Texto digital

Texto digital de Lo dicho hecho

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio Coello y Ochoa
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo dicho hecho. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-dicho-hecho.

Logo BICUVE

LO DICHO HECHO

JORNADA PRIMERA

Fragantes flores bellas, desempeño del Mayo, y sus colores las que os miráis estrellas, no ignoréis mi tormento, y mis amo- (res, sabed, aunque o lloro, que un imposible que me mata adoro. Cristal cuya corriente sigue alegre su propio precipicio, y anenas naces suente cuandor te alterna, arroyo tu juicio, sabe, aunque amante lloro, que un imposible que me mata adoro. Avecillas hormosas, que al autora cantáis dulces motetes, os miro codiciosas, todas en vulgo bellos ramilletes, sabed, aunque lo lloro, que un imposible que me mata adoro. Marés en todo solas, que del Fabonio alegre combatidas parecen vuestras olas, montes de nieve a perlas reducidas, sabed, aunque lo lloro; que un imposible que me mata adoro. Señor . Dulcísima Blanca, bien se alegrar tierra, y cielo, con justa causa las flores eternizan sus alientos. Luego que el jardín te vio, la tierra echó de su seno nuevas plantas, nuevas flores, de tu belleza alimentos. Los olorosos jazmines abren sus cogollos tiernos, para llegar obedientes a reconocer tu imperio. mal logró su lusimiento, tuvieron vida mirando de tu presencia el bosquejo. La flor que Febo negó su natural movimiento, y se miró en esos ojos, por cepiarse en sus reflejos. Ese unvere de flores, este azogado arroyuelo, por contemplarte sucinta embargó su movimiento. El precusor del Abril, y apostata del invierno, dio con saber tu venida, flor y fruto a un mismo tiempo. El mar, que presuntuoso, combatido de elementos, fue confusión con mirarte, gustoso se dio al silencio. Y yo imitando las flores, jazmín, prado, plantas, cielo, mar, jardines, aves, lirios, azucenas, flor de Febo, rosa te adoro también, pero con mayor tormento, que ellas mudas publican su deseo, yo quisiera, y no puedo, porque me va la vida en un secreto. Invencible Federico, Rey de Nápoles Tercero, emulación de la fama, suma del pincel inmenso. Valiente como galán, bizarro como discreto, escúchame atentamente, porque epilogarte, quiero La duda que me acobarda, el impulso que refreno, la resolución que tomo, y la pena que padezco. te, primo, y señor, y el mío pisan incendios de luces, primera causa de los presentes efectos, Ambos, como mejor sabes, de una rama procedieron de Filipo el infeliz, cuyo valor, cuyo aliento, al amanecer su dicha, en el alba del imperio, selló la pálida muerte con caracteres de hielo. Este pues estableció con solemne juramento Florencia, se heredero dra varón, y sucede hembra no pueda casar (que yerro) con Porentado mayor, ni menor, que quiso necio, que no viva en otra parte quien se intítule su dueño. Viviendo el tuyo, y mi padre, unanimes pretendieron derogar ley tan injusta, borrar tan bárbaro fuero. Florencia, y Nápoles toman las armas, gritan los pueblos, niegan común la obediencia, ellos cercanos al riesgo. Sosegados los motines, la ley juraron de nuevo, que no quisieron perder lo más por violar lo menos. No por eso el pueblo injusto se quietó, pues previniendo, que quedaba empie el peligro, después de mi padre muerto, Porque yo le sucedía pidio que mi casamiento se efétuase con quien ni tenga estado, ni Reino. Con don Juan, segundo hermano tuyo se trató al momento, con aplauso de lo nobles, con gusto de los plebeyos. Tu padre aquí agradecido, por ver a su hijo electo Duque de Florencia, quiso que con él mismo concierto fuese mi hermmana tu esposa, curas vidas guarde el cielo. Apenas lo referido quiso ponerse en efecto, cuando mi padre murió; aquí paro, y aquí empiezo a referirte mis males, a contarte mis excesos. Veniste Rey y señor, con Don Juan tu hermano (a cielos a Florencia a celebrar los tratados casamientos. Veniste para mi mal, veniste, yo lo confieso, para quitarme la vida, porque al instante, al momento, que con cuidado te vi, las estrellas consintieron, en tu persona un encanto, en don Juan un vituperio, en Margarita una gloria, y en mi amor un mongibelo. Don Juan procura casarse conmigo por los conciertos, Margarita con los propios sigue galante su empleo. Tú para darme más pena a su amor estás atento, y yo que para adorarte a mí misma me desprecio. Si don Juan me solicita, sentido y paciencia pierdo. si te hablo, y te reciras, de mi misma desespero. De forma que bien mirado, huyo, sigo, alcanzo, celo, siendo un sujeto tan débil, por todos cuatro sujetos. Bien se que me han de culpar, de que a don Juan aborrezco, bárbara soy con su amor, tirana con su deseo. No tengo la culpa no, porque no sé yo que empeño te dio el cielo sobre mí, que cuando valiente quiero obligarte por tu hermano, sin segundo movimiento, las estrellas me avasallán, me falta lo más perfecto. Me divierte el amor tuyo, y me consumen los celos, no es senor el interés de uspirar al sacro cetro, el amor es que con el me sobra con mucho menos, es el casarme a mi gusto, que olvidarte es un rodeo para celebrar mi muerte, aunque a veces la festejo. Y si yo primo, y señor (perdóneme aquí el respeto) te quiero más que mi vida, como puedo, como puedo aborrecer lo que adoro, y adorar lo que aborrezco? y para darme más pena, me desprecias pues que veo que te niegas a mi amor, y te excusas a mis ruegos. No me espanto, que eres Rey, prudente, sabio, severo, y has de ser de mi Margarita legrimamente dueño, disculpa que ciega a muchos, no todos, que el caballero lo más difícil comete, y alcanza lo más adverso. Fuera de esto, no me has dicho muchas veces en secreto, Blanca hermosa, yo te adoro, por esos ojos me pierdo, tuyo soy, tuyo he de ser? Pues si es verdad, cómo es esto? a un tiempo olvidas, y adoras, huyes, y sigues a un tiempo, que te acobardas? qué temes? que aventuras? desde luego da mi estado a Margarita, gocele siglos eternos con don Juan siendo yo tuya, mi Rey, mi señor, mi dueño, pueda contigo mi llanto, ya que no tantos requiebros: No me hablas? no me respondes? los ojos vuelves al cielo, y luego a la tierra miras, ya penetro, ya penetro, que tu valor es cobarde, y tu amor es lisonjero. Yo señor no he de casarme con Don Juan, esto supuesto mira por él, y por mí, porque a ser así primero, has de ver descuadernados los ejes del Firmamento, volver a su pobre origen ese sonoro arroyuelo, el jardín confuso monte, aquel monte prado a meno, población nueva ese mar, ese poblado desierto. Y cuando suceda así, sin protestación apelo a un esmetil, a yn estoque? a una furia, a un mongibelo, a un puñal, a un precipicio, a una pistola, a un beneno, a un fracaso, a una centella, a un susto; a un rayo, y a un trueno, esto hará una mujer que tiene celos, y espera a su disgusto el casamiento. Don Juan, que te ha sucedido? Blanca apartose de ti, que ahora la encontré allí, y lleva el color perdido, ni aún el rostro me miró? respondes que puede ser? llega a caso a conocer que soy el Rey. . . Señor no. Ah hablado contigo? . . Sí. Enojada? . . No lo sé. Porque niegas, cuando sé que estabais juntos aquí, dime, qué te ha sucedido? la verdad, que en justa ley quien niega delante el Rey, ni es noble, ni es entendido. En su centro un pez, señor, conserva alegre la vida, que allí la tiene adquirida, o esde su primer, calor, con el agua alegre vive, con sus rigores se alienta, condas obas se sustenta, de quien nuevo ser recibe. Y si ese cielo se cierra y el mar brama como ves, suele enojado a su pez pasar del mar a la tierra: en ella vive violento, saltando de guija en guija, que le es la tierra prolija, cuando no está en su elemento. Rey eres, y don Juan soy, pez yo, tu enojado mar, y quien me pudo pasar a la violencia en que estoy. El ser de don Juan prohibe, tu amor, Rey, soy como ves, y me tienes como el pez, que ni bien muere, ni vive. Hiere, señor el León al más feroz animal, si presume ser su igual, por aquella presunción. Y al humilde, y al postrado, porque ve que le obedece sin ser racional parece, cuale mira sin caidado. No me mires, vuelva pues mi ser de donde salió, y quien del agua sacó el pez vuelva al mar el pez. Que por albricias te digo. que aquí me habló la Duquesa: que has rendido su belleza, y se ha de casar contigo. Sepa Blanca que eres Rey, y te estimara señor, y no delire en rigor lo que profesa de ley. Que yo dándome licencia tu Majestad desde aquí, pues a ser don Juan volví, pienso dejar a Florencia. Raso No me esta bien don Juan, no, que aunque te confiese a ti Blanca que me quiere a mí, puede ser engaño, y yo el mío no he de aclarar por un pequeño favor, en el consiste mi amor, y le puede resultar. Siendo Rey mayores daños mía ha de ser la Duquesa, y hasta gozar su belleza he de vivir con engaños. Y así don Juan he de ser hasta llegarle a lograr. Si más es razón mirar lo que puede suceder. Oh suceda mal, o bien, ley inviolable es mi justo. Evidencia, mas es justo, que mires por mí también. Yo soy Rey de cuya mano rigoro piedad te espera. Rey eres más considera, que soy tu sangre, y tu hermano. Don Juan con la Majestad, el callar, y obedecer es llegar a merecer la mayor prosperidad. Esta resolución sigo, y el que no fuere obediente, y no callare prudente. será mucho con migo. ga luces el Sol en el Orien dando a flores, y rosas nueva vida, y a breve espacio la color perdida, yace pálido incendio en su Occidente. Holas pisa una nave diligente, siendo estorbo del mar, y embravecida, se ve rota, deshecha, o sumergida a manos de Neptuno, y su Tridente. Declarando quien soy sigo mi dicha, tengo por contrario un Rey hermano, y he de ser triste nave rota al viento. Sol he de ser, que espira en su desdicha, callando muero sin remedio humano, pues nave, o sol adoro mi tormente Señor. Qué ay Maravedí? Victor. . . Qué es eso que tienes cómo tan contento vienes? Como tan triste te vi. Yo tengo causa bastante a la tristeza mayor. Con un remedio, señor, la perderás al instante. Que puedes decir, o hacer con todos cinco sentidos, que no sean conocidos disparates? . A tu ver siempre me tratas así. Siempre digo lo que eres. Pues mi remedio no esperes. Pues yo te le pido a ti. Pues porque estés enterado, de que siempre tuyo he sido, dame, o prestame un oído, y dejo la chanza a un lado. Estando aura media hora esperándote, señor, en aquese corredor, vi a quien piensas, al aurora vi venir, quien digo Blanca, y tan bizarra salía, que daba al sol puerta franca: Atenta reparó en mí, cuando mirándola yo, tan grande suspiro dio, que algún fracaso temí Llámome luego galante; yo acerzándome cortés, me dijo, tu dueño es muy santo, o muy ignorante. Yo repliqué, han engañado a tu Alteza, que en Milan, y Nápoles de galán, y discreto es laureado. Respondió, si es tan dichoso, di que esta noche le espero en mi cuarto, y que le quiero, ni santo, ni escrupuloso. Fuese dándome señales de amante, de amor hazañas, pues tuvieron sus pestañas, ni bien perlas, ni cristales. Este remedio, te he dado, aplícale luego al punto, que vide Dios, que a un difunto puede volver a su estado. La lisonja te agradezco, siempre me fuiste importante. Por cierto lindo diamante me has dado. . . Yo te le ofrezco Pues vuélvome ejecutor, si el prometer es deber. No es deber el prometer. Pues ya no tengo deudor. Toma Con vuelta, o sin ella Tuyo es. . Podrá un platero declararme por entero, qué vale piera tan bella? Bien podrá quédate a Dios, mucho Blanca me porfía, pues antes que salga el día, sabrá quien somos los dos. Pues yo si luego no muero, antes que otra vez la noche de al mundo su negro coche, he de volverle en dinero. No me repliques Lucia, que aunque viera más peligros, que claveles borda el sol, y arenas tiene ese abismo de cristal, no he de casarme. Porqué? . Porque no me inclino. a don Juan, y adoro al Rey. Y el concierto? . El albedrío amas pudo cautivarse. Si ha de ser no te replico. ̱a. Pero dejando estas cosas, que querrá Don Juan mi primo hablarme de noche a solas, que puede ser. . Solo digo, que te adora y es tu esposo, o lo ha de ser. . Bien has dicho mas sabe el cielo, Lucia, si lo lloro, y lo suspiro: llamaron? Señora sí Abre, y esté prevenido tu cuidado, porque el Rey ha de venir por mi aviso, deja las puertas abiertas. Con mi obediencia te sirvo. ya don Juan puedes entrar, a lindo tiempo has venido. Prima. . on Juan. . No te admirén. mis amorosos delitos, que es delito visitarte, que amor como ciego y niño, hace los instantes horas, y juzga las horas siglos, Solo vivo con hablarte, solo con mirarte vivo, porque tan grande es mi amor, que cualquiera regocijo, penosidad acreditan mis amorosos delirios, tu esposo he de ser señora, premia un amante rendido. Repórtese vuestra Alteza, porque vencer con suspiros, es generoso blasón, pero con fuerza delito. Yo confieso por vileza triunfar con humanos bríos, mas habiendo de ser tuyo; las disculpas averiguo. Y ahora para sacarte del escrúpulo que has dicho, y porque te persuadas, que yo no puedo a mí mismo reportarme sin morirme, Oye un pensamiento mío, ya sabes que soy, tu esposo, y se también, que el olvido sucede a la posesión, no en mí, que adoro infinito, mía has de ser, y por tanto en este pliego te escribo mi firma en blanco, con ella lo que escribieres afirmo. No es fineza y es fineza, no es fineza cuando miro, que soy don Juan, y tu Blano en estado tan distintos, que yo vivo en esta esfera, y tú en poderoso Olimpo, premiando mi amor, fineza será yo la califico, que dar una firma blanca el amante, que es mar de gran voluntad es si y de firme fe princip Toma, yescribe de es que entre tanto me ayconsultar mis pesa y a contemplar tus desvíos. Licia a su Altera alumbra. Lio mi bien no permito. Don Juan quien salir os viere sin luces hará juicios en mi honor. . Soy obediente. Mucha ocasión has perdido. No es perderla dilatarla. Voy delante. Y yo te sigo. Hay lance más apretado! ay desdicha más dichosa! hay acción más generosa! ay amor más desdichado! Fino amante don Juan es, que discreto, que galán, con justa razón le dan el título de cortés. Y estoy tan agradecida. y a su amor tan obligada, que a no estar enamorada, estuviera ya rendida No premiar yo su afición, bien sé no ser en mi mano; porque el cielo soberano dispone mi inclinación. Cifrada en este papel quiere amante enamorado asegurar su cuidado, y rendir mi amor con él. Tarde la victoria espera, perdone que yo me holgara, que mi estrella me inclinara, para que correspondiera. Laura, Silva, Lucia creo, que como tanto he tratado, sin género de cuidado, pagan tributo a Morfeo. Mucho se tarda Lucia, la luz se quiere apagar, quiéro la despavilar, no fue más la suerte mía Con la priesa la apagué, si a Lucia he de aguardar, quiero un rato descansar, ya con la silla topé. En que ha de parar (ay triste) mi imposible, por el sueño saca a la duda de empeño, aunque el alma se resiste, Llegue a su punto el rigor, publíquese el sentimiento, pues se anticipa tormento, el que se acredita ardor. A descubrir lo fingido, a Blanca resuelto vengo, y celoso me prevengo, pues todo está sin ruido A bierto (ay Dios) a deshora, y sin luz, a ingrata bella, Federico está con ella, claro está, pues que le adora Y corresponde a su amor, pues llegando a sospechar, porque me quiero entrega a mi muerte más rumor siento si el Rey no ha salido en grande peligro estoy. Ay de mí. . . Lucia yo soy. El color tengo perdido. Echa la llave Lucia, y excusa todo rumor, o este acero. . Gran señor. Bertera tu sangre fría, y Blanca? . Si don Juan, cuan Calla no pronuncies más, que con nombrarle no más, el alma me estás quitando. No la ves? . Ya he reparado duerme? . Yo pienso que sí, de temor no estoy en mí. Qué ajena está de cuidado: despierta Blanca a prisa, pero no porque es mejor que duerma así quien mi amor eclipsa con su belleza Mas ay de mí, o es engaño, o pliego en la mano tiene, alguna traición previene, . ya sospecho mayor daño, don Juan solo firma aquí, bien mis pesares confirma, la blanca firma que afirma, lo que amante presumí. y do Juan. . Señor ahora. Cuando esé papel enseña muchos pesares callando porque detienes la lengua? porque recatas tus glorias? porque reprimes mis penas? en blanco la firma está, yo quiero escribir en ella el engaño de los dos. Muerta estoy, el cielo quiera, que no se despierte ahora. Abrele, y cuando le vea, si en el enigma repara, si hará, que es muy discreta, sabrá como soy don Juan, por cuya verdad la deja quien la quiso más que a sí. Oh es mármol, o esta despierta. Lucia en este secreto, o vida, o muerte granjeas. Soy tu hechura, y soy. Qué es eso? escúchame. Peor es esta. Ven acá; di la verdad, quién llama? . Juan . . Pues llega abre, que aquí me ha de ver, que el lance está, de manera, que no lo puedo excusar, y con esto será fuerza descubrir muchos engaños, y contar muchas cautelas: abre, porque te detienes? Vuestra Majestad advierta, que busca mi perdición. Qué he de hacer, si la puerta está tomada? . Esconderse en este tapiz apriesa, que despierta mi señora. Quiera amor que por bien sea. Ay de mí, no sé que tengo, un promontorio de penas afligen el corazón, sin que resistirlas pueda: pero quién llama a esta hora? que ha sucedido? abre apriesa, que susto amor desdichado, desdichado fin te espera. No os admire, Blanca hermosa, que a veros otra vez vuelva, que dilaciones de amor, lo imposible festejan. Cuidadoso me ha tenido, solo saber la sentencia de la firma, Blanca mía, Aquí está, y yo tan sujeta a serviros que me corro de que vuestro amor sospecha, que no he de ser la que he sido. Echó el sello a mis sospechas. Lee, pues que le has escrito. Yo no he puesto nada en ella, pero ahora le veré, dando su Alteza licencia, no tiene más de un renglón, y vuestra firma así empieza; El Rey soy, y no don Juan, don Juan. . Vive Di Bueno está, su Majestad no niegue más su grandeza, sepa el mundo sus quilates, que no es justo que la esfera del sol oculten al pueblo rayos de sucinta estrella. Yo no escribí tal renglón. Vuestra Majestad le vea, que está como me le dio, y vive Dios si me aprieta; que jure que no le abrí hasta ahora. . Qué quimeras! Blanca solo puse yo mi firma. . Los dos aciertan. A quién has dado el papel? A nadie. . Quién te aconseja, que tan presto te engañó? quién escribió tales letras? Yo que soy. . Rey y señor, de Nápoles y Florencia, y ahora que no lo ignoro, pongo sobre mi cabeza su caracter: mas señor, cuando aquí fingirte quieras don Juan solo, por gozar este pasmo de belleza porque de engaños te vales? gustas sin que tú te ofendas, que yo sea Rey? ya soy Rey, cásate con la Duquesa, Margarita es ya mi esposa, quieres más? de esta manera las sospechas disimulo. G. Qué confusiones son estas! Don Juan. Bueno está Don Juan. aquí con Blanca te queda; ella te adora, y estima, y tú también, quien lo niega, mude colores mi gala; salga del alma violenta y entre Margarita, que más puede la obediencia en mí, que un peremne amor, que una caduca firmeza. Y bien, don Juan que respondes a estas colas? . . Qué respuesta he de dar, cuando has oído al Rey? . Qué dices? . Quisiera pero ya no puedo más, a Dios para siempre. . Espera. Que ha de esperar el que vive muriendo? Luego te ausentas? Al punto. Por qué ocasión? Por qué ocasión? porque es fuerza morir de tur sinrazones, y vivir de mis ausencias. No eres don Juan? . No señor Cómo si estas pocas letras mudas lo están confesando? Pues su Alteza no las crea. Porque. . . Porque ya me voy. A dónde? . . A donde perezca. Por qué? . . Porque soy leal. Esa es traición. Es fineza. Advierte. . . No hay que advertir. Eres ingrato. Tu fiera. Eres traidor. Tu mudable. Repara. Si eres sirena no me llores, que el amor ha pospuesto mi nobleza. No te he de ver más. . Sin di Vete ingrato, que las penas; pues no me quitan la vida, serán en el alma eternas. Y yo me voy a morir de un rigor de una violencia. Gracias a Dios, que salieron de demandas, y respuestas.

JORNADA SEGUNDA

No te tengo de escuchar, déjame no seas cansado. Que me escuches te he rogado, ya no quiero porfiar. Siempre has de ser ignorante? Basta, quiero obedecer, mas venimos a perder un papel tú, yo un diamante. Miren porque varios modos lisonjea mi tristeza. Escucha. . . Que buena pieza, disparates serán todos. Pues que no quieres oirme, y no celebras tus dichas, breve verás tus desdichas, luego al punto tengo de irme para Blanca desde aquí a volverla pues fue fiel, su diamante, y su papel. Espera Maravedí, tu papel de la Duquesa? Quién tal ha dicho? eso no, no he tenido papel yo. Picaron por su bellaza. Encolerizate mucho. Acaba. . Dártele quiero, mas has de escucharme primero que le veas . . Ya te escucho. Salino bien de mañana, muy grave de mi aposento, algo el rostro macilento, la faz con rigor humana, Vi una dueña tan cipres, tan larga de abajo arriba, que no sé si la describa, lanza con cabeza, y pies. Mas pues soy con ella franco, la verdad, me parecio de trajo un álamo blanco. Llámome, seguila atento, una sala, y otra paso; aquí la vista embarazo, allí ofrezco el pensamiento. Llegué donde Blanca estaba, a la cual la vi correr aljófar en fin lloraba, y en tan líquido desmayo, perdiendo el sol su arrebol, se fue deshaciendo el sol, perla a perla, rayo a rayo. Y entre penar y sufrir, dulcemente pude ver unas lágrimas nacer, y otras lágrimas morir. Y puesta en aflicción tanta, los suspiros deteniendo, se le fueron esparciendo mil nudos por la garganta. Las finezas que la oí, y los suspiros que dio, dígalos quien no la vio, no puedo yo que la vi. Ciega en fin con el dolor, abrazándose conmigo, mejor fuera que contigo, me dijo, da a tu señor este papel, y el cuidado satisfaga este diamente, salime luego al instante, esto, señor, me ha pasado. Sigue galán tu porfía, que yo digo, que enojarla, o llegar a despreciarla, será grande grosería. Miro nuevas confusiones, mi papel abriendo esta, escucharle importa ya. Dice así en cuatro renglones Don Juan yo te vi y te adoro, Rey yo no soy tu mujer, y hasta que lo llegue a ser, gimo, peno, sufro, y lloro: Doña Blanca: que has traído en el papel? Ay de mí, No ves que no es para mí? Qué escucho! pierdo el sentido. Ah ingrata, ya he conocido tu ventura y mi desdicha, tu suerte, y mi poca dicha, y que no te he merecido. Adora al Rey, pues le has dado la vida, como lo afirmas, y en el papel lo confirmas, que pues soy tan desdichado, No pienso verte en mi vida, anda ven Florencia a Diós. Sin duda se va por Dios, que me tiene enternecido: no sois don Juan? . No señora; mal te podrá responder quien se mira un ser sin ser, que tormentos atesora: No soy lo que ves aquí, y soy lo que puede ser, no soy yo, pues llego a ver, no soy lo que antes fui. Soy quien fui, no soy quien soy, por ser mapa de pasiones, breve tipo de ficciones, que a laberinto me voy. Amo un amor sin amor, que desesperado espero, muero y vivo, vivo y muero por voluntad superior. Don Juan soy para olvidar, porámagos de la muerte Rey y señor, si se advierte, soy, y fui para adorar. A un tiempo olvido el Rey soy, y don Juan soy, como Rey amando estoy, como don Juan gimo, y lloro. Como don Juan aquí ves, huía desesperado, como Rey enamorado vuelvo, señora, a tus pies. Centro de dos almas eres, y a me voy, ya no me voy, el Rey soy, y don Juan soy, elije lo que quisieres. Cesen las quejas, don Juan; que aquien tiene mucho amor, ni los engaños contrastan, ni estorba la emulación. Peporta tu sentimiento, no encubras no tu dolor refiere amante tus quejas, que yo que presente estoy he de sosegar tus dudas, y quietar tu corazón Señora . Don Juan no mates. Nunca he tenido temor. Pues porque no te declaras? Porque desdichado soy. Quién te espea es la Duquesa, y quien más te ruega yo, y doña Blanca quien quiere decirte tu pretensión, mira por cual de las tres harás más . Acaba no pierdas el tiempo, y advierte que tiene el curso veloz, enviste pues que te ruega. Ya determinado estoy, negarte que soy don Juan. será conocido error, pues sin decir lo dice todo el palacio a una voz, y negarme que esta noche anteponiendo tu honor, metiste al Rey en tu cuarto, que firma blanca te dio, que pasó lo que has sabido, no podrás mira si yo con justa causa me quejo del término de tu amor. Don Juan paso Don Juan paso, porque ofendes mi valor, qué importa que me visite? yo confieso que me habló, y confieso, que una firma me dio por su pretensión. No es tu hermano, no procura como tú sabes mejor, casar conmigo, que importa sabiendo mi condición. Vence don Juan esas dudas, vence don Juan el temor de tus amorosos celos, que te juro por quien soy, que no te ofendí, y te adoro. Estás satisfecho? . . No; señora, disculpas deja, porque se pública horror, que a tal golfo de finezas siga desesperación. Pues eso dices, don Juan, quédate a Dios, ya me voy. Si te vas mi muerte es cierta. Buscar remedio es mejor. Con el tendrá fin mi vida. Nadie de amante murió, Que desdichado que he sido. Oh que venturosa soy. Yo me ausento, pues me olvidas. Poco siento ese dolor. No lo sientes? . No don Juan. Qué dices? . Digo que no. Pues si tan poco lo sientes, aunque me mate el dolor, y aunque me consuma el llanto, no he de volver, vive Dios Esposo. . . Sientes. . Espera Ya no puedo, ya me voy. Eres falso. . . Fuy diamante. Eres viento. . . Roca soy. Monte soy. . . Antes un humo, que muere, al primer vapor. Te has de ir? . . Ya no hay remedio. Pues vete, que mujer soy, y olvidaré sin violencia, pues con ella tuve amor. Espera señora . Aquí cortés mi amor te sufrio, y como Dios pudo hacerlo, pero no podrá mi honor. Vete, vete, de esta suerte castigo su presunción. Señora advierte. . Don Juan, ya la piedad se acabo, repara que soy mujer, y que el remedio mejor para divertir mi enojo, es negar esa ilusión. Yo he de afirmar lo que he dicho, y he de irme en conclusión, que más purede en la mujer el desprecio que el amor: Señora noble nací, y quien ama no es razón sufra tan injustos celos. Pues vete falso traidor, que ya de ti no me acuerdo, aunque desdigo a quien soy, don Juan, pues no me detienes, Basto a detenerte yo. Podrás, si me persuades, Aquí se arañan los dos, bueno está, mas que os sosiego, No puede ser . Cómo no, tú no adoras a Don Juan? Verdad es. . Y tú. . . Mi amor es gentilico en lo eterno. Pues pesia a quien me pario, para que son estas cosas? ya me voy, ya no me voy, ya te olvido, si me dejas me he de entrar en Religión, qué importa que la visite? que la sirva en la ocasión, si es dar mentiras a un sastre, y lisonjas a un Doctor? acabad. . Mi bien, qué dices? Que soy tuyo, y que lo soy, porque tengo amor, y celos, Pues primo con una acción satisfaré tantas dudas, y aliviaré tu dolor: tuya soy, toma mis brazos. Vivas más años, que el sol, que al nácar ostenta rayo, al morir pálido horror: yo te confieso mis celos al principio de mi amor, mas aquí me satisface tal fineza, tal favor. Ven a mi cuarto esta noche a las once, queda a Dios, porque viene Federico, y bien, don Juan, se pasó ya tu cólera celosa? Digo que tu hechura soy. Toma la llave del cuarto, queda a Dios. Fuese con Dios, Blanca contigo tan franca? mucho tienes que dudar. Qué me puede apasionar? La facilidad de Blanca. Qué dices, estás en ti, Blanca no es noble mujer. que me puede entristecer? Ser tan fácil para ti. Deja las dudas villano, y tu mala inclinación, que pasa a murmuración lo que es amor cortesano, Dime tanto padecer, cómo puede condenar? bien, porque amar, y llorar, fácilmente puede ser. Damas ay, que en todo trance quieren a dos, y aún a tres, y si sucede tal vez, que las pescan en un lance, para despacharlos bien, con él un amante lloran, al otro dicen que adoran; y a ninguno quieren bien. Calla que el Rey ha venido, su persona he de fingir. Que el Rey hubo de venir, valiente cabe he perdido. Don Juan Rey. Señor que te avisa el de Ferrara en su pliego? Que Saboya a sangre y fuego le da guerra a toda prisa. Margarita. . Señor mío. Perdonad, que él a rebol de ese humanizado sol, engendró en mí tal desvío, los rayos de esa hermosura me cegaron, al sol vi. Para servirte nací. Tuyo soy. . Ya me asegura don Juan lo que en duda toco. Señora mucho es mi amor. Ya le conozco, señor O no adoro, o yo estoy loco, porque en tan fiera fortuna, fingir un hombre de bien amor, no queriendo bien, de las dos cosas es una. Señor el vulgo parlero nos alterna murmurados, porque no estamos casados, tu Majestad es primero. Cese la murmuración, que hecho tu casamiento sin dilación al momento, cumpliré mi obligación. Concluirle solicito; como más interesado, este pliego lo ha estorbado, que de Roma me han escrito. De Poma pliego, señor, que lo impide, y te desvela? tuya es traidor la cautela, vencérala mi valor. Don Juan yo te vi, y te adoro, Rey yo no soy tu mujer, y hasta que lo llegue a ser gimo, peno, sufro, y lloro. Blanca . . Hora desdichada, el papel de la Duquesa le he dado. . En don Juan tristeza y con la color mudada, alguna traición recelo? Es verdad lo que he leido? pierdo por Dios el sentido, traidor don Juan! vive el cielo. Qué es esto, don Juan señor, contra tu Rey de esta suerte? Dárele esta noche muerte, porque se opone a mi amor: don Juan mi hermano, señora, tu marido quiere ser, y primero has de saber, pues Florencia no lo ignora; como yo solo Rey soy, y él es Don Juan, y mi hermano da a Margarita la mano. Qué es aquesto? . . Muerto estoy. Cómo es esto? . Margarita ahora no es ocasión para saber la razón, solo sé que amor me incita Repara en los testamentos. Don Juan no hay que replicar, al punto te has de casar, primero son mis intentos. Valiente arguyes, señor, pero en el presente mal sea la razón igual, pues igualas el rigor. A lo justo te reduce, conoce que no es bien hecho, porque violentar un pecho mas que tiranía induce. Ya señor, has entendido, como evidente lo ves, que por tu propio interés tu persona me he fingido. Pues siendo así; si repara tu enojo, no te casaste, antes cortés esperaste a que tu Rey se casara. Por el nombre, no por mí; que yo solo don Juan era, pues si bien se considera lo mismo ha de ser en ti- Y a la verdad reducido, será todo con verdad, que eres Rey en propiedad, pero yo lo fui fingido, esto ha de ser, y es razón. Dad don Juan luego la mano a Margárita, que en vano te opones a mi pasión. Cumple el concierto en rigor, y la daré a quien me toca. Don Juan mucho se provoca mi prudencia con tu error: don Juan soy Rey. . . Es as No soy señor, que poso a Nápoles. . Ya lo creo. No es verdad? . . Digo que sí. Ya no lo puedes negar, luego sin que cosa acuda estos conciertos sin duda, que puedo desbaratar. Yo confieso tu poder, y que el trato que está hecho. siguiendo el rigor tupecho, bien le podrás deshacer? por el no quedas casado con Margárita. . Es ansí. Pues si le añulas, a mí no me dejas obligado: con quien re toca te casa, y sin dilación alguna serán las dos bodas uua. Qué es esto que por mi pasa! Mi hermano tiene razón, ya no puedo porfiar, lo más discreto es callar hasta mejor ocasión. Don Juan Fedérico soy, la mano da a Margarita, que tu retiro me incita, y apasionando me voy. Tú mereces su belleza, ella de amante blasona: casate, o por mi Corona, que te corte la cabeza. . No se que estrella, o rigor me ha dejado tan trocada, que ya don Juan no me agrada, y al Rey inclino mi amor. Pero mi valor se esfuerza, don Juan, si el Rey os casó poco importa; porque yo no me he de casar por fuerza. Tan poco duró el placer, tanto dura en mí el pesar, que llega el alma a dudar, si uno y otro puede ser: Aún no llegó a conocer el placer, cuando al momento seva? y mis pesares siento, cierran la puerta a mi dicha, válgate Dios por desdicha, válgate Dios por contento. Dos vidas, dos confusiones en esta desdicha admiro en Blanca firmeza miro, en mi hermano sinrazón es: Al uno mueven pasiones, al otro vence el amor, y yo padezco el rigor, y veré los que me esperan, luego razón es que mueran mis esperanzas en flor. Pero paso pensamiento, que a Blanca no he de olvidar, porque será fabricar torres de humo en el viento: Fiereza asombro, tormento, destierro, muerte, rigor, enojos, furias rigor, bien me puenden perseguir, porque los pienso sufrir por la Duquesa, y su amor: Que si estoy enamorado, y nobleza, y valor tengo, a resistir me prevengo, todo celoso cuidado, La Duquesa me ha llamado, la vida juzgo perdida, y del poder combatida, buscar el riesgo es rigor, mas teniendo a Blanca amor, poco perder es la vida. No sé qué traigo, Lucia. Todo, señora te cansa. Toma esta ropa, .Qu tambiene te estorban las galas? Claro está que han de estorbar cuando tiene luto el alma: ay amor. . Triste de mí. Lucia no me consueles, déjame, que no me bastan los ojos para el alivio, para el socorro las ansias. Pues te desprecia don Juan? No amiga de mayor causa) procede mi pena. . Advierte, que mis afectos agravias. Lucia a don Juan espero, llave le di de la sala, el vendrá cuando pudiere, quita la luz pues se tarda, que no es justo que la vean los que al otro cuarto pasan, quita la llave a la puerta Ya te obedezco, extremada ocasión, pisa muy quedo, la puerta queda cerrada, mucha lealtad vence el oro. Escucha en pocas palabras. Don Juan es segundo hijo de Roberto el cual en gala, y talle prefiere al Rey, ya que en suerte no le iguala. Con él me casó mi padre, y con el Rey a mi hermana, procurando sosegar del pueblo las acechanzas. Vinieron, y enamorado de mí el Rey, por mi desgracia, hizo que fuera don Juan Rey en obras, y palabras. Don Juan a mi amor rendido, los engaños me declara, escribile yo un papel, no sé con que modo, o traza Paró en manos de su hermano, el cual con celosas ansias quiere quitarle la vida, yo temerosa, turbada discurro alcanzo pesares, penetro, todo es montañas de imposibles hallo incendios, entre temor, y esperanza, entre la vida, y la muerte, entre el efecto, y la causa, desasosegado el brío, las manos descuadernadas, el corazón en don Juan, el amor en mi benganza, Piso el jardín paso calles, miro un estanque, y estaban sus aguas tan trasparentes, que retirando esmeraldas, las hojas, la flor el fruto, de algunas perdidas ramas casi engañaban los ojos, y casi el tacto engañaban. Vi salir vulgo de peces, y uno de mayores garras, dio en seguir otro pequeño, y cobarde con sus ansias, no hallando amparo en los otros, me pareció que buscana el socorro entre las hojas, que el sol formaba en las aguas. Tenté, dije cruel verdugo, a quien tu ser acompaña y a quien te adora en tu centro de esa manera maltratas? aguarda, espera, detente, poco importó mi amenaza, pues se le tragó tan breve, tan luego paspitó el alma que dije el susto, y la muerte, el fracaso, y la desgracia, la ejecución, y el amago en competencias tiranas, por gozar del triunfo injusto, travan entre si batalla. Mira lo que sentiría, advierte, nota, repara, si es suficiente el azar para quedar asustada. Que puedo temer, si el Rey, con tiranos celos trata las ruinas de don Juan; ya me parecio, que estaba cual pececillo a fligido, a quien el mayor alcanza, ya me pareció le via, que con su muerte luchaba, que prevenía el socorro, y que a voces me llamaba. Ya por muerto a don Juan tuve, según el Rey le maltrata, según desdichas le siguen, según rigores le alcanzan. No ha de ser, porque es mi esposo, si el mundo su fe no mancha, si el Rey persigue su amor, si Florencia le agasaja. Ya no puedo sufrir más; ve Lucia, a don Juan llama, que antes, que pase la noche, sea mi esposo, que aguardas? no respondes? dónde estás? trae luces? . Soy desdichada, voy por ellas al instante. Esposa quien te escuchaba, es don Juan, y quien te adora. Mi bien, señor. . Ah tirana. Esos rigores ahora, estos desdenes a Blanca? Parece que siento pasos, si me he perdido en la sala! Duquesa, mi bien, señora? dónde estás? . Hay desdichada? don Juan, esposo. . La vida te he de quitar si no callas. Blanca en el bufete estoy. Acércate más. . . Aguarda; vive Dios, que estoy perdido, En vano librarle tratas. Salid presto con las luces. Aquí, sin duda le mata. Qué es eso don Juan? qué es eso? para mi empuñas la espada? No señor, porque de noche no conozco a quien me agravia; y ahora. . Basta. . . Qué miro! Ya he dicho otra vez, que basta. Mi Rey, mi señor, qué es esto? Blanca, no preguntes nada: don Juan luego has de morir, rinde a Fabricio las armas, llegad todos, que os turbáis; que temes. . Señor, repara. Rey, de Florencia soy buque, reprime las amenazas, y advierte, que te respeto por ley divina, y humana, como mi hermano mayor, y si de ofenderme tratas, vive Dios, que he de matarte, solo en Reino me aventajas, que a no ser primero, yo también como tu Reinara. No son para aquí, don Juan, el brío, y las amenazas, has de ser de Blanca dueño, Si lo que recela el alma es falso será mi esposa, aunque se alborote Italia. e Resuelto don Juan está, Blanca está determinada, y con violencia no puedo conseguir mis esperanzas. La tirama, don Juan, poca nobleza señala pues porque he de pretender, que se escurezca mi fama? Noble nací, no tirano, tus pesares me apiadan; escucha, Florencia quiere festejar regocijada de tu nacimiento el día, en ese sin duda, o falta me caso con Margarita, tú te has de casar con Blanca. Don Juan, mi amor te la da, no como el otro Monarca, que deslucido el honor, dio a un privado lo que amaba, negociar procuró así mejor, que con amenazas. Aquí sospechas, mi hermano con resolución tan clara, amante da, lo que adora, ay honor. Qué te acobardas? No puedo negar, señor, que entre confusiones tantas has querido a la Duquesa: ella en efeto te agrada; no ruegues con lo que adoras, porque dices con dejarla, o que no tuviste amor, o que la conoces faltas. Qué es esto, que escucho, cielos. Todo va de mala en mala. Luego no quieres casarte? Tú mismo amor me acobarda. Don Juan, tu hermano nací, ya sospecho, que reparas, en que con Blanca me hallaste: desecha sospechas vanas, que todo ha sido intentar, no conseguir. . . Mas me agravia. Con esto mira por ti: y vos, Margárita, y Blanca, lo que he dicho cumpliré debajo de mi palabra. . Estás contento? . . No puedo, que voy a morir. . Aguarda. Ya nos obligan Margarita. Don Juan, pues así me tratas? Tengo honor. . Y poco amor. Procurad al Rey. . Repara, que te han cegado los celos. Quién adora, no se engaña. Don Juan. A mi hermano busca, pues le das amante el alma, que a mí el saber que te pierdo, para tormento me basta. . Que te ha dicho. . Nada entiendo. Tiene celos? Quiere, y ama. Se fue enojado? Es justicia. Tuve culpa? Diste causa. Qué puedo hacer? Llorar siempre. Se ausenta? No ha dicho nada. No tengo remedio? . No, Pues en tan confusa calma, quien ha perdido a don Juan llore infeliz su desgracia. Y yo imitaré tu llanto, pues tus pesares me alcanzan. Ya estoy fuera de peligro, dueñas, ojo a las criadas, porque lo que han visto aquí lo querrán hacer mañana.

JORNADA TERCERA

Gran Federico señor, mire. Ve Majestad, que pasa a temeridad lo que puede ser amor. La mano te he de besar O mal haya mi hermosura. Disculpa de mi locura mejor la podrás llamar: pondré en tu meno la boca, pues somos uno los dos. Suelta, déjame, o por Dios, que dé voces como loca. Pues Blanca tanto rigor a quien honrarte pretende? Antes gran señor se ofende, mi amor con tan loco amor, ofensa mayor ha habido, que con alevoso intento llegar hasta mi aposento, sin ser de nadie sentido, fingirse don Juan, llamar. abrir yo toda turbada. reportarme alborotada (si me pudo reportar.) Y ahora contra el concierto, debiendo galante ser, Margarita tu mujer pretende tal desconcierto: habrá delito mayor, puede haber mayor ofensa? Eso tu ingratitud piensa, mas otra cosa mi amor. Ya sé tu resolución, ya sospechas a que vengo, ya tirano me prevengo, ya penetras mi pasión. Yo con onestos remedios, pretendí lograr mi amor, tú con desdén, y rigo TERCEI has hecho malos mis medios. El señor, con el vasallo lo galante debe usar, y si no sabe estimar el favor, por razón halló, que se valga del poder, aunque acredite rigores, pues lo mismo en mis amores puedes, Blanca conocer. Yo tu amor he disuadido con recató, y sufrimiento con buen fin, con casamiento, y todo en vano ha salido. Si es que estás arrepentida, declara tu parecer, que mi mujer has de ser, o quito a don Juan la vida. Válgame Dios ay de mí. ey Turbada está . Estoy mortal. Señora un pequeño mal si le conociera en mí, le pareciera sabiendo, que a mi Rey la vida daba. Esto solo le faltaba a la que vive muriendo. Esto ha de ser, y es razón. No ha de ser en justa ley, que quien es perfecto Rey, no se vale de traición. Traición es el escoger esposa a mi gusto? . Sí, pues que confiesas aquí que soy de don Juan mujer. Ya eres suyo por concierto, pero no estás desposada, con que todo importa nada, que a estarlo juzga por cierto, que supiera respetarte, como mujer de mi hermano, que una cosa es ser tirano, y otra llegar a estimarte. Mañana todo mi estado por Rey le ha de conocer, que yo me contento ser Duque viviendo a tu lado. Ya soy Duque de Florencia para cumplir con el Fuero, de que ningún extranjero los gobierne con tu ausencia. Quiera a Don Juan Margarita, reine en Nápoles también, que amante que quiere bien imposibles faciita. Señor la resolución impensada siempre ha sido acción que ha prevalecido, como repentina acción. Y así miraldo de espacio, y hacedme favor de iros antes que llegue a sentiros la gente de mi palacio. Según eso en confusión queda la ventura mía No porque venido el día, daré la resolución. pero que es esto (ay de mí) que si la duda no es vana. ese cuarto de mi hermana siento abrir. . Pienso que sí, pero que viene a importar, si pretendes ser mi esposa? antes bien, porque celosa se pueda desengañar. S . Salió mi sospecha cierta, ya conozco su rigor. Que desgraciado es mi amor, cerrada dejo la puerta. Colérica la sospecha, lance fuerte! muerta estoy. Menos que difunto estoy! mas no hay remedio a lo hecho. Ya estamos aquí los tres. Qué buscas? estoy perdido. Dadme ahora atento oído, que hablarme toca esta vez. Sabe primero. Ya es tarde, la disculpa no aprovecha. que honor con tanta sospecha, enajena lo cobarde Hacer prologo largo, o compendioso es un lance forzoso, no es mi Rey, acertado, porque es dar a la pena mayor grado, tú que lo has entendido diligente, allá te lo refiere interiormente, que yo en tanto tormento, ni quiero introdución, ni fundamento Esta noche, que orrores, esta noche, antes que Febo previniese el coche para rondar el día, teniendo de este cuarto ingrata espía, prendiendo del balcón traidora escala, subes por ella y llegas a está sala, llama, tú le respondes amorosa; don Juan te finies, hablasle dudosa, declarate su intento, diciendo, que ha de ser su casamiento solamente contigo, yo que atenta os oí, soy fiel testigo. Tu respondes d. Juan, o vivo, o muerto mi marido has de ser, si no está cierto del concierto presente, y para lo futuro, o contingente has de ser con su amor, do Juan, arlante, un mármol, un escollo, y un diamante. Don Juan a quien en celo nadie iguala, el prado pisa, y ese jardín tala, quizá lo sospechaba, o lo sabia, y viendo que pendía del balcón una escala, y a talho muerto como quien cela lo que a por la cropia abrasado en vivo fuego cual seato de pluma sube luego, Tan ciego con la cólera venía, que encontrando con una celosía, pude sentirle, y verle yo turbada, en el lance empeñada. por remediar el venidero daño, sin que obligarme pueda el desengaño A avisarte he venido. como don Juan celoso os asentido remediese honor, que es lo primero, que remedio espero con el aliento que el valor alcanza, tomar de tanto agravio fiel venganza, que es la mujer celosa si se advierte, rayo, fracaso, asombro, furia y muerte. que me has dicho mujer, d. Juan lo a visto, perdida sol, mi muerte no resisto. Advertid, que miraba receloso un aposento, y otro y es forzoso, que toque en este luego. Por quitarle la vida no sosiego. Ya llama, él es sin duda, trance fuerte! Buscando un desengaño hallé la muer (te Ábreme Blanca al punto, o por los cien que envuelto entre mis celos, (los, y acosta de mis brazos haga la puerta cuatro mil pedazos, Señor dejemos finezas, dejemos el querer bien, y acudamos al remedio, pues el peligro se veo entraos en ese retrete. Digo señora, que haré cuanto mandáis. . Es error esconderle al, porque, es amante, y tiene celos, y le ha de buscar, y ver e Blanca. . Muerta estoy, prevese de mí, que he de hacer tu co nedio cielos, remedio. Al punto tese daré, en los suelos de este cuarto, sino me engaño ha de haber una puerta jamás vista de ninguno de los tres, porque la cubren alfombras, por ella descendiréis, y al fin se mira un postigo, que al jardín ha de caer, y esta cubierto de murtas, y por él. Acaba pues, Podrá salir Federico, sin que peligre tu fe Margárita ese retiro es desaire para un Rey. Grande es vuestro amor, señor, y aquí os suplico por él, que no peligre mi honor, pues fáeilmente podéis bávaros por la escalera. Yo te quiero obedecer; aunque pierda mi decoro. Ya llaman tercera vez, apriesa hermana. . Los, cielos me ayuden, que yo haré de potencia cuanto pueda, para que a Blanca olvidéis. . Ahora es el mayor lance, ahora el caso más cruel, que en los Aneles del tiempo ha sucedido a mujer. Pero válgame el valor, obre la industria después, mas que colérico viene. , . A esta hora Blanca en pie por la mañana inquietudes, retiro al anochecer, tan constantes estas puertas, y tu balcón tan infiel, a Blanca, a Blanca, a Duquesa; como has querido perder la más galante fineza, y el afecto más cortés. Sabe señor. . . No respondas, pue, por mi desdicha sé, que en aquese corredor hay una escala, que fue el origen de mi mal, y el fin de tu proceder. Ya se que soy desdichado, y muy dichoso también, desdichado; porque he visto sin género de doblez, posponer muchas finezas por una inconstante fe, venturoso por no estar desposado para ser el Fénix de la venganza, y el Fénix, mas para que refiero lo por venir, que quien viere encarecer con cólera reportada lo que no ha de suceder, dirá según opinión de alguna mundada ley, quien lo dice, no lo hará cuando fuere menester Pero dejando estas cosas, Blanca, don Juan soy, y quien te pierde, porque has querido conseguir tu parecer. Ya eres prenda de mi hermano, y ya me parece que te miro no de la suerte, que pude mirarte ayer. Y excusando sentimientos, te suplico que me des licencia para partirme donde nunca he de volver. No tanta muerte, don Juan, asoja un poco el cordel, y no me mates a pausas, que me tienes camo quien padece sin esperanza de acabar de padecer. No me mates con razones, saca ese acero cruel, y rásgame el corazón, que te adora, y lo tendré por colérica piedad. porque con eso sabré, que muero muerte violenta, y acabaré de una vez: tu retirarre a mis ojos? yo casarme con el Rey? yo dar la mano a otro hombre? yo decir a otro mi bien? tu ausentarte yo con vida? tú en Nápoles y yo en Florencia, no siendo tuya? no señor. . Eso es querer, que publique tus desaires, cuando presentes se ven. Que me dices, yo desaires? Mas que quiere esta mujer, teniendo ahora una escala en su cuarto, y yo también haber subido por ella, hacerme ahora creer, que la puso para mí Pues que lo has dicho eso es, no te avisó a ti Lucia anoche? . Yo nada sé, sé que he perdido el juicio. Eso don Juan puede ser, anoche dije a Lucia, avisa a don Juan de que por una escala a las doce me puede venir a ver: puede ser mayor descuido? y en cuanto a mí, bien se ve, que no te esperaba ahora, pues llamaste dos y tres como dorm no te pude responder, y para satislacerte esa escala quitaré, Ya la he quitado, por ti, que si otro ha entrado he de ver quién es, pues ha de salir por la puerta que saldré. Toma está llave maestra, no dejes tapiz, cancel, retrete, estrado, retiro, que no mires. . . Si haré. Y porque el temor deseches, primero te da mi fe mano, y palabra de esposa. Acábome de vencer, es verdad, que si tuviera otra cosa, bien se ve que no se arrojara así, para tratar con doblez: digo que soy tu marido. Digo que soy tu mujer; ve al punto, que aquí te espero. Amor si sucede bien entre todos lo dichosos el más dichoso seré, Gracias a Dios corazón, que desaogaros podéis de la mayor pesadombre que me pudo uceder Valientemente he salido, y grande mi suerte fue, pues con la misma sospecha le vine a satisfacer. y a el sol esmalta sus rayos en ese verde dofel, y habrá echado Magarira por la puerta falsa al Rey. Yo voy a dar la rarón, porque en mi razón esté, que en el rostro de Don Juan podre adivinar después, si por mi bien; o mi mal salí del peligro bien Cuál ratón, que un sisante despensero a más de paso entró en un agujero, sale Maravedí su poco a poco; mas si lo considero diligente, a lovan me parezco propriamente, Pero diferenciado, que su Vallena lo escupio mojado. Mas yo de esta he salido, en polvo, y telarañas fumergido, dónde estará mi amor: qué habrá sido? que le aura sucedido? es posible mujeres? es posible, que habéis de audar cual gato, por Enero diciendo, este me quiere, ya te quiero no vale más querer en una parte, y no que a puras tretas, el natural seguis de las beleras, que si amáis a Poniente, y salta de Levante algún amante, luego al punto os volvéis para Levante. Grande, es este ruido. quié diablos en aqsto me ha metido? donde pondré este santo, porque morir no pueda del espanto? ánimo pues, aunque el rumor porfía, pues mi Vallena aquesta vez hacia, la boca tiene abierta, a ella me arrojo, pues me falta puerta. Ambos cuartos he visto diligente, y este me falta ahora solamente, mas qué es esto que miro! que nueva causa admiro, un hombre de esta suerte! que aguardo? sea quien sea, dale muerte Señor, señor. Quién es? Un desdichado, quie por ser propio yerro cogido está entre puertas como per yo soy, no me conoces (ro; la vida me importó dalle las voces. Tú en este cuarto como, o de que su- ya pregunto mi muerte. (erte, No estés no en esa duda tan incierto pues mira ese nicho boquiabierto, ese origen ha sido. de hallarme aquí escondido, el como es imposible penetrarlo; y pues he de contallo, escucha dos razones, y saldremos los dos de confusiones. Luego que por la escala te subiste, luego que en el balcón te vi, y te viste, la escala en tierra echaste, y allí me estuve como me mandaste, Bien poco tiempo estuve de esta suete, cuando un lento rumor luego me ad- que un postigo se abría, (vierte y yo con denodada valentía, entre unos arraihanes me tetiro, donde encubierto miro salir un hombre, aunque el rigor te asombre que es hombre en todo por más que hombre porque me dio un olor muy diferente de aquel que tienen todos vulgarmente: en efecto al Rey vi como te veo, aunque fuera ilusión de mi deseo salir por esta puerta, de ninguno habitada, ni aún abierta Reparo, advierto, miro, con cuya novedad allí me admiro, vivo el aliento, y el color postrado. turbado, y alentado, adentro una escalera portatil de madera, y por saber adonde corresponde, por ella subo sin saber adonde. Llego animoso con fatal despecho hasta el lugubre lecho, reparo en una tapa, que al malicioso nada se le escapa, que allí engoznada había, y por si aquí salía, arrimando los hombros con prudencia, luego la vi con poca resistencia. Esto señor, si yo no lo contara, tu honor lo sospechara por lo que ha sucedido, pero lo que tu ignoras, y he sabido es fuerza declararte, por si te apruechare en esta parte, esta noche Lucia, que es en la danza, a mi entender, la guía para tu ermano este papel me ha dado diciendo que es de Blanca, y tal cuidado mostro cuando le daba, que el temor de que alguno la miraba, me parecio de su tibiez denuedo, que es del delicto precursor el miedo Luego que me le dio yo receloso, acuerdo malicioso a registrar la oblea, (aún no ha de haber quien mi malicia crea) y tan fresca la veo que al instante la abrí, mas no la leo. Esta la carta es, esto ha pasado, tú la toma, y la mira con cuidado, y manda diligente, pues sabes que me tienes obediente. Cubre por mi deshonra ese sepulcro pira de mi honra, arda mi honor conmigo, solo descanso cuando estoy contigo pero la carta leo, porque amante deseo pues tengo poca suerte, pronunciar la sentencia de mi muerte Rey y señor, mucho han podido vuestras finezas conmigo, pues lo juz go rendido a tanta voluntad, para lo. gros de ella os espero aprima noche en los cuartos bajos del jardín don de trataremos muchas cosas, y yo se. ré muy vuestra, Dios os guarde. Ya miro en lo presente y lo pasado que le está bien la muerte a un desdicha que mayor evidencia (do: puede esperar un noble, que paciencia equibaldrá a mis males, y quien podrá buscar otras señales para ver su deshonra, que poco mira Blanca por su honra; al fin mujer mudable; pero escucha, da esa carra a mi hermano luego en su propia mano, que el fin procuro ver de tanto exceso. Por tuyo como siempre me confieso O yo no tengo nobleza, o yo no soy, caballero, pues achaques del honor de repente no me han muerto. Tanta libertad en Blanca, en mi amor tan fuertes celos, tal tiranía en el Rey, en todos tal desconcierto. Qué es esto encendidos rayos? fatales furias qué es esto? matadme matadme juntos, pues no pueden mis tormentos. Mi hermano ofende mi honor contra el público concierto! Blanca la fe me profana, y me deja satisfecho! Yo lo he visto, yo lo he visto, pero paso pensamiento, que no estando desposados, no teniendo en ella imperio, no me pertenece, no de matidó el sentimiento, pues discurro como amante, el amante verdadero que en reciprocado amor previene dos himeneos, si su dama por desdicha admite otro galanteo podrá vengarse, no puede, ni por mayores excesos, porque nace del despique, que escrupuloso el silencio. Pubique lo que no sabe, murmure lo que no ha hecho, esto le toca al galán, pero ya según derecho, soy su esposo por dos cosas: la primera porque el pueblo con el trato de su padre me admite con tal concepto. La segunda porque ahora con libre consentimiento me dio palabra de esposa; luego con justicia puedo celarla como marido, y vengarme como dueño. Muera Blanca, muera Blanca, pruebe el rigor de mi acero, y sabrá que en los agravios cesan arepentimietos. luzgo sin pasión, el Rey no pudo con falsos medios solicitar su hermosura, y ella su valor siguiendo ignorar su desvarío? bien puede, yo lo confieso: luego matarla no es bien, sin provar el adulterio. Que esto de estar una escala pendiente de su aposento subir el Rey atrevido, ba arpor los entre suelos, Bien pueden ser diligencias de su amoroso despecho, y estar inocente Blanca, razón es con fundamento, yo propio me he concluido, pues, vuelva el alma a su centro, cobre su color el rostro, y entre arrojado, y compuesto, ni viva de los pesares; ni muera de los tormentos. Sabio es el tiempo con sabios, necio es el tiempo con necios, necio y sabio a un tiempo soy, necio y sabio al tiempo apelo. Grandes los delitos son, y grandes son los arrojos, pues sale el alma a los ojos, y a la boca el corazón. Con la firma de mi hermana, y sin saberlo ay de mí, a noche al Rey escribí, que mi voluntad se humana. Blanca aquí me he de fingir, que es el primer fundamento, porque llevo pensamiento, mas no quiero referir lo que me ha de suceder, que prevenida la cosa suele ser dificultosa al humano parecer. Parece que pasos siento, mas a la puerta me aplico. Es Blanca? Sí, es Federico? Soy quien adora tu intento. Ya está el Palacio, señor, quieto, y sin ningún ruido, Dime Blanca, a qué he venido? Presto, lo verás, señor. Pide, que pues yo te adoro, como te podré negar cuanto puedas desear, aunque contra mi decoro? Si están en este aposento, pero pasos he sentido, yo escucho, aunque voy perdido. Prosigue. Pues esta atento. Yo soy generoso Rey, solamente doña Blanca, que donde faltan los gustos sobran las honras humanas. Tratose mi casamiento con don Juan, aunque forzada, y últimamente señor, de mi justo honor guiada he resistido valiente mi amor, y tus esperanzas; ya me postran tus finezas, ya tas favores me humanan. Toda soy vuestra señor, pero primero me falta el que hagáis por mí dos cosas, posibles son a quien ama. La primera, me has de dar de esposo la fe y palabra, con solemne juaramento, y el anillo de tus armas. Esta es mi mano, y advierte cuantos juramentos hayan hecho Príncipes, y Reyes, Emperadores, Monarcas, confirmo, hago, reítero de ser tuyo con el ama, y en cuanto a mi sello real tómale, adelante pasa. La segunda es que a don Juan y a Margarita mi hermana destierres de estos estados. Esto solo me faltaba. Federico, Blanca soy, si no consigo esta gracia, no supone la primera, ni soy tuya. Espera, aguarda que te mueve a tal rigor? Asegurar mi esperanza, y casarnos pues te adoro. Digo que sí. Bien se traza mi engaño; pues Federico, pasemos a esotra cuadra. Ya te obedezco Qué dices? Que auque les socorra Francia han de salir desterrados. Y cuándo? Por la mañana. goce yo de la ocasión, que poco importa palabras. Pues señor, lo dicho dicho, Agradarte intento Blanca. Que más tengo que esperar, y que más procuro ver, que más puede suceder para poder afirmar, que a Blanca debo matar, no espere más en rigor quien tiene valor y honor, perdone amor, aunque adoro porque contra mi decoro ni hay voluntad, ni hay amor. El Rey no me agravia a mí, aunque me ofenden los dos, a quien agravia es a dios, a quien ofende es a mí. Al cielo favor pedí. cuandó mi amor receló el desairé que aquí vio; dé el cielo al Rey el castigo. que el dé mi esposa me obligo a satisfacerle yo Muera Blanca, Blanca muera a manos de mi rigor, mi honor restaure su honor, pues libre se desespera, quien es noble mas no espera, muera contra su despecho, pues goza de infame pecho, siguese por su capricho, que antes que lo dicho dicho. a de ver lo dicho hecho. Parece que está noche es cuando miro penas, y pesares, todos prodigios todas singulares, todo el palacio miro sosegado. Federico a faltadó, tampoco Margárita ha parecido, si don Juan si mi espe que vive receloso, ha salido, ay de mí: pero qué es esto? Espérame traidor, Don Juan detente. A de mi guarda, hola. De don Juan es la voz, Ines, Lucia, caminad con la luz, hay suerte mía. Tente advierte villano, déjame Blanca. Mira que es tu hermano. Poco la sangre en las ofensas. Don Juan, señor, esposo. Ahora es el suceso prodigioso. Es Margarita? Si sosiega el pecho. Mayor daño sospecho, dónde Blanca has estado? En mi cuarto señor. . Yo fui ene Muchas son las causas Rey, que en este lugar me han puesto, todas tocan a mi honor, imposibles de remedio. Ofendido estoy de ti, de Blanca dudas padezco, tú eres mi Rey, y señor, yo tu sangre, y caballero. Margárita muy amante, y Blanca hermosa en extremo, escúchame las finezas que me debes; porque quiero antes de partirme a España. que ya no puede ser menos contártelas una a una, que si hay honor en tu pecho, al volver a referirte lo que padeció, y padezco, ngañado. por ti vistos los pesares; que en cuatro días te debo, te moriras de tu susto, o te mataran mis ecos. Dos años a Federico, que en Milan hizo un empleo mi amor en Madama Flor, quise la bien, no lo niego Porque como he de negar lo que cantaron los versos, lo que dijeron mis ojos, y lo que hablaron tus celos Porque yo la amé, la amaste por sacarla de mi pecho, ella me olvidó por ti, barajando su respeto. Que dama que una vez quiere aunque viera más tormentos, que ríe el alba diamantes, que rosas marchita el cierzo. no ha de olvidar, que mujer que deja el amor primero por otro, aunque sea mujer, o no tiene entendimiento, y nobleza, o no conoce, que amor en segundo empeño da bastardas las finezas, y atrevidos los requiebros. Yo conociendo, que era comparado a tu deseo, clavel, junto a girasol, y borrón en blanco pliego. No tan solo la olvide, mas te serví de tercero, que quise, que mi fineza tocase los dos extremos, porque lograses tu amor, porque lograses tu intento. Por pasiones de mi padre, con don Ramiro el tercero, Rey de Francia la arrogante, Nápoles sintió el invierno pasado, el cerco mayor, que vio el uno, y otro Reino. Yo mirándote afligido, cercado de un Rey severo, contrastado de la hambre, la mayor hazaña intento, que admiraron los antiguos, y celebraron modernos. Al punto de media noche, una piel tomo de un perro, esto sin decirte nada; y cubriendo los extremos de brazo, cabeza, y pies, salgo valeroso, y llego al sitio del enemigo; unos estaban durmiendo. otros haciendo sus postas, Y todos (quisolo el Cielo) tan nada en mi repararon, que a breve distancia entro en la tienda de Ramiro. Finalmente alzando un lienzo por un lado, y desechando la vil piel del daño dueño, en un pequeño retrete vi al Rey, que estaba durmiendo. Yo entonces, que conocí con mi ventura mi riesgo, alentándome animoso, mas que arrojado compuesto, Con un rayo viz caino, seis veces le pasé el pecho, cércame el campo al instante, ya me acometen ligeros, ya me acosan atrevidos, ya me hieren, ya me entro leyendo mi propia muerte, por más de dos mil aceros. Ya me retiro rendido; ya corro en mi sangre envuelto, llego al muro, no me siguen, o fue rendidos al miedo, o con bárbara piedad, contándome con los muertos. Finalmente me libré, mas no tan bien; cuando puedo enseñarte quince heridas: ya las viste, solo quiero, que conozcas, que me debes la vida el honor, y el cetro. Retirado el enemigo a Francia, Floro, y Ruperto padre, y hermano de Flor, con otros suyos quisieron con el precio de tu sangre, restaurar en un momento de Flor, la fama perdida, y la deshonra del pueblo. Yo su pelo que intentaban, yo lo supe por un medio milagroso; sin moverme ni el interes, ni el aumento, les di garrote una noche, yo los mate no lo niego. nunca lo he dicho hasta ahora, que quien nace caballero, y hace una cortesía, y la debe, ten por cierto, que fue con propio interés, o con depravado intento, Estas finezas me debes, por mí se levantó el cerco, a Milan, por ti olvidé a Flor, y por ti murieron Floro, y Ruperto a estas munos pues como di conociendo estas finezas me agravias? como dime, a quien ha puesto su vida en tantos peligros, o fendes, que escuches esto, y que vivas, o es mentira, o tienes el rostro hecho a sufrir muchos desaires: dime, en que cuando protesto servirte ofenderte pudo mi honor? no estás por concierto casado con Margarita, ya no soy de Blanca dueño, que me quieres? qué me buscas? que me acosas, que te he hecho? porque soy leal agravias mi honor, mas porqué refiero lo que remedio no tiene, sino busco los remedios. Todas las puertas del cuarto he cerrado, estame atento, yo tengo las llaves Rey, si quieres salir, primero has de ser de Margarita, o me has de romper el pecho. Esto es señor ser honrado, esto es señor con secreto decirte lo que te importa, y esto en fin lo dicho hecho. Las lágrimas me ha traido al rostro, y estoy resuelto, don Juan, Blanca, Margarita, pueda el arepentimiento sosegar celos tan justos, donde todo es pensamientos. Blanca es espejo de honor, y porque más luzga, quiero estorbar muchas desdichas, y premiar grandes deseos: Margárita, esta es mi mano. Mil años te guarde el cielo. Dásela don Juan a Blanca. Señor. . Aquí las tenemos. La que se fingió esta noche El anca origen de tus celos, fui yo, dígalo este anillo. Todo señora lo creo, esta es mi mano bien mío. Bien la merece mi pecho. Perdona esposa el agravio, que ni yo he podido menos, ni más mi celoso honor, Tu mucha razón confieso, A Lucia hay matrimonio? Cómo quisieres. . A egos, esta es mi mano, y aquí acaba lo dicho hecho.