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Texto digital de La inclinación española

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Diego López de Haro, s.a.).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La inclinación española. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/inclinacion-espanola-la.

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LA INCLINACIÓN ESPAÑOLA

JORNADA PRIMERA

, a; Cuál es Nobleza mayor, en compuesta lid trabada, la que consigue la espada, o la que hereda el honor? Siempre es mejor:: 2. La que nace con la sangre. 3 La que hereda el Valor. Qué bien, para mis intentos, . de la Música el primor, supo buscar en la letra contingente la ocasión De lo acorde la dulzura, no podía, en mi favor, aver acaso hulcado más acaso a mi intención. La compostura del tono, no encontrara con mejor asunto, de mi deseo la extraña proposición. En la letra, si reparo al sonido de la voz, discurro, que puede ser su armonía prevención. Sorana, no te consuela del guisado, y el licos la dulzura, y la alegría del olfato, y la razón? Guirrete, lo que me tardo en mascar, es tal rigor, que hay diente, con tal dentera, que se va haciendo Dentón. Quién goza honor heredado, mayor aplauso merece, pero en su lustre enriqueca el que en valor le ha logrado, Luego es mejoras: 2. Lo que naca con la sangro 3. Lo que adquiere el Ya lor, Quitad las mesas, y logre lo rendido de mi voz, del acierto en horabuenas, y de las faltas perdón: acierto, en el conseguir por mis Convidados hoy de Inglaterra las tres Colunas, en quien fundó, para milagro de Europa, su segura duración; faltas, si no en el deseo, en fin, en la ejecución. A la fortuna de ser, Duque, vuestro huésped hoy, mi amistad, con el afecto, la en horabuena se dio. Al honor de conseguir hoy, Roberto, tanto honor, el parabién le promete mi gusto en mi estimación. Al extremo con que supo cumplir vuestro extremo hoy, solo el silencio agradece lo que no puede la voz. Escúseme la respuesta lo dulce de ese rumor, que nuevamente convida al oído a la atención. Cuál es Nobleza mayor, Extraño argumento es al que la Música dio. Argüirle ya se ha visto, decidirle no se vio. Prevención es, vive el Cielo, . su tema . Hasta aquí bien voy. Lustre heredado, es más lustre. Quién duda, que es más blasón? Quién podrá negar, que es más Nobleza? . Lo niego yo. Cómo? . Proponed los tres lo que dice vuestro error, y respondiendo a cada uno, escucharéis mi razón. Sotana, esto es argüir, vámonos de aquí. . Allá voy, que probo lo manducable, y lo argumentable no. No hay duda, que Elquiblas dize, haciendo allá la razón, que probetur vinum, cuando ninguna la vaptizo. Vuelva la latra a decir el medio a la proporción Si m faltaren las letras, concluirá mi valor. Cuál es Nobleza mayor Que se quitaron las mesas un Criado me aviró, y oculto veré, si el Duque hoy consigue mi intención. El Rey llegó ya. . . Por viejo he de hablar primero yo Quien goza honor heredado, no vive sujeto, no, a que pueda decir yo, que en él lo Noble ha faltado: Al que el Valor se le ha dado, que es Noble ya lo he sabido; pero tendrá conocido, que podré decirle, que, por lo menos, no lo fue antes de haberlo adquirido. Si al nacer posible fuera adquirir lo que después, decirse pudiera, que es desdoro lo que no era: Pero si en la edad primera esa Nobleza se halló uno; y otro la buscó entre los dos, más laurel podrá hacer con ella aquel que sin nacer la ganó. Que es Noble, quien por su espada lo ha sido, no se consiente, que una cosa es ser valiente, y otra Nobleza heredada: El que la goza asentada, da siempre ilustres despojos; pero el que piensa a los ojos de su aliento Noble ser, es, porque no echa de ver, que le miran con antojos. No hay Nobleza asegurada, que tenga buen fundamento, sino crece en el aliento, contando en la edad su espada: Luego si es cosa asentada, que del aliento ha nacido todo lo Noble, no ha sido menos noble, el que si no se lo adquirieron, lo vio en su Valor adquirido Que no es Noble el quel bien asegurado queda, en verse, que no lo hereda de este el que nace si mueres Porque si el que nació quiera en la Nobleza vivir, que es Nobe, no ha de decir, menos que no se resuelva a que de nuevo lo vuelva con su valor a adquirir. Con esa razón, no más, queda tu razón vencida, y que es Nobleza adquirida toda, diciéndome estás: Y en presumirlo así, das de la duda en la cerreza, de donde a decir empieza mi razón asegurada, que no hay Nobleza heredada, sino adquirida Noblece. Cuando lo antiguo asegura de lo Noble la hidalguía, siempre fue Nobleza mía la que con el tiempo dura. Eso solo fue ventura de ser antes, o no ser. Es más Noble es al nacer. La espada tal vez faltó. Como la gobierna yo no se pueda eso entender. Que pase a enojo, recelo, el tema que los provoca. Al que lo adquiera le toca de adquirir más el anhelo. En esa ocasión apelo a mí, que lo conseguí todo de una vez. . Aquí se puede el lustre negar. Eso lo sabré probar. Y cómo es la prueba? . A sí. De los Guzmanes, que a España tanto el honor enriquece, que a faltarle sus espadas, fueran menos sus laureles: En la Casa de Sidonia (grande, por sus Ascendientes, tanto, como el tiempo solo, su Coronista, refiere) naca segundo, a llevarme, ya que la herencia no fuese, lo bien quisto, que mi agrado supo adquirir en la gente: No porque mi hermano diera ocasión, a que se viese en su estimación más corto ta de paritaces sino porque de Señor acuallos como desdenes, no ré qué de desagrado para los Súbditos tienen. De armanos amantes, hizo Amor, que pasase a verse dos enemigos hermanos: Que no harán bellas mujeres, cuando es cierto, que por ellas rara amistad no se pierda? En el Prado, que en Madrid, para el Verano delaite, para el invierno recreo es, gozando juntamente de Pebo en un tiempo rayos, en otro el favor de amvientes una hermosura, una Diosa, una Deidad: pero cesa en mujer lo ponderable; porque si en mujer se entiando abreviado Cielo, Cielo era Laura solamente. Este es su nombre; y su nombre, si bien lo reparo, tiene su belleza ponderada; porque si a la Aurora verso puede el Sol, por esta Aurora brilla el Sol, Astro luciente: que cegué al verla, supuesto la exageración lo tiene, que aunque no es vulgar belleza, es su matar comunmente, No faltó quien de su sangre contarme el lustre supiese, que las prendas soberanas hay quien las venera siempre; y estos, para publicarlas donde la ocasión tu vieren, en las aras del respecto hicieros voto solemne, a su obsequio dedicado, porque intentar oponerse a su adoración, sería negar del Amor las leyes, siando una, que no se pueda mirar su luz sin arderse. Rondé, Clicie de su Alcázar, buscando ministros sieles, que al altar de su armosura en sacrificio ofreciesen toda un alma, que vivía, para idolatrar, dolienta, Terció al oro mi deseo, y siendo el mejor sirviente a este culto dedicado, logré, que Laura atendiese la firma de mis extremos, entra el chiste, con desdenes, con que de divina entonces preciada, los accidentes de mi fe un milagro vieron ajtentar sus poderes. Sané, con una palabra, del temor, y ya sin este, el Amor creció, a escuchar tan grande remedio breve: Enrique (me respondió desde el trono más luciente de su honestidad) mi padre es en mí solo el que puede. De aquí, claro estás vinieron las esperanzas a verse en la posesión, las ansias a pretendar, que luciese, Mariposa de su ardor, para que las noches, breves en mi cariño, gozando de su agrado, entre esquiveces de su honesto sar, tuvieran de día justos poderes, para atrevarme a padir lo que no pudo atreverse a merecer mi Amor: grando estaba, cuando la suerta la dicha quiso robarme, y quiso el mal prometerme. A mi hermano le di parte de mi Amor: o error urgente del hombre, pensar acaso, que ser más crecidos pueden, y en particular de afectos, comunicados los bienes! Qué desgracias no ha traído este pensamiento débil Dígalo yo, pues apenas mi hermano mis pareceres supo, cuando con secreto, bien que atento diligente, quiso ver, y quiso amar, que uno de otro es consiguiente. Vio a Laura, y la amó, a pesar de nuestra lealtad tan fuerte era al imán de su rostro, Qué castigos no previene el Cielo, a quien de un amigo falta a las dibidas leves? Dígalo una nocha a adorar en las paredes de un Jardín los yerros blandos, que en Amor lo duro pierden, un bulto diviso cerca de le reja, que decentes pasos daba a los cariños de la voz tan solamente. Si era acaso, discurría algún tiempo, que al ser breve, era en mi recelo grande? cuando atendí, que el aleve, al abrir el Sol un corto postigo, llegó imprudente; diciendo: Enrique soy, Laura; y apenas lo dijo: Mientes, respondí; y me replicó: Pues será verdad tu muerte. Qué mintió, no hay duda, cuando se vio, que pude, por suerte, no por más valor, al alma dar, en una punta breve lugar para que en la tierra ditunto el cuerpo cayese. Tu hermano soy, antes dijo, entre el desmayo: Ah crueles razones de la ira, cuando acertáis los accidentes! Él sin vida, yo confuso, no sé como pudo verse en un instante, el cercado de la confusión de gente, y yo en un Sagrado, donde supe el dolor más vehemente, que la tiranía pudo formar entre los Crueles. Supe, que a Laura (qué angustia!) se atrevió osada la muerte, en pensar, que yo el difunto era: o engaños de la gente A esta pena se añadieron, en irritados parientes el furor; y en el respecto de un padre, el enojo fuerte; tal, que borró a las piedades de ser hijo los poderes; y sobre todo, de un Rey la justicia, de tal suerte furiosa, que en el Sagrado no encontraba suficiente defensa a sus amenazas Y así, viendo, que más muerte, que vida, sería la vida expuesta a tantos vaibenes, de un ábito socorrido, y corror amigos sieles, pasa a Flandes, donde poro seguro, en los a videntes de mi mal, en Francia, Italia, y Alemania, diferentes años, en el disimulo, viví; y en efecto verme conseguí en Ingraterra, a tiempo: Escuchad desde este punto lo que ya sabéis, que aunque el decirlo os moleste, contar no se puede el fin, sin que el principio le cuente. Llegué a tiempo que Clotaldo, Rey de Inglaterta (ese, que Astro ya en el Cielo luce, por Lucero más Celeste) contra ánsrlmo, Rey de Escocia, porque pudo osadamente negarle el feudo, en cobrarle empeño bizarras huestes. Aventurero en el Campo me introduzgo, donde ardiente en la led, de que una bala pudiera encontrar mi muerte, tanto empeñe los esfuerzos, que por diserentes veces al Rey libré de ser preso. Al Príncipe, que es quien tiene, hoy Rey, la Corona, que aterna el Cielo prospere, di la vida; y al de Escocia prendí, cuya hazaña pueda decir mi brío, que fue de la victoria la suerte, Estos hechos encontraron en Cloraldo, y juntamente en Enrique, tanto afecto, que en el tiempo de tres meses, de Capitán, al bastón General, me vio la Plebe subir; y de aquí, muriendo Clotado en tiempo muy breve, a la privanza de Enrique, en el Condado de Leste, gotando en Madama Inés, sn heredera solamente, dos grandezas en un tiempo; sin que conseguir pudiese, ni Enrique, con sus cariños, ni Clotaldo, en sus poderes, saber de mí lo que habéis oídome atentamente. Tres lustros, y más habrá, que inglaterta en mi tiena una espada, que la ampara, privado, que la defiende, y Vasallo, que la sirva, sin que sepa, aunque metejo mi silencio, de mi mmás, que ser, pues es luficiente, para el lustre, un Español. Direisme, qué causa tiene, para callarlo hasta aquí, mi discurso? Y brevemente dirá, que son en España tan temidos los poderes de su Rey, que de temor he callado: Si os parece necedad, no lo juzguéis, cuando son Dioses los Reyes en la tierra; y si en la tierra, el que le ofende, le ofende, donde vivivirá seguro el leal de no temerle? Pero ya que provocado de volotros, en banquetes, en tonos, en ocasiones; me veo, el día se llegue, en que sepáis, que os igualo en la sangre, por dos veces; una por Guzman, que basta; y otra, para que le quede está a parte, por inglés, en el Valor, que me tiene en tanto favor de Enrique. Y si envidioso, imprudente, o atrevido, hubiere alguno, que no imagine, no piense, que, sin lo Guzman, le igualo en lo Español, solamente con la Nobleza adquirida, sin que la heredada llegue, arranque aqueste puñal de la mesa, porque pruebe, que soy hijo de mis obras, y que mis obras le exceden. d Yo solo le he de quitar. Mío ha de ser el empeño. Raro lance! . Por su dueño yo solo me he de quedar, que si me veis empuñar el acero, solo es, porque así pretendo el puñal no consega que el puñal dejéis ahí, o reñiré con los tres. La mano habéis de cortar, o al puñal es de la mano. Haréis, que pase a tirano, Conde, con el porfi El empeño es singular A que os resolváis espero. Yo os daré muerer primero, mientras dura su porfía Solo con easo padía soltarla, pues considero, que pierde el lance mi brío. Pues si el lance, en caso tal, es de quien tenga el puñal, el puñal es solo mío Intentarlo es desvarío. E imposible en mi después. Pues el medio mejor es de componeros aquí, que el puñal dejéis ahí, y tiñáis juntos los tres. Su esfuerzo no tiene igual Conde, el lance mío fue. Duque, yo le reñiré. Yo cedo luego el puñal, pero el lanca, no haré tal, Mal mi cósera resisto. Sepamos, pues que me obligo a ser en el tema fuez, con quien debe aquesta vez veñir mi valor? Conmigo Gran señor. . Duque, el puñal vuelve al Conde: y rabe, Enrico, que yo me quedo con él, aunque en ti do deposito: guárdale, hasta que le pida, y sepa decirte el brío, que hombre sabré entrar al lance, si Majestad me retiro, que de un Guzman, a un Rey, cabe, lo que no de un Rey, a Enrico El puñal doy, porque basta::: Basta, que sea gusto mío: no es esto? . Sí, gran señor. Esa distinción no admito, señor, que a Guzman, y a Enrique, euno n smo. lp Ben está: Duque C do, Conde. y Señor Ro y Dad a Enrico los brazos; y esta amiltad, ved que soy yo quién la hizo? Cuándo duda en el aliento? Cuándo recela en el brío? Cuando piensa en el valor? Sin el lance, no imagino, sino que al mirarse en él, cada uno hiciera lo mismo. Pues se acabó tu silencio, Guzman, siempre esclarecido, gracias al convite impuesto al gusto de mis arbitrios; pues eres gloria de España, inglés supuesto y prodigio, razón es, que mi secreto hoy tenga fin; y princirio el más prodigioso caso, que en las historias escrito la curiosidad habrá en todo el discurso oído. Muerto Clotaldo mi padre, como dijistes, Enrico, de tres lustros, poco más, empuñé el Ingles dominlo. Quedó Rosaura mi madre expuesta a un parto vecino, y casi a un tiempo se vieron en mi Reino regocijos, y lágrimas; el pesar, por Clotaldo, Rey invicto; y el gusto, porque Sol bella, hermana mía, prodigio de belleza, salió a ser, en el desconsuelo mío, y en mi aclamación amante compañera; el regorijo, por mi coronación, grande; y el dolor, por haber sido tal el parto, que murió de un accidente contiguo. Una noche, en este tiempo, cuando en los dos, más amigo era yo, que Rey; y tú, mas, que Vasallo, Valido. Iguales hasta en la edad de tres lustros, distinguidos, y dos años, si te acuerdas, en mi mesa un exquisito Certamen del Valor, fue el género del palil! A la Inglesa Na daban el valor unido; a la Franccia también otros; y mudando estilo muchos, a muchas dejaban lucidas en sus arbitraos, Tú, a la Española, no más, excedías en el brío; tanto, que para la prueba, dejando lo discursivo, dijiste, que si en el centro de la tierra, Infante un Niño Español entraran donde del Sol no viese lucidos los rayos, ni allí supiera de las Armas ya por Libros, o por voces, al sacarle vieran, supuesta al designio su edad bastante, que solo se inclinaba no a exquisitos adornos de gala, no a curiosidad, de arbitrios, sino a las Armas, por ser ese de España el prodigia: Esto dijiste, bien puedes acordarte de ello, Enrico. Tuyo fin el argumento; pero tuve yo principio a lograr una experiencia en el suceso más digno, que, vuelvo a decir, habrán los más expertos leído. Tu esposa Madama Inés, que guarde el Cielo mil siglos, Sol de Inglaterra, dio a la luz del Mundo un hijo, tres lustros habrá, y los proprios ha, que le llora perdido; porque yo que en el poder todo es fácil, con dominio, y con industria, le pude robar: Dejemos, Enrico, tu llanto, los desconsuelos de Madama, y mis alivios; y vamos, a que a Conrado entregué el Infante mismos y avilado de mi intanto, con el Ladrón atrevido, que le hurtó, en la Quinta pudo dejarle en secreto sitio. En ella ha vivido Carlos (que así le llamó el Baptismo) sin ver del Sol los hermosos rayos, sin tener avisos del Valor; porque a Contado, y al que le robó, el peligro no tisique de su muerte, si con la lengua, o con Libros daban noticia de España, daban del Valor indicios, o si faltaba, por suerte, de la cárcel, o retiro, Que me culpes lo crues Enrique, te lo permito; pero llantos, que se acaban, como este, en el regocijo, dijera yo, que tenían para agradecer motivos. Carlos, en efecto, tuyo la asistencia en mi cariño, la enseñanza de Conrado; y en fin, con los requisitos todos, que dijistes, para ver, si se inclina a los bríos, antes que a otra cosa, yace de la Quinta en lo escondido, Ya que te has vencido tú, y que tu honor nos has dicho, salga Carlos a dejar en tu Nación más lucido el crédito la razón ya en su edad tendrá dominio; porque si mi hermana Sol cuenta tres lustros lucidos, mañana los mismos Carlos ha de tener, si distingo en pocos días de menos iguales sus dos prodigios. Alegre a Madama el gusto, empiece en ti el regocijo; y ese Rey de Escocia, Joven valeroso, Federico, que hijo de Ánselmo, me niega el feudo, porque en olvido pone, que su padre tuvo de su osadía el castigo. Luego halle de su osadía el escarmiento debido que claro está mi troreo, llevando, para adquirirlo, del que a su padre vencio, un rayo nuevo, en un hijo. Maravilloso suceso! Caso, por cierto, exquisito Llegó el fin de mi cuidado. Es tal, señor, el festivo gozo, que en el rorazón dejó tu voz exculpid que a las gracias, el sisencio es el más proprio camino. Dichoso. Señor. . Qué traes? Qué dices, Guirrete? . Digo, que a dar una buena nueva a mi amo el Conde he venido. Di, que aunque fuera pesar, es tanto el contento mío, que se llevara esta vez la piaza de regocijo. Cuál es? . Mi ama la Condesa, para irse a cinar con Cristo está, da tal forma, que tiena la casa en un grito. Ay de mí Granenor. . Presto, acude, Enrique, a su alivio, y en el accidente, mira, que el peraré los avisos. Si su enfermedad, señor, procede de haber perdido un hijo, voy a que sea su salud hallar un hijo. Es esa la buena nueva? Si señor, pues si averiguo bien, qué mayor alegría, que enviudar un marido? Vanid todos a saber, en mi cuarto, los designios con que he de ver, si se inclina Carlos, como dice linrico, a las armas, antes que a otra cosa. Ay, amor mío, que no sabe, que es amor dónde mi poder inclino! Aurora, qué sin tendrá en tu esquivez mi cariño? Ire a saber, si Sotana logró en Celia mis designios. . Qué principio mis afectos tendrán, Aurora, en lo esquivo? Iré a saberlo de Julio, si dio a Celia el papel mío. De esta vez, en mis temores dichesamente me libro Uno ha de ser de los dos el que lras por mi ruego; y así, elige al ouque o Conde. A ninguno oír pretendo; y así, Celia, no presuman tan superiores sujetos, que cupo en mí el escucharte, sin castigar tus desgos. Hy, ciega pasión, qué en vano . imagino, que te ofendo, si estas imposible a ser para mis penas consuelo. Señora, si alguno fuera del Rey, que tu amante ciego también te festeja, vaya, que tuviera ese despejo; pero si en los dos, el uno puede merecerte dueño, por qué tan esquiva? . Calla, calla, o vive el sufrimiento de mi dolor, que te cueste la vida ese pensamiento, Ay, ignorado pesar, soro a ti es a quien me entrego Pues el Conde:: En mí habla Celia: a escuchar llegué a buen tiempo. No es galán, y bizarro? . Sí, Celia, yo te lo confieso. Feliz soy. . Pero qué importa, para quererle, todo esto, si no es mi gusto? . Ay de mí! a infeliz su voz me ha vuelto. Pues si no es el Conde, el Duque:: El Duqué dijo? Yo atiendo, que Cella habla en mí, sin dudas A qué buena ocasión llego! Es entendido, valiente, es . Sí, Celia, no lo niego. Qué dicha! Albricias, Pero yo al Duque aborrezco. Qué escucho, pesares? . Pues di, señora, qué es tu intento? has de ser Monja? . A ti, Celia, nada te importa el saberlo. Tienes otro amor? . Mi amor es mayor . Qué escucho, celos? Qué oí, rabias? . Mayor es, pues es amor sin remedio. Es, señora, el Rey acaso? El Rey dicen, cuando llego? quiero oír. Qué es lo que dices? Has perdido, Celia, el seso? Al Rey yo? Mira, es verdad, que le estimo, le venero:: Qué fortuna, amor, es esta Pesares, qué es lo cueatiendo? Que es lo que escucho, cui Como a mi Rey, en efeetos querer de otra suerte p quien busca en sus extremos honor, antes puede de de ser Astro Febe. Ay de mí, qué poco dura la gloria de los afectos. Pues, señora, esta bien todo lo que dices, y lo creo; pero esta vez, por mi sola, has de leer, mas por juego, que por nusto, de los dos amantes tuyos secretos los papelas. . Qué he escuchado? otros causan mis desprecios? Engañarela (ay, amor!) y los ralgaré, que necios, por necedad de quien fue ministro de sus deseos, este castigo merecón. Quién serán causa en mis celos? Dámelos, y los veré ambos. . Tama este primero. Qué es esto, penas? . En vano no creer su engaño quiero, Dame el otro. . Lee el uno. Ya:: Qué papeles son esos? Mi padre: hay suerte infeliz! . Mi señor: hay cruel viejo! Contado: extraña ocasión El Marqués: raro suceso! Su padre: emveno terrible No habláis? Señor: grave aprieto. Yo. . Pero qué es lo que aguardo, cuando puedo yo saberlo? Dadme los papeles. . Este. Y este. Contado? Qué es esto? Gran señor. . Venid conmigo: Dábame Aurora este empeño. . Buen acaso. . Feliz suerte. Sola en esta ocasión puedo . decir, que el Rey agradó con su vista mis tormentos. Alguna dueña le trajo. No venía? . Quisé primero recibir de Aurora, y Celia dos memoriales, dispuestos a que dos Soldados logren de sus servicios el premio. Hanse válido, señor, de las dos en el empeño, y me da rielos pud a Enrique y r Mas pesares. . Ay, que embaste. . Más empeño, Mas confusión! Esta bien (así logro mis deseos) p Si dándoselos a vos, havéis de darlos vos luego a Enrique, y Enrique a mí, excular ierá rodeos, que yo los reciba, y tienen así más cercano el premio. Tómate esa. . Estoy sin mí! . Hay más sustos? . Hay más riesgos? Erré el lance: Gran señor, es, que Aurora. En este puesto, gran señor. . Sí, hermana, donde ya con Aurora te dejo, para que recibas tú dos memoriales, dos ruegos suyos, que para negarlos a mí, no apuro el pretexto: míralos, y me dirás después lo que pide en ellos, Venid, Conrado: Que digas, . Aurora, de mí, no quiero, que me valgo del poder antes que del rendimiento. Volveré a saber, honor, p lo que contra ti sospecho. Qué memoriales, Aurora, son los que el Rey dice? . Siendo en tu amor público el mío, no haya en él mia secreto. Una osadía, una loca vanidad, y atrevimiento de dos, que amantes:: Esperas qué es eso de amantes, hechos jueces mis oídos? Sabes quién soy? Sabes, que aborrezco del ciego Dios, las que llamas disculpas, cuando son yerros? Qué es amor, cuando te escucho? qué es amor, cuando te atiendo? Sin ti estás, pues no conoces lo que me ofendes: atento tu discurso lo examino, Aurora, porque te advierto, que no volveré a escucharte, si dura tu pensamiento. . Dice bien la Infanta, Amor ha de ser como el que tengo, que lo sé yo de tarmodo, que me admiro de saberlo. Qué haremos, pesares míos? Dolores míos, qué haremos? Dime, aleve, he de pasar por ti desaires tan fieros? por ti he de arriesgarme yo? por ti::: Yo, señora, tengo no más el delito, que hoy a vuestros ojos confieso. El Duque escuchaba? . Celía, vuelve con todo respecto ese pliego al Duque, que como sus namas no entiendo, no vino para mí, o vino, según presumo, por yerro. Si el desprecio fuera solo, solo fuera un sentimiento el mío; pero se añaden, para ser dos, unos celos, En quién no cupo el amor celos no caben. . Es cierto; pero puedo presumirlo, a la vista del extremo en que otro afecto consigue de vuestra mano el afecto. Pues mirad cual es mejor, un desaire, o un desprecio? El desprecio, porque ahora sabré quien me enoja. Eso no será, mientras yo vivo. Mataros, para saberlo. . Duque, Conde, no el ser yo quien os mira en el empeño baste, sino el sitio, donde lugar no tiene al acero. La advertencia tiene toda la razón en mi respecto; y así en otra parte. . Cuándo sua lo mejor, es presto. Seguidme. . Vamos. A donde, señores? . A obedeceros. A ser viros. . Si habrá Enrique notado sus desaciertos? No, que no entrara tan blando. Míos son esos empeños, porque os atiendo muy mucho: ved en que torma os atiendo, que jurara, que los dos ibáis ahora descompuesto. Sin duda, que lo escuchó. Y disimula. . Es discreto. Yo soy amigo del Conde. Amigo soy de Roberto. Y yo soy testigo; pues cuidado, que en mis alientos, si es, como prefumo, enojo el que os lleva, es mío el duelo. No será, cuando no hay causa: guardeos Dios. . Guardeos el Cielo. El mismo os guarde. Verá mi furia. Arderá a mi fuego. Bella Aurora, no es milagro, que a la vista de tu cielo no haya vidas, que no arriesguen, por ganaros, el perderos. Señor Conde (aquí, varor, . te necesito) si tengo la culpa yo, puede ser, que sea en mí sin quererlo. Dejé a Conrado, y aquí llego otra vez; mas qué veo? con Enrique está. . Disculpas para mí no son de efecto. Esto es, señora, no más, que alabar vuestros empleos. Qué escucho? . Quisiera yo miraros sentido en elle, Ay, amor, lo que me ofendes. . Ay, Aurora, lo que peno en mirarte. Estoy confuso. Y el papel tieso que tieso. Sentido quisierais verme? Sí. . Con que yo decir puedo, que disculpada también podía estimar el veros. Entique a Aurora, y Aurora a Enrique: hay más grave yerro? Yo tengo amor sin disculpa. Yo amor con disculpa tengo. Eso tenemos ahora? Ay tal linaje de celos? Madama Inés (ay de mí!) Calos le pide. . Del fiero accidente queda ya en su alivio? y mi tormento. . Sí señora, que el dolor tuvo en mis males remedio. Sea por felices años. Vive Dios, que estoy sin seso? Sen, pues es vuestro guito. Los memoriales. asan Pedro Dónde están? . Al Code estaba dándoselos a este tiempo Volvió el Marqués cuidadoso. Qué esto me suceda? . Esto, que os suplico, habéis de hacer, señor Enrique. . Suspenso . estoy. . Del que ya guardasteis, y este memorial, los dueños me cansan, en que de vos me valga, a librarme de ellos: miradle con atención, y si mereciere premio, dádsele, sin que se sepa, que soy yo por quien se ha hecho. El papel he de leer por si apuro en él su dueño. Un amor como locura. llega a vuestro entendimiento, por si en lo imposible cabe algún posible sosiego. Esto dice solo. Honor, cobrar el papal debemos. Qué me dije Aurora así? pero no sé si lo entiendo. Enrique, este memorial erro aurora, a lo que creos y así, dejad que le vea, corregiré yo su yerro. Irritado está el Marqués. Sin duda, que vio este pliego . antes en aurora. me respondéis Como puedo decir más, de que una vez, que ya en mi mano estavieron los memoriales, el Rey solamente puede verlos? Siendo de mi hija, esta vez, Conde, pediroslos puedo. Peno yo puedo Qué importa si valor tengo? Para qué? . Para cobrarlos. Enrique? . Señor supremo. Ven conmigo, acabarás lo que con Conrado tengo empezado, ya que no pudo esperar para hazarlo. Señor, fue:: Ya lo discurro Marqués, porque estáis muy viejo. No es así? . Señor. . Ven, pues barique. . . Ya te obedezco. Si al Rey os desocupare, Conde, en el Parque os espero. Esta bien. No venís. . Ya os iba, senor, siguiendo. El papel me ha de entregar, o ha de movir a mi acero. Que yo no te entienda, Aurora? qué mucho, si no me entiendo? . Verá el Español, que vive entre aquesta nieve el fuego. . Arrojos del valor, cuando son en público, tuvieron en la paz fines de gusto; y pues el gusto no quiero, perdida Aurora, bien hice en dilatar el empeño con el Conde a este retiro y de la noche al silencio. Quién, sino yo, por favor ha defendido un desprecio? Que el papel, sin más aplauso, que haber estado sujeto de Aurora a las manos, traiga hoy en mi forzado el duelo de ocultarle, y en el Duque de robármela por eso Una vez que quise ver el papel, ya es fuerza verlo. Dónde me traerá el Rey fin averme hablado, suspenso le sigo. . Aquesto ha de ser a costa de mis alientos, Si el Rey da lugar, no dudo, que salga Enrique a mi acento llamado; y así, a esperarle se adelantan mis deseos. Solo está el Parque, si no de las sombras miente el velo. Si la noche no me engaña, que está solo el Parque veo. Enrique, alcanzas acaso, si hay quién escuche mis ecos? La oscuridad solamente podrá escucharnos: qué es esto? Si mi vista no es escasa, soledad notable siento. Pues saca la esp C Ya tarda. Qué tarda creo. Si vendrá? . Sabes, Enrique, que quedé con el acero del puñal yo, aunque de ti le confié? . Ya me acuerdo, Pues yo he de saber tu brío, y he de lucir el empeño. Mal disimulo, . No digan en jamás de mí los tiempos, que la espada esgrimi osado contra quien por Rey venero. Riña, cobarde. . Y pues tanta es la oscuridad, trofeo sea esta vez el retiro, si tantas fue vituperio. Ya, Conde, te espero. . Y ya aguardo irritado. Siendo solo el fin de darte muerte, el vidando otro pretexto, quitarte el papel, que Aurora tuyo en sus manos. Ya espero, Conde, ver tu brío. . Este es Contado, pues advierto no ser el Rey. . El papel me habéis de dar . Él es, Cielos: reñiré con él, aunque por rigor de Aurora temo. Qué respondes? . Qué me dices? Que dar el papel no puedo. Que te daré muerte antes. Tu muerte será ese exceso. Pues te quitaré la vida, Qué es lo que escucho? en un tiempo armas en dos partes, sin ser mi valor el presejto? donde irá, que acierte el brío? Acudid al Parque presto. Que no le acabe mi enojo! Qué me dure tanto un viejo! Qué así desienda mi furia! Qué resista así mí elfuerzo! Luces, y Soldados llegana introdúciame pretendo, ya que no logre mis iras. Favor al Rey . Qué es aquesto? Cierra España . Muera Escocia. Qué es lo que miro! . Qué veo! Yo contra el Rey? Contra Enrique yo? . A mi lado está puesto Enrique? y el Duque, y Conde contra los dos? . Yo riñendo con el Duque? . Matachines unos, y otros parecamos. Qué haré? . Qué órdenes, señor, aguardamos? . Fuego, fuego. Jesucristo. . Qué rumor es aquel; . Acudid presto, que en el cuarto de la Infanta es lo voraz del incendio. chado? Fuego fuego. . Qué he escu- Nada mando, solo quiero, que aquellas llamas no logren lo que previenen los ecos. , . De mis dudas otra vez apuraré lo suspenso. Fuego, fuego. . Aquel clamor es antes que mis recelos. Aquel acaso ha de ser la tregua de mis tormentos. Fuego fuego. . Lo confuso se acabe con lo violento. Sotana? Guírrete? . Vamos, a saber desde muy lejos, porque el Poera acabó la jornada en::: o, fuego, O EGU NDA

JORNADA SEGUNDA

Dónde esta Carlos? . Ya es esa pregunta excusada, pues en no estando tú aquí, de los libros no se aparta. Son los más fieles amigos, Llego a decirle, que te hallas en la Torre? . No, que verle, para que me vuelva, basta, pues a verle entraba solo. Quédate, Fabio, y repara, que hoy se acabará lo oculto de prisión tan dilatada. Qué dices? . Mas de esto a Carlos: Qué, señor? . No digas nada. . España: Válgame el Cielo En cuantas lecciones varias he pasado, a costa de soledad tan dilatada, no hallé esta voz; y sin duda, que Previncia, que se llama así, tendrá de la Eluropa el laurel de soberana; porque España es agradable nombre; i España solo, el alma se recreas Qué es esto, pasión dal alma? Porque? Pero quién es? Fabin amigo, dónde estabar? Rascándome honestamente porque me pica, y no es larna. Dios quiera, que llague el día, que a espulgarme yo al Sol vaya, Sol quiero. Qué es lo que dices? Tú querer al Sol, sin que hagas reparo, que quien al Sol dice que quiere, me agravia? Por qué? . Qué sé yo por qué? que cuando lo sabe el alma, para sentirlo, lo dice, para explicarlo, lo calla. Deme, qué es el Sol? . El Sol: pero aguárdate que haga dos colas, marar, la una, esta luz; y hacer almohada el suelo, para sentarme, la otras que será cama para dormir, cuando tenga el señor sueño la gana. El Sol; señor mío, es una cora, que en su casa el Verano no le quieren. Por qué? Por qué? Porcubrasa. Pues qué, su belleza quema? Como li que má! que rabia. Ay Sol, aunque hermoso, Dios me desienda de tus llamas! Y cómo es el Mando? . El Mundo es . Di. . diós, las cabezadas emplerana como una bola, que así todos le comparan: dentro de alla hay lab endijas, unas buenas, otras malas, y hay:: . Qué? Mujeres, que son la que con el Mundo acaban. Qué dires? Pues la mujer no es quien da a las luces claras del día vivientes tantos, que el mundo fecunda alarga? Esas son unas; pero otras sabe Dios a cuantos matan. Cómo es la mujer? . Escucha, y la verás comparada, La vibora es animal, que en estando vivo daña; y muerto, allá en las bóricas dél muchos remedios sacan. Así, pues, la mujer, cuando as mejor, es cuando acaba, que cuandas dura, el Demonio. Qué? . Que pueda tolerarla, Mujar, y shis son dos cnsas prodigiosas. . Y siendo ambas diferentes, hay mujer, que es como un Sos, bien mirada, Y entonces abrala? . Mas (cuerpo de san, con la alhaja!) que el Sol solo abrasa el cuerpo, pero ella el cuerpo, y el alma, Y España, qué imperio tiene? Ay, señores, qué desgracia! A donde, Carlos, hallaste esa voz? . aquí estampada. Descuido fue de Conrado, . cuando el Rey a ambos nos manda, pana de la vida, que nada digamos de España. Jesús, qué sueño. . Qué dices? Hágote colchón almohada. Qué es España, Fabio? En eso dice más el que más calla. Duerme en tanto que yo leo, para ver si me declaran las letras en adelante lo que en tu voz procuraba. Yon valor, Flota, pues miras, qua mi aliento te acompaña, Ay, señora, que valor, si está la torre encantada? Mi curio sidad no puede atrás ya volver las plantas. Piegue a Dios, que no nos cuesto tu curiosidad muy cara. Sígueme. . Por lo que pesar los pies se me han vuelto patas. España: de aquí no puedo pasar, divertida el alma en sus letras. . No ves, Florarta Ay, señora, no sé nada. Un galán Joven? Qué Joven, señora, que son fantasmas? El sueño en mi suspensión ya poner las treguas trata, Has visto tan agradable prasencia en tu vida? . Acalsa, señora, de ver, que yo tengo mur has carararas Venció el sueño, a pesar de Sol, Mundo, mujer, España, Su gala cose es, Flora, lo que me espanta, en esta prisio No estoy para reparar en galas. Qué será esto? . Qué ha de ser, sino ser yo desdichada? Si Volvámonos. . Ven aprisa. Sol hermoso, espera, aguarda. Cielos, mi nombre pronuncia Ay, señora, qué te llama! Turbada estoy. . Mira tú lo que irá de Ama a Criada. Vamos. Prendedie. Matadle. Jesucristo. l. Estoy sin alma Acierras con la salida, Flora? Yo? ni con la entrada. Música? Cielos, qué es esto? El Raquiem, que ya nos tantan. Ven por aquí. Ya voy; pero cayose acuestas la casa. Hay más confusión? Son truenos, señora, los rayos faltan; y esto es lo peor de todo. Qué hiciste la luz? . Matarla. Sol mugor. . Valadme, Cielos! Cielos, valedme. Quién habla con voz, que en el centro oscuro es su claridad extraña. Paro qué miro? Quién eres, nueva confusión gallarda? Er s Mundo breve Sí, que eres malavilla rara. Pero no, que mujer eres; mas no, Sol eres, que abrasas: Eres España, por dicha, pues cómo España me agradas? Mirens qué envolismo! Se Amor, mi turbación no te basta, si no el rendimiento, en que de mí la victoria alcanzas? Enmudeces, Deidad bella? A su agrado estoy postrada. Señora, dile, que si, annque pida millaradas. No te merezco un acento? Ya, la confusión dejada, diviso por donde entré. Qué dice. . Que cuado halagas ofendes; y que el huir, quiero, que de ti me valga. Espera, engañado eehizo, que no es la voz, es el alma, quien te asegura::: . Ay, señores, que me ha dejado la Infanta. Para crédito en mi sé, la verdad de mis palabras. Pero qué espero? A seguirla se anime mi afecto, y haga consecuencia, que es forgoso, que por donde sale, salga. Mujeres curiosas, ved en mí, que es en lo que para el serlos encantada estoy: Mal haya, otra vez, mal haya la que sirve a amas curiosas. Mujer, mira, atiende, aguarda, que soy doncel. Ay de mí, que esa es mi mayor desgracia! Tiento, ayúdame esta vez, porque con gran tiento salga. Centro oscuro, librame con tus sombra En la Guarda de tanto tumulto, Cielos, qué se quebrase la espada, para que el huzr perdiera no parecer en mi infamia! Dios vaya conmigo: qué no haya, que me guíe, un alma. Qué extraño secreto, Cielos, he hallado! aquí repognancia de piedra; aquí fortaleza de composición de tablas. Pero qué es esto? Señor, señor, ya voy. . Qué santasma será aquesta? Hallé la puerta. Santo, en aquel que me sacas de aquí, una Flora de cera mi curiosidad te manda. Se apagó la luz; pues voy por otras el mozuelo rabia en estando sin luz, voy a encenderla de unas brasas. Ya presumo, que pudiera salir, si acaso acertara a ver, si se sosego de mi riesgo la borral Ay. Sol bella, tu hermosura; mas qué es lo que escucha el alma Ya llavo la luz . Apordes atentos en esta estancia? De la obscura prisio en que vive de Marte la gala, para envidia de Adonis, en Carlos, nor abuena salga, Música, y voz, que en un tiempo tanta confusión me causas, donde estoy Aquí ay ya luz. Ya es tiempo, Carlos, que salga tu: pero, Cielos, qué miro? Válgame Santa Safana. Qué es esto, dudas? Feliz mil veces, Carlos, quién halla, padre tuyo, tan crecida tú siempre llorada infancia. Llega, llégate a mis brazos, hijo, que mi amor no extraña, que la novedad no encuentre en el arecto palabras Qué detérminas temor? . Mindo, qué es lo que hacer tratar? Yo soy:: Mejor lo sabemos, que vos, Carlos, y eso basta para que mi amistad logre de vuestros brazos la paga. Contado me está mirando, . y a ambos nos tiembla la barba. Hijo, es el Euque, quién puede darte de mi amor fianzas. Muerto me dejo el acaso. Qué importa, si yo en pagarlas no soya:: Siendo hijo de Enrique, mucho sois, y eso me basta para que en amantes lazos mi fineza explique el almo. Es el Conde, Carlos, quien pide a su extremo la paga. Está bien, pero no puedo yo, por ser:: . Mas declarada tu discreción está, solo en no saber explicarla: cumple ahora con lo que admiras, que eso en tu silencio hasta. Quiere decir, que no ha sidons Ya, Contado, asegurada vuestra enseñanza dejáis en la turbarión. . Mas clara vuestra destrna le muestra en no acerrar las palabras. hHay más atroces mentiras. . Cielos, el hablar me atajan De Fabio sabré, qué es esto. Contado dirá esta manla. Hijo, vamos donde vuelvas los pesares de tu casa, en la muerte de mi esposa, regocijos con tu gala. Vamos: salga yo de aquí, a que yo lograre, que salgan del engaño, que no entiendo, si el decirle me embarazan. Qué finja ser el que piensan! . Vamos, y digan ufanas músicas voces. . Festivas, al ver de Carlos la gala. De la oscura, Hijo, qué alegre te llevo! Ya mi amor, padre, te paga. Carlos, a lucir el brío. Duque, el vuestro me hará salva, Bien lo discreto mostráis. De Contado es la alabanza. Cielos, qué finja han conmigo! . Esto solo nos faltaba. p Inclinación Española, pues empiezas bien, acaba. Fabio. . Contado. Qué es esto? Lleven mil Diablos mi alma si lo sé . Pues cómo? Cómo? Carlos, aquí, yo, que, estaba dormido, las luces. . Cesa, cesa, porque a mi desgracia no des más asunto. Pues un Porta le tomara. La vida hemos de perder Para qué hay salto de mata? Diré, que no es él. Y a donde iremos por Carlos. . Calla. Callo: si salgo de aquí, no he de parar hasta Francia. No han de creerme. No hay duda, y más cuando el de la manla finje de tal modo, que aún a los dos nos engan Pues qué haremos, Fabio? . Qué? metámonos Fraile. . Calla. Callo. . Ven comigo. . Voy. A ver si el suceso halla remedio a mis males: Cielos, a mi vejez tal desgracia! Señores míos, adiós hasta la tercer fornada. 1. Mucha gente a la leva se acomoda. 2. Para que Escocia se cónsuma toda. Dulce rumor, que alegras el sentido; amán, que mereció ver en olvido el empeño, en que estaba mi tormento, de aquel Sol, o mujer, en seguimiento: si el vencimiento de mi duda aclamas, dime, pues tienes voz, como te llamas que en los libros que he visto, es bienq asombre, que no hallo nombre con que darte nombre? Como cabe, que pueda dar regalos, el compás, al oado, de dos palos, y que sea, esta vez, en mi alegría del tan, tan, tan, oír la vocería? Con oírte no más, no me he acordado de aver con atenciones reparado del Mundo la extrañeza, que encontrada, es verdaderas como fue pensada. Esta es capaña, aquel árbol frondoso, Palacio aquel, aquel el Cielo hermoso; el Sol: pero, ay de mí! ciego he que- dado al quererle mirar su luz osado: como su luz de luces se acredita, si a quien mira la luz, la luz le quita? Pero de luz en vano blasonara, si su luz a otra luz mirar dejara: qué extraña tiranía esto negaba aleve a mi alegría? Vive Dios, que si fuera; pero vuelvo a seguir el rumor, que si resuelvo al parecer de todo lo advertido, nada como él tan, tan, me ha parecido. 1. Así me lo dará. 2. Ya lo veremos. 1. Tomme el bribón. 2. Tomemos, y tomemos A señores, tened, que ser quisiera quien del enojo estorbo ser pudiera. 2. Por mí ya está dejado. Por mi no sepa usted, que no me ha da- barato, que le tengo merecido, (do en que habiendo jugado, no ha perdido, porque yo con mis señas le decía cuando el contrario envite falso hacía, 2. En no darle barato le castigo su desvergüenza. . Dice bie, amigo, y antes ambos debían, bien mirado, restiruir al otro lo ganado. Teologías ahora? (buena pieza!) mayor pecado es tener pobreza. 2. Vein te reales gané solo cabales, A ver: y como son aquesos reales. 1. No conoce el dinero? (linda treta!) No señor. 1. Pues sin duda usted es Poeta: Esto es dinero, mire. 1. Aí, qué no es nada! Y por aquesto riñe gente honrada? Cuerpo de Dios! 2. Qué has hecho hombre? Arrojarlo. 2. A puñadas de ti pienso cobrarlo. S Qué puñadas? que a coces mi desvelo las tripas te hará echar. 2. Válgame el Cielo! 1. El diablo que le espere. 2. Esto merece el que traposo fuere. . Seguirelos? mas no, que hecha la cuenta, pues huyen, siendo dos, qué más afrenta? El rumor::: Señor Guirrate, escuremos en la lengua razones, habiendo espadas. Tenga usted, aguarde, tenga, señor Sotana, que no ha de ser esto pendencia. Válgame el Cielo! Hasta aquí pudo llegar la belleza en los bellos instrumento, que el redondo mundo tenga. Pues qué ha de ser si no enojos mi cólera? . Yo quisiera que fuese argumento, como en la jornada primera. Cómo se llamará, Cielos, lo que en la mano me enseña a la vista, de aquel hombre. al sacarlo, la violencia? Esto estriva, en que usted quiere el que yo no quiera a Celia. Eso, y algo más. . Será rayo, que lo representa lo lucido; en lo brillante, imagino, que es centella. De qué ser visteis, historias, si no encontré en vuestras letras nombre propio, que aplicar al que es rayo, y es centella? Pues qué más quiere usted? Quiero; que ni la ame, ni la vea. Quiero gozar de su vista, pues lo permiten, más cerca. Eso es mucho pedir: gente . miro, alentemos fi aqueza. Pues matémonos. . Maremos, por mujeres, que es vergüenza. Caballeros:: No me estorbe nadie. . Nadie me defienda. Suplico a ustedes, que logre yo en la paz la diligencia. Qué paz, si hay hombres, que dicen (mirad si es esto conciencia) que han de amar a una no más? Y que ninguno ha de verla. A una mujer? . Pues a qué? ha de querer a una bestia? Eso no es del caso, yo le he de romper la cabeza, o ha de dejarla, en efecto. Caballero, no me tenga. Suplico a ustedes: los ojos . se me van tras las saetas. Saetas? Si será acaso el nombre aqueste que tengan. Aparte, hidalgo. Mirad, que me apuráis la paciencia. Qué paciencia, sin espada? Espada? . Sí. . Pues tenerla. Cómo? . Así; y ahora veremos, si ha de haber, o paz, o guerra. La mano me hace pedazos, Qué haces hombre? Linda prenda Espada mía! . Este brazo, si no la suelto, me quiebra, Y ahora, señores, se acaba el enojo? Ay tal fiereza Vive Dios, que no he sentido al quedarme yo sin ella, sino el no romperle antes al amigo la cabeza. Pues aquí estoy yo? . Qué escucho Que si usted me da licencia, se la romperé; y la espada no espere, que se la vuelva. Esto es bueno: yo os la doy, como le hagáis una, y buena. Pues allá voy. Hombre, o diablo. Bravo chiste! . Ello es ya fuerza. El Demonio que te espere. Qué, conmigo tales tretas? Te seguiré hasta el insierno: Cielos, habrá tal belleza como la espada? Oye, amigo, aguarde usted a que vuelva, que ello no tiene remedio, le he de romper la cabeza. Cayéndome voy de risa: yo voy a ver esta fiesta. Señores, qué este embolismo haya causado una Celia. A los años del Sol, que lucidos se cuentan brillantes, como rayos, las horas numeres su hermosura grande. Una, y muchas veces, Sol divina, de tus edades el festivo día alegre a quien tu esclava se hace. De tu afecto, Aurora bella, ya no es deudora, quien sabe con el alma agradecerte el parabién que me traes. Esto es ser Niñas, que no dure su enojo un instante. Dejad, señora, que admire, que el temor mío, al hablarte, con vuestro ceño debido, en lugar de Amor, no halle. Quiéres saber, porqué? . Cuando no te serví en escucharte? El incendio, que en Palacio cauió aquella ruina grave, mudó a esta Quinta la Corte: no lo ignoras. . Di adelante. En ella curiosa acaso (si a necias vulgaridades hemos de creer, que en esto nos culpan fuerzas del traje) atendí, que el Rey mi hermano, con gran recato, una llave tres, o cuatro al día al Marqués tu padre. Propuse apurar secreto, que duro tan vigilanta, y una noche quité al Rey, mientras dormía, la llaves imprimila en cera, y pude, porque menos no la echaso, volverla luego; con ella, ejecutada al instante por un artifice, Flora, y yo, habiendo visto antes, que a la Torre iba Contado al tomarla, siempre amante de mi deseo, a la Torre llegamos, en la espantable postrer noche, antes que hoy Autora, ni Sol llegasen. Flora turbada, animosa yo, y bizarra, ella cobarde. En fin, señora. . Un galán Joben hallé, y si imagen ara de Cupido, pudo con su discieción postrarme; porque rendido, amoroso a min ojos:: . No adelanto paseis, que de amor en mí nunca las disculpas valen. Guardada se latenía. Aurora, en fin, te vengaste; pero, en efecto, no es mucho, que yerre el que amar no sabe, Con que tan gallardo Joven ara, señora? Escucharme quieres su pintura? . Di. Pues deja, que te le iguale a Enrique, que por aquí puede ser, que le repares. Pegósela. . Yo reparos en Enrique? . Si callaste viviendo Madama Inés, muerta ya, no hay porque calles, Sabe Amor:: . Lo que le estimas. Quiéres saber cuanto? . Darme un gusto podrás en eso. Tanto como me mostraste, aunque en breva, que a ese Joven oculto te enamoraste. Entre bobos anda el juego. Sol hermosa, que tardaso el festivo culto, atento a calebrar lo que añades en un año de hermosura de tu cielo a las edadas, hazo el fuego, cuya causa puedo estimar, en la parte de que hoy la celebración es extraña an novedades. Qué novedades, señor? Ay, Aurora! Que me canse . al Rey, hasta en verle solo, qué será con escucharle? Un hijo de Enrique hoy::: Qué escucho! Qué he oído! . . Sale a que en su inclinación quede lúcidamente su padre. Aurora. . Sol, ya te entiendo. . Pues donde pudo ocultarse tanto tiempo hijo del Conda? Oye, que es caso admirable. El Valor. Matadle, muera. Mas qué es esto? Lo arroganto de una fiereza, es un hombre, que sin que en Guarda repare, con la Guarda envistió toda. Será el que pudo ocultarse anoche en el alboroto, sin que ninguno le hallaso. No es, señor, si no el que. . Hola, prendedle, sin que le mate vuestro enojo, que he de ver osadía se mejante. Fuera. 1. Aparta. Gran señor, primero son mis lealtades, que mi cariño; con Carlos estaba en mi cuarto, antes que venga a tus pies, atento esperando, que lo mandes; y dejando al Conde, y Duque con él, mi valor me trae a saber, qué es esto? . El diablo es el hombre, o el salvaje. El Cielo me valga! 1. En vano es resistirla. 2. Es un Marte. La cabeza he de romperle, aunque el Mundo lo embarace. Tened la furia. . Esperad, Joben, que está el Rey delante. El Rey? su nombre respecta. Ay de mí! qué veo, males? . Qué galán mancebo, Cielos! El mozuelo es arrogante. Gallarda D enga a Sotana, la abre. Si no corro, me despacha. Absorto estoy de mirarle. Gran poder tienen los Reyes. 1. Tu Majestad, señor, mande. Quitadle la espada. . Eso no, gran señor, porque antes, aunque con mucho pesar, la pondré a tus pies realas. Aurora, mira si tengo de sentir. . Aún bien, que sabas lo que te toca. . Eso es decir, que yo he de librarlo. Qué afición, Cielos, as esta, a que hizo el Joven postrarme? Con qué motivo atrevido Mancebo, no respetaste mi Guarda? A mí, gran señor, pudo la espada quitarme, porque Sotana. . Señor, no es Guírrete quien lo sabe, yo lo diré . A quién pregunta al Rey, es fuerza que hable. Quítele la espada, en fin, porque si he de hablar verdades, as, gran señor, una alhaja, que no habrá con que se pagua. Aquella? . Para mí, en siendo espada, al serlo es bastante. Dice bien. Aurora, ascucha, si es bizarro. . Y arrogante. Quirésela, en fin, y::: Pero di, cómo se la quitaste? Así. Aparta. . Quita. . Cuando el Rey se ha de servir, antes que con las palabras, con las obras quise agradarle. Hay locura más valiente. Hay más promtas claridades! Señora, osado es, y puedo decir, que más que arrogante. Qué osadía, si es atenta, no consigue, que no enfade? Con ella, pues, me mandó su dueño, que me quedase, como con ella al contrario, que blasonaba, aunque en balde, le rompiese la cabeza, Señor, fue. Fue, señor. . Baste. Seguile, porque huyó, y yo, a no ponerse delante tanto tumulto, le alcanzo, y logro desempeñarme, Gran señor, así los Cielos vuestra Corona dilaten, que la espada me volváis, varéis con que lindo aire la cabeza le abro. . El diablo me lleva, si aquí parare. Enrique, qué dices? . Quíé se la volváis al instanta, que vive Dios, que merecen volverla sus claridadas. Si consultan su castigo, Aurora, yo he de empañarme. Es razón. . Cómo te llamas, Soldado? . Ya lo acertaste: Soldado me llamo: Cielos, hay nombre que más agrade. Tampoco le hallé en lo escrito: qué esto a mí se me negase! Soldado es tu nombre? El mismo. Raro caso. . En escucharle, yo no sé que afecto crece an mi amor, para admirarle. De dónde eres? No diré . de donde, porque a encerrarme no vuelvan, y he de negarlo, aunque se hallara delanto Contado, y el mundo. Soy:: qué fingiré aquí? . Qué parto es tu Patria, Inglaterra, Alemanía, Francia Flandes, o España? . España es mi Patria. Qué dices? . Lo que escuchasto. Español eres? . No hay duda: fuime a lo más agradable. p Español, Aurora, dice: qué te parece? . Qué haces bien en estimarle, pues ser Español, es bastante. Enrique, tu Patria tiene. Señor, en España nacen siempre estos bríos. Veremos. si tu hijo hereda a su padre. Si el Rey no me hubiera visto, . yo excusara estos Romances. Y di, Soldado. . Señor. Sabes el castigo grande, que mereces, por haver alborotado los Reales de la Quinta? . Sí señor; pero la Majestad grande, en los más grandes delitos ha de mostrar más piedade. Y más, gran señor, qu día, en que de castigarse, mis años borran la causa, y mis ruegos no han de darse por vencidos. . Con la voz llegué ya a desengañarme. Cielos, discurriendo estaba, si era su hermosura grande la que, por la admiración, me dejó pocas señales! Ella es, y ruega por mí. Amor, qué es esto que haces an mí, para que me olvido de todo al mirarla? Baste, que antes es la espada . Enrique, qué he de hacer? Qué? perdonarle. Pues acaso el ser Valiento es justicia castigarse? él, sin duda, que fue ciego, pero lo fue de coraje. Me dan la espada, señor? Sí. l . Pues soltadla al instante. De Bastos, Oros, y Copas está fallo el botarate. Venció mi deseo. . Vuelvan a tu rostro los esmaltes. Mi hermana Sol. Quién es Sol? La que con la Aurora hace de toda la luz del día al más bello maridaje. A espacio, temor, que el Rey . no sé si quiere mostrarme, que estima a Aurora, en lo mucho, que de su nombre se vale. Sol, mujerse Infanta, mucho . as, a que pueda postrarme: Soldado, Español, y espada, mas; pero el valor es antes Sol mi hermana, digo en fin, pidió por tis y así, basta su gusto a mi suspensión; pero podrás emplearte con ese aliento en la Guerra. Qué es Guerra? . Allá va. De Marte seguir la escuela. . Y quién es ese Maestro? . Tomates. Ser para Escocia enemigo. Y cuál es Escocia? . Andares. La que nuestra muerte busca, o prisión, y ha de ser antes la suya. . Pues muera Escocia, y los que quieren matarme, o prenderme, que son estos. Tente. . Aguarda. Gran salvaje. Loco se finje. . Eso creo, cuando te escuché alabarle. Mucho ignora: Enrique, tú ordenarás vigilante, que en las levas, contra Escocia, siente plaza, donde alardo haga de tanta fiereza, al son de los Militares Qué son ecos de cajas, las caj Ellas te hacen la respuesta. . Cajas son lo que tan, tan, llamé antes. Cajas, Español, Soldado, Guerra, Espada: qué ignoraso tanto yo! Ay, divina Sol, que antes de ahora no cegase! Qué rumor es esa. Carlos, que llega, y como mandaste recibirle con aplauso, esta es la fiesta que se hace. Pues de mi hermana a los años, contra acentos Militares, dulces acentos, sonora suspensión sean del aire. Soldado. Señor. . De mí, cuidado, que no te apartes. A este hombre la quiero mucho. Aurora. . Sol No me hables en amor, hasta que a solas muchas dudas se declaren de este Joven, y este Carlos. que hijo de Enrique se añade. Por qué? . Porque estoy creyando muchas mentiras verdades. A los años del Sol, que lucidos se cuentan, Llega Carlos, donde humilde tu lealtad al Rey ofrezcas, antigua, por sangre mía, aunque llegue a sus pies nueva. Gran señor (he de humillarme, . Cielos, yo a sus pies? Mas sea prevención lo que esta vez presuman poca adve acia) un Vasalle, a lo supremo de Vuestra Majestad llega, donde de vuestros afectos el premio debido espera. Poco urbano . Y muy severo. Extrañose. . Será fuerza de la nevedad. Humildo, hijo, a los pies del Rey llega. Gran señor, su turbación disculpado el error deja. Juzgo, que voy entendiendo . el caso de esta Novela. Mal principio: Enrique, no culpo ahora su extrañeza, deja, deja, que deleche, lo que admirado le eleva, Carlos, y no en mi favor, por eso el agrado pierda. Aurora, muho tenemos que hablar. . En qué? En mil sospechas, que me previenen engaños misteriosos en la idea. Después del Sol, que en Enrique, Carlos, luce a Inglaterra, el Sol de la Infanta. Ya, señor, a sus plantas llega (aquí si) rendida el alma (ay, Sol, por ver tu belleza estoy fingiendo!) feliz al verme gozoso en ellas. Malo. . Porque qué fortuna::: Discreto es para finezas, Enrique. Los Españoles en eso también se esmeran. Mayor que ser, si, en el Cielo? pero turbose la lengua, señora, y en el silencio mas las voces representa. Pues para decir: Señora, aquí tenéis quien desea serviros, y mataré por vos al Mundo, aunque venga, tra menester turbarse? Dice bien, en mi conciencia: . el murhacho es de mi humor. El gasta pocas arengas. Ay, Aurora, más razón, que hablar de aquella manera? A quién quiere, nada mal le parece en quien desea. Quién será este fanfarrón? Pintarme, sin duda, intenta, que tanto me mira. . Quién da Febo se miro carca sin cegar? . El que le mira respectando su grandeza. La turbación es respecto. Como a mí me lo parezca Conde, muy bien se disculpa. Señor, tuyo buena escuela en Contado. Dónde está? Quedose, saliendo de ella, en la Torre. . Ya extrañaba) de él, y Fabio las ausencia Carlos. . Señora. So Os llamáis. Carlos vos? . Como os parezca, que si fuere gusto vuestro, me diré de esa manera. Él es loco de capricho No digo a vos. . Pues paciencia: que en España no se usa servir las Damas por fuerza. Qué me canse este arrogante! Que me mire tan alerta Salid, Carlos, a lucir feliz hoy en hora buena, donde de Enrique el Valor a tener principios vuelva. Y no tendrá fin. . Soldado. Señor. . Callad. En hora buena. Hay mayor bachillería! A que me enfada su tema, y tenemos otro aquí a quien romper la cabeza. Qué dices Carlos del Mundo? en fábrica tan suprema, qué te admira más? El Cielo permita, que Sol me entienda. Lo que me ha llevado más la admiración verdadera, es, que a todo el mundo de luz el Sol en su belleza. No decías, que a la espada se inclinaria la primera? Válgame Dios! No ha llegado el caso de que use de ella. Este Sol ha de dejarnos a oscuras, si es mi sospecha. Y qué Sol es ese? . Pues da luz más que uno a la tierra? Sí señor; porque la Infanta no es ay Sol como quiera. Dijeb Ay tal Soldado! Él as loco de buen tema, Que su locura en mi oído tenga lauros de discreta. Cuando discreta no es en amor cualquier fineza? Si el sentido de mi voz a dos sentidos se viera, dejando al Sol muy bien puesto, a Sol dejé muy bien puesta. Pues traer un comentario otra vez, porque se entienda. Bien sa defiende tu hijo. Leyó oculto muchas letras. 1. El Armero, gran señor, de Palacio, te presenta estas Armas, que estudioso al axtremo en su destreza fabricó, para que salgas contra Escocia armado de ellas. Enrique, la inclinación ahora hemos de ver, si es cierta. Ya lo verás. Ay, Infanta, imán solo en mis potencias! No las mira En la hermosura as solo en lo que se aleva. Válgame el Cielo. Tiranas . estudiadas largas letras, como el aviso negasteis a mi ser de esta belleza? Qué aseadas Qué graciosas! Qué bien de su fortaleza enseña el primor! Qué no se aplique Carlos a verlas! Ay instrumento, que más p. agradar la vida pueda! p Clicia soy de sus luceros. Carlos. . Señor, La destreza de estas Armas no te inclina? Señor, están muy bien hechas, No más? ̱ ede Es, señor, este jubón, estas mangas, y montera, alhajar de tal valor, que si lo tú viera, diera por allás el peso de oro; porque juntando con estas Soldado, tan, tan, y espada, y Español, el Mundo muera. Es friólera, decir, que están con acierto hechas? Ves su inlinación, Enrique? Cielos, qué esto me suceda. a Vive Dios, que con mirarlas ya de Sol no se me acuerda. 2. El Rey de Suevia, hoy, en un bruto, te presenta su feudo; y es, gran señor, tan galán, que no quisiera tardarte el gusto de verle, pues lo permite esa reja. Enrique, otra prueba busco. Ya mi cólera está ciega. . abre, y le veré, Fabricio. Válgame sansa, y entera toda la Corte divina. Cielos, quien ha visto bestia tan hermosa, tan gallarda? quién ha visto tal fiereza? Qué sea este hombre tan bruto? Aurora, ya no recelas lo que decirte quería? Sí, y diré cuando la entienda, que la Inclinación que buscan, ya es Carlos quien se la enseña. Que no se admire al mirarle. Qué tan solo me divierta, . Sol, la luz de tu hermosura. Cielos, si yo esto tu viera, me volviera loco el gusto! Mal, Carlos, en todo queda. Quién queda mal es Enrique Carlos, qué dices? No enseñas tu brío en la admiración de tal Caballo? Ah cautelas de lo escrito, que el Caballo me ocultaron tus layendas! Es, señor, hermoso bruto. Lo que yo alabo, es la flema. Es, señor, hermoso bruto: Eso ha de decir quien llega a ver tal? (cuerpo de Dios!) sino decir: que pudiera no haber criado más bello cuerpo la naturaleza. Enrique, qué dices? . Qué yo espero aún mejor prueba. Sobre decir, que es hermoso, hay más que decir? Dijera yo, que con aquesta espada, siendo Soldado en la Guerra, como me dieran las Armas, como el Caballo me dieran, al son del tan, tan, a Escocia me atrevía a hacer pavesas Que esto escuche, y sea en mí . el aver de fingir fuenza. Soldado. . Señor. Las Armas, y el Caballo, que deseas, son tuyos. Señor, qué dices? Lo que me escuchas. Pues vengan Tente. Qué es tente? que voy::: A dónde vas? A ponerlas Guírrete, llévalas tú. . Qué es que las lleve? esa es buena! Yo las llevaré contento, aunque cargado con ellas. . Síguele, Guirrete. Yo seguirle. Ve, pues. Qué esperas? Yo servir a un loco? pero aún peor fuera a un Poeta. . A quién su aliento no vence? A quien vencida ya deja. Raro Joven. . Prodigioso! Muerto estoy! Ay. Sol, qué fuerza es la de tu imán, que todas las suspensiones me lleva? Enrique, la inclinación Española, ya te enseña tu hijo cual es. Arma, arma. Ay de mí! Qué escucho? Guerra. Enrique, otra prueba hay más. Señor, esta es la postrera. Qué será esto? No es, señor, fingido, si así lo piensas, el Militar alboroto, que la Campaña amedranta; porque de impensadas huestes enemigas la ve llena, que dicen. Escocia viva, y muera en Inglaterta quien de nuestro Rey estorba. la libertad. . Preso piensan mi valor! Preso su Rey, cómo? . Lo que fuera sea: Al Arma, sañor, Qué poco a Carlos esto la altera! Poco se inclina al aliento. Ea, Carlos, la destreza de la Española Nación hoy contra Escocia se vea. El Bastón de General es tuyo. Hay más extrañeza! Yo contra mí? Qué respondes? Qué dices? Habla. . Qué esperas Que no admito el Bastón. Qué oigo? Mienta tu sangre, si piensa ser mía: miente, cobarda, tu ser; y para que veas, que hijo de tal padre, no puede ser: Ingleses, guerra, que yo haré, que mi valos por los Españoles vuelva. Arma, guerra. Si el Bastón no admito, es, porque soy:: . Ea, que ya lo sabemos, para que España en todo no venza. Viva Escocia. El que pensare, que en mí el Valor no se encierra, se engaña, pues suya:: Cobarde, y a lo dijo tu tibieza. El Mundo miente, pues cuando, para asombro, hará mi diestra: Qué podrá hacer, quien de oí Arma, arma. No se altera? Sol divina, si merezco, que tu hermosura me atienda, yo escuré la lid, por farta Para Españoles afrenta: ya lo he visto, aunque presumo mas de ti de lo que piensan. Cobardía, y amor, nunca merecieron las finezas. Amor es ahora? es muy esquivo Va Excelencia. No hay amor donde hay quien diga: y Arma, arma: guerra, guerra. Quién soy quise decir, no me dejasteis; pues atienda vuestro engaño en mi valor lo que ocultó la tibieza; Escoceses, libre estoy. Pero porque Inglater sena mi valore Al arma, Soldados. Al arma. Guerra Cuerpo de Cristo conmigo Esto tiene al munido, y era espantajo yo, no más, entre ocultas sombras negras? Muera Escocia. Muera Escocia, y note en mi Inglaterra, que no afrenta mi Valor el que mi sangre si afrenta. Conde. Soldado. . Si no reparo bien en las señas, doy contigo en el Infierno, pensando, que Escoces eras. Eso sí, pese a mi brío! Hijo. . Padra No en mi lengua extrañes nombre, que ha sido el allento quien le engendra. Ni en la mía, cuando el alma hacerlo verdad quisiera. Qué afición es esta, Cielos? ap Qué decirle quien soy tema! Vamos juntos. Vamos juntos, Y que venga el Mundo. Venga. Cielos, favor. A la Infanta, lngleses, se llevan presa. Eso no, viviendo yo. Eso no, miantras no muera. Yo he de ir se D Yo he de Soldado presa. Favor, Cielos santos. No harán, si mi brío alienta. No harán, si alienta mi brío. Por ella voy. Voy por ella, No hay quién me ampare? No hay, Ingleses, quien me desienda? Aquí estoy yo, Aquí estoy yo. Dónde vas? A que Sol bella no peligre. Y yo a que Aurora no sea de Escocia presa. Al riesgo, pues. Pues al riesgo, y que muera Escocia. Muera. Qué aguardas? Mirar tu brio: qué hace Ver tu gentileza. Cielos, favor. Favor, Cielos Apriesa, Soldado. Apriesa, señor, y tu voz me aliente. Oyes. . Don alan presencia ijo. . Padre. Qué dijiste? Corresponder tu voz tierna. Hijo te quiera el Valor, Padra te ama la destreza. A embestir, y volvere:: . Com O sin vida, o con la empresa. Oh con la emprasa, o sin vida. Ar 1a. VA a guerra. viva

JORNADA TERCERA

y en los Polos su nombre el tiempo escriba. La tienda despejad, y en mi cuida solo a ascuchar Vo de Con Ya obedecemos. Deja, suerte esquiva, lograr mi anhelo. Federico viva. Ya estamos solos, ya puedes, lo que intentas, desde el día, que me viste Rey de Escocia, cuando antes era, a tu vista, fingido Carlos, que en otros verdadero parecía, declarar. Pues oiga atenta Vuestra Majestad invicta: La Inclinación Española experimentar quería mi Rey. De todo el suceso tengo ya larga noticia. Pues, gran señor, preguntaros, si hay acaso en vos debida causa, para declarar, como en la Torre escondida os hallasteis, es anhelo, que dura en mi pena esquiva: si visteis en ella a Carlos antes, o qué maravilla me quitó el aliento en esta ya caduca triste vida? Pena de ella el Rey me puso, si acaso Carlos sabía quien era, o si de la Torra faltaba, por mi desdicha. Y faltando, cuando vos en ella os hallasteis, iba a declarar mi fin; pero el temor me detenía. En fin, viendo, que los Cielos contra mi edad permitían tal fortuna, a la Campaña salgo huyendo, de mí misma desgracia absorto no sé, que medio hallen mis desdichas en esta confusión, cuando, si ar a Palacio, quería la pena, me lo estorbaba vuestra gente heroica, altiva, espanto al Mundo, buscando vuestra libertad, creída en prisión; a cuyo no esperado extremo, dicha fue mi prisión en mis males; pues por ella es bien, que pida a vuestros pies, que si a daño tanto, mi remedio estriba en vuestro suceso, halla alivio en él mi fatiga. De la Fama los acentos (porque en las cosas divinas solo es la Fama la voz, que en el Orbe las pública) de Sol Infanta, que siendo de inglaterra precisa Deidad, para el Mundo todo es primera maravilla; me aviso lo bello, cuando antes negado le había a Enrique el feudo, que fue tregua en nuestra antigua ira. De un Retrato, pues, forzado, a su beldad peregrina quise ofrecerme holocausto, que quien no se sacrifica a un Cielo, ofende en su erros toda la soberanía; y el estorbo reparando de nuestra suerte enemiga (que hay veces que adora el alma lo que la sangre malquista) solo, y secreto (que amor, cuando de sabio se vista, de estos dos extremos es forzoso que el medio elija) aquella noche, que fue el principio de tu ruina, entré en Palacio, fiado no más que en mi valentía. Cuando el acaso procura ser estorbo de una dicha, de otro acaso se acompaña, para que se le consiga; y fue así, porque debiendo tolerar la demasía de uno de la Guarda, que la entrada me defendía; al primer despacho suyo le correspondió insufrida mi cólera: Qué se espantar de que haya quien se resista a Ministros, que se valen mas de la descortesía, que la razón? En efecto, a corro espacio, movida toda la Guarda, me enviste, buscando el fin de mi vida: retirome, resistiendo su multitud más crecida; y faltándome el acero, reparo, no es cobardía huir; síguenme confusos: las sombras se lo impedian, cuando me amparaban, llego a la Totre, y en la prisa de mi retiro, la puerta hallo abierta, entra aturdida mi recelosa, aunque honrada suerte; y a cortas vecinas horas entraste, y pasó lo que no es razón que diga, si no lo ignoras: diré solo, que al ver, que quería decir resuelto quien era, me atajaban; y a la vista de que fingiendo, de aquel oscuro centro salía, sinjo, y fingí, para ver (que esto es lo que más me libra de obstáculos) a la hermosa ocasión de mis caricias. Fingi, en fin, por ver a Sol: Qué amanta habrá, que no diga, que no as culpa, para amar, el valerse de mentiras? Esto solo, en el suceso, te puedo jurar, por vida de mi Real nombre, es lo cierto, en lo que oír solicitas; y pues ignoras, como antes, Conrado, lo que querías saber, desde aquí has de oírme, como amigo, de quien fía mi pecho, lo que ninguno, an mis Vasallos, podría conseguir; y de ti solo, aunque extraño, solicita ver, si en tu consejo tienen consuelo las ansias mías. Que prendieron mis Vasallos a Sol, porque sin su día inglatetra quedara llorando su noche fría, ya lo sabes: ya habrás visto, con la asistencia debida a su Real Persona, que he mandasto, que la sirvan; pues todo mi Real por suyo, sola es su prisión la vista de una Escuadra, que es su Guanda, la que antes fue Guarda mía. No me ha visto, ni he querido, que salga, si me imagina el fingido Carlos de el error; pero en servirla, y festejar la amorosa he estado siempre a la mira. Tú, como dijiste, en esto tampoco has dado noticia alguna, y para creerlo, me basta, que tú lo digas. Deja esto así, y volveremos a otro principio, que unidas luego las dos partes, ambas a tan solo un fin aspiran. La noche fue en la Batalla medio para concluirla; los Ingleses a su Campo, haciendo su Real la Quinta, se retiraron; y yo a mis Tiendas, prevenidas por mis Escoceses: que la Militar disciplina, para no errar los principios, a los buenos fines mira. He sabido (porque nunca faltan en la Guerra espías) que Enrique tu Rey con voca, para sacar de la esquiva prisión, en que a Sol presume, de toda su Monarquía el Valor, a cuya empresa cada instar te se convidan. No hay Noble, que no se empeñe; pues hasta Aurora tu hija, a quien de presa libró la Española bizarría de Enrique el Conde, en Campaña, dando está a Belona envidias; cuyo empeño es libertarte, por laurel de sus caricias. Yo también, en defender de Sol la hermosura, unidas tango tantas huestes, cuantas bastan para que resistán las contrarias, aunque fueran las Estrellas enemigas: con que el día del combato será de la suerte el día Ofrece el Rey, al que libre a su hermana::: Atención mía, bien llegué, pues habla en mí. Aquel premio, que le pida. Cielos, qué veo No es Carlos este? . Con que determina mi valor, que en Federico, que soy:a Qué oigo, atención mía! Sea, volviendo allá, como Carlos, dar invictas señas del brío, en llevar libre la Infanta divina, como fingido, pidiendo su mano; y si fuere mía, declarándome en quien soy: a cuya fineza, digna, si te parece, podrá ser la paga de mi dicha. Absorta, Cielos, he oído la extrañeza, que me admira Qué respondes? Enmudeces el consejo, que quería recibir de ti? Presumes, que la pasada ojeriza de estos Reinos, me embarace de Sol la gloria ofrecida en el discurso? Si es esto, Contado, lo que imaginas? si crees, que el Ray negarme podrá tal fortuna? Mira si lo haré, o no; pues si no me aconsejas, en tal dicha, lo que intento, antes de hacerlo, avisando por tu hija al Rey, que Carlos a Sol ha de librar; porque a vista de llevarla, no lo extrañe: Por mi Real Corona invicta juro, y por el Cielo santo, que tú, y la Infanta, en la vida dejaréis la prisión, menos que siendo la Infanta mía. El medio para obligarme erró vuestra cortesía, porque al amor, quien ha visto llamar con la tiranía? Pero, en fin, quien de fingirse ser extrañe necesita, sin correrle, no se corra de ofender cuando acaricia. Yo señor Carlos (señor decir tan solo quería; pero acuerdome de cuando Fedérico no os tenían) estaré presa, hasta cuando vuestro mandato lo elija; Contado padecerá por mis sentirá su hija por él; el Rey muchos premios ofrecerá por mi vida; el Mundo sabrá mi pena: el Cielo de mis fatigas se dolerá; pero el Rey, Contado, el premio, su hija, el Mundo, y el Cielo todo, serán pocos, a que diga, que he de llegar a ser vuestra: el amor tal no permita Aunque todos no lo alcancen, señora, como me asista amor, el amor ser puede:: Qué ser puede? Qué consiga Qué ha de consaguir? Que no deis nombre de tiranía a un juramento, que nace de la voluntad a vista. Yo seré vuestra, no hay duda; yo amaré vuestras caricias: porqué no? pero primero esa fábrica divina ha de convertirse en polvos ved, que tarde que sería. Porfiar con el enojo es error: De vuestra vista me aparto, porque en Contado mi adoración deposita el desempeño: mirad, gran señora, que podría ser, que amor lo vence todo. Tal el amor no permita. Guardeos el Cielo. Y a vos, como mi fe solicita. Conrado. Señor. . Por mí el deseñojo apadrina. y Esto solo me faltaba por colmo de mis desdichas: el Re Señ Marqués, no solicitéis más mis iras, que puede ser, que seáis vos causa de la prisión mía. Yo, señora? . Sí. Echó el resto mi fortuna, siempre esquiva. Pues yo, qué causa? Decid: Si la lengua inadvertida hubiera dicho, que no era Carlos quien fingía serlo; pues de aquí empezó de la batalla la ruina, yo hubiera acaso? Ay, Infanta! ay, señora! ay, Sol divina! que el temora:: Qué temor, cuando yo vuestro amparo sería? Vos mi amparo? Qué sé yo? No me hagas, Marqués, que diga, que yo abrí la Torre. Qué oigo? Y vi a Carlos. Ansias mías, qué es asto? Y que. . Proseguid. Y que mi amor no la olvida. Nunca la puerta dejaran mis intentos con salida, pues huyendo le vi cuando declararle no podía; pero en el amor, en fin, sabio eres, allá imagina lo que mi grandeza calla, aunque el empacho lo diga, Basta (ay de mí!) gran señora, a entenderos, la noticia, que sin dármela, la dais, diciéndola, sin decirla, Ay, Carlos! Dónde estará? A vuestras plantas invictas. Cielos, qué veo! Qué miro! En vano el Cielo se admira, de que, Faeron, no temo precipicios en mi vida. Cuando el riesgo:: Cuando el daño::: Qué riesgo, o daño ay, que diga ser bastante, para que no solicite esta dicha? Carlos, al querer mirarte: ya el mirarte me fatiga. Carlos, al querer oírte: ya el oírte me lástima. Por qué pueden estar juntas partes, que son tan distintas? Porque un airano::: Un cruel::: Qué crueldad, qué tiranía a un Español poner pudo temor en la Valentía? Enrique, y yo, gran señora, Sol en el nombre, en la beldad Aurora, nos empeñamos, con biaarro anhelo, en librar de prisión, hermoso el Cie- (abismo, o que de Aurora, y de vos, compuesto era envidia en la luz del Cielo mismo, Enrique Valeroso, con destreza, más segura, y usada gentileza, de Aurona Éneas, fue favorecida, a riesgo, en el empeño, de su vida; y yo lo consiguiera, si arrogantes los Escoceses, de su Rey amantes, no oyeran, que decía con desvelo, perded la vida, y no se pierda el Cielo; cuyo aliento les dio tal osadía, que acudiendo feroz mi valentía, halló tantos estorbos prevenidos, O que aunque con este brazo resistidos, murieron muchos a sus golpes ciertos, en quien yo peligraba era en los muera to13 y con todo, si el día no acabara, las murallas de cuerpos asaltara, y cuando Febo recogia el coche quedaran sin tu día con la noche. Corrido, pues, al atender, que osado Enrique vio su empeño bien logrado, y yo sin él volvia, cuando atento ma dijo, que morir, o el vencimiento; y ser de ninguno visto, elegí sabio, por creer, que su triunfo fue mi agra- vio; y en fin, para cumplir con su dectrina, arrojado, mi esfuerzo, determina libraros, o morir, porque es exceso, no muera yo, viviendo tu Sol Cómo, Carlos, ha de ser mi libertad? A este empeño traes prevenidos Inglesas? Han de acometer, habiendo seña alguna? Cuantos son los que te siguen? Mi acero, y yo, que somos dos, mas bastantes al Mundo entero. Ay de mí! qué en vano fías de tu valor! Cómo tamo tu arrogancia! Pues acaso estriva más todo esto, que en seguirme, he ir matando al que lo fuere impidiendo? Venid, señora. . Di como, sin que reparo hayan hecho, llegaste hasta aquí? Llegué no sé como: no me vieron. Conrado. Señora. . Mira, si oír pueden nuestros ecos? Servirte será ley mía: Ea, valor, alentemos. p Carlos, tu grande valor, la osadía de tu extremo, sabe el Cielo, en el cariño, cuanto en tu amor agradezco; pero he de deberte yo una hazaña. Para eso tanta prevención, señora, mandad, no useis de los ruegos. Vuelve al Real de inglaterra, y a mi hermano. Deteneos, que llevaros, o morir, es lo que toca a mi empeño. No, Carlos, no ha de ser. Vos, señora, verme mal puesto no habéis de querer. Mas no quiero veros en el riesgo. Yo quiero morir por vos, Eso es lo que yo no quiero. Solo perdéis un Esclavo, señora, si yo me pierdo. Qué sabéis, si pierdo más? Qué decís? que no os entiendo, Qué sé yo lo que me digo: aunque bien se lo que sianto. Si no es con la vida, como pagar asa pena puedo? Te has de ausentar, y si no, será enojarme. Eso temo mas que al enamigo. Pues a obedecerme. No puedo. Y si amor? Qué oigo! Señora, qué decír? Contra el respecto no hagas, Carlos, que habla más, que los labios, el silencio. Si me decís claramente, lo que me decís, ofrezco déjaros, si as que es dejaros, sujetarme al gusto vuestro. Tanto ha de costarme? El alma será en mí, señora, el premio. Pues, Carlos, no sé dacirlo: Ved, que va mi vida en ello. Te estimaré, que te ausentes. Señora, así no lo entiendo. Te adoro, y a lo escuchaste, y que no peligres quiero. Pues, señora, con llevaros, no os dejo a vos, ni me quedo? Cómo, si dijiste? Carlos: señora (terrible aprieto!) el Rey, y Soldados; mas ya llegan. Válgame el Cielo! Ea, Valos, ya ha llegado el más apretado empeño. 1. Allí está el Ingles. Llegad: pero qué miro Qué veo! Ay de Qué esté sin arma mi val No es este, Cielos el que se fingió ser yo? Este no es aquel soberbio, . que deslució mil palabras, cuando:: pero qué me acuerdo sino de vengarme? Cómo hoy Rey de Escocia le encuentro? Hola, Suerte fiera! 2. Qué ordenas, gran señor? Muerto ánimo. . Prended a quien osado aquí::: Suspendeos, señor Carlos, o señor Federico; pues al veros, no sé cual sois de los dos, pues sois los dos uno mismo: que en cuanto a prenderme, ay mucho que hacer. Deteneos, Soldados, que he de ver yo, que es lo que hay que hacer en asto. Federico, yo, no más, si hay culpa, la culpa tengo, de que halles aquí, a quien vino al mandato de mis ecos, Señora, para templarme mal camino es vuestro afecto. Sobre cólera, importarán . otro tanto oro los celos. Gran señor, la verdad solos:: Es en vano vuestro acento, Dice bian, pues si yo callo, quien le mete a nadie en eso? Que ha de ver su bizarría la bizarría que tengo yo también. Acompañados lucen poco los alientos, Señora, del Condestable a la tienda, humilde os ruego, os retiréis con Contado. Mal sueña por rendimiento, lo que as orden, que ejecuto. Carlos, librente los Cielos, que voy a que el llanto encuentre lo que no alivia mi afecto. Carlos, mucho temo el fin . de un Rey Joben, y savero. . Enrique, como dijiste, o con la victoria, o muerto. Esto ha de ser: Almirante. 1. Gran señor. Con todo el Tercio te retira, y de traidor pena, al que atrevido, y fiero llegare aquí, hasta que yo le ocasione con mis ecos. 1. Gran señor, cuando::: Replicas mis voces? 1. Ya te obedezco. Solo se quedó conmigo: . valiente es, viven los Cielos Ya estamos solos, Soldado. Fedérico, mal has hecho. Por qué? Porque he de matarte. De verás? Sí. No lo creo. Quiéres verlo? Eso procuro. Pues probemos. Pues probemos que hemos de ver, que hay que hacer, para que te quedes preso, Vive el Cielo, que es un rayo! Es un rayo, vive el Cielo Oyes, Soldado? Qué dices? He reparado. En qué? . En esto: No digas, que, por ser Rey, te defiendes solo. Bueno! si fueras mi Rey, podías decirlo. Pues si no es esto, riñamos. Riñamos. . Vive Dios, qué es un rayo! Es un trueno! No importa el mandato, cuando correr puede el Rey un riesgo. Muera el Inglés. Qué suspende tu cólera? . Oír aquello en que peligra No sientas tú, lo que yo lo siento, Si llegan han de matarte. Deja, que lleguen, por verlo No haré tal, que has de deberme De qué modo? Tu esfuerzo se retire, que a guardarte yo las espaldas me ofrezce. Y me he de ir yo desairado, porque quades tu bien puesto? La ocasión::: No hay ocasiones, que hagan menos mis alientos. Lleguemos todos. Reparas:: Que yo basto para ellos. 1. Muera, muera. Sois Villanos, y yo sabré defenderlo. 1. No es ser traidor, castigar su locura. Está bien hecho: quita, Federico. Aparta: tened, traidores. Ya tengo, aunque hurtado, aceros Carlos, a tu lado estoy. Qué ven Carlos. . Qué miro! Contigo morir, o librarme quiero, Traición, traición. Elcoceses, mueran, que ya lo pretendo. Qué es mueran, si tengo al Sol de mi parte Cuyo fu aego os abrasará. Y la nieve será vuestro monumento. Pues qué no venceré cuando me ayudan los tlementos? 2. Arma, arma. 2. Viva Escocia. 3. Viva Inglatarra. El puesto, Enrique, está solo? . No hay quien pueda car tus ecor El Conde, y el Duque? juzgo que a su obligación atentos. las fronteras del contrario estarán rondando cuerdos, Aurora? Su luz adorna, de la Campaña lucero, tanto, que a su vista Palas::: Deja el encarecimiento, que si me ofende tu amor, mira, qué me harán tus celos? ap Ay de mí! qué escucho? Enrique, pues entra tantos empeños de lides, te hablo en amor, repara cuanto es mi extremo. Ya te acordarás del lanca, que suspendió aquel incendio. Que obré leal, no me olvido. Qué supe del Conde el yerro, por el empeño del Duque, a quienes a un mismo tiempo, a Conrado, y a ti hice amigos, presuponiendo, pena de traidor, al que me ofendiese en el empeño. Y en tu gracia todos, dimos al olvido los sucesos, Eso sabes, pero ignoras, que eras traidor. No te entiendo, señor, qué dices Traidor, Traidor yo? Válgame el Cielo Qué te admiras? No me admiro, si es por lo que dijes eso, porque duras en creor, que declararte no quiero donde oculto vive Carlos mi hijo, ya que le dieron este nombre, pues en vano le has vuelto a ver, ni le vieron mis ojos, desde aquel día, que salió a mi vicuperio. No es por eso mi rencor. Pues por qué, señor Por celos. Calos? Sí, Enrique, yo a Aurora idolatro a mis afectos; rendidos el Conde, y Duque, olvidaron sus extremos; y tu desde que libraste su hermosura, de su cielo Clicie, qué sé yo, si logras sar estorbo a mi trofeo Ya no he de callar, Enrique, romper la cárcel intento del silencio, y para que tenga tu traición remedio, u olvidar lo que es mi ofensa, o dar a un Verdugo el cuello. Señor:: Sea la amenaza su castigo más se vero. Amor, quién, si no tú, fueras, en un Español aliento, para llamarle traidor, el más cursado pretexto? Aquí de mis confusiones; aquí de mis desconsuelos; y aquí de mi Amor, que Aurora es aquí el mayor tormento. Un hijo cobarde, deja mal en España el esfuerzo; un Rey Inglés, irritado me ofende; y si aquí me acuerdo, un Rey Español, ya olvida de su justicia lo fiero; una Deidad mis cariños premia, grandes unos celos piden mi olvido: oh qué extraños! o qué crueles, violentos son los muchos exquisitos acasos, en que me veo! Pero dejemos a parte todo el junto de tormentos, y vamos al mayor, vamos al Amor: Puede ser yerro amar, cuando no se saben gustos soberanos Regios? No Y cuando no se ignoraran, tiene el Rey más previlegio, para amar, que otro? Tampoco. Pues por qué tanto despejo? Por qué? Porque no hay razón contra cariños supremos. Y esto has razón? No. Mas ay, qué importa poco el no serlo, cuando poder, que lo dice, tiene poder para ello. Habrá modo de querer, y obedecer? No le encuentro. Con que en los dos medios, uno solamente tomar puedo? No hay duda. Pues el honor gane en amor el trofeo: olvidar a Aurora:: Qué oigo Como el Code, y Duque ha hecho, será obedecer al Rey. Ay de mí! Y será el hacerlo, no tener valor? No, Enrique. Qué es lo que miro! No, cierto; pero será dar memoria, para que publique el tiempo la mayor traición, que cupo en un fementido pecho. Divina Aurora, el Amor sabe::: . Qué, es amarme yerro, a vista de otro cariño? Cuando el Rey::: En lo supremo es el Amor diferento, que en lo humilde? No, por cierto: viva mi fe, y muera amante. Eso es lo que yo no quiero? vive, Enrique, y muera yo de un olvido a los tormentos, que a costa de que viváis, al Rey diré::: Escuchar quiero, pues vi, que Aurora venía donde está Enrique. Qué? Esto: que sin su amor, con tu olvido, vivir no, morir deseo, ya que finezas tan mías, que es todo encarecimiento, no se han de ver conseguidas. Ay, señora mía! Ay dueño del alma, que ser leal es lo que me estorba serlo. Mucho estimo diru voz. Con que yo, Conde, no tengo alivio ninguno? . En solo morir yo darosle puedo. Qué tiranía. Qué pena Sabrá el Rey, que le aborrezco. Qué esto escuche. No, mi bien, no señora, otro remedio tiene ya mi pena. . Cuál? No sé yo, si tendré aliento para decirle. . Mi llanto te ayude. . Qué hacer no acierto. España me llama, ya aplacado lo le vero de mi Rey, y de mi Casa lo cruel, por ser su dueño, Qué oigo! Yo me iré, aunque no lo intentaba, dando en esto lugar, a que vivas tú Y será vivir yo eso? Qué sé yo lo que me digo. Yo sé muy bien lo que siento. Enrique: Aurora: 2. Señor. Si me oyó? Si oyó mis ecos? p. Esto ha de ser: A la vista de que amor en vuestro extremo: Arma, arma. Guerra, guerra. Pero qué escucho? Qué es esto? El enemigo, señor, que empieza a torar ha miedo. El Escoces, que alterado tiene todo el Campo nuestro. No sé, gran señor, qué inglases, osadamente dispuestos, acometieron bizarros, tanto, que en batalla han puesto al enemigo. Y tus huastes, en el socorro acudiendo, dicen . Viva Inglatarra, Cs Mi Pues sa es ello, qué es lo que ordenáis, señor? Decid. Qué te lleven preso a a Torra de la Quinta. Ay, infeliz! p Que oigo, Cielos. gran señor, cuando yo: . Conda, llevedle. . Ya te obedezco. Absorto estoy, por su hijo es, sin duda, lo severo. Ah de ser? Ah de ser. . Pues vamos, que si amar es yerro, ese yerro solamento es el que confesar puedo. Tú sabrás apriesa, Enrique, la causa porque te prendo, Aurora, en la Tienda mía retirada. . No teniendo para retirarme causa, para ser rayo la tengo. Quiera amor, que acierte a ser para mi muerte mi aliento. . Seguidla, Duque, seguidla, con el Campo todo antero Arma, arma Ya te sirvo. Ea, Ingleses, al trofeo, que hoy he de librar a Sol, a pesar del Mundo entero Viva Inglaterra. 1 Viva Escocia, Sorana, ya es tiempo. De qué, Guirrete? . De qué? de tocar a recogernos, Pues toca a recoger. . Toca, Bravo brío! Granda aliento Sapa al Mundo. El Mundo sepa. 2. Que no somos para esto. . Arma, arma. Guerra, guerra, Viva Inglaterra. A ellos, pese al amor, pues por él ocasionado me veo a oía, y ve el Valor con que acomaren sangriento unos, y otros: Hoy, España, no luces tú, pues han hecho unos cariños, que solo cariños consiguen esto: que sepan, que si no riñes, es, por no poder hacerle. Arma, guerra. No podía la crueldad haber hecho en mi rigor más acaso la prisión, si en ella veo la lid toda: o quién ahora de un calabozo en el centro estuviera más gustoso, que no, sin gozarlo, verlo! Ea, Sotana, al Castillo. Ea, Guírrete, al Gallinero. . Ah, cobardes! No os infunde Valor oír tales ecos? Arma, guerra. Pero cuando ay Valor en viles pechos? Ah infames rejas, estorbo del enojo de mi acero! Flora, para mí no ha sido la guerra. . Celía, lo mismo me sucede. . Pues la Quinta nos ampare. A ella corriendo, Arma, guerra El Rey, el Conde, y el Duque, contra un entero Escuadrón lidian: Aa viles estorbos de mis alientos! Pedazos os haré, Conde, morir antes, que vencernos. Eso busco. Onque, mueran, Eso procuro. Qué veo los Ingleses se retiran? Belia a tu dureza, hierro! mas qué miro? no es aquel mi hijo? Sí: qué es aquesto? contra Conrado? pues cómo? Muere ya, caduco viejo, Ca Y llegó a tu lado un trueno. Hija, a ellos. A ellos, padre, Ay, Aurora, tú en peligro, y yo sin riesgo! Oh he de reventar villanas rejas, o quebraros. Tengo de morir, y no vencerme. 1. Matadla. Cómo? qué es eso? Ahora lo verei Ah, noble Soldado! eso sí. . No temo ya, Carlos, con tu Valor, cuando es de Enrique heredero. Arma, guerra, Qué he escuchado hijo de Enrique (qué es esto?) le llama la Infanta? Ea, de una vez todo el esfuerzo he de aplicar: o quebraros, o reventar, rejas, pienso. Qué importa, qua se retiren, Soldados, si los trofeos se llevan? seguidlos todos. Arma, guerra. Logré puerto en mi pesar. . Sol divina, en perderte perdí el Reino; perdí a Escocia, si te llevan: sin ti ya: Válgame el Cielo Qué miro! . Quieren eres, di, hijo enemigo supuesto? Rey de Escocia soy, no Carlos. Pues sea mío este trofeo. Soldados. No te abrazara, si bájara con acero. 1. El Rey está preso. Toca a retirar. Ahora es tiempo, Sotana. . De qué, Guirrete Voy:: . Pe matar a este viejo. Pues a él. . A él. El diablo pado sacarme a tal tiempo. Señores, a dios, que aquí es mí da fin el Ingenio. Victoria, que huye. . Victoria. Victoria por el Rey nuestro de Inglaterra. Ya, Flora, podemos salir sin miedo. Guírrete. . Sotana. . Flora. Celía, Venció el campo nuestro? Venció nuestro Rey? Pues no, si tenía en mí este aliento? Y en mí tenía este brío? Por él dicen en acentos Militares. . Viva Enrique, Rey de Inglaterra excalso. No se cante la victoria, no se diga el vencimiento, si a costa de que mi hermana quede presa, es el trofeo. Ah, Enrique, qué falta hiciste en la baralla! o qué ciego te oculté, pues:: Viva Aurora. Qué escucho. Viva el Sol nuestro, viva la Infanta. Qué he oído! Viva Enrique el Conde excelso. Viva Carlos. No habrá quien puada decirme, qué es esto? El Conde Enrique, señor. Aquel Soldado mancebo. Aurora. . La Infanta. En todo más confusión me habéis puesto. Pues óhielo de sus voces, pues lo dicen ellos mismos. ad Jovacto Enrique Segundo. Heroico Enrique Primero, Sañar, hermano, y amante. En el nombre, En el esfuerzo, En el amor. A tus pies. A tus plantas. A tú, Regios cariños. . El Rey de Escocia. Conrado Tu hermana ha vuelto libr. . Viene sin prisción. Llega a ser tu prisionero Que de Aurora fue triunfo la libertad que granjeo. Porque fue arrojo de Enrique el mirarme a tus pies pueste. Porque en librar al Sol, tengan groranan mis empeños. Rey de Escocia tú, y no Carlos? Carlos es solo a quien debo vida, y libertad. Mi hijo es, señor, en el que vieron la Jnclinación Española, Yo lo aseguro. Pues dejo el engaño, hasta que tenga otra ocasión mayor tiempos olvido como saliste, Enrique, a la lid; y vuelvo a dar a Carlos, de todo mi amor, los brazos por premio; y si es corto, pide cuanto quisieres, tuyo es mi imperio, Dos cosas he de pedir, gran señor. Yo las ofrezco Que se vuelva Federico libre, ha de ser lo primero: que todo será, si vuelve, señor, a negarte el feudo, que vuelva Enrique a prenderla, u yo le conquiste el Reino. Tu gusto ha de ser no más: qué más pides? No me atrevo a decir . Qué temes? . temer? Yo nada temo. Pues dí, qué pides? De Sol la mano, que no merezco. Si mereces, y porque lo veas, dásela luego; y Enrique se la dé a Aurora, no se ausentará por eso, que por ello le perdono. Qué alegría! Qué contento! Feliz fui. Dichosa ha sido. Dicha extraña. Amor, callemos. El fendo rindo gustoso, solamente por el precio de ser de entrambos padrine. Yo lo admito. Yo lo acepto. De esclavo te doy la mano. Mi terneza te hará dueño El alma, Aurora, es mi mano. Pague mi amor con lo mismo. Celebre el campo este día. En dulces voces diciendo. Para fin de mis pesares. Y colmo de mis trofeos. Por victoria de mi gusto. Aplauso de mis deseos. Lucimiento de Españoles. Y gloria de mis contentos. Viva España. . Viva España. Que engendra tales alientos.