Texto digital de Marco Antonio y Cleopatra
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- Pedro Calderón de la Barca
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Marco Antonio y Cleopatra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marco-antonio-y-cleopatra-2.

MARCO ANTONIO Y CLEOPATRA
JORNADA PRIMERA
̱. Viva Duto, viva; y muera Otaviano. Victorias vienria virgrla, S ̱ , . En vano te apresuras, tente, espera. Déjame dar testimonio De mi presunción altiva. C P Viva Antonio, rviva, viva. . Muera Acacio, y viva Antonio, Aunque mujer dedicada, soy del César propia hechura. o La mujer con la hermosura Ao pelea no con la espada. Si yo te obligué a dejar el Real de Otaviano, ques mi dueño, y as tu hermano no fue para pelear, Si no porque vi que andaba Bruto ya tan vencedor con su gente, que en rigor Vuestro Real saqueaba. Y no quise que tus ojos, cuya belleza bendigo, de tan tirano enemigia fuesen hurtado, despojos. Isé a morir. por esta parte es señora mía sin esperanza este día locura el aventurarte, A valerosos Romanos, nadie me socorro? Muera, o rindaso, No puedo. No viis que César hereda el valor y la fortuna. Muera si no se tinde. Eso fuera cuando en mi espada, y mi mano do hubiera defensa alguna, A soldados . Ay Pelead por esto parte, dentro, venzan hoy su estandarte, roto al aire baja al suelo ha soldados, quiero remitirlo al cielo. Ahora señor admite mis dudas y mis recelos: en tus diligencias pues, te las fío y encomiendo. Para saber si mi hermano. padece vil cautiverio, o eroicamente perdido, tiene la tierra por centro. En ordenando mis gentes, verás señora, que empleo mi valor en tus venganzas, y en tus penas mil consuelos. Y en el entretanto escucha, y deja como en espejos de mis glorias tus venganzas, para colgar en tu templo mis victonas por milagros, l y mis glorias por trofeos, Qué consuelo tan dichoso. Y que amante tan contento. Cobarde invidia umana, con quien se contrapone la fortuna; grosera por villana, por rebelde importuna; que bueno me has dejado, vencido, y de laureles coronado. Rabia, y vesgüenza tengo, y los quiero arrosan pues es vileza corona de laurel en mi cabecas cuando a valer me vengo de Abrorio, cuyo brío. es aunque a mi favor, en celo mío; que vergunzoso llego, con me nos cobardía subiera al aire, o me arrojara al suelo. Menor pena es la mía: allí viene mi hermano. Gran Césal Otaviarso. Gran Marco Antonio, como vea, pepcido a tu amparo ha venido Dárete yo los brazos, y la mano. Yo adorare la planta del que me ve caído, y me levanta. Válgame el Cielo santo, en qué tropiezo? que es prodigio creo, pues cuando de caído te levanto, caigo a tus pies, en cuyas plantas veo que sin pensarlo injurias mi grandeza, pisando está el laurel de mi cabeza Otavio, de lo cual mi pecho arguye, que una estralla superior tu pecho influsa Pues demás de esto, cada vez que paso por ti los ojos, al mover el paso me detiene temblando el persuadirme, que la tierra en que tú las plantas pones no es tierra para mí de todo firme. Y ahora con más causas y razones. a este temor me alfana, ver mi corona en manos de tu ermana; pues me parcer que a su mano bella le ha dado la Fortuna. poder para ponerla, de vuestras dos cabezas en la vos, y es más cierto inclinarse a tu persona, cuando te ve tu almena sin corona. En ti la empleaba; pues ve que has sido vencedor; porque un vencido, con cabeza cortada merece verse más que cotunada. Señor, la que arrojaste, te está esperando ya. Pues en la alzaste, vuelvela a la cabeza de mi hermano, mientras que yo turono de mi mano a Marco Antonio, Ahora la llamaré de todo vencedora, que mayor desdicha espero? Poderoso ha llegado el tercer compañero en vuestro Imperio, y Bruto acelerado, que este ejercicio mira, levanta su Real, y se retira: y Lépido tan solo se ha venido a veros, que de nadie conocido llega a vuestra presencia. Es gran soldado en trato y diligencia; tan varios, como alegres instrumentos le recivan, y den en su alabanza liscolasa los vientos. Mi lograda esperanza se descupre en mi pecho. En sovires repartida con haberlos tiernamente satisfecho, como tiene ua valor, tenga una vida. Mi fortuna contraria es menos impornana con tu presencia. Siempro es meraria, en la guerra es tan varia: como en los pensamientos la Fortuna. Aplauso pide el ver las tres personas que repartido el mundo en tres coronas, el término Africano tudo a Lépido tuca; y Otaviano manda toda la Europa; y Murco Antonio con el viento en popa toda el Asia gobierna. Sea su dicha, ruego al Cielo, eterna. Los trances de la guerra peligrosa, casi consisten siempre en diligencias; Yesí es justo con pasos presurosos, y osen por sideradas advertencias, con distancia poca, que vaya asque le tocas Marco Afitt y yo donde primeros que llegue mi opición, corte el ejero; y César Otabiano llegue donde castigue por su mano en Bruto la soberbia, y la arregancia, consiguiendo del César la venganza. No admiten dilaciones el belico ejercicio, aunque quisiera tener mil corazones; pues con esto partiera, y los demás dejara, de mi Otavia en las manos. Qué brenes son los fímites umanos, y con que diligencia pague el amor tributos a la ausencia. Deos Júpitercaminos para ser inmortales por divinos. En tus méritos solos funde el Orbe inmortal entrambos Polos, Veaste, por dichoso, adorado en la tierra, mar, y cielo, siempre con prodigioso temor, que el deseo miro para adorarla; y reservarte, en tu hermana a Cupido, en ti a Marte. Ea ermano, que te aflije? Porque tantas demostraciones das de sentimientos? Pues al cielo levantas los plos, y a los vientos fusenguaje imitando, parece que responden murmurando; y aunque fuiste vecino, y a Lépido, y Antonio no te dejan tu daño reparado y prevenido para quedar vengado y victorioso? Pues qué dudas te aqueján? ̱ Mi pecho valeroso hermana consiente, cuando me sobra brío, el repa tu con ellos lo que es mío? Lépido parra ahora al Asia, Artonio se encamina al Áflica; estos divisos, determina, que yo en ven iendo a Bruto, Señor me haré absoluto del mundo, pues espero quitar su parte a Lépido primero, pues me le da persona en quien confío. Y luego con la suis, y con la mía, a pesar de su dions y fortaleza derribaré de Antonio la cabeza; y de esta suerte, pues de Polo a Polo, no hay sino un mundo solo, y de ese a mí me toca el señorio, a pesar de los Astros será mío. Bien tuyo es tan croico pensamiento. Ya parece que piso el globo universal. Yo no consiento en el daño de Antonio, por mi aviso remediore su daño, que un amor puro no consiente engaño, en el estado, y vida, de una prenda adosada por querida. Toca alarma, alarma toca, que Otaviano time el mundo en el pecho, y can la ma- I(no, Die segunda Diana, porque del verde monte has decendido a la ribera ifana del mar, cuyas espaldas han sufrido al hombretantas veces, siendo morada de los mudos peces? Porque dejas los gamos, de tus flechas y perros perseguidos, que entre sus verdes ramos de sus pardas cebezas van heridos, con curso ciligente, a morir en las aguas dulcemente? Imagen de la guerra es la caza, y de Amor el mar furioso; y así, del alta sierra me trae el Amor osado y temeroso, v con ojos indiscretos a mirar en su imagen los efetos, El mar con sus vestejos de la luz celastial azul parece, y así, como en espelos, de bruñido cristal sombras pareces si en él se vendos cielos, en la imagen de amor miro mis zolos. El mar estando en calma: engaña con su paz, y su hermosura; lo mismo piensa el alma, cuando mira de Amor la paz segura; embárcase, y navega, y engolfada de Amor, Amor la anega, Los monstros, las Sirenas, que en las rocas del mar se va peinando sus doradas melenas, y suspenden el ánimo cantando, con tirana dulzura; que son fino el descite, la hermosura! Enamorada te veo, y no te conozco amante. Quiero ponerte delante las sombras de mi deseo, No te pongo el resplandar porque está ausente, y pudiero deslumbrarnos de manera, que cegáramos de amor. Bizarro talle, quién es? El Romano más valiente, el que corona su frente con estrellas, y a sus pies va poniendo el aucho mundo. En un imperio fatal, el que no consiente igual, ni reconoce segundo, Marco Anronio. Estima, y ama; bien empleas tu hermosura, porque les mi jor piotura el del pincel de la Fama. El Rey de los Partos es, este gallardo, y robusto. Miren que César Augusto, o que virón de lostres, que con el árbol de Apolo, las cabezas hazón nido; sino un bárbaro vestido de piel de tigre. A este solo no ha podido veneer Roma. Será victoria; quel hado, o el cielo haurán reservado para Marco Antonio. . Toma este retrato . De quién es? Es del Rey de Etiopia? . Sí. Del Rey de la noche, di. esta sombra querré hien? No es hombre? . No lo parece. El accidente, el color, que escurecen el amor, que en el alma resplandece. El tiempo forman los tres, de luz, y desombras lleno, el Rey Pirtho, que mereno tarde, y clefuscuo es. on s nser ine es este negro color. la mañana el resplardar, el alba, el Sol la verdad Es Marco Antonio; y ansí tieblas y sombras graves!eto amen las nctarnas aves, que siempre el Águila fui, A Sol busco, al Sol adoro; y en mi amorosa conquista no me ha de turbar la vista sus hermosos rayos de oro. La qué imposibles desea;. melancblies estará. El campo me al orará, Haz tu eficio bufonea. Malandrín a que veciste? Hay tan grande midición, que un miserable busin, no haya de estur jamas uiste? Tengo yo de hacer reve, si estoy con melancolía? No es alma también la mía, para llorar, y sentir? Siendo el cantar con primos lo que a los Dioses agrada; es cosa muy deseada ser músico de un señor. Duélele al pobre una muela, o su madre se le muere; y si el Príncipe lo quiere, ha de venir la viguela. Y sus pesares sufriendo, cantará, mal de su grado. como muchicho azotado. que está llorando, y leyendo. Deja el campo Clropatra, y aprisa te retira a Alejendoja, que Romanos vajeles, coronados de murtas, y laureles. Cuyas flima las son Águilas parsas; vecinos se divisan, y rompien lo en campos de safir, montes de nieve, abriendo va el cimino al Imperio de Roma ceregrino Marco Autunio enojado, porque naves y gente Acasio diste, a Egipto ha amenazado, prometiendo que al filo de su espada correrá san griento el Milo. Al Romapo poder no hay resistencia, retírate señora, y el Reino que te adora, las armas prevendrá con diligencia. Albricias quiero darte, que mor no me da el Bomano Ma No vencio ma hes olies a Césarotra ven? No di a Ponguyo. como sirena dolos marts de , amor, espanto, y míndo? De Antenio he de far, voncerle Las armas que conviene prevenid, con las galas y riqueza, la pompa y majestad de la belleza; quédate Malandrín, y de mi parte visita al nuevo César, nuevo Marte; mezclando en tus donaires, y alabanzas que mi fama acrediten, y la Romana colérale quiten. Generosa Cleopatra no fies del valor de la hermosura, preben armas, y gente. La deidad más valiente es amor, Casimira, que a Júpiter y Marte flechas tira: si el alma a este Romano ver desea, alegre morire, como le vea. Dejemos al mar salado los bajeles y colo es por estas cándidas flores, tiernos diamantes el prado; al céfiro me ha brindado a pasar la ardiente siesta en esta amena floresta, A pacible soledad, cales montañas no vi, sin duda viven aquí el silencio, y la verdad. De la inmensa porestad, del grande Imperio Romano, dilatado por mi mano, conozca mi majestad. En esta selva, sain duda, sl invierno no desnuda cas ropas que da el verano, Desde hoy los Egipcios deben sentir los rigores míos, y en voz de cristal, los rayo? timana púrpura mueven, ue si a los cielos se atraña las Pirámides, y a mí, no se ha de atreveransí esta soberbia, Cleopatra. Cuya beldad idolatra el mismo que yo ventí, Acacio ha dado favor, ni la nieve de su cuello, ni el oro de su cabello. perdonará mi rigor. Volver pienso vencedor triunfando aItalia, con ella, por generoso, y por bella. Deme tu Atoza los pias, si es que merece yo Gitano, besar los pies de un Romano, que un segundo Césares. Quién eres? . El gusto soy de la que en Egipto reina; cozquillas soy de la Reina, risa, y contento la doy: Cleopatra es el aveno io, Alegre debe de ser. En qué lo ecfan de ver? En que si endo tú tan frío, la haces reir. Los bafones no siempre han de ser graciolos, también sirven de cismosos. Buena habilidad te impones, Si tu sirves autoriza al oficio que he tomado; a porque no medra el criado que un poco no bufoniza, En el mendigo has de ver lo que a este oficio le dabe, que si a lágrimas no mueve, a risa intenta moner. Y es oficio de provecho? Qué donoso barbarismo; tengo mil, y hego lo mismo que los barberos han hecho, amuelan, sangrán, y rapan, Sacan muelas, limpian dientes, y en ofielos diferentes de la mijeria no escapan: y soy busón de verano, en hallando la acasión, lo que pierdo por buzón, sabré ganar por Gitano, .. Cómo? Sabras lo después, y entretanto quiero darte una embajada de parte de Cleopatra, Dila pues. Está onda la memotia, y así buscándola voy: ya voy hallándola, y voy consiguiendo la victoria. Acaba. . Y acabo, y digo, que cuando Cleopatra supo quel Imperio de Asia cupo, y Ántonio ques su enemigo, Para vencer sus agravios, y resitrr sus enejos, armó rayos en sus ojos, vibró flechas en sus labios, Armas de beldad previno. para que tema el Romano donaire tan suberana, espíritu tan divino Cada diente es una perla, entre conchas nacaradas. Es hermosa? . A bofetadas an dan los Dioses por verla. A los mortales admira, Amor sus ojos derramas el basilisco la llama, porque mata a cuantos mira, Por el cristal dese río vendrá a recebirte presto; tus manos beso, y con esto te he dicho el oficio mío, Que me valdrá más ducados. Cuya es está? . Ladróneres? doci entos azores quieres, dénselos luego bien dados. Vive Marte, que los temo, gitana es mi inclinación, perdóname por busón. Por buson has de ir al remo. En tinti riguridad, pregunto yo por criado de Cleopatra, que me ha dado, La bolsa, y la libertad Hada ver quién eso sabe, un segundo. Macedonio; no más burlas con Antonio, ques melancólico, y grave. Sabre la planta de un manso río verás con espectículo admirable, que ni Roma le vio, ni oyó la Fama, una galera con la popa de oro cortando va la espuma; las velas son de púrpura, y de pluma de Cisne más sonoro; coral son las entenas; las jarcias son detrenzas de cabellos, que escurecen el Sol los rayos ballos. La chusma de las Ninfas más graciosas que cortaron en Chipre blancas rosas, grumetes, y proeies, mil cupidillos son con arcos y alas, coronados de murtas y laureles. De plata, y de márfil la palamenta, son varios instrumentos, que al sacudir remando el agua fría, resuena con dulcísima armonía el fanal de diamantes, parecen estrellas rutilantes. Y en medio de la popa, que una venera de rubí parece, con espanto del Asia, y de la Europa Cleopatra soberana. viene verciendo: Verus y a Diena por las tineros márgenes del río, que de varias colores se cerona, producidas del cándido rocío, inumerables demás? quemán aromás en canbantes llamas, en hamos olorosos, envueltos van los cefiros hermosos. Concurre este espict culo este día, no solo Alejandría del umano linale miro llenas. las riberas amenas. con este faviro, pues tan sin segurdo, que no aura quien le iguale; a recebirte sale le más hermosa Reina de este mundo, la música que suena dice que pisa ya la nubia arena. Venció mi petested rémora hermosa de mi cólera asido, que en su curso veloz le ha detenido. Qué Fénix generoso, tan bizarro, galán, airoso, y bello; quemó en fuego oloroso pies rojos, pecho azul, rosado cuello, conservandoso ufano en pójaro, en ceniza, y en gusano, Que aurora es tan hermosa, sobre caballos de color distinctas, con los frenos dejosa, y las clines de perlas y jacintos, que es cielo donde nacen; beben el néctar, y el ambrosis pacen. Qué Marte, que Belona se vieron más gallardos y velientes, que Sol terapló la Zona, con rayos más hermosos y eminentes, que Narciso vio iguales, hermosura, y amor en los rristales, Deidad es peregrina, Nuevo Júpiter es este Remaro. Qué majestar divina. Que Merares del Orbe soberano. Su luz me deja ciego. Qué temerosa estoy. Temblando llego. (tonio, Rinda Egipto a tu rombre, o granAn temblando, tus acciones generosas, los Piras de sus Reyes ostentosas, los sepulcros del Magno Macedonio Rey, solo al Nilo, como ya del Jonio, con siele bocas te celebre undosas, todo Fgipto a tus plantas victoriosas, como Roma a tus pies su imperio Ab- sonío. Ríndate Egieto, pues, nombres sagrados venza a Menfís sus altos Mauseolos, sietr Nilos por verte despeñados; y si quieres Antonio más trofees, mayor imperio rinden mis cuidados, mas alta maravilla mis deseos emo Cuando el Orbe en Imperios dividí. Asa me cupere mi rica y afana, por el famoso templo de Diana; y porque da las perlas a racimos, llegar pensé a los mentes Autrimos, con ala de las Águilas Romanas, mas viendo una deidad tan soberana, sus plumas y sus armas suspendimos. Dichoso aquel laurel que en Asia reira, pues con belleza tal son sus estremos. El Áflica y la Europa endoz ran pura, Mas vale ser vasallo de tal Reina, que Rey del mundo, pues ganar podemos yo con la espada, y tú con la hermosura. Si con enajo venías que crédito puedo dar a las alabanzas mías. Alterado he visto el mar, pardos he visto los días; y luego en el cielo vi de esmeraldas; y rubí, un arco, quel mar nos siñe, un sol hermoso que tiñe las nubes de carmesí. A Egipto con sus despojos dar pienso llantos y quejas; pero templo mis enojos con los arcos de tus cejas, y con el sol de tus ojos. Mas tamo ya tus favores que he temido tus rigores de la cólera Romana. Y porqué bella Gitana? Porque metaras de amores, que una piedad tan fingida, es la cautela más fuerte, y el más tirano omicida. Eso fuera dar la muerte a Júpiter, que es la vida, El bastón Imperial toma, porque diga el mundo ansí, que tú has triunfado de mí como de Ans énvaló noma. Quéas que la mano mira, al volverte este laurel te haga Rey de Alejandría? Dire alo menos que de él nacen los rayos del día. La mano te he de mirar, ya sabes que las Gitanas sabemos adivinar. Y con luces soberanas saben dar vida, y matar. Aquí tienes prometida vida bien larga y cumplida, si disgusto, ni dolor. Si ha de recrecer el amor, poco es un siglo de vida. Bien te quiere una mujer de las más lindas que vi. Si Cleopatra no ha de ser, sea es Venus para mí. Di a adorar, y no querer, si por mí lo dices. . Di. Mas tú también la querras. Hágalo Amor, como Dios. Si no queremos los dos, nuevas dichosas me das. Desde levante a poniente serás, solo Emperador. Estos ojos son mi oriente, su divino resplandor es mi Imperio solamente. Venid señor acenar a mi bajel. . En el mío vos Clenpatra habéis de entrar. Oarad señor este río. Carad señora esta mar. Al huésped al forastero regala, Y el primero, si es difcreto, sisve, y agrada. Yo me doy por obligada. Vencistes, serviros quiero. Gran señor, mi diligencia trae este pliego de Tiro, y conviene que le leas. Quién me escribe? Otavia te escribe, según mandó que viniese, y daba a los vientos fríos graves alas a mi esquise. Marca Antonio señor mío, César mi hermano pretende quel Imperio dividido, volviendo a ser Monarquía, tenga César, yo te aviso, porque no hay deudo ni sangre, como amor. Otabia. , Sigo como sombra, Antonio a leer se ha detenido un papel, cuando hicieron a un tiempo, y a un parto mismo celos y amores, Otabia dice lá flima, no han sido Antonio ven, que a tu primero estado debe rendirse ahora tu mudanza. Esposo ven, que denes obligado darle el primer lugar a mi esperanza. Para ti es amoroso tu cuidado. Onesta es para mí mi confianza. tuyo es mi onor. El mío es tuyo mismo. Yo soy entre las dos confuso abismo Cleopatra: Otavia, ay, Cielo. Cómo dudas? Con tanta multitud de obligaciones cómo no te alientas? Cómo no te mudas? Tu sinrazón milando en mis razones, que date pues en tus cobardes dudas. Quédate en tus villanas confusiones. Quedaré en mis desdichas vigilante. pues soy horado esposo, y loco amante. Qué borrascas tan deshechas corre? Por aquí el honor me da voces, y el amor por aquí me tira flechas. Qué temores? . Qué sospechas? Antonio? . Perdido estoy. Antonio? Por donde voy, siendo imposible es forzoso, y el ser reportado esposo, cuando loco amante soy. A qué parse guiaré, si el corazón se me parte. Parece por esta parte que el cielo se pone en pie paara impedirme, y dejarte, porque está ardienco mi fe Espera pues, oye, y Cleo; Mira. Noton solo se retira abajo, y me da lugar, mas para hacerme parar de los cabellos me tira, Para en dudas semejantes ten Amor. . Pues tengo oñor, Perdona hierros de amantes. Nunca perdona el amor. Ant Dices bien. Sus penetrantes flechas dejan castigados a los menores cuidados, y a los más favorecidos, con recelos atrevidos, y con celos declarados. En mi ausencia fue crueldad, sino me sigues con brío, as de ver. . Esposo mío, ten valor, ten voluntad, Oh, que amoroso desvío. Qué rigurosa piedad. tú te vas, perdida soy. Tú me dejas. . Muerta voy, déjame. . Terrible prueba, y pues miras quien me lleva, no digas que yo me vey. A traidor, he de alcanzar el viento con que te igualas mas del corazón las alas no baten para volar, cuando me arrastra el pesar. Yelo con los dientes tomo, cómo no te sigo, cómo? Pero tan sin alma rabio, que aunque es de acero mi agravio; me han hecho con pies de plomo, muerta soy. . Qué tienes, Otavia, Otevia? qué tienes? ilusta es mi queja, tengo un hombre que me deja, y una mujer que me agravia. Tengo una cuerda locura. Pues mis desuenturas penden de unos celos que me ofenden, y un desprecio que me apura. La mujer que desmayada quedó en tus brazas hermano, de mi querido inhumano era divina adorada, es Cleopatra, porque obligue con más razón mi querella, como fugitiva estrella, ella huye, y él la sigue. Cleopatra Reina de Egipto. Y el corazón aleve de Antonio. Abrasada me vi en mis entrañas diré. Celos por mi levantados, porque dais a mis quererlas con tan injustas centallas tan afrentosos cuidados. Pero ya que airados cielos me obligáis con ocasiones de oniadas obligaciones, y de temerarios celos. Toda la terrestre bola queriendo yo ha de rodar, y sobre ella ha de quedar no más que mi planta sola. Qué belicos instrumentos, . orror a los cielos dan. Mis Capitanes, que están en mis propios pensamientos. Contra tal traición, el cielo pondrá fuerzas en mi mano, tú la ordenas Otaviano. Qué haces? . Señor. Márcelo. Antonio vi que salía, y a su ejército guiaba, que a Cleopatria se llevaba, alomenos la siguía, Alborotase la gente fácil, liviana y ligera, yo viendo que pudiera ser Lépido ya conveniente, A lo que estás obligado, quise ponerle en pusión, y ahora llama traición lo que sus razón de estado. Viéndose pasado el pecho, Le. viendo en ti lealtad ninguna con rendirme a mi Fortuna queda mi onossatisfecho. Mas tú de tirano brío, con que fendiéndome estás, que satisfacción darás al mundo. . Decir que es mío, Y que no ha de haber en él mi razón averiguada, tan poderosa otra espada, ni tan verde otro laurel. Las insignias Imperiales deja. . Como dos tiranos, no hubiera traidoras manos, a no haber pechos lealas, Pero consuélame el ver, haciendo señas tan feas, no es posible que tú seas lo que yo dajé de ser. Pues quien viare en tu cabello el laurel, dirá a se mía, que lo que yo merecia, tienes tú sin merecerlo. No te agravio, aunque te enojo; pues como injusto ladrón de prendas que mías son, te desnudo, y te despojo. Y el Olbe entero verá viendo en mi valor prefundo, que a quien no merece el mundo, nunca el cirio se le da, Juicio quiero dejarte, porque veas comb adquiero para que me quede entero de Antonio la tereer parte. Y mi corazón con ella, por quien doy quejas al viento, Mal haya el merecimianto, que consiste en una estrella. Toca alarma, alarma toca. inciertas mis esperanzas, ni vanos los celos míos. No desembarque la gente, y los lienzos peregrinos den a los leños las velas. Eres huésped fugitivo, como lo fue el Rey de Troya. No Cleopatra, no he vendido. Imperios, sibien los hados solos benignos tan desdichado me han hecho; Que cuando apenas te he visto, te pierdo, que efetos varios me tienen tan indeciso, aquí Amor, allí Imperio. Me dan voces, me dan gritos; si me voy pierdo a Cleopatra, Sol hermoso y divino, de los cielos, y los mares. De los años, y los siglos; si me queda esta corona, pongo al Tiberio peligro, no desembarque la gente. Y esos vajeles Latinos den al poniente las proas, surcando campos de vidrio, mi ausencia importa un Imperio. Y es Orabia? . Si son hijos de Amor estos celos, sus pensamientos me han dicho, si tiene deidad Amor, los celos son adivinos. No Clenpatria, no es Otabia el Imperio que conquisto; pero es amante, que muestra su lealtad en sus avifos. Presto volveré a tus Reinos, dadme licencia. C. Infinito debes de querer a Otania. Licencia Reina te pido. Es muy discreta, es hermosa. Con esta ausencia la estiman mis ojos, no mis deseos, Desde cuando bien te quiso? Cómo relámpago breve, que su resplandor deshizo la gloria ha sido de verte Dulcemente divertidos estamos los dos, Amor. Traele puesto al lado niño Dios gigante traedme presto a este inmortal paraiso. Casimira. . Mi señora, Viste el mar, que fin hauido, a los reslejos del Sol muestran cambiantes, y risos sus verdinegros desmayos? Encrespados y movidos de blando céfiro viste en las puntas de los riscos las Ninfas dermar peinanda las madejas de oro fino asiendo treguas los vientos, y las aguas que a Narciso pudieran servir de espejo, con su sereno artificios Porque el mar para engañar se finge a veces dolmido, y luego una parda nuve tan pequeña, que al principio una garza parecía. Vecino el Sol estendido las alas de tal manera, que los cielos cristalinos deja escuros, y los vientos despiertan al mar esquivo. Que quieren romper las leyes, las marjenes, y los grillos, que Dios les puso, oye donde sube el mísero navio tan alto que su ferol parece estrella, que quiso desentajala del cield errar por nuevos caminos. Trabucos son de los montes las olas, y en laberintos de piélagos a las playas parecen pedazos vivos de Nácares con sus perlas, hijas del Sol, y el rocio. Braman las aguas y vientos, tiemblan los montes vecinos, despedázanse las nuves, llora el triste peregrino. Ay de mí que al alma mía le ha sucedido lo mismo; de serena paz gozaba, duño fui de mi albedrío. Llegó este Romano César ya turbada de inproviso la calma de mis deseos, y la paz de mis sentidos. Alas son mis pensamientos, tormentos ven los abismos. y mares de das aclaree alolma teme naligro. Ay de mí otra vez, qué viendo en esos piélagos miro la causa de mi dolor; no lleguéis allá suspiros. Que daréis fuerza a las velas, sosiéguese el llantó min: no erezca el mar, que le anegue Amor, amor si es divino. Tu poder détenle un poco, a las remoras su oficio; Al tonió ha de ser mi esposo, si con finezas le obligo. Tras el voy, Egipto quede gobernado de A istipo; si mujer de Antonio soy, si a mis amores le rindo, Reina seré de dos mundos; Fénix seré de dos siglos. . Señora. No me aconsejes, porque caminen conmigo el proberuio y el amor, la ambición, y el apetito. Amor, y la muerte matan con uniformes estilos, ya despacio, ya deprisa, mi dolor fue repentino. Cometa fue mi dolor, mi tormento fue destino, antes de amar he llorado, celos, ausencia, y olvidos: Mas hay teneos suspiros, no deis vientó a la mar; que va en peligro. ACTO SEGUNDO.
JORNADA SEGUNDA
Invictísimo Otabiano Marté, y heredero en la guerra de aquel famoso Romano, que vencio toda la tierra, sureó todo el Oceano. Si tu imitas las emorias de aquel César fin segundo, si de aquel sigues las glorias, de quien fue pequeñó el mundo, para tan grandes victorias. Como consientes un día, que otro te pueda igualar del mundo la monarquía? No sabes tú que el reinar no consiente compañía? Si a ser claro a gusto empiezas tu famosa emulación, siguen reinar sus grandezas, que Romado es Jedeón, que ha de tener tres causas. Si al César has de igualar, reina tú solo en el suelo, un Jove solo en el cielo, solo un Neptuno en la mar. Márcelo, pues mis intentos conocer los tuyos saben, hoy verár en mis alientos, que en todo el mundo no caben mis altivos gensamientos. A tu opinian me acomodo, seré en siguilla constante, dame la traza, y el modo. Aunque es tu valor bastante para que lo venzas todo, siempre al consejo te inclina, pues acredita el valor al que más se determina. que es prudencia, y no furor la militar disciplina. Prende a Lepidó, y espera la victoria ansi más clara. Nunca Troya se perdiera, si Vlises no aconsejara, para que Aquiles venciera. Fue sagrada inspiración, toma el bastón de mi gente; porque el contrario escuadrón tema en aquesta ocasión: tú serás Numa prudente, y yo animoso Ecipión. Preso Lépido, el Poder vuelve contra Marco Antonio. Julio Cesaré de ser, que excedió al gran Macedonio, en el llegar, y vencer. Si les quieres imitar, no has de admitir compañía, pues no le sufre el mandar. Él lo empezó monarquía; yo imperio le he de dejar. Guárdete el cielo Otabio. El soberano Júpiter saero tu grandeza aumente. Cómo alteras la paz, como has venido de egaño armado, y de poder vencido? Como si es bien que en la ocasión repares. Dejé en Asno Antonio el Parto fiero cuando Roma erigir pensabs altares, en culto de tu nombre verdadero. Rompiendo montes, y surcando mates, tus agravios me muenen más ligero. Hoy a mis brazos el menor apela, que el Parto huyendo las saetas, vuela. Como di Otivio cuan lo al Aña edado fatal orror en cuanto Éúfrates baña, rompiendo el culto entre los tres jurado, vuelves ya contra, Lépido la saña, si a Roma contra mí la has conjurado, saca tu gente, Otivio a la campaña, verás romperte en llamas de coronas, que vanamente del valor blasonas. Nunca yo aquellas paces erompido, que ya juré sobre las aras pías, ni dar la muerte a Lépido he querido, ni aliste contra mí las armas mías; pero si de coronas más cañido que mira el Sol nmanas Monarquía. y si mil mundos a mis pies tusiera, a mi valor umilde hazaña fuera. Sabes tú que a mi nombre prodigioso tiembla el valiente Lidio, el Scita helado? Y tú sabes quel min viturioso, los alientos del César ha eredado. Contra el múndo es mi brazo puderoso Vina esbreve a mi pecho el marsalado Cuerpo a cuerpo te llamo, asnque te apo Paraque yo te venza eres muy poco. (co- Libra mi mano la campal batalla, si no es que múrito ya a mis brazos vienes. No tienes porque Antonio desealla, pues hartos modos de morir te tienes. No hay a mi acero impenetrable malla si con montes fellados te previones. Espera, aguarda, pues verás si es fiero en rayo buelto mi valiente acero. Antonio, Otavio, qué es esto? Ahora armáis de rigores, de vuestras manos, a quien es corto el imperio del Orbe. Ahora que el mundo tiembla vuestros fuertes escuadronos, tanto entre los dos temidos, como entre los dos discordes en sus campales conflitos, en sus navales furores. Ahora en civiles guerras volvéis las paces mayores, tanto entre los tres juradas, como entre los dos disformes. De César, y de Pompeyo, río en Cesalia no corre. que en Romana sangre envuelto, al mar no tribute orrores. Y los que han de dar a Roma sus antignos resplandores, sus libertades antiguas, furias yaceros descogen. Suspended pues las espadas; y pues Amor lo dispone el tratado casamiento de Otabia las paces forme. Esto es romenos ilustres lo que en paz quieren los Dioses; porque de Himeneo en las aras los dos, amantes se gocen. Tuya es Antonio mi hermana. Digo que los hierros dore Amor, si han de ser cadenas en carcel de obligaciones, que ansi aseguro el Imperio. Hoy me disponen los Dioses; que seáis, hermana mía, Iris de estas disensiones; da a Marco Antonio la mano. Tuya soy. . Mis hyerros dore; el Amor pagando a Otania antiguas obligaciones. V Amor, si estos son tus fines, si ansí premias las pasiones, bien es que presentes glorias pasados agravios borre. Cantad mi dichoso empleo? Mi amor, tus aras coronen dándote a ti edades largas. Dulce paz; con dulces voces. En concordes paces con duices bodas a los años de Numa se a vuelto Roma. La denza en disfraz señora, que Sulpicio mercader. te ofreció, podra tener licencia y lugar ahora? Aunque con diverso intento, por divertir mi pasión, la espere, con más razón celebrará mi contento; A lo Gitano vestidos vienen esparciendo glorias, con las ufanas memorias, me abrasaran los sentidos, Ay Cleopatra. . Ay de mi vida, pues se da la mano hermosa; quien duda que es ya su esposa: hay triste yo soy percida. Ves, señoras . Muerta soy. Áspides piso. . No danzas? Mas para señtir mudanzas, que para hacerlas estoy. Perdiendo vas el compás, de los pies. . Notablas galas, D mi corazón las alas, ay de mis se pierden más. Dónde vas? Donde mis celos me llevan. . Espera, espera. A ser posible, creyera que era mi Cleopatra, cielos. . Turbado se a la que guía la danza. En qué has tropezado Pues trapiezo en mi cuidado, caere en las desdichas mías. Ay, cielo. Que desuentura. Desmayose, Cosa rara. Descubrámosle la cara. Qué soberana hermosura? Qué incendio que rayo ha sido, para mí tan riguroso. Ya me tengo por dichoso, que en mis brazos ha caído. Qué haré ahora, pues causó en instante mi estrella, los celos que miro en ella, con los que ya siento yo. Satisfacer la quiero, de ser ella zonocida, pongo en peligro su vida, y si difímulo, muero. Qué harés Mas tan presto en calma estoy, y mis confusiones, suspendiendo mis ocasiones, me dejan sin vida y alma. , Ya parece que suspira. Ay, traidor. . Ay, desdichado. Lo primero que han tirado es Antonio, y él la mira; aún más colores que celos tengo ya. . Perdona. . espera, Porque mil siglos quisiera, ser Adlante de esos cielos. Quién eres? . De suerte estoy. Aún no es posible querer estar en sí. Posque tendré vergüenza de ser quien soy. Pues conmigo la llevad. donde tendrá, porque venza las dudas de su vergüenza, en mi pecho libertad que de una a otra mujer es más libre el albedrío. Tan causido tengo el mío, que no se lo que he de hacer. Yo veré si en mi sospecha, tienen culpa mis antojos. Para mi pecho sus ojos, es cada rayo una flecha. De que pensimiento otrata, pues mí a hacia los cielos? Matar le quiero con celos, pues con agravios me mata. Mas como con tal pacencia no le mato con su espada. Ya es verdad averiguada la conocida evidencia. Ya veo en su pecho abierto por sus ojos, a que aspira; pues cada vez que me mira, me deja mil veces muerto. Ven Márcelo, y trataremos de mis dudas. Y tus daños, todo en el mundo es engaños, y en los hombres son extremos. Qué justicia es de los cielos tan propia es dar por venganzas, del ofender sin mudanzas, el abrasarse con celos. Atrevéreme señor, llega, y dime por los cielos Qués esos . Por Cleopatra celos? Sabandijas de tu amor remordiéronla, y siguio con desconocida flota, por lo menos tu derrota, ya que tus pisadas no. Para lo cual tracé yo el disfraz de aquella danza, donde tan mal la esperanza, como viste se logró. En grande peligro estás, que es mujer, y celos tiener más voyme porque ella viene, . y te dirá lo demás. . Cielo con tal agravio y tal despecho, que habrá que diga yo, que haurá que aga? Cielos, con que disculpa, y corque pecho podrá ser que le espere y satisfaga? Reviente un corazón mal satisfecho Muera temiendo, quien amando paga. Para volvermé estoy, pero mal que do. Estoy para huir, pero no puedo. Huye inventor de fraudes y de dolos Bien hacías, qué haces? quién te pudo detener discurriendo entrambos Palos. Corre bajando vergonzoso y mudo adonde alcancen mis suspiros solos, tu falso pecho de valor desnudo. de quien no dudo yo que te prometa en cada rajón mía una saeta. ̱ Cleópatra, yo conozco que podía ageso, con más disculpa, y con menora que romper una se tan tuya y mía, das al fuego inmortal líquido suelo: hurtar el Sol, escurecer el día, levantar montes, atreverme el cielo, y hacer, sacando a un Polo de sí mismo el globo universal confuso abismo. Y mi satisfacción? Ponla en tu brazo; porque los aires, con mi sangre hienda dando al justo rigor seguro plazo. Eso será venganza; pero enmienda es la que quiero yo. Cómo si ellazo, que puede de Cupido ser la venda, de un casamiento fue ciego y terrible, en dos cuellos coyunda indivisible. Ingrato, que eso digas, que eso sientas? en lazo tal, a quien el blando cuello, con este mismo acero que presentas, cortallo monta más que deshacerlo. Y mi amor? ay Cleopatria. Y mis afrentas? ay, Antonio; demás que de romperlo solo será crueldad. Terrible cosa; muerto es mi amor, y pienso que reposa. Espera esposo. Suelta fementido. Dónde vas? que consientas que me ofenda Otabia, yos Ay de mí, yo soy perdido. Quién ay que de mis celos me defienda? No sé si más suspenso que corrido estoy, de que me obligue, y de que encienda en mi cobarde amor piadosa llama. Eferos son de quien tan tierno te ama. Quién es esta mujer, que hacien lo ensaíos de atrevidos y losos pensamientos así de mi piedad deja desmayos, y hace contra mi gusto atrevimientos? Quién ha de ser, la qué fulmina rayos en el cielo, en las nunes, y en los vientos de mudenzas, de celos, y de antojos. Para que tú las temas en mis ojos, sabes quien es Cleoparra? no lo creo: Pues tus estilos son tampoco sabios, sabes que vive junto a mi deseo sangre del César? Sabes que a mis labios obedecerá el Sols Y en cuanto veo hago castigos, y deshago agravios? sabes que pueden, solo mis querellas, hacer venganzas, derribar estrellas? Sabes que soy Otabia, y soy esposa de Antonio aunque por mi levantó él brío, Sabes tú; que con causa tan piadosa me debe Antonio el ser esposo mío. Que loca presunción, y que ambiciosa Qué arrogante, y que loco desvarío. que amoroso temor, que injusta mengua hielos del corazón pon en la lengua. y salga menos ligero, que de la vaina el acero el aliento de la boca, y con mis celos, si espera. Muera Antonio hecho pedazos, si vive en ajenos brazos. Toca al arma. Antonio muera. Donde pupiera alcanzarte hermosísima Cleopatra. sino en Chipre, donde Venus rosas, y aromas derrama. Rendido a tu amor me tienes, restitúyeme ya el alma, (que tu amor me tiraniza, que tus ojos me rebatan. Si obligado de mi amor dejas los montes de Italia, que están respirando fuego, que están vomitando llamas. Rendido tienes en Chipro otro monte en la constancia, que del amor de tu pecho prodigios de fuego exala. Tuya seré Marco Antonio, volcanes tengo en el alma, que por los ojos te muestran sus potencias abrasadas. Pero viviendo tu esposa, como podrá nuestra favta huye nuestras voluntades, premiar puestras confianzas. Eso temes? Para que produce hierbas Tesalía, Grecia a nuentado venepos, y Sicilia aceros, fragua? Delio. . Señor. Si mi vida consiste en tu confianza, atreveraste a dar muerte a Otabia? . Cómo sin causa quieres eclipsar las luces de la Matrona Romana, más generosa, más bella más ilustre, y más gallarda. Mira señor lo que intentas, que es esta mujer hermana del César, y que la tienes rendida y enamorada. La paz hecha con Augusto quieres romper, no reparas en que amenaza tu Imperio el agravio y la venganza? Siempre fuiste mi enemigo, y esa condicion villana, con más cara de buen celo cubren tus acciones falsas. Mi Cleopatra no te enojes, porque yo te doy palabra que Otavia: . Qué? mi bien. Viva de mi repudiada mi Cleopatrri divina, hermosura soberana; porque te opones a Venus, porque de rigor te armas? Ay, famoso Marco Antonio, que dulcemente mengañas; tuya soy, y el prado sea a bodas tan deseadas Verde tálamo, criados. llamad las Ninfas que salgan de esa selva, a que celebren la dulce unién de dos almas. Cantad vosotras, que Amor delcita en voces umanas. Bella Gitana, quien puede, sin la edad dichosa y larga del Fénix gozar ufano tanto amor, y gloria tanta. En los Jardines de Chipre, entre las rosas de nacar, entre azucenas de nieve, y entre claveles de grana. Amor, como dulce abeja, panales de néctar labra, con que al grande Marco Antonio, brinda a la bella Gitana. Ay, infelice Marco Antonio, a una mujer idolatras, que haurá de ser tu ruina; nuevas guerras te amenazan. . Corriendo van envidiosos estos vientos, y estas aguas de los Favonios, que a Nilo risan la espuma de plata. Y yo no viva celosa de la belleza, y méritos de Otabia. No tengas celos no, bella Gitana, que adoro a tu belleza soberana. Antonio, que siempre diste y al resplandor de tus armas, admiración a los osoles, glortas; y triunfos a Isalia. De la luz dulces regalos, que las generosas armas de los hierros afemman, y en orrendo son de cajas Trueca la dulce armonía de citaras, y guitarras, lisonjas de los oídos, y Sirenas de las almas. Augusto César te busca, Otavia pide venganza, Europa, y Afriea vienen contra ese amor, conspirada esta divina corona, esta gloriosa guirnalda, por cuyo círculo breve hicieron tantas hazañas los mortales, este encanto de las pasiones umenas, Que en las frentes de los hombres, con soberbias idolatran. esta insigala, cuya formo, la materia más preciada heredando a los Reyes majestades soberanas, esta esfera, cuyas puntas suben en forma de llamas, cuyo anbicioso trofeo derramó púrpura y grana. Esta perderás muy presto srahora en Chipre te casas con la gran Reina de Egipto, por quien perlas vierte Otabia. Esta Diadema inmortal, esta invencible tiara, que pensamientos no animan, que corazón no arrabata. Perdona Cleopatre mía, que el pecho eroico se inflama, con soberbia y ambición, viendo las glorias estampa de la majastad del mundo, que he de poner a tus plantas, si con valor la conquisto, y el Amor no me acobarda. Falso amante bien entiendo que los amores te llama de Otavia, Delio te incita, con esas sombras te engañan. Cantad músicos, decilde con lisonjeras gargantas, que se vuelva enamorado a reclinar en mis faldas. Mas vale amar que reinar, que Amor es Rey de las almas, y la adorada riqueza, las glorias de Amor no igualan. Viva Amor, callen las armas, que la corona del Amor me llama, Y que corona haurá tan estimada como los brazos de una Reina amada. Quién fuertes echizos tiene en el donaire y las gracias, esta sirena de Egipto, Julio César la adoraba. Antonio la reverencia, triste de el, y que desgracia. Defiende Antonio tu Reino, conquista lo que te falte; deja el Amor, ten memoria de Anibal vencido en Cagua. Esta vez Cleopatria mía con ambición y esperanza de reinar dejo tus brazos, tocad soldados al arma, Agravios, ausencias lloro, tu primero espera, aguarda, los trofeos de tus brazos; vuelve Fabio, toca, y canta, El que dejí los deleires de una amorosa batalla, por las guerras, y dunquistas, nunca diga que bien ama. Au. Pues yo Cieopatra mía, cómo puedo dejir la luz del día? Yo Antonio valiente, como podré vivir, si estas ausente, ̱. Qué encanto es este que veo? Rendido vuelve a sus faldas cuando cubren esos mares otras Águilas Romanas. Mira señor que te pierdes, vuelve a Cósar, vuelve a Otivia, y divir tan tus oídas esta musiós bizarra. . Esta música me eleva, este rumor me arrebata el corazón de mi pecho. Junta Delió mis esquidras. Adiós Cleopatra divina. Toca al arma, toca al arma. Despliega al agua y viento mis bajeles remos, y alas. Guerra, guerra, Amor, amor, si dulcementa regalas? quien menosprecia tus gustos, discurso y razón le fuir. Venciste Amor, venciste; gozarquiero tus glorias eterna ifirme: perdona mi viterías, porque quiero gozar tan altas glorias, Venid Antonio invicto, Rey de Cicoputra sois, y Rey de Egito Que más glerias ni fama, gozas de tu amor bella Gitana. ACTO TERCERO.
JORNADA TERCERA
Dónde me lleváis Octavio de esta suerte, que misteria ineluyes. . Puer oica sabio, verás que en tu cautiverio he querido honrar tu agravio. Pues aunque quiero tomar tu consejo, has de advertir lo que te procuro onrar, A la tierra he de pedir justicia, y venganza al mar, de que Antonio es falso amigo. Pues de mí si te aconsejo, no rezelas. . No, pues digo, que del mayor enemigo es importante el consejo. Sigún esto, pues la guerra ves en que estado se halla, dime, daré la batalla, por la mar, o por la tierra. Para que veas Otavio, que estimo el ver, que conmigo hagas honra del agravio, no consejo de enemigo te daré, si no de sabio. Cuando ves, que en tierra y mar no hay para ti tiempo vario; porque dudas de dejar, o eleción de tu contrario, de la batalla el lugar. Por donde Antonio la pida la betalla le presenta, pues la tiene conocida, cuando en tu favor se alienta d tanto amenaza su vida. Y así, aunque tiene valor, supuesto que ha dado en ser desdichado; da en temer que escolera lo peor si le dejas escoger. Tu advertencia fue extremadas a que tiempo ser podría mejor, que cuando su armada se contrapone a la mía, con su aliento, y con su espada. Otavía, a embarcarme voy, y tú mientras yo en la guerra en la marvitonas doy, está sog Cómo en los aires estoy? Notable diversidades de Naves. . Ni la Fortuna vio tal vez las tres edades. Un castillo en cada una, y juntas muchas ciudades, aquella nave entoldada dé vela, cuyo arrebol, con su grandeza extremada parece Alcázar del Sol, sobre la espuma salado, es de Antonio Si viene en tla Cleoparra, su diefza lalo . Si vendrá, Infelice estralla, Vamos, y al doblar el si tu gustas podrás va Ire a morir de pesar, si entre sus brazos la veo. Yo quedo a ver, para dar más pesares al deseo, una trajedia en el mar. Ya los clarines sonoros señales otrendas hacen al mar, que ha de ser teatro de dos trejedias navales. Rema con Roma pelea, y el estado miserable de César, y de Pompeyo, de Marío, y Sila renacen. Querra Júpiter, que Autonio Neptuno de aquestos mares, le corone vencedor Z de perlas y de corales. Mis esperanzas consisten en su victoria, las naves se amenazan con las proas, los remos dorados se abren. Las armas resplandecientes, con tornasoles brillantes, aún las Águilas deslumbran que están en los estandartes. Ya las marítimas Ninfas, a las trágicas señales han sacado las cabezas en su espuma de diamantes, Fortuna, si Antonio vence, tornarás a levantarme, preso estoy, tu dicha espero, pues eres tan inconstarte. Mas ay, qué soy desdichado, A y los deleites suaves de Ciropitia han hecho a Acionso afeminado y cobarde. Venciobárbaras naciones, triunsó dos veces del Ginjes, y a ese Hércules, y Leondio, en los brazos de su amante. io sientas nanes son su Doce Reyes a ayudarle concurren hoy denle rayos Palas. Júpiter, y Marte. Menos poder tiene el César en el riguroso trance con sus bajeles ligeros, va envisten, ya combaren. Los artificios de fuego escuros los cielos hacen, que con el umo esparcido se forman negros celajes. Qué abismos? Qué confusión? agua, fuego, tierra, y aire, parece que vuelven hoy al Caos donde estaban antes. Abiertos por los costados algunos bajeles jacen, para que las quillas de otros sobre sus gárseles pasen. Cuantas surtas, con el peso de soldados arrogantes se trastornan, y son tumbas de sus dueños miserables. El mar parece se ha cuajado de rubies, y granates, leche, coral, grana, y nieve, con la espuma, y con la sangre, Una nave de Cleopatra con las insignias Reales, Huyendo rompe las aguas, como una Cometa fácil, Sin declararse victoria hasta aquí en ninguna parte. Huyes oajel, que temores te dan alas semejantes? Vive el Cielo, que se aparta en su curso y en su alcance la nave de Antonio, y tocan los remos en esta parte. Cleopatra, Cleopatra espera, que no es justo que te apartes hasta vencer, o morir, de mi lado, bella amante. Hermosísima señora, si tus ojos celestiales me dan valor, me dan fuerzas, detén tu ligera nave. Adiás, a Diós, Marco Antonio; porque no hay fuerzas que basten contra la dicha del César, Neptuno está de su parte, sígueme ansí, si tú quieres, que el Cielo tu vida guarde. Herido, mas no vencido me dejas ingrata fácil: el alma tras ti me llevas. Qué he de hacer? No desampares tu gente, señor pelea, Ahora estás tan cobarde. Lleva Cleopatra mi vida, pues las gloriosas deidades de sus ojos van huyendo, y mis ruinas son fatales. Cleopatria, Cieopatria. Antonio, ven tras mí. Señas me hace con un lienzo, que la siga; es divina, y ansi sabe que he de morir si peleo Fortuna, yo he de fiarte este suceso Piloto, sigue a Cleopatra, que tales son mis desdichas y amores. Vuelve el timón a levante, boga canalla hasta ver las corrientes del Éufrates Cieopatra, espera, que dejo por seguirte, y ayudarte, el suceso a la Fortuna; haga lo que ella gustare. Ven Antonio. Ya te sigo, que son tus ojos imanes del acero de mi pecho. Mi gente, adiós. Él te guarde. Perdiose de ánimo Antonio, que son los deleites tales que aniquilan el valor; a Romano miserable, Y sus soldados sintieron su huida bien infame; César vencedor se llama, ya le miden ya le abaten las naves de Antonio, y el para seguirle el alcance el ejército de tierra quiere vencer, y en pataches desambarcs coronado de coral, y de arrayanes, árbol de Venus, que es hijo de estos sagrados cristales. Demos a Júpiter gracias por victoria tan notable, que a penas deja creerse. Teniendo por esta margen del mar, diez y seis legiones, huyó Antonio, caso grave. Vive en Cleopatra, no en sí, que mucho que le arrebate sus hechizos y cautelas, que piden venganzas grandes. Vencí Lépido? . Venciste, Ya lo he visto. César dame libertad en tu usctoria. A Egipto quiero llevarte, sigamos a Marco Antonio hasta vencerle, o quitarle de todo punto el Imperio. Y los exárcitos marchen portierra, y rompa el armada montes de espuma en los mares de Afiz, que busco a Cleopatra tan celosa, como amante. Gran señor, no es natural esa pena; hechizo ha sido lo que te tiene rendido, para tenerte mortal. Dizas bien, yo hice mal en un tierno corazón seguir una inclinación, ver en dos ojos mil cielos, pagar amor, tener celos, claro está que hechizos son. Ya no me sufre el deseo no verle: mas que he de hacer, pues cuando le vengo a ver, tan ofendido le veo. Si a un tiempo dudo y deseo, como podrá sin culparme encogerme, y arrojarme, con que paso ha de volverme, con que vergüenza atreverme, o con que pena llegarme. Yo pude huir, yo mirar, que mi afrentoso desvelo mirara sereno el cielo, en lo azul claro del mar. Ay, que temor, que pesar, Pero si vieron que huia, mi Cleopatra,; yo seguía su mudanza y ligerezas quien duda que en su belleza verán la disculpa mía. Bien podré, viéndole tal, llegarme. . Señor, que esporas con tu ejército y banderas? Camilo tu general, ya no es tuyo, . P toy me Pasosoa Otivio. . Piofundo dolor en mis merguas suado, pues habiendo merecido el mundo entero, he querido perder la mitad del mundo. Mas ya a Cleopatra dejara de seguir con tanto amor, no fuera el daño mayor, sin perderla aventurara. Cosa es cierta, coso es clara; pierda pues mi adversa estrella mil mundos, por no perderla; bien hice, y an si pues ya consoláreme con ella. . Yo llego. Nueva ha llegado, como mala diligente, de que en Armenia tu gente contra ti se ha rebelado. Ay, triste. . Ay desdichado. A mujer, tu vil conceto ̱o fue la causa de este efeto: pues como ve que tu amor me ha dejido sin valor, me pierde el mundo el respeto. Pero hareme renacer, por Júpiter soberano, no tengo la misma mano? no queda el mismo poder pora mandar, y vencer? No soy la misme persona? Delio Delín, pues me abona C la misma opinión pasada, vuelve a ceñirme la espada, ya ponerme la corona. Señor, por no dilatar tu rigor, quise falir donde me veas morir, cuando má quieras atar. Matime, pues mi pesar, con ser tuyo sui es bastente en desdiha semejante, a manarme, pero denae que he de morir inocente, si he de morir ignorante, yo que soy para tenerlos, como en el alma los labios, partícipe en tus agravios, pues que suy cómplice en ellos. Ay, Antento, mis cabellos pondré, pues mi pena es tanta, pon lazos a mi garganta. Espera Cielos ahora, que Cocodrilo me llora, o que Sirena me canta. Si el viviryo puede ser causa de haberte vencido, fue con ánimo vencido, flaqueza de una mujer. Qué traición no pudo ser, cuando entre las ansias mías, ayude a mis cobardías temiendo, y agonizando, por no verte peleando, y el peligro en que te vias. Pero, pues tan mal me tratas, y en lo que te adoro dudas; porque amorir no me ayudas? Porque Antonio no me matas? Por que mi muerte dilatas? Pero tan truel estás, que en los indicios que das, he podido asegurarme, que dilatas el matarmo por hacer que pene más. No más Cleopatra, mi celos pusiste en mi confianza, culpa mi loca esperanza, y atame con tus cabellos. Arrojen tus ojos bellos rayas, tu misma balleza castigue en mí la extrañeza, ciego engaño vil temor, de dudar en tu valor, para ofender tu firmeza. mas si merece pardón mi justo arrepentimiento, alivia mi pensamiento, y alienta mi corazón. Mírate en mis ojos, pon el alma en ellos, olvida lo demás, pues a ti asida, igualando nuestras suertes, la entre los dos muchas muertes, ha aterna nuestra vida: Siéntte, porque yo quiero oivertir, y entretenen tus ojos, que no ha de haber ya deleite lisonjuro, que no te ofrezca Si espero de este amor, y fe tan pura, dulce vida, y paz segura; que más dichas? qué más glorias? para que quiero victorias, si no es de aquella hermosura? Retirado está en Egipto el Romano, Margo Antonio con la mulma escopatra, que es el dueño de sus ojos. Entra paso, que dormido los instrumentos sonoros le han dejado, y el copete de la buena ocasión gozo. Vive Dios que he de afrentarle, esta vil tueca le pongo, quizá será la desoura luz hermosa de sus ojos. A, desdichado Romano, tu fuiste el más valeroso que vio el mundo, una Gitana te volvió cobarde y loco. Despierta Antonio, despierta. Con la tristeza, y el ocio me dejé vencer del sueño, quién me da voces? conozco que debo ya despertar de los deseites, y antojos. Qué ciego me traen, qué es asto? Con afrentas, con oprobios me están diciendo despierta. Rueca a mí, si el ancho globo del mundo tembló a mi brazo, Bicules hizo lo propio, hilar su amante le hizo. Con la afienta y el enojo abismos de ira y ve guenza siento en el alma, y el rostro. Ánimo Romano pecho, afuera tirano mostro; loco amor deja que cobre mi nombre eterno y famaso. Las ruinas de mi vida en esta afrenta conozco; la Parca ha de ser cruel: quizá Júpiter glorioso me avila que Atropo soy, que hace ser la vida corto. Hola. Señor. Quién entró después de la Reina. . Solos dos enmascarados. Quién fueron? Yo no los conozco, y advierte, que viene el César rompiendo el sagrado golfo de esos mares. . Pues yo amigo, le he do buscar, que soy otro; y las afrentas han hecho más cuerdo, y más animoso. Gillarda ojudad de Alejandría, El resplandor del día no vio en Asia ciudad más populosa. tu ejervifo la a vuelto más hermosa. p. Bella fábrica ha sido; del que le dio su nombre no vencido. Hasta ver su ruina, tu gente ha de asistir. Sud declina mi prospeta fortuna. Pondré cual nuevo Alcides en los términos de Asia otra coluna; procura tu Márcelo dar a Cleopatra este papel. Darelo a Cleopatra arrogante, que en la esplendida cena dío a su amante una perla preciosa, A mas rica que su Reino y más hermosa. Yo entrare disfrazado. . Si Antonio enamorado para librarse mata, mujer sabia será. Y mujer ingreta. Tú Lépido serás ya mi seldado, pues que la espada y libertad te he dado Contento con mi suerte, seguiré tu milicia hasta la muerte. m. Valerosos Romanos, que de Egipto su váis los mares canos; porque en ajenas tierras váis dilatando las viviles guerras, si en la margen del Nilo vuestra sangre derramo. Salga César no más, a César llamo a finguiar batalla. Soberbio Autonio cella; porque blasonas, di tan arrogante, cuando tu perdición tienes delante? Porque no temes tú mi ardiente furia, cuando tu gente injuria mi brazo y mi valor? Mas qué es aqllo? Qui gente se hapasado . al César? Porque ya el cielo y el hado contra mí se conspiran, y las ruinas de mis años miran. A, soldados, a gente, niegas tu Capitán? Oye, detente; porque me desamparas, cuando mi vida está en funestas aras? A ejército cruel, ingrato, y fiero: desesperado voy, rabiando muero. Ya la gente de Antonio te apellida segundo Macedonio. Ya las ruinas se pasan. No pierdas la ocasión, felice día; en que veré asaltada a Alejandría. Primero hablar quisiera a Ceopatra de paz, Desa manera, Antonio se perdió, mira que haces, ̱ e se A mis antojos tapar pienso los ojos, el rostro vendaré por no mirarla, No la rindas, señor, si no a batalla, tu ejército acometa al intrépido son de la trompeta. Bien dices, los asaltos hagan mía la famosa ciudad de Alejandría. Casimila no has dejado los áspides prevenidos. Sí señora, y mis sentidos por tu causa se hanturbado. Pues la esperiencia me advierte, que ellos sin rigor ajeno dan con dulzura el veneno, por dar con piedad la muerte. De sus bocas, hay cuitada. Le tomaré cuando ver el perdido Antonio sea, y yo triste, y desdichada; pues no ha de verse una mano, y una belleza, que ha sido prendas de Antonio vencido, los triunfos dé Otaviano. Lee esta Carta, Señora, y este peligro agradeco. El miedo entre dudas crece, y el alma entre penas llora. De Cleopatra han sido los tratos, y los modos por quien me dejan todos afrentado y perdido. Obligala Otaviano a ser conmigo esquiva; muera pues, aunque viva en mi amor, por mi mano. Matarcla, pues, cielos, con el alma en los labios ya que muero de agravios, no ho de motica de celos. Qué veo? . Espera. Advierte que es Antonio. . Ay, cuitada. Perdona. . De turbada no pude detenerto. Tal vi como resisto mi enojo? . Pues tú huyes? para, con el destruyes mi opinión, ya me ha vistos que dirá, . Mal sospecho de esta carta, . Ua villano me la dejó en la mano. Y escondes la en el pecho. Vayan tas él. . Cautelas son tuyas. . Tú le alcanza. Fuera loca esperenza pues cuntua dlas vuelas, dámele. . Averiguada su culpa injustamente, aunque estoy inocente, padeceré culpada. Traidora, qué hay en ella? Apenas pude bello, pendiente de un cabello estoy, Jnjusta estrella: qué firma es esta? Cielo, Cielos, que desuentura su sospecha asegura, y crece mi recelo. Leyendo va, y temblando, hay de mí con que enojos, hechos brasas los ojos vuelve de cuando en cuando. Rayos arroja de ellos, cada vez que me mira, y el miedo me retira asido a mis cabellos. Ya tiernas confianzas fueran culpas inmensas, en quien presume ofensas, y prometen venganzas, Huyes? . Porque sospec que a culpame atribuyes. a Por ver en que me huyes, la ofensa que me has hecho, el huir te permito, pues quien huye la cara, el agravio declera, y confiesa el delito. Ya me has muerto volando dos veces, con que entiendo que tu matas huyendo, por matar engañando. Pues traidora, a que aspiro, volveré a ver mi daño, quiz a sin ver mi engaño, parque ciego le miro, No es César Otaviano esta firma es la letra, que mi pecho penetra, No dice de su mano? Bella Gitana, de tu mano hermosa vi en un papel tu pensamiento escrito; y cuanto a mi fortuna generosa afeanzo en mis desdichas solicito: con tal que más severa, que piadosa mates a Antonio, pues, ansí te admito por dueño universal, y soberano del mundo todo, Córsar Otaniano. Son verdades, o ilusiones tan villanas razones? A quien no aflge, y calma, mi vida vende quien me debe el alma. Cleopatria es mi omicida, mi muerte trata la que fue mi vida. A, villana cruel, quien tal creyera; que rigurosa fiara vieron ojos umanos en montes Aberimos, y Africanor; como tú, pues, añades a Viises celos, rústicas verdades. Señor escucha, el sordo llanto oiste que con lamento triste suena desde allá dentro, como por cobarde los sustento, Vuelve los ojos, mira, que tinta en sangre sale Casimira. Antonio ya tus ejos han cegado, tu Cleopatra se ha dado la muerte. Cómo ha sido? Después de haber entrado, y esparcido sobre la espalda y cuello a pedazos las trenzas del cabello. diciendo: Ahora, ahora verá Antonio mi muerte en testimonio, que soy leal, pues muero por cobrar opinión con un aceros Qué crueles hazañas, se pasó por el pecho las entrañas; y tu nombre la boca dando aliento, al postrer movimiento, sangriento el pecho y manos, hicieron sus dos sules soberanos, con eclipses crueles, jealdas las rosas, lirios, los claveles. qué dices? Si esto es cierte; sol perdido, todo el cielo ha caído sobre mí y es muy justo me dastruia. Mi Cleopatra murió? Por culpa tu ya, señor. Mi pena siento; y no me digas que murió inocente, pues esperar algún consuelo ahora, de haber sido traidora, ya no hautá que espere. si fue leal, y por mi culpr muere, si no dar con espanto al cielo quejas, y a la tierra llanto. Pues le vi el corazón iré segura. Quién viotal desventura? Quién vio dar de esta suerte, una satisfacción con una muerte? para que tenga un pecho mayor dolor por verse satisfecho. Delio, Delio, pues fuiste mi privanza, mi postrera esperanza logra, aunque a tu despecho, con esta espada me atraviesa el pecho, por Cleopatra perdida, crueldad será dejarme con la vida. Señor, dudas, qué tiemblas? No es costumbre cuando en tal pesadumbre, por ser poco dichosos, suelen ver los errores más famosos, que su más confidente les pase el pecho valerosamente. Señor, bien dices; pero a quien la plug ser piadoso verdugo para tan duro efecto, mejilando con lástima el respeto del más digno monarca que dio a Delió mortal rizada parca. Ten valor, se piadoso. Soy umano. Pásame el corazón, Tiembla la mano. La piedad verdadera, el no matarte, aunque a mis manos muera balviendo acelerada, a mi pecho leal tuerzo la espada. Pasose el presto o troica maravilla, su sangrienta cuchilla, con impulso divino de mi pecho las señas el camino, y en tu muerte contemplo, para la mía valeroso ejemplo. Dónde camina orefuroso? ay cielo. Llega a darse consuelo, puas segura veniste de que le has de admitir. Con todo, hay, triste, de ver que tan furioso se entrase, tengo el pecho temeroso. Ay, Cleopatra. Detente que suspiro, en los aires admiso, y con el alma siento. dando mi corazón un movimiento de tan grn sobresilto, que me reviento el pecho a cada salto; que veo, hay triste suerte, en Antonio una imagen de la muerte. Y al fin menos cobardes mis cuida. a pesar de los hados, iré Cleoparra mía al cielo donde estás, donde me guía tu divina belleza saca entre densas nuves la tibeza, Cuando tus brazos deseo, dámelos para que vaya, pues tanto el pecho desmaya, cuanto se anima el deseo Cleopatra. . Antonio? Que veo: Estás viva? As bajido? Echa un espíritu alado, y con divivos asombros quieres llevarme en tus hombros, para ponerme a tu lado. Eso temes? ofendida me dejas, aunque mujer Antonió, no he de tener otro duañó, ni otra vida. De esas impulsos movida, con que temes mi mundanza, es dejaré en confianza de volver volando a verte, y a que veas en mi muerte, si me queda otra esperanza. . De qué huyes? De qué tratas? Escuche el cielo mis quejas; ahora si que me dejas, podre decirque me matas. n s Qué son es este? Qué ingratas son las estrellas, que han hecho que mi contrario, sospecho; quien pudira pelear. Pero mal podré sacar mi espada, si está en mi pecho. Ya que gane a Alejandría A y las Pirámides altas a mis plantas se rindieron, a pesar de su arrogancia. Volver quisiera triunfando de esta divina Gitana, celebrada tantas veces por las lenguas de la Fama. Y yo quisiera que viese entre los despojos de Asia los siete montes de Roma, tu victoria, y mi venganza. Emperadores Romanos, Lépido, César, Otabia volved los alegres ojos, que mis desdichas os llaman. Ved en túmulos de luto, sino en tálamos de plata, dos amantes desdichados, dos hijos de una desgracia. Dos pechos con un amor, dos penas con una causa, dos vidas con una muerte, y dos cverpos con un alma. Espíritu generoso de mi dulce dueño, aguarda, que ya en los campos Elisios te va buscando Cleopatra. Admira el mundo mi amor, y en mí los áspides hagan que mis lágrimas y sangre lluevan sobre si mis anhas. Quitemos al vencedor la majestad y guirnalda, que triunfando de nosotros le diera Roma la ingrata, Tras ti voy Antonio mío piadosamente tirana, admirablemente amante, dulcemente desgraciada. Pues túvimos un amor, y una muerte nos iguala, haga eternos nuestros nombres, un sepuscro, y una fama. Quitad los áspides fieros que entre la nieve, y la grana de sus brezos, y su sangre mortal veneno derrama. Oh bellísima, y constante, o hermosísima Gitana, seguiste tu amante vivo, muerto no le desamparas, Ya murio. Trionfar querría de esta Reina soberana, Mas retraten su hermosura, hagan una creína estatua, que con los áspides vivos entre las rosas de nácar de su pecho admire a Roma tal amor, y tal constancia. Y yo que fui vengativa, más piadosa, y más umana; el fin lloro de mi esposo, y me lástima su dama. Como César a Pampeyo lloro a Antonio, cuando acaba la tragedia, y el amor de Marco Antonio y Cleopatra;
