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Texto digital de Morir en la cruz con Cristo

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Atribución tradicional
Juan Claudio de la Hoz y Mota
Atribución estilometría
Juan Claudio de la Hoz y Mota Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Morir en la cruz con Cristo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/morir-en-la-cruz-con-cristo.

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MORIR EN LA CRUZ CON CRISTO

JORNADA PRIMERA

Evantando obelisco, de flores, y de rosas coronado, soberbio, y fuerte risco, tu falda he de bajar desesperado, y con rabia, y anholo (lo. mi muerte he de buscar (válgame el Cie- A donde, plantes mías, me lleva mi dolor en pona tanta, pues están las porfías sujetas al furor que me amedrenta? Pero en el todo no me aflige nada, sino el perder a mi Deidad amada. En Roma perseguido, en sus altivos montes maltratado, de Cesárea ofendido, y hoy de Jerusalén tan desterrado, me maltrata la suerte, y en tantas penas no llega la muerte? Adonde, Libia hermosa, te ausentaste, dejándome tan triste? De muerte rigorosa me libraste, y en muerte más penosa me metiste, faltando tú a tu estrella, óyeme, atiende, escucha, Libia bella. Mas para qué me canso en poblar la región del aire, donde, aunque busque descanso solo el acento, y eco me responde? Y pues permite el Cielo, que tal dolor me aflija, y desconsuele, con gran fervor, y anhelo, desde el Páquino, hasta el Peloro, vuele mi mal, y sentimiento, esparciendo mis quejas por el viento. Pues me causa mi vida desdichada, de mil prodigios llena, y de Libia (qué es más) desamparada, con esta espada fiera la muerte me he dar. Detente, espera. Quién eres, divino asombro? Quien eres bello prodigio, que esgrimiendo el limpio acero, a un tiempo temo, y admiro en cada golpe una muerte, en cada acción un peligro, en cada amago un asombro, y un horror en cada aviso? Quién eres, di, que ostentando lo piadoso, y lo benigno, le das vida a un desdichado, y matas a un tiempo mismo? Aparta la cube al Sol, y vea quien ha podido hacer de un vivo cadáver, y de un cadáver un vivo. Yo soy, Dimas valeroso, quien mitando tu destino, y viendo que nuestro amor te pone en tantos peligros, apenas de la Ciudad te ausentaste, fugitivo de tanto tropel confuso de agraviados, y Ministros, cuando viéndome sin ti, detenerlos solicito, para que no te siguesen, los vigilantes Ministros; y sin mirar mi respeto, pretendieron atrevidos ajarme, porque impedia el salir con su designio. Yo entonces, más enojada que Onza, Tigre, y Cocodrilo, quitando al uno este acero, con tanto valor le vibro, que todos juntos temieron a mis mujeriles bríos, que con amor no es cobarde aún el sejo femenino; y dando a uno de ellos muerte, me ensancharon el camino, por donde pude seguirte y he llegado hasta este sitio. Y mirando, que ese monte tan soberbio, y tan altivo, que piramide con hojas se ha jurado, y presumido, desesperado asaltabas, y que de su fuerte risco caíste tan maltratado, he llegado a darte alivio. Dame los brazos, hermosa Deidad, adorado hechizo, pues sola tú de Amazona el renombre has merecido, y tu valor al de Palas, y Belona hoy ha excedido; y pues el Cielo permite que a tan buen tiempo has venido, pues si un poco tardas, soy cadaver helado, y frío, dime en qué Patria podremos estar, mi Libia, escondidos? Dimas, ya dejé mi Patria, y te rendí el albedrío, partamos donde gustares, que viviendo yo contigo, ni temores me embarazan, ni me atormentan peligros. Pues caminemos, señora, hasta la Ciudad de Egipto, que en ella espero hallaremos en tantas penas alivio. Dimas, no era mejor desocupar este sitio, y a Jerusalén volver? que puede ser tus amigos te con sigan el perdón, pues fue honroso tu delito. Son tan grandes, Libia hermosa, mis desdichas, que imagino, que aunque escondido penetre lo explayado de los Indios, no me han de dejar sosiego, ni he de consegir alivio. Tan grandes son? . Si son grandes, y si tú quieres oírlas, escucha, y admirarás lances y grandes prodigios; y aunque un poco me dilate en contarlos, y decirlos, pues te debo el ser, escucha. En tu labio está mi oído. La Ciudad más celebrada, que han conocido los siglos, pues de siete altivos montes compone sus edificios, por donde el Tiber ufano, arrogante, y atrevido, en cristalinas montañas ofrece sus desperdicios, la que Remo valeroso fundó su primer principio, fue mi Patria, y de mis padres, hasta hoy no la he conocido: pero escúchame, y verás el más untable prodigio, que de humano nacimiento en Anales hay escritos Habiendo la hermosa tren mujer del Cónsul Fanstino, (de lo más noble de Roma) parido un hermoso niño, y habiendo llamado a un ama para que al recién nacido diese leche, y le criase, a tres días no cumplidos murió el tierno Infante; y ella viendo por aquel camino, que interesaba riquezas, con corazón afligido a las orillas del Tiber se fue, y reparó, que un lío venía por la corriente: sacolo, y vio, que en suspiros envuelto venía yo, según después me lo dijo. Llámola después Irene, llevome el ama consigo, y teniéndome en sus brazos con afecto, y con cariño, sin conocer el engaño, me crió como a su hijo. Y apenas dos lustros tuve, cuando Laclotos el hilo vital cortó de mis padres con su tirano cuchillo. Quedé único heredero de sus bienes, y tan rico, que ninguna cosa tuvo que envadiar Creso conmigo. Luci en Roma como Noble, y apenas tuve cumplidos tres lustros, cuando a su Imperio me rindió el traidor Cupido. Puse en Aurora los ojos, hija del mejor amigo del César, y está fue causa de mi fin, y precipicio. Galanteeia, y servila, y aunque estuvieron rendidos a su Deidad muchos Nobles, a todos fui preferido. Fue tan público mi amor, que llegando a los oídos de su padre, llevó mal mis amorosos designios, Y estando du día en Palacio, delante los Nobles, dijo: Dimas, mirad que me afrento, que quieras desvanecido rendir mi hijara tn amor y eso no has de conseguirlo. Cuál es la razón? El ser dengual conmigo, respondiome. Y replaquele; Pues no es mi linaje altivo, como el vuestro, limpio, y claro? Y en Roma, de los antiguos, para conmigo sois nada. Él, muy loco, y atrevido, mentis pronunció, y alzando la mano, en mi rostro quiso estamparla, mas yo entonces, colérico, y vengativo, de una cruel estocada dejó amago tan indigno. Todo el Palacio alterado se arroja contra mis bríos; mas de amigos ayudado, y de este acero asistido, rompiendo por las espadas, me libré de este peligro, y por hair tanto riesgo, seguido de cuatro amigos salí de Roma, y hallamos un monte a poco distrito, en el cual, del gran cansancio tomar alientos quisimos, y aunque amenazaba riesgo a nuestras vidas, rendimos a Morfeo su tributo; mas fue sueño tan impío, que solo vivo despierto de cinco que nos dormimos. (Oh infame pensión humana, de las vidas precipicio, cuantos libres se durmieron, y despertaron cautivos!) Fue el caso, que en este monte andaban unos Bándidos, y buscando pasajeros, llegaron a aqueste sitio. Reconocieron las armas, y viéndonos prevenidos, de la ocasión se valieron, y con crueldad, impíos despojaron de la vida a los tres, y el Cielo quiso, que al dar al último muer dijo, envuelto en un suspiro: Dimas amigo, yo muero. Despierto despavorido, y de mis amigos veo con la sangre el suelo tinto; y como Leona brava, que quitándola sus hijos, al Cielo clama con quejas, y el aire pasma a bramidos, mirando que al Cielo pide venganza el coral vertido, de este acero acompañado, con todos ellos envisto, y matando los catorce, siete que quedaron vivos, llenos de pavor, y miedo escaparon fugitivos mil veces desesperado quise matarme a mí mismo; mas luego considerando de mi vida los prodigios, quise seguir de mi estrella do me llevase el destino. Llegué a la grande Cesarea, y apenas sus calles piso, cuando pidiéndole informe donde estaba a un Peregrino, me respondió descortés, y le dije: Mal sufrido, vuestro disfrazado traje pide más cortés estilo Por él volvió un Cortesano, y de tal suerte me irrito con sus razones, que al punto, sacando el acero limpio, de una estocada midió el suelo cadaver frío. Sucediome esto a la entrada, con que, sin ser conocido me valí de la ocasión para ponerme en camino. A la gran Jerusalén llegué triste, y afligido, y en ella, de tantas penas, hallé el alivio perdido, y sin conocerme nadie, en la Milicia me alisto, y por victorias diversas, que valiente he conseguido, de Tribuno me dan nombre, pago de tantos servicios. Vite un día tan hermosa, tan airosa:: Mas qué digo? que si eres la misma tú que vi, es gran desatino referirte tu hermosura, cuando solo eres hechizo, pues mirarte, y adorarte fue en mí tan a un tiempo mismo que no puedo creer, que hay de el ver, al querer, principio. Tuvimos de amor tres meses, y en recíprocos cariños, los amantes corazones al himeneo rendimos, sin que tu padre, y tu hermano tuviese el menor indicio de sospecha: cuando, Cielos, se gozó amor sin peligro! Una mañana que Febo, envuelto en sus claros giros, pronosticando mi mal con nublados parasismos, en tu casa quise entrar: No sé para qué repito lo que tú misma has llorado; pero para los principios de que no puedo volver a Jerusalén tu nido, aunque lo has pasado todo; siendo el más claro testigo, por más repetir mi pena, quiero todo referirlo. Entrar quise por tu puerta, (vuelvo a decir) y a Pompilio, hermano de Aurora, hallé, que de tu casa asistido de tu pabre, y tus hermanos salía, y por conocido, Dimas (me dijo tu hermano) hay en que pueda serviros? Y al oír mi nombre, todos esgrimieron vengativos los fuertes aceros para matarme, y algo indeciso tu padre, pensó valerme, pero no pudo, aunque quiso. En fin, de nueve que eran, les di la muerte a los cinco, solos tu padre, y hermanos se libraron del peligro, porque aunque yo con furor me arrojaba para herirlos, mirando en ellos tu rostro, me detenía el cariño. Después el Gobernador, rodeado de Ministros, llegó a prenderme, y yo ciego, a morir me determino; mas fue al contrario, pues él, aunque de todos valido, matizando el duro suelo quedó; y yo aunque perseguido, huyendo llegué a este monte, y mirando ese atrevido peñasco, que contra el Sol quiere competir altivo, viéndome ausente de ti, (dolor que en mí no halla alivio) asaltar quise sus flores, y en habiendo conseguido llegar a su altiva punta, tan ciego me precipito, que desesperado quise bajar desde allí al Abismo; pero el Cielo soberano (que no sabemos sus juicios) de la muerte me libró, ostentando lo benigno, Pero yo, viendo que ya me espera mayor martirio sin tu vista, con mi espada buscaba mi precipicio. Llegaste tú, y me libraste de la muerte (ya lo has visto) y por ser tuya, señora, en está ocasión la estimo. Esta es mi trágica historia, mis lances, mis de satinos, mis mudanzas, mis fortunas, mis hazañas, mis prodigios, mis desdichas, mis tormentos, mis ansias, y mis peligros. Mira, Livia, si es posible, que con tan graves delitos, en Roma ofendido un César, muerto su mayor amigo, y sus montes más cercanos malteatados de Vándidos, y en Cesárea un Ciudadano, y en tu Patria lo que has visto, podremos vivir seguros, si de esta tierra no hulmos; y así, pues Reinas, señora, en mi corazón altivo, desde luego a vuestras plantas le ofrezco, pongo, y dedico. Vuelve, Dimas, a mis brazos, y pues el Cielo propicio de entre tantas desventuras te ha sacado, y defendido, sigamos de nuestra estrella adonde instuya el destino. Pues, Libia mía, guiemos a las orillas del Nilo, y en sus flores, y cristales viviremos escondidos: sígueme, Deidad hermosa. Ya, galán joven, te sigo. Teneos, rendid las armas a mi valor. Yo no rindo la espada antes que la vida. Válgame el Cielo! qué miro? Rinde la espada, y no mueras, En mi vida la he rendido; y pues me juzgaba muerto sin este hermoso prodigio, juro a su sereno cielo, y sus luceros divinos, y a su vida (que es lo más que quiero, adoro, y estimo) que no he de rendir la espada. Que esto escucho, y no respiro fuego, que abrase tu vida! Necio, loco, presumido, sabes que soy quien asombra estos poblados vecinos, y de mirar mi coraje pierden la vida infinitos? Sabes que el León valiente, majestad de aquestos riscos, porque la vida le deje, me rinde su sacrificio? Sabes que tiembla la tierra, si con arrogancia piso, y para mis plantas forma los tapetes más floridos? Pues si todo aquesto ignoras, tenlo desde hoy por sabido; y pues por loco arrogante el librarte has presumido de muerte cruel, te engañas, pues aunque vano, y altivo esa Región escalaras cual Ícaro fugitivo, por imposible lo juzgo te librarás sin castigo, y también te doy las gracias de haberte aquí resistido, pues soy rayo, y busco siempre resistentes edificios; y aqueste rato de vida, que te doy, es beneficio, que tienes que agradecer a ese pasmo peregrino; y pues gallardo pareces, oye, que aquesto te digo: Si quieres guardar tu vida, en prenda de ella te pido ese pasmo de hermosura, que al mirar su Sol altivo, cual Salamandra amorosa, entre tanto fuego vivo; y no pienses que el pedirte así, es rendimiento mío, antes amor, y no quiero enámoras vengativo. Cierra, villano, la boca. Calla acento tan indigno, y no pronuncies osado tan terribles desatinos, que te he de hacer más pedazos, que atomos al Sol has visto. Muere al golpe de este acero, pues andas tan atrevido. . Teneos, no le ofendáis, que le estoy agradecido el que se muestre valiente: Joven, mira el benesicio, que te hago en darte vida, Esa piedad no la estimo: mueran todos. Oye, escucha, y mira que a mi albedrío están sujetos cien hombres. Muy pocos son, si yo vibro este acero con furor, para hacerlos desperdicios del aire, pues ya celoso, mas que otras veces me irrito. Dimas, mueran todos. . Mueran. Soldados de estos Olimpos, que matan al Capitán. Suspende la furia, amigo, tened, no le deis la muerte. Pues qué pretendes? . Pediros, atendiendo a tu valor, que vive Dios, que le envidio, seas nuestro Capitán: qué respondes, di? . Qué admito vuestra oferta, y a tus plantas desde hoy me tienes rendido. Levanta a mis brazos, joven, que más los quiero conmigo, que a todo el poder del mundos y vos, prodigio divino de hermosura, del agravio que te hice, perdón te pido, Yo os agradezco, señor, con la vida lo benigno. Y pues hacia esta montaña los Soldados conducidos vienen a favorecerme, de saña, y furor movidos, vamos a que mandes tú; y esto de paso te digo, que estamos en este monte retirados por delitos honrosos, aunque nos veas en el traje foragidos. Vamos, que con vida, y alma, desde aquí ofrezco serviros, y tú, Deidad Soberana, a quien mi fe sacrifico, tened paciencia, pues esto ocasiona un amor fino. Dimas, ya deje mis padres por tu amor perfecto, y limpio, y así, hasta parder la vida el seguirte determino. Cuando han de acabarse, Cielos, de mi vida los prodigios! él. Ya ojer, estás tirribre, y no te pu do sofrir hasta cuando tal eñir? e, Que n po ga een cuando es tan mala tu maña, que los huevos te mamaste, y aún hueros no perdonaste. Pues qué importa eso, Susana? pero escucha todo el caso. Como digo de mi cuento, caballero en mi jumento me vine paso entre paso: traía un hambre tan seca, que me comiera a mi abuelo, pero entreme, y vi en el suelo del gallinero una llueca. Con llos huevos embesti, y con coraje emportuno, dos a dos, y uno a uno en lla panza llos metí. Uno zampémele entero, por más señas que al tragar empezó el pollo a piar en medio del tragadero: fue decir, que le despache; y yo, viendo su razón, dije, al dar el sorbetón, amigo, tarde piache. Que eres un glotón repara, y que obras siempre sin tino: por qué haces tal desatino? Por tener lla voz más ciara. No perderéis el resabio del padre que os engendró. Susana, con esto yo ahora canto que rabio: oye, y verás mi habilencia, porque se puede alabar. Yo no te quiero escuchar, que me falta la paciencia, y eres un géntil pelmazo, y pienso que has de acabarme, y andando el tiempo, enterrarme, con tus tontadas, tontazo. Mojer, que yo so bonito, y collérguido a la he, y no he de consentir, que me máltrates, por San Piso; y porque mal me has habrado, y me tengas por tan bobo, te tengo de cascar sobo; y en habiéndotele dado, aborcarte rmojer del diablo, que me cansas en hablarme, y luego al punto casarme. Pues di, qué desesperada os quisiera? Alabo a Dios: qué, ver mi muerte querías? o qué lindas niñerias? malos años para vos. Pues con aqueste garrote te he de moler, muy picaña, pues quietes andar, Susaña, con Risión al estrícote. Marido del alma mía, no te hablaré más palabra. Ven lo que el garrote labra? alguna virtud escondías venid acá, mi mojer, me habéis de reñir a mí? No, mi Risión. . Así, así, pos os vendrá a soceder, mala bribona, taimada, que os mate, sin más, ni más, y no me regañarás, como quien no dice nada. Aguarda. , . A qué? . A confesaros, pues sois una desatenta, y así, entraremos en cuenta desde hoy; vamos claros: Dime, mojer de los diablos, por qué tanta retalla metes en regañar y andas al pelo todos los días? Si vengo, me haces mil gestos, y te pones muy froncida, que parece no has quebrado nigún plato, ni escudilla. Si me vo, bailas, y danzas, y aún cantas la Letania, y todo aquesto es, brivona, por hacer tus picardias. Y supuesto que hasta hoy andáis tan rabisalida, escúchame, y te diré lo que has de hacer todo el día: Llo primero es llevantarte de la cama, y no mollirla, que las mojeres no importa que sean tan repolidas. Ol parece que to ríes; voto a San Gololías, que te mate, pasa aquí. Tente, Riñón, de mi vida, que no me río: Ay tal pena . como este bestia imagina! Ponte así la boca abierta, atiende con llas rodillas, puestas así como yo, y haz esto todos llos días. En levantándote, luego visitaras, has vecinas, y que quieran, que no quieran, las darás muy buenos días. Luego hilar muy poco a poco, porque quien apriella hala, la daejaqueca tan fiera, que reventará la tripa; pero voto al dimoño, qué es aquesto, mujer mía? qué persona es esta, que anda detrás? y parfíos, que atisba. Marido, que no anda nadie, que solo es tu sombra misma la que detrás de ti anda. Mujer, mujer, mira, mira, que se anda detrás de mí; esta es grande picardía: yo he de matarte, aunque tú fueras, Susana, mi tía. Pues no basta que yo calle, y que tú siempre me riñas, si no es esto? no hay remedio, aquí ha de acabar tu vida, Villano, insensato, inútil, que de esta suerte me irritas, cuando has visto en mi sospecha para tener la malicia? Oigan, oigan, pues es bueno: o lvalga el diabro llas tripas. que la parieron me riñe sin vergüenaa todabía? la he de matar. . Favor, Cielos. Pues mientras más recio grita, mas paradas llevará, y esto porque se resista. . Que me mata aqueste bestia: no hay quien defienda mi vida? Tened Pastor, qué es aquesto? Señor, aquesta maldita Susana, que malos llobos la zampen en su barriga, me enfada, y es mala cuca. Reportad, Pastor, la ira, recoged vuestra pasión, y no deis lugar que diga el vulgo, que vuestra esposa es mala, que la malicia tira a lo peor; y así, reportaos, por vida mía, que vuestra mujer es buenas Pues señor, yo me venía al ganado, y me riñó, y porque yo lla decía que callase, me dijió, que era un pícaro sopista. Miente, que no he dicho tan Voto a San Malachías, que lla he de sacar la lluenga, y me lla he de comer frita. Ea, sosiéguense, hermanos, y no haya entre los dos riña. Cómo ella quiera callar, otorgo con tu pedida. Y yo también, pues que basta que sus mércedes lo pidan. Y desde aquí, voto a Baco, (que es Dios, que en cueros camina) de no dar más a Susana; mas quiero decir la riña. Una golosa, es, señores; puerca, a las mil maravillas; respondona, mucha cosa; pues terca, cosa de risa; gruñidora, a las quinientas, pues gruñe todos llos días. Ya que las he dicho todas las propriedades, tan lindas de Susana, a dios, que vo a guardar todas mis ritas. Susana, a la media noshe te espero allá con las migas, y si no, voto al pito, que te he de castar paliza. . Pastora, tened paciencia, y ahora te pido me digas para Belen el camino por donde va, que afligida mi Esposa, que está preñada, con tantas penas camina, Señor, por aquel repecho, que allí enfrente le divisa, detrás deél está Belen. Esta lejos? . Una milla pequeña; mas si queréis posada, tendréis la mía, donde no faltará cama, que comer, y buena cena. Dios, Pastora, te lo pague. Vamos, Esposa querida, que de veros llevo el alma de dolores combatida. Joseph, dulce Esposo mío, no de esa suerte te aflijas, pues ánimo tengo mucho para andar más. Mi María, como sois tan delicada, no te admires que me aflija, pues dentro del pecho mío quisiera darte acogida para aliviarte. . Señores, a diós a qué mujer tan lindal suspensa de ves su cara, me he quedado divertida. . Id con Dios, noble Pastora, que os de paciencia cumplida. Ya que a Belen, dulce Esposa, tenemos tan a la vista, y de tan larga jorvada cesará ya la fatiga, para aliviar el camino, pintarte quiero, MARIA, según en el corazón te retrató el alma mía. En tu tersa, y blanca frente agradable alba se mira, y dos primorosas rosas son tus hermosas mejillas, Orbes de copiosos rayos son tus dos lucientes niñas, tan a matar enseñadas, que matan a cuantos miran. Arbitro fiel de alabastro cándido, es tu nariz rica, cuando de tanta belleza la competencia se mira. Flor de perfecto carmín es tu hermosa boca fina, y al tope se mira en ella la perla más diamantina, Madeja de oro el cabello, (siendo de Reyes envidia) veo, en quien teloro grande la Tierra, y los Cielos cifran. El más perfecto candor de tu parganta divina admiro, por donde el agua se traspasó cristalina, Afrenta de los cristales son esas manos divinas, y en cinco azucenas solas toda su grandeza fía. El talle, Reina, y Señora, si le penetra la vista, queda aprisionada el alma, que al mirarle se cautiva. En lo demás. Pero cano, pues es locura atrevid querer pintar, dulce Esposa, del Cielo las maravillas. Solo, querido Joseph, te responde mi fe fina, que nací para lervirte, y a ello el alma se dédica. No MARIA, bella Esposa, que en tu Vientre Dios habita, y no es razón que la Madre de Dies a un gusano sirva. Y así, Señoras mandadme, pues aunque yo tengo envidia de merecer el serviros, yo lo haré toda mi vida. Ya de Belen, dulce, Esposa, las murallas se divisan. Y ya, Joseph, las señales, que mi parto viene avisan. Qué es lo que dices, Señora? que toda el alma lastiman vuestras razones. . Esposo, ya la Paloma Divina quiere mostrar aquel Fruto de la paz quieta, y tranquila, Os afligen? No, joseph, pues mirándote me alivian. Cielos, con tan grande pena el alma se martiriza! Mas pues ya en Belén estamos, hacia esta parte vivía años pasados mi Primos espera, Esposa querida, te buscaré la posada, pues viene la noche fría. Id con Dios, Joseph querido, que os traiga presto a mi vista. Señor, Soberano, y Grande, que en mi Vientre santo habitas, santo, pues siendo tu casa, para vivir santificas, humildemente, señor, el corazón se dedica a serviros, y constante os ofrezco el alma, y vida: Pero Cielos, qué he mirado! mi Joseph con agonía? por alguna desazón derrama lágrimas vivas: Dulce Esposo, qué tenéis? por qué afligido me miras? Noble Esposa, Prenda amada, compañera santa mía, sabe, que no hallo posada, y el alma traigo afligida: Dejad, amada Señora, que aquestas lágrimas mías se derramen al mirar ingratitud tan impía. Árboles, mirad mis quejas; aves, oíd mis fatigas; valles, escuchad dolores; fuentes, atended desdichas; montes, reparad mi llanto; peñascos, ved mis mancillas; brutos, ayudad mis ausias, no de vosotros se diga, que negáis al Criador, que entre vosotros habita, y no seáis tan ingratos como los hombres, que miran, que entre ellos busca posada, y aqueste bien desestiman. Y así yamparadle, peñascos, brutos, valles, avecillas, árboles, montes altivos, fuentes claras cristalinas, y un arrojéis ingratos tanta dicha, dando posada a quien los Cielos cría, Señor, no os aslijáis tanto, que tu pena me lastima mas que el rigor de la noche; y así, señor, no me aflijas, que en cualquier parte estaremos, En esa cerca vecina al muro, dicen que hay un Portal: Esposa mía, vamos, y a pesar del frío, te dará el Cielo guarida. Estando Dios en mí vientre, no tiene riesgo mi vida Notable noche, Doristo! Por lo frío, temerosa. Ay amigos! voto años, que si no viene lla bota, llas migas, y lo demás, me moriré en una hora. No ves, amigo Belardo, como lucen llas antorchas, y parece que en el aire mil Primaveras se forman? Ya lo veo, y a Belén parece enderezan todas las Estrellas. . Yo no miro, sino que tardan Bártola, y Susana: Ay Dios mío! . Riñón, dinos porqué lloras? Por qué lloro? por el frío, que me da tan gran zozobra, que me afrige llas entrañas, pues me duele ya lla boca, lla asadura, y el mondongo de tiritar de esta forma. Ten paciencia que allí viene por la senda una persona. Válgate el diablo Susana, que pienso que el paso acorta. Yo huyo de un gran Judio. Ella es, la puerca golosa. Loado sea Dios . Por siempre, Has llegado ya, lledorna? Voto a fíos, que no me falta por quitarte la corcoba a patadas medio dedo. Callemos, y hágase ronda. Ea, siéntense al rededor, que traigo una linda ella, que puede, de sazonada, comer la gran Palancona. Las migas diven comamos, el chicharron cuilla, y ronca, el ajo paca que rabia, de pimentón tiene sobra, y sobre todo, Riñón te traigo una linda bota de vino añejo, que salta. Y cuanto tiene? S. Una arroba. Susana de las Susanas, abrázame aprisa ahora, que te quiero por aquesto como niño a quien le azota, como bebedor al agua, como deudor a quien cobra, como los perros al palo, como el cordero a la loba, como las liebres al galgo, como perro a quien le ahorca, como rico a quien le pide, como el capón a las mozas, y en fin, como tú me quieres cuando te dó con lla loga. Ea, dejémonos de eso, y siéntense a la redonda, y vamos comiendo, amigos. Pues dejémonos de historias Riñón, con esa cuchara presto no dejarás cosa. Reparas en lla cuchara, y te se hace cosa poca? cada uno tray la cochara conforme tiene lla boca; llas migas pican, que rabian, y el gáznate se me ahoga. Pues si no bailas un poco, no has de beber una gota. Y si mientras yo bailare todas las migas se envocan? Nadie coma mientras baile. Va chacona? . Ya chacona. Miren que figura aquella para piutada en alfombra! Oye, Susana maldita, mejor que la suya toda: bebo en nombre de Susanaa que aunque rabie no es hermosa. Mucho más que no el galán. Susana es muy linda moza. Con eso se ensancha ella como gallinaza loca. Ea, Risión, come a espacio; no sé donde te lo emvocas, que acabas con tu tarea, Esto de comer ya sopas, es como quien come puches, que los huestos no le estorban: venga otro trago, Doristo. Si la dices unas copias a Sulana, baberás. Ya de copla? . Va de copia, Eres, Susana, como un jabalín, en lo hermoso, en el garbo, y discreción, tienes los ojos como canamón, la boca como un medio celemín; las carnes todas como el puerco espín, tu ingenio como punta de colchón, la cabeza con mucha comezón, y los cabellos como de un rocín. tu talle como cuba de lagar, las patas grandes, y andas al traves, la cara como el agua de fregar, negra, y de puro negra ya no ves; Pues ves cómo te acabo de pintar? solo un rasgo de lo que eres es. Lindos versos . Extremados! Tengo yo vena famosa. Pues valga el diablo su lengua, que los lobos se la coman, si no pone falta el ruin, no tengo ninguna. . Sola. Gloria in excelsís Deo, A nuestra salud; qué es esto? parece que cantan? hola, Soria es lejos? Es un cuero el que la canción entona. Qué música tan suave! Los acentos enamoran. Alabad todos aqueso, que yo alabaré la botas . pero qué milano es este, que por esta parte afloma? Pastores de estas montañas, Ciudadanos de estas rocas, sabed, que Dios ha nacido para desterrar congojas, que entre prisiones esclavo el género humano llora. Una Doncella Divina le ha servido de Custodia, y su virginal alber nueve meses le aprisi oña, y esta noche sale claro Sol, desterrando las sombras, pues después de noche oscura resplandece más la Aurora: Reclinado en un Pesebre, vertiendo menudo aljófar entre dos brutos está el que a Dios Trino enamora: ad, Pastores, a adorarle, ofreciendo a sus heroicas plantas, humildes alhajas, pues su pobreza es notoria, Para que veáis su amor, del frío elige zozobras. porque quiere comenzar con pena, y dolor sus obras. En la Ciudad de Belen está la lucida Antorcha: seguid mis huellas, veréis en un establo la Gloria. Doristo, Riñión, volved, y celebrad tantas glorias, Decidme amigos de llalma, quién era aquella Paloma? para pájara era grande y para lechuza gorda. Calla necio, y tan gran dicha, como este Garzón pregona, celebremos. . A Belen vamos, y con ansias amorosas llevémosle que ofrecer de nuestras haciendas cortas, Yo voy a casa, Riñón, a traer alguna cosa, en que la recién parida al Niño albergue, y recoja. Trayme a mí para ofrecer muy bien llenas las alforjas

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Hermoso Niño mío, que en pobreza tan suma bajas del Alto Empireo a redinir del hombre tantas culpas, lloro, Señor, al veros un Pesebre por Cuna, y por Ayos dos brutos, que se pasman al ver tanta hermosura. Hijo del alma mía suelta mi lengua muda para que cante, y diga las grandezas en todo como tuyas; Por redimir al mundo bajas desde la Altura, y para nueve meses eliges de mi Vientre la clausura. Cantad, hombres, las dichas, que mi voz os divulga, y celebrad alegres, después de penas tantas, las venturas y yo no cesaré de celebrar la augusta fineza, y grande amor, que obráis, Señor, por vuestras criatutas, Y yo, Niño amoroso, Sol, que a todos alumbras, a tus plantas postrado las gracias doy del nombre que me ena el corazan te rindo, (cumbras? y voluntad, que es tuya, y si hay algún defecto, benigno te suplico me le suplas. Este es el Portal, Belardo, según las luces alumbran, pues aunque vagas penetran y el aire diáfano ocupan, a este Portal se encaminan, y aquí parece se juntan. Doristo, Belardo, oís? 2a Qué te ha dado? . Que la nuca me he quebrado, de volver a ver estas hermosuras; pero yo, qué es lo que miro? No veis, y como se aunan al Niño aquellas bestiazas para comerle? Arre mula de los diabros: voto a ñíos, que llas quite lla asadura con esta honda a pedradas: esperen verán que zurra. Tente, necio, y considera tanta mansedumbre junta, pues para enseñar los hombres le adoran las bestias brutas. La mula al buey le conece. Por qué? . No veis que no usa; aunque está tan cerca de ella, la mula las herraduras, y de dos pares de coces los dientes no le machuca? Calla, necio, y con simplezas no embaracemos tan justa alegría. . Yo he quedado de mirarlo absorta, y muda. Adorémosle. . Pues cómo? Mira, las rodillas juntas en tierra, y luego ofrecerle, si traéis alhajas algunas. Digo, no decís ansina, y luego andar a reculas, de esta suerte? voto a fíos, . que por esta mala cuca he caído. . Miente el tonto, que si él no lo pescuda, por qué de que haya caído tengo de tener la culpa? Mira, llega como yo, puestas en la tierra dura las rodillas, y di así: Niño Dios de las Alturas: Niño Dios de las Asturias: Que con luz tan celestial: Que con una luz candeal: Ahuyentéis sombras impuras: Atáis a todas llas brujas::- Necio, no decís palabra. Necio, no decís palabra. Atiende, salvaje, escucha. Atiende, salvaje, escucha. Vive Dios, que está borracho. Dice al Niño, o a la mula? Calla, Riñón, que has mezclado mas de ducientas locuras: déjame a mí que dle adore, y en él entretanto estudia. Soberano Dios, y Hombre, Majestad Excelsa, y Pura, que en ese Pesebre tienes entre humildes pajas cuna, a tus plantas, Señor, llega, una de tus criaturas, que humildemente te ofrece, de hacienda, que solo es tuya, este humil de corderito, que pública en lengua muda vuestra cándida limpieza, y vuestra obediencia suma. Niño Dios, que entre rigores vienes a lavar las culpas ajenas, humilde ofrezco aquesta cesta de fruta; recibidla, Niño bello, pues toda el alma se angustia de no poder ofreceros del Sol la madeja rubia. Pero de tanta pobreza como ofrezco, Señor, supía el alma, que a vuestras plantas tu misericordia busca. . Y yo, Aurora Celestial, hermoso Sol, clara Luna, Palma, Ciprés, Torre, Espejo, Pozo de Divinas lluvias, Huerto cerrado, y jardín, Ciudad excelsa, y augusta, Madre de Dios, que es el fin de las alabanzas tuyas: te ofrezco, Reina, y Señora, con voluntad absoluta, estas humildes mantillas, para que al Niño Dios cubras. . Oigan, oigan la Susana, voto años, que es muy aguda: esto tenías guardado? y luego dirán que es zurda. Yo, Señor, Niño bendito: déjenme que a espacio escurra; voto a, que se me olvidó lo que iba a decir: no apuntan? Ansí, Señor, yo te ofrezco aquesta zamarra lumpia, que mi Susana lavó con lindas jabonaduras. Estos antojos también; y para si andas a ascuras, esta linterna, que es buena; y un Sacristán, si le buscas, te dará cabos de velas de los muchos que ellos hurtan, Y finalmente te ofrezco, si las tengo, un par de mulas, unos bueyes con su arado, de gato, y perro una yunta. Y la Señora parida, por qué está tan cegijunta? voto a fos, que es muy hermosa, y garrida en compustura; si no es casada, osté quiere, que mate aquesta bárbuda de Susana, y nos resemos? calla, y lo toma de burlas. Graciosa, simplicidad! Qué contada! como tuya. Yo, amigos os agradezco lo que vuestra alma articula, recibiendo vuestros dones, y en recompensa tan justa, a este Niño Dios, mi Hijo, pediré que os de ventura. Y yo también agradezco vuestra sinceridad pura, y el Niño Dios, que lo puede, os ponga en mejor fortuna. Digo, amigos, acabose; y ahora vaya de bulla, cantando por esos montes. Vaya, Riñón, con cordura, aunque mirando tal bien, el no estar loco es locura. Hermoso Niño Dios, que desde las Alturas vienes a padecer culpas, que no son tuyas, dadnos favor en tantos dolores, penas, ansias, desventuras. Valerosos amigos, de mi valor, y de mi amor testigos, dadme todos los brazos, para que presos con aquestos lazos, y a pesar de la suerte, nos opongamos todos a la mueras con valor, enlazando aqueste nudo, y a su seguro seamos el escudo. Con brío tan ardiente, nadie le mate, Capitán valiente, pues que de Polo a Polo te aclaman valeroso, noble, y solo. A tus plantas postrados tienes, Dimas, valiente, cien Soldados guardando tus preceptos, que la causa seas tú, y ellos efectos. Pues Gestas valeroso, (que de mí mismo estoy tan envidioso en tener tal amigo) de tu gran valor soy fiel testigo, y a tu voz obediente, estuvo, amigo min, aquesta gente. gobierna, y manda en todos, buscando con crueldad, o piedad modo? para hallar alimento, que si él nos falta, faltará el aliento, Y lo que te suplico de camino, penetres del jordán lo cristalino, mirando entre sus flores, para buscar quien son sus moradores, Verás mi diligencia, pues es en mi precepto la obediencia. Vosotros los oteros penetrad, y robad los pasajeros: y llevad esta orden advertida, si se resisten, paguen con la vida. A tus mandatos vamos obedientes. Sois leales amigos, y valientes, Ya, hermosa Libia querida, en quien pusieron los Cielos, de hermosura, y gallardía, y de amor tantos extremos; ya que (vuelvo a repetir) los leales compañeros penetran esa maleza, a nuestro daño atendiendo; y ya que habrás extrañado lo grande de mi silencio, pues no te he hablado palabra hasta que de aquí se fueron: dame, bien mío, esos brazos amorosos, pues en ellos, del rigor, ni la fortuna me atemorizan sucesos. Dimas gallardo, ya sabes, que a ti amor me rindió el ciego rapaz, y que me ha criado solo para ser tu dueño; dispón en mi voluntad, gobierna en mi entendimiento, solo la memoria pido, que me dejes, atendiendo, que en ella veo, y registro lo que te adoro, y te quiero. Solo, adorada beldad, respondo a tus plantas puesto, que soy tu esclavo, y así, como tal te reverencio. Grande es mi amor, Dimas mío, de fino, y leal afecto Mayor es, Libia, mi amor, pues pasa de extremo a extremo. También lo es el mío, Dimas, si atiendes a este argumento. No le propongas, espera, porque yo te le concedo. Sin argüir me le concedes? el rendimiento agradezco. Es tan grande, Libia hermosa, el sino amor que te tengo, que si supiera que hubiera en todo el ámbito entero del mundo, otro corazón, que le tenga más perfecto, le buscara, y luego al punto se le sácara del pecho, y en el mío le pusiera, arrancando este primero. En el ser mayor tu amor, contigo argüir no quiero, porque si vencieres tú, es soberano trofeo en mí el ser de ti adorado, cuando ceres del alma dueño; y si sopístico yo venciere, estaré con celos, tanto, que no me perdone lo celoso de mí mismo. Y pues conozco tu fe, tu firmeza, y tus afectos, los lances tan peligrosos en que amor por mí te ha puesto, mira como podré yo el ponerme en argumentos contigo, antes alma, y vida, y todo mi ser te ofrezco, y con todo eso no pago nada de lo que te debo. Dimas gallardo, y valiente, lo que has ofrecido aceto, pues tu noble corazón admito solo por premio; y así, otra vez a mis brazos vuelve, que afirmo, y prometo, que sin ellos hallo muerte, y vida, y gloria con ellos. Dime, pues, como te hallas, hechizo adorado, y bello, reinando en estas montañas? Bien, mas con temor, y miedo; que como somos los dos dos almas, en solo un cuerpo, cada instante que al oído llega de armas el estruenio, pensando que contra ti ya se conjuran soberbios, el corazón se estremece en discurrir que te pierdo. Esos miedos, Labra hermosa, losiégalos, pues es cierto, que todos cuantos Vándidos tiene este Olimpo soberbio, mirando mi gran valor, a mis plantas se rindieron de tal forma, que conozco la gran lealtad de sus pechos. Y si no, Deidad querida, quián mostrará atrevimiento contra nuestro amor, que yo, arrojado rayo fiero, no le despedace al punto al impulso de mi acero? Quién bastará a perturbar tantas delicias de Venus? (cho! Yo soy bastante. . Qué escu- Cestas en esos oteros con mis compañeros anda; pero a nuestro amor volviendo, ha de durar dos mil siglos. No es muy fácil. . Qué es Ya pronóstico parece (aquesto? de aquestas voces el eco. No temas, querida Libia, pues todes los Vandoleros, con dos Pastores, se acercan a nosotros. , , . Teneos, y miente quien tal dijere, que yo soy tal, y tan bueno: Qué es esto, Cestas amigo? Oye, y te diré el suceso. Dimas, como me mandaste, que inquiriese por extenso del cristalino jordan Pastores, y pasajeros, y buscase en sus contarnos el ordinario sustento: llegué cerca de su margen, y hallé aquestos dos riñendo, (que son marido, y mujer) y ponténdome por medio, preguntó: Quién bastará a quitarnos nuestros pleitos? Yo soy bastante, les dije. Respondió: No es fácil eso; y así, a tus plantos los traigo cautivos, tristes, y presos. Con qué confusiones lucho . al oír estos acentos! Pero cuando a fantasías se ha reducido mi esfuerzo? Decid la causa, Pastores, de vuestra pendencia. . Empiezo. Yo comenzaré, señor, porque este es un majadero, y no sabe hablar palabra. Vive Dios, que si alzo el leño, con perdón de los señores, la he de moler el pellejo. Hablad, Pastor. . Pues señor, como digo de mi cuento, lo segundo porque yo reñía, fue . Lo primero dejas, y a lo último vas? aqueste es bellaco, o necio. Señor, mi Susana es la que miras. . Ya lo veo? proseguid pues. . Ella ha dado en decir, que lo celero, y su merced no se admire, pues miro en cualquiera tiempo, que anda detrás de mí un hombre atisbando: yo me emperto, cojo u palo, ando tras él; y si me vo al aposento, se va tras mí; y si me paro, se para, y me tiene muerto, pues aunque lo veo siempre, si le busco, no le encuentro; y si no, osté me repare, por ver si acaso le miento: mire si anda tras de má. Esa es tu sombra, esás ciego? Llo primero es esto, yo a lo segundo: Eneflento, es una puerca tremenda, (no quitando las que veo) golosa, es nunca acabar; y sino, escuchen un cuento, que sucedió con Sulana, Para curar mi jomento traje trementina, y dejémelo en casa, y luego el Albeitar fui a llamar, busco el unto, no le encuentro; dijela: Mojer, has visto del bórrico los ungüentos? Ay desdichada de mí! (replicó medio gimiendo) pensando yo que era miel, me lo he comido, y advierto que es verdad, pues en las tripas se me pegan, y perezco. Miren ustedes, señores, si habrá razón para esto, y para darla de palos, pues siempre está regroñendo? Pastora, hablad: por qué causa te maltrata? . Sabe el Cielo, que no le he dado ninguna, porque ande conmigo a pleito, Si viene, y me río, rabia; si lloro, dice levero: No ha venido aquel galán pulido, hermoso, y discreto? Y si acaso le replico, luego se pone soberbio, y con su garrote a palos me muele todos los huesos, Si le despacho al instante, dice, que visita espero; si no le despacho, se ahorca, y dice, que flema tengo, Y finalmente, señores, ha dado en pedirme celos, y son de aire, pues yo ninguna traición le he hecho, ni en casa ha visto hombre alguno sino es que villano, y terco, de su misma sombra él se amedrenta, y yo lo penos esta es la causa, señores, de todos nuestros en uentros; Gestas amigo, a estos dos mantatad los a dos leños, pues con sus simplicidades alguna pena me dieron, Por qué manda que me aten, señor, con rigor tan fiero? Porque andas con tu esposa tan capaz, y u Y a mí, señor Porque acompañas a este necio, y conociendo quien era, buscaste tu cautiverio, . Ate con menos rigor, que me quebranta los dedos: Señor, por amor de Dios no nos deje en este puesto. Por mujer, Señora mía, que nos désate la ruego. Yo, amigo, voy a mirar de esta espesura lo espeso. Hermosa deidad, en tanto que los nobles compañeros, dando vuelta por el monte, asaltan los pasajeros, quiero reposar, mi bien, pues me ha asaltado Morfeo de tal suerte, que imagino, que está mi vida en el sueño. En mis faldas dormirás a la sombra de estos fresnos. . Quiero apartarme de Libia para discurrir el medio con que poder libertarnos de tanta pena, y tormento, pues siendo noble, y piadoso, hoy me miro Vandolero: Cielos, cuando han de acabarse de mi vida los sucesos? Ay Dios mío de mi alma, y como ahora me acuerdo, que todos estos trabajos me pronosticó mi avuelo! Pues en qué forma, Riñón? Me maldijo así, diciendo: Plegue a Dios, como calebra arrastres con tu pellejo, y ahora atado pies, y manos arrastro por este suelo. Mayor es mi mal. . Por qué? Porque por él me pusieron de esta suerte. . Ay mi Susanal que tienes razón advierto, pues por mí a ti te han atado, que me perdones te ruego. Susanita de mis ojos, si de esta libres nos vemos, te querré mucho: hay Susana. Qué tienes, di? . Qué tro locótreme, mi Susana. No me veré en ese espejo: . en qué lo conoces? . Qué me duelen todos los huesos, y la lengua se me enturbia: arrimate acá. . No puedo: hay Riñón del alma mial Sulane, no llores recio, porque los diablos vendrán, (que ya parece los veo) y agarrándonos junticos, nos llevarán al Infierno; ya casi no puedo hablar. Pues yo tampoco no puedo; te mueres, Riñón querido? Sí, ya me voy muriendo; y así, antes que me muera, quisiera hacer testamento, disponiendo de mis bienes en el quinto, y en el tercro. Pues hay acaso Escribano? Hartos hay en los oteros Esos, Risión, son ladrones. Y estorros no son lo mismo? y por si acaso me escucha alguno, comenzar quiero. Item, mando a mi Susana, por el amor que la tengo, que la entierren junto a mí, y que la pague el entierro de sus bienes. . Mira, que lo llevas muy mal compuesto, que así no has de comenzar. Por qué . Porque lo primero es, en el nombre de Dios. Dices bien; mal lo pergeño: En nombre de Dios revoco, y añudo los testamentos, que después de aqueste hiciere. Ahora, Risión, va bueno. Mando a Capado, mi primos que le den un buen carnero. Ese cárnero, Risión, en mandarle mal has hecho. Por qué razón? . Porque a mí me ha de tocar de derecho. Pues vambién tú no te mueres como yo . En verdad, no pienso en morirme yo tan moza. siento Pues Susana, harto mas no puedo más: qué he de hacer? tomar el tiempo como viniere. Item, mando a la hija de Ancón Crespo, un pellejo de vinagre. Vinagre? aqueste pellejo es mío, que me le dio, por cumplirme el dote entero, mi madre, y así no mandes sino es lo tuyo. Item, dejo declarado, que Susana es buena hasta los cabellos. Irem mando a mi Benita, la mujer del Tabernero, para que beba por mí, un carz de vino añejo. Item, mando a Don Toribio, que fue el mijor Pregonero, que en mi linaje se halló, unos borcéguiles nuevos, Item, de todos mis bienes me nombro por heredero. Si tú te mueres, Riñón, para qué los quieres luego, si no te aprovechan nada? Mi Susana, yo me entiendo: Nombro por mis Albaceas a mi sobrino Antañuelo, Ribato, y Antón, que son de muy grande entendimiento. Irem, digo, que si acaso no muriere en este puesto, que lo mandado revoco, y mi derecho reservo. Y así, mando a mi Susana cuatrocientos mil cencerros, que están en casa en la arquilla. En verdad que no los quiero. Ya, mi Susana, parece que se acelera el enfermo; ya se entorpece la lluenga; ya se me tiembran los dedos; Susana del alma mía, como un pajarito nuevo me he quedado; mirame si acaso me he puesto feo. Ay Riñón de mis entrañas! Ay, qué triste viuda quedo! (porque no es verdan te lloro) qué mozo estás en el Cielo! Ay, malogrado Pastor, que me faltó mi consuelo! Antes ciegues, que tal veas: todavía no estoy muerto. Pues yo ya entendí que sí, porque estabas tan perverso, que espantabas, y el amor me hacra hacer mil extremos. Ay, Susana, que ya sé lo que en perderte a ti pierdo! Señores, si allá en Belén me muriete yo es muy cierto, que aunque es tan malo morirse, lo haciera con más contento. Lo primero, estando malo, dijera Vengan los huevos gemidos, vengan sostancias, que tiene boca el enfermo. Llaman al Doctor, y viene, tómame el pulso severo, y después de mil bobadas, repite. Sángrenle luego, y sajenle unas ventosas. Ve aquí viene el Barbero contemplando en las solias, en lo cual se está suspenso, habla doce mil locuras, que me aturden el cellebro, me encazan unas ventosas, que me queman los extremos, y luego al instante claman, y dicen. Este hombre es muerto; ya se levanta el sarrillo; ya espanto con dos mil gestos; y finalmente, entre todos, como un pajárito quedo. Dios le tenga (luego dicen) al buen Riñón en el Cielo: era muy hombre de bien, aunque sea como un perro. Oh malogrado cuitado! dice Sulana gimiendo. morirse de aquesta suerte es malo, pero es consuelo. Pero aquí que no hay persona, que atienda a mueso remedio, ve aquí que viene un lobo, que me muerde de los dedos, otro me tira a las patas, y todos a mi pellejo. Uno me tira a los ojos, y me deja, cuerto o ciego, después a medio mascar me sepultan en sus cuerpos; pero ha Susana, te mueres? Milagro es no haberme muerto de oír tantos disparates como has estado diciendo; mas por Dios que me solté: Ahora, Risión, veremos como me pagáis aquí los pesares que me has hecho. Susanita de mis ojos, suéltame luego al momento, que no te hablaré palabra, antes andaré atendiendo a tus gustos. . Eso sí, haz, picaron, mil pucheros; pues antes que te desate has de hacer mil juramentos de no darme más. . Pues vaya de jura: juro, a los perros de mi abuelo, que los diablos carguen al punto con ellos, si mal te hiciere. . Qué dices? Pues llamo a los bandoleros, que te maten: Ah señores. Calla, no los llames recio, que si vuelven, me olerán muy mal aquestos gregüescos. Pues no juras? a señores: qué dices? no juras perro? juro a Dios, Susana liada, de no darte en ningún tiempo, pues conozco las razones que has tenido para hacerlo: juro a Cristo, voto a Dios:: Tente que basta mi dueño: ya, Riñón de mis entrañas, sin merecerlo estas suelto: . adónde quieres que vamos? A darle gracias al Cielo, que nos libró de ladrones, y no me faltan dos dedos para molerte a patadas. Pues Riñión, y el juramento? Eso me tiene, Susana, y me detengo por eso. Ea, pues, dame esos brazos. Susana, a se que no quiero, Espera, Nuncto Divino, Paraninfo hermoso aguarda, detente, y no tus rasones me dejen en pena tanta. Por qué, soberano Nuncio, con tanta prisa me mandas huya de Herodes a Egipto, te miendo sus amenazas? Dios de Israel, Sabio, y justo, temes de un hombre las armas? pues al que huye de cobarde cobra crédito, y se infama. Noreres, Señor, quien al hombre, con tu mano soberana, en el Campo Damasceno le levantaste de nada? No eres quien al Querubín, con sus traidoras Escuadras, destruiste, porque quiso manifestar arrogancia? Pues por que a tu amado Hijo en su niñez delicada mandas, que a Egipto camine, desamparando su Patria? Mas soy necio, que si nace a padecer penas tantas por los pecados del hombre, conviene en su tierna infancia, que yo, Señor, te obedezca, rindiéndote vida, y alma. Despertar quiero a mis prendas; Ah María, Esposo amada, prenda del alma querida, despierta : Pena tirana . me aflige al considerar esta nueva que la aguarda! Joseph mío, Dueño amado, querido Esposo, qué mandas? Mas qué miro! que es aquesto: por qué tu flor está ajada, y tus dos hermosas luces. las hallo a un tiempo eclipsadas; Por qué las perlas preciosas de tu tesoro derramas? Ea, declárame el mal, dime tu pena, descansa, pues al mirar tu dolor, todo el aliento me falta; Dalce, y soberana Esposa, sabrás (pena desusada!) que estando en paz sosegando, oí una voz soberana, que me dijo: Joseph, oye, que esto Dios permite, y manda: Levanta al punto del lecho, y al Niño, y su Madre Santa despierta, y con ellos huye a Egipto, porque amenaza un riesgo grande a su vida, pues el fiero Herodes manda degollar a cuantos niños Belen tiene, y su comarca. Y ya, Joseph se comienza la crueldad más extraña, que en los Anales del tiempo la antigua idea retrata. Ya se miran desde aquí las angustias, penas, y ansias de las afligidas madres, que de los pechos apartan con rigor sus hijos bellos, y a la cortadora espada los entregan, y de un golpe parten un cuerpo, y dos almas: Raquel llora por sus hijos, y no la consuela nada: huye a Egipto luego al punto, que hay peligro en la tardanza. Esto en sueños me revelan, mira si es bastante causa, para que con tal cuchillo cuade el alma traspasada. No, Joseph, te desconsueles, que puesto que Dios lo manda, sabe que esto nos conviene, y así del dolor descansa, y con brevedad posible dispongamos la jornada, juntando el corto caudal, y nuestras pobres alhajas. Vamos, Soberaba Reina, del corazón prenda cara, pues con nortes tan seguros no temo, no, la borrasca. De estos trabajos, Joseph, démosle al Niño las gracias, No sosiega quien bien quieres nunca duerme quien bien ama? Apenas de este tumulto de insultos, y penas tantas, (pues el Cielo a tales lances me arrojó desde mi casa) habrá dos horas (que siglos se representan al alma) que mi Dimas; no parece, y por estas verdes ramas, tan espesas, que a los rayos del Sol le impiden la entrada, le vi venir: quiero en ellas ver si acaso en paz descansa; pero aquí está, y algún sueño le altera, y le sobresalta: en sueños habla. Ah traidor, que me has quitado la espada! porque a finezas de amigo tan sogratamente pagas? Despertarle quiero; no, mejor es ver, que le espanta. Espera, Juez, no tan presto sentencies así mi causa; por qué a muerte me condenas con tanta afrenta, e infamia? Romano soy, no Vándido, aunque he corrido montañas? muera como noble, muera, pues nobleza no me falta. Ay de mí! que aqueste sueño a mí también me amenaza peligro: despertarele? pero son sospechas vanas, e imaginaciones leves, y de los sueños fantasmas. Crueles, fieros, aleves, . tened piadosas entrañas, y no con tanta fiereza obréis acción inhumana. Terrible sueño le aflige, pues tanto le sobresalta. No burles de ese Hombre amigo pues con paciencia tan rara sufre los duros tormentos con que todos le maltratan. Nuestra culpa es conocida, pues robamos vidas, y almas, y en este Señor el Cielo con sus luces se traslada: en el semblante lo muestra, y perdona a quien le agravia. Señor, pues de Dios sois Hijo, que mi alma no se engaña, tened piedad de mis penas cuando habitéis vuestra Casa. Ya el color muda el rostro, ya se le tiembla la barba, y según su sobresalto, el corazón se le arranca: ya prosigue, yo le escucho. Cielos, ya entre pena canta . rindo la vida, y confío, Señor, en vuestra palabra: ya el corazón desfallece, ya toda la vida falta, ya pero, Cielos, qué veo! . Libia mía, Libia amada, dame los brazos . En ellos de tanta pena descansa. Libia mía, un sueño vil me atemoriza, y espanta, y entre penas, y tormentos terrible fin me señala. Contadle. . No sé si puedo, porque un nudo a la garganta se me ha puesto; pero escucha. Con atención está el alma. Apenas, hermosa Libia, de tantas penas crueles, como este oficio en si tiene, me aparté buscando alivio a este florido tapete: (aunque sin ti mal alivia quien tanto te adora, y quiere) entré en consulta por ver cuantas veces, cuantas veces el Cielo mi vida puso en riesgos tan evidentes; y por sus altos secretos, piadolo librarme suele, considerando esta vida que para los dos es muerte, pues Marte nos amenaza, cuando Cupido apetece gozar delicias de Venus entré amorosos placeres. De este discurso llevado, me abatió tan de repente Morfeo que a su sosiego me reudí muy fácilmente. Soñaba, pues, Libia mía, que entre encarnados claveles lecho mullido compones para que en él me recueste, y de tantas tnvastones descanse, alivie, y aliente. Soñé, pues, que me dormí tierna, y amorosamente: quien soñando, sueña sueño, y en sueños sueña su muerte? Y estando en él (ay de mí!) permite cuando me acuerde del sueño, algunos suspiros entre las razones mezele: Gestas mi amigo, en quien hallo amistad, y lealtad siempre, traidor en esta ocasión, a mis contrarios me vende. Llegaron a mí, y al punto entre tus brazos me prenden: mira tú que sentimiento tan terrible sería este, viéndome yo Vandolero, y en poder de tantos jueces. Reparé, que al mismo instante que acabaron de prenderme, también a Gestas mi amigo le ligaron con cordeles. A Jerusalén me llevan, y en una cárcel me meten tan oscura, y tan profunda, que mi sepulcro parece. Después de diversos lances, muy alterada la Plebe, mi muerte piden a voces vengativos, y crueles. Y estando entre tantas penas, (como son las que padece quien llorando entre cadenas robada voluntad tiene, en alternadas canciones una música me ofrece el aire, que a mis oídos encanta a un tiempo, y suspende. Morir en Cruz es tu vida, y tu dicha está en tu muerte, (dijo la voz) y con gusto por un gran rato quedeme; mas como era todo sueño, se fue el gusto brevemente, de tal forma, que al instante para mi muerte previenen los Ministrus, y Verdugos instrumentos cenvenientes. Con una Cruz en los hombros llevanme al Mante Olivete, y a mi sado también Gestas de la misma suerte viene, Y en fin (mas la lengua tiembla) los Verdugos (lance suerte!) en la Cruz (terriole pena!) me ponen (la voz fallece!) clavado (terrible angustia) pies, y manos: aún no puede el labio declarar más, que el corazón se estremece, la sangre toda se hiela; pero no es mucho que tiemble, pues quien al Cielo, y al Mundo. con tanta crueldad ofende, qué mucho tema, pues solo es bien este fin espere? Pero volviendo a mi sueño, estando en la Cruz pendiente, veo, que en medio de entrambos poner los Verdugos quieren un Hombre (mentí al decirlo) una Deidad del Celeste Imperio, pues no es posible, que el Hombre otra cosa fuese; porque era tan bello el Joven, que todo el Cielo parece, que a retratarle estudioso. juntó divinos pinceles. Con majestuosa presencia. el Cielo le formó alegre, pues parece que a las almas cual atractivo, imán vence. Partido en curiosas trenzas. su hermoso cabello tiene al estilo Nazareno, y aunque en púrpura se envuelve, cada cabello es un rayo, que mata al ingrato, y hiere. Flechas dispara de amor de su dilatada frente, y aunque compited corales, solo campea la nieve. Sus ojos casi eclipsados miran tan severamente, que aún tiempo con mirar matan, y si ou miran, dan muerte, De sus mejillas la rosa, y el jazmín se mira ausente, pues mirándole clavel ajado se desvanece. Lirio cardeno es el labio, más como púrpura vierte, huyó corrido el rubí, viendo que lugar no tiene. Concha de carmín perfecto es su boca, más parete, que las perlas que atesora, se transforman en claveles. Por su faz hermosa veo de púrpura mil corrientes, que cuajada entre la barbas, hacen su pena más fuerte. Con una cruel Corona de cambrones inclementes, por dolor, y por escarnio traspasan sus bellas sienes. Desnúdanle los Soldados con un rigor tan vehemente, que el Sol se quedó empañado de ver crueldad tan aleve. Y por su Divino cuerpo manan de púrpura fuentes; una vil loga a su cuello bárbaramente se atreves, y la nieve que en él miro, se mudó en color celeste. En sus delicados hombros puso un Madero la Plebe, adonde quieren que muera, porque se nombra imprudente Hijo de Dios, y a los hombres les promulga nuevas Leyes. Clávanle, al fin, en la Cruz, a cuya vista parece, que los hombres, Cielos, Montes, con un temblor se estremecen, Reparé, que una Mujer, (aún a pelar de la gente) que porque al joven llegaba, la atropellan, y escarnecen. Alpie de la Cruz lloraba, pero era tan tiernamente, que me admiró, que! s hombres a piedad no se moviesen. Volví al Joven la dabeza, y al mirarle, me suspende de tal forma, que rompiendo el labio, hable de esta suerte: Señor, que en ese Madero tan sin delito padeces, cuando en tu Reino te veas, de mi súplico te acuerdes. Por Dios, y Señor te adoro, pues, si no Tú, nadie puede padecer pena sin culpa, y perdonar quien te ofende. Hoy serás conmigo (dijo) en mi Celestial Retrete. Se eclipsó a este tiempo el Sol, y titubearon los ejes del Universo, y temblando, los miedos, y horrores crecen. Pero yo, aunque entre dolores, me miraba tan alegre con la palabra ofrecida, que deseaba mi muerte. Esta es, Libia, la ilosión, que mis sentidos padecen, que el pecho me sobresalta, y me aflige, y me enternece. Vuelve, Dimas, a mis brazos, para que en ellos sosiegues, y cesando fantasías, ni te turbes, ni te alteres. Libia mía, tu peligro es solo el que el alma teme, pues a mi es dificultoso, que los peligros me encuentren, y aunque alguna desazón me dio este sueño, fue breve. Dimas, el Cielo te guarde para amparo a quien te quiere. Que un sueño vil pueda tanto! que diga una voz aleve, en una Cruz: . . Morirás, si el Cielo no te defiende. Válgame el Cielo! qué es esto? Ya, Dimas mío, parece, que en estos montes los aires con equivocos me ofenden; mas con unos caminantes Gestas a esta parte viene. Villanos, sino es que un rayo de aquesta Esfera Celeste caiga y me abrase, no es fácil, que yo de mataros deje. Señor: Señor: 2. Piedad. Qué es esto a Gestas, detento; y vos, Deidad Soberana, postrado a tus plantas tienes un Soldado, que al mirar tan Divinos rosicieres, el alma, y vida te ofrece. Y yo de la misma suerte, . Madre, y Niño Soberano, permite, que humilde bese de tan blancas azucenas el más bello ramillete. Yo, amigos os lo agradezco. Cielos, qué prodigio es este? Dimas, qué es lo que haces? mira, advierte, que el juicio pierdes, y el sentido: vive el Cielo, que el fuego que en mí se enciende mirando estos Peregrinos, con su sangre apagarele; más Cielos, quien los impulsos de esta suerte me detiene? quien los alientos me priva? quién el valor me entorpece? Calla, villano, cobarde. Calla infame, calla, aleve, y no con viles palabras nuestro regocijo inquietes. Los mataré, vive el Cielo, pues así me abraso Tente, que no es muy fácil, villano, que mi valor los desiende: Libia. . Qué mandas? Que al punto acompañes esta gente, guiando, a nuestra cabaña, para que en ella se alberguen? y vosotros, Peregrnos, recibid mi afecto ardiente, pues alma, y vida os ofrezco, y serviros en mi albergue. Yo esa piedad agradezcos y pues del Cielo te viene, este Niño Soberano te la pague, y te la primie. Y yo, piadoso señor, rogaré al Cielo se muestre con vos con tanta piedad, como a los tres nos ofreces. Venid conmigo; y vos Dimas, perdonad que alí me ausente; mas vuestro valor es grande, aunque es el riesgo evidente. . Ya, Gestas, solos estamos, y mi sina amistad quiere quejarse de ti, por qué tan rigoroso pretendes quitar la vida a estos pobres Peregrinos inocentes? Lo tierno de aquel Infante, di, Gestas, no to enternece? de aquella Mujer lo bello no te apiada, y te detiene? y de aquellas nobles canas lo anciano no te suspende? Nada me da compasión, antes más rigor me enciende, y ahora solo contra ti, ingrato, mis quejas vuelven. Por qué, loco desatento, adoras de aquesta suerte a tres viles Criaturas? Deja, deja que te afrente: pues siendo yo quien te puso en este puesto que tienes, me pagas con obras malas, y con palabras me ofendes. Pues vive el Cielo, que aquí, para que en algo se temple la furia, y enojo mío, le he de apagar de esta suerte. Eso es lo que yo esperaba, pues mi espíritu valiente, por defenderlos con riesgo, aqueste empeño apetace, . Esgrime el cobarde acero y verás como merece mi valor la dignidad, que tú dices que me ofreces, Pelea, Dimas, que ya de nuestra amistad es este el último lance: Cielos, ya mi valor desfallece; tente, amigo, herido estoy. Qué es, villano, detenerme? hasta matarte eso no. Pues a tus plantas me tienes, . rendida vida, y espada. Pues ahora, Gestas, qué quieres? Que amigos seamos como antes, solo lo que el alma quiere. Pues dame, amigo los brazos, para que en ellos alientes, que en mí no cabe rencor. En mí si hasta ver tu muerte. Vamos al punto a la cueva, para que atento veneres los más bellos Peregrinos, que nacieron de mujeres. JORR

JORNADA TERCERA

Retírese la gente entre aquesta maleza, y espesura, sosiegue lo valiente, para que esté la presa más segura, Hasta que sea la ocasión llegada, la vaina empuñe la temida espada; penetraré este monte, rodeando su hermosa pesadumbre, y imitando a Faetonte, registraré su altiva, y fiera cumbre con mis Soldados fuertes, y atrevidos, hasta acabar con todos los Vándidos. Con llantos, con quejas, y alaridos, de estos contornos la astigida gente lastiman los oídos de Pilatos Romano Presidente. Y con estos Soldados avimosos, valientes, y esforzados, me manda que destruya alraai o su poder, arrogancia, y gallardía, sin que ninguno huya, y llegue para todos aquel día, que faltando esta gente foragida, tengan seguras henra, hacienda, y vida Mas entre estos jurales quiero pasar la fiesta, que aquí con los cristales de aquesta hermosa fuente, no es molesta, pues refrigera su corriente pura, aunque conozco que mi amor mur mura. Ay Dios mío de mi almal Derente, Riñión, esposo, sosrégate. . No es posible, que vengo molido todo. Pastores, qué es eso? . Cielos, si será este lladrón como el otro que nos ató? Decid, Pastor rudo, y tosco, por qué llorás? . Señor mío, lloro porque tengo ojos? mire usted mi Matí Moño es esta; Sosana, y yo nos casamos un Agosto, en lla boda hubo gran fiesta, bailó todo mi abolorio, ma padre Toribio Sanchez, Tamborillero famoso, y mi madre fue la flor de obligadas de mondongos, Un hermano que tenía, que andaba acaza de aorros, muy enojada mi Madre, le dijo que era un gran tonto. Y tu loco, mentecato, piensas que no eres muy poco? , Villano yo no pregunto por tus padres, ni avolorios, sinto que digas por qué venías tan querelloso? Voy al caso, señor mío, y al instante al cuento torno. Fui esta mañana a mi casa por el sostento forzoso, y dempues de haberlo echado Susaba, que es como un oro, ( mejor los diablos la lleven) vinose conmigo al soro, llegamos los dos al hato, y un mastinazo famoso hizo a Susana mil fiestas, con mil saltos, y córcobos, la miéndola por lla cara, muy alegre, y cariñoso. l bórrico lo miraba, y del mastin envidioso, alzando patas, y callos, se subió en aquestos hombros, y al brincar con rebozuidos, me lumpió todos llos mocos, y con las patas, la boca me ha dejado sin estorbos, muy dolorida, y muy mala, y vengo por estos trozos a buscar aquesta fuente, por curarme con su lodo. Decid, Pastores, acaso visteis en estos contornos algunos Vándidos? . Qué? Los ladrones dice, bobo. Cómo el señor llo decía no lo entendí en estos sotos los hallamos otro día, y como perros rabiosos nos atarqn a los dos, Y fue caso milagroso, que entonces no nos numiera nuestros haberpos algún subo. Aunque el Jnfierno lo impida; haré paso por vosotros. Qué es esto, Soldados míos? no le matéis: animoso Soldado, viven los Cielos::- A tus plantas, Marío heroico, tienes mi vida, y espada, que humildemente la postro, y si me ofreces perdón, te entregaré valeroso los Vándidos de esta Olimpo, Señores, qué es lo que oigo? este es mal ladrón sin duda. Diciéndolo está su rostro. Señor este es un ladrón, y el más grandazo de todos? Sufana, llégase acá. Qué hacéis, villanos? Me escondo, por no ver ese ladrón, que no me ate en otro chopo. Amigo, el perdón tenéis, y así desde, aquí le otorgo: habla, a qué vienes, declara, y no me tengas dudoso. En la Ciudad de Damasco, cuyos blasones heroicos a la fama dan envidia, por sus hijos valerosos, nacá, señor con tan grande patrimonio, que ninguno en la riqueza me dejó nada envidioso. Siendo de veinte y dos años, la Parca, con rigoroso cuchillo, en mis nobles padres ejecutó su destrozo. Quedó una hermana conmigo, principio de mis ahogos, pues fue la principal causa de mis sustos, y alborotos. Llegó a los años catorce, y con afecto amoroso, la miró un gallardo Joven, y apenas puso los ojos en ella, cuando rendida la halló a su amor cariñoso. Gozola en fin (oh mal haya quien el honor luminoso en una mujer le fía, pues su valor es tan poco!) Hallela un día llorando, hecha una fuente su rostro: preguntela por la causa de tan sentidos sollozos, y me contó por extenso toda mi afrenta y desdoro. Busque el punto al Caballero, saquele al campo brioso, díjele, que convenía para mi honor, ser esposo de mi hermana replicó entonces con desahogo, que como yo me atrevía a pronunciar ciego, y loco tal desatino? Y sacando este acero valeroso, de una estocada quedó envuelto en corales rojos, No fue tan secreto el caso, que no lo supieron todos sus parientes, y los míos. Ofendidos unos, y otros, valiéndose de las armas, se hicieron tales destrozos, ruinas, y muertes, que toda la Caudad se vio en un lloro. Retirámonos a un monte, y una noche (fiero asombro!) me asaltaron de repente los contrarios, que orolo fue el huir, y aún con huir, nos escapamos dos solos; y viéndonos ya sin gente, y mi hermana puesta en cobro, nos venimos a estos montes, adonde aguardando el odio, los Extranjeros nos pagan las ofensas de los propios. Y sobre una presa un día nos enfadamos de modo, que a no estar nuestros soldados, que nos tuvieron, nosotros mismos nos dieramos muerte; y entre el enfado, y enojo, me dijo mi infiel amigo: Falso, ingrato, y alevoso, quien hastó para acabar junto a Damasco con todos tus partentes, bastará para matarte a ti solo. Inferi de estas razones, que fue el traidor engañoso, que mi poder destruyó; y sabiendo yo que a Poncio, Presidente de Judea, con ejército copioso te envía a que nos castigues, viendo las muertes y robos, que hacemos todos los días, propuse yo así ingenioso mi venganza, y así vengo a darte, invencible Cónsul, modo con que los Vándidos prueben tu valiente enojo. Y llegando a esa montaña de fresnos, robles, y chopos, me asaltaron tus Soldados, y yo arriesgado, y furiolo, con este invencible acero, que a vuestras plantas le postro, de todos me defendí; y ahora, señor, me pongo en tus manos, y piedad de tantas culpas invoco. Alza de el suelo, que yo benigno te las perdonos pero si formas traición con el miedo cauteloso, al impulso de este acero te he de hacer menudos trozos. Todos los Dioses Divin que en ese celeste Sol habitan, me den castigo si no cumplo lo que informo: presto, Dimas, lloraras el ser tan majestuoso. Infórmeme este Soldado . de todos estos contornos, y muéstreme las cabernas donde tienen su reposo, que este, y ellos pagarán. Estos Pastores, señor, oyeron lo que propongo, y si libre penetraron por ese sitio horroroso, puede ser que participen mis intentos cabilosos a los Vándidos, así, porque no tenga mal logro nuestra pretensión, atados en lo duro de estos troncos pueden quedar. . Muy bien dices. Señor, por el Dios piadoso de Iscael, y de Sion, (que también cría modorros) que no mos ate. . Señor, yo le suplico lo propto, que nos iremos al punto, porque está el ganado solo. Si señor, y puede ser que nos llo coma algún llobo, decenos que lo guardemos, porque ya tenemos poco. Pues Pastores, id con Dios, y por este territorio caminad, la orilla abajo de ese rio caudaloso. Plegue a Dios, o mal lladrón, que te lleven los demonios, y cruelficado estés, por el susto pavoroso que nos diste. . Adiós plegue que te mordisquen los lobos. Si de esta nos atan, el testamento revoco, y era fuerza, que de nuevo hicieramos los dos otro . Soldado, cómo te llamas? Yo, señor, Cestas me nombro. Pues Gestas, al monte vamos, que yo te ofrezco un tesoro en precio de este fervicios que ya por cierto supongo. Noble Capitán, conmigo ven, verás como te pongo en las manos la cabeza de aqueste tirano asombro. . Avisas, quiero a mi gente, que a la desfilada todos le vengan; y por si acaso intentase cauteloso algún engaño, le pague, pues su corazón ignoro. Si presas las dos cabezas llevo al Presidente Poncio, para mi descanso, y dicha me han de servir de soborno. Belona hermosa, y amada, prenda de mi corazón, en quien cupido el arpón dejó con flecha dorada: a tus rayos, y a tu espada teme el mundo con desvelos, y yo entre tantos anhelos, viéndome de ti adorado, muchas veces he formado de mí la envidia, y los celos. Marte esforzado, y valiente, si Adonis en lo galán, a quien el lauro le dan las de la Helícona Fuente: en alabanzas detente, que me has de dejar corrida; y pues tu vida es mi viva, y tan fino nuestro amor, fuera el corazón traidor en no ser de ti vencida. Es tanta, Libia, mi fe, que aunque explicarla quisiera, es mi lengua tan grosera, que juego que no podré. En ello bien andaré, pues tongo experimentado, que eres perfecto dechado de firmeza, y hermosura, y al silencio en su clausura, lo dejaré encomendado. Mi fe, Dimas generoso, es tan ufana, y es tanta, que viendo que no adelanta a nadie en la venturoso, mi corazón envidioso queda al tener tal amante, a quien yo firme, y constante rindo corazón, y vida, no el alma, que está rendida de nuestro amor al instante. Dejemos, Libia adorada, ya la amorosa porfía, pues mi pecho algo cansado, a solo el descanso aspira. Y tan tirano Morfeo me sobresalta, y avisa, que a su imperio sin aliento todas las putencias guía. Esposo Dimas, amigo, en mis brazos te reclina, y en ellos dulce descanso tendrás, y quietud tranquila. Mil veces, amante dueño, mi noble memoria avisa las finezas, los desvelos, que constante multiplicas. Todos, Dimas, me los pagas, pues tu voluntad rendida a mi amor tienes constante, que es lo que mi fe te estima; dime, y Gestas? . Está en esa Aldea al jordan vecina, fue por su tento ayer tarde, y su ausencia me fatiga, y más que Poncio Pilato, (hoy me han dado la noticia) que para llevarnos presos muchos soldados envía; por lo cual les tengo puestos todos en forma de espía, de tal suerte, que al instante que haya emboscada metida, a una seña se hallen juntos, hechos todos en dos hilas porque no nos delevidemos, y nos prendan con malicia. Dimas, de los Peregrinos me acuerdo todos los días, aunque ha mucho que se fueron Por cierto gente Divina: la hermosura de aquel Niño, que fue la más peregrina que he visto, me rindió el alma, pues un aa flechas activas de sus Luceros tiraba, que a mi corazón herían, Pues la mujer, noble esposo, tan gallarda, honesta, y linda, tan compuesta, y aseada, al verla me suspendía. Pues aquellas nobles canas de el Anciano, despedían rayos de nevada plata, que mi corazón hería: supiste, Libia, sus nombres? Joseph el Viejo, María su Esposa bella. . Y el Niño? Jesús los dos le apellidan. Qué dices, señora? ay Cielos! no sé que el alma pública al pronunciar este nombre, que el cabello se me eriza. Dimas, descansa, qué tienes? Qué he de tener? suspendida la admiración se quedó, viendo tú leal caricia. Descansa, pues. Ya descanso. Morfeo ven, ven aprisa, ya a tu sosiego y descanso, una alma rinde sencilla: durmiose? Si: Cielos, cuando cesará tal batería de estragos, muertes, y horrores, penas, llantos, y desdichas? Cuando, soberane Cielo, (que todas las causas guías) influiras las quietudes en estas amantes vidas? Escucha, Dimas valiente, lo que en un sueño te avisan, la Cruz es tu mayor logro, y en tu afreata está tu dicha. . Detente, villano acento, aguarda voz sementida, espera, labio perjuro, oye, calandría ofendida, verás, que al cruel impulso de esta sanprienta cuchilla te haga callar. . Dimas mío, estás en tu acuerdo? mira que te engañas, pues no he oído yo nada, y son fantasías dé tu idea, o es que el sueño te representa mentiras. Es posible, Libia amada, que en este instante no oía una voz, que infame dijo: En tu afrenta está tu vida? No, amado mío. . Yo sueño, y de nuevo me fatiga Morfeo: O quieran los Cielos quitarme estas tropelías! . Cuánto el corazón me aflige! pues mil veces repetida en sueños de Dimas, veo nuestro fin, y nuestra ruina. Ruego al Cielo soberano nos envie paz tranquila, y nos quite de delante estas gentes foragidas. Dimas, tu afrenta es dichosa, pues el Cielo determina, por sus juicios soberanos, muriendo en Cruz, darte vida. Oye visión alevosa, aguarda, voz enemiga, verás que en menudas piezas en breve estás convertida. Por qué cruel, y tirana tanto mal me pronosticas? Aguarda, y verás tu sangre por estas flores vertida; matarete, aunque a los Cielos pretendas subirte. . Dimas, detente, aguarda, qué tienes? sueñas acaso, o delitas? qué voz es la que te espanta? qué acento te amoriza? Pues yo sin dormir no oí voz alguna. . Liblia mía, qué dices? qué no escuchaste una voz, que me adivina una sentencia, y mi dice morir en Cruz es tu vida? No, amado Dimas, pues solo no hay más voz que mis caricias, mis requiebros amorosos, y mis ansias de amor vivas. Todo es prodigios el monte; tercera vez te reclina, y descansa ya. . Oh Morfeo! de la muerta imagen viva, esta vez en tu silencio halle mi peba acogida. . Duerme, amado dueño mío, desecha esa vil fatiga, deja esa vana ilusión, sacude esa pesadilla, pues nadie te ofende, duerme, descansa, alienta, y alivia: Válgame el Cielo qué es esto? el corazón me lastima con saltos de algún presagio, me da evidente noticia. Atadle, amigos, atadle fuertemente. . Ay de mí! Dimas. Linia mía, Libia mía, qué es esto? mi espada, Cielos! ha vil canalla enemiga, a traición llegáis, cobardes? ha infame, que tu codicia, vil amigo, esto dispone? La culpa no ha sido mía, cuya es, Dimas, y así paga mis ofensas con tu vida. Cielos, antorchas, plantas, luceros, mirad vivas ansias, y no permitáis una pena tan activa. Por qué, villano cobarde, esta traición imaginas? Porque me trataste mal, siendo mi amistad tan fina. Atadle también, Soldados, a Gestas. . Fuerte desdicha! Por qué Capitán valiente, de esta suerte me castigas, cuando yo el premio esperaba de mi noble gallardía? Ocasión forzosa es, Gestar, el llevarte de la misma forma, pues has afialtado estas montañas altivas, y solo a prenderte a ti de Jetusalén venía, y muriando ambas cabezas, cesará tanta desdicha. Libia querida del alma, dulce esposa de mi vida, ya cercado de dolores, y con la muerte a la vista me veis, mostrad el valor, aunque en tan grandos desdichas no siento, amada Deidad, no siento, prenda querida, e po mi muerte, la tengo bien merecida. Solo siento, Libia amada, dejarte presa, y cautiva en poder de mis contrarios, para objeto de sus iras. A morir voy, queda a Dios, que te dé dicha cumplida. Capitán, señor, Soldados, volved contra mi la tra, y si ambiciosos venís de ensangrentar las cuchillas, empezad por mi garganta, y ese goben preso viva, muera yo, señor, y amigos. Pero a tus plantas rendida . he de estar, hasta que al Cielo lleguen las querellas mías, y hasta que ponga en tu pecho piedad, viendo mi mancilla. Levantad, que os aseguro, si no tuviera a la vista tantos Fiscales, pudiera ser perdonara su vida; pero Poncio está enojado, con quezas que le lastiman, y si la vida le otorgo, he de perder yo la mía. Basta que libre quedéis, que a hermosura tan divina, antes que a mi imperio, al suyo, es bien que el alma se rinda. A Jerusalén, amigo, con esta gente camina, y en ella del fuerte Poncio el premio aguardo. Adiós, Libia. Adiós, adorado esposo. Como ahora el Cielo no vibra rayos, en que se deshaga toda esta turaa enemiga? Pero ay Cielos! qué es en vano el ostentar valentía, si no hay nadie, que se duela de mi pena, y mi fatiga. Brutos que en pardos oteros niáis furias vengativas, y a impulsos de vuestra saña quitáis a todos las vidas: Aves, que volando vais por esa vaga Provincia, y con amorosos quiebros le dais a un amor envidia: Murmurador arroyuelo, que cristales desperdicias, y con tiorbas de plata agasajáis la ruina: Peñas duras, que bordadas de mil libreas floridas, y a la hermosa Primay era la lisonjeáis la venida: Peces vestidos de plata, que en álcobas cristalinas, ya con saltos, y córcobos dais regocijo a las Ninfas: Corderillos amorosos, que con vestiduras ricas, de las madres las ausencias con válidos pronostican: Estrellas del Firmamento, ya movibles, o ya fijas, que la suerte buena, o mala con influencias avisan: mirad mi afligido llanto, escuchadme dolorida, y ya que en todos los hombres falte piedad, compasiva la halle en brutos, aves, peñas, corderillos, fuentecillas, estrellas, y en todo vea, si no piedad, furia, e ira, para que rodeando el Orbe, y visitando Provincias, sapan los hombres, que si muere Dimas, le acompaña también su esposa Libia. Gracias a Dios, mi Susana, que estamos sin delazones, pues desde que a los lladrones. prendieron, sin que su maña les valiese, en paz estamos, pues ya no nos quitan nada, y creciendo la manada, gran caudal amontonamos. Sabes en qué he reparado, espolo mio Riñón? que te está bien el ropón. El de Pascual? extremado; nos hemos de regalar muy mucho en Jerusalén, donde habrá fruta en sarten, que alegrara el paladar Se pensaba el lladroncito, con toda su fuerza, y gulla, no había quien se las mulía? pero cayó en el garlito. Hoy dicen (si mal no he oído) que crucifican a tres, los dos Ladrones. . Quién es el otro? . Me han atordido: Es un Hombre, mi querida, que ha hecho mucho bien a todos, de lindos tratos, y modos, que gasta una Santa vida. El resocita a los muertos, a enfermos da la salud, a desalmados virtud, da ojos a ciegos, y tuertos, Pues por qué le crucifica el Pueblo a ese Hombre, Riñón? Se enfadan los de Sion, porque la verdad predica. Por crucificar, su anhelo es grande, y no cesarán. Sí, más crucificarán, si se descuida a su abuelo. No ves en ese ribete tanta gente, Riñión, junta? En esa cercana punta? pues es el Monte Olivete. Pero qué he mirado Cielos, que todo el Sol se oscurece! Ay Susana! que parece que quiere llover muñuelos. Sin duda el mundo se acaba, según el Sol se ha eclipsado. Todo llo veo turbado, y anda la gente allí brava. Vamos a Jerusalén, pues la luz del Sol difunta, con un eclipse horroroso, tormento, y penas anuncia. Los peñascos se levantan, y se abren las sepulturas. Terrible mal! Grave pena! Lance fuerte! . Grande angustia! El Sol turbado, y furioso batalla, y lidiando lucha con las Estrellas. . Sangrienta se muestra también la Luna. El que padece, Soldados, o Hijo de Señor, pues mi pena es tanta, (aunque doblada la tuya, porque sin culpa padeces) mi dolor atento escucha: Cuando en tu Reino te veas, no olvides, Señor, tu hechura. Hoy, hombre, serás conmigo en el Paraiso. . Es bulla, es encanto, es confusión esta que hacia aquí se escucha? Susana, hacia dónde estás? A esta mano ven. . A escuras? pues di, qué mano es aquesa? Esta, Riñón, es la zurda; mas ya parece que el Sol segunda vez nos alumbra: Vamos a ver qué es aquesto, Ay de mi desventurada! Señora, de qué se aflige? Si quieres saberlo, escucha; En estos altivos montes, cuyas levantadas puntas atrevidamente al Sol, si no le eclipsan, le ocultan. Dimas mi esposo, en quien hallo piedad, y nobleza junta, Caudillo de Bandoleros ha pocos años que ocupa, no por codicia de robos, sí, por lances de fortuna, que al más valiente le humilla, y al más cobarde le encumbra. Huyó de Roma su Patria, y en ajenas tierras busca quietud, aliento, y descanso de penas, y desventuras. Y huyendo de sus contrarios, por su lóbrega espesura, horror de mortales hombres, y asombro de fieras brutas, asaltole esta caterva, y con cólera sañuda quitarle quieren la vida; mas él con ira, y con furia. enviste con todos ellos, y viendo todos su mucha valentía, esfuerzo, y brío, por su Capitán le juran. Prosiguen ellos sus robe sin necesitar su hay pues antes de ellos se aparta con cautela, y con iodustria. Crecen insultos, y muertes, todas se las acumulan, con que alterada la Plebe, envía quien los destruya. Y estando un día en mis brazos, re Gestas su amigo (aura injarias!) Don a sus contrarios le vende, que traideres con astucia, de entre mis brazos le prenden, y con fuertes ligaduras, preso, he aherrojado le meten po la cárcel más oscura Cde Jerusalén, de adonde, por una sentencia injusta, ya él, y a su amigo los ponen en dos Cruces (fuerte angustia!) elavados (terrible ansia!) pies, y manos, (pena dura!) y en medio de ellos un Hombre, coya Celestial Figura, llagada, herida, y sangrienta, cual si fuera Sol, alumbra. Sus dos Soles eclipsados, ajada su compostura, pálido el Rostro con sombras, y deshecha su hermosura. Estando los tres pendientes, aamaron tan fuerte lucha los Elementos, que todos anos con otros se ofuscan. Del Sol se mira eclipsada las hermosa madeja rubia, y en mortales parasismos se ve batallar la Luna. Esos soberbios Olimpos, que estabilidad ocupan, cual levísimas aristas, la Región del aire turban: Todo padece tormento, y de la gente la tarba, en confusión divididos, por Hijo de Dios divulgan al Crucisicado enmedio, y así, todos articulan, Hallas Imprenta que la muerte que le es por envidia perjur Mas cómo, lengua, te ap en referir desventu ajenas, cuando pa- tanto en referir las tuy Mirad el teatro infar tablo de desventuras, adonde mi vida acá. pues ya la pena me turo y al mirar dolor tan gran me deja el alma confus Dimas, Dimas ya inof la cabeza (penas dur Oíd mis tristes lame y dadme todos ayr para que pueda llos el quedar tan triste, y Ya mi Sol ajado mir y sus vitales coluanas en que cifró el Cielo toda la mejor arquitectura. Los dos más hermosos lab que al coral a un tiempo hur lo encarnado, lirios yas que lo cruel los dibura os dientes ya traspili su lengua ligada, y mue Cielos, ya mi bien fa y ya no tendré ventu. Y así, montes, prados, y brutos, su entecillas pura arroyos, arboles, aves, y montañas du mirad todos mis desdic y notad mi desventura: que atentamente veré en un breve tiempo, del amor más verdad la posesión ya difún de la luz más cristalina a oscuridad más nocturo ras deces as? usto, Da, de nó as!) entos, ada, a y viuda. Caos, rtan cen, tados, la: altó, a. alles, tas, has, autas nta, pues lo quiere la fortuna, que cierto estoy admirada s de su pena, y desventura, y así no se adija tanto, porque ya no tiene hechura. Pues yo me alegro mil vece y le alabo lla cordura al señor Poncio Palato, Sa que con los Lladrones usa de su justicia, pues sabe muy bien darles caperuza; porque mire usted, señora, ese hombre, por quien se angustia era un grande lladronazo, y a mí, y Sosana una vez mandó nos atasen al pie de una encina dura, y estuvo entonces Riñón para ir a la sepultura, y así bien está lo hecho? ya la gente esta segura. Señora, sosiéguese, que me admira su turnura. Dejadme en mi mal, amigo pues mi lengua se me anuda, el pecho se sobresalta, y el corazón se me enluta. Habrá mayor disparate, que se la encaje en la nuca! cuantas se holgaran de ver (y aún de aquestas que me escucha cruclficas los maridos! Si no es yo, Riñón, ninguna Puto que tal llo querías, antes un llobo te engulla. Vamos a Jerusalén a ver la fiesta, y la bulla. Ansina, para acabar los lladrones, la segunda Parte quería el Poetas pero era quedar confusa la Comedia, si dejara a los lladrones en duda. Y humiliado a vuestras plantas de las falsas, que son muchas, pade perdón, vuesarcedes, de se la