Texto digital

Texto digital de Mal pagador en pajas

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55306/16).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mal pagador en pajas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mal-pagador-en-pajas.

Logo BICUVE

MAL PAGADOR EN PAJAS

JORNADA PRIMERA

Hombre, cualquiera que seas, de plebebo, o noble origen; que es lo que de mi pretendes, que así has dado en perseguirme? Siteniéndome por otro de quien agraviado vives, para tu justa venganza la ocasión, y el tiempo mides. Advierte bien lo que intentas, y pues no me conociste, tu honrada intención te abone, t ignorancia te libre. Vese con Dios, y no pruebes mas mi paciencia insufrible, que sabré hacerle pesares, al que a disgustarme aspire. Baste que toda esta noche, temerario, cuanto libre, en el mar de mis cuidados rémora a mis pasos fuiste: Pero porque más osado en tu intención no te animes, saca la espada, y con ella; si a darme muerte veniste, obstentar tu valor puedes; mas vive Dios que es un firme mármol al temor, y al ruego: Eres hombre ha de algún triste difunto la oscura sombra? Confuso esoy, que mal hice envenir solo, mas fue cumplir con lo que me pide Diana, que es el secreto. No respondes, no permites. tu pena comunicarme, que en el mayor imposible favorecer te prometo. Di lo que pretendes, dime tu intención, no te parezca que me faltan para oírte ánimo; y valor osado, que soy el Príncipe Enrique, que nunca conocí al miedo, Vaste sin hablarme? Quise traerte donde te dejo, para volver donde vine. Oye, espera, porque así tan confuso me despides? Porque es paran mí muy alto lo que para ti es humilde. Es ilusión? es sombra esta, que así mi persamiento asombra? sueño, o estoy despierto? es cierto lo que he visto? ha sido cierto (do lo que por mí ha pasado? que un hombrespero como así le he da- de hombre el incierto nombre, si solo el parecer ha sido de hombre? que un hombre solo fuese bastante para hacer que así perdiese la ocasión más famosa que un amoroso empleohace dichosa, Que un hombre, y solo, cielos! muero de confusión, rabio de celos! pero quien se atreviera a comperir mi amor; aunque tuviera del Rey mi padre allentos para la ejecución de sus intentos, aunque ser no podría cuantas sospechas un celoso cría! Que de Leonarda fuese algún amante, y ocultar quisiese su nombre, por no darme conocido, ocasión a disgustarme, por ser Leonarda prima de Diana, aquien tanto mi fe estibía. Mas lo que fuere sea, al puesto he de volver donde deesta mi valor enzontrarle, y vive Dios, que o tengo de matarle, o saber quien ha sido el que a mi ofensa se movió atrevido: Pero qué es lo que veo? el hombre a la medida del deseo vuelve, aunque acompañado; mas yo he de conocerle, si a su lado todo el mundo viniera. Noche apacible. Aunque tu amor pidiera para tu intento alguna, no la pudiera ver más oportuna, a tu gusto. Ay Roselo? ci noche en que de Leo narda el claro goza la dicha mía, (dia, más merece llamarse hermoso día el más venturoso. Villano, si el respeto, que forzoso a quien soy le debías, llegaron aperder tus demasías, hoy verás tu castigo. Señor, qué es esto? Oh Fedérico amigo, por otro te he tenido; pero pues a ocasión habéis venido en que podéis servirme, seguidme, que me importa, Qué confirme tu gusto mi obediencia, es razón, ay Roselo! Ten paciencia, que esta es de amor desdicho, mas si lá mides con tan alta do como ganar la gracia del Príncipe, pues hoy en sudesgracia vives, por la privanza, que de su padre tu valor alcanza, esta fue gran ventura. (ventura Mas quiero con Leonarda des- que dicha si la pierdo, que desdichado soy! V Mira más cuerdo, que hoy sin mudanza alguna al eje pone el clavo tu fortuna. Esta ocasión perdida, a Leonarda perdí, perdí la vida. Dónde voy desdichado? dónde guió mi suerte? pero si es a la muerte, que más dichoso estado, que a quien nació sin dicha, le es el vivir especie de desdicha. Yo, que humilde he nacido, y oponerme me atrevo a un Príncipe mancebo, t amante, y ofendido, que espero de mi suerte, (muerte? si en menos que su enojo está mí Mas no me acobaradra sus injustos rigores, si solos sus temores mi espíritu me alteran, (mana: que el perder a Diana, tengo por muerte en mí más inhua Qué intento? qué procuro? hoy amante, hoy celoso; hoy flaco, hoy animoso, hoy temo, hoy me aventuro: Qué es esto santos cielos; (los? paga la casa amor, y vivo en ce- Ay rejas, mas qué veo? o a mi llanto se mueven, o pagan lo que deben a mi ardiente deseo, pues piadosas ofrecen rayos que las adornan, y enriquecen: Mas si Diana fuera, que al Príncipe esperara, mi pena se aliviara; si yo hablarla pudiera. Ce, sois vos, señor mío? (vario; qué es lo que escucho? es sueño, o de és- pero no es, pues sin duda es ella, y ha pensado que soy su deseado Enrique, a quien ayuda fortuna en su deseo, (feo: más lograré mi suerte en su tro- Fingire su persona, goce mi industria clega lo que a mi amor le niega, mi dicha, pues me abona a mar sin esperanza, (danzal sujeto al viento de cualquier mu- Yo soy, bella Diana. Todo está sosegado, mi hermano retirado, y a esa puerta en quien llana os ofrezco la entrada, prevenida os espera una criada. Entrad, que hasta mi cuarto de norte, y centinela os servirá, que en vela, porque la luz aparte de todo su distrito ha querido que esté. Bien infinito, cuando Diana mía mereció mi deseo? Vuestras lisonjas creo: de más cerca queríía oirlas, y os aguardo: Adiós De nuevo dudo, y me acobardo cuando dicha ninguna vino en mi bien dispuesta? que novedad es esta de mi cruel fortuna, hoy piadosa conmigo, (go para darme después mayor casti- ofrecesme esta gloria retratada en mi idea, para que infierno sea perdida en mi memoria, y tengo de atreverme (me; a perderla por necio; y a perder- pero como yo tengo amores, que aún no creo yo en lo que más deseo? Dudosa me detengo; que aventuro una vida, pues Diana en tus aras va ofendida. No hay hombre en toda la calle. Dudosa el alma acrecienta, Marqués, nuevas confusiones. Conforme a lo que tu Alteza ha contado, me parece; y aún tengo por cosa cierta, que alguna mujer tenía. ese hombre por aquí cerca, y por no ser conocido, o importarle que no vieras la casa en que entraba, quiso con tan extraña cautela hacer; señor, que dejaras la calle. De esas sospechas podrá sacarnos Diana: haz, Fedérico, una seña, y advierte, que el venir solo. fue por pedírmelo ella, y porque yo he procurado; que nadie este amor entienda. Harto pienso que te he dicho. Mi lealtad, y mi nobleza por mi pueden responderte. Ya estoy satisfecho de ella; abrieron? Pienso que si Sois vos, mi señor? s espera, Marqués desvía: yo soy, mi bien. Leonardales esta; Roselo. En aquesa cinta va de aquesa falsa puerta la llave: entrad; todo está sosegado, solo apresta conque a recibiros baja; mi amor amantes ternezas: y a Dios, porque de mi prima ser sentida no quisiera, que importa. Cielos, qué escucho! confirmose mi sospecha: ella es sin duda. Hoy. Diana a mis amantes finezas da en premio la posesión de su honor De aquesa puerta es esa llave, abre, y mira, que por guardas de mi vida, y de mi honor. A quien suceder pudiera semejante desventura! desdicha tan manifiesta! Cuando logrados mirabaslivo mis deseos, cuando premia Leonarda mis esperanzas, cuando admite mis promesas, hubo de ser mi desdicha tan desigual, que arlas puertas; de todo mi bien, a Enrique hube de encontrar; y pueda, no solo estorbar mi dicha, si no que ignorante venga, teniéndola por Diana la gozar mi dama misma. Y que sea esta desgracia tan grande que no la pueda decir mi amor pues si sabe que en su casa sin prudencia me atrevía poner los ojos, y en sujeto tal, es fuerza temer su enojo, que tiene sobre poder; gran soberbia: y por otro tanto a Onorió su Pribado, con cautela. quitó la inocente vida; mas quien la suya perdiera antes de llegar a ver tal desdicha, tal afrenta! Abriste, Marqués? Señor; apenas mi impulso acierta: digo, que la oscuridad; la turbación no me deja hablar. Qué dices? Qué puede Leonarda con su belleza suplir ausencias del día. No te entiendo. Si a las rejas. de su Sol, divino Oriente, segunda vez se pusiera, fuera posible, antes, cuando. Turbado estás Marqués, muestra la llave, que yo abriré: Dice Diana que intenta, que esto no sepa Leonarda, y tú de esas luces bellas la ausencia encareces, bueno, bien por Dios, Si en la belleza de Leonarda hable, no ha sido, señor, sin mucha cautela, que Roselo mi criado, me preguntó si era ella esa que de hablar ácubas ahora por esas rejas, que como el objeto ignora de tu amor, ya que tu Alteza encarga eb secreto, y yo poca satisfacción tenga de él, quise así divertirle hablándote en su belleza como que lisonleaba tu empleo. Extraña agudeza, muy bien has hecho, prosigue con ese engaño, no entienda jamás que a Diana estimo: mejor es que no lo sepa; pero la noche se pasa, y a cada minuto cuenta por siglo un amante: quiero entrar: Que mis ojos vean tal deshonor, tal agravio, tales celos, tal afrenta, no es posible: y pues echada está la suerte; antes muera quien es la causa. Marqués; adiós; mas que es lo que intentas, la daga desnuda? Ay Cielos! perdido soy, será fuerza enmendarlo: a poderosa vista de un Rey que atropellas cualquier traición Pareciome como tardaba tu Alteza algo en abrir, y sus gustos tanto cuidado me cuestan; que o puerta; o llave rebeldes, a tal valor ponían treguas. en tu voluntad, y así? quise que pedazos hecha con esta daga humillase a tu poder su soberbia, que aún hasta lo inanimado a un Reyle debe obediencia. El cuidado te agradezco: ya, Federico, está abierta, yo lo pagaré algún día; más porque Diana espera, Marqués, en tus manos dejo mi honor: a Dios Que esto vean mis ojos, y he de sufrirlo! No sé qué consejo pueda darte en tal desdicha. Yo: Ya lo he pensarlo, y pues llega mi paciencia al postrer lance, hoy he de soltar la rienda al furor con que me abraso, al dolor que me atormenta. En la dilación consiste mi muerte, o vida nobleza, honor, y lealtad perdonen, y pues celoso se quema morirá, con fuego solo ha de ser la contraierba: Yo. Roselo, he deponer fuego a esta casa. Qué intentas? Qué dices? mira, señor, que podrá ser que suceda mejor que piensas, pues cuando Leonarda en su casa tenga al Príncipe, es cosa clara que ha de conocerle, y cesan el engaño, y tus recelos, que amando con tal firmeza a Diana, no querrá, ni ofenderte, ni ofenderla. En esos lances lo pones? no podrá ser me consueles, no Roselo;a un desdichado desuerte con él se áspera la fortuna, que esta noche hará que yo me parezca al Príncipe, y que Leonarda a Diana en todo sea semejante, y si en la voz, o la claridad es fuerza el conocerse, y será mi desdicha de manera, que ni requiebros se digan, ni haya luz con que se vean. Yo al fin, tengo de abrasarla, que en este remedio intentan hallar mis celos descanso: Tú cuando el incendio veas empezado, darás voces, que con el temor, es fuerza, que Enrique deje a Leonarda. Y si mientras tú lo ordenas él la ha gozado? Será, cuando otra cosa no pueda, principio de mis venganzas, y algún descanso a mis penas. Tu vasallo soy, en todo he de servirte, aunque sea contra mi honor. Ven conmigo: Perdone Enrique, su bella Leonarda también perdone. que una celosa impaciencia. Neron me vuelve, y tu casa segundo Templo de Efesia. , ,y No saldrás de entre mis brazos aunque a costa de mi honor mire el primer esplendor del día aquestos abrazos. Entre ellos hecho pedazos, sin la vida que hoy espero quitarte, estarás primero, que sin conocerte salgas de esta cuadra, aunque te valgas, traidor de ese vil acero, con él solo, y con mi muerte la tuya evitar podrás; mátame aquí, que así harás. más venturosa mi suerte. Mátame, vendré a deberte el honor que hoy he perdido, pues si iba a ver mi marido, yo me le quité, está llano, que el que aquí muriendo gano, a ti te le habré debido. Tiempo, lugar; y ventura, muchos, señora, tuvieron, si bien tampoco supieron gozarde la coyuntura. Yo que vi vuestra hermosura, como el alma os advirtió tan alta, el amor me dio valor a tal pensamiento, que solo este atrevimiento tal ventura mereció: o fue mi desconfianza, o vuestro mucho valor, que en vos advirtió un rigor, que nunca me dio esperanza: Y no esperando mudanza en el desdén que advertí, a esta ocasión me atreví. Que desdén, fiero homicida: (pude hacerte, si en mi vida diré que apenas te vi? Ver, y mirar son efectos, que de su principio vienen, y que aunque tan unos, tienen muy diferentes objentos. En vos, señora, sujetos. hoy los llego a contemplar, que si mirar dice amar, a diferencia del ver, claro he llegado a entender, que habéis visto sin mirar. Miré vuestros ojos bellos, que a bellos nunca llegué, porque pienso que antes fue el adorallos, que el bellos. Vos que retratado en ellos visteis de lejos mi amor; disimulasteis su ardor, y sin quererle mirar le visteis como al pasar con los ojos delvigor. Yo que hacerle competencia a un Príncipe poderoso, juzgué tan dificultoso, por ser nuestra ciferencia tan grande, que la sentencia de mi muerte pronunciara, no le atreví aproponer, que entre pobreza; y poder, que competencia no es cara. Pero si halló la humildad lugar en mujeres hoy, humilde por pobre soy: tened de mí más piedad; pero en tal contrariedad, cuando más dudas se ofrecen; mis necios discursos cesen, que es locura imaginar, que os tengo yo de obligar con lo que otros desmerecen. Fuego en la casa del Condo, fuego, fuego, que se abrasa. Qué es esto? dentro de casa algún incendio se esconde: Si eres noble, corresponde a la obligación que miras. Pues si por morir suspiras, como una voz has temido? Porque en habiéndote oído cesaron todas mis iras, vite causa de mi agravio, considérete en mi idea fiero monstruo; bestia fiera, hasta que en abriendo el labio, discreto, galán, y sabio en ella te he retratado. Era juez, y apasionado solo a la culpa miré, habló el poco, y en él fue cada palabra un sagrado; pero el rumor se acrecienta, y el fuego fin duda crece. La necesidad parece que en ti la piedad alienta. Si hoy me das vida, a mi cuenta deja el serte agradecida, cuando por amor unida, con ser de las dos, advierto, guardando la tuya, es cierto que guardo mi propia vida. Lauro, Celio, otabio, aquí, que me abraso, que me quemo; agua por Dios. El extremo de mis desventuras vi, cerca está el fuego, ay de mí! No temas, que mi valor por ti no teme el rigor del fuego, y porque lo veas, hecho otro piadoso Eneas, seré atlante del amor. Bien se ha hecho. A tu intención, lo mejor que pudo ser. Qué sientes de aquesta acción? Que ha sido lástima el ver tan notable perdición: no hay duda de que se abrase esta casa. No gozase mi dama el Príncipe, y luego mas que el riguroso fuego a ninguno perdonase. Y Enrique? Cómo Leonarda salga libre, claro está que el mismo suceso aguarda: un hombre sale de allá. Hay mi pardilla, hay mi parda. Mientras finjo que a dar voy favor a Enrique, y le doy a Leonarda, sabré de él lo que hay de nuevo. . Ah cruel incendio! tú me das hoy ocasión a que me aburra; pero ya que hubo de ser el darme tan gentil zurra, quemarasme mi mujer, y me dejaras la burra. Aquí es menester cordura, porque es este villano; pues quién va? Hay mayor desventura! los mijores cuatro pies que calzaron herradura. Oís buén hombre? a quién digo? él está sin juicio: Amigo. Y no querrán que yo gruña, la endieran con una uña después que la daba trigo. Hombre, no ves, que te estás quemando? San Gil, san Blas: yo por dónde? Si primero no dices lo que aquí espero, no he de decirtelo. Hay más desventuras! ruego, amigo? si de mujeres parezco, por lo que he dicho enemigo, no soy tanto que merezco tal género de castigo. Pero por Dios, que me diga, en cargo de su conciencia, si ya mi afición le obliga, si es verdad, o penitencia por la pasada fatiga que le he dado: y si saber quiere el mayor mal que hacer llego aqueste incendio, fue, después de mi burra. Qué? No quemar a mi mujer. Esto es perder tiempo, quiero entrar a ver lo que pasa, que algún mal suceso espero. Fuese, y del Conde en la casa ha entrado: ay triste! yo muero sin saber como, abrasado. ̱. Triste caso, y desdichado, ab o el miedo lo causa, o ya siento el fuego: Hoy morirá como chicharon tostado el pobre Fabio, hoy. Voyme, que siento rumor de gente. Hay fiero rigor de mi fortuna! Quejado se ha una mujer, y parece, que la voz conocer quiero. Ya la piedad me enternece; pero el temor que es primero, en mí por momentos crece: Quisiera reconocerla, con temor la planta estampo; pero yo he de socorrerla, que una mujer, y en el campo; solo un simple ha de temerla. e Tal hiciste? ( Enamorado, no te parezca rigor haber tu casa abrasado, que el mundo era poco. Amor te puede haber disculpado Esta; Leonarda, no es ocasión de desconsuelos: mejor será que les des algún descanso con celos, con un desengaño, pues, en él mi vida consiste; pero, pues, cuando me viste tu fe no has acreditado, el Príncipe te ha gozado, que ya en tu semblante triste, y en afear un delito, que otra mujer estimara, traes tu de honor escrito. Ay Federico! Declara mi confusión, que yo admito cualquier disculpa, por poca que en mi agravio te parezca. No soy tan necia, o tan loca; ni hay porque darla merezca mi amor, que cual firme roca siempre en adorarte ha sido: de otra causa ha procedido la que del gusto me priva. Dímela, porque yo viva, que estoy ya sin vida. Oído, y atención me da: Hoy llegaste, Federico, al más estrecho punto, en la acción que intentaste, escucha, y verás que has hecho mayor daño que pensaste con el fuego que esta noche pusiste en mi noble casa. A la mayor desventura. diste efecto, si yo causa. Yo te he perdido, Marqués, y con la mayor desgracia, que admira trágica historia, entre divinas, y humanas, Ay. Marqués! mal haya el fuego, mal haya el amor, mal hayán mis desdichas, pues en ellas todos estos males paran. Mal haya el primer instante en que verte pude, y cuantas ocasiones di a tu amor con amorosas palabras. Mal hayan los viles celos, que en desdichas tan extrañas ponen los hombres, pensión de su imperio temeraría. Mas paraque con discursos, y con dilaciones largas, pudiendo de una vez sola, la muerte te doy de tantas? Tú esta noche! has dado muerte, o a lo menos fuiste causa, con este incendio, que Enrique, abrasado entre sus llamas muriese esta noche, escucha el caso: Cuando esperaba tus brazos, y en tu lugar el Príncipe, que a Diana tiernamente amó, en los míos, halló resistencia honrada, no porque atrevido hiciese fuerza a mi amor, pues pensabas que era yo Diana entonces, hasta que por las palabras que en mi defensa propuse, advertido en ellos, causa dieron a su desengaño, y principió a las venganzas que en ti tomar proponia, porque solo se quejaba de tu falsedad; yo entonces llena de mil dudas varias, disculparte pretendía, cuando confusiones tantas, voces del incendio oímos: Yo, aunque mujer, que turbada, en tal ocasión pudiera faltarme el valor, la cuadra dejo, y al cuarto del Conde mi hermano, por una falsa puerta, aunque sin luz, me pasé: El Príncipe, que ignoraba por donde escaparle, quiso seguirme; y de mis pisadas, que en tan ciego laberineo, eran el hilo de plata, el tiempo perdió, y saliendo a un corredor, sin que en nada reparase, inadvertido del peligro, al suelo baja de un salto, mas dando el golpe sobre unas piedras; o vasas. de mármol, que a unas figuras, que para el jardín labraba mi hermano, servirhabían, de su sangre salpicadas. en breve espacio se vieron. Yo que no lejos estaba, sentí el golpe, y temerosa de algún mal suceso el alma, mande a un criado, de quien suelo fiarme, que vaya al punto, y buscando a Enrique con secreto, por la falsa puerta, aunque sin luz, le saque. Pero al volver, esta mala nueva me trajo, diciendo, que en su misma sangre estaba revolcado: en esto el fuego se aumentó, y entre sus llamas rindiera el alma, si tú a esta ocasión no llegaras. a darme la vida. Este ha sido el fin que esperaba tu temeridad, ya es hecho: Que pueda aquesta desgracia encublrse, es imposible: fiarte en que nadie alcanza? este secreto, locura: que el que entre dos se dilata, tiene ya para no serlo aún más que principios: guarda tu vida en todo suceso: Y pues vivir en Italia sin gran peligro no puedes, como aquí me des palabra de ser mi esposo, animosa, aunque pierda honor, y fama, donde quisieres iré acompañándote, a Francia, a España, a Inglaterra: Y si en sus Reyes no hallas amparo, el mundo atraviesa, que en nada por ti repara. un firme amor, que hoy se rinde, Marqués, a esas nobles plantas. Antes deja que en las tuyas, o bellísima Leonarda, rinda el alma, agradecido. a la fe que te señalas. Y si hay consuelo que pueda serlo en desventuras tantas, es solo el valor que admiro en tu hermosura gallarda. Y así, pues que tu consejo, que serlo tuyo basaba, tal seguridad promete el peligro, huyendo a Francia elijo por más seguro, que después de ser mi patria, pues cual sabes nací en ella. Amigos tengo, que bastan a librarme de la furia del Rey, si ofendido trata su enojo, que en mis castigos hallen lugar sus venganzas. Tuyo es todo mi albedrío, ordena, dispon, y manda, que a tu gusto estoy rendida. Roselo, no es de importancia en esta ausencia. El sospecho que es el que ocupa la sala. Si estimas, señor, tu vida, si con tu honor, y tu fama juntos no quieres perderla, sino intentas dar venganzas, muriendo, a tus enemigos; y al fin, si no quieres. Calla Roselo, que ya sé yo mis desdichas, que Leonarda de todo me ha dado cuenta: mas quién es quién te acompaña? Diana, y Fabio. (dirás Mejor de estas desdichas la causa; No llores, señora. Prima, pues ahora os falta el valor, que tanto importa? Ay honor! hay fe villana de un ingrato fementido! Por san, que si no la halla mi temor, que no fue poco el que me costó, que estaba a estas horas ya tan muerta como mi burra más baya. Sábelo el Rey? Ludóvico tu cuñado, a todos manda guardar secreto, hasta el día, que temen otra desgracia mayor en su edad. Señores, S ser temerarios no es arma, que a un Rey airado resiste, y fuéralo el que esperara buen fin de aqueste suceso: Y aunque a quien más riesgo alcanza es a Diana; por ser dentro de su mismacasa esta tragedia infelice; ya que a todos amenaza mucho peligro entretanto que estas confusiones pasan, sin ser sentidos podremos salir de Nápoles; valga la prevención al peligro, Marqués, la noche se acaba, y la dilación ofende, si la fortuna amenaza. Qué dices Diana de esto? Si tu valor nos ampara, no huir el riesgo, sería ingratitud temeraría. Y tú, Roselo; qué dices? Perder contigo, es ganancia, quien te acompañó en lo hecho cuando mal suceso aguardas, es fuerza que en él te siga. Pues Fabio, aunque ven que calla a su mujer volver quiere, que sintieron las espaldas. Pues Italia, a Dios. Roselo, vamos, que si en ti, y Leonarda llevo tal mujer, y amigo, ni mis desdichas me espantan, ni sus rigores me asombran. ni temo sus amenazas. Adiós, Nápoles insigne. Adiós generosa patria. Adiós ingrato Verano, y el cielo me de venganza de tu ingratitud. Adiós. mujer mía, que tu falta llorara, mas siendo roma, tu misma puedes llorarla. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Rinde las armas, villano. Mal conocéis el valor. de esta espada en esta mano. Mira que es notable error querer defenderte en vano: mejor es, pues que prenderte solo intentamos, rendir, las armas. Es tal mi suerte, que porque deseo el morir, no hallo quien me dé la muert Estás sin juicio? di, quién ay que el morir apetezca? Los que como yo se ven: mas no es bien que te merezca, quien perdió todo su bien, que como había de ser sin del mal el que me vio, la muerte vengo a entender, que porque yo la deseo no la podré merecer. Tan desesperado estás? Cuando no os llegué a temer no hay que encarecerlo más. Pues como intentado has quererte así defender? No veis que tengo valor, y que el defenderme aquí, fue solo adverrir mejor, querer morir con honor, puesto que con él nací. Valiente eres; y acompañas sin duda aquese valor con nobleza. No te engañas: mas de fortuna el rigor hace cosas más extrañas. De manera me ha obligado tu valiente corazón, que servido, y regalado fueras en esa ocasión, y quizá en ese cuidado que te aflige, socorrido, si de nuestro Capitán mandato no hubiera sido. A quien de inhumano dan nombre a su crueldad debido, cualquiera pasajero que llegaré a nuestras manos, a su presencia primero vaya, y con modos tiranos, que prueben su rigor fiero, Hace, dándoles ya azotes, ya palos, ya muerte fiera: y porque su crueldad notes, con quien él más se esmera son Frailes, y Sacercotes: Y así lo que aquí podemos es dejarte libre el paso, libre aquí te le ofrecemos. La siesta es grande, y si acaso no os cansans tantos extremos con que a importunaros llego, mientras se llega a templar del Sol el ardiente fuego, pues el poder caminar es tan imposible, os ruego me digáis, de que nación es aquese Capitán? Si a curlosa admiración hoy tus afectos se han rendido; dame atención. Arnaldo Leonisio, noble Francés, que por hechos suyos ser pudiera de la fama asombro, como del mundo. Después de dejar su patria, por causas que no disputo, si justas, o injustas fueron, por no ser para este punto. A ese castillo que ves; fue el primero que condujo trecientos hombres, que niegan a su señor absoluto la obediencia que el vasallo debe a su Rey, fiero insulto! De que vivimos, es cierto, hoy arrepentidos muchos, en cuyo ejercicio infame, por espacio de tres lustros vivió, hasta que en él la muerte hizo el ordinarlo triunfo. Cuyo impensado suceso sentimos tanto, que alguno puede decir, que los ojos del llanto aún no tiene enjuros, Viéndonos, pues, sin Cabeza, y que en elegirla hubo diversas parcia idades, ocasión pordonde pudo nuestra perdición causarse: y de esta fuerza el injusto gobierno, que hoy poseemos apesar de Luis, segundo de este nombre, Rey de Francia, que como ocupado anduvo en guerras más importantes: y hoy contra vasallos muchos rebeldes a su corona hace lo mismo, no pudo ejecutar sus rigores echándonos, y era justo, del tiránico gobierno de este castillo, que juzgo por la mayor fortaleza de Francia, pues en lo sumo de este monte he edificado, señoreando de algunos, lugares la humilde estancia, como señor absoluto. De ellos nuestro Capitán vienea sera quien de frutos, ganados, y pan ofrecen, cada cual a pesar suyo, la cantidad que les tiene señalada por tributó. Con esto, y lo que robamos a pasajeros, ninguno la necesidad conoce: y más desde que a los muros. de este castillo llegó este Capitán, trasunto de Nerón, en las crueldades, que por ser tantas, no ocupo el tiempo en querer contarlas: basta decir que nos puso la suerte en tal ocasión; pues para evitar disgustos, que en elegir Capitán pudiera haber, porque muchos lo pretendíán; acordamos, por no agraviar a ninguno, hacer en él la elección, por ser tan noble, que tuvo en Nápoles, que es su patria, de su gran Rey Segismundo la privanza, si bien causas que él no ha dicho, y que yo dudo, le obligaron a que huyendo con dos mujeres que trujo, y a los criados, llegase, aunque era su intento oculto ir a Paris, a esta fuerza, de quien ser Capitán pudo por lo que ya te he contado. De su condición no juzgo, que hay en el mundo tan fiero hombre, y de pecho tan duro. Mas una cosa he notado de su vivir disoluró, que por la Virgen María no le ha pedido ninguno cosa que se la negase. Mas volviendo a mi discurso, las dos mujeres son bellas, aunque con tan poco gusto una de ellas le acompaña, que de su vida presumo, que ha de ser fin la tristeza con que vive: el nombre suyo es Diana, a quien yo adoro, si bien me paga en disgustos. Federico el Capitán se llama. Cielos, qué escucho! La otra mujer, o es su esposa Leonarda los dos alumnos, Roselo, y Fabio criados. Esta; aunque en breve dibujo, es la noticia que puedo darte de él, y esto es lo sumo, que yo he podido alcanzar. Ahora de tus disgustos nos informa más despacio, que en cuanto valiere, juro favorecerte, si puedo, ago en tus infortunios. Por qué cáminos, o cielos! del perdido bien que busco señas he podido hallar supuesto que no lo excuso! Oíd, porque mis intentos conozcáis de mis discursos. Salí por una desdicha de España, mi patria adversa, y a servir a Segismundo vine a Nápoles la bella. Mas habiéndole servido con admiración suspensa de cuantos a mis victorias, y a mis felices empresas envidiosos me asistían, todos el Rey me los premia con una bandera, cuando bastón merecer pudiera; pero quisieron mis hados, que en medio de mis quererlas, de mal pagados servicios, los hermosos ojos viera de una dama, a quien no menos, que el Príncipe Enrique precia por objeto en sus cuidados. Mirad si intentar pudiera presumir si no es un loco tan altiva competencia: Querer pintar su hermosura, es querer de las arenas del mar numerar el orden al compás de las estrellas. Solo diré, que del modo, que para que con presteza mayor, aprenda el Infante a formar mejor la letra. Suele de su misma mano escribir una materia su Maestro, deseoso de salir con lo que intenta, que es el sacarle enseñado. Así, pues, naturaleza esta mujer retrató, para que tomando de ella por bella la semejanza en otras que hacer quisiera. Su celestial hermosura. la sirviese de materia; pero como pocas veces con las perfecciones mismas suele imitar el Infante la perfección de la letra, Naturaleza forzada a imitar esta acción misma, hizo muchas a su forma, más ninguna tan perfecta. Al fin, para no cansaros, mi atrevida suerte ordena, que para más penas mías, pues cuando lo amado llega agozarse, si se pierde. Mas el dolor se acrecienta, pues gozando una ocasión, y fingiendo con cautela ser el Príncipe llegado aquí en una noche misma viese la muerte en la vida, y entre la gloria la pena; pues de un incendio abrasada entre mis brazos se viera aquella noche, si yo hecho otro segundo Eneas entre ellos can sin vida, De aquel conflicto no hubiera libradola, mas por ser la casa de las postreras de Nápoles, hasta el campo camino por tan secreta estancia donde la dejo, mientras de una fuente fresca, que cerca de allí distaba, agua traigo, con que pueda volver del fiero desmayo. Pero volviendo con ella; no la hallé, dolor tan grande, quien lo sabe lo encarezca. Busquela toda la noche, y en tan buena diligencia ha seis años! que me ocupo. Del Príncipe la tragedia quiero callar, pues la ignoran, que pues ocultarla intenta Federico, importa. En fin, viendo que imposible era hallarla, determiné volverme a España, mas cesa aquí este intento, pues quiero ser con la milicia vuestra soldado, ya que en mi patria, desdichas que me destierran, vivir me niegan seguro: haced que me admita en ella vuestro Capitán, tendréis en mi amistad verdadera, una feo, que nunca os falte, un valor que os obedezca, y un amigo verdadero, que hasta las aras lo sea. Lo mismo aquí te ofrecemos: Y para senal más cierta de firme amistad, los brazos. Vamos, pues, que: ya la siesta su fuerza perdió. Ay Diana, cuanto tus ojos me cuestan! mas pues he podido hallarte, honor, y vida se pierdan. s. Conociendo mi enojo, que ardientes rayos con la vista arrojo, en vano tu desvelo, pormás que a tu valor deba Roselo intenta el reportarme, no me dando lugar para quejarme de mi cruel fortuna, ya que no del rigor con que importuna me sigue, pues me obliga a sufrir de esta bárbara enemiga gente que me acompaña, el descuido cobarde, pues a caña, presa, ni robo ha hecho en todo el día, que, si no provecho, diese a la furia mía lugar de ejercitarse, pues el día que algún daño no hago, me parece que apenas satisfago el dolor con que vivo, desde que desdichado, y fugitivo dejé a Nápoles bella, perdiendo juntaente en el perderla, (ma. hacienda, honor, y fama, y lo que en más furor mi pecho infla- De su Rey Segismundo, la primera que tuve; con que el mundo, a mi soberbia brava, por estrecho, Roselo, se juzgaba. Es la ocasión presente tan digna de tu enojo, que imprudente fuera en querer quitarte lo que tienes aquí para quejarte: mas debe tu prudencia advertir; que llevada con violencia esta gente, es posible el no sufrir tu condición terrible, (to, perdiendo en el respeto. Mas te quiero valiente que discre- Roselo, aunque imagino que de entrambos renombres eres digno, que bien tu valor sabe, permite que está vez así me alabe, que el mío solamente me pudo nacer de toda aquestagente Capitán, y caudillo, que el primero que tuvo este Castilló había muerto el día que por aquí pasamos, y que había algunas competencias sobre quien lo sería: diferencias quisieron evitar, con que eligido fui por tu Capitán: vime perdido, ajeno de remedio, y así juzgué por más seguro medi quedarme, aunque te asombres, por Capitán de cuatrocientos hombre que a su Rey Frances niegan la debida obediencia, y que le entreg al valor de mi espada, siendo de ellos temida, y respetada: Mas volviendo a mi enojo, viven los cielos, que cruel despojo de mi rigor severo, ha de ser el infausto pasajero, que hoy a mis manos llegue, de piedad por su vida no me ruegu que con modos tiranos, yo se la he de quitar con estas mano Ea, señor: quién dijera que tal mudanza de virtud hiciera en ti aqueste ejercicio, de que ha seis años de que salir codici quien te vio en tu privanza medir con la prudencia la templanz el premio, y el castigo, igualando al extraño, y al amigo, siendo por varios modos, apacible, y humano para todos: partes con que un privado, (amad bien quisto viene a ser, cuando Tales hombres, Roselo, en llegando a perderle al Santo Cie el debido respeto, son de pecados prodigioso efecto: en mí el ejemplo mira, pues sin temer de Dios la justa ira tanto en pecar me empleo, que pienso que mi bárbaro deseo aún no le satisfago, pareciéndome poco el mal que hag y así esa noche intento que vamos a robar ese Convento que a esa primera aldea (mosea la adorna, la enriquece; y la her- (sas, con santas Religiosas, y que de él os traigáis las más hermo porque tengáis mujeres (res: que sin ellas no hay gustos, ni place. Qué dices de esto? Digo, que ya tu parecer, y opinión sigo, desde hoya ti melgualo, (malo, que contigo el más blieno, es el más y entre ellos llevas palma. (alma Pues el honor perdí, piérdase el Mientras a hablarle llego, esperate aquí Español, Mi bi en vijunto Que gran desasoslego en el almae sentido desde el punto que vi este hombre ay cielos! si en él hallasen fin tantos desvenlos Nunca Diantnla más alegretec isto ni más bella desde el infaust (estrella quenina misma fortuna, que una en nuestros daños diestra, quiso agualar ladesventura nuestra No sabré quien te ha dadod ocasión a tan súbita mudanza? Cómo el más firme estado sujeto al tiempo en él su sin alcanza así a la pena mía los discursos abrevio cada día! Declararla no quiero . la ocasión de mi bien, por si losojos se engañaron primero es bien averiguar si son antojos del pensamiento fiero, y por el bienvenido bandolero. En fin Español eres? Y que solo servirte ya deseo. Escucha, y no te alteres, Cielos! es llusión de mi deser o es mi deseo mismo: (mo. Todo mi pecho es un confuso abis Todo saberlo quiero. (gamos: Prima, nuestro camino prosi- en el bosque te esperon porque agozar de su frescuravamos yo, y Diana. Ya yo os sigo. (contigo. El alma mi Español queda En fin Carlos heredó? Muerto Enrique, como sabes, murió el Rey. Desdichas graves! Y aunque mandado dejó que hacerte buscar hiciera, tanto el gusto del reinar le divirtió, y a olvidar lo llegó de tal manera, que una sola diligencia a susigor no debtes Españos, de tu valor confío, que con prudencia sabrás entre aquesta gente mis desdichas ocultar. En todo te he de agrandar. Ya porque el furor ardiente de tu pecho se mitigue, presos Deonido te trae. Cosa para mí no hay, que a mayor gusto me obligue. Esta ocasión me asegura, ya que no le pude hablar, ir siquiera a contemplar de Diana la hermosura. Aquestos tres pasajeros, señor, habemos prendido aquesta tarde. Oh Leonido, los castigos más severos, que uso mi rigor jamás, en ellos he de hacer hoy: a dónde vas tú? Yo s a dejar el mundo. Iras a ser Religioso. Sí. Pues de aquí no has de pasar. que el viaje te he de ahorrar, mandándote ahorcar aquí, y en justa razón lo fundo, pues si lo miras prudente, no hay como más propiamente vengas a dejar el mundo; llevadle; y de aquesa almena, para mayor crueldad, vivo de un pie le colgad, pora te muera con más pena: quién eres tú? Un desdichado, pues que siempre a menos voy. Qué oficio? Letrado soy, No debéis de ser Letrado. Ya tu intención dificulto. Bien sé que no la penetras; ser Letrado es tener letras, que no ser jurisconsulto: y si tu ingenio en tu dicha. disculpas así previenes, más falta de letras tienes. que no sobra de desdicha, Mas pues el común refran dice al que bien ha estudiado, que las cejas se ha quemado, y hoy las suyas no lo están: vivo para más espanto, que te quemen mando, y digo, porque así acaben contigo cejas que has guardado tanto. Y el darte la muerte aquí, por virtud ha de tenerse, que así he visto que a perderse venga el pelto por ti. Este, señor; encontré en un valiente caballo; quiso huir; y al intentarlo, la pistola disparé, dilo en los pechos, cabó, y cuando muerto pensé, tanta su ventura fue, que la vala aún no rompió el cristal de este Anus Del que del cuello le pendía. Imagen es de María. Ya debo por justa ley de mi inclisación, dejarte libre: mas con él no quedo, que pues matarte no puedo, esta guarda he de quitarte, que con ella no lo impida. En él viaje que dispones no te faltarán ladrones, entre quien pierdas la vida; mas si vuelves por aquí vivo, que no lo sospecho, depositado en mi pecho le hallarás. Dejarle así, siendo Sacerdote Piensa, que en quitarle este retrato hago cuenta que le mato, pues le quito tal defensa: libre vas, Páguete el cielo, tal piedad. Si en mí lo fuera; peró Leonarda me espera; vamos, y preven. Roselo, cien hombres, porque el Convento me anima mis esperanzas; que hidrópico de venganzas de hacer mal estoy sediento. que uy de . Que no queráis escucharme? Que aquesto a mí me suceda! que haya un hora que no pueda de este hablador escaparme, todo preguntarme ha sido quién es este Capitán, si los que con él están a Diana han pretendido, y otras mil impertinencias, a fuerde buena figura, con que mi paciencia apura, y aún puede muchas paciencias. Que no os ablande mi ruego? tan poco puedo con vos? Menos puedo yo con Dios, pues ha un siglo que le ruego, que si a su bondad leplace, aunque tanto le ofendí, os quiera apartar de mí, y veo que no lo hace. Pues de vos he de saberlo; Visteis en Diana amor? Demonio preguntador, y hombre demonio por ello, cuando de ti he de librarme? pero porque en tu enfadosa curiosid dino haya cosa que pueday a preguntarme: Escucha Este Capitán es Federico, Frances de hación, Leonarda es. esposa suya, a quien oan depladosa justa palma, como a él de cruel Nerón, hombre, al fin, de estos que son, y el mundo llama sin alma. Diana que a nadse estima, y la vida me debió por un suceso; que yo no he de decir; es su prima: Yo soy Fabio, que dejé por ellos patria, y esposa, si bien la segunda cosa tan gran comodida fue. Era roma, y sus noeses gocé, que no por tres años, que sen Lucindo, treinta iréis meses, que en guarismo, y Castellanas cuentas, para mi tormento, fueron tanto como ciento y cincuenta y seis semanas: Si atiendo a las demasías de su condición civil, son los que la sufrí mil y noventa y cinegdias. Si por horas hango cuenta, que siglos me parecieron, pienso para mí que fueron, si, veinte y seis mil yochenta, Si en cuartos, pormás tormentos, los divido en justo fil, fueron ciento y cuatro mil y ochenta sobre ducientos. Los minutos no te digo, purque eres tan enfadoso, que pienso que porcurioso me los preguntes, prosigo: Todos cuatro, y un criado, llamado Roselo, haciendo de Segismundó el tremendo rigor, habemos alzado? por Capitán de esta fuerza fue Federico, que es el que hoy la ga Esta, pues, es la verdad, sin que tuerza. Ved si otra cosa mandáis, que esto es cuanto supeyo: respondedme; pero no, no quiero que respondáis, porque mi temor barrunta de esa condición molesta, que en vez de darme respuesta me eis de hacer otra pregunta, Desde que a este Español vi, ni descanso, ni sosiego, y así a mitigar mi fuego segunda vez vengo aquí. Oíd, esperad, no os vais: más Diana es esta, amor me de en tal punto valor. Español. Que me mandáis. No pensé de hallarte aquí. Ni yo que a tan infelice lugar vinieses. El dice por mi aquesto que temí: Él es sin duda, que espero, quiero hablarle, que podría ser, que su poca osadía le detuviese. Yo muero por hablarla, pero es bien su firmeza examinar: primero disimular me importa Tanto desdén. tanta ribieza en mirarme dan muestra de que mis ojos, o mis amantes antojos pudieramoy engañarme: Mas si este, como he pensado, es hombre que de mi honor triunfo no fuese, ay amor! que buena hubiera quedado, pues como sin luz estaba el cuarto, en que poco honesta aquella noche funesta al muerto Enrí que esperaba, no le pude conocer, si bien del fuego inclemente la llama confusamente pudo dejármele ver. Mas con prudencia, y recato lo tengo de averiguar, mi pena quiero ocultar. Como no fueses ingrato, a cuanto aquí persuadirte pretendo, y como esperara, que paga en tu pecho hallara, me atreviera a decirte, que solo el deseo de verte otra vez me ha vuelto aquí, que en verte mi vida vi, si en tus desdenes mi muerte, pues mirando tu persona, y tus tibiezas notando, si uno vida me está dando, otro mi muerte pregona; porque obro en mí de manera tu vista maravillosa, que en mi vida no vi cosa que mayor gusto me diera. . Ah ingrata! viven los cielos, que estos favores no han sido porque aquí me ha conocido: de mí mismo tengo celos. facilidad suya es. Qué dices? Que no quisiera que tal dicha mereciera, si la he de perder después. Que como no hay bien ninguno a quien no siga un gran mal, temo que en ventura igual no me ha de faltar alguno; porque no hay mayor bajeza en el mundo, os certifico, que haber sido un hombre rico, y verse luego en pobreza. Y si así tengo de ser, y hoy subo para bajar, mas me quiero pobre estar, que venir a empobrecer. Que aquel que sí y en ese estado vivió, jamás le vi que sintió que le falte, o que le sobre. Pero el que sobre la Luna su nombre llego a poner, este siente el zarecer de los bienes de fortuna. Pienso que habéis entendido lo que acobardando está mis pensamientos. Ya, ingrato te he conocido, cuando no por tu persona, cuyas especies están en mi alma, y estarán ol eternamente: me abona pe tu agudo ingenio después de la voz apersuadirme, que eres tú solo a quien firme, aunque mil muertes me des, ausente, y presente adoro, que si al quererte negar es castigo por pensar, que atrevida, y sin decoro deadonde tú me dejaste la noche que entre tus brazos con nobles, si amantes lazos? del incendio me libraste. Yq me ausente, sabe el cielo, mi bien, que no fui culpada. Y si el escuchar te agrada disculpas en tu recelo, vamos, mi bien, al castillo, podré allí satisfacerte. De oírte, como de yerte, señora me maravillo de oírte, porque engañada, razones me estás diciendo, de que claramente entiendo lo mucho que apasionada amor te tiene: y de verte, porque tu rara hermosura, mas presto que mi ventura no ha de poder merecerte, cesen los vanos desvelos con que el alma le celebra, Como a otra me requiebra, no cómo a Diana, cielos! en vivos celos me abraso, que de mi propia fulmino. Hombre a quien amor previno para las penas que paso, advierte, imagina, piensa, que no es honrada venganza entretener mi esperanza haciéndome tal ofensa. Di si eres el que ha tenido del alma la mayor parte, que en albricias del hallarte no hay pena que ya no olvide. Pues no solo en esta calma te estima mi firme amor como a dueño del honor, mas como a dueño del alma. Saben, señora, los cielos, que no soy el que imaginas. En fin, quete determinas a que entre varios desvelos muera? voyme pues mi suerte fue tal, que me dejas ir. Señora. Hoy he demorir: mi ingrato, mi bien, advierte, que no son nobles venganzas estas que en mi daño intentas. No me respondes, no alientas el fin de mis esperanzas? Qué espero, si honor, y fama he perdido: yo entendía, que donde un galán había, no fuera sola una dama. Dices bien, y acompañando te fuera, mas se arriesgara tu honor, si nos encontrara el galán que andas buscando. Ah traidor! viven los cielos, que aunque al mío no esta bien; vengar tengo esté desdén abrasándote de celos. Si entre el temor, y el recato buscaba un galán mi amor, hoy le hallara en tu rigor a ser tú menos ingrato: mas pues diciendo me están Di razones que te escuché, que en ti un ingrato encontré, voy a buscar un galán. Y yo a averiguar mejor si ausente fue tu firmeza tanta como tu belleza, que hoy en ti la hallé mayor. Gran tempestad! né Espantosa! Toda esta noche es portentos, toda prodigios, y asombros. Parece, que el santo cielo, ya con rayos que fulmina, ya con aguas, ya con vientos, su ruina al Orbe amenaza; mas no, Rodulfo, por eso mi obstinado corazón, ni mi endurecido pecho a humano temor se rinde, se postra a viles afectos, no por eso amedrentado del peligro que no temo, de la ejecución desisto, que esta noche mis intentos se han de ver ejecutados. De temerario me precio, de malo el blasón codicio; dejen supluvia los cielos, que si con agua han querido ablandar mi duro pecho; con más furor le inflamaron, y más me le endurecieron. Pero ya venciendo abismos, ya oscuridades venciendo al aldea hemos llegado, bien el ladrar de los perros nos lo dice: Estas son casas. Casas ves tú? Sí. No quiero decirte que se te antoja; Voto a tal, que de los ciegos a nosotros tales, y a la oscuridad que estoy viendo, solo hay diferencia ahora; en que en ningún tiempo ellos podrán ver como nosotros con la primer luz, que al menos todos, señor, somos unos. Calla ignorante, que es cierto lo que he dicho. Tu lugar? tu casas? tu ladrárperros? sordos, y ciegos nos quieres hacer. Sabes que sospecho, que con los perros, y casas nos quieres dar algún perro. Deves de traer antojos, que representan aquello que la idea comprende. Rodulfo, Octavio, Roselo, no veis el lugar vosotros? Solo, señor, lo que vemos es un caos de oscuridad Luego yo he perdido el seso? Es cobardía, Octavio? es temor? es miedo? qué prodigios habéis visto? dos gotas de agua, dos truenos. De aquesta suerte os desmaya? no es connatural al tiempo semejantes terromotos; pero diréis que son estos prodigios con que avisarnos quieren los divinos Cielos, su ofensa, y nuestro castigo. llas Mas si esto pensáis, yo quiero sácaros de estos temores, yo solo he de darefecto a tan prodigioso caso, A volveos todos, que viniendo conmigo, no necesito del cobarde amparo vuestro. Paso, Capitán, y advierte, que premias mal el afecto con que todos te seguimos: no solo el lugarno yemos, ni aquesas casas que dices; mas aún a nosofros mismos apenas nos divisamos; pero porque no queremos que otra vez así nos trates, a la puerta del Convento nos guía que yn seré el que de más furor lleno las eche por tierra, y saque cuanto ocultan en su centro. Lo mismo todos decimos. Pues, yo con los brazos quiero tan grande valor premiaros; Todos me abrazad. z dep No vemos tu persona; adónde estás? Aquí estoy, llegad, ya creo que es cierto lo que decís, esto oculta gran misterio; mas no he de rendirme al taso, aunque el prodigio penetro; pues Fabio, y tú no me abrazas? a No señor. Por qué? No pienso cometer estelionato, vendiendo lo que no tengo. Cóm No les das lobrazos a tus soldados contento, por el valor que han mostrado en la promesa que hicieron de acompañarte, Si Fabio, Pues yo que gallina eterno he vivido, y viviré, y al presente estoy, viviendo. como vivieron mis padres, mis tíos, y mis abuelos, mis hermanos, y mis primos, y cuantos de mi avolorio han sido, son, y serán, decienden, y decendieron No teabrazo, pues no soy valiente, ni aún pensamiento tengo de pasarde aquí. Ni que nosotros pasemos es necesario, que ya tocamos del Monasterio los umbrales, Rarocaso las nieblas desparecieron, y del Sol súplesa Luha la aviencia, n Cómo despiertos de un letargo hemos quedado, y todos, comptú, vemos, el lugar, y el Templo es este. Lo que prometí pretendo cumplir, las puertas derribo; pero ellas mismas se abrieron. otro prodigio, Qué quieres hacer? Cómo que; que entremos, y el primero he de ser yo; pero las puertas volvieron acerrarse el anta Espera Octavio, que hay mayor prodigio enrello. Un retrato de la Virgen, que sobre la puerta puesto estaba, en senal que tiene su advocación este Templo, es quien nos las ha cerrado. Pues qué importa, que soberbio lacia muro se ha puesto delante para que no le quitemos, y entremos a ejecutar, Capitán, nuestros deseos. Lo que fieras tempestades, lo que amenazas del cielo, lo que asombros, y prodigios no han podido en mi protervo corazón, en mi albedrío, tan obstinado, y resuelto, solo el respeto que siempre a aquesta Señora tengo, y el que aquí la está guardando han sido bastante medio para obligarme a que deje esta ejecución, volviendo al castillo: y es muyjusto amigos aqueste dcuerdo, que si ausente esta Señora, por su intercesión he hecho las cosas que auréis notado, cuando ella está intercediendo por si misma en el honor de su casa! qué es el mismo suyo, no debo servirla D con más justa causa en ello? De un Rey que presente pide, no es más eficaz el riiego que el de un vasallo, anque pida en nombre del Rey No creo. que es cierto lo que te escucho: en ti cabe tal concepto! Si tú esos respetos miras, yo no: y vive Dios que tengo de entrar, pues lo ofrecí. Tente. Nuevo caso! Asombro nuevo! Huyes señor, que echa chispas. Cuando a detenerle llego, un rayo a los dos divide, Castigó su atrevimiento el Cielo Solo el vestido le ha dejado; cómo es esto? Dondo resisteneia halla, hace el rayo tal efecto. De buena te has escapado. Sin mí estoy, pero no miento: nunca más conmigo he estado, que a estaryo fin los afectos del ser obstinado mío, mas impresión en mi pecho hublera hecho este asombro: mas soy malo sin ejemplo. Confuso está el Capitán. Es el caso para menos? Vuelta al castillo, soldados, que el día va amaneciendo: María, aunque soy tan malo, tu santo nombre venero. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Ojos, que por imposibles amaros me dais valor, pues se agraviara mi amor si fuerades más posibles. Aunque os juzgo inaccesibles cuando más pienso obligaros, méritos no he de alegaros obras si en tales desvelos, que siendo; como sois cielos por obras pienso ganaros. Y vos, dueño soberano del alma que gobernáis, si al cielo en todo imitáis, pues siéndolo, será llano, aunque hoy a sufrir me allano por vos más fieros despojos, no me paguéis con enojos tan amoroso sentir, para que pueda decir, que hallé gracia en vuestros ojos. En busca de un desengaño, siguiendo a Diana voy, y aunque la miro, no doy crédito a mi propio daño. Lucindo, si no me engaño, siguiendo nos ha venido. Desde aquí podré escondido ver: celos cuanto podéis! A oír venís? vos oiréis lo que no hubierais querido: Resistirse a tanto amor, qué valor lo ha de poder? el que así sabe querer, quien tanto llegó a obligar, porque no podrá esperar en vez del desdén favor? piedad en vez del rigor? Pues siendo aquesto verdad, con esperanza; esperad, que es la discreción mayor. Cielos, qué tal llegue a oír! que tal llegue a escuchar, cielos! que a tan declarados celos tengo de estar, y morir! que amar lo podrá sufrir? Cerca está, todo lo escucha. Celos, vuestra furia es mucha. Quién cuando venganza temo pudiera escucharle, como entre amor, y celos. Qué espere con esperanza me manda vuestra hermosura, dándole pena más dura a mi necia confianza. Que si libre de mudanza vivo por mi confiado, por lo que en vos la he dudado, pienso de lo que decís, que en mi amor la presumís, y me la habéis confirmado. En confiar, y esperar hallo diversos efectos, esperar es de discretos en la materia de amar, presunción es confiar, que el que confía por sí, presume el dichoso, sí; pero el que espera es discreto, pues atribuye al objeto lo que no arguye de sí. Quisiéra te responder, pero Federico viene, y gran riesgo mi honor tiene si aquí nos llegase a ver. Su enojo es razón temer: y así, mientras con su gente pasa, junto aquella fuente nos podremos retirar. Ya no los podré escuchar, pues porque mi mal se aumente, por darme más pena así, de suerte se han apartado, que aún de escucharlo han dejado solo aqueste alivio en mí. Ya no puede desde allí oírnos, aunque sus celos se aumenten, y sus desvelos: y así pormodos extraños daré a este desengaños, y a aquel muerte en sus recelos. Yo pienso que el Capitán llegó al castillo, ay Diana, si hoy con un favor no allana los que esos ojos me dan tu hermosa mano, serán para mí, verdad te digo, no piedad, fiero castigo, no amor, de rigor exceso. Rod afo, has perdido el seso? no ves que hablas conmigo? Pues como tanta mudanza en espacio tan pequeño? allí mandas como dueño, que espere con esperanza, y aquí tu desdenime alcanza tan presto tanto rigor? Si te admira el disfavor, oye porque no te espante. Mas qué ocasión no es bastante en quién tiene poco amor? Allí en un libro leía de amor, engaños, y extremos, que por aqueso sabemos. tanto en su filosofía. Halgo en él me divertía, que es letura soberana: mas como en la vida humana todo fastidia, y congoja, allí le doblé la hoja, y aquí le he vuelto la plana. Allí una vid se enlazaba. a un olmo, aquíen el servía de arrimo en su gallardía, por donde al cielo trepava. Con su fruto ella le honraba mientras su fuerza adelanta, y en teniéndola, esto espanta. lazo, y fruto a un tiempo quita, que hasta una vid necesita los favorés de otra planta. Sí, mas tan presto mudable? tan presto tan rigurosa? allí fiel, aquí engañosa, firme allí, aquí variable, de allí aquí tan poco estable? De allí aquí ha podido ser, que en materia de querer te estoy advirtiendo así, que no fies de aquí allí en palabra de mujer. e Ya me falta el sufrimiento: Rodulfo. Qué es lo que quieres, Español? El Capitán me mandó, que te viniese a buscar. Con tu licencia, señora, iré a obedecerle. No quiero yo que te vayas tan presto: Y tu Español, vuelve, y dirás que has discurrido todo este bosque, y no puedes hallarle, Señoro mía los Españoles no mienten, que es bajeza entre nosotros. Por una mujer bien puede. mentir el más Español: El mentirno es lo que tiene la infamia en que el hombre incurre, sino el saberse que miente: De más, que si el Capitán que le he mentido supiese, quien de su enojo podrá reportar la furia? Y suelen los Españoles temer los Capitanes más fuertes? pero no será en España infamia el temor, Si teme el Español, es su honor, o que entre nosotros le pierde, el que jurando obediencia algún señor, sea el que fuere, no se la guarda inviolable, que en materia de obedientes no hay nación que nos iguale: en lugar de mi Rey debe. estar Federico aquí; y si el mentir a los Reyes es especle de traición; si hoy en esto le mintiese, quién de traidor me libraba? Mirad que honrado accidente. Ah de saberse por fuerza que has mentido? Las paredes, dijo un discreto que oían, pero no que hablar supiesen. Al pie de una fuente estamos, lengua en el agua se advierte, y si de una pared muda recelarse el cuerdo debe; de una fuente que murmura, quién ay que no se recele? Cuando lo sepa, yo salgo al riesgo que te viniere: vuelve, y haz lo que te digo. Vive Dios que ella defiende que no se vaya, hay ingrata! lo seguro es no ponerse, en el para no guardarle. Eso, Español imprudente ya es mucho dificultar. Cómo facilltar este. Si buscas nuevos engaños. Diana, para ofenderme, deja al cuerpo libertad, ya que presa al alma tienes. Pero el mismo Capitán pienso que abuscarme viene, que con Leonarda ha salido del castilló; que me encuentre aquí, no será acertado. Pues para que no sospeche, que te detuvo Diana, por ese bosque te mete, que yo le saldré al encuentro, y estorbaré que no llegue a poderte ver. Bien dices, Rpo Mi bien, mi Diana, Fénix de hermosura, ten piedad de un Español, a quien tienen ya sin vida tus rigores. Yo soy, señora, el que aleve al favor desconocido, y a tus firmezas rebelde, deudas de tu honor negaba, no porque desprecio hiciese de tu divina hermosura, a quien he adorado siempre; prueba fue de tu firmeza, de que humilde, y obediente perdón a esos pies tépido: deja que tu mano bele. Pues la lealtad de Español? Quién a tus ojos la pierde, cómo ha de guardarla a nadie? Y si el Capitán viniese? Venga, y quíteme la vida, que morir por ti no es muerte, Hay hombres todos engaños, Luego dirás, que no mienten los Españolés: y ahora cuanto aquí dices, y ofreces, que son, si no mentirosos. afectos, en que pretendes engañarme, como todos acostumbráis? pero vente conmigo al castillo, adonde con más espacio pretende mi amor descansar contigo, y darte más largamente cnenta de tantas desdichas. Cuando tales fines tienen, ni se sienten los trabajos, ni las desdichas se sienten. No hay para mi consuelo. Mi bien, Leonarda mía, que recelo que ocasión, que cuidado de tus hermosos soles ha eclipsado la luz que reverencio? ya, Fabio, me ha ofendido tu silencio pues aspunto que llego, sin esperar el amenaza, o ruego de su enojo, o su pena no me has dicho la causa. A serajena de remedio, ya le hubiera dadome a mi cuidado, y yo te diera cuenta de ella, al momento que aquí llegaste; pero escucha atento. El terrómoto altivo de la noche pasada dio motivo, de mi señora al llanto, porque como tu vida estima tanto, contándosele ahora, (jora viendo el rigor en que estuvo, y que me- tus fortunas el hado, gracias al cielo daba, levantado el rostro a su luz clara; mas de un nido de pájaros que ampara es cálamo eminente: tanta tierra cayó impensadamente sobre sus bellos ojos, que fue fuerza el rendirles por despojos (miras las lágrimas que miras. Más villano me ofendes, y me ad- (des. con tus simplicidades, y enojo a enojo, y furia a furia aña. Leonarda en encubrirme la ocasión de tus lágrimas. Ten firme, neguilla en todo caso. Ya de palabras a las obras paso: y vive Dios, villano, . que has de ser el objeto, en quien mí mano anime el rigor fiero. Fabio. No hay Fabio, que librarme quier de su cruel despecho, o canta, ocantaré, que es punto estrecho Di, traidor. No le ofendas, que quiero yo que de mi boca entienda lo que tanto incliminas, y pues en las crueldades te examina con el pecho más fiero, hoy pueden los rigores de tu acero con filo más sangriento castigar un piadoso atrevimiento, con que mi limpio celo, si ofendió tu furor, agradó al cielo En la tempestad de anoche, en el bracán pasado, en lo mejor de su furia, sino en lo más temerario, Cuando los divinos cielos, a los montes, y a los llanos, a los hombres, y a las fieras su ruina amenazaron. Y cuando entre aguas, y vientos, cuando entre truenos, y rayo; pudieron llorar castigos los que temieron presagios. De aquel asombro del mundo, de aquel Serafín humano, Franciseo, caudillo fuerte de tan valientes soldados. En medio de estos rigores, en medio de estos trabajos, a esta insigne fortaleza dos Religiosos llegaron. Pintarte como venían en tal noche, es excusado; porque siendo Capuchinos, a pie sería, y descalzos. Solo diré, que vinieron, para más piedad del caso, el uno con poca vida, y el otro con muchos años, Ignorantes del peligro en que estaban; y que en tus manos hubiesen dado: el más viejo me pidió, que el breve plazo de la noche, permitiese, que en el más humilde espacio del castillo la pudieran pasar: y aunque recelando tu enojo al principio, osada me atreví: qué desacato! adarles, por más oculto, lugar donde tus caballos tienen su ordinario albergue, con intención, que sus rayos el Sol por el universo tenderla apenas, cuando su viaje seguirlan. Pero quiso el cielo santo, que antes dieses tú la vuelta, con que ha sido el escaparlos de tu rigor imposible. Yo, pues, viendo que a tus manos es fuerza el perder las vidas, y después considerando su humildad, y tu soberbia, y supena, y nuestro descanso, su desnudez; y tu abrigo, su hambre, y nuestros regalos. Ellos que al cielo dan gloria, ta que se la estás quitando, ellos que al Cristiano honran, nosotros que le infamamos. Deconfusión, y de pena tanto efecto en mí ha causado, que a estar muerta al sentimiento pareciera un duro mármol. Mira si estas cosas juntas pudieron conducir llanto en una mujerpiadosa, y en un corazón Cristiano. Fuese resuelto, y furioso, el es gentil cortesano, con la palabra en la boca, como dicen, te ha dejado. Ay Fabio amigo! qué haremos? Qué haremos, encomendarlos a Dios; pero ve tras él, podrá ser que remediarlo puedas. No tendré valor para ver caso tan raro; mejor es, que tú le sigas, y veas si temerario los da muerte, como temo. Voy a ver lo que ha pasado, si en aqueso te doy gusto, Pues yo te aguardo en mi cuarto Qué el Español te engañó? Díjome que el Capitán me llamaba. Ellos están juntos, sin duda, que yo con Diana le vi entrar hasta su mismo aposento, y no ha salido. Mas siento que me llegase a engañar de esta suerte, que el mal trato de su fingida amistad. Dices, Rodulfo, verdad, mucho ofende un hombre ingrato; pero que piensas hacer? Paréceme que si entro, y con Diana le encuentro, será llegarme aponer en ocasión de matarle. Al capitán es mejor avisar, que si el furor suyo dentro viene a hallarle, no habrá quien le satisfaga; porque siendo de su esposa prima Diana, es forzosa ocasión para que haga en él un grande castigo. Tú de guarda quedarás en esta cuadra, y serás, siendo cuidadoso amigo. Quien si a salir intentaré, se lo estorbes Ludónico, mientras que yo, y Federico ta volvemos, Cuanto ordenare tu amistad ha hacer me obligo. Pues a darle aviso voy: o atrevido Español hoy verá el mundo tu castigo. Atentamente te escucho. Oye el prodigio más raro, la mayor mudanza escucha, señora, que de un tirano pecho jamás se habrá oído. Como mandaste, los pasos seguí de tu esposo, el cual, resuelto, y determinado, y a mi parecer furioso, donde estaban los dos santos Religiosos se encamina. Ellos que le ven, pensando ser cierto su fin, humildes. a los pies se le arrojaron. Del suelo a los dos levanta, y que le sigan mandando, a un aposento los lleva, donde a Roselo, y a Lauro los mando, que brevemente para enjugarles los habitos una gran lumbre encendiesen luego aquesto envidie harto. Traerles de cenar mando, y mientras que aderezando lo estaban, dos limpias camas hace prevenir: mas cuando lo oyó el más viejo, replio que el Estatuto sagrado de su Regla, no permite por cama más que el descanso de una tabla, o cuando mucho de humildes pajas: Que aplauso; que admiración no es pequeña para referir el caso i de más asombro que el mundo ha visto, pues en sus brazos el mismo, teniendo gente a quien pudiera mandarlo, las pajas trajo, las camas les nizo; y después mandando, que los dejasemos solos, vi, que con el más anciano se retiró a un aposento: en él quedan retirados; y yo a darte cuentamine de este prodigioso daso, que le he visto; y no le creo, aunque le estoy admirando, Fabio, el succeso presente, ha de ser, si no me engaño, nuestro remedio, que el cielo, según del efecto saco, ha tocado el corazón hoy de Federico: vamos, que hasta verlo no sosiego. Y por estas nuevas, Fabio, el alma darte quisiera en albricias. solo hallo por mayor premio el servirte. Confusa voy. . Yo admirado Lloroso, humilde, y contrito, Padre, a vuestros pies me postro, mas quien no ha de estar en ellos contrito humilde, y lloroso. El asombro, horror, y espanto del mundo, está a vuestros ojos; que ser del infierno puedo, horror, espanto, y asombro. Si humo, viento, polvo, y nada son del mundo el vil adorno, que haré yo en dejarpor Cristo viento, humo, nada, y polvo. Si penas lloro, y pesares, causa el bien pasado a otros, en mí mis maldades causan pesares, penas, y lloros. Fiero espanto soy, cruel, fui; mas ya que a Dios me torno, seré en castigar mis hierros. fiero, cruel, y espantoso. Lozo en culpa, y obstinado viví siempre, fiero monstro; confisión, Padre, no muera en culpa obstinado, y loco. Desprecio asombro, y espanto fui de los hombres, yo solo, y hoy con mi dolor al mundo desprecio, espanto, y asombro. Siento; gimo, lloro, y temo, y en el mal que me congojo, de Dios la justicia airada temo, gimo, siento, y lloro. El porque, el como, y el cuando; de esta conversión, ignoro, o! mas para que Dios inspirei no hay porque, cuando, ni como. Si copió, examino, y pienso mis pecados portentosos, presumo, que al Sol los rayos, examino, pienso, y coplo. Robos, insultos, y muertes fueron de mi vida polos, y no han sido en mí los más, muertes; insultos, y robos Pues el gozo; el bien, y gloria de Dios negué prodigioso, porque el pecar era en mí. el bien, la gloria, y el gozo, Hijo, tan larga vida, de pecados tan llena, no os cause aquesto pena, mas tiempo es bien que pida, y diferente modo, (todo. para una confesión bien hecha en Recorred la conciencia, pensad vuestros pecados, porque bien confesados, será la penitencia después que yo os absuelva, la que de Dios a la amistad os vuelva que yo en el entre tanto por vos rogaré al Señor. Padre, gran desconsuelo me causa el ver que tanto dilatéis mi remedio. (medio. Este es el más piadoso, y mejor Y si esta noche incierta me cogiese la muerte? El enemigo fuerte, porque así se divierta vuestro espíritu, es traza con que vuestros sentidos embaraza Dios es más piadoso. Pero mis culpas muchas. Las infernales luchas empiezan ya, es forzoso divertirle hasta el día, los podéis meditar, y si porfía con tales tentaciones el enemigo fiero, resistirle severo, porque estas confusiones son suyas: Y con esto os retirad, señor apresupuesto, que si importante fuere que yo aquí me detenga todo lo que convenga, A y el tiempo que requiere la confesión que digo, me detendré por vos, Ya Padre sigo vuestro mandato en todo. Vamos, pues. De mi llanto hoy al infierno espanto, y llore yo de modo, que en el muera anegado, vaú no satisfaré al menor pecado Con mortal desconsuelo mi vida se interrompa, y entre suspiros rompa con lágrimas el cielo, pues ellas son la llave, y de mis culpas el dolor me acabe Muera si se resistiere, Ríndete. Español, que aguardas, no adviertes que somos muchos? Ay mí Lucindo! no hagas resistencia a sus rigores. Oh traidor! así pagabas el haberte dado vida, que en secreto con mi dama tenlas amor. Qué es esto? El castigo, y las venganzas as. que de este aleve Español hoy nos dan los cielos. Llama, Fablo, al Capitán, que en él ejecute fuertes varlas de penas, y de castigos: que aunque yo anoche intentaba darle este austo, nío fue, y así hasta el Alba esperé aquesta ocasión Mas Roselo, di que salga, que no sé si mi paciencia, o mi colérica rabia, l darán treguas a mi enojo, que estoy por sacarle el alma reventando en ira, y celos. Voya llamar (C Sin causa de mi amistad verdadera, Rodulfo amigo, te agravias, que antes que a tantas desdicl viniesemos yo, y Diana, era su encubierto esposo: y si te acuerdas, la dama, que en competencia de Enrió yo te conté, que en su patria Nápoles gocé, es la misma. No sé yo con que palabras, con que valor, con que asien pueda mi lengua turbada decir lo que de ver vengo. El Capitán en su cama sin vida queda. Qué dices? burlas? Qué airada mano le dio muerte? Ay cielos! No sé más, de que sin alma le hallé al llegar ha decirle lo que me mandaste. Calla, que ya he dado en lo que puede haber sido. Mi desgracia, que es lo más cierto. dob Y mi dicha, pues que por aquí se escapa mi Lucindo de la muerte. Los Frailos con quien estab retirado anoche, eran, sin duda, del Rey de Francia espías, y a darle muerte vinieron con esta traza, fingiendo ser Religiosos: suya ha sido aquesta hazaña. No discurre mal Rodulfo. Pues porque se vea clara mi sospecha este aposento es donde los dos pasabann la nochembridle, y veréis, que de nuestra furia extrañada de escaparon fugitivos, su traición ejecutada Eab dosup A tantas misericordias, Señor, a mercedes tantas. Que divino resplandor sale de su hormosa cara: doo este Religioso es Santo, mucho, Rodulfo, se engaña tu imaginación. Señores, ya sé la ocasión que os sacaz de vuestro sosiego; y gusto: y aunque esta no imaginada desdicha, al parecer vuestro, pudierais llorar, dad gracias hoy a los piadosos cielos, pues misericordias tantas con Federico han usado, Oíd, que embreves polabras os contaré lo que quiso, porque los ojos del alma podáis abrir a los míos, su misericordia santa mostrarles aquesta noche. Ya sabéis, que la pasada, vuestro Capitán, y yo y después que con mano franca hizo lo que todos visteis. De este aposento a la estancia nos retiramos, adonde, discurriendo en cosas varias, de Dios las misericordias tocamos llegó a dudarlan Federico, dile cuenta de lo mucho a que se al trga con el que las necesita. quisu dureza extraña montió el dielo de manera, que entre suspiros, y lágrimas me pidió le confesase, porqueda justicia airada de Dios temía y yo entonces le dije, que tan otradas vida, y coso o pe mas tiempo para en mondorlas, mas que yo me detendría todo el tiempo que bastara a una confesión bien hecha. Con esto, en piadosas lágrimas envueltos; nos despedimos: mas viendo yo que tan larga vida, y tan llena de culpas pedían de Dios las gracias, para que nuspirase en mí el prudente modo, y traza que en disponer su conciencia tendría, y en ajustarla a la Ley Dlvina hice oración a Dios, sus altas misericordias vi en ella, porque el Ángel de mi Guarda muespíritu arrebatando, en las Celestesmoradas me vi en un punto, en las cuales ajuicio se prosentaba el alma de Federico, den quien la inferpal escuadra como suyo le pedía, alegando en su demanda haber sin confesión muerto después de vida tan mala como la que habín vivido. Pero de Ángel de Guarda, mi Padre Francisco nmonces le sirvió, y en esta causa su intercesión piadosa fue de tan grande importancia, que aquellas pajas humildes, que para hacernos las camas el mismo en sus brazos trajo. Porpetición soberana de mi Seráfico Padre mandó el Juez, que en la balanza de buenas, y malas obras, con sus culpas se pesaran. Y con ser tan débil cosa, como al fin, lo es una paja, corrió su balanza tanto, que a ser sus culpas dobladas, no solo las excedieran, pero aún no las igualaran. Viendo, pues, el recto Juez su contrición, que fue tanta, que el dolor de sus pecados. le bastó a arrancar el alma. La buena obra presente, y que le llene de gracia, por quien perdono a infinitos también por él le rogaba. En su favordio sentencia, y perdonándole cuantas ofensas contra él hizo, con los justos le señala lugar, donde eternos bienes gocen la dichosa Patria. Y porque esta verdad tenga la autoridad necesaria, corred aquesa cortina. Este es el que ayer quitaba haciendas, y vidas: y este por su contrición alcanza el premio que habéis oído, que al fin la gloria le canta. Cuantos mortales vivimos, a la piedad soberana de Dios nacimos deudores, el que le sirve le paga: y así Fedérico estaba siempre en duda, a Dios pecado y en el fin de su jornada con unas pajas humildes a sus criaturas dadas, paga a Dios cuanto le debe, que él solo admite tal paga. Viendo tan grande prodigio, quien de reformar no trata la pasada vida: Amigos, nuestro Rey, que lo es de Francia con Herejes tiene guerras, donde las vidas; y espadas mejor emplear podemos, que en servirle? y si a sus plantas perdón humildes pedimos, ha de perdonarnos. Habla prudentemente, Rodulfo. Pues mañana, antes del Alba todos a Paris habemos de partirnos. Y yo en santa Religión, mi mala vida tengo de enmendar: descalza hasta Roma pienso ir, donde el Hábito me aguarda del Seráfico Francisco. Yo, dando la mano, y alma a mi Diana, con ella me fuera contento a España, a no faltarme. Detente, si es hacienda, no te falta, que de Nápoles en joyas, mías, y de tu Diana, mas de ochenta mil ducados saqué: si aquestos te bastan, tuyos son. Y está mi mano. Yo en la Religión Sagrada de estos Padres, morir quiero. Y yo sirviendo deguarda, Diana, y a Lucindo, jomo no pregunte nada sin todo el camino, pienso compañarlos. Y gracias daré yo al cielo, pues soy sinstrumento, no la causa, porque esa a Dios se atribuya, de que tanta gente salga de pecado, y al infierno se le quiten tantas almas. Pues en dando sepultura al cuerpo en esa cercana aldea, cada cual siga su viaje. Y aquí acaba esta verdadera historia, de Santos autorizada, donde podéis haber visto, como solo Dios se paga, siendo dadas por su amor del mal pagador en pajas.