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Texto digital de Gala del nadar es saber guardar la ropa

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Gala del nadar es saber guardar la ropa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/gala-del-nadar-es-saber-guardar-la-ropa.

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GALA DEL NADAR ES SABER GUARDAR LA ROPA

JORNADA PRIMERA

Sin tocarme podéis verme, y sin ofenderme hablarme. Pensé que querías darme, ocasión para perderme. En vuestra vida penséis lo que piensa a quien habláis, porque en lo que vos pensáis es fuerza que os engañéis, porque vos podéis pensar, que me parecéis muy bien, y que merecéis también en toda el Alma lugar. Y yo entonces por ventura pensaré que me cansáis, y que ire si me dejáis adonde voy más segura. Veis como erráis en pensar, que lo que pienso entendéis? pero ya que lo sabéis. no penséis en porfiar. Conócesme? . No señor. Nunca fuiste a la Ciudad? Discreto sois en verdad, mirad si os hago favor, pues a la cuenta en Paris, no debe de haber más hombre que vos? . Tengo hontado nombre, Parecéis lo que decís, que hay hombres tan desdichados, que era forzoso traer rótulos para saber, que nacieron tan honrados. Decéis a naturaleza, que en la frente os escribió quien sois. . Mas le debo yo por tu donaire, y belleza, pues a su Divino Autor me da ocasión de alabar, que criase en tal lugar las prendas de tu valor: dime quién eres? . No sé de que manera os lo diga, mas vuestro término obliga. No has de engañarme. . N Hacen dosel estos Montes (haré a una casa de placer, puesto que es grande, pequeña para tan alto dosel. Pordos sendas de cristal la nieve la viene a ver, huyendo del Sol los rayos, para defenderse de él Ella, y la pequeña Aldea que entre esos árboles veis, suelen ser la Primavera, gusto del Conde Rujer. Aquí como vos ahora, cazando os entretenéis, tal vez que la Corte olvida, él se entretiene también. No solamente en la caza, pero en ver, y conocer ganados, y Labradores, y Labradoras tal vez. Que hay algunas que parecen en belleza, y en desdén, aquella ingrata, que Apolo siguió Ninfa, y vio laurel. Como allá mira el caballo atropellado correr, aquí del arado al yugo, tardo el perezoso buey Gusta de la verde fruta, porque suele parecer mejor que en la mesa en plata, donde pendiente se ve. Recibe rústicos dones, que del vasallo fiel, no hay presente que no tenga todo el valor en la fe. En aposentos de cera la pura, y líquida miel, dulce parto de las flores, que del Aurora lo fue. El queso, y la verde oliva, y el vino que es al rebes de cuanto nace, pues tiene el valor en la vejez. Remendados cabritillos, que acabados de nacer sabios los hace una letra, segunda del abece. Las perdices, cuyos hijos dieron sin saber porque nombre al plomo que las mata, que ingratitud tan cruel! Detodo lo que os refiero, es el Conde dueño, y Rey, y Guarda Mayor mi padre, con años seis veces diez. No me casa, porque yo ni puedo ni sé querer, entendimientos de roble, Almas nacidas en él. Oféndeme en esta Aldea, que nadie me quiera bien, porque tengo pensamientos, que van por otro nivel. Veis aquí toda mi vida, la Patria, el padre y quien es su dueño, y mío, mirad si os queda más que saber? Porque yo bejo a esa fuente a mirar si en cierta red cayeron dos Ruisenores que me agradaron ayer. Áquíme visteis, aquí os dejo, a caza os volved, que yo me vuelvo al Aldea, que sois hombre, y soy mujer, y ya sabéis que es delito tan desdichado el querer, que ajeno parece mal, y propio parece bien. . Oye por Dios, ove, advierte, hay villana más graciosa! es discreta, como hermosa, perias de los labios vierte, y de los ojos centellas. Aquí está el De fin . Señor tanto os empeña el valor? A ser fieras las Estrellas, que fueron osas, y ya en el Norte resplandecen, que las sigáis no merecen. Mas bella fiera me da cuidado en esta ocasión, que una hermosa Labradora, que de aquí se parte ahora me ha robado el corazón. Para cázar esas fieras, no era mejor la Ciudad? Dices Gerardo verdad, si amaras lo que el igieras, pero como es accidente esto que llaman amor, lo que agrada es lo mejor. No suele tan fácilmente rendirse la voluntad. Al veneno semejante, suele obrar en un instante. Volvamos a la Ciudad, que entre robres, y sabinas, cualquier mujer fuera hermosa no en la Ciudad populosa, ni entre hermosuras divinas. Yo os digo; que aunque estuviera entre todas su hermosura, ellas fueran noche oscura, y ella el Sol divino fuera, y esto con tanto donaire de un sútil entendimiento, que mi antiguo pensamiento llevó como pluma el aire: fiera es esta que vendré a su caza cada día. No será tal su porfía si tú la sigues. No sé, que he conocido valor mas de principal mujer, que de humilde Labradora. Si ha merecido tu amor, partes debe de tener? Desde hoy la pienso servir, porque no podré vivir, mientras no la vuelva a ver. De tu venida, Conde, estoy contento, y no menos también de tu embajada, que en concertar tan justo casamiento la fe de mi esperanza está cifrada. Como si fuera yo tu pensamiento, disponiendo el valor a la jornada, atrávese la Francia hasta las olas, que miran las almenas Españolas. bastian, Tolosa y cuanto I hasta Burgos se estiende la Bureba, pasé veloz, adonde el Regio Manto, Castilla al hombro de sus Montes lleva. Y en el León, a quien temieron tanto, con reducirla a tan estrecha cueba, el Romano, y Bárbaro trofeo, paro su disigencia mi deseo. Besé la mano a Alfonso, y recibido con justo amor, propongo mi embajada, con dulce aplauso, con atento oído del Rey, y de los Grandes escuchada, para el Delfín, la bella, Elvirá pido, de tantos con razón solicitada, remite a sus Consejos la respuesta, y el regocijo a mi venida apuesta. Aquella noche la Ciudad se ardía, venciendo sus Estrellas luminarias, la Nobleza a caballo discurria, en dos cuadrillas que fingió contrarlas, dispusose la Plaza para un día, y concurriendo en él de partes varias. por treguas y amistad algunos Moros, jugaron cañas y corrieron toros. No sé como te cuente, y signifique, de que mavera su valor mostraron, el Mendoza, el Guzman, Haro, y Mantique, que a amor de tu amistad la fiesta honraron: la fama al labio, el instrumento aplique, si versos las hazañas celebraron, para decir de aquel alegre día, la bizarra Espáñola valentia. Así las cuchilladas de los brazos, gallardos separaban de los toros las cervices, haciéndolas pedazos, que eran arroyos sus abiertos Poros, como las sierpes Hércules abrazos, a vista en selvas de sus verdes Coros, así las fieras aumentando famas, a los hermosos ojos de las Damas. El Sol por nubes de oro al Occidente, se fue, dejando conpsión, y espanto, y la noche atrevida alzó la frente, tendiendo encuvilencio, hurto el manto, cuando rompiendo Ejércitos de gente. Alfonso con su Elvira, amados tanto se fueron a Palacio, que tenía la luz artificial parado el cía. En lucido satac avertiendo llamas, amor en breve Reino de hermosura, a Eltira, dieron el laurel las Damas, y yo vi un Sera fin de nieve pura, ocupen una sola muchas famas, lo que el silencio encarecer procura, pues hallar no pudiera tu deseo, ni más ventura, ni mayor empleo. Con un presente a su grandeza digno, de caballos, espadas, y diamantes. prevengo a Francia alegre mi camino, sellados los despachos importantes; su Condestable a acompañarme vino, previniendo los Pueblos circunstantes. hasta la Raya, despiciose luego, y yo ufano, y alegre a tus pies llego. Rujero, a tu cuidado y diligencia esta te como es justo agradecido, aumentando tu casa, cuya ausencia en aquesta ocasión, habrá sentido, habla al Delfín, y con tugran prudencia le pinta la ventura que ha tenido, en tanto que de Rey las cartas veo, principio para el fin de mi deseo. Ramón. . Señor. Parte aprisa a aquella dichosa Aldea, que en habiro de Villana, disfraza mi amada prenda. Dile, que sin ver al Rey, quifieran mis ojos verla, y no es posible, pues sabe, que esta obligación es fuerza. Luego que bese la mano. al Delfín, luego que pueda iré a mirarme en sus ojos, iré a retratarme en ella. Dile, que traigo salud, no digas cosa tan necia, que pensará que es posible que tenga salud sin ella; en fin parte, y dique vine. El verme serán las nuevas, voy a ganar las albricias. . Podré Rujer, cuando llegas tan vizarro de la Corte, después de tan darga ausencia, darte alegre el parabién, decirte lo que me cuestas? Rósela, siempre pensé que esta jornada te diera disgusto, pues fuera justo, dejando tus altas prendas, que por sobrina del Rey al Príncipe merecieras. Con esto como instrumento de estas bodas, si te pesán, temí, sospeche, creí que también me aborrecieras, si es así, bien sabes tú, que es forzosa la obediencia, al Soberano, señor, por ley de naturaleza, del Cielo, y de la razón, y que cuando yo no fuera, no faltara Embajador. para lo que el Rey ordena. Cuando, o como tuve yo ambición con arrogancia de la Corona de Francia? quien esas nuevas te dio? Tu gusto no me entendió y ahot a mi amor repara, cuando el furor se declara, para sentir más enojos, que quien no entiende los ojos, poco ha mirado a la cara. Señora, el mirar honesto, que el justo decoro guarda, a que pecho no acobarda, desconfiado, y compuesto? Entender un hombre presto los ojos de una mujer, o confianza ha de ser, o necedad, o arrogancia. Porque es mucha la distancia que hay desde el mirar al ver, es de los ojos oficio el ver, pero no el mirar. Que mirar, es reparar, reparar de amor indicio, y arguye poco juicio, creer que es un hombre amado, por solo haberle mirado, que es propio en mujer hermosa, tener la vista amorosa, aunque mire sin cuidado. Y si después de decir, que nos quie en muchos anos, con tan claros desengaños, suelen las obras mentir. Y si la lengua fingir, cual hombre se ha de atrever a entender, ver, y leer, por sus ojos sus antojos, que la letra de los ojos, es letra al fin de mujer. Mas cuando hubiera entendido tu amor, necio, y confiado, no era lealtad de criado, si el Príncipe te ha servido. Cuando él me hubiera querido por ser de mi calidad, le estimara mi verdad: y aunque con tanto disgusto, confieso que por mi gusto suplí tu desigualdad, no te mirara yo a ti, cuando él me hubiera mirado, Soy yo tan desconfiado, que cuando tus ojos vi, nunca su lengua entendí, y si entonces la entendiera a tu amor correspondiera. Y ahora no es cosa clara, la que el alma te declara? Mas a tiempo entonces fuera; pienso que te he respondido, aunque con vergüenza estoy, pues que la culpa me doy de no te haber entendido: o quien necio hubiera sido! si la confianza alcanza a entender vuestra mudanza, mas quien, señora, creyera, que en ninguna ocasión fuera discreta la confianza. Yo quise honrarte Rujer, porque bien me pareciste, pero pues no me entendiste, Oh voluntad, que corta que naciste! mudaré de parecer desde este punto ha de ser arrepentirme, y ser mía. Aquí cesó mi porfía, que si una mujer no agrada es infamia declarada, quererla por cortesía, pues solo en un sujeto te fiaste, sola una cosa con verdad amaste, porque en amando a dos, mentira fuiste. Unicamente el alma al centro asiste, donde por tu albedrío la inclinaste, si los ojos de Flora me llevaste, en la Esfera, descanso que me diste. Cuando Flora de mi llevo la palma, quedé sin alma, que morir pudiera. el pensamiento que ha dejado en calma, Ya no la tengo, cuando darla quiera, pues no pudiendo dividirse un alma, quien la merece más, la tenga entera. Seáis, Rujero, bien venido, dadme los brazos, ̱. No puedo encareceros, Delfín, ni el contento; ni el deseo. Ya, señor, quedáis casado, ya firmaron los conciertos, unas manos, para vuestras, no hay más encarecimiento. Del ámbar sacó el marfil, junto a la pluma, los dedos, nunca vi más negra tinta, que me pareció con ellos. Con que gracia, la tomó, la bella Espáñola, haciendo seas letras, que merecían firmar el mayor Imperio! A la rúbrica le dije, el aire gracioso viendo, con que remató su nombre, yo os vea, señora presto. Poner la letra al princio. del que ya es esposo vuestro, págome en risa el clauel de los labios dividiendo. Y un hilo de perlas blancas, asomando se por ellos, pintarte, heroico Ricardo, el rostro, el aire del cuerpó. Después de sen imposible, me parece atrevimiento, imaginad de Castilla, el aire el brío, el perfecto estilo de andar, y hablar, allí con mayor aumento, con que sabréis cuan dichoso habréis sido, y plegue al Cielo, que os dé sucesión, que imite dos tan divinos sujetos. Ay, Conde! ay. Rujero amigo! que alegre estuviera oyendo tus nuevas no ha muchos días. Que causa puede haber hecho, esa novedad en vos? Un accidente, un deseo, un antojo, una inquietud, y un humilde pensamiento: dirás tú que no es posible, humilde ocupar mi pecho? pero en sabiendo la causa, confesaras los efectos, Tienes. Rujero, una Aldea desca de Paris, que creo, que es un retrato de Chipre, y en ella el Monte de Venus. Allí vi una Labradora, cuya hermosura me ha muerto, tras ado del Alba en flores, y en luz retrato del Cielo. Si algún pensamiento, Conde, fue de mis acciones dueño, si tuvo alguna hermosura. de mi voluntad imperio. Todo con fácil ruina, vino derribado al suelo con el rayo de sus ojos, quedando mi entendimiento, incapaz desde aquel punto, para discursos ajenos, que hasta la razón del alma perdió su conocimiento. Notable afecto de amor! No han visto mayor efecto, cuantas causas de hermo sura, producen rayos de fuego. Mía es, señor, el Aldea. Tuiya es la Aldea, Rujero? Tal hermosura, y allí, no la he visto? . Yo le creo, porque si la hubieras visto, hubieras perdido el seso. Fuera de su casa estaba? Pasaba un manso arroyuelo, entre unas flores dormida, que le guardaban el sueño, en cuya margen, le vi. Iria se luego huyendo, que tienen a los Palacios los pensamientos opuestos: yo aseguro que no os dijo palabra, ni a vuestros ruegos detuvo el paso un instante? Labradoras en efeto. Si paró, si oyó, si dijo, que su hermosura, y su ingerio son los silos de la espada, con que me ha pasado el pecho, Qué os habló la Labrador Con el estilo, y concierto, que pudiera hablar mi prima. En mi tierra? Yo os prometo, que no hay en París, señora, de mejor entendimiento: esto os he dicho por ser mi amigo, y por ser el dueño de esta Aldea, y de su casa su padre es criado vuestro, según me dijo, y de edad: Ella vasalla Rujero, que le diréis que no haga? Vos podéis ser mi remedio, habladla de parte mía, y decidla como quedo sin alma, mientras con vos a hablarla en sus ojos vuelvo, que esto de casarme ahora, pienso que estará muy lejos, por lo menos mientras yo no gozo el bien que deseo. Venid, para que a mi padre, de manera, Conde, hablemos, que ejecute, mas de espacio, este casamiento necio. Poned los ojos en mí; y no en el que yo amanezco, y él se pone en que veréis, cual será de más provecho. Suspenso me habéis oído? No tengo de estar suspenso, si el casamiento firmado de quien he sido instrumento, queréis dilatar, señor? Por eso que soy te advierto, cuando se pone mi padre el Sol que sale en su Reuno: vamos a hablarle, que soy mejor para amigo. . ay cielo! Flora desleal? . Qué dices? Que confieso te obedezzo. . Como quien tan cerca tiene Rujero, mi vida es más, todo lo demás es menos Oh ausencia! oh mujer ingrata! . Es extremado Páis. paciencia, amor esto es hecho, . Aficionados venís? mas no ha menester paciencia, . Aficionados, no sé, un hombre después de muerto. No tablemente sintió de deteneise, oisgusto. Con que alblicias, con que gusto padirra pagarte yo, la verada de Rujero! aunque mil almas te diera, Esto me dijo, que fuera en viéndote lo primero, porque como el Peregrino, aunque mil grandezas vea, va a la Patria que desea después de largo camino, como en deshacer la nube, que le eclipsa el Sol trabaja, la piedra a su centro baja, y el fuego a su Esfera sube, Así el alma de quien. aunque más se lo resista, camine a la dulce vista de los ojos de su Dama. Detúbole el Rey, ya sabes lo que entonces sentiría, porque abreviar no podía, Flora, negocios tan graves. Ya te puedes desnudar el habito labrador, en Paris estas mejor, que en este mismo lugar. Vuelve a tus galas, que creo, que quiere el Conde casarse, porque mal puede enfrenarse un amoroso deseo, fuera de ser ya razón. Y cómo Rujero viene? del alma la posesión. Cómo por España os fue? porque tengo para mí, que el mundo, cual más, cualmenos componen malos, y buenos, pues las mismas cosas vi. Ay Sabios, hay ignorantes, hay cuerdos, Flora, y hay locos, falsos muchos, finos pocos, cortesanos, negoclantes, mozos que hacen maravillas, por Damas enamorados, viejos que riñen cansados, porque no pueden servillas. Hijos que heredar desan a sus padres, como aquí. Un padre señora vi aunque esto no me lo crean, que deseaba heredar a un hijo, que al fin murió, dinero, y joyas pescó, y le enterró sin llorar. Hay santos, y honestos pechos, libres del común delito, y hay mujeres con garito, que juegan con naipes hechos. Hombres que se tratan bien, y Hombres que se tratan mal, unos que dan bien por mal, y otros que dan mal por bien. Hay amigos, y enemigos, liberales, y avarientos, contentos, y descontentos, qeitos, y falsos testigos. Galas, sin renta ninguna, y tenta que dan las noches, cocheros del diablo, y coches con ruedas de la Fortuna. Mohatras, que van llevando los Hombres al Hospital, y de quien les va el caudal para el Infierno aumentando, Pero esto no se comience; en fin, todo para aquí, querer todo para sí, y andar a vive quien vence. De Damas, cómo os ha ido? Damas bellísimas son, mas por vida de Ramón, que no se han visto, ni oído. Claro está, que no me habías de tratar verdad qué Ausente no se alegra, y después miente? Por unas vecinas mías, que es acorar con testigos. mayores de todaedad, y por la poca verdad de ciertos falsos amigos; que son juramentos graves, que no vio el Conde Mujer; y para qué es mevester el decirte lo que sabes? Solo yo fui pecador, que una cierta Montañesa, rubia como una Irlandesa, me dio tentación de Amor. Tenía un pierla bellaca, de un enojo, pienso yo, que cuarido niña le dio, como una lengua de baca. Cuando mis ojos le vieron: bien haya (le dijejramen, el pino, o ciprés, mi bien, de que las hormas te hicieron. Diome un capatillo, un día, de Portero de Convento, que por casa de aposento cierto Juanctín vivía. La punta como firmeza, tres esquinas la formaban, que como bonete, andaban por subirse a la cabeza. Pues viendo el Mundo al rebés, dije a Amor, cochero, para, verás una buena cara, y un píeque se mide a pies. Por deshacer la pregunta, me dices, Ramón, donaires? Audaba el Conde en los alres triste, y la color difunta: comia con tu memoria, dormía con tu Retrato. qué Ausente no ha sido ingrato? Conmigo es verdad notoria. Rujero! señor! mi bien! Detente un poco, detente. Cómo, viéndote presente? Ausente vengo también. Ausente, y presente? . Sí. Bien dices, si allá te quedas: qué verme, y tratarme puedas, Rujeto del Alma, así? Ea, que si no es por ti, que en España te has quedado, por mí no estás enojado; que no ha podido ofenderte, quien no ha tenido, sin verte, mas Alma que su cuidado. Alarga el pecho en que apenas hallarás el corazón, los brazos, que no es razón que me den tus glorias penas. Pero si en tierras ajenas dejas por prendas sus lazos, no me desfalsos abrazos: no me abrazes sin amor, porque no hay traición mayor que dar sin alma los brazos. Dime, qué intentas? qué traza tu venida en mis enojos, que con rayos de tus ojos, mis verdades amenaza? pero bien, o mal me abraza, si quejas puedes tener de que te pude ofender, que si te acercas a mí, te dirá el alma que fui, la más constante mujer. Flora, cuando un hombre que ama, y de larga ausencia viene, si semblante airado tiene, quejoso está de su Dama. Y si es bastante la fama para manchar el honor, que delito habrá mayor, que el que ven los mismos ojos. que agravios no son enojos de los que perdona amor. Yo estoy en el peor estado contigo, que puedo estar, pues no te he de ver, ni hablar, o por lo menos forcado. Tú misma la causa nas dado, intentando eniretenerte con el Príncipe, desuerte, que enamorado de ti, quiere valerse de mí, para obligarte, y vencerte, él me ha dicho que te vio en forma de Labradora, traje, que por nuevo adora, de que tan lejos nació. Que le dijiste, que yo era Senor del Lugar, con que le has dado a pensar, que puedo, como Señor, mandarte perder tu honor, si esto se puede mandar. Mira, Flora, lo que has hecho, por salirte a entretener, pues yo vengo a proponer, que ablandes con él tu pecho. Que no estará satisfecho un Hombre de su valor, menos que en perder tu honor ni yo puedo ya querer Mujer que quiere el poder, y que aborrece el honor. Mi desdicha he conocido, no en ser del Príncipe amada, pero de que soy culpada hayas de quien soy creído: salí al camoo, que florido a un Arroyo me llevo: si allí el Plíncipe me halló, quien pudiera imaginar, que me viera en tal lugar, quien en Paris no me vio; Qué culpa fue responder a quien me dijo quien era? que de esta respuesta afuera, no hay que pensar, ni creer; porque esto de ser Mujer, en que luego nos culpáis, es desatino en que dais; porque corre el mismo nombre con un hombre, porque es hombre que también hombres erráis. En faltando una Mujer en cualquier cosa que oís, luego que es mujer, decís? pues que es lo que había de ser? cuando con mal proceder vivís los hombres perdidos, que sois desagradecidos al valor que nos debéis. pues solo bueno tenéis, ser de nosotras nacidos. Si el Príncipe te ha mandado, que me mandes que le quiera, no es sey tan firme, y severa, que ha de cumplirla el criado. Dile tú que me has hablado, y que yo te respondí, Conde, que adoraba en ti, aunque se pierda mi honor, que en sabiendo ajeno amor, ninguno pasa de allí. No, Flora, no puede ser, el Príncipe está perdido, si él fabe que te he querido, a mí me ha de aborrecer. Sin esto no quiero ver cosas que me den recelos, para mayores desvelos, conociendo su valor, porque es un infierno amor, cuando hay poderosos celos. Mejor es que tú le quieras, que tiene gallardo talle, que no es justo desvelarle con engaños y quimeras, que yo en barlas, o de verás querré a Rosela su prima, que con no amarla me estima, y hoy me ha hecho un gran favor, que es para grillos de amor, otro amor la mejor lima. Con esto el Cielo te guarde, y ya señora te veo de Francia, aunque este deseo pienso que se cumpla tarde, y es bien que el decoro guarde a mi Ro Oye, detente. Qué quieres? Que pienses atentamente. Dilo, que puedes decir? Que quien se ha de arrepentir no se ha de ir tan libremente. Déjame necio, que estoy por matarme. En fin te vas. . Déjale. Presto verás de la manera que voy. Pues a que Monte desde hoy, te vas a ser ermitaño? Hh falso! todo es engaño: a Rósela quieres bien? Yo haré que presto te den mis ojos el desengaño. . Oye Ramón. . Yo señora, soy de este reloj la mano, porque donde él quiere, es llano que he de señalar la hora. Pero dejámele hablar, que yo le daré a entender, que quien ama ha de creer, que no creer, no es antar, Antes no ha de ser así, sino dile que yo voy a la Ciudad, donde soy algo de aquel ser que fui, que el habito mudaré, pues ya no es justo esconderme, que quien se atreve a perderme, no merece amor, ni fe, que ne piense que me vio, que lo mismo sabré hacer, pues me tuvo por mujer, que a su obligación falto, que si el Príncipe buscaré la Labradora en su Aldea, no quiero yo que me vea, ni en que soy suya repare, y mal haya la mujer que se retira por gusto ajeno, aunque sea muy justo, hasta que lo venga a ser. Quieren los hombres desvelos, Déjame solo decir, y aún otros más bajos nombres, porque no cren los hombres que están seguros de celos. Con ellos, o con desdén es vuestro amor inmortal; que si no le tratan mal, no hay hombre que quiera bien: haz luego que mis criados pongan a punto la ropa. Cuando lleva viento en popa porque no ai salsa de amor, la fortuna en tus cuidados, Seguro de mi amor el pensamiento, me aconseja Rujero, que le olvide, y con siniestra información despide: quieres que corran tormenta? no hagas tal. . Decirme a mí que querrá a Rosela así en mis ojos está afrenta? que te vi con los enojos, ciertas perlas en los ojos ensartadas en zafir. Conservan las voluntades, celos que dan ocasión a las pendencias, que son para nuevas amistades. Allí cesando recelos, la paz deshace el temor, como amistad sobre celos. . extraña voluntad extraño intento! A ser mujer, y no a quien soy atento, por la regla común sus celos mide, desprecio tan cruel, venganza pide, si bien es ley de amor el sufrimiento. Guárdese, pues, si celos perseveran, no alabe ajenas partes, le aconsejo, que suele helarse el más ardiente abismo, Que amante que aconseja que a otro quieran, merece que le paguen el consejo, en matarle de celos con el mismo.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Esta, señor, es mi Aldea. Y esta Rujero, es la casa de la bella Labradora; llega como dueño, y llama, y advierte, que has de decirle, que como señor le mandas remedie su condición lo que su hermosu mata. A las mujeres, señor, terrible cosa es mandarlas, que contra su honor se rindan Qué importa, siendo tillana? que gran señora conquisto? O sean altas, o seam bajas, desde que tuve discurso, me precio de respetarlas. En que se pierde el respeto a una mujer tu vasalla, siendo yo quien la pretende? Cuanto a ser Delfín de Francia venero la heroica frente que tu Corona acompaña, pero llamaré, señor, y podrá solicitarla Vuestra Alteza, que es mujer, y vos muy gallardo. . Basta, llama Ramón a esa puerta Hh de casa? Quién me llama? Salid, Silvio. Este es su padre. . Su padre no importa nada pero echémosle de aquí: haz tú que al campo se vaya. Quién llama con tanta furia? Al Conde mi señor habla que viene, ya entiendes? . Bien, Conde mi señor. . Levanta, y dime dónde está Flora? Ay, señor! qué de nombrarla me enternecéis, y a los ojos, salen Reliquias del Alma. Ayer salió del Aldea. cuando apenas la mañana, daba perlas a las flores, y a los arroyuelos plata. Llegó el Sol a Medio Dia, y en la mesa la aguardaba, no vino Flora, y sin ella como veneno en mi casa. Bajo de los altos Montes la noche con sombras largas, no vino Flora, y yo triste no dormí por esperarla. Salital campo dando voces, cuando apenas clara el Alba alegre restituia lo que a la noche le hurtaba. hastaá los árboles mismos, fuentes, flores, Prados, aguas, les preguntaba por ella. mas no fue posible hallarla. Que dónde hay mucha hermosura es la diligencia vana, que si no el amor, el oro sabe corromper las guardas; Oye aquello Vuestra Alteza? Oigo una maldad tan claía, que hasta ahora no entendia. Esta Labradora amabas, y luego que yo te dije de mi amor las tiernas ansias la has sacado de la Aldea, Yo señor? No era sin causa el decir que no querías, que yo la quiero, avisarla. Mire V. Alteza. . Vete de mi presencia, que aguardas? quieres que en tu infame pecho afrente el braco, y la espada? Yo me iré, si te disgusto, pero en inocencia tanta, no pudiera ser mi muerte de tu grandeza alabanza, si amor te obliga a furor, que culpa tiene quien trata solo de servirte? . Digo, que de mis ojos te vayas, o vive Dios. Ya me voy. Ramón. Señor, que me mandas? Dónde está aquesta mujer? Si el mayor. Sabio no hallaba rastroso senda del cantino, de un mozo, mucho me espanta que me preguntes aquí el que lleva, si se escapa una mujer, porque es Nave, que lleva el viento las faldas? Vive Dios, que no se de ella, que hay algunas de la casta de ánguillas, que mientras más se aprietan más fe resvalan. Estará en algún arroyo, no hay que tratar de buscarla, porque tienen gran destreza en esto de la afufaina, No has visto, aquella figura, que Poetas cultos llaman, transposición, que con ella se trasponen las palabras, que para hallar el sentido son menester dos semanas? Pues así debió de ser trasposición esta Dama, que no hay hallarla el sentido. Oh infame! Guarda la cara, Vos, qué familla tenéis? Señor, en el campo andan, pocos han quedado aquí. Pues llamad los que hay en casa. Ya salen, señor. Amigos, mirad quien soy, que con estón pienso que os he dicho presto, que si sois falsos testigos, a gran peligro os ponéis: venid vos. . Si dice a mí? Sí, a vos dice. A mí? . Sí. Qué es, señor, lo que queréis? La mujer que aquí vivió, quién es? . No cuido mujer, que vine del campo ayer; donde el ganado quedó. Y vos buen hombre? Perote, y yo que Domingo soy con quien en el campo estoy. Sosiega, no te alborote mi persona. . Nunca vimos mujer de esa compostura, si no es el ama del Cura, después que a Silvio servimos: mejor lo dirá Butrón, que es el cochero de casa, y con las mozas se pasa, eterna conversación. Aquí hay coche? No lo entiende? el que guarda los cochinos. A que extranos desatinos un villano amor se estiende: que sabéis de aquesto vos? Señor, Luna lo sabrá. Ella, señor, os dirá lo que ignoramos los dos. Luna os llamáis? . Si señor! Cercos tiene de humedad, ella os dirá la verdad, que es moza de buen humor. Luna amiga, si creciente te quieres ver de oro, y plata, dime verdad, verdad trata, no imites bárbara gente, esta cadena ha de ser tu primero premio ahora. Señor, no era Labradora, sino principal mujer, aquí el Conde la tenía para casarse con ella, por guardarla, y ser tan bella en este Monte vivía, yo no sé quien la llevó, pero ella está en la Ciudad, esta es toda la verdad. Lindamente la ensarto, Pues villanos, es mujer tan noble la Labradora, que puede como señora serlo del Conde Rujer, y negaisme la verdad? Vive Dios de poner fuego al Aldea, decid luego dónde vive en la Ciudad? Señor, por celos de ti riñeron, y ella se fue. Donde? . Señor no lo sé, que te lo dijera aquí, como he dicho lo demás. Presto veréis mis castigos. Huye Butrón . Enemigos, no estes a mis ojos más. Qué Luna por interés lo dijese? . Era en efeto mujer. . Fiadla secreto. Pagarlo tiene después. Ya me espantaba, Márcelo, que en un Aldea naciese Mujer, en quien pareciese que mostró cuidado el Cielo, como me pude engañar, tan necio en no conocer, que era principal mujer? Hallarla en este lugar, toda sospecha destierra. Buscarla tengo si el Conde, celoso, y necio la esconde, en el centro de la tierra. Para qué? si sabes ya que es su Dama, y ha de ser su Mujer? . No es su Mujer, Márcelo, ni lo será, por habérmelo negado. que si verdad me tratara, y como a quien soy fiara de mi verdad su cuidado, soy hombre que no tuviera de mirarla pensamiento: pero que con falso intento me niegue el Conde quien era, cuando le digo que vengo enamorado de ver una Labradora, y ser traidor al valor que tengo, con tanta desconfianza: por tema la buscare, no la ha de gozar. . Yo sé, que el Conde disculpa alcanza de no decirte el secreto, si quiso guardar su honor. Márcelo, yo tengo amor, que amor ha sido discreto. Por lo mismo si es querida del Conde de ti la esconde. No la ha de gozar el Conde, o le he de quitar la vida. . En gran peligro me vi. Todo el Delfía lo entendió, Qué causa le he dado yo, para que me trate así? entra en la fidelidad, que le de mi propia Dama? No tiene más ley quien ama que su misma voluntad. Los amantes, y los Reyes, no contrastados jamás, en su voluntad no más, dan fundamento a las leyes. Que de males que me siguen; siendo el mayor, no poder vivir sin Flora, ni ver que sus disculpas me obliguen a pensar que no hay agravio. Qué agravio ha sido salir al campo? estoy por decir que no has andado muy sabio, cuerpo de tal las mugures. no se han de apretar de modo que den en tierra con todo. Quiero bien. Sufre si quieres, no muestres tantos despechos, viva libre algunos ratos, que mujeres, y capatos ni hande ser anchos, ni estrechos algo se ha de permitir. Qué haré que sin ella muero? Verla, y hablarla. Aunque quiero, no me puedo persuadir, por no mostrarle flaqueza. Di que el Príncipe te envía, porque ignorante porfía en conquistar su belleza, y con aquesta ocasión por dicha os concertaréis, que los dos os entendéis, Llama a esa puerta. Ramón. Ella sale, que te ha oído. El Conde te aguarda. . Aquí, Celia, el Conde? No por ti, Flora, que no me han traído. tus cuidados. . Yo lo creo, mas que causa puede haber para verme sin tener de verme, Rujer, deseo? Hame traído mi suerte a verte sin voluntad de verte que la lealtad. del dueño me obliga a verte. Desuerte ha dado en querer, o que a la Aldea me llevó, y en el camino mandó, que para el fin que desea como, señor, del Aldea te mande lo mi moyo, no te hallamos, y sabiendo. que estabas en la Ciudad, que ya de tu calidad se ha iformado a lo que entiendo Quiere que yo venga haciendo este oficio en que medes, porque licencia le des de que esta noche te vea. Quién habrá Flora, que crea que yo viviré después, mas no puedo persuadirme, que tu le darás licencia. Aunque yo tenga paciencia para sufrirte, y sufrirme, que comienzo a divertirme, con Rósela, de tal suerte, que no he de volver a verte, y más si viene el De fin, que será con ser mi fin, principio de aborrecerte. Atentamente he escuchado, aunque fuera más razón, no escuchar atentamente, razones que no lo son. Lo que dice un cierto Conde que amaba en un tiempo yo, cuando pensé que tenía de quererme obligación. Y así coicencia suya que otra más necia me dio, quiero proponer la causa en el tribunal de amor. Sean los celos Fiscal, A pues que dicen que salió al campo una Labradora que dejaba el tal señor. Recogida en ina Aldea, porque a España se partió, a ser de los casamientos 1A de su Rey Embajador. Y que estando al tiempo, cuando templado el fiero rigor, por la cabeza de un Monte al mar se embarcaba el Sol. En la margen descuidada de un arroyo a cuyo son, cantaba en un olmo blanco, un amante Ruiseñor, ancia, la vio, habló, y anamoro, las dos cosas son verdad, pero la tercera, no. El verla no es culpa suya, responde el Procurador de la honra de esta Dama, con esta razón que dio. Que el Delfín ojos tenía, y que en ella no fue error, pues que no hizo los ojos, que puso a los hombres Dios. Que en cuanto el enamorarla, es mentira, y invención, lo, para amar cierta Rósela, que allá lo saben los dos. Réplica el Fiscal, y dice, que es grande el competidor, y que es su dueño en efeto, como si fuera traición. Réplica el amor Letrado, que es gran Letrado el amor, y dice, que una mujer, que al Conde ingrato adoró. Siendo principal como él, y no sé yo si mejor no había de aventurarse a tan necia condiciondición. . Necios celos le pedí. La sospecha mal, Letrado, que solamente estudió en las leyes del encaje, salió diciendo, señor. Supico a Vas. lo se lea la información que la tienen tanto amor: ivi aquí dieron tantas voces las partes que en alta voz. El Portero impertivencia, mucho mayores las dio; al fin para los testigos, fue la verdad Relator. Falsos fueron los del Conde, . Los tuyos son, antojos mormuración, la desconfianzas envidias, . Bien hace, que yo las suyas y otros del mismo tenor. Los de Flora, noble sangre, esperiencias, opición, virtud, y fama, que todos juraron en su favor. Con esto el Amor sentencia, que por cuanto el Conde habló a Flora, como tercero, den al Conde por traidor. Y por amar a Rosela, que pueda venir mandó a ver a Flora esta noche el Príncipe su señor. Y así vos se lo diréis, y que aguardándole estoy, que quien trae tales recados, merece tal galardón. . Cómo te has quedado así? Pues qué quieres que la diga? si Flora a que dar me obliga, como sin ella, sin mí: o qué mal lo imaginé! licencia al Principedió? muerto soy. . Mas siento yo, ver que la sentencia fue, hecha de la misma parte. Desde que te ha visto así, sabe olvidarte, y burlarte, guárdese todo amador de darcelos a entender, ni que sepa una mujer pero Celia viene aquí. Qué hay Celia, ayotro recado? Estos papeles me ha dado mi señora para ti. Papeles? que no quiere cosas tuyas. oca Nacional de Esp rendrá más estimación: quieres otra cosa? . No. . Que no tan seco, y mirlado: da licencia que al recado, pueda responderla yo. Déjala, que ya no es bien, que intentemos desvaríos: que decís papeles míos? venís a morir también? quién lo duda? pues aquí quedaréis pedazos hechos. No por Dios, que son despechos, señor, indignos de ti: dámelos a mí que quiero con ellos enamorar cierta dama del lugar. Toma . Lecrelos primero? No leas mis necedadades. Once reales de salmón, dos de especias, cuentas son. Cuentas? No te persuades? aquí dice: diez camisas, seis lienzos, ocho almohadas, unas enaguas labradas, y cuatro sabanas lisas. y en este? . Calla. Atención, receta para la cara: seis azumbres de agua clara, siere injandias de capón, unas habas de la mar, cardenillo, y alcanfor, gallina negra, color: ella te quiere engañar. Verdad deces, que pensaba hacer con esto? . Señor, pensaría su rigor, que en dártelos se vengaba, y que tú los rasgarias sin verlos, ves como Flora, te quiere, el tima, y adora? Oh amor, todo niñerias, todo entedos para necios. Vamos a ver a Rosela, que también sé yo cautela contra celosos desprecios, y por si aguarda el Delfín, aquesta noche vendré, y el Delfín me fingiré, con que todo tendrá fin. Qué fin? Pederderé mil vidas. No la olvidaras jamás, que entonces la quieres más, cuando piensas que la olvidas. Que te parece a ti que premio sea, para pagaral Conde la jornada, y lo que ves que en mi servicio emplea? A quien con el consejo, y con la espada en tantas ocasiones te ha servido, y que no es la menor esta embajada, cualquiera cargo, señor, será lujido a su ingenio, y valor. . No me parece que así le pago lo que le he debido, si nuestra sangre Príncipe merece, por senquien es, y el ver que se desvela en cual quiera ocasión que se me ofrece, paréceme que dándole a Rosela, Príncipe de la sangre queda el Conder Si no me lo preguntas con cautela tal premio, a tal servicio corresponde, pero es la duda si Rósela acaso aceta con el sí, o él no responde. Dile a Rósela tú que yo la caso, que ella tendrá por justo el casamiento. . Yo haré tu voluntad, extrano caso! o como viene bien para mi intento, porque casado el Conde con mi prima, de Flora ha de césar el pensamiento, no saber donde está me desanima, aunque han seguido al Conde mis criados, tanto el secreto de se amor estima, y se burlan los dos de mis cuidados. El Rey me dijo, Delfín, que me estabas esperando, para hablarmo. Estoy pensando, que solpechas a que fin? Cómo puedo sospechar lo que tú me quieres yo? Con ver que el Rey te mando, que me venieses a hablar. En efecto di tu intento. si lo he de saber después? s. Luego no sospechas que es materia de casamiento? Harasme salir colores, eso ahora le desvela? Produce rosas Rosela, siembra en tus mejillas, flores: el Rey ha determinado pagar a Rujer servicios, tan grandes con beneficios a que le tiene obligado. Mándome saber de ti antes que al Conde le diga si su persona te obliga, para que le lleve el sí, que de no ser a tu gusto, no quiere hacerte violencia. Tú conoces mi obediencia, cuando no fuera tan justo. Tú me as hecho un gran placer con eso le voy a hablar. . Qué tengo que desear, si soy del Conde mujer! recuerde otra vez mi olvido al pensamiento El deseo de hablarte donde te veo, por mil guardas me ha traido. Dice el Conde, mi señor, que cuando mandas que venga a hablarte: para que tenga susesperanza algún favor, que si quieres que a tus rejas venga esta noche, vendrá. Ay Ramoni no es tiempo ya, ni de guardas, ni de quejas, el Delfín se va de aquí, que vino a saber mi gusto, el Rey premia como es justo méritos que en Rujer vi, la noche ha de ser testigo de los favores muy presto, Rujer es mi esposo, y esto le dirás, que yo lo digo. . Extrana nueva, y extraño proceder de una señora, que a un hombre inocente adora. y la trata con engaño: quiérole buscar. A quien ibas a buscar? . A ti. Hablaste a Rósela? . Sí, y te doy el parabién de que con ella, señor, me dijo que te ha casado el Rey . Qué dices? Que ha dado este premio a tu valor, cuanto a la merced, confieso que es grande, cuanto al estado de tus cosas, no me ha dado buena esperanza el suceso: trazas del Príncipe, son, desena morarte intenta, Pluviera a Dios. Qué contenta se muestra en esta ocasión, Rósela, no vi en mi vida. tanto placer. n. Ni pesar como el mío hoy puedes dar a mi esperanza perdida el pésame que no es bien Ramón que en suceso igual, esperando tanto mal me de nadie el parabién: yo casado con Rósela, que estoy sin Alma por Flora? Del Príncipe que la adora, fue como digo cautela; mira que has de hacer? m Morir, donde no puedo vencer pues en llegando a saber; donde vive, no ay ielvita ay de mi! cuántas desdichas nacen de un principio errado, quien hubiera imaginado, Ramón tal fin de mis dichas, aún más que perder a Flora siento Ramón, el querer casarme el Rey. Que has de hacer si el Delfín, a Flora adora, no espere tener un día, sosegado ni dichoso, quien tiene con poderoso amor pleito ni porfía: pero anima tus cuidados, que despreciar la fortuna, es remedio en parte alguna de sucesos desdichados: di que no puedes casarte por alguna causa. g. Él viene Quién tan buenas nuevas tiene, Rujero amigo! qué darte, bien puede albricias pedirte. Que puedo tener, señor, que no sea vuestro? Al mayor favor puedes persuadirte, que el Rey mi señor pudiera hacerte, pues quiere darte, Rujero en su sangue pantie. Cuando yo lo mereciera aún fuerannimenso favor, mas que albricias podrá daros mi humildad, si no es besaros los pies, heroico señor. Cuñados somos, Rujer, que me deis los brazos quiero de albricias, que ya Rujero, es Rosela tu mujer. Señor, soy tan desdichado, que no puedo gozar yo nto favor. . Cómo no? Ha días que estoy casado, en que verá Vuestra Alteza, que no me ha dado lugar mi fortuna de gozar tal favor, tanta grandeza. Casado estáis? . Si señor. Pesame. . Si yo supiera que tal ventura tuviera, no hiciera tan grande error. Ahora bien, en parte quiero holgarme de que lo estéis, pues con eso me daréis vuestra Vasalla, Rujero, que ya he sabido quien es. No puedo, Señor, serviros, pues ya es forzoso deciros lo que pensaba después. e cómo? . es la misma señor el mi Mujer. . La Labradora? La Labradora, es Señora; ssoy si soy bueno, es mejor: al Rey dirá Vuestra Alteza cuanto agradecido estoy. No seré, Rujer, quien soy sino os corto la cabeza; villano, viven los Cielos que fingís que estáis casado. Señor. . No habléis. No he causado vuestro amor, ni vuestros celos. Si causáis; pues dándoos parte de mi amor, no me dijisteis lo que ahora, pues pudisteis; y no con engaño, y arte dejarme, como traidor, enamorar; pues si oyera que era vuestra, fin tuviera en los principios mi amor; pero estad cierto, que yo os la tengo de quitar. Si es mi Dama, habrá lugar, pero si es mi Mujer, no. Bien decís, que no soy hombre que siendo vuestra Mujer os la quitara. . Tener esperanzas de ese nombre no basta? . No. Pues Señor, si es mi Dama, y no Mujer, ejércitad el poder, y ejecutad el amor, que yo la sabré guardar. . Sabréis casaros con ella, y entonces, ni aún quiero bella, mas no me habéis de engañar. que si es Dama, vive Dios. Con quién estás tan airado? con Rujero . qué hapasado? Hemos llegado los dos, a que si es su Dama Flora, se la tengo de quitar. Qué premio me piensas dar si vengo de verla ahora? Hallaste la casa? . Sí. Dos mil escudos te doy. Siguiendo a Rujero voy, porque el abito fingí de estos que van por la calle vendiendo para Mujeres tocas, guantes, y a fileres; tan imitado su talle, que nadie en mí reparó. Hasta la puerta llegue de Flora, entré, y esperé a que saliese, salió, y luego, con ocasión de lo que andaba a verder, me guío cierta Mujeri, mira que extraña invención al estrado, donde hallé la fingida Labradora en abilo de Señora. y a poco precio, señor, algunas cosas vendí, y fue lo más que entendí, llamarse Madama Tlor, y no ser de aqusta tierra. Márcelo, muero por ver la casa de esta mujer; tales secretos encierra? ya es de noche ven conmigo, que a mí no me han de negar la puerta. Pues si has de entrar, lleva más gente contigo, que es Rujer desatinado. A mí no se ha de atrever, ni yo usaré del poder, si el Conde fuere casado. . La noche, Ramón, socorre a cuantos no ayuda el cía. Así Leandro venía, nadando a buscar la Torre. Oh noche! solo por ti a ver la casa viniera de esta mi enemiga fiera! Amando sucede así, mil hombres, y mil mujeres, que de día honestos ves, con la noche van después a ejecutar sus placeres. He repatado en mirar estos que venden bragueros, y en cías largos, y enteros nadie los llega a comprar. Y dije al que los vendía, como sin vender pasaba? y dijo? que no llegaba ninguno a comprar de día. Pero que en anocheciendo no le quedaba una hilacha, porque aquel anegra tacha todos la van encubriendo. Oh noche! cubreme a mí. V pues quieres comprar alguno? Necio, no es tiempo oportuno de gracias, de penas sí. Yo pienso saber ahora si Flora espera de verás. al Príacipe, o son quimeras con que me da celos Flora. Llega, y llama, disfrazando la voz. . Hh de casa. Espera. Este es el Conde. Es verdad, llamando están a la puerta. Quieres que llegue, señor? Aunque no haya prudencia en casos de amor, a mí me importa mucho el tenerla T si el Conde me respetare, no habemos de hacerle fuerza. Ha de casa. Quién es? . Yo. V Quién es yo? el Príncipe. M Tengano ciesto P Vuestra Alteza por un rato, mientras lo digo paciencia, y así un instante se aparte, El Conde se aparta, llega. Cómo dice que soy yo? Alguna invención es esta, para saber si te abren. Ramó mi esperanza es muerta, Celia va a decir a Flora, que dé al Príncipe licencia. gente a la puerta ha llegado, cosa que el Príncipe sea: Quién le habrá dicho la casa? pero si Flora concierta admitirle, ella habrá sido. Márcelo, hoy quiero que vea el Conde, cuan poco sabe: ha de casa, Celia, Celia. Quién es? . El Conde. Ay de mí! Rujer, y el Príncipe. . Entra di a Flora que mande abrir. Quién va? . Yo. De esa respuesta conozco vuestro valor: pues, señor, así se llega diciendo que sois el Conde? Si vos decís con soberbia que sois el Príncipe, es mucho, Rujer, que yo el Conde sea: cuál es el más agraviado? llevadle preso. Tu Alreza, mire que no es ocasión de que por esto me prenda. Si andáis a engañar mujeres, con mi nombre, es muy sijera la causa? . Mujeres yo? No digáis disculpas necias quién viene Conda con vos? Yo señor. Qué buena pieza, Llevadle preso también. De esta manera me afrentas? Vete a tu casa Rujer, mira que no salga de ella hasta que a mi padre hable, porque es justo darle cuenta de tan extraño delito. Bien sé Delfín que te quedas a intentar hacer con Bloza, alguna injusta violencia, Pues porque sepas Rujero, que te engañas si eso piensas, sin verla shoy a Palacio a tus ojos, porque veas, que soy quien soy, Tu valor me desmaya, y me consuela. Vere, pues. Ya te obedezco. Darele a mi padre cuenta de lo que intenta Rujeto, y después daré la vuelta. Flora, yo volveré a verte, aque falte a mi obediencia. Gran confusión. Gran fortuna! En fin Ricardo prendió a Rujero, y le embió a su casa? . Ay duda alguna, pues todo fue en mi presencia, y la de Celia, señora? Qué tengo de hacer ahora? no hay al poder resistencia, o que mal hice en querer dar celos al Cónde así! pero diomelos a mí, propia venganza en mujer, ya no hay con esta mudanza, que esperar, ni qué temer, pues no puede suceder, mas, donde no hay esperanza. Mucha gente está a la puerta. Será el Príncipe con armas. No sé lo que pueda ser, sino son armas; o guardas, un coche, y dos carros largos. Celia, ya mi muerte es clara. Flora, yo soy, no te alteres, sin replicarme palabra me da la mano. Hay mi bien! ahora si que me agradas, yo vaya contigo, y muera. Cuanto ay, señora, en tu casa entreguen a mis criados, que en esos carros aguardan, en la brevedad consiste, que bien de este empeño salga. Ramón, cuidado; y silencio pues la noche nos ampara. Hablé a mi padre, Márcelo, y en vez de sentir que agravia el Conde mi nombre; y suyo; pues quien hoy Delfín se llama podrá ser, si esto le fufre, que se llame Rey mañana. dijo que era invención mía, así con esta jornada de España, a que nunca fuera, le obliga el Conde, y le engaña. Que no le quiso prender? No hay remedio que me valga como el usar de la fuerza, donde la razón no basta que hora será? . Las dos, y aún las tres que va muy alta Venus. . Así gozaremos del privilegio del Alba, que es hora enque duerme todos. Múrcelo, a esa puerta llama, y mal vestida, o desnuda, salga. Flora de esta casa. il No hay que llamar. Cómo así? . Está abierta. Cosa extraña! Entrad dentro: Voy, qué es esto? . Abierta está no sin causa. Saldría el Conde de aquí, descuídose la criada, y dejó la puerta abierta. Ya sale. . Cosa más rara no ha sucedido en el mundo. Qué has visto? En toda la casa no hay persona. Cómo? . Están salas, cámaras, y cuadras muy para necios. . Qué dices? Porque son paredes blancas. El Conde se lleva a Flora, o que necedad tan clara, cuando le puse en prisión no ponerle algunas guardas: corrido estoy No es posible, que tan presto gente tanta, y tanta ropa se esconda. Bien dices con risa falsa de mi necedad se burla la Aurora, su luz es hacha para hallarlos, vamos presto, que me lleva el Conde el Alma. urís

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA El Conde se me ha quejado con razón No puede ser que no fuese su mujer? No digo que estoy casado, porque no fuera bien hecho sin tu licencia casarme, ni excusa para matarme, cómo de ti lo sospecho, Yo matarte? Tú lo intentas; sobre quitarme el honor. Porque el decirte mi amor al Rey mi señor no cuentas? Callé por honrar a quien para mi mujer, servía. Ricardo; por vida mía que tratéis al Conde bien, y que no pase adelante la enemistad, que no es justo: Yo haré, señor, vuestro gusto, . Esa palabra, señor, puesto que Paris se espante de la poca estimación, en que a Rósela ha tenido. Ricardo, el Conde ha emmplido de Elvira, y pues manifiestas, con tan justa obligación, él pierde en eso, y pues pierde por ser como Caballero, firme en lo que amó primero, no quiero que seros acuerde, mas que de hacerle merced: besad la mano Rujero en esta acción conocedalo cola Los pies mil veces os beso,erece vuestro favor. Conde, si el Rey mi señoren imon en casarse corresponde, perdona tan grande exceso no solarobligaciones de honor a mi prima, yo os perdono: oyestorbarle el casamiento, Sírvame, señor, de abono sin quebrar el juramento, dos cosas, deber, y amar. que voluntades fingidas, pimenaiblobel no? . y matar después también. Aquí me has de hacer a mí pleito omenaje de ser na su amigo, y de no le hacer agravio, juraslo así? Yo hago pleito homenaje, con cuanto rigor encierra, que mientras esté en mi lierra, de mí no reciba ultraje fuerza, herida, ni otro daño. No me agrada el juramento; del mundo en tierra ninguna le has de hacer mal Si un alguna tuviere tal pensamiento, quíteme el Ciolo la vida, y pierda el Real honor. dicha de vos, es cumplida. Dos meses pidió mi Corteo para prevenir las fiestas on que no es disgusto que importe el que tienes con Rujer, ira a España por la Infanta, que esta merced se adelanta, a cuantas le puedo hacer. Pues fiad, Rujer, de mí, y salid por la Ciudad al Príncipe, y lo que os quiero taler en público. . La lealtad con que sabéis que os serví perdonad un necio amor. . Vamos, Ricardo, que el Conde como ha sido despreciarbunqo . Sí más yo le he de matar, . que el ingenio lo ha de obrar. Miralo Príncipe bien, , , es curar en falso heridas, Podré alevoso Rujero, uquejosa, y celosa hablarte? No siendo en tu agravio parte tus quejas, señora, espero Tan corrido está mi amor en haberse declarado, que muere desesperado a manos de tu rigor Conde, alesoso, traidor, pues yo vencí el imposible de igualarme a lo posible, bien pudiera tu aspereza, vencer por llamarse Alteza, de lo ingrato lo terrible. No hay disculpa a tanto efror, solo la pudiera haber, prendado de otra mujer, a quien tuvieras amor, a vénguese mi furor en verte mal empleado, que mientras no estes casado no cesaran mis enojos, que lo imposible a los ojos es el freno del cuidado, Rósela, cuando me hablaste, Dices que no puede haber si te acuerdas biemoiste, que a la merced que me hiciste satisfacción justa hallaste: al Rey, y al Pricipe baste la que ahora les hedado, Toda la espalda vuelta al desengaño, sin poder revolver jamás los ojos, mirando las verdades con antojos. tocando con las manos el engaño. Por el camino cierto de mi daño, con que en su gracia he quedado, si no he pagado tu amor no es agravio a tu valor, ni desprecio a tu cuidado. Y pues nadie puede hacer de lo imposible, posible, y pues esto es imposible, que culpa puedo tener? disculpa de tanta culpa, como tu agravio me culpa, si bien mi amor considero: pues aguarda aquí, que quiero enviarte la disculp. casi experimentados los enojos, dando Alma, vida, y gusto por despojos, se me pasan un año, y otro ano. Oh amor, solo en tu mal no se escarmienta! mas te sirve quien menos de ti fía, siempre te asiste a la esperanza incierta. Ejemplo das en la desdicha mía, pues cuando tu rigor me tiene muerta; vida procuro para más porfía. Ya parezco sospechoso en hablar a vuestra Alteza, que de más de su grandeza, me acobarda tanto hermoso: el Conde . Qué quieres, di? Estoy mirando en tus ojos, ciertos eclipses de enojos, que haz en efectos en mí, tengo vergüenza de ser siempre el primer postillón, Di tu embajada Ramón? Mi amo el Conde Rujer me mandó traer aquí la disculpa de su amor. A mi papel tu señor? para que papel a mí? que puede decirme en él? Muy bien dica V. Alteza, pero fue naturaleza, la pluma de este papel. Dadme, señora la mano. Alzad Madama del suelo, que en tal papel puso el Cielo su Artífice Soberano, La disculpa soy que envía a Vuestra Alteza Rujer. Muy bien la puede tener, si alguna culpa tenía del Conde, estuve quejosa, y ahora juro a los Cielos que me ha quitado los celos, el miraros tan hermosa. Bien haya tu entendimiento, que lo que es bueno te agrada, que conocello agraviada, es heroico pensamiento. Sentir bien, es grande afrenta, y hablar mal, decid ahora si queréis, quiensois? . Señora, esté Vuestral Alteza atenta. Amor, que endiciendo, Amor, con sola esta voz previene disculpas de nierros grandes, que en siendo amor la merece. Fue movimiento primero de mis desdichas, que pueden competir consigo mismas pues ot a igualdad no tienen. A Bretana, Patria mía, que el Occeano enriquece, por dos Puertos, que las Naves de su arrogancia defienden, El Conde Rujero vino, que negocios, si parientes le trujeron a matarme, así las desdichas vienen. Viuda del Duque Arnaldo, mi madre, que ya no quieren mis sucesos que os engañe, como los culpados suelen Fue por amistad del Duque, el Conde Rujero huésped, perigro que trae consigo, semejantes accidentes. Luego, pues, que la Duquesa, que fue recatada siempre, supo que el Conde venía, nos ene A mis criadas, y a mí, porque Rujer no me viese, que pronósticos del Alma desde las causas se temen. Aposentose, Rujero, sin que rogada quisiese la Duquesa, que me hablase, mas quien habrá que remedio deseos que con nosotras nacieron naturalmente, cuanto más para los hombres prevenciones descorteles. Yo que a su fama tenía de Capitán Excelente la voluntad inclinada, codiciaba hablarle, y verle. Confinaba su aposento con el mío, para hacerme, Tisbe a mí, Píramo a él mas no con tan triste suerte. Por lo hueco de la llave en la luz que dara enfrente, vi el aposento del Conde, vi al Conde, y enamoreme. Del estrado adonde digo, fue mi estación tantas veces, que de noche iba a escucharle. cuando era imposible verle. A estado vine, señora, que sin poder defenderme, busque medios imposibles por donde mi amor supiese. Y escribiendo en un papel aquí vive quien padece, por lo bajo de la puerta pudo entrar difícilmente. Tuy a verlepor la manana, y quiso amor que me muestre en el suelo otro papel, álcele, abrile, vesele: y como yo le escribi aquí vive quien padece. Respondió el Conde, y aquí vive quien por vetos muere, mas de que sirve cansaros, desde un rengión hasta veinte Crecio la conversación, así amor sembrado crece, porque ya con un cuchillo, hizo la madera puente, por donde fueron entrando, pensamientos, y papeles. Volviose lengua la pluma, y nos halló muchas veces el Alba en la tierra echados. maldiciendo las paredes. Determinose en consejo de nuestro amor finalmente, aunque era suelo el estrado, y ladríllos los doseles. Que con grandes juramentos llave a la puerta se hiciese, por donde a la media noche pasase Rujero a verme: Pasó Rujero, y cumplindo la palabra honestamente, para casarnos los dos, concerté que me pidiese. La Duquesa en este medio me llama y me dice alegre: que me tenía casada, con el Duque de Niberes. Que estuviese prevenida, y que contenta estuviese, porque ya el Duque venía con el de Horliens, y el de Cleves. Yo muerta, diparte al Conde, concertamos que fingiese irse a Paris, excusando que nuestro intento sospechen. Fuese, y pasados diez días, por la puerta del retrete que os dije, salí a un Bajel, que no hay amor sin Bajeles. Desde allí la oscura noche, que siempre su capa tiende, sobre los hurros de amor en el mar nos amanece. Desembarcamos adonde de la Sona a las corrientes, miran Arles, y Roan, que sus claras aguas beben. Desde allí vine a Paris, adonde supe que ausente de mi vista la Duquesa. injusta lágrimas vierte. Eúscanme por toda Francia, y como el Conde se fuese a España no le han culpado, ni hay hombre que de él se queje. Yo entre tanto Labradora viví, un Monte mientras vuelve, donde viéndome el De fin, no hay agravio que no intente. Mas si tirano, y amante, a matarme se resuelve, la vida podrá quitarme, pero no podrá vencerme. Ya os he dicho mi suceso, vuestras piedades empiecen, Ángel sois, haced como Ángel, Reina sois, haced meicedes. Palabra os doy Isabela, de que os casaréis seguía y logre vuestra ventura, el que vuestro amor desvela. el miraros me consuela, que pense que era desprecio del Conde, y fuera muy necio si no os escogiera a vos. que sois un rasgo de Dios, y un mérito sin aprecio. Mil veces la mano os beso, Rósela por tal merced, que seré vuestra creed, s exceso, que aún esclavan que os debo el honor confieso, las de Viises, y Sinón. que en vuestra piedad consiste . Atenta te escucho, cuenta pues mis agravios consiste, y no os ofresco la vida, por no daros atrevida por tal bien, cosa tan triste desde hoy vivo sin cuidado pues vos le tenéis de mí. . Qué dices Ramón? . que en ti Jure al Rey, que no sería he vnto un Cielo cirrado; plegue a Dios que de tal suerte vivas sin daños, ni engaños, que de aquí a docientos años a un no te busque la muerte; mas no acierto en ofrecerte tanta vida. . No es gustosa. la vida? . Excelente cosa, pero es desdicha tener mas años, una mujer de los que parece hermosa. . Bien está trazado así. Cuyo fuera pensamiento tan alto? . Mi entendimiento, . Retratose Cipre al vivo Márcelo, no cabe en mí: esto me a enseñado amor Rósela. . Señor, qué es esto? tú de alegre, descompuesto; casi me pone temor. Pues no quieres que lo esté, si hallé estilo de vengarme del Conde, sin obligarme. a quebrar a. Rey la fe; la palabra, y juramento. ̱. Es humilde pensamiento vengarte, señor, del Conde. Eso tu agravio responde; si por vengarte lo imento? Dime qué piensas hacer? Si yo de ti me fiara; una industria te contara con que pretendo exceder la venganza de mi afrenta, y dime su ejecución. Jura. . Que puedo jurar, que importe más que tu vida? Pues oye, prima, querida cómo lo pienso matar. en su tierra, y él me dijo, ni en tierra alguna del mundo, ni en otra del mundo, dig este fue el pleito omenaje, mira, Rósela, que advitrio, porque advitrios, las más veces salen de locos juicios, porque los mueve interés, o pasión, o desatino, no mirando al bien comun que el que lo mira, es divino, como yo juré que en tierra no he de matarle, me libro matándole en agua. Cómo? en nuestro jardín, que el amor Fontanable donde quiso vencer la Naturaleza los esperides, corridos. los de Mecenas, y Adonis, y los Pensites de Ciro tiene estanques, como sabes, adonde el Rey más altivo se desnuda, vaña, y laba hoy a Rujero le he dicho, que quiero por fiestaansigne de la amistad que confirmo, que nos vamos a vañar. donde Marcelo. y Rufino se lavarán, con posotros, y entre círculos lascivos, en acercándose al Conde, de brazos, y pies asido harán que el agua le ahogue, adonde tantos testigos, pues él no podrá dar voces diremos que ahogar le vimos. Luego iremos a su casa de Flora, y todos fingidos el pésame la daremos, y el Rey, que lo abrá sentido harto más que si yo fuera; con esto la solicito porque los muertos, y ausentes . El que es noble; y el que ama tienen por sombra el olvido. Al Conde escribo este intento, con que su vida aseguro. Rósela, cumplir procuro a mi padre el juramento, si en tierra le prometí, y en agua le doy la muerte, no la quiebro de esta suerte. Bien está trazado ansí. Yo, primero que se entienda, Conde, con menos necio atrevimiento, me parto a la ejecución, tú al silencio, que es acción que a tu agravio se encomienda Márcelo, que respondió el Conde? Que al punto iría, pues tanto favor le hacia Vuestra Alteza. . Pienso yo que no volvera con vida a los ojos de su dama. . que presto el agravio olvida! al Conde quiero avisar que mire bien como nada, porque de nada, quien nada, nadando se ha de fiar; que si la dicha es nadar con buena, o con mala suerte; el mismo peligro advierte que mire de quien se fía, porque ha de ser nada el día que esté en la orilla la muerte mirad que no soy ya la que solía, quien era dije ya, por ser quien era antes que mi amoroso pensamiento tan tiernamente me rindiese el día que os vi Rujero hay Dios, si nunca os viera, pues ya de otra manera, que a la grandeza de quien soy responde, debo estimarme, Conde, o ser vuestra mujer, o luego escribo que sois mi Paris vos, y en Paris vivo, que no es razón, que siendo matricida, a la que me la dio, quite la vida. Por vos muchas fortunas he pasado, desde que fui vuestra Troyana Elena; y vos incendio de mi patria aleve: siendo Isábela, Flora me he llamado, ya pasando la mar ya en tierra ajena, tan largo tiempo aunque en serviros breve; quien tantas obras debe, solo con darse a si puede pagarlas; luego será negarlas no darse en una mano un hombre todo, pues no puede pagarme de otro modo, que si mejor que tú no he de ser tuya, de dónde quieres que tu amor arguya? Isabela, mi bien, o mi bien Flora, desde que aquella puerta fue tercera de nuestro amor, y el Hércules del paño mi Secretario, el Conde que te adora, cuantas Almas te dio, manos te diera, ni es justo que tu fe se llame a engaño, si estriba el desengaño en casamos los dos, tus ojos creo, que saben mi deseo, y lo fuera en saliendo de Bretaña a no enviarme el Rey de Francia a España: si después que volví dudoso he estado, celos, que no desprecios lo han causado, yo te vi, yo te amé, yo te he querido. con la lealtad que tú mi bien mereces, testigo tu valor; y la fe mía. Esta es la causa, que la culpa ha sido, ya conozco que al Príncipe aborreces, y que crece tu amor en su porfía, si bien en este día con tan desnudo corazón, y pecho paces habemos hecho, que quiere que los dos nos desnudemos, y que nadando juntos nos bañemos, luego ya de su fe ceso la duda, y es mucho ver la Majestad desnuda, los dos nos bañaremos finalmente, donde las cosas como ya pasadas, entre las aguas quedarán borradas. Conde, y señor, buenas nuevas, Cómo Ramón? . Yo pasaba de Palacio el corredor, cuando Rósela me llama desde una reja, y me dice, toma Ramón esta carra, que es una merced del Rey, y así como va cerrada la entrega en secreto al Conde. Merced del Rey, cosa extraña! puesto me has en confusión. Son amores en desgracia? son celos; son ruegos necios? son por ventura amenazas? sabe que te casas ya? que si sabe que te casas, qué mucho que por papeles se comiencen las venganzas? No es nada, por vida mía; aquí vienen seis palabras importantes a mi vida; secreta quiero que vayas a Fontanablec conmigo. Muy turbado estás. No es nada; tú sabrás en el camino lo que me escribe esta Dama. Pues como llevas a Flora a baños, y a fiestas de agua? quietes que nade también? porque en la Corre de España dicen que nadan Mujeres. Ramón, oye, mira, y calla; pongan el coche, entretanto que el Delfín al campo salga. Notable pena me ha dado . mirar al Conde a la cara. Antes de nadar te turbas? . ven, señora que si nadas, serás Ninfa del Estanque, y Sirena de las aguas. . El Conde tarda. He temido, que si la imaginación le ha dicho tu pretensión, el Alma le ha detenido. Eso, cómo puede ser? Porque tiene el Alma rombre de Mujer, y a ningún Hombre guardo secreto Mujer. No me puedo persuadir, pues disculpa no me ha dado; porque me hubiera avisado, sino quisiera venir. qué Gente es esta, Gerardo? Música en esta ocasión? Si de Fontanablec son los jardineros? . No aguardo Música yo, si no fines de trajedia. . en tosco alarde como has honrado esta tarde sus estanques y jardines, han venido a hacerte fiesta. Que lleguen, será mejor, divertirante, Señor, de la tardanza y la siesta. Esperad, quién viene allí? Un Caballero se apea. Parece Rujero. . él es, si no me engañan las señas. Viene solo? . Solo viene Id, amigos norabuena; la voluntad agradezco. Guarde el Cielo a VAlteza y traiga con bien de España a aque la gallarda Pienda. e Pienso, Señor, que he tardado como no temió la fiesta Alteza? mal se trata, si bien a todo se enseña. Seas bien venido, Conde; que en la paz, para la guerra, se ha de enseñar el Soldado. Sí: pero no de manera que aventuréis la salud, que bien sabéis que no queda, si la vida se aventura, esperanza de tenerla. Estimáis mucho la vida? Pienso que os dieran respuesta aún los mismos animales, gran señor, si hablar supieran. El Cielo los advistió, con darles tantas defentas, de que estimasen la vida, que no hay mal como perderla. Uñas dio al fiero León, y el Águila, toda fiera, tiene sus valientes armas en boca, mano, o cabeza. ̱. Bien; pero tampoco quiere, que los pequenos se atrevan a los Grandes, que guardó también la. Naturaleza su preeminencia al León. El León, coma su presa, que tampoco es cosa justa que ande a robar las ajenas. Con el Leon, no hay burlarse ninguna Fiera pequeña. Es verdad; pero la industria contra el poder aprevecha, el Cuando a las Culebras teme, señor un Ave discreta, el miedo pone tan alto, ta, que ni le alcanzan, ni vean. Yo, si viera que un León robar quisiera mis Prendas, valiérame de la industria, donde faltara la fuerza. Bien decís; valor tenéis; pero hay cosas que se niegan al ingenio, y a la industria. A gunos hay que no llegan a pensar que piensan otros, y piensan, lo que no piensan. Ahora bien, ya baja el Sol, cantes que más tardersea desnudémonos. . Aquí pongo, con licencia vuestra, esta capa, y esta espada. Poned, Conde, norabuena. Si estará segura aquí? Pues quién queréis que se trreva a llegar dónde yo estoy? esperad, qué gente es esta? Señor, no es alborotéis. Cómo no? quien hay que vea sin cuidado tantos hombres con máscaras, y escopetas? No vienen a haceros mal. A qué puede ser que vengan? Mucho me espanta, señor, que ahora Vuestra Alteza sepa, que lá gala del nadar, como esta ocasión lo muestra, es saber guardar la Ropa. Si entro en el agua, y no queda quien me guarde los vestidos, no ve, señor, Vuestra Alteza, que me los pueden hurtar? Oyen. Hidalgos, adviertan, que si nadando me huriaren del vestido alguna Prenda, la cobren de quien pudieren, guardándole la cabeza al León: más de él abajo, quien la hurtare, que la pierda. Y venga la demás Ropa, que en esa Carroza queda, guardarase toda junta, para que segura vuelva. Tode, señor, está aquí, que ya Madama Isabela trae tu honor en tus joyas. Aquí vengo, porque tengas tu vida, y honra segura. Mire ahora Vuestra Alteza lo que me manda que haga, pues le obedezco: y advierta, que el Conde, como a señor soberano le respera, para los demás que han sido por dicha quien le aconseja: he puesto como es razón mi vida, y honra en defensa. toda cuanta ropa tengo está junta en estas prendas, Ifábela, que no Flora, es hija de la Duquesa de Bretaña, los trabajos, los peligros que me cuesta requieren historias largas. sino quiere que con ella viva en Paris; ni aún en Francia, a España, o Inglaterra me iré a vivir, mas si acaso, mi lealtad, y mi inocencia merecen estimación las rodillas por la tierra le suplicamos los dos, fiados en su grandeza, que nos reciba en su gracia, Viva Dios, que no se cuenta más valiente atrevimiento, más generosa defensa, mas alta satisfacción, más lucida diligencia de Caballero gallardo, en cuanta historia celebra el mundo ni en los archivos de la fama el tiempo cierra. Yo confieso la intención, y le agradezco a Rosela el haberos dado aviso, que es decir cuanto me pesa. Dadle a Isábela la mano, que en Paris quiero que sean, siendo yo vuestro padrino el desposorio, y sus fiestas Que menos pudo esperarse de una Flor de Lis Francesa, logre el Cielo vuestros años: y aquí acaba la Comedia de la Gala del Nadar, quien tuviereropa, apenda,