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Texto digital de El iris de Nueva España

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El iris de Nueva España. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/iris-de-nueva-espana-el.

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EL IRIS DE NUEVA ESPAÑA

JORNADA PRIMERA

sornada vmera sale Juan Diego de Indio con paso apresurado y Llamachi de en día Siguiendole llamo Espera fugutivo Pabón gallardo ramistere vivo que por la sbreñas cuando asute alejas ni le ve huella de la planta dejas pájaro cuyas plumas nuevas alas forman y en lo velor asto igualas ídolo de mi pecho e luano belde marmos y elo no desecho que siendo todo nieve nute derrute el sol ni flor te bebe piraba de escras cuevas mira que el alma rotador me llevas yla y machí que intenttas. que conttales nipérpoles me afrenitas, ¿Qué quieres? Que me quieras? que amor correspondido aun en las fieras naturaleza quiso admirarle e la misma por preciso y el que aemeuea hacerviz altiva cuya frente importuna sepeina en el cristal deesa laguna midio por alcanzarte quien ahubiera mil vidas para darte Si desae tlaneplantla hacta la sierra antigua de tuamamtla o en cuántos horicontes es rolcan oquera de los monttes scace cumo nicable y al paso que soberbio formidable en caramando huellas parece esta bebiendo las barellas cuando sus verdes faldas guarnece de diamantes y es meraldas posereira por mío liberas lo rindiera a ttu albedru Caeque o ry in padre hija de rey ambré mi yustu madre tesoros y nobleza anaden a mi hermosura gencileza siendo lo que me toca te postotlan Sanpago duengue loca ¿si cuyos pueblos rendidos por nseis pareca vidades divididos por mi dueño te aclaman, y su Cacique ya feliz te llaman; y a mi padre obedientes, d en especies, y frutos diferentes, crecidos feudos cobra; mas donde hay voluntad, la hacienda sobra; que aunque bárbaros fuimos, nunca, Juan, en amar nos distinguimos. Ylamachí, si ignoras, que para mí son perlas cuantas lloras, y que cuando suspiras; entre jazmines suavidad respiras: no dudes de mi pecho, que adoración a tu fineza ha hecho; pues vana resistencia fuera, a tu amor no dar correspondencia. Ya sabes, que casado tuve algún tiempo el venturoso estado con María Lucia, (este es el dulce nombre que tenía) murió, y en fácil vuelo dichosa posesión tomó del Cielo, porque en el Gentilismo gozo la dicha; y gracia del Bautismo. A estos Siervos de Dios, que nos predican, y doctos Padres, la Doctrina explican, oí decir, que cuando Dios le dio a Adán del mundo todo el mando, de su misma costilla le sacó una mujer (qué maravilla!) no dos; que impide así, sin duda alguna, esta su Santa Ley tener más de una; porque si dos pudiera, para cuando faltara la primera, le tuviera otra hecha. ̱. Yo dejaré tu duda satisfecha, porque si la una muere, puede el hombre elegir la que quisiere en matrimonio santo, con que una es siempre la que estima tanto; que a ser de otra manera, todo él linaje humano pereciera: así tengo entendido alguna vez al Padre haberlo oído. Yo vengo a esta Doctrina, que en Tlatilulco enseñan peregrina los Padres, cuyo celo a nuestras gentes asegura el Cielo, porque, a no haber venido, muchas almas hubieran perecido: Oh cuánto les debemos! Adiós propicio por su amor tenemos? deja que los consulte, y que esta duda más no dificulte. Hoy es Sabado, y día, que se consagra al Nombre de María, Hija querida del Eterno Padre, del mejor Hijo Madre, y Esposa del Espíritu Divino, por su mérito excelso, y peregrino? y así, faltar no puedo. Ese plazo gustosa te concedo, Juan Diego, así lo acepto, Y una esperguza firme te prometo, niooa Yo voy a ver ahora z0b la Marquesa del Valle mi señora, que de su esposo ausente, (aquel Cortés Católico, y valiente, a quien Padre llamamos, y a quien tanto los Indios veneramos) que padece en España la injuria vil de emulación extraña; y con rara paciencia tólera el desconsuelo de su ausencia, y a llevarla unas tunas. Por este monte suele haber algunas, que en sus pencas se estienden, y armadas de sus puntas, se defienden. Adiós, dueño querido, haoa el amor en ti lo que le pido. for CAI Diferentes pensamientos a mi inclinación combaten, que nunca los intereses conformaron voluntades. Qué importa que tantos Pueblos te den tributo, Ylamachí, ni que tu hermosura sea dulce hechizo de tus padres, si a mí me lleva el afecto, y la inclinación amante aquella Mujer heroica, de Dios verdadera Madreé Tantas glorias la atribuyen, que Virgen pura la aplauden, tan perfecta, tan hermosa, tan cándida, e impecable, que sin culpa concibida la predican estos Padres, Privilegio, que en el Mundo concedido ha sido a nadie. Es el Nombre de María tan glorioso, que al nombrarle, parece, que el corazón se enternece, y se deshace. Allá nuestra antiguedad este monte te le santificó, por ser Tepeque de Teotenantcín, que en la Americana lengua quiere decir, de Dios Madre. Siempre vengo por aquí, porque aunque aquello fue antes una ciega Idolatria, cierta consonancia hace con esta Madre de Dios: y por ser esta la parte que se dedicó a su culto, he acostumbrado rezarle devoto una Ave María, que es Oración admirable, y la primera que supe en mi rudeza ignorante. Híncome aquí de rodillas, y comienzo a persiguarme con la Señal de la Cruz, . del Cristiano arma triunfante. Mas no sé quien por la sierra bajando va al llano, y trae más resplandores, que el Sol, cuando por su Oriente sale. Qué hermosísima Señora! Si no es la Aurora brillante, debe de ser el Lucero, del Alba en bellos celajes. Cara de Cristiana tiene, (así nuestros naturales llaman a los Españoles en su modo de explicarse:) Aunque morena, es graciosa; y de apacible semblante: por lo moreno; enamora; y por lo apacible, atrae. Dónde vais, Reina escogida? Iris de Paz inefable, qué mucho que las Estrellas, con tantas luces, desmayen? La Primavera, sin duda; a vuestra vista renace; pues donde ponéis la planta, matizadas flores salen. No te admire, Juan, el verme, pues he venido a buscarte, y a pagar con mis favores tu fe, y devoción constante. La Virgen María soy, que en Tlatilulco adoraste; yo soy el original, y la que allí está es mi Imagen. Aquellas mudas Efigies, puesto que no vean, ni hablen, de mi ser inmaculado r son copias, tan venerables, que quien me adorare en ellas, es lo mismo, que adorarme; porque a mí me hace el obsequio quien a mi Retrato le hace. Y cómo vivís, Señora, en aquestas soledades, sin albergue, que os defienda del Sol, del agua; y del aire? Si a Guautitlán queréis iros, haré al momento; qué os labren un Oratorio curioso, que os sirva, os respete, y guarde; y de olorosos pevetes haré perfumes suaves, que en argentados braseros fragrantes humos exalen. No os daré vestidos ricos; pero a nuestra usanza; y traje, guípiles de tochomite, que el oro; y perlas engasten. Tu voluntad agradezco, remuneraciones grandes te daré, porque así premio los obsequios que me hacen. Este sitio es muy conforme (aunque hasta aquí inhabitable) para la Casa, que intento que por tu medio me labren. Ve al momento al Arzobispo Don Juan Zumarraga, dale noticia de que me has visto, y que he venido a mandarte, le digas, que en este sitio propio, sin que de él se aparte, me labre un Templo, que sea para cuantos me invocaren, en míseras aflicciones, asilo de mis piedades: que aquesta es voluntad mía. Oh qué dichoso mensaje, gran Señora, es el que llevo! Pues no te detengas, parte, que en aqueste mismo puesto me hallaras, cuando pasares. Y habéis de estar sin comer tanto tiempo? Dadme, dadme licencia, que unas tortillas, que acá llamamos tlácale, os traiga, Señora mía. No en eso, Juan, te embaraces, vete, que no me alimento yo con terrenos manjares. Iré, pues, quedad, Señora, con vos misma; y no os extrañe, que sola os deje, teniendo tantos Ángeles, que os guarden. Advierte que has de ser mío. Vuestro esclavo he de llamarme; ya la esperanza perdiste, pues tengo Dueño, Ylamachí. Yo no la puedo aprender, Padre, no es más en mi mano. El auxilio soberano muy fácil lo podrá hacer, Fray Toribio, hermano mío, a golpes el pedernal muestra de fuego señal, y es un cuerpo helado, y frío. Cuando conseguir importa, el trabajo es lisonjero: la lima muerde al acero, el agua las peñas corta. En la perfección de obrar se funda la penitencia, y el alcanzar cualquier ciencia consiste en perseverar. Persevere, y pida a Dios, que su luz, para estudiar, le dé, y hoy podrá tomar una diciplina, udos. Padre, y bastara en las faldas que el Hábito nos concede? No. Si la lengua no puede, lo han de pagar las espaldas? Con vocablos semejantes rara vez la voz acierta; si bien, es cosa muy cierta, que los más son consonantes. Ay osingo, matalsingo, quegosingo, y de estos modos tras de singo se van todos, y los antes no distingo. Ay repeque, guantepeque, miltepeque, voz civil, tras un peque se van mil, aunque los vocablos trueque. Eso ha de facilitar; en ese peque se esté, que porque acaba en pequé, lo debe el alma estimar. Si en ese vocablo solo tanto se llega a advertir, Padre, que quiere decir, Totatícuale mayolo? Yo lo es corazón, y son tres dicciones; con que, hermano, decir quiere en Mejicano, yo tengo buen corazón. Cómo, Padre, explicaría mi pobreza? Bien empieza, los Indios a la pobreza la llaman motolinia. Motolinia? es razón aprenderla, así conviene. Es lengua elegante, y tiene peregrina erudición. Motolinia a porfía voy diciendo, y sabré algo? en todo este mes no salgo, Padre, de motolinia. A la Doctrina venimos de los Pueblos comarcanos. Son impulsos soberanos; a Dios las gracias rendimos: como te va de afición a nuestra Ley? En mi pecho ese vuestro Dios ha hecho soberana operación. Algunas dudas penetro, y otras ignorante callo. Cuando el discurso es vasallo, tiene la razón el cetro. Padre, si un Indio se casa, y se muere su mujer, podrá otra luego tener, sin poner límite, o tasa en su libertad? Pues no? sin que el hacerlo le asombre, que para eso Dios al hombre el matrimonio le dio. Motolinia. Yo quiero con Juan Diego (siendo así) casarme, el alma le di, y con voluntad le espero: Diego el casarse repugna, siendo viudo; y me responde, (no sé qué secreto esconde) que no ha de tener más de una. Dice bien, mandolo Dios, en eso dudosa estás? Pues yo soy una no más, que en mí no puede haber dos. Te quiere él? Dijo; que sí. Pues de tu fe el testimonio le cumplirá el matrimonio; que Dios lo dispone así. Hágalo, Padre, por Dios. Justo es que casados seáis. Y si ambos os conformáis, para en uno sois los dos. Mirad si de ver al Padre lugar tengo. Y puerta franca. O mi Padre Fray Martín de Valencia, bien empleada Vuestra Paternidad tiene la tarde, que yo extrañaba no haberle visto estos días; mas tan disculpado se halla en este santo ejercicio de caridad con las almas, que en vez de amorosas quejas, le doy muy rendidas gracias. En este nuevo plantel de nuestra Fe, es de importancia grande toda la asistencia, con que su piedad le labra, quitando las malas hierbas de adoraciones profanas, para que mejor florezca el Evángelio, y la santa Palabra de Dios prevenga frutos a su Esposa amada, nuestra Santa Madre Iglesia, que con el riego de tanta Doctrina, los Operarios de la Religión Sagrada del Serafín fertilizan: de Dios es, Padre, esta causa, su Majestad les dará fuerzas para continuarla; y en adelante los premios, que merece su constancia. Oh gran Marquesa del Valle, o piadosa Doña Juana de Zuñiga, Heroina noble de la Ilustrísima Casa la de los Con des de Aguilar, que por blasón de sus Armas, la devoción de Francisco, tienen como vinculada, siendo de cuatro Conventos de nuestra humilde Observancia Patronos, y V. Señoria, a su ejemplo, como Rama de tan Católico tronco, Bienhechora de esta Casa, y Pobre Convento nuestro de Tlatilulco: ya aguarda mi gran reconocimiento saber lo que Usiria manda, y en qué la puedo servir. Padre Fray Martín, las ansias, las penas, las aflicciones, solo en Dios alivio alcanzan. Tiéneme tan cuidadosa del Marqués la ausencia larga, que ocupado en el servicio del Emperador se halla, y he concibido, por cierto, alguna desconfianza de verle, pues sus contrarios astutos, con varias trazas, cobardemente le injurian en el crédito, y la fama. Notable cuidado tengo en ver lo mucho que tarda el Aviso, y mientras viene, las penas, que me maltratan, adios le vengo a ofrecer, que quien le busca, descansa. Ese es el mejor alivio, y solo intentarlo basta, porque en el Mundo, Señora, el bien más seguro falta: pero será Dios servido, que se vuelvan en bonanza las tormentas del Marqués, y que con victoria salga; que no es posible se olvide de quien le dio con su espada al Rey este Nuevo Mundo, y a su Iglesia tantas almas. A hacer oración entremos. Aquí, señora, te aguarda, Ylamachí, que tu amor estima con vida, y alma. Me alegro, amiga, de verte, que se te ofrece que haga en tu favor? Gran señora, por mi Madrina os señala el nuevo estado, que elijo, de matrimonio. Te casas? Con Juan Diego, el Indio noble de Guautirlan. No te engañas, con acierto has elegido esposo, que tiene fama de buen Cristiano, y los Indios, por sus virtudes, le alaban. Ven conmigo, y me dirás despacio las circunstancias de la dicha que te espera. Soy, gran señora, tu esclava. Los muchachos a una parte, y a otra parte las muchachas, cada lobo por su senda, cada oveja con su lana, hinquense, pues, de rodillas, las dos manos juntas, y altas. Si Padre Motolinia. El nombre se les encaja, Piltóntlitos, sepan; sepan que Fray Toribio me llaman. Padre, creo en Jesucristo, y en Santa María. Oh qué gracia! llévese eso por delante, y no lo errará. Deo gracias, a ayudarle vengo, Hermano Fray Toribio, que esta santa ocupación propia es mía, pues soy Pastor de estas almas. Y a este nuevo rebaño, que por malezas tan agrías de la ciega Idolatria peligra en las sendas varias, justo es, que el Pastor le guíe, porque libre de la saña diabólica, a los rediles de la Fe la luz le traiga. Ilustrísimo señor Don Juan Zumarraga, es tanta vuestra humildad, y llaneza, que a quien la profesa, y guarda, justamente le confunde, pues lo más del tiempo gasta en deshacer esta niebla, y en dar luz a esta ignorancia: y así han de ser los Prelados. Hermano, excuse alabanzas, que las lisonjas a veces son pildoras disfrazadas, y esto es obligación mía: vaya la Doctrina. Vaya: por la Señal. Diga, Padre, como se juntan, y enlazan los dedos? De aquesta suerte, este grande encima caiga de este, que está junto a él. De este modo? Sí. . Señala en la frente la primera forma de la Cruz, y baja la mano a la boca; en ella la segunda señal hagan, y la tercera en los pechos. De esta suerte? Bien lo alcanzan. Si Padre Motolinia. Han visto, cómo me tratan? ya he dicho, Indiecitos míos, que Fray Toribio me llaman. Ahora, altos los dos dedos, vueltos a la frente, vayan diciendo: en Nombre del Padre, luego en el pecho, que llama mbre, y cruzando de un hombro a otro con la gracia del Espíritu Divino, una Esencia Soberana, y tres distintas Personas, a quien demos alabanzas, por los siglos de los siglos. Años, meses, y semanas. Molpalsingo, molpalsingo. Esto de singo me encanta. Dadme los brazos, hijitos, y adiós, adiós, y mañana temprano habéis de venir. Yo vendré, Padre, sin falta, y me dirá el Padre nuestro. . Y a mí la Oración, que cantan los Sabados en la Iglesia. . Deles algo, porque vayan contentos, que los chiquillos se van con quien los regala. Gracias al Cielo, que ya hallé al Arzobispo. En fin, voy al Padre Fray Martín, que con la Marquesa está a avisar, que Va Señoria está aquí. . No es menester, yo tengo, Hermano, que hacer, no importa. Motolinia. Si me dais, señor, licencia, tengo que hablaros aparte. No sé qué siento al mirarte, di, ya estás en mi presencia. señor, soy de Guautirlán, mi nombre es Juan Diego; no hay porque se asombre de oír mi relación discurso humano, que el asunto es heroico, y soberano. Viniendo a la Doctrina esta mañana, de Tlatilulco, donde acude ufana toda aquesta Comarca, a quien la explica ese Santo Convento, y la predica; al bajar por la punta de esa Sierra, donde la antiguedad su culto encierra; vi bajar por el cerro una Señora, (casi parece que la miro ahora) mostrando tan diáfanas las huellas, que iba formando por el aire estrellas: el manto, que en los hombros sostenía, de pedazos de Cielo se tejía: y del tocado airoso de su frente el Iris era lazo transparente: el campo volvió en perlas lo que llora, viendo que cada rayo era una Aurora. En fin, con dulce voz, sonora; y grave, el cancel de su boca abrió suave: Oye (me dijo) Juan, suspende el paso; miré al Oriente, y se huyo el Ocaso: sabe, que soy María, que en sus pechos a Dios sustenta, y cría, Madre del Verbo, que en mi casto vientre, porque hombre salga, Dios permite que entre; que si en mi humanidad se labró cuarto, Virgen; como antes, fui después del parto. Que vayas, quiero, al Arzobispo, y digas, (verás lo mucho que a mi amor obligas) que en este sitio me fabrique un Templo, que sea a las piedades, digno ejemplo, adonde seré en los siglos venideros amparo a naturales, y Extranjeros. Calló, y rompiendo el aire, donde vuelve, en rúbricas de plata se resuelve. Yo, que atento miraba sus despojos, se me fueron, buscándola, los ojos, y calzándome espuelas de los vientos, aún tardos juzgué así los movimientos? aquesta es la verdad, si no me abona, da crédito a la acción, no a la persona. Oír su afecto, o ilusión me admira, . no vi con tanto empeño la mentira. Si será esto verdad? Locura fuera persuadirme, que un Indio la dijera: Sueño sin duda ha sido lo que ha dicho, o es idea, que finge su capricho. Ya os he entendido, Juan, volved a verme después, que ahora voy a recogerme; en Méjico os espero, id a Palacio, hablaremos del Templo más despacio: y de esa gran Señora que habéis visto, Madre de Jesucristo: quedad con Dios, que el sueño es de alabaros, y me he alegrado cierto de escucharos. . Sueño? no es más verdad la luz flamante, que en rayos vierte el Sol de su semblante; ni el aljófar, que bebe el campo frío; cuando la Aurora esparce su rocío; ni en la fragrante rosa intacta, y pura la estación de su flor es tan segura; como lo es mi verdad; que si pudiera en ella falta haber, sin duda fuera a sí misma faltarse, y no es posible, porque aquesta verdad es infalible. Corrido me ha dejado, no imagino volver a verle, elija otro camino, a Señora, si el Templo hacer conviene, y el Arzobispo su sentir mantiene, que yo, porque lo sepa, y no ofenderla, cumplido habré con ir a responderla. Detente, Juan Diego, espera, buscándote hasta aquí vengo, que amor, por lo acelerado, le pintaron de aire el cuerpo. A Fray Martín de Valencia, el Padre, Vicario, y Dueño, que de esta Santa Custodia tiene el dichoso gobierno, llegué a consultar tu duda, y mi inclinación, diciendo, si era posible tener mujer, quien perdió primero otra mujer, que una sola se concede por precepto al matrimonio, que llaman estos Padres Sacramento, donde dos almas unidas hacen un lazo perfecto? Díjome, que si; de forma, que estar puedes satisfecho: y no siendo yo más de una; se asegura cualquier riesgo; con que en servicio de Dios vivir conformes podemos: ambos en la Iglesia estamos, y el Padre, que puede hacerlo, está en ella, y Dios lo manda, si estamos los dos dispuestos. Tú misma, Ylamachí, tú la dificultad te has puesto, esponderla. y en bárbaro silogismo resuelves el argumento. Si dices, que de una sola ha de ser el hombre dueño; si ha de ser una no más, una mujer yo la tengo. Una mujer, sin ser yo? Es muy poco, te prometo, cuanto gozas, cuanto vales, con la que estima mi pecho. Está Señora es hermosa, es rica, es noble: en el Cielo, ni en la Tierra, hay quien la exceda, ni iguale en merecimientos. Una sola vez la vi, y tan absorto, y suspenso quedé, que a tener mil almas, se las diera por trofeo. La palabra de ser suyo la di, con que ya no tengo dominio en mi libertad, no es mío lo que es ajeno. Tan desnudo el desengaño me das a entender? Tan presto en copa sobredorada quieres, que beba el veneno? Donde hallaste esa mujer con atributos tan nuevos? Es la Deidad de estos campos, oh Reina de estos desiertos? La ofensa de despreciarme es la que en el alma siento; que para una mujer noble no hay baldón como el desprecio. Ilamachí, no te canses, ya en mí te faltó el consuelo, piensa en tu imaginación un Sol, de esa Esfera enmedio, y que todas las Estrellas son unos rayos pequeños. Fábrica un vario jardín, de hermosas flores compuesto, y que con una azucena, rosa es poco, jazmín menos. Un monte de oro imagina, y que cuanto sacan de ello, son unos pequeños granos, que los desperdicia el viento. Pues el Sol, Estrellas, rayos, jardín, flores, rosas, precios, oro, montes, piedras, granos, no se igualan a mi Dueño. . Ah traidor! bien lo encareces, de ira, y cólera reviento: presto te salió a la boca la calentura del pecho. Mal me pagas, enemigo, los amorosos extremos con que te he querido, guarda, guárdate, ingrato, de verlos en odio mortal trocados, que me he de vengar, si el Cielo no lo estorba, de ti, y de esa, a quien por tu injusto dueño públicas, piérdase todo, si yo, y mi amor nos perdemos. Eso sí, pese a mí mismo, rabia tú también de celos; y aunque con distintas causas, las penas, que yo padezco, padece, y sea inextinguible ese escandaloso fuego de tu pasión, Ah María, qué de pesares me has hecho! y no contenta, procuras agravarme los tormentos. No bastó haberme vencido en el instante primero de tu Concepción, que indemne, hollando mi altivo cuello, del pecado original, y de mi triunfaste a un tiempo? No bastó, que cooperases, a pesar de mis alientos, y de cuantas asechanzas puso contra ti el Infierno? No bastó, digo, otra vez, que cooperases, viviendo siempre resignada en Dios, a consumar los Misterios, que la Trinidad Sagrada en su Consistorio excelso previno, para librar al hombre del cautiverio, en que mi poder tirano le tuvo, y que fuese el medio causante, que se encarnase en tus entrañas el Verbo? No han bastado, pues, los altos maravillosos portentos, que has hecho con tus devotos? Nada ha bastado? qué es esto? Ni menos basta el prodigio, que han permitido los Cielos, por tu intercesión, en esa Imagen de los Remedios, Retrato tuyo, tan vivo, que al nombrarla, me estremezco? No bastó, que la eligieses por ti, y para tu trofeo, por Caudillo de las Huestes Españolas, que a este Reino pasaron, mas; que a ganarle, a trael el Exángelio? Ni bastó, en flu, que lograses expelerme del Imperio, de la posesión, y custo inmemorial, que me dieron- estas gentes, adorando piedras, metales, y leños, que mi astucia les propuso por Dioses, para que en ellos fuese yo adorado? Pues qué intentas ahora de nuevo? Qué Templo es el que pretendes te fabriquen? y a qué efecto ha de ser en la llanura, que a la falda de ese cerro se estiende, mirando al río? Es acaso tu deseo usurparme esa reliquia que todabía conservo, del culto de Teotenantcín? Aún ese alivio pequeño quieres quitarme también, después que de los inciensos me has quitado el holocausto, y el sacrificio cruento de las víctimas humanas? Pues ya la defensa intento. No juzgues que has de lograr tan fácilmente tu empeño, que para desvanecerle, todo el Abismo prevengo, todos los vicios convoco, todas las Furias congrego; y a mí, que soy más, que todos, me incito. , . Dragón soberbio contra ti, y contra él. Abismo, y contra cuantos el fiero sequito, que tu acáudillas, siguen, a oponerme vengo. junta tus parcialidades, máquina trazas, y medios, que escarmentado, y vencido has de quedar, porque el Cielo empeñado esta, y me envía a ser Custodio del nuevo, alto, estupendo prodigio, que quiere obrar, tan excelso, y singular, que hasta ahora a otra Nación no se habecho. Bien, si el Cielo está empeñado, reconozco, que no puedo estorbarlo, mas la gloria no me ha de quitar el Cielo de que me oponga, que ya sabe Dios, que sé emprenderlo; y aunque a costa de fatigas, arrestrado entre desprecios, tenaz tengo de intentarlo, cúmplanse, al fin, sus decretos; consiga, pues, de sus triunfos el aplauso, que contento quedaré, como otras veces, si en daño del hombre llego a lograr alguna cosa; para cuyo efecto, pienso avivar en Ylamachí el lascivo, el torpe incendio, que arde en su pecho, a la llama activa de amor, y celos. Una legión de demonios se apodere de su cuerpo; pero no, que cuando importe, mi más mínimo consejo será bastante a privarla de juicio, y entendimiento. No es mujer, y tiene amor? No ama, y padece celos? Si. Pues cuando una mujer está de estos dos afectos vencida, no la hace falta mi furor, ni el del Infierno, para que llegue a perderse. Tampoco has de lograr eso; y si no, intenta, procura, solicita, fragua enredos, cautelas, artes, y trazas, y lo verás. Mas te advierto, que en todo el dístrito donde se alcanza a ver ese cerro, Trono humilde de María, no te atrevas a emprenderlo; así te lo mando, y juzgó que puedes agradecerlo; demás, que cuidado tuyo será excusarte el tosuento; porque si lo quebrantares temerario, te protesto, loque has de adorar el lugan donde sus pies se pusieron? porque no será razón quieja villano el Lucero competir luz con la Aurora. Así, Custodio, lo ofrezco; tienes más orden de. Dios, qué intimarme? No la tengo. Pues a cumplir con tu oficio puedes irte, que yo quedo previniéndome a la lid. Yo también al vencimiento voy a prevenirme. Ya, ya lo sé, pero no puedo desistir de lo intentado, que nunca los escarmientos me han hecho que retroceda, por arduó que sea el empeño; si pude idearle, no pude después, aunque sepa el riesgo, dejar de seguirle, a todo trance mi valor expuesto; porque yo nunca he podido tener arrepentimiento.

JORNADA SEGUNDA

Jucultas soledades Mejicanas, rústico albergue a fieras inhumanas: alta Sierra de Tebayuca errante, del medio Cielo Occidental Atlante, humilde Río, que fecundo riegas de Tácuba, y Tlapaca las dos Vegas; y tú, montaña estéril, y dichosa, por donde baja al valle generosa en gracias, que nos hace cada día, la que es Madre de Dios, Virgen María. Verdes plantas, que dais con abundancia en cada rosa un vaso de fragrancia: amenos sauces, que en vuestra frescura fundáis la lozanía, y la hermosura: altos copados árboles frondosos, catres de pajarillos armoniosos: y tú, laurel heroico, y elevado, que por verde dosel te ha señalado para su alta Imperial Soberanía la que es Madre de Dios, Virgen María. No me miréis, dejadme, si corrido vuelvo a pisar vuestro vergel florido: baste me mi vergüenza, y desconsuelo; y baste que lo sepa solo el Cielo; pues el Cielo es sin duda la Señora, a quien mi humilde pecho fino adora. A verla vengo, que si no, sería ingrata especie de descortesía, y en mi punto implicara, y mi nobleza, caer ni aún en la sombra de vileza. Pero qué he de decirla, sin que sea desagradarla, o mentir mi idéa? He de fingir afectos? o engañoso podré ocultar astuto, y cauteloso la respuesta tan seca, y desabrida que me dio el Arzóbispo? Repetida apenas la memoria, me parece que el corazón desmaya, o que fallece. Dudó de mi verdad, mas no me admiro, solo me admira el ver como respiro. Que era delirio, sueño, o fantasía le pareció la cierta razón mía, y en efecto me dijo: Vuelve a verme, que ha sido industria para no atenderme. Mas obediente vuelvo a responderos, Excelsa Reina, y no quisiera veros. El campo solo advierto, ya he cumplido: no es culpa mía, que no hayáis veñido; si viniereis después, podrán decirlo los insensibles. Pues de ti he de oírlo. Espera, Juan, detente, que a ahuyentar los temores que te contrastan, vengo segunda vez al monte. Desde ese laurel, verde atalaya del bosque, tus quejas he escuchado; y aunque en humildes voces, que no fuiste atendido al mensaje, respondes: no por eso desmayes, ni imposibles te asombren; porque todo le es fácil a quién rige los; Orbes? Lo que mandaste hice. Ya lo sé, Juan; mas donde el crédito desmaya, basta que el celo sobre. Que le vieses, te dijo, el Arzobispo: es torpe la confianza, que se imprime al primer móvil. Lo fácil no se estima, lo estimable se esconde, cuerdas dificultades no entibian corazones. Tu desmayado aliento vuelva con nuevo orden; que aunque ahora se excuse, él lo hará, cuando importe. Dile: Aquella Señora segunda vez dispone te diga, la edifiques un Templo en sitio donde ella misma señala, y quiere que la adoren sus amados devotos, para que sus favores, gocen continuamente los Indios, y Españoles. Vuelve, y diselo así. Señora, si conoces mi humilde ser, por qué de un Indio inculto, y torpe tan grande empeño fías? que temo se malogre; pues dirán, que son sueños, o vagas ilusiones. Si tantos Paraninfos con músicas acordes os cantan humillados dulces salutaciones; escoged uno, Virgen, pues uno Dios escoge, para haceros su Madre, y en vos hacerse Hombre. Mandad a un pajarillo, que articulando! voces, con suavidad admire, y con dulzura asombre? Que a mí, Señora, rudo en tales locuciones, qué crédito han de darme? qué supondrá mi informe? De piedras desechadas levanta Dios sus torres, y hace altos edificios de rústicos terrones. Los Príncipes del Mundo, los Grandes, y Señores, para sus vanidades buscan ostentaciones; pero Dios de la nada maravillas dispone, para que en sus prodigios ensalcemos su Nombre. Esto conviene, Juan, obedece mi orden, yo te asistiré siempre, no tu temor lo estorbe. No será más ligero el ciervo por los bosques, que aún apenas la hierba de sus huellas se encoge. No tan fácil la Aurora ensartará en las flores gargantillas de perlas, con esmaltados broches, como yo, dando alegre a mis plantas veloces alientos, con que duden, si vuelan; o si corren. on Desalada en tu busca; miden mis pies el bosque, n que a una mujer celosa quien hay que la reporte? Dónde, Ylamachí, vienes? que agravias tus blasones: no esos viles afectos caben en pechos nobles. A ver la peregrina Diosa, que el campo esconde, cual mariposa, busco la luz, que me sufoque, porque muriendo en ella, cesen mis aflicciones. Si antes venido hubieras, supieras como, y donde alegre baja al valle la Deidad de los montes. Será, según la alabas, y a amarla te dispones, Ninfa, que en traje humano Divinidad esconde, comunicando influjos al Cielo, al Sol, y al Orbe. Lo mismo es, que su estampa la arida tierra toque, que producir a instantes Primaveras de flores. Lo mismo es, que sus ojos distantes Horizontes registren, que llenarse todos de resplandores. Lo mismo es, que los campos vean sus arreboles, que vestirse de estrellas los valles, y los montes. Lo mismo es, que la vean las diáfanas mansiones, que p de melodía acorde. Es bella por extremo, de cuantas perfecciones pudo adornarla el Cielo, su hermosura compone. Es su cabeza un oro, y en hebras, que descoge, al viento esparce rayos, al Sol envidia pone. Los Cielos la respetan, los Ángeles, y hombres, la tierra, y lo insensible la dan adoraciones. Dios la quiere, y estima, Dueño es de sus favores, el Luminar del día la viste de esplendores, y la calza de plata el Farol de la noche, coronando sus sienes los Astros inferiores. Yo la he de ver. Te cansas, porque a quien se le opone, con escarmientos vence, corrige con rigores. La privación me incita, y aunque de ello te enojes, he de inquirir la causa de tantas sinrazones: y pues tan prodigiosa, no es mucho te enamore, tampoco será mucho, intenten mis pasiones verla, y desengañarse; no dudosas lo ignoren: muera yo de una vez, que es cruel martirio, donde, sin conocer la causa, se sienten los dolores. No quiero que más tiempo tus imaginaciones batallen entre sí, con juicios no conformes; a este puesto mismo vuelve otro día, donde verás el dulce objeto de mis castos amores; que tu confesarás, te excede en perfecciones; y si no, te prometo, como Cacique noble, premiar de tu fineza los amantes primores. Está bien: no sé que haya quien excederme logre en mercedes del Cielo, ni, en naturales dotes. Quién puede haber en el mundo, Americano prodigio, divina Ylamachi hermosa, que a competencias contigo se atreva? No lo presumas, y advierte, que es artificio de Juan Diego el resistirse; no ignoras tú su capricho, pero ignoras la razón de su tirano desvío: Alégrome laverte hallado, donde podré darte aviso, sin ser notado. Quién terés? No lo ves? un noble Indio, aficionado de ti. De qué Pueblo? Yo he venido a Méjico, por ver tierras, y no volver imagino a mi patria, que es distante, y cierto me ha parecido gran Ciudad. Me alegro mucho: como mi amor has sabido, y mis celos? Tan notorios son, que del caso me admiro: porque Juan Diego en su Pueblo blasona desvanecido de que te aborrece, y tú mueres por su amor. Qué has dicho? con celos, también agravios? La misma verdad te digo. Vive el Cielo! ah mal Cristiano! Ojalá lo fuera. . Indigno de mis favores: qué aguardo, si el honor me has ofendido, que no me vengo? No cumples con quien eres, si remiso tu valor, no solicita satisfacerse a sí mismo, que yo prometo ayudarte. Y yo casarme contigo. Yo, Ylamachí; te agradezco el favor, que no es, ni ha sido con ese intento el buscarte: la causa que me ha movido, ha sido otra, y no podemos casarnos; pero confío darte esposo, que te estime. Estás acaso impedido con el primer matrimonio? No, más los diversos ritos lo impiden, por ser Cristiana tú, y yo aún del Gentilismo guardo el venerable culto, en que aquí todos nacimos. Puedes bautizarte. No puedo, que por altos juicios del Cielo, me hallo privado de recibir el Bautismo; y así en esto más no hablemos, que son mis hados impíos; y volvamos al tratado de tu venganza. Te estimo el cuidado, y el consejo; mas dudo el modo. Un cuchillo no aye no hay un veneno? o un premeditado hechizo, que le acabe? Dices bien. Resuélvete tú a cumplirlo, que la ocasión, y la forma después es cuidado mío. Tan resuelta estoy, que ya los instantes más precisos por siglos los considero: muera ese infame atrevido, que osadamente me ofende. Muera, pues, que yo te animo: y muera, por ser yo quien a pa. está del más ofendido, y a quien mayores injurias ha de hacer, si no consigo, que esta mujer despechada, ya que no puede mi brío, le dé muerte. Te suspendes? Jamás yo me he suspendido aún para empeños mayores. De ti, mancebo, confío. Bien puedes. Tú como noble, cuida de mi honor. El mío consiste, bella Ylamachí, en que el tuyo quede limpio? mejor dijera manchado . con el futuro delito, que mi rencor te persuade. Voy, pues, a esperar tu aviso. . Vete. Iras, qué fácilmente este barro quebradizo le hiciera yo otra vez polvo, a faltarle los auxilios de Dios; mas ya, por lo menos, del pecado consentido no puede librarse, pero hasta ejecutarle, tibio estoy, porque arrepentirse puede, y dejarme vencido; y así, a proseguir la empresa, no la malogre el descuido. . A saber nuevas de España, Ilustrísimo señor, vengo, que nunca el amor de nuestra Patria se extraña. Ama el pajarillo el hido, fábrica de cuatro pajas, donde tan rudas alhajas casa de su vida han sido. Tanto el gusano se alaba de su máquina tejida, que en ella empieza su vida, y en ella su vida acaba: pues si en cuanto vive, hallamos un amor al propio igual, nuestra Patria natural con más razón la estimamos. De Vuestra Paternidad es la consideración muy propia, que la pasión de la Patria, en realidad, llama mucho; aunque hubo alguno, que dijo, que venía a ser, donde había que comer, la Patria de cada uno: pero en competencia igual, bien aquí estamos los dos, que donde se sirve a Dios, es la Patria natural. Y es la razón; que en el suelo no hay lugar, que Patria sea, sino en él que se granjea la Patria eterna del Cielo. Llegó el Aviso, y en él unamillón de novedades viene. En estas soledades se estima cualquier papel, gaceta, o carta sencilla, que los que aquí nos hallamos, esperando siempre estamos saber qué pasa en Castilla. Escriben que renunció el César su Monarquía en Felipe. Felicidía, en que el Fénix renació. Que de Bruselas a España se habrá de partir, se entiende, porque allá en Yuste pretende hacer la mayor hazaña. Digna acción! grande interés! muy para ver; y advertir, que al fin, el saber morir; la mayor hazañares. El ejemplo ha sido justo, y si en un César se halló; qué mucho, que deje yo Padres, Patria, hacienda, y gusto. Contento con mi Sayal, todos mis afectos pierdo; ya de Patria no me acuerdo, esta es Patria natural, Mucho a Cortés la pasión de sus émulos persigue, y viendo que no consigue justa remuneración de sus servicios, se aflige. Sirvió como buen Soldado. Eso mismo le ha dañado, muchas veces se lo dije, y que a España inadvertido no pasase. A defenderse pasó, porque llegó a verse sin honor, y aborrecido. La envidia es monstruo severo, sienten que un particular lograse tan singular expedición por su acero. Pues Dios le ha de defender, y su poderosa mano. Yo lo espero, que no en vano le asistió su gran poder en cuantas operaciones ejecutó. . . Así lo advierto. Y cuantas veces por muerto de bárbaros Escuadrones le tuvo su misma gente? Muchas, y le defendió Dios, que de todas salió libre milagrosamente: y libre también, confío, ha de salir de la cruel borrasca, que contra él se ha movido. . Yo lo fío de la justicia Divina, y así a Dios se lo pidamos. cuidado lo encargamos cada día en la Doctrina. Siente, le hayan procesado, mas, que todo. No me admira, pues sabemos que es mentira cuanto le han acumulado: raro modo de vengarse! No es venganza, Padre, es medio, que previene por remedio la envidia, para saciarse. s Los Piltóntlitos, señor, que mandó Vue. Señoría, el Padre Motolinia trae aquí. Aquese en rigor es el propio nombre nuestro. Si es que me le han de llamar, me quiero yo anticipar. Quién de los dos el Maestro es, que a rezar los enseña? El Hermano Fray Toribio, Yo lo tengo por alivio, y mi amor no se desdeña, aunque el trabajo me apura, que son rudos. . Azotarlos, Ya, señor, para avivarlos, alguna vez se procura Fray Pedro de Gante, hijo del César (así se entiende, aunque de oírlo se ofende) con humilde regocijo les está enseñando el canto, y a Tescuco se retira. Por cierto, Padre, me admira, que tan pocos obren tanto. Este es el más avisado, y que a saber más se inclina. Ya sé toda la Doctrina. Tales azotes le he dado. No es menos para admirar ver los Padres por los yermos, cuando van a los enfermos, lloviendo, a Sacramentar: en cuya administración, de Pueblo en Pueblo no paran. Del Evángelio comparan la antigua Predicación. Ay Religioso, que anda doce leguas cada día a pie. . Dichosa agonía! cumple al fin lo que Dios manda, es libranza a letra vista. A quién habrá que no cuadre? Guardábase a nuestro Padre San Francisco esta conquista. 1. No habéis de entrar. Si he de entrar. 2. Oh qué necio! 1. Qué porfiado! Su Señoria me ha dado para que le hable lugar. Qué es eso? 2. Un Indio, señor, que con disparates viene. A lo que vengo conviene, no me tratéis con rigor, No es este el Indio, (si, él es) ap que el otro día me habló? dejadle llegar, que yo le mande venir. . Después, Ilustrísimo señor, que en Tlatilulco su intento poramí quiso revelarte la Madre del Verbo Eterno; pasando acaso ayer tarde casi por el sitio mismo donde la primera vez la vi: no aquí te refiero su Majestad, y hermosura, que a tu discreción lo dejo; si solo, que temeroso de encontrarla, aunque resuelto, si la viese, a referirla tu respuesta, iba torciendo el camino, y de improviso, con rostro afable, y sereno, pasos honestos, y graves, veloz me salió al encuentro. Suspendime, no te admire, que la vergüenza, y el miedo, si separados perturban, qué harían cuando se unieron? Díjome: Juan Diego, aguarda, vuelve, y sin algún recelo, le dirás al Arzobispo, que a la falda de ese cerro, que, entre el Río, y la Laguna, es embarazo del viento, por ti, y para mi alabanza, segunda vez le amonesto, que el Templo, que le dijiste, me fabrique, sin que en ello mas tiempo dudoso esté; porque piadosa pretendo comunicar mis favores, y gracias en este nuevo Mundo, recienconvertido a la luz del Evángelio. Repliquela, no ignorando, que peligraba lo cierto en mi relación, por ver el crédito que tenemos los Indios; pero la excusa no me admitió, y por precepto me mandó venir; con que vengo, señor, y obedezco, dándote el mismo recado, que me dio. Si no contento, aún dudares, buscará de asegurarte otro medio, que yo no pienso volver a verla, sin que primero Vuestra Ilustrísima ofrezca edificarla su Templo. Qué juicio hace V. Señoría de este Indio Gracioso cuento es en el que ha dado el pobre. Lindo Tocotín tenemos. Hermano Juan, por su vida, que trate de ver si es tiempo de que la milpa se coja, y el maiz tenga buen precio; y no se meta en dibujos, repare si está despierto, porque de verdad presumo, que está todabía durmiendo. Tráteme, Padre, mejor, que en esos ruines empleos no me ocupo, y lo que he dicho, es verdad. . Estoy suspenso. A mí que pensar me ha dadó, y ciertamente sospecho, que esto no es invención suya, mayor misterio contemplo: respóndale V. Señoría, que lo cumplirá al momento, con que una seña le traiga. Discreto ha sido el consejo: Juan, volved a esa Señora, y decid, que como necios, e indignos de sus favores, aún no estamos satisfechos; que de lo que nos ordena, os dé una seña, que luego, sabiendo su voluntad, al punto obedeceremos. Qué seña la he de pedir? Si quisiereis disponerlo, bien claro lo habéis oído; y si no, para que es eso? Qué más seña, que ser cosa de su servicio? Podemos andarnos toda la vida en recados, y el tal Templo, si no quiere darme seña, que no se haga? Si por cierto, diselo tú; que yo sé, que te la dará, y te ofrezco ponerle al punto por obra. Pues yo, señor, voy contento a llevarla esa respuesta, que en fin, es suyo el empeño: y si no consiste en más, que en la seña, al punto vuelvo. A mí me ha dado cuidado. Y aún a mí, Padre, os connfieso; pero si es causa de Dios, poco importa que dudemos, que en tales casos, la duda al mérito no hace menos. Andémonos a milagros? si verdad fuera, a qué efecto le había de hablar en el campo, que es predicar en desierto? Todo puede ser verdad, que los Divinos secretos, querer saberlos el hombre, es notable atrevimiento: Hola? . Señor? . Id los dos así a la larga encubiertos, siguiéndole, y neparad con quien habla, procuremos acertar de nuestra parte, que lo demás lo hará el Cielo. No os volváis, sin traer razón. Así te lo prometemos. . Señora, si esto es así, dadnos más conocimiento. Yo en mis pobres oraciones. la suplicaré lo mismo. . Suspended, señora, el llanto, no pueda más el dolor, que vuestro heroico valor. Es de tal suerte el quebranto que estás cartas me motivan, que aunque me quiera alegrar, no podré nunca olvidar las penas que me cautivan. Pues para cuando advertido es un ánimo prudente? ha de ser continuamente irn la pena contra el sentido? No es justo venza algún día la prudencia al sentimiento? no eclipse siempre al contento la infausta melancolía. Cómo, amiga, si repaso estos míseros renglones, tus discretas persuasiones tu podrán templar mi traspaso? No miras, no ves, no adviertes los desabrés que el Marqués padece? aquesto no es matarle con muchas muertes? Lance menos dolgroso fuera una muerte precisa, que ahogara el pesar de prisa, sin prorrogar lo penoso: pero una continua pena, radicada en la aprensión, a qué prudente varón de su juició no enajena? Pues siendo así, como es dable alivio, que me consuele, si está cerca lo que duele, y lejos lo saludable, Por qué piensas que tenida es la muerte por dichosa? porque es la que echa la losa a los males de esta vida. Precisa cosa es morir, y excusarlo nadie puede; por eso, cuando sucede, la razón vence al sentir; mas en mi congoja advierto al Marqués (mal excesivo!) muerto, con gajes de vivo; vivo, sin honras de muerto. Al muerto el más enemigo le mira ya sin rencor, procurando darle honor, como el que fue más su amigo. Que la muerte, aunque en verdad la vida actual le quitó, también le restituyó la vida de la amistad: pero el vivo perseguido, muere por distinto modo, pues no muriendo en el todo; juzgan, que ya ha fallecido, cuyo juicio no modera la injusta persecución, y la misma emulación le hace que viva, y que muera; demás que el noble con cual vida se anima mejor, siempre es con la del honor, que no con la natural. Pues si esta vida estimable a mi esposo le han quitado, por qué crueles le han dejado la que es menos apreciable? Porque sienta. Bien reparan con más exceso su ofensa, que fuera piedad inmensa, si ambas vidas le quitaran. Y si penas tan vehementes llego a tocar, y advertir, cómo no me he de afligir? no estorbar mi llanto intentes. No os puedo negar, señora, la causa porque os quejáis; pero si bien reparáis, no con llorar se mejora. Sentís amante el injusto padecer de vuestro esposo, el sentimiento es forzoso, mas no con tanto disgusto. No hay dolor tan inhumano, que algún alivio no dé: pues si es así, para qué le hemos de hacer más tirano? Confórmense la prudencia, y el sentimiento, y verás, que no sobrésale más la cura; ni la dolencia: con cuya templanza fiel se consigue fácilmente, que sea el pesar decente, y la pena menos cruel. Gracias a Dios, con salud está el Marqués mi señor? Si por cierto. . Pues honor nunca le da el atahud, lástima sí; con que errada discurres en presumir, que con llegar a morir queda la envidia saciada; cesa en su rencor sangriento, eso sí, más es porque el objeto se le fue de su airado pensamiento. Tampoco da honor la muerte, que al que sin él falleció, la acción toda le quitó para mejorar de suerte. Y en fin, yo no encuentro medio entre la muerte, y la vida, la una es de todo homicida, la otra de todo remedio. Está bien, traeme el recado de escribir. . Aquí le tienes. Oh qué de espacio que vienes, alivio de mi cuidado! Déjame sola. . Servirte solo mi afecto desea. Oh propensión de la idea, qué mal sabes divertirte! Volver quiero a repasar estas cartas, por si acaso el tiempo que las repaso, puedo a solas descansar. Que en el Consejo le atienden con poco amor los Oídores: son influjos de traidores, que pervertirlos pretenden: No podrán, ni en algún modo su astucia me sobresalta, que el Consejo nunca falta a obrar lo más justo en todo. Y si como hombres, errados en el dictamen se vieran, Dios, y la Virgen les dieran luz, para andar acertados. Así, Señora, confío de vuestra inmensa piedad, lo haréis, no una falsedad pueda, con ánimos impío perseguir a Hernan Cortés: y si siempre le amparasteis, Señora, no le guardasteis, para olvidarle después. Que también al Rey, parece, influyen los desafectos de una causa dos efectos, cuando ninguno merece. Ah Rey, tu soberanía obre, señor, con clemencia; no padezca la inocencia, y prive la tiranía. Como tan mal galardón de sus servicios le das? Puede acaso valerimás, que tú mismo, la pasión? No es posible. Pero el sueño. Que está pobre. Gran quebranto! Pobre ha de estar, quien de tanto oro, y plata ha sido dueño? El que unas Indias ganó, el que conquistó un Imperio, hoy expuesto al vituperio de la pobreza? Eso no. . Porfiada pasión humana, ya no puedo resistir el sueño. Qué iba a decir? No me acuerdo. Acción tirana! En la Corte está Cortés del Católico Felipe, viejo, y cargado de pleitos, que así medra quien bien sirve. El que ganó tantos Reinos, tantas victorias insignes, hoy para entrar en Palacio, solo un Portero le impide. Salia de Misa el Rey, y Cortés llegó a pedirle, que le despachen sus pleitos, que era tiempo de partirse. Señor Vuestra Majestad, a quien el Cielo eternice para amparo de la Iglesia, y de estos Reinos, mi humilde suplica admita, por ser de un Soldado, esto le obligue, que es cuanto puede rendida la ponderación decirle. Todos sirven a los Reyes, mas quien los sirve en las lides no sé en qué se diferencia de los que en la paz los sirven, El despacho de mis pleitos es hoy lo que más me aflige, porque hago falta en mi casa, señor, y deseo partirme. Mandad a vuestro Consejo, que los vea; y determine piadosamente, atendiendo a estas canas, que desdicen, (cuando no me apa drinaran mis servicios) de ese crimen, que émulos osadamente han querido atribuirme. Yo lo haré ver. . Despejad. i no seáis cansado, y terrible; sed Cortés, no descortés me obliguéis a que os retire. Yo lo haré ver, dijo el Rey; y Cortés quedó muy triste en ver que el Rey no le oye, y Rui Gómez le despide: Asiole del brazo al Rey, y con valor invencible, puesta la mano en la espada, su sentimiento le dice. Vuestra Majestad, señor, escuche a Cortes, y mire, que con la capa que cubre, y con la espada que ciñe, ha puesto a sus Realés plantas más Provincias dé Gentiles, que dé Herejes pertinaces, y Mahometanos horribles, sus altos Progenitores ganaron (sin que os admire) Ciudades, Villas, Aldeas, Fortalezas, y Fortines. Si lo ignoráis, Nueva España ya mudamente lo dice, en cuanto de Nore a Sur el May soberbio la ciñe. No me volváis las espaldas, Rey, y señor, que a pie firme, siempre a frente de banderas, estuve en todas las lides. No temí al riesgo jamás, aunque en combates terribles me asaltaron más Infieles, que luces el Cielo viste; y aunque a costa de mi sangre, mi muerte vi tan a pique, que teñí las blancas armas. muchas veces carmesíes. Yo soy el que a Motezuma, aquel Monarca invencible, Príntipe de siete Reyes, y Rey de diez mil Caciques, yo soy el que le prendí en su Corte: y si increible se hizo entonces, por hazaña singular, ya la describen las Corónicas por cierta, para que todos envidien el valor de Hervan Cortés, y de vos, señor, los timbres. Que tengáis más leal vasallo, vive Dios, es imposible; tanto, bien puede haber muchos, aunque ninguno me imite. Pues como el hijo de Carlos, Águila, que al Sol compite, a un vasallo tan honrado como yo, así le despide? Si sois Sol, comunicad los influjos apacibles a los buenos, y a los malos, que el Sol a nadie distingue. Si sois Rey, sed liberal, y favoreced a un triste, que ahora desdichas le cercan porque fue en serviros firme, Sabio sois, y pues sois sabio, vuestra ciencia aquí se explique: Mirad, señor, esta plana, que sucintamente escribe mis servicios, y pondera (perdonadme si a advertirle a vuestro juicio me atrevo) cuanto para deslucirme, contiene el proceso, que contra mí la envidia sigue. Volvió los ojos el Rey, y vio al venerable Cisne bañarse en agua las canas, y esto le dijo Felipe. Padre, vos tenéis razón, y lo será que os envidien cuantos valientes Soldados hubo desde el Nilo al Tiber. Yo sentencio vuestros pleitos, y desde ahora os doy por libre: id con Dios, que vuestros hechos más información no piden. Besoos los pies. Ah Rui Gómez, . qué os parece lo que visteis en este Alejandro nuevo, en este Español Alcides? No tuve miedo en mi vida, y si puede así decirse, me le ha puesto un hombre solo, despechado. Cuando a unirse llegan la razón, y el brío, solo consigo compiten; sin que afecto, ni respeto alguno los supedite.. Oh gran Salomón segundo, tus memorias se eternicen; y como renombres tienes, doblados Reinos conquistes. Sean el jaspe, y el bronce, con sinceles, y buriles, historial volumen uno, y otro mapa, que publiquen tus hazañas, y del Orbe en los distantes confines, sincel, buril, y pincel tus glorias inmortalicen. . Oh qué pesado letargo tiranamente me oprime los sentidos! Si fue sueño, o ilusión lo que vi? Ay triste! Ay esposo! ay dulce dueño! después que con tan felices, y tan memorables hechos, la fama con sus clarines ha publicado tu nombre por los remotos Paises de dos Mundos, la fortuna a estado tan infelice te ha traído, que tu Rey, a quien un Imperio diste, para un perdón, que te ha dado, aunque ha sido incierto el crimen, (si acaso te ha perdonado, que no quiero persuadirme de sueños) necesitó que le obligases a oírte? No lo sé y así, cuidados, durad, mientras todos dicen. En la Corte está Cortés del Católico Felipe, viejo, y cargado de pleitos, que así medra quien bien sirve.

JORNADA TERCERA

TERCERA JORNADA Perversa astucia mía, ya llegó el plazo, ya llegó aquel día que con una venganza consiga mi victoria, y tu alabanza. Ylamachi celosa instrumento ha de ser de la rabiosa acción; a que me incita el odio, que en el pecho resuscita: que aunque nunca extinguido, con nueva causa ahora ha revivido. Áspid soy inclemente, que escondido en la flor astutamente, el veneno mortal, con que me animo, en mí mismo algún tiempo le reprimo, hasta que aquella ira provocada revienta en ponzoñosa llamarada. Ya en la ocasión me veo, y a cumplir vengativa su deseo, por ministerio mío, Ylamachí se va acercando al Río; por donde apresurado Juan Diego ha de pasar, que avergonzado, por la cuerda respuesta que le dio el Arzobispo, de la Cuesta del Cerro se retira, y por esta vereda al Pueblo tira de Guautitlan, huyendo de encontrar a María. Cómo, siendo mi anhelo desairarla, valor llego a tener para nombrarla? Máncebo generoso, cuyo ardimiento, siempre victorioso, hoy con más alta gloria a tus triunfos añade la victoria de la justa venganza, a que anhela impaciente mi esperanza? gracias te doy rendida, y te prometo ser agradecida. Ylamachí, detente, que agravias mi fineza injustamente, y advierte (ah fiero Abismo!) que debo yo servirte por mí mismo, y aunque el motivo ignores, no el aplauso, que espero, me desdores, bástete haber notado, que soy noble, y el noble está obligado a amparar una Dama, por propio punto de su misma fama. Mas tu garboso aliento luce con tan hidalgo rendimiento; y así, solo deseo, que él sea de sí mismo su trofeo. Y pues ya hemos llegado al sitio que tenemos señalado, y Juan Diego se tarda, (que así lo juzga siempre quien aguarda) mira lo que me ordenas. Solo procuro mitigar tus penas, y ya Juan Diego viene. Mi ira en este vaso le previene el tosigo más fuerte, que inventó la crueldad para la muerte. Por esta ignorada senda me conduce mi destino a Guautitlan, que medroso me he apartado del camino, por no encontrar a María, que aunque la adoro, y estimo, no quiero verla, por no decirla del Arzobispo la respuesta, y he tomado rodear, por mejor partido, media legua, que encontrarla; y si bien, en cualquier sitio puede buscarme, hasta tanto, dilatarlo determino, huyendo de la ocasión, porque es caso muy distinto ser el lance voluntario, o que se venga preciso. Mucho me fatiga el Sol, y la sed, si voy al Río, puede ser, que llegue a hablarme la Señora, mas distingo llí una India, si acaso llevará para el camino pulque bebida que usamos? Ya llega. . Cielos divinos, vengadme de este traidor. Eso sí, pese a mis bríos. Juan Diego? Ylamachí, como en este páramo, al hilo de medió día, tan sola? No advierte que estoy contigo. Cuando más ardiente el Sol vibra sus rayos activos, tú en el campo a la inclemencia de rigor, tan excesivo, que aunque el Invierno le temple, hoy hace un día de Estío? qué es la causa? . Si no ignoras el amor con que me animo, no ignores tampoco; que desde Méjico he venido siguiéndote. . Qué bien finge! Ylamachí, yo te estimo esa fineza, mas siento, que cuando te tengo dicho tantas veces, que a otro dueño mi voluntad se ha rendido, te pases a estos excesos, de tu estado tan indignos, que solo el imaginarlos, es contra el honor, delito. Dirás que el amor te arrastra, y no es si no tu apetito, que amor no tiene en las almas más despótico dominio, que el que nosotros le damos; y sin ser correspondido, no es posible, que ocasione esos locos desvaríos. Vuelve a Méjico, Ylamachí, porque el vulgo inadvertido podrá notarnos. . Si haré. Y tu venganza? A eso aspiro. . . Aguarda. Qué quieres? . Llevas, por ventura, prevenido qué beber en ese barro? Cumpliéronse mis designios. Si lllevo. Para estorbarlos, me envía el Cielo. Ah de mí mismo, y de mi rencor? . Dragón, infernal monstruo, ya has visto malograda tu cautela. Adiós, que con este alivio podré llegar a mi Pueblo. . Mancebo, dónde te has ido? Mira, que te ha echado menos, y pues aquí la has traído, empeño tuyo es volverla a la Ciudad. . Cuando ha sido el galardón, que yo he dado a aquellos que me han servido, sino entrarlos en el riesgo, y en el riesgo confundirlos. En efecto eres ingrato. Ni aún a Dios fui agradecido. Pues tu misma confusión te servirá de castigo. . Mas no podrá de escarmiento: y pues que Juan Bernardino, tío de Juan Diego, está con manifiesto peligro de muerte, hasta que otro lance me ofrezca el tiempo propicio, iré a poner embarazos en su casa: y si consigo que muera sin Sacramentos, (aunque muera arrepentido) tendré el despique de haberle privado de recibirlos, perdiendo, por causa mía, aquel mérito infinito. . 1. Le has hallado? 2. No por cierto. 1. Y qué hemos de hacer los dos? 2. Volvernos, y que obre Dios. 1. Será grande desacierto irnos sin razón alguna; que el amo no nos creerá. 2. Mas desacierto será el quedarnos a la Luna. 1. Después que todo el día entero hemos andado perdidos por prados, y por exidos, buscando a aquel embustero, como tu frescura intenta, que a la Ciudad nos volvamos? 2. Amigo, y si no cenamos; nos saldrá mejor la cuenta? Pues aí es, que la camilla es aseada, el santo suelo, con el pobre ferreruelo, y la triste sotanilla. Buen modo de medrar fuera, darme aquí una mala noche, pudiendo yo andar en coche, si estuviera en Antequera, donde nací, y donde tengo mis mayorazgos fundados, que valen seis mil ducados de renta! 1. No me convengo; amigo, aqueso es patraña. 2. No es; sino pura verdad. 1. Pues es grande necedad venirse a la Nueva España a servir, y abandonar su Patria, casa, y hacienda. Que el que allá no deja prenda, se venga acá, por medrar, es muy natural; mas quien se viene, y deja esa renta, o no es como lo cuenta, o no ha venido por bien. 2. Tienes, Fernando, razón, que son mis hados atroces: yo di a un Alcalde de coces, y un tapavoca a un Sopión: Quité una mujer casada a su marido inocente, y a sus padres diestramente una doncella extremada: la justicia me siguió, y yo temeroso huí, con que huyendo, conseguí, lo que ella no consiguió. 1. Menos crédito te doy: luego hubo de haber mujeres? 2. Pues sea lo que quisieres, que yo a la Ciudad me voy. 1. Y vamos bien despachados. 2. Ven, que allá lo compondremos, pues para mentir, tendremos privilegio de criados. . Adónde, Cielos piadosos, hallará un triste consuelo, si de tantas penas juntas se ve combatido a un tiempo? Huyo del paso del Río, y retirome del Cerro, por no encontrar a María, y con Ylamachí encuentro, metiéndome aquel cuidado en un peligroso riesgo: salvo al uno, venzo al otro, y cuando a Guautitlán llego, hallo está Juan Bernardino, mi tío, al último aliento, que a rigores de una fiebre maliciosa, sin remedio, los mortales accidentes por instantes repitiendo, el último de su vida se teme cada momento. Vuelvo a salir presuroso, que la caridad, y el deudo me dan priesa a que le lleve los Sagrados Sacramentos: y apenas el primer paso doy, cuando ya experimento de aquel mi primer cuidado segundo acometimiento. Fuerza es pasar por el Río, preciso dar vista al Cerro, grande el riesgo de mi tío, y peligroso el rodeo. Si voy al Río, es más breve el camino; pero temo que he de encontrar á María, y me detendrá: si quiero excusarlo, he de rodear media legua, por lo menos, con que por todos caminos voy precisamente expuesto a que cuando llegue el Padre, haya espirado el enfermo. Cielos, qué haré en duda tanta? No lo sé; mas ya lo advierto: rodear, es voluntad mía; detenerme, es hecho ajeno, y que no venga el trabajo por mi culpa, es lo primero; que si a suceder llegare acaso, por otro medio, escrúpulo no tendré, aunque tenga el sentimiento? fuera de que la Señora es tan piadosa, que creo que sabiendo a lo que voy, no me detendrá. . Yo intento con sujestiones quitarte, no solo ese pensamiento, por dilatar, o impedir el lance, que estoy temiendo, sino deslumbrar tus ojos con apariencias, haciendo todo el campo un laberinto de sendas, con que perdiendo de Tlatilulco el camino, y confundido tú mismo, muera antes Juan Bernardino, que vayan los Sacramentos. Suspende, fiera inhumana, hidra de siete cabezas, esa diabólica astucia, sabrás la Divina idéa. Ya llegó el tiempo dichoso, en que la Aurora más bella, no ya en perlas, ni en celajes, sino en sí misma amanezca. Huye, Dragón, hasta tanto que tú el Pregonero seas, que para más pena tuya, publiques su gloria inmensa. No huyes? qué aguardas? No aguardo, me suspende mi soberbia, la ira es de mis movimientos la remora más violenta. . Y tu venturoso joven, tus confusiones destierra, que esta refulgente antorcha camino, y acción te enseña. Llega al sitio ya elegido, no tu ignorancia suspenda de las piedades del Cielo el favor, que hacerte intenta. Y pues ya feliz llegaste donde la alta providencia te ha conducido a mi impulso, oye, obedece, y no temas. Juan Diego, espera. No puedo detenerme por ahora; que voy, Señora, de prisa a Tlatilulco. . Esto importa. Cómo, Señora, sineres Madre de Misericordia, el ir por los Sacramentos para un enfermo, me estorbas? mi tío Juan Bernardino con las últimas congojas queda. Mira que te engañas. Que no me engaño, Señora, un cuarto de hora habrá apenas que le dejé, y amorosa la Cristiana caridad a llevarle me provoca el Víático. . Ya está bueno, no tienes que ir, ni dudosa esté tu imaginación; que yo misma, Juan, ahora le acabo de dar salud, y prueba será dichosa; que tú lleves el Retrato, y él el título le ponga. Mil veces os da las gracias mi rendimiento, gloriosa Reina, que me hallo corrido de ver lo poco que abona el Arzobispo mi aviso, y no sé lo que os responda. Díjome: Para que sepa si es verdad lo que me informas, una seña has de traerme, diselo así a esa Señora, que si es disposición suya, te la dará, porque ignora mi desmérito el favor, aunque el celo le conozca. Yo, si vos no me la dais, no la tengo, y se abandona mi punto, el empeño es vuestro, y mi suficiencia poca. No te aflijas, que yo gusto que le lleves una copia de cuanto la Primavera con coloridos retoca. A ese estéril risco sube, ya matizado de rosas, y flores, que ha producido la naturaleza propia, que a preceptos de su Autor está su obediencia pronta: sube, y corta algunas de ellas, Aquí flores? quién ignora que ese arido pedernal, esqueleto se remonta a combatir con el viento, y entre inconstancias furiosas, o a puñaladas de guijas, lo que produce, destroza. Fuera de que en el Invierno se entristece el campo, y llora, tiritando, porque el tiempo le ha desnudado sus hojas: y por el Diciembre helado, qué es este mes, las coronas de los elevados riscos se guarnecen presuntuosas con repetidas escarchas, que lo que encuentran deboran, consumen lo que produce, y abrasan lo que retoña: qué flores producir puede? Adiós no hay difícil cosa, y al Aura de mis alientos todo el campo se remoza, sin que avaricias del Cierzo a mi voluntad se opongan: sube, pues; y no receles. Todo a tu imperio se postra, Qué jardín tan peregrino! qué floresta tan hermosa! qué vergel tan primoroso! que diferencia de rosas! qué flores tan exquisitas! qué agradables! qué olorosas! unas pebetes respiran, y otras exhalan aromas: cazoletas de los aires, casi los sentidos roban, agua de Ángeles destilan, derraman fragantes pomas: Si me atreveré a cortarlas? Juan Diego, qué esperas? corta, que esas han de ser las señas, que harán tu verdad notoria. Recógelas en tu tilma, que aunque de materia tosca, vendrá a ser brocado rico. Aquí están las más hermosas. Llévalas al Arzobispo, que aunque en Méjico se ignora ese género de flores, las conocen muy bien todas los Españoles, y el creerte, (que no han querido hasta ahora) será hoy, que así conviene; y a Diós, que mi amparo gozas. Águila Divina, aguarda, que, por entre nubes rojas, con el resplandor deslumbras, y toda la Región doras. Detén las veloces plumas, Garza que el vuelo remontas, y en aquel Divino Alcázar vives, triunfas, y reposas. Mas no, vuelve a poseer tus altos grados de gloria; y acuérdate de este siervo, que tu luz sagrada adora. . Sobre estar mojado el suelo, cuatro leguas son, par Dios. Si lo advertimos los dos, en el camino del Cielo hay mayor dificultad. Es verdad, mas de este modo, yo pienso que le ando todo, aunque no ande la mitad. Todo en efecto es andar, pero débese advertir, que quien le empieza a subir, ha de temer el bajar. Ir, y venir, sin comer, a pie a Tácuba, es matarnos: siquiera desayunarnos, Padre, no se podrá hacer? No, porque hoy, por obediencia, todos en casa ayunamos. Pero cuando caminamos, no podemos en conciencia, porque el cansancio es cruel. Y si otra vez nos llamaran, y mil, siempre nos hallaran, con pecho agradable, y fiel, dispuestos a administrar los Sacramentos Sagrados. Fueramos muy bien cenados, pero no antes de almorzar. En eso no reparamos, que este es nuestro propio oficio. Pero con el ejercicio, cansados, y hambrientos vamos: no nos podremos sentar un rato? . No, hermano mío, como tan gran desvarío ha llegado a imaginar? No ve, que fuera perder el tiempo, ni aún un momento, sinrazón? . . Y si el aliento me falta, he de perecer? Que no ha de perecer, creo. Pues bien me pueden olear, porque ya voy a espirar, ya me caigo, ya no veo. Dios le ayude, y haga santo. Bien puede, si quiere. Aquí una tortilla escondí, quiero mascarla entretanto; y en fin, ayudemonos, que es cosa desacertada, no hacer de su parte nada un hombre, y dejarse a Dios. Ande, y de la carne dome la rebeldía importuna. Mas qué hace, hermano? no ayuna? Harto ayuna quien mal come: esto es engañar las ganas, y procurar divertillas con estas, que por tortillas, pasan plaza de badanas. Acuerdome, pero en vano, (oh imaginación liviana!) de unos bollos, que en Triana venden, en el Altozano: deshácense entre los dedos, como unos tiernos cogollos; de estos bollos, y rebollos se llamaron Rebolledos unos hombres principales. Qué en eso así te desveles? Allá se llaman pasteles, R los que acá dicen tamales. Ay tal consideración! Así, Padre, me entretengo, y a darle al deseo vengo platos de imaginación. Cerca de Méjico estamos. Gloria a Dios, el puerto vimos, la cuesta que descendimos, de Tebayuca llamamos. Ya lo sé. Vaya entretanto, moralicemos un poco. Calle, hermano, que está loco. Padre, de hambre un tanto cuanto. Pues en llegando al Convento, nos falta pedir el pan, que los devotos nos dan para el preciso sustento de nuestra Comunidad. Y que haya lengua atrevida, que diga que no hay más vida, que la de un Fraile! l pilo Es verdad. Verdad, Padre? eso me aburre. Verdad? Pese a tal conmigo. Verdad? Un pobre mendigo. Verdad? Como no discurre, que nos comemos las manos, la Regla con que vivimos, y cuando más bien dormimos, alto a Maitines, hermanos. Qué paciencia ha de aguantar dos Cuarismas, sin los días de Vigilia, (ay ganas mías!) y el Adviento, a bien medrar? mas que ayunos (si se notan) es, si cual diciplinante, aguarda uno cada instante, si se azota, o si le azotan. Y con este afán eterno a que aquí nos condenamos, bravo chasco nos llevamos, si nos vamos al Infierno. Muy vicioso le contemplo, aquí para entre los dos, pídale su auxilio a Dios, que ya estamos en su Templo. Ay, amiga, no sé como encarezca; la tierna inclinación de mi deseo, sin que exceso, amoroso te parezca, queriendo siempre ver lo que no veo: que lo pintado vivo se apetezca, es loca fantasía, o debaneo, como el enfermo; que en pasión ingrata; más apetece lo que más le mata. Si advierto del Marqués la larga ausencia, si considero, que el servir le daña, si del Rey premedito la clemencia, si veo de sus émulos la saña, qué argumento ha de hacer esta experiencia en un amor, que es fino, y no se engaña, sino desear amar mi fe importuna; contra todo el poder de la fortuna. Si la fortuna, gran señora, fuera estable, y la virtud no tan constante, yo tu pena alabara la primera; pero si en positura tan distante están los dos, quien duda que prefiera la que se halla con fuerza más pujante? sin que de la virtud el triunfo pueda desgraciar el balance de una rueda. Ylamachí, es verdad, pero que quieres que haga el afecto, viendo suspendido premio, que a la virtud justo confieres; que aunque sea tal vez muy merecido, pocas se logra; di ahora de qué infieres, sin que deje de ser solaz fingido, que puede consolarse mi cuidado, viendo el mal cierto, el bien imaginado. Deo gracias. Por siempre. . . El pan de San Francisco. Entre, Padre. Dios sea en aquesta casa, y la caridad os pague, señora, que no podemos satisfaceros los Frailes mas, que con pedirle os dé salud, y felicidades a vos, y a Fernan Cortés, y lo espero así. . Mi Padre Fray Martín, premiáis muy bien mi devoción, él os guarde, y dé cuanto puede daros para que vaya adelante propagándose la Fe. Hermano, por otra parte vaya a recorrer las casas. Benedicite. No tarde. Y vos, señora, aunque ya los Nortes tanto embaracen; no perdáis las esperanzas de Flota, y en ella aguarde del Marqués Vue. Señoria noticias muy favorables. La Virgen de los Remedios nos consuele, como Madre: y ahora venga, y llevará el cuotidiano homenaje, que a mi Padre San Francisco por feudo ha de tributarle toda mi vida esta casa. Marquesa Ilustre del Valle, el Cielo premie ese afecto tanto, como con Dios vale, y aunque a su Casa algún tiempo (no lo quiera el Cielo) falte la suecesión del Marqués, la memoria no se acabe. Padre, Padre? Gran señora? Qué trae, hermano? qué hace? Albricias, si he de decirlo. Yo se las ofrezco, acabe, diga de qué? Pues señora, luego que salí a la calle, oí, que ha llegado Correo de la Vera Cruz. Qué trae? Que ha dado vista la lota a San Juan de Ulva. Mi Padre Fray Martín, adios se quede, que yo, sin perder instante, voy a ver si el Arzobispo algunas noticias sabe de el Marqués. Acompañando iremos todos. . . Pero antes mande Usía, que me den en albricias chocólate. . Que en fin se desvaneció todo el enredo? . 1. Seguimos sus pisadas, y perdimos las huellas, que nos dejó, porque cuando más cercano a la vista parecía, toda aquella fantasía se convirtió en aire vano. 2. Algún Ídolo, señor, le persuadió a tal locura, y escondiéndose, asegura de su castigo el rigor. 1. Su idolatria evidente la hizo, quedándose oculto. Vuestra verdad dificulto, otra cosa el alma siente. Templo manda edificar, luego os engañáis los dos, que nunca en cosas de Dios tuvo el demonio lugar. De que esos son desatinos, estáis dando testimonio; no quiere Altar el demonio con sacrificios Divinos. Solo un juicio prudencial aumenta las dudas mías, que aunque han pasado dos días, no ha vuelto con la señal. Retirome a mi Oratorio, que es el lugar más perfeto; si es de Dios este secreto, él mismo le hará notorio. . 1. Temblando estuve, y me admira de verle tan reportado. 2. Ya; por lo menos, ha dado crédito a nuestra mentira. A su Ilustrísima avise, estoy aquí, y que si puedo besar su mano. . 1. Si haré, aunque ahora a su aposento se ha retirado a rezar. . Sabéis vos, si este Correo algunas noticias trae de España? . 2. Señora, creo, que no trae nada, porque luego que dio vista al puerto de San Juan de Vlva la Flota, el Castellano dio de ello aviso a la Vera Cruz, cuyo Corregidor, tengo por cierto, le despachó; más espérase muy presto el Gentilhombre, y con él sabremos lo que hay de nuevo. Señora, Usiria toma tanto trabajo? ya veo que la noticia de Flota la habrá inquietado, y lo mismo a Fray Martín. . . Sí señor, que a todos este suceso interesados nos hace. Es verdad. Vengan adentro, y se sentarán un rato. Yo también, porque no quiero parecer entremetido, al disímulo me cuelo. Podré al señor Arzobispo ahora ver? que a hablarle vengo, y a traerle la señal, que me pidió. 1. Es otro enredo? 2. Venís ya cómo soléis? Sí, porque siempre me precio de dar de mi buena cuenta, y de cumplir lo que ofrezco: a eso he venido, y quisiera que avisaráis. . 1. No podemos, porque hay visitas. . Por cuanto no faltara impedimento! 2. Y qué traéis? . Para vos nada, ya estáis satisfecho. 2. Y para mi amo? . Unas flores de Castilla. . 1. Si las vemos, lo creeremos. . No lo creáis, que yo no os obligo a ello. 2. Flores de Castilla aquí, y a la mitad del Invierno? Pues esa es la maravilla. 1. Y también el embeleco; y así, si queréis entrar, las hemos de ver primero. No os canséis en eso, que no las veréis. . Si veremos, esas son artificiales. Así las quiere su dueño. 1. Acá, droguero, os venís con aquese fingimiento? No extraño, que os engañéis, ignorantes del secreto; pero me admira que haya Españoles tan groseros, porque con los que he tratado, siempre han sido muy atentos. Qué es eso? 2. Señor, este Indio con otros embustes nuevos ha vuelto a hablaros, y dice, para mejor disponerlo, que unas flores de Castilla trae, y como en este tiempo aún las que acá se conocen, faltan, hicimos empeño de verlas, y conocimos, que son fingidas. . Discreto, y venerable señor, cuan rendidamente puedo, os pido, que me escuchéis, y sabréis, que obedeceros he procurado. . Decid. Estadme todos atentos: Presente, señor, tendréis, que dos veces he venido a hablaros, y también, que me dijisteis el Domingo, que os trajera una señal, que fuese crédito digno de mi informe. Esto supuesto, aunque os confieso, que me hizo repugnancia, por estar satisfecho yo conmigo; no obstante, considerando que la verdad en los Indios se hace siempre sospechosa, por tener tal, o cual vicio; la señal os ofrecí con Fe, que en tan peregrino suceso, la desconfianza fuera especie de delito. Fuime con este cuidado, y a mi Pueblo me encamino, donde gravemente enfermo encontré a Juan Bernardino mi tío, y fue necesario aquella noche asistirlo. Amaneció el día siguiente sin conocérsele alivio, si no cada instante aumento de la fiebre, y del delirio; y atento a su curación, trajé de un Pueblo vecino el Médico, o Curandero, que después de haberle visto, declaró ser el achaque cocolixtlí, o tabardillo, a cuyo mortal contagio aplicando prevenido parlís, o medicamentos, el día, sin haber ido a buscar a la Señora, se pasó, ni haber servido la ciencia especulativa; que la salud, de mi tío a cuenta de Dios corría, como Médico Divino. Vino el Martes, día feliz. (aunque algunos han tenido por aciago, o infelice, no averiguo los motivos) Vino, en fin, que es el día de hoy y teniendo ya cumplido con los remedios del cuerpo, a los del alma me aplico. Salgo para Tlatilulco por el Víático: no digo las confusiones, que entonces me cercaron de improviso; si solo, que temeroso, por no haber obedecido a la Señora, y también por no detenerme, elijo una senda, sin rodeo, algo fuera del camino. Donde me salió al encuentro, tan agradable, os afirmo, que de todos mis temores súbitamente me olvido. Pedila, que me dejase ir adelante, no quiso: exagerola el estado del enfermo, y que preciso era llevarle cuanto antes los Sacramentos Divinos. Respondiome: Es excusado, que ya está bueno tu tío: yo le he dado la salud en aqueste instante mismo. Agradecila el favor, y estando cerca del sitio donde otras veces solía ver su Majestad, la digo: Señora, vuestro mensaje he llevado al Arzobispo, y una infalible señal, de que es verdad, me ha pedido. Yo no la tengo, y si vos no me la dais, imagino que no os labrarán el Templo? vuestro es el empeño, y mío, porque en vuestro santó Nombre confiado, se la he ofrecido. Díjome: Juan, en buen hora que la lleves determino, tan irrefragable, que ninguno dude el prodigio; y mandándome después, que a la eminencia de un risco esteril, que parte sendas entre la Cuesta, y el Río, subiese, que allí hallaría de diversos coloridos flores, y fragrantes rosas, atracción de los sentidos, y extraña confusión mía, por el tiempo, y por el sitio. Subí, no obstante, y hallé otro nuevo Paraiso, que describiros no puede la rudeza de mi estilo. Que corte algunas, me manda; y cierto que el atractivo de todas, para elegir, me quitaba el albedrío. Corté de ellas, recogilas, y a la Señora rendido las ofrecí, que al tocarlas, llévalas al Arzobispo, me dice, que ellas serán señal de ser gusto, mío, que el Templo, que le he ordenado, me fabrique, y lo que has visto, le podrás contar despacio. Y puesto que ya he cumplido con todo; aunque esos hidalgos, sin conocimiento, han dicho que son las flores fingidas, las que os traigo, certifico que son flores naturales, porque yo las he cogido: y así, ellas os desengañen. Válgame Dios, qué prodigio! Qué portento! Qué milagro! El Juan Diego es un buen hijo. Cielos, qué miro! 1. Gonzalo, hemos quedado lucidos? 2. Yo he quedado avergonzado. J. De qué os habéis suspendido? No ves, hijo, lo que traes? Las flores que ya habéis visto. Baja la vista, y verás que el Cielo viene contigo. Quién pudo en tan breve instante, si no es el pincel Divino, del Original más bello copiar Retrato tan vivo? Esta es la que tantas veces, que la fabriques, me ha dicho, el Templo, y para el Altar su Imagen envia conmigo. De qué, Señora, las flores para crédito han servido, si trasladada en mi tilma, venir tú misma has querido? Ylamachí, esta Señora es el dulce Dueño mío. Dichoso tú; ya conozco mis amantes desvaríos. Sagrada Reina María, que a esta tierra habéis venido a buscar en sus Montañas Templo, Casa, y Domicilio; y de venir tan despacio a avecindaros, colijo que pretendéis muy de asiento colmarnos de beneficios. Por todos os doy las gracias, y el Templo, que habéis pedido, dispondré, y ojalá fuera un trasunto peregrino del Templo de Salomón; si bien, que en otro sentido le ha de hacer tantas ventajas, como las que hay, examino, de la sombra a la luz, de Sacrificio a Sacrificio: que la materialidad no hace los cultos más dignos? y hasta tanto, en mi Oratorio estaréis. Juan Bernardino está aquí, y dice, que quiere hablaros. . Me alegro: amigo, qué quieres? Aquí Juan Diego? . qué es esto, Cielos, qué miro? Señor, aquesta Señora acaba de estar conmigo. Dinos lo que te ha pasado: Casi fuera de sentido estaba, señor, postrado a un accidente prolijo, que abreviándome el aliento, el último parasismo, postrer punto de la vida, esperaba, y de improviso mi pobre estancia de luz se llenó, con cuyo activo influjo, abriendo los ojos, a mi cabecera miro a esta Señora, y estando, o confuso, o pensativo, me dijo: Juan, ya estás bueno, solo un obsequio te pido: Yo soy la Madre de Dios, anda, y dile al Arzobispo que al Templo, que le he ordenado, por medio de tu sobrino, que me fabrique, le ponga por alto renombre digno, la Virgen de Guadalupe, y de que este es gusto mío, tu repentina salud será infalible testigo: a esto vengo, bueno, y sano. La puntualidad te estimo, así lo haré; y ahora vamos dentro. Apenas del estribo he sacado el pie, señor, y este pliego que he traído para vos, tenéis aquí. Me dejáis reconocido, cuyo es? Del Marqués del Valle mi señor. . Pues es preciso abrirle. Y cómo quedaba? Bueno, señora, ha venido. Luego viene? Sí señora. Y esta es de creencia. Amigo, pasará a Méjico luego? Discurro que sí. Hoy han sido todos faustos los sucesos. Gracias a Dios infinito. Y a su soberana Madre. Juan Diego, Juan Bernardino, venid, y sigamos todos. Señores, yo he enmudecido, que son los conceptos serios en tanto mar de prodigios. . Ya, en fin, venciste, María, y ahora quieres que tu triunfo, para mi mayor tormento, publique yo, porque el Mundo sepa, que le favoreces, claro está, son hijos tuyos los hombres. Oh, lo que tengo que sentir, si mi discurso de las edades pasadas se acuerda! Oh, cuanto dudo, si a investigar con mi ciencia llego los siglos futuros! Diez años ha, Mejicanos, que el piadoso, el suave yugo del Evángelio admitisteis, y aunque hay al presente muchos, que obstinados en su error, mantienen el patrio culto de Teotenantcín, no obstante, todo el sequito del vulgo ha recibido el Bautismo con aceptación, y gusto: y porque no infeste a tantos la pertinacía de algunos, (que cuando es la planta tierna, más necesita de influjo) providente, y sabio el Cielo quitar la causa dispuso: que como es cruel incentivo, y más en sujetos rudos, tener la ocasión a mano, y la costumbre en su punto; el medio más eficaz era, confundiendo el uno, otro objeto proponer; y haciendo el empeño suyo María, viendo usurpado su más heroico atributo de ese Ídolo abominable, de ese escandaloso bulto, nueva fingida Cibeles, en quien mi astucia mantuvo, por tan continuados siglos, ya en víctimas, y ya en humos, mi adoración, como siempre que puedo, adios se la usurpo: así también a su Madre (se la usurpé: y de aquel sumo Alcázar bajó a la tierra, que era tiránico insulto, la luz de la Fe empañase simulacro tan impuro, cuya ruina previniendo, aunque ese concabo oscuro, que entre las quebradas peñas la naturaleza puso, es su custodia, y estaba el Adoratorio oculto; por medio de un Indio torpe, no sé si devoto suyo, pidió la hiciesen un Templo en sitio tan oportuno, para embarázar el paso, que ya pocos, o ninguno acude a los holocaustos, y yo he perdido aquel fruto copioso, que me ofrecía el engañado concurso de estas gentes; pero más mi furor ese trasunto, o Imagen suya provoca, pues con soberano impulso, perfectamente copiada en el cañamazo burdo de una tilma, no tan solo con tal maravilla supo aumentar la devoción; sino asegurarla, a cuyo fin, confundiendo ese osceno calabozo, el incorrupto material, admirará la posteridad del mundo, mayormente en sitio donde la humedad, y el importuno vapor salitroso arruinan aún los metales más duros; pero no podrán la Imagen, que no solo los influjos nocivos de esa Laguna, o de ese Mar de Tescuco ha de refrenar, sino también los más iracundos torbellinos de sus aguas, ciñéndolos al oculto centro, sin que de su margen el coto rompa su orgullo. Mas cuidado, Mejicanos, que aunque estáis sobre seguro, libres ya de inundaciones, no estáis libres de diluvios. Pero ay de mí! que mayor tormento, y pesar descubro, pues en castigo de tantas vidas, a mi cruel impulso sacrificadas por viles Sacerdotes, o verdugos, Ministros de mi crueldad, ningún espíritu immundo jamás de cuerpos humanos será poseedor injusto en todo este dilatado imperio, que en Acapulco Honduras, y Nicaragua, el Sur términos le puso, que entre sabios Cosmografos Nueva España llaman unos, y otros la Septentrional América, o Nuevo Mundo, de que es Metrópolí insigne ese emporio sinsegundo, esa opulenta Ciudad de Méjico, o Plenilunio, a que un natural acaso dio supersticioso asunto, porque al llegar sus primeros fundadores ya sin rumbo, después de peregrinar por varios climas incultos, a este sitio, era de noche, y cumplidos los minutos de su plenitud la Luna, reverberaba en los puros cristales de la Laguna, y haciendo feliz augurio de este casual accidente, la dieron el atributo de Luna a su fundación; y hoy con motivo más justo la mejor Luna ilumina sus campañas, con influjos más favorables, que cuantos una superstición pudo persuadir al engañado Pueblo, y aunque conjeturo presidiada la Ciudad con cuatro invencibles muros, cuatro Valuartes, o Torres, cada una con mil Escudos, en cuatro Imágenes Santas de María, ni confuso, ni acobardado mi aliento se rinde, ni yo me asusto. Pero pues ahora quedamos, yo vencido, y tú sin culto, hasta mejorar fortuna, descendamos al profundo. Aurora peregrina, cuyo esplendor, con flores ilustrado, te explica más Divina, pues las que el tiempo no permite al prado, produjo el risco a tu poder postrado. Duda el afecto humano, por acertar más fino a darte gusto, y pide de tu mano, que alguna seña traiga el Indio adusto y son las flores desempeño justo, Liberal Amaltea, por qué el risco de flores se reviste? si es lo que se desea, conocer si tú el Templo le pediste, sobran las flores, pues tu Imagen diste, Ya del Templo, Señora, llegas al Trono, que labró obediente el celo, que te adora, porque seas en él eternamente Iris de Paz de todo el Occidente. para perpetua morada, ro Templo, Ya quedáis en vuera Gran Señora, colocada, mejor Estrella del Norte, mejor Luna Americana. or todo este Pueblo vuestro doy infinitas gracias, pues el Norte escogisteis serenad, Iris hermoso, las tormentas, y borrascas de esta vida, y enseñadnos, con la luz de vuestra gracia, el cierto, y seguro rumbo para llegar a la Patria celestial, Puerto feliz de toda nuestra esperanza. Y yo, Señora, después de correr fortunas varias, os agradezco el favor de la presente bonanza, y haber venido a serviros con la vida, y con el alma en vuestra Colocación. Y aquí, señores, se acaba, esta peregrina Historia, del Iris de Nueva España, la Virgen de Guadalupe, sin bodas, que si juzgaban que Juan Diego, y Ylamachí a lo último se casaran, sabrán; que no pasó así, porque ella se fue a su casa, y él se quedó en este Templo, sirviendo a su enamorada, donde vivió ejemplarmente diez y siete años, con fama de buen Cristigno, y murió en loable opinión. Por tantas mercedes todos le damos a Dios dignas alabanzas, y al Auditorio pedimos disimule nuestras faltas.