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Texto digital de Hados y lados hacen dichosos y desdichados

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Lorenzo García
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Lorenzo García Segura
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hados y lados hacen dichosos y desdichados. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hados-y-lados-hacen-dichosos-y-desdichados.

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HADOS Y LADOS HACEN DICHOSOS Y DESDICHADOS

JORNADA PRIMERA

, , y Ssi le veamos Sacristán, u Obispo, como de la Aldea es Rey Ludovico: Busque su fortuna quien nació abatido, que las dichas nacen del valor invicto. Quién, Cielos, hacer pudiera verdadero lo fingido, para ensalzar estos siempre altos pensamientos míos! Quién creerá, que habiendo humilde en esta Aldea vivido, donde me sirve el arado de alfanje, o corbo cuchillo, tal vez me parece a veces este sayal mal torcido, a la luz que da mi estrella, oro, o púrpura de Tiro? Cuando a enderezar me pongo tosco el cayado torcido, que como si espada fuera, buscó al cayado los filos, y hallo sin punta el cayado; mal haya mil veces digo, quien dio brío. a los aceros, sin darle acero a los bríos. Y en fin, cuando considero, que amante y desvanecido puse en Mauricia los ojos, que. es Señora del invicto grande Reino de Moscovia, tal vez, que a caza ha salido, en el campo, donde a solas nos hemos hablado, y visto, ella oyéndome, porque dice, que soy parecido a un Conde, que favorece, o por amante, o por primo, que Ludóvico se llama: Y yo, adorando rendido tantos fingidos favores, pues me llamo Ludovico como él, ya me transformo de suerte en mis desvaríos, que soy Ludóvico el Conde, y él Labrador Ludovico; pues si de ella enamorado, y de ella favorecido, inspirado del deseo, que acá en el alma concibo, por Rey me aclama el Aldea: viva vuestro Rey, amigos, que ya dentro de mi pecho me reverencio a mí mismo. Parece que lo ha tomado de verás. . Ay si no seguillo el humor, y que mos haga a todos grandes, de chicos? Los bríos de este muchacho cómo me alientan los míos! que al hado de mi fortuna tanto ha ya, que están rendidos. En fin, hermano, eres Rey? Sí, Dionisia, el Cielo escritos tiene todos los sucesos en el papel de los siglos; puede ser que alguna hoja trate del suceso mío, y por yerro el siglo de oro sea para mí el que miro: Rey me han hecho los Villanos. Rey te han hecho, y te soprico, que me hagas Alabardero de la Guarda, que es oficio, que andando a palos con todos, si alguna vez me amohíno con Filena, y no me quiere pelo por pelo, es preciso me quiera palo por palo; y así, desde hoy praza, digo, que doy palos con licencia. de su Majestad. ea, hacedle una Corona, con que represente al vivo ser Rey, que a su altivo ejemplo también dichosa me finjo, que se rinde a mi cuidado el Almirante Basilio. De estas flores puede hacerse. No hagáis tal, porque es preciso se marchiten al instante, y quiero imperio más fijo. Un Ciprés está allí enfrente. Cuando vencedor me miro de la fortuna, Corona me has de ofrecer de rendido? 1. De estos álamos se haga. Negros, y blancos los miro: no quiero esperanza en blanco, ni lutos, que están floridos. Hoy truje para la olla un repollo blanco, y lindo, con él puedes coronarte, si es que no está muy cocido, y serás Rey de las berzas. Loco estás. Y tú sin juicio. Es posible, que me falte, para coronarme altivo, una rama lisonjera de algún siempre verde mirto! Laurel, que al Sol consagrado, y de él siempre fugitivo, siguiéndole cauteloso haces desdén del cariño, dónde estás? Hacia esta parte va el Águila. Haced, Basilio, que la suelten los Alcones, y haga la gente ruido para que suelte la presa. Al valle. Qué es lo que miro! Una Águila caudalosa, fiera hermosa del Olimpo, que de la sed fatigada le bebe al Sol los respiros: de un ramo, y de un tafetan, que en las garras lleva asidos, defendiendo los trofeos trepa al aire giro a giro: Ya la siguen los Alcones, blandiendo, en vez de cuchillo, sañudo el corte del ala, sangriento el garsio del pico; ya la fatigan los vuelos, ya la faltan los suspiros, ya desmayada se abate, ya oye junto a si graznidos, ya vuelve al Sol las espaldas, que es más seguro enemigo, que como es pájaro regió, busca en sus rayos su alilo; ya pelea contra todos, y ya del tropel vencido soltó el ramo, que a esta parte viene a parar fugitivo. A cogerla. Restaurarla. Tened, que a mis manos vino, y es un Laurel, a quien todos obedeceréis rendidos, que si el Cielo me corona, ya por Rey me habrá elegido. Ea, hijos, que los Cielos no hacen acaso prodigios, festejad mis esperanzas, y decid todos conmigo. , , . 4. Pues ya le corona el Cielo Divino por Rey de la Aldea, viva Ludovico. Quién se llevó la Corona? 1. Un Villano, parecido tanto al Conde en rostro, y talle, que parece que es el mismo, a quien los demás Villanos van aplaudiendo. . De oírlo se me desalienta el alma. Yo su valor siempre admiro, cuando veo la hermosura de su hermana, a quien me rindo. Seguidlos, a ver qué intentan. 2. Para servirte nacimos. Mas parece que has quedado, gran Jácobo, de haber visto a este Labrador suspenso? No sé qué al verle imagino; mas ya que a solas estamos, de ti solo el alma fío, porque has de ser compañero de mi fortuna, Basilio. Qué mal haces, cuando tienes . en mí el mayor enemigo! pues qué imaginas ahora? Qué basta ser parecido, para inquietarme mis dichas, este al Conde Ludovico: Él, y Mauricia, Duquesa de Moscovia, que son primos hermanos, a mi tutela sujetos, como sobrinos, hasta ahora se han criado: que llegó el tiempo preciso de coronar a Mauricia, y volverla el Señorio, como lo dejó su padre en su testamento escrito; y como ha ya veinte años, que el tiempo siempre propicio, bien, que a precio de traiciones constante en sí me ha tenido: previniendo cauteloso, que renunciando el dominio de Moscovia, y que Mauricia, queriendo bien a su primo Ludóvico, podrá ser, que ambos a dos advertidos de alguna traición secreta, que acá en mi pecho conspiro, mi fortuna desvaraten, me desespero, y me rindo al más atrevido intento, que ha escandalizado el siglo: No te admires de escucharme, que todo cuanto te digo, es de fe de que este Imperio tuyo ha de ser, como mío. Tuyo soy, qué me previenes? y en mis lealtades confío merecerte más favores: Ah si supiese el motivo, que tengo para estorbarlo! que aunque ser tan suyo finjo, es porque leal reverencio a Mauricia, y Ludovico. Fiando, pues, de ti solo mis pensamientos altivos, (para honestar mis cautelas) notando, que es uso antiguo de Moscovia, coronarse con marcial estruendo altivo en campaña sus Monarcas; prevengo, que en este sitio hoy Mauticia se corone, para que:: no te lo digo, después lo dirá el suceso. Ah corazón fementido . de un traidor! quien sus intentos penetrara discursivo, si aún él al ejecutarlos se los recata a sí mismo? Previne, pues, la Corona, y al probármela atrevido, (que aunque en virtud de sus sienes para mi frente se hizo) como rojo un tafetan al Laurel entretejido puse, en fe de que con sangre le ha de esmaltar mi delito: como la traición estaba ardiendo acá en mis designios, y lo rojo entre lo verde dibujaba esmaltes vivos, cebose un Águila en ella. Ah leal ave, que en ti miro . remontadas mis lealtades hasta el firmamento mismo! Yo te imitaré, si puedo, siempre en mis lealtades fino, que a la sombra de tus alas también me elevo al Olimpo. Quítome, pues, la Corona, y aún al llevarla, predijo, porque no es para tus sienes, te la robo, y te la quito: cuando vi que allá en el aire los pájaros, que han nacido de esa reina de las aves vasallos, con bruto instinto, a ella se la quitaron, volví a decirme a mí mismo: quien se quedare con ella, ha de ser Rey. Ludovico viva, por Rey de la Aldea. Viva. Pronóstico ha sido, que a mi lealtad dio esperanzas, y asombro a sus desvaríos. Qué ruido, amigos, es ese? 1. Es, que al Labrador que has visto con todas las ceremonias, que observa el Augusto rito, dieron la obediencia todos los demás, al pie de un risco bruto dosel de su Imperio. 2. Y de todos aplaudido a esta parte coronado vuelve, del Laurel invicto. 4. Pues ya le corona el Cielo Divino por Rey de la Aldea, viva Ludovico. Quién ha de vivir, Villanos? Esto importa: Ved, amigos, que es el señor Juan Jacobo. Zape. Juego es consentido hacer Rey entre nosotros, y a mi hermano han elegido; perdonad el desacierto. Y haberos yo conocido, gran Señor: por más que hago, pienso que aquesto que finjo es verdad. Válgame el Cielo, qué rostro tan peregrino! Alzad: Basilio? Qué mandas? Dime, acaso has nunca visto más peregrina hermosura? Ya son mis celos precisos: También, señor, en la Aldea anda el Sol de peregrino. Será mía, vive el Cielo: Y vosotros, no atrevidos otra vez, el Laurel Sacro::- más reportarme es preciso, que ha llegado la Duquesa. Aquí está. Qué es esto, tío? que me han dicho, que siguiendo un Águila habéis venido, que os llevaba la Corona, que con aplausos festivos prevenisteis a mi Imperio. Mandé al Conde, vuestro primo Ludóvico, gran Señora, que haga prevenir el sitio donde habéis de coronaros: (qué halagüeno cocodrilo mi traición la lisonjea!) Y atento a vuestro servicio, la Corona que os previne, un pájaro fugitivo me robó. En aquesta Aldea, gran Señora, al tiempo mismo se juntaron los Villanos, por su costumbre, y su estilo, a elegir un Rey entre ellos, y eligieron a mi hijo::- Enojado contra el ave, u envidiando el latrocinio, en alcance de su vuelo todos hasta aquí venimos. Donde cayó la Corona; con la cual, poco advertidos, al nuevo Rey coronaron los Labradores que has visto. A este sitio, en este instante llegaron, y me ha ofendido ver, que profane un Villano con su mano el Lauro Impirio. Peor fuera, llegando al suelo, que lo que tardase el brío en levantarle, estuviera su pundonor abatido: luego en tenerle en mis manos, mas fue lealtad, que delito, pues a la tierra humillado su honor no llegó perdido. Este rústico discreto . me ha de hacer perder el juicio. Mal año, y cual se conoce, que ha estudiado en Catecismo. Y ahora, que venturoso, Señora, a tus pies me miro, esta planta, que a tu planta nuevamente ha florecido, quisiera que fuera el Cetro, que enlaza ignorados ritos del Zonte, al Eurimidonte, del Oronte, al Apenino. Levantaos: como tanto . se parece a Ludovico, la Corona que me aguarda ver en sus manos estimo, y el presagio de perderla vuelto en mayor regocijo, he de aplaudir con que vaya adelante lo fingido. Tío, de estos juegos siempre os haced desentendido, y esa Corona dejadla, que a heredados Señorios no hacen falta los Laureles: que el que solo un Laurel quiso para más de aquel que aguarda, no halla en si méritos dignos. Llevad adelante el juego, prosigan los regocijos, que aunque en rústicos acentos, me holgaré también de oírlos. Del hado son los presagios. De celos son los suspiros, Del Cielo son los intentos. De amor son los desvatíos. Qué alentado es el Villano! Ser puede de un César hijo. Celio? Qué quieres, Lisardo? No advertís, cuan parecido es aquel viejo villano a Demetrio nuestro amigo? A no saber que era muerto, aunque mozo le perdimos, dijera, que aquellas canas, negras las vi en otro siglo. Ea, vuelve a coronarle. Por quién me coronas? dilo. Por Ludovico. Ese nombre también, Señora, es el mío. Como se alegra el Villano de mirarse engrandecido? En fin, quedo de tu mano hecho Rey? Así lo afirmo, quédate con la Corona; y pues eres parecido tanto a él, reina en tu Aldea, y en el mundo, Ludovico. Equivocas tus razones escucho con dos sentidos: plegue a Dios, que tú a las mías también atiendas con cinco. 4. Así le veamos Sacristán, u Obispo, como de la Aldea es Rey Ludovico. Aguarda. Espera; y porque::- Vete de aquí. Yo al momento me iré, que le diga un cuento, que a su Corona apliqué: Un hombre ordinario, un día con ideas lisonjeras, pensando allá en sus quimeras, como de ordinario hacía, muy contento se acostó; cuando un gato que allí estaba, y con él acostumbraba dormir, con él se acostó: Durmiose, y a breve rato con un gato de doblones soñó, y de sus ilusiones volviendo a alagar el gato, la una mano por el cerro pasando al bolsón fingido, de la cola se vio asido del gato que le dio el perro: con el cual hecho una mona, más despierto se halló luego; y así, si tú siendo lego, te has soñado la Corona, aplícalo a tu fortuna, y mira, en tal carambola, no la agarres de la cola, y hagas tu suerte gatuna. . Vive Dios, infame::- Espera, deja esa empresa villana, que hoy a mayores fortunas tu antiguo valor te llama. Bien pensarás, Ludovico, criado siempre en mi casa, donde por padre has tenido a quien por Señor te aguarda, que eres hijo de Leonido: Mas quien más que yo se holgara de que lo fueras! mas, hijo, que aunque no lo seas, basta hoy parecerlo, el deberme la vida con la enseñanza; ya es tiempo que te declare lo que la lealtad del alma tuvo oculto hasta este tiempo: que viendo señales tantas de que el Cielo te previene, restaurador de tu Patria, vencedor de tu fortuna, y vengador de mi fama; ya reventando en mi pecho, que hasta hoy estuvo en calma, me parece que te ofendo cuando en decírtelo tarda. La gran Mauricia, Duquesa de Moscovia propietaria, y ese Conde Ludovico: tú, Ludóvico, y tu hermana de dos hermanos sois hijos, bien que de segunda rama los tres, y todos sobrinos de ese Monstruo, que a las ansias del reinar, ha cometido tanto insulto y muertes tantas, que ya la tierra que pisa, de tolerarle cansada, por no sufrirle en sí misma, pienso que no se le traga. Juan Jácobo, ese tirano, que fiado en su arrogancia, es más Señor de Moscovia, que tu prima, y su Monarca, tercero hermano de vuestros dos padres, (que el Cielo hayan) quedando vosotros niños, a su tutela encargada quedó la crianza vuestra, al tiempo que él se fiaba de mí, como de criado más antiguo de su casa: Declarome, que tenía intento (notable infamia!) de daros la muerte a todos, antes que a la edad lozana llegaseis, porque quedando él solo de su prosapia, por herencia la Corona de aqueste Imperio heredaba: No me opuse a sus designios, que la intención declarada de un traidor, si a quien la fía mas de su parte no halla, la prosigue con su muerte, que en la oposición se arraiga, y a puro cortar cabezas vuelve a nacer su esperanza. Mandome que os diese muerte una noche, a ti, y tu hermana, con intento de después ir prosiguiendo su rabia en tu hermano Ludovico el Conde, y tu prima hermana. Mauticia, que ya es Duquesa; mas esta historia es muy larga: volvamos a tu fortuna, que es por tantas partes rara. Mandome, pues, como he dicho, con indomita arrogancia, que a ti, y tu hermana una noche muerte os diese en tierna infancia; a este tiempo, fiera entonces gran peste en Moscovia andaba, con cuya disculpa quiso dar su cautela a sus armas; pero Dios, que en las mayores penas siempre nos ampara, ordenó, que de la misma peste, que a todos tocaba, dos niños se me muriesen a mi entonces, con que ufana mi lealtad, de ver a costa de mi sangre, y de mis ansias libres dos Príncipes míos, mis hijos puse en el arca funeral; y a Juan Jacobo le engañé con dicha tanta, que aunque se entierran sus Reyes de Moscovia (antigua usanza) con las galas que se adornan, y descubiertas las caras, vistiendo a mis muertos hijos de los Príncipes las galas, como ya la peste a todos tanto los rostros trocaba, él no pudo conocerlos, con que quedó publicada tu muerte, y la de Dionisia; y yo, entre las urnas sacras del entierro de los Reyes, coloqué en sangrientas aras los cuerpos de mis dos hijos, que en gloria immortal descansan; que es justo; aunque no desciendan de Príncipes, y Monarcas, que quien da a los Reyes vida, ponga entre Reyes su estatua. Mal seguro del secreto; supe después, que trataba de matarme Juan Jacobo, y huyendo de su arrogancia, fingiendo que en una Aldea me dio el mal que a todos daba, fui dichoso en que creyese mi muerte (fortuna rara, que seguro hasta Polonia, dejando por ti mi casa, la Patria, hacienda, y amigos, me pasase con tu hermana:) Casi tantos años, hijo, como tienes, ha que anda peregrinando este viejo por ti Provincias extrañas. Enseñete cuanto supe, tanto de letras humanas, como leyes, cortesía, y destreza de las armas; troqué vuestros nombres luego de Leopoldo, y de Lisarda en Ludóvico, y Dionisia, que son los que ahora os llaman; y el mío, que era Demetrio, en Leonido: Oh tiempo haya, plegue a Dios, en que nos vuelvan los nombres que nos aplaudan! que en tu valor lo confío, si ya sacudida el ala de la prisión de la noche, te ves a la luz del Alba. Y aunque es verdad, que a Moscovia volví tan lleno de canas, que aunque Jacobo me ha visto, no me ha conocido en nada; y aunque es verdad, que en aquesta Aldea, que está cercana de la Corte de Moscovia, os sustenta mi ganancia, no me he atrevido hasta ahora sacarle al Hado la cara, que ha fijado mi fortuna la rueda en tus esperanzas: Ea, hijo, que aunque seas mas que yo, tus deudas pagas en confesarte mi hijo por obligaciones tantas; ya no quiero yo más dicha, que tus Hados; busca, y traza, (pues que Mauricia te escucha, y tu amante la idolatras) ocasión de prevenirla en los peligros que anda, que Juan Jacobo, en pudiendo, vida, y honra ha de quitarla: llévame a mí por testigo de tu verdad a tu Patria; ese Dragón, que inficiona cuantos nobles pechos trata, muera, pues matarme quiso, que para hacer la probanza lágrimas ay en mis ojos, experiencias en mis canas, memorias en mis afectos, lealtades en mis entrañas; papeles hay en mi seno, que a algún intento los guarda, firmados de este traidor, que su vil traición declaran; en el pecho sangre noble, rencor ilustre en el alma, que el odio contra el tirano, más es nobleza, que infamia; y en fin, testigos en contra ay en sus brutas hazañas, que han hecho en públicas voces infame aplauso a su fama. Padre, que has de serlo siempre que vivas, hasta que en paga de tu lealtad a mis Hados se mejoren tus desgracias; cuando mi espíritu altivo::- Tente, que a este bosque baja Juan Jacobo, no nos vea. Ah Corona, que en tus ramas me infundes::- Ven, Ludovico. No sepa esto ni aún mi hermana, hasta que Jacobo muera. Bien está. . Nóvela extraña! Mal nacidos intentos, que tropiezan en viles pensamientos, a cada aleve paso (caso. me muestran las primicias de un fra- Pero qué me acobarda vano el temor? Leopoldo ya, y Lisarda, mis sobrinos menores, de mi altivez probaron los rigores: Demetrio, peregrino huyendo mi furor, se abrió el camino a su contraria suerte, pues buscando la vida, dio en la muerte; que no hay hombre dichoso hasta el duro descanso del reposo: con que ya, aunque consigo, cuando murió como parcial conmigo, en mis firmas tenía testigos de absoluta tiranía, muerto de tantos años, a mi temor le ofrece desengaños. Ludóvico, y Mauricia probarán el rigor de mi justicia hoy, con tanto secreto, que a mí, que causa soy, niego el efecto, presagios misteriosos de esos rudos villanos, que alevosos por Rey han aplaudido a ese villano al Conde parecido. Ya no me dan cuidado, pues de su hermana estando enamorado, fue prevención segura, pues pretendiendo amante su hermosura reinará en mi albedrío el tiempo que durare el amor mío: mas mi sobrino viene el Conde Ludovico; aquí conviene, pues algo está apartado el sitio, ejecutar lo imaginado. Aquí mi tío espera, y no sé qué es su intento, o su quimera, que un veneno en secreto, o con malicia, me mandó prevenir, porque a Mauricia, y al honor de los dos, muy en secreto matar a una persona de respeto importaba: mas sea quien fuere, mi piedad el Cielo vea, pues va tan prevenida la confección mortal, que aunque la vida estorbe, o el aliento por quince horas no más, luego al mo- volverá en su sentido (mento cualquiera que el veneno haya bebido. No he podido a mi prima ver hoy, a quien mi amor constante esti- Mas por si acaso (ma. lo ignora, y estorbar quiere el fracaso de uno, y otro, le doy aviso en este papel, que sus traiciones manifieste. Mas ya llega mi tío. Sobrino? Qué ay, señor? Ya el amor mío la tardanza os culpaba. Sin razón, si en serviros me ocupaba? prevenido el veneno tenéis aquí; pero, de dudas lleno, saber de vos quisiera: Vámonos paseando esta ribera, (aquí matarle intento) y a solas os diré mi pensamiento: Yo, sobrino, quisiera casaros con Mauricia (oh traición fiera, que a la luz de su suerte hoy le estás alagando con la muerte!) No habiendo inconveniente en que adorne el Laurel mi altiva fren- no habrá Rey extranjero, (te, que admita la Duquesa. Ya qué espero? Mira si ese arroyuelo . tiene paso a otra parte. Logró el Cielo hoy toda mi ventura. Yo la tengo en tu muerte más segura, Válgame el Cielo! Apenas esmaltó con su sangre las arenas, cuando espíritus vivos salieron por el aire fugitivos. . Muerto está; mis desvelos de lograr se acabaron sin recelos, que muerto Ludovico con el secreto en que mi acción publi- (co y habiendo con cuidado prevenido el veneno, que he guardado, hoy morirá Mauticia sin que alcance ninguno mi malicia, y quedaré sin nombre de Tirano, dueño de aqueste Imperio soberano, Por el Conde Ludovico mi primo, en aquestas selvas fatigada la memoria, se anda buscando a sí misma. No hay flor, que al aire se ríe, ave, que al Sol se gorjea, cristal, que a sí se murmure, laurel, que en sí se engrandezca, que al mirarlos todos juntos, todos juntos no me acuerdan; unos, galanes su brío, otras, su afecto risueñas. En este estanque, que al Cielo sirve de espejo de perlas, donde cuando nace el Alba también se mira halagüeña, a solas los dos nos vimos tal vez templando ternezas, que no hacia poco el agua en volver su fuego en perlas: si acaso estará escondido entre las fecundas hierbas, que cercándole amorosas del Sol, sus cristales celan; puede ser, quiero buscarle, que cuando hallarle no pueda, en él veré su retrato, si me retrato a mí misma. Fortuna, no por cobarde he de perder las empresas que me ofreces, pon un clavo tú en mi aplauso, y yo en tu rueda: recién herido un cadáver (que aunque regando la tierra con su sangre no florece rudo el tronco entre la arena) hallé oculto en ese monte, y al reparar en las señas de su rostro, y su vestido, viendo mi retrato en ellas, (que no hay retrato del hombre, que más al vivo lo sea, que un cadáver, que es de todos vivo espejo en sombras muertas) conocí ser Ludovico mi hermano: el Cielo le tenga a él en mayor descanso, que a mí en su imagen me deja, siguiendo el rumbo, que el hado por tanto indicio me enseña, y el espíritu amoroso, que Mauricia en mi gobierna, viendo que tan primo hermano soy como el difunto de ella, y que si no es por su imagen no ha de amarme, aunque la quiera; mis vestidos de villano le puse, y de esta manera, adornado con los suyos, sigo el norte de mi estrella: que no sin motivo grande ordenó la Omnipotencia de Dios, que a mi hermano tanto en todo me pareciera; pues no solo unas facciones nos dio, sino una voz misma, con que vivos parecimos uno mismo en rostro, y lengua. No puedo hacer más, fortuna, que buscarte por severa, o afable, yo he de seguirte por propicia, o por adversa. Mas ver quiero en el espejo de este estanque, si concuerda mi gala con la del muerto. Qué sonora, y qué suspensa calla el agua: mas qué miro! Su adorno en él me bosqueja tan al vivo::: mas qué veo! Siempre galán: Siempre bella:: Miro en el agua a mi primo. Veo en el cristal la Duquesa. Si es engaño? Si es lisonja? No, que él es. Cierto es, que es ella. Ah Ludovico. Ah Mauricia. Primo? Señora? aquí empiez a encumbrar mis pensamientos la fábrica de su idea. No os había visto hasta ahora. Yo sí, que en aquesta misma parte el alma os he ofrecido. No ha mucho, no, que a mis penas yo comuniqué esas glorias. Ya no ay que temer, cautelas, pues de ella favorecido, tengo suerte en dicha ajena. Y en fin, señora, en qué altura está amor con vuestra Alteza? En tan grande altura está, que en esa cercana Aldéa, porque tiene vuestro nombre, e imita vuestra presencia, gusto de ver a un villano, que hoy dejé hecho Rey en ella. Mas decid, qué hay de Alemanía? Aquí es fuerza que me pierda, . porque no estoy en el caso. Insiste terrible el César en hacer guerra a Moscovia? Yo no sé qué responderla. Solamente a mí, señora, vuestros ojos me dan guerra. Divertida por los campos de aquesta vecina Aldea, anda buscando Mauricia la muerte, que ya la espera. Ella está aquí: con quien hablas, Mauticia? . Tío? Qué idéa! Con mi primo estaba hablando. Si él se engaña, qué hay que tema? . en tu busca ibamos juntos. Hay más confusas quimeras! Ya temo, que en mi repare. Cielos, si su muerte es cierta, de quien es aquesta sombra, que al vivo en él me atormenta? Yo he de hablar a Juan Jacobo. Yo he de hablar a la Duquesa. Qué es eso? Unos Aldeanos de esa Alquería pequeña quieren a los dos hablaros. Dejadlos llegar. Si muestra el poder en la justicia la igualdad con que gobiernas:: Mi padre, y yo, gran señora, con ansias del alma tiernas, de mi hermano:: De mi hijo, que muerto hallé en esa selva: justicia pido a tus pies. Piedad pido a tu clemencia. Válgame Dios! ahora caigo . en admiración más nueva, pues sin duda este que miro, que por su primo respeta Mauricia, es el Labrador, que lloran muerto en su Aldea, que en todo a él parecido, guiándole su soberbia, disfrazándose en sus galas, finge que es quien muerto queda: fuerza es seguir el engaño, porque mi traición no entienda, que después, para culparle, ya empiezo a inventar cautelas. Cual siento ver a Lisarda, . y a Demetrio en tantas penas, tiempo habrá en que mi fortuna pague a entrambos su fineza. No respondes, gran señor? No habláis, invicta Duquesa? Pues quién la muerte le dio? No se sabe. Diligencias haced, y avisadme luego. Marqués, la villana es bella, y por ella estoy perdido. Yo también muero por ella: . mas si mi intento se logra, no has de lograr su belleza. Vamos, sobrinos. Los Cielos den consuelo a vuestras penas. Quién dio la muerte a mí hi plegue a Dios, que a manos muera de su infamia. Plegue a Dios. Cómo habláis de esa manera delante de mí, villanos? Es la pasión:: Es la pena:: Señor, que a los dos aflige. Que el alma les atormenta. No es sino el delito aleve, que cometió mi soberbia, que mudo al Cielo le pide venganza en sentidas quejas. Según se le inquieta el alma, no hay verdad en las sospechas si aqueste no ha muerto al Conde. Vamos pues. Rara violencia! Ya se acabó mi esperanza. Ya mis desdichas empiezan. Ya mis recelos prosiguen. e Ya mi ambición me violenta. Ya se conciertan mis dichas. Y ya sus hados conciertan el que Demetrio, y Lisarda ventura a mi lado tengan.

JORNADA SEGUNDA

RNADA SEGUN DA Ya se ha morido el Zagal más érguido y más bizarro. Y sin ser asno, qué dieras porque yo fuese el matado? Por no verle lamentar diera de gana un ducado. Y cuantos ducados dieras por ver lamentar mis cuartos? El muerto, según fue bueno, los Ángeles le llevaron. Así a vos, Filena mía, os llevaran seis mil diablos. Pues el Cura le plañía como si fuera su hermano. A fe si yo me muriera, que no me plañera tanto. Qué dices, mentecatón? Lo que digo, y lo que habro. Pues si yo fuera el moridó, ya él estuviera en descanso; y no me hagáis tanto, que os diga con desacato, que sos Jodia. . Por qué? Porque andáis en malos pasos. Ay Zagala en el Aldea, que sufra lo que yo paso? Ay Zagal, que haya, Filena, sufrido lo que yo callo? Qué habéis hallado en mí menos? Antes he hallado un muchacho de más a más: más callemos, que a solas los dos estamos, y esto no es para en secreto. Siempre eis de estar reprochando mis cosas? divorcio pido. Qué es divorcio? Es descasarnos. Eso es vivorcio? . Eso es. Y quién vivorcia? El Vicario. Y vivorcia presto? . Presto. Y después de vivorciado, qué haremos? Cristo con todos, cada oveja con su ato, cada lobo por su senda. Digo, que es cosa de Santos: en fin, el hombre que pasa esto y lo demás que callo, remedia con el vivorcio todo su mal? Caso es llano. Pues vivorcio: mas sobre esto después hablaremos largo, que con un Señor ahora viene habrando acá muesamo. Hasta ahora no he tenido lugar, quietud, ni descanso para ver unos papeles, que en los vestidos he hallado del muerto cuya fortuna sigo en su mismo retrato, tan dichoso, que ninguno en un leve indicio ha dado; que aunque ha sido corto el tiempo pues seis horas no han pasado después que esto ha sucedido, con atención, y recato tal he respondido a todos, que a todos tengo engañados; suerte ha sido más que ingenio, Dios me alumbre en riesgo tanto. Ya verlos será imposible hasta acabar los aplausos de aquesta ceronación, para la cual he mandado a Demetrio, que me traiga aquel profetico Lauro, que me ha ofrecido la suerte, y yo a las sienes consagro de Mauricia, a quien adoro, que en su frente colocado le guardo para la mía, pues me quiere, y la idolatro. Pues que ya murió Leopoldo, y tan buena ocasión hallo de decir a Ludovico quién es Lisarda, qué aguardo? Ya estoy muy viejo, y no puedo darla más seguro amparo, que decirle que es su hermana, para que puedan entrambos, cuando ella sepa quien es, y él quien soy, (por si yo falto) prevenirse a las cautelas de este ambicioso tirano. . Leonido aveisme traído la Corona? . Qué hay? Reparo en que está allí Ludovico el muerto, vivo y galano. Esta, señor, la Corona es, que a un hijo desdichado (que sin ser Rey se la puso) hoy le ha servido de lazo; derribole el peso en tierra, que es neutral el Laurel Sacro, para los Vasallos tronco, y para los Reyes ramo. . En fin, murió vuestro hijo? Ese monstruo temerario, que disfrazado en la vida, anda en la muerte embozado, el hado fatal, he impío, me le quitó, arrebatando, como tiene de costumbre, los pensamientos más altos: murió a manos de su suerte. Eso es mentira. No paso por eso, viéndole vivo. Dime, no es este tu hermano? Dime, no es este tu hijo? Pluviera a Dios: apartaos. Dejadme (oh tristes memorias!) Qué os han dicho esos villanos, que os dejan enternecidos? Fue Ludóvico un retrato vuestro, y como no os han visto hasta hoy los Aldeanos, dicen que sois Ludovico; perdonad, que pueden tanto las lágrimas, que a los ojos la voz del alma arrojaron. Ea, el pesar no os ahogue, que del afán lastimado que os aflige, he de serviros como hijo, y como hermano: dejad el llanto, Demetrio, enjugad, Lisarda, el llanto. Mas qué digo? el amor ciego . los vino a nombrar a entrambos. Qué escucho? cómo mi nombre hoy el Cónde me ha llamado? . Mi nombre es, señor, Dionisía. Y el mío Leonido. Hablando iba en duda de los vuestros, de que ya estoy acordado. Y así, Leonido, y Dionisia, del muerto no hay que acordaros, que en mí, su retrato vivo, tendréis siempre firme amparo. Por mí, señor (la ocasión de declararme ha llegado, . la lealtad los Cielos guien, que hoy se acredita en mis labios.) Por mí, señor, que a los tiempos doy feudo en caducos años, pues ya el polvo, hecho yo tierra, no siente apenas mis pasos, no estimo vuestros favores, sino por el agasajo que hacéis a la que pensáis, que es prenda de algún villano, siendo: , . Ya la ceremonia comienza en festivo aplauso. Adiós, y habladme en la Corte, Leonido, sobre este caso. Duque de Moscovia os haga el Cielo. Él os guarde a entrambos. Llegó el término aleve de aquel día, que horrores suponiendo a mis intentos, las leyes de la infame tiranía se establecen en viles pensamientos: murió ya Ludóvico, y mi osadía no previene alborotos, ni escarmientos, que en virtud del veneno, y sus contragios vuelve un traidor en dichas los presagios; y así, muera hoy también, muera a mis iras la Duquesa infeliz, que por mi abono no alcanza la verdad de las mentiras con que trágicamente la corono; vuelva en funestas, y en sangrientas piras hoy las escalas de su excelso Trono, adonde tropezando con su muerte, he de subir a coronar mi suerte. Estas las mesas son, donde opulenta mi ambición le previene entre sabores del manjar el veneno, que hoy intenta ser áspid encubierto entre las flores: la tragedia mayor se representa en aqueste teatro de dolores, oígala el mundo, que el papel violento de la traición en ella represento: descubro el plato; y porque el mundo crea que en nada se convierte su luz pura, polvos confeccionados de Medea hoy reduzgan en polvo la hermosura. Si alguien me ve? no hay nadie que me vea, solo yo me recato a mi censura, que de tan vil acción en el abismo, yo quisiera ocultármela a mí mismo. Ya revuelto al manjar queda el veneno, y arrojando el humor emponzoñado, hinchado el pecho de traiciones llevo, cual vívora cruel ha despertado: de qué le sirve la virtud al bueno, si el malechor es dueño de su hado? muera el traidor, más viva como pueda si hay fortuna, y su rueda siempre rueda. Cabado el bronce ya de sus alientos, incitan al aplauso los Clarines, cuyo clamor en trágicos acentos presto se ha de tocar en los confines la borrasca fatal, cuyos lamentos no anunciaron leales los Delfines, que aunque está embravecido tanto el Noto, calla traidor, aunque lo ve el Piloto. 4. Viva el Fénix de Moscovia los años del otro Fénix, que en su hermosura constante, nace en la cuna que muere. Reina del Septentrión: Gran Monarca del Poniente:: Grande Emperatriz de Rusia:: Señora de inmensas gentes:: Gran Duquesa de Moscovia:: Vive:: . Goza:: Eternamente: Los aplausos de tu fama. Las almas que te obedecen. Vasallos los más leales que han tenido cuantos Reyes han peregrinado el Orbe con su fama, y sus laureles: Basilio Enio, Almirante de Moscovia, Primo, que este título que os doy os basta, pues que a todos los excede: Tío, Señor, Maestro, y Padre, a quien este Imperio debe la observancia de mis anos, la guía de mis niñeces, quien no satisface a tantos beneficios cuando puede, vil pensamiento le rige, infame sangre le mueve. Esto digo, Tío, y Padre, Maestro, y Señor mil veces, títulos con que amorosa pienso respetaros siempre; porque no penséis que ahora, que exenta al yugo obediente de sobrina, coronada me habéis visto de laureles, el gobierno he de quitaros, que en vos quede eternamente justificado en aplausos, y proseguido en mercedes, todo es vuestro, no mi mano, que esta es tuya, y yo mil veces. Señora el ser vuestro esclavo estimo yo solamente: fortuna, si has de arrojarme, no me subas más, detente. Basta: qué altivo el villano . finge todo cuanto quiere! puede ser que su soberbia presto la vida le cueste. Todo el Imperio que mando a vos sujeto se quede como hasta aquí, y obedezcan cuantas órdenes les diereis; lo que hicieréis doy por hecho, lo que ordenaréis por fuerte, vuestra palabra es la mía, mi acción la que vuestra fuere: mas con condición, señor, (perdonad que os aconseje, porque es traidor el afecto, que no dice lo que siente.) Mucho de vos en Moscovia se murmura comunmente, ni todo será mentira, ni todo verdad parece; doy, que lo que menos monta, que es notaros de impaciente con todos cuantos molestan para aquello que pretenden, como es de costumbre en todos, sea verdad solamente; ni aún en eso poco afable nadie os vea, aunque os moleste, que nadie pretende, Tío, sin tener porque le premien; y ya que en Imperios grandes premiarse a todos no puede, a todos se dé esperanzas, y más a quien lo merece por las Letras, y las Armas: que de un mal despacho a veces nace un despecho peor, y tal vez un pretendiente por una buena palabra a servir de nuevo vuelve. De otras cosas, que no son dignas de un hombre eminente, no trato, porque no creo, por más que el Pueblo lo cuente, que en vos quepa la injusticia, que en vos la verdad se quiebre, que en vos la maldad se halle, que en vos la traición se intente, que en vos el honor se pierda, que en vos la pasión se ciegue, que en vos la lealtad no viva, que en vos la fe a dios se niegue. No es posible que el que guía su apetito así rebelde, por no perder el de hombre, el ser de bruto engrandece. Pues cómo es posible, cómo, que en vos se hallasen crueles de vicios siempre mortales tantos indicios aleves, al contrario procediendo? Miente el vulgo, el vulgo miente, que Juan Jácobo es mi Tío, y ha de ser Atlante fuerte de mi Imperio desde hoy, que en su gobierno, y sus leyes, en su ejemplo, y en su amparo, en su justicia, y su suerte, regirá como hasta ahora tan leal, como clemente, tan activo, como atento, tan piadoso, como fuerte, dando por la Fe su sangre, paz a la Patria en sus leyes, salud al Pueblo en sus manos, lealtad al Orbe en sus Reyes, ejemplo al mundo en sus obras, igualdad en si a su suerte, ayuda al Papa en su Iglesia, y a Dios fe en guardar sus leyes. Viva nuestra gran Duquesa de Moscovia eternamente. Ya la lealtad os aplaude, señora, en voces alegres. Qué ufano el Pueblo os escucha! Y qué en vano a mí me mueve! que la ambición los oídos de cera en yerro los vuelve. Hay malogrado Leopoldo, y como si aquesto vieses se animara tu esperanza! O si al descuido pudiese hablar aquí con Dionisia! Hacia a mi Basilio viene, yo me aparto de mi padre. Yo he de hablarla aunque me peguen Qué aguardáis? llegad, Vasallos, todos a pedir mercedes. Y Vuestra Alteza a la mesa también, gran Señora, llegue, porque es ceremonia antigua de los Moscovitas Reyes el día que se coronan el comer públicamente en la Campaña que asisten. Vamos, tío. Llegó el breve término, que de la vida le falta ya. . Parabienes recibid del nuevo cargo. Dionisia, tan solamente me los dad de que te adore. Sea lisonja, o lo que fuere, por decirlo vos lo estimo. Mucho hay que hablar, porque tienes nuevo galán que te adora: mas yo procuraré verte después; a Dios, que es forzosa mi asistencia allí. Tú solo a quien ama Dionisía. Yo quien siempre he de quererte. Tío, tomad este lado, y vos, Ludóvico, aqueste. Ya han empezado a comer; no es posible que yo llegue a mejor tiempo a pedirla. Yo vo. . Mogiganga, tente. Rezame tú tan en tanto un Responso, porque pregue a diós, que me dé una cosa. Si has de habrarla, mas no esperes, Las piernas se me rehilan de mirarla solamente; para entrar con buen pie, digo, Jesús, María, y Josepe. Ya del veneno ha comido, . presto obrará el accidente. Deo gracias. Quién sois? Yo? un banco de este banquete, pues que me he puesto en cuclillas. Qué nombre tenéis? De Jueves de Compadres Mogiganga, para lo que le cumpliere. Qué oficio? Teniente Cura, cuando el Cura es mi Teniente. Sois Sacristan de la Aldea? Barbas de hisopo me suelen llamar, cuando en mi casa hay sobrepelliz, y bonete. Qué gracioso es el villano! y dime, qué es lo que quieres? mala me siento, Jacobo. Qué sentís? Nada, traedme la bebida. Bebiendo obra el veneno fácilmente. Y en fin, qué pedís ahora? Eis de saber, (que de ve delante de ella, de miedo se me ha roto un zaraguelle derecho) y quijera ahora, que su jamestad me diese una cosa. Qué es la cosa? No lo indilgué cortesmente? mas yo volveré a decillo; en fin, yo quijera en breve una Bula de congorgio. No te entiendo. No me entiende? pues ello en orcio se acaba lo que sóprico: olvideme del nombre, que es rebesado; pues acordárseme tiene, orcio, morcio, colicorcio, calipitorcio: no quiere acordárseme el voquiblo; válgate Dios por calletre, de cabeza lo sabia, como el Sacristán el requien. Divorcio. Su Señoría habió como un Holofernes: divorcio pido en efleuto de mi mujer. Qué accidente tan terrible! Aparta a un lado, porque su Alteza parece, que esta desasosegada. Mala estoy. Qué es lo que siente vuestra A teza? . La bebida esta aquí. Canten, y alegren los Músicos a su Alteza. Mortal congoja me viene. 4. Viva el Fénix de Moscovia los anos del otro Fénix, que en su hermosura constante nace en la cuna que muere. Válgame Dios! qué es aquesto? Gran desdicha! Dolor fuerte! Ah gran Señora. Ah Mauricia. Pesar grande! Dura suerte! Sobrina, señora, Reina: Ya ni respira, ni siente, logró mi traición su intento, canten, pues ella ya muere, en aplauso de mi infamia; pues heredo el Cetro aleve, viva el Fénix de Moscovia los años del otro Fénix. Mi bien señora, mi vida: ya nadie en su vida espere, que pues no volvió a mi vida, sin duda es cierta su muerte: Cántenla de hoy coronada, y muerta en el trono, Fénix, que en su hermosura constante nace en la cuna que muere. Traición. El Pueblo se irrita. Aunque fiera, el alma teme. . Venganza. El mundo la pide. Yo haré que el mundo me tiemble. justicia. Todos la invocan. Si he de hacerla, no la esperen. Muera el traidor. Eso es justo. Mas justo es el que yo reine. . Moscovitas, sosegaos, y si fue traición aleve la muerte de la Duquesa, muera quien la dio la muerte. Pues muera. Aqueste villano a mis cautelas crueles hoy morirá, porque altivo mi dicha estorbar no intente. Llevemos el cuerpo todos, (porque enterrarla conviene luego al punto) porque acaso no vuelva del accidente, que de enterrarla en secreto, yo daré disculpa urgente. Vamos, pues. Qué es lo que miro! . Cayósele de las sienes la Corona, y dio en las mías; mas ya a las suyas la vuelve mi lealtad, que no la estimo si la heredo con su muerte. Qué prodigioso suceso! Qué lastimoso accidente! Gran desdicha! Asombro grande! Hado injusto! Dura suerte! Mogiganga, qué es esto? que tan mustio, y maganto te hayas puesto! de qué es tu pena fiera? No estó de ahorcarme un escalón siquiera; no he estar de estas dudas dado a mi suegra, cómo al diablo Judas? Si en cosa mano pongo, que me suceda bien, salvo el mondongo, que es mijor, y más sano si en él pongo una mano, y otra mano: Si vo al monte por leña, me despeña el bórrico de una peña, y si acaso do voces, se espanta de escocharme, y me da coces: Si vo por carne, y la ato al garabato, me la come el gato; si acaso vo por vino, el jarro se me quiebra en el camino: Si hay fiesta en el Aldea, y salgo en los capeos, aunque sea un badea el novillo, me ha de oler el melón del colodrillo: Si quiero con doncella casarme por mi gusto, la hallo al bella con un hijo de ogano, enviudada en secreto desde antaño: Y en fin, hoy (qué desgracia!) que de Mauricia merecí la gracia, solo porque yo había de vivorciar, se muere al primoer día; mas vamos a la Aldea, que tú lo has de pagar. Quién hay que crea, lo que contigo paso? Mas hacia acá se vuelve paso a paso el Conde Ludovico. Mogiganga. . Señor. Cómo no público mi dolor a esta selva? Busca a Leonido, y di que al punto (vuelva a verse aquí conmigo. Voy, señor, al instante. Y yo te sigo. Yo os voto al Sol, Filena; que eis de pagallo todo. Es tal la pena en que estoy confundido, que aconsejarme es fuerza con Leonido, antes que en más quimeras me empeñe el hado en mis fortunas fieras. Del entierro tratando queda ya Juan Jacobo, y yo aumentando mis fieles sentimientos, salgo a ofrecer mis quejas a los vientos, que de mi lastimados, me consuelen oyendo mis cuidados: que es tal su tiranía, que ha querido enterrarla el mismo día, haciendo que declaren que está muerta los Médicos, que a solas él concierta; y diciendo, que importa por sosiego de la lealtad, depositarla luego, fueros rompiendo, atropellando leyes de las iinmunidades de los Reyes, sin haber quien se oponga aqueste día a tan fiera, y aleve tiranía, queda a todos culpando, con que todos temen su furia por diversos modos. Estos son los papeles, que el muerto Ludóvico, en los crueles despojos de su vida dejó, para guiar mi fe fingida: De Alemania son estos, ya en ellos hallaré los manifiestos principios que convengan, para que por el muerto a mí me ten- (gan; aqueste es un retrato, y es de Mauricia bella, que este rato, dando mi fe por cierta, me favorece aquí después de muerta: triste de mí, que amante he perdido fortuna tan constante! Este papel del muerto para Mauricia es, y en él advierto notables confusiones, si atiendo con razón a sus razones. Según lo que he leido, Jacobo mató al Conde, y atrevido dio a Mauricia la muerte, y envidioso en la suya, de mi suerte procurará la mía, si en la verdad está de mi osadía. Pero ya qué hay que advierta, si Mauricia no está del todo muerta? voy a que no prosigan el entierro. Señor? . Pues qué te obliga, Basilio generoso, a venir tan turbado, y receloso? A decir que te guardes de intentos de un traidor siempre co- que aunque de mí se fía, (bardes; no sufre mi lealtad su tiranía. De ti saber espero muchas cosas después, que ahora quiero, aunque ya den por muerta a Mauricia, mirar::- Ya está la puerta del Panteón cerrada, donde Mauricia está depositada, cuya llave confía solo de mí su infame alevosía; que como este tirano hoy tiene todo el orden de su mano, quiso depositarla sin prevención; él dice por vengarla del villano atrevido, que de aquesta ocasión la causa ha sido, y sosegar el pueblo alborotado, cuando al traidor le deje castigado. Qué dices? . Lo que escuchas. Válgame Dios! qué haré? Y aunque son muchas las penas que te asaltan, muchas por padecer, señor, te faltan. Dime, si eres mi amigo, qué intenta Juan Jacobo? Aquí consigo la fe que me confirma en la carta que ayer le eché sin firma, donde vengan airados los Cielos su traición, y mis cuidados. Darte la muerte intenta, y aún pienso del afán con que violenta de Mauricia la muerte, él ha sido la causa. De qué suerte? Después lo sabrás todo, que ahora más te importa buscar modo de oponerte a sus iras, que asegura, fiado en sus mentiras, que tú, traidor, has sido un villano, que al Conde parecido, le mataste alevoso por seguir tu fortuna más dichoso: bien se ve que es engaño; mas si él busca testigos por tu daño, ya enterrada Mauricia, te ha de quitar el Reino por justicia; esto pasa, tu ahora prevén el modo, que tu mal mejora, que siendo leal en todo, (un modo. siempre a tu lado me has de hallar de Basilio, premie el Cielo tu leartad, tu amistad, tu fe, y tu celo, que siempre::- Aquí me tienes, señor, a tu mandado. A tiempo vienes, que en ti::- . A Jácobo veo, no nos vea aquí juntos. Tu deseo premiaré como amigo; sígueme tú, Leonido. . Ya te sigo. Y fiame la llave del Panteón, Basilio. Riesgo es grave, pero por ti aventuro todo mi honor. . Yo te lo aseguro, y pagarte prometo con el alma, y la vida este secreto. Con tal prisa he dispuesto, que entierren a Mauricia con pretexto de que en sí no tornase, que ciego aún no aguardé se embalsa- (mase, temiendo, si la abriesen, y el veneno en el cuerpo conociesen, que también conocieran (vieran, quien fue el traidor cruel, cuando allí que yo a su vista, de cuidados lleno, revivian la sangre, y el veneno; y así de aquella suerte, que instante tan fatal le halló la muerte, cual por antiguas leyes manda Moscovia sepultar sus Reyes, vestida, y coronada en la cárcel la dejo sepultada del Panteón sagrado, que a mi traición hoy queda profanado, Venganza el Pueblo pide, y mi ambición, que a sus intentos mide máquinas que dispone, porque sin resistencia me corone, ordeno más tirano de todo echar la culpa a ese villano, que en público castigo pague inocente lo que aleve sigo. Qué dispones? Basi Por excusar del Pueblo alteraciones, intento (con secreto esté lo que te he dicho hasta el efecto) de tener comprobado lo que de Ludóvico te he contado, y de tener por firme lo que acaban ahora de decirme. Y es? . Que con malicia el villano también mató a Mauricia, sin duda confiado en que de mi sobrino fue traslado con que a todos engaña, y ahora con aquesta infame hazaña, quedando al Cetro solo, se intenta divulgar de Polo a Polo. Tu intento reverencio, pero el caso es terrible. Obre el silencio, y la verdad sabida, quien no pecó, lo pague con la vida. Quién duda que tú seas quién pague los delitos que así afeas? Y quién tendrá recelo . de que fue el malechor quien llora el duelo? Conde Ludóvico Ilustre, rama del Laurel excelso, que en el jardín de Moscovia creció en fecundos renuevos; qué intentas conmigo a solas dentro del sagrado Templo, donde tu prima Mauticia goza ya descanso eterno? A mi casa me llevaste, y en ella el traje grosero de villano te vestiste; mandasme, que traiga luego mis armas, porque te importa; acompáñote resuelto, que en el peligro, aunque anciano, valor, y espíritu tengo, y más de mi Rey al lado, que nunca perdió el acero por viejo; y el de mi espada tiene el valor de ser viejo. La puerta abriste animoso de esta Iglesia, entramos dentro, donde el acha que me has dado no me alumbra, pues voy ciego; acaba de declararte, sepa yo, señor, tu intento, mas que para aconsejarte, para ayudarte dispuesto. Leonido, haberme fiado de ti, ha sido satisfecho de quien eres, por razones, que te han de admirar muy presto: Murió Mauricia mi prima, repentino fue el suceso, traiciones hay en la envidia, y en la traición hay venenos: Aún no ha quince horas cabales que murió; y aunque no tengo esceranza de su vida, bien que me sobra el deseo, a examinar he venido si natural fue, o violento este accidente, que al Orbe quitó en su luz otro Cielo; está la puerta horrorosa es del Panteón funesto, que horrible fiera sin vida se ceba en los cuerpos muertos: sígueme, Leonido, y pisa con veneración, y miedo la tierra en que nuestros Padres hablan mudos, y ven ciegos; cadaveres los Monarcas desde este absoluto Imperio, en fe de mortales aras, dan a Dios caducos feudos: Salve Patria: universal, que en este humano destierro la propia tierra del hombre viene a ser su monumento. Salve descanso común, que en el mortal cautiverio la libertad de las almas es la prisión de los cuerpos. Y tú, Mauricia, es posible, que estás de mi voz tan lejos, que del eco de mi alma no llega a la tuya el eco? Y vosotros, siempre amados hijos del leal Demetrio, responded a vuestro Padre, que viene gozoso a veros: Mas Ludóvico? . Qué dices? Leed de este monumento el epitafío. Aquí yacen Leopoldo, y Lisarda leo. Pues para después te acuerda; del prodigio que te advierto. Ay de mí! Parece que hablan los mármoles de allá dentro. Válgame Dios! . Voces oigo de una mujer, quiera el Cielo, que haya vuelto en si Mauricia. Por la otra puerta saldremos (pues te dio todas las llaves Basilio) fuera del Templo, porque si acaso Mauticia, como lo ves, en si ha vuelto, al verse entre los sepulcros, no vuelva a rendirse al riesgo. Volviendo va del desmayo. Ya abiertas las puertas tengo, que a las deshechas ruinas salen del Palacio viejo. Vamos, amigo Leonido. Ya a la fortuna no temo. Qué suceso tan dichoso! A cerrar las puertas vuelvo, pues que ya estamos seguros. Dios me valga! qué es aquesto? qué ilusiones, qué fantasmas, qué horrores, qué debaneos, qué idéas, qué fantasías son los prodigios que veo? Yo no estaba no ha un instante entre el aplauso opulento del festejo de mis glorias, dándole al campo festejos? pues qué mudanza es aquesta? tanto han podido los tiempos, que en un instante abreviaron los largos siglos de un Cetro? Esto, Mauricia, esto es, señora, el poder violento de un tirano, este el aplauso, que Juan Jacobo os ha hecho: Él fue el cocodrilo astuto, él fue el áspid encubierto, él fue la vívora hinchada, él el basilisco fiero, que os abrasó con los ojos, que os brindó con el veneno, que os mordió entre lo florido, que os hechizó entre los ecos: Y yo, humilde vasallo, que os veneró siempre atento, que os quiso siempre constante, que os miró siempre halagüeño, y en fin, quien muerta os da vida: mas aunque niño pequeño, Amor es Dios, y en el mundo obra milagros de afectos. Aquién, primo, sino a vos:- No prosigas, que no quiero, que me agradezcáis, señora, en otro amor mis deseos; como yo por mí os adoro, yo por mí he de mereceros, que quien tan propio le goza, no busca el mérito ajeno. Ludóvico está aquí vivo, vuestro primo el Conde es muerto, Labrador pretendo altivo, y amo cortés Caballero: de los dos tengo las señas, y sangre de entrambos tengo, y la fe con que os adoro, vale por mil, vive el Cielo. Qué no eres el Conde? . No. Y eres Ludovico? . Es cierto. Pues si no el Conde: . Qué dices? Serás villano. . Eso niego. Pues quién eres? . Soy tu primo. Sin ser el Conde? . Sin serlo. Quién lo asegura? . Tus firmas. Adónde están? . En mi pecho. Quién te las dio? . Mi ventura. Y quién las guarda? . Mi afecto. Quién me dio vida? . Mis ansias. Quién te obligó? . Tu respeto. Y no eres el Cónde? . No. Pues qué es del Conde? Ya es muerto. Y en fin, no hay más Ludovico que tú ya? . Yo solo heredo, por mi valor, los blasones de su ilustre nacimiento: Juan Jacobo mató al Conde, yo sus vestidos resuelto tomé, donde los papeles, que son tuyos, aunque ajenos, admitiéndolos por míos, mi esperanza entretuvieron: Dígalo en mí tu retrato, y el suyo de él en mi aspecto fue disculpa, que de entrambos adorar basta los hierros. Mil veces favorecido estoy de ti; y aunque fueron burlas las tuyas, las mías verdades son de mi pecho. Yo soy señora, el villano, que elegido Rey por juego, por el viento la Corona me arrojó un Águila al suelo; yo soy quien aquesta misma Corona te ofrecí atento dos veces, viva la una, y otra ahora, que del riesgo mortal, te he sacado libre; y en fin, yo soy, fuera de esto, tan tu primo hermano, como Ludóvico el Conde muerto: dígalo Demetrio ahora. Pues me llamaste Demetrio, todo es verdad cuanto dices, admiración cuanto veo: Tus dos primos, gran Señora, que oído habrás, que murieron cuando niños, Juan Jacobo los quiso matar soberbio, y yo los libré leal: Ludóvico es uno de ellos, que hermano del muerto Conde, por mi lealtad, ya es tu dueño; y aquel jaspe embalsamado, que a dos Ángeles da incienso: ti advertí, que mirases, cuando entramos::- Bien me acuerdo. Deposita en mis dos hijos las lealtades de mi pecho: Aquí Leopoldo, y Lisarda yacen, dice el Mausoleo, y los dos viven a costa de mis dos hijos pequeños. Dame los brazos, Leopoldo, que ya te lloraba muerto, y segunda vez mis hijos te dan la vida en su entierro. Y vos, señora, las plantas, que por mi lealtad merezco, pues muerto ya Ludovico, vivo a Ludóvico os vuelvo. Vamos de aquí, Ludovico, que tan notables sucesos, cuanto me admiran pasados, dan que temer venideros. En la Aldea con Leonido podéis vivir de secreto, hasta que todos Leopoldo me llamen, y a él Demetrio; pero decidme, en qué estado queda mi amor? . En el mismo que estaba con Ludovico, y aún más allá de su afecto, que a quien le debo la vida, también el alma le debo. Pues a matar al tirano. Pues a volveros al Cetro. Vivan Mauricia, y Leopoldo. Vivan su amor, y mi afecto. Muera el alevoso, y vivan los leales, porque a un tiempo den a unos dichas, mis lados, y a otros sus hados, tormentos. TER RNADA

JORNADA TERCERA

Qué ay, Almirante? No he hallado, por más que lo examiné, ni el menor indicio, que nadie al Conde haya culpado. Al Villano has de decir, Basilio, si no pretendes, al lado de quien defiendes, hoy a mi enojo morir. Como aún no está declarada la verdad, que busco en vano, temo, al llamarle villaro, la indignación de su espada: que si a ti te han engañado, y él es mi Duque, y Señor, he de ultrajarle traidor, cuando te obedezca honrado? Ya en este imperio en rigor, no hay más lealtad, que mi ley. Si ese Villano no es Rey, quién te niega por Señor? Mas como se ha de probar, que verdad la traición sea, si no he dejado en la Aldea hombre por examinar? y desde el pobre, hasta el rico, dicen en aquel Lugar, que ellos vieron enterrar al villano Ludovico. Volví a la Corte, y secreto los Grandes llevé conmigo, y del intento que sigo, señor, llegando al efecto, acaso en conversación varias materias tratamos de estado, y todos le hallamos tan conforme a la razón, que sin temer el intento él, ni errar los tres el modo, nos satisfizo de todo con valor, y entendimiento; y más (que apretando el caso) de las guerras de Alemania tratando, y de las de Albanía, pensando cogerle acaso; y en ellas tal relación de todas dio en la noticia por cartas, que sin malicia nos dejó en más confusión: Según lo cual, imagino, en defensa de su honor, que ofendido algún traidor, traidor hace a tu sobrino. De que mi sobrino llames a un traidor, me ofendo así, que llego a temer de ti, que en su defensa te infames. Perdona, que aquesto ha sido darte aquí mi parecer, y el honrarle (sin temer a un tirano enfurecido) ha sido en fidelidad de su aplauso, y mi obediencia, en él, fe de la inocencia, lustre en mí, de la lealtad. Vive Dios, que me desvela, mas que imaginé, el villano! mas ya mi intento tirano ha dado en otra cautela. Ahora, Basilio, a este aleve rústico, que introducido en el Conde, hoy fementido a tanta empresa se atreve, he de hacer que se condene de mí, a él. . Si eso es así, muera el alevoso allí. Pues el prevenir conviene a los jueces. Llamarelos al punto. Con ellos fiel, detrás de aqueste cancel confirmaréis mis recelos, que como Príncipe a veces, suele hablarme aquí el villano. Yo voy: (plegue a Dios, tirano, . que el castigo que mereces te dé el Cielo.) . Espera; di, qué ay de esa Villana hermosa? Tan esquiva, y desdeñosa respondió, como hasta aquí. La primer mujer ha sido, que respondió sin agrado a un Príncipe enamorado, que se le muestra rendido. Mueras primero a mis manos, que logres tu amor cruel. Ella vana, altivo él, han puesto estos dos hermanos en duda mi tiranía; pues él opuesto a mi honor, y ella contraria a mi amor, hacen temblar mi osadía: Y lo que más desespera es, que todo se ha creído cuanto hasta hoy he fingido, como si engaño no fuera; y hoy, que en decir que es villano este aleve a quien persigo, lo cierto del caso digo, el crédito busco en vano; y castigo es rigoroso del desengaño severo, no creerle verdadero al que ha sido mentiroso. Ir adelante no puedo, que de haber hasta aquí entrado, un tanto cuanto enturbiado estó, mas qué me da miedo? Mandome, si he de decillo, hoy Dionisia, que viniese a Palacio, y que le diese este papel a Basilio; y a fe, que tal no llevara, si lla Llabradora nueva, que brando como una breva me trae, no me llo mandara: De ella el llama se valió, y hue fuerza obedecerla, que malajo para ella, si no lo quijera yo: llos cascos me tientan llocos, que al mirarla con la aljaba, si no se me cay la baba, me suelo sorber llos mocos: más pardios no me da pena, que aunque casado me halla, esta noche para amalla josticia haré de Filena. Mas donde hallaré a Basilio, que temo dar con el lobo del marrajo Juan Jacobo? Dónde vais? . Si él llegó a oírlo, no hay son paciencia, y morirme. Dónde vais? . A confesarme, que por si mandáis matarme, yo quijera prevenirme. No os turbéis, llegaos a mí. Ya estó metido en la red: JesoCristo mío, tened misericordia de mí. Qué papel es ese? . Puedo decir, pues llego a turbarme, que es, señor, para limpiarme lo que me ha ensuciado el miedo. A quién le traes? . A un señor. Ese papel de quién es? Pienso que es para Basillo. De quién es? . No he de decirlo. Suelta, y dilo. . No señor, porque si Dionisia sabe que no se le dejé a él, y que la nombré, cruel temo que conmigo acabe. Señor, no te dé cuidado, que ese tirano me quiera, que en Dios todo el mundo espera verle presto castigado: muchas cosas hay que hablar, en la fuente aguardaré del prado, donde estaré cuando el Sol se vaya al mar, verás una prima mía, tan parecida a lo muerta Duquesa, que nos despierta sus memorias cada día. No le faltaba a la empresa, que sigue mi acción tirana, mas que ver otra villana parecida a la Duquesa. Dime tú, qué Labradora es la que ahora ha venido? No sé quién es, prima ha sido del alma, que es con quien mora; y a fe, que me dio en la nuca luego al punto que la oí, que cosa en mi vida vi más parecida a la Duca. Ni un resplandor no la quita de la cabeza a los pies, todos dicen que ella es, según es lo que la imita; habra grave, y anda tiesa, y yo que estó enamorado de ella (si a fe mía) he dado en llamalla la Duquesa. Calla, villano: mas ya viene el Almirante allí; vete, y a Dionisia di, que a verla Basilio irá esta tarde. . Según eso, le dará la carta a él. Luego le daré el papel. Las patas, señor, le beso, porque me quito el trabajo, y voyme presto, no sea, si se enoja, que a la Aldea me emvie por el atajo. Yo esta tarde disfrazado de averiguar necesito, si más que amor es delito, del Almirante el cuidado. Ya los dos Jueces, señor, como me mandaste, están a tu mandado. . Hoy verán las cautelas de un traidor. Todos, señor, deseamos verte coronado a ti. Si es lo que dices así. todos por Rey te esperamos. Aunque rendidos están . delante de su presencia, más es temor que obediencia, más es lisonja, que afán. Los despachos que ordené, son esos? . Gran señor, sí; has de firmarlos aquí? No, luego los firmaré; y tratad de recataros, porque Ludovico viene, y el convencerle conviene para haber de aseguraros: Mas ya pienso que os vio; (aquesto . finjo, por si acaso niega lo que intentó) más ya llega, no importa: recataos presto. Vamos. Aunque no he podido prevenirlo, temo en vano, que a este tengo por tirano, como a aquel por bien nacido. No es posible que me niegue lo que intento que me diga, que ha de convencerle ahora la verdad con mis mentiras. Ya le he avisado a Demetrio, que luego que pase el día venga a verme con Lisarda, dejando en casa a Mauricia: que pues él tiene guardadas de Juan Jacobo las firmas, que de la muerte de entrambos el vil mandato atestiguan, por los testigos que tengo dispuestos, reconocidas, y reconocido de ellos Demetrio, por su noticia, declarando de Jacobo todas las alevosías, le he de hacer prender, y luego venga a juzgarle Mauricia. Ludovico? . Juan Jacobo? Con qué altivez que me mira! Corrido estoy vive el Cielo, de verle opuesto a mis dichas. Qué miráis? . Que no nos oiga nadie; porque ya, que altiva vuestra presunción villana, a tan grande intento aspira, no quisiera, vive el Cielo, que ya la verdad sabida, pereciesen con infamia los bríos, que os acreditan. No os entiendo. No os deis tanto a esa turbación precisa, y dadme atención, que luego yo os oiré a vos con la misma. La fortuna es una causa tan contingente, que guía, por los accidentes raros, la elección que la conquista: esta, en los altivos pechos, que humildemente se crían, revienta, bien así como del fuego encubierta mina. Bien sabéis, que sois villano, y que en fe de la osadía, que os mueve a imposibles cosas, por el valor que os incita, parecido a mi sobrino el Conde, muerto a las iras de algún traidor, que alevoso oye atento lo que admira: (con esto ánimo el engaño) los vestidos que traía os pusisteis; y en fe de ellos, quien duda, que vos seríais, quien por quedar solo al Cetro disteis la muerte a Mauricia? Recelos ay, que lo aplauden, testigos, que lo confirman, sucesos, que lo lamentan, y fama, que lo acreditan. No puedo hacer más por vos, por vos, por la bizarría que he visto en vuestras acciones, que a piedad mueven las mías. No puedo hacer más por vos, que encaminar vuestras dichas por otra parte, ayudándoos a que os vais a otra Provincia; allí donde no os conozcan podéis emplear activa la fortuna, que os arrastra, atado a su rueda esquiva. Veinte mil doblas de oro os tengo ya prevenidas, para que podáis con ellas probar ascendencias limpias; que no seréis el primero, que han ensalzado las Indias, que al navegar por sus aguas lavan sus manchas antiguas; idos antes que Moscovia me adore en su Regia Silla, porque una vez coronado, fuerza será hacer justicia. Si él confiesa, atrevimiento fue notable. . En su osadía morirá. . Yo en Dios espero ver su lealtad aplaudida. Si en lo que soy no me hallara, . de quien fui tan nuevo enigma, venciérame la cautela, que inventó su tiranía: Juan Jácobo. . Qué decís? Qué soberbiamente fija su esperanza en sus cautelas, que hoy ha de ver desmentidas! Qué miráis? . Quisiera atento recatarme a mi voz misma, que aunque he de decir verdades, nadie gustará de oírlas, que hay verdades en el hecho tan viles, y tan indignas, que a poder no ser verdades, fuera mejor ser mentiras. Cebado a la luz del oro, y amedrentado a mis iras, a confesar que es villano sin duda se determina; y aunque niegue lo demás, no importa, que quien lo mira con la justicia en mi mano, de un engaño el otro indicia. El Hado es un orden cierto de segundas causas guía, por quien infalible obra la Providencia Divina. Juan Jácobo, hablemos claros, grande mal os profetiza sujeto al Hado que os pierde hoy vuestra estrella enemiga: Que vestido, qué villano, que traición, qué alevosía, qué cautela, vive el Cielo, que a no mirar advertida mi atención, que os debe el alma la crianza de la vida, que aquí os la quitara ahora, bebiendo en su sangre viva ese ponzoñoso aliento, que dio la muerte a mi prima. Bueno es haberla vos muerto, mandándome con malicia, que un veneno previniese, porque importaba a Mauricia matar con él a un traidor:- Qué escucho! . Rara injusticia! Traición grande! Mucho importa ya no perderlos de vista. Y bueno es haberla dado vos veneno en la comida, haciéndome a mi instrumento de una acción tan fementida? Qué decís? estáis en vos? No os turbe la alevosía, sino tratad de ausentaros antes que el Laurel me ciña la frente; porque aunque ahora, Tío, el respeto me obliga de deberos la crianza, una vez puesto en la Silla, no es posible perdonaros; porque si obra compasiva la sangre aquí, rigorosa obrará allí la justicia, y el último parasismo dará el Hado en vos, que ha días, que está dando boqueadas, temiendo aquesta justicia. Que esto sufro! Vive el Cielo::- Esto importa. No prosigan los sentimientos ahora, callar es cosa precisa hasta después. El Villano sobre mi estrella domina; sin alma estoy! qué queréis? Que vuestra Alteza se sirva de firmar estos despachos. Dad acá si corren prisa. Estos son. . Viven los Cielos, que una traza el alma arvitria, con que a pesar de su engaño conozcan su villanía. Sobrino, aquestos despachos, muerta una vez mi sobrina, a vuestra Alteza le toca firmarlos. Qué conocida está su intención tirana, y qué en duda mi osadía! que aunque parecido en todo soy al Conde, no en la firma, con que intenta Juan Jacobo dar por verdad sus mentiras. A qué aguarda vuestra Alteza? Cuáles son? (Oh como aviva . los aprietos al discurso!) Estos son. Ya echo las firmas. Amigos, y confidentes, mirad si cuando venía temí con razón que os viese, sin duda visto os había el villano que alevoso me culpó en lo que me indicia; mas en sus firmas veréis ahora las lealtades mías, y aunque se parece al Conde, no son del Conde las firmas. Ya están, Canciller, firmados: Tío, oíd. . Veamos las firmas. No es del Conde. Y este pliego dice así: . Mi industria viva. Yo soy Ludóvico, primo de la Duquesa Mauticia, secreto; que Juan Jacobo es traidor, y ella está viva: prendedme en Palacio luego, y echad la culpa a la firma, que porque no se nos vaya, finjo en aquesta la mía. Notable caso! . El secreto es menester. . Siempre fina se os mostrará mi obediencia. Guardeos Dios. . Y él os dé vida: desde aquí quiero escucharlos, Qué hay, amigos? Tu malicia es verdad, no es el Conde. Albricias, cautela, albricias. Las firmas lo han declarado. Y son las que me acreditan. Pues muera el aleve. Muera:- (Jacobo, y el Conde viva.) Bien el arvitrio me sale. Preso esté en su sala misma hasta que por la mañana todo el delito se escriba. Ya soy Duque de Moscovia. Cuánto ocasiona la envidia! Cuánto puede la lealtad! Y a cuanto el amor obliga! A solas mi voluntad, cuando a estos campos asiste, se consuela, que es del triste consuelo la soledad; en ella la amenidad de estas selvas me divierte, donde atendiendo a la suerte de que ayer me vi rendida, aunque es penosa esta vida, es mejor que aquella muerte. Solo agradecer quisiera el amor de Ludovico, que aunque muerto le público, vivo el alma le venera; y así, pues retrato era del vivo el muerto, yo trato de amar al vivo a quien grato mi afecto ofrece indeciso, en memoria de que quiso toda el alma su retrato. En tu busca, prima mía, por una, y por otra parte, claro está, que había de hallarte en el campo al fin del día; que como la noche fría llega, y la flor se entristece, pisándola tú, parece, que vuelve a nacer la flor, que a falta de resplandor del Sol, a su sombra crece. En este campo murió nuestra Duquesa infeliz, y una Prima tan feliz hoy en él resucitó: tan viva el Cielo copió su imagen en tu persona, que el pelo que te corona cuando mirándole estoy, pienso que es corona, y voy a adorarte la corona: Ah si un hermano viviera, que tuve yo, a quien tirano mató algún traidor, qué ufano, Prima, de verte estuviera! porque quiso de manera a la infeliz con fe altiva, que mirando cuanto aviva tu rostro en su hermosa cara, sin duda se consolara de la muerta con la viva. Aunque sea fantasía, plegue a Dios, que yo te vea coronada en el Aldea, como a él le vi algún día; y así, si el Cielo te envía la corona como a él, recíbela siempre fiel, que no te la quitará Ludóvico, que amará su retrato en su Laurel. Allí está la mi Serrana, que cuando el Sol baja al valle, al mirarla se retira de celoso, u de cobarde; habrando está con Dionisia: válgame Dios! quien el aire juera, que entre sus dos ecos ámbar masca entre cristales! Tembrando a habrarla me llego; mas quien no tiembra, Zagales, cuando sin alma se mira, de llegarse a hablar a un Ángel? Mogiganga, presto has vuelto. Es, que en volandas me trae aquel mochacho con allás, que es ciego a nativitate. Y qué nuevas de la Corte has traído? . Al que es amante que el alma firme le vuelve, no le agradan novedades; pero en fin, traigo a las Primas memorias de dos calanes; a ti, del galán Basilio, que vendrá a verte esta tarde, donde dices que le esperas: logre Amor estas Deidades: del Villano Mogiganga traigo otro a ti de mi parte, que haciendo letras las flores, te escribe en estas amante: Recibe las copras, que un grande amigo estodiante me las hizo en quince días, pienso que ayer por la tarde. Así el Villano entretiene mis melancolías. . Haz, Dionisia, así Dios te ayude, con tu parienta mis partes. Qué quieres? . Casar con ella. Y Filena? . Vivorciarme quiere, y yo no se lo impido. Todo aqueso es disparate, aún si casado no fueras. Hay más de matarla de hambre, o acusarla de coneja, que a cada tres meses pare? Cómo tan tarde, y tan solas en el campo? Tio? . Padre? norabuena a nuestros ojos gangáis con bien. . Dios os guarde: O, como premian los Cielos a la vejez mis lealtades, cuando me llaman dos Reinas, una Tio, y otra Padre! Hijas, todas las fortunas, así en bienes, como en males; tienen fin, porque en ningunos río son ningunas constantes: Ludóvico, que heredero es de aqueste Imperio grande, (que viva en tu compañía, gran Señora, eternidades) me ha mandado, mi Dionisia, por sus cartas esta tarde, que a Palacio aquesta noche te lleve; y aunque ignorante estoy de lo que nos quiere, no tienes que temer antes, por si acaso mi discurso hoy verdadero me sale, acuérdate que has vivido siempre al lado de tu Padre, que está viejo, y necesita hoy, que tu lado le ampare; esto ordena Ludóvico, . . y que sin mudar de traje, como ya me ha prevenido, conmigo los memoriales lleve, que de Juan Jacobo las traiciones desbaraten. Ya penetro sus intentos. También mandó, que dejase en la Aldea a vuestra Alteza, por si no sucede el lance, como piensa, aquesta noche; que si sucede, es muy fácil el volver por vuestra Alteza, pues tan cerca está este Valle de la Corte. . Bien lo mira; idos, pues, no se haga tarde. Mucho, señor, ofendiste mi lealtad, si imaginaste, que en cuanto viva Dionisia no ha de servir a su Padre. Mas a qué a la Corte ahora? No es posible él dilatarse, después lo sabrás: Vosotros oídme. Escucha tu anarte . Prima, un galán que me quiere. vendrá esta noche constante a hablarme como otras veces; de esta fuente junto al margen aguárdale, y en mi nombre me disculpa, pues que sabes, que esperarle es imposible. Bien está. . Seguro parte de que en servir tu sobrina ninguno ha de descuidarse. Y más yo, que por sus ojos ando ciego. . Dios os guarde; sobrina, adiós, vamos, hija. Si voy muerta, Dios lo sabe. Y Dios sabe lo que temo ( 2. que suceda algún desastre, que empeoré mi fortuna: Cual es la fuente, Zagales, del Prado? . Aquesta que miras. Cuantas veces en su margen le di el alma en mis deseos al triste que muerto yace! Sentémonos en su orilla, y este disfraz me repare de que nadie me conozca. Ya que no nos oye nadie, Filena, di, cuando tratas de acabar de vivorciarte? Pues qué prisa corre ahora? Es que quijera casarme con otra que es más bonita, y así, descásate, o dame la palabra de morirte, que yo la doy de enterrarte lo más presto que pudiere, y de decirte cabales nueve Misas de salud, sin que un responso te falte. 1. Esta es la fuente, y es ella por las señas. . 2. No repares en nada, que ya Jacobo es Rey, y hemos de agradarle en todo, aunque injusto sea. Gente viene hacia esta parte, quiero llegarmé hacia ellos, por si alguno llega a hablarme. 1. Dionisia? . Esperando estaba junto a la fuente. . 2. No hables mas, sino ven con nosotros. Ay de mí! Qué es lo que haces, que no vas a defenderla? Ah Leonido. . 1. No le llames, que no podrá defenderte. Vamos todos a avisarle, que nosotros no es posible librarla sin que nos maten. Vamos presto, Mogiganga. Serranos, aquí del Valle, que se han atrevido al Cielo, ppues llevan robado a un Ángel. Esta es la cuadra donde ese rústico audaz la muerte espera, por más que en su fortuna confiado quiso oponerse a mi ambición severa, dormido en una silla recostado la muerte ensaya, que le aguada fiera, si no es ya que inocente en sí se fía, durmiendo desmentir mi tiranía. Leopoldo, que te matan. Válgame Dios! qué miro? Qué divina, en cuanto informe deidad oculta, le asiste a este peregrino joven? Imagen de Ludóvico, animado el muerto joven le defiende, y me amenaza, le asegura, y se me opone; llamole Leopoldo, y ciego me ofuscan ya más temores, cuando a la memoria trae tan grande insulto su nombre. Asombrome vengativo, y amoroso despertole, y otra vez en una idéa su trágica luz se opone. El mozo, sin alterarse, se asegura, y se compone; si el ha visto lo que he visto, sangre le alienta más noble. Oh qué ocasión he perdido! que el Canciller, y los hombres, que le guardan, mas adentro le han entrado, qué temores me asombran, y sobresaltan, cuando advierto en mis errores, que tras tu ciego apetito tan desenfrenado corres, que aún los estorbos del Cielo inútiles se te oponen? Detén la violencia bruta, para el espíritu indócil, y logra el aviso antes, que en ti se ejecute el golpe. Mas qué es esto? yo me rindo a las vanas ilusiones, que en resueltas sombras viven imágenes de la noche? Sin mí estoy! ola, criados. ici 1. Ya obedientes te responden, trayéndote la Villana, que sin resistencia goces. La voz en el pecho apenas puedo alentar. . 2. No te estorbe nuestra presencia a tu gusto: vamos. 1. Qué acción tan enorme! En vano a piedad me mueve . el Cielo con sus horrores, que el hado a fuerza de estrellas violentar puede a los hombres. Sin razón inquieta el alma, . teme el riesgo en que se pone, que aquesta es causa del Cielo, y él me ha de dar sus favores. Por más que una sombra incierta me amedrente y me acongoje, si preso el Villano está. muerta es Mauricia, y el Conde. Qué hado puede haber tan ciego, que del Reino, me despoje, cuando esperar mis vasallos, que mañana me corone: A c losan menida. afuera, varos temores, que en riesgos imaginados me irritáis dándome voces. Y tú, resuelta Villana, que riacida en panos pobres desprecias púrpuras ricas, que mis afectos te adornen, hermana de mi enemigo, porque otra vez no desdores la majestad con desdenes; hoy a mi apetito indócil rendida, aunque más me muevas, cuando amorosa solloces, he de forzar tu albedrío, y he de violar tus honores. Válgame Dios, y qué aprieto! tente, y advierte:- No invoques mi piedad, sino descubre, para que más me ocasiones, el rostro. . Detente, aguarda, monstruo fiero en lugar de hombre, si no suelta la espada, que me ampare, y te destroce. Cielos, no es esta Mauticia? Suspende el airado estoque, vivo imán, que de mis hierros eres ya sagrado norte; si yo te quité la vida, traidor fui, no te provoques contra un rendido, pues eres Deidad Sacra de otro Orbe. Morirás, pues alevoso hoy asegundas el golpe, que erraste contra mi vida, que con alma aquí te asombre. Pero si ya la Duquesa muerta por mi vace, donde ya convertida en cemre mancha la púrpura nobre, qué animada sombre es esta? Mas porque más me acongoje, los que fueron por Dionisia se han errado con la oche, y han traído a la Villana, que en su billete supone Dionisia, que es parecida a Mauricia en sus facciones: es sin duda Vive el Cielo que he de matarla, aunque intoque todo el mundo en su defensa. Denan núbico. Vasallos. Allí da voces la Duquesa. . Quién te puedes defender? Lealtades nobles. Quedo, que anda brava zurra: escucha, y no te alborotes. Qué es esto, vasallos míos? Nadie obedece a trayo re cuando los vasallos tienen tan legitimos Señores. Leopoido soy. Yo Lisarda. Yo Demetrio. Y tus traiciones, Jácobo, se averiguaron. A pesar de mis rigores:- . Matémosle, que es injusta la piedad con los traidores. Hiciéronme desdichado los hados, siempre feroces. Ven, Filena. . Adónde? A darle no más de con un garrote. Vasallos, no hay que irritaros, Suspended la furia noble, que antes que muera, es preciso que confiese lo que oye en justicia, porque el Reino quede en mí sin opiniones. Ya envuelto queda en su sangre, Deja esos vanos temores: cuando yo te doy la mano, nadie duda en tus renombres. Y a Demetrio, y a Basilio dichosos mis lados honren: Basilio, dando la mano a Lisarda por lo noble que ha estado siempre a mi lado; y Demetrio, ufano goce cuantos cargos a mi Tío le quitan por sus traiciones, y a mi lado le obedezcan todos, como a mí. . Mayores premios no tienes que darme. Ni a mi más supremos dones: en mi tendréis un esclavo. En mí quien siempre os adore. Siempre el traidor para en esto, Noble el Senado perdone, que los Hados, y los Lados son bien, y mal de los hombres,