Texto digital de El monstruo de la Sierra y el pastor Ángel
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El monstruo de la Sierra y el pastor Ángel. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/monstruo-de-la-sierra-y-el-pastor-angel-el.

EL MONSTRUO DE LA SIERRA Y EL PASTOR ÁNGEL
JORNADA PRIMERA
Pastores, al monte, al monte, subid de presto a la sierra: Cardenio, Fileno, amigos, si podéis venid apriesa, que un monstruo me despedaza: hay que me mata una fiera! socorro, amigos, socorro. En lo espeso de estas breñas las voces de Bato he oído. En la falda de la sierra a Bato he oído dar voces. Cardenio? . Fileno? Espera. . Aguarda. Dime si sabes, (así buena vida tengas) la causa de este alboroto? Ya jungo que es una misma nuestra duda, según veo. San Lesmes. Santa Quiteria. A favorecerle voy. . Yo también Desde la Esfera Celestial, me envía Dios, con aquesta parda gerga, a que viva entre Pastores; y manda que en su defenía asista (mientras él mismo sale a dar luz a la tierra, para librar a su Pueblo de aquella opresión tan fiera en que le tiene el pecado? para que Luzbel no pueda oprimirles; y aunque ahora solicita hacerles guerra, transformado en monstruo fiero, no ha de conseguir la empresa, que quien le echó de los Cielos a las oscuras cabernas, podrá en la tierra vencerle, aunque tan bravo se muestra. La forma de un Pastor mozo, que de este Valle hizo ausencia, ya ha mucho tiempo, he tomado para que por él me tengan, y viva como Pastor mientras dura la licencia. Y pues me ha constirvido Dios, por amparo, y tutela de los hombres, pelearé con aquesta horrible fiera, como si fuera hombre bumano, para que cante la Iglesia, en los venideros siglos, la misteriosa pelea de Miguel, y del Dragón, Príncipe de las Tinieblas. Salir quiero a la campaña, a defender la inocencia de estos humildes Pastores, y trayendo la cabeza, me apareceré entre ellos, que pues Dios toma a su cuenta esta causa, es caso cierto, que mayor misterio encierra, del que los hombres alcanzan, ni los Ángeles penetran. Por acá, acullá, corted. Ataja por la ladera. Ay que me muero, Pastores, no hay quien remediar me quiera. Bato, aguarda, que ya vamos. Pueblo de Israel, no temas, que Miguel va a socorrerte; en esta choza primera. he de hallar armas bastantes: cayado, zurrón, y piedras, honda, y cuchillo; Luzbel ponte en arma, guerra, guerra, que Miguel viene a vencer, segunda vez tú soberbia. Tente. Bato, que no es nada. Anímate, no seas bestia. Ay amigos, que no puedo, porque en la parte trasera. tengo una herida muy grande, y abollada la cabeza, y quebrado el espinazo, y un hueso de la cadera: o quien le cogiera aquí: al señor Monstruo? Qué hicieras? Porque a mí no se llegara le hiciera remenencia. Dinos que traza tenía, porque huyó de tal manera, qué alcanzarle no podimos? Tiene muy largas las piernas, la cabeza de Elefante; de Bórrico las orejas, el cuerpo tiene de Buey, y los ojos de Vallena: tiemblo en acordarme de él! tenedme de la cabeza, que la tengo mahuliada: Ay mi celebro, y mollera! qué me desmayo, Pastores! llamen un Clerigo apriesa, o llamen al Sacristan, que me oiga en penitencia. No tienes de que quejarte, que la cabeza está buena. Anda, que no tienes mal: Piegue a san que así te veas. Levántate de hay animal. Arrimaos a la zaguera, veré si puedo tenerme. Ya estás en pie. . Santa Tecla salto, y brinco de contento. 4. Ya, bato, que tienes fuerzas, hemos de volver al monte, y penetrar su maleza, por ver si topar podemos este monstruo, o esta fiera, que tantos estragos hace. Ya es vana esa diligencia. Por qué? . Porque habrá pasado del Jordán las aguas bellas, y es imposible alcanzarle: Aunque muy posible fuera, yo no me metiera en eso, porque le temo, en conciencia. Aguarda fiera indomable, verás, si con esta piedra; que en el nombre de Dios tiro, te sujeto las fierezas. Tras el monstruo andan Pastores, vamos luego a su defensa, que podrá ser que entre todos le cojamos . Malas cenas tenga yo, si allá tal fuere. Subamos por la ladera. Ya eres despojo sangriento de mis manos. . Oye, espera, Fileno, no ves a Lauro, que trae ya la cabeza del monstruo? . Qué es lo que dices? Qué es Lauro? . Gran dicha es esta muy bien venido seáis, Lauro. Lauro, vengas noyabuena. Dame un abrazo apretado: amigo, tú en esta tierra cuando hay tantos alborotos? El Cielo, amigos, lo ordena, no os admiréis, que a este tiempo llegase (cuando esta fiera inquietabe aquestos montes) por amparo, y por defensa vuestra, pues con sola esta honda, y en el zurrón cinco piedras, a imitación de David, he sujetado las fuerzas de otro Gigante Goliar, de quien temblaba la sierra. Las gracias te damos todos. Mucho mi afecto se huelga degeros a todos buenos. Gran dicha ha sido la nuestra en tener tal compañero. Yo creo de tu destreza, que has de vencer al Demonio. Ya con eso audarán quietas las cabañas. . Es sin duda, amigos . Oh quién le diera cien palos con esta porra, y le artáncara las muelas: dejadme le pegaré. Esa es venganza más necia, Bato deja el loco intento: tu dinos de qué manera le venciste? . Estadme atento: Pagasteis con las setenas? Ya sabéis que ha mucho tiempo, que me ausenté de esta tierra, aún que con la voluntad jamás he faltado de ella, y que sirviendo a un Pastor, he vivido en la eminencia de un monte, de aquí distante, adonde ese Real Planeta, con sus rayos ilumina, y alumbra con su presencia. Y habiendo el tiempo cumplido de mi servicio, decreta mi Mayoral, que a estos monces con mi ganado me vuelva, y que viva entre vosotros; obedecí su sentencia. Y llegando hacia estos valles, que estás campañas rodean, apacentando el ganado, en ocasión fue tan buena, que pude favoreceros; pues al subir a la sierra, a quien guarnecen encinas, lentiscos, y muchas selvas, con intento de que allí, con regocigos, y fiestas, mi venida celebraséis, en la mitad de la cuesta de aquese vosque, poblado de brezo, y madroneras, a quien de otros muchos ramos entreteje la maleza, escucho unas tristes voces que todo el monte amedrentan, pidiendo favor, y ayuda contra aqueste monstruo, o fiera, que les ponía en cuidado: Entro en una choza apriesa, que está a la falda del monte, hallo este zurrón en ella, aquesta honda, y cayado; apercibome de piedras, ciñome aqueste cuchillo, subo al monte, y por la senda sigo al monstruo, y examino sus más intrincadas selvas, hasta que le vive a hallar envoscado entre unas peñas tan altas, que era imposible, que nadie hallarle pudiera. No me dio asombro el mirarle, ni tampoco su presencia me dio temor, porque estoy hecho ya a sujetar fieras; desdeque en tiempos pasados rendí la mayor soberbia: mas al punto que me vio, me acometió con tal fuerza, que pareció rayo activo, arrojado con violencia, con un espantoso trueno de la nube más soberbia. Luego que le vi venir, cubierto de una piel negra, ojos cerúleos, y grandes, la cola al cuerpo revuelta, y con penacho enciespada; dispóngome a la pelea, firme la aguardo, y poniendo. en esta honda la piedra, invoco al Dios de Israel, para mi amparo, y defensa; y disparandosa, fue con tal brío, y con tal fuerza, que pegándole en la frente, al instante cayó en tierra, tan sin aliento, y sin vida, que para lograr la empresa, tuve bastante lugar, y con maña, y con destieza la cabeza le corré; ella misma lo confiesa, ella es la que veis presente, que no he menester más prueba, que traer el agresor para que todos me crean. Prodigiosa acción ha sido. El Cielo sin duda ordena, que a este valle vuelvas, Lauro, por nuestro amparo, y defensa. Bato era el que se quejaba. Pregúntalo a mi cadera, que ella dirá lo que siente. Fue tanta su ligereza, cuando llegamos los dos, que la vista más atenta, no pudiera distinguir, si era monstruo, o si era fiera. Yo le conocí muy bien, y he dado de él buenas señas, miren a ver si he mentido: dame, Lauro, esa cabeza, que quiero darla su pago, te daré el zurrón en prendas! Toma la cabera, Bato, y dime, que has de hacer de ella? Un poquito de recado, nadie me impida, o detenga, que he de freirla en aceite para que a vivir no vuelva. Ya esta hos libres des riesgo, A la choza demos vuelta, que Lucinda, cuidadosa estará de nuestra ausencia. Lauro, vamos a mi choza si quieres servirre de ella. Vamos en lo que la mía se dispone. . Brava cena ha de haber aquesta noche para el huésped, y quisiera me convidara Fileno, Cardenio, volved apriesa, que os aguardo en la cabaña. Vendré muy enorabuena. Vamos . Voto a san, que hemos de tener gran fiesta a la venida de Lauro, ya que dio muerte a la fiera. Trae la cabeza. . Si haré: venga usted, señora, venga, que ahora que está a mi mando, ha de hacer mi gusto; sepa que la he de poner al aire, para que los que la vean echen dos mil bendiciones a quien la mató, no a ella. A la puerta de las chozas se ha de clavar, por empresa de mi valor. . Digo, Lauro. que se clave notabuena. Mi dolor es infinito, no hay males que no me cercan, ansias son las que me afligen, sin número son mis penas; todo es temor cuanto piso, después que por mi soberbia, le perdí a Dios el respeto, sin ley, precepto, ni rienda: cuando me quise sentar sobre el trono de azucenas, sobre silla de rubies, y sobre el sitial de perlas, igualándome con él, usurpando la grandeza del mando, y del señorio; mas aunque tanto me cuesta, no me arrepiento del hecho, ni siento que me sucedan asombros, y sobresaltos, que en fin fue acción muy suprema. Mas ya que padezco yo, es bien que todos padezcan: arda el Mundo, y ardan todos cuantos la tierra sustenta. Haya discordias, y odios, haya riñas, y pendencias, disensiones, y rencores; haya cizañas, y ofensas, iras, asombros, y muertes, porque de esta suerte sea mi venganza más feliz contra los hombres, y sepan que salgo de los abismos, solamente a darles guerra, por parecerse a su Dios, y tener su imagen misma, Ea infierno, ayudame, para que en esta pelea consiga el triunfo que espero: deje Sísifo la pena, Tántalo deje las aguas, el Buitre a Ticio no ofenda, ni a Prometeo el tormento: pare de Ixión la rueda. en tanto que no me vengo, y síganme en esta empresa todas las furias que habitan esas oscuras cabernas. Dios por un Villano vil, hacerse hombre en la tierra? no lo creo, no lo creo, ni son bastantes las señas, de que se ha llegado el tiempo que han dicho algunos Profetas: al hombre tengo cautivo. muera en las prisiones, muera, padezca muchos tormentos, hacedle crueles guerras, que si Dios ha de sacarle de entre mis manos sangrientas, ha de pelear conmigo antes que en eso se vea, y le ha de costar la vida sacarle de mis cadenas. No soy yo aquel Cherubín, que con pompa, y con soberbia, derribé de aquesos Cielos gran parte de las Estrellas? No soy yo el que al primer Padre y a Eva su compañera les hice perder la gracia, que tanto dolor les cuesta? No soy yo aquel que a Caín hice caer con miseria, causando en su hermano Abel, muerte trágica, y funesta? No soy yo el que a Goliar, hice cortar la cabeza, trayéndole a mi cuadrilla? No metí en la culpa fea de adviterio, y de homicido a David, el Real Profeta? No hice yo que Absalón, a su padre diese guerra, y que Jacoble siguiese, hasta que huyendo las fuerzas del Ejército furioso, sin poder tener la rienda al bruto, de los cabellos en una encina, se queda pendiente, pasando el bruto adelante su carrera, muriendo allí al golpe fiero de dos flechas que sangrientas le hirieron el corazón, llevándome el alma en prendas. Si todas estas victorias, y otras de más ardua empresa he conseguido: porque he de temer, que ahora venga, un Niño a nacer al Mundo? Antes que aquesto suenda he de rodear el Orbe, al clima he de dar la vuelta, por ver si es cierta mi duda; y caso que cierta sea, he de oponerme furioso, con brío, valor, y fuerza, a las suyas, aunque traiga los Cielos en su defensa. Aquí en estos montes vienen Pastores guardando ovejas, que con gusto, y regocijo, pasan las noches enteras: uno de ellos es tan fuerte, y le temo de manera, que cada vez que le veo, el principio se me acuerda de mi altivez, y locura, y ya me venció en la sierra, invocando a su Dios mismo; y con tal gusto celebra su muerte, y mi desventura, que el corazón me atormentan, que todos vivan contentos, cuando yo vivo en miseria, en tormentos, y aflicción; mas yo haré de manera, que tengan muchos pesares, que muchos disgustos tengan; y en este me he de vengar de los agravios, y afrentas, que Dios pretende hacerme: Arma infierno, guerra, guerra. Loco vengo de contento, no hay quien detenerme pueda, después que dejo clavada en la puesta la cabeza. Ya en el monte no hay ruidos, que como murió la fiera anda todo el campo quieto: piegue a Dios no le revuelva algún brujo, o hechicero. Muy buena ocasión es esta para vengarme de aqueste; ha Pastor? . Quién me vozea? Un hombre soy, que pretende. Peosé que eráis una bestia: han visto mayor locura? Saber que tierra es aquesta. Os importa? . Sí, Pastor, que he ando perdido en ella, habrá tres, o cuatro días, sin topar rastro, ni senda de camino. . Vos venía ciego, de aquesa manera, que muchos caminos hay que van a Belén. . La tierra es muy fragosa? . Si es; más decid: si os descontenta, qué hacéis en ella? . Buscar para un mal que me desvela, remedio. . No le hallaréis, que aquí no hay nadie que sepa curar farna. . Otro mal es el que me aflije. . Quicera saber cual es, por si puedo remediaros, que en conciencia, que me da lástima veros. Decidme por vida vuestra, nacisteis en Nazares? Hay pregunta cómo esta? allí pienso que mi madre me parió, segen la cuenta, habrá veinte, o treinta años. ̱. Conocéis a una Doncella, que llaman María? . Bueno, es uua branca azucena, que ahora con Joseph se casa, un Carpintero de prendas, descendiente de David; y mos dicen los Profetas, que esta Niña ha de parir un Niño, cuya belleza, ha de asombrar al Dimuño. Calla bárbaro. Hay mis muelas, que me las ha deralbado. Tenga asted de mi clemencia; y mire que lo que he dicho, es todo al pie de la letra lo que ha de pasar. . Simplón, arrancárete la lengua, a mis manos morirás, sin que haya quien te defienda. Señor, perdone busted, que tengo mala avilencia; y si le he ofendido en esto, dígame: porque le pesa, que a María asabe yo; siendo una Santa Doncella? No la nombres, si no quieres, que aquí tu vida perezca. Qué lo ha hecho aquesta Niña? Bárbaro, de esta manera lo sabrás. Ay que me ahoga, no hay quien me favorezca? Atado de aquesta encina tehe de dejar, porque mueras desesperado. Ay de mí! que gran desdicha me espera. De aquesta suerte me vengo de Dios, en su hechura misma: rabie de hambre, pues que yo, entre congojas, y penas rabiando vivo, que así, el pesar que me atormenta, el tormento que me aflige, la aflicción que me desvela, el desvelo que padezco, y la pasión que me cerra, tendrán alguna alegría, si es que en mí ya puede haberla. Ay de mí! que haré yo, que de tanto pelear, pienso que me he de quedar, cual mi madte me parió? Los caízones huelen mal, gran trabajo es por mi vida, y es que tienen recogida la tierra del albañal. Yo pienso, si no me engaño, que esto remedio no tiene, gente parece que viene; mas si vosviese el tacano? A voces quiero llamar por si hay alguien en el monte: Pastores de este Horizonte, acudid al cigarral; mirad que se muere Bato sino venís alibrarle: venid luego a desatarle; porque si os tardáis un rato, y os estáis allá, Pastores, cuando vengáis no podréis, que pienso que de mí huiréis, que son malos los olores. Yo sé que si Lauro aquí: se hallara, que el Luterano, no estuviera tan ufano, ni hubiera llegado a mí Desde ayer no habemos visto a Buto, dónde estará? Amigos, llegaos acá Quién te puso así? Un mal quisto. Todo esto permite Dios para darle más tormento. Desatadme con gran tiento ya que eis llegado los dos: Llegad, llegad, y os diré todo lo que me ha pasado. Ea, ya estás desatado. Dejadme, me atacaré: mirad, amigos, si viene. Bato, no tengas temor, que adoude está mi valor no llegará. . Eso me tiene consolado en mi rflicción; porque el gran picaronazo me quebrantó el espinazo. Sin duda que era ladrón. Llegó a mí muy cortesano, preguntando por camino, diciendo, que perdió el tino en aquese valle llano. Preguntó por Nazarer, y también si yo vivía en ella, y si conocía a la Esposa de Joseph. De que le dije que sí, y que era una mujer Santa, con furia que al Mundo espanta, atremetió contra mí. Pegome unos mogicones, y me echó fuera dos muelas, y levantando las suelas me aurró con los talones. Y para mayor venganza, viéndose con tal mohína, me dejó atado a esa encina, llena de coces la panza. Dinos, que traza tenía, por si podemos topalle? Él era largo de talle, y pies de gallo traía. Dejadlo, que él volverá, si es que venía a hurtar algo. Es más liberal que un y por pies se escapará: Dios a mí me libre de él, y de su mano de maza, que le vi con linda traza de reventarme la hiel. Pues aunque muy bravo sea, si yo le cojo en mis manos, ha de ver si entre Serranos con ánimo se pelea. Vamos, Lauro, vamos, Bato. Vamos muy enorabuena. A mí me toca la cena de esta noche. . Bravo rato he de tener. . No seas bobo. Siguenos . Con mucho gusto, que para quitar el susto, hoy he de coger un lobo. Feliz mi fortuna ha sidó, Esposa del alma mía: pues de ser Esposo tuyo he conseguido la dicha, cuando merecí bien mío, que entre tanta esclarecida nobleza, como se halló a aquesta elección Divina, a vista de todos juntos, solo mi vara florida se viese, con tanta gala; tanta pompa, y bizarría, tanta hermosura de flores, que la Primavera misma de verla estuvo envidiosa, si es que no quedó corrida. Dios ha querido ampararme hoy, con vuestra compañía, que es lo que yo más estimo; y así, Esposa de mi vida quisiera ser poderoso, y tener riquezas de Indias para con ellas serviros. Esposo, mucho os estima mi voluntad, el amor, el afecto, las caticias, y deseos que mostráis con aquesta esclava indigna, de haber tenido tal suerte, ni de conseguir la cicha de teneros por Esposo, para amparo, y guarda mía, siendo, como seis, del Trono de David, rama escogida para algún misterio grande, que aún el alma le adivina; no he menester más riquezas, que teneros a la vista, para estar yo muy gustosa: pues no hay dicha más cumplida, que hallarse dos voluntados, reciprocamente vnidas, sin los estorbos del Mundo; gozando en Dios las delicias. Deciros quiero Joseph, como con alma sencilla, a diós le ofreci guardar la castidad pura, y limpia. porque la santa pureza siempre es de Dios escogida; y así, señor, no quisiera daros cuidado. . María dichoso puedo llamarme, pues la Majestad Divina en vos me ha dado un espejo donde mi afecto se mira: con aquese mismo veto, que hemos ahora, Esposa mía, de revalidar los dos, pues las Estrellas propicias influyen algún gran bien, algún gran misterio indican en aqueste matrimonio, hecho por la mano misma del Dios a quien veneramos: pues competencia infinita puso flores en mi Vara, honrando la humildad mía; y así Esposa, entre los dos le demos muy repetidas alabanzas, por lo mucho, que nos honra cada día. Con vuestra licencia, Esposo pues la hora es ya cumplida, quiero entrar en mi Oratorio, a la obligación precisa. Bien podéis. Esposa, entraros, porque yo también, María, a mi obrador quiero ir a acabar aquella ob que Azacarias encargó: y Dios, señora, permita viváis los años del Fénix, ap porque en vuestra compañía aliente, este Carpintero que os adora. . Grande dicha! Gran ventura! . Feliz suerte! La felicidad es mía, pues he merecido ser, después de tantas fatigas, custodio de un serafín, que en vos, señora, se cifra. Mía ha sido la ventura, pues he alcanzado este día, el Esposo más honesto, y la mejor compañía: Dios os guarde, Esposo amado Y a vos os dé mucha dicha. Estas selvas, y estos prados están, Lucinda, gozosos de que los pisen tus plantas, de que los miren tus ojos. Ese arroyo que conservas de cristal, y pico de oro, iba entre si murmurando, paró el curso presuroso viendo que llegabas tú; los pájaros que en el soto, saltando de rama en rama, volando de tronco en tronco, con armonía suave formaban un dulce coro, al instante que te vieron el contra punte sonoto, y la dulce melodía, a un tiempo dejaron todos, porque los prados, y selvas, los pájaros, y el arroyo, si unos viven de mirarte, p otros mueren de lo propio. d Así yo, bella Lucinda, a tu vista quedo absorto, a tu hermosura rendido, y a tus palabras medroso: pues cuando te llego a hablar, llego con aquel decoro, que se debe a tu nobleza, porqué considero, y noto, que te agrado de esta forma; y de otra suerte te enojo. Cuando miro tu hermosura, reparo en tu bello rostro esas megillas, en quien está el nácar vergonzoso, en tus ojos dos Luceros, en tu frente el Cielo todo, en tu boca dos claveles, caja de mársil hermoso, que en dos hile ras guarnece aquese búcaro de oro, en tus cejas veo dos arcos, jeroglifico amoroso de paz, pues muestras en ellos, en la tempestad, socorro, de ese cabello, que en ondas, parece lo anega todo. Fileno, menos lisonjas, no con tantos episodios embaraces mis sentidos, cuando rendida te adoro, cuando sabes que soy tuya, sin aquellos circunloquios de rosa, clavel, y nacar, que todo aqueso es impropio en las Pastoras, que siempre, con un sayuelo muy tosco, y una mantilla de vuelta, y una gran sarta de bollos, nos ponemos muy galanas. Deja, Fileno, ese modo de hablar, para las Ciudades, que aslí los Sabios, y Doctos, lo que gastan son conceptos, y no se halla un cuarto en todos, gastan en fin lo que tienen, que en eso son manirrotos. Yo te estimo la atención, y la palabra te pongo, de ser tuya hasta morir. Dichoso yo, que tal oigo. Hablar puedes a mi hermano, para que en este negocio no haya embarazo ninguno; mañana le hallarás solo apacentando el ganado en aquese monte umbra Ya él sabe las conveniencias, que de aqueste matrimonio se nos siguen; y así creo, que se ha de hallar moy gustoso, y que no te ha de negar lo que le pidas. . Yo propio, mañana, llegaré a hablarle, que no quiero, receloso, fiarlo de otra persona. Aquese es el mejor modo para conseguir su intento. Y si fuere riguroso con mi suplica, me iré a los valles más remotos, desesperado, y corrido, donde con eterno lloro enterneceré las fieras, y los árboles frondosos, que ellas mis quejas oirán, y ellos oiran mis sollozos Mucho cuidado me da oírte hablar de ese modo: has tratado con él algo? Hasta ahora, ni un asomo, de nuestro amor he tenido; mas soy desgraciado en todo, y temor te he de perder. Creo no ha de haber estorbo, que nuestro gusto embarace; y así, pues, Cardevio es mozo, sabrá bien lo que es amor, y nos dará gusto en todo. Háblale luego, Fileno, y no des lugar tu propio a que yo muera primero, que ya te dicen mis ojos lo que siente el corazón, lleno de muchos ahogos. Soy desgraciado, Lucinda. No eres si no venturoso; pues cuando no quiera él, atropellaré por todo, que mi hermano, no es mi dueño, e ni estoy sujeta tampoco ̱̱q a nadie, que mi albedrío es ibre, único, y solo; y una mujer con amor, as más fuerte que un escollo, más firme que una muralla, y más que el diamante bronco constante. . Yo te agradezdo aquese afecto amoroso; más ahora en recompensa de este amor, consiga el logro de que me des una mana, con eso estaré gozoso. Fileno, mucho te quiero; mas te aseguro, es de modo este amor, que ni una mano tocarás, mientras mi esposo no fueres; esto es decirte, que soy honrada. . No ignoro la honestidad, y el recato, con que tu padre, celoso, te crió, y ahora tu hermano te guarda, con el decoro a tu nobleza debido, digno de eternos elogíos. Vete, vete, no nos vean en aqueste prado solos, que hay malicia en los Pastores. Presto de tus bellos ojos quieres, Lucinda, apartarme. Es tanto lo que te adoro, que no quisiera perderte. Al instante voy al soto, y con determinación de sí le hallo en su contorno, hacer lo que hemos tratado. Ruego al Cielo, que piadoso le halles. . Adiós, Lucinda. Adiós, Fileno. . Que ahogo llevo de no haber gozado, si quiera un abrazo solo, si es que tan fina me quieres. Porque no vayas quejoso de mí; aquesta es mi mano, que pues has de ser mi esposo, no importa dártela antes, que siempre mi honor heroico ha de tener su valor conservándole en si propio. Dichoso puedo llamarme, pues mi dicha llegó al colmo mayor, que puede llegar, siendo tú mi dueño hermoso. No obstante habla a mi hermano Eso es primero que todo. ce Te Precisa es la ausencia por llegar más presto al logro de nuestro intento. . Los Cielos tengan piedad de nosotros. Si harán, Lucinda, que son los Cielos siempre piadosos, para quien pide rendido, como lo hacemos nosotros. El mundo invidie mi dicha. La mía invidien los polos. Adiós, Fileno, querido. Adiós dueño de mis ojos. De la laguna estigia salgo absorto, y turbado, confuso, ciego, torpe, y con cuidado: absorto, por el pasmo que estoy viendo, turbado, porque no le comprendo, confuso, porque miro hoy un portento, que le ignora el humano entendimiento: y cuando más procuro comprenderle, quedo más apartado de entenderle. Ciego, pues no examino aqueste caso, y tolpe, pues no puedo dar un paso con cuidado, pues veo que este día para turbar miega fantasía, todo es horror, y espanto, todo pesar, asombro, susto, y llanto: ilusiones me engañan, y mentiras, y mueven mi intención a nuevas iras. Pareciome que via (para más pena mía) a una mujer, que es de Joseph Esposa, que fuerte, y valerosa, con su bizarra planta, pisaba mi garganta. causándome desvelos, angustias, agonías, y recelos; y después (raro abismo!) un Pastor con su planta hacía lo mismo. No mebasta el dolor, el desconsuelo de que Míguel la puso allá en el Cielo, si no que, que acá en la tierra, una mujer, y un hombre me hagan gue y para más tormento (rra; atropellén mi grande entendimiento! mas ay de mí! que en vano me aflijo, y me consumo y aunque uf procuro deshacer estos temores, aqueste labirinto de dolores no es posible apartarles de mi idea; una duda el discurso me todea. Isaias, no dice, que una mujer felice, Virgen, concebirá? de pena muero!) (rabio de sentimiento, y desespero!) y que parirá un Hijo, (de pensarlo me aflijo!) a quien los altos Coros obedezcan, y a quien los hombres sacuficio ofrezcan? Pues como puede esta mujer casada quedar Virgen, después de estar preñada? Demás, que tienen hecho voto solemne, con humilde pecho, de guardar castidad los dos casados; y si ahora, atrevidos, y arrojados le quebrantan, no dudo perderán de la gracia el fuerte escudo, y Dios no ha de Encarnar, porque se entienda donde haya de culpa, rastro, o senda. Mas ay, que aqueste no cairá en la culpa! mi dolor es mortal, y no hay disculpa para contradecir a este Profeta? ya el discurso sus males interpreta. Toda la ciencia que en el Cielo tuve, cuando en oscura nube me arrojé de esos Cielos transparentes, para asombro, y terror de los vivientes me dejó Dios, y este prodigio raro, este misterio para Dios tan claro, no le alcanza mi idea, ni sé como esto sea; solo el conocimiento me ha dejado, que por sacar al hombre de pecado ha de venir al Mundo (cosa tara!) y esta venida le ha de costar cara: pues si Dios en la tierra ha de quedarse, y en ella aposentarse, como quiere que un pobre Carpintero, Hijo le llame haciéndose pechero? Mas ay que no son vanos mis recelos? pues veo desgajarse de los Cielos tropas de Serafines, acompañando a muchos Cerobines, que con sonora salva música hacen al Rey de la En casa de María se han entrado, ya Gabriel la saluda con agrado, ya la da la Embajada, María le responde algo turbada él la ánima con voces muy suaves, ella réplica con palabras graves: ya dio el consentimiento, y ya Gabriel se parte muy contento. Ardo en cuidados, entre penas lucho, mi sentimiento es mucho, mi dolor es interno, todas las penas paso del infierno: Ánéguese la tierra, haya perpetua guerra entre mí, y entre el hombre; muera a mis manos para más renombre: de mi furor altivo, perezca en las prisiones el cautivo, que con esta venganza victoriosa. ha de quedar mi fama más honrosa: y aunque Dios a nacer se determine, y en un pesebre su humildad recline, no le podrá sacar de entre mis manos, aunque sus bríos sea más que humanos, que yo furioso; atrevido, osado, valiente, firme; fuerte, y arrojado, sabré oponerme con rigor violento, hasta dejarle todo muy sangriento. Acabe de nacer, para que vea, si mi valor con ánimo pelea, que en habiendo nacido, yo aseguro, que como fuerte muro resistire constante, aunque sea más fuerte que el diamante; porque no fuera acción de noble pecho reñir, con quien a penas de su lecho n materno no ha salido, para poder de nadie ser vencido. Este dolor, este tormento fieio, Ei que cruel, y severo me aflije el corazón con penas tantas, de que sus bellas plantas ha de poner aquesta mujer fuerte en mi cervizs me causa triste muerte, añadiendo a esta pena tan severa, el que un hombre mortal ponerlas quiera, permitiéndolo Dios, para mi afrenta; mas no importa, que en tanto yo hago cuen- de deshacer sus chozas pastoriles, (t sus apriscos, majadas, y rediles. Al arma infierno, ayúdame Aqueronte, que no ha de quedar selva, ni Horizonte, que no deshaga mi soberbia altiva; y en tanto decid todos, Luzbel viva.
JORNADA SEGUNDA
Vuestra petición, amigo, no puedo negarla, puesto, que es para mí de gran gusto el teneros por mi deudo, después de tanta amistad: y de mi parte os prometo, que de mi hermana seréis esposo. . Amigo Cardenio, a yo no sé como pagaros, ni sé como agradeceros la fineza que me hacéis, en darme por dulce dueño a vuestra hermana Lucinda, que es tanto lo que la quiero, que si por mi poca dicha no me concedierais esto, no me viera en la cabaña, ni en todo aqueste hemisferio Pastor alguno; y así; doy mil gracias a los Cielos de hallaros hoy tan piadoso para mi alivio, y consuelo. Habéis hablado a Lucinda? Si amigo, y la considero tan fuieta, y obediente a vuestro gusto, y precepto, que menos que vos no dierais la palabra que habéis puesto de dármela por esposa; no consiguiera el efecto de que fuera mi mujer: Pues Fileno, según eso bien podéis estar seguro de que serviros deseo con muy buena voluntad: pues si estriba aqueste empleo en solo que yo de él sí. prevenid luego al momento lo que fuere menester, que en cuanto a mi decir puedo, que el Cielo está de mi parte, pues me ha deparado el Cielo, gusto, placer, y alegría, descanso, alivio; y consuelo en teneros por cuñado. Esta noche juntaremos en la choza los Pastores, nuestros amigos, porque ellos de la boda sean testigos, y festivos, y contentes nuestra dicha solemnicen, y aplaudan los gustos nuestros: Adiós, que a Lucinda voy a avisar. Guárdete el Cielo: dichoso yo; pues consigo el mayor lauro, y trofeo, que la fortuna propicia ha concedido en mis tiempos, a Pastor en estos montes, siendo yo el primero de ellos, que he alcanzado en este día de mis servicios el premio, de mis fatigas la paga, y el alivio de mi anhelo. Lucinda ha de ser mi esposa sin ningún impedimento: pues con él si de su hermano está el matrimonio hecho, feliz mi fortuna ha sido, pues hoy en dulce himeneo ha de enlazar la coyunda de amor, a los dos el cuello. Voy a avisar mis parientes, amigos, y compañeros, para que esta noche vengan a la choza de Cardenio, a ver el triunfo de amor de Lucinda; y de Fileno Lauro, pues que sos valiente, y os teme toda la sierta, habéis de herme merced de her cierta diligencia. Pues Bato, ay algo de nuevo? Dórmime, que no debiera, está noche en el pajar de mi tía Mari Crespa, y al primer sueño que tuve me pareció, en mi conciencia, que aquel que me ató a la encina me cascaba en la mollera unas muy huertes puñadas, y me abollaba la testa. Desperté con esto susto, eché mano a la cabeza, y hallela como se estaba: y ahora temo, en conciencia, de salir al monte solo; y si tú, Lauro; quisieras acompañarme esta tarde, aunque se te haga de pena, a recoger el ganado, que anda por aquesa cuesta, te lo agradeciera, amigo. Yo me cargaré de piedras por si a nosotros saliere: tu llevarás lla escopeta; y lla bonda, y el zutrón, yo lla albarda de la guerta; y si alcanzamos a verle, a la fe, Lauro, que tema, y viendo que vas tu allí huirá cuatrocientas lleguas. No tienes de que temer, Bato, que contigo llevas, ánimo, valor, y brío, si va contigo mi diestra, seguro andará el ganado. Ay amigo, no quisiera, que ande aquel lladrón en ello. Calla, que aqueso es quimera, que forma tu fantasía. Mira; en aquesa ladera, que pueblan robles; y fresnos, alcorno que, y madroñeras, pienso que tiene su cama, porque una mañana de estas pasando yo por allí, vi que los perros se acercan ladrando mucho, y llegué con más miedo que vergüenza, y no vi cosa ninguna. Aquesas laderas deja, y al ganado vamos, Bato, que ya la noche se acerca. Ya no puedo detenerme, que me rehilan las piernas, cuando se me acuerda de él, y si ahora le cogiera, según la cólera tengo, asado me le comiera. Estéis norabuena, amigos. Vos vengáis muy norabuena: deciduos, qué se os ofrece en que la obligación nuestra pueda serviros? . Sin duda quiere ir Cardenio a la pesca. Amigos; de un grande gusto, que aquesta nocho me espera, vengo a avisar a los dos, que aseguro es de manera, que os olgaréis de saberlo, Dadnos de ello luego cuenta, para salir de cuidado. Mas qué es alguna merienda? mas yo se la perdonara, pues que me quita con ella el pescar aquel ladrón, y, quitarle la cabeza. Mi hermana Lucinda es, de Fileno dulce prenda, y aquesta noche se casan; y así gustara que fueráis a honrarme los dos. . Amigo, muy bien albricias pudierais haberme pedido, puesto que tanto en ello interesa nuestra amistad. . Yo parños, tengo de eso grande pena, y se me ha helado la sangre, porque yo también quijera ser su marido, Cardenio, que es Llocinda linda pieza, y estaba ya por san junco para pedirosla. . Buena, no seas impertinente. No es muy grande imperiinencia querer casarse un barbado, aunque decía mi aSuela, que no hacían los hombres mayor disparate. . Deja, aquesas locuras, Bato, Lucinda flor de las selvas, se había du casar contigo teniendo tanta rudeza? Por qué no? no lo bien rico? no tengo catorce obejas? no tengo doce carnetos, y diez cabrás, es quién quiera? No tengo almírez, mortero, sarten, caldero, y caldera, tazas, platos, escudillas, y una valiente herreña, que cabe, según me acuerd una azumbre, y no se llena? y también no so patán? no tengo muy lindas piernas? este cuerpo no es airoso? no es esta cara de perlas? Yo aseguro, que Llocinda, si llega a saber mis prendas, la ha de pesar de no ser mi mojer. . Esa fineza os estimo, amigo Bato, y me holgara que pudiera, pagarosla mi cuidado; mas ya no puedo, aunque quiera; porque no tiene remedio. Yo nací con mala estrella. Si hubierais hablado antes que Fileno la pidiera, os la diera por mujer, que ya sé vuestra nobleza. Malos años para Herodes, y para su parentela, mi abuelo fue Gil Camorro, también conocéis mi abuela Mariana la del Rincón, y a mi madre la partera, y a mi padre Blas Camorro, que murió, si se me acuerda, el año que yo nací, que según tengo la cuenta, a más de setenta años; so hijo de buena cepa. Bato, no seas inocente, deja aquesas cosas, ea. Yo so desgraciado, Lauro, ya no espero cosa buena después que perdí a Llocinda, dejadme llorar por ella: Ay Llocinda de mis ojos! . Las lágrimas son superfiuas, Bato, a lo que importa, vamos, que va la noche se acerca. Sin ninguna dilación daremos luego la vuelta a vuestra cabaña, amigo, donde con juegos, y fiestas celebraremos las bodas de vuestra hermana. . Aunque sea con alguna pesadumbre, he de romper unas suelas, bailando, y zapateando, para que Llocinda vea si su mozo bien garrido. Yo os aguardo con la cena: el Cielo os guarde. . Y a vos, No tardéis, que con presteza voy a componer la choza, . Viose cosa cómo esta? que haya perdido por siempre, moza tan garrida, y bella: Mira, Bato, que en la boda has de estar con gran decencia, para que nadie se ría de tu ignorancia, y rudeza. D. Harelo como lo dices, Lauro, no te dé eso pena, que yo habraré tan discreto, y con tanta sotileza, que me envidien los Pastores, porque tengo de manera el pergeño, que Catón, y Salomón, aún no me liegan En lo que toca a Llocinda, Lauro, no me acuerdo de ella, solo la memoria tengo en el de las patas tuertas; y me da gran pesadumbre, ver, que sin castigo qued el muy tacaño menguado. De eso cuidado no tengas, que porque no tengas susto su castigo está a mi cuenta; recojamos el ganado. Vamos muy enorabuena: quiera Dios salgamos bien de este monte. . Ea, no temas, que basta ir contigo yo para que nadie se atreva; despáchate, que hemos de ir Santa Tecla, a la boda salto, y brinco de contento. No faltemos a la fiesta, vámonos luego al momento. No habrá quien tenerme pueda, que en habiendo que comer, corteré como estafeta. La licencia que pedís es tan justa, Esposa amada, que me parece, que fuera ingratitud el negarla; y más cuando sois el dueño. por quien se gobierna, y manda mi albedrío, y en quien siempre las tres potencias del alma, y todos cinco sentidos depositados se hallan; y así, señora, mandad se disponga la jornada, cuando fuere vuestro gusto. Yo, Esposo, soy vuestra esclava, y al vuestro estoy muy sujeta aguardando esa palabra; y pues licencia me dais me partiré. . Mi esperanza tengo en vos, y siento mucho, el no poder ir por guarda vuestra; pero ya sabéis, no puede quedar la casa sola, ni puedo dejar la tárea comenzada. que me dan priesa por ella: persona de confianza haré que vaya con vos, que con toda vigilancia os asista en el camino, que allá no es menester nada, estando en la compañía de vuestra prima. . En el alma ímprimo aquesa merced. y a Dios le doy muchas gracias, pues me dio en vos un Esposo de valor, y de constancia. No os dé cuidado el dejarme, que una amiga me acompaña, que tengo ya prevenida, y lo hace de buena gana; mi venida no se hasta que esté levantada mi prima; y así Joseph, me perdonaréis las faltas que hubiere en vuestro regalo. Vuestra hermosura no vaya con ese cuidado, Esposa, ni mi asistencia sea causa de faltar a vuestra prima hasta que quede muy buena; que aunque la falta que hacéis esde muy grande importancia y de sentimiento mío, viviré con la esperanza de que volveréis, Esposa, a dar vida a quien nos ama, a dar a este cuerpo alientos, quietud, sosiego, y bonanza, después de las tempestades que en este tiempo me aguardan. Si no fuera tan preciso el viaje, le dejara solo por no daros pena, ni causaros esas ansias; pero no puede ser menos, porque parece que el alma algún misterio adivina; no puedo decir la causa . a mi Esposo, hasta que el Cielo se lo revele. . Mañana sin falta, os habéis de ir, que ya el Sol las aguas vaña del mar, y parece tarde. Beso humilde vuestras plantas por la merced que me hacéis. En llegando a las montañas le daréis a Zacarias, mis memorias duplicadas, y también el parabién de la dicha que le aguarda, que creo que de este parto, (si el deseo no me engaña) ha de nacer el Lucero, que al Sol Divino haga salva; que según las profecias, se han cumplido las semanas de Damiel, y quetrá Dios que gocemos su luz clata. Oh quién pudiera decirle, como está ya en mis entrañas humanado el mismo Dios! Llevad algunas alhajas, Esposa, para el camino; y mirad, que no haga falta vuestra asistencia, María, a vuestra prima, que anciana Dios quiere que al Mundo dé algún prodigio. . Palabra os doy, mi Joseph, de todo. Oh qué honestidad! Qué gracia! Qué virtud! . Qué discreción! Qué hermosuta soberanal Qué prudencia tan divina! Lleva María en su cara. Muestra en su rostro Joseph. Adiós Esposa del alma. El quede con vos Esposo. Y él mismo, señora, os traiga con la salud que deseo. Mediante su bondad santa, no he de tener embarazo ninguno, en esta jornada. La hermosa Lucinda, y el galán Fileno, se gocen mil años, con gusto, y contento. En este traje mentido he de interrumpir los juegos de estos Villanos Pastores. Quién será este forastero, que a la boda se ha venido sin convidarle? . Va bueno, Llocinda? . Sí, bueno va; prosiga el voile. . Yo apuesto que se enamora de mí. Toca, Albano, ese instrumento. Vivan las edades del pájaro bello, que muriendo en llamas nace de sí mismo, Mientras están divertidos en sus entretenimientos, he de fingir que se abrasan las cabañas de estos cerros, por ver si puedo asustarlos voy al punto a disponerlo. . El Pastor se volvió a ir, bien parece que es discreto, pues no quiere entre meterse donde no le llaman. . Cierto, que me pesa que no hayáis convidadole. . No puedo decir que le he visto nunca en el Valle. . Dejad eso, y volvamos a la fiesta, que será algún embustero. Pues poco le han de valer con nosotros sus entedos: Ah enemigo de los hombres, mira que soy guarda de ellos. . Albano vuelve a cantar la letra. . Ya te obedezco. Celebre este monte tan buen casamiento, y hagan los Zagales sus danzas, y juegos. Dichoso puedo llamarme, pues he conseguido el premio que mi amor ha merecido. Felice llamarme puedo, pues he alcanzado tu mano. Famoso ha estadó el bureo. Mas merecen los casados. Amigos, yo os agradezco el agasajo, y merced, que a Lucinda le habéis hecho. Hermanos, el Cielo quiera que os gocéis siglos eternos con uñión, y voluntad, sin las pensiones del tiempo. Yo la norabuena os doy, y creed que mis deseos son de serviros. . Amigo, no estáis engañado en eso, porque siempre os he querido con un entrañable afecto. Pues yo no me he de quedar, gocéis amigo Fileno vuestra Llocinda mas años, que vivió mi visabuelo, que fueron ciento, y noventa. y los demás que no cuento, que aunque yo también la quise, puedo decir, que me huelgo verla también empleada; y a vos os digo lo mismo Llocinda, que sos gartida como mi burra. . Ea necios acaba, no seas causado. Lauro, no os metáis en eso, siempre me eis de ir a la mano en cuanto hago, malo, o bueno; dejadme, que yo sé bien si puedo hablar, o no puedo, que a Llocinda he de decir mas de veinte mil requiebros, con licencia de su esposo, que sino, no hay nada de esto. Di, Bato, lo que quisieres. Si he de decir lo que quiero, es que vamos a cenar. porque de hambre me muero. Razón tiene en lo que ha dicho, Pastores, al fuego, al fuego, que se abrasan las cabañas, acudid a dar remedio. Cese la fiesta, Pastores, y vamos luego al momento a apagar el fuego activo, que por puntos va creciendo. Vamos, sígueme Lucinda. Todos te vamos siguiendo. . Hoy Luzbel todas tus trazas te han de servir de tormento. . Malas cenas le dé Dios, al Ladrón que tal ha hecho. Bato, ven tras mí. No naré, que tengo te Agua, agua, que se quemán los pájares. . Por San Telmo, que no tengo de ir allá aunque se queme mi abuelo. Villano, porqué no vas a ayudar tus compañeros? Quién os mete en eso a vos? aqueste es el embustero que alborota aquestos montes, yo quiero habrarle tieso: qué hacéis que no vais también? queréis hurtar los corderos mientras tanto. Voto a tal, que si me llegáis a ellos, con esta porra he de daros hasta que salten los fesos. ̱. Apártate allá ignorante, que si te cojo del cuerpo, haciendore mil pedazos pagarás tu atrevimiento. Juego de Dios en sus garras, este sin duda es el mismo que nos enredó la cena, poniensto fuego a las chojas: decidme de donde sois, señor? por san que le remo. Si no te importa, Villano. para qué quieres saberlo? Él me ha de cuscar sin duda, quiera Dios no salga cierto lo que soñé en el pajar; ay si viniese de presto Lauro, y los demás Pastores, que estoy temblando de miedo. Ya queda el fuego apagado. Dicha ha sido, que tan presto pudiesemos remediarlo, que parecía un infierno cuando llegamos. . El diablo sin duda lo había dispuesto. Baro, qué haces aquí? De miedo estoy casi muerto. Quién es aqueste Pastor? aunque le conuzco, quiero que él no me conozca a mí. . Alguna diablo es por lo menos. Reniego de mi fortuna! mucho los ampasa el Cirlo, y temo ha aqueste Pastor, que es el que fuerte, y soberbio ha de humillar mi cerviz, como lo previene el sueño: y cada vez que le miro, en su brío confidero aquel Míguel, que valiente me despeño de esos Cielos, Ya yo ina tras vosotros; pero saliome al encuentro, y no quise dejar solas las obejas, y corderos, porque no nos los hurtase, Muy bien hiciste en aqueso, que allá no eras menester. Amigo, decidnos luego, que buscáis en estos montes, por si serviros podemos en algo? aquesta pregunta es para más sentimiento suyo. . Busco un prodigio, un asombro, y un portento, y mientras más lo examino, lo averiguo mucho menos. Pues qué es lo que os da cuidado? El mayor que yo padezco, . es, verte a ti; no podré contaros ahora él su eso que en estos montea me tiene. Si queréis un gusto hacemos. de veniros con nosotros a canar, lo estimaremos, que tenemos una boda. Como es justo os agradezco esa merced que me hacéis, y pagarosla prometo si acaso vais a mi choza, aunque está de aquí algo lejos. Yo reniego de su paga: oyes Lauro, este es el mismo. que soñé que me pegaba; famosa ocasión tenemos, pues estamos todos juntos, para colgarle de un fresuo. Amigos, vamos de aquí. De ver aqueste hombre tiemblo, y me viene a la memoria aquel infeliz suceso de mi precipicio al cuando caí a los infiernos. ̱l Vamos, Lauro. . Vamos todos. Mejor es que le casquemos antes, Lauto, que nos vamos. Aquese lance reservo para mejor ocesión, que habiendo boda, no es bueno que haya tiña. . Alborotado esta Lauro. . No sé cierto que tiene. . Déjame, Lauro, que le pegue en el celebro. Calla, que eres ignorante. Vámonos, que ya el Cordero estará frío, y Lucinda aguarda. . Vamos luego. Voto a san que voy rabiando de que quede con pellejo. Vemá si gustáis, amigos. . Ya no hay gusto; ni sosiego, para mi todas son penas, ansias, dolores, tordientos, cuantos padece, Luzbel. Aguas de ese lago aberno, anegad todo este monte, asolad el Universo, no perdonéis a viviente, que pues no ha bastado el fuego para deshacer las tapias, para atruinar los cimientos de estas chozas pastoriles, ha de bastar el aliento de Eucifer:ea secuaces ayudadme en este aprieto, Haced guerra a estos Pastores, que gozosos, y contentos celebran sus matrimonios sin la pensión de los celos: inquietadles las comidas, echad en ellas veneno, budra mueran rabiando, pues yo t de pena rabiando muero, que si aquel Pastor valiente, de quien tatno temor tengo, muere a vuestras manos: yo perderé el dolor violento que me consume, y deshace sin poder hallas remedio. Al arma infernales furias; mas ay, que es vano mi intento, pues cuando quiero animarme, es cuando falta esesfuerzo. Esta memoria me mata, de que ya se llega el tiempo en que Dios ha de venir a sacar del cautiverio al hombre, inútil criatura; y antes que se vea en eso le he de poner más prisiones, he de darle más tormentos, he de causarle más ansias; y aunque más llore sus yerros no ha de alcanzar el perdón. Reniegue de su Dios mismo, desespere, desespere, que sin que tenga remedio, perecerá en la prisión sin alivio, ni consuelo; y yo en tanto lograré mis gustos, y pasatiempos, aunque se oponga a mis fuerzas, a mi valor, y a mi aliento ese Infanten que en él vientre de esa Mujer, encubierto está, para darme guerra, salga, y probará mi esfuerzo. junte su gente, que yo juntando un famoso Tercio Sinp de Soldados animosos, y de valientes guerreros, tremelando mis Vanderas he de solir al encuentro, porque vea que hay en mí valor para el vencimiento, para la bafalla bríos, fortaleza, y ardimientos, pues todo para mi es poco, sino es que se oponga el Cielo, Lindamente se ha comido: yo traigo bien lleno el pacho que he metido más tajadas que puede comer un galgo, que como di tantas vueltas en la danza, o el sarao, llevé una hambre canina, que no me pude ver harto; y aunque me sorbi diez tazas, de aquestas de mucho baño, aún no vengo satisfecho, que estaba tan sazonado el caldo, que me sorbiera una barrena de a cuarto si ahora volviera allá: pues el cabritillo asado con su prebe, voto a mí, que entre los dientes lo traigo, que se me hace agua la boca cuando me acuerdo del ajo: No pudiera el Rey Herodes, ni sus Pagues, y Lacayos haber comido mijor: pues el vinillo, ha bellaco, que ojo de gallo tenía, que estaba a todos guiñando. no le he bebido tan bueno desde que el Profeta Santo plantó los santos sarmiento para hacer santos milagros, Todos los Pastores quedan a Fileno acompañando V y a Llucinda, que en su lecho están roncando, y soñando; y a mí me envían a ver si anda seguro el ganado, cabrás, carnaros, y obejas, no ses que algún Gonzalo quiera merendarse alguna, y me parece que ha obrado. en míe aquel lanto licor, pues se me andan los cascos. y no me puedo menear, ni si quiera dar un paso. Cosa que el vinillo haya cogido esta vez a Bato, cierto es, porque estó valiente, y si cogiera aquí al diabro le había de hacer huir; mas parece que me caigo: señores, queden con Dios, que aunque rústico Villano, sé recogerme al instante, que me siento algo asomado, que un Maestro me enseñó; y aunque no faltan lobazos. dejaré el ganado solo. quiero arrimarme a este palo para entrarme, tente vino; no deshonres a tu amo. La norabuena, Esposa, me doy mil veces de que hayáis venido con salud, y gozosa, a dar ser a este cuerpo, que ha vivido sin aliento, y sin vida, después que dispusisteis la partida. Nunca entendí, señora, tener la dicha de volver a veros, y considero ahora, que fois feliz, pues llego a mereceros, después de tanta ausencia, gozando humilde ya vuestra presencia. Mi Joseph, mucho estimo el favor que me hacéis ran sublimado, y en mi alma le imprimo; mas no ha sido defecto del cuidado el no venir a vuestra vista luego, la causa ha sido de mi prima el ruego; pidiome que aguardara hasta que el Niño se circuncidase, y ella se levantara, y con salud, y ánimo quedase, y yo por no faltar a su precepto quise que vos suplieseis el defecto. Cómo esta Zacarías? Contento queda, y Isabel muy buena Todas las penas mías, sabiendo su salud, quedan sin pena; contadme, si gustáis, Esposa amada, como lo habéis pasado en la jornada. Llegué a la montaña, Esposo, y a la casa de mi prima, donde salió a recibirme con gusto, y con alegría. Saludámonos las dos, dándome la bienvenida, siendo cosa de misterio el ver aquesta visita. Recibiéronme en su casa, haciéndome mil caricias, y Zacarias por señas demonstración bizo fina de su contento, en que yo llegase, cuando quería el Señor enriquecerles con una prenda tan rica Cielos, qué es esto que veo? déjame idea mentida. Llegó el día deseado para toda la familia, en que dio al Mundo Isabel un Niño. . Engañosa vista, no me atormentes el alma. Preguntaron a mi prima como se había de llamar, y respondió muy apriesa, que Juan, admirados todos. al instante la replican, que en su linaje no hay tal nombre, y a Zacarias se lo preguntan, y él, pidiendo papel, y tinta escribió, Juan es su nombre, y con palabras lo afirma a un tiempo, quedando todos, de ver esta maravilla. admirados. . Mayor es esta que mis ojos miran; no puede disimularlo: es posible que en María ha de caber tal vileza! no lo creo. . A la hora misma comenzó a dar muchas gracias. a la Majestad Divina, haciendo un cántico insigne, en el cual nos profetiza, los prodigios del Infante. con lengua muy expedita: cuidadoso está mi Esposo, y no ha quitado la vista de mí. Bien podéis, señora, entraros. . Bondad Divina, dad a mi Esposo sosiego, declaradle aqueste enigma, no permitáis que padezca con presunción tan indigna, este cuidado tan grande, dadle de todo noticia. Vuestra bendición, Esposo, aguardo ya de rodillas para entrarme. Esposa amada levantaos, ea desdichas, venid juntas, y acabadme: ̱ ̱̱t está, id a recogeros, que es cierto que con fatiga vendréis del camino. . Adiós Esposo del alma mía. Qué es lo que por mi sucede? es posible, que María ha cometido tal yerro, siendo la honestidad misma? Dejadme viles recelos, fuera vanas fantasías, no me atormentéis sentidos; no puede ser que la vista se engañe, y que sea ilusión lo que tan ciega examina? Bien puede ser, ea sospechas, no deis lugar que me aflija. La que con el mismo Sol en claridad pura, y limpia se iguala, puede manchar la limpieza esclarecida de su sangre? no es posible: miente la lengua atrevida que tal se atreve a decir, y miente también la mía, que en Matia consideto u na virtud tan diviva, una honestidad tan santa, tan callada, y recogida, que quedo corto en decir, que su preñado es mentira. Mas ay que la vi muy bien, pues casi como corrida se recogió a su aposento, indicios de mi desdicha: pues al ir a levuntarla vi muy bien que estaba en cinta Cierto es ya mi desconsuelo, no se ha engañado la vista; qué he hacer Cielo piadoso? La adúltera se castiga con piedras, según la Ley. Si la entrego a la justicia. es preciso que la maten, y teniendo yo mi vida en ella, muero también. Si no lo hago se pública mi infamia, quedando siempre sujeta a oír la ignominia del vulgo cruel, y airado, que haciéndose lenguas diga, que consentí mi deshonta, y sufri la afrenta mía. Astros brillantes, y hermosos, que con luces cristalinas influis en los vivientes las señales de sus dichas, y el remedio de sus males, por influencia divina, tened lástima de mí, y aliviadme esta fatiga. Yo detérmino dejarla, perdona bella María, que este es el mejor camino: a las más remotas Islas he de irme, adiós esposa, a Dios lumbre de mi vida, que por no verté morir, huyo de tu compañía, Adiós. Nazarer, adiós Torres de David antiguas, que estáis viendo mi deshonra si quiera de compasivas sentid mi mal, que aunque sois piedras, en las piedras mismas se halla piedad muchas veces, aunque están endurecidas. Terrible sueño me tinde; es posible, que en las niñas de mis ojos hay quietud, cuando a lo que más estima mi corazón, desamparo? más es pensión de la vida, no es posible resistirle; sobre esta hierba florida tiendo la capa en el suelo, ya que a este exceso me obligas; No dejes de darme alivio, cáusame alguna alegría, o muera yo antes que, vea, otra vez la luz del día. Joseph, ilustre Varón, descendiente de la línea de Abrabán, y de David, Vara de Jesé florida, atrende a mi voz, no duermas, y de ella sabrás la dicha que tienes, en ser Esposo de la Azucena más limpia, de la más hermosa Rosa, que en el Rosal de la vida brotó la naturaleza, sin mácula, y sin espina. Esta es a la que corona Dios, con la Diadema tica de Estrellas: Sabrás Joseph, que es la que la Luna pisa, la que se viste del Sol, y la que siempre es Bendita entre todas las mujeres, siendo de Dios escogida, sin pecado eriginal, para aquesta obra Divina. No temas Joseph, porque ya el Verbo en su rientre habita. para redimir el Mundo mbs de la cruel tiranía, en que el común enemigo, con su soberbia, y malicia, por aquel bocado simple le tiene: Ya llegó el día para todos tan alegre, Virgen quedará María, antes, y después del parto, y en el parto, maravilla que solo a Dios se reserva. Vuelve luego a recibirla, para que seas testigo de todo, y veas tu dicha; no te detengas josenn, que a tu Esposa la iluminan rayos hermosos de gloria; do te apartes de su vista; y cuando diere su luz a al Mundo el Sol de justicia, le pondrás Jesús por nombre que Salvador se apellida. Queda a Dios, Varón dichoso, que a la Esfera Zafitina me parto, donde me esperan tndas nueve Hierarquías. Sera fín alado, aguarda, no te me ausentes tan presto, as dejar en calma no mis sentidos: mas qué veo? es sueño, o es ilusión? mas no es ilusión, ni sueño: Yo vi un Ángel que me dijo. que mi Esposa abriga al Verbo Divino en su Vientre Santo; esto tiene gran misterio, verdad ha sido infalible: volver a mi casa quiero. y a mi Esposa pediré, que me perdone los hierros, que el quererla tanto fue la causa de mis recelos; y no alcanzar el prodigio, discurso, ni entendimiento. Esposa del alma mía, dichoso llamarme puedo, no digo en ser vuestro Esposo, sino en ser esclavo vuestro: pues por vos he merecido, la mayor dicha; y el premio más encumbrado, que puede alcanzar hombre terreno, supuesto que Dios me hace, naciendo en los brazos vuestros su nutricio, y también quiere honrando a este Carpintero, sujetarse a mi obediencia, y obedecer mis preceptos. JORNADA
JORNADA TERCERA
Ciego pensamiento mío, donde caminas tan ciego, que sin camino, nisenda vas trompicando en ti mismo? Si vas a buscar tu muerte, detente vil pensamiento; porque es locura el pensar que has de descansar con eso. Pero no, no te detengas, corre veloz, y ligero, arrójate a los peligros, busca, si puedes, remedio a este dolor, que te acaba, tan tiguroso, y violento; porque no es bueno vivir, cuando se vive muriendo, Todo cuanto veo me asusta, no hallo a mis dudas sosiegos cuanto miro es en mi ofensa, cuanto examino son riesgos, asombros, y sobresaltos, pasmo; temor, y recelos Y en esta ocasión me hallo, torpe, mudo, sordo, y ciego, sin poder averiguar la causa de este misterio. Y para más pena mía, veo que se llega el tiempo, según dice Daviel, en que ha de haber cumplimiento de sus hebdomadas, y en que ha de nacer el Verbo, para aumentar mi dolor: ha, reniego de mí mismo! pues temiendo ciencia infusa, con nuevas dudas peleo, vacilando mi discurso sin alcanzar el misterio. Ya ese Joseph, y su Esposa, van por cumplir el precepto del César, hasta Belén: furias salid a el encuentro. impedidles la jornada, si acaso podéis hacerlo; más creo que es imposible, porque llevan todo el Cielo en su defensa; y custudia: mas aunque vaya Dios mismo tengo dispuesto en Belén, que les nieguen el sustento. Ya a los muros han llegado, ya entran las puertas adentro, ya van buscando posada, ya salen los Mesoneros despidiéndoles: Ea amigos, tened animo, y esfuerzo. despedidles tigurosos. mirad, que son forasteros, y no habrá seguridad si les dais un aposento. Ya todos ciertan las puertas, y ellos con gran desconsuelo en un Portal se recogen, de pobres bestias albergo. Si fuera Dios el que trace en su vientre, fuera bueno, que nacer quisiera al frío, siendo el que viste esos Cielos? No as posible que esto sea, no lo creo, no lo creo: Dios en un Portal humilde, entre paja, y el heno, se ha de humillar por el hombre naciendo al rigor del hielo? No está diciendo Isalas que vendrá en un trono excelso con majestad, y grandeza, cómo puede faltar esto? Ea vanas fantasías, no me causéis más tormentos. ni me aflijáis la memoria, que ya nada de esto temo. Solo el dolor que me aflije, es, que miro, y considero a aquel Pastor, que cruel, fiero, atrevido, y soberbio, ha de humillar mi altivez, poniendo sobre mi cuello, con soberano poder, su planta: de pena muero! Es posible, Cielo airado, que no hay en ese Emisferio una Centella, que abrase, los Pastores de estos cerros? No hay una Nuve cargada de tempestades, y truenos, que deshaga estás cabañas? Un Cometa, que violento con sus rayos fulgurantes los ciegue a todos a un tiempo porque ignoren el prodigio, y no vean el misterio? y por ver si este Pastor, a quien Ángel considero, tiene fin? mas es inútil este mi ardiente deseo, porque no hay seña ninguna de rigor, todo es portentos. Los Astros, están brislantes, y alumbrando el Universo, con claridades la Luna esparce nuevos reflejos por todo aqueste Horiconte. Ya mis pesares son ciertos? mas con todo he de asistie en Belén, por ver si puedo vengarme de aquesta injuria? y también por si mi aliento examina este prodigio, averigua este portento, este caos de confusiones, y aqueste dolor tan fiero, aunque me cueste la vida, que ya gozarla no espero. Mientras que viene la gente a cenar, junto al ganado, me he de echar en este prado, y dormir famosamente. La alforja quiero plantar debajo de la cabeza: no haya alguna buena pieza, que me la quiera volar. Bravo vino trae la bota, quiero probarlo otra vez; si ella queda pez con pez no ha de tener mal de gota, con esto dormiré un rato tendido como un liron: señores míos chitón, miren que se duerme Bato. Famosa noche nos hace. Las Estrellas están dando anuncios de alguna dicha, Qué alegre que está el ganado. Los corderillos traviesos andan corriendo, y saltando. Mas que otras veces alumbra la Luna. . De día claro parece. . No hay que tener esta noche sobresalto con el ganado. . Yo juzgo, que adonde tu asistes, Lauro, auda todo muy seguro. Queréis que vamos cenando? Vamos muy enorabuena. Mi Lucinda, aderezando quedó la leche, y vendrá ya. . Dónde quedó Bato? Con la alforja le envié. Cosa que se haya soy el vino. . Par diez amigo, no será mucho milagro. Mirad quien sueña hacia aquí. Mueran, mueran, degolladlos. Soñando está. . Llámale. Bato? . Quién llama? Ay tal asno: levántate de ay, animal. Déjame hombre de los diabros, que estaba soñando ahora, un sueño el más sazonado, que ha soñado hombre en el Mundo Muy buenos andan los cascos. Cuéntanos que sueño ha sido? Explícate luego, Bato? Soñé que era el Rey Herodes. Bravo disparate! . Bravo! Déjale amigo Cardenio. Ya le dejo. . Voto a un canto que soñé que degollaba una tropa de muchachos. Calla, no sea que algún día esté Herodes enojado con algún infante, y quiera cumplir lo que tú has soñado, Oh mala satna le dé al muy gran picaronazo, si con los niños había de estrellarse. . Ese es el caso, que si su estrella lo quiere, han de morir degollados. Lauro, quién eso te ha dicho? Aquesto es hablar acaso, que a mi nadie me lo ha dicho. No sé que reparo en Lauro, que no tiene cosas de hombre. Desde que se fue ha mudado costumbres, y condición; mas dejando aquesto a un lado, no hables, Bato, mal del Rey, porque en fin es nuestro amo. Él es una buena pieza, lo presente no agraviando. Sentaos, y cenaremos. En la hierba de este prado nos sentemos, mientras viene mi Lucinda con el tarro de la leche. No hayáis miedo que se tarde. . Por San Gallo que es ella la que allí veo. Ya estaba yo con cuidado de que no venías Lucinda. Perdona Fileno amado, que no he podido venir mas presto. . Vamos entrando en aquesta longaniza, y en aqueste lomo asado, y tras esto irá la leche. El lomo está sazonado. Buena está la longaniza. Tales manos lo guisaron. No me afrentéis de esa suerte. Un poquito está salado, y la cecina está seca; yo quiero irla refrescando. Deja la bota, animal. Dejadme beber un trago. Todo te lo has tu bebido. Aún no he mojado los labios: mirad que secos que están, que parecen un esparte. Bebe Lauro. . Bebe tú. No quiero ser porfiado. . Puede haber mayor desgracia! que teniéndolo en las manos no me dejasen beber? mas yo me esquitaré, Lauro, dame luego aquesa vota si acaso ha quedado algo. Disimularé que bebo, porque no se admiren, Bato toma, y bebe poco. . Eso no has menester encargarlo. que muy buena regla tengo. Bravamente has empinado la bota. . Qué había de hacer? Vamos tras la leche. . Vamos. Oh qué sabrosa que está! Animal, no engullas tanto, he comiendo poco a poco. Él no se puede ver harto. Tras la leche no se bebe? No sabes aquel adagió, que dice, que tras la leche no se ha de beber? . Aguado. Dejad la comida, amigos, y reparad en los rayos, que con luces refulgentes alumbran aquestos campos, Patece que viene el día. Por aquellos montes altos un Cometa se descubre de resplandor soberano. Voto a san que estó aturdido! sin duda es algún milagro! Oh qué bello pajarote se parede! . Cielo santo, qué prodigio será este! Yo estó de miedo tembrando! No temas, Bato. . Ay amigo? que el Cielo se viene abajo! Qué música tan divina! Oh qué sonoroso canto! Pastores de estas montañas, Labradores de estos campos, que apacentáis las obejas. en esos hermosos prados, adonde el Diciembre frío. sus asperezas mudando, ha dado licencia a Abril, para que alegre, y ufano. le fertilice los montes, hermosa hierba brotando. Oídme, escuchadme, amigor, y bien amigos os llamo, pues hacéis oficio de Ángel, que si el Ángel es llamado de Guarda, porque a los hombres los anda siempre guardando. Vosotros guardáis también aquese hermoso ganado; y así Ángeles de Guarda, con mucha razón os llamo, y por tales quiere Dios, que tengáis a vuestro lado. un defensor que os asista. Y ahora me envía a avisaros como os escoge, Pastores, para que vais a adorarlo a Belén, que un Portal, por el hombre está llorando entre una Mula, y un Buey, junto a un muro, derribado por la ruina del tiempo: allí ha nacido en los brazos de la Aurora, aquesta noche, y está al hielo tiritando, Llevad en que le abriguéis, que aunque es Señor Soberano de Cielo, y Tierra, no tiene su Madre con que abrigarlo. Allí con un Varón justo le hallaréis, que esta guardando al Niño, y su Madre bella, alegres podéis hallaros, pues los primeros os llama, para haceros Cortesanos de su Palacio Real: Quedaos a Dios, que yo parto al Limbo a dar estas nuevas a aquellos Padres Ancianos. Graude prodigio, Pastores! y a el día tan deseado de todos llegó. . Parños, lindamente lo ha garlado; no parecía si no hurraca, o pintado guacama yo. Cielo se ha vuelto la selva, o aquellos eliseos campos, donde con flores hermosas, y dicersidad de ramos, con frutas pendientes de ellos estaban tan sazonados, que alegraran al más triste. Muy bien podemos llamarnos dichosos con esta nueva. Alacabaña nos vamos. dispondresnos el riaje. Fuerza es que llevemos algo. Yo he de llevarle mi burra con su pollino mamando. Lo que a Dios se ha de llevar, es el corazón bien sano, que aquese es el mejor don; que puede darse. . Un zamarto tengo deel que está también afortado, que si se envuelven en él no ha de haber frío este año: otras cosillas también he de llevarle. . El ganado bien podrá quedarse solo. Muy bien podemos dejarlo, que no nos faltara nada. Llocinda vamos cantando un Villáncico al chicote. No sé ninguno. . Mal año, mas sabes que Salomón, sácale tú de tus cascos. Mi Lucinda, haz lo que pide, verás cumo te ayudamos. Pues id diciendo conmigo esta letra. . Por el jatro del mejor vino, que es Llocinda Poeta macho; falta nos hace el pandero. Cuando a la cabaña vamos cogeremos instrumentos. Lla copla se va enfriando. Atención, que ya la digo. Diga, pues, que ya escuchamos. En Belén está un Niño, vamos a verle, que es Señor de Señores, y Rey de Reyes. Dios soberano, y inmenso, que estrechando la grandeza, habéis venido al pesebre, sujeto a las inclemencias del tiempo fiero, y cruel, que con tan grande aspereza se muestra en esta ocasión. Yo, Dios, y Señor, quisiera un Palacio suntuoso en que aposentar pudiera vuestra Majestad Divina, y tener muy ricas telas de Flandes, y de Milan, para abrigaros con ellas. Mas bien conozco, Señor, que aquesta es voluntad vuestra, y que conviene que vos nazcáis con esta miseria por la Redención humana en un estabio, y que sea sobre el heno vuestra cama; y os acompañen dos bestias. Mundo, muévate a piedad, si acaso puedes tenerla, ver en un pesebre estrecho el que en la circunferencia de todo el Orbe, no cabe, cuando tú mismo le niegas un ricón de un aposento. Mira Mundo que te espera, aunque tan ingrato eres: ven presto, no te detengas, llega, ayudale a llorar, pues llora tus culpas mismas. Hijo mío de mis ojos, no lloréis de esa manera, dejad las lágrimas, ved que me causa gran tristeza, ver que con tanta abundancia estéis vertiendo esas perlas con que regáis estas pajas; si esque vuestro amor empieza a padecer por el hombre, vertedlas muy notabuena, por ver si acaso se ablanda de su pecho la dureza. 1. Niño Divino, y hermoso, que de la Celeste Esfera, dejando el Impíreo Trono habéis bajado a la tierra, por el rescate del hombre las Colestiales bellezas os alaben, y os bendigan, y incesablemente sea invocado vuestro Nombre, y la Omnipotencia vuestra. Yo en nombre de todo el Coro os traigo la notabuena, y os doy las gracias, Señor, de que vuestra Bundad quiera sacar al Género Humano, de las oscuras cabernas en que se tiene el pecado, entre hierros, y cadenas, aguardando vuestro auxilio, 2. Yo también, Diviva Esenci vengo a traeros las gracias, y a rendiros la obediencia. Y a vos Divina Señora os alaben, y engrandezcan todos los Coro Celestes, que nadie puede en la Tierra explicar vuestras virtudes, ni decir las excelencias que os asisten, y acompañan: Y yo digo Virgen bella, que siendo Madre de Dios no puede haber más grandeza, pues ya en los Cielos os juran por su Soberana Reina. Buscando vengo mi muerte, no hay dolor que no me llega, temor me causa mi sombra, y voy tropezando en ella. Y si acaso busco alivio a mis ansias, y mis penas, en lo mismo que le busco hallo mi muerte más cierta. Aqueste el Portal parece; donde se me representa la causa de mis pesares, quiero llegarme más cerca, por ver si puedo inquirir como este prodigio sea. P Es posible que el que rige, el que sujeta, y gobierna, ese glovo transparente, esa hermosura perfecta de esos Cielos, quiera ajora nacer en esta pobreza? Incomparible parece: no es posible que yo crea, que aqueste Niño sea Dios, aunque se oponga la Esfera cristalina a mis alientos, a mi valor, y a mis fuerzas; mas como blasona cuando de esta Mujer la belleza, la hermosura de este Sol, ya me deslumbra, y me ciega: Pues desde su Concepción nunca falta de mi idea, que fue preservada en gracia, queblantando mi caheza, que cual Dragón pretendí, que también se comprendiera en la culpa original, más fueron vanas mis fuerzas. Pero aunque entonces lo fueron, en esta ocasión, en esta no han de faltarme; hasta que examine mi soberbia este caos de confusiones, este piélago de penas. Aquí tengo de aguardar por ver si puedo, aunque muera, salir de este labirinto: Ya me parece que sueñan los Pastores de estos montes, para mí todo tristezas, que ellos también han de darme, con sus dones cruda guerra. Aunque pruebo a retirarme, huyendo aquestas afrentas, no es posible dar un paso, porque una fuerte cadena me ata los pies, y me tiene sujeto contra la tierra. Infierno, como no viones a ayudarme en esta empresa? quieres que sufra estos males? quieres que rabiando muera? Llocinda, no te descuides, vamos cantando lla lletra. Méneate un poco, Bato, que ya Belén está cerca. Aguardemos aquí a Lauro. Pues adónde Lauro queda? Ya Lauro está con vosotros. Venga Lauro notabuena. Tiemblo de oírle nombrar, ver su tostro no quisiera. Regocijese el Mundo, pues por salvarle, hoy en un Portalejo, Dios, hombre se hace, Hace de una Doncella, tan pura, y limpia, que en su rostro se halla la gracia misma. Alegres los Pastores le visitemos, puesto que nos escoge gor los primeros. Aqueste el Portal parece, loco vengo de contento. Él es, pues vemos en él abreviado todo el Cielo. Qué hermosura tan divina se ve en el Portal! . Yo apuesto, que en todo el Mundo no hay quien le llegue. . Majadero, aqueso habías de decir? Pues está mal dicho aquesto? Sí, que a este sitio no iguala, aunque sea el Mundo entero. La belleza de la madre me eleva, y la considero Serafín. . Oísme Lauro? que digo amigo Fileno, no miráis, el ladronazo, disfrazado, y encubierto? Ya ha llegado la ocasión de que sepa el Universo que hay Ángel, que le defiende del enemigo soberbio, apártate, Bato, a un lado. De pena rabiando muero. Decidnos quién sois Pastor? porque lo confiese él mismo le hago aquesta pregunta. . Decirlo ahora no puedo; solo diré que he venido por el afecto que os tengo, a deciros, que miréis, que es engaño manifiesto el que padecéis, Pastores: pues rendidos, y sujetos, sin conocer a este Niño le dais cultos. . Communero parece sin duda alguna. A vos quién os mete en eso? Cuando entendí que venía a adorar a este Lucero quiere impedirnos, no hay duda sino que es el Diablo mismo, A lástima me movéis. Tenedla vos de vos mismo, que bien la habéis menester, porque ante este Niño tierno hemos de pelear los dos, poniéndole por Juez recto, porque veáis si es engaño el que ahora padecemos; y también por castigar los insultos que habéis hecho en todas estas montañas. Ah reniego de mí mismo! que me parece a Miguel en el brío. . Bravo esfuerzo tiene Lauro. . Es más que humano. Si él se descomide, es cierto que llevará con la porra unos diez, o doce muertos. Villanos, yo soy el mismo, que artojado de esos Cielos avito oscuras cabernas. Yo soy el Dragón soberbio, que poner quise mi silla en el Trono de Dios mismo. Yo soy quien por daros guerra me introduje en aquel cuerpo, del monstruo fiero, y cruel, a quien tu cortaste el cuello, para más afrenta mía, faltando yo al mismo tiempo de aquel lugar tan horrible. Yo puse aquel voraz fuego a las chozas, y cabañas, por ver si podía con ello ña resolveros en ceniza: pues como ahora violento quieres tu pelear conmigo siendo yo Luzbel? Por eso: Pastores, nadie se mueva, sino dad gracias al Cielo, que de sus manos os libra, pues para el amparo vuestro me envió desde la Esfera: y pues ha llegado el tiempo de la licencia que Dios me dio, quiero descubierto pelear contigo: Yo soy Miguel. . Rabiando Grande prodigio, Pastores. Y pues Dios aquí me ha puesto para más tormento tuyo, te mando confieses luego, que aqueste Niño que ves sujeto al rigor del hielo, es Dios, y Hombre juntamente Aqueso es lo que yo niego, que Dios no vendrá tan pobre. Vendrá con poder supremo cuando a juzgar a los hombres venga. . Calla, que me has muerto en acordarme ese día, pues considero que es cierto, que he de salir condenado segunda vez al insierno. Pues si aqueso consideras, porqué no confiesas esto? Eso no he de confesar. Pues por fuerza habrás de hacerlo. No te temo ya Miguel. Ea ríndete soberbio. No haré tal, que semejante soy a Dios. . Mientes blasfemo, quién como este Niño hermoso. De mi fortuna reniego! reniego de ti Miguel! Confiesa luego al momento, que es Dios el Niño que vea. Confesarelo a su tiempo, cuando en una Cruz se vea, y cuando venza al inferno. Nuevo prodigio es aqueste. Amigos, grande portento. Déjame le pegaré con la porra en escelebro. No seas inocente, Bato, p no reparas el misterio? Gran dicha ha sido la nuestra. Vete a los profundos senos donde para siempre habitas: Levanta de hay proterbo. Ya no puedo levantarme, que desde el primer encuentro ando siempre de caída, y pues asistir no puedo a vista de tanta gloria, como la Serpiente, intento entrarme arrastrando, abismo recibe a Luzbel tu dueño, pues corrido, y con afrenta vuelte a tus lóbregos senos, Anda con todos los diabros. Bato, Lucinda, Cardenio, a Miguel demos las gracias. Pastores, no hagáis aqueso, adiós las gracias se deben; pues con su poder inmenso se vencen fuertes Leones. Notad la industria del perro, pues se introdujo en el monstruo para darnos guerra. . Cierto que si me dejáis, Pastores, le hago reventar los sesos. Ya no volverá a inquietaros. Así todos lo creemos, Ea Pastores, llegad. Yo he de llegar el primero por más sabio, y más antiguo. Apártate majadero: Ángel Divino, vos sois quien ante aqueste Lucero nos ha de hacer el lugar, alcanzándonos el premio que merezcan nuestras obras, pues sois Procurador nuestro. Niño hermoso que del Trono, más encumbrado; y excelsa, bajáis a un lugar humilde, naciendo entre paja, y heno; mil gracias, Señor, os doy, pues del enemigo fiero la victoria conseguí, dándome vos el esfuerzo. Por este humilde rebaño os pido, Señor Supremo, puesto que llegan rendidos, con su pobreza, a ofreceros sus dones, les concedáis, pues os escogido Pueblo, que vivan en vuestras gracia, porque consigan el premio. Aqueste palo cruzado os doy Soberano dueño, en señal que en otro palo, redimiendo al Universo habéis de ser vencedor (con gloria, y poder supremo) de la muerte, y del pecado, asombrando a los infiernos: ea, no temáis, llegad, que yo aquí con Dios me quedo. Míguel, no nos desampares. Aquí está el amparo vuestro, nunca os faltará Custodio. Aunque con temor, yo llego: En nombre de los Pastotes, que viven en esos cerros, os doy las gracias, señor, y os alabo, y engrandezco, pues habéis venido al Mundo solo por nuestro remedio, auyentando las maldades de aquel adversario nuestro. Recibid mi voluntad, que si pudiera traeros todo cuanto encierra el Orbe, no fuera corto en hacerlo. Tomad aqueste capote, cubríos con él, Niño tierno, que podrá ser que algún día, algunos contrarios vuestros púrpura de Rey os pongan, mofando, y escarneciendo. Yo os presento bello Iufante aqueste hermoso Cordero, que pues sois Pastor, no hay duda le recibiréis contento. León me han dicho que os llaman de Juda, y os considero muy manso, si no es que os tenga tan postrado, y tan sujeto la cuartana de las culpas, que cometió el hombre ciego. Hermosístima María, resplandeciente Lucero, Luva sin mengua ninguna, Sol que alumbra el Universo, mil alabanzar os den, señora, en la Tierra, y Cielo pues que tal persa tragiltéis. vuestro Divino Cuerpo. Bendito sea vuestro Vientre, y benditos vuestros pechos, pues él tal joya ha traído, y le han de sustentar ellos. Esta olla de manteca, Virgen Sagrada os ofrezco, y este puchero de miel, también os doy este envuelto de mantillas, y pañales; recibielo hermoso espejo, que yo quisiera tener unas Indias que traeros. Es ya fora que yo llegue? par nos que todos lo han hecho géntilmente, y que también no tengo de ser yo menos; que ya traigo encaprichado en la colla lo que tengo de decir nadie me tenga; mas aunque digo todo esto, mirad que si errate algo me aviséis luego al momento. Despacha, no seas tonto. Ea llega que si haremos. Ahora bien, Niño garrido, Niño pólido, y discreto, Niño bizarro; y galán, decidme, yo bien? Ea necio; . acaba, no seas cansado. Mirad. Niño, que os ofrezco esta cúchara labrada, y el zamarro de mi abuelo, que ha cien años que se hizo; tomad estos pies de puerco, que limpios van, y raspados, también aqueste bondejo, estas morcillas guisadas, estos chorizos tellenos, este lomo, y songaniza, y todo el menuco que mi madre se guisó veinte años ha poco menos, para que yo os le trajese, recibidlo por ser fresco; y si gustáis os traeré los tocinos, y morrueco; que al humero están colgados más negros ya que el humero. Yo os agradezco, Pastores, esta ofrenda que habéis hecho al Niño Dios, y aseguro que tendréis todos el premio de su mano, muy colmado. Yo también os agradezco el afecto; y voluntad, con que festivos, y atentos habéis venido a traer vuestros dones, y os ofrezco, de parte de mi Hijo amado, que tendréis muchos aumentos de bienes, y de salud. Pues ya, Señora, con eso no hay que temer los peligros de este Mundo. . Es caso cierto, que habiendo visto a este Niño habrá en todo buen suceso. El Cielo os guarde, Pastores. En el Portal queda el Cielo. Adiós Niño de mis ojos, adiós Míguel, compañero, que ya no te llamo Lauro. Antes con razón podemos llamárselo, puesto que el lauro se lleva él mismo. Pues llámese Miguel Lauro. Ea, Bato, despachemos. Adiós pensil de delicias. Adiós huerto de recreo. Adiós jardín de hermosura Adiós sa tonado hibleo. Adiós Portal de mi vida, adiós la paja, y el heno, a diós la Mula, y el Buey. Bato, vamos al momento al ganado . Ea, Llocinda, cantemos aquellos versos, y vámonos en hura buena, Ayudad todos. Si haremos. Regocíjese el Mundo, pues entre el heno, quiere Dios humanarse, pobre naciendo. Al ganado volvamos, pues hemos visto, al que es Rey de los Reyes sujeto al frío. Y aquí el Autor os dedica, con humilde, y noble celo este Auto, en que se cifra, de Lucifer el tormento, el Monstruo de las montañas, y el Pastor Ángel, pues vemos, que todo se incluye en él: demos gracias a los Cielos, pues con su amparo se vencen los más peligrosos riesgos. Recibid su voluntad. y perdonad sus defectos, pues siempre para serviros están prontos sus deseos.
