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Texto digital de El mejor testigo es Dios

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Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor testigo es Dios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-testigo-es-dios-el.

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EL MEJOR TESTIGO ES DIOS

JORNADA PRIMERA

a , , Entre estas gratas flores, que retratan de Chipre los amores, los pensiles hibleos, pompas de Mayo, del Abril trofeos, Ruiseñores del Alba, hacen a tu venida alegre salva. Aquí la azul violeta, de ti celosa, se hace más perfecta, y la encarnada rosa acredita su grana vergonzosa, la azucena, tu nieve procura competir, mas no se atreve, y los claveles rojos, a tus labios ofrecen mil despojos. Mejor dirás, que al prado gentileza, y verdor has aumentado, pues sus cuadros floridos ostentan variedad desvanecidos, que esa gracia, y donaire, son gallardía al Sol, lisonja al aire. Lo turquí del acanto, del Narciso el cador, del Alba llanto, del lirio lo morado, del Adonis lo blanco, y encarnado, del tornasol el oro, pobres matices son, bajo tesoro para mí, pues tú solo de más rendido Clicie eres Apolo. Si como en el Po estamos, fuera del lanto en los frondosos ramos, sin duda que creyera que a sus jardines daba Primavera otra Diosa de amores, buscando a Cupidillo entre las flores. Más bien decir pudieras, si los celos que siento yo sintieras, que Marte está gozando los favores que yo estoy envidiando, hecho otro Sol celoso, sin tener un Vulcano, que quejoso, nueva redfabricara, que en eternas cadenas le enlazara. Que diré yo celosa, (sa, cuado a Orintía tus celos hacen Dio- si el Marte que la asiste, es a mis ojos quien los campos viste? Con celosos antojos son mayores las cosas a los ojos, y así, bella Celaura, tu pena con la mía se restaura. Ya Celaura ha venido. Bien lo confiesa tu color perdido. Si ves quien la acompaña, porque la causa tu rigor extraña? A estar yo tan segura, no lo sintiera así. Bien la hermosura del jardín da señales que goza de tus rayos celestiales, pues sus flores mejora. Si de los tuyos tantos atesora, fuerza es quedar corrida, pues tu belleza da a sus plantas vida. Su Alteza sale. . Al pecho le vienen alma, y corazón estrecho, Por ser hoy el día dichoso en que repiten tus años cursos felices, que excedan los del Fénix, que con ramos Sabeos su ser renueve, siendo cenizas gusano, padre, hijo, autor, y hechura, sola una ane; convidado vienes a aqueste jardín de las damas, que saraos te previenen, como Roma hizo a sus Césares sacros, Vino Orintía? Allí, señor, te está aguardando. Yo he andado grosero, pues de estas flores, de estas fuentes, y alabaliros, y de estas plantas, pudiera saber que está aquí, pues dando está a flores, plantas, fuentes, vida, ser, Salor, y aplauso. Menos retótico os quiero, y más verdadero. . Danos tus pies. . Oh Laurencio amigo, Alberto, Matias gallardo, huélgome de hallaros juntos. Todos, señor, aguardamos aque nos mandes. . Que siempre haga de Alberto más caso el Duque, que no de mí Qué es lo que está muriurando este Lombardo entre dientes, mirando siempre a mi amo? No viene su Alteza? . Ya pienso que la han avisado. Yo le dije que salías a aqueste pensíl! . El cuarto abren ya. . Vendrá celosa sin duda. . Que no ha quitado de Orincia un punto los ojos Alberto; mas en agravios que sospechas no son ciertas? Camaleónes mudando los colores del objeto mirando a su Alberto. . Rayos de luces envían sus ojos, repitiendo, y alternando vistas a vistas: a cielos? que queréis de mí? . Salgamos a recobir a su Alteza. Ya, señor, es excusado. Señor. Hermosa señora, dadme a besar vuestra mano. Nunca tan galán he visto a vuestra Alteza. Pues cuando. he dejado yo de serlo, que así lo habéis extrañado? Esposo que galantea, cuidadoso, y cortesano, ydonde hay damas, a su esposa, es dar sin pedir descargos, y darlos sin que se pidan, antes hace más culpados. No do digo porque tenga celos, que aunque en mi Palacio hay quien se los pueda dar al mismo Sol, no tan claros se han dedar, ni recibir, que es tan enojoso plato, que si cubierto es veneno, descubierto es muerte, es rayo. Ella al fin anda celosa, y con prudencia, y recato da a entender que lo ha sentido: comience el sarao, sentaros podéis, bella Orintia, aquí junto a su Altez Mi lado honrad, pues lo manda el Duque. A los dos, por favor tanto, beso mil veces los pies; Alberto ponte a mi lado. Será mi cielo. A traidor. Cielos, con Orintía hablando, vive Dios, que he de buscar ocasión, en que vengado quede, si yo puedo. Aquí es hoy la de Mazigatos. Salgan a danzar. Quién gustas que salga, señor? La mano quiero estorbar que en la hacha le tome Alberto. Cuidado causa al Duque aquesta fiesta. Danzar puede Alberto. Cuando excusarás la ocasión, fortuna, de darme enfados? Con quién me mandas que dance? Con Celaura. . Dios vendado, vencí, a tus aras ofrezco humo en urnas de alabastro. Muero de celos. . Rapaz, lince ciego, Dios alado, cuando tantos sacrifielos serán a tus ojos gratos? Empiecen los instrumentos. Entre tanto que danzando están, tengo de ocupar su lugar. Mas sosegado tengo el pecho. . Mucho el Duque mira a Orintía sin recato. En seguimiento de Adonis, la Diosa de amores pisa las flores, y en una rosa se espina la Diosa divina, la Diosa divina. Ese lugar en que estás no es tuyo. Cuando ocuparlo me ves, quién podrá estorbarlo? Yo lo estorbaré. . No más? Pues como tu descortés conmigo? . Brava arrogancia. Quieres que le arroje a Francia de un puntillazo? No des o asión que el Duque entienda mi enojo, y tu grosería. Ya tu loca bizarría no es bien que sufrir pretenda. Triste de mí. . Bueno está. Esté, o no, como quisieres. Gallardo es. . Soberbio eres. Qué es eso? . Nada. Será mi muerte, si aquesto pasa adelante. . Si en España fuera, empreudiera una hazaña que no la emprendió Ganasa. Mas que sea Italia, que importa, si soy Español? y el bueno siempre canta en Páis ajeno? mejor; pero me reporta ver que aquestos Parmesanos, por más que lo hablen, y gruñan, muy pocas veces se aruñan, que nunca igualan las manos a la lengua. . Id con su Alteza Orintía. . Yo voy señor. Yo estimo en mucho el favor Quiero ver desde esta pieza esto. . Dejados pasar, que un poco os he menester. Qué queréis? . Solo saber de vos. . Luego haurá lugar. Mas vale aquí. . Ahoraimporta seguir al Duque. Aunque importe, he de ver si vuestro corte; como vuestra lengua corta. Mi espada sabe cortar muchas, cuando largas son. Ya aquesta no es ocasión de hablar más, si no de obrar. El Duque lo vio. Qué es esto? ansí en mi cuarto sacáis los aceros, qué aguardáis? dadlos a Laurencio presto. Dadme la espada. . Tomad. Llevadlos luego a un castillo. No puedo, amigo, impedillo. Agradezco la amistad. Avisar a Orintia quiero, que es quien ha de estar más presa, para que hable a la Duquesa, que ella ha de aplacarle espero. Pues cómo, que así en el cielo que adoro los ojos pongan, y que a mi valor se opongan, causando en mi amor desvelo, dos hombres particulares, y cuando estoy más celoso, el sufrirlo sea forzoso, y que me de estos pesares. Orintia así? pero ella en que me agravia, si en ser pretendida una mujer que mi grandeza atropella no es culpada? mas no dando una mujer ocasión, la más valiente pasión fuerza es que se vaya helando. Pero lo contrario veo en mí, pues que su rigor acredita más mi amor, y esfuerza más mi deseo; mas qué respondió? . Que tiene valor para merecer ser del mayor Rey mujer; y que aunque el alma previene a servirte, no a quererte, pues es desdorar tu fama, que es grande para tu dama la que puede merecerte. Tiene razón, que al fin es mi prima, y si causa hallara, la Duquesa repudiara, y ella lo fuera. . No ves? que te ciega la pasión? Que mucho, si amor es ciego, que aesplendor tanto esté ciego? Pues di, señor, que ocasión en mi señora; y tu esposa podrás hallar, pues en ella, con ser tan noble, y tan bella, lo menos es ser hermosa? No se pudiera alegar, que mi estado me obligo siendo niño a casar? . No, si te pudo habilitar al gobierno, y mientras vivo tu madre, es dar ocasión a algún nuevo revelión. Ya el alma causa apercibe. No te despeñes señor, que el aventurar no es justo vida, y honor por un gusto. Dices bien que el sacro honor siempre se ha de anteponer. Los presos, señor, llevando, me llamó. . Que estás dudando? Tu enojo me hace temer. No receles. . Mi señora la Duquesa me llamó. Mi madre? . Sí, y me mandó. los soltase. Sea en buen hora; yo estoy bien servido así, es madre al fin, bien está: son amigos? . Señor, ya lo son, y vienen aquí. A tus pies, señor, estamos. Alzaos, los brazos os dad, basta que su autoridad puso mi madre. . Salgamos. bien de esta, que yo podré poco, o sin aventurar la vida, me he de vengar, perdonen palabra, y fe. Dos cólunas, dos Atlantes. sois de mi estado los dos, esperad, Alberto, vos; que mal fingen los amantes. Qué me mandas? A Matias quise decir. . Aquí estoy. Tuyo como siempre soy: que me queréis fantasías? Sacaron como te digo los aceros. . Ay de mí. No te asustes. . Mas así me matas; y di Rodrigo. murió alguno? . Pues no hay más de morir luego? . Forzosos lances son en dos celosos. A las conelusiones vas. No has visto, no diré toros, que es rancia comparación, ni ver caballo, y león lanzar sangre por los poros, sino dos fieros lebreles (pienso es hipérbole nuevo) sacar ambos por el cebo los dientes, y uñas crueles? Y no has visto un elefante, V y un Hircano Tigre hacer guerra, si le alcanzó a ver enamorar a su amante? Por ser tan casto animal, que se ofende de ser visto en tal acción, pues por Cristo que no es proporción igual cualquiera con lo que vi hacer; mas metiose enmedio la Virgen, sin que el remedio del soslayo fuese allí necesario. . Su prisión me cuesta más de un suspiro. Por Dios, señora, que admiro tu valor, que en la ocasión debe ser mayor en tis Vete, que Rosaura viene, y quien mis celos previene con ella. Oh Orintía, aquí Sí señora, de Rodrigo me estaba informando ahora. Y que, están presos? . Señora, yo fui de todo testigo. Así al Duque mi señor mil años goces, que llegues a hablarle. . Sin que me ruegues tú, debo yo este favor a Alberto; aunque ya más voy porque tú a hablarle no vayas: ay. Jesús. . Tente, no cayas; triste azar, no le hables hoy. No importa. En tu cuarto espero. Ya aquí no hay que recelar. Quisiérale visitar. Bien por Dios. De pena muero, Mas que es lo que miro, ay cielos, no es este mi Alberto? Él es. Libre, mi bien? Y a tus pies. Ay señor, cuantos desvelos me cuestas. Ya está su Alreza por medio. No te asegures de él. . Por qué? El porque no apures, si es dueño, y tienes cabeza. De albricias te quiero dar, perdone el recato loco, los brazos. Espera un poco. Ya es encuentro el que fue azar. Quién bien paga no es deudor, puesto que grande el recibo. Yo soy quien en deuda vivo. Rabiando estoy de furor. Que aunque tan grande mi amor, como del vuestro me hallo tan indigno, admiro, y callo los favores que me hazéis, cuando a un señor ofrecéis desprecios. . A vil vasallo. Son del amor maravillas, que como absoluto Rey, hace de su gusto ley, sin mirar cetros, ni sillas, pues tal vez pobres chocillas trueca en Palacios Reales, haciendo a su yugo iguales los fiervos, y los señores. Y yo haré a vuestros amores hoy obsequias funerales. Es amor igual señor, que a todos se comunica, que es general su botica, y él universal Doctor: bien puede el de más valor mas títulos poseer, más crédito el mercader, mas dineros el sigón, pero en su dulce prisión común viene todo a ser. Tú también de amor entiendes? Pues pesia quien me parió, no deciendo de hombres yo del modo que tu deciendes? Sí, pero en vano pretendes del amor filosofar, porque supone el amar discreción. . No ama un jumento? Es diferente argumento. Ven acá, si remontar viese una garza a los cielos un halconejo baharí, no prometrera de sí hacer al Sol paralelos? Fueran vanos sus desvelos, pues áspira a empresa tal solo el Alcotán Real. Esas son de amor las galas, darle al humilde sus alas, para hacerle al Sol igual. Bien entretenida estáis. Ay de mi señor ̱. No deis. disculpa, no no los turbéis, que si lices eclinsáis, cuando niego me miráis; podré hacer algún error con celos, y con amor, que a vos, y que a mí me pese. Ya por mi propio interese . fingide amor es mejor. Viene tan agradecido de la mucha gentileza, señor con que vuestra Alteza ha su enojo remitido, que antes aquí me ha pedido, (cuando está de amor muriendo) que os quiera bien, prometiendo desde hoy no mirarme más. Y tú los brazos le das de albricias. . Estoy muriendo. Estoy tan ciego en amarte, que gusto más de este engaño, que del mismo desengaño que he visto: ya el disculparte te agradezco, y por pagarte el gusto que en él me has hecho, me doy por bien satisfecho, como tú su tuego admitas. Mucho tu amor acreditas con tal sacción en mi pecho. Y así, como no pretendas deslustrar mi noble ser, me verás agradecer tu amor con iguales prendas, de tal manera, que entiendas que lo que al poder faltó; esta fe te mereció, pues fuera desaire mucho, cuando finezas te escucho; mostrarte desdienes yo. qué es esto? Ay de mí. . Al través si hablas, con todo has de dar. Ya que tengo que arriesgar cuando sin vida me ves? Dame litencia, y tus pies. Pues ya tovas? . Mi señora me envió a llamas ahora. que aún de aquesto bien me prive? mi Orintía si ellalmavi en ti, y por Diósote adora, de más será la licencia donde tú debes mandar; vete aunque hauré de quedar en noche oscura en tu ausencia. Si Sol haces mi presencia, aguarda con alegría, que presto volverá el día. . Oyes aquello? . Ay de mí, Quedaré esperando aquí por puntos el Alba fría. Asegurarme pretendo de este bien, y si es fingido probar; nuevas he tenido, que la ribera corriendo del Poanda el Lombardo, viendo que entretenidos estabmos confiestas. Pues qué aguardamos? (esto es probarme, con él haré del ladrón fiel) salgamos señor. . Salgamos. Presto se ha determinado, sin duda dijo verdad Orintía, a tanta amistad quedo, sin duda, obligado; pues tan bien han concordado los dos; pero puede ser engaño, y llego a temer no concuerden en fingir, de esta duda he de salir así: Alberto, agradecer quiero este servicio en parte, prefiriéndoos solo a vos aquí. . Así te ayude Dios. Vos, a quien propicio Marto. tantas victorias reparte, si amor dichosos trofeos, hoy lográis vuestros deseos. Él te la pegó de llano. Partiré a servirte ufano con tan honrosos empleos, Al Lombardo castigad, como de vos lo confío. Quilatas el valor mío. Conozco vuestra lealtad. Parto a servirte. . Mirad. De todo voy advertido. Ya de mi duda he salido. Ven Rodrigo. . Plega a Dios no nos la chante a los dos. No hay que temer. Yo he vencido. No quise entrar hasta ver partir a Alberto. Hemos hecho bien. . Mas sosegado el pecho. siento: tú has de ir a saber si va a ver a Orintia. . Ser leal amigo pretendo de Alberto; señor, ya entiendo, yo voy a servirte. Aquí te aguardo. . Llegaré? . Sí. Hola, quién hace aquí estruendo? Señor, quisiera avisarte de un negocio que te importa, pues más a su Alteza debo, que a quien su sangre desdora. El alma se ha alborotado, Federico. . Pena toma tan presto? ruego a los cielos tenga buen fin. Hola, hola. Señor. No entre nadie aquí: di amigo, prosigue ahora. Digo, señor, que a esas rejas, desde que antipodas rocas borda el Sol, hasta que el Alba despierta a la blanca Aurera, he pasado muchas veces galanteando, y en todas, o las más, he visto hablar. Ah ingrata, que bien conforma esto con lo que me has dicho. Su Alteza. . Quién? Mi señora. Más mal hay; qué dices hombre? santo Dios, cuando amorosas pasiones me vuelven loco las averiguo en la honra? No ha mucho que pretendía (oh imaginaciones locas!) hallar ocasión alguna, aunque fuera con deshonra, de repudiar la Duquesa, y ya (pensarlo me asombra) huyo lo que voy buscando, y tropiezo en propias sombras: Rosaura? mas no es posible, que si es bella, es virtuosa; mas si será, que es mujer, y la más firme no es roca: mas tal estoy, que aún la causa no pregunte; acaba, rompa de todo punto tu voz el alma, donde se forman tantos desvelos, y penas; con quién habla esa alevosa? Ya ha empezado a enfurecerse. Di, y mi muerte no interrompas. Tu Mayordomo es, señor, el que injustamente goza los favores de su Alteza. Cómo, que Alberto se oponga a mi valor? vive el cielo, que la palma que el Sol dora, cuyos rubicundos granos montes de casas coronan, ha de dar rojos granates al Po, de cuya arenosa margen con púrpura, y grana, inunde la Italia toda, borrando de ella hasta el hombre de este vil linaje. . Arroja fuego por los ojos . Cielos, es posible que desdora tal valor tanta belleza, tal virtud tan gran señora? si es mentira? puede ser: ven acá, dime, a que lloras viste a esa aleve al balcón? E. Señor, una noche entre otras, que iua Matias conmigo, fue a las doce. . Sospechosas señas son jamás la he visto faltar de su cuarto a esa hora, y mi sospecha acredita ver que en mi presencia propia riñó con su primo, y puede ser esta acción envidiosa: decí, es aquesto verdad Matías? . No sé qué informa a vuestra Alteza (bien finjo) Dice: ahora, cielo, ahora, ligad mi lengua, porque ella no sea en mi infamia la trompa: mas cuando tantos lo saben, el callarlo yo que importa? dice pues, que ha visto hablar no sé que noche a deshora a un balcón a la Duquesa. Aunque sea hazaña impropia. de mi valor, pues llegaste. la saberlo de otra boca, (no puedo negarlo ya: digo señor, que celosas pasiones algunas veces (mi atrevimiento perdona) A al terrero me ha llevado, y allí, entre sus sombras sordas, una de ellas, escuché ciertas quejas amorosas de una dama, que creí que fuese Orintia, y ansiosa el alma, intento tomar venganza; pero la ronda llego en esto, retíreme, y con la luz que una antorcha en la antecámara hacía (aunque escasa) cuidadosa vi que se asomó al ruido una dama, y con quejosas sospechas, pensando que era mi dama ingrata, y furiosa, me llegué al balcón, y hallé que era su Alteza. A traidora, a infame, a vil fementida; prosigue. . otra tenobrosa noche, yendo con mi primo, vimos lo propio. . Es notoria verdad, pues vino a pedirme su libertad, que conforma con esto, y aquella ingrata se me muestra ya amorosa, y el no sintió su partida, quizá diligencias todas de la Duquesa. Que llegue temo, señor, quien nos oiga. Dices bien, guía hacia el cuarto de mi madre, porque importa el secreto en mi venganza. Hoy mi esperanza se logra, Caballeros Granadinos, aunque Moros hijos dalgo, con envidiosos intentos, al Rey Chico van hablando; gran traición se va ordenando, Rodrigo es; mas qué traición canta aquí de Granadinos? si no son los desatinos que suele; que es la canción, Rodrigo? . Esperanza mía, Esperanza que me alienta, Esperanza que acrecienta de mis glorias la alegría, Esperanza. . No me gaste con epitetos tan fríos el nombre. . Sicien Judios no esperan más que esperaste verme, y ver yo tu beldad, y rodada la ocasión en que mostrar mi afición se vino, porque en mitad del curso mis alegrías arajaste? . Qué cantabas? Bueno, luego me escuchabas? Sí. . Acá son vejeces mías. No, alguna traición se ordena, que nunca tú hablas acaso, Acordome cierto caso la historia que sobre cena oí mil veces cantar a mi madre, de una Reina Mora que en el cielo Reina que estuvo para quemar por un testimonio, y viendo hablar estos de secreto con el Duque me prometo que andan alguna tejiendo. si no me acucido mal, tampoco faltó Esperanza allá como en nuestra danza, porque todo esté cabal en este suceso. . Pues que tiene que ver ahora la historia aquí de esa Mora? No lo digo porque dés crédito a mi pensamiento; más Fedérico, y Matías, yo veo que aquestos días andan con mal pensamiento. Pero esto a parte dejando, cómo estamos los dos? . Ya de mi parte dicho está, de la tuya estoy dudando, que pienso que a Francelina miras mucho. . Yo a Francesas? mucha ignorancia confiesas, o en amareres muy fina. Gabachas? fuego de Dios, tú sola me das desvelos, pues flechan esos ojuelos arpones de dos endos. Siempre lisonjero has sido, Yo lisonjero, morena, plega a Dios que de una almena, por lo que no he cometido, me veas colgar, sin que haya quien me diga un Credo, amen, si tengo sin ti otro bien. Jura mala en piedra caya; Celaura viene. Vendrá a ver su daño, tapada puedes irte. a quicriada, de mi enemigo será, es cierto, Esperanza es, o amiga. . Celaura bella. A quién buscas? es quererla de Orintía? . Modo cortés estando en ajena casa. Y Alberto? otra? afe bien. tú sola en Jerusalén peregrinas? lo que pasa no sabes. No, A una ocasión fue ayer contra los Beyentes, de este estado pretendientes. Y tú? . Por cierta razón de estado, he quedado yo, no porque le falte a España valor. . Pienso que me engaña aqueste, Orintia salió, con ella viene su Alteza, irme quiero. Qué te escribe? Mentiras de hombres, que vive dice en mí. Brava fineza. Señora. . Celaura amiga, Cielos, Celaura está aquí, qué es esto Rodrigo? . A mí me lo dices? Ya me obliga la curiosidad a ver lo que te escribe. . Ya son rabias, celos, y aflicción. Celosa estás, quiero leer. , , u Vedme, Laurencio, después. Vas enojado y quisiera. Papel, a enemiga fiera, cierto ya mi agravio es; deja. Señor, qué es aquesto? Qué carta es esta? Ay de mí. Yo vengo mi enojo aquí. Cielo, en qué ha de parar esto? Del Mayordomo es la letra, lecrela, aunque muera; a cielos. Yo parto, hermosa señora, del favor que me habéis hecho con el Duque, agradecido tanto, que faltan concetos al alma, para explicarlo; solo os suplico (si puedo obligaros) que templéis en los forzosos empleos finezas con él, que así sentiré mi ausencia menos, y mis celos: a traidor, cómo? que el conjugal lecho quieres enitar? . Señor, templa el rigor por lo menos delante de mi señora. Ya no son amores estos, sino honor. Antes le pierdes en hacer locos extremos, que es menospreciar tu esposa. Pues ya el debido respeto al Matrimonio perdéis de tal suerte, yo no tengo que mirar en ellos más, solución del casamiento pediré, que quiero irme a mi casa. Así tu intento lograrás mejor villana: reprimir mi enojo quiero para vengarme mejor; vamos. Vuestros pies axcelsos me dad señor. Que este venga en mi deshonra, y desprecio delante de mí, Señor, no me respondéis? qué es esto? fuese: amigo, porque el Duque no me habló? Lo que vos mismo sabéis en esto, se yo. Qué es aquesto santos cielos? señora, acaso sabéis porque su Alteza esto ha hecho? La carta que le escribisteis, a Orintia estaba leyendo, quitómela, con que dio a mis celos más venenos. Celaura, hazme puesto mal con el? . Yo? loco, grosero, bárbaro, arrogante, altivo, tal objección en mí has puesto? si estás porque te he querido vanaglorioso, y soberbio, ya mucho más que te amé, hasta tu nombre aborrezco. . Bonitos nos van dejando. No te vas tú? . Dusce dueño antes tengo de ir contigo, si a los climas contrapuestos te fueres, he de seguirte. Cómo es esto? cuando vengo. de servirle; cuando traigo tantos honrosos trofeos, me trata así. Dueño mío, no des quejas a los vientos. Cómo tú, hermosa señora, no me faltes, no apetezco. favor humano, que en ti todos los bienes poseo. Yo tuya soy. . Y yo tuyo. Tú eres mi bien. A. Tú mi cielo. Yo te adoro. Yo te estimo. Por ti vivo. Por ti muero. Yo por los dos soy un puro, ques vivo siempre muriendo.

JORNADA SEGUNDA

Vuelvo a decir que hoy naciste. De qué suerte? . De qué suerte? como escapas de la muerte. Qué me dices? . Lo que oiste. Cuando de Parma salías, de Márcelo convidado, de tu Orintia acompañado; no son presunciones mías, sino evidencias, llegó del Duque un paje a buscarte conmigo, parte por parte la ciudad examino por verte; yo sospechoso fui a Palacio, donde entré por suerte, y en el hallé el caso más lastimoso que vio el mundo. Ya me tienes. suspenso. . Por Dios te ruego no lo sepas. . Mayor fuego dentro del alma previenes. Ve al fin, que mi pena aumentas, Vi pues, señor, arrojadas, de los troncos apartadas, muchas cabezas sangrientas. Y más adelante, ay cielos! los cadaveres sobían, que ir buscando parecían sus cabezas por el suelo, con el movimiento, tanto, que alguno quedó abrazado de la suya, aunque apartado del suplicio, vuelta en llanto, el alma a verlo asistió: en esto llamar oí, y como pude salí al zaguán, y vi que entró otro paje con tu primo Laurencio, y pude avisarlo del daño; y ese caballo, cuya vida ya no estimo, revente porque ninguno pueda hallarte, y porque al paso que iuan, del fiero fracaso no escapara Guelfo alguno, hasta que puedan haberte a las manos, que por ti anda el Duque. Por mí? . Sí. Duque injusto, de esta suerte premias mis servicios leales? y cuando de mi ofendido fueras, que culpa han tenido tantos hombres principales, linaje, cuyo renombre a Italia da lustre, y ser? Por Dios, que el Duque ha de ser Herodes de vuestro nombre. Vive Dios, que he de vengar tan bárbara, y vil acción. Pues sola la dilación puede más, señor, dañar, porque pienso que no queda Guelfo con la vida. Vamos, los amigos prevengamos. Marías, esta arboleda. de muro nos sirva. El cielo al cuchillo os ha traido. Qué es aquesto? . Fementido Duque, que agravio, o que duelo en mi noble sangre vengas? Ofensas hechas a un Rey no admiren ley. . A sin ley. Dale, señor, no prevengas respetos ahora. . Fue mi señor; y aunque tirano, cuando le bese la mano, obediencia le juré: mas los fementidos mueran. Por aquí van los traidores. Que haré, que aquellos elamores. el pecho y alma me alteran? Huye, señor, por aquí, guárdate de un pueblo ciego. Pon a todo el jardín fuego; aquí está el Duque. . Ay d mí. Quién va? .Yo, Quién? No conoces tu dueño? a cielo inhumano. Si tu bárbaro, y tirano tus vasallos desconoces, de que te espantas que yo no te conozca? . Repara, amigo, en mi ofensa clara antes que me culpes. . No son disculpa en tal error celos. . Pluviera a los cielos fueran celos, no son celos de amor ya si no de honor; de rabia, furor; y enojos. Pues quien el infame ha sido que a aqueso te ha persuadido? Quién lo ha visto por sus ojos. Mienten los ojos, y oídos. que dolo en tal virtud ponen. Cuando sus partesla abonen, no quedan bien desmentidos dos testigos principales, y mayores de excepción. Mayores en la traición mayor, y más desleales dijeras mejor. El viento atrás vencido dejaron, y en vez de corrervolaron; (to mas quiero escuchar. . No sien- tanto la inhumana muerte de diezy seis Caballeros, que a tan infames aceros pasaron, infeliz suerte, como que a mujer tan noble, tan honrada, y virtuosa, una lengua maliciosa infame. . Soy piedra, o roble? dejadnos solos hay primo, ay Laurencio, ya es forzoso darte en la mayor desdicha parte, pues dijo un curioso, que los agravios se aumentan cuando los refiere el propio que los recibió, pues él los hace entonces notorios, y menos es recibillos que el publicarlos. . No oigo bien, acercáreme más. Quisiera que en tan penoso trance, al alma le faltara la respiración; dichoso quien nació pobre, y humilde en algún albergue tosco, sin obligaciones tantas a guardar el generoso honor; y mal haya amen- quien le puso en tan forzosos peligros, si a un flaco vidrio opuso horribles escollos, a arpón tan fácil, y leve. un tan desbocado Noto, y a tan mísero bajel un mar, que es tan proceloso. Porque la prenda más bella, y el más supremo tesoro dio el cielo al hombre en sujeto tan flaco, y tan achacoso? Que porque mi mujer quiera (si no el vulgo licencioso como suele las más veces) mi honor, que al cielo coloco, que de muerto, y sepultado, no en soberbios Mauseolos, no en Piras, o Urnas Egincias, no en Pirámides, o Emporios, donde repitiera vidas, como el Fénix en si propio, sino en centros del olvido aire fácil, leve polvo; y aún pluviera a Dios, que muerto quedase en sepulcro ignoto, y no expuesto al Aura leve de unos labios perniciosos. Perdona las digresiones, que hacer estos soliloquios, es por divertir el alma de la pena, del ahogo, del enojo, de la ira, de la pasión, del asombro, que es bien conciba: mas pues he de morir por antojos de un vulgo, y le he de darcuenta de lo que niego a mi propio, de lo que a un alma callo, de lo que a mi ingenio escondo, pensión fiera, que aún los Reyes. pagan: sabe que celoso de Orintia (al cielo pluviera que ya fuera de ella solo) hice que saliese Alberto a correr el campo, todo prevención de los deseos, que ya en mi pesar malogro, cuando de dos Caballeros, cuyos blasones heroicos les dan opinión en Parma de leales, y fieles, oigo lo que por no oir quisiera ser áspid, o promontorio. Dijeron pues; que esa esfinge, ese horrible, y fiero aborto de la sangre de Farnesio, sin recato, y en oprobio de mi honor, y suyo, habla con ese Adonis, ya monstruo en mi deshonra, Narciso de Palacio, Norte, y Polo, que atrae las voluntades; Hidra, a quien si un cuello corto, mil renacen; esa Sirte, en cuyo centro arenoso no hay bajel que no peligre, cuando yo mismo zozobro; ese vil Gonzaga. . Ay Dios, si es verdad esto que oigo? Cielos, peor esta que estaba. Mira tu ahora curioso, que no digo apasionado, por ser mi sangre. Oyes? . Oigo, aunque pienso que lo sueño, según estoy. No lo ignoro, y fuera mejor, pues luego se resuelve en humo todo. Mira pues si fuera justo hacer otro nuevo Eolo, otro Egeo, otro Tirreno, y aún otro Occeano undoso de esta sangre fementida, de este linaje ambicioso, de estos Dioses de la Italia, cuyos aplausos, y encomios canta el pobre, aplaude el rico, teme el noble, y quieren todos. Todo, señor, cuanto he oído, que son confusos asombros para ti, son para mí desengaños tan notorios, que por cualquiera arriesgara vida, y honor; del abono de su Alteza no hay que hablar, quede lo excelso en su trono reservado; mas de Alberto te se decir, que si monstruo le has llamado, has dicho bien, porque lo es tanto en su modo, que siéndolo en el valor, en lo alentado, y brioso, lo es en la lealtad mayor que conocen los dos Polos, y esto supuesto, digamos que es verdad el envidioso testimonio que has contado; si el fue el infiel, porque todo un linaje ha de pagarlo, tan noble, tan generoso, que todo el mundo le alaba con mil renombres gloriosos, tanto, que Guelso se aclama el mismo César Honorio? Y cuando a tan gran linaje dieras fin (esto supongo, aunque imposible) pues fuera dar fin de Italia; forzoso no fuera, que sus validos le vengasen! sí, y yo solo reto, y desmiento a los dos fementidos, y alevosos que en tu esposa, y mi señora han puesto el menor asomo de objección en su virtud; y hago juramento, y voto a dios, y a sus Enangelios, de no quitar de los hombros la jacerina que visto, ni de mi lado el lustroso acero, hasta que del Po los márgenes Gamenosos se esmalten de sangre infame, quedando este testimonio vengado. Y yo de mi parte contra estos, y el mundo todo, sustentaré, que es traición de cobardes envidiosos, y de infames caballeros, indignos del nombre heroico de tales. . Yo de la mía, a sus lacayos depongo de . Bueno está Rodrigo, no es tiempo de burlas, Como burlas? juro a Jesucristo. Libertad. C El alboroto llega hasta aquí de la plebe. Viva el linaje glorioso, Guelfo, y muera el Gibelino. Ay primo. Ya, señor, como podrás resistir a un pueblo? Huye, señor, que furioso llega el tumulto. . A fortuna. De qué es el nuevo alboroto? Sacaron los tristes cuerpos a darles sepulcro honroso, y al verlos, quien alabarda, y quien venablo, furioso arrebata, y como suele torbellivo, o terromoro, cuya furia no perdona edificio, o promontorio, así ellos vienen jurando, que han de reducir en polvo la miserable ciudad. Amigos, ya aquí es forzoso con riesgo de nuestras vidas, remediar tanto mal. . Solo el ver a Gonzaga vivo y a tu lado, el portentose tumulto apaciguará. Pues seguidme, amigos, todos. Vamos. A cielo, por donde huiré, que los ecos sordos resuenan por todas partes? . Si en tanto incendio yo solo fuese el Lot; quiero ir diciendo Guelfo a voces, porque entre otros no me asgan por Gibelino, y me sacudan el polvo. 1. Hola, quién va? Rod Guelfo. 2. No, Gibelino es. . Por un ojo no quisiera serlo. 1. Es cierto. Cbelfo soy por lo que como; pero Español por la vida. 2. Vamos pues. Y vamos horros en matar, que no se halla del otro mundo retorno. Qué alboroto es este amiga? Señora, huyendo he venido de su confuso ruido, no sé como te lo diga sin morir: ese tirano, ese Nerón, ese Sila, hoy abrasa, y aniquila todo el pueblo Parmesano: aqueste incendio que ves, o oyes, el Duque ha causado. Sácame de este cuidado por Dios Orintia. . Oye pues. La confusión, la grita, el alarido que oyes en la ciudad más populosa que de llión a Italia ha conducido Parmeno, tan felice, y generosa, cuanto mísera ahora ha provenido de esa furia, esa tigre, que ambiciosa su heroico nombre, su blasón, y fama hoy convierte en cenizas, vuelve llama En una pila de alabastro; o jaspe, que ya al más puro rosicler afienta que el tarmín de la tabla de Campaspe, de Ceilan el rubí, imitar intenta con más púrpurahumana que el Hidaspo se miró matizar en la sangrienta refriega de los Dioses, y Titanes, en que eran flechas Etnas, y volcanes Mando berter la sangre más honrada, que del Asia la Europa comunica, de Euandros, y Nestores deribada, decendencia de Jobe, ofrenda rica, de modo de la Palma desdichada dorados granos a la pila aplica, que fue gran suerte en tan infausto día de sus grandezas no quedar bacia. Diez y seis troncos, que el menor pu diera a Italia dar tan florecientes ramos, que la ostentara eterna Primavera, olvidada de Idalia, Chipre, y Samos hiertos quedan allí; tembló la esfera o sus ejes, de modo, que pensamos, que la máquina excelsa desasida, amenazó Faetóntica caida. Laurencio en esto, y Ludóvico juntan los más Guelfos, i amigos que se hallaró el suceso con lágrimas consultan, si bien la causa todos la ignoraron; mas como antiguos bandos ser bar- runtan, un mueran tan altivo levantaron, que temieron los Astros, y Planetas, exhalando el vapor nuevos Cometas. Al cuarto llegan; y la fuerte puerta desquiciando, la arrojan por el suelo hallando juntamente en ella abierta la del asombro, el llanto, y el desvelo: mas al contrario bando descostierta tanto la pronta entrada, que hechos hielo, solo morir sabían, siendo ociosas armas, valor, y vidas envidiosas. El Duque, entre la pena y la congoja afligido, tomando una ventana, (ya cielo para el) de ella se arroja, (na: mientras el cuarto inunda sagre huma- no por eso la Parca desenoja su ceño, que más bárbara, y tirana, mozo, ni viejo en la ciudad perdona, y en altas voces libertad pregona. Esto pues es, señora, lo que pasa, este el rumor confuso que has oído, este el incendio que tu Parma abrasa, este el daño que el Reino ha destruido, esta la infamia de mi noble casa, y ruina del nombre esclarecido de Gonzaga, y el Duque quien previene el mal que ya remedio alguno tiene. Triste asombro, duro espanto. Quién a mi prima dirá entre pena, y dolor tanto, lo que con pensarlo está el alma deshecha en llanto? Que en tal virtud, y belleza pudo la envidia poner tal liviandad, tal bajeza? mas no, que en tan alto ser no puede haber tal flaqueza. Válgame Dios! tan turbado Laurencio está en mi presencia, que será? . Ya me ha mirado; señora dadme licencia (muero de pena) . Cuidado me causáis, pues primo, amigo, vos licencia me pedís (go. de hablarme? . Hay hado enemí Decid, primo, a que venís. A ser de mi mal testigo, mirad si es venida buena. Pues decid, que es lo que ordena. el Duque? . Madama, manda, mientras este furor, anda, que vais presa. No condena el alma resolución tan justa; pero saber quisiera de esta prisión la ocasión. . El ser mujer de esta fiera, este dragón, que con la cola derriba gran parte de aquesta esfera, donde tu valor estriba. Poco importa que yo muera como el Duque, amigo, viva. Si para poder casarse pretende darme la muerte, antes que llegue a enojarsa puede en tan felice suerte, aunque yo viva, gozarse. Amiga, pues que yo he sido el Jonas de esta tormenta, postrada a tus pies te pido le estimes, aunque yo sienta quien más que a si le ha querido. Señora. . En vano me das disculpa, cansada estás, queda a Dios, Orintia hermosa, tú serás más venturosa; pero no le querrás más. Hay engañada nobleza, bien su inocencia ha mostrado tal descuido; y fortaleza. Sabe Dios cuan lastimado me deja el pecho tu Alteza, que de lo demás yo sé que debes más a mi fe. Muy diferente es, señora, la causa. Escúchame ahora. Ven, que yo te la diré en el camino. . Ay de mí, toca en mi honor? Qué dolor. Sí señora. . Cómo sí? pues ya aquí importa el valor; no hay amor que valga aquí; perdone amor, vamos. Vamos. Cielos, qué enredos son estos? Ya sin ser cielo podré Oráculo verdadero darte en todo. . Pues Rodrigo que hay de nuevo? . Todo es viejo en Federico; y Marías, Sinon, y Ulises, pues ellos han puesto a Rosaura, y mi amo; según dice el Duque mismo, en mal, mira si el diablo inventó tal embeleco; líbreme Dios del demonio, Alberto, y Rosaura, cielos, hay tal maldad? . La Duquesa con Alberto? no lo creo. Cómo creer? ni aún pensarlo: verificado han el cuento de la Reina de Grañada; vive Dios, que a usarse retos como otro tiempo, que hiciera. Ella es de virtud ejemplo, y él a mi favor leal. Leal dices? no lo fue el perro de Alejandro tanto. . Y dondo, Rodrigo, queda tu dueño? Hoy a Milán se partió. Qué es lo que dices? Lo cierto es que en Parma está escondido; mas digo esto por respeto de amigos que le rogaron se fuese, y habemos hecho prevenciones de partida: dime, aunque fuera de tiempo, en que irá, que aunque yo escoja posta, o caballo, entre ciento buenos, si uno solo hay malo, siempre con el malo acierto; y si encuentro dos caminos, tomo el malo, y dejo el bueno? En que serás desgraciado; pero el gracejo dejemos por ahora, y dime donde está? En casa de Laurencio, que es amigo, y esta noche vendrá. Aguardo sus luceros mas que al Aurora el doliente, y la libertad el preso; adiós. Adiós, por la calle Guelfo a voces voy diciendo; no llegue algún sepan cuantos por aquestos pestorejos. Ya que descogió la nocho su oscuro, y horrible manto, infundiendo horror, y espanto su tardo, y funesto coche, antes que el Sol desabroche el rizo ropón dorado, dando luz, y vida al prado, y civil muerte a la esfera, en dos ojos ver quisiera su esplendor comuvicado, pues podré así divertir penas, y melancolías, olas son las penas mías, puesto que siempre venir las he visto, y jamás ir, porque en este mar de amar, anda tan prodigo el dar Hurácanos de tormentas, que unas en otras atentas, no dan a volver lugar. Felice pena llamó un Sabio, a la que a esta vida, entre tantas sumergida, dichoso fin concedió; y infeliz la llamo yo, pues en fin mientras se vive, aunque penas apercibe el alma, bueno es vivir, que a la pena del morir ninguna pena preserive. Vime de un Duque valido, señor, amante, y celoso, ya le temo poderoso, no amante, si no marido que se imagina ofendido, por dar crédito a un traidor, aurá desdicha mayor? si la hay, mayor puede ser, si juntos vengo a perder dama, vida, ser, y honor. Señor. . Oh Rodrigo, fuiste? Si fui? y hablé a Orintia. Y pues, que te dijo? Ella es quien es. No poco lo encareciste. Ves de lo que te temiste? pues aún no lo imaginó, ni de Rosaura creyó tal cosa; mas ay de mí, que llevar presa la vi. Eso es lo que siento yo: dame un bohemio, y espada; Capa no es mejor decir? Bohemio digo, que he de ir de Frances. . Traza extremada, Hoy a la amistad jurada vino Mons de Balanzón, y con aquesta ocasión nadie en mi reparará; calla, y sígueme. . Ello aurá esta noche chilindrón. Esta carta, como digo, a Rodrigo le has de dar en mano propia. . Lugar aurá, que estuvo conmigo, y pienso que ha de volver esta noche aquí; señora, cómo está su Alteza? . Piensa como estará con ofensa tan grande, suspira, llora, no el estar presa, que está de Madama la Duquesa favorecida, no presa, sino de lo que dirá tanto vario parecen en toda Italia. A Señora, un soldado llega ahora, dice que te quiere ver. Soldado a mí, qué querrá? Saltos me da el corazón, que es de Mons de Balanzón, Pues dame la carta acá, Si manda vuesa merced, Mosiur Balanzón mi seor quiere recibir favor de esta casa. . Responded, que aunque ella, ni yo jamás recibe visitas, puede honrarla quien tanto excede en valor a los demás. Esperanza es, bien podré fiarme de ella. . No infiere. el alma que será. . Quiere cuatro palabras voace? Aquí no se habla embozado a nadie; seor Aleman descubríos. . Cuento galán, lindamente la han mamado: yo soy. . Rodrigo. Mi dueño quiere en este traje hablarte. Pues qué aguarda? Quiso hallarte as sola. Aunque grande el empeño, por tan divina ocasión, lo doy por bien empleado. Más bizarro, y alentado te hace el traje. . Balanzón está aquí, y heme vestido. de Alemán, para no ser, si alguno me llega a ver, a en tu casa conocido. Que al fin está aquí? Aquí está. El cielo fue quien le envía, que la Duquesa escribía. al del Basto. . Deme acá, que yo la pondré en su mano. Cómo estás mi bien? . Sin ti es fuerza que esté sin mí. Qué dices de este tirano? Que no sé en que han de parar tantas desdichas. . Su Alteza cómo está? . Con la grandeza. que en su cuarto podía estar con la suegra! . Sabe Dios, mi Orintia, lo que me pesa verla tan sin culpa presa. . Entre tanto que los dos hablan, quiero preguntarte muchas cosas de mi amor. Siempre has de estar de un humor que nada pueda obligarte a pena? . Pues yo de que he de tenerla? . Ay de mí. Por quién suspiras? . Por mí. Criada de ley, y fe como espada, eres. No quieres que sienta tan gran traición, y tan injusta prisión? Sois muy tiernas la mujeres, mañana se compondrán, todo tiene fin. . Mal sabes lo que pasal Los más graves. de Italia ofrecido se han a defenderla; mas ella solo se deja en las manos de Dios. . que por dos villanos. una señora tan bella, tan noble, tan virtuosa, en tal estado se vea. El Duque ahora se apea aquí. . Ay de mí. Ya es forzosa la huida. . Así disfrazado? no te podrá conocer. Y no es fuerza responder si del fuere preguntado? salir quiero. . Ya no puedes, que el Duque entra? . Escondete, que yo le despediré. Señora. . Tantas mercedes. a vuestra sierva? ola, silla a su Alteza. . Dos llegad. No engrandezcas mi humildad, Sentaos, que no es maravilla, prima, que lo estéis al lado, de quien serviros desea, demás, que también se emplea! en vos, que nada os he dado, sentaos. . Yo estoy bien así Sentaos digo, o yo me iré. Señor. Levantarme he en pie si no os sentáis. . Ay de mí. Cómo estáis? Con tal favor dómo, señor, podré estar? Yo os deno en mucho estimar. Mostráis vuestro gran valor. Prima, divertir querría el poco gusto que tengo, y por eso ha veros vengo, pues sin vos muy mal podría, templad mi melancolía, cuando por favor no sea, de piedad, que lisonjea el favor, aunque fingido. Ay Rodrigo, yo he venido a donde mi muerte vea. Ayudad al corazón, mostrándoos con el piadosa, será vuestra vista hermosa antídoto, y confección contra mi fiera pasión. Si yo ser parte pudiera en vuestra salud, lo hiciera, pues obligada en rigor estoy como a mi señor; pero no de tal manera que mi valor se desdore, pues mi prima, y mi señora es de aquesta Alba la Aurora. Ya es fuerza que yo te adore mientras Signos Febo dore. Vuestra Alteza está engañado; pero desapasionado mi verdad conocerá, y cuan inocente está tu esposa Ya te he rogado. que dejes eso: tú si que lo merecieras ser. Gran valor. . Fuerte mujer, Hacesme favor, que en mí nada hay bueno. . Estoy por ti muriendo. . Gran compasión causa a Parma una prisión tan injusta. . Que no quieres dejarlo? . Somos mujeres. Es piedra tu corazón, eres montaña de nieve, que al calor de tantos rayos, que son de mi muerte ensayos, hielos opone, y atreve. Mirar tu grandeja debe, que a si se agravsa, si agravia mi honor. Ya es muerte, ya es rabia mi pasión, que amor no es, y así es fuerza descortés ser con pecho tan tirano, tomar tengo aquesta mano, Ya no es termino cortés ese. . Quién eres? Un hombre a quien de Alberto el cuidado obliga por ser honrado, esta facción no te asombre, si quieres saber mi nombre, solo acá fuera te espero; que lo sabrás de mi acero. Ya voy, aguarda villano; Deja tu ahora esa mano, . que eso solamente quiero. . Ay de mí. . No tengas pena, pues conoces el valor de mi señor. Tengo amor; y el cualquier riesgo condena de lo que ama; el alma llena está de congoja! Escucha. Mi aflicción, Rodrigo, es mucha. Qué temes? Que han de prenderle, pues es fuerza conocerle, todo en mi es confusa lucha. Él ha vuelto. Al pensamiento dejó en ligereza atrás. A Ay Rodrigo, aquí te estás? Verás lo que ahora intento: Del sagrado Nacimiento de Cristo manden rezar, devoción particular que todo Cristiano guarda: del bendito Ángel de Guarda una Oración singular. Qué es esto? . De san Crispin y señor san Crispiniano manden rezar. . A villano, Del bendito san Quintín. Ven acá, di con que fin entraste hasta aquí? . Herezado al ánima triste, y dado en la trampa. Este procura deslumbrar con su locura su traición, y mi cuidado. Ven acá, quién era aquel Frances? o con que ocasión entró aquí? di la verdad, antes que use de rigor. Señor. . Di a lo que veniste con el que de aquí salió. Ahora, pues de mí te fías, vuelvo a mi vista: yo soy Rodriguillo, a quien Alberto trujo de España, acabó mi ceguedad, sin milagro, quede a parte toda flor. Digo pues, que aquel Frances que aqueste pesar te dio, y seguiste es un Monsíur que está aquí con Balanzón, lo que vino a los desposorios lan de Laurencio, y mi señor le encontró junto a Plasencia, cuando de tu enojó huyó. Rogole que hablase a Orintía (gallarda resolución) vino al fin, que aún despedirse mi señor no pudo, y yo le vine a enseñar la casa, cuando tu Alteza llamó, que fue al punto que aquí entramos, a donde la obligación de amistad le hizo bizarro, sin conocerte. . Yo estoy satisfecho. . Ves ahora cómo es engaño, y traición? pensar que con mi señora. Deja eso ya, que el honor de un Príncipe en opiniones, que sea verdad, o no A el duelo ha de aneriguar la lid. . Pues yo espero en Dios que el declare la verdad. Y yo que de tu afición ha de triunfar mi porfía. No lo esperes jamás. No es río la voluntad de una mujer. . Monte soy. Yo a tus rigores expuesto en mi pena otro Igión. Grande amor. Fiveza rara. Solicitar afición puesta en otro, necedad; mas aqueste es mi señor. Esto habéis de hacer por mí. Si haré, porque también soy Guelfo, que en toda Alemania, hasta el mismo Emperador, sigue esta parcialidad. Que tan dilatados son (ves? nuestros yandos? . Donde vuel- Dónde el alma se quedó; que hubo? . Tramoyón cruel, dije, que con Balanzón veniste a los desposorios de Celaura. . Y lo creyó? Pues no lo había de creer amando? pero por Dios qué es este. Haced lo que os dije. Mirad si lo dije yo. Ellos han vuelto. . Detente. Traje de Franceses es. Él es fin duda. . Allí pues te retira:ola, que gente? De paz, o guerra, escoged lo que bien os estuviere. El Duque es. Pues sea quien fuere. Ludónico? Sí . Tened el brazo; yo soy. Amigo. Llégate acá. . Balanzón es en la voz. . Ellos son, señor; quién viene contigo? Mosiur de Balanzón; di al Duque como los dos somos Flamencos. . Por Dios que no se si baste así. Aquesto, amigo, te pido. Yo lo haré, mas si quisiore verlo, y os reconociere, mudad voz como vestido: los Flamencos, señor, son que dijiste. . Y el que vi con Orintía; qué hace aquí? No te dije la ocasión? Balanzón. . Señor. . Quién es el camarada? . Un criado tuyo. . Mucho me ha prendado tu valor. . Beso tus pies, y a ellos les pido perdón de tan gran temeridad. Mons de Nambura es. . Alzad; responderéis. Balanzón, al del Basto, y de Pescara, que le habemos de servir todos. . Pueden competir tu valor, y ciencia rara. Id con Dios. . Irte sirviendo es nuestro interés. . Yo haré lo que debo, y enviaré el socorro, que pretendo servir a Fernando. . El cielo te guarde. Ydos, porque es tarde. . De mi lealtad hago alarde. No aumentemos su recelo, vamos. . Señor, esta carta al del Basto le daréis de la Duquesa, ya veis lo que importa. . Antes que parta Señoria, le iré. a besar la mano. . Adiós. Qué habemos de hacer los dos? Bien presto te lo diré, irnos a acostar, dormido estoy ya. . En que han de parar tantos lances? En quedar alguno en la liga asido. JORNADA

JORNADA TERCERA

Negras, y horribles sombras, imágenes de muerte, infausta, y triste suerte, que mis glorias asombras, infelices presagos, ensayos de morir, d infierno amagos, Que será bien que sienta TERCERA Al quien inocente, hay triste, no ya el morir resiste, mas la pública afrenta, haciendo en tal suplicio de vida ofrenda, de honra sacrificio. Mas qué canción es esta? que engañosas Sirenas, celebrando mis penas, hace a mi muerte fiesta? que es del Duque es sin duda, (muda. difunto está ya el pecho, el alma Humedeciendo unas rejas, con perlas que le hurtó al Alba, una flor de Lis Francesa de esta suerte se quejaba: hay flor, que por ser blanca (da. naces topacio, y mueres esmetal- Quién duda que de mi historia, aunque diverso el sujeto, hacen ya en mi muerte coplas? No es si no de un Reydon Pedro, que llamó cruel Castilla, aunque otros el Justiciero, que a su esposa doña Blanca mató en la prisión. . Aún eso fue más piedad, que el morir en mi desdicha es lo menos; (da. mas quién canta? . Alguna guar. Como es mañana el funesto suplicio, guardas me ponen, sabe el cielo, sabe el cielo, que aunque me abrieran las puertas, no hubiera en mi movimiento. Fío en el que has de triunfar en el teatro supremo, que te apercibe la envidia, a pesar de aleves pechos. Ah de la prisión. Quién llama? Amigos abrid. No puedo abrir, señor, a esas rejas la Duquesa está. El silencio (do. te encargo. . Estaré adverti- Ah del balcón donde puesto está más hermoso Sol que el que ilustra este hemisferio, y en quien la Luna más pura que vio el Atlántico suelo padece injustos eclipses a sus rayos contrapuestos. Aquí está amigos, Rosaura, Duquesa que fue otro tiempo, no Sol, pues mueren sus rayos, no Luna, pues en el cielo de su valor, la eclipso la envidia en el trino aspecto del Sol más si noche oscura, sombra sí, de llanto eterno. Yo espero que en esplendores más hermosos, y más bellos ha de volver a alumbrarnos. Aquí están nuestros aceros, y vidas, en tu defensa. De nuevo las ofrecemos. Primo, noble Ludóvico, cuanto puedo os agradezco el favor, yo espero en Dios, que sabe lo más secreto de los pechos, y que ve mi inocencia, que bien presto descubrirá la verdad: mas si en su divino acuerdo se decretare otra cosa, moriré con gran contento; demás, que tengo avisado en Milana algunos deudos, que me ofrecieron sali? a esta demanda; ya el tiempo saben ellos que es cumplido, y si es voluntad del cielo que se aclare mi inocencia, dárele gracias por ello, y cuando no, con mi vida pago la de ada que debo a dios, mas no a mi marido; que el Sol, cuando en paralelos mas puros al mundo alumbra, no da más claros reflejos que mi honor, y mi valor, que ambos en mí son lo mismo Por ser verdad tan creida salimos. . Yo te agradezco de mi parte este favor, pues a su Alteza debemos mucho más los dos. . Mi amor explica así sus deseos; gente viene. . No sea el Duque id con Dios. . Guardeos el cielo Mira si han desocupado el balcón. . Ya a nadie veo. Si era el Duque . Y cuando fuese que importara? . Aunque encubiertos me pesara. Caballeros llegan. . Por si fuere el Duque, importa que nos entremos. Ce, señora. . Este es Rodrigo, Llámale, que saber quiero si dio la tarta. . Eres tú? ̱ Y mi señor. . Criado vuestro soy, señora, que he venido a ofrecer mi espada, y pecho en vuestro servicio; no, como dicen lisonjeros, para poder agraviaros aún con solo el pensamiento; si gustáis, desconocido saldremos yo, y otro deudo por vos al campo, y si el Duque me conociere, y yo muero por mi Princesa, y señora, y la verdad que sustento, que más gloria, que más dicha? ̱ Muy agradecida os quedo; mas ay triste, gente viene. ̱. Pues señora recogeos. , Reconoced quien está ilí. . Sin duda quisieron llibrarla. . A Traidora, aquesta ses la inocencia, que al cielo Idejas qué juzgue? . Sin duda les el Duque, ya no puedo Ixcusar el pelear, porque he de morir primero que dejar reconocerme. Quién va? . Dos hombres de bien, Saber los nombres queremos para que les conozcamos. Pues eso es lo que no quiero decir. . qué buscan? . Al diablo. De dónde son? . Del infierno. No lo ven en lo tiznado? Qué resuelven? . Resolvemos que mueran, o se descubran. Pues ahora podrán verlo. . Esta es espada de Marte. No es si no de su espadero Bulcano, dales señor. Ya les doy. . De llano, y recio, Ved que es el Duque. Sea el Duque; brávamente lo peleo, si una vez llego a enojarme; mas que es bien rara confieso, A buen Rodrigo, eso sí. Es ya tan usado, y viejo. el ser mandrias los lacayos, que eso me ha alentado. . Bueno, sígueme. Que así se vayan dos hombres sin conocellos. Qué es aquesto? . Gran señor retirémonos, que han vuelto. Por Dios que me acompañe de buena gente, este hecho da a entender que son traidores dos tan cobardes aceros; quién eres? . Tu primo soy, Tú vinieras a buen tiempo si antes hubieras llegado. Qué ha habido? De los infiernos dos fieras, que desatadas, bibrando rayos de acero, nos han aquí acometido. Son tan infames los vuestros, que os han parecido rayos: fuéronse los caballeros Alemanes? . Sí señor, ya los que estaban se fueron luego que acabó el festín de mis bodas. . Bien dijero, según eso, que eran diablos. Del cielo ha sido el suceso, para que conozca el Duque la cobardía de aquestos. Recógete señor. . Vamos; corrido voy, vive el cielo. Qué en efeto no quisiste, gran señora, que saliesen Alberto, y Laurencio, y fuesen quien de aqueste estado triste te librasen, mal hiviste, cuando la plaza está llena de luto, congoja, y pena, pues del menor al mayor, todo es confuso rumor, todo el amores resuena. Un cadahalso está hecho, que provoca a compasión, tan negro, que de afisción viste el más alegre pecho, y otro con dosel, sospecho, que para los jueces es resuélvete por Dios pues, y caballeros señala; de mil, cuyo esfuerzo, y gala traen la fortuna a los pies Que en ciudad tan dilatada, no hay dama, ni caballero que el no te ofrezca su acero, y de ella no seas llorada: si en el Marqués confiada estás, es noble, y honrado; pero quizá le ha negado licencia tan justa el Rey, y está sujeto a su ley, como tan gran de soldado. Muy agradecida quedo! Orintia, a todos; mas cuando niegue licencia Fernando al Marqués, no podrá el miedo, cuando al propio ser excedo, causarme ningún temor; tu alabaste su valor, y por eso le escribí, si no viene, veré así que es voluntad del Señor. Esos caballeros ya sobre el caso me han hablado, y toda Parma ha mostrado cuanto de mi parte está: esto en fin me importará, si el cielo lo ha difinido, y así, si fuere servido que muera, contenta muero, pues un Reino eterno espero, si un momentaneo he perdido, Señora, a fuera te esperan los dos jueces nombrados. de Hadama, que buscados. ser mejores no pudieran. Quién son? . Señora, tu primo, y mi esposo. . Los dos son de Italia honor, y blasón, y por gran favor le estimo. Espera un dichoso fin. Orintia; en empresa tal no ponde mi bien, o mal, sino del cielo, el en fin al juez es . Solo a ti espera lo guarda . Ya se llegó el tiempo que estableció mi suerte! . Y en que esta esfora vino al suelo . Quedá amiga adiós. . Yo te he de seguir y contigo he de morir. A amora las dos obligas, y nos has de dar licencia. Vení en buen hora: Señor, yo os encomiendo mi honor, usad con el de clemencia. No os pido vida, ni quiero mas de lo que vos queréis, vos mi inocencia sabéis, que la aclararéis espero. . Muerta voy. . Yo sin aliento. Ay señora. . Ay prima mía. Triste punto. . Infeliz día. Dura suerte. . Hado violento. Tarde habemos de llegar; que horá podrá ahora ser? Las doce; a mi parecer. Pues importa caminar. Yo temo, que los caballos, al volver, ni los vestidos, emos de hallar. . Escondidos de fuerte están, que al buscarlos a posta, como es el soto del Casar tan intrincado, a mí me ha de dar cuidado, Ya resueña el alboroto, cual la Duquesa estará puesta en lance tan estrecho, Tiene valeroso pecho, y como inocente está, dicen que está consolada, que una conciencia segura, mucho en la pena asegura; fértil tierra. . Es celebrada N su amenidad, y hermosura, y agradable su ribera. pues puede la Primavera copiar de ella: que aventura nos ofrece un hombre allí? Si va hácil Parma. Yo creo, si no me engaña el deseo, que este es Alberto, y a mí, aunque embozado, el vestido me ha de conocer, digamos que ahora desembareamos. Desesperado, y corrido, sin saber a donde voy, camino tras mi cuidado. Ya en los dos ha reparado, En vano a los vientos doy quejas: extraño es el traje, más parecen caballeros. (ros El cielo os guarde. . Extranje muestran ser en el lenguaje, Dijera que Balanzón era el uno; mas pues ellos se cubren, y el conocellos no importa en esta ocasión no lo quiero averiguar, que es necedad el querer a nadie reconocer cuando él se quiere oculcar. Qué tierra es esta? . Quisiera gusto, y espacio tener, que por haceros placer, nombre, y tierra os descubriera. Pues qué os lo impide? . El má dolor que el mundo ha llorado, (yo tanto, que aún imaginado pienso que fuera menor Pues un camino llevamos, dádnos de el, por forasteros, parte. . Pues sois caballeros, oíd pues. . Ya os escuchamos, La ciudad que veis fundada en el jardín, que llamaron unos pensiles Hibleos, si otros los Eliseos campos, es Parma, su fundación, aunque pareceres varios haya en esto, se atribuy; a aquel famoso Troyano Parmenon, de su nobleza no es menester informaros, que en el mundo es conocida, por tantos prodigios raros. Cincuenta linajes tiene, puesto que dos son los bandos de Guelfos, y Gebelinos, de caballeros tan claros, que es el decender de Reyes en ellos lo menos, vamos al caso: entre todos pues, no el de menos nombre, y lauros el de Gonzagas (sus Duques un tiempo) ya desdichado, cuanto felice, y glorioso; este pues hoy humillado, este pues hoy oprimido, este pues que el ser me ha dado, se vio a pique de perderse por un testimonio falso, que dos viles caballeros a Rosaura han levantado si Duquesa, que sustentan, mas con pasión que con brazos. A mí me han hecho agresor de tan vil, y infame caso, nacido de sus envidias, por lo cual se ve Palacio la ciudad, y Italia toda llena de confusos llantos, tres meses ha, y los mejores. máncebos, y más bizarros mancharon de noble sangre sus mármoles, y alabastros, rindiendo diez y seis vidas. por tributo de un engaño. Y aunque ha sido la venganza (que con nuestras propias manos: se tomó en los homicidas) equivalente, no al daño, no al testimonio, no al duelo que hoy se dicide en el campo, delante de dos jueces, siendo un fúnebre teatro el solio en que la Duquesa. seña, y suego está mirando. Y aunque muchos caballeros: se han ofrecido gallardos, no los admite su Alteza, diciendo, que está aguardando de Milan unos parientes, que en su favor ha nombrado, Yo viendo tal desventura, por no asistir al extraño. acto, salí de la plaza; donde estaba disfrazado, a armarme, si es que no vienen los caballeros nombrados, y con tal resolución; que si se cumpliere el plazo, he de volver a morir por ella, y pues en el caso, o en el testimonio he sido. cómplice, seré en vengarlo. Y cuando el Duque me prenda, moriré alegre, y ufano por la verdad, por mí mismo, por mi dueño, por su amparo, por milealtad, por mi patria, y por la justicia, dando a la fama eternas plumas, a mi sangre heroicos lauros, a mi casa más trofeos, y al Duque más desengaños. No se si la admiración, o compasión del extraño suceso, ha movido el alma, aunque ambas cosas es claro que bastan a enternecer una fiera, un roble, un mármol. l Pues el cielo ha permitido, que de la mar derrotados. llegasemos a esta tierra, y en tal ocasión, yo hago juramento a san Esteban, Patrón del suelo Pritano, y a aquesta señal, de ser su defensor, y del campo no salir, hasta dejar el testimonio aclarado. Y yo prometo lo mismo. Ya, caballeros, estamos en Parma, aqueste es el Burgo, donde el vestido he dejado de extranjero, tomarele, que tengo de acompañaros, aunque muera en la demanda, hasta su plaza. . Pues vamos. Seguro vas con nosotros, llega hasta su Anfiteatro. Su propio nombre le diste, que si en el de los Romanos mil inocentes morían, lo mismo en este miramos. Sabe Dios, Duquesa hermosa, que en esta ocasión quisiera mas el alma lastimosa, que os mira en pena tan fiera, dejar la cárcel forzosa de aqueste cuerpo primero que ser la parte menor en tal muerte, pues infiero de vuestro heroico valor, que será injusta. . Yo espero en Dios, Laurencio; tener Buen suceso: La esperanza nadie la llega a perder, pues solo ese bien alcanza el que más llega a temer. Que si tras ser desdichado, de esperanza careciera el lance más apretado; ya la muerte demás fuera, y la misma vida enfado. Amigos, agradecida estoy a tarto favor, pero ya el perder la vida tengo por daño menor que esta afrenta recibida. Ya cualquier suerte no extraño, mi honor puesto en opinión, sola la esperanza engaño, que muerta la estimación, jamás recelé algún daño. Dan lugar, señora mía, a que tantos caballeros, ostentando bizarría, remitan a sus aceros la general alegría. Si al menor puedes fialle tu honor, porque aventurarle quieres? pues no faltó a quien procura, jamás el bien, ni vino sin esperarle. Las cosas que son posibles no se han de desesperar, por más arduas, y terribles, cuando vemos allanar la industria mil imposibles. Si yo mi remedio extraño, a mi buena dicha engaño, pues aún viviendo estoy muerto, y así mientras fuere incierto, jamás recelé algún daño. Señora, vuestra inocencia, y vuestro heroico valor, logros de buena conciencia, no tributan al temor miedos, divina excelencia. Y aunque es buen seguro ese, quisiera que previniese una desdicha fatal, pues jamás me te mi mal, ni esperé bien que viniese. Qué perdiera en tal empleo tu Alteza, cuando saliera a plaza tanto deseo; y a ti libertad te diera, ya si tan alto trofeo? Si quieres que admire, y calle tanto noble, el despreciarle no haces bien, que el mal preciso, ni se fue sin dar aviso, ni vino sin esperarle. Clarines sueñan. . Serán los caballeros que espera su Alteza, o de los que están en la estacada. . La esfera, y Polos temblando están. Pues la ocasión ha llegado tan piadosa, y tan urgente, que hace al cobarde valiente, de tanta razón armado. Yo al fin que Español nací, y hidalgo, obligado estoy a volver por ella hoy, pues la justicia habla en mí. Con nombre de Balanzón el mundo me ha de aplaudir, si muero, será vivir por tan honrada ocasión. Leed la letra. Ya leo. Una virtud no manchada, una Luna no eclipsada, volver a su Sol deseo. Buena letra. . Mi señor Mona de Balanzón al duelo de su Alteza sale. El cielo le dé favor. . Gran valor; Rodrigo. . El ver la inocencia maltratada me ha movido. Qué será el nuevo ruido? Bravos talles, y presencia. El fúnebre teatro, (tro, que causa asombro desde Tile a Ba que miras, Ingles fuerte, (te, cuya color despojo es de la muer es de Rosaura triste, que al Sol horror, al cielo luto viste y aquel de los jueces, donde la infeliz dama varias veces bajó el solio dichoso, asistió con concurso más glorioso. Con tu licencia quiero (espero proponer mi embajada. . Aquít Con que brío, y despejo el uno llega o es el del Basto aquel, o yo estoy ciega Guardeos el cielo, plega a Dios la lengua Inglesa. (aciera El idioma vierte, Ingles, al vulgar nuestro. (vuestre Pues quiero hablar en el lenguaj Los dos, o nobles jueces, luces del Lombardo suelo, somos Tuscos de nación, que en dos bajeles viniendo desde Bretaña a Sicilia, con un Huracan soberbio, aporraron a Provenza nuestros derrotados leños. Ires días ha que por sus selvas trocamos el mar Titreno, y entramos hasta llegar a esta ciudad, pensil bello de Italia, afrenta al de Tebas, y al de Chipre: y quiso el cielo que aquel Pisano encontramos, que entre penas, y lamentos, aunque de extraño Páis, nos contó el caso estupendo, en qué puso la malicia a la Duquesa, que ejemplo de toda virtud la llama el mundo a voces; con esto los dos nos determinamos a defender este duelo contra sus acusadores, contra veinte, contra ciento, contra Parma; y contra el mundo mucho más que en nuestro acero fiados en la inocencia que de su Alteza sabemos. No solo, valientes Tuscos, damos licencia de hacerlo, mas antes os suplicamos que salgáis, si para ello su Alteza a los dos señala. Pues yo mismo ahablarla llego. El cielo los ha enviado. Él es, levanta del suelo la vista. Bella señora, a quien en lucientes cercos tributa el Sol esplendores, como el honor vivos templos, tenéis por bien, que estos dos menores criados vuestros defendamos vuestra causa? El Marqués es, santos cielos, gracias os doy infinitas. (ros, qué decís? . Nobles guerre valerosos Alemanes, o Tuscos (ya, amigos, veo quién sois; pero importa aquí disimular) yo agradezco el favor que me ofrecéis, y digo que os nombro, y dejo en vuestras manos mi honor. En fin vuestros caballeros nos nombráis. . El cielo fue quien de tan remotos Reinos os nombró, y os eligió. (mero Besoos los pies. . Y el pri- que hará? señor Balanzón, qué decís? . Cómo, qué es esto? Que es Mosiur de Balanzón, un valiente caballero, que vino al caso. Señores, yo traspaso mi derecho, con todos sus requisitos, en los Tuscos, o Tudescos nobles, que el caso defienden, porque suelen a pie quedo defender una muralla, y si es de brindis un Reino; ya te he conocido. . Calla. Quién es este? . Esclavo vuestro y de Alberto un fiel criado. El buen celo por lo menos te agradezco. Vive Dios, que no celo, más aceros vieras en mí, a no llegan estos señores. . Pues demos principio a nuestra batalla . Ya repiten instrumentos los acusadores, que ha rato que ocupan el puesto, denles lanzas; abrid ola el palenque. . Ya han abierto ellos mismos. . Bravos talles, Yo los vicomo conejos no ha mil noches, que buscaban vivar, sin seguirles perros. Con licencia del Marqués tengo de ser el primero que comience la batalla, que para tan viles pechos, basta el cuento de la lanza, que será afrentar el hierro. Entrad pues; y el cielo os guíe. Santiago pues, a ellos. Qué decís? . San Jorge quise decir, mas está en el pecho. del Español, Santiago, como la piedra en su centro. San Jorge, con este envisto. , h . Vuelva por su causa el cielo. Con gran valor se acometen. Fuerte es el Marqués. ero es menos . Balanzón. ̱ A hado injusto. u el uno cayó en el suelo. Tierra ha pedido Macias, y el piole pone en el cuello el valiente Campión; ya hablo a fuer de aventurero. El mejor testigo es Dios Y del primo hace lo mismo el otro. Cielos, yo muero, perdón pido de mi error. Detente, que yo confieso que a su Alteza levante esta maldad, con intento de vengar en su inocencia los celos que me dio Alberto, perdón a todos les pido, Basta aquesto. Basta aquesto, y menos para el abono de su Alteza. Y por el suelo le pido que me perdone un tan conocido hyerro contra su heroico valor Dejad, señora, el funesto asiento, que con clarines, y aplausos, orden tenemos de llevaros a Palacio. A Digo, que el perdón ofrezco al Duque, con condición, que ahora, ni en ningún tiempo me ha de tocar una mano, porque quiero en un Convento pagar a Dios favor tanto. Tú dices muy bien, no tenjo respuesta a enojo tan justo, cúranse estos caballeros si están heridos. No hierer jamás cobardes aceros Valiente Marqués del Basto, noble Balanzón, que el peso de mi inocencia ostentastes El mejor testigo es Dios con tanto valor, ya es tiempo que sepan Parma, y el mundo, que vuestros fuertes aceros, terror de Flandes, y Italia aunque en hábito extranjero, ha sido el Iris de paz, que del diluvio de fuego que a esta infelice Duquesa amenazaba soberbio e libró; a descansar venid, que será en mi cuarto mismo, que vuestro regalo, y gusto, de otro cuidado no quiero fiar. Por tantas mercedes, los pies te besamos. Tengo mucho que hablar con vosotros del nuevo estado que quiero tomar. . Dadme vos los brazos Alberto. Tus plantas beso. Quiero en recompensa daros a Orintía. . Tus pies excelsos me da por tal bien. Tu nombre ensalzas. Premias con eso nuestro servicio. Favor fue grande, y por tal ofrezco mi estado, persona, y vida a vuestro gusto. Y al ciego, Gabacho ya retador, no hay premiarle más? Yo quedo obligado a hacerlo. . Y yo te doy mil escudos. . Bueno, tendré con que irme a Galicia, y allá con tanto dinero don Rodrigo he de llamarme. De dónde, señores, vemos, que es Dios el mejor testigo, que el hombre nunca lo es bueno.