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Texto digital de El montañés Juan Pascual

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Atribución tradicional
Juan Claudio de la Hoz y Mota
Atribución estilometría
Juan Claudio de la Hoz y Mota Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El montañés Juan Pascual. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/montanes-juan-pascual-el.

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EL MONTAÑÉS JUAN PASCUAL

JORNADA PRIMERA

uarda el oso feroz, que al a . valle baja. 1y 2. Monteros, a la cumbre. Ataja, ataja. Cargó con ella. Síguele, Llorente. Oso tan insolente, que sin que tanto ruido le de pena, en llos Frazos agarra una colmena, y con ella se va paso ontre paso, que yo lle siga, o no, que ha de hacer caso, To, to, to . Por acá. Sigue a su Alteza. De llo espeso del monte, y su maleza cazadores al paso le han salido: al, par Dios, que uno de ellos le ha tendido. Fiero animal! el tiro salió cierto. Ya podemos llegar, que ya le ha muerto: Déjenos lla colmea, y carguen con el oso en hora buena. Sin duda estos villanos le han seguido. P Tres con esta con ya llas que ha con Acertole, par Dios, por el cogo Qué amigo era de dulce el bellacote A fe, que no selle ha ido en dulce hore, bien haya, amen, tan bella cazadora. e Quién podrá ser? . No Gustoso rato. Lla colmena pedimos de barato, y cargue con ell oso, pues lle ha muerto Parece que aquí está. Cuando es tan cierto el peligro señora, y el cuidado, que a todos nos ha dado tan atrevido empeño, bien podía moderar al valor la bizarría. Y obedeció la frente del feroz bruto este venablo ardiento. Qué brío no se humilla al de Doña María de Padilla! Ven, acaba, Perote. Bien mirado, es cierto yo no he habrado, sino del oso y su bellaquería. Pues qué temes? Ay Dios! su Señoria mándeles su mercé a los cazadores nos dejen lla colmena, que esta gente, diz, que toman luego diligente cuanto en la caza ven, y bien mirado, que son pertrechos que les han tocado. Graciosa sencillez. Sos un salvaje. Enturbieme. Decidme, qué paraje es este? . En el que se halla, su insolencia es bien cerca de Cazalla. Yo Perote me llamo, y en aquesa Alquería sirvo a un amo, que Juan Pascual se nombra, conocido por hombre de callietre y muy leido, el padre de Leonor, que es lla zagala de mayor hermosura y mayor gala, que hay en todo el contorno. Es muy hermosa? Yo apostaré una cosa, que aunque es Llocia bella, que no se atreve a emparejar con ella. Quién es Lucia? Acá es cierto embeleco, que trae al hombre atericiado y seco. De mi pecho lo diga (ay, Leonor adorada!) la fatiga. Danos licencia, pues. Idos, villanos. Por lla colmena beso pies y manos. A dónde habéis dejado, Albaro, al Rey? Del monte en lo intrincado cazando andaba. Rocinante, para: qué canse el correr posta! cosa rara. Mochuelo? Qué es aquesto? Es un criado mío. . Y que a tus pies postrado, si saberlo codicias, vengo a ganar del Rey unas albricias. De qué son? Ahí que no es de que ya dando fin a su jornada, muy brevemente llegará a Sevilla la Reina Doña Blanca de Castilla. Ah, tiranos desvelos, qué presto un fino amor da con los celos! pero qué no recela quién adora? El Rey viene, señora. Cuando de este confín la amena esfera pudo lograr tan bella primavera, ni con próspera suerte lograr sus fieras tan dichosa muerte, bella Doña María de Padilla, que cuando de tu arpón a la cuchilla, y a la luz de tus ojos los rayos deben, deben los enojos: dígalo yo constante, cada punto más sino y más amante; pues hasta verte el corazón ansioso, aún en la diversión no halla reposo. Rey Don Pedro, señor, ya habéis Sabido con que igualdad os ha correspondido el pecho que os adora: pero yo creo, que venía ahora (fiero pesar!) llamado de otro impulso mayor, mayor cuidado. Mayor que vos? que me burláis sos- pecho: pues es capaz de otro ninguno el pecho? Si tenéis elegida por esposa a Doña Blanca de Borbón hermosa, si a Francia fue por bien tan soberano Don Fadrique el Infante vuestro hermano: y ya aqueste ha llegado, que mucho arguya en vos nuevo cuidado? Llegó la mía. Yo, señor, he sido, quien nuevas tan felices ha traído. Bien está. . Las albricias. Fuerte lance! Rana, en lugar de pez, salió es te lance. Dos pesares a un tiempo he recibido en que Blanca, y Enrique hayan venido; pues aún antes de verte, infeliz Blanca, llego a aborrecerte: Fadrique es bien me asombre, pues me da horror hasta escuchar su nombre. No así el gozo, señor, os enag También tú vo Esto es solo. . Está bien. A la ladera. Monteros, al arroyo va la fiera. Con seguirla, a uno y otro he respon- de lo poco que esa nueva me ha debido, y advierte, que no siempre lo celoso añade perfecciones a lo hermoso. . Raro despego con quien tanto ama. Bien nombre de cruel le da la fama. Seguirele en la caza, que más llego mis celos a sentir, que su despego. . Pues de aquí estan Leonor poco distante irela a idolatrar rendido amante, ya que el sol se despeña en el ocaso. . Mi embajada lució muy bien su paso. Aún no ha venido mi padre? Con el rocín y los perros salió a caza, como suele, esta tarde, y aún no ha vuelto, y amenazando la noche ya relámpagos y truenos. Así su vejez divierte. Y aquí, qué culpa tenemos de su edad paraque quiera vivir en este desierto, que es tal esta corta Aldea, que en todo el día no vemos sino es urracas y grajos? Bastante, Lucia, siento verme en esta soledad encerrada, y más pudiendo con el hacienda, que tiene, vivir con descanso quieto en Sevilla. . Pues, señora, para todo hay buen remedio: Don Albaro, desde el día que te vio, rendido y tierno no te festeja? Tu fina no correspondes su afecto? Las veces que a verte viene, por no dar nota en el Pueblo, no es de noche? Y aún aquesta, según te avisó Mochuelo, no le aguardas cariñosa? Pues hay más que echar por medio, y que a Elena robe Paris, arda Troya, que al fin de esto, y dos no venga en el casamiento, Don Albaro tiene hacienda, paraque nada eches menos? Ay L cia, como hallas facilitando los medios, Sálida en un caso, do es siempre el honor lo primero? No es mi vanidad tan corta, que he de hacer mi casamiento a costa de mi opinión, ni que culpe el vulgo necio, cuando de mi padre admira el valor, punto e ingenio, que pues no fue a gusto suyo, erré la elección del dueño. No serás tú la primera. Menos me obligas con eso, que dorar los propios, no hacen consecuencia ajenos yerros. Pues Alvaro te persuada mejor, pu es ya le estás viendo. Alba Leonor divina, mal sosegara mi afecto, si teniendo la ocasión de haber venido asistiendo al Rey, que en aqueste bosque caza, de tus ojos bellos no viniera a idolatrar los adorados incendios. Que a entrar te hayas atrevido, Don Albaro, solo siento, cuando mi padre, no solo no está recogido; pero aún a casa no ha venido. Viendo que el dorado Febo su carroza en el mar baña, cediendo a la noche el cetro, Siendo la hora acostumbrada, entré sin este recelo. Pues no le tengas, que yo fiel centinela, a los hierros de ese balcón estaré a la vista. . Pues con eso pierdo el temor, pues podrás entrarle en ese aposento, que como cuarto apartado, D Si que se de hospedar (cuando tal vez sucede) algún pasajero, entra rara vez en él. Pero también tiene el riesgo de que no tiene otra puerta, y es una reja de hierro su ventana. . Si mi padre Sabes, que a su cuarto luego pasa a acostarse, ya queda . libre el paso: mas qué es esto? Jesús, qué agua! no lo dije? o mal hayan mis proverbios, que ciertos son. . De repente se ha turbado todo el cielo. Y mi padre no ha venido. Recogiérase el buen viejo temprano, pues que nos tiene recogidas sin Convento. Ya escampa, y llueven guijarros: qué ni aún para mi consuelo haya Sacristán, que toque a nublado en este Pueblo! Lucia, Perote, hola. Mi padre llama. Pues presto, entraos en aquese cuarto, que en pasando al suyo, luego saldréis con seguridad. Sacad luces. Voy corriendo. Gente parece que viene con mi padre. . Caballero, esta en que estáis es mi casa, y en ella, como yo os tengo ofrecido, pasaréis la noche en fin, ya que el tiempo paraque pueda serviros me dio tan feliz encuentro. Yo os éstimo el agasajo, en fe de lo cual acepto: entre la familia, y otros corresanos, que asistiendo al Rey en la caza vienen; me hallé también, y en lo espeso de ese bosque, como quien nunca ha cursado sus sonos, y más tan tempe la noche sobreviniendo, me perdí; y siguiendo el norte de una luz, cuyos reflejos de esta Población salían, seguí su rumbo a tal tiempo, que os encontré en el camino, donde galante y atento me habéis traído a vuestra casa. Y a mí con igual suceso, que sacando el lugar por el ladrillo de los perros, me convidastéis también: del Rey advertido vengo el que no diga quien es. Escusemos cumplimientos, pues que sin saber quien sois, veis que con vos hago esto, será costumbre, piedad en mí, con que el propio obsequio, si como a vos le encontrara, hiciera a otro pasajero. Y él también lo agradeciera. De conversación mudemos: Leonor, pues el cuarto en que estará este Caballero, supongo, que prevenido siempre está, como le tengo; a mi corta cena añade con brevedad algo bueno, con que a tan buen huéped sirva. Antes que os responda a eso, es hija vuestra esta dama? El estilo palaciego dejad, y pues en Aldea estamos, en Aldea hablemos: Leonor es mi hija. . Y es un soberano portento. Y muy servidora vuestra. Yo por muchas causas debo ser el que rendido os sirva. Ve a lo que he dicho allá dentro. A eso también os respondo, que el favor os agradezco; pero yo no ceno nunca. Cómo qué? Yo si que ceno, y hoy por cazar no he comido. No tengáis cuidado de eso Rara belleza! . Leonor, di te hazlo qu tú, Lucia, sillas, Sac y un rato en tanto hablaremos. Cielos, habrá tal acaso, no sé como encuentre medio con que a Don Alvaro saque. . O me está engañando el eco, o es el Rey; él es, qué dudo? Conversación? Pues yo vengo de subir y bájar cuestas cansado y también me siento. Cómo este Lugar se llama? Juan Pascual, solo compuesto de ocho o diez casas, que habitan criados míos, que empleo en ganados y labranza, de que (a Dios gracias) hoy tengo hacienda más que mediana, y así mi nombre le he puesto. Con qué os llamáis Juan Pascual? Y conocido por eso, tanto en esta tierra, como en España el Rey Don Pedro: y vos, que lo preguntáis, cómo os llamáis, Caballero? Yo Don Pedro de Castilla. Con qué del Rey seréis deudo? Que soy como él tan hidalgo, yo, Juan Pascual, os confieso. Española fantasía. Qué querrá el Rey encubierto? Pues yo no soy más que lo que miráis, señor Don Pedro: Las montañas de León me dieron el nacimiento; al Rey serví cuando mozo, y me he retirado viejo a esta tierra de Sevilla, donde alguna hacienda tengo, que herede de mi mujer, con que a mi hija sustento con la precisa familia: Aquí sosegado y quieto también soy Rey de mi casa; adonde castigo y premio. Pues por qué, si al Rey servisteis, no os dio el Rey renta o empleo? No todos logran mercedes, y yo fui desgraciado en eso. En no premiaros, injusto anduvo el Rey. . Caballero, ni eso he dio de mi dice nadie eso. El Rey siempre obra lo justo; el tener tantos sin premios que le sirven, nunca es falta suya, si lo considero; pues si el puesto es uno solo, y los pretendientes ciento, noventa y nueve quejosos han de quedar, por lo menos? alguno de estos fui yo, a quien miró con mal ceño la fortuna; mas lo que me ha servido de consuelo, es, que vasallo y soldado, cumplí con ambos empeños: murió Alfonso, a quien serví, y retireme al momento, que empezó a reinar su hijo. Luego sois culpado en eso; pues si a él no habéis acudido, de qué os quejáis? No me quejo? pero para mi desgracia, me serví del escarmiento, y ya que el tiempo perdí, el desengaño aprovecho; pues si al Rey, a quien serví tantos años, no debieron mis méritos atención; qué puedo esperar de un nuevo Príncipe, que cuando quiera atenderme, es caso cierto, que para hablarle, y que él se informe de mi primero, con ser lo que serví mucho, gastaré en esto más tiempo? Curioso es el cortesano. p. No es el Labrador muy necio: . que tenéis razón parece; demás de que al Rey Don Pedro, he oído, que le murmuran de iracundo, de severo, y aún cruel. . Vos podréis mejor que yo saber eso; pues ni aún le he visto en mi vida, Mas habréis oído lo mismo. La fama es camaleón, que los colores diversos hay muda. de el tro, tir inclinación los afectos; domas de que el vulgo nunca nigue lo malo o lo bueno, Dorque sea bueno o malo; gino porque hizo un concepto, tras de aquella opinión orre desbocado y ciego. Pues él por cruel le tiene. ̱. Sí? pues saldrase con ello: quae es valiente oigo decir, Solo le culpo en esto. Culpa es el valor, y más en un Rey? . Sí, Caballero: cuaando un Rey del valor quiere Sar, dejando de serlo: Son Dioses de la tierra Reyes, será bien hecho, quae iguales humanas armas, madan sus fuerzas y acero? que la mano, que solo paodad debe estar vertiendo, cana en sangre, que no sea e enemigos? Y aún en esto, quae es en la campaña gloria, a vez se culpa el exceso; puaes son impropios de un Rey los arrojos y los riesgos. Creo, que tenéis razón: yo es mozo el Rey Don Pedro, obra el juvenil ardor. ̱ Solo le disculpa eso, yo los bríos le acuso, continuación reprendo, de este error cometido, vez tan sola advierto, e dos glorias le resultan, entrambas de igual aprecio; el saber reñir, y otra saber dejar de hacerlo. Ey. Y ves ahí, que no puede reprimir su altivo aliento voz, o tal vez no quiere. Pues que riña, buen remedio. mí no me importa nada. Pues a mí me importa menos, Pees, de Doña María de Padilla, lo que el Pueblo mr mura. . A eso también di que el Rey es mancebo. En los Reyes no hay edad, que son Dioses hasta en eso, y así deben de obrarpre lo mejor; marad, que extremo es lo más escandaloso, pues si son a cuyo ejemplo la República se forma, mirad en que buen espejo se mirarán sus vasallos: o díganlo los efectos de la falta de justicia, rebeliones de los Pueblos, y que le obedezcan más que por cariño, por miedo. Vive San, que le va dando al Rey en lo vivo el viejo. Tened, que a eso en su favor también quiero responderos: Lo que toca a la Padilla, solo en un divertimiento del Rey, porque es hombre al fin, y de este humano defecto los heroes más celebrados siempre acusados los vemos: y no como mancha, como lunar sí, del rostro regio, que como hierro le gasta la sorda lima del tiempo. Demás de que está aguardando gozar en dulce himeneo a la más hermosa lis, que produjo el Frances Reino, Doña Blanca de Borbón, y con su venida es cierto, que como el sol deshará nieblas de esos devaneos, (ay de mí! que es imposible en lo que a Padilla quiero) verdad es, que alborotada Sevilla, culpe el gobierno, y de su inquietud resulta la falta de bastimentos, que padece, mas no tiene toda la culpa el Rey de esto; porque en las guerras civiles, en que se ha inundado el Reino, contagios a enfermedad de aqueste místico cuerpo ha tocado la experiencia, que si se aplican remedios suaves, rebelde el l no quiere ceder a ellos. Y si como parte, al fin, infecta, el fuego y el hierro la procura reparar, porque se ataje el veneno; la medicina horroriza, y al Rey, cuyo noble aliento, es palma, que a vista de la oposición va creciendo: volcán, que a quien le reprime, le hace reventar violento: sol, que las nubes más densas deshace con sus reflejos, le dan nombre de cruel los que le hallan justiciero, sin advertir que Sevilla, paraque no a su despecho se desboque, necesita a un gran daño, gran remedio. Veis todo esto? a mi entender, que nace, a deciros vuelvo, de la falta de justicia, que hay muy distintos extremos de justicieros Ministros, a Ministros justicieros: Un castigo atemoriza, un suplicio causa ejemplo: pero en llegando el cuchillo a esgrimir siempre sangriento se hace lástima la ira, la lástima sentimiento, de esto nacen los quejosos, y los sediciosos de esto: que es atributo de Dios la justicia, con que es cierto, que a su imitación, no es bien cause horror si no respeto. Si el Rey tuviera a su lado un hombre como yo, creo, que mirando por su fama, y por la quietud del Reino, que muy en breve Sevilla refrenará su ardimiento. Qué decís? . Que me dejé llevar esta vez confieso del celo de leal vasallo, y quien habló fue mi afecto. Qué es esto que me sucede? entre aquestos montes, cielos, quien creyera hallar tal hombre! Con que en fin::- Ya, señor, tienes la cena, como has dispuesto, prevenida. . Pues sacarla puedes a aqueste aposento. Ya, que no ceno, os he dicho. Yo si os he dicho, que ceno, y hoy no he comido, con que almuerzo, como, y muriendo. Si vos no cenáis, yo sí, que estoy enseñado a ello: y porque hayáis vos venido, que no fuera razón creo, pasar yo una mala noche por un vano cumplimiento: Siéntate, Leonor, aquí, que a todo el señor Don Pedro dará licencia. . Ay, hermosa Labradora, que me has muerto. Buenas noches, Juan Pascuaí. Sancho? de verte me alegro. No te olvides de mi plato con la conversación. . Tengo mucha memoria. . Señor, quien habla más obra menos. Esto es vivir, Juan Pas cual. Yo os juro, que el Rey Don Pedro cenará más regalado; pero no con más sosiego. Aqueso yo lo aseguro. Quién es este Caballero? Es un hués ped que me honra. Yo a su servicio me ofrezco. Yo la merced os estimo. Sancho Pineda es mi deudo, y muy honrado Escribano. Ni aún para hablar tengo aliento, mientras que a Alvaro no saque. . Ay, adorados luceros, y siompre para mi esquivos! Ya que no cenéis, al menos corresponderéis al brindis, que para postre hacer quiero azón Eso es V Don Pedro, la saludad R y su esposa Doña Blanca, que vivan siglos eternos. Dame el vaso. Mas::- Qué ha sido? Cayose al beber al suelo. Para el Tabernero dicen, que ese es un buen agüero: dadme a mí el jarro, y veréis si en el camino tropiezo. Quitad la mesa. . Parece, que os ha pesado por esto. C. Yo no tengo agüero en nada; pero a mis Reyes venero. Hoy en Sevilla también su mujer, dicen, que ha muerto un Zapatero. . Por qué? Sobre confirmados celos o agravios, de haber hallado dentro en su mismo aposento hablándola el Organista de la Catedral, y huyendo se escapó. . En tal tranco aún mejores pies, que dedos, llevaba el tal Organista. Que anduvo honrado confieso. Cumplió con duelos del mundo, mas no con leyes del cielo: mi mujer es otro yo; y pues yo a mí no me debo dar la muerte, claro está que a ella tampoco; ya veo, que raro es el que es señor de su primer movimiento. Hombre raro es Juan Pascual, de capricho a todo opuesto. Todos estamos acá, mues amo. ̱. Qué traes de nuevo? Ahí que no es nada, pardiobre, que a no andar yo con mi ingeño guardándole sus colmenas, no deja corón, ni medio, un oso amigo de miel; y al fin, como si un viñuelo llevara, cargó con una; poro saliole al encuentro una hermosa cazado y diole en el pestorejo, allí le dejó rendido. Y quién fue? Si bien me acuerdo, la llamaban la Papilla. La Padilla dirás, necio. La Papilla o la Parrilla, qué tenemos con eso? yo agarré con mi colmena, que toda la había deshecho, y saquela estos pañales, paraque cene; y supuesto que la casa se nos quema, bien es que nos callentemos. Sencillez entretenida. Oje aquí. . Qué ha sido eso? Un zangano, que en la miel anda. . No es sino un mochuelo: el oso era de buen guato. Y vos sois del oso deudo? Soltad. . Déjale que coma. Pues vamos, y partiremos. . Ya es tarde, y será razón recogerse, Caballero: basta de conversación, y perdonad, si molesto, me he pasado a discurrir en aquello que no entiendo. Vos sois un nuevo Catón, y yo os escucho sus penso. Ese es vuestro cuarto: Hola, llevadle una luz adentro. Detras de alguna cortina el ocultarme preveng Puesta está la luz. . Sacar antes que amanezca intento a Alvaro. . Si el huésped halla a él escondido, allí es ello. Vamos. Adiós, Juan Pascual. Buenas noches, seor Don Pedro. Qué es lo que pasa por mí llego a dudar esta veza quién creerá que mi altivez llegó a sujetar a (sí vil un Labrador, replicando con resón, culpando mi condición? Mas qué me admira, si es llano, que la razón de la ley tener tanta fuerza pudo; y con ella, aún el más rudo, puede convencer a un Rey? Quien creyera caso igual, ni que estos ásperos montes, en sus breves horizontes tuvieron un Juan Pascual? Yo lo dude, aunque lo vi tal noche, es alegre día, feliz caza fue la mía, para ganar me perdí; y bien que me pardi advierto, si de su hija Leonor loco me tiene el amor, sus bellos ojos me han muerto. O, quién la pudiene hablar! mas qué repito mi labio? A un hombre he de hacor agravio, que así me supo obligar? Mas cómo podre la llama reprimir, en que ardo fiel? No en vano Pedro el Cruel me llama a voces la fama. Mas no es Leonor la que miro? Según luz distante ofrece, que aquí se acerca parece: ella es, aquí me retir Pues recogido mi padre queda ya, y que yo sosiegue es imposible, hasta ver como Don Albaro puede salir, antes que del día las luces lo manifiesten: fiel centinela, es preciso, que el cuarto del nuevo huesped ronde; pues no hay que dudar, que en mirando, que él se entregue al sueño, Albaro aldra, y así es forzoso el espere, paraque de ese jardín, por el postigo le eche: ya todo en silencio yace. Aquí acercandos viene: qué buscará a aquesta hora? pero sea lo que fuere, no he de perden esta dicha, pues la iocasión me la ofrece. Yo salgo. . Cierto salió mi discurso, pues, o miente la vista, o del propio cuarto, que sale un bulto parece, según la distante luz de adentro permite verle: Don Alvaro es, pues me busca, y así sin recelo llegue. No sabréis con el cuidado, que he estado este rato breve, hasta volver a buscaros. Qué es esto que me sucede! a mi dice que me busca. Y pues ya todo se advierte sepultado en el silencio, pues solo es razón que vele la que os puso en tal cuidado. Cielos, qué enigma es aqueste? Si Leonor me ha conocido acaso? . Pues felizmente fortuna hasta aquí me ayuda, esta ocasión aproveche: seguidme, pues. Ya, divina Leonor, a seguirte atiendo el alma como a su norte. Cielos, qué acento es aqueste? quién eres, hombre? Que extrañas quien soy, si a buscarme vienes; y yo también, si a buscarte salí: porque, si se atiende, profetas del alma son los corazones a veces, Muerta soy, yo me engañe, y este sin duda es el hués ped: el que me haya conocido, solo es bien que a sentir llegue: más retirareme. . No que te has de retirar pienses sin escucharme, que ya que amor me ha dado esta suerte, no he de ser de los amantes, que de cobardes la pierden. Caballero, ese lenguaje para mí es tan nuevo siempre, que solo el silencio es frase, con que puedo responderle. O me ha engañado el oído, o lisonjero mo miente el eco, o es de Leonor la voz, que escuché desde ese cáncel, adonde encubierto he aguardado que el Rey entre, y aún si mal no he percibido; que habla con él me parece. Ya os he dicho, que no osado quebrantéis con tan aleve trato, tan indigno intento, del hospedaje las leyes. Amor es Dios, y ninguna puede haber que le sujete. Caber contra la razón, jamás en un Dios no puede. Cielos, cierta es mi sospecha, qué haré en un lance tan fuerte, entre mi Rey y mi dama? porque otra puerta no tiene el cuarto por donde pueda Salir, cuando hallar pudiese en mi sálida el remedio: Salir por aquí es perderme en la condición del Rey, y el crédito Leonor pierde. Sus pende, hermosa Leonor, el ceño esquivo, suspende el enojo, y más sabiendo, que el que te habla de esta suerte, si Don Pedro de Castilla entiendes tú, bien entiendes; pues soy el Rey, que perdido por tu amor, dispuse el verte disfrazado de este modo, por lograr el que atendieses mis ansias y mis razones. Cielos, nuevo riesgo es este. Ya el sufrimiento es infame, y así aunque a parecer llegue temerario, solo un medio al discurso se le ofrece en tan apretado lance, quiera el amor que le acierte. No me respondes? . Señor, como queréis, que a creer llegue que sois el Rey, si venís a buscarme; pues los Reyes a dar a las casas honra, y no a quitársela vienen? Yo a quitártela! antes vengo todo mi Reino a ofrecerte, que mandes en el intento, y que a tu ley obedientes todos, tu gusto ejecuten; y no es exceso, si advierten, que a quien yo sirvo es razón, que el que me sirve respete: De riquezas llenaré tu casa, padre y parientes y en fin, si llego a ser tuyo, tendrás cuanto yo tuviere. Yo el favor os agradezco: pero reparad prudente, que la hija de Juan Pascual nunca a lo que a sí se debe puede faltar, ni del mundo por todos los intereses. Ya dejo puesto el remedio; pues contra mi Rey no puede haber otro en que mi dama, y a mi lealtad no atropelle. No cumplieras tú con ser tan hermosa, sino fueses tan esquiva, y ese ceño mas me halaga, que me ofende. Vuestra Majestad repare. Deja el melindre, y advierte, que ya una vez declarado, desairado nunca vuelve mi amor, y que la primera mujer (bien blasonar puedes) has sido, que el Rey Don Pedro ruega tan humildemente. Su arrojo temo, y mi industría, que tarda en obrar parece. Señor, mirad: muerta estoy. Nada ya que decir tienes. No me obligues a que a voces llame a mi padre y mi gente. Y cuando vengan, qué harán? si mi poder al más leve aliento, de sus furores cenizas hacerlos puede? Cumpla yo con lo que debo, y venga lo que viniere. Padre, señor. . No te escuchan Fuego, fuego. Mas, qué es ruido? . Logré mi cautela. En cenizas se resuelve la casa de Juan Pascual. Qué importará que se queme, si así su honor puse en salvo? Y si arrojo pareciere, discúlpele amor: pues quien se mira ahogar ciegamente, abraza el desnudo acero. Acudid todos. . Parece, que en este cuarto de adentro, donde hospedar me previenen, es el fuego. . Qué decís? De esta ocasión me aprovecho para huir de su rigor. Aguarda, espera, detente. Acudid, acudid presto. ̱. Pues así me favorece la oscuridad, ya podré salir, sin que más espere; pues Leonor ya queda libre, hasta que el postigo encuentre: Fuego, fuego, acudid todos. Cielos, Albaro es aqueste; sin duda que salió ya: mis temores se sosieguen. Venid conmigo, que aquí el humo más denso crece, y la voz oí de Leonor. S Pero qué miro Que tienes que admirar, si del estruendo y la turbación, dos veces sobresaltada salí, el que aquí decir me oyeses a voces, padre y señor? Rendido yo al sueño, en ese cuarto quedé en una silla, causa sin duda, que dejé inadvertido la luz donde este volcán enciende. Ya han acudido, señor, a apagarle diligentes. Aquí es el incendio, entremos por si remediarse puede: Mas qué veo? . Mas qué miro? L En aqueste paraje tu Majestad? Qué escucho? el Rey es el hués ped? por eso era tan curioso; yo le hablé muy libremente, mas ya no tiene remedio: que humilde vuestros pies bese dejad. . Alzad, Juan Pascual. A todos nos lo concede. Viendo que no parecías, todo el bosque diligente examiné, y un Montero, por fin, me ha traído a este Villaje, cuando un vesuvio todo ese cuarto parece. Perdido en la tempestad anduve, sin que pudiese hallar senda, hasta encontrar el anciano, que aquí adviertes, y a quien por conocer doy por bien empleado el perderme. Ya queda apagado el fuego, sin pasar de las paredes. Qué ha sido el daño? No ha sido mucho, señor, me parece; demás, qué porque mi casa vuestra venida festeje, fue razón, que ella a si propia luminarias encendiese. Y Doña María? . Ah vuelto, (creyendo que allá estuvieses) a Sevilla. . Raro acasos! Dicha fue que hallar pudiese cuando del jardín la puerta abrí, tan apriesa, gente con quien he vuelto sin nota. Qué hay, Juan Pas cual, qué os parece, los hués pedes que tenéis? Vuestra Majestad, no acuerde a mi ignorancia sus hierros. Como olvidar se me pueden vuestros prudentes discursos? y es justo que se celebre, que hubo quien llego a Don Pedro en su cara a reprenderle. Razón tuve en lo que dije, o al men e, Y os acordáis, que dijisteis, que si a mi lado estuviese un hombre, como vos, yo reinaria felizmente? Ya os dije también, que habló el afecto solamente de la lealtad de vasallo. No de haberlo dicho os pese. No soy hombre de los que de lo que hablan se arrepienten, ni lo que una vez he dicho, lo niego, yerre o acierte. Verdad es, señor, que he dicho, que si al gobierno, Asistente me hallase en Sevilla, como en mi Aldea, ser pudiese que su inquietud sosegase: Y tened por evidente, que lo que toca a justicia, por su autoridad volviese: hasta ahora con estos años, no ha habido quien a perderme se atreva el respeto, siendo Oficial en vuestras huestes, Alcalde de mi Lugar, y ahora vecino de este: y esto porque a todos di lo que a cada uno se debe, Sin afecto, m rencor, mirando a la razón siempre. Luego en Sevilla, teniendo vuestra sombra, bien se infiere lo ejecutara mejor, que si buena intención tienen, corre por cuenta de Dios el acierto de los Jueces. Raro hombre! Pues Juan Pascual, a mi servicio conviene, que vengáis a gobernar a Sevilla. . Considere vuestra Majestad, que soy hombre humilde para ese cargo. . Lo que para él busco, es cabeza solamente; esta encuentro en vos, la sangre, si tan ilustre no fuere, vos, la ilustraréis, que así principio las cosast enen Mirad, y lo que una en justicia, no ha de haber órdenes, que me lo truequen. Lo que hicieres, doy por hecho. Qué así con el Rey alterque! Mirad, que sin excepción al que culpado aprendiere, he de castigan, sin que valgan glosas a las leyes. Ni aún mi casa reservéis: queréis más poder qué este? Mirad, que me estrecháis mucho y que puede ser que acepte. Juan Pascual, lo dicho, dicho. Pues si remedio no tiene, lo dicho, dicho, señor. Pues ya del rosado oriente el sol dora los balcones, que el alba a perlas guarnece; vamos a Sevilla. . Vamos. Luego al instante se lleve vuestra casa; y a Leonor lograré ver de esa suerte. Cielos, o yo estoy soñando, o ignoro lo que sucede. Ay Leonor, no esta fortuna con tu estado tu amor trueque. Pasé de mondonga a dama. De esta vez el sayo dejo. Bien le pagó la posada a Juan Pascual nuestro hués ped. Sancho, quedaos a asistir la hacienda, pero id a verme. Ay Leonor, mas imposible cada vez mi amor te advierte. Caprichos del Rey son estos. Venid a ser Asistente, como decís, y este nombre al de Gobernador trueque. Vamos muy enhorabuena; mas mirad, que se os acuerdo, que tengo de hacer justicia al pobre y rico igualmente,

JORNADA SEGUNDA

El daño, que se previene, suele templar en, el y que es menor cuando viene; pero el que yo he prevenido, mayor tormento me ha dado, que no hay mal imaginado, que se iguale al padecido: Siempre temí la venida de Doña Blanca, mas ya sé menos pesar me da; pues del Rey aborrecida, borrado el nombre de esposa, y su vida amenazada, vive en Sidonia encerrada: con nueva pasión celosa lidio, que el desasosiego con que al Rey he reparado, me avisa nuevo cuidado, que se encubre mal el fuego. Una mujer, que encul riendo el rostro, muestra con llanto que entre la nube de un manto dos soles está cubriendo, Sin verlo el Rey, mi señor, dice que te quiere hablar. Bien puedes dejarla entrar: o, y Pero qué miro, Leonor? Tus pies me da en dolor tanto, como centro de mis bienes. Qué traes? qué lloras? qué tienes? habla. Si me deja el llanto: Referirte como el Rey honró a Juan Pascual, mi padre, sacándole de un humilde Labrador de este Villaje a Asistente de Sevilla, donde en favores iguales ya casi del todo el Reino le ha hecho su segundo Atlante, que con él viene a Sevilla, trocando a las vanidades te, dulces ocios do la Co e la Aldea inapreciables, fera cansarte no más, supuesto que ya lo sabes: y así, por no perder tiempo, pasemos a lo importante Quien no pensará, señora, que entro como didades, que gozaba contenta, de sin recelo de pesares, no estaba libre la vida de los rigorosos trances del agravio, de la injuria; fuerzas y afrentas mortales? Pues no fue así, porque allí la ofensa supo buscarme, vino a ofenderme el poder, y el agravio supo hallarme. El Rey Don Pedro, señora, que el cielo mil siglos guarde, perdido acaso en la caza, vino a mi casa a hospedarse, y allí buscando ocasión entre las oscuridades, hallándome descuidada, su amor llegó a declararme? respondí como quien soy: pero a no haber de mi parto puestose quizás el cielo centinelas vigilantes (calle de Alvaro el arrojo) haciendo arder en volcanes la casa (feliz incendio) quizá a sus temeridades, fuera mi amor mayor Troya, y él más atrevido Paris. Desde entonces, desde entonces noches, mañanas y tardes, hecho clicie de mi casa, y sin saliz de mi calle, ha hecho público su amor con demostraciones tales, que Sevilla lo murmura, aunque mi constancia sabe. Hoy, pues, cuando el alba hermosa entre dorados celajes, corrió la cortina al sol de su cristalino catre, a mi casa llegó el Rey, no estando en ella mi padre, Supelo, y por un postigo secreto salí a la calle, huyendo su tiranía, como el triste navegante, que de la nave se arroja, porque se anega la nave Y al fin, después de penear remedios vengo a ver si de tus pies el gran sagrado me vale: diligencia cuidadosa os bien que este daño ataje, que aunque la cautela ha sido quien se opone a este combate, no siempre puede la industría resistir temeridades, cuiando amor rige el poder, rayo que montes deshace, a avisarte del peligro en que mi honor triste yace vengo: apresura, señora, el remedio, no se tarde, no des lugar, que las canas Heguen, señora, a ultrajarse de un padre, que así te sirve, na que el Rey mi opinión manche; porque si llega mi infamia, y su intento a ejecutarse, mi vida de poco sirve, y han de verse hundosos mares de sangriento humor correr por los campos y las calles. Viven los cielos: perdona, que el dolor adelantarse pudo aquí: viva mi Rey, y mi triste vida acabe. Leonor, así de tu pecho el valor enajenarse prido, teniéndome a mí? Mo te juzgué tan cobarde: vívoras mi pecho encierra, no vuelve tan presto el áspid a la planta inadvertida, de quien antes vio pisarae, como esta ponzoña fiera ya en mis sentidos esparce, abrasando el corazón sienta el alma, el labio calle. Vamos al remedio ahora, vuelve, pues, sin declararse, antes que tu padre sepa tu ausencia a casa. . No mandes: M. Esto importa. Mira, advierte:: P. Esto ha de ser, no te canses, honor corre por mi cuenta Tu vida los cielos guarden . Bien temí, bienrozalo pesa T pero al remedio, Hermosa Doña María? Señor vuestra Alteza aquí? Pues puedo yo estar sin ti? Lisonjas? por vida mía, que tan cariñoso trato causarme sospecha es bien; pues de ganancia anda, quien da favores de barato. Qué son celos? . Mis desvelos no se atreven a ese error, que quien logra mi favor, cómo me puede dar celos? Presa Doña Blanca está, que os podía dar cuidado. Mas su prisión me le ha dado. No habléis de eso; bien está. Siempre su pena he sentido. Es escusada piedad. Al fin, es mujer. . Mirad si Juan Pascual ha venido. Su cuidado maravilla. Acierto fue, en lance tal, haber hecho a Juan Pascual Asistente de Sevilla En él la justicia es quien sus acciones concierta. La cárcel tiene desierta, no hay preso que dure un más, causa ninguna le atasca, porque esto del sentenciar, lo mismo es pura él, que echar sombreros a la tarasca en esto de avriguar delitos (piordo hay quien diga es adivino, o que tiene sumiliar. Él es hombre de valor. Unas natanjas ha echado en esto esta ymandado, que en él se junten los Escribanos . Renombre perpetuo a da El demonio las manias de y Logros e la Los pies, granpi Pasqunl, bien Seas, Ju hablad a mas como os entráis aquí con la vara? . No es error, es justicia, señor, co ca la aparto de mí. nu En viéndola se enajena el Rey contra toda ley. De los afectos del Rey esta Padilla es Birena, mas nada en amor se extraña: dadme, señora, la mano, así el cielo soberano os haga gloria de España. Vedme después más despacio. Aquesto es lisonjear, mas algo se ha de pegar de andar un hombre en palacio. Admiración me ha causado el saber, qué disponéis con las naranías, que habéis en aquese estanque echado? Presto señor, vuestra Alteza sabrá lo que determino: averiguar imagino de este modo la entereza y sidelidad con que acuden a su ejercicio los Escribanos, oficio, que ya en Sevilla se ve, sin la integridad pasada, les dio opinión igual. qu Con naranías Juan Pascual eo se la tiene armada. er Yo a todos les he pedido, epor testimonio den q estas naranjas, que ven, cuantas son, y han convenido las que, señor, que son tre ven en el estanque ahora. Algo oculto se atesora debajo de este exterior. Este viejo es un demonio. Para más seguridad, vos Sancho Pineda, dad lo mismo por testimonio. Solamente de este modo, que podré darle sospecho. Al estanque va derecho, desnudo el brazo hasta el codo, onta registrando en ca las naranjas diligente. Ese, señor, solamente es Escribano legal. Tres medias naranjas eran las que en el estanque había. Esa fue la industría mía. Todos los demás se alteran. Según reparando estoy, las naranjas, que he sacado, que son tres medias he hallado, de esto testimonio doy, y causar no debe enojos, debiendo ser verdadero, que para darle primero fuese a verle con los ojos. Para que sepa Castilla como os premia mi favor, Escribano sois Mayor del Cabildo de Sevilla; perpetuo esté en vuestra casa, Pineda, este oficio. Ved, señor, que tan gran merced ya de los límites pasa. Para la posteridad, que justa memoria ofrece, premio tan grande merece tan grande legalidad. Ya que con tal premio das tanto blasón a su honor, ahora falta, señor, castigar a los demás; Con el medio que señalo, poniendo a este efecto freno, se adelantará el que es bueno, y se emendará el que es malo; pues solo paz y quietud puede haber en ejercicio, donde se castiga el vicio, y se premia la virtud. Pues que su delito es llano, ninguno de los demás use adelante jamás el oficio de Escribano. También, señor, mi advertencia ha mandado disponer, a Suceder ga que sí enla porque no pueda escaparle la vil fuga al delincuente, los vecinos prontamente salgan y ocupen la calle; con aquesto, reprimidos ven los inquietos su error, al ver que han de ser, señor, o presos o conocidos; y si en medio tan extraño la haber guación no hicieren, los que en la calle vivieren, paguen de la calle el daño. No hay que andar, que aunque delante sea del Rey entrar tengo. Perote? Yo só, que vengo. Qué es lo que traes? Que in fragante un hombre hemos percollado entre yo y un camarada. Pues por qué? Ahí que no es nada, al Organista ha matado de la Catedral. . Qué oí? Pardiez razole el gargüero. Aqueste es el Zapatero, hacedle entrar. Ya está aquí. Eres tú aquel que atrevido cometió tan grave error? Yo he muerto un hombre, señor; mas que me escuches te pido. De la Iglesia el Organista, por ser más rico o por ser ordenado, a mi mujer solicitaba a mi vista. Soy un pobre Zapatero; pero no fuera razón, que nadie de mi opinión juzgue, que infamia tolero: Yo, aunque el lance era cruel, antes que adelante pase, paraque lo castígase, di cuenta a su Juez; mas él, como si así remediara de mi deshonor el daño, le condena a que en un año el organo no tocase despr él que a Si mi queja, dio en ser molesto, pues para fin, con esto Jugar. tenía ya Yo a quien el punto desvela, injusticia, mirando tal con muda malicia, di en ser, continela; de mí cas entre avisado, y un día qu oncontré, y juntos la maté, a ella; elmirado; y sali tra por pies llogó a escapar, ye sin delincuente, que es un andado diligente, y aunque o lo pude hallar: hasta hoy quite osado, la vida le la mía aquíí te presento, mo piré contento pues yo agravio vengado. de ver mí Su valoz he visto junto con su preno. Conside Que Zapatero que es aSa no es homb de mucho punto? Confieso anduve atrevido: pero mi honro me ha obligado. El Zapatero es honrado, y de sol aconocido. Mas si comía en tal suerte Ordenes el Organista, que pague o hhay quién resista dos muerto con una muerte. Tal No hay vesistencia, sentenciadle. Luego a mí anea? . Sí. comecéis S Pues acuuienta es la sentencia: Si al atajar mal creyó aquel que bastara, que él orgao no tocara en un año si estos caseigos son gratos, y mayor rigor no es bueno, condeno en un apatos. a que yecapricho. Esa inconveniento Ya al traerme istente. Lo dicia Advertid. Cuando ató, s su delito culpastéis. 2. Y vos también le alabasteis, también me acuerdo yo: lo que me mueve, señor, es el verle tan honrado, que hasta ahora no ha sosegado por hallar a su ofensor Esto le sirve de abono, porque a mi ver, cosa es clara, que por su mujer le ahorcara, pero por él le perdono. Por favor tan singular, vuestros pies, señor, os pido. Andad con Dios, y advertido, que no os volváis a casar. No es para mi ley severa, si mi desdicha miráis. Vive Dios, que si os casáis, que os ponga en una galera. Pardiobre estamos medrados, ya que no como cohechos, voy a cobrar mis derechos. Dejadme, amantes cuidados. Ya voy, señor, a rondar; pues corre la noche el velo. Juan Pascual, tanto desvelo? Un Juez no ha de sosegar. No he visto Ministro igual. Todos le tiemblan. No hay hombre en Sevilla, a quien no asombre la vara de Juan Pascual. A ver tengo de ir después a Leonor pues granjeada está, para darme entrada Lucia del interes. No sosiego, aunque me asista el Rey con finos desvelos: que bien llaman a los celos, anteojos de larga vista! Al punto a ver a Leonor, pues ya muere el día. iré, Venid, mi Doña María. Vamos, mi Rey y señor. Pues que mi padre ha salido, como acostumbra a la ronda; ponte, Lucia, a la reja, por si ver acaso logras a Albaro, que entre las penas, que me combaten furiosas, Solo esté alivio me queda. Si Leonor supiera ahora, que le he dado al Rey la llave del jardín, y cuidadosa he de estar para avisarle, cuando de entrar sea la hora, qué dijera? Pero a mí, qué se me da de estas cosas? Buena cadena me vale, y prometida una joya. Mochuelo, ponte a esa esquina, y avísame, si la Ronda, si otro viniere. . Señor, yo no quedo bien a solas. No tengas miedo. Qué es miedo? Antes es, si bien lo notas; porque si alguien va a pasar, y mi valor se lo estorba, la calle alborotaremos, y así es acertada cosa, que estéis junto a mí, porque si el diablo ordena la historia, el enojo me reprimas, si alguien vieres que me enoja. Haz lo que te digo, y calla. Albaro? Leonor hermosa? Ya culpaba tu tardanza. Quién sirve no tiene propias sus acciones: asistiendo he estado al Rey hasta ahora; y cree, que aunque jamás te apartas de mi memoria, cuando con el Rey estoy, siempre te encuentro más pronta. Qué son celos? No, Leonor, cuidados, que al alma ahogan, sí, pues sabes que la noche, que por reservar tu honra, a tu casa puse fuego, vi tu resistencia heroica. Pues de qué son los cuidados? De nada, a quien así adora tan poco contrario es un Rey, que a las fuertes del mar de su poder, no tiemblan las altivas rocas? Sí, Albaro; pues sus embates, cuando vienen más furiosas del escollo reverencian la firmeza victoriosa, y en leves átomos quiebra todo el furor que las forja. Agua va. Mientes, borracha, vieja, nariz de zanahoría, cara de tomate asado, porque es imposible cosa, que en tu casa tengas agua. Si el gran bergante a estas horas no anduviera por esquinas, quizás para cortar bolsas, no se la echaran a cuestas. Ese canto te responda. Tú lo pagarás, infame. . Qué es eso? . La setentona de aquesta vieja vecina, que me ha puesto hecho una sopa. Albaro, aquí no estás bien, vete a las rejas de esotra calle, que es más escusada, que aún del alma mil congojas tengo que comunicarte. Tú aquí te espera. Esta es otra: mejor es vaya a enzugarme. Tú quieres que yo te rompa la cabeza. Tú, Lucia, aquí te queda de posta, a ver si mi padre viene. Puesto que me dejas sola, cantaré, que esta es la seña con que al Rey aguardo ahora. De ver, que Filis llora, rie Cupido, él llorará algún día de haberla visto. Lucia es esta que canta, y pues como yo está ociosa, quiero aprovechar el tiempo: Filomena, que melosa me estás confitando el alma esas voces de alcorza, aquí tienes un Mochuelo, ave nocturna, que ronda del azucar de tu aliento la almibarada persona. Jesús, qué amante tan dulce? Soy natural de Lisboa, nací en un pilón de azucar, fue mi cuna una toronja, envolviéronme en jalea, y así respiro melcochas. Pues yo soy de un limón agrio hija, por lo desdeñosa. Tanto rigor contra un triste? Calle, que el cantar me estorba. Esas lágrimas, niño, que Filis llora, centellas son de nieve, rayos de aljósar Llocia en la reja canta, y otro acompaña la solfa en la calle. Hacia aquí vienen trecientas y más personas, qué haré? Mas yo me resuelvo. Ah, hidalgo? Santa Apolonia. Esa reja. . San Antón. Ya me entiende. . Santa Ros Desócupe. . San Pascual, y la Letania toda. Y que Perote, el Portero, se llo manda, basta y sobra. Perote es, pues pagarala, que es fácil no me cocozca: seo Perote, usted ha de ser. Qué oigo? El que despeje. Moscas. Porque si no. Berenjenas. Yo sabre hacer. Zanahorias. Que a cuchilladas. Buñuelos. La pendencia está graciosa: Caballeros, caballeros, entre tan grandes personas, ma, ante que todo es la d vedlo Por m Bien está. S Puesto que Juan Pascual ronda hasta muy tarde, y Lucia me estará aguardando ahora, como al enviarme esta llave me avisó, y el alma ansiosa no puede tener sosiego hasta conseguir la gloria de vencer el cruel, esquivo desden de Leonor hermosa, vengo a ver si es que en la reja está. . otro bulto. r. otra sombra, qué le parece a usted de esto? A mi malísima cosa. Mas dos hombres junto a ella diviso, que me conozcan no quisiera por Leonor. Oye usted, la tal persona mira mucho. . Le parece a usted caso de tizona? Yo por mí más necesito de una colada a esta hora. Hermoso par de valientes! Pues voy a buscar la Ronda, corriendo, por esta parte. Pues yo me voy por estotra. . Aunque la calle han dejado; hasta que la seña oiga, no llego. . Si este es el Rey: más sabrelo de esta forma. Tempestad de verano, su llanto es bello, ojos, en suspiros y con sol y viento. Ella es: hasta oír tu voz estuvo el alma dudosa, Lucia, para llegar. Haces bien, pues mi señora ahora estaba conmigo. Y dónde fue? Cuidadosa está aguardando a su padre. Aún de creer no acabo ahora la fortuna, que he tenido por la idea caprichosa el Asistente, que tan justiciero se nombra, que me hubiera castigado: Aquesta es la calle propia donde maté a mi ofensor, no sé qué temor me asombra! Sí Juan Pascual no ha venido, de qué estás tan recelosa? Por eso, porque no tiene para venir fija hora; y paraque entraráis, fuera mejor que estuviera toda la familia recogida. Amor, los plazos acorta. Pero qué miro? a la reja de Juan Pascual una sombra, ya yo otras veces la he visto, cuando espía cuidadosa era aquí de mi enemigo; pero esto a mí qué me importa? mas al sin curioso intento: aquesta puerta me esconda, por si lo que hablan percibo. Lo mejor fuera que ahora dieséis lugar, que mi amo viniese, pues sin zozobra, estando quieta la casa, el entrar es fácil cosa Qué oigo! Pues no es más seguro, si libre la calle notas de registros, que ahora entre, y en ese jardín me esconda, hasta que me avises tú. Aquesta es traición notoria, y vive el cielo, que ya, que deudor me reconozca a Juan Pascual de la vida, que he de pagárela ahora (pues de otro modo no puedo) con defenderle su honra. Considera. . Nada temas, que no hay ocasión más propia paraque entre voy a abrir. Par Dios, que es más peligrosa la materia, pues que llave de un postigo también logra: esto ha de ser, yo me arrojo: Caballero? Qu Esa casa tiene un dueño tan honrado, que le sobra ser de Sevilla Asistente, paraque de aquesta forma no profanéis sus umbrales. Qué haré, si arrojado estorba mi intento? sois su criado? Quien soy saber no os importa, mas sino el que yo lo impido. Ya es el castigar tan loca osadía fuerza, aunque esta ocasión pierdo ahora; de aqueste modo respondo. La reja cierro medrosa. Muerto soy, ya mi delito castiga en la parte propia el cielo. Todo lo he oído: Vecinos, salid, que importa, que han muerto un hombre en la calle, No quiero que me conozcan: retirome. Este es el Rey: No el matador se os esconda. 1. Acudamos. 2. Qué desgracia! 1. Esta fue traición notoria; porque apenas escuchamos rumor de espadas. 2. La Ronda. Qué es esto? Aquí han muerto un hombre. Un hombre a mi reja propia? Y es el mismo Zapatero, que tu piedad hoy perdona. Aquesta vez encontró de su zapato la horma. A dónde está el delincuente? 1. Aqueso es lo que se ignora, al muerto solo encontramos. La diligencia fue pronta: por vida del Rey, que ahorque cuantos en la calle moran, si al matador no me entregan. 2. Señor, fue imposible cosa; pues según la ley, salimos a las voces presurosas de una vecina, que en esa casilla sola de la esquina. . Trae la aquí, yretirad, antes otra diligencia, este cadaver: de sangre llenas las losas de mis paredes? Sevilla temblará, para memoria, mi castigo. 1. Aquí está ya. Señor, yo llego medrosa. Soy una pobre mujer, que para ganar con honra mi sustento, estoy velando: de las aceradas hojas oí el rumor, y a la ventana saqué una luz presurosa: pero el matador sin duda alas de su miedo forma, pues a nadie vi en la calle. 1. Eso es imposible cosa. Llevadla al punto a la cárcel. Ay, señor, misericordia, que aunque pobre tengo un nieto mandadero de unas Monjas, y soy de muy buena sangre. Llevadla. Gran bellacona es la vieja. . Por San Blas, por San Antón. Lo que implora. Llevadla, que hasta que muera; si el homicida no nombra, no ha de salir de la cárcel. Oh qué ley tan rigurosa! Pues si eso ha de ser preciso, haced se aparte lu Ronda, y ascuchad. Sancho Pineda, retiraos prosgue ahora. Pues, señor, a la verdad, si la pendencia toda. yo Y quién el matador fue? No menos que la personaa del Rey. Qué dices per? Que en el ido que soran, crujiéndole las rodillas, cuando anda apriesa, en la ropa, y demás aire del cuerpo, le conocí (qué os asombra!) a la luz del candilejo que saqué. A espacio, congojas: el Rey, qué hacía en la calle? Lo que siempre, vela y ronda. Dime en esto lo que sabes: apuremos la ponzoña al vaso. . Señor::- Secreto te guardaré en cuanto oiga. Pues, señor, algunas noches he visto al Rey a estas horas hablar por aquesa reja. Con quién? Eso es lo que ignora mi cuidado: donde hay criadas, no os espanten esas cosas: lo que puedo aseguraros es, que vuestra hija está sorda a sus voces, porque tiene otro amor, que lo ocasiona. otro amor? Qué es lo que escucho! buena anda, cielos, mi honra! y quién es ese galán? Don Albaro es quien la adora, y a quien ella favorece; y este es el que entrada logra en tu casa. Calla, calla, que es un escorpión tu boca Cualquiera vieja vecina, quién le ha dicho es otra cosa? a Sancho Pineda? . Señor? Aquesta mujer importa, de a vues ra casa llevéis: no la dejéis que hable a solas con nadio, más regaladla. Si me lleváis donde coma, cualquiera cosa es mi casa. Cuidado con que a persona o digaa lo que la pasado: ced que ponga la Ronda sos todos los vecinos, araque piede la forma del pr p aquesta diligen echo ahora; ci a me re Obedecerte me toca. vecs. Harto hago en disimular; mas es materia forzosa, que hay mucho honor de por medio, y fuera ignorancia loca, que al cabo de mi vejez yerre lo que más importa: gobernando a Sevilla, y que sea mi casa sola la que gobernar no sepa: Aquí mi prudencia toda es menester, ni aún Leonor ha de saber por ahora lo que mi silencio intenta: yo seré Juez de mi honra, que el cándil de aquesta vieja ha alumbrado muchas cosas. Bien me aguardaste? Y muy bien, tú, el que me dejaste fuiste, porque empeñado me viste. Empeñado tú, con quién? Con un ejército entero, que por la calle venía, y echarme de ella quería: pero yo enojado y fiero a estocadas le embestí, y aunque me costo mohína, nadie pasó de la esquina. Ruido de espadas sentí; pero atendiendo a Leonor, sin saber que hubiese sido, huy por no ser conocido. Pues ese era yo, señor. Pero aguarda, que al Rey veo. También suele andar rondando. Divertido dando. ne Malogrose mi deseo, siempre en una y otra acción contrario el cielo me ha sido: mas que la muerte he sentido el perder ta ocasión: valiente arrojado, y y Solo homicida me ale qu con el pesar que me ha dado. agó ee . Señor, tan tarde vestido? Tarde es, y amanece ahora? L Ahora amanece? a La aurora para mi ahora ha salido. Si soy la aurora, es precisa cosa que salga a llorar. ̱. Pero en viendo el sol rayar, Su llanto convierte en risa. La aurora espera a que el sol Salga en su dorado coche, y yo al contrario, en la noche siempre aguardo su arrebol: y así atendiendo a los cielos, prometen a mis quererlas Su firmeza las estrellas, pero su calor los celos. ̱. Juan Pascual viene, señor. y. A estas horas, qué habrá sido qué moverle ha podido? Y trae a su hija Leonor. r y . Juan Pascual, pues qué accidente así os trae tan alterado? Nada que os cause cuidado? pero oídme atentamente. Cuando a Sevilla alterada, la sosiega mi justicia; cuando su misma malicia vive quieta y sosegada, y cuando (aunque yo lo diga) madie se atreve, señor, aún al exceso menor a costa de mi fatiga: cuando en rondas repetidas no sosiega mi desvelo, porque gocen sin recelo haciendas, honras y vidas; ahora, porque más me asombre, me pagan cuidados tales, junto a mis mismos umbrales, con darle la muerte a un hombre, como si acaso el sagrado de mi casa capaz fuera de que nadie se atreviera a hacer el discurso errado, no habiendo en ella otra dama, s hija Leonor, Sino es fue amor, de que la causa a contra mi opinión y fama: pues si yo a pensar llegara, cuando tan favorecido soy de vos, que esto haya Sido, prudente lo remediara: ved si es razón, que impaciente se queje ante vos mi labio de esta ingratitud y agravio. Y quién es el delincuente? No sé, porque aún de la suerte se ignora que sucedió Este es el hombre, a quien yo . acabo de dar la muerte. El muerto a lo que se ver- Esto también saber quiero. Ah sido aquel Zapatero, que por tema perdoné, con que si el caso repito, solo sé que el cielo justo así mostró, que fue injusto elito: de el perdonarle el stro para averiguarlo d exo ninguno la ley en quien no se ejecutó, hasta un Secretario vuestro, como en tal caso era igual, llevo preso. . Y yo lo fío. Cómo, siendo criado mío, os atrevistéis a tal? Cómo? Como juro a Dios, que estaba entonces de talle, que si os encuentro en la calle, que también os prendo a vos: pues la vigilancia mía, para hacer la diligencia, ya prendió con advertencia cuantos en la calle había; y porque si a rigor pasa el examen que he de hacer, ninguno lo extrañe al ver, que no exceptuo mi casa, y no pueda formar queja cuando mi intento colija, también he preso a mi hija, por si oyo desde la reja lo que pudo ocasionar el suceso que se vi e, pues debajo de lla fue; y así señor parte se cuidado, ay consolado, o iré que sois su Alcaldesa. guarosa la rocibo, derdarla la prefiero. Vuestra esclava serepero, en un hado tan esquivo, es solo frtuna igual, señora, el que me amparéis. Ved, que me lo prometéis. Su guarda soy, Juan Fascual. Hombre es de punto y valor. Bien con el Rey me he explicado. Que sabe mi amor recelo. Pues ahora Sevilla, os digo, ha de admirar mi castigo, porque es de mi honor el duelo. En la ocasión que se advierte, Juan Pascual no ha de poder, aunque más haga, saber el agresor de la muerte, aunque de esta acción, recelos me da a entender de su honor. Yo satisfaré, Leonor, tus agravios y mis celos. El delincuente esta vez ofendió con lo que pasa, a mi persona y mi casa, como Juan Pascual y Juez; mas yo haré justicia, y tal, que a toda Sevilla asombre, y que deje eterno el nombre del montañes Juan Pascual. Qué decís? Que del suceso, ara información mejor, pa que vaya importa, señor, Albaro, a su casa preso. Mira ahora si es evidencia lo que te he contado, o no, el muerto es de los que yo despabile en la pendencia. ̱ Advertid:: No hay que mirar. Delante de mí:: . Señor, cuando yo he preso a Leonor, no tiene nadie que hablar. Obedeceros pretendo. No es ya lo que yo Leonor, bien estás aquí. Yo a mi padre estoy temiendo. tu recelo Ven conmigo, y sosiega. . En ti mi temor alienta. . Vamos, Leonor: guarde a vuestra Alteza el cielo. Pues ya que tan arrestado por justiciero os tenéis, veamos si mañana habéis el delito averiguado. Según espero, si haré. Aunque fío el a verdad, lo que prometéis mirad. Yo sé, que lo cumpliré. Con que hacer justicia vos prometéis por cosa llana? Y a que lo veréis mañana castigado, vive Dios; mas con condición aquí, que no me habéis de culpar, aunque se llegue a quejar el delincuente de mí. Qué pretensión tan extraña! Aquesa palabra os doy. Pues alto, fama, que hoy os ha de admirar España. Lo que vuestro intento labra, podéis ahora mirar, que me tengo de enojar, si me quebráis la palabra. Qué justicia sin malicia haga, no me mandáis vos? Sí Juan Pascual. Pues por Dios, hacer justicia que tengo y

JORNADA TERCERA

Plaza, que su Majestad a dar audiencia ha salido. Juan Pas cual, habéis venido a muy buen tiempo, llegad: porque si conmigo estáis, el acierto de la audiencia fío de vuestra prudencia Vos, como quien sois me ho ede empezar ap ya a darle vuestro cuidado. Estando vos a mi lado, juzgo que no puedo errar. Yo, señor, soy un Letrado, que con trabajo molesto aqueste libro he compuesto, en el cual tengo cifrado cuanto en comprar la viveza hasta aqueste tiempo ha escrito: el premio, que solicito, es, servir a vuestra Alteza, dedicándole a su nombre; acción, que mi amor ofrece. Decid, qué premio os parece, que le demos a este hombre, porque a premiarlo me ajusto? Nada ya mi dicha teme. Señor, que el libro se queme. r.Es agravio. Aquesto es justo. Pues en qué lo habéis fundado? Aunque son justas las leyes, que los Castellanos Reyes a sus dominios han dado, con ya tantos los Autores, qu e sobre ellas han escrito, que es proceder infinito averiguar sus errores, con que en los pleitos que afanan, Sin que jamás se concuerden, tal vez los buenos se pierden, y tal los malos se ganan. Sobre el comprar y el vender, aste señor Licenciado, cuanto se ha dicho ha fundado: la ley dice, a mi entender, que el que una cosa vendiere antregue lo que tratare, y también, que el comprare, pague el precio que pusiere; pues si es aquesto lo fiel, no es terrible necedad en volver una verdad en diez manos de papel? De glosas las leyes llenas, en su variedad difusn, la multitud es confusa: cas letras, y esas buenas, Aunque ent opuesto siempre le escucho, callo, porque puede mucho la fuerza de la verdad. En todo vuestra prudencia seguir mi intención codicia. justicia, señor, justicia. Clemencia, señor, clemencia. Señor? Señor (trance fuerte!) A un hijo, irritada y fiera, y a su marido, que era mi hermano, ha dado la muerte esta mujer atrevida. Qué decís? Yo estoy mortal. Señor, que con un puñal a los dos quitó la vida. En teniendo más noticia del suceso referido, la piedad, señor, que pido, Sem debe de justicia. Del delito, que refiero, su voz dará testimonio. Al segundo matrimonio llevé un hijo del primero entre alterados enojos yo, que apenas (suerte impía!) del muerto esposo tenía enxuto el llanto en los ojos, con los afectos de madre, que amorosa duplicaba, en el hijo consolaba el malogro de su padre: reparando en mis cuidados tal instancia el nuevo esposo, dio en perabadirse celoso, que le hurtaba los agrados: por la causa que se advierte, con inhumano rencor, él y su hijo, señor, al mío dieron la muerte, a mis ojos y en mis brazos, partiéndome el corazón, vi a su cruel indignación dividirle en dos pedazos, siendo su crueldad tan vara, que en tan grande tiranía con la sangre que ve me salpicaron la La venganza de los dos pedí a Dios, más cuando fiel la sangre no está de Abel pidiendo justicia a Dios? Yo fingiendo quieta calma mi tormenta, cuando el sueño se hizo de sus vidas dueño, teniendo sus pensa el alma, animosa y atrevida, con el puñal, que en tal suerte dieron a mi hijo la muerte, a los dos quite la vida. Sin poder detener, me precipito furor, esta es mi causa, señor: Si la vida he de perder contenta está la esperanza; pues sin que nadie lo impida podrán quitarme la vida; mas no, señor, la venganza. Causa tuvo su depecho; pero esto a vos toca hacer justicia de esa mujer, como hallaréis por derecho, porque hubiera yo mandado que muera. . Tanto rigor en esta causa, señor, lo tengo por demasiado. Será bien, que perdonada, se quede, y sin castigar? Eso era, señor, quedar Savilla escandalizada. Pues si reparo prudente, cual quiera resolución al castigo o al perdán, tran igual inconveniente: y así, Juez os quiero hacer en el pleito, que refiere, del modo que os pareciere, sentenciad a esa mujer. Ya que en el lance que advierto, entre piedad y rigor equivoco, gran señor, esta fluctuando el acierto, sus pendiéndome neutral, sin atreverme a librarla, ni tampoco a condenarla, aunque es el delito tal; paraque cesen los daños, que en el perdón estoy viendo, y en el castigo suspendo este juicio por cien años; y porque con más noticia castigar pueda su exceso, traigan después el proceso, qué yo guardaré justicia. En otro caso, que apenas de este se diferenció, esto mismo sentenció el Areópago en Atenas. Si aquesto lo justo es, s a no replicar me ofrezco. Tan gran favor agradezco, Se con arrojarme a esos pies. De la justicia en el fiel, la piedad es prenda real. Habéis hecho, Juan Pascual, lo que os mande en el papel? Hoy juzgo está más humano: ya en Sevilla se repara el Conde de Trastamara. Ya se, que vino mi hermano. otras prisiones, señor, que me mando vuestra Alteza, ejecute con presteza. Lo que es justicia, rigor no es. . Solo en tal crueldad, como mi afecto la adora, a la Reina, mi señora, no se atrevió mi lealtad: el corazón se me arranca, al mirarla en riesgo instante. Llamadla de aquí adelante solamente Doña Blanca: en mi enojo convencida no está? . Mire tu piedad, que es demasiada crueldad quitarla, señor, la vida. Del proceso que en razón de Blanca se ha fulminado, no consta, que se ha alterado Castilla por su omisión? Esa verdad os confieso. Sin disputa, no es común, que se sentencie, según los méritos del proceso? Sí, señor, esa noticia manifiesta la verdad. Pues si eso es así, callad, uan Pascual, @l ticia. ̱. Acción es exorbitante, llegando mi Reina a ser: ver de espacio es menester negocio tan importante. Don Alvaro, mi señor, es te memorial envía. C. Está preso todabía? Indiciado en el rumor de aquella noche y la muerte, y con sospecha no escasa; aún se está preso en su casa. e. Y en qué estado de esta suerte la causa está (así lo incito) que aunque sois tan grande Juez, por lo menos esta vez Se os escapó ese delito. ̱. La dilación que se ve, no es que imposible lo halle: yo os ofrecí castigarle, y sé que lo cumpliré. Ey. otros cien años pedir podéis, como a la otra dais. Señor, si tanto apretáis, obligareisme a decir, que no solo averiguado, mas que el delito presente, no obrar inconveniente, y a estuviera castigado. E. Juan Pascual, pues a qué efecto, Si el delincuente sabéis, preso ya no le tenéis? Es persona de respecto. Dicen, que habláis con el diablo, Y ya por cierto lo tengo Señor, cuando a veros vengo, con todos los diablos hablo. y. Sin duda alguna ha sabido el suceso, y justamente de vigilante y prudente el crédito ha merecido: poned en la cárcel luego l culpado, sea quien fuere. Vuestra Alteza considere: Sordo estoy a cualquier ruego: por vida de mi corona, que pues tenéis la noticia para hacer esta justicia, no habéis de exceptuar persona. Solo sabemos los dos la muerte; lo que ha de hacer ignoro. A fe, que ha de ver quien es Juan Pascual, por Dios: yo castigaré el exceso, y prevención fue acertada, tener la vieja guardada por resguardo del suceso. Pues a Alvaro es menester soltéis. . Señor:: No hay escusa. No está la causa conclusa, con que eso no puede ser. Cómo que no, cuando yo lo pido? . Eso es otra cosa: vuestro gueto os ley forzosa, a que no resisto yo, a ella mi afecto se humilla: Sancho, haced que Albaro venga; más notificadle tenga por su cárcel a Sevilla. Eso no es salir de preso. Quién dice, que no lo está? Yo lo quiero. . Eso será, si lo merece el proceso. No lo puedo yo librar? Rey sois, pero aquesta vez, después de mí, que soy Juez, le podréis vos perdonar. Después que vos? Ya lo oísteis. Por qué razón? Cosa es clara: nada es antes que esta vara, vuestro poder a ella disteis, que aunque el Rey hace la ley contra la humana malicia, al tiempo de hacer justicia, la ley obedece al Rey. Que astro dominante tiene, este hombre con mi valor, que al irritar mi furor, todo mi furor detienes Bien está, con brevedad id, y sin perder instante, prended a Enrique. Al Infante? Hay también dificultad? Nunca en la obediencia mía la hay para su ejecución, esto es rapresentación de lo que reaultaria: Vuestro hermano está querido en el Reino. . Eso es verdad. En él cualquier novedad, hacerle más atendido será solo. . Y será bien, que con desleales dasvelos, me de en la corona celos? Y será mejor también, que viendo al Infante preso, los que coteien, señor, el justiciero rigor vuestro, temiendo su exceso, si hasta aquí disimulados, le animan a la corona, por defender su persona, se amotinen declarados, y más, cuando la nobleza está comprendida en ello? Hay más de que en ningún cuello quede mañana cabeza? Si os ajustáis a esa ley, fácil es el castigallos: pero después, sin vasallos, de quién habéis de ser Rey? Vuestro hermano está quejoso, no la tratéis como a tal, la nobleza, en caso igual, os culpa de rigoroso: honrad con afable muestra vuestros nobles, pues es llano, no dasten de otra mano, lo que encentren en la vuestra, sin tal calor vuestro hermano, que na la intente e infiere, y si acaso atreviore, entonces el soberano poder use del rigor, sin que la piedad se tuerza, justisidando la fuerza el desprecio del amor. Ya es declarado enemigo. Ahora entra bien el primor: hacedle amigo sañor. Evecatad lo que os digo. . Válgame el cielo sagrado, que peligros se entrega el que ignorante piloto al mar discurre abrir senda? Qué vano y qué satisfecho discurría allá en mi Aldea, que el gobernar a Sevilla era muy fácil empresa: juzgaba yo, que el poder humilla rocas excelsas, y que nada dificulta el que todo lo sujeta: pero ahora a conocer llego con tan claras experiencias, que mal gobernará un Pueblo, quien su casa no gobierna. Pues yo::- Juan Pascual? . Señora? Aguardando en esa puerta a que el Rey se fuese he estado, y habiendo oído desde ella, que de la infelice Blanca la causa veáis ordena, he salido a preveniros, que por mujer, y por Reina, y por pediroslo yo, atendáis a su sentencia. Señora, el Rey es terrible, vuestros hálagos le venzan, que yo sé lo que a mi parte toca hacer en la materia. Tantos días de prisión le bastan a su inocencia; ved, que os lo vuelvo a encargar; porque en ningún tiempo puedan decir, que Doña María de Padilla contra ella pudo proceder, sino Solo para su defensa, Vas allo soy, y segura de un vasallo está su Reina: cuidadme vos de Leonor, que Blanca segura queda. Su guarda soy, ademas, que Leonor es hija vuertra. Sobre eso también, señora, despacio hablaros quisiera Pues decid. No puede ser ahora, que la diligencia de la prisión del Infante es paraque tiempo pierda: syo volveré. Yo aguardo. Señora? r. Qué hay, Leonor bella? Cuando por vos detendrá su influjo mi cruel estrella? Pues que Don Albaro ya de la prisión esta fuera, y tú su amor me has contado:- En vos mi esperanza alienta. Fuera, que sale un Mochuelo, volando a traer unas nuevas por ganar unas albricias. Si son de que Albaro queda libre de prisión, prosigue. Vayan dos albricias fuera; pero tiene el padre Alcalde, y no es mucho que lo sepa. Esto no impide a que pague tu voluntad: toma. . Venga: pero aquí estabáis, señora? deme los pies, vuestra Alteza, y no diga al Asistente nada de aquestas materias, que me colgará de un pie. Qué le temes? Buena es esa, quien no le teme en Sevilla, si aún a los niños de teta, en lugar de coco, llaman a Juan Pascual, y le tiemblan? Vente conmigo, Leonor, a mi cuarto, que resuelta por Albaro, quiero hables al Rey para lo que intenta mi pecho, y el que está libre, y tú lo sabes, no entienda. Vamos: ha, cruel fortuna, ayuda, pues eres ciega, las ceguedades de amor. Lucia, nieta y biznieta, de la que salió al corral: era hora que hablar pudiera contigo treinta razones? Treinta? . Y no quitaré media. Contadas? . Sin faltar una. Tú ya eres hombre de cuenta. Valga que desde que de la Aldea veniste tan ocupada, el hombre siempre te encuentra! Antes que nada me digas; en qué paró la pendencia, que tuviste la otra noche? Como no fueras parlera, yo te dijera, que fui el que dio la muerte fiera al Zapatero. . Qué oigo? Qué dices? . Estame atenta. Cuando yo iba, el venía, topámonos en la reja, quiso tomar la pared, como si tuviese beca: pareme y tosí; parose. Yo que gasto poca flema, le dije, a delante es Mayo: respondió no sé que fresca, y sacamos las espadas, y de primera a primera le di con la zumbullida, pidió confites por señas, y al zurrarle la badana, escurrí yo la vaqueta. Si lo sabe Juan Pas cual, no doy por tu nuez dos brevas. Sabralo, Dios quicere; pues su Portero me encuentra: favor aquí a la justicia. Perote, qué es lo que intentas? Que os ahorquen, y que os den una muerte zapatera. Pues soy acaso aceituna? Estamos con linda flema; y mi amo Juan Pascual, que en la causa no sosiega, y tendrá ya en la plegaría escrito más de una resma. Perote? Aquí no hoy Perote: venga a la cárcel. . Espera. De aquí a tres días cabales has de ser ánima en pena, y habéis de andar en cácaras, como el zurdo de Antequera. Aquesto has de hacer por mí, e ijo Perote. . s celos sta el hon olos cascos le revientan. Pues hablemos claro, amigo; to del Requien aternam lo de morirse es nego un hombre, cuando lo piensa: yo tengo un diamante aquí, que bajando lo que quiera el Plátero, que se baje, mas de cien escudos quedan: si tu ahora por mí::- er Mochuelo, la rutilante limpieza de un Portero no se ablanda, aunque le tiren más piedras::- yo tengo de hacer justicia. De rodillas por la tierra::- Por la tierra de rodillas: Y con estas manos puestas: o c. Y con estas puestas manos::- Tengas piedad: c. Piedad tengas: Qué gran cosa es ser istro! e Toma este diamante, y suelta. Ablándate, Rey Herodes. Uno llora, y otro enseña, mas que ya me yo ablandando. No harás por mí esta fineza? Yo caigo en la tentación; hay algo en las faltriqueras, aunque sea plata mohosa? Limpias están en conciencia. Yo no fui interesable, aquesa sortija venga, y llevantaos vos y vos absueltos de culpa y pena. En mis brazos:- A tus pies:: No quiero que me agradezcas acciones de mi hidalguía. Pues a Dios. . Adiós. Adviertan, que esto es solo, porque yo le lleve ahora a la trena: ero no en cuanto a que al punto e aJu an Pascual no de cuenta, deque te es zapatricida. dices? a la hora misma he oído: porque no quiero que entiendan, que mi justicia sobornan. Cómo qué? el diamante venga. El diamante? . Razón tiene. El diamante o las orejas. Favor aquí a la justicia. Toma favor. . Ay! elta. Pues tero, itan todo un Po Que ma favo s? on es ve voces se ñor:: . Señor::- Se vi. Id F o? . a, Mochue os, al punto. Vi id detenga. o,qu e se esc Luci ta Señor? Que estado, saber intento, mi amoroso pensamiento tiene en la hermosa Leonor? Sin cura tus ansias toco en tormento tan terrible. Por testarle lo imposible, pintan al amor tan loco: mira ahora entre los dos, qué hará luchando mi fuego con un loco, que está ciego, ios? y con un niño, que es Don Repara, que no es cordura empeñarte en este amor con tan terrible rigor. añes en tal locura No extr ver, que mi amor persevera; pues ciego y determinado es caballo desbocado, de la carrera; en medio es mayor daño, refrenarle tal tiempo se ves cuando es ciego, hasta que corra, del desengaño a la luz lo a la pasión, tire el y es de ber parado, que despo s sosegado sentirá on; el freno la de delante porque corriendo de cualquier reparo, que aquí se le ponga por delante. Por lograr lo que desean tus ansias, soy diligente. Parece, que viene gente: retírate, no te vean. Deme los pies, vuestra Alteza. Qué hay, Sancho? Ya obedecida está vuestra orden, y libre Albaro. . Por vuestra vida, una verdad me decid. Como otra cosa podía decirle yo a vuestra Alteza? Está ya la causa escrita de la muerte? Sí, señor. Y en quien resulta o indicia el cargo? . Señor:: Decid. No es posible que lo diga, porque estoy juramentado. Con vuestro Reino os obliga el juramento del Juez, porque es suprema justicia. Y sí, como hombre de bien, Juan Pascual de mí se fía? No importa, porque también a mí por la razón misma me podéis fiar el secreto. Esa seguro me anima; es, señor, vos sois el reo. R Yo? Según se justifica, vos el cargo resulta. Y qu té es lo que determina Pascual? h. Dice, que hoy a de admirar a Sevilla sentencia. allad, Pues ca eg tan nunca vista fin d sa veamos Sus caprichos o todo hallan salida. ta vez contra su Rey de te osadía. S es, señor, si mi lealtad, es continu me vuestras, disculpan con el que una merced os pida; ahora que está más humano, llego a buen tiempo. Prosiga vuestra suplica, que a todo mi atención oye benigna. Pues, señor, yo fino amante, ha que adoro muchos días la peregrina hermosura de Leonor. De quién? . La hija de Juan Pascual. . Esto solo le faltaba a mis fatigas. Aquí e a el Rey. Cons señora. En vano replicas: esto importa. Aunque su deudo no me atrevo a pedirla S oy Sí y san dé Señor, que (yo estoy sin vida) Cómo os atrevéis? Mas no; el enojo aho reprima por no causarle sos pecha: Sanch esa noticia Leonor? De mí hablan, qué es esto? Hasta ahora, cruel y esquiva, ha despreciado mi afecto. Pues tenéis por vida mía el pa rtido adelantado. Por eso de vos mis dichas es pero. . A muy buen puerto venís con vuestras fatigas; pues para casamentero sabéis tengo menos dicha, pedid sela a Juan Pascual: aunque yo creo que aspira Leonor a mayor fortuna. Perdón es razón que os pida. e ni mí ojo. Harto re L a e ser de esca A besar venía, por mi libertad, la mano al Rey, pero qué averiguan Leonor aquí? mis ojo escucharé lo que diga. n. Generoso Rey Don Pedro de León y de Castilla, una mujer infelice hoy a tus plantas invietas postrada, viene a valerse de tus piedades benignas: Albaro Osorio, señor, por mi Aldea pasó un día, y viéndome, ya podréis colegir, sin que lo diga, los efectos que resultan de amor a la primer vista. Festejome, y atendile, después de aquella sabida edad primera de amor, de desdeñosa y esquiva: De aqueste modo gozamos en serenidad tranquila, sin zozobra, ni temor, las finezas permitidas al decoro de quien soy, esperando que propicia la suerte a Alvaro, le diese una herencia que litiga, con que a Juan Pascual, mi padre, con menos duda pediría: y en caso que lo negara, con él me case atrevida: A aqueste tiempo, señor, mi padre vino a Sevilla, y este afecto como fuego se aumento más con la vista, y sin poder reprimir el volcán que el pecho aviva, resolvió Albaro pedirme: pero aquella noche misma sucedió la infeliz muerte a mi reja y a mi esquina: a Albaro prendió mi padre, quien duda con la noticia, de que continuo en mi calle le ha visto noches y días: en el castigo, señor, dice, que de su justicia a de dar memoria al mundo, y admiración a Sevilla Yo temo a él un arrojo, y así, señor, no permitas, que inocente Albaro pague una muerte con dos vidas; pues primero que la suya, tengo de perder la mía. Albaro solo en mi amor es culpado, él lo acredita, y cuando el agresor fuese, no habiendo parte que pida, Rey eres, perdonar puedes, compadézcate afligida una mujer, que su esposo te pide humilde y rendida. Qué es lo que Leonor intenta! Estatua de mármol fría he quedado: pero no, rayo ardiente son las iras, que el pecho abrazan a celos: Leonor, nunca a la justicia puedo faltar: Juan Pascual veré lo que determina, y después atenderé tus penas: así las mías atendieses. . Vuestra Alteza, la injusta pasión reprima. En vano, Leonor, intentas. Ah, ingrato, aquesto quería ver. . Si tu mano no templa este ardor. . Advierte. Quí Señor? Señor? Qué es aquesto? Albaro Doña María? Muerta estoy. Qué es lo que miro? pero silencio, desdichas, hasta enterarme del lance, A besar solo venía vuestra mano. Porque yo también le tengo ofrecida la de Leonor. Qué decís? e Prudente anda la Padilla, y yo he llegado haba porque su arrojo reprima. de el si tengo de su padre: C y porque con honras dignas premiéis, señor, los servicios de Juan Pascual en su hija, os he venido a dar cuenta. Volcanes el pecho vibra: pero esto ha de ser. También a vuestra piedad benigna, rendido vengo a dar gracias, pues de la prisión me libra. Pues venís muy engañado, porque Juan Pascual escrita, dice, que os tiene una causa, y que libraros sería, hasta que ella se fenezca, el faltar a la justicia, y así: hola. Señor? . Llevad al punto a la prisión misma a Albaro. . Señor. Ay triste! Aquesto es ya tiranía: veré si estorbarlo puedo. Considera:: . Es precisa diligencia, y a tu ruego atenderé muy aprisa; pues será dándole muerte: es Llevad Estrella enemiga, si ha de templarte mi muerte, acaba ya con mi vida. Qué es aquesto, señor? y. Nada, que a Albaro, como decíáis, os lo restituyo preso. Pues ya, señor, fenecida, por lo que a esto toca, tengo su causa, y que de Sevilla salga desterrado es fuerza. Pues que se ejecute aprisa, que eso me parece justo. No ha dicho cosa en su vida Juan Pascual más a mi gusto, Cielos, hay mayor desdicha! Que no le haya yo avisado! Pero antes será precisa cosa, con vuestra licencia, que dé la como lo ha mandado mí señora Doña María. Cómo la mano? . Él me oyó Pues hay algo, que lo impida, su padre, y quiero si yo soy lo que los dos solicitan? No; pero yo a Leonor tengo esposo de jerarquía mayor, con quien vuestra casa más alto lustre consiga. Yo os estimo tantas honras: pero la vanidad mía Don Albaro satisface: ellos se quieren ya ha días; y siendo gueto de entrambos, no hay más honra, ni más dicha. Esta bien, llevad con vos a Leonor, Doña María. Aqueste es cuidado mío rayos el pecho respira. Muerta estoy. Nada te asuste, que yo he de cumplir mis dichas. Ya estamos solos, y antes, que nada uuera voz diga a mí, Juan Pascual, me importa, que con secreto la vida quitéis a Alvaro al momento, y por esto os impedia el casarle con Leonor. Está culpado? Es precian pues mando matarle. cosa, No ignoro, honor, que es mi hij de Alvaro toda la culpa: pues como en vuestra justicia cabe, que secreta muerte se de a públion malicia? Yo no os pido parecer Desterrado de Sevilla sale ya, y también podéis alejarle hasta Galicia; que esto, y casarle es bastante castigo por vida mía a vuestra hlja casaró. Yo Ella no lo necesita; pues cuando a vuestro servicio de Alvaro importa la vida, oso la aguarda mejor esp A donde En las Capuchinas. Disimular es preciso, es honrada su osadía, yo lograré mi intento. Esta llama está muy viva, te en la oposición: tela la reprima. Qué hay de Enrique? a ya preso? Dos horas antes del día, el jardín esta noche ha salido de Sevilla, un caballo, que el viento es posible que le siga. Qué decís? Que aseguraros con enfermedad fingida quiso, por poder librarse. Volcanes el pecho vibra; as disimular es bien, m hasta que el cielo permita mi venganza; mi corona dos Astrólogos afirman, que las estrellas prometen a Don Enrique propicias, siendo, mi mismo puñal el agresor de mi vida: mirad si bastante causa tengo para su ruina. Señor, cuanto a cautelaros, estando siempre a la mira de sus intentos, es cierto, y diligencia precisa; pero creer esos delirios vanos de la astrología, hacer que en el temor se anticipen las desdichas, que acaso no os amenazan, o la experiencia lo diga, de tantos aduncios falsos, mo se ven cada día; porque la felicidad de esta ciencia, solo estriba, que cuando los demás mil verdades derriban una mentira sola, scredita al contra una verdad er mu de Doña Blanca? . Querría, que antes, señor me escuchaséis. Proseguid (ha, suerte impía!) Ya yo he pasado los Autos, y según se justifica en ellos, mas que su culpa, es grande, señor, su dicha; pues si su delito es el que contra vos conspira, y el Rey no mueve su amparo, si de vos fuese querida, mandándole como Reina, qué necesidad tenía de esta ambición, claro está: luego la desgracia misma, de que vos le aborrecéis, es su delito y su ruina. Condenándola se ve, sin que falacias admita, que la sentencia sin culpa, si porque tengo noticia, stá inocente la libro, que e también la elección peligra: Mal haya amen el oficio, es cosas obliga! que a tal Pero si l ofiejo es iesgo me convida; quien al el oficio P C con dep ita. el riesgo que os sirvo Seis años Sevilla, at de Asisten y así humilde, gran señor, os suplico de rodillas, tro el cargo, provecís en to le airba: que más ate y no admiro a entra Alteza dáspida: sí mirar, qu que si justic ía de hacen en ocasión tan recisa, e abquelta, no quedando B no es posible hacer justicia. Vive Dios, que habéis de hacerla, sin que esa razón os sirva. No hacer justicia, ñor, odo de haca justicia? es y de vasallo y noble le y obe iencia os obliga. a Eso es cuando la razón n dic disputar si es injusticia. Sí, cuando es Jues, que sentencia. Entonces hasta admitiría. ̱a Desde ejecutor a Juez, distancia conocida, que el Juez a cada uno, inqu ve excepciones admita, lo que es suyo le ha de dar; luego es cosa conocida, que si a Dios le he de dar cuenta de aquesta sentencia mía, que a mí me toca saber si es justicia o injusticia. Yo soy quien las leyes hace, supremo Rey de Castilla: luego es mi gusto, por quien se han de regir sus Provincias. Por esa misma razón es obligación precisa, que el que establece las leyes, conforme a las leyes viva. Pues como tan arrojado os exponéis a mis iras? Cuando el que tiene razón la máscara no se quita? No me servís de Asistente? Esta vara lo pública. Vuestras razones lo niegan. Mis lealtades lo atestiguan. Obedecerme, es servirme. Imposible ya se mira serviros y obedeceros en la ocasión referida. Por qué? Porque si el serviros a una injusticia me obliga, juro a Dios que es imposible, que en esto obedezca y sirva. Luego yo lo injusto mando? No apuréis por vuestra vida: Confesor tenéis, que allá vuestra conciencia dirija, que yo harto haré en mirar como tengo de salvar la mía. unque en Juan Pascual conozco A p la razón y la justicia, ya os toy resuelto, y la muerte Blanca es cosa precisa daré orden, sin que él lo entienda; pues dejando sus pendid esta materia en qué estas do, la causa del homicida del Zapatero tenéis? Ya está, señor fenecida. Y qué castigo habéis hecho? pues según tengo noticia, decís, que con su ejemplar ha de admirarse Sevilla, y vos me disteis palabra de que hoy se ejecutaria. Todo, señor, lo he cumplido: pero permitid, que os diga, que esta es una de las causas, que tal vez los Jueces miran, atendiendo al delincuente; y en su dilación la olvidan, y para mayor secreto el mismo proceso archivan. Vos me dijisteis ahora, que pública la justicia es del público delito. Las circunstancias varian los casos dad, pues, licencia, que en esto no se prosiga. Cómo qué no? L alabra habéis de cumplir, por vida de mi corona esta vez he de ver si halla salida en lance tan apretado. A la resolución mía todo este resguardo importa; pues si es preciso el cumplirla, cumplidme vos también otra, que me distéis aquel día. Bien me acuerdo os ofrecí daros libre de las iras, delincuente de mi voz, ahora os lo ratifica. Pues venid, señor, conmigo, A dónde? A la parte misma donde sucedió la muerte, que allí tengo prevenida la sentencia y el castigo Vamos, pues, porque delira, o no ha habido igual suceso trida, La cortina este as cual a, como Juan tomadas y calles con los Ministros, Prevenciones peregrinas, Despeje. P Quién me lo manda? Todo un Portero no mira? o El Rey ha llegado. Plaza. Ya estáis, señor, a la vista del lugar, que os dije: ahora cuchad. n F Doña María, qué es esto? . Saber que con Juan Pascual, señor veníáis, y venir a ser testigo de sentencia tan no vista ñor, ya de estos Autos S, P os dije, que se averigua el agresor que esta muerte hizo, que se justifica por probarle, que se halló en la calle a la hora misma: testigo hay, que habló con él, y otro tes stigo de vista, que le vio después de hecha la muerte, que se retira de la calle: Dejo ahora, si abrir la puerta quería en alguna casa honrada: pero siendo ya precisa la sentencia del castigo, encuentro por verdad fija, que el reo está de aquí ausente, y como a tal, en su vida, y persona, obrar no puede toda la potestad mía, pues que mi jurisdicción hoy solo alcanza en Sevilla: Y así, pues, que como a tal, ya que el castigo le libra personal, no la sentencia, que a su persona es dabida, y esta también atendiendo a la noble jerarquía de su calidad o5 fo temita, ya que el reo no se ent e la industría es entregaros la estatua, a, su cau a senecí señor, paraque en el isfici ejecutéis la d y g to. re Este es mí Arrojo raro! . Notable osadía! Pues este es el delincuente, y yo el Juez, que de rodillas vuestro seguro os acuerdo. Vive el cielos: Ahora le pringa. Que no ha tenido Monarca, entre cuantos eterniza la historia, Ministro igual, ni que haya hecho más justicia. Albad, alzad a mis brazos, porque en ellos honras dignas logréis; más decidme cual fue aquel testigo de vista? Ese cándil y esa vieja, que en esa casa vivía. Y por quien del candilejo se ha de llamar esta esquina. Pues por memoria del caso, tan nunca visto, en la misma parte esa cabeza quede, que publique esta justicia a los venideros siglos, por los días de su vida: A esa mujer daré renta; y vos seréis en Sevilla perpetuo Asistente, y quiero, que esa vara, que es la insignia del puesto, en la Catedral se ponga en la capilla, para memoria de vos. Pues yo, señor::- Nada digas: traed a Albaro al punto, aunque Juan Pascual lo impida, que sé, que no lo hará ahora. Cuando no sirvió rendida mi obediencia Ya veréis, como mi enojo castiga. Ya estoy, señor, a tus pies. e Mi injusto afecto reprima, dle la mano a Leonor. Venturoso amor, albricias. Y el alma le doy en ella. Señor sois ya de dos Villas, la doy en dote Andarlo. Honras son de quien sois dignas, Esta Lucia, es mi mano. Esta es mi mano, Lucia. Pues dénsela el uno al otro, será boda nunca vista. Porque con acción tan grande, que eternos los siglos viva, tenga así fin el primer. Asistente de Sevilla.