Texto digital de La morica garrida y hermanos más amantes
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Villegas
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Villegas Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La morica garrida y hermanos más amantes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/morica-garrida-y-hermanos-mas-amantes-la.

LA MORICA GARRIDA Y HERMANOS MÁS AMANTES
JORNADA PRIMERA
Noble Abdala, aqueste bien espero para vivir. Hoy la espero persuadir, a que cese su desdén. Si le falta voluntad, no es bien casarla forzada. Parece que no te agrada el casamiento. . Es verdad. Pues no merece. Galban a tu hermana Moriana? No pierde nada mi hermana, que es valiente el Capitán, Señor de los Alizares, y Caballero Cegrí, mas no se excusan ansí los disgustos, y pesares. De quien se casa sin gusto; qué importa lo que merece? si mi hermana le aborrece, el forzarla es caso injusto, y no lo he de consentir. Sabremos su voluntad. Cielos, este bien me dad, o privadme del vivir. Ay, hermosa Moriana, causa de aquesta locura, de cuyo valor procura hurtar risa la mañana! Moriré si no eres mía. Qué es esto, cielo inhumano? amor es más que de hermano el que en mi pecho se cría. Si su casamiento tratan, me pesa, y viven los cielos, que casi parecen celos los que mi quietud maltratan. Mi hijo Mahamed siente, que la case a su pesar, y en todo le he de agradar, que es sabio, cuerdo, y valiente. De mi vejez el espejo, y los ojos de Granada: digo, hijo, que me agrada, como es razón, tu consejo. Si ella no gusta, no sea Galban su esposo. . Esta bien, vida los cielos te den; quien hay que mi intento crea? Con su madre sale aquí. Propia acción de enamorado ha sido quedar turbado. Ya luce su Sol en mí, Esto, Moriana, importa, Antes la muerte me den. Advierte, que te está bien. De prevenciones acorta, pues sabes que le aborrezco, Es Galban? No me le nombres. Terrible estás. No te asombres: mi libertad apetezco. Señora. Seáis bien venido. Vuestros pies quiero besar. Mia brazos os quiero dar, que este respeto es debido, Galban, a vuestro valor. Mientras en secreto están nuestros padres con Galban, oye, y advierte mi amor, quieres casarte? No, hermano, si es con Galban. Quieres bien a otro acaso? Mi desdén conquistan muchos en vano, no he querido bien jamás. Ni a mí? qué temor tan vano! Quiérote como a mi herma. no es cosa cierta? (nos Y no más? Qué más te puedo querer? Dices bientadónde voy? sin duda que loco estoy, solo el morir es vencer. Pues si casarte no quieres, habla claro; yo estaró aquí, y te defenderé de tiranos pareceres. El respeto paternal no te obligue. Si me ayuda tu valor no pongo duda. Busco tu bien, huyo el mal; has de casarte? No hermano. Cierto? Sin duda. Eso sí, no te creo. Ves aquí la mano. Qué bella mano! Llega, y sabremos su intento? Aquí temeroso espero, Hija, forzarte no quiero a acetar el casamiento, sino rogarte amoroso, dándote cuerdo consejo, como padre, y como a viejo, que sea Galban tu esposo. Lo dicho dicho, Señor, llámale. Temo mi daño. Oiga él mismo el desengaño? que esto será lo mejor, Llega Galban. Cielo santo, el fin de mis penas vi. Mucho me admiro, Cegrí, de ver qué porfies tanto. Dias ha que he conocido tu amor, y tu pretensión, más ni te tengo afición, ni puedes ser mi marido; loa c lopa Busca más felice suerte, si es que tú quietud deseas, que antes que mi esposo seas prometo darme la muerte. Bien declaradas están mi fe, y tu esperanza vana, no es para ti Moriana, ni eres para mi Galban. Terrible resolución. Ha valerosa mujer! No te acierta a responder mi turbado corazón. Ruego al cielo, que jamás conozcas con igual precio, lo que se siente un desprecio, ni recibas lo que das. Que aunque estarás muy segura de que has de ser estimada, quizá serás desgraciada, que lo es siempre la hermosura. Que yo juro por tus ojos, que es divino juramento; que jamás con este intento te vuelva a causar enojos. No juro que he de olviderte, mas que no he de pretenderte; porque solo con la muerte he de dejar de adorarte. Que desde aquí a morir voy con amantes desvaríos, los Alizares son míos, Mahamed yo te los doy. Yo te nombro mi heredero: dártelos, cruel, querría, mas no querrás cosa mía, loco voy, de celos muero. . Aguarda. Espera Galban. Mal empleado desdén. Mal hiciste. Hiciste bien. Los dos de un color están. Tú, Mahamed, imagino, que el casamiento has deshecho, El casarla a su despecho, no era loco desatino? Con el trato le quisiera. Con su voluntad me ajusto, mi hermana ha dehacer su gusto. Oculta causa te altera: ha quien pudiera decir en público lo que siente! no es de hermano tu accidente, Yo quiero a Galban seguir, para reportarle. Vamos. No tornaste buen consejo. Por no enojarte te dejo. Solas, señora, quedamos, y de ti saber querría la causa de tu tristeza, que con no vista extrañeza en ofenderte porfía. Hablar a solas te veo, y temo tu injusto daño. A deshacer un engaño no basto, aunque lo deseo, mas si palabra me das de que guardarás secreto, te diré mi mal. Prometo de no decirlo jamás. Ven, pues, Alifa, y sabrás, que Mahamed no es mi hijo. Fronterizo era mi esposo en la Villa de Antequera, que los Reyes de Granada se la dieron en Tenencia. Mozo, valiente, y galán, y yo moza hermosa, y bella, de mil nobles pretendida, aunque con todos honesta. Tanto, que Abdalá tenía en mi honor falsas solpechas. sino temores, cuidados, y prevenidas ofensas. Tuve disgustos con él, que mi edad lozana, y tierna, aunque amada me hacía alegre vista, y risueña. Deseaba tener hijos, que son pacificas prendas del amor de los casados, con que porpuntos se aumenta? Logró Alá mi pretensión, vime preñada, y contenta, a tiempo que fue forzoso partir mi esposo a la guerra. Volvió después victorioso, cuando ya del parto cerca, para que en él me animase deseaba la presencia. Trujo presa una Cristiana. de extraordinaria belleza, cuyo marido era Alcaide, y murió como quien era. Venia también preñada la Cristiana, y Alá ordena, que a un mismo tiempo las dos diesemos del parto muestras. Era la Cristiana humilde, viéndo se pobre, y ajena de remedio, retirose a la parte más secreta de casa, y yo, como niña, me vi de la muerte cerca. Parí un hijo medio muerto, ya sin aliento, y sin fuerzas. Parió otro hijo mi esclava, mandé, que me le trujeran, cuando ya el mío tenía confusa en mi cama mesma. Trujeron mele, y echele también conmigo, que es cierta esta piedad en quien sabe ya cuanto los hijos cuestan. Mirando atenta a los dos, vi a mi hijo, de manera, que pensé que estaba muerto: perdí el juizio, y la paciencia. Y por conservar la paz, que sin duda la perdiera si se muriera mi hijo, usé de aquesta cautela. Hice en fin que me dejasen sola, y con mucha presteza adorné mi propio hijo con las mantillas ajenas. Puse al hijo de mi esclava las de mi hijo, esto intenta una mujer, cuando en ello cualquiera gusto interesa. Tomó mi esclava mi niño, pensando que el suyo era, y apenas tocó sus brazos, (mira que extraña grandeza) cuando lloro con aliento notable, y con vida nueva tomó el pecho, y quedó sano, para dejarme suspensa. Disímule por entonces, hasta que ocasión hubiera de volver a destrocarlos, que mi amor me daba priesa. Mas aquella misma noche, cuando las claras estrellas con luces amortiguadas anunciaban la presencia del Sol, huyó de mi casa mi esclava, sin que pudieran impedirlo mis criacos con humana diligencia. Dicen que fue por el aire, como luciente cometa, prestándole luz al alba, que estaba llorando perias. Que una Señora, vestida de blanco, cuya cabeza trece luceros ceñían, porque a sus pies se escurezca la Luna, se la llevó de la mano, sin que sepa donde, o como fue mi hijo, que fue en sus brazos con ella. Callé, y crié a Mahamed, sin que en seis años tuviera otro hijo, hasta que Alá escuchó mis ansias tiernas. Y a Moriana me dio) a quien por más excelencia. llaman Mórica Garrida los de Granada, y su tierra. Y aunque es de padres Cristianos. los aborrece, y desprecia, (tanto puede la crianza, y en mí la pasión, y deuda de madre, que lloro agora del propio hijo la ausencia.) No se si es muerto, ni vivo, si es pobre, o tiene riquezas: esto lloro, y esto siento, para que viviendo muera. Digo que estoy admirada. No hay cosa que me conuenga como el secreto. Señora, del puedes estar muy cierta; pero dime, Mahamed está bautizado? Fuera cosa posible el estarlo, mas no hay ninguna certeza. Bien pudo ser que su madre, temiendo que con violencia le impidiesen su Bautismo, de secreto se le diera. Ya está hecho. Mahamed es muy justo que le quieras por su valor. Bien le quiero. La partida se prevenga, hijo, tu valor importa. (ja, Venga el de la Cruz Berme. en España conocido por Pelay Perez Correa, que por Alá que no quede de toda su escuadra perra ninguno si al campo salgo. El Rey manda que desienda de los altos Alizares el paso, y la fortaleza, porque su dueño Galban no es posible que parezca. Y los soberbios Cristianos, altivos con las empresas que acaban, sobre Granada llenos de arrogancia llegan. No se atrevieron a entrar por la parte de la Vega, Guádix, y Baza aseguran sus espaldas por la sierra: por eso ocupan los montes. Con Moriana te queda en Granada. . Mal harás, si contigo no la llevas. La espada, ni la mujer no han de dejarse, no acierta quien deja entre pretensores su hija hermosa, y doncella. a. Dices bien, conmigo vaya. Amor por su parte alega. Faltara el valor en mí, si un instante no la viera. Vamos esposa. Partamos. Ya Granada está revuelta. Venga mi hermana comigo, y cien mil Cristianos vengan. Bien las tiendas estarán sobre este cerro plantadas, desde aquí nuestras espadas sus aceros mostrarán, en ofensa de los Moros No estarán de ti seguros dentro de los altos muros: sus riquezas, y tesoros llevarás a su pesar. Caballeros Castellanos, del valor de vuestras manos puedo esa gloria esperar. En mí el ánimo aumentáis. Que aumento tener procura, si está en la suprema altura adonde le colocáis? 2. Todos de vos aprendemos. Pesarame de llegar tarde. . Pretendes mostrar de tu esfuerzo los extremos, aquí está el Maestre, y vienes a venturosa ocasión. Al victorioso escuadrón, que contra el Moro previenes desde la Corte he seguido con esta carta del Rey. Merece por justa ley ser a muchos preferido el valor, que en vos se ve: levantad. Tus manos beso, cuyas hazañas confieso por Atlantes de la Fe. Don Carlos de Castro nues- tro paje, desea servirnos, yendo con vos a esta jornada. Estimad. le por quien es, y tenedle por nuestro encomendado. Porque demás de lg ilustre sangre que le en nobleco; el extraño modo de su nacimiento; y su virtud, co- sas notables promete. Podéis se. guranente honrarle con la Cruz de nuestro Santo Patrón, que en ello nos haréis particular ser. vicio. E REY. Mucho me obliga su Alteza, pues me envía tal soldado, bien la carta me ha informado de vuestra mucha nobleza. A serviros solamente felice estrella me guía. Prometo a Uneseñoria, que es un hombre muy valiente, Y vos quien sois? Su criado. De qué tierra? No la miego, yo soy con perdón Gallego. Gallego? Sí, pero honrado. Su virtun, y nacimiento prometen notables cosas, dice el Rey. Y aún milagrosas, si he de decir lo que siento. Presa estuvo en Antequera su madre, aduesto es verdad: la noche de Navidad nació Carlos de manera, que al Redentor parecido, se quedó con frío igual en un humilde portal, en un pesebre metido. Rara cosa. Pues advierte, que hasta aquí no he dicho nada, su madre era delicada, viose a peligro de muerte, pero la Virgen divina bajó al portal, y ayudó a su madre, a quien sacó con grandeza peregrina del poder de tu contrario: el raro milagro nota, que fue porque era devota de su divino Rosario, allí al niño bautizó. Donde? En el mismo portal, que con pompa celestial presente a todo se halló la misma Reina del cielo: Y Don Carlos se ha criado tan devoto, que ha heredado de su madre el Santo celo. Y para fin de esta historia, desde niño al Rey sirvió, hoy a serviros llegó, aquí gracia, y después gloria. Compendiosa relación. Puntual, y verdadera por lo menos. . Yo quisiera por la extraña admiración que me causa haber sabido vuestra historia, honraros tanto, como me ha causado espanto el suceso referido, de nuestro santo Patrón os poned la espada luego. qué me deis los pies os ruego. Que yo os los pida es razón, pues nacistes en la mano Santa de la Virgen bella, quedando en presencia de ella por vuestra madre Cristiano. Ya lo has dicho? Luego no? si en Granada se creyera, allá entrara, y lo dijera; soy hombre de burlas yo? De los Alijares sale mucha gente. Ya ha llegado el tiempo tan dese 2. El ánimo es el que vale, el monte cubre la gente. Fuerte es el sitio en que estamos hidalgos acometamos, y con acuerdo prudente, en tocando a retirar, al punto nos retiremos, que a la multitud que vemos nuestra industria ha de igualar. Agora es ello, señor. No pierdas el lado mío. Que tengo de ver confio, Don Carlos, vuestro valor. Cierra, cierra, Santiago. Ea, Gallego Patrón, la espada, si no el bordón, lleve esta chusma su pago. Tente, valiente Cristiano. No gano nada en prenderte, y así es fuerza darte muerte, D efenderme intento en vano, muerto soy. Vueseñoria detenga el brazo, y la espada, que en un rendido manchada desdorar su honor podría. Admítale por cautivo, no le mate. . Aqueste es Caudillo de los que ves. (vivo, Pues más puede importar y en el Cristiano poder, que muerto. . Por ti le dejo, llevale. Qué honrado viejo. Por ti cobro nuevo ser, fuerte, y gallardo mancebo, pues mi obligación es tanta, deja que a tus pies. di Levanta, esto a tus canas les debo. Lástima tuve de ti, y si va a decir verdad, como la vida te di, te diera la libertad. Mas no quiero disgustar al Maestre. . Ni es razón, que aventures tu opinión, que por ella he de mirar, como por la propia mía, y ya en mis ojos enseño gusto de que seas mi dueño. Y yo no serlo querría; si no que libre te fueras. Ya me tienes obligado. Al cerro se han retirado nuestras Cristianas banderas. Ven, que recelo perderme por haverme detenido: tú la ocasión de esto has sido. Dudar de mí es ofenderme, alegre contigo voy. Aldoraide, Zaide, Halí, seguidme, venid tras mí. Perdido sin duda soy, cercado estoy de tu gente. Lances de la guerra son. No le admitáis a prisión, muera el Cristiano. Detente. Tú le defiendes? Pues no? Morir en efeto espero como noble Caballero. A mí la vida me dio, y es bien, que yo se la dé, y me holgara. Qué quisieras? di. . Que no le prendieras. Graciosa piedad afe. por ti le otorgo la vida, date, Cristiano, a prisión. No temas, que mi afición la libertad prevenida te tiene. . Morir quisiera como noble. Aquí te ataja la conocida ventaja: quien te prende considera, que es el Moro más valiente que ha conocido Granada. (da. Muestra, Cristiano, la espa- Llévale amigablemente. Acabad. Si eres cruel, luego al rescate me obligo. De un Cristiano eres amigo? Hay mucha nobleza en él. 1. Camine el perro. Eso sí. Atras me quiero quedar por no verle maltratar: parece que no hay en ti sangre mía, Mahamed, pues no estimas a quien quiero. Perdí a mí señor; que espero? es nuevo; cayó en la red; Sancho, tú eres buen Gallego, ansí dejas tu señor? No es sin causa tento amor. Pero a buena ocasión llego: podenco, daos a prisión, que si Carlos va cautivo, en vos el trueco apercibo. Que quede en esta ocasión sin armas! Camine el perro. Aquí es fuerza que mepierda, Oye, ni ladre, ni muerda, sino es que dijere hierro. . Mahoma les dé ventura. Cuando el valor considero de Mahamed, la victoria por cierta, y segura tengo. Es valeroso mi hermano, pero ya mi padre viejo no es razón que se aventure a tan conocido riesgo: el me tiene cuidadosa: Algún desastre sospecho, Alá con vida le traiga. Aqueste confuso estruendo dice que vuelve la gente. Ya de cuidado saldremos. Por Alá que vengo loco. Hay semejante suceso! 1. Que tan atras se quedase! Por este Cristiano perro ha sido. . Tratadme bien, mirad que soy Caballero, y que en el campo no osaráis hablar tan libre, y soberbio. Pluguiera a Dios que estuviera ver mi padre libre en eso, que yo te diera tus armas, y mostrara cuerpo a cuerpo quien soy. Qué es aquesto, hijo? que es de tu padre? No acierto a darte tan malas nuevas. Siempre tuve este recelo, hay mi padre. . Moriana no eclipses tus dos luceros: este Cristiano fue causa de su prisión. Cómo tengo paciencia, y no le doy muerte? A ti hermana te le entrego, señora, no os aflijáis, del rescate trataremos. Tu valor ha sido esposo quien en tal trance te ha puesto; que he de hacer? Entrad conmigo, donde de espacio tratemos de su rescate. Vengarme en el Cristiano pretendo: Perro, por ti está mi padre cautivo, viven los cielos, que he de quitarte la vida, si antes de rabia no muero. No tuviera aquí un alfanje con que segarte tu cuello! Para que quieres más armas, Mora, que tus ojos bellos? Si matarme solicitas, rayos de tus ojos negros envía, porque me abrasen, que yo moriré contento. Yo no cautivé a tu padre, antes, señora, te advierto, de que me debe la vida. De tu presencia lo creo, que si de una buena cara se presumen buenos hechos, buena es la tuya, Cristiano. Será porque los reflejos de la tuya reberueran en mí, causando el efecto que el Sol, que con rayos de oro lumina en montes, y cerros. No me adules. Mi verdad puede confirmar tu espejo, y muchos que habrán quedado a tu hermosura sujetos. No has sido muy pretendida? Esa verdad te confieso, en Granada me celebran muchos amantes de precio, Mórica Garrida todos me llaman. Nombre te dieron a propósito, señora, ansí llamar te pretendo. Dime, Mórica. Garrida, acaso tus años tiernos saben que cosa es amor? Mi libertad apetezco, no he querido bien jamás. Siendo emulación de Venus no conoces a su hijo, niño Dios, y lince ciego? A mi hermano tengo amor, Holgárame yo de serlo, porque me quisieras bien, ciegamente me despeño. No se que diga, Cristiano, gallardo eres, y discreto; porque te atarón las manos? llega, desatarte quiero: que apretada está la cuerda. Más insufrible tormento es el que me dan tus ojos. Qué rigor has visto en ellos? que fudos tan apretados. Con esos cristales tiernos no has de poder desatarlos, más fuerza en la boca tengo, que no en las diez azucenas, nunca abiertas de tus dedos. A eso llamas desatar? No es libertad la que he hecho, no se desata el que es libre, tengo los labios de fuego? porque las manos desvías? No echas de ver qué te temo? Porqué? Porque al desatar con los dientes el enredo de los ñudos, puede ser que me muardas. No hayas miedo, llega, y desatalos tú. Algo temerosa llego. Hacia aquí me aprieta más, Alza el rostro. Aguarda. . Quedo, si con todos los cautivos, Cristiano, hiciera yo esto, pocos hubiera en Granada, que no se atarán. . Cierto? Ya la cuerda te he quitado, y por Alá que sospecho, que era bien atarme yo. Qué dichoso cautiverio fuera el mío, si gozara de ti el favor que pretendo. Qué presto perdí el enojo, abrasada el alma siento: deseas la libertad? ̱ . Ni la busco, ni la quiero. Está cautivo mi padre, y será forzoso el trueco: hoy te irás a tu Real. Por salir de aquí no dejo de ser tu cautivo. . Cómo? Que lo he de ser ten por cierto mientras durare la vida, que tus ojos me prendieron dulcemente. . De ese modo si puedes vendrás a verlos? Pero que fuera, Cristiano, que estando en tu aloxamiento libre, y yo en el castillo llegasemos a querernos. Y que vivieses de noche con recato, y con silencio, y dejases tu caballo en ese monte encubierto, y llegando a mi castillo, por la parte de ese lienzo, que mira Generalife, que es donde cae mi aposento, hicieses alguna seña, y yo en estando durmiendo mis padres, y mis criados, animada del silencio, saliese a ese valvarte, y escuchase tus requiebros, y te respondiese afable, y concertasemos luego, que tu dejases tu ley, y siguieses la que tengo, y te casases conmigo, aunque pesase a mis deudos? mas si fuese ansí? No puede. No será ansí, ya lo veo, mas al fin pudiera ser. Sabes lo que fuera bueno, venir yo, como tu dices, y que parase el concierto en que tú te descolgases por la muralla hasta el suelo, y que puesta entre mis brazos, a pesar de impedimentos, te llevase a mi Real, y que allí, reconociendo nuestra Fe, te bautizases, que fuera gusto, y provecho para mí, pues me ganaba juntamente el alma, y cuerpo, y te casases conmigo: pudiera ser? No me atrevo; yo mi ley? . Y yo la mía? Pues llega, que atarte quiero, por ti está preso mi padre. Agora sales con eso? Muestra las manos, pensabas que lo que estaba diciendo era de verás? podrías tu venir? . Yo venir puedo, mas tú no podrás, salir. Si puedo salir si quiero, mas tú no vendrás. Si haré: tú no saldrás. Si haré cierto. Yo vendré. Pues yo saldré. Ansí quede. Pues no atemos. Muy bien está de este modo, Entrégame a mí señor, que porque le tengo amor al concierto me acomodo, que ya tu padre te espera para volver libre a verte. Que por ti vienen advierte. El ausencia al alma altera. Dame tus brazos, señor. Sancho, bien venido seas, si darme gusto deseas, si sabes lo que es amor no trates de mi rescate tan presto. . Cómo? qué es eso? Tener gusto de estar preso, Hay tan grande disparate! ven conmigo. No me lleves mira que me va la vida. Ese desatino olvida. Mira el amor que me debes. Ya el esclavo se rescata? Por tu padre le he trocado. qué presto el Sol se ha eclipsado, que en mis ojos se retrata! Por el pesar que sentí, con un suceso tan fiero, hasta agora, Caballero, no había reparado en ti, gallardo Cristiano. Tanto, señora, como discreto. Cautivo, que das prometo dulces treguas a mi llanto, como te llamas, Cristiano? Don Carlos de Castro. El cielo te guarde, y me de consuelo. Mi dolor encubro en vano Despídete, Moriana, de el, aunque ha sido tan poco (co: tu esclavo. . Yo vuelvo lo- hay belleza soberana! No me quiero despedir, que espero que ha de volver. Cómo? Porque ha de vencer, sin poderse resistir, mi hermano toda su gente. Y preso le volvera? No pu ede se Claro está. Enméndolo cuerdamente: yo volveré, mas será para fácaros de aquí, no hay menos valor en mí, que vuestro hermano tendrá. Al tiempo doy por testigo. En viendo ocasión igual serán las piedras señal de las verdades que digo. Brava arrogancia. No es si le he amenazado yo, cuerdamente respondió. Todo se verá después, parte, Cristiano, y envía a mi padre. . Ven, señor. Qué desdicha! Qué rigor! Quiero hacerte compañía hasta salir, Caballero, del Castillo. El alma va tras él. . Vamos. Por Alá, que como a hijo le quiero,
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda De las fierras que a las nubes en forma piramidal, rompe con plantas de peña al canbiante tafetan. De dónde el Genil, y el Darro reciben frío cristal de los desatados copos, sonoros al despeñar. Enemiga, cuanto hermosa, tus disfavores me traen a ver las torres, y muros de este soberbio Alijar. Entre aquestos ramos quiero, si es posible, descansar, hasta volver con el día a mi triste soledad. Por ti dejé, Moriana, patria, riqueza, y caudal, Rey, amigos, y parientes, a quien daba que envidiar. Furioso me fui a la sierra, donde hallé mayor piedad en lo duro de sus penas, en el más bruto animal. Pues ellos me dieron cueva, y a veces ecos me dan, que compasivas remedan mis acentos al llorar. Diéronme sus animales vestido, si no galán, como quien soy, pues me falta albedrío natural. Pero pasada la furia, volvió la idea a formar las facciones peregrinas de tu imagen celestial. Volvió el deseo de nuevo a persuadir, y incitar, para que volviese a verte al castillo donde estás. Mirando estoy tu castillo, ya que no puedo mirar las torres, y las almenas, donde encubres tu beldad. Temerario atrevimiento. Quién se atreve sabe amar, que más gloria se consigue en mayor dificultad. Sancho, estoy preso de amores, no me puedo rescatar, si no es prendiendo mi dueño, viviendo en prisión igual. No vio el Sol mayor belleza desde que sale del mar, quebrando tiernos víriles, dorando montes de sal. La roja sangre de Venus en sus mejilas está con colores más perfectas, sin adorno artificial. Válgate el diablo por Mora que a tales horas nos traes. No le maldigas. Si quiero. ofrezcola a Barrabas, si es ladrona de mi sueño, y no me deja cenar: qué quieres? Dime bien de ella, y te daré. Qué darás? No se si traigo dinero. Está no es mosca? Será. el Rosario es, vive el cielo, que hoy no he podido rezar, divertido con mi amor. Mañana no rezarás? Y si me muero esta noche? El viaje acabarás: luego habías de morirte? Sí, que quien deja resfriar devoción tan santa, suele no volver a ella jamás. Aún no es la media noche, quiérome allí retirar a rezar lo acostumbrado, tú el caballo me tendrás entre aquellas ramas. Voy. Amor clego, perdonad. Con los deseos de verle no he podido sosegar, allí se pasea un hombre. Válgame Dios! si será Moriana la que siento? bien suele profetizar el corazón. . Si es Don Carlos, ansi me conocerá. Quien no cumple su palabra, que premio puede aguardar? yo he cumplido con la mía, Mora Garrida, callad, aquí viene vuestro esclavo, ved que le queréis mandar: perdone el Rosario agora, que después se rezará, Puntual sois, Caballero. Es amor muy puntual. Cómo os halláis siendo libre? Perdido, y sin liberted. Moriana, Moriana, principio, y fin de mi mal, hasta cuando, mi señora, tanto mal ha de durar? Yo soy Galban, que te adoro, con más firmeza, y lealtad, que jamás vieron los tiempos para blasón inmortal. Mirando estoy tu castillo, pues no te puedo mirar, hasta que vuelva a mi cueva. Cuerpo de Dios, bueno ya: quiero avisar a mi amo, que sieste ladrá, saldrán mil galgos a darnos muerte, quédito quiero llegar. Quiéresme bien, Moriana? Si soy noble, y principal, y salgo a escucharte, Carlos, que tienes que preguntar? Es necio quien se confía. Señor escucha. Qué hay? Al pie de esa verde haya está ese Moro Galban mirando el castillo fuerte donde Moriana está. Mala muerte muera el perro por manos de Cicaran, nuestro Profeta le acuse en la presencia de Alá. Matádmele, Caballero; si por dicha me estimáis, que no han criado los cielos cosa que aborrezca más, Yo le mataré, Morica, más primero me contad que ofensas os tiene hechas, que disgusto os viene a dar? Adórame, y le aborrezco. Mora hermosa, por S. Blas; que no siento fuerza en mí para poder pelear: si tienes algo que darme, por aquí lo descolgad, que rabio de hambre, y de sedo Calla. No quiero callar. No tengo que poder darte. Tienes un poco de pan? Si habrá si entro adentro. Ve, que mi amo aguardará. Sancho, que es esto? estás loco? Tú te debes de soñar sin duda la Toledana, pues a tu casa no vas, ni comes, ni duermes: mira, Mora, si hay vinos . No habrá, que no le bebemos. . No? lleve el diablo el Alcorán; tenéis alma, gente loca? Si no me he acordado mal, hoy para nuestros cautivos trujeron de la Ciudad una vota. . Traela luego, y remité lo demás a mi espada. Espera un poco, que en este aposento está. . Que seas en esta ocasión tan terrible, y pertinaz! Déjame comer, Don Carlos, que soy hombre racional: si eres tú el enamorado, téngolo yo de lastar? susténtate de requiebros, ciontal de yo quiero comer; ay tal? Recoge Cristiano. Venga, o Mora santa, serás heredera del Gran Turco, o mujer del Preste Juan: yo empiezo a beber. A Dios, que he sentido alborotar el Castillo: si me tienes, Carlos, tanta voluntad, vuelve otras noches a verme, que es mi amor tan singular, que ya no hay ley que respete, ni estime mi calidad, y mata ese Moronecio. Dimo, a que señas saldrás cuando vuelva a verte? Tira a aquese verde arrayan tres piedras. Como Rentoy. Que no se han de descuidar mis deseos, y mi amor, mi pena, y mi voluntad. Bueno es el vino por Dios. Conseguí mi empresa altiva, Esta es manta defensiva contra el catarro, y la tos. Ten por lavienda el caballo. Cada gora es un tesoro. Mientras doy muerte a este Mejor es descalabrarlo, (Moró. que está. Car el cielo me socorra. Por el sabor es añejo. Que está? Armado de un pellejo. Deante? No si no de zorrá, Ruido siento Aquí está, Moro, levanta, advierte, que me mandan darte muerte? Vida para mí será: eres Cristiano? Sí soy. Pues quién mi muerte apetece? La que tu nombre aborrece, que en su nombre te la doy. Su crueldad injusta veo, y pues trata de ofenderme, estoy por no defenderme, por cumplirla su deseo. Mas porque no pienses que es falta de valor en parte, agora quiero matarte, y matarme yo después. Pues del muro te desvía, y mostrarás tu valor. Que se pague tanto amor con tan grande tiranía! . Moriana, Moriana, que me diste en este vino, que por las riendas lo tengo, y no veo al mi rocino, al mi cuártago. Moriana, en el cercado, que me diste en este trago, que por las riendas le tengo, y no veo al mi caballo, al mi rocino, Moriana en el castillo, en este trago, Moriana en el cercado, en este vino, al mi rocino, en este trago al mi caballo, Moriana en el cercado. Muerto soy, válgame Alás ha del castillo, favor, traición, traición. . Ha señor sube aquí, vámonos ya. Al arma, al arma, traición, salid, salid, Caballeros. Estos están hechos cueros, volver quiero a mi canción: Motiana, Moriana, que me diste? Sancho, agora. muestra el valor. Si señora. (a. No hubo resistencia huma- dame el caballo, y tras mí corre, o a las ancas ven. Toma, que dices muy bien. Qué es de él? Aquí lo punguí. Donde? . Aquí. Tu error condeno, y nuestra vida se acaba. Díjome, que le estorbaba para estar paciendo el freno, y quitésele. . Ay de mí? muestra el freno, adonde está el caballo? . Allí estará. Donde? Allí le punguí. Muera quien nos alborota. Ya los temores destierro. Flechad todos a ese perro. Con lo escuro no se nota, quién es. Mahamed valiente, otros muerte le darán, da tú la vida a Galban. Aguarda, hijo, detente, eres Galban? Galban soy, nada agora preguntéis, después el caso sabréis, mortalmente herido estoy. Ven sobre mis hombros. Muera. Ha perros. 1. Flechadle más. Ven, pues de esa suerte estás. Mi peligro considera. Jesús sea conmigo. Ya. hecho un espín ha caído en ese campo florido. Un hombre hay aquí; quién va? Yo no voy, que me estoyquedo; que quieren ellos conmigo? 2. Es amigo, o enemigo? Soy el diablo, hablemos que- está por al un caballo (dos rucio morcillo? 2. También es Cristiano. . Dice bien. 1. Mejor será cautivallo, que dalle muerte. Mejor. 2. Vamos al castillo. Vamos; hay allá donde durmamos? es el Maestre mi señor? 1. Qué dices? Si es el Maestre. 2. Estás loco! 1. Ser podría. Perdona Vueseñoria, y hasta su tienda me adiestre, que estoy mal herido. 2. Ven. Y unos báguidos me dan, que a la boca me saldrán las calenturas también. Acuésteme, Caballero. 2. Ven perro, Saucho me llamo, no diga a nada a mi amo. 2. Por qué? Porque está hecho un cuero, el dejó la bota enjuta. 2. Anda, Harto hemos andado, aquí nos ha acatarrado una Mora hija de pura. Ya del desmayo volví, mas de que sirve el volver, si es imposible el poder sustentar la vida ansí? sangre, y aliento perdí. Mi pecado causa ha sido, puse el Rosario en olvido, amando contra la Fe: las cuentas que no recé en flechas se han convertido. Ya la vida se me acaba, mi error ciego me tenía, que ni a mis contrarios via, ni a mi defensa importaba. Ninguna flecha dejaba de acertarme, y me hicieron aljaba, y al fin se fueron sin acabar de matarme; porque pudiera acordarme de mis culpas, bien hicieron. Dad lugar antes que muera para que rece el Rosario, porque el infernal contrario mi olvido culpar espera. Aquí en aquesta ladera, entre estos ramos metido, quiero rezar escondido para morir consolado, como Sebastian flechado, sino como el socorrido. No puede haber alegría en mí. . Desdichada suerte, siento en el alma su muerte. Vuelve en ti, señora mía. Pobre mozo. Ave María. Dónde le dejaste, Hacén? Hacia aquesta parte ven. Esto ha causado Galban, sus penas muerte me dan. Pecatoribus. Amén. Que celestial harmonía! flechas por el aire van volando, que luz nos dan como los rayos del día. No oíste, señora mía, este rumor, y regalo, que a la misma gloria igualo? Claro se descubre el cielo. Qué soberano consuelo! Sed libera nos a malo Amén. Parece ilusión, o sueño. Dentre los ramos las flechas que le tiramos vuelan. . Rara confusión! encantos, o hechizos son del Cristiano que esto ordena. Mal tu lengua le condena. Pues cómo de tal lugar pueden las flechas volar sin encanto? Gracia plena. Dominus tecum. (siente. Llegad donde ese rumor se Son estos ramos Ociente de un Sol de más claridad. No es aquesta novedad sin misterio. Qué hacéis, a los Cristianos no veis que os acometen osados? Sin salir de estos cuidados; es fuerza que os retiréis. En la fortaleza entremos. Agora el llanto divierte, Segura tengo la muerte. O que excusados extremos. Después el caso sabremos. A mala ocasión vinieron, con el alba acometieron, su valentía confieso. otra vez le tienen preso, sino es que muerte le dieron. 1. Bien le muestras tu afición, pues le vienes a buscar, señor, hasta aventurar tu vitorioso escuadrón. A la recomendación del Rey debo este cuidado. 2. Ya las puertas han cerrado del castillo. Qué es aquesto? quien, Don Carlos, os ha puesto de esas rosas adornado? a respeto provocáis. 2. Milagro debe de ser. Del soberano poder hoy los extremos miráis, vamos donde lo sepáis. Hoy, Virgen, con nueva vida tendré, siempre al alma asida mi devoción milagrosa, pues trocáis en blanca rosa cada flecha endurecida. Para buscaros salí del alojamiento. El cielo os pague el piadoso celo: ya muerto, señor, me vi. Saber quien os puso ansí deseo. Por el camino contaros lo detérmino. 1. Nueva, y rara confusión. Milagros, Maestre, son de mi Rosario divino. Válgame Dios! dónde estoy? pienso que no he despertado del todo; que muro es este? yo no me quedé en el campo? sin duda alguna estoy loco. Que de fuentes he soñado, que gorda tengo la lengua, y que cubierta de sarro. Dolor tengo de cabeza, y un sabor avinagrado en la boca, que parece, que como ajencios amargos. m . Cómo? Moros hay aquí? con que sosiego, y espacio que se pasean, Ha sido nuevo; y peregrino caso. Sin duda que quedó muerto: ya despertó su criado, Habrán venido de paz, yo quiero llegar a hablarlos: señores. Moros de bien, buscan al Maestre; acaso se han venido del Castillo? El sentido le ha faltado, no le cuentes su desdicha. Vuelve en ti, necio Cristiano, no echas de ver que estás preso? Este Moro está borracho, juro a Dios. Mayor desdicha te apercibieron los hados, otro más cruel lo cuente; ven, hijo, a Galban veamos. No ha sido mortal la herida, que solo estar desangrado el levantarse lo impide. Puédelo entender el diablo, creo que dicen verdad, que aquestos muros tan altos, y estas torres mudas dicen, que vengo a majar esparto. Que una Mora socarrona nos meta en tantos trabajos! Ay Cristiano de mis ojos, ciegos quedaran llorando! Ruego al cielo, que el Cegrí, causafatal de mis daños, si sana de aquesta herida, hagan su cuerpo pedazos en la primera refriega. Todo el poder de Alá santo le maldiga: Ay, Carlos mío! La ausencia llora de Carlos, no está preso como yo, que antes se hubiera alegrado de tenerle en la prisión. Cómo do das voces, Sacho? como las piedras no mueves? No tengo fuerza en los brazos, haz que las mueva una grua, o las trastorne un ojanco. Agora estás para burlas? por más leal te he juzgado de lo que agora te muestras. Presto rescatarme aguardo, mi señor me quiere bien, juntos nos hemos criado, él me librará. Qué dices? estás de sentido falto? no ves que el tuyo, y mi dueño, noblemente peleando; quedó en el camipo tendido, pasado el cuerpo a flechazos? Sancho, Don Carlos es muerto, tu quedaste sin amparo, y yo sin bien. . Jesu Cristo aquí con mi vida acabo: Mora, dime la verdad, mas leal soy que un caballo Andaluz, aunque Callego, que dicen que es porro salso: no pruebes mi sufrimiento. Pluguiera Alá fuera engaño. Agora si daré gritos, y a no respetar mis cascos topara con las paredes, topen algunos casades. Tú, bota, le ciste muerte, no las flechas, ni los arcos: apenas puedo creello, ha vinillo temerario! que tanto mal me haya hecho cosa que me sabe tanto. Hay mi bien, ay mi señor, hay dulce dueño, ay descanso de mis sentidos! la muerte ponga límite a mis años. Si ansí te llora una Mora que no te conoce; cuanto sentimiento debo hacer, pues fuenvestroamormás largo? Hay señor del alma mía! que he de hacer sin ti? Habla paso, que pueden oír mis padres. Quién me oyere es un bellaco, sino llora como yo: no hay consuelo en dolor tanto. Es posible? Esto es verdad, y a tratar de su criado el rescate vengo ansí. Pues no quedó por las manos de mis Moros muerto? No, aunque el cuerpo le pasaron con cincuenta, y cinco flechas, numero de su Rosario. Qué es esto, padre? No se como he de poder contarlo, vivo es aquel Caballero, y ya me dicen que sano está, diciendo, que ha sido de su devoción milagro, y que en lugar de las flechas hermosas rosas quedaron. Es posible? Ansi es verdad. Parece sueño, o encanto, déjame besar tus pies, eres Ángel, no hombre humano, perlas echas por la boca, de almivar tienes los labios, mensajero puedes ser del mismo Poncio Pilato. Yo disimulo el placer por los que me están mirando, que ya de alegría diera las voces que dio mi llanto. Caballero, aunque me admiro de ese peregrino caso, será sin duda ninguna algún hechizo, o encanto. De ese rescate tratemos, que de lo demás no trato. A rescatarme has venido? No debía este cuidado al poco que tu tuviste, pero en efecto es hidalgo, y te perdonó este error. No efetues el contrato, que con quedarme cautivo, quiero los hierros pasados enmendar. . De que manera? Pues mi señor se ha fiado de ti, sabe que esta Mora, hermosa como el Sol claro, es el ídolo que adora: por ella venimos ambos a un peligro tan notorio. Ya me lo contó Don Carlos, que para que ella supiese que está vivo, me ha enviado a tratar de tu rescate. Hizo bien, al caso vamos, pues estando yo con ella podré saber en que grado es querido mi señor, y andaré solicitando, que deje su falsa será, y que al fin los dos huyamos. Yo se la pondré en su tienda, o no habrá de mi pedazo: desconciértate en el precio. Tu consejo es acertado. Estarán sin duda alguna de su rescate tratando. Alcaide, cuanto me pides por el cautivo? . Hidalgo, en cien cequies le lleva. Clento? estaraste burlando. Ciento? vive Jesu Cristo, que au veinte y cinco no valgo, fuera de la Crisma: sabes que soy cojo, medio manco, con más achaques que a un Viernes se pone por no ayunarlo? Menguado como la Luna, y como un pecador flaco; pues cómo pides por mí cien cequies? Voy mirando, Sancho, que te quedas preso. Según era tu cuidado, pensé que poco pedía, mas no suelo en ningún caso. volver atras mi palabra. Debes de haberte soñado Rey. . Yo no traigo Alcalde. comisión de darte tanto. Pues sal luego del Castillo, que sospecho que has tomado este achaque para verle, y considerar de espacio por donde asaltar se puede. Ese es conocido engaño. Bien dices, váyase luego. Yo me voy, perdona Sancho, que no puedo rescatarte. A cuenta de mi salario no pagará mi señor el rescate? . Es en vano. Pues estémonos cautivos. A Dios. Con mi intento salgo. No te aflijas. Calla boba, no ves que es traza de entrambos para que quede contigo? piensas que es hombre mi amo, que reparara en el precio, si fueran cien mil ducados? O qué bien has hecho! Mira si en todo te va obligando. Moriana, si procura tú ser mayor cálidad, no acompañes de crueldad tú peregrina hermosura. Vengo de ver a Galban, en quien recelo la vida, que menos que la herida tus ojos muerte le dan. Dice, que tendrá salud como le vayas a ver, y agora por mí has de hacer esta piadosa virtud. Venle a ver. Es excusado. No es bien que tal se le pida. Tu favor le dé la vida, si tu amor se la ha quitado. Lo que por el puedo hacer, pues que trata de ofenderme, es hablar si viene a verme, que yo no le he de ir a ver. Hay tal rigor. No te espante. Mucho quiere a mí señor, porque aqueste disfavor puede ser prueba bastante. Si se puede levantar, venga a verla, pues permite que la hable, solicite siempre ocasión, y lugar. Hay semejante porfía? Solo por darte disgusto le voy a llamar. Qué injusto término de tiranía! Yo te quiero acompañar. Todo es dudas, y temer. Yo les sigo para ver si cuando le llega a hablar, le hace al galgo algún favor, que quiero ya que bebí dorar mis hierros ansí, y agradar a mí señor. Aquí te aguarda escondido. No se quiere rescatar Sancho, pretende dorar ansí el error cometido. Don Juan, pues de ti me fío favorece mi intención, aunque en amor, y en razón, acertamiento es el mío. Adoro esta. Mora bella, y que adviertas te apercibo, que no es esté amor lascivo, que la virtud atropella. Deseo verla Cristiana, estoy a su bien dispuesto, es el mismo amor honesto, que tener puedo a mi hermana, contigo la vengo a ver con la muda oscuridad. Fiate de mi amistad. Hoy mi Acates has de ser? Por esta parte del muro he de hacer la seña. r(ciega Llega, que la noche oscura, y te da bastante seguro. Oye quegente he sentido. Para veniros a ver, que herida pudiera ser estorbo a un bien tan subido? Aunque mi muerte buscáis, señora, no he de quejarme, que, si no queréis mirarme, al menos veros dejáis. No os acierto a responder. Aliviad vuestro tormento, aquí corre fresco el viento. Bien podéis entretener parte de la noche aquí. Llega esas sillas esclavo. Aquí con mi vida acabo. Algunos celos sentí, este es Galban. Mira bien lo que haces . Aquí estás? huélgome, porque verás si le trato con desen. Advierte, que puede ser, que esté mi señor oyendo. Con aquesta seña entiendo Juan que me han de entender, Quién tira? Yo, que he sentido un pájaro en esta rama. oyes, ya vino mi amo. Él sea muy bien venido. Pues el tablero hanrtruido; bien podéis jugar un poco. Jugarás? B Verás han sido. Ya de celos estáis loco. Permitid que juegue yo. Todo con vos es jugar, porque no pienso llegar jamás a las verás. . No? negras toma mi fortuna. Las blancas podéis tomar, que ansí os habéis de quedar. En blanco? Sin duda alguna. Qué mayor satisfacción? Ya yo se que he de perder: lo que yo quisiera hacer, que ganaséis mi afición. Hay larga esperanza vana, cuantos días ha que voy engañando el día de hoy, y esperando el de mañana: Engañando el día de hoy, y esperando el de mañana? no menos yo, Moriana, un siglo ha que haciendo voy: pero al fin el de mañana. llegará Ya quede aquí. Malo afe. Pues, Galban, di, hay larga esperanza vana? No hay encanto de Merlín, ni Falerina le alcanza, que conozca una e peranza con un principio sin fin. Con ella, aunque larga, y vana, ha un siglo eterno que voy, engañando el día de hoy, y esperando el de mañana. Ya perdido el juego hallo. No hay de qué tengas temor. Escucha. Tened mejor apercibido el caballo. Conmigo habla, dichoso el corazón que te ama. Para ganar una dama mucho cuidado es forzoso. Mi cuidado, amor, y llanto pueden decir mi firmeza. Quedo, jugad de otra pieza, que no lo digo por tanto: lindo mate. Extraña estás. Túrbome vuestro desdén, picado estoy. Y yo también, mas no quiero jugar más. El sereno puede hacer mucho mal, venid Galban. Ya imagino que se van. Ganar ha sido el perder. Todos hemos de ir con vos, Yo quiero quedarme aquí. Poca piedad hay en ti. A Dios, Moriana. A Dios. Fingiré que tengo celos, para ver si ansi la obligo con algunas falsas quejas a que salga del castillo. No parece nadie, llega. Ha mi bien, ha Carlos mío. Porque, Moriana, engañas de esa suerte a mi sentido? tu bien me llamas, y tienes dentro de tu cuarto mismo a Galbán, y me confiesas, que está por tu amor perdido? con el juegas amorosa, cuando yo con tal peligro, sin bastar el escarmiento, a ver mi agravio he venido? como dices que me quieres? Carlos, el cielo es testigo que le aborrezco, y te adoro: porque es poderoso, y rico quieren casarle mis padres, aunque a mi pesar, conmigo: ellos le tienen aquí, y yo sus ruegos resisto. Cuerpo de Dios, hablad paso. Moriana, pues has dicho, que han de casarte por fuerza, ya de mi empresa desisto. De que sirve que te quiera, si ha de gozar mi enemigo el premio de mis trabajos? Sancho, mañana te libro. Parece que hablas de verás. Verás son, no son fingidos oís celos como pensabas. Oye señor. No des gritos. Una de dos, Moriana, u vente al Real conmigo, a a Dios para siempre. Espera. En esto me determino, no quiero cegarme más, y entrar en un laberinto de donde salir no pueda, tenga el fin en su principio mi amor. Carlos de mis ojos, cuando el pecho persuadido, por aquestas amenazas, a quien medrosa me rindo, quiera obedecerte, como bajaré? . Cuerpo de Cristo, no estoy yo aquí? ven, señora, que hacia aquí está el edificio más bajo. Ven, o me voy. Que dudosos desatinos. Voyme, Moriana? Espera. Ven, recógela; que lindo? llega hacia esta parte. . Voy. Disculpe amor mi delito. Aquí están nuestros caballos, llevaré a Sancho conmigo, y lleva tú a Moriana. Tenla bien. Tendrá el Olimpo mi amor en los brazos. (do. Cielos, mis padres, y ley olví- Dios vaya conmigo. Salta. Esto está hecho, ea hijos, afufemos al instante, antes que seamos sentidos. Ven a mis brazos, mi bien. Muerta voy. Pues yo te animo, no temas, que soy Arlante de otro cielo más divino.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Mi hermana falta (Ay cielos! hyy yo vivo? como podré tener gusto, y consuelo, en medio de un tormento tan esquivo, si es de perfeto amor este desvelo? Oh Cristiano, traidor! oh vil cautivo! no estás de mi seguro aún en el cielo: la fuerza de mi amor, y aquesta injuria, hace que el llanto se convierta en furia. Adónde vas huyendo, bella ingrata? acaba de matarme, y no te ausentes, que mientras más mi muerte se dilata, aumentas en mi amor los accidentes: engañore el Cristiano, a mí me mata, que mal esta verdad, señora, sientes, más ventura tendrá para gozarte, mas tanto como yo no puede amarte. La experiencia no basta, ni los años prolijos contra amor, y su locura, siempre suele causar aquestos daños, en el ser de mujer la hermosura ya prefieren las burlas, los engaños, a la firmeza, y a la verdad segura: sigues la condición de las mujeres, huyes querida, y novedades quieres. Justamente sentís lo que yo siento, que en Moriana hermosa hemos perdido el honor, el descanso, y el contento. Yo soy quien con más verás lo ha sentido. No se puede igualar tu sentimiento, Galban, al que sus padres han tenido: yo he perdido mi bien. . Yo mi esperanza. Tratemos del remedio, o la venganza, vamos los dos, Galban, quédate en guarda del castillo, y mi madre. . Qué locura! si pensáis que el peligro me acobarda, morir matando mi valor procura. Una resolución firme, y gallarda, ayuda muchas veces la ventura, dame mi adarga. Mahamed, detente, que el temerario nunca fue valiente. Aquí conviene, que la industria, y arte venzan. . Dices muy bien. Mal me reporta tu parecer prudente. . Quiero hablarre a solas en un caso que te importa: yo sé que en algo tengo de alegrarte. Que gusto puede haber en dicha corta? Vete, Galban, y calla; Abdala vete. Novedad el secreto nos promete. Qué es lo que quieres, señora? Hoy, Mahamed, ha llegado el tiempo en que tu cuidado de esperanza se mejora. Porque yo tengo de hacer, con industria cierta, y llana, que a la que llamas hermana ete. puedas gozar por mujer. Por mujer? Es cosa llana, casarte podrás con ella, porque Moriana bella no es. Que, señora? Tu hermana. Qué me dices? La verdad, y tu valor la merece. Alégrame, y me entristece a un tiempo la novedad; alégrame de poder ser yedra en olmo tan bello, y me pesa de sabello cuando la llego a perder. Adoro, señora mía, a Moriana. Ya se los extremos de tu fe. Bien, y mal un mismo día me dais cielos; mas, señora, es ella tu hija, u yo? Lo que ya se declaró te importa saber agora, basa saber que no eres su hermano. Bien lo decía esta amorosa mía porfía. Pues si libertarla quieres, no de gente acompañado has de ir, si no solamente de tu valor excelente, y de mi consejo armado. Tú has de ir, y desafiar a Don Carlos, que he sabido, que es valiente, y atrevido, y el campo no ha de negar. Dile, que como traidor, con industria cautelosa, te robó tú misma esposa, haciendo agravio a tu honor. Que ya mi pecho previene, como en la batalla fuerte, cause su afrentosa muerte esa devoción que tiene. Llegado a salir conmigo, no he menester más favor, que mi razón, y valor, para tan flaco enemigo. Cuando se puede vencer, sin aventurarse hada, es ocasión acertada: ve a ganar, y no a perder. Di cómo, señora mía? Por lo que he pasado noto, que es por extremo devoto del Rosario de María. Ella la vida le dio, cuando en ese verde prado quedó de flechas pasado, y con las rosas salió. Lleva en tu adarga pintada a María, como ves, la media Luna a los pies, y de un Rosario cercada, Que de esta misma manera retratada la traía una esclava que tenía en la Villa de Antequera. Y en llegando al trance fuerte, enseñársela procura, por no ofender la pintura ha de dejar de ofenderte, Solo por no aventurar, si soy vencido, el perder tan adorada mujer, tu consejo he de tomar. Haz pintar esa Señora luego que en esta ocasión ofende la dilación al que sospechoso adora. No digas este secreto, que conviene él no decillo, y en volviéndola al castillo, entregártela prometo. Y declararé a mi esposo el caso más peregrino, que has visto. Ya me imagino del contrario victorioso. La adarga voy a pintar. Ven; Ay Moriana mía! Vida le disteis, María, y vos le habéis de matar. Mostrose el alba fría por nubes de colores, con las dormidas luces terminando Horizontes, y con ella Don Carlos, sin hablar levantose, y fuese de la tienda, sin que dijese adonde. Muy cortés se ha mostrado conmigo aquesta noche, quiera Dios que no sea tibieza en sus amores. Yo estuve en otro lecho, fuese, y llégueme entonces al suyo, y vi turbada, llena de confusiones, sobre las almohadas la lámina de bronce de este retrato bello, que culpa mis errores: mujeres, y que bella, sus ojos son dos Soles, sus labios dos claveles, que púrpura descogen. O qué mujer divina! no es mucho que la adore Carlos, y me desprecie, viendo sus perfecciones. Pero con todo siento, que me engañe, y deshonre, y que tenga esta dama, cuyo favor invoque, sin decirle mis celos, le diré que me torne al Castillo: no quiero oír satisfacciones, y vos iréis conmigo, porque a mis tiernas voces seáis conmigo, viendo, que son justas razones. Ya por hoy, Virgen divina, cumplí con mi devoción, voy adonde mi afición honestamente me inclina. Quiero ver a Moriana, que algo podrá presumie de verme al campo salir tan solo, y tan de mañana. O quién Cristiana la viera, que este es mi mayor deseo! allí suspensa la veo, el verse sola la altera sin padres, y sin hermano. Ya viene, ayudadme cielos. Qué es aquesto, dueñomio? que soledad, y tristeza ofende vuestra belleza, a quien agradar confío? Si es porque al campo salí, no os ha ofendido mi fe, sabed que al campo saqué mis pensamientos ansí. Hoy, aunque eran muchos, por Dios que a pesar dolos sentidos los he dejado vencidos a que piensen solo en vos. Basta, Carlos, bien está, muy poco crédito os doy, humana para vos soy, divina buscastes ya. Disculpa suelen tener hierros que comete amor, y es más fácil el error. en el pecho de mujer. Cégueme, no pude más, de que intente no os espante, viendo imposibles delante. Carlos, el volverme atrás, y al fin si me habéis querido, si sois cortés, y valiente, que me volváis brevemente con mis padres solo os pido. Eni necia, y enmendar quiero el error que cometí, que vos no sois para mí, mas altivo os considero. Apenas oírte puedo, viendo tan baeve mudanza, que mal fundé mi esperanza, que cierto que hasido el miedo! Mi cuidado me decía, cuando te empecé a querer, que en efecto eras mujer, y necio quien de ellas fía. Y aunque conocí mi daño, del peligro no hul, amé aquello que temí, compre con mí fe tu engaño. Moriana, por ventura, porque yo no lo he hallado, abranse una vez juntado la constancia, y la hermosura? Saquete por fuerza yo del castillo donde estabas? tu misina lo deseabas, tu brevedad lo mostró. Mas tus ojos me dirán, y tu proceder cruel, que porque careces de él, quieres agora a Galban. Pues, Moriana, esto advierte, que he de llegar ofendido, a las puertas de la muerte, o a lay puertas del olvido. Bien sé que me ha de costar el dejarte de querer mucho, y que tiene de ser difícil el olvidar, Pero olvidarre, o morir, que a un noble en suceso igual, no le de Dios tanto mal, como ha de poder sufrir. Que vanamente me culpas. Mi queja puede ser vana? si es que has de irte, Moriana, no tratemos de disculpas. Yo no fuerzo voluntades, ven sí quieres que te lleve. Que fácilmente se mueve, que presto te persuades, poco, Don Carlos, te pesa de mi ausencia. Qué porfía! Morlana, el alma mía por tu esclava se confiesa; pero que tengo de hacer, si tú me quieres dejar? Pues si no sabes rogar, Carlos, no sabes querer. Los pechos nobles, y honrados contrariamente se incitan, ruegan cuando solicitan, no cuando están agraviados. Qué es esto? Que puede ser? lo ordinario en las mujeres, seguir varios pareceres, buscar lo que dejó ayer. No es, Sancho, si no lo usado en el hombre, esto se ignora, fingir que una dama adora, y estar de otra enamorado. Ya sabes, que no es ansí, y que yo digo verdad. Ya el amor es necedad, el ejemplo mudó aquí; cuál es el que está quejoso? Yo lo estoy. Yo, vive Dios, Y yo lo estoy de los dos: El meter paz es forzoso. Ea cesen las heridas de demandas, y respuestas, que suelen pendencias de estas quitar sin sentir las vidas. Todo será; Moriana que ha sido? Dice, que luego la vuelva al Castillo, y ciego de amor llevarla quería. Esto importa disculpar: que has dicho, porque te absuelva? Que a mi Castillo me vuelva. Y él? Que me quiere llevar. Conformes estáis los dos: lo que pedís os altera? vaya se, y llevala. Espera. No pienso oír más, por Dios: para que estáis enojados, pues estáis tan convenidos? Los hidalgos bien nacidos no ves que están obligados a no forzar voluntades. Y las mujeres prudentes a evitar inconvenientes, y huir las dificultades. Si es porque al campo salió, no desmerece su fe. Que no es por lo que se fue, sino por lo que dejó. Dejé el alma en ti. n Eso es llano, porque tu verdad se arguya, que yo tuve el alma tuya en la palma de esta mano. No tratemos de ello más, cuando en mi Castillo esté a decir te enviaré el caso, Y al sin te vas? Ansí mi honor se acrisola. Ni me culpo, ni me quejo, pues tu gusto es, irte dejo. Carlos, tengo de irme sola? Si quisieras compañía cierto es que no me dejaras. Agora en eso reparas? sino amor, es cortesía no dejar que sola vaya. Pues para desengañarte, no he de volver a llamarte en pasando de esta raya. No he visto locura igual; quieres que llegue a llamarla? Quien saltó de una muralla, no palará esta señal? Vase? Está determinada, que la ha de pasar sospecho, un Diego ordoñez se ha hecho, saco un pie de la estacada, Ay de mí! Carlos. Volvió, En todo te he de imitar, si tú me dejas pasar no tengo de hablarte yo. Si pasas la raya, es cierto, que no te llamo, y te alejas. Pues si pasarla me dejas, que no hede volver te advierto, Yo con esto te avisé. Ofrezcoos a Belcebú. No la pases. Tenme tú, y yo no la pasaré. Bastará que yo te tenga? Él ha de ser, por quien soy, ú me deten, o me voy. Bien es que el daño prevenga, que me muero por Moriana. Mira que se va. Ay de mí! llega ya a la raya? Sí. Tente. De muy buena gana. Bendito sea Dios, Amen, que así mejora las horas, satisface, pues adoras. En qué te ofendí, mi bien? dimelo, que te prometo la satisfacción bastante. Cuando el verdadero amante celoso guardó secreto? la causa contarte quiero. Esperad, pesar de mí, el Maestre viene aquí. Saberla después espero. Es por todo extremo bella. Vuestra relación ha sido, quien a bella me ha traído, gustaré de conocella, y si quiere ser Cristiana su padrino espero ser. Conmigo te llega a ver al Maestre, Moriana. Vuestros pies, señor, os pido. Si vuestros brazos merezco estos, señora, os ofrezco admirado, y suspendido, aunque alabanzas oí, confieso que cortas fueron, pues tan poco encarecieron los soles que miro aquí, mucho envidio la ventura de Don Carlos. Igualmente sois cortés, como valiente. Cualquiera luz es oscura con la que sus ojos dan Piensa volverse Cristiana? El amor todo lo allana, en esa contienda están, más vencerá la porfía de Carlos, a quien adora. Para todo desde agora ofrezco la ayuda mía. Esa es la más importante. Junto a las tiendas se ofrece un Moro, a lo que parece, aunque gallardo, arrogante. Este es mihermano; Ay demí! Pues a quien tenéis temor, si es animoso el amor, y está Don Carlos aquí? Largos, y felices días, Frey Pelay Perez, te guarde el Dios de la ley que sigues, porque la fama te ensalce, Que ya nos contó que fuiste otro Josve, y paraste al Sol, para que vencieses una multitud de Alarbes. Y guarde a tus Caballeros Dios, que con solo el alfanje ofendo a mis enemigos, no con la lengua arrogante. Solo con uno es forzoso que lleno de enojo hable, pues que tan mal corresponde al blasón de su linaje. Don Carlos de Castro escucha, y no presumas llevarte al espejo de Granada con enredo semejante. Si no te acuerdas de mí, Mahamed soy Bencerraje, en quien la defensa estriba de los fuertes Alisares. Que por falta de Galban, soy de su castillo Alcaide, donde para muerte mía cautivo una vez entraste. Allí, según el suceso, a los ojos celestiales de Moriana rendiste tus altivas libertades. Engañada de tus ruegos, como mujer ignorante, se determinó a dejar su honor, riquezas, y padres. Mas no es justo, ya que erró, que vaya el daño adelante, y que compres tus placeres al peso de otros pesares. Y así, Don Carlos, te advierto, porque de nuevo te espantes, que no es mi hermana esa Mora, mi esposa propia robaste. Es el idolo que adoro, y no la merece nadie, sino yo, que el mucho amor conforma desigualdades. Si te precias de valiente, sal al campo, donde hablen los aceros en las manos, para que las lenguas callen. Si no desde aquí te reto de fementido, y cobarde, indigno de que tu pecho con la Cruz Roja se marque. No podré creer que seas de la cepa, y de la sangre de los Castros, de quien cuentan hechos, y hazañas notebles, Si no algún advenedizo, que engañado te criaste entre aquestos Caballeros, que pretendieron honrarte. Si sales a la campaña, tú podrás acreditarte con tu espada, y hacer cierta la nobleza que heredaste. Y sea el concierto, Carlos, que si me vences me mates, que no quiero tener vida, como Moriana falte, Y que te quedes con ella, (no quiera Alá que tal pase) donde cautiva te sirva, o al fin con ella te cases. Pero si yo te venciere, que mi razón es bastante, me la vuelvas porque goce mi amor de felices paces. Con las armas me responde, para que no se dilate, o mi venganza, o mi muerte; mi alegría, o mis pesares. Y tuy Moriana bella, no te enojes de que trate de tú libertad, si ha tantos años que me cautivaste. No eres mi hermana, señora; en quien podrás emplearte, como en mí; pues que conozco lo que mereces, y vales? No solicites altiva examinar inconstante condiciones diferentes, ni haciendas ajenas mandes. Vive con la propia tuya, con quien te sirva, y regale, y en los ojos de tus Soles cuando se mire se abrase. Que en prueba de mis finezas, dando quejas a los aires, espero donde te obligue muriendo por adorarte. Carlos, responder es fuerza, que no es justo que os infame este Moro, y que desdore la nobleza que heredastes. Estoy turbada, y confusa. Después espero culparte del enojo que me has hecho. No es posible que te engañe? Mahamed, tu corte fía da de tu valor señales, y con ella te respondo, que en la campaña me aguardes. Pero porque me conviene asegurar tus verdades, con seguro del Maestre trae del Castillo a tus padres. Que si niegas la hermandad, para tener más achaque de hacer batalla conmigo, muy necio arbitrio tomaste. Y al fin me importa saber, si en el peligroso trance he de ejecutar los golpes en hermano, o en amante. Porque serán menos fuertes si los mécclo con piedades; y si los guían los celos, presto tienen de acabarte. Dice bien: gallardo Moro, trae tu gente, y no repares en nada, que por la Cruz de nuestro Patrón triunfante, que pueden venir seguros. Bien puedo de ti fiarme, yo voy por ellos al punto, para que no se dilate la venganza que procuro, que los pequeños instantes son siglos para quien tiene celos, y amor semejantes. . Por aquesto, Moriana, solicitabas tornarte al Castillo, que sin duda era este Moro arrogante, con nombre de hermano tuyo, Detente, Carlos, no pases de aquí, mira que te ofendes, cuando quieres agraviarme. Puede ser que Mahamed aquestos enredos trace, para tener ocasión más urgente de quejarse. Son celos? Pienso que sí. Pensión de amor inviolable, aunque no es agora tiempo de celosas mocedades. Don Carlos, apercebios, hoy mostraréis los quilates de vuestro valor. El vuestro veré si puedo imitarle. Ya vienen aquí los Moros. Y yo aguardo a que declare el cielo estás confusiones, y acrédite mis verdades. Fiados en tu palabra abrimos los Alijares, y a tu presencia venimos. Hoy vuestrovalor mostrastes, bien podéis estar seguros. Mal tu honor aventuraste, Moriana. La vergüenza nacar en el rostro esparce, pero con todo te ruego, que esta confusión declares, porque conviene a mi honor. Corrido estoy de mirarte. Y yo abrasado de celos, u de la envidia, que es áspid, que las entrañas me rompe con veneno penetrante. Es mi hermano Mahamed? Llega, Galban, oye Alcaide un desengaño sorzoso, aunque agora el modo calle, no es mi hijo Mahamed. Qué dices mujer, que infame acción ha sido la causa de un enredo semejante? Hola Zaída, mira bien lo que dices. Mira madre, que te ofendes. Esto es cierto, después podré disculparme contigo, y contar un caso peregrino, y admirable, Mahamed libra a mi hija, que con ella has de casarte. Carlos, yo no lo sabla. Ansí pretendes quitarme mi bien? Ninguno replique, de lo que importa se trate, las armas señala, Carlos. Las mismas que tu sacaste, dame esa rodela. Toma. El cielo, Carlos, te ampare. Empiecese la batalla, pues tenéis de entrambas partes jueces. El velo corro a estos rayos celestiales. Qué es esto, hermosa María? que es lo que ansí pretendéis? a quien no os conoce hacéis amigable compañía? Alba, y lucero del día, mirad que en manos estáis, que no os estiman, y dais temor a quien os adora. Pues de mi espada, Señora, le defendéis, y guardáis. Como agora no mostráis, Carlos, tanto atrevimiento. Yo muero alegre, y contento, Virgen, pues vos me matáis, favor al contrario dais, mi respeto le valió, hoy mi opinión se perdió, pues por diferentes modos, la piedad común a todos, solo para mi faltó. Deja, Bárbaro inhu mano, si es tu valor peregrino, la adarga, que no eres digno tú de tenerla en tu mano. Tu cobardía, Cristiano, disculpas de esa mabera? pelea, o tu muerte espera. Ya del todo estoy perdido; cual hombre jamás ha avido, que tan cortesmente muera? Hoy Carlos la vida acaba, y por Alá que me pesa. Muriendo el temor confiesa. Este es el hombre que alaba el Rey? esto me enviaba? este con mi Cruz se honró? este en las manos nació de María en Antequera, que por el viento ligera del Castillo le sa o? Qué dices, señor? detente; en Antequera ha nacido Don Carlos? Estoy corrido de que mi escuadrón afrente, presa su madre prudente estaba, y ella me dijo, que nació. Qué regocijo siente el alm Ya remate; pongo al vivir. No le mates, no le mates, que es mi hijo. Qué dices, Zaida? Llegad, dulce fin mi mal espera, mi esclava fue en Antequera Doña Lucia. Es verdad. La noche de Navidad su parto; y el mío fue, que estabas muerto pensé, y por la paz que esperaba pedí su hijo a mi esclava, y en secreto le troqué. Tú eres Mahamed, y hermano de mi hija; a quien adoro. Según eso yo soy Moro. Según eso soy Cristiano, Suceso fue más que humano. Bien mi alma lo decía cuando cautivo te via. Que yo en las manos nací de esta Señora? Es ansí. Suyo soy desde este día. De su mano recibiste el Bautismo. Y yo le pido, que la ley en que he vivido de nueva gloria me viste, no estés, Moriana, triste. Antes mi gusto echó el resto, siempre fue mi amor honesto, y pues tienes esta dama, sirvela, y suyo te llama. Fueron tus celos por esto? Sí, Carlos. Esta es María, Madre del Dios de mi Fe, por quien agora mostré semejante cobardía, porque en la adarga la vía. Por ella he de ser Cristiana. Pues ves que no eres mi herma. y del que quieres lo ha sido, (na, que seas mi esposa pido. Ya es tu esposa Moriana. Por esto te retiraste? Por esto me retiré. Luego en vano te culpé, pues tu devoción mostraste? Yo olvidando mis pasiones, pondré este caso pintado en la Alhambra en lo cerrado del cuarto de los Leones. Hoy volverán mis pendones a Castilla. Y todos tres contigo. Desdicha es, pues apenas he conocido, nuestro hijo hemos perdido. Yo vendré aberos después. Con saber que vivo estás, y rico estoy consolado. Pues den vuelta a Granada, y no se bauticen más. Porque, Sancho? No verás que aquí presumen con vida, que es fin de burla. Hoy mi vida llegó a dichosos extremos. Y aquí es bien que fin le demos a la Mori ca Garrida.
