Texto digital de La juventud de San Isidro
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- Lope de Vega Carpio
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- Lope de Vega Carpio Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La juventud de San Isidro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/juventud-de-san-isidro-la.

LA JUVENTUD DE SAN ISIDRO
lecel el lacel lece eo eel el l S r DIRun ENRNDE SAN ISIDRO Figuras del primer acto. A C̱̱ Loa? Dioiticed by Google Vando será más feliz un Reino, es llavo problema que cuando la Religión mas levantada se vea. Y cuando más desdichado, divinas, y humanas letras, dicen, que cuando los hombres menos respeto la tengan. En esta edad las dos cosas tan juntas se consideran, que una linea mametral las divide, y tiene opuestas. En este dichoso tiempo, que Felipe cuarto Reina, y que Reine muchos años es justo que se prometa. Mayores bienes España que en otros Reinos se cuetan, porque está la Religión como la Iglesia desea. Felicidades, victorias el primer año comienzan, honras, coronas, laureles en el cielo, y en la tierra. Al contrario en las Provincias donde la Fe se desprecia, desdichas, crueldades, muertes, poca paz, y muchas guerras. Cuando pensaron los siglos, que cuatro santos tuviera la Iglesia en su libro escritos, como los que hoy se celebran? Todos de una misma patria, un labrador que sustenta la tierra, que fue su carne por cinco siglos entera. Un Patriarca, que ha dado una milicia, una nueva compañía a España, al mundo que le enseñe, y le defienda. Un Apostol celestial, que en su primitiva Iglesia dio al mismo Dios unas Indias, tan grande fue su riqueza. Una Virgen, que fue madre de tantos hijos, que llegan de Polo a Polo, bien haya quien hijos de Dios engendra. A todos hoy se dirigen Altares, almas, y fiestas, en que aquesta insigne villa su celo, y cuidado muestra. Las sagradas Religiones que hoy triunfan, y las que esperan ver presto el mismo laurel, que de sus hijos desean. Levantó la antiguedad arcos Alejandro a César, y piramides España a los hijos de su Iglesia. Desmáyose la Heregia, viendo que las palmas llevan las banderas los pendones que sus pirámides cercan. Las imágenes doradas como soles resplandezcan, cegando los falsos ojos de tanto pseudo Profeta. Y vos Príncipe dichoso, alta, y divina defensa de la Iglesia, a quien envía coronas de tales piedras. Un diamante, que en Isidro muestre tal luz, y firmeza, que solo con Dios se labre, labrando Isidro la tierra. Un rubí de caridad en Inacio, de quien puedan salir de Jesús los rayos, con que las almas se encienda. Una esmeralda en Jabion tan casta, que le concedan los Ángeles compañía, y los demonios le reman. Un zafir de ardiente celo, y penitencia en Teresa, Teresaldle cuya pluma se admira la humana ciencia. Estad contento de ver, con que gusto el cielo premia vuestros dichosos principios, que para mil bienes sean. Cuarto sois de los Felipes, el Sol en su cuarta esfera da su luz, cuatro los santos, que hoy nuestra España celebra. Número cuarto componen tres personas, y una esencia, las potencias con el alma, y las partes de la tierra. Cuatro son los Elementos, y tantas cosas pudieran ser de este número gloria, y para el vuestro excelencia. Que es imposible decillas, pero diré solas estas, que os hacen a vos dichoso, Religión que a Dios hereda. Justicia, premio, y castigo, y otras cuatroque son nuestras, So. felicidad invencible; amor, temor; y obediencia. Con que vuestros pies besamos, cuyo trono excelso tema el Moro, el Hereje, el Turco, y la envidia; que contempla los triunfos de vuestras armas y la gloria de la Iglesia. de Iban de Vargas, pues Isidro, y María juntan las almas, TMITI Sentaos sidro, sentaos con vuestra mujer honesta. No han de igualar esta fiesta de la Corte los saraos, toca Gil, retoca hermano, que hoy ha de haber castañera, que sueñe como tableta de san Lázaro en la mano. Toca, que pienso romper en este capateado, las suelas que en el mercudo. puse a los blancos ayer. Notable es la honestidad de la novia, . Qué mayor que la de Isidro. . Señor licencia a los mozos dad, que hay alguno que en el hato ya revienta por salir. Hoy no tenéis que pedir. Isidro ya sois ingrato al amor de vuestra esposa, pues un roquiebro siquiera no le dacís. Yo quisiera. saber de esto alguna cosa: pero con decir que Dios la cr o he dicho todo, pues quiso que de este modo hoy nos juntemos los dos para su santo servicio, No le respondéis, María? Ya de la ignorancia mía tenéis manifiesto indicio, lo que más puedo decir es, que he sido muy dichosa en ser de mi Isidro esposa, y que le pienso servir, pues en eso sirvo a Dios, que me puso en tal estado. Oh como ha sido acertado casamiento el de los dos, que igualdad en la pureza de las costumbres. . Yo creo que él tiene el mismo deseo, y ella la misma belleza que hubo en Sara, y en Tobias, solo a Dios mirando están. Ella es hermosa, el galán, aunque Isidro de más días, que para ser labradores no hay más bien que desear. Bien podéis regocijar Tirso la boda, y amores. Los Almorabides Reyes de Toledo, con tres mil Moricos a Madrid vinieron. Su famoso Alcaide, que era por lo menos, Vargas, y Ramírez noble Caballero, por la puerta sale con pendón bermejo, armas de su patria pártenle por medio, el oso guiaba los leones nuestros, aunque por ser pocos amorir salieron, a ellos, Santrago a ellos, al arma, al arma, al arma, guerra guerra, a sangre y fuego, que así mueren los buenos Caba La Virgen de Atocha (lleros. en dorados cercos, hechas sol las nubes parecíó sobre ellos, oración le hacen dándose en los pechos, y acometen juntos a los Moros fieros: eran los Cristianos menos de trescientos, tan valientes todos que atres mil vencieron, vuelven a Madrid de despojos llenos, que así los recibe con mil instrumentos. Bien venga el Alcaide, norabuena venga, don García Ramarez venga no rabuena, de vencer los Moros norabuena venga, banderas azules venga norabuena; entolden la ermita norabuena venga, de la hermosa Virgen venga norabuena, que le dio victoria norabuena venga, no hay dama en Madrid que esclavo no tenga, bien venga el Alcaide, norabuena venga. Isidro yo estoy contento del mucho que vos tenéis, ya nuestra amistad sabéis, y sabéis mi buen intento. luntos nos hemos criado, en esta casa nacimos, un mismo dueño tuvimos, si yo hijo, vos criado. En ella habéis de quedar, y como siempre servir: porque no habéis de salir de donde os pueda ayudar. Dios os guarde. . Isidro ami- vuestra madrina seré (gd siempre, y a María tendré, como a mi hermana con migo, Que la virtud de los dos, haceros bien nos obliga. Señora, no se que os diga, mil años os guarde Dios. A quien doy gracias de ver favorecer mi humildad, por vuestra mucha bondad, que por mí no puede ser. Es verdad que me ha criado don Juan mi señor (y padre de Ivan mi señor,) su madre deseo verme en estado, que por hijo me tenía, llévola Dios para sí, porque lo mismo perdí que vuestro esposo aquel día. Pero ya Iban mi señor, y vos, me favorecéis, de manera que crecéis siendo imposible mi amor. Es quedarme en vuestra casa; merced que al agradecerla de mis cortas prendas pasa. Pero será obligación, tan grande para serviros, que apenas puede advertiros mi ignorancia la razón. Hoy mi señora doña Ana compra una esclava en María. Vuestra virtud merecía toda la riqueza humana. Las sartas y los corales, se quedará para vos. (os Dios. Dios os guarde. . Guarde qué buenos novios. . qué iguales. Por muchos años y buenos sea Isidro vuestra boda, que aunque en lo más vuestra toda; no es menos nuestra en los me- Gocéis de vuestra María, (nos. con dichosa sucesión. Lorenzo vuestra afición paga bien la afición mía. María, sea para bien, que no será esta vez sola la que os le demos. . Bartola, yo os le doy a vos también Pues tanta parte os alcanza. Muchos años os gocéis, sudro. . Ya vos sabéis en quien tengo mi esperanza. Mis venturas alomenos han de ser para serviros. Yo solo sabre deciros que por mil años y buenos. Gocéis hermosa María de vueso buen desposado. Ya Dominga me le ha dado Dios, mejor qe merecía. Isidro, ya vos sabéis como soy hijo de Bato, que con vueso padre el hato años guardó veinte y seis. Y anduvo siempre en la siega, no había cosa partida entre los dos, de su vida llega el fin que a todos llega, Yo he quedado en su lugar para serviros también, y así os doy él para bien del bien que habéis de gozar. Prega a Dios que así os aumente, que hasta las flores del campo, a donde el arado estampo de Manzanares enfrente. Vuelvan trigo las veredas, y que las tolvas rebosen con la harina, en que reposen las siempre sonoras ruedas. Prega a Dios que a vuestra fruta nunca llegue cierzo, o hielo, ni a vuestro cercado en vuelo lángosta que el campo enluta. Nunca gorgojo, o gusano, nunca oruga, nunca hormiga, ni nazca ballizo hortiga, gamarza, o pie de milano. Dios os de primeramente un tan hermoso cagal, que no se haya visto igual desde Adan mueso pariente. Abor uve que Julio, aunque Con que gran alegría, nos dan el parabién estos zagales: dulce esposa María. Palabras son a su afición iguales. Lo primero tratemos, de lo que a Dios por tranto bien debemos, que las obligaciones, no es bien que las olviden los contentos, de nuestras oraciones conozca nuestros buenos pensamientos, aunque el todo lo sabe. Nuestra ignorancia su bondad alabe. En lo demás esposa, que viene bien sobre este fundamento: porque sin Dios no hay cosa, que tenga duración, ni firme asiento pondremos la casilla no la casa mejor de aquesta villa: aposento me ha dado en ella mi señor, y este pretendo que este muy aseado: lo primero el altar os encomiendo, donde una imagen bella en brazos tiene al Sol, aunque es estrella, dos estampas hermosas, en quien San Sebastian está sufriendo, las flechas amorosas y del Ángel divino recibiendo, la bendición san Roque, pondremos en la parte que les toque: o estarán a los lados, que en lugar de las sedas de colores, traere yo de los prados tomillos verdes, y olorosas flores, que es la limpia pobreza, ade en arigo; y en mosto, esa casa en tal grandeza, no os iguale en riqueza, Céspedes, ni Agosto. al el principio toma; lleguéis a tal perfección, que os eche la bendición el Santo padre de Roma. padr mas dulce a Dios, que la mortal riqueza. Las sargas que me ha dado vuestro padre, María, colgaremos, es pincel extremado, y de ver a David nos holgaremos, pastor que la arrogante frente, rompió del bárbaro Gigante, el arca que trujistes pondremos para adorno en buena parte, y a la haciendilla vistes de mi pobre humildad, dejando a parte, que me dejó limpieza, mi padre honrado, de esta edad riqueza. Isidro, las mayores son la virtud, y el buen entendimiento, adornen los señores, sus casas y palacios, que el contento no consiste en el oro, que su desprecio es el mayor tesoro: habéis os olvidado de la cama de red, mirad esposo, que es prenda que he labrado. De ella me he descuidado cuidadoso, al proceder honesto lo perdonad, si os he ofendido en esto: venid y aderecemos el Altar lo primero, si os parece, en que a Dios gracias demos. El alma Isidro la humildad le ofrece. Bien haya quien pretende, servir señor, que el corazón entiende. Volvéis con la victoria de la guerra, más galán a Madrid, todas las damas os miran con más gusto. . En propia tierra mas limitadas son las buenas famas, mas quien por algún tiempo se destierra si tanta brevedad ausencia llamas, ya vuelve con las gracias de extranjero. Vos venís un gallardo Caballero. Salí señor Ivan de aquesta villa, con los soldados que me dio famosos, y gente que pudieran conducirla, Aquiles, o Alejandro valerosos, llegué de Henares a la verde orilla, que cubren blancos álamos frondosos, y alojados allí, me dieron nuevas del Moro sus tambores, y jabebas. Que cuando el alba cándida respira, de la opresión en que la noche oscura la tiene ausente el sol, y el campo mira, por sus verdes extremos su hermosura, por las cortinas que a los cielos tira, se descubrió la varia arquitectura. Que formaban aljubas de colores, de cerca Moros, y de lejos flores: pongo en sitio decente mis banderas, ánimo a la batalla mis soldados, repartidas desuerte las hileras, cual suele el lino azul en verdes prados, los Moros por las fértiles riberas decienden a los campos ordenados en media luna, porque no hay fortuna, en que favor no pidan a la luna. Con un trompeta el bárbaro Zulema me despachó arrogante una embajada, dándome por consejo que le tema, o me dará las parias con la espada: mi gente entonces los sembrados quema, la llama en negra nube dilatada, que suele responder al enemigo, mejor que las palabras el castigo. Zulema entonces tiende sus azules tafetanes al viento, a su profeta dice que tal blasfemia disimules, y entiende mi respuesta sin trompeta, la vanguardía trujeron los Gazules, veneración de su alcoran, y sera; la retaguarda como alarbes Cides, un famoso escuadrón de Almorabidos, Travose la primera escaramuza, en que los Moros lo mejor llevaron, con las escuadras del valiente Muza, que de refresco a la ocasión llegaron, por una, y otra parte el campo cruza el bravo General, pero amainaron su furia nuestros fuertes Castellanos, las vencedoras armas en las manos, Santiago dicen, y al decir Santrago, responden con las armas los aceros, haciendo por los Moros fiero estrago, los de Madrid valientes Caballeros, el campo se volvió sangriento lago, Henares sepultó mil Moros fieros, que arrojados al agua que bebían, las opuestas riberas pretendían, Cual fuele el Irlandes perro animoso, en fintiendo los anades heridos, arrojarse al cristal, y en espumoso círculo dar, rompiéndole, latidos, así de los soldados codicioso escuadrón con las armas y vestidos, divide el agua, y a los Moros parte, y oprime el Reino de Neptuno Marte: Oigo una voz que dice, vendrá día en que por otro mar salgan huyendo, las reliquias de Muza a Bervería, al tercero Felipe obedeciendo, pacifica verá su Monarquía, el Cuarto que tendrá su cetro haciendo unión con Francia, y las sagradas flores, juntando a los Castillos vencedores, Glorioso finalmente de la empresa, ganadas las banderas y el bagaje, fugitivo Zulema, aunque no cesa de convocar su bárvaro lina;e, vuelvo a Madrid con esta rica presa, para que la cerviz soberbia baje a los Ramírez de Madrid el Moro, Salgo de mí cueva oscura a la clara luz del día, desconocida en mi traje, y siempre desconocida. Salgo incitada, y si digo verdad, salgo más corrida, que incitada del lucero que en eterna noche habita. Que como por su arrogancia. perdió la más alta silla, todo bien le causa pena, todo placer le fastidia. Yo soy por quien vino al mundo: la muerte que no sabia, la vida, que hubiese muerte. hasta que entró mi malicia. Por mi desterrado Adan vivió solamente un día, que en pecando dijo Dios, allí perderás la vida. Que los años que vivió no son vida, pues tenía, sobre el imperio la muerte; yo fui el primer homicida. Por mi persiguió Saul a David, y en la divina y las parias les pague en sangre, y oro. La relación de la victoria vuestra, me ha dado tanto gusto, y alegría, cuanto por nuestra sangre es propia mía: descansad de la guerra y del cuidado, compitan nuestros muros en las luces, con las estrellas del sereno cielo, y mañana se den a Dios las gracias, pagad vuestros soldados con la presa, pues a su gran valor debéis la empresa. Historia, hay tantos ejemplos, tantas muertes y desdichas. Por mí se mató Catón, por mi Adriano derriba las fábricas de Trajano, librando la Armenia y Siria. cilo a Homero por mí murmuraba la Poesía; que hasta falsos testimonios. se ha estendido en nuestros días. Por mi calló Genosonte, de Platón la gloria digna, de fama eterna, y de suerte Aristoteles incita. Qué gran parte de sus obras al fuego voraz aplica, por mí de Herodes cruel fue la Virgen Palestina. Con el niño soberano halla Memphís fugitiva; mas para decir quien soy todo en la venta se cifra. Y muerte de Cristo Santo, yo mate la vida misma, yo soy la Envidia en efecto, y con ser siempre la envidia. De cosas grandes Luzbel desde el infierno me envía, a seguir un labrador, pero de vida tan limpia, que es justo que por desculpa tantas virtudes le sirvan, que si Calígula fiero cortó a Cincinato un día por envidia los cabellos, con más razón solicita que no llegue a tanta gloria un labrador de esta villa, sin letras, y sin valor, que es lo que Agustín decía, que a veces los ignorantes el cielo a los sabios quitan, aquí vienen labradores sembrar veneno querría, en sus lenguas, y en sus almas para que a Isidro persigan, que como virtudes sean no puedo sufrir que vivan aún en sujetos pequeños, que por eso soy la Envidia. Déjame Tirso, no seas pesado. . Tanto desdén? Si yo no se querer bien mal en quererme te empleas. Déjame que lo diré a señor. . Y que ha de hacerme, macho soy no ha de comerme, y tu mujer a la fe. Endemás que yo te chero para solo matrimuño. Cuido Tirso que el dimuño te hace andar tan altanero. No nombres el malo aquí pues no hay mal entre los dos, dime no es cosa de Dios el matrimoniarse? . sí. Pues de que sirve decir, que el dimuño tien que ver con quererte yo querer. Ahora bien déjame ir Yo no te tengo Bartola, vete con Dios. . No me tienes, pues cómo tras mí te vienes? Yo tras ti, si te vas sola. Por qué te pones delante? Yo delante. . Ves traidor cómo es fingido tu amor? Con desamor no te espante. Tú eres el que deseas, mal huego te queme amén. Si yo no se querer bien, mal en quererme te empleas. Eres hombre, tu quererme, atraidor, engaño fue. Déjame que lo diré, a señor. . Y que ha de hacerme, macho no dijeste que eras, y esto santo matrimuño? Cuido a la fe que el dimuño os hace andar altaneras. Pues voyme, que ayer me habló Gal, y me quiere. . Zalazos, ahora bien dame los brazos. Ahora no quiero yo. Ea Bártola. . No quiero. Pues dame una mano sola. Mano a ti? . Ea Bártola. Déjame pasar grosero, que harto hacía yo en querer un hombre como un costal. Ya te parezco tan mal? Bien puedes tu parecer. Ea Bárrola. . Qué hombre cenido por las rodilias. Pues de eso te maravillas, si así estoy más genti! hombre, no ves que se usa ahora el ta le largo. . No creas que hablarte otra vez me veas. (caso señora. No hay que hablar pues entra a n la cocina. . Y que harás, cucharada llevaras que vuelvas a tras el paso. Fuese a la fe y enojada, cuanto va que no me deja que entre más en la cocina. Qué buena ocasión es esta, que hay Tirso? . Quién es? . Yo no os acordáis de la siega (soy, en que andábamos los dos? Ya pardiez no se me acuerda, ni haberos visto jamás en todas estas riberas, sois labrador de Madrid? En tiempos dichosos era de Caramanchel de arriba, perdí soberbio mi hacienda y ya vivo en el de abajo. Si buscáis en muesa tierra en que trabajar, no creo que el amo ocuparos pueda: porque sobra gente ahora, y son pocas las haciendas. Cómo no se han de perder, si Iban de Bargas sustenta tales hombres en su casa, que nombrarlos es vergüenza. Hombres en casa de Ivan que de esa manera sean, no conozco yo ninguno. Isidro no? . quié? . quién mejor: no quiero decirlo. (fuera Ni lo digáis, como tenga contralsidro una palabra. Una y aún muchas pudiera. Y también pudiera yo agarrando cuatro piedras, responderos que mentís, y romperos la cabeza. A mi villano? . Teneos. Honda a mí? . Teneos a fue- Matarele. Qué es aquesto? Voto al sol si no viniera. Perdonad que en vuestra casa ilustre Vargas me atreva a defenderme, pues nunca fue culpada la defensa. Sobre que fue la cuestión? Viendo perder vuestra hacien dije mal de un labrador (da, que vuestra heredad gobierna, y este villano, que debe de ser como él. . Si yo fuera como él, que me faltara. Puso en la honda dos piedras, y me ha querido matar. Ni gastara si le aciertan una branca en el barvero. Tirso con menos soberbia, labrador tengo en mi casa por quie mi hacienda se pierda? Luego no lo echáis de ver en lo que medra? . Y no medra, si donde pone la mano de tal manera se aumenta, que el rojo trigo por una suple rendircien hanegas, y arrastran con los sarmientos los racimos de las cepas, a la se no tien señor en toda Madrid, ni fuera, tal labrador como Isidro: , es posible que proceda Isidro mal en mi casa. Si Isidro en el campo deja los bueyes a su albedrío, que andan paciendo la hierba, silsidro viene a las diez a trabajar a las tierras, y con diez surcos se vuelve donde injustamente cena, si están vuestras heredades todas llenas de maleza, si no se caba, o se poda, si no se injiere, o se riega, en que medrá vuestros campos? ay tal maldad. . Esto niegas. Por la tribuna de Dios, que es mentira manifiesta, y sabe Yuan mi señor, que los trigos en las eras, son tantos, y tan valientes, que al trillo gastan las piedras, las frutas de los corcados así de las ramas cuelgan, que rompen los rodrigones que en sus brazos las sustentan: no hay trojes para los trigos, no hay lagares donde quepan las ubas, que con el mosto en las tinajas revientan. Mas flores nacen que espigas. de mal labrada la tierra, y las viñas vueltas prados i gualan cepas, y hierbas, vaya Ivan y lo verá. Hola ensíllame una yegua, dame una lanza y adarga, que aún anda los Moros cerca; que quiero ver como Isidro mis heredades gobierna, que este honrado labrador sin causa no sé moviera a darme tan justo avisó. Pareceos que ha sido buena la discordia que habéis puesto en esta casa? . Quisiera matar a Isidro. . Mentía, que no es posible que muera a tales manos! sidro. Y si el mismo Dios por ellas murió, pareceos milagro? Aquí de la Santa Iglesia. Quie en lalglesia de Cristo sembró cizaña más fiera (cho? que yo? . Pues quién sois borra- Quie dio la muerte primera al primero labrador. Labradores de esta tierra, huid, huid. . Abre infierno tu boca. . Santa Quiteria, san Gil, S. Pantaleón. (guerra. Guerra alsidro. . Guerra Árboles, plantas, y flores, que eternamente alabáis a vuestro criador, y estáis agradeciendo favores, aves que cantáis amores, Serafhines de este suelo, pues cantáis al Rey del cielo, enseñadme que no se sus alabanzas, y haré lengua de mi limpio celo. Aguas puras que corriendo. vayas a los mayores ríos, enseñad los ojos míos para que os vayan siguiendo. Que bien se que vais diciendo alabanzas inmortales, al Rey de los celestiales coros, que imitar queréis: porque en el cielo tenéis vuestros primeros cristales, alaben el Señor mío, los campos vertiendo flores, frutas las plantas mayores, peces el ameno río, rojos trigos el estío, verdes el nevado Invierno, todo alabe su gobierno, su hermosura, su grandeza, y Isidro con su rudeza alabe su nombre eterno, ayudadme dulces anes, abrid los cogollos flores, y de esas varias colores formaréis lenguas suaves, que las retóricas graves son para Dios ignorancias: porque en tan altas distancias de hobre a Dios, los corazones hallan en puras razones las mayores elegancias: Ay Dios quien os alabara con tan puro corazón, que el vuestro en esta ocasión dulcemente penetrara, y quien señor os amata desuerte, que todo él pecho tuviera en fuego deshecho: porque dice el corazón, que para vuestra afición le viniera el mundo estrecho. to Con que podré perturbar de este labrador divino la oración, que aún en los campos lleno de envidia le asisto, traer quiero un fiero lobo de las montañas, arbitrio de mi indignación, que intenta contra el cielo desatmos: este haré que su jumento le coma, en quien ha traido los instrumentos del campo, espíritus del Cocito, que en el abrasáis las almas, en su furor revestios. Pastores de estos cortijos velad bien vuestros ganados, y dad a los perros silvos. (lobo. Guarda el lobo, guarda el Cielos que es esto que miro, con estas voces padece dulces estasis! sidro, pienso que aunque le matara no lo sintiera, dad gritos villanos que estáis arando, y perturbad sus sentidos, muchachos que habéis quitado a más hombres él juicio, que el amor, y las mujeres, que los naipes, y que el vino, dad voces, llamadle, voces. Guarda el lobo, que ha comido a Isidro el jumento, guarda. Qué es esto Dios infinito, también tienes tu villanos tercos en amarte, o Cristo revelador de secretos, a senorantes pequeñitos dijiste una vez que habían de volverse como niños los hombres, para gozar tus soberanos abismos, que labrador es aqueste, que Bernardos, que Agustinos, que Geronamos, que Ambrosios tan altas cosas han dicho, como le das a entender, llego temblando, y rendido a un labrador ignorante, alsidro, a Isidro, que digo, qué digo Isidro? . Quién es? Ahora tan divertido, que un lobo de tu jumento fue sepulcro vengativo, deja la oración que haces? Vete enorabuena amigo, que yo se que mi jumento o. Dios de mi alma, inmenso señor mío, luz de mis ojos, dulce enamorado, divino labrador, en cuyo arado os puso hasta morir mi desvarío. Vos que a la fuerza del ardiente estío, buscáis vuestras ovejas abrasado, dichoso buen pastor aquel ganado. que al pasto conducís, y al claro río. Qué labrador labró con más fatiga, estas tierras de Adánde espigas llenas, así el amor vuestra piedad obliga. No canséis esos hombros de azucenas, dadme el arado a mí para que os siga, que yo tendré por gloria vuestras penas, Cuanto puede obligarme. un puro corazón, aquí se advierte, pues qué volviera a darme si pudiera, mil veces a la muerte, cuanto más mis divinas. plantas pisar; por este valle espinas, Pasaron mi cabeza estará en viéndole vivo, que a nadie que habló con Dios hacienda se le ha perdido. Si miras a Job, verás muertos sus queridos hijos, derribados sus palacios, quemados sus verdes trigos, preso a loseph, y a Israel, del Rey Faraón cautivo. A Job dobló Dios la hacieda, y a Joseph Virrey le hizo, y a Israel dio libertad Esto sabes, pues yo digo, que tomarse con quien le ama es tomarse con Dios mismo. Qué gallardo labrador, nunca por aquí le vieron mis ojos, quiero le hablar: donde bueno pastor bueno, Buscáis algo por aquí, aunque parezcáis cordero mas que pastor, tanto sol sale de los ojos vuestros, Ay algo en que os sirva yo? Estoy de verte contento con las entrañas tan dimpias, puro, y inocente el pecho, no me conoces? . No sé que os haya visto, y deseo saber quien sois. . Siedo niño, me visto isidro trayendo; la comida, aquí en segaba estos ya secos barbechos, que mucho que se atrevan a mis plantas, no busco en su aspereza con dulces silbos, y con voces santas, la oveja ya perdida, sino el regalo de la más querida. Ángeles de mi Corte bajad a arar aquesta tierra en tanto, que yo quiero que importe como el llamarme santo, en dulce canto mientras Isidro atiende, a la oración que de mi amor le enciedo. Arad Ángeles luego los surcos de esta tierra venturosa, porque con más sosiego levante en oración tan fervorosa, el espíritu suyo, adonde yo mi gloria constituyo. Arad dejadle ocioso, no que bien parecéis labrando el campo, adonde el pie glorioso para escuchar mi amado Isidro estampo. Arad el seco suelo, mientras que furca su oración el cielo. y te pedí de comer. Y no os lo di? . Lo que tengo por comida, me ofreciste, y yo te convide luego si te acuerdas? . Si Señor, aunque niño bien me acuerdo, dónde habéis estado? . Yo, donde siempre estoy. . No entien las cifras con que me habláis (do algunas veces que os veo: pero a la fe que esta vez no os iréis, sin que primero os bese esos pies. . Isidro, con mi bendición te dejo. ̱. A Señor, a Señor mío, a buen pastor, si fue sueño, sueño fue que mi humildad, no tiene merecimientos. Con grande enojo, venía solicitándome el pecho, la perdición de mi hacienda, y mirando desde lejos. La heredad que Isidro labra todo en el cielo le veo, arrebatado en su gloria, y divertido en su dueño. Vuelvo los ojos al campo, y veo que tres mancebos, con más luz que tiene el sol cegándome sus reflejos. Y seis bueyes que los ampos de la nieve de los puertos, exceden cuando derriba copos de su cumbre el ererzo. Arando estaban por él, quedé mirándolos ciego; que luego su luz me dijo que estaba en la tierra el cielo. Venturoso labrador, que los Ángeles has hecho labradores de mi tierra donde imprimo tiernos besos. Ya sois estrellas terrones, ya sois del sol paralelos, furcos que tal reja rompe, y tales pies van por ellos. Oh Envidia que aun Reite atrevas discúlpate da su imperio, al que priva, al que gobierna, al que preside al Consejo. Al Capitán victorioso, al alto divino ingenio, vaya, sufrase tu agravio, y perdónese tu fuego. Levántale testimonios, rabia de verle en el Templo, de la fama en sus escritos vierta ponzoña tu pecho. Pero un pobre labrador persigues, y del infierno sales a ponerle mal l por su hacienda, con su dueño? Que ociosa vives Envidia, debé de haber pocos buenos, él me ha visto, que ay Isidro? Señor, por estos barbechos. dónde con lanza y adarga? Vine a ver si será bueno romper aquestos baldiós, y los Moros de Toledo se atreven hasta Madrid estas campañas corriendo: llévame por vida tuya pues tienes aquí el jumento, de estos sauces veinte varas. A la fe señor es muerto, que un lobo se le ha comido. No lo creas, que paciendo en ese repecho queda. Ya conozco los enredos de un labrador que anda aquí. Quisiera arrojarme al suelo que pisa, y por su humildad y inocencia no me atrevo: ya miro luz en su rostro, ya le estimo y le respeto. A la se señor que está vivo el bueno del jumento, no le hizo mal el lobo, de que me huelgo en extremo, que se ha criado conmigo, puesto que yo soy más viejo, q ue sabe, Disimula! vamos porque cortés presto las varas de aquestos sauces. Mil años os guarde el cielo. No he sabido que decirle de turbado, y de contento, esto la Envidia persigue, aquí vierte su veneno, aquí muestran su rigor las vívoras de su pecho, que ociosa vives Envidia, debe de haber pocos buenos. Nuestra determinación es santa, honesta María. Ofrecer a Dios querría mi limpia, y pura intención. Mucho siente el corazón el apartarse de ti. Pues que diré yo de mí, y con temor de tu olvido, que tanto amor me has debido desde que sulesposa fuy, no pueden que soy mujer dejar los ojos su oficio, que no es el menor indicio de lo que siento perder tu vista, pues no he de ver cosa que tenga alegría, sin tu dulce compañía, porque si hay algún consuelo, es pensar que solo el cielo de tus brazos me desvía, bien pudieramos vivir castos como otros casados, que están a Dios consagrados. de quien se puede decir, que viven hasta morir con tan limpio corazón; que en medio de la ocasión ninguno el peligro siente, mas no a todos se consiente vencer su misma pasión. Lo que habemos concertado, es más justo isidro mío desotra parte del río, Jarama un templo sagrado, a la Virgen dedicado, será habitación segura para vivir casta y pura, tú en Madrid quedaras, donde solo al canzaras lo que tu intento procura, allí podré yo pasar en oración noche y día, y a la divina María componiendo el sacro Altar, mira que me has de ayudar con tu oración desde aquí, que aunque yo te dejo ansí no ha de ser para olvidarme, ni para dejar de amarme como yo te quiero a ti; palabra te doy de ser en esta ausencia dichosa, con más memoria tu esposa, con más amor tu mujer, solo Dios pudiera hacer Isidro que me apartara de ti, porque no bastara. a dividir a los dos, quien fuera menos que Dios aunque la muerte llegara. María de la Cabeza, y corona de la mía, de mis ojos alegría; y de mi ausencia tristeza. permita naturaleza lágrimas tiernas de amor, aunque es injusto el dolor pues por Dios nos dividimos. que el sabe como vivimos en su obediencia y temor, que aquesta parte mortal al sentimiento sujeta, no ha de ofender la perfecto parte del alma inmortal, la castidad celestial, que los Ángeles imita esta ausencia solicita, pero no se oferde Dios, que al apartarse los dos algún dolor se permita, yo siento como es razón el perder tu compañía, que eras la mitad María de mi alma, y corazón, mas como nuestra intención se dirige a castidad, lleva, y deja la mitad, que más juntos estaremos, pues por memoria tendremos más cerca la voluntad: bien es que divida un río a los dos, si amor es fuego, allí tendrás más sosiego, que a mejor dueño te envío, serviré en Madrid el mío: pero concierto ha de ser, que si hubieres menester alguna cosa, me avises. antes que estos campos pises, aunque me dieras placer, que el servir a Dios María ha de ser con tantas verás, que no pases las riberas. de Jarama ningún día; aunque si el ausencia mía te diere algún sentimiento, yo iré a verto, y tan contento de verte perseverar, que cuanto pueda llevar, te ha de llevar el jumento: pero aduterte, que es razón, que vengas a visitar la Virgen del Atochar el día de la Asunción, con la santa procesión que vendrá de esos lugares: pero mira que repares. en que vengas muy honesta, que cuando Dios hace fiesta, las galas son los Altares: ese sombrero traeras, y ese nuevo rebociño, que con tu cara; y aliño harta hermosura tendrás, no mires en las de más, que van a las procesiones a divertir corazones, que la Majestad inmensa siente mucho hacerle ofensa viniendo a ganar perdones. Está seguro de mí, que no le pienso ofender. Si alguien quisiere saber María lo que hay en ti, que podría ser que allí diese causa tu hermosura; cubre de vergüenza pura la cara, de suerte esposa, que le parezca de rosa, mas que de mortal criatura, con esto podrás pasar, y con silencio vencer, que el áspero responder no vence como el callar, harás tu puerta cerrar de noche, con gran cuidado, ten agua bendita al lado de tu cama; esposa mía, y no te amanezca el día sin haber con Dios hablado, Misa no la perderas, pues tienes lugar, y advierte, que estés en ella de suerte, que des ejemplo no más, no des a entender jamás que de ser buena te precias, como mil personas necias, que lo que hablares con Dios no es más que para los dos después que el mundo desprecias, este ducado tenía de mi salario guardado, llévale tú que he pensado que tendrás del algún día necesidad, que podría no dar la salud lugar para que puedas hilar, y vete con Dios mi esposa, que ya no tengo otra cosa de que te pueda avisar. No te espantes que me aparte de ti, con esta ternura, supuesto que voy segura, que ninguna cosa es parte para que deje de amarte, con tan justa obligación, a dios, que en esta ocasión mucho Dios es menester. Servirle es obedecer las leyes de la razón. Ya Isidro está puesto a punto el trigo en los dos costales, triste parece que sales, la causa no la pregunto, aunque para tu alegría me parezca cosa nueva. No te espantes si me lleva, Tirso, el corazón María. Fuese ya? . Ya se partió. Es posible que has quitado a tal mujer de tu lado, si tal la tuviera yo, voto a mi sayo que fuera tan suyo, que por divisa al jubón, a la camisa, y al alma me la cosiera, María? sí, que María, es cual que Juana, o Inés, destas que de tres en tres se trípulan cada día, a la se no has acertado, su regalo echarás menos, pero los dos sois tan buenos que lo hauréis considerado, o Isidro, quien con prudencia, puro, santo, y limpio celo, es casado, él se va al cielo por la verá de Plasencia: predicaba el otro día el cura en san Salvador, que dio a Adan mueso Señor la mujer por compañía, y no se quede ajutorio dijo en Latín, verdad sea, que mujer; o necia, o fea más parece purgatorio, pero si aciertan a ser dos como deben casados, para bienaventurados que les falta que tener, bien conozco que es mejor estado el de las vírgenes, pero ya que acotro tiones debieras tenerle amor. Pues, Tirso, mi voluntad hiciera tales extremos, no ves que los dos queremos guardar limpia castidad. Pues juntos no puede ser? Causa temor la ocasión. Pardiez que tienes razón, aún en cosas de comer, yo traya el otro día un pastel, que no debiera, y el humo de tal manera la nariz me perseguía, que le dije, estese quedo, y no tiente a los Cristianos, tornó a inquietarme las manos, metí por un lado el dedo, prove a ver lo que inquiera, y no se que se traía, que las uñas me comía como si fuera poeta, creciendo la tentación, alcele la cobertera, que como hojarascas era; tanto puede la ocasión, y dije como provase aquello que dentro vi, si la carne estaba aquí, que mucho que me tentaso, en fin quise hacer testigos en descargo de mi honor, que me tentaba el inayor de muesos tres enemigos. Tirso, yo confío en Dios que su favor nos dará, sacaste el jumento ya? Juntos salimos los dos, él me dio los buenos días en la solfa que otras veces, que se ha encajado en las nueces dos tiples de chirimias, y yo a él los dos costales con que te puedes partir. Él no quisiera salir, a la fe de los umbrales de su aposento este día, como ha visto tanta nieve. Cuando por Marzo la llueve furiosamente porfía, lleva para que te abrigues aquel mi tosco gaban. Los cielos me abrigaran, y basta que tú me obligues, Tirso con tal caridad, a dios, que al molino voy. Contigo a la tarde estoy. (dad, Tienes que hacer? . no en ver- mas está en el desde ayer Bártola, y verla querría; que a la se que ha de ser mía. Casado la puedes ver. Muesama es esta o qué dicha para que sepa mi intento. Tengo justo sentimiento, y es de esta casa desdicha, que falte de ella mujer de tal virtud, y valor. Yo la tengo el mismo amor, pero que se puede hacer, si los dos se han concertado, y sabéis cuan buenos son. Yo llego en esta ocasión mas que animoso turbado qué ay Tirso? T. par diez señores que sabiendo su bondad. Decid. . Proseguid. . hablad. Quién se casa por amores, dicen, que a la pena inmensa de mil dolores se obliga, pero un grande frío obliga a lo que el hombre no piensa: tales están los tejados de nieve en este lugar, que no se puede pasar, sino es entre dos casados, suplico a sus reverencias manden por esta vez sola, que me case con Bartola. Qué malicias. . qué inociencias. Tirso, si hace tanto frío llegaos a una chimenea. Cómo despierto me vea de ese consejo me fío, pero cuando esté durmiendo dárame el fuego calor? El mozo la tiene amor, y de su inquietud me ofendo, ella le mira también, mejor es que estén casados. Pasarán de los tejados mejor la nieve también. Id al molino a llevar la comida a los que muelen, y no se estén como suelon, que en volviendo habrá lugar de tratar el casamiento. Mil años viváis casados. Mil. . Si son pocos, doblados, con mucho gusto, y contento. Dos mil. . y un millon codicio tanto, que con largas canas, podáis alquilar ventanas para el día del juicio. Bien en Bártola te empleas. Para calor basta sola. Más precio yo una Bártola que cuarenta chimeneas. No sé qué tengo de hacer pues que así Luzbel porfía, si vence la envidia mía a quien pensaba vencer, salga de su centro a ver la nieve que voy pisando, ese hombre justo esperando, templará su fuego en ella, porque yo más del que de ella estoy ahora temblando: yo que no tuve temor de poner en una Cruz al Príncipe de la luz, tiemblo a un pobre labrador, mas allí vencí el rigor del villano pueblo Hebreo, que ejecutó mi deseo, y aquí la misma humildad es cuanta dificultad para derribarle veo: hele all, ique por la senda, que entre la nieve parece, venda de Cristal florece, con sus fandalías la venda, o humildad del cielo prenda, o piedad, a quien no admira, ver que las palomas mira, que no hallan con la nieve que comer, mas ya se atreve, trigo les echa, y suspira. Perdone el trigo de Iban, así el alma me apasionan las avecitas de Dios, que están sin comer ahora. Perdona hermano costal si la caridad te afloja, pues que ya por llevar menos el jumento me perdona. Levántese el oficial, pinte, escriba, asierre, cosa, que el hallara de comer con el dinero en la bolsa. Pero aquestas avecitas, que por estas verdes lomas hallaban, lo que la ieve cubre, están con mil congajas mostrando al cielo los picos, pues si dicen que atesora el sustento de los cuerbos, mejores son las palomas, estas no van a la pleza, ni lo buscan, ni lo comprán, que si van es por su mal, y para que otros las coman, comed palomas de Dios. Comed mi entras hay bellota, y otro género de grano, que hoy el invierno aprisiona en calabozos de nieve, tirano de vuestras bocas. Comed, comed, hay contento como ver como se arrojan al trigo, bendigaos Dios, y con que gracia lo toman. Cerrad la boca costal, pues que no han comido todas tanto como solo vos, no digáis ninguna cosa a Iban, mi señor, ni añadíe, que anda la Envidia tan loca, que le dirá lo que suele. Para que sirvo de sombra al sol de este labrador, que humana, o divina historia cuenta mayor caridad, que es tanta, que me provoca, con ser la Envidia, a alabar las virtudes que le adornan. Qué queréis palomas mías? parece que en voces roncas me dan gracias del convite, que necedad tan graciosa, estánselas dando a Dios, y pienso yo que me nombran como soy un ignorante, mas ya el jumento se enoja de verse tanto a la nieve, voy al molino, que corta el hielo manos, y pies. Oh caridad vencedora, hasta de la Envidia misma, a quien su virtud no asombra? que fuego tiene el infierno que se arreva, o que interponga al de tanta caridad, que hasta la Envidia enamora? seguirle tengo al molino, que esta ocasión es famosa para que Iban le despida. Pardiez buena va la olla, no se que diabros se tien, que de tal suerte alborotan estas cosas de comer, mayormente a tales horas. Sin duda que yo nací en alguna comilona estrella; en Tauros, o vacas, signo de ajos, y cebollas. Quitado se le ha el borbor; ya parece que reposa, bueno será dar un sorbo, pues nadie me mira ahora. Aquí la pondré mejor, pardiez, que sorbo. . No sorbas, que aún de aquesto tengo envidia. Vos sois, que buena persona, hasta en un forbo os halláis? Yo te acusaré. . No importa. En el molino diré, que ya tu boca golosa espumaba su comila. ojalá que no la coman, y comerémela yo. Yo les diré que a la sorda sacabas hasta las verzas con esa mano asquerosa. Por lo menos esta mano, si bien las berzas trastorna, no es la de matar candelas. Que este me quite la honra. Vos tenéis honra, de qué? pues hay persona envidiosa con honra, no veis Envidia, que sois la misma deshonra, hay cosa más vil que vos, pero tienen una cosa los envidiosos, muy necia, y es el pensar que se abonan Retraida e anta. bien así como solía, porque el Rey no la casaba, Áspides que abrasáis mi pecho infame, y que tenéis mi coazón por nido, salid con más furor, salid os pido, para que todo junto le derrame. Furia no habrá que no provoque, y llame, de cuantas tiene el Roino del olvido, por donde nunca lob fue perseguido, quiero que al sidro mi rigor disfame. Celos le quiero dar, quiero abrasarme, campos, que importa el hielo del Invierno si os tengo de abrasar para vengarme. No se como me sufre el mismo infierno, mas no es porque pretende atormentarme, mas porque sirva de tormento eterno. cuando del bueno murmuran, y sin esta tienen otra, que es el pensar cuando envidia, siendo infamia tan notoria, que no los entiende nadie, y todo el mundo los nota: bueno os andáis trasl sidro, de Madril corona, y gloria, siendo santas sus cosumbres, y las vuestras viles todas, que mandáis para el molino señor serpiente engañosa, que acá no podréis quitar, que los labradores sorban, esperad como en convento, que dan a la puerta sopa, que a daro la saldré luego con los cascos de la hoíla. Beno cuidado tenír te Dios el trigo, y como crece la harima. ̱. Esto parece milagro, la abundancia lo confirma. Envió a llamar al Conde, bien oiréis lo que diría, quejosa estoy Conde Alarcos del Rey, y de mi desdicha. Venid coged labradores. De que procede esta grita, del trigo de Isidro nace, que crece como mi envidia, el echarle a las palomas con caridad encendida, fue causa, hay cosa como esta, que pague Dios niñerias, con estupendos milagros, todos andan a porfía, cogiendo harina, que haré, qué de remedio me sirva? Tú me pellizcas a mí. Estate queda Bartola ay. . No será aquesta sola, por eso búrlate ansí. Basta que como a pescado con har, na me has freido. El brazo llevo perdiddo; que cardenal me has dejado. Y un lunar estará mal entre su nieve, aunque fría, aquí os estáis toda via; o envidiáis el Cardenal? que sois de suerte, que creo, que un pellizco envidiareya, si por dicha conocéis que se dio con buen deseo. Villano, como lo eres, no sabes que de los buenos jamás me aparto. . Alomenos confirmar Envidia quieres, que lo es nuestro labrador. Presto verás los efectos. Guardaos sabios, y discretos, guardaos hombres de valor, guardaos santos, que anda suelta la Envidia. . Calla villano. Asómate aquí tirano verás la grita, y revuelta que anda por coger la harina, porque ya faltan costales. Ya con tan altas señales mi envidia se desatina, que aguardo, que estoy pensando, llamar quiero en mi favor quien ayude a mi rigor, que ya me voy desmayando, ha mentira, olamentira. (boca Quién llama. . Sal de esa tremenda, si te provoca mi voz, y te mueve a ira. Oh Envidia, que es lo que quieres? Pues yo te vengo a llamar, hoy mentira has de mostra, que eres hija de quien eres. El padre que me engendró siempre se ha honrado de mí, pro lo que quieres di. Quién te estima como yo, que ni te engendra el demonio, yo pienso que te sustento. que intentas en fin. . qué inteto, levantar un testimonio a un Ángel, a una mujer de envidia de su marido. Eso es poco. . Esto te pido. Pues eso es fácil de hacer, que por ti otra vez quisiera que Dios al suelo bájara, porque mil le levantara para que otra vez muriera, mal conoces mi mentira, pero la mujer quién es? Mujer de Isidro. . No ves que tu bajeza me admira, mándame que a un gran señor, a un Sacerdote, a una dama quite la honra, y la fama, pero a un pobre labrador. Mal le conoces mentira, y pues yo le envidio tanto, considérale gran santo, y sus excelencias mira. Es bueno que en oración esté Isidro a Dios hablando, y los Ángeles arando, que ya labradores son? Es bueno que su jumento coma un lobo, y le halle vivo, parécete que recibo con esto poco tormento? Iban de Vargas tenía un caballo que estimaba, muriose de ojo, y estaba con tanta melancolía, que Isidro fue al muladar, y vivo le trajo de él, tan bueno, que hoy anda en él para aumentar mi pesar. Pero dime si Moisén, porque Dios se lo mandó, agua a una piedra sacó, con la Felsidro también. Que para dar a beber a loan, de una piedra helada, obediente a su aguijada hizo una fuente correr. Crecer cuando quiere el pan, es cosa ordinaria en él, harina, y trigo, que de él mil carros sacando están, pues mira si con razón me aflijo, y me desespero. Ayudarte envidia quiero, como me des la invención, que de lo que es testimonios nadie te puede igualar. Ventaja me suelen dar, hasta los mismos demonios, alsidro le has de decir, que su mujer es incasta con los labradores. . Basta, que ya le siento venir. Señor, si yo contase los favores que he recibido de esa santa mano, contaria primero, grano agrano, al campo espigas, y a los prados flores. Quién os supiera dar debidos loores Emperador del cielo soberano, pero si soy un rustiro villano, como os sabré decir tiernos amores, Bueno viene por aquí el labrador ignorante. Es villano, no te espante. Estos murmuran de mí. Yo os prometoque es buen hombre y que no lo merecía. Que mal que cumplio María con la excelencia del nombre. Si es esto que van hablando de mi esposa, santos cielos. Donde no hay hora, no hay celos. Mientras él anda rezando, Su mujer con los pastores de la orilla de Jarama, tan libremente le infama. que anda en públicos amores. Válame Dios! . Vamos Gil, que los carros partenya. Qué bueno mi honor está, puede haber cosa más vil, que haya dado, y contra mí, con traición tan manifiesta una mujer tan honesta, tan mala cuenta de sí. Paciencia, honor, no turbéis mi espíritu, en tanta paz, pero sois muy pertinaz, si vuestro agravio sabéis. Pues bien honor, que queréis, soy hombre yo principal? pero en deshonor igual, basta ser hombre de bien, conozco que decís bien; si yo supiera hacer mal. Válgame Dios, que María vive ya tan deshonesta, Perdonad la rudeza en que me veo, por saber algo que os decir suspiro, no se leer, leer en vos deseo. Pero, Señor, si en vuestra Cruz os miro, Hecho libro de amor, de suerte os leo, que de entender vuestra pie piedad me admiro, la que tan santa, y compuesta, dándome ejemplo vivía. El dejar mi compañía esta desdicha causó, que por malo que soy yo, en efeto la guardaba. Todo el ausencia lo acaba, a Dios, y a mí se atrevió: llorad ojos mi cuidado, pero aunque es la pena inmensa, no me pesa de mi ofensa, por la de Dios me ha pesado. Aún vive su padre honrado, buenos quedamos los dos, pues es posible que vos, María habéis ofendido la fe de vuestro marido, y la santa ley de Dios? Ahora bien iré a reñilla, que no lo puedo excusar, sino se quiere emendar traérela luego a la villa. Con pastores de la orilla de Jarama? aurá quien crea tanto mal? que mal se emplea, allá voy. Extraña cosa, que una mujer tan hermosa hiciese cosa tan fea! Tantas son las maravillas, que de vuestro Isidró cuentan, que esto le vengo a pedir. Aunque son tan verdaderas, pedid a Dios de otra suerte, por no inquietar su inocencia. la salud de vuestra casa. Pues siendo cosas tan ciertas, no le podré yo pedir, que pida a Dios, que le vuelva la salud a un hijo mío? No hay en casa quien se atreva a decirle cosa alguna, que nadie quiere que sienta, que entienden su santidad, ni da lugar aunque quieran la gran humildad que tiene, simplicidad, y modestia, id con Dios, yo le diré, que cuando vaya a la Iglesia rece por vos un rosario. Haced esa diligencia, por cuanto amor me debéis. Oye famosa España, escucha atenta lo que espera gozar tu Monarquía, y lo que el cielo por tu bien intenta. Qué me quieres, divina Profecia? Cuando tu cetro de oro iguales, sienta a su Imperio el principio y fin del día, y a Felipo Católico Segundo se rinda el Polo, en que comienca el mundo. Cuando el Tercero Santo le suceda, y el Nácar de la hermosa Margarita produzga el Cuarto, que su Imperio hereda, para historia jamás al mundo escrita, cuando el cielo victorias le conceda, de quien turbar la Iglesia solicita, y en años decisiete al mundo asombre el dorado principio de su nombre. Cuando estes esperando el dulce fruto, que de Borbón la Flordelís promete, y con fiestas de paz se deje el luto, felicidad del número de siete, Extrañas cosas son estas, mas quien le vio como yo sacar agua de una piedra, de que se admira, si tanto Dios a la humildad revela su gracia, y la de este mozo más baja está que la tierra. Aquí quiero recostarme a pensar las excelencias de esta virtud, aunque el sueño pesadamente inquieta mis sentidos, ya me vence, porque la caza, y la guerra, ni ociosidad me permiten, ni más descanso me dejan. de los hijos que al cielo por trabuto (aunque la envidia bárbara inquiete tu pecho) sueles dar, y a Dios sagrados, cuatro Santos verás Cancrizados. Pero primero que este siglo de oro, España, en tus felices años veas, y enriquecida de tan gran tesoro, la heregia en las márgenes Leteas, quinientas veces verá el Sol el Toro, aunque ahora del uno que deseas tienes la vida ya, vida tan fanta; que alegra al cielo; y al infierno espanta. En la parte mejor que tienes vive, un santo labrador, corona, y gloria de su patria Madrid, que le apercibe laurel eterno, y inmortal historia, Madrid, que ya le espera, y le recibe, como a César del cielo con victoria, que le ha de conceder Roma triunfante, si bien ahora Iglesia militante. Después del cual, Ignacio de Loyola, divino Archimandrita, y Patriarca, gran Capitán de Infanteria Española, que los extremos de la tierra abarca, a cuyas armas, y bandera sola, cielo, infierno, mar, tierra, y cuanto marca la graduación del Sol la frente inclina, tendrá diadema esplendida, y divina. Seguírale Javier Francisco nuevo, abrasado de amor. Sera fín Santo, sagrado Apostol donde nace Febo, a quien el otro mundo debe tanto, con el son trece, y a decir me atrevo, que no tendrá por el menos espanto. el Reino de Luzbel, pues de una suerte fue señor de la vida y de la muerte, Quien lengua, y pluma, quien ingenio, y arte me diera aquí Seráphica Teresa, virgen para saber madre alabarte. del Monte santo, que en tus hombros pesa, quien supo tantas ciencias enseñarte Qué es esto que estoy soñando? que dulce imaginación, que diversas cosas son las que miro despertando. Cuando será el tiempo, cuando, que tanta gloria se vea, como ya Madrid desea, que señor tuvo criado, que también aventurado por sus excelencias sea, famosa villa apercibe a tu hijo, a tu Patrón, la gloria de esta visión, y con triunfo le recibe, que yo mientras aquí vive solamente le prometo la voluntad, y el secreto, porque mientras vida alcanza, no quiere un santo alabanza, y la de amor, que como Dios profesa, diga sus excelencias, si el Cármelo en carro de tu amor se sube al cielo. De estos Santos verás en compañía ilustre España por dichoso agüero, un divino Felipe, que este día los quiere acompañar, aunque extranjero verás corrida entonces la heregia, y dobladas las penas de Lutero con fiera envidia, que a favores tantos, al cielo obligas con tus hijos santos. Por las nuevas quisiera coronarte, de un laurel victorioso Profecia voy a esperar el tiempo, que reparte tras tantos años ese alegre día, y de ese gran Felipe heroico Marte la bienaventurada Monarquía. Pues parte, que en su edad verás cumplido. cuanto te tengo, España, prometido. pi ni aún un hombre, si es discreto. No me dirás dónde vas? Calla, pues vienes conmigo, y no has querido dejarme. Amor la culpa ha tenido, que triste, y más como ahora, bien sabes que no te he visto en después que te conozco. Ay Tirso. . Suspiras? . Tirso, de las ofensas de Dios me entristezco. . No te quito, que su ofensa te entristezca, si te alegra su servicio, pero no sabré la causa? No la permito a mí mismo, pues como te la diré, cuando de mí no la fío, Este es, Isidro, Jarama, si hemos de pasar el río, daré voces al barquero. Y si es mi honor, dale gritos. A de la barca, hola, ao. Qué es esto, Dios infinito, cuando a vuestra ermita voy, mis pasos tenéis asidos, yo llevo lumbre, y aceite, como otras veces que limpio la lampara del altar, no me impidáis el camino. María, mira que viene tu querido esposo Isidro, a reñirte, por mentiras que alguna Envidia le ha dicho. Así, que a reñirme viene, pues echare sobre el río mi mantellina, y verá en esto si le he ofendido. Isidro entre aquellos sauces tu querida esposa he visto. Es verdad, si es ya mi esposa quién tales ofensas hizo? Par diez que quiere pasar sobre su mismo vestido, ya de pies se pone en él. Ay Dios, testimonio ha sido, ella pasa sobre el agua. Mi María. . Isidro mío. Par diez, que por ser tan castos tales abrazos envidio. Cómo vienes? . Bueno vengo, cómo estás? . A tu servicio. Vate bien en esta ermita? Adiós como puedo sirvo, Y Tirso no ha de alcanzar parte de este regocijo? O mi Tirso. . O mi María, Qué contento. . Estaos queditos que a vuestros abrazos salen las Ninfas, que os han oído. Si regocijan las paces, ya que tan dichoso he sido, daremos con ellas fin a la juventud de Isidro. María, y Isidro paces confirman, a pesar de los celos, y de la Envidia,
