Texto digital de La inocente sangre
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Lope de Vega Carpio Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La inocente sangre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/inocente-sangre-la.

LA INOCENTE SANGRE
JORNADA PRIMERA
Aún tiene Castilla Cides, y ya sabrás por lo menos que se los cría tan buenos el solar de Benavides. Mal haya, amén, la ocasión por quien hoy no queda en paz esta guerra pertinaz entre Castilla y León. vert que hoy de mostrar de vuestros nobles aceros. dados, lusticia lleváis y vuestro Rey defendéis. Mostrado en efecto habéis, que sois hidalgos honrados, Gómez? l Invicto señor. Dame los brazos. . Bien creo, que conoces mi deseo. Tu deseo, y tu valor. Este pendón, que el blasón muestra quien el dueño es, gran señor, pongo a tus pies. Ya es blasón de tu pendón. Qué pudiéndole ganar a quien tan mal le sustenta en él es blasón de afrenta, y en ti de honor militar. Sigue, señor, la victoria. No podré, Gómez amigo, que es mi tío el enemigo, y no lo tengo por gloria. Tu padre no lo dijera de esa suerte. . Ni yo alabo llamarle don Sancho el Bravo, mejor el piadoso fuera: Si hubiera puesto las manos en guerras de Moros, piensa, que yo vengará su ofensa, pero no contra Cristianos. Mis vasallos son también los soldados de mi tío, y vengarme en lo que es mío ni es justo, ni me está bien. Quien son aquellos que van hiriendo y matando allí? Los que siempre he visto ansí, y que tanto honor te dan, Son los dos Caravajales don Pedro, y don Juan, señor. Mucho estimó su valor. No tienes dos hombres tales. Mas advierte que se vuelve la batalla a encender más A no volver paso atrás el contrario se resuelve. Esto es honor, no perdamos, Benavides, lo que habemos ganado. . No perderemos, mientras justicia llevamos. Id delante, que si os miran vencerán, seguro estoy. Mientras a animarlos voy détenlos que se retiran. Detén, don Pedro, el furor. Si te confiesas rendido. Mucho pides. . Poco pido para quien profesa honor. Yo lo confieso. . Esa banda me has de dar, Ramiro, en prenda. Que esto tu rigor pretenda? Esto la guerra me manda. Morir quiero. . Bien harás. Teneos, no le matéis. Cómo vos me lo mandéis, no hay que replícaros más. Sois quien sois, corra por mí la vida de don Ramiro. La espada, Gómez, retiro. Que tanta afrenta sufrí! Mal, Ramiro, habéis mirado la obligación que tenéis a nuestro Rey, pues le habéis por su enemigo dejado. A don Sancho, que Dios tiene su padre, debéis, Ramiro, el buen estado en que os miro, que del bien que os hizo os viene. La calidad que tenéis, y dejar su hijo es cosa injusta; y tan poco honrosa, como en los sucesos veis. Don Alonso se ha llamado Rey de Castilla, y ha sido injustamente admitido, tiranamente jurado. El legítimo heredero del Rey don Sancho es Fernando que los que le van dejando, y le sirvieron primero, Hanlo hecho por codicia, que tantas desdichas causa, que no porque en esta causa les conste de su justicia. Volved a servir al Rey, dejad de seguir su tío. Yo conozco el error mío, y que por derecho y ley Devida al justo señor la razón me está obligando a servir al Rey, Fernando. legítimo succesor. Id con Dios, y le diréis, que ya de su parte quedo. Juraros, Ramiro, puedo, que vuestro provecho hacéis. Vamos, Benavides fuerte, que sois menester allá. Dónde vuestro acero está tiene sus armas la muerte. Por vos perdono al villano. Bastale, Pedro, su afrenta. Quién vivir sin honra intenta, No diga que es Castellano. Fuerte infamia de mi nombre, pudiendo ahora morir, tales palabras oír de un hombre, y no más de un hombre. Hh vida, por cual razón quieres, por guardarte a ti, que muera mi honor en mí, mi nobleza, y mi opinión! Que duren tanto me admiro, sin arrojarse a tus pies: por las armas del pabes este sin duda es Ramiro. Oh como huelgo de haber llegado en esta ocasión: es Ramiro de León? Quién, si no yo, puede ser? Rebelde a tu Rey, aquí la vida me has de dejar. Pues yo la quise guardar, bien fuera dártela a ti. Vete, don Juan, en buen hora, de tu hermano soy prisión, que por humilde blasón me ha dado la vida ahora. Ya no hay en mí que vencer. Cómo te dejo la espada? Porque estando en mano honrada no ha de volver a ofender. Necedad hizo mi hermano, mientras que la guerra dura, si acaso no le asegura, que esa espada el a en tu mano: Que lo mismo pienso que es tenerla, que no tenerla; que lo que has hecho con ella eso mismo harás después. Nunca espada de traidor hirió, donde es cara a cara la guerra. . Don Juan repara en que soy hombre de honor. No lo creo, y si te agravias, porque lo sufres? . Si ha sido más honra darla al vencido, tú mismo me desagravias. No te aproveches tan mal de la presente victoria, que esa arrogancia no es gloria del nombre Caravajal. Soy quien sabes, y si culpa fue servir al Rey su tío de cualquiera desvarío la confusión me disculpa De las leyes, y Letrados, sin difinir a quien toca. De tu culpa o mucha, o poca ya estamos desengañados. Y de que en esta ocasión estés preso, no me agrada: porque preso con espada no guarda bien la prisión. Y pues durando la guerra con ella en el campo estás, Ramiro, ahora verás que valor mi pecho encierra: Defiéndete, o dame aquí algún despojo por prenda, en que el Rey, y el mundo enti Ramiro, que te veneí. Si el declinar la victoria por la parte del Infante te ha hecho tan arrogante de laurel, fama, y memoria, No quiero, Caravajal, pues mi nacimiento sabes, que de mis prendas te alabes, cuando las ganas tan mal. La espada que me han dejado no desdice a mi prisión, antes es satisfacción de que soy hidalgo honrado. Que previniendo mi injuria debieron de echar de ver, que la auría menester para castigar tu furia. Y pues de haberme rendido tan arrepentido estoy, si allá la espada le doy, aquí la espada te pido. A libertad semejante responderé con la mía. Y yo a tu loca porfía hoy pondré fin, arrogante. Aquí nobleza y honra de Castilla, Aquí vasallos nobles, aquí amigos. Hoy gozarás la Castellana silla, si se vuelven las hierbas enemigos. Teñid de Arlanza la esmaltada orilla con tal valor, que queden por testigos sus plantas, y de verdes vueltas rojas vuestra victoria escriban en sus hojas, Fernando, si algún respeto debes a ser yo tu madre: Alfonso, si a ser mujer debes siquiera escucharme. Soldados, y Caballeros, belicosos Capitanes, si merece vuestra Reina, que en este tumulto os hable. Suspended los golpes fieros del riguroso combate, y oídme, pues no he de hablar cosa en disgusto de nadie. Diez veces el Sol tocó en los Peces desde el Aries, y doce veces diez veces la Luna se vio menguante, Mientras con guerra espantosa, aunque injusta, a fuego y sangre vais consumiendo esta tierra, y su gente miserable. Que siendo sobrino y tío, para que Reyes os llame, traéis en guerras civiles los hijos contra los padres. En las leyes de estos Reinos no es bien, señores, que trate, siendo mujer, ya fue Rey don Sancho, que muerto yace. Si el nieto en la herencia excluye al tío, para que pase la línea derechamente, pues representa a su padre. No sé qué fuerza ha tenido, sino es que en fortunas tales lo que más puede, es más justo, aunque la razón se engañe. Ya en fin don Sancho mi esposo reinó aquí, sin que bastase fuerza, ni ley contra él, tú, Alfonso, su valor sabes. Heredó su posesión mi Fernando, que es bastante para no ser ya posible, que puedas desheredarle. Tras tantos años de guerra ya es bien que te desengañes, Alfonso, de este imposible, y de los daños que haces. Mientras que te llamas Rey, y con la gente que traes de Fernando te defiendes por una y por otra parte. Y mientras Fernando intenta, que la vana furia amaines, desterrarte de Castilla, o por ventura matarte. La mísera y pobre gente llorando viene a quejarse al cielo y a mí, que sufre guerra, incendio, muertes y hambres. Y tras esta desventura civil, hay otra más grande, pues crece al Moro las fuerzas el ver que las nuestras falten. Que mientras vuestras espadas queréis que la sangre os saquen, ya por las fronteras corre con los bárbaros alfanjes, Las villas que conquisto, por ventura mexpunables, el santo Rey vuestro abuelo vuelven a entras sus Alcaides. Ya las Lunas, que solían a vuestro Sol eclipsarse, descogen al viento libre en azules tafetanes. Y vuelven a estar crecientes las que dejaron mengantes Reyes de santa memoria, que ahora en Toledo yacen. Si de la Morena sierra pasa una vez su estandarte, y sus aleñadas yeguas beben del Tajo en la margen. No dudéis de que os maldiga por perdición semejante, como a Rodrigo, y al Conde España, y os llame, infames. Mirad esto como es justo, y dad un medio, que baste para que viváis en paz, y vuestros Reinos descansen. Era yo de parecer, que jueces se nombrasen don Dionis de Portugal, y el Rey de Aragón don Jayme. Y que por lo que los dos justamente sentenciasen pase Castilla, y vosotros confirméis eternas paces. Qué respondéis? qué os parece? Qué eres, gran señora, el ave que trujo la verde oliva sobre tantas tempestades. Tú sobre el cielo apareces, como aquel arco de jaspe, luz del mundo, y paz del hombre para eternas amistades. En el Romano castillo pareces, señora, el Ángel que envainó la espada al cielo de su furia irreparable. Digo, que por mí a tu gusto me sujeto, y que se trate que los dos Reyes sentencien a quien toca la más parte De los pretendidos Reinos. Pues yo, generosa madre, que diré a lo que es tan justo, si basta que tú lo mandes? Pues alto, abracaos los do para que también se abracen vuestros soldados. . Yo soy tu amigo. . Aunque me igan Por la mano en el decirlo, bien es que en amor te gane, tocad las cajas a fiestas, y los ejércitos marchen A Palencia, donde quiero que se huelguen y regalen, que mejor harán las leyes lo que las armas no hacen. Si fuere tuya Castilla, sobrino, un rayo me mate, cuando más guerra te hiciere. Alfonso, el cielo te guarde. Oigo decir, Isabel, que va adelante la guerra. Y la que tu pecho encierra no es menos fiera y cruel. Loca me tiene el ausencia, nunca pensé que el amor usaba tanto rigor a quien le pide clemencia. Y si el amor solo fuera quien solo me atormentara, con más paciencia pasara el mal de ausencia tan fiera: Pero júntase el temor del peligro de mi bien que para hacer mal también busca quien le ayude amor. Temo, que don Juan no intente por ganar fama empeñarse, donde venga a aventurarse, y donde yo muera ausente. Conozco su condición, tú sabes su valentía? Es amor, señora mía, volante del corazón. Que el perpetuo movimiento que en el reloj suele hacer, eso mismo viene a ser en el alma el pensamiento. Don Juan vendrá victorioso, no temas, aunque es valiente, que entrar en peligro intente menos que a salir famoso. Quién es aquel que pasea? Paréceme a don García. No fue a la guerra? . No iría, vivir pienso que desea. No fue Ramiro su hermano? Ramiro al Infante sigue. Que puede haber que le obligue, siendo, cómo es, Castellano? Las mércedes que el Infante a sus parciales promete. Siento que este me inquiete. Es desvanecido amante. Ya puede ser, Isabel, que le escriban a don Juan, que tengo aqueste galán, y que me olvide por él. No lo creas; que los cielos te han hecho en esto favor. pues no hay cosa que al amor aumente más que los celos. Dame licencia de hablarte. Cómo te has entrado aquí? Por verte. . Por verme a mí? Sí, que vivo de adorarte. Yo en la guerra te juzgaba, vienes de allá por ventura? No me la da tu hermosura Parte menos rigurosa y brava. No fui a la guerra por ti. Buen cargo para obligarme! Pense obligarte a escuchar me faltando un hombre de aquí. Harto mejor me obligaras mostrando el justo valor de un noble. . Tanto rigor! Cuanto más galán tornaras, Que aquí pareces, García, volviendo con los demás? Amás valientes, no hay más, todo ha de ser valentía? Belicoso humor te dieron los padres que te engendraron. De los suyos lo heredaron, que tantos campos vencieron. Soy Guzmán y Benavides, mira si mi hermano está donde al Rey sime. . Si hará. Pues como no te despides del ámbar afeminado, de las galas y del oro? (ro Porque a un Cristiano y no a un Mo tiene Fernando cercado, Y es contra la ley de Dios. Que notable santidad. Luego no es esto verdad? rien dose están las dos! Notablemente aborrecen las mujeres el temor, hoy mostraré mi valor en lo que más aperecen. A la guerra quiero ir, no estaré un hora en Palencia, pedirle quiero licencia, quiero a Fernando servir. Señora, yo he conocido; que más servido os hubiera, si a más peligro pusiera lo que habéis aborrecido. Y pues que mi vida os causa desabrimiento tan fuerte, con ir a buscar mi muerte os quiero quitar la causa. Yo os juro de no volver sin dos banderas contrarias. Pon, Isabel, luminarias, que bien serán menester. Haz colgar toda la calle: ea, que así os guarde Dios, que desde ahora a las dos parecéis de mejor talle. Cómo no os vais? . Solo aguardo de vuestra mano un favor. Cinta a caso? qué color? blanco, azul, nácar, o pardo? De vuestra mano cualquiera. Desdichadas suelen ser con favores de mujer las armas. . Quién tal creyera! Sin ella esta vez iréis: cuando volváis, si nos vemos, las banderas trocaremos al favor que vos mandéis. Eso llevo por favor. Si a Gómez habláis allá, decid, que su hermana está con salud, y adiós, señor. En extremo voy corrido, pésame de haber entrado, burla del que ama el amado, y el que vence del vencido. Quiere amor que se me acuerde, que es juego su gloria vana, siempre es discreto el que gana y siempre es necio el que pierde. Aay quien me dé en esta casa albricias? . Bien seas venido: de que son? . De beber pido, presto que el mundo se abrasa. Arde el Sol, corrí la posta en un rocín, que pudiera ser, si en Toledo viviera, cuesta larga, y calle angosta. Quién ha vencido? . No sé, hasta que beba, por Dios, señora, cual de los dos el de la victoria fue? Parte Isabel. . Voy . Adondo dejas Morata a mi hermano? Ni sé si es monte, o si es llano, ni se en que tierra se esconde, Hasta que haya remojado la palabra, porque vengo hecho una yesca. . Aunque tenga de Benavides cuidado, Mayor me la da don Juan, viste allá a los dos hermanos Caravajales? . Si sanos, o si difuntos están Sabrás en habiendo dado un filo a la lengua en vino. Dicen que el Infante vino bizarro y galán soldado, Y con gente muy lucida. Hasta disponer beniendo la garganta no pretendo hablar palabra en mi vida. Su madre del Rey Fernando, nos dicen que allá partió, sabes si a caso llegó? Yo te lo diré en llegando Con la bebida Isabel. Ya no quedará por mí. Nunca tan bella te vi, muestra haré un brindis cruel. Mira que es Coca. . Eso debe a tu voluntad mi boca. Bebe, que vino que coca hará mona a quien le bebe. Brindis a todo soldado, brindis a todo valiente, brindis a todo hombre ausente, que habla bien y como honrado. Brindis, a quien presta, y fía, a quien convida, a quien tiene con quien a buscarle viene rostro alegre y cortesía. Brindis a quien dice bien de mujeres, y a quien ama limpia, honesta, y firme dama, por siempre jamás amén. A quien no juega ni vota, ni es bravo, ni se amohína, y brindis a quien camina con nieve, pernil, y bota. Brindis a quien sin reñir sustenta honrada opinión, y a quien, cuando es ocasión, sabe hacer como decir. Brindis al que es poderoso, y tener humildad sabe, y a quien cierra con su llave su secreto peligroso, Brindis al que en alto puesto mira los tiempos pasados, y al que a negocios honrados va siempre solo y bien puesto. Brindis a quien por comer nunca habló cosa fingida, y brindis al que en su vida dijo secreto a mujer. Que con esto y lo que abona un regalado beber, no hay duda que venga a ser aquí Marta, y después Mona. Buen provecho, y bueno sea cuanto bebieres después, dónde fuiste? . No lo ves a la gloria de Niquea. Dirasme ahora el suceso? Don Gomez ha peleado como Caballero honrado, Morata como un sabueso. Don Juan de Caravajal y su hermano como Alcides, que tienen de Benavides no quererlos nadie mal. Los del Infante anduvieron valientes, y no dichosos, porque casi vicoriosos los de Fernando se vieron. La Reina llegó, y bastó su santidad y prudencia a refrenar la violencia, que en los ejércitos vio. Concertolos en nombrar jueces que esto decidan, porque a su arbitrio dividan lo que les puede tocar. A don Jayme de Aragón fue Mendo de Sandobal, y a Dionis de Portugal don Luis Ponce de León. Todos vuelven a Palencia a hacer fiestas, y estarán hoy don Gomez y don Juan con salud en tu presencia. Si he pagado lo bebido, aquí lo puedes juzgar, que te deseo obligar soldado y recien venido. Si satisfecha no estás de la relación sucinta, perdona a la poca tinta, que no puedo escribir más. Cajas y trompetas sueñan, Los Reyes entran, señora. Verán mis ojos ahora las dos luces por quien penan. Abre toda la ventana. Quitaré la celosía? Bien podrás, pues entra el día, que ha de dar vida a doña Ana. Tu parte, y a Benavides mi hermano di que me vea. Pide lo que no desea, mas tu Isabel que me pides? No tengo yo que pedir, Morara, después de verte. Después de ausencia estás fuerte? Y estuviera hasta morir. Qué bien lo decís! . Muy bien. Y que mal que lo cumplís, y por eso no decís cosa a que crédito os den. Cómo has estado? por dicha pensaste que mi valor me pusiera en el rigor de alguna honrada desdicha? Pensaste que me pusiera en mil peligros por puntos? contásteme en los difuntos? Ay Dios, la sangre me alteral No me diga valentías, que me moriré en pensarlas. Pues como en tantas batallas amabas y no temías? Siempre yo te imaginé Adónde? . Con los que huyeron, y nanca el peligro vieron. Cómo huyeron! . Yo lo sé. Engaño, Isabel, ha sido, Esto que digo, creí. Vive Dios que nunca huí, que siempre estuve escondido. Así te quiere y te adora esta tu esclava, aunque indina, que si no fueras gallina, no te gozara yo ahora. Ven dárete de almorzar, que de lo que has peleado vendrás cansado. . Cansado de querer y de esperar. Cómo lo ha hecho en la guerra don Juan de Caravajal? Es máncebo criminal, tiembla su nombre la tierra. Piérdese por el doña Ana. No lo sepa mi señor. Es casamiento su amor. Ya le espera en la ventana. Los que deben satisfagan la deuda; a estos brazos ven. Dichoso el que quiere bien adonde también le pagan. Desde aquí podemos ver a su Alteza con más gusto. Nunca de Trájano Augusto cuando volvió de vencer Tantas Provincias a Roma, mayor triunfo se contó. 1. Acá dicen que coló, Sancha, estotra calle asoma. Has vido que mozo es el señor Rey, que Dios guarde. 2. A la se que no es cobarde. 1. Quién eran aquellos tres Qué venían a su lado? Conozco de los que pides a Gómez de Benavides su más querido y privado. Los demás quiza serán Almirante y Condestable. Gomec es hombre admir Benavides, y Guzman. Detened esa gente, que me enoja, y aunque se que es amor y buen deseo, cánsame mucho, que me apriete tanto. Ténganse Caballeros. . No aprovecha. Cómo que no aprovecha? ola soldados, mostrad esa alabarda, hidalgos fuera, fuera canalla. Vuestra Señoria mire, que hay gente aquí tan buena. . Afuera, que no hay autoridad donde el Rey viene. Paso. . No hay paso, apartense epaso. Cansado, Gómez, de la gente vengo. Haos lastimado? . Sí, vengarm No le acompaño más, por abrázaros. Seáis, señor hermano, bienvenido. Bien venido, García, es imposible, no viniendo de allá como quisiera. Es porque ya desiste don Alonso de la acción, y derecho que tenía al Reino de Castilla pretendido? No es esa la razón. . No estáis en gracia del Rey Fernando por parcial y amigo del Infante su tío, y su enemigo? Seguir a don Alonso en esta empresa, mientras que la justicia está indecisa, no es delito que puede con Fernando perder la gracia, que hoy se recupera, pues la sentencia en su favor espera. Vengo García! . Cómo vienes? . Vengo sin honra de la guerra. . Tú sin honra? díceslo porque yo quedé en Palencia: han murmurado a caso estos hidalgos, de los oídos de los Reyes músicos, que desentonan las ajenas famas, por entonar sus pretensiones locas: ya me partía, como ves, no era tan tarde, a no tratar la Reina paces, detúvome doña Ana, que en ausencia de don Juan su galán, pensé agradarla; aunque por ella misma me partía. No es eso don García. . Pues que tienes Solo a ti como a hermano me atreviera, estos Caravajales, estos mozos, García, estos demonios me han tratado de suerte, cuando ya de parte suya estaba la victoria declarada, que en mi vida tendré contento en nada. En qué te han ofendido? . De don Pedro fui vencido una vez, y despojado, y de ese tu don Juan, de ese gallardo, en quien doña Ana adora, fui tras esto atropellado con palabras tales, con tanta libertad y desvergüenza, que no hay valor que mis agravios venza. Si en la Corte sacadas las espadas. no hay agravio, Ramiro, como puede haberle en la campaña? . Ay, don García, ese es agravio de que un hombre siente que está agraviado, y cuando el ofendido echa de ver que no cumplio con obras, ni aún con palabras con su honor, y sabe que el ofensor quedó vanaglorioso, y teniéndole en poco, no me digas, que puede haber consuelo. . Mal hiciste en no morir. . Así lo dicen todos: pero llegados al extremo punto muchos guardan la vida, y pocos mueren. Luego más que el honor la vida quieren? Yo no vengo a pedirte en lo que es hecho consejo, ya callé, ya solo importa tratar de la venganza, y de que sea de suerte que estos dos Caravajales me paguen las afrentas que me han hecho. Calla, que salen, y sosiega el pecho. Bizarra estaba por Dios, con razón la quieres bien. A verla de espacio ven, y hablarémosla los dos. Cómo podrás, si pasean los dos hermanos la calle? Que estos dos con aquel talle tan cobardes hombres sean? No hagas caso, si no llega, y si saliere al balcón, da lugar a mi razón. Mucho la afición te ciega. No por estos, que en efeto ya sabemos donde alcanza todo el golpe de su lanza, que no están en buen conceto. Mas Gómez de Benavides su hermano, respeto justo merece. . La ley del gusto con las del respeto mides? Di que se vayan de aquí estos, por quien por ventura no sale aquella hermosura, que por alma vive en mí. Que Gomez hasta que sea de noche estará en palacio. Amor no requiere espacio, si espera el bien que desea. Voy a decir, que de aquí estos gallinas se vayan. Si en verte no se desmayan. Viene hacia nosotros? . Sí. Suplico a vuesas mercedes despejen toda la calle. Responder, será matarle. Que bien has dicho, si puedes. Pero será alborotar la Corte. . Tienes razón. Que estos donde quiera son de nuestra ventura azar! Oyé? . Qué es lo que queréis? Si a Gómez vieren venir, embiénmelo a decir con un paje. . Y aún con seis. Mira que es infamia nuestra, sirviendo a doña Ana yo. Quién calló, bien se vengó, García, a callar te muestra, que tú verás estos dos tales que toda Castilla los tenga duelo y mancilla. Buena paciencia por Dios. Pera que no me impidiesen dos mil parabienes darte, no quise salir a hablarte, hasta que aquellos se fuesen. Cómo vienes? . Cómo fui. No hay diferencia? . El ausencia no ha hecho más diferencia, que el apartarme de ti Y el aumentarme el amor, que si el amor es deseo, pues más te deseo, creo que el amor traigo mayor. Y este aumento está en razón, pues allá me han puesto espuelas celos. . Tu celos! qué celas? Tu hermosura, y mi afición, Que son dos monstros de altura tan grande, que solo en mí cupiera este amor, y en ti tan solamente hermosura. Celos te han dado desvelos? El más lerdo amor camina por la posta, si imagina, que vienen de tras los celos: Que si el amor es temor, y los celos son castigo. con temor de su enemigo va siempre delante amor. Si fuesen de don García esos celos, no es razón que me ría? . No es pasión para que nadie sería. Pero ya baste de celos, que para recien venido muy necio en quejarme he sido. Saben mi verdad los cielos. Los deseos de mi casa me han hecho venir ansí. Mendócica estaba allí, y yo le dije a Sarasa, Que me avisase al salir, por si el caballo querías. Quién duda que pidirías albricias? . Fuile a pedir A mi señora doña Ana, albricias de tu valor, que no vio espada mejor la nobleza Castellana. De nuevo puedes pedirla albricias. . De qué señor? De la Encomienda mayor, que hoy me dio el Rey, de Castilla. Mil años, señor, la goces, día de mércedes es. Si aguardas no aura después tal ocasión. . No des voces. Notable ventura ha sido el ir desacompañado. Tú le has de dar al criado. Llega. . Ay Dios que me han herido! Y a mí me han dado también una gentil cuchillada. No puedo sacar la espada. Una daga venga bien El palo de una alabarda. Huye. . Sígueme. . Traición. Válgame Dios, confesión. Voces son estas, aguarda. Entraos, señora, y veremos quien son los de la cuestión. Dios os libre. . Confesión. Quién va? . Ni va, ni podemos. Si por ventura mi nombre algunas veces oiste, Caballero, di que han muerto a Gómez de Benavides. Esa de enfrente es mi casa. Gómez dijo. . Gómez dice. Señor don Gómez, qué es esto? Y a mi nadie quiere oírme? Quién sois Caballero noble, que a socorrerme venistes? Don Juan de Caravajal. Muerto me ha un hombre, seguilde. Hermano tomad en brazos a don Gómez. . Tenle, hay triste que yo seguiré el traidor. resto la ocasión decidme. Invidia debió de ser. Ninguna causa le distes? Ninguna, por Dios, don Juan, mas ya el alma se despide del cuerpo mortal, tenedme. Hola, si puedes asirle mientras traigo un confesor, tenle. . Aunque no estoy muy firme el amor me dará fuerzas Si del corazón humilde recibís la contrición, perdón, buen Jesús, os pide, quién eres? . Morata soy. Estás herido? . Con quince puntos no podrá el Barbero la cuchillada zurcirme. Quítame aquesta cadena, y tomatela. . Qué quite la cadena, buen señor? Mas merece quien bien sirve, toma, o quitárela yo. Quiero obedecerte. . Dime, vendrá el confesor? . Ya viene. qué han muerto a Don Gómez dices? Así lo dicen, señor, aquí esta Gómez. . Repite de Jesús el santo nombre. Jesús. . Ya ha espirado. . Espire mi alegría, mi esperanza, a Gómez, a Benavides, llevade a su casa: ah cielo! quién está aquí? . Llega, y dile quien eres. . Quién he de ser. En que mal punto que vine. Lacayo soy de don Gómez. Qué es aquello que escondiste? Una cadena por Dios. Herido estoy, no me mires. Este es, señor, su lacayo. Tú de palacio saliste solo con él? . Sí señor, Quién ha muerto a Benavides? Yo no vi nadie. . Este tiene una herida, y como viste la cadena y la venera, que la Cruz roja divide, por quitársela le ha muerto, que don Gómez pudo herirle por defenderse. . Es sin duda. Yo muerto? . Que se averiguo hará muy presto el tormento. Señor, tal crueldad permites? No estaré un punto en Palencia, hola, postas apercibe a Salamanca, en que ya la Vniversidad reside, que de aquí mudó mi padre. Señor, mira que estoy libre de la taición de esta muerte. Ay Gómez de Benavides!
JORNADA SEGUNDA
Notable sentimiento el Rey ha hecho por Benavides! . Él lo merecía por las virtudes de su heroico pecho. Con extraña y mortal melancolía vino desde Palencia a Salamanca. Tiernamente le amaba, don García. Jamás tan liberal, hermosa, y franca salió de noche escura y tenebrosa la bella Aurora colorada y blanca, Como me pareció su hermana hermosa con el luto que ayer al Rey hablaba. Mucho enternece una mujer llorosa. Las estrellas bellísimas bañaba del cielo de sus ojos tan honesta, que aunque daba dolor, enamoraba. Diole el Rey más que la común respuesta? Diole tantas respuestas y favores, cuanto cuidado desde ayer me cuesta. Casarla quiere el Rey, pues que mayores para mí, que la adoro, y no lo digo, si no me han de faltar competidores? Este Caravajal, este enemigo me mata con sus celos. . Presto espero, que el justo cielo le dará castigo. Quiero hablarte, Ramiro, y cuando quiero me ocupa la vergüenza de tratarte un pensamiento por venganza fiero, Fiero parece, mas por otra parte parece justo por venganza nuestra. Pues yo te excusaré de declararte. Oh cielos! suspended la piedad vuestra, no siempre habéis de ser cielos humanos, también en castigar quien sois se muestra. Tú quieres intentar que estos hermanos pierdan del Rey la gracia, y aún las vidas. Eres mi sangre al fin, dame estas manos. No diremos que fueron homicidas de don Gómez los dos? . Si alguno hubiera que al darle aquella noche las heridas Con nosotros también al Rey dijera, que vio que eran los dos Caravajales, gran fundamento de verdad tuviera. Testigos falsos dudas? por cien reales te vendrán a rogar de veinte en veinte. Querran contra personas principales? Eso preguntas? dame tú que intente provar un hombre la mayor mentira que puede imaginar quien siempre miente, y verás mil testigos a la mira, Para ver si los llama con dinero. Si para Dios los hubo, no me admira. Provanza con testigo verdadero siempre con la verdad va limitada, aunque la adorne el escribir ligero. Mas con testigo falso tan pintada, que hay hombre a quien le dan el juramento, y es como dar lición bien estudiada. A Escuelas viene el Rey, que está contento de que ya de Palencia se mudasen; y que vayan las letras en aumento: Pidioles que un Poeta laureasen, cosa que suele pocas veces verse, el Almirante, y que su frente honrasen, Y ha convidado al Rey. . Suelen hacerse en Italia estos actos, que en España pocas frentes pudieran atreverse, La causa es el andar en la campaña con los Moros, Ramiro, cada día. Ya vienen. . Noble gente le acompaña. Busca ocasión de hablarle. . Eso querría. qu , , - Andad más, que este lugar hoy os toca a vos, Rector. Cómo sois su Protector, quercis las letras honrar. Vuestro padre, que Dios tiene, dejó en vos bien heredada esa virtud, de que honrada toda esta Academia viene. Y aunque es el Bravo llamado, tanto las letras hoó; que harto mejor mereció llamarse Sancho el Letrado. Pero este nombre, señor, yvale el cielo guardando para un divino Fernando de las letras Protector. Siéntense todos. . Aquí tienen todos su lugar, y vos podéis comenzar, río y sed breve. . Incipio? . Sí Heroico Príncipe, en quien se mira el vivo retrato de aquel fénix de sí mismo del divino Sancho el Bravo. El que con justo deseo de que se aumentasen tanto las letras, a quien las armas escurecieron los rayos. De Palencia a Salamanca mudó este Colegio sacro, que ha de dar asombro al mundo dentro de muy pocos años. Porque sin ser yo Profeta, ni Astrólogo judiciario, echo de ver que esta Escuela dará a España más Letrados, Que a Francia ha dado Paris, Bolonia a Italia y pasando al Asia, Atenas a Grecia, como ya se van mirando En las colores que veis, rojo, verde, azuly blanco, Canones, Leyes, Maestros Teólogos, y hombres sabios. Mas porque vuestra alabanza toca a Oradores tan claros, que dirán latinís verbís vuestros méritos, Fernando, Yo paso, amplísime Rector, patres gazpirrios, yo paso, yo paso, pulcra suventus bonerorum, gorrarum A lo que me toca a mí: porque el señor laureando ya me espera en la estacada de aqueste insigne teatro. No es este grado de Leyes, no es Medicina este grado, no es de sacra Teología este capírote, y lauro. Es hablando con perdón de los que están escuchando de un Poeta, que hay Poetas que se han de nombrar con asco, Dásele lauro después de haber hecho algunos actos, como es ser Latino y Griego, y en muchas lenguas versado. Buen Retórico, y Filósofo, Astrólogo tantocuanto, y en todas las demás ciencias con principios necesarios. Recitó en muchos sujetos versos suyos aprovados, dando todas las escuelas famoso, y debido aplauso. Escribió un arte Latino, y un ecprasís Castellano, en fin sin Rasalio digno del laurel sagrado. Pero artendite señores, y para el punto digamos que es Poeta, y su principio, más burlescamente hablando. Cuenta el Filósofo Murrio en el libro treinta y cuatro, que andando un hijo de Cham unas huertas cultivando, Vio una calabaza insigne, de tal grandeza y tamaño, que le obligó a señalarla con un cordel por el cabo. Creció mucho: y finalmente una mañana llegando a verla, como otras veces, viola rota, y que un muchacho Hacia por salir fuerza, cual suele salir llorando del vientre materno el niño, llegado el tiempo del parto. Como vio el hombre parir la calabaza, espantado, llegó, y sirvió de partera, sacando el muchacho en brazos. Llevole a su casa, y dicen, que iua el niño gorjeando tanto, que le pregunto. quién eres, monstruo del diablo? Y respondió en voz de tiple: Poeta: qué extraño caso! Poeta! pues qué has de hacer? replicó el pobre hortelano. Versos dijo, en que celebre hechos heroicos y raros de Capitanes ilustres, o de amor sucesos varios. Como oyó el hombre que había de dar en el aire saltos, pues hijo de calabaca tales sacaría los cascos. Puso a su mujer dos fuelles, por pechos, y entre los labios puso la punta, y así le fue con aire criando. Con esto ninguna cosa humida crió el cuitado, ni tuvo me ollo en hueso, ni seso en el perieraneo: Que con celebro tan seco sus desdichas le criaron, que en tocando en su cabeza, aunque fuese con la mano, Sonaba como pandero, fuera el pergámino blanco, y dentro los cascabeles, que como son desbocados, corriendo con ellos tienen la disculpa del caballo: De este procedió el segundo, y luego el tercero y cuarto, hasta el Homero de Grecia, y el Virgilio Mantuano, De los Latinos vinieron los Proenzales, y tantos de esta calabaza insigne nacen, por nuestros pecados, Que hay de ellos más en Castilla, que cerrajeros gabachos: porque ya lo son en ella hasta pajes, y lacayos: De los cuales el Poeta que estáis señores mirando, es hombre que componiendo ciertos versos a un retrato Se puso un dedo en la boca, y en las uñas comenzando, se comió todas las yemas de los dedos de las manos. Dicen, que llegó otra vez a una venta con un macho, notando ciertos conceptos en un librillo de mano: Y atándole en el pesebre, mil desatinos pensando, sin quitar al macho el freno le echó la comida a un lado. Cuando se quiso parrir, entró puesto un sieltro blanco, y dándole una palmada en el anca, el pobre macho, Que de la cenada apenas había tocado un grano, alzó los cuartos traseros, y dándole un sepan cuantos, le trujo por el estierco! revolcado un grande rato. Acudió gente a las voces y envuelto en el sieltro hallaron al Poeta en el estiérco! a las Musas invocando: Y que por disimular el haberle maltratado junto a la misma comida estaba enfrenado el macho. otra vez, dicen, que estaba cierta batalla pintando de un Príncipe, y de un gigante con una maza en la mano. Y tomando el orimal, porque siempre los Letrados le tienen en los estudios, dio nueva fuente al Parnaso. Y estando así, divirtiose en el golpe, y alzó el brazo, y pensando que era maza el orinal desdichado Dio en la mesa que escribía sobre el papel tal porrazo: diciendo, muera el traidor, que acudiendo los criados, mesa, libros, y papeles llenos de orines hallaron. Es enamorado el triste, y esto pudiera excusarlo; porque quien dice, Poeta, también dice, namorado. Mas habiéndole cogido en su casa un boticario, porque su honrada mujer le dio aviso de su daño. Le ató a un pilar, y le intó desde la cintura a bajo con miel rosada, y le hizo que le escribiese entretanto Un epigrama famoso las mujeres alabando, pero con mayor exceso a las de los boticarios Gastó un día, y no fue mucho, porque las moscas, y tabanos, como a la mi el acudían, le hacían dar se a los diablos. Tras esto dicen, que un día cierto señor Castellano, no sabiendo quien le había hecho en versos cierto agravio, Puso premio a cuantos fuesen con versos para alabarlo, y llegando el día, dicen, que encerró setenta y cuatro, Entre los cuales se halló aquí el señor Doctorando, y alcanzó la colación, que fueron muy buenos palos. Pero todo aquesto es burla, que si en las verás hablamos, es honra de estas escuelas, y muy digno de este lauro. No es Poeta maldiciente, no es invidioso, ni Satiro, no es ignorante de aquellos que están siempre murmurando. Es Poeta noble, heroico, no de aquellos desdichados, que dice Merlín que tienen cerca del infierno un cuarto: Y que por cada mentira los esta el diablo sacando una muela, porque luego le van naciendo otras cuatro. Tuvo origen la poesía del mismo Dios increado, Adan fue el primer Poeta, que los Caldeos el Psalmo Noventa y cinco tuvieron por suyo en los versos sacros, después todos los Profetas, Moises, Samuel, David santo, Ana, Delbora, y Judith escribieron y cantaron versos: y la misma Virgen compuso un divino canto. Padres de la ciencia son, Platón lo dijo; mas cuanto puedo decir, lo hallaréis en Tulio con más espacio, Que yo pidiendo perdón, si os he parecido largo, hic finemfacio, y así a tuti me racomando. Deme albricias vuestra Alteza. Oh Almirante, de qué son? Ya de Castilla, y León, sois Rey. . Cubrid la cabeza Mi Mayordomo mayor. Mil veces los pies os beso. Próspero bien! . Gran suceso! Juntáronse, gran señor, A juzgar a quien tocaba de don Alonso, o de vos el Reino, y cual de los dos en la posesión estaba Con más derecho y razón, don Dionis Rey generoso de Portugal, y el famoso don Jayme Rey de Aragón. Y hallaron; que a vos os toca, aunque a don Alonso han dado donde viva descansado. Justa razón les provoca. Dadme, gran señor, los pies. Levantaos Comendador mayor de León. . Señor, vuestra hechura soy. . Después Quiero las albricias daros. Ya Rey invicto lo están. Mi General Capitán quiero, Pimentel, nombraros De toda la Andalucia. Tantas mercedes, señor! Puesto que puedan mejor celabrar esta alegría Las armas, licencia os pido para que las letras puedan, pues que tan honradas quedan del favor que han recibido. Será gusto para mí. Ea Caballeros, vamos donde mil fiestas hagamos. Los dos estamos aquí. Máscara esta noche aura, cañas, y toros mañana. Saldrás? . Si haré, si doña Ana licencia y color me da. Pues ve esta noche a pedirla: al Rey van acompañando. Castilla por don Fernando. Vitor el Rey de Castilla. Si el Rey de casarte trata, lejos estoy de ser yo quien te merezca: hoy me mata, Diré a todo el mundo, no; seré a todo el mundo ingrata. Cómo podrás aquel día resistir su voluntad. Con determinar la mía, que no hay fuerza en majestad, cuando una mujer porfía. Díceslo aquí que no ves la deidad de un Rey, después yo sé que harás lo que el quiera. Que te adoro considera, para que seguro estés. Y para seguridad de esta fe, di como quieres obligar mi voluntad? Eres mujer, las mujeres son. . Qué? . Menores de edad. No hayas miedo que me valga de esas leyes. . Y es razón, que una mujer tan hidalga, no ha de hacer obligación adonde otra deuda salga. Quién está en la huerta? . Aquí no hay más, don Juan, de los dos. Puedo hablarte claro? . Sí. Pues mi señora, por Dios, que estoy sin alma por ti. Haz de suerte que no tenga tan grandes desconfianzas, antes que un estorbo venga, ya se van mis espeñanzas, haz que el favor las detenga. Mano y brazos bastarán a asegurar tus recelos? Lazos y firmas serán solos estos larroyuelos mi amor murmurando van. La huerta está sola, el luto no importa donde hay amor, paga a amor esté tributo. Tan temprano lleváis flor? tarde gozaréis del fruto. Detente! . Quién es aquel? Jardinero de la huerta. Oh qué respuesta cruel, si ella con mi amor concierta; ya no hay que esperar en él! La flor dijo que llevaba temprano, y luego añadio, que tarde el fruto esperaba. Con algún árbol habló. Al de mi esperanza hablaba. Mas cumplid, esposa bella, la palabra que me dais, pues amor sale por ella. Yo os juro que no os veáis en vuestra vida con ella. Ay tal cosa; que en el punto que voy a tumar tu mano, responde a lo que pregunto! Caravajal, todo es vano, fruto y flor gozarás junto. Comienza la primavera, y no hay más flores ahora. Presentárselas quisiera, Laureno, acierta señora. Leonido es aqueste, espera, Dónde vas? . Conla ocasión de estas flores; y esta fuente vine a hacer una canción, por torñar de su corriente las consonancias del sun. Y tú Laureno, qué hacías? con que flor, o árbol temas conversación? . Ya señora, que de hojas su verde autora corona estás fuentes frías, Cerqué la huerra por ver romper sus tiernos pimpollos, desde hoy al amanecer y vi en sus verdes cogollos un almendro florecer. Como vi que parecía de flores blancas cubierto, que en camisa amanecía, y vi que el hielo era cierto, mirando la escarcha fría. Que aún tiene el invierno luto, y no hay prado, o monte enjuto, dije, habiéndole dolor, tan temprano dais la flor, tarde gozaréis del fruto. Aunque almendra dulce, y bella prometéis, y en flores dais tales esperanzas de ella, yo os juro que no os veáis en vuestra vida con ella. Esas palabras oí, Yo las entendí por mí. La difinición mayor de amor fue siempre el temor. Luego con razón temí? Siéntate, y pues ha venido a buena ocasión Leonido, cante alguna letra. . Canta, y entre al alma en pena tanta algún bien por el oído. Qué diré? . Una letra di, en que una mujer que amó, por decir a su amor si diga a todo el mando no. Del sí, y él no, digo ansí. Por un si dulce amoroso, dado de quien digo yo, diré a todo el mundo no, no, no. Si aquel a quien me rendí, y a quien mi remedio toca, junta de su dulce boca dos letras que digan, sí, aura tanta gloria en mí, que si le alcanzase yo, diré a todo el mundo no, no, no. De espacio estáis, ardiéndose de fuegos, voces, carreras, vitores, disfraces, y fiestas Salamanza? no ha llegado a vuestro sordo, y encantado oído, que salió la sentencia por Fernando, y qué es Rey de León y de Castilla? Por muchos años, Pedro, pero advierte, que un amante en presencia de lo que ama, tiene en éxtasis dulces los sentidos, bañada la memoria en blando Néctar, como el entendimiento en puro Ambrosia, no es tarde ahora, para hacer que vea el Rey nuestro contento y regocijo, cómo saldremos, porque luego sea? Con máscaras salgamos. . Bien has dicho: dame licencia movimiento mío, luz de estos ojos, dame solo un rayo para que vaya y vuelva a verte. . Pienso, según mi condición es belicosa, llega el oído. . Qué hay Leonido amigo? Entretener estos amantes locos. Has visto amando algunos cuerdos? . Pocos Dices muy bien, y puedes disfrazada ver toda la ciudad, que las Escuelas estarán francas, y sus estudiantes con mil disfraces, y invenciones. . Vamos, y tu Laurenoten secreto. . Advierte, que llamaba un discreto, que sabia que suelen ser mil veces necesarios. Cómo? . A los jardineros secretarios. Dijo muy bien, porque un jardín, y un coche encubren más que la callada noche. h Ni ha salido ni ha querido. Si te vas saldrá después. Esto me prece que es correr, y quedar corrido. Ponte al dorado balcón de esa cerrada ventana, Sol, que no es tan de mañana, pues más de las cinco son. Y estas de la tarde ya. En este cielo Español no es justo llamar al Sol, cuando a los Indios se va. Declaradamente veo que mientras Caravajal viviere para mi mal, no ha de ir bien a mi deseo. Qué tardas de procurar que no viva, y que tu vivas? No más de que te apercibas, para que al Rey pueda hablar. Yo tengo ya prevenidos dos hombres que jurarán. Que bien disfrazados van estos dos! . Buenos vestidos! Quedo, que es el Rey por Dios El Rey? pues llégate a él. Conde, dejad el tropel, vámonos solos los dos. Por aquí va menos gente, quiere vuestra Majestad gozar hoy de la ciudad? Querría. . Póngase en frente de esta calle, que es el paso para la Rua. . Son nuestros hidalgos? . No somos vuestros Id delante. . Extraño caso Comenzamos a intentar. Pues de qué cuadrilla son? De la del Rey. . Con razón del Rey se pueden quejar Los deudos de Benavides, pues a sus ojos aquí anda disfrazado ansí. Éreslo tú, que le pides Cuenta al Rey con tal malicia de esta fiesta? . Era razón que mostrara compasión, y los hiciera justicia. El Rey mostró sentimiento de la muerte de un criado, que no está el Rey obligado a más luto, y yo no siento De quién ha de hacer justicia. No? de dos Caravajales hermanos, que desleales de pura invidia y malicia Le mataron, y yo sé, que porque son sus amigos lo han callado dos testigos que saben bien lo que fue. Válgame el cielo, qué es esto! Elado, señor, estoy. Mandáis algo que me voy? Esperad, no os vais tan presto, Los testigos no diréis, pues decís los matadores? Son sus amigos mayores, de ellos nunca lo sabréis. Mas si con el Rey habláis, decilde, que hable algún día a Ramiro y a García: pero no se lo digáis, Que no es bien ya que murió Benavides, dar la muerte a dos hombres. . Conde, advierte los testigos que nombró. Adiós, señores. . El cielo os guarde. . Que no supieras quién eran? . Si consideras de estos hombres el buen celo, Echarás, Conde, de ver, que no será necesario, y que de hácer lo contrario menos pudiera saber. Ellos dan los matadores, ellos los testigos dan, qué quieres más? . No podrán ser estos hombres traidores? Pues como dieran testigos, y dos Caballeros tales? Nunca los Caravajales fueron, señor, enemigos De Gómez de Benavides. No bastaba amarle yo; envidia los obligó, que más ocasión le pides? Bien dices, solo sería invidia. . Quiero dejar las fiestas, Conde, y hablar a Ramiro, y a García, Que son buenos Caballeros, y ellos dirán la verdad. Triste está tu Majestad. Vive Dios, bárbaros fieros, Que ha de ser ejemplo al mundo vuestro castigo. . Señor, no des lugar al rigor. Yo en la justicia me fundo. Es verdad, mas para hacerla, disimula, y no los prendas hasta que ser cierto entiendas. Todo el amor lo atropella. Quise a Benavides bien, hoy que su muerte le prueba el dolor se me renueva, y la venganza también. Créeme, que es menester ir con tiento, gran señor. Si me da lugar amor para templar el poder, Que si no terrible furia, Caravajales traidores, os amenaza. Mayores, son los daños de la injuria. Pero esto importa al castigo. Para mí en el cielo estás, Gómez, mas presto verás que fui tu Rey, y tu amigo. Cierto que es bella ciudad, y aunque cansado venía, me holgué de verla. . Este día hizo la Universidad La mayor ostentación que puede su Escuela hacer. También han dado que ver los que de palacio son. Quién como ellos, que en efecto son Príncipes? . Este día fue de común alegría, y que la tengo os prometo, Aunque vengo fatigado. Qué pensáis ahora hacer? Yo no vengo a pretender por ierrado, ni soldado. Ya os conté por el camino mi prisión, y mi inocencia, nunca yo entrara en Palencia, donde tanto mal me vino. Ahora os enternecéis? Es vano mi sentimiento, si me he tragado un tormento de la manera que veis? Solia ser tan ligero, que un caballo a más andar no me podía alcanzar, siempre iua yo delantero. Y ahora por mis pecados no me puedo menear. Cómo os pudieron culpar? Porque no hallaron culpados. Diome Gómez mi señor una cadena en su muerte, que nunca en Argel tan fuerte, ni con tan fiero rigor Moro la puso a cautivo. pensaron que por hurtarla le maté. . Quién ya se halla, Morata, con honra y vivo, Ofrezca a Dios por sus culpas lo pasado. . Así lo hago, que en las desdichas que pago, doy de mi ofensa disculpas. En fin, qué pretende hacer? Aunque digo que no vengo, porque armas ni letras tengo, a la Corte a pretender, Sepa que tengo pensado dar al Rey un memorial, no porque me pague el mal, que su prisión me ha causado. Mas solo por el descargo de su conciencia Real. Bien es, que en un memorial haga de su deuda cargo, Y que le note un discreto, que al Rey el decoro guarde. Vos erades, si no es tarde, único para este efecto. Siempre traen estudiantes como vos tintero y pluma. Queréis que le escriba en suma? Siempre somos ignorantes Estos dela profesión de la rascativa ciencia, y pues que vuestra esperiencia sabrá mejor la razón. Poned mi inocencia allí, y pedid al Rey merced. Apartaos aquí, y creed que hay un Cicerón en mí: Pero pase aquesta gente, y escribiremos mejor. En más estimo el favor, que los tesoros de Oriente. Retirado en esta esquina escribiréis más de espacio. Vamos. Bueno está palacio! Gran belleza! . Peregrina! Viene mi hermano muy loco, y con razón, pues Leonor le hizo tan gran favor. Mas merece, y todo es poco. El que en eso me habéis hecho estimo en más. . Dios os guarde Ya tiene desde esta tarde alta esperanza mi pecho. Pues q os dio? . No veis en él esta banda verde? . Y yo no tendré esperanza? . No, que no sois vos tan fiel. Si en mí no hay fidelidad para tan justa porfía, no hay luz, señora, en el día, no tiene el Sol claridad. No es humido el mar, ni el fuego tiene calor, ni es la Luna inconstante, la Fortuna mudable, ni el Amor ciego. Y para que os desdigáis Parte 19. del agravio que habéis hecho a la lealtad de mi pecho, donde vos por alma estáis, Me habéis de dar el favor, que, de invidia de mi hermano, os pidio mi amor en vano, pues llamáis falso mi amor. No lo dije porque creo que falsedad me tratáis, que más satisfecho estáis de mi amor y mi deseo. Pero si a tan firme amante pude ignorante agraviar; yo os quiero de sagraviar con daros este diamante. Cuya firmeza y valor se hallará con vos muy bien, pues la imitaron tan bien vuestra sangre y vuestro amor. Besoos las manos mil veces por la honra que me hacéis, de la verdad que sabéis son vuestros ojos jueces. No tengo más que os decir en abono de mi amor, pues en fineza y valor le habéis puesto a competir Con este hermoso diamante, que arrimado al corazón confiesa en esta ocasión, que es a vencerle bastante. Gente pasa, al rostro haced con las máscaras defensa. Cubre tú sol. . Haz ofensa al día. . Tanta merced? Por aquí podemos ir a casa con menos gente. Quién ama, y calla, no siente. Pues qué me quieres decir? Que me des tus manos bellas. Veslas aquí. . Quita el guante. Guárdame, Juan, el diamante. Como el cielo sus estrellas; Que como en su soberano manto cada luz está clavada, así lo estar este diamante en mí Llamaron a Ramiro y a García? Ya, señor, los llamaron, y aquí esperan. Por puntos crece la tristeza mía. Seguros los he visto, no se alteran. Cualquiera de ellos, Conde, merecía mayor castigo que las leyes dieran al matador, pues han callado. . Han hecho. como hidalgos de limpio y noble pecho. Pues que perdieran en haberme dado en caso tan atroz justa noticia, no por ser Benavides mi privado, mas por la autoridad de mi justicia? Acusarlos pudiera haber culpado la nobleza que tienen de malicia, y no es ahora tanto el interbalo. No es bueno quien encubre lo que es malo. Llamaldos Conde. . Ya, señor, los tienes en tu presencia. . Es hecho de hombres nobles? De qué te turbas y suspenso vienes? Encubrir a su Rey los tratos dobles, que aspereza, que furia, que desdenes vistes en mí? si cuando entre los robles de Arlanza desnudastes el acero contra vuestro señor, y Rey primero, Yo os hiciera poner entre sus ramas colgados de los cuellos en dos sogas, no hubiera visto aquí. . Traiciones llamas los hechos por quien tú también abogas, servir a Alfonso de esa suerte infamas? tú mismo haces la ley, y la derogas, no diste libertad a quien quisiese para que a Alfonso en guerra y paz sirviese? Si ahora, gran señor, que declarada tenemos de tu parte la justicia, se desnudara contra ti la espada, era traición, mas antes no es malicia. Que no hablo de la guerra, ya es pasada: mi nobleza, Ramiro, no codicia venganza vil. . Pues cual ofensa ha hecho a tu valor nuestro inocente pecho? No es ofensa el saber que dos traidores, villanos, fementidos, desleales, a quien sino el mejor de los mejores diesen la muerte con traiciones tales, y callando, mostrarse defensores? De quién señor? . De los Caravajales, que estos valientes Hectores, y Cides mataron al señor de Benavides. Señor? . No hay que negar, yo lo he sabido, del Rey el soberano acatamiento basta para decir verdad, que ha sido el más fuerte linaje de tormento Quién te lo ha dicho? . El cielo, que ha querido que se descubra esta maldad. . No siento quien puede haberlo visto. . Si he callado, ha sido solo de amistad forzado. Mas pues el cielo quiere que se entienda, advierte que este solo servir puede de indicio, que nosotros no hemos visto distintamente el caso, ni sabemos, que los Caravajales hayan muerto a Gómez de Guzman y Benavides. Yo dije a dos amigos de quien fío mis pensamientos, que sospechas tengo que los Caravajales le mataron, y estos, señor, lo mismo te haurán dicho. Pues cómo presumís que ellos le han muerto? Topámoslos García, y yo una noche junto a la puerta de don Gomez; pienso, y pienso bien, que fue la noche misma: llegaron con estoques y broqueles a echarnos de la calle, y no dejaban que pasase ninguno, aunque tuviese su casa en ella, pues si aquesto vimos, y luego muerto a Gomez en su calle, no es fuera de propósito, no digo, afirmar que ellos son los matadores, más sospechar, señor, que serlo pueden, y porque solo son sospechas estas no te habemos hablado en este caso, que puede ser engaño, y de este engaño a quien está inocente venir daño. Ves gran señor, como era ienos cierto esto de haber los dos Caravajales a Benavides en su calle muerto. Sí, más piden prisión indicios tales. Paréceme notable desconcierto que cometiesen Caballeros tales tan gran traición; informate prmero que trates de prisión. . Prenderlos quiero, Bastante es el indicio: pero advierte, que harás mejor la causa de secreto. Y si se huyen? . Dónde? . De esa suerte tendrá, señor, la información efecto. Siento en el alma aquella injusta muerte, mas pues tengo de entrambos tal conceto, fiaros quiero el caso, y aunque amigos, que me busquéis contra los dos testigos. Pues deja a nuestra cuenta el darte gusto, y averiguar si son los dos culpados. Tendréis de mi satisfacción al justo. Son los Caravajales muy honrados, yo no puedo pensar por cual disgusto matasen juntos a traición, y armados a Gómez de Guzman y Benavides. Disgustos, Conde, a las invidias pides? Fuerte determinación es la que llevas, don Juan. Amor y razón me dan ánimo en esta ocasión. Dicen que el Rey ha llamado a don García, y sospecho, que diligencias ha hecho de ofendido y despreciado Para pedir a doña Ana, y el Rey se la quiere dar. Si el Rey le envió a llamar lo tengo por cosa llana. Ay de mí! juntos están, y hablando con gran secreto, que lo tratan te prometo, y que a doña Ana le dan. El Conde de Benavente esta con el Rey también. Que mucho que se la den con tal padrino presente! No dudes que la pidio de García importunado, y que el Rey se la aura dado. Llegaré a impedirlo yo Con el mayor desatino, y mayor atrevimiento que cupo en entendimiento; mas llevo a amor por padrino. Yo me torno a resolver a prenderlos. . No es razón. De qué temes corazón? ya se la dan por mujer. Pues podrase averiguar de secreto más seguro? Eso te prometo y juro. De prometer oigo hal lar, Sin duda que le promete el Rey algún dote grande. Esto vuestra Alteza mande, y don García lo acete. Que lo acete don García dice el Cónde! . Pues sea ansí. Ya el Rey ha otorgado él sí. De la diligencia mía En hacer la información tu Majestad esté cierto. Ya se concluye el concierto. Quién está aquí? . Los dos son. Caravajal? . Gran señor. Quiéres algo? . Si quisiera. Cómo no llega tu hermano? Puesto que es mayor no llega, Porque este negocio es mío. qué quieres? . Si en tantas guerras no trujeran mis servicios pontestigo tu presencia, Qué vale para contigo mas que mil firmas, hiciera más largas informaciones. No hay quien como yo los sepa. Los Reyes premian servicios? Siempre los Reyes los premian, porque están a cargo suyo ya las armas, ya las letras. Pues dame premio, señor. Escoge una Cruz, y sea para que en vacando goces de la primera Encomienda. Escojo la Cruz, y beso tus pies por merced como esta. Y cuál . La del matrimonio. No es mala, aunque a veces pesa. Con doña Ana de Guzman, casarme he tratado, y ella te lo suplica también. Ten la mano un poco, muestra, Es diamante? . Sí señor. Yo le conozco. . Es la piedra muy buena. . No digo el fondo, sino la sortija, que esta Di a Gómez de Benavides el día que entré en Palencia. A mí me la dio su hermana. Háblame después. . No queda Con gusto. . Cónde? . Señor. La información se acrecienta, una sortija que di a Gómez trae este. . Advierta vuestra Majestad, que sirve a doña Ana. . quí le espera. Suplico a su Majestad, que pues vista mi inocencia me absolvieron de la instancia; y libremente me sueltan, Me haga alguna merced, y de este papel entienda mi injusta prisión. . Quién eres? Que ya de mí no se acuerda? Moratilla soy, señor, aquel grande traga leguas de Gómez de Benavides: ya se le olvida una fiesta Que caminando a Segobia conimos en una venta, y le dijo mi señor, que Dios en el cielo tenga Que era yo un hombre de bien. de los buenos de mi tierra, que en lo que era ser leal un perro Irlandes no era Mas castizo, y que en la espada a diez, a doce, y a treinta les podía tener mano, y que por lo que profesa El arte de los caballos puedo curar a Babieca? De que esté libre me huelgo. Pues si vuestasted se huelga, Deme con que pueda andar, que me han quebrado una pierna. Acude a mi limosuero. El Rey se va. . Buenos que nuestros enemigos. . Hoy nuestra venganza comienza. Aquel no es Morata? . El mism Morata? . El cielo me enseñ de mi remedio el camino. Deja los pies. . No me vea con libertad en mi vida, si ahora siento mis penas. Saliste libre? . Pues no. Dios vuelve por la inocencia, ven, y verás a doña Ana, aunque en verte se enternezca. Esta en Salamanca? . Sí. Y cómo te va con ella? Hoy se la he pedido al Rey. En sus méritos la emplea, vive Isabel toda via? Toda la casa está buena, mucho se han de holgar de verte. Vamos, señor. . Cómo qued tu pretensión con el Rey? Que un Ábito y Encomienda me da con doña Ana en dote. Para bien hermano sea. Por ser ella es parabién, y porque no hay bien sin ella: denme este bien Dios y el Rey, y nunca otro bien me venga.
JORNADA TERCERA
Mal sosiesgas Como puedo que cuando con tal rigor no me matara mi amor bastaba a matarme el miedo. No dudes tú que la ausencia haga su efecto en don Juan. Obligaciones harán al ausencia resistencia. Desdichas de amantes son que se ofreciese jornada tan forzosa, y tan honrada, señora, en esta ocasión. Casada estuvieras ya, si no se partiera el Rey. Esto de obligar la ley, a que un hidalgo lo está, Hizo partir a mi bien, por ser guerra a lo que van. Presto volvera don Juan, y victorioso también. Presto dices? pues hay presto para quien ama, y espera presto es el mal, que a cualquiera tiempo está a llegar dispuesto. Maldito sea el aviso que le dieron, pues le obliga a que esta jornada siga Fernando tan de improviso: Que cuando no fuera guerra que tantas vidas acaba, para mi dolor bastaba la distancia de la tierra. Cuanto hay de aquí a Gibraltar, a cuya conquista fue? Ay Isabel, solo sé que está a la orilla del mar. España se acaba allí, mira que desdicha extraña, pues donde se acaba España comienza el mal para mí. Entraron por Gibraltar a su destruición los Moros, y aunque más que a mil tesoros la deba el Rey estimar. Yo pienso, que ya los cielos mi destruición le darán, si amor Conde don Julian mete por Moros mis celos. Si fuera en Valladolid esta guerra, o si pasara de Guadarrama, y llegar a los muros de Madrid. Yo te dijera que fueras a ver a don Juan tu esposo, pues serlo ha de ser forzoso, y que este dolor perdieras: Pero siendo en Gibraltar, donde se acaba la tierra, no te lo aconsejo. . Oh guerra que paz me puedes dejar! Llámame a Morata. . Él viene. Tenemos lamentación? anda el soneto y canción? Notables congojas tiene! Puedote hablar? . Ay de mí! Calla, que presto vendrán. No espero ver a don Juan. No desesperes así, Que muy presto le verás, con esperanza y paciencia pasarás mejor su ausencia, que si afligiéndote estás, Se te harán meses los días, y los meses largos años, que al amor vencen engaños, como a niño. . Ay ansias mías! Dejad ya de hacer extremos! Cómo hiciste aquel papel para entretenerla? . En él hicimos lo que sabemos, Mas perdonará las faltas. Qué es eso? . Pedile ayer, por verte amar y temer con esperanzas tan altas, Que te hiciese alguna cosa de poesía. . Pues que, trata de estos báguidos Morata? Pienso que ha hecho una glosa. Jesús, que vos sois Poeta? No tengo fisionomía poctil? . Por vida mía que la tenéis muy discreta. Súbime a un zaquizámí por poder poetizar de tu ausencia y Gibraltar, y dije, señora, así. Mucho os lo agradezco. . Luego verás si estás obligada. Qué glosa? . No es casi nada: Socorré con agua el fuego. Don Juan se fue a Gibraltar cuando casarse quería: Gibraltar está en la mar, la mar es agua, y podría el fuego de amor aguar. Amor es como un borrego, que haré si me abrasa, Diego? socorré: decid con qué? con qué? si: yo os lo diré, socorre con agua el fuego. Fuele el Rey, porque tenía con los Moros una lid mas allá de Andalucia, que así lo hizo David con el gigante Golia. Doña Ana quedó penando por don Juan, sin como y cuando, el como, porque fue así, y el cuando, porque la vi ojos apriesa llorando. Tal te venga la salud! Oye, que falta lo bueno. David aquí? . Está muy llen de escritura. . Gran virtud. Los ojos acá en Palencia lloran a don Juan, que está en Gibraltar, que es ausencia, si ellos dicen: Vente acá, responde el Eco: Paciencia. Yo que también muero amando por Isabel, pido a Orlando que me dé su reportorio, porque dice el purgatorio, que se está el alma abrasando. Mientras la glosa has leido. Qué te parece, no es buena? He pensando que mi pena descansará mi sentido, Si te envío a Gibraltar con una carta. . Es la glosa la más sorbitante cosa que se puede imaginar. Atiende a lo que te digo. No tardé en hacerla un mes. Quiero que esta carta des a mí adorado enemigo. O pues si el viese la glosa, perderá el seso por ti. La carta, digo, está en ti. No dudes, es alta cosa. Yo te digo, que aunque fuera vivo ahora Cicerón, que con toda su opinión lo de David no dijera. Pues lo de encajar a Diego para preguntar allí. quién lo dijera? . Es ansí. Qué te diviertas te ruego. otro mayor pensamiento me ha dado ahora. . De qué? Mas tengo seso! . No sé. Hay mayor atrevimiento! Qué imaginabas? . Pensaba que ir a Gibraltar podía. Eso en el aire sería, adónde tu seso andaba? Tengo yo padre, ni hermano, no es muerto Gómez? . Qué pien- a tu honor tales ofensas? (sas No me aconsejéis en vano. Hoy me parto a Gibraltar. Dónde vas? . A ver si puedo perder a mi honor el miedo. Dejarte quiero engañar, Que así pasarás tu ausencia, esta mujer está loca. Siempre de quien ama es poca la cordura, y la paciencia. Qué te parece la glosa? De tu ingenio, pero estoy muy enojada. . A eso voy. Sepa que estoy invidiosa, Calla, que ahora compongo un libro, y serás en él pastora, que yo, Isabel, soy el pastor Monicongo, Y tú la bella Centaura. Quisiera una glosa yo. Pese a tal, pues escribió mejor Peraza por Laura? Di el estribo? . Que me place: Quién te me enojó, Isabel. Ven, y déjame con él. Tardarás? . Cuanto almohace. De quien se cuenta, generoso Príncipe, tan brevé, y tan notable vencimiento? Obras de Dios se deben llamar estas, que no están en las fuerzas de los hombres. Haber ganado a Gibraltar ha sido la cosa de más honra, y importancia, que España, excelso Príncipe, ha tenido. Esta es la puerta, y la primera estancia, por donde entró su destruición; y el Moro la conquistó con parte de la Francia. Es la llave mejor de su tesoro, el fin de Europa, pues por este Estrecho le dio principio el fabuloso Toro. Estoy de los servicios satisfecho que me habéis hecho, hidalgos Castellanos, con tal valor de vuestro noble pecho. Premiaros quiero, aunque mejores manos os premiarán después tan santo celo, que es deuda de los cielos soberanos. Vos, Conde, me abrazad, alad del suelo, y escoged cuatro villas en Castilla. Esos felices años guarde el cielo. Vos, don Ramiro, espanto y maravilla del Africano, de mi llave de oro seréis desde hoy. . Con gran razón se humilla El mundo a vuestros pies. . Un gran tesoro tener quisiera para vos, García. La vida pierda yo si ha muerto Moro. Capitán de mi guarda os hago. . El día que a serviros me trujo mi deseo, otro Alejandro dije que servía. A vos, Albaro Estuñiga, deseo honrar con una Cruz, y una Encomienda, esta escoged, mientras la renta veo. Qué premio, que honra, gran señor, que hacienda, cómo serviros? . Vos Sandobal bravo este abrazo tomad por justa prenda, Alcaide de Segobia os hago. . Alabo vuestra grandeza, y mi ventura, y quiero daros un Moro Alcaide por esclavo, Que no le ha visto el África más fiero. Los esclavos que habéis todos ganado, podéis poner en orden, porque espero Salir mañana, cuando el Sol dorado salga del mar, que a Martos ir me importa, según estoy por cartas avisado. Marche adelante el Conde. . Oh es que corta el hilo de la paga divertido, o que nuestra desdicha le reporta. O no debe de haber visto, ni oído a los Caravajales, que le han dado, vive Dios, la victoria que ha tenido. A todos ha abrazado, y señalado de sus servicios premio, y solamente a nosotros sin él nos ha dejado! Ya se va el Rey. . Su vida el cielo aumente: Mas déjame decir, que ha sido ingrato. Pues Conde haced que marche nuestra gente. Si no es que algún villano con mal trato, y movido de invidia al Rey informe, al Rey de un César Español retrato, No sé como esta paga se conforme conservicios tan claros y leales! Siempre la invidia fue monstruo disforme. A Ramiro, y García premios tales, que huyeron por momentos de los Moros, y a don Pedro y don Juan Caravajales, Que han comprado con sangre de sus poros a Gibraltar los deja de esta suerte? las heridas aquí, y allá tesoros? Si por ventura el Rey fingió no verte, Don Juan, por no casarte con doña Ana. Ya fuera más ingrato de esa suerte. Yo pienso, y tengo ya por cosa llana, que el Rey la quiere dar a don García. Será de entrambos la esperanza vana. Doña Ana de Guzman, don Pedro, es mía, quitarme puede el Rey su gracia, hermano, mas no las que en su rostro el cielo cría. Y cuando ese cobarde, este villano, que he visto huir del Moro tantas veces, viniese a ser de su valor tirano, Un remedio se yo. . Poco encareces tus celos, si lo son, pero partamos, que no te ha de quitar lo que mereces. Dejemos esto ansí, y a Martos vamos, Y tomaremos postas a Palencia, si en ella, o en Jaén de espacio estamos. Amor es celos. . Celos son ausencia. Con extraño atrevimiento hasta Martos has corrido. Mi pensamiento he seguido. Mucho corre un pensamiento. Ya no hay que pasar de aquí, pues ganado Gibraltar aquí quiere el Rey tornar. Con propósito salí De no solo al fin de Europa, pero hasta el fin de la tierra caminar, o ya con guerra del mar, o con viento en popa, Dame tú; que una mujer amando se determine, que no hay tierra que camine, si Dios no la vuelve a hacer. Cómo es tiempo de soldados por soldados nos tuvieron. Lindas cosas os dijeron, como os ven tan desbarbados. Cual caminante decía, que a cualquiera Moro viendo, volveriades huyendo a ver a señora tía, Cual decía en los mesones, o en los corrillos y esquinas, que era guerra de gallinas, pues iuan allá capones. Viendo mi barba, y sin ellas a los dos un atrevido dijo: Hola Nuño Salido, dónde lleváis las doncellas? Cuál dijo, estos mozos son retoños de aquel barbado, y cual me dijo: soldado, va a nadar, o al escuadrón, Qué lleva dos calabazas? y cual dijo: A qué persona, no siendo dos veces mona, echará nadie dos mazas? El Rey pienso que ha llegado, según anda el alboroto Yo soy, Morata, de voto que engañemos mi soldado. De qué suerte? . Tomar quiero hábito de Mora aquí, no le aura? . Señora sí, él fin del engaño espero. De Moro te has de vestir, y hablar al anochecer con don Juan. . Deseo saber que le tengo de decir? Dirasle, que una señora Turca le vio en Gibraltar, y que le viene a buscar, porque en extremo le adora. Y déjame hacer con él. Agrádame el pensamiento, pero ayude al fingimiento con Turco traje Isabel. Yo iré también. . Pues camina y de don Pedro dirás tú, que enamorada estás. Ya que esto se determina, De quien diré yo que estoy enamorado también? Eso no. . Celillos? bien. Ya llegan. . A verle voy, Y alegrarme en su presencia, que no hay gustos semejantes, como verse dos amantes después de celos y ausencia. Cuantas veces, Conde amigo, los Caravajales veo, mas la venganza deseo, si lo es el juso castigo. basta el odio por testigo: de que son los que le han muerto a Gómez, pues es tan cierto, que en viéndolos se me altera la sangre, como si fuera en las heridas del muerto. Causa aqueste efeto en mí, que Gomez era mi amigo, y como vive conmigo, siento lo que hiciera en sí: ya no pasaré de aquí, sin que los quite la vida, que aquella sangre vertida de mi descuido recelo. que da más voces al cielo, que de su mismo homicida. La guerra de Gibraltar no me dejó proseguir su castigo, ni escribir lo que se pudo provar, aquí los haré matar, que no quiero información mayor que mi corazón: vaya a prenderlos García, que no ha de pasar el día sin que mueran. . No es razón. Razón es, no repliquéir. Descansa, señor, que hoy llegas y mira bien que te ciegas. Que bien el caso entendéis. No hay testigos. . Mas de seis, y en suceso semejante es el indicio importante: ni sé yo que diga ley, que lo que examina un Rey no es información bastante? Aunque sea el replicar al Príncipe tan odioso, y al oído tan gustoso el conceder y aprovar: yo no he de lisonjear a vuestra Alteza señor, pospuesto cualquier temor, y cualquier respeto digo, que es injusto este castigo y ejecutarle rigor. Dejadme, Conde. . Yo sé que no hay justa información. Los Caravajales son los matadores. . Por qué? Vos no veis que invidia fue, y que Ramiro y García vieron cuando anochecia a los dos junto a su puerta, pues que provanza más cierta para la conciencia mía? Cómete la información a tus Alcaldes, que es justo, o si esto no es de tu gusto, Parte a tu Consejo es razón: nombra un juez de opinión, o sea tu Presidente, hagan juridicamente lo que toca a tu justicia, y no pueda la malicia verter la sangre inocente. Esto es lo más acertado, y en un Rey Cristiano es justo, que no se ha de hacer lo injusto, porque fue razón de Estado: si estos hombres me han hablado la vida me quite Dios, porque no saben los dos que tú los quieres matar. Conde, no hay que replicar, no os pido consejo a vos, hola, Capitán? Señor. A los dos Caravajales prended luego. . A los leales pudieras decir mejor. Yo voy luego. . Sin rumor, que no quiero que se entienda, porque escaparse no emprenda de mi rigor su malicia. Si agravia el Rey la justicia, quién aura que la defienda? No hallo en que me partir. En nuestros caballos vamos. Quede imposibles hallamos, don Pedro hermano, al salir. Mas todos los vence amor, porque pienso que me fuera a pie, cuando no tuviera otro remedio mayor. Una tristeza me aflige desde ayer, que estoy mortal, o me amenaza algún mal, o algún mal humor me rige. Toda la noche he soñado que andaba huyendo de un toro, y que perdiendo el decoro iva a subirme a un tablado. Desperté mil veces, creo, y otras tantas lo soñé, levánteme, y tropecé, y aunque aquestas cosas veo, Que son quimeras de un triste, y vana superstición, tal está mi corazón, que de mil nubes se viste. Don Juan lo mismo, por Dios, anoche pasó por mí, nunca más triste me vi, mas como somo los dos Una sangre, así tendremos un humor: también soñé cosas con que desperté haciendo cruces, y extremos. A una torre me subían por fuerza, y cuando allá estaba, no sé quien de allí me echaba, y los demás me tenían. Con esta ansia desperté mas de tres veces. . Partamos, que si con salud haliamos a doña Ana, sueño fue. Mas si acaso no la tiene, o el Rey la escribe, que intenta darla a García, y contenta en el casamiento viene, Cuenta el sueño verdadero, pero vengo a ser el toro. A los dos os busca un Moro, que parece Caballero. Dile que llegue. . Llegad. Alá os guarde. . Que nos quieres Eres don Juan? . Sí. . Tú eres Yo soy. . Grave autoridad. En Gibraltar cierta dama Turca te vio pelear, y aún sin verte en Gibraltar ya te adoraba por fama. Dejástela de manera que te ha seguido hasta aquí. Qué quiere? . Quererte. . Ansi pues dile que no me quiera. Es bellísima, y tan rica, que puede darte un millón. No dejes esta ocasión, la mano al dinero aplica. Pesiatal. . Sois vos don Pedro Yo soy. . A vos os adora su hermana, gallarda Mora: yo que de juntaros medro Mas de cuatro mil ducados me retiro, porque habléis, que tendréis, si las queréis, cuatrocientos mil sobrados. Hermano llega, y hablemos. Déjame. . No seas extraño, de esto no te viene daño, gusto, y provecho tendremos. De lo que aquesta te diere puedes llevar a doña Ana mil joyas. . Cosa inhumana para quien la adora, y quiere. Pero soy hombre, o mujer que estoy mirando en respetos? Nunca dejan los discretos la buena ocasión perder. Mora, a quien el cielo guarde, ya don Juan está con vos. Cristiano, a quien guarde Dios no estéis conmigo cobarde. Mirad que os vengo adorando, y como cierva a la fuente de ese corazón valiente. Dónde me vistes, y cuándo? Señora Mora, yo soy don Pedro Caravajal, sino os parezco muy mal Descubrios, aquí estoy. Si se descubre mi hermana, haré cuanto me mandéis. Gallardo talle tenéis. Soy en mi tierra Sultana. Hacedme tanto favor que os vea. . Sed más galán. Yo seré vuestro Sultan, si queréis tenerme amor. Dadme palabra de ser mío, don Juan, y os prometo descubrirme. . Si en efecto con ella os tengo de ver, Yo os la doy de ser muy vuestro. Doña Ana soy. . Yo Isabel. Yo Morata. . Hay más cruel suceso! . Qué engañó el nuestro! De esta manera se dan la palabras? . Ay doña Ana! Qué le dice la Sultana? Que has engañado a Sultan. Y es barró el señor Morata? Dame esos brazos, mi bien. Quién? . Que tú eres ese quien y quien me enamora y mata. No hay tratar, viven los cielos, que en tu vida me has de ver. Qué engaño! . Extraña mujer! Tú sola te dieras celos. Que si yo te dije sí, es porque el alma sabia, que dentro de ti venía lo que me acercaba a ti. Si no fueras tú no fuera el al ma tan atrevida, a ti te dije, mi vida, que te amaba. . Suelta. . Espera. Tú estabas en ti? tu fuiste a quien yo dije que amaba, que más en no amarte erraba, cuando a engañarme veniste, Porque bastaba el olor de ser tú para quererte. Y más si el olor es fuerte, y nace de mal humor. No respeta al Rey quien ve su vara? pues si te vi con este vestido aquí, por Reina te respeté. Estos eran tus cuidados? Rogaldle por mí los dos. No hay disculpas. . No por Dios que estamos muy enojados. Así te vence el dinero, que hicieras a ser mujer? No la pudiera tener todo un ejército entero. Qué amores tan bien pagados? Perdónale, pues pecó asegurándole yo cuatrocientos mil ducados. lles. . Qué es aquesto? tenemos nombre? Tomad todas las cal Caravajales? . No Caravajales? . otra vez; qué quieres? Prenderos manda el Rey, dadme las armas. El Rey, por qué? . Prenderos me ha mandado, el por que no lo sé. . Su gusto basta. No preguntes, don Pedro, al Rey que prende por que, pues nunca prende el Rey sin causa. Mísera yo, qué desventura es esta? Quién está aquí? . Si ha sido por nosotras. Aquí perece el mísero Morata. Dos Moras somos, qué es lo que nos miras? cautivas somos de estos Caballeros. Y tú quién eres? . Yo también soy Moro, Cautivo? . Alá saber. . Llevaldos juntos. A nosotros, por que? . Porque es mi gusto Qué es aquesto don Juan? . Sin duda sabe el Rey como doña Ana en este traje me ha venido a buscar. . Pues bien, que ofensa se ha hecho al Rey? . Aquesta vez nos casa. Caminen. . De esta vez el Rey me pringa. Que aqueste nos prendiese! . En que se paran. Mas que llevo, si el Rey tiene mohína, por Moro falso, alguna tunda fina. A mi determinación este enojo ha echado el sello, que también coge el cabello la justicia a la ocasión. Que si la deja pasar el juez cuando se ofrece, que no la tenga merece cuando quiera castigar. Que el no hacer lo que las leyes, y la razón constituye, la autoridad desminuye de los Príncipes y Reyes. Habiéndome prevenido de que no replique en nada, aunque la justicia airada sospechosa siempre ha sido, No te podré responder: pero podrete rogar por sus vidas. . Replicar de qué efeto puede ser? Yo estoy ya determinado: no los prendieron? . Yo creo, que estará ya tu deseo o cerca, o ejecutado. Podría ser que mis canas tuviesen estimación. Estas diligencias son tan cansadas, como vanas. Si el pecho, invicto señor, de Mendo de Sandobal, que te ha criado, es leal, y digno de algún valor. Por el haberte traído en estos brazos te ruego, que no procedas tan ciego, supuesto que hayas querido a Gómez de Benavides. mas que a vasallo, señor. Mendo, no es esto rigor, que yo hiciera lo que pides: Con bastante información castigo a los desleales hermanos Caravajales, yo sé que tengo razón. Yo haré lo que me mandáis, aunque ya otros Caballeros son en pedirlo primeros. Mucho podéis si le habláis. En nombre de tus famosos Capitanes, gran señor, vengo . Qué extraño rigor! A pedirte. . Qué enfadosos! Que entregues a la justicia a don Pedro y a don Juan. Ramiro, si un Capitán, si un oficial de milicia Tiene autoridad en ella para poder castigar por bando a un hombre, ha de estar un Rey supremo sin ella? Qué términos judiciarios el Capitán de la guerra ha menester? . No se hierra en castigos necesarios, Cuando contra bando son en la guerra los delitos, que términos esquisitos suelen causar dilación. Pero este delito fue cometido en paz, no en guerra. Albaro Stuniga, y eira Parte iy. quien os lo dijo. . Yo sé, Que te lleva y mueve a ira de Gómez el grande amor, porque puede ser, señor, está sospecha mentira. Albaro, yo dije al Rey, que en la calle, y a horas tales vi los dos Caravajales, y esto sin romper la ley Que debo a ser Caballero, y su amigo, que llamado, y por ventura forzado, un hombre que es verdadero No ha de negar la verdad a su Rey, esto es ansí, y que es verdad que lo vi, y a no estar su Majestad Presente. . Luego tu viste que le mataron? . No vi, sino que estaban allí. Pues la verdad no consiste En que estén donde murió, sino en que ellos le matasen, y que de vista jurasen los testigos. . Cuando yo Vengo a rogar por sus vidas, bien claro se echa de ver que no los pude tener entonces por homicidas. Mas pues me apretáis, yo digo, que creo que le mataron, pues sangrientos los hallaron, y hay de eslo más de un testigo. Yo defendere, si gusta su Majestad, en campaña, que están libres. . Linda hazaña Pues no te parece justa? Callad Stuniga va, callad todos. . Aquí vienen los presos. . Si culpa tienen el suceso lo dirá. Aquí, como mandaste, vienen presos los dos Caravajales, y unos Moros, que ellos dicen que son esclavos suyos. Que no quisiera verlos os prometo, llegad acá los Moros. . Hoy me pringan. Dos Moras y este Moro hallé, no tienen aquí otra hacienda, ni criado alguno. Quién eres? . No lo ves? . Cómo te llamas? Yo Muley Arambel a tu servicio. Adónde eres nacido? . En una tierra que lleva excelentísimos melones. El nombre di? . La Fuente del Sahuco. Qué dices? . Que nací junto a una fuente en Marrvecos, señor, en una villa junto a Médina de Ruiseco. . El Moro debe de estar turbado. . Fui cautivo adonde digo, y tu Real presencia me causa turbación. . Quién son las Moras? Mis mujeres, señor, a tu servicio. Dos tienes? . Y otras seis que allá se quedan, porque los Moros, cuya ley es ancha, decimos, que han de ser como camisas que se mudan tres veces por lo menos cada semana. . Descubrid las Moras. Llegado tu rigor, Príncipe invicto, cesarán los engaños y disfraces de una mujer, que amando a su marido vino desde Palencia a Martos. . Cómo? Yo soy doña Ana de Guzman. . qué dices? Que soy hermana de don Gómez. . Cielos hay mayor liviandad, hay más locura! Si amaste a Benavides, si le debes por sus servicios algo, te suplico, confirmes mis deseos . Esto sufres? García, que he de hacer, ya te conviene no tratar de casarte con doña Ana. Don Juan es mi marido. . Eso confirmo, casaros quiero yo; dale la mano Caravajal. . Espero en tu grandeza, conocerás nuestra inocencia. . Ahora que estás casada, brevemente puedes, doña Ana, despedirte de tu esposo: hola. . Señor? . Llevade con su hermano, y despeñaldos de esa peña. . Cómo? Ni lágrimas, ni ruegos aprovechan. Señor, y yo, si mandas, no me puedo ir libre? . Eres Cristiano? . Por la gracia de Dios, que soy de los Moratas finos, Cristiano viejo, limpio, acicalado como un esmerejón. . Que tú, villano, no has querido quitarte de mis ojos, ni dejar estos hombres matadores de don Gómez tu amo? vive el cielo, que has de morir, despeñenle con ellos de la peña de Martos. . Yo, qué dices? Despéñenle también, llevaldos luego. Caballeros caminen. . Es posible que mande el Rey matar dos inocentes? Oye, señor, una palabra sola. Llevaldos luego. . Así, señor, le pagas a Gómez el amor que le debías? su hermana casas, y al tocar la mano de su marido, que le maten mandas? Yo tengo ya con quien casarte. . El cielo me mate antes que en eso te obedezca. García es Caballero de alta sangre. García es un traidor, García y Ramiro le han levantado aqueste testimonio, porque los dos Caravajales fueron por defenderte de tu tío leales, venciendo, y deshonrando estos traidores. Hablas conforme al hábito que tienes. Yo soy Mora en el traje, y tú en costumbres, bárbaro vil, sin ley, sin Dios, sin honra. Mira, que si te casas con García, somos los dos cuñados. . Esa infamia solo salir pudiera de tu boca, no hay monasterios, no hay cordel, no hay muerte en desesperación tan lastimosa? ven, Isabel, y ruega a Dios que tenga piedad de mí. . Repórtate. . No puedo, ni a la vida, ni al alma tengo miedo. Id tras ella, no se mate. Es mujer, no tengas pena. Extraña furia! . Está llena del amor que la combate. Ya no te quiero pedir la vida de estos hermanos. Ya fueran intentos vanos, vive Dios, que han de morir. Morata viva, señor. lo Porque no digas que fui tan ingrato, que por ti nunca templé mi rigor, Ven, y sabrás lo que intento. Tú mirarás a quien eres, porque sea lo que hicieres conforme a tu entendimiento. Hlaced como Caballeros, y tan aotorios hidalgos, que en la muerte se conocen los ánimos esforzados. Los consejos, don García, sanos son de pecho sano; no es tiempo de replicar, ni al del Rey, ni a tus agravios. El Rey es máncebo tierno, y aunque justisimoy santo, pudo engañarse, que es hombre: ay de quien hizo el engaño! Aunque de tu gran paciencia en tan fuerte punto, hermano, pudiera aprender la mía a resistir lo que paso. Como soy menor también en esa virtud, que tanto engrandece tu valor, que siempre como en los años Fuiste en la virtud mayor, en este mísero estado también soy menor en todo, y así vuelto al cielo santo Digo, que pues inocente muero, al Rey Fernando emplazo para el tribunal de Dios, donde los dos nos veamos A ver quien tiene justicia. Acabad ya, despeñaldos. Válgame nuestra Señora de la Fuencisla. . Que paso tan triste! . La misma sea conmigo. . Ya van entrambos tiñendo de sangre y sesos la verde peña de Martos. Ea vos a que aguardáis, que no seguis vuestros amos? Piensa por dicha que es esto ir delante del caballo? Acabad, no repliquéis. Espérese, que ya acabo aquestas Ave Marías. qué os faltan? . Treinta rosarios. De espacio estáis por mi fe. Yo quisiera estar de especio. No veis el calor que hace, y que me estoy abrasando. No sudo yo, que ya estoy para dar el salto en vago, y suda vuesa merced? Pues en verdad que no es tanto. Esto le parece poco? mas pues es tan esforzado, tómelo de tres la una. Acabad. . Terrible salto! déjeme vuesa merced poner bien los pies y manos, no me haga mal al rostro. Pensáis qué es echarse en Tajo? Mal tajo le den, amén, al que este reves me ha dado, Sopeton uñas arriba, mojada al uso del rastro: vive Dios que no me atrevo cada vez que miro abajo. Ea, despeñalde. . Adiós ilustrísimos lacayos, ríos, fuentes, lauaderos, cosias, delantales blancos. Adiós escobas, panderos, sayas, y sayuelos pardos. Adiós lllana, a Dios Coca, San Martín. Tente. . Oh buen santo: quien si no tú en este día pudiera darme la mano? Por este papel el Rey manda suspender el salto de Morata. . Oh Rey famoso mas que Pepino, y que Carlos, mas que César, mas que Áquiles, mas qué Pirro, y que Alejandro! dame esos brazos. . Camina donde le beses las manos. Las manos? los pies, las piernas, los muslos. . No más. . No ha- So debida satisfacción, sino me pongo, Fernando, por tierra a esos santos pies. De buena os habéis librado. En parte, por Dios, me pesa, porque era famoso el salto. Decid, que me dejen solo, que quiero dormir la siesta. Cama, señor, está puesta. Nubes esconden a Apolo, y tempestad manifiesta, No duermas, si puede ser, que acabaste de comer, y no ha de ser luego el sueño. Nunca repliques al dueño en lo que quisiere hacer. No quiero cama, mejor podré en esta silla estar, hacedme a fuera cantar. Vete a comer. . Yo, señor, aquí me quiero quedar. Vete a comer, que yo quiero quedarme. . Pues con licencia tuya me voy. . Y yo espero a que el Rey duerma. En Pulencia murió el noble Caballero. En fin los Caravjales fueron envidiosos, yo castigo los desleales: Dios manda, que quien mató muera: leyes son iguales. Pero si me han engañado? mas no aurán, que yo estoy bien de todo el caso informado: bien quise a Gómez, también su sangre y vida he vengado. Hoy sospecho que he cumplido veinte y cuatro años: que, ha sido este sueño, o desconcierto? ni duermo, ni estoy despierto, y estoy hablando dormido. Los que en la tierra juzgáis, mirad que los inocentes están a cargo de Dios, que siempre por ellos vuelve. No os ciegue pasión ni amor, juzgad juridicamente, que quien castiga sin culpa a Dios la piedad ofende. No podréis hablarle ahora, que pienso, Mendo, que duerme. Importa que no durmiera, no aguarde que le despierten Cajas del Rey de Grañada, que con ejército viene. De esa suerte yo me atrevo, a señor? señor, advierte, que dicen, que viene el Moro con más de seis mil ginetes, Y casi diez mil infantes, corrido de que le hubieses conquistado a Gibraltar, y vencido en Alcaudete? Válame Dios, que gran sueño! Es imagen de la muerte. Mas es verdad, que la imagen. Señor? qué frías que tiene las manos! . Tócale más. No hay que tocarle, o se muere, o es muerto. . Clamó a los cie. Conde, la sangre inocente. (los, Daremos voces? . Callad, porque el campo no se altere, y el Moro soberbia tome, voces dan. . Un hombre viene. Oh gran secreto de Dios! Qué es eso, hermano, detente. Cuando la triste doña Ana, al pie de estas ramas verdes que a la gran peña de Martos la parda falda guarnecen, Los pedazos recogia de su esposo tiernamente, lauando la sangre en perlas, que de sus estrellas llueve, Le vinieron a decir, que los testigos crueles, don Ramiro, y don García, de improvisa muerte mueren. Voilo a ver, y a los dos hallo muertos. . No prosigas. . Puede haber mayor testimonio? si allá los testigos mueren, aquí el juez. . Murio? . Calla, para que el Moro no llegue atrevido en tal desgracia. Oh Rey santo, o Rey valiente, que en solos veinticuatro años venciste al Moro mil veces. Oh cuanto pierde Castilla, Rey soberano en perderte, mas son juicios de Dios. Corre esa cortina, y de ese fin a los Caravajales, cuya sangre resplandece hoy en la peña de Martos, porque fue sangre inocente.
