Texto digital de La gitanilla de Madrid
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra o Juan Pérez de Montalbán
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La gitanilla de Madrid. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/gitanilla-de-madrid-la.

LA GITANILLA DE MADRID
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Como tan poco gustosa fue la causa de venirte, allá dejaste al partirte el retrato de tu esposa Quedose, Fabio, olvidado; pero yo pienso que ha sido en este caso el olvido diligencia del cuidado. No es menester que publique tu lengua que eres ingrato. Deja eso: este retrato daré hoy a Don Enrique, para que pueda con él seguir mi engaño mejor. A Don Enrique, señor, el retrato de Isabel, qué dices? . . Vente conmigo, y mis sucesos sabrás. Cierto que quisiera más quedarme, señor, contigo a descansar los sucesos, que tanta atención me piden? no dejarás que se olviden de su cansancio los huesos, porque aquella mula que me dejaste allá, señor, cuando se parte mejor, trota el diablo por el pie. A quién no volverá loco ver su prisa perezosa, porque tarda, y presurosa; trota mucho, y anda poco? Pues si la vieras, es tal, y tan larga, que según su mucha largueza, es un Alejandro irracional. Con más cansancio llegara, y no llegara primero, si en las leguas caballero por la mala caminara. Mas burlas echando a un lado bien sabes que yo contigo junto lealtades de amigo, y obediencias de criado. Ya de tus sucesos cuenta puedes darme, que en mí tienes quien se alegre, si son bienes: y si males, quien los sienta. Vine a la Corte, bien sabes a qué. . Sé, que obedeciendo a tu padre, te partiste, a pesar de tus afectos, de la insigne Salamanca, donde has estado aprendiendo seis meses bellaquerías, socapa de unos derechos de que desde nuestra patria Sevilla, tu padre atento, como él dice, a tu quietud, ha tratado en este tiempo de casarte en esta Corte con Doña Isabel de Oviedo tu prima, cuyo retrato, preñez entonces de un pliego, es ese pobre olvidado que ocupa ahora tu pecho: Y bien sé que tú, agraviando del retrato lo perfecto, diste en no agradarte de él, y te saliste con ello. Volvió tu padre a escribirte mil cartas, y sus consejos, disimulando violencias, se pasaron a preceptos. Resolvístete a venir a la Corte, con intento de no agradar a la prima, o ya tibio, o ya travieso, para que mientras llegaba la dispensación, su pecho disponiendo poco a poco, fuese el agradecimiento. A esto, desde Salamanca saliste habrá mes, y medio con Don Enrique tu amigo, que obligado de tus ruegos se resolvió a acompañarte hasta el fin de este suceso; y yo quedé a enviar la ropa, donde he gastado este tiempo en sacar de nuestras trampas a los que en ellas cayeron. Llegué, pues, Julio a esta Corte: ay de mí! pluguiera al cielo. Deja las exclamaciones para ripio de los versos, y prosigue, que me tienen tus suspiros tan atento, que es de mis propias orejas pendiente todo mi cuerpo. El día, pues, que llegué, de un milagro, de un portento; fue digna ponderación mi dichoso cautiverio. Vi una Gitana: no culpes de humilde mi rendimiento, porque ya la tiene el alma por su generoso dueño, en cuya rara hermosura, con novedades lo bello, con prodigios lo bizarro, con milagros lo perfecto, me detuvieron curioso, vine de curioso a atento, de atento pasé a inclinado, de inclinado llegué a ciego tan brevemente, que fue verla, y empeñarme a un tiempo, y aún sus méritos juzgaron que tardaba en el empeño. Inmóvil quedé al mirarla, y alguno al verme tan quieto, sosegada la atención, juzgó en mi divertimiento, y era que quiso el amor, por suavizar su veneno, que viniese la inquietud disfrazada en el sosiego. Rendido, pues, llegué a hablarla, y lo entendido, y discreto, en lo que abrasó lo hermoso quiso renovar incendios. Mas como de su hermosura lo halló todo tan sujeto, no tuvo ya que vencer, y triunfó su entendimiento. Dilaté el ver a mi prima para servir más atento a mi Gitana, mas siempre me mostraron sus desprecios unos honrados desvíos, unos desenfados cuerdos, unos rigores afables, y unos desdenes risueños. Yo, pues, viéndome empeñado en tanto amor, previniendo, que Doña Isabel mi prima había de echarme menos, y que podía escribir mi falta a mi padre, haciendo que su venida, y su enojo interrumpiesen mi intento. A Don Enrique mi amigo, con quien vivirá lo eterno, desde los primeros años me unió la amistad, y el deudo: le pedí. que con mi nombre fuese a su casa, supuesto, que mi prima ni su hermano no me han visto, que teniendo para su abono las cartas de mi padre, el fingimiento era futil, pues aunque mi padre vendrá en viviendo la dispensación que esperan, esa no vendrá tan presto, y así dispondré mejor el logro de mis desvelos. Díjele, que por mi cuenta quedaba el fin de este entedo, y él sin atender a más que a mi gusto, y a mis ruegos, en todo me obedeció después que de sus consejos despreciaron mis locuras prudentes advertimientos. Quince dias ha que Enrique, con mi nombre, está siguiendo mi engaño, y quince que solo de noche podemos vernos. Bien sé que podrás decirme, que estoy loco, introduciendo en la casa de mi prima, a quien con nombre de dueño su voluntad ocasione, pues para amantes empeños les dan motivo, y disculpa, el nombre, el trato, y el tiempo. Pero qué me reprendes, sino ignoras el intento con que vine, por librarme de ese aborrecido empleo? Aún libre, no recelara ese daño, cuanto menos ahora que estoy de amante disculpadamente ciego; y en medio de que conozco, que ha sido grande este hietro, de lo que en él aventuro, me finge algunos consuelos: Porque supuesto que yo, no tuve jamás intento de casarme con mi prima, bien mirado, considero, que ya es preciso casarse con Don Enrique, en sabiendo nuestro engaño, con lo cual queda libre mi deseo, y en Enrique, y en mi prima queda cabal el acierto. Quédeme, en fin, a servir mi Gitana; pero viendo desde su mismo rigor la fineza de mi afecto, fuese obligada, o piadosa, con vivo airoso despejo, me dijo ayer, que en su traje enamorado, y resuelto la siguiese, si quería que disonase algo menos a su altivo desenfado mi desigual rendimiento, y ya que solo en la dicha de agradarla habló el acierto. Hablé a su padre, que al viso del interés cedió luego, buscando en su conveniencia la adulación de mi intento. Hoy, pues, a dejar mi traje por el de Gitano vengo; y a Julio, resuelto estoy, baste que diga resuelto, para que aquí solo sirvan las réplicas, los remedios, de solicitar mi enojo, de fomentar mis afectos, de provocar mi locura, de renovar mi tormento, de endurecer mi porfía, y de irritar mi deseo, que el consejo solo puede obstinar los desaciertos, cuando no es la voluntad quien apadrina el consejo, para que llegue bien quisto donde está el entendimiento. Supuesto que de antubión, y muy sin volver, y seco mis consejos menosprecias, hay más de que engitanemos: ya en el arrabal estamos, cual de aquestos agujeros es portada del Palacio de esa deidad? . . Calla, necio, esta es su casa, y Preciosa la que ves. . Lo que yo veo, es, que el nombre de tu dama tiene cosas de epitecto. Él es, hoy se ha de vestir de Gitano, y te prometo, Juanilla, que es muy galán; y aunque rigores le muestro. Di que le tienes amor, y no me andes por todeos. Resuelto me trae, Preciosa, a ser tu esclavo el amor, porque ha hecho tu valor la esclavitud generosa. Gitano soy ya por ti, que es, aunque poca fineza, ofrecerte mi nobleza la parte más noble en mí. Ya te obedezco, y aunque es en tan dichoso cuidado mi amor el interesado, si puede en un interés ser mérito la obediencia, hallarte agradable es justo, pues me ha traido tu gusto. No bastará mi licencia; yo gustar? donoso enfado: mal mi altivez conocéis, decir que la merecéis, es no merecer mi agrado. Verdad es que os dije yo, que esto hiciesedéis por mis mas eso fue, porque allí vuestro amor lo mereció: y como mi resistencia obligada llegó a verlo, juzgó que con merecerlo me pidiésedes licencia: darla el deciros lo fue, y aún con haber sido así, no digáis que yo os la di, sino que no os la negué, Ya culpo a mi pensamiento, por ver que en mí mi afición, no halló esta acción, si esta acción es parte de rendimiento. Tú fuiste. Preciosa bella, quien le acordó a mi cuidado la deuda de haber hallado, es corta paga el hacerla. No hay si no llegar, y darle, Pues a qué somos venidos? quisieras que con gemidos. embarazara este valle? que de amor en testimonio a gemidos encendiera el aire? qué más hiciera un suspiro del demonio? Gemidos, no son razones: suspiros, siempre son mudos; aún si gimiera en escudos, y suspirara en doblones, fuera más que luego diga un barbado, hay santos Cielos! esto aún entre mis abuelos era moneda sin liga: ya no prenden esos tiros, derribarnos, y vencernos; también vino por los tiernos. la vala de los suspiros. Reina, mucho me pedís, vuélvome a vuestro desdén. Pues lo habréis mirado bien, y ya resuelto venís, voy por mi padre: ven Juana conmigo. . . Gustoso espero. Adiós, pedante escudero. Adiós, pidiente Gitana: . por Dios que en viendo la suya la bellaca me embistió, pero entiéndoselas yo como muy hombre la tuya con despejo, y con donaire en amores hablaría; mas vive Dios que la mía hiende una bolsa en el aire: cómo con ella te fue? Ay Julio! loco me tiene. Oigan con lo que me viene, eso ya yo me lo sé: mas ya que así te atropella, no sabríamos, qué tanto ha de durar este encanto de ser Gitanos por ella? Hasta lograr mi intención seguiremos este engaño. No será ello este año, porque es tal su condición, tan áspera, y tan mohina, que por hacer un desdén se dejará querer bien de un niño de la Doctrina. Lindo pájaro cogemos, Preciosilla le ha cazado. Bien lo merece Preciosa, que es de hermosura un milagro Don Juan, bien venido seas; en fin, ya determinado a ser de los nuestros bienes? Vengo, amigo, deseando serviros con todas verás. (do, Quién te acompaña? . . Un cria- que ha de estar conmigo: llega, Julio. . Yo llego, y demando con humildad, y obediencia, de este Convento al Prelado, que me examine, y admita a novicio de Gitanos. La burla que hace el buen Julio. Yo no hago tal, si no escarnio. Pues sepa, que es muy estrecha esta Religión, hermano. Ya lo sé; y más si nos cogen, y nos aprensan los cuartos, y nos estiran el garbo, con tres vueltas de tormento. No sé por qué le desdeñas, . . pues ya con excesos tantos su nobleza a tu humildad pudiera haber obligado? Ya tu pudieras dejar de ser bachillera, dando méritos a su nobleza, y a mi humildad desengaños: noble es Don Juan, mas lo noble no merece ser amado; lo amante en él es la parte que agradece mi recato: humilde soy, y hoy lo humilde; o cuanto he sentido, o cuanto, que me acuerdes que lo soy, que en mi altivo desenfado, aunque negarlo no puedo, es modestia el confesarlo! Humilde, Juana, nací: oh fiera ley de los hados! ya que agraviaste mi ser, no conociera mi agravio? diérasme humilde también el alma, pues bien mirado, dar alma noble a un humilde, es un beneficio ingrato. Mas qué es esto, que en el mundo introducido dejaron nuestros padres? qué nobleza es esta, que ha siglos tantos que heredada califica? como de linaje claro se hace propio el valor, si es ajeno el heredado? que es posible que el nacer puede hacer nobles? oh humano error, porque ciego hiciste la nobleza, hija del caso! De suerte, que mi señor se llama Andrés, y yo Hernando, y hemos de hurtar, y callar? por los dos nombres yo paso; mas los dos verbos, por Dios que no los pase un balazo, porque ya me considero en un potro mal domado, en cuya caballería me hacen que por debajo de la cuerda les confiese sin contrición mis pecados. Yo sé, Hernando, que lo haréis. No hagáis de esas burlas caso, que en Julio; y en mi tendréis dos obedientes Gitanos: por Dios que me mueve a risa el verme a mí tan hallado entre esta gente: el amor me rindió por modo extraño. Ya que esto ha de ser, dejemos estas burlas: y tu Sancho trae aquellos dos vestidos, que Andrés Díaz, y Juan Bravo, la noche que los prendieron, en mi rancho se dejaron, para que Hernando, y Andrés se vistan: tu Diego en tanto los desnuda y lo que traen guarda, porque lo vendamos. De paz nos roban por Dios; mas vámonos desnudando. Que no saque esta fineza de ti siquiera un agrado. Ay. Juana, que ya obligada, confieso que voy temblando! mas que es aquello que ahora se le cayó, y el criado ha encubierto? ah recelos! Tú tienes lindo cuidado. . . Qué es eso, Hernando? qué ocultas? No es nada, es un relicario. Desgracia notable ha sido! Pues dámele. . Ha muchos años que dura, y tiene la tinta vieja, y el víril quebrado: no le veas. . Linda flema: mas qué es esto? . Es un retrato de una santa extravagante, muy devota de mi amo. Una dama es que en el pecho tiene una cifra. . Oiga el diablo, ya ha reparado en las letras. Confieso que estoy turbado. Que tal está la Gitana, y que cual está mi amo. Que haba sucedido ahora este azar! . Callad, y veamos si saben los Caballeros mentir como los Gitanos. Preciosa advierte que sí, mira (temo su rigor) desgracia fue de mi amor traer el retrato aquí, sabe el Cielo que por ti: que mal disculparme quiero. En vano, don Juan, te espero en tu verdad disculpado, que quien comienza turbado, no acabará verdadero: palabras te da violento tu aliento en esta disculpa, y tu voz viendo tu culpa, tropieza en tu mismo aliento: al más afectado acento falta la pronunciación, y aún tu misma turbación mal pronunciada te oí, porque no hay palabra en ti que se atreva a ser razón: sosiega el aliento, y mira que en vano a mentir te atreves; pues a tu voz no le debes aún entera una mentira. Mal la turbación te admira, que ocasiona mi lealtad, no solo la falsedad a turbar la lengua viene, que también en ella tiene sus peligros la verdad: ese retrato parece que de mí quiso vengarse, o fue al caer apartarse del pecho que le aborrece. Y esa disculpa merece otro enojo, más bien vi que de ti se apartó aquí; mas tú que le aborrecias, en el pecho le traías para apartarle de ti: ha don Juan! . . Descuido fue, porque Julio. . No prosigas; amas, don Juan, y me obligas con descuidos de tu fe: como si tu culpa fue a más furor no me irrito? como tu disculpa admito si es ofensa la disculpa? o que espero, si una culpa, disculpas con un delito? Por Dios que el diablo anda listo, Todo ha sucedido mal. Vamos, Juana, voy mortal: oh quién no le hubiera visto! Tente, mira. . Apartate. Tú no te has de ir sin oírme. Pues bien, qué puedes decirme? Mi desdicha. . Ya la sé: quieres más? . Que el desengaño veas. . No le he visto? . . No. Bien está, esto se acabó. Y mi pasión? . Y tu engaño? Mi amor verás. . Ya sé que es el más falso. . . Es el mayor. Bueno estuviera el amor. después, mi bien. . no hay después: ya no has de verme jamás. Pues he de perderte? . Sí; pero qué te importa a ti? Me importa el vivir. . No más? pues no vivas: Juana, vamos. Que así tu rigor me da la muerte? . Me cansáis ya. Pues tú me. . Dirás que estamos pagados: Don Juan, a Dios, que ya lo sé. . . Iré tras ti. Oyes, no pases de aquí, que nos pesará a los dos. . Oye. . . Isabel es dichosa, que ha salido su retrato de las manos de un ingrato, y dio en las de una celosa. . Esperemos a la vista si hacen las paces. . Es diablo, no habrá acallarla. Confieso, Martín, que vengo cansado: no es Santa Bárbara aquella? Si señor. . . En este barrio ha de vivir don Alonso, de doña Isabel hermano, en cuya casa don Juan mi hijo estará hospedado; pero yo no quiero verlos de esta suerte. . Aunque fue extraño suceso quebrarse el coche, fue dicha también del caso que se quebrase tan cerca. De la mañana, y el campo quise gozar con venirme a pie. . Ya estaban tratando de aderezarle, y no podrán tardar. . . Yo quiero entretanto entrarme a esperar en casa de don Diego de Alvarado; mi amigo, que ha de vivir aquí cerca, aunque no acabo de conocer estas calles. Aquí he visto unos Gitanos, ellos lo dirán: Amigos, sabreisme decir acaso donde vive por aquí. Quién? Don Diego de Alvarado. Vive en frente de los Pozos de la Nieve: igan el diablo de la moza; no la veis como huye, y le ha dejado? Vamos hacer estas paces, que se nos va de las manos el pájaro: a Preciosilla. Esperad. . Buenos estamos: atájala, Diego; y tú adoba tus desagrados, mientras yo del nuevo Andrés las esperanzas apaño. Tras una Girana van. Esta es rara gente: vamos a la casa de don Diego. No fuera mejor entrarnos en casa de tus sobrinos? No ves que será asustarlos? Dime tú, que como eres padre del novio, y a un lado te ciñes lo caballero de Ciudad, tendrás por caso de menos valor, entrar sin sequito, y sin boato. Y eso también te parece que no es justo repararlo? la primer vista se lleva la gala: no fuera malo habiendo venido en coche entrar a pie, y sin criados. . No os vais, don Juan. . Aquí espero. Doña Isabel le llamó por señas. . Ay, Fabio! yo no entiendo el mal de que muero. Tú tienes, señor, la culpa de tus penas. . Es verdad; mas si miro a mi amistad, hallo en ella la disculpa: don Juan aquí me ha enviado, yo por su gusto he venido, y con su nombre he seguido el engaño que he trazado: el riesgo no es de dudar, porque me tienen por él don Alonso, y Isabel, y esto no puede durar: él su pasión apetece, y a su gusto solo atento, aborrece el casamiento, porque a su prima aborrece! yo que su rara hermosura desde más cerca he mirado, del principio de un cuidado tengo el alma mal segura: ella viendo mis tibiezas, nacidas de mi amistad, mi dormida voluntad despertó con sus finezas; qué busca amor tu porfía en mi afecto bien nacido? o que fuerza tuya ha sido esta resistencia mía? si yo. . Don Alonso viene. Don Juan? . Don Alonso, amigo? Lo que os decía prosigo. Ya mi atención se previene segunda vez. . Con mi hermana me he detenido, escuchad culpas de mi voluntad con disculpa soberana. Hermosura, y discreción pintabáis en un sujeto. No debe nada, os prometo su alabanza a mi pasión: cuantos la ven han amado su rara beldad; y el que mas sin ambición la ve, no se excusa de admirado, Yo sin juzgarlo fineza, al mirarla me rendí, tan prodiga anduvo allí con mis ojos su belleza. Ya sé que habéis de admiraros, don Juan, si os digo que ha sido la hermosura, que rendido acabó de exageraros una Gitana. . Esta fue a quien se rindió don Juan, sin duda creciendo van los riesgos que imaginé: quien pudiera disuadirle de este amor. . Enrique, ya veo que culparéis mi deseo intentando corregirle con razones, pero bien sabéis la fuerza de amor. Bien conozco su rigor, pero conozco también, don Alonso, que pudiera templarse vuestra cordura, no es disculpa una hermosura de una voluntad ligera. El entendimiento es justo que modere una pasión, y no dejar la elección toda en las manos del gusto. Una Gitana, bastante empeño pienso que fuera, que deseoso os tuviera, mas no que os tuviera amante, Anes de verla, confieso que era de vuestra opinión, y que en otro esta afición la tuviera por exceso; mas todos eso decimos antes de amar, y después lo más disculpado es lo que más reprendemos? no caben juicio, y pasión, antes nos llega a costar diligencia el excusar avisos de la razón. Pero veréis la Gitana, que ya he enviado por ella, porque ha deseado bella, de mi informada mi hermanas y entonces vuestro rigor, a vista de su hermosura, podrá juzgar, si es locura, muy disculpado el amor: mas ya ha llegado mi hermana, aquí podéis aguardar, mientras yo voy a tratar de que venga mi Gitana. Don Juan? . Isabel hermosa? ya se hallaba mi atención, sin tan bella ocupación, casanda de muy ociosa: la vista estaba ambiciosa de hallarte, y ella ha podido decir solo que ha vivido al mirarte, porque en mí está, después que te vi, toda el alma en un sentido; Dejadme extrañar, Don Juan, cuando tengo hecho el oído a tibiezas de marido estos visos de galan: mal enseñadas están mis confianzas. . Qué oí, vos desconfiasteis? . Sí; pero atendiendo a los dos, lo que puedo hacer por vos, es desconfiar de mí. Confieso que mi sentido no alcanzaba ese primor de hacer callado al amor en el tiempo de admitido: primor debe de haber sido; pero con riesgo de ingrato, y ya pensaba el recato, para acallar mis enojos, que apelaban vuestros ojos a la hermosura del trato. Los días que a mí tibieza has atribuido, son los que di a la admiración de mi dicha, y tu belleza; y así fue amor, fue fineza el callar, y es argumento de más vivo rendimiento, que está, cuando más callado, el amor más pronunciado de la voz del sentimiento, Luego con decirle más de la fineza te alejas; más cuando el silencio dejas, mérito al silencio das. Es verdad, pero ya estás. Déjalo, no sutilices con silencios infelices, si no es que decirme intentes, que pregunte a lo que sientes para aquello que no dices. Desuerte, señor galán, que queréis que os diga yo, porqué razón os desprecio? linda pregunta por Dios; porqué me amáis vos a mí? Notable resolución! porque os vi, y vuestra hermosura la libertad me dejó. Pues si puede una hermosura hacer violencia a un amor, también puede una fealdad hacer un odio razón. Raro despejo! . No es costosísima pensión de una hermosura un amante, y más cuando todos son como Don Juan: pero a mí . qué me importa, si el error su delito le castiga mucho más que mi rigor. Aquí tienes, Isabel, la Gitana que agravió mi alabanza: mira, hermana, si el Cielo en su perfección, la inmensidad de sus dones lúcidamente abrevió? Rara hermosura! . Muy corta fue vuestra exageración, Si yo fuera como todas (viendo que decís los dos que soy hermosa) dijera, con gran disimulación, vustedes me hacen merced, que no lo merezco yo; pero fuera necedad mentir en mi disfavor, y error desmentir el gusto de quien me favoreció; porque hay mujer que muy falsa al que hermosa la llamó, cuando siente que es verdad, dice que es adulación: y aquesto no es humildad, sino una loca ambición de que otra vez le repitan lo mismo que antes negó: y así a la hermosa que dice que no lo es, a media voz creerla, y por aquel rato dejarla tener razón. Cierto que tienes donaire. Mirando esta dama estoy, y me parece que ya la he visto otra vez; mas no se me acuerda donde fue, y sin saber la ocasión me parece que me importa saber quien es. . Mi pasión crece en todas sus acciones. Confusa de verla estoy! Sabes la buena ventura? Qué Gitana la ignoró? vaya de Gitanería, ea, manos a labor: oh que buena cara tienes, niña, bendígate Dios, dame para hacer la Cruz. No será bueno un doblón? Bueno, cera como un oro; i zi el tal fuere traidor, no perderá nada, digo zi caraz tuviere doz: hay galanaza, que ojitoz tiénez tan mantantez, con que no ez pocible decirlo! mizericordia de Dios, muchoz te quieren, y a ti entre uno, y otro amador, como la hojita en el árbol ze te anda el corazón: maz dejémoz dizparatez, que zolo el vulgo creyó, que le he de decir verdad: todaz estaz rayaz zon zeñalez de que la mano muchaz vecez se cerró. Bien dices. . Mas que acerté? Donaire tiene por Dios. Esto es verdad, lo demás. solo ha sido introducción de nuestra codicia, que es juzgar que el hado dejó índice de sus secretos. en la mano, es un error más llano, que cuantas palmas. la simplicidad rayó: y caso que fuera cierto el saberlo, juzgo yo que es excusado, porque lo previsto en esta acción va de ser dicha, o desdicha: y si es dicha, lo mejor de ella, es llegar ignorada; pues quien antes que llegó la supo, esperando alegre su dichosa posesión, el gozo de recibirla. con la esperanza partió: y si es desdicha, el saberla es padecer su rigor desde que se teme, pues a una desdicha, el temor le dobla lo riguroso, y le aumenta lo veloz. Que esto sepa una Gitana! Cierto que es admiración. otra vez vuelvo a mirarla, y otra vez desvaneció lo frágil de mi memoria el cuidado a la atención. Pues entre todas las gracias que has visto, no es lo menor el bailar. . Estos afectos de don Alonso, me son embarazosos de parte de don Juan. . Este favor me has de hacer. Quieres bailar, Preciosa? . Pues por qué no? Vayan por una guitarra. Y témplenla allá por Dios; mas ya sé donde la vi: no en vano me pareció que me importaba el saber quien es: ha don Juan traidor! aquí traigo aquel retrato: y para saber mejor si es verdad, tengo de hacer, Las castañeras te pon: en qué estás tan divertida? Buscándolas Juana estoy: de este modo lo sabré. Mira que se te cayó: mas qué veo! este retrato no es mío? . Tienes razón, y el que di a don Juan la cifra lo dice. . Perdido soy: don Juan se le dio sin duda, y a mí me culpan los dos. El que di a don Juan lo dijo cierto mi agravio salió. Disimula hasta después. Bien dices: sin vida estoy! A mí me ofende dos veces, en mi hermana, y en mi amor. A mí me dobla el agravio el ver su baja elección. A mí me injuria su engaño, y me ofende mi dolor. otro día bailarás, Preciosa. . Con otro humor volveré quizá. . Está bien, vuelve otro día, que yo quiero feriarte otra alhaja a esta que se te cayó. Oyes, la alhaja, y la alhaja de la alhaja. . Qué? . Te doy. Ven, don Alonso; pesares. Yo vengaré mi dolor. Yo apuraré mi sospecha. Yo ajustaré mi razón. Bueno quedo: en qué de riesgos va tropezando un error! pero a mí solo me toca no crecer en mi pasión.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Buena la hicimos: apenas habrá una hora cabal, que por nuestras grandes culpas engitanamos, y ya nos comemos de tramoyas, y embustes. . . Qué necio estás: dime lo que ha sucedido? Lo que sucedido ha, es que tu piedra Preciosa. . . Dilo, Ha venido a encontrar por la pinta del retrato con la prima original. Qué dices? . que me lo ha dicho y que ya tomando está. . . Qué? Los Cielos con las manos. Todo ha sucedido mal. Mira que es lo que has de hacer No lo sé, que aunque la está adorando sin arbitrio mi obstinada ceguedad, no dejo de conocer que fuera yerro fiar de una mujer como esta una acción tan incapaz de disculpa, como haber fingídole otro don Juan a mi prima. . Pues, señor, no hay cosa como negar: pero ella viene. . . Que pueda un afecto desigual mas que la razón! No mires, pasa de largo. . . Te vas sin hablarme? . Que se use este modo de engañar? Qué tienes, Preciosa? . Juana no se lo dijiste ya al criado? . Y le conté todo el suceso cabal. Pues para qué lo pregunta? ven conmigo: a Dios, don Juan. Dónde vas? . Quieres dejarme! Tú no te has de ir sin oírme. Pues bien; qué puedes decirme, que no sirva de irritarme? esperar un enojado en una evidente culpa, que le den una disculpa, y cuando más injuriado darse a la queja tan tibio, que de ella aliviar se deja, horó es desprecio de la queja, o es ambición del alivio. Si tú no quieres oír, y él quiere hablar, no habrá medio; pero queréis un remedio? a todos oigo decir, que el silencio da razón de si con brava advertencia, y que es con muda elocuencia un callado Cicerón; pues si quiere tu desdén explicarse, y tu lealtad, responded, los dos callad, y yo callaré también: tu silencio al de Don Juan tiña, el de Don Juan muy frío busque disculpas, el mío meta paz, y así estarán muy gustosos los oyentes oyendo con atención, en muda conversación, tres silencios elocuentes. Calla, necio. . Convencerla no ha de poder, que Preciosa está con razón quejosa, y Don Juan sin culpa: ella de sus celos informada, conoció a Doña Isabel viéndola pintada, y él no la puede ver pintada: cada cual en su cuestión, con razón es pertinaz, pues el diablo ponga paz a dos que tienen razón. Cómo templaré tu enojo en tan infeliz estado? si callo, quedo culpado: si me disculpo, te enojo; pero el callar mi disculpa, es acción más generosa, porque ese enojo, Preciosa, pues con él estoy sin culpa, no soy yo quien te le di, tu rigor se lo tomó; mas si me disculpo yo, soy quien te enojo y así, pues allí tu enojo fue sin dar yo ocasión, y ya mi disculpa te la da, de los dos enojos, que formar tu rigor porfía, me ha parecido mejor evitar a tu rigor el que nace de acción mía. Buen género de disculpa, es no poder disculpar una culpa, y luego hallar fineza en la misma culpa: obligarme cauteloso quieres con ella; o qué enfado! siempre ha de hacer un culpado su delito misterioso? Como sabes que el fingir aquí no te ha de valer, disculpa quieres hacer de no quererla decir; mas pues así no me obligas, esa salida no esperes, que ahora, porque no quieres, quiero yo que me lo digas. Digo, Preciosa, que yo no he visto aquí tal mujer, ni tú la pudiste ver, que tu vista te engañó, y que aquel retrato? . Deja disculpa tan engañosa, porque ya estoy tan quejosa, que aún no mereces mi queja: para aquesto prevenía tu engaño atención; no ves que el negar la culpa, no es disculpa, si no porfía? al arrojar el retrato su dueño, y el tuyo vi, y quejas suyas oí que le acusaban de ingrato. Mal las manos me andarán, . o ha de quedar satisfecha Preciosa de su sospecha, sin peligro de Don Juan: aquí esta Julio obligado a socorrer a los dos, que ya diz que está de Dios, que en la Comedia el criado ha de ser busca remedios para cualesquier fracasos; y así, siguiendo los pasos de nuestros antecomedios, vista vuestra causa, digo, que hoy para reconocer si esta dama queda en ser cizaña de vuestro trigo, es dama de mi señor, o si Preciosa se engaña, vais en cas de la cizaña los dos, espías de amor: tu puedes llevarle allá, y será prueba bastante, porque ella, si él es su amante, luego le conocerá, y quedará descubierto su engaño; mas si contigo no quisiere él ir, yo digo desde aquí, que todo es cierto; que es su amor un fementido, y que merece muy bien, que le ahorque tu desdén en el rollo del olvido. En la casa de mi prima nadie me conocerá, sino es Enrique mi amigo: bien lo ha pensado. . Si él va, es señal de que te engañas. Yo pagaré la señal si él fuere. . Qué dices de esto? no es buen medio. . en qué pensáis? Yo iré, si Preciosa gusta. Buena es la condicional: oyes, si gusta Preciosa, mas tú no te atreverás. Cayó: para convencer, no hay cosa como engañar. Y quedarás satisfecha, si no me conoce? . Allá se verá en que finca tiene sus reditos tu verdad. Cuándo iremos? Luego al punto: querías emperezar, y que el siglo de culpado te durara un poco más? vamos, pues. . vamos. . . aman- mis locuras disculpad. (tes, Recelos, mucho doléis, plegue al cielo que mintáis. . Oyes, Juana, los del arte. Diga. . Entramos sin pagar? Sabe latín? . No lo sé. Pues mire, no hay plus, no hay más. Y no puede esta persona merecer sin esquilmar? No entiendo esa algarabia, oiga estotra, seor galán: entre nozotraz, carita de roza a medio pizar, ocho cuartoz, y un ochavo tienen perzona real. Vamos, que allá nos veremos. Muy lejos va usté de allá. . No es mío el retrato? . Sí. No es el que yo te envié? Cómo negarlo podré, Pues bien, qué quieres de mí? Que me escuches (quien pudiera encarcelar su pasión; mas no ha de ser, corazón calla, y quien muriere, muera.) No sé en qué te divertiste, mira si has de disculparte, que el callar era escucharte, y tú no lo conociste. (Sin mí estoy) deberte espero, que creas. . Déjame a mí: quieres disculparte? . Sí. Pues esto has de oír primero: Tan baja mi ofensa fue, que no la he creído yo, que entonces no se rindió, aunque flaqueó mi fe; porque puesto que toqué mi agravio con mi experiencia, y en una, y otra apariencia se acreditó de verdad, perdió en mi incredulidad muchas fuerzas la evidencia. Mas quisiera ya que ha sido (no sé por Dios que decir) dicha mía el conseguir esta piedad de tu oído, que tú lo hubieras creído: mas donde vas turbación, o perdone tu atención, o agradezca tu piedad, que empezé la necedad, y no acabé la razón. Ese retrato, que en mí mas penas cifró, que en él perfecciones el pincel, copia acertada de ti, me faltó en llegando aquí con otras joyas, sería muy posible, que aquel día algún Gitano le hurtase, y así a las manos llegase de aquella que le tenía: esto me ha ocurrido. . Y es disculpa haberle perdido? No lo sé, más sé que ha sido dicha el hallarle después. Mal lo has discurrido, pues cuando del retrato hurtado lo que solo has sospechado lo tengo yo por verdad, disculpas tu voluntad, pero culpas tu cuidado. Averiguarlo podrás. Aquí está aquella Gitana, que estuvo aquí esta mañana. Fortuna mía, esto más! . Ha venido a muy buen tiempo, di que entre. . Cielos, con ella viene Don Juan! Qué te turbas? Yo turbarme? no lo creas. Has de entrar disimulando. No es menester que me adviertas. Verás que no me conoce. Creerelo, cuando lo vea. Y qué causa piensas dar de volver ahora a verla? Eso, déjamelo a mí. Dios ponga tiento en mi lengua. Hermosísima Isabel, cuya perfección afrenta de tal suerte al mismo Sol, que en la mitad de su fuerza le hace salir arreboles a la cara de vergüenza: hoy, si no lo has por enojo, hoy me vuelve a tu presencia la golosina de ver esa ampona gentileza, hablando como soldado: ese arte lleno de ciencia, hablando como estudiante: hablándote como vieja, esa juventud: ese cielo, hablando como Poeta: y hablando como Gitana, eza tu cárita buena. Déjate de eso, que ahora te he menester. . . Quién pudiera o quiere que la repitan, hablar a Enrique. . Tú a mí? Yo a ti si: Preciosa, llega; pero quién viene contigo? No iré sin que lo sepas. Si aquí le dice quien eres, por Dios que la hicimos buena. Ese hombre, y yo, señora, venimos sobre una tema a tu casa: yo he de hacer que le mire muy atenta. Sobre tema? . Sí señora. Qué es lo que Preciosa intenta? Sabrás, pues, que el buen Andrés, que buena su vida sea, diz que es mi amante, él lo dice, yo no sé qué verdad tenga: bien que el buen Andrés, señora, en llegando a mi presencia, se turba; y luego con voz casi líquida de tierna, me dice aquello de ardores, adoraciones, y flechas, rematando en unos ayes, que afectando lo que sueñan, diz que se llaman suspiros, y encendidos por más señas: hoy, pues por lisonjearme dio en porfiar, que yo era la más bella de la Corte: acordeme de que en ella estabas, señora, tú: dijéselo, y sobre apuesta venimos, donde habrá visto: dígalo él, en su conciencia, que yo estoy apasionada, de parte de tu belleza. No está mala la humildad; parece que no te acuerdas de aquello de que la hermosa; que habla mal en su belleza, o merece que la crean? Por salir yo con la mía, tomara ser yo una negra: que atenta lo está mirando, . mas para que no atendiera, era decirla, que esto otro puso duda en su belleza; pero no le ha conocido, confieso que no me pesa: Dejemos esto, Preciosa, que he menester, que en presencia de Don Juan. . De qué Don Juan? De mi primo. . Cómo quiera era el sustillo. . Me digas una verdad. . Aunque sea contra mí te la diré, que aunque los Gitanos tengan opinión de mentirosos, no hay gente más verdadera; porque demás de que a todos, cuando niños, nos enseñan a decir verdad, y entonces nos lo ponen en conciencia, el mentir entre nosotros es mucho mayor afrenta que cuatrocientos azotes, y diez años de galeras. Bueno es esto, vive Dios, cuando miente a rienda suelta. Solo reparo. . En qué? . Mira, la verdad que menos cuesta vale mucho. . Ya te entiendo, toma un diamante por ella. Mas me tiene ella de costa, séase la que se sea; mas no soy interesable, venga el diamante, y empieza a preguntar, porque en fin, quien da, y pregunta, no hierra. Dime, pues, aquel retrato que hoy se cayó en mi presencia? Dirás que quién me le dio? Sí, digo. . Y por eso era tanta prevención? escucha, y sin que falte una letra, te diré el como, y el cuando, Si ella se lo dice, es fuerza . que el engaño se descubra. Digo, pues, que Andrés. Qué intentas? Lindo susto les voy dando: . salió esta mañana fuera, y apenas habían pasado dos horas, o dos, y media, cuando se volvió, trayendo de camino una maleta: no hay duda que quien me escucha ha de pensar que esta era hurtada, mejor le cuelguen a quien quiera que tal piensa; no fue si no que el Andrés la vio cerca de la cuesta de Santa Bárbara, sola, desamparada, y exenta, y porque alguien no la hurtara se la trajo, y dentro de ella estaba aquese retrato entre alguna ropa vieja. Cierto fue lo que me dijo . Don Juan. . Su mentira misma vino a encontrar con mi engaño, Que notable es su agudeza. . Tu padre, señor Don Juan, de un coche ahora a la puerta se está apeando. . Mi padre? gran daño el alma recela, . que es el padre de Don Juan. Mi padre es este, pudiera inventar mayor desdicha el temor? . Aquí nos pescan. Pues como así se ha venido sin avisar. . . Nada acierta . el valor. . Don Juan salgamos a aquesta sala primera a recibirle. . Señora, primero que aquí me vea, me importa hablarte, y así escúchame mientras llega en esta pieza de adentro. Hablarme quieres? . Es fuerza que dos palabras me escuches. Cielos, qué dudas son estas! . Don Juan, procura escaparte, sin que tu padre te vea, . . que yo pienso hacer lo mismo. Qué es esto, Don Juan? espera, Haber venido mi padre, y es preciso que lo sepa, y ser mi prima esa dama que no me conoce: afuera te lo diré, vamos presto. Ya no es posible, que él entra, y nos ha cogido vivos. Cómo ahora no me esperan, suspensa estará la casa. Pues al llegar a la puerta todo lo que pudo hizo el coche porque le oyeran; pero hacia allí se retiran unos Gitanos, espera: Don Juan mi señor, no es este? Qué dices? . que aunque más quiera ocultarse, es mi señor. Ya nos han visto, paciencia. No ves a Julio con él. Ya le veo, y miro aquellas Gitanas: qué traje es este de Don Juan, y Julio? . Llega, sabrás la causa. . Señores, cayose la casa a cuestas. Don Juan, pues qué traje es este? cómo estás de esta manera? Señor: no sé qué decirle. Qué te turbas? . . Dura estrella. Julio, qué es esto? . Yo encojo los hombros, suelto las cejas, frunzo la boca, los ojos cierro, tuerzo la cabeza, y digo, que no sé nada. Lo que aquí mi ingenio intenta. . es sacar de aquí a Don Juan, y que su padre no entienda su engaño: de qué os turbáis? ya que importa que lo sepa su merced: Sabrás, señor, y muy bien venido seas, que entre la gente de casa, que aquesta noche celebra los años de mi señora, hacemos una Comedia de Cervantes, que se llama la Gitanilla, y en ella hace el primero galán, porque mejor representa el señor Don Juan, y yo (que soy de casa doncella) soy la Gitana Preciosa: Julio toma por su cuenta el Gracioso, y Juana es una Gitanilla, llega. Probándonos los vestidos, que han de servir en la fiesta, estábamos, cuando entraste; mira si en Dios, y en conciencia puedes habernos turbado? Antes es bien agradezca a Don Juan esta atención, que ya veo que son estas acciones de que el amor suele formar sus finezas, y yo le estimo que fino, airoso, y galán divierta a su esposa. . Espere: cómo? esto es peor. . Ella nos echa a perder. . . Todo se ha errado, Y cuándo se hará la fiesta? Responde Juana, si quieres, que yo estoy ya sin paciencia, para más que hacer pedazos; más verémonos afuera. Harase al anochecer, y nos sacó a tu presencia del ensayo, el alborozo de tu venida. . otra es esta. Entremos, Don Juan, a ver a tu prima. . . Si nos entras de esta manera que estamos, lo mejor de nuestra fiesta nos echas a perder. . Cómo? No queremos que lo sepa mi señora hasta la noche, para que a la noche sea parte de la fiesta misma el vernos de esta manera. Si señor, no nos descubras, que en tanto que entras a verla dejaremos este traje. En gran confusión me deja Don Juan, porque no ha querido que aquí su padre le vea hasta tener acabad de hacer una diligencia precisa que él le encargó, y diciendo que iba a hacerla, y que luego volvería, y que su padre no sepa que estaba aquí; mas su padre. Por mí no quiero que pierda vuestra fiesta esta sazón, y así podéis; pero ella sale ya, no os detengáis, idos primero que os vea. Bien se ha dispuesto. . Rabiando voy de celos. . Ea, que llega. Muriéndome voy de risa, de ver que él mismo nos echa. Seas, señor, bien venido. Isabel hermosa, llega, y de mi gusto mis brazos te den amorosas señas. Como te vi divertido, me pareció que no era justo quitarte un buen rato con llegar yo, porque esta Gitanilla es la sazón de Madrid: de esta manera disculpo el haber tardado Por Don Juan. . En vano intenta encubrirse, ella los vio, y pensará cuando vuelva Don Juan, que yo se lo he dicho: bien es que me reprendas el haberme detenido; pero aunque tú me motejas, muy bien mejor al Gitano echar la culpa pudieras, porque deseaba verle después de tan larga ausencia. Al Gitano? . Sí, al Gitano. Pues le conoces? . Qué buena de casa, fuile siguiendo, pregunta? como a mi hijo. qué dices? no hay quien te entienda. Cómo me huelgo de ver, que de ese modo celebras las acciones de Don Juan; pues él, porque te diviertas, intenta estas niñerías, bien que te tendrá suspensa el no saber la ocasión del disfraz, y de la fiesta. Qué fiestas, o qué disfraz dices? . Es una Comedia que hacen entre los de casa, y él mismo la representa, que por eso se ha vestido de Gitano. . Hablas de verás, señor? Comedia Don Juan? No es mucho que tú no quieras conocerle, que está tal, que yo le conozco apenas: parece que siempre ha sido Gitano, según le asienta el traje. . Qué es esto, Cielos! mi tío con tantas verás llama Don Juan a un Gitano? no sé si dude, o si tema: haz que los llamen, señor. Martín, di que al punto vuelvan a salir Don Juan, y Julio. Eso parece evidencia. De qué te admiras? qué dudas? Si llamar Don Juan intentas a un Gitano, y si Don Juan estaba antes que vinieras conmigo, no he de dudar cosas para mí tan nuevas? Señor, Don Juan mi señor salía con mucha prisa y díjele que volviera; pero no quiso escucharme. Qué dices? y salió fuera en el traje de Gitano? Si señor. . Aquí hay cautela, y hasta apurarlo conviene, que Doña Isabel no entienda mi duda: vamos, señora, que no estás bien aquí fuera, y haremos que a Don Alonso tu hermano (no hay quien lo entien- avisen de mi venida. da,) Él disimula: que nuevas . confusiones sobresaltan el pecho; mas si no fuera Don Juan el que de mi amor: pero donde vais, sospechas, que no os quiere el corazón, y os venís hacia la lengua. Al punto saldré a buscarle: no vienes? . Sí, yo estoy muerta. Qué de ilusiones me ocurren! Qué de cuidados me cercan! No sabré yo dónde vas? Ay, Fabio, loco me tiene esta Gitana! . Solene aventura. . Luego irás a casa, y dile a mi hermana, que a comer con un amigo me voy. . Descansa conmigo: te dura aquella liviana sospecha de que Don Juan la dio el retrato? . No sé, pero yo lo apuraré con ella. . Quedo, que están a la vista la Preciosa, y la compañera. . Aguarda, deja que lleguen. . Gallarda resolución. . Esforzosa: hay cosa como negar, que su padre la llamó su esposa, y querer que yo trasoyese, y afirmar que no la ha visto en su vida, aunque es su prima, y después irse, y dejarme? esto es. Prosigue. . cosa perdida? no he de verle más, no tienes que porfiar. . Yo porfío? Debe de ser mi albedrío, que arguye con mis desdenes. El dijo que volvería a buscarte, y se apartó de las dos, porque temió que su padre le seguía. Irse, y negar, lindo modo por cierto; mas no es aquel el hermano de Isabel? de él he de saberlo todo. Ya llega. . Temblando estoy: ve tú luego a lo que digo. . Espera Juana a la vista: mucho temes, valor mío; aquí, señor Don Alonso, cierta duda me ha movido a que me valga de vos, (valor penas, que hoy salimos . de este encanto.) . Qué reparas, cuando te escucho rendido? Esposa, y no conocerle! . si oí mal. y el viejo quiso decir prima, y dijo esposa? yo sus finezas no he visto? pues no quiero saber más; pero siendo los indicios tan claros, notable afecto: yo me llego, y me desvío: yo me esfuerzo, y me acobardo: yo me modero, y me irrito, y en tanta contrariedad el aliento suspendido, el discurso embarazado, y confusos los sentidos, ni busco lo que deseo, ni dejo lo que resisto.) En qué te diviertes, cuándo mi atención has prevenido? No sé, don Alonso, escucha (ánimo corazón mío) lo que quiero es, que me digas, si acaso es tu conocido (vino don Juan de Oviedo. Quién? cómo? . Y si sabes a que a Madrid. . Qué es lo que escucho? (cierta mi sospecha ha sido) en fin, don Juan es tu amante, y amante que ha merecido este cuidado: ah, Preciosa, si supieras sus designios! Dime, don Alonso, dime, cuanto sabes, y has sabido, sin olvidar circunstancia del menor de sus delitos, porque estoy (amor, muy flaco es el valor mío para esta hazaña) resuelta a que confieses tú mismo que queda bien castigado; y así, prosigue. . Pues digo, ya que a los dos igualmente nos importa el referirlo, que ese don Juan, que engañoso, que ese don Juan, que atrevido, que ese don Juan. . No prosigas, y en tus dudas el delito. que cuando a informarse vino mi temor de tus noticias, llegó sin haber previsto, que habías de responderme con pasión; mas ya averiguo en tu voz, y en tu semblante, que has de hablar como ofendido, mas que como verdadero, procurando vengativo descomponer a don Juan tu fingimiento conmigo: y caso que hables verdad, yo cuando la solicito, con tanto temor, no quiero que con discursos prolijos la dé tu enojo elocuente retóricos artificios: fuerte es desnuda, desnuda la busca mi amor sencillo, porque dentro de tu pecho, sin duda la habrá vestido el traje de tu pasión tus afectos mal nacidos; y así supuesto que ahora con solo una duda lidio, y escuchando tu respuesta, no solo está no evito, pero luego he de dudar en lo que hubieredes dicho: si es verdad, o no; mas quiero dejar el pecho afligido con su duda, pues con esto de las dos penas evito la que es posible: de suerte, que el negarte aquí mi oído, sino llega a ser remedio, no deja de ser alivio. No importa que no lo escuches, Preciosa, que ya yo he visto en tus afectos mi agravio, de don Juan: y vive Dios que ha de borrar mi castigo mi ofensa, y la de mi hermana. Acaba ya de decirlo. Digo, pues, que ese don Juan vino a casarse. . harto has dicho: mas como no le conoce tu hermana, si él es su primo, y ha de ser su esposo? . No te entiendo. . Ni yo me explico, ni me entiendo. . Que tu padre te ha de seguir, es preciso. Hablar a Enrique me importa. Oh si yo hallase a mi amigo don Juan! Ah Don Juan aleve! Ah don Juan, amante indigno! Pero allí he visto a don Juan. Pero allí a don Juan he visto. Ah venido a muy buen tiempo. Fiesta ha de ser el oírnos. Don Juan? . Don Juan? A buen tiempo venís. Seáis bienvenido. Quién será este que estaba . con Preciosa? . No le he visto otra vez. . Qué será esto? Preciosa aquí con el primo . de don Juan! . Dos quejas tengo de vos, y aquí en este sitio. Don Alonso, dos palabras diré no más a este indigno objeto de mis pesares, escúchalas te suplico, que después darás tus quejas señor don Juan, el amante al uso del tiempo fino, que tenéis en el mentir menos dicha que artificio, si habéis venido a casaros con vuestra prima, si ha sido vuestro padre el que lo trata, y el que lo quiere su hijo, quedaos con Dios: y supuesto que me perdéis, a vos mismo os decid mi sentimiento; o si no queréis decirlo, preguntádselo al señor don Alonso, vuestro primo? Este es don Alonso, Cielos! Raro aprieto! . Soy perdido! Qué es esto, don Juan? . No sé lo que ha querido deziros esa Gitana. . qué es esto, Gitano? No lo he entendido. Pues antes que de los dos me aparte. . Cogiolos vivos. Lo he de apurar: si Preciosa estaba don Juan conmigo culpando vuestros engaños, y doliéndose del mío, como cuando vos llegasteis mudó su rigor disignio, y llamando a este Gitano don Juan como habéis oído, ni os calló su sentimiento, ni su sentimiento os dijo? No sé cómo responderle! Sin mí estoy. El modo mismo de la pregunta me ha dado disposición, o motivo para el socorro: hay más rara embustera! . Acaba, dilo. a ese Caballero: digo, . . Su merced, señor, no sabe (mo quién es? . Prosigue. . Ese mis- bienhadado Caballero que estaba, señor, contigo, y ella dice que se llama don Juan de Oviedo, ha tenido con ella sus trabacuentas: él, que es alcanzado, y quiso, haciéndome a mí de ojo, usar aquel primorcillo de hablar con mi camarada, que es lo de a ti te lo digo, y entiéndelo tú. . Qué dices? luego por eso no quiso dejar hablar a don Juan hasta que ella hubiera dicho sus quejas? . Es gran persona de decillo, sin decillo. Temblando está mi cordura, de mi razón: habéis visto, don Juan; pero no me atrevo sin destemplarme a deciros mi sentimiento, ni es bien que juzguéis que en el cariño. ocioso de una Gitana se encienda el enojo mío, cuando es más mía la queja de mi hermana, y más indigno. lo que faltáis como amante, que lo que usais como amigo: yo tomaré dos venganzas . si él cometió dos delitos. Lindamente la tragó. . Juan? Don Enrique, amigo, mucho tenemos que hablar. Yo os iba a decir lo mismo. Mirad que ha vuelto la cara, y os ve hablar. . . Bien has dicho, a la noche nos veremos. Adiós. . . Adios. Voy sin juicio. Muerto voy. . Válgate Dios los embustes que han cabido en un día de Gitanos, y aún no anochece! ahora digo, que alguna vez los acasos van tan fuera de camino, que oído, no es verisimil, lo que es verdad sucedido.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Ocultos entre estas tapias estaremos aguardando que anochezca. . Y te resuelves a salir de Madrid? . . Hallo dos conveniencias en esto muy grandes. . Vamos al caso, la primera ya la sé, di las dos. Ya estás cansado; No es la primera, seguir lo que te está aconsejando tu pasión? . . Y seré yo el primero, que arrastrado de una hermosura, atropelle su obligación? . Y digamos, es disculpa del errar proseguir lo que otro ha errado? El enojo de Preciosa, cuya hermosura idolatro, ciego contra los avisos de la razón, me ha obligado a fiarla mi delito, y a decirla todo el caso, de la introdución de Enrique con mi prima, y con su hermano, y a penas oyó el peligro en que me ha puesto mi engaño con mi padre, con mi prima, y con don Alonso, cuando por huirle, y apurar todo el fondo a mi cuidado, ha persuadido a su padre, y a los demás de su rancho a que salgan esta noche de Madrid. . Y tú la has dado palabra de irla siguiendo? Las dos razones que hallo entran ahora, es la una este fuego en que me abraso, que ha introducido en el alma como lisonja el estrago, sin dejarme acción alguna para apartarme del daño que conozco, y no resisto, o resistido le abrazo: y la otra el ver que ya se ha descubierto mi engaño, y es bien huir el enojo de mi padre. . Estoy al cabo, pero aún faltan más preguntas, porque es más lo que no alcanzo; tres veces en solo un día te has vestido, y desnudado, y ahora a galán te vuelves, y me dejas en Gitano. Por buscar a don Enrique con menos riesgo, en cerrando la noche, tomé este traje, y a ti en este te he dejado, porque no dude Preciosa que he de volver. . y en hallando a Enrique, le has de llevar contigo? . . El más arrojado de mis desaciertos, fue introducir con engaño a don Enrique en la casa de mi prima; pero el caso se ha dispuesto ya de suerte, que ha de ser fuerza casarlos; y para irlo disponiendo con él, y dar al enfado de mi padre algunas treguas, quiero que juntos nos vamos, y demos la vuelta juntos a Salamanca en logrando este imposible que adoro, porque desde lejos. . Paso, que viene Preciosa. . . Espera, que por si viene escuchando, de esta suerte hemos de hablar: Ese primor ya es Gitano. Preciosa, Julio, es mi bien, esto me dicta mi estrella, y yo he de salir con ella de Madrid. . Míralo bien, y no te quejes de mí, que soy muy clara, don Juan; por aquí a la Corte van, de la Corte por aquí; elige, pues, con valor el camino que quisieres, que cualquiera que eligieres será para mí el mejor, o seas, o no mi amante, o quieraste, o no quedar, ni el contento, ni el pesar me destemplará el somblante; si prosigues, me holgaré, sin risa, y sin ademán: y si te quedas, don Juan, pienso que lo sentiré, sin que en la ponderación, del disgusto, y de la queja, tiré al arcó de la ceja la cuerda mi admiración. Yo suspiros, yo aflicciones, yo congojarme de nadas soy bien acondicionada, aún las mismas desazones que tengo con mi enemigo, me duran poco, don Juan; mira qué me durarán las que tuviere conmigo? Que bien, Preciosa querida, que bien sabe tu sazón, tirándome al corazón burlárseme con la vida: en efecto no sintieras que me quedara? . No sé, Y sabrás decir por qué? Juan, si he de hablar de veras, por más que con mi desvío tu amor elocuente arguya, no me acercas a ser tuya, y estás lejos de ser mío. No soy tuyo? . Aunque me ves Gitana, y mi ser opuesto a mi espíritu; mas esto quédese para después: sabes la vida a que vas? A ser tu esclavo me obligo. La de los Giranos digo, Continuos moradores de esos prados, al campo reducidos los poblados, escúchala, y la sabrás. que para que arrepentido después no me culpes, quiero decirte, don Juan, primero la vida a que te convido. Yo la oiré de buena gana, que estamos como unos brutos, sin saber los estatutos de esta Religión Gitana. Di, pues, que en solo atenderte están mis mejores ratos. Pues oigan los dos novatos, que ella es de aquesta suerte, donde sin la inquietud de las Ciudades; ni el desconsuelo de las soledades, en todo moderando ambos extremos, una vida tan quieta componemos, tan deleitosa, tan desenfadada, y sobre todo, tan acomodada, que según la opinión que más la abona, de esta vida desciende la Chacona: la flor del berro se crió en su playa, y por ella cortaron la Gandaya. Mas porque una República tan grande tenga quien la gobierne, y quien la mande, elige nuestra gente un Conde a quien rendida, y obediente (calla, que, antes que pasen muchos días, si del intento de hoy no te desvías, me han de andar mal las manos, o has de subir a Cónde de Gitanos!) un Conde, pues, eligen, y todos por sus órdenes se rigen: este con atención, con peso, y juicio; reparte a cada uno el ejercicio a que su propia inclinación le llama, y cada uno por dilatar su fama con industria pretende, el mejor en lo que emprende. haciendo Al que le ve de inclinación ligera, le encarga el vaile, el salto, y la carrera; y al que la tiene un poco más pesada, barra, lucha, y espada: en todo serás tu más eminente dentro de pocos días, si no miente la vista, que obedece a los indicios, o como en unos, y otros ejercicios, a todos has de echar el pie adelante: y yo que no soy mármol ni diamante, viendo que los excedes de esta suerte, me cansaré muchísimo de verte, porque estos ejercicios, si te place, cansan a quien los ve, y a quien los hace. Ay cosa como un hombre que es Cristiano, cuando toma una piedra en esta mano, muy grande, y muy pesada, y fijo el pie en la raya señalada, de los hombros poniéndose muy ancho, y con la izquierda sustentando el lancho, librado todo sobre el pie siniestro, cruzando luego, y descruzando el diestro, para hacer una vuelta, con gran pujanza de las manos suelta? pero quiero dejarlo, que me duelen los hombros de pintarlo, Iba diciendo, pues, que el Conde tiene cargo de repartir, como conviene, el ejercicio, o entretenimiento que viene a cada cual menos violento; pero al que siente torpe, y desmañado, le condena al cuidado del hierro que se labra, y que se vende, cosa que importa mucho, y de que pende nuestra conservación; porque con esto, viéndonos dados a ejercicio honesto, con el trabajo de uno a buena cuenta, nos pasa el mundo el ocio de cincuenta: desuerte, que al inútil ocupamos, y los útiles todos nos holgamos. Las mujeres también atentamente, (que también las mujeres somos gente) repartimos su oficio a cada una, el bailar, no hay quitárselo a ninguna, desde las feas, a las desairadas, porque todas nacimos enseñadas: a la que sale cuerda, libre, y sabia, a las de más meollo, y mejor labia, se le encarga el decir buenas venturas, acción en que los necios van a escuras, porque en fin ha de ser muy elocuente quien hiciere creer a un pobre oyente dos mil mentiras, y supiere urdillas, de suerte que las crea a pie juntillas, que según lo que en mí, y en otras veo, no es para bobos el mentir a reo: yo en esto soy la menos elocuente; pero miento, don Juan, medianamente: y cuando al mesurado; que quiero hacer mi bienaventurado, a cuatro pasos veo, llegando con mi poco de ceceo, y aquello de galán, erez querido, tienez muchaz, y pagaz con olvido. Pido la mano, y entro a la sonsaca; con una admiración, y una alaraca, y juntando mentiras generales, que vienen bien a todos los mortales, y a los que tienen duras credederas, diciéndose las todas venideras, que hacen titubear al más atento, no ha habido en faltriquera de avariento doblón que su clausura no quebrante, cíñalo bronce, o murelo diamante. Así, don Juan, así nos conservamos, así nos vemos, y nos deseamos, huye de aquí la envidia desterrada, aquí la paz habita venerada; y en fin todos vivimos de manera, que es vergüenza que nadie se nos muera. Pero si acaso usted no se resuelve a venir, y a Madrid los ojos vuelve, donde con otro amor de más estima le tira la clavija de la prima: no hay si no que los dos muy lastimados, muy tiernos de ojos, muy desordenados, con dos a Dioses, y con dos gemidos, aquí nos despedimos como amantes, y luego tan amigos como de antes. No hay más vida. Prenda hermosa, tu discreción, y agudeza, donde asiste tu belleza no es menos, pero está ociosa: ya te sigue mi pasión, y bien puedes conocer que no aspira a merecer quien obra sin elección; pero dirá mi albedrío, cuando así le destituyo, que ha de merecer por tuyo, lo que perdiere por mío. Conceptos vienen, y van; pero qué es esto? . Ay de mí! dicha es hallaros aquí: aprisa, señor don Juan. Qué tienes? que anda el señor, tu padre. . . Quién: . recorriendo nuestros ranchos, y yo huyendo con las alas del temor, vengo a daros este aviso. Poner pies en polvorosa como viene, señor. . . Preciosa apartarnos es preciso de este sitio, yo he de ir. . Dónde? A buscar a mi amigo, y al punto estaré contigo. A ti te importa el venir: qué turbado está! no sé lo que el corazón recela, que me pesa que me duela, y me duele por mi fe: volverás, Don Juan? . . Lo dudas? Temo. . . Qué? tu condición. Tus verdades. . . No lo son. No las he visto desnudas. Sabes que te adoro? . Quiero saberlo. . . y mi amor? . No es Desconfiada, y hermosa. (cosa. Vencedor, y lisonjero. Vencedor? . Cielos, que he dicho? mira no me dejes. . . Yo dejarte? . El afecto erró, enmendaralo el capricho: sabes mi entereza? . . Sí. Pues escucha. . . que? . Don Juan, por aquí a la Corte van, de la Corte por aquí, ambos caminos son buenos; pero porque no te quejes, te digo que no me dejes, porque no te echaré menos. Que a la vista de un rigor . se obstine mi desvarío! Que no extrañe mi albedrío . la novedad de un dolor! Ponte al paño. . al paño estoy. Serás mía? . No lo sé. Sabes porqué. . Sé porqué. Dirás que porque no doy. Digo que es mal cortesano. Dirás también qué he de dar. Si digo. . no tengo. . hurtar! No puedo, que soy Gitano. Dos novedades terribles hay en casa. . Sin misterio di, no ponderes. . La una, que ya ha venido Don Pedro, padre de Don Juan tu primo. Como yo a casa no he vuelto ni el decoro es sacrificio desde esta mañana, estaba sin esa noticia. que llegué a traer la llave del jardín, tuve el encuentro de esta novedad. . La otra que me has ofrecido espero, Es la otra, que Don Juan se salió de casa huyendo luego que llegó su padre, y no ha vuelto a ella. . Mis celos . Gente suena. asen de todo; si acaso, como ha visto descubierto el agravio de mi hermana, huye el justo sentimiento de su padre, y arrestado a proseguir el empeño de adorar esta Gitana, cuya hermosura me ha muerto, máquina algún nuevo ardid su ceguedad. . El ingenio de un celoso, siempre ha sido agudo contra su dueño. Dices bien, mas no te admires, que en el estomago enfermo, al humor que predomina se va el mejor alimento. Y a que venimos ahora a este inculto Mentidero de las Maravillas? . Fabio, yo estoy sin juicio confieso, que de mí no entiendo más Quisiera hablar a Preciosa, y ver si ocasión encuentro de una venganza (no sé como te lo diga) pienso en violencias que no entiende, a los fines, ni a los medios. Esta no es de las mujeres, que conocen el respeto, de los ídolos plebeyos. Luego Esa llabe del jardín te hice traer, discurriendo en que está tan retirado mi cuarto; pero no quiero, ni sé decirtelo, deja que te lo diga el suceso, que es más fácil a las manos que a la voz un desacierto, Preciosilla, ven conmigo. . Dicho, y hecho, ellos son. . Calla que aquí de estas tapias encubiertos veremos en lo que para. Aquí ha de ser el consejo. Sea alabado, y bendito el Criador del universo. Buenas noches camaradas. El que crió los mochuelos mantenga la buena gente. Y usted lo cuente a sus nietos. Bienvenida señora Juana. Acá está el Gitano nuevo? No tiene voto en la junta; pero callando, y oyendo se hará hombre en cuatro días. que decir, que no me entiendo, . Conforme me entrare el juego de la penca. . Es de los mandrias que se asustan del mosqueo? Ya sé que lude, y no agravia un pellejo a otro pellejo. Y el Conde? . Quedaba ahora enalbardando el jumento. Él solo marcha a caballo. Qué inútil gente! . Eso dices? pues si no fuera por ellos, que fuera de las galeras de nuestro Rey? . Escuchemos He tardado mucho, amigos? nadie se mueva. . Eso es bueno o eres Conde, o no eres Conde? Por la dignidad lo acepto. Rara llaneza! . Llegadme súbditos, y compañeros un canto, que no me amaño a presidir desde el suelo. Así se asentaba un hombre antes que hubiera silleros. El Hernando tiene humor. No entiendo este desaliento . del corazón. . Ahora sabes, que amor es golpe de pechos? Aquí Preciosa. . Lo oíste? Aunque la noche en su ceño me escondia su hermosura, ya me lo estaba diciendo el corazón. . Atendamos. Esta risa que detengo me puede matar. . Cubrios, que no tiene otro peor modo y sentaos. . Obedecemos. . de quebrarse el Mandamiento: Pues cómo digo, señores, ya sabéis que es uso vuestro, que las órdenes destruya el Conde, en lobregueciendo, de lo que ha de trabajarse hasta el día? . Si sabemos, Pues esta noche salimos de Madrid, y hay poco tiempo, y es menester que las manos jueguen de todos los dedos. Eso no habla con las manos. Es lo que se debe al puesto. . Cuando habla el Conde, silencio, En primer lugar, encargo la divación, el comienzo de la acción, será rezar en las Maravillas, puesto, que tirando a la garganta el oficio, es buen acuerdo negociar con una Salve, que no se apresure el Credo. Qué prudencia! Qué atención! Déjalos Juana, y hablemos en Don Juan. . Ahí te pica. Corrijome, y no me entiendo, Dar limosna, es cosa santa; mas no ha de ser en secreto, que piensan que somos malos, y para ganar el pueblo, importa mucho llamar en público un animero. Y como que eso conviene. Qué rectitud! . Qué consejo! Sabe el cielo como parto con el pobre el caudalejo de lo quinto, y de lo hurtado, que me toca de derecho: el hurtar en las Iglesias es pecado, y muy mal hecho, Nadie me trabe en alhajas la ejecución, si hay dineros, que el trasto es como perrillo, que siempre busca a su dueño, y el dinero no conoce al dueño de ayer. . Lo apruebo Eso supuesto, y que el hombre se explica bien con supuestos: Diego. Don Humilde, aunque pobrete. Con su camarada el tuerto busquen la vida esta noche a la calle de Toledo, y sus contornos. . Podré alargarme al Matadero? No, señor, que está ya usado ese barrio. . Me convenzo. Sancho. . Menor camarada. Con su compadre el herrero trabaje en la platería. Usted me endilga a mal puesto. Por qué es malo? Porque duermen de paso, y cierran de asiento. Con risa, y admiración los escucho. . Oye que es bueno Ya tarda. . Tú estás perdida. Déjame, que ya lo veo. Ahora solo faltaba, que a mí; pero yo soy nuevo. Julio se vendrá conmigo a sacar de cautiverio con esta llave maestra, que probé anoche un talego; que a mí tampoco me sufre la conciencia estarme quedo aquel rato que me dejan los cuidados del gobierno. Yo, señor? . Sí, que su amo gusta de ello. . Gusta de ello? pues yo. . Bien está: ea vamos a rezar, y al ministerio; . pero aguardad, lo mejor se me olvidaba, en oyendo las doce hemos de marchar, porque aquel buen Caballero, que cuando estuvo en el siglo se llamó Don Juan de Oviedo, Qué escuchó! Está tan perdido por Preciosa, que ha propa esto seguirnos, si antes del día en viaje nos ponemos. Irse con ella Don Juan! ya se hace razón mi empeño. Dos cosas encargo a todos, buena intención, y silencio. Preciosa, al rancho conmigos seor Hernando. . No me atrevo a replicar por mi amo. Oyen, quien tuviere miedo, irse a galera a servir al Rey. . Ya le serviremos, y remando en su servicio, si conviniere al proceso. Yo les cortaré los pasos. Déjame sola, que quiero pedir cuenta a mi albedrío de mi libertad. . Ya entiendo ese mal; pero entretanto ir a despedirme quiero de mi comadre Polonia, la que vende el hierro viejo. Ella se ha quedado sola: aguarda aquí mientras llego. Qué es posible, mas Don Juan ya desconfiaba; seas bienvenido. . Fingir quiero la voz por ver si me sigue: ven conmigo, hermoso dueño. Válgame el cielo, qué escucho? esta no es su voz. . Resuelto está mi amor a vengarse de mi ofensa, y de mis celos. Hagamos otra experiencia, por si me engañó este necio desconfiar; cómo vienes tan tarde? . Hacia aquí estaremos mejor, en tanto que vuelven los Gitanos. . Caballero, si no disuena este nombre donde sueña un fingimiento, id con Dios, que los engaños se van ya, que no nacieron para mi oído. . Detente, que también hay otro ciego sin Don Juan, que tu hermosura, y tu ingratitud. . Qué es esto? Don Alonso, vos aquí? dejadme. . Yo estoy resuelto. No digáis a qué; escuchad sin las manos, porque tengo mucho que hablaros. . Tú a mí? Y os he menester atento. Pues ya qué puedes decirme? Es lo que deciros puedo, que de esta suerte el honor me enseñó a vencer huyendo, . Espera; sígueme Fabio. . Engañote como a un negro. . Venid, que desde una reja os conoció mi señora, y aunque su razón no ignora, que es invencible su queja, dice que la importa hablaros, no como a su primo ya, como a Caballero. . Habrá más confusiones! . Llamaros me ha mandado, y que esperéis en este jardín. . Cuidados, pues estáis desengañados, dejadme, no me engañéis. Voy, pues, a avisar. A esa puerta del jardín, donde solía buscarme Don Juan, había llegado apenas (que acierta un infeliz) cuando veo que me llaman, y el amor encontró con mi temor, donde estaba mi deseo; pero si el padre ha venido de Don Juan, y es fuerza ya discurrir en que estará nuestro engaño conocido. Para que me habrá llamado su prima? no hay entenderlo; pero errará en no saberlo, por si importare al cuidado de mi amigo: quien creería, sino es que se lo dijese la experiencia, que trajese tantos acasos un día? mas ay, que ignorando el fin de este afecto resistido: mas parece que oigo ruido en la puerta del jardín: de estas murtas amparado veré lo que es. Entra quedo. Eso díselo a tu miedo, que el mío es muy recatado; pero esta puerta no es la del jardín de la prima de mi amo? . Quién te anima te sabrá sacar después de cualquier riesgo, que yo traigo conmigo un secreto, con que el vernos en aprieto no es posible. . Quién debió o de todos los amos, quien a un criado tal acción, que se halle un hombre ladrón, y esto sea servir bien? Por aquí hemos de pasar a escondernos. . Y no puedo saber yo para otro miedo, que temo que ha de llegar, este secreto? . No ves, que soy Conde, y no arriesgara mi Estado, si no llevara conmigo; pero después hablaremos: por aquí a la casa hemos de entrar, Las manos quiero llevar puestas delante, que así llevarán unos antojos, para que vean mis miedos de largo tacto mis dedos, por no tocar con mis ojos, No parece Don Alonso, criados deben de ser de casa, ya se han entrado; pero a esta parte escuché segundo rumor; ay triste, que ya el corazón fiel, con la razón de su miedo, me está diciendo quien es. Aquí está, recelos míos, plegue a Dios que os engañéis: yo Don Juan (temblando estoy.) Ya vuelve el alma a temer. . Yo Don Juan, no sé si acierto vuestro nombre, pero sé que ha sido (ay de mí) el dudarle tan a costa (no voy bien, que no es tiempo de sentir cuando hay mucho que temer) quince días ha que entrasteis en la Corte, y que escuché desde el natural decoro de mi estado; mas también lo hyerro, pues no me importa deciros lo que sabéis, Dejo aparte el sentimiento de haber hallado en poder de una Gitana aquel mismo retrato que os embié: el decirme vuestro padre, cuando os retirasteis de él, que vio a su hijo en el traje de Gitano, y el tropel de confusiones, que así me han obligado a creer que no sois el que en mi afecto; pero quién habíais de ser? parece que entre mis dudas desairo yo mi altivez. Para lo que ahora os llamo, es Don Juan, para saber, que confusiones son estas: vuestro padre que se fue a buscaros volvió ya; pero sin dejarse ver, se ha retirado, afectando achaques de su vejez. Mi hermano, no ha vuelto a casa desde esta mañana, que vio a mi retrato triunfar de mi arrojado a mis pies: Y yo no sé como os diga mi queja, solo diré, que estoy sintiendo el dudar, y estoy temiendo el saber. Bien pudiera mereceros, que al mirar la sencillez de mi afecto; mas qué escucho? la llave siento torcer en la puerta del jardín, mi hermano sin duda es, yo me retiro, y mi riesgo os pide que os retiréis, pues sois quien le habéis dispuesto, que lleguen a parecer delitos de mi pasión las decencias de mi fe: mas yo diré que está aquí a su padre, y de una vez saldremos de estos engaños. . Ya me hallaba tan perdido de haber de decir quien soy, que el riesgo en que ahora estoy pienso que me ha socorrido: vuelvo, pues, a retirarme. Dejadme, que yo entraré segura de que sabré de mi valor ampararme contra vuestro atrevimiento. Su misma fuga me dio . la dicha, pues la acercó al jardín mira, no intento enojarte. . Lo que os digo es, que me dejéis salir, o me habéis de ver morir, y habéis de morir conmigo. Dos bultos he visto entrar: quién será? Junto a esta puerta esperaba a Don Enrique, y viendo que entró por ella un hombre, que a una mujer, al parecer, con violencia persuadia, llegué a ver quien pudo en la casa misma de mi prima entrar ahora; pero aún se están aquí cerca: aplico el oído. . Fabio, . . desairada la paciencia? con que poca diligencia te dispusiste a seguirme: cierra bien, y aquí te queda, mientras voy a ver si están recogidos. . . Bien se ordena: este es mi primo, y me tiene por algún criado. . Alienta, dueño hermoso, que un rendido siempre es tibio en las ofensas. l Él se va. . Bien se ha dispuesto, que no es tan poco resuelta mi osadía, que a un criado ha de temer, con tus mismas armas, sabré Villano hacerme lugar. . . Espera: cielos, qué es esto? Preciosa. Quién es? Juan, yo estoy muer- Juan en este jardín? (ta: otra está junto a la puerta, y aunque habla, no se percibe lo que dicen. . . Hay más penas! tú aquí, Preciosa? . Tú aquí, Don Juan? . . No me detengas en preguntas, cuando aguarda. toda el alma tus respuestas. Pues traidor, hallote yo dentro de la casa misma de tu prima, y te introduces, sin la disculpa en la queja? Pues ingrata, estás en casa de un hombre, que te festeja, y te estás con tu delito, y con mi razón me dejas? Pues qué, quieres que irritada te satisfaga? . . No aciertas en dejarme imaginar mi agravio. . Y no consideras que aquel espacio que tardas en hacer tuya la ofensa, viene a tener un quejoso Yo te busco disculpada, no te he menester discreta. Oh yo me engaño, o parece la voz de Don Juan aquella: quiero asegurarme bien. Pues Don Juan, aunque pudieras fiar más de mi recato, cuando tus verdades mismas, de sufrir rigores míos han llegado a ser finezas, para dejar de mi parte toda la razón entera, te he de preguntar si ignoras que desprecio las finezas de Don Alonso, y si dudas, que pensaba en su defensa, o en su fuga quien llegó a valerse para ella de tu acero; a Dios Don Juan. Aguarda. . No me detengas, que ya no quiero saber tu disculpa. . . Pues qué intentas? Él es; que puede ser esto, n Juan? . . Dn Enrique. . Apenas lo creo: es Preciosa? . . Sí. Pues qué es esto? . . Una violen- de mi primo; no te has de ir (cia Preciosa. . Ves que no me dejas, pues más me estás apartando de ti. . Mi sobrina misma me ha dicho que está aquí dentro Don Juan, y porque no pueda escapárseme, he venido por la calle hacia esta puerta del jardí abierta está; qué será esto? . . No seas porfiada; como Enrique a entrar hasta aquí te arriesgas, si ya ha venido mi padre, y sabe nuestra cautela mi prima? . Cómo tu prima? pero mejor allá fuera hablaremos. . . Dices bien, que es contigente que vuelva Don Alonso; ven Preciosa: pero quién es? Quién pudiera desconocerte de parte de tu obligación . . Qué pena! mi padre, perdido soy. Esto es peor. Yo estoy muerta. Quién está contigo? . . Yo, señor; que esto me suceda! Sacad luces. Que me quieren los rigores de mi estrella! Isabel, a mí me importa que tú a mi tío diviertas, porque no vea el jardín. Pues qué importa que le vea? mi hermano quiere encubrirle; no lo entiendo. . La luz llega: Don Enrique, vos aquí? qué novedades son estas? Don Enrique le ha llamado, . y otro está con él. . Qué nueva confusión es la que escucho! . Muerto estoy! no sé que pueda responderle. Aquí hay más daño del que temí, mas ya es fuerza saberlo: cómo, señor, al que con tus cartas mismas se acreditó de tu hijo llamas Don Enrique? . Espera. Don Enrique tomó el nombre de Don Juan? . Y mi paciencia se detiene hasta apurarlo. Qué es esto? Juan, qué esperas? habla. . Ladrones, ladrones, Tened; qué voces son estas? Qué querían escaparse? Esto escucho! Aquí me cuelgan. Yo me retiro a esta parte; vanidad mía, otra afrenta! Son Gitanos? . Y cogidos con el hurto. . Ay desvergüenza semejante! pero Julio, qué es esto? . Es una obediencia bien mandada, que encontró un mandamiento de prendas. Señor, mi humildad te pide, que dos palabras me atiendas, que quizá te han de importar. El descubre mi cautela . por librarse. . A mí importarme? Y a toda esta casa. . Fuerza es saberlo, que a Don Juan vi en ese traje, y sospecha el corazón; pero di, prosigue, y no te detengas. Abre, señor, esa caja: conoces esas joyuelas? (pero allí he visto a Preciosa . retirada; bien se ordena.) De alguna niñez adornos parecen. . Llegad a verlas. Ese Cupidillo de oro he visto otra vez. . Espera; este rostro todo es de mi madre! . Ahora lean sus mércedes ese libro de memorias. . Hay quimeras mas notables! venga el libro; dice de aquesta manera: Memoria de las que aprenden a echar las habas. . No es esa Cuenta con el hierro que se labra, y adonde queda a venderse. . No es tampoco la hoja que importa esa. Cuenta de cuantos embustes las Gitanas hoy celebran, engañando mentecatos, y mujeres que se precian de ojialegres. . No es ahí, Cuenta, y recuenta de los hurtos que este año se han hecho. . Tampoco es esa con ninguna tiene traza de topar el tal Poeta. Han visto, señores míos, que lindo libro de cuentas para en cas de un Asentista! y si el tal acaso llega a ser Grnovés, por Dios, que será extremada cuenta. A esotra hoja ha de estar? Aquí dice: Lista nueva de niñas perdidas. . Prosigue, que esa es. . Leo si es esta: que es esto! . Qué es lo que escucho! Mi hermana, cielos es esa? Hay más extraña maldad! siempre se dijo, que aquella noche anduvo una Gitana por el barrio. . Esto es comedia. Qué aguardas, como no dices dónde la tienes? . Qué esperas? Qué te detienes? . No está muy lejos, Preciosa llega; Aguarda, que aunque el retrato, la joya, y las demás señas, acreditan lo que has dicho, hay otra que hará evidencia, o tu verdad, o tu engaño. cuál es? . En la mano izquierda, ha de tener un lunar en la forma de una estrella. Sin duda, que al señalarme conoció naturaleza que lo habría menester. Señores, ya no me cuelgan. Esta es la estrella, y la dicha que me influyó, el verme puesta a vuestros pies. . Ello es cierto, sobrina. . Hermana. Hoy empieza a mejorarse de afectos. mi amor. . . Y con más decencia llegaré yo a confesar, que amante de su belleza, introduje a Don Enrique con mi nombre. . Y su cautela será para mi dichosa, si la noble resistencia de mi amor, Ya te he entendido, premie Isabel tu fineza, y la de Don Juan Doña Ana. Y yo tomo por mi cuenta el pagar a Maldonado las albricias. . Y aquí llega la Gitana de Madrid a decir con su rudeza la mejor buena ventura, en los años que celebra.
