Texto digital de La gitanilla
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Pérez de Montalbán
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La gitanilla. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/gitanilla-la.

LA GITANILLA
Seas, Julio, bienvenido. Dame, señor, mil abrazos, de mi amor preciosos lazos, pues hallarte he merecido. Cuándo llegaste? . Hoy llegué tan cansado, y tan mohíno de una mula que en mi vino; y que mi desdicha fue, que a no hallarte, y despicado mi enojo con tu presencia, rematado de paciencia, me hubiera desesperado. Notable encaretimiento. Es por demás advertirlo, que una cosa es el sentirlo, y otra pasar el tormento. A quien no volviera loco ver su prisa perezosa, porque tarda, y presurosa trota mucho, y auda poco? Pues si la vieras, es tal, y tan larga, que según su mucha largueza, es un Alejandro irracional. Con más cansancio llegara, y no llegara primero, si en las leguas caballero por la mula caminara. Mas burlas echando a un lado, bien sabes que yo contigo junto lealtades de amigo a obediencias de criado. Ya de tus sucesos cuenta puedes darme, que en mí tienes quien se alegre, si son bienes, y si males, quien los sienta. Vine a la Corte, bien sabes a que. . Sé qué obedeciendo a tu padre, te partiste, a pesar de tus deseos, de la insigne Salamanca, donde has estado aprendiendo seis meses bellaquerías, socapa de unos derechos. Sé que desde nuestra patria Sevilla, tu padre (atento, como el dice, a tu quietud) ha tratado en este tiempo de casarte en esta Corte con doña Isabel de Ouiedo tu prima, cuyo retrato (preñez entonces de un pliego) es ese pobre olvidado; que ocupa ahora tu pecho. Iten sé, que tú, agraviando del retrato lo perfecto, diste en no agradarte de él, y te saliste con ello. Volvió tu padre a escribirte mil cartas, y sus consejos, disimulando violencias, se pasaron a preceptos. Resolvístete avenir a la Corte, con intento de no agradar a tu esposa, o ya tibio, o ya travieso, para que mientras llegaba la dispensación; su pecho disponiendo poco a poco fuese el arrepentimiento. A esto, de Salamanca saliste, haura mes y medio, con don Enrique tu amigo, que obligado de tus ruegos. se resolvió a acompañarte hasta el fin de este suceso, y yo quedé a enviar la ropa, donde he gastado este tiempo en sacar de nuestras trampas a los que en ellas cayeron. Llegué pues, Julio, a esta Corte ay de mí, pluviera al cielo. Deja las exclamaciones. para ripios de los versos, y prosigue, que me tienen tus suspiros tan suspenso, que es de mis propias orejas pendiente todo mi cuerpo. El día pues que llegué, de un milagro, de un portento fue digna ponderación mi dichoso cautiverio. Vi una Gitanilla; ay Julio, no culpes mi bajo empleo, porque ya la tiene el alma por su generoso dueño. Una Gitanilla, en quien con novedades lo bello, con prodigios lo bizarro; con milagros lo perfecto, me detuvieron curioso, vine de curioso a atento, de atento pase a inclinado, de inclinado llegué a ciego, tan brevemente, que fue verla, y empeñarme a un tiempo; y aún sus méritos juzgaron que tardaba en el empeño. Inmóvil quedé al mirarla, y alguno al verme tan quieto, sosegada a la atención juzgó en mi divertimiento: y era que quiso el amor, por suavizar el veneno, que viniese la inquietud disfrazada en el sosiego. Rendido pues llegué a hablarla, y lo entendido, y discreto, en lo que abrasó lo hermoso, quiso renovar incendios. Y como de su hermosura lo halló todo tan sujeto, no tuvo ya que vencer mas triunfo su entendimiento. Dilaté el ver a mi prima, para servir más atento a mi Gitana, mas siempre me mostraron sus desprecios unos hontados desvíos, unos desenfados cuerdos, unos rigores afables, y unos desdenes risueños. Yo pues viéndome empeñado en tanto amor, previniendo que doña Isabel mi prima había de echarme menos, y que podía escribir mi falta a mi padre, haciendo que su venida, y su enojo interrumpiesen mi intento, a don Enrique mi amigo, a quien en vínculo estrecho, desde los primeros años juntó la amistad, y el deudo, le pedí que con mi nombre, fuese a su casa, supuesto que mi prima, ni su hermano no me han visto, que teniendo para su abono las cartas de mi padre, el fingimiento era fácil, pues aunque mi padre vendrá, en viniendo la dispensación que esperan, está no vendrá tan presto, que le impida a mi esperanza el logro de sus desvelos. Díjele que por mi cuenta quedaba el fin de este enredo, y él sin atender a más que a mi gusto, y a mis ruegos, en todo me obedeció, después que de sus consejos despreciaron mis locuras prudentes advertimientos. Quince dias ha que Enrique con mi nombre está siguiendo mi engaño, y quince que solo de noche podemos vernos. Bien sé que puedes decirme que estoy loco, introduciendo en la casa de mi prima a quien con nombre de dueño su voluntad ocasione, pues para amantes empeños serán bastante ocasión el nombre, el trato, y el tiempo. Mas que disculpo, o que dudas, sino ignoras el intento con que vine, por librarme de ese aborrecido empleo, si aún libre no recelará ese daño, cuanto menos ahora que estoy de amante disculpadamente ciego? Qué mal llegaré a tener hoy de ese peligro miedo, si aún ocioso mi cuidado no consintiera recelo. Quedé seguro a servir a mi Gitanilla, y viendo mi afición y mi firmeza, con vivo airoso despejo, me dijo ayer, que en su traje, enamorado, y resuelto la siguiese, si quería agradarla, o no lo haciendo, que no me cansase más en su amor, y yo advirtiendo, que halla en causas de agradarla mi afición su mismo premio, hablé a su padre, que ya lo sabia, y atendiendo su interes, agradecido facilitó mis intentos. Hoy pues a dejar mi traje por el de Gitano vengo, ya, Julio, resuelto estoy, baste que diga resuelto, para que ya solo sirvan las réplicas, los remedios, de solicitar mi enojo, de somentar mis afectos, de provocar mi locura, de renovar mi tormento, de endurecer mi porfía, y de irritar mi deseo. Supuesto que de antubión, señor, sin llover, y seco, mis consejos menosprecias, hay más de qué engitanemos? ya en el arrabal estamos, cual de aquestos agujeros es portada del Palacio de esa deidad? . Calla necio, esta es su casa, y Preciosa la que ves. . Lo que yo veo es, que el nombre de tu dama tiene visos de epiteto. Él es, que hoy se ha de vestir de Gitano, y te prometo, Juanilla, que es muy galán, y aunque rigores le muestro. Di que le tienes amor, y no me andes por rodeos. Resuelto me tree, Preciosa, a ser tu esclavo, el amor, porque ha hecho tu valor la esclavitud generosa. Gitano soy ya por ti, que es, aunque poca firmeza, ofreceros mi nobleza la parte más noble en mí. Ya te obedezco, y aunque es en tan dichoso cuidado mi amor el interesado, si puede en un interes ser mérito la obediencia, hallarte agradable es justo, pues me ha traido tu gusto. No bastará mi licencia? yo gustar, donoso enfado, mal mi altivez conocéis, decir que le merecéis es no merecer mi agrado. Y si el confesar es justo que mi gusto os trae, yo siento, don Juan, que el merecimiento se viene a tener mi gusto. Verdad es, que os dije yo que esto hiciésedes por mí, mas eso fue, porque allí vuestro amor lo mereció. Y como mi resistencia obligada llegó a verlo, juzgo que con merecerlo me pediades licencia. Darla el decíroslo fue y aún con haber sido así, no digáis que yo os la di, sino que no os la negué. Mi amo está a su placer con la una, pues por Dios, que de esta vez con las dos me tengo de revolver. Que ya saben los tablados, (cuando me vean revuelto) que en ellos, a dueño vuelto, hay ganancia de criados. Ya culpo a mi pensamiento, por ver que en él mi afición no halló esta acción, si esta acción es parte de rendimiento. Tú fuiste, Preciosa bella, quien la acordó a mi cuidado, y a deuda de haberlo hallado es corta paga el hacerla. No hay si no llegar, y dalle? Pues a qué somos venidos? quisieras que con gemidos embarázara este valle, que de amor en testimonio a suspiros encendiera el aire, que más hiciera un regueldo del demonio? Gemidos no son razones, suspiros siempre son mudos: aún si gimiera en escudos, y suspirara en doblones, fuera; mas que luego diga un barbado: hay santos cielos, eso aún entre mis abuelos era moneda con liga. Ya no pueden esos tiros derribarnos, ni vencernos, también vino por los tiernos la baja de los suspiros. Ya solo damos azotes los zurdos y los maduros, también vivo por los duros la alzada de los garrotes. . Por Dios que he estado en un tris de obrar aqueste desdén. Pues lo habéis mirado bien, y ya resuelto venís, por mi padre voy; ven, Juana, conmigo. . Gustoso espero. Adiós pedante escudero. Adiós pidiente Gitana. Por Dios, que en viendo la suya la bellaca me envistió, pero entendíselas yo como muy hombre; la tuya, con despejo, y con donaire en amores trataría, mas vive Dios que la mía hiende una bolsa en el aire. Cómo con ella te fue? Ay Julio, loco me tiene. Oigan con lo que me viene, eso ya yo me lo sé. Mas ya que así te atropella, no sabríamos que tanto ha de durar el encanto de ser Gitanos por ella? Hasta lograr mi intención seguiremos este engaño. No será ello este año, porque es tal su condición, tan áspera, y tan mohina, que para hacer un desdén, se dejará querer bien de un niño de la dotrina. Lindo pájaro cogemos, Preciosilla le ha cazado. Bien lo merece preciosa, que es de hermosura un milagro. Y aún tan buena como él, que ya sabéis por el caso, que ella se juzga mi hija, y yo su padre me llamo. Don Juan bienvenido seas, en fin ya determinado a ser de los nuestros bienes. Vengo, amigos, deseando serviros con todas verás. (do Quién te acompaña? . . Un cria- que ha de estar conmigo; llega Julio. . Ya llego, y demando, con humildad, y obediencia, de este Convento al Prelado, que me examine, y admita a novicio de Gitano. No sé porque lo desdeñas, pues ya con excesos tantos su nobleza a tu humildad pudiera hablar obligado. Y aún tu pudieras dejar de ser bachillera, dando méritos a su nobleza, y a mi humildad desengaños. Noble es don Juan; mas lo noble no merece ser amado, lo amante en él es la parte que agradece mi recato. Humil de soy yo, y lo humilde (oh cuanto he sentido, o cuanto que me acuerdes que lo soy) en mi altivo desenfado, aunque negarlo no puedo, es modestia el confesarlo. Humilde, Juana, nací; a fiera ley de los hados, ya que agraviasteis mi ser, no conociera el agravio. Dierasme humilde también el alma, pues bien mirado, dar alma noble a un humilde, es un beneficio ingrato. Mas que es esto que enel mundo introducido dejaron nuestros padres? qué nobleza es esta, que ha siglos tantos que heredada califica? como del linaje claro se hace propio valor, si es ajeno el heredado? que es posible, que el nacer pueda hacer noblero humano error, porque ciego hiciste la nobleza hija del caso! Mas miente el mundo, yo puedo de mi espíritu bizarro hacer nobleza, a pesar de mi fortuna, y es llano, que será mayor mi gloria; que en el que llegó a lo alto, es ventaja de la hazaña el haber sido más bajo. De suerte, que mi señor se llama Andres, y yo Hernando, y hemos de hurtar, y callar, por los dos nombres yo paso; mas los dos verbos, por Dios que no los pase un balazo. El callar es una cosa mas difícil que otro tanto, porque ya me considero en un potro mal domado, en cuya caballeria me hacen que por debajo de la cuerda les confiese sin contrición mis pecados. Que yo no fío de mí en esto de hablar, un clavo, porque porros, y preguntas hacen al silencio handrajos. Pues díranme el hurtar, ya se me representa cuando llego, y hurto; y aunque piso muy paso, sienten mi paso. Sale una luz y tras ella, un viejo medio calzado con su espada, y luego dice: quién os? soy un hombre horado le raspondo; qué queréis? una limosna; de abajo no pidierais? no me oyeron; como no os oyeron hablo muy quédito cuando pido; este es ladrón, malos años; cierra esa puerta; señor: no me habléis desvergonzado; repara en mis prendas; esto es que en las mías reparo: y sin más ni más, después de haberme molido a palos, y de hacerse el viejo dueño de lo hurtado, y lo no hurtado, van por la justicia, y yo con el mucho miedo hago en los calzones aquello que un enfadoso en el bazo. Déjame encerrado, y luego por una ventana salgo con peligro a un corredor, de aqueste a un terrado paso, Y porque no se me vuelva en azotea el terrado, sin reparar salto; pero doy tal porrada del salto, que sin tener amor propio, me muero por mis pedazos. Yo se, Hernando, que lo haréis, No hagan de sus burlas caso, que en Julio, y en mi tendréis dos obedientes Gitanos. Por Dios, que me mueve a risa . el verme a mí tan hallado entre esta gente, el amor me rindió con modo extraño. Ya que esto ha de ser, dejemos estas burlas y tu Sancho trae aquellos dos vestidos que Andres Dias, y Juan Bravo, la noche que los prendieron en mi tancho se dejaron; para que Hernando, y Andres se vistan; tú, Diego, en tanto los desnuda, y lo que traen guarda, porque lo vendamos. De paz nos roban, por Dios, más vámonos desnudando. Que no saque esta fineza de ti si quiera un agrado. Ay Juana, que ya obligada, confieso que se ha templado. Mas que es aquello que ahora se le cayó, y el criado a encubierto receloso? Tú tienes lindo cuidado. Qué es esto, Hernando, qué ocultas? No es nada, es un Relicario. Desgracia notable ha sido. Pues damele: Ah muchos años que dura, y tiene la cinta vieja, y el vítil quebrado, no le veas. Linda flema: mas qué es esto? . Es un retrato de una santa extravagante, muy devota de mi amo. Una dama es, que en el pecho tiene una cifra. . Oiga el diablo ya na reparado en las letras, Sin vida estoy. . Guarda Pablo que tal está la Gitana, y que cual está mi amo. Preciosa, advierte, que sí; mira; temo su rigor, desgracia fue de mi amor traer el retrato aquí; sabe el cielo que por ti: que mal disculparme quiero. En vano, don Juan, te espero en tu verdad disculpado; que quien comienza turbado, no acabará verdadero. Palabras te da violento tu aliento en esta disculpa; y tu voz, viendo tu culpa; tropieza en tú mismo aliento: al más efectado acento falta la disposición; y aún tu misma turbación mal pronunciada te , porque no hay palabra en ti que se atreva a ser razón. Sosiega el aliento, y mira, que en vano a mentir te atreves, pues a tu voz no le debes aún entera una mentira. Mal la turbación te admira; que ocasiona mi lealtad, no solo la falsedad a turbar la lengua viene, que también en ella tiene sus peligros la verdad. Ese retrato parece que de mí quiso vengarse, o fue el caerse apartarse del pecho que le aborrece. Y esa disculpa merece otro enojo; mas bien vi, que de ti se apartó aquí; mas tú que le aborrecías, en el pecho le traías, por apartarle de ti? a don Juan. . . Descuido fue, porque Julio. . No prosigas a más, don Juan, que me obligas con descuidos de tu fe; como si tu culpa sé, a más furor no me incito? como tu disculpa admito, si es ofensa la disculpa? y que espero, si una culpa disculpas con un delito? Por Dios, que el diablo anda listo. Todo ha sucedido mal. Vamos Juana; voy mortal, o quien no lo hubiera visto. Tente, mira. . Apártate. Tú no has de ir sin oírme. Pues bien, qué quieres decirme? ̱ Mi desdicha. . Ya la sé, quieres más? . que el desengaño veas. . No le he visto? . . No. Bien está esto se acabó. Y mi afición? . Y tu engaño? Mi amor verás. . Ya se que es el más falso. . . Es el mayor. Bueno estuviera el amor. (pues Después mi bien. . No hay des que ya no has de verme más. Pues he de perderte? . Sí; pero qué te importa a ti? Me importa él vivir. . no más pues no vinas; Juana vamos. Que así tu rigor me da la muerte? . Me cansas ya. Pues tú me. . Dirás que estamos pagados, don Juan, a diós, que ya lo sé. . . Iré tras ti. Oyes, no pases de aquí, que nos pesará a los dos. Ve tú también tras Preciosa. Dices bien, que no quisiera que tras don Juan se volviera, por verla tan rigurosa, porque es muy rico, y en esto gran interes solicito. Que un retrato tamañito nos haya ansi descompuesto, Pero Isabel es dichosa, que ha salido su retrato de las manos de un ingrato, y da en las de una celosa. Dos horas podrán tardar, don Pedro, nuestros criados ya quedaron avisados, que os habíais de apear en mi casa, y así en ella servido, amigo, estaréis este rato que podéis honrarla, y favorecerla. Está bien, que aunque deseo ver a mi hijo que está en esta Corte, porque ha seis meses que no le veo, como en la casa se hóspeda de mis sobrinos, no quiero verlos a ellos primero que venga mi gente, y pueda con alguna prevención ir a su casa, y es bien llevar conmigo también algunas cosas, que son precisas al casamiento, y vienen con mis criados: que aunque no están avisados mis sobrinos de este intento, porque no pensé venir hasta que también viviera la dispensación; como era fuerza después el partir, quise, por venir con vos, anticipar mi venida. Aunque fue acción bien debida a la amistad de los dos, de nuevo quedo obligado, y os prometo que deseo que en el acertado empleo de don Juan, vuestro cuidado halle alivio, pues es cierto; que en casamiento tan justo le ha de caber a mi gusto mucha parte del acierto. Porque también es mi amigo el hermano de Isabel, don Alonso, y solo es él de mi desgracia testigo, que hasta hoy me tuvo ausente de Madrid, como sabéis: mas ya es justo que tratéis, mientras llega vuestra gente, de descansar, que después los veréis. . . Hasta esta tarde no viene a importar que aguarde como decís. . Vamos pues. Tú tienes, señor, la culpa de estos riesgos. . Es verdad, mas si miro mi amistad, hallo en ella la disculpa. Don Juan aquí me ha enviado, y por su gusto he venido, y con su nombre he seguido el engaño que ha trazado, El riesgo no es de dudar, porque me tienen por él don Alonso y Isabel, y esto no puede durar. Él su deleite apetece, y a su gusto solo atento, aborrece el casamiento, porque a su prima aborrece. Yo que su rara hermosura mas sin pasión he mirado, del principio de un cuidado tengo el alma mal segura. Ella viendo mis tibiezas, nacidas de mi amistad, mi dormida voluntad despierta con sus finezas. Y ya conozco que estoy loco en no admitirlas viendo que en ello a don Juan no ofendo, ni falto en ello a quien soy. santes su aborrecimiento lisonjeo, y juzgo yo, que cuando don Juan me dio su nombre, tuvo este intento. Y así desde hoy sin temor he de amar, que en ello sigo el engaño de mi amigo, y sigo también mi amor. Mas no es don Alonso aquel? Don Juan. . Don Alonso amigo. Quedarme solo contigo deseaba, y Isabel me entretuvo? . Comenzaste a decirme tu afición, y por otra ocupación más precisa la dejaste; mas ya puedes proseguir. Escucha pues. . Ya deseo de ese encarecido empleo el nombre también oir, porque aquellas partes son muy raras en un sujeto. No debe nada, os prometo, su alabanza a mi pasión. Cuantos la ven han amado su rara beldad, y el que mas sin ambición la ve no se excusa de admirado. Yo sin juzgarlo fineza, al mirarla me rendí, tan prodiga anduvo allí con mis ojos su belleza. Ya se que habéis de admiraros, don Juan, si os digo que ha sido la hermosura que rendido acabo de exageraros, una Gitana. . Esta fue . a quien se rindió don Juan; en peor estado están las cosas que imaginé. Quién pudiera disuadirle de este amor. . . Don Juan, ya veo, que culparéis mi deseo, intentando corregirle con razones; pero bien sabéis la fuerza de amor. Bien conozco su rigor; pero conozco también, don Alonso, que pudiera templarle vuestra cordura, no es disculpa una hermosura de una voluntad ligera. El entendimiento es justo que moderé una pasión, y no dejar la elección toda en las manos del gusto. Una Gitana bastante empeño pienso que fuera, que deseoso os tuviera, mas no que os tuviera amante. Antes de verla confieso que era de vuestra opinión, y que en otro esta afición la tuviera por exceso. Mas todos eso decimos antes de amar, y después lo más disculpado es lo que más reprendimos. No hay discurso en la afición, antes nos llega a costar diligencia el excusar avisos de la razón. Pero veréis la Gitana, que yo he enviado por ella, porque ha deseado bella de mi informada mi hermana. Y entonces vuestro rigor templado con su hermosura, disculpando mi locura, calificará mi amor. Mas allí viene mi hermana; aquí podéis aguardar, mientras yo voy a tratar de que venga mi Gitana. Ella está aquí, no dilates, el hablarla. Amor, desde hoy no soy mío, tuyo soy, no como ajeno me trates. Don Juan. . Isabel hermosa, ya se hallaba mi atención sin tan bella ocupación, cansada de muy ociosa: la vista estaba ambiciosa de verte, y ella ha podido decir solo que he vivido al mirarte, porque en mí está después que te vi toda el alma en un sentido. Oyendo tu afecto ardiente sobre a cual más se ha de dar, entre el oir, y el mirar está el alma indiferente: pero como nuevamente llego a oirte enternecido, los ojos han recogido la atención con que te ven, porque su virtud también sirva al gozo del oído. Quince dias ha, don Juan, que veniste, y mis cuidados persuadidos, o enseñados. a ver tibiezas están: mas viene a ser dulce afán el que esperado se tarde un gusto, hasta que acobarde a la esperanza el temor, porque el bien llega mayor a quien le esperó cobarde. Los días que mi tibieza juzgas que ha gastado, son los que di a la admiración de mi dicha, y tu belleza: y así fue amor, fue fineza el callar, y es argumento de más vivo rendimiento, que está, cuando más callado, el amor más pronunciado de la voz del sentimiento. Luego con decirle mas de la fineza te alejas, mal cuando el silencio dejas. mérito al silencio das. Es verdad; pero ya estáo en recelos, y no es justo merecer yo a tu disgusto con callar, pues viene a ser el hablar, anteponer a mi mérito tu gusto. De suerte, señor galán, que queréis que diga yo porque razón os desprecio, linda pregunta, por Dios; dejaos de necias razones. Notable resolución, porque os vi, y vuestra hermosura la libertad me quitó. Por esa razón me amáis? pues yo os aborrezco a vos porque os vi, y vuestra fealdad la libertad me dejó. Que si puede una hermosura hacer violencia un amor, también puede una fealdad hacer un odio razón. Raro despejo! . No es costosísima pensión de una hermosura en amante, y más cuando todos son como don Juan? mas a mí que me importa? si el erró, su delito le castiga mucho más que mi rigor. Aquí tienes, Isabel, la Gitana que agravó mi alabanza mira hermana si el cielo en su perfección la inmensidad de sus dones lúcidamente abrevió. Rara hermosura! Muy corta fue vuestra exageración. Si yo fuera como todas, viendo que decís los dos que soy hermosa, dijera con eran disimulación: Usedes me hacen merced, que no lo merezco yo. Pero fuera necedad mentir en mi disfavor, y era desmentir el gusto de quien me favoreció. Porque hay mujer que muy falsa, al que hermola la llamó (cuando siente que es verdad) dice que es adusación. Y aquesto no es humildad, sino una loca ambición de que otra vez le repitan lo mismo que antes negó Y así a la hermosa que dice que es fea, la diera yo castigo, creyendo más que a su hermosura, a su voz. Cierto que tienes donaire. Mirando esta dama estoy, y me parece que ya la he visto otra vez, mas no se me acuerda donde fue, y sin saber la ocasión me parece que me importa el saber quien es. Mi amor crece en todas sus acciones. Confusa de verla estoy. Sabéis la buena ventura? Que Girana la ignoró? vaya de Gitanería, ea, manos a lavor. O que buena cara tienez, niña, bendígate Dioz, dame para hacer la cruz, porque irá la procesión descompuesta, si delante no va la cruz del Señor. Dale este doblón. . Bien dices, no será bueno un doblón? Lindo será como un oro, y si el tal fuere traidor es otro tanto oro, digo si caras tuviere dos. Hay galanaza, que ogicoz tienez, tan matantezzón, que los ha de recetar ci lo zabe algún doctor. Muchoz te quieren a ti, entre uno; y otro amador, como la ogica en el árbol, ce te anda el corazón. Triste del que maz te quiere, lo que padece el traidor, porque tiene ciete rayas de brueca como un león. Mas dejemos disparates, que solo el vulgo creyó, que si he de decir verdad, todas estas rayas son señales de que la mano muchas veces se cerró. Bien dices. . Mas que acerté, Donaire tienes, por Dios. Esto es verdad, lo demás solo ha sido introdución de nuestra codicia, pues juzgar que el hado dejó índice de sus secretos en la mano, es un error más llaño que cuantas palmas la simplicidad rayó. Y caso que fuera cierto el saberlo, juzgo yo que es excusado, porque lo previsto en esta acción, o ha de ser dicha, o desdicha, y si es dicha, lo mejor de ella es llegar ignorada, pues quien antes que llegó la supo, esperando alegre su dichosa posesión, el gozo de recibirle con la esperanza partió. Si es desdicha, quien la sabe antes de su ejecución; comienza a sentir el daño, padeciendo su rigor desde que le teme; pues a una desdicha el temor le dobla lo riguroso, y le aumenta lo veloz: así; que en dicha, o desdicha es ociosa prevención el saberlo antes que llegue, pues esto solo sirvió, si fue dicha la esperada, de hacer el gozo menor, impacientes los deseos, y cruel la dilación: si desdicha la temida, de adelantar la aflicción, de convidar el peligro, y anticipar el dolor. Que esto sepa una Gitana! Cierto que es admitación. otra vez vuelvo a mirarla, . y otra vez desvaneció lo frágil de mi memoria el cuidado a la atención. Pues entre todas las gracias que has visto, no es la menor el bailar. . Quieres bailar Preciosa? . Pues porque no? Trae una guitarra Floro. Y templadla allá, por Dios. Mas ya se donde la he visto: no en vano me pareció, que me importaba el saber quién es: a don Juan traidor, aquí traigo aquel retrato, y para saber mejor si es verdad, tengo de hacer. Las castaneras te pon, en que estás tan divertida? Buscándolas, Juana, estoy; de este modo lo sabré. . Mira que se te cayó: mas qué veo? este retrato no es mío? Tienes razón. Y el que di a don Juan? la cifra lo dice. E̱̱. Perdido soy, don Juan se lo dio a Preciosa, y a mí me culpan los dos. Don Juan fue. . Don Juan ha sido. Cierto mi agravio salió, todos dicen que es don Juan. Qué penal . Qué confusión! Qué disgusto! . . Qué recelo! Qué sospecha! . Qué furor! A mí me ofende dos veces, de su mentida afición, la mal segura amistad, en mi hermana, y en mi amor. Cómo me dobla el agravio el ver su baja elección. A mí me injuria el engaño de su villana atención. Por esto fue su tibieza. Por esto a mí me afeó el amar a una Gitana, Esta fue su turbación, cuando se cayó el retrato, Puede haber pena mayor? Qué aguardo ya? Ya qué espero? e Voy a mostrar mi rigor. JORN AD Que no quieras escucharme? Mal intentas persuadirme, que puedes, don Juan, decirme, que no sitva de agraviarme? Esperar un enojado en una evidente culpa, lo humilde de una disculpa, y cuando más injuriado, darse a la queja tan tibio, que de ella aliviarse deja, o es desprecio de la queja, o es ambición del alivio. Como templaré tu enojo. en tan infeliz estado? si callo; quedo culpado, si me disculpo, te enojo. Mas el callar me disculpa, es acción más amorosa, porque se enojó Preciosa, (pues en él estoy sin culpa) no soy yo quien te le di; tu rigor se le tomó; mas si me disculpo yo, soy quien te le doy, y así, pues allí tu enojo fue sin dar ocasión, y ya mi disculpa te la da de los dos enojos que formar tu rigor porfía, me ha parecido mejor evitar a tu rigor el que nace de acción mía. Buen género de disculpa es no poder disculpar un delito, y luego hallar fineza en la misma culpa. Obligarme cauteloso Voyme para no escucharle. . Por no matarle me voy. Su mismo enojo se puso de parte de mi aflicción; que de riesgos interrumpen los principios de mi amor. SEGUN DA quieres con ella, o que enfado, siempre ha de hacer un culpado su delito misterioso. Como sabes que el fingir aquí no te ha de valer, disculpa quieres hacer de no quererla decir. Mas pues así no me obligas, esa salida no esperes, que ahora porque no quieres, quiero yo que me lo digas. Digo, señora, que yo no he visto aquí tal mujer, ni tú la pudiste ver, que tu vista se engañó, y que aquel retrato. . Deja disculpa tan engañosa, ya me tienes tan quejosa, que aún no mereces mi queja. Para aquesto prevenía tu engaño atencionino ves, que el negar la culpa, no es disculpa, si no porfía? Al arrojar el retrato, su dueño digo que vi, y quejas suyas que te culpaban de ingrato. Mal las manos me andarán, . o ha de quedar satisfecha Preciosa de su sospecha sin peligro de don Juan. Aquí está Julio obligado a componer a los dos, que ya dizque está de Dios que en la comedia el criado ha de ser busca remedios para cualesquier fracasos, y así siguiendo los pasos de nuestros antecomedios, vistas vuestras causas, digo, que hoy para reconocer si esta dama que da en ser cizaña de vuestro trigo, es dama de mi señor, o si Preciosa se engaña; vais encas de la cizaña, las dos espigas de amor. Tú puedes llevarle allá, y será prueba bastante, porque ella, si el es su amante, su amante conocerá, y quedará descubierto su engaño; mas si contigo no quisiere ir yo digo, sin más ver, que todo es cierto. Que es un tal, y un fementido, y que merece muy bien que le ahorque tu desdén en el rollo de tu olvido. Nadie puede conocerme . en la casa de Isabel, si no es don Enrique, y el ningún daño puede hacerme. Este es el medio mejor para conocer su engaño: o cuanto mi desengaño desea ahora mi amor! pero don Juan no querrá ir a su casa. . . Yo digo; Preciosa, que iré contigo. Eso es lo que bien te está. Ju Famosamente se ha hecho. Vamos luego. Ven conmigo. Verás que verdad te digo. Para ti será el provecho. Y tu rigor cesará cuando lo llegues a ver? Eso es ya mucho saber, Dios dijo lo que será. Con ventaja conocida llegas a hablar, pues pelea tu razón con quien desea mas que vencer, ser vencida: a oírte estoy reducida, y tanto ya lo deseo, que aún antes de oirte creo victoria en tus persuaciones, pues se pasa a tus razones lo eficaz de mi deseo. Tan baja mi ofensa fue, que aún no la he creído yo, que entonces no se rindió; bien que flaqueó mi fe: porque puesto que toqué mi agravio con la experiencia, y en una y otra apariencia se acreditó de verdad, perdió en mi incredulidad muchas fuerzas la evidencia. Mas quisiera, ya que ha sido dicha mía el persuadirte, que no desearas rendirte, y que lo hubieras creído: porque me hubiera debido mi verdad tu persuación, que el no creer tu pasión, y el desearte rendir, es solo disminuir la hazaña de mi razón. Ese retrato que en mí más penas cifró, que en el perfecciones el pincel copió, acertado de ti, me faltó en llegando aquí, con otras joyas, sería muy posible que aquel día algún Gitano le hurrase, y así a las manos llegase de aquella que le tenía. No has podido persuadirme, aunque tuvo tu razón de su aparte en mi atención el deseo de rendirme: pues si quieres inducirme a que del retrato hurtado lo que solo has sospechado lo tenga yo por verdad, disculpas tu voluntad. pero culpas tu cuidado. Para entrar pide, señora, licencia aquella Gitana que estuvo aquí esta mañana. Entre, que ha venido ahora a lindo tiempo, don Juan; ahora he de saber yo quien el retrato la dio. Mis riesgos creciendo van. Has de entrar disimulando. No es menester que me adviertas. Verás que no me conoce. Créérelo cuando lo vea. Y qué causa piensas dar de volver ahora a verla? Eso déjámelo a mí. Ya sé que eres embustera, rHermosísima Isabel, cuya perfección afrenta de tal suerte al mismo Sol, que de temor, o vergüenza le haces salir arreboles, como me dijo un Poeta, que estos, y otros testimonios levantan de su cabeza. Hoy, si no lo has por enojo, me hace que a tu casa vuelva la golosina de ver aquesa hampona presencia, hablando como soldado: ese aire, esa belleza, hablándote como dama: hablándote como vieja esa juventu: ese cielo hablando como Poeta; y hablando como Gitana: eza tu cárita buena, eza tu cara de Pazcua. Turbado estoy, como intenta . don Juan venir a está casa? He reparado, en que al verla don Juan, turbado el semblante; pero aquí ha de verse, llega Preciosa, llega, que vienes en una sazón muy buena; pero quién viene contigo? No me iré sin que lo sepas. Si aquí le dice quien eres, por Dios que la hicimos buena. Ese hombre, y yo, señora, venimos sobre una tema a tu casa: yo he de hacer que le mire muy atenta. Sobre tema? . Sí señora. Qué es lo que Preciosa intenta? Sabrás pues, que el buen Andres, que buena su vida sea, diz que es mi amante, él lo dice, yo no sé que verdad tenga Bien que el buen Andres, señora, en llegando a mi presencia se turba; y luego con voz casi líquida de tierna, me dice aquello de ardores, adoraciones, y flechas: y después de haberlo dicho se me aturde, y embelesa, y a gran rato que de atentos sus ojos no pestañean, da su boca un estallido, y acaba en Gitana bella; y esto diz que fue suspiro encendido, por más señas. Ya me llama hermosa, y linda, ya me llama dura, y fiera, mas que deidad a sus ojos, mas que mármol a sus quejas. Y en fin, con estas razones, y con otras como estás, cada vez que se le antoja me requiebra la cabeza. Hoy pues, después de estos lances, dio en porfiar que yo era la más bella de la Corte, acórdeme de que en ella estabas, señora, tú, díjéselo, y sobre apuesta venimos donde había visto, dígalo el en su conciencia, que yo estoy apasionada de parte de tu belleza. No está mala la humildad. Sabe Dios si esta fue tema; mas por salir con la mía quisiera ser una negra. Qué atenta le está mirando; . mas para que no atendiera era el decirle, que esotro la ha tocado en su belleza. Pero no le ha conocido, confieso que no me pesa, y que ya de su verdad he quedado satisfecha. Dejemos esto Preciosa, que he menester que en presencia de don Juan. . De qué don Juan? De mi primo. . Cómo quiera era el sustillo. . Me digas una verdad. . Aunque sea con tramí, te la diré, que aunque los Gitanos tengan opinión de mentirosos, no hay gente más verdadera. Porque demás de que a todos cuando niños nos enseñan a decir verdad, y entonces nos lo ponen en conciencia, el mentir entre nosotros es mucho mayor afrenta, que cuatrocientos azotes, y diez años de galeras. Bueno es esto, vive Dios, cuando miente a rienda suelta. Solo reparo. . En qué? . Mira, la verdad que menos cuesta vale mucho. . Ya te entiendo, toma un diamante por ella. Mas me tiene ella de costa, sease la que se sea. Mas no soy interesable, venga el diamante, y empieza a preguntar, porque al fin quien da, y pregunta no hyerra. Dime pues, aquel retrato que hoy se cayó en mi presencia. Dirás que quien me le dio. Si digo. . Y por esto era tanta prevención? escucha, y fin que falte una letra, te diré el como, y el cuando. Si ella se lo dice, es fuerza . que el engaño se descubra. Digo pues, que Andres. Qué intentas? Lindo susto les voy dando, salía esta mañana fuera, y apenas habían pasado dos horas, o dos y media, cuando se volvió, trayendo de caminó una maleta. No hay duda que quien me escucha ha de pensar que esto era hurtado, mejor le cuelguen a quien quiera que lo piensa. No fue, si no que el Andrés la vio cerca de la cuesta de santa Bárbara, sola, desamparada, y esenta. Y porque alguien no la hurtara, se la trujo, y dentro de ella estaba aquese retrato entre alguna ropa vieja. Pero como somos todos gente de ciencia, y conciencia, hicimos que un pregonero buscase el dueño en su lengua; no pareció, antes nosotros, (si por cierto, por más señas) pagamos al pregonero de nuestra sobre miseria: cupome a mí aquel retrato, y al sacar las castañetas. Tu padre, señor don Juan, de un coche ahora a la puerta se está apeando. Mi padre? gran daño el alma recela, que es el padre de don Juan? . Mi padre es este, pudiera inventar mayor desdicha. . el temor? . Aquí nos pescan. Pues como así se ha venido sin avisar? . Nada acierta el temor. . Don Juan salgamos a aquesta sala primera a recibirle. . Señora, primero que aquí me vea me importa hablarle, y así escúchame mientras llega en esta pieza de adentro. Hablarme quieres? . Es fuerza que dos palabras me escuches. Vamos pues antes que venga: . hay más dudas, más recelos? Qué confusiones son estas? Don Juan, procura escaparte, sin que tu padre te vea, que yo pienso hacer lo mismo. Vámonos Preciosa. . Espera, qué es esto don Juan? . . Mi padre, que ya ha venido, y es fuerza si de esta suerte me ve, que yo tu hermosura pierda. Pues tu padre en esta casa? De todo te daré cuenta en saliendo de aquí. . Vamos. Ya es imposible, que el entra, y nos ha cogido vivos. Cómo ahora no me esperan? suspensa estará la casa. No hay un alma en toda ella, de sala en sala venimos, sin que nadie nos detenga con pregunta, o con abrazo. Escucha, que en esta pieza parece que ay gente. . Aquí unos Gitanos: espera, don Juan mi señor no es este? qué dices? . que aunque más quiera ocultarse, es mi señor. Ya nos han visto, paciencia. No ves a Julio con el? Ya le miro, y miro aquella Gitana con quien están los dos, no lo entiendo. . Llega sabrás la causa de todo. Don Juan, pues que traje es este? cómo estás de esta manera? Señor; no sé que decirle. qué te turbas? . . Dura estrella. Julio qué es esto? . Yo encojo los hombros, suelto las cejas, frunzo la boca, los ojos cierro, tuerzo la cabeza, y digo que no se nada. Aquí de todas mis tretas, . que parece que me van alcanzando de respuesta. Pues para que lo ocultáis? ya qué importa que lo sepa? Sabrás, señor: yo he de hacer . por librarlos cuanto pueda; que entre la gente de casa, para estas Carnestolendas, queremos representar una famosa comedia de Cervantes, que se llama la Gitanilla, y en ella hace el primero galán, porque mejor representa el señor don Juan, y yo que soy de casa doncella, hago a la gran Gitanilla: Julio toma por su cuenta el gracioso; los demás allá dentro nos esperan. El primer galán se viste en la jornada primera de Gitano, y con aquesto, sin que falte una hebilleta, aurás sabido la causa de habernos hallado en esta figura: ahora señor mira si en Dios y en conciencia puedes haberte enojado; y si no, troquemos penas, toma tú lo que nos turbas, y daños lo que te pesa. Pe Gracia tienes por mi vida, digo que si yo supiera la causa, no me enojara, pues es justo que agradezca a don Juan la ocupación; que ya veo que son estás acciones de que el amor suele formar sus finezas: y yo le estimo que fino, airoso, y galán, divierta a su prima. Pre Prima, cómo? a fementido, estos eran mis recelos. . Esta es otra; por Dios, que el viejo nos echa a perder. . . Todo se ha errado. Y cuándo se hará la fiesta? Ahora estaba tratando nuestra gente (o quien pudiera decir ya su sentimiento) de ensayarla; mas la nueva de tu venida nos saca de esta suerte a tu presencia. Entremos, don Juan, a ver a tus primos. . Si él nos entra allá dentro, bien medramos. Seguir mi engaño quisiera, . porque suentra allá don Juan se ha de descubrir, y es fuerza que le hagan quedar, yo he de irme, si él se queda, rabiando de no haber dicho mi sentimiento, y mi queja: vuelvo pues al fingimiento, permítanlo tantas verás. Mal intento divertirle: parte. digo pues, que llegué apenas a Madrid. . Pe Después, do Jua, de todo me darás cuenta; vamos a ver a tus primos. Ahora? si allá nos llevas de esta manera que estamos, lo mejor de nuestra fiesta echas a perder. . . Pues cómo? No queremos que lo sepa mi señora, hasta la noche que le haga porque tenga más sazón la novedad, y para que entonces sea parte de la fiesta misma, el vernos de esta manera: y así, pues importa poco, en tanto que entras a verla, dejaremos este traje. En gran confusión me deja don Juan, porque no ha querido que aquí su padre le vea, hasta tener acabada de hacer una diligencia precisa, que él le encargó, y diciendo que iva a hacerla, y que luego volvería, y que su padre no sepa que estaba aquí, me dejó más confusa; y más suspensa, porque estos recatos suyos tanto mi quietud alteran; pero mi tío ha llegado. Por mí no quiero que pierda vuestra fiesta esa sazón, y así mientras entro a verla os desnudad, y don Juan vuelva a entrar luego; mas ella sale ya i dos aprisa, i dos primero que os vea. Bien se ha dispuesto. Rabiando voy de celos. . Ea que llega. de , Muriendo me voy de risa de ver que el mismo nos echa; cuando sepa lo que pasa lo que ha de hacer; pero plega, el refran de las morcillas, a dios, que oregano sea. Seáis señor, bienvenido, Isabel hermosa, llega, y de mi gusto mis brazos te den amorosas señas. Cómo te vi divertido me pareció que no era justo quitarte un buen rato con llegar yo, porque es esta Gitanilla la sazón de Madrid (de esta manera disculpo el haber tardado por don Juan. . En vano intentan encubrirse, ella los vio, y pensará cuando vuelva, don Juan, que yo se lo he dicho; . bien es que me reprendas el no haber entrado a verte, sin divertirme acá afuera, y has estado sazonada con el decirme que aquella Giranilla me entretuno; en fin no quieres que tenga la culpa de ello el Gitano, pues te prometo que fuera más poderoso conmigo que la Gitana más bella, porque deseaba verle después de tan larga ausencia. Al Girano? . . Sí, a Gitano. Pues le conoces? . que buena pregunta como a mi hijo le conozco. . Cómo llegan los Gitanos a Sevilla, no es mucho; mas que encarezcas tanto lo que le conoces, me admira pues cuando sea más conocido será, porque tal vez tu clemencia le habrá excusado una horca, o quitado unas galeras. Huélgome, Isabel, de ver que de ese modo celebras las acciones de don Juan, pues el, porque te diviertas, intenta estas niñerías; bien que te tendrá suspensa el no saber la ocasión del disfraz, y de la fiesta. Qué es lo que dices señor? que don Juant no hay quien te entienda, que fiestas, o qué disfraces dices? . . Es una comedia que hacen entre los de casa, y el mismo la representa, que por eso se ha vestido de Gitano. Hablas de verás, señor? comedia don Juan? No es mucho que tú no quieras conocerle, que está tal, que yo le conozco apenas; parece que siempre ha sido Gitano, según le asienta el traje. . Qué es esto cielos? mi tío con tantas verás llama don Juan a un Gitano? . no sé si dude, o si tema: a dónde están los Gitanos? Yo los hice que se fueran a desnudar lla Llamenios. Llámenlos, Floro, haz que vuelvan a salir don Juan, y Julio. Esto parece evidencia. De qué te admiras? qué dudas? Si llamar don Juan intentas a un Gitano, y si don Juan estaba antes que vinieras conmigo, no he de dudar cosas para mí tan nuevas? Señor, don Juan mi señor salía con mucha prisa de casa, fuile siguiendo, y díjele que volviera, mas el no quiso volver. Qué dices? y salió fuera en el traje de Gitano? Sí señor. . . Aquí hay cautela. Sin duda me han engañado. Ven conmigo, antes que puedan alejarse más. Qué es esto? válgame el cielo, no dejan uso al discurso las dudas para buscar la cerreza. Sin duda que no es don Juan (ay amor) el que hoy sujeta mi libertad (ay amor) digo otra vez, quien pudiera ignorar más de estas cosas; y hay don Juan lo que me cuestas, del amor, y de la duda me tienes dos veces ciega. Con gusto llego a escucharte. Digo señor, que he sabido, que en habiendo anochecido se juntan en una parte los Gitanos, desde donde se reparten para hurtar cada uno en el lugar que le señala su Conde, y que así quedan sin gente los ranchos, con que podrás, ya que tan resuelto estás, conseguir seguramente tu intento. . . Yo he de robarla, pues es tanto su rigor, que no ha podido mi amor por otro medio obligarla; ya sabes donde has de hallarme. Allá iré al anochecer. Sí, que no pienso volver a casa, por no ocuparme. Ya tengo la llave aquí del jardín, porque por él entremos cuando Isabel se recoja, y desde allí, sin alborotar la casa, hasta mi cuarto pasemos. Y así, señor, apaguemos ese fuego que te abrasa. Y tu valor? . Qué se yo de mi valor. . Enojada vienes. . Y aún desesperada. Dime lo que te pasó, Llegué a su casa, intenté, como propuesto tenía, saber si le conocía, y de todo me informé. Al principio satisfecha me hallé, siendo en mi afición la misma satisfacción castigo de la sospecha. Pero apenas la alma mía la seguridad tocó, cuando su padre llegó, que de Sevilla venía. Túrbose don Juan y yo para sacarle de allí no sé que entedo fingí, que a propósito salió, y tanto, que del saqué que era de la casa dueño una prima, en cuyo empeño a don Juan imaginé. Salimos de allí, confieso que celosa, y ofendida comprara ya con la vida; pero vamos al suceso. Él pues, para que más ciega crea que siempre me estima, me confiesa que es su prima, y que es su dama me niega. Y razón para esto hallo bastante a hacerme dudar, pues yo no puedo negar que ella no le conoció. En este estado tenía mis celos, cuando el criado dijo muy alborotado que su padre nos seguía. Con esto don Juan se fue, porque yo se lo pedí, como tú llegaste allí, y contigo me quedé. Mira tú si recelosa debo estar; mas no es aquel el hermano de Isabel? aquí mi pasión celosa me incita, yo he de llegar, y aquí he de saberlo todo. Detente; pues de que modo se lo quieres preguntar? No habrá cosa que no intente por saberlo. . Y has sabido si don Juan culpado ha sido en el retrato? . . Evidente pareció entonces la culpa de mi primo; mas también parece, viéndolo bien, enidente la disculpa. (das qué dice? . que entre otras pren se le hurtaron los Gitanos, y que así llegó a las manos de Preciosa. . Tú no atiendas a eso. . . No he de dejar de inquirirlo con cuidado, porque si le hallo culpado, a Isabel le he de quitar. Verás mi resolución; mas hay Juana, que ya temo el desengaño. . Qué extremo! hay más de huir la ocasión? No Juana, duro es el medio: mas de qué sirve el valor? si el desengaño es dolor, de un dolor se hace un remedio. Aquí, señor don Alonso, cierta duda me ha movido a que me valga de vos: amor, amor, hoy salimos de este encanto. . Qué reparas cuando te escucho rendido? No puede ser que don Juan . no haya mi amor ofendido? yo no he visto sus acciones? yo sus finezas no he visto? pues no quiero saber más: pero si son los indicios tan claros? notable afecto, yo me llego, y me desvío, yo me esfuerzo, y me acobardo, yo me adelanto, y me impido, yo me arrojo, y me detengo, yo me modero, y me incito, y en tanta contrariedad el aliento suspendido, el discurso embarazado, y confusos los sentidos, ni busco lo que deseo, ni dejo lo que resisto. En qué te diviertes, cuando mi atención has prevenido? No se, don Alonso, escucha, ánimo corazón mío: digo que quiero saber; acaso es tu conocido (mo? don Juan de Quiedo? . . Quién ! co- Y si sabes a que vino a Madrid? . qué es lo que escucho? cierta mi sospecha ha sido, él la dio el retrato; y el me ofende; o villano amigo: en fin don Juan es tu amante, y amante que ha merecido este cuidado? a Preciosa, si supieras sus disinios, airada quizalo piadosa, por tu agravio, o por el mío, conocieras que un traidor no es bueno para querido. Dime, don Alonso, dime cuanto sabes, o has sabido, sin olvidar circunstancia del menor de sus delitos. Porque estoy resuelta (amor muy flaco es el valor mío para este aprieto) resuelta a que confieses tú mismo que queda bien castigado, y así comienza. . . Pues digo, ya que a los dos igualmente nos importa el referirlo, que ese don Juan engañoso, que ese don Juan. . No prosigas, que cuando a informarse vino mi temor de tus razones, llegó ciego, y no previno que habías de responderme con pasión; pero ya he visto en tus villanos afectos que has de hablar como ofendido mas que como verdadero, procurando vengativo descomponer a don Juan tu fingimiento conmigo. Y caso que hables verdad, yo cuando la solicito con tanto temor, no quiero que con discursos prolijos la de tu enojo elocuente retóricos artificios, fuerte es, desnuda, desnuda la busca mi amor sencillo, porque dentro de tu pecho, sin duda la habrán vestido el traje de tu pasión, tus afectos mal nacidos. Y así supuesto que ahora con solo una duda lidio; y escuchando tu respuesta, no solo está no evito, pero luego he de dudar en lo que me hubieres dicho si es verdad, o no; mas quiero dejar al pecho afligido con la duda que tenía, aunque su rigor esquivo me atormente, pues con esto de las dos dudas evito la que es posible, de suerte, que el negarte aquí mi oído, si no llega a ser remedio, no deja de ser alivio. Déjate de eso, y escucha quién es don Juan . Ya te he dicho que no gusto de saberlo. Impórtame a mí el decirlo. Ireme por no escucharlo. Vete pues, que ya yo he visto en tus afectos mi agravio, y en tus dudas el delito de don Juan y vive Dios, que ha de borrar mi castigo mi ofensa, y la de mi hermana. Acaba ya de decirlo, no con más dudas me aflijas cuando buscarme es preciso. Pues que has de hacer? . . No lo sé. Yo dijera. . Qué? Lo mismo, que no lo sé. Hallar quisiera a Enrique. Esta noche digo que he de hablánclaro a Isabel, ya que es fuerza descubrirnos. Cómo la has de ver? . Ya sabes que para hablar a mi amigo hice llave del jardín. Cómo que a casarse vino con su prima? Si Preciosa, ese nuestro intento ha sido. Válgame Dios, esto es hecho. Confieso que estoy corrido; Verá don Juan mi rigor. Verá don Juan mi castigo. Mal mi cólera modero. Mal mi cólera reprimo. A don Juan a falso amante. A don Juan, a falso amigo. Pero allí he visto a don Juan. Pero allí a don Juan he visto. Ha venido a muy buen tiempo. A muy buen tiempo ha venido. Delante de don Alonso publicaré su delito. Ahora verá Preciosa que es verdad lo que le he dicho. Don Juan, vengáis en buen hora, que deseaba deciros en esta ocasión mi queja. Don Juan, seáis bien venido, para que aquí de una vez que de todo concluido. Don Juan, y Preciosa estaban con él, sin duda ha sabido que yo me fingí don Juan. Un hombre no conocido estaba aquí con Preciosa. Por Dios, que el diablo andalisto. Digo pues, don Juan, ahora que la ocasión se ha ofrecido. Oídme primero a mí, que después de haberme oído, se puede ese caballero quedar de espacio contigo. Y tú don Juan amante, que engañoso quisiste con fingido rendimiento: o cielo riguroso, si cupiese en la voz mi sentimiento; con rendimiento pues digo fingido, vencer mi pecho siempre victorioso, nunca de amor vencido: oye, escucha mi voz, tus sinrazones atiende, dese toda en atenciones el alma a tus oídos, desamparando los demás sentidos, para que al castigar con las razones que airada pronunciere tus villanas traiciones, la voz que articulare logrando sus afectos encendidos, el alma hiera cuando los oídos, Ardía el pecho en amoroso fuego, que ya no te la niego, porque haberlo sabido cuando ya me ha perdido tu loca confianza, antes será castigo que esperanza: y estoy tal, que quisiera, aunque a pesar de mis desdenes fuera, haber favorecido, mas tu amor atrevido, para que cuando llego a castigarte tuviera mi rigor más que quitarte. En amor pues ardía el pecho, que engañado presumía otro fuego en el tuyo más ardiente, vi mi ofensa evidente, tu engaño supe, y luego la ira pudo introducir su fuego, halló en el pecho ardiendo fervorosas las llamas amorosas, y como son contrarios el amor, y la ira, en lucha ardiente pelearon las dos llamas, una de otra impaciente, cada cual obstinada, y la amorosa se abrasó en la airada; de suerte, que después que el alma mira que creyendo un engaño llegó a amarte todo el pecho quedó por de la ira; sin que el amor ocupe alguna parte, antes el fuego ardiente con que amor abrasaba el pecho ciego, materia vino a ser del otro fuego. Ya pues airada ya, ya no amorosa, enfurecida sí, mas no celosa, llego, don Juan, a hablarte, solo por deshacer tu fingimiento: ea traidor, pues vienes a casarte con Isabel prosigue el casamiento, deja el mentido traje de Gitano, en que ocultas tu término villano, que ya me voy a no volver a verte, y a tratar desde hoy de aborrecarte; hasta aquí le toco a mi sentimiento, lo que falta, pues este fingimiento igualmente a los dos nos desobliga, tu primo don Alonso lo prosiga. Este es mi primo, Julio soy perdido. Antes eres hallado, pues oculto has estado, y ahora te han cogido. Gran daño estoy temiendo. . Pues qué es esto don Juan? Yo no lo entiendo, Dime tú pues, Gitano, lo que ha sido. Yo soy quien más lo ignora. Habernos ido fuera mejor. No fuera, porque el irnos cautela pareciera. Y si aquí nos estamos, no habrá modo porque este tiene traza de importuno. Primero que de aqui salga ninguno he de saberlo todo. Tomá si digo yo. Don Juan acaba, si antes de venir, Preciosa estaba diciéndome tu intento, y me dijo que estaba deseando verte, para decir su sentimiento, como en un punto de intención mudando ni habla contigo, ni hablar me deja, y a este Gitano culpa, y de él se queja? El modo mismo con que lo ha dudado de un enredo famoso me ha alumbrado, con que no se descubra el Gitanismo, Dios nos saque con bien de tanto abismo; va pues de fingimiento, ustedes todos bien saben que miento. Válgate el diablo por la Gitanilla, la mayor embustera es de Castilla. Prosigue pues, Gitano, dilo, acaba. Si yo supiera lo que nos armaba, no callara, mas hizome del ojo, y finje luego (an pícara) su enojo con mi inocente amigo, quizá por no . . Prosigue. Ya prosigo; no va malo el enredo: Ese señor galán que está contigo, que ella suele llamando tal de Ouiedo, tiene con ella no sé que pendencia, y díjome por señas que callase, porque no convenía en tu presencia decir su sentimiento, y así por escaparse la taimada, echó las cabras a mi camarada. Luego por eso no dejó que hablase a don Juan hasta que ella se ausentase Si señor, eso fue, quiso encobrillo, y aquello fue decirlo sin decillo. que dudo, si escucharme no quería cuando el intento de don Juan decía habéis visto bien clara vuestra culpa aurá don Juan, habrá alguna disculpa que de vuestras acciones; mas supuesto que por una Gitana no he de reñir con vos, y que ya intento quitaros a mi hermana, basten en tan forzoso sentimiento para castigo lo que habéis pardido para venganza el veros tan corrido Don Juan. Enrique amigo, o cuanto deseaba hablar contigo. Mirad que don Alonso se ha parado y en que os habláis los dos ha reparado No es bien que sospechas confirmemos Veámonos después donde solemos Daos prisa que ya vuelve hacia los dos Dices bien. Vamos Julio. Adiós. . Adiós. Oh amor, cuanto dilatas tus rigore Oh amor, que poco duran tus favor Tus piedades ignoran mis desdich Tus mayores crueldades sont dichas. Para que estés advertido; y que no me culpes, quiero decirte, don Juan, primero la vida a que te convido. Oh cuerdo, o amante, advierte ahora lo que te digo, que vengas, o no conmigo, nuestra vida es de esta suerte. Continuos moradores de esos prados, al campo reducidos los poblados, donde sin la inquietud delas ciudades ni el desconsuelo de las soledades, en todo moderando los extremos, una vida tan quieta componemos, tan deleitosa, tan desenfadada, y sobre todo tan acomodada, que según la opinión que más le abona, de esta vida deciende la Chacona; la flor del berro se crió en su playa, y por ella cantaron la Gandaya. En república pues bien ordenada, conforme nuestra gente, y ajustada, a la ley natural nos conservamos siempre pujantes, porque no fiamos al valor, o al ardid nuestra flaqueza, sino a la unión que la hace fortaleza: y porque una república tan grande tenga quien la gobierne, y quien la mande elige nuestra gente un Conde, a quien rendida, y obediente. (Calla, que antes que pasen muchos días si del intento de hoy no te desvías, me han de andar mal las manos, o has de subir a Conde de Gitanos; déjame a mí, que ya estoy empeñada, y en esto te holgarás: no digo nada) un Conde pues eligen, y todos por sus órdenes se rigen, este con atención con peso, y juicio, reparte a cada uno el ejercicio a que su propia inclinación le llama; y cada uno dilatar su fama con su industria pretende, TERCERA haciéndose mejor en lo que emprende; y al que ve de inclinación ligera (ra, le encarga el baile, el salto, y la carre y al que la tiene un poco más pesada barra, lucha, y espada; pero al que siente torpe, y desmañado le condena al cuidado del hierro que se labra, y que se vende, cosa que importa mucho; pero atiende; Las mujeres también atentamente, que también las mujeres somos gente, repartimos su oficio a cada una, el bailar no hay quitárselo a ninguna, desde las feas a las desairadas, porque todas nacemos enseñadas: a la que sale cuerda, libre, y sabia, a la de más meollo, y mejor labia, se le encarga el decir buenas venturas acción en que las necias van a escuras porque es menester ser muy elocuente, para hacerle creer a un pobre oyente mil mentiras, y urdillas, de suerte, que las crea a pies juntillas, y según lo que en mí, y en otras veo, no es para bobos el mentir arreo. Yo en esto soy la menos elocuente, pero miento, don Juan, medianamentes mas aunque hablo con este encogimiento, si he de decir verdad en lo que miento, ensayaba yo sola el otro día lo que en esto sabia, y por mi cuenta (en buen hora lo cuente) no hay raya en mano, no hay atruga en que no haya debido en mis ensayos (frente a más mentiras, que una estrella rayos: y aquesto de galán, y eres querido, tienes muchas, y pagas con olvido, pido la mano, y entro a la sonsaca con una admiración, y una halaraca, y juntando mentiras generales, que vienen bien a todos los mortales, y a los que tienen duras creederas, diciéndoselas todas venideras, que hacen titubear al más atento, no ha habido en faldriquera dabariento doblón que su clausura no quebrante, ciñalo bronce, o murelo diamante. En fin, don Juan, aquí nos conservamos, aquí nos vemos, y nos deseamos, de aquí la envidia vive desterrada, aquí la paz havita venerada, la amistad conservada, y aplaudida, la razón natural obedecida, el trato sin engaños, la fe sin riesgos; el amor sin daños, la emulación sin tema, sin culpa el ocio, la quietud sin flema y en fin todos vivimos de manera, que es vergüenza que nadie se nos muera, porque esta nuestra vida es en todo, don Juan, tan parecida a la vida de aquel siglo dorado, que no dirán si no que la han cortado; hasta en que pensarás que se semeja a aquella vida vieja, yo apuesto que te ríes de escucharlo. Ya sabes, sí, no puedes ignorarlo, (les, que cuando el mundo estaba en los paña. dizque todas las cosas naturales eran comunés del que las quería, de suerte, que cualquier hombre cogía de ellas lo que gustaba en la primera parte que lo hallaba: así también, do Juan, nuestros Gitanos, como buenos hermanos, las leyes conservando de aquellos siglos, cuando del mundo han menester alguna cosa, por util, por preciosa, o por gustosa, repite el que se precia de más bueno donde todo es común, nada es ajeno; y así en cualquiera parte que se topa joyas, moneda, o ropa, prosiguiendo constante cándido, temeroso y observante, la sencillez de aquel siglo inocente, lo toma buenamente de la misma manera que si un amigo suyo se lo diera. Esta en breve, o en largo reserida la suma viene a ser de nuestra vida: ea, ea don Juan, aunque has dejado el traje de Gitano, ocasionado del peligro, no cesa con dejarle la ocasión que tuviste de tomarle, sino es que los ervores que ham pasado mi ermosura, y tu amor han desmengu Pero si acaso usted no se resuelve (d a venir, y a Madrid los ojos vuelve, donde con otro amor de más estimo le tira la clavija de la prima, no hay si no que los dos muy lastimados muy tiernos de ojos, y desordenado de razones, de voz muy desunido con dos adioses, y con dos gemid aquí nos despidamos como aman y luego tan amigos como de an Digo, Preciosa; yo quiero decir ahora que iré con ella, y después haré lo que importare. . Yo espero tu respuesta. . Digo pues, Preciosa, que iré contigo donde quisieres, y digo, que tuyo el arbitrio es de mi libertad, y así dispondrás de ella: que cuando tu hermosura ponderando, la libertad te rendí, con postradas obediencias, y con afectos rendidos, ni acción dejé a los sentidos, ni elección a las potencias. Mira cómo lo has de hacer, esto dice Maldonado. Por Dios, que me da cuidado, pues que me puede querer? Solo me ha dicho que ahora quiere consigo llevarte, porque tiene que fiarte un negocio. . Pues ignora que yo no soy de fiar? la confianza me agrada, di que no me fie nada, porque se lo haré lastar. Pues luego, don Juan, diremos a mi padre Maldonado lo que habemos intentado, y mañana partiremos de Madrid. . . Todo se hará como dices. . Vamos. Vamos. Qué es vamos? buenos estamos. Pues qué hay de nuevo? . Que da en que a mí me ha menester esta noche Maldonado, y así a llamarme ha enviado, mira tú lo que he de hacer. ir con él. . Yo con el? . Sí, que le he menester, y es bien agradarle. Pese a quien: mas por qué me pesa a mí? yo tomaré, y iré allá, y veré lo que me quiere, y haré lo que me cumpliere, que con el cumplido está. Qué mi tío ha venido? Es posible que no lo habéis sabido? Como no he vuelto a casa; no he sabido, don Diego, lo que pasa. Ahora hiva yo a verle con cuidado; mas pues aquí nos hemos encontrado juntos podemos ir. Primero amigo tengo una empresa que intentar contigo, y con esos criados, que para el caso traigo ya avisados, porque si me detengo perderé la ocasión. . . Contigo vengo, y ya sabes que apenas la edad de la razón nos vio despiertos cuando fueron comunes los aciertos, y comunes las penas en nuestros pechos, cuya unión ardiente tantas veces al número desmiente. Fácil mi empresa es, fácil mi intento bien que el sujeto hermoso que desobligo con mi rendimiento, le hace con su rigor dificultoso: mas pocos pasos de su casa estamos, y en tanto que llegamos sabrás mi intento; yo don Diego amigo (no ha de perder contigo el crédito por esto mi cordura) yo pues a una Gitana (a su hermosura que es la disculpa de mi bajo empleo) tengo amor; pero no, tengo deseo, por lograrle he seguido su belleza, con todos cuantos medios ha inventado la industria, el interes, o la fineza, todos de su rigor despojo han sido, todos de su desprecio, de su olvido materia inútil, ya estoy empeñado en conseguir el fin de mi cuidado; y así don Diego amigo, resuelto vengo, pues que no la obligo, valiéndome de medios amorosos, a robarla esta noche, y en mi casa moderar sus desdenes rigurosos, templando el fuego que mi pecho abrasa o podrá la violencia en solo un día lo que en tantos no pudo la porfía; mi intento es fácil, porque los Gitanos, según vengo informado, todos salen de noche, y yo he trazado romper la débil puerta que defiende aque lla ingrata, que a mi amor no atiende: pero ya hemos llegado a su casa, detente, llego el rostro, y áplico lentamente aquel resquicio que la luz permite, para ver si han salido; mas qué veo? o mi temor con varias ilusiones castiga mi deseo, o mis ojos padecen impresiones de algún dudoso objeto, que en mi daño interpreto; llega don Diego amigo, llega, y serás de mi asuicción testigo. Ya lo he visto, y no menos admirado estoy, que tu celoso, y ofendido. Un caballero allí no ves sentado? Ya le vi; pero no le has conocido? no le conozco. . Vístele turbado vuelve a mirarle atento. . . Ya le veo mas otra vez le desconozco. . Creo que en ceguedad tus celos han parado, pues no conoces a don Juan de Oviedo tu primo. Absorto en lo que dices quedo; este es don Juan? Pues qué te maravilla? él es, que yo le conocí en Sevilla. Mi confusión en tus razones crece, porque este no es don Juan, ni le parece; mas si con eso quieres divertirme, celoso estoy, no intentes reprimirme. Aguarda, mira, advierte. Yo he d desengañarme de esta suerte. Pon, Floro, la luz ahí, y déjame sola; ay cielos, tanto se de mis desvelos, que en ellos me ignoro a mí. Mi tío no ha venido desde que fue siguiendo al Gitano, no entiendo lo que me ha sucedido; tampoco ha parecido (sa. don Juan, y yo celosa, estoy confusa, aún menos que amoro. Yo que a una teja llegaba. Qué dices? . Digo señora, que estando a una reja ahora; mi señor don Juan, que estaba en la calle, este papel me dio para ti. La vida, que ya juzgaba perdida, cobró el corazón con él. En gozo el alma se anega; fuese? . Luego se partió que el secreto me encargó. Dudosa estoy, la luz llega. No he visto a mi padre, porque me importa hablarte primero, y así con la llave que tengo de la puerta falsa, entraré a las diez en la sala del jardín, resuelto a que solo una razón desate tus dudas, y examine tu voluntad. Este parece otro engaño; pero yo quiero bajar a hablarle, para acabar de entregarme al desengaño: hoy mis dudas cesarán, sabes si mi tío ha venido? La novedad de don Juan, tan triste, y tan desvelado, que apenas pude pasar ahora sin registrar el papel en su cuidado. Vamos, le aseguraré para bajar al jardín, hoy tendrán mis dudas fin, y sus engaños sabré. Esta sala del jardín está apartada de todo. Si me cargas de este modo, darás de mis hombres fin, por Dios, que el señor talego me ha dado mucho pesar. Aquí le puedes dejar, vamos por el otro luego. En la casa de su prima estamos, pero si aquí nos ven, que será de mí, el pensarlo pone grima. Ven acá, y si aquí nos cogen, que hemos de hacer? Ya te digo, que yo traigo aquí conmigo para que se desenojen, bastante recado, cuando aquí nos suceda mal a los dos, que en caso tal, yo sé que solo enseñando estas cosas que te digo, nuestro delito quizá el galardón hallará a donde temió el castigo. Ya yo el aprieto deseo, por solo saber lo que es. Asienta quedo los pies, y sígueme. . Ya no veo mas que tú. Asirte de mí puedes, y seguro entrar. Las manos quiero llevar puestas delante, que así llevarán unos antojos de largo tacto mis miedos, y mirará con los dedos, por no tocar con los ojos. Dicha el ocultarme ha sido de la justicia, no sé donde estoy, por donde entré, ni lo que me ha sucedido. Porque aquellos embozados, que con violencia rompieron las puertas, y pretendieron de su enojo arrebatados, darme la muerte, no sé quien son, que causa les di, mas luego que al uno herí, seguido me retiré de la justicia, mirando que si hoy preso estuviera, fuerza el descubrirme fuera a mi padre, y así entrando en una casa al doblar de una esquina, me subí a lo alto, y desde allí seguro pude pasar a esta donde estoy, y ya que el temor con que he venido, desocupando el sentido, lugar al discurso da, otra pena, otro tormento me atropella con rigor, porque con irse el temor, dio lugar alsentimiento. Oh Preciosa, no ha dejado vida tu memoria al pecho, porque hace el temor despecho lo que amor hizo cuidado. Cuando me acuerdo que allí fuera imposible valerte, estimara más la muerte, que la memoria; ay de mí. Cuán vivamente deseo volver, el amor me alienta, bien que el imposible intenta enflaquecer mi deseo. Mas qué imposible es aquí el riesgo más que perder la vida? pues puede haber mayor dicha para mí? Que he de temer, cuando veo que el riesgo es el bien mayor, y me amenaza el temor con lo que busca el deseo? Mi dicha el peligro traza, aunque se arriesgue mi vida, con la amenaza convida quien con el premio amenaza, Pero yo quiero buscar por donde salir de aquí, una puerta esconde allí la oscuridad, que al entrar cerré turbado, y por ella (con las luces vacilantes, que a esos Astros rutilantes presta la mayor estrella) un jardín veo, por el debí de entrar; mas allí siento pasos, hacia mí vienen, del hado cruel temo otro nuevo rigor: una mujer me parece, ya el bulto en la vista crece, y en el oído el rumor. Desde una reja sentí en el jardín a don Juan, y con tan prolijo afán triunfó el recelo de mí, que despreciando la vida bajo a saber la verdad, mas que en tanta oscuridad, en mi recato escondida; allí está. . Hacia mí se llega. Mi daño vengo a buscar. Ya es imposible excusar este peligro. . Aún más ciega que de las tinieblas mudas los ojos; y de las dudas el discurso indiferente, bajo, don Juan, a escucharte, grata, amorosa, a creerte, airada a reprenderte, y piadosa a perdonarte. Por estar tan desvelado mi padre con lo que pasa, y tan inquieta mi casa; hasta ahora no he bajado. Y así, pues mi amor ignora la causa de tu cautela, y sabes cuanto recela quien tiene amor, y que ahora se desminuye veloz la ocasión, y el riesgo crece, habla, y mi atención empiece en los fines de mi voz. A la casa me ha traido de Isabel, mi turbación, ciertos los indicios son, las señas dice que ha sido don Enrique el esperado; doña Isabel la dudosa, su casa la cuidadosa; y mi padre el desvelado. No respondes? . . Oh rigor, si respondo ha de extrañar . la voz, y se ha de aumentar mi riesgo con su temor. Esto es hacer evidentes los recelos que he tenido, don Juan qué es esto? he venido a que mis dudas aumentes? No sé qué medio elegir con que tanto riesgo evite. . Con la luz que nos permite aquella puerta, encubrir te veo el rostro, qué es esto? acaba, don Juan, de hablar. Ya es desacierto el callar. . en gran peligro estoy puesto: no soy, señora, quien piensas, ni me ha traido a tu casa. Pues cómo? quién? estoy muerta. Escucha, y sabrás la causa. Resuelto vengo a sacar a Isabel de dudas tantas. Quién eres? mas el temor me impide los pies. Aguarda, yo soy Isabel, qué es esto? Este es Enrique. . Turbada estoy, deja que en tus brazos vuelva al corazón el alma. Bajaba, don Juan, a verte, (aquí el aliento me falta, el susto rompe la voz, y el temor la lengua agrava) bajaba a verte amorosa, y cuando entre dulces ansias, imposible es proseguir. Mucho mi atención agravias. Allí en fin se ocultó un hombre. Hombre? qué dices? . Aguarda, tu riesgo, don Juan, es mío, no te acerques. . Mal dilatas a su delito el castigo; y a mi enojo la venganza. Detente. Enrique, detente. Don Juan amigo, que causa te tiene aquí? Qué desdicha! qué es esto? Enrique le llama? . Mal hice en llamarte Enrique aquí pero erro llevada de la costumbre la lengua; mas como turbada estaba mi prima, no reparó. Yo vengo a desengañarla, . y no importa que lo sepa. Don Juan, o Enrique, ya bastan las cautelas; mas ay Dios! gente viene, estoy turbado. Si es don Pedro? no quisiera que en esta ocasión me hallara. . Oh Preciosa, estos sucesos el remedio te dilatan. Sin vida estoy de temor. . De cuidado estoy sin alma. . Mientras yo veo a mi tío, y se recoge mi casa, aquí estarán bien ocultas, que yo dejaré cerrada la puerta con esta llave. La fortuna hallamos grata, pues siguiendo la justicia al que con ellas estaba, dio lugar a nuestro intento. En nada nos fue contraria, solo aquel criado herido me da cuidado. No es nada la herida; pero yo en tanto que tu recoges tu casa, iré a hacer que cuiden de él. Vamos, hermosa Gitana, modera el rigor, no temas de una voluntad esclava acciones libres; segura estás. En vano te cansas, ya se que segura estoy, pues mi recato me guarda. Voz de mujer es aquella, si el oído no me engaña. Yo estoy sin mí, o a Preciosa escucho, el cielo me valga. . Vamos amigo don Diego; pero no es aquel que baja con luces por el jardín mi tío? desdicha extraña, cómo hiciera? pero ya es imposible ocultarlas. Mi tío es este, ay de mí; o cuanto, si aquí me halla, . pierde con él mi recato. Mi padre es este faltaba otro riesgo más, fortuna, . con que mi intento estorbaras? Aquí mi engaño se sabe, y se pierde mi esperanza. . Aquí, señor, está el hurto que nos has dado palabra de perdonarnos, en pago de nueva tan deseada. Cumplénosla, que ya temo que un verdugo más de marcas con el pincel de una penca, y el color que a golpes saca, en repetidos verdugos se retrate en mis espaldas. Bien está, Julio, un criado irá a traer a doña Ana, y a don Juan, pues ya he sabido lo que tanto deseaba: y yo prometo premiaros hallazgo de prenda tanta: mas llega la luz; que miro! Alonso, Isabel, que causa os tiene aquí? don Enrique, don Juan Notable desgracia. Qué engaño es este, mi tío, Enrique también le llama? Al no es don Diego aquel, el mismo que allí con Preciosa hablaba? Él es, y ahora verás como yo no me engañaba en decir que era don Juan. Y ahora también te engañas, no es aquel don Juan? . . Aquel es don Enrique de Estrada, caballero de Sevilla. Hay confusiones más raras? Preciosa está aquí sin duda, . que el que con violencia tanta la robo, fue don Alonso. on Juan es, que aún no engendrara . la ambición de mi deseo tanta dicha en mi esperanza, Cabales estamos, uno, dos, tres, oigan hasta Juana; pero aquí, Julio, te vienen unas albricias pintadas. Señor, a señor aquella que ves allí arrinconada es la misma, cuya nueva, cuando más nos apretaba tu rigor, nos aflojó. En vano quise ocultaria. . Esta qué dices? la luz llegad; hermosa Gitana, dame los brazos. . Qué es esto? Mi padre a Preciosa abraza. . No lo entiendo. . Estoy confusa. Aquí sobrinos, guardada nos tuvo el cielo una dicha, cuando menos la esperaba el deseo; ya sabéis, que cuando en Sevilla estaba vuestro padre, le falto su menor hija doña Ana, y que solo (entre el cuidado, con que entonces fue buscada) se supo que unos Gitanos la hurtaron, y la llevaban consigo, bien que fue a tiempo, que aunque diligencias raras para buscarlos se hicieron, todas fueron mal logradas. Esta noche pues, sobrinos, ya que desvelado estaba con la falta de don Juan; sentí que en mi cuarto entraban los dos, a Julio conozco, y el entonces me declara lo que intentó, persuadido de este Gitano, y la causa de la inquietud de don Juan, su disfraz, y cuanto pasa. Y entonces ese Gitano, temiendo mis amenazas, que su prisión disponian, y que su muerte afirmaban, previniéndome primero con pedirme la palabra de perdonar el delito, confesó, que el ocultaba a doña Ana mi sobrina, y luego sacó una caja del pecho; y de ella un papel, que con distinción declara su nombre, y de vuestros padres, el tiempo, lugar, la casa donde faltó, con las joyas que su niñez adornaban, todas de mi conocidas. Ea sobrinos aquí habéis hallado una hermana, recibilda con los brazos, que ya vuestro afecto tarda en dar indicios de gusto a nueva tan deseada. Cómpense, hermana, este gusto lo que sentimos tu falta. Muera del gozo de verte mi mal nacida esperanza, mejoré de amor mi pecho, pues nueva unión nos enlaza. Esto supuesto; y que Julio me ha dicho ya lo que pasa, pues está tan bien a todos, de don Juan será doña Ana, y Isabel de don Enrique. Y aquí, señores, acaba la Gitanilla, con todas sus tachas buenas, o malas.
