Texto digital de El mercader de Toledo, vara de medir, y acción del mejor testigo
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- Pedro Calderón de la Barca
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mercader de Toledo, vara de medir, y acción del mejor testigo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mercader-de-toledo-vara-de-medir-y-accion-del-mejor-testigo-el.

EL MERCADER DE TOLEDO, VARA DE MEDIR, Y ACCIÓN DEL MEJOR TESTIGO
JORNADA PRIMERA
Adónde bueno señor? Voy a rogar, hija mía, al cielo, que llegue el día de tu remedio, y favor. Consumí en mi mocedad lo que te bastaba a hacer la más dichosa mujer que hubiera en nuestra Ciudad. Tienes modesta hermosura con ingenio peregrino, que es un esmalte divino sobre nobleza segura. Y si con esto tuvieras parte de lo que he gastado, del hidalgo más honrado deseada esposa fueras. No te ha pedido ninguno, aunque eres tan excelente, y así, de Dios solamente, remedio aguardo oportuno. Que en las casas tan honradas, cuando de caida van, de ninguna suerte están las hijas como casadas. Pues yo te prometo, padre, dar al mundo ejemplos buenos. Cómo pudiera hacer mevos hija de tan buena madre? téngala Dios en el cielo. Y larga vida te dé. Solo la quiero basta que deje a tu beldad consuelo. De una silla de vaquetas, A con vidrieras elegante, tan tachonada, y brillante como afirman los Poetas que tiene su casa Apolo, los brazos venía potros de Turquía, o un excudero solo, lo una dama gentil, hauiéndola dado el brazo al paciente escuderazo, mas lozana que entra Abril, a verte viene, señora. Pues, quién es? Doña Guiomar, que te vione a visitar. No la conozco. Es, Teodora, (derdos Pedro la mujer, y la hermana de don Juan. Muy buenas señas me dan emalicias: qué he de hacer? . Mostrarla mucha alegría, que es don Pedro nuestro amigo, que yo por este postigo, por no estorbar, hija mía, os quiero a solas dejar, Dios os guarde más que a mí. Esperad, Perea, ahí, y no os canséis de esperar. Yo soy Cristiano tancioso, y muy noble Montañes, y eso muy mal dicho es. Que viejo tan enfadoso. Vos en mi casa, señora, favores tan soberanos, dadme a besar vuestras manos. Dejad las manos, Teodora. Quién ha traído a mi casa tanto favor y ventura? Mi mal, y vuestra hermosura, rayo que mi pecho abrasa. Vos lisonjas? yo belleza? uadlo, amiga, mejor, porque nunca a lo inferior lisonjea la grandeza. Si no lo creéis, ufano aplicad el rostro hermoso al espejo de mi esposo, o al espejo de mi hermano. Aquí los dos a porfía, yo no sé con que interes me mienten a lo cortés mil lisonjas cada día. Por mi fe que no lo niega. . Sentaos, amiga, y en tanto, dad a los hombros el manto; Casilda, esas sillas llega. Si hacéis tan buen tratamiento a los que aquí se divierten, no me admira que no acierten a dejarvuestro aposento. Lo que os prometo, en verdad, que entre esta noble pobreza, las faltas de la riqueza las suple la voluntad. Bien lo dice vuestro agrado. Ella viene bien herida. Ea, sentaos por mi vida. Vamos. . Perdona el estrado. Huélgome que buena estéis. Para serviros, ya veo, que la salud que deseo, señora mía, tenéis. Que el que vuestra juventud tan bellamente dispuso, en el rostro hermoso puso el reloj de la salud. Pues que no veis mis enojos, o no veis, o el relojmiente. Pues no suele un accidente encubrírsele a mis ojos. Qué poco ve mi señora, . pues en este caso, es llano, que de este reloj, la mano apunta en celos la hora. Pintan al amor sin ojos! que bien hicieron, Teodora, pues sin ver inconvenientes, en sus peligros se arroja. Y no es mucho, si estás ciega, que mis males no conozcas, si bien para publicarlos he puesto el alma en la boca. Celos me traen a tu casa, y más siento en mis congojas, que el peligro del dolor, el declararme envidiosa. Celos me da tu hermosura, no quieras mayor victoria, pues cuando te pido celos, te confieso más hermosa. Nací, ya sabes de quien, con un hermano, a quien robas lo libre a su juventud, el decoro a su persona. Gasta contigo su tenta, entra en tu casa a deshora, músicas te da en la calle, que poco cela tu honra! Mas no es este mi dolor, pues esto para, Teodora, en casarse con su igual, y en dotarte para Monja. Casáronme con don Pedro mis padres, y dicha corta, con quien si no fueras libre pudiera ser yo dichosa. Jamás sale de tu casa, que doncella virtuosa! galán te sigue en la Vega, tan público te enamora; fiel amigo de tu hermano, mozo a quien nada le sobra. Dice que en tu casa entra tan seguro como importa, porque en una casa humilde de una mujer de vosotras, es grande achaque un hermano para entrar a cualquier hura. Los dos cuñados te sirven, opuestos los dos te rondan, el uno al otro se cela, que competencia tan loca! Ni se hablan, ni visitan, y yo vivo temerosa que han de acabarlos sus celos si tu cuerda no lo estorbas. Quiero al uno como hermana. amo al otro como esposa, y siento más que mis celos el peligro en que se arrojan. Así te vengo a decir, remedio a estos males pongas, pues nunca de causas tales suceden felices obras. Conténtate con mi hermano, que gasta en tu casa sola tres mil ducados de ronta; deja a mi esposo, Teodora, y si el interas lo impide, que eres dama pobre, y moza, con achaques de hidalguía, enfermedad peligrosa, mis galas te servirán, desde la cinta a la ropa: para la ciudad mi silla, para el campo mi carroza, servirante mis criados, más fieles que a su señora: y avísote que si no lo remedias desde ahora, pues para echarte de aquí, poder, y razón me sobra, aunque lo sientan los dos, si me ofendes, si me enojas, te haré sacar de Toledo por mujer escandalosa. Amor es ciego, Guiomar, también el enojo es ciego, mas no entendí que sin ojos también estaban los celos, pues no has visto en ese patio muchos escudos soberbios, que a los huéspedes informan el Estirpe de quien vengo; que los conserva mi casa para que estimón su dueño, porque a casa sin escudos quién le ha de tener respeto? Tampoco verás celosa esas dos torres, que fueron piramides, cuyas puntas eran Arlantes del cielo, Adonde muchos pañeses, si no gastados del tiempo; con golpes que recebían mis Mozárabas abuelos, informan de mi nobleza, y rotos están diciendo: quien trae deshechas las armas, no tuvo al contrario lejos. No es mucho que no lo veas, que los nobles ornamentos son en una casa pobre, rica joya en bajo dueño. Tampoco verás, Guiomar, dueñas, pajes, escuderos, damascos, ni tafetanes desde el pavimento al techo; escritorios de márfil, i ni de plata candeleros sobre bufete de jaspe, alfombra Turca en el suelo, ni con India colgadura cercado mi humilde lecho, bordadas sillas con oro, estrado de tercionelo, cristales en las orejas, ni diamantes en los dudos, en el tocado esmeraldas, pender firmeza del pecho, jubón de lama brillante, falderlín; enaguas, hueco, ni ropa de levantar. Los más postrados deseos yo sé que no los verás, aunque te dé para ello mas ojos que tiene Argos la malicia de tus celos. Lo que verás son dos sillas, cuatro Paises Flamencos, un bufete; y con mis armas seis antiguos reposteros, pobre vestido a Teodora, porque no fuera bien hecho gastar mi padre vayeta, y yo tabies soberbios. Una adarga y cuatro lanzas, y en un escritorio viejo tres, o cuatro ejecutorias, con los Católicos sellos. Y si como son de plomo fueran de oro, te prometo los empeñara mi padre, o los jugara a los cientos. Qué prodigo de su hacienda, cuanto heredó de mi abuelo, o lo ha jugado a los naipes, o en cañas, justas, torneos. Y me acuerdo que tu padre, que no ha, Gniomar, mucho tiempo, cuando era el mío el galán de las fiestas de Toledo, ricas telas le vendía, y para entrar aquí dentro, dos horas en el portal esperaba sin sombrero. Sin discursos de la vida gastó su hacienda en efecto, y con semejantes hombres fue tu padre enriqueciendo, y el que vino ayer desnudo de las Montañas de Ouiedo, con selenta mil ducados compró generoso hierno. Murió, y déjote casada, y a don Juan tu hermano puestos tres mil ducados de tenta, en casas, juros, y censos. Los parientes que adquiristes con tan noble casamiento, el agrado de don Juan; la dicha de forasteros os introdujo a los dos, donde merecéis asiento, tú, Guiomar; entre señoras, tu hermano entre Canalleros. Bienes te dio la fortuna, será justo; mas no entiendo que para libre en mi casa te pudo dar privilegios, que injusta ofendes mi honor: y en cuanto toca a don Pedro, totalmente han discurrido injustos tus pensamientos. Mas de tu hermano don Juan, que es mi amante te confieso, que es vida de aquesta casa, que es alma de aqueste cuerpo, no por su hacénduela humilde, que en mi sangre no vendemos. al oto la voluntad, sino a los merecimientos. Porque noble, agradecida a su gala, a sus extremos, quisiera para hacer más que hubiera nacido menos. Tu conforme la costumbre de tu humilde nacimiento puedes inclinar al oro tu apetito, y tus deseos. Que quien siente de mi honor tan desiguales intentos, trato hará de sus acciones, como sus padres hicieron. Mantís, Teodora, mentis, que mi padre, y mis abuelos en la Vega de Granada mancharon el noble acero. En los Moros, o en nosotros? Con pica de dos encuentros aen los Afrícanos Moros. , Jesús, Guiomar, yo lo creo, si la vara de medir fue la pica de dos hierros. Lindamente se alancean. . Si no estuviera aquí dentro. Vete, mujer, de mi casa. A hacerte echar d Toledo. . Para volver a las armas treguas los campos hicieron, pues sus banderas azules dejó el amor en el viento. Ahora, Casilda, ahora me estás diciendo conceptos, cuando son puertas mis ojos de los volcanes del pecho? cuando la opinión perdida, y el honor ilustre tengo, que servía a mi pobreza de vavidad, y consuelo? Que si tuviera la fama conforme a mi sangre debo, no tuviera esta mujer tan bárbaro atrevimiento. Mal haya, don Juan; el día que grata oí tus requiebros, causa de tantos agravios: mas porqué de ti me quejo? mi padre tiene la culpa, pues con sus gastos, y excesos, a sus decendientes deja a estas miserias expuestos. Mal lo mira el hijo dalgo, mal lo hace el Caballero que deja a sus hijos pobres con tan míseros ejemplos. Porque es un noble fin bienes día sin la luz de Febo, rinculto jardín fin flores, sin alma gallardo cuerpo. No llores por vida tuya, aunque es justo el sentimiento, que oigo gente en esa sala; don Pedro viene. A buen tiempo. Qué tenéis, señora mía, que tan triste estáis ahora, vos que podéis al Aurora dar esplendor, y alegría? Que divinidad merece tan alta demostración? a quien vuestro corazón líquidas perlas ofrece? Tantas lágrimas dejad solamente para quien provoca vuestro desdén: más, niñas bellas, llorad, que viendo vuestros enojos, alentaré mi deseo, pues en tanto rigor veo piedades en vuestros ojos, Jamás entendí, señor, y aún ahora no lo creo, que tuvierades deseo en perjuicio de mi honor. Pues ha de mirar primero el daño, y inconveniente el que conserva prudente acciones de caballero. Tanto os estimo, señora; que jamás llegué a rogar mas de que os dejéis amar del alma que en vos adora. Jamás a vuestro rigor llamé tirano, o cruel, porque se conserve en él vuestra nobleza, y honor. Que si a mis ruegos piadosos (depuesta la calidad) os rindiera la piedad, por vuestros ojos hermosas, que tanto don Pedro os ama, que de vos huyera luego, o por fácil a mi ruego, o por guardar vuestra fama. Don Pedro, en esta ocasión; el menor inconveniente, si miramos solaiente a conservar la opinión, es corresponder amante, pues siendo aquesto en secreto, a ley de noble, y discreto, habéis de callar constante. El mayor inconveniente, y que a ser mi infamia llega, es que en la Iglesia, y la Vega me sigáis públicamente. De don Juan vuestro cuñado, según dice, soy querida, a quien doy agradecida cuanto permite mi estado. Sois casado, y dos amantes, una esposa, otro galán, celando, y velando están vuestras acciones galantes. En ellas velan los dos, y mi triste suerte ordena, que pague mi honor la pena de las culpas que hacéis vos. Doe este nace mi pesar, de aquesto mi mal depende, pues de mí don Juan se ofende, y queja doña Guiomar. Dijo aquí que por codicia juntos a los dos admito, y si no estorbo el delito, que acudirá a la justicia. Y que me dejéis os pido, pues con esto cumpliréis lo que a una dama debéis, y a vuestro noble apellido. Tal penso doña Guiomar? acción hizo semejante? libertad tan arrogante hoy me tiene de pagar, con que a la más triste aldea nos habemos de partir. Quién en paz puede vivir, porqué discordias desea? que si bien fue libertad, disculpa tiene su intento, pues nació su atrevimiento de afectos de voluntad. Y será mejor que vos, pues veis que mi honor se abrasa, no visitéis esta casa. Pagáralo, vine Dios, la necia, loca, imprudente. Qué necia en decirlo fui, mal hice, pobre de mí: vos lo enmendaréis prudente. Moderad el sentimiento, que si yo el honor os quito, a pesar del apetito enfrenaré el pensamiento. Y por serviros mejor con pristencia en mis enojos, prestare luz a mis ojos, y canas pondré a mi amor. Lo que quisieres le pon; mas mira. Qué dices? Digo que está tu hermano, y tu amigo en el último escalón. Qué he de hacer? triste de mí. No os alborotéis señora: vengáis, do Diego, en buen hora; don Diego. Don Pedro, aquí? Voyme al aldea a vivir, y siendo amigos los dos, sin despedirme de vos no me he querido partir. A buscaros vine ahora, mas siendo fuerza irme luego sin veros, pedía, don Diego, me disculpase Teodora. Decid la ocasión precisa que os obliga a tal empresa. Historia muy larga es esa, y yo vengo más de prisa: a vuestro padre por mí las manos le besaréis. Temeroso me tenéis de veros partir así. Para cierta adolecencia, que aformenta mi cuidado, vida, y salud he librado en los aires del ausencia. Amigo, a Dios: mirad vos si algo queréis del aldes Que tengáis salud desea esta servidora. Adiós: quedaos don Diego. Eso no, yo os tengo de acompañar. No tenéis que porfiar. Vamos, don Pedro, que yo me quedaré en la pelota. Poco de estas cosas medro: ay, quiera Dios que don Pedro no dé en Toledo más nota, y esta mudanza violenta no pare en infamia mía. Si lloras en profecia, jamás vivirás contenta. Pues es bien por esto pase, sin temer lo que dirán? No te falte a ti don Juan, y más que Troya se abrase. Amor, causa fatal de tantos males, si busco por tu medio honor alguno, escarcha pido al Sol, fuego a Neptuno tranquilidad inquiero en sus cristales: si padres principales no te dieron, amor, el ser primero, sino una mujer fácil, y un herrero, que ignotante ha entendido, que puede dar honor un mal nacido? afrentas de ti espero, que si de padres tan humildes vienes, como darás honor si no le tienes? Si más cuidadono tienes, si no me sientes entrar otra vez, te he de robar. En la casa que no hay bienes, qué quieres hurtar. Rosado? solo males toparás, que hay en esta casa más que en la del peor casado. Yo males, húrtelos quien se cónsue, y se amotina, porque su pobre vecina galas rompe, y come bien. Húrtelos a quien le pesa, que uno pruebe ser hidalgo, mas que si le hurtaran algo de su honor, o de su mesa. Húrtelos uno de aquesos, que riñen por su solaz, y pudiendo estar en paz, no la tienen con sus huesos. Estos los pueden hurtar, que los haurán menester, que solo pienso tener los que no puedo excusar. Oh Rosado. . Oh la medor, oh bella señora mía, con cuya dulce ambrosía regala su pecho amor. Al volver de esa plazuela, vio mi señor, mano a mano a don Pedro, y a tu hermano, y como está en centinela esperando la ocasión de ver tu rostro matante, viene a verte a fuer de amante palpitando el corazón. Cómo la piedra ligera su centro busca, y unión, el Céfiro su región, el fuego actino la esfera superior, y elemental, el imán el Norte frío, y nuestro dorado río el gran mar de Portugal, vengo a tu casa, señora. Que linda flema que tienes, dila presto a lo que vienes, y deja arengas ahora. Deja que el alma a pedazos manifieste sus afectos. Sí, mas sean los conceptos metaforas en los brazos. No es muy mala la lición. Es como de tal Maestro. Siempre ejecuta el más Eestro la herida de conclusión. Pues que la has hallado sola, habla poco, y hacer puedes, dejando para las redes eso de gastar parola. Que de tutores que tienes, y si bien por varios modos, que no gasten quieren todos, ni palabras, ni tus bienes. Tu hermana con mil afrentas, que es el más fiero tutor, dice que compras mi amor con tus juros, y tus rentas. Vive, don Juan, libremente, sin sujetarte a los dos, que aunque es niño amor, es Dios, y otro Imperio no consiente. Mi hermana ha venido aquí? En aquesta sala estuvo. Y tan descompuesta anduvo? Muchos agravios la oí. Libre me dijo también, que yo a su esposo la quito, y por codicia le admito. Así. Teodora, está bien, celosa Guiomar vendría, y si descompuesta habló, si no más causa que yo, menos prudencia tendría. Mi cuñado entra en tu casa como amigo de tu hermano, no son mis celos en vano, si ella de celos se abrasa. Y así, con esta razón, no es mucho que te lo diga; pues que mi amor no te obliga, ni corrige tu opinión, Tal agravio escuchar puedo? así a una dama desprecia un hidalgo, que se precia de las Montañas de Quiedo? Yo contigo trato doble, yo con don Pedro afición? es de mi sangre esa acción? esa sospecha es de un noble? Pesares me dan tus labios? muerta a tus pies me verás, pues el que me debe más me dice también agravios. No me culpes, pues confirman otros celos mis enojos, y otros advertidos ojos lo que yo presumo afirman, Y, Teodora, vive Dios, que aunque el mundo lo levante, que es información bastante en la que deponen dos. A don Juan, señor, a cielos, tened piedad de mi honor, pues puede más que mi amor la falsedad de los celos. Pídeme a fuerde criado celos como tú señor; mas si tuvieras amor tómaras los que te he dado. No te tienes que cansar en darme más celos, pues aunque más celos me des, yo no los quiero tomar. Ay, Perez, hay padre mío, que airado don Pedro viene; rayos fulminan sus ojos, fuego exhalan, iras bierten. Para llevarte al aldea, el coche manda que apresten, muy colérico le miro, todo tiembla, todo teme. Acaba, pon los caballos. De miedo estoy como nieve, y esta es la primera vez que tienen temor los Perez, Aurala dicho su dama, sollozando, que la vengue, que la he quitado su honra, como todas decir suelen. Querrá vengarla galán, porque con los hombres siempre tienen más favor las damas que no las propias mujeres. Ve, Perez, busca a mi hermano, di que venga a socorrerme, cuéntale lo que ha pasado, di que quedo de esta suerte. Yo voy volando, señora, y mientras tu hermano viene, no respondas a don Pedro, calla, oblígale prudente. Que nos vamos al aldea a nuestra hacienda conviene, ya un coche está prevenido, vamos, qué aguardas? Pues quieres que tan de presto nos vamos? Luego al punto. Pues no puedes suspender hasta mañana; Jesús qué de priesa tienes? por la santa Inquisición he pensado que me prendes, pues me llevas desde aquí, sin dejar que a mi retrete a tomar algunas joyas, y algunos vestidos entre. Que libre bachillería. Son mejores las que suele aquella hidalga decir, que libre se desvanece porque vos la enamoréis? Porque don Juan la pretende, y de un Mozarabe Godo. dice que su Estirpe viene; pues don Pedro, yo prometo, hora en Toledo me quede, o ya a la abrasada Libia, o Scitia helada me lleves, que he de haces que por justicia. de Toledo la destierren. Haz lo que te digo ahora, injusta; y necia, no afrentes a quien en virtud te iguala, y en sangre antigua te ejcede. Será por tener más años. Acaba, loca, imprudente, vamos, porque vive Dios. Don Juan, mucho to detienes. Señor don Pedro, qué es esto? Sea don Juan lo que fuere, no os metáis vos en mi casa. Pues es mi hermano bien puede? quiera llevarme al aldea, para darme en ella muerte, por lo que sabemos todos: ay hermano, no me dejes. Linda ocasión se ha ofrecido para que mis celos vengue: . que es matar, si de Toledo, don Pedro, sacar te quiere, yo te llevaré a mi casa, y si en ella entrar quisiere, por la punta de este acero será mire si se atreve. Oh advenedizo. . Tan bueno como tú. Como yo, mientes. Jamás sufren tal agravio los hidalgos Montañeses. A tu lado está Rosado, con la de Joannes me fecit. Hermano, esposo, señor. Ténganse vuesas mercedes, Reñís al fin con ventajas. Póngase a su lado, Pérez. Muerto soy. Triste de mí! Tengan se vuesas mércedes. l La vida le he de quitar. Eso no, señor, detente, que basta para un mentís, haberle herido de muerte. Qué haremos, Rosado? Qué, ir a la Cámara fuerte; que es poderoso don Pedro, gidor valiente. En el Cristo de la Vega podré mejor retraerme. Pues envaina, y sin turbarte, s bajar por la Granja puedes. Ven tras mí. Pues qué querías, que yo los huevos batiese, y mojase las estopas? ya te sigo. Amor, vóngueme.
JORNADA SEGUNDA
Al fin don Pedro está bueno; vive el cielo que me pesa que tan poco dolor cueste tan bizarra competencia. Dicen que fue un sos layón, y que la herida está buena. Manifestó un cirujano, ensartando en una arenga aquello de dura mater, y que en los músculos entra; y la membrana carvosa, y de la cutis primera, parando todas sus pullas, ni bien Latinas, ni Griegas, en llevar el susodicho seis dobiones, y unas medias, Si don Pedro se levanta, salgámonos de la Iglesia, que quiero ver a Teodora, Jesús, señor, que blasfemas, pues y tus celos? Qué importa que me los de para verla? mas la amo, y la deseo; porque con celos alienta amor, que en las confianzas, y seguridad enferma. No porque apriete el albarda, camina más una bestia. Sí, pero viento parece cuando la pica el espuela: o celos, terrible mal. Mortal le llama, y reniega de enfermedad que se sube fácilmente a la cabeza. Bravos enemigos son. Oye lo que un Sabio cuenta Amaba a una hermosa cabra Cratís, pastor de una sierra, dábala el agua en la boca, como en sus palmas la hierba. Un cabrón (la voz perdona, si tiene alguna aspereza) de Cratiscelos tenía, mira que cosa tan nueva. Viole durmiendo en el monte, y con la ganchosa testa tantos golpos le pegó, que hasta ahora no despierta. Mira quien los sufrirá, si a vengarlos nos enseña hasta el animal que ha sido símbolo de la paciencia. No es el lugárcito malo. Mejor es este, que cercan el Tajo por una parte, y por la otra las ventas: que de versos le cantara si tan triste no estuvieras. Cansa el estar retraido, y más en tiempo que apenas entran damas a rezar al Cristo de aquesta Iglesia. Qué deboto Santuario! Oh, Rosado, si tú vieras Viernes entre Pascua, y Pascua, a donde Toledo obstenta en esta ruina santa su devoción; y belleza. Si estuvieras retraído. como en su Templo, en sus huertas, que de ellas te visitaran, que de oraciones oyoras. Mas poco a Teodora debes, pues es forzoso que sepa que estás aquí retraído, y no ha bajado a la Vega. No habrá podido, Rosado. Pues para que son las muelas, y ofrecer al santo Cristo un Octavario, o Novena, dar gritos, y prometerla. una quijada de cera? Tendré a Leodora enojada con mis atrenidas quejas, que su virtud contradicen, y acredita la experiencia. Pues es virtuosa, y noble, cásate, don Juan, con ella. Vive Dios que lo deseo. Por Dios, que la moza es bella, y que el más noble rocín puede hacer casta en la hyegua. Escucha, quien son aquellos que se han parado en la puerta? Don Diego y su padre son. Qué querrán? Pues están cerca, a ellos se lo pregunta. En el Abadía entran. Señores, tanta merced, ahora mi alma precia la causa de mi cuistión, si la merezco por ella. Vuestros servidores somos, la dicha, don Juan, es nuestra, y así a ofreceros venimos la vida como la hacienda. La hacienda le ofrece el pobre, y a hacer me atrevo una apuesta, que tienen sobre las capas mas de dos mil hipotecas. Estimo que bueno estéis. Cualquier salud que yo tenga para serviros será. La que tenemos es vuestra. Mi señor, los hijos dalgo, y los hombres que profesan, conforme al duelo, guardar el honor, y la nobleza, dan en riñendo las manos: esto si de la pendencia de los que riñen opuestos no resulta alguna afrenta. Vos con don Pedro reñistes, y a una palabra severa satisfizo vuestra espada con una herida violenta. Y conforme a la opinión de las Marciales escuelas, dejastes a vuestra honra; con berirle, satisfecha. Y así, porque se conserve la paz, y la parentela, la mano vengo a pediros. Yo con obediencia ciega la mano a don Pedro doy, y a vos los brazos. . Quisiera daros un Título en premio de tan hidalga respuesta. Lindamente te disfrazas mal año para el Poeta que transformaba la gente, o ya en flores, o ya en piedras. No quiero que me conozcan, porque si a saberlo llega don Pedro, tendrá pesar: que todos se vayan deja. Penitentes, bueno va; de qué Cofradia, Reinas? De la santa enclavación. Pues ejo a las faldriqueras. Tan bien disfrazada vienes que no te conozco apenas. Hay desdichada de mí, Casilda, qué gente es esta? Tu padre, y tu hermano son, disimula, estate queda. Si a rezar vienen al Cristo por alguna penitencia, esta es del Abad la casa, por allivan a la Iglesia. No ves a Rosado hablar con las damas encubiertas? Porque me trujiste, amiga, para que mis ojos vieran la talsedad de este ingrato, y de mi amor las ofensas? Disimula, no te oigan. Daré voces, aunque pierda, como la vida, la honra. Damas, don Juan, os esperan, quedaos con Dios, y mañana os traeremos la licencia de presentaros: adiós, Guardeos Dios: qué gente es esta? Damas son de buena estofa, no se si hermosas, o feas, porque no ai zahorí de mantos, ni el más lince los penetra. Reinas, yo tengo enemigos, y así es cordura que tema, que debajo delos mantos se encubre alguna cautela, y tengo de descubrirlas. Mira si se va con ellas. Hermana, Guiomar, tú eres? Que esto a mis ojos consienta? Aquellas damas me buscan, vete, y en el Cristo espera, que en hablándolas, Guiomar, bajaré a verte a la Iglesia. Pues en él te espero, hermano: vente conmigo, Clavela. . Si a mí me buscáis, señora, permitid que el rostro os vea, si no ciega su hermosura, que no será cosa nueva cubrir nublados al sol, ni a las deidades la seda. A ingrato, a fiero, a enemigo. , n Iros queréis? bueno fuera sin que al puerto de los ojos registréis vuestra belleza. Salgan al campo los vuestros, desatad las nubes negras a mis deseos, y al día. Qué descortesía es esta? Teodora. Ingrato, traidor, para mi muerte nacido, lisonjero fementido, hombre indigno de mi amor: falso, aleve, engañador, solicité tu amistad? buscote mi voluntad? conquistaron mis finezas vanidad a tus riquezas, o disculpa a tu verdad? Que bien premias mi cuidado, pues cuando a verte he venido, concelos me has recibido, y con una dama al lado: que arrepentido te he hallado de tus injustos recelos, que bien pagas mis desvelos, que bien tu mal recompensas, si a presumidas ofensas das evidencias de celos. No ce amenazo, don Juan, con celos, y con mudanzas, pues todas estas venganzas en mi perjuicio serán: pero jamás me verán afable tus pensamientos, ni cuantos falsos intentos me mostraren afición, porque de esta ingrata acción saque el honor escarmientos. Yo falso, señora mía? yo con lisonjas te trato? si jamás te he sido ingrato me falte la luz del día. Hay mayor alevosía? que todos viéndolo estén, y que lo niegue también. Pues eso le ha de negar, pues negado viene a estar lo que los ojos no ven. Yo, Teodora, no lo niego, oye por Dios. Enemigo, para que? Óyete digo. y dame la muerte luego, no culpe tu enojo ciego a la voluntad más pura. La tuya culpo perjura, pues vi su traición ahora. Pues engañaste, Teodora, así Dios te dé ventura. Tú piensas que mis antojos han de dar a ti rendidos fe a la voz por los oídos, contra lo que ven los ojos? Si darás, pues tus enojos nacen de injusta ocasión. No quiero satisfacción. Ni quieren darla mis labios, pues a donde no hay agravios para que disculpas son? dos damas rezando están, Rosado, en el Santo Cristo, llamalas. Ya las he visto, no quiero verlas, don Juan. Yo voy como un Alcotán. . Todo a cáguete le aliña a pájaro de rapiña: pero tú que quieres ver, si ya no esperas hacer las paces de aquesta riña? A la puerta las topé que entraban. Qué aguardo más? estoy ciega? Ciega estás. Pues no eres traidor? No afe, oye, y el manto te pon, y verás en tus enojos como suele por los ojos engañarse la opinión. El manto te quita hermana, y perdona no bajar, que no me ha dado lugar esta hermosa cortesana, que es la beldad de Toledo: está medio reducida, perdóname por tu vida, si hablarte ahora no puedo. Ya está bueno mi cuñado, de que parabién te doy; de su amigo desde hoy la mano, y palabra hle dado. Por tu paz lo hice hermana, vete ahora, y déjame, que mañana te veré si me presento mañana. Quédate hermano en buen hora? y a vos, celestial objecto, dos mil escudos prometo si le sanáis de Teodora. Y aquesto que os ha ofrecido mi pena, y celoso afán, es, por quitar el galán a quien me quita el marido, Si no la conocéis vos, quien es os dirá mi mal, una dama es principal que admite en un tiempo ha dos. Calla por Dios, vete amiga. Qué esto diga! que esto crea! mejor será que me vea; que a todos, necia, lo diga! Esta es la dama, don Juan? Yo soy, y viven los cielos, que sin ocasión tus celos tantos agravios me dan. Bien me pudieras honrar, si quiera por ser mujer, mas cuando este flaco ser supo sentir, y callar? Antes hallo por mi cuenta, y ahora lo vengo a ver, que una celosa mujer mas que mil hombres afrenta, Oh que mal, Guiomar, lo has hecho, siempre hablas sin cordura; bien puedes estar segura; pues estoy yo satisfecho. Porque he visto en mis amores, y en infinitos sucesos, de don Pedro a los excesos corresponder con rigores. Y advierte, que también siento la ofensa de mi opinión, que si tuvieras razón, diera yo consentimiento. Y si agraviarla no es bien; tus celos, y tus antojos. de ambas cesen los enojos, ambas los brazos se den. Toma de amiga los brazos. Y vos los míos, señora. Pues algún día, Teodora, serán de tu cuello lazos. Y él no habla, socarrón? Como Casilda me mira: Clauela, allá te retira, porque tengo devoción de no hablar en cimenterio. Ni aún en la calle ha de hablar. Celitos, alto a bailar, que tocan otro salterio. Ser tu amiga desde hoy arrepentida prometo, y para que en el efeto conozcas que ya lo soy, no quiero más estorbar la paz de vuestros enojos, que están pidiendo los ojos a mi visita lugar. Bella os hicieron los cielos, tanto como cortesana. Es muy discreta mi hermana, Adiós. Adiós. Y tus celos. no están corridos, señora? Ay amor, no sé que diga. Podré merecer, amiga, que tú me escuches ahora? Que sé yo si era tu hermana la que estaba aquí primero? otro pesar, amor fiero. otra gaira Zamorana. Teodora, estás delirando. otra era la que he visto, y en la Capilla del Cristo te está, traidor, esperando. Ella ha dado en decir nones, llévala, señor, allá, sola la Santera está rezando sus estaciones, pero mal rato te espera, no te puedo dar consuelos, porque si da en tener celos, los tendrá de la Santera. Señora, para que fies de mi amor, y tu hermosura, y con razón más segura contra la verdad porfíes, a la Iglesia ven conmigo, mi fe verás, y tu engaño. Tu traición veré, y mi daño, porque es verdad lo que digo. Ella no ha dicho ballesta, bien puede un virote ver, pero ballesta ha de ser si se le encajó en la testa. Que las mujeres tenéis de los Ángales no más, el no desechar jamás lo que una vez aprendéis. Lo que siempre conservamos, a fuer de mujer prudente, es que cualquier hombre miente, y nunca nos engañamos. No te hagas de los Godos, que a todos rizna ese mal, que es pecado otiginal, y toca, Casilda, a todos. Y para que no te asobres, si quieres verlo mejor, mira un batallón de amor entre mujeres, y hombres; y verás en los más llanos en sus amorosos truecos, más mentiras y embelecos, que entre Griegos, y Troyanos, Rosado, todos mentimos. Casilda, todos bebemos, y si esto es así, que hacemos? para que la sed sufrimos estando junto a la venta? Ven, y si le place aDios, beber podremos los dos, alegre yo, y tu contenta, seis veces, tras dos jamones, que la sangre multiplican, mientras los dos alanmbican celos, y satisfacciones. Y si te prenden, Rosado? Por eso tengo yo amigos, que juren como testigos, que es una venta sagrado. . Pues tus ojos penetraron del Templo los nichos todos, que cuerpos de Reyes Godos antiguamente guardaron, como ya no te aseguras de tus injustos recelos, si ya no quieren tus celos inquirir sus sepulturas? Aún no estoy, don Juan, muy cierta que las Capillas no he visto. Mira la del santo Cristo, vesla aquí, Teodora, abierta. Ye es necedad tu rigor, que buscas mi muerte veo. Ea, don Juan, yo te creo, aunque es incrédulo amor, no te enojes, vida mía, injusto mi enojo fue. Siento dudes de mi fe, que es negar la luz al día. Y cuando faltara en mí, cosa que imposible fuera, quien a ofender se atreviera, sacrílego, a dios aquí? Que aquestos mármoles bellos miro con veneración, pues fieles testigos son que estuvo Leocadía en ellos. Pues tan devoto te veo, y la ocasión lo consiente. y de este Templo emivente su origen saber deseo, quiero le digas, don Juan. Oye milagros inmensos. Ya los sentidos suspensos en los oídos están. Nació Leocadla en Joledo, aquel diamante batido, que a los Rómanos buriles fue tan firme como limpio. Murió en la cárcel la niña, de cuyo feliz martirio es eterno testimonio la cruz que imprimió en un risco. Una máquina ordenaron los Romanos enemigos, que el cuerpo diese a los aires, en pedazos dividido. Que bien previno a los suyos este roto Crucifijo, que aún muertos tienen costados adonde hiera Longinos. Soltaron el instrumento, y el cuerpo hermoso impelido voló por el aire vago, y el devoto Cristianismo, la luz siguió de su estrella, y halláronla en este sitio; porque no hay humanas fuerzas contra soberanos juicios. Pobre sepulcro la dieron, a cuyo funebre oficio los Quérubes celestiales alternaron dulces Himnos. Duró así mientras España de Arrio siguió los ritos, hasta que dio Recaredo a nuestra verdad principio, Alentáronse los Fieles, y a su sepulcro bendito humilde Altar erigieron, votaron Culto Divino. Hasta que el gran Sisebuto, aquel santo Godo, digno de tan alta Monarquía, y de más heroico estilo, Templo gótico de mármo! en aqueste lugar hizo, que fue admiración de Europa, por lo elegante, y lo rico. Aquí se mandó enterrar, como lo afirma un Luciso, cuya inscrición nos repite en su historia don Rodrigo. Que este que en distancia breve vemos Templo reducido, fue capaz muchas edades de Reyes, y de Concilios. Frecuentábanle convotos extranjeros peregrinos, Toledo con Procesiones, pidiendo a Leocadía auxilios. Un día, pues, que la patria celebraba su martirio, en una bajó a este Témolo el Rey Godo Recescindo. Acompañábale aquel gran Toledano Arzobispo, que de la pasa de Orgaz es Patrón, y entonces hijo. Aquel galán a quien dio la Emperatriz del Impíreo, la Casulla que labraron sus piadosos sacrificios: cuyos fieles testimonios son en Ouiedo un vestido, y la piedra donde yacen los mejores pies escritos, Este pues, acompañaba al Católico caudillo, Santo general del pueblo, sangre al fin de Hermenegildo? Con Augusta reverencia entró el pueblo agradecido, a dar a Dios, y a la Santa gracias de los beneficios. Oraba llefonso, cuando con milagroso prodigio, vieron moverse la piedra, que cubrió el sepulcro antiguo. Salió como el Alba hermosa una niña, que mal digo, salió un padazo del cielo, de su varsedad vestido, cubierto de un sutil velo anteado, o amarillo, poca defensa a los rayos de su cuerpo cristalino. En lo celestial del traje, en lo hermoso, y peregrino, vio la Cristiana piedad que era de Dios Paraninfo. El cuello grave movió, y avimando la voz, dijo: Por ti vive mi señora, Alfonso Ilustre Arzobispo. Admirado quedó el pueblo de favores tan divinos, y anestro Prelado santo, modestamente encogido. Pero al volverse Leocadía al Sagrario, o Paraiso que guardó la mejor joya de nuestro tesoro rico, sacó el Católico Rey del Real esto que un cuchillo, que para cortar el volo dio al venerable Arzobispo: con él le cortó un pedazo, que con el cuchillo mismo, en la Metrópolí santa muchas veces habrás visto. Crecio laga a tanto del sacro Templo que piso, que era general refugio de Cristianos afligidos. En la perdida de España perdió su esplendor invicto, que hasta los Templos pagaron los pecados de Rodrigo. Mas la suma providencia, por alto decreto quiso preservar del Africano la Imagen de aqueste Cristo: que aunque entonces, de Leocadía el cuerpo santo perdimos, defensa fue de este Alcázar este santo Crucifijo. De los Mozárabes Godos santo y celestial asilo, de sus lágrimas consuelo, farol de sus Peregrinos, coluna de aqueste Imperio libertad de sus cautivos, estandarte victorioso contra el Arabe enemigo. Pastor, que en esta Ribera, al ganado más perdido, en sus celestiales hombros le restituye a su aprisco; que desde el árbol le otea, que le previene con siluos, que sal le ofrece en sus manos, y agua en su pecho divino. El alma, y la libertad a tu elocuencia rindiera, si ya a tu gala no hubiera rendido la voluntad. Si favor tan soberano oigo a tu boca este día, no te admire si la mía cristal le pide a tu mano. Ya, don Juan, he respondido mil veces a tu quererla, que el cristal cogera en ella el que fuere mi marido. Pues si mis dichas están, dueño mío, en ese efecto, mil veces serlo prometo. Mira que dices, don Juan; no te arrepientas amigo. d lu Mil veces mi fe te doy. Mira que aunque sola estoy te escucha el mejor testigo. Pues sed vos testigo ahora, Pontifice soberano, que doy la palabra, y mano de casarme con Teodora. Y pues me rindo a los lazos, señora, de tu Himeneo, da posesión al deseo, merezca ahora tus brazos. No será bien profanar la Iglesia en esta ocasión, remite esa pretensión para más propio lugar. Adónde será? En mi casa. Cuándo? Esta noche. A qué hora? A las once. Adiós Teodora, Vuela día. . . Febo, pasa. La mano me dio también vuestro cuñado en efeto, noble Montañes discreto, que hablan poco, y obran bien, Y así me parece que es justa facción Toledana, que vamos juntos mañana a presentarle los tres. Para que vea ese día, que por desgracia os hirió, mas que ninguno os venció, ni en valor, ni en cortesía, Toda mi vida seré amigo, de mi cuñado, pues ya la causa ha cesado, que de mi enojo lo fue. Y cuando durara hoy la causa, y enojo ciego, avos, señor, y a don Diego tan agradecido estoy, pues sois los nobles terceros de la paz de dos hermanos, que he jurado en vuestras manos según Castellanos fueros, que depusiera el rigor, por no reñir con don Juan, pues ya estás cosas están pendientes de vuestro honor. Mi padre está satisfecho que el amistad guardareya como a sus canas debéis, y al valor de vuestro pecho. Y que cierto que es verdad: mas para que esté más llana, hemos de añadir mañana vínculos a la amistad. y le habéis de ver contento, porque se confirme así. A dónde os espero? Aquí. Por herido lo consiento, Muera sin ilustre fama, muera el hombre sin honor, que no corrige el amor, si perjudica a su dama. No yo, que honor soberano justamente solicito, pues sujeté el apetito al Imperio de mi mano. A las once, mi Casilda, dije a don Juan que viniese, y no ha venido don Diego, quiera Dios que no se encuentre. Escucha, señora mía, que sueña en la calle gente. V Cómo despachaste presto? Estaba Mati Gutierrez acostada de reposo, con un hacho matafiete: detrás de un guadamesil le vi esconder al pobrete; yo, que no quise deguello, ni satisfacción, véngueme con quitarla este vestido, que habrá ocho días, o nueve que la enjaece con él para que otro la corriese. Como nuestra madre Eva quedó la yegua, de suerte, que la ha de correr en pelo cualquier Español ginete. Muy bien hiciste; mas oye, que aun que hace oscuro, parece que a la puerta de Teodora llega un hombre. Un hombre viene. Quién serán estos, señora? No lo sé, Cafirda, atiende. Quién diremos, Caballero? Don Diego? a buen tiempo vienes: la industria me valga ahora, . para que no se récele. Una dama tengo aquí, hablarla, amigo, conviene; la oscuridad de la noche, y estar ya convaleciente mi cuñado, me animó a que del Cristo saliese. Hazme espaldas, por tu vida, mientras hablo. No conviene que te encuentre la justicia antes que tú te presentes. Si de espacio la has de hablar, en mi aposento entrar puedes, ninguno nos verá entrar, todos en mi casa duermen. Aguarda que se lo diga. Casilda, que te parece la falsedad de este ingrato? No vi hombre más aleve. Quién es aquese, señor? Oh Rosado mío: advierte . que es don Diego, y una traza, porque de mí no sospeche, y para ver a Teodora, he imaginado excelente. Cuál es? Díjele que estaba con una dama, y me ofrece su aposento para hablarla: vestirte esa faya puedes, y ese manto; y en su casa podemos entrar sin verte. Hate parecido bien? pues a mí no me parece, guarda la gamba, este puto. Esto has de hacer. Pues lo quieres, vaya, y Santantón me libre. Qué hay, don Diego? Todos duermen, bien puedes entrar. Don Diego, que tú la conozcas teme. Yo vengo por un broquel, dame el tuyo, pues le tienes, que yo te dejaré solo sin luces en mi retrete. Pues guía delante, amigo. Tu hermano es el alcaguente, y su cama le ha ofrecido. Dárele en ella la muerte. Valiente traza, Rosado. Estoy bueno de esta suerte? Anda, y calla. Plega a Dios que en el cantino no encuentre algún hombre maritiple de guedejas y copete, que estos disfraces, don Juan, a chamuzquina me hucien. n La fácil ventura mía, dulce amor, a ti se debe. A mi casa la traéis, para que a mis ojos viese que nunca decís verdad, y mentís los hombres siempre. Mas pues en ella has entrado, no será injusto me vengue; esta noche he de matarle, esta noche he de perderme. Toma, don Diego, el broquel, A las dos volveré a verte: en este postigo, advierte, que hay un cerrojo, y con él la puerta puedes cerrar. Yo cerraré; presto ven. A quién se emplea tan bien, lisonja le haré en tardar. . Si por su hermana lo siente el agradable pelón; tiene mil veces razón; mas si habló conmigo, miente. Qué dices Rosado? Digo, si se ha ido el confiado. Solos estamos, Rosado. Qué quieres hacer conmigo? tente allá, si desatinas, lantes me daré la muerte, que soy un erizo advierte, rosal soy, y tengo espinas. Jesús, que mal pensamiento, Dios me libre. Calla ahora, y de Casilda, o Teodora busquemos el aposento, sepan las dos lo que pasa, y que nos metió don Diego como hizo el Troyano al Griego dentro de su propia casa. Abre, amante fementido. No son malos los extremos, carambólica tenemos. Entra, mis ojos, sin ruido; pues ofreció mi ventura esta ocasión a mi fe. Daré voces hasta que tu confieses que es perjura. Sin duda te ha visto entrar, y piensa que eres mujer. Pues déjame, que he de ver si un picón la puedo dar. Deja aquesa impertinencia, y dame, mi bien, los brazos. Para hacerte mil pedazos; quien vio mayor insolencia, ni condición más villana? dirás ahora, enemigo, que la que viene contigo es doña Guiomar tu hermana? hombre sin Dios, y sin ley, qué dirás por disculparte? Dirá que por no espantarte te viene a cazar con buey. Vos habláis, mujer perdida? No está mala la maraña. . Salios de aquí, picaña. Miente, que ella es la salida. Trae una luz, que ver quiero el rostro de aquesta dama. Ya voy. Mirad por mi fama, que me afrentan, que me muero, llegad, tentadme contino, y no traigan luz. Qué es esto? Es un moño mal dijesto, que a la boca se me vino. Y que no es nuevo os prometo, que yo he visto a una espinilla bajarse una pantorrilla, y a las rodillas un peto. Riendo estoy de sus celos. . No está mala la cautela. . Acaba, traeme esa vela. Aquí está. Qué es esto cielos! eres mujer, o eres monstro? mucha beldad nos prometes, si como son los juanetes es la belleza del rostro. De dónde es la buena alhaja? Del Toboso. .̱ Claro está que había de ser de allá tan buen corte de tinaja. De dónde sacó esta hermosa el que se ríe contento? Engañada de un Convento, donde estaba Religiosa. Ya es mucha la flema mía, quítese el manto. . Ay amado mira mi honor. Es Rosado? Mámola Vue Señoria. Qué es esto? . qué quiés saber? dentro de tu casa estoy, palabra te he dado hoy de que mi esposa has de ser, dame como tal los brazos. Ay esposo mío: ay Dios, . mi honor se fía de vos. Merezca gozar tus brazos, mañana nos casaremos. Ven, don Juan; mas dueño mío, mucho de tu fe confío. Ya tus dudas son extremos. Mi dicha a mi amor exhorta que entre a la ocasión que tiene, tan galán como conviene, y tan cortés como importa. . En ocasión semejante, retirarse es discreción, y no olvide esta lición cualquier fámulo de amante.
JORNADA TERCERA
Vistiose al fin, como te dije, hermana, Rosado de mujer, con un vestido, que a una devota suya cortesana quitó, por unos celos ofendido: pero don Diego, con llaneza urbana, su cama me ofreció muy comedido, llevome a su aposento, y por su daño a escuras me dejó, dichoso engaño. Fuese, y al punto en el postigo llama su hermana; muy soberbia, y muy celosa, entró, quéjose, y conoció a la dama, quedando tan corrida como hermosa: llevome con melindres a una cama, y entre lo confiada, y temerosa, diome su mano, y con favor tan bello aspiraron mis brazos a su cuello. Vino su hermano luego confiado, y de ver a la dama recatose, llegamos al portal, y porfiado me quiso acompañar, y al fin quedoses quite el mentido hábito a Rosado, riendo, al suyo de varón volpiose, que no menos que yo de ver murmura tanta facilidad como hermosura. Bájeme, pues, al retraimiento, cuando tomaba posesión de este Horizonte Febo, desde el Olimpo, coronando los capiteles de ese Augusto monte, adonde mis promesas rebozando, antes pasaré el barco de Aqueronte que vuelva a hablarla, ni a mis ojos vea tan libre amor, facilidad tan fea. Si otro el delincuente fuera, y de la acción no me holgara; mil maldiciones echara a la mujer que os creyerá, En esa choza esperando, sin pastor, y sin redil, está una oveja gentil por tus caricias valando. Quién es? Decírtelo temo, es la ovejuela cuitada, que anoche quedó almagrada, y luego la echaste a extremo. Pues dila, amigo Rosado, busque otro campo, y pastor, que en este, un Cierzo de amor, ni fe, ni hierba ha dejado. Ella entra, y tú podrás llevarla aquese despacho, que yo no he sido percacho de malas nuevas jamás. Don Juan, esposo, señor, cuando estoy de tu fe cierta no te debiera a esa puerta alguna señal de amor? Cuando sospeché, contento verte en esa Vega hermosa, triste recibes tu esposa en el último aposento? Qué tienes, mi bien, que tienes? mira que temiendo estoy, que han de ser pesares hoy, cuantos ayer fueron bienes. Perdonad, señora mía, si no os han visto mis ojos, que amor, con penas y enojos, no sabe de cortesía. Vos me perdonad también, pues de mí os podéis quejar, que no os he enviado a dar de la boda el parabién. Qué boda es esta, Rosado? La de Teodora sospecho, si no es que con juego hecho de falso la has descartado. Eso preguntas ahora, cuando de Himeneo lazos tegimos con nuestros brazos? Y quién nos casó, Teodora? Mi confianza, y mi amor, tu palabra, y mi ventura. El Matrimonio sin Cura, no tiene entero valor. Quién su palabra ha empeñado, no se obliga al cumplimiento? No era malo el argumento si yo te la hubiera dado. Pues no me la diste ayer, y anoche la repetiste? Tú de mis labios la oíste? de otros debiera de ser. Tal maldad escuchar puedo? Remedio tienen tus males, pues hay para agravios tales Legal Vicario en Toledo. Y no hay dama celebrada que no corra esta fortuna, que apenas conozco una que no esté vicareada. Muy buen consejo me das, procurador en efeto. Pues buen pleito te prometo, con dos testigos no más. Uno tengo solamente. Pues no se puede escapar de ser vario y singular. Y no le dirás que mierte, porque es la misma verdad. Qué palabra no te di diré y que quieres así dorar tu facilidad. Así cumple una promesa en el puerto un navegante? así ofende un hombre amante la Religión que confiesa? Así quien honer profesa trata cautelosamente? así un bien nacido miente? mas no lo debe de ser quien engaña a una mujer, y su sangre lo consiente. Fuerza tiene la verdad, y aunque poderoso estés, espero ver a mis pies tu mentira, y tu maldad; deudos tengo en la ciudad, noble padre, mozo hermano, que con valor Castellano te den la muerte, don Juan, y hasta las piedras darán ayuda contra un tirano. Callar será lo más sabio donde hay difícil venganza, que quien la intenta, y no alcanza, necia pública su agravio: sufra el alma, calle el labio de las que discreras son, no pidan satisfacción cuando es su agravio secreto, pues del honor el defeto está solo en la opinión. Sufrir será menor mal, que será la afrenta al doble, si una señora tan noble, se casa tan desigual: de algún mozo principal digna esposa podréis ser, que una tan noble mujer de a ta opinión, y apellido, no es bien tenga por marido el hijo de un mercader. Cuando la pena es tan fiera, no se alivia con gritar, a conceder, y a callar aprende de esta cordera: mas como es la vez primera, sientes, Teodora, el dolor de eso que llamáis honor; Casilda no siente nada, que al fin es mujer rasgada en batallones de amor. No te atormentes, y advierte, en tus penas inhumanas, que no todas las mañanas amanece de una suerte: todo es vida haste la muerte, vuélvele mañana a hablar, a persuadir, y a rogar, y si dura su inclemencia, callar, y tener paciencia, y volver a varajar. Todos de mi mal se ríen, y de mi agravio se alegran, pues alegrese en mi muerte. quien se ha gozado en mi afrenta. Mal haya, señora, quien de tus males no le pesa, que por sentirlos mi alma, de los suyos no se acuerda. Pues las mayores desdichas, Casilda, en la muerte cesan, busquémosla en ese río, que baña el muro a esta Iglesia, ven, que me he de echar en él, Cóntome un día una vieja, que las liebres perseguidas de los galgos en las selvas se juntaron a concilio, a tratar, de que manera pudieran librarse un día de sus desdichas eternas. No hallando remedio, al fin, determinaron contentas de arrojarse como tú a un río desde una sierra. Ivan a echarse, y al ruido, llenas de temor, se alteran las ranas saltando dentro, cobardes como ligeras. Violas una liebre, y dijo a las demás? mirad; estas, más cobardes que nosotras, como la vida conservan. Volvámonos, liebres mías, a usvir a nuestra tierra, que no hay desdicha esu grande que algún remedio no tenga. En este cuento, Teodora, la vieja, y Isopo enseñan a que escudrifíes historias, y harás menores tus penas. Que no estoy. Casilda, en tiempo que me propongas discreta contra evidentes dolores, metafísicas consejas. Entra, y dile a ese tirano, que pues mi muerte desea, si quiere verla esta tarde, se suba a esa verde reja. Mas yo decírselo quiero, para que a mis labios deba, como a mi pecho la acción, albricias de tales nuevas. Muéstrate, traidor, a donde entre aquesas aguas tersas, veas que el Tajo, y mi vida, tus rigores lisonjean, que a tus ojos ingratos, he de arrojarme en el cristal del Tajo, porque mi muerte veas, Vireno ingrato, fementido Encas. Triste enseñanza seré en esta Imperial Ribera a las que ferian honores a palabras, y a promesas. Y a vosotras, si hay alguna, que ya amante, o ya ligera, hayáis creído lisonjas dejada, y gozada apenas, seguid mi ejemplo, seguidle, si como yo estoy os dejan, y en una mujer sin honra, valor tan hidalgo queda: doren a repentimientos. a liviandades tan feas, y voluntarios castigos. compren honor cuando mueran. Cristales tiene Toledo para confianzas necias, si tuvo acero Cartago, para una burlada Reina. Y tú el peor de los hombres, parto feroz de una fiera, que con fingidas caricias, robado el honor me llevas, pues das la causa a mi muerte, esta caduca belleza, cadaver te seguirá, en imagen triste, y fea! fiscal seré de tus gustos, cuando veles, cuando duermas seré tu mayor contraria imaginada en tu idea. Bien sé, que aunque no respondes, estás oyendo mis quejas, que no ha de estar descuidado. dueño de tantas afrentas, Ven, y mi muerte verás, no importa conmigo vengas, que no me podrás quitar que me mate cuando quiera, que a tus ojos ingratos, me he de arrojar en el cristal del Tajo, porque mi muerte veas, Vireno ingrato, fementido Éncas. Dónde vas, señora mía, el ligero paso enfrena, el pecho cobarde anima, el juicio turbado esfuerza, que no hay desdicha tan grande que algún consuelo no tenga; y es de todas la mayor morir de aquesta manera. Mañana será otro día, y no es bien que se arrepienta, y te allen sus deseos, entre esos cristales muerta. Mira a las voces que has dado, esas ranas, que se alteran, porque consueles tus males en las desdichas ajenas. Déjame motir, Casilda. Muera quien tu mal desea. Déjame ser escarmiento de mujériles flaquezas, que a tus ojos, ingratos, (Tejo, me he de arrojar en el cristal de él porque mi muerte veas, Vireno ingrato, fementido Eneas. Sí, mas el manto te pon, y muérete con aseo, porque viene gente, y creo que tu hermano, y padre son, y don Pedro. Hay mi querida, menos será mi dolor, pues he perdido el honor, perdiendo también la vida. Cobra en tus males aliento, que no ha de durar jamás, que ni eterno bien verás, ni dura siempre el tormento. Sosiégate, ponte el manto: el cuentecillo sospecho . que ha sido de algún provecho: oye a parte, y cesa el llanto. Señor don Pedro, por Dios que entre el morir, o vencer, herido quisiera ser, por perdonar como vos. A los dos toca la gloria, pues en la guerra, señor, al consejo, y al valor se atribuye la victoria. Y el honor de aquesta acción es bien que a los dos se dé, pues vuestro el consejo fue, si mía la ejecución. Y para mí no dejáis parte alguna de la hazaña? El alma que os acompaña, a donde quiera que estáis, y mis brazos. Vuestro soy. Ce, don Pedro. Ya te ha visto. A rezar entro en el Cristo, entrad los dos, que ya voy. Con don Juan os esperamos? Soy el dichoso señora? El digno al menos. Teodora. Habla, qué solos estamos? o Ilustre don Pedro, Toledano insigne, Gudiel por tu padre, por tu madre Armindez, A quien menos debes, hoy favor te pido, mira cuanto fía de tu noble Estirpe. Bien sabes que amor al bajo, y sublime igualmente flechas del arco despide. Sin que le apiade, ni a temor le obligue Augusta corona, ni pellico humilde. Este, pues, mi pecho, en mis años quince, le puso de flechas como alado Cisne. Mira mis espaldas, que puntas lo dicen, y mi pecho mira; que plumas lo escriben. Fue la fiera aljaba don Juan, ya lo visto, cuando le plugo al deseo? falta un poco de vozeo? o estanse aquí retraidas? y no lo han mal advertido, porque usa cierta gente dejar ir al delincuente, y echar la garra al herido. Deja a ese infame, y atenta oye las voces que dan. Todos salen tras don Juan, retírate aquí, y alienta. Así falta a su palabra, así quiebra el homenaje quien los preceptos del duelo tan bien guarda, tan bien sabe? Vos acampaña a don Juan, vos que en mis manos jurastes guardar como caballero el parentezco, y las paces? Pues vive Dios, que cualquiera que a lo prometido falte, que ha de ver si dejó el tiempo de mi joventud señales. Y cuando falten las fuerzas a la razón de mi padre, sucederá en sus agravios quien le sucede en la sangre. Señor, qué mudanza es esta? no prometiste constante conservar eternamente con don Juan las amistades? como ahora las quebrantas? Qué importa que las quebrante si quiere reñir don Pedro? lugar, y tiempo señale. Qué es reñir? Oid señor: que hay, canas, quien os agravie, y prudentes defendáis al mismo que os hace infames! que os toca a vos defender? Que vuestras espadas guarden el amistad prometida, o matar al que la ultraje. Sí, mas si algún accidente después mi honor obligase a pelear con don Juan, que os toca a vos estorbarme? Fenéis razón, no me obliga en ocasión semejante, sino impedirlo con tuegos, si fueren a vos bastantes. Pues yo qué ocasión te he dado? Dar palabra de casarte con aquella ilustre dama que está llorando sus males, y gozarla lisonjero, y ahora negarla fácil. d. Ju Impórtate su defensa? De mí ha querido ampararse, y debajo de mi espada su honor, y su vida yace. No había en todas las selvas otro Español Brandimarte que el agravio de esa dama sobre sus hombros tomase? Este, señora, es honor. Mejor será que le llames . ira, rabia, muerte, y celos. Óyete, Guiomar, no hables, si no quieres que está daga tu pecho atrevido pase. No añadamos fuego a fuego, disimulemos pesares. La palabra has de cumplir que la prometiste amante, o en esa Vega conmigo. cuerpo a cuerpo, has de matarte. Pues qué información te obliga ni que auténticas verdades, a creer esa mentira, emprendiendo acciones tales? Saber que nobles mujeres, ni engañar, ni mentir saben. No decís, don Pedro, bien, no es información bastante para tan gallardo empeño la confesión de la parte. Oh santa bondad de un viejo, o prudencia venerable, contra tu honor preváricas? qué he de hacer? no he de casarme, y grande peligro tengo: mas una traza admitable. he imaginado: don Pedro, escucha, el cielo me falte, si aquesa mujer no miente, y pues puede averiguarse, dila que parezca aquí, y el tiempo, y lugar señale adonde dice que yo juré con ella casarme. No ha de valerte tu engaño, porque en ocasión tan grave, es necedad la modestia, y es el silencio culpable. Por no parecer Teodora. . a los ojos de su padre, se irá, y de este peligro seguro podré librarme. Mozárabes Toledanos, vuestra fe, y palabra dadme de no amparar a esa dama, ni hacerla ningún ultraje, sino dejar que está empresa yo en vuestra presencia acabe. Yo por los dos lo prometo. Pues, Teodora, en casos tales no te impida la vergüenza, tu honor ofendido hable. Teodora, a traidor don Juan. Teodora, a mujer infame. Oh la palabra cumplid, o en varias comunidades nos hemos de dividir, y en casos can importentes razón valga a la razón, valga a la injusticia Marte. Nuestra causa defended; porque en casos semejantes, el juicio más prudente es siempre muy ignorante. Nuestro agravio os sustituyo, yo sé que sabréis vengarle, mas no, don Pedro, el dolor, porque su rigor nos mate. Pe Hablad, hermosa señora. Qué queréis, señor qué hable? mi dolor saben los cielos, y don Juan mi razón sabe. Teodora, si bajamente contra tu honor, y tu sangre, para casarte conmigo, esta cautela inventaste, no es posible que te valga; ni dé crédito tu padre a mal compuestas mentiras, ni a atrevimientos tan grandes. Pues cuando estuviera yo sin obligaciones tales, por ser hija de tal hombre, me estaba muy bien casarme Qué dices hombre? qué dices? Basilisco, Tigre, Áspid, que entre las más bellas flores mi pie inocente engañaste. Digo que verdad no dices, nobles canas, perdonadme, que de la verdad la fuerza me dicta libre lenguaje. Cielos, para aquesto vivo? Qué niegas, traidor, infame? El mejor testigo. que la palabra me diste con un testigo delante. ̱. Pues si tal testigo dieres yo confesaré al anstante que he sido perjuro a Dios. Cristo, Leocadia, amparadme, no perezea el honor mís, no perezcan mis verdades, pues tengo el mejor testigo aquesta vez de mi parte, Dónde está? En esta Capilla, en trono supremo yace: este es el mejor testigo de la fe que me negaste, Cómo él lo diga, Teodora, provanza lerá bastan Es verdad Dios So que promerio de casarso conmigo, en vuestra presencia, este perjuro, ayer tarde? Oh fuerza de la verdad! O gran milao d Admirabl Suspende, Señor antes que el brazo levan confieso que sui periuro contrabo El mejor testigo. Quién hace testigo a Dios, con un testigo delante. ̱. Pues si tal testigo dieres yo confesaré al anstante don Juan, de sus liviandades, en su vida, y alma espere un suceso miserable. pues tengo el mejor testigo aquesta vez de mi parte, Se Palabras dadas adiós no quiere que las quebranten, Don Juan, qué haremos agorr Don Pedro mío, rogarto, que el perdón de estos señores, este es el mejor testigo de la fe que me negaste, y de Teodora me alcances, y generosos permitan con este esclavo se case. Quién contradirá, don Juan casamiento que Dios hace? Perdonad, bella señora, y mis lágrimas alcancer Oh fuerza de la verdad! dichosos brazos de esposa. Amor, don Juan, es piedades, tomad los míos, y vos padre mío perdonad y vos, hermano, si amo absuelve facilidades. Cuando le faltó piedad a los oídos de un padre? Pues vamos a la ciudad, y en suceso semejanto, votemos al Santo Cristr debidas festividades. Y así adora en este Templ Toledo la santa imagen de nuestro mejor testigo añonos que otra aign s
