Texto digital de El más piadoso troyano
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El más piadoso troyano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-piadoso-troyano-el.

EL MÁS PIADOSO TROYANO
JORNADA PRIMERA
Pague Troya su injusta alevosía, Fuego, fuego, traición. Oh patria mía! tarde a conocer llegas famosa Troya las astucias Griegas. Viva Grecia. . De cólera estoy ciego. Traición, traición, Troyanos, fuego, fuego. Oh. Troya desdionada, que poco vale la famosa espadal Victoria, vina Grecia. . Suerte esquiva. que no responde nadie Troya vival viva Troya, Troyanos, dejad las voces, y ocupad las manos, Éneas soy, aquí tenéis caudillo, ofreced las gargantas al cuchillo, no sus llamas traidoras, queden de vuestra fama vencedoras. Mostrad, pues, que ya el día se declara, la espalda al fuego, y al traidor la cara, de la adversa fortuna sacad gloria, que en la traición no cabe la victoria; pero en vano presumo con tanto estruendo, llanto, fuego, y humo, y el temor de los Griegos que escuchen sordos, y que miren ciegos! Éneas soy cobardes, Griegos viles, prueba en mi tu valor, hijo de Áquiles; pero algunos Troyanos, parece que las armas en las manos te agregan presurosos, y por desesperados animosos, del furioso corriente de tantas armas, y del fuego ardiente esperan los embates. Ea amigos. . Eneas. . Fiel Acates. . Necias credulidades ocasionan desdichas tan fatales, ya tu patria resuelta en humo, y viento, tiempo nos queda para el sentimiento. Recoge los que hubendo de las boraces llamas van saliendo, que pocos, y esparcidos de su mismo desorden van vencidos. Resiste en tanto que a mi casa llego el fiero aborto del caballo Griego, forma escuadrón, y en esta parte espera, no muera la opinión, la vida muera, la fama mía es la mayor joya. Pues apelara las manos: Ea valientes Troyanos. . Viva Grecia. . Viva Troya. sacaré. . Librarse esperan peleando, todos mueran. Válgame Júpiter santo! que haré? que ya los airados Griegos furiosos envisten, y aunque los nuestros resisten, pelean desalentados. Si Alibar mi padre espero, y esposa, pierdo mi fama, allí mi sangre me llama, pero mi patria es primero. Hijo. . Padre. Esposo . Esposa, ya va mi amor a libraros, o a morir también. Eneas la resistencia es en vano, sin ti. . Mi espada os asiste, no desmabéis ciudadanos: que he de hacer dioses divinos? Hijo Fneas. Padre amado ya voy a librarte. . Eneaa a que aguardas? Ya os amparo, ay de mí! todos perecen, y yo mi valorinfamo, perdonad padre, y esposa; si el socorreros dilato por mi honor, y por mi patria; pero ya desvaratados se retirán, ea amigos que ya os ampara mi brazo; Acales ya estoy con tigo, vosved el rostro Troyanos, pelead por vuestras vidas, o al menos morid matando Mi esposa, y padre entre tanto , Pues que ya de este distrito los Griegos se han retirado, mientras yo libro a mi padre, mi esposa, y mi hijo Ascanio, embaraza tú que vuelvan a ocuparle un breve rato, que pues el amor me lleva bien podré volver volando. Entra seguro, que yo seré en tu defensa un mármol. Tratar de escapar importa ya, que tan terrible daño, un traidor de un sí en Romance, y un no en Latín ha causado. Qué haré? qué un temblor me tiene de pies, y manos atado, y no pien so que es frío esto de que estoy temblando. Ya los nuestros poco a poco se van todos retirando a la campaña, mas este que viene aquí no es mi amo? el es ya su padre Anquises, trae en los hombros, volando. voy, si dice que le siga, quiero quitarme del paso. hs Hijo descansa. . Primero es fuerza que os ponga en salvo. Sigue mis pasos Creusa con nuestro hijo. Mi amo piensa que le van siguiendo su esposa, y su hijo Ascanio, sin duda se le han perdido; pues padre, y enamorado, sobre valiente, a mi ver ha de volvera buscarlos, y así lo mejor será dejarle, y salirme al campo, vuelva solo, mejor es, que no mal acompañado. Mas riesgo dicen que tiene quien huye de su contrario, que el que espera cara a cara; pero un corazón bizarro no ha de hacer caso del riesgo, Marino, valor, y huyamos. h. Ya puedes amado hijo sacudir el embarazo, que habrá causado en tus hombros la pesadez de mis años. Ay padre, que ya me aflije otro dolor más pesado, perdí a mi hijo, y esposa. No hay poder contra los ados, salva tu vida, hijo mío. No mueren los desdichados, esperadme, padre mío, junto aquel olmo copado, que está de la diosa Ceres vecino a su templo santo, que presto estaré con vos. Pues allí Eneas te aguardo. Solo vais, más justa causa me impide el acompañaros. Los cielos guarden tu vida. No hay vida sin alma, Ascanio, esposa, mi bien, Creusa, moriré si no te hallo, que ya el incendio de Troya a mi pecho he trasladado, qué es esto cielos! Éneas. . Amigo Acates. Buscando tu persona he discurrido, resistiendo, y peleando, la ciudad, porque los nuestros se van, señor, retirando a la campaña. . Tu amigo puedes ir acaudillando nuestra gente, mientras yo me quedo desesperado buscando mi esposa. . Tente que ya la buscas en vano, Qué dices? de quién lo sabes? De Ascanio tu hijo, que con tu gente queda ya. . Crueles Astros, dioses injustos. . Eneas difícil el escaparnos es ya, que esperas? Los cielos contra mi se conjuraron. Mira que los escuadrones del Griego vienen cerrando las calles. . Más fuertes son mis penas, que mis contrarios, y no me quitan la vida. Con morir habré mostrado mi leadtad. Nuestras espadas nos darán seguro paso. Ea Acates. Ya tesigo. Este es Eneas, mataldo. Griegos, agora veréis quien es Eneas Troyano. Sin paciencia me ha tenido tu tardanza. Yo lo creo, que es impaciente el deseo. Un siglo me ha parecido, y así para no esperarte, todo el Reino disfrazado me ha traido mi cuidado. hasta venira encontrarte cerca de Cártago. . Ya. si ese repecho subieras, con distinción descubrieras. sus torres, tan cerca está. Dime, pues, de la ciudad que a mi hermosa Elisa escondo; si en grandeza corresponde a la fama, la verdad; pues habiendo yo venido disfrazado, no es decente que entrar en Cartago intente, y si acaso Elisa Dido. algún agrado mostró al oír el fundamento de mi amante pensamiento en lo que te respondió. Después que la Reina Elisa a tu Corte con cien naves llegó triste, y te pidió que por mujer la amparases, y tú la ofreciste. . Tente, na da ofrecen los amantes; yo la pedí que en mis Reinos. de mi deseo acetase, después de lo que pidiese lo que yo quisiera darle, y ella mañosa, y honesta, no quiso acetar más parte de tierra, que la que sola la piel de un buey ocupase: y sin que fuesen mis ruegos a detenerla bastantes, a esta Isla llegó, cuya alegre, y florida margen; fiete leguas encontorno del mar las espumas pate; Desde aquí proseguir pued Viendo Elisa lo aguadable. del sitio, y lo deleitoso; eligió para sus naves por naturaleza el puerto mas seguro del Levante, y cortando de la piel tiras tan innumerables, tan delgada cada una, tan sutil, ligera, y fácil, que la ignoraba la vista en lo diáfano del aire, y formando por sus manos. un esferico caracter, en la tierra fabricó ciudad tan incontrastable, como si fueran sus muros, y sus puertas de diamante. En número son seiscientas, o poco menos, sus calles, iguales en lo espacioso; y en longitud tan distantes. que no las corre lamista de una vez sin que descanse. con su Palacio el mar frisa, que por sumtnoso; y grande, le dudarán verdadero las venideras edades. Treinta dóvicas colunas sobre duros pedestrales de bronce, son de sus tellos, costosísimos atlantes. Veinte torres le coronan, cuyos altivos remates, en el zafir estrellado Astros se fijan brillantes. De muchos salones. que vi muy ricos; y grandes, en el que la Rema asiste entre, y puedo asegurarte, que acabar de enloquecerme fue comenzar a mirarle las colgaduras, y adornos que tiene, no he de alabarte, el suelo sí; porque puede; y no es esto exajerarle, servir, sin hacerle falta los azogados cristales. a la hermosa Reina Dido de espejo para tocarse; porque de diáfanas losas, aunque pequeñas, iguales, te le fingiera la vista, por más que en él repraase, sino arrojo por lo inmóvil, por Diciembre helado estanque; promulgó severas leyes; yentre ellas he de informarte de una, más por ser preciso, que porque pudo admirarme. Cuáles? ̱. Qué abrasada muera la mujer, que ofenda fácil de su marido el honor. En esa ley no hay que extrañe mas, que el dar por asentado, que pueda el honor quitarle la mujer a su marido, no siendo en su ofensa parte, que entonces él se le quita. Lo que tiene de notable es, que con la misma pena manda, que las viudas guarden castidad. Ley que parece imposible el observarse, aconseja, mas no apremia; pero qué respuesta traes? Esta; que por eso dice, que era fuerza el informarte de esta ley. y. Eso no entiendo. s. Después que con rostro grave oyó Elisa mi embajada, aun viejo muy venerable le preguntó, si tenía hecha información bastante contra una mujer viuda; y él conociendo el dictamen, sin duda, de que después de oírme, le preguntase, la ley refirió, y la pena; y el la volviendo a mirarme, dijo, lo que habéis oído decid al Rey de mi parte; con esto me despidió. Más fuego a mi fuego añade su respuesta. Yo imagino, que tanto despego nace, de presumir, que no esposo la pretendes, si no amante. Una mujer tan altiva, tan noble, y de tantas partes, quieres que de si presuma, que ni Apolo lo intentase? En fin, yo no he de creer, que quiera Elisa excusarse de ser tu esposa, sabiendo, que toda la mayor parte. del África te obedece. Todo en mi desdicha cabe; mas tú has de volver a verla. Si era preciso el hablarte primero, para volver segunda vez, con que achaque he de pedir la licencia de hablarla, si no ha un instante que la hablé? Con que al salir de la Ciudad, encontraste correo con orden nueva, y contigo has de llevarme. en nombre de tu criado. Pues luego que en ti repare, no ha de conocerte? . Sí; pero ella no puede darse por entendida, sabiendo, que yo pretendo ocultarme; y bien puede ser que Elisa no me vea. . Replicarte no quiero. . Si no me engaña la vista, por lo distante velas descubro al Poniente. Pues no es poco divisarse, estando el mar tan soberbio, que son sus olas gigantes. Muchas son. . Yson los buques, según lo muestra el velamen, de mucho porte. . Parecen en las olas inconstantes, cuando el mar los cubre, peces, cuando al viento suben, aves. Tomar el puerto pretenden. Es la tormenta tan grande, que dudo que lo consigan, porque hay en contra dos mares. Velas mayores aferran, y de gabías. . No es bastante, si trinquetes no aseguran. Y aquel bulto negro es nave? Si señor. . Pues ella sola desprecia los bracanes? Será de más resitencia que todas, por fuerte, y grande, y tendrá por menor riesgo su Capitán alargarse al mar, que el cierto peligro, de que entierra el bajel varé. Ni es su disinio el que dices, ni yo alcanzo su dictamen, pues en el mar se atravie sa proa al viento, mas ya es tarde, y me da prisa el deseo: llega los caballos. . Antes que de el primero galope a tomaraliento paren, estaremos en Palacio, Quuieran los dioses, que asable oiga Elisa mi deseo, No con la duda te agravies, Vamos. . Si llega a ser mía; haré que adoren su imagen como yo, mis Reinos todos, en gentilicos altares. Haced, Alcino, que salga luego la gente de guerra, y estorben que los soldados de esa armada tomen tierrra; y más si acaso son Griegos, que de sus extratagemas no hay seguridad ninguna, Ya, señora, la ribera, ocupa con orden mía tu gente, bien puedes verla desde aquestos miradores, supuesto que el piele besa el mar a esta excelsatorre; porque tu habitas en ella. Basta que se les permira tomar puerto, pues pudiera hacer, que desde los fuertes de esas dos puntas que cierran el paso a los fieros vientos, por natural providencia echaran su armada a fondo. Entrad. . Qué es eso? Señora, cuando tu gente de guerra llegó a ocupar la marina, ya había saltado en tierra este soldado. . Es engaño, que salté en el mar, por señas de que al saltar, en un barco me desvarate esta pierna. Traes algún orden? Ninguno. Pues dime, para que dejas tu solamente tu nave? Para no volver a verla; porque el agua está conmigo tan mal, como yo con ella. Qué gente es la de esa armada? Toda la gente que encierra es Troyana, y su caudillo es el valeroso Eneas. Éneas es su caudillo? Y mi amo, mas con cierta orden pasén a otro navio, y por la grande tormenta no volví a la Capitana. Ordenad desde esa reja, Alcino, que los soldados luego a sus casas se vuelvan, que en un hombre, a quien la mar. . Suplicole a V. Alreza con tanto extremo celebra depiadoso, y de valiente, no puede caber cautela. Así lo haré. . . aunque se rieno pega. Ya que parte conduce el famoso Eneas luarmada? qué rumbo sigue? Yo solo sé que navega al Poniente; porque Venus sumadre, que es quien gobierna sus pasos, y sus fortenas, como le dejó por puertas la despicha de su patria, le asegura, que le esperan un Reino de Latmos grande cantidad de lerras? ̱. A todos generalmente lastimó mucho la nueva de la desdicha de Tioya. ̱. Anduvieron unas bestias; noles sucediera a negros bozales, con tanta jera. El ado suele el discurso cegar. Fu mucha inocencia: a los niños los engaitan con caballos de madera. Tú no lo creíste? . Yo, luego conocí la treta así como vi las llamas sobre mí. . Grande agudeza! No fue poca, que si todos entonces lo conocieran como yo, no se abrasaran; pero aunque las mísnas lenguas de fuego se lo decían, ninguno supo entenderlas por más que se le acercaban. Pues por qué? Porque eran Griegas. Ya está hecho lo que mandas. mande, que un paje me lleve a algún sigón, u despeñsa; porque yo no sé las calles; No es menester que te lleve ninguno, porque en cualquiera calle hallarás lo que pidas. Y sino yo tengo lengua; más pregunto, si yo voy a comer, y no me llevan, quién ha de pagarlo? . Yo, dalde cien escudos. . Tengas mas escudos que un Reyde Armas. De hablarte pide licencia el embajador de Yarbas. Hoy no me habló? Que orden nueva trae, me advirtió que te diga. No sé a lo que me resueiua; pero también puede ser, que en diferente materia. me quiera hablar, decid, que entre. Bien has hecho, aunque lo sientas. Vete, y vuelve después. Vivas hasta que morir te quieras. Esperame a bajo. . Espero. . En esa sala primera, Bien desde aquí puedes verla, que no pasando adelante, no es posible que te vea, si no está ya con cuidado. Eso es lo que yo quisiera, pero no soy tan dichoso. Deme los pies V. Alteza. Tomad asiento, y decid lo que de nuevo os ordena el Rey. . Suscueridad compite con su belleza. Yarbas el Rey mi señor, señora otra vez te acuerda sus muchos ofrecimientos; pues si acetarlos quisieras, cuando derrotada, y triste llegaste. . Matalde, muera. Qué ruido es ese? . Señora, ampáreme tu clemencia. Esperad, decid que ha sido? Que mi embajada suspenda por lo que importa tan poco! Lo qué sufre quién desea! 1. Señora, una hermana mía, que debió muchas finezas a su ya difunto esposo, de quien tan poco se acuerda, entrando agora en su casa, hallé que estaba con ella un hombre, con quien presumo que ha hecho a su honor ofensa. Quise matarla, y vi a tu guarda que me cerca para prenderme, o matarme. Cielos, que esto me suceda! A dónde está la mujer? para pedirte justicia contra su hermano. . Prendelda y averiguad, si es verdad, que ofendía deshonesta su honor, y si fuere cierto, conforme a mis leyes muera. Ya ese hombre, de ningún modo le ofendáis, que cuando fuera amago, y no ejecución lo que de su hermana piensa, la muerte que quiso darla también en amago queda. Rara mujer! 1. Tus pies beso, Hara se como lo ordenas. Y vos, lo que habéis oído, le dad al Rey por respuesta. Sin oírme me respondes? Supuesto que es la materia de la segunda embajada la misma que la primera, ya os escuche. . Castigar de una mujer la flaqueza, de lo que el Rey, mi señor, te propone, no es respuesta. Mas también el Rey sabia, señora, sin que te oyera, lo que respondes; y así, por embajada tercera, me mandó, que te suplique, que me escuche . Alteza. Dise a la Reina, me dijo, que lo que mi amor intenta no contradice sus leyes por arriesgadas, no cuerdas, como esposo, y como esclavo la protende mi fineza; y los honestos deseos no son del honor ofensa. Leona, que vio a su esposo muerto a la furia violenta de los Africanos hierros, triste, sobre ser tan fiera, previniendo temerosa. riesgos de naturaleza, segundo conforte admite, que su pundonor defienda. La tórtola, que afligida, buscando las ramas secas, memorias difuntas llora, con gemidos por obsequias. No seguridades logra; pues con sus mismas ternezas, en todos los de su especie, vanos deseos fomienta; y eligiendo el menor daño, si no con quien la merazca con quien la adora más fino, segundas bodas celebra. No él si de la dicha mín sápido, si no licencia de que las pasiones mías con la esperanza divierta, Esto dijo el Rey, y yo, aunque arrojo te parezca, 1a digo, que no hay en el Orbe, sin que la pasión me mueva, ni hombre de tan buenas partes, ni Rey de tanta grandeza, con que él solo puede. . Basta, que si escuchen por atenta . razones del Rey, no quiero escuchar las que son vuestras. idos, y a su Majestad edecid, que cuando fuera dueño de más Monarquías que tiene el Afrina arenas, no ofendiera con olvidos las memorias que conserva de mi difunto Siqueo mi amor, ni aún después de muerta, mas que si acaso gustare de honrarme, solo en que sepa que está muy bueno, será favor que siempre agradezca, y que no siendo a esto solo, porque otra vez sera fuerza no responder, le suplico que esta sea la postrera. idos pues. . Qué es esto cielos! Ya te obedezco. Qué esperar? Belo tus pies; señor vamos. Muy difícil es la empresa; pero por Júpiter santo que he de morir, o vencerla. . Unos Troyanos pretenden hablarte. . Pues a qué esperan? Entrad, . Danos, gran señora, los pies. . Vengáis morabuena, alzad. . Reina de Carrago, por tantas razones Reina, de los incendios de Troya con nuestro caudillo Eneas salimos, fiando al viento las siguridades nuestras; pero no bien en el mar entramos, cuando fue a penas asaltando nuestras quillas montanas de agua soberbias, tales tormentas corrimos, que el Sol; en su cuarta esfera las temió pues de las nubes se valió para defensa, no alborotar pretendemos, tu quietud feliz con guerras, que nos socorras pedimos, y juntamente licencia de aderezar nuestras naves, pues de piadosa te precias. Alzad del suelo, Troyanos, y creed, que no la diera puerto, si fuera esa armada de algún Príncipe de Grecia. Mas siendo vuestra, en los míos seguros abrigos tenga, que las reliquias Troyanas amparará mi clemencia. Mas dónde Eneas está? La mayor desgracia nuestra; es dudarlo, pues debiendo ser su nau el aprimera que tómara puerto, quiso atravesado en las fieras ondas, que todas sus naves primero en salvo se vieran, que en la que está su persona. Con justa causa, hecha lenguas la fama, le ha dado nombre de pio, y valiente a Eneas; pero desde ese balcón; que eminente señorea, y registra todo cuanto la humana vista penetra, podéis ver si se descubre. Si señora, ya se acerca, El Deseo os engaña, no parece, que el que juzgáis bajel, es negra nube, y como al irsaliendo del mar crece, parece que se acerca, y es que sube. Tormenta anuncia, pues que se oscurece, temor me ha dado; mas si no le tuve dentro del mar, y con mayor tormenta, como estando segura me amedrenta? Señora, bajel es, no ha sido engaño. Permite que salgamos a la orrilla del mar. Qué sobresalto tan extraño! pero ya sin razón me maravilla, de la proa al timón, temo algún daño! y del alto penol, hasta la quilla negros adornos cubren, triste suerte! infausta nave, viene en ti mi muerte? Si no temiera que cruel me llamen, del puerto les echara; mas no es justo, que los Tróyanos mi valor infamen. No he tenido en mi vida tal disgusto, también son negras jarcias, y velamen, y como formidable le hace el susto, del mar parece negro promontorio, o movedizo monte de abalorio. Mas ya en el puerto entró, corazón mío no me atormente más tu temor vano, que no es Paladión este navio, ni hay que temer incendios del Troyano; de traidor, y de ingrato yo le fío, que en mi recato no hay peligro humano, y aunque la fama a Parisle condena, no fue el culpado Paris, si no Elena. A labia, que ya en el Puerto estamos. A cuártela el trinquete, porque entramos con mucho temporal, y el aguaes poca. Vota; a estribor, que en el arena toca. No hay que acercarte más, amaina luego en haciendo la salva. . Dale fuego. Da fondo, cables fija, el ancla aferra. Echa el bajel al agua. . Boga a tierra. Hola, cuando Éneas salte en tierra le haced la salva. Señora . Lesbía, qué quieres? en mi grosera ignorancia, ̱ Vengo a ver esta fantasma, que en esa tumba con velas haentrado en el puerto. . Calla, . Valiente Trovano, escusa que me afliges. . Pues por qué? Que se yo. . Pues que disparan, yasaltó en tierra. . Ay de mí! La gente que le acompaña, dice que ya sube a verte. Si pudiera lo excusara. ASolo Acates, y Marino entren conmigo: tus plantas bela, señora; el que ha sido antes que a verte llegara ninfelice caudillo eelas reliquias Troyanas, mas después de haberte visto mas feliz, que no igualan sdichas que son divinas, dersidades humanas; ya no hay que temer, que fuera dudar, que me ampara el cielo, si tu señora me amparas. humildades tan bizarras, con bien llegues a esté puerto: bien pudo añadir la fama a lo piadoso, el ingenio, y a lo valiente, la gala. De tu desdicha me pesa; pero sin razón lo extrañas, que es censo que a la fortuna los merecimientos pagan. Siendo ansí, yo solo puedo quejarme de mi desgracia, pues las desdichas me sobran, y los méritos me faltan. Qué te parece? . Muy mal, parecerme bien. Ya tardan los ciento. . Llega. . Tus pies me da . Del suelo levanta: quién es? . Su nombre es Acares, a cuya lealtad, y espada debo el haber resistido tantas fortunas contrarias. Y yo soy al que mandaste darcien escudos. . Aparta. Por qué si es criado tuyo? No soy, si no camarada de el que a mi señor sustenta. A tu señor? . Qué se espanta? no le sustenta el caballo? Haced juntar en la playa, Alcino, lo conveniente al reparo de la armada, y si hubieres menester, . árbolés, velas, y jarcias, y otros pertrechos, yo haté juntarlos con prisa tanta, que a los oficiales tuyos se entregue todo mañana, pues ya que llegaste, al cielo plubiera que no llegaras, . a puerto mío, me toca por quien soy, que a la campaña de el mar, gustoso, y servido con muela brevedad salgas, aunque imposible parece dejar de corter borraleas, pues con el susto alborora los mares tu capitana. Detres sentimientos nade la demostración que extrañas, Y son? . El haber perdido mi esposa, mi padre, y patria. Y de los tres, claro está, que da tu esposa la falta será el inayor? . Si señora, porque . Yo lo creo, basta; ya está prevenido el cuarto que has de honrar, en él descansa, vamos. . Mas que me acoba porque hasta entoneas no es justo . Guarde el cielo a vuestra Al podirte que las pasadas fortunas de Troya, y suyas me refletas. . Si escucharlas quieres? No, después hay tiempo on de que se empiece te encarga tu apresto, porque deseo ya, que vuelva las saladas ondas a surcar tu nave, donde por tan justa causa, con tristes señas publiques los sentimientos de el alma. Yo soy a quien más le importa Por qué? Porque me amenazan mas peligrosos incendios que los de Troya. . Las llam que desdelejos avisan, antes alumbran que abrasan. Necio anduve, Qué tu gente en tierra no salte manda, porque tiene inconvenientes No habrá ninguno que salga de el mar. Marino, que dices de la Reina? . Que no esrana Alcino. . Señora. A Eneas hasta su cuarto acompaña, Oye husted? los ciento, Luego. . Qué tiones, señor Nada, no te vas? . Ya te obedezco, No se qué recela el alma, No se olvide husted, No haré. . No voy en mí Ya tomara volverme al mar, aunque vien ondas, y estrellas mezcladas Señor, qué tienes? . No sé Los dioses contigo vayan
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Del fuerte, y piadoso Eneas, la nunca vencida espada retiró de los contrarios las numerosas escuadras: Esto más? . Buen desatino. Este es desatino? . Sí. Pues en nadamiente. . Di que muden letra, Marino, perdóname esta licencia. Muden letra: raro humor! De el oro de su valor, es esmalte su prudencia, recibe el agua primero. Su precepto habrá podido dejarme desvanecido; pero no podrá grosero. Ya no podrás excusarte, pues que no me excuso yo. Bien pudiera; pero no me está bien el replicarte. Ciegamente enamorada de Paris la hermosa Elena fue la destruición de Troya, y el escándalo de Grecia. No cantéis más. . No te agrada la letra? . Me causa pena el oír nombrar a Elena. No fue Elena la culpada, sino quien huésped traidor, ingrato a tantos favores dió porpremios deshono La ceguedad del amor cualquier delito disculpa. Es verdad, pero en su efecto quien tiene ser más perfecto, vendrá a tener mayor culpa. Era hombre, y logró su dicha, pero Elena fue libiana. La diosa de la manzana. ocasionó su desdicha. Ella su honor ha perdido. Fue Paris muy cauteloso. Ella en fin dejó a su esposo. No quiso verle ofendido. Éneas, no porfiemos. Piedad fue en mí la porfía, Y sentimiento la mía, de otra materia tratemos: muy de mañana saliste a caza. Por no ocupar el día todo, lograr quise la mañana. . Ay triste! no es poco que hayas querido divertirte. . Mi cuidado, si puede estar ocupado, no señora divertido. Pues aunque mujer, a mí solo Eneas me divierte la caza. . Como a mi el verte. Qué dices? Que es mucho en ti. Que te pareció el Alcón que te halabé? . Que volaba tan alto, que retrava mi altiva imaginación el ligero tagarote, y cuando en el guante quieto, las píguelas mi respeto, mi locura el capirote, De Troya la triste historia saber de ti he deseado; pero no te lo he rogado, por pensar que su memoria te renobara el dolor. Plubiera el Cielo que así fuera, mas ya no es en mí esa pena la mayor, y si ya serlo pudiera, por grosera la olvidara. Mucho de oírla gustara. Pres pasó de esta manera. Entretanto comeremos. Que ponga tanto cuidado. en encubrirle mi agrado, y no baste! . Despejemos. Después de haber despoblado. para su venganza el Orbe, los Príncipes Griegos, solo en las crueldades feroces, de experiencias de diezaños, escarmentados, disponen que supla un ardid la falta de valientes corazones, y alzando el prolijo cerco, publicando que conformes estaban; en que al olvido se entregasen los rencores, retiraron sus escuadras diez millas de Troya, donde. fabricaron la cautela mayor que vieron los hombres. Viises ilustre Griego, de nuestra desdicha el movil fue, pues el trazo la industria, y dio las disposiciones, no al ejemplar de el engaño. que estaba tratando entonces, en favor de el mismo Uiises. Penelo pe su consorte, pues cuando ella cuidadosa, burlando sus pretensores, honrosas telas tejía, él fabricaba traiciones; pero para que lo grasen nuestra ruina losdioses, era menester que hubiese traidor de sangre noble. Era el preñado portento, a quien Palas le dio nombre de Paladión, compuesto de muchos vulgos de robles, la introdución le fiaron, quiero excusar digresiones, Asinón, y en una cauta, larga oración nos propone, que para que A Juno, y Palas, los Tróyanos desenojen, y fuesen en paz, y en guerra arbirros de las naciones, era el medio recibir todos con festivas voces al Paladión en Troya, imán es sus persuasiones, sin duda fueron, y el yerro, nuestra confianza dócil; pues arrastrado el discurso, desmentidos los temores, deslumbrados a las luces, hermosas de tus dos soles. Qué dices? No estoy en mí; que decretos superiores, nuestros discursos cegaron. Prosigue, valedme dioses! Todo un lienzo de muralla, que dos fuertes torreones. debidia, derribaron, que fue la puerta pordonde entró, ayudado de tornos, y ruedas de firme bronce, aquel monte en la grandeza, no en lo inanimado monte, porque encerraba en su vientre de espíritus, mas legiones que ha conducido en su barca al Reino oscuro Aquérompte, y aunque de lo que ocultaba, él mismo nos dio el informe, al entrar, con el estruendo de las armas, los rigores de el ado, nos propusieron que los marciales rumores, eran felices anuncios, de los Tróyanos blasones; pero un soldado dispuesto a examinarlo que esconde, bibrando una gruesa lanza, antes que alguno le estorbe, de el formidable caballo el hijar por blanco escoge de el arrojadizo hierro, y abierto al furioso golpe, con un gemido dio señas de que era sensible el roble, nada importó el desengaño, que no es posible que importen desengaños al que está incapaz de que los logre, el relámpago, de el rayo avisa con resplandores, mas si avisa deslumbrando, quién se ha de guardar de el golpe? como puedo yo valerme de advertidas prevenciones, aunque me avisen tus luces de el riesgo que el alma corre? D Mucho le sufro. . Si ciego. Di Segunda vez interrompes con diferentes materias su discurso. . Divirtiome ni misma atención. Prosigue, yno te diviertas. Oye. Este hombre vino a matarme. Pasose en admiraciones el día, llegó al ocaso, el Sol, y nuestro Horizonte cubrió para nuestro daño la madre de los horrores, y de el sueño en la primera estación, aunque erre el no mbre, pues fue mortar parasismo el sueño de aquella noche el Paladión, o el etna fue vomitando escuadrones de incendios, sin que de Troya estancia alguna perdone, y dividida en cuarteles su armada gente en buen orden aguardaron consilencio a que el fuego se incorpore, y luego tocando a un tiempo las trompetas, y tambores por la Ciudad, despertaron sus míseros moradores, y asustados del estruendo, y las repetidas voces, que decían, viva Grecia, guardar sus casas disponen, no presumiendo que en ellas eran los riesgos mayores, y al ir a buscar las armas, solo hallaban confusiones, que el ya irremediable incendio, los penetrantes dolores de sus armadas familias de el Griego la cruerdad torpe, suspendiendo los sentidos, embargaba las acciones en todos los que escapaban de los incendios feroces, ejecutaban sus iras sangrientas ejecuciones; ni de el viejo lo indefenso mitigaba sus furores, ni de el niño la inocencia pudo lograr compasiones la belleza que pedía con lastimosos clamores, piedad, ni logró a sus plantas, de mujer las esenciones, ni de hermosa el privilegio, que no eran los Griegos hombres. Mi casa que era muy fuerte, hizo más oposiciones al fuego, por cuya causa, sin descubrir por entonces sus llamas salí a la calle presuroso, desde donde otra Ciudad vi de fuego sobre los vientos beloces. fundada, labrada en forma. de piramidales torres, mi imaginación, sin duda fue el artifice, pues sobre los vientos funda edificios, de incendios. . Y más traidores. Beneno bebió la vista, al descubrir tan disforme desdicha, y el no matarme, no fue piedad de los dioses, pues visuales benenos de más violentos rigores disponian. . No prosigas, que no es bien que te ocasione referir dolores tantos mas dolor. . Si tú los oyes, sin gusto haré lo que ordenas; pero sino mal supontes, que el ser tú quien los escucha lisonjea los dolores. Pues si has de proseguir, diles que soy yo la que los oye. Digo que haré lo que mandas. Hay honor, peligro corres! di pues, y los dos tengamos, yo atención, y tu atenciones. Lavi Reina de las sombras, mas que de los resplandores. del Sol, del boraz incendio temerosa, cejó el coche; porque de su azul cortina los diamantes brilladores, ya que el fuego no les queme, con el humo no se borren: el día fue descubriendo, las fatales destruiciones, con que para los Troyanos. fue más cruel que la noche; a un tiempo vi de mi casa las llamas, y oí las voces de mi familia y mi patria que pronunciaban mi nombre, pidiéndome que amparase su aflicción, quedandome inmon mi acero entre dos imanes de amor, y de obligaciones, mas como a la obligación se agregaron pundonores de el brío, y también por hijas de la piedad, iras nobles, fui a socorrer mis Troyanos, presuroso, y animoles su mucho amor, y lealtad, mas que de mi espada el corte, volví a mi casa, y venciendo con mi ardor tantos ardores, hallé a mi esposa cercada de los incendios atroces casi muerta; y en mis brazos. saqué de tantos horrores un cuerpo con poca vida; pero con dos corazones, porque la amén tanto. . Basti Pues agora de la orden que me diste no he salido. La vida, y honor este hombre me ha de costar. . Porque yo hablaba solo. regó me sudolor. De que a mi esposa saque. . Tú, ciegas pasiones! no os despeñéis, siempre hará lo mejor; pero acordome tu amor el que yo a Siqueo tenía, y enfureciome contra mí, que sus memorias tan pocas demonstraciones desentimientos me deban cuando adoraba su nombre. Piedad fue mi sentimiento. Para que el mío ocasiones, que fuese piedad, o amor el tuyo, nada supone: permite que me retire, mis crédulas presunciones: (da me han muerto, mas pues su arma. está aprestada, el salobre esemento apague el fuego de mis imaginaciones, que no han de poder lograr, ni los astros, ni los dioses, aunque muera, que un Troyano tantas altiveces postre! . Su promto desabrimiento sin sentido me ha dejado, que para haberse enojado no es bastante fundamiento de mi esposa el sentimiento, sin duda la pena mía en su dulce fantasía divertida equivocó la lengua, y no pronunció lo que pronunciar quería. La ciega incostante diosa su poder ostentó en mí, pues en un día perdí parria, hacienda, padre, esposa; y siendo tan rigurosa pena, con la de Cártago comparada, fue un amago la de Troya, quien ereyera que tanta desdicha fuera de otra desdicha prosago. Señor. . En fin mi fortuna quiso. . De que estás suspens Que me libraste del mar para morir en el puerto! Señor Lesvia me ha contano que su ama. . Majadero estás en ti? qué me quieres? Digo que con gran secreto me ha dicho Lesvia. . Prosigu Que de Elisa no es tan fiero el desdén como le pinta tu cortedad, o tu miedo: porque a noche le decía, hay Lesbia mía, que pienso que este huésped, a Cartago trujo de Troya el incendio; plubiera a Júpiter santo, que al querer tomar el puerto fuera en bóveda de arena tumba su embreado leño; dile a Alcino que disponga con brevedad mi remedio, salga Eneas de Cartago. Eso solamente es cierto, lo demás no, si bien hallo razones para creerlo en mí: porque si a la Reina alguna inclinación debo, mi desdicha la ocasiona: porque llegando a saberlo, sean de la ausencia mía mayores los sentimientos. Ya, señor, está tu armada para dar belas al viento. A mi desdicha se debe la brevedad. . Si yo puedo no me ha de gozar el ma otra vez. . Los bastimentos faltan, y será forzoso, señor, que a la Reina hablemos para que mande juntarlos. Mucho es que en tan poco, tiempo se pueda haber conseguido decien naves el apresto llegando tan mal tratadas. Esa brevedad debemos a la grandeza de Blisa, que donde sobra el dinero no hace falta el tiempo. Amigo; yo quisiera. Ya te entiendo, pero como excusar puedes tu partida, no saliendo de la Reina el dilatarla, siendo a su costa? . Ya veo que es preciso el embarcarme, Acates, más será muerto. Vamos, señor, a tu cuarto que es forzoso que llevemos un memorial en que vaya de todos los bastimentos la cantidad ajustada. Vamos, y ruego a los cielos, que sea el mar de mi nave cristalino monumento. Yo quiero aguardar a Lesbía que aquí me dijo que luego saldría. , . . O el juició habéis perdido. Señor, advierte, que el honor pones a riesgo de la Reina, y tu persona. No es el que piensas mi intento, En Marino, qué es esto? que yo solo quiero ver a Encas. . Que le hables temo. Vete, que eres conocido ya en palacio. . No te quiero replicar, a fuera aguardo. . Hoy he de saber si es cierto de boca de el mismo Eneas mi bien fundado recelo, conócesle? . No le he visto jamás. . Pues pregunta Arnesto por él, y dile que solo quiere hablarle un forastero para un negocio importante. Yo voy, temerario intentol Aquí te aguardo. . Troyano parece este, llegar quisiera, a Eneas quisiera hallar. Gentil jumento, la fama el gran Eneas le llama, y así le habéis de llamar. Es justo. Le conocéis? No, porque soy forastero. Buen rato tener espero, pues delante le tenéis. Vos sois? . No lo dice el talle? No es como yo presumí. Es que no traigo yo aquí el que suelo por la calle. Mucho extraño que lo seas. Si este es, mi recelo es vano. Tú eres Eneas? . Hermano, ya he dicho que soy Eneas. Es que el semblante desmiente la relación que tenemos. Los semidioses solemos tomar forma diferente. No es Eneas; o está loco. El hombre no es bien sufrido, yo me escurro poco a poco. Oh estáis. . Por si acaso, seas quien fueres, tú lo estás, y tú lo eres. Quita loco. . Aparta Arnesto Perdonad sus desatinos. Marino se llama? . Sí. Hasta egora no crei que hubiene lobos marinos. Razón tuvo mi recelo, . vos seáis muy bien hallado. Vengáis con bien caballero. No hay para que preguntaros si sois Eneas, el nunca bastantemente alabado, pues vuestra persona dice que fuera verro el dudarlo. Si como me han dicho está el Rey Yarbas en Cartago, este es. . Deseo tenía de conoceros, y hablaros, que os envidió ladesdicha. Si os puedo servir en algo; desde hoy seré venturoso, pero la razón no alcanzo de que desdichas se envidien, Fuerza es haber envidiado las vuestras, pues que por ellas granjeas aplausos tantos. Con intención habla, él es sin duda alguna. Rabiando estoy. Vos envidiaréis que haya conseguido aplausos, solo por haber cumplido con la obligación de honrado. Eso será que no quiero por parecer Cortesano que me juzguéis lisonjero. Dile a Acates que en el cuarto de la Reina espere. . Voy. . Ya vuestra envidia no extraño, mas las opiniones penden de muchos ajenos labios, si la que tengo os parece mucha, yo no me la he dado, los Griegos mis enemigos me la dieron en el campo, no pienso que pueden ser testigos apasionados, y temiendo que la envidia de los que no la alcanzaron, porque eran testigos muertos los más pudieran dudarlo, para informar a los vivos, ya rompiendo, y ya cortando, desvaraté muchas veces selvas de pinos herrados: en el papel de mi pecho certificaciones traigo, muchas, y muy bien escritas, porque es cada letra un rasgo; a los que pierden les suelen suplir, los que están ganando tal vez algún sentimiento por preciso disculpado, bien sé quien sois, y que habéis perdido, mas yo no gano lo que perdéis, ni es posible. No es posible, mas que miro! el Rey es, no me engañaron, hablando está con Eneas, desde aquí puedo escucharlos. Nunca he duda tu brío; pero supuesto que has dado a entender que me conoces, no es justo que quedes vano que envidiaba, decirquise, la opinión de desdichado, que siempre en las compasiones los deseos peligraron: en el recelo que tuve, confieso que anduve errado, pues, claro está que ninguno ganará lo que no gano, mientras yo viva a lo menos mas ya de que ha sido engaño, mi temor estoy seguro, y esto Eneas asentado, ni valor, ni fama envidio; que la mía, y este brazo, me han conquistado más Reinos que hay en tu armada soldados, y si una vez de el bridón ócupe el fuste, si tranzo el luciente arnes, si empuño el fresno, si el yelmo enlazo para pelear con todos cuantos nacieron humanos, como no ayude a ninguno Júpiter, yo solo basto, si traes certificaciones, yo no, que si te aguardaron tus enemigos, los míos, no me miran tan de espacio, que desde que ciño espada, siempre llevan mis contrarios a las espaldas el polvo que levanta mi caballo, Esto solo me faltaba. No estamos bien en palacio que es forzoso responderos, salgamos fuera. Salgamos. . Eneas. A que mal tiempo llegó la Reina. . Reparo ha hecho en mí, mas ha importa? Cómo el verle no a extrañado? Sin darme por entedidan es preciso remediarlo, y solamente hay un medio. Que será mirarme tanto? Esto ha de ser, ay Eneas! si naciste desdichado, no te quejes de tu suerte; pues yo tus desdichas pago, quién sois? Qué será su intento? Del Rey Yarbas soy vasallo. El nombre? Floro es mi nombre, Pues yo he mandado buscaros A mí? . A vos, sí, no sois deudo de el Rey Yarbas muy cercano? Si señora. . Mucho siento no poder agasajaros como a quien sois; porque es fuerza cumplir lo que me ha ordenado su Majestad por un pliego que hoy tuve suyo. . Dudando estoy suentento. En él manda. que os haga buscar, y hallado; porque os estima, y estáis a mucho riesgo en Cartago, remita vuestra persona con cien hombres de acaballo que os aseguren, y lleven hasta su mismo palacio respetado, y asistido como a él mismo. Intento raro! advertid. . Esto es forzoso. Ella debió de escucharnos. Éneas, vuestros bajeles están va bergas en alto, según Acates me ha dicho, Pierde señora el cuidado, que antes que sus hebras de oro? vaya el Sol desmarañando, y de peinador de plata. le sirva el Mediterraneo, surcara mi capitana el mar. . Y ya el de mi llanto Ya con esto partiró contento, y asegurado, Voy con tu licencia a hacer que se embarquén mis soldado! Señor Eneas, ya veis, fuera de que es excusado, que el vernos, será imposiblo cuanto soy, y cuanto valgo a vuestro sernicio ofrezco. Yo estoy, señor, en estado que nada puedo ofreceros, guardeos el Cielo mil años. . Alcino. . Señora. (do, Haced. . Esperad, que es excusa. palabra os doy, por la vida que mi Rey estima tanto, de salir de vuestra corte tan presto que sea el plazo lo que tardare en bajar desde esta sala a esos patios, donde unos criados míos me esperen con los caballos. Sea ansí. . Que me mandáis que le diga al Rey? Que cuantos agasajos le he debido con mi sufrimiento pago, id en paz. . Guardeos el Cielo, como Eneas de Cartago salga, no voy de vencer su rigor desesperado, que el amor, y el tiempo suelen hacer mayores milagros. . Haced prevenir la caza que quiero salir al campo esta tarde, si primero no me mata dolor tanto, Lesbía. Aquí estoy, que me mandas? No teapartes de mi lado jamás, que solo contigo, ay Lesbia mía, descanso, mañana se embarca Eneas. Pues si eso te aflige tanto, decirle que no se embarque. Cómo? si yo le he mandado. lo contrario. . Mal hiciste. No fue posible excusarlo con esa misma disculpa, que le des, el dilatarlo será fácil, que yo sé que Eneas te está adorando, y siente lo que tú sientes. Más quiero morira manos de mi dolor, que ofender mi decoro, más tocaron s cajas? . Si señora. Ay Lesbía! que sin duda sus soldados se embarcan. Yo no te entiendo, si el remedio está en tu mano, no es mejor vivir? . Bien dices pero él querrá dilatarlo. Perdida estás. . Hola, hola. Por no morirolcado no me embarco yo. Es Marino? . Si señora, aquesta noche embarcados quedan todos los soldados; porque dicen que a la Aurora saldrá de el puerto la armada, y mi señor dormir quiere abordo, porque no espere su perfona. . Ay desdichada! antes que llegue a partirse, dile. . Yo allá no he deir, tú se lo puedes decir, que ya sube a despedirse. No mires inconvenientes. Con poca defensa espero a mi contrario, astro fiero inclina, mas no violentes. Para que salgan señora, antes que por el Oriente el Sol, tú de un embarazo, y de el puerto mis bajeles, es preciso que me embarque. Pues esta tarde divierte en la venatoria caza por la vez postrera; denme los cielos valor! conmigo. Embarcarme es conveniente luego, porque aquesta tarde todo prevenido quedé, que he de cumplirlo que tú mandas rigurosamente. Esa es obediencia, o queja? Queja yo, ni aún de mi suerte la tendré, pues me ha mostrado un mismo semblante siempre. Díjete más de que estaban aprestados tus bajeles, en ocasión que pudieras, si quisieras entenderme? o tú sientes ausentarte, o te ausentas porque quieres, si lo sientes, quien te obliga? y si quieres tú, qué sientes? Aquesta es buena ocasión, que Eneas lo ha de estorbar. A qué venís? . A firmar, señora, la ejecución de la sentencia que diste a aquella infeliz mujer. Ya me holgara de poder . evitar su muerte, ay triste! Quiera el cielo sea bastante. Oh si Eneas me rogara que su muerte dilatara. Estando Eneas delante traéis sentencia de muerte, y más de mujer, quitad Qué es la culpa? . Liviandad. Libiandades de esta suerte castigas, vamos de aquí? Sentencia tan inhumana das a una culpa libiana? Es ley que yo establecí. Pues ya que me hallé presente, un delito sin parte, fuerza será suplicarte. No ruegues tan tibiamente. Que aquesa mujer no muera. Lo que por ti puedo hacer es mandarlo suspender. En eso que me debiara? Qué quiebre leyes propones? a mucho Eneas me obligas. Si hierros de amor castigas, a Júpiter no perdones. No hay para un año mujeres. Si no gustas . Ya el extremo de tus sentimientos temo sea lo que tú quisieres si en eso empeñado estás, decid que la he pernonado porque Eneas lo ha mandado. Beso tus pies. Quieres más? Qué moderes ley tan fiera? A nadie le está mejor. Si te parece rigor, digo que ninguna muera, y en todo puedes mandar sin pedir, ni proponer que yo te he de obedecer, sin conceder, ni negar. Ya te esperan en el monte los monteros, . No le dejes dudoso. . Pues que más claro le he de hablar, quedar le puedes a disponer. . Qué señora? Lo que tu Eneas quisieres. Bien sabes tú lo que quiero, Y tú lo que en mi es decente, sino quisieres, te embarca, y no te embarques si quieres. Qué dices? . Que he de decí la mujer habla en Bascuence, si quieres venirte estate, si quieres estarte vente, y atí solo te ha faltado. Qué? Pedirla que te ruegue. Es incrédulo el deseo, dile a Acates que ya puede dilatar nuestra partida, atierra vuelva la gente, descansen sobre los ferros. de espacio ya los bajeles, y publiquen mi alegría, flámulas, y gallarderes, no quede en mi Capitana, seña que dolor acuerde cuanto el luto desnudare, uistan de lisonjas verdes, dame el caballo, y al monte después a buscarme vuelve. ̱. Es cierto que el mone está de leóncitos que hierbe? . Sí. Pues si yo fuere allá, dos mil demonios me lleven. Venus si otra la dicha que los dioses me promenten, jo perdono la futura; como logre la presente. ̱. Para que, señor, mandaste que Arnesto en Cártago quede side Éneas hemos visto los dos embárcar la gente? No sé lo que me recelo: Mira que el decoro ofendes de la Reina, en presumir que engañarte pretendiese, Dices bien; pero que miro! velos, si mis ojos mienten! Cierra los labios, que pues ya sobre celos tengo agravios, no miras de los nabios de Eneas, dioses valedme! descolgarse por los cables a los esquises la gente? Si señor. . Viven los Cielos que otra vez a tierra vuelven, ves cómo ha sido cautela? Señor, pues tardarno puede Aruesto, no te adelante tu pesar; pero ya viene. Arnesto, qué hay? No quisiera. Di presto, y nada me niegues. Señor tu temor fue cierto, ya su partida suspende Eneas. . De qué lo sabes? De que estando yo presente, aquel que se fingió Eneas a la playa muy alegre llegó, y le dijo a un Acates, de Éneas lugarteniente, no se embarquen bastimentos, a tierra vuelva la gente que se embarcó, que en Cartago nos quedamos para siempre. Acates le respondió, ya yo temí este accidente; pero quién es quien lo manda? y él le respondió impaciente, quién lo ha de mandar, la Reina? y mi amo juntamente: y en fin toda la ciudad mormura que Elisa quiere: casarse, y. tomarán por los Cielos. venganza mis agravios de mis celos, Señor, no te apasiones. Por todas mis Provincias, mis pendones haz que tremolen luego, si te escapaste del Troyano fuego, Eneas, y el de amor triunfos te ha dado; porque razón te llamas desdichado? yo el desdichado soy, que si tuvimos un riesgo, no un dolos, pues que se intima cuando infeliz te llamas, tú la imaginación, y yo las llamas, Tú has de encargarte Arnesto de hacer juntar la gente, y sea tan presto que a mi me lo parezca. No me espanto, señor, que te enfurezca un desprecio tan grande. A mucho precio ha de comparas Elisa mi desprecio. Los caballos Aruesto llega. . Ya están aquí. . Yo veré presto fugitivos Troyan os si os escapáis de el fuego de mis manos. Monteros a su Alteza seguid, que se metió por la maleza siguiendo al corzo. Al monte . A la espesura, que no va su persona bien segura. Y mi amo? A su Alteza habrá seguido. Pues búsquenle también que va (nada perdido, mas de la Raina no hay que temer que en buscandoa Eneas está hallada. Dicha ha sido que al cansancio se rindiera el bruto indócil: porque si no fuera cierto, que en el confuso desorden de tanto tronco, me hubiera hecho pedazos de un choque. Muy lejos a lo que entiendo estoy de mis cazadores; pues el estruendo no escucho de los perros, ni de voces, y lo siento, porque encierra muchas fieras este bosque, Si Eneas habrá resuelto quedarse, si mis razones entendió; pero quedado mas si se quedó, ya extraño! sabiendo que salí al monte de deseos tan ardientes, tan tibias demonstraciones, más ay de mí! que un León, esgrimiendo las feroces gartas hacia mí se acerca. Pues tú temes los Leones? Éneas tú me escuchabas? Por más que de Rey blasones ha de poner la cabeza donde tú las plantas pones. Tente Eneas no le envistas, mientras el no te proboque. No basta haberte asustado. Ese es mayor susto, oye, las dos manos levan tadas le espera, divinos dioses velelde; pero que miro? al ejecutar el golpe d de rebes la diestra garra tiñe de sangre las flores, ya la fiera escarmentada su peligro reconoce; pues por sagrado se vale de lo intrincado de el monte, no le sigas por mi vida, que me harás pesar. Valiole . el juramento la suya, aunque dudo que la logre. Seguisteme? . Con la vista no, pero tus cazadores, cuando llegue, me dijeron, que ibas penetrando el bosque. Mucho admiro que pudieras encontrarme en sitio, donde, mi por lo inútil grosero villano la planta pone, ni el Sol por oculto puede? dispensar sus resplandores. Nunca el amante que ansioso busca su adorado norte, o inútil albergue sea, o sitio que el Sol ignore, le dejó por escondido, o lo perdonó por pobre. Espera, qué sangre es esa? Cuál, señora? . La que corre por la mano. . Es un rasguño. En ese lienzo recoge. Qué dicha es aquesta, cielos! ̱. Pero para que no cobre algún frío, llega, quiero ligar la herida, perdone mi decoro, aunque murmuren los que no tan mis pasiones, que si no en rústico albergue, en lo intrincado de un monte, mal herldo, y bien curado se albergue un dichoso Joven. No podrán decir al menos los que tanta dicha noten, que sin tirarle amor flechas le coronó de favores. Entrad por esa espesura. Estos son mis cazadores. Entrad . Aquí estoy, llegad. Anden a espacio señores, que cerca está ya. . Señora, Si Éneas no me lsocorre tarde llegabáis . De amor son las plantas muy veloces. Fue tan grande la presteza. Dejad eso, que la noche cierra. . Salgamos de aquí primero que den las once. Por qué? Porque es la hora en que sueltan los leones. Guiad: Vamos poco a poco. En fin quedarte dispones conmigo? . Eso me preguntas? Las promesas de los dioses! recelo mucho. . En tu mano consigo imperios mayores.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA No dice, señor, tu gente que en Cartago disgustada está, por faltarles nada, mas quisieran finalmente que su valor emplearan en tu servicio, y tener muchos mundos que vencer para que tu gobernaras. Cuando se vieron cercados de uracanes sucesivos, mas cadaveres, que vivos a la hambre, y sed postrados, cuando en el viento una pluma cada nave parecía. Y cuando el mar la cubría, monte derizada espuma, y rotas, o su mergidas, era el fatal golpe cierto, no hallaron las naves puerto, y reparos nuestras vidas. Marineros, y soldados, que ya hubieran perecido, de la Reina no han tenido los bastimentos sobrados. hubo alguno que la viese el rostro, siendo de Troya; que sin dinero, o sin joya de su mano se volviese? Pues diles que no les dio como dadiva su hacienda, prestamo fue sobre prenda; y la prenda en fin soy yo. De las sangrientas venganzas de mí mismo apenas dueño fue del mar en un leño mis futuras esperanzas, desde el buupres a la quisla deshecho el buque llegó de Cártago al puerto, y yo en un esquise a su orilla a ver a la Reina fui Hila, y al verla quedé, mas ya dije que la amé, pues he dicho que la vi: siendo extremo su recato, en su casa me hóspedó, su misma mesa me dio sin temer riesgos del trato. Creció nuestro amante empeño, . O que cosa tan cansada, siendo un Rey tan poderoso Yarbar, no le quiso esposo, y en sin soy de su honor dueño, que tan justas atenciones me detienen juzgarás; pues sabe que están demás todas mis obligaciones; nada me debe, lo honrado por amante ingrato he sido, pues no estoy agradecido, porque estoy enamorado. Si no se quiere quedar mi gente comigo aquí caudillo llevan en ti que los pueda gobernar conquista patrias ajenas, y logra tú mis victorias, que para ti serán glorias, y para mi fueran penas. Ninguno habrá que lo intente, que son todos muy leales, y yo en los bienes, y males tu criado eternamente. A la entrada del Invierno fuera embarcarse rigor déjale que entre calor, y le hallarás menos tierno, que a la Reina de Cartago no la debenada. . No? No, que ella misma lo dio de todo carta de pago. Señor primero es tu gusto, lo que tú quisieres quiero. No fuera el gusto primero en mí, si no fuera justo. La Reina. Qué violentada está mi imaginación. Estas las consultas son. dejaldo para otro día. Allí está Eneas. . Y en mí. Pero tú no estas en ti. Es verdad . Señora mía. Lo señora quita. . Es que Acates, y Alcino. Ya. Señora, licencia me da. Alcino, volved después. Grande alegría causó la permisión que las dieron a las viudas. . La hicieron publicar? . Presente yo mil y quinientos placeres difuntos resucitaron ayer. . Cómo? Se casaron mil y quinientas mujeres, sin otra de que yo atlante seré. . No quiere ese cielo que le sustentes. . Apelo de esa sentencia. . Ignorante, a quien apelar intentas? Al tiempo; y a mi pasión. ̱. La postrer apelación. esa las mil y quinientas. ̱. Triste parece que estás? l. Triste no, mediosa sí. Medrosa, de qué? . De ti; pero de mi suerte más. Yo que en ti llego a tener cuanto el cielo pudo dar, soy quien medroso ha de estar, pues tengo más que perder. No me temple tu recelo elgusto de verte mía, que será menor el día, deestá con nubas tu cielo, Yen efeto, en qué quedamos? en que después nos veremos, os a los dos dejemos. lano hay para que; más vamos encendida la azucena esde que dejé tus brazos, en que has divertido el tiempo hasta agora? En desear. Qué? . Volverte a ver en ellos, ya no es posible que yo pueda gobernar mi Reino. por qué? . Porque ha menester quien tratare del gobierno estar muy en todo, y yo ni aún en mi estoy, y supuesto que mis vasallos no ignoran, Éneas, que eres mi dueño, sácame de este cuidado, porque así los dos estemos, tú en mandar entretenido, yo gustosa obedeciendo; pero tú donde has estado desde que yo no te veo? Yo porde desembarazarte selí a hacer mal a un obero, y cansado de cansarle, por divertir el deseo de verte, en estos jardines entre, sacando del pecho el que llamas tu retrato, y yo le juzgo bosquejo. Y buscando entre las flores los colores más perfectos, me dispuse a retocarle, borrando sombras, y lejos; sombras, porque con dos soles fuera el suponerlas hierro; y lejos, porque sería, siendo yo el pintor, deefecto; pero no pude lograr la ejecución de mi intento: porque al aplicar la vista a las flores, y al objeto la imaginación, hallé pálido al clavel de miedo, de vergüenza. Y aún yo pienso que lo estoy también, Eneas ya, para que lisonjero. Te aseguro Elisa mía. Sola esa lisonja quiero: cansado estarás, en esas almohadas nos sentemos, y no lleves mi retrato mas. . Por qué? Porque no quiero que tengas quien en mi ausencia pueda ser divertimiento. Si es tu imagen; mas parece que tocaron instrumentos en esa primera sala? Como eres con tanto extremo a la música inclinado; he mandado, que en sabiendo que estás en mi cuarto, canten, ni muy cerca, ni muy lejos: porque lleguen a tu oído más suaves los acentos. O quién hubiera nacido lo señor de muchos imperios porque agradecer pudiera parte de lo que te debo! Ay, Eneas, que al contrario siento yo, plubiera el cielo, que fuera yo mucho más, y qué tu nacieras smenos! Oh breves gustos de amor, y más en el más perfecto, por ser tan cierto el gozarlos con el temor de perderlos! Y que vierto que son breves. En quién quiere como quiero, forzoso es que lo parezcan, porque los quisiera eternos. Sueños parece que tienes? Nunca ha sido tan grosero. En mi regazo descansa. Ya bien mío te obedezco, Es el amor más constante, imprudente flor de almendro; cuya esperanza derriba el primer soplo del viento. Qué es esto? . De que te asusta No oíste el marcial estruendo de trompetas; y de cajas? No mi bien, pierde el recelo, que mis vasallos te estiman. Fantasía fue del sueño. Oh amantes siempre infelices en la pretensión inquietos, en la esperanza dudosos, y en la posesión temiendo! Y agora no lo escuchaste? Extraño desasosiego! que he de escuchar? Ilusión sería del pensamiento. Guárdense del amor todo Pues ahora bien despiert oí cajas, y trompetas. Yo nada he escuchado, pere eso mismo me ha causado temor, grande mal recelo! que no salgas de esta sala, Eneas mío, te ruego, en tanto que yo averiguo si fue ilusión, o fue cierto; por mi vida, araslo? . Sí. Pues en un instante vuelvo Éneas. . Mas qué escucho Eneas. . En el viento mi nombre han repetido, esta es mi madre Venus, mas ya el iris descubro, en que del firmamento suele bájar a verme. Esta venida temo. No te libraste Eneas de los Troyanos fuegos, para que te contentes con triunfos tan pequeños. Por hija de su espuma, del salobre elemento, escapén tus soldados, y aseguré tus leños. súpiter soberano, gobernador del cielo, te promete de Italia los dilatados Reinos. Ya Marte, Juno, y Palas, movidos de mis ruegos sus favores te ofrecen, y aseguran trofeos. Deja de amor caricias, y al valeroso pecho, en vez del tierno alago áplica el duro peto. Trueca músicas dulces a velicos estruendos, y del amor las lides, a destrozos sangrientos. No resistan Eneas tus amantes extremos, de los eternos dioses los divinos decretos. Que yo en nombre de todos a tus naves ofrezco sosegados los mares, favorables los vientos. Y advierte que invisible en Cartago me quedo, en tanto que ejecutas su inviolable precepto. Aguarda, no de mi vista te desvanezcas tan presto, mas no importa, pues es fuerza que me escuches por lo menos. Justo será que a los dioses sacrifique sentimientos, no el honor de Elisa Dido, el que yo en dejarla pierdo. Como es posible que manden, si todos amantes fueron, que áspid ingrato de muerte a quien me abrigó en su pecho? No fuera acción más divina, no era más justo precepto, mandarme que con mi mano doré de su amor el hierro? Y tú Júpiter sagrado, justicia mayor del cielo, como me ordenas infamias, y aseguras vencimientos? Hazaña tan vil pretendes que dé principio a mis hechos? sobre cimientos tan falsos quieres fabricar Imperios? Cuando famosas cuchillas pudieron cortar, en cuellos que forman sus resistencias de sus mismos fendimientos. Propón, mas no determines, deja a mi elección mi aumento, no tu autoridad arriesgues, pues conoces mi despecho. Grande mal recela el alma. Disimularé si puedo, El Palacio he discurrido, y ninguno, ni aún los ecos de instrumentos militares ha escuchado, ten por cierto que fue de la fantasía engaño. . Plubiera al cielo que fuera engaño. Qué dices? Que haberte inquietado siento. Tu parece que lo estás. Es verdad, mas no por eso te asustes, que yo soy tuyo. Pues qué ha sido? dilo presto, hlante mandado los dioses? Sosiégate. . Cómó puedo? que me dejes? . Sí. Pues yo en que a los dioses ofendo? En hacerme a mi dichoso, mas tú eres, mi bien, primero que mi vida, y que su gusto. Ay Éneas, sabe el cielo que a ser posible te diera mas que te prometen ellos. Harás por mí una fineza? De que lo dudes me ofendo, mi albedrío Elisa es tuyo, lo que tú quisieres, quiero. Pues porque estén mis crueles, recelos asegurados, salgan del mar tus soldados, den barreno a sus bajeles, y mecele desde hoy la gente de Tiro, alegre, y ufana. su sangre con la Troyana, vivan amigablemente, que yo con mis propias manos! daré a todos con que puedan enriquecer, porque excedan a los Tirios los Troyanos. Y porque otra vez áclame la fama entre las naciones, por ti Troyanos blusones. Cartago Troya se llama. Digo que luego lo haré, Pues yo gustosa entretanto a Júpiter sacrosanto víctimas ofreceré; y también a los demás, dio ses haré sacrificios, para tenerlos propicios, y obligados. No podrás. Válgame el cielo! turbada estoy. . Por qué te detienes? Ay infelice! . Qué tienes? Hás escuchado? . Qué? Nada; no me ofreces barrenar tu armada, saltando en tierra toda la gente que encierra? Y por irlo a ejecutar me aparto mi bien de ti. En viéndolo lo creeré, y esclava tuya seré. Para ser tuyo nací, aunque lo estorbe la suerte, no tienes que recelarte Pues como estés de mi parte no me acobarda la muerte. . Yo voy a hacer que la gente salte en tierra; mas las plantas no puedo mover, qué es esto? mucha es sin duda la causa; pero ay de mi llos cielos, las deidades chojadas a mi vista se presentan al son de trompas, y cajas, airada se muestra luno, sangrienta me mira Palas, Júpiter a mí se acerca blandiendo un rayo por hasta. Detén el feror violento; que mis bajeles mañana con migo, como lo ordenas. surcarán el mar de Italia. Ya, ya te obedezco. Haz luego lo que los dioses te mandan, o serán ejecuciones. las que miras amenazas, Marino. . Señor, qué tienes? El corazón se me arranca del pecho, hay Elisa mía! cuanto hermosa desdichada. Marino búscame a Acates luego. . Aquí estoy, que me mandas? Yo no mando nada amigo, Júpiter es quien lo manda. Qué te ha mandado? . Que luego embarque un cuerpo sin alma. Pobre mujer. . Estás loco? No. Tu dices bien, mal haya amén, dueño de mi vida, tu crédula confianza: no lo hiciera Baco. . Hablar mal de los dioses no es gracia. Ni eso justicia. . Señor de guardar el orden trata que dio Júpiter eterno, gobernador soberano de lo divino, y humano. Por cierto gentil gobierno, Amigo el poder salir ha de ser dincil cosa, que está Elisa recelosa. Pues quien lo podrá impedir si tú a salirte dispones? Ella, de quien soy deudor, pues que me fio su honor, tras tantas obligaciones. Si tu partida es precisa, cómo podrás excusarte? has de dejar de embarcarte por lo que debes a Elisa, y más con orden segundo. Eso dijo el otro día un acreedor que partía no sueños que al otro mundo; entró con ansias feroces el acreedor, apartando la gente, y al que acabando estaba le dijo a voces: oye usted, como se muere sin satisfacerme a mí? fulano soy, vuelva en sí; y él dijo, pues bien, que quiere? no ve que aquesto es primero, y es hora ya de partir, me he de dejar de morir por pagarle su dinero? Primero se han de embárcar poco a poco los soldedos que están en tierra alojados. A la Reina he de avisar por si pudiere estorbarlo. Tú en llegando a anochecer saldrás. . Si yo vuelvo a ver a Elisa no he de lograrlo. Pues en tu cuarto esperemos a que anochezca. . Ay de mí! Marino, a la Reina di, que a lo que tratado habemos fui, porque esté sin cuidado. Si hale. Qué es fuerza embarcarme? Sí. . Mira que he de quedarm sino me llevas atado. Valor habrás menester. No puede caber valor en quien usa tal rigor con una infeliz mujer. Menos una puñalada sintiera. . Vamos a prisa que se hace tarde. . Ay Elisa bien querida, y mal burlada! Señora, que te inquieta, cuando Eneas mi señor está tan fino? . No puede. sosegar el corazón, los dioses tiene ofendidos, Lesbía, sin duda mi amor. Por qué? . Porque les usurpa Eneas mi adoración, y temo. . Qué? Que dividan de nuestras almas la unión. No temas tal de los dioses. Nada me diera temor si supiera con certeza, que de Eneas la pasión, Lesbia, era igual a la mía, solo a Eneas temo yo. Señora. . Qué queréis? Qué? . Decid. Aunque siempre yo he sido del amor tuyo. vigilante celador, hoy con más causa, y así mi cuidado me llevó a la playa, donde vi con recatado rumor, irse embarcando la gente toda que en tierra saltó, poco a poco, y divididos, y tamo alguna traición. e. Ya os entiendo. Esto ha de ser perdóneme mi señor, Marino, dónde está Eneas? A decirte me envió que en su cuarto, disponiendo quedaba la ejecución do lo que te ha prometido. con Acates, que es si non para contigo a lo menos; pero aunque me maten, yo no pienso encubrirte nada, esperando están los dos la noche para embarcarse. Desdichada mujer soy, mas no es desdicha la mía, ni es el de Eneas rigor, que bien le merece quien de extremo a extremo pasó! Yo sola tengo la culpa. de su infame sinrazón, que Eneas no fuera ingrato, sino fuera fácil yo. Señora, vasallos tienes. que morirán por tu honor; manda que tu gente toda luego se junte. . Eso no, que porque se pierdan ellos no se gana mi opinión. Pues mira que ya oscurece. Vete, que a esperarle voy al paso. Yo he de ir priviero. Alcino. . Señora. . Vor no me asistáis; o alevoso, ciega de cólera estoy! Ven señora. . Hay honor mí muerto a manos de un traidor! Esperar puedes aquí, que está, señora es la puerta de su cuarto. Yo estoy muerta! En su cuarto queda? Sí. . Ya salen Qué te detiene? no hay de que tener recelo. Ampare mi causa el cielo. Aguarda que gente viene. Quién es? Quien ser no quisiera. Quién lo pretende saber? Una infelice mujer. Dimos en la ratonera: Traidor, con infame huida pensaste hacer tu jornada, de mi alma adivinada, y a mis ojos escondida. . Oye. Con lo que estoy viendo que he de oír? . Yo estoy temblando. Todos matan alcanzando, solo tu matas huyendo; antes de determinarme no me diste cariñoso palabra de ser mi esposo, y después de no dejarme? Así los Príncipes sienten de honores tan importantes? así engañan los amantes? así los honrados mienten? Los Capitanesfamosos son falsos? son fementidos? el no ser agradecidos es de pechos generosos? Mira que de mi triunfaste; mira que mi dueño fuiste, que mi honestidad venciste. que mi honor atropellaste. Por el viento a quien igualas. mira mi fama, y verás que ya por ti vuela más, mas no con tan buenas alas. Rendida estoy, sé piadoso, vuelve en ti, pues en mí estás; huésped mío, donde vas? que el dulce nombre de esposo ya no me atrevo a ponerlo en mis labios, portemer que afrenta debe de ser, pues vas huyendo deierlo. Confieso mi injusto trato sobre lo que te he debido, que soy hombre fementido, que soy un amante ingrato, mas no es mi fe la perjura, que nadie sabe mejor lo que dejo en lo que pierdo en tu hermosura. Este es un precepto injusto de los dioles poderosos, mas que de mi bien celosos, envidiosos de mi gusto. Esa falsedad compones por disculpar tus crueldades, que las supremas deidades no pueden mandar traiciones. Y cuando no fuera enredo para honestar tu ambición, en amór cabe razón, los amantes tienen miedo? No es mejor firimes, y unidos, dos almas a un cuerpo asidas, por no dividir dos vidas morir de un rayo partidos? De los ajenos disgustos han de constar sus favores, a mi afrentas, y a ti honores, pese a los dioses injustos? Tratarán de tus aumentos, excusando mis pesares, sosegarante los mares, encarcelaran los vientos. Qué delito cometí? mi bien, suspende el rigor, o aguarda tiempo mejor, si quiera Eneas por ti. Deja que llegue el Verano para el náutico gobierno, mira que tiene el Invierno el mar turbulento, y cano. Dondevas? quién te obligó a matarte, o a perderte? ya yo paso por mi muerte, pero por la tuya no. Deja que llegue si quiera con daño menos forzoso, del Invierno borrascoso la florida Primavera. Eneas, no digas no, un A43 pa Nacional de un breve espacio te pido de vida no más. . Ay Dido, que ya en mí no mando yo! Pues llévame donde fueres, que aunque a infamia se atribuya, por no dejar de ser tuya seré lo que tú quisieres. De ti asida, y enlazada te seguiré hasta que muera, que pues por ti fui ligera, no te seguiré pesada. Que a tu crueldad mi dolor no pueda vencer! . Recelo que es delito contra el cielo solo el escuchar tu amor. Déjame. . Rigor terrible, que no te enternezca yo! No quieren los dioses. . No? pues quiere tú. No es posible, en mis escritas historias. que dirán, si una mujer es bastante a detener la corriente de mis glorias? Fortuna, que esto consientas! Júpiter, que tal permitas! y en mis historias escriras que dirán de mis afrentas? pues todo me falta ya, traidor, con tu misma espada en mí deshonra afilada, he de vengarme. Aquí está, venga tu honor ofendido, que menos vendré a perder muerto por una mujer que por ella detenido. Vamas. . Ay Elisa mía! cuanto hermosa desdichada. Ay Lesbía! quién te debiera lo que nunca te pagara. . Que no puedo detenerle! que se ausenta! qué se embarca! seguirele, mas no puedo que tropiezo en mi desgracia. Moradores de Cartago, amigos tomad las armas, seguid a Eneas, tenelde, no se embarque, no se vaya, mirad que el honor me lleva, mirad que me lleva el alma. Hay hombres, así sois todos! Señora más mal te aguarda, con grande ejército viene contra Cártago el Rey Yarbas, jurando que a sangre, y fuego ha de tomarla venganza del haberle despreciado; y que después de tomarla, has de ser suya por fuerza. Que pueda desdichas tantas influir solauna estrella! De animar tu gente trata, advierte que está ya cerca, y hace tu persona falta. Sin duda el cobarde Eneas, con astuta vigilancia supo que Yarbas venía, y timiendo su venganza, ingrato me desconsuela, cobarde me desampara. Otraidor! ruego a los cielos, que en la nave que te embarcas. combatida de los vientos, rebatida de las aguas, los turbados marineros enredados en las jarcias pongan al revés las velas, y baje al centro la gabia. Rotos árboles, y entenas, timón, trincuente; y mesana, en esas peñas envista, de al través en esas playas. Señora, qué esperás? ven a defender tus mutallas con esa espada en la mano. Hay amigo, que esta espada no quedó para temida en mi mano desdichada! ya sé el lugar que le toca, yo libraré de las armas enemigas a Cartago: haz al punto que en campaña pongan un trono, y dos sillas; porque yo en una sentada al Rey le ofrezca la otra; ve a hablarle, y di que le aguarda Elisa para ser suya. La repentina mudanza. tuya, milagro parece. Pues yo he sido la culpada justo será que yo tome de mí misma la venganza. Ya pisáis valientes Libios los términos de Cártago, sin que a la vista se ofrezca, ni un infante, ni un caballo; mas ha irritado mi enojo el verlos tan descuidados, que ofensor que se descuida menosprecia su contrario. Del rayo haced el efecto, solo no parezcáis rayos en perdonar a lo humilde por herir en lo más alto. No quede pajizo albergue, mayor, ni menorgañado, rubia mies, verde cogollo, fértil vid, inútil árbol, ni seña de las que anuncian la sertilidad del año, que no tale vuestra furia, que no quede a vuestras manos hecho ceniza en el fuego de mi cólera, y agravio. Ya la ciudad se descubre, y aunque el no salirte al paso Eneas extraño mucho, otra novedad extraño mas. . Cuáles? Que en todo el puerto ni un bajel haber alcanzo, sin duda se partió Eneas de tu venida avisado. Puede ser que se ausentara por no poder excusarlo, no por saber mi venida, que es valiente, y es honrado; pero no dudo su ausencia, pues no me espera en el campo, A nuestro ejército un hombre se acerca, y trae en la mano por seña de paz un lienzo. Di que le den libre el paso. Ya llega. . Nada el oírle nos puede dañar. . Soldados nadie le impida. . Tus pies beso, como tu vasallo. Levanta, y de tu venida di la causa. . Ya el Troyano Eneas, quizá medroso, dejó desembarazado el puerto, y en esa tienda de campaña, que mirando estás, la Reina te espera para entregarte a Cartago, y su mano, arrepentida de el habértela negado. Yo solo su mano estimo, para despreciar su mano. . Hoy lograrás tu deseo. Y hoy he de quedar vengado. Esta es la tienda, en que Elisa tu persona está esperando. Corred aquesa cortina. Esta Yarbas es mi mano. Tente. . Qué has hecho? Vengar tus desprecios, y mi agravio, castigue un yerro otro hyerro. No acierto a hablar de turbado. Ya expiró. Raro suceso! Las banderas arrastrando, en señal de mi dolor, vólveda marchar soldados. Dando con aquesto fin al más piadoso Troyano.
