera. . Advierte el daño, Más déjame ver si puedo. Mas déjame ver si acaso. Obligarla a que me escuche. A olvidar le persuado. Que nunca he de ver, Leonor, tu pecho menos ingrato! Salamandra, o mariposa; dime, por Dios, dime, cuando he de vivir en tu fuego o he de morir en tus rayos? cuando ha de ser otro día? cuando no he de amarte en vano? cuando? . Cuando V. Alteza, (oh Príncipe soberano) reconociendo imposibles, hay Dios! me hubiera olvidado, no le dudara prudente, le confesara bizarro, o ya porque de Aragón vuestra Alteza está esperando la unión de una Margarita, que goce infinitos años, y siendo yugo el amor, con dulce, y con firme pacto dé a Barcelona herederos, que en uno, y otro contrario Polo, aunque pese a la envidia, dominen propios, y extraños, o porque conoceya, que son sus intentos vanos, de poco fruto sus medios, y sus fines inhumanos, o porque. . Basta, Leonor, hermoso prodigio ingrato, que el estruendo de mis quejas siempre vuelvas a mis labios! Qué ingrata siempre te mire a mi amoroso agasajo! inejorable a mi ruego tantas veces, cuantas hallo de ese animado clavel los dos hilos deshojados! siempre roca a los enbates de tan repetido llanto! Si fuera elección amar, que cierto que loco engaño) fuera no daros mil veces libre el alma, el pecho franco: Pero no ignoráis, señor, que al advitrio se han negado estos ciegos sentimientos, estos afectos humanos. No puedo decir, que os quiero, que no pretendo engañaros; mas contentaos con que diga, que he llegado a desearlo. En efeto te resuelves a despreciar mi cuidado? Amar es inclinación, no está mi estrella en mi mano. que aún no entretengas mis ansias si quiera con un engaño! Mucho más pienso que os sirvo, señor, en desengañaros. Yo te adoro. . Tú me ofendes. Yo porfiare. Será en vano. . Pondré medios. Podrán poco. . Yo te veceré. Qué engaño! Amándote he de morir. Y yo he de morir amando la fama el honor, y el nombre. Ay Leonor! que esto he escuchado dichoso yo; que te adoro. Solo es mi dueño Ricardo. . Que porque me importa a mí que no lo sea, haya dado en ser constante Leonor! Pues esto sufro, mucho amo, ap aunque sea para matarme, guárdete el cielo mil años. Y aunque sea para ofenderme, vivas, señor, otros tantos. Ricardo yo veré presto sus desprecios castigados. O no lo permita el cielo. Ya ningún remedio aguardo, yo he de salir de estos riesgos Diana. . Advierte. Ricardo? Ya te entiendo, luego vuelvo. Diana, pues tanto agasajo te debo, que amiga, y prima en cualquier lance te hallo. Ya sabes, que cada día por tu industria, y tu cuidado, sin que mi padre lo entienda, Ricardo, y yo nos hablamos: advierte, que vuelve luego, y mira bien. . Seré un Argos en serviros, hay tal pena! Mas dime, que te ha obligado a ser tan ingrata al Conde? que auque es perfecto Ricardo, su Alteza en fin (no me escuchas, es el señor más bizarro. Basta, Diana, si me quieres bien, si pretendes acaso darme gusto. . Ya te entiendo Qué primero, que a sus brazos, que digo a sus brazos: si es infamia solo el pensarlo? Antes que escucharte, digo en su abono, y en agravio de Ricardo, a quien adoro, entregara a un fiero rayo el constante pecho, y antes con los dientes, con las manos, (si me faltara instrumento) me hiciera dos mis pedazos. Que esto sufra! que esto espere! y sin poder remediarlo, pues cuando a Leonor adora, decir mi amor a Ricardo, es disponerme a un desprecio, y es negociarme un agravio, querer que por mi respeto, cuando así le está adorando, Leonor le olvide, es locura solamente imaginarlo: precipitarme celosa, y hablar a mi Tioclaro, no es remedio, y es traición, y más habiendo fiado entrambos su amor de mí; pues darle luz de su engaño. al Conde, fuera rigor contra mí misma, que es llano, que peligrara mi vida en el riesgo de Ricardo: pues supuesto, que al remedio. parece que injusto el hado, porque a aliviarme no llegue, le coge todos los pasos; (mos, celos, y amor, callemos, y sufra- que no hay bien sin pensión, ni amor paga. A solas quisiera hablarte. (do Juana? . Señora? Ricardo ha vuelto, cierra la puerta, y tu prima. . Ya he cerrado. Pero escucha quién llamó? n Quién es? . Mira. Advierte, que. . Jamón soy, Juana, abreme. Porque no entró con su amo? Lo he de decir desde aquí? ábreme, cuerpo de Cristo. La prisa que trae ha visto? entre, pues, que ya le abrí- Eres pleito muy pleiteado? eres franca, o pretensión, Juana? Yo, porque, Jamón? Porque a puertas me has dejado? Pense que estabas aca. Jamón, cómo te quedaste? Cómo? como me pagaste. Pues por eso? . Claro está; pagásteme la ración, topé hermita en el camino, y entreme a cocer en vino, que en efeto soy lamón. y sabe ya que me riñes, que soy tan buen bebedor, que me bebiera, señor, un cántaro, como hay viñas. Aunque soy piloto viejo, venciome el licor divino; pero reñí con el vino, hasta dejar el pellejo: supome mucho, y dormido me dejó el puro licor; mas cuando mucho, señor, una corra no ha sabido? Este es mi vicio, no quiero bien, ni nadie me hallará en esquina, si no está con ramo, o con repostero. Mas si a trastornarme empieza el vino, y me hace caer, para mí viene esto a ser quebradero de cabeza. Y aunque del vino me siento hecho un cesto, consuelo es, que habrá hecho a otros, pues quien hace un cesto, hara ciento. Lindamente lo has contado. Mucho mejor lo he bebido. Buena diligencia ha sido. Yo estoy alegre, y pagado. Siempre haces esto, Jamón, que te sufra más no quieres. No te enojes, ni te alteres, que yo he hecho la razón. Prima, pues que te debemos el logro de nuestro amor, haznos a los dos favor de advertir. Hay más extremos! Mientras estamos aquí. Seguros podéis estar. Y en siendo tiempo, avisar. que aún yo he de ser contra mí! Venga, galán. . Ya te sigo. También le tengo que hablar. Si un poco te quieres lardear, a Jamón llevas contigo? Libre estás de ese favor. Qué tampoco te he obligado! Es en mi razón de estado. Cocinera del amor, si acaso tienes antojos, y me quieres goloscar, pues soy Jamón, venme a asa? en la lumbre de tus ojos. Ya solos hemos quedado, acábame de decir tu pena, y podrás oír mejor después mi cuidado. Pues digo, que como sabes con inseparable unión mariposa de tus ojos, salamandra de mi ardor, fénix de mis pensamientos, y Clicie de tanto Sol, dos años habrá, que dicha! que nos queremos los dos: y sabes, que cuando Aurora, y Estela a la sucesión aspiraron de este estado, en bandos se dividió toda Cataluña, toda con sangrienta desunión, siendo nuestras dos familias una en la amistad mayor, que unió el parentesco antiguo, que el trato confederó: desconformes desde entonces esta sola división, tan enconado coraje, tan venenoso rencor infundió en los corazones, en las almas derramo, que uno, y otro enuejecido aún se conserva hasta hoy; con que imposible parece, que se logre nuestro amor. Porque aunque tanto te debo, y aunque tan dichoso soy, que permites que te vea, sin temer la indignación de tu padre, de tus deudos, que a saberlo, es cierto no déjara de ser tu vida estrago de su rigor, y también en los concursos desde lejos te hablo yo, ya razones de mis ojos orejas los tuyos son. Tu padre, ay de mí! tu padre, (que siempre me aborreció) de casarte con Márcelo tiene ya resolución: Mas aunque es tan gran desdicha esta pena, esta aflicción, son tan grandes los demás, que no es esta la mayor. Su Alteza, el Conde te adora, desde que un día te vio en el pensil de Palacio racional, y hermosa flor de otras bellezas, haciendo lo que suele hacer el Sol del vulgo de las estrellas, si bien con más explendor. O lo que de todo el Mayo, que enriquece varia flor, que corriente plata afecta, que desteje aura veloz, que aroma fragante adorna, y ánima la luz mayor. La rosa aldormirse el día; cuando se asoma al balcón de aquella esmeralda breve, que de cárcel le sirvió; en fin allí de tus ojos el veneno que bebió a mí me quitó la vida; allí empezó su afición, allí zozobró mi dicha, y mi edificio tembló; bien lo sabes, no lo ignoras, que desde entonces (ay Dios!) el Conde por tu hermosura de suerte se apasiónó, que viéndole tan perdido, y que no basto razón, advertencias, persuasiones, sino que antes respondió a tus desvíos, y enojos con mayor resolución, habiéndome hecho tercero de mi agravio, y de su amor, aunque era de sus acciones el alma, y el móvil yo, y en efeto su valido, a decirle mi pasión no solo no me atreví, y el alma desconfió; sino que queriendo entrambos evitar daño mayor, recelando a una desdicha determinamos los dos para no desesperarle, temiendo su indignación, que en tu casa (qué locura!) raras veces, (que atención) sin testigos nunca faltan) no a deshora (qué rigor!) su Alteza te visitara, juzgando que este favor divirtiera sus deseos, que siempre en él sucedió, que es de natural bizarro: el imposible mayor, solo por ser imposible intentarlo; pero no el ver menos resistencia templó su resolución: errado salió el advitrio, que porque a mí me importó hubo de faltar entonces a su propia condición. En efeto, cada día ejercitando su ardor el Conde en sus enterezas, acredita su pasión; y aunque eres roca valiente, que tantas veces volvió las olas de sus congojas al mar de su corazón: él te visita tal vez, es ya tema su afición, hay criadas, ya me entiendes, es soberano señor: no es valiente; es ignorante, el que el riesgo no temío; recelar las ocasiones es prudencia, y es valor, el que tiene que arriesgar de espacio se aventuro; el prevenir es prudencia, la dicha no es elección, contra el diamante, hay diamante, buril al bronce labró; y en fin al tiempo, y la industria todo se rindió Leonor, con quetemo, ya lo ves. Basta, no prosigas, no, que ofendes injustamente, con tan necia presunción mis honrados pensamientos, mis finezas, y tu amor: pues cuando mi padre contra mi parecer, y opinión casarme quiera, sabré elegir primero yo el veneno, que la fuerza; el estrago, que la unión; el riesgo, que el casamiento; y en fin claro está) el rigor podrá quitarme la vida, más trocarme el alma no. Tú des confías? qué ingrato! temes al Conde? qué error! presumes? cómo te arrastra esa celosa pasión, el Conde no es poderoso, ni el mundo, ni yo lo soy para hacer contra mi sangre alguna demostración: dejo a parte el adorarte, porque en llegando al honor es lo menos; y es lo más mi crédito, y opinión; y así Ricardo, si entiendes, si presumes, si el menor recelo tienes, de que desdiga yo de quien soy, y que manche, o desvanezca con alguna vil acción de Aragones, y Moncadas tanto heredado explendor; miralo bien, aquí estás, no me engañes, que es traición; no me calles lo que sientes, que juro por mi valor, que aunque la pena me haga pedazos el corazón, he de acabar con mi padre, pues lo desea, que hoy al instante, luego al punto, sin que haya más dilación, que la precisa me saque de Barcelona, pues soy tan infeliz, que te ofendo solo con tenerte amor. Bien sé, que me ha de costar la vida aqueste dolor, más conseguiré con esto cumplir con mi obligación, obedeciendo a mi padre, no darte disgustos yo, que el Conde no te los dé, reparar daño mayor, que conozcas en la ausencia, que mi amor no te ofendió, que me has ofendido a mí, que la pasión te engañó, y que me questas la vida, que es mejor satisfacción. u . No has de entrar, Márcelo espera Tampoco te debo yo? Antes por deberme mucho, que estando tu pretensión en tan buen estado ya; con don Pedro mi señor será perdarte, y perderme. Juana déjame por Dios, que no entraré, solamente veré desde aquí a Leonor. Hay hombre tan porfiado! habla quedo; muerta estoy! Tomí esta sorrija. . Aparta Pues ja el gusto se pasó? ay cielos yaunque lo impidas he de entrar . Que la razón no te obigue. . No hay remedio Pues llega, llega, que yo pienso que te pesara, si acaso tenes amor. Qué es lo que he visto? Ay de mí! Ricardo está con Leonor. Pues anes Leonor, que el Alba, que es embajatriz del Sol en senos de nieve, y nácar preciso intérpole humor. Y las virtudes antorchas por brillir después mejor, solicitadas del soplo de aquelciego oscuro Dios, que es quietud todo, y silencio, que todo es sombras, y horror al comua eclipse rindan el animado explendor. Por el jardín bájaré, y osaré el triunfo mayor Bajarpor las tapias puedes, que estaremos Juana, y yo; vete, que en eso quedamos. Eres mía? . Tuya soy. Que gran ventura! Qué dicha! A Dios, mi Leonor. . A Dios Válgame Dios, que he escuchado! amante fui por razón de estado; mas ya los celos han infundido en mi amor; cuando acabó mi esperanza. Quién tal desengaño vio! Mas ya que en dulce Himeneo no logre dichosa unión con violencias, con engaños he de vencer a Leonor ingrata, y pues esta noche han concertado los dos verse, yo vendré primero, yayudándome el horror, y las sombras, esta noche (oh válgame la ocasión) les he de quitar celoso la vida, el alma; el honor O qué contento que vengo! que en haber efectuado. el casamiento tratado, mil conveniencias prevengo. No tendré dia mejor, que dar a su hija estado, en un padre que es honrado, es el desvelo mayor. Márcelo es noble, y discreto, galán; valiente; y de quien se puede decir muy bien, que es Caballero perfeto: Mas solo tengo un enfado, que me questa harto desvelo, y aún a mí me lo revelo con recelo, y con cuidado, Qué dices? . Lo que pasó. Si los vio Márcelo hablar? No sé, porque al ira entrar, Ricardo luego salió. Si los vio, yo me perdí. No digas nada a Leonor, que ha de ser mío el error, aunque hice lo que debí. Mas aquí viene Diana, de ella me pienso informar; a solas te quiero hablar, hija. . Salte a fuera, Juana. No me fiara de ti, a no ser tanto mi amor, que te amo como a Leonor, y te quiero más que a mí. Sobrina, yo he efectuado el dar estado a mi hija, y gustaré, que ella elija do que yo he determinado, que no porque ella se ajuste a mis leyes, es razón; que quiera sin elección darle esposo, que no guste. De todo me has de informar, pues que me fío de ti, inclínase acaso, di, a alguien, en particular? A que me hable sin temor . bien de esta suerte la obligo. Válgame Dios! si le digo. . que a Ricardo tiene amor, según lo que ha dicho aquí mi Tio, y según su intento se declara el casamiento, que tanto me importa a mí. Pero todo lo aseguro con esto.. . Bien puedes hablar, que yo te ofrezco callar. Servirte señor procuro. Tú no tratas de casar a mi prima con Marcelo? Habla sin miedo. . Recelo no darte, señor, pesar. Antes te escucho gustoso, dime, quiere bien Leonor? que me olgaré. . Si señor, bravo enredo. Soy dichoso, que se quieren bien los dos? Prodigio es su voluntad, no vi tal conformidad. Buenas nuevas te de Dios. Pero no digas, señor, que yo lo he dicho, porque aunque le quiere bien, sé que lo ha de sentir Leonor, y para disimular cuando le digas tu intento, con desear el casamiento lo ha de dificultar; ha de llorar, y sentir, y te querrá hacer que creas, que en quien no gusta la empleas, Qué también sabe fingir? Oh tiénete gran respeto, y es muy modesta también. Por eso la quiero bien, que se quieren en ereto? Tanto se llegan amar los dos, que en igual ardor con el uno el otro amor solo se pueden pagar gustosos, y amantes viven, sin ver la cara al desdén, sino se escriben, se ven, y si no se ven, se escriben: entre gustosos tormentos temen, suspiran, y lloran, y con saber que se adoran, se celan los pensamientos. No son por mal, ni por bien sus desasosiegos pocos, sino le ven, están locos, y están locos si se veen. Desuerte a adorarse atienden, que cuando el cariño unido se gozan con un sentido, los otros cuatro suspenden. Y así en perpetuos desvelos, ya envidiosos, ya ofendidos, unos de otros sus sentidos, se están muriendo de celos. Pero Leonor viene allí, vete, que la quiero hablar. Tan presto? Hoy la he de casar. Quiera el cielo que sea así, . mas mira, que has de callar, señor mío, que yo fui quien este aviso te di. Segura puedes estar, a darte una nueva llena de gustos vengo, Leonor, que hoy Márcelo. Qué, señor? ya, cómo puede ser buena? . alguna desdicha espero; ay dueño mío, Ricardo! Mucho en decírtela tardo, será tu esposo. . Primero verás mi muerte; mas que he dicho, padre, y señor? Ya, ya te entiendo, Leonor. Válgame Dios, qué escuché! Oh cómo oculta su amor! que bien me dijo su prima. Señor, aunque el alma estima esa memoria, y favor tan aprisa, cómo quieres? Luego ha de ser. Mira, advierte, hay tan desdichada suerte! Ha, cuales sois las mujeres! que así oculte sus intentos! hay tal modo de fingir, de llorar, y de sentir! conmigo no hay fingimientos, ya sé, que le quieres bien, y por eso lo he dispuesto con gusto. . Cielos! qué es esto? señor. . Bueno está Por quién pasará pena tan rara! yo a Márcelo? quién pudiera decir. . Si no lo supiera por cierto, que me engañara, vente a recoger, Leonor, que es ya tarde. Ya te sigo: yo a Márcelo mi enemigo! No vienes? Ya voy, señor. Qué hermoso que está el jardín, esta noche ha de ser este el sitio, donde a pesar de no pocos, se celebre de Elena el segundo robo; mas ya parece que viene Leonor. Ay caso tan raro, como el que a mí me sucede! que a casarme con un hombre, a quien el alma aborrece inadvertido, y resuelto, forzarme mi padre intente, y me diga, que le quiero. yo! cuando aunque al mundo pese, a él, a Márcelo, y al Con de, es Ricardo solamente mi dueño, mas esta noche remediarse todo puede. Ya una bujía quedó acá dentro en un bufete, y ya la puerta entorné, porque la luz no saliese acá fuera. . Bien has hecho; mas dime, que te parece? discurramos, por tu vida, (mientras que Ricardo viene) en esto, quiereme mucho? dime, dime lo que sientes? Eso dodas? por tu vida, que te estima, y que te quiere mucho; dirés (mas bien puedo) como tus partes merecen. Pues así, Juana, me das tal pesar tan de repente? como merecen mis partes? luego me engaña, y me ofende? luego no me quiere? . Bueno, eso dices? eso sientes? pues cuando el mundo lo sabe, ignoras tú lo que eres? Si dijeras, que me estima, y me adora, como debe a mi amor, eso si fuera encarecer, que me quiere. Mas dejando esto a una parte, dime, porque te parece, que me tiene amor? . Por qué? porque finezas le debes, porque de tus rayos es. girasol eternamente, porque Águila racional en tus dulces rayos bebe- veneno, que le da vida, triaca, que le da muerte, porque te asiste, y te busca; y cuando no puede verte, da sus ansias a un suspiro, a un recado, o a un villete, porque: . Calla, por tu vida, hay Juana! Luego no adviertes, que no porque un hombre amante a una mujer la festeje, la hable, busque, o escriba, la pida celos, la ruegue, la diga amores, y en fin, aunque por su causa arriesgue el gusto, el honor, la vida, y lo que es más, aunque siempre su correspondencia dure, no por eso bien se puede juzgar, que estima, y adora a un hombre perfectamente. Pues esas demostraciones, no las juzgas fuficientes para acreditar un hombre de amante? No, porque pueden obrarse sin voluntad. Sin amor? . Es evidente, porque aunque un hombre a su dama la pasee, y la festeje, sin quererla bien tal vez le sirve de entretenerse. El tener celos, cualquiera sin tener amor los tiene; que aunque no hay amor sin celos, sin amor, habersos suele. Decir amores, que fácil se dicen, y no se sienten. El que por su dama, un hombre, el gusto, y la vida empeñe, lo hace por su fineza, que así mismo se la debe. Durar en querer, también a una mujer muchas veces es costumbre, y no es amor, no es voluntad; y es deleite, o porque ya que no la ame, no alo menos la aborrece. Según eso, cuando un hombre que ama, podrá conocerse? (tras Cuando un hombre, aunque vemues- de que le estiman, y quieren en medio del bien mayor, desconfía, duda, y teme; cuando los mismos deefectos, (que cualquier mujer los tiene, aunque a divina repita) perfecciones le parecen; y cuando siendo prolijo, con su dama estarse suele venticuatro horas, y aún poco muchas veces le parece. Cuando de no ser querido amante se queja siempre, y en las mismas glorias halla pesares que le atormenten. Cuando de todo se asusta, cuando desdichas previene, cuando en todo halla misterios, cuando de todo se ofende, cuando no se satisface, cuando pena, cuando muere; y en fin, cuando a una mujer sufrir a un hombre no puede, entonces en mi opinión la ama perfectamente; mas escucha, ruido he oído. Si no me engaño, parece que un hombre. . Ricardo es. Ya tardaba. . Pues ea, vete a esa pieza, y advertida está de avisar, si hubiere novedad. . Fiarte, señora, bien de mi cuidado puedes. . Él es sin duda. Valedme, sombras ficciones, engaños, pues me es contraria la suerte; Leonor es, ánimo, amor, yo llego, que me conviene no perder tiempo. Ricardo? Mi Leonor? aunque me queste mil vidas, he de lograr mi intento. Señor, qué tienes? cómo no me hablas? qué dices? pues que novedad? Advierte, que tu padre esta vestido, y si es que oye ruido, puede suceder una desdicha. Ay cielos! qué ruido es este? No sé, si he venido tarde, de aquí veré si parecen. Mas si es mi padre? Ay de mí! Juana? Pues Ricardo se entre a esa pieza. . Dices bien, que aguardas? qué te detienes? O qué presto tanta dicha me ha barajado la suette. Qué es esto? viven los cielos! que la aprensión sombras miente, o un hombre estaba alli ahora, y ya, cielos, no parece. Ay de mí! perdida soy, que un hombre hacia acá. Detente. Quién eres, hombre engañoso, que me sigues? qué me quieres? por dónde has entrado, Juana? Espera, Leonor, advierte. Ya voy, señora, tu aprisa entrate en este retrete. Quién eres, hombre atrevido? quién eres? habla, que aleve estos retiros penetras, a estos sagrados te atreves? aquestos cuartos profanas? y escalas estás paredes? Yo soy. . Pues cómo? Qué miro! Ricardo, qué engaño es este? Pues como, cuando me aguardas, Leonor, te escondes al verme? huyes de mí? a Juana llamas? y en fin, más yo haré. Detente. Tan absorta el alma está, y tan confusa padece, que ni discurre en las causas, ni los efectos previene. Apartad. . Oye primero. Aguarda, señor. . Detente. Buscaré el riesgo bizarro. Hay tan desdichada suerte! Hombre, que en este jardín entraste atrevidamente, él será tu monumento. Digo, que anda dentro gente. Hay más penas! qué he de hacer? muerta estoy. Ya el riesgo crece. Traed una luz aprisa. Este es mi padre, ea, vete, hombre atrevido, engañoso, falso, los cielos me dejen vengarme de ti. Eso dices? Hombre, quien quiera que fueres, hoy probarás mi castigo. Ven conmigo. Trance fuerte! No vienes, di? Tú verás, antes que el Alba tu muerte; y tu engañosa mujer, fingida, fácil, aleve, no me verás en tu vida. El cielo me falte siempre; un rayo me abrase el pecho, nunca el Sol me alumbre alegre, y lo que es más, yo te pierda, mi bien, si sé qué hombre es este. Este es mi padre, ay de mí! Hombre, dónde vas? detente. Aquí me quiero esconder. Este es Márcelo, y aunque entre con la licencia de esposo; ofendido estoy, de suerte, que pienso que he de matarle, mas reportarme conviene, y Leonor me lo negaba. Qué salga ahora a detenerme! voy a seguirle. . Teneos, ya os conozco. Pena fuerte! a Ricardo ha conocido. Tan ofendido me tiene esta acción, Márcelo, que dándoos aquí justa muerte, y deshaciendo el concierto, estoy por hacer, que cese el casamiento tratado. Cómo habla quedo, no puede distinguirse las razones. Que yo soy Márcelo entiende, cuanto escucho es en mi daño. Desde aquí no puede verme, quiero llegar a escucharlos. Pero ya sé lo que os quiere Leonor, y lo que os estima. Hombre, qué dices? ya crecen mis celos, y mis desdichas. Más para que agradecerme tengáis acciones de padre, aún antes de serlo, quiere mi piedad, que yo las haga tan anticipadamente. Que esto a Ricardo le dice! parece ilusión mi suerte. Mañana será tu esposa Leonor, y con esto cesen disensiones, y disgustos. Ay cielos! es sueño este? Sola esta pena faltaba, hay más ansias! hay más muertes! Hay más dichas? hay más glorias? Por dónde has entrado vuelve. Cayó el cielo sobre mí, aguarda, espera. Detente, que pues mi padre te ha dicho. No me mires, que me ofendes, Basilisco. . Esposo mío? Cocodrilo, vete, vete, no me llores. Dueño mío? No cantes, Sirena aleve. Pues cuando yo con finezas. Amor a Márcelo tienes, con él te casas mañana, tu padre es dueño, y lo quiere: en tu jardín le hallo ahora? y aún engañarme pretendes? Eso me dices? escucha, aguarda. . Suelta, o hareme pedazos. . Estás en ti? Mujer, mujer, que me quieres? déjame morir siquiera, pues que me has dado la muerte. O el amor te desengañe, viose más infeliz suerte!

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Qué dices? Lo que pasó, hay Jamón! yo he de perder el juicio. Sin duda que hay algún engaño. . Por qué? Porque de suerte te estima Leonor, que no puede ser, que a otro quiera. Pues si yo mismo en el jardín le hallé. Traición de alguna criada sería. . No, que al querer seguirle, llegó su padre, y hablándome a mi por él me dijo, como su hija le quería, y ha de ser hoy su esposo, pena grave! Mas ya que el hado cruel me estorbó darle la muerte anoche, porque al tropel llegó la justicia, cuando remamos, hoy veré la venganza de mis celos: Mas vete, que ya llegué al cuarto del Conde, adonde hoy nos habemos de ver, para ajustar hora, y sitio, donde reñir otra vez. Pues voyme. Mucho me he olgado de toparos. Yo también: Por el embarazo que hubo anoche (como sabéis) dejar el duelo fue fuerza. Pues volvamos ahora a él. En hora buena. . Seguidme con recato. . Vamos. Bien me ha sucedido, Márcelo, escuchadme. . Aquesto es hablar en el casamiento? Yo anoche! No lo neguéis, ya no estimaros como hijo, antes de llegarlo a ser, la vida, y Leonor perdieráis, mas a mi piedad debéis, y a mi amor esta fineza; hoy esposo habéis de ser de Leonor. Pluguiera a Dios, pero mi suerte cruel no lo permite; ah tirana! Y porque luego logréis tan merecidos favores, para que el Condenos dé licencia, le vengo a hablar. Supuesto que no ha de ser, mejor es desengañarle; escuchad primero, que. Mas el Conde sale. Oh amor! que una mujer pueda ser a tantas razones sorda, a tantas ansias cruel, a tantas deudas ingrata! y que no pueda vencer confinezas sus desprecios, con industrias su desdén, con enojos sus enojos! y que en este caso esté mi grandeza sin valor! tan subeinto mi poder! pues en Palacio don Pedro? que hay de nuevo? qué tenéis, qué pedirme? Ya en mi edad. el dar estado, solo es a mi hija, mi cuidado. O qué tarde de él saldréis! Cielos! qué es esto que escucho? mas ni el Conde ha de querer darle licencia, ni puede tomarla Marcelo; pues. de sus celos, y los míos, anoche testigo fue. HAy lance tan apretado! que diré? qué podré hacer? mas mi honor es lo primero. Y así, señor, que me deis. licencia para casarla, que Márcelo, que es con quien dichosamente la casó, que aguardáis, llegad también. Yo? mirad cielos, qué es esto! Os ló pide por merced. Don Pedro, excusadlo ahora, que por ciertas causas es conveniente el dilatarlo. Señor. No, no repliquéis. Mirad, que hay inconvenientes Aquí no los puede haber, porque para aumento vuestro, que todo ha de ser creed. Cielos! qué misterio es este? . vuestro gusto es en mi ley. Márcelo? Señor. . Y vos, si darme gusto queréis, y si aspiráis a servirme, y en fin, sino queréis ver mi enojo en vuestro castigo, callad, Márcelo, y sabed, que tiene dueño Leonor. Siempre os he de obedecer. Idos todos, y dejadme. Qué tiene el Conde? No sé; la causa será Leonor. Venid conmigo. Si haré Mira, que te he menestes, Ricardo. El Conde me llama; mas yo os buscaré después. Confuso, y turbado estoy v Debe el Cónde de querer . Por mi muerte lo seré. dar de su mano a Leonor esposo, y sin duda, que será Ricardo; pues ya que tan del todo se fue a pique de mi esperanza el naufragante vajel: demos lugar al discurso, mi amor no ha de padecer; Leonor no se ha de mudar, Ricardo elegido es, el Conde muy poderoso; y en fin, todo viene a ser contra mi intento, pues obre la razón alguna vez: mas esto ha de ser, vengando en Ricardo su desdén. Amor, mudemos de asunto, Diana es bella también, quizá premiara mejor modestamente mi fe. Busquemos consuelo, amor, aunque no lo ha menester quien de tan lucientes rayos, desde hoy mariposa es, quien ser abeja pretende de tan purpúreo clavel. Tan mal te va con Leonor? En fin me va, como a quien tiene por dueño un tirano. Qué siempre ingrata ha de ser! Solo vive de matarme. Si de esta fineza es dueño Márcelo? ay de mí! pero como puedo hacer este agravio a sus finezas? a su lealtad, a su fe? y aquel amor sobre todo? pero yo vi, yo escuché lo mismo que estoy dudando. Ricardo, yo te he de hacer instrumento de mi dicha. Escucha lo que he pensado: Diana, bien sabes, que es prima de doña Leonor, que son amigas también, y que en una casa viven, siendo esto así, bien se ve lo que importará a mi amor, que lo procures poner en Diana; pues podrás, obligando la cortés, solicitándola amante, introduciéndote fiel, entablar correspondencia, y dar más fuerzas después a la mía con Leonor. Antes mil muertes me den. . No suele leve pavesa de una bujía caer en materia tan dispuesta, y introducirse también, que causando fuego mucho, baste boraz a encender con efectos prodigiosos la que poca causa fue un edificio constante otro vecino emprender, que exento se presumía de este elemento cruel: y desde el primer cimiento al superior capitel, abrasando, y consumiendo su máquina, y altivez, lo que era asombro del cielo aún pesadumbre no ser de la tierra, que poco antes fue a su peso Atlante fier? Pues no dudes, que tu amor en Diana vendrá a ser no centella, ardiente rayo, que en su pecho ha de poner fuego al alma, y abrasarla: su amiga, y su prima, que es mitad de su corazón, tanta parte ha de tener en este amoroso fuego, que se ha de abrasar en él, por amiga, por cercana, por imitarla, y porque el ejemplo puede mucho, y más en una mujer. Oh porque raros caminos busca el Conde medios, que puedan fabricar mis penas, y mis glorias deshacer: en mi natural, señor, bien ha de ser menester, que me obliguen tus preceptos, mi amor, mi afecto, y mi ley, a decir lo que no siento a una principal mujer. No es ese empeño, Ricardo, que hombre, si se llega a ver a solas con una dama, (aunque de amor libre esté) no la dice, que la adora? sin que ella por esto dé ni crédito a lo que dice, ni quede obligado él a repetir con finezas, si no le parece bien, penas, que galán fingió, razones, que habló cortés? En mí tu ruego es precepto, y tu voluntad es ley; pues que me mata Leonor, . muera de celos también. Pues hoy pongamos, Ricardo, este medio para ver si hay sangre contra el diamante, contra la piedra sincel, que si esto no castare, la fuerza me ha de valer. Primero verás mi muerte. . Qué dices? Que ha de tener mejor lugar la razón. No hai razón, donde se ve en tanto riesgo mi vida. Ah tirano! Y porque sé, que habrá lugar para hablar a Leonor, hoy lo has de hacer. Será menester que vaya a avisar? No es menester, a quien me aguarda. Ay de mí! o permita el cielo, que todo te suceda, como yo te lo deseo. Amén. Entrose el Conde? Ya entró, a acabar de disponer mi muerte. Pues qué hay de nuevo? asientas ya mal los pies? caduca tu valimiento? tenemos algún balben? dí? se te anda la cabeza? estás ya para caer de la esfera del favor? avísame, que también a mí me amenaza el rayo; mas Leonor debe de ser la causa de estos disgustos; o mal haya. El labio ten, que estoy perdido, Jamón. Pues yo la tengo de ver, que me ha enviado a llamar, Mira, que te mataré, si vas allá. Tanto enojo? mas no tienes que temer, que yo dejaré el viaje, y no por ti Pues por quién? Por mí miedo, que es mi amigo y me hace tanta merced, que me escusa muchas veces de tener en que entender. Qué novedad hay ahora? La novedad es tener mucho miedo. Y en ti es nuevo el tener miedo? . No es, que gracias a Dios, le tuve siempre, y le pienso tener, que es extremada defensa; porque no hay peto tal vez, señor, como un espaldar, y un buen retiro de pies, que anda el viejo receloso, y no me espanto, hace bien; que es muy hermosa Leonor, y en la Corte ha menester el que ha de guardar un Ángel, ser diablo, y si acierta a ser el cojuelo, será bueno, porque siempre en casa esté, Si una mujer no se guarda, no hay que guardarla. No ves. que hay mil peligros, señor, porque de experiencia sé, que hay mujer, que con la amiga gana (oh tirano interés!) como si fuera un oficio de vestir, y de comer. La criada más segura es con su señora infiel, y le da muy mal consejo, teniendo buen parecer. Viejas ay de tan buen arte, que a las mocitas sin hiel las sacán de sus casillas, y de sus casas también; y por sus pasos contados, porque los paguen más bien, a compadres en sus casas se las vienen a meter. Mira señor, Dios te libre de aquellas mujeres, que hacen a uno un pesar, por hacer a otro un placer: que la modestia, el recato, el amor, el altivez, por debajo de la pierna los saben estas vencer. Mira, si me has de agradar, maldiciente no has de ser, que es, Jamón, ese un oficio, tal, que aunque cortes con él de vestir a todo el mundo, no ganarás de comer; antes con hartos empeños mucho vendrás a deber, y cuando presumas menos, será muy posible, que lo pagues todo de un golpe. Y será muy mal reves. Pero su Alteza me llama, que ya debe de querer que vamos Ya yo imagino, que voy a Leonor a ver, y que topo con Don Pedro, que me conoce también, y que todo lo echa a doce, porque era muy poco a diez, que se le anubla el semblante; y en fin, que empieza a caer una tempestad de palos sobre tanto hombre de bien. Porque Da Pedro, un demonio, mas no tengo que temer, que si él tiene muchas manos, no tengo yo pocos pies. . Para sentir, y llorar, que tienes causa confieso. Hay prima, que aquel suceso la vida me ha de costar. Cómo has sabido, que fue el que aquella noche entró Marcelo? Le conocíó Juana, y después escuché a mi padre, y yo entendia, cuando con Ricardo estaba, y en casarme luego hablaba, que por él a él le tenía: pero después he entendido, que le hablaba por Márcelo, con que es tal mi desconsuelo, que la esperanza he perdido de hallar en mi mal remedio. Pues así te han de vencer las desdichas? Que he de hacer, no hay en tanto extremo medio; ha Ricardo! ah riguroso hado! y dolor repetido, que sin haberte ofendido estés con razón quejoso. Tengan también que sufrir, . mas nunca me han de igualar, que ellos se pueden quejar; yo solo puedo sentir. El Conde acaba de entrar en casa. Pues yo me voy, di, que con mi padre estoy, excúsame este pesar; hazme, prima, este favor. . Haré lo que has ordenado. Yo voy a estar con cuidado, por si viene mi señor. Digo, que yo gusto de esto; aquí me quiero esconder, llega, llega a hacer lo que tenemos dispuesto. Sola Diana ha salido. otra ocasión. No habrá alguna mejor que está. Ah cruel fortuna! A muy buen tiempo he venido. En viéndole no sosiego, . mucho me huelgo de verte. Dichosa será mi suerte, hay tal tibieza! Hay tal fuego! Quien si tu hermosura mira de amor, y celos no muere? Quién ingrato no me quiere, y por otro amor suspira. qué he de hablarla a mi despecho! Parece que el corazón . para decir su pasión, quiere salirse del pecho. Lisonjas, señor Ricardo? O qué bien va sucediendo! El Conde me está diciendo, . que ya en declararme tardo, y se viene a perder todo, si Diana habla en Leonor, en su fineza, y amor. Con muy diferente modo . Ricardo me ha hablado ahora, con afecto me ha mirado: Pero no, que está empeñado con Leonor a quien adora. Mucho tenía que hablarte, más otra ocasión tendré. Mejor ahora podré, que en otra alguna escucharte. Presto su amor admitió, Ya casi se ha declarado, pero no es posible, no, fortuna tan impensada, porque es Leonor muy dichosa, y debo de ser yo hermosa, según soy de desdichada. Si habla en Leonor, soy perdido; hablarte a parte pretendo. Con toda el alma te atiendo. O qué bien ha sucedido! Aquí me dijo que estaba; mas qué es lo que estoy mirando! que con mí prima está hablado! La verdad es que dudaba. Qué dudaba dijo sí, confieso que algún cuidado esta novedad me ha dado, Siempre en mi pecho has de ha- correspondencia, y amor. Con tan crecido favor feliz me puedo llamar. Mal mis afectos conoces. Qué es lo que escuchando estoy! . Con Dios, señores, quedad. rayo de mi esfera soy, daré como loca voces, que tengo celos, y amor. , , . Yo apuraré la verdad. . Ya no hay más que hacer aquí. Ingrato, vil pero que! el Conde, cielos! no sé lo que ha pasado por mí, señor, tan solo has venido? Conmigo vino Ricardo. Que esto sufro, que esto aguardo! solo te he de obedecer: ha villano! hah fementido. Con enojo y con rigor . . A dónde Ricardo está? parece que me ha mirado, Leonor, si nos ha escuchado? En el semblante, Leonor, que saca tan descompuesto toda el alma le he leido; sin duda que nos ha oído. Diana turbada, qué es esto! . Leonor que no acierta a hablar! Ricardo el color mudado! en grande sospecha he entrado; mucho tengo que pensar; parece que estáis sin gusto. Cómo, si con vos estoy? Un Etlina de incendios soy, mas disimular es justo. Todo el Conde lo ha encendido, o me ha engañado el temor. Queréis sentaros, señor? Parece que está ofendido. Ya Leonor pienso que es tarde, y yo más de espacio os quiero. no sé qué temo, ay de mí! (llar Siempre que me honres espero, el cielo, señor, os guarde. Parece que se reporta, y que el suceso ha entendido; pero si yo me he perdido, piérdase todo, que importa. El cielo os guarde, señor. Quedad con Dios. Ah traidor! Ya ves, si estaré ofendida, cuando he llegado a escucharte, mas porque importa el hablarte, para no verte en mi vida, venme aquesta noche a ver. Pues mis agravios confieso, porque importa para eso, En Palacio le dejé, si gustas le llamaré. Yo sé, que no tardara, no te vayas, que he venido a un negocio, y le he de hablar, y ya que se he de aguardar, quiero aguardar divertido, que estoy muy bien informado, Jamón, de tu buen humor. Señor, si fueras Dotor, juzgara me habías curado, y que ese informe había hecho la orina, y el pulso, mas soy un hombre, que jamás de esta ciencia satisfecho me quiero curar; y en fin, con esto sano he vivido, pero yo médico he sido también. . De quién? De un rocín, que allá en Castilla curaba de tan mal paso, y mal talle, que en pasando por la calle cualquiera en el reparaba. Porque allá se vitupera lo malo, más que se alaba lo bueno, i tras él me andaba, como si bien le quisiera. Andaba tan despeado, que jamás era gracioso, sino antes tan entadoso, que siempre estaba cansado. El era bueno para otro cualquiera que en el subia, aunque era viejo sabia, que era ponerse en un potro. Era el pobre rocín tuerto, muy vuido, mal formado, y sobre que era cerrado, estaba también abierto. Y yo por mi cuenta hallo, que el pobre que en el andaba iba más, según paseaba, a acabarse, que a caballo. Porque en Castilla estuviste? Por una muerte que hice, con que mi honor satisfice. Y fue esa muerte que hiciste bien hecha, y de hombre de bien? En muertes, no ay galas, mas fue bien hecha por detrás, por delante no también: Mas si fue bien hecha, o no, lo que te podré decir, que no volverá a reñir. Y aunque entonces no riñó, juzgo yo. Y es de juzgar, que aunque esta ciencia hoy a reñir nunca aprendí, que solo aprendí a matar. Pues puede haber quien intente enseñar la valentía? Yo me atrevo en solo un día a hacer a un hombre valiente: Mas ya he dado en olvidar, seré en esta arte agudo, porque quien a un Jamón crudo ha de poderle tragar? Ya en vino no he de cocerme; que todos querrán mostrarme dientes, querrán ultrajarme, y todos querrán comerme. Ya propiedades no gasto de valiente, ya no estoy amancebado, ni soy yo el del gusto, otro del gasto. Ya mi espada es más humana, y ya de mi bola como, no bebo vino, ni tomo tabaco sin tener gana. Ya no estoy por las mañanas, ni las noches en esquinas, ya olvido las carabinas, y dejo estás carabañas. Ricardo? Aquí estáis? pues yo suya vuestra casa a buscaros. Aquí he querido aguardaros Salte a fuera lamón. . No es, por Dios, muy de codicia ver dos Cristianos reñir, mas por un poco quiero ir de piedad a la justicia. Quiero cerrar esta puerta, para que sin embarazos aquí volvamos al duelo los dos, y le fenezcamos. Oíd primero. . Decid. Por conveviencias de estado mas que intereses del gusto, desce darle la mano de esposo a doña Leonor: su padre considerando, que junto con nuestras casas. habíamos heredado. en antiguas alianzas recíprocos agasajos, quiso hacerme este favor, y estando ya esectuado el casamiento una noche, (mejor es decir que acaso) . entre en el jardín, que no confesar fue ocasionado de escuchar aquella noche lo que los dos concertaron, que con algunos recelos. andaba yo examinando ya como dueño la puerta del jardín, que cae al cuarto de Leonor hallela abierta, embóceme, y con recato entraba (oh como en dichas. siempre se han acreditado los indicios, las sospechas,) No pisé el jardín, aún cuando pregunta muerta, y turbada. Leonor, que estaba esperandoos, si soy Ricardo? yo siempre mi voz, y rostro ocultando entre más adentro: en esto llegasteis, Juana, pensando que eráis don Pedro, escondiome: mas luego que os vi indignado al entrar vos, donde estaba, salí también a buscaros: ofendidos, y celosos felizmente concertamos. apelar a los aceros. de las ofensas del hado: sucedió lo que sabéis. Qué más desengaño aguardo? volved a vivir, amor. Y como el Conde ha negado. la licencia, que pedia don Pedro para casarnos, me ha sacado del empeño con don Pedro, que ignorando nuestro amor, era preciso, y estando ya concertado el casarme, le tuviera. De esto he querido informaros, porque ya que a Leonor pierdo, me precio de tan hidalgo, que por mi causa no quiero, que padezca amancillado el honor de quien le goza. tan limpio, tan puro, y casto, ni que padezcáis celoso, rendido, y enamorado, pesares, dudas, recelos, que ocasionen mis engaños, ni tantas glorias con ellos cauteloso he de quitaros; que era valerme de medios muy cobardes, y villanos: y aunque ya es otro mi intento; aunque ya soy de otros rayos Salamandra, y girasol, basta el haber intentado lo que habéis vos conseguido, para castigar bizarro agravios, que aún no son vuestros, y son del destino agravios. Aunque quedo satisfecho con haberos escuchado, y la virtud de Leonor, las finezas que en dos años tan constante la he debido es el apoyo más claro. Aunque a mi honor, no a mi gusto, la vida importa quitaros. Ese es mi intento. No es sino vuestro fin, . bizarro es Marcelo. Qué animoso, que valiente es Ricardo, válgame Dios! deteneos. Si haré, volvé a levántaros. La vida os debo. Volved a reñir. No soy ingrato, que no he de intentar matar a quien la vida me ha dado. Desde hoy vuestro amigo soy. Yo lo soy vuestro. Y oy gano, a pesar de mi fortuna la vida en un desengaño. Pues supuesto, que este empeño de los dos, ha redundado en amistad, un intento pretendo comunicaros. Siempre he de ser vuestro amigo, y me confieso obligado, pues con verdad, y llaneza de bien nacido, y hidalgo, hoy me habéis vuelto la vida, que me usurpaba un engaño. En efeto, como os dije, atento, no enamorado, me casaba con Leonor. No ignoro yo, que fue trato con don Pedro. Pues desde hoy sabed, que humilde idolatro a Diana, y hoy pretendo informar de mi cuidado a don Pedro, pues con él, en cuanto a Leonor es llano, que he sálido del empeño, pues el Conde no ha gustado de que se haga el casamiento, y antes hoy llego a obligarlo; pues ya que no con su hija, con su sobrina me caso, y quiero por vuestro medio, que tendréis en esto mato, entienda mi amor Diana, y se disponga a pagarlo. Desde hoy he de serviros (así pueda yo ajustarlo, que la vida me va en ello.) En mi tendréis un esclavo. Hoy haré lo que mandáis. Luego? . Luego. A Dios, Ricardo. A muy buen tiempo he venido, pues, señor, que hay? qué ha pasado? aunque entendiendo el empeño fui a dar cuenta del caso a la justicia, y habiendo siempre de esto tan sobrado, no he hallado solo un ministro, como un muerto escucho, y callo Mucho ha abido; en fin Leonor, que la que fue siempre es llano. Eso se puede dudar? Mas como has averiguado la causa de aquel suceso? Porque ahora me ha contado toda la verdad Márcelo: Cuando me estaba aguardando aquella noche Leonor, entró Márcelo embozado, como dueño que esperaba ser de Leonor, y juzgando, que era yo sin resistirlo, preguntó fi era Ricardo: Leonor, después sucedió lo que sabes, con que es claro este desengaño, pues él mismo lo ha confesado. Pero decirme su padre, estando conmigo hablando. por Márcelo, que su hija le quería, es un engaño, que no le puedo apear. Pues yo, señor, le he apeado, que soy la cayo en efeto, y me precio de lacayo. Cómo? Como Juana, que lo canta todo de plano hoy me contó, que Diana a don Pedro había engañado, diciéndole, que Leonor quiere a Márcelo, ayudando el casamiento con esto, que ella siempre ha deseado. Qué dices? loco te escucho! de esa manera ya es claro de aquel engaño la causa: los lances que me han pasado con Márcelo, no te digo, solo que ha andado bizarro, que habemos quedado amigos, y que de intento ha mudado. No me dices cómo ha sido? No, porque no es justo, cuando aliñado camarin se aventura tanto en eso, que no es bien en ningún caso. contar sus pendencias uno, pues si es que valiente ha andado, estraga la bizarría, desluciendo su contrario: Si ha andado mal, ya se ve que no ha de decir su agravio; si miente, después se sabe, con que queda acreditado de gallina, y mentiroso: mira si es bien no contarlo. Digo, que tienes razón, vamos, que ya ha anochecido. Y Leonor me aguarda. Bien, y te he de ir acompañando? Claro está; que eres en fin. Que soy en fin? Buen criado. Pues yo estuve con Leonor, y si la vieras, o cuanto te lastimara! . Qué dices? pero dime, dime, cuando la viste, y que dijo? Escucha, mientras a casa llegamos de Leonor, si gustas. Qué? Un romance no muy largo Pasando ayer por la casa. de Leonor, sin prevenir el suceso, que las dichas se vienen ellas por sí, de Juanilla mi consorte mi nombre oí repetir, cuando al curso hurte en pecado lo que a la atención le di: Dijome, como su ama me quería hablar, subí, y hasta un retirado entré de aquella deidad esfera, cielo de aquel Sera fin: fiaba el brazo Leonor ai un bufete, y desde allí a la mano la mejilla, que estampaba en el carmín, sin fiarse de colores, ni valerse de buril una flor de Lis de nieve, con cinco hojas de jazmín; todo junto su cabello una cinta prende en sí, que aunque es mata, vida da a quien la mira feliz. Aunque se sigue la frente después, de ella he de decir, que no mira en ceremonias quién es tan llana; y así, pues que sin pensar, señor, en dibujos me metí, a sus ojos paso, que eran con una lluvia subril soles de aquel cielo, no, fuentes si de aquel pensil: que podré decir sobre ellos? pero paréceme a mí, que sobre ellos sus cejas se lo dicen bien en fin puertas eran tan dichosas, que por hacerte feliz, para desmandarse el alma se mandaba por allí. Conducto era de su olfato proporcionada nariz, dividiendo aquestos soles, porque el uno al otro así no se abrasasen, o no se estorbasen el lucir. Ya en las mejillas estoy, que son brasas de carmín, y estando en brasas, no puedo parar un instante aquí. Por su boca, que tan breve era un rasgo carmesí el aire oprimido entraba, y en voz dudaba salir. Todo el cuello en par en par se dejaba ver, y oír, pero como en otras fuera desahogo, en ella allí fue ahogo, pues no pudiendo su sentimiento decir por el pecho toda el alma me quiso enseñar así. Atento por las enaguas no dejaba de inquirir de un cordoban defendido entre nácar un jazmín, que entonces aún más que bello me pudo el verlo impedir ser tan breve, y recogido tan pequeño, y tan subril, que se me escondio en si propio, y al irle a ver, no le vi. Ella estaba tan hermosa, mas que porfío? que en fin aquello se acierta a ver, mas no se acierta a decir. Hermosa estaba al deseuido, que es de la hermosura ardid, estaba a entero matar, y estaba a medio vestir. Antes de hablar dio un suspiro, (no debió de ser por mí) que por pasar por aliento procuraba resistir, y del clavel elocuente, haciendo dos, dijo así: Dile a mi dueño Jamón, que le amo, aunque aborrecida, porque quererle querida era solo obligación. Goce en horabuena pues el bien, que idolatra injusto, porque primero es su gusto, y luego mi vida es, y la que supo lograr sus intentos engañosa, enténeme a ser dichosa, pero aprenda de mi amar. Goce en fin dichoso amante sus glorias con libertad, que solo en la variedad un hombre ha de ser constante. Y es bien, que mi amor arguya ser suya hoy con empeño, que antes por ser yo su dueño, era mía, siendo suya; que yo atenta, aunque ofendida, y fina, aunque mal pagada, le estimaré despreciada, y le amare aborrecida. Dijo, y un rato suspensa, aunque no me quiso oír, suspiró como hacia dentro, y lloro como entre sí. Después al irleyo adar satisfacciones por ti, a un parasismo rendida de dulce hielo un viril, de helado humor una sombra, desmayando el carmesí con accidentes de Enero dejó estragado el Abril. A este tiempo llegó Juana asustada, por venir su amo, y a una despensa, como lamón, o pernil me subió de allí pensé me sacaran a freir. Dos horas recluso estuvo en él tal zaquizamí el modo solo dudando, no dudando de morir: y por una chimenea conducto de humo, y ollín me hizo bájar apriesa, haber querido subir. De hambre enemiga mil veces, de tirana sed dos mil me juzgue alimento corto, charco sorbo me temí: imaginaba a Juanilla ya por mi muerte infeliz con llanto, sin sentimiento, sin dolor, y con móngil. Anocheció, y ni por lumbre vi luz en gran rato, en fin no anduve desalumbrado, aunque anduve a escuras, y en esto llegó Juanilla, sirviendo en mucho cándil poca luz, la que bastó para poder dirigir a la libertad mis pasos, con que en efeto salí de aquel riesgo, y ahora salgo del romance, o del latín. Con que gusto, con que pena, con que atención te he escuchado! Todo cabe en tu pasión, pero ya en su casa estamos. Entra, Jamón. Ya te sigo, yo me escurrité en entrando. , , s Venga, señor, Vuestra Alteza, todo soy miedos, y asombros, . ni acierto a mover las plantas, ni miro donde las pongo. Los desprecios de Leonor, y los tratos engañosos de Ricardo, de esta suerte ha de castigar mi enojo, y no solo he de quitarle a Leonor, mas riguroso he de hacer sea su dueño Diana. . Señor, es forzoso que Vuestra Alteza (su gusto n mí misma vida compro) se retire a este aposento, que está en este lado solo, sin tener correspondencia. (Quiero ayudarme, y me estorbo no acierto a mover los pies) mientras que yo le dispongo otro albergue más gustoso, que Leonor no esta acostada, si se aventurara todo, si os viera ahora. . Es verdad; si de mi intención el logro veo, tú serás dichosa. Entre vuestra Alteza. . Loco. voy de amor; y de deseos. Quién saliera de este ahogó! Ya entró allá dentro mi amo, y yo no entré, que no es poco, que pues hace un loco ciento, un tonto no haga otro tonto Quién me mete con don Pedro? ya que no duermo, reposo, y no me quitan las ganas de comer, ya que no como, mejor estoy acá fuera, lo, que va de cuerdo a loco, que me está dando la vida. este sereno, que tomo: Yo valiente? ni por pienso, ni la tiendo, ni la cojo. Quién son valientes? las bestias, un León, un tigre, un toro: Pregunto, cual es mejor, porque estoy algo dudoso, estar ronco del catarro? o estar de las roncas ronco? voyme hablando muy quédito, y tanto, que a mí no me oigó, porque tengo por mejor punto en boca, que no en rostro. Pon esa bujía allí, y ten cuenta con la puerta. Hablar la lengua no acierta, mortal estoy, ay de mí! Quien amando no sosiega, quien idolatra con celos, cómo no tiene desvelos? como al descanso se niega? mortal, celosa yamante los dos siguiendo he venido. Luz a esta sala han traído, mas que miro! Tú un instante me escucha Ricardo atento, si mi afecto este favor te ha merecido. Ah traidor! Pendiente está de tu acento, aunque con mil ansias lucha, aunque tu pena le ofende todo el gusto que te atiende, toda el alma que te escucha. Ya del todo me perdí, también yo, Leonor, te atiendo, Si el desengaño pretendo, mejor es que estés aquí. Hay mujer más desdichada! Por oírla me resisto. El Conde ya los ha visto, la color tiene turbada, que desdicha que he tenido! que cuando al Conde escondí por la otra puerta ay de mí! Ricardo hubiese venido! Referir mis finezas, (zas, es aumentarlas más con mis terne- decir que te he querido, aunque lo has olvidado lo has sabido. Encarecer tu culpa repentirla mi labio, es pasar otra vez por el agravio, . Vive el cielo, y fiarla a mis ojos (jos, y así escucha atento. (to. A la puerta está llamando, todo me sucede así. Abre esta puerta. Ay de mí! Mucho me voy empeñando. . Habla? . Qué buscas? Es mi tío? . Si señora. Retírate a ese aposento. Solo tus pesares siento. Nunca ha venido a esta hora. Lince fui de mi temor, dos hombres he visto entrar, que no sabe sosegar quien tiene celos, y honor, que hacéis las dos? Pues qué culpa, señor? Señor? . He tenido? Siempre sospechosa ha sido la anticipada disculpa. Tú esta bela has de tomar, y tú a esa pieza, Leonor, ven. . Yo? . Acaba. Qué temor! Si a Leonor quiere ofender. Si es que la ofende, saldré a defenderla, que aguardo? A un tiempo el Conde, y Ricardo salir cada cual pretende. cualquiera demostración, Pero la puerta ha cerrado. Así mi venganza intento. Abre, que en este aposento. es hacer más dudosa la disculpa: . Ay Dios! la luz se ha apagado. Trae una luz. que mé mate, abreme presto. es hurtar mucho tiempo a mis eno . Qué es lo que escucho! qué es esto? la puerta echaré en el suelo. Lo que he determinado, y lo que sien . Ay más agravios, y afrentas! Quién eres, hombre atrevido? Quién eres, di, que escondido? Qué intentas? Yo soy. Pues cómo, señor? Hombre, tú, quién eres, di? Yo soy, señor. . Ay de mí! Viose desdicha mayor! Qué traición es esta, cielos! Ay Dios! como el Cónde entró? mas pues Leonor me llamó, injustos son mis recelos. Segura está vuestra casa, don Pedro, donde estoy yo. Si vuestra Alteza, si no. Basta. . El pecho se me abrasa Y tu ingrato, pues que así mi piedad has apurado, ven conmigo. Qué indignado! Si hay quien os ofenda aquí, fiad de mí, Pedro, pues que os sabré desempeñar, y aún. . Quie, señor. . Arrojar su cabeza a vuestros pies; y así advertido excusad pues vuestra satisfación corre por mi cuenta ya. Ya que tengo que aguardar! todo a un tiempo lo perdí. Cielos, o vengaos de mí, o dejadme a mi vengar. Ay suerte más importuna! Hay más tormentos, amor! Hay más ofensas, honor! Hay más desdichas, fortuna!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Mira, que me has de informar de todo, o has de morir. No pienso sino vivir, todo se lo he de contar (trada Dime, quien dio anoche en- en casa al Conde? . No sé, pero yo presumo, que. Qué dices? estas turbada? Yo, señor? si acaso entiendes, enojado, y ofendido, que alguna culpa he tenido, mucho mi lealtad ofendes. Basta, Juana, yo soy quien la tengo de castigar, y lo sabré averiguar. Eso me estará a mi bien, inquiere, busca, que ño tengo de que recelar: bueno es elto, para estar en todo culpada yo. Dime, y a quien tiene amor el Cónde en casas a Diana? Señor, yo? Responde, Juana. El Conde quiere a Leonor. Que más desengaño aguardo en mi ofensa? de ese modo, para que se pierda todo, quiere a Diana Ricardo? No señor, a Leonor quiere, y recelando el rigor del Conde, oculta su amor; Y a cual de los dos prefiere Leonor? . Yo siempre he juzgado, que firme aborrece al Conde, y a Ricardo corresponde. Juana, tú me has engañado. la vida te ha de costar tu cautela, vive el cielo, yo sé que quiere a Márcelo, y aunque le solía hablar de hoche por el jardín algunas veces Leonor. Oye, escúchame, señor, mi vida es primero, en fin . ya sabes, que siempre he sido fiel, y no te he de engañar, de todo te he de informar; nunca a Márcelo ha querido mi señora, a quien topaste una noche fue a Ricardo. Mucho en castigarte tardo. Oye, que tú te engañaste, teniéndole por Márcelo Pues a mí me ha dicho quien lo puede saber también, lo contrario. . Ya recelo la causa, quien te informó, quizá con algún intento, por desear el casamiento de Márcelo, te engañó. Hay más engaños, honor? mas yo obraré como sabio, yo sabré vengar mi agravio con prudencia y con valor. qué bien mi engaño he entablado, mi traición dichosa ha sido, pues Don Pedro me ha creído, y Leonor no me ha culpado. Vete de aquí. Ya me voy . Esperate. Ya me espero. De rabia, y de enojo muero. libre vas. . Dichosa soy. D . Más que no digas advierte, que te he hablado. Ya te entiendo. O.̱ . Que no lo sepan pretendo. Si haré. Oh buscarás tu muerte: De suerte el dolor me tiene en mudecido, y absorto, que el martirio de la pena casi divierte el enojo: el Conde faltando injusto a lo que debe así propio disimulado en mi casa! Con engañosos sobornos, amante sigue a Leonor, y aún tiempo ofende engañoso mi honor, mi gusto, mi sangre, y ofreciéndose en mi abono toma a su cuenta mi agravio, y me deja en el oprobio! Ricardo también me ofende atrevido, y cauteloso! y mi hija, que bajeza! en su agravio, y en mi enojo rompe la razón de estado, y olvidando antiguos odios, y heredadas disensiones, también pone en él los ojos! Mas en esta ofensa, si mas me advierto, y me reporto, mas me permito al discurso, y más el furor depongo, pues cuando agravio le miro vengado le advierto, y todo, y enmienda fácil le hallara cualquiera advitrio piadoso, a no heredar nuestras casas como mayorazgo el odio: Mas ver a Leonor (ay Dios) sujeta a un injusto antojo, a un precipitado afecto, a un desacierto amoroso, y en olas que mal resiste poco advertida en los golfos en un mar de engaños ver fluctuar mi honor herosco! eso no, nobles alientos, que no han de bastar estorbos, que he de vencer imposibles, que he de atropellar escollos. Pero de que sirven estos desalumbrados abortos, que en ciega imaginación ha concibido el enojo. Si cuando intento castigos, reservar debo en mi propio el que al cetro superior presto obediente decoro, y mis venganzas se apartan, que como rayos supongo del laurel, que sacras sienes abraza en augusto solio; pues si me vengo me injurio, y me pierdo si me cobro, y aprecio de una traición mal un desagravio compro: Pero ya que mi fortuna me pone por tantos modos a cada medio un extremo, a cada intento un estorbo, y aún en el riesgo no puede hallar alivio el ahogo, con Ricardo, y con Leonor he de desahogar mi enojo, he de vengar este agravio, y despicarme del otro, aunque para resistirlo el Conde, y el mundo todo se interpongan en su ayuda, y se empeñen en su abono. Pues ánimo, intentos míos, porque en un pecho famoso no hacen ruido las desdichas, y no han de bastar ahogos, para que resuelto deje de solicitar brioso la lisonja en el peligro mas evidente, mas pronto el alivio en el remedio, más terrible, mas costoso el desempeño en el riesgo más eficaz, más notorio en el medio la venganza, mas desesperado, y loco, y en el morir con valor, el vivir más generoso, más bizarro, mas altivo, mas eterno, y más heroico. Señor Don Pedro? Seáis bien venido. Estamos solos? Hablar podéis sin recelo: Escuchad lo que os propongo. Digo, que como sabéis, rendido, humilde, y gustoso os pedí a Leonor por dueño. Bien sabéis también, cuan loco me tuvo el gusto de ver me la dabáis generoso: el otro día su Alteza en mi presencia a vos propio no os quiso dar la licencia, que pediáis deseoso. No he de dar otro descargo, pues con eso te respondo, que no está la culpa en mí; hay honor! yo veré el logro de mi venganza bien presto. No os culpo, que antes conozco la razón. Pues qué queréis? Que me hagáis dueño dichoso de Diana, que por ser prenda vuestra, pues no gozo mayor dicha, a pretenderla si vos gustáis) me dispongo. Qué dudo? según mi intento, con esto se ajusta todo, para la facción que emprendo, hoy un pariente más logro; y si puedo conseguir el resucitar los odios antiguos, no he de vengar mi agravio en Ricardo solo; ni un pariente, ni un amigo. ha de perdonar mi enojo, que en venganza de mi honor un linaje entero es poco. No me respondéis, señor? ya os escucho temeroso. Siempre os quise como a hijo, con los brazos os respondo, hoy hablaré a mi sobrina, responda por mí mi gozo. Dadme esos pies. No hagáis eso, y pues no ignoráis, que somos los Cardonas, y Aragones, tantos siglos ha unos propios alianzas, y respetos, heredando unos de otros con vuestros deudos, y amigos, para cierto efecto honroso me aguardad aquesta noche. Siempre me habéis de hallar pronto con el alma, y con la vida a vuestro orden, ya supongo algún suceso infeliz; y si el empeño quenoto es con Ricardo, es mayor mi cuidado ello es forzoso. A Dios, y lo dicho dicho. Medios habrá para todo. No juzgues que ha de faltar, pues tal ofensa me has hecho, como desahogar mi pecho, y tu traición castigar Cuando han sido (ay Dios) testigos mis oídos de tus labios, y de los mismos agravios suelen labrarse castigos. Presumes, que a mi despecho de aquel ingrato tirano has de merecer la mano, y has de durar en su pecho? Que ha de haber, no adviertes, di, pues te has burlado conmigo, para ti justo castigo, y venganza para mí? Y si no hay medio mejor, no reparas, que ofendida te quitaré yo la vida, para quitarte el amor. El darte satisfacción es diligencia excusada, que quien está apasionada, no conoce la razón. Y así solamente digo, que es desbarlo entender, Leonor, que tú has de poder mas que yo propia conmigo. Yo le amaba, y es verdad, que por ser tu amiga fiel, no me declaré con él, voprimí mi voluntad, hasta que llegó a decirme mi fortuna, y su cuidado, y viendo mi amor pagado, no pude más resistirme; y así salió con ardor de mi pecho el sentimiento, que en mí el agradecimiento pudo más, que no el amor. Acabé apenas de oírle, cuando de amor, ciega, y loca por los ojos, y la boca, salió el alma a recibirle: ya no haber después templado mi gusto tu sentimiento tan impensado contento, conmigo hubiera acabado. Mira, si con causa, o no de tus razones me espanto, y aunque a ti te deba tanto, si seré primero yo? Pensaste satisfacerme, y quedo más agraviada, tan ciega, y tan provocada, que he de perderte, o perderme. Hombre soy en el valor, en resolución mujer, fiera soy en ofender, y más que monstruo en amor; mi rigor, y enojo eterno, mi razón muy poderosa, y en fin soy mujer celosa, que es más que todo el infierno. Busca, pues no has de gozarle, y en efecto has de perderle, sino para no quererle, remedio para olvidarle. Del remedio desconfío, porque estoy en tal estado, que es tan suyo mi cuidado, que no es mío mi albedrío. Tú verás una desdicha, pues que tan resuelta estás. Con la muerte aún no me das pensión para tanta dicha. Borraré de tu memoria. Tú no podrás estorbas haberte dado un pesar, y haber tenido tal gloria. Llorarás tu loco intento; y lo que hiciere contigo será para ti castigo, ya que no sea escarmiento. Si es con quien no la merece la sinrazón satisface, yes más contra quien la hace, que contra quien la padece, Mas a quien puede, y no quiere un desacierto cuitar, tanta culpa se ha de dar, como al mesmo que la hiciere: mas tú verás mi rigor. Tú verás mi fortaleza. Mal conoces mi fiereza. Mal conoces mi valor. No hay para mi resistencia. Con razón no hay cobardía. Sin poder no hay valentía. La tiranía es violencia. Tú me agravias. Tú me ofendes. Tú me oprimes. Tú me matas, Solo de mi muerte tratas. Solo mi muerte pretendes. Querer razón, no es cordura? Yo de ella no me desvío. Tu intento es un desvarío. Tu pretensión es locura. Señora, sin avisar Ricardo ha entrado en la sala. Aunque lo aventure todo, quedará desengañada: mas oye, que vive Dios, que he topado con entrambas. Aquí es ello, no daré por tu pellejo dos blancas: JesuCristo! . Calla, necio. Pues señor Ricardo, en casa a estas horas? no advertis, (ya la paciencia me falta) que mi padre (muerta estoy) que el Conde, tal es la causa: mas si buscáis a mi prima, aquí está, podéis hablarla, y darme licencia a mí, para que os deje, y me vaya: que esto sufral que esto diga! Qué te parece? ya escampa, Quiere bien? Y tiene celos. Y me ha lastimado el alma. Ahora, señora, ahora del todo te desengañas. Aquí, Ricardo, mi dicha ha de dejar confirmada. Oh cuánto este lance siento! mas pues Leonor en el alma vive siempre, mejor es dejar quejosa a Diana. He entendido, que las dos estáis algo disgustadas, y que yo sin culpa mía he dado también la causa, y vengo a desengañaros, ya que quedéis informadas de una verdad, si queréis atendedme, y escuchadla. Ya aquí es fuerza el declararme. Ya el alma se me acobarda. Escuchadme a mi primero, está la puerta cerrada? Si señora. . Pues avisa, si acaso llamaren, Juana. Pues vamos, que estos señores, si los gestos no me engañan, sin ser Tarquino, y Lucrecia, se quieren dar de las astas. Señor Ricardo, primero que celosa; y agraviada pase a quejarme de vos, aunque se ofenda mi fama, aunque agravie mi opinión, mi amor, mi verdad se allana a daros satisfación, si es que queréis escucharla. La otra noche, cuando yo engañada os aguardaba, cuando el brillante lucero era Precursor del Alba, y ar imperio de aquel Dios. Espera, Leonor, aguarda, amantes hierros, disculpa los celos, a quien no engañan? ya sé, que Márcelo entró con celosas asechanzas en el jardín sin que tú lo supieses, ya la causa sé de decirme tu padre, que tu constante le amabas; todo lo sé, porque yo. El modo no importa, calla, no usurpes tiempo a mis quejas, porque son, ay de mí!) tantas, que con poco que las quites, no has de poder escucharlas. Yo te quiero, o quien pudiera no haberte querido! y basta ser tan grande este imposible para desearle el alma, con engañosos afectos, con cautelosas palabras, con bien fingidas finezas, con mal merecidas trazas me vendiáis vuestro amor, y yo (ay de mí! ) le pagaba, cuando engañoso traidor a mi prima, que tirana, no he de lisonjearos, no, con repetir vuestra infamia; basta, que ella la ha aplaudido, y que a mí me ha muerto, basta; yaunque es la verdad, que yo por estar apasionada, la amenace con enojos, la enoje con amenazas, y juré de repetir en los dos justas venganzas; ya estoy de otro parecer, ella es noble, ella te ama, eres hombre, donde está en su centro la inconstancia; si es tu gusto, que he de hacer? es feliz, soy desdichada, quien más quiere, obliga menos, el que merece no alcanza, en la dicha la pensión siempre estuvo vinculada: no hay fortuna, que sea buena, y ninguna es la más mala: el Sol muere cada día, su curso mudan las aguas, el mayor bien es peligros, el tiempo todo es mudanzas, aquella flor, que explendores propios, con tanta arrogancia de todo el Mayo fue injuria, hija del Sol, y del Alba, en los términos de un día todo su verdor se estraga, toda su altivez se rinde, toda su pompa se haja. Esotro soberbio arroyo, que con diligencia tanta, desde el monte donde nace colevico se desata, para hacer guerra a las flores, que en la campaña le aguardan, en el término de un mes agosta toda su plata, toda su soberbia humilla, y todo su orgullo calma. La Primavera, que al cielo ímita, si no le iguala a sus flores, sus estrellas su zafiro, a su esmeralda, cuyo diáfano globo la tierra cerca, y abraza, siendo joya, que merece tener al cielo por caja, en el término de un ano de flores se adorna varias, de dulces frutos se viste, de intenso aroma se vaña, ya los rigores del Noto, y del tiempo a la constancia la herguida cerviz humilla, y el florido cuello baja. La beldad más peregrina, la hermosura más ufana, por quien el amor se viste de laureles, y de palmas, en quien la más pura nieve, la púrpura más bizarra, atrae aún tiempo, y suspende, aún tiempo alumbra, y abrasa en los términos de un lustro, si no se rompe, se mancha, si no se borra, se ofusca, se eclipsa, si no se apaga. La más grande Monarquía, mas noble, mas dilatada, mas apoyada de Imperios, más guarnecida de placas, que estrellas contiene el cielo, que el mar arenas dilata, en los términos de un siglo sin accidente, ni causa, de achaque de su grandeza en sus mismas ruinas halla monumentos, y Mauseolo; y la que gentes extrañas dominó soberbiamante es ya de ellas sojuzgada. Pues si la flor, el arroyo, la primavera, la rara hermosura, el grande Imperio fallece, declina, acaba, que hará el amor que víncula sus triunfos en sus mudanzas? Advierte Leonor, que yo. La respuesta es excusada. Qué hay qué decir, si lo oí? No dijiste, que me amabas? Yo no escuche tus traiciones? Oye ahora una palabra. Hartes agravios lle oído. Si nuevos engaños trazas. Si intentas nuevas quimeras. Será para que agraviada. Escuchad, que cuando miro, hay suerte tan desdichada. Pues tú qué puedes decir? Cualquiera razón es vana. Cualquiera excusa es engaño. Ya estáis terribles entrambas, oídme, o me mataré. Pues di. . Ya oímos. Acaba. En casa ha entrado su Alteza, y ya ves si halla a Ricardo. Pues retírate. Qué aguardas? Presto, que entra. No he logrado el desengaño. Señor? Guardeos el cielo mil años, y tú Leonor de mi amor siempre con el desengaño! siempre incontrastable monte! siempre a mis quejas de mármol! siempre a mi fuego de nieve has de ser! como bizarro mi corazón se embaraza en imposibles humanos? Es posible, señor mío, que con mis ansias no basto para templar en tu pecho lo endurecido, y tirano! no he de decir lo amoroso, que amor, que está ocasionando en mi sosiego inquietudes, desazones en mi agrado, en mi corazón congojas, en mis ojos triste llanto, tantos riesgos en mi vida, en mi honor peligros tantos, no es amor, odio es señor, no es voluntad, si no agravio. Cuando ofendido me miras, no me temes indignado? cuando anoche en tu retiro mis deseos, ayudados de una industria prevenían ver tus soles eclipsados, vi a pesar de mi grandeza, que infamemente Ricardo vino a repetir traiciones, (no sé si diga en tus brazos) y cuando mucho castigo (si le hay en delito tanto) con solo dejarme ver imaginaba logrado: tu padre atalaya entonces de su bien sentido agravio platicar quiso el castigo, que traía imaginado, y hubieras muerto sin duda a no haber visto mi amparo. Desde entonces, no lo ignoras, mal segura en este cuarto de Diana acompañada, y de Juana, que agraviado me temen, expuesta vives al advitrio de un tirano, llamarme así me permito para darte gusto en algo. No sé, señor, no sé como cuando llegáis a acordaros de mis desdichas, podéis endurecido, y ingrato no remediarlas, si no antes repetirlas, cuando, cuando están tan dentro del alma: no ignoro, no, el triste estado de mis desdichas, ya sé (bien lo llora mi recato) que el pueblo vil me murmura, que para hablar mal, villano, las desdichas de los nobles las toma muy a su cargo. Ya sé, que mi padre está ofendido, y indignado, mi honor padece sin culpa, mi sangre se va manchando: y en fin desde aquella noche, que dedicó a tanto caso, y tan triste mi fortuna veo en riesgos fluctuando mi vida, que por instantes rendida solo al amago, sin aspirar aremedios, ya en veros apasionado, ya en imaginarme ajena, ya en el duelo del agravio de mi honor, o en todo junto está su fin aguardando. Rara mujer! Qué dices? Que no quiero ocasionaros mas penas, quedad con Dios. El cielo os guarde mil años, esta noche he de librarme . de su modo temerario. Diana me ha de poner aquesta noche en su cuarto. Yo saldré de tantos riesgos presto, si quiere Ricardo. Yo sabré entender su pecho, y cautelar sus engaños. Un papel he de escribir luego al momento a Ricardo. Que aunque pudiera esperar, que el tiempo maestro sabio con su inconstancia pusiera mi amor en mejor estado. Con él me he de ir esta noche, perdóneme mi recato. Para aguardar sus mudanzas no es tan leve mi cuidado, ni también sufridos son mis celos, y mis agravios. Que aunque no estoy satisfecha de aquellos celos tiranos, por este medio sin duda claro toco el desengaño; pues si fiel a Diana quiere, claro está, que ha de excusarlo; y es cierto, sino la quiere, que me ha de librar bizarro, de tantos miedos, azares, peligros, y sobresaltos. Qué te parece Diana? Que tu sufrimiento es raro, que te quejas con razón, que es terrible, con esto hago mi negocio, y así intento, que ofendido, y irritado su intento consiga, pues con eso el mío adelanto) que ha de intentar vuestra Alteza con violencia, o con agrado, que no consiga? si a todos nos tiene tan de su mano? Diana, pues tanto te debo, escúchame, hablemos claro: ya he entendido tu pasión; bien sé, que amas a Ricardo, yo lo oí cuando te habló, y cuando oí mis agravios, con que importa a mis intentos el ver los tuyos logrados; como también a tu amor el ver el mío premiado: y así procura empeñar con ruegos, con agasajos a Ricardo, o con industrias, con trazas, o con engaños, que con eso yo te ofrezco hacer (su castigo trazo) o que dé a un verdugo el cuello, o que a ti te dé la mano; así intento su castigo, y a don Pedro satisfago de haber hallado en su casa aquella noche a Ricardo, que aunque vino por Leonor, qué importa si lo ha ignorado? también paga su traición, que me tuvo embarazado hallar castigo a su ofensa, y es el modo más bizarro quitarle a sus mismos ojos aquello que está adorando, y darle a Diana por dueño, a quien aborrence ingrato: Que de locuras intenta un afecto enamorado. El fuego que el alma enciende a vos no debo ocultaros, aunque el decoro lo riña, o lo resista el recato: confieso, que es la verdad, y que me debe cuidados Ricardo; y así verás lo que en tu servicio valgo: ánimo amor, que yo espero, que os habéis de ver pagado. Pues Diana, aquesta noche, pues no sufren mis cuidados mas alivios, ni más treguas, volveré a escuchar agravios, volveré a sufrir desprecios, o volvere a castigarlos. Yo te aguardaré, señor. Pues ten Diana cuidado. Ya es de noche. Y viene oscuro. En efecto yo tírito de gallina, de menguado, sin calentura, ni frío; o qué Leonor tan resuelta! tan sin miedo, tan sin jucio! No me empieces ya a cansar. l. Y tú ven aca perdido, sin temor de Dios, del Conde, de Diana, y de su Tío, a Leonor quieres llevarte, y quieres meterte a marido, sin advertir, que te pone por lo menos, a peligro de traer alpas de Marcos, ya que no de San Benito? Siempre eres necio, Jamón. No eres hombre de capricho, pues no gustas de mis gracias, primores, y buenos dichos. Buenas frialdades, de todas tus gracias, lamón, merio. Ya que gracioso no soy, que soi salado imagino, además de que no siempre hacerte reir me obligo, que antes para hacer pucheros, bueno lamón siempre ha sido. Que ya vendrá? Si señora. O qué dichosa que he sido, a costa de un riesgo tengo de salir de mil peligros. Cuando tu papel leia; perdia señora el juicio; no es posible encarecerte las demostraciones que hizo. Mas un bulto en la ventana. Más gente en la callehe visto; son azares en quien ama? si es Ricardo? . Si es Leonor? . Ya el puesto desacupó. Es Ricardo? Y quien ha sido; y ha de ser vuestro lamón vea casa, y está advertido, que tengan de posta el coche, y mira que ya te sigo. Como lo dices será, que pues yo de ojos te sirvo, también es razón, que el coche teniéndolo prevenido, te sirva, señor, rodando. . Juana, pues de ti me fío, advierte. . Ya estoy en todo. Mas si habrá el Conde venido? que de que estará en la calle a esta hora, tuve aviso, y aún pienso, si no me engaño, con particular disignio, pero a la ventana habla un hombre, y me retiro para oírle, sin que pueda verme. Pues señor, contigo al cabo del mundo iré, y ese es el mejor caminó de satisfacer mis celos, y así espera, dueño mío, que ya bajo, mas repara. , . . Muerta soy, que es lo que he oído! Leonor, y Ricardo son, que alevosos, que atrevidos, pero aquí el remedio importa. sin dilación. Hoy cumplidos mis deseos pienso ver, pero en la ventana he visto. Pero gente hay en la calle, vete, y vuelve: Qué precisos Celoso estoy, y ofendido: Muerta, confuia; y turbada, pendiente el alma de un hilo, sin haber hallado el modo para estorbar lo que he oído a Ricardo, y a Leonor, que intentan como lo digo irse esta noche, y ahora Leonor a su cuarto ha ido para alguna prevención, y yo mortal he venido por ver si acaso en la calle. Que era Leonor, imagino, la que hablaba. Un hombre viene. . Es Leonor Leonor no dijo? este es sin duda Ricardo, ce, es Ricardo? . Yo me finjo que lo soy, Leonor ingrata, presto verás tu castigo. Leonor a Ricardo aguarda, y no sin algún disignio; yo soy Leonor, que ya vengo como sabes. . Ya he entendido Ricardo es, que por Leonor viene, y a mí me ha tenido más ánimo, intentos míos, pues que de cualquiera empeño . Pero qué es esto! sacarme el Conde ha ofrecido; mas esto ha de ser, que dudo? Ya está todo prevenido, porque nos vamos, ya bajo. . Aguarda, hay tal desvarío! qué es lo que escucho, Fernando? Señor, que te ha sucedido? El más notable suceso, el más extraño prodigio, dispuesto Leonor tenía con Ricardo mi enemigo irse esta noche, y ahora a mí mismo me lo ha dicho. Mas apártate, que baja, y pues la fortuna quiso darme esta ocasión, por Dios, que he de llevarla conmigo. Vestida el alma de hielo, calzados los pies de grillos vengo Ricardo. . Ea, vamos, pues de ese modo consigo lo que tanto deseaba. Vamos, así ingrato mío he de vencer tus rigores. O qué dichoso que he sido! Hoy vuelve a vivir mi amor. Hoy lograré mis disinios. Por Dios, que ya tarda mucho mi amo, y así detérmino, pues todo lo tengo ya como él mandó prevenido ver; mas ya con Leonor viene, lindamente ha sucedido. Ya señor. Hombre que buscas? por mí prima, que he de hacer? . Vamos Leonor. . Ya te sigo Ricardo. con espada me han molido las espaldas, malos años, si dio de llano, o de filo? del vestido todo el paño por ensalmo me han tundido, por Dios, que se la han pegado a mi amo, Leonor dijo: JesuCristo, como duele. lamón? Señor, a buen tiempo has venido, que Leonor por engaño (acude presto) llevan dos hombres. Qué dices? Digo, señor, lo que han hecho, y ella al salir te nombró, que iba contigo entendiendo. Hay hombre tan desdichado! Yo señor. Por dónde fueron? Por aquí. . Vamos aprisa. . Pues señor, no me defiendas, Buena, por Dios, la hemos hecho. No me acabo de admirar! Hay tan extraño suceso! Qué es el Conde! También lo veo. Señor, yo escuché a Leonor, que esta noche había dispuesto irse con Ricardo, y vi ya tan inmediato el riesgo, que fingiéndome Leonor, cuando llegaste, entendiendo, que eras Ricardo, animada de tu palabra, y empeño, viendo que importaba tanto a tu amor; y mi deseo, a tal lance me arrogé: Y yo con el mismo intento, Diana, me fingi Ricardo, que eras Leonor presumiendo. Estos son, Jamón, aguarda. Que no serán, malo es esto! y sino, mira, repara por entre los ferrerbelos verás, que son barbirubios, y los otros, o uno de ellos, el que me dio mi recado. tenía un vigote negro, que le llegaba a la oreja, como un azogado tiemblo! pero yo me pondré en cobro. el Conde es, pero que dudo! ea, llega. . Bueno es eso! llega tú, que quieres bien, que yo ni quiero, ni quiero. Dos hombres son, y es Ricardo el uno. . Ya, ya lo veo. pues se consigue con eso lo que pretendí. . Bien dices; bien así se enmienda el yerro, y si Ricardo te lleva, que eres Leonor entendiendo, será esta noche tu esposo. No lo ves? . Diana soy. . Vida, y alma todo a un tiempo, perdámonos de una vez. Mas cómo se va, qué es esto! Ricardo? . Leonor, mi bien? aunque lo miro, no entiendo lo que ha pasado. . Señor, es muy grande atrevimiento. Cómo el Cónde se fue, como? Luego te diré el suceso. Déjame, señor, seguillos, que está es honra, y este es duelo. Vamos aprisa, que importa. Déjame hacer lo que debo. Todo soy penas, y dudas! Jamón. Ya, ya me sosiego: Fortuna, hay más confusiones! Cierto, que estuve hecho un perro. Como el Conde me madó sus pasos vengo siguiendo. Ay Juana, perdida estoy! Pues qué tienes? Muerta vengo; no hallaste a Diana? . No. Una gran desdicha temo! Dame el manto, toma el tuyo. Mas qué es lo que miro, cielos! . En más confusiones entro. No te detengas un punto, echó mi fortuna el resto. . Dime Leonor lo que pasa, Jamó trae una luz presto, . que en medio de tantas dichas, que estoy absorto confieso, y ya Leonor mía, eltamos en mi casa, ya no temo al Conde, ni a mi fortuna, que en efecto, amado dueño, después de tantas tormentas hallé en tus ojos el puerto. O si ya viniese el Conde. Más muchos riesgos tenemos, y así, mi Leonor, importa huir el peligro luego. Mas ya la luz han traído; cierra la puerta. Qué es esto! . Mi bien, mi esposa, pues como pardá nube, tanto cielo, poco vapor, tanta luz. Bien temí lo que padezco, hay Juana! acabó mi vida! Mas dos mujeres (ay cielos!) están. . No me hablas? qué tienes? que miras? (ay Dios) que veo! es, cómo es esto! Leonor! Juana! aún te miro, y no lo entiendo; tu mujer, quien eres, dis Hay tan infeliz suceso! Hay mujer tan desdichada! Jesu Cristo, hay más enredos! Irme es mejor sin hablar. No estoy en mí, te prometo Leonor, mi bien, tu mujer hablar quién eres? qué has hecho? Ya mejor es declararme . yo te lo diré bien presto. Yo te adoro, no lo ignoras; soy infeliz, ya lo veo, desde una reja escuché, cómo tentas dispuesto llevarte a Leonor, ingrato a mis anvas, y a mis ruegos: Después llegaron dos hombres, y uno, que eras tu fingiendo, preguntó, si era Leonor? yo estimando aquel empeño, y juzgando, que venías por Leonor, me fui con ellos, fueron, por no conocerme en su engaño prosiguiendo, hasta que tú nos topaste, y sin resistirlo ellos a tu casa me trujiste, que era Leonor, presumiendo: Esto es todo lo que pasa, por ti la vida, el sosiego, el bien, el gusto, el descanso, la conveniencia, el acierto, la fama, el crédito, el nombre, el alma, y honor a un tiempo pierdo, desestimo, poltro, aventuro, rindo, entrego, arriesgo, ofrezco, confío, doy, sacrifico, y empeño. Una mujer, que no hará! Hay tan gran descaramiento! Esto es amarte Ricardo. Y esto es morirme de celos. No soy ingrato, Diana, lo que te debo confieso. Qué es lo que escucho! ay de mí! Pero en efeto, supuesto que el amor no es elección, y a Leonor amo en efecto, ya que no puedo pagarte con amor el que te debo, con el desengaño, Diana, pagarte en parte pretendo: de aquellos celos, Leonor, hoy verás el desempeño, yo te adoro, yo te sigo, por ti vivo, por ti muero: cuando hablé a Diana amante, fue, porque el Conde, esto es cierto) me escuchaba, y me mandó la ámara, porque con eso (ignorando nuestro amor) le pareció en parte medio para conseguir el tuyo. Echad la puerta en el suelo. Este es mi padre. Detente. Este es mi tío, y no quiero que aquí me halle, y importa avisar al Conde luego. . . Esta es la mía, no temo Échate el manto, Leonor. Advierte, repara el riesgo, mira. . Aparta, Leonor. , , qué engaño es este, fortuna! Hoy veré mi desempeño. Mira, señor, que es mejor, (así templarle pretendo) aunque tu enemigo sea, hacerle de Leonor dueño. Eso me dices? aparta, teñido mi limpio acero hoy veré en su sangre. Escucha. Entrad todos, más que es esto! Saln más pues por él hoy granjeo Digo, señor, que aquientró. Más aquí están, ya lo veo. Señor, vuestra Alteza siempre? el perdonar a Ricardo, Alguna desdicha espero. Cómo, señor? . Oye, aguarda bien diré, que se han seguido. Hoy la vida, y honor pierdo. Que por haber entendido este agravio, y este empeño, yo mismo vengo a enmendarle, así a tu opinión atiendo, así por tu causa miro, que ese fue siempre mi intento. Y tú, pues que sin temerme, ya riguroso, o severo, hoy esa dama has sacado de su cuarto, de su encierro, luego tu esposa ha de ser, todo con esto lo venzo: no ha de gozar de Leonor, tenga a Diana por dueño; dale la mano, que dudas? Más qué aguardo? Mas qué espero? Esta es, señora, mi mano. ninguna fortuna ya. Ya el Cónde, pero que veo! Cielos, qué miro! qué es esto! quítate el manto. . Yo soy. Qué engaño es aqueste, cielos! Muerta soy, sin duda el Conde se engañó, todo hoy lo pierdo, y lo que conmigo había de hacer, con Leonor ha hecho, mas disimular importa. Diana? . Por saber tu riesgo ya que no pude ayudarte, me trujo a verte el afecto. Engaño notable ha sido, de Margarita la mano, satisfacer a don Pedro y de todos el sosiego, muchos aciertos de un yerro, yo he de vencerme a mí mismo. A tus pies corrido llego. Bien sé, que es una pasión, alzad, Ricardo, del suelo, ya de Ricardo es Leonor. Sea, pues tu gustas de ello, y da licencia a Diana, que dé la mano a Márcelo. Paciencia, amor. Soy dichoso. Sea en hora buena, y quiero con las de los dos también celebrar mi boda a un tiempo. Todos tus esclavos somos. Y aquí, Senado discreto, nacen; y tienen hoy fin muchos aciertos de un ierro.