Texto digital de Los monteros de Espinosa
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los monteros de Espinosa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/monteros-de-espinosa-los.

LOS MONTEROS DE ESPINOSA
JORNADA PRIMERA
Dónde vumos de esta suerte calle arriba, calle abajo, tú sus pirando de tiple, yo votando de contra alto, sin saber cual ocasión te conduce hasta aquí, cuando has hecho voto solemne de no pisar más el varrio de Elvira, desde que viste a su reja un embozado, que hablando con Isabel tu ilvanadora y mi trapo, s ti te desgarró el juicio, y a mí me remendó el casco; sin dar lugar a que nuestro celoso, desatinado coraje, tomar pudiese venganza de tal agravio. pues lo oscuro de la noche nos le quitó de las manos; qué es tu intente? a qué fin vienes, o qué causa te ha obligado? habla por Cristo. ah Señor? mas que le ha dado algún pasmo. Señor? Qué quieres, infame? Poco fue, más bien hablado. Cuando me miras confura en el laberinto o cana de mía desgracias, me vienen tus necedades cansando? Vive Dios:: Tente, señlor; pues qué motivo te he dado para tanto enojo? Es poco para quién se está abrasande en los celosos volcanes de un amor desesperado, ver que le avivan la llama al soplo del más tirano recuerdo; y que en su pasina, aquel mis mu desengaño que debiera minoraria. cause efento tan contrario, como el de ver que le aumiente lo que le está atormentando? Pero por amor de Dios, quieres que aea el eriado primero en esta Comedia, que de amores de m amo ignore las circunstancias? No permitirlas al lavio no es querer que las ignores, sino intentar que el eatraño dolor que con repetirías padezco (pues inhumano no como todos encuentra en la atención su descanso) quede en el mismo tormento de su pena sepultado; pero pues sabes, hallé a esa reja el embozado que no conocí, aunque quiso mi ceguedad intentarlo, qes válido de las sombras Su Budo poner en salvo: que yo muero por Elvira, y ase traidor me ha dado uen un instante de celos, mil siglos de sobresaltos: que me preguntas curioso la causa de mi mal, cuando amor y celos te dicen mucho más de lo que callo. Es verdad, pero no quieres que me aturda ver que airado de las disculpas de Elvira no hayas querido hacer caso, diciendo no has de volver aunque rabie tu cuidado a hablarla ni verla más, a su calle ni a su reja, y te vienes arrimando? Ay Palancana, y cuán vanos propósitos fueron siempre los de los enamorados; dígalo yo, pues en medio de que llega a pronunciarlos lo fuerte de mi pasión, me está oculta violentando razón, que si la examino, la ignoro cuando la alcanzo: gente oigo. Parece que sí. A este lado nos retiremos. Sesora mira que es muy temerario arrojo el que intentas. Nada admito por acertado, que sea contra mi amor. No adviertes los embarazos que de hablar de esa mavera, no menos que de Don Sancho Conde de Castilla (quien tu hermosura idolatrando está) pueden resultar, sabiendo que es un vasallo competidor en su amor? Todo lo tengo mirado, mas si por respetos pierdo a quien estoy adorando, y de esta suerte no enmiendo lo que el accidente a errado, no será mucho mejor, Isabel, hablarle claro? Gente oigo hablar en la reja. Vete con tiento llegando, y mira si es ella. Voy. Ay señora, tú harás algo con que peguemos al traste; pero si yo no me engaño un bulto se acerca. El Conde será sin duda. Le llamo? Sí. Cé: sois vos? Sí, yo soy. Qué dice este mentecato? Arrimaos más. No nos tiene usted bastante arrimados? Que en mujer tan principa? quepa tan indigno trato! Pues digo, no tienen todas su principal y sus bajos? Es el Cónde? Quién querías que fuese, cuando olvidado tu amante de ti, no piensa en tu savor, ni aún de paso. Pues apártate, que quiero que escuche su desengaño de una vez. Temblando estoy. Si vuestra Alteza::- Oiga el diablo, primero nos arrimaban, y ahora nos ponen tan altos. Calla y oye. La pretendido (Sis noticia de que amo) contrastar la fortaleza altiva de mi recato, es necesario que sepa lo que en mi pasión ha tanto que en su límite amoroso constantemente hía guardado; y que una vez que mujer como yo (rompiendo cuantos inconvensentes la obligan a no decir que está amando) lo ha llegado a pronunciar, no se negará al más arduo despecho que le ocasione cualquier estorbo contrario; esto supuesto, y que vos sois causa de mis cuidados::- Qué es lo que escucho? No más que una confesión de plano. Y que por vos no sosiego:- Qué esto sufra! Pasa el trago, no se pegue en el galillo. Pues con vuestro continundo tesón, habéis hecho pierda todo mi bien, mi descanse; que esto y más en las bizarras prendas de::- Gente he alcanzado a ver que por aquí viene. Pues gran Señor retiraos en tanto que pasa. Ah ingrata! Calla: quieres que perdamos lo mejor de todo el cuento? En este zaguán, que a el lado está de la reja, entremos. Vive Dios::- Ven, mentecato. . Por si vuelve el atrevido, que intentó determinado reconocerme la noche que con Doña Elvira hablando estuve a estas rejas; vengo (de las sombras amparado) encubierto, por si logro en la venganza que aguardo, darle el castigo que entonces depusó mi ceño airado, atendiendo a el pundonor de Doña Elvira, a quien amo; precisa acción de cualquiera que es amante y nació hidalgo: mayormente cuando debo a el valor acreditado de su padre, las victorias que contra Moros alcanzo. Ay Isabel, que parece que hancia aquí se va acercando: si será Sancho Montero? Tuvieramos buen despacho. Gente habla en la reja: llego por si el dueño que idolatro está en ella. No es mejor, por si es él, nos escondamos entre estas ventanas? No, porque hará la seña, y claro es entonces el peligro con el Conde. Mas que damos con todo en tierra? Mejor (para salir de cuidados) es darle parte de todo brevemente. No fue en vano: adorado dueño mío::- Pues cómo viene tan blando? Sin duda que ya el enojo se le pasó. Deja, Sancho, requiebros y atiéndeme, que no estamos tan despacio, ni tan sin riesgo que pueda escucharte. Ya en el campo tenemos otro enemigo. Será el Conde? Y están hablando con ella; por Dios, señor, que te temples; no hagas algo que caro nos cueste: deja que yo me vaya acercando a oír lo que hablan. Con qué el Conde (arto en disimular hago) . es quién está aquí? No hay duda, y le estoy desengañando de una vez; porque tú solo, mi bien, eres a quien amo, a quien estimo y adoro, y así vete, no tengamos alguna desazón. Dime, y si el Conde:- No tu labio, Don Sancho mío, me nombre a quien aborrezco tanto. Bueno estoy yo. Dicho y hecho, tenemos nuevo gazapo. Deja que sea escarmiento del furor en que me abraso. Vive Dios, que en uno y otro ha de quedar castigado su atrevimiento. Señor, mira que:: Nada reparo. Llévoselo Barrabás. De elta forma, un agraviado sabe enstigar traiciones. Quién es? Quién con temerario arrojo te sabrá dar la muerte. Irle retirando de aquí pretendo. Dios mío, ya me estaba yo temblando este lance. Muerta estoy! Fuerte brío! Valor raro! Cierra esa ventana. Espera, que quiero primero, ingrato dueño, que sepas a quien le pegas el ventanazo: yo, sí:: cuando: que: de enojo estoy veneno arrojando; pero qué se me da a mí: si Isabel me la ha pegado, no habrá otras cien Isabeles, que con dulces arrumacos por mí se mueran, y sepan hacer conmigo otro tanto? no hay duda; pues bien está, toca a el arma desengaño, que no he de querer a más, que a cuantas fuere encontrando. va Con que Diego Nufiez, ya victorioso viene? Y tanto el terror es, y el espanto del Moro, que no podrá inquietarnos su denuedo tan aprisa. Gran fortuna. No ha habido función alguna con ellos, en que del miedo no hayan mostrado el semblante. Muchas ventajas colijo: y no habéis dado a mi hijo esa noticia? Al instante que llegué fui a ejecutarlo, pero verle no he podido. Por qué? Porque aún recogido no está su Alteza. Lograrlo muy presto podréis, porque no podrá tardar en verme. Gran señora, en defenderme con vos (ay amor!) no sé si complazco a mi deseo. En qué forma? En que presente tengo la dicha, y ausente no la logro, y la posco. Yo no os entiendo. Señora, no es mucho, cuando comprendo que tampoco yo me entiendo. Pues quién dice lo que ignora? Quién dos efectos advierte de una causa conocida, como ver que le dé vida el dolor que le da muerte. Si del atrevido intento . a que aspira licencioso, me hago cargo, me es forzoso castigar su atrevimiento; con que para no exponer, con tan indigna bajeza a un desaire mi grandeza, así lo he de disponer. De esa duda fácilmente podréis exento quedar. Si me llégase a alentar? . Deéis que tenéis presente vuestra dicha, ya lo veo, que estar rendido a mis pies, es el mayor interés que anelar pudo el deseo; y como en ausencia mía, vuestro afecto anelará a la fortuna, que os da ver que mi soberanía algo tenga que ordenaros, como vasallo obediente, la aneláis, viéndoos presente: así juzgo interpretaros lo que intentáis descubrir de ausente o presente empleo; Inigo, yo así lo creo, y así lo queréis decir. Atajó discretamente mi prudente atrevimiento. Mas qué clarín rompe el viento? Señora, será la gente conque Diego Nuñez llega en guarda de los cautivos Moros, que quedaron vivos en esta última refriega. Pues id, y haced que a la vista de la Ciudad se mantengan, hasta que del Conde tengan licencia: que no resista la defectuosa pasión tan rara y tan desusada, que del corazón guardada, aún la duda el corazón! Voy a serviros: que pueda mi pasión incerregible tanto en mí, que aún imposible ni cece, ni retroceda! Ya que a solas lo inhumano del dolor que me convate, conmigo ha quedado, intento a mi misma condenarme, de haberle dado en lo altivo de mi pecho, entrada fácil. Yo, que esposa llegué a ser del Conde Garcisernandez de Castilla, que en segundas nupcias dispuso adoptarme el nombre de Madre, que al preciso incontrastable fatal golpe de la muerte perdió a su hijo, pues Infante de tiernos afos, no pudo conocer la que apropiarle quiso el Cielo; siendo yo quien substituyó la amante carifiosa voz, que a el trato supo endulzar tan suave, que conaturalizó ser mi hijo él yo su Madre; o que él ha correspondido hasta aquí, con la constante atención de haberle dado, ya que no el ser, el realce, que con la enseñanza empieza a hacer a un Príncipe grande; y a mí, que yo propia soy a vencerme, a sujetarme llega (me corro al decirlo) un (el aliento me falta afecto; como pudiera yo, sin decirle, explicarle: dudoso? no, que es muy cierto; débil? no, que es muy constante; indigno? no, que hay disculpa; extraño? no, que es afable; activo? sí, que le he dado armas para que me mate; y al quererle ponderar a dos visos, me convaten dos invencibles impulsos, de que lo explique y lo calle. Pues qué importarán que sea muy valiente y muy afable, muy galáh, muy entendido, y de Real invicta sangre Abenamar (pues lo dije, ya recatarlo no es fácil, y así prosigo) qué importa que en él tantas prendas se hallen para ser de mi estimado, y de cuantos le trataren; si siendo de extraña ley, fuerza es que aún todo le falte: y solo puede este afecto que le confieso, llamarse una inclinación que fuera digno amor, como déjase ceguedades de una ley, de amor por las ceguedades. Pues corazón, como::- Viva nuestro Conde, invicto Mssarte. Sin duda que ya a Palacio los prisioneros que trae Diego Nufiez, llegan. Viva, nuestro Conde, viva. Nadie debió tanto a su fortuna como yo por favorable; no solo me ha concedido la dicha de que triunfante llegue a vuestros pies, sino la de que con honras tales como a vuestra Alteza debo, haga en mi fama durable biasón, de que no podrá la envidia desapropiarme. Segunda vez a mis brazos llegad, pues quien con tan grandes méritos, supo añadirse como vos tantos realces, esto y mucho más merece. Cielos, no es este (dejadme sustos) el Moro a quien vivo . inclinada. Que mis males . (ademas del de vencido) dispongan que otro desaire venga a ver como el de estar a vista de quien amante adoro, desde que estuve en este mismo paraje Embajador de mi hermano; con tan distinto caracter, cómo de Señor a esclavo! Diego, preciso es que extrañe de vuestro afecto, ver que tanto de mí se recata? No llegáis a hablarme? Ay Dios! Gran Señora, perdonadme, que como el gozo me tiene tan ajeno de mí, es fácil haya incurrido el reparo, en lo que no será dable pueda el afecto, pues este, como a vuestros pies constante está siempre, no es posible que jamás de ellos se aparte. Así, Diego, lo conozco. Fortuna fue que en el lance de a noche, en que conocí . sar el Conde, libertarme pudiese, sin que reparo húbiese hecho en mí. Que amante . va ya creciendo mi afecto mas con las dificultades. Ay Sancho lo que me debes! Con que del Moro arrogante quedan las fuerzas deshechas? Y tanto, señor, que audaces no volverán tan aprisa a verse sus estandartes con los nuestros; este Moro, que principal Comandante, y hermano del belicoso Rey de Toledo, que al trance de una batalla quedó prisionero; lo declare a vueseros pies, Con la gloria de que ya que lo mudable de mi fortuna, no quiso que esta vez acompañase la suerte a el valor, me haya traído, a donde: privarme no podrá del triunfo, que como esclavo vuestro gane. Levantaos, y a mis brazos llegad, a donde inmutable el trato que Embajador primero experimentastéis, halléis prisionero; Siendo mi Palacio el hos pedaje que en mi Corte tendréis. Beso vuestras plantas reales. Y a vos, Diego, como a quien debo victorias tan grandes, es justo, ya que no en todo, os lo satissaga en parte. Desde hoy queda vuestra hija, para asistir a mi Madre en Palacio. Eso, señor, es intentar empeñarme nuevamente, porque quién mereció tanto? Quién sabe adquirirlo como vos. Pues haced lo que gustaréis, que no sabéis el favor que me habéis hecho en quitarme uno de los embarazos mayores que tiene un padre. Y yo quedo muy gustosa de la elección. Hija, qué haces? no besas a sus Altezas las manos. Que me embarace lo impensado de mi dicha no os debe admirar: pesares, . que al paso que mi pasión va creciendo más distante, haya de morir mi alivio! Linda cara de vinagre . pone mi amo. Que una vez mis desdichas no me acaben! . Mientras tomo la venganza que solicita el coraje . de mis celos, contra Sancho, que anoche perdí, importante será disimular. Diego, conmigo venid a darme noticia por menor de lo sucedido. Constante a vuestro servicio estoy. . Nadie, si lo que es amor . supiese, admire mis ceguedades. . Cómo de mi pasión puedo, aunque imposible, apartarme, si contra influjo que fuerce, no hubo libertad que mande! más anímate, amor mío, que en amor dificultades, si no conceden laureles. saben aumentar realces. . Por si hablar a Abenamar a solas logro poder quise a este sitio volver. Si podré a la Reina hablar? Pero ya a este lugar vuelve. Pero aquí están: el Cielo os guardo. Y a vos: quien calla es cobarde. . No ama quien no se resuelve. . Qué os parece la riqueza de este Palacio? Señora, cuanto dichoso atesora vuestra singular belleza, grande impropiedad sería cualquier diatinta atención. Qué os parece este salón que sigue a esta galería? hacer que no le he entendido intento. Maravilloso. Y este mirador? Dichoso, pues de vos se ve asistido. Siguiendo en acecho voy los pasos de la que amante adoro firme y constante, ya que tan infeliz soy, que de otra esperanza ajeno, Solo a este alivio en mi suerte puedo has pirar. No os divierte aqueste pensil ameno? No encuentro en la diversión alivio. Que estáis infiero triste, de que prisionero os halláis; y con razón, pues no ostante haber mandado mi hijo el Conde, como es justo, se os corteje a vuestro gusto, porque aunque sois en estado de Religión diferente, los príncipes todos son (aparte la Religión) de una especie no os consiente (ya lo veo) el natural patrio cariño, tener mayor gusto. Llega a ser distinto de este mi mal, porque antes agradecido debo a mi fortuna hallarme, pues preso ha llegado a darme lo que libre no ha podido. Qué es lo que oigo? No os entiendo. Si el Moro en amor la hablara? Si acaso no os disgustara presto salierais, comprendo, de la duda. En esta sala un Mercader que de venta trae unas joyas, aguarda la noticia de si gustas feriar alguna. Entradlas. Voy a servirte. . Fortuna, qué aún para explicar mis ansias no haya tiempo! Qué este caso . me prive de que no haya confirmado mi sospecha! Déjame, pasión tirana. . Aquí están, y por mi vida que son de gran precio y raras. Mostrad pues. Esta es, señora, una aguila de esmeraldas muy linda. A vos, qué os parece? Si a vuestra Alteza le agrada, muy bien; pero si advertís, señora, una circunstancia, no la tomaréis. Cuán es? Discurrirla desgraciada; pues aunque a vista del Sol, venga llena de esperanzas, (que explica el verde color de aquesas piedras que engasta) a espirar a sus reflejos, es preciso que la abatan vuestros respetuosos rayos, que para esfera tan alta, no hay esperanza que sirva, ni ligereza que valga. C. Pues, señora, aquesta flor, que de rubies cercada está, podrás escoger. No señora. Por qué causa? Porque si ufana de que su fiorido verdor guarda entre el encendido fuego de sus brilladoras ascuas, triunfar quisiese atrevida, de incendio que más abrasa, quedaría en su escarmiento marchita, mustía y ajada; y pues que goza su dicha, no la acordéis su desgracia. Vive Dios, que estoy sin mí de ver osadía tanta. Si yo hubiera de escoger, fuera solo::- Qué os ataja? decidlo. Aqueste Cupido de diamantes. Linda manla. . Por qué razón le escogieráis? Señora, por la constancia, y amor que a tenerla llega, (pues este simbolizada en los diamantes la trae es la más preciosa alhaja; y en parte mejor que en vos, no pudo estar empleada. De esta vez le he de dejar bien castigada su audacía. Pues es tan de vuestro aprecio, quedaos con él. Si en el alma su original::- Es mi gueto. Queda::- Mas que se declara. Porque pretendéis:- Tomadle, que es respuesta cortesana. . Dénmelo a mí, que verán como no ando en pataratas. . Ni uno ni otro vendrá a ser. Pues qué intentáis? Rescatarla de tu poder. Con la vida lo lograrás. Suelta. Aparta. . Por si azaso:: mas qué veo? Vive Dios. Ah de la guardía: qué es esto? Señora:: yo::- Castigada tu osadía quedará. Hola, que su Alteza llama. Quién alborosa el Palacio? Muerto estoy! . Que de mi rabia . se haya este aleve escapado! No respondéis? Pues entraba al mismo tiempo, y por mí ha sido toda la causa, yo os lo diré: como disteis orden que se agasajara con motivo de haberle (entre otras alhajas que me trajeron) guatado una joya, que a mi instancia tomó, bien que cortesano admitirla reusaba: Don Inigo temerario, luego que volví la espalda, quitársela intentó; vine, y al ver osadía tanta, llamé porque le prendiesen. Gran señor, esta es la causa: ayude amor mi cautela; . paréceme que tan alta prenda, por ser de su Alteza, en poder de un Moro::- Basta, que yo os advertiré, como se veneran y se tratan las acciones de mi Madre: hola? prendedle. Desgracias, acabadme de una vez. . Y vos señora, pues se halla a vuestro arbitrio, mandad lo que gustaréis se haga. . No os quedáis con el Cupido? Quién un favor vuestro alcanza, como pudiera::- Favor? no con esa circunstancia os le doy. Muy bien, señora; más dejad que mi esperanza le dé el nombre que quisiere. Si sois vos, quien en vos manda, quién jamás poner podrá límite en lo que os agrada. . Amor, pues introduciste en mi corazón tu llama, o hazme de una vez dichoso, o acábame con mis antias. . Mira que Elvira::- Ea, calla, no la nombres, no la alabes: ah falsa Elvira, hah traidora: Ahperra, ah embustera, ah infame. Borracho, vive Dios::- Toma, no dices que no la alabe; cómo ha de ser esto? Mira:- Déjame, Isabel, buscarle. Buscar un celoso es yerro, lo mejor es esperarle. Elvira es, y ya me ha visto. Él es, y me vio; esforzarme quiero o vencerme, hasta ver qué detérmina o qué hace. Sin hablarla me he de ir. Él se vuelve sin hablarme: ah infame amor, ah tirano, que así a una mujer abates! De esa forma te vas? Sí: a donde a verte, ni a hablarte vuelva jamás. Pues por qué? No preguntes lo que sabes. Es porque celoso estás de que el Conde::- No me mates otra vez con repetirlo. Advierte que::- Iras a darme satisfacciones, no es esto? Claro está. Pues a no escucharte estoy resuelto. Has de oírme. . No haré tal, aunque en desaire sea tuyo. Mira, que podrá ser::- No hay que me ataje, pues sé que eres fementida, alevosa, infiel, mudable a mi cariño; mas nada de esto, qué puede importarme? a Dios para siempre. Adiós. Y dejas, que me separe para siempre? Soy muy Dama, para que yo ruegue a nadie; tú te vas, que no te dejo. Pues ya he mudado dictamen; ahora no quiero irme. Repásate acá compadre. . No, pues yo me iré; mas oye, en tu vida has de acordarte de mí. . Bien está. Y se queda, viendo que me voy: ah infame; no viene, Isabel? Ya va, ni si quiera aún a mirarte vuelve el rostro. Palancana, ha vuelto? Los carcañales. Vive Dios, que es cierto. Elvira? Qué intentas? Que antes que te ausentes sepas: . Qué? Que pues tengo de olvidarte, hagas tú también lo mismo conmigo. Pues que distantes quedan todos, y hablar puedo sin nota en este paraje a Elvira, intento: mas, Cielos, no es Sancho (pesie a mis males) el que allí miro con ella hablando? Bien me persuades; mas discurres que las prendas que adornan mi noble sangre, no hallarían en el Conde::- Pues han llegado a nombrarme, quiero escuchar lo que dicen. La estimación con que amante un descuido mío aprecié por la fineza más grande? No hay duda, y harás muy mal en no llegar a mostrarte desde hoy más sina con él. No tienes que aconsejarme, que puede ser lo ejecute. Qué es cucho! albricias, pesares, Veamos, si aquesto le inueve. Vive Dios, tirana, que antes sabré yo hacer::- Qué haréis? Cabriolas en el aire; . que una horca es la precisa consecuencia de este lance. Prosigue, Elvira, prosigue la plática con que a darme empezast es nueva vida: no porque esté yo delante, me niegues aquel favor, que oculto llegué a escucharte. i. Vuestra Alteza persuadirme no intente, que no es tan fácil en mujeres como yo, mudar tan presto dictamen. A Sancho señor, estimo; y en llegando dos amantes a hablar fácilmente mezclan especies con que enojarse: satisfácense, y se quedan aún más enlazados que antes. Si de vos a Sancho hablé, fue por solo castigarle no sé que recelo, que pudo vuestro amor causarle: él y yo nos entendemos; y a vos que os repita baste, que inconstancias, no son prendas de mujeres principales. . Solo una mujer que ama, pudiera así despecharse. Hola? No es nada, al que olean . no están lejos de enterrarle. Con vos hablo; no oís? solo con vuestro amo dejadme. Díganme de Narciso, fuentes y valles. Qué, no os vais? no oísteis decir: Sí, gran señor, pero hacen tanta mella tus preceptos en mi obediencia, que sabe, Conde mío, obedecerte; aún primero que escucharte. Cómo? Como yo me he ido antes que tú me lo mandes, y creí que me indultaría de irme ahora, el irme antes. . Sancho Montero? Señor. Los yerros de los leales, los comete la ignorancia, sin tener la traición parte. Tú a Doña Elvira serviste, tú a Doña Elvira adoraste, ignorando ser el bien de donde nacen mis males; mas supuesto que hoy supiste lo que antes de hoy ignoraste, espero que ahora enmiendes lo que antes de ahora erraste. Sancho, yo idólatro a Elvira; esto que te diga baste, para que no solo temples tu amor, sino que le apagues. La respuesta de un olvido, Solo es respuesta bastante, y la respuesta que busco. Pues tal respuesta, no cabe en mi amor, y así más quiero detenerte, que engañarte. Pues qué has de responder? Lo que a tu desengaño baste. De qué modo? De este modo: hierros de las Magestados los comete la ignorancia, sin tener la razón parte. Tú a Doña Elvira serviste, tú a Doña Elvira adoraste, ignorando que era el mal de donde mis bienes nacen; porque ofender a un vasallo como yo, en ningún Rey cabe. Yo, señor, adoro a Elvira; esto que te diga baste, para que tú justo, temples tu amor ya que no le apagues. Tú de mi argumento usas? de mis razones te vales? eres primero que yo? De esa pregunta, no cabe ni en ti ni en mí; esa respuesta tan solo Elvira es bastante a darla, y puesto que ella (como oíste poco hace) a ti me antepuso, ella te dice que yo soy antes. Viven los Cielos, villano, traidor, alevoso, infame::- Como oiga de Elvira amores, mas que oiga de ti ultrajes. Ve, que más que contenerme, consigues así irritarme. Esto, señor, es quererte, puesto que es desengañarte. El noble sabe vencerse. Ese argumento que haces, contra ti solo me irrita, puesto que ha partido darse, caber no podrá en nobleza, si en la Majestad no cabe. Presiéreme, pues lo soy. No hay en amor Majestades. Ya mi paciencia es infamia; vive el Cielo que has de darme palabra de aborrecerla. De morir será más fácil, porque el morir cabe en mí, pero olvidarla no cabe. No? . No. Pues yo haré a un verdugo y aún cuchillo, ser bastantes para que a Elvira la olvides. El alma morir no sabe, y pues el alma la adora, al golpe feroz e infame podrás quitarme tenerla, mas no adorarla quitarme. Eso fuera si paciencia tuviera ya mi coraje para encargarlo a un verdugo, mas tu atrevimiento hace que irritado mi despecho, como celoso te mate. Qué es esto, gran señor? Nada. , Enterrad ese muerto, Luis Quijada. Ay Elvira, hay dueño mío, yo te he perdido: en mis males, dadme, Cielos, mas alientos, o dadme menos pesares. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Esto es lo que propone el Moro. No es conveniente gran señor porque una vez que destrozadas su huestes abandonaron medrosos los dos importantes fuertes de Avila y de San Esteban de Gormaz, sin que atreverse puedan en muy largo tiempo a inquietarnos, porque siempre nuestras numerosas tropas a la vista se mantienen, cuando atenvadas las suyas, apenas guarnecer pueden sus plazas; será preciso que el Moro, señor, se arregle a vuestro gusto; y sino dejad que las treguas quiebre que vos le habéis concedido, que eso es lo que todos quieren porque ociosos los Soldados mueho más que ganan pierden. Bien sabéis, Diego, que nunca fue el Consejo más prudente, despreciar a el enemigo; porque la fortuna suele (al fin como varia) hacer en no prevenidos trueques de un instante a otro, infeliz a el que feliz llegó a verse; dígolo, porque aunque logre tan de mi parte la suerte con las ventajas tan grandes, que a vuestro valor se os deben, no es acción enerda exponerla (cuando desde el gabinete da lugar a ventilarse a los lances contingentes de la campaña, postrera apelación de los Reyes; y pues me ofrece entregar todo lo perteneciente a mis dominios, quedando mi tributario, y que en reenes una de las fortalezas más principales que tiene pondrá en mi poder; veamos si conviene o no conviene: a cuyo sin lo vorás, y de lo que resolvieres me darás parte, porque se concluya brevemente el tratado. Señor, pues lo que me pertenece es serviros, no hay más ley en mí que la de obediente: beso tus pies. Ea, amor, ya a solo contigo puede mi corazón descansar de la fatiga vehemente que en mí han impuesto, la dura sujeción de unos desdenes, porque he de estar padeciendo como si delito fuese que yo cometí, un rigor con que mi influjo le tiene tan sujeto el albedrío, que ni aún la seña más leve de que le hubo en mí, permite mi fatalidad que encuentre? Estuvo en mi mano nunca haber resistido, el fuerte impulso de una pasión que encubrió engañosamente con los amagos de alivio, los estragos de una muerte? Pues si en mí esta inclinación de alguna causa procede, y ella me obliga a querer que quiera lo que no quiere, por qué he de estar padeciendo un mal de tan dura especie, que ofende a quien le motiva, y a quién le padece ofende? Cuando ha considerar llego tan desusado::- San Lesmes. Mas quién se ha entrado aquí? Nadie, nadie. Respondedme a lo que yo os preguntare. Yo os diré cuanto supiere de mí mi padre, mi abuelo, y del diablo que me lleve. Conque a Palancana viste? Como cuatro y tres son siete. Pues voy::- Aguarda, señora, que está en aqueste retrete con el Conde. Cielo santo, qué es esto que me sucede? qué fuera que le dijese donde está Sancho. Perdone mi amo, porque en estrecheces, primero soy yo que nadie. Criado soy::- . Conveniente, pues no lo ha dicho, será atajarlo de esta suerte. En qué os paráis? Yo, señor, Soy::- Palancana, qué quieres? pero aquí vos, gran señor? Mujer, algún Ángel eres. Un correo que ha llegado, hablaros, señor pretende, y entregaros una Carta del Moro. Decid que es pere. Es posible, Elvira hermosa, que el rigor de tus desdenes no se ha de vencer jamás? Vuestra Alteza considere mis respetos, y no quiera que yo en público desprecie su favor. Su Alteza os llama. Preciso es ser obediente: con vuestra licencia voy. A Palancana detenle, Isabel. Que aún mis pesares para quejarse no encuentren ni un rato en que repetidos descansen, ya que no cesen? Hay pasión, y cuán sujeto a tu sinrazón me tienes? . Pues no me hablas, Palancana? No, Isabel, que es toy con dengue. De cuándo acá? De acá cuando. No te he entendido, Entenderme. Habla claro. No obres turbio. Qué dices? Lo que dijere. Derqué es ese enojo? De algo. Mira que soy::- Sé lo que eres. Una mujer::- Por desgracia. De tal humo::- En las sartenes. Que una vez::- Por no ser dos. Que se me suba::- Aelas liendres. Sabré::- Dar un ventanazo. Ya he adivinado que tienes: y de un ventanazo nace tanto enojo? Si no quieres que mi cólera te abrase, que mi furor te amedrante, o mi enojo te sepulte, calla, calla, no me acuerdes lo que (tiemblo a el repetirlo me causa (el furor me vence) tanto pesar (ah tirana! que no pude (oh pena aleve!) cenar en tres meses, más que lo que pudiera en siete. Mira, hijo mío, no estuvo remediar tal accidente en mi mano, que ya sabes (aunque tú no lo mereces) cuanto te estimo; te juro, por lo mucho que me quieres, que ni yo tampoco pude de el sentimiento tan fuerte, comer en diez días, más que solo el uno y los nueve: mira cuanl es más fineza. Solo eso pudiera haberme templado tan justo enojo. Ahí verás lo que me debes. Dame un abrazo. Jesús, a una doncella se atrove a proponer tal? Ea, llega, no seas impertinente, que antes este es el camino para que de serlo dejes. Pues vaya y sin ejemplar. Ya que logré brevemente despachar, y:: mas qué es esto? Nada, quise a ese retrete pasar viendo que tardabas, y Isabel por detenerme se agarró de mí. . De ti? Si señora, de esta suerte. Aparta, qué haces? Pintarte, porque con duda no quedes, al vivo lo que pasó; pero ya que logro verte, antes que el Conde Nerón nos lo acibaré o agüere, toma este papel. Dámele, en qué te detienes. Vesle aquí, y a tu salida que te le doy agradece, porque sino, nuestro Conde me tenía ya en un brete. Aún está aquí Elvira, quiero esperar por si pudiese hablar a solas y ver si una vez se compadece, de quien amante a sus ojos, mariposa infeliz muere. Lo que aquí Sancho me dice, es cuanto desea verme; y como en esto el peligro hay tan grande que se advierte, no sé que resuelva. Cielos, qué es lo que escucho! Bien puedes disponerlo como quieras muy fácilísimamente. En qué forma? De la puerta que cae a el parque, no tienes (por medio de la Condesa que te las franquea siempre que se te antoja) las llaves? Es verdad, pero no infieres que si por algún acaso el Conde (quien vivamente le hace buscar, indignado de que por él le desprecie lo llega a saber, me expongo, a un precipicio evidente? Y tú le amas tan de veras? Porque lo dices? Por verto tan tímida, que entre amantes cualquiera objeción se vence. Antes nacen, Isabel, más reparos de quererle, que quien a la contingencia expone lo que aperece, no le estima, y si le estimu con tal acción lo desmiente. Señora, despacha presto, dime a lo que te resuelves. Esto ha de ser: dile a Sancho que esta noche venir puede por el parque, que a Isabel (porque con otra no encuentre) desde las rejas le hará, porque a el instante se acerque, una sesía. . Bien están. Gracias doy a el accidente que aquí me condujo; pues el tirano, que aborrece mi indignación, a las manos de mi venganza se ofrece. Adiós, señora. Primero, Palancana, que te ausentes, dime algo de Sancho. . Yo? si tal cosa te dijere mala muerte me dé Cristo, porque en dimes y diretes daré lugar a que el Conde sino me batió me cuelge. Se acuerda de mí? Pues hay instante que no me pegue con Elvira, torna Elvira, y con Elvira me tiene Elviradas las entrañas, y si aquí por detenerme me Elvirán la nuez, no habrá Elvira que me Elviré. Ay Sancho! cuándo será el tiempo que los crueles embarazos de un amor que vivirá eternamente en mi corazón, acaben para que logre::- . Aquí viene la Condesa con el Moro. Vamos, porque no se mezcle en la memoria que a Sancho mantengo, distinta especie. . Ah tirana! yo te haré que en el pecho que rebelde para matarme, la imagen que me compite mantienes, salga de una vez, a donde menos cuidados me cueste: y pues tan vecina tengo la venganza que previene mi rencor, del disimulo será bien que me cautele, porque una vez sospechada, o se malogra o se pierde. . Dejad, señora, que os dé, a vuestras plantas postrado, las gracias de haber librado a Don Iñigo. Si fue, aún más que a mí, a vos a el que agravió con tal despecho, que en vos quedó satisfecho pidiendo la libertad, a vos las gracias os dad de lo que vos habéis hecho. Vuestra generosa acción que tan propia de vos es, nuevamente a vuestros pies, empeña mi obligación; pero en aquesta ocasión su atrevimiento ha tenido disculpa, porque Cupido que logró lo soberano, de venir de vuestra mano, hará a cualquiera atrevido. Por parecer temerario apruebo el que proponéis, porque si bien lo entendéis, debiera ser a el contrario. Cómo? Porque más de vario que de seguro en su intento se acredita, quien somento da a su arrojo en tal acción porque donde no hay pasión, suele haber atrevimiento. Antes llega a acreditar mejor, señora, tenerla quien se atreve, pues sin ella, a qué se puede aspirar? nunca lo que a desear no se llegó se procura; sin motivo no es cordura exponerse, claro está; conque sin pasión, será aventurarse, locura. No intentéis hacer alardo a vuestra errada opinión, porque siempre la pasión del amor fue muy cobarde: preciso es que el que ama, aguarde muerte o vida de su suerte: quien en un caso tan fuerte, no temerá el más tirano, viendo que en ajena mano está su vida o su muerte? Aunque yo no conociera vuestra gran discreción, viendo el mal que estoy padeciendo de aquesa misma manera, grande groseria fuera el no confesarlo así. Le padecéis? Ay de mí! cual otro no se encontró. Y no halláis alivio? . No. Tenéis esperamas? . Sí. Y quién os le ha motivado ignora el mal? No lo sé. Se le calláis? . Sí. Por qué? Porque nací desdichado. Pues le ignoráis (ay amor!) no os podéis nunca quejar. Señora, temo aumentar más ansias a mi dolor. De qué forma? Mi temor se mantiene silencioso, por no mezclar ambicioso amor y desconfianza, pues mientras tiene esperanza, algo tiene de dichoso. Pues de esa forma, jamás podréis alivio tener? Señora, no sé qué hacer, porque no me atrevo más. Dejad a la suerte, las contingencias que tenéis. Qué disculpa me daréis si mi suerte se aventura? Esa ya es mucha apretura: qué sé yo, allá lo veréis. Pues esta imagen, señora, que en vuestro pecho se ve, será, quien señas os dé de la que mi pecho adora: esa es por quien atesora. Mirad que estáis sin sentido, que solamente un Cupido es el que a mí me habéis dado. Cuando de un enamorado, amor la frase no ha sido? Y quién os da ese desvelo? Amor solo me le da. Él a vuestro arbitrio están? pues él os dará consuelo Plugiese a el santo Cielo! La Dama no la nombráis? Fácilmente la veréis, pues que ahora mi amor tenéis, conque no me le volváis. No puedo en esa advertencia; quedaos con vuestro amor. Eso es hacer que en rigor niegue la correspondencia. De quién, si vuestra obediencia, es amar por solo amar, sin sujeto singular? Y si la pudiera haber? Él os puede responder, que a mí me toca ignorar. Qué es esto, Cielos; yo aquí infelizmente muriendo? yo callando? yo sufriendo tan tirano frenesí? no soy quién soy? cómo así mi noble espíritu olvido? mi mal de un temor no ha sido? pues quien murió haciendo alarde tantas veces de cobarde, muera una vez de atrevido. . Esto me dijo en suma. Ay, Palancana, de esa forma será menos tirana la suerte que me aflige: conque eso te pasó? Cómo lo dije. Y me es pera esta noche Doña Elvira? Las gracias puedo dar a su mentira, pues de el Conde el enojo, me iba dando ocasión para un arrojo: pero en suma hablamos. No he podido sosegar en el tiempo que escondido (cómo sabes) he estado, huyendo de el furor apasionado de el Conde, que celoso, por quitarme la vida vive ansioso, sin ver el adorado dueño mío: y así aunque sea acosta del impío tesón dé su fineza, he de ver esta noche su belleza; y pues que ya las funebres capuces por la ausencia de el sol visten las luces, ven, Palancana, donde el mejor rayo de su luz se esconde. Vamos, señor, pero decirte puedo que llevo un tanto cuanto de mi miedo, pues si el Conde nos pilla en ratonera, la ventana será nuestra cabecera; y yo por servidor tengo aún más causa. Por qué razón? Por Dios que gastas pausa: no adviertes que en los lances de este sesgo, un servidor de noche corre riesgo? Qué mayor riesgo para el que está amando, que privarse de el bien que están adorando? Para ti es eso bueno, mas para mí que por ninguna peno, qué consuelo hubiera después de bien rasgada la mollera? Baja la voz, y advierte que estamos ya en el parque. Trance fuerte! No puede, según infiero, tardar mucho. Hacia la reja quiero llegarme. Dos bultos, si no me engaña la idea, se acercan acá: quién es? Yo soy. Qué linda alcahueta! . Eres Sancho? . Sí. Y el otro es Palancana? Si Reina. Pues retiraros podréis esperar un rato, mientras voy a avisar a mi ama. Tardarás en dar la vuelta? Presto será Ni un podenco las da con más ligereza. Ay Palancana, y que cierto es, que no puede sin pena haber gusto con amor; dígalo mi suerte adversa, pues logrando el de venir a ver la adorada prenda que mi corazón ama, con las zozobras encuentra de un poderoso irritado, de quien se encubre y cautela, por no exponer a tu enojo, dicha que tanto le cuesta. Si tu hicieras lo que yo, no hayas miedo que tuvieras tantas infelicidades. Cómo? Porque de manera quiero a las que quiero, que si veo que hay competencia (porque también entre alcuzas nunca falta sus quimeras) las hago una cortesía, y me paso a la otra acera; que cien acélteras se abren, cuando una alcuza se cierra. Muy de tus obligaciones son esas correspondencias. Pues es mejor dar lugar que se me pongan muy huecas, y por quitarme esos celos, me dejen con tanta lengua? Calla, porque ya parece que a vuelto Isabel. La seña puedes hacer. Cé. Aquí estoy: es mi Elvira? Ay qué terneza! Sancho? Bello dueño mío. Vete llegando a esa puerta, que voy a abrir. Por San Pablo, que ya me tiemblan las piernas. Dios nos saque bien de todo. Sígueme pues. Ya voy. . Entra. Elvira hermosa, es posible que entre la desgracia fiera de mi fortuna, he podido lograr tan feliz tregua, como la de estar::- Primero, porque más seguro puedas hablarme, será bien que Isabel de centinela por si viene el Conde, esté; y así en el paso que media a este apartamento, puedes ponerte. . Dame por puesta, pero a oscuras mal podré distinguir quien sale o entra. El ruido de las pisadas te avisará si alguien entra. Lo haré como me lo mandas. Yo también estaré alerta. Bien puedes proseguir, Sancho. Digo mi bien que mi estrella, en medio de tantos males conque a mi suerte atormenta, quiso mostrarme una vez favorable su influencia, quizá porque con tu vista la vida que iba sin ella falleciendo, se recobre; para que tirana tenga donde cebar el continno tesón conque le atormenta: pero a el precio de esta dicha, mas que me ferie las penas. Pues qué es esto? ya cesaron (aún creerlo no quiero) aquellas celosas maquinaciones, que ciegamente groseras agraviaron mi cariño? Ay Elvira no me vuelvas a acordar el insufrible loco afán de mi contienda, y pues ves que enamorado nuevamente a tu presencia, vuelvo gozoso a lograr lo que un tirano me veda, no intentes privarme el gusto con memoria tan acerva, que pues la olvido, ya doy de estar satisfecho muestras. Conque lo estás ya? Sí, Elvira. Y no te queda el menor recelo? No. . Míralo bien. Qué más prueba de mi desengaño quieres, que decírtelo a ti misma? Conque en fin::- Dueño adorado::- Desengañado::- No quieras::- . Podré::- Que los ceños tuyos::- Decirte:- Qué es lo que intentas decirme? Que pues quedaron todas tus dudas desechas, de que en mujer como yo tan viles correspondencias no puede haber porque nunca me vuelva a mirar expuesta a otras semejantes, quiero que para otra ocasión, sepas cómo te debes portar con mujeres de mis prendas; Isabel, a todos guía hasta salir por la puerta misma que entraron, y tú, en tu vida a verme vuelvas. Mi bien, Elvira, señora, advierte::- Nada hay que advierta: vete, si acaso no quieres que mi cólera resuelta, prorrumpa en alguna acción que te pesé. . Elvira deja que a tus pies perdón te pida: no de aquesta suerte quieras la vida otra vez quitarme. Ya es esa mucha dureza: mi Señora Doña Elvira, mirad que soy quien promedia; échense a la mar pelitos, y acábense diferencias. Pues, pícaro tú te burlas conmigo. . Apártate. Ea, para que es todo ese dengue, si conozco yo en las señas, que rabia usted por sandango, y huye porque se lo ruegan. Pues es ya la hora en que habrá venido el traidor que espera mi venganza, para darle de una vez muerte sangrienta; vengo hasta aquí a confirmar si está dentro. . Porque veas cuanto en mi pueden tus ruegos: Con ella está, antes que pueda salir de aquí, volver quiero a dar orden de que puestas en las puertas de Palacio estén con orden secreta mis guardías, para que a nadie permitan salir por ellas; y así seguro dispongo, que sin escándalo muera. . Como palabra me des de no volver::- La Condesa viene hancia aquí. Vete vete. Por dónde sin que le vean? Este es el per signuin Cruéis. Cielos, por cuanto no hubiera algún azar que estorbase mi fortuna. Mas que llega, y nos coge a todes juntos? Pues no hay otro asilo, sea esta sala por ahora quien los oculte. En qué piensas; acaba por Dios. Ya estamos dentro de la ratonera. Elvira? Vos, gran señora, en mi cuarto. Haced que fuera salga esa criada. Vete, Isabel. . Qué será esta novedad? . turbada estoy. Retírate tú. Esto encierra misterio que yo no alcanzo. . Parece que estás inquieta de verme aquí? No, señora, pues aunque yo no merezca por mí tan especial honra; sé lo mucho que se esmera vuestra Alteza. Dejad eso, porque os necesito atenta: hay alguien que nos escuche? Bien puede hablar V. A. segura, y por más estarlo sabré cerrar esta pieza de paso, y daros la llave. Qué es esto? Cerrar por afuera. Pues me habéis de dar palabra de que otro ninguno sepa lo que a confiaros voy. Que vuestra Alteza me advierta tal cosa, llego a extraña cuando conocer pudiera de quien soy y mi lealtad. Pues yo, Elvira, vivo ciega; no lo estrañéis, soy mujer; y no es mucho que sujeta esté a una pasión. Decid, señora, en qué vuestra Alteza se detiene. A esta sala siguiendo las luces bellas de la que idolatro vengo, por si encontrasen mis penas ocasión que de una vez me permitan salir de ellas, llegándome a declarar; pero si acaso la idea no me miente, hablando está con Elvira en esta puerta, quiero es perar. Desde el día que Abenamar (yo es toy muerta) Qué escucho? de mí están hablando. Qué dices, señora? Os cuesta tanta admiración, oír que Abenamar es quien llega a motivar mi pasión? Albricias, propicia estrella. No es un Príncipe? no puede aunque otra religión tenga, dejarla por ser mi esposo? pues qué os espanta? Quisiera que advirtierais::- Nada, Elvira, podrá haber que me convenza, y así dejad de advertirme, porque es acción indiscreta querer dar consejo a quien ni le pide ni le aprecia: para todo he de valerme de vuestra fina asistencia. Nadie mejor que vos sabe no hay en Palacio quien pueda mejor guardar sus acciones de muchos que las acechan, que un Príncipe; pues en él las atenciones se emplean. Esta razón me ha obligado a que vuestro cuarto sea quien esta objeción evite, pues en él pretendo cuerda, sin más testigos que vos, hacer que mi intención sepa; y una vez que a ser Cristiano Abenamar se resuelva, seré suya, atropellando dificultades inmensas. Pues si en eso solo estriba, bien puede quedar desecha cualquier duda en vos. Qué es esto? Vos aquí? Pues quién pudiera si no es yo de vuestras luces seguir la amorosa hoguera? Idos pues. C Por qué, señora? No sé qué el alma recela. . Vos, señora, mi fortuna no auxiliabas en mi ausencia? Es verdad, pero mi arrojo con haberos visto cesa. Mirad, señora:- Qué es esto? Cada instante en mí se aumenta la admiración. Doña Elvira, tomad esa luz, y afuera guiadle. Confuso, Cielos, esta novedad me deja. No os vais? Aunque a mi pesar, respondo con la obediencia. Venid. Mas es gran rigor::- Pues todo seguro queda, quiero empezar mi venganza, pero parece que afuera han retirado la luz, y al corto reflejo de ella solos dos bultos distingo: mas quién duda que ellos sean. Muere, infame. , Cielos santos, valedme. No es la voz esta del Conde? Quién es? Quién viene . a castigar sus ofensas. Sin duda que mi intención escuchó. Valiente gerga anda allá dentro. Traidor, a dónde estás? Yo estoy muerta. El Conde en la voz conozco, mas que echo abajo la puerta. Abenamar? Quién, quién es? Ocúltate en esta pieza. Hacia una pieza me guía: sin duda es Elvira esta, pues también el cuarto sabe. Qué yo encontrarle no pueda! Abrieron? . Sí. Bella Elvira, cuanto debo a tus finezas mi amor te sabrá pagar. La voz del Cónde no es esta? si le daré muerte? no, quiero asegurar la empresa. Sal Palancana. . Ya salgo. Olvidé el cerrar la puerta. Traidor, a dónde te ocultas? Abenamar, no consientas que por ti arriesgue mi honra: tras de estos tápices entra. Calla y sígueme: ah, tirana. Luces? . Aquí está su Alteza: qué es aquesto? Hijo, señor, templaos. . Dejad que sea de mi furor escarmiento un vil traidor. Si la enmienda puede templar el enojo tan justo que se apodera de vuestra razón, yo os doy palabra de que no vuelva mas a irritaros la causa que para acción tan severa os dio motivo. Sin duda que el traidor de Sancho, puestas en su favor tuvo espías que le avisaron, y mientras fui a dar la orden de que tomasen todos las puertas, de mi Madre se valió; ese amparo le desienda. Supuesto que en vos consiste, y que a vuestro cargo queda no darme más ocasión, disponedlo de manera que ni a mí ni a vos agravie otra alguna contingencia; porque si no aqueste acero que dio a un amago materia, para castigar mi injuria en la cinta se reserva. . Cielos, de aquesto que he visto, no sé qué recelar pueda. . Ay de mí! que el Conde sabe mi delirio, y si se templa quizá será para que peligre mi vida mientras la sos pecha no descubre más indicio con la evidencia, como es dable. Elvira mía, perdona que causa sea::- Hombre has entendido aquesto? Desde la Cruz a la fecha. Y qué es? Que estamos borrachos, o que están borrachas ellas. Elvira, bajo esta llave mi bien (ay de mí! y te queda: cuídame bien de tus ojos. Qué me dice vuestra Alteza? Abenamar no dijistéis::- Aqueste lance se trueca. Bien sé lo que antes te dije, mas la verdad ahora es esta: esta llave, Elvira hermosa, el dueño que adoro encierra. Has oído lo que hablaron? No, aunque alargo tanta oreja. Sancho Montero está dentro, luego es clara y fácil prueba . que a Sancho Montero adora: que esto a mi amor le suceda! falso amante:- Lo oyes? . Sí. Que en esta pieza te hos pedas, tan ingrato a mis caricias, como infiel a mis finezas, así desprecias mi amor, así mi constancia aprecias? sal porque mires::- Primero saldré yo para que veas::- Pues Sancho mío qué es esto? Falsa mujer cruel, fiera, apártate de mi vista: suelta aquesta llave, suelta, o harás vive mi coraje::- Qué? Que el respeto te pierda. Sancho, Sancho, pues qué es esto? Qué aún disimular intentas? Vive Dios que es hacer burla tu infamia de mi paciencia: déjame, aleve, esa llave. Sancho, preciso es que adviertas que quien no cometió culpa, lleva mal la penitencia; y pues que yo no te agravio, llevo muy mal que me ofendas. Qué finja así una mujer? Traidora, pues qué me niegas que adoras a Abenamar, y que en el cuarto te encierras a donde a mí me ocultaste, pues sin que notarlo puedas desde él me vengo a estos paños, pretendes que mis orejas lo que oyeron y escucharon la segunda y vez primera, así cuando lo encerraste como cuando abrirle intentas, confiesen que se engañaron, y lo que oyen no crean? Ya todo el lance penetro: . sin duda que entró la Reina en el cuarto a Abenamar, y entonces Sancho lo deja. Sancho, mi bien, dueño mío::- Quítate, aleve, no quieras::- Vivo yo, que no te agravio. Vives tú? más que te mueras, que el verte morir es gloria, cuando el matarte es vileza. Matarme tú? no, no es el León como se cuenta: no creo que me mataras. Habrá mayor insolencia! Vive Dios que haces alarde, cruel, de tu culpa misma. Qué aqueste lance suceda? permita Dios que a el poeta la que crea más segura, la más falsa se le vuelva. Témplate, y oye, bien mío; mas no, que viene la Reina: ten paciencia por un rato, y haz a mi amor la fineza de volverte a ocultar, Saucho. Dame la llave, y abrevia. Yo te prometo que sea para alivio de tus celos la venida de la Reina. Por tu honor solo me oculto, lo demás no me hace fuerza. Elvira? Qué hay, gran señora? Luego que todos me dejan, vuelvo a buscar mi consuelo: abre a Abenamar la puerta. En hora buena, señora, mis ojos a veros vuelvan libre del riesgo. Ahora importa que os vais al punto, no os vean. Amor mío, a tu negocio, . que es lo que a mí me aprovecha. Como a Abenamar entrastéis. gran señora, en esta pieza? Con la llave que me diste cuando cerraste; por señas, que creyendo que eras tú, te dio unas gracias muy tiernas, diciéndote, bella Elvira, cuanto debo a tus finezas, mi amor te sabrá pagar. Equivóqueme; mas sean ahora las mismas gracias, si no con las voces mismas. Ay Elvira, hay dueño hermoso, mal haya amén, mi sospecha. A buen tiempo el desengaño, y buen repaso te espera. A nadie mi amor descubras. Bien a costa mi nobleza. . Adiós, Elvira, y amor te libre de sus saetas. . Cómo es dable, si ya el alma tengo atravesada de ellas. Salga usted, señor celoso. Lleno es toy de vergilenza. Elvira, mi bien, mi esposa. Quítate hombre, no quieras: Qué estos desengaños oiga? permita Dios que a el poeta la que presuma más falsa, la más segura se vuelva. Yo tu razón no te niego, mas deja, bien mío, deja desenojarte en caricias, oye de mi amor las finezas: no tendré de ti ya, Elvira, en mi vida más sospechas: vivo yo que no te enoje. Vives tú? más que te mueras, que el verte morir es gloria, cuando el matarte es vileza. Dueño hermoso, Elvira mía:: Vete, o te dejo: qué esperas? Dejarme tú? no, no es el León como se cuenta; yo sé no me dejarás. Habrá mayor insolencia! Idos, o voces daré, y si aquesto no aprovecha haré que vuestra porfía se acabe o modere cuerda: yo sola, yo sola basto para dar lo que merezca a vuestra loca osadía, puesto que altiva y resuelta sabré daros::- Qué? Los brazos; pues qué queríáis que fuera? Y aquí la Comedia acaba, perdonad las faltas de ella. Qué hablas, borracho? Al casarse no se acaban las Comedias? Sí. Pues después de casado, di, qué más hacer pudieras? En sin a Abenamar ama, Elvira hermosa, la Reina? Sí, pero este amor calla, y tu palabra me empeña. Yo te la prometo, siendo los Cielos testigos de ella. Pues con eso, con Dios vete; mas dí, te vas sin sospecha? Si me voy, más temo::- Qué? Temo, Elvira, que eres bella. Pues hombre eso se compone, si es que mi consejo aprecias, conque a más de la palabra, el uno a el otro se diera::- 2. Qué? Los brazos; pues qué queríáis que fuera? Adiós, esposo querido. Adiós, adorada prenda. Vete, no te digo nada. Ni yo lo que yo quisiera.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ea pasión, ya conozco cuán vanos discursos fueron los que han esforzado el daño, en vez de hallar el remedio de mi mal, de mi dolor, de mi ultraje, mis desprecios, de mis celos:: ya no cabe decir más, pues dije zolos. Acabemos de una vez, de acreditarme de fiero, de cruel, de vengativo: corazón mío, acabemos de usar de todo el poder, pues usas todo el tormento. Muera quien mi mal motiva, porque jamás mi recelo me haga presente el delito de que no estoy satisfecho. Y pues el medio mejor ha sido siempre el secreto, Solo intento a este papel fiarle mis sentimientos; pero o me miente la idea, o ruido he escuchado adentro: quiero examinar lo que os. Por si satissacer puedo al Conde de la sospecha que contra mi tuvo, quiero buscarle en su cuarto, y ver si mi cauteloso medio, asegurándole, logra en sus temores sosiego. Mas ya no está aquí, y parece por las señas que algún pliego escribia; quiero verle, pues no hay nadie que mi intento estorbe: por cualquier parte voy tropezando en mi miedo. Aún no está firmado (ay triste!) no sé qué injustos recelos me asustan; mas cuando vive un culpado con ellos. Dice así: temblando voy a examinar su contexto. Qué es esto que miro, Cielos? estantua soy de mi asombro! tan inhumano decreto contra mí? no en balde estaba el corazón en el pecho sobresaltado y confuso. Qué haré? toda soy de hielo: huirme? no, porque así hago aún mucho más mi riesgo; pues a este fin quien lo duda se habrá cautelado menos inconveniente será de una vez:: mas pasos siento, por si el Conde es, retirarme de aquesta sala pretendo, hasta ver si en mi desgracia puedo encontrar un remedio. . Sin duda que me engañé, pues aunque hasta a los internos cuartos he entrado, no he visto a nadie: proseguir quiero, Así de una vez en mis cuidados resuelvo, satisfaciendo mi agravio, sinalizar con mis celos. Y porque la dirección vaya con mayor secreto, a mi Capitán de guardías he de entregar este pliego aquesta noche sin falta. Ea, traidor Sancho, presto de tu corazón saldrá la imangen por quien venero. Pero Elvira. Gran señor? Qué acaso ha sido tan nuevo este que logra mi dicha? Pues de cuando acá te veo tan de parte de ella, que con tan nunca usado exceso, vengas concediendo vida, a quien ya tienes tan muerto? Creed, señor, que ha sido acaso, porque solo en busca vengo de S. A, la Condesa mi señora: mas qué es esto? un guante se me ha caído. Yo le alzaré convenciendo de escusados tus temores, hancia mi cortes obsequio; pues mal pudiera atreverse a tu mano aquel deseo que toca lo que a ella toca Sin este sino respeto. Vuestras honras os estimo. Plugiese, Elvira, a los Cielos que dichoso te escúchase, la misma expresión mi afecto. Pues si algo os he de deber es, señor no hablarme en eso. Aún más haré, pues por no ofenderte más, te dejo. Ah tirana! ya conozco . que mientras dure el objeto de tu amor, padeceré los rigores de tu ceño. . Este papel advertí . dejó caer el Conde, a tiempo que pronto para alcanzar el guante sacó el pañuelo; y pues para mí sin duda le traía, y del pretexto de este acaso se valió porque le tómase, quiero ver lo que incluye, admirando que tan tenaz en tu intento pueda estar:: mas la Condesa viene hacia esta sala; dejo de leer hasta después. Elvira? Señora? Puedo hablarte? No me parece que haya ninguno acá dentro que lo estorbe. Pues Elvira, ya llegó al último extremo mi desgracia. De qué forma? Aún de pronunciarlo tiemblo: porque el Conde, ingrato aleve, traidor cruel y sangriento, la sentencia ha decretado de mi muerte. Absorta quedo! qué es lo que decís, señora? Lo que en mi mal es tan cierto. Mira no sea ficción de alguno que::- No hables de eso, porque yo misma la he visto. Gran señora no me atrevo, una vez que lo aseguras, a decirte que lo dejo de creer. No, Elvira mía; la más leve duda en ello no pongas. Admirada estoy! Y pues un mal tan tremendo como el que me escuchas, pide correspondiente remedio, y de otra ninguna, como otra vez te dije, puedo mejor que de ti fiarme, te diré lo que he resuelto. Y qué es, gran señora? Dime, pudiera más tu deseo lograr que verte casada con Sancho tu amado dueño, según me has dicho, y que yo dispusiese al mismo tiempo que en mis estados tuvieses la propiedad de uno de ellos, el que eligieras? Señora, de las honras que os merezco, si estuviera en vuestra mano, creed que lo diera por hecho. Pues en mi mano están, Elvira, como tu guardes secreto. Si en eso solo consiste, yo desde luego lo ofrezco; pero en qué forma ha de ser? Acuérdate del proverbio, que cuerdamente aconseja, madruga y mata primero. Y eso qué quiere decir? ya de penetrarlo tiemblo. . Nada, porque tan dudosa, Elvira mía, te veo, que no me atrevo a decirte que hacerte feliz intento: mal me sale la experiencia. . Si yo no la doy esfuerzo disimulando, no es dable me haga del secreto dueño: yo he de apurar su intención. No hagas de lo que refiero caso aDiós. Tente, señora, que yo que al Conde aborrezco como enemigo mortal del amor que a Sancho tengo; que sé que a darte la muerte aspira y que sobran estos motivos al natural rencor que vive en mi pecho, por qué tú parcial en todo, atropellando y venciendo montes de dificultades. no he de ayudarte? y más viendo que hancia tu vida y tu amor logro dos tiunfos a un tiempo. Elvira, dame los brazos: es lo que me dices cierto? Tanto que tu amor me ofende en dudarlo. Conque puedo fiar de ti el más extraño, el más duro, el más tremendo atentado que formaron la venganza y el despecho de un corazón femenil? A todo cuanto hay me atrevo: en qué vendrá esto a parar? . Pues esta noche pretendo Salvar tu amor y mi vida, dándole al Conde un veneno. Válgame el Cielo, en los labios se me ha cuajado el aliento. . Y tú se le has de servir pues el preciso instrumento (como quien a cargo tiene la vez que juntos comemos servir a ambos la bebida eres tú: y solo por esto me es fuerza fiarme de ella a pesar de mis recelos. Qué me respondes? ahora en tal confusión te advierto? acaba. Si a esto me escuso, es mi daño manifiesto: yo no sé qué le responda: quién se ha visto en tal aprieto? Pendiente estoy de su voz. . Esto ha de ser: yo no puedo a lo que es de vuestro gusto faltar jamás. Bien has hecho en que tu respuesta sea convenir con mi precepto; porque de no, de la forma que hay para el Conde un veneno, de esa misma para otros hay dogales y hay aceros. . A quién, Cielos, hasta ahora ha sucedido tan nuevo, tan exquísito, tan raro, fatal acontecimiento como en el que estoy? Yo ser (aún al pronunciarlo muero instrumento del más arduo, más injusto desacierto que en un corazón villano pudo grabar el despecho? Yo que, aunque vivo agraviada del Conde, por el violento continuo tesón conque temerariamente ciego quitarme intenta la vida, pues me priva, que es lo mismo, de la que en el cariñoso amor de Sancho poseo; nací noble, y es preciso que mi generoso aliento, bien que admita la venganza, repugue el indigno medio. Puedo ser quien olvidada de mí, ejecute tan fiero, tan inaudito atentado, que escándalo de los tiempos, este infamando la hidalga obligación de mi pecho? Ademas, que quien ha visto al flaco, débil esfuerzo de una mujer, hasta ahora fiarla lo que aún con miedo vemos que intentaron muchos varones; que siempre el feo horror de un delito, infunde cobardes atrevimientos. Cielos, fuera de mi estoy! pues si noblemente atiendo a estas razones, me impiden de la Condesa el precepto; y si a esto falto, me expongo de su indignación al riesgo. No sé en tal contradicción qué resuelva, pues advierto:- Qué están aquí Elvira, y mi amor, de todo reparo ajeno, hasta aquí se ha introducido; quiero salir. No penetro de qué forma::- mas tú aquí, Sancho? Yo aquí, pues no puedo, aunque aventure mi vida, pasar sin verte. No es tiempo de que me hables así. Cómo? Porque hay gran mal. No te entiendo; es acaso porque el Conde contra mi vida::- No es eso. En qué te detienes? dime lo que hubiere, y no el formento dupliques a mi cuidado, Elvira, con tu silencio. Pues como me des palabra, por la fe de Caballero de que lo que te dijere quedará en ti tan secreto, que ni aún el más leve indicio muestres jamás de saberlo, te lo diré. De callarlo la palabra te prometo. Pues mira a lo que te obligas, porque a más del vil concepto a que te expones de infame, si no la cumples, te advierto que no tienes que acordarte jamás de que amor te tengo. Segunda vez la palabra te doy. Pues yo a ti, en fe de eso, te diré como esta noche, intenta dar un veneno al Conde su misma Madre. Qué dices? Y que a este efecto me ha mandado que en la copa que le sirva esté compuento. Absorto es tuy de escucharte! y tú convienes en ello? Sí, porque temo su enojo. Y cabe en tu noble pecho tal acción? Cuando mi vida está amenazada, debo por guardarla, atropellar cualquiera reparo. S. Y no huy medio para que sin que lo expongas sepa el Conde tan horrendo caso? No le puede haber. Cómo? Como en mí el secreto solamente está, y a no mirar que nada encubierto puede haber entre dos que se quieren con verdadero amor, ni aún tú lo supieras. Pues yo muy fácil lo encuentro, si me sueltas la palabra que te he dado. Eso es volvernos a la propia objeción pues decirlo tú o yo es lo mismo. Conque ha de morir el Conde? Eso es lo que yo no puedo remediar. Que no es posible? Tan de su parte te veo, que juzgo te has olvidado de que es enemigo nuestro. No, Elvira, esa razón puede hacerme fuerza, sabiendo que con nuestro Soberano (aunque enojados) dobemos cumplir con la obligación de noblos. Ya que te advierto tan en su favor, discurro que aunque un papel que en el suelo haciendo acaso, al sacar estando conmigo un lienzo, me dejó, y en mi poder aún sin verse le reservo; te le dé; no llegará a causarte movimiento: es verdad? A dónde está? vive Dios::- Pues a qué efecto es desazonarte con quien te merece tan cuerdos reparos? Dámele pues. Vesle aquí, y procura recio leerle, que gustaré oír los amorosos extremos de quien tanto te ha debido. Dice así: rabio de celos? e. qué es esto que miro, Cielos! Sin mi estoy! Pues a que fin dispondría que este pliego llégase a tus manos? Yo no acabo de comprenderlo. Ah tirano! ni aún tu Madre segura está de tu ceño? No dice más? Sí. Prosigue. Absorto estoy y suspenso. Qué es lo que dices? Una estantua soy de hielo. Así un tirano te manda quitar la vida, y no emprendo en mi desesperación cualquier arrojo, por fiero que me aconseje mi rabia. Aún dudo lo que es toy viendo: mandar que muera, y decir no atienda a que se ha interpuesto para evitarlo su Madre? mil confusiones padezco: mucho debo a la Condesa. Vuélveme a decir aquello de que no cabe una acción tan indigna en noble pecho: procúrame convencer a que le haga manifiesto su peligro, a quien el tuyo están cruel previniendo; y que a la que el beneficio (que nunca me ha dicho) debo, pues piadosa según ves por ti ha estado intercediendo, ingrata la corresponda. No discurras que en mí ha hecho hancia el propósito que tan hidalgamente observo, ni tu razón ni esta ofensa novedad; pues nunca puedo, porque sea desgraciado, faltar a ser Caballero. Primero es el Conde, Elvira; al Conde solo debemos atender. Mas no me digas, porque aunque viese que opuestos a mi intención todos cuantos arduos difíciles medios estaviesen, no han de ser capaces a que un sangriento infiel homicida, logre lo que cruel ha dispuesto. No así pretendas:- En vano serán, Sancho tus consejos. Quien nos agravia es el Conde; su Madre (como tú mismo lo ves? quien nos favorece: en no obedecerla hay riesgo; Si lo revelas, jamás de mi amor hagas acuerdo. Mira pues come ha de Ser, porque el Conde vive el Cielo que ha de morir si me viese a la garganta el acero. . Conque ingrato vengo a ser con quién defiende mi fama? la vida a un tiempo y la dama si pique estoy de perder. No ha de vengar mi valor traiciones quejas y celos, que el Cónde me causa! Cielos, habrinse visto en mayor aprieto en riguridad mas cruel, quien ha nacido hidalgo, y amante ha sido? Ah señor Sancho, escuchad. Qué mandáis señor Don Diego Nuñez? Yo estoy informado de cierto amante cuidado, y lo que ha deberos llego en él; sabiendo también que cierto competidor a vuestro gusto y mi honor, no intenta trataros bien. Yo no os puedo decir más (pues el corazón os muestro) de que soy en todo vuestro, que no os faltaré jamás; si no es cuando a todo trance no toméis satisfacción de quien hiere mi opinión, y desea que no alcance vuestro pecho que anholó, suerte que es tan oportuna, una tan alta fortuna, y a un tan buen pariente yo. Señor::- No me respondáis: se las causas que tenéis; si os vengaréis, bien hacéis. Destino, aún más me aprotáis. El Conde mal ha pagado lo bien que yo le he servido, si antes, lo hubiera sabido ya estubiera remediado. Mas quizá no, porque infiel sé que ambos a dos nos trata; solo el pensarlo me mata: y pues conozco ser él quien quizá llegó a estorbar me hablaséis a mí el primero, quedaos a Dios, que no quiero vuestra desgracia aumentar. . Oprimid mi corazón penas mías inhumanas, juntas porque sois villanas; erezca más la consusión, que si a este dolor no muero harto en vano porfíáis. Bien mis órdenes guardáis: vos aquí, Sancho Montero? Sí, Conde y señor, yo aquí. Por qué causa? Vive Dios::- Puedo decir que por vos. Como cabe estar por mí, si lo contrario os mandé? y este acero vengativo será más ejecutivo decreto que el que fie de tan traidora obediencia. No os he de hacer repugnancia, Solo os pide tolerancia quien tiene aún mayor puciencia; poco tardará el herir: palabra me habéis de dar de que me habéis de matar en dejándome decir. Es hablar en vuestro amor? No, en vuestra seguridad. Ved que en mí ya no hay piedad. Yo solo os pido rigor. La acción, de cólera lleno, suspendo: sed breve. Hoy (mirad si bien breve soy) os quieren dar un veneno. Qué escucho, Cielos! y quién? Que aqueso calle es preciso; mas quien os trae este aviso, tiene este pliego también. Mirad de quién homicida . habéis de ser en tal suerte: vos queréis darme la muerte, yo vengo a daros la vida. Vos en papel me matáis y con acero; yo, fiel a la orden que está en él y a la que a la voz fiáis, os vengo a rendir el cuello. La acción pase a ejecutiva, que no es razón que yo viva no viniendo vos en ello; cuando en esta acción se muestra poder dejar un instante, sin vida a mí, a vos triunfante, y a Elvira en un todo vuestra. Cielos, si verdad podrá ser lo que me está diciendo! matarme? caso tremendo! quitarme la vida? habrá tan nunca visto rigor? qué causa pueden tener no la llego a comprender. Emplead vuestro furor para que le deis en él segura vida a mi fama, pues he perdido mi dama por seros a vos fiel. La forma llego a dudar: hablad más ciaro. . Eso no, Por qué causa? Porque yo no me puedo declarar. Pues supuesto que advertir he llegado vuestro empeño, ni de Elvira seréis dueño, ni vos habéis de morir; y porque más mi rigor sea, no dándoos la muerte que apetecéis, de esta suerte lo he de hacer: hola? Señor. Llevad a Sancho Montero preso con seguridad. Así mi fidelidad pagáis? De esta forma quiero veáis lo que ha podido aquí vuestra mentida fineza. . Quién ha visto tal fiereza! duélase el Cielo de mí. . Dónde me podré esconder que nadie encuentre conmigo, y me suceda otro tanto como a mi amo ha sucedido; pues entrándole a buscar, como me mandó, lo he visto llevar preso, y si me cogen, conmigo han de hacer lo mismo: pues su garganta y la mía corien un propio peligro, como nacidas al fin las dos debajo de un signo. Cuánto mejor le estaría a él y a mí no haber salido de nuestro bendito valle de Espinosa: hay hijo mío, no más Corte; no, no vuelvas otra vez a su distrito. Palancana? No te vengas ahora por Jesucristo a dar conmigo un jabón. Dime, qué te ha sucedido? Haberme de Palancana vuelto por pecados míos, entembladera. . Por qué? Estoy cerca del garlito, y tiemblo no dar en él. Qué dices? No me has oído::- Aquí se entró. Dale nueces; ya por mí te han respondido. Dese a prisión. Y por qué, señores? 1. Porque es preciso, Siendo Criado de Sancho, pues por tal le han conocido, que vaya preso con él su Criado. . Quién lo ha dicho? yo nunca fui su Criado. 2. Pues qué es, diga? Su nacido; porque según la desgracia conque siempre yo le imito su satalidad, parece que me han cortado el hombligo. 1. Deje las chanzas, y venga a donde muera contrito. Permita Dios que a vosotros antes os dé un garrotillo. 2. Vamos. Adiós, Isabel. . Adiós, Palancana mío: ay qué lastima! yo voy a dar a mi ama aviso; pero hancia aquí la Condesa viene. . Que no me hayas visto en tanto tiempo he extrañado: mas quién está aquí? Yo. . Idos. Así lo haré. Gran señora, como sé que en nada os sirvo, no quise que mi desgracia segunda vez al arbitrio de vuestro enojo expusiese lo que procuro rendido adquirir en el favor vuestro. . Si lo que os estimo habéis hasta aquí ignorado, os erráis, pues vuestro estilo cortésano mi especial atención ha merecido. Beso vuestros pies: alienta . corazón, pues tu destino se ha mudado favorable. Y puesto que habéis venido en ocasión que un encargo tengo de orden de mi hijo que haceros, procuraréis disponerlo. . Solo aspiro a servir a VA Pues haréis que prevenido todo el batallón de guardías esté esta noche. . A cumplirlo dando la orden voy señora. Id, y mirad que descuido alguno no haya. Una vez que queda al cuidado mío, Y pues de mí habéis oído que os estimo procurad no dar con vuestro retiro lugar a que os echen menos otra vez: así consigo . tenerle seguro. . Amor, de cuando acá te ha debido tanto favor mi esperanza? Pues con Inigo la miro. no quiero hasta que se ausente Salir. Para ir a serviros, espero vuestra licencia. Ya la tenéis. Quién se ha visto de un instante a otro, Cieles, como yo favorecido! beso vuestros pies Cuidados. no me atormentéis prolijos, que presto saldré::- Pues ahora puedo hablaros sin testigos, perder la ocasión no quiero: los caballos prevenidos, como me mandastéis, dejo para esta noche. Continuo mi receloso discurso, batallando está conmigo; si podrá ser cierto: pero mi madre. Pues que cumplido, en esta parte está ya lo que con todo sigilo me ordenastéis, a qué fin, (pues aún no me lo habéis dicho) es toda esta prevención? Mirad primero si oírnos puede alguno. Entre esta puerta recatarme solicito. No advierto por aquí a nadie. Pues sabed que prevenido tengo esta noche un veneno para el Conde. Ya averiguo lo que inclédulo dudaba: mucho, Cielos, le he debido a Saucho. Ved, que esa acción es muy cruel. Ahora tibio os advierto, cuando creí que vos muy agradecido, me dieráis las gracias; pues Siendo el unien motivo vos, por quien darme la muerte Solicita el Conde::- Qué he oído! Yo darla muerte? Debieráis (y más con el beneficio de haceros mi esposo y ser quien a este lin, más activo se mostrase. Yo, Señora, vuestros favores admito; lo que repugno es el medio. Pues cuando veis mi peligro tan projimo, y que no puede haber otro, que más fijo nos libre de la tirana intención, que vengativo tiene el Conde; repugnáis el que tan seguro elijo? Si Señora. Por qué causa? Porque hay otros infinitos, que sin tanto rigor pueden abrirnos franco el camino. Cómo se podrá escusar su muerte, cuando yo aspiro, a que dueños de Castilla nos veamos. No me inclino, Señora, a vuestro dictamen, porque fuera bajo estilo en mí cuando de su muerte me oblígase lo preciso, valerme de indignos medios, siempre que pudiera altivo dársela yo cuerpo a cuerpo. Como noble ha respondido. Esta es ya resolución; y pues a este fin, aviso tienen de estar a mi orden las guardias y prevenido está en la copa el veneno, antes que empiece el festivo aplauso, conque los años del Conde celebran finos todos en Palacio, quiero mientras logro mi designio, hallarme en él la primera. Mirad, señora, que os digo que cómplice en esa acción no soy. Basta que advertido para la ocasión estéis. Eso, señora, os afirmo. Esta noche acabaré de una vez con mis conflictos. Y yo empezaré feliz a ver mi logro cumplido. . Habranse visto tan fiero, tan raro tan inaudito, cruel pansamiento, en cuantos inventar haya podido el ánimo más sangriento, el corazón más impío, como el que en el despechado furor, siempre vengativo de una mujer, ha dispuesto lo infame de un apetito? Vive Dios que del furioso volcán que ardiente respiro, será hoy mi Madre el más horroroso sacrificio. Pero pues pude escuchar que el veneno prevenido estaba en la copa, intento con más prudente castigo, vengarme de una osadía manifestando el delito, y de esta forma ha de ser: hola? Gran señor. No vivo hasta lograr mi venganza: las mesas. 1. Voy a serviros. Por qué motivo señor, del sestín que prevenido a vuestros años están, os retiráis? Determino que de sobre esa sea. Es alterar el estilo que hasta ahora::- Eso no importa. Cielos, no sé como sinjo. . Está todo pronto Elvira? En la forma que lo has dicho. Yo procuraré el remedio . buscar a tanto peligro. Presto saldré del cuidado. . Sobresaltado vacilo. . Ay amor, no te arrepientas de haberme dado este alivio. . 1. Ya todo os espera pronto. Venid, señora. Ya os sigo. Vos os sentad, Abenamar. Tantas honras es preciso que un esclavo vuestro extrañe. Aunque esclavo sois distinto por quien sois. Vuestros pies beso. Con mil pensamientos lidio: qué haré? Hola, hacer que canten. Cena y con música, lindo? Y vos a Sancho Montero traed aquí. Gustoso os sirvo. Descuidada una suente del prado en el distrito, va risueña buscando su mismo precipicio: porque admire escarmiento su descuido. Traed de beber. Aquí está: si acaso le daré aviso, . porque aunque agraviada estoy, hace la piedad su ofielo. Qué hacéis? por qué no llegáis a mi madre? Yo os estimo lo que me honráis bebed vos. Mal mi cólera reprimo. . Dia en que yo cumplo años, no cabe en vuestro carifio dejéis, señora, de hacerme un brindis. Yo, sí::- Lo fino de vuestro afecto no puede escusarse. Cielos, fijó es algún recelo en él; turbada estoy, mas yo brindo. Toned señora la acción: acuérdate pecho mío . de tu nobleza, que no es justo que no dé principio yo por el más obligado, a obsequio que es tan debido. Dadme el vaso. Pues qué intentas? Brindar por el dueño mío. Si vos queréis por un dueño, yo lo quiero por un hijo. Vos por carisio brindáis, yo por obligación brindo; y se debe anteponer la obligación al cariño: digo que soltéis la copa. Que soltéis la copa digo. Soltad. Primero yo::- Ved que soy::- Un atrevido. Disputar, Cielos, la muerte . quién hasta ahora lo ha visto? No importa que atrevimiento parezca el que es sacrificio. Vuestra porfía es locura. Y vuestro empeño delirio. 2. Pues solamente mediar podrá en el intento mío::- Sancho Montero, señor, de tu orden viene conmigo. Están bien, y nunca más a tiempo que ahora vino. Sancho Montero en mis días disputan hoy dos caniños, uno obligado a su dueño, y otro inclinado a su hijo, brindar por mi vida: tú, como cuerdo y advertido, haz la elección en quien quieras, anteponiendo en tu arbitrio, o de mi Madre el amor, o de este moro el carifio: para esto pongo en tu mano la copa. Cielos divinos, quién en tan extraño lance espera verse o se ha visto? Si a la treina doy, descubro mi secreto en su castigo: si al Moro, vendrá a pagar una inocencia un delito, y para obrar noble y justo solo hay aqueste camino. Si por tu vida brindar disputan fieles y sinos de obligación un afecto, y otro afecto de cariño, pues de ti más obligado nadie se ve que me miro, y tú de ninguno puedes ser más que de mi querido; Siendo en mí la obligación más, como más el cariño, el brindis que ambos disputan solo para mí le elijo. Oíd, Sancho. Aparta, Elvira. Viven los Cielos divinos que a todos ofendes en ser a todos preferido. Si al Conde quieres, también como yo puedo le estimó; y pues ventaja no encuentro en la igualdad, es preciso que logre algún privilegio por mujer el sejó mío: yo he de beber. Es cansarte. Ve que mueres. Por lo mismo. Mi muerte evita tu riesgo. Y la mía tu peligro. Suelta el vaso, dueño hermoso. Déjalo tú, dueño mío. 2. Mira::- Qué, qué es eso? Una es pecie que sobrevino. Ya basta: vuestras finezas mas que obligado, corrido me dejan, pues disputando el obsequio todos finos, ninguno me ha saludado porque todos lo han querido; mas ya tengo elección hecha: mostrad pues. Y en quién ha sido? En quién bebiendo, cumpla con vosotros y conmigo. De qué modo? De este modo. Esperad, señor invicto. Tente, aguarda, que no pueden mi traición o mi delito, tras el yerro de intentarlo hacer el de conseguirlo. Yo soy cuya aleve mano, influida de un apetito, hice de este dulce nectar un dañado basilisco. El amor de Abenamar, vencer supo tu amor, hijo, haciendo para mi vida hoy de tu muerte camino. No bebas, señor, no bebas, antes justo, si no pio lo que a tu pecho dispusé, entrga tú al pecho mío. Muera yo que lo merezco, para que sean testigos hombres, aves, peces, fieras; Cielos, planetas y signos, que donde busqué el seguro, allí encontré mi peligro. Alzad: de todo el suceso me informa el suseso mismo; mas porque veáis que pago agravios con beneficios, a todos he de premiaros. A vos, oh Madre! del siglo apartándoos os perdono, pues en la clausura evito al menos las ocasiones, cuando no los apetitos: a vos, Elvira, la mano de Sancho por premio elijo. Feliz premio, y feliz culpa de quien consecuencia ha sido: tuya soy. Felice yo Y porque quede a los siglos memoria de tal hazaña, desde hoy quedáis elegido para guardarme, de noche. dentro del Palacio mío, con otros de vuestro valle de Espinosa, que al arbitrio vuestro nombraréis quedando en el cargo constituidos mis succesores (atentos a tan singular servicio) de haberos de mantener, debajo del nombre mismo de monteros de Espinosa, libres del cargo preciso de la Alcábala, y de ir a ser Soldado forcivo desde hoy cualquier hijo dalgo, como hasta aquí ha sido estilo: y a Abenamar desde esclavo le vuelvo a su señorio. otro buscan más precioso, muchos callados auxilios que sin voz me hablan al alma: dame el Sagrado Bautismo que ya del yerro que he hecho, y los demás que he seguido, mi arrepentimiento llora a tus pies muchos delitos. Esto el suceso corona: levanta a los brazos míos: yo el Bautismo te prometo; y con esto y con un vitor::- Los Monteros de Espinosa dejen memoria a los siglos.
