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Texto digital de Lo que puede la crianza

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Atribución tradicional
Francisco de Villegas
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Francisco de Villegas Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que puede la crianza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-puede-la-crianza.

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LO QUE PUEDE LA CRIANZA

JORNADA PRIMERA

, , . Para qué? Acaba, ponte al momento la basquiña. Póntela apriesa. Si haré, Solo con aqueste intento la previne, de Valencia Juana, a las puertas estamos, y aunque ya de noche entramos, es bien que entres con decencia. Que más tiene para mí Valencia, que Italia, y Flandes? Ya no puede ser qué andes! en el traje que hasta aquí, que es forzoso el sujetarte Juana mía a parecer en las acciones mujera Eso es imposible. l. Parte, y da el aviso Vicente a mi hermana, que el placer impensado suele ser causa de algún accidente. Yo voy. Las mulas llevarte puedes también, pues nos vemos tan cerca, que a pie entraremos. Perdona, que he de culparte haberme mudado el sen para usar de tal rigor conmigo, no era mejor JOA criarme como a mujen, y con nombre de tu hija, pues hasta hoy me lo has negado? El sacarte de cuidado es razón, aunque me aflina con más fuerza el sentimiento, que hablar en pasadas dichas de las presentes desdichas hace mayor el tormento. Por la muerte de mis padres de cinco lustros apenas volví de servir al Rey a nuestra patria Valencia; javentud, nobleza, y brío. con la heredada riqueza pasen en amorosas empresas. Estando un día festivo de la hermosa primavera en Misa, puse los ojos en una mujer tan bella, que a verla primero Apolo, menos a Dapue siguiera. No pagué mal mi osadía, pues no me valió la Iglesia, justo castigo de quien comete delito en ella, sin que yo lo preguntase de algunos que estaban cerca. Supe que era mi homicida Doña Elvira de Bolea; hice todas las que llaman amorosas diligencias, con más pasión, que cordura; pero que pasión es cuenda? solicite las criadas, que estás cuando de terceras no sirvanen lo aparente, si están obligadas, dejan la voluntad de su dueño con la alabanza dispuesta; a que cuando llegue amor, silo halle cerrada la puerta, Tres años sui viva estatua de su calle, y de sus rejas, enterneciendo sus hierros, ocomo ablaidando sus piedras, mas lo que en muros de bronce pudieran balas de cera, hicieron en su recato los tiros de mis finezas; bien es verdad que las niñas de sus dos negras estrellas, aunque no bien explicadas, o por niñas, o por negras, Algusta vez me decían, Don Pedro sigue la empresa; que ya está para rendirse de mi hermosura la fuerza. En efeto una señora amiga suya, y mi deuda, de quien me valí, fue el Iris de mi amorosa tormenta, pues pidiéndole a su padre, como otras veces, licencia para llevarla consigo en su coche hasta una huerta, se la concedió gustoso, sin genero de sospecha, llevándola por engaño, que de otro modo no fuera posible, a una quinta mía, de la ciudad media legua: y dejando aparte lances, entre quien resiste, y ruega, pues no es decente que a ti estas cosas te refiera. Con la palabra de esposo, que dos mil veces cumpliera, el alma logró mi dicha: de amor la mayor empresa, quedé más enamorado, que a quien llegó a amar de verás, ni confianzas le entibian, ni posesiones le hielan. Desde entonces cada noche, dando una ventana puerta para subir a su cielo, fue una escala medianera de aquestos hurtos de amor, si bien ladrón de mi hacienda, por ser para Dios mi esposa, tras muchos sustos, y penas naciste; y a pocos meses, una noche la más negra, subiendo yo por la escala, me envistió con tal presteza un hombre, que apenas pude prevenirme a la defensa. La gana con que reñía, y el silencio de la lengua, de que era hermano de Elvira me dieron bastantes señas; mas viendo que era imposible defenderme sin su ofensa, y que de el volver la espalda no hay disculpa que lo sea, para cumplir con mi dama, y saber con más certeza si era su hermano, le dijes Caballero, si os empeña en este lance la honra, segura tenéis la vuestra, que lo que podéis pedirme yo soy quien más lo desea pero en vez de reportarse solo me dio por respuesta, antes que con vos casada, tengo de mirarla muerta. Corrido del menosprecio, que no porque le excediera en nada la sangre mía, respondí, solo pudiera mi grande amor igualar la tuya con mi nobleza. Yo pienso que le mató el acero de la lengua, que es la espada que en los nobles hiere con mayor violencia. Pues no había pronunciado lo que he referido apenas, cuando manchó con su sangre los umbrales de su puerta. Con él tropezó su padre al ir a salir por ella, hallando al valiente joven ya con las ansias postreras. Dejé la calle, y tomando un caballo, de Valencia sin que alguno me siguiese amanecí siete leguas. El ver a Elvira vestida, el hallar la escala puesta, el público galanteo, juntamente con mi ausencia, de inquirir el homicida, excusaron diligencias en su padre, y el Virrey, el cual a mi Elvira bella, por asegurar su vida, en casa de una parienta depositó, en tanto que medio el suceso tuviera, Yo me partia Barcelona, y en tanto que las galeras llegaban; en que pasase el señor Duque de Feria a la guerra del Piamonte, desde una pequeña aldea donde te estabas criando dispuse que te trujeran, por llevar en ti un retrato de mi desdichada prenda. Pasé finalmente a Flandes, donde sirvió mi nobleza veinte años con tal valor, y con tan grande asistencia, que sin entrar en la Corte, ni que el Consejo de Guerra viese fe de mis papeles, ni costarme diligencia, de Española Infanterla tuve un Tercio, dando muestras de lo que puede el valor; regido de la experiencia. Y para no aventurar que en ti mi sangre perdiera en la paz lo que ganaba derramada de mis venas. Desde que tuviste edad, de hombre vestida en las guerras mostraste, que es la costumbre segunda naturaleza, pues en diez años el traje te ha mudado de manera, que solo el rostro da indicio de la mujeril flaqueza. Cuantas veces por buscarte en las pasadas refriegas dejé mi puesto, rompiendo el yugo de la obediencia, y cuantas te hallé valiente entre las arman Francesas sobre el blanco coselete, suelta la hermosa madeja, fulminando los contrarios con los rayos de sus hebras, tan hallada en los peligros, y en los riesgos tan resuelta, que me contaron que un día a un soldado que dio muestras de Español, y Caballero, que aunque no supe quién era, claro está que lo sería quien uso tal gentileza; porque cortés, y piadoso, asiéndote de las riendas del caballo, te pidió, que tu vida no pusieras a tan evidente riesgo, o que le dieses licencia de ir delante, porque en él. la primenfuria Francesa su cólera ejecutara, con ingratitud grosera, en vez de agradecimiento, una herida en la cabeza le diste, dando después, por disculpa de tan fiera crueldad, que solo intentaba deslucirte, no me pesa de que tan ajena estás, Juana de aquestas materias, mas bien puedes ser cortés, sin dejar de ser honesta. De allíá un rato tuve cartas de Elaira, dándome cuenta de que otro infante de quien quedó preñada, sus penas consolaba; y que también, que por ser mi madre muerta tema consigo a mi hermana, de quien por ser de tan tierna edad la dejó mi madre encargada la tutela, como al sin esposa mía; pero que mientras viviera su padre nunca esperaba que tuviese fin mi ausencia; mas al sin murió, dejando a Elvira por heredera de un mayorazgo, que vale tres mil ducados de tenta. Apenas lo supe, cuando pedí al General licencia para pasar con mi esposa lo que de mi vida resta, después de tantos trabajos, pero antes que me partiera, de su muerte, y mi desdicha tuve la infelice nueva. Ya al fin en la Patria estamos, Juana mía, donde es fuerza darte estado, y pues naciste mujer, que mujer parezcas. Ya es tiempo de que el recato, y la natural vergüenza con que nacen las mujeres a su ser primero vuelva. Olvida el desembarazo para cuando el cielo quiera darte esposo a quien estimes, y dueño a quien obedezcas; que si a la guerra inclinada eres, don de hay mayor guerra que un casamiento? y en fin, pues ser quien eres es fuerza, piensa que representaste por Pascua, o Carnestolendas una Comedia entre amigas, donde a tipor más dispuesta te dieron el papel de hombre, y se acabó la Comedia. Señor, mientras tenga vida, a tu voluntad sujeta debo estar siempre, y haré cuanto de mi parte pueda para parecer mujer, mas vive Dios que quisiera no haber sido, por no verme entre estas faldas envuelta. La costumbre facilita lo que extrañas. Ten paciencia en tanto, pues tienes culpa, que mudar naturaleza de repente es fuerte cosa. Ya de mi casa la puerta reconozco, que no es poco, tras tantos años de ausencia. En ella te aguardan todos. Con más gusto pensé hverla. Hermano mío? Leonor? dame los brazos. Que llegan a verte otra vez mis ojos? Si tan precisa no fuera mi venida, te aseguro, que no volviera a Valencia jamás, porque muerta Elvira; pero no es ocasión esta de lágrimas, abrazad a este gallardo mancebo, que es de este tronco un renuevo Tía la mano me dad. Mil abrazos te daré, en todo a su madre imita. Espada, y capa, porque? Desde que a Flandes pasó, sino el ser, le mudé el nombre, y con pensamientos de hombre hasta ahora se crió, y está con grande pesar de volver a ser mujer. Demonio debe de ser. Felix no debe de esta; en casa. Ya espero ufano tu mano. Llega a abrazarme. De aquí no he de levantarme hasta que me des la mano. Toma; di, se inclina acaso Felix a la Iglesia? . No, de esta, suerte le crió vuestra esposa, sin dar paso, que con su hijo no fuese a su lado noche, y día, y de largo le vestia, porque espada no ciñese, Ayo, y estudio le dío en casa. . Bien le ha criado, todo lo habemos errado, quién tales extremos vio? De él, y su estudio reviego. Hallarle muerto quiliera, antes que de esta manera, y el Maestro quién es? . Lego, habrá quince Primaveras que su Ayo, y Maestro soy. Luego os hablaré. Aquí estoy. Mejor fuera en las galeras. Jamás tan gran pesadumbre. tuve, mas siendo hijo mío, con el heredado brío desmentirá la costumbre; El traje es de hermofrodita. . Pienso hermano que has sentido el no hallarle de seglar. Y tanto, que ha de mudar luego al momento vestido. Por cierto lindas piguelas. Siglos serán los instantes. Esta noche ha de ser? Antes que me quite las espuelas. Tiene vestido? . Si tiene, aunque nunca del vso. También es justo que yo, por si una señora viene, a quien ya de tu venida le di aviso, vista a Juana. Dices bien, vistela hermana, Qué a esto viniese? por vida. Por Dios que iba a echar un taco. Id, que yo os espero aquí. De cólera voy sin mí. Para eso es bueno el tabaco. Espérate tú. Ya espero. De dónde eres? De Granada. Cómo te llamas? Beleran. Estudiaste en Salamanca? Si señor. Qué facultad, has estudiado? Comprava la comida a los demás. Pues si en eso te ocupabas sabrás muy poco Latín. Lo que es Latín, poco, o nada, Griego sé un poco, pregunta, y verás con la elegancia que te respondo. . No sé Griego yo, Por esa causa dicen muchos que lo saben. Ha mucha que estás en casa? Desde que nació tu hijo. Pues sin qué reserves nada me di sí has reconocido, por alguna circunstancia, de que tanto encogimiento nace, que si fue la causa el grande amor de su madre, o poco cuerda enseñanza, como sospecho, yo haré con diligencias contrarias. que apartando la ceniza de su timida crianza, el aire de su nobleza descubra briosas llamas. Aunque sé que es peligroso, señor, referirte faltas de tu hijo, y mi señor, el ser tú quien me lo manda me disculpará. . Bien dices, con toda verdad me habla, que importa para el remedio. Digo señor, que en su infancia dio generosos indicios de la nobleza heredada, pues apenas de diezaños descubrió con muestras claras la docilidad altiva; y la briosa templanza, pero el poco cuerdo amor de su madre, antes que echara firmes raices el tiempo a sus buenas esperanzas, con temerosos extremos, y mal reprimidas ansias, del árbol tierno torció la bien inclinada vara, cuando a juegos varoniles su natural inclinaba, su inclinación divertia, carinosamente cauta todo el día en el estrado, viendo labrar las criadas, a su lado le tenía, con las dos piernas cruzadas, La ropilla, y ferrerbelo trocó a manteo, y sotana, y a mí también que me vista de capigorrón me manda. Si a mandar cosas caseras, que nunca que mandar falta, se levantaba tal vez del estrado, le llevaba al lado como llavero, por no caber en la manga. Si en el discurso del día por el corredor pasaba, rostro, y cabeza envolvia en un capote de grana. Si tropezaba jugando en alfombra, o almohada, de bebidas, y cordiales las Bóticas agotaba, Y si tal vez en la calle. se oía rumor de espadas, porque no hoy ese el ruido le cubría con las faldas, Llegando ya el tiempo en qué sale por fiador la barba del hijo, para que el padre pueda cenirle la espada, por si acaso de tu fuego centella alguna quedaba, jamás con intió hubiese ningún genero de armas en su cuarto, . Ella tenía bien defendida su casa. Ni consintió que en la mesa el pan, o alguna vianda, partiese, porque en la mano el cuchillo no tomara. Y en fin, como las acciones canto tiempo habituadas a ejercicios mujériles ha tenido, no se halla en él acción varonil. De todas cuantas desgracias pueden temerse, ninguna me llegara tanto al alma. t. Es de tal suerte medroso, que si en la calle disparan un arcabuz, en dejando el susto libres sus plantas; hasta que él dice aquí estoy, ninguno le encuentra en casa; y esto nace de que viva su madre, nos ordenaba, que cuando los valvartes por vela enemiga; o salva disparasen, con panderos, almireces, y soñajas, como a gusano de seda le hiciesen ruido. . Basta, que te pasas de las verás a las burlas. . Lo que pasa, y aún menos, te he referido. Que de esta suerte criara mi esposa un hijo de un hombre como yo, más que me espanta su descuido, cuando el mío, sino le excede, le iguala, en criar a una mujer entre la polvora, y balas, envistiendo las trincheras y asaltando las murallas, de condición tan altiva, que el manejo de las armas era su entretenimiento. Buen dote para casarla, y más si no es a su gusto. Solo una cosa me falta por saber. . Y es? Si en Don Felix as conocido entre tantas faltas alguna pasión? Muchas veces se desmaba. Necio; yo no te pregunto sino si de alguna dama sabes que esté enamorado? Sí, también tiene esa falta; así fueran las demás. Ya tengo alguna esperanza de remedio; y a no verle en diligencias humanas le mataré, vive el cielo, que en la casa de Moncada no ha de haber hombres mujeres. El sale. Cómo me mandas vengo ya. No es malo el talle, mas como el brío le falta con el aire varonil, parece un cuerpo sin alma. Qué menudito lo pisa, parece que tiene trabas. Mueve el cuerpo con más brío, aquesos pasos alarga, desembaraza las manos; desvía un poco la capa del diestro lado, no juntes los pies, uno de otro aparta, que fuera de no estar firme, es postura desairada en los hombres, como airosa en los caballos, y damas. Ponte bien ese sombrero, aunque dicen que esta gracia aparte, mas lo menos traele firme, no le traigas encomendado al cabello. No le trujiste la espada? La que ceñida traía mi señora Juana tienes aquí. Yo os prometo, que no está mal enseñada, primero que te la ciña, mientras se viste tu hermana quiero hablarte a solas, fuera esperad. Pienso que es vana diligencia. . No será, que es potro de buena raza. Hijo, sabe Dios que siento, que tu juventud lozana necesite de consejos tan opuestos a mis cañas; pero pues es fuerza escucha. Ya espero que tus palabras me den otra vez el ser. Al que tiene sangre horada hijo, bien faltarle puede noticia experimentada de lo que al valor le toca. Fuera señor ignorancia. el negarte esa verdad. Que lo confiesas me agrada, que el que sus faltas confiesa no está lejos de enmendarlas. Lo primero que te advierto, por ser de más importancia, es que oigas todos los días, ilond Misa ensaliendo de casa, aunque está en un Caballero es advertencia excusada. Procura tener amigos, que nunca el tenerlos da y si con alguno estrechas, amistad, y él te la paga; que pocas veces sucede, si pretendes conservarla, mientras no tomes estado le festeja, y agasaja, en tu casamuchas veces, mas nunca en la de tu dama. No juegues, porque es el vicio que más deslustra, y ultraja a un hombre, pues no tocando en más hondas circunstancias del perder, el sentimiento a ningún hombre le falta; y si gana, en lo que sufre pierde más de lo que gana? Pero en efeto si juegas alguna vez, lo que traigas contigo solo aventura, no aventures tu palabra, que el dinero puede ser que le restaures mañana; pero la opinión perdida pocas veces se restaura. No pongas mucho cuidado en el traje, que la gala no consta de los extremos, solo de extremarte trata en ser cortés, advirtiendo, que lleva genetal carta de favor la cortesía. No mientas jamás en nada, que es tan gran falta el mentir, que en miopimón, de las malas acciones, el mavor viesgo es no podel confesarlas. En lo que toca Don Felix al manejorde las armas, será forzoso enseñarte, sino mucho, lo que basta, para traer por lo menos siempre en defensala espada, que es lo que llamanelos diddros, canto llano de las armas, Si por alguna mujer, que esta es la más ordinaría ocasión de las pendencias, te sucede alguna, y tratando de ajustarla los amigos, en tanto que turño alcanzas como podrás sin reñir quedar bien con las palabras, que siempre es lo mejor, cuando amor la razón no arrastra, peca por carta de más: Y si el salir a campaña fere forzoso, ni en esa, ni en otra ocasión te valgas de padrino, ni lo acetes, si con esa circunstancia alguno te desafía, porque es acción inhumana; y mirada a todas luces de toda mazón contraria, el decirle yo a mi amigo, que sin cólera, ni causa salga a matarse con otro, porque yo a matarme salga. Con el inferior excusa la ocasión, aunque te hagas en algo desentendido, porque es la más arriesgada pendencia, pues es forzoso hacerle volver la espalda, para que tú quedes bien y él solo con hacer cara queda superior en todo, y así es mejor excusarla, porque es la perdida mucha, y muy poca la ganancia. Y si acaso te sucede por antecedente causa algún disgusto en la calle, ten entendido que basta esperar si te acometen; si acometes, muere, o mata, Esto por ahora Felix mío presumo que basta, para saber por lo menos la obligación del que trata de obrar como Caballero, Ceñirte quiero la espada, y ruego a Dios que no sea menester que de la baina la saques, que yo no busco. tu riesgo, sino tu fama. Mas de espacio te diré del modo que has de sacarla, con aire, y combrevedad. Hoy como leona el alma me infundes, pues con tus voces, tan prudentes, como honradas, el brío me restituyes, que la amorosa ignorancia de mi madre me usurpó, pero yo tengo esperanza de que conozcas que sol de tan noble tronco rama. Así lo espero de ti, pero ya sale tu hermana vestida. , , e Señor a ti apelo de esta sentencia. Ello es forzoso, paciencia. i Yo no puedo andar así: Jesús, que desenvoltura! vuelve a tomar los chapines. En dos medios celemines he de andar yo? Qué locura! Anda en zapatos, no importa, De tan vil traje reniego. Sobrina ten más sosiego. Juana esos pasos acorta, baja esa basquiña más, cubre los pies. Si hasta aquí pies, y piernas descubrí, porque reparando estás en que un poco descubierto ande el pie, sin embarazos he de andar a puntillazos con la faya? Bien por cierto: No es de los ojos conquista lo que a los ojos se ofrece, solo la vista apetece, lo que no altanza la vista. No provoca la mujer en el traje de varón, porque es nuestra privación la estimación de su ser, solo de que olvides trato acciones de hombre, esto aprende que el deseo solo atiende a un descuido del recato, vístete más largo pues, y acorta el paso, esto ensaya, que asomados a la faya, son más lascivos los pies. Nadie mejor la er señara que su hermano. Callad vos, Esto sufro! vive Dios. Tente, el color de la cara de Felix, que se ha corrido muestra. Mohina le ha dadodo Más gusto me hibiiera dado el verle descolorido, aunque también la vergüenza es señal de pundonor; im y el verdadero valor por él pundonor comienza; mas qué es eso? En el zaguán ruido de espadas siento. En tu casa? vive Dios. Tente, que haya es otro tiempo, Tus criados son señor. Hay mayor atrevimiento! Detente señor. Aparta. Por Dios que viene huyendo, al cuartel de la salud me acojo. Elada en el pecho siento la sangre. Qué haces? sigue a mi padre. No puedo mover las plantas. Oh pesia! Reportate Juana. . El riesgo. de tu padre no te alienta? deja cobarde el acero. Muy buen provecho le haga, Detente Juana. No quiero. Amiga: Doña Isabel. Detén al señor D Pedro. que es mi hermano con quien rine. Con tu hermano? no Deteneos señor Don Pedro, señora tened la espada, pues vengo retirándome. . . Detente. En matándole. No pienso que fuera la vez primera. Pero qué es lo que estoy viendo? no es este hombre Don Fern indo? Reportaos señor Don Pedro, que Don Fernando mi hermano solo ha venido a ofreceros su persona a vuestra casa. Ya señora os obedezco. Hermano, Isabel es solamente a quien debo favores en la ciudad. Que estoy corrido os confieso Sin duda es él, más que fuera que me viniese siguiendo? La ocasión saber quisiera que esos criados os dieron, por castigarlos. . Señora, pues aún no me miráis? Cierto, que os juzgué fuera de casa. El poco conocimiento que tienen de mí, disculpa bastantemente su yerro, que ha dos días que llegué de Flandes, donde sirviendo he estado a su Majestad de soldado aventurero; aunque por aventurarme gané castigos, que premios nunca esperé conseguirlos, aunque intenté merecerlos; pero dejando esto aparte, pues no es del caso, sabiendo mi hermana vuestra venida, quiso mostrar el afecto que siempre a esta casa tuvo, y yo con el mismo intento a acompañarla venía, y a ofrecerme por muy vuestro; hallé ocupado el portal con gente, y pidiendo que nos hiciesen lugar vuestros criados, dijeron, que aguardase, o que me fuese, y que lo hiciera os prometo, a no venir con mi hermana, porque con cuidado observo en cosas que importan poco, sufrir más a quien es menos. Sin darme por entendido quise pasar, y uno de ellos intentó impedirme el paso, puesta la mano en mi pecho. Apártele reportado; facó la espada resuelto, y hicieron todos lo mismo, lo demás lo dirán ellos. Cuando acaben de correr. Tan valiente como cuerdo anduvistis. Si por Dios. La modestia os agradezco de no acabar de contarlo, por no decir que huyeron. El retirarse sin duda, respeto fue, que no miedo. Antes de sacar la espada pudieran tener respeto. No ha de quedar en mi casa ninguno. Y será bien hecho, que no has menester criados gallinas, sobre groseros. Que a ninguno despidáis esta vez he de deberos, y a vos señora os suplico, que vuestro rigor severo troquéis en justas piedades, pues tenéis tanto de cielo. Dueño sois de aquesta casa. El responderos primero mi padre, señor, me saca de bien riguroso empeño, que en la guerra no aprendí cortesanos cumplimientos. Entrémonos en la sala, que no es decente este puesto. Que yo me incline a quien tiene tan vergonzoso deefecto? Eutrad señor Fernando, y perdonadme, que tengo que hablar un poco a Don Felix. Ya señor os obedezco. Sin duda que causa el traje la novedad que en mi siento. Con menos rigor me miran los dos soles de su cielo. Juana? . Señor. Esa espada muestra, y por ningún suceso vuelva yo a verla en tu mano. Divo que lo haré, si puedo. Holvídeme de decirte, entre los advertimientos que te di, que era en el hombre vergonzoso vituperio dejarse quitar la espada, y así D Felix te advierto, que si otro se te atreviere, aunque este sea yo mismo, que antes que vuelva a la tuya, sirva de haina su pecho. Peor pensé que le hablara. Beltrán? . Señor. Al momento me busca un Maestro de armas. Pues para qué es el Maestro? piensas que el valor se enseña? No, pero con el manejo de la espada podrá ser que pierda a la espada el miedo, y que el tiempo vuelva a darme lo que me ha quitado el tiempo. Y sino, todo lo hace un habito, y un Convento.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA De lo que habéis reserido estoy por Dios admirado. De haber a Flandes dejado esta la ocasión ha sido. Y que en efeto os hirió por detenerla. Y de suerte, que llegué a estar a la muerte. Y la queréis? . Sí. Pues yo, si acaso no la matara, al menos la aborreciera. Si dos mil vidas perdiera, con dos mil almas la amara. Amigo, de mi opinión y este es común parecer, no hay cosa como mujer, que se espante de un ratón. El amar sin esperanza, ni es novedad, ni extrañeza, pero que de la fineza tome la dama venganza no lo he visto. Estrella es mía. A mí me causara horror, que no se halla bien amor entre tanta valentía, que quien resuelta, y fariosa, sobre quererla evitar su riesgo, os quiso matar, si llegara a estar celosa que hiciera? En eso me viera, que aunque su ferocidad es tanta, la voluntad hace de los bronces cera: y en fin, su grande aspereza, su brío, y resolución son para mi estimación esmaltes de su belleza: y si llego a merecer ver sus ojos más serenos, tendré mujer por lo menos cua no parezca mujer La que case con su hermano dirá lo mismo, pues hombre parece solo en el nombre. Así lo tengo por llano; mas con la grande asistencia del padre que vuelva espero por sí, porque es Caballero de gran valor, y experiencia, y el que es can de buena raza jamás al padre desmiente, que si por un accidente no caza hoy, mañana caza. d. . Con todo tengo por llana diligencia lo que emprende y aún la mía, pues pretende. . de Doña Isabel tu hermana ver menos fiero el rigor. De la Iglesia van saliendo. vuestra hermana a lo que entiendo viene con Doña Leonor. Fueron siempre amigas grandes. Y vuestra dama guerrera. como si marchando fuera por los Estados de Flandes a compas viene delante con airoso desenfado, el manto al brazo terciado. Pues la ocasión es bastanto del parabién, a la tía llegad a hablar, por si acaso puedo decirla de paso algo de la pena mía. Felix escudereando viene? . . Sí. Ya mis recelo? se iban pasando a ser celos, con Isabel viene hablando. Qué temeroso la espero! Cuando yo llegue hablad vos, o qué donaire! por Dios prero. h. Ya sentía. Qué belleza! No verle, de mí me espanto. Sobrina, ponte ese manto mejor, cubre la cabeza. Qué melindre impertinente! Esta noche. . . Sí. El favor perdonará su temor. Aunque el puesto no es decente de parabién tan forzoso, bien me puede disculpar mi afencto. Quiero llegar. Ya estaba el mío quejoso. No lo he sabido hasta ahora. Por decirlo vos lo creo. Tres años ha que deseo que sepáis mi amor señora. Tres años ha que lo sé. Pues con que vos le sepáis, cuanto me debéis pagáis porque mi rendida fe solo pretende de vos. el saber si le sabéis. Si eso solo pretendéis ya lo habéis sabido, a Dios. De aquí no habéis de pasar. Ya os obedezco. Qué enfado! De extremo a extremo he pasado. Mi hermana puede quedar en vuestra casa, que luego por ella iré. . . Sea así. Qué yo a este hombre aborrecí! Juana ve con más sosiego. No es posible. Buena ha andado. Pon cuidado. Ese me inquieta, y este jubón. Qué te aprieta? El cuerpo llevo aprensado. No sé de tanto mirar que piense. Dichoso he sido. Este hombre, y este vestido pienso que me han de matar. Beltrán espera. Ya espero, tenéis algo que mandarme? En cierto intento fiarme quiero de ti, más primero, porque me escuches mejor, recibe aqueste volsillo. Si es con metal amarillo buena carta es de favor; ya no tengo que dudar, vuestra intención el sujeto me decía. Eres discreto, este papel has de dar luego. . A quién? A Doña Juana. Mas cosa fácil sería llevarle de aquí a Turquía, y darle a la gran Sultana: yo dudo que sea mujer más fuerza tiene que un macho, anoche si no me agacho, sobre el reírme de ver descubrir con gran llaneza las piernas, como primero, me abre con un candelero, a bien librar la cabeza; y no paró en lo que digo, que viendo que había errado, se levantó del estrado, y a dos brincos dio conmigo, y asiéndome confuror, si a mis voces no saliera el padre, y la detuviera; me echa por el corredor. En fin te llegó a abrazar? Y como, y tan apretado, que lo hubiera perdonado. Algo se ha de aventurar. El darle lo menos es. Pues después yo estoy aquí. Yo más te quisiera allí, porque es tan suelta de pies y de manos, que es extremo, pero en fin yo le daré, La vida te deberé. La mía es la que yo temo. Y muestra Felix su hermana ya más brío en las acciones del padre con las liciones? Qué trae la espada en la mano muy bien nos dice el maestro, pero en cuanto a ejecutar (tro. herida, no hay que tratar. Pues poco importa el ser dies- si el temor es natural. Ya el maestro le ha dejado. Por qué? Fue muy mal pagado, pero ya llevó señal, porque la hermana mirando de Don Felix la tibieza, la almoadilla con presteza soltó, y la espada quitando al hermano, le envistió de suerte, que aunque la tía con voces la detenía tal pantuflazo le dio, que por irse rentirando apriesa, que non debiera, se emboco por la escalera, y con las costillas dando, dejando salvo el cógote, por ditina permisión, sin dar en otro escalón, se halló en el patio de un bote. Notable mujer! Mujer, aunque lo afirme supadre, sin decirlo una comadre, yo no lo pienso creer. Y en efecto la darás el papel? Sí, pero resta el ir tu por la respuesta, que yo no pienso hacer más que darle, y luego al momento buscar por donde escapar, porque yo no he de aguardar que me gane el barlovento, que si ella coge la puerta la hará cerrada conmigo. Siel que le tome consigo no quiero más. Pues con cierta industria que me enseñó una mujer singular, sin que me pueda culpar haré que le tome. . Y yo en la calle esperaré. Si no salgo, y diere voces, pues mi peligro conoces entra a librarme. Si haré. Empresa dificultosa intentáis, Esta es mi estrella. Yo os confieso que es muy bella, pero es mujer peligrosa. En notable tema dais, a Dios, que es fuerza que aguard a Beltrán. El cielo os guarde, y de lo que deseáis, pero el modo habéis errado, porque el medio para hablarla era, . Qué? Desafiarla, que saliera de contado. Pues de eso te has de enojar? No es causa para enojarme querer ponerme preceptos hasta en los ojos? Miraste a Don Fernando de suerte. Cómo había de mirarle con el manto, y ademanes? en Flandes se llama ver lo que aquí mirar, mi padre me crió en aquel páis, donde no se mira a nadio a los pies, sino a la cara, y de su llaneza nace el fiar más de los hombres. Es muy fría tierra Flandes, ahora estás en España, donde es menester guardarte de tus ojos, porque son las dos puertas principales de aqueste alcázar del pecho. El corazón es su Alcaide, y ninguna entra por ellas, si él no le entrega las llaves: y si a nadie he de mirar; para que me persuades a que parezca mujer? No digo yo que no hablés pero hay unos hombres Juana de quien importa guardarse con más cuidado que de otros. Ya llega el consejo tarde; y dime, es ataso alguno de quien me importa el guardarme este don Fernando? . Sí. Pues poco podrá costarme, Por qué? Porque me parece muy mal. Deja que lo extrañe, porque no hay en la ciudad hombre de tan buenas partes, tan brioso, tan galán, tan cortés, tan agradable, tan discreto, ni bien quisto. Para enseñar poco sabes, Qué dices? Que conociendo en él partes tan amables como las que has referido, quien duda. Pasa adelante. Que le estés muy inclinada. Mucho siento que me hables de esa suerte. Pues por qué? no habiendo sido bastante ser tan cortés, tan brioso, galán, discreto, y amable, a darle entrada en tu pecho, has de presumir que baste, para que le admita el mío? parézcote yo más fácil. Si él a mí me pretendiera inténtara recatarme, y esto no fuera soberbia, si no temor. . Y tú sabes que a mí me pretenda? . No. sin que nadie sea bastante Pues en tu vida adelantes lo por venir, y pues duermo no trates de despertarme. Mi hermano viene. Don Fel cierto negocio importante tengo que hacer esta noche, procura no venir tarde por tu vida, que no es justo que las espaldas me guarde otro ninguno, teniendo un hijo de quien fiarme. Qué dices? Eso preguntas? Algún disgusto mi padre ha tenido. . Buena espada lleva consigo. . Agraviarme fuera llevar otro alguno. Yo tengo de acompañarte. Aquí estabas? . Y corrida de que antepongas a nadie en la ocasión, conociendo. que puedes de mi fiarte, yo he de ir contigo. Estás loca? Eso es querer ultrajarme. No es sino que tú no has visto de noche jamás la calle. Trata de hacer tu labor. Yo tengo de ir con mi padre, Claro está. Pues que tu vayas, o no, yo he de acompañarle. Mujer? . Si nací mujer y como hombre me criaste no tengo la culpa yo. Esto es menester llevarse de otro modo, que si está resuelta, ha de asegurarme, y después ha de salir, a detenerla. . Terrible estás. Escúchame aparte. Qué me mandas? Ya que me obligan tus locas temeridades a que un hombre de estas canas, cuando no fuera tu padre, hable en cosas indecentes de que tú las escuchases, por excusar a tu brío un arrojo, confesarte. es fuerza, que no es disgusto a lo que voy; esto baste, que no es bien tratar contigo de linianas mocedades, y olvida por vida tuya las acciones, y el lenguaje de varón; y de soldado, que aunque es fuerza confesarte que fue mío el yerro, importa que tratemos de enmendarle: modera el brío, y advierte, por si llegas a casarte; que es tan malo que en ti sobre, como que en tu hermano falte. Digo que el obedecerte es justo, y que de mi parte haré señor cuanto pueda: Esta nunca llegó a darme ap- tanto cuidado, don Felix? Señor. El quiere engañarme. a Aquel peto Milanes. de tu hermana quiero darte, que es fuerte, y de poco peso, Eso mismo suplicarte. quería. Mucho me huelgo. Eso es bueno para Flandes, y aún allá solas dos veces, porque en mí no se juzgase a soberbia, me le puse, que los honrados bien saberia que las balas el contrario las tira, y Dios las reparte; pero aquí, si el corazón pueno, dos tafetanes. bastan, y sino, cenar a la oración, y acostarse. Juana dice bien. No dice, en los prevenidos lances hay algunos en que un hombre debe ir a reñir en carnes; pero cuando va dispuesto areñir a todo trance; sin saber con quien, ni cuantos pueden ser, fuera ignorante en no salir prevenido. Yo llevara dos manguales, un arcabuz de Gaspar, un pedrero, y tres montantes. Vamos Felix, que no quiera que de estas materias hables con tu hermana. Ven conmigo, que un recado de mi parte has de llevar a Isabel, porque está noche no aguarde. Ya te sigo. Ansí Leonor, el juicio han de quitarme estos hijos, oye. . Di. Hazme gusto de portarte con Juana, no como ría, pues en la edad sois iguales, déjala que ella se rija en todo por su dictamen, segura de que jamás a lo que debe hacer falte, que yo sé bien lo que tengo en ella en cuanto a la parte de honesta con experiencia, que pueden asegurarme, no extrañes su desahogo, porque en ella no es culpable, y solo tiene un remedio. ̱. . Y es? Que a su gusto se case, que este llano se sujeta, ninguno será bastante, y así cuando se te ofrezca por el modo más suavo que pudieres examina su intención, sin dar la parte al que yo. De eso má avisas? Quedad con Dios. Él te guarde. Grande cólera me causa ver andar en secreticos. Es que era cosa tocante a ti. . . Pues por eso mismo, que cuanto de mí se diga se puede decir a gritos. En tu favor era todo cuanto hablamos. Pues qué dijo? Que como amiga, o hermana me portase yo contigo de aquí adelante, dejando el cuidado, y el estilo de tia, y me huelgo cierto que es enfadoso ejercicio el de tener que guardar. Que estoy guardada conmigo, sabe mi padre muy bien. De esa suerte me lo ha dicho. Y no te ha dicho más? . L. No, porque lo que yo he entendido que desea, no querrá a mi a lo menos decirlo, por no decir que le cuestas mas cuidado, pues el mismo conmigo tener pudiera. Según eso has presumido qué intenta casarme? . . Sí. Mi padre es bien entendido, y conociéndome a mí no hiciera tal desatino. Desatino era casarte? Sí, no siendo a gusto mío, que aunque sabe mi obediencia, también sabe que es mi altivo corazón tan indomable, que era poner a peligro no el honor, pero la vida del que me dé por marido, si primero no le aprueban mis ojos, y mis oídos. El que a mí me sujetare, fuera de ser bien nacido, ha de ser dueño primero, que de mí, de mi albedrío. Un hombre, a quien voluntario; obedezcan mis sentidos, que la obediencia gustosa de la sujeción alivio, porque cuando quiera usar sin razón de aquel dominio que le dio naturaleza, tiranamente adquirido, al querer romper el freno de la obediencia mi brío, aún más que mi obligación, me reporte mi cariño: muy valiente, muy cortés, sin dejar de ser altivo, sin vanidades de noble, ni presuuciones de lindo, que si me viera en el lecho al lado de algún Narciso muy compuesto por no hajar los articulados rizos, en Dálida tranformada, en mirándole dormido, de la fuerza de su gala se hallara desposeido al despertar, aunque fuera vive Dios, el Sansón mismo; y en fin ha de ser un hombre, sobre las partes que he dicho, que haya dado tantas muestras de amarme firme, y rendido, que llegue a creerlo yo, porque perdiera el juicio, si quienme llámara suya, no supiera yo que es mío. ̱ . El casar por conveniencia es más seguro camino, que el trato al amor engendra, y por eso los antignos pintaron niño al amor. No soy amiga de niños, el amor ha de ser hombre, y pues también es preciso el darte mi padre estado, con el que hubiere elegido para mí puedes casarte. Qué gracioso desvarío! pues yo había de casarme con quien te hubiera pedido primero a ti? te parece que a mí me falta capricho, pues en lo que es vanidad te aseguro que he nacido tan valiente como tú, pero aunque de mi albedrío pudiera con más razón ser dueño, como el motivo primero del que mi esposo haya de ser dirigido venga a mí, siempre estaré obediente a los designios de mi hermano, y te prometo que algún afecto reprimo de unos días a esta parte: saber así os solicito si es cierto lo que sospecho. La inclinación no es delito: a Don Fernando se inclina: sin duda buena la hicimos; corazón en mayor guerra pienso que me habéis metido, que la de Flandes. Y puesto Juana que lo más te he dicho, decirte quiero el sujeto. Si se declara conmigo es fuerza desengañarla, y me está mal, yo te estimo hacer de mi confianza, pero aunque las dos nacimos mujeres, ni me está bien saberlo, ni a ti el del decirlo, hasta que con sus finezas declare quién es el mismo. Pues si no lo sabe cómo? Huélgome de haberte oído, porque si aún él no lo sabe tú misma te has respondido. Por qué? Porque del decoro, de quien eres es indigno que tu confieses que hay hombre, que sin bastantes indicios de estar muy enambrado un cuidado te ha debido. Digo que tienes razón, que no fue cierta imagino mi sospecha, y cuando sea verdad, con esto he cumplido; yo voy a ver si Vicente sabe de que ha procedido el que rer salir mi hermano esta noche con su hijo. Sin duda en algún secreto del pecho vivió escondido, temeroso del ruido de Marte, porque en seis días como pudiera conmigo hacerse tanto lugar, si en él no hubiera venido? Sola está, si ello ha de ser, no es mala ocasión, Dios mío libradme de esta Amazona; pero daga, ni cuchillo, ni otro volante instrumento tiene cerca, yo me animo pues el viejo no está en casa: señora? . . Qué hay? Hh venido mi señor si sabes? . . No. DLa Pues el buscarle es preciso. Espera, hay algo de nuevo? Pienso que sí, más contigo no quisiera hablar en esto. Aguarda, dime, ha tenido algún disgusto mi padre? Presumo por los indicios que sí, pero no quisiera. Acaba ya de decirlo. Es qué temo que tu padre. Borracho, si me amohino. Yo lo diré, no te enojes. Dilo pues, qué aguardas? Digo, que un Caballero llegó a mí, que es bien conocido, diciéndome: este papel le dad al instante mismo Beltrán al señor Don Pedro, si bien también he cumplido si a ti te le doy, porque habiéndole respondido, que no sabia si estaba en casa, también me dijo; pues a su hija le dad, y esto tan descolorido, que tengo por cosa cierta que será algún desafío. Cierta salió mi sospecha, mi padre engañarme quiso, porque yo no le siguiese; pues di, cual será el motivo de no recatar de mí el papel? Yo no adivino, oiga el diablo del reparo, yo estoy en grande peligro. Pero estas bien en que el hombre que me le dieses te dijo, no estando en casa mi padre? Sí, pesar de quién me hizo! De que estás tan inquieto que tienes? Se me ha ofrecido cierto negocio importante, Luego irás. Es muy preciso, porque desde anoche ando muy malo. . . De qué? De ahito. Con calentura? Muy grande, y aún ahora no estoy limpio, Muestra el papel. Vesle aquí. No sé si me atreva a abrirlo, que el darle a mi padre es fuerza, y viendo que le he leido me ha de estorbar que le siga. En abriéndole, de un brinco me he de poner en la calle. Mas dime Beltrán, no has dicho que a quien te le dio conoces? Sí. . Pues quién es? El que quiso descalabrar tus criados. Quién, Don Ternando? Ese mismo. No quiero darle a entender que su engaño he conocido, laguarda afuera. Ya aguardo, lindamente ha sucedido. No es bueno que estaba ya culpándole de remiso; esto va con mucha priesa, muy grande fue mi delito, pues sin dar tiempo al descargo pronuncia amor el castigo. Fuerza fue señora amaros, si fue contingente el veros, imposible el mereceros, cómo imposible olvidaros: yo no pretendo obligaros, solo a cuenta de una herida bien dada, y mal merecida, os pido que me dejéis Juana, sin que os enojéis, quereros toda mi vida. Si todos los hombres aman tan firmemente rendidos, dónde ha de haber resistencía? Si mi papel ha leido sabiendo que soy yo el dueño, como ya Beltrán me ha dicho, de vida sois pensamientos, que no es poco, siendo míos. Mas si dicen que el amor es ravo, que resistido yere con mayor violencia, porque extraño? mas qué miro! él se ha entrado. Yerro fue el entrar, mas ya me ha visto. Sola esta vez en mi vida sobresaltado he sentido el corazón, mas que mucho si se acerca el enemigo? bien dicen, que amor es guerra. Señora, si yerro ha sido entrar sin pedir licencia. Si algún sentimiento finjo se ha de volver sin hablarme. Que me perdonéis os pido, pues no puede caber culpa en quien no tiene albedrío. Cuando fuera culpa, yo soy quien la hubiera tenido, que quien un papel recibe, o ignorando quien le ha escrito, de nada puede quejarse, con que ya os he respondido a lo que en él me pedís, pues que viene a ser lo mismo; mas ui buscáis a mi padre no está en casa, así lo animo. A mi señora me busco, pero a un imposible áspiro, pues solo pudiera hallarme. En vuestro pecho mismo: mirad como puede ser. Pues aunque yo no lo afirmo, porque en esto hay mil engaños, pienso que en él os he visto de unos días a esta esta parte. No debéis de estar perdido; mas que digo? estoy en mí? Os engañan mis oídos, o es milagro del amor hallar el cuidado mío en vuestro pecho lugar. Yo hasta ahora no os he dicho que es cierto. Cuando lo fuera, que tampoco lo he creído, sobre tantas experiencias, fuera muy grande delito. Delito no, pero fuera peligroso desvarío tener de puertas adentro tan peligroso vecino, que estáis con razón quejoso yo recelo vengativo. Razón de queja jamás hasta ahora la he tenido, porque vos siempre tuvisteis por agravios mis servicios, no conocerlos no es culpa, pero ya reconocidos, si no es culpa el no estimarlos, es crueldad el no admitirlos. Pienso que tenéis razón, mas mirad que ha anochecido, y puede venir mi padre. En qué quedamos? No digo que tenéis razón? Qué importa, si con ella no consigo el saber si mis deseos quedan de vos admitidos. Solo me faltaba ahora darse por desentendido: digo que vuestro deseo agradezco, y que le admito, y, más dejadme por Dios, que no sé lo que me digo; Loco estoy, amor que es esto? . Pero a mi padre he sentido, idos, que esperáis? Quisiera. . . Qué queréis? Solo pediros . . Qué? Licencia para veros mañana. . Buen desatino! habéis entrado sin ella, juzgándoos aborrecido, y ahora pedis licencia? Cómo ha de estar discursivo señora quien tanta dicha le ha dejado sin sentido? Idos pues, antes que os vean, supuesto que no os han visto. No me acierto a despedir. No tenéis que despediros. Por qué? No decís que estáis en mi pecho? Eso no afirn pero puedo aseguraros. Qué? Que vos vais en el mío. Fuerza es decir que lo creo) pues ya dije que lo estimo. A Dios. A Dios, esto es hecho, amor pues que me has rendido, usa bien de la victoria, que no merece castigo el que alguna plaza entrega, por haberia defendido. Ines? Señora. . . Mi padre ha entrado? . Por el postigo entró ahora, y se ha encerrado en su cuarto con su hijo, y pienso que le está dando. lición, según el ruido, de como ha de llevar puesto el broquel. Lleva el vestido con secreto a mi aposento, que truje por el camino. Toda via das en eso? Calla, y haz lo que te digo, que antes que mi padre vuelva vendré, mas ten entendido, que si lo dices. . Jesus! tan mal estoy yo conmigo? Presto, que si salen antes será imposible seguirlos. Mi amo dice que esperemos hasta que el venga los dos. Para qué? . No sé porDios, pero presto lo sabremos. Que es verde el viejo colijo. Pues si a ver mujer viniera, querías que no trujera a nosotros, y a su hijo? eso puedes presumir? Cómo ha de dar a entender un viejo que puede hacer, sino dando que decir? No creas de su prudencia tan liviano pensamiento. Pues qué puede ser su intento? que si es alguna pendencia, mas vale ahora dejarte, si després te he de dejar. Seguro puedes estar. Yo he de curar con el arte su continuado recelo, que si nació con valor, y fue accidente el temor sanará. Válgame el cielo! que horror ponen las tinieblas, topando con las paredes voy, en mí mismo tropiezo; en cada piedra parece que encuentran los pies un monte: ha costambre lo que puedes! Ya los criados me aguardan, quiero avisar a Vicente con la seña, que me aguarde donde le dije, Don Felix. Aquesta es la seña, ven Hernando. ̱ . Ya parece que se han parado, bien puedo incorporada esconderme en el umbral de esta puerta. En esa casa de enfrente he de entrar, ponte en la boca de esta calle, y no me dejes entrar a nadie por ella, que presto salgo. Bien puedes tener de mi confianza, Pues a esotra calle tiene salida, daré la vuelta para que Vicente llegue. Válgame Dios! qué he de hacer en riesgo tan evidente? Vive Dios que estoy temblando, mal cumples lo que prometes corazón, si no ha un instante que deseabas ponerte en el riesgo, como ya desmayas antes que llegue? No me ha engañado mi padre, algún gallánteo tiene: fin duda en aquella casa, si tanto esta pasión puede en un hombre, a quien el tiempo cubrió de peinada nieve, que no solamente el yerro de su flaqueza comete, si no el haberse fiado de su hijo, y el traerle a guardarle las espaldas, cuando conoce a Don Felix, que mucho que a mí me rinda? Parece que siento gente. Yo he de ver como le va de brío, que cuando deje el puesto, yo en su lugar me quedaré a defenderle: y cuando la espada saque, no es mucho el inconveniente, pues es fácil retirarme, sin que pueda conocerme. Un hombre hacia mi se acerca, que haré? Caballero deje la calle, y aquesto sea al punto. Resuelto viene: yo no acierto a hablar. No aguarde a que me enfade, y empeñe en echarle a cuchilladas. Ya me voy. Qué se detiene? Esto no tiene remedio, perdone mi padre. Fuese; que tanto pueda un temor, que sangre, y honra atropelle, sin discurrir en que un padre: mas si el miedo discurriera ninguno fuera cobarde; ya es forzoso que me quede en su lugar. Uno solo dijo mi amo que llegue. Déjame llegar a mí, y verás. . . Un hombre viene. Que al ver relucir la espada escapa como una liebre. Hidalgo vávase luego, y no aguarde a que le pegue, que jamás he dado herida a hombre de que no muriese, sin tener remedio humano: yo apostaré que no puede responderme de temor. Quiero dejar que se acerque. Saco la espada, aquí es ello. Huye. Si haré, de esta suerte. Ay, que me ha muerto. No huyas. . Si quiero. Tente. Qué es tente? tú también has de llevar. Aunque la vida me cueste he de volver, que mi padre no habrá salido; que ciegue tanto el temor mi discurso? que cuando para vencerle deseo más la ocasión, huya en viéndola presente, sin que el honor me detenga, ni de mi padre me acuerde? qué es esto cielos! Por Dios, que corren estos valientes mucho, mas un vulto veo, mi padre sin duda es este, que al ruido de la pendencia a socorrer a Don Felix salio, juzgando ser él; forzoso será volverme a casa, porque primero no llegue mi padre. Gente he sentido, será el mismo, pues no tengo de moverme de aquí, aunque me haga pedazos. No puedo creer que Felix anduviese tan brioso, fin duda engañarme quieren, por excusarme un disgusto. Hh vil corazón! qué temes? un hombre es solo, y tú estás guardado, de un peto fuerte, con un broquel, y una espada, bastante difensa tienes. Allí está, y he de saber si me engañan, de esta suerte. Él me enviste, padre, padre. Casi presumo que mientes, vive Dios que he de matarle, si las espaldas me vuelve. Ya con las espaldas toco la pared, cielos valedme, mas ya por guardar mi vida es preciso defenderme. Ruido de espadas siento, si es mi hermano. Lindamente ha sucedido. ̱. . Cobarde no huyas. . La voz parece de Felix, no le sigáis, que quien las espaldas vuelve bastante castigo lleva. Si el deseo no me miente, Isabel es la que escucho, notable dicha! Es Don Felij?. . Si señora, Estáis herido? Cómo pudiera ofenderme ninguno, si en vuestros ojos dos cielos me favorecen, Que fue el disgusto? Querer echarme de aquí. Si fuese Don Bernardo? mas no huyera Don Bernardo tan vilmente Hijo? . . Señor. Has reñido acaso, que me parece que oí ruido de espadas? Volme, que su padre es este. . Si señor. Y cuántos fueron? Solo un hombre. En fin no miente. Pero huyó luego. En tu vida, cuando otra pendencia cuentes hables mal de tu contrario, ciste lo que debes. Dices bien. . . Vamos. Contento voy de que Isabel me viese. No voy del todo gustoso, que aunque intentó defenderse, no deja de ser cobarde quién es de miedo valiente.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué me dices? Lo que pasa. Que la doña Juana quiere a Don Fernando? Se muere por él, y Leonor se abrasa de celos, porque también a Don Fernando se inclina. , Si él pretende a la sobrina qué importa? Mira que estén aquestas cosas secretas, Segura puedes estar. Pues también te he de contar, como callar me prometas, que no te descalabró el que tú tienes creído, porque Don Felixno ha sido. Pues quién fue el que me pegó? Su hermana, que recelando, que el padre no iba seguro con Don Felix, en lo oscuro de aquella noche, fiando no poder ser conocida, que callase me mandó, y a lo largo le siguió, en traje de hombre vestida, y logró en fin su pretejto; pues apenas a su hijo dejó el padre, según dijo, cuando ella le echó del puesto, y entonces llegaste tú para hacer la carabana. No es esta mujer Cristiana, ofrezcola a Belcebú: por eso la marimacho cuando yo se lo contaba tantas carcajadas daba: pues tenme por un borracho, sino la hiciere gormar el gusto que ha recibido. del haberme sacudido, por Cristo que ha de rabiar; risas sobre hacer el daño? No hiciera más el Demonio. Deja estar a Marco Antonio, pues luego no hay harto paño? ella no está enamorada? Y de Leonor con recelos. Será miel sobre buñuelos. Pues qué piensas hacer? Nada. Ya he presumido tu intento, mas no la des a entender, que nada puede saber. Fuera errar el fundamento del susto que la he de dar, mas no nos vea a los dos juntos, que ella sale. A Dios. Hoy a Leonor declarar pienso mi amor, excusando su desaire, que es rigor aguardar a que su amo llegue saber Don Fernando, que es en efeto mi tía; y de el quedar desairada, por no estar desengañada, vendrá a ser la culpa mía: y sabiendo que es deseo de tres años, olvidando irá su amor, ay Fernando, un siglo ha que no te veo Beltran? Oh señora mía? De qué vienes tan contento? De qué? esa es buena pregunta, el que lo supo primero fuy yo. . . Pues que es lo que sabes? De mi ama el casamiento, que aunque tan secreto ha sido, yo vi firmar los conciertos en este instante. Mi tía? . Sí. Qué dices? Eso es bueno. luego no lo sabes? .̱ . No. Pues si es con tanto secreto que te lo han callado a ti, que no lo digas te ruego, que solamente de mí lo fio mi amo el viejo, pero no juzgué que tú lo ignorases. Yo prometo no darme por entendida; A ti que sé te da de eso? Antes me huelgo, quien es con quien se casa? Aquí es ello, nuestro amigo Don Fernando. Qué dices? Perdió el aliento. Don Fernando? Don Fernando. Pues cómo puede ser eso? Yo sospecho que será según otros casamientos, sabiendo primeramente que ella es doncella, el solecro, llamando una noche al Cura, estando todo disnuesto, preguntando a Don Fernando, si a Doña Leonor por dueño iere; respondiendo, si, y con un canto a los pechos, preguntando a ella lo mismo, y los ojos en el suelo, responder que si quedito, aunque le quiera muy recio, darse las manos, cenar. Calla infame, que me has muerto Si te ha hecho mal la cena? Vete de aquí, o vive el cielo. De esto te enojas? Villano. Un Saludador sospecho que ha menester la señora. Espera Beltran. Ya vuelvo. Muerta he quedado, es posible que puede ser verdad esto? tan vil engaño conmigo don Fernando, no lo creo; mas porque lo asegurara Beltrán, si no fuera cierto? Sin duda vino a vengarse de los pasados desprecios, y para matarme el alma quiso descubrirme el pecho. Que pueda un hombre fingir tan carinosos afectos, y me siga desde Flandes solo con aqueste intento; matarele aquesta noche, aunque atropelle el respeto de mi padre, y aventure la vida, y honor, mas pienso que él viene, buen desahogo, hay mayor atrevimiento! Hasta verte Juana mía, vivo fuera de mi centro, mas dije mal, que no vivo las horas que no te veo: Beltran me dijo que fuera estaba el señor don Pedro, y que tu quedabas sola. Un volcán tengo en el pecho; Pero de que novedad procede el airado ceño? estás conmigo enojada? porque nunca desde el cielo de tu rostro los dos soles me han mirado tan severos. Vuestras, fingidas lisonjas; aún más que mi agravio siento, idos señor Don Fernando muy aprisa, que no quiero del que es pleito ejecutivo hacer ordinario pleito. qué pleito es este, o que agravio! No apuréis mi sufrimiento, que os estará mal, dejadme. Qué es dejarte? vive el cielo que tengo de saber antes de tu enojo el fundamento: en que mi bien te he ofendido? son menos mis rendimientos, está por favorecido mi amor algo más soberbio? Hase valido jamás señora mi atrevimiento del agrado de tus ojos para perderte el respeto Habla por Dios, o creeré, que es el enojo supuesto, y que estás arrepentida de agradecer mis deseos, que aunque no puede en un Ángel caber arrepentimiento, todo cabe en mi desdicha. Cómo, infame Caballero; os atrevéis a llegar, muche mi cólera temo, dónde estoy, rabio de enojo! sin recelar que mi aliento ir más vidas, que tenéis atrevimientos? él no haber vos intentado de la licencia valeros, que en fe de mi esposo os daban mis declarados deseos, no ha sido efecto de amor, sino del temor efecto, juzgando que a mi venganza era más preciso empeño el dejar muerto mi honor, que vivos mis sentimientos. A vuestro miedo, y no a vos el recato le agradezco, que a quien al alma se atreve, también ofendiera el cuerpo; pero no habéis de lograr en esta casa, alomenos mientras yo tuviere vida, el infame menosprecio, y así tratad de excusarlo, por el más prudente medio que pudiereis, y no pase adelante vuestro intento, porque no estaréis seguro, si no es que os subáis al cielo, aunque traigáis por defensa, en vez del cobarde acero, contra mi enojo mil rayos en cualquiera movimiento, idos, que aguardáis? Señora quién te ha engañado? qué es esto? acaba de declararte por Dios, y mátame luego. Son celos? Buena pregunta, agravios son, no son celos. Si alguna traidora envidia contigo me ha descompuesto, en darle crédito agravias, bien mío, tu entendimiento, que no ha de poder contigo mas un informe supuesto, que tres años de experiencias, y mil siglos de tormentos. Pues yo no pierdo el juicia, sin duda que no le tengo, requiebros cuando venís de firmar vuestros conciertos de la boda con Leonor; en que vuestro atrevimiento se fía? Qué es lo que dices? con Leonor? mucho me huelgo de que ella canse tu enojo, por satisfacerte presto. No es ella quien me lo ha dicho Pues dime quien. Aquí es ello. Quién se halló presente a todo. A no estar tan satisfecho de quién eres, presumiera. Aquesto se va encendiendo mucho. Pues que es lo que habíáis de presumir? Riñan quedo, que lo estoy todo escuchando. Entra Beltrán, que a buen tiempe has llegado. . Desde aquí cantaré como un gilguero? Bien seguro estás, ahora veréis si lo sé de cierto; no dijiste que venías de ver firmar los conciertos de la boda de mi tía con aqueste Caballero? No temas, di lo que has diicho, Yo no sé más de qué tengo una señal en los cascos, que no la cubrirá pelo, de mano de esa señora, y quise con este enredo vengarme, nadie se mueva, porque al amago primero pondré los pies en la calle, y los gritos en el cielo. El engaño te perdono, y el desengaño agradezco. toma esta sortija. Venga. Por si viniere don Pedro ponte a esa puerta, y avisa. Corrida estoy. Ya lo entrebo. Quieros más satisfacción? Que os vais solamente quiero. Aún no estás desenojada? Hay mucho que hacer primero. Hoy, si tú me das licencia, hablar a tu padre pienso: que dices? no me respondes? No estoy para responderos, idos, que aguardando estamos a vuestra hermana. Yo pienso que ahora acaba de entrar. Pues no es bien que me eche menos: cuando has de hablar a mi padre? Cuando tu gustares. Luego. . . Oye. Di. Si con tu padre no pueden mis rendimientos acabar que me de el sí, podré decir? Ya te entiendo, pero no lo creas. . Yo siempre creo lo que temo. Ahora temes? . . Sí, Pues si no pudiere ser menos iedirás, que yo soy tuya, muy humilde, o muy resuelto. . Beltrán? . Señor. Sabes donde hallare al señor Don Pedro? En palazio le hallarás. Loco voy. . Así lo creo, porque sola esa disculpa tiene quien tal desaciento intenta, como casarse. Pues yo Beltrán solo siento saber, que es corta la vida para tanto amor. Confieso que en quien casa como tú, no es grande el atrevimiento, que aunque los duelos son tantos, con pan al fin serán menos; pero hay infínita gente, en quien es el casamiento hospital de la locura de amor, donde en breve tiempo, quien no come, y duerme mucho, sustentando el primer yerno, mas los que duermen, y comen en dos días salen cuerdos. Hasta ahora no he creído que es amor todo desvelos, pues no me libra de celos verme tan favorecido; pero no está mal fundado mi recelo a lo que entiendo, pues Don Bernardo siguiendo vino a Isabel, y parado está en la calle, mas ya se viene acercando a mí; no he de quitarme de aquía Felix en la calle está, fuerza es hablarle, ocultando la pasión que el pecho esconde. Señor Don Bernardo donde? Buscando vengo a Fernando. Desmentir intenta en vano su intención. Que aquí he de hallarle me dijo, y he de aguardarle. En la calle está tu hermaño. Y Don Bernardo con él. Qué hasta aquí venga a cansarme este hombre? Quiero acercarme, que al balcón está Isabel con Leonor, y Doña Juana, que hablando a Leonor intente que sepa mi sentimiento Doña Isabel. Con mi hermana pienso a Isabel declarar, que tengo justos recelos. , u , Yo he de averiguar mis celos, lo, que sabe, y lo que ignora. de una vez quiero llegar, a mi fortuna agradezco señora el haber llegado en esta ocasión. . . Qué enfado! Bien Bernardo os merezco todo el favor que me hacéis. Hermana, que suspensión es esa? . . Mi condición. Mucho me huelgo que estéis hoy tan bien entretenida. Aqueste entretenimiento no es hanedad. Qué tormento! a. . Sin duda estás divertida, escúchame a mí no más. Qué te escuche? para que? Para que sepas que sé, que a cualquier parte que vas tienes quien te siga. . . A mí? no pienso que hablas conmigo, Claro está. Cuando contigo hable, y eso fuese así, no dando tú la ocasión nadie te puede culpar. Con ella debe de hablar, que esto es dar satisfacción. Pienso que has perdido el seso? en la calle hablas así? Porque no, si yo le vi. Pues qué tenemos con eso? n. Bernardo está escuchando; porque no les entendiera entretenerle quisiera. Ya me voy amohinando. No sé como ocasionarle. Juana dile que es verdad. No diréis que novedad os trajo por esta calle? Zeloso está, no me pesa. Estoy por decirle ahora Sigo señora una empresa, aunque no con la ventura que cierto competidor, pero escoger lo peor es pensión de la hermosura. Aquí el responder sería darme yo por ofendido. No se da por entendido. Qué descortés groseria! Esto es forzoso estorbar, que ya está el caso entendido. Vive Dios que estoy perdido. De aquí las quiero llevar, vamos. El guante, ay de mí! Pues eso no más te altera? súbele Felix. Si hiciera, si no estuviera yo aquí. Mira. Son adornos vanos en ti prendas semejantes, que no se hicieron los guantes para quien no tiene manos. Aguarda. Qué hay más que aguarde. Dejadme las dos bajar. No te habemos de dejar. Saca esa espada cobarde. No puedo. Será sin duda por no querer ofenderla, que una espada tan doncella. tendrá vergüenza desnuda. He de bajar vive Dios. Fálteme la luz del día. Que gran cobarde sería el que anoche huyó de vos. Algún pasado disgusto le sucedió a Don Bernardo, pues decírmele no quiso, quiero informarme del caso antes que vuelva a buscarle, para poberme a su lado, si el lance no tiene medio. Una estatua soy de mármol. Do. Felix qué es esto? vos descolorido, y turbado; que tenéis? . Que me dejéis os pido. . Cómo dejaros? sin duda ha sido con él el disgusto, sosegaos. Cómo puedo? Habéis reñido acaso con Don Bernardo? Pluguiera a Dios que quedara a sus pies hecho pedazos: Pluguiera a Dios que al nacer, en vez de piadosas manos, me recogieran las garras de algún Leon Africano, o ya que me perdonara, cruel, cuando más humano, tejidas vívoras fueran aquellos primeros paños. Al corazón recoged el despecho de los labios, Felix, pues tenéis espada y vida vuestro contrario, que para todo tendréis en mí un amigo, y hermano, no estamos bien en la calle, entremos en vuestro cuarto los dos. . . Dejadme por Dios Entrad. Es cansarse en vano. Ines cierra esa puerta. La echaré a coces abajo, aunque de diamante fuera. Qué alboroto es este? El Diablo, que anda suelto . . qué es aquesto eo Gracias a Dios que has llegado Mujer dónde vas así? A matar a Don Bervardo, Ya que el cielo darme quiso, una mujer por hermano. Pues que ha avido? habla Leonor No ha sido más de que estando las tres en esos balcones, se le cayó un guante acaso a Doña Isabel, y aún tiempo a lebantarle llegaron juntos Don Bernardo, y Felix, y en efeto Don Bernardo con el guante se quedó, Lindo modo de contarlo; teniéndole ya Don Felix se le quitó de las manos. De las manos? Y lo menos fue el habérsele quitado, comparado a las palabras. Vivirá docientos años. Esto me guardana el cielo; adónde está ese villano? Quién, tu hijo? Qué es mi hijo? vive el cielo si en tus labios otra vez oigo ese nombre; sabes dónde está? En su cuarto entró ahora. . . No callarás. Señor, qué intáis? Matarló Don Fernando está con él. Con eso me has consolado, el reportará su enojo. De cólera estoy rabiando. Deteneos señor Don Pedro, de tu enemigo la mano. que es intento temerario el vuestro. Vos me estorbáis? Yo os doy la palabra, y mano de que cumpla vuestro hijo con la obligación de honrado, primero que el Sol se esconda en el contrapuesto ocaso; hacednos favor señoras de dejarnos solos. ̱ . Vamos. El resucitar a un muerto no será mayor milagro. Vete tú también. Si haré, mas advertid Don Fernando que se ha de satisfacer por su persona mi hermano. Eso puede tener duda? No te vas? Yo he de escucharlos. A no estar tan satisfecho de que fue más limpio, y claro que el Sol el honor de Elvira tu madre, hubiera pensado que no hay en ti sangre mía, pero por los cielos santos, y por la vidadel Rey, que aunque Maestre de Campo diez años le serví en Flandes, sola esta vez la he jurado, que aunque huyendo de mi vayas a los climas más extraños, he de seguirte, y matarte, dando alivio a mi cuidado, si no me traes con el guante Basta padre, que la prueba mayor de hanerme engendrado es él no empezar por ti a vengar oprobios tantos: ya despertó mi valor de aquel infame letargo, en que sin honra vivieron mis mal empleados años; y aunque para defenderle en mi ofensa conjurado bájara desde su esfera Júpiter vibrando ravos, primero que el Sol se ausente ha de quedar mi contrario hecho ceniza en el fuego de mi cólera, y agravio. Detente Felix, espera, Para qué? Para acertarlo; que hemos menester pensar el modo del desagravio, que bien puedes proceder valiente, y determinado, y no quedar satisfecho. Pues los dos podéis pensarlo; y sea con brevedad. También yo he sido soldado, y he de dar mi parecer. En fin no quieres dejarnos? Sin tres no puede haber junta de bofetada, o agravio, Dice bien. Vamos al caso. De mi parecer señor; no quisiera aventurarlo, que es Don Bernardo brioso, lo mejor será matarlo con la daga, y si quedare para reñir yo a sulado, pues por el guante me alcanza tanta parte del enfado, daré fin a la pendencia, y pondré a Felix en salvo. De cualquier modo que sea ninguno ha de dar un paso en mi fanor. . . De mi voto, mejor es darle de palos en la más pública parte, y con la espada en la mano, envistiendo a su enemigo, o matarle, o sustentarlos, que es la accción de más valor. El que más me ha contentado no es culpa o Don Bernardo, es el parecer de Juana. Ni uno, ni otro es acertado para el lance sucedido: el del señor Don Fornando, mas es parecer de padre que de amigo, pues dejando lo menos que hacer a Felix, quiere tomar a su cargo lo más de aquesta pendencia, mas yo sé bien, que si el caso le sucediera, no hiciera lo mismo que ha aconsejado. En el parecer de Juana ninguna razón le hallo, por donde deba seguirse, que la ignominia del palo es para satisfacer supercheria, o agravio de sombrerazo, o mentís, recibida en ocasión que tenga estorbo el vengarlo, o por las muchas espadas, si otro preciso embarazo, pero quien pudo su ofensa castigar en su contrario al tiempo del recibirla, sin haber estorbo humano que impedírselo pudiera, entonces no está agraviado de parte de su enemigo, que el mismo se hizo el agravio, Un guante a Felix quitó Don Bernardo de la mano si tuno razón, o no, ya se ofreción a fustentarlo; solo estana, y con palabras a Don Felix provocando, para que el guante cobrara, si él no se atrevió a cobrarlo. De el audar tímido Felij ademas, que aunque estuviera sin culpa suya afrentado, por la opinión que en Valencia tiene ya, debe arriesgado cobrar el guante brioso, cuerpo a cuerpo, y en el campo, que hoy le importa parecer, no cuerdo, si no bizarro; aqueste es mi parecer. Pues yo voy a ejecutarlo, Aguarda, que puede ser que en viéndote, alborotando la calle saque la espada. Dice bien, yo iré a buscarlo, sin dar a entender que sé nada de lo que ha pasado, y en viéndole vos conmigo podéis llegar, y apartarlo con reportación. Bien dice. Pues id luego Don Fernando. Advertid que no su vida, sino su honor os encargo. Pues si no fuera por eso no estuviera ya acabado? yo me voy, a Dios señora. Hablaste a mi padre? Cuando? Padre a Dios. Espera un poco. Qué he de esperar? Reportado lleva el valor, hasta verte con tu enemigo en el campo? y en estando en él enviste resueltamente gallardo, y si la espada le hierra, aciértale con las manos, llegando, pues tienes fuerza, con tu enemigo a los brazos, que los que saben tan poco, nunca han de reñir de espacio, y por si el hace lo mismo el pecho lleva guardado. Toda la espada me sobra para tan flaco contrario. Dame los brazos, Perdona, que hasta que vuelvan manchados con sangre de mi enemigo no es bien que te de los brazos. . Eso sí, cobrad los bríos, ya que amor me va quitando los míos. . . Agradecido me deja, y aficionado Don Fernando. A mí también, que es Caballero bizarro. Y muy cuerdo. Y muy valiente. Pienso que no me he engañado? Arrebatome mi afecto, que me miras? . . Es milagro qué te mire? . . Imaginé, que alabar a Don Fernando extrañabas, pero yo, porque le alabas le alabo. A tenerla yo por culpa, ya la había confesado tu rostro, mas su alabanza, aunque piensas que la extraño, primero que de tu boca, de tus ojos la he escuchado. Yo señor? . . No te disculpes que antes te estoy obligado, pues hasta mis pensamientos en ti obedecidos hallo: bien tu inclinación merece, aunque me ha causado espanto, ver que tenga tanta fuerza, que haya en seis días mudado una condición tan fuerte. Que no señor que ha tres años, Tres años? . . No me dijiste, que allá en Flandes te contaron que di a un soldado una herida? Sí. Pues ese es Fernando. Luego siguiéndote viene d de Flandes? No está claro. Por Dios que has tenido dicha Juana en haber encontrado un hombre de tantas partes, que en mi opinión, en llegando a pretender de esa suerte, no tiene remedio humano, y a no estar con el disgusto que estoy, quedaráis casados esta misma noche, voy a prevenir un caballo, por si fuese menester. A mi no me da cuidado. Es grande la diferencia de ser hijo, a ser hermano. Es verdad, pues solo temo el empeño de Fernando. Mucho deseaba hallaros. Pues qué me queréis mandar? Quién le pudiera matar! . solamente preguntaros que disgusto habéis tenido, por si yo os puedo servir en algo, que os vi venir aprisa, y descolorido; y por si era menester, dudando lo que sería, si la justicia os seguía, daros lugar a poner en salvo, os dejé pasar; pero a ninguno he encontrado, que me saque de cuidado. ̱ . También yo os iba a buscar, que por vuestro amigo quiero de la razón que he tenido en lo que me ha sucedido, informaros yo primero. Decid pues. Yendo a buscaros, sabiendo por cosa cierta, que en la calle, o en la puerta de vuestra dama he de hallaros, halle a Don Felix, llegó a hablarme, y a la ventana con la suya, y vuestra hermana Leonor su ría salió: llegué a hablarla al mismo instante, con la llaveza debida, y por estar divertida, a vuestra hermana este guante se le cayó de la mano; llegué a lebantarle yo, Don Felix también llegó, dijome soberbio, y vano que se le diese, corrime, dile ocasión demasiada. de que sacase la espada, no quiso, o no pudo, y fuime: ya con mi honor he cumplido; ahora el guante tomad, y a vuestra hermana le dad. Yo le doy por recibido, mas ni a Don Felix, ni a vos. que yo le lleve conviene. por ahora, mas él viene. Pues qué importa? Guardeos Dios. Y a vos también. Al señor Don Bernardo hablar quisiera donde nadie nos oyera. Aunque pudiera en rigor elegir el puesto, guía. Cerca de la Guerba estamos. Donde tú quisieres vamos. Ya sé yo tu vizarría. Bien poco es el ir contigo; que bien conocido estás. Eso todo está de más. Sígueme pues, Ya te sigo. De espacio seguirlos quiero, por no dar que sospechar, hasta salir del lugar, que cuando lleguen primero puede impor tar poco, o nada, pues mientras Don Felix viva mirar por su honor me priva de poder sacar la espada. Bueno está para el efecto el sitio, no hay que pasar de aquí. . . Buscaba lugar mas apartado, y secreto, para que gente no acuda, que puede tener al bella, una espada tan doncella. vergüenza de estar desnuda. Yo vengo así. Yo quisiera poder en esta ocasión dejar all á mi razón, porque no me defendiera: detrás de ese derribado paredón entrar podemos, por si nos siguen. Entremos. A muy buen tiempo he llegado, a medida del deseo lo ha dispuesto mi ventura; pues por aquesta rotura sin que me vean los veo; mucho mis temores dudan de Felix, o quien riñera por él, sin que le ofendiera: ya las espadas desnudan: Don Bernardo con sosiego le espera, muy receloso estoy, que Felix furioso le enviste, de enojo ciego: gallardamente chocó, derecha la espada, y recio; mas qué es lo que miro? vnatercio por las espaldas salio, que no me he engañado es cierto, pues retirándose va, no puede tenerse ya, tente Felix. Si estoy muerto, qué es lo que quieres? Llevar con el guante juntamente tu espada. Don Felix tente, no le acabes de matar. Vicente dame el caballo, que va anocheciendo ya, soy padre al fin, Pues señor qué intentas? Ir a buscar a Felij. . . No has de salir, hasta que del bien, o el mal sepamos, que Don Fernando es imposible tardar. Y si él viene sin Don Felix yo sé que vengado está. Hermano sosiega un poco. No es posible sosegar. Señor, tened esperanza, que yo espero que veáis vivo a vuestro hijo, miento, que nadie lo dudamas. No su muerte, su desaire recelo. Albricias me dad. Si ay de que, yo te las mando. Yo también. Toma Beltrán. Mucho mejor es un toma, que dos te daré. Qué hay? . . Di presto. Qué Don Fernando, y mi señor vienen ya. Y cómo vienen? Andando. Ya me puedes abrazar. Vienes bueno? Honrado vengo y esta espada lo dirá de mi enemigo, a quien yo se la quité por mostrar si acaso vive, que pude, y no le quise matar: este señora es tu guante. Detente, no digas más, que bien merece la mano el que le supo cobrar: dale la mano Isabel. No se la puedo negar, tuya soy. Dichoso he sido. Y vos Don Fernando dad también a Juana la vuestra, pues lo supo granjear vuestro valor, y fineza en la guerra, y en la paz, que mi hermana presto espero. que no tenga que envidiar, con que saldré de cuidado. Un esclavo en mi compráis. Esta es la mano, y el alma. Ábreme de consolar. Ines no nos casaremos, pues que tocan a casar adredemente? Si quieres no quede por mí. Pues zas, y con esto fin dichoso; si os ha agradado tendrá lo que puede la crianza, sus defectos perdonad,